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En el 200 aniversario del nacimiento do Mir

jos reunidos en este libro reivindican su


económico como la mejor perspectiva toórlo1
prender el funcionamiento y la dinámica dol 01
mundializado, así como por proporcionar 101 prl
y fundamentos Institucionales más sólldoa p1r1
trulr una alternativa económica emanclpadoro que
posible el Ideal de autogoblerno de la soclednd
Más allá de los naturales matices entre loa dlf
autores, todos ellos comparten una concepción di
economía marxista basada en cuatro rasgos f undl
tales que son los que sirven para dar estructura 11 llbfl
1) la reivindicación de la teoría laboral del valor de Mir
como el marco más adecuado para desvelar las ley11 V
dinámica del capitalismo actual; 2) un diagnóstico 1obrt
los males del modo de producción capitalista contrldt
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en su naturaleza explotadora, la tendencia a la polarl1 (/J

ción social y su dinámica turbulenta, basada en la 161 ><


a:
ca ciega del beneficio y la acumulación compulsiva, q ~
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conduce Inevitablemente a crisis recurrentes y amen .!S
con el colapso ecológico del planeta; 3) la conclenol ~
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sobre los límites del reformismo, en cualquiera de I z
variantes (estatismo burgués, popullsmo, soclaldel'IICIW o
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cracla, etc.), para superar o atenuar dichos malea 1ln w
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cuestionar la propiedad del capital; y 4) la necesidad dt ...1
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superar el orden social del capital para construir un1 •Z
sociedad libre, autogobernada y eficiente, a la que 111 w
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mamas comunismo, y que se erigiría sobre la base de 11 z
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Índice

1. La crítica marxista a la economía liberal 23


1. La teoría laboral del valor y la crítica de la teoría
neoclásica. Diego Guerrero 25
2. Crítica, desde Llt1 enfoque marxista, a la teoría
austriaca del valor. Rolando Astarita 67

Il. La crítica de Marx al modo de producción capitalista 105


l. Explotación (y creciente): base material del
capitalismo, piedra angular del análisis marxista.
Xabier Arrizaba/o l 07
2. Acumulación capitalista y polarización creciente.
Javier Murillo 139
3. Las crisis económicas y la incompatibilidad entre
capitalismo y democracia. Diego Guerrero 171

Edición propiedad de Ediciones de lncervención Cultural I El Viejo Topo 111. Los límites del reformismo 199
Juan de la Cierva 6, 08339 Yilassar de Dalt (Barcelona)
Diseño: M. R. Cabot
1. Teorías económicas, crisis y la crítica del reformismo.
ISBN: 9788416995-97-4 Juan Pablo Mateo 201
Depósiro Legal: B 23674-2018 2. Reformismo y marxismo. Rolando Astarita 233
Impreso en EspaÍla
IY. Ciber-comunismo: planificación económica Introducción
en la era digital 263
1. Planificación económica, ordenadores y
valores-trabajo. Paul Cockshott & Allin Cottrell 265
2. La eficiencia dinámica en una economía planificada. Diego Guerrero y Maxi Nieto
Maxi Nieto 295

Los autores 331

En esta introducción abordaremos dos cuestiones. En primer lugar,


haremos mención al marco general de la literatura económica marxis-
ta que se está escribiendo en los últimos años. Y en segundo lugar, un
breve resumen de los 9 capítulos que componen el libro.

Transcurrido ya el ecuador de este bienio 2017-2018 tan especial para


la economía marxista (se cumplió en 2017 el 150° aniversario de la pu-
blicación del libro I de El capital, en 1867, y se cumple en 2018 el 200°
aniversario del nacimiento de Karl Marx, en 1818) , podemos empezar
a hacer balance de lo último que se ha escrito de economía marxista,
enmarcándolo dentro de lo que, a nuestro juicio, son algunas de las
obras más importantes de los últimos años en este campo 1• Menciona-
remos sobre todo trabajos del mundo anglosajón - donde se sigue ha-
ciendo la mayor cantidad del trabajo en este terreno- pero también se
comentarán algunos de los libros publicados recientemente en español,
algunos de los cuales están a cargo de los propios autores de este libro.
A nuestro juicio, lo más importante ha sido la aparición en 2016
de los importantes libros de Anwar Shaikh y Fred Moseley, así como la
edición inglesa del manuscrito elaborado por Marx en 1862-63, donde
se puede estudiar la literalidad de lo que escribió el propio Marx y que

1. No es el lugar adecuado para hacer un repaso bibliográfico exhaustivo , así que


no limi ta rem sa lo más run da mencal.

9
luego fue editado por Engels (con algunas modificaciones relevantes) I t 111 l,11110 de G. Srarosta y C. Caligill"is (2018) 11 • El primero, que es
como libro IIJ de EL capital (1894) 2 • El libro de Shaik.hJ, una monu- 1111 de 1,~,1 lihrn de 700 páginas donde el autor desarrolla con mucho
mental obra de casi 1.000 páginas donde el autor resume y completa el 1, 1 illt lns .1, pcctos fundamentales de la reoría económica de Marx y
trabajo de toda su vida4, se estructura en corno a tres ejes, escudiando Ir .11111111t1:s aucores marxistas, tiene mucho que ver con la impor-
primero los "fundamentos" de su análisis, desarrollando a continua- t ,1 11, > \1 11gular labor docente que desarrolla Arrizabalo en la Uni-
ción la segunda parce sobre lo que llama la "competencia real", que él 1 11 l 1d Complutense de Madrid, y en especial en el Diploma de
distingue tanto de la competencia perfecta como de la competencia J 111111 1t lll ll Co ntinua que sobre "Análisis crírico del capitalismo (el
imperfecta, para terminar con w1a tercera parte dedicada a la "dinámi- 11 , indo marxista y su aplicación al estudio de la economía mundial
ca macroeconómica turbulenta". El libro de Moseley5 tiene un doble 1, , t I d)" 11n parte en esa universidad. El libro de Nieto desarrolla en

valor, puesto que, por un lado, presenta su propia interpretación del I' 11 11 , 11 1,11 la marxiana teoría laboral del valor como "teoría general de
famoso y marxiano "problema de la transformación" (de los valores en l 1 ,l111 .1111k:a capitalista'', es decir, como elemento clave para compren-
precios de producción) -un "problema" que han usado durante más dt I el l un cionamiento de las sociedades capitalistas, en lo que tienen
de 130 años prácticamente codos los críticos de Marx y el marxismo-, ,1, , 11111 t'111 las de los siglos XIX, XX y XX19• Y el de los dos autores
una sólida y bien fundamentada interpretación, y, por otra parte, hace 11 ¡;c111 inos, can reciente que aún no hemos podido leerlo, presenta un
la crítica más detallada hasta el presente de codas las interpretaciones I n 11,n1.·1cdor y completo índice sobre diversas materias de economía
importantes propuestas desde enfoques marxistas alternativos. 11111 xista, incluidas las cadenas globales de valor y la relación entre las
En español, los tres libros que nos parece oportuno citar en pri- 1111 H.,rncfas cognitivas y la forma de valor.
mer lugar son los de X. Arrizabalo (2016)6, M. Nieto (2015)7 y el l l.1y diversas obras que ofrecen panorámicas globales y resúmenes
,li l.1 obra de Marx. Está, por una parte, la nueva edición (la 6ª, de
.'O t 6) del influyente libro de Fine y Saad-Filho sobre El capital de
2. La versión inglesa es traducción del origtnal alemán publicado en 1992, que
¡\/,1rx 111 , que se viene editando desde que en 1979 apareciera en su
forma parre de las Marx/Engels Gesamtausgabe (MEGA), Sección JI, Volumen 4.2.
Véase en inglés: Marx's Economic Man1.¿script o/1864-1865. ed. Fred Moseley, trad. p11111cra versión, obra de Fine y Harris 11, y que ha sido siempre, en
Ben Fowkes, Brill Academic Publishers, 2015. upi 11 ión de un marxista tan conocido como David Harvey, la mejor
3 . Shaikh, Anwar (2016): Capitalism: competition, coriflícto, crises. Oxford: Oxford w1í.1 disponible sobre esta obra fundamental. También sobre El capi-
Universicy Press.
4. No es innecesario recordar la impagable crírica publicada en los años 1980s por
Juan Velarde en el dfario ABC, que tuvo el mérico incomparable de estar cerca de
un libro que solo esraba anunciado ¡pero aún ni escriro ni publicado! Lo cual da '" trorfn del valor-trabajo de Mane, Madrid: Escolar y Mayo.
una idea del tiempo que lleva Shaikh inrentando resumir su concepción de la eco- K, Scarosra, Guido; Caligaris, Gascón (2018): Trabajo, valor y capital. De la crítica
nomía marxisra en un libro (que por aquel entonces la editorial anunciaba con el 11u1rxian11 de la economía política al capitalismo contempordneo, Buenos Aues: Uni-
título de Marxian Economic Analysis), más allá de los numerosos aráculos que han Vl'rsiJad Nacional de Quilmes.
ido desarrollando su pensamiento a lo largo de los años. •). T:i mbién desde el punto de vista marxista, pero desde una perspectiva más incli-
5. M~seley ~red (2?16): Money and Tot~lity: A Macro-Monetary fnterpretation oJ 11,1Ja al trabajo empfrico y cemrado en las cuestiones de distribución de la renta Y
Manes Logzc mCapital and the End o/the Transformation Prob/,em: Leiden/Boston: de la riqueza, es importante el libro de Mu tillo, Javier (2018): El milagro económico
Brill, Historical Macerialism Book Series, nº 104. espa,íol: 1m análisis m11.rxist11. Dinámica salarial e impacto sobre la estructura de la
6. Arrizabalo, Xabier (2016): Capitalismo y economía mundial Bases teóricas y andli- propiedlld, Madrid: Maia. , . . ..
sis empírico para fa comprensión de los problemas económicos del siglo XXI, 2• edición, IO. Fine, Ben; Saad-Filho, Alfredo (201 6) : Marxs Captta!. Szxth Edmon, London:
ed. Insticuro Marxista de Economía- Universidad de Arces y Ciencias Sociales (AR- Pluto Press.
CIS) y Universidad de Concepción (UdeC). 11. Hnc, Ben; l larris, 1,lurt•ntc ( 1979): !'tmt 1t leer 'El rrrpitnl', México: Fondo de
7. Nieto, Maxi (2015): Cómo fimrionn In economía capitalista. Una introdtJCción a Cuhura Económica. 1985.

10 11
tal de Marx en concreto, y dejando de lado el ya cicado libro de Mo- p11 lt I h ,e 1111 mcn con d nomhn: de / rtJ I00 ptt!tzbrrrs del marxismo,
seley, es muy interesante la extensa recopilación de capículos sobre la 111 11 l ldu u1 l'spa1íol en 2014 1'' . •

difusión de este libro en codo el mundo, (que tratan de más de cien l ji, 1 11 11 po <lcncro de la economía marxista en el que se ha escmo
países y casi otras tantas lenguas), a cargo de M. Musco y B. Amini 1,11,d111 1·11 l.1 última década es, lógicamente, el de las crisis econórni-
12
(2018) • Un libro que acaba de aparecer es el de un marxista británi- 1 \ , l1t·mos ci tado el libro editado por Carchedi y Robercs (2018)
co bien conocido, Michael Roberts (anteriormente, un experto en el I' t1, li,1}' que señalar la creciente influencia del último libro de A.
mundo de las finanzas de la City), un aucor que trabaja especialmen- 1 11 111 11 1 (}.O 11)!0, que ha tenido su repercusión en distintos trabajos
te las crisis de rentabilidad y financieras de los últimos añosl3, y que p 111 1111·,. como evidencia el libro editado por Juan Pablo Mareo
presenta ahora una obra con el título de Marx 200 14• 11 ' 111 '> ' 1• sobre el que también influyó un libro anterior de R. As-
Este mismo autor escribió hace poco, en su muy visitado blog, una t iili.1 } l. l"apia (2011) 22 ; desde el punto de vista teórico, creemos
interesante selección de los diez mejores libros de economía marxista -pu i il menee importante el último libro de Pepe Tapia en español
del afio 201715, donde incluye, aparte de los ya citados de Shaikh y ( 1111 ) ' 1, .,sí como su edición de un cexto fundamental de Paul Mat-
Moseley, ouo libro que sirve de guía sobre El capital de Marx, a cargo 111 1 ( >o t ,í)2·1. Desde el punto de vista de la crítica de las teorías de la
de J. Choonara16, y un libro del economista francés Franc;:ois Chesnais ti 1•1 mk·ncia, se ha publicado recientemente en español una recopi-
sobre el capital financiero 17. El también francés Gérard Duménil (jun- 1 1111'111 de trabajos importantes del economista brasilefio M. Carcan-
to a M. Lowy y E. Renaulr) ha publicado recientemente dos pequeños 111 il11 ( 101 7) •
25

libros sobre marxismo, donde, aparte de la economía, se analizan otros \ , p.u a acabar, mencionemos brevemente otros ues campos que
aspectos de la obra de Marx; se rrata en primer lugar de un libro titu- 1,11, p.tl'ccen importantes. En primer lugar, en el terreno de las críti-
lado Leer a Marx (2014) 18, cuya primera edición daca de 2009, y una L 1• ,ll·I marxismo hechas por autores que son cambién seguidores de
~1.11 x. en línea con los trabajos clásicos de Korsch, Rubel o Mattick,
111 ~ que citar el último libro de P. Chactopadhyay (2016), que recopi-
12. Musco, Marcdlo;Aruíni, Babak, eds. (2018): The Dissemination ofMarx'sCapital
in the World (1867-2017), London: Roucledge. 11 1111 Khos de sus trabajos críticos con el "marxismo" opuesto a Marx
13. Véase Carchedi, Guglielmo; Robercs, Michael, eds. (2018): 7he World in Crisis.
Winchester, UK: Zero Books.
14. Roberts, Michael (2018): Marx 200 - a review ofMarx's economics 200 years l 'l 1)u ménil, Gérard; Li:iwy, Michael; Renault, Emmanuel (2009): Les 100 mots
efter his birth, London: Lulu. 1/i. 111111.\ isme, París: PUF (colección Que sais-je?) [edición española de 2014: Las
15. Roberts, Michael (201 7): "Los I O mejores libros de economía marxísra de /fl(J ¡mlnbrns del marxismo, en Akal básica de bolsillo]. .
2017", en hrtps://marxismocritico.com/2018/03/05/los-1 O-mejores-libros-de-eco-· 'Cl Kliman, Andrew (2011): The Failure o/Capitalist Production: Underlymg Causes
nomia-marxista-de-2017/. ,if 1/ir Grerrt Recession, London: Pluco Press. ., ..
16. Choonara, Joseph (2017): A Reader's Guide To Manc's Capital, Bookmarks. , J Mateo, Juan Pablo (coord.) (2015): Capitalismo en receszon. La cr1J1s en el centro
Cabe citar aquí que, síguíendo otra guía y resumen de El capítai publícada en 1 /,, prrifaria de la economfa mundial Madrid: Maia.
esp~ol hace unos años (véase Guerrero, Diego (2008): Un resumen completo de El • ~. ' J:tpia, José A.; Astaríra, Rolando (2011): La Gran Recesión y el capitalismo del
capital de Marx, Madrid: Maia), se ha publicado recientemente una obra simílar ,r¡/<1 XXl Teorías económicas, explicaciones de la crisis y perspectivas de la economía
referida al libro IV de El capital: Nonius, Jorge (2016): Un resumen completo de las m111ulial. Madrid: La catarata.
Teorías sobre la plusvalía de Marx, Madrid: Maia. , l. 1apia, José A. (201 7): Rentabilidad, inversión y crisis. Teorfas económicas y datos
17. Fran~ois Chesnais (2018): Finance Capital Today. Corporatiom and Banks in the r111plriros. Madrid: Maia.
úming Global Slump. Leiden/Boscon: BriU , Hiscorical Materialism Book Series J.1. Matcick, Paul (201 4) : Crisis económica y teorías de la crisis. Un ensayo sobre Marx
nº 131. ' y /¡1 "cirnda económica". Ed. Jo~é A. Tapia, Madrid: Maia.
18. Duménil, Gérard; Li:iwy, Michael; Renaulr, Emmanuel (2014): Lire Marx, Paris: '.t5. Cri rcahnolo, MJr(('lo D. (20 17): l>rprmlcncia, mperexpíotación del trabajo y
l'resses Universicaires de Francc:. ,riJiJ U,111 intrrpret11ritm dNdr Af,11·,. M.11l11d. Maia.

12 13
Y en pro del reconocimiento del "modo de producció n asociado de ji! t 11 11 opini ór) , no debería h.1bcr '>,tlido nuncai 1; y el británico
26
Marx" , tan distinto por ejemplo del socialismo realmente existente l 11 , 1111,111 J em es: su biografía <le Marx (201 7), que ha aparecido
en la Unión Soviética27• 1111o11 ., kngua hace muy pocos meses·, 3' es un pro ducto nptco
' .
En segundo lugar, puesto que este libro incluye un apartado es- I t I f 11110so historiador marxista, autor, enrre otras cosas, de una
pecífico dedicado a la crítica del reformismo (algo implícito en mu- l I u 111t 111.1da incro<lucción al Manifiesto comunista33 • Por último, el
chos libros de carácter marxista28), conviene recordar la existencia I n• 11 111 1 , 11cco S. Liedman, crítico desde la izquierda del marxismo
de un importante texto del joven Marx donde ya se asumían estos 1 ', 11 il 111 .111 Jo nes, publicó en sueco su biografía de Marx en 2015
planteamientos críticos; nos referimos a su crítica de Arnold Ruge, el 11 , 1p111vc:chado la muy reciente edición inglesa de 2018 para dar
34
artículo conocido como "Anri-Ruge"29 , donde se ataca con maestría 1,1111,, 11 , 11 opinión sobre las biografías anteriormente citadas •
la idea de que es el Estado quien tiene que solucionar los problemas
que atenazan a la sociedad capitalista.
Por último, nos limitaremos a hacer mención de cuatro impor- 11
tantes biografías de Marx aparecidas en los últimos años, rres de las
cuales están ya traducidas al espafiol. La primera se debe a la perio- ~ 1 \ 1111.1 de los naturales matices y diferencias que puedan presentar
dista estadounidense M. Gabriel, originalmenre publicada en 2011 m11 1 los diferentes autores que participan en este monográfico, to-
Y traducida al español en 201430. Las dos siguientes son obra de ,h, , ll o\ comparten, sin embargo, cuatro rasgos generales fundamen-
dos historiadores: el estadounidense J. Sperber (2013), un autor no llk 1 11 , u perspectiva analítica y en su concepción de la economía
marxista cuya biografía fue inmediatamente publicada en español y 111 11 l\ t,l : 1) la reivindicación de la teoría laboral del valor de Marx
que presenta, o arrincona, a Marx en el contexto decimonónico del l 1111111 l'I marco más adecuado para comprender el funcionamiento
.li11 •11 11ica del actual capitalismo mundializado; 2) un diagnóstico
, 1! 11t los males del modo de producción capitalista centrado en su

11 11111 .1 l<:La explotadora, la cendencia a la polarización social y su diná-


26. Cha:ropadhyay, Paresh (2016): Marx's Associated Mode ofProduction. A critique
ofMarxrsm. New York: Palgrave Macmillan. 111 ii 1 111 rbulenra, basada en la lógica ciega del beneficio y la acumula-
27. Charcopadhyay, Paresh (1994): The Marxian Concept of Capital and the Soviet ' 11 1t 1 1;ompulsiva, que conduce inevitablemente a crisis recurrentes y
Experience. Essay in the Critique ofPolitical Economy, Londres: Praeger.
, 1111 n ,l.t:il con el colapso ecológico del planeta; 3) la conciencia sobre
28 .. "_éase por ejemplo el libro de Harrison, John (1978): Economía marxista para
socraÍlstas. Una critica del reformismo, Barcelona: Grijalbo. l1 1s limites del reformismo, en cualquiera de sus variantes (estatismo

29. Marx, Karl (1843): "Glosas críricas marginales a1 artículo: 'El Rey de Prusia y la li111 ¡;ués, populismo, socialdemocracia, etc.), para superar o atenuar
reforma social. Por un prusiano"', Barcelona: Roselló Impressions, 1977; incluido d1, hos males sin cuestionar la propiedad del capital; y 4) la necesidad
rambién en Obras de Marx y Engels (OME), vol. 5, dir. M. Sacristán Barcelona:
Grijalbo, 1978. Como ambas publicaciones en español son difíciles d~ encontrar
incluso la _propia OME ("~bras de Marx y Engels") que dirigió un importante filó~ '1 1 ~pl·rbcr, Jonathan (201 3): Karl Marx: una vida decimonónica, Barcelona: Ga-
sofo espanol, Manuel Sacristán (cuyos ensayos, sin embargo, se siguen reeditando l , ,.1t;Ulcnberg y Círculo de Lecrores.
basranre en los úlrimos años, incluida una traducción inglesa reciente), indique- 1, ~tn lman Jones, Gareth (2017): Karl Marx: Greatness and /Llusion, London:
mos que el articulo de Marx es accessible en incernet (en hrrps://es.scribd.com/ l 1, 11g11i 11 . .
docu m~m/ 124 72785 5/Glosas-marginales-al-arciculo-EI-Rey-de-Prusia-y-la-refor- \ \, l ,unbién Ya nis Varoufakis ha hecho erro tanto: véase Marx, Karl; Engels, Fne-
ma-soc1a1-Por-un-prusiano-Marx-K; y también, en inglés, en www.marxisrs.org/ ,11 h li ( 1848): 7he Conmmnist Maniftsto: wíth an fntroduction by Yanis Varoufakis,
archive/marx/works/1844/08/07.hcm). l r>mlon: Vincage C lassics.
30. Gabriel, Mary (2011): Amor y capital· Karl y Jenny Marx y el nacimiento de una \.1. J led m.rn, Sven-Eric (20 18): A World to Wín: Tl;e Life rmd Works of Kllrl Marx,
Revolución. Barcelona: Viejo Topo, 201 4. 11111don: Yer~o.

14 15
de superar el orden social del capital para conscruir una sociedad libre, 1 1 ,11 1,,,•,,1 l'X plica n<lo In nccc::sida<l , pbn ceada por Marx, de
a~c~g,obernada y eficiente, a la que llamamos comunismo, y que se 1 11 ¡111,lt.:1 \o mp,trar cuamita livamcnte mercancías distintas ~n
engma sobre la base de la propiedad social de los medios de produc- 1 111 ,1111, t, necesario reducir los diferentes valores de cambio
ción y la planificación democrática de la economía. l' , llll l,I rnm ún que ha de tener un carácter social y objeti-
Estos .cuacro rasgos compartidos son, precisamente, los que nos 1111, l l 11.1 hajo abstracto. C onrra la confusión habitual de los
han servido para ordenar los contenidos del libro en otros cantos 1111~,, ¡ 111,1 1i.tcos cuando critican la teoría del valor de Marx,
bloques. Así, la primera parte está dedicada a la crítica, desde la teoría 111 1 lk 11 ,n .1 que en el inrercarnbio los dos participantes ganan,
laboral de: va~or de Marx, de la economía burguesa representada por 1 111 11, 11' 111. l'I\ cuanto a la utilidad, esto es, desde el punto de vis-
sus dos_pnnc1pales escuelas: la neoclásica, hegemónica hoy en día, y 1 1 1 , tl111 dt tM), pero no en términos del valor de cambio, donde
la ausrnaca, que ha ganado protagonismo en las dos últimas décadas ¡ 1 ,d1111 11 11 intercambio de equivalentes. En. un paso p~sterior
de la mano de importantes think tanks Jiberales y medios de comu- 1 1 11 l 1 1,11 pmibilidad de explicar el valor del dinero a pamr de su
\
nicación burgueses. Lo que está en juego con esta crítica es tanto la 111h l 111 11 111gi11.1l (como demostraría el hecho del atesoramiento), y
posib_ilidad de concebi~· una teoría de la explotación del trabajo como 1 ,1 1 ,111 1111.1 1.rílica de la teoría del capital de Bohm-Bawerk.
cuesnonar la concepcion burguesa del mercado como un mecanismo 1 ,, 1 q; 11 mlo bloque se señalan los motivos por los cuales el
de asignación eficiente, democrático (soberanía del consumidor) y 1111 111 d, p 111d 111.ción capitalista constituye un orden social que debe
justo en términos distributivos. 1 "I'( 1 11 111: l'Sl,Í basado en la exploración siste,m.ática. de los. trabaja-
La contribución de Diego Guerrero (UCM), "La teoría laboral 11111 1. 111 1.1 polarización social y posee una log1ca ciega e mgober-
del valor y la critica de la teoría neoclásica", explica por qué las ideas 111hl q111 l lll1duce a la inestabilidad económica y crisis recurrentes,
Y principios básicos de la escuela neoclásica (escasez, utilidad, oferta/ l , t 11 il 1111plH .1 una asignación de recursos ineficiente.
d_emanda?, de los que se hace un repaso crítico de su origen y recep- 11, 11 1 Aiti:1:1balo (UCM), en "Explotación (y creciente): base
ción en diferentes autores, no pueden servir como base para construir 11 111 ti '1 .Id ,.1pitalismo, piedra angular del análisis marxista", se
una verdadera teoría alternativa a la teoría laboral del valor de Marx. 11 111', ,111 u rnccpro marxista de explotación, clave para "la identi-
A través de la crírica de dichos principios se llega a la conclusión de 11 11 1,, 11 dt los sujetos protagonistas del principal conflicto en torno
11 , 11 ,1 M iq>ro<lucen 'las sociedades en las que domina el modo de
que so~ únicamente las condiciones técnicas de producción las que
dete~mman los cambios en el valor de las mercancías, y en un segun- /J/ 1 /¡11110 11 1·,,¡,itttlistrl". Primero establece el fundamento de la ex-
do mvel de determinación, de los precios de equilibrio a largo plazo ph 11 11 li',11 dc:l lrabajo en la producción capitalista, que no es otro que
(los "precios de producción" de Marx), sobre los que no tiene in- 11 q 1tupi.ldón <le trabajo no pagado por los propietarios de los me-
fluencia la demanda. Esca última solo interviene para fijar la cantidad dlu~ d1• ptoducción, \.o cual sucede porque el salario solo abona una
de cada mercancía que puede venderse a los respectivos precios de p 11 ,, dd 11 .1hajo realizado, la necesaria para la reproducción normal
equilibrio. Y son estos precios de equilibrio los que regulan el juego d 11 l11t•1 1 ,1 J e trabajo, siendo la parre restante el plusvalor, base de
de la oferta y la demanda, que solo hace fluctuar el precio de mercado 1, ¡11,1 ll ll i.1 c:.apilalisca. A partir de este fenóme~o, y en el marc~,de la
en corno a ese cenero de gravedad. 111 111 ¡11 H 11 c:. ia c::ntre los diferentes capitales, explica la r~froducc10.n ~e
En "Crítica, desde un enfoque marxista, a la teoría austriaca del I, ., 11 h d.,d capitalista como un proceso de acumulac10n, de cap1tah-
valor", Rolando Astarita (Universidad de Buenos Aires y Nacional i 11 ' " " del plusvalor extraído de los trabajadores, que exige un grado
de Quilmes) señala las inconsistencias de la teoría subjetiva del va- d, 1 , pl ot.t1.ión cada vez mayor. Esto se logra gracias a la mecaniza-
lor para construir una teoría completa de los precios, el dinero y el l 11111 d1.· 1.1 producción, con la reducción del peso relacivo del trabajo

16 17
vivo con respecro a los medios de producción, un tipo de cambio I'' ii11.1s) y las desproporciont.·\ en la producción y en la demanda. A
técnico que, sin embargo, está en el origen de las dificultades que t: , o .111ade una segunda razón para rechazar el capitalismo, que es la
enfrenta el capital para mantener una rentabilidad creciente. A partir 111rnl incompatibilidad entre un capitalismo basado en el principio
de este hecho, muestra la distancia cada vez mayor que se abre entre 1tl,11ocrácico y la auténtica democracia de individuos que son a la
las posibilidades técnico-materiales de la sociedad y las condiciones v, 1 productores y consumidores; por ello argumenta que la demanda
de vida de la mayoría social trabajadora.
,,·.dmcnce existente en el capitalismo, o demanda "solvence", no pue-
Por su parce, Javier Murillo (UCM) explica en "Acttmulación ' h l l'prcsentar "la democracia de las necesidades humanas" ya que, en
capitalista y polarización creciente" cómo y por qué el desarrollo L1 ,ociedad capitalista, el dinero sustituye la valía y dignidad iguales
normal del proceso de acumulación capitalista genera una creciente de l.1~ personas por el valor de la riqueza y la renca que poseen.
polarización social encre las clases, tamo en términos de distribución 1.,1 cercera parte del libro está dedicada a exponer los límites del re-
de la renca como de la riqueza y la propiedad de los medios de pro- l,11 mismo, canco desde el punro de visea de los enfoques teóricos que
ducción. La clave que señala Murillo es que la lógica del capital exige , ll'l'l1 que el funcionamiento capitalista puede ser gobernado desde
que la desigualdad se reproduzca a una escala cada vez mayor para l I t·,lcra estatal, como de las propuestas poHticas que esos enfoques
garantizar la reproducción de las relaciones de producción y propie- 111\piran y que buscan paliar o superar los males del modo de pro-
dad capitalistas, pues se ha de lograr que los trabajadores se manten- d11n ión capitalista sin cuestionar la propiedad del capital y la lógica
gan como no propietarios de los medios de producción, obligados ,h I beneficio.
a vender su fuerza de trabajo. En relación a la distribución cada vez ju.rn Pablo Mareo (U. Valladolid) , en "Teorías económicas, crisis
más desigual del ingreso, MurilJo expone los mecanismos que favo- , 1.1 crítica del reformismo", se encarga de la crítica de los plancea-
recen la producción de plusvalor relativo, base de la depauperación 11llt·ntos reformistas en la economía política heterodoxa a partir de la
relativa de la clase trabajadora, aunque pueda crecer el salario real , ot1lcpción que tienen sobre la dinámica del crecimiento capitalista
para hacer frente a los costes crecientes de reproducción obrera. En \ del lugar que ocupa la crisis en él. Primero localiza en el rechazo
relación a la polarización de la riqueza, explica las causas del proceso ., l.1 lco ría laboral del valor y la existencia de leyes objetivas del ca-
de centralización del capital y su contrapartida en la asalarización de pit .d (que se imponen a través de la competencia) la base teórica del
la población, procesos para los que aporta evidencia empírica referida 11 lnrmismo. En segundo lugar diferencia la concepción de la crisis
al caso espafiol.
1 11 Marx, que es un fenómeno necesario de la acumulación capita-
Diego Guerrero, en "Las crisis económicas y la incompatibilidad 11,i.1 que se produce como resultado de una producción insuficiente
entre capitalismo y democracia", parte de la idea de que las turbu- .1, plusvalor en relación al volumen de capital ya acumulado, de la
lencias generadas por la dinámica del sistema capitalista se acentúan , ,mccpción de la crisis como mera posibilidad, que es la base para los
durante las crisis económicas cíclicas de diferente duración que carac- , 11loques reformistas. Por último repasa críticamente las diferentes
terizan al capitalismo, generando roda una serie de efectos negativos 1 :-.plicaciones de la crisis como posibilidad: la teoría de la "presión
especialmente para los asalariados y los trabajadores en general. Tras .d., ria!" sobre los beneficios; el "subconsumo" por insuficiencia de
repasar algunos de esos efectos, pasa a analizar las causas de las crisis, l,1tkmaoda de los trabajadores; el "capital monopoliscá' que condu-
identificando su mecanismo básico en la crisis de sobreacumulación I r •11 estancamiento; o la "financiarización" que parasitaría la esfera
debida a la insuficiente valorización del capital, pero recordando otros ¡1rnd ucciva.
"elementos" de crisis que tienen que ver con su dimensión financie- En "Reformismo y marxismo" Rolando Astarita expone la opo-
ra, las variaciones súbitas de los precios (en especial de las materias ,idón frontal que existe e ntre ambas perspectivas teórico-políticas.

18
19
Para ello se centra primero en las formas clásicas del reformismo, 1,.111,11.1 impulsar la eficic:ncla J info1i t.,1 <le la economía al no poder
entre las que distingue, por un lado, la creencia en la posibilidad pih11111vt•1 aJccuadamente la innov..1ció n empresarial ~ la coordina-

de mejorar gradual y permanentemente la situación de la clase tra- ! 111 1•ltl H.:ncc en ausencia de procesos de mercado. Primero somete
bajadora dentro del modo de producción capitalista (típicamente el I t , 111l ,lel argumento austriaco que vincula eficiencia dinámica a
llamado por Marx "socialismo burgués", que en el pasado siglo en- 1111 1, .,do, para concluir que el mercado capitalisca es un marco insri-
carnó el keynesianismo), y por otro lado, la creencia en la posibilidad 111 11111.tl incomparible con la libertad individual y la democracia en el
de transición al socialismo por medio de reformas, sin necesidad de l'l 11111 pulílico, y además un mecanismo económico ine6cience para
rupturas revolucionarias (la socialdemocracia del siglo XX). En una l 1 1 1g11.1t.ión de recursos. A continuación propone una fórmula ins-
segunda parce, Asta.rita cri cica algunas de las nuevas formas de refor- 111111 1n11al para el desarrollo de la innovación y el emprendirnienco en
mismo que reciclan las viejas recetas y estrategias: el keynesianismo 1111 111.irco de propiedad social de los medios de producción y control

"de izquierda", el reparto de las horas de trabajo, el control de precios ,11 hd del Auj o de la inversión.
o la renca básica.
El último bloque está dedicado a evaluar las posibilidades de la Madrid y Alicante
31.5.2018
planificación socialista de la economía a la luz de las capacidades
tecnológicas actuales y se propone para el debate un modelo de eco-
nomía democráticamente planificada viable y eficiente que hemos
denominado ciber-comunismo.
El texto de Paul Cockshotr (Glasgow Universicy) y Allin Cottrell
(Wake Forest Universicy), titulado "Planificación económica, orde-
nadores y valores-trabajo", establece desde un marco metodológico
input-output las condiciones económicas y computacionales necesa-
rias para el funcionamiento eficiente de una economía planificada:
por un lado, un sistema para definir y revisar periódicamente una
serie de objetivos de producción final que incorpore la información
tanto de los preferencia de los consumidores como de los costes rela-
tivos de producir bienes alternativos, basado en el tiempo de trabajo;
por otro lado, un método para calcular las implicaciones de produc-
ción bruta que tiene conseguir un determinado vector de producción
final. Abordan asimismo la factibilidad de los cálculos y apuntan que
los requerimientos tecnológicos para ello ya están plena.menee dispo-
nibles, a diferencia de lo que sucedía en tiempos de la URSS. En una
Adenda final, Paul Cockshon esboza respuestas a algunos interrogan-
tes del debate actual sobre la posibilidad del socialismo.
Por último, en "La eficiencia dinámica en una economía plani-
ficada", Maxi Nieto (U. Miguel Hernández) responde a una de las
críticas más habituales al socialismo, que señala su supuesta inca.pací-

21
20
I
) A , : 1dT1CA MARXISTA
'
I A 11,t;<>NO MIA LIBERAL
La teoría laboral del valor
y la crítica de la teoría neoclásica

Diego Guerrero

lu1wtlucción

1 11 t,ll c..,tpículo se define brevemente la teoría laboral del valor (TLV)


tlr ¡\ 1.11 x, se dan unos apuntes rápidos para la crítica a la teoría del
\ d111 lw,.tdo en la noción de "excedente físico" y, sobre codo, se hace

11111 l'Xtcnsa crítica de varias de las ideas sobre las que los autores neo-
I litu1, prerendieron construir una teoría alternativa a la TLV, princi-
1' il11H'tllC la escasez, la utilidad y la oferta y la demanda. Con el repaso
de l,1 l rícica por parce de Marx y por su discípulo Rubin (1923) de
tlg1111.1.., de escas ideas, jw1to con el precedente que supone la obra de
( 111111,oc (1838), se pretende mostrar por qué la teoría neoclásica no

l'llnk· servir de alternativa a la TLV.


I rnpezaremos diciendo que, por razones cronológicas obvias,
f\ l.11 x no pudo ocuparse de la economía neoclásica, pues esca no ex-
priimcncó su verdadero impulso hasta la década de 1870 1, cuando
t i w encontraba ya lo suficientemente enfermo como para no poder
,l.11 rnlminación a El capital. Sin embargo, en su obra sí estudió Marx
"l't:ClOS que también interesaron mucho a los economistas neoclá-
·•l o~. como la cuestión de la oferta y la demanda y su relación con
lo, precios. Sabemos, sin embargo, que Marx esrudió matemáticas
dmame décadas y que uno de sus biógrafos contemporáneos apunta

1. Aunque, por supuesto, hubo amores anteriores que anticiparon las principales
idr.1~ de Jcvon~. Mcngc:r <l W;1h.1\, como Gossen, Jenning o Dupuic (sin olvidar a
, l.l\km rnmo <;¡1)' n M.1ld111\)

25
incluso que, a finales de la década de 1870, "MJrx iba a reanudar I lu rn de. los libros ld<lo, (dc:,dc Nc.·w1on y Leibn iz a manuales
su estudio del cálculo para responder a las ideas de un economista 1111111q1111.rnco~), junto a u11.1 historia resumida del cálculo dife-
inglés, Wilüam Stanley Jevons, uno de los primeros teóricos de la I IH Id (1>1 .1pcr, 1985, p. 204)". Pero el enfoque matemático que
ucilidad marginal, que utilizaba esta macemática avanzada" 2 (Sperber, 1 11 11 11 < 1111 rnoc y los neoclásicos siempre le interesó a Marx, y así
2003, p. 434). Sin embargo, "parece ser que Marx no llegó a poner l , 111 11 \111'1 l 11 '>U obra; por ello, no es casualidad que I rving Fisher, en
nunca por escrico sus reflexiones sobre esta nueva teoría económica", 11¡11111111.1 bibliografía sobre economía matemática (Fisher, 1897),
y, "en codo caso, cuando se hubieron publicado los eres volúmenes de 111 lii e 1.1 / / capital pero no las obras de los economistas clásicos
EL capital, la teoría [de la utilidad marginal] se había convertido ya en 11 u Si mondi). Algunos marxistas han creído necesario defender
la forma de análisis económico predominante" (ibídem). 111,1oli 111.111H:nre un "marxismo cuantitativo" como un enfoque es-
No sabemos mucho más de posibles estudios realizados por Marx 1' 1d (n,1,c P. Ounne, ed., 1991, y, corno un ejemplo re~iencc en
de las teorías subjetiviscas y utilitariscas de los economistas neoclási- pi!1111I d<: este enfoque, Farina 2017), pero esro es algo evidente ya
cos de la década de 1870, pero algunas de las críticas que hizo a au- ¡111 111 t\1.1rx decir "cuantitativo" equivale a decir "matemático". La
tores corno Malthus o Say dan una pisca segura de cuál hubiera sido 111 / 111 11 11 es solo que Marx pensara, con Kant, que "una ciencia solo
el tipo de crítica dirigida a esos autores. Tampoco parece haber refe- I de ,., irollada cuando alcanza el punto en que puede hacer uso
rencia en Marx a la obra de Cournot, ese economista can singular que ti 1,~ m.11cmáticas", sino, más concrecamence, que el filósofo espa-
fue un marginalisca no subjetivista ni ucilitarisca, más allá de unas nnl t\l.t11 (ncz Marzoa tiene razón al afirmar que los hechos materia-
pocas y muy tardías palabras (escritas en 1880)3. Pero, conociendo l t•,1 , 111e c.onsisre la "economía" de Marx pueden cuantificarse con
las aptitudes y el interés de Marx por la teoría macemárica, solo cabe I ii111d matemática: el tipo de hechos en que se cumple esa "ley
lamentar esca doble ausencia. 11111'1111it,t" es el de "los hechos que llamamos 'maceriales', enten-
Marx escribió unos Manuscritos matemdticos (Marx, 1985) que cllrudo por cales aquellos hechos 'que pueden ser constatados con la
siguen siendo unos grandes desconocidos. Aunque fue entre 1878 !í 1 11\ mi <le las ciencias de la naturaleza'" , como la producción, los
y 1882 cuando más tiempo les dedicó, sabemos que los comenzó 111 l o los salarios (Martínez Marzoa, 1983, p. 60).
Íe>\
en la década de 1860 y que no fueron publicados hasta 1968 en ¡\ 11 m¡uc codo esre enfoque marernácico es más explícito en orros
Moscú (en ruso). Se trata de veintitantos cuadernos llenos de nocas

¡ l ldmofo c~pañol Manuel Sacrisrán, un gran experto en Marx, cuvo que recono_-
2. Esto es lo que declara quien era entonces un asiduo visitance de Marx, el his- Iqui 1, 11 un primer momento no supo apreciar la importancia de estos Manuscrz-
ror'.ador y soc'.ólogo ruso (ucraniano) Maxim Maximovich Kovalevsky, un masón f fi<''" 1¡11c po~reriormenre se convenció de qu~ .. enue los "~~ritos". de ~se.a .obra,
de _ideas comnanas y socialdarwinistas a quien inreresaban las ideas de Marx, y de lo, 111 im ipJles desde mi punco de visea son la cnuca de la noc1on de infinm~s,m~ y
q_u,en Marx esrudió con mucho interés su obra sobre la comuna campesina rradi- 1, 11111 , 11ul"tión de una noción de variable muy próxima de criterios operac1onalis-
c1onaJ rusa; se sabe que Marx escribió en 1879 un cuaderno anotando la obra de 1,1." (!-..11 ii\t.ln, 2004, p. 354). Y Leon Smolinski ha mostrado que, "empezando por
Kovalevsky. El origen de esca amistad también es conocido: como consecuencia d 11~:dir.1 dcmencal, la trigonometría, la geometría analítica ~ la _ceor~a de las pe~-
del,agravarnie~ro de f;t5 diversas enfermedades que arrastraba desde mucho tiempo 111111 ,, 11 ,nc, y combinaciones, {Marx] cambién trabajó con senes mfinuas, la teona
~tras, en especial el h1gado, los pulmones y la forunculosis, que le impedían craba- ti, I.I\ rui.,c.:iones binomiales de Newton y otras ramas de álgebra superior. Estaba
¡ar durante largas temporadas, Marx acudió varios años (1874-76) al balneario de t u,ull.ui,.1Jo no solo con media docena de manuales universitarios corrientes sino
Carlsbad (la actual Karlovy Vary, en la República Checa), y fue allí donde conoció ,
1 1111
1,im rnn los tratados clásicos de Isaac Newton, Leonard Euler, C. McLaurin y
a ocro pacience, M. Kovalevsky. 1 ¡ t .,¡;r,rnge, y parece haber leído cambién los trabajos macemáricos de Leibniz,
3. Marx escribe que en su obra de 1838 Cournot dice "que la destrucción de una ¡ t) 1111 y Poisson. Hizo una crítica de estos diferences autores, compar~ ~xcensame~-
parre de las existencias de mercancías para vender el resto más caras es 'une véritable 11 \, 11 im métodos de diferenciación y, no concento con ellos, conc1b16 su prop10
création de richesse dans le sens comercial d11 mot'" (Marx, 1880, p. 67). 111. wdo de 'diferenciación algebraica'." (Smolinski, 1973, p. 1193).

26 27
campos de la economía de Marx (como en los esquemas de la re- hI d , 1w11<:rar uno de los n1ayo1c11 ''t·1rores ck: la economía política".
producción o en la cuestión de la "transformación" de los precios de 1, 11 , 1m 11dc, por canco, que casi nadie distinga entre "factores pro-
valor en precios de producción), e1 lector percibirá que escá también 1'1 11\n de• ri queza" y «e ractores prod ucnvos
· de valor" , excep t o gen t e
implícito en su abordaje de los temas y debates que se estudian en 1111 11 1111 .1rdo y Marx, pero también Petry y Cournoc. Para la TLV
este capítulo. 1 ¡11 , 111 ilMn Cournoc defendía, a la vez que desechaba la utilidad y
1, lil 1,11), lodos los factores productivos contribuyen a producir la
pu 11 l ll' I O solo el trabajo crea el valor de esa riqueza.
l. La Teoría (laboral) del valor, de Marx "i w 1, 1 Marx, la fórmula general del capital es

Aunque algunos (marxistas y no marxistas) piensan que la gran apor- «D-M rmmpp, fiJ •.• P... M'-D' »
tación de Marx, aparte de su "materialismo histórico", es su teoría del
plusvalor o de la explotación, no nos cabe duda de que, para Marx, ~ dn ii, el capitalista adelanca una determinada cantidad de capi-
lo principal era la cuestión o teoría del valor (de la que deriva la del I il (, l111l'rn) D para comprar mercancías (.M) en forma de medios de
plusvalor). Marx defiende que solo hay una teoría del valor que pue- p1111! 111 l 1{,n (mmpp) y fuerza de trabajo (ft), combina ambos e~ un
da explicar el precio de las mercancías (incluido el de la mercancía ¡Ullll II dl' producción( .. . P.. .) y obtiene un producto mercannl de
fuerza de trabajo). La que se basa en la cantidad de trabajo social- 1t1 i) 111 v.tlor que M (M' > M), producro que, al ser vendido, se con-
mente necesario para reproducir w1a unidad típica o media de esa 1 111 1 n una cantidad de djnero superior al capi tal inicial (D' > D) .
mercancía, que por ello mismo se conoce como "recría laboral del l 1 \111 lo co nvertimos en una fórmula expresada exclusivamente en
valor". No vamos a desarrollar aquí nuestra concepción de la TLY 1 111 11 11011 de valor, llamando K al capital inicial, e al capital constante
de Marx (nos remitimos a Guerrero 2002 y 2008), sino a simplificar {\Jl111 dt.• los mmpp comprados) , val capital variable (valor de la.ft
los debates sobre el valor diciendo que, junto a esta primera teoría 11 11 1p1 .itb ), " ... T ... " al proceso de trabajo, y va al valor añadido, y
(1 ª), hay dos teorías más (o, mejor, dos famil ias de teorías): la 2ª será 11h , 1 ,.tndo que K ' = K + tJK, tenemos:
la teoría "neoclásica", que nos ocupará casi todo el capítulo, y la 3ª,
que llamaremos teoría "excedentista" o "físicoexcedenrista", solo será /, A.f 1 ,\ • . . T. . .
/1',
M ' (e, va) - K '(= K + ¿jK) (1)
r, v1
resumida aquí en dos o tres párrafos.
1ª Según la TLV, el valor nuevo lo crea el trabajo, no el mero paso "' p,trtimos del principio del intercambio de equivalences (es decir,
del tiempo (como creen los neoclásicos) ni el uso de mercancías para A ¡\/ y M ' = K) y observamos que el valor de las cosas no aumenta
producir ceras mercancías (como creen los sraffianos y, en general, I"'' ,1 ,olo (ni siquiera cuando los mmpp se integran en el producto, y
los neofisiócratas). Igualmente, el pluscapital o plusvalor lo crea el 111 v.ilor en el valor de este), entonces M ' > M, y el valor ha de crearse

plustrabajo, y no la supuesta "productividad" del capital monetario O "" 1·,.11 iamente en (y durante) el proceso de trabajo, " ... T. .. "; pero
de las citadas mercancías. Increíblemente, nadie presta atención hoy e1111111 1· -= e, tiene que ser también que va> v, y la diferencia "va - v" tie-
en día al capítulo 20 de los Principios de Ricardo (1817) , dedicado 111 ,¡11 , ur = LJK El pluscapital ~K solo puede tener su origen en que va

explícita y completamente a la cuestión "Riqueza y valor: sus propie- 1,, '-'' decir, en que el valor añadido por el trabajo es superior al valor
dades distintivas". En él, Ricardo explica que una cosa es la riqueza 1l1 l., propia fuerza de trabajo. De aquí se deduce que el hecho de que el
(conjunto de valores de uso) y otra muy distinta el valor de esa rique- 11,1l,.1jo cree valor nuevo implica que el pluscapital se debe al pfustraba-
za; y critica frontalmente a Say por no hacer esta distinción y, al no l"· r implica, por ende, que existe expfotaci6n del trabajo por el capital.

28 29
2ª La teoría utilitarista del valor (TUV) de lo~ neoclásicos se , . l'rodttcción ... M' t,,,.,,." , ,JJ (4).
b asa en la utilidad marginal del consumidor, y en esto no podemos
entrar ahora5 más allá de lo que diremos en los epígrafes 2 y 3 de 1 11 <M1 no es que el crabajo esté ausente, sino que, al interpre-
, .1,0,
este capítulo. Pero sí podemos decir que, en el hipotético caso de r 1 11 i1 ,.,jo (más que la fuerza de trabajo) como una mercancía más,
q ue estos autores se vieran enfrentados a la visión de la ecuación 1 1t,, 111,, 1 on las demás mercancías el "coste de producción". Ahora
( 1), todos ellos la rechazarían por completo, y si se vieran obligados 11 d, dl t'S lC punto de vista, el plusvalor no necesita ser explicado ni
a "reescribir" una fórm ula así, la sustituirían por algo parecido a la I h111tl11, h.,sla con ser supuesco y presupuesto: puesto que partimos de
ecuación (2) . , 11111, , ¡11!\ll in o-producto no negativas y "productivas" (es decir, los in-
11, 11'1, 11 rn,tcs, solo son una fracción del producto), está claro que estas
K -M (mi, m2) . •• Tiempo . .. M' (mi, m2. m3) - K' ( =K + !).K} (2), 1111 11 111 11 1111 autovalor positivo (del cual es función la casa de ganancia,
il ,11,, vl'n<lrá asociado el correspondiente vector de precios. Nada de
que podría leerse así: lo que hace crecer al capital, convirtiendo 1 1 111,, 1i111 t•s fulso, pero no se comprende bien por qué tienen necesidad
(m, + m) en una cantidad mayor (= m1 + m2 + m), es el simple paso I dl li~;,11 l.1 producción del trabajo, y el plusproducco del pluscrabajo.
del tiempo, como de hecho parece ocurrir con cualquier activo finan-
ciero. En este mundo ilusorio creado por el fetichista dinero, no solo
no es necesario el trabajo sino tampoco la producción: es como si l, 1Jtl lidad y escasez enJevons, Walras y otros neoclásicos
viviéramos en un mundo de bancos con banqueros (que se apropian
d e m) pero sin (trabajadores) bancarios (pues, de acuerdo con este J I /1·11rms y los p rimeros neoclásicos
enfoque, no se necesita trabajo). ( ,. 11 111 ,.,sab ido, la teoría de la utilidad marginal se asocia habitual-
3ª El pluscapital de los neofisiócraras es el plusproducto (no vin- 111, 1111, .ti "triunvirato" Jevons-Menger..:Walras. Algunos autores han
6
culado necesariamente al plustrabajo), o, mejor dicho, el valor del 111 L,du que esta selección de autores es arbitraria , pero tener en
pl usproducto, que resulta de multiplicar el plus producto en sí (físico) I tt 111.1 l'll pie de igualdad a los antecedentes de este trío puede hacer
por los precios de las mercancías que lo componen. Fred Moseley 1
,lv11 l 11 que la "revolución'' de la utilidad marginal no fue tan impor-
(2016) echa de menos el dinero en esta concepción; por eso escribe 1 11111 por lo que aportó en sí misma sino por lo que intemó derribar;
que la fórrn ula que la describe debería ser: ) c11 , u lucha contra la TLV los tres autores de la dé':da de 18_7_0 se
llt ,, 111 l.1 palma. Por ejemplo, Jevons resume su ceona de la utilidad
M .. . P... M' (3); 7
11111gin,\I como el reverso de la teoría laboral :

pero nos parece más completa y representativa la siguiente ecua-


1, l'lu l'jcmplo, Howey (1960) indica que podría haberse escogido ca~,bién un
ción (4), donde, al igual que hicimos más arriba, señalamos dentro
1i] 1111 vii.,walternativo, como Dupuit, Gossen y Je nning; véase cambien Oller
de un paréntesis los componentes de M y M': l l'lli \), p. 12. .
¡\lgo \imilar ocurre con Menger, quien señala: "Respecto del valor de un cliam~ce,,es
1,ultlrtl'lllc que haya sido descubierto por puro azar o que se hayan empleado mil dJas
11 dums I rabajos en un pozo diamantífero. Y así, en la vida prácáca, nadie se preg~:'1
I"'' l.l hi,toria del origen de un bien; para valorarlo solo se tiene en cuenr~ el serv1c10
5. D igamos solamente que esta teoría, en vez de ser una teoría del precio, es en , , cc.lc prestar O al que habría que renw1ciar caso de no tenerlo. Y as1, no pocas
1111 1 11
real!dad u~a teoría sobre la ~tidad demandada una vez conocido el precio (es , , 1 .,, bienes en los que se ha empleado mucho trabajo no tienen ningún valor y otros
decir, explicado por alguna teona alternativa).
111 "" que no se ha empleado ninguno lo tienen muy grande" (Menger, 1871, p. 132).

30 31
"La reiterada reflexión y la invescigación me han c.onducido a 1111 cl.1bor6 ningun;1 tl'<>IÍa ddtnitiv., del ámbito y la nawraleza
la en cierto modo novedosa opinión de que el valor depende entera- ti t 1 1111 (idad} el v-alor, sino que, partiendo de los hechos palpables
mente de la utilidad. Las opiniones dominantes consideran el trabajo ( 1111111idm referentes a las relaciones de precio, producción y consu-
anres que la urilidad como el origen del valor. Y hay incluso quienes 11111 de mcrcandas, investigó estas relaciones analícica y diagramáci-
sostienen de forma inequívoca que el trabajo es la causa del valor. Yo l 1111 ctlll' c.on una fuerza y un acierto que nada dejan que desear. Esta

muestro, por el contrario, que basca con perfilar cuidadosamente las ,,hi'U dl he ocupar un lugar notable en la historia de la disciplina"
leyes de la variación de la utilidad como dependiente de la cantidad (lr.,1111,. 1871, pp. 50-51).
de mercancía en nuestro poder, para llegar a una teoría del intercam-
bio satisfactoria, de la cual las leyes ordinarias de la oferra y la de- 1\:111 jl'vons no hace justicia a Cournoc, pues, mienrras que no
manda son una consecuencia necesaria. Esca teoría está en armonía h1 11 l'~tc ni rastro de la TUV, sí hay un decancamiento por la TLV,
con los hechos, y allí donde aparentemente hay alguna razón para 111 , 11111l íucra tácito, pues da por descontada la validez de .la TLV,
creer que el trabajo es la causa del valor, obtenemos una explicación , ll., dominante, así como su superioridad sobre los débiles fun-
1111 11
para cal razón. A menudo se observa que el trabajo determina el tl 11111 ntos de la utilidad. Cournor distingue, como Ricardo y poste-
valor, pero solo de una manera indirecta, por medio de la variación , i(, 1111\ me Marx, entre valor y riquez.a, solo que llama a esca úlcima
del grado de utilidad de la mercancía a través de un aumento o limi- ilqllll,t en sentido concreto", y al valor "riqueza en sentido abstrac-
tación de la oferta" üevons 1871. pp. 67-68).
l•J , por eso, cuando se refiere a la Bolsa escribe:

Jevons señala que la "ley general" consiste en "que el grado de uti- "Las alzas O descensos de las cotizaciones en la Bolsa manifiestan
lidad varía con la cantidad de mercancía y, en última instancia, dis- 11
, ilaciones perpetuas en los valores o en las riquezas abscraccas en

minuye a medida que esa cantidad aumenta" y recuerda que, aunque I itl ul.ición, sin que intervenga producción o descrucd6n material de
los autores que le precedieron en su reivindicación de la teoría de la uhJC!O~ físicos a los que se pueda aplicar la calificación de riquezas en
utilidad pasaron desapercibidos durante muchas décadas, "ese gran 1111 ,cnlido concreto" (Cournoc, 1838, p. 27).

principio" se halla "presente en las obras de muchos economistas"


anterio res, entre los que cica a Senior, Banfield y Jennings, por lo que t ,to le permite a Cournoc contraponer los sólidos fundarnen.tos
concluye que "la ley, corno yo la presento, no es ninguna novedad" ,,ltJl"livos del "valor de cambio" (que en su época no pueden ser srno
Oevons, 1871 , pp. 103-105). Posreriormence, en el prólogo a la 2ª 1 11 .,hajo) con las "ideas accesorias" de "utilidad", "rareza" (es de~ir,
edición de su libro (1879), Jevons se extiende en sus reconocimien- c,1 ,..,cz) y codo lo asociado con "las necesidades y gozos humanos :
tos a orros autores más antiguos a los que tiene por precedentes de
su teoría, citando, por ejemplo, la "encantadora obra filosófica" de "} lay que distinguir bien encra la idea abstracta de riqueza o de
Condillac (1776), publicada el mismo año que la riquem de las na- v,1lor de cambio, idea fija, susceptible por consiguiente de prestarse
, c.:ombinaciones rigurosas, y las ideas accesorias de utilidad, rareza,
ciones, donde "encontramos quizás el primer reconocimiento claro
.ipti LUd para la satisfacción de las necesidades y gozos h~anos'. que
de la verdadera conexión entre el valor y la utilidad"; por último,
todavía despierta en el lenguaje ordinario la palabra nqueza: ideas
asegura que el ingeniero francés Jules Dupuit "debe ser acreditado
v.triables e indeterminadas por naturaleza, sobre las cuales no se po-
como el primero que consiguió la comprensión perfecta de la teoría
d tia asentar una teoría cienrífica. La división de los economistas en
de la utilidad" Qevons, 1871 , p. 50). ,·,l.uelas, la guerra que se hacen los teóricos y los prácticos,, ~o pro~
Jevons habla también con admiración de las obras de Cournoc viene, en gran parte, ~i no de la ambigüedad de la palabra riqueza
(1838) y Gossen (1854). En cuanto aJ primero , señala que en el lenguaje w,u,11, dl' l., confu,ión que continúa reinando entre la

32
idea fija, determinada, de valor de cambio y las ideas de urilidad, que 1 1 ido t:ntrc nuestras fornl.l', J1: dc.:dl1ci r el asunto, excepto el
1 1111
cada uno puede apreciar a su manera porque no existe una medida jll 11111 di.' t1na base común de vc.: r<lad'' ~ e~ons, 187 1, ~; 55). ,
fija de la utilidad de las cosas." (Cournor, 1838, p. 25) ¡ 11 1 1lnictHC, eras insistir en su reconoc1m1ento de que despues de
I , ¡1 111 ,to en este prólogo, es evidente que ya no se puede atribuir
Muy diferente nos parece la relación de Jevons con Gossen. Jevons """, Lid •1 los principales rasgos de mi teoría" -dado que "en buena
comienza considerando un "descubrimiento verdaderamente nota- lllt dlil., , 1.·s claramente debida a Dupuit, y del resto, una gran par-
ble" la obra principal de Gossen (1854), su Entwickelunf. El elogio ' d, hl ,1, ignarse a Gossen"-, Jevons otorga mucha importancia.ª¡
ahora es entusiasta, porque Gossen no solo aparece como un defensor h 111 , dt que cuatro o más autores independientes (como Dupwt,
del punto de vista matemático (ya usado por Cournot), sino como l 111 , Walras y yo mismo) hayamos, de forma can diferente, Uega-
1 11 ,
defensor de una economía utilitarista en cuanto "ciencia del placer y tl1t 11 , 1.11)(:ialmenre
a las mismas opiniones sobre las ideas fundarnen-
del dolor" y, más concretamente, como formulador de la "ley del pla- t llc , dl la ciencia económica", pues este hecho "no deja de otorgar
cer, de modo parecido al siguiente: el aumento de la misma especie de , 11 1 i 1lausibilidad, por no decir certeza aproximada, a tales puntos de
1
consumo produce placer, que disminuye de forma continua hasta el pun- vi ,,, • Ucvons, 1871, pp. 56-57).
to de saciedad"; Jevons tiene buen cuidado en señalar que "no existe
cosa tal como la utilidad absoluta9 , siendo la utilidad únicamente una i, .' W1tlrn.s
relación entre una cosa y una persona" (Jevons, 1871, p. 53). N11., dt.•tcndremos ahora en el autor neoclásico más importante. La
A Jevons le "resulta evidente que Gossen se me ha anticipado lt, 1 ¡0 11 16ª de los Elementos de Walras (187 4), última de la sección
compleramence por lo que respecta a los principios generales y al , , de su libro - la dedicada a la "Teoría del intercambio de varias
11 111 1 1
método de la teoría de la economía", y admite incluso que "hasta , tl ,rncías"- , lleva por título "Exposición y refutación de las doctri-
111
. »1 0 L
donde yo puedo entender, su tratamiento de la teoría fundamental es . , de A. Smith y J.-B. Say sobre el origen del val or de caro b10 • o
11 1
incluso más general y completo de lo que yo fui capaz de proyectar" qm pretende el autor es criticar a la vez dos teorías distint.as del valor
(Jevons, p. 54). Pero no por ello deja de reivindicar su propia obra q11<·, en su opinión, quedan superadas por la suya propia. Por eso,
al indicar ciertas diferencias con la de Gossen, ya que este "no parece •
11
d §157, rechaza tanto lo que llama la "solución inglesa" (ligada
realmente llegar a las ecuaciones del intercambio como se establecen d ltitbtljo y a los nombres de Adam Smith y Rica:~º' aun~ue.él solo
en este libro [de Jevons]", y en él no solo "está ausente la teoría del d 1 1., ve rsión, más primitiva, de Smith) como la francesa (ligada a
capital y del interés" sino que se percibe además "una total carencia 1, 111i/idad y a Condillac y J.-B. Say), frente a las cuales reivindica su
,,·e11ía "correcta", basada en la rareté (escasez) 11•
8. Cuyo título en español puede darse como "Desarrollo de las leyes del comercio
humano y de las reglas consiguientes de la acción humana".
9. En efecto, Gossen se adelanta a Jevons, Menger y Walras al resaltar anees que l ll bca lección abarca los artículos §157 a§ 164 de los 407 (sin contar los de los
ellos que "según mi punto de vista acerca del mundo excerior, no exisce nada a lo 1prmlices) de que consca la edición definitiva de su lib,ro.. . . ..
que pueda atribuirse un supuesco valor absoluto"; eso quiere decir que su punto de 1 l Aclaremos en primer lugar que esre término frances s1grufica s1mplemente es-
vista "es contrario a lo que suponen más o menos explícitamente los economistas ' "º". pero el especial tratamiento que de la rareté h~ce Wal~as en roda su.obra nos
actuales, para los cuales cualquier objeto posee cierra cantidad de valor inherente" ~e¡'~ seguir al editor y rraductor español de este libro, Julio Segura, quien desde
IUll 1 " "El ' ' '
(Gossen, 1854, p. 54). Esro último le parece a Gossen una "ficción" , relacionada 1.1 p, •1111cra de sus "Nocas del traductor" advierte lo siguiente:
1 termino, rarete
., llliliiado por Walras con dos acepciones discimas. Una de ellas, la comun, que
con la creencia de que el valor absoluto se basa en "alguna característica física 1

inherente de los objetos", especialmente "aquellas caracterlsticas físicas que hacen 11


,,tht?co como 'escasez', uriliiada fund amentalmente en las ~ecciones 3ª a 5ª. A
que los objetos sean capaces de dar p lacer hasta un cierto grado significacivo, ya sea .u Lir de aquí, la palabra se milizn casi siempre en sentid? técnsco, y he opt~~o por
11
directa o indirectamente" (ibid., p. 55). 11 ,.rnicnci cJ cérmino origin.11 w,,li .1\ i,1110 (c~rn es la solución adoptada cambien por

35
·1c1~e "n·t<ll tk t·x11.wllli11.uio", tal como ocurre con
En el arrículo §21 escribe Walras: I l(1111tpw no ( • • n los <le "csucura media o v1.d a med·"
• • s·
ia . in
11111l .1m11.1rc.1, como sena . e or aleo.
''Llamo riqueza social al conjunto de cosas materiales o inmate- 111'1.,q~o, hay una diferencia cruc.1al que no pu.~de pasar:. p Wal
riales (...) que son escasas, es decir, que por una parce nos son útiles ' h ' 11t .lllnque todos y cada uno de "nosorros -como ice ras
1 ' . . los mercados- tiene una escatu-
y, por otra, existen a nuestra disposición en cantidades limitadas (... ) 1' ,1 , H.:ft:rirse a los pamc1pances en d .d o
Oigo que las cosas se encuentran a nuestra disposición solo en can- t (1,1.1\t1t o menor) y una duración mayor o menor e su v1 a, ~

tidades limitadas desde el momento en que no existen en cantidades :, 111 H '10 mismo a la hora de considerar la escasez de una mercancia.

cales que cada uno d e nosotros pueda utilizarlas a discreción p ara 1 1 l ·cómo calcular la rareté media de un yate de 30 mecros dle
1,11 1 111 t , {. ,, h d' ·d· a
satisfacer enreram enre sus d eseos" (Walras, 1874, pp. 155- 156). ¡111 1 0 bien: ¿entre que, nu, mero de "nosotros ay que iv1• ir,fiya .
•• 1 cales del yace: el formado por los duenos e ecn-
l lllté ),1 os metros to d
En el artículo §22 aclara que lo que está haciendo es usar los • d . 1de los dueños actuales y futuros espera os,
~11 ilc \,\les e ese npo, e . fi d
términos de escaso y escasez "en un sentido cienrí.fico, como el de I dl' .,:¡udlos a quienes gustaría tener yaces o el numero orma o por
las palabras velocidad e n mecánica y calor en física", y en los arcícu-
1,ul11s lm humanos? . d l ¡ d esta Lección
los siguientes añade que las cosas útiles y limitadas en cantidad son ¡ 1 primera 1. mpres10n
· , que se obnene e a eccura e ,
"apropiables", "intercambiables" e "industrialmente producibles o mul- de ella- es que la honradez científica de Walras no esta
\ 11 'º o
11 1 l de mucho
tiplicables". En el § l O1 12 presenta la rareté "como la intensidad de la l 1H11pk1.1mence libre de sospecha. Por ejemp o, sorpren , 's
última necesidad satisfecha", que "es rigurosa menee igual a la escasez . .h Ricardou (ni a Marx, aunque esro sena ma
ll"l i;lll' a Sm1c Y no a
tal y como la definimos anteriormente (§21) en términos de la doble
condición de utilidad y limitación en la cantidad"; ahora bien, en
- . . d cuando todo el mundo sabe que su versión de
§ 100 no se dice exactamente lo mismo, pues la rareté aparece ahora l \ l'< in jl·ómo no citar a Ricar o • 1 1 de Smith' Cierro es que el ca-
V h más coherente y comp cea que a .
como "la intensidad de la última necesidad que es o podría haber sido l 1 11 t•\ mue o . . . .cardo ondría en bastantes apuros a Walras (y a
I uilo XX de los Principios de Ri Pb.é s defensores de la TLV le crearían
satisfecha". Este "podría haber sido" plantea bascanres problemas. , . la TLV) Pero tam I n otro .. ,
11 1lq111crJ concrano a · hn S Mili quien ciene un_a defi.mc1on
Walras afirma que "el valor de cambio es real u objetivo", mientras ·fi I d
ª"" 111t·, t lI cu ca es; Por ejemplo
'
Jo
d I
cuarc I '
s parecidos al de Walras. Mil
1
que "la rareté es personal o subjetiva"; por tanto, en este contexto ,1 1 wlor Je cambio que incluye un par e e ememo
subjetivo, la rareté no puede definirse simplemente com o "la deriva- , , ,he 11ue
1, 1 r de cambio son precisas dos condicio-
da de la utilidad efectiva respecto a la cantidad poseída", sino que esa p,H,l que una cosa renga. a gun va o ( ) venir a algun' fin, satisfacer
cantidad poseída tie ne que referirse a codos y cada uno de los sujetos l... e tener algun uso: esto es ... con d
111 \. acne qu d I la cosa no solo tiene que ser e
posibles. Solo cabría hablar de algo objetivo como sería "la rareté de ·IKÍlll del>eO (...) Pero, en ~egun o : r r, b'én alguna dificultad en ob-
11~·111\J utilidad, sino que uene que a er_ cam ,
la mercancía (A) o de la mercancía (B)" si la encendemos como una · ,, (M.ll 184 8 p 390· énfasis añadido: DG).
"ncr1,t • , , · '
especie de "rareté media, que sería la media aricmérica de las raretés de . , em oráneo Thomas De Quincey, que explica así
cada una de esas mercancías para codos los agentes una vez realizados ~1,11 ,e remite aqu1 a su cont P ' 1 al ·era ( ) trnnca llegará a tener
, al d . "Un arucu o cu qui ···
el ···~u11Jo elemento sen a o. de obtenerse gratis sin esfueno.
los intercambios". A pesar de esca complicación, Walras señala que • b. en aquellos casos en que pue .
1111 , .1 Irn d e caen 10 . , -¡ sea en sus propios términos,
. di · es {la primera es ser uta , 0 ,
I t "do, u 1urnas con c1on fi d bl "} son necesarias como limitaciones.
" medio para un n esea e .
,,lm.t·1\e como un 1 ' b. deseable pueda obtenerse gracwca-
Jaffé en su versión). En cualquier caso, nunca se presentan problemas de interpre- 1'111 ~ ,11,cderá con frecuencia que a glun o ¡eco obscanre como la concinua repe-
harse para coger o; pero, no ,
tación, porque como señala Walras en §21 y §1 O1, la rareté no es más que la escasez 1m·111t•i \1as1ará agac ' . .~. laborioso pronto se da uno cuenca
h e reqU1ere un es_¡uerzo ' ..
en el sentido de utilidad + cantidad limitada" (Walras, 1874, p. 777). 11, 1,111 dc;I ,tern de agac ars . l l"dad gratuito. En cien:os s1uos
ih qm d recogerlo por sí mismo no resu ta en rea'
J 2. Dentro de la Lección 1Oa, titulada "De la rareté, causa del valor de cambio".
37
36
m, {111\, ya que es eviden11. ,1uc l.11.os,1 no es ~cil para nadie _no
fácil de entender) para ilustrar la TLV 1". Concra la l'LV, lo primero
,1

que hace Walras es señalar que "esca teoría ha sido generalmente mal
h ,li,,, 11 ¡ngl'.in interesado en ga~car c:s!uerio y trabaJO para producirla
refutada", pues no se ha usado el argumento básico correcto, a saber, ,1,1, 111.iuc .uncnce.
que "si el trabajo tiene valor y se intercambia es porque es a la vez útil l',11 1.1nto, solo hay dos alcernacivas:
y limitado en su cantidad, es decir porque es escaso" (Walras, 1874,
1) 0 bien definir la escasez en térm inos relativos, al estil~ neo-
p. 337). Si esto es así, el trabajo tiene valor por la misma razón que
d 1. 1~0 (como una insuficiencia de oferta o un exceso relauvo de
lo tienen las demás mercancías, lo cual debería llevar a la conclusión
d1111.1n<la), lo que nos conduce a la oferta y la demanda y a sus deter-
de que "la teoría que sitúa el origen del valor en el trabajo es, más
111¡111ntes implícitos, como base del valor;
que una teoría demasiado estrecha, una teoría complecamenre vacía, l.) 0 bien definir la escasez de forma "anuopológica", como una
más que una afirmación inexacta, una afirmación gratuita" (ibídem) . ¡uopii:dad que puede predicarse anee codo del principal recurs~ esca-
Pero los argumentos de Walras se pueden volver en su contra. II p.11-.1 el humano y su sociedad: su tiempo en general, y su uempo
Hemos visto que, para él, el que una cosa sea escasa significa que de I i .1bajo en panicular.
es: 1) apropiable, 2) intercambiable, y 3) también "industrialmente
producible o multiplicable" (Walras, 1874, p. 158). Con esto último 1 \ c:vidence que la primera vía no conduce a ninguna parce, ~ues
quiere decir "que tiene interés producirlas y multiplicar su cantidad 111 •l 1m·nsa que el precio de equilibrio neoclásico es aquel que ~e ~ene
en la mayor medida posible mediante esfuerzos singulares y sistemáti- 1
l11llH0110eXI ·ste "escasez" ni "excedente" (es decir, cuando coinciden
, .
cos"15 (ibid.; énfasis añadido: DG). O sea: que para que una cosa sea l 1 , .unidad demandada y la ofrecida), habría que hablar mas bien
escasa, tiene que haber sido mediada por el trabajo. Por consiguiente, 'a del valor basada en la ausencia de escasez. Por su parce,
, Ie 1111.1 Ceorl d ·fi ·
por la razón inversa a la que da el propio Walras, podríamos definir l 1 , ,l.1sez entendida en el otro sentido es solo un pia oso ara c10
la escasez a parcir del contenido en trabajo de una mercancía 16, o 'is'ico para hacer soportable el indeseable principio laboral, dado
l l l l ll l• - 1 ·
qm tan neoclásico cípico (defensor del capitalismo como e me?~r
i~ll' ll1,l posible, o cuando menos el menos malo) no pued~ ,admmr
de 1.:is vastas selvas del Canadá pueden recogerse gratuitamente grandes cantidades
de frci.as silvcsLrcs; sin embargo, can cansada resulta la postura encorvada, y es tan , del valor que llega necesariamente a la conclus1on de la
l111,1 tc:ona .
monótono el trabajo, que rodo el mundo renuncia pronto a hacerlo por sí mismo cxim·ncia de exploración del trabajo por parce del cap1t~. "
y lo encomienda a manos mercenarias" (citado en Mill, 1848, p. 391; énfasis aña- 1)e la crítica a la escuela "inglesa" pasa Walras a la francesa ' es
dido: DG).
14. Casi con la misma razón, podría haber citado a Say, del que él mismo dice un 1
I illl,
<le la crítica del crabaJ· o pasa a la crítica de ladutilidad:
1
en el
' "d
poco más adelante que «pocas líneas después convierte su doctrina de la utilidad en 11mulo §159, Walras presenca una crítica simétrica e a ceona e
una teoría del Lrabajo" (Walras, 1874, p. 339).
111 1111'l'd d" (como algo discinco de su rarete"), acusándola de dema-
15. Por esa razón las fresas salvajes canadienses de De Quincey 110 son escasas si uno
1 a d · d
las recoge por divertimento, sin trabajar -es decir, de forma esporádica y no siste- 1 "amplia" (como anees había acusado a la TLV de emas1a o
mática, ociosa-, pero si que se convierten en valiosas desde el momento en que se
11 •
'·" o
. • }
1,lll:C1a.
") y es demasiado amplia, según él, porque Ia utlTd I a
d"no
,.
paga trabajo ajeno o se lleva a cabo trabajo propio para recogerlas en mayor canti- , . ,uficiente para crear valor: es preciso además de que la cosa sea un 1,
dad. Por eso, si se las produce industrial menee, al aumentar su cantidad aumentará qm· no exista en cantidad ilimitada, que sea escasa'' (Walras, 1874, p.
también, paradójicamente, su escasez (en el sentido mercantil y walrasiano). \ \8). Por eso, el aire que respiramos, la luz del sol cuando lo hay, el
16. Esro también equivale a decir que la escasez no puede predicarse en términos
absolwos de ninguna cosa. Propiamente hablando, cada cosa es única y, por canto,
igualmence escasa. En sí misma, la escasez absoluta no es razón para tener mayor
~11 M.1drid que edificios de mh de 20 plantas, y sin embargo el precio medio de
o menor valor. Por ejemplo, hay más coches que morociclecas, y sin embargo el
precio de los primeros es más alLo que el de las segundas; y también hay más coches e~lm t·, muy ,uperior 11\ Je \o, rnchc,.

