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UNIVERSIDAD COMPLUTENSE
uoí
MANUAL

BE LITERATURA LATINA.
MANUAL ^-0l4

LITERATURA LATINA,
C(H EU BUTI ROTICIA ^-72

DE Li LITERATURA LATINO-CRISTIANA,
T UH CATALOGO BIBLIOGRAFICO *
DE US OBBAS T LOS ESCRITORES, REUNIDOS POR GRONOVIO
T GREVIO EN SUS VOLUMINOSAS COLECCIONES, PARA QUE
SIRVA DE COMPLEMENTO A TODA LA HISTORIA DE LA LITE
RATURA CLASICA, CONTENIDA EN ESTE MANUAL T EN EL DE
LITERATURA GRIEGA.

ESCRITO

POR D. SALVADOR COSTAHZO.

MADRID: 1862.
ESTABLECIMIENTO TIPOGRAFICO DE D. FRANCISCO DE P. MELLADO,
calle de Sania Teresa , núm. 8.
DEDICATORIA

A mis ilustres compatriotas, que viven bajo


el hermoso cielo de Italia, y á mis ilustres her
manos adoptivos los españoles, ofrezco y dedico
este Manual.

SALVADOS COSTANZO.
PRÓLOGO.

Los que hayan recorrido nuestro Manual de


literatura griega no habrán dejado de conocer la
importancia de su argumento; pero el estudio de
los escritores clásicos de la docta Grecia, prosistas
6 poetas, no sale de la esfera de una educacion es
merada: no sucede lo propio respecto de la litera
tura latina. En ella están depositadas todas las glo.
liosas reminiscencias de los pueblos mas civiliza
dos de la culta Europa; de esos pueblos, herede
ros de la grandeza romana, y que se distinguen
con el título magnífico de Neo-latinos; de esos
pueblos, en cuyo seno triunfa el catolicismo; de
esos pueblos, que tienden todos á centralizar su na
Tin
cionalidad. El que ignore la literatura griega, no
podrá aspirar al nombre de sabio; pero el que ig
nore la latina, será siempre indigno de ocupar un
puesto en nuestras aulas científicas y literarias.
Estos pocos renglones son lo suficiente para que
los lectores comprendan la importancia del presen
te Manual; y nosotros, en atencion á lo dicho, he
mos tratado esta parte de la literatura antigua con
mas latitud que la griega, siendo nuestro firme
propósito dar con claridad y precision un verda
dero compendio crítico yxoncienzudo de todas las
obras de los escritores latinos. Nos hemos servido
en esta circunstancia de todo lo que está consigna
do acerca de los clásicos de la antigua Roma en
nuestra Historia Universal, pero modificándo
lo y añadiendo todas las noticias propias de la ín
dole de esta obra. Nuestras fuerzas son muy débi
les, y nuestros conocimientos muy escasos, pero
nuestra voluntad es firme, y podemos decir franca
y resueltamente, que en todos nuestros trabajos
literarios hemos preferido siempre nuestro decoro
á los sacrificios pecuniarios para la adquisicion de
nuevos libros. No queremos, sin embargo, pasar
II
por alto en abono de la verdad, que en la parte de
la literatura latina, publicada en nuestra Historia
Ukitersal, y que ahora hemos estractado, nos
han sido muy útiles algunas noticias eruditas que
noe ha comunicado el señor don Alfredo Camus,
docto profesor de literatura clásica en la universi
dad de Madrid. Estas pocas palabras, aunque son
un débil testimonio de nuestra gratitud, y no
pueden dar á nuestro profesor mas fama de la que
disfruta, esperamos que no dejará de aceptarlas,
como un acto de justicia debido á su mérito y ca
ballerosidad. Tambien en esta breve introduccion
queremos tributar gracias al conocido y elegante
escritor don Juan de Dios de Mora por haber pu
blicado con su firma un docto artículo sobre nues
tro Manual de literatura griega en el periódico La
Discusion, año VI, núm. 1563. El artículo escrito
por el señor de Mora ha dado, tal vez, mas fama
de la que merecia al libro de un oscurísimo autor.
No queremos tampoco pasar por alto en esta co
yuntura, que el ilustrado joven don José Godoy,
antiguo bibliotecario del Ateneo científico y lite-
bario de esta córte, y hoy don José Moreno Nieto,
X
su digno sucesor, 'nos han permitido franca y
lealmente consultar todos los libros que hemos ne
cesitado de la rica y selecta biblioteca de tan no
ble y acreditado establecimiento: y asi Godoy co
mo Nieto, y otros miembros dela junta del Ateneo,
anhelosos de enriquecerle con la adquisicion de
nuevos libros, se han inclinado repetidas veces á
nuestros deseos, comprando algunas obras anti
guas y otras modernas de mucho interés, y que
no se encuentran facilmente en las bibliotecas pú
blicas de Madrid.
El método que hemos adoptado en este Manual
no se separa del de literatura griega , y hemos
juzgado las obras clásicas de la antigua Roma,
ateniéndonos únicamente á nuestro criterio y nues
tros estudios. Si algunos de los juicios que hemos
emitido no se conforman con el gusto de los que
se han educado en la escuela francesa ó en la ale
mana, rechacen nuestras opiniones y se atengan á
una ú otra escuela. Nosotros no aspiramos á la in
falibilidad, ni pertenecemos al número de los que
llevan, con impertinencia y poco decoro, al terreno
de las personalidades las disputas literarias para
XI
lanzar denuestos ó recibir injurias. Somos natural
mente pacíficos, y tan generosos, que aceptamos
casi con voluptuosidad todo lo que puedan injus
tamente pensar ó escribir contra nuestras pobres
producciones calumniadores malignos.
Algunos han dicho, por ignorancia ó envidia,
que hemos copiado nuestra Historia Universal
de la de Cantú, y trasladado nuestro Manual de li
teratura griega de otro francés. El primer aserto
no merece contestacion ninguna, porque la histo
ria de Cantú y la nuestra corren por todos los es
tablecimientos literarios y todas las librerias, asi
que basta compararlas para que la calumnia que
de desmentida. En cuanto al Manual, los que afir
man que es una traduccion, enseñen al público el
original francés, si tienen habilidad para fabri
carle.
Podríamos trascribir en estas páginas los jui
cios críticos que han dado de nuestra Historia
Unirersal, La Revista contemporánea de Turin, el
Journal general de la instruccion publica de Pa
rís, el Correo de la Habana, que se imprime en el
vecino imperio, la Revista de Berlín, el Español de
Ambos
XII Mumdos de Lóndres, y algunas cartas parti

culares, que hemos recibido del estrangero, escri


tas por personas autorizadas; pero nos parece ocio
so reproducir, en obsequio de hombres misérri
mos é ignorantes, documentos que pertenecen á la
alta gerarquía literaria. Juzgamos, pues, mas del
caso aplicarles primero estas palabras de Dante:

Non ragioniam di lor ma guarda epasa:

Y luego divertirles con los cuentecillos que


vamos á poner á continuacion:
Dos eruditos á la violeta cuestionaron largo ra
to sobre el mérito de Ariosto y Tasso: el uno afir
maba que el cantor del Orlando era mejor poeta
que el de la Jerusalen; el otro sostenía lo contrario.
La disputa se acaloró y medió un reto. Herido mor-
talmente el defensor de Ariosto, esclamó: «Siento
morir por haber cuestionado sobre el mérito de
dos poetas que no he leido;» el otro respondió á
su vez: «Y yo siento haberte muerto, porque me
hallo en el mismo caso.»
Un hombre muy feo atravesaba pacíficamente
una ile las calles de París : dos jóvenes insolentes,
XIII

fingiendo hablar entre sí, dijeron en voz alta, y


mirándole de un modo muy significativo: «II est
laid comme un Esope.» El hombre contestó: «C
estvraiMM. car Esope faisait parlerles bétes»...
Quid rides? mutato nomine de te fabula narratur.
Aquí acaba el prólogo y en la página siguiente co
mienza el Manual .
MANUAL

DE LITERATURA LATINA.

PRIMER PERIODO.

DESDE LOS TIEMPOS HAS ANTIGUOS HASTA EL AÑO 513 DE


LA FUNDACION DE ROMA, Y 241 ANTES DE JESUCRISTO.

DE LA LENGUA LATINA,

SD ORIGEN Y FORMACION.

Todo idioma sigue siempre las huellas de la civi


lizacion del pueblo que lo habla ó lo ha hablado , y
se nos presenta bajo tres fases muy distintas: su orí-
gen y estado de infancia, sus progresos, su último
término de perfeccion y esplendor. Los monumentos
primitivos de la literatura romana están todos escri
tos , como verán mas adelante los lectores , en un
MAN. DE LIT. LATINA. 1
— 2 -
lenguage rudo , bárbaro y en su mayor parte ininte
ligible; y nosotros no dudamos en afirmar que se les
ha dado inmerecidamente el nombre de literarios.
Varrón supone que los latinos crearon su propia
lengua, y no separándose de esta hipótesis, quiere
entresacar á toda costa la etimología de las palabras
latinas de otras de la misma lengua. Nos dice, pues,
que tena se deriva de tereré; legumen de legere; capra
de carpere; Venus de venire; via de vehere; humor de Au-
mus ; amnis de ambitus; foenus de foetus. Los demás
romanos no conocieron métodos mejores ni mas ade
cuados. Con efecto , Ciceron dice que á la ley se la
da el nombre de lex, quia legi solet; que Neptunus se
deriva de a nonio; luna de a lucendo. Caton hace de
rivar la palabra locup'es de los lugares (tierras) que
poseian los ricos, y pecunia de pécora, porque se gra
baba en las monedas la efigie de este animal. Servio
dice que secare se deriva de siecus; liber, de corticis
pars interiora liberalo cortice; mantilia (tohalla para se
carse) dea tergendis manibus. Plinium sa<-a la etimolo
gía de vellum de vellere, porque las lanas se arrancan;
Festo dice que inmolare se del iva de mola, id est farro
molito; segun Ulpiano el legalum inunda ó legado) ha
recibido este nombre, porque indica ivod legis modo
testamento relinquilur; y dice que liberi unifica hom
bres libres, quia quod libet facere po->">it. Segun San
Isidoro mulier se deriva de mollitie; vena de quod san-
guinem cehit; venenum de quod per retias vadit; carntm
de carere mente; Minerva de munus artium variarum.
— 3 —
Todas estas etimologías, fundadas mas bien en la
semejanza eufónica de los sonidos de las palabras
que en un exámen filológico muy detenido de Jas
ideas, hoy se leen como una curiosidad literaria, y
sirven tan solo para convencernos de que este géne
ro de estudios se remonta á regiones mas elevadas,
como lo han demostrado muchos sábios modernos en
sus repetidos y doctos ensayos filológicos sobre algu
nas lenguas orientales y las indo-germánicas, ó mas
bien indo-europeas , que se suponen todas hijas de
una gran lengua primitiva , hoy perdida.
Tiene visos de mucha probabilidad , y es la opi
nion mas comunmente adoptada , que hayan concur
rido á la formacion del latin los dialectos y las len
guas de los pueblos italianos anteriores á la fundacion
de Roma , y que hayan contribuido en gran manera
á ello los oseos , cuya lengua se hablaba en toda la
Italia Meridional. Los etruscos tuvieron, tal vez, mu
cha parte en la formacion del latin; pero de su len
gua, que es todavía un misterio para nosotros, cono
cemos la significacion, mas bien dudosa que cierta,
de un reducido número de palabras.
Algunos filólogos modernos afirman que no me
diaba ninguna diferencia fundamental entre el oseo
y el latin, y creen que si tuviésemos todavía libros
escritos en oseo, los entenderíamos perfectamente,
aun cuando no pudiésemos interpretar todas sus pa
labras. Esta opinion adquiere visos de certeza si pa
ramos mientes en que se veian en la antigua Roma
— 4 —
muchas inscripciones en lengua osea. Si queremos
reparar, además, en que los marsos, los sabinos, I09
marucinos y los picenos , que figuran con lustre des
de tiempos muy remotos en la historia de Italia, ha
blaban todos con corta diferencia el sabelico , lengua
parecida al oseo, y que sin embargo no era comun
en Roma , esta particularidad nos confirma en la opi
nion de que el oseo se diferenciaba muy poco del la
tin. Estrabon escribia en tiempo de Tiberio: «Los os
eos han perecido, pero su lengua queda entre los
romanos , aunque se emplea únicamente en algunos
cantos y escenas teatrales para obedecer á una cos
tumbre antigua.» (1) Estas últimas palabras nos in
dican, que en los tiempos anteriores á este autor la
lengua osea habia sido comun en Roma, y que por su
mucha afinidad con el latin se habia conservado en
las representaciones dramáticas. Pero las demás len
guas y los dialectos , que se hablaban en Italia antes
de la fundacion de Roma, y que no dejarian de con
tribuir á dar formas permanentes al latin ¿qué parti
cularidades dignas de nota nos presentan? Nosotros,
considerando que en un manual no pueden tener ca
bida largas discusiones eruditas, que nos obligarian á
someter á un exámen crítico muy detenido y severo lo
que muchos sábios han escrito acerca de las antiguas
lenguas itálicas, y la formacion del latin, nos limitare
mos á apuntar un reducido número de observaciones.

(i) Geog. lib. v.


- 5 —
Varron dice , que la palabra multa los romanos la
adoptaron de los sabinos , y que hubo cierta afinidad
entre el sabino y el oseo ; Festo afirma que los habi
tantes de Cápua, Terracina y Veletri ignoraban el la
tín y hablaban el oseo y la lengua de los volseos; el
mismo autor dice que los brucios eran llamados bi
lingües porque hablaban el oseo y el griego ; Servio
nos refiere que la palabra hirpius (lobo) la usaron los
samnitas , y atribuye -a los sabinos la palabra hernat
(hernici , pueblos de la antigua Italia) ; algunos gra
máticos antiguos dicen que el Imperator de los latinos
se deriva del Embrator sabino.
Si no queremos ahora perder de vista que todos
estos pueblos contribuyeron al origen y engrandeci
miento de Roma , y que estuvieron siempre en con
tacto con aquella metrópoli , nos es menester conve
nir en que concurrieron todos en mayor ó menor es
cala á la formacion del latin. (1)

ROMA Y LA ETRUR1A.

La literatura primitiva de Roma tiene un tinte gre


co-oriental, porque los etruscos, que fueron sus pa
dres, habian adoptado algunas creencias religiosas , y

(1) Los que deseen tener mas aclaraciones y pormenores


acerca de este argumento , los encontrarán todos reunidos en el
\? tomo de nuestra Historia universal, par. 2.° pág. 159 y se
guiente.
— 6 —
supersticiones del antiguo Oriente, las cuales no ha
bian dejado de conservar en Grecia rasgos de su fiso
nomía originaria. Pero los etruscos eran una nacion
muy distinta de la griega, yá la literatura que adop
taron, cuyo gérmen estaba depositado en el fondo del
Asia, la dieron un aspecto propia, conservando sin
embargo aquellas esterioridades religiosas , que son
inseparables de toda literatura primitiva de los pue
blos, porque el sentimiento moral, que nos eleva á-
las regiones celestes , constituye la esencia de toda
sociabilidad , que necesita apoyarse en los principios
eternos de aquella justicia invariable , que es princi
pal atributo de un Ser omniperfccto.
En la época primitiva de Roma todo era presagio
y adivinacion : el graznido de una ave nocturna , el
ladrar de un perro, un vaso quebrado, una vieja
que miraba fijamente á la cara, eran objetos de bue
no ó mal agüero , y tenian sus interpretaciones. En
esa época se procuraba entresacar de los sueños un
sentido misterioso , y se suponía que eran vaticinios
ó revelaciones que los dioses hacian á los hombres.
Pero de esta literatura no conservamos mas que ideas
tradicionales , oscuras , confusas y entremezcladas de
fábulas, que están muy distantes de la realidad. Nos
es imposible , pues , remontarnos á su verdadero orí-
gen , construir con ellas un edificio que tenga uni
formidad y armonía , y podemos decir únicamente
con certeza que los etruscos , de quienes la habian
recibido los romanos , pusieron á contribucion en su
— 7 —
literatura político-religiosa todos los elementos de la
naturaleza , y principalmente el fuego que la anima,
y aterra á los pueblos que viven todavía en la in
fancia de la sociedad , cuando serpentea por los es
pacios aéreos con repentina luz y un grande es
truendo.
Los etruscos , segun nos refieren los antiguos es
critores , llegaron á tener conocimientos estensos so
bre la electricidad, y algunos sábios han creido que
formaron una ciencia llamada fulgural, palabra lati
na, que significa relámpago , rayo, trueno. Todo lo
que acabamos de apuntar nos demuestra , que los
etruscos fueron un pueblo muy civilizado; pero su
literatura , sobre cuyo tema han escrito varones eru
ditos, es todavía mas bien conjetural que fundada
en bases y autoridades sólidas. Contentándonos,
pues, con lo que llevamos espuesto acerca del parti
cular, juzgamos que la índole y carácter de esta
obra exigen que pasemos á tratar de lo que mas de
cerca dice relacion con la literatura romana.

CANTOS DE LOS HERMANOS ARVALES. (1)

Los arvales, que eran un colegio de sacerdotes,


cuya fundacion se atribuye á Rómulo , recorrian pro-
cesionalmente los campos en la primavera de cada

(l) La palabra arvales se deriva del vocablo latino arvum,


que significa tierra de labor.
año, entonando una plegaria en honor de los dioses,
para que dieran á sus compatriotas una cosecha muy
abundante , y llevaban consigo una marrana preña
da. La plegaria se componia de cinco frases distintas,
que se repetian por tres veces, y se las acompañaba
cada vez de una esclamacion , que se repetia cinco
veces hasta terminar toda la plegaria. La primera fra
se era: «Dioses lares, prestadnos vuestro auxilio.»/
La palabra de la esclamacion era triunfo ; las otras^
frases intermedias son ininteligibles. Algunos erudi
tos de nota , como Lanzi y Hermann , han intentado
traducirlas; pero no han podido lograrlo, y sus tra
ducciones se reducen á conjeturas mas ó menos fun
dadas. Podemos afirmar, sin embargo, con visos de
mucha
escritosprobabilidad
en versos saturninos:
, que los cantos
(1) vamos
arvales
á insertar-
estaban /

(1) La invencion de estos versos , cuya longitud era indeter


minada , se pierde en la oscuridad de la época primitiva de la
literatura romana. Algunos eruditos creen que fueron de origen
etrusco ; otros afirman que los etruscos los recibieron de otros
pueblos italianos mas antiguos , y que éstos los habían recibido,
tal vez, de las primitivas colonias orientales que emigraron á Ita
lia. Es de notar, que en los versos saturninos se empleaban con
frecuencia el pirriquio y el yambo : el primero consta de dos sí
labas breves ; el segundo de una sílaba breve y otra larga , y
pertenecen entrambos al metro y versificacion de los griegos.
Esta particularidad ha inducido á otros eruditos á creer, que los
versos saturninos fueron de origen helénico. En tanta compli
cacion de circunstancias es imposible emitir una opinion termi
nante , y nos es menester atenernos á conjeturas mas 6 menos
probables. Los versos saturninos , si reparamos en su longitud
— 9 —
los en su forma primitiva , poniendo á continuacion
\a que mas adelante se dió á las palabras que los com
ponen:
Enos , Lases , j uvate :
Neve luerve, Marinar , sins
Incurrere ¡n pleoris. Satur
Fufere , Mars : limen saii,
Sta, berber. Semunesallemei,
Jam dus capit conctos.
Enos, Marmar, Juvato.
Triumpe! Iriumpe!
Nos , Lares , javate
Nevé luem , Mamar , sinas
Incurrere in plures. Satur
Fueris, Mars : limen salí ,

reposada , parecen originariamente orientales ; si reparamos


en su metrificacion, parecen griegos, lo que nos inclina & '/
emitir una opinion toda nuestra para que los sábios, ver
sados en el estudio de la literatura antigua, la tomen en al
guna consideracion. Nadie ignora que en la época de la ci
vilizacion primitiva de Italia y Roma, contribuyo- ,1 despojar
la de su rudeza el elemento helénico, y al propio tiempo
todos los sábios convienen en que el elemento oriental ha
bía penetrado ya desde tiempos inmemoriales tanto en Grecia
como en Italia, pero sufriendo aquellas modificaciones inevita
bles que traen consigo el decurso de los siglos y la Indole de
los distintos pueblos, que se aglomeran hasta formar naciones
nuevas. Si nosotros , pues , no queremos perder de vista todas
estas particularidades , podemos afirmar , con algun fundamento,
• 'iue los versos saturninos, originariamente orientales, fueron
v'adoptados por los etruscos, y que estos los trasmitieron á los ro
manos, pero modificados por el elemento helénico, que habia
• introducido en ellos algunas formas de la metrificacion griega.
— 10 —
Sla , vervex. Semones alternt,
Jam
Nos,duoMamuri,
capit cunctos.
juvato.

Triumphe! etc.

En algunos fragmentos de las leyes de Numa


Pompilio y de Servio Tulio , se nota con corta dife
rencia esta misma forma de escritura antigua , tam
bien modificada mas adelante.

FRAGMENTO DE UNA LEY DE NUMA.

Sei cuips hemonem loebesom


dolo sciens mortei duit
pariceidad estod sei im
imprudens se dolo malod
oceisit pro capited oceise
ct nateis eiius endo
concioned arietem subicitod.

Si quis hominem Iiberum


dolo sciens moni dederit,
parricida esto. Si eum
imprudens sine dolo malo
occiderit, pro capite occisi
et natis ejus in
concione arietem subjicito.

FRAGMENTO DE l'NA LEY DE SERVIO TULIO.

Sei parentem puer verber


st oloe plorasit puer
iveis parentum sacer esto
— 11 —
sei auras sacra diveis
parentura esto.

Si parentem pner verberet,


at Ule ploraverit, puer
divis parentum sacer esto;
si nurus, sacra divis
parentum esto.

TRADUCCION CASTELLANA DE ESTOS DOS FB.AG.HBNTOS.

El que matare á un hombre libre, con asechanzas


ó con premeditacion, será castigado de muerte como
homicida; pero si le matare casualmente ó por inad"
vertencia, cumplirá con sacrificar un carnero por
forma deespiacion.

Si el hijo da golpes á su padre , será consagrado


álos dioses vengadores de los padres, aunque le haya
pedido perdon. Si una nuera da golpes á su suegro,
incurrirá en la misma pena.
Pertenecen á este primer periodo los cantos de
los Sálios (1), sacerdotes del dios Marte, insti
tuidos, si es cierto lo que nos refieren los antiguos
escritores, por Numa Pompilio, que les confió la cus
todia de los escudos sagrados, supuestos por los ro
manos un don del cielo. Ignoramos del todo el me-
lro de estos cantos, y podemos afirmar que en los

(I) Del verbo latino salire, (bailar 6 saltar) porque estos


sacerdotes cantaban y bailaban al mismo tiempo.
— 12 —
tiempos de Ciceron, Horacio y otros escritores, dis
tinguidos por sus conocimientos de la antigüedad y
su mucha erudicion, los cantos salios habian llega
do á ser casi del todo ininteligibles. Varron en su
obra De lingua latina nos ha conservado algunos de
sus fragmentos.
Se consideran tambien como un monumento de
la antigua literatura romana las leyes régias promul
gadas por los primeros monarcas de la ciudad eter
na, y las de las «Doce tablas» posteriores de un si
glo á Servio Tulio (303 y 304 de la fundacion de
Roma, 420 años antes de J. C.) El latin en que es
tán escritas no es ininteligible, como el de los cantos
arvales y salios, pero es todavía muy rudo, como lo
demuestran sus fragmentos , que vamos á poner á
continuacion, tanto en su forma primitiva, como en
la que se las dió posteriormente,

LEYES REGIAS.

Sei. Hemone. folmini. Joveis. oceiset. em. soprad.


cenoad. tollitod. Hemo. sei. folmined. occisos, esit.
ole. jovsta novla, fieser. oporteitod.

Si hominem fulmen jovis occiderit, eum non ali-


ter attollito quam supra genua, et non attollatur hu
mo. Homo si fulmine occissus fuerit, ei justa nulla
— 13 —
fieri oporteto; id est, defossa terra ibidem ubi ce-
aát, sine Rogo, et sine ullo funere condatur.

Quoious. auspeíciod. cuased. procinclad. opeíma.


spolia. capeíomtor. Jovei. Fedetsiod. Duovi. caedi-
lod. cuei. cepet. aisis. ccc. Dasier. oporteitod.
Seconda. spolia. in. Du. Marteis. Asam. endo.
campod. suo-ve-tauseilia. outrad. volet. ceeditod.
cuei. cepet. Aisis. C. Dasier. oporteitod.
Tercia, spolia. Jonad. Quoirinod. Agno. mase,
caeditod cuei. cepet. aisis. C. Dasier. oporteitod.
Quoious. auspeiciod. capta. Dis. piaclo. datod.

Cujus auspicio, id est, fortitudine classe procinc-


ia opima spolia capiuntur. Jovi Feretrio Bovem cce-
dito. lili qui opima spolia cceperit 300. Asses dari
oportet.
Secunda spolia in Martis Aram ponito: et in cam
po solitaurilia (id est, Taurum, aut Arietem, autPor-
cum), utra volet ccedito. lili qui secunda spolia cce
perit 200. Asses dari oportet.
Tertia spolia Jano Quirino: Agnum raare coedito,
lili qui tertia spolia coeperit 100. Asses dari oportet.
Haec spolia ita capta auspicio, id est , fortitudine
illiusqui cceperit, simulque sacrificia, spoliis juncta,
Diis ut piacula dato.
TRADUCCION CASTELLANA.

Si un hombre es herido por el fuego del cielo,


no se le socorra, ni se vaya á levantarle: y si le mata
el rayo, no se le hagan exequias, y se le entierre in
mediatamente en el mismo parage en que hubiese
sido muerto.

El que con sus manos matare al general de la ar


mada enemiga, y le despojare de sus armas, las con
sagre á Júpiter Feretrio, sacrificándole un buey, y
tendrá 300 libras de bronce por recompensa. Los
segundos despojos pónganse en el campo de Mar_
te; y al tiempo de ponerlos, se hará un sacrificio
de un toro , ó de un carnero padre , ó de un cer
do'; y el que quitase estos despojos á los oficia
les enemigos, tendrá 200 libras. Los terceros despojos
se consagren á Jano Quirino, á quien se sacrificará
al mismo tiempo un cordero; y el que quitase estos
despojos á los soldados enemigos, tendrá 100 libras.
Todos estos sacrificios se harán por modo de es-
piaciones.

LEVES DE LAS DOCE TABLAS.

Sei morbos aivitasve vitiom escit quei endo ious


vocasit iou mentom datod, sei nolet , arceram nei
sternitod.
— 15 —

PARAPHRAS1S.

Si niorbus aetasve senilis impedimento sit , quo-


minus yocatus in jus vocabit vocato veiculum, quod
adjunctis pecoribus trahatur, dato. Si nolet is qui in
jus vocavit vocato petenti plaustrum undiqué tectum
sternere ne cógitor.

Gavis romani liberti haereditatem Lex XII Tabu-


larum patrono defert, si intestato sine suo haerede
libertus decesserit. —Ad personas autem refertor fa
miliae signifícatio itá, cum de patrono et liberto lo-
quitur lex: Ex ea familia, inquit, in eam familiam.

PARAPHASIS.

Si libertus intestatus decedat, neque suum ho3re-


dem relibuerit, ad patronum tantum, vel etiam pa-
troni liberas, túm liberti bona ex ejus familia in pa-
troni familiam translata proximo in patroni familiá
addicuntur.

TRADUCCION CASTELLANA.

Si aquel á quien se quiere llevar ante el juez , es


Tiejo ó está enfermo, sea llevado en uu jumento ó
— 16 —
carro: y si lo rehusa, no está obligado el que le em
plaza á darle un carro cubierto.

Cuando muera un liberto sin haber hecho testa


mento y sin herederos suyos, pertenecerán sus bie
nes á su patrono, si este vive, y en su defecto, á su
familia.

Un siglo y medio despues de la publicacion de las


Doce Tablas (298 años antes de J. C.) la lengua latina
se nos presenta con formas mucho menos rudas, co
mo lo demuestra la inscripcion que vamos á insertar.

nComelius. Lucius. Scipio. Barbatus. Gnaiuod.


Patre. prognatus. fortis. vir. sapiensque.
Quoius. forma, virtutei. parisuma. fuit.
consol, censor, aidilis. quei. fuit. apud. vos
Taurasia. Cisauna. Samnio. cepit.
Subicit. omne. Loucana. opsidesque. abdoucit.»

TRADUCCION CASTELLANA.

«Cornelio Lucio Escipion Barbato, á quien su pa


dre Gneo engendró fuerte y sábio, y cuya hermo
sura fué tan sobresaliente como su valor , fué entre
vosotros cónsul, censor, edil. Tomó á Tourasia (Turin)
á Cisauna (Susa, ciudad del Piamonte) á Samnio, so
juzgó toda la Lucania y trajo prisioneros en rehenes.»
La inscripcion de la tumba del hijo del ilustre Es
cipion Barbado, cuyo nombre era Lucio Cornelio Es-
— i? -
cipbn, ofrece una particularidad tan curiosa y pere
grina, que merece ser notada. Esta inscripcion, á pe
sar de que pertenece á la misma época que la ante
rior contiene mas arcaismos.

Honcoino. Ploirum. Consentiont. R. Duonoro.


Optumo. Fuise. Viro. Luciom. Scipione. Filios.
Barbati. Consul. Consor, Aidilis. Hic. Fuet A...
Hec. Cepit. Corsica. Aleriaque. Urbe. DedeL
Tempestatebns. Aide. Mereio.

Esto es:

Huoc unura plurimi consetiunt


Roma? bonorum optimum fuisse
vlram, Lucium Scipionem, filius Barbati,
consol, censor, aedilís hic fuil apud vos.
Hic cepit Corsicam Aleriamque urbem;
dedil Tempestaübus aedem merito.

TRADUCCION CASTELLANA.

Muchos de los virtuosos romanos convinieron en


que fué escelente hombre este Lucio Escipion , hijo
de Barbado: fué cónsul, censor y edil entre vosotros.
Tomó á Córcega y la ciudad Alaria, y edificó un tem
plo al dios de las tempestades.

Treinta anos despues de estas inscripciones apa


rece la de la columna rostral, erigida para eternizar
la memoria del cónsul Duilio que venció en el mar
HAN. BE LIT. LATINA» 2
— 18 —
á los cartagineses. En este monumento se ven em
pleados constantemente los ablativos en od y en ed,
y los genitivos en ai: se observa lo propio en la poe
sía latina por un largo trascurso de años. El pedestal
con la inscripcion existe todavía en una de las salas
del Capitolio; pero la columna, destruida por el tiem
po, podemos decir, con visos de probabilidad, que
fué reemplazada bajo el reinado de Claudio, por la
que se apoya en el pedestal antiguo. Se supone tam
bien que entonces se reformó la ortografía de la ins
cripcion, pero se notan en esta última varias lagu
nas (1).
Entre los monumentos de la literatura primitiva
de Roma ocupan un lugar preferente los cantos fes-
ceninos y las atela ñas: los primeros son de origen
todo latino, á diferencia de las segundas que las tu
vieron los oseos y otros pueblos de la antigua Ita
lia, anteriores á los romanos. Los campesinos de Fes-
cenia, ciudad de la Etruria, después de haber con
cluido sus faenas campestres, ofrecian al fin de la
semana un marrano á la Tierra, y vohian á los ho
gares domésticos con sus compañero-; de labranza,

(i) En atencion á que esta inscripcion, y c senado-consulto


contra los bacanales, que fué encontrado en el año de 1692 en
Tierra de Feriolo, aldea de la Calabria, y t, ¡e está depositado
hoy en el Museo imperial de Viena, no pm<:i 'i tener cabida por
su ostension en un Manual, los hemos jdo t>or alto; pero los
lectores que deseen leerlos, los hallarán \estra Historia uni
versal, t. 3, p. 182.
— 19 —
fus esposas y sus hijos, entonando canciones muy li
cenciosas, que tenían algo de satírico: esta misma,
costumbre fué adoptada en Roma desde tiempos in
memoriales. Las atelanas eran una mímica dialogada,
y muy parecida á las farsas populares, que están to
davía en boga en muchas ciudades de Italia.
Algunos escritores consideran tambien como un
monumento literario el apólogo de Menenio Agripa;
el cual, queriendo dar á entender á los plebeyos que
no les convenia bajo ningun concepto separarse de
tos patricios, les dijo que habiéndose negado una vez
los miembros del cuerpo á proporcionar al estómago
el alimento necesario, se vieron espuestos todos á
morir de inanicion. Pero ¿qué formas literarias tiene
esíe apólogo para que se le considere como un mo
numento literario? Dejando aparte que pudo ser in
ventado ó supuesto, se nos presenta tan solo como
una ocurrencia ó una oportunidad muy chistosa de
un bufon. Nosotros hemos querido, sin embargo,
apuntarlo para conformarnos con la opinion mas co
munmente adoptada.
Los que pretenden sostener á todo trance, que en la
antigua Roma, destinada á ser senora del orbe, hubo
desde tiempos muy remotos hombres inspirados por
un mimen poético, que tenia algo de divino, sacan á
lucir, como un testimonio de su aserto, dos profecías
de cierto Marcio, apoyándose en la autoridad de Tito
Livio y en la de Macrobio, que las han consignado en
sus páginas. La primera profecía está concebida en
— 20 —
estos términos: «Romanos, si quereis espulsar al ene
migo de vuestro territorio y rechazar la inundacion
de los pueblos lejanos, opino que debeis instituir y
celebrar todos los años, á espensas del Estado, juegos
en honor de Apolo.» La segunda, en que Marcio va
ticina la derrota de los romanos en Cannas, dice asi:
«Romano, hijo de Troya, huye del rio Canoa, evita
que los estrangeros te obliguen á empeñar el com
bate en el campo de Diomedes; pero tú no me cree
rás hasta que hayas inundado con tu sangre la cam
piña , hasta que millares de los tuyos hayan sido
muertos y llevados por el rio desde la tierra, fecun
da en mieses, al anchuroso mar; hasta que tu carne
sirva de pasto á los peces, á las aves y á las fieras
que habitan la tierra (1).»
Nosotros muy persuadidos de que los lectores no
dejarán de tener por apócrifas estas profecías de Mar
cio, nos contentamos con decir, sin disputar acerca de
su autenticidad, que nada ofrecen de notable, y que
pueda inducirnos á considerarlas como un monu
mento literario, á pesar de que algunos escritores
sostienen lo contrario. ¿Qué elevacion de pensamien
tos, qué colorido poético se descubren en ellas? Con
vengamos, pues, que merecen ser colocadas al lado
del apólogo de Menenio Agripa por su insustancia-
lidad.
Todo lo que acabamos de consignar acerca de

(() Tito Livio, lib. XXV.—Macrobio, Saturn. lib. I, cap. XVII.


— 21 —
este primer período de la literatura latina nos revela
dms bien el estado de rudeza é ignorancia, en que vi
vieron los romanos por el largo espacio de cinco siglos,
que los progresos de una verdadera cultura intelectual.
Sin embargo, algunos eruditos dicen que no podemos
follar terminantemente sobre el particular por haber
sido presa de las llamas, cuando los galos incendia
ron á Roma, los libros en que los pontífices habian
depositado todos los hechos y documentos relativos
á la historia primitiva del pueblo-rey. Nosotros, aun
que estamos muy lejos de negar que aquella pérdida
fué tan irreparable como fatal para la posteridad, no
vacilamos en afirmar que en esos libros no tuvieron
nunca cabida apuntes ó documentos literarios , y
que ni siquiera fueron una série de crónicas , pues
sabemos que el gran pontífice se limitaba á inscribir
en ellos todos los años algunos hechos aislados, polí
ticos ó religiosos.
Los libros de Numa, descubiertos en la tumba de
aquel príncipe, y mandados quemar en la plaza pú
blica por órden del senado, como execrables é im
píos, segun nos lo refieren Tito Livio y otros escri
tores antiguos (1), eran un documento por el mis
mo estilo, no conteniendo mas que noticias inheren
tes á la religion y sus ceremonias.

(I) V. Tit. Liv., lib. XL, cap. XXIX.—Plinio, lib. XIII, capí-
lüloXHI.—Valerio Máximo, lib. I, cap. I, n. 12.—Plutarco, vida
de Numa.—Lactando, de {ais, relig,, Ijb, I„ cap. XXU,
SEGUNDO PERIODO.

DESDE EL FIN DE LA PRIMERA GUERRA PUNICA HASTA LA


MUERTE DE SILA, 241 78 ANTES DE J. C. Ó 513 G7&
DE LA FUNDACION DE ROMA.

IDEAS PRELIMINARES.

Los primeros que intentaron despojar á los ro


manos de su ignorancia y rudeza fueron los Escipio-
nes, escudando con la égida de su ilustrada protec
cion á los literatos de la Magna Grecia , prisioneros
en Roma, ó que vivian en el seno de alguna familia
distinguida en aquella metrópoli. Hasta entonces los
jóvenes mas opulentos habian ido ála Etruriacon ob
jeto de instruirse en los ritos augurales, que eran indis
pensables para dar fuerza y legalidad á los actos públi
cos. En las escuelas de aquel pais adquirian tambien al
gunos conocimientos de las bellas letras, pero tan li
geros y superficiales, que los romanos los considera-
— 23 —
ron nulos cuando la literatura griega comenzó á to
nar formas é incremento entre ellos. Con efecto, los
persoaages mas opulentos confiaron la educacion
de sus hijos á esclavos griegos, que por su erudicion
r doctrina podian instruirlos en la lengua de Horne
ra y Demóstenes, en la filosofía y en las reglas de
urbanidad.
Cuando las lanzas romanas invadieron la Grecia,
se habian corrompido ya los helenos, y tanto su poe
sía como susescuelas filosóficas, pobladas de sofistas,
proclamaban errores vergonzosos, y muchas de ellas
el ateismo. Los romanos, pues, recibieron los gérme
nes emponzoñados de una sabiduría viciosa; y los
griegos que se trasladaron á la gran metrópoli del
orbe antiguo, no fueron modelo de virtud como Só
crates, ni filósofos sublimes como Platon y Aristóte
les, sino hombres en su mayor parte orgullosos y
de costumbres disolutas. Esto indispuso los ánimos
de los patriotas mas adheridos á las instituciones an-
. tiguas, y que juzgaban perjudiciales á b grandeza
de la república, las artes, las ciencias y la literatura
- delos griegos: el pueblo se inclinaba tambien á esta
opinion, pero la moda, que exalta los espíritus, y
la mucha satisfaccion que esperimentatnos adqui
riendo conocimientos nuevos y peregrinos, que
nos colocan en regiones elevadas, los efluvios de
caya atmósfera dan mas delicadeza y sociabilidad á
los afectos, facilitaron en Roma la introduccion de
una cultura intelectual hasta entonces desconocida:
— 24 —
y los varones mas distinguidos de la república, ape
lando á términos medios, se declararon conservado
res de las instituciones antiguas sin rechazar la nue
va civilizacion. Esto produjo un fiero contraste en
tre los halagos de la moda y los antiguos sistemas;
y desde entonces comenzó á observarse, entre los
mismos hombres, que blasonaban de patriotas ardo
rosos, una inclinacion terminante á las innovaciones,
aunque afirmaban que era su propósito contrares-
tarlas. Repetidas veces fueron perseguidos en Roma
los rétores y los filosofos, á fin de que la juventud no
emplease el tiempo, que debia dedicar á los negocios
públicos, en aprender, como decian los ciudadanos
mas escrupulosos, palabras y sofismas, ni la práctica
de los vicios que afeaban á los griegos: sin embargo,
Caton instruia á su hijo en las bellas letras, en la gim
nástica y en la lucha, muy en boga entre los helenos.
Los patricios y el pueblo recordaban la vida sencilla,
la severidad de las costumbres, el sistema de educa
cion, todo nacional, y el valor de sus antepasados;
sin embargo los jóvenes, que aspiraban á distin
guirse, seguian un curso de literatura griega, viaja-
bao por la Grecia, y recoman las ciudades muy flo
recientes del Asia Menor para asistir á las lecciones
sofía.
de los profesores
Los romanos,maspues,
célebres
fueron
de imitadores
elocuencia de
y filo,-
los

griegos en todos los ramos de la literatura, como nos


sus
lo demuestran
poetas y prosistas.
las muchas obras que nos quedan de ^
POESIA DRAMATICA.

Los primeros ensayos dramáticos comenzaron en


* Roma por la representacion de las sátiras, (1) espe
cie de composicion teatral, compuesta á la vez de mú
sica, haile y recitado. Entre las sátiras y la primera
comedia de Livio Andrónico, que fué anterior de un si
glo á la época en que Roma comenzó á gustar las pro
ducciones dramáticas de Sófocles y Esquilo, mediaron
ciento veinte y tres años. Pero antes de hablar de
los poetas dramáticos latinos, nos parece muy del
caso emitir algunas ideas acerca de la poesía dramá
tica en general y de las representaciones teatrales
de los romanos.
En la docta Grecia figura en primer término la
tragedia, y sus actores son los dioses y los héroes;

0) Esta palabra hoy no tiene mas sentido en la república li


teraria que el de una composicion en versos amargos y morda
ces, que se proponen corregir las costumbres, pintando an co
lores fuertes y muy vivos los defectos y vicios de que adolece
nuestra sociedad. En los tiempos mas florecientes de la literatura
latina se le did tambien esta aplicacion; pero tuvo originaria
mente otra muy distinta. Es pues, de conocer que la palabra sá
tira se deriva de un vocablo oseo 6 ctrusco, que servia á indicar
"o plato de todas clases de frutas, que solían ofrecerse á Ceres
y á Baco. Las sátiras escénicas, pues, á.que aludimos en el testo,
eran una especie de farsa ó produccion dramática muy incom
pleta en la que se representaban drámas serios, entremezclados
con chistes y licenciosidades.
— 26 —
en Roma por el contrario, la eomedia únicamente
da lustre y grandeza á su teatro. La mayor parte de
los críticos y eruditos se contentan con indicar esta
particularidad; pero nosotros la juzgamos digna de
reflexiones muy reposadas.
La accion trágica exige ciertas condiciones lite
rarias, políticas, religiosas y sociales, que tuvieron
cumplimiento entre los helenos y no en Roma. La
tragedia griega fué precedida de la epopeya, y se
apoderó del carácter de los hombres en el estado en
que los dejó Homero, esto es, decaidos ya de su
mágcstad épica, y reducido* á las proporciones que
requiere la escena, la cual representa únicamente he
chos aislados, y que están muy lejos de representar el
conjunto de todas las figuras en un gran cuadro. Los
personages, sin embargo, no cambian de formas en
la epopeya de Homero y en la tragedia griega, pues
que
tad de
están
carácter
revestidos
de reyes,
todos
ó de
con
dioses,
la grandeza
ó de hijos
y mages-
de mo

narcas, ni dejan de ser descendientes de un glorioso


linage. Homero abrazó toda la Grecia heróica, y los
poetas trágicos celebraron sus soberanías locales; Ho
mero lo dió todo reunido en una gran tela, y los trá
gicos pintaron las mismas escenas, pero separadas y á
grandes rasgos; en Homero figura el mundo griego,
en los trágicos las familias helénicas; pero en cuanto
al fondo y á la nacionalidad en nada se diferencian
los personages de la lliada, de los que figuran en el
teatro griego. Con efecto Esquilo, á pesar deque es
— 27 —
el que menos debe á Homero, entre los grandes- trá
gicos, decia que sus producciones dramáticas no eran
mas que los restos de los banquetes de aquel gran
vate. Añádase á esto que el amor del arte fué inmen-
soentre los helenos, y que la importancia política de
lospoetis, que aspiraban á coronarse de gloria y lau
rel, fué superior en Grecia bajo todos conceptos, á la
que prodigó Roma á sus vates. Con efecto Sófocles
"egó á tener tanta consideracion, que fué pontífice
y general.
La tragedia griega encontró, ademas, una reli
gion revestida de formas del todo nacionales, y casi
creadas por Homero, el cual dió en su poema de la
lliada un sistema teológico bien coordinado, que fué
seguido luego en la escena por los escritores dramá
ticos. Los romanos, por el contrario, adoptaron las
creencias religiosas de muchos pueblos, sin darlas un
carácter propio é indígena, por lo que su religion
careció de aquella unidad magestuosa, que daba im
portancia y grandeza á la tragedia griega. Si nos
otros queremos ahora fijar mas detenidamente nues
tra atencion en los personages histórico-fabulosos de
la Grecia, y en sus creencias y tradiciones religiosas,
encontraremos qne se enlazan con tanta fuerza en
tre sí, que es imposible separar los primeros de las
segundas, como nos dan un vivo testimonio de ello
Edipo, Agamenon, Orestes etc.: que han servido de
tema á tragedias que se juzgan modelo del arte. Pero
contribuyó sobremanera á la perfeccion del drama
- 28 —
griego el gusto delicado y esquisito de los helenos
en juzgar las obras maestras del genio y del arte; y
á decir verdad ningun pueblo antiguo ó moderno ha
dado pruebas de una inteligencia mas refinada y
juiciosa que los atenienses, primeros representan
tes de la cultura intelectual de la Grecia antigua.
Estas dotes, que los distinguieron, debemos consi
derarlas en su mayor parte como una consecuen
cia necesaria de su estado y condicion sociales, que
conspiraron á conservar pura y sin mezcla de es-
trangerismo su raza, sus tradiciones religiosas é
históricas, su origen griego, y sobre todo su lengua.
Los helenos, pues, que concurrian á las representa
ciones teatrales, podemos compararlos á un gran
cuerpo académico, revestido de todas las atribucio
nes, y de toda la inteligencia que se exigen para fa
llar sobre el mérito de una composicion esencialmen
te social, como el drama griego, que se proponia
por objeto los antiguos héroes, sus proezas y des
venturas, y las glorias patrias. Añádase á esto, que
en todos los espectáculos públicos, los sufragios de
un pueblo culto son muy parecidos al ejercicio de
aquel
Si poder
un escritor
soberano,
drámatico
que inspira
se hubiese
respeto
atrevido
y temor.
en

Atenas á revestir sus personages de un carácter poco


conforme con las tradiciones antiguas; si se hubiese
¡atrevido á adulterar la memoria de los grandes he
chos; si se hubiese atrevido á usar de palabras no
muy propias del idioma griego, se habria visto es
— 29 —
puesto al desprecio, al escarnio, y tal vez á la per
secucion de sus compatriotas.
En Roma no sucedió lo propio: cuando comenza
ron á desarrollarse en su seno las letras con fuerza
y lozanía, el pueblo, originariamente romano, habia
desaparecido á consecuencia de muchas y repetidas
guerras. De la sangre puramente romana no habia
quedado mas que un escaso número de familias no
bles, los hombres que ocupaban los empleos mas
distinguidos de la república, y algunos hacendistas.
Con efecto, Roma despoblada de sus antiguos habi
tantes, se componia de reclutas, de esclavos, de hijos
de estos, de libertos y de hombres que concurrian á
aquella gran Metrópoli de varias partes del mundo.
Desde el tiempo de los Gracos llenaban ya el Foro
estos hijos espúreos de la Italia, esta multitud, lla
mada impropiamente pueblo romano, y estos estran-
geros, que considerados todos como nacionales, ma
nejaban los negocios de Roma y de los italianos.
¿Pero podia interesarse una mezcla, tan heterogénea,
de todo lo relativo á las antiguas memorias, que re
cordaban á Rómulo y Remo? ¿podia interesarse un
africano ó un español por la religion é instituciones
piadosas de Numa? ¿podia recordar con orgullo un
romano á Rruto, primer consul y fundador de la re
pública, á Colatino, á Lucrecia? Por lo demas, los
romanos conservaban una memoria confusa de los
grandes hechos que habian dado origen á su consti
tucion política, porque tenian el ánimo preocupado
— 30 —
en la guerra, en las aspiraciones ambiciosas, y en el
amor á- las riquezas. Añádese por último, que la
lengua latina, pura y armoniosa, propia de la
aristocracia romana, y de un corto número de
sábios, no era la de todo el pueblo como en Grecia.
Los helenos se distinguian por su refinado gusto
en el habla nacional; pero el pueblo romano se habia
formado un dialecto propio, que era una mezcla de
palabras latinas con otras muchas, originariamente
estrangeras, introducidas en Roma por las lenguas de
los pueblos vencidos. Esta circunstancia perjudicó
sobremanera al teatro romano, porque puso á sus
poetas drámaticos en la necesidad de servirse de es
presiones vulgares, de frases plebeyas, y de prover
bios y refranes muy comunes, para agradar á los
que concurrian á las representaciones teatrales. Con
efecto, las comedias de Plauto divertian y hasta entu
siasmaban al pueblo romano, porque estaban salpi
cadas de palabras y chistes muy comunes y popu
lares, al paso que las de Terencio tenian una acogi
da muy fria, que rayaba casi en el desprecio, porque
su estilo delicado y las gracias refinadas de un len-
guage puro y castizo, no halagaban los oidos de la
mayor parte de los concurrentes, que pertenecian á
la masa del pueblo. En fin los romanos se inclinaban
decididamente al genero cómico y no á la severidad
trágica.
Aunque todo lo espuesto está fundado en la his
toria de la literatura latina, muchos de los que bla
— 31 —
sonan inmerecidamente de buenos críticos, dirán
con animo de desmentir nuestro aserto, que los pri
pero
lofueron
lameros
confirma.
pluma
lejos
ensayos
masdede
bien
Livio
desmentir
dramáticos
trágicos
Andrónico,
que
loque
que
Ennio,
cómicos.
salieron
queda
Pacuvio
Esto
en
consignado,
es
Roma
ycierto;
Acio,
de

Los primeros ensayos de la literatura romana,


como va diebo anteriormente, y hasta los fragmentos
de los escritores que la inauguraron, nos demuestran
que fué una imitacion mas ó menos pronunciada de
la literatura griega. Livio Andrónico pertenecia á la
gran familia helénica, por haber nacido en Rudia, ciu
dad de la Magna Grecia: Ennio, Pacuvio y Acio, tra
dujeron todos ó imitaron servilmente á los dramáticos
griegos. Estos autores, pues, no hicieron mas que en
rayar la introduccion dela tragedia en Roma, repro
duciendo los héroes del teatro de Atenas; pero su
ejemplo no encontró eco en el pueblo, ni otros poetas
naciona'es siguieron sus huellas, porque no existian
en Roma los elementos, quepodian dar realce y gran
deza al coturno.

LIVIO ANDRONICO.

Tradujo muchas tragedias griegas en un latin tan


'•seo y rudo, quehabia llegado ya á ser ininteligible
en el siglo de Ciceron. Con efecto, los escritores ro
canos consideran á este autor, que floreció inmedia
- 32 -
lamente despues de la primera guerra punica (240
años antes de J. C.) mas bien como el primero, que
intentó introducir en Roma el drama griego, dándole
formas regulares, que como un poeta verdaderamen
te dramático. Los fragmentos que nos quedan de
sus tragedias son tan insignificantes, que no mere
cen ser reproducidos.

ENNIO.

Fué el primero que escribió (239 años antes de


J. C.) obras en versos exámetros, superiores bajo
todos conceptos por su regularidad y armonía á los
antiguos versos saturninos. Tradujo libremente al
gunas tragedias griegas; y los fragmentos, que con
servamos todavía de la Hecuba y de la Medea de
Eurípides, traducidas por Ennio, no dejan de tener
cierta espontaneidad. Su estilo es facil, y su poesía
mucho menos ruda que la de Livio Andronico.

CN. NEVIO.

Natural de la Campania, figura en el catálogo de


los trágicos romanos, como uno de los escritores mas
antiguos, y conservamos todavía el título de once de
sus tragedias.
— 33 —

MARCO PACUVIO.

Natural de Brindis (149 años antes de J. C.) y


sobrino de Ennio, adquirió mucha fama en Roma
por sus tragedias. Es de notar, sin embargo, qua los
fragmentos que nos quedan de este autor se resien
ten sobremanera de los defectos de una época en
que la literatura romana estaba todavía en manti
llas: sus versos y su estilo son duros y desaliñados.

LUCIO ACIO.

Nació en Roma (170 años antes de J. C.) y llegó


á distinguirse, como escritor de tragedias: fué muy
elogiada, como eminentemente nacional, la que titu
ló Bruto. Horacio dice que este vate no carecia de
elevacion,
cuvio. pero añade que era menos docto que Pa-

Aufert
Pacuvius docti famara senis, Accius alti.
(Epist. lib. 2., ep. 1., v.55.)

Lucio Acio fué el primero que vistió á sus actores


con la toga romana.
Aulo Gelio nos refiere un coloquio de Acio con
Pacuvio, que merece ocupar estas páginas. Habiendo
leído nuestro poeta su tragedia de Aireo á Pacuvio,
NAN. DE LIT. LATINA. 3
— 34 —
éste le dijo: «Me parece armonioso y magnífico lo
que has escrito; pero noto en ello algo de áspero y
duro. —Asi es, le contestó Acio; pero no lo siento,
y espero que mas adelante mejoraré, porque dicen
que sucede con el ingenio lo que con la fruta: si na
ce dura y áspera luego se ablanda y adquiere buen
sabor; al paso que si nace poco consistente y mustia,
se pudre y no se madura (1).»

COMEDIA. ,

Los romanos dieron á sus comedias los nombres


de palliata, togatoe, proetestatce, tabernaria, mimi, ak-
llanas. Se aplicó el nombre de palliata á las produc
ciones dramáticas, cuyo argumento era griego, por
que la palabra pallium servia para espresar la especie
de túnica, ó mas bien manto, que solian llevar los
griegos. Las piezas teatrales, llamadas comunmente
togatm, eran aquellas, cuyo argumento tenia un fon
do todo romano, y se llamaban con este nombre,
porque el trage distintivo de los romanos era la toga.
El epíteto proetestata se aplicaba á las producciones
dramáticas de argumento romano, en las que se in
troducian personages de un carácter noble y eleva
do , como lo daba á conocer la pretesta con que se
cubrian, que era una especie de manto muy largo,
llevado ordinariamente por cuatro clases de personas

(1) V. Au. Gel., lib. XIII, cap. II de las Noches áticas.


— 35 -
distinguidas: á saber, los magistrados urbanos, todos
ios senadores en los dias en que se celebraban so
lemnidades religiosas, algunos migistrados de cole
gios particulares , cuando se celebraban juegos pú
blicos, y últimamente las jóvenes y doncellas, que
pertenecian á las gerarqnías sociales mas nobles.
Llamábanse tabernaria las piezas dramáticas , en las
que se introducian personas humildes y de baja esfe
ra, pues que la palabra tabernaria, que se deriva del
vocablo latino taberna, que significa tienda, compren
dia en general á todas las clases de las personas in
nobles, corno vendedores de comestibles, vendedo
res de vinos, y artesanos. Soba aplicarse el nombre
de motoria á las producciones dramáticas, que ofre
cían á los espectadores una complicacion ingeniosa
de episodios y muchos golpes de escena ; á las que
tenían una marcha y un desenlace muy sencillos, se
las llamaba stataria.

LIMO ANDRONICO.—ENNIO.—CN. NEMO.

Estos tres vates, que han figurado ya como trá


ficos , adquirieron tambien fama por haber escrito
comedias; pero los romanos consideraron siempre á
Sevio como su primer poeta dramático, que supo dar
gran lustre á la comedia.
- -N'evio , dotado de gran numen y moy apreciado
60 Roma por su espíritu democrático y su odio contra
'os patricios , opresores del pueblo, se distinguió por
— 36 —
su originalidad y osadía: y algunos sábios eminentes,
posteriores á su siglo , le han colocado entre Plauto
y Terencio. Nosotros juzgamos exagerado este aser
to ; pero no podemos negar que sus obras fijaron con
justicia la atencion de los romanos , si queremos ate
nernos á estas palabras de Horacio : «No poseemos
«las obras de Nevio , pero las sabemos de memoria,
«como si hubiese existido ayer.» Se cree general
mente que fué de la Campania ; y Aulio Gelio parece
afirmarlo , cuando al referirnos el epitafio que escri
bió Nevio para sí mismo , nos dice que era muy no
table por su orgullo campanio. Pero, sea como fuere,
o cierto es que nació en Italia, y que su amor á la
democracia le convirtió en ídolo del pueblo.
Nevio se manifestó en todas sus obras dramáticas
muy atrevido , y su pluma parecia empapada en la
hiel de la mas amarga sátira. Con efecto, hacia es
clamar á sus personages en estos términos : «Sufrid,
que tambien sufre el pueblo:» y luego, fingiendo que
era el pueblo el que hablaba, decia: «No se atreverán
á atacar estos reyes (los patricios romanos) lo que he
sancionado yo con mis aplausos en el teatro. íAy de
mí, cómo sobrepuja la tiranía á la libertad!» Los Me
telos y los Escipiones, que pertenecian á la alta aris
tocracia de Roma , se vieron espuestos á los tiros de
Nevio, que se propuso revelar al pueblo su ambicion
y orgullo. Con efecto soltó en uno [de sus versos es
tas palabras sarcásticas y punzantes: «Los Metelos
nacen cónsules en Roma.» Pero estos dijeron á su
— 37 —
enemigo: «Los Metelos no dejarán de perjudicar al
poeta Nevio.» Lo que acabamos de referir está depo
sitado literalmente en los versos que insertamos á con
tinuacion:
Falo Meielli Roraae flunt consules,
Dabunt malum Metelli Naevio poétir.
Ni los Metelos lanzaron á la ventura sus amena
zas, pues que acusaron -á Nevio , y tuvieron la satis
faccion de verle aprisionado. Nuestro vate , sin em
bargo, lejos de abandonar sus ideas , siguió escri
biendo con pluma emponzoñada; y asestando cada
vez mas sus tiros contra los Escipiones , recordó á
los romanos que el célebre Africano, tan distinguido
por sus victorias y triunfos, habia dado un gran tes
timonio de liviandad, cuando su padre le sacó á viva
fuerza de la casa de una muger con quien estaba re
lacionado, no llevando mas que el manto sobre los
hombros. Entonces los Escipiones le acusaron, apelan
do á la ley de las Doce Tablas, que imponia el último
suplicio á los autores de libelos infamantes; pero los
tribunos y la opinion pública, muy favorables á Nevio,
le salvaron la vida, contentándose sus jueces con des
terrarle á Utica, en donde dejó sus restos mortales.

PLAUTO.

Este célebre poeta dramático nació cerca del


año 227, antes de nuestra era, en Sarsina, hoy For
— 38 —
]i, ciudad de la Umbría; se trasladó á Roma en edad
muy juvenil, y se cree que apenas rayaba en los
diez y ocho años cuando escribió su comedia titulada
los Menechmes, (1) una de las mas brillantes entre sus
producciones dramáticas. Si esto es cierto , Plauto
comenzó á figurar y á recoger laureles , por la supe
rioridad de sus talentos , en una época anterior á la
partida de Nevio de Roma , y á la llegada de Ennio
á esta gran metrópoli del orbe antiguo.
Algunos autores de tiempos muy remotos nos re
fieren que adquirió una fortuna considerable escri
biendo comedias; pero su mucha prodigalidad en los
aparatos pomposos y magníficos con que adornaba
sus representaciones teatrales , y algunas empresas
mercantiles, mal dirigidas, le redujeron al estado
de una miserable pobreza, asi que se vió en la dura
necesidad para vivir, de echar mano de trabajos hu
mildes y hasta serviles, como los de ayudar á moler
trigo, haciendo girar la rueda de un molino. Pero su
po resistir, llevado|en]alas de su genio, á los embates
de la fortuna, y Plauto logró restablecer sus quebran
tos, adquiriendo nuevos bienes, y medrando sobre
manera en su reputacion literaria. Murió 184 años
antes de nuestra era , y se dice que compuso e\ epita
fio siguiente en honor de su memoria.
Despues de haber sido Plauto presa de la muerte
la comedia se deshace en llanto , la escena

(1) Esta palabra indica en Plauto dos hermanos gemelos.


— 39 -
se qneda desierta, y luego los chistes, las risas,
los juegos v lodos los innumerables metros
poéticos derramaron juntamente lágrimas (I).

Algunos críticos han lanzado censuras muy amar


gas contra este epitafio , diciendo , que revela la ín
dole de un poeta inmodesto y orgulloso; pero estos
Aristarcos no han sabido [comprender que el genio,
que es un destello de la inteligencia divina, posee
una fuerza intuitiva , en la que refleja la idea de su
grandeza, como la de nuestra propia imágen en el
fondo de un espejo limpio y terso. Con efecto , los
varones mas eminentes, que han fijado en los anales
del mundo una época con las producciones de su
mente sublime, han profetizado la perpetuidad de su
fama. Horacio dijo, en algunas de sus odas, que su
nombre pasaria á la mas remota posteridad: Dante,
Tasso, Cervantes, dijeron lo propio (2).
Las comedias de Plauto se distinguen por la na
turalidad del diálogo, por la fuerza dela espresion,
casi siempre sencilla y elegante, y por sus chistes;
pero estos rayan de vez en cuando en chocarrerías y
vulgaridades, que ofenden el decoro y la modestia.
Sus comedias están atestadas tambien de arcaismos;
pero debemos notar dos cosas acerca del particular:

(1) Postquam est mortem aptus Plautus comandia Iuget,


scena est deserta. Hinc ludus, risusque , jocusque
Et numeri innumeri simul omneseollacrymarunt,
(2) Véase nuestra Hist. univ., tom. 4.°, par. I, pág. 8.
— 40 —
i.* que algunos de sus arcaismos son de muy buena
ley, y 2.* que Plauto, contemporáneo de Ñevio y
Ennio, vivió en una época en que el idioma latino
no habia desplegado todavía el vuelo, ni adquirido
aquella nobleza mesurada, que distingue las comedias
de Terencio. No queremos pasar por alto, sin embar
go, que Varron, juez muy competente (1) en la mate
ria, dice que las Musas hubieran adoptado el lenguage
de Plauto, si hubiesen querido hablar el latin ; y Cice
rón afirma terminantemente, que Plauto se distingue
por sus chistes elegantes, finos, delicados é ingenio
sos (2). Horacio, por el contrario, califica de cho-
carreros los chistes de Plauto, y dice que los anti
guos romanos merecen el nombre de muy tolerantes,
ó mas bien de necios , por haberlos admirado.
Estas opiniones tan encontradas de autores muy
ilustres , tanto por su sabiduría como por su refinada
crítica, nos obligan á examinar con alguna detencion
las causas que hayan podido motivarlas. Ciceron y
Horacio florecieron en una época de mucho brillo y
cultura intelectual ; pero el primero se habia edu
cado en el seno de una república , y alimentaba
ideas democráticas y robustas, Horacio , por el con
trario, vivia en el seno de un gobierno monárquico,
que tendia á enlanguidecer cada dia mas el espíritu
democrático , revistiendo con simulada hipocresía el

(1) De leng. lat.


(2) De Ofíici , lib. I, pág. 29.
— 41 —
absolutismo de todos los colores magníficos, que pue
den deslumhrar á los hombres , que aspiran á colo
carse en puestos elevados, adulando. En el ánimo
de Ciceron , pues , los chistes populares y el colorido
democrático de Plauto tenian que despertar nece
sariamente admiracion y deleite ; pero en el ánimo
de Horacio no despertaban mas que los sentimientos
contrarios, porque la democracia se habia ahogado
en la sangre de las últimas guerras civiles; y la domi
nacion de Augusto exigia mas bien el oropel de for
mas elegantes y de pensamientos cortesanos, que los
chistes punzantes y revestidos con frecuencia de un
tinte democrático. No negaremos, sin embargo, que
los de Plauto ofenden algunas veces la decencia y el
buen gusto ; pero nuestro vate , que escribía para
granjearse con preferencia los aplausos del pueblo
romano, se halló en la dura necesidad de deber se
cundar sus inclinaciones, aunque no dejaria de co
nocer que los esfuerzos del arte debian dirigirse por
°tro camino.
Los críticos y eruditos de gran renombre , aun
que convienen todos de consuno en que Plauto me
rece ser considerado como el padre de la poesía dra
mática entre los latinos, notan con algun fundamen
to, que carece de un espíritu verdaderamente inven
tivo y original, pues que se descubre á cada paso,
tanto en los argumentos de sus comedias como en
los caracteres de sus personages, la imil acion del
teatro griego. Notan tambien, como lo habia obser
— 42 —
vado ya Horacio en su Arte poética , que la versifica
cion de Plauto manifiesta repetidas veces cierto de
sorden de metro, que hiere los oidos, y se separa de
todas las reglas. Nosotros, lejos de negar lo que aca
bamos de esponer, lo confirmamos; pero no quere
mos pasar por alto en esta coyuntura algunas re
flexiones de mucha entidad.
Aunque los pueblos italianos, anteriores á la fun
dacion de Roma, y principalmente los etruscos , fue
ron civilizados y se distinguieron hasta cierto punto
por su cultura intelectual, como lo han puesto en
evidencia historiadores modernos de gran fama , y
con especialidad Micali; es cierto que el escaso nú
mero de sus monumentos literarios se quedó ahoga
do, y por último casi del todo olvidado, tan luego
como el pueblo romano comenzó á estender su do
minio en Italia , y destruyó la existencia política de
los etruscos. En tanto Roma , no habiéndose despo
jado todavía de la primitiva barbarie de sus funda
dores , conoció á los griegos, que á la sazon habian
llegado al apogeo de su lustre político y de su cultu
ra intelectual. Los monumentos literarios, pues, de
la Grecia , la memoria de sus hechos heróicos y mi
tológicos , su filosofía y las producciones colosales
de sus poetas, fijaron sobremanera la atencion de
los romanos : y todas estas cosas juntas inocularon
en Italia la literatura griega, 6 inspiraron el deseo
de imitar, en mayor ó menor escala, á los griegos.
Pero la constitucion política de Roma fué muy dis
— 43 -
(inía de la de Grecia , aunque figuran entrambas
como repúblicas ; la lengua latina tuvo tambien un
carácter muy distinto de la griega ; el genio y la ín
dole de los romanos tuvieron una fisonomía distinta
de la de los griegos, y por último fueron otras sus
costumbres é inclinaciones. La literatura romana,
pues, y con especialidad su arte dramático, tie
nen en gran parte una fisonomía propia ; y el teatro
latino no sigue en todo la marcha del griego , aun
que aparecen en la escena de ambas naciones los mis
mos argumentos y los personages mismos. Conside
radas las comedias de Plauto bajo este punto de vis
ta, se nos presentan con rasgos de una originalidad
muy marcada , como nos lo confirman , no solo las
comedias que este autor da por suyas, sino tambien
las que presenta al público con el título modesto de
traducciones. Con efecto , estas comparadas con las
comedias de Terencio, que fué un imitador mas es
crupuloso de los griegos , se nos presentan ataviadas
á la romana. Es de notar, ademas, que toda imita
cion toma un aire de originalidad, cuando el escritor
que imita, sabe revestir las ideas con colores propios
de su nacion, y las somete á modificaciones y cam
bios, que pueden darlas un aspecto muy distinto del
suyo primitivo. Si ahora queremos aplicar esta teo
ría á Plauto, nos- vemos obligados á convenir en que
este célebre ^dramático no deja de dar á sus come
dias un trage verdaderamente romano; y nos pare
ce que Alcumena, culpada injustamente de adulterio
— 44 —
por Anfitrion, habla un lenguage, mas bien digno de
una hija de los Fabios ó de los Escipiones, y de una
hermana de Cornelia, que el de una muger griega.
En cuanto á lo que dice Horacio respecto al des
orden que se nota en la versificacion y en los metros
de Plauto, este defecto es innegable; pero no debe
mos perder de vista que los dramáticos latinos se
emanciparon sin mucho escrúpulo de las reglas rigo
sos
rosas
saturninos,
de la metrificacion
que no tienen
poética,
una adoptando
cantidad determi
los ver- ^

nada. Plauto, pues, puede merecer hasta cierto pun


to nuestra indulgencia por haber seguido un sistema
tan generalizado en Roma. Sus prólogos, sin embar
go, destinados á dar una idea perfecta y circunstan
ciada del argumento, que el poeta iba á poner en es
cena, guardan mucha regularidad; y es de suponer
que- Plauto, cuando abusa del arte en sus diálo
gos, poniendo versos, ya mas largos, ya mas bre
ves, incurre en este defecto, porque cree que la
belleza y la animacion del diálogo reposan mas bien
en la viveza de las espresiones y en la fuerza de
las frases, que en la regularidad de los versos.
La índole de esta obra está muy lejos de permitir
nos un exámen crítico y detenido de las comedial
de Plauto , que han llegado hasta nosotros, y de los
fragmentos que nos quedan de las que han sido pre
sa de la voracidad de los siglos. Contentándonos,
pues, con lo que llevamos espuesto acerca de este cé
lebre autor dramático de la antigüedad, nos limita
— 45 —
mos á decir á los lectores, que en tiempo de Aulo
Ge//ose le atribuian ciento treinta comedias; pero en
ffl mayor parte apócrifas, como lo afirma Varron, el
cual reconocía por auténticas veinte y una solamente,
y entre ellas son muy recomendables Los Cauti%'os, ',
El Epídico y El Anfitrion.

n^ERENCIO.

Dotado de mucha inteligencia y gran facilidad,


aprendió perfectamente el latin, y llegó á ser uno
Je los varones mas ilustres de su época. Pero, an
tes de hablar de su mérito como poeta dramático,
J de colocarle en el puesto que le corresponde, no
queremos pasar por alto el nombre de Cecilio Esta
do,
to) porque
naturallos
delasGalias
fragmentos,(177
queaños
nos quedan
antes dedeJesucr¡6-"
su#'co-

roedias, pueden ser considerados como un eslabon


intermedio entre Plauto y Terencio. Cecilio se incli
naba á los chistes chocarreros, aspiraba con anhelo á
los aplausos del vulgo romano, y hacia alarde de bu
fonadas de mal género; pero se notaba al propio
tiempo en sus comedias algo de grave, y verdadera
mente digno de la toga romana, y del carácter aris
tocrático de los senadores. Asi es que los críticos,
que han estudiado detenidamente los fragmentos de
Cecilio, convienen en que algunas de sus escenas lle
van un timbre severo, aunque cómico, y en que es
te autor encierra en sus obras algunas máximas mo
— 46 —
rales y filosóficas. Con efecto, Horacio, que tenia en
muy poco aprecio á Plauto, como queda consignado
arriba, y que por el contrario fué siempre admirador
de Terencio , coloca á Cecilio al lado de este últi
mo (1); y Veleyo Patérculo hace lo propio (2). Pero
entre los antiguos críticos y eruditos, Aulo Gelio, al
hablar de los escritores dramáticos de Roma, y con
especialidad de Cecilio, nos dice terminantemente que
este último es muy inferior bajo todos conceptos á
Menandro, cuyas comedias se propuso imitar (3).
Se cree comunmente que Cecilio fué esclavo, y
que despues de haber adquirido su libertad, se dió á
conocer por su elevado talento dramático. Si esto es
cierto, corrió la misma suerte que Terencio de quien
vamos á ocuparnos.
Este ilustre vate no fué romano ni griego, sino
bárbaro de nacion en toda la fuerza de la palabra,
por haber nacido en Cartago y de familia cartagine
sa. En su primera infancia le robaron unos piratas,
y le vendieron en Roma, en donde fué esclavo del
senador Terencio Lucano. Este varon, acreedor á to
dos los títulos honoríficos, por haber sabido apreciar
desde un principio el talento elevado y fácil de su
esclavo, le hizo educar é instruir con amor paternal,
y finalmente le declaró libre. Entonces nuestro poeta

(3)
(1) Noct.
(2) V.
Ep.lib.
i, At.,
lib.
I delib.
2,suv.hist.
2,69.
cap. 23.
— 47 —
adquirió todos los derechos de ciudadanía y fué lla
mado Publio Terencio, en honor de su amo.
Muchos hombres preclaros de la antigüedad, y
i>s críticos y eruditos de mas mérito, que han deseo-
liado por sus conocimientos y refinado juicio, convie
nen en que Terencio merece ocupar el primer puesto
entre los dramáticos latinos. Pero nosotros, aunque
juzgamos muy acertada esta opinion, no queremos
pasar por alto que sus comedias son menos espontá
neas que las de Plauto. La pintura de las costuml.res
romanas está muy lejos en Terencio de ser plebeya ó
chocarrera y licenciosa; su lenguage es castizo y su
estilo muy elegante; el plan de sus comedias es muy
regular y bien trazado; pero carece con frecuencia
de aquella inspiracion que da viveza al diálogo, y de
aquel numen propio mas bien del génio que del ar
te (1). Es cierto, sin embargo, que Plauto y Terencio

(1) Atribúlense á Julio César los versos siguientes acerca de


Terencio:

Tu quoque, tu insummis o dimidiate Menander


Poneris, et meriló, puri sermonis amator.
Lenibus atque utinám scriptis adjuncta foret vis
Copica, utaequalo virtus polleret honoro
Cum Graecis, ñeque in hac despectus parte jaceres!
í'num hoc maceror, et doleo tibi deesse, Terenli.
Traduccion castellana.
Tú «cuparias, semi-Menandro, un puesto entre los grandes
dramáticos, y bien merecido, por la elegancia de tu estilo, si
hermanáras iojalál la fuerza cómicacon la suavidad de tus esen
— 48 —
merecen una calificacion muy distinta. El primero,
que se propuso agradar con especialidad al pueblo ro
mano, secundando su gusto y sus inclinaciones plebe
yas, y hacer alarde hasta cierto punto de mucha in
dependencia, puede merecer el nombre de poeta de
mocrático; al paso que Terencio es acreedor al de
poeta aristocrático, por haber revestido sus produc
ciones dramáticas de cierto carácter noble y grave,
por haber conservado en todos sus chistes circuns
peccion y un lenguage mesurado, y por haberse ate
nido con mas escrupulosidad á las reglas del arte
dramático.
De Terencio tenemos seis comedias, y es de supo
ner que no compuso mas, porque los antiguos escri
tores no mencionan otras. Pero si es cierto que el
mérito de un autor no consiste en la multitud de sus
obras, sino en su importancia y perfeccion, no es
menos cierto que Terencio merece ocupar un puesto
muy distinguido entrelos poetas dramáticos de la an
tigüedad. En esta circunstancia no queremos pasar
en silencio que algunos de sus enemigos hicieron cun
dir la voz de que nuestro vate habia tenido colabo
radores en sus trabajos, y dijeron que esta escena ó
la otra pertenecia á Lelio ó Escipion, amigos íntimos
de Terencio. Entre los críticos modernos ha habido
muchos
tos, para conseguir
que hanuna
afirmado
y otra palma:
lo propio
no serias
sininferior
pararentonces
mien-

en esta parte á los griegos; esto me aflige, y siento que le haga


falta.
— 49 —
tes en que los escritores antiguos de mas nota, y entre
efe Ciceron, niegan terminantemente el aserto de
ios que
Vamos
pretenden
á poner fin
queáTerencio
estos breves
tuvo apuntes
colaboradores.
acerca

de un poeta dramático tan eminente con trascribir


una anécdota muy curiosa, que nos ha trasmitido
Elio Donato en la biografía de Terencio. «Acabada de
limar la Andriana, su primera comedia, los ediles, á
quienes la presentó, tratándole como principiante, le
dijeron que la sometiese al juicio de Cecilio, y aña-
dieron que si volvia con su aprobacion, determina
rían lo que juzgaran mas conveniente. Cuando Te
rencio entró en casa de Cecilio, sobrecogido de temor
y casi tembloroso, como un hombre que se presenta
con una súplica ó una peticion delante del juez, aquel
anciano estaba cenando. Tan luego como vió á Te
rencio le dijo tomase asiento en una pequeña silla,
que le indicó, y se puso en actitud de escuchar la lec
tura de la comedia. Apenas oido el primer acto le
prodigó machos elogios y le obligó á cenar con él.
Acabada la cena, Terencio siguió su lectura. Cecilio
se entusiasmó^ y no contentándose con admirar la co
media, y prodigar nuevos y repetidos elogios al au
tor, le recomendó con tanta eficacia y calor á los
ediles, que la comedia fué representada sin qué
nadie se opusiera á la voluntad y í¡ los deseos de Te
rencio y Cecilio (1)^

(I) Guillermo Guizot, muy', distinto del historiador y pubH-


«W. BE LIT. LATINA. *
— 50 —
Entre los poetas dramáticos de la antigua Roma
se distinguió tambien, como escritor de comedias.
Quinto Atta, ó mas bien Lucio Quinto Acio, cuyo
nombre ha figurado ya entre los trágicos. Este poe
ta fué el primero que vistió á sus actores con la toga
romana, por lo que sus comedias merecieron el nom
bre de fogatas. Cecilio Estacio, de cuyas comedias nos
quedan muy pocos fragmentos; Lucio Afranio, com
parado por algunos escritores al griego Menandro;
Turpilio, autor de quince comedias; Trabeay Licinio
Imbres, adquirieron todos fama en la antigua Roma
por sus producciones dramáticas. Estos vates fueron
en su mayor parte contemporáneos de Plauto y Te-
rencio, á escepcion de unos pocos, que florecieron
anteriormente, ó en una época no muy posterior (1).

cista Guizot, adalid de la estúpida política ecléctica de Luis Feli


pe, en su Menandro ó Estudio histórico y literario sobre la co
media y la sociedad griega, Parts, seg. edic, 1855, ha dejado
consignadas algunas observaciones críticas acerca de Plauto y
Terencio, que merecen fijar la atencion de los lectores.
(1) Despues de lo que acabamos de esponer acercado los
poetas dramáticos de esta segunda época, no desagradará á los
lectores ver reproducidos en estas páginas unos jiocos versos de
cierto VulgacioSedigito, consignados en AuloGelio, Noct. Alie,
libro XV, cap. XXIV, no solo porque son de por sí curiosos, co
mo monumento de la antigua literatura romana, sino tambien
porque el juicio crítico que da Sedigito de los poetas dramáti
cos de aquel tiempo, se diferencia mucho del que han dado los
sábios modernos, que disfrutan de mucha fama; lo que nos de
muestra una de estas dos cosas: ó que Sedigito juzgó las produc
ciones de los poetas mencionados, tomando por punto de partida
ATELANAS.

En esta especie de farsas, de las que hemos ha


blado ya, figuran los nombres de Fabio Doseno, Lu
cio Mranio, Quinto Novio y Lucio Pomponio Bonien-
se. Los antiguos escritores prodigan con preferencia
muchos
los aplausos,
elogios
que prodigaba
á este último.
á cada uno de ellos el pueblo ro

mano, 6 que el verdadero mérito espera siempre de la posteri


dad, que juzga sin pasion, el fallo que le corresponde.
Multos incertos certare hanc rem vidimus,
Palmam poetó comico cui deferant.
Enm meo iudicio errorem dissolvam tibi:
Ct, contra si quis sentiat, nibil sentiat.
Caecilio palmam statuo dandam comico.
Plautus secundus facile exsuperat ceteros.
Dein Naevius, qui fervet, pretio in tertio est.
Si erit, quod quarto detur, dabilur Licinio.
Post insequi Licinium facio AUilium.
Id sexto sequitur hos loco Terentius.
Turpiliua septimum, Trabea octavum obtinet.
Xono loco esse facile facio Luscium.
Decimum addo causa antiquitatis Ennium.
Traduccion castellana.
Han disputado muchos acerca del poeta edmico que merece
h palma; voy á disipar los errores sobre este punto, y declaro
'(ueelque no se atenga á mi parecer, no juzgará con acierto.
Establezco, pues, que la palma se debe al poeta cómico Ceallio;
- 52 -
Los fragmentos que nos quedan de las Atelanas
son tan reducidos y mutiladas, que no pueden dar
nos, por ningun estilo, una verdadera idea de es
te género de composicion dramática. Sabemos, sin
embargo, que divertian mucho al pueblo ; que en un
principio sirvieron de intermedios en las tragedias en
vez de los coros; y que, andando el tiempo, se las
representó al fin del espectáculo. En las Atelanas al
gunos de los actores dialogaban en lengua osea, y los
otros hablaban un latin muy vulgar y comun. Cuan
do comenzaron á ser representadas, como última di-
diversion al fin del espectáculo, recibieron el nombre
de exodia, que significa en latin salida ó término. Es
de notar, sin embargo, dice Schoell, que algunos pa-
sages de escritores antiguos parecen indicar que esta
palabra solia aplicarse á una especie de farsa, que se
representaba despues de las Atelanas, y que era mas
popular y chocarrera que las mismas Atelanas.

ÍMauto, que es e! segundo, descuella entre los demas, y luego


Nevio ocupa por su numen el tercer puesto. Si hay uno, que de
ba ocupar el cuarto, será Licinio, y despues Atilio, que sigue
sus huellas; el sesto, despues de estos, es Terencio; el sétimo,
Turpilio; el octavo, Trabea. Ocupa por cierto el noveno puesto
Luscio; y se añadirá, como décimo, Ennio por su antigüedad,
LIVIO ANDRONICO, ENNIO, NEVIÓ 1

A pesar de que todos los escritores dicen termi


nantemente que Roma en esta época no tuvo sino
poemas históricos, colocan luego en el número de
los vates épicos á Ennio y á Nevio, y pasan por alto
el nombre de Livio Andrónico, que hasta cierto punto
es acreedor mas que los vates mencionados al título
honorífico de épico. Nosotros, pues, á fin de corre
gir esta falta, hemos apuntado su nombre con alguna
preferencia. Livio Andrónico fué el primero, que en
Roma semi-bárbara tuvo la noble osadía de traducir,
ó mas bien imitar, como dicen algunos críticos, la
Odisea de Homero en versos hexámetros. De esta obra
no queda mas que un número reducidísimo de frag
mentos; y es de suponer, que tanto su lenguage co
mo su estilo, se resentirian de la barbarie de los
tiempos. Con efecto, Ciceron la compara á las está-
tuas de Dédalo, cuyo solo mérito consistia en su an
tigüedad. Sin embargo, los contemporáneos del vate
— 51 —
la elogiaron con estusiasmo, lo que nos da á conocer
que juzgada en conformidad de los tiempos, no de
jaria de ser una obra apreciable. Festo y Prisciano
citan algunos versos y un poema histórico de Livio
Andrónico, repartido en treinta y cinco libros, cuyo
argumento eran las empresas de los romanos.
El gran poema histórico de Ennio, al que se ha
dado el nombre de epopeya , se titulaba Anales Ro
manos, escritos en un solo libro, y repartidos mas
adelante por el gramático Q. Vargonteio en diez y
ocho libros, que comprendian toda la historia del
pueblo rey desde su origen hasta los tiempos del
poeta. De esta obra, cuyo solo nombre es un testi
monio de su mucha importancia , no tenemos mas
que un escaso número de fragmentos. Sus versos
y su estilo son duros y ásperos; pero las ideas están
espresadas con fuerza y energía. Ennio escribió tam
bien otro poema titulado Escipion ; ignoramos si el
vate celebraba únicamente en sus versos el valor y
las empresas de aquel célebre capitan, ó se hablaba
de otras cosas relativas á la república romana y á su
grandeza y lustre.
Ennio vertió al latin muchos poemas griegos,
como la Phagesia ó Gastronomía de Arquestrato,
célebre vate siciliano , citado por Ateneo ; un poe
ma moral, que se titulaba Protréptico (1); un poema
de Epicarmo, filósofo pitagórico, sobre la Naturaleza

(1) Esta palabra griega significa instructivo.


- 55 —
de la cosas , y finalmente tradujo en prosa la obra
de Evemero acerca del orígeo de los dioses (1).
Cneo Nevio escribió un poema histórico en ver
sos saturninos sobre la primera guerra púnica, y
otro titulado Ilias Cypria ó Erotopoegenia. Si es cierto
loque nos dicen algunos clásicos antiguos , estos dos
poemas, de los cuales han llegado á la posteridad un
escaso númeTo de fragmentos, no carecian de méri
to. Un gramático, llamado Cayo Octavio Lampadio,
dividió el primero en siete libros, juzgando que un
entero poema, comprendido en un libro solo , como
lo babia escrito su autor, no dejaria de causar mo
lestia á los lectores. Nosotros, aunque estamos muy
lejos de negar á Cneo Nevio su mérito, como épico,
no queremos pasar en silencio, que tanto sus contem
poráneos, como los escritores del siglo de Augusto,
le celebraron principalmente como poeta dramático.

SATIRA.

ENNIO.—PACUVIO.—LUCILIO.

En la época del renacimiento , y hasta mediados


del siglo XVII, sábios muy ilustres agitaron en el

(I) En el tomo 3.° , parte 2.' , pág. 150 de nuestra Historia


Universal , hemos insertado los fragmentos de Ennio. En el to
mo 4." de las obras de Vosio se encuentran reunidos y comen
tados todos los fragmentos de los mas antiguos poetas romanos.
— 56 —
mundo literario un crecido número de cuestiones
eruditas , pero en su mayor parte ociosas , como por
ejemplo, si los poemas de Homero y Virgilio podian
tener modelos , si convenia mas imitar á los escrito
res griegos que á los latinos, y finalmente, si la sáti
ra era un género de poesía todo romano ó una imita
cion de los griegos. Hoy cuestiones semejantes hue
len á pedantería ; y nosotros , que no queremos bajo
ningun concepto representar el papel de pedantes,
nos limitamos á decir , que en todas las épocas y en
todos los pueblos hubo poesías satíricas, que se pro
pusieron por objeto censurar I09 vicios en general ó
con aplicacion á algunas de las gerarquías sociales,
y tambien á los individuos , como los siles entre I09
griegos (1). Las Atelanas dieron á los latinos la pri
mera idea de una sátira vulgar y grotesca ; la docta
Grecia, por el contrario, les brindó con poemas sa
tíricos amargos; pero elegantes y que no carecian de
sal ática y chistes ingeniosos. Los romanos se apo
deraron de todos estos elementos , y dieron á sus
sátiras un aspecto todo propio, que separándolas de
drama, de la epopeya , de los poemas líricos y del
género didáctico , adquirieron todas las formas de un
discurso grave y hasta filosófico , escrito en elegan
tes versos, que se dirigian á corregirlos vicios, cen
surándolos con severidad, ó ridiculizándolos en tér-
(I) V. Nuestro Manual de literatura griega, pág. 209.
V. Schoel, Hist. Comp. de la lit. rom. , 1. 1.» pág. 143 y si
guientes.—Parts, laia.
— 57 —
minos que provocaban una risa de indignacion y des
precio.
Ennio y Pacuvio , que en este segundo período
figuran á cada paso como adalides de la literatura
romana, fueron los primeros satíricos latinos; pero
no tuvieron mas gloria que la de adelantarse á todos
sus contemporáneos en este nuevo género de poesía,
pues que sabemos que sus sátiras, lejos de conservar
aquella uniformidad de metros , que da á las pro
ducciones de un gran vate una marcha magestuosa
y reposada , emplearon indistintamente en ellas to
da especie de versos. Esta particularidad nos induce
á creer , que Ennio y Pacuvio no se despojaron del
todo en sus sátiras del tinte dramático propio de
las Atelanas , escritas en versos de varios metros.
Sea como fuere, lo cierto es que los ilustres vates y
preceptistas del siglo de Augusto consideraron como
padre de la sátira latina á Cayo Lucilio , natural de
Suesa , antigua ciudad de Italia (148 años antes de
Jesucristo).
Lucilio dió á luz treinta libros de sátiras , cuyos
numerosos fragmentos son el mas brillante testimo
nio de que este vate fué no solo el precursor de Ho
racio, sino tambien de Juvenal, porque no limitán
dose á censurar los vicios , asestó sus tiros emponzo
ñados contra hombres muy distinguidos. Francisco
Douza, que reunió todos los fragmentos de Lucilio,
dice que en sus versos figuran como blanco de su
sátira diez y seis personages, y entre ellos un Quin
— 58 —
toOpimio, vencedor de la Liguria, un Metelo, que
por sus conquistas en Macedonia mereció el títu
lo de Macedonio, y un Cornelio Lentulo Lupo. Es
de notar, sin embargo, que Lucilio se propuso
como principal objeto corregir las costumbres é ins
pirar en el ánimo de sus compatriotas el amor á la
virtud. Quintiliano le prodiga elogios, y dice que mu
chos le admiraron hasta el punto de colocarle en un
puesto preferente sobre todos los demas poetas (1) .
Otros escritores antiguos nos refieren que las sá
tiras de Lucilio no solo se leian con avidez y satis
faccion en el siglo de Augusto, sino que se estu
diaban.
Su estilo es en general desaliñado é incorrecto;
pero en todos su versos se nota mucha facilidad , y
este vate fué dotado por la naturaleza de un numen
fecundo é inagotable (2).

(1) Ita deditos sibi adhuc habet ama lores, ut cum non ejus-
üem modo operis autoribus , sed omnibus poelis prmferre non
dubitent.—Quint. Orat. lib. X.cap. 1.°
(2) Horacio en la sátira 4 del libro 1 .• se espresa en esta for
ma acerca de Lucilio :

Eupolis, atque Cratinus, Aristophanesque poetae,


Atquealil, quorum comccdia prisca virorum est;
Si quiscrat dignus describí, quod malus ac fur,
Quod maechus foret, aut sicarius, aut alioqui
Famosus, multa cum libertate notabant,
Hinc omnis pendet Lucilius, hoscesequutus,
Mutatis tantiim pedibus numerisque; facetus,
Emunctae naris : durus componere versus.
— 59 -
Los fragmentos de las sátiras de Lucilio hoy
forman parte de la apreciable coleccion galo-lati-
ra de Panckoucke. Los que deseen conocer todos
tos pormenores de la vida de este vate , y una mul-

(Xam tuit hoc vitiosus) in hora saepe ducento


Itmagnum, versos dicta bat stanspede in uno.
Cum flueret lutulentus, erat quod tollere velles.
Garrulos, atque piger scribendi ferre laborem;
Scribendi recte; nam ut multum nil moror....

Eupolis, Aristófanes, Cratíno


Y otros antiguos cómicos de nombre,
Al tropezar con hombre
Barragan, ó ratero, ó asesino,
O célebre por cosa semejante,
Al teatro sacábanle al instante.
Bien qoe empleando metro diferente,
Siguió Lucilio i aquella antigua genle,
Siempre agudo y chistoso,
Pero desaliñado, en demasía ,
Y este era el gran defecto que tenia.
En una hora, sin lomar reposo,
Versos dictaba hasta contar doscientos,
Y con esto creia hacer portentos;
Mas para que su escrito fuese bueno,
Habia que quitarle mucho cieno.
Era difuso, y siempre componiendo,
De escribir el trabajo le pesaba,
De escribir bien entiendo,
Pues á mucho ninguno le ganaba.

{Trad. de Burgos).
— 60 —
titud de noticias, tan importantes como curiosas,
acerca de sus sátiras y otras obras que se le atribu
yen , podrán leer su biografía en el Diccionario his
tórico y crítico de Pedro Bayle.
Pertenece tambien á este período, que vamos re
corriendo, un pequeño poema satírico, titulado Diros
in Battarum , «Imprecaciones contra Bataro,» escrito
por Valerio Caton , célebre gramático del tiempo de
Sila. Suetonio, á quien se atribuye generalmente la
obra sobre los ilustres gramáticos de la antigüedad,
dice que Caton perdió todo su patrimonio en la pri
mera guerra civil , y que Bataro , blanco de su sáti
ra, se lo apropió. El mismo Suetonio nos habla de
cierto Furio, natural de Cremona, escritor satírico de
mucho mérito ; pero sus obras no han llegado á la
posteridad, y sabemos únicamente que algunos es
critores modernos le colocaban al lado de Horacio.

EPIGRAMA (1).

En este género de composicion , que es el mas


reducido de todos , el vate se propone espresar en

(1) Esta palabra se compone de dos vocablos griegos, que sig-


nilican escribir sobre , lo que nos da á entender que los epigra
mas son parecidos, por su mucha brevedad, á las inscrip
ciones.
— 61 —
tm corto número de versos , y con viveza de colori
do, que raya muy amenudo en la sátira, lo que ofre
ce de mas particular y chocante el carácter de algun
personage , ó un objeto , que tiene algo de estraor-
dinario. El epígrama exige mucha perfeccion, porque
su brevedad hace mas notables sus defectos.
En este segundo período cobraron mucha fama
por sus epígramas PjjrjacJLdcñnio > Quinto Lutacio Ca-
tuJ°i y Quinto Valerio. Aulo Gelio no vacila en afir
mar que ni Roma ni la docta Grecia" produjeron ver
sos tan elegantes y llenos de gracia y amenidad,
como los de los tres vates que acabamos de mencio
nar. Nosotros creemos muy exagerados estos elogios,
y vamos á insertar en nota el testo original de
Aulo Gelio , y los versos á que alude , acompañándo
les de nuestra traduccion castellana, para que los
lectores juzguen por sí mismos de su mérito. (1)

(1) "Vnx-rii Aeilitui ¡ veteris poftae, ilem Porcii Licinii, et


Qninti Catuli, quibus mundius, venustius, limatius, pressius
Gracum latinumve nihil quidquam reperiri puto.»—Aul. Gel.
I». XIX, cap, IX.

versus Aiorruii

"Dicere cum conor curam Ubi, Pamphila, coráis:


Quid mi abs le quceam; verba labrit abeunt
Per pectus miserum man/U subido mihi sudor.
Siciacitus, subidus: duplo ideopereo.»
Siempre que me esfuerzo, Pámfila, para manifestarte las cui
tas de mi corazon y lo que espero del luyo , enmudezco : corre
- 62 —

PROSA.

PRIMEROS HISTORIADORES DE ROMA.

Pasando ahora de la poesía á la prosa , diremos


que el elemento helénico echó raices tan hondas en
el sudor por mi miserable pecho , y silencioso y agitado muero
dos veces.

•Quid faculamproefers, Phileros, qua nii opu' nobis?


/bimus: hic lucel pectore /lamma satis.
Istam nam potis est vis sasva extinguere venti ,
Autimber calo candidu' proecipitans.
Al contra , hunc ignem Veneris, nisi si Venus ipsa
Nulla 'st qua possit vis alia opprimere.*

¿\ qué traes esta luz , Filiros? ¿que necesidad lenemos de


ella? Marchemos, que despide bastante luz la llama que nos en
ciende el pecho. Ni la fuerza cruel del viento mas recio, ni la
Cándida nieve, que se precipita del cielo, podrán apagarla:
ninguna fuerza podrá estinguir este fuego amoroso , sino Venus
misma que lo encendió.

VERSL'S L1CJ5II.

«Custodes ovium tenerctque propaginis agnüm


Quaritis ignem? /le liuc. Quceritis? Ignis homo 'sí.
— 63 -
Roma, que sus primeros historiadores CincioJMimen-
tp v Cavo Acilio (212 años antes de Jesucristo) escri
bieron en griego. Tito Livio llama á Cincio escritor

Si dígito attigero, incendam silvam simul omnem


Ovan pecus : flamma 'st omnia qua video.»

Guardianes de ovejas y corderinos, ¿buscais fuego? Acer


óos: ¿lo buscais? todo mi cuerpo despide llamas: todo este
bosque, todo este ganado prenden fuego si los toco con mi dedo:
todo £ mis ojos despide llamas.

VERSES CATULI.
*Aufugü mi animus; credo, ut solet, ad Theolimum
Dtvenit. Sic est; perfugium illud habet.
Quid si non interdixem, ne illunc fugilivum
Milteret ad se intro, sed magis ejicerel?
Ibimu' qiuuitum. Penan , ne ipsi, teneamur ,
Forntido. Quid ago? Da Venu consilium.»

Se escapó mi alma, y creo que ha ido como suele , hácia


laStimo. No lo dudo: es su asilo ordinario: ¿qué sería ahora
de mi si no la hubiese mandado , que lejos de admitir á esa fu
rtiva la rechazara? Vamos á buscarla : pero temo verme yo
"úsmo detenido: ¿qué haré? aconséjame, Venus.

Los versos que Aulo Gelio dá como originales de Catulo,


Julio César Escallgero dice que no son mas que una traduccion
literal de un fragmento de Calimaco.
- 64 —
diligente (1) : Festo , Aulo Gelio y otros gramático:
nos han conservado algunos fragmentos de sus obras
cuyos nombres son los siguientes : Anuales. —De con-
sulum potesktte. —De offieio jurisconsulti.—De festis.—
Mystagogicon.—De verbis priscis.—De re militári,—Dt
(¡orgia Leontino. (2)
Las obras de Acilio fueron trasladadas al latin por
cierto Claudio ; pero no han llegado á la posteridad,
ni en su testo original ni traducidas : y podemos de
cir únicamente que Tito Livio (3) y Ciceron (4) las
citan como autoridad.
Despues de estos autores, que redactaron sus
obras en griego , merece ocupar un puesto preferen
te C^uJntoJFabioJPictor (220 años antes de Jesucristo).
Sus anales, escritos en latin , comprendian desde la
fundacion de Roma hasta su tiempo: Tito Livio, Dio
nisio de Halicarnaso, Aulo Gelio y un crecido núme
ro de otros escritores los citan ; pero los fragmentos
de Fabio son tan escasos , que no podemos formarnos
una idea del verdadero mérito de sus Anales.

(I) Diligens talium monumentorum (de la antigua Roma);


auctor Cincius affirmat.—Tit. Liv. lib. VII > 3.
(5) Véase Aulio GeliOi lib. XVI, cap. IV.—Tanto este autor
como Festo , y los demás escritores antiguos , nos hablan de
Cincio con algun aprecio ; pero los fragmentos que nos quedan
de este historiador son muy cortos , y tan mutilados , que nos
es imposible formarnos una idea de sus obras para emitir un
juicio crítico y concienzudo acerca de ellas.
(3) Tit. Liv., lib. XXV, 39.—Lib. XXXV, 414.
(4) Cio., De off., lib. III, 32.
- 65 -
Marco Porcio Caton (235 años antes de Jesucris
to) á quien la severidad de sus costumbres hizo dar
el nombre de Censor, compiló una historia romana
con el título de Orígenes, por haber intentado esplicar
en su segundo y tercer libro cuál habia sido el orí-
gen de todas las ciudades de Italia. Los fragmentos,
que nos quedan de esta obra no tienen interés; pero
sentimos sobremanera su pérdida, tanto porque su
título nos indica que la narracion de los hechos no
dejaría de ser importante y curiosa, como porque
una historia escrita por un hombre elocuente , y que
era uno de los primeros oradores de su siglo , no de
jaria de ser un modelo de buen estilo y elegancia.
Los Anales de Escribonio Libo, y los de Postumio
mos
Albino,únicamente
tampoco que
han este
llegado
último
á laescribió
posteridad,
una historia
y sabe

en griego,
Calpurnio
además
Pisonde, ásus
quien
Anales
se redactados
dió el sobrenombre
en latin.

de Frugi, por su vida frugal y modesta , ocupa un


puesto entre los antiguos historiadores de Roma; pero
si es cierto lo que dice Ciceron, su obra no era mas
que Los
un compendio
demás historiadores,
muy descarnado
cuyosdenombres
hechos (1).
sola-

\l) Junóles exililer scripti.—Cíe.


