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INITIUM

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Associació Catalana d’Història del Dret “Jaume de Montjuïc”

INITIUM
REVISTA CATALANA D’HISTÒRIA DEL DRET

15
Co gallo do Xubileo

2 01 0
INITIUM
REVISTA CATALANA D’HISTÒRIA DEL DRET

15
Co gallo do Xubileo

2 01 0
El Grup de Recerca «Jaume de Montjuïc» del Seminario de Historia del
Derecho de Barcelona ha adoptado esta Revista como su medio principal de
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LA LEY DEL ESTILO 135:
SOBRE LA CONSTRUCCIÓN
DE LA MAYORÍA DE JUSTICIA EN CASTILLA*1
Carlos Garriga

Sumario: 1.– Sobre las Leyes del Estilo. 2.– La ley del estilo 135: agravio-
querella-carta. 3.– ¿Qué agravios? Fuero Real 1.7.8 y 2.2.2. 4.– ¿Qué
querellas? 4.1.– La simple querella. 4.2.– La apelación extrajudicial.
4.3.– Excursus: de las querellas a las cartas. 5.– ¿Qué cartas? Las reales provi-
siones. 5.1.– Cartas de simple justicia, eventualmente seguidas de emplaza-
miento. 5.2.– Cartas de emplazamiento. 6.– Recapitulación y excursus sobre
las querellas deposito officio. 7.– Sobre los casos de Corte (ley del estilo 91):
mengua y mayoría de justicia. 8.– Consideración final. Apéndice I.– Sobre
el título y la tradición de las Leyes del Estilo. Apéndice II.– Las leyes del
estilo 135 y 91.

1.– Sobre las Leyes del Estilo.– No sabemos gran cosa sobre las Leyes
del Estilo: que es una colección de 252 capítulos formada posiblemente en
el reinado de Fernando IV y en todo caso situada entre los libros legales de
Alfonso X y el fuero nuevo de Alfonso XI, cuya tradición manuscrita –a lo

*
Proyecto de investigación SEJ2007-66448-C02-02/JURI.
Una nota preliminar sobre fuentes: especifico las ediciones utilizadas la primera vez que
las menciono, salvo en los casos del Corpus Iuris Canonici y del Corpus Iuris Civilis, que cito por las
ediciones habituales de Æmilius Friedberg (Leipzig 1879, Graz 1959) y de Paulus Krueger, Theo-
dorus Mommsen, Rudolfus Schoell y Guilelmus Kroll (1872, 1877, 1895; apud Weidmannos 1963,
1954, 1963; reimpr. 1988, 1989, 1988), sirviéndome en ambos casos del imprescindible Index
canonum et legum totius Corporis Iuris Canonici et Civilis, Xaverio Ochoa – Aloisio Diez, curantibus
(Romae 1964-1965). Además, para las Glosas ordinarias respectivas (citadas como Glosa e introducidas
simplemente por la abreviatura gl., precedida de la referencia a la ley correspondiente) he utilizado las
ediciones siguientes: Corpus juris canonici emendatum et notis illustratum. Gregorii XIII. pont. max. iussu
editum, 4 tomos (Romae 1582); Corpus Ivris Civilis Iustinianei, cvm commentariis Accvrsii […]. Studio
et opera Ioannis Fehi, 6 tomos (Lvgdvni 1627, Osnabrück 1965). Para información sobre los juristas
que cito me he servido principalmente del utilísimo repertorio de Kenneth Pennington: Medieval
Canonists. A Bio-Bibliographical Listing (http://faculty.cua.edu/Pennington/biobibl.htm).

INITIUM 15 (2010) 315-406


316 Carlos Garriga

que parece, sustancialmente homogénea– está aún por estudiar1; que aquel
nombre es posterior, declaraciones o declaramientos el que figura en los códices
conservados2 y, aunque más restrictivo, «declaraciones sobre las leyes del fuero»
con el que fueron impresas desde 1497 su título más expresivo y el que –sin
agotarlo– mejor responde a su contenido3; que no son formalmente leyes, sino
costumbres o estilos de la Corte, dispuestas por escrito –con cierto orden– por
«un ome bueno letrado è forero de aquellos que por entonces andaban en la Corte
del Rey […] muy enterados de la Jurisprudencia del tiempo y de la antigua, y
especialmente de los Fueros de los Lugares (que tanto cita este) y de las usanzas,
estilos, fazañas, y casos practicos de los Tribunales de Corte»4; que se muestran
muy impregnadas por la jurisprudencia romano-canónica, en una composición
que testimonia espléndidamente el rico, complejo, conflictivo estado jurídico
político sentado en las llamadas Cortes de Zamora de 1274 y para entonces
todavía no levantado; que justamente por resultar del estilo, y en este concepto
comparables y pronto comparadas con las observancias aragonesas5, tuvieron

1
Cfr. Jerry R. Craddock, The Legislative Works of Alfonso X, el Sabio. A critical bibliography
(Grant & Cutler Ltd. 1986) 32-33. Aunque siendo una recopilación no hay que descartar que sus
capítulos tengan procedencia anterior o distinta, como se ha sostenido sin aportar mayor fundamento
(nota 15), los argumentos para datar la colección como tal entre los reinados de Alfonso X y Alfonso XI
se desprenden prima facie de los títulos que figuran en los códices (recogidos en el Ap. I) y queda
comprobado –o no se ve desmentido– por su contenido, que responde muy bien a la situación que
vivía el derecho castellano en esas décadas e incluye muchas referencias datables entonces. Para su
ubicación bajo Fernando IV se recurre además, cuando menos desde Rafael de Floranes, Apuntamientos
curiosos para la Historia de las Leyes de las VII Partidas, Fuero Judgo y otras (B[iblioteca] N[acional de
España], ms. 11275), a los capítulos 4 y 39: por «los enunciativos del mismo Quaderno […] està
claro que se hizo reynando Dn Fernando IV. con su madre la Reyna Dª María, y así antes del dia 7
de septiembre del año 1312. en que este Rey murió emplazado (si lo fuè) pero después del [mes de]
Agosto del de 1309. y aun del Enero de 1310: en que duraba el cerco de Algecira, que como cosa ya
sucedida se menciona en las LL. 4. y 39.» (f. 14v, con las comprobaciones pertinentes). El argumento
se ha repetido después muchas veces.
2
Remito al Ap. I. Según Floranes, Apuntamientos f. 14v: «Con el nombre de Declaramiento
le citò siempre un Jurista Toledano del tiempo de Dn Enrrique III. al margen de un exemplar del
Fuero Judgo de su uso en pergamino que he visto y tenido en mi poder».
3
Leyes del estilo y declaraciones sobre las leyes del fuero. Aqui comienzan las leyes del estillo que por
otra manera se llaman declaracion delas leyes. En razon delos pleitos delos demandadores & delos demandados
& de las cosas en que deuen ser apercebidos segun la costumbre dela corte delos Reyes de Castilla: del rey don
Alfonso & despues del rey don Sancho su fijo & dende aca. Fue impresso en Salamanca a diez dias de
hebrero de .M.cccc.xcvii. años. Otro tanto en la edición siguiente (Salamanca 1500) u otras próximas
que he podido consultar (como Toledo c. 1502).
4
Floranes, Apuntamientos ff. 14v-15r, insistiendo en que el autor del Cuaderno fue doctor parti-
cular y no legislador, considerando que fuese Fernando Martínez de Zamora y refutando airadamente
las opiniones coetáneas que presentaban las Leyes del Estilo como expresión de la autoridad real.
5
Espinosa, Sobre las leyes (BPR, cit. infra nota 11) 499: «donde la costumbre [de la Corte]
se toma por stillo aqui (y) en Aragon llaman Closeruantia y ay un titulo que se yntitula De las
obseruançias de aquel rreigno, que es de la costumbre y pratica e interpretaçion y estilo de las leies,
quod consuetudo es optima legum interpres». El mismo Floranes las llama también incidentalmente
«observancias» (Apuntamientos f. 14v).
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 317

conocida –y a menudo jurisprudencialmente reconocida– fuerza obligatoria


durante todos los siglos que contemplan el desarrollo del derecho castellano
(o de la Corona de Castilla) y aún después, hasta las codificaciones nacionales
(española y americanas) 6; que por esto, en fin, fueron impresas no menos de
quince veces hasta mediados del siglo XVI, ampliamente glosadas a comienzos
del XVII y varias veces más editadas durante los dos siguientes7.
No mucho más puede decirse sobre la colección en su conjunto, y casi
todo lo que era dado saber ya entonces se sabe –quiero decir, se dice, con
incertidumbres nunca despejadas– desde el siglo XVI, que fue cuando con
los testimonios disponibles puede asegurarse que comenzaron a llamar la
atención de quienes cultivaban aquel derecho, el derecho castellano, más que
nada para tratar de dilucidar la posición que en el mismo ocupaban, esto es,
su datación, carácter y fuerza obligatoria (asuntos todos ellos íntimamente
relacionados). Aunque la problemática normativa del estilo estaba planteada
en la jurisprudencia castellana cuando menos desde el siglo anterior no alcanzó
entonces, que yo sepa, a esta colección de textos8. Normalmente utilizadas

6
Cfr., específicamente, Rodrigo Gil Ljubetic, «Las Leyes del Estilo en Chile antes de la entrada
en vigencia del Código Civil», en Revista de Historia del Derecho Privado 1 (1998) 189-218. Para el
contexto, con otras referencias, Carlos Garriga, «Continuidad y cambio del orden jurídico», en
Carlos Garriga (coord.), Historia y Constitución. Trayectos del constitucionalismo hispano (México D. F.,
en prensa).
7
Para las glosas, Cristóbal de Paz, Scholia ad leges regias styli (Madriti 1608); con la corrección
de Nicolás A ntonio, Bibliotheca Hispana Nova […] (Matriti 1783, Madrid 1996), s. v. (I 249), sobre
el carácter de esta colección. Para las impresiones, Craddock, The Legislative Works 65-68: después
de la incluida en la edición dieciochesca del Fuero Real (estudiada por Jesús Vallejo, «El Fuero Real
bajo las luces, o las sombras de la edición de 1781», en Initium 1 (1996) 611-643), contabiliza cinco
en el siglo XIX, además de varios extractos.
8
Peregrina. A compilatore glosarum dicta Bonifacia, ([Sevilla] 1498) (BN, Inc/174-175) (=Peregrina),
s. v. Consuetudo, gl. «Quid sit consuetudo», plantea expresamente y resuelve «in quo differt stilus
a consuetudine», reproduciendo literalmente la argumentación –decisiva en la materia– de Barto-
lomé de Saliceto, Ad V. VI. VII. VIII. et IX. Lib. Codicis Commentarii (Lugduni 1560), ad lib. VIII,
tít. Quae sit longa consuetudo, l. Preses, § 23-24 (f. 334v): tras constatar (a partir de C. 8.52 (53) 2)
que «de illo stilo non habemus in iure: licet quotidie dicamus: ille est stilus curie», comienza por
definir: «stilus est ius non scriptum ab vnius iudicis voluntate sepe stilatum»; matiza y distingue
este último punto, para enfrentarse después con la noción de Bartolo (que lo circunscribe al ámbito
judicial: infra nota 18) y concluir: «Unde dicendum mihi videtur q. stilus proprie concernat ordinem
et seriesitatem rei. vt probatur in .l. si quando .C. de bo. vacan. li. x. [C. 10.10.2] et sic stilus non
tantum est in actibus iudiciariis quam etiam in extraiudiciariis. et talis stilus nedum procedit ex
tacito: sed et ex expresso consensu: non tamen scripto: quia tunc transiret in statutum vel legem
[…]» (Peregrina f. 101r). A lo largo de todo el argumento no menciona las Leyes del Estilo, que sin
embargo usa profusamente, bajo otro título, en sus glosas (cfr. infra Ap. I). Por su parte, las glosas
incunables al Ordenamiento de Alcalá (=OA), de autoría incierta y muy controvertida (cfr. Aquilino
Iglesia Ferreirós, «De re historica», en AHDE 57 (1987) 851-941: 880-935; y últimamente Antonio
Pérez Martín, «El arte de la “disputatio” en Vicente Arias de Balboa (ca. 1368-1414)», en Manlio
Bellomo (ed.), Die Kunst der Disputation. Probleme der Rechtsauslegung und Rechtsanwendung im 13. Und
14. Jahrhundert (München 1997) 229-248: 232, atribuyéndolas ahora al obispo de Segovia Juan Arias
de Ávila), comprueban a partir de OA 13.4, gl. «segvn costvnbre [de la nuestra Corte]»: «stilum
318 Carlos Garriga

a lo largo de todo el XV9, comenzaron a ser cuestionadas como leyes por


algunos de los grandes juristas a caballo entre este siglo y el siguiente10 ;
pero sólo a mediados de la centuria letrados de mucha altura como Francisco
de Espinosa11 o Salón de Paz12 plantearon y debatieron aquellas cuestiones
básicas, sin que los autores posteriores –perdida ya la memoria de su tradición
manuscrita13– hicieran otra cosa que repetir y reunir las opiniones de los
anteriores para confirmar todas sus incertezas. Una buena muestra de ellas
ofreció en su prosa erudita, acalorada y perfunctoria Rafael de Floranes, sin
que dos siglos después Joaquín Cerdá pudiera añadir mucho más que otras
opiniones –en general, poco afortunadas– posteriores, en una presentación
escueta por razón de género y muy correcta, que sigue siendo hoy por hoy el
tratamiento más extenso acerca de las Leyes del Estilo14.

curiae per legem seruari ad causam decidendam», sin vincularlo tampoco –expresamente– con las
Leyes del Estilo, que citan ocasionalmente como stillo (seguido del número de capítulo) (BN Inc/2535,
sin título [Glossae Ordinamenti de Briviesca et Alcala], ff. 90r-171r [=Glosas incunables, OA]: 108r para
la cita).
9
Además de la Peregrina o las Glosas incunables citadas y de Alonso Díaz de Montalvo (que recojo
más adelante), véase Joaquín Cerdá Ruiz-Funes, «Las glosas de Arias de Balboa al Fuero Real de
Castilla», en AHDE 21-22 (1951-1952), 731-1141 (=Glosas castellanas, FR), sobre las cuales, Antonio
Pérez Martín, «Las glosas de Arias de Balboa al Ordenamiento de Alcalá», en Aspekte europäischer
Rechtsgeschichte. Festgabe für Helmut Coing zum 70. Geburstag (Frankfurt a. M. 1982) 245-292: 247-248;
Id., «La literatura jurídica castellana en la baja edad media», en Javier A lvarado (ed.), Historia de
la literatura jurídica en la España del Antiguo Régimen, I (Madrid-Barcelona 2000) 61-78: 67. Para
referencias a las Leyes del Estilo en las glosas inéditas que acompañan a los manuscritos del Fuero
Real u otros, María Luz A lonso Martín, «Nuevos datos sobre el Fuero o Libro Castellano: Notas
para su estudio», en AHDE 53 (1983) 423-453: 427-428, 446-450.
10
Como Diego de Segura y Rodrigo Suárez, cuyas opiniones recogió Floranes, Apuntamientos
f. 15rv: remito, para no repetirme, a Carlos Garriga, «La trama jurídica castellana a comienzos del
siglo XVI (Notas y materiales)», en Benjamín González A lonso (coord.), Las Cortes y las Leyes de
Toro de 1505. (Actas del congreso conmemorativo del V centenario de la celebración de las Cortes y
de la publicación de las leyes de Toro de 1505) (Valladolid 2006) 299-379: 375-377.
11
B[iblioteca del] P[alacio] R[eal], ms. 2428 (que es un tomo de «Varios»), ff. 145-162, que
identificó y publicó José Maldonado y Fernández del Torco, «Un fragmento de la más antigua
historia del derecho español. (Parte del texto primitivo de la obra del Dr. Espinosa)», en AHDE 14
(1942-1943) [=Espinosa, Sobre las leyes (BPR)] 487-500. Contiene parte del «Título nono: en que se
trata del libro del Stilo e de su nombre y del autor y de la autoridad que tiene» (499-500), que como
es sabido debe completarse con el extracto dieciochesco conservado en distintas copias (cfr. Garriga,
La trama jurídica castellana 317-322), una de las cuales fue anotada por Floranes y editada por Galo
Sánchez : Francisco de Espinosa, Sobre las leyes y los fueros de España. Extracto de la más antigua historia
del derecho español (Barcelona 1927) 56-59.
12
Marcos Salon de Paz, Doctoris Bvrgensis Marci Salon de Pace, ad leges Taurinas insignes commen-
tarij, nunc primum in lucen editi, quotum hic codex primus est tomus, in quo quatuor insunt exactissimae
relectiones, Pinciae, 1568, Ley 1, §§ 280-291 (ff. 109v-111r).
13
Cfr. para esto, Gerardo Ernesto de Frankenau, Sacra Themidis Hispaniae Arcana (1703), que
pueden leerse ahora en versión castellana: Sagrados misterios de la justicia hispana. Trad. y ed. de María
Ángeles Durán R amas. Presentación de Bartolomé Clavero (Madrid 1993) 182-185, a propósito de
la opinión del jesuita Claude Clement.
14
Para Floranes, sus citados Apuntamientos ff. 14r-15v. Joaquín Cerdá Ruiz-Funes, «Leyes del
estilo», en NEJS XV (Barcelona 1974) 266-269. En el mismo plano, véase Aquilino Iglesia Ferreirós,
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 319

Nada sustancial ha aportado la historiografía de entonces acá: dejando


al margen la atención prestada a algunas de sus leyes, poco más puede encon-
trarse que alguna hipótesis no contrastada sobre su formación y cronología,
que es ciertamente una cuestión clave15. Si desde un punto de vista jurídico
el problema fue planteado y resuelto por Espinosa, al considerarlas como
declaraciones de las leyes propias (en general) y atribuirles en consecuencia el
mismo valor que a las leyes declaradas, la cuestión primera desde un punto
de vista histórico es tratar de determinar cuándo se formó la declaración en
cuestión16.
Para esto –la datación de las Leyes del Estilo– conviene no olvidar su
carácter y tener presente la diferencia entre norma y formulación de la norma: ésta
una expresión lingüística (en nuestro caso, por razones obvias, siempre y sólo)
por escrito y aquélla su contenido de significado preceptivo17. Si efectivamente
provienen del estilo, las normas son consuetudinarias, resultan de la práctica
jurisdiccional de la Corte y como tales hay que pensar que, salvo excepciones
(como podrían ser quizá las que se presentan como declaraciones de determi-
nadas leyes del fuero), no serían producto de un acto decisorio concreto, sino