39
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viento, etc., no tienen valor de cambio, y por ello crilica el esfuerzo 11 11 11 l'j,·mplo de la "caja d,· mú~ic.i'' (Mi li , 1848, p. 391). Escribe
"pueril'' de Condillac por demostrar que esas cosas en realidad sí nos 111 , l .os cconomisras, en general, han cometido el error de con-
cuestan algo: el acto de respirar, el acto de abrir los ojos, ere. (Walras, hl , 11 l 1111 demasiada frecuencia exclusivamente el valor de cambio
1874, p. 339) 17• 11111lt11 ,do t:n circunstancias excepcionales. No hacen más que ha-
Por último, Walras se dedica, a parcir del artículo §161, a exponer hl 1111 m dc diamances, cuadros de Rafael, recitales dados por tenores
la que considera la teoría correcta, atribuida en §157 tanto a Burla- ¡11 , , d 1: moda (... ) Pero, en buena lógica, debe irse del caso general
maqui como a su propio padre, Augusre Walras. En realidad, la ter- 11 ¡i 11 1H 111.lr; y no del particular al general (... )" (§ 43). Precisamente,
minología de Burlamaqui no solo no coincide con la suya, sino que 11 l 1 1 il.i que Mill hace de De Quincey está muy claro que este se
hasta cierto punto se opone a ella. Es verdad que también Burlamaqui ¡tllj\tt111.1 por el precio de una mercancía y responde que "de cien ca-
comienza diciendo que "los fundamentos del precio son (...) la utili- ,1 n, 11ovcnta y nueve será simplemente el elemento D -dificultad
dad de las cosas; y, en segundo lugar, su escasez" (aunque en Walras ti ,,l1H·11ri6n-. El otro elemento, U, o utilidad intrínseca, no actuará
la escasez comprende la utilidad como uno de sus ingredientes), pero ¡, 11u1do alguno. Supongamos que la cosa valga para él (por los usos
solo coinciden en eso: que el número de fundamentos del precio es ¡1,, 1t<'m:) diez guineas, de cal manera que esté dispuesto a dar esa
el mismo: dos. Es verdad que Burlamaqui escribe que "la sola escasez 111 1,d.,d an tes que a quedarse sin ella; no obstante, si la dificultad de
tampoco es suficiente para que algo tenga precio", pero si lo dejamos ¡11 .. d11drla vale solo una guinea, este será su precio" (cit~do en 1;1~11,
expUcarse la cosa se complica, ya que al hablar de escasez escribe: IA 1H, p. 391). Y a cominuaci6n pone el ejemplo de la cap de musLca
p 11 1 ilustrar precisamente el 1o/o de los casos excepcionales.
"es decir, la dificultad de obtenerlas, que hace que nadie pueda 1101 qué presenta Walras todo invertido, como si fuera la excepción
consegtür fácilmente ramo corno se desee de ellas" (Walras, 1874, 111 qm preocupaba a Mili y De Quincey? Quizás porque así evitaba tener
339, énfasis añadido: DG)
q, 1, "'sponder a la dificultad que para su ceorfa supone el argumento
tl 1 c·,ios dos autores. Mill, rras citar a De Quincey, señala que este caso
Lo cual vuelve a remitir a la posición de Ricardo, Mili y De Quin- , , pdonal en que "el valor está regulado por las necesidades o deseos
ccy, que no es orra que la TLV
(11 1( omprador es el caso del monopolio estricto y absoluto, en el que,
ÜLro ejemplo de las intenciones "poco claras" de Walras es que 111, p11diéndose obtener el artículo deseado sino de una persona, puede
Lergiversa el sentido del contexto en el que Mill cita a De Quincey al
11 1111 , 111:r cualquier equivalente cercano al punto en que no se encontra-

11 1 1 omprador" (Mili, 1848, p. 392). A continuación, Mill hace una

l 7. Walras responde que cuando se va al sastre a comprar un traje, el valor de cam- I qwlogía de la "dificultad de obtención de la mercancía'', distinguien-
bio de esa mercancía es lo que cenemos que pagar por él, sin necesidad de sumar dn .1) el caso excepcional en el que hay una "limitación absoluta de
al mismo el esfuerzo de recoger el traje y llevárselo consigo. En cuanro a Say, le l 1 11krta"; b) el caso panicular de "los productos agrícolas y de una
llama "ingenioso" quizás por no reperir el adjetivo ucilizado con Condillac, ya que
111.mcra general todos los productos de la tierra" -caso especial porque,
el argumento de Say es que el valor de esas cosas es infinito y por esa razón no hay
que pagar nada por ellas; Walras le recuerda que "por desgracia, hay casos en que , 11 él. si se necesita producir una cantidad más elevada de mercancía,

hemos de pagar por el aíre, la luz y el agua: esto es así cuando, por razones excep- ltl l\C que producirse con un cosco más elevado"-; y, por último, c) el
cionales, son escasos" (Walras, 1874, p. 339). Es una pena que Walras pase aquí , ,1,u general, que analizaremos a continuación, y respecto al cual volve-
por alto la oporrunidad de profundizar en este último punto: ¿qué circunstancias
11 1110~ a encontrar la misma actitud ambigua de Walras.
excepcionales son esas? ¿Cabe imaginar alguna que consiga dar valor mercantil
en "casos excepcionales" a esos bienes naturales, pero que no implique el gasto de l~n efecto: en esca tercera categoría - la que "comprende la mayor
cierta cantidad de trabajo humano? p,11t~ de las cosas que se compran y se venden"-, el obstáculo o di-

40 41
ficultad "consiste solo en el trabajo y el gasLO preciso~ pnra producir 111,l1t l.t simet ría de la olc1L,1 y h., demanda, ya que la escasez
11
la mercancía" (Mi11, 1848, pp. 392-3), pero aquí conviene citar el 1 111 ,, ti ,.:),íucrw, al trabajo o al coste de producción, y esca es lo
párrafo completo de Mil! porque veremos que en §342 vuelve Walras 11 lt ,, Jlt'm l.ísicos ven eras la curva de oferta. En el epígrafe siguien-
a tergiversarlo: 1111, 111,1rcmos precisamente esca tesis de la simetría con la tesis
¡ 111 ~11 .11· l.1mimetr!a, más conforme con La TLV
"Ésta [la mercancía] no podría obrenerse sin un cierto trabajo y
un gaseo determinado: pero cuando alguien está dispuesto a incurrir
en ambos, no existe por necesídad límite aJguno a la multiplicaci6n
1 1 1 olc:rta y la demanda: de King a Rubin, pasando por
del producto. Si hubiera bastantes trabajadores y maquinaria, po-
M 111i
drían producirse miles de metros de géneros de algod6n, de lana O
de hilo, por cada metro que ahora se fabrica. Sin duda llegaría un
momento en el que sería imposible todo aumento ulterior por la incapa- pi 11111 1,1 vista, la idea de que los precios de las mercancías vienen de-
cidad de la tierra para suministrar más materiales. Pero para losfines de 111111111111\ por la inceracción entre oferta y demanda parece sensata.
la economía política no es necesario tener en cuenta este momento en el 11 111, ho. ésta era la intuición que tenían los antiguos (Aristóteles,
que este límite imaginario pudiera convertirse en rea!' (Mili, 1848, p. 1 11 L 11 111plo) y sus discípulos medievales y modernos, y ésta fue cam-
393; énfasis añadido: DG). 11 11 111 primera hipótesis que se desarrolló ya en la época de la pro-
111 l 11111 t.tpicalisca. Sin embargo, desde que se elaboraron las primeras
Por su parte, Walras, en vez de enfrentarse a la TLV, cita en §342 1 1111 , , d t•11tíficas del valor, diversos autores de diferentes escuelas de
la primera parte del mismo párrafo de Mili recién comentado, ¡pero 1 11 11111c1110 (desde Ricardo y Marx a Bohm-Bawerk o Sraffa) han
18
suprimiendo , no solo la expresión "por necesidad", sino toda la 11111 11 .1110 las limitaciones de aquella hipótesis y comprendido la ne-
segunda parte que hemos rranscriro en cursiva! Y en §343, Walras 1.\ 11 1de postular unos fundamentos diferentes, más profundos, del
insiste en que "no existen productos que puedan multiplicarse sin ü- 11111 1k bs mercancías.
rnite". Nuevamente es muy curioso que, después de haber citado tan
extensa menre a Ricardo y Mili en §342, Walras vuelva a olvidarse del 1 1 1•,."'·Msicos y clásicos
primero. En su propia ci ta está claro en este caso que Ricardo habla 1 1 , 11 ti 11..tción de la demanda en el análisis microeconómico no exige
de los productos que pueden multiplicarse "casi sin límite" (véase su , 111111 i.111 i I las teorías neoclásicas sobre sus determinantes (la utilidad
propia cita en Walras, 1874, p. 641) , Jo que por otra parre coincide 11111 ¡;in.d). De hecho, el análisis de la demanda se puede llevar a cabo
con el sentido que le da Mili a la idea. La cosa no hace sino agravarse u111 11Hkpe11dencia de la utilidad marginal, y así se ha hecho histó-

con el discurso de Walras, que lo lleva en §348 a escribir que "ni en lll 11m 111c anees y después del viraje19 marginal-subjetivista de finales
un caso ni en otro existe algo semejante a la 'multiplicación sin lími- d, 1 ,tglo XIX. Que los clásicos estaban al corriente de la "ley de la
ce' de Ricardo y Mil!" (Walras, 1874, p. 647). d, 111.1mla", es decir, de la relación inversa que existe entre el precio de
Podemos concluir, por tamo, que al insistir en los dos elementos, l 1 111l'Jl,1ncía y la canridad demandada, no puede sorprender20, ya que
utilidad Y escasez, lo que está haciendo Walras no es otra cosa que

l'l Vl 1.1jt·, o "revolución": Samuelson señala que la introducción de la "llamada


1111 1 1 1 , 11hjeLiva del valor'' en la ceoría económica fue una aucéncica "revolución en
18. Hay que rec~nocer que no se puede asegurar por completo que la supresión el 111111,.unienro" (Samuelson, 1947, p. 90).
proced~ del prop10 Walras; tam bién podría deberse a una di ferencia objetiva entre 111 < t1 11HJ ha señalado Victor E. Smi rh, codos los clásicos "fueron complecamence
las versiones francesa (la que usó Walras) y española de la obra de Mill. t 1t11'1 li•111 t•, de la existencia de In ley de la de manda, es decir, de que se demandaría
42 43
esa ley era conocida anees de ellos. Por ejemplo, para la época anterior 1'11 111 dd ~ra no - 0,82-1/(x 0 . 12) '. o aproximadame nte
a Adam Smith, podemos encontrar en Jevons varias citas significativas / 11( ... l/8) 1,
que, aunque "no ciercamence muy exactas", tienen el mérito de ser an-
teriores a los grandes clásicos. En primer lugar, siguiendo a Lauderdak· lt1 q 111 ll· hace resaltar "el grado de aproximación enrre la primera
(1819), cita Jevons un escrito anónimo de 1737 en el que puede leerse 1 1, ln i rn ulas y los daros de Davenanc" , que se aprecia en esta
que "la gente que entiende el com ercio convendrá fácilmente conmigo 1t \1 11 ti,\,\ (J<.'.VO n S, 187 1, p. 176).
en que [el exceso de] la décima parte de una mercancía en un mercado,
y más cuando haya una demanda vigorosa de la misma, es capaz de ba- 1,0 0,9 0,8 0,7 1 0,6 0,5
l 111ild.1d dt· grano
jar el mercado, quizá, en 20 o 30 por 100, y que la falta de una décima 1
l 1 1 ti , dt D~wcnanr 1,0 1,3 1,8 2,6 3,8 5,5
parre causará un avance igual de exorbitante" Qevons, 1871, p. 173)21.
Pero es sobre codo a la obra de Gregory King a la que concede una con- l 1 , 111 , dudado por Jevons 1,06 1,36 1,78 2,45 3,58 5,71.
sideración mayor Gevons, 1871, pp. 17 4ss), dedicándole mucho espa-
cio a su "célebre estimación de la variación del precio del grano" (que ¡ •, 11 , 11 p <mc, Adam Smith tenía una noción muy clara de qué signi-
data de 1696 y fue publicada tras su muerce por D avenant, en 1699). lh 1 1,.11,1 lo) precios la existencia de escasez o excedente en un mercado.
Así, Jevons, que duda de si dicha estimación se debe a King o al 1 111 q i1 k rc decir que Smith, no solo conoce la ley del precio único Y
propio Davenanc, "reformula" estos cálculos en la siguiente tabla: ,1,c ¡wt rectamente lo que ocurre en las eres situaciones posibles, sino
11111 111 li,\CC además con la ventaja de poner explícitamente los tres
Cantidad de grano 1,0 0,9 0,8 0,7
s relación con el "precio natural", ese "precio cenera!, alrededor
1 11 l'I\
0,6 0,5
Precio del grano
,lcl , 11.d gravitan continuamente los precios de rodas las mercandas",
1,0 1,3 1,8 2,6 3,8 5,5
1 1111 ndo en cuenta que "contingencias diversas pueden a veces man-
!, 111 , h" !. uspendidos, durante cierto tiempo, por encima o por debajo
Y comenta que ya 1homas Tooke, "la máxima autoridad en este ¡l. 11 p1él; pero, cualesquiera que sean los obstáculos que les imp~den al-
rema, cree que la estimación de King no está muy alejada de la ver-
1111 11 Sl t cenero de reposo y permanencia, continuamente gravitan ha-
dad" Oevons, p. 175). Finalmente, Jevons afiade su propia estima-
, l~ ti" (Smith, 1776, p. 57)22 • Smirh dedica el capítulo 7 de su Libro I a
ción econométrica a partir de "una función de la forma al(x-b)"" que,
l 1 . d1lcrcncias y relaciones que exiscen entre el precio natural y el precio
en el caso de n =2, se convierte en:
d, it ll'f'Cado23 (o precio efectivo), y en él podemos leer lo siguiente:

más a m~~ores ,precios"; y algunos -Malrhus, Say, Lauderdale y Longfield, "por


ese orden , segun V. Smich- llegaron a imerpretar esta relación casi como si se , , \míd, aplica cambién estos principios a la demanda de fuerza de t~abajo: "As'. es
trata.ra de curvas de demanda (Smich, 1951, p. 257). Y, sin embargo, como señala 11111111 l., demanda de hombres, al igual de lu que ocurre con las demas mercanc1as,
el mismo aucor, no hay subjetivismo ni individualismo, salvo en el caso de Senior, , wil, 1 de una manera necesaria la produc~ión ~e la ~specie, acelerándola cuando va
1
~n el craramie.n~o clásico de la demanda. Es el caso, por ejemplo, de Malchus, cuya 1, 111 , y frenándola cuando se aviva demasiado (Sm1th, 1776, p. 78).
falr~ de análms de los aspectos subjetivos de la demanda no es sorprendente si , \ No debe confundirse el argumento que expone Smíth a continuación con el
~on.s1~er~~s ~ue sus proposiciones (... ) no se aplicaban nunca explkicamence al qu, 11\ ,\ll los manuales neoclásicos contemporáneos en su an~i~ís "a corco plazo~;
md1v1duo (1b1~., p. 2?,2). Similar es el caso de Longfield (Smich, 195 l , p. 255), , 11 llldo c iso, el "precio natural" coincide con lo que los neocla~1cos ~!~~, p.rec10
en r~nt~ ,que Ricardo , fue plenamenre consciente de la ley de demanda, pero ]a di n lc tl ,l lnrgo plazo". En Smich se aprecia además una concepción dinam1ca ligada
exphcac10n de este fenomeno tenía para él poco interés" (ibid., p. 248). 1 ¡ 1 "i,·sis de la asimetría" , que esrndiaremos más carde: "Aunque el aumenro de
21. Igual opinión le merecen a Jevons las ideas similares que se encuemran en la 1,1 dt111.11ida eleve en un princ:ipio y durante algú n tiempo el precio de los bien~s,
obra de Sir John Dalrymple, de J 746 Oevons, 187 1, p. 173). 1.1111,I\ ,lt:ja de sobreve nir la b.q.1 .1 pl,rw largo. En efecLO, el fenómeno del al2.a fo-

44 45
"Cuando la cancidad de una mercancía que \C llcv.1 .11 merc..ldo es 11
i11, 11; mi, de t, demanda y lk l.t olc11.1,obrc lm precios", emp~n-
insuficiente para cubrir la demanda eíectiva, es impo~ible suministrar 1111 1111 dl·nunciar un tcrribk l'l'IOI': "l..1 opinió~ ,de q~e el precio de
1
la cantidad requerida por codos cuantos se hallan dispuestos a pagar 11, 11
depende exclusivamcnrc de l.1 proporc10~ existente entre ~a
.. ,,

el valor íntegro de la renca, los salarios y el beneficio, que es preciso th , 11 •111 d.1 y la oferca se ha convertido casi en un ~om~ en ~:on~rrua
pagar para situar el artículo en el mercado. Algunos de ellos, con cal ¡ ,¡
1 111 I
l y h., sido fuente de muchos errores en dicha c1enc1a (Ricar-
de no renunciar a la mercancía, estarán dispuestos a pagar más por
1
ll11, 1HI / , p. 385). De hecho,
ella. Por cal raz6n se suscitará entre ellos inmediatamente una com-
petencia, y el precio de mercado subirá más o menos sobre el precio "l l Js el coste de la producción el que debe regular en último
natural, según que la magnirud de la deficiencia, la riqueza o el afán ¡¡1
11111110 el precio de las cosas, y no, como se ha dicho a menudo,
de ostentación de los competidores, estimulen más o menos la fuerza ¡ 1 paoporci6n existente encre la oferta y la de~anda: ésta puede, en
de la competencia. Entre los competidores de la misma riqueza y dis- H id.id, afectar durante algún tiempo el precio de mercado de un
ponibilidad de excedences la misma deficiencia de la oferta dará lugar k ¡ , hasta que la oferta de éste sea más o menos abundante, se-
111 11 0
a una competencia más o menos extremada, según la importancia a aumentado o disminuido; pero este efecto
n1111que lª demanda hay ,,
mayor o menor que concedan a la adquisición del artículo. Esto nos ~11 ,1 ~olo de duración temporal. Disminuid el coste de produce'.ºº
explica los precios exorbitantes de los aráculos de primera necesidad dl \m sombreros y su precio de mercado bajará en último térmmo
durante el bloqueo de una población o en época de hambre. Cuan- liN:I quedar reducido aJ nacural, aunque la demanda fuera do~le,
do la cantidad llevada aJ mercado excede a la demanda efectiva, no 111 plt: 0 cuádruple. Disminuid el cosLe de la v'.da humana, r~duc1en-
puede venderse entonces toda ella entre quienes estarían dispuestos du el precio narural de los ali meneos y del vesudo, que consucuye~ lo
a pagar el valor completo de la renca, salarios y beneficio que cos- 1
,t ncial para la existencia, y los salarios bajarán en últim,? té~mmo,
có la mercancía hasta situarla en el mercado. Parte de ella tiene que ,111 nque la demanda de los trabajadores aumente mucho. (Ricardo,
venderse a los que escán dispuestos a pagar menos, y este precio más IXl7, p. 385)
bajo que ofrecen por ella reducirá el de coda la mercancía. El precio
de mercado bajará más o menos con respecto aJ natural, según que l'm lo demás, Ricardo corrige la falsa "ley sentada por Lord Lau-
la abundancia o la escasez del género incremente más o menos la
, 1, 1,1., 1e"y Sa·.24
, diciendo que solo es válida "en relación con los
competencia entre los vendedores, o según que éstos se muestren más , u los monopoli 2 ados y con el precio de mercado de codas las mer-
1111
o menos propensos a desprenderse inmediatamente de la mercancía.
c,1m 1.1s durante un periodo limitado":
(...) Cuando la cantidad llevada aJ mercado es justamente suficiente
para cubrir la demanda efectiva, pero no más, el precio de mercado "Si la demanda de sombreros aumentara en un 50 par 100, el pre-
coincide exactamence, o se aproxima, en lo que cabe, al precio natu- , ¡0 subiría inmediaramente, pero el alza solo sería temporal, a menos
ral. Toda la cantidad se vende a este precio, sin que se pueda obtener
,¡uc subiera el coste de producción de los sombrer~s, es decir, su pre-
otro más aleo. La competencia obligará a los traficantes a aceptar este
l Hl natural. Si el pan bajara en un 50 por l 00 debido a un gran des-
precio, pero no otro menor" (Smith, 1776, pp. 55-56).
, uhrimienco efectuado en la ciencia de la agricultura, la demanda no

Si de Smith pasamos a Ricardo, este dedica el capítulo XXX a "la


}. 1 Jice que \os "principios" sobre los que se escablece el "valor" o "v~or de
\.iy
, 1,¡ son siempre los mismo~: "en proporción a la oferta y a_ la ~emanda (Say'.
~
mema la producción o promueve la competencia de los productores: éstos, para 1111 0

vender los unos más baraco que los otros, perfeccionan más la división del trabajo 11 m \, p. 303); sin embargo. Ric.udo crnnscri~e es.co con las s1gmentes palabr~~
"11 \.ilor Je todas l." tO\,l\ sub, ,icrnprc en razon J,recta a la demanda, y en raza
y descubren nuevos adelantos técnicos que, en otras circunstancias, no se hubiesen
imaginado" (Smith, 1776, p. 662). 11
wr 1,,1 ,1 la ofcnJ" (Rll.mlu. 1H17. pp. iH6 387).

47
46
aumcncJría mucho, pues nadie desearía adqlllm m.l, que el necesario 1,11d 11 pmduc.:lo de l.i .1ui,id.1d hum.,nJ, c.:xiscc un valor mínimo
1111

para satisfacer sus necesidades, y, por consiguiente, tampoco Jo harfo lil .1 1, ¡,111 d t'01to deprotlucdón. Pero en codos los casos en que pue-
la oferta, ya que un artículo no se ofrece solamente porque puede pro- 1 11 11 111h1plk.me al infinito, la demand11 y fa oferta solo determinan
ducirse, sino porque hay demanda del mismo. Aquí, pues, cenemos p n 111 /,,,mmes del v11/or durante un periodo que no puede exceder del
un caso en que la oferta y la demanda apenas han variado, o, si han 1 , . a,,1rio p,1ra q11e se altere la oferta. Así, pues, mientras regulan

aumentado, lo han hecho en la misma proporción; y, sin embargo, el 11 .. , 11.111u11c, del valor, ambas obedecen a una fuena superior, que
precio del pan habrá bajado en un 50 por 100, en una época en que el li 1 •I'" rl ,wlor gravite hacia el costo de producción, la cual lo fijaría y
valor del dinero ha permanecido invariable." (Ricardo, 1817, p. 388) 11 111i1nh mlríJ ahí si no surgieran continuamente nuevas influencias
I' 1111d1.11lora\ que la hacen desviarse otra ~ez. Sig~iendo la ~isma
Dicho de otra manera: "Los artículos que son monopolizados, 11 11 .1 ,h mcdfora, la demanda y la oferta oenden siempre hacia un
ya por un individuo, ya por una compañía, varían de valor según La 111111111111, pero la situación de equilibrio estable se alcanza cuando las
,1 ,_ el ,tmbian unas por orras de acuerdo con su coste de producción,
ley sentada por lord Lauderdale; bajan a medida que los vendedores
aumentan su cantidad y suben en proporción al deseo que muestran 11 • u1'111 la expresión que hemos usado, cuando las cosas están a su

los compradores; su precio no tiene necesariamente relación con su , 11111 1i.11m.1l" (M ili, 1848, p. 402; énfasis añadido: DG).
valor natural"; ahora bien:
1 J / 11, rliísicos y Marx
"el precio de las mercancías que están sujetas a la competencia, y 11 pli.1111r 11nicnco de Marx en relación con el papel de la oferta y la
cuya cantidad puede ser aumentada en grado moderado, dependerá 11t 11, 1111!.1 en la teoría del valor coincide básicamente con el de los clá-
en último término no del estado de la demanda y de la oferta, sino 1 , 1,, f ll lO c.onviene comenzar por una advertencia: en cuanto tal, la
del aumento o de la disminución del coste de producción" (Ricardo, li ill l.1 oferta y la demanda le parece a Marx can "incuestionable"
1817, p. 388). ¡uc 1.i d1d1a ley no se tuviera en cuenca en el razonamiento económi-
11, ·,1c debería quedar descalificado (Marx, 1885, p. 536); por eso,
Es decir, Ricardo , como Smith, argumenta contra el principio 1111111,, ,obre la "aplicación originalísima de la ley de la oferta y la de-
de la aferra y la demanda y defiende la tesis de la asimetría: el efec- l!\ 11 ,d. 1' t¡ue hacen quienes piensan en precios al alza con demanda a
to de una variación de la demanda sobre el precio solo puede ser l 111 ij.1 ( 1hid., p. 417). La explicación que ofrece a continuación de los
"temporal" -salvo que varíe el coste de producción-, mientras que 11,,1, imit.·nros de la oferta y la demanda es de una claridad meridiana:
una variación del coste puede generar una variación equivalente del 11 1 l .1lid.1d, lo que ocurre es que si la demanda cae los precios bajan,

precio sin que la oferta y la demanda se hayan alterado. ~ ",, , onsccuencia de ello se retirará capital de la producción de estos
Pasando aJohn Sruarr Mili, este auror dedica los primeros capítu- 1111111 lm, hasta que su oferca se reduzca a la medida que corresponde
los del libro III de sus Principios a la cuestión del valor, y, en lo que 1 11 p,lpcl modificado en el proceso social de producción", de f~rma
se refiere a la relación eorre los precios de mercado y el precio natural 'l''c '.11 n.·<lucirse así su producción, subirán nuevamente los precios al
(al que llama "valor natural" o "coste de producción"), hace al final ,·,·I
111 normal, siempre que el valor no se modifique por otras causas"
del capírulo 3 la siguiente recapitulación (que nos parece correcta y ( 11,id,·m). Pero ese nivel normal del precio no es sino el valor (el "valor
acorde con las ideas de Smith y Ricardo). ti, mc:rc.a<lo" o sectorial, como media ponderada de los valores "in-
dividuales"), de forma que si se puede decir que la oferca y demanda
"La demanda y la oferta rigen el valor de codas las cosas cuya can- ,cg11 1.111 "las desviaciones de los precios de mercado con respecto al
tidad no puede aumentarse indefinidamente; solo que, aun para ellas, vcilm de mercado", también e, cierto que "el valor de mercado regula

48 1<)
1111 11 ,p,c en d '·"ºdedo, 11,111md pncr1 de una misma mercancía
la relación entre ofena y demanda o el centro en corno al cual las fluc-
' \111 .'i:111,·!l momento,. \,t ofert.1 y \.1 demanda pueden y deben
tuaciones de la oferta y la demanda hacen oscilar, a su vez, los precio~
1111 ulh l'II .1mbo~ at\OS si la mercancía ha de venderse. en ambas
de mercado" (Marx, 1894, p. 229). · Pe rO puesto que en ninguno de
11111111111lulc, ,, su nati.ral prtce.
Marx señala que las desigualdades entre la oferta y la demanda m\11,~ ' "m hay diíerencia alguna en la propo~ción entre ~ferr~ y
son fáciles de comprender, mientras que "la dificultad real escriba 1 1111111\ 1, Pl' IO sí la hay en la magnirud del pr~p10 natu.ralprzce, este
en definir qué debe encenderse por coincidencia entre la oferra y la li m11rntt• ,e determina en forma independience de la oferta y 1:
demanda" (Marx, 1894, p. 239), ya que en este caso, cuando ambas d · d éstas
1 1 }de n ·1nguna manera puede ser ecermma o por
" " ' " ' ••• <
se anulan mucuamence, "dejan de explicar nada", y entonces el precio 1\1 , , 1891, p. 243).
es el "precio determinado independkncemente de la relación entre
la oferta y la demanda, es decir, su precio natural", que es "el objeto 111 ~l 11x, como en los clásicos y en Cour~o:'.y en gen~r~l, en
que realmente había que analizar" (ibid.; y Marx, 1867, pp. 654-5). 111 lm .1111orcs anteriores a la corriente s~bJet1v1sta ne.oclas1ca, la
En realidad, el "precio natural" de los clásicos, desarrollo del "precio 1,111111.1 l''>l,I determinada por circunstancias que no uenen n~da
necesario" de los fuiócratas, se convierte en Marx en el "precio de 111 Vt • t ,111 la utilidad marginal. Por otra parte, no ~ebe,~onfu~dHse
producción", por lo que la idea anterior se expresa con mayor propie- "111x \\ . . ma "necesidades sociales solventes • o necesidades
1 q11t '" , u , eaJ " (.b. d
dad en el libro III de El Capital: "Si coinciden la oferta y la demanda, o" con \as "necesidades sociales r es 1 1 ·•
11i l q 1.ll ll1.H.1 de Pag > " \ al
el precio de mercado de la mercancía corresponde a su precio de l \ '29, 239). Las primeras representan la cantidad por. a cu
producción, es decir, que su precio aparece en ronces regulado por las !' ,i,,d
1 m 11 puede pagar el valor de mercado" (ibid., P· 229), mientras
leyes internas de la producción capitalista, independientemente de la 1, q•11nd.1, no están representadas por la primera. A esce"resp~cr?,,
competencia" (Marx, 1894, p. 454). 'th que una cosa es la demanda efectiva ,
I ili., v,1 l Iaro en Ad am Smi
La gran diferencia que existe entre este enfoque y el enfoque "neo- , 1d
1111, lm,1 J cman
da "absoluta": "un pobre, en cierto modo, desea
d
clásico" puede apreciarse en la distancia que separa los argumentos , 1•
l ill' 1111 coche y deseana poseer o, pero su
demanda no es una e-
d
al respecto de Marx y Malthus. Malthus, uniéndose en escoa Say, a . . pues el artículo no podrá ser llevado al merca o para
1111111 ., l'1ccuva,
1 25
Lauderdale y a muchos modernos neoclásicos, pretende demostrar ,d~l ,Ht'I su deseo" (Smich, 1776, P· 55) •
que "la gran ley de la demanda y la oferta entra en acción para de-
terminar lo que Adam Smirh llama precios naturales y también lo
d S . h s·rve de advertencia contra quienes · 1een siempre
· a 1os
que el mismo autor denomina precios de mercado", de forma que 11 ,t1f\llll1tnto e m1c 1. . /.a lettrt de.ando así de lado las notables
el principio de la oferta y la demanda sería "el dominante" frente al 1, 1111, u11m1 ~¡ fueran neoclas1cos avant • .J L lás1'cos no tenían
. · cre ambas cornences. os c
principio alternativo de los costes de producción, que solo sería "se- lllc1c11, 1.1, .rnalíucas que existen en . S . h dice ue la demanda de
1,11 ,1,, ,1 ll.1mJr a las cosas por su nombre. por calso, m.1t .e~te no ts demanda.
cundario", como corresponde al hecho de que los costes solo son una . nen dinero para comprar precio com
"condición necesaria de la oferta de los objetos deseados" (Malthus, 1• ¡i11l111·, qluc no \~ . ·enden a olvidar la discinci6n entre pobres y ricos (por
l',11 111111 r.1 u~ neoc • stcos u . • al' ) ue casa mal con sus pre-
1820, pp. 60-62). llll 1, ,lil.u dl· la que existe encre asalariados Ycapit 1SCas • ~ . . ) d ._
. s·
1 . duda del cipo de lengua¡e (sin tapu¡os pre om1
Pero Marx le recuerda que h m111111' .11 montc1scas. , a gu1en ' fi d " 1 b·erno civil en cuanto
· h · · osle a rman o que e go 1 •
11.1111c: i 11 tic mpo, d e,Sm1c 'c1tem. d d
. eal
blcció r mente para eren
d e der al r·1co
In il11111l11 p.,rn ,l\cgurar la prop1e a • se esca e' enen ninguna"
"puede haber dos precios naturales sumamente diferentes, en di- ,1 l 1,11l11t•, o a quienes cicnen alguna propiedad contra loskque no ' . " 1gob·1er
ferentes momenros, para una misma mercancía, y no obstante la
h ¡ · ·r a Loe e para quien e -
(\11111h, 1716, p. 633); en esrn no ac a s111~ s~gu1 . 1 d: (Lockc 1690 p 94).
proporción que guarda la oferta para con la demanda puede ser, en
ambos casos, la misma, a saber, la proporción de igualdad . Se admi-
~·.':,
11

1
;·, ~i~: :~:;~:·:,: ·~:~: !.,~~:;: .
1
;1 ~~:~::~~ :,\:'c;.~~~'..e~ ~'<le bicnest~tr" pa:a c~dos.
51
50
Para Marx, esra demanda "efectiva", basadn en IJ~ m:cesidades so- 11 ,1 111~1fü·, .il igual que Ri t:ardo, l ' l1 l.1, difc.: rcm cs evoluciones que
ciales "solventes", está condicionada por "la relación reciproca entre las 1111 dt 11 1 >< pc.: rimcm ar los valo res y las riquezas. As( pone el ejemplo
diversas clases y por su respectiva posición económica" -y en ningún 1 1 llli1, 10 Duponc, que al sacrificar una parce de los ejemplares de
caso por las experiencias individualistas de utilidad o placer-, por lo que 1111 1 111,1,1, dc1, m1yéndolos, ha podido obtener "más beneficio de la
desembocamos nuevamente en que "no puede explicarse absoluramen- 1 111 11 ,1.rntc que de la edición completa''; o de la Compañía Holan-
ce nada a partir de la relación entre la oferta y la demanda, ames de estar 1 ¡ ,ptt "destruía en las islas de la Sonda una parce de las valiosas
desarrollada la base sobre la cual opera esta relación" (Marx, 1894, p. l't' 11, ,¡uc monopolizaba" por la misma razón (Cournot, 1838, p .
230). Resulta finalmente obvia la diferencia de estas necesidades solven- C.i 1 1111rnor no hace de esto una mera condena moral28, smo •
una
tes con relación a las necesidades reales: "la diferencia entre la cantidad 1111 11u 1011 magnífica de su tesis puramente "positiva" acerca de que
de mercancías demandada y la cantidad que se demandaría si las mer- 1, d n 1rucci6n material es una verdadera creación de riqueza en el
cancías mvieran orro precio dinerario o si los compradores estuviesen en 11 dd111.otnercial de la palabra", tanto desde un punto de visea indi-
orra situación en materia de dinero o de condiciones de vida" (ibid., p. l d 11.1I "d inventario del librero recibirá justamente la existencia de
239) es demasiado evidente como para que sea necesario insistir. 111 1 • d1,1 mayor en su activo"- como social, ya que en "el inventario

11111 1.il o balance de la riqueza en circulación, encontraríamos un


3.3 Los clásicos y Cournot l l 1, 11 ,11 .1mienco en la suma de esca riqueza'' (ibid., pp. 26-27).
Como vimos supra, Cournot ocupa una posición muy especial en la his- \' p.11 .1que no quede ninguna duda de su punto de visea, Coumot
toria del pensamiento económico porque es un marginalista (que apli- 111 1~11 ,l•guidamente en el ejemplo contrario de cómo se puede des-
có el cálculo diferencial al estudio de los problemas económicos), pero 1111 11 d t1t1eza comercial por medio de la creación de nuevas mercan-
no un utilitarista (sino defensor de la teoría del valor de los dásicos26). 1.is ' \upongamos que la rareza de un libro determinado permite
Es verdad que fue considerado un maesrro tanto por Walras o Jevons \l 11d11 .1 300 francos cada uno de los 50 ejemplares exfacemes: si un
como por Marshall, pero lo era como economista matemático, ya que ltl,1 1m reimprime mil ejemplares de este libro, que valdrán 5 fran-
"era reticente a conectar su función de demanda con un elemento can 1,, , t•s10 producirá una disminución del valor de cambio total ("una
controvertido como la utilidad" (Georgescu-Roegen, 1983, p. lvxvi) .
Como hemos visto, Ricardo dedica el capítulo XX de su libro a
atacar a los economistas que, como Say, confunden el valor con la II l "'" 1101 puede parecer lo contrario, como cuando define la riqueza como "los
\11l111t ~ Intercambiables" (Cournor, 1838, p. 23).
riqueza. La riqueza para él es un conjunto de valores de uso, mientras H •\umiue rambién se produce esa condena, que lo sirúa en las andpodas de Gos-
que los valores de cambio tienen que ver, no con la cantidad de rique- • 1, p,11 ,, l¡ulen el egoísmo era la vía hacia la eficiencia; al contrario, Cournot seña-
za producida sino con el esfuerzo requerido para su producción; es l, l ll· ,l l\UÍ un acto de avaricia, de egoísmo, evidencemenre comrario al inrerés de
decir, con la cantidad de trabajo. El bagaje "ricardiano" de Cournot 11 ,11( i<'d,1J" (Cournor, 1838, p. 26). No se deduzca de esro que Cournot comparre
¡1, • •ll l< 11,c:s anricapiralisras: como ha señalado Shubik, su aurobiografía muestra con
es indudable a pesar de las apariencias. No se trata ni mucho menos
tl.111.l.td ,t lln "conservador moderado" (Shubik, 1987, p. 708).
de cuestiones incidenrales, sino de que coincide con el planteamiento • J e lt ro ejemplo que da Courno( es el siguiente: si se consiguiera producir dia-
de Ricardo sobre las diferencias emre riqueza y valor27 . Por eso Cour- ,1 , 1111 ,·, <le forma arrificial, el descenso de su valor comercial sería "saludable" para
11 ,11, 1,·d.1d, de fo rma que ''muchas personas acaudaladas dejarán de consagrar a esre
1111d11,·"'º una parte notable de sus forrunas y si, en consecuencia, el valor comercial
26. Coumor no quiere profundizar más en la cuesción del valor, pero se remire a la d, 1<>, diam anres decreciera, los hombres prudentes aplaudirían gustosamenre esa
reoría dominante entonces (la T LV) y liga las variaciones del valor de las mercan- 11wv.1 dirección de la moda" (Cournor. 1838. pp. 28-29). Por cieno, que esto no es
cías con "los desarrollos progresivos de la induscria y del rrabajo". hao un.1 amicipaci6n del ejemplo vebleniano del consumo osrenroso de diamanres
27. Es verdad que la rerminología usada no es la misma y si se lee superficialmente (\{ ,wl lickl., 1938. p. 58).
52 53
disminución de nueve mil setecientos cincuenca francos"); lo que le
1)
hace afirmar a Cournor: "He aquí una operación industrial, una pro-
ducción material, útil al librero que la emprende, útil a todos cuantos a
le han abastecido de materiales y servicios, útil también al público,
por escasas enseñanzas de provecho que encierre el libro, pero que
constituye una verdadera destrucción de riqueza en el sentido abs-
tracto y comercial de la palabra" (Cournor, 1838, p. 27).
Por último, lo más interesante de la aportación de Cournor es sin
duda su capítulo 4, dedicado a "La ley de la demanda". En vez de
recurrir a una teoría utilitarista en cualquiera de sus variantes, Cour-
noc vuelve a inspirarse en la tradición de la economía clásica, que él
transforma, usando su inclinación matemática, en un "axioma" de
o q t p
"optimización": "solo emplearemos una hipótesis: que cada hombre
intenta extraer el máximo valor posible de sus bienes o de su trabajo"
l 1¡\HI ,1 1: Curva de demanda (aportación de Cournot)
(Cournot, 1838, pp. 66-67). En esca tradición, encuentra base sufi-
cience para dar por supuesto que "por lo común, un bien es canto más
demandado cuanto menos caro es" (ibid., p. 68), quedando estable- t 1 liubin. y fa asimetría entre oferta y demanda .
cida sin más la "ley de la demanda"30 1 11 .11 1tor ruso, que no es aún tan conocido como merece32 (incluso
El estudio de la "ley de la demanda o de las ventas" conduce a
Cournot a un análisis matemático y geométrico de la curva de de- h 11 1 m.íximo el área del rectángulo que tiene por base Oq, o p, y r~r altura ~z,
manda, de los ingresos totales y marginales y de la elasticidad (aun- , , 1111.1 w nocida proposición en Geometría dice que ~St~ ár~a ~ 1113.Xl~; cr0n[e:
r J ' r I· n realidad, esta ecuación es una forma geomem~a e a ecuac10n. ro
que no llame a ésta por su nombre). Así la explicación que ofrece para
su "figura l" coincide básicamente con la que se ofrece hoy en día
~
I I 11 ~·(¡,) pF'(p) = O], que puede escribirse p = F(p)I-F (p), donde el rn1emb
1 ¡ 1•1 quícrda viene
. representad o por Oq, Yel miembro de la derecha
l por~/qt
F(¡ ~_
F'ú(pues
para explicar por qué la elasticidad unitaria de la demanda significa ¡Je 111¡ y F'(p), la pendiente de la curva en n, es nql-qt, con o que P - p -
el ingreso rotal máximo de la empresa. Por último, la forma en que ,,,¡l,¡t) qt)." (CournO[, 1838, p. 77) . ) d . "El
Cournot escribe lo que los libros de texto llaman hoy el ingreso total 111 l I noca editorial a la edición española de Rubm (1923 se pue e 1~er.
1 '1, t. . de su escuela' persectuidos y silenciados en los campos e con-
(I =P·Q) es: p,F(p). Por tanto, la primera condición de máximo exige 11 , , ,ll l)l 11 Y
'
o •.
¡· . s baJ·o la infan1ame acusación de idealismodmene
· h ' '
1111 1r 11111 Cbla in1ano 1 evrzance'
- 20 al
que la primera derivada de la anterior expresión (el ingreso marginal) 11u,itn}~ un ep1so . d'10 s1'gn'1ficativo de la oposición imelecrual e os anos 'd
sea cero, lo que escribe así: F(p) + pF'(p) = O. (Cournoc, p. 76)31 . . ¡· dialéccico' soviético, aunque haya sido menos conoc1 o que
1111111111 m.1tcna ismo d Rub' 6 . to a los de Gro-
1 , , i 11 dc Lukács y de Korsch. El nombre e in gura, )~ -
1\ .
1 1111, .1111ov, u1ann,
B . . Preobrazhenski en el rico debate ' R d 1 ky R b' 20
econom1co de los anos

30. Todo ello sin olvidar posibles excepciones de esta ley, pues en algunos "objetos de
,111 • 1 ¡,1oblcma del desarrollo económico. Más aun, segun os o; 1: . u m ,Y
1 11rl.1 re resentaron junto a Preobrazhenski el d':5ar.rollo n:e~o o og1co, mas
fanrasía y de lujo" podría ocurrir lo mismo que en d caso citado de los diamantes (vid.
1 1 Pquel 'per·1odo de oro' de la ciencia econonuca sov1ét1ca.
,111 1, o I e a R b'
Ademas de
'b''
nota anterior). "Si se consiguiera obtener con poco gasto la criscalización del carbono,
l 1 / 111,11•111 que hoy publícamos por primera vez en espa.tíol, , u hm es;;~:e::
y vender por un franco el diaman[e que hoy vale mil, no sería extraño que los diaman-
I J 111 / ,r ,/(lrtrina marxista de la producción y~¡ con.sum.o, que aun oy P marxista
tes dejaran de usarse como alhaja y de consriruir un artículo comercial En este caso, lt1 • r .tl1k .1 los estudiosos, y que tiene el mémo excepc10'.1al en el °'.mpo .
un descenso vertical del precio casi reduciría la demanda a cero" (ibid., pp. 68-69). I li il111 ,ido la única obra en la <JUC ,c dcMaca la g~an.,m1portan.c1a que ttene el
31. Y su explicación cominúa asf: "la interpretación geométrica de maximizar pD ih11 ,h ll\Cl en la crítica dt• 1\la 1, ., l.1 nonomla pol!ttca. (en Rubm, 1923, p. 5).

54,
55
encre los marxistas defensores de la TLV), pretende disolver las du· nm lavorables. Esto sig nila:;t t JUC d valo r a umenta con la ex-
1111

das sobre la asimetría entre la oferta y la demanda, suscüadas por 1 1"11'1 n de la producción a t icrra~ peores o , e n gen eral, a empresas
1111110\ productivas, es d ecir, e n la medida en que la producción
Malthus al postular que "la demanda determina de alguna manera el
valor" (Rubin, 1923, pp. 260, 262); para ello, anaüza en particular el Y puesto que el aumento de la producción es provocado
111111c1 \l a.

¡1111 un aumento d e la demanda, luego el valor no regula la oferta


caso de la producción con costes creciemes33 • La cuestión es concre-
) l.1 ckm::t nda como pensaban Ricardo y Marx, sino que el valor
tamente si en el análisis de este caso, dado que en él un aumento de
1111\liHJ csLá determinado por la demanda y la oferca" (Rubín, 1923,
la demanda provocaría un aumento de la producción y también del
1'11 }62-3).
coste de producción medio, podrían tener razón quienes coinciden
con Malchus en que "la demanda determina de alguna manera el
l(tthi11 busca desmontar la tesis malchusiano-neoclásica partiendo
valor". Rubín, que plantea la cuestión con absoluta claridad, es per-
q11t· "los defensores de este argumento olvidan una circunstancia
fectamente consciente de que
11111) 1mporrance", a saber: que "en el ejemplo que examinamos, las
11 t, tl iones en el volumen de la producci6n significan al mismo tiem-
"esta conclusión es de significativa importancia para los repre-
senrantes de las escuelas angloamericana y matemática34 de eco-
p11 v.1ii.tciones de las condiciones técnicas de producci6n dentro de la
1,t1 ~111.1 rama" (Rubín, 1923, p. 263). Y, tras examinar tres ejemplos
nomía política, incluyendo a Marshall. Algunos de esros econo-
11 101- que la producción se lleva a cabo por distintos grupos de em-
mistas sostienen que Ricardo conspiró contra su propia teoría del
valor-trabajo con su teoría de la renca diferencial y que abrió el ca- p 1~,.1s (más o menos eficientes), dando lugar a diferentes valores del
mino para una teoría de la demanda y la oferta que él rechazaba y, p1111 I11uo, conel uye afirmando que
en último análisis, para una teoría que define la magnitud del valor
en términos de la magnitud de las necesidades. Estos economistas "el valor ha cambiado precisamente porque las condiciones de
apelan al siguiente argumenro. El valor está determinado por los prnducción cambiaron en dicha rama. De este ejemplo no debe-
gasros de trabajo en los peores lores de cierra, o en las condiciones 1111>,extraer la conclusión de que los cambios en el valor están de-
l< 1 minados por cambios e n la demanda y no por cambios en las

, ondício nes técnicas de producción. Por el con erario, la conclusión


33. Se traca de lo que Viner (1931) llamó "el caso de los costes crecientes de Ri- ,olo puede ser que los cambios en la demanda no pueden influir
cardo". ~ste caso.es frecueme no solo en el ámbito de la minería, que pone Rubin l II la magnitud del valor de ningún modo excepto modificando las
como e¡emplo, smo en codos aquellos casos en que la limitación de la oferta de , ,111dirtones técnicas de producción en la rama considerada" (ibidem;
ciercos recursos de mejor calidad obliga a que "una nueva cantidad adicional de
produc~os se pr~d.uzca en condiciones peores que anees" (Rubín, 1923, p. 260).
1111:,sis añadido: DG).
La versión neodas1ca de este razonamiento sobre el papel acrivo de la demanda en
la determinación d~l precio a largo plazo (P) es que, si la demanda se desplaza a la Así pues, la proposición básica de la TLV, según la cual los cam-
derecha por cualquier razón, el aumenco de producción de la industria rcsulcance litm en el valor están determinados exclusivamente por cambios en
eleva el precio de los factores y por consiguience desplaza hacía arriba la curva de
l 1, t ond iciones técnicas de producción, sigue siendo válida también
costes medios a largo plaw, con lo que el nuevo equilibrio a largo plazo se esta-
blece ahora a un nuevo precio (P' > P). La conclusión que sacan de esco es que la t 11 t''>ll' caso que aparentemente da la razón al punto de vista concra-
demanda desempeña el mis2~º pa~e), que la o~erta en la determinación del precio, y I lo". La demanda no puede influir sobre el valor sino indirectamen-

por tanto parece salvada la s1mema caracrenstica de la teoría neoclásica del valor.
34. Aunque en la época de los primeros neodásicos sí renía sentido la denominación
de "escuela maremácica'', con el tiempo es cierto que "la denominación de 'escuela \'i 11 dd,atc gira en corno a lo siguience: "Los defensores de la teoría de la deman-
matemática' tiene la misma falca de sentido que tendría una clasificación de los eco- 111 y l.1 1ircna afirm.in que solo l.1 competencia, o el punto de incersección de las
nomistas por los tipos de imprenta de sus libros" (Scackelberg, 1959, p. XXI 1). lltl\,I\ ele l.1 dcmand,t y la ofNt,1, dctl·rmin.1 d nivel de los precios. Los defensores

56 57
te, por medio de cambios en la oferta, pero cMa i11Jlueucia indirect,, pi11d1tLcn fielmente los de Marx i 1o es el, hecho~~ ser el primer disc:-
no contradice de ninguna manera a la TLV. En esca, de lo que ~e p11111 d 1: este que aplicó los mélodos graficos, up1cos de la econom1a
traca es de definir la relación causal entre los cambios en el valor y '" itt m.ícica de la época y de los manuales neoclásicos actuales, a la
el desarrollo de las fuerzas productivas, pero eso no significa negar l itr• 1i6n de la oferta y la demanda desde un punto de visea marxiano.

la posibilidad de que dicho desarrollo esté sujeto a la influencia de 11,1 1., 1 un paso adelante muy importante en el análisis de la compe-
roda una serie de condiciones sociales, políricas y hasta culturales. 1111t 1.,. y de la microeconomía en general, desde un enfoque distin-
Lo importante es ver, como escribe Rubin, que 111 d dominante. Además, leyendo a Rubín se obtiene fácilmente lo
, , t•,.Hio para una representación gráfica de sus ideas más allá de los
11
"variadas condiciones económicas y sociales, que incluyen las 11 c, 'diagramas" que incluye en su libro.
variaciones de la demanda, pueden afectar al valor, no junto a las 1 ,1 idea fundamental es que si tuviéramos que representar gráfica-
condiciones técnicas de la producción, sino solamente mediante 1111 mc el equilibrio parcial de un mercado particular en libre compe-
cambios en las condiciones técnicas de producción. Así, la récnica t r •trttt fenómeno que no debe confundirse con la competencia perfecta
de producción sigue siendo el único factor que determina el valor" c dásica (véase Guerrero, 1995)- deberíamos hacerlo añadiendo a
11 11
(Rubín, 1923, p. 266). l.i s ~ urvas de oferca y demanda a corco plazo una recta horizontal, que
p,,s.1ría por el punto de equilibrio a corto plazo (si éste también lo fue-
Pero, en Rubin, tan importante como sus argumentos -que re- 1.1 ., largo plazo) y representaría el precio de producción
37
(lo que los
, l.,,icos llamaban "precio natural", y los neoclásicos "curva de oferta a
de la teoría del valor-trabajo afirman que el punto de intersección y equilibrio de l II go plazo sin economías externas de escala'') (véase la figura 2).
la oferta y la demanda no cambia al azar, sino que Aucrúa alrededor de cierto nivel
que esrá determinado por las condiciones técnicas de producción" (Rubin, 1923,
p. 265). Ahora bien, en la versión de la "moderna escuela matemática" se incurre ,,, Como dijimos anees, es enormemente significativo que un aucor de_ la impor-
en un "círculo vicioso", ya que I u11.ia de Rubin pase prácticamente desapercibido p~ muchos :5rud1oso~ con-
tc·rnpodneos del marxismo (véase la historia de la teona económica marxista de
"esca escuela revive una vieja teoría de la oferta y la demanda que elimina l loward y lGng (1989 y 1992), en la c¡ue apenas se le menciona). Esto ~s ~ás
~us contradicciones lógicas internas sobre una nueva base metodológica: l unencable aun, dado que otros autores muy inferiores ocupan en ,estas _hisconas
Si la teoría anterior sostenía que el precio escá determinado por las relacio- 1111
lugar preeminente. No sorprende, sin embargo, que esto sea as1, teni~ndo en
nes entre la demanda y la oferra, la moderna escuela matemática enciende l lit nea las diferencias que separan el pensamiento marxista del pensamiento de

rigurosamente que el volumen de la demanda y la oferta depende del t\ t.m, (véase Guerrero, 2002 y 2017).
precio. De este modo, la aficma.ción de que existe una dependencia causal \ Rubio se opone cambién a la manera gráfica de argum~ucar p~r parce de la
del precio con respecto a la demanda y la oferta se convierte en un círculo inida matemátíca, pues esca también "üuscra esca dependencia funcional entre los
vicioso. La teoría del valor-trabajo elude este círculo vicioso; reconoce knómenos con un diagrama". pero
que, si bien el precio esrá decermfoado por la oferta y la demanda, la ley
del valor regula a su vez la oferta. Esta varía en relación con eJ desarrollo "~e desprende del diagrama que el precio esrá determinado exclusivamen-
de las fuerzas productivas y los cambios en la cantidad de trabajo social- te por el punto de intersección ( ... ) parecería a prim~ra vista que el cam-
mente necesario. La escuela matemática ha hallado una salida diferente de bio en la demanda modifica el precio (...) Tal conclusión es el resultado de
esce círculo vicioso: esca escuela renuncia a resolver la cuestión misma de un,1 construcción errónea de la curva de la oferta. Esca curva se construye
la dependencia causal encre el fenómeno de los precios y se limita a una , c:gún el modelo de la curva de la demanda, pero en la dirección o~uesr~
formulación macemácica de la dependencia funcional entre el precio, por p,miendo del precio más bajo (...) Tal curva de la oferta es pos1~le s1
un lado, y el volumen de la demanda y la oferta, por el ocro. Esca teoría consideramos una \icuación de mercado en un momenco decermmado
no se pregunta por qué cambian los precios, sino c¡ue solo muesrra cómo (. .. ) Pero <lcl precio ,1ccidcnc:il tic un dfa pasamos al precio permanente,
se producen cambios simultáneos en el precio y la demanda (o la oferta)." ~,t.ib\c, medio, que dc1c11111n., d volumen con\t.mtc, medio y normal de
(Rubín, 1923, p. 266) l.1 dcnuntla y l.1 oli:11.1 ," ( Ruli111 t 92J, J.6(1 67)

58
111\ il ill· l,l oferta, inccrct·p1.1 .1 l.1 proycc.:dón que pasa por el punto
Oferta a muy cono plazo
( l' Ir, d1.:cir, d rramo horiw m .11 discontinuo de la figura], de forma
Precio
H
IIII "I, 11 kru puede ser considerada como ilimicada respecto a}ª. de-
111111il,1 , y. por ocro lado, el precio no puede bajar del punco mm1mo
,1 1 11 11no inclinado (B), porque en ese caso "la oferta se detendrá
e Oferta a corro plazo 11111li11u1tc" (Rubín, 1923, pp. 271 Y 275).
3---------- D 1 11 1c.ilidad, combinando las aportaciones de Rubín a la TLV de
E
4 F f\ 111 urn la distinción acrual entre un "muy corco plazo" (subíndice
A ---------
~ Oferta a largo plazo
'"'/'), 1111 "co rro plazo" (cp) y un "largo plazo" (lp! _(~éase Man~~el~,

" "D' D'


l 'lt~ -,) . d "lado de la oferta" completo en el analis1s del equd1bno
p 1,, 11 1 debería adoptar la forma que se observa en la figura 2, d~nde
11 , 11ncn rres curvas de oferta que se corresponden con los tres pla-
o G 11t l 11,1dos3'1: O (GH ), O<p (OABCD) y 01p (EF).
mq,
' sl parce del equilibrio representado por el punto 1 (donde se cor-
Figura 2: Tres curvas de oferta y equiJibrio dt mercado ( III l,I\ lrcs curvas de oferta y la curva de demanda) y se analizan las

l11 11 wcuencias de un cambio de la demanda desde O hasta O '. En el

1, 111 rnno plazo, es decir, anees de que las empresas tengan tiempo si-
En la figura 2 se representan los 4 tramos (OA, AB, BC, CD) de q111, 1,1 para modificar la cancidad de factores variables utilizados en la
la curva de oferta en un in renco de desarrolJar más allá la concepción ,,mhic:ción, el precio sube hasta el que representa el punto 2; per~ ,en
1
de Rubin. El argumento de este es que "la relación en ere las curvas de l\l LlllO las empresas están en condiciones de ajustar su producc1on,
la demanda y la oferta que fue formulada por la escuela matemática" 111 .d1crar sus factores productivos fijos ("corco plazo"), el precio baja
existe solo dencro de "estrechos límites" (enrre B y C en la figura38), li 1~1.1 el punto 3; finalmente, la percepción de la rentabilidad excep-
concretamente los que escablecen "las técnicas productivas en empre- ~11111.11 que suponen los puncos 2 y 3 hace que aumente la cantidad
sas con diferentes niveles de productividad" y las "relaciones cuanti- dr Liuores fijos, desplazándose a la derecha (en paralelo) la curva O <P
tativas entre esas empresas", o sea, "el nivel medio de la técnica en la li,l\t,1 corcar nuevamente a la curva de demanda y a la línea del precio
rama considerada", de forma que "solo dentro de esos estrechos lími- «ll producción (0,) en el punto 4, que será el nuevo ~quilibrio ~sca-
tes la oferta tiene la forma de una curva en ascenso" (Rubín, 1923, lil, rnrrespondiente a la nueva sicuación: mayor canndad pero igual
p. 274). Rubin añade que el precio medio no puede ser mayor que p•n.,o que al principio (y por donde pasará la nueva curva Om,p' no
el máximo del tramo inclinado (punto C), "puesto que tal aumento d,hujada, correspondiente a la nueva situación).
provocaría una tendencia a un incremenro ilimitado de la oferta", y Como conclusión, digamos que codo lo anterior nos lleva al mis-
aunque solo dibuja la curva de oferta en su tramo inclinado, de su 1110 resultado fundamental:
argwnencación se desprende que cenia in mente una curva con los Que en el análisis del equilibrio de mercado son las condiciones
4 eramos, ya que afirma, por un lado, que un desplazamiento de la
curva de demanda a la derecha (suficientemente) "no intercepta a la
l'J No se olvide que, aunque se hable de plazos aparenremeare "temporales" , estas
., dimensiones son en realid,1d conceptos pst.'udo-cemporales, acordes con la es-
111
l ,ll íc,1 ~omparaciva que ,e u1ilin l'll l,1 Microeconomía neoclásica (tdd. A.simakopu-
38. Téngase en cuenca que Rubin sigue a Cournoc y a Marshall y dibuja sus gráfkos
con d precio en la abscisa y la cantidad en la ordenada. lm, 1978).

(i I
60
de ~ro<lucción (la oferta) las que decerminan los prl'cios e.le equilibrio ~1 11 ,. ,lllllquc al final dl· ,u vid., rnnoLio la obra de Jevons y de
(tes,s de la asimetría}. Esra conclusión diverge del análisis neoclásico t illii 11111. 1w llegó a tiempo p,uJ pn:\cnciar lo que accualmence se
-para el cual ramo la oferta como la demanda inAuyen al mismo ni- ll 11111 1t vo lución marginalisca o neoclásica, asociada básicamente a
vel sobre Jos precios (tesis de la simetría, ejemplificada en la metáfora 1 , 111 , ~knger y Walras en la década de 1870. En realidad, no se
marshaJliana de "Jas tijeras" del equiJibrio parcial4º, pero aplicable 11u d1 1dt.•1uificar, contra lo que normalmente se hace, a marginaliscas
también al ámbito del equilibrio general)- y coincide con la reoría 11111d.11 ios de la urilidad marginal; por eso es tan importante la
ce ] ' · »41 1
c as,ca de que los precios de equilibrio a largo plazo se determinan 11 111 1,1 dl.' Cournor, economista matemático unánimemente recono-
prescindiendo por completo del papel de la demanda. Por último, lll11 por c~LOs autores, que fue quizás el primer marginalista pero que
para la TLV, la demanda sí es (co)determinance de la cantidad de le trnd1.1 una teoría del valor ricardiana, coincidente en lo esencial
cada mercancía que puede venderse a ese precio de producción. 111 1 l I ll'<>rÍa de Marx, y además se mostró opuesto a cualquier consi-
,ln 11 1011 de la utilidad para la teoría del valor.
1•111 orra parce, la teoría del valor de Marx es perfectamente corn-
4. Conclusiones il 11 !hit.· con la ley de la demanda, o relación inversa entre precio y
1 11111 d.td demandada, que es completamente independiente de la
Los autores neoclásicos, críticos con la TLV de Marx, propusieron y 1111l1d.1d; además, no niega el juego de la oferta y la demanda en la
proponen como alternativa, no una sino varias teorías del valor, o al ti~·,, 1n1inación de los equilibrios a corco plazo del mercado, pero sí
menos varios conceptos usados en su intento de construcción de una tpu 111cga ese papel en la determinación del precio "natural" (término
teoría alternativa: la utilidad marginal, la oferta y demanda, y la esca- d• \111ith coincidente con el "precio de producción" de Marx), en
sez. En esce capíruJo, hemos pasado revista y criticado esos conceptos. ~ 1111 11.1 de lo afirmado posteriormente por los neoclásicos, que en este
¡1111110 no hacían sino seguir las enseñanza de Malchus y otros co~-
- - --- 11 tllporáneos de este, opuestos a Ricardo. Marx muestra que el precio
40. Vid. Marshall (1890), p. 197.
,k producción, que a su ve:z. viene determinado por el valor-trabajo
41 · En esta concepa'ó n "e l'as1ca
· " h ay que ·me1u1r
· a orros aucores concemporáneos
ilr l.1 mercancía, es el que regula el juego de la oferta y la demanda
n~ ~srudiados aquí (como Sraffa, Leonrief, ere.); pero debe advenirse que los neo-
cla"cos aceptan esca ceoría solo en un caso particular (particular para ellos), a saber, 1m·go que solo actúa elevando o haciendo descender el precio de
cuando existe un 10/0 factor productivo de valor (que es el caso general para la IlV). ntl l<.ado alrededor del precio de producción- y muestra que es este
l'lll.ÍO de producción (el "coste de producción" de los clásicos) el que
"En _particular, si solo hay un faccor original, sigue siendo cierro que los
precios relacívos de los bienes producidos se decerminan compktamente por dl'tt.·rmina los precios de equilibrio estables, quedando el papel de la
los coeficientes cécnicos, independiencemence de la demanda ( ... ) Samuel- dl·tnanda reducido a su cooperación, junco a la oferta, en la derermi-
so~ (1951) y Georgescu-Roegen (1951) demoscraron que con un faccor 11,tL ,ón de la cantidad demandada (no el precio) de equilibrio. En este
P.rima·no sigue
· · d o cierto
sien · que 1a tecnología determina los precios rela-
t1vos de los bienes producidos, independirotnnmu tÚ las condiciones tÚ /.a
"Pt:<.to, la aportación de un marxista como I. l. Rubín, quien c~i~icó
tÚmanda
, · En cierro
· senn'do, esco es una resurrección sorprendence de la .1 MMshall y denunció la falsa interpretación que algunos neoclas1cos
teor'.a clásica, donde las condiciones de la oftrra tÚterminan por si solai los h.id,m de Ricardo, fue muy importante, desarrollando la tesis de la
pr~c~os. Dado que la producción compeciciva siempre reduce los costes al ",1'imecría" (contra la "simetría" neoclásica incorporada en la metá-
mmuno, se sigue que la técnica escogida realmence para la producción de
lor,l de las tijeras de Marshall), según la cual es solo la oferta la que
cualquier bien es carnbién independiente de las condiciones de la demanda,
aunq~e en general dependerá de las condiciones tecnológicas existences en 1\.gula el precio de equilibrio, quedando reducida la demanda a un
orras industrias" (Arrow y Hahn, 1971, pp. 27-8; énfasis añadido: DG). p.1pd secundario, no al mismo nivel que la oferta.

62 63
De esca nunera, podemos conclu ir qut l.1 ,up~·11mid,t<l <le la TLV 1, 1 R. ( !I.U8). \1it!or_y mpir,tl /111•nfl!,"' 1111m .111hrt'ldgtmos pr111cip1os fimdamen-
frente a la teoría neoclásica del valor es un hcc.ho dilkil de ocultar. l; 1rmM tt1111ó111im, M~xirn: l·undo c.k C:ulcur.1 Económica, 1974, 1976.
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Viner, ]. (1931 ). "Cost curves and supply curves", Zeitschrift far Nationalokonomie, 1111 de un principio único" (ibíd. , p. 997). 1 Schumpecer señala también
m. PP· 23-46.
q11c corresponde a la escuela austriaca, y en particular a Menger, "el
111<'.· riw de haber elaborado la teoría sisremácicameme" (ibid.). Tenga-
Walras, L. (1874). Elementos de Economía pol!tica pura (o Teoría de la riqueza so-
111os presente que, además de Menger, los principales referentes de la
cial), 4• edición, definitiva, versión espaflola de J. Segura, Madrid: Alianza 1987.

I L., idea de que en la década de 1870 se produjo un cambio profundo de enfoque


1, economía burguesa es compartida por muchos autores. Por ejemplo Maurice
1 11 1
l >obb, desde una perspectiva marxista, afirma que por aquellos años se produjo un
''¡ .unbio en la esm1ctura y perspectiva del análisis económico" que despla-LÓ el énfa-
,1, del análisis desde los costos en la producción, hacia la demanda y la utilidad del
, umumo; y que escablcció la prccm inencia del análisis de la conducta individual en
d mcrc:ido (véase Dohh. l 'J')H, p. 187).

66 67
escuela austriaca han sido Eugen von Bohm Bawerk, Friedrich vou I t, d111 , posee algunas particularidades que la diferencian del main~-
Wieser, Ludwig von Mises, Friedrich Hayek y Murray Rothbard. II h1 primer lugar, los austriacos son críticos del método pos1-
En lo que atañe a la teoría del valor, 1a idea central de la escuela lº' 1vl 1 ,. dominante en la síntesis neodásica-keynesiana de posguerra.
que el valor deriva de la relación del individuo con sus necesidade!) ~· 1 1,, 1·,, rccha2an que el método ciencífico en Economía consista en
los bienes. "El valor de los bienes se fundamenta en la relación de le;, l 1111 111Ltr hipótesis acerca de datos empíricos, de manera que puedan
bienes con nuesrras necesidades, no en los bienes mismos", escribt· , e11iH..• tidas a tesceos empíricos y economécricos (o ser pasibles de
~enger (1985, p. 108). Esto es, el valor "es la significación que uno~ I il ll l<111). El método de los austriacos -al menos aquellos que se
bienes concretos o cantidades parciales de bienes adquieren para n()- 11 1,1, 111 en la tradición de Menger, Mises y Rothbard- se basa en lo
sotros, cuando somos conscientes de que dependemos de ellos para 1.1
111 , l llllsideran "la aucoevidente realidad de la acción hwnana" para
satisfacción de nuestras necesidades" (ibid., pp. 102-3). f d 1,,11 "construcciones imaginarias" a fin de deducir -por vía de la
Tradicionalmente, los marxistas consideraron la revolución mar- 1..,. 11 ,1 verbal"- teoremas que expliquen los fenómenos económicos.
gínalista como la última etapa en la degeneración ideológica de la t 11 segundo término, los austriacos sostienen que los modelos
Economía Política. Su objetivo central habría sido combatir la teoría 11111 1 mJ ricos, que son usuales en la Macroeconomía, no pueden ex-
del valor trabajo y construir una teoría meramente apologética del ca- 1,li1..,11 f"c nómenos del mundo real, entr~ ellos_ las crisis cambiarias y
pitalismo. Por caso, Nicolás Bujarin sostuvo que "la escuela austriaca I u 1, 11 ,rncíeras. En tercer lugar, toman distancia con respecto al horno
ha~e del valor la piedra angular de su doctrina: en la medida en que 1 , , 1,wmicus, ese tipo ideal de la economía ortodoxa que está guiado
quiso oponerse a los clásicos y a Marx para edificar su propio siste- p, 11 d único y exclusivo deseo de maximizar el beneficio;_ y rechazan
ma ceóríco, tuvo que ocuparse esencialmente del problema del valor" 1 1 11111 J clo de equilibrio general walrasiano, al que consideran falto
(~974, pp. 92-3). Dobb (1998) participa de esca idea. Sin embargo, d ll':llismo. En lo que concierne a la teoría del valor, se oponen
S1mon Clarke ha presentado sólidos argumentos para modificar esra 11 ( 11 foque marshalliano. Recordemos que en Marsh~U, la cu~a de
interpretación tradicional: los margínaliscas no habrían sido meros 1.¡,, 1,1, en el largo plazo, es horizontal. En consecuencia, cambien en
apologistas del capitalismo, sino que intentaron dar soluciones racio- , l l u 1,1o plazo, el costo de producción determina los precios. Si bien la
nales a los nuevos problemas que se le presentaban al Estado por la 111 v,1 de oferta de Marshall está concebida en términos subjetivos -la
maduración de las contradicciones de la acumulación capitalista y el I 111 ,1ncia remunera la espera del capitalista, el ~~ario la des~tilidad
crecimiento de un movimiento obrero independiente (véase Clarke, ,ti l 11,,bajo- los austriacos sostienen que la relac1on causal va siempre
_1991, _cap. 6). Sin entrar ahora en este debate sobre el senrido y las 1 11 ,dt' los precios a los coseos de producción. Esto si~~ifica que l~s
mcenciones de los primeros marginaliscas, lo importante para lo que l'll'l lOS están determinados exclusivamente por las u~1lidades margi-
nos ocupa es que a partir de la teoría subjetiva del valor se eliminó de 11,dn y las preferencias de los consumidores. De la misma manera, el
raí~ ,cualquier posibilidad siquiera de concebir una teoría de la explo- tl. 1110 y la renta se determinan a partir de las elecciones y evaluacio-
tac10n (algo que no sucedía con la teoría del valor erabajo de Ricardo, ,11 , de los bienes finales por parte de los consumidores.
por ejemplo). Y los austríacos fueron los economistas que con más
consecuencia defendieron la perspectiva subjetivisra. De ahí que la
polémica con los austriacos nos permite a los marxistas ir a la sustan- 1>obb y los requisitos de la teoría del valor
cia de los problemas teóricos involucrados en la teoría del valor.
Anees de entrar en el análisis de la escuela austriaca, precisemos e 1i.1ndo discutimos sobre teorías del valor es importante tener presente
que si bien comparte con la teoría neoclásica la explicación subjetiva lo 1¡uc:, hace ya muchos años, observaba Dobb (1973), a saber, que es

68 69
necesario encontrar un "principio cuantitativo unjficador", que permi 1 1 , 1 .ti ,ostener que el valor está determinado por la utjlidad, ya que
ca ordenar, de manera sistemática, las relaciones entre los elemencos dd 11 1111lid.1d no tiene valor.
sistema. Por ejemplo, en química ese principio se logró con el concepto t 1111,h subraya que canto la teoría del valor-trabajo y la del va-
de peso atómico; en física, con la ley newtoniana de gravitación. En la l p III il,dad cumplen, en principio, con el requisito lógico de partir
economía poütica, dice D obb, el principio es una teoría del valor, que 11 1111,1.1mes que son independientes de las variables que se quieren
aparece en la obra de Aclaro Smi ch y se consolida con la sistematización plit 11 . Sin embargo, existe un segundo requisito que debe cumplir
de David Ricardo. Es que, desde el pumo de vista formal, las relacio- 11,, 1 11 111 ía del valor: debe poder formularse cuantitativamente, en
nes que gobiernan y conectan las variables de un sistema económico ll 11 1, 11,io nes que sean reales. Lo cual exige la reducción a alguna sus-
se establecen con un sistema de ecuaciones, para cuya resolución debe 11 111 1 , l' n co mún. Por ejemplo, si decimos que el valor de X está de-
existir una "constante" que pueda ser conocida con independencia de l 1, 11 111.,do por el deseo y los obstáculos para obtenerla, será necesario
cualquier otra variable del sistema. "Es una cantidad, como si <lijé· 111 ,111lr.tr alguna medida en común para ambos. Si afirmamos que X
ramos, traída desde fuera del sistema de hechos a que se refieren las 11, i unidades de deseo, y 1 unidad de obstáculo, e Yvale 1 unidad
ecuaciones; y en un sentido importante, de ese factor externo es del que ti. d, ·,i:o y 4 unidades de obstáculo, no tendríamos forma de decidir
se hace depender toda la situación" (Dobb, 1973, p. 12). Cuando se 1 \ 1, más o menos valiosa que Y, a menos que establezcamos alguna
habla de "constante", aclara Dobb, no se quiere significar que se traca ,1, w,11ltud común entre "deseo" y "obstáculo". Lo mismo sucede si
de una cantidad invariable, sino que es independiente de las otras va- ti,, 1111rn. que el valor está generado por el trabajo y la naturaleza; o
riables del sistema. Lo cual es necesario a fin de evirar el razonamienro I" ,, d trabajo del obrero y la abstinencia de consumir del capitalista.
en círculo. H ay razonamiento circular si decimos, por ejemplo, que el 1 11 1 ,tos casos, deberíamos encontrar alguna forma de unificar cuanti-
valor de la mercancía X está determinado por el salario y el beneficio f /' 11'11111ente trabajo y naturaleza, o trabajo y la abstinencia.
(el enfoque del "costo de producción"), ya que en este caso estamos
remitiendo el valor de X al valor del trabajo (salario). Pero entonces hay
que preguntarse qué determina el valor del trabajo (salario). Si respon- 1 1problema de reducir los valores de cambio a una igualdad
demos que depende del valor de las mercancías que entran directa o
indirectamente en la canasta salarial, seguimos en el mismo problema; l 11planteado en el apartado anterior nos introduce en el problema
y si X integra los bienes básicos, el razonamiento es claramente circular. il, C'll(:oncrar una unidad de medida en común. La cuestión está en la
Algo similar ocurrirá si nos pregunrarnos por el valor de los medios de l,.,'lt' dd análisis del valor de Marx, o más precisamente, del pasaje de
producción que intervienen en la generación de X En cualquier caso, 111, v.dores de cambio (proporción cuantitativa en que se intercambian
se incurre en la circularidad del razonamiento, ya que los salarios y la 11, ,m:rcancías) al valor (tiempo de trabajo socialmente necesario, ob-
ganancia contenidos en el valor de X están influidos por el valor de X, Jl 11v.1clo) . Es que como valores de cambio, una clase de mercancías es
y el valor de X está determinado por los salarios y la ganancia. Por eso, 1 111 huena como cualquier otra, en tanto esos valores de cambio (o sus
cuando se trata de la teoría del valor, "las constantes determinantes p1 1•t ios, cuando aparece el dinero) sean iguales. Por eso Marx afirma
deben expresar una relación con una cantidad que no sea ella misma qt1t para comparar cuancicativameme "es preciso reducir los valores
valor". Es lo que hizo Marx, cuando sosruvo que el valor es generado il1•, .unbio de las mercancías a algo que les sea común, con respecto a
por el trabajo, pero éste no tiene valor. 2 Lo mismo hace la teoría subje- lt, 111al representen un más o un menos" (1999, p. 46, c. l). Y algunas

2. Por eso también la reorfa del valor de Manesupera la incon~i~wnci.1 lógica que l " " '~,c en Ricardo, quien procuraba explicar el salario por el "valor del trabajo".