Aulio Gelio, en vez de criticar la escesiva concision de Cal
purnio, la califica de simplicidad encantadora, y para probar su
aaerto trascribe el pasage siguiente de aquel antiguo historiador:
'Romulum dicunt ad ajenara voeatum , ibi non mullum bi-
bttse, quia postridie negotium haberet. Ei dicunt: Jiomule, si
KA.1. DE LIT. LATINA. B
— 66 —
mente figuran en este segundo período, son: Quinto
Fabio Serviliano , que adquirió fama por sus Anales,
y un Tratado sobre los derechos y atribuciones de
los pontífices de Roma pagana ; Cayo Fanio , cuya
historia compendió Marco Bruto; Cayo Sempronio
Tuditano, á quien dieron celebridad sus Comenta
rios; Cecilio Antipater, que escribió la Historia de
la segunda guerra púnica; Sempronio Aselio, que
publicó la de Numancia , en la que habia servido en
clase de tribuno militar. Se distinguieron tambien
como historiadores, Sesto y CneoGelio, Clodio Li-
cinio, Marco Junio Gracano, Quinto Elio Tubero, y
Qninto Lutacio. Lucio Octacilio Pilito, que enserió la
retórica á Pompeyo el Grande, fué el primero entre
los libertos que escribió una obra histórica, cele
brando en e la los hechos del padre de su alumno, y
todas las empresas gloriosas de este último. El amigo
de Pomponio Atico, Lucio Sisena , escribió la histo
ria de Roma desde la invasion de los galos hasta las
islud omnes faciunl, vinum vilius sit. Is respondit: immo vero
carum , si quantum quisque volet bibat : nam ego bibi quan
tum volui.—Noct. At. lib. XI, cap. XIV.»
«Habiendo sido Rdmulo convidado á cenar , y habiendo li
bido con moderacion, porque al dia sigoiente tenia negocios i
qué atender , le dijeron :—Rdmulo , si lodos hicieran lo propio,
el precio del vino bajaría mucho.—Mas bien encareceria , con
testó, si cada cual bebiera lodo lo que quisiera , y yo he bebido
cuanto he querido.*
Respetamos sobremanera la opinion de Aulo Gelio ; pero en
el pasage que acabamos de referir , no descubrimos la delicada
sencillez que él supone.
— 67 -
guerras de Sila ; y este varon , tan ilustre en las ar
mas como en las letras , redactó las Memorias de su
vida, cuya pérdida han juzgado una verdadera cala
midad todos los sabios de los siglos posteriores. Su
liberto, Cornelio Epicadio, las continuó por haber
muerto Sila antes de concluirlas; pero su trabajo ha
sido tambien presa de la voracidad del tiempo. Dire
mos, por último , que entre los nombres de los que
escribieron auto-biografías, narrando las vicisitudes
de sq vida y los hechos que presenciaron, encontra
mos además del de Sila , el de Emilio Escauro , cé
lebre por su elocuencia, y el de Publio Rutilio Rufo,
que adquirió fama por haber escrito en griego la His
toria de la guerra de Numancia.
Este catálogo de autores que acabamos de apun
tar, es el mas elocuente testimonio de que la historia,
quenos desplega á la vista el cuadro asombroso de las
glorias y desventuras de un gran pueblo ó de toda
la humanidad, fué cultivada en Roma con preferen-
«ia á otros ramos de literatura. Es de advertir, sin
embargo, que Ciceron dice terminantemente, «que
sus historiadores primitivos, desprovistos de todos
aquellos ornamentos retóricos , que dan encanto y
brillo al estilo, no hicieron mas que narrar los hechos,
describir los lugares y recordar los nombres de los
varones mas distinguidos (1).»
(1) Hanc sirailitudmem scribendi multi .seculi sunt, qui sinc
ullij ornamentis monumenta solum temporum, hominum, loco-
nim: gestarumque rerum reliquerunt.—De Orat., Hb. H, 12.
— 68 —
Si queremos ahora considerar que en todas las
naciones los que han abierto el camino á la narracion
histórica , han sido mas bien cronistas que historia
dores , que el pueblo romano todavía ignorante y
rudo en este segundo periodo, preferia siempre lo
maravilloso al relato sencillo de los hechos, y que los
historiadores romanos hasta su última época se nos
presentan como panegiristas de su patria , y poco
menos que calumniadores decididos de sus enemigos,
nos inclinamos á afirmar con visos de mucha proba
bilidad, que todas las obras de esos antiguos historia
dores no fueron mas que narraciones exageradas,
en que figurarian en primer término los héroes de
Roma, y el fallo de los dioses inmortales, que la
habian reservado el cetro del orbe.

ELOCUENCIA.

ANTIGUOS ORADORES DE ROMA.

La elocuencia de la tribuna, que da vida y ener


gía á las repúblicas, como la circulacion de la san
gre al cuerpo humano; esa elocuencia, que convierte
al orador en intérprete fiel del voto nacional, si abri
ga sentimientos verdaderamente patrióticos; esa elo
— 69 —
cuencia, que aniquila á los tiranos, fué cultivada en
Roma con éxito mas feliz que la historia desde el mo
mento en que Junio Bruto aplastó la cabeza á la hidra
monárquica; y en el segundo período de la literatura
romana descollaron oradores de nota: vamos á apun
tar sus nombres.
M§rcc^CorneJio Cetego, que fué cónsul el año
206 antes de Jesucristo, adquirió mucha celebridad
por su facundia y elocuencia seductora; Marco Por-
cio Caton, cuyo nombre ha figurado entre los histo
riadores, se distinguió sobremanera por sus discursos
que revelaban la fuerza varonil de un carácter re
suelto y un ánimo inflexible; Escipion Africano, el
menor, y su amigo Lelio (150 años antes de Jesu
cristo) fueron un objeto de admiracion por su amor á
las letras y mucha elocuencia; Sempronio y Cayo
Graco (135— 124 años antes de Jesucristo) , sublevaron
con la fuerza de sus arengas robustas y persuasivas
al pueblo contra los patricios, usurpadores ambicio
sos de los derechos que otorgaba la república á los
plebeyos, y cayeron víctima entrambos de su herói-
ca abnegacion. Sulpicio Galba (160 años antes de
Jesucristo) se manifestó tan valeroso capitan en la
guerra contra los lusitanos, como elocuente en la
tribuna; Licinio Craso (150 años antes de Jesucristo),
se distinguió, apenas cumplido el cuarto lustro de su
edad juvenil, por su arenga contra Papirio Carbon ,
y sus contemporáneos le proclamaron maestro en el
arte de hablar. Merecieron tambien el nombre de
- 70 —
oradores, Légido_ Porcina y L. Licinjp, MarcoAnto
nio, abuelo de el gran triumviro de este nombre,
(193 aRos antes de Jesucristo), fué juzgado un mo
delo tan perfecto en la elocuencia de la tribu
na, que se le llamó por antonomasia El Orador.
Todas las arengas de estos ilustres varones no
han llegado á la posteridad, y no poseemos mas que
pocos fragmentos de los discursos de Caton (1).
Al fin de este segundo período, algunos griegos
abrieron escuelas de retórica y elocuencia en Roma:
se distinguieron entre ellos Lucio Plocio Galo, que
fué maestro de Ciceron, y el liberto Octacilio Pilito,
que lo fué de Pompeyo, como queda consignado
arriba.

FILOSOFIA.

Entran en Roma (155 años antes de Jesucristo)


tres embajadores de Grecia: Carneades, filósofo aca
démico, Diógenea el E6tóico y Cjütolao peripatético.
Se presentan al senado, y este cuerpo augusto, cuya
magestad inspira respeto y veneracion, les escucha
en silencio; pero la juventud, anhelosa de conocer la

(I) En los tres tratados de Ciceron De oratore. De claris ora-


toribus y Orator, encontrarán los lectores un crecido número de
noticias, no menos importantes que curiosas, acerca de la elo
cuencia romana y sus vicisitudes.
— 71 —
filosofía griega, les colma de halagos; les acompañan,
si recorren las calles de la ciudad; quiere ser infor
mada de las doctrinas filosóficas de las escuelas de
Grecia. Todos admiran la elocuencia sofística, pero
encantadora do los tres embajadores: y Carneades, á
&a de hacer alarde de sutileza de ingenio, pronuncia
primero un pomposo elogio de la justicia, y luego un
discurso en que la satiriza, la escarnece y dice que
es un nombre vano (1). En tanto el entusiasmo, que

(i) A pesar de que todos los escritores aponían el hecho que


va consignado, al hablarnos de Carneades, nos parece muy del
caso advertir que se apoyan únicamente en la autoridad de Lac
lancio, queflorecid cerca de quinientos años despues de aquella
célebre embajada: esta circunstancia nos hace dudar de su certe
za. Los primeros cristianos, tan admirables por su vida ejem
plar y amor á la religion, se acogieron repetidas veces á tradi
ciones populares é infundadas para rechazar los ataques de los
gentiles, qne les perseguian con obstinada impiedad. Las pala
bras de Lactancio son estas: *legatus ab ¿teniensibus (Carnea
des) ftomam missus esset, disputavit de justicia copiose, audien-
le Galba ti Caloñe Censorio maxime tune oratoribus. Sed ídem
disputationem suam postridie contraria disputatione subvertit, el
justitiam, quamjam pridielaudaverat,sustulit,non quidem, phi-
losophi gravitóte, cujus firma el stabilis debet esse sentencia , sed
quasi oratorio exercitii genere in ulramque partan disserendi—
dejuUitia lib: r, pdg. b6S.—Lipsique ax officina ffeidmannia-
«a-HDCCXXXr.

Carneades, mandado de embajador á Roma por los atenien


ses, disputó con mucha elocuencia acerca de la justicia, estando
presenles Galba y Caton el Censor, oradores á la sazon muy ilus
~ 72 —
han despertado en el pecho de la juventud romana
Carneades y sus cólegas alarma á los padres cons
criptos y al severo Caton; la filosofía griega les ins
pira recelo; la juzgan perniciosa á la pureza de las
costumbres; el senado da su contestacion á los emba
jadores; y estos, que han desempeñado su cometido,
vuelven á Grecia.
La palabra filosofía penetró en Roma desde tiem
pos muy remotos, y pasaban de boca en boca algu
nas máximas morales de Pitágoras; pero las doctri
nas místicas y simbólicas de la escuela Itálica queda
ron casi ignoradas hasta el último período de la repú
blica; y podemos afirmar con visos de mucha proba
bilidad, que el amor á la filosofía y su estudio echaron
raices muy hondas en Roma despues de la embajada
de Carneades. Entonces los romanos solicitaron la
venida de una multitud de filósofos griegos; enton
ces se abrieron en aquella metrópoli escuelas públi
cas de filosofía á las que concurrian los jóvenes
mas distinguidos; y sabemos que los amigos y com
pañeros inseparables del ilustre Escipion, vencedor
de Cartago, fueron Polibio y el estóico Panecio, que
figura siempre en primer término en casi todas las
obras filosóficas de Ciceron. El senado, que miraba

tres. Pero al dia siguiente arengó, sosteniendo todo lo contra


rio de lo que había dicho anteriormente en elogio de la justicia,
no con gravedad filosófica, cuyas sentencias deben ser firmes
y estables, si no con ánimo de disputar en pro y en contra casi
por ejercicio oratorio.
— 73 —
constantemente á conservar las costumbres antiguas
en toda su pureza, decretó, en el año 595 de la funda
cion de Roma el destierrro de todos los filósofos y
retores (4). Pero las armas de la persecucion se em
botan rechazadas por la fuerza de la moda; y los fi
lósofos, espulsados repetidas veces de Roma, retoña
ron como los dientes de las serpientes venenosas. Es
denotar, sin embargo, que la filosofía en aquella gran
metrópoli no fué mas que la reproduccion de todas
las hipótesis metafísicas, especulaciones y sistemas
filosóficos de las escuelas de Grecia; que ningun ro
mano estableció nuevos principios ó dió un aspecto
nuevo á las doctrinas ensenadas por los filósofos

(1) La elocuencia se cultivó en Roma con esmero, como que


da dicho ya, y los oradores eran personages muy distinguidos, á
quienes la república se manifestaba agradecida, al paso que
despreciaba á los filósofos, considerándoles como sofistas é inno
vadores dañosos al Estado. Los griegos, pues, establecidos en
Roma, y algunos de los naturales, que habían abierto escuela de
filosofía, se dieron á sí mismos el nombre de retores ó maestros
de retórica y elocuencia, á lin de evitar el huracan que les ame
nazaba. Añádase á esto, que en la época que vamos recorriendo,
tanteen Grecia como en Roma, la filosofía, corrompida por el
sofisma, se apoyaba mas bien en los halagos seductores de la elo
cuencia, que en la fuerza del raciocinio y las reglas de la sana ló
gica, y que los sofistas mas célebres adquirieron fama por su
facundia y elegancia, hablando en público. El senado, que no
ignoraba estas particularidades, deseoso de oponer un dique á
loque suponía perjudicial para la república, comprendió en el
decreto de proscripcion á los retores; pero no pudo lograr nun
ca por completo sus votos, y últimamente triunfó en Roma la
filosofía mas ruin, el epicureismo.
- 74 —
griegos; y el mismo Ciceron, que mereció por anto
nomasia e! honroso título de filósofo, no fué sino un
cspositor de la filosofía griega, y un ecléctico, que rayó
en el escepticismo, como lo probaremos en su lugar
correspondiente.
Pero la filosofía entre los romanos, ¿por qué no
desplegó su raudo vuelo como en Grecia? ¿por qué
se nos presenta siempre como una planta exótica'
que no pudo aclimatarse en la ciudad eterna? ¿por
qué los romanos, que se dedicaron á este ramo de es
tudios, no hicieron mas que repetir lo que los grie
gos habian escrito? Los críticos mas ilustres notan el
hecho que acabamos de esponer; pero no apuntan, á
nuestro entender, las verdaderas causas que contri
buyeron á producirlo: vamos, pues, á consignarlas.
En Grecia el estudio de la filosofía fué una conse
cuencia de las creencias religiosas, y de la inicia
cion en los misterios originariamente orientales, que
daban, aunque panteistas en su fondo, una idea mag
nífica de la Divinidad, y elevaban el espíritu á las re
giones celestes y á la contemplacion de la naturaleza,
que suministran á cada paso nuevos materiales á los
arranques de la imaginacion, y á las especulaciones
metafísicas. En [Roma el estudio de la filosofía fué
una consecuencia de la moda; los griegos que la en
señaban eran hombres corrompidos, sofistas sin fé ni
creencias; y sus escuelas, que se diferenciaban mu
cho de la antigua Academia y del Peripato, eran un
palenque en que la juventud se ejercitaba en una lu-
— 75. —
cha mas bien de palabras que de principios. Hasta la
época de Platon y de Aristóteles se conservó en Gre
cia el sentimiento religioso; y los griegos, dotados de
iogeoio sutil y especulador, no perdiendo de vista en
sus elucubraciones científicas y en sus sistemas filo
sóficos la idea de la Divinidad y la de las institucio
nes políticas de sus Estados, enunciaron todas aque
llas verdades, establecieron todas aquellas hipótesis,
sentaron todos aquellos principios, que podian tener
cabida en el círculo de una civilizacion pagana llega
da á su apogeo. Los romanos, que al salir de la
barbárie, no conocieron mas civilizacion que la
griega, no encontrando materiales para fabricar nue
vos sistemas, se atuvieron á reproducir las doctrinas
de las escuelas de Grecia y hasta los delirios de sus
filósofos. Los sábios helenos recorrieron conja fuerza
de su mente el dilatado campo de las abstracciones,
y buscaron lo absoluto en la inteligencia pura, como
los sábios de la moderna Alemania; los romanos, por
el contrario, fueron hombres prácticos, y encarnados
en la idea de que los griegos habian caidobajo el yugo
de la casa de Macedonia y perdido su independen
cia y voluntad, porque, separándose del mundo real,
se habian entregado á especulaciones sofísticast se
contentaron con estudiar, llevados por la fuerza de la
noda, la historia de la filosofía griega, sin detenerse
en investigaciones que exijian una meditacion pro
funda. Con efecto, en este período Escipion Emiliano,
Gayo Lelio, Lucio Furio, Publio Rutilio Rufo, Sesto
— 76 —
Pompeyo, tio de Pompeyo el Grande, Quinto Elio
Tubero, y Quinto Mucio Escévola, que fué uno de
los jurisconsultos mas célebres de Roma, se distin
guieron como filósofos, por haber estudiado y segui
do en parte los principios del Pórtico.

JURISPRUDENCIA.

ANTIGUOS JURISCONSULTOS DE ROMA.

El pueblo romano fué esencialmente jurídico y


guerrero, y su historia no es mas que la de sus
conquistas y de su legislacion: las primeras, producto
de la fuerza y de una politica, tan sagaz como alevo
sa, le fueron arrancadas por los bárbaros septen
trionales, que salidos de sus bosques, inundaron to
da la Europa, como las aguas de un gran rio, que
sale de madre, y por los feroces sectarios de Maho-
ma, que llevando por do quiera con su invencible
falange la desolacion y la muerte, acabaron por apo
derarse de la orgullosa Bizancio; la segunda, basada
en los principios eternos de la justicia, y en una
larga esperiencia, sirve todavía de norte á los legis
ladores, que ambicionan inmortalizar su nombre for
— 77 —
múlando nuevos códigos, y dictando leyes que se
apoyen en buenos cimientos.
Muchos juriconsultos de nota, cuya memoria se
conservó en Roma basta la decadencia del imperio,
ilustraron este segundo periodo de la literatura
latina. Publio Licinio Craso, que fué cónsul 205 anos
antes de nuestra era, descolló por su profundo co
nocimiento de la leyes. Si es cierto que Craso, tenia
todas las bellas dotes que le atribuye Tito Livio, po
demos afirmar que era un hombre estraordinario. Hé
aqui como se espresa este célebre historiador: «Lici
nio Craso añadia á todas las demas dotes la de ser
buen general, y á ningun otro ciudadano la natura
leza y la fortuna prodigaron en aquel tiempo sus do
nes con mas abundancia. Era noble y rico; descolla
ba por su belleza y valor; se le consideraba por muy
elocuente, bien sea arengando, bien sea sosteniendo
ó combatiendo alguna opinion en el senado ó ante el
pueblo: conocia á fondo el derecho pontifical (1).
Sesto Elio Peto, y su hermano Publio (184 anos an
tes de Jesucristo) se distinguieron entrambos en el
estudio de la jurisprudencia; Lucio Acilio, sucontem-

(l) Bello quoque bonus Licinius Crassus liabitus ad cortera,


nemo ea tempestóle instructior civis habcbatur, congestis omni
bus humanis á natura fortunaque bonis. Nobiils idem ac dives
erat: forma
batur, seu causa
viribusque
oranda,corporis
seu in excellebat:
senatu et adfacundissimus
populuro suadendi
habe-
ac dissuadendi locus essei; juris ponlificii peritissimus.—Til. liti.
XXX n.M.
— 78 —
poráneo, llamado el sapiente, comentó las leyes de las
Doce Tablas; Servio Fabio Pictor fué celebrado por
haber escrito una obra sobre el derecho de los pontí
fices; Quinto Fabio Labeo se distinguió por sus pro
fundos conocimientos como jurisconsulto; y Tito Man-
lio Torcuato se atrajo la admiracion y el respeto de
sus contemporáneos, tanto por haber desempeñado
con acierto y decoro, en el año 589 de la fundacion
de Roma, el elevado cargo de cónsul de la república,
como por haberse sabido colocar en primera línea
entre los jurisconsultos de su tiempo. En esta breve
reseña se nos presenta nuevamente Marco Porcio
Caton: este insigne personage comentó el derecho ci
vil, y formuló alegatos muy elocuentes en defensa de
sus conciudadanos (1). Al hijo de Caton, que llevaba
el mismo nombre de su padre, que era tambien ju
risconsulto, y que bajó á la tumba poco antes de ha
bérsele conferido la pretura, se le atribuyen por al
gunos escritores las Reglas Catonianas, obra muy
posterior á su época, y compuestas por un autor
anónimo (2).

(1) Tenemos de Caton un libro titulado De re rustica, el cual


no es mas que un conjunto de apuntes escogidos, que están muy
lejos de ser un tratado sobre la agricultura, como afirman algu
nos escritores.
(2) Moreri en su Diccionario histórico habla detenida y es-
tensamente de las Reglas Catonianas, y sa espresa con corta di
ferencia en esta forma: «Son una coleccion de máximas morales
escritas en verso y divididas en cuatro libros. Se las baatribuidoá
Caton; pero su verdadero autor, por lo que parece, fué un and-
— 79 —
Marco Junio Bruto , deudo tal vez del célebre
Bruto, que dió~muerte á Julio César, dejó siete li
bros sobre el derecho civil, ó tres, segun afirma Ci
cerón (1). El cónsul Man lio Manilio (605 de la fun.
dacion de Roma) , dejó otros tres libros sobre el mis -
nio argumento con el título de Manilii Monumento.
Publio_Escipion Nasica (222 años antes de Jesucris
to), que mereció por su valor y patriotismo ser lla
mado el mejor ciudadano, fué ilustre en las armas, y
tan docto en el estudio de las leyes , que los roma
nos le hicieron presente de una casa á espensas del
tesoro público, á fin de darle un testimonio de gra
titud por los señalados servicios que habia prestado
á la patria como jurisconsulto (2). En la familia de
los Mucios , muy célebre en los anales de la antigua

nimo que florecio en el siglo VII de nuestra era. No se puede ne


gar, sin embargo, que esta obra tiene un colorido pagano.» (Pal-
Caton.)Loque dice Moreri es muy exacto; pero queremos ad
vertir i los lectores que las Reglas Catonianas establecen tam
ben cánones legales, cono este: aUna manda que hubiera sido
núm, sí el testador hubiese muerto inmediatamente despues de
haber testado, no puede de ninguna manera producir efecto.»
El hijo de Caton se distinguid por su profunda instruccion,
no solo en la jurisprudencia, sino en las bellas letras, y en el
conocimiento de los autores griegos. Murió en el año 600 de Ja
fundacion de Roma, y habia sido nombrado pretor por el año si
guiente.
(1) Libro tertio , in quo finem scribendi fecit (Brulus). Li
bro II, de orat., 55.
(2) Su hijo, que heredó el nombre , las virtudes y los cono
cimientos del padre, recibió de los romanos el epíteto cariñoso
— 80 —
Roma, el conocimiento de las leyes fué heredita
rio (1). El Mucio Escévola, que se distinguió en Car-
tago, como embajador de Roma (219 años antes de
Jesucristo) , su nieto Publio Quinto , primo de este
último , un hermano natural de Publio , á quien se
dió mas tarde el nombre de Publio Licinio Craso, por
haber sido adoptado por este ilustre romano , y fi
nalmente otro Quinto (2) , hijo del primer Publio , y
maestro de Ciceron, fueron todos jurisconsultos de
mucho mérito. Los dos estóicos, Sesto Pompeyo y
Quinto Elio Tubero, cuyos nombres hemos apuntado
ya, y Craso , príncipe de los oradores de su tiempo,
no se distinguieron menos en la jurisprudencia quo
en otros ramos de los conocimientos humanos.
y delicado de Corculum , que significa en latin pequeño corazon
casi queriendo dará entender quo era el ciudadano mas mimado
de la república.
(1) Esta familia contaba entre sus antepasados al inmortal
Mucio Escévola , que se quemd la mano , teniéndola con entere
za sobre las ascuas encendidas, por haber muerto en vez del rey
Porsena á su secretario. En memoria de este varon tan célebrei
todos los que pertenecieron á la familia de los Mucios acompa
ñaron su nombre con el de Escévola, y algunos de ellos conser
varon sin alteracion ninguna el nombre de Mucio Escévola.
(2) Este insigne personage , llamado el Gran Pontífice , in
venid la Caucion Muciana, conocida comunmente con el nombre
de Lex Licinia de peregrinis. Esta ley , á fin de cortar de raiz el
abuso de que los habitantes de las provincias apelasen en juicio
á las leyes y constituciones de Roma , alegando como pretesto
que disfrutaban de exenciones y privilegios otorgados á los ro
manos , ordenó que todos debían someterse á las leyes de su«
paises respectivos.—In sua quisque civitalis jus redigeretur.
— 81 —

GRAMATICA.

PRIMEROS GRAMATICOS ROMANOS.

La ciencia gramatical entre los antiguos compren


día todas las diferentes partes que se llaman hoy fi
lologia, á saber: la gramática propiamente dicha, la
crítica literaria en cuanto á la formacion de las ora
ciones, la interpretacion ó el arte de comentar á los
autores con el auxilio de la historia y de la geogra
fía , y todas las reglas , asi prácticas como teóricas,
acerca de la sintáxis y del estilo. Un buen gramáti
co, pues, era un verdadero sábio, y no un ped in
te , como sucede muy amenudo entre nosotros.
Estos estudios tan necesarios fueron ignorados
por los romanos hasta el tiempo en que Crates, na.
tura! de Malle, ciudad de la Cilioia , y contemporá
neo de Aristarco, enviado á Roma por Atalo 1 , rey
de Pérgamo , entre la primera y segunda guerra pú -
nica , los dió á conocer (1). No habiendo podido Cra
tes ausentarse de aquella gran metrópoli, ni regresar

(1) Primus igitur, quantum opinamur, studium grammaiic.r


in orbem intulit Crates Mallotes, Aristarcai aequalis, qui misstis
ad Sena tum ab Altalo rege ínter secundum et lertium bellum
punicum fuit.--Suet. de Ilus. Gramat. , Cap. 11.
HAN. -DE LIT. LATINA. 6
- 82 —
á la corte de su monarca con prontitud, por haber
se roto una pierna , se ocupó durante su convalecen
cia en dar lecciones públicas, que tenian por objeto
hacer notar las bellezas de los escritores griegos. No
cabe duda que Crates ignoraba el latin; y la litera
tura romana , que á la sazon estaba en mantillas, no
podia fijar de ninguna manera la atencion de un
sábio educado en el estudio de los clásicos de la doc
ta Grecia. Pero el arte crítico y los preceptos retó
ricos se pueden aplicar indistintamente á todas las
producciones del ingenio , pertenezcan á griegos ó
romanos, porque la literatura de todas las naciones
tiene por su punto de partida la inteligencia que crea,
y por su solo fin la imitacion de lo bello. Las lecciones
de Crates , pues , despertaron en Roma el deseo de
cultivar los estudios filológicos (1) , y se distinguie
ron como gramáticos varones eminentes.
Cayo Octavio Larnpadio adquirió lustre y fama
por su refinado gusto en juzgar con sana critica
las obras de los escritores clásicos , y dividió en sie
te libros el poema de Nevio sobre la primera guerra,
púnica , como queda consignado arriba. Quinto Var-
gunciu, cuyo nombre ha figurado tambien en estas
páginas, no contentándose con haber dividido y ar
reglado los Anales de Ennio en diez y ocho libros . á
tin de que se conociera aun mas el mérito de este

(1) A.c nosiris exemplo fuit ad imiiandum.--Suei. , Ibid., ca


pitulo II.
- 83 -
vate y escritor latino , los leia en público. Fueron
buenos gramáticos Lucio Elio y Stilo , que pertenecian
al órden ecuestre : el último fué maestro del célebre
Varron , que ocupa un puesto preferente en la his
toria literaria de Roma por sus conocimientos enci
clopédicos, como veremos mas adelante. Entre los
gramáticos de esta época figura el nombre de Servio
Clodio, yerno de Elio. Muchos libertos se dedicaron
á este género de estudios con éxito feliz , como Ser
vio Nicanor, Aurelio Opilio, que publicó un comen
tario en nueve libros, sometiendo á una severa crí
tica las obras en prosa y verso de una multitud de
escritores, y Marco Antonio Gnifon, natural de las
Galias , muy docto en las letras griegas , que habia
aprendido en Alejandría, y en las latinas , que habia
aprendido en Roma (1). Este ilustre gramático dio
primero sus lecciones en el palacio del padre de Julio
César, y mas adelante abrió escuela pública en su
propia casa. El gramático Valerio Caton , que se de
dicó tambien á la enseñanza de la juventud , tuvo
muchos alumnos, que adquirieron un gran caudal
de conocimientos bajo su direccion.
Ninguna de las obras de estos gramáticos ha lle
gado á la posteridad ; pero los lectores pueden en
contrar en Suetonio de illustribus gramaticis todos sus
pormenores biográficos, y el juicio crítico de la ma-

(I) Nec minus greca quam latine doctus.—Suet., ot>. cit., ca


pítulo VIII.
- 84 -
yor parte de ellas. Este escritor dice que , ademas de
los libertos, profesaron gramática en Roma muchos
esclavos: es de suponer que eran griegos, porque
los esclavos de Grecia únicamente se distinguian por
lo vasto de sus conocimientos.
TERCER PERIODO.

DESDE LA MUERTE DE SILA HASTA LA DEL EMPERADOR AUGUS'


10. 78 AÑOS ANTES DE JESUCRISTO. 14 AÑOS DE NUES
TRA ERA

SIGLO DE AUGUSTO.

IDEAS PRELIMINARES.

Este siglo , muy célebre en los anales del mun


do, comienza en los tiempos de Sila , época de pros
cripciones y sangre ; época en que la crápula , el lujo
y los vicios mas vergonzosos triunfan en la gran
metrópoli del orbe antiguo ; época en que se hace
alarde de inmoralidad; y sin embargo, en esa época
Roma se nos presenta como una noble matrona, ro
deada de una multitud de vates ilustres que la cinen
la cabeza con coronas de inmarcesible laurel, y en
tonan, sentados en las gradas de su trono, himnos y
— 86 -
canciones que sofocan los lamentos de un pueblo que
yace en la miseria y pide pan á sus opulentos opre
sores. Los aristócratas, deseosos de adquirir fama
como protectores de las letras, tienen en sus palacios
amanuenses que copian antiguos códices, gramáticos
que los corrigen , filósofos , eruditos de profesion y
poetas. Todos sus aposentos están adornados con
cuadros, estátuas, pinturas al fresco, vasos de Co-
rinto y otros objetos de bellas artes y esquisito gus
to. En fin , todo respira lujo , magnificencia , deli
cadeza y amor á las letras. La corte de Augusto se
convierte en un santuario de las Musas ; su ministro
Mecenas es un protector decidido de los vates mas
ilustres, y estos celebran en sus versos las glorias
de Roma y el reinado del nuevo César. La lengua
latina adquiere una elegancia cortesana. Imita en sus
frases y en sus giros á los escritores griegos , cuyas
obras se estudian y consideran como modelos de elo
cuencia , tanto en la prosa como en la poesía , y la
memoria del siglo de Augusto se perpetúa con el
nombre espléndido y magnífico de siglo de oro de la
literatura latina.

BIBLIOTECAS Y LECTURAS PUBLICAS.

Despues de la destruccion de Cartago y de la to


ma de Corinto, el furor bélico del pueblo rey desean
— 87 -
sé por algun tiempo, y entonces los romanos comen
zaron á ocuparse de literatura , estudiando y tra
duciendo al latin las obras de los principales poetas
griegos. Fué entonces tambien cuando conocieron la
mucha necesidad de reunir libros para adelantar en
sus estudios, y no fué poca su alegría cuando Paulo
Emilio, que venció á Perseo, rey de Macedonia, man
dó trasladar á Roma la biblioteca (1) de aquel infor
tunado monarca (2). Sila se apoderó en Atenas de la
biblioteca de Apelicon, á quien la habian vendido los
herederos de Aristóteles (3), y la envió tambien á
Roma. Habian pasado veinte años, ó poco menos,
cuando Lúculo reunió un crecido número de libros
en sus campañas de Asia (4). Todas estas adquisicio-

(1) Biblioteca significa propiamente caja para libros: los grie


gos suministraron la palabra, y los romanos unificaron la cosa
contenida con la que la contiene, pero latinizaron la palabra
íriega. Se cree que este vocablo fué originariamente tomado
en empréstito de I03 muebles colocados en cajas, y luego aplica
do, dando latitud á su sentido, ú la coleccion de libros, aunque
"ose les conserva de la misma manera.
On antiguo rey de Egipto, llamado Osymandias, habiendo
reunido una gran biblioteca en su régio alcázar de Tebas, man
dó poner esta inscripcion encima de la puerta: Farmacia del
alma. Era un nombre filosófico y descriptivo al propio tiempo,
y todas las bibliotecas no deberían tener otro, si las poseyeran
I>ersonas capaces de apreciarlas.—V. Dezobry" fíome au Slécle
(l'.-inguste ouvogaged' un gaulais a Home, U 3°, pág. 32.1.—
París, 1846.
(2) Isid., Orig. VI.—Aflo 58o.
(3) Strab., Geog.. lib. XIII.
(4) Plut., VR. Luc.
— 88 —
nes despertaron un amor mas decidido aF estudio, y
dieron un nuevo y poderoso impulso á la cultura del
espíritu. Los hombres opulentos, pues, por vanidad,
y los aficionados á la literatura por inclinacion, co
menzaron á coleccionar libros para sus bibliotecas
particulares; y en los últimos tiempos de la república
Ciceron y su amigo Pomponio Atico, invirtieron su
mas muy alzadas en compra de libros (1). Pero Lú-
culo, hombre no menos rico que desprendido, man
dó construir en su magnífico palacio de la Colina de
los Jardines grandes galerías (2) ; las adornó lujosa
mente con cuadros y estátuas; colocó en ellas todos
los libros que habia adquirido, y los puso á disposi
cion del público, dando la primera idea de una bi
blioteca nacional. Los griegos que habitaban en Ro
ma, una multitud de otros extranjeros, los ciudada
nos mas distinguidos, los poetas, los oradores, los
filósofos, etc., concurrían diariamente á este nuevo
y magnífico establecimiento; y sus disputas litera
rias y científicas, que pasaban de boca en boca, ins
piraban cierto entusiasmo y un gran deseo de ins
truirse en el ánimo de los romanos. En tanto Julio
Cfear, señor de Roma, y proclamado dictador perpe
tuo, proyectó embellecer la ciudad con nuevos y
suntuosos edificios, y se propuso fundar bibliotecas
públicas griegas y latinas para propagar aun mas las

(1) F.pist.
(2) No pasa fam.deVII.
ser27.—Ad.
una conjetura
Attic. IV.
que10.Lúculo las mandó

construir en la Colina de los Jardines.


- 89 —
Juces (lJ.Varron, hombre enciclopédico y gran bi
bliógrafo, fué encargado de reunir y clasificar los li
bros que debian adornarlas; pero la muerte prema
tura y alevosa del dictador impidió la realizacion de
su pensamiento, llevado á cabo mas tarde por su
amigo Asinio Polion, que cinco años despues de la
muerte de César fundó la primera biblioteca pública
griega y latina cerca del átrio de la Libertad en el
monte Aventino (2). Augusto, que babia recibido una
educacion esmerada, y anhelaba seguir las huellas de
su padre adoptivo, cuando mandó construir en ho
nor de Octavia, su hermana, á quien queria entraña
blemente, un pórtico magnífico, dándole el nombre
de aquella ¡lustre matrona, mandó construir tambien
junto á sus galerías una biblioteca, que fué llamada
Octaviaría, y cinco añós despues fundó otra frente al
atrio de Apolo Palatino, dios de las artes y las cien
cias.
Todas estas bibliotecas contribuyeron sobremane
ra á la propagacion de las luces; pero fueron mas
bien una consecuencia que la verdadera iniciativa del
movimiento intelectual, que progresando cada dia
mas en Roma, llegó, por último, á producir aquella
multitud de escritores que han perpetuado el nombre
v las glorias de la gran metrópoli del orbe antiguo.
Sabemos, con efecto, que antes de ocupar el trono

(I) Suet. , Vit. Caes.


(5) Log libros eran en su mayor parte priegos.
— 98 —
Augusto, alegraba los banquetes la lectura de alguna
obra nueva (1), bien fuese en prosa ó verso, y que
su autor exigia de los concurrentes un parecer im-
parcial acerca de su mérito para corregirla y luego
publicarla, lo que nos demuestra que los literatos
habian adquirido ya cierto prestigio.
lista costumbre sugirió á Asinio Polion la idea de
convertir las lecturas privadas en reuniones públi
cas (2), semejantes, hasta cierto punto, á nuestras
academias, y llamadas en Roma recitaciones, porque
se recitaban en ellas las obras que salian de la docla
pluma de los verdaderos sábios. Esta innovacion,
que tuvo un éxito feliz, fomentó el espíritu de emula
cion y dió mayor impulso á la cultura de las letras.
Los autores pobres y oscuros, que no podian figurar
con brillo en las recitaciones, y los que ambicionaban
aplausos ruidosos, leian las producciones de su inge
nio en la plaza pública ó en los baños mas concurri
dos (3). Tan luego como llegaba á noticia de los libre
ros, de esos hurones de la fama literaria, que una
obra habia sido muy elogiada, y que su autor era un
varon de nota, al dia siguiente iban á su casa; solici-

(n Cic, ad Alt. XVI. 2.


(2) V. Dezobrey, ob. cit., Carta 88, pág. 404. Ksta carta y la
<juc sigue merecen ser leídas con mucha detencion por los por
menores muy curiosos <tue encierran. Este autor, que se propuso
por modelo losviagesde Anacarsis, puede rivalizar por lo vasto
de sus conocimientoslcon Barthelemy.
(3) Horat., Sat. IV, lib. I , ver. 74.
— 91 —
taban con súplicas y adulaciones su adquisicion; le
prometian multiplicar hasta lo infinito sus ejempla
res, no reparando en los gastos que les originarian
los copistas; y si, por último, obtenian su intento,
fijaban en las columnas de sus tiendas respectivas el
título de la obra y el nombre del autor, y pondera
ban su mérito con amigos y enemigos, con doctos é
ignorantes. En fin, entre los libreros de la antigua
Roma, y los de hoy, no mediaba diferencia ninguna:
la misma avidez de ganancia, las mismas trampas,
misma malicia, los mismos engaños, las mismas so
caliñas.
Despues de haber bosquejado á grandes rasgos y
en términos precisos el gran cuadro de la cultura in
telectual de los romanos en su segundo período y á
principios del siglo de Augusto, vamos ahora á hablar
de los varios ramos de literatura que en el tercer pe
ríodo se cultivaron, y de los varones que adquirie
ron gloria y fama por su ingenio elevado y sus pro
ducciones.

POESIA DRAMATICA.

MIMOS, DRAMAS, PANTOMIMAS.

Ennio, Pacuvio, Nevio, Cecilio, Plauto, Terencio


y toda la multitud de poetas dramáticos, cuyos nom
bres figuran en nuestras páginas anteriores, no tu
— 92 —
vieron herederos dignos de su pluma, y la poesía
dramática, en vez de adquirir lustre y regularidad,
fué sustituida por un género de espectáculo vulgar,
grosero y hasta obscono, conocido bajo el nombre de
Mimos , que eran una especie de farsa, cuya accion
descosida, sin contraste de afectos y sin diálogo se
guido, se proponia por único objeto ridiculizar, ya
con palabras mordaces y sin delicadeza , ya con pa
labras tan triviales como indecentes, el carácter de
algun personage distinguido y respetable, ó de otra
persona cualquiera, entre las muchas que pueden ser
vir de blanco á la sátira, criticando sus defectos, su
puestos ó verdaderos. Estos mimos se diferenciaron
de la que llamamos pantomima, ni pueden ser com
parados á los mimos griegos, porque la primera es
un baile, que representa toda una fábula , en que los
actores espresan sus propios afectos sin dialogar, y
tan
dos solo
erancon
dramas
sus movimientos
muy cortos,y escritos
posturas;enyverso,
lossegun-
que

representaban una accion ó mas bien una fábula, ya


dialogando, ya espresando con sus movimientos los
propios afectos; pero la parte mímica era accidental
y no necesaria. Esde notar, ademas, que el espectácu
lo dramático de los mimos romanos era tan irregular y
caprichoso, que lejos de sujetarse á las reglas del
arte, el compositor no hacia mas que bosquejar en
bulto las escenas descosidas, y luego los actores
daban á la accion val diálogo el giro que juzgaban
mas conveniente y propio para satisfacer las exigen-
!

- 93 -
cias del público, que concurría á estas funciones tea
trales con ánimo de pasar un rato muy divertido,
presenciando bufonadas y chocarrerías. El papel de
Gracioso lo desempeñaba el primero y mas esperi-
mentado de los actores, y á fin de que todos cono
cieran su mucha importancia se le llamaba por antono
masia el actor. Cuando habia en los mimos muchos
interlocutores, este personage recitaba un monólogo,
se retiraba y volvia á salir á la escena cuando la ac
cion necesitaba sus chistes groseros y sus impertinen
cias para provocar la risa. En los mimos sucedia
muy amenudo que el actor, despues de haber agotado
sus chistes, hablando á la ventura y con estravagan-
cia, se quedaba muy corto y sin saber que decir; en
tonces se escapaba para zafarse del compromiso, y se
ponia término á la funcion.
Los antiguos escritores, que nos refieren todas
estas particularidades, añaden que el papel del actor
solia confiarse al que habia trazado el plan del mi
mo, y que los que se dedicaban á este oficio, no ins
piraban respeto ninguno. Pero andando el tiempo los
mimos tomaron en Roma formas mas regulares, y se
parándose del método antiguo, que casi los confun
dia con las atelanas por su mordacidad y sátiras gro
seras, adquirieron cierta importancia. Con efecto, sa
bemos que Julio César se manifestó propicio á este
género de espectáculos, y que obligó á Décimo La-
berio, caballero romano (45 años antes de Jesucristo)
y buen compositor de mimos, á salir á la escena y
- 94 -
desempeñar el papel de actor. Laberio, qne se habia
dedicado á este género de composicion en el retiro
de su gabinete, tan solo para ocupar su tiempo agra
dablemente, rechazó en un principio las instancias
del dictador, diciéndole que su nobleza, su edad
sexagenaria y el papel indecoroso de histrion le ve
daban salir á la escena. Pero César se obstinó en su
propósito, y Laberio tuvo que ceder á la pertinacia
del tirano. Macrobio nos refiere en sus Saturnales
todos los pormenores del hecho que acabamos de
consignar, y nos ha conservado tambien el prólogo
que recitó Laberio cuando salió á la escena : monu
mento muy apreciable de la literatura romana. Nos
otros vamos á trascribirlo en nota, porque es digno
de un verdadero republicano, que despues de hab*r
cedido á la violencia, se justifica con nobleza y li
bertad (1). Los mimos de Laberio no han resistido al

(l) Necessitas, cujus cursus transversi impetum


Vo uerunt mullí effugere, pauci potuerunt.
Quó me detrusit paené estremis sensibus?
Quem nulla ambitio, nulla unquam largilio,
Pitillos timor, vis nulla, nulla auctoritas
Movere potuit iu inventa de statu;
Ecce in senecia ui facile labefecil loco
Viriexccllentis mente clemente edita
Submissa placide blandiloquens oratio?
Etenim ipsi Dii negare cui nihil potuerunt,
Hominem me denegare quis posset pati?
Ergo bis tricenis annis actis sina nota,
Eques romanus Lare egressus meo
Domum reyertar mimus, nimirum hoc hodie
— 95 —
embate de los siglos, y ha sucedido le propio en
cuanto á los de Publio Sirio, esclavo, natural de Siria,
como dos lo da á conocer su segundo nombre, varon
dotado de mucho numen y émulo de Laberio, á quien

Loo plus vixi mihi quam vivendum fuit.


Fortuna, immoderata in bonaaeque atquein malo.
Si tibí erat libilum cum litcrarum laudibus
íloris cacumem nostrae famae fraogere,
Cur cum vigebam membris praeviridantibus,
Satis facere populo, et tali cum poteram viro,
Non flexibilem me concurvasti ul carperes?
Nunc me quó dejicis? Quid ad scenam affero?
Decorem forma?, an dignilatem corporis,
Animi virtutem, an vocis jocunda? sonuur?
Ct hedera serpens vires arboreas necai ;
llame vetustas amplexu annorum enecat
Sepulchri similis nihil nisi nomen retinco.—Macr., Sat., Li-
iro 11, cap. Vil.

La necesidad , el ímpetu de cuyo enemigo empuje muchos


intentaron evitar, y pocos le pudieron ¿en ddnde me ha preci
pitado , estando casi en mis postreros días? Ninguna ambicion,
ninguna liberalidad , ningun temor , ninguna fuerza , ninguna
autoridad, me indujeron en mi juventud á rebajarme ; y en mi
vejez, hé aquí como las palabras insinuantes, plácidas y suaves
de un excelente varon , que es todo clemencia , me han hecho
descender con facilidad de mi categoría. Pero si los dioses mis
mos nada le han podido negar , ¿quién podia haber tolerado,
que yo, mortal, me retrajera? Yo, que he vivido treinta años y
oíros treinta sin mancha, salgo de mis hogares, caballero roma
no, y vuelvo á casa histrion. El dia de hoy es una añadidura á
los de mi vida. ¡Oh indiscreta fortuna! ¡asi en la prosperidad
como en la desventura! Si gustabas que la gloria de las letras
oscureciese nuestra fama en sus postreros dias ¿por qué no me
tal vez venció en la palestra teatral, si es cierto lo que
tíos dicen algunos escritores antiguos. Los mimos de
Sirio fueron muy apreciados por la escelencia de ias
máximas morales que contenian (1). Adquirieron tam-
indujístes á contentarte, cuando mi edad vigorosa podía llenar
los deseos del pueblo y de este varon preclaro? ¿En donde aho
ra me precipitas? ¿Qué dotes tengo para la escena?—¿Hermosu
ra, nobleza de aspecto, energía de espíritu, voz simpática?—La
•vejez rae enerva con los repetidos abrazos de los ados, y me su
cede lo propio que al árbol, cuyas fuerzas consume la yedra que
le enrosca. De mí no queda mas que el nombre, semejante á
los que se ven grabados en los sepulcros.

Macrobio, defpues del prólogo que acabamos de referir, dice


que Laberio , cada vez mas deseoso de venganza , recitó en
aquella circunstancia algunos versos alusivos i César, como los
siguientes:
Porro quiriíetí libertatem perdimos.
Romanos, desde hoy hemos perdido la libertad.
JVecesse est mullos timeat, quem multí limenl:
Debe temer á muchos, el que es temido por muchos.
Este verso chocó sobremanera á los espectadores, y indos
fijaron los ojos en César:
Quo dicto universitas popidi ad solum Ccesarem oculus el
ora convertit. Macr. Ibid.
(I) Vamos á consignar algunas de estas máximas, entresa
cándolas del mismo Macrobio.
Al que se le permite mas de lo justo, quiere mas de lo que
se le permite.
Cuiplus licet, quam par al, plus-vi/U. quam lictt.
— 97 -
bien mucha fama en este género de poesía dramática
Cu. Matio, amigo de César, sus mimos fueron llama
dos mimiambos ; cierto Filiston, que floreció en los úl
timos tiempos de Augusto, y mas tarde un Cátulo,
amigo de Juvenal, Latino, Lentulo, Virginio Romano
y Mario Marulo.
Los primeros ensayos del drama , la música , el
canto, y aun mas, la pantomima, parecen connatu
rales al hombre , porque se encuentran , como dice
Javier Mattei en su «Historia de los teatros» (1), en
las naciones mas rudas y bárbaras. Los romanos, se
gun nos refiere Tito Livio (2) , tuvieron desde tiem
pos muy remotos actores etruscos , que ejecutaban,
acompañados de una flauta, danzas y movimientos
tan acompasados, que no dejaban de tener gracia y
mucha espresion de afectos. Andando el tiempo, este
género de espectáculos se perfeccionó , y bajo el im

ita compañero de viaie, cuya conversacion es agradable,


»irv« de vehículo. '
Comes facundus ín via pro vehículo est.

La frugalidad proporciona buena fama.


Frugalilas inserta est rumoris boni

Las lágrimas de un heredero son risas enmascaradas.


Heredis fletas sub persona visus est. Mac. lbid.
(I) La historia de los teatros de este autor , comprendida an
un solo tomo , impresion de Madrid , es un compendio de su his
toria de los teatros en siete tomos, publicada en Mpoles.
(i) Lib. IX, núm. 2.
»A*. DE LIT. LATINA. 7
- 98 -
perio de Augusto fueron muy celebrados Batilo y Pi-
tades, que dieron mucho lustre á la danza y á la
pantomima. Los romanos asistian á sus representa
ciones con entusiasmo, y los dos actores tuvieron
sus partidarios: Cahuse, en su «Tratado histórico de
la danza , » etc. , se esplica en esta forma acerca del
particular:
«Pilades y Battlo se disputaban la palma , y los
romanos, que concurrian con asiduidad al espectá
culo, se interesaron por los dos actores: el entusias
mo es un siervo del espiritu, que fermenta sin des
canso. Los espectadores, que admiraban á Pilades,
disputaban con los que elogiaban á Batilo , y por úl
timo, se formaron dos partidos, que acabaron por
ser enemigos encarnizados (1).»
Sabemos que Augusto otorgó á los pantomimos el
privilegio de no ser sometidos á las penas de los es
clavos , y que les eximió de la jurisdiccion de los ma
gistrados ordinarios y del pretor, reservándose el
derecho de citarles ante su tribunal. Esta ley de Au
gusto agradó á los ciudadanos; pero la furia de los
partidos, lejos de apagarse, tomó cada dia mas in
cremento, y el emperador se vió en la dura necesi
dad de desterrar por algún tiempo á Pilades.
Corresponden tambien al siglo de Augusto ios dos
célebres actores Esopo y Quinto Roscio : fueron en
trambos amigos de Ciceron, y considerados en Roma

(I) Tomo U, pá¿. 5 y sig. Edic. franc. del Haya, 1754.


— 99 —
como maestros del arte. El primero descollaba en la
tragedia ; el segundo era sobresaliente en todos los
papeles que desempeñaba, trágicos ó cómicos.
Pasando ahora de la poesía dramática, popular y
chistosa ó satírica , á los dramas graves y sérios,
encontramos un reducido número de obras, cuyos
nombres únicamente conservamos.
Quintiliano, en sus Instituciones oratorias, prodi
ga repetidos elogios á la Medea, tragedia de Ovidio;
sabemos que Augusto habia escrito una tragedia, ti
tulada Ajas, y que no satisfecho de su produccion,
la destruyó; sabemos por último que Mecenas compu
so dos tragedias: Octavia y Prometeo. Algunos escrito
res dicen que se ejercitaron en este ramo de li
teratura Lucio Varo y Asinio Polion: lo cierto es, que
no poseemos ninguna de todas estas obras.
Despues de Plauto y Terencio no hubo otros es
critores de comedias que merezcan ocupar con brillo
estas páginas, por loque nos contentamos con de
cir á los lectores, que adquirió alguna fama, como
poeta cómico , en la época que vamos recorriendo,
cierto Titinnio, cuyo nombre se halla consignado en
los libros de los antiguos gramáticos, los cuales no
tan la particularidad de que sus comedias pertenecian
al género de las togatas. Schoell refiere los nombres
de algunas de ellas (1): los fragmentos de las come-
diasde Titinnio son muy escasos y de ningun interés.

(i) V. Ob. cic, 1. 1, pig. 3ig.


— 100 -

EPOPEYA.

VATES EPICOSVIRGILIO.
DEL SIGLO DE AUGUSTO.

Los ilustres sabios, que se han ocupado en es


cribir la historia literaria de la antigua Roma , apun
tan en el número de sus vales épicos los nombres de
algunos autores , que no pueden bajo ningun con
cepto merecer este honor; nosotros, pues, vamos
a reproducirlos en estas páginas para no separarnos
del método seguido generalmente. Entre los vates á
que aludimos, figura Cn. Matio, como traductor de la
litada de Homero; un Terencio Varron, nombrado Ati-
cinio, porque era natural de Atacio, antigua ciudad de
la Galia Narbonense, figura como traductor de los Ar
gonautas de Apolonio de Rodas, y autor de un poema
histórico sobre la guerra de Julio César contra losse-
cuanos; cierto Hostio, escribió otro poema por el mis
mo estilo sobre la guerra de Istria ; Horacio dice
que el primero que se dió 1 conocer en Roma, como
vate épico , fué Lucio Vario (1) que cantó las em-

(I) Forte epos acer


Vt nemo farius Horat., Sat., lib. I , Sál. X , V. ti.

Cual nadie vigoroso


Vario á la alta epopeya se levanta. —Búrgos.
Los fragmentos ijue nos ha conservado Macrobio (lib. VI,
- 101 —
presas de Augusto y de su yerno Agripa ; Tibulo
celebra como épico á un Tito Valgio Rufo (1); y Ve
lejo Patérculo habla de un Cayo Robirio (2) , cuyo
nombre apunta tambien Quintiliano (3). Pero, bien
sea que á estos vates se les considere como épicos,
bien sea que se les considere únicamente como escrito
res dotados de un gran numen , lo cierto es que ce
den todos el puesto á Publio Virgilio Maron , prín
cipe de la epopeya latina.
Este insigne vate nació en Andes, cerca de
Mantua el ano 684 de la fundacion de Roma, 70
años antes de Jesucristo, y murió en Brindis 19 años
antes de nuestra era.
Nadie ignora que fué sorprendido por la muerte
antes de concluir su Eneida, que le ha hecho colo
car al lado del inmortal Homero, aunque adolece

C. II de los Saturnales) de otro poema de Vario , titulado la


Muerte, no carecen de elegancia, y nos dan á conocer hasta
cierto punto que su poema sobre las empresas de Augusto etc.
ha sido mucha pérdida para la literatura clásica.
(1) Valgius, ceterno propior non aller Homero.—Tib., lib. IV,
Eleg. I , V. 180.

Ninguno se acerca mas que Valgio al inmortal Homero.

Este elogio nos parece muy exagerado, y es de suponer, co


mo dice Schoell, que es mas bien un testimonio de la smis-
tad que mediaba entre Tibulo y Valgio Rufo, que una prueba del
mérito poético de este último.
(2) V. lib. II de su hist.
(3) Insti. Orat., lib. X, I.
— 102 -
de graves defectos; y Virgilio, que no habia tenido
el tiempo de limarla, viéndose próximo á bajar al
sepulcro, dijo á Augusto que era su único desee
se la arrojára al fuego. Pero este César , que la juz
gaba con sobrada razon un gran monumento de la
literatura patria, quiso trasmitirla á la posteridad.
Nosotros, pues , apelando á toda la indulgencia que
puede reclamar una obra imperfecta en cuanto á al
gunas bellezas de forma, á la oportunidad de algu
nos episodios, y á algunas inverosimilitudes, cree
mos que el buen crítico debe fijar ante todo su aten
cion en el plan de la obra, y en el objeto que se pro
puso el vate que la escribió.
Sábios eminentes nos han dejado sus juicios crí
ticos , mas ó menos acertados, sobre la Eneida, ha
ciendo alarde de profunda doctrina , de una erudi
cion vasta , de gran sutileza de ingenio y de un re
finado gusto; pero ninguuo, á nuestro entender, ha
sabido penetrar en el espíritu de su autor como
Proudhon ; y nosotros, aunque estamos muy lejos
de suponer con este escritor francés, que Virgilio fué
el verdadero precursor de! cristianismo, no vacila
mos en afirmar que la Eneida nos demuestra la mu
cha necesidad que esperimentaba ya el mundo pa
gano de reformas radicales, y el anhelo de los va
rones mas ilustres de cooperar á su realizacion. Va
mos á referir un pasage muy notable de Proudhon
sobre este particular:
«Virgilio se propone como argumento de su poe
— 103 -
«mala fundacion de la ciudad latina, ó mas bien
«tratar de los orígenes y antigüedades de Roma é
«Italia. Estas primeras palabras nos revelan algo,
»que sobresale por su fondo y forma á la Iliada , y
«podemos decir con Propercio : Nescio quid majus
mascitur Iliade. Virgilio concibió la empresa masco-
nlosal que se haya visto en el mundo de la inteli-
igencia: celebrando la grandeza de Roma en sus orí-
«genes, quiso realizar la regeneracion misma de
«Roma , y por medio de la de Roma la de la huma-
«nidaden la religion , las costumbres, las leyes, la
«política » las instituciones, las ideas, la filosofía , el
»arte. íCuántas cosas , me direis , para un poema
«épico! Si ímuchas cosas! y reparad, que en todas
«ellas hay una multitud que los contemporáneos de
«Homero no habrian sabido elevar hasta lo ideal; y
»la Musa griega habria retrocedido, puesta frente á
«.frente de ellas. Todo esto, sin embargo, debia can
utar Virgilio, y nada menos que este.
«Virgilio tenia una plena conciencia de la palin-
«genesia social , y como hombre que conocia su si-
sglo , anhelaba esta revolucion para el desarrollo de
«las ideas, que habian sido en todas las épocas el
«patrimonio de la razon popular.
»E1 plan de la Eneida es quíntuplo en su maées-
«tuosa y fuerte unidad. Caida de Troya , esto es, de
cadencia irrevocable del Asia , quitándola el impe
rio del mundo; emigracion de Eneas; la dignidad
«mesiónica no queda á la Grecia , anárquica y frívo
- 104 —
«la , sino que pasa á la Italia grave y jurídica ; esta
blecimiento de los colonos troyanos en el Lacio; ini-
«ciacion de los pueblos de la Ausonia, semi-bárba-
»ros, que pasan del estado saturniano (edad de oro
»y costumbres primitivas) á una civilizacion su-
«perior.» De la just. en la rev. y la igl. etc. tom. III.
pág. 121. París, 1858.
Todas las observaciones de Proudhon sobre la
Eneida de Virgilio, a excepcion de muy pocas, que
son el producto de sus estravíos contra el catolicis
mo , merecen ser leidas y estudiadas con mucha de
tencion , y ademas de las que acabamos de apuntar
son muy notables, y sobremanera importantes para
la historia de la humanidad las siguientes: «El des-
»enlace de la Eneida encierra una leccion profunda:
«Juno , vencida en la persona de Turno, en realidad
«triunfa: se da asilo á los troyanos en Italia, pero
«pierden su nombre y su nacionalidad. La Italia que-
»da inviolada , con sus costumbres, su religion, su
«nombre, sus leyes y su lengua; el Asia queda ab-
«sorbida , y esta absorcion es la gloria de Roma , la
«mas adicta de todas las ciudades del mundo al culto
»de Juno. Parece que Virgilio dice á los romanos,
»que han llegado á ser á su vez conquistadores y co-
» Ionizadores, la civilizacion se comunica y no quita á las
»razas su carácter.» Esta última idea es muy profun
da ; tiene en su apoyo la esperiencia de todos los
siglos: y bien sea que la haya concebido Virgilio,
escribiendo su poema, ó que pertenezca toda á
- 105 —
Proudhon, no dejará de ser una verdad funesta para
los que creen poder conculcar impunemente las dis
tintas nacionalidades de los pueblos.
Algunos preceptistas han culpado á Virgilio de
plagio , diciendo que en su Eneida copió mucho de
Homero, y que entresacó de Pisa ndro todo lo que
nos refiere de Sinon y del célebre caballo de made
ra. Esta crítica no carece de fundamento, y puede
aplicarse por el mismo estilo á otros muchos escrito
res; pero es de notar que Ja importancia de una
obra, y en gran parte su originalidad, estriban en
la concepcion de un plan uniforme, en el desem
peño de los caracteres de los personages que el au
tor pone en escena , en sus preceptos, bien sean po
liticos ó morales , ven el desenvolvimiento de las
ideas de progreso y perfeccion que cada época re
clama : cosas muy distintas de los episodios, de las
descripciones y de las formas esteriores , que no
constituyen el fondo de una obra, aunque la embe
llecen dándola viveza y brillo. Considerada la Enei
da bajo todos estos puntos de vista , ofrece interés y
novedad; y esta grande epopeya merece ser coloca
da al lado de la Iliada, porque asi como Homero
nos describe con mucha originalidad los tiempos he-
róicos de Grecia, Virgilio nos presenta el cuadro
mas acabado del siglo de Augusto y de la nacionali
dad italiana, que reclama sus derechos, anhelosa
de regenerarse.
No se puede negar, sin embargo, que nuestro
— 106 —
vate se apropió muchos versos de los poetas griegos
mas célebres, y que copió al pie de la letra algunos
trozos de Homero, traduciéndolos al latin (1). Pero,
sea como fuere, lo cierto es que la poesía de Virgi
lio embriaga de dulzura el espíritu, y que su memo
ria ha sido divinizada (2). M. Sainte-Beuve, en su es-

(I) El escritor ruso F. G. Eichhoff en su obra Utulada Etu


des-grecques sur firgile (estudios griegos sobre Virgilio, 1825),
ha reunido todos los versos de autores griegos reproducidos, por
nuestro poeta, y ha puesto al frente de cada verso latino el ori
ginal griego con sus variantes. Este trabajo , tan curioso como
profundamente erudito , es muy útil para los aficionados á los
estudios clásicos, y con especialidad á las obras de Virgilio. Pero
no queremos pasar por alto en esta coyuntura que la obra de
Eichhoff, lejos de ser original, como han supuesto algunos, no
es mas que una reproduccion de un libro latino, publicado á
principios del siglo XVI , enriquecido y adicionado por el es
critor ruso.
(-2) Silio Itálico compró en Nápoles la casa de nuestro vate;
tenia la estátua de Virgilio en su despacho ; celebraba el dia del
nacimiento del Cisne mantuano con mas solemnidad que el suyo
propio, y adquirid tambien la tumba que encerraba sus cenizas,
monumento precioso, cuyo epitafio, escrilo por el mismo poeia
moribundo, es este:
Mantua me genuil, calabri rapñere, tenet tiunc
Parthenope; cecini pascua, rura, duces.

Tuve mi cuna en Mán lua, fenecí en Calabria, mis despojos


yacen en Parienopc. Celebré con mi canto los campos, los ga
nados y los reyes.
Marcial en el epfgr. 61 del libr. II habla de esta adquisicion
hecha por Silio Itálico en estos términos:
— 07 —
celente estudio sobre la literatura clásica en el siglo
de Augusto, y con especialidad sobre Virgilio , dice

Jam prope desertes cineres, et saneta Maronis


A'omina qui coleret pauper, et unus erat.
Silius opiata sucurrere censuil umbroe,
Silius el vatem, non minar ipse, colit.

Un pobre únicamente rendía culto á las cenizas abandona


das y al nombre venerado de Virgilio; pero Silio Itálico quiso
tributar bomenage á sus manes; y este poeta , no inferior i Vir
gilio, honre! su memoria.

El ilustre abate Betinelli, en su «Discurso sobre el estado


de las letras y de las artes en Mántua» publicado en 1775, refiere
acerca de Virgilio un hecho que merece ocupar estas páginas.
Vamos á trascribir sus mismas palabras traducidas al castellano.
«En el siglo XV los mantuanos cantaban un himno en ho-
•norde Virgilio , cuando se decía la misa en la iglesia de San
•Pablo, fundados en la tradicion de que aquel apóstol de las
•gentes había derramado en Nápoles copiosas lágrimas sobre la
itumba de Virgilio, esclamando: jOh gran poeta! ¡si yo te hu
lera encontrado vivo, te habría convenido al cristianismo!»

Ad Maronis mausoleum
Ductus, fudít su por eum
Pia? rorera lacrymae;
Quem le, inquit , reddidisscm .
Sí tu vívum invenissem,
Poetarum maxime!
El celebre P. Hardouin , cuyas obras revelan un gran fondo
de erudicion y un genio absurdo, sostuvo que la Eneida de Vir
gilio es un libro apócrifo del siglo XIII, compuesto por un fraile
de San Benito, que se propuso describir alegóricamente el viage
de San Pedro á Roma. Segun el P. Hardouin , toda la fábula Be
— 108 —
estas palabras muy memorables: «Nada pierde el es
píritu de su delicadeza , si á pesar de lo que ha he

la Eneida fué inventada despues de los triunfos del cristianismo


sobre la sinagoga ; el incendio de Troya es una alegoría del de
Jerusalen; Eneas , que lleva sus penates á Italia , represenla el
Evangelio anunciado á los romanos, etc., etc. A fin de probar
su tesis reuno un crecido número de versos de las Geórgicas de
Virgilio, é interpretándolos á su manera , supone que son el mas
elocuente testimonio de que Virgilio no escribid nunca la Eneida.
La lectura de la obra de Hardouin, á que aludimos , es deli
ciosa: por su misma estravagancia. Su primer párrafo, y el últi
mo, que vamos á trascribir, revelan con mucha gracia la pro
funda aberracion de nuestro autor. En el primero dice: «No
ocurrid nunca á Virgilio escribir la Eneida: despues de haber
publicado las Geórgicas se propuso escribir en verso , no las
empresas de Eneas, sino las de Augusto.»
rirgilio nunquatn venit in mente AEnéldan scribere ,delibe-
ratttm enim fuit post edita Georgica prodere carmine res gesta
non A'Enoe certe , sed Casaris Augusti.—V. Op. Var. Pseudo
Virgilius, pág. 580, Amstelodami, MDCCXXXQI.
En el segundo dice, refiriéndose á los pasages que ha citado
en apoyo de su opinion: «Estos son los poquisimos que me han
«chocado mas leyendo de corrida la Eneida, y digo poquísimos,
«porque muchos los he pasado por alto, y otros muchos los he
«disimulado: quedan todavía muchísimos otros. Los que tengan
«mas tiempo, agudeza de ingenio y erudicion, los descubrirán
«sin trabajo ninguno, si aman la verdad.»
Ilaec sunt loca perpauca , quee cursim AEneida pervolven"
km legentis animum offenderunt. Perpauca , inquam , nam
multa pratlerii: mulla dissimulavi: rtstant innumera similia;
quee quibus erit plus olii, acuminis, et crudilionis millo negalio
animadvcrterent et patefacient si viri sunt veri amantis.—Obra
citada, pág. 327.— El P. Hardouin sostuvo tambien, que Horacio
no escribid las odas qae llevan su nombre.
— 109 -
cho , visto y buscado , se reconoce todavía sensible,
puesto frente á frente de Virgilio, y si este le hace
brotar una Ingrima de los ojos: una lágrima de emo
cion , como la que yo he visto brotar un dia de los
ojos de un estatuario (Fogelberg) ante cuya presen
cia un estrangero osaba criticar en la galería del
Vaticano el Apolo de Belvedere: el artista ofendido
no respondió sino por esa lágrima.»
Se atribuyen á Virgilio otros dos poemas meno
res: el Cukx y el Ciris (el Mosquito y la Calandria):
pertenecen entrambos al género burlesco. En el pri
mero el poeta finge que un mosquito aparece en sue
ño á un campesino, que le ha muerto, exigiéndole
que dé sepultura á sus restos exánimes: el campesi
no cumple este acto religioso. En el segundo figura
como protagonista la fabulosa Scila, trasformada por
los dioses, á consecuencia de sus culpas, en calan
dria. Estos dos poemas, de muy corta estension, se
distinguen por la elegancia de los versos y la ameni -
dad de las descripciones. Se atribuyen tambien á Vir
gilio algunos epígramas, reunidos y publicados con
el nombre de Catálecta, Hablaremos mas adelante de
las Bucólicas y Geórgicas de este vate, que figura
siempre en primera línea en el siglo de Augusto.
— 110 —

POEMAS NARRATIVOS T DESCRIPTIVOS.

CATULO.—OVIDIO.

Cayo Valerio Cátulo, natural de Verona (86 años


antes de Jesucristo) ocupa un puesto muy preferente
en la historia de la literatura antigua; y en algunas
de sus poesías, aunque casi todas pertenecen al gé
nero elegiaco y lírico, se notan rasgos descriptivos
que descubren el elevado numen de un gran vate,
como nos da un vivo testimonio de ello el Epitalamio
de Tetis y Peleo, composicion que raya hasta cierto
punto en la epopeya (1). Cátulo trasladó al latin las
odas de Safo, que han sido presa de la voracidad 'del
tiempo, y la Cabellera de Berenice, cuya traduccion
castellana hemos insertado en nuestro Manual de lite
ratura griega. Este vate, en fin, fuéel primeroque ins
piró á los romanos un gusto decidido para ¡la elegía;
y algunos críticos modernos le han prodigado el hon-

(1) V. Schoel., Hist. abr. de la lll. romt, tom. I, pág, 237.—


París, 1815. Este autor, al hablarnos del Epitalamio de Tetis y Pe
leo, hace mencion de un pojma, escrito por C. Helvio Cina, co
mentado por cierto Lucio Crasilio, y cuyo argumento casi se ig
nora, á pesar de que sabemos que su autor lo habia titulado /is-
mirna; pero Schoell no apunta la circunstancia de que, segun
algunos críticos, tuvo parte en su composicion Cátulo. Los frag
mentos que tenemos de este poema son muy reducidos.
— 111 —
roso título de Petrarca antiguo por haber dado elegan
cia y lustre á su lengua patria, despojándola de algu
nas formas ásperas y duras, y revistiéndola de otras
muy delicadas y encantadoras. Escaligero, por el con
trario, le juzga con mucha severidad. Dice este
célebre crítico del siglo XVI, que «todas sus pro
ducciones son vulgares; que son duras sus frases, y
dura su manera de espresarse; que su estilo, aunque
fluido de vez en cuando, no tiene fuerza; que sus
versos obscenos causan rubor; que muchos son las
timosamente enervados, y otros muchos sobremane
ra violentos (1).»
En la coleccion de los clásicos latinos por Lemai-
re, obra muy apreciable bajo todos conceptos, se en
cuentran reunidos en un corlo número de páginas,
los juicios críticos, que han emitido acerca de Cátulo
los sábios mas eminentes antiguos y modernos. Con
vienen todos en que este vate adolece de graves de
fectos; pero dicen, con sobrada «-azon, que es uno de
los príncipes de la lírica latina, y que algunos de sus
versos respiran una suavidad y una duteura, que nos

0) Nibil non vulgare est in ejus libris; eius autem syllaiws


cum dune sunt, tum ipse non raro durus; aliquando vero adeo
mollis ut fluat ñeque eonsistat. Multa impudica, quorum pudct;
mulla languida, quorum miserei; multa coacta, quorum pigcl.—
Julius Qesar Scaligerus. «Poéiiclib. VI. Quiesthvpercrilicum,
cap. VII, pá^f. 798.»
V. tambien Walchii, Hbt.crit. lat. lingucc—De origenc ct fati
lat.ling. cap. 10, Edilio tertia, Leip. pág. 49.
- 112 —
obligan á colocarle en primer término entre los escri
tores del siglo de oro (1).

(I) Los versos siguientes confirman lo que acabamos de


apuntar.
Lugele, o Veneres Cupidinesque
Et quantum cst hominum venustiorum!
Passer mortuus est meae puellae,
Passer, deliciae meae puella-,
Quem plus illa oculis suisamabat:
Nam mellitus erat, suamque norat
Ipsam tam bene, quam puella matrem:
Nec sesea gremio illius movebat;
Sed circumsiliens modo huc, modo illuc,
Ad solam dominam usque pipilabat.
Qui nunc it periter tenebricosum,
Illuc, unde negant redire quernquam:
Al vobis male sit, malae lenebrae
Orci, quae omnia bella devoratis:
Tambellum mili i passarem abstulistis.
O factum male. iO miselle passer,
Tua nunc opera, meac puellae
riendo turgiduli rubent ocelli! (Carmen III).

Llorad, Gracias, Amores, y todos vosotros, hombres dotados


de belleza: ha muerloel pájaro de mi querida, ol pájaro que era
su delicia: le amaba mas que á sus ojos. Era muy lindo, y la co
nocia como una ñifla á su madre: nunca se separaba de sus fal
das, y revoloteando acá y acullá, iba siempre á piar al lado de
su ama. iPero ahora va por aquella tenebrosa senda, que no
permite á nadie regresar! Malditas seais, tinieblas fatales del
Orco, que devorais todas las cosas bellas, y que me habeis ar
rebatado el hermoso pájaro. iOh desventura! iOh pobre pajari-
11o! El llanto de mi ñifla por tu pérdida ha hecho enrojecer sus
túrgidos ojuelos.
- 113 -
En cuanto á las obscenidades y pinturas lúbricas*
que se notan en algunos de sus versos, aunque esta
mos muy lejos de aprobarlas, no queremos pasar en
silencio que nuestro vate merece hasta cierto punto
disculpa, si paramos mientes en que las estragadas
costumbres de su época, habian sumido á Roma en el
lodazal del epicureismo y de los vicios mas abomina
bles y vergonzosos (1).
Con efecto, todos los poetas que entonces flore
cieron, y que por la pureza de su estilo, la elegancia
de sus frases y la armonía suave de sus versos, han
merecido el honroso título de clásicos, adolecen de
los mismos defectos. Todos encuentran reunidas las
gracias en el seno, en los lábios, en los ojos de Les
bia, de Delia, de Cintia, de Corina; todos entonan
himnos á la belleza, pero sus versos respiran sensua
lidad y no amor delicado; todos se nos presentan
con el trage de la lascivia y de la obscenidad; su es.
píritu no vuela á las regiones celestes para purificar
se de aquellos deseos, que no diferencian á los hom
bres de los brutos, y en sus cantos invocan á Baco y
áPriapo. Pero á pesar de esto, la fecundidad de su
numen, sus descripciones voluptuosas, los encantos

(I) Cátalo, queriendo disculpar la lubricidad de sus versos(


nos ha dejado ea el carmen XVI, un testimonio muy clocucnto
de la disolucion de las costumbres de su tiempo; y el cármen
mencionado, que no merece ser reproducido en estas páginas,
'«jos de disculparle, nos pone de manifiesto que se le ha acusad»
de lubricidad coif sobrada razon,
MAN. DE LIT. LATINA. 8
— 114 -
de su poesía, Ies dan gran brillo y el timbre de mucha
originalidad: Cátulo no carece de estas dotes.
Ignoramos el año de su muerte, pero sabemos que
bajó á la tumba muy jóven. Segun algunos escritores
murió á los treinta años; segun otros á los cuarenta.
Vamos á hablar ahora de un poeta incomparable
por la fecundidad de su numen, por sus figuras atre
vidas, por la variedad y gracia de sus conceptos,
por los vuelos de su imaginacion, y cuyo nombre
ha pasado á la posteridad, envuelto en el tenebroso
velo de una desgracia misteriosa. Este poeta es Ovi
dio, que abrió los ojos á la luz del dia (44 años an
tes de Jesucristo) en Sulmona, ciudad de los Abru-
zos en el reino de Napoles.
Permaneció en Roma hasta la edad de diez y seis
años, y luego se trasladó á Atenas, á fin de perfec
cionarse en el estudio de la lengua y literatura grie
gas. Su padre le obligó á estudiar la elocuencia, con
el firme propósito de dedicarle al foro ; pero vió frus
tradas todas sus esperanzas, porque Ovidio, inspira
do por la fuerza de su propio genio, aborrecia el
foro, y cultivaba con preferencia las bellas letras y la
poesía (1). Habiéndose establecido, por último, en

(1> En casi todas las biografías de Ovidio se habla de su in


clinacion decidida A la poesía, y se refiere que en algunos frag
mentos de sus obras perdidas, se han encontrado los versos si
guientes:
El quod tentabam scribere, versus erat.
Todo lo que yo intentaba escribir era verso.
- 1 15 —
toma , supo cautivarse el afecto de los personages
mas distinguidos, tanto por su mérito literario, como
por su carácter naturalmente afable , y fué muy apre
sado en la corte de Augusto. Pero un delito miste
rioso que la posteridad ignora, porque ninguno de
¡os escritores contemporáneos de nuestro poeta, osó
consignarlo en sus páginas, sumió á Ovidio en un
piélago de desventuras, y Augusto le desterró á
Torai, ciudad muy bárbara á la sazon , y cuyo clima
rígido
Tanta
y nebuloso
oscuridadabrevió
acerca ladevida
los verdaderos
de nuestro moti
vate.

vos, que causaron el destierro del infeliz Ovidio,


ha dado márgen á un sin número de conjeturas, y á
pesar de que Augusto dijo, que le habia obligado á
salir de Roma, porque sus poesías lúbricas y escan.
dalosas eran contrarias á la buena moral , convienen
odos en que éste fué un pretesto mezquino de aquel
léspota, naturalmente disoluto, y que prodigaba
Iones y halagos en su córte á Horacio y otros poc
as, mas obscenos tal vez que el infortunado Ovidio,
llgunos creen que fué desterrado por haber sor-
irendido involuntariamente al emperador en una ac-
itud poco decorosa con su hija Julia; otros dicen,

Parce mihi nunquam versificaba pater.


Padre, perdóname, no escribiré mas versos.

Ovidio, en muchos lugares de sus obras nos habla de su ge


nio poélico ; pero los críticos modernos mas eminentes han
probado hasta la evidencia que los versos referidos son apócrifos.
— 116 —
que fué Augusto el que sorprendió á nuestro poeta
con aquella princesa; otros afirman que Ovidio sor
prendió á Livia en el baño; otros sostienen que esta
emperatriz cooperó á su destierro, porque supo que
Ovidio queria que recayese el trono en uno de los nie
tos de Augusto y no en Tiberio. Los que deseen co
nocer todo lo que se ha escrito acerca del particular,
podrán encontrarlo reunido en la biografía universal
de Michaud, y con mas amplitud aunen el octavo to
mo de la coleccion de los clásicos latinos por Lemaire.
Tomi pertenecia á la antigua Escitia (1) , y sus

(I) En la biografía de Michaud y en la coleccion Lemaire,


que acabamos de citar en el testo, está consignado todo lo que
se ha podido averiguar, con mas ó menos probabilidad, acercado
la posicion topográfica de Tomi. Parece indudable, que este pais
estaba situado á muy corta distancia de las bocas del Danubio, y
que hoy forma parte de la Rusia europea. Es de advertir, sin
embargo , que el epitafio que se dijo haberse encontrado en el
año de 1508 en Stain , sobre un supuesto sepulcro de nuestro
poeta, es apócrifo ; y se ignora todavía , y tal vez se ignorará
siempre, en donde reposan sus huesos. El epitafio dice asi:

llic situs est vales, quem divi Casaris ira


Auguili patria cedere jussit humo.
Saepe miser voluit patriis oceumbere lerris,
Sed frustra: hunc illi (ala dedere locum.

A.qui yace el vate, i quien la ira de Cesar Augusto impuso


abandonir el' patrio suelo. El desventurado desed repetidas ve
ces morir en su patria , pero en vano : los destinos le designa*
ron este lugar.
— 117 —
habitantes eran tan feroces, que escalaban muy á
menudo las casas, y asesinaban á los transeuntes en
medio de las calles.
Entre las obras de Ovidio, pertenecen al géne
ro narrativo y descriptivo las Metamorfosis, poema
repartido en quince libros, que comprenden dos
cientas cuarenta y seis fábulas de la antigua mito-
logia, en las que figuran los dioses y los hom
bres. El principal mérito de Ovidio consiste en el
arte admirable con que ha sabido formar un poema,
único en su género, reuniendo una multitud de fá
bulas muy distintas, y en la mucha naturalidad con
que describe la larga série de tantas trasformacio-
nes , cuya narracion conserva cierto órden cronoló
gico. La descripcion del caos , la de las cuatro edades
del mundo, la lucha de los gigantes, que intentan
escalar el cielo , son obras acabadas del genio y del
arte. Pero entre las fábulas de las Metamorfosis de
Ovidio, ninguna es comparable , á nuestro entender,
con la de Píramo y Tisbe, cuya lectura inspira una
suavidad de afectos, una tristeza y un interés tan
profundos , que hacen derramar lágrimas á los cora
zones mas empedernidos , y nos recuerdan al propio
tiempo que el hombre se ve con mucha frecuencia
convertido en blanco de la mas cruel desventura,
cuando se cree ya próximo al logro de sus mejores
deseos (1).
(1) Vamos á insertar unos pocos versos de esta fábula , quij
ha dado merecida celebridad i Ovidio.
— 118 —
Pero á pesar de que las Metamorfosis han coloca,
do á Ovidio en un puesto muy distinguido entre los
vates del siglo de Augusto, no queremos dejar de

Ainlaccm faciebat amor. Venit ecce recenti


Catde taena boum spumantes oblita rictus,
Quam
Depositura
procul
sitim
ad luna?
vicini radios
fontis Babylonia
¡n unda : Thisbe

Vidit, et obscurum timido pede fugit in antrum,


Dumíiuo fugit, tergo velamina lapsa reliquit.
Ut lea SLeva sitim multa compescuit unda,
Dura redit in sylvas, inventos forte sine ipsa
Ore cruentato tenues laniavit amictus.
Serius egressus vestigia vidit iu alto
Pulvere certa ferao, totoque expalluit ore
Pyramus: ut vero vestem quoque sanguine tinctam.
Repperit,
Nostra
E quibusnocens
illa
una fuit
duos,
anima
longa
inquit,
estdignissima
; ego
noxte perdct
miseranda
vita amantes
: peremi; ;

In loca plena mc[u qui jussi nocte venires,


Ncc prior huc veni. Nostrum divellite Corpus,
Et scellerata fero consumite viscera morsu,
O quicunque sub hac habilatis rupe leones.
Sed timidi est optare necem : velamina Thisbes
Tollit, et ad pacta? secum fert arboris umbram.
Utque dedit notaelacrymas, dedit oscula vesti,
Accipenunc, inquit, nostri quoque sanguinis haustus
Quoqueerat accinctus, demisit in ilia ferrum.
— 119 —
advertir que otros escritores, cuyas obras han sido
en gran parte presa de la voracidad de los siglos, ha
bian tratado , con mas ó menos acierto, el mismo ar-

Xec mora: fjrventi moriens e vulnere traxit,


Et jacuil resupinus humo : cruor cmicat alie:
Non alitcr,et,ijuain
Scinditur, tenuicum
stridente
vitiatoforamine,
fístula plumbo,
longas
Ejaculaior
Arborei foetus
aguas,
aspergine
atque ictibusaera
canlis in atram
rumpit.

Purpureo
Vertuntur
Ecce,
Illa redit,
metujuvenemque
tingit
faciem
nondum
i)endentia
: madefactaque
posito,
oculis
mora
neanimoque
fallat
colore.
sanguine
amantem,
requirit,
radix

Quanlaque vilarit narrare pericula gestit.


Vtque
(Sicfacit
Dum dubitat,
locum,
incertam
tremebunda
et visam
pomicognoscit
color)
videthaeret
pulsare
in arbore
ancri'.entum
haec
formam
sit. ;

Membra
Pellidiorasolum,
gerens,retroque
exhorruit
nedem
tequoris
tulit instar,
: oraque buxo

Quod
Percutit
Et
Sedlaniata
postquam
fremit,
indignos
comas
exigua
remorata
, claro
amplcxaque
cumplangore
suos
summum
cognovit
corpus
lacertos:
stringitur
amantis.
amores,aura.

Vulnera supplevil lacrymis, flctumque cruori


Pyrame,
Pyrame
Nominat,
Miscuit, responde:
etclamavit,
exaudi
gelidis; vultusque
in
tiuis
tuavullibus
letecharissima
mihi
attollo
oscula
casusjacentes.
Thisbe
figens,
ademil?

Pyramus
KA nomenerexit,
Thisbes
visaque
oculosrecondidit
jam morte illa.
gravatos

Qnae
Vidit
Perdidit
Haec postquam
ebur
manus,
infeiix.
vacuum
estvestcmque
Est
et ;amor
et
tuamihi
te; dabit
suam
manus
fortishic
cognovit,
,ininquit,
inusum
vulnera
etamorque
ense
vires.
— 120 —
gumento: y muchas fábulas, que se encuentran en
un poema de Nicandro, estractado por el gramático
Antonio Liberal, se hallan tambien en Ovidio. Sabe-

Persequar extmctum, lethique miserrima dicar


Causa, comesque tui : quique a me morte revelli
Heu sola poteras, poteris ncc morte revelli.
His lamen amborum verbis estole rogati,
O mullum miserique meí illiusque parentes;
III quos certus amor, quos hora novissima junxit,
Componi lumulo non invideatis eodem.
Ac lu, qune ramis arbor miserabile corpus
Nunc legis unius, mox es lectura duorum,
Signa lene caedis; pullosque, et luctibus aptos
Semper habo foetus, gemini monumenta cruoris.
Dixit, et aptato pectus mucrone sub imam
Incubuit ferro, quod adhuc a cacde tepobat.

(Metam. lib. IV ; fáb. IV.)

El amor la infundía atrevimiento (el poeta alude á Tisbe,


que ha salido de la ciudad de Babilonia , y ha llegado al parage
en donde la debia esperar Píramo), cuando hé aqui una leona,
que despues de haber devorado una vaca , viene con la boca es
pumosa de sangre á beber á una fuente vecina. Tisbe la vé venir
desde lejos á la claridad de la luna, y huyendo, sobrecogida de
terror, á una oscura caverna, abandona el velo , que se le ha
caído con la precipitacion de la fuga. Apagada la sed , la bestia
feroz vuelve á la selva , y encontrando casualmente aquel velo
abandonado, lo hace pedazos con su ensangrentada boca.
Píramo, que habia salido mas larde, tan luego como vid es
lampadas en el polvo las huellas no equívocas de una ñera, pa
lidecio , encontró tambien el velo ensangrentado , y entonces
— 121 —
mos, por último, que este vate sacó mucho partido
de las Metamorfosis, de Partenio, maestro de Virgilio.
Si tuviéramos íntegras las obras, que sirvieron de

dijo: «Una sola noche ha perdido á dos amantes. Ella era loda-
Tía muy digna de vivir largo tiempo, y el culpable soy yo: he
sido cansa de tu muerte, mujer desventurada , mandándote
venir de noche á un parage que inspira tanto temor, sin apre
surarme á venir primero : y vosotros todos, fieros leones, que
habitais estas cavernas , despedazad mi cuerpo y estas entrañas
pérfidas, con vuestro agudo diente; pero es propio de los co
bardes invocar la muerte.»—Coge, pues, el velo de Tisbe , lo
lleva al parage en donde está el árbol señalado para la cita ; lo
baña de lágrimas, lo besa repetidas vect.'s, y luego dice: «Heci-
be tambien mi sangre.» Se traspasa el pecho con su espada ; la
saca al instante de la herida que humeaba, y cae de espaldas
moribundo. Su sangre brota con una violencia muy parecida á
la del agua, que corta el aire con sutil estridor , cuando sale de
un tubo roto de plomo. El árbol, rociado do sangre, convierto
su color en negro , y las moras toman un color de púrpura muy
subido.
Tisbe, no recobrada aun del susto , vuelve para no faltar á la
amorosa cita, y busca anhelosamente con sus miradas á Píramo,
para contarle el grave riesgo de que se ha libertado. Vé el árbol,
y le parece aquel el lugar de la cita; pero su color la hace du
dar, y no sabe si está en otro parage, cuando en medio de su
incertidumbre ve en el suelo un cuerpo empapado en sangre , y
palpitando aun: retrocede, y quedando am¡irilla mas que el
tox , se estremece como el mar, cuando un céfiro ligero agita su
superficie. Pero al cabo de pocos instante* reconoce á su aman-
**, y entonces descarga fieros golpes sobre sus inocentes miem
bros. Destrenzada su cabellera, abraza el cuerpo del amante;
llena de lágrimas su herida ; me/.cla el llanto con su sangre ; y
colmando da besos su yerto rostro, esclama: «iPíramo! ¿Qué
acontecimiento funesto me ha separado de tí? Píramo, respon
— 122 —
material á Ovidio para sus Metamorfosis, podríamos
emitir un fallo terminante, y tan exacto como impar"
cial, acerca de su verdadero mérito, é indicar en es
tas páginas lo que nuestro vate tradujo de otros es
critores, lo que añadió, lo que reformó. Pero, no pu-
diendo satisfacer tan justo deseo, y debiendo atener
nos sobre el particular á conjeturas, mas ó menos
probables, podemos decir únicamente en abono do
Ovidio, que los escritores, que le precedieron y tra
taron de las Metamórfosis mitológicas de hombres y
dioses, no dieron á sus producciones, por lo que pa
rece, la forma ingeniosa de un poema único, en que
figuran una multitud de fábulas y personages, que sé

de : tu querida Tisbe le llama : escúchame , anima tu rostro mo


ribundo.» Al oir el nombre de Tisbe, Píraino abre sus moribun
dos ojos, y despues de haberla mirado , los cierra para siempre.'
y en tanto Tisbe, viendo el velo y el arma homicida desenvaina
da, esclama: «iAhí infeliz, tu misma mano y tu amor te han per
dido. Pero yo tongo tambien una mano y un amor, que me dan
fuerza para traspasarme el pecho: te seguiré al sepulcro; y yo
desventurada, que fui causa de tu muerte, seré tu compañera. La
muerte sola podia separarte de mí, y sin embargo no tendrá
tanto poder. Padres infelices de dos infortunados, á quienes el
amor mas constante y la muerte unieron, otorgadnos la gracia
de que una misma tumba encierre nuestros despojos; y tú, árbol
funesto, que cubres con tus ramas el cuerpo de uno solo , y que
cubrirás luego el mio y el suyo, perpetúa la memoria de nues
tra muerte, conservando siempre lúgubres y negros tus fru
tos, para que sirvan de monumento que la atestigüe.» Asi
habld , y apuntando el puñal sobre su pecho, se lo traspasó con
el arma homicida , que empapada aun en la sangre de Píramo,
humeaba.
- 123 —
nos presentan á la vista como en un gran cuadro,
no menos bello y variado en sus partes, que unifor
me en su conjunto.
.Nosotros no ignoramos que las Metamorfosis de
Ovidio adolecen de defectos; que en algunas de sus
transiciones se nota mas bien violencia que esponta
neidad, y que algunas de sus pinturas rayan en lo
obsceno; pero estos defectos, aunque deslucen en
parte el mérito de nuestro vate, son lunares, compa
ndos con la belleza de su poema; y Ovidio, persua
dido de que sus Metamorfosis eran lo que de mas per
fecto habia salido de su pluma, dijo en una de las
Póoticas:
«He hecho una obra, que ni la ira de Júpiter, ni
el fuego, ni la guerra, ni la fuerza de los siglos po
drán destruir.»

hinque opus exegi, quod nec Jovis ira, nec ignes,


-Yec poterit ferrum, nec edax abolere vetustas.

En la época del renacimiento, los mejores críti


cos, y otros sábios de mucha fama, dieron á las Me
tamorfosis de Ovidio el título magnífico de Biblia de
fos paganos.
— 124 —

POESIA DIDACTICA.

LUCRECIO.

Tito Lucrecio Caro acometió la escabrosa tarea


de escribir en seis libros un poema filosófico y di
dáctico al propio tiempo, titulado: «Dererum natura.»
Este insigne vate, que nano 95 años antes de Jesu
cristo, y se suicidó á la edad de cuarenta y cuatro
años, conserva en todas sus formas cierto vigor y
una energía, que no se notan en los poetas imperia
les, que fueron cortesanos y aduladores de Augusto.
Muchos de los arcaismos de Lucrecio dan á su estilo
cierta robustez republicana, y un aire tan resuelto
como osado.
A pesar de que hoy todos los mejores críticos
convienen en que su poema es una obra monumen
tal de la literatura antigua, se han emitido en varias
épocas juicios muy distintos acerca de su verdadero
mérito. Ovidio lo celebra con entusiasmo, y dice que
los versos de Lucrecio resistirán el embate de los si
glos hasta el último dia del mundo (1); Ciceron,
(1) Carmina sublimis tune sunl peritura Lucreti
Exilio térras quum dabil una dies.
(Am. lib. I. Eleg. XV, v. 23—24.)
— 125 —
que corrigió tal vez el poema de nuestro vate, como
afirman algunos escritores antiguos, dice que Lucre
cio revela mas arte que ingenio (1); Lambino le co
loca en un lugar muy preferente entre los poetas
latinos, y le llama escritor elegante y castizo (2);
Lessing, por el contrario, le califica de poeta árido,
sin interés ni imaginacion (3); Estacio dice que «El
docto Lucrecio se distingue por la mucha elevacion
de su numen (4) . »
Algunos críticos, demasiado severos, ó mas bien
muy necios, han culpado á Lucrecio de obscenidad
por haber descrito con viveza de colores algunas
particularidades acerca de la generacion. Pero estos
críticos, ¿ignoraban por ventura que hay materias,
cuya esplicacion no admite velo ni palabras mesura
das? Segun su teoría pueden merecer el nombre de
obscenos todos los médicos y moralistas que han tra
tado el mismo argumento, ú otros por el mismo es
tilo, y sin embargo hasta hoy no ha ocurrido á na
die semejante desatino.
Aunque el poema de Lucrecio no es mas en su
conjunto que una reproduccion del sistema de Epi-

(.1) V. tomo IV do nuestra Historia universal, pág. 234, co


lumna 2.'.—Ep. Cic. ad Quintum fratrem //.—Bayle, Dice. hist.
«ít., tomo 9.° pág. 512, de la edicion hecha en París, y aumen
tada con notas, etc., 1820.
(2) In vita Lucretii.
(3) Schoell. ob. cit. lomo I, pág. 248.
(4) Docti furor arduus Lucreti. Silv. VII, lib. II, v. 76.
— 126 —
curo, nuestro vate modificó algunas doctrinas del fi
lósofo griego, y añadió otras de distintas escuelas.
Admite el hado; esto es, una fuerza ciega, á que es
tá sometido el mundo; y supone, ya inclinándose á
Zenon eleático, ya á Empédocles, que el amor da vi
da y perpetuidad á todas las cosas, despues de ha
berlas engendrado, como lo indica en los primeros
/ersosque sirven de introduccion á su poema: (1) dice

(1) jEneadum genitrix, hominum divumque voluplas,


Alma Venus , coali subicr labenüa signa
Quae mare navigerum , quae ten-as frugiferenteis
Conclebras; per Te quoniam gemis omne animanlum
Coneipitur, visitque exortum lumina solis:
Te, Dea, le fugiunt venti, tenubila coeli,
Adventuroque tuum ; libi suaveis daedela tellus
Summiltit llores, tibi ridenl aequora ponti,
Maeatumciue nilct diffuso lumine crrlum.
<am simul ac speeies patefacta 'st verna diei:
Et rescrata
Aériae primum
vigetvolucres,
genitalisteaura
Diva,favoni;
mullique

Signilicanl initum percussae corda tua vi:


Indo ferae pecudes persultant pabula laeta,
El rapidos tranant amneis; ita capta lepore,
llleccbrisque tuis omnis natura animantum
Te sequitur cupide, quo quamque inducere pergis etc.

En castellano dice asi:


Venus fecunda, madre de la estirpe de Eneas, delicia de los
hombres y de los dioses , tú que pueblas de seres vivientes las
olas navegables del mar y las tierras fértiles , sometidas á los
cuerpos celestes, que recorren el espacio , tú comunicas á toda
especie de animales aquella fuerza engendradora que les hace
abrir los ojos á la luz del dia : la tierra cuidadosa se te presenta
— 127 —
que los átomos, cuerpos sutiles, sólidos, indivisibles,
sin figura ni color, imperceptibles á los sentidos, pe
ro fáciles de comprender con el pensamiento, agi
tándose en el espacio, formaron el mundo, y que
éste es infinito, porque infinitos son los átomos:
doctrina absurda, sostenida primero por Leucipo y
Deuiócrito, luego por Epicuro, y últimamente por
nuestro vate. Refuta algunos errores de Aristóteles,
como el horror de la naturaleza al vacío, y la gene
racion espontánea. Dice que los colores no existen
en los cuerpos sino en la luz, y que esta no presen
ta jamás los objetos á nuestra vista en toda su senci
llez y sin color:

Pralerea, quoniam nequeunl sine luce colores


Esse, ñeque in lucem existunt primordio rerum:
Scire licel quám sint nulh veíala colore.

(Lib. II, v. 794.)

El poema de Lucrecio, considerado bajo su ver


dadero punto de vista, es tal vez uno de los libros

revestida de flores, le sonríen las olas del mar, y el cielo sereno


Tesplandece por do quiera de luz. Cuando el invierno llega á su
termino, y retorna el aura del fecundo céliro , celebran primero
ta poder y tu venida las aves voladorjs con el pecho herido por
tus saetas; luego brincan con alegría en las dehesas los ganados
bravios, y pasan á nado los rápidos torrentes. Todos los anima
les, pues, seducidos por tus gracias y lascivas caricias, te si
guen coa anhelo á donde tu quieras.
— 128 —
mas impíos que nos ha trasmitido la antigüedad, y
á pesar de que sus doctrinas filosóficas, absurdas y
monstruosas, repugnan al buen sentido, y no tienen
ni pueden tener secuaces, no vacilamos en afirmar
que algunas de sus descripciones, que respiran vo
luptuosidad y sensualismo, han contribuido, en ma
yor ó menor escala, en épocas muy distintas, á cor
romper las buenas costumbres y la moral.
Aunque en Roma, cuando Lucrecio escribió su
poema, los que cultivaban los estudios filosóficos,
y principalmente Ciceron, habian inaugurado ya una
nueva era, que inclinaba los ánimos al escepticismo,
das,
la incredulidad
ni el ateismo
no habia echado
sido elevado
aun raices
á sistema.
muy hon*
Esta

empresa, tan perjudicial para la república, la llevó á


cabo Lucrecio; y su poema, á pesar de que fué aco
gido en un principio con frialdad, inoculó paulatina
mente la fiera ponzoña de sus doctrinas en los cora
zones corrompidos de la juventud romana, que ma
nifestándose cada vez mas deseosa de dar rienda
suelta al desenfreno de sus pasiones, abrazó la filoso-
fía de Epicuro, que desterraba al reino de las fábu
las todos los dioses; y que, espuesta en versos armo
niosos por Lucrecio, habia llegado á adquirir cierta
popularidad.
En atencion á que los escritores antiguos citan
muchos versos de Lucrecio, que no se hallan en su
poema, tal como lo tenemos, entero y sin lagunas,
uno de sus editores mas esmerados, Mr. Eichstoedt
— 129 —
ha presentado una hipótesis que esplica esta circuns
tancia. Cree que existieron antiguamente dos edicio
nes del poema de Lucrecio, bien sea que el poeta
haya reformado su obra, despues de una primera
edicion, bien sea que la haya revisado otro.
Segun esta hipótesis, los versos citados, que no
se encuentran en el testo, han sido entresacados de
una primera edicion, cuyos vestigios existen en las
muchas vanantes que se nota i en los manuscritos.
Se podria esplicar de la misma manera otra particu
laridad, á saber: aquella especie de discordancia que
existe en el poema, algunos de cuyos trozos tienen
toda la elegancia del siglo de Augusto, al paso que
otros conservan un aire antiguo y cierta rudeza, que
está en abierta oposicion con los primeros.
Nosotros, sin rechazar ni admitir la hipótesis de
Eichstoedt, vamos á consignar las observaciones si
guientes. Todo el poema de Lucrecio nos pone de
manifiesto, que este vate era muy aficionado á los
arcaismos, como Salustio, que los usó algunos años
despues: las palabras antiguas y muchas de sus fra
ses ásperas ó rudas, dan vigor y energía á la espre-
sion de sus pensamientos; y por último, aunque en
su época la lengua latina habia adquirido ya aquellas
formas elegantes, que la llevaron á su apogeo, los
escritores romanos no habian desterrado todos los ar-
caismos. Estas razones nos inducen á creer que Lu
crecio no corrigió ni reformó su poema despues de
haberle publicado, y que los versos que hoy no se
MAN. DE LIT. LATINA. 9
— 130 —
encuentran en el testo que tenemos, fueron suprimi
dos ó reformados por críticos ó copistas posteriores.
Se cree generalmente que Lucrecio, fué atormen
tado por grandes accesos de locura, y que sin embar
co no le impedian escribir elegantes versos, en sus
lúcidos intervalos, como nos lo refiere Eusebio, el
cual supone que la locura de nuestro vate fué la con
secuencia de un filtro amoroso que le suministraron:
«Amatorio poculo in furoremversus, quam aliquod libros
;«i)• intervalla insanimconscripsisset. » —Eus. Chron—Boy-
le, ob. cit. t.° id. pág 511. dice: «los que lean en Mr.
Thou que Tasso padecia de grandes accesos de locura,
que no le impedian escribir escelenles versos, nojuz-
gará increíble lo que se nos asegura de Lucrecio. » No
sotros no dudamos en afirmar que la supuesta locura
de estos dos vates, no tiene mas fundamento que la
mala aplicacion de una palabra por otra, y que se ca
lificó en ellos de locura lo que no era mas que triste
za y melancolía. La locura deja lúcidos intervalos,
pero priva siempre al hombre de aquella fuerza y
energía quedan una estrecha conexion á las ideas emi
tidas con las que siguen: esta doctrina, que es la de
los mejores fisiólogos, nos induce á afirmar que un lo
co no podria escribir jamás un poema profundamen
te filosófico, como el de Lucrecio, ni una epopeya in
mortal, como la del Tasso, que necesitan permanen
cia y entereza de raciocinio, y una ilacion de ideas
no interrumpidas, aunque componga en sus lúcidos
intervalos versos muy elegantes yarmoniosos. La tris-
— 131 —
teza y la melancolía abaten el espíritu, y á veces de
generan en locura; pero mientras esto no suceda, las
facultades intelectuales no sufren alteracion ninguna,
y un hombre, dotado de mucho genio, puede conce
bir y llevar á cabo un poema ó una obra filosófica,
aunque abrumado de miserias.
No hemos querido pasar por alto estas pocas re
flexiones, no solo porque las hemos juzgado muy del
caso, sino tambien porque nos causa tedio ver que
casi todos los escritores no hacen mas que copiarse
unos á otros, reproduciendo los mismos errores, las
mismas tradiciones infundadas, los mismos absurdos y
los mismos desatinos.
No podemos bajo ningun concepto, dejar sepulta-
tío en el olvido, despues de haber hablado del poema
de añerum natura» el Antilucrecio del cardenal de
Polignac, produccion digna de un verdadero sábio: y
si es cierto lo que se halla consignado en algunos dic
cionarios biográficos acerca de los motivos que sugi
rieron á Polignac la idea de escribir el Antilucrecio,
nos vemos obligados á confesar, que debemos en par
le este poema á i^na eicentricidad no muy católica de
l'edro Bayle.
Los diccionarios, á que aludimos, dicen: algunos
en la vida de^Poh'gnac, y otros en la de Bayle, que el
primero, antes de habérsele dado el capelo, tuvo una
larga conferencia con el segundo acerca de la religion
y que éste le dijo: «Yo soy protestante. —Muy bien,
contestó : Polignac; pero ¿es vd. luterano, calvinista,
— 132 —
anglicano?—Soy protestante, porque protesto contra
todas las religiones» —Polignac , deseoso tal vez de
convertirle al catolicismo, prolongó la conferencia;
pero Bayle respondia recitando versos de Lucrecio,
contrarios á todas las creencias religiosas; entonces el
futuro prelado se despidió con el firme propósito de
escribir el Antilucrecto, que es un verdadero monu
mento de la literatura moderna.