La creación del Derecho. Una historia de la formación de un derecho estatal español. Manual (Barcelona 1992)
33-34.
15
Alfonso García Gallo, «Nuevas observaciones sobre la obra legislativa de Alfonso X», en
AHDE 46 (1976) 609-670 sostiene que «no parece que se hayan formado después de 1312 [con los
argumentos habituales] reuniendo textos anteriores», lo que explica así: «En las Leyes del estilo se
distinguen claramente, aunque estén entremezclados: a) Un texto que recoge la costumbre de la
Corte, sin duda, por la complejidad procesal que refleja, no anterior a Alfonso X, a cuyo tiempo se
atribuyen expresamente muchos capítulos. b) Las declaraciones de leyes del Fuero de las leyes y de
algunos otros textos […]; c) Respuestas dadas a las preguntas formuladas por los alcaldes de Burgos;
d) Un capítulo de tono doctrinal sobre los casos en que no ha de observarse el Derecho escrito […].
Todos estos textos, tan diferentes, son sin duda anteriores a su compilación, aunque con toda proba-
bilidad de fecha muy distinta», añadiendo que los caps. 4 y 39 (esenciales para la datación habitual)
«debieron ser agregados en el último momento» (653 y nota 99). En el marco de su explicación
global, que doy por sabida, señala que al tiempo que la reelaboración postalfonsina del Libro del fuero
dio lugar a las Partidas y al Fuero de las leyes, «y respondiendo a la necesidad de recoger la práctica
procesal del tribunal real […], alguien redactó por escrito «la costumbre de la Corte de los Reyes de
Castilla”», recogida, «al lado de otros textos muy diferentes, en las Leyes del estilo» que enumera (665
y nota 141). Por mi parte, sólo puedo decir que, válida como clasificación de las leyes, no se sigue
necesariamente de aquí que procedan de textos anteriores, sobre todo si se trataba de formular normas
consuetudinarias, cuya fuerza de obligar deriva de la práctica y no del texto. Posteriormente, Alfonso
García Gallo, «La obra legislativa de Alfonso X. Hechos e hipótesis», en AHDE 54 (1984) 97-161,
las considera una «colección de decisiones de este tribunal» (de los alcaldes de Corte), «formada poco
después de 1312» (155). Por su parte, Antonio Pérez Martín, «El Fuero Real y Murcia», en AHDE 54
(1984) 55-96, señala sin aportar fundamento que «corresponden aproximadamente a 1313» (72) y
que «surgen de la puesta en práctica del precepto contenido en Fuero Real 1.7.1» (81).
16
Cfr. Garriga, La trama jurídica castellana 375-376, para la posición del Dr. Espinosa.
17
Para esta diferencia y sus implicaciones metodológicas, especialmente, Carlos E. Alchourrón
y Eugenio Bulygin, «Sobre el concepto de orden jurídico», ahora en su Análisis lógico y Derecho
(Madrid 1991) 393-407, así como xxiii-xxv; y últimamente, recogiendo todos lo desarrollos, Jorge
L. Rodríguez, Lógica de los sistemas jurídicos (Madrid 2002) caps. 1-2, maxime 11-22.
320 Carlos Garriga

resultado de un conjunto mayor o menor, pero indeterminado, de prácticas y


decisiones uniformes, que vendrían formándose a medida que se plantearan
los casos cuando menos desde Alfonso X, dadas las menciones expresas que
figuran en distintas leyes (que si no eran auténticas evidencian la voluntad de
vincular las declaraciones al nombre de este rey) 18. Si esto es así, para datar el
conjunto (y no éstos o aquéllos de sus elementos), lo único que cabe discutir
es el momento (o los momentos) de la formulación por escrito del estilo de la
Corte y consiguiente formación de la colección, porque sólo esto podría datarse
con mayor precisión y es lo que entiendo que intenta hacerse cuando se propone
el reinado de Fernando IV o fechas muy próximas, como 1312 o 1313, a partir
del título que figura en algunos códices y sin otros elementos de juicio que
las ya citadas leyes 4 y 39. Ahora bien, teniendo en cuenta nuestro general
desconocimiento al respecto y los distintos nombres que, sin correspondencia
con los que reciben en los códices hoy conocidos, pueden encontrarse sin nece-
sidad de buscar mucho para designar a la(s) formulación(es) en cuestión, a
día de hoy caben todas las posibilidades imaginables, que son tres: un núcleo
originario de capítulos más o menos adicionado o reelaborado hasta llegar a
la formulación que transmiten los códices y hoy conocemos (como sugiere la
comparación de los más completos con el códice E Z.III.17) 19; o un conjunto
de textos previos y distintos que fueran en algún momento –o en diversos
momentos– refundidos (como parece sostener a partir de la clasificación de
las leyes García Gallo); o la redacción por escrito de la colección en un solo

18
Para la concepción jurisprudencial del estilo en este período, además de los muchos testimonios
recogidos por Charles Lefebvre, Les pouvoirs du juge en droit canonique. Contribution historique et doctri-
nale à l’étude du canon 20 sur la méthode et les sources en droit positif (Paris 1938) 216-255, el trabajo de
referencia sigue siendo Luigi Prosdocimi, «Tra civilisti e canonisti dei sec. XIII e XIV. A proposito
della genesi del concetto di stylus», en Bartolo de Sassoferrato. Studi e documenti per il VI Centenario
(Milano 1962) II 413-430, a completar con Danilo Segoloni, «Practica, practicus, practicare in Bartolo
e in Baldo», en L’educazione giuridica. II. Profili storici (Perugia 1979) 52-103, maxime 53-59 y 62-68;
a los que poco aporta, realmente, Enrico Spaguesi, «Iurisprudentia, stilus, au(c)toritas», en Mario
Sbriccoli y Antonello Bettoni, Grandi tribunali e rote nell’Italia di antico regime (Milano 1993) 575-604:
576 ss. Para un caso concreto, con indicaciones generales y atención también al ámbito eclesiástico,
Sophie Peralba, «La réception de la procédure romano-canonique d’après le Stilus Curie Parlamenti de
l’avocat Guillaume Dubreuil», en Manlio Bellomo y Orazio Condorelli (eds.) Proceedings of the Eleventh
International Congress of Medieval Canon Law (Biblioteca Apostolica Vaticana 2006) 625-648; e infra
nota 234. Después de las referencias ya citadas de la Peregrina y de las Glosas incunables a OA, hasta
donde sé en Castilla el primer tratamiento expreso –no vinculado tampoco a las Leyes del Estilo– se
debe a Alonso Díaz de Montalvo, P (=Las Siete Partidas del Sabio Rey Don Alfonso el nono […]. Con
la Glossa del insigne Dottor Alfonso Diez de Montaluo. […], Lyon de Francia, 1550) 2.9.27, gl. «Corte»;
P 3.4.20, gl. «Estan». Para éste y la elaboración jurisprudencial posterior, Carlos Garriga, «Las
Ordenanzas de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid. Estudio preliminar a la Recopilación de
1566», en Recopilación de las Ordenanzas de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid (Madrid 2007)
7-128: 89-90.
19
Cfr. Ap. I, para los títulos que figuran en los códices, y nota 218 para la descripción del
códice citado.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 321

acto ya poco más o menos con la formulación que nos ha llegado (que es lo
que viene a darse por sentado), único supuesto en el cual el socorrido recurso
a los capítulos que refieren decisiones adoptadas bajo Fernando IV tendría
validez para la datación del conjunto, que en los dos casos anteriores no se
datarían obviamente más que a sí mismos y en cualquiera de los tres sólo valen
no menos obviamente para fijar un término a quo (la adopción de la decisión
que sirve de regla), dejando abierto el término ad quem (su formulación por
escrito). Por el momento no tengo elementos de juicio suficientes para optar
por alguna de estas posibilidades, pero me inclino a creer que, como intentó
demostrar Espinosa a mediados del siglo XVI, el patrimonio normativo que,
generado por la práctica, se había ido formando en la Corte desde el siglo XIII
y venía documentado de uno u otro modo recibió la forma que hoy conocemos
como Leyes del Estilo, con sus 252 capítulos más o menos ordenadamente
dispuestos, bajo Alfonso XI20.
Esto es al menos lo que puede desprenderse de la ley del estilo que
aquí se estudia, LE 135, que me parece básica para la comprensión del
conjunto y a la que no se ha prestado, hasta donde llegan mis noticias,
ninguna atención hasta el momento21.

2.– La ley del estilo 135: agravio-querella-carta.– Puestos a


escoger, para empezar, algún texto de la ley, valga el de la editio princeps,
que se presenta aquí cotejado con el que ofrece la Academia en su edición
de 1836, por su fama de recomendable y más que nada para comprobar las

20
Francisco de Espinosa, Sobre las leyes 58-59, arguyendo que fue elaborado bajo Alfonso XI,
dice haber consultado «vn libro de pergamino mui antiguo» con un principio que no corresponde a
ninguno de los conocidos y lo menciona como rey presente (cfr. Ap. I, nota 233), para concluir: «Por
lo que yo tengo por resolucion, que el dicho Rey Don Alfonso el XI le fizo copilar de todo lo que en
su tiempo y de los otros Reyes sus antecesores havia pasado y se havia usado, declarado y juzgado y
se advierte que de las Fazañas de Castilla ultimamente vino a emanar este libro de Estilo de Corte
e por esto pareze que tiene mui grande authoridad». La apostilla de Floranes («Esto solo prueva que
el que lo dice, lo escrivia entonces, esto es, copiava el Libro en vida de D. Alonso XI, no empero que
la obra del Estilo se huviese compuesto a la sazon»), aun siendo correcta, no impide (recuérdese la
diferencia entre norma y formulación) que Espinosa tenga razón.
21
Cfr. Nilda Guglielmi, «La Curia regia en León y Castilla», en CHE 23-24 (1955) 116-267 y 28
(1958) 43-101, respectivamente: 222-223. Por su objeto, García de Valdeavellano y González Alonso
se interesan sólo por la última parte de la ley en sus trabajos sobre el juicio de residencia (que cito en
la nota 179). La omisión es particularmente clamorosa en la obra de Gustavo Villapalos, Los recursos
contra los actos de gobierno en la Baja Edad Media castellana (Madrid 1976) 215-236, 271-290, que se
ocupa de los procedimientos testimoniados por LE 135 en la práctica castellana sin mencionarla. No
cuento mis propias referencias, que anuncian o preparan este trabajo que ahora, tantos años después,
presento: Carlos Garriga, «Control y disciplina de los oficiales públicos en Castilla: la visita del Orde-
namiento de Toledo (1480)», en AHDE 61 (1991) 215-390: 257-258; Id., La Audiencia y las Chancillerías
castellanas (1371-1525). Historia política, régimen jurídico y práctica institucional (Madrid 1994) 45-48.
322 Carlos Garriga

variantes de distinto tipo que introduce, con esta sola advertencia: «Se ha
escogido para texto [de las Leyes del Estilo] la que parece primera edición
por estar impresa en letra de tortis, y se ha cotejado con los códices primero
Escurialense [E Z.II.8] y segundo de la Biblioteca real [=BN ms. 5764],
donde se contienen»22; el primero de los cuales omite nuestra ley23. No he
intentado identificar a partir de referencia tan vaga la edición usada por la
Real Academia de la Historia, pero desde luego los tres cambios más rele-
vantes (por alterar el sentido) respecto de la efectivamente primera en el
texto de la ley, que destaco aquí debajo, no proceden del único manuscrito
utilizado para el cotejo que la contiene. En este sentido, el contraste entre
el texto de la ley impreso en 1497 y los restos de la tradición manuscrita
(que recojo en el Ap. II) sirve cuando menos para descartar como superfluos
algunos problemas que la versión publicada por la RAH podría plantear24.

22
Opúsculos legales del rey Don Alfonso el Sabio, publicados y cotejados con varios códices antiguos por la
Real Academia de la Historia, II (Madrid 1836) xi. Me sirvo de Craddock, The Legislative Works 32-33,
para la identificación y localización actual de los códices, sobre los cuales Martínez Díez, Fuero
Real 30-31 y 50-52. Algunas noticias sobre la edición proporciona Jesús Vallejo, «Academia y Fuero:
Historia del Real en la Real de la Historia», en Initium 3 (1998) 419-484: 439, 466-476, 479-480.
23
La tabla que precede al texto de las leyes en el códice E Z.II.8 incluye como «ley cxxxvj
quando se querellan al rrey del alcalde de su villa que carta deuen dar» (rúbrica que coincide con el
códice E Z.III.11), pero su texto no se encuentra y este número corresponde luego a la ley que lleva
por rúbrica: «.Cxxxvj. Commo el diezmo delos puertos se deue parar asy en vn puerto commo en
otro» (cfr. Ap. I para las referencias).
24
La lectura de la RAH en los tres pasos seguidamente resaltados no sólo difiere de la editio
princeps, sino que carece de respaldo en la tradición manuscrita: cfr. Ap. II, LE 135, notas 5, 38 y 41.
Si atendemos al sentido, tan sólo en el primer caso uno de los códices (Z.II.14) presenta una lectura
análoga.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 323

Salamanca 1497 RAH 1836

«Ley .cxxxv. delos que querellan al rey del «Ley cxxxv. De los que querellan al rey del
alcalde como se ha de librar. [1] Sy alguno se alcalde, como se ha de librar. [1] Si alguno se
viene a querellar al rey de algun alcalde delas viene a querellar al rey de algun alcalde de las
sus villas que non cumplio la su carta: deue sus villas, que non cumplió la su carta, debe
ende mostrar fe de lo que fizo el alcalde. & si ende mostrar fe de lo que fizo el alcalde: et
non no le deuen dar carta de emplazamiento si non debenle dar carta de emplazamiento
para el alcalde. Pero si dixiere quel escriuano para el alcalde. Pero si dixere que el escribano
non le quiso dar ende testimonio o que gelo non le quiso dar ende testimonio, o que gelo
defendio el alcalde deuenle dar entonce carta defendió el alcalde, debenle dar estonce carta
de emplazamiento para ellos. [2] Otrosi si de emplazamiento para ellos. [2] Otrosi, si
alguno querellare del alcalde de alguna villa alguno querellase del alcalde de alguna villa,
quel agrauio en su pleyto en defensiones que le agravió en su pleyto en defensiones quel
quel non quiso recebir o de fiadura quel fizo non quiso rescebir, o de fiadura que le fizo
dar agrauiado lo mas que non deuia segund dar, agraviándolo mas que non debia segund
fuero o quel fizo tomar algo de lo suyo segun fuero, o quel fizo tomar algo de lo suyo segun
oficio del alcalde deue el rey embiar mandar oficio del alcalde, debele el rey embiar a mandar
sobrello segun fuere la querella mas non lo sobre ello, segund fuere la querella: mas non le
deue embiar emplazar en aquella carta si non debe embiar a emplazar en aquella carta, sinon
cumpliere fasta que muestre el querelloso lo cumpliere fasta que muestre el querelloso lo
que fizo sobrello. Et en la segunda carta que que fizo sobre ello. Et en la segunda carta, que
deue mandar dar segund entendiere que deue debe mandar dar, segun entendiere que debe
ser dada por lo que muestra enla querella ser dada por lo que muestra en la querella el
el querelloso entonce puede & deue enbiar querelloso, estonce puede et debe embiar a
enplazar al alcalde para antel rey: [3] mas si emplazar al alcalde para antel rey: [3] mas si
alguno se querellare al rey del alcalde quel alguno se querellare al rey del alcalde, que le
tomo lo suyo no como en manera de officio de tomó lo suyo, non como en manera de oficio de
alcalde, o si querellare del alcalde de cosa que alcalde, o se querellare al alcalde de cosa que
es ya juzgada por el por sentencia difinitiua: & es ya juzgada por él por sentencia definitiva: et
mando entregar & entregado por su mandado: manda entregar et entregado por su mandado,
o querellare a tal querella que si assi es que vea o querellare a tal querella, si asi es, que vea el
el rey que querella es: & si querella con derecho rey que querella es: et si querella con derecho
del entonce deue el rey mandar al querelloso dél, estonce debe el rey mandar al querelloso
dar carta de enplazamiento para el alcalde que dar carta de emplazamiento para el alcalde,
paresca delante del. [4] E otrosi despues que qué parezca delante de él. [4] E otrosi, despues
saliere el alcalde de offiçio por las cosas que que saliere el alcalde del oficio, por las cosas
querellaren del que fizo seyendo official es assi que querellaren dél que fizo seyendo oficial,
vsado que si le demandan por fecho de iusticia es asi usado, que si le demandar por fecho de
de muerte quel deuen demandar antel rey & el justicia de muerte, que le deben demanda antel
rey le deue dar quien lo oya en su casa: o algun rey, et el rey le deben dar quien lo oya en su
ome bueno enla tierra onde son naturales. E casa, o algun ome bueno en la tierra donde son
si demandan al alcalde por otras cosas que no naturales. Et si demandan al alcalde por otras
son criminales deue conplir de derecho por si cosas que non son criminales, debe cumplir
mismo en treynta dias para ante los alcaldes de de derecho por sí mismo en treinta dias, para
aquel lugar donde el fuere alcalde de todas las ante los alcaldes de aquel lugar donde él fuere
querellas que en aquellos treynta dias fueron alcalde, de todas las querellas que en aquellos
dadas: o querelladas». treinta dias fueron dadas, o querelladas».
324 Carlos Garriga

El denominador común que engloba los diferentes supuestos contem-


plados por la ley es la querella contra el alcalde ordinario, distinguiendo entre
las deducidas durante el ejercicio del oficio y las planteadas después. Y de hecho
sabemos que en alguna versión de las Leyes del Estilo –imposible determinar
si previa o posterior a la consolidada– el párrafo [4], relativo a estas últimas,
formaba por sí mismo una ley separada de la anterior. En las glosas castellanas
al Fuero Real se citan y reproducen como sendas leyes del «Declaramiento
del Rey don Alfonso que fizo sobreste Fuero», con los números 137 y13925.
Es muy claro, por otra parte, que la ley se mueve en el marco trazado por
el Ordenamiento de Zamora de 1274 y viene en consecuencia a delimitar el
ámbito jurisdiccional de la Corte, en esta ocasión a propósito de las querellas
contra los alcaldes de las villas reales y sobre todo para determinar los casos
en que cabe dar carta de emplazamiento para ante el rey26. La ley presupone,
en fin, el régimen del oficio de alcalde, la configuración de la alcaldía como
un oficio (entiéndase, como una potestad o poder sujeto a derecho), con todo
lo que esto significa: ligando la facultad al deber, el officium iudicis integra
el conjunto de reglas que determinan lo que el iudex puede y debe hacer en
el ejercicio de la iurisdictio, prescribiendo las sanciones que le corresponden
(en rigor, determinando las obligaciones que contrae) si usa indebidamente
el poder del oficio: el juez que no se comporta como tal (persona pública),
viene reducido a la condición de persona privada (censetur ut privatus) y hace
del pleito ajeno suyo (litem suam facit), o sea, pierde su posición como mediador
de la justicia y deviene parte a todos los efectos, quedando en consecuencia
obligado a resarcir, conforme a las reglas comunes, el daño causado al litigante
agraviado por su negligencia o impericia (ex quasi-maleficio: por culpa) o por
hacer uso malicioso del oficio (ex maleficio: por dolo) 27.
Con este trasfondo, como bien dice la rúbrica de la versión impresa en
1497, la ley precisa el régimen de las querellas contra los alcaldes recibidas en
la Corte del rey, diferenciándolas por la causa que las motiva (con o sin oficio)
y los efectos que produce (emplazamiento o no). Tal como aquí se muestra, el