70 71
páginas más adelante cica, aprobacoriame nre, la idea de Aristóreb d, 11\ d 11 11 11 unfoimes en creer que la amigua concepción escolás-
que a fin que haya una relación de valor entre dos bienes -5 leclH11 1 1.logi\ ., de la 'equivalencia' de los valores cambiados entre sí
= 1 casa- debe existir una igualdad. Es que si la casa no se equip.1tii 1'11111ll ., la verdad" (1986, p. 442). Y agrega ocro argumento,
cualitativamente al lecho no se puede establecer una relación recíprm" 111 1e, lit d.1 utilizado por los austriacos contra la teoría de Marx:
como magnitudes conmensurables (véase Marx, p. 73, t. 1). 11 11 1d11111icndo que haya que encontrar algo en común entre las
Pues bien, este punco es rechazado de forma tajante por los au~ 111l l l\ , po<lrían mencionarse otros elementos en común , como
triacos. Por ejemplo, Rothbard (2009, cap. 2) coma el caso del intc:r I l lll I l ' II proporción a su demanda", o "la de ser objeto de la
cambio entre el individuo A, que posee el bien X, y el individuo /1, 11 \ l.1 d(:manda", o "la de haber sido apropiadas por el hombre"
que posee el bien Y. Tanto X como Y son bienes escasos, útiles paril I 1' í 17).
fines humanos. La esencia de este intercambio, dice Rothbard, es qur 1111 111l,.11go, la reducción a una unidad común de los valores de
A debe valorar más a Y que X, y B debe valorar más a X que Y. De ese., 111ih,,, 1111a realidad del intercambio. Así, si el precio de las 5.000

manera A y B aumentan sus "ingresos psíquicos". Rothbard supont', 1 (, 'ii 10.000, y las 5000 bayas se intercambian por una vaca, esca
además, que los agentes ordenan los bienes X e Y según las urilidadc~ 111 1111l•nte tendrá un precio de $10.000. Pero entonces 5.000
marginales que evalúan de los mismos. Así, en este caso sencillo, -d " , 1 v.ica se han igualado a una tercera "mercancía': $1 O. 000. De
paréntesis indica que el agenre no tiene el bien-, anees de hacer d 1 1, q11r una vez terminado el intercambio, Crusoe y Jackson han
11
intercambio la escala de valores es: 1 /,, , ,, 11fllor de uso, pero no en valor de cambio. Lo cual demuestra
f'I l,1 u11/itl11d no puede ser vaÚJr.
Orden de preferencia A B 111 t 111,11 Rothbard (2009) , en el apéndice al capículo 4, afirma que
l1 ,,¡ u11 1.1nte distinguir entre el uso subjetivo del término valor, en
1 (Y) (X)
I t 11 ti d11 de valuación y preferencia, y el poder de compra o precio
2 X y 11 1 111,·,cado. Así, si una casa es vendida en 250 onzas de oro, su
11111 1 1pital" (en términos marxistas diríamos precio, expresión de
Este ejemplo de intercambio simple, según Rothbard, basta para II v ,1111) e~ 250 onzas, de naturaleza distinta al valor subjetivo. Pero
eliminai: la noción falaz de que cuando A y B intercambian X e Y 1111 ts lu está admitiendo que a la hora de concurrir al mercado el
existe alguna "igualdad de valor". Si Robinson, poseedor de bayas, 1111 i¡11.1d m y el vendedor no solo tienen en cuenca la utilidad de
intercambia con Jackson, poseedor de vacas, en proporción 5000 ba- 11 t 1§ , . 1/110 también su vaÚJr de cambio, su precio (y por lo canto, su
yas : 1 vaca, se debe a que "para cada uno de ellos hay una desigu.al- 1111 1, ion subjetiva ya está condicionada por el precio; véase más
dad de valores entre la vaca y las bayas" (ibid., p. 103). Lo mismo 1111¡11 ) 'iin embargo, cuancitacivameme no hay forma de comparar
afirma Menger: "Si los bienes intercambiados han pasado a ser equi - 11111 ,k· cambio y valor de uso. Sin embargo, dado que Rothbard
valences .. . no se ve por qué ambos negociadores no habrían estado
111 11 1 pone la valoración subjetiva con el valor de cambio, termina
dispuestos a deshacer inmediatamente el cambio" (1985, p. 171). Y 11¡, 111.111<!0 que ambos se pueden comparar. Así, sostiene que "una
luego: "no existen equivalentes en el sentido objetivo de la palabra,, 1111111,d dt: un bien, o un bien, puede tener para su poseedor ya sea
(p. 172). A su vez Mises también critica la idea de Aristóteles de que d nt dl· uso directo o valor de cambio, o una mezcla de ambos, y la
"no puede haber cambio sin igualdad, ni igualdad sin conmensurabi - t¡111 r\ l.1 mayor es la determinante de su acción" (2009, pp. 89-90).
lidad" (1986, p. 65). En la misma perspectiva teórica, Bohm Bawerk l't 111 , (l.é>mo se puede comparar cuantitativamente la utilidad mar-
precisa que "[l]os economistas modernos [los partidarios de la teoría f'"' ti que liene X para Crusoe, con su valor de cambio, para decidir

72 73
cuál es mayor? No hay forma de hacerlo, ni RoLhbard (ni cualquier ll 111 1 q11c d valor de la merca ncía es objerívo, y la reducción de los
otro autor neoclásico) nos dice cómo puede ocurrir. 11,11,•Jl .1 , 11scancia común", por un lado; y la afirmación de que el
11111 o ,11hjc;civo, y el rechazo a la idea de que los valores de cambio
l¡ 11 il 111 ., una sustancia común, por el otro. Esto se debe a que solo
Relación social y carácter objetivo del valor l ti 1\ 1 ~ dc- c.:sa reducción el trabajo privado invertido en la producción
1hj, ri /ltl romo valor (o sea, como trabajo social) de la mercancía. Por
En oposición a la teoría del valor de Marx, los economistas austriacos l 11q1l11. ,¡ A produjo X pero por alguna razón no lo logra vender,
niegan que el mismo tenga un carácter objetivo. Por ejemplo, Menger l l 111111, tlllC X"no vale" , esto es, el trabajo empleado por A no se ob-
escribe: "Lo único objetivo son las cosas o, respectivamente las canti- I th11 u1 v.tlor. Por eso Marx dice que como "valor (valor de cambio),
dades de cosas, y su valor es algo esencialmente distinto de ellas, ... " l 1 111c11.11tcía lo es solamente en el cambio (real o imaginario); valor
(1985, p. 109); también Mises: "El valor no es de condición objetiva; l 1 11 Hcrcambiabilidad específica de la mercancía" (1989 , p. 65,
no se halla ínsito en las cosas" (1986, p. 158). Más adelante: "El valor 1 1 ), F11 otros términos, dado que el valor es una propiedad social y
no se expresa mediante peso ni medida, sino que se formula a través 11hlt 11, ,l de; la mercancía, se expresa a través de una relación entre cosas
de un orden de preferencias y secuencias" (ibid., pp. 160-1). YHarper. (\1 1\1 MJrx, 1999, p. 63, t. 1).
un importante autor de la corriente, critica "a la escuela inglesá' por- I n, l'Conomiscas austriacos, en cambio, al negar que el valor sea
que pensó en el valor "como en una propiedad física o química, inde- 11111 p1opi edad social, no otorgan ninguna significación especial
pendiente de la relación humana". Agrega que "si arrojamos un lápiz 11 1111 li o e.l e que las mercancías, en el intercambio, se reduzcan a
rojo al bosque y nos desprendemos de él, sigue siendo un lápiz rojo". 11 ~1.11 1tia co mún", el dinero. Es que si admitiesen que en el in-
Naturalmente, los austriacos tendrían razón si el valor fuera w,a I ti 11111hio existe esa reducción, no podrían afirmar que el valor es
propiedad física de las mercancías. Sin embargo, no es una propie- 1il1¡1 11 vo. Aunque por otra parte, deben reconocer que su valor
dad física, sino social. Por eso Marx enfatiza, una y otra vez, que es 11hj1 11vo coexiste con un valor objetivo {las 250 onzas de oro que
necesario distinguir entre "la objetividad sensorialmence grosera del \' d, l., lasa del ejemplo de Rothbard). Pero esa "coexistencia" de va-
cuerpo de la mercancía" de "su objetividad en cuanto valores" (Marx, 11111, 110 es explicitada teóricamente. La consecuencia será enconces
1999, p. 58, c. 1). Es que nunca encontraremos en las mercancía11 (111 \l' l l' l11 0S enseguida) la imposibilidad de conectar lógicamente
algo tangible, físicamente distinguible, a lo que podamos llamar "va - 111 d1d.1d y valor de cambio (o valor).
lor". ¿Qué tipo de propiedad objetiva es esta entonces? La respuesta
es que se trata de una propiedad que deriva de las relaciones sociales.
Por ejemplo, que el trigo sea mercancía no es una propiedad física dd 111, Imprescindibles ordenaciones no existen en la realidad
trigo, sino una que deriva de la relación social en que se encuencra
el trigo (propietario del trigo que lo lleva al mercado, etcétera). Lo l 11\ t'1o nomiscas austriacos admiten que las utilidades marginales "no
mismo ocurre con el valor: hay valor cuando existe una determinada N1111 1 omparables, dado que no pueden ser medidas", y por lo tanto, las
relación entre los productores, o propietarios, de las mercancías. No , tl.1, de valor de los diferentes participantes "no pueden ser reducidas
tiene sentido hablar de valor por fuera de esa relación. 1 1111.1 medida o escala" (Rothbard, 2009, p. 87). Mises afirma: "Vano
Pero a su vez, el hecho de que el valor sea una propiedad social, y l I pr r tcnder calcular tratándose de valores. El cálculo solo es posible
at mismo tiempo objetiva, hace necesaria ta reducción de los valores a una 1111 di .11HC el manejo de números cardinales. La diferencia entre dos
"sustancia común': En otros términos, existe una conexión lóg.ica entr,· &1 111,ll io nes determinadas es puramente psíquica y personal" (1986, p.

74 75
161). Dada la carencia de una métrica común, recurren a las ord<.: 1
1¡11, de· L,tmid ades. Pero las dificuliades cnconces son irremoncables.
naciones de "utilidades marginales", o de "ingresos psíquicos" (Roth- p11 ,1 w do de fo rma "práctica": una familia realiza su compra sema-
bard), o placer, para derivar los precios, o relaciones de intercambio. ll 1 1·n el supermercado adquiriendo 80 productos, el~gidos em~e,
1
En consecuencia es vital el aserto de que los seres humanos siem- tlll' 11110s, 10.000 bi.enes distintos. El economista ausmaco nos ~1~e
pre ordenamos según algún criterio. Escribe Mises: "Suele decirse ,
1111
l ,,1 familia eligió esa canasta porque la rnism~, en su ordenacton
que el hombre, cuando actúa, se representa mentalmente una esca/¡1 ti 11 1,, la restricción presupuestaria-, estaba en primer lugar. ¿Pero de
de necesidades o valoraciones, con arreglo a la cual ordena su proceder. ¡1, ,1tdl' saca el economista que la familia ordenó las miles de distinras
Teniendo en cuenta esa escala valorativa, el individuo atiende a sus l "';" que se pueden armar entre 10.000 productos, dada la res-
11 1
apetencias de más valor, es decir, procura cubrir las necesidades más 111, t u'i11 presupuestaria? No tiene la menor prueba de que esa orde-

urgentes y deja insatisfechas las de menor utilidad, es decir, las menos 1111 ¡¡'in se haya realizado, lo cual no le impide afirmar que el hecho. ~e

urgentes. Nada cabe objetar a tal presentación de las cosas" (1986, l l' II 1,1 fam ilia haya elegido esa canasta demuestra que la ordenac1on

p. 156, énfasis agregado). Enfaticemos que, según esce enfoque, los " h.t rl!alizado. Con el agregado de que, en el ejemplo anterior, no
seres humanos ordenamos todas las cosas según un criterio que, en . 11 ,1rn de determinar el precio de la canasta, sino los precios de las
esencia, siempre gira en corno al placer. "Al evaluar estados de satis- ,O mercancías, que deberían deducirse a partir de las infinitas orde-
facción muy distintos entre sí y apreciar los medios convenientes para 11 mnes posibles de esas mercancías, consideradas individualmente.
11
lograrlos, el hombre ordena en una [sic, enfatizado en el original]
escala rodas las cosas, contemplándolas solo en orden a su idoneidad
para incrementar la satisfacción propiá' (Mises, 1986, p. 193). Ade- 11
(
. . . .
.onstrucc1ones unagrnanas
''
más, tal escala de valores "toma corporeidad solo cuando la acción
humana se produce. Porque dichas valoraciones carecen de existen- \ pesar de las dificultades, el teórico austriaco ha bli~dado su teoría
cia autónoma: las estructuramos solo una vez conocida la efectiva ,
0111
ra cualquier cargo de irrealismo. Sobre esta cuesnón, la refe~en-
conducta del individuo" (ibid., p. 156). También Rothbard afirma 1 , ,anónica es el método de la praxeología, o ciencia que estudia la
11
que "deducimos la existencia de una escala de valor específica sobre H l ión humana, explicitado por Mises en La acción humana. Según

la base del acto real [de compra o venta]; no tenemos conocimiento ~t ,,cs,
las proposiciones de la prax.eología no derivan del conocimien-
de la parre de la escala de valor que no es revelada en la acción real" 111 experimental, ya que, como las de la lógica y la matemática, so_n de
(2009, p. 260). ,,,,/"le apriorística. Esto significa que su "correspondience veractda~
De manera que Mises y Rorhbard postulan la existencia de es- II
l.tlsedad no puede ser contrastada mediante el recurso a aconcec1-
calas valorativas -todas ordenadas según un único criterio- aunque 111 icnros O experiencias" (1986, p. 64). Por lo canto, los teoremas que
no presentan evidencia de que tales escalas existan. Y la realidad es que ¡111mula "el recto razonamiento praxeológico" no solo son "absoluta-
tales ordenaciones valorativas son imposibles, salvo en algunos casos i,1<:nte ciertos e irrefutables, sino también reHejan la íntima realidad
triviales. Por ejemplo, en la típica historia de la clase de introducción tic: la acción con el rigor de su apodíctica certeza e irrefutabilídad, tal
a la Microeconomía cuando al alumno se le dice "usted tiene mucha lomo ésta, efectivamente, se produce en el mundo y en la historia"
hambre, y le dan a elegir entre un sándwich y un vaso de gaseosa, ·a (i/,id., p. 75; énfasis agregado).
qué bien da mayor utilidad? ¿Y a cuál da mayor utilidad luego d~l De manera que si al economista austriaco le decimos que no hay
bocado 20, cuando tiene sed?". Desde aquí luego se pasa a las even- l videncia de que los consumidores ordenan sus preferencias como

tuales ordenaciones de miles de productos, que se ofrecen en todo t·I dice que lo hacen, nos responderá que su afirmación no puede

76 77
ser refutada por observación algw1a, ya que deriva del análisis "de l.1 11 tli1111 (} Lll1,bién, A cval{w X <,cgt'in un criterio de solidaridad,
esencia misma de la acción humana" (ibid., p. 110). Esto es, por t·I 111 lV d11.1 Y según un criterio de utilidad personal, etcétera. De
análisis introspectivo, que da pie para cualquier construcción especu IIH 1 , q1H.' t.'I placer no abarca todo lo que perseguimos como digno

lativa.3 Por eso también Mises afuma que "el sistema de investigacié111 I L, 11111, ni todas las cosas son ordenables según un único criterio
rípico de la Economía es aquel que se basa en construcciones imagi1111 , 1 1 Ji1,.,h:1um, 2005, pp. 117 y ss.).

rias" (ibid., p. 367; énfasis añadido) . "Construcciones imaginarias";.,


esto lo llaman "método científico". Por supuesto, desde esca cumbre
ciencífica, es natural acusar a los marxistas de "actuar como devot0~ 11 posibilidad de derivar los precios de las utilidades
1

religiosos y no como científicos honestos" (Rochbard, 1995, p. 449). m II t1,lu., lcs

1 1111,
1
,hora cómo los economistas austriacos derivan los precios de
11111gi11a<las ordenaciones individuales. Tomamos el ejemplo con
Interludio: la crítica aristotélica a la métrica hedonista
1
11111
lto1hba rd lo explica: Johnson tiene caballos y Smith cestas de
En este punto es interesante ampliar el debate sobre las elecciones con 1 1 ,dn Sc:gún su escala de valoración, Johnson no está dispuesto
la crítica -en continuidad con los escritos de Aristóteles sobre ética- i 111 1\i,.11 un caballo por menos de 81 cestas de pescado; y Smith

de Marcha Nussbaum a la idea de que siempre es posible ordenar la~ 11 1 l 11 1 dispuesto a entregar más de 100 cestas de pescado por un

preferencias según el criterio hedonista. 1


h 11111 1)e manera que el precio del caballo, expresado en cestas de
Como dice Nussbaum, se traca de un claro abuso de la categoría I l ,dn. se ubicará en algún punto entre 81 y 100 cestas. Puede verse
de "preferencia", la cual parece cubrir todos los fundamentos psico- 111 1111 , t•, que el precio está indeterminado. ¿Cómo resuelve el asun-

lógicos afectivos, cognitivos y de impulsos. Es que desde Platón y 1,, tl11d1h.1rd? Pues recurriendo a "las habilidades de regaceo" de los
11111 h lp,111Les, a parcir de las cuales se establecerá el precio final (véase
Aristóteles en adelante la filosofía occidental ha coincidido en que la
11111), p. 109). También Menger, luego de presentar un ejemplo nu-
explicación de la acción humana requiere, por lo menos, de nociones
como creencia, deseo, percepción, apetito y emoción. Otros agre- 111 1 tl 11 11 im ilar al de Rochbard, escribe: "Surge así el fenómeno de

garon impulso; Spinoza introdujo el conatus, etcétera. Por ejemplo, l 1 1 Id I cotidiana que llamamos regaceo de precio. Cada uno de los
111 t1,1ntes se esfuerza por obtener la mayor porción posible [en el
es distinto el comportamiento y la elección que realiza alguien por 111
11 11 , " 1mbio] ... y por conceder al otro la menor parce posible de las
compasión del que lo hace por su propio interés; o del que actúa por
impulsos que no domina (véase Nussbaum, 1997). Así, A evalúa a 1 11 , 1m.i.1s" (1985, p. 173). Por eso el precio depende "de la personali-
X según un criterio de solidaridad; B según su utilidad personal; C tl 111 ' de: cada uno de los intervinientes (ibid., p. 174). Pero en esto ha
según su estado de ánimo; D según su imaginación de un mundo ti,\ ,¡,.111:cido cualquier teoría de los precios (y por lo tanto, del valor).
1 1 pi opio Rochbard admite que "no hay teoría del regateo" (ibid., p.
\11 \: énfasis agregado), ya que lo que cuenca en este escenario es el

3. El análisis introspectivo del economista se basa en comrafácticos, esco es, razo- 1111dl I de negociación" (p. 364).
namientos del tipo ¿cuánta utilidad marginal agregan 100 gramos de jamón con l',·1 0 si la determinación de la razón de intercambio no se puede
respecto a 200 gramos de queso, en mi escala valorativa? Cualquier resultado "apo-
dícticamente fundado" en esca "lógica verbal" es entonces posible. Puede verse
1 ,11lvcr en el caso de dos propietarios de mercancías que incercam-
l,1 111 , ¿l¡llé decir del mundo real, donde hay miles de mercancías, y de
asimismo que las curvas de demanda, obrenidas por esca vía, son producto también
de la especulación introspectiva. , , 111blorcs y com pradores? En aras de la argumentación, admitamos

79
78
por un momenco que son posibles las ordenaciones, según una únic.1 t 1r1111i1111ció11 iuterna, fa medie/a (véasl'. 1k gel, 1968, tercera sección,
métrica, de las utilidades marginales. Supongamos que A valora d 111,11 , 1). En otros términos, pasamos de los cuancos empíricos (los
bien X en el puesto 1775 de su escala, pero en el puesto 3001 a Y, en I" 1, im tal como se registran) a "una forma general de deterrninacio-
tanto B valora X en el puesto 32, y a Y en el puesto 5559. ¿Qué St.' 11 l 11.111ti tacivas, de manera que ellos se convierten en momentos
puede deducir de estas ordenaciones sobre la proporción en que A y tlr 1111.1 lt'J o de una medida" (Doz, 1970, p. 45). Esco significa que
B intercambian X e Y? La respuesta es que nada, salvo la trivialidad 1, 11 1t die.la debe encenderse como proporción; X e Y se intercambian
de que cada participante en el mercado intentará obtener el mayor 11 l" 1l ,l proporción, y si hay proporción hay ley interna. Por eso

precio posible para el producto que ofrece en venta. /\ l II x, en seguida de definir, en el primer capítulo de El Capital, qué
En consecuencia, los precios pasan a ser relaciones sin sustancia. 1 ~ , ,l m <le cambio, dice que el mismo "parece ser algo contingente y
Los economistas austriacos hablan de valor, pero este se reduce a ¡ 111 1 1111ente relativo" (1999, p. 45, t. 1). O sea, sin sustancia (de ahí el

una mera relación de precios carente de contenido. En palabras de 1•111 ,11nenre"). Sin embargo, a poco que se examina el asunto encon-
H arper: "no necesitamos saber precisamente qué son esas dos can- 11 111 1<>1> que hay proporción, o medida; y si hay medida, esta debe ser
tidades que se están comparando". El ama de casa compra pan a I 'd 1l'1nada por alguna ley. Por eso también, en crítica a Bailey, quien
$29 centavos de dólar porque considera que ese pan es preferible a d, , 1.1 que los precios eran meramente relativos, Marx señala que los
$29 centavos de dólar, y esto es lo único que considera; no necesita d 111 es de cambio son expresiones relativas, pero no sólo porque las

precisar cuánto lo prefiere. Por eso, aunque los austriacos sostengan 11 11 1l .rncías se intercambian en cierra relación, sino por su relación

que es imposible igualar las utilidades marginales ponderadas por los t 11 11 1os tiempos de trabajo social "que es su substancia" (Marx, 197 5,
precios; y aunque no construyan curvas de indiferencia, sus ordena- I' 1 16, t. 2). Sin esa "substancia", no hay principio regulador, ni ley.
ciones de preferencias y regateos nos dejan tan vacíos de explicación l .o anterior también se puede encender si tenemos en cuenca que la
como la Microeconomía de los manuales corriences. 1mdida es siempre unid.ad de la cantidad y la cualidad (Hegel, 1968, p.
'H'>). Esto significa que para que haya medida debe haber alguna cua-
/J.l,11! r¡ue sea susceptible de convergencia cuantitativa. En otros términos,
Medida y ley económica 1111 IKisca que haya alguna una cualidad en común. No basta con decir,
1•111 l'jcmplo, todas las mercancías son úciJes (para retomar el argumen-
La imposibilidad de una teoría del precio en el mundo de los austria- 1, , de Bohm Bawerksobre "la sustancia común"). El aspecto cuantitativo
cos se vincula, lógicamente, con la ausencia de una métrica común en , , d,11Je, porque debe existir alguna forma de cuantificar para que haya
las valoraciones. Es que si no hay posibilidad de una métrica de las 111n lida. Por el contrario, si no hay medida, no podemos establecer
valoraciones subjetivas, es imposible establecer alguna ley, basada en 11 ) .1lguna que gobierne las razones del intercambio. Pero en ese caso
esas valoraciones, para los precios. Y por lo tanto desaparece también I Ir ,.1parecen los "centros de gravedad" o "a tractores" (los "precios na-

la posibilidad de establecer algún tipo de regularidad en los imercam- 111 r.ilcs", los "precios de producción) en torno a los cuales giran los

bios. Estamos en el terreno de lo indeterminado, donde prevalecen el ptl·dos de mercado. Estos centros en la teoría de Marx son los precios
capricho y lo aleatorio. ,lt producción -costos de producción más una tasa media de ganancia,
Sin embargo, en la realidad del mercado capitalista, los precios determinados por la ley del valor trabajo-, que permiten encontrar una
relativos mantienen cierta constancia. Y cuando encontramos perma- ,,y,11/m'idad sistémica -o regularidad ''de grandes números". Volvemos a
nencia en las razones en que se intercambian las mercancías, pasamos lo t¡uc Oobb (1973) llamaba el "principio cuantitativo unificador" que
a la esfera de lo determinado. Es que con esas razones emerge una p1·1mile determinar las relaciones entre los elementos del sistema.

80 81
Por eso, en el mercado capitalista existen regularidades estadísticas. Hl11.1I igual que cualquier otra mercancía" (2009, p. 263). Así, un
Esto es, si los intercambios son repetidos por muchos compradores 111divi<luo asigna cada unidad de dinero a su uso más importante
y vendedores, aparecen los "centros de gravitación", que se imponen 1'111ncro, y luego al siguiente uso más importante, etcétera (ibid. , p.
a los productores "como si fuera una ley natural reguladora" (Marx, 1(1 J). En este marco, la conservación de saldos monetarios solo se

1999, p. 92, t. 1). Aquí con "natural" Marx quiere significar una ley ll"tilica por la incertidumbre (ibid. , p. 265).
económica objetiva, que los productores no dominan, y que se im- Pues bien, ¿cómo se explica, con el enfoque de Rothbard, el fenó-
pone por la libre competencia.4 En el enfoque austriaco, en cambio, 111c1H> del atesorador, aquel que vende y traca de no comprar? Es que el
desaparece cualquier regularidad. Significativamente, escribe Mises: 11liw1ivo del que atesora es el acrecentamiento del valor, no el valor de
" . . . no existen relaciones constantes en las llamadas dimensiones eco- //111, Pero por eso su afán "es ilimitado por naturaleza" (Marx, 1999, p.

nómicas. Todas y cada una de las continuas mutaciones provocan una t II l, t. 1), ya que no encuentra satisfacción en el consumo de bienes
nueva reestructuración del conjunto" (1986, p. 191). Y antes: "En ilt uso, sino en la acumulación de valor, de dinero. 6 En consecuencia,
el mundo económico no hay relaciones constantes, por lo cual roda 11p1í no hay forma de hablar de utilidad marginal decreciente. La crí-
medición es imposible" (ibid., p. 98). Por esta razón, la Economía "no 111 .1 a la teoría austriaca también puede plantearse en los siguientes

es una disciplina cuantitativa", no hace mediciones porque no maneja 1{1111inos: a) para el que atesora la utilidad del dinero es encarnar valor,
constantes (ibid., p. 98). li) de manera que el dinero tiene utilidad porque tiene valor; c) sin
e111hargo, según los austriacos, las mercancías tienen valor porque tie-
111 11 utilidad. Los puntos (b) y (c) son lógicamente contradictorios. La
¿Utilidad marginal del dinero? 1 11611 de fondo es que no hay manera de explicar el dinero, en tanto

11 11ómeno social ab initi.o, a partir de la teoría subjetivista.


La falta de distinción de los economistas austriacos entre valor de uso
y valor de cambio, o valor, tiene consecuencias en lo que respecta al
enfoque sobre el dinero. Para entender por qué, recordemos que, se- El irresoluble problema de la imputaci6n
gún Marx, el oro -en tamo es dinero- encarna, en su corporeidad de
oro, valor. Por eso es una mercancía especial: no es simple signo, pero I k m.os mencionado más arriba que, según los economistas austriacos
tampoco es una mercancía más, como pensaba Ricardo. 5 1 1 valor de los medios de producción deriva del valor de los bienes

Veamos ahora qué ocurre con el enfoque subjetivista. Es claro que «ll c.onsumo. Dice Mises: "El acto valoracivo original y fundamental
para conservar la unidad teórica, los economistas austriacos deben 11 ,111c exclusivamente a los bienes de consumo; todas las demás cosas

explicar el valor del dinero a parcir de su utilidad marginal. Por eso ,1111 valoradas según contribuyan a la producción de estos" (1986, p.
Rochbard afirma que el dinero "obedece a la ley de la utilidad mar- l ',6). Por lo tanto, los ingresos correspondientes al capital, la tierra y
11 t rnbajo (estos dos últimos son considerados los factores primarios
ill· producción), derivan, según este enfoque, del valor de los medios
4. En cambio, si se trata del precio de monopolio "nos referimos en general a un d1 consumo. Así, si un trabajador recibe $20 por hora de trabajo, ello
precio únicamente determinado por la apetencia de compra y capacidad de pago
de los compradores, independiencemenre del precio determinado por el precio ge-
neral de producción así como por el valor de los productos" (Marx, 1999, p. 986,
t. 3). Esto es, no hay ley económica que rija este precio. t, 1, l ra1.o namienco se extiende fácil mente a la acumulación de capital, esto es, al pro-
S. En lo que sigue el rawnamienco se basa en el dinero-mercancía; puede ser fácil- 11·,o d1: incrementar sin cesar ln valo rizació n del dinero; véase la crítica de Marx a la
mente extendido al caso del billece, signo de valo r del o ro. 1\pli,.l< ión de la ga na nd;1 pur l:1 ;tlN inencin del capicalisca (1999, pp. 736 y ss., c. 1).

83
no se debería a que ese es el valor de la canasta <le biclll''> nccc~aria para ,,11m de una porción ele ,11 dl'tLO. 1'11 ese caso, si suponemos que se
mantenerlo, sino a que es el valor que se ha i11Jpuca<lo al u·abajo del .11 .11t·lvc la combinación y preguntamos cuál es el residuo que queda,
obrero como parce del valor del producto final. 1111 podemos descubrir el valor de uno de los bienes complementarios
Se plantea entonces de qué manera se atribuyen las participacio- (\1,1\L' Wiescr, 1893, p. 84).
nes en ese precio final a los diferentes insumos que participan en la Por lo cual Wieser intentó ocra solución: supuso un sistema con
producción. Como afirma Wieser, "debemos ser capaces de medir 11 c!. ' factores de producción", X. Y, Z, que producen eres bienes fina-
los servicios de cada pieza de tierra, de cada cantidad individual de ll s l'nsuejemplonumérico:X+ Y= 100;2X+3Z=290;4Y+ SZ=
capital, de cada trabajador individual" (1893, p. 72). 7 1 10 Resolviendo el sistema de ecuaciones resulta X= 40; Y= 60; Z =
1

En principio se puede decir que la tesis de la imputación exige ?O(ibid., p. 88). Pero el propio Wieser reconoce que si son muchos
supuesros verdaderamente "heroicos". Por ejemplo, ¿cómo se deriva 111\ bienes de producción" -muchas variedades de trabajo y de tierra,
el valor de la maquinaria que se usó para producir alúmina, de la cual •dl· "bienes de capital"-, "ya no hay el número de ecuaciones necesa-
se obtuvo el aluminio, que se emplea hoy para construir la ventana 11.1\ p.1ra una solución" (ibid., p. 94). Pensemos, por ejemplo, en los
de una casa, a partir del valor de uso de esca ventana? Ya con formular 111ib de componentes, que son específicos y entran en la producción
el problema se puede advertir la magnitud de la "construcción ima- 1h• un avión comercial; y los miles de insumos distintos que parti-
ginaria" involucrada. l i¡,.111 en la producción de esos miles de componentes; a lo que hay
Sin embargo, el problema más grave se presenta cuando se consi- t¡lll' sumar los diferentes cipos de trabajo. ¿Cómo es posible imputar
dera la complementariedad de elementos en la producción. Por ejem- I Lt<la una de escas parces un valor derivado del valor final del avión?

plo, para producir el bien final F se necesita la combinación de los fambién en Rochbard (2009) el problema de la impucación pcr-
"bienes complementarios" X e Y. La pregunta es ¿cuánto del valor de 111.rncce sin solución. Por empezar, cuando los factores de producción
F (determinado por su utilidad marginal) corresponde a X e Y? Men- 1111 específicos, reconoce que no hay principio o ley que permita
ger trató de responder el problema utilizando el mismo razonamien- c,1,1blecer los precios de esos "servicios" (los bienes de capital siempre
ro que el aplicado a determinar el valor de los bienes de consumo: , rl·<lucen a los "factores originales", tierra y trabajo). En ese caso,
si cenemos un srock de bienes de consumo, para averiguar qué valor iln i<le el regaceo, o poder de negociación (véase 2009, cap. 5). Pero
tiene uno de sus componentes para su consumidor, se supone que I lm factores no son específicos, y si las proporciones son lijas, cam-

ese elemento se ha perdido. Esce procedimiento Menger lo aplica a la porn se pueden determinar los precios; estos dependen, de nuevo, de
valoración de los "bienes complementarios". Así, si para producir F l I negociación o regateo. Y si las proporciones no son fijas, Rothbard
se necesita la combinación de X e Y, Menger analiza la consecuencia p1otcde de manera similar a Menger. En su ejemplo numérico, asu-
de perder X o Y, o alguna porción de X e Y, de manera que la caída en 111c.· que para producir oro por valor de $100 se combinan 4X + IOY
el ingreso total por la venta de F nos dé el rendimiento de X o Y; o de , >/. Luego supone que la combinación de 4X + lOY + 2Z produce
una porción de X o Y(véase Menger, l985. pp. 146-7). Pero, como 1110 por un valor $80. La pérdida de una unidad X, permaneciendo

objeta Wieser, este procedimiento falla si aJ quitar uno de los "bienes 111, ocros factores constantes, resulta en una pérdida del ingreso bruco
complememarios" utilizados en la producción, también se priva a los ,ll· $20 en oro. Este es enconces el valor marginal del producto de la
1111idad X con este uso (ibid., p. 459). Pero este razonamiento desco-
11uc.c la objeción de Wieser, a saber, que exige suponer que el retiro
7. Precisemos que no se traca de determinar la participación física de los insumos y
"factores", un propósito que los austriacos consideran imposible (y efectivamente, clt· una unidad de X no afecta el rendimiento de Y o Z; lo cual, en la
es imposible), sino su participación "en valor". p1 .1uica, parecería muy poco frecuente.

84 85
El individualismo metodológico y la pri oridad de lo social 1111 111tlt1cneiadas por los precios de los productos que se les ofrecen
11,1d.1 mercancía llega al mercado con un precio al menos tentativo,
El enfoque metodológico que subyace a los pla_nteos de los economis- q111 prc.:cede a la elección del consumidor).
tas austriacos es el individualismo metodológico, esco es, la idea de Algo similar ocurre con las variables del ingreso. Por caso, la teoría
que codos los fenómenos sociales se explican a panir de los comporta- 1d1jl'tiva del valor sostiene que la preferencia por los bienes presentes,
8
mientos individuales. Por ejemplo Hayek escribe: "No hay otro cami- t11 it·lación a los bienes futuros, determina la tasa de interés. Sin em-
no hacia una comprensión de los fenómenos, sino a través de nuestra h,11~0, esa preferencia, como señala Dobb (1973), está inAuenciada
comprensión de las acciones individuales dirigidas hacia otras personas 11111 la distribución del ingreso, ya que no es igual la preferencia por

guiadas por su comportamiento esperado" (cita.do por Lukes, 1973, p. , I presente del que tiene un ingreso de 500 dólares por mes, del que
190). También Mises: "La praxeología en principio se interesa por la 1k1H: uno de 10.000 dólares por mes. Pero esto implica que la dis-
actuación del hombre individualizado" (1986, p. 78). En otro pasaje: 11 ilrnción del ingreso es lógicamente anterior a la determinación del
"el único camino que conduce al conocimiento de los entes colectivos Interés. Algo similar ocurre cuando se dice que el salario se determina
parre del análisis de la actuación del individuo'' (ibid., p. 79). , p.mir de las preferencias de los individuos entre la utilidad marginal
Pero para explicar lo social en términos de deseos, percepciones dt·l ingreso y el "cosco de oportunidad" implicado en la renuncia del
y comportamientos de los individuos se debería postular que esos g, >Le. La realidad es que la elección enu·e trabajar corno asalariado y
deseos, percepciones y comportamienros son presociaJes, ya que de lo 11n hacerlo será muy distinta si el individuo es propietario, o no, de

comrario lo social no se podría derivar de lo individual. Sin embargo, t krras, o de otros medios de producción. Pero esto implica que el sa-

lo individual por fuera de lo social, sencillamente no ex.iste. Salvo al- l.11'io no puede determinarse con independencia de la situación distri-
gunos comporcamiencos instintivos del recién nacido -por ejemplo, ln1tiva en que se encuentra el individuo (véase Dobb, 1973, p. 113).
el reflejo de succión-, codo el resto de nuestros comportamientos son Todo apunta a lo mismo: no se puede explicar el valor (ni ocras
adquiridos socialmente (véase Lukes, 1973). El mismo Mises debe v.1riables, como el salario, el interés, etcétera) por fuera y al margen
admitir que "[e] l hombre, en cuanto ser que piensa y actúa, emerge dt· la relación social. En este respecto, es significativo que Wieser
ya como ser social de su existencia prehumana'' (ibid., p. 80). Tam- n:conociera, de alguna manera, esta cuestión, al introducir la noción
bién afirma que el ser humano al nacer "surge en determinada cir- de "valor natural". Este sería el valor de los bienes escasos en una so-
cunstancia ambiencal" (ibid., p. 84) y que "el hombre no es 'libre' ...
consrrífiele el ambiente y todos aquellos influjos que tanto él como H. La casa de incerés, según este enfoque, es la relación de intercambio entre dos
sus antepasados experimenraron" (ibid.,). Y un poco más adelante, I ipos de bienes, los presentes y los futuros. El hecho de que la casa de interés sea
escribe que el ser humano no vive "en abstracta", es siempre "hijo positiva se explica por la preferencia por el consumo presente sobre el futuro. Por
de una familia, de una raza, de un pueblo, de una época; miembro t'jemplo Rothbard: "Toda persona prefiere e intentará lograr la satisfacción de un
fin dado en el presente a la satisfacción de tal fin el en fururo. Esta es la ley de la
de una cierra profesión . .. " (ibid., p. 85). Pero si esto es así, y sin preferencia temporal" (2009, 320). Señalemos que Joan Robinson, en un conocido
dc:::sconocer el rol del individuo, Lo social debería tener prioridad expli- .11rículo, demuestra que es imposible explicar la rasa de interés positiva por esta vía:
cativa. Por ejemplo, si lo social influye en nuestras elecciones y nues- "'iupongamos que algunos cazadores deseasen consumir más piezas de las cobradas,
tras apreciaciones de la utilidad, no es posible explicar un fenómeno y que ocros deseasen reservar su poder de compra para el futuro ... El tipo de interés
diferencia entre la restitución y el préstamo originario- se establecería al nivel que
social, como es el valor, a partir de lo individual, de lo subjetivo, ya N¡uiparase la oferta y la demanda de los préstamos. ( ... ) no existen indicios a priori
que este presupone lo social. Por ejemplo, es irnposible no reconocer l'll favor de un tipo de interés positivo. Por consiguiente, no puede explicarse el

que las apreciaciones y elecciones subjetivas de los consumidores es- tipo de interés calificándolo de "coste de espera" (Robinson, 1988, p. 88).

8(, 87
ciedad comunista, que Wieser visualiza "complctarncnce orgánica y , 1111 l.1 producción. Lo cual M.~ vincula co n el enfoque de los econo-
altamente racional" (p. 60; esca afirmación le ha valido no pocas con- 1111,1.1s clásicos, y de Marx, que co ncebían al proceso económico en

denas dentro de la escuela austriaca). Sería un valor determinado por 1111111"1 circular. Esto significa que los productores de mercancías (o

la oferta y la demanda social, o por la comparación entre la cantidad lm 1..1piraliscas) no sólo se preocupan por la producción inmediata
de bienes y la utilidad social (ibid.). En ese escenario los bienes serían p ,11.1 c.:l mercado, sino por Las condiciones para su reproducción_» de ser

estimados solo de acuerdo a su utilidad marginal. Sin embargo, sigue ¡•111ih/e, en escala creciente. De ahí que Marx llame "precio de prod.uc-
Wieser, en la sociedad capitalista el valor nacural es solo "un elemento I lnn" al precio que incluye, además de los costos, la ganancia medial:

en la formación del valor de cambio". Es que en el valor de cambio, I l ' hemos dad.o el nombre de precio de producción ... porque a la
cal como eidste en la realidad, inciden no solo el error, la fuerza y l 11 µ.t es la condición de la oferta, de la reproducción de fa mercancía en
lo aleatorio, sino también "la existencia de la propiedad privada y La , .1d.1 esfera de la producción en particular" (Marx, 1999, p. 250, c.
distribución del ingreso entre ricos y pobres. Todo lo cual introduce un \, énfasis agregado). Pero dada esta necesidad de "reproducir lamer-
segundo elemento en la formación del valor, a saber, el poder de 1 111da", es imposible que los capitalistas, o los productores simples de

compra" (p. 61). Como observa Roll, Wieser "parece haber advertido 11H·1cancías, no presten atención a los costos de producción.
que había algunas insuficiencias en el subjetivismo puro. Sabía que la l~n el planteo austriaco, en cambio, ese carácter circular, o en es-
economía se ocupa de un proceso social, y que por lo canco, tenía que pi, .ti, de la producción se pierde. Crusoe lleva 5.000 bayas que incer-
basarse en el concepto de una economía social" (1973, p. 372). Aun- 1 .,mbia por vaca, pero el economista austriaco jamás se pregunta si

que, de todas formas, su doctrina siguió descansando en el supuesro r:~,· intercambio le permitirá a Crusoe reponer los coseos, y renovar
común a codas las corrientes subjetivistas, "de que es posible concebir l I prod ucción de bayas. Por eso el escenario típico del mundo aus-
un valor social subjetivo" (ibid., p. 372-3). 11 i.,co (también en los manuales usuales de Micro) es la subasta, con
111dividuos que llegan al mercado con bienes "caídos como maná del
I ll' 1o " , para regacear.

La producci6n no es "historia pasada"

El énfasis que los economistas austriacos ponen en el consumo y la 1>croanda, producci6n, escasez, consumo
valoración subjetiva del consumidor los lleva a sostener que, una vez
llegado al mercado, los tiempos de trabajo, los costos de producción, 1 .\ lCoría que tiene como centro al consumidor y sus evaluaciones, lle-
pierden toda relevancia. Por ejemplo, Harper afirma que "al momento \.l necesariamente a afumar que la demanda determina la producción.

de la compra nadie se preocupa por las horas invertidas" en la produc- h que mi impulso a ofertar la mercancía A es en realidad un derivado
ción. Rochbard, por su parce, escribe que "una vez que se ha hecho el ,lt• mi impulso a adquirir B, ya que el objetivo úlcimo siempre es el
producto, el cosco no tiene influencia en su precio" (2009, p. 343). wnsu mo. De ahí que, como afuma Salama (1984) , la oferta debería
Sin embargo, en la vida real la productividad, lejos de ser cosa "del l onsiderarse una demanda recíproca. Así, las funciones de la demanda

pasado", está en el primer plano. Las empresas siempre están atentas dominan. Lo cual significa que domina el consumidor.
a la productividad media imperante en la rama, productividad que se Sin embargo, para que exista demanda, y por lo canto elecciones
impone por la competencia. Pero por eso mismo el cosco no puede d~· los consumidores, estos deben disponer de ingresos. Esto es, antes
ser historia para la empresa. Esca debe, por lo menos, recuperar el dt· c.¡ue las preferencias de los consumidores puedan ser "el origen y
cosro incurrido, más una casa media de ganancia, a fin de continuar l., f'ucnce de la demanda" (Mises, 1986, p. 110), es necesario que esos

88 89
consumidores tengan poder de compra, o sea, ingresos. Ingresos qui: 111 11 1tll fa, la ley del valo r se impone, no en relación a esa mercancía
deben provenir de alguna parce. ¿De dónde? La respuesta ausrriac~i 11 ,,.1 11ic..:ltlar, "sino a los producLOS globales originados en cada una
debería ser "del valor derivado de las preferencias y de la escasez". I I ,~l''>Ít'ras sociales particulares de la producción". Por eso, la masa
Lo cual es lógicamente contradictorio con el hecho de que para que 11t1 il de: los productos de esa mercancía "depende de que sea ade-
se manifiesten las preferencias a través de las compras, debe existir 11111.1 .1 b necesidad social cuantitativamente determinada de cada
poder de compra. Por supuesto, la teoría del valor trabajo responde lt'" 1k· producto en particular". Aquí estamos tratando entonces con
al intríngulis: el poder de compra es creado en la producción, y se il111 de uso elevado a potencia social", o sea, con "la necesidad

realiza a través del mercado. Pero con esto estamos diciendo que en el t,l 1,il ", (M arx, 1999, pp. 817-8, c. 3). Se trata de la masa de mercan-
origen y fuente de la demanda no están las preferencias, como afirma ' 1~ q111.: se demanda según Las necesidades sociales. Así, por ejemplo,

Mises, sino la producción. 111 1111.1 economía dada se determina una canasta salarial mínima de

Pero además, el hecho de que la producción condicione la exis- II p1odl1cción de la fuerza de trabajo, la cual se impone como necesi-

tencia del ingreso, y de la demanda, impide hablar de la "escasez" en /1,,/ l()ti,d. Esta canasta se establece como promedio, y considerando de
abstracto, como acostumbran hacer los economistas subjetivistas. Es 11,111 1111 to las mercancías necesarias, sin que nadie realice ordenación

que La escasez estd vinculada ai poder de compra; si, por ejemplo, la cla- 1/c¡1111,1 de utilidades marginales entre e/Las. De nuevo, estamos anee
se obrera no tiene poder de compra para demandar autos de lujo, no d, 1i::1minaciones que son sociales.
puede hablarse de escasez de autos de lujo en relación a la demanda l'or lo tanto, y contra lo que afirman los economistas austriacos, es
de la clase obrera. 9 Puede, por supuesto, existir escasez en relación a /,1 ¡,,·,,Jucción La que determina un consumo acorde, y el correspondiente
algún bien en particular, como cuando se produce un aumento sú- rl¡,,1 ,le consumidor. Escribe Marx: "El hambre es hambre, pero el ham-
bito de su demanda, que supera a la oferta disponible. Pero entonces l11 , q lit! se sarisface con carne guisada, comida con cuchillo y tenedor,
se rrata de una escasez particular, no general. En consecuencia, la "" hambre distinta del que devora carne cruda con ayuda de manos
posibilidad de aumentar la oferta (o sea, la producción) se referirá a , cl 1r mcs. No es únicamente el objeto de consumo, sino también el
ese bien en particular. Lo cual ocurre con los bienes que son repro- 11111dn de consumo, lo que la producción produce no solo objetiva,
ducibles mediante el empleo de medios de producción y trabajo. Y 11111 la mbién subjetivamente. La producción crea, pues, el consumidor'

una vez aumentada la producción de ese bien, ya no será escaso con (~1.11x, 1989, p. 12; énfasis agregado) . Pero también la producción
reLación a La demanda. De ahí también que el precio, una vez que se , 11·.1 necesidades materiales: "El objeto de arte - de igual modo que
haya reajustado la producción, estará determinado por los precios de 1 11.1lquier or_ro objeto- crea un público sensible al arte, capaz del goce

producción promedio. ,1t·1ico. De modo que la producción no solamente produce un objeto


De lo explicado hasta aquí, se puede encender con facilidad que p.11 .1el sujeto, sino también un sujeto para el objeto" (ibid. , pp. 12-3).
también el valor de uso hay que enfocarlo desde el punto de vista social. '.Jo ~e trata, por supuesto , solo del siglo XIX. Por ejemplo, fue la pro-
Marx señala este aspecto de la cuestión en su Introducción al análisis d ttl ciÓn de computadoras personales y de teléfonos celulares la que
de la renta de la cierra, en El Capital. Es que si bien el valor de uso H' ncró la necesidad de estos artículos, y moldeó los consumidores. De
de una mercancía depende de que satisfaga una necesidad (y esta es 11m·vo encontramos "gustos y preferencias" creados por la producción,
condición sine qua non del valor) , cuando tratamos de la masa de esa ' l'I<.' 1,ecesariamenre, siempre es social.
Por último, la producción tampoco existe sin una previa distri-
9. " ... una cosa no puede ser escasa o abundante sino en ranro sea solicitada" lit1t 16n de la propiedad de los medios de producción. A su vez, esta
(Marx, 1981 , p. 30). d1 , tri bución de los medios de producción condiciona la distribución

90 91
del ingreso. Y la d istribución de los medios <le producción y de lo~ 1111,·it<, y capital
ingresos co ndiciona, como ya hemos visco, los gustos y prcferenci.1~.
Por todos los poros de la teoría, se impone la primacía de la explic.1 1 ,111 l\ohm Bawerk, el problema teórico del interés es explicar por
ción social por sobre el individualismo. ¡11 , 1 pmcedor de un capital tiene la posibilidad de obtener, con ca-
Con esto concluimos la revisión crítica de la teoría del valor de lJ l H, 1w1 manente, una renca neta, o interés del capital, que es inde-
escuela austriaca. En lo que resra del capítulo examinarnos la ceorí.1 p 111lk111c de cualquier actividad del propietario. ¿De dónde proviene
del capital de Bohm Bawerk, el principal referente de la escuela en l.1 , p11r 1¡11c obtiene el capitalista ese aflujo interminable de bienes, sin
materia. h, 1111 de su parce?, se pregunta (1986, p. 27). Como no podía ser
,I 1111 ,1 manera, su respuesta está basada en la teoría subjetiva del valor.
1 ~lt 1'11limo no puede ser generado en la producción, ni por ningún
La teoría del capital de Bohm Bawerk 111111 1111:<lio. "No puede hablarse de producción de valor, pues el valor
111 1• produce ni puede producirse", declara (ibid., p. 156). La produc-
Para ubicar el enfoque de Bohm Bawerk, rengamos presente que en la 11111 ,olo genera bienes, que tienen valor a partir de la valoración de los
teoría neoclásica mainstream el capital es "un factor de producción". l 1) 11 umi<lores. Por lo canco, la ganancia no puede provenir del trabajo
cuya magnitud es independiente de la distribución del ingreso entre 1111 p.1gado (como dice Marx), pero tampoco de "la productividad del
los sala rios y beneficios, y por lo canto puede utilizarse -en la función 1pi1.d" (como sostiene el mainstream neoclásico). En este respecto,
de producción- para calcular simultáneamente la casa de ganancia (o l\11hm Bawerk subraya que es necesario distinguir entre la productivi-
el interés) y los salarios. Pero Sraffa, Garegnani y otros aucores demos- 11111 foica y la producción de valor. El argumento lo desarrolla en las
traron que es imposible medir el capital sin apelar a las variables distri- , 1lt il .,s que dirige a Say y Roscher, quienes explicaban la renta del ca-
butivas, y que esto afecta el mismo concepto de capital, y a la función ¡111 ti por su productividad. Bohm Bawerk admite que la utilización de
de producción. No se trata, además, de un problema "técnico", sino 11 111.1quina aumenta la productividad física, pero de aquí no se deriva,
de las bases teóricas del esquema neoclásico. En última inscancia, el 111'< c.·,ariamente, que el producto deje "una plusvalía después de cubrir
problema deriva de una imposibilidad lógica: no se puede apelar a una rl 1mlO del capital invercido" (ibid., p. 159). La productividad del me-
medida del capital que sirva aL mismo tiempo para homogeneizar bienes ,1,o de producción tendrá incidencia en el valor, pero hay que dilucidar
físicos heterogéneos, con el fin de derivar la ganancia (o el interés del l l 1rn:canismo por el que se genera el interés del capital.

capital) a partir de su productividad; y para medir el valor del capital, l .,l explicación está en la teoría del interés, contenida en el libro
que está en manos de los capitalistas, y da lugar a la plusvalía. qu111co de la Teoría positiva deL capital. Según Bohm Bawerk, el ince-
Pues bien, la teoría del capital de Bohm Bawe rk en apariencia 1t, '>C origina por eres razones combinadas. La primera, es que existe
supera las dificultades que presenta la teoría neoclásica, ya que mide 1111.1 preferencia por los bienes presentes por sobre los bienes fucuros.
el capital recurriendo al tiempo medio de producción. Es un aspecto Se.· supone que los individuos esperan que en el futuro sus ingresos
menos conocido de las polémicas sobre el capital. En lo que sigue no ~c.' .ln mayores a los del presente, de manera que la utilidad marginal
tenemos ninguna pretensión de originalidad, solo pretendemos hacer dt· un bien en el presente es mayor que en el fucuro. 10 La segunda
accesible al estudiante de Economía Política, o al lector interesado, lo
esencial de la crícica de Garegnani (y de Sraffa). Empezamos con la
I O. ht.i. explicación coincide con la de Fisher, y se diferencia de la convencional
explicación de Bohm Bawerk sobre el interés y su noción del capital. (q 111• repite, enrre otros, Rochbard, véase noca 3). que simplemente postu la la pre-
1, 1encía del comumo prc,cmc :,obre el fu curo.

92 93
razón es que la gente tiende a subestimar el furnro, por deficien- 111, méLodos más indirecLO!) (o m~ls capital intensivo). Los rodeos pro-
cias de imaginación, limitación de la voluntad e incertidumbre de la il11ll ivos aumentan el rendimiento, aunque a tasas decrecientes, porque
vida. Puede verse que estos dos argumentos no tienen que ver con la li ,hilitan a incorporar fuerzas de la naturaleza al proceso productivo.
producción; están anclados en el mundo de la pura subjetividad, los l 1l'l'n siendo el trabajo y la tierra las potencias originarias, la producción
gustos y preferencias. La tercera razón, en cambio, se vincula a la pro- ,1 descompone en "capas" o "estratos" de tiempo y trabajo (la tierra se
ducción, y a la tesis de que los bienes presentes tienen una superiori- I l1m ina por razones de simplicidad). Así, si tomamos la mercancía A se

dad técnica por sobre los bienes futuros, aw1que también encuentra 11111~idera como si hubiera sido producida con trabajo que empezó la
su fundamento último en la teoría subjetiva. p1oducción sin ningún medio de producción. Por eso, se opera w1 re-
Esa superioridad de los bienes presentes sobre los futuros se ex- I rcKcso (mental o lógico) en el tiempo, en términos de trabajo aplicado
plica porque, según Bohm Bawerk (1930), los trabajos aplicados a I n t,s sucesivas etapas. De esta forma, se rastrea el proceso mediante el
procesos productivos que requieren tiempo, esto es, que emplean , 11.tl los bienes de capital utilizados en la última etapa de la producción
métodos indirecros, son en general más productivos que los trabajos ,k· 11 fueron producidos con trabajo y otros bienes de capital; y luego,
aplicados a la producción inmediata. Por ejemplo, Robinson Crusoe • 1 pasa a la etapa anterior, en la cual esos medios de producción fueron
puede alimentarse recolectando frucos y empleando todo el tiem- p1UÚucidos a su vez con trabajo y medios de producción. Esto signi-
po disponible en la rarea, para estar bien alimentado; pero también ltL I que no hay capital fijo; hay que suponer que los seres humanos
puede, una vez asegurada la supervivencia, disponer de una parte 1111nienzan en alguna etapa la producción con las manos. Dado que
del tiempo para fabricar un arco y flechas, con los cuales aumentar l\óhm Bawerk elimina la cierra (y la renca), de hecho presenta una teo-
la productividad. Para esto, debe ahorrar fuerzas productivas para I l.1del capital como acumulación de los años-hombre de trabajo que se
producir "bienes de capital", a costa del bienestar presente (se trata I icncn que añadir a las diversas fases del proceso productivo, hasta que
de una concepción a-histórica del capital, pero no entramos ahora en l.1\ mercancías estén listas para el consumo.
esta discusión). Una vez construidos el arco y las flechas, el bueno de Pero, ¿cómo surge la plusvalía? Surge en esencia del intercambio
Robinson puede aumencar su producción de alimentos. dt los medios de producción contra bienes de consumo finales y pre-
Más en general, Bohm Bawerk afirma que el producto coral au- 'l'nces. En la medida en que el trabajo y el uso de la cierra son los
menta invirtiendo siempre, de manera adecuada, en métodos de pro- mc<lios de producción originales, la formación de sus precios decide
ducción que consumen más tiempo. Por eso define al capital (como l., existencia del beneficio sobre el capiral. Y en esto el mercado la-
en general, lo hace toda la economía burguesa) como un conjunto lioral es el más importante. Es que el precio de mercado del trabajo
de bienes procedentes de una producción anterior, que no están des- ,kbe ser siempre menor que el valor y el precio del producto cermi-
tinados al consumo directo, sino a ser medios para la adquisición de 11.1do, nos dke Bohm Bawerk. ¿Pero cómo es posible? La respuesta es
nuevos bienes (1986, p. 32). Pero este "agente de producción" es el por la situación desventajosa en que se encuentran los trabajadores
resultado del trabajo y la naturaleza, los dos factores productivos in- , on respecto a los empresarios. "En las circunstancias de la industria
dependientes, o los dos únicos "factores técnicos" en la producción. moderna, los trabajadores asalariados escasamente poseen medios su-
Í 1t ienres para utilizar su propio trabajo en métodos de producción
<¡uc se extiendan por años" (1930, p. 314). Notemos cómo Bohm
Los métodos indirectos y el interés Bawerk reconoce que el punto de partida de la producción capitalista es
/11 desposesión de una clase social de los medios de producción; aunque
Bohm Bawerk asocia entonces los incrementos de productividad con c,ta circunstancia estd 11at1tralizada.

94 95
Sigamos sin embargo con el razonamiento de Bohm Bawerk. D,· 1 11 p1 í11 cipio, Bohm Bawerk parect: lograrlo, ya que considera que
bido a la situación en que se encuentran en la sociedad capitalista, lo, 1, d111 de un bien durable es la suma de codos los servicios ma-
trabajadores están ante la alternativa de vender su trabajo, o de cm 11di, inherentes al mismo. Los factores originarios, en los que se
plearlo por su cuenca en procesos tan cortos e improductivos como 1 ,t 11111¡,one el capital, son la tierra y el uabajo. Sin embargo Bohm
se Los permiten sus escasos medios de producción. Los capitalistas, a I\ 1\\1, k dc.:ja de lado la tierra en el cálculo del valor del capital. Por lo
su vez, quieren comprar la cantidad de trabajo que vale tanto como 11111 11, 111idc su valor suponiendo que se invierte solo en salarios; se
el p roducto que saldrá, en el futuro, del proceso de producción. El 11 11 , d,: períodos de inversión que se aplican de manera discreta cada
beneficio surge entonces de la diferencia entre ese bien futuro y lo 111, pero uniformemente a lo largo de los años. Así, calcula el perío-
que pagan en el presente por el trabajo, que contiene un descuento. 1111 111l·dio de producción, considerándolo como la media aritmética
Esto es posible, insistimos, porque los aabajadores asalariados "no ¡111111krada de los periodos que deben transcurrir entre el momento
pueden emplear su trabajo remunerativamence trabajando por su 11 ljlll' se inició la producción, y el momento en que la mercancía
cuenta, y por lo tamo están dispuestos, como un conjunto, a vender , 1 l1srn para la venta. Lo explicamos con un ejemplo numérico, que
el futuro producro de su rrabajo por un monto considerablement<.' 11,1,11111os de Samuelson (1977).
menor de bienes presenres" (1930, p. 330). Si los bienes presentes y '°111pongamos que para la producción de A tenemos el método (1),
futuros se intercambiaran en el mercado de subsistencia a la par, y los . 1411n c.:I cual A se produce empleando 5 unidades de trabajo durame
trabajadores obtuvieran como pago por la semana de trabajo, en bienes ' ,11<1s, y una unidad de trabajo durante un año. Con el método (2),
presentes, todo el valor de su producto futuro, no aparecería el agio ni ,. 1plican 3 unidades de trabajo durante 3 afios, 3 unidades durante
el interés del capital (véase ibid., p. 333). En otras palabras, los bienes , .111t1s, y 3 unidades durante el último año. Y con el método (3) se
presentes deben tener un agio debido a que son más útiles que los qtl k:111 2 unidades durante 4 años, 2 unidades durante 3 años, 2 uni-
bienes futuros: éste es el origen de la plusvalía, según Bohm Bawerk. d ,dl'' durante 2 años y 2 unidades durante 1 afio. Supongamos que
, 1 ,.d1:1rio es igual a l, igual a la unidad de trabajo (dejamos asentado

1pll' c.:stamos dando por válido el supuesto, "heroico", de que en el


La medición del capital y el período medio I'' tmcr afio de cada proceso los trabajadores solo emplean las manos
llill ,I producir los medios de producción).
Aunque Bohm Bawerk no adhiere a la explicación del interés por la ~i llamamos TA al período medio, LA al trabajo rotal y L; (i = l,
productividad marginal del capital, necesita también establecer el va- ' , L .. ) a los trabajos en los años sucesivos, TA será (L 1 + 2L2 + 3L3
lor del capital. Es que en su esquema la productividad depende del , ... )/LA. Así, en el proceso (l) TA es (5 x 2 + 5)/10 = 1,5 períodos.
grado en que la producción es indirecta, y para determinar el grado 1 11 el proceso (2) TA es (3 x 3 + 3 x 2 + 3 x 1)/9 = 2 períodos; y ha-
en que la producción es indirecta es preciso asignar un valor al capital, l ll'll<lo el cálculo para el proceso (3), resulta TA = 2,5 períodos. Se ve

que depende de la longitud del proceso productivo. Téngase presenre , 111onces que el método (3) es más indirecto que el (2), y el (2) más
que la estimación de los bienes futuros se gradúa por el tiempo, de qt1L' el (1 ).
manera que "el valor de los bienes productivos aumenta a medida que En base al supuesto de la ganancia simple (o del interés simple), se
se alarga el proceso" (1930, p. 304). Esto significa que para conocer p11cde establecer entonces el valor de A, VA, a partir de la suma de los
el interés se debe conocer el grado en que la producción es indirecta; duios y las ganancias (Garegnani); cenemos entonces:
y para esto es necesaria una medida del capital que sea independiente V1, = L 1 (1 + r) + L2 (1 + 2r) + 1 3 (1 + 3r) + .... ; lo cual se puede
de la tasa de interés. tL·,umir en la siguientc.: c.:rnación: V A= LA(l + r TA) (*)

96 97
Si calculamos con (''') el valor de A, suponiendo una rasa de ganan- I I " ganancias se distribuyen entre los capitalistas de acuerdo con la
cia (incerés) del 10%, tendremos que con el método (1) valdrá 11,5; 1, 1-1!.1 de la casa de ganancia simple (o el incerés simple), ello significa
apücando el método (2) su valor será 10,8 y con el método (3) será 1p 1l' "l,!S ganancias generadas, pero aún no percibidas, no deben dar
10. Se puede ver también que a casas de interés altas, el método más 111 tgí.' 11 a otras ganancias, como sucedería con la rasa compuesta" (Ga-
indirecto no es el más productivo. Por ejemplo, si la rasa de interés es II g11.111i, 1982, p. 36).
del 60%, VA con (1) es 19; aplicando (2) es 19,8; y con (3) es 20. Por i>,lra explicarlo con el ejemplo de Garegnani, supongamos que hay
eso, a medida que baja la casa de interés, el método de producción es do, mercancías, A y B, que requieren la misma cantidad de trabajo
más indirecto {esto es, más intensivo en capital). 11 Además, el sistema I'·" ·' su producción, pero que A está lista después de un año, y B des-
no puede regresar jamás al método (1), w1a vez que lo ha dejado atrás. ¡111c'.·s <le 2 años. Si el salario requerido por el trabajo es 100, y la tasa
La conclusión entonces es que cuanto mayor sea el tiempo in- ,ll AJnancia (simple) es 20%, el precio de A será 120 y el de B 140.
sumido en la producción, menor será la cantidad de trabajo que se l'I ro en este caso conviene invertir en A, ya que los capitalistas en el
necesita. Con tasas de interés más elevadas, son más baratas las téc- ,l gundo año obtendrán un beneficio del 20% sobre el beneficio de

nicas que emplean en total más trabajo pero menos tiempo; a casas 'O realizado en el primer año; o sea, obtendrán al final del segundo
de ganancia más bajas, serán más rentables los métodos que emplean 1110 144, en lugar de 140. En este respecto, es llamativo que con su
más tiempo. Hay que observar también que nunca se analiza el pro- ,11pucsco de la rasa de interés simple Bohrn Bawerk estuviera pasan-
ceso por el cual la acumulación puede llevar a una caída de la tasa do por aleo el mismo problema en el que se había trabado Ricardo
de ganancia (o interés), ya que siempre se comparan situaciones de k l famoso ejemplo del vino estacionado), y que en última instancia
equilibrio. D e esta manera, Bohm Bawerk parece superar el proble- , ri ticara en Marx.
ma de la heterogeneidad de los bienes de capital existentes, ya que el La realidad entonces es que los capitales son remunerados según
capital se reduce a un fondo que es avanzado por los capitalistas para 1111a tasa de interés compuesta. Sin embargo, su introducción socava
pagar los salarios de los trabajadores (recordamos que en el cálculo ha l 1 ~oncepción de capital como "período medio de producción". "La
dejado de lado el otro "factor originario", la cierra). l oncepción del capital como período de producción . . . debe modifi-

l ,Irse sustancialmente una vez que se reconozca la in.aceptabilidad de

l.1 tasa de ganancia simple" (Garegnani, 1982, p. 49).


La introducci6n del interés compuesto El problema central es que ahora el período medio de producción
variará al modificarse la casa de ganancia (o de interés). En términos
Sin embargo, y como ya había señalado WickseH, la medición del ca- 111.uemáticos, es:
pital de Bohm Bawerk adolece de una falla crucial, que es el supuesto
de que los bienes de capital acumulados durante la producción son V A = L 1 (1 + r) + L 2 (1 + r) 2 + L .3 (1 + r) 3 + . . ..
remunerados según una casa de interés (o de ganancias) simple. Es que
Relación que se puede reducir a la forma:

11. Aunque no lo podemos desarrollar aquí, la idea de que a medida que baja la V A = L A (1 + r) TA (**)
rasa de interés los métodos de producción son más capital intensivos está en la
base de la teoría de los economistas austriacos sobre la crisis. Según este enfoque,
una baja casa de interés provoca la sobre inversión en las industrias productoras de Pero aquí aparece un problema: el período medio, TA' que se pue-
bienes de producción, lo que deriva en las crisis. tk- determinar con (**) ya no coincide con el período medio esca-

98 99
blecido en (*). La razón es que en el cálculo de Bohm Bawerk, 'T I d,110 que necesitamos para determinar la casa de ganancia. ( ... )
no aparece influenciado por r; pero si se introduce la tasa a inreré; ,\1111, de saber qué período medio corresponde a una cierta técnica
compuesto, el período medio varía con la variación del interés. Lo ¡l. prod ucción, deberíamos conocer la casa de ganancia, que es
explicamos con un ejemplo. ¡1 11..1 l\,1mcnce lo que tenemos que determinar" (ibid.).

Tomemos el método (1) de producción de A. Suponiendo que la


tasa de interés es del 20%, y de acuerdo al criterio de la rasa de inrerés
simple, es:
1.1 retorno de las técnicas

VA= 5 (1 + 0,2 x 2) + 5 (1 + 0,2) = 10 (1 + rT) 1 111110 ya hemos señalado, una de las conclusiones fundamentales
i¡,11 '>C desprenden de la teoría de Bohm Bawerk del capital es que a
Si despejamos, obtenemos que TA = 1,5 períodos. Este resultado 1111·dida que baja la casa de interés, los métodos de producción em-
se mantiene, cualquiera sea el valor de r; por caso, si suponemos que 1,lt .,dos son más indirectos, esto es, más capital-intensivos. Tiene un
r = 0,1, también obtendremos que el período medio es 1,5 períodos. , l 110 paralelo con lo que se deriva de la función de producción neo-
Veam~s ahora qué sucede ahora si introducimos el interés compuesro. ' l ,~ica tradicional; a medida que baja la tasa de interés, aumenta la
Suponiendo de nuevo que la casa de interés es del 20%, tenemos: II l.1ci6n capital/producto y la relación capiral/crabajo. La idea de una
, 11 ,va de demanda de bienes de capiral de pendiente negativa, está
VA= 5 (1 + 0,2) 2 + 5 (1 + 0,2) = 10 (1 + 0,2)TA ,~ocinJa a escas relaciones. Aunque se trata de un tópico de los cursos
d,· microeconomía, Sraffa, Garegnani y otros autores de Cambridge
Despejamos TA, tomamos logarirmos y obtenemos que TA:: (log ,k·moscraron que esto no es necesariamente así. A casas airas de interés
13,2 - log 10) I log 1,2. El resultado es TA= 1,522 períodos, y no 111cde emplearse w1a técnica a. más intensiva en mano de obra; a tasas
1
1,5. De I~ misma manera, podemos comprobar que si r:: 10%, TA 1111 ermedias es más rentable una técnica ~. más intensiva en capital; y
:: 1,512; s1 r = 40%, T A= 1,54; sir :: 60%, TA= 1,558. Algo similar ., una tasa aún más baja, la récnica a. vuelve a ser más rentable (véase,
ocurre con Jos ot~os métodos. Por ejemplo, con (2), sir= 20%, TA por ejemplo, Pasinecti, 1984, para una exposición sencilla; también
= 2,06, y no 2; s1 r = 40%, TA= 2,11; y si r = 60%, T A = 2,15. El 'i,.lfTa, 1966).
periodo medio calculado aplicando el interés compuesto se altera con las El rema es que en el enfoque austriaco también ocurre el retor-
variaciones de la tasa de interés, lo que no sucede cuando se aplica el 110 de las técnicas. Lo vemos con el ejemplo numérico que presentó
interés simple. \ ,tm uelson (1977).
Escribe Garegnani: "cuando se usa la tasa de ganancia compuesta, Suponemos para esto que una mercancía A se puede producir con
el valor en unidades salario de A ya no puede expresarse como fun- dos métodos alternativos. En el primero, se emplean 7 unidades de
ción de la tasa de ganancia y, además únkamente de las canridades 11.ibajo durante dos períodos de tiempo, y en el segundo método
totales de trabajo LAy de un período único de tiempo cualquiera que ,e utilizan 2 unidades de trabajo durante 3 períodos de tiempo, y 6
cumpla con el requisito de independencia con respecto al nivel de la ¡ior un período. ¿Cuál es más indirecto? Es claro que a primera vista
tasa de ganancia, requisito esencial para una medición no circular del 11o hay forma de determinarlo; hay que introducir la tasa de interés.
capical" (p. 52). Y un poco más abajo, luego de señalar que T variará Veamos entonces qué pasa a diferentes casas de interés compuesco.
al variar r, observa: Este "período medio", que después de codo es el Empezamos suponiendo que r = 0,2. A esa casa de imerés, (su-
sugerido por muchos aurores, no podría constituir evidentemente poniendo el sal ario= 1), con la tecnología (1) A vale 10,08 y con

100 101
la tecnología (2), A vale 10,656; se impone cnconcc.!i (1). Luego,~¡ l l ,1 ¡•1 ,, F. A. (2006): "An l1m(lduc:do11 lO V,\lue 'lhcory'', The Wricings of F. A.
r = 0,5, con ambos métodos A tiene el mismo valor, 15,75. Si des l l 11111 , , vol. .l, Shorc Essays, htrps:// m iscs.org/library/introd uccion-value-cheory.
11 H• l. <, . W. F. ( 1968): Ciencia de úr lógica, Buenos Aires, Solar/ Hachette.
pués suponemos que r está entre 0,5 y l, se impone el método (2).
Pero al ser r = l, los dos mérndos vuelven a ser indiferentes; A vall'
l ,,I '>. ( 1973): "Reconsideración del individualismo metodológico", A. Ryan
28 con ambos. Por último, por encima de r = 1, la tecnología (1)
" I' ), l.11Jilosofla de la explicadón social, México, FCE, pp. 187-203.
vuelve a prevalecer; por ejemplo, si r = 150%, A vale 43,75 si se
aplica (1), y 46,25 con el método (2).
~I t1 , K. ( 1999): El Capital, México, Siglo XXl
En definitiva, la teoría del capital de Bohm Bawerk, basada en t,, l ,1,, K. ( 1989): Elementos fundamentales para la crític,i de la Economía Política
el período medio de producción, no puede superar las dificultades r ,r rt111lrisse) 1857-1858, México, Siglo XXJ.
encerradas en el problema de homogeneizar el "factor capital" con ~ l n K. (1981 ): Miseria de la filosofla, Moscú, Edirorial Progreso.
independencia de las variables distributivas. Bohm Bawerk necesira ~ l 11 •, 1,. ( 1975): Teorías sobre La plusvalía, Buenos Aires, Cartago.
una medida del capital que sea independiente de la casa de interés ~1t1 ,, K. y F. Engels (1973): Correspondencia, Carcago, Buenos Aires.
(esto es, de la plusvalía) para fundar teóricamente la tasa de interés. ~¡. 111-11 1, C. (J 985): Principios de Economía Política, Buenos Aires, Hyspamérica.
Pero es imposible calcular el valor de Los "servicios originarios", que ~11"• L. von, (1986): La acción humana. Tratado de Economía, Madrid, Unión
componen el valor del capital, sin recurrir a la tasa de interés, ya que I ilititl i.,I.
el período medio varía al modificarse la tasa de interés. Asimismo, el
fenómeno del recomo de la técnica pone en evidencia que no se pue- 'i11"h.1um, M. C. (2005): El conocimiento del amor. Ensayos sobre filosofla y litera-
l 11,1 Madrid, Machado Libros.
de asociar de manera monotónica la baja de la tasa de interés con las
l',ím,h.ium , M. C. (1997): "Flawed Foundations: The PhilosophicaJ Critique of
tecnologías más intensivas de capital. Lo cual, por otra parte, quita
(¡\ 11.11 dcular Type of) Economics", University of Chicago Law Review, vol. 64 pp.
fundamento teórico a la explicación austriaca de las crisis. tl' P 12 14.

Textos citados
r• ,.111cL1i, L. (1984): Lecciones de teoría de la producción, México, FCE.
Bohm Bawerk, E. von ( 1986): Capital e interés. Historia y crítica de las teorías sobre
el interés, México, FCE.
l{ohln~on, J. (1984): "La función de producción y la teoría del capital", Ensayos
Bohm Bawerk, E. von (1930): 7he Positive 7heory o/Capital, New York, Stechert,
11111w~. pp. 81-98, Madrid, Hyspamérica.
Bujarin, N. (1974): Economía política del rentista, Barcelona, Laia.
l{nll , E. (1973): Historiad-e Las doctrinas económicas, México, FCE.
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102 103
II
LA CRÍTICA DE MARX AL MODO
,
DE PRODUCCION CAPITALISTA
l

Explotación (y creciente): base material del


t apitalismo, piedra angular del análisis marxista

Xabier Arrizabalo Montoro 1

1111.1~inemos que se convocara un gran congreso sobre la pobreza.


