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Libertad para matar: la cruzada de los negacionistas de la pandemia https://theconversation.com/libertad-para-matar-la-cruzada-de-lo...

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Rigor académico, oficio periodístico

Un hombre sostiene un megáfono durante una marcha por la libertad frente la covid-19 en Varsovia, Polonia, el 10 de octubre de 2020.
Shutterstock / CameraCraft

Libertad para matar: la cruzada de los negacionistas de


la pandemia
10 noviembre 2020 21:32 CET

La pandemia de covid-19 ha provocado una proliferación de mentiras, teorías Autor


conspirativas y campañas negacionistas a las que la OMS ha dado el nombre de
«infodemia». Su difusión ha sido tan amplia y tan rápida como la del virus, y ha
tenido también consecuencias letales, pues ha hecho que aumente el número de
contagiados y de muertos. Antonio Campillo Meseguer
Catedrático de Filosofía, Universidad de
Murcia
Muchas personas niegan la gravedad e incluso la existencia de la enfermedad,
cuestionan a los expertos y a las autoridades sanitarias, rechazan las medidas
recomendadas para prevenir el contagio y utilizan políticamente el malestar social
generado por la pandemia para desestabilizar a los gobiernos.

La infodemia puede ser analizada desde diferentes ángulos. En primer lugar, el ángulo político: hay
estrategias geopolíticas de desinformación diseñadas desde la Rusia de Putin, la China de Xi Jinping o
el movimiento QAnon apoyado por Trump, para difundir noticias falsas y fomentar la confrontación
social.

En segundo lugar, el ángulo tecnológico: estas estrategias no utilizan solo los medios de comunicación
clásicos (prensa, radio y televisión), sino sobre todo las redes sociales digitales. Filósofos y politólogos
llaman «posverdad» a esta nueva forma de manipulación política.

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En tercer lugar, el ángulo ético y psicológico: en los últimos años se han multiplicado los estudios
sobre los «sesgos cognitivos», entre ellos el «sesgo de confirmación» que lleva a una persona a filtrar
e interpretar la información para que confirme sus prejuicios más ciegos y sus emociones más
primarias. Muchos individuos niegan frontalmente una realidad que les desconcierta, sea el cambio
climático o la pandemia, o bien aceptan sólo algún detalle marginal con el fin de dar apariencia de
realidad a sus propias ilusiones.

¿Está amenazada la libertad individual?

Pero también es preciso analizar el contenido semántico de esos mensajes que se difunden y se
defienden como si fuesen dogmas de fe. Me centraré en el mensaje político que durante la pandemia
se ha extendido por la mayoría de los países occidentales con un éxito extraordinario: la idea de que la
«libertad individual» se encuentra amenazada y, por tanto, debe ser defendida frente al «poder
totalitario» de los estados que han adoptado las medidas sanitarias y, en general, frente a un
«contubernio mundial» que estaría dirigido en la sombra por unos agentes siniestros y
todopoderosos.

Los extremos se atraen

Este mensaje político es muy significativo por varios motivos. En primer lugar, se presenta como una
defensa heroica de la libertad, que es uno de los valores más sagrados de la tradición política de
Occidente y, por tanto, no parece susceptible del más mínimo cuestionamiento crítico.

En segundo lugar, cuenta con la bendición de algunos filósofos mediáticos como el negacionista
Giorgio Agambem, que desde el primer momento denunció «la invención de la pandemia» como una
estratagema de los gobiernos para imponer «un estado de excepción permanente» en todo el mundo.

En tercer lugar, es un mensaje transversal a las más diversas ideologías, desde neofascistas y
neoliberales hasta neocomunistas y neolibertarios. Esta transversalidad se ha manifestado en los
actos de protesta que han tenido lugar en muchas ciudades del mundo, convocados en nombre de la
«libertad» y protagonizados por grupos de muy diverso signo político.

Ante un acontecimiento tan novedoso como la pandemia de Covid-19, no es extraño que se recurra a
clichés prefabricados y muy simples que eximen de la responsabilidad de pensar, como la dicotomía
libertad/poder. La lógica binaria es el grado cero del pensamiento y permite justificar toda forma de
violencia, porque niega la complejidad de lo real, rechaza la novedad de lo que acontece y se opone a
la pluralidad de los otros.

Somos seres relacionales

Como señalaron Arendt y Foucault, «poder» y «libertad» son dos maneras de nombrar el mismo
fenómeno: la capacidad de emprender nuevas acciones e influir voluntaria o involuntariamente en la
acción de otros. Todos ejercemos poder, porque todos somos a un tiempo libres e interdependientes.
Frente a la «fantasía de la individualidad», la arqueóloga Almudena Hernando nos recuerda que

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somos seres relacionales.

El problema está en la distribución asimétrica de los poderes, las libertades, las capacidades de
acción. Cuando esas asimetrías se institucionalizan, dan origen a diferentes regímenes de dominación.
Son diferentes porque no hay una línea divisoria única y estable entre dominantes y dominados, sino
muchas formas de dominación que se superponen, contrarrestan y entrecruzan: entre sexos,
generaciones, clases sociales, etnias, etc. Esta es la «interseccionalidad» de la que hablan las
pensadoras feministas.

Además, no hay poder ni libertad sin responsabilidad. Ninguna sociedad humana podría sustentarse
si no respondiéramos de nuestras acciones ante los otros, si no reconociéramos que nuestra libertad
está posibilitada, limitada y entretejida con la libertad de los otros. La pandemia de Covid-19 nos ha
revelado nuestra interdependencia biológica y social, y, con ella, nuestra mutua e ineludible
responsabilidad.

Quienes se erigen en defensores de la libertad y la reclaman como el ejercicio de un poder individual


completamente arbitrario e irresponsable, no limitado por los otros ni regulado por ninguna
institución pública, en realidad están reclamando el «estado de naturaleza» del que hablaba Hobbes,
en el que cada individuo es «soberano» para disponer de su vida y de la de sus semejantes. Es decir,
están reclamando la libertad para matar, para ser contagiados y contagiar a otros, aun a riesgo de
causarles la muerte.

La confusión entre libertad y soberanía

Esta confusión entre libertad y soberanía es heredera de la vieja moral guerrera, aristocrática y
patriarcal, que exalta la lucha violenta contra los otros para imponerles de forma tiránica la propia
voluntad, y en cambio menosprecia como femenino, servil y cobarde todo lo que hace posible la vida
humana y sustenta las instituciones colectivas: el cuidado, el apoyo mutuo, la responsabilidad, la
cooperación, la solidaridad.

Por último, la confusión entre libertad y soberanía, tan frecuente en el pensamiento político moderno,
equivale a negar y tratar de trascender nuestra condición terrestre, nuestro vínculo con los demás
seres vivos y con el conjunto de la biosfera.

En resumen, este insidioso virus nos ha recordado que no somos dioses soberanos sino criaturas
ineludiblemente interdependientes y ecodependientes.

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