25
Glosas castellanas, FR 2.3.1 (=4) (824-825). Salvo error mío, no se cita a lo largo de todas las
glosas la ley 138.
26
El trabajo de referencia sigue siendo Aquilino Iglesia Ferreirós, «Las Cortes de Zamora de
1274 y los casos de Corte», en AHDE 41 (1971) 945-971.
27
Aunque el debate sobre el significado de la fórmula romana (litem suam facere) en su contexto
originario no deja de tener interés (Roberto Scevola, La responsabilità del iudex privatus (Milano 2004),
maxime caps. III y V; Matteo Giusto, «Per una storia del litem suam facere», en SDHI 71 (2005)
457-476; Id., «Litem suam facere (a proposito di una recente monografia)», ibid. 72 (2006) 389-413),
bastará aquí con remitir a las páginas que Ugo Nicolini, Il principio di legalità nelle democrazie italiane.
Legislazione e dottrina politico-giuridica dell’età comunale (Padova 19552) 367-385 dedicó a la construcción
de la jurisprudencia al respecto. Para el derecho castellano, además del tratamiento jurisprudencial
que cito luego, puede verse por el momento, Garriga, Control y disciplina §§ 4-6.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 325

estilo de la Corte había enlazado de una cierta manera tres elementos: oficio del
alcalde/agravio-querella-carta, precisando las clases de éstas que correspondía
librar en respuesta a las querellas, según cuáles fueran (y cuándo fuesen) los
comportamientos denunciados (al qué y el cuándo de los agravios), especial-
mente para determinar en qué casos cabía librar cartas de emplazamiento
para juzgar la conducta de los alcaldes en la Corte.
El elemento central y decisivo es la querella, término procedente del
derecho romano y muy difundido en el canónico con el sentido genérico de
petición o queja, más o menos cualificada y determinada según el contexto
jurídico e institucional28, que en la Castilla del siglo XIII –y dejando al
margen otros posibles y más concretos significados29 – equivalía también a
petición contra un agravio (o en defensa del propio derecho) y operaba como
motivo o antecedente de las cartas reales. En sus líneas maestras el esquema
es tan sencillo como ahora veremos.

28
Para el derecho romano es suficiente con acudir a Paul Colinet (†), «La nature des querelae,
des origines à Justinien», en SDHI 19 (1953) 251-306. No conozco trabajo equivalente para el derecho
canónico, pero tanto en el Decreto (cfr. Timothy Reuter y Gabriel Silagi (eds.), Wortkonkordanz zum
Decretum Gratiani (München 1990) (=MGH Hilfsmittel 10) t. 4, s. v. �������������������������������
«querela», «querelare», «queri-
monia»: 3911-3913) como –sobre todo– en las Decretales recopiladas por Gregorio IX puede encontrarse
sin mucha dificultad un expresivo florilegio. Para los significados (y ambigüedades) que el término fue
adquiriendo al paso de la elaboración jurisprudencial, Alberici de Rosate Bergomensis, Dictionarium
Iuris tan Ciuilis, quam Canonici. Quod equidem post omnes omnium editiones diligentissime emendatum, ac
prater additiones ad hanc usque diem impressas, quibus authorum suorum, nomina in fine singularum sunt
descripta, plus mille & octigentis Additionibus nunquam antea in lucem emissis, auctum & locupletatum est.
[…] (Venetiis 1573), s. v. «Querela», «Querelae», «Querimonia». Interesa particularmente, como
veremos, su relación con la apelación, destacada en el segundo de los términos: «Item nota quod
vbi sumus in casu, in quo non potest appellari, poterit tamen querelari. gl. est sin. secundum Card.
ibi, in d. c. querelam. de procur. [X 1.38.2] cum querela sit actis citerior appellatione, vt dixit ibi
gl. quam Abb. ibi dicit esse notandam, propter statuta prouidentia contra querelantem in certis
causis, vt non extendatur ad legitime appellantem, & idem econtra […]», según adición tomada
del Singularia de Antonii Corseti, s. v. «Querela» (que he consultado por mi parte en ed. añadida
al Apparatus Innocentii [=Apparatus super V libros decretalium] (Venetiis 1491), con foliación propia,
ff. 21v-22r). Interesan también dos adiciones de Franciscum Decianum: «Querela dicitur, quando
oppresus reclamat, vt sibi per viam iuris succurratur»; y a propósito de «querimonia»: «hoc verbum
est terminus generalis, & in iudicio & extraiudicium adaptari potest» (Dictionarium, ibid.). Petrus de
Monte, Repertorium utriusque iuris (Roma 1476), más detallado pero menos interesante para nuestro
objeto, por versar principalmente sobre la querela inofficiosi testamento, s. v.: «Querele propositio coram
papa habet uim appellationis. de exces. prela. dilectus [X 5.31.13] quod es uerum ad suspendendum
sententiam ac si fuisset appellatum. de of. or. ad reprimendam. [X 1.31.8] de sen. excom. per tuas
[X 5.39.40]».
29
Cfr. FR 2.3.1 o 2.3.6, y 4.20.3, donde como es sabido se distingue entre acusación y querella,
como modos de iniciación de los procesos criminal y civil: «quales pleytos puedan demandar por
acusacion, e quales por querella»: «et si fuere pleyto de debda qualquier, o de vendida, o de compra,
o de labor alguna, que aya de facer, o de otra cosa qualquier en que non deva aver justicia de muerte,
nin de pena de cuerpo, nin echamiento de tierra, nin perdimiento de aver, puedanse demandar [tales
pleitos] por querella, e non por acusacion».
326 Carlos Garriga

(i) La relación agravio-querella no requiere de mayor demostración, y


resulta de las obligaciones que comporta de suyo el oficio de juez: definido
como potestas iudicis a iure sumpta y configurado éste –el orden jurídico– como
un conglomerado de derechos particulares, cualquier uso contra derecho del
poder que el oficio confiere desampara al juez frente al titular del derecho
indebidamente afectado, obligándole a reparar como persona privada el daño
indebidamente causado como persona pública30. Si agravio es todo atentado
a (o alteración indebida de) una posición jurídicamente reconocida, querella
es el término genéricamente empleado para designar la petición o queja –la
reclamación– articulada por el interesado en favor de su derecho. Con este
significado genérico, la querella es la matriz de todos los procedimientos
orientados a evitar un perjuicio o reparar un daño jurídicamente indebido,
el más importante de los cuales es la apelación, que fue también el primero
que resultó formalizado, adquiriendo muy pronto un perfil bien definido31.
Querella-apelación se relacionan en términos de género-especie, de una manera
todavía muy viva a las alturas del siglo XIII: basta repasar para comprobarlo
las definiciones (coincidentes) que, de acuerdo con la jurisprudencia, dan el
Espéculo y las Partidas.

«Alçada –dicen estas últimas– es querella que alguna de las partes


faze de juicio que fuese dado contra ella, llamando e recorriéndose a
enmienda de mayor juez; e tiene pro el alzada cuando es fecha derecha-
mente porque por ella se desatan los agraviamientos que los jueces hacen
a las partes torticeramente o por no lo entender»32.

30
Para la definición citada, Goffredus de Trano († c. 1245), Summa (=Summa perutilis et valde
necessaria do. Goffredi de Trano super titulis Decretalium nouissime cum repertorium et numeris principalium
et emergentium questionum [Lugduni 1519, Aalen 1968], «De officio iudicis» (X 1.32), § 1 (v. «Officium
iudicis est») (f. 56r); Hostiense, Summa Aurea (=Henrici de Segusio Cardinalis Hostiensis, Svmma
Avrea, Ad vetustissimos codices summa fide diligentiaque nunc primum collata, Atque ab innumeris erroribus,
quibus scatebat hactenus, repurgata [Venetiis 1574]), «De officio iudicis» (X 1.32), § 1 «Quid sit offi-
cium iudicis» (col. 342), que interesan completos para el régimen del oficio. Cfr. Carlos Garriga,
«Contra iudicii improbitatem remedia. La recusación judicial como garantía de la justicia en la Corona
de Castilla», en Initium 11 (2006) 157-382: §§ 2-3, con algún desarrollo y bibliografía. Aunque cito
la obra de Goffredo por la edición indicada, ocasionalmente me he servido también de Svmma Goffredi
de Trano […] in titvlos decretalivm Omnibus nedum Pontificij & Caesari iuris studiosis, verumentiam &
religiosis cuiuscunque ordinis vtilis ac necessaria (Venetiis 1570), de más cómoda lectura.
31
Para esto y las definiciones jurisprudenciales al uso en el siglo XIII, infra § 4.2.
32
P [=ahora Las Siete Partidas del Sabio Rey don Alonso el nono, nueuamente Glosadas por el Licenciado
Gregorio Lopez del Consejo Real de Indias de su Magestad (Salamanca 1555)] 3.23.1, con su glosa, para
la concordancia con las fuentes romanas. Según Esp. [=Espéculo. Texto atribuido al Rey de Castilla Don
Alfonso X, el Sabio. Edición, introducción y aparato crítico de Robert A. MacDonald (Madison, The
Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1990)] 5.14.1, «alçada es manera de querella que alguno
ffaze del menor judgador al mayor, tenjendo sse por agraujado del juyzio o del mandamjento quel
ffeziesse».
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 327

Si la apelación fue la primera y más precisa o acabada formalización


de la querella, en el extremo opuesto la querella en sentido genérico, la simple
querella, sencillamente como equivalente a petición contra un agravio, se
mantuvo siempre como expediente residual para acoger cualesquiera quejas
o peticiones contra agravios que no tuvieran un procedimiento específico
de reparación33. A las alturas del siglo XVII definía el portugués Agustín
Barbosa, sintetizando un lugar común jurisprudencial: «Querela est reme-
dium peculiare competens iis qui conqueruntur apud superiorem, in quibus
ex juris dispositione appellatio non procedit, […] & in illius defectum locum
habet […]»34.
Entre la una y la otra –la apelación y la querella– fueron formalizán-
dose otros recursos más o menos específicos que respondían a unas u otras
necesidades prácticas, resultaron jurisprudencialmente perfilados por las
vías escolásticas establecidas (definición, distinción, analogía…) y todavía
a las alturas de comienzos del siglo XIII bullían en una especie de magma
inespecífico (como veremos más adelante a propósito de la apelación extra-
judicial). Todos ellos participaban de la idea de recurso al superior para el
amparo o el restablecimiento de los derechos radicados en el orden y llegado
el caso provocaban la actuación del princeps en defensa del orden constituido
(a la sazón en trance de consolidarse precisamente gracias a estos recursos
como, permítaseme la tautología, un conglomerado de derechos judicialmente
garantizados), materializada para empezar en una carta real.

(ii) La relación querella-carta –también de matriz canónica, como


veremos luego– es patente en la práctica cancilleresca cuando menos desde
Alfonso X y quedó expresivamente formalizada en sus cuerpos legales. Espé-
culo 4.6 se titula «De las querellas et de las cartas», y comienza delimitando
«dos cosas […] de que nasçen todos los pleitos que sse an a librar derecha-
mjente por juyzio: estas sson las demandas que los omnes sse ffazen vnos a
otros, et las querellas que ffazen vnos de otros», para centrarse en éstas, con
el objeto de mostrar «que departimjento a entre querella et demanda. Et dessi
ffablaremos de las cartas que ssallen de casa del rrey, porque las mas dellas
sson dadas ssobre llas querellas que los omnes ffazen en la corte»35. La ley

33
Véase, muy claramente, Roberto Maranta (†1530), Avrea Praxis Dn Roberti Marantae Venv-
sini, ivreconsvltorvm fecile principis: Vvlgo Specvlvm Avreum et lvmen advocatorvm inscripta […] (Coloniae
Agrippinae 1580) (=Speculum Aureum), Pars VI, Secundus actus, §§ 114-121, que recojo más adelante
(nota 103).
34
Agustini Barbosae, Repertorium iuris civilis et canonici, in quo alphabetico ordine principa-
liores, & Practicae utriusque Iuris Conclusiones collectae indicantur, & magna Doctorum copia exornantur
(Lugduni 1712) 189, s. v.
35
Esp. 4.6, pr., que concluye: «et despues ffablaremos de las cartas, tan bien de los priujllegios
como de las otras abiertas et çerradas o de qualquier manera que ssea».
328 Carlos Garriga

primera se ocupa, en consecuencia, de determinar «que departimjento a entre


demanda et querella», precisando el sentido de este último término, querella:

«Et dezimos que demanda non sse puede ffazer a menos de sseer
ssu contendor delante o aquel a qui demanda. Et la querella puede
sse ffazer sseyendo delante ssu contendor o non lo sseyendo. Et por
ende queremos que los omnes ssean aperçebidos, quando ssus rrazones
mostraren antel rrey o ante algunos daquellos que dixiemos en las leys
dessuso que les an de judgar, en ssaber departir querella de demanda
por que ssus rrazones puedan mostrar apuestamjente et puedan entender
por que lugar podran alcançar mas ayna derecho. Pero de las querellas
que dixiemos que sse ffazen non ssiendo los contendores delante, queremos en
ellas ffablar mas; porque naçen dellas las cartas que ssallen de casa del rrey
que manda el mjssmo dar, o las que dan aquellos a qui da poder que judgen
y et libre los pleitos, et de las otras cartas que dan los que an poder de
judgar por las tierras».

Aunque por razón de la distinta sistemática seguida para regular el


proceso las Partidas contemplan las cartas reales desde otro punto de vista (el
de las escrituras) 36, también en ellas se hace explícita, en el título dedicado
a los escribanos, la relación entre querellas y cartas reales, con una precisión
del mayor interés:

«Ley VI. Como deuen los escriuanos ser auisados, para ditar las cartas de sinple
justicia.

De simple justicia son llamadas las cartas que el Rey, osus Alcaldes
mandan fazer aquerellas de algunos que quieren alcançar derecho. E tales
cartas como estas los escriuanos que las fizieren deuen ser auisados, para
decir en ellas (despues que todas las razones fueren escritas) poniendo
y esta palabra si assi es como querello el que la carta gano que fagan
aquellos a quien va, o que cumplan lo que enellava. E aun dezimos que
si el escriuano fuesse desacordado de non poner esta palabra en la carta,
que siempre y deue ser entendida maguer non fuesse y puesta. E los

36
Como ha destacado Aquilino Iglesia Ferreirós, en el arranque de su «Libro de Leyes y
Privilegio», en Sevilla. Ciudad de privilegios (Sevilla 1995) 119-175.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 329

juezes aquien fuere assi lo deuen entender llamando a ambas las partes
e judgandolas segun fuero e derecho»37.

Se ha discutido en qué medida la legislación alfonsina sobre la canci-


llería, que en términos materiales es sustancialmente coincidente, se ajusta a
la práctica cancilleresca38. Desde luego, como empecé por decir, en el punto
relativo a las relaciones querella-cartas que aquí interesa no hay duda de que
así es. Sin remontarnos más atrás, al menos desde el reinado de Alfonso X
hay abrumadora constancia de cartas reales libradas a querella del agraviado
(de parte agraviada) en una línea que, teniendo como punto central la práctica
documental testimoniada por LE 135, culmina bajo Alfonso XI en la forma
diplomática real provisión (que sólo más tarde comenzará a diversificar sus
utilidades).
Creo que este es el contexto más general o primario de LE 135, para
comprender la cual es preciso ahora determinar qué agravios, qué querellas
y qué cartas llevaron a conformar en la Corte la regla que descriptivamente
formula, dejando por el momento aparte las querellas que se interponen
«despues que saliere el alcalde del offiçio» (post officio dimisso).

