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En demografía, sociología y geografía de la población, la tasa bruta de natalidad, tasa bruta de

reproducción o tasa de natalidad es una medida de cuantificación de la fecundidad, que refiere


a la relación que existe entre el número de nacimientos ocurridos en un cierto periodo y la
cantidad total de población existente en el área geográfica. El lapso es casi siempre un año y se
puede leer como el número de nacimientos de una población por cada mil habitantes en un
año. Representa el número de individuos de una población que nacen vivos por unidad de
tiempo.

Su fórmula es:

B
b= ∗1000
P
Símbolo Nombre
b Tasa bruta de
nacimiento
B Número total
de nacimientos
en un año
P Población total

Tiene la ventaja de ser una medida sencilla y fácil de interpretar, pero tiene algunas
dificultades, pues en la comparación entre países puede arrojar diferencias que dependen más
de la estructura por edad y sexo de la población que de la fecundidad de las poblaciones
analizadas. Para ese efecto se recomienda usar tasas refinadas, como la tasa global de
fecundidad o la estructura de fecundidad por edad. En conclusión, la tasa de natalidad
corresponde al número de nacidos vivos por cada 1000 habitantes en un lugar específico.

Existe «una fuerte correlación negativa entre natalidad y la participación femenina en el


trabajo».

Tasa bruta de natalidad

17,3 (por cada 1.000 personas) en 2020

FECHA VALOR CAMBIAR , %


2020 17,3 -1,53 %
2019 17,6 -1,76 %
2018 17,9 -1,93 %
2017 18,2 -2,03 %
2016 18,6 -2,06 %
2015 19,0 -2,02 %
2014 19,4 -1,93 %
2013 19,8 -1,80%
2012 20,1 -1,65 %
2011 20,5 -1,50 %
2010 20,8 -1,39 %
2009 21,1

Tasa bruta de mortalidad


Indicador demográfico que señala el número de defunciones de una población por cada 1.000
habitantes, durante un período determinado

La tasa de mortalidad general es la proporción de personas que fallecen respecto al total de la


población en un período de tiempo, usualmente expresada en tanto por mil (‰) por año.

La tasa de mortalidad particular se refiere a la proporción de personas con una característica


particular que mueren respecto al total de personas que tienen esa característica.

Ambas tasas de mortalidad se expresan por fórmulas de la forma:

Fx
mX = ∗10 n
Px
Simbolo Nombre
mX Tasa de
mortalidad
(dentro del
grupo , si es
general X=G)
Fx Número de
fallecimientos
dentro de un
conjunto X en el
período de
tiempo
considerado
Px Número total
de personas en
el conjunto X
10^n Factor de
conversión para
expresarlo en
unidades por
cada 1000, o
por cada 100
000

En 2018 murieron en Venezuela 201.572 personas, 1.306 más que el año anterior. Por lo tanto,
cada día, pierden la vida en Venezuela 552 personas.

Si observamos los datos por sexos vemos que murieron más hombres, 83.283, que mujeres,
53.520, dato que conviene comparar con la distribución de la población en Venezuela por
sexos.

La tasa de mortalidad en 2018 en Venezuela ha subido respecto a 2017, hasta situarse en el


6,98‰, es decir, 6,98 muertes por cada mil habitantes.

Además, Venezuela ha empeorado su situación en el ranking de tasa de mortalidad. Se ha


movido del puesto 83 que ocupaba en 2017, hasta situarse en la posición 88 de dicho ranking,
así pues tiene una tasa de mortalidad media si la comparamos con la del resto de los países del
ranking. La tasa de mortalidad de una región, está muy relacionada con la estructura de su
población. Por ello, es conveniente consultar la pirámide de población de Venezuela y
compararla con la pirámide de población de todas los países.

Si miramos la evolución de la tasa de mortalidad en Venezuela en los últimos años, vemos que
se ha incrementado respecto a 2017 en el que fue del 6,81‰, al igual que ocurre respecto a
2008, en el que estaba en el 4,5‰.