VIRGILIO.

Las Geórgicas de Virgilio que pertenecen al géne


ro didáctico, han tenido una multitud de traductores;
han sido anotadas y comentadas por sábios eminentes,
y los mejores críticos las aprecian como una obra aca
bada del arte. Las Geórgicas, repartidas en cuatro li
bros, tratan de la agricultura en general, del cultivo
de los árboles, de la cria de los ganados, y de las abe
jas. Habian precedido á Virgilio en obras del mismo
género Hesiodo, algunos poetas de la escuela de Ale
jandría, y otros autores, que escribieron sobre agri
cultura. Pero ningun poeta ni prosista supo tratar y
desenvolver este argumento como Virgilio. La clari
dad y precision de sus preceptos, la elegancia de su
estilo, la armonía de sus versos, la variedad de sus
episodios, el tinte político y patriótico, que se descu
bre á cada paso en sus Geórgicas, le han hecho colo
car en un puesto muy preferente entre los poetas de
la antigüedad. Su descripcion de la peste, que causa
— 133 —
grandes estragos y la muerte á millares de animales,
es uno de los trozos mas magníficos de la literatura
clásica del siglo de Augusto. En esta descripcion Vir
gilio se nos presenta ataviado con todas las galas de
«n lenguaje yde una poesía, que rayan en lo divino,
y no es menos elocuente que Tucídidcs y Lucrecio
cuando nos describen la peste de Atenas en tiempode
Pericles. En fin, Virgilio, principe de la epopeya lati
na, es tambien acreedor á este título como poeta di
dáctico.

OVIDIO.

El Arte de amar de este vate (Ars amatoria) repar


tida en tres libros, es un poema didáctico sui generis, y
mas bien propio de la antigüedad que de nuestros
tiempos, porque el vate considera al bello sexo como
un instrumento de voluptuosidad, en que no toman
parte ninguna los afectos tiernos y delicados, que dan
al amor un tinte celestial. En el primer libro prescri
be reglas y preceptos acerca de la buena eleccion de
una amante, y de loz medios que uno debe poner en
juego para cautivarse su voluntad; en el segundo de
muestra que un hombre astuto, dotado de viveza de
ingenio y firme en su propósito, llega á ser preferido
yá ganarse las buenas gracias de una muger; en el
tercero dicta preceptos al bello sexo j.ara que apren
da á servirse oportunamente y con utilidad de todas
las coqueterías y de todos los encantos que le son pro
— 134 —
pios para convertir á los hombres en esclavos de sus
caprichos; y en todo el curso de su obra se ocupa úm-
ramente de cortesanas y mancebas, que se proponen
sacar producto ds susamorosos caprichos. Sin embar
go, es de advertir, que Ovidio no emplea palabrasque
puedan ofenderel pudor, y si algunas de sus descrip
ciones rayan de vez en cuando en lo obsceno, debe-
mosatribuirlo mas bien á la disolucion de las costumbres
de su época que a la lubricidad del poeta. En el reme
dio de amor repartido en dos libros (De remedio amo -
ris). que pertenece tambien al género didáctico, el va
te indica á los lectores los recursos de que puedan
echar mano para quebrantarlas cadenas del amor que
les oprime. Esta obra es inferior en mérito á la pri
mera, aunque no deja de revelar en su fondo un gran
conocimiento del corazon humano.
Nuestro vate escribió tambien un poema con el tí
tulo de medicamine faciei (de los medios de conservar
la belleza); pero ha sido presa de la voracidad del
tiempo, á excepcion de un reducido número de frag
mentos, que vamos á insertar en nota como un objeto
de curiosidad, acompañándolosde nuestra traduccion
castellana [\).

(1) Discite, qusR fncicm commendet euro , puellac.


Elquo sis vobis forma Hienda modo .
«Cultus humum sterilem Cereal i a pendere jussit
Munera; mordaces interiere rubí.
Cultus et ¡n pomis suecos emendat acerbos,
Fisgue adoptivas accipil arbor opes.
— 135 —
En el ffalieul:con, Ovidio trataba de ios peces, del
modo He pescarlos, de sus diversas especies, de sus
instintos etc. etc., como se infiere de este pasage de

Güila placent: auro sublirtiia leda linuntur;


Nigra sub imposito marmore terra latet.
Vellera saepe cadem Tyrio medicantur aheno;
Sectilc delicils India prsebat ebur.
Forsiian amiquae, Tatio sub rege, sabinae
Maluerint, quam se, rura paterna coli,
Qaum matrona, premens nltum rubicunda sedile ,
Assiduo durum pellice nebat opus,
Ipsaque claudebat, quos filia paverat , agno?,
Ipsa dabat virgas ca?saque ligna foco.
At ves'.nc leneras mitres peperere puellas:
Vullis ¡nauraia corpora veste tegi ;
Vultis odoratos positu variare capillos
Conspicuam gemmis vullis tiabere manum;
Induhis eolio lapides Oriente paratos,
F.t quanios onus est aure lulisse duo.
Nec lamen indignum, si vobis cura placendi,
Cum comtos habeant saecula nostra viros.
Feminea vestri poliuniur lego mariti,
Et vixi ad cultus nupta, quod addat, babet :
Proin se quaeque paret ; nec quo venentur amores
Referí: mundiliae crimina nulla merent.
Rure laient, finguntquc comas: licet arduus illas
Celet Athos, cultas altus babebit Albos.
Tm ctiam piacuisse sibi quo'acumque voluptas :
Virginibus cordi graiaque forma sua est.
Laudatas homini volucris Iunonia pennas
Explicai, et forma muta superbit avis.
Sic potius nos uret amor ; quam fortibus herbis,
Quas maga lerribili subsecat arte manus.
Nec vos graminibus nec mixto credile suero,
— 136 —
Plinio: Mi ni vedenlur mira et qua Ovidius prodidií pis-
cium ingenia, ineo volumine, quod JTalieuticon inscrtbitur.
Scarum inclusum nassis non fronte erumpere, ne infestis vi-

Ncc teníate nocens virus amantis equa'.


Ncc
Nec
Et quamvis
mediae
redil inMarsis
aliquis
fonlesflnduntur
Tomesia
unda supina
cantibus
moverit
suos;asra,
angues,

Numquam luna suis excutictur equis.


Prima sit in vobis morum tule'.a, puellae.
Ingenio facies conciliante placet.
Cerius amor morum est: formam populabitur acias,
Et placitus rugis vultus aratuserit.
Tempuserit, quos vos spcculum vidisse pigcbit,
Et veniet rugis altera causa dolor.
Fertque
fwftícit etsuos
longum
annosprobitas
: bine bene
perdurat
pendetin amoi
aevum,
.

Disce, age, quum teneros somnus dimiserit artus,


Hordea,
Candida quo
quae possint
libyci ralibus
ora nitere
misere
modo.
coloni,

Par
Sed
Exuede
ervi
cumulent
mensura
palea libras
tegminibusque
decem
ordeamadefiot
nuda
suis.
duas.
ab ovis ;

Hax
Et,
Lenta
quae
ubijube
prima
ventosas
scabra
cadunt
fuerint
frangat
vivaci
siccata
asella
cornua
mola
per cervo,
auras.
;

C.ontero: in htec solidi sexta faceassis eal,


lamque ubi pulvereae fuerinl confusa fariñae,
Adjice
Protinus
narcissi
in cribris
bis sex
omnia
sinecerne
corlice
cavis.
bubos ,

Strenua quos puro marmore dextra terat;


Huc
Sexlanlemque
novies tanto
trahat
plusgummi
Ubi mellis
cumcat.
semine Tusco ;

Quascumque afíiciet tali medicaminc vultum,


rulgebat speculo levior ipsa suo.
— 137 —
nini&tis caput iiiserere, sed aversum caudae ictibus laxare
{ores, atque ita reUorsum erumpere. Quem luctatum ejus
v forte alius scarus extrinsecus vídeat, appraehensa mordi

ste tu píllentes dubiia torrere lupinos,


Elsimul intlantcs corpora frige fabas.
Ulraque sex habeant, aequo discrimine, libras;
Atraque da nigris comminuenda molis.
Nec cerussa tibi, nec nitri spuma rubentis
Desil, et Illyrica quae venit iris humo.
Da validis juvenum pariter subigenda lacertis ;
Sed justum trilia nuncia pondus eril.
Addita de querulo volucrum medicamina nido
Ore fugant maculas: Halcyonea vocant.
Pondere, si quseris, quo sim contentas in illis:
Quod trahit in partes uncia secta duas.
El coeant, apteque lini per corpora possint,
Adjicede ílavis Altica mella favis.
Quamvis tura deos irataque numina placent ,
Non lamen accensis omnia danda focis.
Tus ubi miscueris radenti tubera nitro,
fonderibus justis fac sil utrioique triens.
Parte minusquarta dereplum cortice gummi,
Et modicum e myrrhis pinguibus adde cubum.
Heecubi contriris, per densa foramina cerne:
Pulvisab infuso melle preinendus erit.

Profuit et marathros bene olentibus addere myrrhis ;


Quinque trahant marathri scrupula , myrrha novem ;
Arentisque rosne quamlum manus una prenendat,
Cumque ammoniaco masenla tura sale.
Hordea quem faciunt , illis infunde cremorem ;
— i;?8 —
cim cauda adjurare nixus crumpenlít, etc. Ilis Natur. h-
f»ro32 cap. —2. Me causa maravilla loque refiele Ovi
dio en el Halieulicon acerca de la perspicacia de los

.E |nenl expensas cum sale lura rosas.


Temporosic parvo mollrns licet iHita vultus,
Ilaerebil loto multus in ore color.
Vidi quae gelida madefacla papavera lympha
Contereret, teneris, illineretque genis.

Traduccion castellana.
Aprended, niñas, los cuidados que exige vuestro rostro, y de
qué modo podeis conservar vuestra hermosura. A una tierra es
téril so la obliga cultivándola á prodigar los dones de Ceros , y á
despojarse de los cardos espinosos. El cultivo endulza la aspere
za do las frutas, y el árbol enjertado so engalana con riquezas
adoptivas. Mediante el arto, que satisface nuestros deseos , se
doran las altas bóvedas, y la tierra pierde su color sombrío
bajo el mármol con que se la encubre. La lana adquiere brillo
sumergida repetidas veces en calderas de púrpura de Tiro, y la
India regala nuestro lujo con el marfil partido en pedazos. Las
antiguas sabinas prefirieron tal vez. en tiempo del rey Tacio , el
cultivo del campo paterno al cuidado de sí mismas, y la matro
na rolliza, desgarbadamente sentada sobre un elevado poyo , te
ocupaba en hilar sin interrupcion con sus laboriosos dedos. Ella
misma encerraba en el radil los corderos, que su hija había lle
vado á pastar, y ella misma mantenía encendido el fuego arro
jándole aarzas y leños. Pero vuestras madres han dado á luz ni
ñas delicadas: quereis cubrir vuestros miembros con trages bor
dados de oro; quereis variar el peinado de vuestras perfumadas
cabelleras; quereis que deslumbre vuestra mano, adornada da
— 139 —
p*ces. Cuenta que el denton, encerrado en la ñas», no
intenta huir sacando la cabeza ni mete el hocico en
los mimbres, que pueden dañarle, sino queda repeti-

pedrerías, y llevais colgadas del cuello perlas orientales, cuyo


pe» tambien soportan, tanto como pueden, vuestras orejas. No
* os atribuya, sin embargo , á desdoro si os cuidais tanto de
agradar, pues hay hombres hoy muy ataviados , y vuestros ma
ridos se han posesionado de las modas femeniles en términos,
que á las esposas apenas queda algo que añadir al esmero del
locador. Atavíense, pues, las mugeres , y no se repare en los
medios con que el amor seduce : la pulcritud no es nunca cul
pable. Hay mugeres que arreglan su cabellera, aunque viven
en la soledad de un campo , y las alturas del Alos las esconden:
tas verán sin embargo ataviadas , y ellas disfrutan de cierta vo
luptuosidad por el placer que las inspira su propio reflejo : no
hay doncellas que de su hermosura no se envanezcan. El ave de
.'uno enseña al hombre su plumage elogiado, y aunque muda se
enorgullece por su belleza. Asi es, que las galas encienden en el
pecho las llamas del amor con mas fuerza que las yerbas arran
cadas de raiz con arle horrendo por la mano de una hechicera,
"o creais en las yerbas ni en los filtros, que con la mezcla de
sus jugos se componen, ni oí tiente la idea de poner en obra el
nocivo veneno que fluye de una yegua en celo. Los cantos de los
marsos no parten ya en dos íi las serpientes (a), ni el agua, que
corre hácia lo bajo, vuelve á sh í manantiales, y aun cuando se
redobláran los golpes sobre el bronce temesio , la luna no sacu
dirá sus caballos para descender de lo alto (b). Sea vuestro pri-
('I Lai tradiciones histórico mitológicas afirmaban que los marsot,
pueblo de la antigua I(a!ía, poseían el secreto de adormecer y despeda-
**r(•)¿ las serpientes
OriJio atude ácon sus cantos
la creencia mágicos.
vulgar de que la tuna bajaba del cielo
«n ju carro de ebano, en virtud de la fuerza mágica y de los encanta
mentos que ejercian algunas hechiceras, y que en tales casos los lia.J¡'~
fílesete Temesia, antigua ciudad de Lalahria. descargaban repelido»
íolP«s sobre una gran bola de bronce para consolar á la tuna en momen-
'** P«ra ella tan fjtigosos y tristes.
- 140 -
dos golpes con su cola sobre la boca de la nasa para
ensancharla, y luego huir andando siempre hácia
atrás. Si otro denton fuera dela.nasa, ve por ventura

mer cuidado, niñas, observar una buena conducta: agrada el


semblante que se manifiesta afable, y es muy seguro el amor
que descansa en las buenas costumbres. Los años marchitarán la
hermosura , y las arruga; surcarán ese rostro apacible. Llegará
un dia en que os entristezca habero3 mirado al espejo, y el do
lor redoblará vuestras arrugas. La virtud , por el contrario, re
siste á los embates del tiempo ; soporta el peso de los años , y
por ella el amor no pierde su fuerza. Pero aprended ahora de
quó modo podreis dar una tersa blancura á vuestro rostro. Des
pojad de sus espigas y de su capa la cebada que nos envían en
bageles los colonos de la Libia; añadid á dos libras de este ce
real mondado, igual cantidad de algarrobas, y desteídla en una
docena de huevos: cuando esto se haya lodo secado, espuesto al
contacto de la atmósfera, mandadlo triturar lentamente por una
asna bajo una pesada muela; pulverizad tambien los cuernos,
que caen al ciervo en la primavera ; poned la sesta parte do una
libra de este polvo, y cuando esté toda esta mezcla hecha harina,
comedia en un cedazo hueco; añadid ademas doce bulbos de
narciso (a) sin corteza, machacados con robusta mano en un
mortero de mármol, y se pongan por último dos onzas de goma
y de espelta de Toscana, y nueve veces otra tanta cantidad de
miel. Cualquiera muger, que se unte el rostro con este cosmé
tico, llegará á tenerlo mas liso y reluciente que su espejo. No
dudes en tostar los altramuces amarillos , y en freír al propio
tiempo las habas flatulentas : pon de ellas seis libras en porcio
nes iguales ; tritúrense entrambas bajo la ruda muela ; no dejes
de poner albayalde, ni la espuma de nitro rojo, ni la del iris (/>),
(a) Los antiguos creian que los bulbos de esta ñor, en que había sido
Irasformado Narciso, joven hermosísimo, segun refieren los mitólogos,
ejercian un poder casi divino sobre el rostro, acrecentando su bel leu.
(b) Era una planta propia de la lliria.
— 141 —
los esfuerzos, que hace el preso, le coge de la cola con
sus dientes y le ayuda á huir.»

que
nes robustos,
viene de yla triturados
tierra ilírica;
no pase
Ies hagas
su peso
amasar
de unajunios
onza por
; añádase
jdve-
luego la sustancia que emplea en construir su nido el alcion las -
limero, y se tendrá un específico para quitar las manchas del
rostro : este cosmético se llama alcionco. Si quieres saber la dd-
sis que juzgo suficiente , sea lo que pese una onza dividida en
(los partes. Para amalgamar esta mezcla, y untar con ella el
cuerpo, añádasela miel virgen del Mica. Aunque el incienso
agrada á los dioses y aplaca su cdlera, no por esto se ha de que
mar todo en sus templos: mezclarás, pues, el incienso con el
nitro, que quita los granos del cutis , empleando cuatro onzas
decada uno en porcion igual. Añádase un pedazo de goma ar
rancada de la corteza de un árbol; pero que sea menos de una
cuarta parte, y añádase uu pequeño cubo de untuosa mirra: des
pues de haberlo triturado todo , ciernelo el cedazo, y destie este
polvo con miel.

Y dió buen resultado añadir los hinojos á la mirra olorosa.


Unco escrúpulos (a) de hinojo exigen nueve de mirra: añádase un
puñado de rosas secas, sal amoniaca é incienso macho (b): pón
ganse en una infusion de cebada , y que tengan un mismo peso
la sal, el incienso y las rosas. Frotándole con este cosmético,
brillará al cabo de poco rato de un color muy vivo todo tu ros
tro. Vi á una muger, que empapaba en agua fría las adormide
ras, y despues de haberlas machacado se frotaba con ellas sus
megillas delicadas.
(«i Peso de veinticuatro granos, o sea la tercera parte de una dracma.
[*j Los antiguos llamaban macho á una especie de incienso, que ze
producia en globulilos redondos y muv parecidos por su forma á las
gliodulas espermálicas del hombre.— Thus masculina , gtnut Ihuris
lis diclum, ai putatur, quod teslium speciem habeat. Calepinus septem
ítuju. Voc. Thut.— Quod ex eo roiundt'afe guita pependil, mascutum
wcamus, cum alias non (ere mas vocelur, ubi non sit f&mina. Plinto,
iisU nal. lib. i2 , cap. U.—Y. tambien el lexicon de Forcelllni. Voc
Thtu.
— 142 —
Aunque Ficker, y otros escritores de nota, colo
can los Fastos de Ovidio en el número de los poemas
Jiistórico-mitológicos, que pertenecen al género nar
rativo; nosotros, ateniéndonos á la opinion deSehoell,
los consideramos mas bien como un poema didáctico,
porque el vate, que no se ciñe únicamente á la nar
racion de los hechos históricos, tradicionales ó fabu-
lusos de la antigua Roma, indica el origen de las ties
tas que se celebraban en aquella gran metrópoli, y
los motivos de las ceremonias religiosas que se ob
servaban. En fin, los Fastos de Ovidio no son una
simple esposicion del calendario romano, como nos
han dejado escrito algunos críticos, sino una gran
coleccion de hechos en que el vate figura, ya como
historiador, ya como un hombre que instruye á los
lectores acerca de las grandes solemnidades religio
sas de Roma, de sus ritos, de los templos dedicados
á los dioses, y de otra multitud de objetos, que per
tenecen á la historia ó á la mitología. Este poema,
sin embargo, no ofrece originalidad ninguna, porque
Ovidio sigue las huellas de otros escritores, que ha
bian publicado obras por el mismo estilo (1), y tain-

(I) Cincio Alimento, cuyo nombre ha figurado ya en las pági


nas anteriores, fue el primero que escribid acerca do los Fastos:
Tito Livio y Macrobio le citan con frecuencia. El segundo se re
fiere tambien al comentario sobre el mismo argumento de Ma-
surio Sabino, célebre jurisconsulto en tiempo de Tiberio. Tiene
visos de probabilidad que este comentario, ó mas bien tratado
sobre ¡os Fastos, «e haya publicado antes que el poema de üvi
— 143 —
poco puede aspirar al honroso título de buen critico,
porque no hizo masque reunir en un solo cuerpo to-

dio. Aulo Sabino, amigo de este último, había compuesto un


poema Sobre los días; y Ovidio, que le menciona, siente que
una muerte prematura haya impedido á Sabino concluirlo. Un
griego, llamado Butos, de quien nos habla Plutarco, trató tam
bien en un poema, del cual no tenemos fragmento ninguno, del
origen fabuloso de los romanos. Ignoramos la época en que vi
vía, y no sabemos sí Ovidio se aprovecho de este trabajo. Pero es
indudable que nuestro vate conoció el poema didáctico, que Gi-
ilmaco había publicado con el título de Ailia, las Causas: poema
análogo al de los Fastos. El poeta alejandrino fingia que, llevado
al Helicon, las Musas le revelaban el origen de varios usos y de
algunas ceremonias antiguas. Fué tal vez á imitacion do Calima
co, que Ovidio escogió para los Fastos el ritmo elegiaco en vez
del hexámetro, considerándolo sobre todo como mas conveniente
al poema didáctico y mitológico. Servio cita muchas veces esta
obra de Calimaco, y se cree que el mismo Ovidio alude á ella
en un pasage de los Tristes. Por lo demás, es inútil acudir á los
'¿riegos para averiguar de donde haya venido á Ovidio la idea
da escribir su poema, habiéndose debido presentar natural
mente á la imaginacion de un vate, que buscaba un argumen
to que pudiera agradar al pueblo romano, y proporcionar á su
Diurna la ocasion de adular á sus duertos: poco antes Propercio
había concebido el plan de otra obra por el mismo estilo:

•Sacro diesque canam, el cognomina prisca locorum:


Has meus ad metas sudetoportel equus.»
(Prop., lib. IV. Eleg. I.', v. 169.)
Cantaré los misterios sagrados, las fiestas y los antiguos mo
numentos de Roma. Es menester que mi corcel se esfuerce eu
llegará esa barrera.
— 144 —
das las tradiciones y leyendas populares de la anti
gua Roma, los embustes y las fábulas de los anales
pontificios, y un sinnúmero de absurdos vulgares. Es
de advertir ademas, que Ovidio, en la parte astronó
mica de los Fastos, revela una lastimosa ignorancia
en las ciencias matemáticas. Por lo que parece le sir
vió de guia y norte un calendario rústico, destinado á
indicar el curso de los astros y el levantarse y poner
se del sol, calculados, ya sobre las tablas de Eudoxio
ó Melon, ya sobre las de otros astrónomos griegos,
cuyas observaciones de los fenómenos celestes no
podian tener uniformidad, porque no se referian á un
mismo horizonte. Ovidio no marca estas diferencias,
y lo confunde todo, como si Atenas, Alejandría y Ro
ma cayeran bajo la misma línea, y no tuvieran mas
que un solo horizonte (1).
Pero, á pesar de que los Fastos adolecen de tan
tos y tan graves defectos, los eruditos, aficionados á
la literatura clásica, los han juzgado siempre como uno
de los monumentos mas preciosos de la antigüedad:
y aunque es cierto, que nuestro vate se atuvo mas
bien á reproducir las leyendas y tradiciones antiguas

(1) Ovidio dice en el libro VI de los Fastos, v. 47 1 , que el le


vantarse acronolico (a) del dellin sucede el dia 10 de junio, y en
el v. 720 del mismo libro dice, que se levanta el dia 17: ambas
cosas son ciertas; pero la primera en Roma, y la segunda en
Alejandría.
(a) Esta palabra se aplica i los astros, que se tevantan y ponen des
pues do haber desaparecido el sol del horizonte. .
— 145 -
y sus absurdos, que á consignar en su libro con sana
crítica y discernimiento los hechos históricos mas
importantes, no es menos cierto que los Fastos son
los anales mas completos de la antigua Roma, y un
poema en que Ovidio nos revela con todos los colo
res de su brillante poesía una gran multitud de fies
tas y ceremonias religiosas, de creencias é institucio
nes, que habian contribuido á echar los cimientos y
afirmar las bases del derecho público de los romanos,
y que nos revela ademas un crecido número de otros
pormenores, tan curiosos como peregrinos.
Un escritor de la edad media da á los Fastos el
titulo de Martirologio de la antigüedad, Martirologium
Ovidii de Fastis; y nosotros creemos, que es el que
mpjor les convenga, no solo porque contienen las le
yendas religiosas de Roma, sino tambien, porque en
este poema, y aun mas en algunos de sus episodios,
figuran personages, que por su carácter y sus virtu
des pueden merecer el nombre de santos de la anti
giiedad. El episodio, en que el vate narra la muerte
de Lucrecia, que prefiere el silencio de la tumba á la
'dea terrible del deshonor, confirma nuestro aserto. El
carácter de esta matrona no es menos grande que el de
Bruto, que la venga. Considerada Lucrecia bajo su ver
dadero punto de vista, puede estar al lado de mu
chas santas, que ocupan un lugar" distinguido en las
leyendas de la edad media, forjadas por frailes, tan
ignorantes como supersticiosos.
Vamos á insertar en nota los versos en que Ovi-
JIA\. DE UT. LATINA. 10
— 14tí —
dio describe la muerte heróica de esta célebre ro
mana (1).
(I) lila din reticet, pudibundaque celat amictu
Ora: fluunt lacrymffi more porennis aquaj.
Hinc pater, hincconjux lacrymas solantur, et orant.
Indicet; et coeco flentque paventque metu.
Terconata loqui, tordestilit: ausaque cuarto,
Non oculos adeo sustulit illa suos.
¿Hoc quo:|ue Tarquinio debobimus? eloqnar, inquit,
Eloquar infelix dcdecus ipsa meum.
Qnaeque potest, narrat. Restabant ultima; flevit:
Et matronales erubuere genae.
Oant veniam facto genitor conjuxque coacto.
Quam dixit, veniam vos datis, ipsa nego.
>íoc mora; celato (Igit sua pectora ferro:
Et cadit in patrios sanguinolenta pedes.
(Fast. Ub. 2. ad finem)

En castellano dice asf:


(;uarda silencio largo rato (Lucrecia) cubriéndose, llena do
rubor, con su manto el rostro: sus ojos se convierten en un ma
nantial de lágrimas: y el padre y el esposo la ruegan que hable;
pero, sobrecogidos de una temerosa incerlidumbre, lloran. Tros
veces se esfuerza para hablar; tres veces se detiene, y esforzán
dose una cuarta vez, pero sin levantar los ojos, dijo: «¿A esto rae
obliga tambien Tarquino? Revelaré, infeliz, yo misma revolaré
mi deshonra.» Refiere del hecho lo que puede; pero prorrumpe
en lágrimas antes de acabar, y su rostro matronal so cubre do
rubor. El padre y el esposo la perdonan por haber sido víctima,
de la violencia. «El perdon que me otorgais, dijo, lo rechazo.»
Y en el mismo instante se clava en el pe:ho un puñal, que lleva
ba escondido, y cae empapada en sangre á los pies de su padro.
— 147 —
Delos doce libros de los Fastos, que Ovidio se
habia propuesto escribir, no tenemos masque los pri
meros seis. El poeta, abrumado de dolor y amargu
ras eo su destierro, se contentó con corregir loque
habia escrito, y no continuó su poema.

MARCO MAN1LI0.

Ningun escritor antiguo, ni los gramáticos roma


nos nos hablan de Marco Manilio y de su poema, ti
tulado Ástronomicon: esta particularidad ha dejado en
duda á los eruditos de profesion y á los buenos crí
ticos acerca de su patria y de la época en que flo
reció. Bentley, que acompañó de notas y comenta
rios
sionesel Astronomicon,
y algunos giros
creedeque
su algunas
estilo, que
de tienen
sus espre-
algo

deestrafío y peregrino, parecen indicarnos, que Ma-


niüo fué natural del Asia, y luego añade que en la
¿poca en que parece haber escrito, los romanos no
se ocupaban de astrología: ambas razones son muy
endebles. En cuanto á la primera, no dudamos en
afirmar que las espresiones y giros estraños son muy
pocos, y que por el contrario, todo el poema respira
un gran sabor d.-' clasicismo, y aquella elegancia que
ila un colorido todo propio á los escritores del siglo
de Augusto. Es de notar, ademas, que la novedad
del argumento, sobre que escribió Manilio, exigia a
veces cierta novedad de estilo y frases inusitadas,
no siendo dable al poeta espresar de otro modo sus
<

- 148 -
conceptos. En cuanto á la segunda, tiene menos fun
damento aun, porque, bien sea que quiera suponer
se que Manilio escribió bajo Augusto, ó que floreció
en tiempo de Tiberio , lo cierto es, que Roma fué
inundada por una multitud de astrólogos y adivinos
en el último período de la república y durante el
imperio. Nosotros, pues, ateniéndonos á la opinion
de Pingré, célebre traductor francés del Astronomicon,
creemos que nuestro vate fué romano, como él mis
mo lo afirma en su poema (1) , y que pertenece al
número muy selecto de los vates, que han inmortali
zado el siglo de Augusto.
El Astronomicon es un poema en que Marco Mani
lio hermana la esposicion de un reducido número
de conocimientos astronómicos con los sueños y ab
surdos astrológicos de la antigüedad. En el primer
libro trata de la esfera celeste, y comienza por hacer

(I) Hé aquí cdmo se espresa acerca del particular:

Speratum Annibaltm nostris cecidisst catenis


Exiliumque rci furtiva morle luisse.

(Lib. IV, v. 41—42.)


«Anibal, A quien esperábamos cargar do cadenas, se suicidó:
castigo bien merecido por haber apelado á una fuga que no le
hizo caer en nuestras manos.»
En otros lugares del Astronomicon, nuestro vate habla de
Roma y del pueblo romano con ardor patriótico, y en ninguno
de sus versos se descubre la mas remota alusion, que pueda in
ducirnos á sospechar que Manilio fué estrangero.
— 149 —
una reseña, muy curiosa é importante de las princi
pales constelaciones, remontándose á sus orígenes y
nombres mitológicos. Luego trata del principio del
mundo, de las diversas opiniones de los filósofos so
bre el particular, de los elementos y de la redondez ó
esferoidad de la tierra. Trata del cielo, de los astros,
de los signos del zodiaco, de las constelaciones extra -
zodiacales, y finalmente de la existencia de Dios, á
quien confunde con el universo. Refiere tambien
las opiniones de los antiguos acerca del engrandeci
miento y naturaleza de los cometas, y considera su
aparicion como un signo precursor de grandes calami
dades. En el segundo y tercer libro, llamados por
Julio Césir Escalígero, isagógicos, ó libros prepara
torios y preliminares, porque no contienen mas
que definiciones, sin sentar doctrinas ni teorías,
Manilio habla del mucho influjo que ejercen,
á su entender, los astros en los cuerpos terres
tres; distingue los signos del zodiaco en masculinos,
femeninos, diurnos, nocturnos, anfibios, y otros por
el mismo estilo, reproducidos mucho mas tarde por
Comelio Agripa y Gerónimo Cardano. Habla tambien
del signo de la fortuna, y del modo de encontrarlo
para echar el horóscopo: estos dos libros están ates
tados, coa preferencia á todos los demás, de delirios y
sueños
cion y del
astrológicos.
influjo muy
Endirecto
el cuarto
quelibro
ejercen
trata los
de astros
laac-.

sobre los destinos humanos. En el quinto habla de las


inclinaciones qne inspiran los astros á los mortales pa
— 150 —
ra dedicarse, mas bien á una profesion que á otra, y de
ia fuerza que ejercen en sus costumbres y caractéres.
liste libro es mas curioso que los anteriores, y contie
ne descripciones y episodios que, segun afirman algu
nos críticos, son dignos de Virgilio (1).

(1) A lin de dar á los lectores una idea de los versos ele
jamos y armoniosos de Marco Manilio, vamos á trascribir á con
tinuacion una parte del episodio de Andrómeda, que es indis
putablemente uno de los mejores trozos del Astronomicon.

Andromeda? sequitur sidus, quae, piscibus ortis


Bis sex ¡n partes, coelo venit aurea dexlro.
Hancquondam pcenae divorum culpa parentum
Prodidit, infestus totis cum fiuibus omnis
Incubuit pontus, limuit tum naufraga lellus.
Proposita estmerces, vesano dedere ponto
Andromedan, teneros ut bellua manderet artus.
Hic hymenaeus erat. Solataque publica damna
Privatis lacrymis, ornatur victima poena?;
Induilurquc sinus non naee ad vota paratos:
Virginis et vivae rapitur sine funere funus.
Ac simul infesti ventum est ad litlora ponti,
Mollia perduras panduntur bracbia cautes;
Astrinxere pedes scopulisinjectaque vincla:
Et cruce virgínea montura puella pependit.
Servatur lamen iu poena cultusque pudorque.
Supplicia ipsa decent. Nivea cervicc rcciinis
Molliier ipsa, suae cusios est ipsa figura?.
Defluxere sinus humeris, fugítque lacertos
Vestis, et effusi scaptilís lusere capilli.
Te circum aleyones pennis planxere volantes,
Fleveruntque tuos miserando carmine casus,
Et libi contexlas umbram fecere per alas;
Ad lua sustinuit fluctus spectacula pontus.
— 151 -
El Astronomicon es incompleto: con efecto, Mar
co Manilio, en el exordio del tercer hbro, apunta al
gunas materias que debian formar parte de su poe
ma, y que no se encuentran en los cinco libros que
poseemos. Sábios de nota creen que la voracidad de

Assuetasque sibi desiit perfundere ripas.


Extulit et liquido Nereis abaequoro vulius;
F.t casus miserata tuos roravil et undas.
Ipsa levi flatu refovens pendentia membra
Auraperextremasresonavitflebilerupes.(Lib. V, v. 536ysig.)

Traduccion castellana:

La sigue (á la constelacion Casiopea) Andrómeda, que se


muestra refulgente de oro al lado derecho del cielo, estando
¡os Pisces doce grados sobre el horizonte. Cuando el mar em
bravecido cubría todas las playas, y la tierra estremecida se vio
espuesta á un naufragio universal, fue condenada Andrdmeda á
un tremendo suplicio por la culpa de padres crueles. Se exigió
como recompensa de la salvacion comun, que se la dejara á la
merced de los furores del mar, para que sus delicados miem
bros sirvieran de alimento á un lerrible mdnstruo. Este hime
neo estaba reservado á la víctima destinada á espiar con sussolas
ligrimas la desventura de todo un pueblo: se la adorna para el
sacrificio con atavíos que no hacian al caso: y á esta virgen, to
davía viva, la llevan al sepulcro sin pompa fúnebre Tan luego
como llega á la orilla del mar homicida, se la estienden los bra
zos delicados sobre una escarpada roca, se la atan los pies, se
la encadena sobre los escollos, y queda la pobre virgen colgada
de la cruz, en que ha de morir. Pero en aquella afliccion no su
- 152 —
los siglos nos lia privado de los demás libros del Astro-
nomicon; Pingré, por el contrario, supone que nuestro
vate no lo llevó á su último término.

CORNELIO SEVERO.—TERENCIO VARRON ATA-


C1NO.—GRACIO FALISCO.—CESAR GERMANICO.
—EMILIO MACER.

Atribuyese al primero un poema, titulado El Et


na, en el cual se procura indagar las causas de las
erupciones de este volcan, muy célebre desde tiem
pos inmemoriales. Algunos críticos creen que perte
nece al siglo de Neron, y que le escribió Lucilio el
Joven, de quien hablarems en el cuarto período, tra
tando mas detenidamente del poema en cuestion.
Entretanto no queremos pasar por alto que Severo,
muerto muy jóven, (14 años antes de Jesucristo) ha
bia comenzado á dar testimonios muy brillantes de

fce el pudor, y el suplicio, que no ofende la decencia, da realce á


su belleza. Tiene dulcemente inclinado sn cuello, blanco como
la nieve, y ella sola es guardian de sí misma. Se le ha caido de los
hombros el manio que la cubria, liene los brazos desnudos, y
ondua su destrenzada caballera. Los alciones que revolotean en
tu derredor, lamentan con su canto lastimero tus desventuras, y
con sus alas unidas, le hacen sombra; el mar detiene sus olas
ante tu presencia, y deja de bañar sus ordinarias orillas; la Ne
reida levanta su cabeza sobro el tíquido elemento, y compadeci
da de tus desgracias, mezcla sus lágrimas con las olas del mar;
y el eco flébil del céfiro, que con su soplo ligero reanima tus
miembros estirados, resuena en las rocas lejanas.
— 153 —
su talento, que manifestaba una inclinacion decidida
para ei estudio de la amena literatura, y que se dis
tinguía entre los vates sus contemporáneos. Quin tilia-
no dice que algunas poesías, que compuso en su in
fancia, no dejaban de revelar una gran fuerza de in
genio (1). Sabemos, además, que habia comenzado á
escribir un poema sobre la guerra de Sicilia entre
Sesto Pompeyo y Octaviano: Ovidio nos habla tam
bien de otro poema de Severo, titulado: Carmen re
gale (2). Pero todas sus obras no han llegado á la
posteridad.
Terencio Varron, conocido comunmente con el
nombre de Atacino, porque era natural de Atacia,
antigua ciudad de la Galia, (82 años antes de Jesucris
to) escribió una cronografía, en la que trataba, 6i es
cierto lo que afirman algunos eruditos, del cielo y
de la tierra. Se le atribuyen, además, otros dos poe
mas: el uno titulado: Libri navalis, ó poema sobre la
navegacion y los riesgos á que se ven espuestos los
marineros: y el otro titulado Europa. Han sido todos
presa de la voracidad de los siglos, á escepcion de
un reducido número de fragmentos, que están muy
lejos de darnos la verdadera idea del mérito de este
autor. Se le ha atribuido falsamente un poema sobre
los eclipses del sol y de la luna: Schoell cree que per
tenece á Sisebuto, rey de los visigodos (3). Esta opi-

(1) Inst., Or. X, I, pág. M5, edicc. de M. Pottier.


(2) Ep. ex Ponio, IV, Ep. olí., v. 9.
(3) Hist. abr. de la til. rom., t. I, pág. 273.—Parts, 1815.
— 154 —
nion nos parece muy aventurada, porque el poema á
que aludimos, tiene [demasiada elegancia por haber
salido de la pluma de un bárbaro, y de un bárbaro
que era rey.
Del Cynageticon, ó poema sobre la caza, de Gra-
cio Falisco, nos queda todavía un largo fragmento
de quinientos cuarenta versos. Sabemos que este va
te era natural de Falera, ciudad de la antigua Etruria;
pero ignoramos todos los pormenores de su vida, y
se sospecha únicamente que fué liberto del primer
marido de la emperatriz Livia, llamado Tiberio Clau
dio Gracio. Ninguno de los antiguos autores nos habla
de Falisco y de su poema, á escepcion de Ovidio ea
los dos versos siguientes:

Tityrus antiquas et erat qui pasceret herbas,


Aplaque venanti Gratius arma dabat. (I)

Opiano, poeta griego, que escribió sobre la


caza dos siglos despues de nuestro vate, no
solo no apunta el nombre de Falisco, sino que
dice que él únicamente ha sido el primero que ha
tratado en poesía este argumento. Nemesiano, vate
latino del tercer siglo, y de quien hablaremos mas
adelante, dice que nadie le habia precedido en este
género de composiciones. Nosotros juzgamos enga-

(I) Tiliro conducía los ganados A los campos de su padre, jr


Gracio daba armas i los cazadores.
— 155 -
fiosa la protesta de estos dos vates, porque na
tiene visos de probabilidad . que ignoráran los
versos de Ovidio, en que se habla de Falisco.
Aprovechando entrambos la circunstancia de que
el CfHegeticon era muy poco conocido, intentaron
usurparse una gloria que no les correspondía. El
úraco manuscrito de este poema lo descubrió el céle
bre Sanazaro en una biblioteca de Francia el año
1504; y á este vate italiano, que ocupa un lugar
muy preferente en la época del renacimiento, debe
la república literaria el poema de Falisco, cuyos ver
sos no carecen de elegancia y armonía. Su traduc
cion francesa, que forma parte de la coleccion de
autores latinos por Nisard, tiene trozos muy regula
res, y otros, egregiamente mal traducidos.
El valeroso y desventurado César Germánico,
nieto de la emperatriz Livia, é hijo adoptivo de Au
gusto, ocupa un lugar muy distinguido, mas bien en
la historia política, que literaria , por sus guerras
V victorias contra los antiguos germanos. Este prín
cipe, que bajó á la tumba (17 años antes de Jesucris
to) en Antioquía, á la edad de treinta y cinco años,
y cuya prematura muerte se atribuye al infame Ti
berio, tradujo libremente en hexámetros latinos los
fenómenos del griego Arato. El largo fragmento
que nos queda de esta obra revela elegancia y un
manejo muy fácil del lenguage poético, propio de los
vates del siglo de Augusto. Los escolios latinos, que
acompañan la traduccion, entresacados de los Ca-*
— 156 —
lastcrismos, ó tratado de las Constelaciones, de Eratós-
tenes, se atribuyen tambien á Germánico. Es cierto,
sin embargo, que algunos de ellos fueron añadidos
por gramáticos posteriores á la época que vamos re
corriendo. Ademas de los Fenómenos de A rato, te
nemos cuatro fragmentos de otro poema de Germáni
co, titulado Diosemia ó Prognostica, el cual. Jejos de
ser una traduccion del de Arato, que lleva el mismo
nombre, es una imitacion de muchas obras griegas
de distintos autores. Los tres primeros fragmentos
fuerou publicados por Grocio, y el cuarto por Pedro
Burmann.
Emilio Macer, natural de Verona, amigo de Tíbu-
lo y Ovidio (17 años antes de Jesucristo) compuso un
poema sobre las aves, y otro titulado Theriaca, que
era una imitacion del de ¡Nicandro sobre el mismo
argumento (1). Los antiguos escritores dicen que com
puso tambien Anales y un poema sobre la guerra de
Troya, para servir de complemento á la Iliada de Ho
mero. Todas sus obras se han perdido, y el escasí
simo número de fragmentos que de ellris tenemos, no
pueden darnos, por ningun estilo, una justa idea
del mérito de este vate. El poema de Virtutibus herba-
rum, que falsamente se le ha atribuido, es una obra
de la edad media.

(I) V. nuestro Manual de literatura griega, pÁg. 193.


— 157 —

SATIRA.

M. TERENCIO VARRON.

El primero, que se nos presenta en este tercer


período, como poeta satírico, es el enciclopédico
Yarron, cuyo nombre hemos apuntado ya en las pagi
nas anteriores. Sus sátiras no han resistido al embate
de los siglos; pero sabemos que se parecían mucho
por su amargura y mordacidad á las del griego y cí
nico Menipo (1). Schoell dice, que en atencion á esta
circunstancia los padres de la Iglesia dieron á Varron,
el nombre de Cínico romano (2). En sus sátiras siguió
á Ennio, escribiendo en versos de varios metros,
y no se atuvo á un metro único y uniforme, como el
antiguo Lucilio, que escribió las suyas en versos
hexámetros. Sabemos, por último, que fué el inven
tor delas sátiras compuestas de prosa y versos, como
la de Petronio y la Apocoloquintosi, ó metamórfosis de
Claudio en calabaza, escrita por Séneca el Filósofo.
La pérdida de las sátiras de Varron, hombre muy
erudito y uno de los varones mas ilustres de la anti
gua Roma por lo vasto de sus conocimientos, ha
causado profundo pesar á los sábios modernos; pero

(1) V. Nuestro Manual de literatura griega, píg. 20!).


(2) V. Schoell, ob. cit., pág. 281 del 1. 1."
— 158 —
en esta pérdida debemos lamentar, con especialidad,
su sátira contra los primeros triumviros, porque
podia habernos suministrado noticias y pormenores
muy importantes acerca de la vida y los hechos de
Pompeyo, César y Craso, personages muy célebres
en los anales del mundo.

OVIDIO.

En e! Ibis, que escribió en su destierro, nos ha


dejado el modelo de aquella sátira terrible, que se
avalanza no solo contra el vicio y la perversidad de
los hombres en general, sino contra los individuos
en particular, abominables por sus acciones infames.
El Ibis es una sírie de imprecaciones contra un ene
migo de nuestro poeta, y el producto de una pluma,
que empapada en la hiel del dolor y de la desventu
ra, no puede escribir mas que poesías lúgubres ó sá
tiras é invectivas. Ovidio compuso este corto poema
que contiene 644 versos, á imitacion de Calimaco,
que escribió otro con el mismo nombre contra Apo-
lonio, autor del poema titulado Los Argonautas. El
anónimo contra quien nuestro vate asesta sus tiros,
era un hombre infame, que, no contentándose con
hablar mal de Ovidio, habia puesto en juego todos
los medios mas ruines para manchar su tálamo nup
cial, para indisponer cada vez mas al emperador con
tra el infortunado vate, y para apoderarse de sus
bienes.
El Ibis es un pájaro indígena del Egipto, que se
alimenta de lagartos, huevos de cocodrilo y reptiles
asquerosos. Calimaco y Ovidio pues, queriendo dar
a entender á sus lectores, que los personages contra
quienes habian escrito eran viles y despreciables por
su boca sacrilega, acostumbrada a pronunciar dicte
rios y calumnias, dieron el nombre de Ibis á sus dos
poemas satíricos (1).

íl) Los versos que vamos á insertar á continuacion , acom


pañándoles de nuestra traduccion castellana, rebosan de hiel y
ponen de manifiesto la ira del infortunado Ovidio.
Nueslro vate apostrofa A su enemigo, y le dice:

Da jugulum cultrix, hostia dira, meis.


Terra Ubi fruges, amnis tibí deneget undas;
Deneget adflatus ventus el aura suos.
Nee tibí sol clarus, nec sit tibí lucida Phoebe;
Destituant ocíalos sitiera clara luos.
Nec ae Vulcanus, nec se tibi preebeat aér:
Nec tibí dettellus, nec tibi pontus iter
F-isul, inops erres, alienaque limina lustres.
Exiguumque petas ore tremente cibum.
Nec corpus qucrulo, nec mens vacet aegra dolore.
N'oxqtiedie gravior sit tibi, nocte dies.
Sisque miser semper : nec sis mirabilis ulli.
Gaudeatadversis fcemina virque luis.—(Ib. vs. KMysigs.)

En castellano dice asi:

Hostia horrenda, alarga tu cuello bajo mi cuchilla, nieguetn


la lierra sus frutos, sus aguas el rio; impidan tu respiracion los
— 160 —

VALERIO CATON.

Natural de la Galia narbonense (54 años antes de


Jesucristo), fué uno de los gramáticos mas distingui
dos de la antigua Roma, y escribió, si es cierto lo
que nos reBere Suetonio (1), varios poemas, y en
tre ellos uno, titulado Lidia y otro Diana. Pero toda*

vientos y el aire; no te prodigue sus resplandores el sol, ni su


luz la luna; ocúltense todas las estrellas ante tus ojos; no te pro
diguen sus beneficios el fuego ni el aire; no le faciliten el cami
no la tierra ni el mar. Que corras pobre y desterrado pidiendo
limosna de puerta en puerta, y que pidas un miserable sustento
con boca trémula. No se quede libre de dolor y amarguras tu
cuerpo, ni tu mal sano entendimiento; seas siempre desgracia
do; nadie se compadezca de tí; se alegren hombres y mugeres de
tus adversidades.
Alciato, en el emblema 86, contra los sdrdidos, hermana />
tradicion fabulosa deque el Ibis se limpia el vientre, sirvién
dole su pico de jeringa, con el nombre de Ibis, dado por Cali
maco y Ovidio á sus dos poemas satiricos:

Quae rostro, clystere velut, sibi proluit alvum


Ibis, Niliacis cognita littoribus.
Transiit opprobij in nomen: quo Publius hostem
Nasosuum apellat, Batiadesquesuum.
El Ibis, conocido en las tierras bañadas por el Nilo, se lim
pia el vientre con su pico, que tiene la forma de una jeringa; y
habiendo llegado á ser oprobioso este nombre, Publio Nason
llamó Ibis i su enemigo, y asi llama Calimaco al suyo.
(I) V. Suet., de III., Gram. cap. XI.
- 161 —
sus obras no han llegado á la posteridad, á escepciou
de su pequeño poema satírico, conocido con el nom
bre de Dirás ó Imprecaciones contra la suerte ma
drastra que le habia privado de todos sus bienes en
tiempo de las proscripciones de Sila. Valerio Caton
bajó á la tumba en una edad decrépita, y pasó los
últimos años de su vida en la miseria. Sus impreca
ciones no carecen de elegancia; pero llevan el sello
de la desesperacion y de un profundo dolor.

HORACIO.

Nació en Venusa , ciudad del reino de N'ápoles,


sesenta y cinco arios antes de nuestra era, y fué hijo
de un liberto, que le mandó á Roma para educarse
en las ciencias y en las letras. Estando todavía en el
abril de sus años, sirvió á la república en clase de
tribuno militar; pero en esta circunstancia dio prue
bas mas bien de cobardía que de valor; y en la ba
talla de Filipos, combatiendo en las filas republica
nas, arrojó el escudo y apeló vergonzosamente á la
fuga. Cuando el imperio hizo renacer la paz, Virgilio
y Varo le presentaron á Mecenas, que le recibió con
frialdad, porque Horacio se habia manifestado siem
pre muy adicto á los intereses de Rruto; pero tan
luego como llegó á conocer la superioridad de su ta
lento, quiso cautivarse su benevolencia y le presentó
á Augusto, que fué su protector. Desde entonces el
MAN. DE LIT. LATINA. 11
— 162 —
amigo de Bruto se convirtió en panegirista del im
perio.
En ningun idioma la historia literaria de todos
ios tiempos nos ofrece el ejemplo estraordinario de
un poeta dotado de un numen tan multiforme como
el de Horacio. Simónides sobresale en el género ele
giaco; Tirteo en los canticos bélicos; Píndaroes gran
de por sus arranques sublimes y los vuelos de su ima
ginacion; Anaereonte por sus descripciones voluptuo
sas; Safo por sus pensamientos delicados; Arquiloco se
distingue por su sátira mordaz; Ovidio por la mucha
espontaneidad y fluidez de sus versos; Horacio reune
todas estas dotes, y pasa de un género á otro de
poesía sin pena, sin trabajo, sin esfuerzo. Pero en
sus arranques mas atrevidos, y en los elogios que
prodiga á algunos héroes de la antigua república, ó
á la vida campestre, el buen crítico descubre tres co
sas: su firme prepósito de cautivarse cada vez mas
el afecto del emperador y de sus cortesanos, su in
clinacion decidida al epicureismo, y su imitacion es
tudiada de los griegos. Horacio ensalza la abnegacion
y el valor de los varones mas ilustres de Roma por su
amor á la libertad, y elogia á Caton y Régulo; pero
dice al propio tiempo, con refinado artificio y estudia
da lisonja, que todas las esperanzas de un porvenir
feliz se apoyan en Marcelo, vástago de la familia Julia,
y nieto de Augusto. No habla de Ciceron, porque
yabe que su nombre puede despertar reminiscencias
desagradables en el ánimo de su señor, por haber
- 163 -
t
éste contribuido á la muerte, tan desgraciada como
inmerecida, de aquel insigne orador, abandonándole
á la cruel venganza de Antonio. Cuando declama
contra el lujo ; cuando dice que es su único deseo
pasar tranquilamente su vejez en Tívoli; cuando nos
describe las delicias de la vida campestre , se nos
presenta como el mas virtuoso de los hombres. Pero
su inclinacion á los placeres y goces materiales; su
tirme propósito de no pensar nunca en el dia de ma
ñana; los elogios que prodiga al vino y a la vida re
galada; la descripcion de sus amores y de sus celos,
porque Lidia le ha dado un rival, son el mas elo
cuente testimonio de que su carácter y la fuerza de
su numen se encontraron repetidas veces en abierta
lucha entre sí. El primero hacia correr de su pluma
versos voluptuosos y lascivos, adulaciones al gobier
no imperial , elogios á Mecenas y Augusto; el se
gundo le inspiraba sentimientos elevados y patrióti
cos ó el deseo de pasar en el seno de la paz una vi
da tranquila, agena de cuidados y ambicion. En la
última guerra civil fué amigo de Bruto y amante de
la libertad; bajo el imperio fué cortesano y amigo de
Augusto. No quiso, sin embargo, aceptar el honroso
cargo de secretario del emperador, porque preferia
Tívoli y sus jardines al manejo de los negocios públi.
eos. En fin, el carácter de este insigne vate nos lo
ponen de manifiesto sus mismas poesías, de las que
nos ocuparemos en sus lugares correspondientes, li
mitándonos por ahora á hablar de sus sátiras.
— 164 —
Si queremos juzgarlas con sana crítica, no pode
mos menos de convenir en que son la mas viva pin
tura de la corrupcion de Roma en su época, y del lujo
desenfrenado y la molicie de sus contemporáneos;
pero están escritas con aquel aticismo y espíritu de
moderacion, que debilitan la fuerza y energía muy
propias de la sátira, que necesita una pluma de hier
ro, empapada en la hiel, como la de Juvenal. Las
alusiones del poeta satírico deben ser contundentes,
sin rebozo y llenas de amargura ; debe zaherir pro
fundamente los vicios, y descargar los rayos de su
ira contra los malvados. Digan lo que quieran los crí
ticos, de cuyos preceptos me rio muy amenudo, yo
no vacilaré en afirmar que el modelo mas acabado de
la verdadera sátira se encuentra en las comedias de
Aristófanes, y que Horacio se separa mucho de este
ilustre vate de la docta Grecia. En cuanto á la forma,
están escritas con gracia y esmero, como todas las
demas producciones salidas de su pluma: la facilidad
Je sus versos, la elegancia de sus frases y la pureza
de su estilo las han convertido en un verdadero mo
delo de poesía clásica, y en un monumento impe
recedero de la literatura latina del buen siglo.
Algunos escritores antiguos dicen que en el gé
nero satírico imitó á Lucilio, si esto es cierto, pode
mos afirmar, sin temor de equivocarnos, que Horacio
es superior bajo todos conceptos á aquel poeta, que
adquirió mucha fama mas bien por su mordacidad
que por su elegancia y las gracias de su estilo.
- 165 —

EPISTOLAS.

HORACIO.

Las epístolas de este vate pueden ser considera


das como una continuacion de sus sátiras: en las pri
meras ataca los vicios, las preocupaciones y los erro
res de su siglo; y en las segundas parece haberse pro
puesto corregirlos, prodigando preceptos de virtud y
buena moral. Sin embargo, se diferencian hasta cier
to punto de las sátiras por su forma didáctica, por la
aplicacion de algunas verdades generales á personas
determinadas, y por cierto espíritu de filosofía prác
tica fácil é insinuante. Los mejores críticos, aunque
convienen en la opinion de que las sátiras y epísto
las de Horacio guardan mucha uniformidad en cuanto
al fondo de las ideas, dicen que las segundas son un
modelo mas acabado de estilo y poesía: y luego aña
den que llevan el sello de la edad madura y reposada
en que las escribió, al paso que sus sátiras se resien
ten de vez en cuando de su edad juvenil. Pero va
mos á hablar ahora de la célebre epístola á los Piso
nes, conocida bajo el nombre de Poética de Hora
cio (1).
(I) Esta epístola del Venusino pertenece al ¡reneio didáctico;
pero notolros, considerando que todas las demas epfsiolus de es
le vate contienen, en mayor ó menor escala, preceptos, y qucá su
— 166 —
Los pedantes, á quienes Melchor Cesarotti llama
ba con mucha oportunidad «orangutanes de la lite
ratura» han desatinado tanto y tan difusamente acer
ca de esta epístola, que con sus escritos, que existen
todavía para desventura de la humanidad, se podrian
calentar dos ó tres chimeneas durante tres ó cuatro
inviernos. Schoell en el tomo 1.°, pág. 305 y sig. de
su Compendio de la literatura romana, París 1815,
apunta los nombres de los sábios mas distinguidos,
que se han ocupado con especialidad de este gran mo.
numentodel siglo de Augusto, como Lambino, Julio Cé
sar Escalígero, Gerardo Vosio, Daniel Hensio, el presi
dente Bouhier, Dacier, el padre Hardouin, el padre Re-
gelsberger, Baxter, Ricardo Hurd, Sanadon, Engel,
Wieland, Jorge Colmaos, Daru, Ast, DeBosch. Nosotros
nos creemos dispensados de consignar en estas pá
ginas los juicios críticos y conjeturas eruditas, que
acerca de la Poética de Horacio han emitido estos sá
bios y otros autores modernos, porque las discusiones
literarias, que no pueden conducir á resultados im
portantes y útiles, no deben tener cabida en un ma
nual. Diremos, sin embargo, que la opinion del pa
dre Hardouin es la mas peregrina entre todas , por
que este autor, ateniéndose escrupulosamente á su
sistema de negacion absoluta, dice que á Horacio no

Arte Poética, se le ha dado siempre con preferencia el nombre de


Epístola á los Pisones, juzgamos muy del caso hablar de ella
en este lugar.
— 167 —
se le ocurrió nunca escribir la Poética que se le
atribuye.
Aunque nuestro fallo acerca de una produccion
que ha adquirido tanta celebridad, no puede tener pe
so ninguno en la balanza de la crítica, nos atrevernos
á decir que la Poética del Venusino, monumento muy
¿preciable de la antigüedad, rica de noticias sobre la
literatura romana , y principalmente sobre el arte
dramático, no puede servir hoy para establecer re
glas y preceptos aplicables á la estética moderna, que
ha sabido hermanar las bellezas de forma con las
exigencias de la mas elevada filosofía, y que no pier
de nunca de vista el progreso y las necesidades del
?ran cuerpo humanitario.
Estas pocas reflexiones nos dan á conocer, que
no podemos adelantar en nuestros estudios sin la an
torcha de aquel refinado juicio, que el mismo Hora
cio espresa en su Poética con las palabras recia sapere.

OVIDIO.

Entre las epístolas de este vate ocupan un lugar


muy preferente sus Eroidas, que son una série de
cartas amorosas, atribuidas por Ovidio, con feliz
invencion, á ilustres personages griegos, que flore
cieron en los tiempos heróicos. Aunque su argumen
to es únicamente amoroso, y conservan hasta cierto
punto el tono elegiaco, nuestro vate las ha dado mu
cha variedad, colocando en situaciones y circuns
— 168 —
tancias muy distintas á los personages, que figuran
como sus autores. La pasion que espresan es siempre
viva, fuerte, delicada y tiene un tinte dramático pro
pio del verdadero amor, que raya muy amenudo en
lo trágico y lo sublime. Los versos son elegantes,
armoniosos y fáciles; las frases selectas, y esta obra
podria merecer el nombre de perfecta en su género,
si Ovidio no se escediera en demasiada sensibilidad,
y en el uso muy frecuente y ordinario, en todos sus
escritos, de epítetos y repeticiones. Creemos tambien
que la erudicion de que hace alarde \en las líroidas
es casi siempre inoportuna (1). Las epístolas del Pon-

(1) Julio César Escalígero cree, con algun fundamen


to (v. su Poética) que las últimas seis epístolas, atribuidas á Ovi
dio, no pertenecen todas á este vate-. Los mejores críticos no
admiten ni rechazan esta opinion; pero convienen en que las
tres epístolas, que formnn parte de muchas ediciones de Ovidio:
«Ulises á Penélope, Demofonte á Filis, y Paris áEnon,» son
apócrifas. Algunos las atribuyen á Angelio Sabino, poeta napoli
tano.
En atencion á que la Epístola de Safo á Faon es una de las
mas notables entre las Eroidas, por su elegancia y suavidad de
afectos, vamos á insertar un corto número de sus versos, acom
pañándoles de nuestra traduccion castellana:

FM in te facies, svint apli lusibus annis,


O facies oculis insidiosa meis!
Sume fidem et pharetram: fies manifestus Apollo;
Acccdant capiti cornua: Bacchus eris.
Et Phuebus, Daphaen.ct Gnosida Bacchus amavit,
Nec norat lyricos illa vct illa modos.
Al mihi Pegasides blandissima carmina dictant:
— 169 —
ío, escritas por nuestro vate, pertenecen esclusiva-
:nente al género elegiaco, y nosotros hablaremos de
ellas en su lugar correspondiente.

Jara canitur loto nomen in orbe meum;


Nec plus Alcaeus, consors, patriaeque lyraequc,
Laudis habet, quamvis grandius ille sonet.
Si mihi difficilis formam natura negavit,
Ingenio formae damna re pendo meae.
Sumbrevis; al nomen, quod terras ¡mpleat omnes,
Est mihi: mensurero nominisipsa fero.
Cándida si non sum; placuit Cepheia Persco
Androinede, patria? fusca colore suae;
Et variis albae junguntur saeps columba?
Et niger i viridi turtur amatur ave.
Si, nisi qaae facie poterit te digna videri,
Nulla futura tua est; nulla futura tua est.
En castellano dice asi:
Tu hermosura y tus años inspiran amor: ¡oh belleza pérfida
para mis ojos! Si coges la lira y la aljaba to conviertes desde
mego en Apolo; si despuntan los cuernos sobre tu cabeza, eres
R*mi: aquel amó á Dafne, este á Ariadna; pero ni una ni otra
»bia tocar la lira. A mí las Musas me inspiran cantos muy sua-
v'es, y todo el orbe ensalza mi nombre. Alceo, que naciá en mi
patria, no es mas célebre que yo, aunque entona sobre su lira
Matos mas elevados que los míos. Si la naturaleza madrastra
Menead la hermosura, corrijo con el ingenio este defecto de
"'i persona. Mi estatura es pequeña, pero teni;o un nombre que
ilena
ma. Sitoda
no soy
la tierra,
blanca,y llevo
acuérdate
en míque
misma
gustólai grandeza
Perseo Andrómeda,
de m¡ fa-

hija de Cefeo, aunque morena como las de su patria: las blancas


[Miomas se unen muy amenudo á otras de distinto color, y un
pájaro verde ama á la negra tórtola. Si esperas que una muger
Pueda ser digna de tí por su hermosura, ninguna podrá ser tu-
!*, ninguna.
— 170 —

POESIA LIRICA.

LICINIO CALVO.—CATULO.—TICIO SEPTIMO.

Los escritores de la antigua Roma celebran á Li-


cinio Calvo, como orador y vate: dicen que en la
tribuna fué émulo de Ciceron, y que se distinguió
por su elevado numen en varios géneros de poesía,
y principalmente en la lírica. Hacen honrada men
cion de las elegías muy patéticas, que escribió por la
muerte de cierta Quintilia, que le habia prodigado
sus encantos, y de una sátira que compuso contra
Julio César. Todas sus obras han sido presa de la vo
racidad del tiempo, á escepcion de un reducidísimo
número de fragmentos de sus poesías, que se en
cuentran en el Corpus Poetarum de Maittaire. Nosotros
sabemos únicamente con certeza, que Licinio na
ció 74 años antes de nuestra era , y que bajó á la
tumba , apenas cumplido el sesto lustro de su edad.
En las páginas anteriores hemos hablado ya de
Catulo y de sus poesías en general ; vamos ahora á
juzgarle como poeta lírico. Considerado bajo este
punto de vista, puede merecer el nombre de Ana-
creonte latino por la gracia y ligereza de muchos de
sus conceptos, por la facilidad y sencillez desus fra
ses, y por cierta ingenuidad maliciosa, que se des
— 171 —
cubre muy á menudo en sus versos. No queremos
pasar por alto, sin embargo, que en Catulo no se en
cuentra aquella especie de abandono y alegría se
ductora que respiran los versos de Anacreonte. Esta
observacion profundamente crítica es de Ficker (1),
y basta leer con alguna detencion al vate griego y al
latino para convencerse de esta verdad. El mismo
Ficker dice á renglon seguido: «Los pequeños poe
mas de Catulo , inspirados por circunstancias reales,
son para nosotros un espejo en que se reflejan las
costumbres y las ideas de la época ; son una espre-
sion fiel de la sociedad de aquel tiempo , que no era
siempre muy modesta ni muy delicada.» Esta segun
da observacion , aunque justa, no es aplicable úni
camente á Catulo , sino á todos los poetas del siglo
de Augusto.
De las poesías líricas de Ticio Septimio, no ha lle
gado á la posteridad ni un solo fragmento, y sabe
mos únicamente que fué imitador de Píndaro.

HORACIO.

El poeta lírico mas ilustre de la antigua Roma es


indudablemente Horacio, como nos dan un vivo tes
timonio de ello sus cuatro libres de odas, su poema
secular, que contiene setenta y seis versos, y 'os

(1) V. su historia de la liter. cias. ,2.*, par.. pa'¿. 60 de la ire-


iluccion francesa. Parts, 1837.
— 172 —
epodos (1) ó quinto libro de las odas. Desde la época
del Renacimiento, eruditos de profesion y críticos
muy eminentes, han disputado para fijar el órden
en que fueron publicadas las poesías líricas de nues
tro vate, á escepcion del poema secular, porque los
antiguos escoliastas y Censorino (2) dicen terminan
temente, que Horacio lo escribió por encargo de Au
gusto, y que fué cantado en los juegos seculares (3),
celebrados por mandato de este mismo empera
dor el año de Roma 737 (18 años antes de Jesu
cristo). Nosotros, persuadidos de que semejante
cuestion es mas bien curiosa que importante, nos
contentamos con haberla indicado (4), y vamos á

(1) La palabra epodo, en griego epodos, se compone de dos vo


ces tambien griegas, que significan despues y oda ó canto, lo que
indica posterioridad ó continuacion. Con efecto, la palabra epo
do los griegos y latinos la aplicaron á las poesías líricas, en las
i|ue el poeta intercala de tres en tres, ó de cuatro en cuatro ver
sos de igual medida, uno mas corto. En las poesías líricas, divi
didas en tres partes, se da el nombre de epodo á la última; y los
nombres de estrofa y antistrofa á la primera y segunda.
(2) Dedienatali.
(4) Estos juegos eran una gran solemnidad político-religiosa-
que se repetía de cien en cien años, y duraba tres dtas y tres
noches. Entonces se sacrificaban muchas víctimas á los dioses,
y coros de mancebos y vírgenes cantaban canciones en honor
de las divinidades tutelares de Roma, para que dieran al pueblo
latino felicidad , grandeza y lustre. Los que deseen tener mas
pormenores sobre el particular, podrán encontrarlos en el Dic
cionario lotius latinitatis de Forcellini.
(4) Schoell trata esta cuestion en su hist. comp. de la lit. ro
mana, t. 1.", p:íg. 306 y sigs.
— 173 —
ocuparnos
Críticosdel
eminentes
mérito denoHoracio
han vacilado
como poeta
en afirmar,
lírico.

que sus odas carecen de originalidad, y que el giro


de sqs frases, sus imágenes mas brillantes, las gra
cias de su estilo y hasta el fondo de sus ideas, nos
descubren á cada paso esta verdad: otros le han juz
gado de distinto modo, y prodigándole los títulos de
vate incomparable y sublime , dicen que sus odas
son el modelo mas perfecto que nos ha trasmitido la
antigüedad en el género lírico. LeFranc , en su tra
tado de literatura (1), se manifiesta demasiado seve
ro contra nuestro vate : y aunque no niega que sus
odas y su poema secular son muy apreciables por la
parte del estilo y la armonía de sus versos , los en
cuentra sin originalidad ninguna en cuanto al fondo
de las ideas, y hasta sin viveza y colorido en algu
nos pasajes. Schoell (2) y Ficker (3) convienen en
que imitó á los griegos en muchas de sus odas ; pero
observan con buen tino, que en algunas de ellas se
descubre un gran fondo de originalidad , y que cuan
do imita , da casi siempre una fisonomía toda propia
á los pensamientos que reproduce. Este juicio revela,
á nuestro entender, sensatez é imparcialidad. Con
efecto, todos los mejores críticos modernos, y los
que han profundizado las poesías líricas de Horacio,
afirman lo propio. Las odas, en que nuestro vate ce-

(1) Traité de litterature (poélique) págs. 44, 51, 52.


(2) Obr. cil., t. I.°, págs. 321 y sig.
(?) Obr. cit., 2." p., págs. 63 y 64.
— 174 —
lebra á Augusto y á su familia, ó prodiga elogios á
Mecenas, tienen una fisonomía toda romana, y una ele
vacion muy noble de ideas verdaderamente origina
les. Son tambien un producto de su docta pluma y
de su mimen, y no una imitacion, las odas en que
censura ágriamente los vicios de su siglo y ensalza la
memoria de los antiguos héroes de Roma, á fin de
despertar en el ánimo de sus compatriotas los senti
mientos de una moral sublime , y de la abnegacion
gloriosa de sus antepasados. Cuando imita á los grie
gos, revela arte é ingenio; pero no les iguala , y en
sus arranques pindáricos se queda siempre muy in
ferior al Cisne tebano. iQuantum distat alillo!
Su poema secular no tiene aquella inspiracion li
rica ni aquel entusiasmo religioso, que dan un tinte
divino á los himnos sagrados : y á pesar de que el
vate emplea en su lenguage frases y palabras muy
convenientes á la santidad del argumento, no tiene
bastante fuerza para sentarse al lado de Júpiter en
la cumbre del Olimpo. Su poema secular, sin em
bargo, es admirable por su mucha correccion, por
la armonía de sus versos, y porque revela un gran
fondo de patriotismo.
— 175 —

ELEGIA.

CATULO.—C. CORNELIO GALO.

Entre los poetas elegiacos de la antigua Roma,


Catulo ocupa un puesto preferente por haber dado á
conocer con sus traducciones del griego este género
de poesía á los latinos. La Cabellera de Berenice,
cuyo original , escrito por Calimaco, no ha llegado á
la posteridad ; un diálogo entre nuestro vate y el
portero de una ramera , y los versos que dirige á
Manlio, son las tres elegias que forman parte de sus
obras. La primera es una traduccion literal del grie
go , las otras dos tienen trozos libremente traducidos
ó imitados del griego. La mas apreciable de estas
tres elegías es la última, en que el poeta describe en
tono patético y triste su mucha afliccion por haberle
arrebatado la muerte un hermano, á quien amaba
entrañablemente. Su diálogo con el portero de la ra
mera es lúbrico y hasta repugnante, porque no tra
ta únicamente de amores lascivos, sino tambien de
incestos.
C. Cornelio Galo nació en Frejus, (Forum Julü ,)
ciudad de la antigua Galia (69 años antes de nuestra
era) fué amigo de Virgilio, y protegido por Augusto,
que le confirió el honroso cargo de la prefectura de
Egipto. Acusado en Roma de traicion , el Senado le
— 176 —
desterró; y Galo, no sabiendo resistir con valor á los
embates de la fortuna , se dió la muerte.
Compuso cuatro libros de elegías, en las que can
taba de su dama bajo el nombre de Lícoris , y es de
suponer que eran de mucho mérito, porque Virgilio
en la egloga X de sus Bucólicas, le celebra como un
vate inspirado por Apolo.
Las seis elegías latinas, atribuidas por sus prime
ros editores á Galo , porque se habla en ellas de Líco
ris, pertenecen á Maximiano Etrusco, contemporáneo
de Boecio. Una sétima elegía, publicada en Florencia
por Aldo Manucio el año de 1590, como obra de Cor-
nelio Galo, hijo de Asinio Polion , se supone con al
gun fundamento que fué escrita por un antiguo gra
mático, imitador de Propercio.

T1BUL0.

Contemporáneo de Virgilio y Horacio, pertenece


al buen siglodela literatura romana; pero ignoramos
la época de su muerte. Algunos dicen que bajóá la
tumba á la edad de veinte y.cinco años; otros afirman
que acabó su carrera mortal á los cuarenta. Sabemos
que fué caballero romano, que en el último triunvi-
virato perdió casi todo su patrimonio, que fué pro
tegido por Mesala Cervino, á quien acompañó en su
espedicion á las Galias, y que á su regreso tuvo el
dolor de encontrar casada á su amante, á pesar de
que le habia jurado eterna fidelidad: esto no es es
— 177 —
traBo, porque nadie ignora, como dice Orfeo, que lo*
juramentos de los amantes se los lleva el viento.
Tenemos bajo el nombre de Tíbulo treinta y cinco
elegías, repartidas en cuatro libros, y un panegírico á
Mesala; pero muchos críticos creen que son un pro
ducto de su pluma, sin que quepa en ello duda nin
guna, los dos primeros libros únicamente y el pa
negírico. Casi todos los sábios, capitaneados por Hay-
ne, atribuyen el cuarto libro á una romana, llamada
Sulpicia. El editor de Tíbulo Voss dice que este li
bro, que contiene en realidad una correspondencia
entre Sulpicia y Cerinto, fué versificado por Tíbulo,
amigo de los dos; y el tercero, reconocido auténtico
por todos los editores precedentes, lo atribuye á cier
to Ligdamo, liberto del siglo de Augusto. Nosotros
nos inclinamos á afirmar que todos los cuatro libros
pertenecen á Tíbulo, porque en las treinta y cinco
elegías y el panegírico á Mesala que contienen, se
notan las mismas gracias de estilo, la misma elegan
cia y la misma pureza de lenguage.
Souchay caracteriza el talento poético de Tibulo
en esta forma: «Entre todos los vates, él únicamente
llegó á penetrarse de la verdadera índole de la ele
gía, ó cuando menos supo perfectamente espresarla-
El desórden ingenioso, que es el alma de la poesías
elegiaca, porque es muy conforme á su naturaleza,
Tíbulo supo encarnarlo en sus versos, y nos vemos
obligados á convenir en que sus elegías son mas
bien el producto de una pasion espontánea, que del
HAN. Di: LIT. LATINA. I '2
— 178 —
- arte. Sus irregularidades, sus digresiones, los arran
co,
quesque
de no
su manifiesta
imaginacion,
estudio,
formansino
un genio.
conjunto
Este
armóni
poeta-

desea, teme, espera, aprueba, elogia, condena, de


testa, ama, se encoleriza, odia, pasa de las súplicas
á las amenazas, y desenvuelve todos los afectos det
alma, sin separarse nunca de la naturaleza (1).»
Este juicio crítico, á nuestro entender, algo exa
gerado, tiene un gran fondo de verdad, y nos causa
mucha tristeza la lectura de las elegías de Tíbulo,
cuando vemos que este ilustre vate, no contentándo
se con hollar el pudor y la virtud del bello sexo, in
voca A Priapo, para que este dios obsceno le re
vele los secretos de la mas infame de las seduccio
nes (2).

PROPERCIO.

Entre los clásicos latinos que escribieron elegías,


ocupa un lugar distinguido Propercio, natural de Me-
vania, antigua ciudad de la Umbría: (25 años antes
de Jesucristo), poeta elegante; pero no tan espontá
neo como Cátulo y Tíbulo. En todos sus versos se
descubre mas bien el esfuerzo del arte, que la inspi
racion del genio; y habiéndose propuesto por modi--

(1) Memorias de la Academia de Inscripciones y Bellas letras


de Francia, V. t. 7, pág. 386.
(2) V. lib. I.eleg. 4.'
— 179 —
lo á Calimaco (1), no abusó menos que este vate de
las alusiones mitológicas. Las lágrimas de Cintia, obje
to de sus amores, son mas copiosas y amargas que las
de Niobe, trasformada en piedra, que las de Briceis,
cuando se apoderan de ella los heraldos de Agame
non, que las de Andrómaca cautiva (2).

(1) En los versos que vamos á insertar á continuacion dice


i|ue ha sido su proposito imitar á Calimaco, c introducir en lla
na el gusto de la poesía griega.

Callimachi manes, ct Coi sacra Philetae,


la vestrum, qufeso, me sinite ire nemus.
Hiimus ego ingredior puro de fonte sacerdos
Itala per Graios orgia ferre choros.
(Prop., lib. 111, eieg. iJ)

En castellano dice asi:


Manes de Calimaco y sombra de Fíletas (I), de Coos, os su
plico me dejeis recorrer vuestro bosque. Soy el primer sacerdote
i]oe va á beber & una fuente pura y á trasladar las Musas grie
gas á Italia.
(2) Quid fies abducta gravius Briseide? quid fies
Anxia captiva tristius AndromachaT
Qujdve mea de fraude deos, insana, fatigas?
Quid quereris nojlram sic cecidisse lidem?
Nuntam nocturna volucris funesta querela
Attica Cecropiis obstrepit in foliis;
Nec tantum Niobe, bis sex ad busta, superne
Sollicito lacrymas defluit 6 Sypilo.
(Lib. II, eleg. 20.)

(•) Fui un poeta elegiaco greeo-alejandrtno, censor severo de lodo,


Im »»tei de su tiempo, y preceptor de Tolomeo Filadilío,
— 180 —
Hé aqui en un corto y reducido número de pala "
bras lo que han dicho acerca de Propercio los mejo
res críticos. Este poeta es correcto, ingenioso y sa
bio; merece el nombre de Calimaco romano, y el gi
ro de sus frases tiene un sabor griego. Muchas de sus
elegías son una obra acabada; están escritas con plu
ma de oro, y parece que han tomado parte en ellas
las Gracias y las Musas; pero este ilustre clásico, aun
que se espresa siempre con verdad, no es natural y
espontáneo. La historia y la mitología, en vez de her
mosear sus versos, nos revelan el trabajo y el esfuer
zo del arte.

OVIDIO.

En el género elegiaco ocupa tambien un lugar


muy distinguido Ovidio: sus tres libros titulados
Los Amores son una coleccion de elegías eróticas, en
las que cuenta los tormentos que le ha hecho
sufrir su inclinacion al bello sexo y los goces que
le hi proporcionado: cuenta sus esperanzas, sus te
mores, sus celos, los excesos á que le ha llevado su
pasion, y puede decirse que el libro de Los Amores es
el diario de sus aventuras. En esta obra Ovidio se dis
tingue de los demas poetas anteriores ó sus contem
poráneos por cierta gracia alegre y festiva, que dá á
sus elegías un carácter de verdad muv original v
picante, aunque poco conformo á este género de
composicion.
— 181 —
En todas sus poesías eróticas Ov idio se espresa
siempre con un brillo y una coquetería, que tienen
cierto colorido francés. El que lea sus elegías amoro
sas, si ha visitado la Francia, puede ilusionarse has
ta el punto de creer que ha encontrado á Ovidio en
las Tullerías, y que los dos juntos han pasado un ra
to muy divertido hablando de la crónica escandalosa
del pais.
Los Tristes, en que derrama lágrimas sobre sus
desventuras y su destierro, tienen el tono verda
deramente elegiaco; pero son monótonos y menos
elegantes que todas las demas obras de nuestro va
te: su lectura fatiga el espíritu: y Ovidio, que se
nos manifiesta abatido en su destierro, inspira poca
compasion por la debilidad de su carácter, que ra
ya en la cobardía. Pero á pesar de estos defectos, Los
Tristes conservan siempre el fondo de cierta origi
nalidad, y su tercera elegía del libro I que vamos
á transcribir en nota, acompañada de nuestra tra
duccion castellana, (1) arranca las lágrimas de los

(l) Cum subit íllius tri8tissima noctis imago,


quae mihi supremum tempus in urbe fuit;
quum repeto noctem, qua tot mihi cara reliqui
labitur ex oculis nunc quoque guita meis.
,lam prope lux aderat, qua me disceJere Caesar
Pinibus extremae jusserat Ausonke.
Nec mens nec spatium fuerant satis apia paranli:
Torpuerant longá pcctora nostra mora.
Non mihi servorum, comitis non cura legendi:
.Non aptie profugo vestís opisve íu¡l,
— 182 —
ojos á los lectores, que abrigan todavía en su pecho
amor de patria y aquellos sentimientos delicados y

Non aliter stupui, quam qui Jovis ignibus ictus


Vivit, et est vilae nescius ipse suae.
Bt lamen hanc animo nubem dolor ipse removit,
Et tandem sensus convaluére me i;
Vdloquor extremum maestus abiturus amicos,
qui modo de mullís unus et alter eranl.
LJxor amaos flenlem flens acrius ipsa tenebat,
Imbre per indignas usque cadente genas.
Nata procul libicys aberat diversa sub oris;
Nec poterat fati certior esse mei.
Quocumqueadspiceres, luotu* gemitusque son aban i;
Formaque non taciti funeris intus erat.
Foemina, virque, meo pueri quoque funere moerent;
Inque domo lacrymas angulus omnis habet.
Si licet exemplis in parvo grandibus uti,
Haec facie Trojae, cum caperetur, erat.
.lamque quiescebant voces hominumque canumquc,
lunaque nocturnos alta regebat equos:
Hanc ego suspiciens, et ab hac Capitolia cernens,
quae nostro frustra juncia fuere Lari;
Numina vicinis habilanlia sedibus, inquam,
Jaquem oculis nunquam templa videnda meis,
Dique relinquendi, qnosurbs habet alta Quiríni;
Este salutati tempu¿ in omne mihi.
Et quamquam sero clypeum post vulnera sumo,
Allamen hanc odiis oxonorate fugam;
Caelestique viro, quis me deceperil error
Dicite: pro culpa ne scelus esse putei.
Ul, quod vos scitis, poenae quoque senliat autor:
Placato possum non miser esse Dco.
Hac preceadoravi superes ego, plurihus uxor
Singullu medios pnepediente sonos.
Illa etiam ante Lares pasáis prostrata capillis
- 183 -
suaves, que son inseparables del hogar doméstico.
Las cartas del Ponto no son mas que una conti-

Coniigit extinctos ore tremente focos:


Multaque in aversos effuJit verba Penates,
Pro deplorato non valiluraviro.
Iamque morac spatium nox praecipitata negabat,
Versaque ab axe suo Parrhasis Aretos erat.
Quid facerem? blando patriae retinebar amore:
Ultima sed jussae nox erat illa fugae.
Ah! quoties aliquo dixi properanle, quid urges?
Vel quo festines ire, vel unde, vide.
Ahí quoties certam me sum mentitus habere
Horam; propositae quae foret apta vise.
Ter limen letigi; ter sum revocatus, et ipse
Indulgeos onimo pes mihi tardus erat.
Saepe vale dicto, rursus sum multa locutus,
Et quasi discedens oscula summa dedi.
Saepe eadem mandata dedi: meque ipse fefelli
Respiciens oculis pignora cara meis.
Denique quid propero? Scythia est, quo mittimur, inquam.:
liorna relinquenda est: utraque justa mora est.
Uxor in acternum vivo mihi viva negatur:
Et domus, et lidae dulcía membra domus.
Quosque ego dilexi fraterno more sodales:
O mihi Thesea pectora juncta fide!
Dum licet amplectar: numquam forlasse licebil
Amplius; in lucro, quae datur hora, mihi.
Nec mora: sermonis verba imperfecta relinquo,
Amplectens animo proxima quaeque meo.
Dum loquor et flemus, coelo nilidissimus alio
Slella gravis nobis Lucifer ortus erat.
Dividor haud aliler, quain si mea membra reiinquam:
El pars abrumpi corpore visa suo est.
(SicMetius doluit, tune quum in contraria versos
nitores habuit prodilionis equos)
— 184 —
uuacion de Los Tristes, y se diferencian de estos últi
mos tan solo porque el autor se dirige á varias per-

Tum vero exoritur clamor gemíiusque raeorum;


Et feriunt mcestac pectora nuda manus.
Tum vero conjux humeris abcuntis inhaerens,
Miscuít Iiaec lacrymis trístia dicta suis.
Mon potes avelli; sumul ah! simul ibimus, inquil.
Te sequar; et conjux cxsulís exsul ero.
Et mihi facta via est; et me capit ultima telius.
Accedan) profugae sarcina parva rali.
Se jubet á patria discedere Caesaris ira;
Me pietas, pietas haecmihi Caesar erit.
Calía tentabal: sic et tentaverat ante:
Vixque dedite vicias militóte manus.
Kgredior (sivo illud erat sine funere ferri)
Squallidus immissis, hirta per ora, comis.
Illa dolorc mei, tenebris narraturobortis
Scminiamis media procubuisse domo.
Utque resurrexit, foedatis pulvere turpi
Crin ibus. et gelida membra levavil humo;
So modo, dosertos modo complorasse Penates,
Nomen et erepti saepe vocasse viri:
Ncc gemuísse minus, quam si nataeve meumve
Vidisset structos corpus habere rogos.
Et voluissc mori; moriendo ponere sensus;
Ilospectuque lamen non posuisse mei.
Vivat, et absentem, quoniam sic fata tulerum.
Vi vat, et auxilio sublevet usque suo.

Cuando se me presenta la imagen tristísima de aquella noclie


que fué la última que pasé en Roma; cuando recuerdo aquella
noche, en que tuve que abandonar todos los objetos amados, se
me arrasan de lágrimas todavía los ojos. Acercábase el día en
que César me habia impuesto salir de los confines de Italia, y
i¡jn embargo no tuve valor ni tiempo para hacer mis prepara ti
-.185 —
«mas, al paso que en losTristes cuenta á todos los lec
tores indistintamente sus desventuras. Así es, que las

voí. La larga tardanza do la última intimacion me había entor


pecido el espíritu: no había tenido tiempo para escoger los es
clavos, y los que debían acompañarme, ni para preparar todo el
quipage que necesita un desterrado. Me quedé estupefacto, como
on hombre, que herido por los rayos de Júpiter, vive sin tener
conocimiento de su propia existencia.
Pero el mismo dolor disípó la nube que me ofuscaba la mon
te, y al ti n recobré mis sentidos. Entonces hablo por ultima vez
á mis amigos abrumados de tristeza: de los muchos, qnc habia
tenido, quedaban dos únicamente. Mi querida esposa, llorando
masque yo, me estrechaba en sus brazos, y las lágrimas regaban
sis inocentes megillas. Mi hija estaba en la Libia, lejos de mí, y
no había podido tener certeza de mi fatal destino. Por do quiera
resonaban en mi casa lamentos y gemidos, y bajo mi techo todo
ofrecía la imagen de un funeral, y de un desesperado dolor-
Hombres, mugeres y basta niños, me lloraban por muerto, y to
llos los rincones de la casa estaban anegados en lágrimas. Si po
demos servirnos de grandes ejemplos en cosas pequeñas, diré que
«le mismo aspecto presentaba Troya cuando fué tomada por
tos griegos.
Estaban sumidos ya en el sueño los hombres y los animales,
f la luna recorría en su carro los espacios aéreos, la contemplo,
y descubriendo á los rayos de su luz el Capitolio, muy cerca do
raU lares (pero en vano) hablé en esta forma- «Dioses, que habi
tais en esas mansiones vecinas, mis ojos no verán desde hoy
feos templos; dioses que habitais en la soberbia ciudad de Quiri-
no, recibid para siempre mi adios, ahora que estoy obligado á
dejaros: y aunque embrazar el escudo despues de herido *"s de
masiado tarde, os suplico alivieis mi destierro, aplacandolos
Ofdios de César; dioses, decidle cual fué el error que ine sedujo,
!,ara que no crea que mi culpa ha sido un crimen. Lo que voso
tros conoceis, que lo sepa tambien el autor de mi castigo: apla
udo César,no podré ser infeliz.» Esta plegaria dirigí i los dioses;
— 18G —
dos obras, que contienen noventa y seis elegías en
nueve libros, cinco de los Tristes y cuatro del Ponto,

pero mi esposa les dirigid otras muchas entre sollozos; y postra


da ante los Lares con sus cabellos destrenzados, apoyando su bo
ca trémula sobre el hogar, cuyo fuego so había estinguido, pro-
mmpid contra los Penates en imprecaciones inútiles para su
malogrado marido.
La noche muy avanzada no concedía dilacion ninguna, y la
Osa habia recorrido mas de la mitad de su camino. ¿Qué hacer?
El dulce amor de la patria me detenia, y sin embargo aquella no
che era la última que se me otorgaba antes de partir para mi des
tierro. iAy de mí! cuántas veces dije á quien aceleraba la mar
cha ¿porqué te precipitas? considera de donde te apresuras á sa
lir, y á donde A trasladarte. iAh! icuántas veces, engañándome á
mí mismo, he dicho que estaba marcada la hora, y que me bas
taría el tiempo para el víage que iba á emprender! Tres veces
puse el pie en el umbral, lo retiré tres veces, tí inclinándose á
mis deseos retardaba la marcha. Repetidas veces me despedí,
luego hablé nuevamente de muchas cosas, y casi puesto en acti
tud de partir prodigué mis últimos besos de despedida. Repetí
con frecuencia loque había ordenado ya, porque, echando la mi
rada á tantas personas amadas, me agradaba suponer, engañán
dome á mi mismo, que no me habia esplicado bien, y finalmen
te decia: «¿A qué apresurarme tanto? Se me manda i la Escitia
y dejar la ciudad de Roma, es, pues, justo por ambas cosas
contemporizar. Viviendo aun se me niega para siempre estar con
mi esposa, que vive tambien, estar en mi casa con mi querida y
leal familia, y se me separa de los amigos, á quienes he ama
do como hermanos. jOh amigos! que me habeis conservado
el mismo afecto que Teseo á Piritoo, 03 abrazaré en tanto que
pueda, mas adelante no podré nunca tal vez hacerlo, aprovecho,
pues, el tiempo que me queda.» Pero no se me concede tardar
mas, y no pudiendo continuar los discursos.que habia comenza
do, sofoco mis palabras. Mientras hablo, y todosderraman lágri
mas, el lucerp se ha levantado ya, y resplandece en lo alto del
— 187 —
van un ¡nisaio sello v una fisonomía tan uniforme,
que parece la una repeticion de la otra. Es de no
tar , sin embargo , que á pesar de que adolecen las

cielo: astro doloroso para nosotros. Entonces me parece que me


despedazan los miembros, y que mi cuerpo se parte en dos. Tal
fué el dolor de Mecio, cuando le descuartizaron los caballos ven
gadores de su perfidia (1). Entonces estallaron los gritos y gemi
dos
ros de
golpes
todasobre
mi familia:
el p^cho.
todosPero
abrumados
mi esposa,
de teniéndose
tris'teza se dieron
estrecha
fio*
mente abrazada al cuello del que iba ú marchar, acompaild mis
lágrimas con estos tristes acentos: «No podrás arrancarle de mis
brazos: iah! partiremos juntos, dijo, si, partiremos juntos: te se
guiré, y esposa de un desterrado seré tambien una desterrada;
tengo ante mis ojos abierto el camino, y me parece que estoy ya
tn las últimas tierras del mundo. Accede á mis ruegos: seré po-
e» carga para tu nave. La ira de César te manda salir de la patria,
y para mí, el amor que nos une, este amor será otro César.» Hé
aquí loque intentaba lograr: antes lo había intentado tambien, y
consintio' á duras penas quedarse cu Roma para cuidar de mis
'nlereses.
Salgo como un cadáver, llevado al sepulcro sin pompa fúne
bre: pálido, con la barba erizada y el pelo descompuesto. Dicen
que mi esposa, penetrada de dolor por mi desgracia, cayd desma"
-«•ia y con la vista turbia en medio de la casa. Cuando volvió" en
si, se levantó del suelo con la cabellera llena de polvo, y teniendo
helados los miembros. Ya lamentaba el abandono de la familia de-
Miada, ya repetía con frecuencia el nombre del esposo, que le
habían arrebatado. Ni sus lamentos habrían podido ser mayores si
hubiese visto colocado en la pira mi cuerpo d el de su hija. Deseo"
morir para poner término á sus sufrimientos, pero abandond su
idea para mi consuelo.

i<) Mecio Fufeto, principe de los alba nos y aliado de loa romanos,
Mbiendo engañado á eslos últimos en una guerra que sostuvieron contra
»» Renatos, Tillo Hostilo mandó descuartizarle.
— 188 -
dos de los mismos defectos, las carias del Ponto fati
gan menos el ánimo de los lectores, porque en ellas
no figura únicamente el vate, abrumado de tristeza y
dolor.
Se atribuyen tambien á Ovidio otras elegías, co
mo el Nogal, la Pulga, Filomela, y la Consolacion á Li-
via por la muerte de Druso. Las tres primeras, se cree
con algun fundamento, que pertenecen á una época
posterior al siglo de Augusto, porque no tienen aquel
sabor de clasicismo muy propio de los vates, que en
tonces florecian: la Consolacion á Livia, por el contra
rio, es digna de aquel siglo. Pero, sea como fuere, lo
cierto es, que los mejores críticos niegan su autenti
cidad. Los que deseen tener mas noticias sobre el
particular, podrán encontrarlas en Tiraboschi, y en
otros muchos escritores del siglo XVI. Nosotros per
suadidos de que cuestiones semejantes no son de la
índole de nuestra obra, la cual es mas bien un com
pendio que un tratado de literatura latina, nos cree
mos dispensados de meternos en honduras eru
ditas (1).

(I) Además de las elegías mencionadas se lia atribuido tam


bien á Ovidio, con muy poco fundamento, un panegírico de Cal-
purnio Pison, pero su verdadero autor se ignora. Antiguos escri
tores, por el contrario, nos hablan de otras obras de nuestro vate,
itue fueron real y positivamente producto de su pluma, y que se
lian perdido, como una traduccion de los Fenómenos de Arato;
una obra contra los malos poetas, y otra sobre la guerra de
Accio. Pero entre las muchas poesías de Ovidio, que no han re
— 189 —

C. PEDO ALBINOVANO.— MONTANO, CAPELA.—


PROCULO.—FONTANO.

Algunos críticos, entre cuyo número va compren-

sistido al embate de los siglos, nos causa profundo pesar la per


dida de un poema, que había escrito en lengua gótica, que era la
de! lugar de su destierro, con objeto de celebrarla memoria de
Augusto y el advenimiento al trono de Tiberio. Si este poema, es
crito en una lengua bárbara, hubiese llegado i la posteridad, hoy
podría ser para los filósofos y eruditos asunto de curiosas y doc
tas investigaciones; y si no queremos perder de vista, que Ovidio,
apelandoá la fuerza de su numen, había procurado dar i las frase*
y palabras góticas formaslatinas, su pérdida se nos hace mas sen
sible aun, porque nos ha privado de un monumento único por su
mucha originalidad. I.os versos do nuestro mismo vate, qno in
sertamos ;1 continuacion, confirman lo que vi consignado.
N'ec te mirari, sí sint vitiosa, decebil
( '.armina, quae faciam paene poeta Getes.
Ah pudet! etGetico scripsi sermone libellum.
Structaque sunt nostris barbara verba modis.
Et placui, gratare mihí, coepique poetan
Inter inhumanos nomen habere Getas.
Jlatcríam qaeris? laudes de Cesare dixi:
.-fdjuta est umitas nunúne nostra Dei.
Sain patris Auguüi docui mertale fuisse
Coi~ims; in cethcrias numen abisse domos:
F.sse purcm virtutc patri, qui lnr..\% coactut
Swpc rerusali ceperit imperii, etc.
(Pont, lib.iv, Epist. l !, (. lít y slg.)
El poeta so dirige A su amigo Caro.
No te asombres si estos vorsosson defectuosos, porque casi
me he convertido en vate gota iah me di vergüenza! lie escrito
— 190 —
dido José Escalígero, atribuyen á Pedo Albinovano la
Consolacion á Liria, que otros dán á Ovidio, comoque-
da apuntado ya. Esta opinion no ha tenido mucho
eco en la república literaria, y los sábios moder
nos afirman únicamente que Albinovano es autor de
dos elegías: una sobre la última enfermedad de Me
cenas, y otra sobre la muerte de este ilustre persona-
ge. Entrambas se distinguen por su tono triste y pa
tético; entrambas respiran dulzura y melancolía; pero
su estilo, mas bien estudiado que sencillo, ha hecho
dudar de su autenticidad, y algunos escritores creen
que fueron ejercicios escolásticos, posteriores al siglo
de Augusto. Pero, bien sea que Albinovano haya es
crito las dos elegías mencionadas, ó que falsamente
se le atribuyan, es de suponer que fué un vate distin
guido, porque antiguos autores le prodigan aplau
sos. (1)

este pequeño libro en lengua gótica, arreglando las palabras bár


baras á nuestras formas. Sin embargo, ha gustado, dame la enho
rabuena, y he comenzado á tener el nombre de poeta entre estos
crueles gotas ¿quieres sabor el argumento? Celebro la memoria
de César, y el dios me ha favorecido en esta nueva empresa. Ho
dicho que el cuerpo de Augusto, padre de la patria, fué mortal,
que su espíritu subio al cielo, y que el hijo obligado, á pesar su
yo, y despues de mucha resistencia, á tomaren sus manos las
riendas del imperio, iguala ya al padre por sus virtudes.
(I) Albinovano escribid tambien un poema sobre lasemprcsas
de Druso Germánico, pero los veinte versos, que nos quedan (Je
este monumento de la antigüedad, no pueden darnos bajo nin
gun concepto una idea del verdadero mérito de su poema. Sabe-
— 191 -
De Montano, Capela, Próculo y Fontano no ha
llegado á la posteridad elegía ninguna, pero no he
mos querido pasar por alto 6us nombres, porque Ovi
dio les celebra como escritores elegiacos. (1)

POESIA BUCOLICA Ó PASTORIL.

VIRGILIO.

Las poesías pastoriles de Virgilio, conocidas con

nos, sin embargo, que nuestro vate describía con elegancia la


navegacion de Germánico sobre el rio Amisus (Ems.) y por el
mar Báltico.
(K) Quique vel imparibus numeris, Montane.vel aequis
Sufficis, et gemino carmine nomen habes.
(Pont. lib. IV. Eleg. 16, v. 11, 12.)
Tú, Montano, descuellas en los versos nórdicos y en los ele
giacos, y bas adquirido fama en ambos géneros de poesía. (I)
Callimachi Proculus molle teneret Iter
.\aiadas dSatyris caneret Fontanus amatas,
Clauderet imparibus verba Capella modis.
(Pont, ibid.)
Vroculo sigue las huellas del armonioso Calimaco; Fontano
celebra con su canto á las Naiadas, amadas por los sátiros, y Ca
pela escribe estrofas en versos de vario metro.
(I; El reducido número tic fragmentos, que nos quedan de uu poe
ma de Montano, titulado «El dio y la noche» respiran etegancia, y es de
lupouer que la perdida de todas sus poesías ha sido muy perjudicial para
l> república de las tetras, porque de la ptuma de uu vale elegante, como
Montano, no podían salil versos despreciabtes. No queremos pasar por al
iomoennombre,
esta circunstancia,
contemporáneo
quedeesteCorneüo
poeta esTácito,
muy distinto
y varon dede otro
muydelescaso
mia-
aierilo. Y. el dic. de Moreri (Montano.)
- 192 -
el nombre de Bucólica, no desmerecen al lado de los
idilios de Teócrito. Es de notar, sin embargo, que los
pastores de este último, á quien las Musas sículas
entretejen coronas de rosasy mirto, descubren en su
carácter una sencillez encantadora, al paso que los
de Virgilio se nos presentan con un atavío, que tiene
algo de cortesano y refinado. Los pastores de Teó
crito respiran en sus diálogos naturalidad; los de Vir
gilio estudio; las escenas del primero, aunque ideales,
rayan siempre en lo real; las del segundo dejan tras
lucir muy amenudo la ficcion del poeta; el que lea á
Teócrito se verá rodeado de ninfas, y trasportado á
hs faldas del Etna, ó á U s campos de Enna; el que lea
á Virgilio, creerá pasearse en uno de los magníficos
jardines de los antiguos emperadores romanos; el
vate griego copia la naturaleza; el poeta latino procu
ra embellecerla. Si no queremos perder de vista, que
Virgilio escribió su Bucólica en su primera juventud,
no teniendo á la sazon mas de veinte y seis años de
edad, no vacilamos en compararla al lucero de la
mañana, precursor de un hermoso dia, como nos dan
un claro testimonio de ello sus Geór^icasy la Eneida,
de las que hemos hablado en las páginas anterioras.
Desde la época del renacimiento, el estudio de
Virgilio fué preferido al de los demas clásicos de la an
tigüedad, y algunos doctores de la Iglesia sostuvieron,
con fervor religioso, que la cuarta égloga de su Bucó
lica, en la quepareceque nuestro vatepredice clara y
terminantemente la venida del Redentor del mundo,
— 193 —
nos demuestra que este grande acontecimiento fué
revelado por intuicion divina á algunos sabios de la
gentilidad. Nosotros creemos que cuanto dice Virgilio
en la égloga IV, puede tener una esplicacion sencilla
y natural aun cuando se quiera calificar de prediccion.
Los romanos del siglo de Augusto conocian perfecta
mente la version griega del Antiguo Testamento, he
cha por órden de Tolomeo Filadelfo; y Virgilio, que
cultivaba con esmero la literatura hélenica, no podia
ignorarla . Puede afirmarse, pues, sin apelar á intui
ciones, que todo lo que escribió en la égloga mencio
nada, lo entresacó de los libros sagrados de los he
breos, y principalmente de los de Isaías, que anuncia
con mucha claridad la venida de! Salvador. Esta es la
opinion de algunos críticos; otros, por el contrario,
creen que todo lo que está consignado en la égloga
IV es una alegoría, que dice relacion con Augusto, el
joven Marcelo y su ministro Agripa (1).