37
P 3.19.6. Simplemente referida por la Peregrina, s. v. «Tabellio», q. 6 (f. 495r); G. López se
limita en su glosa a remitir a P 3.18.48, donde, refundiendo (cfr. Iglesia, Libro de Leyes nota 29)
Esp. 4.6.19 y 23 y no sé si con igual sentido, en efecto se lee: «Por quales cartas se entiende que
reciben poder señaladamente de judgar aquellos aquien son embiadas: queremos lo mostrar por esta
ley. E dezimos, assi que aquel aquien embia el Rey carta en que le manda que faga auer derecho a
algund ome: o a alguna muger o en que le manda fazer alguna cosa: e le embia dezir enella si assi
es, que por esta palabra se entiende que le da el Rey poder que conociendo del pleyto, si es assi, o
no: que lo pueda judgar. Esso mismo dezimos si dixere en la carta que faga llamar las partes, e que
oya sus razones, e que los libre, e que los judge por fuero, e derecho. O si dixere en la carta que si
fallare que es verdad aquella querella que le fizieron que faga, o cumpla aquello que en la carta dize.
Onde dezimos que si estas palabras fueren puestas en las cartas, o otras semejantes dellas, que dan
poder a aquellos que son embiados, de judgar entre aquellos omes por aquellas cosas sobre que los
embian, e por esso son llamadas foreras. Otrosi cartas foreras dezimos que son aquellas que el Rey
da: o alguno de aquellos que han poder delas mandar, dar en su corte por el en que dize que fagan
e cumplan alguna cosa de las que mandan las leyes deste nuestro libro, o enel fuero de aquel lugar,
o fuere embiada la carta». Tiene interés la gl. Si assi es.
38
Cfr., simplemente, Antonio Rodríguez Adrados, «El Derecho Notarial en el Fuero de Soria
y en la Legislación de Alfonso X el Sabio», en Revista de Derecho Notarial, 44 (1964) 29-160, recogido
en sus Escritos jurídicos I (Madrid 1995) 31-122: 73-87; María José Sanz Fuentes, «Estudio diplomá-
tico», en Manuel González Jiménez (ed.), Diplomatario andaluz de Alfonso X (Sevilla 1991) 175-201;
e Iglesia Ferreirós, Libro de Leyes 146 ss., que remite a la bibliografía anterior. A pesar del título,
ninguna ayuda prestan María Josefa Sanz Fuentes y Miguel Calleja Puerta, «La documentación
judicial en el reino de Castilla. Baja Edad Media», en Giovanna Nicolaj (a cura di), La diplomatica
dei documenti giudiziari (dai placiti agli acta – secc. XII-XV) (=�����������������������������������
Commission Internationale de Diplo-
matique. X Congresso Internazionale. Bologna, 12-15 settembre 2001) (Roma 2004) 113-136.
330 Carlos Garriga

LE 135: querellas al rey contra el alcalde durante el oficio

Agravios según oficio sin oficio

Querellas simple querella apelación extrajudicial

Cartas simple justicia + emplazamiento emplazamiento

3.– ¿Qué agravios? Fuero Real 1.7.8 y 2.2.2.– A pesar de su brevedad,


la ley cubre cualquier posible agravio causado en el desempeño del oficio y los
clasifica en atención a que sean o no reparables por el juez que los infirió. No
otra cosa significa actuar «según oficio del alcalde» o «no como en manera
de officio de alcalde», esto es, según que tenga o no jurisdicción sobre el
caso que motiva la querella, sea porque se dé en el curso de un proceso o de
cualquier modo por aplicación del oficio, sea porque actúe sin éste o cuando
se haya extinguido –con la ejecución de sentencia– para el caso. Obviamente,
la diferencia pierde toda relevancia una vez que el alcalde ha concluido su
ejercicio, supuesto que dejo –como digo– por el momento aparte.
Así concebida, la distinción responde a otras tantas leyes del Fuero
Real, íntimamente relacionadas entre sí, que si no me equivoco constituyen
el trasfondo normativo (inmediato) de nuestra ley y deben ser prima facie
comprendidas en el marco textual de este cuerpo legal. No es necesario para
esto reconstruir el régimen del oficio (que doy por supuesto), sino tan sólo
delimitar el espacio que ocupa la querella contra el alcalde en la lógica –no,
todavía no, en la práctica– del Fuero Real39. Debemos situarnos para este fin
en los márgenes del oficio, allí donde se localiza la conducta antijurídica del
alcalde. El texto legal contempla su actuación contra derecho en dos contextos,
no necesariamente excluyentes y respectivamente dedicados a la determina-
ción de sus consecuencias procesales y sustantivas (o digamos, punitivas),
genéricamente orientadas a evitar o reparar un daño jurídicamente indebido.
Por un lado, el Fuero Real dedica un título a regular la alzada como
remedio procesal para evitar que los agravios del alcalde prosperen y causen
daño a la parte, con los rasgos básicos que jurídicamente tenía (en particular,
sus efectos suspensivo y devolutivo de la jurisdicción) 40. Tampoco es preciso
de momento entrar al pormenor de su régimen, sino tan sólo constatar que

39
Cfr. Garriga, Control y disciplina §§ 4-5.
40
Jesús Vallejo, «La regulación del proceso en el Fuero Real: desarrollo, precedentes y
problemas», en AHDE 56 (1986) 495-704: 548-553.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 331

se da siempre en el curso de un proceso ya incoado, porque únicamente está


prevista su interposición contra los juicios del alcalde41: introducido «por
que a las uegadas los alcaldes agrauan las partes en los iuyzios que dan»
(FR 2.15.1), tenía en este ámbito una valencia universal y servía en conse-
cuencia para oponerse a cualquier agraviamiento que resultase del iuyzio del
alcalde, «quier sea el iuyzio acabado quier otro sobre cosas que acaeçen en
el pleyto» (FR 2.15.1). Frente a las Partidas –adscritas al modelo civil– el
Fuero sigue así en términos generales el abierto régimen canónico y considera
recurrible cualquier juicio del alcalde (incidental o conclusivo) que no haya
sido expresamente exceptuado42.
Por otra parte, el Fuero Real determina las obligaciones que contrae
el alcalde por su conducta antijurídica en razón del daño que efectivamente
cause a la parte y según el tipo de comportamiento denunciado, bien que
moderado de manera decisiva por la intención que lo haya movido, tal como
determinan FR 1.7.8 y 2.2.2, procedentes de la Lex Visigothorum y respectiva-
mente pertenecientes al título regulador del oficio de los alcaldes y al dedicado
a sus mandamientos43. Separadas en función de su propia ordenación por el
Fuero Real, fueron reunidas por la práctica judicial que testimonia LE 135
y por la jurisprudencia castellana –demasiado tardía, pero no inútil para
nuestro objeto–, que obviamente interpretó estas leyes propias a la luz del
ius commune. Las glosas que recibió aquel cuerpo legal en el Cuatrocientos las
aúnan al tratar de la responsabilidad del juez (en rigor, las obligaciones que
contrae ex delicto y ex quasi-delicto), distribuyendo entre ambas –sin mayores
precisiones– todo el posible espectro de conductas antijurídicas en las que éste
puede incurrir (o al menos, todas excepto las que se dan en pleitos criminales).
Conforme a un criterio muy difundido en la jurisprudencia, Díaz de Montalvo
distinguía, hacia mediados del siglo XV: FR 1.7.8 «loquitur quando judex
negligit justitiam administrare: & sic delinquit in omittendo», mientras que
FR 2.2.2 «loquitur in prima et in secunda parte, quando judex delinquit in
faciendo contra justitiam»44.

41
FR 2.15: el término de referencia constante y exclusivo es «juicio».
42
Remito para esto al § 4.2. Como ahora veremos, LE 135 completa la adopción del régimen
canónico dando entrada a la apelación a gravamine extrajudicial –una appellatio ante litis ingressum–
bajo la forma de querella contra los agravios irreparables del alcalde.
43
Como ha demostrado Vallejo, La regulación 605-606 y 599-600, las fuentes de FR 1.7.8 y
2.2.2 son, respectivamente, Lex Visigothorum [=Karolus Zeumer (ed.), Leges Visigothorum. Monumenta
Germaniae Historica. Legum sectio I, t. I (Hannoverae et Lipsiae 1902, Hannover 1973)], 2.1.20 y 21,
sobre las cuales, Antonio Padoa Schioppa, Ricerche sull’appello nel Diritto intermedio. I (Milano 1967)
119-121; P. D. K ing, Derecho y sociedad en el reino visigodo (Madrid 1981) (ed. orig. inglesa 1972) 139 ss.
44
Alonso Díaz de Montalvo, FR (=El Fuero Real de España, diligentemente hecho por el noble rey
don Alonso IX: glosado por el egregio doctor Alonso Diaz de Montalvo. Asimismo por un sabio doctor de la
Universidad de Salamanca addicionado, y concordado con las siete Partidas, y Leyes del Reyno: dando à cada
Ley la addicion que convenia, 2 tomos [Madrid 1781]) 2.2.2, gl. «Si el Alcalde» (I 176-177). Para las
332 Carlos Garriga

La primera de estas leyes (FR 1.7.8) regula genéricamente los


supuestos de denegación de justicia y de negligencia maliciosa del alcalde
en el ejercicio del oficio, y las sanciona con el resarcimiento de las costas
causadas y los daños sobrevenidos al agraviado, cuantificados mediante su
juramento a bien vista del juez que conoce.

Glosas castellanas, FR 1.7.3 (=8) y 2.2.2, cada una de estas leyes requiere a la otra y su glosa, sin marcar
diferencias tajantes entre los supuestos de hecho respectivamente englobados (756-757, 808-810).
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 333

«Ley octaua, como el alcalde que no faze justicia del querellado


es obligado a los daños e costas» (RAH).45464748

MD45 RAH46

«Si alguno se querellare dotro al alcalde, e el «Si alguno se querellare de otro al alcalle, e
alcalde non quisiere luego llamar a aquel de el alcalle nol quisiere luego llamar a aquel de
qui se querellare que uenga a fazer derecho, quien se querellare, quel venga facer derecho,
o si el pleyto alongare por ruego o por amor e si el pleito les alongare por ruego o por amor
de alguna de las partes o por le fazer alguna de alguna de las partes, o por le facer alguna
ayuda, si aquel a quien faze la rebuelta pudiere ayuda, si aquel a quien faz la rebuelta pudiere
esto prouar47, peche el alcalde de lo suio las provar esto, pechel el alcalle de lo suyo las
cuestas que fizo el querelloso e los dampnos costas que fizo el querelloso, e los daños que
que recibió por aquella rebuelta e el quere- rescibió por aquella rebuelta, e el querelloso
lloso sea creýdo por su iura sobrestas cosas e sea creido por su jura sobrestas costas e
sobrestos dannos a bien uista de aquel a quien sobrestos daños, a bien vista de aquel a quien
se querellare del alcalde; esto mandamos se querellare del alcalle. Et esto mandamos,
saluo todo el tiempo en que el alcalde non salvo todo el tiempo en que el alcalle no debe
deue iudgar»48. judgar».

De igual forma (costas y daños) viene sancionada la denegación del


testimonio de la apelación a la parte que se agravia y la intenta, un supuesto

45
Leyes de Alfonso X. II. Fuero Real. Edición y análisis crítico por Gonzalo Martínez Díez. Con
la colaboración de José Manuel Ruiz Asencio, César Hernández A lonso (Ávila 1988). Si otra cosa
no indico, cito en adelante las leyes del Fuero Real por esta edición, sobre la cual debe consultarse
Aquilino Iglesia Ferreirós, «En torno a una nueva edición del Fuero Real», en AHDE 59 (1989)
785-840. Aparte otras variantes menores, la copia del Fuero contenida en el códice BPR, II-323, altera
no poco la redacción final: «e el querelloso sea creydo por su palabra o por su iura sobre todas cosas
e sobre estos daños a bien vista de aquel a quien se querello del alcallde. E esto mandamos saluo el
tiempo en que el alcalld non deue iudgar» (ff. 10v-11r). Martínez Díez no registra estas variantes.
46
Fuero Real del Rey Don Alonso el Sabio. Copiado del codice del Escorial señalado ij.z.-8. y cotejado
con varios codices de diferentes archivos por la Real Academia de la Historia (Madrid 1836).
47
El Fuero de Briviesca (1313) añade «antel Rey o ante qui el Rey mandare». Utilizo la trans-
cripción publicada en microfichas por Francisco J. Martín (ed.), Texto y Concordancias del Fuero de
Briviesca. Biblioteca Nacional Ms. 9.199 (=Spanish Legal Texts Series No. 16) (Madison 1994).
48
A comienzos del siglo XV el alcance de la ley era determinado así por las Glosas castellanas:
distinguiendo las sentencias o mandamientos, objeto de FR 2.2.2, señalaba «en las otras cosas que
acaesçen en el pleito como si es ninguno por seer tratado el pleito sin parte, o aver en el pleito contienda,
o si era la demanda mala, o resçebir prueva en el pleito sin ser contestado, salvo en aquellas cosas
que manda la ley, o resçebir a la parte a provar lo que non pertenesçe ni aproveche, o seer los poderes
menguados que traen los personeros al pleito; o resçibiendo tal razón que non fuere pertenesçiente
que se oviese a de longar el pleito. En estos casos o en otros semejantes dellos, tenudo es el alcalle
de pechar las costas e los dannos a partes porque guardó mal lo que era del su ofiçio de guardar. E
así se entiende esta ley Si el alcalle, e la otra ley VIIIª, del título VIIº, del libro primero deste Fuero
[=FR 1.7.7-8], faz a esta que comiença Si algun» (809-810).
334 Carlos Garriga

concreto de negligencia del alcalde; por el contrario, si omite el señalamiento


de plazo para seguir la apelación, recibirá sólo aquella «pena, qual tuviere
por bien el que ha de juzgar el alzada»49.
La actuación contra derecho del alcalde causante de un perjuicio
patrimonial (FR 2.2.2) tiene siempre como consecuencia la anulación de la
decisión adoptada y consiguiente restablecimiento de la situación patrimo-
nial indebidamente alterada, pero la obligación que aquél contrae a título
personal se determina en atención al animus que la motiva: ignorancia o
dolo50. Por su actuación dolosa, contemplada indiscriminadamente por la
ley (que no distingue entre la simple parcialidad y el cohecho), el alcalde
queda obligado a retribuir al perjudicado el valor de la cosa en concepto
de «pena» (ya que además se impone la restitución al beneficiado por la
decisión injusta), que en su defecto consiste en la privación de oficio. O lo
que es igual: el alcalde que actúa intencionadamente contra derecho salva el
oficio si se subroga en la posición del agraviado y sufre un perjuicio patri-
monial equivalente al que infirió con su comportamiento51. En cambio, la
ignorancia o impericia no tiene para el alcalde consecuencias penales frente
al agraviado, cuya posible actuación –querella– al efecto se prohíbe severa-
mente52. La ley concede al alcalde, por último, la beneficiosa posibilidad de

49
Cfr. FR 2.15.2: «Quando acaecieren que alguna de las partes se agrauiare del iuyzio quel
dieren e se alçare o deue, el alcalde que diere el iuyzio délo escripto a aquel que se alçare fata tercer
día después de la alçada, e ponga en escripto la razón complida por qué se alça, por que sepa aquel
que á de iudgar el alçada si se alçó a derecho o si non. E si el alcalde non le diere el iuditio escripto
commo sobredicho es, mandamos que todo el danno e las cuestas que ouiere por desfallecimiento
del escripto que lo pague el alcalde. Otrosí mandamos que el alcalde ponga plazo a amas las partes
segund uiere que es guisado a que sean ante aquel que deue iudgar el alçada, e si el alcalde el plazo
non les pusiere sean tenidas las partes de se presentar antel iuez del alçada fata XL días. Pero si el
alcalde non quisiere ponerles el plazo segund uiere que es guisado assí como sobredicho es pues quel
fuere demandado, mandamos que aya ende pena qual touiere por bien el que á de iudgar el alçada».
Cfr. Glosas castellanas, FR 1.7.8 (756-757). FR 2.15.9 sanciona además con diez mrs. «la osadía» del
alcalde que «denostare o abiltare a aquel que se alça de so iuyzio» (cfr. Susana Aikin Araluce, El
recurso de apelación en el derecho castellano (Madrid 1982) 149). Nótese que la distinta gravedad de la
sanción prevista por FR 2.15.2 parece coherente con el régimen de la apelación: por no preverse en su
texto otros apostoli que los llamados dimissorii, hay que entender su omisión como un impedimento
para continuar la apelación, mientras que, como la propia ley señala, no produce tal efecto la inde-
terminación del plazo.
50
Para la imprudencia como ignorancia o impericia, C. 11 q. 3 c. 78, gl. «Quatuor» (scil., «si per
imprudentiam male iudicat»); Antonio Padoa-Schioppa, Ricerche sull’appello nel diritto intermedio. II
I glossatori civilisti (Milano 1970) II 13, nota 19 y 201.
51
Esta pena, por cierto, no es otra que la prevista para el forzador (FR 4.4), es decir, para el
que toma algo a otro sin derecho (sin oficio, en el caso del alcalde). FR 1.7.7 establece la misma pena
para el alcalde que contravenga la prohibición de «usar de su officio ninguno de alcaldía» fuera de la
tierra de su jurisdicción, a la que se acumula, además, una sanción pecuniaria «por la osadía que fizo».
52
Para lo primero, Vicente Arias de Balboa, FR 2.2.2, gl. «pena», recuerda: «de iure secus
est», remitiendo a las fuentes romanas (BPR, ms. II-323, f. 21v; sobre la atribución de estas glosas,
últimamente, Pérez Martín, El arte de la “disputatio” 231); como repite, citándolo, Díaz de Montalvo,
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 335

purgar el dolo simplemente con su juramento, acogiéndose a la ignorancia;


una solución que fue difundida e impuesta particularmente en más de una
ocasión por Fernando IV53.