Fecha Muertes Muertes – Hombres Muertes – Mujeres Tasa mortalidad

2018 201.572 6,98‰

2017 200.266 6,81‰

2016 197.552 6,62‰

2015 192.764 6,41‰

2014 186.190 6,20‰

2013 178.612 6,00‰

2012 170.948 5,82‰

2011 136.803 83.283 53.520 4,70‰

2010 130.597 76.883 50.220 4,60‰

2009 123.530 77.457 46.605 4,40‰

2008 124.062 73.756 44.838 4,50‰

Desempleo, desocupación, paro o cesantía, en el mercado de trabajo, hace referencia a la


situación del ciudadano que carece de empleo y, por lo tanto, de salario. Por extensión, es la
parte de la población en edad, condiciones y disposición de trabajar —población activa— que
carece de un puesto de trabajo. Para referirse al número de parados de la población se utiliza
la tasa de desempleo por país u otro territorio. La situación contraria al desempleo es el pleno
empleo.

Además de la población activa, en la que se incluye tanto a los que están trabajando como al
conjunto de los parados o desempleados de un país, las sociedades cuentan con una población
inactiva compuesta por aquellos miembros de la población que no están en disposición de
trabajar, sea por estudios, edad, enfermedad o cualquier otra causa legalmente establecida.

Para que exista el desempleo, se necesita que la persona desempleada desee trabajar y que
acepte los salarios actuales que se están pagando en un momento dado. Las causas de esta
situación son múltiples, produciendo como consecuencia distintos tipos de desempleo (cíclico,
estructural, friccional y monetario). Además existe el desempleo tecnológico que se origina
cuando hay cambios en los procesos productivos que hacen que las habilidades de los
trabajadores no sean útiles.

Si bien el desempleo suele ser considerado un flagelo, en ocasiones se lo utiliza como una
herramienta de política pública, orientada a dinamizar la economía, por medio de la
competencia entre los trabajadores desocupados

Tasa de desempleo
Las cifras sobre el empleo y el desempleo se encuentran entre los datos económicos más
minuciosos y más amplios de un país. Se obtienen periodicamente generalmente a través de
encuestas a hogares.

Empleando los conceptos de la 13ª Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo de la


OIT se clasifica a la población residente de una edad específica como:

Población activa Comprende las personas que están empleadas y las desempleadas.

Empleados. Personas que en el periodo de referencia (una semana usualmente) trabajaron


una hora por lo menos bajo cualquiera de las siguientes formas:

a) empleo asalariado

b) empleo independiente (incluye productores de bienes y servicios para consumo propio o del
hogar

c) ayudantes en el empleo asalariado o independiente de un miembro del hogar

d) ausentes de un empleo asalariado o independiente por razones como vacaciones, huelgas,


entre otros.

Venezuela registra una tasa de desempleo de 58,3% en 2020 y lo que va de 2021,


representando la cifra más alta del mundo.

«el sector de manufactura es el más afectado, pues en 1999 había 11.138 industrias, pero esa
cifra se fue en caída libre y en 2020 solo quedaban 2.121 operativas, mientras que de 600.000
comercios que había el año pasado, sólo quedan 2.000«.

Cabe destacar, que la crisis venezolana se grafica incluso en que las pocas empresas que están
en funcionamiento lo hacen a sólo el 30% de su capacidad.

La inflación, en economía, es el aumento generalizado y sostenido de los precios de los bienes


y servicios existentes en el mercado durante un período de tiempo, generalmente un año.
Cuando el nivel general de precios sube, con cada unidad de moneda se adquieren menos
bienes y servicios. Es decir, que la inflación refleja la disminución del poder adquisitivo de la
moneda: una pérdida del valor real del medio interno de intercambio y unidad de medida de
una economía. Una medida frecuente de la inflación es el índice de precios, que corresponde
al porcentaje anualizado de la variación general de precios en el tiempo (el más común es el
índice de precios al consumidor).

Después de haber sido Venezuela uno de los países con menor inflación durante varias
décadas del siglo XX, desde mediados de los años setenta comenzó a registrarse una inflación
creciente. Ello se debió, entre otras razones, a sostenidos aumentos de oferta monetaria que
se producían por la implantación de políticas fiscales expansivas, mediante las cuales se
inyectaban importantes cantidades de recursos a la economía. Esto era particularmente
evidente en los períodos de bonanza petrolera, en los que tradicionalmente se implementaban
políticas procíclicas de aumento de las erogaciones fiscales que estimulaban la demanda.
Normalmente, esos períodos se caracterizaban por el mantenimiento de tipos de cambio fijos
o anclados, que se traducían en apreciación real de la moneda, hasta desembocar en
situaciones de crecientes sobrevaluaciones del bolívar. Ello, combinado con la abundante
disponibilidad de petrodólares, estimulaba las importaciones, que complementaban la oferta
interna de bienes, tradicionalmente constreñida por las limitaciones del aparato productivo.
De esta forma se evitaban presiones alcistas de los precios, particularmente en el sector de
transables. Sin embargo, las expansiones de la demanda hacían que el alza de los precios se
manifestara con mayor fuerza en el sector de no transables, donde no existía la posibilidad de
complementar la oferta interna con productos foráneos.