\ 11mían los gobiernos, los organismos incernacionaJes, las iglesias,
l 1, <>NG, las mulcinacionales. Bastaría sin embargo que el congreso
1111 1,t sobre la exploración, para que no fuera ninguno de los mencio-
11 ulm. La diferencia radica en que la pobreza es solamente la forma
r11 ,¡ue se manifiesta el problema, su expresión en la superficie, de
11111do que puede ser manoseado y desvirtuado. Incluso materia de
1111 l{adotecnia política. La explotación, por el contrario, es el fondo
ti todos los problemas. Sólo con la noción de explotación se hace
pli.1hlc la identificación de los sujetos protagonistas del principal con-
111110 en corno al cual se reproducen "las sociedades en las que domina
: 1111rlo de producción capitalista" (Marx, 1867: 43): la clase capitalista,
1

1 , plnladora, y la clase trabajadora, explorada. Sin duda existen otros


L ,1111 liceos en la sociedad actual, pero codos ellos están subordinados

11 1'1hima instancia al hecho que consigna la cica, la dominación capi-


I di,1.1 que efectivamente somete a orras relaciones de producción con
l 1. 1¡11e coexiste. El capital es, desde este punto de vista, un método
u1111plcco 2•

1',ubor de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Instituto


f\l 11 1,1.t de Economía. Desde 20 l O dirige en dicha universidad el Diploma de
l 111111.1( ión Conrinua titulado "Análisis crítico del capitalismo: el método marxista
y 111 1plícaci6n al estudio de la economía mundial actual".
1 1111 1mplic.aciones política\, como se aprecia en formulaciones que plantean la ne-
l 1d.11I de "c;omplern r" FI m¡111,1/ con menciones por ejemplo a los recursos narurales

107
En el presente capítulo abordamos la explotación como cacegorí.1 q t1t <1 pleno despliegue de l.1\ 1d.1tio11c\ <le producción capitalistas
teórica, no moral. Teórica, es decir, resultado del conocimiento cien- tlq .1 n :1 no sólo sus concra<liccioncs (parcicularmente con las crisis),
tífico que permite aprehender el contenido sustancivo, el trasfondo - 11111 1,11nbién el conAicto de clase sobre el que se asientan, al expre-
de los fenómenos tal y como se presentan en la superficie: "toda cien- 11 • políticamente la clase explotada al constituirse el movimiento

cia sería superflua si la forma de manifestación y la esencia de las cosm 111111 10. El análisis económico se torna por canco peligroso, porque su
coincidiesen directamente" (Marx, 1894: 1041). Lo hacemos desde el ,1, i, .11 rollo no puede llevar sino a constatar la magnitud creciente de
marxismo, porque constituye la culminación de la mejor cradición tllc.110 conflicto, la necesidad acrecentada de explotación, los límites
histórica del pensamiento, aquella que bucea hasta el fondo, para 1.1\toritos del capitalismo.
desde allí poder remontar la explicación de los problemas de los que tvl.trx fue un militante comunista, por canco revolucionario, cuya
a primera visea sólo observamos su manifestación, su apariencia (y las 1111111 política le lleva a una reflexión teórica que desemboca en el
apariencias pueden engañar). No es una casualidad esca condición 111 111\is económico, para poner en el cenero lo que está en el centro: la

del marxismo como culminación. La economía vulgar, puramente , , ¡,locación. En realidad, no sólo la exploración sino particularmente
apologética, se entroniza como análisis económico burgués domi- 11 t xigcncia de que aumente, impuesta por la acumulación capitalis-
nante por su incapacidad para explicar. Es decir, porque no mira, 1 ,. 1 n esto consiste esencialmente El capital, La obra más importante

asegurándose así de no ver. De esto se traca en un contexto histórico, ,1i~ l.1 historia del pensamiento económico: el capital no es sino una
el que se inicia en el último tercio del siglo XIX, caracterizado por- 11'1.1<.:ión social cuyo contenido sustantivo es la explotación. Marx de-
111 l ,l y formula las leyes que rigen el modo de producción capitalista,

t c111 el objetivo de explicar sus posibilidades históricas. La conclusión

(como si Marx no partiera de sociedades históricamente determinadas, disponibili- 1rnrica la formula en la sección tercera del libro tercero: es "la Ley de
dad de recursos naturales incluida y como si la utilización de éstos pudiese gestionarse 1, haja cendencial de la casa de ganancia'', tendencia a la baja cuya for-
en general de una forma distinta a la que imponen las exigencias de la rentabilidad). 111.1 <le contrarrestarse acaba recayendo fundamentalmente en un au-
Así, se habla de "ecosocialismo", formulación propia de quien no ha encendido qué
11wnco de la exploración, lo que cada vez resulta más complicado. La
es el socialismo, y que sirve para diluir el conflicco de clase que ocupa el mencionado
lugar central en la reproducción de la economía mundial actual. No sucede lo mismo cldcrencia esencial enrre Marx y la economía burguesa que se enrro-
con la legítima reivindicación igualitaria de las mujeres trabajadoras, que forman 11,u como dominante desde entonces, la economía vulgar, es que él
parte de la clase trabajadora y, por canto, comparten intereses, aspiraciones y necesi- l ll'ne una pretensión científica, frente a la negación de coda incención
dad organizativa con el conjunto de el la. A esre respecto es elocuente conscarar como
t•xplicaciva seria por parte de ella. Y esca diferencia procede de que
Naciones Unidas, mecanismo de coordinación entre los Estados burgueses bajo el
control de la potencia dominante, el imperialismo estadounidense, busca desvirruar ~ tarx rema a favor de corriente, pues los trabajadores no tienen nada
y desnaturalizar dicha reivindicación, eliminando su contenido de clase. Así, frente 1¡ue perder con el conocimiento de la verdad acerca de sus problemas.
a la conformación del 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora 1os economistas burgueses, por el concrario, reman a contracorrien-
(propuesta de Clara Zerkin acordada por la TI Conferencia de Mujeres Socialiscas
1c; obligados a defender lo indefendible, necesitan ocultar la verdad:
celebrada en Copenhague en 1910), la ONU trata de usurpar la celebración obrera
declarándola en 1975 "Día de la Mujer". Es muy interesante la constatación de que el
triunfo de la insurrección el 25 de occubre de 1917 permitió que de forma inmediata Incapaces de comprender las teorías de sus propios grandes an-
se liquidaran todos los obstáculos legales para la igualdad (por ejemplo, la prohibi- tepasados y aún menos de aceptar la doctrina de Marx, surgida de
ción de la injerencia religiosa en el Estado). En cuanto a los obstáculos de fondo, aquellas y que coca a muerto por la sociedad burguesa, nuestros doc-
asimismo se avanza aceleradamence a continuación, pese a las graves dificultades, ros burgueses exponen, bajo el nombre de economía política, una
proceso que se trunca con la degeneración burocrática desde finales de los años vein-
masa amorfa de residuos de toda clase de ideas científicas y tergi-
te, incluso con la reversión de algunos de los avances legales, como el libre derecho a
la interrupción del embar.uo en junio de 1936. ver~adones intere,ada,, con lo cual ya no persiguen el objetivo de

108 109
desentrañar las verdaderas tendencias dd capitali!.mo ,ino solamente , , ,/r·rir, la aplicación de la díaléctira materialista a /.a estructura de /.a
el de ocultarlas para poder sostener que el capiraüsmo es el mejor, 1111 lt'f!tLd humana y a su desarrollo histórico" (Trotsky, 1928).

el único, el eterno orden social posible (Luxemburg, 1916-17: 60)3. i'vic.lencemente, hablamos del marxismo del propio Marx y de
,¡11tl·11cs siguen su método, que es justamente la antítesis de lo que
La formulación teórica que plantea Marx en El capital es el resul- 1•1l'l1:nc.lió imponerse como "marxismo oficial" desde finales de los
tado de un método de análisis basado en una concepción materialist.1 11,m vei nte en la antigua Unión Soviética, con la consolidación de la
del mundo y un modo dialéctico de pensar. Este método, aplicado ¡I alq~uicración burocrática estalinista (Gill, 1996: 18-19). Entre otras
la i:eproducción de las sociedades, le permite formular tres categoría!> d1t 11 .1ciones, pretendían legitimar la conducción económica me-
teóricas, mun1amente interrelacionadas, y que tienen una importan- .l1.11m: apelaciones a una "economía política del socialismo", supues-
cia decisiva. Se trata de las nociones de fuerzas productivas, relaciones 1 11111·nce formulada por Marx y Engels: "en El Capital y otras obras
de producción y superestructura (Arrizabalo: 2014, 59-70). /, /1 ft1rx y en los trabajos de Engel.s se ofrece una caracterización general
La enorme aportación de Marx en este terreno es precisamentt· /, /11 t'conomía del socialismo y del comunismo ( ... ) las tesis de Marx
el carácter social y por tanto histórico de ellas (negado al asociar las ¡ /· 11.~els sobre problemas concretos de /.a economía del socialismo y del
fuerzas productivas a la mera productividad -el rendimiento del era r,1111111tlsmo son una previsión científicamente fundamentada" 4. Obvia-
bajo-, que sólo es su premisa, pues el contenido social de la noción ck 1111111c, Marx y Engels nunca habían planteado eso ni nada parecido,
fuerzas productivas es más amplio; de hecho, hablar de desarrollo o u11110 recordaba Marx en 1881: "según el señor Wagner, /.a teoría del
subdesarrollo rigurosamente es hablar del desarrollo o no de las fuer , ,/11r tlr Marx es 'la piedra angular de su sistema socialista' [ .. } Como
zas productivas). Sobre la base de una serie de categorías generalc\ y¡i 111mct1 he construido un 'sistema socialista: esto es una fantasía de
se baja al terreno específico de su concreción histórica. Por ejemplo, \\,1~11er, Schajfle y tutti quanti''5.
coda sociedad debe llevar a cabo un proceso de trabajo para proveen,l' Lo mismo ocurre con formuJaciones que pretenden "lecturas" de
de sus medios de existencia, de manera que el trabajo no es lo sin l II x, en particular de El capital, amputando parce de lo escrito por
gular del capitalismo. Lo singular es la forma concreta que adoptad , 1 propio Marx. Conviene consignar al respecto la plena legitimidad
trabajo, a saber, el trabajo asalariado (lo mismo ocurre con nombn:s dl h1gels, compañero de él durante décadas, canco en la incerven-
comunes como los de bienes, excedente o unidad de cuenta, cuya!> lr11 1 política como en la elaboración teórica, para editar los libros
formas concretas en el capitalismo son las de mercancías, plusvalí., , g1111do y tercero no publicados por Marx en vida (sobre la base de
o dinero). Y de esto se ocupa Marx en El capital, que constituye J., 11~ 111;rn uscricos) 6 • El propio Engels explica asimismo con claridad en
aplicación del materialismo histórico al estudio del capitalismo. Est,·
materialismo es a su vez la aplicación de la dialéctica al desarrollo
histórico de las sociedades, una vez liberada de su "cautiverio ideali, 1(11111i:rntsev, A., ed. (1980); Economía Política. Socialismo, primera Jase del modo
11111111Íllt1 de producción. Mamial, Editorial Progreso, Moscú, págs. 601-602; co-
ca" gracias a encuadrarla en una concepción materialista del mundo: hl ,, lo dt' De Bias ( 1994: 19). Mientras, se abandonaba el proyecto de publicación
I l 1, nhnv, completas de Marx y Engels, impulsado por David Riazánov desde el
1,1" 111111> Marx-Engels creado en 1919 y que eras varias reformulaciones acabó desa-
3. Los planreamiemos que emanan de Keynes están incluidos en esca degeneración, ¡ 11n lt-ndo. Ria2ánov fue asesinado por orden de Stalin el 21 de enero de 1938.
más allá de macices relevantes en ciertas concreciones del debate sobre la poilt I 11 , 1111 juido farsa.
ca económica. Porque él, en tanto defensor del orden burgués, no rompe co n l., '11tx, Ka rl ( 1881); "Glosas marginales a1 'Tratado de economía polícica' de
mauiz neoclásica, como se revela en la posibilidad de su integración con dla, 1.11 ¡\d,,lph Wagner", en WAA ( 1970); Estudios sobre El Capital, Siglo XXI, Buenos
y como se lleva a cabo en la llamada "sím esis neoclásica" que incorpora la rn,1u11 ,\11 , p,lg. 17 1.
economía keynesiana. ( 1 1 d ,aso del cucstionamicm o ,k la ley del descenso cendencia1 de la casa de

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1895 qué es y qué no es lo que formula Marx: "tocltt la concepción d,· l 1~ll' .,lguna ley que cxplitJUC su comportamiento. Y para abordar
Marx no es una doctrina, sino un método. No ofrece dogmas hechos, sim, 1111 111 l'S IO hay una cuesción previa por resolver, sin la cual nada puede
puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dich,1 l'lil .1 rsc: el numerador de la tasa de ganancia, esco es, la ganancia
investigación" 7• 1¡111 ohdcne el capital, ¿de dónde viene?
t omcncemos descartando una ilusión: la de que se pueda produ-
I li ¡;.111Jncia ''de cualquier modo", en cualquier operación mercantil.

l. Explotación capitalista: trabajo no pagado que se apropia \l 1, posible que uno de los participantes en una operación de incer-
como ganancias 1111hio obcenga ganancia, pero sólo a condición de que el otro par-
1111¡>,LIHC pierda el valor equivalence a d icha ganancia. Partimos del
El objetivo de EL capital es explicar los fundamentos del capitalismo 1111 tt ,tJo porque es la forma en la que se manifiestan los fenómenos

y, a partir de su comprensión, identificar sus límites. La motivació n t II l.1 ,ociedad capitalista, que es una economía de mercado. Pero la
del proceso de acu mulación capitalista es una rentabilidad suficiente, f, 111wmía capitalista no es solamente una economía de mercado, es

es decir, que el capital movilizado rinda nuevo valor, se valorice, en l 1 111,\xima expresión histórica de la economía de mercado, en tanto
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determinada prop orción (es decir, una tasa de ganancia suficiente). q111 ,, l' mercantiliza incluso la capacidad de crabajar . De hecho, las
Para entender las tendencias inherentes al capitalismo no basta con I l.1l iones de producción capitalistas se conforman precisamente en

constatar que hay un desempleo elevado como resultado de que la 1, 11110 a este asunto, la mercancilización de la fuerza de trabajo.

acumulación se ha interrumpido - la crisis-, debido a su vez a la caída l·I fundamento del circuito mercantil simple "mercancía-dine-
de la tasa de ganancia. Necesitamos explicar por qué la rasa de ganan- 111 1nc:rcancía" (M-D-M), se explica en su redacción "vender para
cia cae en ciertos momentos (o por qué pasan ya casi cincuenta años l•H11prar" (o más ampliamente, "para poder consumir, comprar y
sin un periodo más o menos extenso de suficiente rentabilidad p ara ¡i 11.1 comprar, vender primero''). Es decir, se persiguen los valores
estimular una acumulación amplia), cuáles son sus determinantes, si tic uso de los que se carece (un pastor convierte en mercancía, M,
, 1 lJllt!llO producido por él, cuyo valor de uso interesa a quien paga
¡,111 él llna cantidad de dinero, D , con la que el pastor puede acceder
ganancia, por afamados autores como David Harvey y Michael Heinrich, ade- , 111 ro valor de uso, unas bocas a la venta como mercancía, M). No
cuadamente criticados por Andrew Kliman y Michael Robercs encre otros. Una ~, 1n¡uiere que en el paso desde la M inicial hasta la M final haya
recopLlación bibliográfica de este tema se encuentra en www.insticucomarxisrn-
deeconomia.com/wp-conrent/ uploads/2018/03/La-ley-del-descenso-cendencial -
1\ 111.1ncia alguna, dado que la motivación de '!Stas operaciones de in-
de-la-casa-de-ganancia-y-las-crisis.pdf. Como explicaba Martfnez Marzoa, "nu 11,;1 l ,1mb io M-D y D-M se sitúa en el terreno de la permuta de valores
pretendemos en ningún pimto demostrar que nuestra lectura de Marx sea la única posi· d1 mo (sin duda, esto implica unas determinadas relaciones sociales,
ble. Tal lectura 'única posible' nunca existe con referencia a la obra de un pemttdor. Lo 11110 sólo incluimos este ejemplo aquí para sefialar que este proceso
que sí hay son lecturas imposibles, o, para ser mds exactos, presuntas l.ecturas que no son
111..tlL' ~entido per se, en el terreno de los valores de uso, sin imperativo
lecturas. En otras palabras: el conjunto de las lecturas posib/.es podrd ser 'infinito; pero
es todo lo contrario de indeterminado", Martfnez Manoa, Felipe (1983): La filosof!11
de ''ht Capital", Taurus, Madrid, pág. 29. Y respecto a la ley mencionada, el propio
Marx la había caracterizado como "la ley mds irnportante de la moderna economlt1 R l'cll c,o, capiralismo y economía de mercado no son sin6nimos, como se revela
política y la esencial para comprender las relaciones mds dificultosas. Es, desde elpum o , 111 ill.,mcnce constatando que también son mercantiles ouos modos de producci6n,
de vista histórico, la ley más importante" (Marx, 1857-58, TI: 281). 111,111 d esdavisca o el feudal. La transliteración de capitalismo como economía de
7. Carta de Engels a Werner Sombarr, del 11 de marzo de 1895; tomada de Marx , 111111.tJo obedece al incenco propagandístico de diluir el concenido de clase que se
Karl y Engels, Friedrid1 ( 184 5-1895); Obrtts esrugidas, romo 3. Progreso, Moscú, 1p11·1 1.1 m:is directamence al hablar de capitalismo, frente a la pretensión del mercado
1980, pág. 285. 1 1111u1 un ~upucsLo mec,uiismo técnico, carente de concenido social conflictivo.

112 113
de ganancia monetaria ... a diferencia del circuito capitalista). I In í.11nos que "es necesario fijarse en cuáles son esas mercancías
La forma más sencilla de resumir el circuito capitalista, en su ap.1 M 1¡111• permi ten llegar a D ' y cómo lo logran", para explicar el circui-
rienda, sería con la fórmula D-M-D' (siendo D' mayor que D). Pero 111, q111.tlisca que, a diferencia del mercantil simple (M-D-M) , exige
las apariencias pueden engañar, decíamos, y esta formulación hace: 1 1111 hio cuantitaávo que se representa en el paso de D a D'. Que
aguas, como se aprecia al redactarlo, pues "comprar para vender m.b 11 1p11.1lismo sea una economía de mercado y su máxima expresión
caro" impüca, leído de derecha a izquierda (y toda operación comer l1l 1111 1r.l significa que tanto el reparto de los elementos a emplear en
cial se puede leer en los dos sentidos), que siempre habría que encon l 1 ¡t111d11cción (medios de producción y fuerza de trabajo) como el re-
trar a quien esté dispuesto a pagar D ' por M, es decir, por lo que sólo 11!1 ,ulo de ella (la producción obtenida) , se haga de forma indirecta,
vale D. Por tanto, no se puede explicar La reproducción capicalist.1 1 11.1vt'·s del intercambio mercantil, que no es sino la permuta de una
sobre esta base. Es necesario fijarse en cuáles son esas mercancías M p111¡11nl.1d por otra. Por tanto, el punto de partida del análisis ha de
que permiten llegar a D' y cómo lo logran. Volvamos por tanto a las , 11n.csariamente La mercancía., en canco forma social que adoptan
relaciones de producción capitalistas, de las que hemos dicho que la 1,, lm·nes -los valores de uso- en la sociedad capitalista; incluido el
mercantilización de trabajo es lo que constituye su sustrato. (1,h,,jo vivo. O dicho más concretamente, por qué los bienes, en su
Para que se produzca históricamente esta mercantilización es ne- 11111d ,d6n de mercancías, se intercambian en determinadas propor-
cesaria la existencia de comprador de trabajo y vendedor de trabajo. l1111c·, que, ciertamente, no son resultado de la casualidad. Por qué
Esto es, que por una parce haya poseedores de dinero, resultado de I· • precios son los que son, a qué obedecen.
la apropiación privada de excedente precapiralisra en cantidad sufi- M.1rx explica esto resolviendo definitivamente el viejo debate de
ciente para poder convertirlo en capital productivo (uno de cuyos l I ll·nrías del valor. Constatando de manera directa la existencia de
componentes es precisamente ese trabajo vivo). Gracias a esca com- \ tlrnl'S de uso (categoría común a toda sociedad: la mesa lo es por
pra, que le aporta más trabajo del que paga (y en este mismo hecho NII' propiedades técnicas y lo sería igual si viviéramos en una socie-
radica la explotación, como explicaremos en seguida), el poseedor de ,I 111<O munisca), así como la existencia de valores de cambio (la mesa
dinero cransformado en propietario capitalista obtiene el ingreso que 111 111.· Ltn precio de 60 euros), queda por explicar la razón de este pre-
es su medio de vida, ramo personalmente (consumo improductivo) 111 Descartamos de entrada coda interesada pretensión de explicarlo

como en su condición de capitalista (acumulación). Y por otra parre ¡i, 11 la utilidad que se le asigna subjetivamente, atendiendo exclusi-
ha de existir, enfrente, quien puede vender trabajo y necesariamente ~ 1111c.: nce al momento del intercambio, puesto que las mercancías no
ha de hacerlo. Es decir, "trabajadores doblemente libres", proletarios. 111¡.i..rn a él caídas desde el cielo, sino resultado de un proceso social
Libres en el sentido de que, liberados de todo yugo feudal, disponen d1 producción (pretensión "interesada'' porque obedece al deseo de
de todo su tiempo y la correspondiente capacidad de trabajar, para • tmuíl ar así el confücco de clase que se sustancia en la producción)' º·
poder venderla. Y libres también en el sentido de que liberados de \ nos concentramos en indagar cuál es el elemento que nos permite
la propiedad de medios de producción y careciendo por canco de 111n1parar las mercancías. Aquí aparece la teoría: dado que existe un
la posibilidad de producir directamente sus medios de vida, están l 11'l ho social y que es relevante (a saber, lo que cuesta producir una
obligados, de facto, a vender su trabajo a cambio del ingreso que les
permita comprar los bienes para sobrevivir9 .
r ~ l.1 upicalización -o transformación en capital- de un excedente precapicalisra,
111 0,t·so en co rno aJ c ual tiene lugar históricamente la rransición al capitaJismo. A
p 111 Ir de entonces, la acumulació n será la capitalización del excedeme ya capitalis-
9. Decimos excedenre precapitalisra para designar el origen histó rico de esre proceso, 1.1. ,·~ decir, la capicaliz.ació n de la plusvalía (Marx, 1867: 891-954).
al que Marx denomina "acumubción o riginaria del ca pica!", que concepwalmence I O. l)d Rosal (20 15: 79-80).

114 115
determinada m ercancía en una determinada so ciedad y por 1.1111 0 1 {I• 11 di: consumir lo adquirido de una fo rma específica: produc-
en promedio en ella: o más precisamente, el tiempo de rrabajo ,11 11,11111l', Por ca nto, la tarea de lograr un añadido respecto al valor
cialmence necesario para producirla, ttsn), le ponemos nombrl·, In I il 110 reposa en la doble operación de intercambio (comprar y
conceptualizamos. Se traca del valor, del "valor intrínseco". En c.:c111 11d11), ,ino en la actividad productiva que las engarza, lo que re-
secuencia, podemos explicar los precios fijándonos en cuámo com ir l • r111,1111os como P en 0-M ... P... M '-D'. Con esta formulación
ne cada mercancía de aquello que comparten codas ellas, haber 1,idn 1, ¡,1 1l,11110S nada codavía, sólo estamos representando el proceso

producidas mediante el aabajo. 1 \ 1ln11,,1ción del capital, que hace posible su paso de O a D'. Pero
Esto no significa negar la importancia del momento del inrercarn I l 1R ,t 1:lla podemos identificar la tasa de ganancia, (O' -D) I D.

bío para la fijación del precio. La venta es simplemente la valida<.:ion 11 1,1 ¡~uimos teniendo pendiente la explicación de cómo se pasa
de un trabajo privado, pero una validación social, no preescablecidi& 1 11 , 1)', aunque hemos avanzado al mostrar que se hace posible a
y, por tanto, debe ser considerada como "complemento" para la t·x 1 • 1k las formas intermedias del capital que son M y M' entre las
plicación completa del precio. Porque éste se determina fundamt•n 111 lt.,) un proceso productivo. Para explicar el salto cuantitativo que
talmente por otro proceso social, previo, que es e1 de su producción, 1 111 l11g,1r en él, es decir, cuando el capital adopta la forma P, hemos
en el marco del cual se forma e1 valor1 L. Esto atañe al conjunto dr t, li¡ . 11 nos por tanto en la M que entra. Ésta consta de dos compo-
las mercancías y, por tanto, también a la fuerza de trabajo, cuyo ptt· 1111111·~. los medios de producción y la fuerza de trabajo. Son las dos
cio, el salario, se determinará por su valor, asimismo explicado por I' 111 r, l'n q ue se concreta el capital. La primera parte son los medios
el tiempo de trabajo necesario para su producción (en este caso, d 11 I'' nducció n, que se definen por el hecho de que son el resultado
valor de las mercancías con las que se hace posible efectivamente ,u I d!.ldo de un proceso productivo previo. Es decir, se definen por su

reproducción, ni que decir tiene que establecidas socialmente). 1.¡ 1111il 1u6n de trabajo muerto o pasado o solidificado. Por canto, no
ley del valor no es simplemente el medio para explicar los precio\, t il 111 11 ,a pacidad creadora, productora de valor nuevo. Obviamenre
sino que aprehende el hecho social de que sólo se puede consumir lo 111 110 supone menospreciar su importancia. Los medios de pro-
previamente producido y repartido mercancilmeme, que no es sino 1111, 1c'i n son imprescindibles en un doble sentido. En primer lugar,
el trabajo mercantilizado, su resultado. ¡11u,¡m· d sustrato de las mercancías es su valor de uso y, para decirlo
Apoyándonos en la ley del valor, podemos volver al punto apar I ' t11~.unence, no puede haber mesas de madera sin tableros (ya que
cado: cómo se pasa de D a D ' en la sociedad capitalista de forni.1 111\ 1.1bkros son medios de producción en canco materias primas).
general (no en tal o cual caso particular). La primera fase del circuito 1 11 ,rg11ndo lugar, porque no hablamos de producción en términos
es D-M, una compra. Pero una compra particular porque tiene d 1,, 111rns, sino en los términos sociales propios del capitalismo y, por
, 1111 0 hay que producir de forma comperitiva, lo que exige una de-
1

, t 1111111.t<la productividad , sólo alcanzable a su vez con cieno grado de


11. Ciercamenre esco abre la posibilidad de que el precio de una mercancía se sep,111 1111•1,ltliwció n (medios de producción en tamo maquinaria). Por esta
de su valor. Pero limicadamenre porque la suma de todos los precios es igual a 1.1
suma de todos los valores. Y no sólo eso, sino que efectivamente los precios dt: l.1,
1111 .qi.1cidad de crear valor, a la parre del capital que constituyen los
mercancías convergen hacía sus valores, dado que tanto quien "compra" como quiru 111n l1 os de producción se le llama parte constante del capital o capital
"vende" aspiraría a obtener la mayor cantidad posible de valor a cambio del valo1 ,11 , 111\'>l ,ll1CC (c) .
que renuncia, pero en codo caso no perder valor... lo que sólo pueden logar ambo~ \i \(¡lo queda po r canto la segunda parre de la M inicial, la fuerza de
el precio es efectivamente el valor. La ley del valor está bien explicada en numermm
11 1h,1jo. Ésra, por su condició n de trabajo vivo o presence o líquido,
textos. Recomendamos especialmente, aparre de la imprescindible lectura de El c,t¡,1
tal (Marx, 1867: 43-102), las de G il! ( 1996: <) 1- 140) y Arriiabalo (201 4: 100- 1 11 ) .t t ll' tl C la capacidad de crea r valor, sobre la base de que se extienda

116 11 7
por más tiempo que el necesario para producir el equivalenu: 1 11 11ll 1lt 1.1. \i el salario fuera de 'ÍÜ, ent0nces no quedarían m~sas
remuneración. Salta a la vista que la producción final en una t.i1 11 1 1 11 \,dm nurriera la ganancia. O dicho de ocro modo: en el capita-
ca, por ejemplo, no es el volumen de producción generado en , 11 11 l 1,11, 111 l"<btencia de excedente no es deseable sino imprescindible,
puesto que parte de esa producción final ya existía anees del pn>lC'\CI 1
111 ,r ,1 1 ,tpropiación por el capitalista, en su condición de propieta-
productivo realizado en la fábrica (por eso la primera forma de.· , .11 I il1 l l onjunco del capital, constiruye la ganancia.
cular el PIB es restando el "consumo intermedio" a la produu 11'in 1 11 1, l'Stamos diciendo por canco? Simplemente que, de las 40
coral y así evitar el doble cómputo del tablero, como producto d,· 1.e 111 11 1 dl· LO<lo el trabajo vertido por los trabajadores, una parte debe
serrería y como parte del producto de la fábrica de muebles). Ahora 1111
l II impagada necesariamente, que es la que se apropia el c~pi-
bien, descontado ya ese "consumo imermedio" (que no es sino d 111\1 1 A csce trabajo no pagado es a lo que llamamos explotación.
de los medios de producción o la parre del capital que llamamoa 1 11 11111 dl·cíamos al principio, hablar de exploración no parce de una
constante porque no modifica su valor en el proceso produccivo), 111 1,lll ,tción moral, sino científica en canco que sólo a través del
nos queda lo efecrivamence producido, que es lo que se reparte y lo 111 1rnlo c.icncífko se aprehende el hecho social del trabajo no pagado,
que se consume (las otras dos formas de cakular el PIB). Es decir. d 11 11 l ,1.nus de imperativo para la acumulación capitalista. Dicho de
trabajo. Imaginemos una fábrica de muebles en la que la producciún 11(• 111o<lo, la jornada laboral completa se divide en dos panes: una
en una jornada laboral de 40 horas fuera de 60 mesas 12 • Supongamm l 11.ihajo necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo, es
asimismo que el valor de codos los medios de producción empleado, 1
1 l ll , ,·I valor de la fuena de trabajo, cuyo precio es el salario; la otra
efectivamente fuera de 20 horas, equivalente (es decir, de igual valor) el pluscrabajo, el trabajo más allá del mencionado trabajo necesa-
a 20 mesas. Por tanto, el valor efectivamente producido sería de 40 d,, (p.ira la reproducción de la fuerza de trabajo) , que hace posible
mesas (producir el equivalente a 40 mesas en 40 horas significa qut' 1, p111ducción del valor exua que conforma la plusvalía o plusvalor
el valor unitario de cada mesa es de una hora). (¡i\ ), h,t\C de la ganancia. No se erara por canco de que el precio de la
De forma regular, ¿cuánto podría ser el salario, expresión monc.· 11 11 , ,.1 de crabajo sea inferior a su valor, sino de que el valor de ésta,
caria del valor, de los trabajadores que han trabajado esas 40 horas? ti 111 l¡ue efeccivamenre se mercantiliza, es necesariamente menor al
Veámoslo en términos de mesas, cuyo valor unitario, como acabamm \' 11111 ~l·nerado en el conjunto de la jornada laboral. Por esca razón a!ª
de señalar, es de una hora. Y digámoslo poco a poco: ¿podría ser dl' ¡i II ll' del capital que compone la fuerza de uabajo, que por se~ trabaJO
80 mesas? Obviamente no, pues ni siquiera el valor final de la pro \ t\ 11 11ene la capacidad de crear valor nuevo en la forma referida, se le
13
ducción alcanza esas 80 mesas. ¿Tal vez 60? De nuevo la respuesta ci. (lt 11omina parce variable del capital o capital variable (v) •

negativa, pues el valor producido en la fábrica y del que procede el


salario es solamente de 40 (el valor final de las mesas es 60 gracias J
¡ 1 ¡>111 qué no crea vaJor el capital constante se muestra '.ácilmente pensa~do en una
que incorporan 20 horas de los medios de producción empleados en
¡ 11 111 , .1de mesas con 20 horas de tiempo de trabajo socialmente necesario (tcsn) en
ella). Y así llegamos a la pregunta crucial: ¿podría ser el salario, en fin, l 1¡, 11 . 11rnnstante (para facilitar la exposición, suponemos ~ue todo circulant~, que
equivalente a las 40 mesas que corresponden al valor efeccivamentl' uul 11 ir;i~lada el conjunto de su valor a las nuevas mercanc1as en un solo periodo).
producido en la fábrica? Y la respuesta es que obviamente tampoco. Aiun de iniciarse el proceso de producción, ¿cuánto valor hay? Está claro que e~as
Porque no hablamos de producción en general, sino de producción lll 1111 r,I\. ¿Por qué sólo 20, por qué no consideramos el valor de la fuerza de rrab_ª!º•
el~ Porque todavía no existe, al no haber comenzado el proceso de produc~1on,
'I"' n rnan<lo la potencialidad del trabajo vi:o se mace:ializa (~n _presente conunuo,
i;
11 .11,1 Je 1r,tbajo vivo, presente). El no vivo ya esca materializado y, por tanto,
12. Para facilicar la exposición, supondremos siempre que el trabajo se realiza de rn .1tld.um ,olo puede 1r.msmitir-.e. Ya durante el proceso de producción, ¿cuánto
acuerdo al promedio social de intensidad y cual ificación. mn s,· .,ñade? 1os medim dr prmh1,ción. como rei.ultado acabado de un proceso

118 119
Resumidamente: la explotación es el trabajo no p,1gado, traba jo 1 11 c:I lenguaje inform.11 h,thl.imos ,1 menudo de exploración
realizado por el asalariado, pero apropiado por el capitalista graci.1~ 11 11 111 ros sentidos (como se verifica en que se dice incluso "au-

a la relación social que consriruye el salariado. Constatamos teóri 1uuq,locación", expresión incompacible con la relación social que
ca y empíricamente la necesidad de dicho trabajo no pagado, qul" 1lt l111t• la noción de exploración en el capitalismo). Asociándola a
además ocupa un lugar neurálgico para la reproducción capitalist.1, l 1 111ili1ación de recursos y especialmente cuando se hace de un
pues nutre la ganancia. Y en consecuencia lo concepcualizamos teó !ll Pilo abusivo. Son meras formas coloquiales de hablar, carentes
ricamente: es la exploración, la exploración capitalista. Por can co, ild , 11mcnido teórico que sí tiene la forma en que Marx concepcua-
un hecho cualitativamente distinto a orras formas de subordi na 1111 l.1 exploración propia del capitalismo. ¿Qué dice la economía
ción, propias de otras relaciones de producción. Porque el hecho h 111 y11csa al respecco? En general, la posición abrumadoramenre
sustantivo del capitalismo, vinculado a la mercancilización de la (111111111,rnce desconsidera no ya la posibilidad siquiera de la explo-
fuerza de trabajo, es que la entrega de trabajo a cambio de salario 11 1!'111 , salvo excepcionalmente y corregible, sino que formula una
comporta para el trabajador también la exigencia de una entrega 1111 ~ 11ttca pantalla que obsraculice su consideración. Se trata de una

extra de trabajo sin nada a cambio. Y esto se produce en el marco de l, 111111dación aucorreferencial de la distribución: cada "factor" es re-
la plena separación entre el productor y la propiedad del producto, 11111m·rado de acuerdo con su aportación al producto. De este modo
resulrado de la mercancilización de la fuerza de trabajo. a, , il'rra coda discusión al respecto. Sin embargo, la constatación es
q111 l.ts categorías de la distribución que observamos directamen-

l l, por expresarse en el mercado, son un reflejo de las relaciones


de producción previo, aporran su valor, claro. Pero, ¿de dónde podrían incorpor.u
d, prnducción. Esras relaciones de producción encre capitalistas y
más? ¿De dónde podrlan salir más horas de trabajo de ellos? Imposible, por eso se le,
llama capital constante, expresión social de su condición de trabajo pasado, trabajo 1, 1h.1j,tdores se materializan en un determinado reparto del trabajo
muerto o, quizá más gráficamente, trabajo ya solidificado (cerrado, inamovible). 11111. el pagado y el no pagado (o dicho de o ero modo, un determi-
¿Y cuánto añade el trabajo vivo? Escá claro: su duración (ponderada en función de 111110 grado de explotación: la cantidad de trabajo no pagado por
su intensidad o cualificación respecto a los promedios sociales respectivos). En el caso.
l 1,l I unidad de rrabajo o de plusvalía respecco a capital variable,
40 porque consideramos que esos elementos de intensidad y cualificación están en d
promedio y porque 40 es el número de horas de la jornada semanal que escablecemo, pv/v}. Por canco, de ellas, de las relaciones de producción surgen
como referencia. Cuando ha finalizado el proceso de producción, ¿cuánto es el valor , 11110 el salario como las ganancias. A su vez, ésta se reparte entre
de las mesas producidas? Todo el tiempo que ha sido necesario para producirlas, 60 111. distintos capitales, en función de las relaciones de competencia
horas de ccsn. ¿Acaso podría ser distinto? Y, ¿de dónde vienen esas 60? De las 20 ya
q111 los enfrentan, con la forma de distintos tipos de ganancia: pro-
existentes previamente más las 40 que se han añadido del trabajo vivo. No hay otr,1
.1111 liva, comercial, financiera. En consecuencia, las categorías de la
procedencia posible. Por canco, ¿cuánto es el PIB, más fácil de visualizar si en lugar de
asociar esos números a la fábrica de muebles estuviéramos asociándolos al conjunto dr dh111bución que vemos de forma directa (salario, ganancia produc-
la economía? (El PIB es el valor añadido en la producción en un periodo determina 11v.1, ganancia comercial y ganancia financiera) son un reflejo de las
do). El trabajo que se ha realizado en ese periodo, 40 horas de ccsn en nuestro ejemplo.
1d 1H. iones de producción que enfrentan primero a la clase capitalis-
La imposibilidad de un proceso de producción (es decir, de creación de valor)
sin trabajo vivo, puede parecer que no demuestra directamente por qué los medio, 1, l011 la clase trabajadora y, después, a las distintas fracciones del

de producción no crean valor, ya que se podría alegar que no lo hacen escando , 1pit,ll entre sf. El planteamiento burgués mencionado, de que cada
solos, pero sí lo crean "en compañía" de trabajo vivo. Sin embargo, el hecho cualitJ l.11 wr es remunerado de acuerdo con su aportación, constituye un
rivo que subyace detrás de esa imposibilidad revela que cuando están acompañado,
111t 1u ejercicio de blindaje teórico al servicio de un blindaje político
podrán ayudar indireccamenre a crear valor, haciendo que quien lo crea lo haga m.t,
ampliamente, pero no modifica su incapacidad direcrn, que e.s el hecho que, poi \ 111oral: no existe exploración ni, por canco, conflicto social alguno
cualicativo, subyace en codo caso. q,tt no sea evitable c.on un,\ política económica adecuada, lo que

120 121
queda es esforzarse cada uno por dar lo mejor de sí mismo y cod., 1, J\namulación capitalista y aumento del grado de explotació n
una serie de vacuas retóricas similares.
Del imperativo de explotación que implica el capitalismo se deriv.1 l lunm visto cómo Marx demuestra que la exploración es una exigen-
una conclusión polírica decisiva: los intereses de ambas clases, explo- \,, dd capital: puesto que la ganancia sólo lo es realmente si hay un
tadora y explotada, son inconciliables. No irreconciliables, porque al111 .1C.recencado y éste sólo puede proceder del trabajo vivo, es im-
nunca pudieron conciliarse, sino inconciliables, desde la raíz misma. l, 1 111v,l la existencia de trabajo no pagado. Este trabajo no pagado es
La idea de tiempos pasados en que efectivamente esto fue posible d , 111uenido mismo de la relación social que se establece entre la clase
corresponde exclusivamente al terreno de la propaganda, como en 1
1p11.disca y la clase trabajadora, por canco clase explotadora y clase
relación con el periodo 1945-70 14• Su expresión fociche es "estado del I plrn,l<la respectivamente. A su vez, sobre la base de la exploración
bienestar", que no fue ningún estado, sino la contradictoria y limita- qm permite encender la fuente de la ganancia, Marx explica la repro-
da inclusión de una serie de conquistas obreras en Estados burgueses. d111 l 1Ón en el tiempo de la sociedad capitalista (de «las sociedades en
Contradictoria porque se traca de "cuerpos extrafios", ya que chocan I ,~ que domina el modo de producción capitalista"). La clave de la
con la función constitutiva de estos Estados, que es la de favorecer la 1c¡11oducción radica en la acumulación, esto es, la capitalización de
acumulación capitalista (Gill, 1996: 271-272). Limitada en su con- l,1 plusvalía, la parce de la ganancia - plusvalía- que se transforma en
tenido ya que codo "bienestar" sólo puede ser relativo respecto a las 11m vo capital. Esta acumulación no la lleva a cabo el capital en gene-

posibilidades materiales absolutas, ya que ha de ser compatibilizado 11d ,ino en la forma en que existe realmente, los focos individuales de
con las exigencias de la rentabilidad. Y cada ve1. más limitada porque 1111111ulación que constituyen los capitales individuales. Cada uno de
sólo excepcionalmente pueden mantenerse, en canco inevitablemen- 111, cuales debe valorizarse en la proporción necesaria para sobrevivir
te acaban revelándose como fardos para la rentabilidad {Arri2abalo. l t 1mo cal, que eso y no ocra cosa es la competencia. Por eso decimos
2014: 277). qut.• para codo capital esca valorización suficiente es literalmente un
En efecto, su inconciliabilidad no es circunstancial sino esencial, 1111pcracivo de vida o muerte. Y por esto mismo la competencia no es
ya que deriva del hecho explicado de la explotación, base de la re- 1111 hecho circunstancial sino inherente al capitalismo. De modo que

producción capitalista y, por lo mismo, fundamento material de la ptlldc cambiar, y ciertamente lo hace, la forma en que se desarrolla la
lucha de clases que, en consecuencia, no se interrumpe ni podría pugna competitiva entre los capitales, impulsada por los procesos de
6
interrumpirse nunca. Cosa distinta es cómo se expresa, terreno en el I onccncración y centralización del capital1 • Pero no el hecho suscan-

que, efectivamente, la orientación de la dirección de las principales


organizaciones de la clase trabajadora puede hacer posible su con-
1(1, l's el hecho aprehendido con brillantez. por Lenin ( 1916) en la caracterización
tención, la contención de la expresión política de la lucha de ciases,
,Id imperialismo como estadio histórico del capitalismo, como su esr:idio último, re-
aunque no ilimitadamente, desde luego 15. llc 1.,nJo la forma particular que adopta cada vez. más la competencia (el oligopolio e
1111 \u'>O evemualmenre el monopolio en determinados sectores), pero en ningún caso
I unuonando su existencia, insistimos en que consustancial al capitalismo.
l .a pugna competitiva es el segundo conAicm propio del ca~ira~ismo, tras el
umllicro principal, de base, que es el que enfrenta a la clase capitalista y la clase
14. Arrizabalo (2014: 277-367). 1r.1b.,jadora. Si ésre revela la imposibilidad de conciliar los intereses de ambas clase~,
, icutivamenre cnfremado~. aquél muestra la imposibilidad de codo orden cap1-
15. En Arrizabalo (2014: 419-428), desenmascaramos roda la retórica levantada 1 011 1
por las instituciones del capital y sus colaboradores, para rrarar de velar el conflicto 1.111~ta. Je un capiralismo padfico. Esto se aprecia bien en las guerras, cuyo trasfon-
inmanenre: gobernanza, sociedad civil, democracia participativa, ONC., cte. Y co do t·conómico e, ,i111pkn1t·n1< !., lucha por los mercados. Por muchas conferencias
ronando codo, el "di,ílogo soci.11". Véase tamhit'n Gill ( 1996 2·W ,~.l) de p.1, que quia.111 <1111\ 111,11sc 1111 h.1~ forma de resolver esa lucha p.,cíficamence.

122
tivo, en la forma en que acabamos de definido. J\1111q11c enumera seis Cac:wn.:!I co mo causas concrarrescances, en
Como resultado de esta explicación Marx concluirá que la acum11 1111111 1 11mancia la posibilidad <le evitar, puncualmence, que la cen-
ladón capitalista va a exigir un grado de explotación cada vez mayo r, 1 , 11 l., .1 la caída se materialice en una caída efectiva, se concreta

debido a su carácter crecientememe contradictorio, que revela sus lí 111 i.ilmcmc en el aumento del grado de explotación. La casa de
mices históricos. Exigencia que verificamos de una forma cada vez m,h 11111111., (g') la definimos conceptualmente como g' = pv I (c+v).
marcada en la sistematización de los procesos de desvalorización de l.1 I' 11 , 1 l., hora de hallar sus determinantes, nos fijamos en dos hechos
fuerza de trabajo. Expuesto muy sintéticamente, se traca de que cad.1 ,1t I ti,, l Jll C, puesto que existen y tienen relevancia, los caracteriza-

capital tiende ineludiblemente a mecanizar su proceso de producción. 11111 1c111icamence, conceptualmente. En efecto, importa la propor-
como medio para aumentar la productividad del trabajo vivo que per 11111 111 la que el capital se concreta en su parce constante (c) y su

mita así abaratar el valor unitario de cada mercancía. Y por tanto po 1i II ll v.1 riable (v). Es decir, la proporción entre ambas a la que llama-
der venderla más barata, de cara a mejorar así su posición competitiva. 111m I omposición del capital (q) y definimos así: q = c I v. Importa

Esto es, su capacidad de valorizarse, para lo que debe llegar hasta D'; 1 11111,1110 la proporción entre el plustrabajo o trabajo no pagado que

es decir, validar socialmente sus productos, vender lo producido. Est,1 11 11111• l'I plusvalor (pv) y el trabajo pagado, trabajo necesario para la
mecanización reduce el peso relativo del trabajo vivo respecto al muer ,, 1111ducción de la fuerza de trabajo o parte variable del capital (v). Y
1
to, i.e., el que crea valor frence al que no. En consecuencia, se consrn 1 ,1 1 proporción, cuya relevancia es indudable como determinante
ca la existencia de dificultades crecientes de valorización, que lleva a di 111 ll'tHabilidad, ya la hemos caracterizado teóricamente como tasa
Marx a formularlas como ley, en tanto suceden inevitablemente: es l.1 ll ph1.walía (pv') o grado de explotación: pv' = pv I v.
ley del descenso tendencial de la tasa de ganancia. Tiene estatus de ley ¡\ p.,nir de las tres expresiones mencionadas, podemos dividir por
porque ocurre necesariamente y además se trata de una ley verdadera- \ l l 1111rncrador y el denominador en la definición de la rasa de ga-

mente crucial, ya que afecta a la tasa de ganancia, a la rentabilidad, a lt illl i.1: g' = (pv/v) / ((c/v) + (v/v)), esto es, g' = pv' I (q +l). Esta ex-
La motivación de la acumulación capitalista. pt,, ion de la casa de ganancia deja ver con claridad la relación directa
Pero hay una particularidad en cuanto a lo que ocurre necesaria- ( 11111 l,1 tasa de plusvalía y la tasa de ganancia, es decir, entre el gra-
mente: no es que la casa de ganancia caiga, sino que tiende a caer. E~ d,, 1k explotación y la rentabilidad. Pero también la relación inversa
un disparate por canto afirmar que la ley no se verificó por el hecho 111 t l l.1 composición del capital y la rentabilidad o, dicho de o ero

de que no descendiera de forma regular, pues para comprenderlo bas 11 11110. \,1 relación inversa entre el peso relativo de la mercancía que
1
ta en realidad con fijarse en la redacción de la ley ("tendencial") o leer 1111 uca valor en el rotal del capital y la casa de ganancia. Como por

no ya los capítulos consecutivos al capítulo XIII del libro tercero dt


EL capital, en el que Marx expone la ley, sino simplemente sus dcu-
,1 \lll'llO se encuentran en Boundi, Fahd y Gaviola, Saúl (2013); "La cendencia
los respectivos: "Causas conrrarrestances" el XlV y "Desarrollo de la., 1
ti 11 i.t~a de ganancia y la desvalorización de la foerza de trabajo en España (1964-
contradicciones internas de la ley" el :XV17. 11 1 \) l l i 5is, distribución y desigualdad", XVIII Congreso Nacional de Sociología, Al-
111 ir.tn, Ciudad Real; Cámara, Sergio (2007), "The Dynamics of che Profir Rate in
\p 111 1 1954-2001 ", Review of Radical Poíitical Economics, vol. 39; Freeman, '.'1ª,~
Por ejemplo la Primera Guerra Mundial, que sólo podría haberse evitado por l.1 ( '!J 1 1); ... 1he profir rate in che presence of 6-nancial markets: a necessary correction ,
intervención efectiva del movimiento obrero, estalla efectivamente ante la craició 11 J,, 11111,,1 11/ Austmlian PoliticaL Economy, n 70, Adelaida; Kliman (2011); Maito, Es-
a ésce por parre de la mayor parte de sus dirigences, comando partido en la 1mil111 1 1,.111 l'·, cquid {2014); "La rransicoriedad histórica del capical. La cendencia descen-
sacrée bélica a favor de sus burguesías respeccivas (Arri:Labalo, 2014: 19 l). d 111< de.- lá rasa de ganancia desde el siglo XlX", Rawny revoluci6n, n. 0 26, Buenos
17. Véase una iluscración de esta tendencia, para el caso de EEUU encre 1896 y f\ 111 ,, l{obcns, Michael {20 16); The Long Depression, Haymarkec Books, Chicago
2011, en Arrizabalo (20 14: 708), basada en daros de Amonio Linares. Orras íuemt·, (1, ul 11n ión española LII l,1rg11 rlepmi6n, El Viejo Topo, Barcelona, 2016).

12'1 125
otra parce ya hemos consignado que la mecanización consustancial .11 proporción encre la fracción del día -<¡ue expresa el trabajo necesa-
proceso de acumulación capitalista, pronto o carde y en mayor O me rio- y la jornada entera de trabajo. Únicamente puede moverse den-
nor medida, acaba expresándose en un aumento de la composición tro de este límite. Cuanto menor sea ya la fracción que corresponde
~el capital, llegamos así a la constatación de que la rasa de gananci., .11 trabajo necesario, cuanto mayor sea el pluscrabajo, canro menos
puede cualquier incremento de la fuerza productiva reducir percep-
tiende a caer. Y que la forma de evitarlo es aumentando el grado dt·
tiblemente el erabajo necesario [...]. La aucovalorizacíón del capital
e~ploración, la casa de plusvalía.
~e vuelve más difícil en la medida en que ya esté valorizado (Marx,
Es muy importante el orden expositivo: lo que podemos constatar
1857-58, I: 283-284)l8 .
con toda seguridad es el aumento de la composición del capital y, por
tanto, finalmente, la necesidad de aumentar el grado de exploración. Como en relación con la exploración, también respecto a la ley del
Dejamos un momento aquí el hilo conductor para enfatizar esca ne
d,·scenso tendencia! de la casa de ganancia los economistas burgueses
cesidad, dado que no es sólo que se requiera un aumento, sino qut
,vvdaban sus Ümices. Smith, Ricardo, Scuart Mili o Keynes recono-
éste ha de ser cada vez mayor. Esto se aprecia fácilmente al comparar
' 1.tn de una forma u otra el fenómeno, pero negando su condición
las expresiones de la tasa de ganancia y la casa de plusvalía (cuyo
11111sustancia1 al capitalismo:
au~ento debe "insuflar aire" a aquella). Tenemos g' = pv / (c+v) y
pv = pv I v, de modo que salta a la vista su parecido, puesto que d aquellos economistas que, como Ricardo, consideran como abso-
nwnerador es idéntico y el denominador parcialmente igual. Pero luto el modo capitalista de producción, siemen aquí que ese modo
esa diferencia del denominador resulta decisiva, precisamente porqur de producción se crea una barrera a sí mismo, por lo cual atribuyen
se trata del capital constante. Esto es: la casa de ganancia siemprt· esa limitación no a la producción, sino a la naturaleza (en la teoría
es menor que la tasa de plusvaüa, pero además esca diferencia se va de la renta). Pero lo importante de su horror a la tasa decreciente de
acrecentando, porque el lastre aritmético que se observa en la rasa ganancia es la sensación de que el modo capitalista de producción
de g~~ancia respecto a la de plusvalía, la e, aumenta respecto a la v halla en el desarrollo de las fuerzas productivas una barrera que nada
Oa d1ferencia entre el denominador de la casa de ganancia y el de la tiene que ver con la producción de la riqueza en cuanto cal; y esca
casa de plusvalía no deja de aumentar). Es un lastre aritméticamente barrera peculiar atestigua la limüación y el carácter solamente histó-
rico y transitorio del modo capitalista de producción; acescigua que
hablando, porque en términos económicos resulta necesario por exi-
éi,ce no es un modo de producción absoluto para la producción de
gencias de la competencia.
la riqueza, sino que, por el contrario, llegado a cierta etapa, entra en
. En los Grundrisse, Marx (1857-58, I: 276-284) explica con un
conflicto con el desarrollo ulterior de esa riqueza (Marx, 1894: 310).
eJemplo que el plustrabajo y por tanto la plusvalía, así como la casa de
plusvaüa, no pueden aumentar al mismo ritmo que aumenta la pro
ducrividad; que, de hecho, aumentan a un ritmo decreciente: "cuanto
18. El conte11ido no moral sino ciencífico de la exploración es el que nos permite
mayor sea fa porción de plustrabajo antes del aumento de fa productivi 111mprender por qué el grado de exploración es, por ejemplo, mayor en Europa
dad, menor serd el incremento de fa plusvalía que el capital obtiene del •fltCen África, a pesar de que las condiciones de vida de los trabajadores sean mu-
aumento de la capacidadproductiva" (Gill, 1996: 503): d ,o peores en los países africanos. El grado de explotación mide simplemente la
111 oporción de la jornada laboral que los rrabajadores dedican a producir plusvalía,
por ramo lo opuesto al tiempo de trabajo requerido para producir el valor de su
cuanto más desarrollado sea ya el capital , cuanto más plustrabajo
lucrz.a <le trabajo, que se expresa en el salario. Gracias a la disponibilidad de más y
haya creado, canco más formidabl emente tendrá que desarrollar la mejores medios de producción . los trabajadores europeos producen el equivalente
fuerza productiva para valorizarse a sí mbmo en ínfima proporción. ., ,11 ~3lario en una pnne dt' l.1 jc>rnada laboral proporcionalmente menor a la que
vale decir, para agregar pl11.w,11fa, p<>rl¡ut· su b.1rrc.: m es siempre la 1t·quicrcn para dio l<,s .1frlrnt11\\.

126 127
Marx detecta que se trata de una ley ligada a la acumulación 1 .1pl I h1. 1111 de: que el despliegue de la acumulación del capital acaba
talista, "una expresión, peculiar al modo capitalista de produc<..ic'111, ni i¡ill, 111do, inevitablemente, una exigencia asimismo de aumento
20
desarrollo progresivo de la fuerza productiva social del trabajo" (M.11 l(. 11 1 11111 del grado de explotación, de la casa de plusvalía • Hasta el
1894: 271). Como cal, es la ley capitalista más importante, porque ¡ 111 1111 d1 (jllC la desvalorización de la fuerz,a de trabajo como mecanis-
revela adonde conduce inevitablemente la acumulación capitali,1.1, a 11 ¡111 l l'I aumento de la explotación exigido, adopta formas cada vez

contradicciones cada vez más agudas. Estamos hablando de qu,· loa , 11111unas, incluyendo entre ocras modalidades las de trabajadores
problemas para la acumulación no proceden de que la productivid.ul 11 ,dw. como autónomos ("falsos autónomos"), carentes por eLio
11
caiga, sino que, al contrario, se plantean porque ésta aumenta: j ,1 1, 1 l,o laboral alguno (Vicem: 2017: 187-190); "contraeos cero
1 11 1~ q11c.· no garantizan ni una hora de trabajo y por consiguiente
La tasa de ganancia no disminuye porque el trabajo se haga m.i, ,111 1•1111 ,.tlario, pero en los que se impone exclusividad; la extensión
improductivo, sino porque se torna más productivo. Ambas cosa,. 1 11, 1m111cno de los "trabajadores pobres", es decir, aquellos que con
canco el aumento en la tasa del plusvalor como la baja en la casa dr II ti II lo no pueden acceder siquiera al consumo básico; incluso era-
ganancia, sólo son formas particulares mediante las cuales se exprc.,.1 l ,¡11 ,111 remuneración, mediante la apelación al prestigio curricular
en el modo capicalisra de producción la creciente productividad dd ¡i11 1q1one hacerlo en una determinada empresa (medios de c~mu-
trabajo (ibídem: 306-307). tili 11 1111\, resraurances de lujo); además de otros muchos rnecarusmos
1 111 1. 1 rc<lucción del salario por hora, como la imposición de horas
En definitiva, la capacidad de actuación de las contratendetH i.1~ u ,11nlinarias no remuneradas 21 • U1údo al fenómeno del desempleo
enfrenta límites insuperables: rl ,11hc.·mpleo, la propia noción de desvalorización de la fuerza de
II d1.1Jo parece quedarse corta para definir una realidad en la que cada
el límite absoluto de la jornada laboral media, que por naturafez¡¡
1
1 ,1 ,blcmariza más la destrucción de fuerzas productivas y específi-
será siempre de menos de 24 horas, comtituye una barrera absoluta pm11
u,H·tnc la fuerza de trabajo (Arrizabalo, 2014: 443-542).
compemar [la reducción de} el capital variable aumentando la tasa ,le/
plusvalor, o [la restricción de} el número de obreros explotados aumm · 111)' varias nociones en relación con el salario que facilitan la com-
tanda el grado de explotación de la fuerza de trabajo (Marx, 1867:
370) 19•
11 S1 iir, csiadíscicas que muestran la tendencia para un par de casos, el español Y
l 1,111 11, ,e encuentran respecrivamem:e en Mttrillo (2015: 376) y Del Rosal (2015:
Hasta el momento hemos expuesto las dos grandes aponacionc.·s ,.1 1 ~<, y 388.). .
teóricas marxistas en corno a la explotación propia del modo de pro , 1 1 h1c ~e agudice la explotación a través de nuevas formas no m~difica en ab~o-
ducción capitalista y, por tanto, diferentes de raíz de las otras form.,s ¡11111 ,11 rnntenido como cal, como exploración laboral. Por esro mismo, cualquier
¡, 1, r. 11,ión de inventar una nueva clase, el precariado, sólo puede obedecer a ~la
de sometimiento de unas clases sociales por otras, características dl' 111 ,. 111 1011 e.le división de la clase trabajadora. Algo parecido ocurre con la pretenswn
otras relaciones de producción. La primera aportación se refiere a la 1 . t1, 1111guir dentro de la clase capicalisca clases distintas, lo que en seguida se uáliza
formulación de la explotación capitalista, de acuerdo no a una con1.i- 1 11 1 ddt·nder que una de ellas (la indusrrial, productiva, blablabli) :r~nte a la ~era (la
deración moral pero sí histórica, concretada en la exigencia de trabajo 111 , 111.uiva, parasitaria, etc.). En esta línea se encuadra coda la retorica de la finan-
1 ¡ 1111.11 ión" como un exceso corregible con las políticas adecuadas, cuando la expan-
no pagado para la existencia de ganancia. Para hacerlo, Marx se separ.1 ,i,,11 dt• l,1s finanzas simplemente obedece a las dificultades de valorización del capital
tajantemente de la econornia política burguesa. La segunda remite.· II
l.t ,·,lera producciva. Y también sucede algo similar con la encroniz.ación del lla-
111 h, ncoliberalismo como capitalismo malo, abriendo por canro la vía de facto para
11

11 11 1 .1¡, 1rnlismo bueno. ('.,onLr.i riamcnre a lo que revela un adec~ado uso ~el '.1'écodo
19. Véase cambi~n G ill ( 1996: 5 13 SI S). 1 ,i,l,t, revelador de la impo,lhilid.td de coda gestión progresiva del capiralismo.
11 11

129
128
prensión de la situación actual. El salario es el precio de la mercancía dl ,uponer una vuelca a l,1 ml'ncion,t<la necesidad de aumento del
fuerza de trabajo y por tanto se sitúa en torno a su valor (el valor gi.1do <le exploración. Pero puede resultar inceresance formularlo en
de la fuerza de trabajo es el valor de las mercancías con las que se t ,101, términos, porque desvela la incompatibilidad de las conquistas

reproduce y se determina socialmente, a través de la lucha de clases 11hreras con las exigencias de la rentabilidad y, por canco, puede ayu-
que establece ciertas pautas para dicha reproducción). Las nociones tl.11 ,\ dejar ver a los trabajadores la causa de sus problemas (en corno
más conocidas son el salario real, porque indica las posibilidades ,11.·sta noción se facilita por ejemplo la comprensión de los límites del
de consumo de los trabajadores, al poner en relación el precio de la 11.unado "modelo sueco") 22•
mercancía fuerza de trabajo con el precio de las mercancías a aavés
de cuya compra y consumo la fuerza de trabajo se reproduce, como
decíamos. Por otra parce, el salario relativo mide el peso relativo del l . Implicaciones económicas, sociales y políticas: destrucción
salario respecto a codo lo producido y, por canco, es un indicador de fuerzas productivas y respuesta del movimiento obrero
del grado de exploración. El víncu lo entre salario real es importante,
porque desvela la procedencia de la capacidad de consumo de los 1 ,1s formulaciones teóricas no son la carca de un restaurante de la que
trabajadores, ya que es factible, por ejemplo, que un aumento del t. l<la uno puede elegir la combinación de platos que desee (por cierto,

salario real esté "precedido" de una disminución del salario relativo, l lccción condicionada en el capitalismo a que el poder de compra la

lo que significaría que los trabajadores esrán fina nciando más que permita). Toda teoría digna de este nombre se asienta en un núcleo
de sobra con su mayor productividad esa posibilidad acrecentada de h.isico constituido por la forma de responder a las preguntas funda-
consumo. El hecho de que se verifiquen cada vez más descensos en mentales de la disciplina. Y a una determinada pregunta no se le pue-
el salario real es una buena prueba del grado de contradicción que de responder de una forma y a la vez de la contraria, como pretenden
ha alcanzado el capitalismo, cuando la crisis se profundiza incluso los interesados eclécticos (sinónimo de acomodacicios) 23 • En el caso
a pesar del aumento de la casa de plusvalía. Por orca parce, hay dos del análisis económico del modo de producción capitalista, la prime-
nociones poco utilizadas, pero que ilustran bien asimismo esca grave 1,1 pregunta radica en cuál es el origen de la ganancia, dado que su

situación actual. Se trata del "salario mínimo" y el "salario máximo". urnocimienco es imprescindible para poder evaluar las posibilidades
Salario mínimo no en el sentido legal del término, alusivo a situacio- del capitalismo, ya que en él la acumulación depende de la rencabi-
nes en las que existe legislación que prohíbe la contratación (legal) l1dad. Marx la responde formulando la ley del valor que explica el
de trabajadores con un salario inferior a determinado moneo. Sino intercambio de las mercancías, para así poder explicar la peculiaridad
en el sentido conceptual de que por debajo de un determinado nivel de la mercancía fuerza de trabajo que, intercambiándose por su valor,
de salario ni siquiera se hace posible la reproducción material de la permite sin embargo que el trabajador produzca plusvalía, dado que la
fuerza de trabajo -en este sei1tido se habla de mínimo, es decir, de f11crLa de trabajo sólo representa una parte de coda la jornada laboral.
subsistencia física del trabajador que encarna la fuerza de trabajo. La comprensión teórica de las leyes que rigen el capitalismo, par-
Y cuando constatamos cierras situaciones en el mercado de trabajo, l tt:n<lo de la ley del valor y concluyendo con la ley del descenso cen-

la sobreexplotación se presenta como plausible cada vez de fo rma dl'ncial de la casa de ganancia, no tienen nada de determinismo en
menos excepcional, frente a otras formulaciones de la sobreexplota-
ción (Arrizabalo, 2014: 165-166). Finalmente, hablamos de salario 2) P.1ra codo esto puede verse Gill (l 996: 257-290).
máximo aludiendo al nivel salarial por encima del cual ocurre algo J t Moliner, María ( 1998); /)ietionario de 11so del español, Gredos, Madrid, pág.
relevante: que se compromete la rentabilidad. En realidad , no deja I O',O

130 Ul
cuanto a negar la posibilidad de intervención pollci ca para resolver l111 cnsidad y ampliLud , al igu,11 t111c las gue rras, que también constitu-
los problemas. Sí tienen implicaciones estrictas en cuanto a poder >'l'" parce inevitable del proceso de acumulación capitalista. Es decir,
hacerlo en el marco de la vigencia de dichas leyes, esto es, de supervi- 1111.1 siruación circular de crisis-ajuste-crisis plasmada en destrucción

vencia del capitalismo. Un ejemplo muy claro es el de la democracia c-rn nómica por doquier, regresión social y el mencionado cuesciona-
o, mejor dicho, de las conquistas democráticas. Que la democracia es lll icnro de las conquistas obreras y democráticas. Un proceso cada vez
incompatible con el capitalismo salta a la vista en tamo, por ejemplo, in~is sistemático de destrucción de fuerzas productivas.
no es el conjunto de la sociedad quien decide quién trabaja y quién Anee esta situación, ¿qué puede hacer la clase trabajadora? Habla-
no, sino fundamentalmente unos pocos de sus miembros, los propie- mos de clase trabajadora para identificar el sujeto que se constiruye
tarios de los medios de producción. Sin embargo, la clase trabajadora l orno tal de acuerdo con su posición en las relaciones de producción

sí puede arrancar conquistas democráticas, aunque de forma limitada dominantes hoy, las capicalistas26 • Es decir, poniendo en el cenero del
y no sólo por la imposibilidad de "democracia económica", sino tam- .1n álisis lo que está en el cenero en la realidad. Sobre esta base, puesro
bién porque las exigencias crecienres de explotación provocan una ,¡ue el aumento de la exploración es la causa del cuestionamienco
explosividad ante la que el Estado burgués debe restringir cada vez l ,tda vez más frontal de sus condiciones de vida, y dicho aumento es

más los derechos democráticos 24 • l.'I resultado inevicable de la sociedad organizada en torno a la propie-
No sabemos si existirá el capital ismo como modo de producción dad privada de los medios de producción y todo su despliegue histó-
dominante dentro de veinticinco años, pero sí sabemos, y con se- rico (con la forma capitalista finalmente y en particular en su estadio
guridad, que en el caso de que exista el grado de explotación habrá imperialista), la única vía de solución para la clase trabajadora es la
aumentado. A un nivel además que será incompatible no ya con la expropiación del capital. Insistimos en este punto: la exploración no
pretensión de mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la es una categoría moral sino teórica, resultado de la aproximación
población, la clase trabajadora, sino simplemente de preservar las Lientifica que realiza Marx a la problemática de las sociedades en las
conquistadas25 • Mientras canco, las sacudidas económicas con la for- que domina el modo de producción capitalista. La única forma de
ma de crisis seguirán teniendo lugar y a buen seguro que con más superar la explotación es eliminar su causa.
Es muy importante precisar bien que no estamos diciendo que
los acuciantes problemas actuales sean irresolubles. Únicamente de-
24. Es el caso del Estado de Emergencia vigente en Francia desde noviembre de cimos, a la luz de codo lo explicado, que son irresolubles en el capi-
2015 y suscituido en occubre de 201 7 por una "ley antiterrorisca" que hace perma-
nentes algunas restricciones. O la Ley de Seguridad Ciudadana en el caso español,
talismo, bajo el que, para decirlo gráficamente de acuerdo a los daros
conocida popularmence como "Ley Mordaza". Abordamos la necesidad de precisar ele la propia FAO, pese a producirse alimentos con los que habría
de qué se habla al ucilizar los cérminos democracia y dictadura, a la luz de la expe- capacidad de nutrir a 12.000 millones de personas a razón de 2.70?
riencia revolucionaria soviética en Arrizabalo (2018). calorías diarias, más de 815 millones de personas padecen malnum-
25. Un ejemplo muy elocuente al respecto son los ataques a la seguridad social, en
ción ... de los 7.500 millones de habitantes 27 . Todos los intentos de
canco que salario indirecto o diferido que revela la imposibilidad de hablar de priva-
tización de la seguridad social, dada la incompatibilidad conceprual entre seguridad
social y privado. Por ejemplo en el caso español, en el marco viciado de raíz que es el
Pacto de Toledo, en el que se imegran organizaciones políticas y es apoyado por sin- 26. Por esco mismo no es una exquisitez formal plantear que en la URSS, pese a
dicatos, pese a que su premisa es la falacia de que las pensiones son insostenibles. Se la degeneración burocrárica, el concrol del aparaco de Esrado por un grupo ºº. !e
prepara así su paulacino desmamelamienro con el horizonte de su destrucción coral constiruía a éste en clase (A,rizabalo, 2018). Véase Trocsky (1936); La revolucton
como en Chile, a través de pasos intermedios como financiarlas por impuesros, para trnicionn.da, Fundación Federico Engels, Madrid, 1991 , págs. 210-213.
romper su comen ido profundo de salario, haciendo depender su dotación presupues- 27. FAO y ocros (201 7): El esrttdo de la seguridad alimentaria y la ,mtrición en el
caria de cada gobierno y en el marco del sometimiento a la UE y el BCE. mundo 2017, Rorn.1, p;íg. vi. Y Zicgler, Jean (2008); "El hambre y los Derechos del

132 133
, 'd 29
un capicalismo bueno, o más bien su retórica, se han revelado falat.l'\ 1111 M,11 x. Ypor encima de escas alcuras se elevarán nuevas cusp1 es .
inevitablemente falaces por las razones sefialadas a lo largo del cexw ·~
Sin embargo, basca imaginar una situación en la que gracias 11 111 I wnsideración es importante desde el punto de vista de que
kt I

expropiación del capital no es sólo que codas las necesidades m al <' 11 1h.1j.,<lores sí cenemos una alrernariva. Desde el punto de vista

riales de La población estarían aseguradas, sino que a partir de t:llo I lptt In anacrónico no es lo relativo a una organización de la socie-
se abrirían todas las posibilidades de desarrollo de las capacidad,·, 11d ,11tlt·11ada de acuerdo con sus posibilidades materiales, sino que
del ser humano, castradas bajo las exigencias de la rentabilidad. ( ) <' 1 1t1 H t6nico es el capitalismo, en canto su supervivencia implica
hecho, en una sociedad comunjsca, es decir, una sociedad en la qur 111 1 111~1.1ncia cada vez mayor entre las posibilidades maceriales fac-
no se dedicara ni una sola hora de trabajo, ni vivo ni pasado, a acriv, I Jlil , g, .1cias a la productividad del trabajo y su plasmación efectiva
dades que sólo se llevan a cabo hoy por exjgencias de la exploración y 1, 1~1111inos de las condiciones de vida de la población, es decir, en
de l~ competencia, en corno a las cuales se levanta la rencabiHdad qur 1111111 illlplica una destrucción de fuerzas productivas cada vez más
monva la acumulación capitalista ... en dicha sociedad, ¿de cuánw I tt 111,1 tica.
horas sería la jornada laboral semanal? Acabamos de hacer desap,1 t•, 10 nada de esto va a ocurrir gracwcamente, porque Las clases
recer la industria de armamento, las finanzas, la publicidad, etc. y lu111i 11 ,1ntes nunca ceden sus privilegios pacífica y amablemente. La
también el desempleo y el parasitismo de qwenes no aportan valorl'\ 11 1111¡ 1pación de la clase trabajadora sólo podrá ser obra de ella mis-
de uso a la sociedad. La jornada laboral sería can reducida q ue efect i 111, o,
ganizándose políticamence de forma independiente ~e t~do
vamence, como decíamos, la especie humana podría desplegar cod.,s l•n 1¡11 omiso con la clase capitalista y todas y cada una de sus msmu-
sus posibilidades: 1.,111 ,. No mantenemos ninguna posición maximalista al respecto,
111 1,,t nospreciamos las conquistas que puedan arrancarse mientras
es tan difícil predecir cuáles serán los limites del dominio de sí ,,l11l viva la relación social que es el capital, en tamo alivien las con-
mismo que es capaz de alcanzar el hombre futuro, como prever hasta d,, 11111 cs de explotación (por limitado que sea dicho alivio) y aporten
dónde se podrá desarrollar el dominio técnico sobre la naturaleza. La 1, 1 mc.•t1anza de que sólo mediante la organización se consiguen los
, 1i¡,
construcción social y la auroeducación psicofísica serán dos aspectos
1 11 vos. Sí planceamos una cuestión irrenunciable de principio, que
paralelos de un único proceso. Todas las artes - la literatura, eJ teatro, , ,11 11 1.·tiza en la mencionada organización unida de quienes compar-
la pintura, la escultura, la música y la arquitectura- darán a este tl 111 m objeti vameme los intereses más elementales por nuesrra con-
proceso una forma sublime. Más exactamente, la forma que revestirá
1111 , 1111 de explorados, de miembros de la clase explotada. Unida e
el proceso de edificación cultural y de autoeducación del hombre
111 d,·¡K·ndiente de la clase exploradora, para poder defender nuestras
comunista desarrollará hasta el grado más aleo los elementos vivos
,,111, ,1dones de la única forma acorde a este verbo "defender": inc~n-
del arte contemporáneo. El hombre se hará incomparablemente más
1l1t ¡0113 \mente, sin someterlas a ninguna condición. En esce cammo
fuerce, más sabio y más complejo. Su cuerpo será más armonioso,
sus movimientos más rítmicos, su voz más melodiosa. Las formas de ,, .,dquiri rán necesariamente todos los aprendizajes necesarios para
su existencia adquirirán una cwdad dinámicamente dramática. El q1tt• una salida digna de este nombre cuaje efectivamente en la revo-
hombre normal se elevará a las alturas de un Aristóteles, un Goethe O 111l t011 que abra la transición del socialismo, antesala a su vez delco-
11111111smo. Todo lo cual no es un deseo, sino una acuciance necesidad.

Hombre", en Revista Colombiana de Sociolo-gía, n. 0 30, pág. 13, quien atribuye ,·J
dato aJacques Diof, director entonces de FAO.
28. Véanse por ejemplo Gill (1989) y Del Rosal (20 15). Y de forma más gener 11 ''). not~ky (1924); líternt11m y revolución, en www.marxists.org/espanol/crors-
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137
136
2

Acumulación capitalista y polarización creciente

F. Javier Murillo Arroyo

"La acumulación de riqueZ/1 en un polo es al propio tiempo, pues,


acumulación de miseria, tormentos de trabajo, esclavitud, ignorancia,
embrutecimiento y degradación moral en el polo opuesto"
(NlARx, 1867: 805)

1. Introducción

1-1 ,málisis marxista no considera que la desigualdad sea únicamente


d resultado de la acwnulación capitalista sino que la concibe como el
punco de partida del proceso. Para que la valorización del capital se
ponga en marcha se requiere que existan dos clases sociales claramente
polarizadas: un grupo de sujetos que ostente la propiedad de los me-
dios de producción y otro compuesto por personas alejadas de ella.
Además, se requiere que esta desigualdad se perpetúe para garantizar
l.,s relaciones de producción en las que se sustenta el capital, por lo
que se activan ciertos mecanismos para conseguirlo. El capital es una
11.·l.lción entre extremos opuestos, representados por cada una de las
dm clases esenciales, a saber, capitalistas y asalariados, que mantienen
11nereses crecienremente antagónicos encre ellos.
Así, sus diferencias se reproducen en una escala ampliada, de cal
111anera que la distancia entre el capital y el trabajo tiende a ensan-
l harse gradualmente. Como respuesta a las crecientes dificultades de

,.llorización a las que se enfrenta el capital se despliegan mecanismos


que favorecen el incremento del plusvalor, Lo que se refleja en una
d1mibución del ingreso cada vez más favorable a los intereses del
l ,tpi tal. Pero la agudización de las diferencias entre estas dos clases no

\l' limita al plano de la renca. El análisis marxista propone también

139
una pauta cüscribuciva para los medios de producción, en función de u inscrito a la distribución. M.is bien, considera que las relaciones de
la que su propiedad queda centralizada en un número cada vez más distribución del ingreso son el refl ejo de las relaciones de producción
reducido de propietarios. ,1ue establecen entre sí las clases sociales, siendo escas, a su vez, el re-
En realidad, la propuesta sobre la polarización social creciente :.ultado de la estructura de propiedad sobre los mecüos de producción
trasciende la esfera definida por la distribución del ingreso y del pa- imperantes en una determinada formación social.
trimonio: en la cita que abre este capítulo se puede constatar que La unidad de análisis del enfoque marxista es la clase social. De
Marx contempla el impacto de la acumulación capitalista sobre las hecho, se considera que el comportamiento de los sujetos queda
condiciones laborales y virales de los asalariados en un sentido am- constreñido por las relaciones de producción que encarnan y los in-
plio. Sin embargo, el capítulo queda focal izado en el análisis en las tereses que de ellas se derivan. Marx concibe a los sujeros como "la
pautas estructurales que determinan la distribución del ingreso y de personificación de categorías económicas, portadores de determina-
los medios de producción, dejando de lado el resro de dimensiones en das relaciones e intereses de clase" (Marx, 1894: 1117). Por lo canco,
las que también se materializa la polarización social a la que conduce la clase social es una categoría a la que se le concede emidad propia
el capital. A continuación se exponen las dinámicas que subyacen a la que representa un instrumento analítico esencial para comprender
creciente polarización, definidas como tendencias estructurales al ser la confrontación de intereses característica del modo de producción
planteadas en un plano de cierta abstracción. De ahí que el estudio capitalista. Aunque El capital no incluye una sistematización teórica
de formaciones sociales específicas requiera la integración en el aná- sobre las clases sociales inherentes al capitalismo 1, del contenido glo-
lisis de otros elemenros vinculados a la realidad social concreta, que bal de la obra se desprende no solo una definición del concepto de
explican su materialización de una forma particular. clase social y su aplicación al capitalismo sino cambjén una propuesta
Para ello, se explica en primer lugar el esquema de clases sociales acerca del impacto que genera el desarrollo ordinario de la acumula-
del que parce el análisis marxista. A continuación, se expone la teoría ción capitalista sobre la estructura de clases.
del salario que se deriva de la teoría laboral del valor, de la que se des- El análisis marxista parce de un enfoque relacional para definir las
prende la propuesta sobre el empobrecimiento relativo de los asala- dases sociales. No codos los sujetos cumplen la misma función en
riados. La dinámica de polarización se completa con el estudio de los el proceso de reproducción material, mediante el que la sociedad se
procesos de concentración y centralización de la propiedad así como procura los bienes requeridos para cubrir sus necesidades. En función
de la proletarización que de ellos se deriva. Por último, el capículo se de las relaciones de propiedad que mantengan sobre los medios de
cierra con una síntesis de las principales conclusiones derivadas del producción, participarán de una manera u otra en él: así, las clases
estudio del impacto de la acumulación de capital sobre la situación sociales quedan compuestas por personas que mantienen una posi-
de las clases sociales. ción común en este proceso. Al encontrarse en una situación similar
compartirán una serie de intereses comunes.
D e ahí que las diferencias entre clases no radiquen en el nivel de
2. Las clases sociales: la relación polar entre capitalistas y ingresos de los sujetos que las componen sino en su fuente de pro-
asalariados cedencia. Las relaciones de producción definen la forma particular a
través de la que cada clase social participa en el proceso de reproduc-
El análisis marxista aborda el estudio del proceso de reproducción ma-
terial de la sociedad como una realidad única, desde una perspectiva 1. Precisamente, el tercer como de EL capítaL se cierra con d inconcluso capítulo en el
global, por lo que no concibe la desigualdad como un fenómeno cir- el auto r prccendía .1rn merer su análisis, que queda interrumpido bruscamente.
(1 11C

1'10 14 1
ción material. Es decir, definen las funciones encomendadas a cada de: trabajo, sus brazos laboriosos y sus cerebros" (Marx, 1865: 40).
una de las clases sociales y, por lo canco, van a determinar la forma Por lo canco, este modo de producción presupone una determina-
median ce la que cada una se apropia del producto resultante. Se de- d,\ distribución de los medios de producción: los asalariados deben
rivan de las relaciones de propiedad sobre los medios de producción , t¡uedar alejados de su propiedad mientras que su posesión queda mo-
de ral rnanera que su distribución conforma la premisa básica que nopolizada por los capitalistas. Así, la relación entre capitalistas y
permite comprender la forma en la que participan los sujetos en el ,1\alariados es una relación polar: en un extremo, los propietarios de
proceso p roductivo, así como en la distribución de su resultado. De los medios de producción, que se apropiarán del producto final en
aquí se concluye que la clase es una categoría de carácter social y no lorma de ganancia, una vez que hayan descontado la parte con la que
técn ico, ya que la integración de los sujetos en ellas no depende de remuneran al polo opuesto, los asalariados, a cambio de su fuerza de
las rareas concretas que realicen sino de la forma mediante la que crabajo. El conflicto de intereses que se deriva de esta relación revela
participen en el proceso de reproducción material en función de su c:1 carácter antagónico en corno al que pivota la organización de las
relación con los medios de producción. sociedades capitalistas. Teniendo en cuenta que la clase trabajadora
Por lo canco, ofrece una demarcación objetiva de las clases sociales, es la responsable de la generación del valor nuevo en su totalidad
definidas según la posición que los sujetos ocupan en el entramado mienuas que los capitalistas se apropian de una fracción del mismo
de relaciones sociales con independencia de que sean más o men os se puede afirmar que el capitalismo se basa en la exploración de una
conscientes de la posición de clase que mantienen y al margen de clase social por otra.
su volumad. Esta es la definición de clase en sí que propone Marx, Obviamente, esta estructura de clases no tiene un carácter univer-
en función de la posición socioeconómica común de los sujetos en sal y ahistórico sino que el proceso de escisión entre los trabajadores y
el proceso de reproducción material. Aunque desde una perspectiva la propiedad de los medios de producción es el resultado de un proce-
subjetiva las clases no siempre conforman una fuerza polírica, desde so histórico que hunde sus raíces en la incautación por parce de la bur-
una perspectiva objetiva, todos los sujetos que comparten la misma guesía del trabajo acumulado en la forma de medios de producción, a
relación con la propiedad de los medios de producción las nutren. Si cravés de diferentes vías, no solo económicas sino también violencas2.
la masa de sujetos que conforman cada clase social coma consciencia El alejamiento de los trabajadores de la propiedad de los medios de
de su situación y se organiza para defender sus intereses comunes producción implica la mercanrilización de su fuerza de trabajo, lo que
formarán una clase para sí (Cohen, 1986). Pero este último aspecto, conforma una de las principales singularidades del capitalismo fren-
que determinará la forma particular a través de la que se manifieste ce al resto de modos de producción. De este modo, los trabajadores
el conflicto entre clases, es independiente de la existencia de la clase transfieren temporalmente el derecho de uso de su fuerza de trabajo
social como cal. al capital a cambio de un salario. El salario, como se comprobará más
Aplicando este planteamiento al escudio del capitalismo es posible adelante, se fija en un nivel que garantiza la reproducción de las rela-
entender las relaciones sociales de producción que le son inherentes. ciones sociales de producción, perpetuando la separación de los traba-
Por una parre, aparecen los capitalistas, que ostentan la propiedad jadores de la propiedad sobre los medios de producción.
sobre los medios de producción. Por otra, los trabajadores asalaria- Asimismo, ha de comprenderse que Marx plantea este esquema bi-
dos, que al no disponer de medios de producción en propiedad están polar de clases en el nivel más elevado de abstracción de su análisis,
abocados a vender su capacidad de trabajar para obtener los ingresos
que le permiten garantizar su subsistencia: representan un conjunco 2. E.n el C3pírulo XXIV de Marx ( 1867) puede encontrarse un an.íli,is compkto
de trabajadores "que no tienen nada m,ís que vender l)UC su fuerza de c~ce proceso.
cuando aborda el estudio del capitalismo en csLado puro l . En este pla de.: producción, así como lOIHTlltr~\1 más y más en grandes grupos
no del análisis deja de lado los modos de producción subordinados con los medios de producción <lispersos, esto es, transformar el trabajo
los que coexiste en aquellas formaciones sociales en las que domina I.1 ~·n trabajo asalariado y los medios de producción en capital" (Marx,
actividad económica con el objetivo de analizar la esencia de la dinámi- 1894: 1123). El resco de clases sociales tienden a quedar subsumidas
ca capitalista, desenmascarando las leyes que la definen bajo una forma bajo alguna de las dos clases inmanentes al capital.
ideal. En primer lugar, este capitalismo puro es una herramienta de De lo anterior se deriva que el análisis marxista parte de La concep-
análisis de carácter conceptual, un "punto de partida analítico", como c.ión de las clases sociales como entes permeables que continuamente
lo denomina Guerrero (2008). De aquí se desprende el particular ca- ven modificada su composición al interactuar entre sí y se van transfor-
rácter que tienen las leyes de la acumulación en el análisis marxista: mando en función de las leyes que rigen la acumulación capitalista. Las
al quedar definidas en este nivel de abstracción deben ser entendidas fronteras en las que se sustentan las diferencias de clase son de carácter
como tendencias estructurales a las que, inexorablemente, conduce el económico por lo que la movilidad de los sujetos entre ellas es el reflejo
funcionamiento ordinario del capitalismo. Pero en ningún caso pue- de las dinámicas a las que se ve sometido el modo de producción capi-
den ser consideradas determinaciones absolutas ya que pueden apare- talista. En este sentido, Marx sostiene que el desarrollo ordinario de la
cer factores específicos, vinculados a la realidad social concreta, que las acumulación de capital engendra una tendencia hacia el engrosamien-
contrarresten o que, incluso, las neutralicen (Meek, J 962). to de la clase asalariada: aunque se producen desplazamientos en codos
Sin embargo, el capitalismo puro representa algo más que una los sentidos, el predominante es el flujo de sujetos que crecientemente
mera herramienta metodológica en la obra de Marx. El capital nece- la nutren. Más adelante se explican con detalle Los factores que desen-
sita extender su hegemonía frente al resto de formas de producción cadenan la creciente importancia relativa de los asalariados.
en las sociedades en las que domina la actividad económica. De este Con base en codo lo anterior puede afirmarse que el capitalismo
modo, se desencadena una tendencia consustancial a la acumulación es una forma social de producción basada en la polarización de la so-
capitalista que implica que las leyes que la rigen evolucionen hacia ciedad. La desigualdad es la premisa básica de funcionamiento de la
su forma más pura. En el plano de las clases sociales, esto se refleja acumulación capitalista: requiere la aparición conjunta de un grupo
mediante una simplificación de las relaciones de clase: la esrrucrura de sujetos carentes de medios de producción con los que trabajar y
social tiende a polarizarse crecienremente en torno a la relación anta- de un colectivo de sujetos que ostente su propiedad. Por lo tanto,
gónica básica que encarna el capital, la que protagonizan capitalistas no es suficiente indagar en el plano distributivo para comprender
y asalariados, en detrimento del resro de clases sociales secundarias el fenómeno de la desigualdad sino que es necesario ahondar en el
vinculadas a modos de producción subordinados en las sociedades estudio de la dimensión productiva, concretamente en el plano de
capitalistas. La ley del desarrollo del modo capitalista de producción la propiedad de los medios de producción y la forma mediante la
provoca el deterioro de la importancia relativa de las clases secun- que las diferentes clases sociales participan en el proceso productivo.
darias ya que consiste en "separar más y más del trabajo los medios Esto implica que en Los análisis de clase no solo deba ser considerada
la variable renta sino que también es necesario integrar el estudio
del patrimonio. Además, el desarrollo ordinario de la acumulación
3. "El físico observa los procesos naturales alli donde se preseman en la forma más capitalista provoca que esca polarización social en la que se sustema
nícida y menos oscurecidos por influjos perturbadores, o bien, cuando es posible, el capital se agudice. En los siguientes epígrafes se explican Las causas
efecrúa experimentos en condiciones que aseguren el transcurso inconrarninado del
proceso .. Lo que he de in:estigar en esca obra es el modo de producción capitalista y
que subyacen a la intensificación de las diferencias de clase, así como
las relaciones de producción e intercambio a él correspondienres" (Marx, 1867: 6). las principales tendencias mediante las que se manifiesta.