«Ley segunda, que pena deue auer el iuez que iuzga tuerto por
ruego, o por no lo entender» (RAH).54

MD RAH

«Si el alcalde iudga tuerto por ruego o por «Si el alcalle judga tuerto por ruego o por
alguna cosa quel den o quel prometan o alguna cosa quel den, o quel prometan, o
si mandare toller alguna cosa a alguno sin mandare toller alguna cosa a alguno sin
derecho, aquel que lo leuó la cosa por mandado derecho, aquel que levó la cosa por mandado
del alcalde entréguela e el alcalde, porque del alcalle entreguela, e el alcalle por que
la iudgó tuerto o mandó tomar lo que non judgó tuerto, o mandó tomar lo que non
deuíe, peche otro tanto de lo suyo a aquel a debie, peche otro tanto de lo suyo a aquel a
quien lo tomaron sin la entrega que de suso quien lo tomaron sin la entrega que de suso
es dicha; e si non ouiere otro tanto como es dicha. Et si non oviere otro tanto como
tomó, pierda lo que ouiere; e si non ouiere tomó, piérda lo que oviere. Et si non oviere
nada pierda la alcaldía. E si el alcalde iudgó nada, pierda la alcaldía. Et si el alcalle judgó
tuerto o mandó tomar alguna cosa por non lo tuerto, o mandó tomar alguna cosa por non
entender, iure que non fizo por ruego nin por lo entender, jure que lo non fizo por ruego,
amor nin por precio e non uala lo que iudgó nin por amor, nin por precio, e non vala lo
nin él non aya ninguna pena. E si alguno se que judgó, nin él non aya ninguna pena. Et
querellare a tuerto del alcalde en esta razón, si alguno se querellare a tuerto del alcalle en
aya la pena sobredicha que el alcalde auríe si esta razon, aya la pena sobredicha que el alcalle
tuerto iudgase»54. avrie si tuerto judgase».

ibid., gl. «Ninguna pena», que completa con P 3.22.2 (I 182). Para lo segundo, uno y otro remiten,
sub gl. «iudgasse»/«juzgase» al Fuero Juzgo, el primero para señalar que es contra 2.1.2 y el segundo
para concordar con 7.4.5 (ibidem).
53
Así, en los privilegios otorgados por Fernando IV a los concejos de Úbeda y Baeza (en el
marco de las Cortes de Valladolid, 28.VI.1307), para corregir ciertos agrauiamientos que denunciaron
mediante sus respectivos mensajeros causados por algunas leyes de su Fuero (que era el de Cuenca),
entre los cuales estaba «que el alcalle que judga contra fuero que peche çient maravedis de la buena
moneda»: «Et yo entendiendo que es derecho e mío servicio e pro de uos todos, mando daquí adelante
que el alcalle judgando su entençión e jurando que non judgó mal a sabiendas nin por preçio quel
fuese dado o prometido, que non peche la pena de los çient maravedis». José Rodríguez Molina
(ed.), Colección documental del Archivo Municipal de Úbeda. II. (Siglos XIV) (Granada 1994) 34-35; Id.
et al., Colección documental del Archivo Municipal de Baeza (Siglos XIII-XV) (Jaén 2002) 78-79.
54
El Fuero de Briviesca (BN, ms. 9199) añade inmediatamente a continuación: «Et non sea
ningun alcalle osado de tomar algo njn promessa. njn obligation. njn seruiçio de ninguna delas partes
que oujere pleito antel. njn de otro njnguno por ellas njn en su uoz mjentre que en plejto andidieren.
Et las partes non sean osadas de gelo prometer. njn de gelo dar en njnguna manera. Et la parte que
contra esto fiziere: pierda el pleito: si prouado le fuere. Et el alcalle peche doblado al Rey aquello
quel prometieron. o que ende reçibio. Et nunca jamas sea alcalle».
336 Carlos Garriga

Aunque no sería muy difícil, renuncio a tratar de determinar el ámbito


de aplicación de esta ley –los supuestos que contempla– a partir de su enun-
ciado. Desde el punto de vista externo que como historiador inevitablemente
ocupo, creo que su alcance puede determinarse mejor a partir de la dicotomía
juicio-mandamiento, que en FR designan otras tantas decisiones del alcalde
según que sean o no apelables.
El título que la acoge, sin parangón en las Decretales que sirvieron al
efecto de modelo55, lleva por rúbrica «De los mandamientos de los alcaldes»
y, según parece, la ratio fundamental que aúna sus referencias a diversas deci-
siones y actuaciones realizadas por mandato del alcalde es su vis ejecutiva, con
independencia de que tuvieran naturaleza incidental o conclusiva56. FR 2.2.2
determina las consecuencias penales del daño patrimonial indebidamente
inferido por el alcalde, lo que de entrada remite básicamente a aquellas de
sus decisiones que sean inmediatamente ejecutivas57. No digo que no pudiera
referirse a otras: la ley no distingue, pero interesados en buscar qué espacio
tiene la querella conviene seguir el camino de aquellas decisiones suscepti-
bles de inferir un daño patrimonial cuya ejecución no pueda ser suspendida
a instancia de la parte que se considera agraviada.
A los efectos que aquí interesan58, en el Fuero Real tan sólo presentan
este carácter las sentencias definitivas que tengan por objeto algunas de las
cosas señaladas por FR 2.15.859; quizá también las sentencias interlocutorias

55
Cfr. Vallejo, La regulación 641-643.
56
FR 2.2.1 se refiere a cualesquiera «cosas que uegan [=conuengan] al oficio del alcalde»,
ejemplificándolas en mandamientos de ejecución de sentencias (entregar) y otros de carácter inci-
dental (peyndrar, asentar), asimilables, en este sentido, a las sentencias interlocutorias. Sólo a los de
este último carácter se refiere, por el contrario, FR 2.2.3 (mandamiento o «algún iudizio que non
sea firmado [=afinado]»), para establecer además un remedio preventivo a adoptar por el alcalde –la
enmienda del juicio o mandamiento agraviado antes de que conozca el juez de la apelación–, parece
que al objeto de evitar que se produzca la situación a la que FR 2.2.2 (al menos en su última parte)
se refiere y sanciona. Concuerda en ello con FR 2.13.5, que hace esta especificación a propósito de
prohibir al alcalde mudar cosa alguna de la sentencia definitiva una vez pronunciada.
57
Comoquiera que, según la ley, el alcalde juzgó «tuerto» o mandó tomar «sin derecho», su
ejecución no ha sido obstáculo para declarar la injusticia de la decisión o mandamiento que la motivó,
y esto es precisamente lo que determina la responsabilidad del alcalde por el daño sobrevenido a
la parte. De otro lado, empero, el particular no ha podido impedir el daño (es decir, el efecto de la
ejecución de la decisión del alcalde), cuya injusticia se ha declarado, pues, con posterioridad. Véase,
en tal sentido, Díaz de Montalvo, FR 2.2.2, gl. Pierda lo que hubiere (I 179-180).
58
Aparte de los casos citados a continuación en el texto, no son apelables los pleitos de justicia,
ni aquellos cuya cuantía sea inferior a diez mrs. (FR 2.15.1), en este último caso, salvo si el rey se
encuentra en el lugar de su tramitación (FR 2.15.5). Podemos prescindir de estos supuestos: del último,
en atención a las razones de oportunidad que lo motivan, y de los pleitos de justicia, porque parece
claro que para FR 2.2.2 el objeto del litigio es de carácter patrimonial (incluyendo naturalmente las
penas pecuniarias). Sobre esta categoría, Jesús Vallejo, «Fuero Real 1,7,4: pleitos de justicia», en
HID 11 (1984) 343-374.
59
FR 2.15.8 (que procede de X 2.28.25: Vallejo, La regulación 570-571 y 633): «Maguer que
sea establecido que el alcalde dé alçada en todo pleyto, pero son pleytos en que non queremos que
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 337

dictadas en cualquier pleito60, en la medida que puedan irrogar per se un daño


patrimonial61; y los mandamientos que sin ser juicios puede dictar el alcalde en
el ejercicio del oficio (es decir, sin conocimiento de causa) 62. A estos supuestos
hay que añadir, expresamente, el de los mandamientos de ejecución indebida
de sentencias definitivas, en razón de que su nulidad se presume (pues su
ejecución se prohíbe) durante el plazo de impugnación63. Este me parece el
ámbito de aplicación más propio, no necesariamente exclusivo, de FR 2.2.2.
Cualquiera que esté mínimamente familiarizado con estos temas y lea
con detenimiento las leyes transcritas del Fuero Real podrá plantear a partir
de aquí sin mucha dificultad unas cuantas preguntas que no tienen –o no
tienen fácil– respuesta, salvo que intervenga directamente sobre el texto para
extraer una –alguna– solución. Resistiré por mi parte esta tentación, para
tratar de responder tan sólo esta pregunta: ¿cuál es la vía procedimental que
enlaza el daño indebidamente inferido por el alcalde con la sanción legal-
mente prevista? Es verdad que ambas leyes parecen presuponer que el medio
a disposición de los agraviados para obtener el resarcimiento y la imposición
de la pena prevista es la querella contra el alcalde, pero no son muy explícitas
ni desde luego determinan cuál sea su régimen64. Antes de pasar a éste, que

el alcalde que los iudgue dé alçada, así como si se alçare algún omne que non era descomulgado ni
deuedado, que non sea soterrado, o sobre cosa que se non pueda guardar, como sobre uuas ante que el
uino sea fecho dellas o sobre mieses que sean de segar o sobre otra cosa semejable, o si fuere sobre dar
gouierno a ninnos pequennos; ca en tales pleytos como estos si se alongassen por alçada, perdersíen
las cosas e naztríen ende muchos dannos, pero bien queremos que en tales pleytos se pueda querellar
aquel que entendiere que es agrauiado por el alcalde».
60
Aun cuando sean indiscriminadamente apelables, conforme al régimen canónico (FR 2.15.1 y
2.15.6; cfr. Aikin, El recurso de apelación 80, y Vallejo, La regulación 621), parecen ser inmediatamente
ejecutivas, dado que son válidas ex acto (o sea, hasta que se recurren), a diferencia de las sentencias
definitivas. Por eso no se incluirían en FR 2.15.7, que establece los plazos de ejecución para estas
últimas; y se asimilarían a los mandamientos en FR 2.2.3. Por lo demás, ello no empece al efecto
suspensivo de la apelación, que opera en este caso sobre el pleito principal (cfr. FR 2.15.4 y 2.15.6;
Vallejo, ibid. 553).
61
Cfr. FR 2.13.5 (con Vallejo, ibid., p. 542). Seguramente para obviar esta posibilidad, FR 2.2.3
permite al alcalde revocar la decisión, si no se trata de sentencia definitiva.
62
A pesar de que FR 2.2.3 asimile su régimen al de las interlocutorias, así parece indicarlo
FR 2.2.1, que determina la responsabilidad del alcalde por los perjuicios que infieran las actuaciones
efectuadas en virtud de sus mandamientos: siempre que el ejecutor pueda probar que actuó por
mandado del alcalde, se excusa de responsabilidad, mas «el querelloso se pueda querellar al rey del
alcalde si quisiere e el rey fágal derecho; mas si non prouare que el alcalde ge lo mandó fer, sea tenudo
de responder por qué lo fizo».
63
FR 2.15.7: «Si iuyzio fuere dado sobre demanda de raýz o de mueble que el mueble non sea de
dineros e non fuere del iuyzio alçada fecha o si fuere fecha assí que non aya ý más alçada, e el alcalde
que diere el iuyzio fágal complir fasta tercer día; e si el iuyzio fuere dado sobre dineros el alcalde
faga complir su iuyzio fata X días». Cabe reconducir el supuesto a FR 2.15.2; no se confunde, por
ello, con la innovación del objeto del litigio pendiente la apelación (FR 2.15.4).
64
Hasta donde alcanzan mis noticias, no ayudan tampoco los documentos de concesión del
Fuero Real, que pueden localizarse fácilmente a partir de Aquilino Iglesia Ferreirós, «Fuero Real y
Espéculo», en AHDE 52 (1982) 111-191: 128-130 (sumando 188-191), que es el trabajo de referencia,
338 Carlos Garriga

es el objeto de LE 135, intentaré delimitar finalmente el espacio que ocupan


las querellas contra el alcalde en el Fuero Real.
Si estilizamos al máximo, todo su contenido normativo en lo que
aquí importa puede ser brevemente enunciado mediante tres correlaciones:
juicio-alzada (FR 2.15), daño patrimonial-resarcimiento (FR 1.7.8), dolo-pena
(FR 2.2.2), a partir de las cuales es posible delimitar el espacio que tiene en
el discurso normativo –pues no importa ahora la realidad que pueda subyacer
al texto– la querella contra el alcalde. Estas correlaciones se mueven en
planos distintos –procesal y sustantivo– y no son perfectas ni enteramente
independientes. No todo juicio es apelable, pero tal como viene regulada en
el Fuero Real la alzada presupone siempre un juicio, algún juicio, es decir, una
decisión adoptada por el alcalde en el curso de un proceso (con conocimiento
de causa). Igualmente, el resarcimiento presupone un daño patrimonial y
la pena una actuación dolosa (o no-ignorante) del alcalde, pero no sé –no se
dice– si cualquier daño es resarcible y todo el dolo punible. Mientras que
en FR 1.7.8 daño y resarcimiento son perfectamente coextensivos, FR 2.2.2
plantea severos problemas por no desarrollar al completo las correlaciones que
implícitamente establece, silenciando cuáles habían de ser las consecuencias
jurídicas de ciertos comportamientos del alcalde: está claro que las actuaciones
dañosas y maliciosas dan lugar a resarcimiento y pena; está igualmente claro
que no hay pena sin malicia ni resarcimiento sin daño; pero nada se dice acerca
de las consecuencias (para el alcalde) del daño inferido sin malicia ni sobre la
actuación maliciosa que no causa daño patrimonial, por mucho que la lógica
del Fuero Real lleve a pensar que el primer caso daría lugar a resarcimiento
y el segundo a la imposición de la pena establecida.
El punto es importante en este preciso contexto, porque así como son
difícilmente concebibles decisiones apelables que sean a un tiempo maliciosas
y dañosas (considerando que el efecto suspensivo de la apelación reduciría el
daño a las costas causadas a la parte agraviada), son en cambio perfectamente
concebibles –aunque escapen al sentido que creo tiene el término mandamiento
en el Fuero65– las actuaciones maliciosas que por virtud de la apelación no
llegan a causar daño patrimonial y el daño patrimonial inferido sin malicia

al que remito por brevedad en la cita; a completar con: Id., «El privilegio general concedido a las
Extremaduras en 1264 por Alfonso X. Edición del ejemplar enviado a Peñafiel el 15 de abril de 1264»,
en AHDE 53 (1983) 455-521; Antonio Pérez Martín, «El Fuero Real y Murcia», ibid. 54 (1984) 55-96:
80 ss.; Gonzalo Martínez Díez, «Análisis crítico del Fuero Real», en Leyes de Alfonso X II 107-119;
Rafael Sánchez Domingo, «El Fuero de Verviesca versus Fuero Real. Orígenes e innovaciones proce-
sales», en CHD 3 (1996) 191-206; César González Mínguez, «La concesión del Fuero Real a Vitoria»,
en HID 28 (2001) 217-229; María Dolores Madrid Cruz, «Acerca de la vigencia del Fuero Real:
algunas disposiciones procesales del Concejo de Ágreda en 1306», en CHD 11 (2004) 227-275.
65
Que no parece corresponder exactamente a Esp. 5.13: «De los juyzios et de los mandamjentos
de los alcalles», cuya ley 1 define: «Juyzio es todo mandamjento que ffaze el judgador quando judga,
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 339

(para el que FR 2.2.2 en su tramo final excluye la pena): ¿hay pena en el


primer caso y resarcimiento en el segundo?
Detectado el problema, valga con decir que, en la medida que daño y
dolo se realicen mediante juicio apelable, eventualmente el resarcimiento y la
pena podrían respectivamente resultar de la apelación. Si no me equivoco, en
efecto, en la lógica del Fuero Real siempre que el juicio apelable del alcalde
cause un daño patrimonial, el resarcimiento previsto puede ser reclamado en
o mediante la apelación, como de forma expresa (ex lege) viene determinado
en el caso residual del alcalde que no señala plazo para seguir la alzada66.
Como en este supuesto, bien pudiera ser que la responsabilidad del juez a quo
se sustanciara en apelación, cumulativamente con ella y por el juez ad quem,
siempre que ésta pudiera tener y tuviese lugar. Este podría ser el caso de las
sentencias interlocutorias reconducibles a FR 1.7.8 y con mayor motivo el
de las sentencias definitivas contempladas en FR 2.2.2, salvo que se admita
–recuérdese lo dicho antes– que la parcialidad o el cohecho del alcalde (su
no-ignorancia) denunciado y probado en apelación no tienen para éste ninguna
consecuencia. En suma, siempre que se entienda en estos casos que el daño
sin dolo da lugar a resarcimiento y el dolo sin daño a pena, en la medida que
dolo y daño se puedan denunciar y probar en la apelación contra la decisión
(dolosamente injusta y/o indebidamente dañosa), sus consecuencias para el
alcalde que la dictó (pena y/o resarcimiento) podrían resultar de ésta. La misma
ley sugiere que el alcalde podría actuar en la apelación en su favor, purgando
su error o ignorancia mediante juramento, sin que tenga caso entrar a debatir
–a partir de textos tan poco resolutivos– si la acción contra el alcalde podía
acumularse a o debe entenderse como posterior y derivada de la apelación67.
Al margen de estos supuestos quedan muchos otros –y es lo que aquí
importa– en los cuales la apelación no tiene cabida. Por un lado, para oponerse
a la negligencia del alcalde (FR 1.7.8 y FR 2.15.2) es muy restringido el
ámbito posible del recurso: salvo que quede formalizada en una resolución
judicial, contra la denegación de justicia y la negligencia procesal del alcalde
(FR 1.7.8), no parece que sea posible plantear la alzada tal como viene aquí
configurada, y por eso habla la ley de la querella contra el alcalde68. Otro

non ssiendo contra natura, o contra las leyes o contra buenas costunbres»; diferenciando luego, en la
ley 5, entre los «juyzios affinados» y los «mandamjentos de los judgadores».
66
FR 2.15.2, en su segunda parte.
67
Como sugiere FR 2.2.2 en su inciso final, al sancionar severamente la prohibición de querellarse
a tuerto del alcalde si purgó el dolo con su juramento (cfr. Díaz de Montalvo, FR 2.2.2, gl. «Sin
derecho»: I 178-179). Así interpreta Lex Visigothorum, 2.1.21 Padoa Schioppa, Ricerche I 126. Con
carácter general, puede consultarse para esto Pietro Calamandrei, La Cassazione civile. Volume I. Storia
e legislazioni (Milano 1920), ahora en Opere giuridiche, a cura di Mauro Cappelleti, VI (Napoli 1976),
por donde se cita, 69-70.
68
FR 1.7.8 in fine.
340 Carlos Garriga

tanto debía suceder cuando el alcalde denegase el testimonio de la apelación


(FR 2.15.2): comoquiera que éste es imprescindible para poder seguirla69,
en la lógica del Fuero Real la sanción prevista para el juez necesariamente
ha de ser el resultado de una querella interpuesta por el agraviado para la
obtención de las costas y el resarcimiento del daño patrimonial sufrido; si el
alcalde –como parece suponer la propia ley– había ejecutado indebidamente
su sentencia, incurriría en la pena determinada por FR 2.2.2.
Por otro lado, en aquellos otros supuestos que individué antes como el
ámbito de aplicación más genuino de esta problemática ley70, en la medida
que no cabe apelación el resarcimiento y la pena sólo podrían ser sustanciados
mediante querella deducida por el particular contra el alcalde (como la misma
ley sugiere al prohibir su interposición contra el alcalde que se declare igno-
rante bajo juramento). Las consecuencias de la acción del agraviado en tales
casos serían, pues, las previstas por FR 2.2.2: sustancialmente, nulidad de la
resolución injusta o contraria a derecho por ignorancia y –además– sanción del
alcalde si media dolo. Es cierto que esta solución supone extender las conse-
cuencias de la querella contra el alcalde a la solución material del litigio en
cuya tramitación o decisión agravió, pero precisamente esto es lo que parece
estar en la lógica del Fuero Real en tales casos: estos agravios del alcalde sólo
pueden ser entendidos a la luz de FR 2.2.2, única ley que establece sus conse-
cuencias al margen de la apelación, que contra ellos no cabe71. Y de hecho,
FR 2.15.8, al precisar los supuestos de apelación remota, añade: «pero bien