La inflación en 2012, si bien era elevada, se redujo con respecto al año precedente. Eso se
debió, por una parte, al recrudecimiento de los controles de precios, particularmente de los
alimentos, y, por la otra, a la importación masiva de productos de consumo con divisas
subsidiadas. El subsidio era un resultado de la sobrevaluación de la moneda, debido a la
congelación por dos años de los tipos de cambio preferenciales existentes (Cadivi y Sitme), a
pesar de que la inflación local era muy superior a la externa.

Los tres últimos años fueron de alta y creciente inflación. Ello se debió a la conjunción de una
serie de factores, entre los cuales se destaca la política de gasto fiscal expansionista, que
produjo grandes desequilibrios en las finanzas públicas. Los excesos de gasto sobre ingreso
fueron financiados a través de varias fuentes: endeudamiento (tanto interno como externo),
transferencia masiva de recursos de algunos organismos y monetización de los déficits del
sector público con la masiva creación de dinero sin respaldo por parte del BCV.

La hiperinflación en Venezuela comenzó en noviembre de 2017, cuando se registró una


inflación mensual de 56,7 % e interanual de 1370 %;[1] en ese período se anunció la creación
del billete de 100 000 bolívares.[2] Es considerada la peor hiperinflación en la historia
americana.[3] Durante el primer sexenio de gobierno de Nicolás Maduro, la inflación
acumulada entre los años 2013 y 2019 en el país fue de 5 395 536 286 %.[4] Para el
economista Steve Hanke para diciembre de 2020 la hiperinflación continuaba a pesar de que la
tasa de inflación acumulada había bajado a 7.072% “es imposible saber de cuánto será ni
cuánto durará la hiperinflación en Venezuela. Yo mido la inflación, no la predigo”.[5] El Banco
Central ha evitado revelar durante tres años desde 2016 esta información a la ciudadanía, por
su parte la Asamblea Nacional ha revelado que el mes con mayor inflación mensual fue
septiembre de 2018 con 233.3% y para febrero de 2019 la hiperinflación interanual llegó a 2
295 981%.[6] Para varios economistas la hiperinflación continuará durante el año 2021
mientras no se motive la producción nacional y se priorice la importación de materia prima
para reactivar la industria.[7][8] Para mediados del año 2020 Venezuela la hiperinflación
continua y se complica su situación económica por la Pandemia de enfermedad por
coronavirus según una encuesta realizada por las universidades del país, la clase media ha
desaparecido y sus datos estadísticos son alarmante para un país petrolero, siendo “Venezuela
es el segundo país más pobre y más desigual de Latinoamérica”.[9][10] Para el mes de enero
de 2021 la inflación mensual fue de 55.2% una de las más altas en la economía mundial[11]
Según el economista Leonardo Buniak dice que Venezuela esta en «un proceso de
hiperinflación de 4 años es insostenible», el BCV a aumentado la liquidez monetaria en un
billón un mil millones de bolívares emitidos para financiar el gasto público que no pagamos la
deuda desde 2017 y nos hemos convertido en un estado forajido.

El índice de precios al consumidor o índice de precios de consumo[1] (comúnmente llamado


por su sigla IPC) es un índice económico en el que se valoran los precios de un determinado
conjunto de bienes y servicios (conocido como «canasta familiar» o «cesta familiar»)
determinado sobre la base de la encuesta continua de presupuestos familiares (también
llamada «encuesta de gastos de los hogares»), que una cantidad de consumidores adquiere de
manera regular, y la variación con respecto del precio de cada uno, respecto de una muestra
anterior. Mide los cambios en el nivel de precios de una canasta de bienes y servicios de
consumo adquiridos por los hogares. Se trata de un porcentaje que puede ser positivo (lo que
indica un incremento de los precios) o negativo (que refleja una caída de los precios).