144 14 5
3. Distribuci6n del ingreso y depauperaci6n relativa de los t·I desa rro llo de sus la<.. ulrndc,. ¡\ p,lrtir de esca definición se hace
asalariados
111.:ccsario realizar una sc.:ri e de.: aclaraciones.
Por una parce, se ha de dedicar cierta cantidad de tiempo de cra-
La primera de las tendencias mediante la que se manifiesta la cre- hajo social para alcanzar un determinado nivel de cual ificación de la
ciente polarización de las clases sociales como consecuencia del fuerz.a de trabajo con el objetivo de que sea capaz de desarrollar cier-
des~~ollo ordinario del proceso de acumulación capitalista es la tas capacidades técnicas. Este proceso trasciende la esfera mercantil y
erosion del salario relativo (SR). La participación de los asalariad os se pueden diferenciar las fases de formación, tanto en lo relativo a la
en la distribución del ingreso representa una fracción cada vez más instrucción general como al aprendizaje de habilidades técnicas, y de
r~ducida de la magnitud total. AJ igual que el resto de las leyes q ue acumulación de experiencia, en el ámbito del desempeño de la propia
ngen el funcionamiento del modo de producción capitalista tiene actividad laboral.
un _carácter tendencia! y responde a la reacción que emprende el Además, la conservación de la fuerza de trabajo requiere la repro-
capital para intentar paliar los efectos de las crecientes contradic- d ucción del propio trabajador que porta esca capacidad por lo que
ciones a las que se enfrenta. Para comprenderla en todas sus dimen- también se debe tener en cuenta el conjunto de medios de consumo
siones es necesario analizar, en primer lugar, el propio proceso de necesarios para cubrir sus necesidades. Y no solo desde un punto de
determinación del salario y, posteriormente, indagar en las raíces vista limitado, circunscrito a las necesidades fis iológicas: el salario debe
que explican la necesidad del capital de explotar crecientememe a garantizar la subsistencia del trabajador desde una perspectiva social
los trabajadores .
(Nieto, 2015). Por lo canto, la cesta de medios de consumo necesaria
para la reproducción de los trabajadores tiene una composición varia-
3 .1. ¿Cómo se determina el salario? La aplicación de la teoría la- ble y depende del patrón estándar de consumo de cada sociedad. Es
boral del valor al caso de la fuerza. de trabajo decir, incorpora, además del físico, un componente social e histórico
Al convertirse en un a mercancía, la fuerza de trabajo se intercam- que tiene un carácter variable y que depende, fundamentalmente, del
bia en el mercado por un determinado precio, el salario. Por lo tan- grado de desarrollo socioeconómico de cada sociedad. Por otro lado,
to, extendiendo los principios generales de la teoría laboral del valor también se ha de considerar que la reproducción de la fuerza de trabajo
(TLV) a este caso, posición que Grossmann (1979) defiende como la implica el relevo generacional, por lo que ha de entenderse que no es
única coherente con este sistema teórico, el salario queda reguJado, un proceso que se resuelva en el plano individual sino en el colectivo.
fun~amenra lmence, por el valor de la fuerza de trabajo. En función Por lo tanto, el valor de la FT depende de dos factores 4:
de ~1ferences circunstancias del mercado, el salario puede quedar so-
mendo a dºfc d · ·
1 erences esv1ac1ones pero, en todo caso, gravitando en 1. Medios de consumo que componen la cesta necesaria para la sub-
torno al valor de la mercancía intercambiada. sistencia social del asalariado, que tiene una doble dimensión: física
Al.1 1 y social. Responde al patrón de necesidades que brotan del concexro
gua que ocurre en el caso del resto de mercancías el valor
viene determinado por el tiempo de trabajo socialmente ~ecesario social en un momento determinado por lo que tiene ttn carácter
para reproducir la fuerza de uabajo en las condiciones de cada mo- variable. El avance de la capacidad productiva del trabajo permite
~emo. Al existir únicamente como una capacidad de los sujetos la incorporación de medios de consumo adicionales lo que justifica
vivos, su reproducción exige también la de su portador, el trabaja-
dor. Por lo tanto, queda condicionada por el valor de los medios de
4. Para un desarrollo completo de la explicación del valor de la fuerza de trabajo ver
consumo necesarios para el sustento del uabajador así como para Guerrero ( 1989) o el caplt ulo 5 de Muri llo (20 16) .

146
147
lucmi de crabajo sino de 1.1 mnlid.1 en la que el trabajo gaseado actúa
el carácter elástico que tiene el salario. 2. De,.1rrollo de IJ capacidad
productiva del trabajo. A medida que progresa la productividad el rrabaJ·o abscracco gcnc1ado1 de valor (l leinrich, 2008).
LOfflO ·, d j
esfuerzo requerido para la obtención de una unidad de producto es El trabajador asalariado es el responsable de la generac1on e a
r nuevo en el proceso productivo. Sin embargo,
menor, tendencia que también afecta a los medios de consumo que masa coca I de Valo
garantizan la reproducción de los asalariados. Como consecuencia ,olo se apropia de una fracción en forma de sal3:1'io; el resto es el
del desarrollo de la productividad el valor unitario de los medios de ,ngreso del que se apropia el capitalista, el b~nefic,o. Es en es~e sen-
consumo que conforman esca cesta ciende a caer. cido en el que debe encenderse la explocacion: como un fen~meno
objedvo, lejos de reproches morales y común a cod~s los craba¡adores
Conforme a codo ello se puede definir el valor de la fuerza de trabajo asalariados. Evidencemence, el grado de explocacion al que pue~en
como una magnitud variable que encuentra su valor mínimo en el lím i- quedar sometidos los trabajadores es variable, pudiendo alcanzar m-
te que marca la subsistencia física del trabajador y el máximo en aquel e.luso situaciones de sobrcexplotación. .
nivel que ponga en compromiso la obtención de la ganancia promedio. La casa de plusvalía (p'), que relaciona el plusval~r con ~l capital
Al igual que ocurre en el caso del resto de mercancías, el salario · bl con el que se remunera al trabajador asalanado, sirve para
vana e · d' d
gravita en corno al valor de la fuerza de trabajo pero existen ciercos medir el grado de exploración. Por ello, se erige como un in ,ca or
faccores que explican las divergencias entre una magnitud y otra: la de la distribución del ingreso coca!:
presión ejercida por el ejércico industrial de reserva, el grado de di-
pv (3.1)
namismo de cada sector, la correlación de fuerzas entre clases sociales p'= - V
o la regulación existente en el mercado laboral son algunos de los
elementos más importantes que explican escas diferencias. Como puede deducirse de esta expresión, el grado de explotación
El ingreso no es más que la expresión monetaria del valor genera- de los trabajadores peor remunerados no siempre ha de ser mayor ~ue
do en el proceso productivo. A parcir de los elementos mencionados en el caso de trabajadores con salarios más elevados po~que también
más arriba se define el salario, la renca de la que se apropian los traba- depende de la capacidad que tiene el trabajo de producir plusvalor.
jadores asalariados. ¿Cuál es la fuente de la que se nucre el beneficio,
que representa el otro tipo esencial de renca en el capitalismo? En
3 .2 . Incremento tendencia[ del salario real
realidad, es una magnitud definida como un residuo. El capitalista La dinámica salarial derivada del desarrollo ordinario de la acumu-
adquiere la fuerza de trabajo y paga a su propietario ínregramence su lación capitalista se articula en corno a dos grand~s tend~ncias., Po~ un
valor; no obstante, el uso de la capacidad de trabajo del asalariado lado, genera un incremento cendencial del salario real en cermmos
genera una masa de valor superior al requerido para reproducir su . La competencia capitalista promueve un desarrollo escruccural
med 1os. 'd d d
fuerza de trabajo. Aparentemente podría parecer que al trabajador de la productividad que posibilita el incremento de la capac1 a e
se le remunera con el producco Íntegro de su trabajo pero no es así.
El capitalista paga al trabajador el equivalente al valor de la fuerza
- - de con la relación del salario nominal, en unidades monetarias,
de trabajo; sin embargo, el valor del resultado del uso de la fuerza de 5 Que se correspon asa1 · d
· l · ¡d eo'os Escc indicador expresa el poder adquisitivo de los · ana os.
trabajo (v+pv) es superior al valor de la propia fuena de trabajo (v): con e n1ve e pr · . . , l
·d . demas' que el salario real no coincide mcegramence con a
Hay que cons1 erar, a ,
la diferencia es el plusvalor (pv), del que se nutre la ganancia. El uso 'd d de consumo de )os asalariados, ya que hay valores de uso de 1os que pue-
capac1 a . 'bü ' b.
productivo de la fuerza de trabajo permite obtener una cantidad de {' fue- del ámbito puramente mercantil (insuruc1ones pu cas. am 1co
d en disrrurar ,.. . d ¡d · · · al'
valor superior al que tiene la propia fuena de trabajo. La cantidad de ·1· ) No ohstanrc, como consecuencia de la extensión e om1ruo cap1t .•sta
Í:arm 1ar•. · · · · ¡ d ás re resemanvo
frence al resto de modo, di: producción, el salario rea ~ ca a vez m P ·
valor que agrega un trabajador al producro no depende del valor de la
l '19
148
consumo de los trabajadores asalariados (Mcck, 1962). La principal De todo ello se dcdut.<..' ,¡uc l.t~ teorías de la depauperación de
arma de la que dispone el capital para afrontar la batalla competitiva c.s los asalariados definida en Lérminos absolutos no sean compatibles
la reducción de sus costes totales unitarios (CT ) de producción a tra- , on el sistema teórico erigido sobre la teoría laboral del valor. Estos
vés del avance técnico, Jo que redunda en avances de la productividad. enfoques, que predicen una caída o un estancamiento tendencia!
No obstante, aunque propicie el incremento del salario real, este del salario real6 no son coherentes con los planteamientos derivados
avance no se alcanza de manera automática sino que su materializa- del análisis marxista: vinculan el salario a la subsistencia física del
ción depende de la forma en la que se articule la confrontación enrrc trabajador asalariado y, sin embargo, Marx explicita que el valor de
el capital y el trabajo. El progreso técnico que repercute en la mejora b fuerza de trabajo queda definido por un componente de carácter
de la productividad posibilita la mejora de la capacidad adquisitiva \Ociohistórico que depende del grado de desarrollo de cada forma-
de los uabajadores, abocados a luchar para alcanzar mayores cocas ción social. Es verdad que en el Manifiesto Comunista se pueden
de bienestar, lo que permite al capital reproducirse en un clima de e ncontrar pasajes en los que se apunta a la depauperación de los
mayor legitimación social. Además, la mejora del poder adquisitivo trabajadores en términos absolutos, lo que se traduciría en un des-
de los trabajadores no implica la superación del vínculo del salario censo de los salarios reales, pero en El capital, que es la obra en la que
con el nivel de subsistencia ya que este límite se define en términos Marx expone en su máximo grado de madurez su propuesta teórica
sociales, concibiéndolo como una magnitud elástica. acerca del funcionamiento de la acumulación capitalisca, solo pue-
Asimismo, el incremento de la capacidad adquisitiva de los asa- den encontrarse argumentos para defender una tendencia al empo-
lariados es funcional para el capital ya que le permite colocar en el hrecimiento en términos relativos. Aunque, efectivamente, pueden
mercado la producción masiva de valores de uso derivada de los in- aparecer elementos vinculados a la realidad concreta de una deter-
crementos de productividad. De este modo, los trabajadores no solo minada formación social capaces de contrarrestar esca tendencia, la
son los responsables de Ja generación de la plusvalía, sino que tam- evidencia empírica ha demostrado que la acumulación capitalista a
bién contribuyen a su realización a través del consumo. escala mundial es capaz de favorecer un progreso estructural de los
En la Tabla 3.1 se puede constatar esta tendencia para las prin- salarios definidos en términos reales.
cipales potencias durante las últimas décadas, si bien es destacable
que el rirmo de crecimiento ha sido menguante, hasta mostrar unos 3.3. El empobrecimiento relativo de los asalariados
exiguos márgenes de mejora en el último periodo. Pero este escenario de mejora de la capacidad adquisitiva de los asala-
riados es compatible con la intensificación de las condiciones de ex-
Tabla 3.1. Trayectoria del salario real (deflactor del PIB): tasa media anual ploración. Los efectos derivados de las contradicciones a las que se
acumulativa enfrenta inexorablemente el capital se pretenden aliviar, entre otras
medidas, mediante el incremenco de la casa de plusvalor, lo que se
1981-1990 1991-2000 2001-2010 2011-2016 refleja en la dilatación de las diferencias entre el capital y el trabajo.
UE15 0,69
Grossmann (1979) resalta el vínculo de la teoría del empobrecimiento
1,18 0,82 0,27
relativo con las contradicciones internas que azocan a la acumulación
EEUU 1,35 2,17 0,74 0,41 de capital. Es en capítulo XXIII! del libro primero de El capital donde
Japón 2,40 0,96 -0,03 0,05
6. Ley de hierro o de bronce de los salarios, según las versiones de Ricardo y Lasalle,
Fuente: elaboración propia a partir de daros de AMECO rcspeccivamenrc.

150 151
se pueden encontrar los elemenros en b,tSl' ., los ljllC se t:onstruyc l., l'.11.1 <..omprcndcrlo es lll'l<:S,1110 rn11~idcra r que cada capicaJ individual
tendencia a la depauperación relativa de los asalariados. 1111 \l apropia del plusvalor c:\lr,tÍdo ,t la f ucrz.a de trabajo que contrata
Como consecuencia de la competencia aparece una tendencia ha ., 11ivt:I particular sino que los procesos de generación y apropiación
cia la mecanización incesante del capital. Encendiendo la composi- dd plusvalor se sitúan en planos discincos8 • Aunque el beneficio consi-
ción del capital (ce') como la relación entre el capital constante (c) y 1k·1ado en su conjunto coincide con la masa total de plusvalor extraído
el variable (v), la mecanización se traduce en un incremenco de esu: poi el capital, esta igualdad no se cumple para cada uno de los capi-
indicador7• Por una parce, el capital promueve la mecanización con 1.tlcs individuales. El núcleo de la ceoría de la competencia del análisis
la pretensión de reforzar su grado de dominio frente a los asalariados. 111.1rxista radica precisamente en explicar las divergencias existentes
Mediante la expulsión del trabajo vivo y su sustitución por capital I ncrc la capacidad de cada capital de extraer plusvalor y la cantidad de

constante se refuerza la subsunción de los trabajadores. Por otra par- lic.:ndicio de la que cada uno de ellos se apropia. La capacidad de gene-
te, según se ha indicado anteriormente, la batalla competitiva entre 1.ición de valor nuevo por parce de los capitales individuales depende
los propios capitalistas se resuelve a favor de aquellos que consiguen 1twersamente de su grado de mecanización. De este modo, aquellos
reducir al mínimo los CT u de producción. Aunque existen otras vías l,tpicales individuales más m ecanizados tienen una capacidad menor
para conseguirlo la principal alternativa de la que dispone el capital de generar valor nuevo. No obstante, codos ellos se enfrentan a un
es la de favorecer un proceso de mecanización que le permite abaratar precio único de mercado y, de este modo, se apropiarán de una cuota
los costes de producción a través del desarroUo de la productividad. v.uiable del plusvalor generado, en forma de ganancia, en función de
AJ incrementarse la composición del capital, el peso relativo del ca- l.l capacidad competitiva de cada uno de ellos. Aquellos capitales indi-
pital variable sobre el capital rotal invertido cae. Es decir, la fuente de la viduales más mecanizados, a pesar de contribuir en menor medida a la
que procede el plusvalor, el capical variable, pierde importancia relativa ~cneración de plusvalor, conseguirán apropiarse de una porción más
al quedar desplazado en favor del capital constante y, por lo tanto, la elevada de los beneficios como consecuencia de que comercializan su
capacidad de generar valor nuevo del capital considerado en su con- mercancía al mismo precio que la competencia a pesar de disfrutar de
junto se ve deteriorada. Gradualmente, se requiere un mayor esfuerzo unos CTu más reducidos gracias al mayor grado de ce'.
en forma de capital total invertido para alcanzar una masa de ganancia A través de la competencia inrercapitalista la plusvalía generada se
similar, de ahí que acaben apareciendo problemas de rentabilidad. Esca discribuye entre los diferentes capitales individuales, de tal modo que
es la principal concradicción a la que se enfrenta el capital y la causa aquellos capitales más mecanizados, situados en una posición competi-
última que lace bajo los problemas de valorización que se acaban mani- 11va privilegiada, se apropian de una cuota de ganancia superior a la que
festando , recurrentemence, en forma de crisis (Arrizabalo, 2014). han contribuido a generar. Por su parte, aquellos capitales menos meca-
¿Por qué se mecanizan, entonces, los capitales individuales si esta nizados, que no sean capaces de incorporar los avances técnicos, acaba-
decisión acaba teniendo funestas consecuencias para el capitalismo? rán siendo eliminados del mercado al operar con costes más elevados.
Por lo canco, la competencia capicalisca promueve una renovación
rnnscance de los métodos de producción de cal manera que la mecaniza-
7. En realidad, la ce' puede ser expresada en términos de valor o en unidades físicas. dón creciente se impone como una necesidad a los diferentes capitales
En el segundo caso la tendencia hacia su crecimiento es más evidente que en el
primero, ya que el capital constante también puede quedar sometido a un proceso
de abararamienco. No obstame, aunque sea a diferente riano, en ambos casos el H. No es que se considere que estos procesos aparezcan escindidos en la realidad
indicador se ve sometido a una tendencia estructural crecienre por lo que, a efectos ,moque esta distinción es un recurso merodológico para favorecer la comprensión
de favorecer la claridad explicativa, no se diferencia si el indicador se prescnrn en del runcionamiemo del caplrnl. PJrn un;i explicación dccalladJ de este cipo de mo-
unos términos u otros. delo,, revb.ir Shaikh ( J91)0) C,ut·m ro ( 1995) } C.ouvc:rneur (2002).

152 153
individuales y obedece completamente a la l6gic.:.1 de funcionamiento m.mcra más fuvorablt: a \ll\ p1up10, illlcrc.:st.:s. Los requeri,nienros de
capitalista. A pesar de que el resulrado conjunco de la mecanización d,· n:ncabilidad por panc e.Id capit.1l provocan que renga una necesidad
los capitales individuales provoca nefastas consecuencias para el pro- objetiva de explotar de manera más incensa a los trabajadores asala-
ceso de acumulación considerado globalmente, para cada uno de 1011 I iados, tendencia que subyace a la polarización creciente entre clases
capitales, en el plano individual, responde a decisiones coherentes con ,ociales manifestada en la forma del empobrecimiento relativo de la
sus objetivos, que les permiten maximizar sus intereses particulares. clase asalariada. Como las dilicultades de valorización son crecientes, la
De este modo, la rasa de ganancia del conjunto de la economía se necesidad de explotación de los asalariados también lo es. A través de
ve sometida a una presión decreciente, tal y como permite confirmar <.'S la vía se consigue acrecentar la masa de plusvalor, a pesar del deterio-
su expresión analírica. Encendida como la relación entre el plusvalor ro de la capacidad del capital de generar valor nuevo, a costa de que los
generado (pv) y el capital invertido para su obtención (c+v), su desa- .isalariados se apropien de una porción menor del valor nuevo creado.
rrollo permite comprender la relación inversa que mantiene con la ce': Asimismo, debe resaltarse que las dificultades de valorización se
presentan cada vez de manera más aguda, exigiendo así una reacción
pv más virulenta por parte del capital para elevar el grado de explo-
pv - \1 -
g- - - - - - -p-
,_ ' (3.2) tación. De esce modo, la polarización entre el capital y el trabajo
c+ v (e + v) ce'+ 1
- V- en la que se sustenta el modo de producción capitalista no solo se
reproduce como consecuencia del funcionamiento ordinario de la
La aparición de la composición del capital en el denominador de acumulación sino que tiende a acrecentarse.
la expresión refleja el impacto negativo sobre las condiciones de ren- ¿Cómo consigue el capital incrementar el grado de explotación de
tabilidad de la incesante tendencia hacia la mecanización del capital. los asalariados? Las vías de las que dispone son dos:
No obstante, esta presión no se materializa en todo momenco • El incremento absoluto del plusvalor consiste, fundamental-
en un deterioro de la rasa de ganancia porque aparecen facrores que mente, en alargar la duración de la jornada o en incremencar
pueden contrarrestar esta tendencia. De entre codas ellas, cabe des- su intensidad manteniendo el salario real (o bien aceptando
tacar el incremento de la tasa de plusvalor9 • Aunque pueden apare- una mejora de menor calibre que permita, en todo caso, incre-
cer otras causas que contrarresten la tendencia estructural a la caída mentar la masa de plusvalor). Esta alternativa presenta ciertas
de la tasa de ganancia, como el abaratamiento de los elementos del restricciones ya que existen límites objetivos a la prolongación
capital constante o el comercio exterior, la tendencia al incremento de la jornada y, además, es más evidente para los asalariados
de la tasa de plusvalor se erige como una de las principales alternati- por lo que será más probable que intenten desarrollar estrate-
vas para intentar afrontar las crecientes dificultades de valorización gias de oposición frente a ella.
al poder ser sostenida a lo largo del tiempo. • El incremento relativo del plusvalor, al basarse en el desarrollo
El capital, considerado globalmente, al ver deteriorada su capaci- de la productividad, representa una vía más sostenible a largo
dad de generar valor como consecuencia de la menor importancia re- plazo ya que incluso es compatible con mejoras del salario
lativa del capital variable, requiere que el valor nuevo se distribuya de real. En este caso, gracias al incremento de la producrividad 1º

9. Marx desarrolla el conjumo de contrarendencias que debilitan la caída tendencia! I O. Siempre que el avance de la capacidad productiva del trabajo renga lugar en
de la rasa de ganancia o incluso revierten sus efectos en el capítulo XlV del Libro lil ramas que afecren, directa o indirectamente, a la obtención de los medios de vida
de EL capital
de los asalariados.
154 155
se reduce la porción de la jornada durantl' la que el crabaja- l'l .rnragonismo entre .rn,lus ll.tst·,: en l.1 proporción en la que se incre-
dor genera una cantidad de valor equivalente al de la masa de menta el ingreso de una dt.'tcrmin.1da clase social se reduce el de la otra.
medios de consumo necesarios para su reproducción. Según se haa forma de expresión del salario pone de relieve el carácter anragóni-
ha indicado más arriba, la competencia capitalista generará una w encre las rentas que derivadas de la propiedad y del trabajo. Incluso
presión constante sobre el avance de la productividad con el ob en ambientes de mejora de la productividad, que permiten un avance
jetivo de abaratar los costes de producción . .&ta ley, al igual que de la capacidad de consumo de asalariados y capitalistas, prevalece la
el resto de las que rigen la acumulación capitalista, son indepen- pugna por la distribución del progreso material alcanzado.
dientes de la voluntad de los capitalistas individuales: la compe- Así como el salario definido en términos reales es utilizado para
tencia se impone como una presión de carácter coercitivo sobre .rnalizar la distribución del ingreso desde una perspectiva absoluta,
ellos. Pero la división de la jornada laboral en escas dos partes no este otro indicador es acorde con el análisis relativo, permitiendo
es evidente para los trabajadores por lo que no son conscientes valorar si la trayectoria de las rencas salariales queda acompasada al
de la dedicación de una fracción creciente de la jornada a la ritmo de progreso material del conjunto de la sociedad. Definido en
creación de plusvalor. El progreso de la capacidad productiva cérminos globales refleja la participación de los salarios en la renca
del trabajo incluso posibilita mejoras del poder adquisitivo de total. Desde este enfoque se destaca la posición social que ocupan las
los asalariados, materializadas en avances del salario real siempre clases sociales, definiendo el bienestar de cada una de ellas en relación
que no agoten el avance experimentado por la productividad. al de la otra. Por el convencimiento de que es un concepto de carácter
social y, como tal, solo puede ser comparado en términos relativos.
Aunque ambas alternativas son utilizadas simultáneamente por el Puede expresarse, por lo tanto, del siguiente modo:
capital para hacer frente a la presión que se cierne sobre la ganan-
I'
cia, la segunda estrategia le permite saciar su creciente necesidad de
explotación en un clima de mayor estabilidad social. No obstante, SR = - V = - ' - '- - (3.3)
v + p,• (v I pv) 1 + p'
incluso en un escenario de mejora del salario real, el incremento rela- ,.
tivo de la tasa de plusvalor propicia una dilatación de las diferencias
entre el capital y el trabajo. La utilización del salario definido en Su descomposición permite comprobar la relación inversa que
términos relativos permite comprenderlo. mantiene con la casa de plusvalor (p'). Por lo canco, la intensificación
El salario relativo (SR) se define como la participación de las rencas de las condiciones de exploración que requiere el capital representa
salariales en el ingreso total. .& decir, informa de la fracción del valor la tendencia estructural subyacente que explica la erosión del sala-
total generado de la que se apropian los asalariados. Es el indicador rio relativo. Descomponiendo el indicador de otro modo es posible
más adecuado para valorar su posición en las relaciones de discribu- comprobar la dinámica salarial auspiciada por el desarrollo ordinario
ción del ingreso porque permite relacionarla con el grado de desarrollo del proceso de acumulación. Representando las unidades de trabajo
económico alcanzado por la sociedad en cada momento. Representa el asalariado utilizadas en el proceso productivo:
elemento central de la teoría del salario de Marx11 y pone de manifiesto
bién el propio David Ricardo realz.a la imporcancia del estudio de las posiciones
11. "La situación de las clases entre sí depende más del salario relativo que del relativas de cada una de las clase sociales frente al análisis en términos absolutos de
moneo absoluto del salario" (Marx, 1975, 11, 359). Rosdolsky (1978) afirma que la la rrayeccoria seguida por sus rencas. En estos términos cobra sentido la afirmación
única inrerpretación de la teoría de la miseria creciente acorde con el sistema teóri· de Marx (1849: 96) de que la ganancia "aumenta en la medida en la que disminuye
co desplegado por Marx en El capital e~ la que la define en término~ relativos. Tam el salario y disminuye en la medida en la que este aumenta".

156 157
V 11111 Pero, por otro l,1do, l.\ 1H.'U'\Hl.1d poi pan c del capital de explotar
V I Salario medio c11 1111 grado cada vez más i1w:nso ,l los asalariados se craduce en una
SR=- -= - - - (3.4)
v + pv (v +pv) Produccividad cllst I ibució n del ingreso cada vez más polarizada encre clases socia-
--
V
lc s. La caída cendencial del salario relativo representa la denominada
En la expresión 2.4 12 puede comprobarse que la activación de lo., .lq>.rnperaci6n relativa de los asalariados. Como consecuencia de la
mecanismos para incrementar el plusvalor en términos relativos pro 111 l'sión tendencia! al incremento del plusvalor a través de vías relativas

picia el deterioro del salario relativo. Esca es la dinámica de empobrc ,, , dcwaloriza la fuerza de trabajo. Esta es la principal estrategia que
cimiento relativo de los asalariados que resulta de la lógica inherenu.• 111 i\11.a el capital para abordar la presión a la baja que se cierne sobre

al funcionamienco del capital. El crecimiento de la productividad l., rl'ntabilidad. Aunque como codas las leyes que rigen la acumula-
provoca una caída en el valor de la fuerza de trabajo al permitir la 1 1<'in capitalista puede verse contrarrestada por diferentes elementos

reproducción de la misma masa de valores de uso en un periodo ck vinculados a la realidad concreta de cada formación socia1'3. estructu-
tiempo más reducido. Si, anee esca situación, el salario real se m an- 1,1lmence, las diferencias entre salarios y beneficios tienden a dilatar-
tiene "aunque el nivel de vida absoluto del obrero seguiría siendo ~~·. El abaratamiento de los bienes salario posibilita que el trabajador
el mismo, su salario relativo, y por tanto su posición social relativa, im:remence su nivel de consumo a pesar de que su situación relativa
comparada con la del capitalista, habrían bajado" (Marx, 1865: 53. 1cspecto a los capitalistas se vea empeorada. Los beneficios se aprove-
énfasis en el original). En realidad, el escenario definido está vigente· < han en un m ayor grado de las mejoras derivadas de la productividad.

siempre que los salarios reales crezcan a un ritmo inferior a la pro- Conforme a todo ello, puede afumarse que la distribución del
ductividad, lo que provoca que su participación en el ingreso total ingreso entre clases sociales obedece a una pauta estructural que pro-
tienda a descender. La desconexión entre el avance de la productivi- picia la polarización entre el capital y el trabajo. La dinámica salarial
dad y la trayectoria mantenida por los salarios reales constata el en- derivada del proceso de acumulación capitalista encarna la teoría so-
sanchamiento de la masa de ganancia. Cuanto mayor es el ritmo de bre la distribución del ingreso de Marx. Sin embargo, esta es solo
progreso de la productividad más elevado es el margen de mejora de l.1 mitad de la h istoria: el análisis de la distribución de la riqueza,
los salarios reales, ya que la tasa de crecimiento de la capacidad pro- encendida desde una perspectiva activa, como el patrimonio puesto
ductiva del trabajo representa un límite infranqueable, en término~ .1 d isposición del proceso productivo, también genera una dinámica

estructurales, para los salarios reales. l'Scruccural que refuerza la polarización entre clases sociales.
Por lo tanto, del análisis sustentado en la teoría laboral del valor
se derivan dos tendencias estructurales sobre la dinámica salarial que
contribuyen a explicar la distribución del ingreso inherente a la acu- 4. La polari7.aCiÓn en la distribución de la riqueza: concentra-
mulación capitalista. Por una parte, una mejora de los salarios reales ción y centralización del capital
que permite a los asalariados incrementar sus posibilidades de consu-
4.1. Salario y estructura social
El salario es un elemento importante para el capital. No hay que ol-
12. Como se puede comprobar, esca forma de ex.presar el salario relativo coi nci- vidar que la fuerza de trabajo representa uno de sus componentes,
de con el indicador de costes laborales un.icarios (CLU). Por lo canco, se puede
comprobar que bajo el discurso oficialista que insta a reducir los CLU en pro de
la competirividad para contribuir a los incen~ses generales de la sociedad , !are la
necesidad del capital de explorar creciencemence a los trabajadores asalariados para 13. Como, por ejemplo, duranrc la denominada época dorada del capitalismo, fase en
contrarrestar la presión a la baja sobre la rasa de ganancia. l.1 que tienen lugar u1i.1,t•tir dt' l ircun,tancias excepcionales que inhiben esca te ndencia.

158 159
concretamente aquel de carácter variable. Por el lo, es necesario que: dón. Más bien, se co rrc,¡m11t.lt· L<lll \,1 decisión de anticipar ciertas
alcance el nivel que garantice la reproducción de la fuerza de trabajo decisiones de medios de co nsumo (vivienda, aucomóvil, ... ). Y, por
en las condiciones normales de la sociedad para que la explotación 1'dlimo, se ha de tener en cuenta que buena parte de los asalariados no
se perpetúe. Pero, además, el salario también permite reproducir las solo no al1orran sino que se encuentran en una situación de endeuda-
propias relaciones de producción inherentes al capital. Es decir, para miento (o desahorro), por lo que considerando globalmente a la clase
desplegar la acumulación capitalista es necesario que los trabajadores asalariada, la mayor parte de la masa salarial se dedica a la compra de
queden separados de la propiedad de los medios de producción. Pero la medios de consumo y el flujo dedicado a la adquisición de medios de
reproducción del sistema capitalista requiere la perpetuación de esta si- producción tiene una importancia menor.
tuación: los asalariados, considerados como clase, no deben acceder a la En la Tabla 4.1 se muestran datos que reflejan los efectos del salario
propiedad de los medios de producción. El trabajador sale simplemen- sobre la discribución de la riqueza, referidos al caso español durante
te reproducido de la relación salarial mientras que el capital consigue la fase de crecimiento 2002-2008. En ella se refleja, para cada uno de
salir enriquecido. Por lo tanto, se activan diferentes mecanismos que, los elementos patrimoniales analizados, el porcentaje que represema el
como se verá a continuación, no solo reproducen la separación por valor de los activos poseídos por la clase asalariada respecco a su valor
parte de los trabajadores de la propiedad de los medios de producción lOtal . Es decir, la participación de los trabajadores asalariados en la pro-
sino que profundizan en ella. piedad de cada uno de ellos 14 .
En primer lugar, el propio proceso de concentración del capital que
genera el desarrollo ordinario de la acumulación, provoca un alza ten- Tabla 4 .1 Participación de la clase asalariada en
dencia! del umbral núnimo de acumulación. Es decir, la cantidad de la propiedad de activos
capital inicial mínimo para operar en una determinada rama producti-
va de manera viable cada vez es mayor. Marx denomina concentración 2002 2008
del capital al crecimiento de la escala de producción, que implica el 14,27 9,82
Atciones cotizadas
aumento del tamaño de los capitales individuales (Foley, 1989). - 5,68
Resto de útulos de propiedad 8,64
Esro dificulta la movilidad de los sujetos desde la clase asalariada
Fondos de inversión 19,51 9,05
hacia la clase propietaria aunque no la inhibe: un trabajador podría
ahorrar una parte de su salario con el objetivo de adquirir una masa 30,07 25,28
Título de renta fija
de medios de producción. Pero solo en el caso de que sea capaz de -- 21,7
Cuencas corrienresy depósitos bancarios 25,08
acumular un nivel que le genere una renta suficiente para dejar de
43,4 34,5
depender del salario se puede considerar que abandona la condición Planes de pensiones
de proletario: el asalariado no deja de serlo simplemente por adquirir Inmuebles distintos a la, vivienda personal 23,88 21,28
cualquier activo que represente medios de producción. Por ejemplo,
no es suficiente la posesión de un paquete de acciones para convertirse Fuente: elaboración propia a parcir de datos de la Ei,cuesra Financiera de las Fa-
en propietario y modificar la posición que se mantiene en la estructura m ilias, Banco de España.

social a no ser que las remas derivadas de esta propiedad garanticen por
sí solas la reproducción material del sujeto. 14. Para una explicación metodológica más derallada sobre el cálculo de los indi-
Además, conviene aclarar que buena parce de lo que se denomina cadores reflejados en la tabla, así como para un análisis más pormenorizado de la
ahorro salarial no se dedica a la adquisición de medios de produc- distribución de la riqttt'7,1 en el caso español, consuJrar Murillo (2016).

161
160
Como se puede constatar, la participación <lt.! los asalariados L'll 1111llp1:ciLivo en el que lic:1\L' lug.11 l,1 ,1cumulación capiralista hay uni-
la propiedad de la mayor parte de los elementos patrimoniales e, d 1dL'\ de producción que son expulsadas del mercado por no operar
reducida. No obstante, lo más significativo es que, para codos lo., 1 11 urndiciones de rentabilidad.

casos analizados, quedó mermada a lo largo del periodo. Focalizando l labitualmence, los capitales más débiles son aquellos dominados
el estudio sobre los activos que representan medios de producción 1111 1 pequeños propietarios que presentan severas dificultades para
puede afirmarse que los asalariados se alejaron gradualmente de su 111111petir frente a unidades de mayor tamaño. La propia escala puede
propiedad. ~t 1' ruenre de ventaja competitiva por Jo que los capitales de mayor
1.1m,1ño pueden operar en condiciones ventajosas frente a aquellos
4.2. Centralización de fa propiedad y proletarización de fa po- 1111·os de menor magnitud. Cada capital individual pretende incre-
blación r11cncar su cuota de mercado en derrimemo del resco lo que conlleva
AUn considerando escas dificultades, se contempla la posibilidad de un mayor grado de centralización. Además de la concentración, está
que un trabajador asalariado consiga modificar su posición en el mar- rs la segunda vía de crecimienco para los capitales individuales. La
co de relaciones de producción, habitualmente mediante el sacrificio principal estrategia de la que disponen las unidades de producción
de tiempo de descanso o a través de la abstención del consumo. Pero para reducir sus costes de producción consiste en la aplicación de
como las clases sociales se conciben como entes permeables también .llgún avance técnico. Los capitales menos competitivos que no son
es posible la moviüdad a la inversa, de manera que aparecen propieta- t ,1paces de incorporar el cambio técnico desaparecen y los que sobre-

rios que se convienen en trabajadores asalariados. De hecho, la prin- viven acaparan una parte creciente del capital global, proceso que se
cipal propuesta del análisis marxista radica en que el flujo de entrada a ve favorecido por el préstamo y la creación de sociedades anónimas.
la clase asalariada desde la clase social opuesta es de mayor magnitud, 1 1 resultado de la competencia suele ser la desaparición de propie-
tendencialmente, que el inverso. Este proceso es conocido como pro- 1.uios poco competicivos y el traspaso de sus capitales a favor de los
letarización15 de la población y no responde a una tendencia demográ- <.:apicales más potentes: la centralización implica la expropiación de
fica, basada en el mayor ritmo de reproducción de la clase asalariada unos capitalistas por otros, transformando un conjunto más o me-
frente a la de los propietarios sino a faccores de índole económica. nos numeroso de capitales menores en un grupo más reducido de
Esce fenómeno responde a los requerimientos del capital: al repro- capitales de mayor tamaño.
ducirse de manera ampliada, las necesidades de fuerza de trabajo son La propiedad del capital existente se redistribuye de cal manera
crecientes. Aunque no haya un incremento de la demanda de fuerza que varios capitales individuales se funden bajo un mando único.
de trabajo proporcional a la del flujo de inversión como consecuencia C omo resultado de este proceso de expropiación la propiedad del
de la mecanización, la acumulación de capital en un mayor grado capital aparece cencraüzada en un menor número de manos. Cada
necesita que se mercantilice una fracción creciente de la fuerza de capital individual no encuentra límites a su crecimiento en las fron-
trabajo disponible en sociedad. Además, es el resultado del propio Le ras que diferencian unas ramas productivas de otras ya que pueden
proceso de competencia capitalista. Como consecuencia del marco fo rmar conglomerados vinculados a diferentes sectores.
Refiriéndonos de nuevo al caso español, las ratios de concentra-
ción muestran que los capitales más competitivos reforzaron su posi-
15. Aquí se usa el término proletario en el sentido en el que Marx lo utiliza en El
ción durante la fase de crecimiento comprendida entre los años 1995
Capital: desde un enfoque objetivo para definir la posición que ocupan los trabaja-
dores en el marco de las relaciones sociales de producción, manteniendo al margen y 2007. Durante esca periodo, la cúpula empresarial, conformada por
otra serie de aspectos. l.1s 500 empresas de mayor tamaño según su volumen de ingresos,

162 163
duplicó su p.ircicip.1ción en d rcparco Jcl beneficio tornl y mejoro ,·11 •1·" 011 J!i esferas <le la prndun mn. Y l.1 cx1cnsión del capital implica,
un 40% su posición en la propiedad del capital rotal 16. ll"' 111 rnnco, la del trabajo .~Jlari.td o.
Se puede considerar que la prolecarización no es más que el cnvu lm.luso en el propio ámbico rnercanril, el capital tiende a des-
del proceso de centralización de la propiedad de los medios de pro 1,111.11 .l uavés de la competencia a los trabajadores autónomos, que
ducción que caracteriza a la acumulación capitalista. No solo es t¡uc ,cptl·,cncan una clase intermedia entre capicaliscas y asalariados, que
la acumulación garantice, a través del salario, la perpetuación de: 1.a l'L'lll lalmence representan una capacidad competitiva más reducida.

separación de los trabajadores de la propiedad de los medios de pro 11. 1 hJbido sectores uadicionalmence dominados por trabajadores
ducción, sino que se activan diferentes mecanismos para ahondar l'II 1mlt·pcndiences que se han visco sometidos a una profunda transfor-
7
esca escisión. Y el grupo de propietarios queda formado por un grupo 11i.ll iÓn corno consecuencia de la penetración del capical1 • La caída

minoritario de sujetos cada ve:z más reducido. Aunque el número Je dl l.1 importancia relativa de esta clase social ha quedado camuflada
propietarios de átulos de propiedad cre:zca ya se ha explicado que \ll ,· 11 \,1s últimas décadas por la proliferación de lo que se conoce como
mera adquisición no permite a los sujetos cambiar su posición de clast·. f tl,os autónomos: aunque formalmente el capital los contrata como
Por orro lado, se ha de entender el proceso de prolecarizaci(m 11 ,1b,1jadores autónomos en realidad son trabajadores asalariados que
como un fenómeno definido una vez que se ha reducido el grado tlt: 1kpcnden del propietario para el que trabajan. El único motivo por
abstracción del análisis y se contemplan las clases sociales secundariJ!I , 1 t¡ue el capital está interesado en concracarlos median ce este régimen
vinculadas a los modos de producción que, con carácter subordina- l'' el de evitar el pago de las cociz.aciones sociales, al transformar una
do, coexisten con el capitalismo. De este modo, se puede comprender 1c:lación laboral efectiva en una aparentemente mercanti11 11•
que la clase asalariada no solo quede engrosada por aquellos propie- Por lo canco, se puede considerar que de la dinámica de acumula-
tarios que sucumben frente a la competencia frente a otros capitale1,. dón de capital se desprende una determinada pauta de distribución
El capital, al extender su hegemonía sobre el conjunto de la actividad ele la riqueza, concretamence de aquella materializada en la forma de
económica, destruye el resto de formas de producción (doméstica, medios de producción. La creciente concentración de su propiedad en
estatal, ... ). Mediante la rnercantilización de cierras esferas vincula- un grupo minoritario tiene un impacto notable en la propia estruc-
das anteriormente al ámbito privado (cuidados, entretenimiento, tura social de las sociedades capitalistas. De este modo, el desarrollo
ocio, ... ), resueltas en el ámbito de la producción doméstica, el ca- ordinario del proceso de acumulación de capital tiende a simplificar
pital encuentra nuevos espacios de acumulación. Lo mismo ocurre las relaciones sociales de producción. La reproducción ampliada del
con aquellos segmentos de la actividad económica reservados ante- capital implica la extensión de las relaciones capitalistas de producción
riormente a la producción por parre de las administraciones públicas a diferentes esferas de la sociedad. Además, suele implicar la adopción
(sanidad, educación, comunicaciones, transporte, ... ): mediante las de nuevos mécodos productivos que pretenden aprovechar las ventajas
privatizaciones se amplían los espacios de revalorización para el ca- de la producción a gran escala. No solo es que la mayor parte de lapo-
pital. La incesante necesidad de obtención de beneficios, más si cabe blación quede vinculada a las clases sociales esenciales del capitalismo,
teniendo en cuenta las crecientes dificultades de valorización a las capitalistas y asalariados, sino que esca fracción, además, es creciente.
que se enfrenta, explica la necesidad objetiva del capital de fagocitar El proceso de prolecariz.ación agudiza las diferencias encre clases: los

t 7. No solo actividades vinculadas al sector primario, sino rambién orras como el


16. Para una explicación sobre el cálculo de estos indicadores y un análisis detalla- comercio o la restauración.
do sobre el papel de la cúpula empresarial en el caso español, se puede consulcar el J 8. Este colectivo no es el único que realiza un trabajo asalariado bajo la aparente
capítulo 12 de Murillo (2016). forma de una reh1d6n dr otro cipo. Otro caso notable es d Je muchos becarios.

164 165
asalariados conforman una clase social cad.t vc, mJs numerosa frcnu: l.1 p.u cicipación <le los 11.1h.1j.1dotl'' l'll l., renca cocal, considerando
a un grupo cada ve:i más minoritario de propietarios que manejan l., l.1 l n:cicnce importancia 1cl.1tiv.1 que representan sobre la población
mayor parce del capital. Y codo ello como consecuencia de las propi.ts 111t.1I. En el Gráfico 4.1 puede observarse la tendencia decreciente a la
leyes inmanentes al capital. La lucha competitiva encre los diferentes q11t· ha quedado sometido este indicador durante las últimas décadas
capitales, que desencadenan una dinám ica de centralización de la pro- l ti l.,~ principales potencias del capitalismo mundial, que refleja el

piedad de los medios de producción, así como la necesidad del capic.11 t kuo conjunto de la caída del salario relativo y la creciente proleta-

de destruir otras formas de producción para extender su domin io, 111.,ción de la población.
extienden la relación salarial en aqueUas formaciones sociales en las
que el capital opera de manera hegemónica. La Tabla 4.2 muestra el Gráfico 4.1. Coeficiente salarial
creciente peso relativo de los asalariados para algunas de las principales
potencias de la economía mundial.
KO

Tabla 4 .2 . Grado de proleca rización (% de asalariados sobre 75


el rotal de empleo)
70
1990 2016
Francia 84,30 88,18
[Alemania
~
89,58
España 73,52 83,02
--
EEUU 91,20 93,60
Japón 77,37 88,96
..,... EEUU .....- Japón
- VE15
Fuente: elaboración propia a partir de dacos de la OIT l·uente: elaboración propia a panir de dacos de AMECO

Esta transformación de la estructura social ha de ser tenida en


5. Conclusiones
cuenta a la hora de valorar el proceso de distribución del ingreso.
Es importante considerar la im portancia relativa de cada clase social
Con base en todo lo planteado anteriormente, se puede afirmar que
para valorar su participación en el proceso de distribución. Guerrero
d análisis marxista establece una serie de pautas escruccurales sobre la
(2006) propone utilizar el coeficience salarial para valorar de manera
dislribución del ingreso así como de los medios de producción. En
más precisa la posición de los asalariados. Este indicador se obtiene
primer lugar, determina que la acumulación capitalista propicia una
relacionando el salario relativo con la casa de asalarización o peso
distribución del ingreso cada ve:z más desigual entre clases sociales y,
relativo de los asalariados sobre la población 19 • De este modo, corrige
más concrecamence, con un carácter regresivo para los trabajadores
.1s.1lariados. La pani<.'ip.1ción <le los salarios en la renta total tiende
19. Oc manera análoga, puede definirse el coeficiente de beneficios. ., t,tcr como rc,uh.1do dd inu.·mo de contrarrestar los efecros de las

167
166
crecientes dificulcades <le valorización a l.l, ,¡m· 1ncxorablemencc ,t· l\ihllografía
\ 11 1,.1h,1lo, X. (2014): Ci1pi111bw111)'rrt11111111/111111111dit1l. 1ME, Madrid.
enfrenta el capital. El hecho de que las diícn.:nt.ias emrc los salarim
y los beneficios se acentúen no es óbice para que el poder adqui,i
e 11 hrn, G. A. ( 1986): la trorlrt dr In histortn de Karl Marx: 1ma defema, Siglo XXI,
tivo de los asalariados mejore. Pero la mejora esrrucrural de los s.1
i\l.1d1id.
larios reales no provoca el desvanecimiento de las diferencias entrt·
clases sociales. Como las tensiones sobre la renrabilidad se expresan
I nkv. D. (1989): Para mtender El Capital, Fondo de Cultura Económica, México DF.
de manera cada vez más aguda, la respuesta del capital se sitúa en un
plano cada vez más incisivo. Este es el primero de los ejes sobre lm
1 .iow11ann, H. (1979): la ley de ltt acurm1lttción y del derrumbe del sistema capita-
que erigir la polarización social a la que conduce el capital. El otro lo /111,1,Siglo XXJ, México.
representa la creciente desigualdad en la disrribución de los propio, e ,1111vcrneur, J. (2002): Comprmtúr la economía: 1m manual para tÚscubrir la cara
accivos que representan medios de producción, cuya propiedad qued.1 , 11,1 de la economía contemp()rdnea, disponible en hccp:/lwww.i6doc.com (revisa-
11 11
creciencemence concentrada en un grupo minoritario de capitalista,, ,lo t'l1 febrero de 2018).
lo que desde el punto de vista de la estructura social se traduce en un t ,uc:rrero, D. (2008): Un resumen completo de El Capital tÚ Marx, Maia, Madrid.

creciente peso relativo de los asalariados. El envés del fenómeno de la ( ,uc:rrcro, D. (1995): Competitividad: teoría y política, Ariel Economía, Barcelona.
centralización del capital en manos de un selecco grupo de propieta- e,utrrero, D. (1989): Acumulación tÚ capitai distribución de la renta y crisis de
rios es la privación de la propiedad de los medios de producción par.1 1r11111hilidad e11 Espmía (1954-1987), Tesis Doctoral, UCM.
una mayoría creciente de la población. De este modo, se profundiz.t
en el alejamiento de los trabajadores de la propiedad de los medios de: 1lrinrich, M. (2008): Critica de ltt Economía Polftica, Escolar y Mayo editores,
~ l.1<lrid.
producción que requieren las relaciones de producción capitalistas.
Así, la agudización de las diferencias entre clases sociales es el re-
Mm:, K. [ 1979 (1894)]: El capital. Crítica de la Economía Política, libro IJJ, Siglo
sultado ordinario del modo de producción capitalista y no un ele-
\XI. 3 volúmenes, Madrid.
mento extraño a él. De ahí que no se pueda confiar en la aplicación \1arx, K. [1979 (1885)): El capital. Crítica de la Economía Po!ltica, Libro II, Siglo
de medidas reformistas para neutralizar el incremento de la desigual- XXI, 2 volúmenes, Madrid.
dad: no es posible corregir los efeccos dejando intactas las causas, que.: \farx, K. [1979 (1867)]: El capital. Crítica de la Econortúa Política, Libro 1, Siglo
son las mismas relaciones de producción capitalistas. XXI, 3 volúmenes, Madrid.
Por lo canco, la acumulación de capital promueve un crecienu· M.1rx, K. [2003 (1865)]: Salario, precio y ga111Z11cia, Fundación Federico Engcls,
antagonismo de clase entre el capital y el trabajo que solo puede ser \1adrid.
M.irx, K. [1975 (1862)]: Teorías sobre l.a plusvalía, Tomos l y U, Carrago, Buenos Aires.
resuelco superando la producción capitalista basada en la lógica de la
\1arx, K. [2003 (1849)]: Trabajo asalariado y capital, Fundación Federico Engels,
rentabilidad. La polarización social en la que se basa el capitalismo no
"1.,<lrid.
solo se perpetúa sino que se agudiza como consecuencia de su lógica
Mcck, R.L. (1962): ''Marx's 'doctrine of increasing misery"', Science and Society,
de funcionamiento: la desigualdad creciente en la distribución del
Vol.26, pp. 422-441.
ingreso aparece junco a una estrucrura de propiedad de los medios de Murillo, J. (2016): Análisis marxista del 'milagro económico' espa1íol {l 994-2007),
producción cada vez más concencrada. lc~b Oocroral, UCM.

Nieto, M. (2015): Cdmo Jimcfo11a l11 economía capitalista, Escolar y Mayo editores,
\-1.l<lrid.

169
168
Rosdolsky, R. (.1978 ( 1968) ): Ginesis y m rurt1m1 rlr /·'/ mpit,tl de Mllrx. &tud,(/1
sobre Los Gnmdme, Siglo XXI, México. 3

Shaikh, A. .(1990): Valor, acumulación y crisis. Ensayos de Economía Política, Terct·,


Las crisis económicas y la incompatibilidad
Mundo Editores, Bogotá. entre capitalismo y democracia

Diego Guerrero

1. Introducción

Hay, entre otras, dos características del capitalismo que hacen que
cualquiera que no sea un liberal en economía desee sustituir este sis-
cema por otro superior: su tendencia a las crisis generales y su esencial
carácter antidemocrático.
La primera consiste en una dinámica que consume y despilfarra
recursos de todo tipo y empobrece y hace sufrir a la sociedad, siendo
esto aun más penoso si se confirma la tendencia histórica a que estas
crisis sean cada vez más frecuentes y más graves. La gravedad de la
"crisis global" de 2007-2009, seguida de la llamada "Gran Recesión"
(Shaikh 2016, pp. 6, 244) en la que coda vía estamos inmersos, puede
servir de confirmación de la citada tendencia. Los dañinos efeccos de
Lodas las crisis, y en especial de estas últimas, junco a la comprensión
<le la C$encia antidemocrática de este sistema deberían llevar a mu-
chos a combatir al capitalismo en busca de algo mejor, como podría
ser el "modo de producción asociado" al que nos referiremos luego.
Por consiguiente, la primera parte de este artículo la dedicaremos
a las diversas turbulencias y crisis que corroen el capitalismo, y la se-
gunda a la falca de democracia que caracteriza a este sistema.

170
17 1
2. Turbulencias, crisis y efectos de las crisis l1111 11.1d6 n de precios, Li rnmpcc¡:nci,1 o la acumulación de capital.
fv,.r, p.11 a csre autor el proceso <le ajuste de los precios "no condu-
Anees de hablar de las causas de las crisis, nos preocupa cómo , 11 11 t 111t nm.íticamence al equilibrio sino que puede generar dinámicas
estas crisis y cuánto duran, sabiendo que la propia acumulació n d, 1111 l111k-11tas", la competencia constituye "un proceso turbulento y des-
capital es un proceso "turbulento" que genera inevitablemente crí,h 11111 , 1vu <lt: g uerra abierta de codos contra codos en el que inevitable-
que son también turbulentas. Por una parte, en ese "tumulto i11,· 111c; lltl' hay ganadores y perdedores", y el desarrollo de la acumulació n
primible que es el capitalismo", observamos continuamente "la inr ,11 1.1pirnJ "tiende a desestabilizar recurrencemente todo el proceso de
vitable turbulencia que simplemente sucede cuando mezclamos 1.1 ,. ¡11mlucción económica, lo q ue determina que los ajustes no sean
libertad con la propiedad privada" o "la creatividad con la expropi.1 11111111d.cicos o lineales sino turbulentos." (Nieto 2015, pp. 199-201).
ción" (Varoufakis et al 2011, p. 432). Esta turbulencia de los nm Por supuesco, todas escas turbulencias ayudan a entender por qué
cados (en especial en los mercados monetarios y financ ieros) ha sid11 l 1 , , lisis cíclicas se manifiestan también de forma turbulenta, some-
ampliamente estudiada por diversos aurores 1 desde varios puntos d1· 111 11 do al sistema a diversas clases de rupturas que generan tensiones
vista, pero forma una parte esencial de uno de los libros más relevan 1h diversa duración. Shaikh afuma que, "una vez. comprendido que
res de los últimos tiempos, el Capitalism de Anwar Shaikh (2016), , 1 n ¡uílibrio es un proceso gravitatorio turbulento, debemos pre-
cuya tercera y última parte se dedica a la "Teoría de la macrodinámk,1 , . . ,.,
g1 1111a rnos necesariamente cuanto tiempo necesita este proceso, y
turbulenta" (p. 7)2, una concepción esencial para analizar el co mpo1 111 1cspuesca es que "cabe esperar que la longitud del ciclo varíe con-
tamienco del capitalismo según este autor3• En España, diversos au ,1tlcrablemence en las diferentes industrias", de forma que en esos
tores se han inspirado en estos planceam ienros; por ejemplo, C armen d 1krc nces sectores los "ciclos individuales oscilan encre dos y siete
Anula escribe que "el mercado se instituye como un mecanismo < .k 111os"; ahora bien, "la d uración media de los ciclos de las diferentes
regulación turbulenta", estando la sociedad capitalista "gobernada poi 1mlustrias es muy similar, sicuándose en el estrecho rango de cuatro a
la dinámica turbulenta propia del mercado" (Anula 2002, p. 297); , 111 co años" (Shaikh 2016, pp. 105-6; véase también Mueller 1986,
y Maxi Nieto aplica esta idea a aspectos más concretos como son l.1 pp. 12-13). En cuanto a los ciclos de la economía como un codo,

1. Por ejemplo, Brenner 1998, Arrighi 2003 o Lou<;a 1997. "los estudios sobre ciclos han identificado dos clases principales
2. Las otras dos se dedican a "Fundamentos" y "Teoría de la competencia real". de fluctuaciones agregadas recurrentes, Ligada cada una a la inversi6n
3. Este ~utor lleva déc~das insistiendo en este enfoque, que él llama "clásico" (pero c:n un tipo distinto de capital: 1) ciclos de los inventarios, de entre
es especial.menee manmta), un enfoque que lo lleva a ocuparse priorirariamencc <lcl tres a cinco años; y 2) ciclos de los equipos, de entre siete y o nce
~srudío d_e la "macrodin~mica turbul.enta del sistema", por una parte impulsada poi ;1ños. ( ... ) Finalmente, existe La posibilidad de ondas largas del or-
tendencrns turbulentas y caracrerizada por un "crecimiento rurbulenro", y poi
den de entre cuarenta y cinco y sesenta años" (Shaikh 2016, p. 107;
otra parce expresada en el funcionami ento de "arbitrajes curbulenros", o "gravii ,1
ciones turbulentas", can importantes como la "igualación rurbulenca de las casa, véanse también Shaikh 1983, Mandel 1975, van Duijn 1983 y Su
de ganancia encre los sectores industriales" (Shaikh 2016, pp. 6, 56, 66, ¡ 04, 8). 1996) ."
En realidad, lo que más interesa a esre autor es la contraposición existente entrt•
la concepción del equilibrio característica de la economía neoclásica -es decir, "el Los dolorosísimos efectos de las crisis económicas sobre la mayo-
equilibrio como un estado ya alcanzado"- y su propia concepción, centrada en "el
rí.l de la sociedad fueron perfectamente identificados y denunciados
proceso hacia el equilibrio como un proceso rurbulenro"; o, dicho de otra mane-
ra, conrraposición enrre "la idea convencional de los ciclos de negocio como un:1 <ksde la primera aparició n de este fenómeno histórico, que aún hoy
trayectoria fluctuame de equilibrio" y su idea de las "fluctuaciones alrededor del ,<..· manifiesta de la misma manera. Sin ser exhaustivos en la búsque-
equilibrio" encendidas como "trayectorias de desequilibrio" (ibid., p. 104). d.1 , podemos indi car qw: aut0res co mo Sismondi o el pro pio Engels

172
se adelantaron en esto al Manifiesto comunis1r1, el cual, por cierro, lc:L.iríado, ya ento nce~ igu.tl que .1horaC.. anticipándose al Manifiesto
elogia la perspicacia de Sismondi 4 • Es imporrance señalar que, al re- l'fJllllmista en su denun cia de que "la creciente concurrencia de la bur-
ferirse Sismondi a las "crisis violentas a las que ha estado expuesta ~ucs ía entre sí y las crisís comerciales de ella resultantes hacen oscilar
la industria desde hace diez años" y ligarlas "a la velocidad con que l,lda vez más el salario del obrero" (Marx y Engels 1848, p. 61); por
se suceden los descubrimientos ciencíficos"(Sismondi 1827, p. 639; ,·~o el Manifiesto presta acención a la plaga que generan escas "crisis
1837-8, II, pp. 305-6, 366), este autor apunta a una idea sobre la w merciales, que en su periódica reaparición, cada vez más amena-
auténtica causa de las crisis que desarrollaría Marx años más tarde. ta nte, cuestionan la existencia de la sociedad burguesa":
Aunque se ha atribuido a Sismondi otras interpretaciones (para unos
su teoría es una simple teoría del subconsumo, y para otros se basa "En las crisis comerciales no sólo se destruye regularmenre gran
en "múltiples causas" de la crisis), realmente la causa última que él parte de lo producido, sino gran parte de las fuerzas productivas ya
descubre no es sino la contradicción entre el valor de uso y el valor c readas. En las crisis se desata una epidemia social, que en rodas las
(de cambio). Más concrecameme, Sismondi afirma que el desarrollo épocas anteriores, hubiese aparecido como algo absurdo, la epidemia
del comercio ha "suprimido su carácter de valor de uso [de la riqueza d e sobreproducción. La sociedad se halla de pronto retrouaída a un
estado de momencánea barbarie; el hambre, la devasr.adora guerra
producida anualmente] y no ha dejado más que el valor de cambio",
general, parecen haberla privado de todas las provisiones; la indus-
con lo que este último deja de ser la verdadera expresión del valor
tria, el comercio, parecen estar destruidos, y ¿por qué? Porque posee
intrínseco de los bienes, de la riqueza real, para convertirse en una
demasiada civilización, demasiadas provisiones, demasiada indus-
"falsa riqueza", una "ilusión", una "sombra sin realidad" que tiene
Lria, demasiado comercio. Las fuerzas productivas que tienen a su
un carácter a la vez "sociaJ", generalizador y "abstracto" (Sismondi, disposición no sirven ya para fomentar las relaciones de propiedad
1837-8, TI, pp. 230, 234; 1827, p. 407) 5• b urguesas. Al contrario, se han vuelto demasiado poderosas para esas
En cuanto a Engels, él prefiere atacar la falta de humanidad con relaciones, que las frenan ahora; y tan pronto como superan ese fre-
que erara el capitalismo a esa masa de asalariados que forman el pro- no, provocan el desorden de toda la sociedad burguesa, ponen en
peügro la existencia de la sociedad burguesa. Las relaciones burgue-
sas se han vuelto demasiado estrechas para abarcar la riqueza que han
4. En el Manifiesto, Marx y Engels, eras caracterizar a Sismondi como el princi c reado. ¿Cómo supera las crisis la burguesía? Por un lado, mediante
pal representance del "socialismo pequeñoburgués", lo elogian con generosidad.
señalando que "este socialismo analizó agudamence las contradicciones exiscemc~
en las modernas relaciones de producción. Desveló los hipócritas encubrimienros (1 "Pero al proletario que no posee más que sus dos brazos, que come hoy lo que
de los economistas. Demostró de manera irrefutable los efectos destructivos de ~.1116 ayer, que depende del menor azar, que no tiene la menor garanrfa de que
la maquinaria y de la división del trabajo, la concentración de los capitales y de poseerá la capacidad de adquirir los artículos más indispensables -<:ada crisis, el
la propiedad de la tierra, la sobreproducción, las crisis, el necesario hundimienm menor capricho de su patrón, puede hacer de él un parado- se le coloca en la
de los pequeños burgueses y pequeños campesinos, la miseria del proletariado, la it u:ición más inhumana que nadie puede imaginarse. La existencia del esclavo
anarquía de la producción, las escandalosas desigualdades en el reparto de la rique· r\l.Í al menos asegurada por el interés de su amo, el siervo tiene por lo menos una
za, la guerra industrial de exterminio entre las naciones, la disolución de las vieja~ p.1rcela de tierra para procurarse el sustento, ambos tienen al menos la garantía de
costumbres, de las antiguas relaciones familiares , de las antiguas nacionalidades." poder subsistir, pero el proletario es reducido a sí mismo e inutilizado para usar sus
(Marx y Engels 1848, pp. 83-84) f11,·rzas de manera que pueda contar con ellas. Todo lo que puede incenrar el prole-
5. Puede decirse, por tanto, que el análisis macrocconómico de las crisis deriva en 1 11 io para mejorar su situación, es una goca de agua en el mar, comparado con las
Sismondi de su análisis microeconómico: el valor (de cambio); y que, como dict: v1dsi tudes a las cuales está expuesto y contra las que no puede hacer absolucamenre
Marx, Sismondi sitúa el origen de la crisis en l:i "conrradicción entre la producció11 11,td .1. Es el juguete pasivo de todas las combinaciones posibles de las circunstancias
por la producción misma, y la dimibuc:i(,n ,1uc lu n• imposible el desarrollo :1bso )' puede estimar~c dichnMl de ~alvar d pellejo, aun cuando solo sea po r un tiempo."
luro de la producri vidnd" (M.1rx 1862 '1 \ 111 , p 70) (l· ngds 1845, p.).

174 175
la forzada destrucción de una masa de fuerzas prod11ccivas; por otro, l'' l'c.. ios cambian const,uHcnu:111c..· en c.:I tiernpo, y además ~o t.odos en 1

conquistando nuevos mercados y explotando más a fondo los viejo,. , na lelo, fundamentalmcnrc como consecuencia del c~mb10 ~1enofico
1
¿De qué manera entonces? Preparando crisis más universales y vio , tl·cnico y las mejoras en la productividad del uabaJO- o _si supo~e-
lentas y disminuyendo los medios de prevenirla." (ibid., pp. 57-58) 111m provisionalmente que los valores están dados y los prec10s refleJa~,

directa y proporcionalmente esos valores, como se supone en el ana-


li\l\ de la "reproducción simple" que anrecede al de la "reproducción
3. Las causas de las crisis .unpliada del capital" (libro II de El capita~. ., .
Lo que lastra la comprensión de la concepc1on marx1ana de las
Como se sabe, en Marx las crisis son un resultado necesario7 de: l,1 l lisis son, pues, dos factores principales: en primer lugar, com~ de-

expansión, de forma que can ro esca como la crisis son manifescacionc, l , no rodas sus afirmaciones sobre la crisis se hacen al mismo
111105
igualmente normales del turbulento proceso capitalista. Veremos que.:, ,livcl de abstracción, y, en segundo lugar, en sus explicaciones usa
anees de desarrollar el mecanismo general y abstracto que engendra l.1 l onccpcos e incluso términos y expresiones iguales a, o e_mparencados

crisis en el capitalismo (industrial) puro, Marx aborda otras cuestio l , los de las teorías económicas que él critica, pero insercados en
011
nes relacionadas con la crisis, y en particular las que mencionaremO\ , 1contexto de su propia teoría, donde a menudo adquieren un nue-
aquí brevemente: la influencia del crédito, de un cambio súbito en lo, vci \ignificado. Todo esco lleva a algunos a pensar que en la_ ~bra. de
precios (especialmente de los de las materias primas) y de la "despro M.irx "no se encuentra ninguna teoría coherente sobre las cns1s, sino
porcionalidad". Hay que tener mucho cuidado en distinguir la caus., , nplemente observaciones sueltas, de mayo~ o menor ª:Uplitud, que
11
o causas de las crisis como algo distinto de los "desencadenantes" dr l lll'ron cransformadas por la tradición marxista en ceonas complera-
3
la crisis, las "posibilidades de crisis", los "marcos" de la crisis, etc. Ade- mcnce diversas" (Heinrich 2008, pp. 174-175) •
más, hay que tener en cuenca las diferencias entre el anáJisis del capit,11 Sin embargo, dejando de lado teorías que se le atribuyen pero no
en cuanto cal -lo que Marx llama a menudo "capital industrial" y al ,
011
suyas9, está claro que lo fundamental es q~e la c~isis resulta _d_e
que corresponde el más elevado nivel de abstracción que emplea en su llll,t insuficiente "valorización" del capital (una msufic1ente rencabil1-

obra- y el análisis de un capitalismo más concreto en el que el capit,11 d.id del dinero que la clase capitalista adelanta con el fin de obtener
industrial se ve acompañado por diversas instancias adicionales, como .11 ganancia global), algo que se produce porque los ~apicaliscas no
el capital comercial, el financiero (el sistema crediticio), la propiedad ,blo aumentan continuamente el volumen de sus medios de produc-
terrateniente, las clases medias, los trabajadores improductivos, ere .. l 1011 en sentido físico, sino que acumulan el capital (formado por el

con las que se va completando al primero. El análisis de los factores <ll·


crisis no puede ser el mismo si nos colocamos en uno u otro punto c.k
K () ,ambién qu~ Marx era, más que w1 teórico de I~ crisis, un teórico del "ere;
vista. Asimismo, ya dentro del capital en abstracto, es diferente supo ·t·b d '' 0 de la "tendencia al esrancam1enco secular a largo plazo
u1111ento cqu1 1 ra o
ner, como haremos al final, que el capital "se mueve" de acuerdo con
l 11 Hvey 1982, p. 77). . ¡
sus leyes más generales y desarrolladas -<le forma que los valores y lo, ,, , p,11 ,1 Marx. el subconsumo es caracrerísrico de roda soc1eda~ de clas<:5'. noª. go
r~pl'dfico de la sociedad capitalista, y por r,anto no p~~de explicar las crisis ca~1ra-
· ' Además la explícacion de la cnsLS como un exceso (relativo)
l 1,1.1, en 111ngun caso. , . . d'
7. Marx se opone a quienes piensan que "es occidental que las crisis ocurran ,k okrta-<> insuficiencia (relativa) de demanda- es algo que sólo pue~en re1vin 1-
o no, y, en consecuencia, que su aparición eb, por sí misma, nada más que· , .11 quienes todo lo reconducen a la ofcrca y la demanda, pero no qu1en~s -como
una obra del azar" (Marx 1862-63, ll, p. 4 39). fato no quiere decir que el , 1 pretenden Jemom.H prcci,.,mence que la oferta y la dema~d~ no expli~ nada
azar no desempeñe ningún l11g,1r en 1., tc:ori.1 de MJrx: como h.1 demo,tr.1du por ,í mbm.,~. ~ino ,¡u<' trt'ntn lJllC ser explicadas por algo d1snnco, en pamcular,
Yadée (1998), e~ todo lo rnn11.11 io p<11 l,l ,\Clllll\ll,1d611 dd , .1pí1,1l

177
176
valor de esos medíos) de una forma pacológic.1, con lo que consiguen pio rnovímiewo riel m¡,11,tl 111d1111r1,t! dL' modo que "la superfi cialidad
1

que, en un primer momento, la acumulación e incluso "sobreacumu- de la eco nomía política se pone.: th.: manifiesto, encre orras cosas, en
lación" de capical estimulen con fuerza la economía, que esca se infle el hecho de que co nvien e a la expansión y conuacción del crédito,
más y más, pero luego dan paso a que esta acumulación se convierta mero sínroma de los periodos alternos del ciclo industrial, en causa
en una "crisis de sobreacumulación" de capital. Esto infla primero la de éscos" . Por tanto, aunque con matices, lo importante es que la
burbuja capitalista y después la hace escaliar necesariamente. ve rdadera causa de la crisis trasciende siempre al sistema moneta-
Sin embargo, antes de exponer con más detalle estas ideas (en rio-crediticio, pues "la expansión y la contracción de los medios de
el epígrafe 4), tenemos que analizar brevemente los tres elementos ci rculación( ... ) son siempre el efecco y nunca la causa de las fluctua-
citados más arriba: ciones de precios" y "la circulación moneraria, en general, no es sino
un movimiento secundario" (Marx, 1859, pp. 188-9). 10
1. Crisis financieras o del sistema crediticio
El análisis de Marx comienza por "la posibilidad general de la crisis" 2. Oscilaciones en los valores y precios de las materias primas
que está "contenida en el movimiento del capital, en la medida en que Al analizar concretamente las "circunstancias peculiares" de la crisis de
este último es también una mercancía, y nada más que mercancía": 185 1 en Francia e Inglaterra, Marx se centra en "el alza y luego la baja
hay que tener en cuenta que "la transformación de un capital de la n.:pencina, en una palabra, las oscilaciones de los precios del algodón",
forma-mercancía en la forma-dinero debe corresponder a la recon- y en que "la manufactura lanera se había extendido tanto, desde 1848,
versión del otro capital, de la forma-dinero en la forma-mercancíá', que la producción de lana no podía darle abasto y el precio de la la.na
sabiendo que "este encrelazamienco y fusión de los procesos de repro- en bruto subió muy desproporcionadamente en relación con el precio
ducción o circulación de distintos capitales lo impone por w1 lado la de los artículos de lana" (Marx 1852, p. 334). Esto es sólo un ejemplo,
división del trabajo, y por otro es accidental" (Marx, 1862-63, II, pp. pero en el libro III de El capital analiza de forma general los "efectos
437-8). En segundo lugar, existe la "posibilidad de crisis que surjan de directos" de las "oscilaciones de precios de las materias primas" sobre
la forma-dinero como medio de pago": en este caso, el capital "puede la tasa de ganancia. Sabemos que los problemas de valorización y ren-
ofrecer una base mucho más concreta para convertir esca posibilidad tabilidad del capital están en el centro de su teoría de la crisis como
en realidad" debido al efecto dominó que se genera por el impago de rrisis de sobreacumulación, pero también es verdad que las citadas osci-
un diente a su proveedor, que es a su vez el cliente de un segundo laciones pueden provocar crisis concretas, al menos en algunos casos.
proveedor, y así sucesivamente ... ; ésta es "la forma característica de ! lay que tener en cuenta que, si las "condiciones naturales incontrola-
las crisis monetarias'', y esta "segunda. forma de crisis sigue, como cosa bles" son el primer elemento importante en las "oscilaciones del precio
normal, cuando ocurre la primera" (ibid., p. 438). Como señala Marx:
"En un sistema de producción en el cual coda la conexión del
\O. Y algo parecido ocurre con el "capital comercial", pues, "a pesar de su auro-
sistema de reproducción se basa en el crédito, si el crédito cesa súbi- 1111mización, el movimiento del capital comercial nunca es otra cosa que el movi-
tamente, y sólo vale ya el pago en efectivo, debe producirse evidente- mienco del capital industrial demro de la esfera de la circulación": "La dependencia
mente una crisis, una violenta corrida en procura de medios de pago. inrcrna y la auconomía externa [del capital comercial] llevan las cosas hasta un pun-
Por ello, a primera vista coda la crisis sólo se presenta como una crisis , o en el cual se restablece por la fuerza, mediante una crisis, la conexión interna. De
.,hí el fenómeno qLte ocurre en las crisis, de que éstas no se revelen y estallen por
de crédito y de dinero." (Marx 1894, p. 630) primera ve:z en la vem a al pormenor, que tiene relación con el consumo direcro,
Para Marx, lo importante es que codos esros facrores son princi- ,ino en las esferas del comercio mayorista y de los bancos, que ponen a disposición
palmente "síntomas", "efeccos" o "fases" de las crisis que nacen del pro- de éste el capital dincwio de IJ sociedad." (Marx, 1894, pp. 389-90).