69
Y esto porque FR no contempla otros apostoli que los dimissorii, a los que deben aludir las
cartas citadas en FR 2.15.3 (sobre cuyo contenido, Vallejo, La regulación 552-553 nota 183; y también,
Aikin, El recurso de apelación 141). Para obviar la negativa del alcalde prevista por FR 2.15.2 y evitar el
desfallecimiento de la apelación intentada por la parte, FR hubiera debido admitir subsidiariamente
los apostolos testimoniales –aquellos cuya petición se realizaba ante persona distinta del juez a quo, bajo
ciertas condiciones–, al modo como el propio FR 2.15.2 establece respecto del plazo para seguir la
apelación. Puede suponerse que la gravedad de la sanción que FR 2.15.2 determina para el alcalde
remiso, actuaría como suficiente garantía de su cumplimiento.
70
O sea, las resoluciones y mandamientos del alcalde que hubieren sido ejecutados, bien inde-
bidamente, o bien por hallarse excluidos de la apelación.
71
Aunque posterior, valga la interpretación de Arias del Balboa, FR 2.2.2, gl. «non valan»
(BPR, ms. II-323, f. 21v) y, siguiéndole, Díaz de Montalvo, ibid., gl. «E no vala» (I 182), que distin-
guen, recurriendo a las Partidas (3.26.5 y fuentes romanas concordantes): la sentencia dictada «per
pecuniam» es ipso iure nula, «si uero precibus tunc non est nulla sed datur restitutio»; y si es dada
per errorem, de nuevo se distingue: «aut contra ius constitutionis», y entonces es ipso iure nula, «aut
contra ius partis», en cuyo caso «non est nulla: nec dabitur contra eam restitutio, sed est necessaria
appellatio». En todo caso, finalmente, conviene oponerse a la sentencia ex nullitatem dentro de los
sesenta días que fija el Ordenamiento de Alcalá (título XIII, de las alzadas) para evitar que devenga
cosa juzgada, como argumenta Arias («an transsit in rem iudicatam. credo quod sic») y Montalvo
resume brevemente.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 341

queremos que en tales pleitos se pueda querellar aquel que entendiere que es
agraviado por el alcalle»72.
Apelación del juicio v. querella contra el alcalde73. Aunque hay una
zona de intersección –ocupada por los juicios apelables que causen daño y/o
sean dolosamente injustos– la querella mencionada por estas leyes tiende a
configurarse como un medio alternativo a –o supletorio de– la apelación, es
decir, utilizable para oponerse a los agravios irrecurribles o que no fueran
ya impugnables en alzada (y sin perjuicio de que fuese utilizable también
contra juicios que pudiendo ser apelados no lo hubieran sido). Frente a la
apelación, el espacio propio de la querella contra el alcalde viene ocupado
por la negligencia y las decisiones o actos inapelables de éste –bien porque
no sean juicios o bien porque sean juicios excluidos de la apelación, ex lege
o por haber devenido firmes– susceptibles de causar daño patrimonial. En
cualquiera de estos supuestos, las leyes examinadas conceden a los particu-
lares la posibilidad de actuar contra el alcalde, para obtener el resarcimiento
del daño y la imposición de la pena establecida en su caso; pero más allá
de la incidental mención a quien se querellare del alcalde, no regulan explí-
citamente cómo, ante quién y cuándo pueden los particulares convenir al
juez. Esto es lo que viene a resolver LE 135, que si no me equivoco es, muy
precisamente, resultado de la aplicación en la Corte de FR 1.7.8 y 2.2.2,
o si se prefiere: trata las querellas que llegan hasta la Corte conforme a lo
establecido por estas leyes, declarando cuáles son las cartas reales que en
uno y otro caso deben ser libradas.

72
Arias de Balboa, FR 2.15.8, gl. «querellar»: «asi lo fallarás en este li. 2. tit. 2. l. 1. e prouarás
con él» (BPR, ms. II-323, ff. 38v-39r).
73
Para la problemática cuestión de las relaciones entre apelación y convención del iudex iniuste
iudicans, que como no podía ser de otro modo (habida cuenta de que ambas comparten un mismo
ámbito, el mal juzgado, o sea, la injusticia causada por la malicia o la ignorancia del juez) está en el
trasfondo, es sumamente ilustrativa (y resultó prácticamente definitiva) la IX quaestio disputata por
Bartolo (Perugia, 13.X.1345): «Iudex per imperitiam iudicavit contra ius», que publica y comenta
Diego Quaglioni, «L’officiale in Bartolo», en L’educazione giuridica. IV. Il pubblico funzionario: modelli
storici e comparativi. I. Profili storici. La tradizione italiana (Perugia 1981) 143-187���������������
, y más amplia-
mente en «La responsabilità del giudice e dell’officiale nel pensiero di Bartolo de Sassoferrato», en
su «Civilis sapientia». Dottrine giuridiche e dottrine politiche fra medioevo ed età moderna (Rimini 1989)
77-106. Véanse, además, Nicolini, Il principio di legalità 370 ss.; Padoa Schioppa, Ricerche II 13 ss.,
162, 202-203; Luigi Lombardi, Saggio sul diritto giurisprudenziale (Milano 1975) 91; así como Garriga,
Control y disciplina §§ 5 y 9, n. 119, y la bibliografía allí citada.
342 Carlos Garriga

4.– ¿Qué querellas?–

4.1.– La simple querella.– Reléanse los dos primeros párrafos de la


ley del estilo: creo que estas primeras querellas son tratadas como simples
querellas, en el preciso sentido que esta escurridiza expresión recibió cuando
fue aplicada al procedimiento introducido por Inocencio III mediante su
decretal Ad reprimendam (1198) para oponerse a la sentencia de excomunión
(la querella de excomunión injusta), caracterizada precisamente por ser una
queja al juez superior que se resuelve en un reenvío al juez inferior con orden
de reparación74. Me explico.
A partir de la común consideración de la querella como simplex relatio75,
la expresión simple querella corría al menos desde el siglo XIII con el sentido
genérico de recurso omisso medio al papa en su tradicional condición de iudex
ordinarius omnium, que venía impulsando el desarrollo jurisdiccional y la conso-
lidación institucional de la Santa Sede como caput ecclesiae desde siglos atrás,
hacía de la curia papal «an omnicompetent court of first instance for the whole
of Christendom» y quedó asociada ahora a la fórmula plenitudo potestatis76.

74
Para todo esto es fundamental Henri Morel, «Le recours au roi dans les pays du Sud-Ouest
de la Mouvance aux XIIIe et XIVe siècles. L’appel a gravamine et la simple querelle et leurs origines
romano-canoniques», en Annales de la Faculté de Droit de Toulouse 3 (1955) 3-101��������������������
, a quien principal-
mente se debe la reconstrucción que, con algunos complementos jurisprudenciales e historiográficos,
resumo seguidamente en el texto.
75
Hostiensis, In Primum Decretalium librum Commentaria […] (Venetiis 1581) (=Hostiense),
X 1.38.2 in princ.: «Simplex relatio est, sicut & illa. Luc. xxiii .c.» (f. 183v).
76
La condición se afirma, con todas las dificultades sabidas, durante el período altomedieval,
dejando un arsenal de textos (que hablan genéricamente de appellare) seleccionados por Graciano: p.
ej., C. 2 q. 6 c. 6 («Ad Romanam ecclesiam ab omnibus appelletur»), C. 2 q. 6 c. 8 («Ad Romanam
ecclesiam appelletur ab omnibus quasi ad matrem»), C. 9 q. 3 d. p. c. 9 («Sola enim Romana ecclesia
sua auctoritate ualet de omnibus iudicare; de ea uero nulli iudicare permittitur»), C. 9 q. 3 c. 17
(que remite para el título a c. 13: «Prima sedes nullius iudicio subiaceat»); cfr. Frederic William
Maitland, «William of Drogueda and the Universal Ordinary», en Roman Canon Law in the Church
of England (London 1898) 100-131, a quien pertenece la –muy citada– frase citada (104); Robert L.
Benson, «Plenitudo potestatis: Evolution of a formula from Gregory IV to Gratian», en SG 14 (1967)
(=Collectanea Stephan Kuttner IV) 193-217; Jean Gaudemet, «La Primauté pontificale dans le Décret
de Gratien», en Studia in honorem eminentissimi cardinalis Alphonsi M. Stickler (Roma 1992) (=Id., La
doctrine canonique médiévale (Variorum 1994) X) 137-156: 148-152; pero véase ahora Anders Winroth,
The Making of Gratian’s «Decretum» (Cambridge University Press 2000, repr. 2002) 194; así como los
textos reunidos por Salvatore Vacca, «Prima Sedes a nemine iudicatur». Genesi e sviluppo storico dell’assioma
fino al Decreto di Graziano (=Miscellanea Historiae Pontificiae 61) (Roma 1993) maxime 249-258, sobre
este principio complementario. Para la formulación recogida en el texto, al parecer debida a Huguccio
(«Romana ecclesia est commune et generale forum omnium clericorum et omnium ecclesiarum,
et dominus papa est iudex ordinarius omnium quasi nullo existente medio, et ideo quolibet medio
pretermisso potest appellari ad eum»), John A. Watt, The Theory of Papal Monarchy in the Thirteenth
Century. The Contribution of the Canonists (Wetteren 1965) 92-97, que destaca muy bien sus implicaciones
teológicas y jurídicas (entre éstas, la reserva al papa de las maiores causae: Hostiense, Summa Aurea,
lib. I, «De officio Legati» (X 1.30) § 3, enumera sesenta (cols. 319-328); cfr. John A. Watt, «The Use
of Term Plenitudo potestatis by Hostiensis», en Stephan Kuttner y Joseph Ryan (eds.), Proceedings of the
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 343

Como afirmaba uno de los más célebres canonistas a caballo de los siglos XII
y XIII: «Romanam ecclesiam esse generale et commune forum omnium […]
ad papam omnes clerici possunt causas suas deferre, tam per querimoniam
quam per appellationem, praetermisso quolibet medio iudice»77. De hecho,
«le plus souvent même ce qu’on appelle abusivement appel omisso medio n’est
autre qu’une simple querelle»78. Bernardo de Parma precisa en la Glosa:

«Illud generale est, quod ad Papam potest appellari, omisso medio


propter plenitudinem potestatis. 2. q. 6. quotiens ad Romanam. [C. 2 q. 6
c. 6] & in pluribus aliis cap. ibidem: quia per simplicem querelam potest
Papa adiri, cum ipse sit iudex ordinarius singulorum. 9. q. 3. cuncta.
[C. 9 q. 3 c. 17] & c. per principalem. [C. 9 q. 3 c. 21]»79.

Second International Congress of Medieval Canon Law (=Monumenta Iuris Canonici. Series C: Subsidia 1)
(Città del Vaticano 1965) 161-187: 165-166). Fue expresamente oficializada por Inocencio III en
su decretal Quum nobis olim, incompletamente recopilada en X 1.6.19: «[…] sedes apostolica caput
omnium ecclesiarum exsistat, et Romanus Pontifex iudex sit ordinarius singulorum […]» (Watt,
The Theory 95 y nota 70); cfr., p. ej., Tancredo, Ordo iudiciarius 1.1 § 1, 2.1 § 2, 4.5 § 4 (Friedrich C.
Bergmann (ed.), Pilius, Tancredus, Gratia, Libri de iudiciorum ordine (Göttingen 1842, Aalen 1965)
91, 127 y 293, respectivamente). Véanse además, específicamente, Paul Fournier, Les officialités au
Moyen Âge. Étude sur l’organisation, la compétence et la procédure des tribunaux ecclésiastiques ordinaires en
France de 1180 à 1328 (Paris 1880, Aalen 1984) 216; Jean-Louis Gazzaniga, «L’appel omisso medio
au pape et l’autorité pontificale au Moyen Âge», en RHDFE 60 (1982) 395-414. Para los desarrollos
aludidos en el texto es suficiente aquí con remitir a las síntesis actualizadas de I. S. Robinson, The
Papacy 1073-1198. Continuity and Innovation (Cambridge University Press 1990) 179-208; James A.
Brundage, Medieval Canon Law (London-New York 1995) 120-154; Joseph Canning, Histoire de
la pensée politique médiévale (300-1450) (Éditions Universitaires de Fribourg Suisse 2003) (ed. orig.
inglesa 1996) 39-53, 155-170; y especialmente, James A. Brundage., The Medieval Origins of the Legal
Profession. Canonists, Civilians, and Courts (University of Chicago Press 2008) 126-163, que recoge la
bibliografía anterior.
77
Huguccio de Pisa, C. 11 q. 6 c. 39, v. «facias», cit. por Kenneth Pennington, «Johannes
Teutonicus and Papal Legates», en AHP 21 (1983) (=Id., Popes, Canonists and Texts, 1150-1550
(Variorum 1993) X) 183-194: 186 nota 11.
78
Morel, Le recours 53-54. Véase también Antonio Padoa Schioppa, «I limiti all’appello nelle
decretali di Alessandro III», en Stanley Chodorow (ed.), Proceedings of the Eighth International Congress
of Medieval Canon Law (=Monumenta Iuris Canonici. Series C: Subsidia, 9) (Roma, Biblioteca Apos-
tolica Vaticana, 1992) 387-406: 393-394, 403-404.
79
X 2.28.66, gl. «Post huiusmodi appellationem» (col. 973). La expresión simple querela
es corriente ya en el siglo XIII (Morel, Le recours 52, a propósito de Inocencio IV y de Abbas
antiquus; e infra nota 92). G offredus de Trano, Summa, «De officio legati» (X 1.30), § 3
(v. «Item officium legati est audire»), marca bien la singularidad papal a este respecto, tanto interna
como externamente: «ad papam vero recurritur omissis mediis per querelam vt .infra de foro.
competen. c. vlti. [X 2.2.20] Et propter hoc Roma dicitur communis patria. vt .ff. ad municip.
l. roma. [D 50.1.33] et per appellationem similiter omissis mediis. vt. ij. q. vj. si quis vestrum.
[C. 2 q. 6 c. 4] et c. sequentibus infra de appel. si duobus. [X 2.28.7] quod in aliis non contingat. vt.
vij. [sic] q. vj. quisquis. [C. 2 q. 6 c. 19] et .q. vij. metropolitane. [C. 2 q. 7 c. 45] ix. q. iij. conquestus
[C. 9 q. 3 c. 8] infra de appel. dilectus [X. 2.28.52]. […] Item ex legibus que dicunt causas ad prin-
cipem per querelam non debere deferri omissis mediis. vt in auten. de mandatis. princ. §. sit tibi
344 Carlos Garriga

Interpuesta por quien se sintiera agraviado en todo momento por (y


de) cualquier causa, la querella podía dar lugar, en función de las circuns-
tancias y sub specie rescripta80, a muy distintas actuaciones, desde mandatos
incitativos o revocatorios hasta la avocación de la causa, pasando a menudo
por el nombramiento de jueces delegados o de conservadores apostólicos81.
Junto a la garantía de la justicia que servía como fundamento del recurso
al papa, operaba aquí también el propósito de ejercer desde Roma un cierto
control efectivo sobre las iglesias periféricas, evidenciado por la abultadísima
cantidad de rescriptos emanados de la cancillería pontificia en calidad de
cartas de justicia82.
Si estilizamos al máximo y miramos por debajo de todas estas actua-
ciones, veremos que la expresión simple querella servía para designar una acción

collatione .iij. [N. 17 (=A. 3.4) 3] in auten. vt differen. iudi. § si quis vero estimans. col. ix [N. 86
(=A. 9.10) 3]» (f. 52v).
80
Como es sabido, la noción de rescripto es muy amplia («Rescripta pape vel principis sunt
mandata que ad instantiam alicuius vel aliquorum seu proprio motu: vel ex relationibus absentium
vel ex suggestione presentium vel ad consultationem facit vel cum aliquid alicui vel aliquibus corpori
vel collegio vniuersitati vel ciuitati mandatur seu indulgetur», define por ejemplo Goffredus de
Trano, Summa, «De rescriptis» (X 1.3), § 2 [v. «Rescripta»] f. 4r), pero descartando los privilegios
aquí sólo importan aquéllos que, por ser conformes a derecho, tienen la consideración de cartas de
justicia (cfr. al propósito los textos del cardenal Guala Bichieri y de Marinus de Eboli que cito en
las notas 144 y 87). Sentado esto, para las clases y el régimen del rescripto me parece suficiente con
remitir ahora a las síntesis clásicas de G. Le Bras, Ch. Lefebvre, J. R ambaud, L’âge classique 1140-
1378. Sources et théorie du droit (=Gabriel Le Bras, dir., Histoire du Droit et des Institutions de l’Église en
Occident VII) (Paris 1965) 466-486; y R. Naz, «Rescrit», en DDC 7 (1965) cols. 607-635: 607-614.
81
Cfr. en general, c. Si quando (X 1.3.5), con su glosa; Charles Lefebvre, «De recursibus admi-
nistrativis in iure canonico. Lineamenta historica», en Monitor Ecclesiaticus 99 (Series IX: 1974-I)
197-222: 204-205, 213. Además de las obras generales citadas en la nota 76, y para sus respectivos
temas: Henri Hénaff, «Les conservateurs apostoliques dans le droit classique de l’Église», en Revue
de Droit Canonique 24 (1974) 223-254; Id. «La concession des conservateurs apostoliques au temps
d’Innocent IV (1243-1254)», en EIC 31 (1975) 116-131; Id., «Les conservateurs apostoliques dans la
doctrine canonique de la seconde moitié du XIIIe siècle», ibid. 27 (1977) 243-272; Pierre Legendre,
La pénétration du droit romain dans le droit canonique classique de Gratien à Innocent IV (1140-1250)
(Paris 1964) 117-142 (especialmente 132-133, sobre la obtención del rescripto); Jane E. Sayers, Papal
judges delegate in the province of Canterbury, 1198-1254. A study in ecclesiastical jurisdiction and administra-
tion (Oxford University Press 1971) 42-99 (maxime 54-58, sobre esto mismo); Waclaw Uruszczak, «Les
juges délégués du Pape et la procédure romano-canonique à Reims dans la seconde moitié du XIIe
siècle», en TR 53-1 (1985) 27-41. Antonio García y García, «Alejandro III y los reinos ibéricos»,
en Filippo Liotta (ed.), Miscellanea Rolando Bandinelli Papa Alessandro III (Siena 1986) 239-257, no
entra en los asuntos que aquí interesan; pero puede servir de ilustración Damian J. Smith, Innocent III
and the Crown of Aragon. The Limits of Papal Authority (Ashgate Publishing Ltd. 2004) 201-230, que
examina un conjunto variado de casos de intervención pontificia relativos a la Corona de Aragón.
82
Cfr., muy especialmente, Stanley Chodorow, «Dishonest Litigation in the Church Courts,
1140-1198», en Kenneth Pennington y Robert Somerville (eds.), Law, Church and Society: Essays in
Honor of Stephan Kuttner (University of Pennsylvania Press 1977) 187-206; Padoa Schioppa, I limiti
all’appello 393-394, 403-404������������������������������������������������������������������������
. Y para la problemática específica de los rescriptos, por más que aten-
diendo especialmente a privilegios y provisiones (que aquí no interesan), Harry Dondorp, «Review
of Papal Rescripts in the Canonists’ Teaching», en SZ.KA 76 (1990) 172-253 y 77 (1991) 32-110:
I 181-185 para su delimitación.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 345

planteada ante juez distinto y superior del ordinariamente competente, es decir,


un recurso planteado omisso medio ante quien, en su condición de superior,
solamente debería conocer por vía de formal apelación83.
En su condición de princeps, el papa es juez supremo: supremo, pero
juez y debe actuar en consecuencia conforme a derecho84. Creo que todo el
desarrollo de la simple querella como recurso omisso medio puede resumirse
diciendo que el contraste entre la plenitudo potestatis que sustenta la condición
de iudex ordinarius omnium y la necesidad de actuarla a instancia de parte que
se declara agraviada (es decir, injustamente afectada en su derecho), propició
el desarrollo de ciertos trámites –sustanciados en audiencia pública– y llevó
a encartar las resoluciones adoptadas en virtud de aquella condición y para
resolver estas peticiones (o querellas) en una serie de cláusulas diplomáticas
dispuestas con el fin de evitar la alteración indebida del orden constituido
(entiéndase, la afectación de los eventuales derechos de la parte supuestamente
agraviante), remitiendo en último término a la vía judicial la resolución del
conflicto planteado85. Cláusulas rescriptales como si preces veritate nitantur o si
est ita –sobre todo esta última, para lo que aquí importa–, a fin de cuentas
supeditan el cumplimiento del mandato o resolución papal en favor de la
parte agraviada a la veracidad judicialmente apreciada de la querella o peti-
ción que presenta86. A mediados del siglo XIII, Marinus de Eboli introducía
su formulario de cartas de justicia (sub specie revocatorias) en estos términos:

«Cum per inferiores iudices aliquid iniuste vel improvide agitur,


superioris auctoritate debet in statum debitum revocari. Propter quod,
si quis per iniquitatem seu imperitiam vel incuriam iudicis sentiens in
aliquo indebite se gravari, ad sedem apostolicam vocem appellationis
emittit; ad petitionem ipsius quandoque littere conceduntur, in quibus
post narrationem claram et apertam conclusio querele competens, iuri
consona et formata secundum stilum curie sequi debet»87.