EPIGRAMA.

El período , que vamos recorriendo nada ofrece

(I) Los que deseen conocer el órden cronológico en que


fueron escritas las diez églogas de la Bucólica de Virgilio, po
drán consultar á Schoell, ob. cit., t." 1." pag. 35') y sig. Este
mismo autor da á continuacion una breve noticia de algunos
manuscritos que existen todavía de las obras de Virgilio, como
la Bailarina, el Moretum, etc. etc.
MAN. DE LIT. LVT1NA. 13
— 194 —
de notable en este género de poesía, cuya defini
cion hemos dado ya en la página 61. Tiraboschi en
su estensa Historia literaria de Italia trascribe varios
- epigramas, qiK han sido considerados generalmente
como produccion del siglo de Augusto; pero nos di
ce al propio tiempo que muchos de ellos son apócrifos
ó dudosos, y casi todos de muy escaso mérito. Ficker
en su compendio de historia de la literatura clásica
pasa por alto 1 >s epigramas que pertenecen al siglo de
Augusto, y los nombres de sus respectivos autores;
Schoell (1) y Lefranc (2) hablan muy fugazmente de
los epígramas, que forman parte dela historia litera
ria de este tercer período. Nosotros vamos á trans
cribir algunos de los mas notables.
Atribúyense á Julio César, dos epígramas, uno so
bre las comedias de Tcrencio , y otro sobre la muer
te de un niño de Tracia; el primero lo hemos in
sertado en la página 47; el segundo es el siguiente:
Trax puer , astricto glacio dum ludit in Hebro.
Pondere concretas frigorc rupit aquas;
Dumque imae partes rápido traherentur ali amni,
Praesecuit tenerum lubrica testa caput;
Orba quod inventum materdum conderet urna,
Hoc peperi ilammis, cetera «dixit» aquis.

Un niño tracio juguetea en el Hebro (3) endit

en Ob. cit. t.° I .° pag. 365 y sig.


(2) Historia Elemental crítica de la lit. latina, pag. 150 y
sig. Parts 1838.
(3) El Ebro, en latín Hebrut, es un rio de 'a Tracia, muydis
— 195 —
recido por el hielo , las aguas se disuelven oprimidas
por el peso, y mientras que suben del profundo le
cho del rio , cortan su tierna cabeza las piedras da
ñinas. Guando la madre desconsolada preparaba ya la
urna para el ¡cadáver que se habia encontrado,
éste dijo: «Arrojaré ahora con el calor de las llamas
lo que me queda todavía de agua.»

Cuando fué hecho cónsul en el segundo trumvi-


rato Ventidio, que habia sido arriero, apareció en las
esquinas de las calles principales de Roma este
epigrama:

Concurrile omnes augures, aruspices:


Portentum inusitatum conflatum est recens:
Mam mulos qui fricabal, consul factus est.
(Aul. Ge!. libr. XV, Cap. IV).

Augures . aruspices , venid todos , que acaba de


suceder un portento estraordinario : han hecho cón
sul al que almohazaba á los mulos.

Un poeta anónimo escribió el siguiente epígrama

tinto del nuestro del mismo nombre, llamado por los antiguos
romanos Jberus.—V. Ortelio , Thesaurus Geográph 'tcus pal.
HebruSj y el Diccionario de Nebrija.
— 196 —
sobre un infame banquete á que habia asistido Au
gusto antes de ser emperador.

Cum primum istorum conduxit mensa choragum,


Sexqae deos vidit Mallia , sexque deas :
Impía dum Phoci Coesar meodacia ludit ,
Dum nova divorum coenat adulieria ;
Omnia se & terris tune Numina declinarunt:
Fugit ct auratos Juppiter ipse th todos.
(Suet., vit. Caes. Aug., n." 70.)

Cuando estuvieron á la mesa ataviados con sus


trages, (se alude á los comensales) se vio en la casa
Malia á seis dioses, á otras tantas diosas, yá César
que desempeñaba, durante lacena, con ficcion impía,
el papel de Febo, y representaba adulterios desco
nocidos en el Olimpo. Entonces todas las divinidades
abandonaron la tierra y Júpiter no quiso sentarse
en su trono de oro.

Marcial en el libro XI de sus epigramas , nos ha


conservado un epígrama de Augusto, tan obsceno é
infame, que no merece ocupar estas páginas.

El cónsul Caninio Rublo, no habiendo durado


ni siquiera un dia en el [desempeño de sucargo, Ci
ceron escribió el siguiente epígrama :

Vigilamem habeinus cdnsulem Caninium,


In consulatu somnum no vidit suo.
— 197 —
Tenemos en Caninio á un cónsul vigilante ; en su
consulado no durmió.

Un poeta anónimo compuso contra el infame Ti


berio el pígrama que insertamos á continuacion:
Asper et immitis , brcviler vis omnia dicam?
Dispeream si te mater amare potest.
No es eques , guare» non suni tibí millia centum ,
Omnia si quieras; et Rhodos exsilium est
Aura mutasti Saturni sascula , Caesar:
Incolumi nam te, ferrea scmper erunt.
Fastidit vinum, quia jam sitil iste cruorem:
Tam bibit hunc avidc quam bibit ante mcrum.
Adspice feliccm sibi non Ubi Romule Sullam:
Et Marium, si vis, adspice sed reducem.
Nec non Autoni civilia bella moventis,
Nec semcl infectas adspice caede manus.
El dic Roma peril : regnabit sanguine multo,
Ad regnum quisquís venit abexsilio.
<Suet., Vil. Tib., n.e 58)

¿Quiéres, pérfido y cruel, que lo diga todo en po


cas palabras? que yo perezca, si tu madre puede,
amarte. No eres caballero romano ¿y sabes por qilc'.'
—Porque fijando en tí mismo las miradas, no en
cuentras los fondos necesarios, sino al desterrado
de Rodas. El siglo de oro de Saturno, César, lo has
convertido en siglo de hierro, y tsH se quedará mien
tras tú vivas. El vino no le gusta; está sediento de
sangre, y esta bebida le es tan sabrosa, como en
otro tiempo el vino. Mira, Rómulo, á Sila, que goza
en tu desventura, y si quieres mira á .Mario, que
- 198 -
vuelve encendido en ira: mira tambien á Antonia,
autor de las guerras civiles, y con las manos una y
otra vez empapadas en sangre, y luego esclamarás:
«Roma, perece: el que pase del destierro al trono>
reinará siempre nadando en sangre.»

El epígrama siguiente se atribuye á Quinto Cice


ron, hermano del célebre orador Marco Tulio Ciceron.

Crede ratcm venlis, animum ne credo puelIis;


Namque est femínea tutior unda fldc.
FeminaNescio
nullaquo
bonafato
est;res
vel,mala
si bona
factacontigit
bona esi.
ulla,

Confia en la nave, llevada por los vientos, y no


confíes en las muchachas, porque la ola del mar es
mas establo que la fidelidad de una muger: ninguna
es buena, y si por acaso alguna lo sea, no se qué
decretos del destino han convertido una cosa mala en
buena.

En los fragmentos que nos quedan de las poesías


de Mecenas, cuyo estilo, como decia con mucha
oportunidad Augusto, no era menos perfumado que
su cabellera, encontramos los versos siguientes, quo
pertenecen hasta cierto punto al género epigramático;

Ni lo visceribus meis, Horati,


Jam plus diligo, tu tuum sodnlem
Hinntilo videas strigoíiorem.
(Suet. , vit. Horatii.)
— 199 —
Si no te amo ya, Horacio, mas que á mis entra
ñas, quiero que veas á tu amigo como un mulo muy
estenuado.

Los versos siguientes de Mecenas, consignados


en la carta 101 de Séneca, son un verdadero testi
monio de cobardía.
Debilem facito manu
Debilem pede, coxa:
Tuber adstrue gibberum,
Lubricos quale denles:
Vita dum superest, bene est.
Hanc ntihi, vel acuta
Si sedeam cruce, sustine.

Dejad débiles mis manos y mis pies: dejadme


cojo : haced que me quede jorobado : que se
caigan los dientes: lo tendré todo por bien hecho
hasta que no pierda la vida: conservádmela tambien
crucificándome.

Pero entre los fragmentos que nos quedan de las


poesías de Mecenas, confirman sobremanera las pa
labras de Augusto acerca de su estilo muy perfumado
los pocos versos que vamos á insertar á continua
cion: en ellos Mecenas manifiesta su profundo senti
miento por la pérdida de un amigo, y dirigiéndose á
Horacio le llama vida mía, esmeralda, berilo, candida
margarita.
- 200 —
Lugenl, d mea vila! le zmaragdus,
Bcryllus quoque, Flacci, nec nitenles
Nuper, candida margarita, quaero,
Nec, quos Tliynica lima perpolivit
Ancllos, ncc iaspios Iapillos.

Los dos versos siguientes, que M. Varron puso


bajo el retrato de Homero en su tratado de las «Imá-
gtnes», pueden merecer el nombre de epigrama.

Capella Homeri candida haec tumulum indicat:


Quod hac lelae mortuo faciunt sacra.
(.Vul.Gel., lib. III, cap. XI.)

Esta cabra blanca indica el sepulcro de Homero,


porque es la víctima, que los habitantes de los ofre
cian en sacrificio a su memoria.

listos dos versos Varron los escribió para afianzar


su opinion de que Homero habia nacido en los, isla
del archipiélago griego, y una de las Cicladas.
Otro Varron, llamado generalmente Atacino, es
cribió el epigrama siguiente, con ánimo de satirizar á
cierto Licinio, que despues de haber sido esclavo y
barbero de Augusto, fué liberto, y llegó á poseer
muchas riquezas, y un monumento magnífico en la
via Solaria.

Marmóreo J.icinus tumulo jacct, ct Cato parvo,


Poinji'jits nullo. Creditnvs esse deos?
— 201 —
Saxa premuní Licinwn, levat altum fama Catoñan,
Pompejum tiluli. Credimus esse deos.

Licino yace bajo un túmulo de mármol , y Caton


bajo un pequeño túmulo; Pompeyo no tiene ninguno.
¿Creeremos que son dioses? Las piedras comprimen
el cuerpo de Licino ; la fama ensalza á Caton ; á Pom
peyo le dan gloria los pasados honores, y nosotros
creemos que son dioses.

Esta es la traduccion del epígrama; pero el au


tor no ha espresado, á nuestro entender, su idea, que
tal como nosotros la concebimos, es esta:
Licino yace bajo un túmulo de mármol , y Caton
bajo un pequeño túmulo; Pompeyo no tiene ninguno.
¿Creeremos que son dioses? Creemos que Caton
lo sea , porque le ensalza la fama ; que lo sea Pom
peyo por sus pasados honores; en cuanto á Licino,
lo creemos un dios tan solo porque yace bajo magní
ficas piedras.
Tenemos un reducido número de epígramas de
Virgilio, pero juzgamos ocioso trascribirlos en estas
páginas, porque están todos reunidos en la coleccion
de los clásicos latinos por Nisard, obra muy conocida
en lodo el orbe.
PRIAPEIA.

La Priapeia seu m Priaptim lusus, es una coleccion


le epigramas, cuyo número asciende ordinariamente
— 202 —
á ochenta y ocho ; pero hemos visto en Italia colec
ciones por el mismo estilo, y bajo el mismo nombre,
mucho mas estensas. Estos epígramas , algunos sen
cillos y otros obscenos, son pequeñas inscripciones
en que se celebra á Priapo, guardian de los jardines
contra los ladrones: en ellas hay muchas, que perte
necen á poetas del buen siglo, comoCatulo, Tíbulo,
Ovidio, etc., etc. , y otras que pertenecen á poetas
de la decadencia , como Marcial, Petronio , etc., etc.
Las Priapéías no traen mas en general que las ins
cripciones sin los nombres de sus autores respecti
vos; pero nosotros hemos visto algunas muy com
pletas con el nombre de su autor en cada inscripcion.
Se cree que muchas de ellas adornaban las murallas
de un pequeño templo de Priapo , y que andando ef
tiempo , un aficionado á este género de poesía , las
reunió añadiendo otras, y un breve prefacio. Esta
opinion tiene visos de probabilidad , pero no sale del
circulo de las conjeturas.-

PROSA.

HISTORIADORES DEL SIGLO DE AUGUSTO, CUYAS


OBRAS SE HAN PERDIDO.

Los historiadores de este tercer período, que va


mos recorriendo , llevan el sello de una nobleza so
berana, y sus obras están escritas con tanta exce-
— 203 —
lencia
da de un
, que
crecido
nos vemos
número
obligados
de otras
á deplorar
historias la
publica
pérdi*

das en la misma época, los nombres de cuyos autores


vamos á apuntar, indicando al propio tiempo el título
de cada una de ellas.
Los Anales de Q. Claudio Quadrigario , contem
poráneo de Sila, citados por TitoLivio , Aulo Gelio y
Séneca, existian todavía á fines del siglo XII. Plinio
apela con frecuencia á la autoridad de Q. Valerio An-
tia, que escribió otros Anales. C. Licinio Macer, y
Marco Pompilio Andrónico, cooperaron con sus tra
bajos á ilustrar la historia de Roma : el último fué
uoo de los maestros de Ciceron. El célebre orador,
Hortensio Ortalo , y Pomponio Atico , merecen tam
bien ocupar un puesto distinguido como analistas ; y
el segundo compuso un compendio de historia uni
versal , que comprendia siete siglos , y una especie
de nobiliario en que hablaba de las familias mas ilus
tres de Roma, y de sus árboles genealógicos: escri
bió además una obra en lengua griega sobre el con
sulado de su amigo Ciceron , que no dejó de cultivar
con ahinco los estudios históricos. Con efecto , pu
blicó en el abril de sus años una historia en verso
del inmortal Mario, azote del patriciado. M. Terencio
Carron, el mas docto entre los romanos, y cuyo
nombre hemos apuntado repetidas veces en este Ma
nual , escribió un libro titulado Süenm (1) ó de la

1) Yarron le dió° este nombre en memoria do Sisenna, va


— 204 —
gen
historia,
de laespecie
ciudad de
de Roma,
Anales;yun
unatratado
obra biográfica,
sobre el ori
que

contenia la vida y los retratos de setecientos varones


ilustres (1). L. Luceio publicó una historia de la guer
ra de los aliados y de la civil , escrita con tanto es
mero que Ciceron, despues de haberla leido dijo lle
no de admiracion , que deseaba ver escritas por la
misma mano las memorias de su consulado. Pertene
cen á esta época los historiadores Tanusio Gemino,
Voluso y Procilio. Polion , amigo y protector de los
literatos mas distinguidos de su tiempo, no conten
tándose con haber fundado la primera biblioteca pú
blica en Roma, compuso una historia en diez y seis
libros (2). Suidas , que le cita con honor, dice que

ron ilustre por su doctrina, y autor de una historia romana. Ci


ceron de Claris Orat. habla de Sisenna en estos términos: 'Si
senna, doclus vir et studiis optimis deditus, bene latiné lo-
queris.' Sisenna, varon docto y dedicado á los buenos estudios,
era elocuente.
(1) Insertis non nominibus tantum sepligentorum illustrium,
sed et aliqno modo iinaginibus.—Plin., Hist. Nat.,lib. XXXV,
cap. 2.
(2) Horacio alude á esta obra en la Oda I .* del lib. 2.
Ad Asinium Pollionem.

Molían ex Melello consule civicum,


fíelliquc causas, et \itia, et modos,
Ludumquae fortunae, gravesque
Principum amicitías, et arma.

Nondttm expiaüs uñeta cruoribus,


Periculosa plenum opus aleae
— 205 —
fué el primero que escribió en latin sobre la historia
griega. Augusto, cuyo nombre está hermanado con
el de su siglo , figura tambien como historiador por
haber escrito las Memorias de su vida en trece li
bros, que llegaban hasta la guerra de los cánta
bros (t) , (26 anos antes de Jesucristo). De esta
obra muy importante , no queda mas que un redu
cido número de fragmentos. Augusto escribió tam-

Tractas, et incedis per ignes


Supposilos cineri doloso.

Polion amparo al afligido reo,


Lustre , honor del Senado ,
Tú, cuya sien ciñd laurel sagrado,
Por inmortal trofeo
Del honor que lográras,
Cuando del fiero Oalmata triunfáras:
Tú la guerra civil que de Metelo
Nacer vid el consulado,
Escribes y su origen desastrado,
Y su estrago y su duelo,
YEnlos
quejuegos
se goza
de lamuerte,
enemiga suerte,

Y de los gefes la funesta liga,


Y teñida la espada
En sangre todavía no vengada ;
Senda pisas, do abriga
Su apariencia traidora
Ceniza fria, chispa abrasadora. (Burgos.)
(I) De vita sita , quam tredecim libris, Cantábrico lenut
hilo, nec ultra exposuit. Suet., Vit. Aug., núm. 85.
— 206 —
bien un breve relato, en forma de sumario, de todos
sus hechos políticos y militares, que fué leido des
pues de su muerte en el senado: y dejó una especie
de cuadro estadístico del imperio, documentos his
tóricos entrambos de mucho interés. El sumario le
tenemos casi íntegro por haberse encontrado en Anci-
ra (1); el otro se ha perdido con grave perjuicio de la
posteridad , anhelosa de reunir noticias curiosas y
peregrinas , que puedan aclarar la historia de un im
perio tan colosal como el de Roma. Agripa, amigo de
Augusto, y cuyo nombre hemos apuntado anterior
mente , escribió una historia de sí mismo. Nosotros,
considerando que este personage tomó mucha parte
en los acontecimientos políticos de su tiempo, y que
contribuyó sobremanera al engrandecimiento de Au
gusto , derrotando á sus enemigos en Acio , no pode
mos menos de lamentar su pérdida. La auto-biografía
de un hombre célebre, aunque escrita con aquella
parcialidad que nos acompaña hasta la tumba en lo
que nos toca muy de cerca , inspira siempre un pro
fundo interés, porque pinta á grandes rasgos el
carácter y la vida pública y privada de su autor.
M. Valerio Mesala Corvino compiló una historia ge
nealógica de las familias de Roma , citada por Plinio,
y una especie de compendio de historia romana que
existe todavía, titulado de progenie Augusti. L. Arun-
cio, los pormenores de cuya vida ignoramos, escri-

(I) V. Nuestra Historia Universal, t. 4.°, pég. 143. part. 2.'


— 207 —
bíó una hisíoria de la primera guerra púnica (1). De
los Anales, que publicó Fenestela algunos años antes
nos quedan pocos fragmentos. El tratado que se le
atribuye de los sacerdotes y magistrados de Roma,
es apócrifo (2). Merece un puesto distinguido en es
ta reseña Cremucio Cordo, por haber escrito sus
Anales con libertad republicana ; y si es cierto que
no vacilóen permitirque Augusto losleyera, esteno-
bleatrevimiento recomienda aun mas su memoria á la
posteridad. (3) Q. Vitelio Eulogio, liberto de cierto
Vitelio, cuestor en tiempo de Augusto, escribió la
genealogía de su seíior (4); y otro liberto, llamado
Verrio Flaco , á quien el mismo Augusto apreciaba
por su profunda instruccion , publicó varias obras
históricas
(1) Si este
, ypersonage
mandó esgrabar
el mismo
en doce
de quetablas
habla Tácito
un calen-
en el

lib. 1.' desus Anales Sanlissimis Arunl'ú artibus, podemos


afirmar desde luego que se distinguid por sus eminentes virtu
des, pues nadie ignora que Tácito , hombre de costumbres seve
ras é imparcial en sus juicios, no prodigó nunca elogios al
vicio.
(2) L. Fenestella Da sacerdotils et magistratibus romano-
rum, lib. II. cum additamenlis, ex Joh. Camertis concordaríais
historiarian depromptis. París, 1530, en 8.°Colonia 1627, en 12."
(3) Lamentaba la muerte de Casio y Bruto, llamándoles úl
timos heroes de Roma. El infame Tiberio le mandó quitar la
vida, y lodos los ejemplares de su obra fueron quemados, á
escepcion de una sola copia que su hija Marcia pudo conservar
furtivamente , como nos lo refiere Séueca , en cuyo tiempo
existia. Consol, ad Mart. cap. I.
(4) Se cree que el cuestor Vitelio fué uno de los antepasados
del emperador de este mismo nombre. V. Suet., vit. Vitel. n. I.°
- 208 —
dario romano , citado repetidas veces por Suetonio y
Macrobio. Algunos fragmentos de este tesoro arqueo
lógico fueron descubiertos en 1770, y publicados
al cabo de nueve años por Foggini : contienen los
meses de enero, marzo , abril y diciembre (1). Tito
Labieno escribió una historia con tanta hiel y amar
gura, que sus contemporáneos cambiaron su nom
bre latino de 'Labienus en Rabienus (rabioso); y este
autor, persuadido de que su historia era un conjun
to de invectivas y maledicencias, pasaba por alto los
pasages mas violentos, cuando la leia en los círculos
de Roma, diciendo : lo que omito será leido despues
de mi muerte (2). Cn Aufidio Basso, que floreció
en los tiempos de Augusto y Tiberio, publicó una
historia de la última guerra civil , y de las que los
romanos sostuvieron en Germania : Quintiliano elo
gia estas dos obras , cuyo nombre únicamente con
servamos. Marco Bruto fué tambien historiador, pero
sus obras no han llegado á la posteridad , y ha
sucedido lo propio á las de Elio Tuberon.
Despues de esta breve reseña de muchas histo
rias perdidas, dirijamos ahora la vista á un varon
muy distinguido por sus profundos conocimientos,
por su elegancia y por la sencillez de su estilo , que
ha dado una fama imperecedera á sus obras histó
ricas;
(1) Estos
(2) Schoell,
á unson
varon
Historia
los célebres
quecompendiada
fuéFastos
tan Prenestinos.
valeroso
de la Literatura
guerrero
Romana,
co-

ertic cit., t, II., p. 61.


— 209 -
tno político profundo y literato eminente; á un varon
que en el campo de batalla se sometia á las fatigas
mas penosas como el último de sus soldados, y que
en Roma ostentaba lujo y magnificencia; á un varon
qoe no se distinguió menos por su vida licenciosa,
que por sus heroicas virtudes; á un varon que
cuando cayó víctima del asesinato, supo morir
noblemente envuelto en su gloriosa toga ; dirijamos
nuestras miradas á este varon que fué Juüo César;
cuyos Comentarios contienen noticias importantes y
peregrinas.
En los de Bello Gallico fué el primero que dió á
conocer al mundo civilizado la religion , las costum
bres, los usos y los hábitos de los antiguos galos.
Nos describe su organizacion política y militar.su
régimen gubernativo, y ageno de toda calumnia y
de un mal entendido amor de patria, encomia el
valor y noble arrojo de los galos en las batallas. Sus
'flmenlarios,
prenden únicamente
pues, deel Bello
relato Gallico,
siemprequeuniforme
no com -

<le espediciones militares y combates, son un tesoro


inagotable de conocimientos útiles , tanto para el
historiador como para el filósofo, que se propone es
tudiar la índole y el carácter de los galos, que en su
misma barbarie daban ya testimonios de grandeza,
precursores de la importancia y mucho lustre, que
debian adquirir en los siglos venideros. En los Co
mentarios de Bello Civili , César no se manifiesta
tan imparcial como en su narracion histórica sobre
M\N. DE I.IT. LATINA. 1'
- 210 —
las Galias : los pormenores de aquella guerra inte
resaban muy de cerca su amor de gloria y su am
bicion contra un enemigo poderoso (1).
E] estilo de César es elegante, sencillo, conciso;
y nos parece que este escritor puede compararse
hasta cierto punto con Montcsquieu, cuando en un
reducido número de palabras nos da una idea acaba
da de un hecho de armas, de una gran batalla, ó de
la índole y del carácter de todo un pueblo (2). Cice-

(I) El baron Tecco, uno de los diplomáticos que mas servi


cios lian prestado á su gobierno , docto en lenguas orientales,
gran numismático, muy versado en la literatura clásica, y ministro
plenipotenciario de S. M. el rey de Ordeña, hoy monarca del
reino de Italia , nos ha dicho repetidas veces que cuando visitó
la magnífica biblioteca del Serrallo , durante su residencia en
Constanlinopla , vid algunos manuscritos de obras antiguas,
que hoy se creen perdidas en Europa, y cntrc ellos el principio
de Ioi Comentarios de César: De Bello Civil*. Pero el baron Te
cco, con cuya amistad nos honramos sobremanera, nos dijo tam
bien con pesar suyo, que habiendo buscado el principio de los
Comentarios mencionados, cuando volvió á visitar la biblioteca
de! Serrallo, no lo encontró, y que esta circunstancia le habia he
cho dudar de que manos sacrilegas lo habian robado, apode
rándose de aquella preciosidad y otras muchas. La sospecha es
muy fundada; pero considerando que aquel rico depósito de
manuscritos está entregado á la custodia de personas ignorantes,
y que está en completo desórden , nos inclinamos á creer que
algunos de ellos se estrawan sin salir de la biblioteca, y tan
solo trasladándoles confusamente de uno á otro sitio.
(2; Ka relacion de la guerra de Alejandría y la de la guerra
de Africa, que son una especie de apéndice á los Comentarios
de César, se atribuyen á Aulo llircio, que fué uno de sus lugar,
tenientes. En tiempo de Suetonio las dos obras mencionadas, y
— 211 —
ron dice que la admirable sencillez sin ornamento
de los Comentarios de César ofrece materia para es
cribir á los necios, y retrae del arte de escribir á los
sensatos (1).
Las demas obras de este ilustre varon, como sus
les,
tragedias,
sus tratados
los dos sobre
libros los
de Auspicios,
las analogías
la Aruspicina
gramalica-

y el movimiento de los astros, un poema titulado Iter,


y otras varias poesías, no han llegado á la posteri
dad. Esta pérdida irreparable y la de sus arengas,
que no dejarian de ser un modelo de política y elo
cuencia, debemos atribuirlas en parte á Augusto, que
prohibió la publicacion de las obras de su padre
adoptivo.

otra sobre la guerra de España, se atribuian a cierto Cayo Opio,


amigo de César. Ambas opiniones están fundadas en conjetu
ras no muy sólidas, y tan solo sabemos con certeza que el octa
vo libro de Bello Gallico fué añadido por Hircio á los Comen
tarios del dictador. Algunos críticos han atribuido todas las
obras históricas de Cesar á cierto Julio Celso, que vivid en
Constantinopla en el sélimo siglo despues de Jesucristo. Pero
esta opinion ha sitio rechazada por los verdaderos sabios, y por
lo demás, la circunstancia de que en et siglo setimo de nuestra
era el latín habia perdido todas sus gracias y elegancias, ¿no es
la prueba mas terminante do la falsedad de la opinion mencio
nada?—La vida de César, repartida en tres libros, y quo lleva e'
nombre de Celso, algunos críticos creen qne es obra de Pe
trarca.
(1) De Claris oral. LXXXV.
— 212 —

SALUSTIO.

C. Salustio Crispo nació en Amilemum (San Vit-


ton'no) antigua ciudad de los vestinos, 86 años antes
de nuestra era, y bajó á la tumba 35 años antes de la
venida de nuestro Redentor. Cuando se retiró de la
vida pública, y se dedicó á escribir sus obras, el
sanguinario Sila babia sido dictador; César ambicio
naba el trono; los romanos vivian encenagados en el
lodazal de los vicios mas vergonzosos; el senado ha
bia perdido gran parte de su grandeza y magestad;
las virtudes cívicas habian desaparecido; la abnega
cion heróica de los antepasados era para muchos un
objeto de mofa; el delito servia de recreo á los hom
bres mas ruines; y el que medite sobre esta época
horrenda, no podrá menos de esperimentar en el fon
do de su corazon cierta tristeza, precursora de cala
midades mayores.
Salustio en la Guerra contra Yugurta y en la Con
juracion de Catilina, historias inmortales, apunta la
corrupcion de su siglo con colores terribles: su esti
lo es nervioso, conciso, contundente, y sus arcaís
mos le dan un aspecto de originalidad, que no se en
cuentra en otros escritores. Su pluma, empapada en
la hiel, es muy parecida á los rayos de Júpiter, que
hieren y lo reducen todo á ceniza, destruyéndolo con
una fuerza irresistible. El conspirador, el concusio
nario, el ambicioso, el disoluto, encuentran en Salir*
— 213 —
tioá un juez severo é inflexible. En las arengas, que
hace pronunciar á sus protagonistas, se manifies
ta político profundo, y no menos elocuente que
los oradores mas distinguidos de su tiempo. El que
lea sus historias, sin conocer los pormenores de su
vida, creerá descubrir en este escritor la abnegacion
heróica de Fabricio y Cincinato, ó la severidad de
Caton, creerá que fué un modelo de virtud y un in
signe patriota de costumbres muy puras, y sin em
bargo, la realidad de los hechos prueba todo lo con
trario.
Salustio fué amigo y compañero de Clodio, uno
de los hombres mas infames de la antigua Roma, v
contribuyó á las persecuciones atroces, promovidas
por este hombre turbulento contra los ciudadanos
mas adictos á los intereses de la república; fué sor
prendido en adulterio con Fausta, esposa de Milon, y
los jueces le condenaron á ser azotado y á pagar unn
multa; fué agente secreto de César en Roma, y ejer
ció el oficio, tan vil como infame, de espía; fué émulo
de Lúculo en ostentar pompa y lujo; cuando fué pro
cónsul en Numidia, saqueó aquella provincia y vol
vió á Roma cargado de oro; sus vicios fueron tan re
pugnantes, que mereció por su depravada conducta
ser borrado de la lista de los senadores; y si es cierto
que las producciones del ingenio reflejan siempre la
imágen de su autor, su carácter, sus vicios, sus vir
tudes, sus hábitos, sus costumbres, sus inclinacio
nes, podemos afirmar resuelta y terminantemente,
— 214 —
que Salustioes una triste escepcion de esta regla (1).
Volviendo ahora á sus historias, diremos que los
críticos mas severos censuran el abuso de sus arcais
mos, y sus digresiones muy frecuentes, que inter
rumpen el hilo de la narracion de los hechos. Es
cierto que Salustio no se atiene escrupulosamente al
oficio de historiador, y estamos muy lejos de discul
parle; pero no queremos pasar por alto en esta cir
cunstancia, que sus digresiones encierran siempre
grandes pensamientos y máximas de una acendrada
moral, muy contraria á la que practicó en su vida
pública y privada.
Nos quedan de este autor, además de la Conju
racion de Catilina y de la Guerra contra Yugurta, dos
cartas á César; una, escrita antes de su entrada en
Roma; y la otra, despues de la batalla de Farsalia:
algunos críticos las consideran como dos folletos polí
ticos, el fondo de cuyas ideas pertenece á César;

(1) Aimé-Marlin "Plan de une biblioiliequc» ele., ete., pdg.


315, cdtí. de fíruxelles: despues de haber ensalzado el mérito de
Salustio, como historiador, se espresa en esta forma en cuanto i
la corrupcion de sus costumbres: «iContradiccion estrana! este
hombre, cuyo pensamiento es libre, grave, severo, que habla
como el viejo Caton, fué el esclavo de los vicios mas vergonzosos
y de las pasiones mas monstruosas: iguald i Lúculo: habría sido
peor que Sila: ile elogió!
«I.os antiguos notaron la nobleza de su figura, y dijeron que
era laespresion de la nobleza desus pensamientos, ¿por qué no
añadieron lo que decia el mismo Salustio de Pompeyo? «En es
te hombre la fisonomía de la virtud esconde el vicio.»
- 215 —
otros las creen apócrifas, y Escalígero, que niega su
autenticidad, dice nugce, nugas, nugce.
La Historia general civil y militar de la república,
que habia escrito en seis libros y dedicado á Lúculo,
se ha perdido, á escepcion de un corto número de
fragmentos, que son todavía un objeto de estudio pa
ra los eruditos de profesion, y los que se proponen
profundizar la historia antigua. Con efecto, estos re
siduos, aunque destronca los é inconexos, nos dan á
conocer que Salustio presentaba en su obra á los lec
tores el aran cuadro de las luchas entre Mario y Si-
la; de la guerra de Sertorio en España contra Mótelo
y Pompeyo; de la espedicion de Lúculo contra Mi-
tridates; del sitio de Cizico; de la invasion de Marco
Antonio en la isla de ('reta; de la de Curion en la
Misia; de los esfuerzos de los tribunos para recobrar
su antigua autoridad, y restablecer al pueblo en la
plenitud de sus derechos; de la guerra de los pira
tas; de la rebelion de Espartaco, y de toda la larga
série de los demás acontecimientos, asi conocidos
como secretos, que habian agitado los ánimos en Ro
ma desde la abdicacion de Sila hasta la ley Manilia,
que entregó á Pompeyo todas las fuerzas del Estado
y la autoridad suprema.
El poeta Rufo Festo Avieno, en su poema titula
do Ora marítima, y algunos gramáticos antiguos citan
una obra de Salustio sobre el Ponto-Euxino. (1)

(1) V. Schcel!, ob. cil., t. 2.°, pág. 26.


— 216 —

CORNELIO NEPOTE.

Ignoramos el afto del nacimiento, y el de la muer


te de este ilustre escritor; pero sabemos, que fué
contemporáneo de César, amigo de Ciceron, de Poni-
ponio Atico, y de Cátulo; que este último le dedicó una
coleccion de sus poesías, y que fué su patria Hostilia,
pequeña ciudad, muy cerca de Verona.
Las vidas que escribió de los ilustres capitanes,
Vitas excellentium imperatorum, algunos autores, po
co versados en la literatura clásica, las han atribuido
á Emilio Probo, gramático del tiempo de Teodosio;
pero los críticos modernos han desmentido esta opi
nion infundada, y hoy ningun sábio duda de la au
tenticidad de este libro. Sino queremos, sin embargo,
perder de vista que Nepote no se atiene con escru
pulosidad á la exactitud cronológica en la narracion
ile los hechos, que emplea de vez en cuando frases
nstrañas ó impropias, y hasta solecismos, y que equi
voca algunos nombres, nos inclinamosá creer por una
parte, que los copistas alteraron el original; y por
otra, que escribió su obra mas bien con la intencion
de presentar á los lectores ejemplos de grandes vir
tudes y de una abnegacion heróica, que una verda
dera série de biografías sin separarse de la histo
ria (1). No queremos, sin embargo, pasar por alto,

(l) En atencion á que este autor sirve de testo en las escuo


— 217 —
que ningun escritor antiguo habla de esta obra de
Cornelio Nepote, lo que nos induce á creer que es un
estrado adulterado de alguna otra del mismo autor,
las de primera latinidad, juzgamos muy del caso apuntar sus
principales errores.
!.• Confunde el M, leudes, hijo de Cimon, con el hijo de
ü'pselo del mismo nombre. Herodoto dice (IV. 34 y sig.) que
este úliimo Milciades llevó una colonia de atenienses al Querso-
aeso, y que e-lableció en este pais una soberanía.
2." En la vida de Pausanias se nota otra confusion por el es
tilo entre Darío y Jerjes:-Mardonio era yerno del primero y her
mano del segundo. V. Herodoto IV. 43. Este historiador apunta
el nombre de la princesa, que se casó con Mardonio.
3." En la vida de Cimon, cap. 2." confunde la batalla de Mi-
cale, ganada por Jantipo y Leotiquides, 479 años antes de Jesu
cristo, con la victoria que gane! Cimon nueve años despues cer
ca del Eurimedonte.
i.° Comparando el fin del segundo capítulo y el principio del
tercero de la vida de Pausanias, con la narracion clara y circunstan
ciada deTucídides (1. 130, 134) no se dejar.1 de notar que Nepote
ha invertido el orden de los tiempos, y confundido los aconte
cimientos.
'i.0 Se nota tambien mucho desorden en el tercer capítulo de
!a vida do Lisandro. Nuestro autor confunde dos viages de aquel
Keneral al Asia, sin reparar que mediaron siete años entre uno
y otro. V. Jenof, Hellen. 111,4, 7—10. Diod. Sic, XIV. 13.
6.° En el segundo capítulo de Dion confunde los aconteci
mientos mas importantes de la historia de la antigua Siracusa.
'.° En el segundo capítulo de la vida de Cabrias se nota un
desorden completo. Nepote coloca la espedicion de Agesilao lí
Egipto en la época en que este príncipe estaba muy ocupado en
la Beocia, y en su vida no habla de esta espedicion. El rey de
Egipto, ayudado por Cabrias, y luego por Agesilao, fué Taco, y
no Nectanebo.
8." Aníbal no marchd sobre Roma inmediatamente despues
- 218 —
pues sabemos que escribió varias que no han llegado
ála posteridad, y cuyos títulos vamos á apuntar.
Cátulo en la dedicatoria de sus versos, mencio
nada arriba, habla de una historia universal redac
tada por Cornelio Nepote, y repartida en tres
libros.

Q'joi dono lepidum novum libollura


Arida modo pumice expolitum?
Corneli, Ubi: namque tu solebas
Meas esse aliquid puiare nugas ,
Jam tum , qu'.im ausus es unus Italorum
Omne aevum tribus explicare chartis ,
Uoctis, Júpiter! et laboriosis.

En castellano dice asi:


¿A quién dedicaré este libro nuevo, ameno y
encuadernado con aseo? á tí, Cornelio, á tí, que
primero entre los romanos osaste escribir la historia
de todos los siglos en tres volúmenes: obra ;por

de la batilia de Cmnas, como dice Nepote «Vida de Anibal,


cap. 5.°» sino despues d« haber permanecido algun tiempo en la
Companía.
9." En la vida de C.onon, cap. I.» dice que este general n<i
asistid á la batalla de Egos-Pdtamos, y sin embargo, todos los
historiadores afirman lo contrario, y entre ellos Jenof., Me
llen. II, I.», 28—?0.
10. En la vida de Agesilao cap. 5.° atribuye A este principela
victoria de Gorulto debida A Aristodemo, como lo dice Jenof.,
Mellen. í, 2, 9-23.
— 219 —
Júpiter! docta y laboriosa: y sin embargo has juz
gado merecedores de algun aprecio mis fruslerías.

Aulo Gelio habla de esta obra, dándola el nom


bre de Crónica, y Jornandés el de Anales. El mis
mo Gelio y el gramático Carisio citan una obra de
Nepote , titulada de tos Ejemplos, y con especialidad
su libro V. Carisio cita e! XVI de una obra de nues
tro autor sobre los hombres ilustres. Nepote escri
bió tambien la vida de Ciceron , y al fin de la de
Caton, dice que hibia escrito una biografía mas es
tensa de este último. En la de Dion habla de una
obra suya sobre los historiadores griegos. Los es
coliastas, afirman que las vidas de Caton y Atico,
fueron estractadas de otra de Nepote sobre los his
toriadores latinos. Lactancio cita una coleccion de
*us cartas á Ciceron , y algunos críticos dicen que
escribió vidas de reyes. Pero este aserto no parece
fundado, porque se apoya en un pasaje de nues
tro autor muy dudoso y oscuro.
Las vidas de los ilustres capitanes de Nepote
sjn las siguientes: las de Milciades, Temístocles,
Aristides, Cimon, Alcibiades, Trasibulo, Conon,
Ificrates, Cabrias, Timoteo y Focion , atenienses.
Las de Pausanias, Lisandro y Agesilao, espartanos.
Las de Epaminondas y Pelopidas, tebanos. Las de
Timoleon, Dion, Datamo y Eumenes: el primero
— 220 —
corintio, el segundo siracusano, el tercero cario, y
el újtimo macedon io. A estas biografías siguen la
nomenclatura de los monarcas mas célebres de los
griegos y de los persas, y las vidas de Anibal y
Amilcar, cartagineses. Las biografías de Caton y
Atico, que ponen término á la coleccion, son indu
dablemente de Nepote; pero pertenecen á otra obra
de nuestro autor , y fueron añadidas á las biografías
mencionadas por Pedro Cornaro, primer editor de
Nepote.
Esta mezcla de varones üustres, que pertenecen á
épocas y naciones distintas, los errores históricos y
cronológicos, que se notan con frecuencia en las dichas
biografías , algunas frases y palabras, que rayan en
solecismos , nos confirman en la opinion de que esta
obra de Nepote fué estractada, con poco tino y menos
crítica , de otras del mismo autor. Su estilo y len
guaje son en general fáciles, sencillos, elegantes,
y las vidas de los ilustres capitanes hermanan hasta
cierto punto la instruccion con la amenidad. La d»
Atico descubre una grande espansion de afectos.

TITO LIVIO.

Este príncipe de los historiadores romanos na


ció en l>adua 59 __años__aqt.ps J._f,. , pasó gran
parte de su vida en, Nápoles. y ultimamente se es
tableció en Roma ; pero despues de haber bajado á
la tumba Augusto, regresó á su patria y murió el
— 221 —
afio 19 de nuestra redencion. El emperador, cuyo
nombre acabamos de apuntar, le prodigó su amistad,
y quiso que se le franquearan todos los archivos y
todos los documentos mas reservados, para que
escribiera su historia, obra inmortal, que le costó
veinte años de trabajos, y que para nuestra des
ventura no ha llegado íntegra a la posteridad.
Este gran monumento de la literatura latina
comprende desde la fundacion de Roma hasta el rei
nado de Augusto. Describe Tito Livio las vicisitudes
de la gran metrópoli, todas las épocas de su gloria,
sus progresos, sus victorias, sus conquistas, y los
hechos heróicos de sus ilustres varones, cuya fama
trasmite á los siglos futuros (1).
(1) Francisco María de la Rovere, último duque de Urbioo,
riudad ilustre de Italia , y muy celebre por haber proil icklo li
teratos eminentes, tenia siempre en su corte doce historiadores
de varias lenguas y distintas naciones , y hablaba afablemente
con ellos de materias literarias y científicas o políticas. Su teso
rero le dijo un dia, que era menester disminuir las pensiones
muy alzadas que prodigaba á esos hombres, porque eran gra
vosas para el Estado. El duque le contestd : «Seílor tesorero,
haga V. economías en los gastos ordinarios de mi palacio , dis
minuya el número de mis cortesanos, que sea mi comida menos
regalada, disminuya el número de caballos de mi cuadra: lo
que se gasta en vanas pompas, en suntuosos banquetes y en
objetos de lujo, es todo perdido , y queda únicamente la memo
ria de alguna accion buena y virtuosa , trasmitida á la posteri
dad por esos historiadores, á fin de que sirva de ejemplo á los
venideros.»—V. Gregorio Lcti, Teatro Británico d Historia de
la Gran Bretaña , parle 1.*, lib. VII, pág. 2fií.—Edic. ital.—
Amsterdnm DCLXXXIV.
— 222 —
Tito Livio, que cree en la eternidad de su pá-
_ tripj_ y conoce muy bien que el pedestal mas firme
de los Estados esja__yjrlüd-, justifica los abusos de
Roma; disimula sus violencias ; la presenta á los ojos
de los lectores justa, inculpable, sin vicios ; y si sus
actos de opresion y tiranía no admiten escusa ni de
fensa, se compadece de la suerte del oprimido, y
procura averiguar si se puede atribuir el castigo mas
bien á sus faltas que á Roma, por haber hecho trai
cion á la república ó haberse negado á satisfacer sus
deseos. Este historiador, sin embargo, que prefiere.
p.\ amor dja su patria, p¡\ j¡£Jg¡~ human idad^y que se
nos presenta siempre como ciudadano de Roma , se
distingue por lajQjjrezajjejsus intenciones y por_cier^
ta-ingenuidad de carácter, que casi nos obiiga á ser
indulgentes, y no censores severos de su historia
cuando nos refiere prodigios y milagros tan increí
bles como pueriles. No se manifiesta contrario á
la monarqnía, pero acaricia las reminiscencias de la
república que ha perecido, y do la antigua aristo
cracia, por lo que Augusto solia llamarle mi I'ompe-
yano. ^u__estilo magestuoso, magnífico y elevado no
^lesmiente nunca la gravedad histórica: sus cuadros
son admirables; los caracteres de sus héroe» muy no-
bles^y las arengas que Tito Livio les pone en boca.
magnilocuentes; en fin, la historia de Tito Livio es
un modelo perfecto en su género (1). De sus ciento

(l) Algunos escritores antiguos refieren ,.que un gaditano,

J
— 223 —
cuarenta libros, divididos en décadas, mas bien por
los copistas que por nuestro autor, y que compren
dian el largo período de setecientos cuarenta y cua
prenden
tro años,los
tenemos
cuatrocientos
los diez sesenta
primerosaños
libros,
primitivos
qnp mrr|.
de

Roma; el lihrn 9A hasta ol li, que ahrazan desde

düiiia; y finalmente , un reducido número de frag


mentos, y entre ellos uno del libro 91 , que fué en
contrado en el Vaticano el ano de 1772. En el
libro 40 basta el 45 se notan muchas lagunas.
Los críticos y sábios mas eminentes han someti
do la historia de Tito Livio á un exámen muy escru
puloso, no solo bajo el punto de vista de la narra
ron de los hechos, sino tambien con el firme pro
pósito, no menos laudable que útil, de llegar á
conocer el verdadero estado de Roma en sus distin
tas épocas, y con el ardiente deseo de penetrar en
el fondo de las ideas é intenciones de Tito Livio,
cuando
pio del imperio,j.uzga_á_sus
este autor, que vid lacortip9trioiast
república y elCon
princi-
efec

to, Macchiavelli en sus discursos sobre nuestro his


toriador, desenvuelve con arte admirable la política
delos romanos; y Tito Livio adquiere, bajo la pluma

despues de haber leído la historia de Tito Livio , dijo : «Iría A


Roma tan solo para conocer A Tito Livio , y A nadie mas que A
Tilo Livio.»
V. Aimé—Martin, en su plan de una Biblioteca, etc. etc., pá-
Sina 314, edic. de Bruselas.
— 224 —
del secretario florentino, una importancia y un bri
llo muy dignos del pueblo rey. Pero los discursos de
Macchiavelli , meramente políticos, no son los mas á
propósito para dar á los lectores una idea perfecta de
la historia de Tito Livio, considerada bajo todos sus
varios puntos de vista , por lo que nosotros no vaci
lamos en recomendar con alguna preferencia á los
aficionados á los estudios clásicos la obra de monsieur
Taine, titulada (Essai sur Tite Live). Este escelente
trabajo , que mereció ser coronado por la Academia
francesa, dá una idea muy estensa del historiador
latino, con riqueza de datos, y mucha erudicion.
Existe un epítome de toda la historia de Tito Li
vio, á escepcion de los libros 136 y 137: algunos
críticos lo atribuyen á Floro; otros se contentan con
decir que se ignora su verdadero autor. Sea como
fuere , lo cierto es que esta obra descarnada , y que
no sale de la esfera de un índice , no puede suplir la
pérdida de los ciento siete libros, que han sido presa
de la voracidad de los siglos. El docto aleman Freins-
heim procuró llenar esta inmensa laguna, redac
tando los libros perdidos de nuestro historiador ; imi
tó con sutileza de ingenio y laboriosidad el estilo de
Tito Livio; se dió á conocer por hombre erudito,
versado en la historia de Roma y en la lectura de
los historiadores antiguos griegos y romanos; pero
su trabajo, por muy apreciable que sea, no puede
suplir la pérdida de los originales, porque á ningun
escritor es dable penetrar en las ideas de otro, cuyas
— 225 —
intenciones
Voltaire,y que
plan fué
le son
contemporáneo
tan propios como
y compatriota
su cabeza.

de Bossuet, y que vivió bajo un mismo cetro y en un


mismo estado de civilizacion, quiso continuar el Dis
curso sobre la historia universal del águila de Meaux,
y sin embargo , su obra se diferencia tanto de la de
Bossuet, cuanto el emperador de los franceses del de
China. Ahora bien , si queremos pasar de estos dos
eminentes varones á Freinsheim y á Tito Livio, el
uno aleman y el otro latino ; el uno nacido 99 años
antes de nuestra era, y el otro en el siglo XVII ; el
uno encarnado en las ideas , preocupaciones y creen
cias de la antigua Roma, y el otro educado en el seno
de nuestra civilizacion , ¿podemos lisonjearnos hasta
el punto de cr^er que Freinsheim ha suplido la pér
dida de los libros de Tito Livio? El sospecharlo úni
camente seria locura.

TROGO POMPEYO.

Merece tambien ocupar un puesto entre los his


toriadores del siglo de oro, por haber escrito una
larga obra á la que dió el título de Historias Filipicas
(Historias Philippicae et totius mundi origines et terrae
situs) , porque hablaba en ella detenida y estensa-
mente de la Macedonia y de Filipo , padre de Ale
jandro Magno. Pero este precioso monumento de la-
antigüedad se ha perdido , y nos quedan únicamente
su compendio hecho por Justino , y el sumario de
MAN. DE LIT. LATINA.
— 226 —
cada libro, con el título de Prólogos , escritos tal vez
por un antiguo gramático. El estilo de Justino es cor
recto, sencillo y hasta elegante; pero no conserva
aquella uniformidad que dá á los grandes escritores
una fisonomía toda propia. Sus reflexiones descubren
un ingenio mediano; su critica es siempre mezquina,
y por último, es muy censurable por haber supri
mido de su original todos los apuntes geográficos es
parcidos en Trogo Pompeyo. De los cuarenta y cua
tro libros, que componian esta historia, treinta y uno,
desde el sétimo hasta el cuarenta y uno, se ocupa
ban del reino de Macedonia y de los Estados, que se
habian formado dela vasta monarquía de Alejandro.
Pero á pesir de que se habia propuesto Trogo Pom
peyo hablar de la Macedonia , trataba tambien de la
historia de los demás pueblos, ya en forma de epi
sodio, ya haciéndola servir como de introduccion al
relato de los hechos. Plinio, en su «Historia Natural,»
cita repetidas veces á Trogo Pompeyo. iCuántas noti
cias importantes y peregrinas hoy ignoradas conten
dria su obra, que abrazaba el largo período de 2155
años, desde Niño, primer rey de los asirios, hasta el
año 748 de Roma! (1) El gramático Carisio , cuyo

iI) El plan muy vasto que el autor habia seguido en su his


toria era este:
I.ib. I.—IIistoria de los imperios asirio , medo y persa hasta
Darío', hijo de Histaspes.
I.ib. II.—Digresion acerca de los escitas, las amazonas y los
atenienses. Reyes de Alenas : de las leyes de Solon, de la tiranía
— 227 —
nombre hemos apuntado arriba , dice que Trogo Pom-
peyo escribió una obra zoológica, en la que hablaba

de Pisistrato , de su espulsion, que originó la guerra de los per


sas contra Atenas ; de la batalla de Maraton , historia de Jerjes,
sucesor de Darío , y de su guerra contra los griegos.
Lib. III.—Sube al trono Artajerjes : digresion acerca de los
lacedemonios, la legistacion de Licurgo , y la primera guerra de
Mesenla. Principio dela guerra del Peloponeso.
Lib. IV.— Continuacion de la guerra del Peloponeso, espedi-
eion á Sicilia , digresion acerca de esta isla.
Lib. V.—Fin de la guerra del Peloponeso. Los treinta tiranos
y su espulsion por Trasibulo. Espedicion de Ciro y retirada de
los diez mil griegos.
Lib. VI.—Espediciones de Dercilidas y Agesilao al Asia. Guer
ra de los tebanos. Paz de Antalcidas. Empresas de Epaminon-
das. Filipo de Macedonia comienza á tomar parte en los nego
cios de Grecia.
Para estos seis libros , que sirven de introduccion á la histo
ria del imperio de Macedonia, principal objeto de la de Trogo
Pompeyo, le suministraron los materiales Teopompo, Herodoto,
C.lesias y algunos mildgrafos
Lib. VII.—Digresion acerca de la Macedonia en los tiempos
anteriores á Filipo.
Lib. VIII.—Historia de Filipo , y de la guerra sagrada.
Lib. IX —Fin de la historia de Filipo.
Lib. X.—Continuacion y fin de la historia de los persas bajo
los reinados de Artajerjes Oco y Darío Codomano.
En estos cuatro libros Trogo Pompeyo no hizo mas, por lo
que parece, que traducir á Teopompo.
Lib. XI—Historia de Alejandro el Grande, desde su adveni
miento al trono hasta la muerte de Darío.
Lib. XJI.—Sucesos de Grecia durante la ausencia de Alejan
dro; espediciones de este príncipe á la Hircania y á la India. Su
muerte.
Estos dos libros contienen hechos muy conocidos , que se
— 228 —
de varias especies de animales. No queremos, final
mente, pasar por alto, que este autor, que vivió en

encuentran en todos los demás escritores , cuyas obras han lle


gado i la posteridad.
Lib. XIII.-XIV.—Historia de las guerras entre los generales
de Alejandro hasta la muerte de Gasandro.
Lib. XVI.—Continuacion de la historia de Macedonia hasta
I.isiinaco.
Esta parte de historia está muy incompleta en el compendio
de Justino , y no es posible averiguar las obras que tuvo á la
vista Trogo Pompeyo; se cree, sin embargo, que las digresiones
acerca de Cirene y Heraclea, las saed de Teopompo, y el epi
sodio de la India, de Megástenes.
Lib. XVII.—Historia de Lisimaco. Digresion acerca del Epi-
ro en los tiempos anteriores á Pirro.
Lib. XVIII.—Guerra de Pirro en Italia y en Sicilia. Digresion
acerca de la historia antigua de Cartago.
Lib. XIX—Guerra de los cartagineses en Sicilia.
Lib. XX.—Dionisio de Siracusa lleva el teatro de la guerra á
la Magna Grecia. Digresion acerca de Metaponto.
Lib. XXI.—Historia de Dionisio el Jdven.
Lib. XXII y XXIII.—Historia de Agatocles.
Estos seis libros , compendiados por Justino , son muy im
portantes, porque contienen casi todo lo que dice relacion con
los cartagineses antes de la época en que comenzaron sus desa
venencias con Roma. Lo que dice Trogo Pompeyo de Siracusa
y de la Magna Grecia, lo sacó de Teopompo y de Timeo: este
último le suministró los materiales para la historia de Aga
tocles.
Lib. XXIV.—Continuacion de la historia de Macedonia. In
vasion de los galos, capitaneados por Brenno.
Lib. XXV.—Antigono Gonatas, rey de Macedonia. Estableci
miento de los galos en Bitinia.
Lib. XXVI.—Continuacion de la historia de Macedonia.
Lib. XXVII.—Seleuco , rey de Siria.
— 229 —
tiempo de Augusto , descendia de una familia ilustre
de las antiguas Galias , á la que Pompeyo el Grande

Lib. XXVIII.—Continuacion de la historia de Macedonia


hasta el advenimiento al trono de Filipo.
Lib. XXIX.—Guerra de Filipo contra los romanos.
En estos seis libros Trogo Pompeyo se sirve de la obra de
Filareo.
Lib. XXX.—Continuacion de la guerra de Macedonia. Alian
za de los etolios con Antioco el Grande.
Lib. XXXI.—Anibal induce á Antioco á declarar la guerra
i los romanos. Guerra de Siria.
Lib. XXXII.—Muerte de Filopomenes. Guerra de los roma
nos contra Perseo. Muerte de Anibal.
Lib. XXXIII.—Fin del reino de Macedonia.
Lib. XXXIV.—Guerra de los aqueos. Continuacion de la
historia de Siria.
Lib. XXXV.—Demetrio I y II, reyes de Siria.
Estos seis libros están estractados de Polibio.
Lib. XXXVI.—Continuacion de la historia de los reyes de
Siria , digresion acerca de los judíos. El reino de Pérgamo re
ducido á provincia romana.
Lib. XXXV1L—Historia de Mitrídates el Grande.
Lib. XXXVIII.—Continuacion de la historia de Mitrídates.
Tolomeo Giscon , rey de Egipto. Continuacion de Demetrio,
rey de Siria.
Lib. XXXIX.—Continuacion de la historia de Siria y de
Egipto.
Lib. XL.—Fin del reino de Siria.
Comparados estos cinco libros con los fragmentos que nos
ha conservado Ateneo de Posidonio de Rodas, se descubre des
de luego que este historiador sirvid de guia á Trogo Pompeyo
en el relato de los hechos que refiere. Posidonio escribio' una
historia, que abrazaba los 82 años que median entre la destruc
cion de Corinto y la del imperio de Siria. Esta obra muy no
table se componía de 52 libros. La digresion acerca de
— 230 —
otorgó el derecho de ciudadanía romana , y que el
padre de nuestro historiador fué secretario de Julio
César.

FASTOS CAPITOLINOS.

Son tambien uno de los monumentos históricos


mas importantes del siglo de Augusto, en cuanto á
la cronología , las tablas de mármol que fueron en
contradas en el Foro de Roma en el 1547, y que
se distinguen con el nombre de Fasti capitolini. (Fas
tos capitolinos) contienen toda la larga série de los
cónsules, desde la fundacion de aquella gran metró
poli hasta el 765. Estaban hechas pedazos, pero el
cardenal Alejandro Farnesio mandó reunir todos sus
fragmentos, y hoy se las ve restauradas en el Ca
pitolio.
los judíos, estractada por Trogo Pompeyo, es muy confusa,
porque entonces se ignoraban todos los pormenores del pueblo
de Istrael. Justino , bien fuese por ignorancia ó por descuido, no
corrigió ninguno de los errores del original.
En la última parte del libro XLI1I , que comprende la nar
racion de los hechos de la historia antigua de Roma y de Mar
sella, no se encuenlian mas datos que los de Diocles de
Papareto.
La historia de España, comprendida en el libro XLIV, se
cree, con visos de alguna probabilidad , que Trogo Pompeyo la
entresacó del mismo Posidonio.
Hemos pasado por alto los libros XLI y XLU , porque no
sabemos fijamente lo que contenían.
— 231 —

PERIODICOS DE LA ANTIGUA ROMA.

Despues de haber dado una idea compendiada


de los historiadores del siglo de Augusto, y de los
que florecieron anteriormente, juzgamos ahora muy
del caso hablar de los periódicos de la antigua Roma,
documentos no menos importantes y curiosos que
otros muchos del mismo género.
En Roma , ademas de los anales de los pontífices,
habia dos periódicos, uno para las actas del senado,
y otro para los del pueblo. El que redactaba el pri
mero , tenia el titulo de Senator á cura actorum ó
abactis senalus: sus secretarios y copistas se llamaban
actuarii. Ignoramos quien redactaba el segundo; pero
sabemos que contenia todas las discusiones públicas,
lo que se sancionaba en las asambleas del pueblo,
las demandas judiciales, las acusaciones, los fallos
que emitian los tribunales, la inauguracion de las
magistraturas, el nacimiento de los príncipes, los
matrimonios , los divorcios, y la época en que se ha
bían construido ó restaurado los edificios públi
cos, etc. Este periódico se distinguia con el nombre
de Acta diurna, urbana, ó únicamente con el de
Actapública (1). Habiendo perecido casi toda su co

tí) Sic enim fastos actaque publica relatum est Suct. Vil,
Tib. n.° 5
- 232 -
leccion , corroída por el tiempo , ó á consecuencia
de otras causas que ignoramos , Tiberio ordenó que
tres senadores reuniesen lo que de ella quedaba , y
buscasen el resto. (1) Esta última circunstancia nos
da á conocer que se permitia á los particulares co
piar las actas mencionadas.
Estos breves apuntes se hallan consignados en
todos los principales autores que se han ocupado en
escribir la historia literaria del pueblo rey; pero
ninguno habia tratado esta materia hasta la primera
mitad del presente siglo tan detenida y estensamente,
con tanta copia de datos y erudicion peregrina , como
M. J. Vict. Le Clerc en su obra titulada Journaur
chez lesromains. (Periódicos entre los romanos.) Pa
rís MDCCCXXXVIII.
Nosotros, considerando que no circulan en Espa
ña muchos ejemplares de esta apreciable monogra-
fíj , y que una breve noticia de ella puede dar lustre
y novedad á este Manual, redactado por nuestra mal
cortada péñola, vamos primero á insertar en caste
llano el índice de sus capítulos, que manifiestan la
importancia del trabajo, vamos luego á dar una idea
compendiada del testo, y vamos por último á repro
ducir en latin, acompañándoles de nuestra traduc-

(1) Cum publicorum comentariorum quidam omnino pe-


riissent , quídam vetustate evanidi fierent , tribus senatoribus
negotium, oos,qui extarent describendi reliquosque conquirendi
mandalum est (a Tiberio) Dion Cas., lib. LVII, ib.
— 233 —
cion castellana , algunos de los fragmentos que nos
quedan todavía de los periódicos de la antigua
Roma.

LNDfCE.

Introduccion.
I. Origen y composicion de los anales de los pon
tífices.
II. Duracion bajo varias formas do los anales de
los pontífices.
III. Del valor histórico de los grandes anales.
Resumen de toda la memoria al fin de esta ter
cera parte de los periódicos entre los romanos.
Existencia cierta de los periódicos romanos bajo
el imperio.
La existencia de los actos diversos ó periódicos,
coleccion pública de noticias, está confirmada en
cuanto á la época del imperio romano, por Plinio el
Anticuo, Suetonio, Tácito, Petronio, Plinio el Joven,
Solino, Dion Casio, Lampridio, Vopisco, y de un
modo menos preciso, de los dos Sénecas y Jo venal.
Pero es menester averiguar primero si estos periódi
cos comenzaron mucho antes, ó si los supuestos
periódicos romanos, publicados en 1615 y 1692,
pueden contribuir á aclarar este punto de anti
giiedad.
— 234 —

PRIMERA PARTE.

Origen, composicion y restos auténticos de los


periódicos romanos.
Distincion entre las varias especies de actos di
versos ó periódicos. Actos del estado civil , actos del
foro ó políticos y judiciales, actos de una magistratu
ra ó de un triunfo, actos ó periódicos militares, ac
tos del senado, actos de colegios ó cofradías, libros
de cobranza y gastos.
Conjeturas acerca del origen de los actos diurnos,
llamados tambien actos públicos de la ciudad, del
pueblo, etc. Probabilidades en abono de su antigüe
dad, sacadas de Sempronio Aselio, de Plinio el
Antiguo, de Servio.
Indole y forma de las noticias de los periódicos
romanos , segun las cartas de Celio , y sobre todo
segun los escolios de Asconio Pedia no: —Hechos me
morables, prodigios, elecciones, discursos de los
tribunos del pueblo , edictos , causas célebres, espec
táculos, rumores que circulaban por la ciudad, na
cimientos y funerales.
Tentativas de César para dar la misma publicidad
á los actos del senado : los actos de la ciudad única
mente se publican hasta cierto punto seguidos. Refu
tacion de Ernesti.
Ultimo motivo que nos induce á creer en la anti
güedad de los periódicos de Roma.
— 235 —

SEGUIDA PARTK.

Discusion acerca de algunos falsos periódicos


romanos.
Testo completo de estos periódicos.
Comparacion de sus once números con Tito Li
sio , Asconio y otros autores antiguos.
Conclusion.

APENDICE

Fragmentos de los anales de los pontífices.


Fragmentos de los periódicos romanos.

Dice Mr. Le Clerc en su introduccion , que los


primeros historiadores de Roma fueron los pontí
fices, y que el gran pontífice, asistido por sus cua
tro colegas, redactaba los anales públicos. Luego
nota la diferencia que mediaba entre estos y las com
pilaciones históricas, que dieron á luz ciudadanos
privados, como Ennio, Acio y Furio de Ancio, en
verso; FabioPictor, Fanio, Gelio, Pison Frugi, Celio
Antipater , Valerio Ancio , Claudio Quadrigero , Lici-
nioMacer, etc., en prosa; y dice por último, que
andando el tiempo se dió el nombre de anales á
compilaciones muy estensas , como las de Tácito,
— 236 —
que son una verdadera historia y no un catálago des
carnado de hechos como los antiguos anales.
En su introduccion indica tambien Le Clerc, que
eruditos de mucha nota, como G. i. Vossio , Nic.
Funck, Fabricio, J. G. Walch, Halerss, Bernhandy,
Fél Baebr, Dunlop, Glareanus, Cluverio, Perizonio,
Bochart, Byckius, Beaufort, Sax, Hooke, Niebhur,
Wacchsmuth, Poully, y Sallier, Lévesque y Larcher
han procurado con sus trabajos disipar las tinieblas
de la historia primitiva de Boma; pero dice, queestos
trabajos son tan incompletos y fugaces, que necesi
tamos todavía investigar el origen de los anales de
los pontífices.
En la|primera paite de su obra, nuestro autor
presenta á los lectores en orden cronológico los tes
tos verdaderamente dignos de atencion, que se re
fieren á la historia de los anales de los pontífices, lla
mados Grandes Anales, y los somete á un exámen
muy detenido con una erudicion tan curiosa
como peregrina, y una crítica muy profunda. En esta
parte figuran los escritores y fragmentos antiguosque
pueden contribuir, bien sea directa ó indirectamente,
á aclarar su argumento. Los testos dudosos, ó que se
suponen apócrifos, los que llevan un carácter de cer
teza, algunas frases ó palabras, que parecen aludirá
las anales de los pontífices, no se escapan al espíritu
indagador de Le Clerc. Los escritores de la antigua re
pública, los de la Historia Augusta, los prosistas, los
poetas, los gramáticos, los oradores, todos se presen
— 237 —
tan ante su tribunal para revelarle lo que saben acer
ca del origen de las anales de los pontífices.
En la segunda parte hace una reseña importante
y curiosa de las diferentes especies de anales de los
pontífices, de su contenido, del modo de redactarlos
y de su duracion. En todo lo que dice manifiesta de
cididamente una gran superioridad de ingenio; acla
ra muchos puntos históricos, completamente ignora
dos hasta la publicacion de su obra; trata de laincer-
tidumbre de los cuatro primeros siglos de la historia
romana, y marcha con pie firme en el gran laberinto
de lo pasado con la esperanza de encontrar algun ra
yo de luz que pueda guiarle en su laborioso viage.
En la tercera parte trata estensamente del valor
histórico de los Grandes Anales de los Pontífices, de
la confianza que puede inspirar su autoridad, de su
cronología, del escaso número de sus fragmentos, de
lo que puede decirse en pro y en centra de su im
portancia, y del interés que podian tener los pontí
fices en apuntar con mas ó menos cuidado algunos
hechos. En todas estas investigaciones su crítica pro
funda y vasta erudicion nos presentan en Le Clerc uu
hombre singular.
A los anales de los pontífices sigue la Historia de
los periódicos de la antigua Roma, trabajo no menos
original y erudito que el anterior. En la introduccion,
que le precede, se encuentran reunidas todas las au
toridades mas fidedignas de los escritores antiguos
que hablan de la existencia de los periódicos en aque
— 238 —
lia metropoli durante el imperio. Plinio, Suetonio, Tá •
cito, los Sénecas, Petronio, etc. confirman el hecho.
Este trabajo está dividido en dos partes: Le Clerc ha
bla en la primera del origen, formacion y restos au
ténticos de los periódicos mas antiguos de Roma; y
en la segunda de los periódicos romanos, cuyos frag
mentos son dudosos ó se suponen apócrifos. Son en
trambas curiosas, importantes y eruditas: el autor re
fiere todo lo que hay de mas peregrino sobre el par
ticular, y pone término á su libro, insertando todos
los fragmentos que nos quedan, tanto de los anales de
los pontífices como de los periódicos romanos autén
ticos ó dudosos. Nosotros vamos á transcribir única
mente unos pocos de los que pertenecen á los perió
dicos, cuya existencia y realidad son auténticas.

AUTÉNTICOS.

FRAGMENTOS DE LOS PERIÓDICOS BAJO EL IMPERIO.

SUB PRINCIPATU AUGUSTJ.

A. C. c. 744, A. c. B. 80.

(A. d. iii id. april.) In Aclis temporum divi Au


gusto invenitur. XII consulatus ejus, Lucioque Sylla
collega, a. d. III. idus aprilis, C. Crispinum Hilarum
ex ingenua plebe Faesulana.cumliberis novem, in quo
— 239 -
numero filiae duae fuerunt, nepotibus XXVII, prone-
potibus XXIX, nepotibus octo, prolata pompa, cum
omnibus his in Capitolio immolasse.—Plinius, VII, II.

BAJO EL GOBIERNO IMPERIAL DE AUGUSTO.


AílOS DE LA FUNDACION DE ROMA 749,
A. DE J. C. 6.

Se encuentra en los actos del tiempo de Augusto,


que bajo su duodécimo consulado, teniendo á Lucio
Sila por colega, el 11 de abril, C. Crispino Hilaro, de
una familia plebeya, distinguida en Fiesole, acompa
ñado de sus nueve hijos, entre cuyo número habia
dos hijas, de veinte y siete nietos, de veinte y nueve
biznietos y de ocho nietas, vino á ofrecer con toda
esta comitiva un sacrificio á Júpiter Capitolino—Pli-
nio VII, II.

1MP. CLAUDIO,
o. c. 800, J. c. 47.

Allatus est et in urbem, Claudii principis censura,


anno urbis Dccc; et in comitio propositus, quod Actis
testatum est; sed quam falsum esse nenio dubita-
ret—Plinius. X , 2.
Captusque anno octingentesimo urbis conditce,
— 240 —
jussu Claudii principis in comitio publicatus est. Quod
gestum, praster censuram, quae manet, Actis etiam
urbis continetur—Solinus, XXXIII, 14.

CLAUDIO EMPERADOR.

ANOS DE LA FUNDACION DE ROMA 800,

DE J. C. 47.

Fué traido á Roma el Fénix bajo la censura del


emperador Claudio el año DCCC de la fundacion de
Roma, y fué enseñado al público en los comicios, se
gun lo atestiguan los actos, pero todos lo creyeron
una falsedad.
El Fénix fué cogido el ano DCCC de la fundacion
de Roma, y enseñado en los comicios por órden del
emperador Claudio. Este hecho tiene en su abono,
además de la censura, los actos de la ciudad — So-
lino, XXXIII, 14.

IMP. NERONE.

ü. C. 810, J. C. 87.

Neronc secundum, L. Pisone consulibus, pauca


memoria digna evenere; nisi cui libeat laudandis fun»
damentis et trab ibus, quis molem amphiteatri apud
- 241 -
campum Mariis Caesar exstruxerat, volumina implere:
quum ex dignitate populi romani repertum sit res
il lustres Aanalibus, talia diurnis Urbis Aclis manda*
re -Tacitus, Annal, XIII, 31.

NERON EMPERADOR.

AllOS DE LA FUNDACION DE ROMA 810,

DE I. C. 87.

En el segundo consulado de Neron con L. Pison


sucedieron pocas cosas dignas de memoria, á no ser
que se quieran atestar volúmenes, elogiando los ci
mientos y las vigas del grande anfiteatro, que en el
campo de Marte aquel César mandó edificar, si cosas
semejantes,
dad, se juzgan
propias
dignas
para
de los
ocupar
actos undiurnos
puesto de
entre
la ciu*
los

hechos ilustres de losanalesdelpueblo romano.—Tá


cito, An. XIII, 31.

v. c. 819, J. c.66.

«Huic uni
incolumitas tua, tuae artes, sine honore. Prosperas
principis res spernit: etiamne luctibus et doloribus no
satiatur? Ejusdem animi est, Poppeam divam non
credere, cujus in cta divi Angusti et divi Julii non
MAN. DE LIT. LATINA. 16
— 24-2 —
jurare. Spernit religiones, abrogat leges. Diurna po-
puli romani per provincias, per exercitus, curatius le-
guntur, ut noscatur, quid Thrasea nonfecerit.» Id.
Annal., XVI, 22.

AÑOS DELA FUNDACION DE ROMA, 819,

DEJ.C.66.

(Capiton á Neron contra Trasea). Ese solo no celebra


tu buena salud, ni tus talentos. Desprecia las prospe
ridades del príncipe: ¿y tampoco dase por satisfecho
con tus lágrimas y dolores? El no creer en la divini
dad de Popea, es lo mismo que no jurar en los actos
del divino Augusto y del divino Julio. Desprecia las
cosas religiosas, abroga las leyes. Para que se conoz
ca lo que Trasea no ha hecho, léanse con cuidado los
periódicos del pueblo romano en las provincias y en
los ejércitos. Id. An. XVI, 22. (1).

ELOCUENCIA

En Roma bárbara, su literatura mezquina y casi


nula, se confunde con los ritos y cantos religiosos de

(I) Los que deseen conocor un crecido número de otros frag


mentos de los antiguos periódicos romanos los encontrarán todos
reunidos en el 4.° l.° de nuestra Historia universal , pág. Í4J de
ia ?.* par.
— 243 —
íosetruscos; sus guerras y conquistas dilatan la esfera
de sus conocimientos; la Grecia vencida suaviza sus
costumbres, la despoja de su antigua rudeza, y e|
Marte feroz de Rómulo se ve sujeto á la sábia Miner
va de Atenas. Los primeros historiadores del pueblo
rey son griegos ó escriben en griego; sus primeros
vates traducen al latin los de Grecia ó los imitan; el
antiguoCaton, censor severo de las innovaciones y de
la moda, obtiene del senado la espulsion de los filóso
fos y retores de Grecia; pero vuelven, y Caton queda
vencido. Grecia y Roma, entrambas repúblicas, tie
nen, sin embargo, constituciones políticas muy dis
tintas; el espíritu democrático circula en las venas de
griegos y romanos; pero son pueblos de diversa ra
za, y no pueden tener una misma personificacion. Si
queremos, pues, ver personificada á la gran metró
poli del órbe antico, debemos buscarla en Ciceron
que, arengando al pueblo y al senado, defiende con la
voz atronadora de su magestuosa elocuencia los dere
chos patrios; debemos buscarla en ese orador grande
al lado del mismo Demóstenes; en ese orador, que
aconseja la guerra ó la paz; en ese orador, que per
sigue á los que atenían contra la libertad de la repú
blica; en ese orador, que se presenta en la tribuna
como intérprete del voto nacional, y que personifica
a un gran pueblo, llegado 4 su madurez y al apogeo
de su gloria. Pero antes de desplegar á la vista delos
lectores el gran cuadro de todas sus arengas y de todas
las demas obras salidas de su docta pluma, no pode-
- 246 —
bornar á tos jueces, su adhesion al partido de Sita,
perjudicaron su fama. Nosotros podemos decir úni
camente en su abono, que reconoció sin envidia ni
rencor la mucha superioridad de Ciceron en el arte
oratorio, y queápesar de haber defendido al infame
Yerres contra las acusaciones del célebre orador ro
mano, quiso se confiriera á este último el honroso
cargo de augur. Hortensio nació 113 a£¡os antes de
nuestra era; fué elegido cónsul á los cuarenta y tre=>
años de su edad, y murió veinte y un años despues de
haber desempeñado con magnificencia y gran luci
miento este honroso cargo de la república.
Julio César, cuyo nombre hemos apuntado ya re
petidas veces en este Manual, fué tambien uno de los
oradores mas distinguidos de la antigua Roma. No
tenernos ninguna de sus arengas, tan elogiadas por
sus contemporáneos, a no ser la que Salustio nos ha
dejado consignada en la guerra catilinaria (1). Quinti-
liano, cuya autoridad es de mucho peso, se esplica
con corta diferencia en estos términos, al hablarnos de
Julio César: «El solo habria podido competir la palma
á Ciceron , si se hubiese dedicado esclusivamente al
foro: si reparamos en la fuerza, en el movimiento y
en la animacion, que se notan en todos sus discursos,
podemos afirmar desde luego, que un mismo genio le
creó guerrero y orador (2).» Estas palabras de Quin-
(I) Nos inclinamos á creer, que la arenga que acabamos de
citar no se diferencia de la que César pronuncid.
(?) V. Schoell., ob. cit., lib. 2.», pág. ' 8.
- 247 —
Miano, uno de los retores mas eminentes de la anti
güedad, y muy distinguido por su refinado gusto, y
las con que Ciceron califica de escritor elegantísimo á
César (1), no solo nos obligan á convenir en que fué
uno de los oradores mas ilustres de Roma, sino tam
bien á lamentar con profundo dolor la pérdida de sus
arengas, y de todas las demas obras, que habian sali
do de su pluma.

CICERON.

Ni Hortensio ni César, ni otros muchos, que aren


garon en el senado ó dirigieron sus palabras al pueblo,
son comparables á Ciceron, republicano fervoroso y
siempre fiel á su patria, pronto á sacrificarlo todo
para el bien de Roma, gran publicista, conocedor
profundo del derecho y de las leyes romanas, ilustre
filósofo y príncipe de los oradores despues de Demós-
tenes, cuya memoria le inspiraba respeto y venera
cion. Nos es menester, pues, ocuparnos detenida
mente en las vicisitudes de la vida pública y privada
de este varon, que representa una época en la his
toria literaria y política de Roma, y no á un simple
orador; de este varon que personifica la elocuencia y
la filosofía en el siglo de Augusto; de este varon, cuya
muerte cubrió de un negro manto aquella tribuna
que espera todavía en la edad moderna, y no en va

lí) De Ciar. Orat., lib. XXII.


— 248 —
no, verse poblada de nuevos oradores, destinados á
consolidar la libertad, y a despedazar con la fuerza
irresistible de sus palabras los restos de inveterados
abusos.
Ciceron nació cerca de 107 años antes de J. C. en
Arpiño, antigua ciudad de los samnitas, que pertene
ce hoy al reino de Nápoles, y que fué patria del fiero
Mario, mas grande por haber humillado la aristocra
cia romana que por haber vencido á los cimbros (1), y
cuya sombra, rechinando con indignacion losdientes,
amenaza á los imbéciles que piensan aun en restaurar
la máquina carcomida de un miserable despotismo. A
nuestro orador, que fué el primogénito de su familia,
se le puso el nombre de Marco, que era el de su pa
dre y abuelo, y el apellido de Tuiio, quehabian lle
vado todos sus antepasados. Pero entre los romanos
era costumbre muy ordinaria dar á los individuos un
tercer nombre, tomado de alguna accion memorable
que habia eternizado su fama, ó de alguna circuns
tancia particular; y este, quese llamaba cognomen, era
una especie de mayorazgo, que pasaba de primogé
nito en primogénit > desde el primero, que lo habia

(I ) Périt le dcrnier de Gracques de la main des patricicns;


maisatteint da coup mortel.il lanca de la poussiére vers le ciel,
et de ccite poussiére naquit Marius, Marios moins grand pour avoir
cxtérminé les Cimbres, que pouravoir abaUn daos Rome le pou-
voír dominateur des nobles.—Mirabeau oeuvres precedées d'une
notice ser la vie ete. psr Mr. Mérühou tom. 1. pag. LXtX. Pa
rís. 1835.
— s¡49 -
adquirido. Plutarco dice que el de Ciceron se dio á uno
de los bisabuelos de nuestro orador, porque tenia en
la nariz una verruga muy parecida á un garbanzo (1),
en latin cicer. Plinio cree con mas acierto, que to
dos los nombres romanos, que dicen relacion con le
gumbres, como Fabius, Lentulus, Cicero, trajeron orí-
gen de algunas de sus familias respectivas, que se dis
tinguieron en cultivarlas (2). Esta opinion adquiere
visos de mayor probabilidad si paramos mientes en
que la agricultura fué muy apreciada entre los anti
guos romanos.
Ciceron pasó los primeros años de su infancia en
el seno de los hogares domésticos, y bajo los cuida
dos de un padre tierno y amoroso, que tan luego co
mo conoció que era ya capaz de enseñanza, le llevó
á Roma, en donde comenzó el curso de aquellos es
tudios, que ensanchando la esfera de sus conoci
mientos, y desarrollando toda la fuerza de su inge
nio elevado y peregrino , debian granjearle la esti
macion y el respeto, no solo de sus contemporáneos,
sino tambien de los venidero'. Pero antes de con
siderar á Ciceron como un orador eminente y hom
bre político, permítasenos dar una rápida ojeada á
sus primeros estudios y ensayos literarios, precurso
res de su futura gloria.
En aquel tiempo Plocio, maestro de retórica,

(i) Plut., Vit. Cic.


(i) Plin., Hist. Nat., lib., 18., cap. 3., n. I.
— 250 —
abrió en Roma un curso de elocueucia latina. Es
ta novedad (porque no habia habido otro hasta en
tonces) le atrajo un gran número de discípulos. Di
cen los antiguos autores que el amor de Ciceron á
las letras no le dejó omitir las lecciones de un sábio
tan distinguido; pero al cabo de poco tiempo le
abandonó por consejo de algunos hombres doctos,
que creian que el método de los griegos era mucho
mas á propósito para instruir en el ejercicio del
foro, al cual parecia naturalmente dispuesto Ciceron.
Animado su padre con los progresos del hijo, no
perdonó gastos ni cuidados para perfeccionar su es
píritu, poniéndole bajo la férula de los mejores maes
tros, entre cuyo número ocupaba un lugar preferen
te Arquias, que habia venido á Roma poco antes con
reputacion de gran poeta , y habia sido alojado en
casa de Lúculo, porque entonces, segun la costum
bre ordinaria, los aristócratas mas opulentos solian
tener en sus palacios algun filósofo ó literato griego,
permitiéndole dar lecciones públicas, y no dejando de
instruir al propio tiempo á los hijos- de la casa en que
se hospedaba. Ciceron hizo tantos y tan asombrosos
progresos en la poesía, bajo la direccion de Arquias,
que, á pesar de no haber salido aun de la infancia,
compuso un poema titulado Glaucus Pontius, que
existia en tiempo de Plutarco.
Concluidos los primeros estudios, se daba á los
jóvenes la toga viril, esto es, el trage de hombres
adultos: entonces no estaban ya bajoel cuidado de los
— 251 —
ayos, y adquirian una libertad que les inspiraba ale
gría y satisfaccion. Se presentaban al propio tiempo
ea el Foro ó gran plaza de Roma, en donde, reuni
das las asambleas del pueblo, los magistrados pro
nunciaban sus arengas sobre una especie de terra
do, que se llamaba Rostra (1). Aquel lugar era la es
cuela de los negocios públicos, en donde se aprendia
la manera de tratarlos; era el teatro en donde se ven
tilaban las cuestiones mas graves, que interesaban á
la república; era el centro de las esperanzas de los
que deseaban adquirir lustre y fama, mejorando su
fortuna.
Las jóvenes, que se presentaban por primera vez
en el Foro iban pomposa y solemnemente acompaña
dos de todos los parientes, allegados y amigos, des
pues de haber cumplido con las ceremonias religiosas
de costumbre en el Capitolio. Luego se les ponia ba
jo la proteccion de algun senador, que gozaba de
mucha fama por su elocuencia ó por su pericia en el
derecho civil, á fin de dirigirles cuidadosamente con
sus consejos y ejemplos por el buen camino , y ense
narles á servir con utilidad al Estado.
Ciceron tuvo por director y guia á Q. Mucio Es-
cévola, el Augur, hombre muy esperimentado en el
manejo de los negocios públicos y del foro. Era ya

(I) Ddbasele este nombre, que en latin significa espolones,


porque aquel sitio fue adornado con los espolones de las galera*
tomadas en un combale á los cartagineses
de edad muy avanzada, y habia desempeñado todos
los cargos de la república con singular reputacion de
integridad. Nuestro orador se manifestó constante
mente respetuoso con su protector, y aprovechaba
sus dichos y preceptos, considerándoles como otras
tantas lecciones de una esperiencia consumada. Des
pues de la muerte de Q. Mucio se unió con los la
zos de una íntima amistad al pontífice máximo Escé-
vola, cuyas costumbres irreprensibles y ciencia no
eran menos celebradas que las del otro. No ejercia el
particular oficio de enseñar, pero prodigaba con afa
bilidad y dulzura buenos consejos á los jóvenes que
se los pedian. Con estos^auxilios Ciceron hizo grandes
progresos en la jurisprudencia, que era el funda
mento mas necesario para los que se dedicaban al
servicio de la patria. Con efecto, en las escuelas de
instruccion pi imaria se hacian aprender de memoria
á los muchachos las leyes de las Doce Tablas, al
propio tiempo que los mejores trozos de los poetas y
demás autores clásicos. Nuestro orador se dedicó con
tanto ahinco al estudio de la jurisprudencia, y penetró
tan perfectamente hasta el fondo de sus doctrinas, que
siendo toda vía muy jóven se halló con bastante fuerza
para sostener grandes debates: y una vez, disputando
con L. Sulpicio, su íntimo amigo, le dijo en tono de
chanza, que podia abrir una escuela de derecho en
el término de tres dias.
La profesion de jurisconsulto, que se hermana
ba siempre con la elocuencia , era la mas segura des
— 253 —
pues de la de las armas para lograr los cargos y
las distinciones mas honoríficas de la república, y en
muchas familias ilustres pasaba de padres á hijos co
mo una herencia. Era una práctica ordinaria, y san
cionada por el uso, no exigir remuneracion ninguna
de los que pedian algun consejo legal; pero todos los
buenos jurisconsultos disfrutaban en cambio de un
gran prestigio y de la estimacion pública, que le pro
porcionaban los medios de ejercer una influencia muy
directa en los negocios mas importantes del Es
tado.
Los antiguos senadores, que tenian un conoci
miento profundo de las leyes, y habian adquirido
merecida fama por su mucho saber y esperiencia
consumada, acostumbraban pasearse todas las maña
nas en el Foro para que pudiera pedir sus conse
jos el que los necesitára. En tiempo de la república
daban audiencia en sus casas respectivas, senta
dos en una especie de trono; pero siempre con mu
cha afabilidad, y sin negar la entrada á nadie. Los
dos Escévolas adoptaron este sistema, y principal
mente el Augur, cuya casa fué llamada el Oráculo de
la ciudad. Ciceron, pues, que se habia educado bajo la
direccion de entrambos, y que conocia á los demas
jurisconsultos de nota, que descollaban á la sazon en
Roma, llegó á formarse una idea no menos grande
que real y verdadera del perfecto orador, como nos
lo demuestran las palabras siguientes salidas de su
pluma. «Esta profesion exige facilidad de hablar, fa
— 254 —
cundia, gracia, claridad y precisión, cualquiera que
sea el asunto que el orador se proponga tratar. De
aqui se infiere que la oratoria comprende en sí todas
las artes liberales, y que nadie la poseerá en toda s u
perfeccion si no conoce todo lo que hay de grande y
laudable en el universo (1).» Bajo este aspecto tau
magnífico consideraba su profesion; y no separándose
jamás de su idea, ponia en juego todos los medios
que estaban á su alcance, para aumentar la copia de
sus conocimientos, y adquirir todas las principales
dotes de un gran jurisconsulto. Con efecto frecuenta
ba los tribunales para oir las arengas de los magistra
dos; rio interrumpia nunca sus estudios, y apuntaba
ó comentaba las cosas que podian fijar la atencion de
un espíritu pensador. Se aplicó tambien á traducir las
mejores oraciones griegas con ánimo de enriquecer
su propia lengua con frases y giros nuevos y elegan
tes: su autor preferido fué siempre Demóstenes, á
quien daba el nombre de príncipe de los oradores
griegos. Pero Ciceron, dotado de talentos superiores,
de una mente vasta y de un gusto delicado, que le
inclinaba hácia lo bello, no dejó de cultivar la poesía,
que sirve de recreo á los que profesan las disciplinas
mas árduas y severas. Con efecto tradujo en versos
latinos los Fenómenos de Arato, y compuso dos poe
mas, uno en honor de Mario, su ilustre compatriota,
y otro llamado Limon (2).
(I) Cic, De orat., lib. !., núms. 5, 6, 13 y 16.
(?) De este último no tenemos mas que cuatro versos, éigno-
— 255 —
Fué tambien entonces cuando comenzó á aplicar
se con ahinco á los estudios Blosóficos, y á frecuen
tar la escuela de Fedro, secuaz de Epicuro, cuyas

ramos su argumento; del primero se conserva todavía el frag


mento, que vamos á trascribir, acompañándole de nuestra tra
duccion castellana.

Hic Jovis altisoni subito pinnata satelles,


Arboris e trunco, serpentis saucia morsu,
Subigit ipsa feris transfigens unguibus anguem
Semianimum, et varia gravitercervice micantera
Quem se intorquentem lanians, rostroque cruentan»
Tum satíata animos, jam duros ulta dolores,
Abjicit efflantem, et laceratum affligit in unda,
Seque obilu a solis nilidos convertit adortus.
Hanc ubi pnepetibus pennis, lapstique volantem
Conspexit Marius, divini numinis agur,
Paustaque signa suae Iaudis, reditusque notuvil;
Partibus intonuit coeli pater ¡pse sinistris.
Sic aquilae clarum flrmavit Jupiter omen.

Et satélite alado de Júpiter Tonante, herido de improviso por


la mordedura de una serpiente, que se avalanza desde el tronco
<te un árbol, la sujeta medio muerta, traspasándola con sus fe
roces garras, y ella menea aun su cabeza reluciente. Se tuerce
bajo el pico ensangrentado que la despedaza, y el águila ya satis
fecha con haberse vengado del agudo dolor, desplega su vuelo-
dirigiéndose adonde el sol tiene su resplandeciente cuna. Des
cubre Mario el augurio del mensagero divino, y el feliz anuncio
de su triunfo y de su regreso á los patrios lares. En tanto Júpiter,
que agita sus rayos atronadores hácia la parte opuesta, confirma
el augurio del águila.
— 256 —
doctrinas estaban á la sazon muy de moda en la diso
luta y corrompida Roma. Ciceron, tan luego como
llegó á conocer que tendian á sacudir hasta en sus ci
mientos el edificio noble y magestuoso de la moral y
de
tico,la no
justicia,
asistióque
massirven
á las lecciones
de pedestal
de al
Fedro.
cuerpo
Pero
poli-
la

filosofía griega se fundaba siempre en el error, y así


los epicureos como los estóicos y académicos, ó los
peripatéticos , no pudieron jamás satisfacer con sus
doctrinas é hipótesis á Ciceron , dotado de mente
robusta é ingenio sutil. Con efecto, todas sus obras
filosóficas respiran cierto eclecticismo indeterminado
y anheloso de encontrar la verdad , ó un escepticis
mo muy decidido, que nos pinta el estado de Roma
pagana, que corre precipitadamente con voluptuoso
olvido al ateismo.
Ciceron rayaba ya en los veinte y seis años de su
edad cuando se presentó en el Foro á defender á Ros-
oio Amerino, culpado calumniosamente de parrici
dio. Su elocuencia muy animada, sus imágenes bri
llantes, su estilo armonioso, gustaron sobremanera á
los espectadores; pero nuestro orador, lejos de enva
necerse por el buen éxito de su arenga, se trasladó á
Grecia despues de este primer ensayo, con ánimo
de perfeccionarse aun mas en la elocuencia. Llegado á
Atenas se hizo iniciar en los misterios de Eleusis, y
al cabo de algun tiempo pasó á Rodas para asistir á
las lecciones de Molon Apolonio, que ocupaba mere
cidamente un puesto muy distinguido entre los juris
— 257 —
consultos y escritores mas ilustres de su época, tanlu
por sus obras como por su refinado gusto en juzgar
con sana, crítica las producciones agenas. Este sábio
prodigó á Ciceron consejos muy útiles, y le dijo, que
habiéndole dotado la naturaleza de mucho genio y
de una gran facundia, debia moderar esta última,
porque en la elocuencia son perjudiciales las figuras
é imágenes repetidas, que halagan al auditorio, se
parándole del argumento. Pero Apolonio, que amaba
entrañablemente á la Grecia, cuando oyó declamar á
Ciceron, lanzó un profundo suspiro de dolor, porque
comprendió desde luego, que este jóven arrebataria
á los griegos la única gloria que Ies quedaba intacta:
ta sabiduría y la elocuencia. Sus sospechas se realiza
ron; y Ciceron, puesto frente á frente de Demóste-
aes, se nos presenta revestido de todas las galas de
una Pero
elocuencia
nadie ignora
mas seductora
que los genios
que la mas
de los
privilegia
griegos.

dos y los varones mas eminentes en la literatura, las


ciencias y las artes, ó en las armas y la política, han
logrado repetidas veces perpetuar su fama y pasar
con brillo á la mas remota posteridad por haber vi
vido en tiempos de agitacion y fervor, y bajo el pen
don de aquella libertad, que robustece al espíritu y
desenvuelve hasta con violencia las facultades de la
mente. Sin la revolucion francesa de 1789, Napo
leon I, habria llegado á ser, cuando mas, un general
de artillería; Mirabeau se habria quedado confundido
en la multitud de aquellos escritores modernos, cu
san. DE LIT. LATINA.
— 258 -
vos nombres leemos con descuido en las biografías
universales; y en tiempos anteriores Cromwell no
habria adquirido una importancia histórica sin la re
volucion inglesa, que dió á conocer al mundo, que
sus dominadores y los déspotas son siempre mucho
menos que los pueblos. Ha sido, pues, gran dicha
para el orbe literario el haber vivido Ciceron en una
época de turbulencias muy hondas y de agitaciones,
que le obligaron a tomar parte en los negocios mas
espinosos de la república. Su genio, no menos vasto
que la grandeza de Roma, como nos dejó escrito con
elegante pluma Tito Livio, se vió forzado por impe
riosas circunstancias á recorrer la escarpada senda,
que debia llevarle al templo de la gloria y .de la in
mortalidad. Una multitud de sucesos muy graves, y
cuestiones diliciles de ventilar; Clodio, secundado en
sus proyectos ambiciosos y viles por el populacho de
Roma; Catilina, que insulta con tiero ceño al senado,
y se propone saciar su venganza, llevándolo todo á
sangre y fuego; los intereses encontrados entre pa
tricios y plebeyos, que mantienen los ánimos en una
fermentacion perenne; Yerres, que con sacrilega
mano despoja los templos de los dioses en la isla de
Sicilia, y se excede en crueldades horrendas por sed
de oro; Mario y Sila, que se disputan el mando su
premo; César, que se proclama dictador perpéluo, y
echa las bases de un gran imperio; Rruloy Casio, a
quienes prodigan los unos el título honroso y magní
fico de libertadores de la patria, y otros el de asesi-
— 259 —
nos alevosos é ingratos; el fiero Antonio, que ambi
ciona usurpar la autoridad suprema; las esperanzas
falaces, que hace concebir á los antiguos patricios la
política y el carácter hipócrita de Octaviano, inflaman
la mente divina de nuestro orador; las pasiones mas
violentas hacen latir su corazon; su elocuencia ad
quiere una fuerza estraordinaria, y sus palabras se pa
recen á los rayos de Júpiter, que hieren y aniquilan
á los mortales.
Nosotros admiramos hoy en las oraciones de Ci
ceron la esterioridad de sus formas elegantes, una
gran viveza de estilo, «na armonía estudiada, la su
blimidad desus mejores conceptos, y la marcha no
ble y magestuosa de un orador perfecto: este conjun
to de cosas seduce y encanta á los lectores. Pero no
debemos perder de vista que sus oraciones, recogi
das por su liberto Tiron (1), que segun afirman al
gunos eruditos, inventó las abreviaturas taquigráfi
cas, fueron limadas y corregidas por el mismo Cice
ron despues de haberlas pronunciado sin grandes
preparativos oratorios, y dando rienda suelta á aque
lla fuerza del genio, que no se sujeta fácilmente á las
reglas del arte, cuando se lanza á la palestra para
combatir frente á frente contra un enemigo, ó para

(l) Este liberto estaba dotado de talentos no muy comunes,


y Ciceron le apreciaba sobremanera, y le distinguía entre ios
dem ís libertos suyos que, secundando las miras y los deseos de
Tiron, cooperaron tambien á reunir y conservar las arengas de
aquel eminente orador.
— 260 —
que los espectadores admiren su destreza y agilidad.
Ciceron dice en varias de sus obras, que el orador
debe preparar tan solo sus exordios, y luego aban
donarse á su propia inspiracion, y al ímpetu de su
númen, improvisando y no meditando. Con efecto,
sabemos que este ilustre sábio escribia proemios y
exordios en sus horas de descanso, y cuando pasaba
alguna temporada en la soledad del campo, para que
le sirvieran de introduccion á las obras que se pro
ponía publicar (1).
Someter á un exámen crítico y detenido todas las
oraciones de Ciceron seria objeto d¿ un largo es
tudio y de una docta monografía, que no pueden te
ner cibida en un Manual, contentándonos, pues, con
decir, que entre ellas son muy notables las Catilinarias,
laVerrinas, y con especialidad las Filípicas, que pagó
con su vida, como veremos mas adelante, vamos á
hablar de las demas obras de Ciceron.
Pero antes de continuar nuestra tarea, queremos
poner en paralelo la elocuencia griega con la roma
na, cuyos adalides son Demóstenes y Ciceron. Vivie
ron entrambos en una época de borrascosa libertad,
y esto contribuyó a dar mayor fuerza, vigor y ener.
gía ásus espíritus. La paz del despotismo, semejante
á la del sepulcro, agosta el ingenio; la libertad, aun
que raye en la anarqnía, agita, conmueve y desplega

(I) V. Ad. Alt. Ep. XVI, Edic. Nisard, t. o.° de las obras de
Ciceron, pág. 595.
— 261 —
á la vista un horizonte sin término. La elocuencia de
Demóstenes nerviosa, concisa, sin ornatos retóricos,
que presenta con claridady sencillez el argumentoque
dorador se ha propuesto tratar, era la mas propia pa
ra los atenienses, naturalmente volubles, inconstan
tes, caprichosos. La elocuencia de Ciceron rica de
imágenes, sus frases sonoras, armoniosas, pomposas,
que ya manifestaban el dolor, ya la indignacion y la
ira, satisfacían mas á un pueblo guerrero, que ne
cesitaba emociones fuertes, que sin separarle del ter
reno de la práctic.3, despertáran en su pecho aquella
multitud de afectos, que hermman la ambicion con
el heroísmo, el amor de la venganza con la clemencia
y la piedad. Demóstenes no carece de aquel aticismo,
que tan grandemente distingue á los escritores grie
gos; pero Ciceron descuella aun mas por aquella ur
banidad, qne fué muy propia de los romanos. Los
chistes en la boca de Ciceron adquieren cierta gracia
y delicadeza, que provocan la risa; en la de De
móstenes tienen algo de severo y adusto; la ironía y
el sarcasmo en la boca del primero escitan la indig
nacion y la cólera; en la del segundo un fiero despre
cio; Demóstenes raciocina con mas fuerza; Ciceron
con mas gala; el primero convence; el segundo per
suade; entrambos son grandes publicistas y políticos
profundos; entrambos aman á su patria y á la liber
tad,» pero la desventura les abate, y entonces su ca
rácter adquiere cierta flexibilidad, que raya en la co
bardía. Demóstenes es mas orador; Ciceron es mas
— 262 —
elocuente; entrambos se ven espulsados de su patria;
entrambos sufren el destierro; entrambos vuelven en
triunfo; pero la conducta del primero no aparece tan
desinteresada y pura como la del segundo; entram
bos perecen de muerte violenta.
Los sabios admiran en el orador romano su mu
cha elocuencia, pero no ignoran, que gran parte de
su mérito estriba en las demas producciones de su
mente elevada y perspicaz.
La marcha del espíritu humano, que conserva una
uniformidad admirable en el desenvolvimiento de
nuestras facultades intelectuales, tiende á sintetizar
lo todo y á separarse de aquella confusion, que es
una consecuencia necesaria de la f¡ilta de método en
nuestros primeros estudios. Los.jóvenes, pues, que
procuran someter á reglas y teorías los ensayos cien
tíficos ó literarios de su ingenio prematuro, dan siem
pre un testimonio lisonjero de su talento. El tratado
de retórica, que el célebre orador romano dio á luz
en el abril de sus años con el título de Invencion, per
tenece á este género de escritos; y Ciceron protesta
solemnemente, diciendo que aquel trabajo juvenil no
es mas que una serie de apuntes, y una obra apenas
digna de la edad en que !a escribió (1). Es indudable
mente muy inferior á las demas producciones salidas

(I) Quae pueris, aut adolescentulis novis ex commeniariolis


nostris inchoaia, acrudia exciderunt, vixhac ¡míe digna et hoc
usu.—De Orat, lib. 1, n. 2.
— 263 —
de su docta y gallarda pluma; pero considerado por
sí solo tiene un mérito real y positivo, tanto por el
fondo de las ideas y doctrinas que encierra, como por
su método, elegancia y sencillez de estilo. Pertenecen
tambien á la retórica sus tres libros del Orador, el de
los Ilustns oradores, conocido con el nombre de Bru-
tus, y el breve tratado, que 1 eva el título de Orador.
Ciceron se nos presenta en estastres obras como un crí
tico eminente, dotado de sensatez y re6nado gusto,
como un verdadero filósofo del arte, y como un his
toriador de la perfecta elocuencia en el terreno de la
práctica, que sirve de escuela mas bien con la fuerza
de los ejemplos que con preceptos áridos y pedantes
cos. Con efecto quiere que el orador adopte un len-
guage fácil, elegante, sencillo, y que no se sirva de
frases y palabras poco comunes ó inusitadas (1). En
estas tres obras, que son un verdadero tesoro en que
se hallan reunidas las noticias mas importantes, cu
riosas y peregrinas acerca de la elocuencia romana,
dos
apuntados
de la antigua
los nombres
Roma,dey los
ademas
oradores
el juicio
masdistingui-
crítico de

trabajos científicos y literarios, que no han llegado


hasta nosotros, Ciceron nos describe á grandes rasgos
el carácter y las dotes oratorias de los Gracos, de Ca
ton , de Antonio, abuelo del triumviro del mismo
nombre, de Craso, jurisconsulto y orador, de Lelio y
de otros muchos, que figuraron en la tribuna y en el

J) Cic, De Orat., lib. n.°4ú.