178 179
de las materias primas", existe también "un segundo clcmenco", que solutamente indilcrent1..''', el.to y., no puede.: ser así cuando se analiza
es "el hecho de que las sustancias vegetales y animales cuyo crecimien- el "capital global social y d valor de su producto", cuya reproducción
to y producción se hallan sometidos a determinadas leyes orgánicas, exige "no sólo reposición de valor sino también de material y de ahí
ligadas a ciertos lapsos naturales, no puedan aumentarse súbitamente que esté can condkionado por la interrelación de los componentes
en la misma medida en que se aumentan, por ejemplo, las máquinas de valor del producto social como por su valor de uso, su figura ma-
y otro capital fijo" (Marx, 1894, pp. 146-7). terial"; si no hay compatibilidad en alguno de los dos sentidos, "la
De forma general, "la devaluación de capital en diferentes formas" reproducción puede tener lugar bajo condiciones ( ... ) más desfavo-
produce diversas "convulsiones", y estas serán cada vez más frecuen- rables, las cuales pueden resultar en una reproducción incompleta,
tes, debido a que defectuosá' (Marx, 1885, pp. 482-3). Además, "en lo que respecta a
las revoluciones de valor, si son generales y se distribuyen de manera
"cuanto más desarrollada esté la producción capitalista, y cuantos uniforme no cambian en nada las relaciones entre los componentes
mayores sean, por ende, los medios para un aumento súbito y soste- de valor del producro global anual", pero "si son parciales y no se dis-
nido de la parre del capital consta.me integrada por maquinaria, ere., tribuyen uniformemente, representan perturbaciones que ( ... ) sólo
cuanto más rápida sea la acumulación (corno ocurre principalmente
es posible comprender en cuanto tales si se las considera como desvia-
en tiempos de prosperidad), tanto mayor será la sobreproducción re-
ciones respecto de relaciones permanentes de valor." (ibid., p. 481).
lativa de maquinaria y del restante capital fijo, y ramo más frecuente
será la subproducción relativa de las materias primas vegetales y ani-
males, tanto más incenso será el anteriormente descrito ascenso de su 3. Desproporciones
precio y la reacción correspondiente a dicho aumento." (ibid., p. 147) Marx se detiene a considerar qué puede causar una crisis en un sistema
capitalista ideal que está en condiciones de "reproducción simple", en
Otra vía distinta para que se genere un problema de "escasez de la que "el método de producción se mantiene igual" y "el volumen de
materias primas" consiste en lo siguiente: las mercancías producidas se acrecienta" tan sólo porque "se emplea
más capital, y no porque se emplee más capital en forma más produc-
"Si se invierte una porción excesiva de La plusvalía, del capital adi- tivá' (Marx, 1862-63, Il, p. 446). En este caso, pueden aparecer "crisis
cional, en maquinaria, ere., en determinada rama de la producción,
en la medida en que surgen de la producción desproporcionada, es de-
aunque la materia prima resultara suficiente para el antiguo nivel de
cir, de la desproporción en la distribución del trabajo social entre cada
producción, será insuficiente para el nuevo. Esto surge, entonces, de
esfera de producción"; entonces "el aumento o la disminución del valor
la conversión desproporcionada de capital adicional en sus diversos
de mercado que provoca esa desproporción culminan en el retiro de ca-
elementos. Es un caso de sobreproducción de capital fijo, y provoca
exactamente los mismos fenómenos que ocurren en el primer caso." pitales de una rama de la producción, y su u-aslado a otra, la migración
(ibid., p. 442) de capitales de una rama a otra de la producción"; pero "esta nivelación
irnpHca ya, como condición previa, lo contrario de la nivelación, y por
Y, junto a escas crisis que "se deben a una sobreproducción de capital lo tanto puede contener crisis; la crisis misma puede ser una forma de
fijo, y por lo tanto a una subproducción relativa de capital circulan- nivelación. Ricardo, etc., admite esta forma de crisis." (ibídem)
te", se pueden dar "revoluciones" en el valor del capital fijo; y ambas Ahora bien, aunque este tipo de desequilibrios, que incluyen "el
cosas conducen a la desproporcionalidad en la producción. Ello se desequilibrio en la producción de capital fijo y capital circulante",
debe a que, si bien cuando se estudiaba el valor de un determinado es "una de las causas favoritas a que echan mano los economistas
tipo de mercancía "la forma natural del producto mercamil era ab- para explicar las crisis", éstos por lo general no entienden "que ese

180 181
desequiUbrio pueda y deba surgir cuando se u-.Ha de la mera con ,tw 11H.lo lugar como t:I p1i11d p.d 111t.•1odo para sobrevivir en la guerra
servación del capital fijo, que pueda y deba surgir en el supuesto de u1111pc:LiLiva de cada capit alisLa co m ra wdos los demás. La "mecani-
una producción normal ideal, con reproducción simple del capital 1.ll ión" es obligaroria pero también cosLOsa, e implica necesariamente
social ya operante" (Marx, 1885, pp. 571-2). Lo que no entienden, l.1 \ .1pi talización" progresiva de la producción, que es la base de que
en particular, es que las condiciones para la reproducción simple, al l.1 .1cumulación de capital rienda a convertirse necesariamente en so-
exigir que el valor nuevo creado en la sección que produce los me- li1~\tcumulación. Dicho de esta forma can general, la dinámica de la
dios de producción (sección l) coincida necesariamente con el capt."tal ,l l umulaci6n se asemeja a la actuación de de un termostato que, por
constante consumido en la sección de medios de consumo (sección II), pmpia construcción y por definición, tiene que apagarse y encenderse
generan por sí solas problemas de desproporcionalidad: basta para , 11ccsivamence (como resultado de su propio funcionamiento); evi-
eUo con que la edad de los elementos materiales del capital fijo no dl·ntemente, las diversas circunstancias externas que ya conocernos, e
esté distribuida de forma perfectamente uniforme. i11duso el influjo del azar, tienen mucho gue decir sobre la duración
El problema es que "dentro de los límites de la sociedad capitalis- de: los periodos de encen dido y apagado del citado mecanismo.
ta", esto incluye "un elemento anárquico" (Marx, 1885, p. 571), pues Pues bien, la razón de la concinuidad en el funcionamiento del
"el equilibrio real ( ... ) en lo que respecta al intercambio mercancil ct·rmostato capitalista es la dinámica que contiene la "ley de la ten-
mismo, al intercambio entre las diversas parres del producto anual, dencia descendente de la casa de ganancia" (LTDTG). Esca ley - la
está condicionado por el importe igual de valor de las mercancías 1rnis importante de la Economia Política, según Marx- es de hecho
intercambiadas recíprocamence"; y "en la medida en que sólo tienen co mpartida por todas las escuelas del pensamiento económico, des-
lugar intercambios unilaterales (...) sólo existe en la hipótesis de que de A. Smith (al menos) hasta Samuelson, pero con diferencias muy
el importe de valor de las compras unilaterales coincida con el impor- notables; por ejemplo, la economía neoclásica pie nsa que esca cen-
te de valor de las ventas unilaterales" (ibid., p. 604). tlcncia puede ser contrarrestada por el cambio técnico y la mecani-
zación, codo lo contrario de lo que cree Marx. La explicación de la
LTDTG parte de definiciones sencillas, como por ejemplo la de "tasa
4. La teoría general de la crisis en cuanto tal: la acumulad6n <le gananciá' (g) , que es el cociente entre el flujo anual de ganancia o
de capital beneficio a escala global, B (que es la expresión monetaria del plus-
valor global, pv) , y el stock de capital invertido por el conjLmto de
Todas estas manifestaciones de crisis pueden dar lugar o desencadenar los capitalistas, C, que, como ya explicara Duménil (1975) , consiste
crisis de sobreacumulación de capital. Aunque estudiemos la teoría íntegramente en capital constante (no variable); por tanto:
de la crisis como crisis de sobreacumulación de capital, este resultado
lo produce un mecanismo genérico que lo mismo se puede poner g = pv/C, o bien
en marcha por el acaecimiento de algunos de los elementos 1 a 3 ya g = B/C
estudfados, como se puede generar también como consecuencia ine-
vitable de que la tendencia de la producción capitalista al aumento Marx muestra que, dividiendo numerador y denominador por
de la productividad laboral se lleve a cabo gracias a la entronización v (el capital variable o salarios) , esta tasa puede escribirse también
siempre presente y omnipresente de la máquina en todos los procesos como:
productivos. Este impulso mecanizador es doble ya que la máquina
la requiere el capital en primer lugar para so mecer al trabajo, y en g = p'/q,

182 183
donde p' es la "casa de plusvalor" (la mcdiJ.1 <ll la explotación, 11 11\,1 de plusvalor cnlu1..1111.1 1111 dohlt' oh\táculo a corco plazo: no
cociente entre el plusvalor y los salarios: p' = pvlv) y q es la co111 ,nin l.l mecanización intl·md1c.1 y cualifica el rrabajo social medio,
posición en valor del capital (cociente enrre el capital consta111c , 11lvk11do más costosa la reposición de lo consumido por la fuerza
invertido y el capital variable pagado en el periodo: q = Clv), rod11 ill 11.1bajo, sino que la propia expansión de la acumulación genera
lo cual muestra que g tiende a caer en el tiempo como consecucnl i.1 ~ulm·compecencia en el lado capitalista si la acumulación marcha
de que, aunque p' crecerá en el tiempo 11 , lo hará a un ritmo m,Í\ 11111~ deprisa, y, con ello, genera un movimiento alcista en el salario
lenco que el de q. Entonces, p' crece porque el grado de explocaciém ,¡111.: tiende a frenar el incremento de p'.
aumenta12, pero más lenca.mente que q porque el avance técnico y l.1 Cada capitalista quiere llevar al límite su capacidad de acumula-
mecanización no encuenuan límites que impidan ligar cancida<ln \ ion porque quiere que su dinero crezca tan deprisa como sea po-
más elevadas de capital constante (fijo y circulance) a cantidad1..·, "hlc. Pero entonces, hasta el beneficio que obtiene se conviene en
más bajas de trabajo directo, debido a la tendencia de la econo 1111 obstáculo para ese fin; dicho de otra manera, el capitalista se ve
mía capicalisca a funcionar como un sistema automático de máqui 11hltgado a acumular a un ritmo superior al determinado por el cre-
nas cada vez más perfeccionado. Por el contrario, el aumento de l.1 l l micn co de sus propios beneficios, y cuando esto ocurre C crece aun

111.h deprisa que B, el capital está en su apogeo, la acumulación pasa


pnr su etapa más saludable y, al mismo tiempo, g está descendiendo
l 1. Muchos marxistas defensores de la LTDTG dan razones distintas a las de M.ux llt'll'Sariamence. Es un error identificar la crisis con la simple caída
para explicar la tendencia. Por ejemplo, los teóricos de la projit squuu (compresión dt· g. como hacen muchos marxistas. En realidad, Marx insistió mu-
o estrujamiento de la ganancia), regulacionistas franceses, radicales americanm.
t ho más en la evolución de la masa de pi usvalía (pv o B). Para él, la
postkeynesianos, segmentacionistas, etc., piensan que g cae porque el aumento dl·
organización obrera eleva los salarios más deprisa que la productividad, y han· < risis se produce cuando el descenso deg (que es su comportamiento
bajar, por consiguiente, la tasa de plusvalía (véase una crítica de este argumen111 normal) lleva además al descenso de B. Obsérvese que si despejamos
en Brenner 1998; y una crítica del mismo argumento y también del de Brenncr, II en la fórmula que define la casa de ganancia, cenemos B = g·C;
en Shaikh 1999). Esto lo descartó Marx diciendo que si eso fuera así, el capital lo
reconduciría a lo contrario por medio de un frenazo temporal en la inversión, qur pues bien, la acumulación proseguirá sana y salva (es decir, B crece-
llevaría la dimimica del salario (variable depmdimtt de la acumulación de capitJI) 1.1) mientras la caída de g se vea compensada por el crecimiento de
hacia una senda compatible con la prolongación de la acumulación. Esto quit'rr (', Ahora bien, Marx se dio cuenca de que el descenso de g a su vez
decir que, si bien episodios de este ripo pueden provocar crisis de corra duración, 1.,
rccroalimenca negativamente la dinámica de C, y hoy en día se pue-
gran crisis de derrumbe de la acumulación no puede explicarse por esta vía.
12. El aumento de p' expresa el grado creciente de explotación generado por l.1 de demostrar matemáticamente por qué y cómo esco es así (Shaikh
evolución capitalista. La subsunción real del trabajo en el capital y el aumento 1990, 2000; Guerrero 1997). Si escribimos la relación anterior en
consiguiente de la productividad hacen que el valor de cualquier unidad de mercan forma de casas de variación porcentual en el tiempo (donde, para
cía rienda a descender (y, por tanto, también el de cualquier cesca de mercancía,. tuJlquier variable x, representaremos como x' a la derivada en el
por ejemplo la que se compone de los medios de subsistencia obrera). Desciende.
por tamo, el valor de la fuerza de trabajo en el tiempo (como fracción del valo1 tiempo de x, y como x' al cociente x'lx)u, enconces:
creado), incluso si el contenido material de la cesta de subsistencia va ampliJn
dose y mejorando (como de hecho ocurre a largo plazo). Otra forma de expre~.u B· = g' + C.
esta tendencia al aumento del grado de explotación (o rasa de plusvalía) es deci1
que el salario relativo a escala global (o participación de la masa salarial global cn
el valor añadido global, o renca nacional) tiende a bajar, que equivale a afirmJr l.1 Puesto que g' es negativa (porque g tiende a caer a largo plazo) , B'
depauperación relativa de los rrabaja<lores (sin que esro excluya la depauperación
absoluta en ciertos momentos, como ocurre: t•n la~ graves depresiones que rc,ul
tan de ciertas cri,is). U . 1\ decir. B· • (dllldt)//1,g' • fdgldtJ!g. y C =(dOdt)IC.

185
puede seguir siendo positiva (no negaciv., ni 1..1:ru) mientras C sea pu
siciva y superior en términos absolutos a g'. Ahora bien, C' es la l.1\.1 )', y'
de acumulación, es decir, 6C/C = IIC (donde 1 significa inversión), g
por lo que puede escribirse:

C' = I IC = (I/B) · (B/C) = i·g. -


,1
S(:

Si g va disminuyendo en el tiempo (y supond remos que la caída


de tendencia
a largo plazo de g se produce a un ritmo anual medio negativo de:
-a), la única forma de que C' se mantenga (una casa de acwnulaci6n
del capital dada) es mediante un aumento continuo de i (que no es
sino la casa de reinversión de los beneficios) que compense el decre-
cimiento de g. Por canco, la casa de variación de los beneficios puede
escribirse como: depresión Tiempo
depresión
n°1 n°2
B· =-a+ i·g,
Figura l : La dinámica de la acumulación capicalisca: expansión, crisis y depresión,
. . 1,
de manera que la crisis de sobrecumulación se produce cuando los como resulcado de la búsqueda de Ia m áx1ma ganancia.
beneficios se escanean o decrecen, es decir, cuando B· S O, y esto
último se produce cuando - a + i·g S O, lo que equivale a decir que La crisis de sobreacumulación es crisis porque sólo después de
ocurre cuando g desciende por debajo del nivel ali. escaliar lo que can sólo parecía acumulación a secas (y no sobrea-
Gráficamente, lo anterior puede representarse diciendo que la cumulación) se entiende que en realidad era sobreacumulación. En
crisis se produce cuando la casa de ganancia normal (,g*, es decir, realidad, la propia sobreacumulación es lo que genera un crecimiento
la que constituye el centro de gravedad en corno al cual fluctúa la aparentemente sano y sostenido (adecuadamente alab,ado por l~s ~o-
tasa efectiva, g) cae por debajo de la línea recta (una simplificación, deres económicos, políticos y mediáticos como una epoca de JªUJa),
pues en realidad esta línea es también una curva fluctuante en el pero dicho acumulación se convierte en "excesiva" cuando se com-
tiempo) trazada al nivel del cociente ali. Se comprueba en la figura prende que esa burbuja continuamente creciente ha e~callado: en ese
1 que si g* fluctúa e n largas oscilaciones alrededor de una tendencia momento, la burbuja escalla y la aparentemente benefica sobreacu-
secular descendente, la duración y la profundidad de los periodos mulación se convierte en "crisis" de sobreacumulación.
de depresión serán cada vez más largos y más graves, razón por la La irracionalidad de este sistema consiste en que la inversión a esca-
cual parece muy factible la tesis marxiana de la creciente gravedad la social que coda economía necesita está "privatizada" por unos pocos,
de las crisis económicas capicaliscas 14.
-----
14. Una iluscración excelente de esca idea se encuentra en Grossmann 1929; para
15. Noca al gráfico: El cociente ali que usamos en el rexto a_parec~ en el gráfico
como afs, donde adem,is de distingue entre una casa de ganancia comente y a corco
una incerpretación de LTDTG como teoría de las ondas largas de Kondracief, véase
Shaikh, 2000; y para una sugerente, aunque di~cuciblc, explicación de los llamados
y
pi.u.o, g, una r,1s:1 de ~amrnc.:i:i "normal" para un periodo d: riempo más largo, g-...,
ciclos stculam, aun más largos que lo~ de "onddtiev. véase Arrighi 1994. la cendencia a l.1 qut 1u1\ H krimo, en el cexco se refiere a g .

187
186
es decir, las decisiones que deberían ser pt'1bliL1s CM.In sometidas a la descenso necesario Jd de110111i11,lllo1 en g BIK
búsqueda individual y contradictoria de ganancias por parce de cadJ Por codo esro habla Marx del "desarrollo de las contradicciones
capitalista por su cuenta. Todos los capitalistas invierten demasiado internas de la ley" 16, cuyo núcleo he reswnido así en otro lugar:
deprisa porque la guerra de todos contra codos, es decir, la compe-
tencia, los obliga a correr una frenética carrera sin fin cada vez más "Una de las contratendencias básicas [de la LTDTG] es la propia
alocada: lo que a cada uno le parece lo mejor resulta ser lo peor para la crisis de sobreacumulación que, al detener momentáneamente la alo-
sociedad en su conjunto. Sólo cuando los humanos sustiruyan este sis- cada carrera colectiva hacia la actunuladón, hace crecer repentina-
tema privado por decisiones realmente públicas y racionales, y some- mente el desempleo y quebrar o desaparecer a los capicalisras menos
tan al control social y a la planificación, entre otros cosas, los ritmos de preparados para continuar en la carrera de los beneficios (en último
expansión económica, desaparecerán las crisis de sobreacumulación. término son menos eficientes los que consiguen menores beneficios y
por canto menos posibilidades de crecer mediante la acumulación).
Mientras no ocurra eso, el único remedio (temporal) para una
De esca forma parte del capital creado en exceso durante la sobreacu-
sobreacumulación excesiva tiene que ser necesariamente recorrer un
mulación oculta o subterránea se destruye y desaparece en cuanto valor,
periodo de "subacumulación" de capital, lo cual exige la paralización
ya se produzca o no al mismo tiempo la destrucción o desecho real
(rotal o parcial) de la inversión. Pero, nuevamente, esto sucede en
de sus elementos materiales.
medio de calamidades públicas para la mayoría de la población: los El capital que sobrevive y al mismo tiempo sale reforzado y cre-
trabajadores asalariados y también los no asalariados. Como la de- cido de esa crisis ciene que volver a empezar de nuevo. Y así, uno
manda de inversión es uno de los cuatro componentes de la deman- eras otro, cada ciclo hace que los desequilibrios, compulsiones, crisis
da agregada, la producción social va a disminuir como consecuencia y derrumbes periódicos de la acumulación, se repitan cada vez a una
de que, en primer lugar, al frenarse la inversión, se pierden las ven- escala mayor y más elevada, en un movimiento sin fin y en espiral
tas potenciales de máquinas y otros medios de producción que sus lleno de contradicciones que sólo puede hacer cada vez más cercano
respectivos productores estaban acostumbrados a producir para sus el final del sistema. Como escribe Marx, 'el propio capital se con-
clientes (que ahora han dejado de comprar sus productos al frenar sus vierte en el principal obstáculo del capital': el fin y objeto del capital,
planes de inversión). En segundo lugar, la caída de la producción y su crecimienco a base de nuevas y crecientes cantidades de trabajo
de los beneficios de estas empresas los conducen a dejar de contratar
a nuevos trabajadores e incluso a despedir a una parte de sus planti-
llas, con lo que a la caída de la inversión se une ahora la caída de la 16. Al parecer fue Engels, y no Marx, el autor de la división en tres capítulos suce-
sivos de la LTDTG en el libro fil de EL capital, el último de los cuales se llama de
demanda de consumo, de forma que la paralización de la producción
esta manera. Como ha señalado el editor al inglés (Fred Moseley) del manuscrito
y las ventas afectará ahora a las empresas productoras de bienes de marxiano de 1864-65, hasta ahora sólo publicado en alemán, parece ser que Engels
consumo y no sólo de bienes de inversión. Esta espiral viciosa genera editó el manuscrito de Marx intentando reforzar la idea de que la tendencia al des-
turbulencias y crisis de todo tipo y obliga a subacumular y a destruir censo de la rasa de ganancia era más fuerte de lo que el análisis de Marx reflejaba en
su manuscrito. Moseley señala que "Engels insertó las importantes frases siguientes
capital (no necesariamente en términos físicos pero sí en términos de al final del texto reubicado sin advenir de la inserción: 'Pero en realidad, como ya
valor, por medios que van desde el hundimiento bursátil generaliza- se ha visro, la rasa de ganancia disminuirá a la larga' . Esta frase da claramente la
do hasta el control de las empresas devaluadas y quebradas por parte impresión de que Marx concluyó que la casa de ganancia definitivamente caería a
de las que logran sobrevivir a la crisis) hasta que las bases de una largo plazo, pero es una impresión engañosa, como argumenca Reucen, porque la
frase fue escrita por Engels y no por Marx. Por otro lado, la terminación del dtulo
nueva recuperación de la inversión estén ya echadas. Pero para ello la
de Marx del capírulo 3 (' ... conforme avanza la producción capitalista'), que En-
rentabilidad tiene que recuperarse, y para eso se tiene que producir el gels eliminó, parece ,ugcrir unn caída secular a largo plazo." (Moseley 2017, p. 85)

188 189
expropiado, se ve contradicho cada vez má.s por d mrdio que utiliza
en su crecimiento: la expulsión del trabajo creador de valor y su devolvién<lolo a su tc 1Hk-n1. •,,1 ,1.'lll 1,\1 111• i.:r.n realidad
, ' el capital. finan-
la
susrirución por máquinas que no lo crean." (Guerrero 2008, p. 27) ciero (y la deuda) hipertrofiado, rnn actual, es solo c~nse~uenct~ de
enorme masa de plusvalía que pulula por los me;ca ~s . n:nc1er:i
Podemos afiadir aquí una pincelada más sobre el aspecto finan- bolsas mundiales en busca de activos cada ~ez m~ so snca ~s y . -
ciero de las crisis. Dejando de lado el debate sobre el papel de las . . ºbTdad de fijarse en una mvers10n productiva satis
~udos_os, smqupeosn101~esaparece nunca el exceso de capacidad instalada
finanzas en la crisis global de 2007-2009 y en la Gran Recesión, nos ,acrona por . . dº 119
parece que la crisis financiera no es en general independiente de la en numerosos e importantes sectores de la mdusma mun ia .
dinámica general de la crisis de sobreacumulación de capital 17• Una
forma general de hacer más suaves los rerrocesos y dificultades en que
cae la economía al entrar en un largo periodo depresivo (por ejemplo, 18. En octubre de 2006;, en una
pondí así a la pregunta: ¿C6mo se exp tea e
~
entrevista ara la revista argentina El Aromo, res-
r crecimiento del capital financiero? ":
en la fase depresiva de una onda larga) es el recurso masivo al crédito,
que afecta tamo a las familias como a las empresas, los ba11cos y los el ca iral financiero o el comercial crezcan a un
'~ largo pla~o, ~od:~e;a qi~:l indisrrial. Crece más que la economía, _porque
Estados. Pero la expansión del crédito es al mismo tiempo la expan- nrmob .ésupenor
1 ºtal crecep d entro de las economías· Por poner un eJernplo, -
sión de la deuda (Shaikh, 1990), y, si la depresión es larga, la con- tam J n : c~pt aña casi la mirad de la población activa era pequeno
hace medio siglo en Esp d d l valía y hoy éstos son más del
tinua expansión del crédito para contrarrestar una caída persistente ·1 pro ucrora e p us ,
productora m~rcanc1 ' no [; de baja rentabilidad relativa, como la de las
de la demanda significa una acumulación de deuda que se constituye 82%. Ahora bien, en Ulla ase h U a el imenro llamado "neoli-
d, d rren mue as cosas. n ,
en una carga cada vez más pesada para la conrinuidad de la senda de últimas tres eca as, ocu . diame el aumento sólo de la casa
crecimiento a largo plazo de la economía. beral" de recuperar la tasa de ganancia me . te d~ la plusvalía ex-
' O I . · , de una parre crecien ,
de exploracion. era,. a mver~1on 1 º611 de capital pro- ductivo donde
Esto quiere decir, que la burbuja crediticia y la especulación finan- traída hacia sectores a¡enos a a acumu ac1 la oferta y la demanda de
ciera no son sino síntomas de que la depresión en el ámbito de la pro- ás ias En ese conrexco,
se espera hacer m gananc . . den or lo que aumenta el peso
ducción de valor aún cominúa, de forma que el "exceso de capacidad activos financieros de todo t1po s~ expanl au~qpue el precio relativo de esos
['_ · 0 en la econom1a cota,
productiva" instalada por el capital mundial en los comienzos del siglo del secror nnanc1er l
.6 con los rea es no su a.
b Las ganancias que propor-
activos en comparac1 n . redistribuyen desde otros sectores.
XXI, que es resultado de la sobreacumulación forzada, desaparecerá cionan las burbujas son ganan~1asdque sde omo siempre de la masa global
muy lentamente. En general, si se intenta compensar la debilidad de 1 1 bal de ganancia epen e, e ' .
Pero a masa
. g 1o d 0 es ésta l a que regula en qué fase -de expansión. o
la demanda con una expansión crediticia de larga duración, se consi- de traba¡o exp oca , Y
. .
R
cada momento. or tanto, c
uando la ext,ansión
r del capital
gue crear una burbuja financiera que, a la vez que suaviza los efectos cns1s- esran_ios en , robable tte se produzcan burbujas y crezca, por
global es mas lenta, es mas~ laq , canitalist11. No obstante, a eso
del bajo nivel de demanda, está poniendo las bases para una crisis . , l de lofinanctero en econornta r
e;empw,
J ,
e peso fi .
b blemente una me mversa. Por ÚJ tanto' la relación secular entre"
furw-a por exceso de deuda y estallido de la burbuja financiera. Todo suceaem pro a _, . . . . , e mautíene mds O menos constante.
capital financiero y glob,u, en m1 opzruon, s
ello puede crear un largo periodo transitorio de dislocamienro entre
lo que parecen ser dos subsectores independknres de .la economía, el
19. Por eso, pen~ando en
ciclos de lar a duración, escribí en 2000 lo siguiente:
. . , gd doble crisis (sobreacumulaci6n de cap1cal
?.a
capital productivo y el financiero ... hasta que la crisis pone las cosas
única sa!ida p~sible de esratr~:~:~a ~nanciera) es la destrucción de capital. La
en su sitio y la caída del sector financiero termina con su hipertrofia, producnvo; hipertrofia de a . ' J d . la 2ª guerra mundial, que, al des-
úlrima crisis de sobreacumulac1on cond u¡o a d " pº1tal" fisico puso las bases
b "b "y gran es masas e ca '
truir mano de o ra so cante d . del capitalismo mundial. De la
b ) d I 11 ueva on a expansiva
(terribles, pero ases e
, d 1 'I ·
ª _ ,
25/30 anos aun no em
h os salido· En mi opinión, la salida
17. Como ha explicado Wolfson ( 1986), que analiza la coincidencia al respecto
entre Marx y Veblen (l 923) o Minsky (1982). depresion e os u amos llºd e tendrá consecuencias desastrosas
d · rá por un esca 1 o qu ., .
está cercana ~-se pro uc1. .
para la situac,on económica y socia e a1 d I población mundial. La generac1on ¡oven
190
191
5. La incompatibilidad entre capitalismo y democracia "'' c'm.lencs1º... ); as{, poi cj1.·mp ln, si se trarn de hacer un ERE o de
, ¡cnawr un despido indi vidual, subir o bajar los salarios de la plantilla
El capicalismo se rige por un principio "plurocrático", no por el prin II rebajar o aumentar la jornada laboral, los trabajadores no pueden

cipio democrático. Al igual que en el siglo XIX la mayoría de la po 11pi nar aunque sean el 99% de los empleados.
blación europea, incluso en los países más desarrollados, no esrah.1 Asim ismo, si se rraca de la propiedad de una empresa, dos o eres
autorizada a votar -pues el sufragio "censicario" entonces vigente 1.·, g1.tndes accionistas tienen el derecho a decidir los destinos de la em-
taba restringido a quienes figuraban en el reducido censo formado p11.'sa si controlan la mayoría de dicha propiedad (es decir, la mayo-
por quienes poseían un determinado nivel de renta y/o riqueza, 111 11.1 de las acciones en que se divide el capital social de la sociedad
que excluía a la mayoría de los asalariados y otros trabajadores- y sin ,rnónima correspondiente) aunque sea en contra de miles, decenas o
embargo, a pesar de no votar, se hablaba de democracia (cuando est.l t 1.·menas de miles de accionistas que no pueden hacer o era cosa que
claro que aquellas no eran sino falsas democracias), así también ahora ,11:.eprar esas decisiones que les son complecamence ajenas, por mucho
hay que rechazar, por casi las mismas razones, llamar democracia ,1 lJUC representen a la inmensa mayoría del número de accion istas.
un sistema que no da los mismos derechos a todos ni en el terreno Y lo mismo ocurre en el mercado. En esta sociedad, un millona-
político ni el económico, gue es donde se centrará nuestra atención. rio es mucho más "valioso" que un ciudadano de la calle cualquiera
En concreto, veremos que esto es lo que ocurre tamo en el ámbito del porque el dinero que posee es mucho mayor, y esto se mani.fiesta
trabajo como en el de la propiedad y en el del mercado. obviamente a la hora de comportarse codos como consumidores.
En el crabajo, en el interior de una empresa, las decisiones impor- Pongamos un ejemplo: si en una pequeña ciudad las empresas de la
tantes no las toma la mayoría (es decir, los crabajadores) sino los re- co nstrucción faccman 10 millones de euros anuales, lo mismo le da
presentances de la minoría (es decir, el capacaz, el directivo, cualquier a escas que el pedido que reciben por ese valor provenga de un solo
pequefio grupo de personas designado por el capital para ejecutar gran consumidor (el millonario) que desea vivir en una mansión de
<liez millones de euros, o que provenga de la suma de cien personas
actual, aniñada y completamente ajena a la realidad de los hechos, en parte porque que quieren comprar para vivir un total de cien pisos de cien mil
sus profesores y maitres apenser (et a ignorer) están igual de infanrilizados en lo euros cada uno. Este cipo de fenómenos, que es lo que expresan mo-
intelectual, no riene la menor idea de lo que por desgracia le espera. Las ilusiones
vimientos sociales contemporáneos, como el del 99% y ocres, es el
de quienes creen que lo malo de la historia ya pertenece al pasado van a escaliar tan
estrepitosamente como la economía, y no porque la salida de esta onda depresiva que nos interesa estudiar aquí.
tenga que conducir necesariamente a la 3ª guerra mundial (aunque tampoco lo Una tesis fundarnencal del liberalismo económico -quizás la más
descarto). Hay otras muchas formas de destruir capital, sin necesidad de tirar bom- imporcante de codas- es la idea de la supuesta "soberanía del consu-
bas (el movirniemo de las bolsas puede destruir capital con la misma rapidez que
midor" dentro del capitalismo, es decir, la idea de que las empresas se
una bomba atómica). Así que id preparando las armas, queridos colegas, porque
nos queda mucho por sufrir. Como no me da miedo equivocarme, lo digo aquí. limitan a satisfacer los deseos de los consumidores: estos deciden qué
Tras el análisis de la situación, mi pronóstico sólo puede ser que la catástrofe está es lo que quieren consumir (formando la "demanda de mercado")
a la vuelta de la esquina. Pero que nadie se haga ilusiones, porque la bocacalle que y ellas deciden producir lo que los consumidores demandan (for-
hay después de esa esquina puede reconducimos a más capitalismo. El páramo de
mando la "oferca de mercado") . En nuestra opinión, quienes critican
reAexi~n .sobre lo que está pasando va a coger tan desprevenidos a casi codos que
el capual1smo puede ser capaz de fabricar una nueva vía, que será sin duda otro
callejón sin salida, pero que cendremos que andar hasra el final si no nos subleva- 20. Tenemos un ejemplo muy actual en el caso del presidente de una gran empresa
mos. Los cambios ideológicos que se avecinan -consecuencia de cambios sociales. como es El Corre Jnglés. donde la propiedad. el capital, puede decidir despedir
económ icos y políticos que están a punto de pasar- van a dar mucho trabajo a los :1 su máximo cjccl!livo como si del último empleado temporal de la campafia de
hiscoriadores e ideólogos de las próximas déc:idas." (Guerrero 2000, p. 60) Navidad se 1ratarn ...

192
193
esca tesis liberal a menudo no lo hacen <le la forma más adecu.,d.,. , 11 11 110 1:ula econo mía y vivi1 en dcn1ou.tcia (lo que ese perspicaz crí-
Muchos niegan que las empresas se componen así: hablan de 111\ 11111 del capitalismo que e:. Parcsh Chauopadyay, inspirado por Marx,
monopolios, del "poder de mercado" de las grandes empresas en g1· ll.1111,1 el "modo de producción asociado"): vid. Chartopadyay 2016.
neral, de cómo es la oferta la que determina la demanda a travé~ dd Por ta nto, la crítica de La idea de la mano invisible no puede des-
marketing y otras formas de manipulación de los consumidores, Cll ' 1111ocer que Marx dividía esta idea normalmente acribuida a Adam
Sin embargo, la clave de la crítica no debería ser esa sino la apelaciú11 \111i1 h en dos partes separables, de las cuales él rechazaba una pero
a la realidad consistente en que lo que las empresas satisfacen no l'~ 111 n <·¡naba la otra. Pues en Smith hay dos ideas: una -la que Marx sí
que podríamos Uamar "demanda democrática" de los consumido1l·,. 11 <'pta- es simplemente el reconocimiento de que el capitalismo, esa
sino su "demanda plutocrática''. Lo que cuenca no es la demand.1 1111cva forma de sociedad a cuyo nacimiento está asistiendo Smith en
determinada por las necesidades reales de la población, que cie11c11 1 776, sí puede reproducirse por sí solo sin que nadie se vea obligado
que ver con los valores de uso, sino la demanda "solvente", regulad,, ., n.:spetar costumbres inveteradas ni someterse a directrices ajenas
por el valor de cambio, es decir, por la posesión de valores o dinero. 1mpi radas por la conveniencia de fomentar desde alguna instancia
Por tamo, cuando se habla de la "mano invisible" del mercado, l., publica la producción y el comercio agregados en una dirección u
cuestión no es criticarla contraponiéndole la "mano visible" del b. 1111,t; basta con que cada capitalista pueda buscar libre y egoístamente
tado. No se trata de que el Estado (ya se trace del famoso Esrado dd " ' propio interés (sin ningún poder que lo impida) para que el siste-
bienestar o no) deba atar en corto al mercado, regularlo, controlarlo, 11 rn se reproduzca como economía capitalista realmente sostenible (al

limitarlo .. . y una larga lista de sinónimos aproximados. Se traca <ll" tllcnos durante mucho tiempo). La segunda idea encerrada en la me-
algo que puede expresarse medianre la metáfora de Manuel Román. 1.tíora de la mano invisible es rechazada por Marx: la idea de que esta
un economista español cuya obra apenas se ha reconocido como .'.l' ,ociedad capitalista gue Smith defiende es la mejor de las sociedades
debe: el capitalismo y el mercado son como un perro agresivo; podrí.1 posibles y obtiene resultados óptimos.
pensarse que es mejor tenerlo a raya y ponerle un bozal para que no Pues bien, de lo que se trata, insistamos, es de saber ver que el
muerda ni ladre y deje de suponer un peligro para todos; pero t·~ mercado sí funciona como mecanismo que asigna los recursos pro-
obvio que ese bozal no puede estar permanentemente puesto, porque: ductivos en función de la demanda realmente existente, aunque esa
el perro necesita comer y si no se le quita el bozal no podría comer y demanda no represente, por supuesto, las necesidades de la pobla-
moriría. Hay que encender que el perro, si es perro, tiene que ladrnr dón democrácicamente considerada. ¿Cómo sería la demanda "de-
por naturaleza, le guste o no a su propietario o a quienes están a su mocrática" de consumidores iguales? Evidentemente, muy diferente
alrededor. Pues bien, podríamos completar la metáfora añadiendo Je la actual. Si la "renca" monetaria de cada cual, o su capacidad de
que a la inmensa mayoría de los economistas les gusta discutir sobrc "compra", fuera idéntica para todos, o -si se prefiere pensar en la
cómo debería ser el bozal, qué modelo de bozal es el más adecuado, inexistencia de dinero y precios- si la capacidad de consumo privado
cómo alimentar mejor al perro, cómo sedarlo cuando haga falca .. . , (es decir, la que restaría tras determinarse democráticamente el con-
y cosas por el estilo. Pero, evidentemente, esto es un error y una ni- :.umo social) fuera equivalente para rodos, muchos bienes dejarían de
miedad si lo que se quiere de verdad es sustituir al perro por un garo: producirse (por ejemplo, la mayoría de los bienes de lujo, como la
algo así como sustituir el capitalismo por un postcapitalismo de na- mansión del ejemplo anterior) o se producirían en un montante muy
turaleza socialista y comunista, un modo de producción plutocráti co infe rior, mientras gue los bienes más necesarios serían producidos en
por un nuevo modo de producción democrático basado en la libre cantidades más elevadas .. . D esde luego, estos cambios se trasmitirían
cooperación y asoci ación de personas conscientes y libres que desean asimismo del consumo a la producción de medios de producción, y

194 195
así sucesivamente ... hasta adentrarnos en unJ n:d de inccrdepcndcn 1\1 r1~h1, Giovanni (20(U) 1h\ ,o~ 1.11 .,mi p11li11c,1l crnnomy of global curbulence",
cias cuya temática no podemos desarrollar aquí. Simplememc, po
Nr11• / rjt Re11itw, 20, M.uch-Ap1 d
drfamos dejar unas pregunras en el aire: ¿es posible y factible esco qul·
l\1cn11cr, Roben (1998): "Toe economics of global curbulence" (Special Report of
provocativamence podríamos llamar un "comunismo de mercado"?
die World Economy, 1950-1998), New Lefi Review, 229.
¿No seda esto una alternativa democrática y superior al capitalismo?
Evidencemente, mie ncras los economistas de derecha y de i, l 'h.uwpadhyay, Paresh (2016): Marx's Associated Mode ofProducrion. A Critique of
quierda tengan una tendencia más "canina" que "gatuna" (siguiendo M,1n:ism, New York: Palgrave Macmillan.
con la anterior metáfora), mientras se limiten a ser y a disputarse la\
dos mitades de la esfera liberaJ que los encierra, mientras no se den Du111éníl, Gérard (1975): 'Texpression du raux de profic dans Le Capital', Rev11e
cuenca de que decir capitalismo es decir ausencia de democraci,t, / ,m,omique, marzo, pp. 198-219.
mientras todo eso no ocurra, no serán capaces de ver y comprender
el fallo número 1 de este sistema. Sólo después de comprender esro l ngels, Friedrich (1845): la situación d~ la clase obrera en lnglate"a, Madrid: Akal,
ni. de Lorenz.o Díaz, 1976.
último debe prestarse atención a las múltiples razones que impiden
considerar que este sistema tenga ningún parecido con óptimo algu -
l°":1m,mann, Henryk ( 1929): Das akk11m11/ations-und zusammmbruchsgesetz dn ka-
no, y entre ellas los desgraciados efectos que las inevitables crisis del p1111/istischm systems [La ley de la Aettmulación y del Derrumbe del sistema capitalista,
capitalismo tienen que producir en aquellos cuya potencialidad hu- ,\léxico: Siglo XXI, 1979].
mana se ha convertido en mercancía, haciendo de dios mercaderes a <,uerrero, Diego (1997): Historia del pensamiento económico heterodoxo. Madrid:
la fuerza que se ven obligados a intentar vender una mercancía que, ' l'roua.
como codas, tiende a devaluarse como consecuencia del aumento de Cuc:rrcro, Diego (2000): "Reflexiones sobre la teoría del valor y de la crisis econó-
nma capicalisra desde una perspectiva crítica", Laberinto, 4, pp. 46-61.
su propia productividad laboral, de la que sólo pueden aprovecharse
l ,uerrero, Diego (2008) : Un remmen completo de FL capital de Marx. Madrid:
los capitalistas. Como dice Marx, no importa realmente si los sala-
~ l.11a.
rios son más altos o más bajos, no importa al menos, relacivamenrc,
cuando esto se compara con lo más decisivo: sólo nos veremos libres
I hrvcy, David ( 1982): The Limits to Capital, Chicago: Toe Universicy of Chicago
de la plaga de las crisis cuando dejemos de ser asalariados. Si, a es- l'1n,.
cala agregada, cada miembro trabajador de la población supera la I I\ in rich, Michacl (2004): Kritik der politischm Ókonom ie. Eint Einfohrung,
desgracia de ser asalariado, pod remos aspirar a realizar un trabajo ~d,mecceling Verlag [Crítica dt la tconomfa política. Una introd1,cción a El capital
igual e igualmente enriquecedor para codos (no, como hasta ahora, t!t' Marx, Madrid: Escolar y Mayo (prólogo de César Ruiz Sanjuán), 2008).
excesivo para la mayoría y nulo para una minoría privilegiada), un
trabajo entreverado de no-trabajo para codos, un trabajo creativo y, 1cn1~.í, Francisco (1997): Tr,rb11/mce in Economics. An Evolutionary Appraisa/ of
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198
l

Teorías econ6micas, crisis y la crítica del


reformismo

Juan Pablo Mateo

1. lntroducci6n

Fn esce capículo se lleva a cabo una crítica de los planteamientos refor-


mistas en economía política a partir de los fundamentos teóricos del
.rnálisis marxista y su concepción de la crisis económica. La manera
rnmo una teoría explica la dinámica de crecimiemo posee impl1cita-
mente una concepción dada de las razones por las que se quiebra cal
expansión (Shaikh 1990). Por tanto, el análisis de la crisis proporciona
una línea divisoria entre las teorías económicas, con implicaciones de-
cisivas para las propuestas de política económica. Se debe diferenciar,
en este sentido, una crisis general, que implica un colapso global del
proceso de acumulación a escala mundial, de una crisis parcial vincu-
lada al ciclo económico. La teoría de la crisis a la que se alude en este
documento se referirá al primer tipo, una crisis general del capital.
La hipótesis que planteamos hace referencia al lugar que ocupa
la crisis en la concepción más amplia sobre el modo de producción
capi calista (en adelante M PC). Una propuesta de carácter anticapita-
lisca, como caracteriza al enfoque de Marx, está unida a una teoría de
la crisis como necesidad, es decir, de la ineludible recurrencia de las
crisis en el proceso de reproducción capitalista. Por ello, se moscrará
que el resto de corrientes heterodoxas i) poseen fundamentos teóricos
diferentes al marxismo, lo cual se revela en ii) su concepción de la
crisis como mera posihilidad, que a su vez iii) conduce a un plancea-
mienro reformista, pues enfatiza una estructura no fundamental del

201
capilalismo (véase Smilh 1990) como 01 ig1:n dt.• l,1\ conrraJiccionn I dt 11v.1 de la nocion dt.• k·y 1..llllHl nprt·sión de la lógica intrínseca
Siguiendo la propuesta de Guerrero (199 7), la heterodoxü ,·11 ,1, l l ,1pital. Alcernativ:llm:nll'. \,\ crisis como posibilidad resulca de la
economía política requiere, bien de una determinada interprecat.io11 l •111¡111Kión coyuncural de una serie de factores, en ausencia de una
de que el valor surge del crabajo (una ceoría laboral del valor), o d1 l11v.1 l,t subyacente (Shaikh 1990). En escas condiciones, el soporce de
una apuesca por trascender el capitalismo hacia algún tipo de sorn l I q111csta revolucionaria queda ciertamente compromecido.
dad socialista. Así, pretendo explicar, precisamente, que sólo en l.1 I n los términos planteados, la crítica del capital en Marx es abso-
tradición de Marx lo segundo -la propuesta del socialismo- se sig111• l111 ,1111cme radical en canco que es eminencemence macerial-objeciva,
necesariamence de lo primero -la teoría del valor-, y más en gcm·,.tl, 111 11 , no se basa primordialmence en juicios éticos o deseos. El signifi-
de los fundamentos analíticos del edificio reórico. No se pretende tll' " 11111 revolucionario procede, estáticamente, del contenido explotador

gar, aclaremos, la defensa de la transformación socialista que reali,.111 (Ir l.1 producción capitalisca, que establece el conflicto capical-crabajo
aucores de otras corrientes de pensamienco, por supuesto hon<.·,1.1, (1, lucha de clases), y dinámicamente, de las contradicciones que ge-
pertinente y justificada, pero sí mostrar la debilidad del vínculo con 11 ~ 1.1 d proceso de acumulación de capital, macerializadas en volacili-

el marco teórico. .1 ,d. 1urbulencias, inestabilidad, y que culminan en crisis periódicas


En Marx, la crisis constituye un momento necesario de la din,í1111 q1H cncorpeccn el desarrollo de las fuerzas productivas. De lo cual

ca de acumulación, en canto que inevitable e ineludible (Gill 19%) e 11~ue que la apuesca por la planificación democrácica de la econo-
Se trata, por tanto, de una teoría de la necesidad de la crisis (Sh.11kli 11111 debe permicir un más amplio desarrollo productivo, pero con
1990). En consecuencia, la teoría marxista de la crisis constituye 11111 11 11 rnncepco diferente de la eficiencia, en el cual la soscenibilidad

dimensión de la teoría de la reproducción del sistema económico c11 lo~ n,u ltoambiencal debe ser una prioridad.
mismos términos ontológicos, pues tanto el crecimiento como b c11,1 b ta alusión al reformismo y la radicalidad requiere no obscanre
configuran la forma que adopca la dinámica de movimiento del MI'< de d <.· rca clarificación. La dicocomía ' reforma o revolución' no alu-
La disquisición teórica moscrará que el contenido revolucio11.11 iu d,-. ,1tiuí a los medios propuescos,1 sino al objetivo que se pretende
de una teoría económica no radica canco en las proclamas re!ipn to l,,g1.1r, siempre en un plano de análisis teórico. El incerrogante se-
de la lucha de clases, la alusión a los conflictos económicos y p11lí11 , 1, ft¡ué siscema económico se defiende a parcir de los fundamentos
cos, o la denuncia del contenido imperialista en las relaciones im,, . , 111tc1micos de las diversas corrientes del pensamiento económico,
nacionales, como a su análisis del significado y tendencias ob¡t·t 1, u , il, manera panicular, a parcir de su teoría de la crisis? El refor-
(materiales) de la economía capitalisca. Aunque pudiera parcct·1 w11 1111\lllO hace referencia a La pretensión de solucionar cienos proble-
traincuicivo, precisamente el énfasis en el papel de elemenros oh¡111 r1111, del capitalismo (desigualdad, pobreza, crisis, imperialismo) por

vos como la estructura de relaciones sociales de producción, la 1t·111111 1,11 dio de una adecuada gesción por parce del Estado (Cockshotc y

del valor, y la exiscencia de una lógica o cendencia en el movi111ic1110 N1l to 2017). Para el marxismo, sin embargo, se traca de ir a la raíz,
de la sociedad capitalista -al margen de la voluntad human,1 , e~ lo , 11
111 cllo que imprime al capitalismo una esencia dada, en definiri-
que confiere el marxismo su significado plenamente revolucion.1110 ' ,. modificar estructuras fundamentales de la sociedad, como son la
En otras palabras, el análisis marxista en tanto que filosofía m.11c1 l.1 1'111p1rdad privada de los medios de producción, el trabajo asalariado
lista. Y ello porque en Marx existe un vínculo enrrc las caccgori.1s 111 l.1 producción mercancil.
abstractas, como la mercancía, e1 dinero y la relación capital 11.1h;:11u
con la estruccura de relaciones que define y la lógica propia qul· \ .11.t( ¡ dn ir. , i , e aboga por m sccnder el capitalismo por vías legales o por un pro-
ceriza su movimiento en el tiempo. Así pues, la crisis como nt't.n1d1ul fl 11:rnlu<.ionario poi vi,\\ .1jcn,h .11 p.1rlamen1arismo.

202
Bajo el cérmino "economía hecerod ,. "
junro de teorías opuesras a la ort d . oxa ~e hace rc~erencia al con- , 1 1d i:jc unificador del ::mJlbis, d <.,1pit,ll entendido como una relación
ausrríaca), a lo que se p d - ~, OJua de la econorrua neoclásica (y m i,tl, el cual adopta diversas formas en su circuito de valorización, y
ue e anaUJr con m . 1
Keynes. Principalmente pu . '1 ~tJces, e pensamiento de ,ptt• si: denota como ['D'-]D-M ... P{MP, FT} ... M'-D' [-'D']. Solo
' es, se me uye a t) 1 .
nesianas, que agrupa a los . . k . as cornences postkey- 1111.1 perspectiva global de este ciclo permite aprehender el significado
. prnpios eynesianos kal ki ( .
cardianos/sraffianos) ii) la mí . ' ec anos y neo-n- ,lt ,us parres consritutivas, el capital- dinero, capital-mercancías, capi-
' econo a radical y u1 · .
escuelas neomarxisras. 2 reg ac1onrsta y iii) las I d productivo, y/o capital constante y variable.
Aclaremos no obstante que Los elementos que conforman la escruc-
1111,1 del capitalismo inciden recíprocamente unos sobre otros, tienen
2 • Fundamentos teóricos por tanto una relativa autonomía. Así, el ámbito financiero no es un
111cro reflejo pasivo de la esfera productiva, los gobiernos tienen la capa-
En este apartado se analizan las .J:r I idad de influir en la dinámica económica, y por supuesto los trabaja-
wrerentes bases , · d
económica marxista y d . teoncas e la teoría dores pueden lograr conquistas salariales que erosionan la rencabilídad.
. , . e otras cornenres hete d I
tira abordar en la siguiente s '6 1 • ro oxas, o que permi- 111.: ro al mismo tiempo, se ha de explicitar la existencia de límites, ya
.. ecc1 n as d1vers ·
cns1s, y así, el significado refco . as concepciones de la que ciertos elementos poseen prioridad analítica. No todos los factores
.
cap1talisra. rnusra o rupturiscª respecto del marco
nperan al mismo nivel, de ahí que se pueda hablar de w1a causalidad
l'undamental. Aunque existe w1a relación interna y recíproca entre La
2.1 El análisis económico de Marx producción, la distribución y el consumo, la esfera de la producción
Como se ha expuesto en los . tiene un lugar prioritario (Marx 1857-58), pues la generación de plus-
valor se erige en el as primeros capírulos, la teoría laboral del
pecto representativo del e f¡ . valía constituye la fuerza motriz del sistema. En otras palabras, la es-
revela en este documento 1 h d n oque marxista, y se t rucrura de la distribución está determinada por la producción, y esta
a a ora e mosr 1 . 1·
la teoría de la crisis respe d rar as imp icaciones de distinción atraviesa el conjunto de El Capital, y de hecho constiruye la
eco e otras con ·
como heterodoxas. Por ell ( 1· . cepc1ones canco ortodoxas base de su perspectiva metodológica (Weeks 2010).3
o, aqu nos tmiramo 1
tos directamenre relacionad 1 .. s a exponer os elemen- Existe por tanto una esencia en el sistema, que no coincide con la
, os con a cns1s.
Merodologicamenre el anál· . . . rnanifesración externa de los fenómenos, en este caso la crisis, y que
dor, holisra, porque pane ' tsts marxista nene á
ma , . un car cree totaliza- asimismo justifica la necesidad de la ciencia. Para Marx (1867, III:
. croeconorrucame d 1 .
sociedad capitalista- a l · nre e a totalidad -la 77), "la producción de plusvalía o la obtención de ganancia es la ley
' a que se con 6ere . 'd d .
esta totalidad no es el prod d l ~~ion a analfnca. Como ,,bsoluta de este modo de producción," y esta esencia o naturaleza
ucto e a agregac1on d . d
relativan1enre inconexo . e una sene e factores específica de la sociedad capitalista procede del modo de producción.
. s, sino que consrituy
c1ones sociales de produ . , . . e una esrructura de reJa- La reproducción en el tiempo del MPC no constituye, pues, un mo-
cc1on, su movuruento , .
una serie de tendencias o
2018a). A partir de esca c:a:~;;~ q~: esta caractenzado por
o~erlan seg~1 una lógica (Mareo
tzac1 n e a totalidad se puede estable-
vimiento arbitrario, sujeto al azar, o bien susceptible de ser gobernado

3. Hay que precisar sobre esca cuescíón la diferencia entre Marx y Engels, ya que
2. Nos cenrraremos a la vinculada 1 .
de me · al sistema-mundo las e ª , ª drevista
· ¡u1r l Monthl9' Revzew,
. · aunque se pue- éste t'1lcimo veía la producción y la distribución como dos esferas equivalentes, con
. . 1· , eonas e a depe d . l la misma capacidad explicaciva. Como bien afirma el mencionado Weeks (2010),
rmpena ismo. Remitimos a la 1 n enc1a o as tesis clásicas del
G exce eme revis'ó d ¡ . ello no permitió a Engels aprehender lo que Marx denominó la ciencia de la eco-
uercero (1997). t n e as comentes hecerodoxas de
noml::i moderna, que sólo comienza cuando el análisis se traslada del proceso de
tirculación a la producción.
204
205
por la voluntad humana, los capitales financieros, países poderosos II q11 t no es susceptible.: de u .111s l01111,1r. l~n otras palabras, Marx inregra
organismos transnacionales. Su movimienro, por el concario, sigul' l11 ,·1. on6mico y lo sociopolítico, pern desracando el papel cenera! del
una determinada lógica o pauta que surge inevitablemente del rnarrn 111odo de producción en la conformación de la esrructura y el tipo de
de relaciones sociales de producción. Esca lógica se expresa por medio 11 noducción de la sociedad. Ello se revela en el carácter endógeno de
1
de lo que Marx denominaba como leyes fundamentales del moví l 1 , risis -teoría de la necesidad de la crisis-, lo que implica la apuesta
miento, cuyo escuruo constituyó el propósito de su obra económic.,. fllll Lransforrnar las estructuras fundamentales que definen el modo
y expresan la regularidad o recurrencia de ciertos fenómenos. dt· producción.
Cabe señalar i) la concentración y la centralización del capital,
relativo a la composición del capital, en la esfera de la producción; ii) !.2 Elementos analíticos de la heterodoxia reformista
la generación y mantenimiento en el tiempo de un ejército industrial ltt·pasamos en esca sección algunas de las diferencias en cuanco a
de reserva, que contribuye a supeditar la evolución de los salarios en lm .1speccos metodológicos que poseen otras corrientes económicas.
el ciclo económico a las necesidades de la valorización del capital; y t 'omo ya se explicó en los capítulos 1 y 2, el aspecto central es la teoría
iii) la tendencia descendente de la casa de beneficio, la ley más im dt I valor, eje divisor de las corrientes del pensamiento económico. El
portante de la economía política, consecuencia de las anteriores v 1,·l hazo del trabajo abstracto como fundamento del valor constituye
fundamento de la crisis económica. Escas leyes surgen de la propi:, d punro de partida del reformismo, 4 y se caracteriza por algunos ele-
esencia del capital en su generalidad como relación social, aunque M. ll ll' l1LOS que se mencionan a continuación.
expresan por medio del capital en su multiplicidad (la competenci,1)
(véase Mateo 2018a). Es decir, las partes constitutivas de la rotal i /. 2. 1 Individualismo metodológico y dimensión subjetiva
dad (inruviduos/clase sociales, fracciones del capital, gobiernos) no 1·l reformismo tiene entre sus señas de idenridad el papel prioritario
pueden crear nuevas leyes del desarrollo, pero sí pueden incidir en J,1 que otorga a los fundamentos microeconómicos, lo que se conoce
manera como se expresan. , omo el individualismo metodológico. Esta perspectiva se caracteriza
Escas leyes se caracterizan por tres rasgos básicos. En primer lu por derivar la dinámica global de las acciones de los agentes individua-
gar, tienen un carácter socio-histórico, pues surgen de las relaciont:, In o al menos escablecer una relación complementaria, no contra-
sociales de producción -no brotan de la naturaleza ni tienen caráctl'I dil toria, entre ambas instancias-, por lo que se prioriza la dimensión
técnico- y son propias de la fase histórica capitalista. Asimismo, so11 ,11hjeciva de las decisiones, impresiones subjetivas, el poder o el con-
objetivas en canco en cuanto no dependen de la voluntad human.,, II icto. De esca forma, la teorización de las tendencias macroeconó-
sino que conrucionan ampliamente la dimensión subjetiva. Y final micas resultaría de, o sería comparible con, la agregación de acciones
menee, poseen un carácter tendencial, pues las leyes son tendencias, 111dividuales racionales por parte de u·abajadores, empresas mulcina-
en el sentido de una presión, fuerza, algo que impulsa en una dett•r l lOnales o gobiernos.

minada dirección (Fleecwood 2012). Los planteamientos reformistas sostienen que la esfera política y
En definitiva, y de acuerdo la disyuntiva planteada respecro e.Id ,·I Estado poseen una extensa autonomía en el sistema capitalista,
contenido reformista o rupturista de un análisis económico, calw
afirmar que el carácter revolucionario -en el sentido de su radicalidad
l. Por eso, uno de los exponentes de la economía radical, H. Gintis, sosrie11e que
ancicapitalista- del pensami.e nto de Marx se explica por su focalizn
"l,1 teoría del valor trabajo, la teoría marxista de la exploración y de la alienación,
ción en una realidad impersonal como es el marco de relaciones soci.1 )' l., ccorla marxista del Esca<lo son parce de esta tradición difuma," (Gincis, 1992:
le-S de producción, revelando la existencia de una lógica subyaccn1<.· 11 ~). plam eamicmo comp.mido por el resto de teorías.

206 207
"sin que exista ninguna relación o inscancia cemral unificadora dd ptopio de la economÍ.\ ncod.l,k.1 poi una macroeconomía que en
conjunco social" (Cockshott y Nieco 2017: 62), por lo que no cxi, p111 i<lad le acerca a Marx. junto a su crírica de las preferencias y la uti-
ten tendencias subyacentes de carácter objecivo. 5 Este subjetivismo, lith<l para explicar la oferta de ahorro y el mercado de rrabajo. Ahora
o idealismo (filosófico) se concrapone al macerialismo marxista, <li.· hicn, Keynes acepta el rol de la escasez -la idea de la productividad
caráccer holisca, para el que el capitalismo constituye una totalid.1d 111.1rginal y la <locación inicial de factores-, y su teoría de la inversión,
orgánica con una primacía del modo de producción. Y una const l 11cgoría central del capitalismo, está basada en el subjetivismo indi-

cuenda de esta perspectiva es la focaJización del análisis no en la pro vidual del inversor (Wolff y Resnick 2012). Es decir, en última ins-
ducción, sino en la esfera de la circulación o la distribución, donde se 1.111cia el proceso de acumulación lo explica a parcir de expectativas,
confina (de existir) el conflicto social. l onfianza personal, aversión al riesgo, etc.

El liberalismo clásico es paradigmático al respecto, lo que sirve tk En esce marco de análisis, las corrientes posckeynesianas otorgan
base para su refinación por parce de la economía neoclásica contcm 1111 peso decisivo en sus análisis a la dimensión subjetiva del conflicto

poránea con sus variantes monctaristas, de las expectativas racionab, ,01.ial. Así, las limitaciones de la naturaleza humana juegan un papel
o la economía de la oferta. El protagonista es aquí el individuo-con ncncial en cuando a su incapacidad de romar decisiones en situacio-
sumidor y sus deseos, sensaciones, creencias, utilidad, racionalidad. 11c, de incertidumbre (Murillo 2009). Sus teorías del precio y de la
iniciativa y esfuerzo. Al fin y al cabo, la economía neoclásica no e, ,ll umulación pareen de la perspectiva individual del capitalista, no de

sino la aplicación de esta concepción humanista a la producción y l.1 dinámica global del sistema (Nicholas 2011). La explicación más
distribución de riqueza, y el análisis de la evolución de la economí.1 l'X lcndida del precio -tomando como referencia el sector manufac-
en su conjunto resulta de la agregación del comportamiento previo 111rero, ya que en la agricultura y los recursos naturales enfatizan el
de individuos independientes (Wolff y Resnick 2012). Por canco, e, p,1pel de la demanda- se basa en el coste promedio de producción
la naturaleza humana Jaque determina los resultados de la economía. in.is un margen, conocido como mark-up, función a su vez del poder
Aunque igualmente esencialisca, pues cabe extraer una causa funda de mercado de cada empresa.
mental, la perspectiva es diametralmente opuesta al marxismo. En Por otra parte, se enfatiza la competencia imperfecta o monopo-
esce marco, obviamente no puede exiscir explocación.6 Este enfoqut li,ca, en la cual el poder de las grandes corporaciones resulta central,
ha inAuido, paradójicamente, en la conformación de una corrienn: y se expresa en el grado de monopolio, como ocurre con el enfoque
denominada marxismo analítico, neoclásico o de la elección racional, de M. Kalecki. En esca misma línea de análisis, las teorías del capica-
una mezcolanza ciertamente curiosa entre metodología de la ortodo li,mo monopolista -R. Hilferding, VI. Lenin, J. Steindl, P. Baran y
xia neoclásica y ropaje pseudomarxisra (véase Guerrero 1997). P ~weezy- pareen analíticamente de la dimensión microeconómica
Keynes (1936), venerado por la izquierda reformista aunque pro de: la competencia oligopolisca, que define la trayectoria macroeco-
cedence de la burguesía liberal, sustituye el enfoque microeconómico nómica. De esca forma, analizan el nivel del salario real en función
dt.:I grado de monopolio (Sawyer 1988). En cierta medida como un
S. Que alcanza su más alca expresión en el enfoque neoclásico y su homo econom, desarrollo de este enfoque, las corriences actuales de la financiariza-
cus, en el cual se aprecia una dicotomia entre las esferas económica y política, pero l ión parren del ámbito financiero, materializado en el poder de escas
que en diferente grado aparece en las diversas heterodoxias. giandes empresas (bancos, fondos de inversión, accioniscas, ere) para
6. En puridad, si se vulnera el libre mercado debido a alguna interferencia (sind1u
l xplicar la lógica de la dinámica de acumulación. A nivel incernacio-
tos, gobiernos), un grupo social puede obtener como ingreso más de lo que apo1 t.1
en su actividad. En este caso, es racionalmence posible afirmar que los rrabajadorn n.11, escos principios merodológicos están presentes en las teorías que
exploren a los capitalistas, como de hecho soMiene von Mises (Guerrero 1997). 1.:xplican el subc.barrollo a parcir del comercio imernacional (la tesis

208 20<)
del intercambio desigual), las rransfcrcnc.iai, de valor, la exporrnLio11 111 11<:ión de la interpn: taclbn l}lll' n.:,ililc..: c.t<la grupo social. No existiría
de capitales que dan lugar a ganancias exrraordinarias y a una exu ., l lllonccs un núcleo escnc.ial (plusvalía) cognoscible, ni categorías con

versión del excedente, o la dominación imperialista (Guerrero 201 J) l ,p,Kidad explicativa primaria, y codo punto de vista sería igualmente

Sin embargo, el pensamiento marxista no tiene un carácter micro , dido. En consecuencia, el poscmodernismo critica la mera idea de
ni humanista en la medida que no parte de una concepción de la n., 1.111salidad sobre la que se enfrentan ramas del pensamiento como el
turaleza humana que determine la evolución de la sociedad (Milim, liheralismo y el marxismo, por lo que no puede existir un sistema so-
Dimoulis y Economakis 2002). A diferencia de estos enfoques, Marx t i.11 -el modo de producción capitalista- dorado de unidad sistémica

prioriza el marco de relaciones sociales de producción de lo cual surgt· \ leyes de desarrollo (Wood 1997). Frente a la demonizada causalidad,
la clase social, no el individuo aislado. El capitalista y el trabajador son ,l' \UStenca la mera contingencia. Por tanto, la perspectiva interpreraci-

relevantes, pero en tanto personifican o expresan relaciones sociales. ya v.1 <le la realidad del explotador y del explotado pasarían a estar en un
que existe una cierta determinación social -o fuerza condicionantt· mismo plano discursivo (Astarita 2014), y más aún, la propia relación
objetiva- en la actividad del individuo, lo que no se debe idencific,11 de exploración en el capitalismo no sería cognoscible. Igualmente,
con mecanicismo o determinismo alguno (Maceo 2018a). 7 11 icga la primacía de las relaciones sociales de producción, situando
n, el mismo nivel a otras instancias, como el discurso o la ideología.
2. 2.2 Causalidad y relativismo Por consiguiente, critica al marxismo que privilegie una visión
Una corriente reformista, pero cualicativamence diferente a las ame: que considera monolítica del mundo, el modo de producción y la
riormente mencionadas, es la poscmoderna, con un creciente segui l lase social, frente a otras identidades, determinances económicos o

miento en los últimos años de la mano de autores como J. Lacan, J.l·. materiales. En lugar de una clase social que surge objetivamente en
Lyocard, M. Foucault, J. Derrida o J. Baudrillard. Ante la carencia dr {unción del lugar que se ocupe en el proceso social de la producción
una delimitación analítica adeudada, esta perspectiva se puede definir capitalista, y al margen de la subjetividad desarrollada, la identidad es
en términos negativos. Es decir, a parcir de lo que rechaza, en lo cual local, concingence, y libremente elegida. Sólo habría diferentes cipos
cabe encontrar una coherencia argumentativa en su oposición a l,1 de poder, opresión, identidad y discurso, en última instancia dife-
teleología y la utopía (Foster 1997), el concepco orgánico de socic· rencias anárquicas, desconectadas e inexplicables. En definitiva, se
dad, junco al «principio de la lucha de clases, y de la dialéctica como rnfatizan así la diversidad de la experiencia humana, las culturas, los
dualidad que produce la unidad social." (Lyotard 1987: 13) Por ello, el valores y las identidades.
poscmodernismo se opone a las grandes narrativas, como el marxismo Finalmente, una corriente crítica con la idea de causalidad, y con
o el liberalismo, y su pretendido reduccionismo o esencialismo.8 elementos que pueden converger con el poscmodernismo, es el aná-
El posunodernismo, pues, se opone a la objetividad del conoci- lisis de la sobredeterminación, de la totalidad descentralizada o ins-
miento objetivo, por lo que codo sería subjecivamence relativo, en lÍLUcionalista, también conocida por su origen en la University of
Massachusetrs-Amherst en Estados Unidos. Defiende una tercera vía
7. En cualquier caso, se debe tener en cuenta que el enfoque materialista no nicg,1
en tre individualismo metodológico (humanismo, subjetivismo) y el
el papel de la subjetividad, así como las ideas, pero sí se opone a que se desvincule cstructuralismo de un pretendido marxismo ortodoxo al que atribuye
de la actividad humana en la producción social, el trabajo, como si tuviera unJ un visión mecanicista, determinista y celeológica (véase Wolff y Res-
existencia independ ience (McNally 1997).
nick 2012).
8. El postmodernismo no es tanto una reacción a la caída del socialismo, como en
sus versiones más reaccionarias- un producto o respuesta al éxito del capitalismo
El concepto de sobredecerminación significa que tanto individuos
(Eaglecon l 997), sobre codo en la fase gloriosa Je posguerra. como estructuras inceraccúan y se van rransformando mutuamen-

210 211
te. Todo es simultáneamente causa y efccw, tu<lo sobredecerrnin.l ,1 , ,irgcn de la propia cscnci,, dl'l w1H.cpto <le capital en su generalidad,
todo y es a la vez sobredererminado por elementos externos. Por ello, ,omo relación social frente al trabajo asalariado (Marx 1857-58, l) Y
identifica la idea de causa esencial y efecto, o la dicotomía variabll· La crisis surge cuando la capacidad de producir excedente es in-
independiente-dependiente, con el determinismo económico qt1l' , 1if1ciente en relación al volumen de capital acumulado para la con-
pretende superar, y que a su juicio constituye un elemento común ' , 11 uación de la acumulación. Más específicamente, se deriva del

a los enfoques neoclásicos, keynesianos y el marxismo determinista. l n:cimiento relativamente superior del capital constante respecro de

El M PC no tendría una esencia objetiva en su funcionamiento l.1 ru erza de trabajo, fuente de la creación de valor. Este cambio téc-
- no se podría afirmar que el capital (la empresa) tenga una pulsión 11 ico ahorrador de trabajo no es una elección, sino que "se convierte
innata hacia la valorización-, sino que depende de cada una, del con- l'll una necesidad para codo capitalista individual", (Marx 1884, N:
texto institucional, ere. En consecuencia, la dimensión o instancia ')7) y se explica primeramente a partir de la pulsión del capital por
política, insti tucional, o social (la lucha de clases), puede ocupar el maximizar la ganancia, aunque se expresa mediante la competencia.
mismo lugar en la dinámica de reproducción social que la infraescruc- Si bien la mecanización del proceso productivo contribuye a me-
tw-a económica (las relaciones sociales de producción) . Al no existir ¡orar la productividad y la reducción de los costes de producción,
una lógica subyacente, todo se reduce a la capacidad de influencia l,1 mayor rasa de plusvalía no puede compensar el incremento de la
de cada instancia, y así, "puede verse entonces que la negación de l.1 m m posición orgánica del capital. Esta aseveración sólo se comprende
lógica del capical no es políticamente neutra: se asocia a la negación ,l partir de la ley del valor, que establece en la jornada total de la clase
de la centralidad de la explotación del trabajo." (Asrarita 2014) Esrn trabajadora un límite objetivo a la capacidad de extraer plusrrabajo
indeterminación se reflejará en la carencia de una teoría de la crisis. del obrero (véase Maceo 2007). En consecuencia, el cmso del desa-
I rollo del capital tiende a presionar a la baja la rentabilidad, lo que

se conoce como la tendencia descendente de la casa de ganancia, 'º


3. Controversias sobre la concepci6n de la crisis culminación de las contradicciones del capital. Metodológicamente,
,,órese un aspecro esencial del enfoque marxista que lo distingue de
3 .1 La necesidad de la crisis en M arx
En este apartado se exponen de manera sintética los aspectos metodo-
lógicos característicos de la teoría de la crisis en Marx, que permitirán 9. En la propia obra de Marx, la tendencia hacia la crisis se encuentra ya de manera
embrionaria en el primer libro de El Capital y su "ley general de la acumulación".
identificar las diferencias con los planteamientos opuesros. Y se deb<:
Así, Marx expone la ley de la tendencia descendente de la casa de beneficio en el cer-
empezar aclarando que Marx explica la tendencia hacia la crisis en un ccr libro, pero codavía grado de abstracción del capital en general, antes de abordar
elevado grado de abstracción, suponiendo que no existen modifica- , us parces consticurivas. Sobre este cerna, remiro a Mareo (2018b)
ciones de los precios al margen de las relaciones de valor, incluido el JO. No es posible en escas líneas abordar codos los aspeccos de esca ley, por lo que
me limito a señalar que no implica en modo alguno que la rentabilidad deba des-
precio más importan te, el de la fuerza de trabajo (el salario), y hacien-
cender siempre, ni mucho menos, sino que la presión hacia su caída tiende a ser
do abstracción de la competencia de capitales y las diversas facciones más incensa con el desarrollo del capitalismo. Por su parte, la evolución efecciva de
del capital. Pero ello significa, por una parce, que incluso en escas l.i tasa de beneficio sí que es el producco de la fuena relaciva de los factores derer-
condiciones ideales la acumulación conduce a las crisis. Y por otra, m inanres, que presionan en sencidos opuestos. Ahora bien, el estatus de los faccores
no es el mismo, de ahí la mayor relevancia de la composición del capital. Al fin y
que los desequilibrios o dinámicas concretas que involucran los sala-
ni cabo, sus límites son meramente físicos, mientras que el valor se ve constreñido
rios, pagos por intereses, la competencia entre capitales, sólo pueden por el número de crabajadores y la excensión de la jornada laboral. Es por ello que
agudizar o moldear -no crear- contradicciones ya existentes, y que ,e puede hablar de ley. puc, cxi¡,te una fuerza dominante.

212 2 13
orras corrientes hererodoxas: un resulcado glob.tl en forma de caíd.1 , ,o, de es Le sistem.1, t.'' dn i,, l'll l.1, , clacionc~ sociales de producción.
de la rentabilidad que conduce al estallido de la crisis es complemen Esta perspectiva metodológica, caracLerizada por un enfoque
cario de la existencia de capitalistas que persiguen la max:imizaci6n m.ncrialisca, se refleja en el análisis de las categorías económicas. La
de la rentabilidad. 11 Adviértase que caracterizar la crisis a parcir de l.1 v,triable clave por el lado de la demanda en la teoría marxista es la
fuerza motriz que mueve la producción capiralisra vincula el fenómc inversión, supeditada al propósito de maximizar la tasa de ganancia,
no de la crisis a la naturaleza del capital. Así, la constatación históric.1 por lo que las siguientes categorías no son de primer orden para la
de la recurrencia de la crisis confirma la validez de la predicción del t,1racterización de la crisis.
análisis de Marx, pues la crisis constituye la manifestación externa dt•
la lógica interna del capital. i) La demanda de consumo, porque constituye un momento de
Se ha de subrayar que para el enfoque marxiano la causalidad re· la acumulación (Marx 1894), que viene en gran medida determi-
mite al denominador común de la recurrencia de las crisis. De ahí qLH: nada por el desembolso previo de los empresarios para contratar
preguntarse en torno a las causas coyunturales de un fenómeno que st.· crabajadores. Consumo e inversión no son independientes, ya que
repite periódicamente no pueda ser el aspecto relevante de una ciencia. "es la magnitud de la acumulación la que determina la proporción
de ahí lo absurdo por preguntarse por las causas de cada una de la, en que se efectúa esca división" entre consumo e inversión." (Marx
crisis (Tapia 2009). Por el contrario, este enfoque plantea explicar la, 1894: 18). A su vez, parcir analíticamente de la demanda de con-
razones por las cuales cada crisis se manifiesta de una forma determ ina sumo supone pensar que el valor se fija por ella, la demanda, lo
da. En otras palabras, se trataría de diferenciar la causa última -la pro que lleva a la teoría subjetiva del valor. 12
ducción de plusvalía- de los factores desencadenantes, cuya relación ii) El ahorro también es una categoría derivada del aspecto esen-
con la coyuntura obstaculiza una teorización. cial, la capacidad de generar excedente. La prioridad de la cate-
En verdad, los desequilibrios percibidos en la superficie de la, goría 'ahorro' se correspondería con el marco del individualismo
relaciones mercantiles, como la imposibilidad de vender, el excc metodológico y la crítica de la teoría laboral del valor, pues impli-
so de producción, el elevado endeudamiento, el encarecimiento dd ca hablar de decisión libre entre fines alternativos, de renuncia al
trabajo o las burbujas especulativas, constituyen consecuencias de: consumo presente (abstinencia), en detrimento de la producción.
problemas subyacentes en la esfera de valor, es decir, en cuanto .11 iii) El nivel del tipo de interés (i) tampoco es independiente de la
nivel de generación de excedente. De manera simplificada, y a panir inversión y la rentabilidad (r). La causalidad es d iferente, ya que
del ciclo D-M ... P ... M' -D', la causa última reside en [P], aunqur su nivel tiene como primer fundamento el desarrollo de las fuer-
se manifiesta en desequilibrios ubicados en el acceso a [D], el paso zas productivas y, más concretamente, la rasa bruta de ganancia,
[D-M] o [M' -D'], o la devolución de deudas o realización de pago, por lo que (r~i). Aunque el tipo de interés es un precio 'irracio-
a parcir de [D']. Si seguimos con este vínculo, el conjunto de probk nal' (Marx 1894) que carece de la relación de valor (o precio de
mas del capitalismo, como la pobreza, desigualdad, imperialismo, producción) subyacente, sí muestra una dependencia respecto del
guerras, ecc., se explican en última instancia por los rasgos definico ciclo de acumulación. Su primer fundamento radica, en este sen-

11. Miencras d marxismo analítico (P. Roemer) y la economía radical consider.111 1 ). De la misma forma, el salario tampoco explica la crisis, pues su fundamento es
que la tendencia descendence de la rasa de beneficio (macro) concradice el supuc~111 rl v.1lor de la fuerza de trabajo. No obscanre, precisamente por ello perm ice calcular
del capitalista maximizador de ganancias (micro) (Gincis 1992). En este senrido. el t•xcedence como rc,iduo del producto o valor coral respecto del coste salarial.
aclaremos que el marxismo no se opone a los microfundamencos, para lo que r{ 1 11 d Jpartac.lo 3.2 \~ mm1r.1r.l una crítica ranco del alza como del cscancamienco
mico a Mateo (20 l 8a). ,.d.1ri.1I rnmo dcm<:11111, p.ir.1 l·xplac.ir b crisis.