Venezuela (INPC)

Año Inflación

2000 10,76 %

2001 12,30 %

2002 31,25 %

2003 15,77 %

2004 19,20 %

2005 14,36 %

2006 16,97 %

2007 22,46 %

2008 31,90 %

2009 26,91 %

2010 27,36 %

2011 0,6 %

2012 20,1 %

2013 56,2 %

2014 68,5 %

2015 180,9 %

2016 550 %

2017 2616 %

2018 (octubre) 833 997 %

En economía, la tasa de interés hace referencia a la cantidad que se abona en una unidad de
tiempo por cada unidad de capital invertido. También puede decirse que es el interés de una
unidad de moneda en una unidad de tiempo o el rendimiento de la unidad de capital en la
unidad de tiempo.

Venezuela ha subido sus tipos de interés 0,04 puntos, desde el 58,67% hasta el 58,71% anual.

Los tipos de interés son una de las herramientas más importantes, utilizadas por los bancos
centrales, para llevar a cabo su política monetaría.

Una subida de los tipos de interés sirve para frenar la inflación y proteger la divisa.

Venezuela – Tipos de interés banco central


Fecha Tipos de interés

01/04/2021 58,71%

01/03/2021 58,67%

01/02/2021 45,34%

01/01/2021 39,59%

01/04/2020 39,70%

01/03/2020 33,18%

01/02/2020 29,20%

01/01/2020 23,15%

01/04/2019 28,31%

01/03/2019 31,15%

01/02/2019 32,28%

01/01/2019 22,40%

01/04/2018 21,93%

01/03/2018 21,70%

01/02/2018 22,58%

01/01/2018 21,19%

01/04/2017 21,46%

01/03/2017 22,01%

01/02/2017 21,78%

01/01/2017 20,76%

01/04/2016 21,07%

01/03/2016 21,09%

01/02/2016 19,54%

01/01/2016 20,61%

01/04/2015 19,51%

01/03/2015 18,87%

01/02/2015 18,76%

01/01/2015 18,70%

01/04/2014 16,38%

01/03/2014 15,59%
01/02/2014 16,27%

01/01/2014 15,73%

01/04/2013 15,67%

01/03/2013 15,27%

01/02/2013 16,43%

01/01/2013 14,82%

01/12/2012 15,57%

La tasa o tipo de cambio entre dos divisas es la tasa o relación de proporción que existe entre
el valor de una y la otra.[1] Dicha tasa es un indicador que expresa cuántas unidades de una
divisa se necesitan para obtener una unidad de la otra.

Por ejemplo, si la tasa de cambio entre el euro y el dólar estadounidense EUR/USD fuera de
1.12, ello significa que el euro equivale a 1.12 dólares. Del mismo modo, si la tasa se calcula a
la inversa (USD/EUR), ello resulta en una tasa de 0.89, lo cual significa que el dólar equivale a
0.89 euros.

El nacimiento de un sistema de tipos de cambio proviene de la existencia de un comercio


internacional entre distintos países que poseen diferentes monedas. Si por ejemplo, una
empresa mexicana vende productos a una empresa española, desea cobrar en pesos, por lo
que la empresa española deberá comprar pesos mexicanos y utilizarlos para pagar al
fabricante mexicano. La divisa para pagos internacionales se compra predominantemente de
bancos y varias formas de casas de cambio. El tipo de cambio está determinado por el valor de
mercado de las distintas monedas en el mercado internacional.

Sistema de tipo de cambio

Es un conjunto de reglas que describen el comportamiento del Banco central en el mercado de


divisas. Se identifican dos sistemas opuestos de tasas de cambio:

Tipo de cambio fijo: es determinado rígidamente por el Banco central.

Tipo de cambio flexible: se determina en un mercado libre, por el juego de la oferta y la


demanda de divisas. En las economías con tipo de cambio flexible, los desequilibrios de la
balanza de pagos se corrigen automáticamente por depreciación o apreciación del tipo de
cambios.

Se pueden distinguir dos tipos de cambios: el real y el nominal. El real se define como la
relación a la que una persona puede intercambiar los bienes y servicios de un país por los de
otro. El nominal es la correlación a la que una persona puede intercambiar la moneda de país
por los de otro, es decir, el número de unidades que necesito de una moneda X para conseguir
una unidad de la moneda Y. Este último es el que se usa más frecuentemente.

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