— 264 —
foro. Pero en esta circunstancia no queremos pasar
por alto, que las obras mencionadas despiertan tam
bien un vivo interés en el ánimo de los lectores por
las noticias que contienen acerca do la elocuencia
griega y sus oradores. Algunos críticos modernos
han censurado á Ciceron porque, al hablarnos de la
elocuencia romana, en vez de limitarse á indicar los
modelos acabados de este arte y la combinacion estu
diada de las frases y del estilo, y á dar con especiali
dad preceptos morales al orador, ha reparado en mi
nuciosidades de muy escaso interés acerca de la elo
cucion figurada, del ritmo oratorio, dela entonacion
mas ó menos conveniente á la tribuna; y han dicho
tambien que raya hasta en lo ridículo y provoca la
risa cuando fija reglas y preceptos para que el orador
no descomponga sus cabellos; no bata con fuerza los
pies en el suelo; no se dé golpes en la frente, y no se
seque de este ó del otro modo el sudor sin reparar
primero si la índole de su peroracion b exige. Estos
críticos han hablado á la ventura; y sin reflexionar
en la diferencia que media entre las costumbres ro
manas y las nuestras; han calificado de fútiles estos
preceptos, muy necesarios éimportnntes para u'i pue
blo que aplaudia ruidosamente á Antonio cuando de
clamaba un período acompasado y muy sonoro, y
que oia arengar con entusiasmo á Ciyo Graoo cuan
tío declamaba con acento musicat, y el acompaña
miento de una flauta. Nosotros, pues, juzgamos estas
censuras importunas, y nos contentamos tan solo con
— 265 —
observar que Ciceron llevó su escrupulosidad sobre
el particular hasta el estremo de dar á sus periodos y
al giro de sus frases un acompasamiento tan simétri
co, que se atrajo repetidas veces la crítica de sus con
temporáneos.
El Orador es una obra maestra, mas apreciable tal
vez que todos los demas libros retóricos de Ciceron.
Este trabijo, fruto de una meditacion profunda y de
la larga esperiencia de un hombre muy ejercitado en
la tribuna y en el foro, encierra todo lo que se puede
concebir de mas grande y noble en el arte oratorio,
considerado bajo todos sus varios puntos de vista, y
ofrece á los lectores el retrato mas acabado de un
orador perfecto. Ciceron sienta como principio, que
la base de la elocuencia es ol estudio de la filosofía, y
dice que «en todos los géneros de lo bello nada es
comparable por su belleza á lo que espresado por bo
ca de un hombre, casi te nos presenta como una
imagen, que sin haber penetrado en nosotros por los
ojos ni por los oidos ú otro sentido, puede ser, sin
embargo, comprendida por el pensamiento y la
fuerza de nuestra mente.» Y luego añade, para dar
mas claridad á su idea: «Asi es, pues, queá pesar de
que no hemos visto nada que se parezca por su mu
cha perfeccion á las estátuas de Fidias, ni á las pin
eras
prender
de su
queincomparable
he hablado, podemos
belleza (1).»
no obstante com •

(I) Ge, Orat. II.


- 266 —
En esta obra Ciceron revela una profundidad de
ideas y un sentimiento estético tan sublimes, que le
han hecho colocar por algunos eruditos, muy versa
dos en los estudios clásicos, al lado del divino
Platon.
Los Tópicos y su tratado de la Particion oratoria
son obras de un mérito inferior á las que llevamos
apuntadas. La primera no es mas que un comentario
de la que escribió Aristóteles bajo el mismo nombre;
y la segunda un diálogo entre Ciceron y su hijo (1).
Hemos dado á conocer á los lectores, en otro lu
gar de este Manual, cuan mezquinos fueron y sin
originalidad ninguna los estudios filosóficos en la anti
gua Roma, y hemos dicho tambien que los romanos se
contentaron con reproducir las doctrinas de las escue
las griegas. El juicio critico, que vamos á emitir acer
ca de las obras filosóficas d'? Ciceron, confirma este
aserto.
Su Tratado de las leyes, en que se nos presenta
como filósofo y publicista, y de cuyos seis libros no
han llegado mas que tres á la posteridad, es en su
mayor parle una imitacion del que escribió sobre el
mismo argumento Platon; muchos pasages están tra-

(I) Middleton, Vid. de Cic. traduc. por Azara, t. III, p. 167,


Madrid, 180-í. Al hablar de esta obra emite la opinion siguien
te, & nuestro entender, muy acertada: «Parece que no la com
puso con el fin de publicarla, pues en sus cartas no la menciona
entre las que destinaba al público, y yo creo que fué solamen
te proyecto para una composicion mas estensa.»
— 267 —
ducidfs literalmente de la obra del filósofo griego; la
distribucion de las materias le pertenece tambien, y
la forma de diálogo en que está escrito es toda plató
nica. En cuanto á los principios fundamentales de la
justicia, de la moral y de los deberes, nuestro autor
se atiene á los del Pórtico, porque les juzga mas sóli
dos y conformes á la práctica, que las doctrinas aca
démicas enseñadas por Platon. En esta obra, en que
el orador romano se propone como principal objeto
someter á un eximen filosófico la jurisprudencia de
su tiempo, establece como principio que las leyes no
son mas que una consecuencia de la naturaleza del
hombre en quien reside su gérmen indestructible y
eterno por la íntima relacion que existe entre esto
ser y la Divinidad.
En las ««Cuestiones Académicas,» escritas tambien
en forma de diálogo, los interlocutores, que pone Cice
ron en escena, esplican todos los principios y las doc
trinas de la filosofía griega, des 'e su época primitiva
hasta los discípulos de Platon y la nueva Academia.
Esta obra, aunque no ofrece novedad ninguna y res
pira un gran escepticismo, es muy importante, por
que presenta á la vista de los lectores, como en un
panorama, todos los sistemas filosóficos de la anti
giiedad. Con efecto ha servido de material á los es
critores modernos que han tratado de la historia de
la filosofía.
En la obra de los bienes verdaderos y verdaderos
males, de finibus bonorum et malorum, dividida en cin
— 268 —
oo libros, Ciceron espone en los dos primeros el sis
tema de Epicuro; en los dos siguientes da á conocer
en qué consiste el verdadero bien , segun los princi
pios de la filosofía estóica, y luego refuta á Zenon y
esplica los principios de la filosofía de Aristóteles y
de los peripatéticos; en el quinto desenvuelve con
mucha gala la opinion de los últimos acerca del bien
supremo ó primero de todos los bienes. En esta obra
los interlocutores dan mucha viveza y animacion á
sus repetidos diálogos, que tienen un sabor verda
deramente ático.
En los cinco libros de las Tusculanas, que escri
bió en su amena casa de campo en Túsculo, trató
cuestiones muy árduas de filosofía y moral, como el
poco aprecio que merece la vida, la constancia que
debemos oponer á los dolores, á la tristeza y á otras
afecciones del ánimo; y sostiene, por último, con los
estoicos, que la sola virtud basta para hacer feliz al
hombre. El diálogo reposado, la elegancia del estilo,
y la espansion de afectos, bañados de una suave
amargura, que se notan en esta obra, la dan un
aire de originalidad y patética dulzura, que embria
gan el corazon.
En los tres libros de la naturaleza de los dioses
refiere y desenvuelve todas las opiniones de los anti
guos filósofos acerca del Ser Supremo; habla de las
ceremonias religiosas y del culto, de la fé de los ju
ramentos, de la santidad de los templos, etc. Pero lo
cierlo es que Ciceron, en todo el curso de esta obra,
— 269 —
se inclina mas bien al escepticismo, que á fijar prin
cipios ó dogmas religiosos. Uno de los interlocutores
habla en el sentido de Epicuro; otro espone la doc
trina de los estóicos, y un tercero refuta á los dos,
dejando á los lectores indecisos y en la duda sobre
los puntos mas importantes y fundamentales de las
creencias religiosas. Algunos críticos creen que el
tercer interlocutor, llamado Cota, es el retrato mas
fiel de Ciceron y de su escepticismo.
Los dos libros de la Adivinacion pueden ser con
siderados como un apéndice á la obra de que aca
bamos de hablar: su ilustre autor confirma nuestro
aserto en las palabras siguientes: «Carneades escribió
sobre la adivinacion con mucha elocuencia y sutileza
de ingenio para impugnar á los estóicos, y yo voy á
examinar su doctrina. A fin de no equivocarme en
cuanto sea posible, y no caer en raciocinios falsos ni
oscuros, haré lo propio que en el tratado de la natu
raleza de los dioses; esto es, pesaré cuidadosamente
la solidez de los argumentos y las pruebas de una y
otra parte; porque si es bochornoso caer en error, lo
es mucho mas y de mayor consecuencia en las cosas
que pertenecen á la religion, siendo igualmente peli
groso dar en la credulidad, que en prácticas supers
ticiosas, admitiendo todas las opiniones á ciegas y
sin exámen (1).» Estas palabras nos revelan una sa
na crítica y el firme deseo de indagar la verdad. Con

(I) Gic, De Divinal., Lib. I, n.° IV.


— 270 —
efecto, Ciceron en el primer libro de esta obra des
envuelve detenida y minuciosamente todas las razo
nes en que se apoyan los estóicos para probar que
existe el arte adivinatorio; y en el segundo las refu
ta, descubriendo á los lectores el absurdo de esta su
puesta ciencia, tan insubsistente como ridicula.
En el largo fragmento que poseemos todavía de
su obra De falo (sobre el destino) Ciceron, aunque se
inclina á creer con todos los demás filósofos dela an
tigüedad que los fenómenos de la naturaleza depen
cesarias,
den de unsienta
encadenamiento
por otra parte
de como
causas
principio,
eternas ysepa
ne>

rándose de esos mismos filósofos, que la voluntad


humana es libre, y que el hombre no está sometido
en su ejercicio á ninguna fuerza necesaria é irresis
tible. La obra De falo, pues, tiene cierto fondo de
originalidad; pero no queremos pasar por alto que
sus principales doctrinas pertenecen á Crisipo, cuya
autoridad cita á cada paso Ciceron. Diremos, por ul
timo, que Leibnitz entresacó de este breve tratado
sus argumentos mas sólidos en defensa del libre al-
bedrío del hombre, que forma parte de su Teodicea,
libro tan profundo como erudito, y que figura en
primer término entre las obras de aquel sábio
aleman.
En el tratado de los deberes (De Officiis) salido de
su docta pluma, aunque pertenece hasta cierto pun
to á la filosofía moral, el autor se ocupa con espe
cialidad en prescribir reglas y preceptos, aplicables
— 271 —
á los hombres políticos, destinados á gobernar á sus
semejantes. Con efecto, lejos de indicar á los lecto
res el camino que pueda conducirles á la práctica de
las virtudes, se contenta con darles á conocer lo que
es bueno y justo para que les sirva de norte en todas
sus acciones, y adquieran por este medio la estima
cion de sus contemporáneos. Esíe tratado no es mas
en su mayor parte que traduccion ó imitacion de al
gunas obras escribas por filósofos estóicos: y sus dos
pricneros libros, no solo nos revelan esta verdad, si
no que nos dan tambien un testimonio de que fué
principal guia de nuestro autor en esta obra, que es
cribió para instruccion de su hijo, el filósofo Panecio.
Entre las obras filosófico-políticas de Ciceron
merece un lugar muy preferente su tratado De Re
pública, cuyo descubrimiento debemos, como nadie
!o ignora, al profundo y eruditísimo Mr. Mai. Despues
del escelenle discurso y de las disortnciones históri
cas, que forman una parte muy importante de la
traduccion de la obra inmortal del orador romano
hecha por Villemain, nos parece ocioso dar acerca de
ella un juicio crítico muy estenso, que nos obligaria
;i repetir con menos c!cganch lo consignado en las
doctas páginas del traductor francés. Nos limitare
is, pues, á emitir algunas reflexiones sobre este
?van monumento de la antigüedad.
Cuando tod i el orbe literario lo juzgaba perdido,
era muy genera! la opinion de que este trabajo de
nuestro autor, que se habia propuesto seguir en to
— 272 —
das sus obras las huellas de los griegos, no se dife
renciaria mucho del libro de Platon, que lleva el
mismo nombre: estas conjeturas tenian algun funda
mento, pero el hecho las ha desmentido. El escritor
griego se propone en su obra organizar el Estado co
mo una gran familia; bajo su pluma desaparece el in
dividuo; y el cuerpo politico, que es todo, lo absor
be todo. Comunidad de mugeres, comunidad de bie
nes, todos son hijos del Estado los que nacen, no
hay matrimonios, no hay derechos de propiedad.
Platon, como observa Rousseau, con mucha agudeza
de ingenio, en el «Contrato social,» formuló en su
república mas bien un tratado de educacion, que un
sistema de gobierno. El orador romano, por el con
trario, sa manifiesta en su obra político consumado;
se remonta á los principios del derecho natural; so
mete a un exámen detenido las doctrinas y las opi
niones de los filósofos y políticos que le han precedi
do; Platon, Aristóteles, Jenofonte, le suministran ri
cos materiales; pero no adopta ni rechaza las teorías
ile estos sábios, sin someterlas primero á un análisis
detenido y á la mas severa crítica. Nosotros estamos
muy lejos de suponer que la República de Ciceron es
un modelo acabado de política, y convenimos des
de luego en que muchas de sus ideas nos retratan
mas bien el estado de Roma, que el cuerpo político
bajo todos sus varios puntos de vista; pero, ¿quién
osará negar que los principios generales, que sirven
de base á todo el inmenso edificio de su obra, son
— 273 —
tan grandes y sensatos, que tambien hoy asombran
á los políticos modernos que los leen y contemplan?
El breve pasage, que vamos á trascribir, confirma
este aserto: «Ahora bien, dijoEscipion (es uno de los
interlocutores, que figuran en el primer libro de la
obra) la cosa pública es la del pueblo; pero no es pue
blo toda reunion de hombres, indistintamente forma
da, sino tan solola que se apoya en un consentimien
to mutuo, en la justicia y en la comunidad de intere
ses y su utilidad. La primera causa, pues, que ha lle
vado á los hombres á reunirse no es su debilidad,
sino aquel espíritu de asociacion que es casi propio
de su naturaleza; y la especie humana, que no es
una raza de individuos solitarios y errantes, nace con
una disposicion que, tambien en medio de la abun
dancia de todos los objetos, tiende siempre á la socia
bilidad.» Cic, de Rep., lib. I, XXV.
El tratado de Ciceron sobre la vejez (Cato Major sive
desenectute) aunque lleva el título de diálogo, es mas
bien un monólogo en que habla y figura Caton única
mente tan luego como acaba la iniroduccion, que es
el solo trozo dialogado. Esta obra está escrita con
mucha elegancia, como todas las demás de nuestro
autor, é inspira cierto respeto y veneracion hácia la
vejez noble, rica de reminiscencias gloriosas, y per
fectamente caracterizada. Pero, á pesar de todo esto,
examinando mi conciencia, y viendo que me voy
aproximando á las puertas de la vejez, las razones
del orador romano en abono de este último período
HAN. DE LIT. LATINA. 18
— 274 —
de la vida, no me persuaden mucho, y digo resuelta
y terminantemente que me gusta mas su tratado de
la Amistad (Laelius sive de Amicitia) en que Ciceron
desenvuelve, con mucho arte y un conocimiento pro
fundo del corazon del hombre, la fuerza de los afec
tos y los intereses que pueden contribuir á perpe
tuar la amistad. En esta obra el autor, aunque habla
de la amistad en general, la particulariza con fre
cuencia, apuntando reflexiones no menos importan
tes que profundas. Es tambien de advertir, que tan
to este tratado, como el de República, tienen cierto
colorido, que nos hace vislumbrar de vez en cuando
el estado de agitacion en que vivia Roma.
La obra de Ciceron, titulada Paradojas, aun
que no ofrece, novedad ninguna, es muy importan
te y curiosa , tanto por la claridad y sencillez con
que el autor espone y desenvuelve las seis paradojas
de los estóicos, como por aquella satisfaccion que
nos inspira siempre la lectura de todas las produc
ciones salidas de la docta pluma de los clásicos anti
guos. Nuestros sábios, pues, lamentan con sobrado
dolor, la pérdida de algunas obras del orador roma
no, y las lagunas que se notan en las que no han
llegado íntegras á la posteridad.
Pero, ¿qué diremos ahora de sus cartas, modelo
de elegancia y sencillez? ¡Cuánta espansion de afec
tos, cuánta ingenuidad, cuánto candor se nota en
ellas, si las consideramos bajo el aspecto de una
amistad pura y desinteresada, que destierra del co
— 275 —
razon el disimulo, la hipocresía, el egoísmo! ¡Cuánto
conocimiento del mundo y delos negocios públicos,
cuánta prudencia, cuánta cordura en los consejos, si
las consideramos bajo el aspecto político! ¡Cuántas
noticias curiosas é importantes, si las consideramos
bajo el aspecto literario y científico! Estas cartas,
que nos pintan á grandes rasgos el carácter de Cice
ron, tienen además el aprecio de ser los últimos
alientos de una libertad moribunda, porque Ciceron
fué el último republicano que se esforzó en sostener
con su poderosa elocuencia, apostrofando al pérfido
Antonio, y prodigando buenos consejos á Augusto,
el edificio de la antigua libertad, que amenazaba
ruina, y se desplomó despues de su muerte. Las car
tas del orador romano á su amigo Pomponio Atico, y
las que escribia á Bruto, son el mas bello monumen
to de su gloria (1).

(I) Despues de haber dado un juicio ¡mparcial acerca de las


obras de Ciceron, considerado como príncipe de la elocuencia
romana, filósofo y elegante escritor, nos parece muy del caso,
para completar esta parte de nuestro Manual, añadir A continua
cion un breve catálogo de las obras de tan insigne varon, que
han sido presa de la voracidad de los siglos, ó han llegado muti
ladas hasta nosotros.
Su poema titulado Glaucus Pontius, primer fruto de la plu
ma juvenil de Ciceron, se conservaba todavía en tiempo de Plu
tarco. Su argumento era todo mitológico, y se fundaba en la
antigua tradicion de queGlauco, pastor de Antedon en la Beocia,
había sido trasformado en dios marino.
Los Fenómenos de Arato. De esla traduccion del griego nos
. 276 —
Algunos pedantes nos censurarán tal vez por ha
ber hablado indistintamente de todas las obras de
Ciceron, sin colocarlas en sus lugares correspondien
tes, diferenciando las oratorias y retóricas de las po
quedan
líticas, muchos
y estas
fragmentos,
de las filosóficas.
al paso que son
Nosotros
muy pocos
rechaza-
los que

tenemos de Los Pronósticos del mismo autor, traducidos por


Ciceron.
Un Poema en honor de Mario. Hemos dado ya la traduccion
castellana del reducido número de sus versos, que han llegado á
la posteridad.
Limon. Algunos autores antiguos lo mencionan, y es de su
poner que este poema no dejaría de ser elegante, como to
das las producciones de Ciceron; pero no podemos bajo ningun
concepto juzgarlo definitivamente, porque del Limon nos quedan
tan solo cuatro versos, cuyo sentido no es claro ni preciso.
De Toga candida. Era la que vestían los romanos, que aspi
raban á ocupar algun cargo público: estos pretendientes fueron
llamados candidatos; y los pueblos neo-latinos conservan todavía
la misma palabra sin haber alterado su sentido primitivo. La
oracion, que pronunció nuestro célebre orador, con el nombre
de toga candida, esto es, como pretendiente, se ha perdido, &
escepcion de un corto número de fragmentos.
Las Memorias de su consulado, escritas en griego por Cice
ron, no han llegado hasta nosotros.
Del tratado de las leyes faltan tres libros.
El poema en tres cantos sobre el consulado de César, y cuya
primera parte fué muy elogiada por este varon, tan célebre en
las armas y en las letras, se ha perdido.
El elogio de Caton, que agradó mucho i los republicanos y
tambien á César, ha tenido la misma suerte.
Lamentamos sobremanera la pérdida del diálogo en honor de
Hortensio, muy elogiado por San Agustín en la Ciudad de Dios.
En el libro De Fato faltan el principio y el fin.
— 277 —
mos estas críticas tan inoportunas, y á pesar de que
todos los escritores de manuales han seguido este sis
tema, no vacilamos en afirmar que han recorrido
una senda muy equivocada. Ciceron y todas sus
obras son la personificacion mas perfecta de la anti-

De los cuatro libros de las Cuestiones Académicas, conoci


dos tambien con el nombre de Académicos, no quedan mas
que dos.
La Historia de su tiempo y de su propia vida, ó fué un pro
yecto, como creen algunos críticos, ó Ciceron la dejó imperfec
ta. Si no son apócrifos los pasajes de esta obra, citados por As-
conio, comentador de Dion Casio, podemos afirmar desde luego
que se publicó, ó cuando menos que quedaron de ella algunos
ejemplares.—V. Middleton, trad. por Azara, t. III, pág. 333,
edic. cit.
En el tratado de República , descubierto por monseñor Mai,
señalan muchas lagunas. VA Sueño de Escipion, que se encuen
tra en algunas ediciones antiguas del orador romano, forma
parte del tratado de República.
La historia, que había escrito en versos latinos, acerca de
sus negocios particulares, desde la primera epoca en que esperi-
mentó los primeros golpes de la desventura hasta la vuelta de
su destierro, se ha perdido.
Plinio cita dos libros de Ciceron sobre Historia Natural:
uno titulado de Admiranda, y otro sobre los perfumes.—Vénse
Piin., Hist. Nat., lib. 31, cap. II. Ibid., cap. IV.—Lib. 13, capí-
lulo III.—Lib. 17, cap V.
Su tratado de Gloria ya no existe; pero vamos á apuntar
acerca de esta obra algunos pormenores, que merecen ser co
nocidos. Este precioso monumento, que se componia de dos li
bros, existió hasta la invencion de la imprenta. Raimundo Su
perando regaló su ejemplar á Petrarca; el cual lo dió á un
maestro de escuela, tan pobre, que lo empeñó á uno, que no se
sabe quien fuese: éste lo perdió. Parece, sin embargo, que dos
— 278 —
gua Roma en el último período de la república, el
que quiera, pues, considerar las separadas, y como
monumentos literarios ó científicos aislados, quita al
gran cuadro que representa á Ciceron en primer
término, la hermosura de su fondo.

siglos despues fué encontrado en la biblioteca de Bernardo Jus-


tiniani, d cuando menos figura en el catálogo de sus libros. Jus-
tiniani lo dejo" como manda á un convento de monjas, y enton
ces desapareció. Se buscd repetidas veces, pero no fué posible
hallarle. Se cree, con algun fundamento, que Alcionio , médico
ordinario de aquellas pobres mujeres, lo robd, y que, despues
de haber entresacado de aquel manuscrito muchos apuntes, lo
quemd. Algunos críticos dicen que Alcionio refundid la obra de
Ciceron en otra suya, titulada De Exilio, y añaden en apoyo de
su aserto, que en esta última se notan muchos pasages que pa
recen estrenos al argumento, y otros que revelan mas fondo de
ciencia del que tenia Alcionio.—V. Petr., Epist., lib. 15, I. re-
rum senilium—Paul. Manut., notas ad Atlic. 15. 27.—Bayle
dict. Jlcionyus.—Menag., vol. 4, pág. 86. Esdeadvertir, sin em
bargo, que Manck, en la edicion que publicó del libro De Exi
lio, en Lcipzik, 1707, no solo niega el robo deque se culpa á Al
cionio, sino que pretende probar que se le ha calumniado sin
fundamento ninguno.
Dfcese que existia otro ejemplar del tratado De Gloria en la
biblioteca de BilibaldPirckheimer, patricio de Nuremberg, muer
to en 1530, ¿pero quién lo vid?—Nada se sabe sobre el parti
cular.
El tratado De Consolatione, que escribid el orador romano,
para mitigar algun tanto la mucha afliccion que le habia causa
do la muerte de su hija Tulia, no ha resistido tampoco i los em
bates de los siglos; pero los pocos fragmentos, que nos quedan de
esta obra, dieron orfgen á una de las dispulas mas memorables
de la república literaria. Cárlos Sigonio, modenés, uno de los
sdbios mas eminentes de la época del renacimiento, y muy ver-
— 279 —
Pero la profundidad de sus obras, su inmenso
amor á la libertad, los señalados servicios que pres
tó á su patria, tuvieron la triste recompensa de una
muerte desgraciada, hija de una pérfida y vil ven
ganza.
Nuestro insigne orador estaba en una casa de

sado en el estudio de los clásicos latinos, reunió con Improbo


trabajo todos los fragmentos del tratado De Consolatione, llend
las inmensas lagunas que alteraban su sentido, imitando el esti
lo de Ciceron y la elegancia de sus frases, y, por último, los pu
blicó, diciendo que era el tratado De Consolatione, que había
tenido la fortuna de encontrar. El trabajo de Sigonio era tan
perfecto, que engañó á muchos eruditos, profundos en la lite
ratura latina; pero otros muchos lo declararon apócrifo. Enton-
tonces se suscitaron grandes disputas, cuyo término no fué muy
favorable para Sigonio, porque al fin se descubrió su impostu
ra. Sin embargo, nadie pudo quitarle la gloria de haber escrito
un libro que parecía del siglo de Augusto. Pero en esta circuns
tancia nos parece muy del caso advertir á los lectores, por vía
de curiosidad, que otros sábios italianps, no menos doctos en el
estudio de los clásicos antiguos que Sigonio, y muy ejercitados
en el latín, intentaron en la época del renacimiento adquirir fa
ma, y pasar con mucho lustre á la posteridad, inventando que
habían tenido la suerte de encontrar alguna obra clásica, cuya
pérdida se lamentaba, y luego publicaban lo que ellos habían es
crito, prestándose el nombre de Salustio, César, Tito Livio ú
otro autor cualquiera del siglo de Augusto.
Entre las obras de Ciceron, que se han perdido, no dejaría
tal vez de tener mucho mérito su elogio fúnebre en honor de la
célebre Porcia, esposa de Domicio Enobarbo, y hermana del
ilustre Caton, que prefirió la muerte á la esclavitud, suicidándo
se en TJtica.
No ha llegado tampoco á la posteridad la oracion satirica
que escribió contra el senador Curion.
— 280 —
campo cerca deTúsculo, cuando recibió la noticia
de que los triumviros, Marco Antonio, Octaviano y
Lépido, le habian puesto con su hermano Quinto en
la lista de los proscriptos. Entonces los dos se pusie
ron en camino para pasar á otra casa de campo, si
tuada á orillas del mar, entre Ancio (l)y Circeo (2),
con el proyecto de trasladarse á Macedonia. Pero, ha
biéndose olvidado proveerse de dinero en su preci
pitada fuga, convinieron los dos en que Quinto vol
veria para buscarle á su primera casa de campo en
Túsculo, y que en tinto Ciceron baria todas las di
ligencias para encontrar un buque, en una playa
muy á propósito, en donde pudiera embarcarse.
Quinto tuvo la desgracia do ser cogido y muerto
apenas llegado á su granja. Enterado Ciceron de
aquel triste acontecimiento , y descando apresurar
su fuga , logró poderse embarcar para trasladarse á
Macedonia ; pero vencido por su carácter vacilante
é irresuelto, puso nuevamente pié en tierra, y tomó
el camino de Roma. No habia recorrido aun doscien
tos estadios , cuando preocupado por otros pensa
mientos, volvió á orillas del mar, y se embarcó para
pasar á otra casa de campo, que tenia cerca de Gae-
ta: apenas llegado puso pié en tierra, entró en su
granja y se acostó, quebrantado por el cansancio del
viage y la mucha agitacion del ánimo. Luego á instan-

(1) Nepluno en los Estados eclesiásticos.


(2) Monto Cercello.
— 281 —
cias de sus domésticos mas fieles volvió á ponerse en
camino, dirigiéndose á una playa vecina; pero alcan
zado por los sicarios de los triumviros, mandó parar
la litera en donde le llevaban , asomó la cabeza, y
cogiéndose con la mano izquierda la barba, como
tenia de costumbre, les miró con mucha entereza.
Su aspecto grave, su rostro pálido y macilento, sus
cabellos y su barba en desórden y llenos de polvo,
inspiraron tanto respeto y tan profunda compasion á
los sicarios, que se cubrieron con ambas manos los
ojos. En tanto Herenio y Popilio Lena, á quien
Ciceron habia defendido en otro tiempo con la fuerza
de su elocuencia, y libertado del castigo que le es
peraba, por habérsele culpado de parricidio, le corta
ron la cabeza. Así murió Marco Tulio Ciceron á la
edad de 64 anos , y 34 antes de nuestra era.
Los aduladores de Antonio , que habia decretado
su muerte de acuerdo con sus dos colegas , y luego
los viles cortesanos de Augusto, osaron ridiculizar la
memoria de nuestro ilustre orador, de ese hombre
extraordinario, que repetidas veces habia reducido á
polvo con la fuerza de su palabra las intrigas y arti
ficiosa malignidad de los ambiciosos , que lo sacrifi
can todo á sus intereses particulares y á su egoísmo.
Algunos de esos hombres perversos, que no supie
ron respetar ni conocer la grandeza de su genio,
decian que su estilo era hinchado, redundante, y re
vestido de formas asiáticas ; que muchos de sus chis
tes eran inoportunos ó frios ; que en sus arengas se
— 282 —
notaba falta de unidad y cierto desórden , y que su
elocuencia tenia algode afeminado. Pero, lejosde nos
otros, dice Quintiliano, cuyas palabras vamos tras
cribiendo casi literalmente, lejosde nosotros incul
paciones semejantes contra el genio de un hombre á
quien los enemigos que le odiaban , acometen hoy
que no puede responder por haber sido víctima de
la proscripcion. Los cortesanos de Augusto, tal
vez con menos injusticia , pero siempre con exage
racion y cierto aire de mofa , ridiculizaban sobre todo
sus poesías , pasando en silencio los versos muy ele
gantes y armoniosos salidos de su pluma, y repitien
do otros de escaso mérito (1). Pero la lo=a del sepul
cro apaga la envidia , los odios, los rencores, y la
posteridad, que reconoce en Ciceron el adalid de la
elocuencia romana , ha condenado á la infamia la me
moria de sus perseguidores y de los viles triumviros,
sus asesinos.

(I) De aqui trae origen el aire de burla con que se han re


polido siempre, y se repiien hoy porlos pedantes, estos dos ver
sos de Ciceron:

Caedant arma togm conceda laurea linguae.


ó fortunatam natam me consule Romam.
— 283 —

RETORICA.

QUINTO CORNIFICIO.—P0RC10 LATRO.—RUT1LIO


LUPO.

Los cuatro hbros del tratado de retórica, dirigidos


á Herenio (Rhetoricorucn ad Herennium , lib. IV) se
atribuyeron hasta la éposa del renacimiento á Cice
ron; pero los mejores críticos modernos afirman, con
visos de probabilidad, que pertenecen á Quinto Cor-
nificio, amigo del célebre orador romano, y llamado
Cornificius Major , para diferenciarle de su hijo, que
llevaba el mismo nombre. Otros los atribuyen á
Marco Antonio Gnifon , maestro de nuestro orador
y uno de los es ritores , que figuran en el li
bro de los «Ilustres Gramáticos de Suetonio.» Sea co
mo fuere lo cierto es, que la obra en cuestion, es la
primera de este género, que se escribió en latin.
Atribuyese á Porcio Latro , amigo de Marco Sé
neca y maestro de Ovidio, una declamacion contra
Ciceron. Quintiliano le prodiga elogios, y le da el hon
roso título de profesor ilustre (1). Ignoramos casi to-

(1) In primis clari nominis professor. Inst. or. X. 5.


— 284 —
dos los pormenores de su vida, y sabemos única
mente con certeza , que se suicidó el año 750 dela
fundacion de Roma para libertarse de una fiebre
muy pertinaz que le atormentaba.
Tenemos bajo el nombre de Rutilio Lupo un tra
tado de retórica con este título «De figuris sen-
tentiarum et elocutionis,» el cual no es mas que una
traduccion, ó mas bien un estracto muy sucinto de
otro tratado, que escribió Gorgias, maestro de Cice
ron y retórico griego , que floreció en el siglo de Au
gusto, muy distinto del célebre Gorgias Leontino.
Este tratado es interesante, porque el autor trascri
be en sus páginas varios trozos de oradores griegos,
cuyas obras se han perdido. El tratado de Rutilio
comprende dos libros , y el de Gorgias se compone
de uno solo, esta particularidad nos induce a creer
que la particion ha sido obra de los copistas. No sa
bemos á punto fijo en qué aiío nació Rutilio, ni cuan
do bajó á la tumba ; pero todos los críticos modernos
convienen en que fué contemporáneo de Augusto, ó
cuando menos de Tiberio y Claudio.
- 285 —

FILOSOFIA.

M. Jcnio Bruto.—M. Terencio Varron. — M. Porcio


Caton. — M. Pupio Calpurniano. — Manijo Torcua-
to.—C. Veleyo. — C. Casio Longino.—T. Albucio.
—Lucio Papirio Peto. —L. Sofeyo. —C. Vibio Pan
sa. —T. Lucrecio Caro,—T. Pomponio Atico.

La personificacion de la elocuencia y de la filoso


fía romanas reside toda en Ciceron. Despues de su
muerte la tribuna quedó cubierta de un manto ne
gro, y está reservada tal vez á nuestro siglo la in
mensa gloria de romperle y quemarle, como baldon
de infamia y víctima espiatoria del despotismo y de
la tiranía sobre los altares de la renaciente libertad.
Es cierto que Ciceron no figura como creador de
nuevos sistemas en el mundo filosófico; pero ¿no
debemos á su docta pluma la exposicion clara y
sencilla de todas las escuelas filosóficas de Grecia?
«Sus obras, dice con mucho acierto Renouvier, cons
tituyeron una especie de Compendio romano de la filo
sofía griega, y fueron la fuente principal á que se
remontaron numerosos moralistas ó cristianos de las
edades sucesivas para enterarse de la ciencia de los
— 286 —
gentiles (1).» Con efecto, de todos los demas roma
nos, sus contemporáneos, que se dedicaron al estu
dio de la filosofía , no conservamos mas que los nom
bres, y el recuerdo de su amor á la ciencia.
Marco Junio Bruto, republicano fervoroso, y
muy célebre en los anales de la antigua Roma por
haber intentado restituir á su patria la perdida liber
tad, estudió con ahinco la filosofía griega, profundi
zó todos sus sistemas, y se adhirió á las doctrinas de
Platon y de la antigua Academia ; pero en los actos
prácticos de su vida pública y privada adoptó con
preferencia los principios de la filosofía estoica. Plu
tarco nos dice, en la vida de este ilustre héroe , que
escribió en griego un tratado de moral.
Terencio Varron fué tambien filósofo académico,
y en su libro de las «Antigüedades romanas.» que
no ha llegado á la posteridad, formuló un nuevo plan
de teología , que nos ha conservado San Agustin: va
mos ha transcribir las primeras palabras de este doc
tor dela Iglesia: «Varron, hombre enciclopédico, dice
que la teología ó ciencia de los dioses tiene tres as
pectos muy distintos: místico, físico ycivil. El prime
ro pertenece todo á los poetas y al teatro ; el segun
do se propone por objeto el mundo, su origen, sus

(U Constituérent ccpendant une sorte de C.ompendium ro-


main de la philosophie grecque , et furent la principale sour-
ce oú remomerenl de nombreux moialistes ou chrétiens des
ages suivants pour s' informer de la scieuce de gentils-Renou-
vier. Man. de phil. anc, to. 2.° pag. 227. Paris 1844.
- 287 —
leyes y la realidad de las cosas materiales; el tercero
somete á un exámen muy detenido todo lo que dice
relacion con las sociedades constituidas'y organiza
das.» San Agustin, despues de haber expuesto con
claridad y precision todas las ideas del ilustre roma
no, las refuta victoriosamente, pero le colma al pro
pio tiempo de elogios por la inmensidad y sutileza de
su ingenio. «íOh Marco Varron, esclama, eres cierta
mente el mas ingenioso entre tcdos los hombres, y
sin duda el massábio, pero hombre en fin, y no
Dios!» (v. la Ciudad de Dios. libs. VI y VII):
En Roma la filosofía estóica tuvo muchos secua
ces; pero en la época que vamos recorriendo , el que
adquirió mas fama como estóico , fué el célebre M.
Purcio Caton , que se suicidó en Utica, prefiriendo
la muerte al yugo de la esclavitud , que César habia
impuesto á su patria. Sabemos que en los años pos
treros de su vida , leia con una especie de volup
tuosidad las obras de Platon sobre la inmortalidad
del alma.
M. Pupio Calpurniano, se distinguió en Roma
como filósofo peripatético , y si no queremos perder
de vista , que Ciceron en su obra sobre la felicidad
suprema (1) lo hace figurar en primer término como
peripatético , es de suponer que profundizó las doc
trinas filosóficas del Estagirita.
Manilio Torcuato, C. Veleyo, C. Casio Longino,

(1) De flnibus bonorum et malorum.


— 288 —
T. Albucio, Lucio Papirio Peto, L. Sofeyo, C. Vibio
Pansa , Tito Lucrecio Caro , de quien hemos hablado
con alguna detencion en las páginas anteriores, y
Pomponio Atico, se adhirieron todos á la escuela de
Epicuro. El primero figura como interlocutor en la
obra de Ciceron ya citada; el segundo defiende la
Cosmogonía de Epicuro en los libros de nuestro ora
dor sobre la naturaleza de los dioses; el tercero,
segun afirma Plutarco en la vida de César , fué uno
de ios epicureos mas decididos ; de los cuatro si
guientes conocemos únicamente los nombres, con
signados en las obras filosóficas de Ciceron. El siste
ma de Lucrecio lo conocen ya los que han recorrido
lo que llevamos escrito en este Manual. En cuanto
á Pomponio Atico , podemos afirmar , sin temor de
equivocarnos , que fué el mas epicureo de toda Ro
ma, porque prefirió siempre á los negocios públicos y
al furor de los partidos, la vida tranquila y regala
da (1). No queremos, sin embargo, pasar por alto, que
fué un escelente amigo y un hombre muy bondadoso;
ponia á la disposicion de todos los necesitados su
bolsa , y prodigaba su proteccion con una espon
taneidad admirable á los que invocaban su auxilio
para lograr destinos ó salir de sus apuros, aprove
chando el gran prestigio que le daban en Roma, sus
riquezas y su neutralidad sistemática en los partidos
políticos.

(1 ) La historia de la filosofía romana en el siglo de Augusto


— 289 —

MATEMATICAS.

IDEA GENERAL DE LA POBREZA DE LOS ROMANOS EN F.ST>


CLASB DE CONOCIMIENTOS.

A Sulpicio Galo , que servia en Macedonia, como


tribuno, militar bajo las órdenes del cónsul Paulo
Emilio, se le calificó de hombre inspirado por los
dioses, porque despues de haber reunido á los
soldados , prévio el permiso del mismo cónsul , y
de haberles dicho que sucedería un eclipse lunar en
la noche anterior al primer dia de las nonas de se
tiembre , y que este fenómeno era muy natural y no
un portento, el eclipse se realizó como no podia
menos de suceder. (1) ,

esraquíüca y casi nula: Fiüker, en su Compendio Je literatura


clásica ta pasa por alto; Schoell.ensu tratado de literatura roma
na, da mas bien apuntes biográficos, que noticias cienlfticas
acerca de los que cultivaron á la sazon los estudios filosóficos
en Roma; Saverien/en su Historia de los filósofos amenos, nom
bra á Epicteto , y á alguno que otro muy de paso; Renouvier,
en su Manual de filosofía antigua, no hace mas que apuntar los
nombres de unos pocos, entre los que acabamos do nombrar.
En los diccionarios biográficos mas estensos apenas se habla de
filósofos romanos.
(1 ) V. Tit. Liv., lib. XL1V, n." XXXVII.
MAM. DE LIT. LATINA. tí>
— 290 -
El hecho que vamos á referir, entresacado de
Plinio, nos da á conocer aun mas la ignorancia de los
l ómanos en las ciencias exactas. «Aunque los griegos,
dice este sábio de la antigüedad, tuvieron cuadrantes
solares desde el tiempo de Anaximandro, (cerca de
560 anos antes de Jesucristo) los romanos no los cono
cieron sino en la época de la primera guerra púnica.
Hasta entonces se habian servido para la division
del dia de estos tres puntos principales: el levan
tarse del sol, su pasage por el meridiano y su ocaso.
Cuandoelsol llegaba á su punto mas elevado, un mi
nistro de los cónsules, que esperaba en la curia (1),
tan luego como lo veia en su mayor elevacion entre
los fíostra, y el edificio llamado Gracostasis ; (2) si el
cielo no estaba cubierlo de nubes, lo anunciaba en
alta voz. En el año 492 de Roma y 262 antes de
Jesucristo M. Valero Máximo Mesala llev ó á aquella me
trópoli un primer gnomon que habia hallado en Ca-
tania ; pero este no podia indicar con exactitud las
horas en Roma, porque estaba hecho sobre la lati
tud de Catania , que se diferenciaba en 40/30 de la
de Roma. No obstante, los romanos no tuvieron otra
regla por espacio de 99 años. En cada casa habia un
esclavo llamado horarius, que tenia el único y espe-

(H En Roma se did tambien el nombre de curia al lugar en


donde se reunian los que la componian.
(2) Gruecorum Slatio : era el palacio en donde residían los
embajadores que las naciones estrangeras enviaban al senado.
V. el Lexicon de Forcellini. Grcecostasis.
— 291 —
cial encargo de ¡r de tiempo en tiempo al Foro, en
donde estaba colocado el cuadrante, para volver
luego y anunciará sus amos la hora del dia. El año
590 de Roma, 164 años antes de Jesucristo, el censor
Q. Filipo fué el primero que mandó construir un
cuadrante solar sobre el meridiano de Roma , lo que
fué un gran paso. Los romanos, sin embargo, no te
nian todavía medios á su alcance para conocer las
horas cuando el sol se habia puesto, y debieron tama-
fio beneficio al censor P. Cornelio Escipion Nasica.
Este, que por su escelente corazon mereció ser llamado
Corculum(i), llevó áRomaelaño 595 de su fundacion,
159años antes de Jesucristo, una clepsidra (2), que fué

(1) Este vocablo latino , romo queda ya apuntado en otro


lugar de esta misma obra, era un diminutivo de cor (corazon)
y una palabra cariñosa que manifestaba afecto y ternura.
(2) La ctepsidra, ó relój de agua, se compone de dos ampo
llas, la una llena de este líquido , y la otra vacía. La primera se
coloca encima de la segunda, de suerte que por medio de un pe-
quedo agujero pueda destilar el agua que contiene en la que está
sitaada debajo , y todo el artificio se reduce á que el líquido en
su paso de una á otra ampolla, señale con exactitud un intervalo
determinado de tiempo , y todas sus mas ínfimas fracciones.
De aqui se conoce que la clepsidra puede indistintamente gra
duarse para que señale un espacio de tiempo mas ó menos es
tenso. Esta invencion, sin embargo, lardd en perfeccionarse,
porque los antiguos, poco entendidos en las ciencias físicas, no
llegaron i conocer desde luego que la destilacion del líquido d
una á otra ampolla no se verificaba siempre en la misma pro
gresion , pues que la mayor ó menor cantidad de agua aumen
taba ó disminuia su rapidez en el acto de la destilacion por la
— 292 —
colocada en un edificio cubierto. El número de las
clepsidras mas adelante se multiplicó.»
Pero prueba aun mas la mucha ignorancia de los
romanos en las matemáticas en el siglo de Augusto,
la circunstancia de que Julio César , cuando se pro
puso reformar el calendario, tuvo que acudir á Sosí-
genes, docto matemático de la escuela de Alejandría.

NIGID10 FIGULO.

Este sábio disfrutó en Roma de gran fama , y los


antiguos escritores le comparan á Varron por lo vasto

fuerza de compresion cada vez menos intensa, á proporcion que


minoraba la cantidad del líquido.
Varios autores antiguos nos hablan de laclepsidra , y Vitru-
vio nos ha dejado algunos pormenores acerca de esta clase de
relojes; pero su perfeccion se debe casi enteramente á la edad
moderna, que ha llegado á aplicarla con buen resultado ala
navegacion y á la astronomía, á lin de medir los grados de lon
gitud.
La clepsidra ha sido convertida tambien en los que se lla
man relojes de arena , sustituyendo el agua con un polvo muy
fino y sutil.
Estos fueron los relojes que usaron nuestros antepasados
hasta el siglo X. de nuestra era.
Todo lo que acabamos de apuntar en el testo acerca delos
cuadrantes solares está estractado en gran parte del lib. VIH
cap. 60 dela «Historia Natural» de Plinio. Los que deseen tener
otros pormenores sobre los estudios matemáticos y conocimien
tos físicos y astrondmicos de los antiguos en general , los encon-
t-arán en el segundo y tercer discurso , insertados en el t.° I'
de nuestra Historia universal.
— 293 —
de sus conocimientos, no solo en los varios ramos
de literatura , que se cultivaban en su tiempo, sino
tambien en las ciencias físicas y matemáticas. Aulo
Gelio le cita repetidas \eces como escelente gramá
tico (1) ; Macrobio le prodiga elogios como natura
lista (2) , y sabemos que Ciceron apelaba á sus con
sejos en los negocios mas difíciles y espinosos, y á
sus luces en las cuestiones literarias ó científicas mas
profundas. Pero si no queremos perder de vista que
Fígulo se aplicó con especialidad á la astrología y al
arte adivinatorio , como está consignado en Luca-
no (3) y otros autores latinos, y que defendia y

(1) V. Auto Gel., Noct. Att.,lib. 3, cap. XII, lib. 4, capis. IX.
y XVI, lib. 10, cap. V, lib. II, cap. XI, lib. 13, cap. XXV, li
bro(2)
(3)20,Macrob.
....Figulus,
cap. IV.Satur.
cui cura
lib. 3dens,
y C. secretaquecoeli

Nosse fuit, quem non stellarum .Egiplia M¿mphis


¿Equaret visu , numerisque movenlibus astra,
Aut hic errat, ait, ulla sitie lege per aevum
Mundus, et incerto discurrunt sidera motu :
Aut, si Tala movent, urbi generique paratur
Humano matura lues
(Luc, Phars ; lib. I , vers. <i30.)
En castellano diee así :
Fígulo, cuyo especial cuidado fué conocer los designios de
los dioses y los secretos del cielo, y que fué mas hábil que la
egipcia Memfis en observar el curso de las estrellas , y la mar
cha armoniosa de los planetas , dijo : «O este mundo vaga eter
namente sin ley por los espacios, y los astros corren á la ven'
— 294 —
profesaba todos los delirios místicos de los pitagóri
cos, podemos afirmar desde luego que debió su fama
mas bien á la ignorancia de los romanos en las cien
cias físicas y matemáticas, que á un gran fondo de
conocimientos reales y positivos en esta clase de
estudios. Con efecto, su nombre ocupa hoy un pues
to muy inferior en la historia literaria y científica de
a antigüedad, y los escritores modernos pasan por
alto ó mencionan muy fugazmente las obras que sa
lieron de su pluma (1) , ni hacen gran caso de los
fragmentos que nos quedan de ellas (2), considerán
dole casi únicamente como hombre politico y amante
de la república. Siendo senador en tiempo de Cati-
lina, dio testimonios de mucho patriotismo, y castigó
severamente á los conspiradores. Mas adelante fué
pretor, y desempeñó con decoro su cargo , y última
mente se adhirió á Pompeyo y á los republicanos en
la guerra civil contra César con tanta pertinacia, que

tura , ó si el destino Ies guia , ha llegado el tiempo de la desola


cion , que amenaza á Roma y i todo el género humano.»
(1) Ffgulo escribió treinta libros sobre gramática «.Commen-
tarii grammatici;* un Tratado de los animales, repartido eu
cuatro libros; una obra de mucha ostension acerca de los dioses,
y un gran Sistema de astrología ó teoría del arte adivinatorio.—
Véase Hist. de la Acad. de Inscrip. y bell. let. de Francia, capí
tulo XXIX, pág. 190.
(2) Entre los fragmentos de Kígulo tenemos uno sobre el
rayo, traducido al griego por Lydus, é inserto en su Tratado de
los prodigios. Lydus florecid bajo el imperio de Justiniano.
— 295 —
éste, creyéndole su enemigo irreconciliable, le des
terró, y Fígulo murió fuera de su patria 45 anos an
tes de nuestra era.

MARCO VITRUVIO POLION.

Aunque Roma no [ uede disputar bajo ningun


concepto á la docta Grecia la gloria de haber pro
ducido una multitud de artistas, que figuran en pri
mer término en los anales del mundo por su gran
deza y originalidad, no solo ocupa hoy un puesto
muy preferente en la historia de las bellas artes por
habernos conservado muchos monumentos antiguos
de un mérito incomparable , sino tambien por haber
trasmitido á las generaciones futuras la obra de Vi-
truvio Polion sobre la arquitectura, que se apoya en
los conocimientos mas prácticos de las matemáticas.
Ignoramos el punto de Italia en que este ilustre
escritor abrió los ojos á la luz del dia : algunos dicen
que nació en Fondi , ciudad del reino de Ñapoles;
otros en Formia, antigua ciudad del Lacio; otros en
Verona (1).

(l) Maffei , en su obra inmortal n/serona iUustrata,» aunque


"o alirma terminantemente que Vilruvio fué veronés , se inclina
i esta opinion , fundándose en conjeturas que tienen visos de
nucha probabilidad. Schoell , en su Historia compendiada de la
literatura romana, lo da por veronés ; pero añade luego que
adopta esta opinion porque es la mas comun: Telle est au inoins
^opinion commune, t. 3.°, pág. 189. Paris, 1815. Don Joseph <>,
— 296 —
Ignoramos tambien á qué familia pertenecia y el
año de su muerte; pero sabemos que Julio César y
Augusto le tuvieron en grande aprecio, y que esle
último paso á su cuidado la construccion de las má
quinas de guerra.

ta y Saiu en las Memorias sobre, la vida de. /'itruvio , que pre


ceden A su traduccion castellana se egresa en esta forma:
«Es dudoso el lugar de su nacimiento , y aun so puede ase
gurar que enteramente se ignora. l'nos le hicieron veronés,
otros formiano y otros fundano, por haberse hallado en Verona,
en Formia y en Fundi ó Fondi , algunas inscripciones sepulcra
les pertenecientes á la familia Vitruvia ; pero realmente esto solo
prueba, que en aquellas ciudades hubo familias de este nombre:
lo cual respecto á Fondi , es cosa mas antigua que nuestro Vi-
Iruvio , como se puede ver en Livio , lib. 8, cap. XIX y XX.
«Además que las inscripciones , y aun la del mismo Vitruvio
si se hallase , denotan el lu.;ar de la muerte y entierro, y no
el del nacimiento. Ni Ciceron fué formiano , ni Virgilio napoli
tano; y con lodo vemos sus sepulcros en Formia y Nápoles.
¿V cuántos ejemplos de estos pudiéramos alegar? No se ve otra
cosa en Roma que sepulcros antiguos y modernos de familias
que no fueron romanas.
»N'o obstante , mientras no se descubran monumentos indu
bitables do ia [>atria de Vitruvio , yo me inclino á que fué ro
mano , no por b.s razones en que algunos se fundan , y que nada
concluyen , sino por el mismo silencio de Vitruvio en órden á
su patria, como suponiéndola Roma.»
Nosotros, lejos de meternos en cuestiones eruditas de escasa
ó ninguna utilidad, no vacilamos en decir que importa muy
[K)co que Vitruvio haya nacido en Formia , en Verona ó en
Fondi, porque siendo cierto que fué italiano , nadie puede qui
tar la gloria á lodos los italianos de llamarle su compatriota.
Pero, aun cuando haya sido turco ó chino, y no italiano , ¿que
importa eso? ¿No es siempre cierto que los hombres ilustres per-
— 297 —
La ebra de Vitruvio está repartida en diez libros:
en el primero trata de la arquitectura en general; en
el segundo, de los materiales necesarios para cons
truir; en el tercero, de los templos; en el cuarto, de
los varios ór lenes de arquitectura; en el quinto, de
los edificios públicos; en el sesto, de las casas de
ciudad y campo; en el sétimo, de los adornos; y
en los últimos tres, de la hidráulica, de la gnomónica,
ó arte de construir los relojes solares, y de la mecá
nica. L.a obra está dedicada á César Augusto, y Vi
truvio, no separándose en esta circunstancia del sis
tema adoptado por los demás escritores imperiales,
prodiga á su senor elogios y adulaciones sin término
ni medida (1).
El trabajo de este insigne arquitecto es muy apre-
ciable, no solo porque es el único que nos ba trasmi
tido la antigüe Jad, en su género, sino tambien por
que Vitruvio se nos presenta como un gran artista y
como un hombre muy erudito en los varios ramos de
la humana sabiduría. Con efecto, su obra contiene, á
mas de todas las reglas del arte, una multitud de
tenecen
noticiasá todo
curiosas
el cuerpo
y peregrinas
humanitariosobre
, y nohistoria,
tienen masfiloso-
patria

que el mundo? La autonomía es para los cuerpos pegados á


este suelo, los genios que vuelan, tienen por patria el empíreo,
cuyo vasto horizonte circue todo el mundo, y no una sola faja Ue
(¡erra. Añádase A esto, que en tiempo de Vitruvio, el coloso
romano abrazaba todo el orbe civilizado.
(1) Véase su dedicatoria.
- 298 —
fía, ciencia del derecho, astronomía, etc. El capítulo
primero de su segundo libro, en que el autor habla
del gran caudal de conocimientos que necesita un ar
quitecto para descollar en su arte, es uno de los mas
útiles é importantes; y podemos afirmar que Vitru-
vio, no contentándose con prescribir reglas y teo
rías, se propuso rasgar con su docta pluma el tupido
velo de la antigüedad, para que no quedára sepulta
do en el olvido todo lo que los griegos ó ilustres va
rones de otros paises habian hecho en abono de las
bellas artes. El capítulo diez del libro noveno, en
que nos da la descripcion de algunos relojes, y de sus
inventores, es indudablemente lo que de mas perfec
to se halla consignado sobre el particular en las
obras antiguas.
El estilo de Vitruvio no es elegante; sus frases no
son selectas; algunas veces es oscuro, y se espresa
con dificultad; pero estos defectos muy graves en un
historiador y en un poeta, reclaman nuestra indul
gencia tratándose de un artista; y nosotros vamos á
poner término á este breve juicio crítico con decir,
que la obra de Vitruvio es uno de los monumentos
mas apreciables que nos ha dejado el siglo de Au
gusto; que poco interesa á los arquitectos y eruditos
averiguar si fué mas bien un gran maestro del arte
que un verdadero artista, por no haber salido airoso
en la basílica deFano; y que su obra, rica de teorías
sólidas y conocimientos útiles, respira lealtad, des
prendimiento, nobleza de ánimo, y los afectos mas
- 299 —
puros de una acendrada moral en el ejercicio del
arte (1).

MEDICINA.

ARCAGATO.—ANTONIO MUSA.—TITO AUFIDIO.—


M. ANTORIO.—A. CORNELIO CELSO.

El abandono y la ignorancia son siempre perju-


ciales al bienestar de un pais; pero son mas graves
aun los danos que esperimentan sus habitantes, si
las ciencias mas útiles y necesarias para la humani
dad toman formas muy distintas de las suyas natu
rales y se dirigen por sendas tortuosas, revistiéndose
con el manto de la supersticion y de la impostura.
Esto sucedió con la medicina en todos los pueblos de
la antigüedad: los asirios, los indios, los egipcios, los
etruscos, pretendian curar las dolencias propias y las
de los demás enfermos, con amuletos, palabras má
gicas, conjuros y otras supersticiones por el estilo (2).

(!) Schoell, en su Hist. Abr. de la lit. rom., U II, pag. 204 y


III, apunta los nombres de otros cinco arquitectos romanos:
Cosutio, Slucio, C. y M. Estalio y Valerio de Hostia. Se ignoran
todos los pormenores de su vida, y sabemos únicamente que
construyeron algunos grandes edificios.
(2) V. Próspero Alpino «Medicina jEgypliorum» etc. «/n-
troduction a V Htitoire de la Medicine ancienne et moderne par
-30-
Los romanos adoptaron estos mismos remedios, tan
ridículos como ineScaces, basta los últimos tiempos
de la república; y en el siglo de Augusto los que
ejercian en Roma la medicina eran en su mayor par
te estrangeros charlatanes ó empíricos (1). Pero se
distinguieron entre ellos dos médicos griegos, que
por haber adquirido mucha fama en Roma, y todos
los derechos de ciudadanía, merecen ocupar un pues
to en este Manual.
Los romanos festejaron sobremanera la llegada
del médico Arcagato, natural del Peloponeso, hoy
Morea; le colmaron de halagos; y el senado, no con
tentándose con secundar las aclamaciones populares,
le compró á espensas del tesoro público una oficina
en la encrucijada de Acilio. En un principio fué lla
mado el Vulnerario, porque se manifestó muy hábil
en curar las llagas; pero luego los remedios escesi-
vamentc violentos que empleaba para sanarlas, bien
fuese haciendo profundas incisiones, ó cauterizándo
las, le atrajeron el ódio público en tales términos,

/iosario Scudcri,» traducida del ilaliano al francés, París 1810-


—La historia de la medicina de Sprengel, muy clásica en su ge
nero.—Pauli Zacchiae, «Cuestiones médico legales.* f^enet. 1789.
Esta obra, tan erudita como curiosa, nos da á conocer que mu
chas de las antiguas supersticiones, apuntadas en el testo, fue
ron creídas y practicadas hasta el siglo XVI.
(<) Plinio, Hist. Nat., lib. XXIX, cap. I, dice que en su tiem
po muchos acudían todavía á los oráculos para curar sus enfer
medades, o.\ec non el hodie multifariam ab oraculis medicina
petitur.»
— 301 —
que se le dió el nombre de verdugo (1). Sin embargo,
su fama se perpetuó en Roma, y no dejó de tener
partidarios muy entusiastas, que recomendaban á
cada paso su método curativo.
Entre los médicos, que mas se distinguieron en el
siglo de Augusto, figura en primer término el griego
Antonio Musa. Estando gravemente enfermo el em
perador, y casi moribundo, Musa le suministró re
medios tan eficaces, que al cabo de algunos dias se
restableció. Entonces el senado y el pueblo manda
ron erigir una estátua de bronce en honor de Musa;
la colocaron al lado de la de Esculapio; le permitie
ron llevar un anillo de honor, y á fin de dar un tes
timonio de gratitud y afecto á los médicos sus cole
gas, les eximieron de pagar todo género de impues
tos (2).

(1) V. Plin., ob. cit., lib. XXIX, cap. I.


(2) Dion Casio dice en su historia, que Antonio Musa con
tribuyó á la muerte del jdven Marcelo, sobrino é hijo adoptivo
de Augusto, porque los bonos frios y las bebidas que le recetó,
en vez de producirle un efecto saludable, le llevaron al sepulcro.
Pero ningun otro escritor confirma este aserto: Suctonio, Vele-
yo Patérculo, Tácito, Plínio, que hablan repetidas veces de Mar
celo, no apuntan semejante hecho. Es de advertir, además, que
en las Catalectas de Virgilio se leen en honor de Musa los versos
'llevamos á insertar á continuacion, Si este médico hubiese
contribuido á la muerte de aquel príncipe, el cantor de la Enei
da, refinado cortesano, no se habría escedido hasta el punto de
elogiarle, y no habría dejado, tal vez, de indicar la falta invo
luntaria de Musa. Servio, comentador de Virgilio, atribuye la
muerte de Marcelo á otras causas muy distintas.
— 302 —
Tito Aufidio y Marco Antonio, amigo de Augus
to, italianos entrambos, y tal vez nacidos en Roma,
adquirieron fama como buenos médicos, y el último
escribió un tratado sobre la hidrofobia y macrobióti
ca, ó arte de prolongar la vida.

AD AKTOMUN Ml'SAM.
Quocumque ire ferunt varias nos lempore vitae,
Tangerequas ierras, quosque videre homines;
Dispeream, si te fuerit raihi carior alter.
Aller enim quis te dulcior esse potest?
Cui Venus ante alios, divi, divomque sorores.
Cuneta, ñeque indigno, Musa dedere bona;
Cuneta, quibus gaudet, Phoebus etiorus ipseque Phoebi;
Doclior, o quis te. Musa, fuisso potest?
O quis te in lerris loquitur jucundior uno?
Clio namcerte candida non loquitur.
Quarc illud satis ost, si te permitís amari;
Non contra ut sil amor mutus inde mihi.

En castellano dice asi:

A donde quiera que nos lleven las vicisitudes de la vida, en


cualquier punto de la tierra en que nos hallemos, cualesquiera
que sean los hombres con quienes nos encontremos, que perezca
yo, si hay otro á quien he querido mas que á tí. ¿Quién puede
inspirarme afectos mas suaves que tú? ¿A quien, Venus prime
ro, y luego los dioses y las hermanas de los dioses, prodigaron
todos los bienes, sino á tí, Musa, que de ellos no eres indigno?
Todos los bienes, digo, de que gozan Febo y el coro de este
dios. ¿Quién ha podido ser, Musa, mas docto que tú? ¿Quién se
espresa en este mundo con mas suavidad que tú? Nadie; ni la
blanca Clio. Me basta, pues, que me permitas amarte, y no exijo
de tu parte la reciprocidad de este amor.
— 303 —
Se cree con algun fundamento que pertenece
tambien al siglo de Augusto A. Cornelio Celso, a
quien los mejores críticos del sig'o XV y XVI dieron
el nombre de Ciceron de los médicos por la elegan
cia de su estilo, sus frases selectas y su elocuencia.
Otros le llamaron Hipócrates romano y dios de la
medicina. Ignoramos todos los pormenores de su vi
da; ignoramos si nació en Roma ó en Verona; igno
ramos si fué médico, ó si se limitó únicamente á es
cribir sobre este arte. Podemos decir, sin embargo,
que la elegancii de sus escritos confirma cada vez
mas la opinion de que floreció en el siglo de oro, y
bajo los reinados de Augusto y Tiberio (1).
De su grande obra «De Artibus,» comprendida en
veinte libros, qu? era una especie de enciclopedia,
en que el autor trataba de filosofía, jurisprudencia,

(1) Algunos creen que Horacio alude á Celso en la epístola 3,


15 del lib. I, Quid mihi Celsus agit? Oíros sostienen que
ilude á Celso Albinovano, muy distinto de nuestro autor, y á
quien dirige la epístola 8 del lib. I.

Celso gaudere et bene rem gerere Albinovano,


Musa rogata, refer, comili scribaeque Neronis.

A Albinovano vuela, Musa mia,


De Neron secretario y confidente,
Y el saludo le vuelve que él me envia.
(Trad. de Burgos).
— 304 —
arte militar, economía rural y medicina, tenemos
tan solo los ocho, que contienen esta última parte
6— 14. Celso fué un sabio eminente; pero la circuns
tancia de que ningun escritor le celebra por su habi
lidad en curar á los enfermos, nos inclina á creer que
no ejerció nunca la profesion de médico; y si es cier
to, como lo han dejado escrito algunos autores, que
sus ocho libros sobre la medicina no son mas que
una compilacion de obras griegas, nuestra opinion
adquiere mayor probabilidad (1).

GEOGRAFIA.

A pesar de que los romanos habian recorrido


en el siglo de Augusto graa parte del orbe, y
sometido bajo su dominio la España , la Grecia,
las Galias, parte de la antigua Germania, toda el
Asia Menor y varias regiones del Asia superior, no
encontramos escritores latinos que se hayan ocupado
en describir la tierra. Tan solo César, hombre enci
clopédico y dotado de talento profundo, conociendo
su importancia, solicitó y obtuvo un senado-consul-

(I) Los que deseen tener noticias mas estensas de los anti-
guosmédicos que florecieron en el siglo de Augusto, y en todas
las épocas, asi antiguas como modernas, podrán consultar la his
toria de la medicina, no menos docta que erudita , de Sprengel.
— 305 —
to, que le autorizaba á mandar se midiese toda la es-
tension del imperio romano. Esta grande obra fué
confiada por las provincias de Oriente á Zenodoxo;
por las del Mediodía á Policleto, y por las del Norte
á Teodoto. El primero concluyó su trabajo despues
de veintiun años, cinco meses y nueve dias; el se
gundo despues de veinte y nueve años, seis meses y
diez dias; y el tercero despues de treinta y dos
años, un mes y diez dias. M. Vespasiano Agripa,
yerno y amigo de Augusto, mandó trazar mapas que
representaban toda la superficie del imperio, y cons
truir un pórtico donde colocarlos para que el públi
co los viera; pero la muerte le sorprendió antes de la
realizacion de su pensamiento. Todos los materiales
que habia reunido para el caso, y el comentario
que habia escrito para que sirviera de aclaracion á
los mapas, fueron depositados en los archivos del
Estado. Plinio los compulsó cuando escribió su ¡lis
taría Natural: este autor cita tambien las obras sobre
la Libia y la Arabia del jóven Yuba, rey de Mauri
tania: monumento precioso de la geografía antigua,
que no ha llegado hasta nosotros.

JURISPRUDENCIA.

Todo lo que llevamos espuesto es un claro testi


monio de que entre los romanos fué muy escaso el
número de los que se dedicaron á estudios severos,
MAN. DE LIT. LATINA. 20
— 306 —
que exigen meditacion profunda, y en esto, no si
guieron las huellas de los griegos, ni supieron imi
tarlos; pero no sucedió lo propio en cuanto á la ju
risprudencia. En Roma figuraron como grandes ju
risconsultos, no solo los que ejercian tan noble profe
sion, sino tambien sus oradores, sus generales, sus
funcionarios públicos mas subalternos; y hasta sus
vates. La historia, pues, del derecho romano ha si
do considerada por los sábios modernos como una
fuente inagotable de investigaciones políticas, filosó
ficas, morales y económicas. Las colonias fundadas
por los romanos, la organizacion de sus municipios,
la de su magistratura, y de sus atribuciones, mas ó
menos latas, las facultades muy amplias de que disfru
taban los pontífices en el ejercicio de su cargo, las que
se concedian á sus generales, bien fuese durante la
guerra ó en tiempo de paz, tenian un interés social
y un carácter de universalidad en sus aplicaciones,
que han perpetuado, no solo su memoria, sino tam
bien gran parte de las leyes fundamentales y consti
tutivas de la antigua Roma, bajo formas distintas,
que sin variar sus bases, las han modificado segun
las exigencias de los tiempos, y las costumbres y ne
cesidades de los pueblos que las han adoptado. Los
que hayan leído con alguna detencion las dos obras
inmortales de Savagny; la una sobre el derecho ro
mano, y la otra sobre su historia en la'edad media,
no habrán dejado de advertir lo que acabamos de
apuntar. La libertad de cultos, hoy estableeida en
— 307 —
todas las naciones mas civilizadas de Europa,
¿no fué uno de los principios constitutivos de la le
gislacion romana? Sabemos muy bien que los prime
ros cristianos fueron cruelmente perseguidos, y que
las atrocidades que contra ellos se perpetraron, son
el mash orrendo y lastimoso testimonio de que hay
momentos en que el hombre se convierte en fiera;
pero no debemos perder de vista, al propio tiempo,
que los emperadores romanos y el pueblo, sepulta
dos todavía en las tinieblas del error, persiguieron á
aquellos mártires y santos varones, no por espíritu
de intolerancia religiosa , sino porque creian que
conspiraban contra el Estado, y que en sus reunio
nes nocturnas se entregaban á horrendos y repug
nantes delitos.
Las leyes regias, que se refieren á la época pri
mitiva de la fundacion de Roma, las que llevan el
nombre de leyes de las Doce Tablas, que echaron
las bases del grande edificio de la legislacion roma
na, las que en varias épocas promulgó el senado y
sancionó el pueblo, las establecidas por Mario, por
Sila, por César, y por el primero y segundo trium-
virato, comprenden el derecho civil, el derecho po
lítico é internacional; abrazan las colonias y los mu
nicipios, la magistratura, la religion, la milicia. En
fin la historia del derecho romano es la del pueblo-
rey; es la de la tribuna, del senado, de la plebe; es
la de
aqui
su origen,
por quédesusus
historia
progresos,
es inseparable
de su decadencia.
de la de
— 308 —
los pueblos neo-latinos; hé aqui por qué las leyes de
Roma se han reproducido y se reproducen á cada
paso, entre nosotros, bajo distintas formas; hé aqui
por qué su estudio es tan útil como necesario. Ilus
tres autores han tratado estensa y doctamente esta
materia en obras especiales; y nosotros, que no po
demos recorrer en un corto número de páginas todo
el vasto campo de la legislacion romana, contentán
donos con las ideas generales que acabamos de emitir
sobre el particular, añadiremos que las leyes del
pueblo-rey sufrieron un cambio radical, cuando la
república se trasformó en imperio, porque el dominio
de uno solo era incompatible con la libertad.
Entonces los jurisconsultos romanos publicaron
obras de legislacion muy importantes; pero son po
cas las que han llegado á la posteridad. Algunos sá-
bios atribuyen la pérdida de estos monumentos pre
ciosos de la literatura romana á las Pandectas (1) de
Justiniano, y dicen que esta obra, compilada sobre
los estractosde lo que habian escrito los antiguos le
gistas, hizo descuidar los originales , suponiéndoles
ya inútiles. Nosotros, aunque nos inclinamos hasta

(I) Esta palabra, que se ha aplicado á la gran compilacion de


las decisiones de los antiguos jurisconsultos romanos, hecha por
órden de Justiniano , se deriva de dos vocablos griegos, que
significan todos y recoger.
Suele darse tambien á las Pandectas el nombre de Digesto, que
se deriva del verbo latino digerere, que significa arreglar, coor
dinar, etc.
— 309 —
cierto punto á esta opinion , porque nos parece que
tiene visos de probabilidad, creemos por otra parte
que han debido contribuir aun mas á la pérdida de
estas obras las repetidas inundaciones de los bárba
ros septentrionales en Italia, y la caida lastimosa
del imperio bizantino.
Los herulos, los ostrogodos, los longobardos
inundaron sucesivamente la Italia; llevaron á sangre
y fuego sus ciudades mas florecientes; destruyeron
sus archivos, y saquearon repetidas veces la magní
fica Roma. Fueron entonces presa de las llamas mu
chos monumentos antiguos y códices preciosos, en
tre cuyo número es de suponer que estarian com
prendidas algunas obras de los jurisconsultos mas
célebres de aquella gran ciudad, que despues de ha
ber sido señora del órbe , se vió convertida en blan
co del infortunio y ludibrio de la barbarie. Cuan
do se apoderaron los turcos de la orgullosa Bizancio
perecieron tambien muchos restos preciosos de la
civilizacion romana, y los secuaces del islamismo, tan
bárbaros y feroces, como ignorantes y fanáticos,
amortajaron la grandeza y magnificencia de la litera
tura greco-latina , que en su misma agonía conser
vaba la nobleza de su orígen. En esta última catás
trofe han debido perecer otras obras de los antiguos
jurisconsultos de Boma.
— 310 —

JURISCONSULTOS ROMANOS

DEL SIGLO DE AUGUSTO.

C. Aquilio Galo. —Servio Sllpicio Ri'fo. —C. Aul»


Afilio.—P. Alfexo Varo. — C. Treracio Testa. —
A. Cascelio.—Q. Elio Tuberon. —Q. Antistio La-
beox. —C. Ateio Capiton. —Elio Galo. —Vitelio.

El célebre Mucio Escévola , cuyo nombre hemos


apuntado anteriormente, hablando de los juriscon
sultos del segundo periodo , tuvi una multitud de
discípulos, que siguieron sus huellas y llegaron á
adquirir mucha fama en la época que vamos recor
riendo, por lo vasto de sus conocimientos en la cien
cia del derecho. Pertenece á este número Q. Aquilio
Galo, colega de Ciceron en la pretura. Este ilustre
personage escribió algunas obras de jurisprudencia,
que se han perdido , y de las cuales no conservamos
ni siquiera los títulos.
Fué tambien un gran jurisconsulto Servio Sulpi
cio Rufo, contemporáneo del mismo Ciceron, y segun
afirma este insigne orador, fué el primero que elevó
á la noble categoría de ciencia el estudio del de
recho. El senado mandó erigirle una estátua, y en
tre los doctos jurisconsultos , que se formaron en su
— 311 —
escuela , ocupan un puesto preferente C. Aulo Afilio
y P. Alfeno Varo. En el Digesto se cita, entre las
obras del primero, un comentario sobre los edictos de
los pretores; el segundo se distinguió por sus escri
tos sobre jurisprudencia , y nos quedan todavía en
las Pandectas de Justiniano muchos fragmentos de
una gran compilacion de leyes , que publicó en cua
renta libros (1).
El célebre C. Trebacio Testa , amigo de Ciceron,
apreciado en gran manera por Julio César y Augus
to, que apelaban á sus consejos en todas las cues
tiones mas árduas sobre el derecho , escribió varios
tratados de jurisprudencia , y en el Digesto se citan
dos obras suyas , una titulada de Beligionibus y otra
de jure civile. Se cree que Augusto introdujo por su
consejo el uso de los codicilos en los testamentos.
Trebacio era de carácter festivo, y Horacio en su sá
tira primera del lib. 2.°, escrita en forma de diálo
go, finge con refinada adulacion, y digna de un
verdadero cortesano , que este ilustre varon le acon
seja elogiar en sus versos al emperador , en vez de
escribir sátiras (2).

(I) Algunos críticos dicen que Alfeno profesó la filosofía de


Epicuro , diferenciándose en esto de los demas jurisconsultos,
que adoptaron las doctrinas del Pórtico.
(?) Attamen etjustum poteras et scribe're fortem (Caesarem)
Scipiadam ut sapiens Lucilius
— 312 —
Cascelio se distinguió no solo por lo vasto desus
conocimientos en la ciencia del derecho, sino tam
bien por la fiereza de su carácter verdaderamente re
publicano. Este jurisconsulto , que se habia educado
en la escuela de Mucio Escévola , no quiso nunca, á
pesar de las muchas y repetidas instancias de sus ami
gos , dar fuerza de ley á lo que habian dispuesto y
sancionado los primeros triumviros, diciendo que la
victoria no era un título de legítima autoridad; y álos
que le insinuaban para su bien no hablar muy li
bremente contra César , contestó estas palabras , tan
memorables como atrevidas: «Me animan á hacerlo dos
cosas, que los hombres consideran como la mayor de
las calamidades: mi vejez y el no tener hijos (1).» To
das las obras que escribió sobre jurisprudencia , y su
libro titulado Bene dicta, que era una coleccion de
chistes, han perecido.
Q. Elio Tuberon , hijo del ilustre jurisconsulto
del mismo nombre , que ha figurado en el segundo
período, fué discípulo de AuloOfelio: sus obras, que
se citan con frecuencia en el Digesto, no han llegado
á la posteridad ; y sabemos únicamente que se retiró
del foro , cuando tuvo el disgusto de verse vencido

Sin embargo tu lira bien podría


á César alabar justo y valiente
cual Lucilio eminente
con el grande Escipion lo hizo algun dia. (Burgos).
(I) V. Valerio Máximo, lib. VI ,cap. 2.«, n.° 12.
— 313 —
por Ciceron en la célebre arenga que pronunció este
último en defensa de Q. Ligado.
Antistio Labeon , hijo de un amigo de Bruto y
discípulo de Trebacio , se distinguió no solo como
jurisconsulto, sino tambien como hombre muy ver
sado en todos los ramos de literatura , que se cultiva
ban á la sazon en Roma. Se cree que dejó escritos
cuarenta volúmenes sobre jurisprudencia , y que for
maban parte de ellos los muchos fragmentos de sus
obras, insertos en las Pandectas.
C. Ateio Capiton , muy docto en el conocimiento
delas leyes y adicto á los intereses de Augusto,
que le nombró cónsul el año 759 de la fundacion de
Roma, escribió un tratado sobre el derecho ponti
fical, y otras obras importantes y voluminosas, que
no han llegado hasta nosotros; pero no queremos
pasar por alto en esta coyuntura , que nos causa mu
cha maravilla la circunstancia de que no se encuen
tra en el Digesto ni un solo fragmento puro (1) de
sus obras.
Figuran , por último , entre los jurisconsultos del
siglo de Augusto , Elio Galo, que escribió una obra
titulada: De verborum qua adjus pertenent significatione,
y cierto Vitelio.

(I) Los jurisconsultos llaman fragmentos puros los que es


lío estractados de la obra original de un autor, y no de pasa-
ges 6 libros de otros autores, que la citan ó hablan de ella.
— 314 —

GRAMATICA.

TERENCIO VARRON.—M. VERRIO FLACO.—C. JU


LIO HIGINO.

Varron , cuyo nombre hemos apuntado repetidas


veces , ocupa un puesto distinguido entre los gramá
ticos del siglo de Augusto por su obra De lingua latina,
que se componia de 24 libros. Los dos primeros se
han perdido , y de los demas nos quedan largos frag
mentos, á excepcion de los libros 7.° 8.° y 9.° que
han llegado á la posteridad casi íntegros. El ilustre
autor trata de la ciencia filosófica y de sus aplica
ciones á la etimología de las palabras , á los nombres
de loslugares, á la medida del tiempo, á los instru
mentos de la agricultura, á los edificios públicos
etc. etc. La última parte de su obra contenia una es
pecie de glosario , destinado á esplicar el sentido
verdadero de las palabras , y cuya pérdida se nos
hace muy sensible , tanto por la importancia del ar
gumento como porsu novedad. La parte en que trata
de las etimologías , ofrece muy poco interés, porque
sus investigaciones son superficiales, y mas bien vul
gares y poco fundadas que ingeniosas y peregri
nas (1).
(I) Tenemos tambien de este ilustre escritor una obra sobre
la agricultura con el nombre de Re fiústica, dividida en tres
libros , y la sola de este género , que nos ha trasmitido el siglo
— 315 —
Marco Verrio Flaco , maestro de los nietos de
Augusto, y uno delos gramáticos mas ilustres de
la antigua Roma, escribió una obra, titulada: De
verborum significatione , cuyo testo original se ha per
dido ; y hoy no poseemos mas de ellas que un com
pendio muy reducido, hecho por Sesto Pompeyo.
Testo, gramático del cuarto siglo de nuestra era.
C. Julio Higino, natural de España , segun afir
man algunos escritores antiguos, fué muy apreciado
por Augusto, que le confió la direccion de la biblio
teca Palatina, y enseñó la gramática á Ovidio. Algu
nos críticos dicen , que este poeta alude á su antiguo
maestro en el Ibis, sátira, ó mas bien invectiva muy
amarga de la que hemos hablado ya. Si esto es cierto,
Higino no dejaría de ser un hombre muy perverso y
de carácter ruin, á pesar de su mérito literario (2).

de \ugusto. En el primero trata de la agricultura en general,


de los viñedos, de los olivares y de los jardines ; en el segundo
de la crta de los ganados y de sus productos, como la leche, el
queso y la lana ; en el tercero de la cria de las aves gallinaceas,
y otros animales domésticos, que viven en los corrales interio
res de las granjas; de la caza y de la pesca.
Esta obra , que puede merecer el nombre de testamento del
autor, porque Varron la escribid á la edad de ochenta años, y la
dedicó á su esposa como un último recuerdo, tiene algunos trozos
escritos en forma de diálogo , con bastante animacion , y se dis
tingue por la elegancia de su estilo, por algunas reflexiones, tan
útiles como oportunas, y poruña multitud de noticias importan
tes y curiosas sobre la mitología y las antigüedades romanas.
(2) Higino escribid sobre la topografía de las ciudades de
Italia , sobrela agricultura, sobre el arte militar , un tratado
— 316 —

CUARTO PERIODO.

DESDE LA MUERTE DE AUGUSTO HASTA EL RBINADO DE ADRIANO;


14 — 117 AÑOS DESPUES DE J. C.

IDEAS PRELIMINARES.

Algunos escritores vulgares y críticos mezquinos


han dejado escrito que los siglos mas memorables
en la historia por su cultura intelectual han sido siem
pre precursores de la decadencia política de los pue
blos, como el de Alejandro en Grecia, de Augusto
en Roma , de Leon X en Italia , de Felipe II en
España etc. ; y que es un problema difícil de resol
ver, si la verdadera grandeza de un Estado necesita
para consolidarse el apoyo de las letras. Nosotros va
mos á emitir algunas reflexiones sobre el particular,
que pueden servir de introduccion á este cuarto pe
ríodo.

acerca de los dioses penates , varias biografías de varones ilus


tres, y un comentario sobre Virgilio; pero ninguna de estas
obras ha llegado á la posteridad. Las 277 fábulas mitológicas, y
el Poeticum astronómicum , que se le atribuyen, no salieron
tal vez de su pluma.
— 317 -
Todos los varones eminentes que descollaron
por lo vasto de sus conocimientos en los siglos men
cionados, habian recibido su educacion literaria en
tiempos anteriores á los en que florecieron ; no
podemos, pues, resolver el problema que se
nos propone sin remontarnos á la época en que su
talento recibió aquella savia saludable , que dió mas
adelante frutos muy esquisitos. Colocados en este
terreno , vamos á penetrar en el fondo de la cues
tion. Los griegos, que sobresalieron por su elevado
ingenio en el siglo de Alejandro, se formaron en las
escuelas de la patria libre » y cuando la casa de Ma-
cedonia nohabia pisado aun como señora el territo
rio griego ; en Roma el amor á las letras tomó incre
mento en tiempo de Sila, cuya dictadura pasagera
no fué muy perjudicial á la democracia; el siglo de
Leon X sucedió al de una multitud de repúblicas ita
lianas, que en su misma agitacion disfrutaron de
mucha libertad ; el de Felipe II, precedido del go
bierno arbitrario y violento del cardenal Jimenez,
á quien se han tributado mas elogios de los que
pudo haber merecido , y luego por el despotismo de
Cárlos I, recogió los últimos frutos de los ingenios,
que recordaban todavía las constituciones muy li
bres de las pequeñas monarquías , que se crearon en
España , cuando peleaba aun contra los moros para
reconquistar su nacionalidad é independencia, y que
hasta Cárlos y el pérfido Felipe II no esperimentaron
las consecuencias muy funestas, que debian con
— 318 -
vertir al fiero leon de Castilla en ludibrio de aque
llas mismas naciones , que habian temblado al oir
,desde lejos sus rugidos. Estos hechos históricos nos
dan á conocer , que los siglos que acabamos de men
cionar no formaron á los ilustres varones, que les
dieron grandeza y brillo literario. Pero hay mas aun.
Los supuestos Mecenas , que entonces ocupaban el
trono, estraviaron los ingenios, porque convirtieron
en cortesanos y aduladores á los que habian nacido,
tal vez , para constituirse en adalides de la libertad
con sus escritos, y no para remachar con su pluma
las cadenas de la esclavitud, elogiando á los tiranos y
dándoles los títulos magníficos de clementes, benignos
y protectores de las letras, en vez de llamarles verdu
gos del entendimiento humano. Virgilio, Horacio, Ovi
dio ¿no fueron los panegiristas de Augusto? ¿no le
proclamaron modelo delos príncipes, pasando por
alto todos sus actos atroces é infames? Tanto en Gre
cia como en Roma cuando sus gobiernos democráti
cos se convirtieron en principado, la elocuencia de
la tribuna , que activa el espíritu del pueblo ¿no fué
ahogada en sangre? Convengamos, pues, que los
miasmas mortíferos del absolutismo emponzoñan la
atmósfera de la literatura , cuyos desmanes no son
nunca duraderos , ni tienen aquel carácter de astucia
y vileza , que es dote infernal y hereditaria del po
der arbitrario. Mirada la cuestion bajo este punto de
vista , se conoce desde luego , que el lustre literario
del siglo de Augusto no fué mas que el reflejo bri
— 319 —
liante del último período de la república romana, y
que la decadencia de las letras de los siglos posterio
res no fué el efecto necesario del estado de perfec
cion á que habian llegado en Roma, sino la funesta
consecuencia del despotismo y de la tiranía, que
cortan las alasalgénio, y que despues de haberle
obligado á revolcarse en el lodazal de los vicios mas
abominables y de la adulacion , le amortajan con una
sonrisa de mofa y escarnio. Si en Roma se hubiera
prolongado el gobierno republicano, los hombres
ilustres , que habian nacido en su seno , y que ad
quirieron gloria por sublimidad de ingenio ¿habrian
dejado, tal vez, en reposo su pluma? ¿habria pere
cido la elocuencia de la tribuna? ¿habria triunfado
aquella adulacion , que da al estilo de un escritor
cortesano cierto brillo amanerado , muy semejante al
que dan los cosméticos á la fisonomía de una prosti
tuta?—No por cierto, y suponer lo contrario seria un
absurdo. En un gobierno republicano habrian sido
escritores eminentemente patrióticos , y bajo el yugo
monárquico fueron aduladores y esclavos , que ha
cían rechinar con alegría las cadenas de oro con que
el tirano les honraba.
Los críticos, que nos hablan de la decadencia
de la literatura romana , que siguió al siglo de Au
gusto, dicen que el idioma latino comenzó á sufrir
alteraciones radicales por la multitud de estrangeros,
griegos ó bárbaros , que se establecieron en Roma
en los últimos tiempos de la república, y aun masdu
— 320 —
ra nte el imperio, porque todos ellos, bien sea por
ignorancia, ó por las dificultades que les ofrecia el
uso de un idioma no suyo, introdujeron solecismos
y locuciones tan nuevas como estrañas á la pureza
del latin. Luego nos dicen que Tiberio, á fin de re
mediar la decadencia de las letras, y mantener en
todo su vigor la cultura intelectual, fundó una nue
va biblioteca , que otra abrió Vespasiano en el tem
plo de la Paz, y otra Trajano, con el nombre de
Ulpiana. Nos dicen, finalmente, que se establecieron
escuelas pensionadas por el gobierno, en las que se
estudiaban los clásicos, se notaban sus bellezas, y se
dictaban preceptos retóricos acerca del buen estilo
y la pureza del lenguage. Lo que acabamos de ex
poner es cierto; pero todas estas disposiciones guber
nativas muy útiles no pudieron contrarestar la deca
dencia de las letras, porque ni el acopio de libros, ni
los preceptos , ni las escuelas públicas pueden dar
alas al genio oprimido por el peso de las cadenas de
la esclavitud.
Las formas elegantes, que dan brillo á la litera
tura de un pais, son una consecuencia de la libertad
de la palabra, porque el pensamiento puede mani
festarse con gala en el solo caso en que nadie le obli
gue á sofocar sus propias inspiraciones, ni á revestir
se con el manto de la hipocresía y de la adulacion. Si
en Roma se perpetuaba la libertad , los solecismos
introducidos por escritores estrangeros , lejos de cor
romper el idioma, habrian acabado por enriquecer
— 321 —
le, porque la libertad de] pensamiento todo latino, y
propio de la nacion , habria dado formas del todo ro
manas á las locuciones nuevas. Bajo el despotismo
imperial, por el contrario, los escrftores, que no
podian dar rienda suelta á sus grandes concei ciones,
oque se habian acostumbrado ya á pensar servilmen
te, creyeron adquirir gloria, adoptando frases y estilo
nuevos, que se separaban del lenguage armonioso y
castizo de los autores que les habian precedido.
Bajo el imperio hubo épocas de mucha libertad,
pero el gusto clásico del buen siglo se habia perdido,
y la corrupcion del lenguage se habia generalizado
en términos, que no era posible restituirle sus anti
guas gracias, su elegancia y su pureza bajo la pluma
de escritores, que no conservaban mas que las re
miniscencias de aquellas instituciones republicanas,
grandes y generosas , en cuyo seno se habian edu
cado los antiguos vates y oradores de Boma, de
aquellas instituciones, en fin , que habian creado un
lenguage, que era la expresion de un pueblo rey, y
no la de un pueblo esclavo , ni de una libertad pre
caria , que no tenia mas punto de apoyo que las con
cesiones bondadosas de un príncipe , muy amenudo
anuladas ó destruidas por sus sucesores. La literatura
romana, pues, corre en este cuarto período á su
decadencia , como nos lo ponen de manifiesto las
obras de los escritores que entonces florecieron, y
de quienes vamoso á cuparnos.

MAN. DE LIT. LATINA. -2 i


— 322 —

POESIA DRAMATICA.

SENECA.

Las diez tragedias (1) que llevan el nombre de


Séneca, ¿pertenecen al insigne filósofo que fué ayo
de Neron, ó á su padre L. Anio Séneca? ¿Son obra de
otro escritor desconocido, ó de varios autores, cuya
fama literaria no ha pasado á la posteridad? Quinti-
liano dice, que Séneca el filósofo escribió versos (2),
y Tácito afirma lo propio en sus Anales (3) ; pero no
dicen que fué poeta dramático : y es de notar, ade
más, que las tragedias en cuestion parecen escritas
en un estilo muy diferente del de nuestro Séneca, y
en un estilo, que tampoco guarda mucha uniformidad
entre unas y otras. Los mejores críticos, pues, las
consideran como el producto de varias plumas (4), y

(1) Medea.—Hipólito.—Agamenon.—las Troyanas.—Hércu


les furioso.—Las Fenicias d la Tebaida.—Tieste.—Edipo.—Hér
cules sobre el monle OEla.—Octavia.
(2) Inst. ür. X.
(3) Carmina crebrius factilare.—Tác. An. lib. XIV.
(4) El célebre jesuíta, Martin del Rio, autor de las «Disquisi
ciones mágicas» en su largo y eruditísimo Comentario sobre las
— 323 —
creen que algunas de ellas pertenecen á una época
posterior á la de Neron (1). Sea como fuere, lo cierto es
que parecen mas bien ejercicios retóricos bajo formas
dramáticas, que tragedias escritas para el teatro.
Adolecen todas de los mismos defectos: antítesis
muy frecuentes, repeticiones, pobreza de accion,
caractéres violentos ó poco naturales, y todas no son
mas que una imitacion fria del teatro griego, sin
originalidad ni interés, á escepcion de la Octavia,
cuyo argumento es todo romano y del tiempo de Ne
ron. Con efecto, entre los personages figuran este
emperador, Octavia, la sombra de Agripina , Popea
y Séneca el filósofo. Hipólito, las Troyanas y la
Medea (2) , á pesar de sus muchos defectos tienen
cierto colorido dramático que no carece de mérito.

tragedias de Séneca , apunta los nombres de trescientos autores,


que se han ocupado en discutir si pertenecen á Séneca el filó
sofo ó á otro escritor antiguo. Del Rio habla de todos ellos con
tanta distincion y particularidad, que se conoce desde luego que
leyó y estudió sus obras con paciencia verdaderamente jesuítica.
(1) Tenemos entendido , que el señor don José Amador de
los Rios, docto profesor de la Universidad central , sostiene en
suhistoria de la «Literatura española» próxima á publicarse, que
el autor de todaá las tragedias mencionadas es Séneca el filósofo.
El señor Amador de los Rios, conocido no solo en España, sino
tambien en el estrangero por sus obras, apreciables bajo todos
conceptos, no dejará de tratar este punto de crítica literaria con
aplomo y mucha erudicion. Nosotros, pues , esperamos con an
helo la publicacion de este nuevo libro, que dará mas lustre á
la fama de su autor, y gloria á la España.
(2) En los versos siguientes, que pertenecen al coro del acto
— 324 —

EMILIO ESCAURO.— P. POMPONIO SECUNDO.—


CURACIO MATERNO.—HOSIDIO GETA .—VERGINIO
ROMANO.

El primero compuso una tragedia, titulada Atreo,


en la que uno delos actores decia: «que debemos so
portar con paciencia á los príncipes, que han perdido

segundo de esta tragedia , algunos crflicos, á nuestro entender,


mas bien fantásticos que juiciosos , han creido descubrir una es
pecie de vaticinio poético, que ha tenido su realizacion en el
descubrimiento de América.

Venient annis sfecula seris


Quibus Océanus vincula rerum
Laxet, et ingerís patcat lellus
Tiphysque novos deiegat orbes.
Nec sit terris ultima Thule.

En castellano dice asi:


Con el decurso de los siglos el Océano abrirá sus barreras,,
y se descubrirá un vasto continente: otro Tifis descubrirá mun
dos nuevos, y Tule no será la última de las tierras.

Este pasage es muy terminante, y tiene todos los caracteres


de un gran vaticinio ; pero en la boca de un poeta no es mas
que la exageracion de una idea gigantesca é imaginaria , que
casualmente se realizó.
— 325 —
el juicio.» Tiberio, naturalmente pérfido y receloso,
creyendo que el poeta habia querido aludir á su per
sona, mandó se te acusára, culpándole de delitos
imaginarios: Escauro se suicidó, prefiriendo una
muerte voluntaria al suplicio que le esperaba (1).
Pomponio Secundo natural de Bolonia y contem
poráneo de Séneca, adquirió tanta fama como escri
tor de tragedias, que los romanos le dieron el hon
roso título de Pindaro trágico (2).
Curacio Materno compuso cuatro tragedias: Me-
dea, Tieste, Caton, Domiciano. El emperador, que
llevaba este último nombre, mandó darle muerte,
porque habia declamado contra los tiranos (3).
Atribuyese á cierto Hosidio Geta, que vivió en
tiempo de Claudio, una tragedia, titulada Medea, que
se compone de 461 versos, entresacados todos de

Schoell en el t. 2.°, páginas 269 y siguientes de su compen


dio de Hist. lit. rom. Parts, 1815 , da un juicio crítico, breve y
sensato de todas las tragedias de Séneca , sometiéndolas á un
análisis concienzudo.

Lefranc, en su Hist. elem. y cr(t. de la lit. lat., págs. 223 y


siguientes, París, 1838 , habla con detencion de las tragedias de
Séneca , y trascribe varias escenas de los trágicos franceses mas
ilustres , que no han dejado de imitar de vez en cuando á Séne
ca , apoderándose de algunos de sus mejores trozos.
(1) Dion Cas., lib. LVIII.
(2) V. Quintil X. I.
(3) V. Diálog. de causis corrupta elocuenliae.
— 326 —
Virgilio. Burman ha publicado esta tragedia, ó mas
bien Centon, en su Antología latina.

Entre los poetas cómicos de esta época figura


únicamente el nombre de Verginio Romano, elogiado
por Plinio el Jóven, como uno de los autores dramá
ticos mas distinguidos, tanto por haber compuesto
mimos de un mérito superior, como por haber imita
do con feliz acierto á Menandro. Todas sus obras han
perecido, v no tenemos de ellas ni un solo fragmen-
to(l).

EPOPEYA.

ANEO LUCANO.

Natural de Córdoba, y poeta dotado de un gran


numen, fué en un principio amigo de Neron y uno
de sus cortesanos; pero mas adelante conspiró con
tra el tirano, y éste le condenó á perder la vida,
otorgándole como gracia que escogiera el género de
muerte que mas queria. Lucano dijo al centurion, des
tinado á ejecutar las órdenes imperiales, le cortase las
venas, y exhaló el espíritu en un baño (65 años des
pues de J. C.) recitando unos versos de su Farsalia en

(I) V. Plin., lib.VI.,Ep. 21.


— 327 —
los que pinta a un soldado que habia sufrido una muer
te semejante á la suya (1). Pero en esta circunstancia
no queremos pasar por alto, que Lucano , antes de

(1) Algunos eruditos creen que los versos eran los si


guientes:

Nec, sicut volnere, sanguis


Emicuit lentus: ruptis cadit undique Tenis:
Discursusque animae diversa inmembra meantis
Interceptus aquis, nulliusvita perempti
Est tanta dimissa via: pars ultima trunci
Tradiditin letum vacuos vitalibus artus,
At tumidus qua pulmo ¡acet, qua viscera fervent,
Haeserunt ibi fala diu
(Phars., lib. III., v. 638 y sig.)

En castellano dice ast:


Cortadas las venas no brota la sangre lentamente como la de
una herida, y corre por todas partes en abundancia: el agua im
pide que el alma circule en los diferentes miembros del cuerpo:
i la vida de ningun condenado á muerte se facilitó tan ancho ca
mino para salir. Lasestremidades del cuerpo, en las que no re
side su gérmen, han muerto ya; pero en donde funciona el pul
mon, hinchado por el aire, y en donde los órganos tienen mu
cho calor, la vida está mas arraigada.

Otros eruditos, y entre ellos Nicolás Antonio, Bibl. Hisp. Ve-


lus, etc. t. I.» pág. 54. col. 2.» Matr. MDCCLXXXVHI,—creen
que los versos eran estos:

Sanguis erant lacrymae: quaecumque foramina novit


Humor, ab his largus manat cruor: ora redundant.
— 328 —
conspirar contra Neron, se habia visto convertido ya
en blanco del odio del tirano, que creia descubrir en
nuestro vate á un formidable rival de la gloria á que
aspiraba en la palestra poética. Los antiguos escritores
afirman que contribuyó aun mas á exasperar el ódio
de Neron contra Lucano el desprecio que este último
afectaba públicamente y sin disimulo, al hablar de
aquel emperador, á quien calificaba de déspota vil y
malvado, y cuyas producciones satirizaba con amar-

Et patulae nares: sudor rubet: omnia plenis


Membra fluunt venis: totum est pro volnere corpus.
(Phars.,lib. 9, v.810ysig.)

En castellano dice asf:


Las lágrimas eran sangre, y corría en mucha abundancia por
todos los poros que dan salida á los humores: inundaba la boca
y las anchas narices: todos los miembros manaban sangre por
las venas entumecidas, y todo el cuerpo era una llaga.