214 215
tido, en la demanda de capital-dinero. Oturrc no obsrance qL1t.• 1111 (). I la presi6n stt!ttri,t!
dinámica procede en sentido inverso a la rentabilidad del sc<-101 F~ta caracterización de la crisis se cenera en los incrementos de los
productivo, alcanzando un máJdmo al final de la expansión y pti ,.1larios, en general por encima de la productividad, ya que presio-
meras fases de la recesión, cuando la demanda de fondos es may<H, 11.111 a la baja la rentabilidad del capital. Hiscóricamence, este plan-
lo que da lugar a la apariencia de que explica los cidos. 13 tt.\lmienco ha sido compartido por diversos enfoques. Dentro de la
l'LOnomía burguesa, hay que destacar entre los clásicos a D. Ricardo
Por tamo, la caracterización de la crisis no puede hacerse a part11 representante de los intereses de b burguesía ascendente de la pri-
de la demanda de consumo, las decisiones de ahorro, los salarios o d mera mjtad del s. XIX, frente a T.R. Maltbus y su defensa de la clase
nivel de tipos de interés (deuda y/o especulación), cuya evolución "' terrateniente-, jumo a contemporáneos de Marx como F. Bastiat o H.
deriva de la esfera de la producción de valor. D e lo cual se sigue qm· Carey. Más recientemente, constituye sin duda uno de los rasgos de
la superación del sistema no puede venir por actos de los trabajadort.·, l.1economía neoclásica, que siempre dispone de una variante de esca
en la esfera del consumo, como la organización de boicots a cien,,, idea para explicar cada crisis en forma de rigideces del mercado de
empresas o productos, por una regulación del sistema financiero o I rabajo, existencia de sindicatos, y más en general, al coste que supone
por decisiones conscientes de los capitalistas, en lo que constituye l.1 d estado del bienestar. En el campo heterodoxo, es sustentada por
conspiranoica consideración de la crisis como estafa -y así, un acto la economía radical estadounidense, la denominada Nueva Izquierda
programado-, y la necesaria búsqueda de los responsables de la mis (New Lefa) de Gran Bretafia, jumo a otras corrientes como el "mar-
roa. Dada la primacía de la valorización y la inversión, se sigue en xismo analítico". Alcanzó una gran popularidad en el contexto de la
Marx que la colaboración de los trabajadores debe incidir en el co crisis de 1970s, dada la intensificación del conflicto social y el auge del
razón del sistema, la actividad productiva que les enfrenta al capital. movimiento obrero.
En última instancia, el ámbito de la generación de excedente defin<.' Analíticamente, esca teoría se caracreriza por atribuir al salario, y
la particularidad del capitalismo, y es el lugar central de la lucha dt• por extensi6n a la esfera de la disrribución del ingreso, el papel cenera!
clases entre capital y trabajo. en cuanto a la materialización de las tendencias de la acumulación de
capital. El salario se forma en la esfera de la distribución, careciendo
3.2 La crisis como posibilidad en las corrientes reformistas por tanto de un referente objetivo de acuerdo al desarrollo de las fuer-
Una vez expuesta en sus contornos generales la teoría de la crisis en 1,as productivas. No existe, en puridad, una ceoría del salario, es decir,
Marx, repasamos a continuación los planreamienros más extendido¡, un nivel objetivo en romo al cual fluctúen los salarios efectivos, por lo
por parce de otras corrientes heterodoxas. Se mostrarán sus fundamen que su nivel y evolución son indeterminados a priori. Todo dependerá
tos, las diferencias con el análisis marxiano y las posibles implicaciones de la lucha política, que define el patr6n distributivo del ingreso. En
reformistas. Como se verá, este conj unto de diagnósticos conforma consecuencia, sustituye tendencias objetivas por el conflicto de grupos
una concepción de la crisis como mera posibilidad. ¡,ociales. Curiosamente, mientras unos, los economistas neoclásicos, la
esgrimen para demonizar la actividad sindical, los economistas hete-
rodoxos celebran el papel del conflicto distributivo propiciado por los
13. Por extensión, el crédico y el endeudamiento, junco a las burbujas especula
trabajadores en la agudización de las contradicciones.
civas, no consriruyen categorías que expliquen la crisis, son consustanciales a l.1
dinámica del capital, contribuyen a expresar sus tendencias, y en codo caso su Marx, por el contrario, fija un valor de la fuerza de trabajo so-
protagonismo no es independiente de un problema subyacente de rentabilidad bre el cual el salario oscila, que depende del desarrollo de las fuerzas
(véase Mareo 20J 8c). productivas y las luchas obreras. De hecho, lo esencial en el análisis

216 2 17
marxista es la dinámica del ciclo de acumulació n - variable in<lt!pt·11 I· 11 definiti va, "n¡,d ,1 111.h 10111 0, prn:s, que explicar la baja de
dience-, que se reAeja en el volumen de fuerza de trabajo explotable l,1 l llota de gananc.ia por un .1lz.1 cn la cuo ta del salario , aunque
y así condiciona la evolución de los salarios -variable depcndienu:.'' l n·pcionalmence as í pueda ocurrir," (Marx 1894, VI: 315) por lo

Precisamente, ahí reside la funcionalidad del ejército industrial dt: ll' ,ptl tH> puede explicar una crisis general del capital. La crítica a esca
serva. Por tamo, "la subida del precio del trabajo queda confinada .1 11 11 1í,1 de la crisis no implica desconocer la oposición de salarios y
los límites que no sólo dejan intacta la base del sistema capitalista, sino 111 11 dicios . Indudablemente, los incrementos salariales perjudican
también aseguran su reproducción a escala cada vez mayor." (M,ll x 11 r<.· rHa bilidad. Pero para Marx constituyen un factor desencade-
1867, III: 80) Existe, y es el aspecto más relevante, un límite superio1 ll.llHC, o más comúnmence, de agudización de contradicciones que
para el salario, aquel que amenaza la propia existencia del capital, tan \', t l'X iscen. Así pues, si los sindicacos renuncian a luchar por mejoras
to por poder hacer colapsar la continuidad de la acumulación, como ~. 11.u iales, ¿significará ello que el capitalismo puede evitar las crisis?

por permitir que el trabajador pueda convertirse en capitalista. l111plícicamence, estos diagnósticos sostienen que si el salario no
Esca presión salarial sobre los beneficios empresariales conscicuyt· 111menca, el capitalismo tiende hacia el incremento de la tasa de
en cualquier caso un elemento normal de la fase final del ciclo al lwncncio, o bien no existe tendencia alguna y codo se resuelve en
cisca. Como apunta Marx (1885, V: 90), "las crisis van precedida, l.1 práctica en función de la fuerza relativa de cada grupo social en
siempre, precisamente, de un período de subida general de los sala r l l))arco de su lucha. En úlcima instancia, la barrera para el capita-
rios en el que la clase obrera recibe realitier [realmente] una partici 11\1110 no residiría en el propio capital, sino en el trabajo en su ca-
pación mayor en la parte del producto anual destinada al consumo." p.1cidad de extralimitarse en sus reivindicaciones (Mateo 2007). El
En este contexto, la demanda de inversión ejerce una intensa presión proceso de acumulación aparece así gobernado, paradójicamente,
sobre la oferta, y ciertos precios se incrementan sobremanera, no por los trabajadores.
sólo los salarios, sino también los precios de materias primas y otro:.
elementos del capital constante, junto a los cipos de interés. En estt· 1.2.2 EL subconsumo
sentido, los incrementos salariales resultan en cierta manera funcio- A diferencia del anterior diagnóstico, esce explicación considera que
nales en escas etapas expansivas en la medjda que se convierten en l.1 contradicción esencial del capitalismo radica en la insuficiente de-
el mecanismo de redistribución de la fuerza de trabajo. Los asalaria - 11landa, en su mayor parte procedente de los trabajadores -demanda
dos se moverán en busca de los mayores salarios, lo que ocurrirá en de bienes de consumo- para absorber la producción. Dado que la
aquellas actividades que obtengan beneficios superiores. Por tanto, 1cmuneración salarial es inferior al producto generado, existe una des-
las empresas (o ramas) más competitivas, que introducen rnejorai. proporción entre la oferta y la demanda que origina problemas para
técnicas que reducen costes y proporcionan ganancias extras, podrán el capitalismo. Pero de manera similar, la raíz de las dificultades reside
contratar a nuevos trabajadores, con mayor cualificación. L'll la esfera de la distribución del ingreso, aunque la caída de la casa de

beneficio sería una consecuencia del insuficieme nivel salarial.


1-~· Marx se r~fiere explícitamente a esta cuestión cuando señala que "la acumul.1 El subconsumismo tiene una larga tradición histórica, que se
c1on s~_amoragua a consecuencia de la subida del precio del trabajo, por embocar~c l'emonta a S. de Sismondi, continuado por autores de procedencia
el aguiJó n de la ganancia. La acumulación disminuye. Mas con su disminución ideológica can variada como el reaccionario reverendo T.R. Malthus,
desaparece la causa de éste, a saber, la desproporción enrre capital y fuerza de tra
bajo explotable." La propia ralentización de la acumulación de capital contribuye
liberales como J.A. Hobson o el marxista K. Kaucsky, y posterior-
al descenso del salario "a un nivel correspondiente a las necesidades de valorización mente se retoma por J.M. Keynes y M. Kalecki. Actualmente, estas
del capital." (Marx 1867, III: 78) i<leas han cobrado popularidad dentro de las expücaciones heterodo-

218 2 19
xas ele la Gran Recesión, con nurxista'> como D. Folcy, M. l lu,,011 11 dl'l ,·.dor (Wecks 198 )). \,1 q11, d hc11diuu se determinaría exógena-
D. Harvey (véase Maceo 2013). 111, 111c por la demand.1, no pm d uab.1jo exc<.:deme en la producción.
Considérese no obscance que el subconsumo "ha exiscido ,il'111 1,ls implicaciones de estos postulados son harco evidentes: si el
pre y dondequiera que ha habido clases exploradoras y cxpltH,td,1s", prohlcma es que los salarios son reducidos, la solución para las difi-
aunque bajo las relaciones capiralisras adopta formas precisa'>. 1'111 ' 11lt.1<les del capiralismo pasa por elevar las remuneraciones. Se estaría
ello, "ni nos explica las causas de que existan actualmente las crim 111 .il,og,u1do no ya por la posibilidad de un reformismo, sino por una
nos dice por qué no existieron anees." (Engels 1878: 349-350) l 11 e 1 11111onía de intereses entre el trabajo y el capital. La particularidad
capitalismo, la condición del trabajador como productor de pluw.d1.1 n ,idiría, a diferencia de los planceamiencos neoliberales, no en 1a
es lo que determina su consumo, y además, en el socialismo camhit II 1111<>pía de los sindicatos, sino en el corcoplacismo de los empresarios,
deberá generar un excedente, si bien en beneficio de la sociedad. Po, 1g110ranres de que compartir una mayor parre del producto con sus
canco, este término carece de una apropiada definición. ¿Cuál e'> el 11 1h.tjadores sería beneficioso para ellos. Hay que reconocer no obs-
umbral a partir del cual aparece el subconsumo? Y si esca ceorr.1 t 1.111tc que este diagnósrico sí jusrifica la lucha de los trabajadores por
cierra, lo que habría que explicar no es la crisis, sino el propio crn, 111l'jorar sus derechos laborales y salariales. Sin embargo, la limita a la
mienco, que se convierte en un elemento exógeno y excepcional. 1 ,kra de la demanda de consumo, y en lugar de tratar de minar el ca-

El salario se aborda aquí también de una forma parcial o unil,11( pit.llismo, desea impulsar su reproducción. En definitiva, frenre a la
ral. Si para la presión salarial es un coste, aquí aparece como íuc1111 11111:lga, la persuasión académica hacia las organizaciones empresaria-
de demanda. Para Marx, sin embargo, escas dimensiones son p.11 lt ,. aunque no parece que en esre marco de análisis pueda suscenrarse
dales y secundarias respecto de su fundamento, la parre del cap11.il 1m proyecco de transformación socialista.
invertido por el empresario en la contratación de fuerza de rrab.1j11.
fuente de la creación del excedente. Asimismo, subyace la perspc,11\,1 I ).3 EL capital monopolista y el incremento del excedente
individualista (micro) del empresario en la fase de circulación, q11irn l'or su incidencia en el pensamiento hecerodoxo, en este aparcado es
percibe que sus problemas económicos se derivan de la ausenc.i.1 d 1111porrance centrarse en la teoría del capitalismo monopolista asociada
compradores para sus productos. , on la revista estadounidense Monthly Review, que sigue la estela de
Se ha de aclarar que en ocasiones se lleva a cabo una lectura d1:, I' \weezy y P. Baran, cuyos máximos exponentes en la acrualidad son
concexrualizada de Marx cuando éste afirma que cada capit,1li,1.1 h>ster y Magdoff (2009). Más que una teoría de la crisis, esca con-
quiere que los trabajadores de sus competidores reciban más s.11.11 in 11 pción señala que el capicaJismo posee una rendencia escruccuraJ o

para vender sus mercancías. Sin embargo, "dicha relación sólo pom l ongénica hacia el estancamiento, "en el senrido de utilización de los

de manifiesto la ilusión de cada capicalisca, pero nada cambia cu l.1 1n.ursos productivos por debajo de su capacidad." (Sweezy 1942: 197).
relación encre el capital en general y el trabajo", ya que "la rclarn111 A diferencia del enfoque subconsumista, parce analíticamente
entre cada capicalisca y sus obreros es la relación en general c1111 de 1.1 esfera de la producción, señalando el problema del exceso de
el capital y el trabajo, la relación esencial." (Marx 1857-58, I: \¡\ plusvalía debido al papel central de las grandes corporaciones rrans-
374). Así pues, para Marx la contraposición capical-consumido1t· , 11.lc.ionales, y en concreto su capacidad de manipular precios para
que justificaría el subconsumo, constituye una percepción subj<.•1iv.1, .1umentar sus beneficios. En virtud del limitado mercado, esca es-
individual y por ello distorsionada, ilusoria, que no capea el s1g111l1 11 uc.rura monopolista lasrra el incentivo a invenir producrivamence.
cado del capiral y el funcionamienro del capitalismo. Se revcl.1 por P,·rn como sucedía en la visión del subconsumo, el aspecto a explicar
tanto que la concepción subconsumisra es contraria a la teoría lah111.1l p.1,a a ser el crecimicnco económico, cuyas fases siempre deben es-

220 221
car alimentadas por una fuente de demanda cx Lcrna, procedente <fol 01.i lisis <lo nde se pul'lll' uh1t .11 el l'11 Í<)quc J e la fin anciarizaci6n, corno
complejo militar-industrial, o más recientemente, en las innovacio 1u1.1 variance de escos plamcam iemos centrados en la desproporción
nes financieras (financiarización). Igualmente, estos autores considc 11 111..·rscctorial y la expansió n del ámbito improductivo.
ran que "el proceso de la producción es ( ... ) un proceso destinado Pese a la ausencia de concreción en cuanto a la delimitación reóri-
a producir artículos para el consumo humano." (Sweezy 1942: 192) ' ., del término, y por canco, respecto de la conformación de una ceo-
Frente al enfoque marxista, se sustituye el concepto de vaJori1i1 , 111 de la crisis, genérica.menee se puede señalar que la financiarización
ción por la producción de cosas (valores de uso), una teoría objeriv.1 I xpli ca la crisis a partir del ámbito financiero (ingresos, mercados,

del valor para explicar los precios por un enfoque subjerivo a panir .,~entes, prácticas), con diversas variantes. Por una parce, es común la
de la fortaleza relativa de las empresas, y en lugar de una competenci.1 ide.1 de un sobredimensionamienco financiero disfuncional producto
articulada mediante la reducción de precios, sostienen que se carac1t: ill·I estancamiento o retroceso de los salarios. En este caso, serfa más
riza por acuerdos y manipulación alcista de precios entre las empn: lm·n consecuencia o manifestación de una causa anterior, como el
sas. La ley general del ca.piral se convierte por tanto en una cendenci.1 , Li bconsumo antes analizado. Por otra, la financiarización como ras-
hacia el incremento del excedente (Sweezy 1942), y la caída de la rcn go esencial que moldearía la pauta de la dinámica de acwnulación, y
rabilidad sería en todo caso una consecuencia de esca desproporción nmbito en el que se origina la crisis.
esencial ante la imposibilidad por vender. Esca concepción retoma la concepción de Keynes (1936) del ren-
La caracterización más apropiada de la crisis podría ser la de sobre t is ca como agente parasitario, y está presente en las corrientes post-
producción, debido, eso sí, a una demanda insuficiente congénita al kcynesianas, que poseen dos teorías complementarias de la crisis fi-
capitalismo monopolista, y no por decisiones de política económica. 1,anciera (Keen 2015), la hipótesis de la inestabilidad financiera de
Pero este aparente esca.rus ontológico de la crisis como necesidad se di Mi nsky (1982) y el enfoque stock- flujo de Godley. Ambas sostienen
fumina ante la limitación de la crisis a esca fase del capitalismo (véa~l' que la causa radica en la dinámica de la deuda de sector privado, que
el aparrado 3.2.5), y a la posibilidad de que el Estado haga frente a lo~ I icne la capacidad de generar demanda agregada. En este marco, el
monopolios para evitar la crisis (Shaikh 1990), lo que revela el conte- ,is rema financiero genera volatilidad y la tendencia hacia la crisis por
nido reformista de escas teorías, si bien su focalización en la produc 11 obreinversión con exceso de endeudamiento, por lo que el crédito y
ción proporciona un potencial explicativo superior a otros enfoques. l.1deuda sustituyen el rol de la casa de beneficio en Marx.
Para Mi nsky (1982), la hipótesis de la inestabilidad financiera se-
3.2. 4 Teorías de la desproporción: la financiari:zación ría más bien una teoría del comportamiento cíclico de Las economías
En este apartado se hace referencia a los diagnósticos de la crisis qut· capicalisras. Se constata no obstante una importante similitud entre
parren de lo que se conoce como desproporción sectorial, término po· la explicación de Minsky y las desarrolladas por parte de autores de la
pula.rizado en las décadas posteriores a la publicación del libro II de H rnrriente austríaca -exponente del liberalismo económico más extre-
Capital de Marx (véase Gill 1996). Más recientemente, ciertos aurore, mo- como Ludwig von Mises y su discípulo Friedrích Hayek, autores
han aludido a orras desproporciones para explicar la caída de la rent.t neoclásicos (R. McKinnon) , junto a neokeynesianos (P. Krugman, B.
bilidad: i) la expansión de las actividades consideradas improductiva,, Bcrnanke o O. Blanchard) y keynesianos de izquierda (J. Earwell, M.
como puedan ser las finanzas, el comercio y ciertos servicios no tk Milgate o L. Taylor), e incluso ciertos marxistas (C. Lapavitsas, G.
mercado (F Moseley); ii) el aumento del tiempo de circulación (M. Duménil y D. Levy) (véase Asta.rita 201 O).
Lebowirz); iii) o la carga impositiva del Estado en la crisis de l 970s (J. Otros autores enfatizan el peso creciente de las finanzas en forma
O'Connor y E.O. Wrighr) (véase Mateo 2007). Es en este marco c.k· de intereses o dividendos para expli car la caída de la rentabilidad del

222 223
ámbito productivo -la punción financiera- , en Lérrninos del valo, producción de valor, rc~ull,I co11Lradict0ria con la integración que el
agregado o empleo que corresponde a las actividades financieras, jun- ma rxismo realiza de los diversos segmentos del capital. Confunde así
co con un cambio en las relaciones de poder de las compañías, que 1111 factor desencadenance y/o que en cualquier caso es parce ineludi-
lleva a que se supediten a los intereses de los accionistas (gobernam.1 ble del capital como relación social, con la causa esencial aJ margen
corporativa) (véase Mareo 2015). Esta desproporción enrre el capital de la esfera de la producción de valor (Maceo 2018c).
productivo y financiero justifica aludir a la existencia de un régimen Asimismo, y a pesar de las crícicas de Minsky (1982) a los plantea-
de acumulación guiado o dominado por las finanzas, o incluso de mientos neoclásicos de raíz monecarista y keynesianos que explican
una dictadura de las mismas, que resultaría disfuncional para el cre- l.i crisis por factores exógenos, ya que no integran las finanzas en la
cimiento económico. Con la extensión de las políticas neoliberales y txplicación de los ingresos, precios y el empleo, su reoría no resulta
la desregulación financiera, estos postulados tienen un creciente pro- 1.tn novedosa. En última instancia, se atribuye la crisis a un elemenco
tagonismo entre los economistas heterodoxos, sefialando al triángulo , ubjetivo, a saber: los espíritus animales de los inversores, compor-
conformado por las finanzas, el neoliberalismo y la desigualdad. 1.1mientos especulativos, rasgos psicológicos e incentivos al riesgo,
Desde el pensamjenco marxista, son varias las críticas a realizar haber prestado y/o endeudado excesivamente, junco a las decisiones
(véanseAstarita 2008, Mateo 2015, 2018c, Sotiropoulos, Milios y La de política económica de desregulación financiera propiciada por la
patsioras 2013). En primer lugar, estos planreamiencos se centran en 1ees crucruración neoliberal.
la manera como se distribuye el excedente. No olvidemos que en el A partir de lo expuesto, se comprueba que estas concepciones de
libro III de EL Capital, donde se expone la ley de la tendencia descen- l,1 crisis tienen como implicación la posibilidad de que una adecuada
dente de la tasa de beneficio como fundamento de la teoría de la crish,, gestión económica por parte del Estado evite las crisis económicas.
Marx (1894, VI: 281) destaca "la independencia de esta exposición Prccisamenre, era lo que sostenían los autores de principios del siglo
respecto del desdoblamiento de la ganancia en distintas partes que co '(X mencionados, los denominados "neoarmonisras", y que subyace
rresponden a distintas categorías de personas", lo cual "demuesrra dt• l' ll escas versiones más modernas centradas en la esfera financiera. El

antemano la independencia de la ley en su generalidad respecto de CSl" pro blema no sería canco el capitalismo como tal, sino los desmanes de
desdoblamiento y de las relaciones mutuas de las categorías de ganan una actividad que podría ser susceptible de una adecuada regulación.
cia que nacen de ella." En efecto, Marx expone el desarrollo de las con
tradicciones de la acumulación, materializadas en la presión a la baja cfr l.2.5 Otros enfoques
la rentabilidad, antes de abordar las diferentes facciones del capital, c.·11 1:inalmence, en este apartado se abordan los enfoques que establecen,
coherencia con su perspectiva holista y la cenrralidad de la ley del valo r. por una parre, la existencia de varios tipos de capitalismo, sea por su
Estas visiones desconocen la funcionalidad de las finanzas par.1 l'Volución histórica o por el tipo de gestión en su regulación, y por
desplegar las tendencias propias de la acumulación, no a crear rasgos otra , las corrientes que sostienen una indeterminación en la teoría de
o leyes diferentes. Es decir, el desarro!Jo de las finanzas no vulnc:1.1 l.1 crisis.
ni distorsiona, sino que se corresponde con la naturaleza y la lógic.1 En primer lugar, ciertas explicaciones de la crisis se refieren no al
de desarrollo del capitalismo. El título financiero, pues, representa l.1 l ,lpitalismo en tanto que modo de producción, sino a una u oua eta-

forma ideal, más avanzada de propiedad sobre el capital, por la lk1ui p,l e.le su desarro!Jo. Desde una perspectiva histórica, en gran medida
dez, Bexfüilidad y movilidad que permite a su poseedor (Sotiropou w expli ca por la alusión al capitalismo imperialista y de los monopo-
los, Milios y Laparsioras 2013). El concepto de crisis financiera, l'II lios por parce de VI. Lenin , que habría sustituido a un capitalismo
definitiva, en la medida que alude a una causa externa a la esfera de l.1 h.1sado en la libre c:ompctcncia. Esta nueva fase histórica se ha rela-

224 225
donado con otras proclamas como el capicalismo monopolista (dt• do enfoque de la sobredeLcrminación ca rece de w1a teoría de la crisis
Estado), financiarizado, e incluso se podría continuar la lista con tér- l'l1 el sentido de que incluso su posibilidad puede obedecer a diversas
minos como industrial, postindusrrial, la sociedad de servicios, ere. l ,1usas. La evolución de la rentabilidad del capital sería indeterminada,
Para los neomarxiscas Baran y Sweezy (1966), la tendencia ere no existe tendencia o patrón alguno en su dinámica, por lo que su
ciente del excedente sustituye a la caída de la casa de ganancia comu I rayeccoría efectiva depende del peso que tengan en un momento dado
ley del desarrollo capitalista en su fase monopolista, debido a los nuc lo!i factores determinantes. Así, el estallido de las crisis no se explica por
vos rasgos de la estrucrura económica de este sistema, mientras qut' l.1 inversión, el consumo o las finanzas. Para Wolff y Resnick (2012),
para un referente de la economía marxista como M. Dobb, la crisis 1111a recesión se deriva del conjunto de codos los factores existentes,
de la fase monopolista del capitalismo se explica por la presión sa - rechazando el propio esencialismo del concepto de causa.
larial, que a su vez contribuye al incremento de la composición dd Este enfoque enlaza en el resultado con lo que cabe denominar
capital (véase Maceo 2007).
rnmo las teorías multicausales de la crisis. Se erara de una serie de
Una variante muy popular en la actualidad la encontramos en la planteamientos eclécticos que niegan igualmente la centralidad de la
caracterización de los economistas radicales, para quienes las causas de valorización del capital, es decir, la producción de plusvalía, para ex-
la crisis dependen del tipo de acumulación de capital, que denominan plicar la crisis. En función del régimen de acumulación y el concexco,
como estructuras sociales de acumulación (SSA por sus siglas en inglés, las causas oscilarán en corno a la casa de beneficio, el subconsumo
véase Wolfson y Korz 2010). Eso sí, señalan que las crisis ocurren en y la desproporcionalidad, como se comprueba en autores como E.
ambas. En las SSA neoliberales, propias de la fase posterior a 1980s, la, Mande! o los autores de la escuela francesa de la regulación , cuyos
crisis surgen por una insuficiente demanda agregada y sobrecapacidad máximos exponentes son R. Boyer y M. Aglietra (véase M aceo 2007).
debido a la regresividad del pau·ón distributivo del ingreso, y ademá~ Por consiguiente, en estas explicaciones el capitalismo como tal
suelen producirse crisis financieras en virrud de la desregulación dt· t.,trece de un rasgo inherente o esencial que pueda fundar una teoría
los mercados financieros. En cuanto a las SSA más reguladas, de tipo de la crisis. Son varios los capitalismos históricos, lo que abre la puer-
socialdemócrata eras la II Guerra Mundial, las crisis aparecen por la 1.1 a nuevas modalidades futuras. Y de existir, al aspecto distintivo lo
presión salarial, dada la mayor capacidad negociadora de los trabaja proporciona la política económica, el contexto histórico o la capaci-
dores. Por ello, una posible salida a la Gran Recesión conremporánc;t dad de influencia de un grupo social. Ineludiblemente se sigue, pues,
sería "un cambio estructural ( ... ) que pudiera alterar la distribución una propuesta reformista que procure un rasgo nuevo que elimine la
del ingreso en su favor [del trabajo] y abordar el problema de demand., necesidad de la crisis, y así, la base objetiva de una propuesta supera-
agregada, como ocurrió en 1930s-40s" (Wolfson y Korz 2010: 85). 1~ dora del capitalismo.
En segundo lugar, y con ciertos elementos en común con los plan
reamienros del aparcado anterior, se debe mencionar una serie dl'
concepciones de la crisis que, metodológicamente, se basan en la inde 4. Reflexiones finales
terminación causal para su caracterización. Por una parte, el mencion.1
I a primera conclusión de este análisis es la constatación del carácter
15. Finalmente, esta clasificación se puede ampliar hasta incorporar la d asificadó11
radicalmente heterodoxo del análisis marxista. Es la única teórica que
de autores posrkeynesianos, que aluden a economías cuya dinámica de acumul.1 incorpora una teoría del valor basada en el trabajo y justifica así la
ción esrá liderada por los salarios o los benefi cios (wage-l~d y pro.(i.t-led, respccliv.1 necesidad del socialismo. Sustenta no sólo la exploración de los tra-
menee), lo que da lugar a diferentes concepciones de la crisis.
bajado res como <:I rundarncnto del capi talismo, sino un a ceorfa de la

226 1 , ..,
crisis como fenómeno necesario de la acumulación, producto de u11.1 1.1dic:1l, puede evi l,tl l,1, u bi., y lm problemas asociados al capita-
serie de contradicciones inherentes a la forma capital. 11,1110. Este objetivo t'c(.ptkrc de la acción sindical y política de los
El resto de corrientes del pensamiento económico, incluso las c.rít i 11 .1bajadores, en primer Iugar batallando en la esfera productiva. Y
cas con la ortodoxia liberal (postkeynesianos, radicales/regulacioniM,1, ,11. laremos este punto: precisa.menee por la focalización del marxismo
y neomarxiscas), carecen de una teoría de la recurrencia de las crbr, ,·11 estructuras y tendencias objetivas es que puede fundamentar una
en el capitalismo. D estacan diversas contradicciones para explicar l.,, ,lt ti vidad revolucionaria por parte de la clase trabajadora, y luchar
crisis, pero en ningún caso aluden a lo que distingue al capitalismo unnra las ilusiones reformistas. La propuesta concreta se materializa
como tal. Así, toman como elemento explicativo lo que para Marx ('\ ,·11 construir una economía democráticamente planificada en la que
una consecuencia de problemas en la esfera de la valorización, es dcc ir, 110 exista explotación, que permita desarrollar las fuerzas productivas
se confunde la causa fundamental -estructural- con el factor desenl ,1 y la preservación del medio ambiente. Tal es la dimensión humanista
denante -coyuntural-. Expresado alternativamente, apuntan a la m.1 dd pensamiento marxista, porque el comunismo representa el único
nifestación externa como el punto de partida del análisis, lo que lleva .1 proyecto emancipador de la humanidad y la naturaleza.
generar ad hoc la "teoría de cada crisis", destacando así su singularic.l.ul. En contraposición, las teorías de la crisis de escas corrientes hetero-
En consecuencia, su concepción de la crisis se cenera en fases del ciclo doxas cuestionan el patrón distributivo vigente, la pretendida eficien-
del capital en las cuales se lleva a cabo un intercambio de equivalt·11 < i.1 del sector financiero, la benevolencia de las grandes corporaciones
res, sea en la adquisición de los recursos necesarios para llevar a c.1bo II las relaciones incernacionales, pero no reconocen el papel central
la producción (presión salarial, encarecimiento de materias prim.,,. del conflicto capital- trabajo. De ahí que no exista un cuestionamien-
financiación), la venta de las mercancías producidas (sobreproduccic'111 10 radical de las estructuras fundamentales del sistema que dan lugar
o subconsumo), o la devolución de las deudas (cipos de interés, e~pt· , 1 cales disfunciones. En última instancia, se abre la posibiüdad de un

culación), soslayando la esfera de la producción de excedente. ', apicalismo bueno" a condición de que la gestión estatal regule el
Estas corrientes heterodoxas no obstante pueden ser profund., 111crcado de trabajo, la actividad financiera y otros ámbitos del marco
menee críticas con el capitalismo, pues denuncian los problemas dr lflS[irucional. En este sentido, contribuyen a que los problemas del
desigualdad, pobreza, las asimetrías de poder en beneficio de muli i , .1pital se canalicen hacia la esfera de la política económica.
nacionales o gobiernos, la especulación en el ámbito financiero o l.u Por otra parte, el pensamiento postmoderno va más allá, y su énfa-
relaciones imperialistas. Pero mientras para el marxismo estos ele· , i, en la descentralización o fragmentación analítica y las identidades
meneos son la manifestación ineludible de un régimen de produccii'111 "1bjetivas conduce necesariamente a la imposibilidad de la solidari-
basado en la generación de plusvalía por parte de los trabajadmn, d.ul colectiva en la acción política de la clase trabajadora. Se privilegia
para el resto de corrientes críticas cales fenómenos consciruyc11 d ,1sí la lucha parcial en corno a la identidad, que en ningún caso puede
punto de partida del análisis, la causa u origen de la crítica sisrémic ,, lungir como soporte de una propuesta de crítica del neoliberalismo,
La segunda conclusión atañe a las implicaciones de las teoríJ, dt' , mucho menos del ideal socialista.
la crisis respecto de la propuesta programática. Para el marxb11111, En definitiva, los fundamentos teóricos de un enfoque implican
la forma mercancía -la producción para el mercado- y la relJdi'in 11n,t determinada teoría de la reproducción, incluida la crisis. La con-
social que constituye el capital -trabajo asalariado y apropiación d, 1,·pción de la crisis proporciona, pues, un marco delimitador esencial
excedente- definen la estructura de relaciones sociales de prodllu io11 dl· la especificidad del marxismo y su potencial revolucionario, lo que
y, por extensión, articulan una lógica o tendencia en el movimic..·11 ll'Vda su carácter revolucionario o reformista, y por extensión, el tipo
to del modo de producción. Sólo su superación, su transformíll ic'111 dl' propuestas de poHcica eco nómica.

228 229
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MonchJy Rev1ew Press, pp. 1- 16. llevan al socialismo, sin necesidad de rupturas revolucionarias. Una
frmna característica del p rimer reformismo es el que Marx y Engels
caracterizaron como socialismo burgués, (o vulgar); el keynesianis-
rno de izquierda podría considerarse una versión moderna de aquel
reformismo del siglo XlX. En cuanto al segundo cipo de reformis-
mo, fueron característicos los fabianos y la corriente que en la Se-
gunda Internacional se conoció como "revisionista". Naturalmente,
1:ntre estas dos variantes existen muchos casos intermedios, y tam-
bién corrientes políticas que no se dejan encasillar fácilmente en las
categorías mencionadas. Por ejemplo, partidos y movimientos que
~e reivindican del socialismo revolucionario, pero proponen avan-
zar al socialismo sin cuestionar al Estado capitalista o la prop iedad
privada. En lo que sigue no examinaremos escas variantes particu-
lares del reformismo; nuestro propósito es presentar la crítica del
marxismo a sus expresiones más tradicionales y características.

232
23i
La crítica aJ sociaJismo burgués
111m,tr como esencial la 11.lmad.1 discribución y hacer hincapié en ella,
111 1no si fuera lo más importante. La distribución de los medios de
En el Manifiesto Comunista Marx y Engels cLstinguieron y critic.1 11
111 1 1111~umo es, en todo momemo, un corolario de la distribución de las
tres tipos principales de socialismos: el "reaccionario"; el conscrv. 1 ,,
11 1 propias condiciones de producción. Y esta es una característica del
o burgués; y el socialismo y comunismo crítico-utópico. A su vt
1 111otl o mismo de producción". Luego de sefialar que en la sociedad
dentro de la categoría del socialismo reaccionario distinguieron d ,e,
tt l ual algunos son propietarios del capital y del suelo, y otros solo
cialismo feudal; el pequeño burgués; y el "verdadero" (o alemán).
cm propietarios de su fuerza de trabajo, continúa: "Distribuidos de
La crítica al socialismo burgués presenta las ariscas más ¡ntt'tt
rite modo los elementos de producción, la actual distribución de los me-
sanees y actuales, debido a la variedad de formas en que se exprc..·,., 1
J/,os de consumo es una consecuencia natural. (... ) El socialismo vulgar
Filosofía de la Miseria, de Proudhon, es citada como ejemplo de <.',\ I,
2 (y por intermedio suyo, una parce de la democracia) ha aprendido de
tipo de socialismo. En otros escritos Marx y Engels consideraro
11 los economistas burgueses a considerar y tratar la distribución como
representantes del socialismo burgués a los socialistas ricarcLanos (t·n
.tlgo independiente del modo de producción, y, por canto, a exponer
quienes se basó Proudhon) y a Eugen Dühring, (véase Marx, J 981.
t•I socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a
P· 56 Y p. 81; Engels, 1968, pp. 309-310). En cualquier caso, l.1
la distribución" (Marx, 2000, p. 18; énfasis agregado).
característica fundamental de este tipo de socialismo es que procu ,
11 En otros términos, el problema central es que la propiedad
moderar los males del sistema capitalista modificando la distribuci(,n
privada del capital establece "una relación de hegemonía y subor-
del ingreso, sin alterar las relaciones de producción. Lo cual decerm;
dinación (que a su vez produce también sus propias formas políti-
~a la ~rincipal crítica que le dirigen Marx y Engels, a saber, que n
cas)" (Marx, 1983, p. 62), la cual impone límites a las reformas en la
z"':!oszble separar la distribución del ingreso de las relaciones de produr
esfera de la distribución. Así, por ejemplo, La posibilidad de elevar los
cion que la condicionan. Escribe Marx:" . .. es equivocado, en general.
salarios tiene límites que están determinados por la producción de
plusvalía, que es "la ley absoluta" del modo de producción capitalista
,! · En ~I Manifiesto Comunista Mar.x y Engels incluían en el socialismo burgué~ ., (véase Marx, 1999, p. 767, c. 1). Naturalmente, denrro de ciertos
los filamropos, los humanitarios, los mejora.dores de la suerte de la clase obrcr,t
ranoos -que dependerán de la fase del ciclo capitalista, de la presión
los organiz~dores de la beneficencia" y "los reformadores de codo pelaje" (p. 67)
Palabras mas o menos, la enumeración abarca prácricamenre codo el arco de lo qut· obr~ra, y otras circunstancias- el precio de la fuerza de trabajo puede
hoy conocemos como reformismo izquierdista, o progresista. aumentar, y en consecuencia disminuir la cantidad de plusvalía. Sin
2. ~e. todas man~ras, Marx también caracterizó a Proudhon como representante <.Id embargo, esa disminución "nunca puede alcanzar el punto en el que
soc1~smo pequeno burgués. Por ejemplo, en Miseria de la fi!osofta afirma que ProuJ
pondría en peligro seriamente el carácter capitalista del proceso de
ho_n (p]recende flotar sobre burgueses y proletarios como hombre de ciencia, y e~
mas que un peq~eño ?~gués, que oscila c~nstantemente entre el capital y el trabajo,
110 producción y la reproducción de las condiciones existentes" (ibid., p.
entre la econom1a palmea y el comunismo ' (Marx, l 981 p. l 03). Años más carde, en 768). Es que en esa eventualidad, o bien la acumulación se hace más
carta~ J. B. Schweitzer, del 24 de enero de J865, ratificó este juicio, y agregó que en lenta, o los capitalistas aceleran el cambio tecnológico que sustituye
el escmo de Proudhon "Los impuestos", "no queda más que el pequeño burgués purtl
mano de obra. Por cualquiera de estas vías (o por una combinación
Ysi~ple" (ibid., p. 166). Y acerca de El golpe de Estado, también de Proudhon, dice
que corresponde plenamente a su punto de vista pequeño burgués" (ibid., p. J 67). de ellas) aumenta la desocupación, disminuye la presión obrera, y se
Para no enrrar en falsas disquisiciones, en lo que sigue consideramos al socialismo restablece la rentabilidad. Actualmente también podemos incluir a
pequeño burgués co~o la corriente que propone el regreso a la pequeña propiedad. la huelga de inversiones -o el desplazamiento de las empresas hacia
Las ~ropuestas de meJorar el capitalismo sin alterar las relaciones de producción la~ países en los cuales encuentren condiciones más favorables para los
consideraremos manifestaciones del socialismo burgués.
negocios- entre las armas del capital frence trabajo.

234
235
Escos mecanismos, que son sistémicos, estd11 en el corazón de las di mejoras. Por eso Marx cri ticci .1 .,quc:llos que, co mo Lasalle, se basaban
ferencias del marxismo con el reformismo. Es que para el reformismo no c:n una pretendida "ley <l e hierro <le los salarios" para "demostrar" que
habría límites objetivos a la obtención de mejoras salariales, o de ocrn era imposible mejorar el salario real. 4 Por otra parce, Marx tuvo una
tipo, dencro del sistema capitalista. Todo dependería de la "voluntad de .tctiva participación en la redacción del programa del Partido Obrero
luchar", o del grado de presión -sindical, a través de los representantes <le Francia, de 1880, que contenía una precisa lista de reivindicaciones
parlamentarios, etcétera- de los trabajadores. En esta visión, la relación económicas y democráticas. El cricerio general de Marx y Engels es
de fuerzas lo es todo. En cambio, de acuerdo al enfoque marxista, las luchar por mejoras dentro del sistema capitalista, y defender los obje-
mejoras salariales, o de las condiciones laborales, chocan en determina- tivos generales del socialismo. 5
do punto con límites derivados del poder económico del capital. Este doble carácter de la política socialista es explicitado en Sala-
Es significativo, este respecto, que la existencia de estos límites rio, precio y ganancia. En este escrito Marx sostiene que la clase obrera
fuera admitida, hace ya muchas décadas, por los mejores expo- debe esforzarse por "aprovechar todas las posibilidades que se le ofrez-
nentes del keynesianismo. Así, Michael Kalecki y Joan Robinson can para mejorar temporalmente su situación" (2010, pp. 80-1). Es
reconocieron que, superados ciertos umbrales, los aumentos de sala- que si no lo hiciera se vería "degradada en una masa uniforme de
rios pueden ser respondidos con aumentos de precios por parte de hombres desgraciados y quebrantados, sin salvación posible" (ibid.
los empresarios, desatando la inflación; o, alternativamente, una 81); y los trabajadores "se descalificarían sin duda para emprender
reducción de las ganancias debida a los aumentos salariales podría movimientos de mayor envergadura" (ibid.) . Sin embargo, aconseja a
fre nar la inversión. Por otra parte, en una situación de pleno empleo la clase obrera "no exagerar ante sus propios ojos el resultado final de
se debilitaría la autoridad del capital en los lugares del trabajo, lo que escas luchas diarias"; y no olvidar "que lucha contra los efectos, pero
también frenaría la inversión. 3 Pero una distribución más igualitar i.l no contra las causas de estos efectos; que lo que hace es contener el
del ingreso y el pleno empleo son los ejes del programa del keync- movimiento descendente, pero no cambiar su dirección; que aplica
sianismo de izquierda. paliativos, pero no cura la enfermedad (véase ibid.; énfasis afíadido).
En definitiva, los obreros deberían luchar sin hacerse ilusiones, y
siendo conscientes de que en la medida en que el capitalismo subsis-
Luchas reivindicativas y programa socialista ra, deberán emprender, una y otra vez, la pelea por el salario.6 Rosa

Si bien el marxismo plantea que la estrategia reformista tiene como


4. Según esa ley, los trabajadores en promedio reciben solo el salario m(iúmo, ne-
límite objetivo el poder económico del capital, no desconoce la luch.1 cesario para su reproducción fisiológica. Se crataría de un fenómeno natural, expli-
por reformas. Más aún, afirma que, si bien con las luchas reformfarn11 c.1do por la teoría de la población de Malchus. Por eso, siempre según esta teoría,
los trabajadores no pueden eliminar la explotación, sí pueden obten<·• los salarios también se mamendrían en el mínimo fisiológico bajo un régimen
socialista (véase Marx, 2000, pp. 23-4). En El Capital Marx demostró que el valor
de la fuerza de trabajo tiene un componente histórico y social, y por lo tanto la de-
terminación del salario es un fenómeno complejo, muy alejado de la simplificación
3. Kalecki deda que los capital.isras no deseaban el pleno empleo porque se debil it,11 í.1 malthusiana; véase también Salario. precio y ganancia.
la posición social del patrón, a la par que crecería la seguridad y conciencia de cl:fü· '5. La idea está formulada ya en El Manifiesto Comunista, cuando se afirma que
de los trabajadores, y se potenciarían las huelgas por aumentos de salarios y mejor." " [ .os comunistas luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase
laborales, creando tensión política. Por eso concluía que un capitalismo de pleno ,·111 obrera; pero, al mismo tiempo, defienden también, dentro del movimiento acmal,
pleo debería desarrollar nuevas instiruciones políticas y sociales para reflejar el podc·1 el porvenir de ese movimiento'' (Marx y Engels, 201 l , p. 73).
de la clase obrera, y si no pudiera hacerlo, "se revelaría como un sistema obsoleto, t¡lll 6. La idea de luchar si n ilusiones (csro es, sin falsas esperanzas) lo encontramos en
debería ser desechado" ( 1972, p. 429); véase también Robinson, 2009. los escritos juvenib d, M.11 ,c. En 1844 escribía: "Sobreponerse a la religión como

236 237
Luxemburg, en crítica al reformismo, también subrayó cslc aspcuo dt Marx en el seglln<lo pc:1íodo, el Prólogo a la primera edición de EL
del mensaje socialista, al comparar la lucha sindical con el trabajo dt" e 11pitlll, donde plamcó qut: los países menos desarrollados seguirían
Sísifo, con un "tejer y destejer" permanente (197 4, p. 72). 111t.·v itablemente el camino del país más desarrollado. 8 De acuerdo a
"ih,1nin, era una visión simplista, unilineal y evolucionista (1983, p.
',). Como ejemplo del pensamiento posterior a 1870, Shanin cita la
Interludio: la tesis del "giro" de 187 0 al reformismo l ,lila a Mijailovski, de fines de 1877, donde Marx sostiene que en El

<itpital no había pretendido elaborar "una teoría histórico-filosófica


A fin de profundizar en el estudio de la relación entre el marxismo y d dt la marcha general que el destino le impone a codo pueblo". Shanin
reformismo, es útil examinar la tesis de Sina Talachian (2016), quit.•11 dice que es un rechazo de Marx a la interpretación evolucionista,
afirma que el pensamiento de Marx tuvo tres grandes etapas -el perío rt.•lacionada con Rusia, de sus propios escritos (ibíd., p. 8). Talachian
do de j uvencud; la etapa 1843-4 a 1870; y la posterior a 1870- y q m· 11.noma entonces esta tesis de Shanin y sostiene que después de 1870
en la última habría aceptado el enfoque reform isra.7 Talachian soscierll' Marx había abandonado el "determinismo economicista", en parale-
que el Marx del segundo período (1844-1870) pensaba que la revolu lo a su giro al reformismo.9
ción era el único medio para la transición a la sociedad posr-capitafü Pues bien, pensamos que efectivamente Marx, en la década de
ta. Sin embargo, después de 1870 consideró que en Francia, Estadm 1870, adoptó un enfoque más abierto a posibles vías de desarrollo de
Unidos, Inglaterra y Países Bajos se abría la posibilidad de que Jo., las sociedades, incluidas las transiciones desde sociedades precapita-
trabajadores llegaran al poder por la vía pacífica. Las condiciones par,1 lisras al capitalismo. Sin embargo, es muy cuestionable que CSLO haya
ello eran el sufragio universal, una poderosa clase obrera (y un partido implicado un cambio sustancial de sus concepciones sobre las lcy<.!S
comunista), y tradiciones e instituciones democráticas. Lo cual pro económicas analizadas en El Capital, y en especial, sobre su naturaleza
baría que Marx había virado hacia una perspectiva reformista. objetiva. Por caso, lo expuesto en la parre económica del Anti-Diihring
Además, siempre según Talachian, ese giro habría ido de la mano -que fue escrita por Marx en 1877- no se diferencia, en lo esencial, de
de un cambio de perspectiva general, en el mismo sentido que lo los textos de las décadas de 1850 y 1860. De manera que, contra lo que
planteó Teodor Shanin en un muy citado trabajo, de 1983: en el dicen Shanin yTalachian, el Marx "del tercer período" mantuvo el mis-
período 1844-1870 Marx había intentado establecer "leyes" del pro- mo "determinismo economicista" del segundo. Por lo cual se impone
ceso histórico, y relaciones universales y causales invariantes, pero clarificar la cuestión del famoso "determinismo economicisca".
en los 1870 había adoptado una perspectiva más flexible, que tenía Aquí lo importante es diferenciar el determinismo mecánico, de
en cuenca los contextos particulares y las múltiples posibilidades de: otros cipos de determinismo. 10 Por ejemplo, si decimos que inevita-
desarrollo de las sociedades. Shanin cica, como ejemplo del enfoqlll· blemente el hijo de Juan será obrero porque Juan es obrero, estamos

la dicha ilusoria del pueblo es exigí r para esce una dicha real. EL pugnar por acab111 8. El pasaje compleco es: " ... no se erara aquí del mayor o menor grado alcanzado
con las ilusiones acerca de una situación, significa pedir que se acabe con fa situación en su desarrollo por los amagonismos sociales que resulcan de las leyes nacurales de
q"e necesita de ilusiones" (1987, p. 491; énfasis añadido). Y un poco más abajo: la producción capicalista. Se traca de estas leyes mismas, de esas tendencias que ope-
"Se erara de no dejar a los alemanes ni un inscance de cregua para la ilusión y l,1 ran y se imponen con férrea necesidad. El pafs indusrrialmence más desarrollado
resignación. Hay que hacer la opresión real aún más opresiva, añadiendo a ella /11 no hace sino mostrar al menos desarrollado la imagen de su propio fucuxo" (Marx,
conciencia de fa opresión, haciendo que la i_nfamia se vuelve codavía más infamanct, 1999, p. 7, t. l ).
al pregonarla" (ibid., p. 494; énfasis añadido).
9. Shanin no traca la cuestión de si Marx cuvo algún cambio con respecco al refor-
7. Hasta donde alcanza nuestro conocimiemo, esca periodización del desarrollo mismo después de 1870.
teórico de Marx fue plameada originaria.menee por Shanin ( 1983). l O. Sobre esca cuesción, véase Bunge, 1959.

238
239
ante un determinismo mecánico (o lineal). Si en cambio dcci11111\ 11lución. Es na cural t•nto1H.<:i. <¡lll.' luego, con el avance del sufragio y
que los hijos de la clase obrera, en promedio, estarán obligado, ,1 dl los derechos democráticos, y el crecí miento de los partidos socia-
vender su fuerza de crabajo al capital, estamos ante un determinis11111 l"1,1s, Marx considerara la posibilidad de un acceso al poder por vía
estadístico, que da cabida a los singulares que se desvían del pronll' l kclOral; máxime cuando se pisaba un terreno nuevo, inexplorado.
dio. El mismo razonamienco se aplica, por caso, a la determinado11 Sin embargo, esca posibilidad no hizo desaparecer de su pensa-
del valor de las mercancías por los tiempos de trabajo; o a leyes co,1111 I t1knto la necesidad de la transformaci6n revolucionaria de la economía
las referidas a la concencración del capital y la polarización social. l· 11 ) del Estado (eliminación del ejército burgués y de la burocracia, es-
estos casos se da lugar a desarrollos que no pueden anticiparse en "' t.thlecimienro de la Comuna). Por eso, hasta el final de sus días man-
particularidad (o singularidad) a partir de las leyes generales. Lo rn.d tuvo la necesidad de la revolución. Lo demuestran sus escritos sobre
no niega que esas leyes generales sean esenciales para comprender lm l,1 Comuna de París; o sus críticas al reformismo que crecía al interior
desarrollos particulares o singulares. Por ejemplo, la afirmación dt del Partido Socialdemócrata (véase más abajo). Lo que sí contempló
que ciertas leyes tienden a imponerse en codos los países capirnl1, Marx fue la posibilidad de que esa revolución transcurriera por carriles
tas, no implica que los desarrollos de todos los países sean idéncicm. p,1cíficos. Y en esto, no hay fórmulas prefijadas. De hecho, a princi-
como parece pretender Shanin (1983). Aunque esos desarrollos pa1 pios de septiembre de 1917, luego de la derrota del golpe de Kornilov,
ciculares o singulares solo se explican por las leyes generales. l.cnin consideró la posibilidad de que el poder pasara a los soviets por
Esca relación encre lo general universal, y lo particular, o singul.11, vía pacífica. ¿Diría por ello Talachian que Lenin había abrazado el re-
permite encender entonces por qué, en la carta a Mijailovsk:i, M:11" formismo? Además, la coma del poder en Octubre fue semi-pacífica. 11
sostuvo que "una vez que (Rusia] entre en el seno del régimen capi
talista, tendrá que someterse a las leyes inexorables, como cualquic.·1
otro pueblo" (Marx, 2017, pp. 3-4, énfasis agregado). Con ello 110 La crítica al estatismo burgués
queda decir que el desarrollo de Rusia sería igual al de Inglaterra,
por ejemplo, sino que esas leyes operarían, en el largo plazo, de fot Una idea arraigada en el socialismo burgués, o vulgar, es que las nacio-
ma inevitable, aunque sin anular las particularidades del capitalismo nalizaciones de empresas y el aumento de la injerencia del Estado en la
ruso. Pero codo esto implica que el corazón de la crítica de Marx .ti econorn1a nos acercan al socialismo. Incluso militantes y partidos que
reformismo -a su creencia de que las leyes de la discribución no están adhieren al marxismo comparten esta creencia. Sin embargo, desde un
determinadas por las relaciones de propiedad y que se pueden modi análisis materialista, no hay razones para sostener semejante cosa. Es
ficar a voluntad- se mantiene, canto anees como después de 1870. L.1 que la estacización, por parte del Estado burgués, de algunos medios
tesis de Talachian pai·ece difícil de encajar con este hecho. de producción, no altera el carácter capitalista de la producción. Más
En lo que respecta a que Marx en los 1870 habría virado hacia ,·1 aún, existen muchos ejemplos históricos de cómo l.as escatizaciones
reformismo porque contempló la posibilidad de un acceso de la clast.' promovieron o protegieron al modo de producción capitalista. Para
obrera por vía electoral y pacífica, es de observar que la cuestión dr
la vía revolucionaria siempre dependió del contexto histórico y soci.1J
en que se desenvuelve la lucha de clases. Incluso Talachian ex.plic.1 11. Aunque poco después la República Soviética fue invadida y atacada por la
que "el universalismo revolucionario" de Marx posterior a la revolu contrarrevolución. Además, la experiencia de "la vía chilena al socialismo", en los
1970, y lo ocurrido en Indonesia a mediados de los 1960 -asesinato de ciemos de
ción de 1848 tuvo como contexto el fortalecimiento de regímenc.·, miles de comunistas por el Ejército- parecen evidenciar que la clase dominante
autocráticos en Europa, ante los cuales la única alternativa era la re intentará bloquear, por todos los medios, la transición pacífica al socialismo.

240 241
mencionar solo .tlgunos tasos: En P1u1,1.1, l'll <.:I 11iglo XVI 11, d E,1.ulu 111,, \ un.1 abolición, sino u11.1 .1ht·r.1cion en la forma de explotación;
dirigido por Federico el Grande, fundó í.íbrica11 ccxliles, de rnccak....11 1 11 l.1\ repúblicas de rranci.1, SuiLJ y América no menos que en la
mamenco, refinado de azúcar, encre otras (véase Chang, 2009, p. J (,()) 1111111.nquica y despótica Europa Central y del Este" (Marx y Engels,
También Bismarck promovió empresas estatales (véase más abajo). 1>r 'll I O, p. 152, vol. 49; énfasis agregado).
la misma manera, en el siglo XIX el Estado Meiji, en Japón, escabkl 111 l.11 npoco Marx encontró algo esencialmente progresista, o de nacu-
empresas de acero, construcción naval, minería, textiles, que luego f11( r tlc·,.1 "socialista", en el fortalecimiento del Estado capitalista. Por ejem-
ron privatizadas (ibid.•). En Argentina, en la década de 1930, gobi<..:rncl plo. en El 18 Brumario de luis Bonaparte señ.aló que "el Escado tiene
conservadores promovieron controles estatales y empresas estatale\. 1 n lll ul.1, fiscalizada, regulada, vigilada y tu celada a la sociedad civil. .. este
Inglaterra, entre 1946 y 1951, se nacionalizó el Banco de lnglacrrr.1, 1..m 1po parasitario adquiere, por medio de una centralización excraor-
las minas de carbón, la aviación civil, los transportes, la producción dt d11wia, una ubicuidad, una omnjsciencia, una capacidad acelerada de
electricidad y gas, las industrias del hierro y el acero. Otros casos car.tl 111m imientos y una elasticidad que sólo encuentran correspondencia

cerfscicos son los capiralismos de Esrado en Singapur y Taiwán; o m.i, t 11 1.1 dependencia desamparada, en el carácter caóticameme informe
recientemente, en China. Ninguna de estas políticas dio por resulmd u del améncico cuerpo social ... " (2003, p. 52). En otro pasaje se refiere
que la clase obrera se liberara de las cadenas del capital. .,1 Fscado como ese "espantoso organismo parasitario que se cine como
Tal vez esto ayude a comprender por qué Marx y Engels no con 1111.1 red al cuerpo de la sociedad francesa y le tapona codos los poros"

sideraron al estatismo en sí mismo "socialista", ni beneficioso par.1 (1hid., p. 104).


la clase obrera. Por caso Engels, refiriéndose a las estatizaciones t•n Pero incluso cuando escribió sobre intervenciones del Estado que
Alemania, decía: " ... desde que Bismarck emprendió el camino de l., protegían a la clase obrera -limitación de la jornada de trabajo, pro-
nacionalización, ha surgido una especie de falso socialismo, que dt· l11bici6n del crabajo infantil-, destacó su car.kter capitalista, y de qué
genera alguna que otra vez en un tipo especial de socialismo sumiso\' manera también beneficiaban al capital "en general" (véase M arx,
servil, que en todo acto de nacionalización, hasta en los dictados pt;r 1999, caps. 8 y 13, t. 1). Por orra parce, calificó de "panacea socialis-
12
Bismarck, ve una medida socialista. Si la nacionalización del tabaco 1,t" la demanda de estacización de la renca de la tierra en EEUU ; y
fuese socialismo, habría que incluir entre los fundadores del sociali, l ricicó las cooperativas de erabajo promovidas por Bismarck porque
13
mo a Napoleón y a Meccernich. Cuando el Estado belga, por razom·, ,ignificaban un factor de sumisión y control de La clase obrera. En el
políticas y financieras perfeccamence vulgares, decidió construir por
su cuenca las principales líneas férreas del país, o cuando Bismarck, 12. Véase la carca de Mane a Sorge, del 20 de junio de 1881. En ella explica que la
sin que ninguna necesidad económica lo impulsase a ello, nacion,t , 1propiaciónde la renca de la tierra por parte del Estado fue una de muchas otras
fizó las líneas más importantes de la red ferroviaria de Prusia, pur.1 medidas transicionales contenidas en EL Manifiesto Comunista; medidas que "son,
} no pueden no serlo, contradictorias en sí mismas" (Marx y Engels, 2010, p. 100,
y simplemente para así poder manejarlas y aprovecharlas mejor en
vol. 46). Luego: "Todos estos 'socialisras' desde Colins tienen esto en comi'.in -per-
caso de guerra, para convertir al personal de ferrocarriles en ganado miten que subsista el trabajo asalariado y por lo tanto la producción capitalista, al
electoral sumiso al gobierno y. sobre codo, para procurarse una nuev.1 Liempo que se esfuerzan en hacer creer a ellos mismos y al mundo que la tra11sfor-
fuente de ingresos sustraída a la fiscalización del parlamento, todm mación de la renca en impuesto pagado al Estado debe traer la desaparición auto-
mática de todos los abusos del régimen capitalista. Por lo tanto coda la cosa es solo
esas medidas no tenían, ni directa ni indirectamente, ni consciente ni in -
un intento, disfrazado con socialismo, de salvar al régimen capitalista e, incluso, de
conscientemente, nada de socialistas" (Engels, 1975, p. 152, nora, én n:scablecerlo sobre una base más amplia que en el prcsence" (ibid., p. 101 ).
fasis agregado). Años más tarde, también afirmaba que "en canco 1,1' t 3. Por ejemplo, en cana a Engels: " ... la ayuda del gobierno Real Prusiano a las
clases propietarias permanezcan al mando, cualquier nacionalización sociedades cooperativas ... can:ce de valor como medida económica, en canco que

242
mismo sentido Engels sostuvo que las rdo, m,1s urbaníscicas en París, .ll· l·r,rncia, observaba M;11 x,
no podf.i escapar a la ley económica. Por
de Haussmann, además del aspecco milirnr, tenían el objetivo de "for , "º•si existía déficit en la balanza comercial, el mismo no se podía
mar un proletariado de la construcción específicamente bonaparti,,.1 II mrd iar creando signos monetarios; ni el Banco de Francia tenía el
y dependiente del gobierno" (Engels, 2006, p. 76, énfasis añadido). poder para solucionar el problema. Tampoco podía dejar de elevar
A pesar de su importancia, la tradición ami-esracisra del marxismo 1,,1 l I L.isa de interés cuando se endurecían las condiciones del crédito
sido olvidada, o ignorada, por generaciones de marxistas.
(w.1se Marx, 1989, pp. 37 y ss., t. 1).
A pesar de los problemas que encierran , las propuestas de reformas
111onetarias para solucionar los problemas del capitalismo resurgen
Reformadores del sistema monetario
1111:t y otra vez. Por ejemplo, en la Teoría General Keynes citó extensa
, aprobatoriamente a Silvio Gesell, quien pensaba que si se erosio-
Entre los remedios que se han propuesto para eliminar los males dd 11,tba el rol del dinero como reserva de valor, y si se reducía la tasa
sistema capitalista, las reformas monetarias ocupan un rol destacado. d(.· interés, se eliminarían los frenos para el crecimiento del "capital
En el siglo XIX, socialistas ricardianos y proudhonianos abogaron por ,eal" (véase Keynes, 1986, pp. 312-6). Su propuesta implicaba una
este tipo de medidas. Por ejemplo, el ricardiano John Gray sosreni.1 l'COnomía capitalista que funcionara según la ley de Say -el dinero
que era necesario reemplazar el dinero por bonos, emitidos por un 110 se atesora-, convirtiendo a coda mercancía en dinero. Se trata de
banco central, que representaran tiempo de trabajo. Lo cual signiíi ttna solución fantástica del mismo tenor que la propuesta por Gray.
caba suponer que el trabajo contenido en las mercancías fuera inm(.' Otra variante de este tipo de programas postula reemplazar el
diacamente social, sin alterar la producción basada en la propiedad mercado, cal como lo conocemos, por una economía de trueque.
privada (véase Marx, 1981, p. 71). Sin embargo, la realidad es que d Por ejemplo, durante la crisis argentina de 2001 se realizaron varios
trabajo privado contenido en una mercancía no se puede cransforrn,11 intentos para establecer mercados de trueque. Pero rápidamente el
en social por el mero hecho "de que un banco crea en ello y operl· trueque se demostró inviable, y los "mercados popuJares" comenza-
en conformidad" (ibid., p. 72). No hay forma entonces de poner en ron a emitir dinero. Proliferaron entonces billetes "populares" genui-
práctica semejante reforma. l
nos mezclados con billetes rrasos, y el expenmenco
. ' fracaso.
, 14
Marx también criticó la reforma monetaria que había ideado Al
fred Darirnon, seguidor de Proudhon. Darimon proponía ellmina,
la convertibilidad de los billetes de banco, y cualquier otra asigna
ción reembolsable en oro y en plata (como los depósitos). De est,1
14. Aunque desde un enfoque ideológico muy distinto del que defienden los refor-
manera, el oro y la placa serían mercancías como las otras o, más madores progresistas de izquierda, Friedrich Hayek, de La escuela ausrriaca, propuso
precisamente, todas las mercancías pasarían a ser medios de cambio el rcemplaw del dinero emitido por los bancos cenrrales, por dinero privado. En csre
con el mismo rango que el oro y la plata. Pensaba que así el Banco dt• esquema, las empresas podrían emitir monedas fiduciarias que entrarían en compe-
tencia (véase Hayek, 1996). D e nuevo, se trata de un programa imposible de aplicar
Francia podría tener un control absoluto del crédito. Pero el Banco
en el capitalismo. Es que no habría forma de estabilizar, en canto deben ser encarna-
ción de valor, a los muchos dineros en competencia, emicidos por particulares. Para
verlo de manera práctica, ¿de qué manera se habría establecido, en 2007, por ejem-
al mismo riempo sirve para extender el sistema de tu relaje, corrompe a una parre: dt plo, el valor encarnado en los dineros emitidos por Lehman Brochers, Bears o Gene-
la clase obrera y mutila el movimiento" (M arx y Engels, 20 JO, p. 96, vol. 42). E11 ral Mocors? ¿Había que analizar los balances de estas empresas antes de aceptarlos?
la Crítica del programa de Gotha sostuvo que las cooperacivas solo tenfan valor ''c 11 Pensemos ahora en 10.000 o más empresas, emitiendo cada una su dinero particular.
cuanto son creaciones independicnrcs de lo~ prQpio~ obreros, no protegidas ni por Lo que los institucion,,liscas llaman "coseos de transacción" serían descomunales, im-
los gobieroos ni por los burgueses" (M.irx, 2000, ¡1. 26).
posibilicando la valid.1d(111 de lo, tiempos de trabajo privado en el mercado.

244
245
Bajar por decreto la tasa de interés, o eliminar el interés 11 uyor dcc;arrollu d<. l.,,
li1l'11.1, p10Juuiv.~ y genera mejores condi-
l 1oncs para la futura sotialtnLion. E.sea pcrspecúva fue desarrollada por
Otra propuesta reformista muy popular es bajar la tasa de interés, o M.mc en muchos pasajes de su obra madura. Por ejemplo, en EL Capital
incluso suprimirla. Por ejemplo Proudhon pensaba que no había nada <.Xplicó cómo la generalización de las leyes fabriles aceleraba la concen-
más fácil que bajar el interés al uno por ciento mediante un decrero. tración del capital y contribuía a "aniquilar Las esferas de la pequeña
Sin embargo, dejaba intactas las condiciones que generan la tasa de in- empresa y de la industria domiciliaria" (1999, p. 606-7, t. 1). Lo cual
terés. Lo cual implicaba pasar por aleo "la conexión entre las leyes del hacía que "madmen las condiciones materiales y la combinación social
Estado y las condiciones de producción" (Engels, 1971, pp. 138-9). del proceso de producción hace madurar las contradicciones y anta-
Pero dadas las condiciones materiales de producción, si se decretara gonismos de la forma capitalista de ese proceso, y por ende, al mismo
una baja de la casa de interés ello no impediría que la misma conti- t icmpo, los elementos creadores de una nueva sociedad y los factores que
nuase siendo regulada por las leyes económicas (véase ibid.). Y aun si tmstmecan la vieja" (ibid., pp. 608-9; énfasis agregado).
fuese posible eliminar el interés, los rentistas, en lugar de prestar sus Todo apunta, por lo ramo, a la misma conclusión: el objetivo de
capitales, los invercirían por su cuenca en empresas industriales pro- la clase obrera debería ser socializar los medios de producción , y no
pias o en sociedades por acciones. En ese caso, concluía Engels, "[!]a \ll desguace; o su reparro en pequeñas unidades para que produz-
masa de la plusvalía arrancada a la clase obrera por la clase capitalista c.:an privadamente. Esta postura se extiende a la pequeña propiedad
seguiría siendo la misma: solo su reparto se modificaría, y no mucho" c.ampesina. 16
(ibid., 139). 15 Agreguemos que la crítica de Marx y Engels al socialismo pequeño
burgués estableció los fundamentos de la crítica de los marxistas al
populismo ruso. El populismo negaba la progresividad histórica del
La crítica al socialismo pequeño-burgués capitalismo e intentaba implantar en Rusia una suerte de socialismo
basado en la comuna campesina y la pequeña propiedad campesina o
Marx y Engels también fueron críticos del socialismo que defiende la .mesana. Respaldados en el análisis del desarrollo del capitalismo ruso
pequeña unidad productiva frente al avance de la gran empresa. Esto de fines de siglo XIX, los marxistas consideraron que era imposible
explica por qué en El Manifiesto Comunista sostuvieron que en Ale- implantar el socialismo a partir de las antiguas relaciones comunales;
mania "el Partido Comunista lucha al lado de la burguesía, en canco estas ya habían alcanzado un alro grado de descomposición. Por eso
esca actúa revolucionariamenre contra la monarquía absoluta, la gran Lenin destacó la diferenciación de clases, la exploración, la miseria y
propiedad territorial feudal y la pequeña burguesía reaccionaria" (p. el arraso que encerraban las aldeas y sus "economías populares". Es-
74, énfasis añadido). cribía: "Esca masa de pequeños exploradores rurales es una fuerza te-
Es que la concentración de los medios de producción permite un

16. Sobre el programa para los campesinos en Alemania, Engcls sostenía, en 1874,
15. También Marx, en la carra a Schweirzer, de 1865, ya citada: " ... es una fonra, 1•1 que los obreros agrícolas solo podían salir de la miseria si "la tierra ... es arrancada a
genuinamente pequeñoburguesa considerar que el capital que produce inrett•,n la propiedad privada de los grandes señores feudales}' convercida en propiedad so-
es la forma principal del capital y tratar de convertir una aplicación panicul.ir drl dal, cultivada colectivamente por cooperativas de obreros agrícolas" (Engels, 1970,
crédito -una supuesta abolición del interés- en la base de la transformación e.le 1,1 p. 28). Y los pequeños campesinos, explotados por los "capitalistas usureros" debe-
sociedad. En efecro, esta fanrasía ya había sido minuciosamenre desarrollada p111 r1:1n ser convencidos de que la salida era un gobierno de la clase obrera (ibid., pp.
los portavoces económicos de la pequeña burguesía inglesa del siglo .XVI[" (M.11 ,, 27-8). Nunca el marxi~nrn con,idcró que la emrcga de rierra en propiedad privada
1981 , p. 166). íuera una medida ,ou.,ll\11; por m.h pequeña que íuera esa propiedad.

246 247
mtblc, en e)pt·d.d po1t1ue oprime .al tr.1b.1j.1dor t¡uc ,c cnt11'-·1111, h111 g11l·~1.\, un imcnto lk· f.,t11.11lo~ y pnsu,1dirlos; en lugar de desa-
y aislado, porque lo amarra a su yugo y lo priva <lt: tod.1 t'\11 , 11 ltl 1ni,tcnc.ia al maltrato Jt:,dc arriba, humilde sumisión y con-
de liberación ... ". Y consideraba progresista el desarrollo c.1pi1il I 111 1k 1.¡uc el castigo era merecido. ( ... ) Las personas que en 1848
"Si se compara esta aldea reaJ con nuestro capiralismo ~e <..0111p1 1 11, 111111 en la arena como demócratas burgueses, hoy podrían muy
derá por qué los socialdemócratas consideran progresista el P·'I' 1 1 1 11 11.unarsc a sí mismos socialdemócratas" (ibid., p. 406). Observe-
nuestro capicaJismo, cuando este concenua esos pequeño~ nw11 1il 1111 1 unbién que parece muy difícil conciliar esta carra circular con la
dispersos en un mercado que abarca coda Rusia ... cuando romp1 1 1 ,~ dt t¡ue Marx habría girado hacia el reformismo después de 1870.
subordinación del trabajador a chupasangres locales y lo subo1d1n I
gran capital. Esta subordinación es progresista en comparacio11 1
aquella ... " (Len.in, l970a, p. 251, OC, t. 1). 17 1 ,hktnos y revisionistas, y respuestas marxistas

lrn,tles del siglo XIX se elaboraron muchas de las ideas que anima-
La crítica aJ reformismo en la socialdemocracia l 111 luego a codo cipo de socialismos reformistas. En sus líneas gene-
' dr, el enfoque fue establecido por los fabianos. 18
Mencionemos por último la crítica de Marx y Engels al refor111i"n I os fabianos sostenían que a lo largo del siglo XIX la propiedad
que crecía, en las últimas décadas del siglo XIX, al interior de l., , ¡111v.1da de los medios de producción había sido regulada con éxito
cia1democracia. Tal vez el texto más representativo sea la carca ciH 11111 pt11 el Esrado, y que la historia económica del siglo era un registro

que enviaron a dirigentes del Partido Socialdemócrata, con fech, 1 1 il,· rnntinuo progreso del socialismo (véase Wcbb, en Shaw, 1889,
18 de setiembre de 1879. En ella criticaron a los que reclamaban q11 I' · 11 ). Esa nueva organjzación social era por lo canto el resultado
la Socialdemocracia fuera "un partido multilateral de todos los qul , d, l.1 Revolución Industrial y del "irresistible progreso de la dc-
cén imbuidos de un verdadero amor por la humanidad", y planw.il1.1 11 11wuacia" (ibid., p. 13); en consecuencia, los cambios debían ser
que la clase obrera debía ponerse "bajo la dirección de burguese~ L·d11 "tlcrnocrácicos, gradua1es ... constitucionales y pacíficos" (ibid., p.
cados y con propiedades, los únicos que poseen el tiempo y las op, 11 111). Webb aseguraba que la intervención del poder político había
tunidades para informarse de lo que es bueno para los obreros" (~t11 limitado "la competición anárquica de la codicia privada" (ibid., p.
y Engels, 2010, p. 403, vol. 45). Los reformistas también pedían t¡11< l3). Su conclusión era que, con la profundización de la democra-
el Partido abandonara la perspectiva de la revolución para "segu11 , 1
camino de la legalidad, es decir, de la reforma" (ibid., p. 404). 1 11
la carca Marx y Engels sinterizaban: "En lugar de resuelta oposic11111 I H La Sociedad Fabiana se formó en lnglaterra, en 1883. Como anoca Sweezy, el
f.ihianismo precedió al revisionismo. Cuando Bernsrein fue exiliado por Bismarck,
política, conciliación general; en lugar de lucha contra el gobierno ,
,t refugió en Londres, donde esruvo en estrecho contacto con los fabianos. Poco
Jt·,pués de volver a Alemania, publicó, en 1899, las premisas del socialismo y lm
111 ,rns de la socialdemocracia, donde aracó al marxismo y abogó por un camino
17. Esta posrura dd marxismo puede sorprender, ya que hoy mucha genrc Je 1i Je reformas y gradual, abandonando codo proyecro revolucionario {véase Sweezy,
quierda, incluso marxisras, piensa que, por alguna razón, el pequeño comercí,mn 1953, pp. 134-5). Escribe Sweezy: "cuando el fabianismo apareció en el continen-
o iodumial es más democrárico y progresisca que el gran capital. Sin embargo. eII te, \e le dio el nombre de ' revisionismo', esco es, de un movimiento basado en una
repetidas oportunidades esa pequeña burguesía "nacional e industriosa" ha conlm pretendida 'revisión' del marxismo. Pero en cuanto al contenido, el fabianismo y el
mado la base social de partidos y movi miemos abierta menee reaccionarios. P.1ra d II revi~ionismo son hermanos de sangre, o quizá debiera decir 'padre e hijo', porque
solo algunos ejemplos recientes, mencionemos la base social de la Liga del No, 1, 1•1 nco la prioridad del fabianismo como la dirccca relación encre el fabianismo y el
de Italia; y del Tea Parry de EEUU. rcvisionhmo ,on hechos demosmJos" (p. 13'1).

248 249
cia, el advenimienco gradual del socialismo c11c,1ba asegurado."' M>,. ' 1 Los marxirn1s argu1rn.·1H.1wn qllc, contra lo que decía Bernstein,
La oua expresión "clásica" del reformismo e~. por supucsro, lk111 110 habían desaparecido l.1 .marquía de la producción capitalista ni las

stein, quien propuso "revisar" -en realidad, cambiar radicalmcnH u i,is de sobreproducción. u Por el contrario, las contradicciones del
las ideas centrales de Marx y Engels, incluida la teoría del valor I q>iLalismo se agudizaban, y se acentuaba la polarización social. En el

de la plusvalía.20 Bernstein planteó que, conua la polarización \01.1.11 pl.1110 internacional, el proteccionismo, el colonialismo y las carreras
prevista por Marx, crecía la clase media y amplias capas de la el.,,, II numencistas entre las potencias empujaban a crecientes conflictos y

obrera accedían a ella. Además, las grandes empresas y las coalitiom g11crras. En cuanto a las reformas y concesiones de la burguesía, tenían
empresarias regulaban la producción, evitando las crisis y la Jll.ll 1111 carácter dual, ya que mejoraban la situación de la clase obrera, pero
quía capitalista. De manera que no se verificaba la teoría de M.11 111mbién eran un instrumento de dominación del capital y el Estado. 23
del "derrumbe" capicalisca, ni la polarización social creciente. Po, l,1 \1kmás, dado que la conciencia socialista no surgía espontáneamente
canco la socialdemocracia debía abandonar el objetivo de la w111 1 ,k· l.1s luchas económicas, la principal tarea de la socialdemocracia era
del poder político, para abocarse a la elevación de la clase obrer,\ } l I l.1 crítica del capitalismo y la agitación por el programa socialista.
implantación, mediante reformas, del socialismo. Los medio\ p.11
lograrlo eran la ampliación del control social y de los derechos dt l I
municipalidades; la extensión de las cooperativas; y el forcalecim1t II Fl reformismo se recicla
co de las organizaciones sindicales, las cuales llevaban a "desu11i1 e I
absolutismo del capitalismo y procurar para el obrero una infllll t1\ 1i I n la actualidad las corrientes reformistas tienen múltiples cxprc
directa en la administración de una indusrria" (Bernscein, 19(,Ci I' iones. Entre ellas figuran los partidos comunistas acomodado11 .1 lo\
114). Agreguemos que Bernscein aprobaba el colon ialismo: " lI 1111l·vos tiempos pose-caída del Muro de Berlín; los movimientos na-
democracia social alemana no tiene nada que temer de la pol1111 1 1 1011alistas burgueses y peque110 burgueses en los países atrasados; y

colonial del imperio alemán" (ibid., p. 131). 111\ partidos y reformadores sociales, que se ubican en el "progresis-
El debate sobre el revisionismo ocupó a los más destacado, 1\ ¡ir ,
sencances del ala izquierda de la socialdemocracia. Entre ello,. l{u I
Luxemburg, con su conocido folleto Reforma o revolución, y Lc11i11. q11 .U . FI artículo "Marxismo y reformismo", de septiembre de 1913, sintetiza las
escribió numerosos artículos criticando a Bernstein y sus seguido11 ·, ni el revisionismo; véase Lenin,1970b, pp. 123-6,
1•1111l 1pales ideas de Lenin sobre
I ll).