83
Morel, Le recours 52.
84
Cfr. Pietro Costa, «La soberanía en la cultura político-jurídica medieval: imágenes y teorías»,
en Res publica 17 (2007) 33-58: maxime 56-58.
85
Cfr., resumidamente, Peter Herde, «La giurisdizione delegata pontificia nel Medioevo e
nell’Età Moderna e le lettere di giustizia della Cancelleria Apostolica», en La diplomatica dei documenti
giudiziari 25-47; y la bibliografía más específica que cito en las notas 149-150.
86
Cfr. C. 25 q. 2 p. c. 16 (procedente de C. 1.23.7) y gl. «precum»; X 1.3.2 y su gl.; Chodorow,
Dishonest 187-188, 191-192, 198 y 198-199 nota 2 para las cláusulas y passim para el problema de
fondo; Padoa Schioppa, I limiti all’appello 403-404; Dondorp, Review of Papal Rescripts, específicamente
I 236-237 II 51-52, 72, 100-101.
87
Peter Herde, «Marinus von Eboli: Super Revocatoriis und De Confirmationibus», en QF 42-43
(1963) 119-264: 196-250 (196 para la cita; e infra nota 150).
346 Carlos Garriga

Cuando no actúa directamente como mero antecedente de la avocación


(resolviéndose en una provocatio ad causam: una citación para estar a derecho
ante juez distinto del ordinariamente competente), la decisión pontificia adop-
tada por simple querella de la parte agraviada ha de ser, pues, condicional o
monitoria, meramente provisoria –si est ita– y quedaría en consecuencia sujeta
a la resolución judicial del conflicto planteado por el o los jueces destinatarios
del rescripto88.
Ausente de las decretales (al menos de las recopiladas a partir de
Gregorio IX), la única vez que figura esta expresión –simple querela– en el
Liber Extra sirvió para titular una de Alejandro III que, para singularizar la
potestad del papa en su condición de princeps, situaba justamente en este punto
la diferencia entre la jurisdicción de sus legados y la de los metropolitanos:
mientras que éstos sólo mediante apelación podían conocer, «legatus etiam per
simplicem querelam adiri potest»89. La razón de ser es muy clara: a diferencia
de la apelación, la querella carece de efecto devolutivo, así que sólo quien
tiene jurisdicción por sí para enjuiciar cualquier causa –el princeps, como iudex
ordinarius omnium– puede actuar en defensa del orden a instancia de quien se
declara agraviado con independencia del cuadro establecido de competencias.
A partir de este significado general y restringido (porque predicable
sólo del papa), desde comienzos del siglo XIII la expresión simple querela (o
simplemente, querela o querimonia) se utilizó en un sentido al mismo tiempo
especial y más amplio, para designar el recurso –la querella– contra la exco-
munión injusta establecido por Inocencio III en un par de decretales, perfilado
en el cuarto Concilio lateranense y pronto extendido o difundido en la práctica
a otros casos en cierto sentido –el sentido que enseguida veremos– análogos.
Si deducida ante el princeps la simple querella era un recurso omisso medio
tan extraordinariamente abierto en sus causas e indeterminado en sus conse-
cuencias, muy otro había de ser el régimen de las querellas planteadas ante

88
Goffredus de Trano, Summa, «De rescriptis» (X 1.3), § 30 (v. «Iurisdictionem»): «Iurisdic-
tionem conferunt omnes ille litere in quibus cause cognitio de mandatur. quod ex forma colligitur
literarum vt cum in literis continetur si est ita. si premissis veritatis suffragatur. cognita veritate.
iustitia mediante. sicut de iure fuerit. quod canonico quod iustum. vt promisit. vt tenetur. prout in
instrumento inde confecto vel literis continetur et talis iudex cui negocium a principe committitur
sub aliqua de his formis, potest in figura iudicij procedere [… y puede además subdelegar]» (7v-8r).
Cfr. Dondorp, Review of Papal Rescripts II 88-110.
89
X 1.30.1 (con ese título, retomado en el casus: «per simplicem querimoniam»): a diferencia
del arzobispo, «legationis tamen obtentu universas causas de ipsis episcopatibus, quae per appe-
llationem vel querimoniam aliquorum perveniunt ad suam audientiam, audire potest et debet»;
cfr. gl. «Legationis tamen obtentu». Posteriormente, Inocencio IV (1245), mediante la dec. Romana
[VI 2.2.1]: «Archiepiscopus omisso appellationis articulo, vel per viam querelae, de causa subditorum,
suffraganeis etiam ipsis consentientibus, non cognoscit»; y la gl. Extiterit: «& sic aditur per simplicem
querelam» (III cols. 314-315). Para el caso que motiva la decisión, Fournier, Les officialités 217-219;
Morel, Le recours 52-53; Pennington, Johannes Teutonicus 185-188.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 347

juez distinto del papa: esas posibilidades virtualmente ilimitadas dependían


de su singularísima posición y no de la calidad de la querella (una petición de
parte, simplemente), que en consecuencia había de provocar efectos distintos
cuando era planteada ante cualesquiera otros jueces. En el mismo siglo XIII la
jurisprudencia discute que, a pesar de la decretal citada antes, el legado pueda
actuar mediante querella, alterando el orden de competencias establecido en el
territorio90. Por debajo del princeps, y singularmente en el grado jurisdiccional
superior que ocupa el arzobispo, la querella tiende a llenar, según creo (con
todas las cautelas propias del caso) el espacio no cubierto por la apelación,
pero tiene efectos mucho más restringidos que la deducida ante el papa, los
cuales dependen de la causa –judicial o extrajudicial– que la motiva y vienen
respectivamente delimitados por dos principios firmemente asentados en el
derecho canónico: nemo potest esse iudex in propria causa y sólo cabe recurrir
omisso medio al princeps91. Si el primero determina que la querella motivada
por los agravios extrajudiciales del juez a quo se resuelva en una provocatio ad
causam introductora de la instancia ante el juez ad quem (que por ser el superior
inmediato actúa gradatim) para juzgar por primera vez el agravio denunciado,
confundiéndose –sin llegar a identificarse– con la apelación extrajudicial92; el
segundo impide que la querella, carente per se de efecto jurisdiccional alguno,
sea título bastante para actuar en una causa debidamente incoada ante juez

90
Para Johannes Teutonicus, 3 Comp. [=Johannis Teutonici Apparatus glossarum in Compilationem
tertiam. T. I. Edidit Kenneth Pennington (Monumenta Iuris Canonici. Series A: Corpus Glossatorum.
Vol. 3) (Città del Vaticano 1981)] 1.19.2 (=X 1.30.4), v. «pontifici reseruata», es privilegio reservado
al papa: «quod non potest adiri legatus per simplicem querelam, ut xi. q i. Peruenit [C. 11 q. 1 c. 39],
simile xviii. q. ii Cognouimus [C. 18 q. 2 c. 19], vi. q. iii. Scitote [C. 6 q. 3 c. 2]», descartando
que la prescripción de X 1.30.1 derive del ius legationis (129-130; cfr. Pennington, Johannes Teuto-
nicus 188 nota 19). Y según Goffredus de Trano, Summa, «De officio legati» (X 1.30) § 3: «Item
officium legati est audire causas prouinciales que ad ipsum referuntur per appellationem. vt j. eo.
t. c. j. [X 1.30.1] et ij. q. vj. decreto. [C. 2 q. 6 c. 11] an autem ad eum per querelam deferri possint
negocia dubitatur» (seguido de una extensa discusión, que omito) (f. 52v). Más rotundo, Hostiensis,
In Secundum Decretalium librum Commentaria (Venetiis 1581) (=Hostiense), X 2.28.38, §§ 4-5: mien-
tras el «Papa, qui ordinarius est cunctorum. nam per querelam adiri potest», «hodie tamen talis
legatus per querelam simplicem non auditur, nisi ei legatio specialiter committatur» (f. 180r). Para
el debate posterior sobre esto, X 1.30.1, gl. «Legationis tamen obtentu», marg. 2 (II cols. 387-388);
Johannes A ndreae, In primum decretalium librum novella commentaria […] (Venetiis 1581) X 1.30.1,
maxime §§ 1 y 7 (f. 239r).
91
Para esto, p. ej., Johannes Teutonicus, 3 Comp. 1.19.2 (=X 1.30.4), v. «pontifici reseruata»:
«Item ad eum solum appellatur omissis mediis, ii. q. vi. c. iii. et iiii. [C. 2 q. 6 c. 3-4]» (129); y
supra, nota 76. Para el anterior, Garriga, Contra iudicii §§ 17-18.
92
La diferencia es bien marcada por la Glosa, X 1.31.8, gl. «suspendatur»: «[…] quia ex quo
non appellavit infra X dies, postea non potest appellare, unde per appellationem non transfert
querelam ad metropolitanum, sed per simplicem querelam posset conqueri etiam post X dies». O por
Inocencio IV (=Innocentii Qvarti Pont. Maximi, Svper Libros Qvinqve Decretalivm […] [Francofvrti
ad Moenvm 1570]) a distinto efecto: X 1.33.13, § 3 v. «Est & alius»: «si autem non appellasset, sed
tantum per simplicem quaerimoniam iret ad superiorem, obstaret sibi dicta exceptio [excommuni-
cationis]» (con referencia a X 2.25.5) (f. 159v).
348 Carlos Garriga

competente, pues el superior sólo puede conocer mediante apelación (la cual
obra precisamente el efecto de transferir al juez ad quem la jurisdicción del a
quo sobre el caso) 93.
¿Qué efecto puede tener entonces la querella deducida en este segundo
supuesto –en causa ya incoada– ante juez superior distinto del papa (o sea,
no-supremo)? La respuesta a esta pregunta fue el procedimiento establecido
por Inocencio III para oponerse a la sentencia de excomunión (que a diferencia
de la sentencia judicial definitiva no extingue –éste es el punto– el oficio de
juez), mediante sus decretales Ad reprimendan (1198) y Per tuas (1203), luego
completadas en el IV Concilio de Letrán, 1215 (c. Sacro approbante) 94. La
querella al superior se resuelve en este caso en un reenvío al primer juez con
orden de hacer derecho, posible porque se denuncia precisamente un agravio
reparable por el juez a quo ante quien mediante apelación podría revocar su
actuación95.

93
Tras recordar que mediante querella «papa vocatus est in plenitudinem potestatis» y que «hoc
est ergo speciale priuilegium apostolicae sedis, vt sicut quilibet ipsam per querelam adire potest», el
Hostiense, X 2.28.51, § 3, concluye: «In casibus autem, in quibus inferiores iudices per querelam adiri
possunt, vt quando subditus episcopi conqueritur de episcopo, puto quod iter arreptum ad Metropo.
ex causa, & extra iudicium pro appellatione habeatur» (f. 188v). Cfr. Morel, Le recours 55-56.
94
X 1.31.8, X 5.39.40 y X 5.39.48, respectivamente. Para esta última, Antonio García y García
(ed.), Constitutiones Concilii quarti Lateranensis una cum Commentariis glossatorum (=Biblioteca Apostolica
Vaticana. Monumenta Iuris Canonici. Series A: Corpus Glossatorum. Vol. 2) (Città del Vaticano 1981),
c. 47: 86-88. Cfr. simplemente, R. H. Helmholz, «Excommunication as a Legal Sanction: the Atti-
tudes of the Medieval Canonists», en SZ.KA 68 (1982) 202-218: 206-207; y últimamente, Anne
Lefebvre-Teillard, «L’excommunication dans le droit canonique classique (XIIe-XIIIe siècle)», en
Jacqueline Hoareau-Dodinau y Pascal Texier, La peine. Discours, pratiques, représentations (=Cahiers
de l’Institut d’Anthropologie Juridique 12) (Presses Universitaires de Limoges 2005) 31-44, aunque sin
considerar los problemas que aquí interesan.
95
Quizá no esté de más transcribir aquí su texto: «Ad reprimendam malitiam perversorum
poenae certae sunt in canonibus constitutae, quas, sicut latas a vobis interdum in subditos vultis
inviolabiliter observari, ita latas ab aliis debetis inviolabiliter observare. Ideoque per apostolica scripta
mandamus, quatenus sententias, quas venerabilis frater noster Lexoniensis episcopus duxerit in subditos
suos canonice promulgandas, et vos ipsi servetis, et eas a vestris subditis faciatis inviolabiliter obser-
vari. §. 1. Tu vero, frater archiepiscope, quum excommunicationis sententia per appellationis non
suspendatur obiectum, si quis excommunicatus ab episcopo de iniusta tibi fuerit excommunicatione
conquestus, ad ipsum, ei quasi coepiscopo deferens, absolvendum secundum ecclesiae formam remittas.
Qui si forte noluerit ipsum absolvere, tu recepta cautione iuratoria absolutionis munus ei poteris
exhibere, ita tamen, quod, nisi legitime tibi constiterit, eum contra iustitiam excommunicatum
fuisse, ex debito sibi iuramenti praecipias, ut super eo, de quo fuerit excommunicatione notatus,
eidem episcopo satisfaciat competenter. Quod si facere forte contempserit, eum in excommunicationis
sententiam appellatione remota reducere non omittas. [Dat. etc. Kal. Iun. 1198.]». Fue recibida en
P 1.9.24 (23, en la ed. de G. López) (Cómo los perlados mayores pueden toller la sentencia de descomulgamiento
que posieren los menores), in fine, que en la edición de la RAH (Las Siete Partidas del Rey Don Alfonso el
Sabio cotejadas con varios códices antiguos por la Real Academia de la Historia (Madrid 1807) I. Partida
Primera) suena así: «ca los que descomulgare cada uno obispo en su obispado non los puede quitar
el arzobispo, et si lo ficiere, non vale fueras ende en estas dos cosas; la una si alguno se querella al
arzobispo quel descomulgó su obispo; la otra si dice que se alzó á él por quel descomulgaba: ca por
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 349

De perfil sumamente escurridizo, la diferencia entre apelación y simple


querella era explicada así por el Hostiense en su comentario a la primera
decretal citada:

«Consueuit notari differentia inter querelam, & appellationem:


quia quando quis per querelam simplicem sine appellatione conqueritur
de iniusta excommunicatione, necesse habet tunc Metropolitanus deferre
suo suffraganeo, & exco[mun]icatum ad eum remittere absoluendum,
vt hic & j. de sen. exc. sacro. [X 5.39.48] Sinautem appellauit a tali
sententia & sic per appellationem deferretur ad ipsum querela, tunc potest
deferre si vult, sed non habet necesse, vt j. de senten. excom. per tuas.
[X 5.39.40] & pot[est] esse r[atio], q[uod] fortius transfertur iurisdictio
in superiorem per appellationem, q[uam] per querelam. nam appellans
statim eximitur a iurisdictione ipsius, a quo appellauit. j. de appel.
directe. [X 2.28.39] & c. pastoralis. [X 2.28.53] quod intelligas, ex quo
per superiorem appellatio est recepta. Alioquin p. extra. d. n. de appel.
Romana. §. quod si obiiciatur lib. vj. [VI 2.15.3] Sed qui conqueritur,
non videtur transferre, nisi litem contestetur, antea enim non agit, sed
agere vult. ff. rem ra. ha. amplius, & l. quo enim tutiore [D 46.8.12].
Sed obiicitur»96.