Nosotros nos adherimos á la opinion de los que afirman haber


recitado Lucano los primeros versos que hemos insertado, y no
los últimos, porque aquellos se conforman mas con su muerte,
que se verificd estando en el baño, y porque nos recuerdan es
tas palabras de Tácito: «Vid Lucano, mientras le salia la sangre,
que se le enfriaban los pies y las manos, y que se retiraba paula
tinamente la vida de las estremidades de su cuerpo, pero tenis
aun vitalidad en el pecho, y el entendimiento sano: acordándo
se, pues, de unos versos, que habia compuesto para un soldado
herido, cuya muerte era una imágen de la suya, los recitó.» An-
lib. XV.
- 329 —
gura (1), sin reparar en que le habia colmado de elo
gios y bajas adulaciones antes de declararse su ene
migo. La muerte desgraciada de Lucano, pues, no
debemos atribuirla únicamente á su conspiracion, sino
tambien á su mucha imprudencia en irritar el ánimo de
un supremo señor, naturalmente cruel y sediento de
sangre. Ha infamado su memoria el acto sacrilego de
haber delatado á su madre, esperando que se le
perdonára la vida en premio de tan horrenda acusa
cion (2). Algunos críticos se han constituido en de
fensores de Lucano, y han intentado disculpar hasta
cierto punto su conducta; nosotros, por el contrario
nos inclinamos al partido de los que enérgicamente la
censuran, sin negar al propio tiempo que Lucano fué
uno de los poetas mas ilustres de la antigua Roma, y
que gran parte de los defectos de su Farsalia debe
mos atribuirlos mas bien á su siglo que al mal gusto
del poeta, el cual ha sido juzgado por algunos escri
tores con demasiada indulgencia, y por otros con es-
cesivo rigor. Pero todos convienen en que fué dota
do por la naturaleza de un gran numen; y si Lucano,
que bajó á la tumba á la edad de veinte y siete años,

(1) Neron escribid poemas mitológicos, cuyo catálogo se ha


perdido, porque sus actos infames de emperador sepultarían tal
vez en el olvido los versos del poeta.
(2) El tirano no impuso castigo ninguno á la madre de Lu
cano á pesar de habarla denunciado su propio hijo. Tácito nota
con especialidad esta circunstancia en el lib. XV de sus
Anales.
— 330 —
dejando su poema imperfecto, hubiese podido cor
regirlo y madurar muchos de sus defectos hubieran
desaparecido.
Quintiliano , tratando del mérito de los principa
les poetas griegos y latinos, elogia á nuestro vate;
dice que es ardiente, impetuoso y que se espresa
con mucha claridad; pero en atencion á que su poe
ma es todo histórico, le señala con preferencia un
puesto entre los oradores , creyendo que le corres
ponde con mas justicia que el de poeta (1). Nosotros,
aunque estamos muy lejos de adherirnos á la opinion
de Lampillas , que no contentándose con ensalzar el
mérito de Lucano como vate, y disculpar sus defec
tos, echando mano de sofismas pedantescos, preten
de sostener que este poeta , Séneca y Marcial opusie
ron un dique á la corrupcion del gusto en vez de au
mentarla (2) , no vacilamos en afirmar que el juicio
de Quintiliano es exagerado. Convienen todos los
críticos , y tambien los que han leido con alguna de
tencion la Farsalia, en que el poema de Lucano es
casi una narracion histórica escrita en versos; pero, á
pesar de esto, nadie puede negar que nuestro vate se
nos manifiesta dotado de un gran numen y de una

(I) Lucanus ardens, et concitatus, et sententiis clarissimus,


et ut dicam quod sentio , magis oratoribus quam poetis adnu-
merandus.—Inst. Orat. lib. 10, cap. I.
(V V. Lampillas, «Saggio storico apologético della lettera-
tura spagnnola contra le prngiudicate opinioni di alcuni mo-
derni scrittori.»—Genova, MCCCLXXVIII.
- 331 —
imaginacion brillante en algunas de sus descripcio
nes, y que se nos presenta siempre con el pomposo
y noble atavío de un verdadero alumno de las Mu
sas. Nosotros, le juzgamos insigne poeta y no ora
dor (1).

(I) Dante en su ^Divina comedia* pone á Lucano en el nú


mero de los poetas mas eminentes de la antigüedad, como nos
lo dan A conocer estos versos:

«Quegli é Omero poeta sovrano


L' altro é Orazio satiro che viene,
Ovidio é il terzo, e 1* ultimo é Lucano.»
(Inferno, can. IV.)

En castellano dice asi:


Aquel es Homero , poeta soberano.—El otro que viene es
Horacio, poéia satírico.—El tercero es Ovidio, y el último
Lucano.

Luego sigue hablando de estos mismos vates sin escluir i


Lucano, y dice que se atribuye á mucho honor el haberse visto
colocado en su número.

E pfú d' onore ancora assai mi fenno


Ch' essi mi fecero della loro schiera
Si ch' io fui sesto tra cotanto senno.

Dante dice que fué el sesto en aquel número, porque ademas


delos poetas, que figuran en los tres primeros versos, ha habla
do anteriormente de Virgilio, que era su guia.
— 332 —
En cuanto á lo que se ha dicho respecto á la Far
salia, elogiándola, ó censurando con amargura, y muy
á menudo con abierta injusticia á su autor, nos pa
rece ocioso y fuera de lugar reproducirlo en un
Manual, que por su índole y naturaleza se dife
rencia de un tratado de retórica (1): diremos, sin
embargo, que el exámen critico que hace de este
poema Nisard , es demasiado severo , aunque revela
un gran fondo de conocimientos y un estudio con
cienzudo, no solo de la Farsalia, sino tambien de los
poemas de Homero y Virgilio. Nisard encuentra enLu-
cano mucho malo, y casi nada bueno (2); pero ni este
crítico eminente ni otros Aristarcos han notado una
circunstancia que no debemos perder nunca de vistai
si queremos juzgar con imparcialidad y buen tino de
la Farsalia. La epopeya se apoya en la creacion del
genio y en la oportunidad del tiempo; estos dos ele
mentos estrechamente enlazados entre sí son tin ne
cesarios para este género de composicion , que si el
uno flaquea el otro se hunde. Lucano no carecia de
genio, y sus versos tienen mas espontaneidad que
ios de Virgilio ; pero nuestro vate floreció en un
tiempo en que, ni la vida de los hombres era tan

(1) Los PP. Mohecíanos, en el t. X de su Historia literaria


de España, refieren lodas las distintas opiniones, y todos los
juicios críticos que se habían emitido acerca de Lucano , hasta
la época en que escribieron.
(2) Nisard , Estudios de costumbres y critica sobre los poetas
latinos de la decadencia. —Segunda edicion, París, 1849.
— 333 —
beróica como en la época de Homero , ni Roma ofre
cia grandes reminiscencias nacionales histórico-fabu-
losas, despues de haberse apoderado Virgilio del ar
ribo de Eneas y sus troyanos á Italia. Habiéndose
propuesto, pues, Lucano escribir una epopeya toda
nacional, se vió en la necesidad de escoger un argu
mento casi contemporáneo, cuyos pormenores, que
nadie ignoraba , perjudicaron sobremanera los vue
los de su imaginacion , porque el poeta no pudo fin
gir ni inventar grandes y portentosos episodios. Lu
cano se colocó, además, con su orgumento , en un
terreno muy contrario al interés épico , que se apoya
en la unidad de accion, como en la Eneida, y aun
mas en la Iliada y la Odisea , porque toda guerra ci
vil fracciona á un pueblo y le divide en dos bandos
enemigos, que no pueden tener un centro único, ni
las mismas convicciones. Con efecto, en la Farsalia,
en vez de figurar en primer término un solo héroe,
figuran tres: Pompeyo, César y Bruto; y el primero,
que es el protagonista, se nos presenta con menos
esplendor y grandeza que César, usurpador y liber
ticida. Si Lucano no bajara á la tumba prematura
mente, no habria dejado de reformar su poema,
como queda consignado ya , pero no podia de nin
guna manera darle la importancia y magestad que
exige la epopeya, porque su argumento era esencial
mente contrario á este género de composicion. Nos
otros, pues, sin meternos en honduras retóricas ni
en discusiones eruditas, tan inútiles como ociosas,
- 334 —
con el propósito de fallar si es ó no una verdadera
epopeya la Farsalia, y persuadidos de que esto in
teresa poco al arte y nada á la humanidad , no duda
mos en afirmar que Lucano abunda en conceptos ele
vados, y que en su Farsalia hay imágenes y descrip
ciones dignas de ocupar un puesto preferente entre
otras muchas de los vates del siglo de Augusto (1).

(I) Uno de los mejores trozos de Lucano es la descripcion


de la Libia , y las palabras que pone el poeta en la boca de Ca'
on, cuando su arnica Libieno le dice , que entre en el templo
de Júpiter A mmon , y consulte el oráculo de este dios acerca
del éxito de la guerra entre César y los pompeyanos. Nosotros
vamos á insertar las palabras de Caton en su testo original,
acompañándolas de nuestra traduccion castellana :

Ule
Effudit
«Quid
deoquaeri,
dignas
plenus,Labiene,
adytis
tacitae quem
pectore
jubes?
mente
voces.
an liberin
gerebat,
armis

Opposita
An
Sit
Oecubuisse
Scimus,
Satis,
noceat
sit vitaetvirtute
etvis
nihil?
hoc
velim
numquam
ulla
nobis
minas
Sipntius,
bono?
longa
non
,successu
laudandaque
Fortunaque
quam
an
altius
differat
regna
crescat
inseret
aetas?
perdat
velle
videre?
honestum?
Hammon.

Quidquid
Numen
Ut
Hacrcmus
Nil caneret
facimos
eget;
scire
cuneti
paucis,
non
dixitque
licet.
sponte
Superis,
mersitque
Sterilesne
semel
Deitemploque
: nascentibus
nec
hoc
elegit
vocibus
pulvere
arenas,
tacente,
auctor
verum?
ullis

Et
Júpiter
Sortilegis
Estncdei
coelumestsedes,
ageant
, quodeumque
et virtus?
nisi
dubiiierra,
Superis
, semperque
vides,
et pontus,
quid
quodeumque
quaerimus
futuris
et aer,moveris.
ultra?
— 335 -
La Farsalia está dedicada á Neron , lo que nos da
a conocer que el poeta puso mano á la obra antes de
su enemistad con este emperador ; pero los elogios

Casibus ancipites: me non oracula certum,


Sed more certa facit: pavido, fortique cadendum est.
Hoc satís est dixisse Jovem. «Sic ilie profatur,
Servataque fide lempll discedil ab aris,
Non cxploratum populis Hammona rclinquens.
(Phars., !ib. IX. v. 564)
En castellano dice asi :
Caton , inspirado por el dios , que residía silencioso en su
espíritu , emitid del profundo del alma estas palabras dignas del
oráculo: «¿Qué quieres tú, Labieno , que yo prefiera? ¿Quie
res que diga si prefiero mas Lien morir libre y cubierto de mi
armadura que la vista de un trono? ¿que diga que nada es la
vida? y si se prolonga mucho ¿á que conduce eso? ¿Quieres que
te diga que la violencia ofende al hombre de bien? ¿que diga
si las amenazas de la fortuna tienen fuerza, puesta la fortuna
frente á frente de la virtud , si basta desear lo que es laudable,
y si el hombre honrado debe parte de su gloria al buen éxito de
una empresa? Todo esto lo sabemos, y Júpiter Ammon no
podrá darnos convicciones mas profundasde lasque tenemos sobre
el particular. Estamos sometidos álos dioses, y aunque callen
los oráculos de este templo , no podemos hacer nada contra la
voluntad del dios : y este no necesita gastar palabras con noso
tros, porque en el dia de nuestro nacimiento nos comunicó lo
que nos es permitido saber. ¿Eligid, tal vez, para su asiento estos
arenales estériles, á fin de dar sus oráculos á unos pocos, y sepul
tar la verdad en estos polvorosos parages? ¿Qué otro asiento
tiene la divinidad sino la tierra , el mar, el aire, el cielo y la vir-
lud? ¿.\ qué vamos á otra parte para buscar á los dioses? Todo
loque ves, lodo lo que tocas, es Júpiter. Los hombres única
mente de carácter irresuelto y dudosos del porvenir necesitan
— 336 —
que le prodiga y sus vilísimas adulaciones , que no
pueden merecer disculpa ninguna, nos revelan el
carácter servil de Lucano, y que este poeta conspiró
contra Neron, mas bien por espíritu de venganza que
por amor á la libertad. Nosotros no ignoramos que el
nuevo César, en los primeros anos de su reinado, dió
testimonios de ánimo bondadoso; no ignoramos que
afectó clemencia ; no ignoramos que el pueblo roma
no llegó á concebir esperanzas muy halagüeñas bajo
su dominio, y no ignoramos, por ú'timo, como nos
lo refiere Suetonio , que habiéndose visto en la ne
cesidad de firmar la sentencia de un hombre, con
denado á pena capital, exclamó: «Quisiera no saber
escribir (1).» Pero todas las pruebas de clemencia,
generosidad y desinterés, por muy grandes y heroi
cas que sean, ¿pueden inspirar en el ánimo de un
escritor, que no se haya revolcado en el lodazal de{
mas abyecto servilismo, la idea ruin y hasta bárbara
de escribir, como lo hizo Lucano, que la memoria de
todos los estragos de las guerras civiles no debia cau
sar á los romanos tristeza ni dolor, porque la larga

sortilegios. Yo tengo certeza en la muerte , y no en los orá


culos. Cobardes y valientes, lodos han de morir: esto ha dicho
Júpiter, y basta.» Asi habla Caton , y se aleja del santuario , sin
ofender la fé del oráculo , y dejando á los pueblos su Ammon sin
haberle consultado.
(I) Et cum de supplicio cujusdam capite damnati ut ex mo
re suscriberet, admoneratur: quam vellem, inquil, nescire
litteras Suet. Vil. Ner. n. 10.
— 337 —
serie de tantas calamidades habia producido el bien
y la mucha felicidad de colocar en el trono á Ne
ron (1)? El humano linage se ve convertido á cada
paso, para su desventura, en blanco de la fortuna;
pero es muy cierto que los aduladores, que sacrifican
su honor y conciencia sobre el altar de la infamia,
contribuyen en gran manera á remachar las cadenas
de la esclavitud, que pesan sobre los generosos.
Lucano compuso, además de la Farsalia, sil
vas (2) , saturnales (3), siliacas (4), y poemas seme
jantes á los que se han escrito en nuestros tiempos
con los nombres de meridionales , occidentales , america
nos, etc. (5)

(I) Sedera ipsa , nefasque


Hac merceile placenl: diros Pharsalia campos
Impleat: et Poeni saturentur sanguino manes:
Ultima funesta concurrant prfelia Munda.
His César, Perusina fames, Mutinaeque labores
Accedant fatis : ct, quas premit aspera, classes.
Leucas: et ardenti servilia bella sub .lítna.
Multum Roma lamen debet civilibus armis,
Quod tibí res acta est
(2) Se ha aplicado este nombre (Phars.
á varias
lib. I.colecciones
v. 37 ysig.)de poe
sías, que tratan de distintas materias, cuyos argumentos no
conservan entre st analogía ni puntos de relacion.
(4)
(*) Se
Nosupone
sabemos
condealgun
que trataba
fundamento,
Lucano (ic10enensus
lasSaturnales.
iliacas cantó
la guerra de Troya y su destruccion : algunos críticos creen que
nuestro vate compuso una iliaca contra Neron, culpándole de
haber incendiado á Koma.
(i>) Algunos [toetas modernos, y principalmente los franceses,
HAN. DE LIT. LATINA. 22
— 338 —
Algunos críticos del siglo XVI atribuyeron á Lu-
cano un poema en elogio de Calpurnio Pison, com
prendido en 261 versos, que tenemos todavía; pero
hoy está probado hasta la evidencia , que no salió
de la pluma de nuestro vate; y autores muy graves
creen que lo compuso Saleyo Baso , amigo de Luca-
no. Los que quieran tener mas pormenores sobre es
te poema, podrán consultar la historia de la literatu
ra romana por Schoell (1).

SILIO ITALICO.

Varon muy distinguido , no solo por su amor á la


poesía y á las letras, sino tambien por haber desem
peñado con probidad, decoro y acierto, los cargos
mas importantes y honoríficos de la antigua Roma:
fué cónsul el año sesenta y ocho de nuestra era, y
mas tarde fué procónsul en Asia. Sabemos quena-
ció bajo Tiberio (26 años despues de J. C.) pero ig
noramos si tuvo su cuna en Italia ó en España, como
creen algunos con visos de mucha probabilidad,
porque este vate se nos manifiesta en su poema de la

han dado el nombre de orientales á sus composiciones sobre el


Oriente , y los nombres de meridionales , occidentales y ameri
canos á sus poemas , siempre que se han ocupado en descrip
ciones y escenas , pertenecientes á una de estas tres regiones.
(1) T. 2.°, págs. 286 y sigs.—Los PP. Monedanos en su t. X.
de la Historia literaria de España apuntan todas las obras perdidas
de Lucano , y las que justa ó injustamente se le han atribuido.
— 339 —
Segunda guerra púnica, tan exacto y minucioso en la
descripcion de los lugares , de los montes, de los
riosy de todas las cosas de la antigua España, que
parece haber nacido en esta península ó cuando me
nos haber permanecido largo tiempo en ella. Pero
ningun escritor antiguo nota esta última circunstan
cia , por lo que nos inclinamos á la opinion de los
que dicen que era español.
Plinio el Jóven prodiga elogios al mérito literario
de Silio Itálico; dice que habiéndose visto acometido
por una enfermedad incurable, se dejó morir de
hambre á los sesenta y cinco años de su edad; ensalza
sus virtudes, y añade que el honroso retiro en que
pasó gran parte de su vida, cubrió con el manto del
olvido las sospechas de que voluntariamente habia
ejercido en tiempo de Neron el infame oficio de de
lator (1).
Schoell, al hablarnos de Silio Itálico, y de su
poema de la Segunda guerra púnica, se espresa en es
ta forma: «Escogió un argumento, que despertaba
mucho interés en el ánimo delos romanos, y era
conveniente á la epopeya : habian pasado tres siglos
desde aquel memorable suceso hasta su época, y
aunque nadie ignoraba los detalles de aquella guerra,
porque muchos historiadores griegos y latinos los ha
bian dejado cuidadosamente consignados en sus
obras , quedaba todavía mucho campo libre á la imagi-

(I) V. Plinio, lib. III, Ep. VII.


— 340 —
nacion del vate para fingir y emplear todos los ador
nos muy propios del poema épico. Silio Itálico ape
ló á este recurso para interesar y agradar; pero eligió,
como Lucano, un plan defectuoso, prefiriendo el
método histórico, que da á conocer la marcha de los
acontecimientos, al artificio poético que escoge un
hecho único entre muchos , convirtiéndole en accion
principal, y en el objeto á que se debe dirigir toda
la máquina del poema (1).»
Nisard dice que «Silio Itálico es un poeta bastardo;
que no pertenece á la antigua escuela , ni á la nueva
de su siglo ; que no tiene ni la fuerza de las bellezas
dela primera, ni la de los defectos de la segunda;
que es un escritor fácil y comun , y que no encon
trando en su camino los estorbos con que suele tro
pezar el que busca la originalidad , ni dejándose
guiar por un amor propio exagerado , no se cuida
de buscar, ya en la lengua de sus antepasados, ya
en la de sus contemporáneos, lo que pueda dar loza
nía á su pálida imaginacion.» Luego añade: «Silio
Itálico invoca modestamente á los poetas del siglo de
Augusto, y asi como les habia consagrado santua
rios con un pequeño sacerdocio doméstico , cuyos
gastos costeaba , del mismo modo les ofrecia cotidia
namente en holocausto su corta y humilde inteligen
cia , depositando la mayor de las glorias en la re-

(I) Schoell, ob. cit., t. 2." pág. 300 y sigs.


— 341 —
produccion de sus versos, y saqueándoles para dar
les testimonios de respeto (1).»
Nosotros veneramos los juicios críticos de Schoell
y Nisard ; pero creemos que sus fallos tan absolu
tos y terminantes no pueden adoptarle sin alguna
reserva. Ateniéndonos á lo que hemos consignado
arriba acerca de Lucano , repetimos nuevamente que
el tiempo de las epopeyas habia pasado , y que asi
como el cantor de Farsalia no pudo salir airoso en su
empresa, debia suceder lo propio áSilio Itálico y á to
do» los que intentáran ejercitarse en este género de
poesía, como Valerio Flaco y Estacio, de quienes lue
go hablaremos.
Roma marchaba á pasos agigantados á su disolu
cion ; las reminiscencias de su antigua nacionalidad
no tenian ya fuerza bastante para despertar el entu
siasmo; la sociedad reclamaba cambios radicales; la
vida, asi doméstica como pública, tendia al positi
vismo ; las creencias mitológicas habian muerto , y el
ateismo, que sofoca el genio, triunfaba. Silio Itálico,
pues, si en vez de atenerse al método histórico, que
na ser original, fingiendo é inventando, se encon
traba en oposicion con su siglo , y siguiendo paso á
paso la série de los acontecimientos, que mediaron en
iasegunda guerra púnica, su poema se convirtió en
una historia escrita en versos. En cuanto á su estilo
y su sformas, convenimos con Nisard en que son una

(1) Nisard, ol). cit., t. 2.°, píg. 274 y sigs.


— 342 —
imitacion de dos escuelas , la de Augusto y la de su
siglo. Es de notar, sin embargo, que Silio procura
acercarse mas bien á la primera que á la segunda,
imitando á Virgilio, aunque con pedantería y sin
genio.
Comparado Silio Itálico con Lucano, en el pri
mero se descubre un sabor de clasicismo que no tie
ne el segundo ; pero Lucano gusta mas á los lectores,
porque, naturalmente fecundo, dotado de grande
imaginacion y adicto á la escuela de su siglo , dio á
la Farsalia un timbre de originalidad , que no se en
cuentra, por mucho que se busque, en el poema de
Silio Itálico. Estos dos vates, que á pesar de sus de
fectos tienen algunos trozos admirables, y son prín
cipes entre los poetas de la decadencia, merecen ser
estudiados con detencion , porque nos presentan en
sus escritos la lucha de los ingenios contra una épo
ca ruinosa , cuyos elementos disolventes conspiran
contra la existencia política de Roma y su litera
tura (1).

(1) A fin de dar á los lectores una idea del poema de Silio
Itálico, vamos á insertar los pocos versos en que el poeta nos
describe el Escudo que los antiguos habitantes de Galicia pre
sentaron á Aníbal. En este trozo, que no carece de elegancia,
se nota aquel espíritu de imitacion que llevd siempre i Silio
Itálico en pos de Virgilio, el cual imitó á su vez á Hesiodo en
la descripcion del Escudo de Eneas.

Gaudetque in origine regni,


Condebat prima; Dido Carthaginis arces,
— 343 —
Algunos críticos creen que el célebre Francisco
Petrarca, suponiendo perdido el poema de Silio Itá
lico, que en su época no se habia encontrado, escri-

Instabatque operi subductá classe juventus:


Molibus hi claudunt portus: his tecta, domusque
Partiris, Justan Bitia venerando senectae.
Ostentant caput effossa telluru repertum
Bellatoris equi, atque ornen clamore salutant.
Has ínter species, orbatum classe, suisque
-Enean pulsum pelago, dextraque precantem
Cernere erat. Fronte hunc avide Regina Serení
Infelix, ac jam vultu spectabat amico.
Hinc ct speluncam, furtivaque {redera amantum
Gallaíccu feccre manus : it clamor ad auras,
Latratusque canum , subitoque exterrita nimbo
Occultant alae venatúm corpora silvys.
Nec procul ¿Eneadum vacuo jam littore classis
.Equora, nequidquam revocante, premebat, F.lissá.
lpsa pyram saper ingentem stanssaucia Dido,
Mandabat Tyriis ultricia bella futuris:
Ardentemque rogum media spectabat ab undá
Dardanus, et magnis pandebat carbasa ralis. .
Parte alia supplex infemis Hannibal aris
Arcanum stygiá libat cum vate cruorem.
(Lib. 2, v. 406 y siguientes.)

En castellano dice asi :


Anibal goza en contemplar en el escudo el origen de su
patria. Veíase á Dido que edificaba las fortalezas de la naciente
Carlago; y la juventud , despues de haber sacado á la playa
losbageles, se entregaba con ahinco al trabajo. Estos cerraban
el puerto con grandes piedras; aquellos marcaban los lindes del
terreno que se les señalaba bajo la vigilancia del justo Bitia,
venerable por su ancianidad. Enseñaban con alegría la testa de
— 344 —
bió, con ánimo de suplirlo, su poema latino, titulado
el Africa: otros críticos, y entre ellos Villebrune, lo
niegan.

ESTACIO.

Este vate y célebre improvisador, como Ovidio,


nació en Nápoles, el año 61 de nuestra era; pero se
educó
un caballo
en belicoso,
Roma; y que
su padre,
acababan
dotado
de encontrar
de ingenio
socabando
no vul-la

tierra , y celebraban en alta voz el feliz augurio. En medio de


este espectáculo se veía á Eneas que, tendiendo las manos en
actitud suplicante, pedia un asilo despues de haber perdi
do, á consecuencia de una gran tempestad, su escuadra y
los compañeros. Dido, esta infeliz reina, le contempla pri
mero con rostro sereno, inclinada á socorrerle, y luego le mi
ra en actitud amistosa y benévola. La mano hábil del artista ga
llego había espresado en el escudo el furtivo enlace de los dos
amantes en el fondo de una gruta. Veíase un tropel de cazado
res que, sobrecogidos de espanto por la repentina aparicion de
una nube tempestuosa, corrían á ocultarse en un bosque, y
parecían oirse sus voces y los ladridos de los perros. No muy le
jos se veía la nueva escuadra, construida por los troyanos que,
habiendo zarpado ya del puerto, surcaban las olas del mar, sin
cuidarse de Elisa, que inútilmente se afanaba en llamarles. En
tanto, Dido, herida, y estando sobre la pira, quiere que los
descendientes de sus lirios la venguen con las armas en la ma
no. Eneas contemplaba desde el mar la pira ardiente; pero cor
ría adonde sus grandes destinos le llamaban. Velase en otro
punto á Aníbal, que ofrecia holocaustos á los dioses infernales y
derramaba con la sacerdotisa de la Kstigia la sangre de la victi
ma en el foso mágico.
— 345 —
gar y poeta, le instruyó en la literatura griega y lati
na, no dejando al propio tiempo de dictar sus leccio
nes al emperador Domicrano, que le habia elegido
por su maestro. El histrion Paris, que disfrutaba las
buenas gracias de este príncipe, le recomendó con
eficacia el hijo de su preceptor, no por aquella gene
rosidad y nobleza de alma, que se inclinan siempre
á proteger el ingenio, sino para dar una muestra de
gratitud al joven Estacio, que le habia vendido una
tragedia titulada Agava, y que el histrion se apropió
publicándola como obra suya. Nuestro vate pasó to
da su vida en Roma, y tan solo un año antes de su
muerte se retiró á una pequeña casa de campo, que
poseía
su
ven,
edad.
nocerca
habiendo
de Nápoles.
cumplido
Bajóaun
á la eltumba
sestotodavía
lustro jó-
de

Estacio nos ha dejado una coleccion de poesías


repartidas en cinco libros, con el título de Silvas ó
misceláneas (1). Cada libro va precedido de un pre
facio y una dedicatoria en prosa á uno ú otro de los
amigos del autor. La coleccion comprende treinta y
dos pequeños poemas, escritos casi todos en versos
hexámetros, y otras composiciones varias, como la
inauguracion de la estatua ecuestre de Domiciano,
la descripcion de los baños de Claudio etrusco, una
oda por el dia del nacimiento de Lucano, un epitala-

(I) Los antiguos dieron el nombre de silvas á las colecciones


de poesías varias, como queda dicho ya en la pág. 337.
- 346 —
mío, la celebracion de los Saturnales, el Cármen en
que lamenta la muerte de su esposa Claudia, etc., etc.
Pero entre las obras de Estacio ha perpetuado con
preferencia su fama la Tebaida, epopeya censurada
por muchos, y elogiada con exageracion por Julio
César Escaligero, que no vacila en colocar á Estacio
al lado de Virgilio, dándole el honroso título de épico
eminente de la antigüedad griega y latina (1).
Nosotros, persistiendo siempre en nuestra idea de
que el tiempo en que vivió Estacio no era ya el delas
epopeyas, atribuimos principalmente á esta circuns
tancia los muchos defectos de su poema. Schoellcree
que la guerra civil entre los hijos deEdipo.enquese
apoya toda la máquina de la Tebaida, era un argu
mento verdaderamente épico, rico en escenas terri
bles, y que Estacio le desvirtuó, dándole una forma
histórica, y adornándole únicamente con episodios.
Nosotros convenimos en ello; pero la fábula de Edipo
y el fatalismo griego ¿podian despertar un interés
verdaderamente épico en el ánimo de los romanos
del siglo Domiciano, y en una época en que las tradi
ciones histórico-mitológicas habian perdido toda su
importancia y antiguo prestigio? A la sazon Roma es
taba poblada de ateos, escépticos y cristianos: los
primeros y segundos defendian la religion de sus pa
dres, porque la creian unificada con la grandeza del
imperio, y no por conviccion; los últimos detestaban

(1) V. su poética, Poetices, llb. IV.


— 347 —
todas las fábulas y supersticiones paganas. El estado
de Roma imperial era muy distinto del de los tiem
pos heróicos de Grecia; y Estacio, que pretendia in
teresar á los romanos con ideas muertas, no pudo lo
grar mas que estrepitosos aplausos por la armonía de
sus versos, por sus arranques atrevidos, por sus imá
genes verdaderamente poéticas, y tambien por haber
sabido secundar con exageracion el gusto estragado
de su siglo, que exigia comparaciones hiperbólicas,
antítesis y todas las galas de una erudicion impropia,
Wzada y muy contraria al interés épico. Nosotros,
pues, separándonos resueltamente de la opinion de
Escalígero y de todos los demás críticos, que han pro
digado elogios muy exagerados á Estacio, considerán
dole como un épico eminente, no vacilamos en afir
mar, que la Tebaida no es comparable bajo ningun
concepto con la Eneida, aunque no carece de bellezas
que revelan el genio de un gran vate, digno de ha
ber vivido mas bien en el siglo de Augusto que en el
de Domiciano (1).

(I) Los dos trozos que vamos á trascribir confirman nuestro


aserto.
En el primero el poeta nos presenta á Hipomedon, que ani
ma con su ejemplo i los soldados, que temen pasar el Asopo,
engrosado por las lluvias: Hipomedon se lanza al rio con noble
atrevimiento, y los soldados le siguen:

Praecipitant cuncti fluvio puduitque secutos.


Ac velut ignotum si quando armenia per amnem
— 348 -
Los doce libros de la Tebaida están dedicados á
Domiciano; yEstacio, no contentándose con las adula
ciones que le ha prodigado al principio de su poema,
le da al fin de la obra el título, tan magnifico como
inmerecido, de Cesar Magnanimo; se da á sí mismo

Pastor agit, stat triste pecus, procul altera tellus


Omnibus, et late medius timor: ast ubi ductor
Taurus init, fecitque vadura, tune inollior unda,
Tune faciles saltus, visaeque accedere ripae.
(Theb., lib. VII , v. 435.)

Corrido el campo y de ira ciego,


Al agua sin temor so arroja luego.
Tal suele á la ribera de algun rio,
A quien dieron caudal por ensancharse
Las avenidas del invierno frio,
Vacada grande alguna vez pararse,
Que del temor acobardado el brio,
No hay quien osea' las aguas arrojarse,
Pareciéndole al toro mas osado
Lejos esotra orilla y hondo el vado.

Mas cuando el capitan de la manada


Deja desde un ribazo la ribera,
La mas tímida vaca es osada
Para arrojarse al agua la primera;
Ya les parece blanda y sosegada
La que tan brava y tan difícil era,
— 349 —
mil parabienes por la acogida lisonjera que ha tenido
en Roma su Tebaida; y finalmente, bien sea con fin
gida modestia ó por verdadera conviccion, dice á su
poema que no intente bajo ningun concepto disputar
Mas bajo el vado, y que el raudal se humilla,
Y no tan apartada esotra orilla.
Trad. de Juan de Arjona, en el t. 36 de la Biblioteca de
Autores Españoles, pág. 143, Madrid, 1855.

En los versos siguientes, Estacio compara con un leon de


Getulia al jóven guerrero Partenopeo, que abandona la patria y
la madre, y obedece únicamente á los fieros impulsos de su
valor:
Ut leo, cui parvo mater Gsetula cruentos
Suggerit ipsa cibos, quum primtim crescerc sensit
Colla jubis, torvusque novos respexit ad ungues,
Indignatur ali, tandemque effusus apertos
Liber amat campos, et nescit in antra reverti.
(Theb.,lib. IX, v. 739.)
Como leon á quien manjar sangriento,
Por ser de poca edad, su madne lleva
Hasta tanto que tiene atrevimiento.
Que ve sus uñas, y su fuerza prueba,
Sale á buscar él mismo su alimento,
Y luego no se acuerda de su cueva,
Que, viendo de manjar la tierra llena,
Se afrenta de comer por mano agena.
Trad. de Juan Arjona, v. ob. cit; t. 36, pág. 171.
- 350 —
la palma á la divina Eneida, y que adore sus hue
llas siguiéndola desde lejos (1).

(1) Durabisne procul, dominoque legere superites,


O mihi bissenos multum vigilata per annos
Tebai? jam certe praesens tibí fama benignum
Stravit iter, coepitque novam monstrare futuris.
Jam te magnanimus dignatur noscere Caesar,
Itala jam studio discit, memoratque juventus.
Vive, praecor: nec tu divinam ¿Eneida lenta,
Sec loage sequere, et vestigia semper adora.
(Theb., Hb. XII.adtin.)

iOh mi Tebaida, que al ingenio mio


Doce años trujiste desvelado!
Que largos tiempos durarás confio
Mientras viviere el dueño á quien te he dado;
Que es cierto que su fama y sus favores
El camino abrirán de tus loores.
Ya podrá ser que se renueve y vea
En la edad venidera tu memoria,
Y que el César magnánimo le vea,
Que es á donde llegar puede tu gloria,
O que la juventud que á Italia arrea
En tí deprenda la Tebana historia,
Y que en diversas parles y lugares
Tus versos solenice en sus altares.
Vive, pues, largos años, mas no intentes
Con la divina Eneida competencia.
— 351 —
Estacio nos ha dejado el libro primero y gran
parte del segundo de otra epopeya, titulada Aquileide,
que no pudo completar, porque le alcanzó la muerte.
Si no queremos perder de vista que en su introduc
cion dice, que se ha propuesto recorrer toda la vida
de Aquiles, comenzando por sacarle de su retiro en
la isla de Sciros, podemos afirmar desde luego, que
este poema, diferenciándose poco, por suplan é índole,
de la Tebaida, no halria sido mas, llevado á su térmi-
mino, que una historia en versos muy semejante á
esta última.

Lejos la sigue y della no te ausentes,


Haciendo á sus pisadas reverencia.
Trad. de Juan de Arjona, v. ob. cit., t. 36, pág. 207.

La traduccion de Arjona es demasiado libre, y mas bien una


paráfrasis, que una verdadera traduccion. Nos hemos servido
sin embargo de ella , porque no carece de mérito, y es una cu
riosidad bibliográfica, no muy conocida fuera de España. Pero
queremos advertir en esta circunstancia, que el traductor ha al
terado el sentido del testo en los versos siguientes:

Jam te magnanimus dignatur noscere Caesar,


Itala jam studio discit. memoratque juventus.
El poeta dice afirmativamente que Domiciano se ha dignado
leer su poema, y que la juventud latina aprende ya con empeño
y repite de memoria los versos de la Tebaida ; y Arjona, por el
contrario, se espresa de modo que cambia en esperanzas y con
jeturas lo que se ha realizado.
— 352 —

C. VALERIO FLACO.

En esta breve reseña de los vates, que pertene


cen al cuarto período de la literatura romana mere
ce tambien ocupar un puesto C. Valerio Flaco (1),
autor de un poema, titulado los Argonautas. Este vate
vivió en tiempo de Vespasiano ; bajó á la tumba en
Pádua, todavía muy joven, el año 88 de nuestra era,
y podemos afirmar, casi con certeza, ateniéndonos á
lo que dice Marcial, que Pádua fué su patria (2).

(1) Algunos á los nombres de C. Valerio Flaco, aplicados á


nuestro poeta, hau añadido los de Satino /ialbo; pero es de su
poner que estos dos últimos no fueron mas que nombres su
puestos, y que no los tuvo nunca el vate latino, porque eu la
historia de la antigua Roma no hay ejemplos de una tan larga
sarta de nombres. Algunos críticos creen que Satino Balbo fué
un gramático que corrigió ó publicó el testo de Valerio Flaco.

(2) Verona docti syllabas amat vatis:


Marone felix Mantua est:
Censetur Apona Livio suo lellus,
Stellaque, nec placeo minus.
(Mari. Epig.; lib. I; epig. LXII.)

En castellano dice asi:

Verona ama los versos de su docto vate (1). Mánlua se juzga


feliz por haber tenido á Virgilio: es mucho honor para la apo-

(I) Cátalo.
— 353 —
Los Argonautas están repartidos en ocho libros;
pero el último no está completo, y se supone general-

nia tierra (1) el haber sido patria de Tilo Livio, Stela y Vale
rio Flaco.
El mismo Marcial en otro epigrama aconseja á Valerio Flaco
abandonar las Musas y dedicarse al foro, que ofrece mas venta
jas á los que aspiran á mejorar su suerte.

O mihi curarum pretium non vile mearum,


Flacce Anlenorei spes et alumne laris,
Pierios differ cantusque chorosque sororum:
M.s dabit ex istis nulla puella Ubi.
Quid petisá Phoebo? nummos habet arca Minervae:
Haec sapit, hax omnes foenerat una deos.
Quid possent hcderae Bacchi clare? Palladis arbor
Inclinal varias pondere nigra comas.
Praeter aquas Helicon, et serla, lyrasque dcarum
Nil babet, et magnum sed pcrinanc sophos.
Quid tibi cum Cirrha? quid cum Pennessidos unda?
Romanum propius, divitiusquc forum est.
lllic aera sonant: at circum pulpita nostra,
Et steriles cathedras, basia sola crepanl.
(Lib. I, epigr. 77.)
Traduccion castellana:

Flaco, objeto querido de mis cuidados, esperanza y alumno


de la ciudad de Antenor (2), deja para mas adelante los coros de
V) La antigua ciudad de Apona, hoy Abona, está cerca de Pádua, y
pertenece 4 su territorio; pero Marcial y otros escritores latinos han dado
el nombre de tierra aponia á la misma Pádua. Es A<i notar, sin embargo,
que algunos eruditos sostienen que los tres autores, cuyos nombres aca
bamos de apuntar, nacieron realmente en Apona, y no en Pádua.
(2) Una antigua tradicion histórico fabulosa refiere que echó los ci
mientos de la c.udad de Pádua Antenor, despues del incendio de Troja.
MAN. DE LIT. LATINA. 23
— 354 —
mente que todo el poema, llevado á su término, de
bia contener hasta doce libros. En cuanto ásu mérito,

las nueve hermanas Pieridas: ninguna de esas vírgenes te dará


dinero: ¿qué pretendes de Apolo? Minerva solo tiene el cofre
atestado de monedas. Esta sábia diosa presta á las demás divi
nidades; ¿qué puede dar la yedra de Baco? El árbol frondoso de
Palas produce frutos, que hacen doblar bajo su peso sus varias
ramas. El Helicon no tiene mas que aguas, coronas, las liras de
las diosas y aplausos, tan lisonjeros como estériles. ¿Qué prove
cho puedes sacar de Cirra? ¿qué provecho de las aguas del Per-
meso? El foro romano se hermana mas con tus intereses; es mas
rico, y allí se oye el ruido del dinero: en derredor de nuestros
anfiteatros y de nuestras cátedras estériles no se oye mas que el
ruido de los aplausos, que estallan en besos.

Estos últimos versos que acabamos de traducir, algunos crí


ticos los han interpretado como un testimonio muy terminante
de que Valerio Flaco no disfrutó nunca en Roma de la fama de
buen poeta, afirmando con poco tino, y confiados únicamente en
sus convicciones, que nuestro Marcial le aconsejaba dedicarse al
foro, en vez de cultivar las musas, porque sus versos no gusta
ban á sus contemporáneos. Estos críticos van muy descaminados,
y para probar 'a falsedad de su aserto, nos basta repetir á los lec
tores que Marcial en su epigrama, anteriormente trascrito, ce
lebra en gran manera á Valerio Flaco, como buen poeta y ho
nor de Pádua. Nosotros, pues, creemos, apelando á las luces de
una crítica mas juiciosa, que Marcial, persuadido, por una larga
y triste esperiencia, de la poca utilidad que se podía sacar de
los versos; aconsejó ásu amigo, cediendo á los impulsos de su
propia conciencia, dedicarse al foro, en vez de escribir poemas,
si quería mejorar su suerte. Por lo demás, Valerio Flaco tiene
en abono de su numen y de la escelencia de sus versos la opi-
- 355 —
algunos críticos dotados, mas bien de ingenio pere
grino que sólido, no han vacilado en afirmar, que es
el poema mas perfecto que nos ha dejado la antigua
Roma despues de la Eneida, y que Valerio Flaco es
digno de sentarse al lado de Virgilio. Otros, por el
contrario, dicen que no merece por ningun estilo
tantos elogios, y le juzgan mas defectuoso que la
Farsalia de Lucano y la Tebaida de Estacio. Nos
otros calificamos de muy exagerada la opinion de los
primeros, y de demasiado severa la de los segundos.
El poema de los Argonautas no carece de bellezas sino
de originalidad, porque no es mas que una imitacion
del de Apolonio de Rodas, que lleva el mismo nom
bre. El vate latino, sin embargo, vence á su modelo
en algunas descripciones, que rebosan de gracia y
amenidad: la multitud de episodios, que ha introdu
cido en su poema, disminuyen el interés de la accion
principal; pero hay algunos muy bien traidos, y dignos
de los mejores vates del siglo de Augusto. Sus frases
son casi siempre castizas, y su poesía tiene fuerza y
elevjcion
nion de Quinliliano:
(1); pero estegran
raya concrítico
frecuencia
de la antigüedad
en la oscuri-
dice

hablando de los poetas sus contemporáneos, que la muerte de


Flaco ha sido una gran pérdida para Roma: MuUum in Valerio
Flacco nuper amissimus.—Instit. orat. X, I.
(I) A fin de que los lectores puedan formarse una idea del
estilo poético y de la energía de los versos de Valerio Flaco, va
mos á insertar á continuacion el escelente trozo en que el céle
bre adivino Mopso, despues de haber consultado los astros, re
vela las penas reservadas en la segunda vida á los homicidas
— 356 —
dad y afectacion propias de su siglo. Se inclina tam
bien al mal gusto de su tiempo, haciendo alarde de
una erudicion inoportuna, porque no es de la índole

voluntarios, y los remordimientos que sufren los que derraman


la sangre de sus semejantes, sin premeditacion y por una triste
casualidad.

ait
Mopsus, et astra tuens: non, si mortalia memora.
Sortitusquc breves, et parvi tempora fati
Perpetimur, socáis superi quondam ignis Olympi,
Fas ideo miscere noces, ferroque moranles
Fxigcre hinc animas, rcdituraque semina cosio.
Quippe nec in ventos, nec in ultima solvimur ossa;
Ira manet, duratque dolor; quum deindo tremendi
Ad solium venere Jovis, questuque ncfandam
Edocuere necem: patet illis janua leti,
Atque iterum romeare licet; comes una sororum
Additur, ct pariter terras atque aequora lustrant.
Quisque suos sonles, inimicaquc pcctora prenis
Implicat, et varia meritos, formidine pnlsant.
At quibus invito maduerunt sanguino destras,
Si sors saeva tulit miseros, si proxima culpa1,
Hos variis mens ipsa modis agit, et sua carpunt
Facta viros resides, et jam niliil amplius ausi
In lacrymas, humilesque metus, aegramque faliscunt
Segnitiem
(Val. Flac. Arg., lib. III, v. 378 . 396.)

En castellano dice asi:


Aun pie el mortal despojo está destinado á vestir por breve
espacio do tiempo las almas, que han formado ya parle del fue
go del alto empíreo, no habiendo concedido la suerte mas larga
— 357 —
de su argumento ni de la de la epopeya. Sus versos
no carecen de armonía; pero no son espontáneos
como los de Lucano y Estacio, y revelan mas arte que
inspiracion y genio.

BREVE PARALELO.

ENTRE LUCANO, SIMO ITALICO, ESTACIO Y VALERIO FLACO.

Nosotros, inclinándonos á la opinion de los mejo


res críticos, convenimos en que los cuatro vates men
cionados adolecen de graves defectus; convenimos en
que sus poemas no son comparables bajo ningun con
cepto con la Eneida de Virgilio, príncipe de la epo
peya latina, y convenimos por último, en que no
pueden aspirar al título magnífico de verdaderos épi
cos; pero no dudamos en afirmar que revelan todavía
en sus poemas un gran fondo de clasicismo, y que se

carrera á los hombres, no es lícito apresurar con el hierro ho


micida su vuelta al manantial celeste. Es cierto que el espíritu
no se disuelve ni aniquila, y que en las almas se perpetuan la
ira y el dolor. Cuando se presentan, pues, ante el trono de Jú
piter, y lamentan su horrenda muerte, se les abren las puertas
del Tártaro, para que persigan, acompañadas de una de las fu
rias, á sus asesinos, recorriendo todas las tierras y lodos los ma
res, é infundiéndoles espanto y remordimientos. En cuanto á los
que, para su desventura, empaparon involuntariamente sus manos
en sangre, el arrepentimiento les oprime, se deshacen en lágri
mas, se acobardan, se quedan abatidos, y su propia conciencia
les castiga por haber cometido una accion que raya en el delito.
- 358 —
distinguen por la fecundidad de su numen, por la
viveza de su imaginacion, por algunos de sus episo
dios, y por muchos de sus arranques, que rayan en
lo sublime. Lucano y Estacio merecen ocupar, por la
elevacion de su mente y la espontaneidad de sus
versos, el primer puesto entre los vatesde la decaden
cia; Silio Itálico ocupa el segundo, porque las remi
niscencias clásicas, como imitador supersticioso de
Virgilio, hermanadas inoportunamente con el gusto
de la nueva escuela, han despojado á su poema de la
originalidad que se nota en las formas esteriores de
la Farsalia y de la Tebaida; Valerio Flaco ocupa el
tercero, porque su poema, que es una reproduccion
del de Apolonio Rodio, despierta poco interés en el
ánimo de los lectores, y se distingue únicamente
por la amenidad de algunas de sus descripciones, y
las circunstancias que acompañan algunos de sus
episodios (1).

POESIA SATIRICA.
PERSIO.

En este cuarto período Roma suministraba larga


materia á la sátira; el despotismo y la tiranía de sus

(1) Los que quieran tener noticias mas estensas acerca


de Lucano, Silio Itálico y Estacio, las encontrarán todas reuni
das en la obra de Nisard sobre los poetas de la decaden
cia. En cuanto á Valerio Flaco podrán consultar con utilidad
la historia literaria de Italia, escrita por Tiraboschi.
— 359 —
emperadores, la mucha corrupcion de las costum
bres públicas y privadas, la codicia de acumular di
nero sin repararen los medios de adquirirlo, las intri
gas palaciegas, emperatrices prostituta s, libertos y
farsantes, que dirigen á su antojo el timon del Esta
do, nos presentan á Roma en este período convertid3
en un lodazal de vicios horrendos y abominaciones.
Los poetas satíricos, pues, que entonces florecieron,
merecen fijar con especialidad la atencion de los lec
tores, y nosotros vamos á hablar de ellos, comenzan
do por Persio.
Este vate nació en Volterra, ciudad de Toscana,
elaño 34 de nuestra era; fué caballero romano, y, se
gun nos refiere Suetonio, que escribió su vida, supo
granjearse el afecto de deudos y amigos por su ca
rácter apacible, por la purezadesus costumbres, por
su hermosa figura, y por su amor y profundo respeto
á su madre y á su hermana (1). Aprendió los princi
pios de la filosofía estóica con Cornuto; conoció á
Séneca, y se enlazó en íntima amistad con Lucano,
que admiraba sobremanera sus versos, y cuando los
oia recitar, poco faltaba que no esclamára: «íEsos son
verdaderos poemasl (2).» Persio vivió siempre enfer-

(1) Fuit morum lenissimorum, verecundiae virginalis, forman


pulchrae, pietatis erga matrcm ct sororem exemplo sufficientis.
—Suet. vil. Persii.
(2) Locanos adeo mirabatur scripta Flacci, ut vix retineretse
illo recitante á clamore: quin illa esse vera poPmata dicerel.
Suet. lbid.
mizo, y bajó á la tumba en el abril de sus años: algu
nos escritores antiguos dicen que cerró los ojos á la
luz del dia antes de cumplir el sesto lustro; otros
afirman con Suetonio, que murió á los treinta años de
su edad (1).
Este vate dejó muchas poesías, pero no han lle
gado á la posteridad; y nosotros no tenemos mas pro
ducciones de su pluma que seis sátiras, tan oscuras y
de tan difícil interpretacion, que á pesar de haber
sido traducidas á varios idiomas modernos, y comen
tadas, muchos de sus versos se han quedado ininteli
gibles, y algunas de sus frases rayan en lo enigmáti
co. Su traductor francés Sélis ha aclarado con sutile
za de ingenio y maestría una multitud de conceptos é
ideas de Persio.
En su primera sátira nuestro poeta se burla del
delirio de muchos de sus contemporáneos, que se
obstinaban en escribir malos versos para tener el
gusto y la satisfaccion de recitarlos en público, y la
menta tambien los juicios críticos poco sensatos que
se emitian entonces acerca de las obras literarias. En
la segunda pinta la inconsecuencia y frivolidad de
los votos que los mortales dirigen á los dioses. En la
tercera censura la molicie de la juventud romana,
que separándose de las ocupaciones sérias y útiles,
se abandonaba vergonzosamente al ocio, causa de to
dos los vicios. En la cuarta critica la temeridad, muy

il) Decessil aulen: anuo aetatis 30. Saet. lbid.


— 361 —
comun entre los hombres, de creerse capaces de des
empeñar todos los cargos, y principalmente el de
gobernar el Estado. En la quinta, que dirige á su
maestro Cornuto, procura indagar en qué consiste la
verdadera libertad del hombre, y conformándose á
los principios de la filosofía estóica, dice que el hom
bre verdaderamente libre es el sábio. En la sesta se
mofa delos avaros, que se privan de lo necesario para
dejar un pingüe patrimonio á herederos que lo disi
parán con sus prodigalidades, entregándose á una
vida voluptuosa y lasciva. Esta última sátira dirigida
á CesioBaso, amigo y editor de Persio, la segunda y
la quinta, están escritas en forma epistolar; la cuarta
es una especie de dialogo entre Sócrates y Alcibia-
des, y todas las seis sátiras tratan, en mayor ó menor
escala, argumentos morales. Esta circunstancia y la
de que Persio no dejó mas que un manuscrito, en
forma de disertacion, nos inclinan á creer que ha sido
tan caprichosa y arbitraria su division en seis partes,
introducida posteriormente por los editores, como el
nombre de sátiras que á ellas se ha aplicado: y nos
atrevemos á afirmar, que el que lea con alguna deten
cion los fragmentos de las sátiras del antiguo Lucilio,
las de Horacio y Juvenal, conocerá desde luego que
ni el estilo ni los argumentos que trata Persio tienen
aquel colorido y fuerza de espresion, que constituyen
el verdadero
Entre los carácter
muchos juicios
de este críticos
género que
de composicion.
se han dado

de Persio, creemos que ninguno es tan sensato y filo-


- 362 —
sófico como el de Nisard, cuyas palabras vamos á
trascribir: «Persio se queda casi ahogado en la este
rilidad de sus ideas y la ambicion de su estilo. Muy
amenudo le faltan las ideas, muy amenudo carece de
estilo, muy amenudo no tiene ninguna de las dos
cosas. De aquí un lenguaje estraño é ininteligible,
que esesclusivamente suyo. En Persio se encuentra
poca poesía franca y natural, porque no contiene
mas que bosquejos de ideas, y movimientos é imáge
nes, que pretenden suplirlas: su poesía es una com
binacion de palabras, que no constituyen estilo. Los
comentadores, que no sabian decidirse á dar por malo
un monumento de la antigüedad, y que querian colo
car á Persio al mismo nivel que su fama, y principal
mente su título de poeta antiguo, se sometieron á un
trabajo, muy semejante al de este vate, para esplicar
sus pensamientos, esto es, se cubrieron con el tupido
manto de la oscuridad: íes una manera muy singular
de celebrarle la de envolverse en enigmas mas impe
netrables que sus versosl Estos comentadores han de
ducido de su oscuridad que debia ser un poeta muy
original, y han hecho decir á Persio todo lo que se les
ha antojado, echando mano de sutilezas é interpre
taciones, al través de cuyo velo opaco puede verse
todo lo que se quiera (1).

(1) V. Nisard, Poetas de la decadencia, etc., t. 2.°, pág. 272-


Nosotros, á fin de dar á los lectores una idea mas cabal de la
oscuridad de Persio, vamos á insertar i continuacion los quinw
— 363 —

DECIMO JUNIO JUVENAL.

Son muy escasas las noticias biográficas que de


este ilustre satírico nos ha trasmitido la antigüedad.

versos que preceden á sus sátiras, y que do son por cierto los
mas difíciles de interpretar en sus enigmáticas poesías.

Nec fonte labra polui caballino,


Nec in bicipili somniasse Parnasso
Memini, ut repente sic poeta prodirem.
Heliconindasque, pallidamque Pirenen
lilis relinquo, quorum imagines lambunt
Hedera; sequaces: ipse semi-Paganus
Ad sacra vatum carmen affero nostrum.
¿Quis expedivit psittaco suum kaire?
Corvos quis olim concavum salutare,
Picasque docuit verba nostra conari?
Magister artis, ingenique largitor
Venter, negatas artifex sequi voces.
Quod si dolosi spes refulserit nummi,
Corvos poetas, et poetrias picas,
Cantare Pegaseium melos credas.

Sélis, cuyo nombre hemos apuntado, y que pasa por uno de


los mejores intérpretes de Persio, traduce estos versos en la for
ma siguiente:

«No he bebido en la fuente, cuyas aguas un caballo ha he


cho surtir , no me acuerdo de haber dormido en el monte, que
tiene una doble cima, para despertarme luego poeta. Yo aban
dono los habitantes de Helicon y la divinidad pálida de Pirene
— 364 —
Suetonio, á quien se atribuye, con el nombre de bio
grafía de Juvenal, un reducido número de renglones,

á aquellos, cuyas imágenes acaricia una yedra flexible. Yo no'soy


masque un setni-aldeano, y sin embargo, me atrevo tambien i
llevar versos al santuario de los poetas. ¿Quién ha podido ense
ñar al loro á pronunciar fácilmente buenos dias; á los cuervos i
soltar de su ronca garganta las palabras: Yo te saludo; i las co
torras á imitar la voz humana? El hambre es un gran maestro,
que da inteligencia á los brutos, y les hace hablar á despecho
de la naturaleza. ¡Qué digo yo! Si brilla á sus ojos la esperanza
de un oro seductor, cuervos y cotorras se convertirán en poe
tas, y vosotros oireis por cierto cantos melodiosos.»
No cabo duda que Sélis ha dado mucha claridad al testo, y
hasta cierta gracia; pero, á pesar de esto, se ha visto obligado á
acompañar de once notas su traduccion francesa, que acabamos
de verter al castellano.
Nota i." (Cuyas aguas un caballo ha hecho surtir): Parece
que nuestro poeta, se propuso ridiculizar con la palabra latina
caballino una frase poética de su tiempo, pues, es de advertir,
que entonces solia aplicarse esta palabra al Pegaso.
Nota 2." (Somniasse Parnasso): Parece que Persio alude i
Ennio, con ánimo de ridiculizará los malos poetas, pues nadie
ignora que el antiguo Ennio decía haber recibido en su cuerpo
el alma de Homero, despues de haberlo soñado sobre el Par
naso.
Nota 3.' (Heliconiadasque): En algunas ediciones en
cuentra Heliconides; en otras Helicondes; en otras Heliconiadas.
Hemos preferido esta última, ateniéndonos á Causabon.
Nota 4.* (Palidamque Pirenen): Parece que Persio alude á
la ninfa Pirene, convertida por los dioses en fuente, y la da el
epíteto de Pálida, porque lloró mucho tiempo la muerte de una
hija suya.
Nota 5.* (Hedera; secuaces): Alude el poeta á la costumbre
que había en Roma de colocar en las bibliotecas, asi públicas
— 365 -
duda de su verdadero origen, y dice que se ignoran
sus padres, no sabiéndose con certeza si fué hijo de

como particulares, las estátuas de los vates, coronadas de yedra.


Xola 6.* (Selni-Paganus): Esta espresion es metafórica: Per
sio quiere dar á entender á los lectores que no se ha familiari
zado mucho con las Musas.
A'Oto 7." (Ad sacra vatum): Estas dos palabras, hasta con
cluir el verso, aluden á la costumbre que había en Roma de
conservar las obras de los poetasen el templo de Apolo, en
donde solian reunirse los doctos para hablar de sus produc
ciones.
Xola 8." (Corvos quis olim): Algunos críticos creen que estas
palabras, y todo el verso, no pertenecen á Pcrsio.
Xola 9.* (Negatas arlifex sequi voces): Es un grecismo como
otros muchos que abundan en Persio.
¡Voto 10.a (Ventor ingenique largitor): Alude nuestro
poeta á los que escriben versos, impelidos por la miseria, espe
rando ganar algo por este medio, que no siempre da fruto.
Xola 1 1 .» (Cantare Pegaseium melos credas): Esta es, á nues
tro entender, la verdadera colocacion de la palabra que corres
ponde al verso de Persio, y no la de poner el credas entre cun
tire y Pegaseium, como han hecho algunos editores, porque
está última colocacion de palabras altera la prosodia del verso.

Todas estas notas, y principalmente las en que Sélis, dudan


do de su misma interpretacion, se contenta con decir: «parece
que nuestro vate alude á esta cosa ó á la otra,» y la circunstan
cia de que los versos referidos son lo que tiene Persio de mas
fácil y sencillo, nos dan una prueba muy evidente de su mucha
oscuridad. Si es cierto, como queda consignado, que Lucano se
entusiasmaba cuando oia recitar los versos de nuestro vate, es
de suponer que no serian sus sátiras: y cuando nos dice Sueto-
— 366 —
un rico liberto, ó por éste adoptado. Luego dice que
pasó casi la mitad de su vida ejercitándose en decla
mar, mas bien por propia inclinacion que con ánimo
de frecuentar la escuela y el foro (1). Los mejores crí
ticos afirman, fundados en conjeturas, mas ó menos
probables, que nuestro vate nació en Aquino el año
42 de nuestra era bajo el reinado de Claudio, y que

ato en la vida de Persio, que Cornuto aconsejó á la madre del


poeta no publicase los escritos que habia dejado, á escepcion de
los que hoy tenemos con el nombre de Sátiras, podemos afirmar,
con alguna probabilidad, que aquellos serian de un mérito muy
inferior á estas últimas. Sabemos muy bien, que el mismo Sue-
tonio dice, que todos admiraban las sátiras de Persio y querían
tenerlas; pero esto nos prueba únicamente que en todos los
tiempos y en todos los paises ha sucedido repetidas veces el fenó
meno de que el fanatismo de la moda ha vencido al mérito. Es
de notar, sin embargo, que este último se perpetúa, y el otro se
evapora. Con efecto, es muy reducido el número de los que hoy
tienen en grande estimacion á Persio. No queremos, finalmente,
pasar por alto, que nos parece muy poco fundada la sospecha
de los que creyeron, entre sus contemporáneos, descubrir nn
tiro muy satírico contra Neron en estas palabras de un verso
de Persio: «El rey Midas tenia las orejas de asno.» Sea como
fuere, todo lo que acabamos de emitir en estas páginas no sale
de la esfera de una opinion particular, y de un juicio critico to
do nuestro, y sin ninguna pretension de refutar ó censurar á los
que consideran á Persio un gran poeta satírico, ateniéndose á lo
que han dejado escrito acerca de este vate una multitud de au
tores modernos y algunos eminentes varones de la antigüedad,
dándole el epíteto de escritor profundo.
(1) Junáis Juvenalis liberti locupletis incertum filius. an
alumnus, ad mediam fere aetatem declamavit, animi magis causa
quam, quod scholao et foro praepararet.—Suetonio, vit. Juv.
— 367 —
figuró como gran satírico en su vejez, por no haber
se atrevido á publicar sus escritos amargos y llenos
de biel en tiempos tristes y sospechosos para Roma,
convertida en ludibrio y blanco de la mas atroz tira
nía. Afirman tambien que compuso su primera sáti
ra bajo el reinado del último de los Flavios, y que la
leyó únicamente á sus amigos, en cuyo número se
supone que estaba Quintiliano, porque hablando en
las «Instituciones Oratorias» de los satíricos latinos,
parece aludir á la sátira escrita por nuestro vate,
cuando se espresa en estos términos, sin nombrar á
Juvenal: «Tenemos otros satíricos muy distinguidos,
y llegará el dia en que se hable de ellos (1).» Una gran
parte de sus sátiras las escribió en tiempo de Traja-
no, y dos, las trece y quince, cuando ocupó el trono
su sucesor, que figura en la historia con el nombre de
P. Elio Adriano. En esta época Roma disfrutaba de
cierta libertad; y Juvenal, deseoso de gloria y aplau
sos, se determinó á leer en público sus sátiras. El
pueblo le colmó de elogios: la elevacion de sus pen
samientos, la energía de sus frases, su estilo resuelto,
despertaron un entusiasmo general. Pero cualesquie
ra que sean las concesiones y libertades otorgadas
por un déspota, no tienen mas garantía en su abono
que la voluntad del Supremo Senor, que no se deter
mina facilmente á sacrificar sus intereses, sus pasio
nes y sus caprichos á lo que la justicia reclama. En
(I) V. Quint. Inst. Or. X, 1.—V. Schoell, ob. cit., t. II, pá
ginas 330—31.
— 368 —
la sátira, que habia escrito Juvenal bajo Domiciano,
último de los Flavios, asestaba sus tiros contra el his
trion Paris, arriba mencionado (1); el cual, en tiempo
de aquel príncipe, tan cruel como imbécil, habia sido el
ídolo de la corte, y uno de los que habian dispuesto á
su antojo de la suerte del imperio. Adriano, que se ha
llaba casi en el mismo caso, por haber prodigado fa
vores y distinciones á otro histrion, cuyo nombre
ignoramos, creyó que Juvenal habia escrito su sátira
con el tirme propósito de ridiculizar y herir á este úl
timo. Queriendo, pues, vengarse con cierto deco
ro, se fingió admirador de nuestro vate, y bajo el
pretesto de recompensar su mérito le confirió el
cargo de prefecto de una legion romana, acampada
en uno de los parages mas inhospitalarios del alto
Egipto, y lugar ordinario de destierro, en donde el
pobre Juvenal, ya octogenario, murió al cabo de po
cos a ños.
Este poeta nos ha dejado diez y seis sátiras: va
mos á esponer brevemente el argumento de cada
una de ellas, siguiendo el orden que llevan hoy.
La primera es una especie de introduccion en
que el autor declara los motivos que le han inducido
á escribir, y escoger el género satírico con prefe
rencia á tojos los demás: «la corrupciones tan gran
de en Roma, dice Juvenal, que hoy es casi imposible
poner freno al deseo de castigar el vicio:» luego in-

(l) V. pág. 345.


dica los argumentos que va á tratar, esplicándose en
estos términos:

Quidquid agunt homines, votum, timor, ira, voluplas.


Gaudia, discursus, nostri ett fárrago libelli.
(Sát.,1., v. 85-8T.)
Los deseos, los temores, la ira, la voluptuosidad,
la alegría, las intrigas, en fin, todo lo que los hom
bres piensan y obran , formará el objeto de este
libro.

Pero dice que, conociendo que seria muy arries


gado en su tiempo satirizar á los vivos, porque ha
desaparecido la antigua libertad , se propone hablar
únicamente de los muertos:

quorum
Experiar
flaminia
quidtegitur
concedalur
cinisinatque
illos latina.

(Sát. l.ad. fin.)


Veré lo que se me permitirá decir de los muer
tos, cuyas cenizas reposan en la via Flaminia y la
Latina (1).

En la segunda sátira habla de los falsos filósofos,


que encubren con el manto de la hipocresía y de una
simulada severidad sus estragadas costumbres, y cen-

(1) En estas dos vías solian depositar los romanos las cenizas
do sus cadáveres, despues de haberlos quemado.
MAN. DE LIT. LATINA. 24
— 370 —
sura tambien con aspereza á los grandes , que dan
malos ejemplos.
En la tercera describe con viveza de colores, y
tal vez con cierta exageracion, que gusta y casi pro
voca la risa, el bullicio y la confusion de la ciudad
de Roma: esta sátira es el cuadro mas acabado de la
miseria, de los vicios y del estado de la gran metró
poli del orbe antiguo en tiempo de Juvenal:

Ccdamus patria: vivant Arturius istic


Et Caíttlus: meneant qui nigra in candida vertunl,
Queis facile estaedem conducere, Ilumina, portus,
Siccandam eltiviem, porlandwn ad basta cadaver,
Et praebcre caput domina venale sub hasta,
(Sál. III. v. 29-33.)

Dejemos la patria: vivan en ella Arturio y Cátulo:


queden los que saben convertirlo negro en blanco:
queden esos hombres, para quienes es tan fácil res
taurar edificios, limpiarnos, puertos y alcantarillas,
como llevar cadáveres al rogo y hacer almoneda de
sí mismos.

En la cuarta sátira se burla en gran manera de


Domiciano, que convocó álos padres conscriptos para
que le indicáran la mejor manera de guisar un gran
rodaballo cogido en el Adriático, y se burla del se
nado que dió su fallo en un asunto tan ridículo.
En esta sátira nuestro vate invoca, con ironía y
sal verdaderamente ática, á las Musas para que leins
- 371 —
piren versos dignos de la grandeza de su argu
mento:

Incipe, Caíliope; licet hic considere: non est


Cantandum, res vera agitur. barrate, pueilae
Pierides, prosií mihi vos dixisse puellas.
(Sát. IV, v, 34-3G.)

Manos á la obra, Caliope: el asunto lo merece:


se trata de una realidad y no de una ficcion: voso
tras, Pierides, inspiradme con vuestro santo numen,
y me sea útil el nombre de vírgenes que os he dado.

En la sátira quinta describe la insolencia y el des


precio de los ricos, que admiten á los pobres á su
mesa, para darles malos manjares y peor vino, al paso
que elios comen y beben todo lo que hay de mas es
quisto y costoso. En esta sátira el poeta pinta á gran
des rasgos el carácter y la vileza de los parásitos, que
á la sazon abundaban en Roma.
En la sátira sesta , obra acabada del genio y del
arte, Juvenal, fingiendo que es su propósito disuadir
á uno de sus amigos de enlazarse en matrimonio, nos
ha dejado la mas viva pintura de la disolucion de las
costumbres de laantigna Roma, y un gran cuadro de
las mugeres de su siglo, descubriéndonos su liberti-
nage, su carácter insolente é imperioso, su vanidad,
su desmedido orgullo, su disimulo, sus pasiones rui
nes, su ridicula ostentacion en afectar sabiduría, sus
supersticiones, su codicia de -presentes y dinero, y
— 372 —
otros muchos vicios, propios de las mugeres que se
entregan con desfachatez á la lascivia. Esta sátira,
escrita con energía y elocuencia, tiene mucha impor
tancia histórica, y és un verdadero monumento en
que el genio y el arte del poeta han depositado todo
lo que en el primer siglo de nuestra era ofrecia de
mas horrendo el bello sexo en Roma.
Uno de los pasages mejores y mas descriptivos
de esta sátira, es la pintura que nos ha dejado Juve-
nal de las costumbres disolutas de Mesalina: hemos
insertado el testo latino de este trozo magnífico,
acompañado de nuestra traduccion castellana, en
el tomo V de nuestra Historia Universal, parte pri
mera, páginas 319-320.
En la sátira sétima, en que se habla del histrion
Paris, pinta Juvenal el estado miserable de los
hombres de letras en un pais en donde los ricos des
precian la sabiduría, contentándose con ocultar su
orgullosa indiferencia bajo el velo de una proteccion
altanera hácia los que se distinguen por las dotes del
ingenio. En esta sátira, el poeta nos da á conocer con
un rasgo maestro de su pluma el abandono en que
yace el arte oratorio en los gobiernos despóticos.

Fidimus eloquio? Ciceroni nemo ducenlos


Aune dederil nummos, nisi fulserit annulusingens.
(Sat. VII, v. 39.)

—¿Podemos confiar en la elocuencia? Hoy na


die daria doscientos sestercios á Ciceron , á no
— 373 —
ser En
quelauna
sátira
granoctava,
sortija resplandeciera
que es tambienen una
su dedo.
obra

acabada del arte, el poeta dice que la verdadera no


bleza no consiste en una larga série de ilustres ante
pasados y en los árboles genealógicos, sino en el mé
rito y las virtudes personales.
En la sátira novena, Juvenal nos desplega á la
vista el cuadro horrendo de los infames amores
unixesuales, á que solian abandonarse los romanos.
Toda la sátira está escrita en forma dramática, y figu
ran en ella como interlocutores, nuestro poeta y un
personage imaginario, llamado Nevulo.
En la sátira décima, que es una imitacion ác\
Segundo Alcibiades de Platon, Juvenal se nos presen tu
mas bien como filósofo, que como vate satírico, de
clamando contra los hombres, que alimentan siempre
deseos indiscretos, porque ignoran en qué consiste
la verdadera felicidad. Nisard cree que esta sátira
merece la preferencia sobre todas las demás de
nuestro poeta, y trascribe el trozo magnífico en que
Juvenal nos ha dejado el cuadro de la catástrofe de
Seyano (1). Nosotros, separándonos en esta circuns
tancia de la opinion del autor francés , preferimos á
esta sátira la sesta, porque nos parece que tiene un
colorido mas dramático, un espíritu verdaderamente
satírico y un gran interés social. Del magnífico trozo
;obre la catástrofe de Seyano, vamos á trascribir úni-

(0 V. Nisard, ob.cit. pags. 449-5Ü.


— 374 —
camente los versos en que Juvenal pinta la destruc
cion de su estatua:
Jam stridunt ignes, jam follibus atque caminis
..írdet atloratum populo caput, et rrepat ingerta
Sejanus; debute ex facie tato orbe secunda
Fiittü urceoli.pelves, tartago, patellae.
(Sál. X, vs. 6l-b4.)
Las llamas chisporrotean en la fragua encendida
par el fuelle: se ve enrojecer esa cabeza adorada por
el pueblo: el colosal Seyano revienta y se disuelve, y
de ese rostro, el segundo del universo (1), se hacen
vasos, jofainas, sartenes, marmitas.

En la sátira once censura el lujo de los romanos,


su prodigalidad, sus despilfarras, y hace el elogio de
la vida moderada y frugal.
Las sátiras doce y trece, son inferiores en mérito á
las precedentes: en la primera el poeta critica á los
que ponen en juego todos los medios que están ásu
alcance para cautivarse la buena voluntad de los ce-
übatarios y heredar una parte de sus bienes; en i 1
segunda prodiga consuelos á un amigo que ha perdi
do una suma que tenia depositada en las manos de
un hombre, que se ha negado, con abierta injusticia,
á restitnírsela. Esta s'itira encierra buenos pensa
mientos, y no carece de sales; pero abunda en repe
ticiones, y las ideas no guardan una ilacion rigorosa
mente lógica.

(1) El primero era Tiberio, y el secundo su ministro Seyan».


— 375 —
En la sátira catorce, Juvenal pinta con viveza de
colores los defectos de la educacion de su tiempo, v
luego censura, con energía y toda la hielde un poeta
verdaderamente satírico, la avaricia.
En la sátira quince, describe con un aticismo muy
propio de su pluma, las supersticiones ridiculas de
los antiguos egipcios: los primeros versos de esta sá
tira famosa merecen ocupar las columnas de nuestro
Manual:

Quis nescit qualia demens


-Egyptus porlenta colat? Crocodilon adorat
Pars haec; illa pavet saturam serpentibusibin.
Effigies sacri nitet aurea cercopitheci,
Dimidio magicae resonant ubi Memnone chordae,
A.tque vetus Thebe centum jacetobruta porlis.
Illic aeluros, hic piscem flumini3: illic
Oppida tota canem venerantur, nemo Dianam.
Porrum et cepe nefas violare et frangeremorsu.
O sanetas gentes, quibus haec nascuntur in hortis
Numina! Lanatis animalibus abstinet omnis
Mensa: nefas illic fetum jugulare capcllae;
Carnibus humanis vesci licet
(Sát. XV, vs. 1-13¡)

¿Quién ignora á qué divinidades monstruosas rin-


<le culto el insensato Egipto? Estos adoran el coco
drilo; aquellos tiemblan ante un ibis, que se harta
comiendo serpientes. La efigie sagrada de un jimio
de oro resplandece en donde estaba la antigua Tebas,
sepultada hoy bajo las ruinas de sus cien puertas
famosas, y alli se oyen los sonidos misteriosos de la
— 376 —
estátua mutilada de Memnon. En este parage adoran
los gatos, en aquel un pez del Nilo, y ciudades ente
juzga
ras veneran
un sacrilegio
el perro;comer
pero los
nadie
ajos
adora
y las
á Diana.
cebollas.
So

¡Oh, nacion santa, que ve nacer estos dioses en las


huertas! Nadie come animales lanudos, y seria un
crimen matar al hijuelo de una cabra; pero no está
prohibido comer carne humana.

Se cree que Juvenal escribió esta sátira en los


últimos años de su vida que pasó en Egipto , y esta
opinion tiene visos de probabilidad, porque nuestro
vate dice terminantemente en los versos 45 y 46, que
ha visto con sus propios ojos todo lo que escribe.
En la sátira diez y seis se finge entusiasta del esta
do militar, y luego pinta á grandes rasgos y con refina
da ironía el desenfreno y la insolencia de la soldades
ca, que en la época del imperio llegó á adquirir mucha
preponderancia, con grave perjuicio de la tranquilidad
pública. Algunos críticos creen que esta sátira no es
de Juvenal; otros afirman lo contrario. Nosotros nos
inclinamos á la opinion de estos últimos, porque el es
tilo en que está escrita y su tono declamatorio no la di
ferencian de todas las demás sátiras de nuestro vate
El estilo de Juvenal es fuerte, enérgico, vehe
mente; su lenguaje no es muy castizo; sus frases no-
son elegantes y armoniosas como las de Horacio; re
pite con frecuencia un mismo concepto bajo varias
formas; algunas de sus frases son oscuras y enigma
- 377 —
ticas; su tono es casi siempre declamatorio; pero
este vate, de carácter grave y severo, ataca los vicios
de frente, y se nos presenta como un esforzado capi
tan que arrostra al enemigo con fiero ceño, y que le
jos de temerle le provoca. Sus fallos son inexorables,
sus chistes amargos y punzantes; su ironía raya en
el sarcasmo. Entre Horacio y Juvenal no hay compa
racion posible: el primero hiere al vicio casi acari
ciándole; el segundo descarga sus rayos contra los
malvados para convertirles en polvo; las sátiras del
primero respiran cortesanía, las del segundo ira é in
dignacion; Horacio en sus sátiras revela cierta deli
cadeza estudiada y su firme propósito de no ofender
á nadie, Juvenal se lanza á la arena con fiereza; no
teme y busca al vicio con su espada en la mano,
como un gladiador que quiere vencer ó morir. Las
sátiras del primero nos retratan la época de Augusto,
y la suavidad falaz de su gobierno; las del segundo
la aspereza y la cólera de una larga série de tiranos;
Horacio escribe para agradar á los aduladores de su
seBor; Juvenal para agradar al pueblo. El primero
con las gracias de su lenguage y estilo , con sus ele-
Rancias, con su aticismo encanta y seduce; el segun
do con sus frases enérgicas, y hasta violentas, con la
dureza y severidad de sus conceptos, con sus sarcas
mos muy amargos, hace hervir la sangre en las venas
v despierta ira y odios contra los tiranos y la disolu
cion de las costumbres. Estas son las impresiones
que nos ha dejado la lectura de las sátiras de Horaein
— 378 —
y Juvenal; pero los que deseen conocer áeste último,
considerado bajo todos sus varios aspectos , tanto
como poeta satírico, que como retórico y declamador,
encontrarán sobre el particular noticias y pormenores
muy curiosos, y que no carecen de interés, en el se
cundo tomo de la obra de Nisard, que hemos citado
ya repetidas veces.

TURNO.

En este período se distinguió tambien, como poeta


satírico cierto Turno, que bajo Vespasiano desempeñó
cargos honoríficos; pero todas sus obras han sido
presa de la voracidad de los siglos, á escepcion de un
reducido número de versos, que se le atribuyen con
tra Neron y las Musas, á quienes califica de prostitutas,
porque celebran en sus cantos el vicio y las torpezas
mas infames. Este trozo no carece de mérito, y nos
otros vamos á reproducirle, acompañándole de nues
tra traduccion castellana, para que los lectores puedan
formarse una idea del estilo satírico de Turno, que
como dice Marcial en su libro XI, epígrama X, dió ¡
la sátira una fuerza muy varonil (1).
9
Contulit ad sátiras ingenita pectora Turnus.

(I) He aqui el trozo.


Ergo famem miseram, aut epulis infusa venena,
Et populuin exsangtiem, pin^uesque in funus amicos,
— 379 —

SULPICIA.

Esposa de cierto Caleno, y muy distinta de laquo


figura con el mismo nombre en las elegías de Tíbulo,
indignada
sar con público
contraedicto
Domiciano,
á todos que
los acababa
filósofos de
de espul-
Italia,

Et mollc- imperii senium sub nomine pacis,


Et <juodeunque illis nunc aurea dicilur actas,
Marmo-caeque canent lacrymosa incendia Rom¡<\
Kt formosum aliquid, nigrac et salatia noctis.
Ergo re heno gesta, et leto matris ovantem,
MaicrnUque canent ctipidum concurrere D¡r¿s,
F.t Oiras alias opponere, et anguibus angues,
Alque novos gladios, pejusque ostondere letum!
Saeva canent, obscena canent, foedosque hymenaeos
Uxoris pueri, Venerismonumenta nefanda?!
Nec Musa cecinissé pudet, nec nominis oilm
Virginci, famooque juvat meminisse priori.s.
Ah! pudor exlinctus, doctaeque infamia turba?
Sub titulo prostant: et quis gemís ab .lovo summo,
Bes hominum supra evecta, et nulliusegentes,
Assa merent vili, ac sancto se corpore fuedant.
Scilicet aut Menae faciles parere superbo,
Al nolu Polycleti, et parca laude bcaias;
L'sque adeo maculas ardent in fronte recentes,
Hesternique Getae vincla et vestigia flagri.
Quin eliarn patrem obliUe et cognata deorum
Numiui, et antiquum castae pietatis honorem.
Proh! Furias et monstra colunt, impuraque turpis
Fata vocant Titii mandala, et quidquid Olympi est
Transcripscre Erebo. Jamque impia ponere templa,
Sact'ilogasque audent aras, cceloque repulses
— 380 —
escribió una sátira, que tenemos todavía con el título
De corrupto reipublicce statu temporibus Vomitiani (de la
corrupcion de la república en tiempo de Doniiciano).
Esta sátira, que es un bosquejo histórico de las anti
guas glorias de Roma y de la tiranía del último de

Quondam Terrigenas superis imponere regnis,


Qua licet, etstolido verbis illuditur orbi.
ICn castellano dice asi.
El hambre acosadora <5 manjares envenenados, un pueblo
moribundo, hombres para quienes sirven d6 regalo los funera
les (I), un imperio carcomido, que amenaza ruina, lodo loque
se llama nuestra edad de oro, los incendios lamentables de la
magnífica Roma, que con sus resplandores alegran y dan biillo
á la oscura noche (2), servirán hoy de argumento al canto de las
Musas. Todo marcha bien: celebrarán, además, con su canto,
al que hace alarde de su parricidio (3), al que porfia con tos
fantasmas vengadores de la madre, arrostrando á las Furias con
otras Furias; á las serpientes con otras serpientes, y manifes
tándose cada vez mas pronto á desenvainar la espada y perpe
trar asesinatos mayores. Celebrarán con su canto actos crueles,
deshonestos, torpezas 6 himeneos monstruosos, en que el hom
bre desempeña el papel de esposa (4): imonumentos de nefanda
voluptuosidad! Ni las Musas se ruborizan con cantos semejantes,
(I) Alude el poeta i los muchos parásitos que concurrían á los ban
quetes fúnebres que solian dar en Boma los parientes de los ricos, que
acababan de bajar á la tumba.
(3) Se refiere al incendio de la gran metrópoli del orbe antiguo «•
tiempo de Neron, y á este mismo emperador, que contemplando con se
renidad aquel espectáculo lamentable, tocaba la lira, y cantaba el i*-
rendio de Troya.
(3) Alude al mismo Neron, asesino de su madre.
(4) Es una atusion á la infame boda que cetebró Neron con Esporr
vistiendote de emperatriz y declarándote su espo?a.
— 381 —
los Flavios, no deja detener interés, y nosotros va
mos á reproducirla en obsequio de los lectores,
acompañándola tambien de nuestra traduccion cas
tellana (1).

ni las halaga el recuerdo del nombre que llevaron de vírgenes,


ni se cuidan de su antigua fama. ¡Ah, el pudor desaparecio! La
docta familia lleva en triunfo su infamia, y las hijas del gran
Júpiter, superiores á la humana estirpe y sin necesidades, pros
tituyen su sagrada persona á vil precio, obedecen con facilidad
al orgulloso Mena (I); un signo de aprobacion, el elogio mas
mezquino de un Policleto (2) las] hace felices, las inspiran pasion
las marcas recientemente estampadas con el hierro en la frente
de Gela (3), emancipado ayer, y tambien sus ligaduras y las se
ñales del látigo con que se le sacudid. Han ochado en olvido la
grandeza de su padre, los lazos de parentesco que las unen á los
dioses, y el antiguo honor de su casta piedad: ¡oh costumbres
corrompidas! Adoran i las Furias y los monstruos. A los man
datos impuros del infame Ticio (4) Ies dan el nombro de órdenes
del destino, y han traspasado al Orco todo lo que pertenecía al
Olimpo. Osan ahora erigir templos impíos y aras sacrilegas, y
colocar en el alto empíreo á los Titanes espulsados ya del cie
lo: asi engañan con sus palabras al mundo imbécil.
(1) Musa, quibusnumeris heroas et arma fiequentas,
Fabellam
Nam tibi secessi,
permitiotecum
mihi penetrate
detexere paucis.
retractans

Consilium: quarc, nec carmine curro phaleuco,

(Ij Era iin hombre perfido y de estragadas costumbres, liberto de


jtren Seslo Pompcyo.
(2) Hombre lascivo, protegido por Neron y condenado á la última pe
na por Galba. V. Tacito, An., lib. XIV, n.' 89, Hisl., lib. I.», n.' 37.
i.3) Dombre muy sedicioso y protegido por Neron. V. Tácito, Histo
ria, lib. II, n.' 72.
(4) Era un cabn l 'ro romano que Iuto bajo su custodia á Meialina.
V. Tácito, An., lib. II, n.' ii.
- 382 -

TITO PETRONIO ARBITER.

Lefranc, dice en su Manual de literatura latina,


página 293. —París, 1838, que la obra que tenemos

iNec trímetro iambo, nec qui, pede fiactus eodem,


Fortiter irasci didicitduceGlazomenio.
Gatera cjuin etiam, quot deniquo millia lusi.
Primaque romanas docui contendere Graiis,
Et salibus variare novis, constanter omilto:
Teque, quibus princeps ot facundissima calles,
Aggredior: precibus descende clientis, et audi.
Dic mihi, Caliope: quidnam pater ille deorum
Gogitat? An terra et patria saecula mutat?
Quasquc dedi quondam, morientibus eripil arle>?
Nosquejubet tacitos, ctia;n rationis ogenos,
Nonaliter, primo quam quum surreximus aevo,
Glandibuset purae rursus procumbere lymphae?
An reliquas terras conservat amicus, et urbes,
Sed genus Ausonium, Romulique exturbat alumnos?
Quid reputemus enim? Duo sunt quibus oxtulit ingens
Roma caput: virtus belli, ct sapientia pacis.
Sed virtus agitata domi, ct socialibus armis,
ln freta Sicaniae, et Carthaginis exiit arces,
Caeteraque imperia, et totum simul abstulit orbem
Deinde, velut stadio vicior qui solus Achaco
Languet, et immota secum virtute fatiscit,
Sic itidem Romana manus, contendere postquam
Destitit, et pacem longis frenavit hahenis,
Ipsa domi legos, ct Graia inventa reiraciau.'-,
Omnia bellorum ierra quxsita manque
Proemia consilio, et molli ratione regebat.
Stabat in his, ñeque enim poterat constare sinc ipsis,
Ant frustra uxori, mendax<nie Dicspiter olim.
— 383 -
de Petronio, bajo el nombre de Satiricon, no perte
nece real y verdaderamente a ningun género de coni-

Jmperium sine fine dedi, dixisse probatur.


Nunc igítur quí res romanas imperat ínter,
ingluvie albus (1),
Et studia, et sapiens hominum nomenque genusquc
Omnia abire foras, alque urbe excedere jussit.
Quid faeimus? Graios, hominumque reliquimus urbes,
Ut romana foret magis his instructa magistris:
Nunc, Capitolino veluti turbante CamiKo
Ensibus et trutina Galli fugere relicta,
Sic nostri palare senes dicuntur, et ipsi
Ergo
Utferale
Numanlinus,
suos onusLibycusque
estirpare libellos.
crravit in isto

Scire
Quos
Cetera
Scipio,inter
adeo
et
quiillaroagnis
prisci
Rhodio
manussententia
fecisset,
crevit
bello formante
facunda
diva
utrumnesecundis,
Catonis
secundo,
magistro,

An magis adversis staret Romana propago.


Suadet
Scilicet amor
adversís:
patriae,
nam,et quum
captiva
defendier
Penatibus
armis
uxor;

Convenit ut vespis, quarum domus arce Moneta\


Turba rigens strictis per lutea corpora teils.
Ast ubi apis secura redit. obüta favorum
(Ti Hemos suprimido estas palabras del testo: El non trabe, sed tergo
rolapsus, porque los eruditos mas cetebres j muy versados en el eslu-
io de los clásicos, no ban podido interpretarlas. Traducidas lileralmen-
e: encorvado, no sobre una viga, tino sobre sus espaldas tendido, ni
ieoen sentido ninguno. Si se tes quiere traducir, encorvado, no sobre
¡na viga, sino sobre sus espaldas, nos encontramos en el mismo caso.
Moliéremos, finalmente, traducirlas: encorvado, no bajo el peso de una
rija, lino bajo el de sus espaldas, nos quedamos en la misma ignoran
cia. Hemos juzgado, pues, mas regular y seDsato suprimirlas, que dar
noa mala traduccion, y lo hemos hecho sin escrúpulo ni pesar, porque su
Mipreiion \¡o inmila ni alura ti 6cntido de lo que precede y sijlue en el
lesto.
— 384 —
posicion, y que no es ni sátira ni novela ; Schoell, en
su historia de la literatura romana, tomo II, pági-

Plebs, materque una somno moriuntur obeso.


Romulidarum igiturlonga et gravis exitiam pax.
Haec fabella modo pausam facit. Optima posthac
Musa, velim moneas, sine qua mihinulla voluplas
Vívere, utiquondam, Lydis dum Smyrna peribat,
Nunc itidem migrare velint, vel denique quidvis,
Ut dea, quaere aliud: tan tu m Romana ¿aleno
Mcenia jucundos pariterque averie sabinos.
Haec ego; tum paucis dea me dignatur, et infít:
Pone metus aequos, cultrix mea; surama lyranno
Haec instant odia, et nostro periturus honore est.
Nam laureta Numae, fontesque habilamus eosdem,
Et comite Egeria ridcmus inania ccepta.
Vivet, vale, manet hunc pulchrum sua fama dolorem
Musarum spondel choras, el Romanus Apollo.

En castellano dice asi:


Permíteme, Caliope, que me sirva en estos versos de los
acentos con que tú sueles celebrar 4 los héroes y sus hazañas, y
que desplegando el vuelo, penetre contigo los mas ocultos mis
terios. Dejaré, pues, el rápido falcuco (1), el trimétrico yam
bo (2), los versos que con metro semejante convirtio el vate de
Clazomcne (3) en armas de terrible cdlera, y dejaré terminante
mente los millares de juguetes y chistes, cada vez mas nuevos,
fl) Elfaleuco.ó f ileucium carmtn, es un género de verso, que «o
compone de un espondeo, un dáctilo y tres coreos. Algunos eruditos di
cen que su nombre trajo origen del poeta Faleuco que lo inventó.
(3)
iS) Sulpicia
Es una alusion
alude á álosüiponax;
versos yambicos,
poeta satírico,
compuestos
conocido
de tres
generalmente
pies.
ron el nombre do Claiomeirc, porque so refugió en esta ciudad de lid''1
i da de evitarla cdlera de los enemigos que lo perseguían, á consecuen
cia de sus versos, tan amargos y satíricos como los de Arquiloco.
— 385 —
na 337.—París, 1815, apunta el nombre de Petronio
entre los satíricos; pero muy de paso, y por el con

con que fui yo la primera que brindé á las romanas, enseñándo


las A rivalizar con las mugeres de Grecia. A ti invoco, que eres
reina y la mas elocuente de las Musas: baja del cielo y da
oidos á los ruegos de quien se ha dedicado á tu culto. Dínae,
Caliope, ¿en qué piensa ese padre de los dioses? ¿quiere, por
ventura, cambiar la faz del mundo y la de los siglos que hemos
heredado? A los hombres, quo corren á su término ¿les quitará'
las artes que les did en otro tiempo? ¿Ha dispuesto que volvié
semos silenciosos y embrutecidos á comer nuevamente bellotas
y á beber el agua de las claras fuentes, como en la . infancia de
nuestra estirpe? ¿Alimenta, acaso, afectos amistosos para otras
tierras y ciudades, y desampara d la itala raza y á los hijos da
Rómulo? ¿Cuál será nuestro juicio sobre el particular? Dos cosas
hicieron erguir orgullosa la cabeza á Roma: el valor en la guer
ra, y la sabiduría en la paz. Pero el valor, puesto en fermenta
cion, á consecuencia de las guerras civiles y de las sociales, des
cargó1 los rayos de su furor contra los mares de Sicilia y las ro
cas de Cartago; sometid á su dominio todos los imperios, y aca
bó por ser dueño del mundo. Entonces la belicosa Roma, seme
jante al atleta, que despues de haberse quedado victorioso y
solo en el estadio olímpico, debilita y enerva su valor en la
inmovilidad del reposo, tan luego como depuso las armas y
consolidó por largos anos la paz, introdujo mejoras en sus le
yes, en las invenciones griegas, y gobernó con madurez y ade
cuado juicio todos los dominios que había adquirido en sus
guerras de mar y tierra. En estas fuerzas se apoyaba, y no pu-
díendo sin ellas subsistir, si no las hubiese tenido, Júpiter se
habría declarado falso y engañoso, por haber dicho ya ú su es
posa, que daría al pueblo latino un imperio sin término. Pero
ahora, el que dispone á su antojo de la suerte de Roma, pálido y
enervado por su glotonería, ha dispuesto que abandonen la ciu
dad, y vayan desterrados los estudiosos y los sábios, su estirpe
y su nombre. ¿Qué haremos nosotros? Hemos exigido que
MAN. DB LIT. LATINA. ¿3
trario habla con alguna detencion de su obra en la
página 416 del mismo tomo, considerando el Satiri-

los doctos griegos dejáran sus ciudades para que Roma pu


diese aprovechar mas que Grecia las luces de sus doctos maes
tros; y ahora, sin embargo, asi como ante el flero Camilo, sal
vador del Capitolio, huyeron los galos, abandonando sus espa
das y balanzas (1), se cree tambien que nuestros ancianos, hi
jos de este suelo, se vean obligados á huir y r-isgar sus escri
tos como una carga fatal. Es cierto, pues, que se engañaron, no
creyéndolos una carga el Africano y Nuinantino Esripion,
alumno del sábio de Rodas (2), y toda aquella multitud de hom
bres elocuentes y guerreros, coronados de gloria. Entonces Ca
ton so preguntaba á sí mismo, si darían mas fuerza á la estirpe
romana los infortunios ó las prosperidades: sí, los infortunios:
porque el amor de patria, y una esposa cautiva en el fondo de sus
hogares, dan mas temple á las armas del guerrero. Asi un en
jambre de abejas con su cuerpo dorado, y prontas i herir con
sus punzantes dardos, corren al encuentro de las avispas, qu»
habitan el templo de Juno Moneta. (3). Pero la abeja, que vuel
ve descuidada, las hijas y la madre, ya separadas de su indus-

I) Alude nuestra poetisa á Brcno, general de los galos, que pidio mil
libras á tos romanos para retirarse con su ejercito, y que echó en la ba
lanza en que se pesaba el dinero su espada, esctaniando: «;Ay de los ven-
cidoali Pero Camilo te obligó a apelar á la fuga, abandonando la espada r
la balanta.
(i) Escipion el Africano, guerrero y literato, estudió la oratoria con
uno de los mas afamados profesores de Rodas, en donde a la saion habii
muchas escuelas de elocuencia muy cetebres. Las palabras, pues, de
nuestra poetisa: alumno del Sábio de n ./••». son una antonomasia, y su
verdadero sentido es este: alumno de lot tabiol maettrot de Rodas.
3) Algunos eruditos afirman que el sobrenombre deJfoneia, que se
itió á Juno, trajo origen del vocablo latino muñendo (advertir), porque,
habiendo habida en Roma un terremoto, una voz misteriosa, que salió
ilcl templo de Juno, dijo á los romanos que sacrifica>eu una marrana pre-
ftada, para aplacar la cótera de los dioses. Hecho el sacrificio, Roma se
< i« fuera de riesgo, porque no hubo mas terremoto: sus habitantes agr»
- 387 —
con como una verdadera novela ; Ficker en su Com
pendio de historia de la literatura clásica, segunda
parte, página 185 de la traduccion francesa, consi
dera tambien á Petronio como novelista y le coloca
en el quinto período, porque cree que este autor es
muy distinto del Petronio, que floreció bajo Neron.
El aserto de Ficker no es admisible bajo ningun
concepto, porque hoy está probado lo contrario, y
ninguno de los sábios y críticos modernos se inclina
á la opinion de este escritor.
gamosEn cuanto
una novela;
á la obra
pero
de de
Petronio,
un género
nosotros
tan lajuz-
deci-

iria, mueren de languidez: asi los rumanos se consumen bajo el


!>eso de una larga paz. Con esto puse leonino á mis acentos y
esclamé: «Ahora, pues, mi escelente Musa, sin cuyo apoyo no
tiene para m( halagos la vida, dtgnate prodigar tus consejos á
esos sábios, que parten para el destierro, como en el tiempo en
<iue Esmirna sucumbía oprimida por los lidios, ó mas bien, su
giéreles, cual diosa, apelar i otro recurso cualquiera, y hagas que
Caleño únicamente no se separe de Roma y de su deliciosa Tf-
voli.» Fué esta mi plegaria, y la diosa se dignó dirigirme estas
palabras: «Destierra esosjustos temores, tú, adicta á mi culto:
todos estos ddios acumulados amenazan muy de cerca al tirano,
y su muene redundará en mi honor. Yo, compañera de la ninfa
Egeria de Numa, habito sus mismos bosques, disfruto de sus
mismas fuentes, y me rio de los vanos proyectos: vive feliz, y
adios. Tu decoroso dolor no quedará sepultado en el olvido: te
io promete el coro de las Musas y Apolo, protector de Roma.»

decidas dedicaron un docto templo á la madre de los dioses, y la adora-


run bajo el Utulo de Juno Moneta. En la parle esterior de las paredes
(de este templo hacian sus panates las avispas.
— 388 —
didamente. satírico, que nos parece, no solo oportuno
sino necesario colocarla en esta parte de nuestro Ma
nual. Es de notar, ademas, que el Satiricon de Petro-
nio, que se compone de prosa y versos, y contiene
descripciones y escenas verdaderamente dramáticas,
está mas en su lugar considerado como obra poética,
que como simple novela. Pero aun cuando se le quiera
dar esta última calificacion, ¿no es cierto, queá todas
las novelas en general, y principalmente á las que con
tienen largos trozos en'verso, suelen considerarlas los
mejores críticos como obras poéticas, porque seapoyan
mas bien en la invencion ingeniosa del escritor, que en
la realidad de los hechos? Nosotros, pues, vamos á ha
blar en estas páginas de Petronio, comenzando por
apuntarlo
Se creeque
generalmente
ofrece demasqueimportante
fué naturalsu de
biografía.
Marse

lla (1); hay críticos, por el contrario, que lo niegan y


afirman que nació en Italia. Sea como fuere, lo cierto es
que se educó en Roma, que adquirió fama por su cor
tesanía y amor á la voluptuosidad (2), y que llegó á ser,
por último, uno de los amigos mas íntimos de Neron,
que le dió el título de Arbiter elegantiae, porque cono
ciendo que era un hombre de esquisito gusto, quiso
confiará su cuidado y arbitrio todos los preparativos ne-

(1) V. Sidonio Apolinar en su elogio de Narbona, Car


men 23.
(2) Los antiguos escritores notan, que A pesar de su inclina
cion á la vida regalada y al ocio, desempefló con decoro y ha
bilidad su destino, cuando fué procónsul en Bitinia.
— 389 —
cosarios para las diversiones mas magníficas y los fes
tines mas suntuosos de su corte. Petronio disfrutó largo
tiempo de la proteccion de su señor; pero el infame Ti-
gelino, ministro de las iniquidades del César, envidio
so de la fortuna aeenaydel noble cargo que desempe
ñaba Petronio en el palacio imperial, puso en juego to
dos los artificios malignos, que estaban á su alcance,
para perderle; y finalmente logró su intento, dando á
entender á Neron con pérfida calumnia, que Petronio
no merecia bajo ningun concepto su confianza por ha
ber conservado siempre lazos de una íntima amistad
con Scevino, comprendido en el número de los compa
ñeros de Pison y de los conspiradores, qne deseaban
la caida del imperio. Petronio, que conocia la índole
perversa de su señor, cada vez mas sediento de san
gre, prefirió una muerte voluntaria á las funestas con
secuencias que no dejaria de acarrearle la ira de Ne
ron. Firme, pues, en su propósito se cortó las venas,
y á fin de que le fuese la muerte menos penosa , ya
dejaba correr en abundancia la sangre, ya fajaba sus
heridas, y despues de algun descanso volvia á abrir
las. En los intervalos de estas alternativas sus amigos
recitaban, para contentarle y condescender con sus
deseos, poesías amenas y voluptuosas. El suicidio
lento y pacífico de Petronio duró un corto número
de dias, y su muerte pareció mas bien natural que
violenta. (66 años desp. de J. C.)
La obra de este autor, titulada Satiricon, ha dado
margen á muchas discusiones eruditas, Sábic-s da
— 390 —
notalahan calificado de sátira menipea , parecida en
un todo á las que habia compuesto Varron, imitando
al griego Menipo; la amargura, ironía y maledicencia
de cuyos escritos han perpetuado su fama; otros, por
el contrario, han sostenido que el Satiricon es una
novela histórica, y un cuadro mas bien de la disolu
cion de las costumbres de Neron y de sus infames
lascivias, que de la corrupcion de su siglo; otros han
ereido que el autor asesta sus tiros contra Claudio,
pintando á grandes rasgos el carácter de aquel César
y la disolucion de sus cortesanos; otros, finalmente,
no han vacilado en afirmar que el Satiricon es una
serie de cuentecillos, en gran parte obscenos y chisto
sos, pero de pura invencion y sin un fondo histórico.
La circunstancia de que la obra de Petronio ha sido
descubierta y publicada por trozos, y que no es mas
que una série de fragmentos con grandes lagunas,
ha dadoá esta opinion visos de mucha probabilidad.
Pero los mejores críticos modernos, que han someti
do el Satiricon á un exámen escrupuloso, y han procu
rado investigar sus alusiones , convienen todos en
que es una verdadera novela histórica qne nos pinta
con viveza de colores los desarreglos, las orgías é
infames lubricidades del siglo de Claudio y Neron.
Considerado el Satiricon bajo este punto de vista es
uno de los monumentos mas apreciables de la anti
güedad, porque nos da el cuadro mas acabado de las
costumbres romanas muv licenciosas de la córte de
dos emperadores y de su siglo. Pero toda esta obra y
— 391 —
los episodios de que se compone son en su mayor
parte tan licenciosos é inmorales, que ofenden el pu
dor de los hombres mas despreocupados. En esta
novela figuran personages abominables por su mucha
depravacion, rameras, libertinos, medianeras viles é
infames, orgías lúbricas y hasta mancebos prostitu
ios y amores unixesuales: en la alternativa de su
prosa y versos, se nota á cada paso la alternativa
y la porfía de las pasiones mas desenfrenadas. El len
guaje, tanto prosáico como poético del Satiricon, á
veces es duro y áspero, á veces chocarrero y bajo,
á veces sencillo y elegante, y muy amenudo de
difícil interpretacion. Todo este conjunto de circuns
tancias ha colocado esta produccion muy original, en
tre las obras antiguas, cuyo argumento, ó cuando
menos, muchos de sus pormenores, tienen algo de os
curo y enigmático. Pero lo cierto es, que hay trozos
admirables y escenas que revelan un gran conoci
miento del mundo y de los desvaríos de la humani
dad. Asi es, pues, que muchos sábios, no contentán
dose con traducir el Satiricon á las lenguas modernas,
le han enriquecido de notas y comentarios, tan eru
ditos como importantes y curiosos, porque dicen re
lacion con acontecimientos históricos de una de ias
mas grandes épocas del antiguo imperio romano. «La
sátira de Petronio, dice Schoell, se parece mas bien á
nuestras novelas, que á cualquiera otro género de
composicion: el autor se propone como principal ob
jetolas aventuras amorosas de cierto Encolpio , jó ven
— 392 —
libertino; pero ha sabido enlazar con admirable maes
tría en su obra una série de acontecimientos, ora trá
gicos, ora cómicos, que le han abierto un ancho ca
mino para derramar la hiel de la censura sobre las
costumbres y las frivolidades de su siglo.»
El mismo Schoell,enel lugar citado, da pormeno
res importantes y curiosos acerca de las discu
siones eruditas, que ha promovido en varias épocas
el Satiricon, y habla tambien del supuesto Petro-
nio encontrado en Belgrado y publicado por Nodot.
Pero nosotros, despues de haber emitido nuestro
juicio crítico acerca de esta obra, queriendo dar ahora
á los lectores, una idea mas cabal del Satiricon, va
mos á reproducir dos de sus mejores trozos, uno en
prosa y otro en verso, á saber la Matrona de Efeso,
episodio satírico y chistoso; y el cuadro de la diso
lucion de las costumbres de la antigua Roma, acom
pañándoles de nuestra traduccion castellana (1).