' 1 a discusión sobre si las crisis capiraliscas habían sido superadas enlazó con un
d, h 11e sobre si el capitalismo colapsaría por causas purameme económicas. En su
I ni( nuca con Bernsrein Rosa Luxemburg sostuvo que el sistema capitalista avanza-
19. Sweezy señala que, según esre enfoque, el socialismo impregnarí.1 111n1 1111 !,., 111cxorablemence hacia el derrumbe. La tesis del derrumbe del capitalismo tuvo
mente a co<las las clases y codos los partidos, y por consiguienre "no h.1~ ne, 1 1 1111d.uios y críticos tanto en la derecha y como en la izquierda de la socialdemo-
de un partido político socialista separado, con un programa y una e\11,11qt1• ¡ , 1 1, 1.1. Para un panorama de esca polémica puede consultarse Colletti, 1983.

pios". Pero esta concepción coexistió en el fabianismo con otra, que ,u,1rn11 <111 3 l'or ejemplo, en 1911 Lenin planteaba que la burguesía de Europa y Norceamé-
desarrollo de la sociedad favorecía el crecimiento del socialismo, «pero MI d1 1111! 111 .1, 1cprcscncada por sus ideólogos, "se pronuncia cada vez con mayor frecuencia

introducción solo puede ser consecuencia de la acción consciente <le 1111 p 111 1 11 ddcn:,a de las llamadas reformas sociales, para contrarrestar la idea de la revolu-
separadamente organizado, que desarrolle una lucha política cominuJ l 111111 111 1 111111 ,ocia l. No se erara de liberalismo contra socialismo, sino de reformismo conrra
los partidos burgueses" (Sweezy, 1974, p. 138). r 11l11dón socialisca; esta es la fórmula de la burguesía culta y "avanzada" de nues-
20. Probablemente bajo influencia de los fabianos, Bernsrein a<lhu i{, ,1 h1 1 II rn d1,11,. [ ... ] reformas cernera revolución, parches del régimen que sucumbe, a fin
subjetiva del valor. También Shaw y otros fobianos habían adhcri<lo .1 l.l 1c,,1( i1 d I\ idir y debiln.tr .1 l.1 d.1~c obrera. de conservar el poder de la burguesía contra
valor basado en la utilidad marginal, por inll11,·nu.1 de Jevons. Id, 1rnr.unienrn rcvol11< ion.11 io de t·\e po<ler" (Lcnin, 1970c, p. 236).

250 7c:¡ 1
mo", o en las cradiciones <le la socialdemou,1<.i,1. En la mayo11.1 d, l.o imponantc p.11.1 lo qm· noi. oc.upa es que en esta coyuncu-
los casos, sus programas se reducen a un keynesianismo izquierc.11,1.1, 1.1 una parce sustancial Jcl reformismo izquierdista profundizó el
más o menos remozado. En lo que sigue analizarnos brevemenw t'\1.1 l\cynesianismo bastardo. o hidráulico. La idea central que anima a
variante del reformismo, y tres propuestas que han logrado cic:11 1 l'SlOS programas es sostener la demanda poniendo el acento en el
audiencia: acabar la desocupación repartiendo las horas de trab.1¡11 lUnsumo y el gaseo estatal (sea mediante subsidios al consumo, o
establecer el conrrol de precios por el Estado; y entregar una R1..·r11.i l'mpleo público); a lo que se agrega, en muchos casos, una dosis de
Básica Ciudadana. proteccionismo.
El problema con esce planteo es que el gasto estatal no constituye
a) Keynesianismo bastardo ''de izquierda" 1111a fuente autónoma de demanda. En orcos términos, para que el Es-

A poco de publicada la Teoría General, las ideas centrales de Keynt'N tado pueda recaudar los impuestos que cubran el gasto, es necesario
fueron adaptadas a la economía ortodoxa, dando lugar a la llam.1d.1 (¡ue haya trabajo productivo que genere valor y plusvalía (o sea, no el
síntesis neoclásica-keynesiana. Se trató, en sustancia, de un modelo d, cipo de trabajo que "encierra y desencierra botellas" para generar de-
equilibrio walrasiano, pero con "imperfecciones". Una de las consc. manda). Si esto no se cumple, y el gasto supera a los ingresos, habrá
cuendas que se desprendía de este enfoque fue que, con alguna do\!, déficit que solo puede ser cubierto con deuda, o emisión monetaria.
de estímulo monetario y gasto fiscal, las economías capitaliscas podí.111 En consecuencia, la demanda no podrá sostenerse indefinidamente
mantener niveles de producto cercanos al pleno empleo, y super.11 por esta vía. 25 En otros términos, el gasto estatal no puede solucionr1r
las recesiones o depresiones económicas. Aunque los keynesianos d(.
izquierda, con cenrro en Cambridge, Inglaterra, llamaron "bastardo".
o "hidráulico", a ese keynesianismo tipo "manual de Samuelson", lo rrevolución canco en la teoría económica como en la política" (ibid.). Pero ... ¿cómo
cierto es que con ese encuadre se administró la política económica du se explica este contragolpe si las cosas marchaban de maravillas? Más precisamente,
·cómo se puede dar cuenta de la rapidez con que ganaron terreno los monerarisras,
rante el boom de posguerra. Sin embargo, en los 1970, y en respuest,l
los ofertistas, los "nuevos-nuevos clásicos", y similares, al margen de la crisis de
a la crisis capitalista, la ortodoxia keynesiana adoptó enfoques cada ve.:, acumulación de 1974-5, y d~ la necesidad de la burguesía de restablecer la casa de
más marcadamente neoclásicos, reduciendo al mínimo el componen rentabilidad del capital? incluso Davidson admite que dmk 1973 el crecimiento
te de "keynesianismo" de sus recetas. En respuesta, los keynesianos de. económico de muchos países se redujo significativamente (ibid., p. 3). Pero a co-
mienzos de los 1970 dominaban las políticas keynesianas. ¿Por qué entonces esa
izquierda, que pasaron a ser conocidos como poskeynesianos, profun
caída del crecimiento desde 1973? Una respuesta es la que ha dado el marxismo: a
dizaron sus crítkas al mainstream. Pero con ese movimiento mucho, mediados de los 1970 estalló una crisis de sobreacumulación capitalisra, frente a la
poskeynesianos ahora parecen idealizar al keynesianismo del boom, cual las políticas keynesianas poco pudieron hacer. Sin embargo, ¿cuál es la expli-
y reclaman la vuelta a las políticas de esámulo de la demanda de lo, cación de los poskeynesianos? ¿Decir que los líderes políticos y sus consejeros no
años dorados. 24 habían entendido del todo a Keynes? Es una explicación subjerivista, casi capricho-
sa. Pero es funcional a la idea de que los males del capitalismo se arreglan con más
intervención estatal. El keynesianismo de izquierda se alimenta de esta fantasía.
25. Precisemos que Keynes no proponía mantener déficits gubernamentales como
24. Véase, por ejemplo, Oavidson (2009), referente de la escuela poskeynesiana en parce de su polícica de pleno empleo. Por el conuario, cuando fue funcionario del
EEUU. Davidson sostiene que, a pesar de que el pensamiento "revolucionario" e.le Tesoro, en la década de 1940, aconsejó separar los ítems del capical y de los gascos
Keynes fue mal comprendido por la mayoría de los economistas profesionales, "I," corrientes en cuencas separadas. Los gastos públicos de inversión aparecerían en el
prescripciones de política de Keynes fueron seguidas por los gobiernos poscerio,c, presupuesto de capital, y serían financiados con deuda o con el cobro de servicios
a la Segunda Guerra, para desarrollar condiciones económicas prósperas" (p. 2) a \os usuarios. En cuanto al presupuesto ordinario, si se mantenía el pleno empleo,
Según Davidson, gracias a ello las economías crecieron y se redujeron las desiguJl debería esrar equilibrado en el largo plazo, de manera que la deuda pública bajara en
dades sociales. Sin embargo, también dice que "por los 1970 ocurrió una comr.1 términos del ingreso n.,cional (véase por ejemplo Kregel, 1985; Seccareccia, 1995).

252 25J
una crisis de ,1rnm1tl11ci<>11. Lo c.ual se evi<lc..·nt.ia en el hecho <lt: q11t l I ,,.1h.1jop11rt-1i111eak.rn1,1h.1 d 1 , 1% dd desempleo total. De nuevo:
poiícicas "keyncsianas pop ulistas", cuando se aplicaron, tcrm i11.11, 111 l I lq puede decir much,1' c:o~.l..,, pero lo que importa son las condi-
casi invariablemente, en inflación, fugas de capitales, caída d<.: l.1 tl1 1 1ot1l'S económicas y sociales bajo las que el capical contraca, o no, a

manda, elevado endeudamiento, y por último, en crisis camb1.111.1~ l I tuerza de trabajo.


financieras. Ocurrió, por ejemplo, en muchos países de Améril.1 1 1
tina a lo largo de las últimas décadas. Peor aún, en reperidas oca,111111 r) Control de p recios
estas crisis constituyeron la base del consenso político para impo111 r 1 ., otra propuesta reformista, destinada a controlar la inflación. Par-
programas de "ajuste" o neoliberales.26 También ocurrió que 101, 11 11, dd.Hios del "socialismo de Estado", nacionalistas de izquierda, sindi-
mos movimientos o partidos "keynesianos" aplicaron los "aj mil~ l,tliscas progresistas, economiscas de izquierda y coda clase de "amigos
cuando las crisis les estallaron en las manos. dd pueblo" son entusiastas defensores del control de precios por par-
te del Estado. El argumento es: 1) los precios son manejados por un
b) Eliminar la desocupación repartiendo las horas de trabajo puñado de formadores de precios"; 2) la inflación es obra de esos
En Argentina, y en otros países, se ha propuesto reducir la jo111.1d I grupos; 3) pero los precios pueden manejarse desde el Estado, a con-
de rrabajo (paralelamente aumentar los salarios), con el objetivo d, dición de que el pueblo ejerza la suficiente presión.
acabar el desempleo. No se reclama reducir la jornada de trabajo p.11 , Una vez más, estamos ante un programa voluncarisca e idealista,
impedir un desgaste excesivo de la fuerza de trabajo, como ocu 11 111 que parece pasar por aleo que la ley del valor trabajo es el resultado
cuando la lucha obrera por las 10 horas de crabajo, y luego por l., natural de la producción basada en la propiedad privada. Es la razón
ocho horas, sino que ahora el objetivo es eliminar la desocupacion Je fondo que explica por qué no hay forma de establecer precios
D e nuevo, se erara de un objetivo imposible en canco permane:,u l l para millones de productos - a lo que deberían agregarse, salarios,
capitalismo, ya que la mecanización, las crisis periódicas y las hudg.1 casas de rentabilidad, remas, intereses- desde el Estado capicaJisca,
de inversiones no pueden eliminarse mediante la reducción de la ¡01 y sin transgredir los sacrosantos derechos de la propiedad privada.
nada de trabajo. Pero además, lo que nos dice la teoría de nuevo es confirmado por la
Pero además de lo que dice la ceoría, esrá la frustrante experienl t I experiencia de los muchos controles de precios que se han intentado
francesa. Es que bajo el gobierno socialista de Juspin, en 1997. ,, a lo largo de la historia. Entre ellos, bajo la dictadura de Onganía,
redujo la jornada laboral a 35 horas, con el objetivo declarado de en Argentina, en los 1960; con el gobierno de Nixon, en EEUU, en
disminuir el desempleo. El resultado es decepcionante: dos décad.1, los años 1970; de Perón, en Argencina, entre 1973-4; o en Venezue-
después de haberse implantado las 35 horas, la casa de desocupaci<m la, con el chavismo.27 Si bien algunos controles lograron moderar
en Francia era más aira que el promedio europeo. Además, los sin la inflación durante algún tiempo, nunca torcieron las tendencias
dicaros denunciaron repetidas veces que la reducción de la jorn.1d.1 de fondo. Además, el argumento de "controlamos los precios" en
laboral fue un caballo de Troya median ce el cual las patronales av.111 repetidas ocasiones sirvió de excusa-compensación para poner copes
zaron en la precarización y la Bexibilización del empleo; en 2016 l l a los aumentos de salarios cuando los trabajadores querían recuperar
lo perdido por inflación.

26. En palabras de Seccareccia: "Dado que este kcyncsianismo híbrido y ad hoc drl
período cemprano de la posguerra descansó en un modelo primitivo hidráuliw d,
macroeconomía que retuvo la mayoría de los supuestos subyacentes del modelo neo
clásico, sus inconsistencias internas hicieron de él un blanco fácil de los ataques 111rn11 27. Nótese que los controles no fueron patrimonio exclusivo de gobiernos izquier-
cariseas y de los nuevos clásicos que iban a surgir en los 1970 y 1980" ( 1995, p. 1\ 'i) distas, o "social istas".

254 ?55
d) La Rema Básica Ciudadana
Expresado el probk:m.1 c.•11 lcngu.ljt: accesible a cualquier persona,
Desde hace años en muchos países se realizan campa11as a favor d<.: e:, .1ntcs de "repartir la cona" hay que preguntarse quiénes y cómo pro-
tablecer una Renta Básica Ciudadana. La RBC sería un ingreso pag,1d 1, dujeron esa "torta". Y no es posible eludir esca pregunta sin infringir
por el Estado a toda persona mayor de 18 anos, rrabaje o no de rnant·1.1 los proclamados ideales de "justicia". Por ejemplo, en caso de que se
remunerada. Se propone que esté jusco por encima del nivel de pobn .tplicara la RBC, ¿con qué argumento se justifica que A, gue vive de
za, y que se financie con un impuesto. El objetivo declarado es propo1 rencas (por ejemplo, porque tiene en alquiler inmuebles de su propie-
donar a toda persona mayor de edad un umbral mínimo de bienest:11, dad) reciba la RBC que tiene como origen la explocación del traba-
sin importar su contribución al producto social. Entre sus virtudes, M jador B? ¿Qué contenido progresista tiene un programa de este tipo?
sostiene que la RBC fortalecería el consumo y la producción, en den i Esto dejando de lado famasías como que los capitales van a invertir
meneo del capital financiero; reforzaría las libertades de los individu°' en un país que les obliga a sostener un fondo de huelga permanente
y la unidad de la clase obrera; y supondría una caja de resistencia par.1 para que la clase obrera haga huelgas.
huelgas y luchas de los trabajadores (véase M.VV., 2013).
Aunque la propuesta de la RBC parece atractiva, encierra eJ mis
mo problema que Marx apuntaba en los programas de los socialista11 En el balance, ¿Sociedad Fabiana o Marx? ¿Bernstein o
ricardianos, o de Proudhon: la riqueza que se pretende distribuir e11 Lenin?
"riqueza de la burguesía" (Marx, 1981, p. 81). Lo cual significa qui:
esa riqueza supone la explotación del trabajo. En otros términos, al A lo largo de décadas los voceros del reformismo burgués aseguraron
poner el foco en la RBC, se deja intacta la que sería su foente, el trabajo que el mundo progresaba hacia el achicamiento de las desigualdades
explotado. Sin embargo, el objetivo del socialismo es acabar con la ex sociales, o incluso hacia alguna forma de socialismo. A partir de me-
plotación que hace posible el fruto que se quiere repartir. Por eso, Jo diados de la década de los 1940 el keynesianismo, en particular, jugó
que procura el socialismo es que nadie viva a costa del trabajo de otro, un rol de primer orden en el armado de esce discurso. Recordemos
y que cada cual reciba de acuerdo a su contribución al producto social. que Keynes pensaba que el motivo de la ganancia tendia a desapa-
Este objetivo explica por qué Marx criticó "el derecho a la asis- recer del gobierno de las empresas; y que la evolución social llevaba
tencia" que proclamó la Constitución francesa de 1848, en lugar del a una distribución más equitativa del ingreso y a la "eutanasia del
"derecho al trabajo", que figmaba en su primer proyecto (redactado rentista" (véase Keynes, 1986, cap. 24). Además, en su faceta más
antes de las jornadas de junio). Es que la demanda del "derecho al "izquierdista'', Keynes aconsejó la socialización de las inversiones,
trabajo", aunque de forma torpe, resumía "las reivindicaciones re- que pasarían a ser administradas por organismos controlados por la
volucionarias del proletariado". Pero en la segunda redacción de la comunidad (véase ibid.) .
Constitución "el derecho al trabajo" se convertía "en el derecho a la Estas ideas se combinaron entonces con las tradiciones fabianas
asistencia pública, y ¿qué Estado moderno no alimenta, en una u otra y revisionistas, conformando una ideología y un programa que re-
forma, a sus pobres? El derecho al trabajo es, en el sentido burgués, sultaron sumamente atractivos para la socialdemocracia y codo tipo
un contrasentido, un mezquino deseo piadoso, pero detrás del derecho de reformadores sociales. Pero no quedó solo en la teoría. Luego de
al trabajo está elpoder sobre el capital y detrás del poder sobre el capital los horrores de las dos guerras mundiales y la Gran Depresión de
la apropiación de los medios de producción ... la abolición canco del emreguerras, algunos puntos de ese programa parecieron cobrar vida
uabajo asalariado como del capital y sus relaciones mutuas" (Marx, durante las décadas de los 1950 y 1960, de fuerte crecimiemo eco-
2015, p. 82; énfasis agregado) .
nómico. Es lo que los amores de la escuela de la Regulación llamaron

256
257
"el modelo de acumulación fordista": las cadenas de montaje, 1011 1111 ~1va sobre el Lrabajo y los ,i11dk,tto:-. Ln desigualdad social aumentó, y
29
codos tayloristas y la alienación en el trabajo se justificaron en ,11,1\ tl tmccdió la participación ck los trabajadores en el ingreso. Además,
del pacto entre el capital y el trabajo, los aumentos de productivid.1d >' contra lo que preveían fubianos, revisionistas y socialdemócratas,
y el consumo en masa. Los grandes sindicaros comunistas y soci,ild,· 110 hubo vocación democrática que torciera esa tendencia. Peor coda-
mócratas, y los partidos comunistas occidentales, aceptaron esas pu vfa , los herederos de Bernscein pasaron a ser presidentes y ministros
líricas y colaboraron en su instrumenración. 28 A cambio, la burgul·,r.1 dr gobiernos que aplicaron las políticas "neoUberales". El gobierno
otorgó mejoras a la clase obrera, y las desigualdades del ingreso " dl· Syriza instrumentando en Grecia un duro programa "de ajuste",
achicaron en la mayoría de los países industrializados. En los paí,t·s parece ejemplar; también la socialdemocracia alemana, que integra
atrasados los partidos y movimientos nacionalistas burgueses ta 111 gobiernos de coalición con los conservadores. Todo indica que el po-
bién aplicaron políticas keynesianas, y promovieron la conciliacit'l n der económico, cada vez más concencrado, tiene como correlato un
entre el capital y el trabajo. Se dijo entonces que Bernstein triunfah.1 poder político, sea del color que sea, cada vez más subordinado a las
sobre Lenin. La revolución proletaria era cosa del pasado. exigencias del capital. Por otra parte, en los territorios de la ex URSS,
Sin embargo, desde mediados de los años 1970 el panorama cam Europa del Este, Yugoslavia, China y Vietnam, la exploración del tra-
bió radicalmente. La crisis de mediados de la década evidenció que l,1 bajo hoy es can intensa como en cualquier otro país capitalista. Esto
ganancia seguía dominando en las decisiones de los capitalistas. Lejo, sin importar si se crata de empresas estatales o privadas.
de la "socialización de las inversiones", a partir de fines de los 1970 A partir de esta evolución, puede entenderse en perspectiva el
se multiplicaron las privatizaciones de empresas estatales. Además, la, significado del reformismo keynesiano. La hipótesis que avanzamos,
que permanecieron en manos del Estado pasaron a regirse, cada ve, siguiendo a Toni Negri, es que el keynesiarusmo de izquierda, o so-
más, según los criterios de rentabilidad de las empresas privadas. Pa- cialdemócrata, tuvo como causa última el cambio de la relación de
ralelamente, la mundialización del capital puso límites cada vez m,h fuerzas entre el capital y el trabajo, determinado por la ofensiva revo-
estrechos a la regulación keynesiana nacional-centrada, y exacerbó la, lucionaria de 1917. 3º Como alguna vez observó Lenin, las conquistas
presiones en pos de más y más productividad. Por codos lados la, reformistas en el sistema capitalista parecieran ser subproductos de
patronales impusieron "racionalizaciones" -despidos, desregulacionc, las luchas revolucionarias. 31 En otros términos, la burguesía cede algo
laborales, multiplicidad de tareas, ataques a los sindicatos-, "necesa- cuando teme perderlo todo.
rias para mantenernos competitivos". El Estado fue parte de esta ofen-

29. Véase, por ejemplo, World Inequalicy Repon 2018 (hrtp://wir2018.wid.world/).


28. El pacto fordista de colaboración de clases tuvo como ancecedeme inmediato la 30. Negri (1991) sostiene que el Estado de bienestar keynesiano fue una respues-
colaboración con la burguesía de los partidos sociaüscas y comunistas occidentalc~. ta de la burguesía ilustrada a la Revolución de Ocrubre. Tengamos presente que
a fin de estabilizar la situación política en Europa cuando terminaba la guerra. Por Keynes fue consciente del peligro que representaba el comunismo, dado .el paro
caso, en 1944 Maurice Thorez, secretario general del PC francés, afirmaba: "Producir crónico y las profundas desigualdades sociales ex.istences en los 1930. Por e¡e~~lo,
es hoy la forma más elevada del deber de clase, el deber de los franceses. Ayer nuestr:i en una carca abierta al presidente Rooseveltm, de 1933, sostuvo que el ob¡et1vo
arma era el sabotaje, la lucha armada contra el enemigo, hoy el arma es la producción de la política económica debía ser "curar los males de nuestra condición mediance
para hacer fracasar los planes de la reacción". El 11º Congreso, realizado en 1947, un experimento razonado dencro del sistema social existente. Si usced fracasa, el
llamó a la unidad con los socialistas "para salvar a Francia y la República". En e~c cambio será gravemenre perjudicado en codo el mundo, dejando la pelea en manos
Congreso Étienne Fajon, miembro de la dirección, sosruvo que la guerra en Jndochi de la ortodoxia y la revolución" ("Una carca al presidente Roosevelc" fue publicada
na era una "guerra fratricida"; no fue refucado. La colaboración con la burguesla de por el Sunday de Londres, el 31 de diciembre de 1933).
las grandes organizaciones obreras fue de~racada por Mande! ( 1979), como un fano, 31. "La socialdemocracia considera y utiliza las reformas como mbproducto de la lucha
fundamental para la recuperación del capitalismo durante la segunda posguerra. revolucionaria de clflSes del proletal'iado" (Lenin, l 970d, pp. 227; énfasis agregado).

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11.,yt·k, F. () 996): / ,1 i/rJ 11,111 ,,11,,l1r,1, 11111 tlrl d111rro, Barcelona, lnstítuto de
Si esco es así, podríamos deci r que IJ, c..oncc..·"oncs a la da.se ob,u .1 1
I wnomí.1 de Mercado.
en especial durante la inmediata segunda posguerra,Jitero11 mtls el ¡,111
dueto del miedo a Lenin, que de /,a voluntad de la burguesía de seguir /111 K.iln:kí, M. (1972): "Polickal Aspcccs of Full Employment", E. Hum YJ. Schwam.
consejos de Bernstein. Su base material, por supuesto, fue la recupcracio11 (ni.) A Critique ofEconomic Theory, Middlesex, Inglaterra, _PP· 42~-430. , .
económica del capitalismo. Pero esa recuperación no ruvo como cam.1 Kcyncs. J. M . ( 1986)·· Teoría 6umeral de la oc11nació11,
:r
el interes y el dmero, MeX!cO,

el estímulo keynesiano de la demanda, como pre rende el reformisnH I l·CE. d · ·d· p f,


1'.rcgel, J. A. ( 1985): "Budget Deficits, s.~abilizati~n Pol'.cy an L1qu1, 1ry re e-
socialdemócrata, sino el restablecimiento de la rentabilidad de las 111 tcncc: Keynes's Posr-War Policy Proposals , en F. V1carell1 (ed.),.. Key,~ess Relevance
versiones, y de las condiciones políticas y sociales para la acumulacio11 fod,iy, Londres, Macmillan, pp. 28-50. Len in, V.. I. ( l 970a): ¿Quiénes son los
.unígos del pueblo?", O C, c. 1, Carcago, Buenos Afres.
del capical. 32 Sin embargo, la crisis de los 1970 y las políticas de cond
liación de los partidos socialistas y comunistas, abrieron el camino p,tr ,1 l t·nín, v. l. (1970b): "Marxismo y reformism~", OC. c. 20.' Carc:go, Buenos Aires.
la contraofensiva "neoliberal". A su vez, el giro de China y Vietnam t.c:nin, v. l. (l 970c): "El reformismo de la soc1aldemocrac1a rusa , OC, c. 17, Car-
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del Este, reforzaron la idea de "no hay alternativa" al sistema vigeml·.
Buenos Aires. ,.
Así, desaparecido, al menos por el momento, el peligro revolucionario, Luxemburg, R. (1974): Reforma o revolución, Buenos Aíres, Papeles Polmcos. Man-
las tendencias del capital se despliegan de la forma más cruda y abiert.1. de!, E. (1979): El capitalismo tardío, México, Era.
Tendencias que llevan a un escenario mucho más parecido a lo qlll'
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predijo Marx, que a lo que previeron los fabianos, Bernstein o Keync,.
MtZrx: Algunas cartas, intercambios y mnteriales con los p_opul!~trts ru~os, Cáte~k1 t~c
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32. Véase, por ejemplo, Mandel ( 1979).


26 1
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IV
CIBER-COMUNISMO:
I I

PLANIFICACION ECONOMICA
EN LA ERA DIGITAL

262
l

t>lanificación económica, ordenadores y valores-


trabajo1

W. Paul Cockshott y Allin Cottrell

l >csde la caída de la Unión Soviética muchos son de la opinión de que


l'I debate del cálculo socialista ha terminado, con un veredicco conrun-
dcnte en favor del mercado. Las recientes inestabilidades del mercado
~loba! están llamando la atención de nuevo sobre la cuestión de si una
lorma consciente de regulación económica es apropiada. Defendemos
que el incremento de capacidad de la tecnología informática moderna
Junco con el uso de los valores-trabajo ricardianos-marxianos abren
nuevas posibilidades para la planificación económica. El presente
texto reúne una parte de "Economic planning, compurers and labor
valies" (1999) y "Big data and super-compurers: foundations of cy-
ber-communis" (2017).

l. Introducción

La caída de la Unión Soviética y el final de la década de los 80 ha


establecido w1a incensa presunción -reforzada por los argumentos
de la escuela austríaca (Hayek, Mises)- de que no existe alternati-
va viable al capitalismo y al libre mercado. Desde esca perspectiva,
la planificación socialista se presenta como un sueño utópico. No
sólo los socialistas han llevado a cabo muy pocos intentos recientes
de defender la planificación; ha habido muy poco debate sustantivo

1. Traducción; Guillcm Murcia.

265
sobre la planificación económica en sí misma. Un indicador dt nocablemc.:rrn.- u 11 ,i11tt·m.1 ,1dc:c..uado para reunir y procesar la
1, 111 ,u,o,
la hegemonía de los argumentos austríacos sobre la imposibilidad dc.· 1.1 dormación económica dispersa y una mécrica racional para el coste
11
planificación racional se encuentra en Whither Socialism (1994) d, d1 producción. Deberíamos llamar la atención a su vez sobre las ideas
Joseph Stiglitz. Stiglitz es crítico de la economía socialista, pero ,1,
q11 c señaló Nove (1977 y 1983): para que se dé una planificación cen-
crítica se halla casi íntegramente dirigida cenera el socialismo de mr·, 11 .tl efectiva, es necesario que los planificadores sean capaces de llevar
cado. Respecto a la economía centralmente planificada, apenas dil ,. .l t.ibo los cálculos mencionados anteriormente a un nivel de deta-
que "Hayek criticó de forma acertada" el proyecto marxiano, "de!t-
11 ll(' completamente desagregado. En ausencia de vínculos de mercado
diendo que un planificador central nunca podría tener la información
110 rizontales entre empresas, la gestión a nivel de empresa "no puede
necesaria" (Stiglitz, 1994, p. 9). Ésta es una respuesta típica: inclu, 41
,.ibl.!r lo que necesita la sociedad a menos que el centro le informe de
los economistas que no se adhieren completamente a las ideas de 11.1 ello" (Nove 177: 86).2 Y así, si el centro es incapaz de especificar un
yek sobre los méritos del libre mercado creen en general que la cri I Íl ,1 pbn coherente con suficiente nivel de detalle, el hecho de que el plan
austríaca de la planificación central puede considerarse definitiva. F,
,e equilibre en términos agregados es de poca utilidad. Incl~so con la
peramos mostrar que esto no debería darse por supuesto.
mejor de las voluntades del mundo por parre de codos los mvolucr~-
dos, no hay garanúa alguna de que las decisiones de producto especi-
ficas cornadas a un nivel de empresa encajaran de forma correcta. Esta
2. Estructura de nuestras propuestas
,dea general la confirma Yun (1988: SS), que asegura que a mediados
de los 80, el Gosplan era capaz de detallar balances materiales para
En_primer lugar explicaremos las condiciones generales que se ll'
1'micamente 2.000 de los bienes de sus planes anuales. Cuando se in-
quieren para operar un sistema efectivo de planificación económlc.1 tluyen los cálculos de Gossnab y de ios ministerios industriales, el nú-
central, dejando por el momento de lado la cuestión de si puedc.·n mero de productos que se registran asciende a alrededor de 200.000,
cumplirse en algún sistema factible. Tomando una perspectiva de in
aún muy por debajo de los 24 millones de artículos q~e se prod.ucí~n
sumos-producto [input-output] de la economía, la planificación ccn en la economía soviética en aquellos momentos. Esta d1screpanc1a sig-
eral efectiva requiere los siguientes elementos básicos:
nificaba que era "Posible para las empresas el cumplir con sus planes
1) Un sistema para llegar a (y revisitar de forma periódica) u,1,1 para con la nomenclatura con respecto a los artículos que se les había
serie de objetivos para productos finales, que incorpore la inform,1 indicado que produjeran, y a la vez incapaces de crear los productos
ción tanto de las preferencias de los consumidores como de los costt·, necesitados de forma inmediata por usuarios específicos".
relativos de producir bienes alternativos (la métrica apropiada de lo., Nuestro argumento intenta resolver esca cuestión: aún cuando
costes se deja abierta de momento).
aceptarnos que "en un modelo que básicamente no es de mercado'.
2) Un método de calcular las implicaciones de cualquier grupo el centro debe descubrir qué necesita hacer" (Nove, 1977: 86), as1
dado de productos finales para los productos en bruto requeridos c.k como la versión de Yun del fracaso del Gosplan para conseguirlo,
cada producto. En este estadio debe haber también formas de com
probar la factibilidad de grupo resultante de objetivos de producto
en bruto,.ª la luz de los límites que impone la oferta de trabajo y 1, 1 2 Con una excepción. Si, por ejemplo, el plan central pide a la empresa A el ofrecer
res~r~a ex1stenr: de medio~ de producción fijos, anees de que es 1011 elbien intermedio x a la empresa B, donde será usado en la producción de un bi~n
obJet1vos se env1en a las unidades de producción. avanzado y, y los planificadores informan a A y a B de este hecho, ¿no ~ay e~fac10
para comunicación "horizoncal" encre las dos empresas sobre la especificacwn de
La presencia de estos elementos implica ciertas condiciones de :rn·
diseño precis:i de x. inclu~o en ausencia de relaciones de mercado entre A y B?

266
267
red1azamos la idea de Nove de que "el ccmro no puede hacer c,1n ., 2.l Sistema de distrib11dó11 d,·jich11s de trabajo
un nivel de deralle micro" (ibidJ. I le l.l Critica al Progra,11,t de (,'otht1 de Mdrx (1974) comamos la idea
Nuestras propuestas básicas pueden presentarse de forma m 11 d1·I pago del trabajo en "fichas de trabajo", y la noción de que los
simple, aunque le pedimos al lecror que piense que no comamos w11 11111sumidores pueden retirar del fondo social los bienes que tengan
el espacio para los ajustes, marices y elaboraciones necesarios (<]lit " 111 1 contenido en trabajo igual a su contribución laboral (después de
desarrollan en profundidad en Cockshott y Cocrrell, 1993). Dt• 1111 ,kducir impuestos para compensar los usos comunales de tiempo de
ma esquemática, nuestras propuestas son las siguientes. 11 .1bajo: acumulación de medios de producción, bienes y servicios pú-
lil1cos, prestaciones a aquellos incapaces de trabajar). Planteamos un
2.1 El tiempo de trabajo como unidad social de contabilid111/ )1 ,!\lema de pago básicamente igualitario; y en la medida en que haya
medida del coste
1bviaciones del igualitarismo (esto es: algunos tipos de trabajo se re-
La distribución de recursos en las diversas esferas de la actividad pro 111uneran a más de, y menos de, una ficha por hora), el alcanzar un
ductiva toma la forma de un presupuesto de trabajo social. Al 111i, t'quilibrio macroeconómico aún así requiere que la emisión total de
mo tiempo, el principio de minimización de tiempo de rrabajo , !,chas de trabajo sea igual al trabajo total realizado. También propone-
adopta como el criterio de eficiencia básico. Estamos de acuerdo u111 111os que el sistema de impuestos más adecuado en este contexto sería
Mises (1935: 116) en que el cálculo socialista racional requicn: "1111.1 , I de un impuesto fijo por trabajador -una cuota uniforme de per-
unidad de valor objetivamente reconocible, que permita un dk ni.) ll'llencia a la sociedad socialista, por así decirlo. Este impuesto (neto
económico en una economía donde ni el dinero ni el inrercamb111, de Lransferencias a los no trabajadores) debería, en efecto, cancelar
hallan presentes. Y únicamente el trabajo puede concebirse como 1.11" lo suficiente la emisión actual de fichas de trabajo a fin de dejar a los
Estamos en desacuerdo con las ideas posteriores de Mises de q11t· 111 , onsumidores con suficientes fichas disponibles a 60 de comprar el
siquiera el tiempo de trabajo puede cumplir con este rol de u111d.ul producto de bienes de consumo.
de valor objetiva. Hemos refutado sus dos argumentos respecto .1 ,·,1 11
-básicamente, que el cálculo del tiempo de trabajo necesarin111,·111 l.3 Decisiones democrdticas en las cuestiones principales de asig-
lleva a la infravaloración de recursos naturales no reproducibles, r q11 nación
no hay forma racional (aparte del sistema de escalas salariales tlc-1,, I a asignación de trabajo social a las categorías amplias de uso final
minadas por el mercado) de reducir el trabajo de diferentes nivdL·, d (l.1 acumulación de medios de producción, el consumo colectivo o
cualificación a un denominador común- en otra publicación (CCll 11dl personal) es material adecuado para la coma democrática de decisio-
YCockshott 1993a). Sólo podemos resumir nuestras respues[a, .1q11í nes. Esto puede llevarse a cabo de distintas formas: voto directo en las
Si se utiliza el tiempo de trabajo marginal como medida del corn·, , ,11 1 , ,ttegorías específicas de gasto en intervalos adecuados (p. ej. si incre-
contabiliza la dificultad creciente de obtener recursos no repwd 11 , I mentar, reducir o mantener la proporción de trabajo social dedicado
bles. Además, los planificadores podrían decidir dedicar recu,,m .1 111 ,\I sistema sanitario), votar en una serie de variaciones pre-equilibradas
investigación de alternativas, el uso de energía solar en vez d<:I ¡w11.-\ del plan, o competición electoral entre partidos con distintos progra-
leo, por ejemplo. Tampoco hay razón para creer que cualqt1ier nw1, i1 mas respecto a las prioridades de planificación.
do real otorga una solución óptima a esre tipo de problemas. lk,pt I m
a la no homogeneidad del trabajo, se podría en principio 11.11.11 r.l 2. 4 Algoritmo de bienes de consumo
trabajo cualificado de la misma forma que cualqujer orro prnd11, 111 Nuestra propuesta con respecto a esto puede describirse como un
evaluado en base al tiempo de formación necesario para proclttt II In "Lange más Sm1mi lin''. De Lange (1938) comamos una versión mo-

268
269
dificada del proceso de prueba y error, por el cual tos precios de m<.'r ,olicicar una producción cx1w1c.lic.la <le aquellos bienes con una ratio
cado para bienes de consumo se usan como gwa de Ja distribució11 precio/valor por encima <lel promedio, y una producción reducida de
de trabajo social entre los distintos bienes de consumo; de Strumili11 ,ltlllellos con una ratio por debajo del promedio.6
adoptamos la idea de que en un equilibrio socialista el valor de uso En cada período, el plan debería equilibrarse, utilizando bien mé-
creado en cada línea de producción debería estar en una proporción 1odos de insumo-producto o un algoritmo de compensación alcerna-
común al tiempo de trabajo social empleado. 3 tivo.7 Esca es, la producción bruta necesaria para conseguir el vector
La idea central es la siguiente: el plan solicita la producción dr objetivo de productos finales debería calcularse por adelantado. Esto
algún vector específico de bienes de consumo, y estos bienes est.ín contrasta con el sistema de Lange (1938), en el que la misma cohe-
marcados con su contenido en trabajo social. Si las ofertas planific.1 rencia del plan -y no sólo su perfeccionamiento- se deja al ensayo y
das y las demandas de los consumidores para los bienes individuab error. Nuestro sistema, sin embargo, no impone el requisito de que
resultan coincidir cuando se establecen los precios de los bienes dr t:I patrón de demanda del consumidor se anticipe de forma perfecta
acuerdo a sus valores-trabajo,4 el sistema ya está en equiübrio. En un,1 l'X ante; los ajustes a este respecto se dejan a un sistema iterativo que
economía dinámica, sin embargo, esto es improbable. Si las ofen.,, , . 8
tiene l ugar en un momento histonco.
y demandas son desiguales, la autoridad de mercadeo responsable dt· El sistema propuesto en su totalidad se muestra de forma sinópti-
los bienes de consumo se encargaría de ajustar los precios, con el oh ca en la Figura l.
jetivo de compensarlas (aproximadamente) a corco plazo, esto es, lm Este siscema hace frente a las objeciones de Nove (1983) , prin-
precios de bienes de oferra baja se incrementarían mientras que lm cipalmente que los valores laborales no pueden servir de base para
precios en el caso de sobreproducción se disminulrían. 5 En el siguitn la planificación incluso si nos dieran una medida válida del cosre de
te paso del proceso, los planificadores examinan las carios entre prt· producción. La idea de Nove es que el contenido de trabajo por sí
cios que vacían el mercado y valores-trabajo entre los distintos bicnn mismo no nos dice nada sobre el valor de uso de los distincos bie-
de consumo. (Nótese que ambas magnitudes están denominadas t ll nes. Por supuesto, esto es cierto,9 pero lo único que significa es que
horas de trabajo; el trabajo contenido en un caso, y fichas de trabaj11 necesitamos una medida independiente de las valoraciones de los
en otro). Siguiendo la concepción de Struimli n, estas ratios deberf.111
ser iguales (e iguales a la unidad) en el equilibrio a largo plazo. El pl.111
de bienes de consumo para el siguiente período debería por lo rn1110 6. Naturalmenre, aquí es necesario un elemento de predicción de la demanda: las
racios actuales nos proveen con una gufa útil más que con una regla mécanica.
7. Un algoricmo alternativo que permita para los stocks dados de medios de pro-
ducción específicos se da en Cockshort (1990). Este algoritmo se traca en la sección
3. Esce punto -un tema básico del crabajo de Saumilin durante medio siglo , 0 3.3 más adelante.
expresa de forma particularmente clara en su trabajo (1977: 136-7). 8. En sus reAexiones posteriores sobre el debate del cálculo scialisca, Lange ( 1967)
4. Deberíamos aclarar un punco rerminológico aquí. Utilizamos el término " v.1 parece sugerir que un plan óptimo puede ser calculado por adelantado por medio
lor-aabajo" o simplemenre "valor" en algunos comexros, para referirnos a la ,111111 de un ordenador, sin necesidad del ensayo y error a tiempo real que había sugeri-
del tiempo de crabajo directa e indirectamente requerido para producir un pn,du, do en 1938. En canco en cuanto esto requeriría que las funciones de consumo y
ro dado, o en otras palabras, el coeficiente de trabajo verticalmenre integr.idP de demanda fueran conocidas por adelantado, a nosotros esro nos parece irrealizable.
un producto. Tomamos este uso como básicamente en l(oea con el de Ric:irdu I 9. Lo cual ya comprendía con claridad Marx: "En base a una productividad laboral
Marx, aunque algunos estudiosos de Marx no estarán de acuerdo -ej. Frccm,111 1 dada, la producción de una cantidad específica de artículos en cada esfera particu-
Carchedi (1996). lar de la producción requiere una canridad concreta de ciempo de trabajo social;
5. Con precios que vacían el mercado, por supuesto, los bienes van a aquello~ 1p1r ,1u11que esca proporción va ría en diferences esferas de producción y no tiene una
deciden pagar lo máximo. En el caso de una distribución igualitaria de ingn:.,o\, 11 1, relación inrerna :i l.1 u1ilid.1d de csLos arrículos o la naturaleza especial de sus valores
hallaríamos ninguna objeción a esto. de u~o ( 1972: 186 7) ·•

270 27 1
consumidores; y el precio, en fich~ tic trabajo, qLte más o men°' .}. Factibilidad de los c:ilculos
equilibraría la oferta planificada y la demanda del consumidor, no.,
provee con esta medida. En el mismo senrido, podemos responder .1 3.1 Cálculos de los valores-trabajo
una de las ideas que presentaba Mises al hablar de los problemas con La propuesta anterior descansa sobre la suposición de que es posible
los que se encontraba el socialismo en condiciones dinámicas ( 1951; calcular el contenido en trabajo de cada producto de la economía.
196 y ss.). Uno de los factores dinámicos que considera es el cambio El problema tiene solución en principio, dado que comamos con n
en la demanda de consumidor, sobre el cual escribe: "Si el cálculo valores laborales desconocidos relacionados por un grupo de funcio-
económico y con él siquiera un aproximado cálculo de los costes cl,· nes de producción lineales n. El problema no es de principio sino
producción fuera posible, entonces podría permitírsele a cada ciu °
de escala. 1 Cuando el número de productos llega a los millones, los
dadano demandar lo que le apeteciera, dentro de los límites de l.1s cálculos necesarios no son algo trivial.
unidades de consumo totales que le hubieran sido asignadas ...". Pero. Si representamos el problema de forma estándar, a través de una ma-
continúa: "dado que, bajo el socialismo, estos cálculos no son posi triz de n por (n+ 1), donde las filas representan productos y las columnas
bles, rodas las cuestiones de demanda se deben dejar por necesidad al representan insumos producidos más trabajo directo, la solución analíti-
Gobierno". Nuestra propuesta precisamente permite la elección por ca de las ecuaciones utilizando la eliminación gaussiana requiere rr ope-
parte de los consumidores que Mises echaba en falca. raciones de multiplicación y un número ligeramente mayor de adiciones
y sustracciones. La Tabla 1 muestra los requisitos informáticos para estos
Figura 1: líneas básicas del mecanismo de planificación cálculos asumiendo economJas de distintos tamaños. Suponemos que
el w1iprocesador es capaz de 108 multiplicaciones por segundo y que el
se establecen precios multiprocesador puede realizar 10 1º multiplicaciones por segundo.
se lleva a cabo se venden los de compensación
.---
la producción produc tos del mercado
Tabla l. Solución gaussiana a los valores-trabajo
objetivos fina- 1
resultados bru-
les de produc- ratios de precios a Tiempo que tarda en segundos:
tos requeridos
ción ajustados valores laborales
computados Número de productos Multiplicaciones Uniprocesador Multiprocesador
f No
1.000 1.000.000.000 10 0,1
comparación ¿Se pueden cumplir
de requisitos y - los o bjetivos finales
Sí se forma un plan
r--
de producción 100.000 10' 5 107 100.000
recursos de producción?
detallado I 10.000.000 1021 1ou 1011
1

Puede verse que, teniendo únicamente en cuenca el tiempo de

JO. Hay una dificultad de principio en el caso de la producción conjunta. Pero


como hemos mostrado (Comell y Cockshorc, l 993a, apéndice), esto no es un
o bstáculo serio para el uso de valores laborales en el proceso de planificación t~ Y
co mo se ha descrito ante rio rmente. Básicamente, es suficiente con que sea posible
compa rar los precio:, np.regadm, y los valo res agregados de los bienes específicos que
se producen w 11jum.1111r111c.

272 273
computación, incluso al multiprocl'~.ttlu, le llevaría 10 11 sc:g1111d11 1.2 Asigm1ció11 de ,wm 'ltJS
o más de tres mil años, para hallar una solución para una eco1111111l I \1 .munimos que la combinauon de produccos necos o finales requeri-
de 1O millones de productos. La siruación se complica aún m.h l"'I do, por el plan se halla especificada, así como también las tecnologías
la memoria necesaria para almacenar la matriz, que crece com11 " il ,,ponibles y los stocks de medios de producción ¿qué dificultad con lle-
D ado que las memorias más grandes posibles en la actualidad ,011 d I , c:omputar un plan factible? (Por un plan "factible" encendemos uno
orden de 10 10 palabras, esto impondría un límite de 100.000 pmd111 que produce al menos los productos requeridos utilizando los recursos
ros al tamaño del problema que podría manejarse. it ....ponibles). Siguiendo esta idea, ¿podemos determinar si la combina-
Sin embargo, si tomamos en cuenca la escasez de la matri, (1 111 ' ,6n de productos planificada no es factible dados los recursos?
es, la alca proporción de entradas cero, cuando se especifica a dl·t.111 La forma clásica de afrontar este problema implica el uso de pro-
completo) el problema se convierte en algo más tratable. Supo11r , gaamación lineal, cuyos requisitos compuracionales son desaforcuna-
mos que el número de diferentes tipos de componentes que t.·1111 ti\ il.tmente prohibitivos para una economía de millones de productos.
directamente en la producción de cualquier producto individu.tl <, 11 !'ero si estamos dispuestos a relajar nuestros requisiros en cierta me-
donde O<k<l. Si asumimos un valor de 0,4 para k, que parece hN.111 d 1da y aceptar una solución "buena" en vez de óptima, podemos rea-
te conservador, 11 hallamos que los requisitos de memoria aunK111 in 11,ar una simplificación similar a aquella descrita para calcular los
hasta n<•·~>=ni.4 • Si podemos simplificar el problema usando téultld v.tlores-crabajo. Afrontaríamos el problema empezando con la lista
númericas iterativas (Gauss-Seidel o Jacobi, ver Varga, 1962) p~111 objetivo de productos finales, e iríamos obteniendo los correspon-
obtener soluciones aproximadas, obtenemos una función dt· w111 d1ences produccos en bruto requeridos (a través del mismo cipo de
plejidad computaciones del orden de An 1·4, donde A es una pt.·<11111111 método de solución iterativa dispuesto para los valores-trabajo, y
constante determinada por la fidelidad requerida para la respm·,1.1 l'xplorando la escasez de matriz de insumo-producco de la misma
Esto reduce el problema a uno dentro de la perspectiva de la m.111110 forma). Dado el vector de producción bruta, es algo directo el deter-
gía informática actual, cal y como se muestra en la Tabla 2. El n·t¡11l'1111 minar los requisicos corales de trabajo y medios de producción fijos
más exigente sigue siendo el de la memoria, pero éste se halla dt111111 d de distintos tipos. Si estos últimos requisitos pueden cumplirse, estu-
los límites de las máquinas disponibles acruaJmence. Nuestra cond11 11 11 pendo; y si no, debería reducirse la lista objetivo de produccos finales
es que la computación de los valores-trabajo es claramente .fuccibk· e intentarse de nuevo. Estos pasos se muestran en forma de bucle en
\.1 parte inferior izqu ierda de la Figura 1. Aunque es compuracional-
Tabla 2. Solución iterativa a los valores-trabajo (asumiendo A JO) mence factible, este método tiene el inconveniente de requerir un
,tjuste manual del vector de producco objetivo a cada vuelca del bucle,
Tiempo que larda en ~cgundn; y no consigue asegurar que codos los recursos se utilicen al máximo.
----1----
Número de
productos

1.000
Multiplicaciones

158.489
_ _ __¡__
m_em
Palabras de
_ oria

- - - - - + -3_1_
. 69!_ ~
+-- Uniproccsador -i;:¡ultipro,d,•J f

,6x 10-3
1

¡_0x 10 ~
J.3 Compensación del p/,an. de baja complejidad
Una técnica alternativa preferible, que coma ideas de la literatura de
100.000 100.000.000 20.000.000 1 ~o I redes neurales, se muestra en Cockshotc (1990). Ésta es de una com-
1 - - - - - - - + - - - - - - . . . . . . J ~ x~O 630 6,3
10.000.000 6,3 X 1010
1
plejidad AnO•k>, cal y como era la solución iterativa para los valores-tra-
bajo. Los requisitos computacionales son por canco esencialmente los
mismos. El proceso implica definir una métrica para el nivel de ajuste
11. Esco significa, por ejemplo, que en una economía de I O millones de p111d11
entre el grupo dr productos finales objetivo y el grupo factible com-
cos, cada producro se asume que tendrá un promedio de 631 insumo\ c.lun ,.,.

215
274
pucado, limicado por los stocks de mcdio11 de prodlJcción de dis1ii1111, l II w 1 !imitador <le tm..1 ¡w ., l.t pt od11c:c.i6n.
cipos existenres y por el tiempo de trabajo disponible. L Dada una fun ció n <le producción lineal podemos entonces
El problema estriba en combinar un grupo de cecnologías, .,111 ,~1 di 1c 1minar cuánto de cada insumo requiere cada industria a fin de
Y flujos de bienes de tal forma que consiga un grupo de prod 11 u 11• , 1pon ar un producto en bruto de. A escas stocks los denominamos
objecivo K;· Dejamos al subíndice i recorrer todos los produclo11 r 11 ,t11rks de compensación y los representamos con b~.¡. Dados los stocks
subíndice j recorrer los stocks y flujos. Así, S.. representa el smd d cll c:ompensación, deducimos éstos de los stocks distribuidos inicial-
bienes j utilizado en la producción del produc~o i y F.denota el lhijo 11,c.•nte, y lógicamente distribuimos los stocks residuales a una reserva
del bien j usado en la producción. Asumimos que l;s stocks y flu¡m
•~lobal.
toman valores enteros (esto es, los bienes no son infinitamente Jiv1, 1 4. Se computa el producto neto de cada bien a través de toda la
bles). También asumimos que hay una relación lineal entre el out¡, 11 1 n onomía en su conjunto, y por tanto la armonía de cada industria.
de un producto y los stocks y flujos requeridos para producirlo. S. Se computa la armonía media del conjunto de la economía.
6. Se ordenan las industrias según su armonía.
SIJ.. = o. CJ
I
7. Para cada industria, comenzando por la menos armoniosa:
F.. = O. f
,, 1 ' a) Si hay stocks disponibles insuficientes en la reserva global, se dis-
I ribuye suficiente de cada bien a la industria a fin de elevar su nivel de
Donde O; es el producto del producto número i y c.,¡;
1
son Cotl\ producción al punco según el cual su armonía sería igual a la armonía
canees específicas de tecnología. 1
inedia de la economía en su conjunto.
El algoritmo usa tecnologías desarrolladas en redes neur.dn b) Si los stocks son insuficientes para hacer esto, se distribuyen
simuladas, en particular la noción de "función de armonía" (Su wancos sean posibles.
lensky, 1986). Definimos una función de armonía valorada t'<.'al 8. Todos los pasos hasta ahora o bien han incrementado o bien
1 han conservado la armonía de cada producto. Ahora disrribui mas re-
H(g,0)=1- - -
oi/ g; (ver Figura 2) rnrsos de las industrias con la armonía más alta a las industrias donde
la armonía es baja y la derivativa parcial de la función de armonía es
que adopta un valor negacivo cuando el producto desciende p111 alca con respecto al insumo dado. Esto se puede conseguir a través de:
debajo del objetivo y un valor positivo cuando lo excede. L.1 ,11 a) la computación, para cada producto, de la media de las deriva-
manía marginal es una función declinante del producto, lo rn.il civas parciales de rodas las funciones de armonía de las industrias para
codifica I~ idea de que los déficits son un problema más gravt.• d, las que aparece como un insumo; . .
lo benefic10sos que son los superavits. b) quitarle Los suficientes stocks a las industrias en el decil supenor
Para nuestro modelo simulado de la economía comenzamos wn a fin de reducir el producto de las industrias hasta la armonía con La
u'.,a di~cribución de ~ecursos inicial arbitraria. En un contexto de pi.a media; y
ruficac16n real podnamos empezar con la distribución de recurM" c) distribuir los stocks resultan ces a la reserva global.
enrre industrias realmente existente. 9. Iterar pasos 2 hasta 8 hasta que el incremento en la armonía
El algoritmo es como sigue:
total sea inferior a alguna constante e pre-dada.
1. Para cada industria determina el nivel de producto que se pll(:d, La complejidad del algoritmo es de orden RkNM donde R es el
obtener con la distribución de recursos actual Oº número de iteraciones, N el número de productos y M el número me-
' ¡'
2. Para cada industria determina qué stock de insumos acn'1. a co 11111 dio de los insumos por industria. La fiabilidad del resulrado, medido

276
277
~n dígicos d<.! clc11vi:1ci<Sn de la armonía lOLal de ~u valor I' . 1111tlt iproccsador ca p.11 dt• 10 111 111uli 1plit.1cioncs por segundo; las Lasas
l mealmenre con R• i::. c1 va 101• esperado de R 111111,, ' tr
111.1x1m:1s de máquinai. que se usan t.:n las insciruciones de invesciga-
comparación a N M es por rnmo pt•qttt 1111 12
. y , yen general cenemos la relación N» Al I' 11 111 11 l'.n la actualidad superan las 10 operaciones por segundo.12 Se
nempo de computación to al ' ,h he permitir cierta reducción en las tasas máximas anees de llegar a
hallar los valores laborales.e es por canco del mismo orden qw « I I
1111 luncionamienco sostenible para un ordenador, pero nuestro fun-
El algoritmo anterior busca el es . d ' tnnamiento objetivo es claramente realista. Los requisitos de memo-
cando maximiz l d d . pac10 e planes factibb, i1111 ,1
ar e gra o e aJusre entre p d 6 'bl 11.1 también están dentro de los límites de los productos actuales. Con
co objetivo. La naturaleza del al ori d ~º, ucco act1 e y prnd11 111dt.:nadores modernos, podemos imaginar la computación de una
llegar a un máximo l al , g tmo e usqueda es ral qut· p111 d
l . oc mas que buscar un máximo global· t'\h 11~1.1 actualizada de valores laborales a un ritmo diario y la preparación
e precio que se paga por la manejabilid d . ', dl un nuevo plan de perspectiva de forma semanal -algo más rápido
que la solución no es un lan , . . ª.
compurac,onal. A1111 , 1
q11c la capacidad de reacción de una economía de mercado.
factible no es bl p opnmo smo simplemente un buen Iil ,11
' un pro ema grave cuando se l l .·
con el mercado dad . , compara a P anifit,lt 11111
ra óptima de p;oduc:i¿~~ nmgun mercado real alcanza una esu11t 111
ti. Conclusión

Figura 2. Función de armonía (1 ___ _ I lemos presenrado las líneas básicas de w1 modelo de planificación so-
ºi / g; l ia1ista que defendemos que sería eficiente y respondería a las necesi-
1
o d:ides populares. Hemos defendido que se trata de un sistema factible
-1
técnicamente dada la actual tecnología informática, y hemos defendi-
do el uso de valores laborales en nuescra propuesta de sistema, anee los
-2 l -1.. ataques consistentes en que los "precios burgueses" (que implican una
-3 X
rasa de ganancia igualada) otorgan medios superiores para el cálculo
-4 económico. Desde esta perspecüva, el fracaso del modelo soviético
-5 no se puede tomar como sinónimo de fracaso del socialismo: lo que
-6 ralló en Rusia fue una forma particular de planificación, otras formas
-7 superiores son posibles.
-8 Al lector se le podría ocurrir una pregunta: ¿no estamos siendo
-9 acaso arrogantes en extremo al suponer que hemos formulado un
0.5 1 1.5 2 2.5 3 3.5 ., modelo adecuado para la planificación central, cuando las "mejores
menees" de la URSS fracasaron en conseguir algo así durante un pe-
3H.4 Comparación
d . con la tecnolo"'"'
E> -
in.¡.;orma't
'J •
' existente
ica . ríodo de 25 años? (Esto, desde 1960 o así, cuando el tema de la
emos etermmado la escala d 1 . , reforma del sistema de planificación surgió, hasta finales de los 80
dos a fin d e os recursos mformaticos regw.·1 i
bl l e co~npucar tanto los valores-trabajo como un plan fu1..11 cuando la idea al completo se abandonó en favor de una transición
e para e con1unro de la econonu'a· La memona . y la 'd d I
procesamiento necesaria están capac1 a < t
de las máquinas actual 't claramente dentro de las capacidntb 12. Ver la página web www.cray.com, también Dongarra, Meuer y Scrohmaier
es. ornamos como punto de comparación 1111 ( 1997) .

7.78 279
al mercado). Pero no es que nos crenmos más inteligentes que; 111 1. Qué es un mo do de producción
economistas soviéticos; más bien es que no esramos operando h,,¡ 11
13
los mismos límices. Las dos principales influencias inteleccuab d, ·Es d socialismo un modo de producción? La versión estándar, deri-
nuestro modelo son (a) un marxismo crítico y no dogmácico y (1,) :.,Ja de Stalin, es que un modo de producción es la combinación de
la ciencia informática moderna. Era muy difícil combinar ambn\ l ll l 11c.:rzas productivas y relaciones de producción:
la URSS, donde el "marxismo" muy a menudo servía una funti 1111
oscurantista y ancicienrífica. Nuestras posturas probablemente sc..· li 11 Modo de producción =fuerzas productivas+ relaciones de producción.
bieran percibido como desviacionistas por parte de los guardia, 11 \
de la ortodoxia ... y al mismo ciempo inocentemente socialistas pn1 Stalin resumió esto como:
aquellos que tenían una visión del socialismo formada en los cínitm
años de Brezhnev, y para los cuales el marxismo no era más que 1111 "las fuerzas productivas son sólo un aspecto de la producción,
dogma fosil izado. tm aspecto que expresa la relación de los hombres con los objetos y
fuerzas de la naturaleza de los que hacen uso a fin de producir valores
materiales. Ocro aspecto de la producción, otro aspecto del modo de
Adenda: Big data y superordenadores: fundamentos del producción, es la relación de los hombres entre sí en el proceso de
.
producción, las relaciones de prod ucc1on
. ' "14 .
ciber-comunismo (P. W. Cockshott)

Desarrollaré las siguientes tesis: Ésta es la visión ortodoxa, pero creo que es errónea. Otro signifi-
cado de la frase modo de producción es, de acuerdo a Marx, el modo
• La incapacidad del socialismo del siglo XX para alcanzar el
de producción material. Esre modo de producción, de acuerdo al
comunismo llevó a la crisis de la URSS.
prefacio de 1857 de Marx, condiciona la vida social y política. Las
• El comunismo requiere de un estadio concreco de desarro-
llo de la tecnología. relaciones de producción sólo tienen que ser apropiadas a las fuerzas

• Este estadio únicamente se alcanzó al final del siglo XX. productivas.


• Pero este problema de adecuación técnica no se puede en-
"En la producción social de su existencia, los hombres entran de
cender únicamente a través de los términos humanistas de
forma inevitable en relaciones concretas que son independienres de
"abundancia" o en los de "el reino de la necesidad". su volunrad, esto es, las relaciones de producción dadas en un cierto
• En este proceso trataré lo que pienso que son los errores estadio del desarrollo de las fuerzas materiales de producción. La
sobre el comunismo por parce de los soviéticos, antes de cocalidad de estas relaciones de producción consciruye la estructura
analizar las etapas de transición por las que una economía económica de la sociedad, sus verdaderos fundamenros, sobre los
moderna necesitaría pasar para llegar al comunismo. cuales se alza la superestructura legal y política y que corresponde
a las formas concretas de conciencia social. El modo de producción
de la vida material condiciona el proceso general de la vida social,
· e ·meeleccuaJ" 15 .
po1,inca

13. Para más i_nfon~ació~ ~obre las diferencias enrre nuesrras propuesras y los mé 14. J. Stalin. Dialectical and historical materialism. Lawrence & Wishart, 1943.
codos de plaruficac1ón unl1zados en la Unión Soviética, ver Corcrell y Cocksbon 15. Karl Marx. Prtfocr m,d bmoduction to a Contribution to the Critique ofPolitical
1993b. '
Economy. Forcign l..inguagcs Press, 1976.

280 281
Marx ya había expresado esrn conccpdó n diez anos ame.s en ,u Nelrtciones de ¡,rotl11rmJ111tf/11t,t!i11,11 f 'l'()t/11cción de mercancías +Pro-
elocuente frase: piednd priw,d,1 1 JmlmjfJ ,wt!11ri11do 1-Anarqufa del mercado

"El molino manual nos OCOíga la sociedad del señor feudaJ; el /Mnciones deproducción socialistas= Propiedad pública + Trabajo asala-
mollno de vapor, la sociedad con el capitalista" 16.
riado +Planificación

En esca concepción, la característica principal de la producción Las diferencias importantes estriban, primero, en que las relaci~nes
capitalista es la industria de maquinaria, la producción por medio
Je producción socialistas pueden restringir la forma de ~ercan~1a ~n
de máquinas (movidas por vapor). Pero esto debería hacernos re el mercado de bienes de consumo. En el sector de propiedad publica
flexionar: ¿no se caracteriza también el socialismo por el uso de l.1 no hay cambio en cuanto a la propiedad de los medios de produc~ión,
producción mediante maquinaria, por el uso de formas artificiak-\ ya que estos van de una fábrica estatal a otra -por canto estos b~enes
de energía?
110 son mercancías. En segundo lugar, la economía socialista susuruye
Recordemos que Lenin expresó esta misma idea cuando nos dio la propiedad privada por pública. En ce_rcero, reempl~za el a~árquico
la siguiente ecuación:
mercado con la planificación dirigida. Escas son las d1fer~~c1as en las
relaciones de producción pero no en el modo de producc1on.
Socialismo =poder de los soviets + electrificación.

Dado que la diferencia entre la energía de vapor y la eléctrica e,., 2. Marx versus la URSS respecto al comunismo
secundaria, y que sabemos que las economías capitalistas también
usaban la electricidad, la idea importante es que el capitalismo y ti Marx, en su Crítica al Programa de Gotha, presenta un proceso de tres
socialismo comparten el mismo modo de producción.
estadios de transición al comunismo:

Modo de producción capitalista industria de maquinaria movida por


=
1. Capitalismo . ,
energía. 2. Primer estadio del comunismo. Inexistencia de me rcban~as
Modo de producción socialista = industria de maquinaria movida por 1
O dinero, de propietarios privados, pago en fichas a or es
energía eléctrica. de acuerdo al trabajo físico realizado. Servicios públicos fi-
nanciados por un impuesto sobre la renta según los ingresos
Y así, el modo de producción socialista sería una subcategoría d<.:l
laborales.
modo de producción con maquinaria - aquel que usa una red eléc 3. Segundo estadio del comunismo. Pago de acuerdo a las nece-
trica a nivel nacional. Por tamo el primer objetivo de la URSS fue d sidades, las familias de mayor tamaño, etc. reciben mayores
disponer del plan de energía eléctrica GOLERO.
ingresos.
El socialismo y el capitalismo no se diferenciarían tanto como mo
dos de producción sino en tanto en cuanto a sus relaciones sociales. Las diferencias relevantes son que los soviéticos interpretaron el pri-
mer estadio del comw1 ismo con algo mucho menos radical: el socialis-
mo. Se olvidaron de que el socialismo era una idea mucho más amplia
16. Karl Marx. Poverty ofphilosophy. 1847. que el comunismo, y que en el Manifiesto Comunista se dedica un

282 283
capírulo encero a explicar por qué los comunistas son diferentes de lrn. Tabla l: compat,uiv:t del 11c1~í., dbponiblc t:n difcremes economías con-
socialistas. El socialismo de la URSS fue, básicamente, el socialismo de. vertida en esfuerto labornl hum,1110 equivalente per cápica. Se asume que
1902 del por aquel entonces aún revolucionario Karl Kautsky 17 • un trabajador manual puede realizar 216 Kwh por año de crabajo.

r Año Gwh Trabajo humano equivalente per cápita


3. ~Por qué la URSS no alcanzó el comunismo? China 2014 5665000 19,2
EEUU 2014 4331000 63,l
1
"La base material y técnica del comunismo se construirá aJ fi-
UE 2014 3166000 19,7
naJ de la segunda década (1971-80), asegurando una abundancia de
vaJores materiales y culcuiales para la totalidad de la población; la URSS 1990 1728000 27,3
sociedad soviécica se acercará a un estadio en el que podxá introducir URSS 1940 48000 1,2
el principio de la distribución de acuerdo a las necesidades, y habrá URSS 1931 8800 0,3
una transición graduaJ a una forma de propiedad-la propiedad pú-
Rusia 1913 1300 o.o
blica. Así, la sociedad comunista se edificaxá principaLnente en la 24,8
RU 2014 338000
URSS. La construcción de la sociedad comunista se completará en
RU 1907 61320 7,3
el período subsiguiente" (Programa del PCUS, 1960).
·Fue ésta energía suficiente para el comunismo? ¿Qué hay acerca
La URSS en la década de los 60 era aún muy ambiciosa. Tenían
una planificación temporal muy optimista para superar a los EEUU
la
de producción de alimentos? ¿Hasta qué punto alcanzó la URSS
sus objetivos aquí? Bastante bien, de acuerdo a la Tabla 2.
y de hecho en muchas industrias claves lo llegaron a conseguir. La
transición al comunismo se veía únicamente en términos de cantidad Tabla 2: comparación de la producción anual per cápita de alimentos pro-
de producto y no en los de un cambio en las relaciones sociales. Un teicos en la economía soviética tardía, de Reino Unido, Brasil y de EEUU.
desarrollo técnico clave fue el de la electrificación: la electrificación, Nótese que para codas las categorías la Unión Soviética tardía mostraba
que es la base de la construcción económica de la sociedad comunis- mejores cifras. Datos de FAOSTAT y USDA18.
ta, juega un rol esencial en el desarrollo de codas las ramas económi-
cas y en garantizar un progreso tecnológico moderno. Es por tanto Leche Huevos
Año I Carne
importante el garantizar la prioridad del desarrollo de la producción Unidades
J Kilos Kilos
de energía eléctrica. Es notable que no se prestara una atención par-
ticular a la tecnología de la información como tecnología que posibi- URSS 1988 l 69 375 299

litaba el comunismo. Brasil 1988 49 96 163

RU 1988 55 265 201


¿Cómo lo hicieron de bien? Bueno, la Tabla 1 muestra que en
su objetivo clave de electricidad, la URSS en 1990 ya tenía mejores EEUU 1988 58
resultados que los principales países capitalistas europeos habían EEUU 1990 236
conseguido un cuarto de siglo después. EEUU 1995 259

18. Beruam Patrick Pockney. Soviet statistics since 1950. Aldershot (VK) Darcmouth,
17. Karl Kaursky. The sorin/ re11olution. CH Kerr, J 902. 1991.
284 285
¿Era esca producción de a Jimcntos
A • {' •
su1K1<.·1H<.' para el comunis > 4. Los teóricos bu rgucSl'Ci dijeron (¡ue el comurusmo era
pesahr db~ esto, ~I crecimienco soviético se ralentizó. La n:~·t imposible
Krusehev a 1a asumido 1 · · '
defin'd 1 . e cream1enco exponencial continuado y
1 ~ e comunismo en términos de alcanzar un crecimiento ex Von-Mises: Sólo e1 dinero ocorga una base racional para comparar los
;ao~nc1al: L~ suposición del crecimiento exponencial era poco rea Us costes. El cálculo en términos de tiempo laboral no es práctico debido
. cr~c~1emo real no puede ser exponencial por mucho riem a los millones de ecuaciones que tendrían que resolverse.
porque mev1tablemente comienza a ralentizarse El . . po, Hayek: el mercado es como un sistema de telecomunicaciones que
t' d . · crec1m1ento real
ten e a seguir una curva logística como esta. transmite la información para articular la economía. Solo el mercado
puede resolver el problema de la información dispersa.
100 Había algo de cierto en esto. El comunismo de Marx no era po-
sible aún en 1960 debido a las limitaciones del procesamiento de
80
información. El comunismo de Marx en su estadio 1 suponía:
60 • Ausencia de dinero.
40 • Cálculo en términos de tiempo laboral y valores de uso.
• Pago en créditos laborales.
20 Pero el calcular el contenido laboral de cada bien requiere resolver
o millones de ecuaciones. Los ordenadores de los años 60 no eran su-
o 10 20 30 40
ficiencememe potentes. Este hecho se dejó sentir en las Limitaciones
del social ismo soviético. El dinero aún resultaba necesario para el cál-
culo económico incluso en el sector planificado. Había un problema
El comunismo de K:Jrusch ev restó tmpo1·ta
. de agregación en la planificación que requería el determ inar objetivos
ncia al ca mbio social
monetarios. Exisúa una incapacidad para manejar planes desagregados
el comunismo no h-a bra, cases, a nivel de la Unión Soviética en su conjunto. Se necesitaba el dinero
, "Bajo
. J
y 1as distinciones socioeco-
nonucas
medí y culturales y ¡ difc .
' as erenc1as en condiciones de vida entre el para pagar los salarios. Pero el dinero en metálico llevó al mercado ne-
o urbano y rural desaparecerán; d medio rural se i ual , gro, la corrupción y la presión para restaurar Las relaciones capitalistas.
urbano e~ cuanto a desarrollo de las fuerzas producrivas: la :;;:~~
del crabaJo, en cuan to a las relaciones de prod . , 1 di .
d 'd I b' uccton, as con c1ones
e v1 a y e ienestar de la población" (Programa del PCUS, 1960). 5. Desarrollos clave en las fuerzas productivas desde 1960

P~ro el programa concrero no tenía medidas para abolir las l I D esde los años 60, una serie de avances técnicos nos han permiLido
d mero o las mercancías Cuando la i . .. c ases, e
un 1O~ d . . . mpos1b1l1dad de continuar con superar las viejas objeciones a la economía comunista.
d l o e_ crecrm1enro se comenzó a percibir, se vio como un fracaso • Internet: permite la planificación cibernética en tiempo real
e comunismo, dado que el cambi 'al h b' y puede resolver el problema de la información dispersa - la
en su núcleo. Si la sociedad no estab: :::anndo afi ia e~tado ~rese_nte
I º• racaso para inspirar principal objeción de Hayek.
mor_a mente a la gente y para finales de los años 80 los com . • Big-data: permite la concentración de información necesaria
udieron · · ¡ un1stas no
P res1snr as presiones de la ideología capi calisra. para la planificación.

286 287
• Superordenadores: pueden resolver millo nes de ecuacionc!. ,·11 Equivalencia
segundos -la objeción de Von Mises. El principio de Marx de que lo!, bienes no-públicos deberían distri-
• Tarjetas para el pago elecuónico: permiten reemplazar el ditH buirse en base al principio de equivalencia -recibes en bienes la mis-
ro en metálico con crédicos laborales no transferibles. ma cantidad de trabajo, después de impuestos, que llevas a cabo. Por
tanto, los precios de los bienes se determinan en horas laborales. El
Complejidad computacional feedback cibernético de las ventas hacia el plan ajusta el producto a las
¿Cómo de fácil sería resolver los millones de ecuaciones? Hay alguno, necesidades del consumidor tal y como muestra la Figura l.
problemas que llegan a ser compucacionalmeme intratables inclu~t1 La producción se lleva a cabo - t los bienes se venden - se forman
para el mayor de los ordenadores. ¿Es la planificación económica o t'I precios de despeje de mercado - ratios de precios a valores laborales
uso de contabilidad laboral uno de eUos? - t se ajustan objecivos de producción final - se compuca producto
No, no lo es. En una serie de artículos 19, Allin Comell, Greg M, en bruto requerido - comparación de requisitos y recursos - ¿se
chaelson y yo hemos mostrado que la complejidad computacion.d pueden cumpür los objetivos de producción final? - se elabora un
de computar valores laborales para una economía entera con N pro plan de producción detallado.
duetos distintos crece como Nlog(N). Esto significa que es altamentl· Marx argumentó que el cálculo en términos de tiempo laboral lle-
tratable y fácil de resolver gracias a los ordenadores modernos. varía una mayor eficiencia. El sistema de salarios infravalora el autén-
tico coste social del trabajo y es un obstáculo al uso de la maquinaria
Democracia directa más moderna. La transición a un cálculo comunista llevará a un uso
Existe también la posibilidad de usar las redes informáticas y el vow racional del tiempo laboral, y a un crecimienco de la productividad
a través de teléfonos móviles parn permitir el control democrático di laboral más rápido.
recco por parte de la masa de la población sobre la economía. Esw Esra ley se aplica en todo el mundo capitalista, ralentizando el
permite que las decisiones estratégicas más importantes se comen dt· crecimiento de la productividad laboral. La clase capitalista busca
forma democrática. Cuestiones del tipo de: ¿cuánto trabajo deberí.1 rrabajo baraca, lo cual obstaculiza de forma siscemáticamente el pro-
dedicarse a la educación? ¿Cuánto a la sanidad, las pensiones o los en greso técnico. Muestran una falca de voluntad de invertir crónica.
fermos? ¿Cuánto a la protección del medio ambiente? ¿Y a la defens.1 Los economistas ortodoxos llaman a esto estancamiento secular.
nacional? ¿Qué cantidad se dedica a la inversión nueva? Se puede ver el efecto del declive en la mejora de la productividad
Todo esto se puede llevar a cabo a través del voto directo utilizando laboral de forma clara en las figuras 2 y 3 de la página siguiente.
ordenadores o teléfonos móviles cada afio. Hemos diseñado un pro
totipo de software para agregar los deseos del público de esca forma. 20
6. Pasos en la transición al primer estadio del comunismo
19. Paul Cockshott y Afün Comell. "Labour value and socialisc economic calcu
larion". Economy and Society, 18(1):71 -99; W Paul Cockshott y Allin F Cottrell. "El proletariado utilizara su supremacía política para arrebatar, gra-
"Yalue, markers and socialism". Science & Society, pages 330-357, 1997; W Paul dualmente, codo el capital a la burguesía, para centralizar codos los
Cockshott y Allin F Corcrell. "Informacion and economics: a critique of Hayck".
Research in Political Economy, 16:1 77-202, 1997; Allin C omell, WP Cockshou .
y Greg Michaelson. "Cantor diagonalisation and planning". Journal of Uncon11e11
tional Computing, 5(3-4):223-236, 2009. 2009; Karen Renaud y WP Cockshocr. Electronic plebiscites. 2007; KV Renaud y
20. WP Cockshott y K. Renaud. "H andiVore: simple, anonymous, and au<li W1' Cockshocr. "! la11div0tc: C hecks, balances a.nd rhreat analysis". Enviado para
table electronic vocing". ]oumttl ofir,formatio11 7echnology and Politics, 6( 1):60-80. revisión, 2009.

288 289
Figura 2: el <.:rccirnicnto <le la prod1iclivid.1d l.1ho1.d h:1 ido disminuyen- figura 3: el decl ive e n p1 m l11u iv1d.,d e, un fe nó meno internacional. D a-
do a lo largo de la úlcima micad de siglo en el Reino U nido. Las rasas de los o btenidos de lai. b tcndcJ Pc 1111 World Tables. N ócese que estos daros
crecimiento computadas como media móvil durante los últimos 5 años sólo llega n hasrn el in icio de la recesión de 2008.
a partir de los datos de la ONS según el producco por rrabajador para la
economía en su totalidad.

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-2% o o o o
!'-.. 00 o
C\ O\ o o
...... N N

• Crecimiento de la productividad laboral

• Bélgica Italia
Media móvil 1 • Japón
Canadá
Dinamarca .,. Países Bajos
Regresión logarítmica 1 x Francia Suiza
- EEUU

instrumentos de producción en manos del Estado, esto es: el proleta-


son inevitables como medios de revolucionar de forma completa el
riado, organizado como clase gobernante, y para incrementar el total
modo de producción. Escas medidas serán, por supuesto, diferentes
de las fuerzas productivas tan rápidamente corno sea posible. I 1 1
)) 2 )
segun e pa.is . . . .
Por supues to, al principio, esto no se puede llevar a cabo excepto Aún así, en la mayoría de países socialistas, las s1gu1entes medidas
a través de intromisiones despóticas en los derechos de propiedad, y
comunistas serán aplicables de forma general.
bajo las condiciones de la producción burguesa; por tanto por medio
de medidas que se presentan como económicamente insuficientes e
insostenibles pero que, durante su desarrollo, se superan a sí mismas
2 1. Karl Marx y Friederick Engels. Manifesto ofthe Cornmunist Party, crans. S.
y necesitan aún mayores avances sobre el antiguo orden social, y que Moore. Moscow: Progress, 1977.

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Medidas intermedias:
BibJiografía
1. Unidades monetarias convertidas en horas laborales fijadas en CockshotL, W. P. 1990. 'Applii;a1ion of mificial incelligence cechniques to econo-
el valor medio creado por hora. mic planning', Future Computer System.r, vol. 2, no. 4, pp. 429-43.
2. Transición de la financiación estatal por medio de beneficios Cockshott, W P. y Cocrrell, A. 1993. Towards n New Socialism, Nottingham:
de empresas estatales hacia una completa financiación gracias Spokesman Books.
a un impuesro sobre la renta progresivo. Cockshott, W P. y Cottrell, A. 1997. 'Labour time versus alternarive value ba