(I) Matrona quaedam Ephesi tam notae crat pudicitias, ut vi-


ninarum quoque gentium ('ominas ad sui spectaculum evocarei.
Hibc ergo cüm virum exiulisset, non comenta, vulgari more,
funus passis proscqui crinibus, aut nudatum pectus in conspec-
tu frcquemiic plangcre, in conditorium etiam prosecuta est de-
t'unctum, positumquein hypo?feo, Graeco more, Corpus custodi-
re, ac flere totis noclibus dicbusquc coepit. Sic affliciantem se,
ac mortem media persequenlem non parenles poiuerunlab-
(lucere, non propinqui. Magistratus ultimo rcpulsi abierunt:
complorataquc ab omnibus singularis exempii femina, qnintum
jam diem sino alimento trahebat.
As3idebat aegra fidissima anciila , simulquc et lacrymas
— 393 —
El primero es, á nuestro entender, la pintura mas

commodabat lugenti, et quoties defecorat positum in monumen-


lo lumen renovabat. Una igitur in iota civitate fabula erat; ct
jolum illud afifulsisse verum pudicilie amorisque cxemplura
omnis ordinis homines confitebantur.
Cüm inlerim Imperator Provincia} Iatrones jussit crucibus
affigi, secundum illum eandcm casulam, in qua rocens cadaver
Matrona deflebat. Proxima ergo nocte cüm Miles, qui cruces
servabat.ne quis ad sepulturam corpora detraherct, notasset
sibi et lumen ínter monimenta clarius tulgens , ct gemitum lu-
gentis audisset, vitio gentis humane, concupiit scire, quis, aut
quid faceret. Descendit igitur in conditorium, visaquc pulcher-
rima muliere, primó quasi quodam monstro , infernisque ima-
ginibus turbatus substilit: deinde ut et corpus jacentis cons-
pexit, et lacrymas consideravil; faciemque unguibus seciam,
ratus scilicet id quod erat, desiderium extincti non posse femi-
nampali; attulit in monumentum caenulam suam, coepitquc
hortari lugontem, ne pcrseveraret in dolore supervacuo, et nihil
profuturo gemitu pectus diducere: omniumeundem exitumesse:
sed ct idem domicilium, ct cablera, quibus exullerate mentes ad
san i la tera revocantur. At illa ignota consolatione percussa, lace-
ravit vehementiüs pectus ruplosque crines super corpus jacentis
imposuit.
iN'ec recessit lamen Miles, sed eadem exhortationc tentavit
dare mulierculae cibum , doñee ancilla, vini cene grató odore
corrupta , primum ipsa porrexit ad humanilatem invitanlis vic-
lam manum: deinde, refecta potione et cibo, expugnare domine
pertinaciam crepil. Et, quid proderit, inquit, boc libi, si soluta
inedia fueris? Si le vivam sepelicris si antequam fata poscant,
indemnatum spiritum effuderib?

Id cinercm , aut manes creáis curare seputtos?

Vis tu revivisccre reluctanlibus fatis extinetum? vis, dis-


— 394 —
tiel de la instabilidad del carácter del bello sexo, que

citase muliebri errore, quamdiu licuerit, lucís commodis frai?


¡psnm te jacentis corpus admonere debet, ut vivas.
.Vemo inviiaa obedií, cüm cogitur aut cibum sumere, aut vi
vero. Itaque mulier, aliquot dierum abstinentia sicca, passa cst
frangí pertinaciam suam : nec minüs avidé replevit se cibo,
quam Ancilla, quae prior vicia est. Caeteriim scilis quid tentare
plcrumque soleat humanam satietatem. Quibus blandítiis impe-
traverat Miles, ut Matrona vivero vellet.íisdem etiam pudicitiam
ejus aggressus est. Nec deformis aut infacundus juvenis Casta
videbatur, conciliantegratiam Ancilla, ac subinde dicente:

Placitone etiam pugnabis amori,


Aec venil in mentem, quorum consederis arvisf

Quid diuliuB moror? ne hanc quidem mulier partem corpo-


ris abstinuit, víctorque Miles utrumque persuasit, jacuerunt
crgo uná non tantum illa nocte qua nuplias feccrunt, sed pos
tero etiam ac tertio die, praculsis videlicet condítorii foribus, ut
quisque ex nolis ignotisque ad monimentum venisset , putasset
expirasse super corpus viri pudicissimam uxorem. Caeterum de-
lectatus Miles et forma mulieris, et secreto, quidquid boni per
facultates polerat, coémebat ; et prima statim nocte in moni
mentum ferebat.
Itaque cruciarii uniu3 parentes, ut viderunt laxatam custo-
diam , detraxere nocte pendentem , supremoque roandaverunt
officio. At Miles circumscripius dum residet, ut postero die vídii
imam sinecadavere crucem; veritus supplicium, mulieriquid
accidisset, exponit: nec se expectaturum judieis sententiam,
sed gladio jas dieturum ignavia? suac; commodaret modo illa
periluro locum, et fatale conditorium familiari ac viro faceret.
Mulier non minüs misericors quam pudica: Necistud, inquit,
Dii sinant, ut eodem tempore duorum mihi carissimorum homi-
num duo funera spectem: malo mortuum impendere, quám vi-
vum occidere. Secundum hanc orationem jubel corpus marilisui
— 395 —
se deja dominar de un amor todo sensual, aun

lolli ex arca, atque illi, quas vacabat, cruci affigi. Usus est Mi
les ingenio prudentissimiB femineB; posteroque dt'e populus mi-
ratusest, qua ratione moriuus isset in crucem.

En castellano dice asi:


Vivía en F.feso una matrona tan virtuosa, que lasmugercs (ie
los pueblos comarcanos tuvieron mucha curiosidad de conocer
la. Habiéndola arrebatado, pues, ia muerte á su esposo, no se
contenió con acompañar al cortejo fúnebre, dándose ante todo
el mundo repetidos golpes en el pecho desnudo, y con los cabe
llos destrenzarlos, segun el uso comun, sino que quiso acompa
ñar tambien al cadáver hasta la tumba, en donde se le enterró,
siguiendo 1» costumbre griega, y ella quedó custodiándole, no
conteniendo sus lágrimas ni de dia ni de noche. Los parientes y
"migos, viéndola tan afligida, y resuelta á morir de hambre, in
tentaron disuadirla de su propósito; pero no lo consiguieron, y
últimamente, los magistrados, que habían ido á buscarla con el
mismo fin, fueron rechazados. Este ejemplo singular de virtud
en aquella muger conmovió aun mas, porque llevaba ya cinco
flias sin tomar alimento. Estaba al lado de la inconsolable una
esclava muy liel, que derramaba lágrimas al propio tiempo que
ella; y para agradar á su ama, anegad? en llanto, cuando la luz,
puesta en el monumento, estaba próxima á estinguirse, la rea
nimaba. En toda la ciudad no se hablaba de otra cosa, y los hom
bres, de todas las clases convenían en que este era el ejemplo úni
co y verdadero de una pureza y de un amor sin iguales. Sucedió
enloces que el gobernador de la provincia mandó crucificar á dos
ladrones junto á la tumba en donde la matrona derramaba lágri
mas sobre el cadáver de su esposo. En la noche inmediata, el
soldado que vigilabalas cruces, para impedir que se intentára
enterrar á aquellos dos malhechores, habiendo notado que res
plandecia con claridad una luz en el lugar fúnebre, y habiendo
oido los gemidos de una que lloraba, deseó conocer, movido
— 396 -
cuando afecta sentimientos muy puros y delicados;

por la curiosidad, connatural al hombre, quién era, y que hacia


en aquel sitio. Bajó, pues, al sepulcro, y habiendo visto á una
muger muy hermosa, primero se quedó sorprendido, como
quien ve á un monstruo ó un espectro; pero tan luego como vid
el cuerpo de la que yacia en el suelo, sus lágrimas y su cara
desgarrada con las uñas, comprendió desde luego la causa de
toda la pena insoportable que sufría aquella muger por la pér
dida de su difunto esposo. Trajo, pues, al sepulcro su escasa ce
na, y comenzó á exhortar á la afligida para que no se obstinase
en un dolor infructuoso, y no fatigase el pecho con tantos repe
tidos sollozos, diciéndola que todos corren al mismo fin, á la
misma morada, y diciéndola todas las demás cosas, que pueden
curará una imaginacion estraviada. Pero aquella muger, sor
prendida por el inesperado consuelo, se desgarró el pecho con
mas fuerza, y arrancándose el pelo, le arrojó sobre el cuerpo del
difunto. £1 soldado, sin embargo, no desistid, é intentó con la
misma instancia hacer tomar alimento á la pobre muger. En
tanto, la esclava, seducida por el olor agradable del vino, pri
mero alargó la mano, vencida por la caridad del hombre, que las
convidaba, y despues de haber bebido y tomado alimento, procu
ró vencer la obstinacion de su ama, diciéndola: «Si le dejas mo
rir de hambre, si le sepultas viva, si tu espíritu se desprende
del cuerpo sin esperar el fallo del destino, ¿qué provecho saca
rás de ello? ¿Crees por este medio reanimar las cenizas y los
manes de losque están enterrados? ¿Quieres tú resucitará ese ca-
dávercontra la voluntad del hado? Piensa mas bien, despoján
dote del error propio á nuestro sexo, en disfrutar de los goces
de la vida: este mismo cadáver debe animarle á vivir.» Cual
quiera obedece gustoso, cuando se le obliga á tomar alimento 6
á conservar su vida. Aquella muger, estenuada con tantos dias
de abstinencia, desistió de su pertinacia, y no comió con menos
avidez de la que habia manifestado su esclava, que se habia de
jado vencer primero. Sabeis las tentaciones á que solemos in
clinarnos ordinariamente, cuando estamos hartos de comer. El
— 397 —
y el segundo es la mas viva descripcion de la de

soldado, pues, acometió la castidad de la matrona con las mis


mas lisonjas que le habían hecho lograr que conservase su vida,
y no parecieron desagradables á aquella virtuosa muger la figu
ra y modales del jdven soldado, que tenia en su apoyo la inter
cesion de la criada para con el ama, á quien decia: «¿Seguirás
resistiendo á un amor tan dulce, sin acordarte ya de aquellos
placeres, que dejaban tan satisfecha tu sensibilidad?» Pero, ¿á
qué hablar más? La matrona desechd todo el pudor de lo que
exige mas honestidad en la persona, y el soldado victorioso hizo
que disfrutára de los placeres de la mesa y del amor. Yacieron
juntos, no solo aquella noche de su primera union, si no el día
siguiente y el tercero, con las puertas de la tumba tan cerradas,
que todos los que á ella se aproximaban, bien sea que conocie
sen d nd á. la matrona, habrían creído que aquella muger vir
tuosísima había espirado sobre el cuerpo de su esposo. El solda-
dado, en tanto, ebrio de placer por haber gozado de la hermo
sura de la matrona, y porque todo lo encubría el secreto, com
praba, segun sus posibles, todo lo mejor, y tan luego como ano
checía lo llevaba ála tumba.
En tanto los parientes de uno de los crucificados, habiendo
notado el descuido del centinela, se llevaron de noche aquel
cuerpo y lo enterraron cuidadosamente.
El soldado, que permanecía en la tumba, cuando vid al día
siguiente una de las cruces sin cadáver, temiendo el castigo que
le amenazaba, espuso á la muger lo acontecido, y no queriendo
esperar el fallo del juez, dijo que quería castigar con su misma
espada su negligencia, y que ella le preparase, estando ya prd-
ximoá morir, un lugar en aquella tumba, prestando igual ser
vicio al esposo y al amante. La muger, no menos compasiva que
casta: «No permitan los dioses, dijo, que yo presencie á un
tiempo la muerte de dos hombres, á quienes he amado tanto, y
mejor quiero ver colgado al muerto, que muerto al vivo.» Aca
badas estas palabras, manda sacar del féretro el cuerpo del ma
rido, y manda clavarle en la cruz, quedada sin cadáver. El sol
— 398 —
dado
cadencia
se aprovechó
de la de
gran
la ingeniosa
metrópoli
sutileza
, cuyos
de aquella
síntomas
muger fu-
sa

gaz, y al día siguiente el pueblo estupefacto no podía persua


dirse de qué modo el muerto se había vuelto á colocar en
la cruz.

Orbcm jam totum víctor romanus habebat,


Qua maro, qua terra, qua sidus currit utrumque,
Nec satiatus erat. Gravidis freta pulsa carinis,
Jam peragrabantur; si quis sinus abditus ultra,
Si qua foret tellus quae fulvum mitteret aurum,
Hostis erat: fatisque in tristia bella paratis
Quaerebantur opes. Non vulgo nota placebant
Gaudia: non uso plebeio trita voluptas.
Assyria concham laudabat miles in undá.
Quassitus tellure Nitor certaverat ostro.
Hinc NumidaB crustas, illinc nova vellera Seres,
Atque Arabum populussua dispoliaveratarva.
Kcce alies clades, et lassae vulnera pacis.
Quaeritur in Sylvis Mauris Fera: et ultimus Ammon.
Afrorum excutitur: ne desit bellua dente
Ad mortes pretiosa suas, premit advena classes,
Tigris, et aurata gradiens vectatur in aula,
Vi bibal humanum populo plaudente cruorem.
Heu pudet effari, perituraque prodere Fata!
Persarum ritu malé pubescentibus annis
Subripuere viros; exsectaquo viscera ferro
In Veneran fregere: atque ut fuga mobilis aeví
Circumscripta mora properantes differat annos.
Quasrit se natura, nec invenit. Omnibus ergo
Scorta placent, fractique enervi corpore gres.sus,
Et laxi crines, et tot nova nomina vestís,
Quaeque virum quaerunt. Ecce Afriseruta lerris
Gitrea mensa greges servorum, ostrumque renkleus
Ponitur ac inaculís imilatur vilibus aurum.
— 399 —
ncstos comenzaron á manifestarse en los últimos

Qusb turbanl censum: hostile, ac malé nobile lignum


Turba sepulta mero circumvenit: omniaque orbis
Prajmia, correptis Miles vagus extruit armis.
Ingeniosa Gula est. Siculo Scarus tequore mersus
Ad mensam vivum perducitur, inque lucrinis
Eruta liuoribus vendunt conchylia ccenas:
lii renoveni per damna famem. Jain Phasidos unda
Orbata est avibus: muloque in littore tantum
Sol» desertis aspiranl frondibus aura.
Nec miaor in Campo íuror est, emptique Quirites
Ad prcedam strepitumque lucri suffragiavertunl.
Veaalis populus, veDalis Curia Patrum.
Est favor in pretio. Senibus quoquc libera virtus
Excideral, sparsisque opibus conversa Poiestas ,
Ipsaque Majestas auro corrupta jacebat.
Pellitur á populo victus Cato: tristior ¡lio est
Qui vicil, fascesque pudet rapuisse Caioni:
Namque hoc dedecus est Populi, morumquo ruina.
-Non homo pulsus erat: sed in uno vicia potestas,
Komanumque decus. Quare tam perdila Roma
Ipsa sui merces erat, et sine vindice praeda.
PreBterea gemino deprensam gurgile prasdam
l'enoris ingluvies, ususqne excderat EBris.
Nulia est cena Oomus, nullum sine pignore Corpus.
Sed veluti tabes tacitis concepta medullis
Intra membra furens hiris latranlibus errat.
Arma placent miseris, deiriiaque commoda luxu
Vulneribus reparantur. lnops Audacia tuta est.
Hoc mersam creno Komam, somnoque jacentera
*v)uaj poierant artes sana ratione movere?

Traduccion castellana.
Los romanos habían llevado por do quiera sus armas, y se
— 4oo —
tiempos de la república , y principalmente bajo la
dictatura de Sila.

veian ya señores de la tierra ; pero no satisfechos con haber so


metido el orbe, y codiciosos de tesoros, recorrían los mares; y si
un país revelaba á sus ojos los encantos del oro , se armaban
como enemigos prontos á la guerra para apoderarse de su rique
za. El lujo condenaba los placeres vulgares y deleites comunes;
el soldado hermoseaba sus atavíos con la púrpura de Asiría ; y
el bermellon, encontrado en las entrañas de la tierra, rivalizaba
con aquel color brillante. El numida traia los mas bellos már
moles; los habitantes sericos nuevos vellocinos; y el pueblo de
Arabía despojaba sus campos para suministrarnos aromas. Pero
el imperio, aunque disfrutaba de paz , se veia afligido de otros
males.
Se cazaban en los bosques de Mauritania y en la Libia fieras
para que proporcionáran la diversion de espectáculos nuevos i
Roma, y despedazáran con sus dientes á los hombres.
Las flotas traian de regiones bárbaras los tigres en jaulas do
radas para que en medio de los aplausos populares bebieran la
sangre humana. iAy de mí, no oso continuar y repetir lo que fue
causa de nuestros infortunios! Privaban, como los persas, í los
niños de poder procrear otros. El horrendo refinamiento de una
infame molicie defiende coDtra la fuerza do los años fugaces su
juventud ; pero la naturaleza menguada busca lo que fué y no lo
halla. Estos infelices encienden en el pecho llamas execrables:
llevan largas melenas; visten con lascivia, y aparentan aquella
afeminada desenvoltura que halaga á los disolutos. El lujo man
dó traer de las tierras africanas maderas de cedro, que pulimen
tadas so convirtieron en mesas preciosas y de un valor inestima
ble cuando se las vid esparcidas de manchas, cuyo brillo imitaba
el dol oro, y cubiertas de púrpura. Los romanos, recostados en
su derredor y llenos de vino, pasaban largas horas cenando; y
fue tanta su glotonería, que el soldado, recorriendo la tierra
hizo que todo el orbe enviára á Roma sus dones. La Sicilia
manda el sargo, muy apreciado cuando se le saca casi vivo i la
— 401 —

POESIA LIRICA.

CESIO BA.S0.—SEPTIMIO SERENO.—Y ESTRICIO


SPURINA.—PAPIRIO ESTACIO.

Este género de poesía, que se presta con facilidad


á los argumentos eróticos y tambien á los que inspi-
mesa; y las ostras del lago Lucrino estimulan el apetito y lo sa
tisfacen. En las orillas del Fasi no hay mas aves, y las auras agi
tan tan solo las hojas solitarias de los árboles. En el campo de
Marte agita los ánimos un gran furor; los sufragios se compran;
cada uno da su voto segun el premio, y el oro hace inclinar la
balanza. Los senadores y el pueblo venden los sufragios , y para
ellos la mas santa de las leyes es el dinero. Los mismos romanos
antiguos no poseen ya aquella noble audacia que rechaza los
abusos ante el pueblo ; el oro desparramado tiene todo el poder,
y destuce la grandeza del imperio romano. El pueblo amotinado
espulsa de Roma á Caton vencido ; pero queda el vencedor mas
confuso que aquel héroe , y se avergüenza por haberle privado
del honor de las haces: baldon para el pueblo, y herida profun
da á las costumbres. Jío se espulsaba solo al hombre , si no tam
bien á la potestad y al honor de Roma, que quedaban vencidos.
Así Roma se vid perdida y á la merced de sí misma, sin que na
die pudiera vengarla. Además de los peligros que la oprimían se
veia próxima á su mina por la codicia do ganancia y la usura ma
ligna: manantial las dos de grandeza para muchos hombres, pero
abismos profundos para el pueblo. No había ya seguridad ningu
na en la posesion de las tierras y de las cosas. Los intereses es-
cesivos habían esterilizado estas fincas, y se hipotecaba hasta la
propia persona. En tanto el mal iba siempre en aumento, como
ana fiebre pertinaz que corre de vena en vena, aumentando cada
día mas su fuerza y ardor. Los que se ven abrumados de mi-
MAN. DE LIT. LATINA. 26
— 402 —
ran entusiasmo por su grandeza y elevacion , dicen
los antiguos escritores, que fué cultivada en Roma
despues de Horacio. Son muy pocos , sin embargo,
los vates líricos que figuran en el período que vamos
recorriendo: y Cesio Baso únicamente, á quien Per-
sio prodiga repetidos elogios (1), mereció ser com
parado al Venusino, segun afirma Quintiliano (2).
Nosotros, apoyados en la autoridad de estos dos
seria buscan un alivio á sus pérdidas en el desórden , y el indi
gente confia en su audacia. iOh Roma! sepultada en tanto lodo,
y que yaces en un profundo letargo, ¿como podrás volver á la
sana razon? (1).
(1) Admovit jam bruma foco, te, Basse, sabino?
Jamne lyra, et tetrico vivunt Ubi pectinc chordae,
Mire opifex numeris veterum primordia rerum,
Alque mare strepitum tidisintendisse Latinas,
Mox juvenes agitare jocos, et pollice honesto
Egregios lusisse senes?—Persio, sat. , VI, v. 1—S.
Traduccion castellana.
El invierno ¿exige ya, mi querido Baso, que te arrimes al
fuego en ese pais de los sabinos? ¿Adquieren ya nueva vida el
laud y sus cuerdas bajo tu arco severo, admirable cantor del orí-
gen de las cosas, y cuyas armonías dan á la lira latina una fuer
za varonil , ora celebrando la alegría festiva de los jóvenes, ora
los cuidados graves de los ancianos?
(2) Inst. orat., X, 1.
(1) En atencion á quo el trozo que acabamos de trascribir, como
otros mochos de Petronio, no puede verterse literalmente á ninguno de
nuestros idiomas modernos , sino salvando graves dificultades, que exi
gen una meditacion profunda y muebo tiempo, lo hemos traducido lí.
bremente al castellano. Pero los que conocen bien el latin, no dejaran
de ver que no hemos alterado ni remotamente el testo del autor.
— 403 —
lustres sabios , no vacilamos en creer que Baso fué.
un poeta distinguido ; pero no podemos emitir nues
tro juicio crítico acerca de sus obras líricas, porque
de todas ellas no han llegado mas á la posteridad que
estos dos versos:
Calliope princeps sapienti psallerat ore.
Romane , Gallis devicti sunt Víctores.
Ignoramos todos los pormenores de su vida, pero
sabemos que pereció en su casa de campo en tiempo
de la grande erupcion del Vesubio, que sepultó bajo
su lava á Herculano y Pompeya.
Aulo Septimio Sereno , los pormenores de cuya
vida ignoramos tambien , floreció tal vez bajo Ves-
pasiano y Tito , y es de suponer que fué un poeta
de algun mérito, porque varios gramáticos citan sus
opúsculos campestres, Opúscula ruralia, y un poema
lírico con el nombre de Faliscas de Sereno, escrito
en un metro hasta entonces desconocido , y que mas
adelante fué llamado Falisco, á fin de perpetuar la
memoria de nuestro vate que lo habia inventado. Los
pocos fragmentos , que tenemos todavía de este poe
ma, no son lo bastante para emitir nuestrojuicio crí
tico acerca de su mérito. Algunos eruditos creen que
el Moretum , poema de ciento veinte y tres versos,
atribuido generalmente á Virgilio, formaba parte de
los opúsculos campestres de Sereno. Esta opinion no
tiene visos de mucha probabilidad, porque el poema
indicado se distingue por todas las gracias y elegan
— 404 —
cias de estilo esclusivamente propias del siglo de
Augusto. Los eruditos, á quienes aludimos, lo han su
puesto produccion de Sereno, porque todo el poema,
como lo da á conocer su título, es una descripcion de
pestre.
los preparativos
Pero el cantor
necesarios
de Eneas
para¿no
un celebró
banquete
tambien
cam-'

en elegantes versos las faenas del campo, y la vida


sencilla de los que viven separados de las ciudades?
Plinio el Joven prodiga elogios á las poesías líricas,
compuestas por Vestricio Spurina en las dos lenguas,
griega y latina. Pero han sido tambien presa de la
voracidad de los siglos; y nosotros podemos decir úni
camente á los lectores , que Plinio, no contentándose
con celebrar el numen de Spurina , nos ha dejado el
petrato de este vate (1), que bajó á la tumba á la edad
de setenta y siete años, cubierto de gloria por ha
berse distinguido por sus empresas militares en tiem
po de Trajano.
Merece finalmente ocupar un puesto entre los
líricos de este cuarto período, Papirio Estacio por
haber escrito dos odas , que forman parte de sus sil
vas : la una dirigida á Septimio Sereno, cuyo nombre
acabamos de apuntar; y la otra á Máximo Junio. La
primera es la sola oda alcáica, que tiene la literatura
romana despues de las de Horacio; y la segunda , el
mejor trozo lírico comparable hasta cierto punto con
las poesías del Venusino. Vamos á insertarlas á conti-

(l) V. Plinio, lib. 3, epist. l.


— 405 —
nuacion , acompañándolas de nuestra traduccion
tellana.

Carmen Lyrlcum ad geptlmlum Severum.

Parvi beatus ruris honoribus,


Qua prisca Teucros Alb,a colit lares,
Forlem atque facundum Severum
Non solitis fidibus salalo.
Jara irux ad Arctos Parrhasías hiems
Concessit altis obruta solibus;
Jam pontus, ac lellus renident;
Jam Zephyris Aquilo refractus.
Nunc cuncía vernans frondibus annuis
Crinitur arbos; nunc volucrum novi
Questus, inexpertumque carmen,
Quod licita statuere bruma.
Nos parca tellus, pervigil et focus,
Culmenque multo lamine sordidum
Solantur, exemptusque testa
Qua modo ferbuerat Lyaeus.
Non milie balant lanigeri greges,
Nec vacca dulci mugit adultero:
Unique si quando canenti
Mutus ager domino reclamat.
Sed terra primispost patriam mihi
Dilecta curis: hic mea carmina
Regina bellorum virago
Cesareo decoravit auro:
Qnum tu sodalis dulce periculum
Connisus omni pectore íolleres;
Ut Castor ad cunctos tremebat
Bebryciae strepitus arenae.
Tene in remotis Syrlibus avia
Leptis creavil? jam feret Indicas
— 406 —
Messes, odoratisque rara
Cinnama praeripiet Sab»is.
Quis non in omni vertice Romuli
Replasse dulcem Septimium putet?
Quis fonte Juturnae, relictis
Uberibus, neget esse pastum?
H¡ec mira virtus: protenus Ausonum
Portus, dolosaB nescius Africae,
Intras, adoptatusque Tuscis
Gurgitibus puer innatasti.
Hic parvus, inler pignora Curiaj,
Contentus arcto lumine purpuras
Crescis;patricia
Indole sed inmensos
secutus.labores

Non sermo Poenus, nonhabitus tibí,


Externa
Qui
Sunturbe
Libyam
non mens:
Romanisque
decorant
Italus,alumni.
Italus.
turmis

Est et frequenli vox habilis foro,


Venale
Ensisque
Stringere
sed non
vagina
ni cloquium
jubeant
quiescit,
amici.
tibí,

Sed rura cordi saepius et quies,


Nunc
Hernica,
Veiente,
in paternis
nuncsedibus
Curibus
frondosaetvetustis.
supra
solo

Hic plura pones vocibus et modis


Passu
Nostri,
soluiis;
verecundo
sed memor
latentem
interim

Barbiton ingcmina sub antro.


Carmen Lyrlcum mi Máximum Junluni.

Jamdiu lato spatiata Campo,


Fortis heroos Eralo labores
— 407 —
Differ, atque inges opus in minores
Contrahe gyros;
Tuque, regnator Lyrica? cohortis,
Da novi paulum mihi jura pleciri.
Si luas cantu latio sacravi,
Pindare, Thebas.
Maximo carmen tenuare tento
N'unc ab intonsa capienda myrto
Serta; nec major sitis; et bibendus
Castior amnis.
Quando te dulcí Latio remittent
Dalmatae montes? ubi dile viso
Pailidus fossor redit, erutoque
1 Concolor auro.
Ecce me natum propiore ierra
Non lamen portu retinent amceno
Desides Baiae, lilicenve notus
Hectoris armis.
Torpor est nostris sine le Camcenis;
Tardius sueto venit ipse Tymbra?
Rector, et primis meus ecce metis
Haeret Achilles.
Quippe, te fldo monitore, nostra
Thebais multa cruciata lima
Tentat audaci fide Mantuanie
Gaudia famee.
Sed damus lento veniam, quod alma
Prole fundasti vacuos penates.
O diera lsium1 venit ecce nobis
Maximus altcr*
Orbitas omni fugienda nisu,
Quam premit volis inimicus hieres,
Optimo poscens, pudetheu! propinquum
Orbitas nullo
Funus
tumulata
amico.Iletu: x

Stat domo capta cupidus superstes


— 408 —
Imminens leti spoliis, et ipsum
Computal ignem.
Duret in longum generosus infans;
Perque non mullís iter expeditum
Oescat in mores patrios, avumquc
Provocel actis!
Tu tuos parvo memorabis enses,
Quos ad Eoum tuleris Orontem ,
Signa frenatae moderatus alas
Castore dextro:
Ule, ut invicti rapidum secutus
Caesaris fulmen, refugls amaram
Sarmatis legem dederit, sub uno
Vivere coelo.
Sed tuas arles puer ante discat,
Omne quis mundi senium remensus
Orsa Sallusti brevis, et Timavi
Keddis alumnum.

ODA A SEPTIMIO SEVERO.

Feliz en mi pequeño campo cerca de la antigua


Alba , que adora á los penates troyanos (1), me dirijo
al valeroso y elocuente Severo con inusitada lira (2).

Ya el rígido invierno ha cedido el lugar al fecun-

(1) El poeta alude á la tradicion fabulosa de Alba Longa


fundada por Ascanio, hijo de Eneas.
(2) Con las palabras inusitada lira (non solitis fidibus) , quie
re darnos á entender Estacio , quo no era su ordinaria costum
bre escribir versos líricos.
— 409 —
dante sol, ocultándose en la Osa hiperbórea (1); ya el
mar y la tierra plácidamente brillan, y los céfiros han
vencido al aquilon frio.

Ahora sirve de cabellera á los árboles el follage,


que anualmente se reproduce en sus ramas; ahora re
suenan los aires con los nuevos lamentos y melodías
nuevas que las aves en el silencioso invierno han me
ditado.

En cuanto á nosotros, basta para consolarnos un


rincon de tierra , un fuego siempre vivo, un techo
ennegrecido por el humo de abundantes llamas, y un
vaso de espumoso vino.

No balan aqui millares de rebaños lanudos; no


llama la vaca con sus mugidos al seductor adúltero,
y el campo silencioso repite únicamente los ecos del
canto de su señor.

Tero esta tierra es lo que tengo de mas querido


despues de mi patria: en ella la reina varonil de las
batallas coronó mis versos con los dones de César.

Entonces, tú, te esforzastes, mi amigo, en disipar

(i) Hemos preferido la palabra hiperbórea á la de septentrio


nal, porque es mas poética , y de un uso mas frecuente hablan
do de la Osa mayor, que está muy cerca del polo árctico.
— 410 —
la suave inquietud que me hacia estremecer el cora
zon , tal como á Cástor cada clamoreo de la Bebricia
arena (1).

¿Te engendró la salvage Leptis en las remotas


Sirtes? Si es asi , brotarán en ella las mieses de la
India y arrebatará el precioso cinamomo á la odorífe
ra Saba (2).

¿Quién llegará á suponer , que el dulce Septimio


no haya estampado sus primeras huellas sobre las co
linas de Rómulo? ¿Quién negará, que destetado haya
bebido las aguas de la fuente Yuturna (3).

(1) Los bebrices eran , segun los mejores geógrafos, pueblos


delaBilinia, y una tradicion fabulosa dice que su rey Amycus
fué vencido por Polux en la ludia del cesto. Estacio alude á
este hecho ; pero nombra á Castor en vez de Polux, su íntimo é
inseparable amigo , porque Castor, que presenció la lucha men
cionada, se estremecía al oir el clamoreo de los que asistían al
espectáculo, bien fuese por el temor que le inspiraba el riesgo á
que veia espuesto á su amigo, bien fuese por el temor de que
los gritos hiciesen cobrar mas osadía al rey Amycus.
(2) Saba, antigua ciudad de la Arabia , adquirid mucha fama,
porque su suelo producia los aromas mas preciosos del Oriente.
Estacio, pues, á fin de ensalzar el mérito y las virtudes de su
amigo, que habia nacido en Leptis, ciudad bárbara de la Libia,
dice que, habiendo sucedido en ella ese fenómeno estraordina-
rio, no dejaría tal vez de suceder que su suelo estéril y arenoso
produjese aromas preciosos, y las mieses propias de los terrenos
feraces de la India.
(3) Dice la fabula que Yuturna , hija de Dauno y hermana de
— 411 —
Tu virtud me asombra : apenas entrado en los
puertos de Ausonia (1) te despojas de la perfidia afri
cana , y cual su hijo adoptivo, te purificas, todavía
niño, en los mares de Etruria.

Contento en tus primeros años con el resplandor


modesto de la púrpura (2) , te crias con los hijos de
los senadores, y emprendes con alma patricia in
mensos trabajos.

Ni tu lenguaje, ni tu porte, ni el espíritu que


aparentas, tienen el aire cartaginés: eres italiano, si,
verdaderamente italiano. La Libia, pues, posee alum
nos , que dan gloria á Roma y á sus legiones.

Hábil se muestra tu voz entre la multitud que


concurre á los tribunales ; pero tu elocuencia no es
interesada , y no desenvainas el acero hasta que tus
amigos exijen que lo empuñes.

En tanto prefieres muy amenudo la tranquilidad

Turno, rey de los rútulos, fué convertida por los dioses en fuen
te, cuyas aguas so consideraban como sagradas, y esta fuente
misteriosa , que estaba muy cerca de Roma , era un objeto de
curiosidad para los estrangeros.
(1) Es uno de los muchos nombres que los antiguos escritores
griegos y latinos dieron á la Italia.
(2) Alude Estacio á la pretexta (Toga praelexla) adornada
con una gran faja de púrpura , y trage distintivo de los jóvenes
libres (Ingenui).
— 412 —
y el campo, ora en la paterna morada y en el terri
torio de los velenses (1), ora en los bosques frondo
sos delos hernicos (2), ora entre los antiguos sabinos:
alli te dedicas á grandes trabajos, no sometidos á las
leyes del metro; pero reanima de vez en cuando,
acordándote de nosotros, tu lira, sepultada en un
humilde rincon.

ODA Á MÁXIMO JUNIO.

Sublime Erato, acostumbrada, hace ya mucho


tiempo, á recorrer campos espaciosos, suspende tus
trabajos heróicos , y limita á una esfera mas reducida
tus grandes tareas.

Si con numen latino, he dado gloria á tu Tebas,


ó Píndaro, soberano del coro lírico, permíteme que
toque por breve instante otro instrumento.

Intento en vano cantar de Máximo con modestas


armonías; necesito ceñirme con una coronado vir
gen mirto : no es mi sed mas ardiente, pero necesito
estinguirla en un manantial mas puro.

(1) Pueblos de la antigua Etruria , cuya capital era Ucla,


muy célebre en la historia del pueblo-rey , porque sirvid de asilo
á los romanos en tiempo de la invasion de los galos.
(2) Antiguos pueblos del Lacio.
— 413 —
¿Cuándo las montañas de Dalmacia te restituyen
al dulce Lacio? Esas montañas de donde el minero
vuelve con rostro amarillento, y del mismo color del
oro que ha sacado despues de haber visto á Pluto (1).

Héme aquí : aunque hijo de una tierra mas pró


xima á Roma , no me detienen en su ameno golfo los
ocios seductores de Baya ; ni las playas del trompeta
de Hector (2).

Lejos de tí se entorpece mi numen : el dios de


Timbra (3) me visita muy de tarde en tarde , y mi
Aquiles (4) se queda parado al principio de su car
rera.

Es cierto, que nuestra Tebaida , sometida, repeti


das veces, á la lima por tus leales consejos, aspira con
audaz confianza á emular la fama lisonjera del vate
mantuano (5).

(1) Los paganos creían que Pluto, dios del infierno , habitaba
en el seno de la tierra, y que era dios tambien de las riqnezas.
porque los metales preciosos se estraen de la tierra.
(2) Nuestro vate alude á la voluptuosidad y amor al reposo,
que inspiran los alrededores del cabo Miseno, ciiyo nombre,
segun una tradicion histórico-fabulosa, trajo origen de Miseno,
trompeta de Hector.— V. Noel , Dice, de la Fáb. pal. Miseno.
(3) Apolo , adorado en Timbra, antigua ciudad de la Troade.
(4) Alude á su poema de la Aquileide.—V. pág. 351 .
(5) Virgilio.
— 414 —
Pero otorgamos á tu lentitud el perdon , porque
acabas de dar un vástago, que sirve de apoyo á tus
solitarios penates ; ioh dia venturoso! tenemos un
nuevo Máximo.

Es menester sustraerse con redoblados esfuerzos


de la esterilidad , convertida en ídolo por un pérfido
heredero, que anhela iah, sin pudor! la rápida muer
te de su escelente amigo.

Nadie derrama lágrimas sobre la losa de quien fué


estéril, y el ávido heredero, que se enhiesta en la
casa heredada , pronto á avalanzarse sobre el botin
que la muerte le ha dejado, pone á cálculo tam
bien les gastos de la pira (I).

Que sean largos los dias de ese generoso niño,


que medre á la sombra de las virtudes paternas, y
porfie tambien con las glorias del abuelo, recorriendo
caminos no fáciles para muchos.

Tú narrarás á ese vástago las proezas de tu acero


á orillas del Oronte (2), moderando el ardor de nues-

(1) Estacio alude á la avaricia de los herederos de los célibes:


esos hombres ruines, lan luego como se apoderaban de los bienes
del difunto, lo inventariaban todo, y procuraban pastar lo menos
posible en sus funerales , y en la pira destinada á quemar el
cadaver.
(2) Es el rio mas célebre de la Siria, y nuestro vate en todo ,
— 415 —
tros escuadrones bajo los auspicios de Castor (1).

El abuelo le dirá como , siguiendo el impetuoso


rayo, lanzado por el César invencible (2), impuso á los
sármatas, que huian, la dura ley de vivir bajo un
solo cielo (3).

Pero, aprenda ante todo el niño esas artes, que


empleastes para recorrer todo el mundo antiguo,
hermanando la concision de Salustio con la elocuen
cia de Tito Livio (4).

PERVIG1L1UM VENERIS.
Aunque en el reducido número de fragmentos de
las poesías, atribuidas á Asinio Galo, va comprendido
un pequeño poema lírico con el título de Pervigilium

este pasage alude á los testimonios de valor que dió Máximo, ca


pitaneando un escuadron de caballería en aquel país.
(1) Los antiguos romanos creían que Castor y su hermano
Pollux protegían con especialidad á los guerreros que peleaban
á caballo.—V. Noel, ob. cit ; pal. Castor.
(2) Alude con baja adulacion á Domiciano, cuyas supuestas
victorias celebraron los vates sus contemporáneos, y principal
mente Estacio.
(3) El padre de Máximo, abuelo del recien nacido, vencíó á
los sármatas , combatiendo bajo las órdenes de Domiciano, y les
obligó á no salvar sus fronteras: á esto aluden las palabras: les
impuso la dura ley de vivir bajo un solo cielo.
(4) El testo dice:.... Timaví Reddis alumnum, porque alude
al rio Timavo, hoy Timao, que desemboca en el Adriático, muy
cerca de Pádua, patria de Tito Lívio.
— 416 —
Veneris (Velada ó mas bien fiesta de Venus) los mejo
res críticos no han sabido á quien atribuirio. Algunos
creen que merece ocupar un puesto entre las poesías
del siglo de oro ; otros opinan, por el contrario, que
es muy inferior en mérito á las obras salidas de la plu
ma de los vates que florecieron en tiempo de Au
gusto. Aldo Manucio lo atribuye á Cátulo; Erasmo se
adhiere á esta opinion ; José Escalígero cree que
pertenece á un Cátulo, muy distinto del vate de este
mismo nombre, cuyas elegías poseemos; el presiden
te Bouhier lo supone obra.de cierto Anio Floro, poeta
del tiempo de Adriano ; otros lo juzgan produccion
de una época muy posterior. Ignoramos tambien si se
cantó en las fiestas, que se llamaban en Roma Pervigi-
it'a, vigiliae, nocturnas pervigilationes, (fiestas nocturnas)
á cuyas reuniones no podian asistir los hombres ni
las mugeres solteras, ó si se cantó en las Veladas de
Venus, que se introdujeron en el siglo de Augusto.
Estas duraban tres dias y tres noches seguidas, y
sabemos que despues de las ceremonias religiosas, que
se celebraban en honor de Venus, los jóvenes de
ambos sexos se entregaban á la alegría, al baile y al
canto. Si queremos ahora reparar en la circunstancia
de que las nociurnae pervigilaliones se celebraron siem
pre en honor de la Buena diosa, que, segun dicen
casi todos los escritores antiguos, era Céres, podemos
afirmar con visos de mucha probabilidad, que el
Perviligium, que tenemos hoy, fué cantado en las Ve
ladas de Venus.
- 417 —
Este pequeño poema , que es una especie de him
no, tiene reminiscencias clásicas: su autor imita ¿
Virgilio en la descripcion de la primavera , y repro
duce imágenes , que se encuentran en Lucrecio y Ho
racio ; pero reproduce tambien otras, que pertenecen
á escritores de la decadencia , y algunas de sus fra
ses y locuciones no tienen un sabor verdaderamente
clásico, aunque todo el poema en su conjunto respi
ra dulzura , suavidad y todos los encantos del amor.
Nosotros, pues, en atencion á lo dicho creemos que
pertenece á este cuarto período, y vamos á insertarlo
en estas páginas , acompañándole de la escelente pa
ráfrasis, que hasta cierto punto puede merecer el
título de traduccion , hecha por el distinguido diplo
mático y aventajado poeta señor don Juan Valera,
cuyo solo nombre es una bella recomendacion.

Pcn Ii-rIIIuiii Vonerl»

Oras amet, qui nunquam amavit ;


Quique amavit, eras amet.
Ver novum, ver jam cancmlum:
Vere natus est orbis.
Vere concordant Amores,
Vere nubunt alites,
Et nemus comam resolvit
Ex marilis imbribus.
Cras amorum copulatrix ,
Inter umbras arborum,
Implicat casas virentes,
MAN. DE LIT. LATINA. '27
— 418 —
El flagclla myrtea ;
Cras Dionc jura dicit,
Fulta sublimi loro.
Cras amel, qui nunquam amavit;
Quique amavil, cras amet.
Tum cruore de superno , ac
Spuraeo pontus globo,
Oserulas inter catervas,
Inler et bípedes equos ,
Fudíl
In paternis
undanlem fluctíbus.
Dionen

Cras amet, qui nunquam amavit ;


Quique amavit, cras amet.
Ipsa gemmeis purpurantcm
Pingit annum floribus;
Ipsa turgentes mamillas
E Favoni spiritu
Mulget in toros tepentes;
Ipsa roris lucidi ,
Noctis
Spargit
aurahumenles
quem relinquit,
aquas.
Lacrymae micant trementes
A caduco pondere:
Guita pneceps orbe parvo
Sustinet casus suos.
Hinc pudorem florulentas
Prodiderunt purpuras.
Humor
Astra ilie,
rorant
quem
noctibus,
serenis

Mane
Solvit
vírgenes
haerenti
papillas
peplo:

Ipsa iussit, mane ui udae


Virgines nubanl rosa».
Facta Cypridiscruori ,
Atque Amoris osculo,
Facta gemmir, atque flammis ,
— 419 —
Atque solis purpura ,
Cras ruborem, qui latebat
Veste tectus , igneum
Invido,
Non pudebit
marita,solvere.
nodo

Cras amet, qui nunquam amavit;


Quique amavit, cras amet.
Ipsa nymphas Diva luco
Jussit ire myrteo.
It pucr come, puellis ;
Nec tamen credi potest
Esse Amorem feriatum.
Si sagittas gesserit:
lie, Nymphae; ponit arma,
Feríalus est amor.
Jussus
Nudusestireinermi8
Jussus ire,
est ,

Ne quid arcu , neu sagitta,


Ne quid igne Iaederet.
Sed tamen, Nymphae, cavete,
Quod Cupido pulcher est:
Totus
Quando
est, inermis,
nudus estÍdem,
amor.

Cras amet, qui nunquam amavit;


Quique amavit, cras amet.
Compari Venus pudore
Miltit ad te virgines;
Una res est, quaro rogamus:
Cede, virgo Helia ,
Ut nemus sit incruentum
A ferinis stragibus.
Ipsa vellet le rogare ,
Si pudicam flecteret;
Ipsa
Si deceret
vellet utvirginem.
venires ,
lam tribus choros videres
— 420 —
Feríatos noctibus
Congreges ínter catervas
Ire per saltus tuos,
Floreas ínter coronas,
Myrteas ínter casas.
Nec Ceres, nec Bacchus absunt,
Nec poetarum Deus.
Te sinente, tota nox est
Pervigilanda canticis.
Regnet in Sylvis Díone :
Cede , virgo Del¡a.
Cras atnet, qui nunquam amavit ;
Quique amavit, cras amet.
Jussit
StareHyblaeis
diva floribus.
tribunal
Praeses
Adsidebunt
ipsa jura
Gratis.
dicet :
Hybla, cunctos mitte flores,
Quidquid annus attulit;
Hybla, florum rumpe vestem ,
Quantus Ennae campus est.
Ruris hic erunt puellae,
Et puellae raontium,
Quaeque sylvas, quaeque lucos,
Quaeque fontes incolunt.
Jussit omnes adsidere
Mater alitis Dei ,
Jussit et nudo puellas
Nil Amori credere.
Cras amet, qui nunquam amavit ;
Quique amavit, cras amet.
Cras recentibus Venustas
Ridet ipsa floribus ;
Cras et ¡s, qui primus jElher
Copulavit nuptias,
Ut paternís recrearet
— 421 —
Vcraus annum nubibus,
In sinum, maritus imber,
Fosan almae conjugis,
Inile vilam mixtus ardet
Ferre magno corpore,
Ipsa , venas atque menlem
Perneante spiritu,
Intus occultis gubernat
Procreatrix viribus ;
Perque coelum , perque terras
Perque Pontum subditum,
Pervium sibi tenorem
Seminali tramite
Imbuit, jussitque mundum
Nosse nascendi vias.
Cras amet, qui nunquam amavit;
Quique amavit , cras amet.
Ipsa Trojanos penates
In Latinos transtulit ,
Ipsa Laurentem puellam
Conjugem nato dedit ,
Moxque Marti dat pudicam
E saccllo virginem.
Romuleas ipsa fecit
Cum Sabinis nuptias ;
l'nde Rhamnes, et Quirites ,
Proque gente postera
Romoli, Paires crearet,
Ac nepotem Cajsarem.
Cras amet, qui nunquam amavit;
Quique amavit, cras amet.
Rura foecundat voluptas ;
Rura venerem sentiunt:
Ipse Amor, puer Diones,
Rure natus dicitur.
Hunc ager, quum parturiret
— 422 —
Illa, suscepit sinu,
Atque
Educavit
florum
osculis.
delicatis

Cras amet, qui nunquam amavit;


Quique amavit, eras amet.
Quisque coetus continetur
Conjugali foedere:
Ecce
Explicant
jam super
taurigenistas
laius;
Propter
Ecce balantum
undas cumgregem
maritis
El canoras non lacere
Diva jussit alites :
Jam loquaces ore rauco
Stagna eyeni perstrepunt.
Adsonat Terei puella
Subter umbram populi ;
Ut putes motus amoris
Voce dici musica,
El neges queri sororem
De marito barbaro.
Illa can ta t ; nec tacerem,
Quando ver venit meum,
Quando feci et ui Cbelidon ,
Meque Phoebus respicit.
Perderem
Ni lacereMusam
desinam:
laceado.

SicPerdidit
Amyclas,
silealium.
dum silebant,

Cras amet, qui nunquam amavit ;


Quique amavit, eras amet.
— 423 —

La Telada de Tena*.

PARAFRASIS DE DON JUAH DE TA LERA.


Ame, mañana el amador: mañana,
Ame quien nunca amores ha tenido.
La hermosa primavera,
Digna del canto, la estacion lozana.
En que el mundo ha nacido.
Vuelve, y Amor sobre natura impera.
Mañana el bosque de la rama verde
Sacudirá la escarcha fecundante,
Y en dulce lazo se unirán las aves.
Ya vagando se pierde
En la fresca espesura y odorante,
Do entretege de mirto la enramada,
La tierna madre del Amor, Ciprina,
Que mañana dará su ley divina,
Sobre el tálamo escelso reclinada.
Ame mañana el amador: amores
Tenga quien nunca amores ha tenido.
Sangre del Cielo herido
Con globos brilladores
Mezcla Océano de su blanca espuma,
Y nace Venus, hija de los mares,
Y i su belleza suma
Los genios de la mar alzan altares.
Ame mañana el amador: mañana
Quien nunca tuvo amor arda de amores.
Con púrpura, con perlas de las flores
YVenus
á los elbesos
año del
pinta
céfiro,
y engalana,
turgente

Muealra el pecho y estrae


— 424 —
Filtro encantado que al amor incita.
Kocío trasparente,
Que el aura leve de la noche agita,
Sobre la tierra cae.
Son lágrimas de amor que llora el cielo,
Que trémulas, ligeras,
En la verdura, liquidas esferas,
Se mecen antes de bañar el suelo.
De púdico carmin tiñe Dione
La rosa,cuando pone
En su cáliz la gota de rocío,
Que en la noche tranquila
De las estrellas fúlgidas destila.
Mañana debe desceñir la diosa
La túnica ajustada
Al pecho de la virgen amorosa,
Que al amor se abrirá como la rosa.
O rosa delicada,
Que de sangre de Venus, llama viva
Y púrpura del sol el Amor crea
Y hace brotar de un beso;
O esposa virgen, del amor cautiva,
Rompe el nudo celoso que rodea
Tu talle, y muestra, muestra tu hermosora.
Mas que nunca esplendente
Por el ígneo rubor en que fulgura
Tu despejada frente.

Mañana el amador de amores arda,


Ame tambien quien en amar se tarda.
Manda á las grutas de arrayan Dione
Ir á las ninfas: el Amor las guia.
Pero ¿cdmo las armas no depone
Siendo noche de fiesta y de alegría?
Id, ninfas; desarmado
El Amor está ya: Venus lo quiere;
— 425 —
Del arco y las saetas con que hiere,
Del fuego abrasador le ha despojado:
Mas contra la belleza del desnudo
Amor inerme, prevenid escudo.

Sientan mañana amor los amadores,


Y quien no amo° jamás arda de amores.
Cede virgen de Delos;
Venus, púdicas vírgenes te envia;
Oye su voz y cumple sus anhelos:
Quede incruenta la floresta umbría :
No persigas las fieras:
Venus á suplicarte acudiría
Que sus misterios vieras,
Si casta diosa tú verlos pudieras.
Alli coros errantes
Y mil alegres turbas circunstantes.
Y Baco y Céres con el dios del canto.
De guirnaldas las sienes adornadas,
Por tus bosques irán llenos de encanto.
Bajo ramas de mirto entrelazadas.
Tres noches durarán, si lo otorgares,
Oh diosa, la velada y los cantares.
Virgen de Delos, cede:
Ya reinar Venus en las selvas puede.

Mañana el sér desamorado ame


Y en nuevo amor el amador se inflame.
Rasga el manto florido, Hybla; derrama,
Mas pródigo que de Enna la llanura,
Cuantas flores te dió la primavera.
Venus su ley proclama;
Con las Gracias está y ornar espera
De tus flores su trono y hermosura.
Ella venir prescribe
A cuanla ninfa vive
— 426 —
En el bosque apartado,
O bajo el onda tiene
Alcázar cristalino;
Ella á las ninfas Cándidas previene
Que desconfien del rapaz divino,
Aunque le ven desnudo y desarmado.

Ame mañana el amador, mañana


Quien nunca tuvo amor arda de amores.
Venus va á sonreír á la temprana
Gentil copia de flores.
El éter, que primero
A la tierra querida.
Uniéndose en fecundo, estrecho abrazo,
De nubes la ciño velo ligero
Y produjo la vida
Y la pompa vernal en su regazo.
Mañana en luz y en perlas de rocto,
Volviendo á unirse á la divina esposa,
Muevo poder, vivificante brio
Pondrá en su entraña ingenie y amorosa.
Y Venus misma infundirá su aliento
Del universo al alma y á las venas,
Por do corra y transpire
Y nada deje de su fuerza exento,
Ni la tierra, ni el mar, niel firmamento;
Espíritu vital que en lo profundo
De la existencia toda oculto gire
Y misterios de amor revele al mundo.

Mañana el sér desamorado ame


Y en nuevo amor el amador se inflame.
Venus manda que á Troya el Lacio heredo,
El hijo por esposo da á Lavinia,
La púdica vestal á Marte cede,
Y une á los fundadores
— 427 —
De la soberbia Roma
Con las nobles doncellas de Sabinia,
En donde origen toma
Su raza prepotente;
Quiriles, caballeros, senadores
Y César, su mas claro descendiente.

Mañana el amador de amores arda;


Ame tambien quien en amar se tarda.
Venus al campo infunde su alegría,
Su vida y sus amores;
Amor nació en el campo, do le cria
Venus con dulces besos de las flores.

Ame mañana el que jamás ha amado,


Arda de amor el pecho enamorado.
En todo sér impera
El amor con la grata primavera.
Muge el toro de amor, y junto al rio
A la balante grey busca el morueco;
En el bosque sombrío
Oye y repite con deleite el eco
El incesante trino de las aves;
Con ronca voz aturde la laguna
El cisne , y en el álamo frondoso
Filomena con cánticos suaves,
Olvidando su misera fortuna,
Solo
Enamora
estoyalmudo
esposo.
yo. ¿Cuándo el destino

Renovará la primavera mia?


Este silencio, el desamor contino
De las eternas musas me desvia.

Y Sientan
quien nomañana
am<5 jamás
amorarda
los de
amadores,
amores.
— 428 —

POESÍA DIDACTICA.

CORNELIO SEVERO.—LUCILIO JUNIOR—L.


JUNIO MODERATO COLUMELA.— TERENCIANO
MAURO.
En el tercer período la poesía didáctica figura en
primera línea, porque lleva al frente los nombres de
Lucrecio, Virgilio, Ovidio , Marco Manilio. Nosotros,
pues, no separándonos del método seguido por otros
escritores de historia literaria , hemos hablado en el
período anterior de los vates didácticos, despues de
los épicos y narrativos, juzgándoles dignos de ocu
par un puesto distinguido á su lado. En este cuarto
período , por el contrario , vamos á tratar ahora de
la poesía didáctica, colocándola en último término, y
prefiriéndola únicamente á los epígramas, porque
son de muy escaso mérito los poemas didácticos del
período que vamos recorriendo, y los nombres de
sus autores tampoco figuran con gran lustre entre los
vates de la decadencia. Esta innovación hará fruncir
tal vez las cejas á muchos pedantes , y nos atraerá los
anatemas de algunos dómines; pero nosotros vivimos
en una atmósfera muy distinta de la suya , y sus opi
niones y preceptos han sido siempre para nosotros
un objeto de risa. Creemos, pues, haber dicho lo
bastante para poder entrar en materia resueltameñte
y sin escrúpulos.
— 429 —
Tenemos un poema didáctico de seiscientos cua
renta versos sobre el Etna , atribuido por sus anti
guos comentadores , y mas adelante por sus primeros
editores, á Virgilio; por algunos críticos al poeta
Claudiano; por Julio César Escalígero á Quintilio Varo,
amigo de Virgilio, por Gaspar Barth á Manilio, autor
del Astronomicon ; por José Escalígero á Cornelio Se
vero, que murió en el abril de sus años bajo el reinado
de Augusto, y por los críticos modernos mas acredita
dos á Lucilio Junior, amigo de Séneca el Filósofo (1).
Schoell se inclina á la opinion de estos últimos, des
pues de haber dado á conocer que las anteriores son
muy poco fundadas (2); Ficker, en su historia abre
viada de literatura clásica , no habla del poema sobre
el Etna; Lefranc, en su Manual de literatura latina,
lo atribuye terminantemente á Lucilio, y no entra en
discusiones eruditas. Algunos críticos dicen, finalmen
te , con mucha reserva , que el único que puede dis
putar á Lucilio la propiedad del poema en cuestion,
es Cornelio Severo , si no queremos perder de vista,
que en el que escribió sobre la guerra de Sicilia, entre
Augusto y Sexto Pompeyo, produccion que no ha
llegado á la posteridad , ha debido hablar necesaria
mente del Etna , no solo porque un volcan tan céle
bre no dejaria de suministrar materia á los vuelos de
la imaginacion de un vate, sino tambien porque en

(1) Schoell, ob. cit. t. 2.", pág. 306 y siguientes.


(2) Schoell, Ibid.
— 430 —
aquella época , como nos refiere Apiano Alejandrino,
en el libro V de sus historias, el Etna arrojaba llamas;
circunstancia muy propia para escitar mas y mas el
numen de un vate. Luego añaden que en atencion á
la brevedad del poema, que hoy poseemos con el
nombre de Etna, es de suponer que en su origen no
fué masque un episodio del de Severo sobre la guerra
de Sicilia. Todas estas razones dan visos de mucha
probabilidad á la opinion de los que abogan en fa
vor de Severo; pero otras la desmienten.
En el poema de que nos vamos ocupando se notan
espresiones que no son propias del siglo de oro, en
que floreció Severo; alusiones que se refieren al siglo
de Claudio y Neron; se habla de una máquina hidráu
lica inventada bajo el reinado del primero, y de un
órgano, tambien hidráulico , empleado en los espec
táculos teatrales en tiempo del segundo (1). En cuanto
á Lucilio es de suponer, que conocia el Etna y todos
sus fenómenos mejor que Severo, porque gobernó por
el trascurso de algunos años la Sicilia en clase de pre
fecto; en los versos 363 y siguientes del poema á que
aludimos, parece que Lucilio contesta á Séneca, que
le habia preguntado en una de sus cartas, si era cierto
que el grandor del Etna disminuía insensiblemente;
todo el poema en su conjunto tiene un aire filosófico
muy marcado, y se trasluce á cada paso, que su autor
conocia profundamente todas las obras de Séneca , y

(l) Schoell, ob. cit. Ibid.


- 431 —
principalmente sus «Cuestiones naturales.» Nosotros,
pues, en atencion á lo dicho, creemos sin temor de
equivocarnos , que el poema sobre el Etna pertenece
á Lucilio Junior.
Esta produccion considerada bajo el aspecto cien
tífico, y relativamente al tiempo en que fué escrita,
tiene un mérito real, porque su autor, no contentán
dose con hablar minuciosamente de todos los fenó
menos del Etna, de las llamas que arroja , de su lava,
de los temblores de tierra que producen sus esplosio-
nes, procura indagar su orígen y sus causas: conside
rada bajo el aspecto literario tampoco carece de mé
rito. El autor comienza por hacer una resena de todas
las fábulas y tradiciones mitológicas, imaginadas por
los vates acerca del Etna , y sus descripciones tienen
viveza y colorido. Sus versos no son fáciles sino du
ros, su estilo es conciso y hasta áspero; pero sus fra
ses son siempre enérgicas , y espresan con fuerza el
pensamiento del autor. Vamos á trascribir, acompa
ñándoles de nuestra traduccion castellana, los últimos
treinta y ocho versos, con que Lucilio pone término
á su poema , no solo para dar á los lectores una idea
perfecta de la poesía y el estilo de este vate, sino
tambien porque esos versos ofrecen un cuadro muy
patético de piedad y amor filiales.

Nam quando ruptis excanduit ¿Etna cavernis.


El, velut eversis penitus fornacibus, ignis
Evecta in longum rapidis fervoribus unda est:
— 432 —
Haud aliter quam quum , saevo Jove , fulgura! ac-ther.
Ardebant
El nitidumarvis
obscura
segetes,
coelum
et millia
calígine
culta
torquet;
.íugera cum domibus , silvae, collesque vírenles.
Vix dum castra putant hostem movisse, tremebant,
Et
Tum
Tutari
Colligit
Defectum
Hic
Etquod
jam
velox
vero
fnitimae
conantur
ille
cuique
raptis
mínimo
utarma,
cuique
portas
fuitcari,
illum
opes:
et
properat
est
stulta
evaserat
sua
gemit
animas
fugit
crimina
cervíce
subille
ipsesub
urbis.
viresque
pondere
sub
tardant,
reponit;
auro,
ilio:
pauper,
, rapiña

Sed non incolumis dominun sua pneda seq'uuta est;


Consequitur
Cuncíanles vorat
fugisse
ignis,
ratos,
et etundique
praemiatorret
caplisavaros,
Concremat, ac nullisparsura incendia pascunt,
Vel
Amphinomus
Quum
Adspiciunt
Eheu!
Parcite,
solidefessos
jam
parsura
avara
viciáis
pigrumque
fraterque
manus,
posuisse
piis.
streperent
Namque
patrem
dites
parí
in liminc
attollere
sub
incendia
optima
, matremque,
pondere
membra.
prasdas:
proles,
tectis,
fortes,
senecta

lilis divitioe solas materque paterque.


Ipso
Hancdante
rapiunt
tldem
praedam,
, properant.
mediumque
O maxima
exirercrum
per ignem,
,
Et merito pietas homini tutissima virtus!
Erubuere pios juvenes attingere flammae,
Et
Felix
Dextra
quacumque
illasaeva
dies,tenent
illa
ferunt
est, laevaque
innoxia
illi vestigia
incendia
terra.
, cedunt.
fervent:

Tutus
Ule perobliquos
uterquepioignes,
sub pondere;
fraterque suffigit
triumphant,
illac,
Salva
Incolumes
Et circaferunt:
geminos
abeunt
illosavidus
tandem,
mirantur
sibietcarmina
temperat
sua numina
vatum;
ignis.secum

Jilos soposuit claro sub nomine Ditis.


— 433 —
Nec sanetos juvenes auingunt sordida fata,
Sed vere cessere domus et rura piorum.

En castellano dice asi:

Habiendo roto un dia el Etna sus cavernas, se


encendió en llamas , y de sus fraguas destruidas se
levanta hacia lo alto con rápido estallido una inmensa
y larga onda de fuego semejante á los rayos , que Jú
piter airado arroja al través de las negras nubes que
encapotan el cielo. Las mieses en los campos, todos
los terrenos cultivados y sus casas , los bosques y los
verdes collados ardian. Apenas el enemigo parece
haberse puesto en marcha cuando el terremoto lo
agita todo, y el enemigo ha salvado ya las puertas de.
la ciudad limítrofe (1). Entonces cada cual intenta,
segun sus fuerzas y valor , sustraer del fuego sus ri
quezas: este gime agobiado bajo el peso del oro; aquel
coge aturdido sus armas y se pone en acto de com
batir; el peso de riquezas, tal vez mal adquiridas, re
tarda á un tercero ; pero el pobre oprimido por un
peso muy leve , corre mas. En fin , cada cual huye
con lo que tiene de mas precioso, pero no es dable á
todos salvarlo: el fuego devora a los mas lentos, y
á los que la avaricia detiene; alcanza á los que creen
salvarse con la fuga; consume sus objetos, y la re
compensa que esperaban de sus trabajos; el incendio
que lo devora todo otorga únicamente su perdon á

(1) Gatanía.
MAN. DE LIT. LATINA.
— 434 —
los hombres piadosos. Anfínomo y su hermano, esce-
lentes hijos, llevaron con igual fuerza su peso. Cuan
do las llamas crujian en las casas vecinas, ven á
sus padres agobiados por la carga de los años: iah!
se habian arrastrado á duras penas hasta el umbral
de la puerta— deja de llevar, gente avara, tu rico bo
tin—las únicas riquezas de estos dos hermanos son
ol padre y la madre: cogen este tesoro, y se arrojan
al través de las llamas como si hubiesen prometido
respetarles. iAh, la piedad filial es la mas grande d<>
todas las cosas, y justamente la virtud mas recomen
dable entre los hombres! Las llamas no osaron alcan
zar á los jóvenes piadosos, y por do quiera abrian el
paso á sus huellas. Dia feliz fué aquel y fué dichosa
aquella tierra (1). Corren por el lado derecho, mien
tras que por el izquierdo chisporrotea el fuego, y uno
y otro hermano triunfa bajo su piadoso peso, atra
vesando con seguridad las llamas que ondean. En
tanto el fuego devorador se arredra, y ablanda su
furia en derredor de los dos hermanos. En fin, llegan
sanos y salvos con sus dioses (2); los vates les celebran
con asombro en sus versos; Pluto les separa de los de-
mas para eternizar su memoria. Estos santos jóvenes
no corren una miserable suerte, y gozan de la mo
rada y las felicidades debidas á los hombres piadosos.

Columela, de quien hablaremos mas adelante con


(1) Catania.
I,?) Los padres.
— 435 —
alguna detencion, nos ha dejado escrito en versos
hexámetros y forma didáctica, el décimo libro de su
obra sobre la agricultura. Su estilo es muy sencillo,
sus frases son fáciles, y sus versos no carecen de ar
monía. En este libro, titulado Cultus hortorum, el ilus
tre autor, gloria de la antigua España, ha llenado una
laguna de las Geórgicas de Virgilio, como lo indica
en los versos siguientes:

t'erum Imec ¿pse equidem spatiis exclusus iniquis


Praelereo, atque aliis post commemorandarelinquo.
(Geor. lib. IV, vs. 147.)

Este argumento sale de los estrechos límites que


me he propuesto, y lo pasaré por alto, dejándole
para los que vengan mas adelante.

Columela al principio del libro mencionado, repi


te los mismos versos del vate mantuano, y dice ter
minantemente, que lo ha escrito para completar las
Geórgicas de Virgilio.

Hortorum quoque te cultus, Silvine, docebo,


Mque ea, quae quondam spatiis exclusus iniquis,
Cum caneret latelas segetes el muñera Bacchi,
El te magna Pales, neenon caelestia mella,
firgilius nobis post se memoranda reliquit.

Silvino, te enseñaré el cultivo de las huertas, y


— 436 -
las demas cosas que Virgilio nos dejó encomendado
tratar, cuando, encerrándose en estrechos limites,
cantó las doradas mieses , los dones de Baco, de tí'
gran Pa!e , y la miel emanada del cielo.

Terenciano Mauro, contemporáneo de Estacio,


nos ha dejado un elegante é ingenioso poema sobre
las letras del alfabeto, las sílabas, los pies y varios
metros de versos, tratando las materias mas áridas
con un arte admirable. Este vate hermana los pre
ceptos con los ejemplos, y hablando de los varios
ritmos, se espresa en versos del mismo metro que el
ritmo á que alude , como nos lo ponen de manifiesto
los versos que trascribimos á continuacion.

El yambo.

At qui cothurnis regios actus levant,


VI sermopompae regiac capux foret,
Magis magisquc latioribus sonis,
Pedes frequentat lege servata lamen,
Dum pes secundus, quartus et novissimua
Semper dicatus uni iambo serviat.

Los vates , que calzan el coturno para desempe


ñar el papel de reyes , emplean con frecuencia so
nidos magestuosos, para que su lenguaje correspon
da mejor á la magnificencia soberana; pero se atienen
siempre á la ley invariable de que los pies segundo,
cuarto y último, sirvan para el yambo.
— 437 —

El espondeo.

Sed qui pedestres fabula socco premuní,


L't (juae loquuntur sumpta de vlta putea ,
fitiant lambon tractibus spondaicls.
El in secundo el caeteris aequé locls:
Fidemque fictis dum procurant fabulis,
In metra peccant arte, non inscilia.

Pero los vates, que calzan el humilde zueco,


propio de la comedia, para que juzgues, que lo que
dicen no sale de la esfera de la vida ordinaria, vi
cian los yambos, sustituyendo el segundo pie ú otro
cualquiera, con los largos espondeos; y á fin de dar
mas verosimilitud á sus ficciones, pecan en el metro
por arte y no por ignorancia.

EPIGRAMA.

MARCIAL.

Este género de poesía exige agudeza de ingenio,


mucha prontitud de espíritu, y el arte difícil de presen
tar á los lectores con gracia y novedad los puntos de
relacion que pueden tener entre sí, objetos que pare
cen enteramente distintos. En el período, que vamos
recorriendo, la literatura latina encontró todas estas
— 438 —
dotes reunidas en Marcial, que ocupa un lugar muy
preferente entre los vates sus contemporáneos.
A corta distancia de la antigua Bilbilis, hoy Ca-
latayud, se ven vestigios de viejas paredes, consumi
das por el tiempo, que lo devora todo, y pocas pie
dras esparcidas por el campo. Asi los primeros como
las segundas se miran con respeto por el arqueólogo
y el ilustrado viagero, porque se supone que son los
últimos restos de la casa del poeta Marcial, cuyos
versos han llegado á la posteridad como un testimonio
de gloria para España, y la fama de su autor. Marcial
se trasladó á Roma en el abril de sus años, apenas
cumplido su cuarto lustro, y permaneció en aquella
gran metrópoli por espacio de treinta y cinco años. A
su llegada ocupaba el trono Neron, y cuando regresó
á su patria era emperador Trajano. Los Flavios le
prodigaron dones y proteccion, y le concedieron el
derecho de los ciudadanos, que tenian tres hijos, gra
cia especial que el emperador otorgaba únicamente á
los personages mas distinguidos. Entre sus muchos
privilegios conferia al agraciado el de tener un asien
to aparte en las representaciones teatrales y los de-
mas espectáculos públicos, y el de exigir que se dis-
pensára á sus hijos la edad que reclamaban las leyes
para ocupar destinos del Estado. Domiciano le nom
bró tribuno honorario, cuyo título, ambicionado por
muchos, conferia todas las distinciones de que disfru
taban los tribunos militares, al que le poseia, aunque
particular, y no adicto á la carrera de !as armas. El
— 439 —
mismo emperador le creó caballero honorario, otor
gándole todos los privilegios inherentes al orden
ecuestre, sin someterle á pagar el censo impuesto á
los caballeros romanos, y finalmente le dió una casa
en Roma y una quinta deliciosa cerca de la ciudad (1).
Marcial estuvo relacionado en la gran metrópoli con
los mas ilustres escritores sus contemporáneos, como
Quinliliano, Juvenal, Valerio Flaco, Silio Itálico, Plinio

(i) Marcial en el lib. IX, epígr. XGVII, dirigiéndose á uno


de sus amigos, Humado Julio, recuerdalos beneficios que ba
recibido de la familia Flavia , y en su alegría apostrofa á los en
vidiosos de su gloria y fortuna en esta forma:

Humpitur invidia quídam , carissime Juli ,


Quod me Roma legit , rumpitur invidia.
Rumpitur invidia, quod turba semper inomni
Monstramur dígito, rumpitur invidia.
Rumpitur invidia, tribuit quod Caesar uterque
Jus mihi natorum , rumpitur invidia.
Rumpitur invidia, quod rus mihi dulce sub Urbeest,
Parvaquc in Urbe domus, rumpitur invidia,
Rumpitur invidia, quod sum jucundus amicis,
Quod conviva frequens, rumpitur invidia.
Rumpitur invidia, quod amamur, quodque probanmi' ;
Rumpatur, quisquís rumpitur invidia.

En castellano dice asi:


Reviente de envidia, querido Julio, este ó el otro individuo,
porque todos en Roma leen mis versos; reviente de envidia,
porque todos se ocupando mi persona; reviente de envidia,
porque dos Cesares (Tilo y Domiciano) me han otorgado el de
recho de padre de tres hijos; reviente de envidia , porque tengo
una pequeña casa en Roma y una quinta deliciosa cerca de la
— 440 —
el Joven, etc., etc. Este último le tuvo en mucho apre
cio, y cuando nuestro vate regresó á su patria, le
(lió una suma para facilitarle el viage, porque Marcial,
á pesar de los dones y testimonios de benevolencia
que habia recibido de los Flavios', no llegó nunca á
ser rico. En cuanto á los motivos que le indujeron á
salir de Roma, todos los escritores antiguos convienen

ciudad ; reviente de envidia , porque agrada á mis amigos mi


compaflfa, y iiuieren que sea con frecuencia su comensal ; re
viente de envidia, porque todos me aprecian y elogian; reviente
de ^eras el que solo de envidia revienta.

Nuestro vate, colmado de beneficios porlos Flavios, y princi


palmente por Domiciano, divinizo ,1 este último, prodigándole
. en sus versos adulaciones inmerecidas. Nosotros quisiéramos
hasta cierto punto, manifestarnos generosos hácia Marcial, in
terpretando sus elogios ¡i un emperador que le habia protegido,
«•orno una espansion afectuosa de gratitud ; pero nos vemos en
¡'l triste caso de negar á su memoria esta leve disculpa, porque
Marcial publicd versos contra Domiciano tan luego como éste
bajd á la tumba. Los que escribid elogiándole, declaran á nues-
iro vate adulador; los otros le declaran hombre sin carácter y
fallo de decoro.
Mr. Nisard, mas indulgente que nosotros, dice , que en los
versos de Marcial contra Domiciano no descubre mas que una
crítica comedida y justa, que no perjudica su honor. Nosotros
estamos muy lejos de admitir esta disculpa , y creemos que
Nisard so ha colocado en un terreno que no tiene nada que ver
con el punto en cuestion. En nuestro caso no se trata de una
censura , mas ó menos severa , sino de la falta de decoro y deli
cadeza en criticar hoy lo que se elogid ayer.—V. Nisard ; «Elu
des sur les poetes latins de la décadence» etc., etc., t. 2.°, pá
gina 358.—París, 1849.
— 4il —
en que fueron dos: su mucho deseo de pasar la vejez
en el seno de los pátrios hogares, y el olvido en que
le tuvo el emperador Trajano, á quien no agradaban
las agudezas y obscenidades de la Musa de Marcial.
Pero, dice Rollin, no encontró en Bilbilis la paz y e'
descanso que anhelaba; sus versos, que se leian en
Roma con gusto, fueron uu objeto de envidia y ma
ledicencia entre sus compatriotas; y es de suponer
que las contrariedades y las amarguras que le abru
maron, contribuyeron á abreviar el curso de susdias.
Nuestro vate bajó á la tumba el año 108 de nuestra
era y sesenta y cuatro de su edad. Su amigo Plinio
nos ha dejado una carta que vamos á poner en nota,
acompañándola de nuestra traduccion castellana,
porque contiene algunos pormenores curiosos, que
merecen ser conocidos para los que aprecian los ver
sos del vate español y su fama (1).

(1) Plinius Prisco suo.


Audio, Valerium Martialem decessisse, et moleste fero. Erat
homo ingerriosus, acutus, acer, et qui plurimum in scribendo
et salis haberet et fellis, nec candoris minus. Prosecutus eram
viatico secedentem. Dederam hoc amicitia1, dederam etiam ver-
siculis, quos de me composuit. Fuit moris atitiqui, eos, qui vel
singulorum laudes, vel urbium scripserant, aut honoribus aut
pecunia ornare: nostris vero temporibus, ut alia speciosa et
egregia, ita hoc inprimis exolevit. Nam postquam desiimus
facere laudanda , laudari quoque ineptum putamus. Quaeris,
qui sunt versiculis, quibus gratiam retulerim? Remitterem le
ad ipsum volumen , nisi quosdam tencrcm: tu si placuerint hi,
— 442 —
Marcial nos ha dejado catorce libros de epigramas,

ccteros in libro requires. AlloquíturMusam, mandat, ut domum


rueam Esquiliis qurcrat, adeat reverenler:

Sed, ne tempore non tuo disertan!


Pulses ebria januam , videto.
Totos dat tetricas dies Minervas ,
Dum centum studet auribus virorum,
Hoc quod secula posterique possint
Arpinis quoque comparare charlis.
Seras tutior ibis ad lucernas,
Haec hora est tua, cum furit Lyaeus,
Cum regnat rosa, cum madent capilli:
Tune me vel rigidi legaat Catones.

Merilone eum , qui haec de me scripsil , et tunc dimisi


amicissime , et nunc , ut amicissimum , defunctum esse doleo?
Dedil enim mihi , quantum maxime potuit, daturus amplius, si
potuisset. Tametsi quid homini potestdari majus, quam gloria,
ei laus, et aeternítas? Al non erunt eterna, quae scripsil. Non
erunlfortasse: ille lamen scripsit lanquam essent futura.—Vale.
—Epist. lib. 3.°, ep. 21.
En castellano dice asi :

Acabo de saber que ha muerto Marcial , y lo siento mucho,


era un hombre dotado de ingenio agudo y penetrante: en sus
escritos no se distinguía menos por sus chistes punzantes y su
amargura, que por su ingenuidad. Cuando salid de Roma le
costeé ol viage para darle un testimonio de amistad y una grata
recompensa por los versos que escribid encomiándome. Fué
costumbre antigua prodigar honores ó remunerar con dinero í
los que habían elogiado en sus escritos á particulares ó ciuda
— 443 —
cuyos dos últimos se titulan: Xenia y Apophoreta (1),
' y un libro que encabeza toda la obra, en el cual ce
lebra los espectáculos dados por Tito y Domiciano;
des.
los Hoy
catorce
esta moda
contienen
de los tiempos
cerca pasados
de milsequinientos
ha abolido, como
epí-

otras muchas, que no dejaban de ser nobles y recomendables.


Desde el momento en que hemos desterrado las acciones dignas
de elogio, hemos juzgado tambien una} necedad las alabanzas.
¿Quiéres saber los versos á qoe aludo , y dignos de mi gratitud?
Si he olvidado algunos, te envio al libro en que están escritos,
y si los que recuerdo le gustan, los otros podrás encontrarlos en
aquel mismo libro. El poeta se dirige á su Musa para que vaya á
buscarme á mi casa de las Esquilias , y la hace hablar respe
tuosamente en esta forma:
■Guárdate bien , Musa mía , de llamar inoportunamenle en
tu embriaguez á la puerta de ese sabio, que dedica los días en
teros á estudios muy graves , y que halaga los oidos de los mu
chos que escuchan sus discursos , dignos de ser comparados
por los venideros á los del orador de Arpiño. Búscale con mas
seguridad cuando cena : esa hora en que la alegría y el vino
exaltan los espíritus , es la que mas te conviene. Entonces todos
leerán mis versos , y tambien los mas rígidos Catones.»
El que ha escrito en esta forma de mi persona, ¿no há bien
merecido que le despidiera , dándole testimonios de grande
amistad? Me did lodo lo mucho que pudo , y me habría dado
ma3 si le hubiese sido posible. ¿Hay para un hombre dones mas
preciosos que la gloria , los elogios y la eternidad de su nombre?
No serán eternos los versos de Marcial, tal vez no lo serán;
pero los escribid para trasmitirlos á la posteridad.
(I) Xenia significa en griego regalo ó donativo, y Apopho
reta aguinaldo 6 gratificacion. Los dos últimos libros de Marcial
llevan estos dos nombres, porque el vate trata en ellos de los
presentes con que solían los romanos brindar á sus amigos en
las Saturnales y otras grandes festividades.
— 444 —
gramas (1); el otro es una coleccion de poesías del
mismo género (2).
Nisard, al hablarnos de Marcial, hermana su jui
cio crítico sobre las poesías de nuestro vate con todas
las vicisitudes de su vida, con la corrupcion de Roma
y sus costumbres muy disolutas, con las exigencias
y el gusto de la época , con la índole del gobierno
imperial, y aunque nota los graves defectos de sus
epígramas, sus obscenidades y las muchas adulacio
nes que prodiga á cada paso el poeta á Domiciano,
procura disculparle, ya presentándole á los lectores
como hombre que escribe estimulado por el deseo de
remediar con sus versos las necesidades que le aco
san, ya como un poeta cortesano, que espera mejo
rar su suerte, arrimándose al príncipe que puede pro
porcionarle los recursos de que carece , ya como un
escritor licencioso; pero naturalmente ingénuo, y que
no deja de censurar con sus chistes satíricos la cor
rupcion del siglo, á cuyo gusto se inclina. La biogra
fía de Marcial y el juicio crítico de sus obras , con que
Nisard ha enriquecido la república de las letras, re
velan profunda crítica, un arte admirable en la espo-

(1) Schocll dice equivocadamente, que los catorce libros de


Marcial no contienen mas que 1200 epigramas. La Harpe afirma
lo propio en su Liceo, > da á Marcial doce libros en vez de ca
torce. El primero no contd los epigramas , y el segundo ni si
quiera los libros.
(2) Esta coleccion no pertenece toda á Marcial ; pero se cree
que nuestro poeta la reunid y publicd.
._ 445 —
sicion de su argumento, mucha agudeza de ingenia,
y nosotros sentimos sobremanera , que algunas de
sus opiniones, muy conformes á las de Plinio, acerca
del carácter de Marcial , se diferencian de las nues
tras; ni sentimos menos vernos obligados á apuntar
en estas páginas, que algunas de sus observaciones
nos parecen mas bien curiosas que oportunas.
Freron juzga á Marcial en la forma siguiente:
«Este poeta emplea con mucha afectacion palabras
inusitadas y peregrinas; se necesita mas estudio para
entender sus frases misteriosas que para interpretar
á todos los poetas del siglo de Augusto. Cátulo so
bresale en el género epigramático; revela afecto, de
licadeza y amenidad; su poesía es esquisita, variada
y elegante; sus versos tienen espontaneidad, y son
muy naturales. Marcial , por el contrario , no tiene
mas que agudeza y arte.» (1)
Schoell se espresa en estos términos acerca de
nuestro vate: «sus epigramas pertenecen en su ma
yor parte á un género muy distinto de los de Cátulo:
se acercan mas á los que los modernos han llamado
casi esclusivamente epígramas, porque terminan con

(1) En la vida del célebre Navajero , uno de los sabios mas


ilustres de la Europa moderna , se lee que todos los años arro
jaba al fuego un número de ejemplares de Marcial, ofreciéndoles
en holocausto á las Musas, tanto por sus muchas obscenidades,
como por el desprecio que merecía , á su entender, el autor.
V. Dict. Hist. ou Histoire abr. de tous les hom. ilust. etc.—
1789 (Martial).
- 446 —
alguna agudeza en que deposita ei poeta toda ia sal
punzante y la amargura de su ironía. Muchos de los
epígramas de Marcial son escelen tes; pero de toda
su coleccion podemos decir lo que dijo el mismo
poeta:
Algunos son buenos, otros medianos y muchos
malos.» (1)
Este juicio crítico nos parece mas sensato que el
de Freron. Tiraboschi declara á Marcial y á todos los
escritores hispano-latinos, corruptores del buen gus
to (2). Lampillas les defiende como un hidrófobo y
sin crítica (3) ; Andrés les patrocina con modera
cion (4).
Aunque todo lo que acabamos de esponer es lo
bastante para que los lectores puedan formarse una
idea de la vida y carácter de Marcial y de su mérito
como poeta, vamos á emitir nuestro juicio crítico
acerca de sus epígramas, no solo porque es oficio de
todo escritor manifestar sus opiniones despues de
haber referido sobre un argumento cualquiera las
agenas , sino tambien porque no queremos pasar por
alto algunas observaciones muy importantes acerca
de este vate , cuyos versos han sido censurados por

(1) Sunt bona, sunt quaedam mediocria , sunt mala plura V.


Schoell, ob. cil. t. 2.° pág. 350.
(2) V. Tiraboschi.—Hist. lit. de Italia (en italiano)
(3) V. Lampillas; Ensayo hist. Apol. de la lit. esp. (en italia
no) Génova 1781.
(4) V. Andrés. Hist. lit. (en italiano).
— 447 —
algunos con exageracion , y aplaudidos por otros con
parcialidad y crítica mezquina.
Los defectos de los escritores, que revelan en sus
producciones un fondo de genio, mucha espontanei
dad en espresar sus conceptos y cierta gracia, deben
mirarse siempre al través del prisma de su época para
no emitir juicios aventurados, atribuyendo á un es
critor culpas no suyas, sino de la moda, de una de
cadencia irremediable y de otras causas por el mismo
estilo. La corrupcion del gusto en Roma fué la con
secuencia de sus tristes vicisitudes políticas (1), y no
la de los hombres; injustamente, pues, se atribuye á
los escritores hispano-latinos, como los Sénecas, Lu-
cano y Marcial , la culpa de haber introducido pala
bras inusitadas, frases oscuras, comparaciones vio
lentas y el abuso de las antítesis, dando un falso
colorido á la elocuencia romana , con grave perjuicio
de su magestad reposada. Los escritores hispanos-lati-
nos, dotados de viveza de ingenio , de un talento fácil
y de grande imaginacion, siguieron la moda y des
collaron entre sus contemporáneos por su mérito, y
no por haber secundado el mal gusto de su época.
Tiraboschi y otros críticos , suponiendo con ligereza,
que la literatura romana habia comenzado á perder
el antiguo lustre por innovaciones caprichosas y even
tuales , atribuyeron su decadencia á los españoles,
porque estos figuraban á la sazon en primer término

V. pág. 316—«I.
— 448 —
entre todos los demas escritores , y fundados eu este
falso supuesto, revelan poca penetracion y menos
juicio en sus opiniones , tanto porque consideran la
introduccion del mal gusto, que era una consecuencia
necesaria de las vicisitudes políticas , que acababa de
sufrir la antigua Roma, cual hecho aislado, como
porque, desconociendo la realidad del mérito de los
escritores hispano-latinos; les atribuyen todos los de
fectos de la época , censurando sus obras con abierta
injusticia.
Nosotros estamos muy lejos de suponer que Mar
cial es un modelo de perfecta poesía , y de negar que
algunos de sus conceptos son oscuros y misteriosos,
algunas de sus frases violentas, muchas de sus locu
ciones viciosas; pero descubrimos en este vate genio,
fecundidad , mucha viveza de imaginacion y pinturas
admirables. Con un solo rasgo de su pluma nos re
trata muy amenudo el carácter de un personage, sus
buenas y malas dotes, los vicios de su tiempo, las
costumbres disolutas de la antigua Roma , y final
mente, nadie puede usurparle la gloria de haber dadn
variedad y brillo al epígrama, género de poesía poco
cultivado por los vates latinos sus predecesores. Es
cierto que algunas de sus alusiones son oscuras, y
algunos de sus chistes muy frios ; pero en cuanto á
las primeras, es de advertir que en todos los pueblos
hay cosas tan adheridas á su vida , que se escapan á
todas las investigaciones históricas, ni pueden tras
mitirse á la posteridad , porque no son el resultado
— 449 —
de un hecho, sino de costumbres y usos especiales,
que desaparecen con la vida misma del pueblo. Es
de suponer, pues, que esas alusiones, que hoy cali-
licamos de muy oscuras, no lo fueron para los roma
nos contemporáneos de nuestro vate. En cuanto á los
segundos, nadie ignora que la Eutrapelia (1) es tan
variable como la moda, tan mutable como las cos
tumbres, y que se la puede aplicar este verso: De
gustos no hay nada escrito. En Italia , en Francia , 'en
España , etc. muchos chistes, que provocaban la risa
de nuestros padres , ¿no se juzgan hoy frios y hasta
groseros? Muchos de los chistes, que tienen carta de
vecindad entre la gente vulgar ¿no los rechazamos^
porque , lejos de inspirarnos alegría , nos causan
tedio? Si esto es cierto ¿no podremos culpar de injus
ticia, sin escrúpulo, al que se atreva á emitir un fallo
inexorable contra el pobre Marcial, diciendo que
muchos de sus chistes son frios, sin tener en cuenta
que divertian á los romanos?
Todas estas observaciones que acabamos de apun
tar , y los escritos de nuestro vate, que abundan en
bellezas, nos dan á conocer claramente, que se le
ha juzgado repetidas veces con injusticia, y que Mar
cial merece ocupar un puesto distinguido en el par
naso latino.

(I) Esta palabra de origen griego significa arte de bromear.

MAN. DE LIT. LATINA.


— 450 —

L. Asinio Galo Salonino.—Alfio Flavo.—Cn. Corse-


lio Lentulo Getulico.—Pumo el Joven.—L. Ario
Seneca. —Petronio.—A. Septimio Severo Falisco. —
Yülgacio Sedigito.—Sentio Augurino.

Despues de Marcial, es muy corto el número de


los epígramas de otros vates latinos, cuya fama ha
llegado hasta nosotros: vamos, pues, á apuntar fu
gazmente lo que acerca de ellos y de sus epígramas
es digno de ocupar las páginas de una obra reducida
como este breve compendio de historia literaria.
Asinio Galo, hijo de Asinio Polion, amigo de Vir
gilio, figuró en Roma como elegante escritor y recibió
el título honroso de Salonino por haber tomado á
Salona , ciudad de la Dalmacia. Plinio el Jóven nos
dice en un epígrama, que luego referiremos, que
Asinio Galo escribió un libro para probar que su pa
dre habia sido un autor mas apreciable que Ciceron.
Esta obra se ha perdido como otras muchas; pero es
de suponer que se apoyaba mas bien en una espan-
sion de afectos y ternura filiales que en buenos y só
lidos argumentos, porque á ningun otro escritor an
tiguo ocurrió una idea tan peregrina, á pesar de que
los viles aduladores y cortesanos de Augusto, como
queda consignado en nuestras páginas anteriores, in
tentaron ridiculizar la memoria de Ciceron para con-
— 451 —
gradarse con el tirano (1). Sea como fuere, lo cierto
es, que debemos lamentar su pérdida , porque el li
bro de Asinio Galo podia habernos puesto en el caso
de emitir un juicio imparcial y concienzudo acerca
de su mérito literario, lo que no podemos hacer hoy,
porque el epígrama contra un gramático, que escri
bió este autor, y que vamos á insertar á continua
cion , no es lo bastante para juzgarle:

Qui caput ai laevam didicit, glossemata nobit


Praecipit: os nullum, vel polius pugilis.

Este que inclina su cabeza sobre el lado izquier


do , quiere enseñarnos á bien hablar: su elocuencia
es nula ó mas bien la de un atleta.

Pero despues de haber referido este epígrama,


juzgamos ahora muy del caso apuntar la circunstan
cia que lo motivó para que los lectores se penetren
mas del espíritu del poeta y de su chiste.
El gramático, á quien alude Galo, era un Pompo-
nio Marcelo, purista acérrimo y hasta pedante; el
cual , no separándose nunca de su sistema , que le
llevaba á censurar todas las minuciosidades grama
ticales, critico una espresion de un discurso de Tibe
rio, diciendo que era de mala ley. Ateio Capiton sos
tuvo lo contrario, y añadió, con una adulacion digna
de su siglo, que aun cuando no hubiese sido castiza,

(I) V. pág. 281.


— 452 —
ni buen latin, se la debia juzgar tal desde el momento
en que Tiberio la habia usado. Marcelo contestó , en
tono resuelto y que honra su memoria: «César puede dar
carta de vecindad á los hombres y no á las palabras.»
Pero Marcelo , que no habia sido, tal vez , siempre
gramático, se habia ejercitado en el pugilato; y Asi-
nio Galo, poniendo con mucho arte en antítesis estas
dos circunstancias, escribió el epígrama que ya co
nocen nuestros lectores (1).
Marco Anio Séneca el Retórico habla de un Alfio
Flavo, que figuró en su tiempo como orador, y que
en su juventud se distinguió en términos tan estraor-
dinarios, por la viveza de su ingenio y facundia, que
muchos concibieron graves temores de que acabaria
(I) V. Suet. II!. Gram. n.° XXII.
Este mismo autor, en el lugar citado , nos refiere acerca de
Marcelo una anécdota eminentemente chistosa y de un tono tan
epigramático, que merece ocupar un puesto en estas paginas:
M. Pomponitis Marcellus , sermonis latini exactor molestmi-
mus, in advocatione quadam (nam interdum et causas agebat)
toloecismum ab adversario factum usque adeo arguere perseve-
ravit, quoad Cassius Severus, interpeltatis judicibus, dilationem
petiit: +UI litigator suus alium yrammaticurn adhiberet: quan-
do nonputat is, cum adversario de jure sibi, sed de soloecisnw,
controversiam futuram.»
M. Pomponio Marcelo, que era respecto del latin un mo
lestísimo censor, en una arenga forense (solía de vez en cuando
defender pleitos) agijoned tanto á su adversario, Casio Severo,
por haber cometido un solecismo, que éste, dirigiéndose á los
jueces, les pidid una dilacion , para que su cliente se hiciese con
otro grámatico, no debiéndose tratar ya entre 61 y su adversario
una cuestion de derecho, sino de solecismos.
— 453 —
por ser presa de una muerte prematura á consecuen
cia de la precocidad de su mente: murió, sin embar
go, muy anciano. El mismo Séneca añade, como una
circunstancia, digna de nota, que conservó siempre
su energía y sus fuerzas, á pesar de que su pereza
habitual y el uso frecuente de escribir versos, habian
debilitado sus facultades intelectuales (1). Vosio cree
que este personage es Flavio Alfio Avito, que compu
so dos volúmenes en poesía acerca de los varones
ilustres, algunos versos de cuya obra cita Terencio
Mauro (2). Sea como fuere, lo cierto es, que no se
descubre ni en Séneca ni en Vosio la menor conjetura
ó probabilidad de que Flavo escribiera epígramas.
No obstante, algunos autores modernos, y entre ellos
Schoell, le ponen en el número de los vates epigramá
ticos: nosotros, por exactitud y escrupulosidad, he
mos seguido su ejemplo; pero protestamos so'enine-
mente, que no hemos leido jamás ni visto epígramas
de Alfio Flavo.
Merece ocupar un puesto en esta reseña Cornelio
Lentulo Getúlico, buen militar, de carácter noble y
resuelto (31, dotado de ingenio no muy comun, escri-

(1) M. Sén. Controv. L, pág. 67, edic. de París, MDCXIX.


(2) Burm. Ant. I.at-, t. pág. 452.
(3) Habiendo sabido Getúlico, que un vil acusador, deseoso
de perderle, le culpaba casi de delito de lesa magestad por ha
ber ofrecido la mano de su hija al hijo de Seyano, escribid i iTi
berio en tono mas bien altanero que humilde, espresándose eu
esta forma: «Queria emparentar con Seyano, no volunLarianjexilc,
— 45 4 —
tor de mérito y buen poeta. Suetonio cita una obra
histórica de Lentulo Getúlico, pero en términos muy
generales (1); Marcial habla de este vate, y sus pala
bras nos inducen á creer, que compuso epígramas
escesivamente licenciosos (2); Brunck le atribuye al
gunas poesías de este género, escritas en griego (3).
Nosotros no podemos, sin embargo, dar un juicio cri
tico de sus obras, porque no han llegado á la pos
teridad.
En cuanto a Vulgacio Sedigito nos contentamos
con apuntar fugazmente su nombre, porque hemos
hablado en las páginas anteriores del reducido nú
mero de versos, hasta cierto punto epigramáticos, que
Aulo Gelio nos ha conservado de este vate (4).
Aulo Septimio Severo escribió dos epígramas que
existen todavía; pero nos creemos dispensados de re
ferirlos, porque nada tienen de notable.
Las poesías epigramáticas de Sentio Augurino, á
quien Plinio prodiga muchos elogios, no han llegado
á la posteridad, á escepcion de ocho versos de esca-

s¡ no por tu consejo, y pude tal vez engañarme, como tú te has


engañado; pero Tiberio no puede calificar de culpa un error
que se perdona á sf mismo.»—V. Tác, An., lib. VI, n.° XXX.
Este historiador añade á lo que acabamos de referir, que Getú
lico fué el solo de los amigos de Seyano que quedó con vida, y
siguid
(1) disfrutando
Suet. V. Calfg.,
de la n.,
proteccion
8. del emperador.

(2) Marcial, introduc. al 1. 1 ,° de sus epígr.


(3)
(4) Burm.
Pág. 50.Ant. Grae. I. XIII, pág 896.
— 455 —
so mérito, consignados en una carta dePlinio el Jo
ven. El poeta celebra en ellos á este último, llamándole
escritor que sabe manejar con arte'y dulzura los afec
tos mas tiernos y delicados del corazon (1).
En las cartas del mismo Plinio hay dos epigramas
muy notables; uno acerca de Galo, que. escribió una
obra, como queda apuntado ya, con objeto de probar
que su padre habia sido mas elocuente que Ciceron;
y otro sobre la instruccion literaria (2).
(1) Canto carmina versibus miniáis,
His, olim quibus et meus Catullus ,
Et Calvus, veteresque. Sed quid ad me?
Unus Plinius est raihi priores.
Mavult versículos, foro relicto,
Et quaerit, quod amet, putatque amari,
Ule o Plinius, ille quot Catones!
I nunc, quisquís amas, amare noli.
(Plin., lib., IV, Epíst. XXVII.)
Canto versos en metro festivo, tal como en otro tiempo mi
Cátulo, Calvo y otros vates antiguos. Pero, ¿á qué esforzarme
tanto, si á todos ellos prefiero el solo Plinio? Separándose del fo
ro, escribe con mas'gusto lindos versos, y busca lo que pueda
despertarle amor, y juzga que merezca ser amado! Asi lo hace
Plinio, y han hecho lo propio muchos Catones! Seas, pues, tú,
quien quieras, ama, y no te niegues al amor.

(2) Cum libros Galli legerem, quibus ille parenti


Ausus de Cicerone dare palmamque decusque,
Lascivum inveni lusum Ciceronis, et illo
Spectandum ingenio, quo seria condidit, et quo
Humanis salibus, mullo varioque lepore
Magnorum ostendít mentes gauderevirorum.
— 456 —
El Satiricon de Petronio contiene varios epígra
mas, y hay tambien otros del mismo autor en los frag
mentos de sus poesías, reunidas y publicadas, como
un apéndice al Satiricon, en la coleccion de los auto
res latinos por Nisard.
' En las obras completas de Séneca el Filósofo hay
nueve epígramas y un epita6o; pero algunos críticos
han puesto en duda su autenticidad, y se inclinan á
creer que son obra de uno ó varios escritores sus con
temporáneos. Esta opinion no tiene visos de mucha

Nam queritur, quod fraude mala frustratusamantcm


Paucula coenato sibi debita savia Tiro
Tempore nocturno subtraxeril. His ego lectis,
Gur post haec, inquam, nostros celamus amores?
Nullumque in medium timidi damus? atque fatemur
Tironisque dolos, Tironis nosse fugaces
BInndilias, et furia novas addentia flammas?

(Plin., lib. VII, Epíst. IV.)

' Leyendo aquella obra en que Galo osa dar con audacia la
palma del triunfo y la preferencia á su padre, comparándole
con Ciceron, conocí que éste amaba los chistes, y que tan admi
rable era por su ingenio, tratando negocios grave3, como por las
sales y gracias con que divenia á hombres ilustres. Con efecto,
se queja que su Tiron (1) le engañó una noche, robándole, des
pues de haber cenado, unos besos amorosos, que le habian sido
prometidos. Leido esto, dije: ¿por qué ocultamos, pues, nues
tros amores? ¿No queremos pasar alegremente y sin reparo el ra
to, aprobando los engaños de Tiron, dando á conocer que sabe-
(1) Este liberto, muy adicto á Ciceron, reunió y copio Udas las ora
ciones, que hoy tenemos del cetebre orador romano.
— 457 —
probabilidad, porque su estilo, sus frases y todas sus
formas no las diferencian delas demas producciones,
salidas de la pluma del filósofo cordobés. Los que
deseen leer estos epígramas, los encontrarán todos
reunidos, y acompañados de una traduccion francesa
muy regular, en la citada coleccion de autores latinos
por Nisard. No queremos, finalmente, pasar por alto,
que en algunos clásicos del período que vamos recor
riendo, se encuentran de vez en cuando algunos con
ceptos espresados en versos mas ó menos elegantes,

mos poner en juego sus lisonjas fugaces, y añadiendo nuevas


astucias de amorosas llamas?

L't laus est cera), mollis cedensque sequatur


Si doctos digitos, jussaque flat opus;
Et nunc informet Martcm, castamque Minervam,
Nunc Venerem effingat, nunc Veneris puerum:
Vtque sacri fontes non sola incendia sistunt,
Sspeetiam flores vernaque prata juvant;
Sic hominum ¡ngenium flecti ducique per artes
Non rígidas docta mobilitate decet.
(Plin., lib. Vil, Epfst..IX.)

Asi como la blanda cera, manejada por un hábil artista, do


cilmente se inclina á cumplir las obras que él manda, ya mode
lando á Marte, ya á la casta Minerva, ya representando una Ve
nus y su hijo Cupido; asi como las sagradas fuentes, no solo
apagan los incendios, si no que riegan las flores y fecundan en
la primavera las praderas, del mismo modo conviene dirigir el
humano ingenio, sometiéndole, sin rigor y con sábia alternati
va, á las reglas prescritas por el arte.
— 458 —
que pueden hasta cierto punto merecer el título de
epígramas.

FABULAS.

FEDRO.

Seria, tal vez, una obra, tan útil é importante co


mo curiosa, la en que se propusiera indagar un ver
dadero sábio, las causas, que nos llevan casi instan
táneamente á hermanar en el apólogo la naturaleza
de los brutas con la nuestra, atribuyéndoles el uso de
nuestras facultades intelectuales y convidándoles, por
decirlo asi, al banquete de la razon, que sirve de guia
y norte al humano linage. En este trabajo de un gé
nero enteramente nuevo, figuraria en primer término
el Oriente, cuna del hombre, y á nuestro entender de
la mas elevada filosofía, porque el apólogo que pare
ce una planta indígena de su suelo, no es mas que la
fórmula muy ostensible de la metempsicosis, que pone
en inmediato contacto al hombre con los brutos, y
que, ensanchando aun mas su círculo, da vida casi ra
cional á los objetos inanimados, estableciendo de un
modo práctico y como una realidad, el panteismo que
acaba por unificar el universo con su creador.
Estas pocas palabras creemos que son lo bastan
te para dar á entender á los lectores, que el apólogo,
— 459 —
cuyo origen se pierde en la oscura noche de la mas
remota antigüedad, tiene un interés filosófico, porque
se enlaza muy directamente con los principios de la
moral, poniendo en accion en los brutos los vicios y
las virtudes del hombre. El fabulista, pues, que lle
gue á manejar con naturalidad y maestría el apólogo,
como el frigio Esopo, ó el que escribió las fábulas que
se le atribuyen, merecerá el nombre de filósofo prác
tico y popular. En cuanto á Fedro, de quien vamos á
ocuparnos, y cuya fama iguala la de los escritores mas
ilustres, es el único fabulista que figura en la historia
literaria de la antigua Roma (1).
Hasta Avieno, vate latino del IV siglo, ningun es
critor habla de Fedro en términos claros y preci
sos (2), y su biografía estan corta como oscura é in
cierta. Se cree generalmente que fué tracio, pero se
ignora el año de su nacimiento; se dice que fué escla-

(1) Los críticos notan con particularidad, que Menenio Agri


pa reconcilió á los patricios con los plebeyos , en los primeros
tiempos de la república, mediante un apólogo; queEnio inserid
en una de sus sátiras una fábula, titulada La Calandria, y quu
Horacio escribid la fábula de Las Ratas antes de que Fedro vi
niera al mundo. Esto es cierto; pero ningun autor, entre los que
habían precedido á nuestro fabulista, puede merecer real y ver
daderamente este título, comparado con Fedro, porque fué el
primero que did al apólogo, en la antigua Roma, formas pro
pias, instructivas y morales.
(2) Algunos creen que Marcial alude á nuestro Fedro en este
verso: «-An amulatur improbi jocos Phoedri.* Otros lo niegan,
y dicen que alude á un Fedro muy distinto del fabulista.
— 460 —
vo, pero no se sabe si nació en condicion servil, ó si
perdió la libertad á consecuencia de alguna gran des
ventura; se cree que cuando le llevaron á Roma esta
ba todavía en su infancia, pero este aserto no sale de
]i esfera de las conjeturas; y nosotros podemos afir
mar únicamente, que bajo Tiberio fué acusado y per
seguido por Seyano. Pero ¿fué condenado ó absuelto?
y si es cierto, como creen algunos, que se le condenó
¿qué pena se le impuso? lo ignoramos; y tampoco sa
bemos los motivos que ensañaron al ministro del ti
rano contra el pobre Fedro. Se supone con visos de
probabilidad, que en una de sus fábulas emitió pen
samientos atrevidos, que parecian aludir á Seyano, el
cual aspiraba, llevado en alas de su ambicion, á darla
mano de esposo á Livila, viuda del hijo de Tiberio.
Sea como fuere, lo cierto es, que de la vida de Fedro
no sabemos mas que lo que él nos ha dejado escrito
en su obra, dividida en cinco libros, que contienen
noventa fábulas en versos yambos. Los dos primeros
se cree que los publicó bajo Tiberio; el tercero dió
á luz durante el reinado de Caligula, como nos io
pone de manifiesto su dedicatoria á Eutiquio, que era
uno de los validos de aquel príncipe; los dos últimos
aparecieron en tiempo de Claudio.
Despues de haberse disputado largamente acerca
de la autenticidad de estas fábulas, y llegado hasta el
punto de negar la existencia de Fedro, los mejores
críticos han convenido finalmente en que hubo un
Fedro, hecho de carne y huesos como todos los de
— 461 —
mas hombres, y que sus fábulas pertenecen al siglo
de Augusto y Tiberio. Este fallo, generalmente adop
tado, ha puesto término á todas las dudas; y nosotros,
i|ue lo adoptamos tambien, porque lo creemos muy
sensato, vamos á dar nuestro juicio crítico acerca de
las fábulas de Fedro. Muchas de ellas son una traduc
cion de las de Esopo, á la sazon muy poco conocidas
en Roma; otras son originales, pero escritas en el
mismo estilo y las mismas formas que las esopianas.
Sin embargo, Fedro ha dado á todas un colorido suyo
, propio, una precision, una gracia y una ingenuidad
admirables, que las diferencian de las de Esopo, y
han merecido á Fedro el título de autor original tam
bien cuando copia ó imita. Su estilo es elegante, y
sus frases son muy castizas, aunque revelan de vez
en cuando el trabajo que ha debido costar al autor
buscarlas ó limarlas con demasiado esmero.
El suplemento de treinta y dos fábulas, atribuidas á
Fedro, y publicadas en Nápoles por los años de 1808,
los mejores críticos creen que es obra del célebre
Nicolás Perotto, arzobispo de Manfredonia, autor del
Cornu copiae, y uno de los protectores de la literatura
griega en Italia. No queremos, finalmente, pasar por
alto, que tenemos ochenta fábulas en prosa, que son
una especie de paráfrasis de las de Fedro: llevan el
nombre de cierto Rómulo; pero se cree generalmente,
que es un pseudónimo, porque ningun escritor anti
guo hace mencion de este fabulista. Algunos críticos,
fundados en la autoridad de un manuscrito poco co
— m —
nocido, las atribuyen á Rómulo Augustulo, último
emperador de Roma, y dicen que las escribió para ins
truccion de su hijo Tiberio (1).

HISTORIA.

VELEYO PATERCULO.

Este historiador, que pertenece al reinado_jde^.


TÍBerTó, fué nombrado por Augusto, & la firia^ A*
veinte y un anos , prefecto de la caballería. Con este
cargo honorífico, y luego con el Hgj-npst.nr y lugarfo
nientg^sigyió_á Tiberio en todas sus espediciones mi
litares, y fué, por espacio je_diez ynuevaañns, su.
.compaBero de armas y testigo de todas sus empresas
en la antigua Germania,, en Panonia. Y en Dalmacia.
Sabemos que este príncipe le trató siempre con
distincion y afecto; y Veleyo Patérculo, bien sea por
gratitud ú otros motivos, fué su amigo y panegiris-
Jtaj como nos lo demuestra su rnmjTñndio da historia
romana.JSsta obra, de la que poseemos únicamente

(I) Los que deseen tener mas noticias y pormenores acerca


de la vida de Fedro, de las disputas á que ha dado lugar la au
tenticidad de sus fábulas, y acerca de las fábulas atribuidas á
Rómulo, podrán consultar la larga disertacion , que precede á
las fábulas de Fedro en la coleccion de autores latinos por
Nisard.
— 403 —
una granjearte del libro primero y todo el segundo T
es
quemuy
el autor
apreciable
djsjucebajo
su fama
variosporja&_adulaciones
conceptos, á pesarqua
de

prodiga á Ti^ejjqjiLá-sa-pérfídajHinistro Seyano. En


ter
ella de
pinta
los personages
coajnacstríamas
y ádistinguidos
grandes rasgos
de laelantigua
carác-

Roma; acompaña el relato de los hechos con reflexio


nes
de siempre
políticaslayjusticia;
morales ensalza
juiciosaslasy acciones
profundas;,defien-
virtuosas. .

y se manifiesta severo contra los malvados y amante


fervoroso de su patria, pero sin parcialidad ni saña
contra los enemigos de Roma. Su estilo es conciso,
enérgico y al propio tiempo elegante; sus frases son
selectas y castizas. y@unque)en su historia se traslu
ce de vez en cuando cierta afectacion de lenguaje y
abuso de arcaísmos, el autor se espresa siempre con
facilidad y gracia.
Ignoramos la época de su nacimiento y la de su
muerte; pero se cree, que abrió los ojos á la luz del
mundo diez y nueve, años antes de Jesucristo, y que
bajó á la tumba el año 31 de nuestra era, víctima de
los enemigos de Seyano, su antiguo protector.

VALERIO MAXIMO.

Este varon, que nació en Roma y fué contem


poráneo de Veleyo Patérculo, nos ha dejado 410a
' obra, dividida en diez libros, de los cuales han lle
gado áJa_posteridad nueve , con el título de"Dichos
— 464 —
hechos memorables.'—Dictorum factarumque memo-

de gravísimos defectos. Valerio MáxTmcTserios mani-


tiesta dotado de poco discernimiento, desprovisto de
crítica, crédulo y adulador nauseabundo, como nos
da un claro testimonio de ello la dedicatoria de su
obra á Tiberio (1). Su narracion no^es agradable ju

(1) Hé aqui como se espresa en su dedicatoria, dirigiéndo


se á Tiberio: Te huic coepto, penes quem hominum, deorum-
que consensus, maris et ierrae regimen esse voluit , certissima
satus patriae Caesar, invoco , cujus coelesti providentia virtutes,
de quibus dicturus sum, benignissime foventur. Nam si prisci
oratores ad Jove Optimo Maximo bene orsi sunt , si excellentis-
simi vates á numine aliquo principia traxerunt: mea parvitas eo
justius ad favorem tuum decurrerit, quod cetera divinitas opi-
nione colligitur; tua presentí fide paterno aviloque sideri par
videtur: quorum eximio fulgore multum ceremoniis nostris in-
clylae claritatis accessit. Déos enim reliquos accepimus, Cassares
dedimus.
En castellano dice asi:

Para el buen éxito de esta empresa, á tí invoco, César, i tí,


á quien los hombres y los dioses han conferido de comun acuer
do el gobierno del mar y de la tierra; á tt, firme sosten de la
patria, y cuya discrecion divina alienta con mucha benignidad
las virtudes de las que voy á hablar, y castiga severtsimamente
los vicios. Si los antiguos oradores comenzaban con sensatez
sus discursos, invocando á Júpiter Optimo Máximo; si los vates
— 465 —
jngénua y sencilla; MJgtijfl n rtfirlarniitnrin y frin;
sus frases. ng soa selectas üi.ariMaiosas; y este au
tor, tanto por la forma y composicion de su trabajo,
como por el contenido de su obra, merece ser coloca
do entre los escritores de un órden muy inferior, si
se le quiere comparar con los que entonces florecian.
Es de notar tambien que VaJejio_Máiimo desfigura
muy amenudo la verdaH hisf.nrjr-a, llevado por su na
tural propension proferir lo maravilloso y patraor-
dinario al relato sencillo de los hechos. Su obra, sin
embargo, en muchos casos se cita como autoridad,
porque contiene una multitud de cosas, que aclaran
la historia, y otras que nos dan la idea mas perfecta
de los usos, costumbres y leyes de los pueblos anti
guos. —Se ignora el año de su muerte.
Algunos críticos han afirmado, sin fundamento
ni visos de probabilidad, que la obra de Valerio Máxi
mo es un estracto de otra mas estensa del mismo
autor, y que esta especie de compendio pertenece á
un C. Tito Probo, ó á un Julio París, ó á un Juanario
Nepociano, hombres muy oscuros en la república de

mas eminentes pedían la protección da algun dios al comenzar


sus cantos, mi pequenez me obliga con mas motivo oun ú pedir
tu amparo, por la sencilla razon de que todas las divinidades se
apoyan en la opinion de los hombres, cuando la tuya, por el
contrario, se da sensiblemente á conocer por su perfecta seme
janza con el astro de tu padre y con aquel de tu abuelo, cuyos
rayos refulgentes han dado un brillo muy noble á nuestras cere
monias religiosas: y nosotros, en cambio de los demás dioses,
que hemos recibido, hemos dado nuestros Césares.
MAN. DE LIT. LATINA. 30
— 466 —
las letras. Nosotros, pues, contentándonos con haber
indicado esta opinion, juzgamos únicamente del ca
so, añadir 'que Paris, hizo un compendio de los
Anales de Valerio Antia, personage muy distinto de
nuestro Máximo, y que un fragmento de esta obra,
titulado De nominibus, suele encontrarse en algunas
ediciones de este último, como un apéndice ó mas
bien un suplemento á su décimo libro de que ca
recemos.

CORNELIO TACITO.

f Pensamientos muy elevados, grandes máximas


políticas y morales, puntos de vista muy latos, pin-
| turas vivas y á grandes rasgos de la corrupcion de
) los tiempos, imparcialidad en los juicios, ninguna
disculpa en abono del \ icio, conocimiento profundo
del corazon humano y de su malignidad, enprofa Ht>
.estilo, concision de lenguaje, reminiscencias dolorosas
de lo pasado, son las grandes dotes que distinguen 'á
Tácito, y que han convertido sus «Historias» y sus
«Anales» en una escuela de política. De las primeras,
que abrazaban veinte y nueve años, desde el sesenta
y nueve de nuestra era hasta el noventa y seis, y que
comenzaban por el advenimiento al trono de Galba,
estendiéndose hasta la muerte de Domiciano, no han_
legado mas á la posteridad que los primeros cuatro
libros y el principio del quinto, que comprenden el
año sesenta y nueve, y parte del setenta. De los se-
— 467 —
, repartidos en diez y seis libros, que com
prendian los reinados de Tiberio, Calígula, Claudio y
Neron, nos quedan los primeros cuatro libros, una
parte del quinto, el libro once y casi todo el catorce,
no faltándole mas que el fin. Estos libros contienen
el reinado de Tiberio, el último período del de Clau
dio, y casi íntegro el de Neron.
Así las «Historias» como los «Anales,» escritos
por Tácito en su vejez, son el producto de una espe-
riencia consumada; su narracion no tiene las galas de
ses,
la demuy
Titoamenudo
Livio; su duras,
estilo no
rellcjan
es armonioso,
siempre lay aspereza
sus frar

y la amargura, propias de la indignacion de Tácito,


contra las costujnbres corrompidas de Roma. Su es-
cesiva concision raya de vez en cuando en oscuri
dad, y los lectores se ven obligados á interpretar el
pensamiento del historiador. Todos los críticos notan
estos defectos, y nosotros estamos muy lejos de ne
garlos; pero ¿no se convierten en lunares impercep
tibles, no desaparecen cuando Tácito se nos presenta
en la narracion de los grandes sucesos, remontándose
á las causas que los han producidov^jstoxiador- filóso
fo, político profundo y moralista indignado contra el
vicio? (1)

(I) Aimé-MartiB. al hablarnos delas «Historias» y de los


«Anales» de Tácito, se espresa en esta forma: «Tácito ha encar
nado en la historia el amor á la verdad y un gran carácter con
aquella fuerza de genio que sabe verlo todo, pintarlo todo, pro
fundizarlo todo. En este autor no hay hipocresía; ensalza la vir^
— 468 —
La vida de Agrícola/ escrita por Tácito, es el mo
delo mas perfecto de una verdadera biografía, es el
mas bello monumento que haya podido erigir á un
particular la pluma de un escritor (1). Esta obra
maestra, publicada por nuestro ilustre varon á la
edad de treinta y cuatro aílos, dio á conocer á los
romanos la fn^pa dft su jne;enir>. la elevacion de su?
pensamiento, su profundidad política; y los que ha
yan leído sus «Historias» y sus «Anales,» no vacilarán
en compararla al lucero de la mañana, que abre las
puertas del Oriente al gran planeta, destinado á ilu
minar la tierra que habitamos. Fs cifirtn qnft T&rítn
nos pinta á su suegro Agrícola como un ser perfecto,

tudpara
renciándose
tributarla
de Salustio,
honor;
quécastiga
con ePrnísmo
al vicio, porque
talentoley odia,
el mismo
diíe-

ardor contra su siglo, persigue con insolencia en los demás lodos


los vicios¡que él tenia.» V. Plan de une Bibl. Univ.,pág. 317—
18, edic. de Bruxelles.
(I) Lefranc dice en su Manual de literatura latina, páginas
308 y siguientes, que un célebre crítico ha emitido el juicio si
guiente acerca de la vida de Agrícola: «Este trabajo es la deses
peracion de los biógrafos, la obra maestra de Tácito, que no ha
hecho mas que obras por el mismo estilo. El autor nos intere
sa, comenzando por ponerse él mismo en escena; y exhalando
de su alma la opresion de un dolor elocuente, nos lleva paso i
paso por la senda que conduce al fin de su obra, que es un
bosquejo rápido y profundo de la tiranta de Doiniciano.»
Nosotros creemos que el principal mérito de esta obra bio
gráfica lo sanciona y constituye su misma lectura, jorque des
pues de haberla leído, no sabemos si es mas acreedor á nuestros
elogios Tácito que la escribid, (JCn. Julio Agrícola, que es el
elogiado.J
— 469 —
y cual nosotcos no lo creemos (1); pero la pintura,
mas ó menos exagerada, de los vicios y de las virtu
des de un gran personage, no cambia ni debilita las
máximas generales y las ideas sublimes de una acen
drada moral y de una sana política.
El opusculo sobre las costumbres de los germa
nos De siluL moribu$ et populi* Germanice, libellus , es
en_gran_paj^e una descripcion geográfica y política
de la antigua Germania, muy poco conocida por los
romanos, que apenas habian llegado al Elba, atrave
sando este rio una sola vez, en tiempo de la espedi-
cion de Domicio Enobarbo. I^as noticias, pues, que
nos ha dejado Tácito sobre el particuTar són muy im
perfectas; pero su libro es uno de los monumentos
mas apreciables de la antigüedad en todo lo que dice
relacion con las costumbres é instituciones políticas
de los germanos, como su gobierno y administracion
interior, su vida doméstica, su manera de vestirse y
alimentarse, el estado de su agricultura, sus fiestas,
su religion, sus sacerdotes, sus sacrificios, su modo
de hacer la guerra, sus matrimonios, los deberes que
mediaban entre maridos y mugeres, el amor filial y
los derechos que conferia la patria potestad etc. etc.
..Montasqnipn juzga este opusculo en los términos si
guientes: «Tácito ha escrito una obra especial sobre

cial(I)en Los
la vida
críticos
de Agrícola,
dicen que
desaprobando
Tácito se manifiesta
algunas demuy
sus impar-
accio
nes: esto no es cierto. Cuando Tácito le censura, se refiere
siempre á los mandatos de Roma, y no á Agrícola.
— 470 —
da,
las costumbres
pero es la obra
de los
degermanos;
Tácito, queesta_oJ)ra_es_xeduci-
ln ahrfiviaha toHn.

porque lo veia todo (1).» Este juicio crítico, aunque


escrito en forma epigramática, es el elogio mas bello
é ingenioso, que ha salido de la pluma de los admira
dores de nuestro historiador.
El diálogo, que tenemos bajo el nombre de Tácito
acerca de los célebres oradores ó las causas de la
corrupcion de la elocuencia. De claris T7Tfflrift«f, tmr
de causis corruptas eloquentiq , algunos críticos le atri
buyen á Quintiliano, y otros á Plinio el Joven. Nos
otros, persuadidos de que cuestiones semejantes,
meramente eruditas y de por sí poco «tiles, no pue
den ni deben tener cabida en un Manual, nos limita
cion
mos ádedecir
los antiguos
que este oradores
diálogo, de
queRoma
es una
con los
compara^
poste

riores, y una esposicion de las causas que contri


buyeron á corromper la elocuencia en tiempo del
nes
imperio,
ingeniosas
encierra
y juicios
un crecido
críticos
número
muy importantes
de observacio»-
so

bre la historia literaria de la antigua Roma.


Las obras de Tácito y su memoria se enlazan tan
estrechamente con la época en que vivió este ilustre
varon, que no es posible separar las unas de la otra,
y su tacto politico y conocimiento profundo de los
hombres han dado á todas las producciones de su su
blime ingenio un carácter de universalidad y un tim-

(1) Esprit des lois.—lib. 30.


— 471 —
bre tan original, que Tácito ha sido siemprey será el
historiador filósofo de todas las generaciones, de to
dos los pueblos, de todos los tiempos y de todos los
Estados, cualquiera que sea su forma de go
bierno (1).
Vespasiano j_Tito le prodigaron grandes jiono^,
res: Domiciano le nombró jaretor el J^o 88_ demues
tra, era^ fná miembro del colegio sacerdotal; dirigió
las fiestas seculares que mandó celebrar Domiciano,
y hecho cónsul bajo Neron, dice con mucha opor
tunidad el conde de Segur: «Tácito honró á Roma, y
no ésta á Tácito, colocándole en tan eminente pues
to (2) .» Este historiador, único en su género, nació
el ano 59 ó 60 de Jesucristo, segun afirman algunos
escritores, ó el 61, segun afirman otros: ignora
mos el ano en que bajó á la tumba. Pero, si es des
tructible el despejo mortal, que reviste al hombre, es
inmortal su inteligencia, y Tácito vive aun, y vivirá
siempre en la memoria de los venideros, porque la

(1) Los biógrafos del conde de Mirabeau, que no fué ni De-


mdstenes ni Ciceron, si no el grande orador que exigía y ne
cesitaba la revolucion francesa de 1789, como dice Víctor Hugo
en un pequeño lomo de misceláneas, esos biógrafos notan con
especialidad, que Mirabeau se formd potítico profundo, estu
diando á Tácito. Silvio Pellico dice en «Mis Prisiones,» que este
historiador mira siempre las cosas por el lado mas oscuro; pero
al que quiera penetrar hasta el fondo del corazon del hombre,
y remontarse á las causas de sus acciones malignas, ¿le será da
ble adoptar con buen éxito un sistema distinto del de Tácito?
(2) En su Historia Universal.
— 472 —
grandeza de su alma, depositada en las doctas pági
nas,
nía yque
su amor
nos haá trasmitido,
la libertad. Su
refleja
patria
su fué
ódioInteramna,
áJa-tira*

hoy Terni en la Umbría; su escuela práctica Roma;


su único deseo mejorar la condicion de sus semejan
tes, persiguiendo al vicio (1).

QUINTO CURCIO RUFO.

Ignoramos todos los pormenores de su vida, y


podemos decir únicamente á los lectores, que algunos
críticos, fundados en que Tácito en sus Anales (2),

(1) El emperador Tácito, que creia descender de nuestro cé


lebre historiador, mandd depositar, en los seis meses de su breve
reinado, todas las obrasde su ilustre deudo, verdadero ó su puesto,
en las bibliotecas públicas de Roma y en los archivos del Esta
do, y ordend al propio tiempo, que se las copiase de diez en
diez años á espensas del gobierno. Pero, bien fuese descuido en
cumplirla voluntad de un señor, que ocupd fugazmente el trono,
bien fuese que mediáran otros motivos que ignoramos, lo cierto
es que las obras do Tácito, y principalmente sus «Anales,* co
menzaron A escasear mucho en los últimos años del imperio. En
la época del renacimiento se registraron antiguas bibliotecas y
Archivos con la esperanza de encontrar la parte que faltaba
de sus obras, y Angel Arcomboldi tuvo la suerte de descubrir
en el monasterio de Corvey, en Wesfalia.los primeros cinco li
bros de los Anales, que se publicaron en Roma por órden det
soberano pontifice Leon X, el año de 1515, uniéndoles á los li
bros que se habían encontrado anteriormente.
(2) An., lib.XI. n.° 20 y 21.
— 473 —
y Plinio el Joven, en una de sus cartas (1), ha
blan en términos muy generales de un Curcio Rufo,
han aplicado á nuestro historiador los pasages de
estos dos autores; pero su opinion no sale del cír
culo de las conjeturas, que no tienen bases sólidas.
Se supone con la misma incertidumbre, que floreció
bajo Vespasiano y Tito: algunos le colocan en el nú
mero de los escritores, que pertenecen al reinado de
Tiberio. Esta última opinion tiene visos de probabili
dad, si no queremos perder de vista, que el estilo de
Curcio conserva todavía muchas de las elegancias del
siglo de Augusto. Otros, finalmente, afirman que vi
vió bajo Constantino ó Teodosio 1 (2), lo que no es
muy verosímil, porque á la sazon no se escribia ya el
latin con la pureza y elegancia, que se notan en
QuintoCurcio.
En cuanto á su obra De las empresas de Alejan
dro el Grande, De reb.us gestis Alexandri Magni, convie
nen todos los críticos en que merece mas bien el nom
bre de novelaquede historia (3). lis una compilacion
indigesta y sin juicio: Quinto Curcio jip_da_áJa_nar=_
raciondejos hechos un órden lógico; confunde Jas .
épocas; sus descripciones tienen yjyg^ y fipjfjipdn

(1) Lib. 7, epíst. 27.


(2) V. Schoell, Hist. Abrcg. de la lit. rom., t. II, pág, 383.
—París, 1815.
(3) V. Schoell, ob., cit., t. U, pág 38o y sig. V. tambien
Ficker, Hist. abr. de la lit. clás., par. 2.', pág. 147 de la tra
duccion francesa.
— 474 —
pero se separan muy amenudo.de. la realidad, por
que ol aulor lo sacrifica todo al brillo de su imagina-
cion y se inclina siempre á lo maravilloso; el_reIaio__
de las batallas es oscuro y hasta incomprensible, por
que ignora completamente el arte militar; ignora los
conocimientos astronómicos y geográficos mas comu
nes; confunde el nimite Tauro con . I Cáucaso; separa
en dos lagos el mar Caspio y el llircanio; altera y
desfigura los datos cronológicos, y en su obra se en
cuentran á cada paso contradicciones palmarias. Pero,
á pesar de todos estos defectos muy graves, la lectu
ra de Quinto-Curcio es agradable, porque algunas de
sus
nas descripciones
de las arengas, respiran
que haceamenidad
pronunciar ,y ágracia;
sus héroes,
algu-

son elocuentes, llenas de fuego, y una verdadera


castizas;
obra maestra
su estilo
del esarte;
fluido,
sus yfrases
no fatiga
son elegantes
la atenciony _

de los lectores; algunos de sus héroes están muy


bien caracterizados, y Alejandro se nos presenta
siempre
mente heróica.
en actitud noble, magestuosa y verdadera;,

De los diez lihros. en que estaba repartida la


obra de Quinto-Curcio, los dos primeros^ el fin del
quinto, y el principio del sesto, han sido presa de la
voracidad de los siglos; pero el sábio aleman Freins-
hemio, conocido comunmente bajo el nombre de
Freinshemius, ha llenado estas lagunas, sirviéndose
al efecto de las varias historias de Alejandro el Gran
de, que todavía poseemos. Su trabajo es aprecia-
— 475 —
ble, porque revela un gran fondo de crítica, y exac
titud en la narracion de los hechos.

C. SUETONIO TRANQUILO.

Entre los escritores de este cuarto período, me


rece ocupar un puesto preferente Suetonio Tranqui
lo, hijo de un tribuno militar, llamado Suetonio Leño,
y uno_deJos biógrafos mas ilustres de la antigüedad
despues de Plutarco. Nuestro Suetonio nació bajo el
reinado de Neron hácia el año 66 de Jesucristo; fué
amigo muy íntimo de Plinio el Joven, y apreciado por
Trajano, á quien Plinio le recomendó; ejerció en Ro
ma el oficio, de gramático y retor, y se distinguió
por su amor á la libertad. Fué secretario íntimo de
Adriano con el título de Magister epütolarum; pero al
cabo de algun tiempo, este príncipe le separó de su
córte per haber faltado al respeto á su esposa la em
peratriz Sabina, ó mas bien por haber descubierto'
como afirman algunos escritores, que mediaban lazos
de una amistad culpable entre Suetonio y Sabina.
Nosotros nos inclinamos á esta opinion, que es la mas
natural, y la que se apoya en mayores probabilida
des, si no queremos perder de vista, que Adriano
odió siempre á su esposa hasta el estremo de obli
garla á suicidarse para que no le sobreviviera. Sabe
mos que Suetonio pasó los últimos años de su vida
en el retiro, dedicado al estudio; pero ignoramos el
ario en que bajó al sepulcro. Sus biografías de los Doce
— 476 —
Césares son uno de los monumentos mas apreciables
de la antigüedad, tanto por las noticias que contienen
acerca de muchos acontecimientqsj)ojíticos y militares
de un gran interés, como por la descripcion minu
ciosa
radores.
de laEnvida
estas
privada
biografías,
de los Suetonio
doce jrimeros
no Ste.atie.nR
empe-

con escrupulosidad al órHpn crnpológicn de los he


chos, sino al de las materias que se propone tratar,
como el nacimiento, la juventud, las empresas, las
ordenanzas y leyes de cada emperador, su vida do
méstica, sus vicios horrendos y escasas virtudes, sus
esposas y concubinas, sus diversiones, su carácter,
su retrato, su muerte. El estilo de Suetonio es senci
llo, fácil, y sin adornos; su narracion espontánea,
aunque vaya con frecuencia en unn desenvoltura, que
ofende el pudor, gusta; sus frases son siempre casti
zas y muy espresivas, y tocias sus biografías llevan
un timbre republicano muy marcado. Suetonio, cré
dulo y supersticioso, como todos sus contemporáneos,
nos refiere una multitud de prodigios pueriles, que han
anunciado, á su entender, el advenimiento al trono
de cada emperador, y el fin de su carrera mortal.
Vosio, apoyándose en un pasage de San Gerónimo,
que Schoell no pudo encontrar, y lo propio ha suce
dido á nosotros, dice que Suetonio escribió sus bio
grafías con la misma libertad con que vivieron los
emperadores romanos (1).

(i) Vossii, hist. lat. I, 31.


- 477 —
Tenemos tambien de este autor las vidas de los
ilustres gramáticos Dejillustribus grammaticis, y un
Jragmento de las de los retores, escritas por el mis
mo estilo. Las dos obras son muy reducidas y nada
ofrecen de notable. Las vidas de Terencio, Horacio,
Lucano, Juvenal, Persio, Plinio el Joven y Séneca,
que se han reimpreso repetidas veces bajo el nombre
de Suetonio, algunos críticos las suponen apócrifas;
otros pretenden, por el contrario, que formaban
parte de una coleccion de nuestro autor, titulada De
poetis (1). Sea como fuere, lo cierto es, que suelen
citarse como autoridad, á pesar de que tienen noticias
de muy escaso interés, y que se encuentran mas es
tensas en otros escritores antiguos. El catálogo de
los ilustres romanos, ó mas bien la genealogía de su»
familias respectivas, algunas obras sobre gramática,
una historia de los reyes de liorna, y un libro de los
juegos ó espectáculos públicos de los griegos, traba
jos todos que se atribuyen á Suetonio, no han resistido
al embate de los siglos.

LUCIO ANIO FLORO.

Se cree generalmente, que fué español, y la


opinion de los que afirman que abrió los ojos á la
luz del dia en las Galias, no es muy comun; pero sa
bemos con certeza que pasó toda su vida en Roma,

(i) Schoell, t. II, pág. 389.


— 478 —
y que escribió bajo el reinado de Trajano. Algunos
críticos le atribuyen el Pervigilium Veneris, que cono
cen ya nuestros lectores; otros creen que muerto
Trajano, su sucesor Adriano dirigió á Floro los ver
sos, que insertamos en nota, á continuacion de los que,
segun nos refiere Sparciano, habia dirigido primero
al César nuestro Floro (1). Hay críticos, sin embargo,
que afirman terminantemente que el Floro, de quien
habla Sparciano, es un personage muy distinto de
nuestro historiador. Sea como fuere, lo cierto es que
cultivó la poesía, y que ha llegado hasta nosotros su

(I) Versos de Floro al emperador Adriano.

Ego nolo Ccesaresse,


Atnbulare per Britanrws,
Scythicas pati pruinas.

No quiero ser¡César para recorrer los campos de la Bretaña,


y sufrir los frios de la Escitia.

Versos del emperador Adriano A Floro.

Ego nolo Florus esse,


Embalare per tabernas,
Latitareper popinas ,
Culices pati rotundos.

No quiero ser Floro para recorrer las tabernas y vivir arrin


conado en las hosterías, espuesto i las picaduras de los mosqui
tos.—Spart. Vil. Adr.
— 479 —
pequeño poema, titulado De qualitata vitae. Tenemos
tambien un epígrama que escribió sobre las rosas (1),
y finalmente Vosio le atribuye una de las diez trage
dias de Séneca, á saber la Octavia (2).
Pero Floro ocupa principalmente un puesto entre
los escritores de la antigüedad por su Epitome De ges-
Us rommorum, estractado de Tito Livio, y otros es
critores, gran parte de cuyas obras se han perdido.
Floro narra los hechos rápida y ligeramente, muy
amenudo se contenta con indicarlos, y en vez de re
ferirlos con crítica é imparcialidad, se eleva en pane
girista de Roma. Todas las acciones del pueblo rey,
toman bajo sa pluma un aspecto hermoso y noble;
todas sus guerras fueron santas y justas; sus con
quistas bien merecidas; su conducta fué siempre
laudable y generosa, y finalmente todo lo que pensó
é hizo fué admirable. El estilo de Floro es elegante,
pero amanerado y declamatorio, y en su Epítome se
notan muchas inexactitudes cronológicas y geográfi
cas. No queremos pasar por alto, sin embargo, en
abono de su fama, que la obra de este autor ha lle
gado á la posteridad muy corrompida y adulte
rada.
Algunos críticos han atribuido, con poco funda
mento, el Epítome de Floro á Séneca el Filósofo (3).

(1) Hist. Elem. et. crit. de laiiler. par Lefrancjliter. lat.,


pág. 315. París, 1838.
(2) V. Schoell, ob. cit. t. 2.°, pág. 391.
(3) Schoell, ¡d. pág. 390.
— 480 —

HISTORIADORES,

CUYAS OBRAS NO HAN LLEGADO A LA POSTERIDAD.

HrutidioNiger. —Tiberio.—Claudio.—Agripina. —Cs.


Cornelio Lentulo Getulico.—Cn. Domicio Corbülo.
— C. Suetonio Paulino. — L. Trasea Peto.—Mar
co Licinio Craso Muciano.—Marco Cluvio Ro
po.—Herenio Senecio. —Servilio Noniano. —Tra-
jano.

Brutidio Niger escribió sobre la muerte de Cice


ron, y Tácito dice que fué hombre dotado de muchas
virtudes, pero ambicioso; Plinio cita las Memorias de
la vida de Tiberio, redactadas por él mismo; C!audio
escribió su autobiografía, dos libros acerca de las co
sas que habian acontecido despues de la muerte de
Julio César, y cuarenta y un libros sobre la guerra ci
vil entre Augusto y Marco Antonio hasta el estableci
miento del imperio; Suetonio dice que Cn. Cornelio
Lentulo Getúlico escribió una obra histórica; Plinio
habla de la emperatriz Agripina, esposa de Claudio,
y dice que escribió Memorias, en que narraba los he
chos de su vida; este mismo autor y Tácito citan
con
lo; C.frecuencia
Suetonio las
Paulino
Memorias
compiló
de laCn.
historia
Domicio
de su
Cornu-
cam

paña de Africa; Trasea Peto escribió la vida de Caton


— 481 —
de Utica; Plinio cita las Memorias de Licinio Craso
Muciano; M. Cluvio Rufo compiló la historia del rei
nado de Neron; Herenio Senecio escribió la vida de
Elvidio Prisco, yerno de Trasea Peto; Servilio Nonia-
no compuso un Epítome histórico; Trajano escribió
las Memorias de su vida; Fabio Rústico escribió una
historia compendiada (1).

ELOCUENCIA.

HERMAGORAS.—CESTO PIO.—SEX. JULIO


GABINIANO.—VIRGINIO RUFO.

Cuando el don de la palabra no es libre; cuando


un orador no puede esclamar, como Ciceron, Dii In
mortales, echad vuestras maldiciones desde la cumbre
del Olimpo contra los enemigos de la república; cuan
do un tirano puede absolver y castigar á su talante;

(1) Tiraboschi en su historia literaria de Italia apunta los


nombres de la mayor parte de estos historiadores, y da algunas
noticias acerca de sus obras perdidas; Schoell en el t. 2.° pá
gina 392, ob. cit. los cita, á escepcion de Trajano y Fabio Rústi
co; Lefranc hace lo propio en su Manual de literatura latina,
pero pasa por alto algunos de ellos; Ficker cita unos pocos en su
historia abreviada de literatura clásica, par. 2.°, pág. 140, traduc
cion franccesa ; Vosio en su opúsculo De historicis latinis los
cita lodos.
MAN. DB LIT. LATINA. 31
— 482 —
cuando asisten esbirros y delatores á las arengas del
orador, la elocuencia muere, y se convierte en arte
retórico, en reglas escolásticas, y muy amenudo en
palabrería insustancial. Esto sucedió en el período
que vamos recorriendo; esto ha sucedido en nuestras
monarquías absolutas; esto sucederá siempre en don
de el despotismo triunfe. Con efecto bajo el imperio
no encontramos mas en Roma que preceptistas, y los
últimos relámpagos de una elocuencia varonil, pero
adulatorin, en Plinio el Jóven.
Los antiguos escritores nos hablan de un Her>
magoras, griego de Tomnos, ciudad de la antigua
Eolia y profesor de retórica en tiempo de Augus
to y Tiberio; de un Cestio Pio de Esmirna, que en sus
lecciones de elocuencia y oratoria trataba de ignoran*
le y escritor de mal gusto á Ciceron; de un Sexto Ju
lio Gabiniano, que adquirió celebridad como maes
tro de retórica en las Galias y en Roma; de un Vir
ginio Rufo, que ejerció la misma profesion poco antes
de ocupar la silla imperial Galba. Nada sabemos de
sus vidas respectivas, y la posteridad no posee obra*
salidas de su pluma.

MARCO ANIO SENECA.— QUINTILI ANO.

Fueron entrambos maestros de retórica; pero


muy distintos en mérito, como nos lo ponen de ma
nifiesto sus obras, deque vamos á ocuparnos.
M. Anio Séneca, padre de Séneca el Filósofo, abrió
— 483 —
los ojos á la luz del dia en Córdoba antes de la muer
te de Augusto; pero pertenece al siglo de Tiberio y
Neron, tanto por los vicios de que adolece su estilo,
como por haber escrito bajo estos dos emperadores.
Tenemos de Séneca dos obras ; una titulada, Suaso-
ríorum en un libro; y otra Contraversiarum, repartida
en diez libros. En las dos nos ha conservado algunos
pasages de los discursos que habia oido pronunciará
los retores mas ilustres de su época, y de las dispu
tas que entre ellos habian mediado. Las materias de
que trata son de muy escaso interés, porque son to
dos argumentos fingidos, que rayan muy amenudo
en puerilidades, como estas de las Suasorias: ¿Seem-
barcó Alejandro en el Océano?—Los trescientos esparta
nos, destinados á defender el paso de las Termópilas, ¿ape
laron á la fuga? ¿Consentirá Agamenon al sacrificio de su
hija lfigenia? ¿Se disculpará Ciceron con Marco Antonio
y arrojará á las llamas sus escritos, si Marco .Antonio lo
exige? Los argumentos de las Controversias son por
el mismo estilo: Una Vestal precipitada desde lo alto de
la roca Tarpeya quedó viva, ¿se la condenará á pesar de
esto á morir?—La ley da á una doncella el derecho de pe
dir la muerte de su raptor ó de obligarle á casarse con ella
sin dote, exige ser su esposa; pero el culpado del crimen
niega haberle cometido, y la doncella quiere retractarse
¿se lo permitirá la ley?
El libro de b.s Suasorias, se cree que no está com
pleto: de las Controversias tenemos los libros segundo,
sétimo, noveno y décimo. El estilo de las dos obras,
— 484 —
dedicadas por el autor á sus hijos, es en general de
clamatorio, y se resiente sobremanera de la decaden
cia del gusto. De vez en cuando se encuentran en
ellas algunos trozos muy elocuentes y dignos del
buen siglo, pero son tan escasos que no las dan brillo
ni importancia; y hoy los eruditos consideran las
obras de M. Anio Séneca como un objeto de pura
curiosidad, y no como un verdadero monumento de
la literatura antigua.
No queremos pasar por alto en esta circunstan
cias que la naturaleza dotó á Anio Séneca de una
memoria prodigiosa, como él mismo lo afirma, di-
ciéndonos que en su primera juventud llegó á repetir
dos mil nombres, recitados una sola vez en su pre
sencia, conservando el órden en que se les habia
pronunciado, y mas de doscientos versos, recitados
por igual número de personas (1). Algunos escritores,

(1) Iniereaquae retuli, memoria est, res ex omnibus par-


tibus animi, maxime delicata ct fragilis: in quam primam senec-
lus incurrit. Hanc aliquando in me floruisse, ul non tantum ad
usum sufficeret, sed ¡n miraculum usque procederet, non nego.
Nam et duo millia nominuin recítata, quo ordineerant dicta, red-
debam: ct ab is, qui ad audiendum praeceptorem nostrum con-
vencrant, singulos versus, a singulis datos, cum plures quam
ducenti efficerentur, ab ultimo ¡ncipiens usque ad primum reci
taban).—V- Praef. lib. I. Contr.

En castellano dice asi:

En todas las cosas, que acabo de referir, la memoria es la


prenda mas frágil y delicada del ánimo, y la primera que (laquea
— 485 —
bien sea por equivocacion ó ignorancia , han atribui
do este don particular á Séneca el Filósofo. (JÁ)l'vl
J Vamos á hablar ahora de Quintiliano, que ilustró
con sus doctas elucubraciones un siglo de decaden
cia literaria, emitien lo preceptos sanos y muy útiles,
que servirán siempre de guia y norte á prosistas y
poetas. Este insigne varon nació el ano 42 de nues
tra era, en Cilagurris, hoy Calahorra, antigua ciudad
de la España Tarraconense (1). Siendo todavía muy
jóven, su padre le llevó á Roma; y Quintiliano, des
pues de haber asistido á las lecciones de los rotores
mas célebres de su tiempo, se dedicó al foro y á los
estudios clásicos. Dotadojwr la naturaleza de ingenio
fácil, de aquella viveza de espíritu, que es muy pro
pia de lodos los pueblos meridionales, de mucha
perspicacia y retinado gusto, lejos de imitar á los es
critores sus contemporáneos, procuró corregir su»
defectos, abriendo una escuela pública de elocuencia
bajo Vespasiano, que le señaló una pension de cien

en la vejez. No niego que esta floreció en mt, hace ya tiempo,


no solo lo bastante para lo que pudiera yo necesitar, sino tam
bien en un grado tan eminente, que rayaba en el milagro. Si
uno recitaba dos mil nombres, yo los repetía por el mismo
<5rden, y en la escuela de nuestro preceptor, á la que concur
rían mas de doscientos discípulos, si pronunciaba cada cual un
verso, yo los recitaba todos, comenzando por el último, y
acabando en el primero.
(I) Algunos autores han dicho equivocadamente que Quin
tiliano nació en Roma.
- 486 —
mil sestercios (1) anuales, para que pudiera mante
nerse con decoro y dedicarse con ahinco á la instruc
cion de la juventud. Este ilustre preceptista dictó sus
lecciones por espacio de veinte años, no dejando al
propio tiempo de frecuentar el foro (2), y sus Institu-
4ione¿ oratoria son uno de los monumentos mas «pre
ciables de la literatura de laantigliaJlaiDa.
Esta obra no es únicamente un tratado_ de retóri
ca, como han supuesto y escrito algunos pedantes,

(1) V. en el t. de nuestra Hist. Univ. la reduccion de


monedas.
(2) Marcial en el epigrama 90, lib. 2.°, le prodiga los títulos
honrosos de moderador de la juventud desaplicada, y de gloria
de Roma.
Quintiliane, vaga? moderator summe juventa?;
Gloría romana?, Quiutiliane, toga?.
El último de los Flavios, Domiciano, á pesar de ser un tira
no cruel y poco amante de las letras, did á Quintiliano tes
timonios de benevolencia y afecto; le distinguid sobremanera
entre sus contemporáneos; le conlió la educacion de sus sobri
nos, y le nombrd consul. Quintiliano, bien sea por gratitud 6
debilidad de espíritu, ó por el deseo de lograr ventajas mayores,
mediante la proteccion de su señor, como es de suponer, elogió
i este mdnsiruode la humana raza.
Los antiguos escritores notan con particularidad, que Quin
tiliano fué el primer profesor de elocuencia pensionado por el te
soro imperial, y dicen que su escuela fué frecuentada por las per
sonas mas ilustres de su época, lo que es muy cieno. Con efecto,
tuvo el honor de contar en el número de sus discípulos & Plinio
el Jdven, y á la infortunada Domilila, sobrina de Domiciano, re
legada mas adelante por este emperador á la ista de Pandateria.
en el reino de Nápoles.
— 487 —
sipo un curso complejo jft fidjicaciaa pn que Quinti-
liano se propone fprmar un orador, siguiéndole paso á
paso
vida. desde
Con efecto,
su cuna
en elhasta
primer
el último
libro prescribe
término reglas
de su

para educará los niños, y métodos para los estudios


gramaticales; en el segundo da preceptos retóricos, y
ventila varias cuestiones relativas al arte oratorio, y
en los demás libros da una multitud de reglas y pre
ceptos , para los que se dedican al estudio de la elo
cuencia, hermanando las teorías mas sanas, que son
fruto de su esperiencia y larga meditacion, con ejem
plos entresacados de los escritores griegos y romanos
de mas fama. En sus Instituí-iones oratoria, Quintiliano
se nos pre-enta como un hombre dotado de espíritu
penetrante, de mucho juicio, de una crítica admira
ble y versado en la lectura de los clásicos de la anti
güedad. Sus observaciones prácticas son escelentes,
sus reflexiones casi siempre oportunas, sus frases muy
castizas, y dignas del buen siglo de la literatura latina;
su estilo es muy elegante, y no se diferencia mucho
del de Ciceron, cuyos escritos se propuso por mo
delo. Su obra, pues, es perfecta en su género, su
mérito incontestable, y los críticos mas descontenta-
dizos se limitan á decir, que en Quintiliano se notan
de vez en cuando algunas espresiones oscuras y afec
tadas, que tienen mas bien un falso brillo que pro
fundidad (1).
(I) Se cree generalmente que Quintiliano escribid esta obra
i instancias de sus amigos y para instruccion de su primer hijo.
— 488 —
Las diez y nueve grandes declamaciones y las
cuarenta y cinco menores, que algunos le han atri
buido, son apócrifas y trozos estractados de obras
posteriores al siglo de nuestro autor. Gerardo Vosio
cree que pertenecen á Postumio el Joven, que figura
en el número delos emperadores romanos, conocidos
generalmente bajo el nombre de los treinta tiranos;
otros las atribuyen á cierto Floro, muy distinto del
historiador de este nombre; y otros, sin meterse en
investigaciones, tan inútiles como ociosas, se conten
tan con decir, que son una obra de muy escaso mé
rito. Del diálogo De Claris oratoribus, sive de causis cor
rupta elocuentia, debido á la pluma de Tácito, segun
afirman algunos, ó á la de Quintiliano, segun dicen
otros , hemos hablado ya anteriormente. El año
en que este sabio bajó al sepulcro lo ignoramos,
y tan solo podemos afirmar que vió sentado en el
trono al emperador Adriano, y que pasó los años pos
treros de su carrera mortal en el retiro.

dotado de una inteligencia muy precoz; pero tuvo la desventura


de perderle antes de llevarla A su término.
Los manuscritos originales conocidos de las Instituciones
Oratorias son dos: el uno muy completo, fué encontrado en
tiempo del concilio de Constanza en Saint-Gall por el célebre
Poggio, florentino y literato de gran nombradla; y el otro por
Leonardo Aretino cerca de la misma época , en Italia. Todas
las copias posteriores de la obra de Quintiliano han sido una
repeticion de estos dos originales, y hoy el de Saint-Gall se con
sidera como perdido, porque nadie sabe donde está depositado;
pero su primera copia, hecha por Poggio la poseen los ingleses,
— 489 —

CAYO PLINIO CECILIO SEC1MDQ.

CONOCIDO GENERALMENTE BAJO KL NOMBRE DE^PLJNIOJi.,


JOVEN.

Este ilustre varon perdió .en. el abril de sus. anos


á su padre C. Cecilio; pero Plinio el Antiguo, herma
no de su madre, y justo apreciador de su talento, le
adoptó cor, entrafiablgafecto, y ledió su propio nom
bre. Desde entonces este hijo adoptivo fué llamado
Cayo Plinio Cecilio Secundo. Nació bajo Neron el año
62 de nuestra era, y su patria fué Como, ciudad de
Lombardía; pero se educó en Roma. Antes de cum
plir el tercer lustro compuso una tragedia en griego,
y esta produccion, su primer ensayo literario, reveló
la fuerza de su mente fecunda y elevado ingenio. Su
maestro de elocuencia fué Quintiliano, como queda
dicho ya, y nuestro Plinio adquirió bajo la férula de
este insigne varon un conocimiento tan perfecto del
arte oratorio, que fué la admiracion de Roma. Cuan
do hablaba en los tiibunales, sus arengas entusiasma
ban, la viveza de sus imágenes, sus frases selectas y
armoniosas, las gracias de su estilo, la fuerza de su
raciocinio, su facilidad y facundia espontáneas y na-
y forma parte de los manuscritos preciosos y raros, adquiridos
por la Gran Bretaña.
— 490 —
turales encantaban ásu numeroso auditorio; y sucedió
repetidas veces que los jueces, sin cuidarse de la gra
vedad que cxigia el ejercicio de su cargo, le aplau
dieron estrepitosamente, acompañando con sus elo
gios los muchos que el públicole prodigaba. A la edad
de diez y ocho años perdió á su padre adoptivo, víc
tima de su curiosidad científica, y de cuya muerte ha
blaremos en otro lugar de este Manual. Apenas cum
plido el cuarto lustro servió en clase de tribuno mili
tar en la Siria, y habiendo regresado despues de diez
y ocho meses á Roma fué comprendido en el número
de los cuestores imperiales (1). Mas adelante tuvo
el título de tribuno del pueblo; pero bajo Domiciano
se retiró de la vida pública, porque este último vás-
tago de los Flavios, suspicaz y cruel, asestaba siem
pre sus tiros contra los hombres de costumbres puras
y amantes de su patria, como nuestro Plinio. Muerto
aquel tirano, Nerva y Trajano le confirieron empleos

(1) Estos cuestores, muy distintos Je los que en tiempo de


la república tenían ásu cargo la custodia del tesoro del Estado,
ejercian funciones muy parecidas á las de los modernos canci
lleres imperiales ó secretarios particulares del rey, que cuidan
del despacho de los rescriptos de su señor, como nos lo ponen
de manifiesto estas palabras, que eran la fórmula ordinaria con
que se conferia la cuestura imperial. «El cuestor es la imágen
del príncipe; debe tener un conocimiento perfecto de las leyes,
y puede ser considerado como la lengua y voz de su señor, por
que está siempre muy cerca de su persona. El cuestor tiene en
sus manos la reputacion de los ciudadanos y su honra, etc.» Véa
se Moren, pal. Questeur.
— 491 —
honoríficos, y este último le nombró administrador
del tesoro público. Despues de haber desempeñado
este cargo por espacio de dos años, el mismo Trujano,
que le apreciaba sobremanera por las bellas dotes que
le adornaban, le hizo propretor de Bitinia, que era
una de las provincias mas importantes del imperio.
Plinio tenia á la sazon cuarenta y dos anos, y en el
ejercicio de su nuevo cargo dió los mas brillantes tes
timonios de actividad y consumada prudencia. Ig
noramos la época de su muerte; pero se cree gene
ralmente, que bajó á la tumba el año 115 de nues
tra redencion, dejando en la corrompida Roma la
fama de honrado ciudadano, de sábio eminente, de
cortesano sin mancha, de escelente esposo y de hom
bre dotado de todas las virtudes públicas y domésti
cas. Pero despues de haber bosquejado este breve
cuadro de su vida, vamos ahora á ocuparnos, de su
mérito literario.
Todas las arengas de Plinio han sido presa de la
voracidad del tiempo, á escepcion del discurso que
dirigió al emperador Trajano como un testimonio de
gratitud por haberle nombrado cónsul el último año
del primer siglo de nuestra era. Este monumento li
terario de la antigua Roma, conocido hoy con el nom
bre de Panegírico en honor de Trajano, revela, á nues
tro entender tres cosas. Primera: que Plinio por su
mucha e ocuencia, pureza de estilo y frases selectas
merece ser comparado hasta cierto punto con los
oradores mas ilustres de la antigüedad y con el mis
— 492 —
mo Ciceron. Segunda: que bajo un buen príncipe se
puede hablar con libertad, pero artificiosamente adu
lándole, diciéndole que es el supremo señor del Estado
y que los pueblos disfrutan de sus propios derechos,
porque su clemencia y generosidad se lo permiten.
Tercera: que Plinioda á todas sus máximas politicas,
filosóficas y profundamente morales el atavío de cier
ta cortesanía, que se separa mucho del tono varonil
y popular, que distingue al orador demócrata del
súbdito de un príncipe. La primera de estas tres cosas
no necesita demostracion ninguna, porque basta co
nocer medianamente y haber leido los clásicos del si
glo de Augusto para convencerse de que Plinio casi
les iguala; vamos, pues á hablar de las otras dos.
En el Panegírico de este autor, Trajano figura co
mo hombre público, comoadministradorceloso, como
príncipe clemente y justo, como protector del mérito
y amante de las letras, como ciudadano, cuya vida
privada es un modelo de virtud y moderacion. Pli
nio, despues de haber invocado á Júpiter, padre de
los dioses, y haber dicho al Senado que Trajano
era un don del cielo, esclama en esta forma. «Tu
eleccion al imperio no fué únicamente el efecto de la
voluntad de Nerva, sino el cumplimiento de los
deseos de todos los hombres del mundo: el príncipe no
hizo mas que usar de sus derechos, tomando la ini
ciativa en lo que los demas no habrian dejado de ha
cer; y una aprobacion tan general no podia ser mas
que una consecuencia de la realizacion de lo que tan
— 493 —
to se habia deseado (I).» En este pasage, Trajano,
ya don del cielo, tiene tambien en su abono el sufragio
de todos los hombres del mundo. Este emperador,
pues, no figura en las páginas de Plinio como un pri
mer magistrado de la república, sino como un verda
dero monarca de derecho divino, ante cuya presen
cia todos los pueblos se han postrado voluntariamen
te. Elogios semejantes ¿no sancionan el despotismo
en vez de rechazarle7 ¿no dan al poder absoluto todos
los caractéres de la santa legitimidad1. Los panegiris
tas de todos los tiranos ¿no han imitado á Plinio,
comenzando por presentar á sus heroes , como
don del cielo é ídolos de los pueblos? En esta circuns
tancia no queremos pasar por alto que nuestro au
tor, cuando habla del imperio se espresa en términos,
que dan á entender que toda su grandeza y mages-
tad no pertenecen á Roma sino á su elogiado. Tra
jano vuelve victorioso de la guerra contra los dacios,
entra en su ciudad, en donde todos con anhelo le es
peraban (2). A Plinio le causa estupor que un prínci
pe jure someterse á las leyes como todos los demás
ciudadanos, y le parece muy estraordinario el haber

(1) Non unius Neme judicium iliad, illa electio fuit. Nam
qui ubique sunt nomines, hoc ídem votis expetebant; ille tan-
tum jure principis oceupavit, primusque fecit, quod omnes
facturi erant. Nec Hercule lanío opere cunctis factum placeret,
nisi placuisset, aolequam fieret.—Paneg. núm. X.
(2) Ac primum, qui dies iHe, quo exspectatus desideratusque
urbem tuam ingressus es!—Pane¿. núm. XX.II.
— 494 —
oido por primera vez «que no es el príncipe superior
á las leyes, sino éstas á aquel (1).» Todo el panegíri
co de nuestro autor, pues, no es mas que la personi
ficacion de todas las virtudes en Trajano, cuya vida
y buena voluntad únicamente, sostienen la grandeza,
la magestad y la dicha de Roma. Con efecto, Plinio
en su resena de las empresas militares de Trajano, de
su escrupulosa administracion de la justicia , de sus
buenas medidas gubernativas, de su estricta obser
vancia de las leyes, encuentra materia de elogios
para el principado, y no manifiesta deseos, que pue
dan inducirnos á creer que deseaba ver restablecida
la antigua repúb'ica. Quiere que todos los príncipes
sean como Trajano, quiere que posean las mismas
virtudes, quiere que gobiernen con igual rectitud y
justicia; pero no pierde nunca de vista la persona del
emperador, ni se arrima á la verdadera democracia.
En el panegírico de Plinio los romanos no figuran
como un pueblo-rey, no figuran como los dominado
res del orbe, no figuran como ciudadanos libres, sino
como subditos de un buen príncipe (2).

(1) Quod ergo nunc primum audio, nunc primum disco, non
est princeps supra leges, sed leges supra principan.—Paneg.
número LXV.
(2) Víctor Alfleri, cuya pluma estaba siempre empapada en
la hinl y la amargura de aquel descontento y desasosiego, que
csperimenlan los hombres deseosos de independencia y libertad,
despues de haber leído el panegírico de Plinio, disgustado de
la refinada cortesanía del autor, puso á un lado el libro y escri
bid un nuevo panegírico en nombre del mismo Plinio. Esta obra
— 495 —
Las formas de su panegírico son admirables, las
transiciones muy felices; sus máximas políticas y,mo-
rales instruyen; sus descripciones encantan; sus pin
turas son vivas y animadas; pero en el fondo del cua
dro se descubre siempre una multitud de esclavos que
rodean el trono imperial. Este panegírico, sin embar
go, entusiasmó á los padres conscriptos; todo el audi
torio colmó de aplausos á nuestro autor, y durante
tres años fué repetida cada año su lectura en pú
blico. Plinio mas adelante le corrigió, y la posteridad
lo pose? en sus últimas y mas bellas formas.
Las cartas de este mismo autor, repartidas en diez
libros, son indudablemente uno de los epistolarios
mas importantes y curiosos de la antigüedad. Nuestro
Plinio se ocupa en ellas de historia, de política, de
moral; da á grandes rasgos una idea del estado de la
literatura romana en su época; habla de una multitud
.de escritores, sus contemporáneos; da el juicio críti
co de algunas de sus obras; indica la descendencia y
el árbol genealógico de algunas familias patricias, y

maestra de tan ¡lustre autor, respira sentimientos republicanos,


y es un monumento de elocuencia democrática. Alfteri, á fin de
dar á su elogio cierto airo de verosimilitud, dijo que le habia
traducido de un manuscrito anticuo, y en su última página in
tercaló esta nota que, á nuestro entender, vale mucho masque
ta panegírico: «Se dico que Trajano y el Senado , que escu
charon á Plinio, conmovidos de su oracion, derramaron lágri
mas, lo que fué para el autor mucha gloria. Pero, á pesar de
esto, quedd i Trajano el imperio; á Roma, al Senado y á Piinio
mismo la servidumbre.»
— 496 —
suministra ai arqueólogo, al sabio, al erudito, á los
que quieran instruirse, sin fatigar mucho su mente,
una multitud de noticias literarias y políticas, y de
máximas morales y filosóficas. El libro décimo con
tiene las cartas dirigidas por Plinio á Trajano desde
la Bitinia, en donde residia como gobernador de
aquella provincia, y unns pocas de Trajano en con
testacion á las de nuestro autor. En las primeras,
bien sea que Plinio hable de las medidas que ha
adoptado en su gobierno, bien sea que pida á Traja-
no consejos y aclaraciones sobre puntos espinosos y
difíciles de resolver, bien sea que le sugiera reformas
ó otras cosas útiles para los habitantes de su provin
cia, se descubre siempre en el escritor aquel respeto
propio de un súbdito hácia su príncipe. Estas cartas
no llevan el timbre que revela el carácter firme de
un ciudadano, que escribe á otro constituido en dig
nidad, sino el de un vasallo que espera las órdenes
de su senor. En las segundas, escritas por Trajano,
se nota el tono resuelto del que puede disponer de
Roma y del senado á su talante. Si otorga á Plinio lo
que pide, le dice que accede á sus deseos en aten
cion al aprecio que le tiene; si aprueba sus medidas,
le dice que ha hecho lo que debia; si opina de distin
to modo que nuestro autor, sus órdenes son ter
minantes.
El estilo de todas las cartas de Plinio es elegan
te, correcto, armonioso; sus frases son muy castizas,
y si es cierto, como aBrman los mejores críticos, que
— 497 —
las de Ciceron se distinguen mas por su sencillez é
ingenuidad, ninguno osará disputar á Plinio el segun
do puesto en el arte epistolar.
Sacy, traductor francés de las cartas de Plinio, se
espresa en esta forma en su prefacio: aCuando se
leen las cartas de este auior, es indispensable apre
ciarle y amarle: se experimenta un deseo secreto de
tener sus dotes. En todas ellas no se descubre mas
que candor, desinterés, gratitud, templanza, modes
tia y lealtad hácia sus amigos, que luchan con la des
ventura, y tambien con la muerte; en fin , no se
descubre mas que horror contra el vicio, y pasion
en abono de la virtud.
»Yo, que no quiero entrar en disputas, tampoco
ahora pretendo cuestionar con los que en las cartas
de Ciceron no encuentran menos encantos ni utilidad
que en las de Plinio, y que tambien á estas las pre
fieren. Semejante disputa exigiria mas estension de la
que puede convenir a un prefacio, ni soy presumido
hasta el punto de creer que me corresponda el fallo;
cada cual puede juzgar, pues, á su gusto. Pero si
aquellos, para quienes he dicho que he emprendido
mi traduccion, me apremian para que les diga mi
parecer, les diré que creo descubrir mas genio en las
cartas de Ciceron y mas arte en las de Plinio. En el
primero se nota de vez en cuando mas negligencia;
en el segundo se trasluce muy amenudo mas estudio.
En Ciceron se leen muchas cartas, que la posteridad
no habria echado de menos; en Plinio hay pocas de
MAN. DE LIT. LATINA. 32
— 498 —
lasque no se pueda sacar utilidad. Mas abundancia de
grandes acontecimientos, mas política en las unas;
mas espansion de afecto, mas moralidad en las otras.
El uno no dejará de ser tal vez modelo de bien es
cribir; el otro de bien vivir. En fin, las cartas de Ci
ceron nos enseñan, mejor que todas las historias, á
conocer á los hombres de su siglo, y los resortes que
les activaban; las de Plinio, mejor que todos los
preceptos, enseñan á los hombres de todos los si
glos á conocerse á sí mismos y á arreglar su con
ducta.»
Plinio, además de las Arengas, y las dos obras
que acabamos de analizar, escribió algunas poesías,
pero han sido presa de la voracidad de los siglos.

FILOSOFIA.

SENECA.

Despues de Ciceron, el único que figura en la an


tigua Roma como filósofo, es Lucio Anio Séneca, na
tural de Córdoba é hijo de Séneca, el Retórico, como
queda consignado arriba. Abrió los ojosálaluz deldia:
en el segundo ó tercer año de nuestra era, y llevado
por su padre á Roma en su primera infancia, se apli
có mas adelante á estudios severos, y principalmente
á la filosofía, no dejando al propio tiempo de frecuen
tar las aulas jurídicas y de arengar en los tribunales
— 499 —
para condescender con los deseos de su padre, aman,
te del arte oratorio. Calígula, que perseguia por en
vidia y celos á todos los hombres distinguidos en las
letras, anhelaba su muerte; pero nuestro Séneca lo
gró salvarse del riesgo que le amenazaba, mediante
los buenos oficios de algunos de sus admiradores y
amigos, que dieron á entender al tirano, que podia
dispensarse de condenarle á la última pena, porque
su constitucion muy débil, y el estado de su que
brantada salud eran indicios ciertos de que seria
muy breve su existencia. Muerto Calígula, Mesalina,
que le odiaba, le hizo desterrar á la antigua Cima,
hoy Córcega, alegando como pretesto que nuestro
filósofo habia contribuido á los adulterios de Julia,
hija del virtuoso Germánico. Agripina, que fué mas
adelante, esposa de Claudio, le hizo levantar el des
tierro, y le dió el cargo honroso de ayo y preceptor
de Neron. Séneca se esforzó en educarle con esmero,
y su discípulo en los primeros años de su reinado se
distinguió por su modestia, generosidad y rectitud en
gobernar; pero se convirtió luego en tirano, y acabó
por ser mas bien un monstruo de iniquidades é in
famias que un hombre y emperador bondadoso. Sé
neca, sin embargo, no abandonó la corte, y lejos de
condenar los vicios de su alumno, tuvo la debilidad
culpable de aprobar el asesinato de la infeliz Agripi
na, á quien Neron habia mandado dar muerte, em
papándose las manos, con horrendo parricidio, en la
sangre de la que la habia llevado en su seno. Dide-
— 500 —
rot ha procurado con sofismas y sutilezas, disculpar á
Séneca; pero la posteridad ha emitido su fallo inexo
rable contra nuestro filósofo y su apologista, decla
rando al primero vilísimo cortesano, y al segundo
miserable defensor de una mala causa (1).
Las obras de Séneca, como luego veremos, res
piran abnegacion heróica, virtud, clemencia, genero
sidad; pero su vida privada no fué ejemplar. Acu
muló inmensas riquezas, fué ambicioso, vivió siem
pre regaladamente, no practicó ninguna de las
virtudes que recomendaba , y su mucha codicia de
dinero le presenta á los ojos de la posteridad como
un hombre que preferia su avaricia y egoismo á to
das las doctrinas del Pórtico, que se jactaba profe
sar. Cuando Séneca hace el elogio de la vida frugal
y de la modestia, merece ser comparado al buen sa
cerdote que en el Gil-Blas de !e Sage, clama contra la
usura, y desempeña al propio tiempo el triste pa
pel de primer prestamisía usurero en su pequeña
aldea, y en toda la comarca.
No queremos, sin embargo, pasar por alto en
abono de nuestro filósofo, que bajó á la tumba con
gloria, escuchando su condena á la última pena,
con indiferencia y tranquilidad verdaderamente
estóicas. Tan luego como el centurion le dijo que
escogiera el género de muerte que mas quisiese por
mandato de Neron , que le condenaba como cons
ol) V. Essai sur les régnes ile Ciando et de Neron ou vie de
Senéque le Philosephc , par Diderot.
— 501 —
pirador contra el imperio, prodigó palabras de con
suelo á sus amigos y á su esposa, que derramaban
lágrimas en su mucha afliccion, profirió, mas bien
con desprecio jque con dolor, estos acentos: «A Ne
ron no le faltaba mas que matar á su ayo y precep
tor;» ordenó en seguida al centurion le cortára las
venas, y para facilitar á la sangre su salida, pidió
que se le metiera en un baño de agua tibia, en don
de espiró el ario 65 de nuestra era. Es cierto, pues,
que Séneca no desmintió, en sus últimos momentos,
los principios de su filosofía ; y nosotros , corriendo
ahora el tupido velo del olvido á todos los hechos
de su vida, proponemos á los lectores, como modeio
y noble ejemplo de virtud, sus obras filosóficas de
que vamos á ocuparnos.
Las cartas de Séneca á su amigo Lucilio son un
curso completo de moral, y nuestro autor desenvuel
ve prácticamente en ellas los principios de la mas
elevada filosofía. En la primera, que es muy notable,
dice que pasamos una parte de nuestra vida en obrar
mal, su mayor parte en el ocio, la otra en hacer lo
que menos nos conviene (1). Esta carta es la mas
viva pintura de la conducta ordinaria de los hom
bres, y tiende directamente á corregir el vicio, por
que nos lleva á un exámen escrupuloso y detenido
de todas nuestras acciones, y á usar bien del tiempo.

(1) Magna vilae pars elabitur male ageniibus, maxima nihil


agenlibus, tota aliud ageniibus.
— 502 —
Con efecto, Séneca dice á Lucilio, para que se pe
netre aun mas de la importancia de la grande idea
que acaba de emitir, estas otras palabras, repetidas
mas tarde por muchos filósofos cristianos: «¿En dón
de encontraremos á un hombre que sepa apreciar el
tiempo y contar los dias, y que se acuerde que puede
á cada instante morir? (1)»
La pintura que nos ha dejado en su sétima carta
do los espectáculos sangrientos de la antigua Roma,
es un monumento histórico de los mas importantes,
v nos demuestra los inmensos progresos de la civili
zacion moderna y la santidad del Evangelio en prohi
birlos. Séneca se espresa en esta forma con refinada
ironía. «Dejémonos de tonterías; que haya verdade
ros homicidios; y que esté todo el cuerpo espuesto á
los tiros para que no se descarguen golpes en vago,
estos espectáculos se prefieren por la multitud á los
combates ordinarios que pide : ¿qué puede desearse
mas?—¿no habrá cascos ni escudos que rechacen el
mortífero acero?—¿Para qué estos estorbos, yjeste arte
de esgrimir? contribuyen todos á retardar la muerte.
Por la mañana los hombres se ven espuestos á la fu
ria de los leones y osos, y á medio dia á la crueldad
de sus espectadores: se exige que los que maten,
sean á su vez muertos, y que los que venzan en un
combate, perezcan en otro. El fin de los que luchan

(I) Quem mihi dabis, qui aliquod pretium tempori ponar?


qui diem aestimet? qui intelligat se quotidie morí?
— 503 —
es la mueite: el hierro y el fuego cumplen la
obra (1).»
En muchas de sus cartas nuestro filósofo compa
dece la suerte infeliz de los esclavos; recuerda á sus
amos con palabras enérgicas, que estas víctimas de
la desventura son tambien hombres; que la naturale
za no les ha despojado de sus derechos; y declara
viles é infames á los amos que se esceden en cruelda
des contra sus esclavos.
En la duodécima carta es admirable la pintura
que hace de las edades del hombre, comparándolas
á círculos concéntricos, y diciéndonos que hay uno
que los abraza todos. Están atestadas de máximas
morales y filosóficas sus palabras acerca de la vejez
y de los consuelos reservados á los ancianos. Es cier
to que en esta carta aboga en abono del suicidio,
error inmoral y pernicioso; pero es acreedor á nues
tra indulgencia, si no queremos perder de vista,
que no solo los estóicos y muchos epicúreos, sino
tambien otros muchos filósofos de la antigüedad lo
creyeron lícito, y hasta le recomendaron, calificándo-

(1) Nunc omissis nugis, mera homicidia sunt: nihil habent


quo tegantur, ad ictum totis corporibus exposili: nunquam
frustra manum miltunl. Hoc plerique ordinarils paribus et pos-
tulatitils praeferunt. Quidni praeferani? non galea, non scuio
repellitur ferrum. Quo munimenta? quo gladii artes? Ornnia ista
mortis morae sunt. Mane leonibus et ursis homines, meridie
spectatoribus suis obilciuntur. lnterfectores inlerfecturis iuben-
tur obiici,, et victorem in aliam detinent caedem: exitum pugnan-
lium more est, ferro et igne res geritur.
— 504 —
le en
El algunos
libro de casos
la Consolacion
de acto áheroico
Elvia hay sido
grande
juzgado
(1).

de distinto modo por críticos eminentes: algunos han


creído descubrir en este opúsculo, escrito por Séne
ca, durante su destierro en la isla de Córcega, á fin
de consolar á Elvia, su madre, afligida por la desgra
cia del hijo, á un sofista dotado de una alma fuerte,
que echando mano de una lógica viciosa, intenta ali
viar los pesares de su madre, diciéndola que él no es
infeliz en su destierro. Otros creen, por el contrario,
que este opúsculo respira afecto, sensibilidad, senti-

(1) En las ediciones antiguas de Séneca, están incluidas ca


torce cartas de este filósofo á San Pablo, citadas por San Geró
nimo (1) y San Agustín (2), como auténticas; pero la crítica mo
derna las ha rechazado, declarándolas apócrifas. Existe tambien
una tradicion muy antigua de que Séneca estuvo enlazado en
Intima amistad con San Pablo. Schoell no la cree infundada, en
atencion á las muchas ideas y doctrinas muy conformes á otras
del cristianismo, que se encuentran en las obras de Séneca (3):
nosotros la creemos una fábula ó piadosa invencion. Séneca,
que en todas sus obras nos tevela en términos muy enérgicos
la corrupcion de las costumbres romanas, y cuya filosofía respi
ra austeridad y pureza de principios, si hubiese conocido real
y verdaderamente á San Pablo, que ejercía con tanto celo su
predicacion, y estaba dotado de un espíritu insinuante y persua
sivo, se habria convertido alcrístianismo. Ni es de suponer, que
se lo impidiera el temor de la persecucion y de la muerte, por
que el término glorioso de su vida nos demuestra lo contrario,
como queda apuntado arriba.
(I) S. Hier. de Scrip. eccl. cap. 12.
(3)
(1) Schoell
S. Aug. Ob.
de Civit.
cit-, t.dei2.°,, lib.
pag.VI,US,
cap.y sig.
10.
— 505 —
mientos delicados y una resignacion verdaderamente
filosófica. «La lectura de este libro, dice Schoell, po
drá ser útil á todos los desgraciados, porque opone la
constancia de una alma inocente á los golpes de la for
tuna. Está atestado de máximas verdaderas y profun
das, y no reproduce los raciocinios frios de los estél
eos. Es una de aquellas obras, que inspiran cada vez
mas aprecio por el carácter moral , que manifiesta el
autor. Tiene, además, para los aficionados á la lite
ratura antigua un mérito accidental, que consiste en
ser la primera que tenemos de este género, porque el
tratado de Crantory el que escribió Ciceron, cuando
murió su hija se han perdido (1). «Pero á pesar de to
das estas buenas dotes que nos revela la Consolacion á
Ekia, nos vemos obligados á convenir en que Séneca,
llevado del laudable deseo de consolar á su madre,
apela de vez en cuando á argumentos y raciocinios no
muy sólidos, y que rayan en el sofisma, aunque no
pueden merecer terminantemente este nombre.
La Consolacion á Marcia, es otro opúsculo por el
mismo estilo que el precedente: Séneca procura ali
viar, con multitud de máximas y ejemplos, el dolor de
esta desventurada muger, sumida en tristeza y amar
guras por haber perdido un hijo.
Sus tratados de la Ira, de la Clemencia, de los
Beneficios, de la Tranquilidad del alma, de la Providen
cia, de la Entereza del sábio, de su Sosiego y red

il) V. Schoell, ob. di., t. 2.°, pág. 439.


— 506 —
to (1), de la Brevedad de la vida, de la Manera de ti-
vir dichoso, y de la Vida feliz, son todas obras muy
apreciables, y consideradas por los verdaderos sábios
fuentes inagotables de sanas doctrinas, morales y filo
sóficas, no solo por sus máximas y preceptos, sino
tambien por la multitud de hechos históricos muy im
portantes y otras noticias curiosas que contienen. Pero
merece ocupar con preferencia estas páginas el bre
ve pasage, en que nuestro filósofo dice, hablando de
la ira, que esta pasion raya en la locura: «Los indi
cios ciertos de los maniáticos son rostro audaz y
provocador, frente nebulosa, miradas siniestras, pa
sos redoblados, las manos en continua agitacion, el
color demudado, suspiros frecuentes y fuertes. Los
iracundos tienen los mismos síntomas: ojos inflamados
y centellantes; muy encendido el rostro por la efer
vescencia interior de la sangre; les tiemblan los lá-
bios; cierran los dientes; se les levanta y eriza el pe
lo; en su respiracion se nota afan y estertor; se tuer
cen los dedos, y hacen crugir sus coyunturas;
gimen, mugen, balbucean; sus discursos son entre
cortados; dan golpes con las manos, patean; se
agita todo su cuerpo; sus amenazas son terribles; es
horrendo y desfigurado su semblante, el rostro abo
tagado (2).»
(1) Los primeros veinte y siete capítulos de este tratado,
faltan.
(2) Nam ut furentium certa indicia sunt, audax et minax
vultus, tristis frons, torva facies, cilatus graduSj inquieta nu-
— 507 —
El opúsculo De la Consolacion á Polibio: De Con-
solatione ad Polybiüm LibEn, sembrado de bajas adu
laciones, algunos críticos eminentes creen, que no es
de ¡Séneca.

MATEMATICAS.

SEXTO JULIO FRONTINO-SICULO FLACO.

Los lectores no habrán dejado de observar en to


do el curso de este Manual , que los romanos no cul
tivaron jamás las matemáticas. Así es, pues , que
entre los muchos autores , que se han ocupado en es
cribir la historia literaria de la antigua Roma, algunos
han pasado por alto este ramo muy importante de
los conocimientos humanos. Nosotros convenimos en
que las matemáticas, consideradas como ciencia y re
ducidas á principios, no fueron cultivadas en Roma;

nu«, color versus, crebra et vehementius acta suspiria, ita iras-


centium, eadem signa sunt. Flagrantet micant oculi, multusore
toto rubor, ex&stuante ab imis praecordiis sanguine, labia qua-
tiuntur, denles comprimuntur, horreni ac subriguntur capilli;
spiritus coactus ac stridens, articulorum se ipsos lorquenlium
sonus, gemitus, mugitusque, et parum cxplanatis vocibus ser-
mo praeruptus, et complosae saepius manus, et pulsata humus
pedibus, et totum concitum corpus, magnasque minas agens,
foeda visu et horrenda facies depravantium se atque intumes-
centium.—Sen. de Ira cap. I.
— 508 —
pero es un absurdo suponer que los romanos igno
raron la parte práctica de las matemáticas, que sirve
para las construcciones de utilidad pública , y otros
usos muy necesarios, bien sea en tiempo de paz ó en
caso de guerra. Los grandes caminos y puentes mag
níficos, los palacios y templos suntuosos, construidos
por los romanos, sus muchas máquinas de guerra,
confirman nuestro aserto , y en este cuarto período
se nos presenta un matemático práctico en Sexto Ju
lio Frontino , personage muy distinguido , tanto por
las dotes de su ingenió , como por los puestos hono
ríficos que ocupó, y su conducta ejemplar. Fué pretor
y tambien cónsul, segun afirman algunos escritores,
capitaneó con mucho lucimiento las legiones roma
nas en Bretaña , y finalmente Nerva le dió la direc
cion de las aguas y los acueductos de Roma. Fron
tino desempeñó este nuevo cargo con el mismo celo
que los anteriores, y escribió la obra, que hoy tene
mos con el título De aqueductibus urbis Romas commen-
tarius (I), trabajo muy útil, asi para los historiadores
corno para los arqueólogos y eruditos , porque el
autor nosha dejado en un estilo fácil y sencillo la rela
cion de una multitud de pormenores acerca de los acue
ductos de Roma y algunos senados-consultos sobre el
particular muy importantes y curiosos.
(1) El verdadero título originario de esta obra lo ignoramos,
y podemos decir únicamente á los lectores, que el que lleva,
mas bien bárbaro que latino , se lo aplicaron los copistas de la
edad media: espresa , sin embargo , su índole y contenido.
— 509 —
Su obra histórico-militar, titulada Stratagematicon,
no es mas que una compilacion , repartida en cuatro
libros, de otras obras, asi históricas como militares.
Frontino no se distingue en este trabajo ni como
buen crítico, ni como escritor diligente ; pero , á pe
sar de esto, el Stratagematicon no carece de interés,
porque encierra en sus páginas algunos hechos his
tóricos y una multitud de particularidades , que no
se encuentran en otros escritores antiguos.
La obra De re agraria, ó de agrorum qualitate, y
los fragmentos de las que llevan por título De limiti-
bus y De coloniis, se han atribuido falsamente á Fron
tino, porque sus autores, como hoy nadie ignora, vi
vieron despues de los Antoninos.
Sículo Flaco, que floreció bajo Domiciano, uno de
cuyos edictos cita, nos ha dejado los dos tratados
siguientes, De conditionibus agrorum y Nomina agrorum
et limitum : encierran entrambos algunas noticias cu
riosas, pero de escaso interés.

CIENCIAS NATURALES,

SENECA.

Las ciencias naturales necesitan tiempo y largos


estudios para desplegar el vuelo, porque dependen
de sérias y repetidas observaciones y de esperimen-
los muy detenidos: los arranques de la imaginacion,
— 510 —
que son un producto del genio y no del arte, no tie
nen parte ninguna en este ramo de estudios. Los roma
nos en el curso de sus grandes conquistas en el Asia
y el Africa vieron animales, cuya existencia ignora
ban, y presenciaron fenómenos estraordinarios; pero,
mas bien anhelosos de enriquecerse que instruirse,
guerreros y no observadores, y guiados siempre por
capitanes ignorantes, se contentaban con repetir,
llenos de maravilla, lo que habian visto y mirado con
ojo vulgar y no científico. Asi es, pues, que en los
escritores de la antigua Roma, y aun en las obras de
los mas ilustres, como Lucrecio y Ciceron, encontra
rnos tan solo sobre el particular observaciones aisla
das, asertos infundados, noticias inconexas, relacio
nes falseadas, tradiciones vulgares y fabu'osas, er
rores vergonzosos. En el siglo de Neron, sin em
bargo, se nos presenta en Séneca el Filósofo, cuyo
nombre ha figurado ya en las páginas de este Manual,
un observador diligente de la naturaleza; y aunque
su obra titulada Cuestiones Naturales no es tan esten
sa como la de Plinio, de cuya vasta compilacion
hablaremos luego, es muy juiciosa, y descubre en su
autor sutileza de ingenio y un espíritu de observa
cion admirable.
En esta obra Séneca trata de un crecido número
de meteoros, del arco iris, de los parelios (1),

(1) Los parelios, ó como dicen algunos, las parelias, son una
especie de meteoro, que representa un sol aparente y espúreo.
— 511 —
de los paraselenes (1), de los espejos, del firma
mento, delas estrellas volantes, de los astros, de
la atmósfera, del relámpago, del rayo, del fuego,
de la aruspicina (2), de las aguas, de las lluvias, de
la nieve, del granizo, de los mares, de los rio6, de
los torrentes, de los lagos, de las fuentes, de las
lagunas , de las aguas termales , de los vapores,
de las nubes, de los fuegos fátuos, del diluvio, del
Nilo, de los terremotos, de los volcanes y de los
cometas.
Tratando Séneca de todas estas materias, refiere
las opiniones que han emitido acerca de ellas los fi
lósofos mas célebres de la antigüedad, las refuta ó
recomienda, y algunas veces las sustituye con sus
propias conjeturas, casi siempre ingeniosas y pro
fundas.
El editor de la traduccion francesa de Séneca
por la Grange da este juicio crítico muy sensato de
la obra de que nos vamos ocupando: «Las Cuestiones
Naturales contienen conocimientos muy vastos de di
ferentes géneros, una multitud de hechos curiosos

espontaneándose cerca del verdadero sol, mediante la reflexion


de la luz de este último en las nubes.
(1) Son un meteoro, que consiste en ia reflexion de una 6 mas
imágenes de la luna en una nube.
(2) Esta palabra téenica, que se ha cambiado abusivamente
en la de aruspicismo, indica una pretendida y supersticiosa
ciencia, profesada por los sacerdotes paganos, que consistía en
vaticinar lo futuro, observando las entrañas de las victimas que
sacrificaban á sus dioses.
— 512 —
sobre 'a historia de la tierra, del mar, del aire y de
las aguas; nuevos puntos de vista sobre las causas
de algunos fenómenos, que los mismos modernos no
han llegado á conocer mejor que los antiguos, y que
pueden conducir á descubrimientos útiles, relativos á
esos mismos fenómenos; un gran número de ideas ge
nerales, sutiles, é ingeniosas, que fijan necesariamen
te la atencion del lector; reflexiones juiciosas, y pro
fundas que manifiestan en todo su conjunto una inte
ligencia muy vasta y una sagacidad poco comun.»
Pero en esta coyuntura no queremos pasar por
alto, que nuestro Séneca se distingue en gran ma
nera, tanto en esta obra, como en todas las demás,
salidas de su pluma, por una multitud de digresiones
morales y políticas. Son muy notables entre ellas las
de los libros III y IV, en que nos ha dejado la mas
viva pintura del escesivo lujo de los romanos, y de
su mucha prodigalidad en proporcionarse, á costa
de grandes sacrificios pecuniarios, el pescado mas
esquisito y sabroso al paladar (1).

(1) Reparando en las ideas y reflexiones profundas de filo


sofía y moral, que encierran todas las obras de Séneca, nos causa
mucha maravilla, que este filósofo tan severo, haya insertado en
el lib. I, cap. XVI [de sus CuestUmes Naturales, una anécdota,
que no debia bajo ningun concepto figurar en su libro y en me
dio de una multitud de argumentos muy graves y científicos:
aludimos al episodio de Hostio, personage digno de ocupar un
puesto en los escritos lascivísimos de Pedro Aretino, 6 de otro
novelista cualquiera entre los muchos, que se han dedicado con
infamia á corromper las costumbres.
— 513 —
Pero , despues de haber hablado de todas las
obras de Séneca en este Manual, vamos ahora á emi
tir nuestro juicio crítico acerca de su modo de es
cribir. Séneca no ha sabido preservarse del mal gus
to de su tiempo por la declamacion: muy á menudo
su elocuencia deslumbra mas de lo que persuade y
conmueve: en sus obras se notan muchas antítesis,
metáforas y trozos, cuyo estilo es amanerado, defec
tos tanto mas lastimosos en cuanto que las obras de
este autor han servido de modelo á los escritores que
le han sucedido. Pero estas faltas no son por fortu
na tan frecuentes , que puedan destruir el efecto
que produce el génio y la verdadera elocuencia de
Séneca.
Quintiliano en sus Instituciones oratorias hace una
reseña de los escritores griegos y romanos mas ilus
tres, y juzga á Séneca en esta forma: «Muchos no
imitaron á este autor tanto como lo apreciaron , y se
separaron tanto de su modelo, como este de los an
nio
tiguos.
fácilSéneca
y fecundo
tuvo, muchas
profundidad
y bellas
de dotes:
estudios,
un erudi
inge

cion vasta y trató casi de todas las materias : tene


mos de este autor, oraciones , poesías, cartas , diálo
gos. Como filósofo es poco exacto , pero censor muy
laudable de los vicios: tiene ideas muy brillantes , y
merecerá siempre ser leido por lo que dice relacion
con las buenas costumbres; pero su estilo es muy
corrompido, y mucho mas pernicioso aun, porque
abunda en defectos que seducen. Es de desear que
MA>. DE LIT. LATINA. 33
— 514 —
escribiera usando de su ingenio , y amoldándose al
gusto de otro escritor (1).»

PLINIO EL ANTIGUO

Como y Verona se disputan la gloria de haber


sido su cuna; pero los ilustres varones, que descue
llan por su elevado ingenio y sus inmensos trabajos,
no pertenecen á la faja de tierra, que les ,ha visto
nacer, sino al mundo entero. Plinio, pues, bien sea
que haya abierto los ojos á la luz del dia en Como ó
en Verona , ocupará siempre un puesto muy prefe
rente entre los escritores mas notables que han flore
cido en este globo que habitamos, italianos ó españo
les, alemanes ó ingleses. Muchos críticos han dicho,
repetidas veces, que la Historia Natural de Plinio no
es mas que la obra de un compilador infatigable,

(1) Lib. x, núm. i*


En esta nota queremos tambien indicar de paso , que te
nemos entre las obras de nuestro Séneca un trozo chistoso-sa-
tírico, mezclado de prosa y versos, que lleva por título Apoco-
loquintosi, ó metamórfosis de Claudio en calabaza. Es una sá
tira sui generis , ó mas bien un juguete satírico sobre la muerte
de Claudio César: lüdüs de horte Claudii Caesaris. En este
trozo el autor hace emitir á los dioses, con sales verdaderamen
te áticas, sus fallos acerca de Claudio y los hechos de su vida,
que no fueron por cierto muy laudables.
— 515 —
que ha trasmitido á la posteridad todo lo que habian
dejado escrito sobre el particular los autores griegos,
y todo lo que hasta su época se sabia de fabuloso,
tradicional ó histórico sobre los tres reinos de la na
turaleza. Nosotros convenimos en ello; pero ¿es acaso
un mérito fugaz y transitorio haber llevado á cabo
un trabajo de tan inmensa mole? ¿Es , por ventura,
de poca importancia una obra , que encierra todo lo
que la docta Grecia habia pensado ó escrito acerca de
la historia natural? Los verdaderos sábios, y entre
ellos Buffon, no han vacilado en afirmar que la obra
de Plinio es el patrimonio mas pingüe que nos ha
trasmitido la antigua Roma, y que este ilustre escri
tor, no limitándose estrictamente á su argumento, ha
enriquecido tambien su trabajo con una multitud de
noticias eruditas y peregrinas, tan útiles como impor
tantes para los artistas, los filósofos y los eruditos de
profesion , que se dedican á los estudios arqueológi
cos. La Historia natural de Plinio es una verdadera
enciclopedia, es un tesoro inagotable de conocimien
tos sobre los varios ramos de la humana sabiduría, y
una obra que nos revela á cada paso los secretos de
la antigüedad. Este insigne varon, deseoso de obser
var muy de cerca los fenómenos de la grande erup
cion del Vesubio , que hizo desaparecer Pompeya y
Herculano, sepultándolos bajo su lava, se trasladó al
teatro de aquella estraordinaria y terrible escena;
pero las exhalaciones bituminosas del volcan le sofo
caron , y murió asfixiado á la edad de cincuenta y
— 516 —
seis años, setenta y nueve de nuestra era: ¡muerte
gloriosa y último testimonio de su inmenso amor á la
ciencial Además de su historia natural escribió otras
obras, que no han resistido á los embates del tiempo;
pero su sobrino é hijo adoptivo, Plinio el Joven, nos
ha conservado sus títulos y todos los pormenores de
la vida pública y privada de su tio en la carta que
vamos á insertar en nota, traducida directamente del
latin , con todo el esmero que nos ha sido posible,
persuadidos de que la reproduccion de este precioso
documento no desagradará á los lectores (1).

(I) Plinto A na amigo Maero, acerca de la* obras, la


vida 7 loa eNtndloa de Mista el Antiguo.

Me agrada sobremanera que tú leas con Unta aplicacion las


obras de mi tio, y que gustes conocerlas todas y poseerlas ; le
trascribiré partidamente su índice, y tambien te indicaré el
drden en que las escribid, persuadido de que estas particulari
dades no causan tedio A los hombres estudiosos. Siendo coman
dante de un cuerpo de caballería, compuso un libro sobre el ar
te de arrojar flechas á caballo, obra que descubre agudeza de
ingenio y exactitud. Escribid en dos libros la vida de Pomponio
Secundo, porque juzgó casi un deber sagrado dar este testimo
nio de afecto á la memoria de su amigo, que le había amado
entrañablemente. En sus veinte y dos libros sobre las guerras
deGermania narrd todos los hechos de armas que habian me
diado entre nosotros y los habitantes de aquel pais; le indujo á
escribir esta obra un sueño que tuvo, combatiendo en la misma
Germania. Creyd ver durmiendo á Druso Neron, que muerto en
aquellas tierras, despues de haber vencido repetidas veces á los
germanos, les recomendaba su memoria, y le suplicaba vengarle
de las injurias del tiempo, que lo sepulta todo en el olvido. Dejtf
- 517 —

JULIUS OBSEQUENS.

Ignoramos todos los pormenores biográficos de


este autor; ignoramos el dia de su nacimiento, el de

tres libros, divididos en seis volúmenes, para que no abulláran


mucho , con este título: El hombre estudioso. Traía en ellos
del orador, y con sus preceptos le sigue paso á paso desde la cu
na hasta el último término de su perfeccion. Compuso ocho li
bros sobre las anfibologías, y esta obra la escribid en los últimos
aiios del imperio de Neron, porque en aquel estado de servi
dumbre era peligroso cualquiera otro género de estudios algo
mas resuelto y elevado. Publicó treinta y un libros para que sir
vieran de continuacion á la historia escrita por Aufidio Baso, y
treinta y siete sobre la historia natural, obra de mucha estension,
erudita, y lan variada como la misma naturaleza ¿Te causa ma
ravilla que un hombre, ocupado en tantos negocios, haya escri
to tantas obras, y muchas de ellas sobremanera difíciles?—Lo
creo; pero te asombrará aun mas loque voy á decirle. Ejercióde
vez en cuando la abogacía, defendid pleitos, y sin embargo, bajó
i la tumba de cincuenta y seis años, de cuya mitad no pudo dis
poner, tanto por los grandes cargos que desempeñó, como por
el tiempo que le absorbia su trato amistoso con la familia impe
rial: la agudeza de su ingenio, su laboriosidad infatigable, su
constancia lo suplían todo. Comenzaba á velar durante las fies
tas de Vulcano (1), no con ánimo de presagiarlo futuro, obser
vando los cuerpos celestes (2), sino con el firme propósito de
adelantar en sus estudios, y empezaba su trabajo despues de ha
ber anochecido. En el invierno se levantaba i la una de la ma
ñana, y á mas tardar á las dos, y muy á menudo á media noche.
No le era posible dormir menos, y algunas veces le cogiael sue-
(i) Celebrábanse ordinariamente en el mes de agosto,
(íj Atude á loé astrólogos de Roma, que creian teer en los astros los
destinos d ) los hombres.
— 518 —
su muerte, y hasta la época en que floreció. Algunos
escritores creen que pertenece al siglo de Augusto, ó

ño y se quedaba dormido sobre los libros. Antes de amanecer


'ba al palacio del emperador Vespasiano, que aprovechaba tam
bien las noches: recibía sus órdenes, luego se marchaba, y des
pues de haber cumplido sus mandatos, volvia á nuestra casa, y
destinaba al estudio todo el resto del tiempo. Despues de su co
mida, que era siempre frugal y sencilla, segun la costumbre an
tigua, si tenia en el verano algun rato de descanso, se tendía al
sol, y le gustaba oír la lectura de algun libro, que anotaba y es-
tractaba, no habiéndose separado nunca del sistema de estrac-
tar lo que leia: y acostumbraba decir que ningun libro, por ma
lo que sea, deja de tener algo de bueno. Cuando se retiraba
del sol solía bañarse en agua fría, y despues de haber tomado un
poco.de alimento y dormido un breve rato, estudiaba nuevamen
te hasta la hora de cenar, como si hubiese amanecido ya oír0
dia: y durante la cena, nueva lectura y nuevos apuntes, fugaz
mente y de corrida. Me acuerdo que una vez, habiendo pronun
ciado mal algunas palabras el que leia, uno de los amigos que
cenaban con nosotros, le interrumpid y le oblígd á repetirlas.
Mí tío le dijo, ¿.Vo las habías entendido? El amigo contestó que
sí, inclinando la cabeza.—Y entonces, ¿por qué le has interrum
pido? Esta interrupcion nos ha hecho perder mas de diex, ren
glones de lectura. Tanto apreciaba la economía del tiempo. En el
verano acababa de cenar antes de anochecer; en el invierno po
co despues de haber anochecido, y siempre con aquella escru
pulosa puntualidad que puede exigir el mandato de una ley: el
ruido que hacia la gente, atravesando las calles dela ciudad para
cuidar de sus negocios, no le llamaba la atencion. Cuando se
bailaba únicamente en el retiro del campo, suspendía el estu
dio; pero entiendo hablar del tiempo en que estaba en el agua,
porque mientras se le frotaba el cuerpo para secarle, ú oia leer
d dictaba algo. Viajando hacia lo propio , como si no tuviese
otras cosas á que atender. Llevaba siempre consigo su libro,
sus tablillas y su amanuense: en el invierno le mandaba poner
— 519 —
cuando menos al siguiente; otros dicen que vivió ba
jo los Antoninos; otros muchos afirman terminante
mente, pero sin apoyar su aserto en prueba ninguna,
que vivió á fines del siglo IV de nuestra era, y poco
antes de ocupar la silla imperial Honorio. Moreri en
su gran Diccionario histórico refiere esta opinion como

los guantes para que el rigor de la estacion no interpusiese obs


táculo á sus estudios, y por eso mismo recorría siempre la ciu
dad en silla de brazos. Me acuerdo que un dia me reprendió,
porque yo acababa de dar un paseo, y me dijo: «Podías no ha
ber perdido esas horas.» Creia mal gastado todo el tiempo que
no se empleaba en el estudio. Con esta firme aplicacion llcgd á
escribir tantos volúmenes, y me ha dejado ciento sesenta lomos,
cuyas páginas están atestadas por los dos lados de postilas , es
critas en letra muy metida, asi que se les puede calcular el do
ble. Referíame él mismo, que siendo procurador en España , po
día haber vendido sus manuscritos por cuatrocientos mil ses-
tercios á Largio Liciuio, y sin embargo eran entonces mucho
menos numerosos. Cuando piensas en la multitud de libros que
leyó y en los que compuso ¿no te parece casi imposible que ha
ya podido desempeñar tantos cargos, y satisfacer á las obliga
ciones que le imponía su íntima amistad con la familia imperial?
Pero, despues de haberte enterado de su mucha economía del
tiempo en abono del estudio de las letras ¿no te inclinas á creer
que no Ieyd ni escribid lo bastante? Ocupaciones muy graves,
como las suyas, son un gran estorbo, y no hay cosa que no im
pidan, pero una constancia tan firme como la suya ¿no lo vence
todo? Asi es, pues, que suelo reírme cuando algunos me llaman
estudioso:
tudio el tiempo
comparado
que mecondejan
mí tío,
libresoy
los un
cargos
haragan.
públicos
Dedico
y losal de
es-
beres de la amistad. Pero entre aquellos mismos que pasan toda
su vida dedicados al estudio de las letras ¿quién, comparado con
mi lio, no se avergonzará, no pudiendo figurar sino codio un
hombre entregado casi esclusivamente al sueño y al ocio?
— 520 —
la mas comun y generalizada (1); Schoellse contenta
con decir, que algunos afirman que vivió en el primer
siglo despues de Jesucristo, y otros á fines del cuar-
to(2);Tiraboschidice lo propio (3); Lafrancnohablani
mucho ni poco de Julius Obsequens; Ficker se incli
na á la opinion de los que le ponen en el número de
los escritores, que pertenecen al segundo siglo de
nuestra era (4). Si queremos atenernos únicamente á
la elegancia y pureza de estilo con que está escrita
la obra De Prodigiü, que es la sola que tenemos de
Obsequens, podemos afirmar desde luego, que este
autor pertenece al siglo de Augusto. Pero la cir
cunstancia de que los críticos mas ilustres le con
sideran como uno de los escritores de la decadencia,
nos
nos,haaunque
inducido
estamos
á colocarle
muy persuadidos
en el siglo de
de los
queAnletoni
cor

responde un puesto mas honroso.


En