La lógica de este desarrollo puede explicarse más o menos así: como


el superior no tiene jurisdicción sobre el caso y la querella carece de efecto
devolutivo, aquél no puede pronunciar por sí mismo la absolución, pero sí
conocer a título de superior (entiéndase, llamado a juzgar el caso en apela-
ción), a partir de la querella que motiva su intervención y sin conocimiento de
causa –sólo a título presuntivo– de la justicia o injusticia de la excomunión97.
Por mucho que la simple querella no entrañe efecto devolutivo, el inferior
queda vinculado por el mandato superior de hacer justicia en su condición

cada una destas razones lo puede asolver el arzobispo si quisiere, como quier que mas guisado serie
si enviase decir á su obispo quel asolviese él».
96
Hostiense, X 1.31.8, § 5: «Nonne eundo ad superiorem causa etiam querela simplicis
faciendae, ipso facto videtur quis appellasse, vt. j. de appel. dilecti [X 2.28.1]? Respondo non, post
sententiam, vt patet. ii. q. vj. §. forma. [C. 2 q. 6 c. 31 Gr. p.] in fi.» (ff. 161v-162r). La misma
argumentación, literalmente, ya en Goffredus de Trano, Summa, «De sententia excommunicationis»
(X 5.39), § 14 (v. «Sed quaeritur») (f. 243rv).
97
Supongo que así debe interpretarse Johannes Teutonicus, 3 Comp. 1.20.2, Ad reprimendam
(X 1.31.8), v. «non suspendatur»: «[…] non transfert ad superiorem aliquam iurisdictionem […]
sed transfert ad ipsum tantum ius absoluendi, et tunc absoluet ipsum sub hac forma: quod stet iuri
coram suo iudice» (134-135).
350 Carlos Garriga

de juez del querellante98. Fundado sobre una injusticia o gravamen, el juez


que no obedece sin causa bastante comete un nuevo gravamen, que es una
denegación de justicia y motiva la devolución de la causa al superior, la cual
no resulta por tanto directamente de la querella, sino que es consecuencia de
la negligencia: o sea, del incumplimiento no justificado del mandato recibido.
Esta característica devino muy pronto definitoria de la simple querella,
facilitando su aplicación a casos distintos de –pero asimilables a– la sentencia
de excomunión injusta: a cualesquiera casos de negligencia y denegación de
justicia del juez que conoce de una causa cualquiera. En la primera mitad
del siglo XIII Goffredo delimitaba las jurisdicciones del metropolitano y del
obispo señalando que el primero conocía per appellationem y per querelam, para
especificar los casos en los que por esta última vía actuaba como iudex ordina-
rius, a partir de los textos citados: «Tercius cum per negligentiam episcopi vt.
xx. q. iij. cum simus [C. 9 q. 3 c. 3] infra eo. ti. c. ad reprimendam [X 1.31.8]
.infra. de sen. ex. per tuas [X 5.39.40] .supra. de offi. dele. prudentiam
[X 1.29.21] § sextam»99. Sellando esta evolución podía decir Baldo: «[…] a
tarditate iudicis appellari non potest, sed debet adiri superior per simplicem
querelam […]»100. Pero más allá de esto, con carácter general, se consolidaría
como un recurso común y siempre disponible en defecto o por omisión de la
apelación, según sostenía ya Bartolo: «per simplicem querelam que succedit
loco appellationis in casibus in quibus non potest appellari»101.
Cualquier simplificación –ya se ve– está fuera de lugar. Las mismas
perplejidades, incertezas y aporías de la jurisprudencia –que puedo asegurar

98
Cfr. Morel, Le recours 75-76.
99
Goffredus de Trano, Summa, «De officio ordinario» (X 1.31), § 4 (v. «Item queritur etiam
de metropolitano an sit iudex ordinarius in tota prouincia»). Por cierto que el quinto modo es: «per
questionem inter episcopum et subiectum ipsius», o sea, por apelación extrajudicial, como enseguida
veremos. (f. 54v).
100 O también: «ut propter evitandas ambages, & frustraneos sumptus possit a denegatione
justitiae haberi recursus ad superiorem per viam querelae», como desde entonces solía repetirse:
Jacobo Cancer, Variarum Resolutionum Iuris Caesarei, Pontificij, & Municipalis Principatus Cathaloniae
(Lugduni 1683), pte. I, cap. XVII, § 69 (311).
101 Como anotó Baldo: «Ac etiam per simplicem querelam que succedit loco appellationis in
casibus in quibus non potest appellari, ut not. Bar. ff. de noui oper. nun. l. De pupillo § Si plurium
[D. 39.1.5.6], et est uerbum not. uald» (en una de las versiones del consilium «Queritur si rex
Romanorum», editado por Kenneth Pennington, «Allegationes, Solutiones, and Dubitationes: Baldus
de Ubaldi’s Revisions of his Consilia», en Die Kunst 29-72: 44). La remisión ha de ser ibid. § Si quis
ipsi praetori, donde efectivamente se encuentra de otro modo formulada esta afirmación de Bartolo:
Bartolvs a Saxoferrato, In Primam ff. Noui Partem. Cum Adnotationibus […] (Venetiis 1570) f. 10v.
Véanse también los testimonios que aporto en la nota 28. Para el desarrollo posterior, p. ej., Juan
García de Saavedra, Tractatus de hispanorum nobilitate et exemptione […] (Colonia 1737), gl. V passim:
«communem esse Doctorum sententiam, statutum rejiciens appellationem, non rejicere recursum
ad superiorem» (93-98); Cancer, Variarum pte. III, cap. XVIII, § 16, donde reúne muchas opiniones
concordantes (296).
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 351

se mantienen en el período moderno102– son buen indicio de las dificultades


que encierra la caracterización de la simple querella en un orden de por sí
abierto y para un ámbito tan dependiente del estilo –y por tanto, ingober-
nable– como el procedimental. Si es verdad que el binomio agravio-querella
es consustancial a la configuración del orden jurídico como una constelación
de derechos judicialmente garantizados, al menos idealmente puede decirse
que la querella fue corporeizándose en distintos recursos adaptados a la calidad
de otros tantos agravios y jurídicamente bien definidos (apelación judicial y
extrajudicial, querela nullitatis, principalmente), mientras el nombre querella,
sin perder aquel significado general, quedó especialmente reservado para
designar algo tan inespecífico como la posibilidad de recurrir en demanda
de amparo y/o reparación contra cualquier agravio, no sólo en defecto sino
que a veces también en concurrencia con los otros recursos (y singularmente
con la apelación). La simple (por no cualificada) querella es, por decirlo así,
el recurso-base, aquel que siempre cabe de uno u otro modo para instar la
intervención del superior por los agravios del inferior103. Creo que la sucinta
noción de Maranta sirve muy bien para caracterizarla genéricamente: «implo-
rare officium Iudicis sine appellatione pro grauamine». Con este fondo común,
la divisoria principal viene marcada por la condición del juez superior, porque
de ella dependen las posibilidades y los límites de la querella, que no transfiere
per se jurisdicción sobre el caso: si la causa es el agravio y el medio el recurso

102 Cfr., p. ej., Segismundo Scacciae, Tractatus de appellationibvs. In duas Partes, & viginti Quaestiones
diuisus (Romae 1612), lib. 3, cap. 2, q. 17, ampl. 16, § 48 (423-424); Carlos Garriga, «Gobierno y
justicia: el gobierno de la justicia», en Marta Lorente (coord.), La Jurisdicción contencioso-administrativa
en España. Una historia de sus orígenes (Madrid 2009) 45-113: § 4.2.
103 El tratamiento más claro que a este respecto conozco para el período bajomedieval se debe a
Maranta, Speculum Aureum, Pars VI, Secundus actus, §§ 114-121, en un momento ya muy avanzado,
cuando es posible contemplar en su conjunto el resultado de la rica tradición jurisprudencial: «Qverela
est octauus actus suspensiuus, super quo dicas, quod querela potest accipi largo modo, & stricte,
seu proprie. Quando accipitur largo modo, ponitur pro omni remedio, per quod quis recurrit ad
Superiorem per viam grauamina: & tunc includit appellationem, & restitutionem […] secundo modo
accipitur stricte, & tunc differt ab appellatione […]. Nam ille dicitur adire Iudicem per querelam,
qui non potest appellare, propter aliquod impedimentum iuris, & sic tunc dicitur proprie querela,
quando circa remedium appellationis Iudex aditur, vt habemus in locis praeallegatis. Est enim querela,
quando oppressus reclamat, vt sibi per viam iuris succurratur: ita dicit Phil. Dec. in cons. 125. col. fin.
in j. vol. & habet locum querela vt plurimum, quando quis grauatur in actibus extraiudicialibus, vel
per aliquam interlocutoriam, sine causae cognitione prolatam, in quibus casibus si aliquis appellauit,
& appellationem deseruit, potest recurrere ad querelam, & sic desertio appellationis non praecludit
viam querelae […]. Est enim ista querela implorare officium Iudicis sine appellatione pro grauamine»
(§ 114). Tras especificar distintos supuestos de querella en este segundo sentido jurisprudencialmente
admitidos o consolidados (§§ 115-119), todavía recuerda (§ 120): «plures alias significationes habet
iste terminus, quia querela, quandoque ponitur pro querela criminali […]. Item, quandoque ponitur
pro querela inofficiosi testamenti, vel inofficiosae donationis […]». Para terminar (§ 121), establece
las diferencias entre lamentationem, querelam, querimoniam y quaestionem: «Dic quod lamentatio, est
extraiudicialis, querela vero iudicialis, […]. Querimonia vero, est ante litem contestatam, quaestio,
dicitur post litem contestatam […]» (487-488).
352 Carlos Garriga

al juez superior (resuelto sin conocimiento de causa), los efectos de la querella


dependen ante todo del estatus jurisdiccional –del officium– de éste. Como
recurso omisso medio al princeps, la simple querella abre todas las posibilidades
que se predican del juez supremo, aquel que juzga a todos y no es juzgado
por nadie, y puede concretarse de muy distintas maneras (y en otras tantas
cartas de justicia), desde el simple mandato revocatorio hasta la asunción de
la causa mediante avocación o delegación de jurisdicción. En cambio, dedu-
cida ante juez no-supremo (por agravios de jueces inferiores), el dispositivo
de la querella, por no transferir jurisdicción sobre el caso, se resuelve en un
mandato provisorio, depende en su desarrollo de la actitud del inferior y traza
una secuencia circular: mandato incitativo-incumplimiento-devolución (de
la jurisdicción), que sólo el debido ejercicio del oficio por el juez inferior –la
cesación del agravio por su actuación conforme a derecho, en cumplimiento
del mandato superior– puede interrumpir.
Me parece que LE 135 en su primera parte, aun versando sobre querellas
deducidas omisso medio ante el rey, se ajusta escrupulosamente a este segundo
y más restringido sentido: por decirlo así, presenta al rey como princeps-
emperador, el princeps del ius civile, que a diferencia del papa no está facultado
per se para conocer omisso medio104 . O si se prefiere, el rey de LE 135 es el rey
del Fuero Real (scil., 2.15.4) y no el de las Partidas, que se sitúa en la posición
del princeps-papa y admite como él, ordinarius cunctorum, la apelación omisso
medio: «E esto porque el Rey ha sennorio sobre todos, e puedelos judgar»105.
Nuestra ley presupone implícitamente que el rey no es iudex ordinarius omnium
y por tanto ha de moverse dentro de los límites que imponen a su actuación
la concurrencia de otras instancias jurisdiccionales.
Como la simple querella, el procedimiento previsto por LE 135 no
es más que un recurso omisso medio interpuesto contra agravio reparable del
juez competente, que no produce efecto devolutivo alguno, razón por la cual

104 C.7.62.15, gl. «scientiam»: «appellatione facta ad principem, quae fieri non debet praetermissis
his, qui ante debuerunt appellari secundum ordinem». Para los argumentos habituales de la jurispru-
dencia, cfr. G. López, P 3.23.18, gl. «Para el Rey»; Padoa-Schioppa, Ricerche sull’appello II 112-113.
105 P 3.23.18: «et sic videtur quod cum jus partitarum idem disponat quos jus canonicum […]
nulla erit diferentia» (Díaz de Montalvo, FR 2.15.4, gl. «Todo home: e dende al Rey», I 334). Esta
última es la ley clave para esto (la apelación gradatim) del Fuero Real (entiendo que interpretada en
favor del rey por LE 162). El problema se debate a propósito de la appellatio alternativa, es decir, la
validez de la apelación realizada al juez inmediatamente superior o al princeps (i. e., gradatim u omisso
medio), inadmisible por incierta de iure canonico, dado que cabe la apelación omisso medio al papa,
mientras que se admite de iure civile, porque «non potest ad imperatorem appellari omisso medio et
si appelletur cognoscet superior proximus et sic non est incerta» (Peregrina, s. v. «Appellatio», q. 6,
gl. «Omissis mediis», f. 46r). Para el debate en la Castilla de los siglos XV-XVI, Carlos Garriga,
«Jurisdicción real y jurisdicciones señoriales en Castilla: la ley de Guadalajara de 1390», en François
Foronda (ed.), Avant le contrat social… Le contrat politique dans l’Occident médiéval (XIIIe -XVe siècle)
(París 2009, en prensa) § 2.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 353

no interfiere su jurisdicción sobre el caso: el querelloso se limita a instar el


conocimiento de la justicia o injusticia del agravio que denuncia. De ahí que
la querella se sustancie en un reenvío al juez inferior con orden de actuar
conforme a derecho, pronunciada sin conocimiento de causa y posible porque
se denuncia un agravio reparable por su causante, del que el juez superior
sólo podría conocer judicialmente por medio de formal apelación. Sólo el
incumplimiento del alcalde justifica la intervención jurisdiccional del rey, que
no es por tanto un efecto directo de la simple querella, sino que resultaba de
la negligencia (o denegación de justicia) del inferior. Nada se dice sobre la
suerte que en tal caso debía seguir la causa principal, pero las propias Leyes
del Estilo ofrecen algún ejemplo singular de este procedimiento y de sus
consecuencias penales para el alcalde106.
Aquí el recurso aparece innominado, pero sabemos que la expre-
sión «simple querella» circulaba en Castilla al menos desde principios del
siglo XIV, seguramente con el sentido genérico de petición elevada al rey
en demanda de amparo o reparación, para la que muchísimo más a menudo
se usa simplemente el término querella, omnipresente en la documentación
emanada de la cancillería castellana –recuérdese lo dicho a propósito del
binomio querella-carta107. Y es que la especificidad del recurso no depende

106 LE 155: «Del que querella del alcalde que no le otorga el alzada del juyzio que dio. Otrosi
si alguno viene querellar del alcalde que no quiere dar alzada del juyzio que dio contra el del qual
juyzio se alzo: el rey le deue enbiar mandar que gela de si el mostrare como se alzo & quel de las
costas de quatro dias de morada & de tantos de yda & de tantos de venida segun fuere el lugar donde
es. Pero si en razon delas costas algo quesiere dezir, que sea antel fasta tal dia o decir lo que dezir
quesiere». Cfr. Peregrina, s. v. «Appellatio», gl. «Sigillatum» (f. 48v; infra nota 229); y sin citarla,
Díaz de Montalvo, FR 2.2.2, gl. «Sin derecho»: «de styllo cancellariae hujus regni omni appellationi
est deferendum per judicem alias condemnatur in expensis» (179).
107 En el pleito que sostuvieron en los últimos años de Alfonso XI el monasterio de Santo Domingo
y el concejo de Silos, cuyas actas se conservan íntegras (José Antonio García Luján, Códice Diplomático
Procesal del Monasterio de Santo Domingo de Silos (1346). Estudio Codicológico, Paleográfico, Diplomático
y Edición (Universidad de Córdoba 1996) 63-145; sobre el cual: Francisco Luis Pacheco Caballero,
«Sennorio mayor, sennorio general, sennorio espeçial y jurisdicción. Un caso concreto», en Initium 4 (1999)
157-184; Garriga, Jurisdicción real § 2), este último, el concejo, presentó una carta de Fernando IV
(Santo Domingo de Silos, 14.I.1312), dirigida a don Fernando Ruiz de Saldaña, adelantado mayor
de Castilla o a quienquiera que lo fuese en adelante, y librada a petición del citado concejo para que,
conforme a sus privilegios, los adelantados o merinos mayores de Castilla no demandaran yantar ni
entrasen en la villa «a merinar nin a fazer justiçia» («por querella quel de qualquier ome de qualquier
condiçión de vezino de Santo Domingo, sinon yo o los reyes que vernán después de mí personalmente
o los alcalles del fuero del dicho conçeio») (106-107); a la cual se refiere la parte del abad (20.V.1345)
diciendo: «que fue ganada por simple querella contra los nuestros merynos por agrauios que dizíen
que les fazíen en les tomar lo que les fallauan en yantar o en dineros. Et esto non enpeesçe a nuestro
sennorío espeçial, quanto más que non fue mostrada nin vsada e son pasados treynta e dos annos
e más. Et quando […] de casa del rey de sinple querella sy non se […] e non usan della fasta diez
annos, que dende adelante non vale segunt que dize la ley de la terçera partida que fabla en esta
razón» (127-128, omisiones en el original). Igualmente, de otra carta dada por Alfonso XI (Sevilla,
5.V.1327), dirigida al abad y convento de Santo Domingo y librada a querella del concejo por distintos
354 Carlos Garriga

de aquélla, sino de la resolución incorporada en ésta, de las cláusulas que


incluya la carta real, como veremos más adelante.
Con estas características, la funcionalidad de la simple querella en la
Castilla posterior a 1274 no puede ser más evidente: facilita la intervención
del rey en supuestos sobre los que no tiene jurisdicción y le permite ganarla
en caso de negligencia del juez competente. En términos generales, la simple
querella es el conducto que, en respuesta a las peticiones –el clamor– de los
querellosos (los agraviados), hace llegar la voz del rey a todos los confines
del reino y lo presenta y representa como garante último de la justicia en sus
tierras. Tengo para mí que ésta era además la vía a través de la cual llegaban
hasta la Corte ciertos casos que por su especial significación eran o podían ser
retenidos para su enjuiciamiento por los alcaldes del rey: los casos de Corte.
Lo afirmó Alfonso XI en su sentencia sobre el señorío de Illescas, dictada
en un momento notablemente expansivo de la jurisdicción real:

«Otrossi que todos los pleytos que son de librar principalmente


por mi corte por simple querella silos querellosos vinieren ante mi et
me dieren querella de alguno o algunos de Yliescas sobre algunas cosas
sennaladas que pertenescen ami de librar enla mi corte et fueren emplazados
para ante mi por esta rason que son tenudos los que fueren assi empla-
sados de venir ante mi por quelos libre o los mande librar por mi corte
assi commo fallare por derecho»108.

En nuestro contexto, la peculiaridad de estos casos, aquello que los


caracteriza como casos de Corte, radica en que el rey no se limita a ordenar,

excesos cometidos «sin razón e sin derecho contra la mi juridiçión [del rey] e sennorío que he en la
villa» (123-124), dice la parte del abad «que fue ganada por sinple querella» (20.V.1345); añadiendo:
«dezimos que non uale nin nos enpeesçe porque fue ganada callada la verdat e non usaron della, pues
la carta viníe a nos e nunca nos fue mostrada nin vsaron della en nuestra sabiduría. Et por esa misma
razón a perdida la fuerça por pasamiento de diez annos» (128). Contestado por el concejo de forma
que no hace ahora al caso, el argumento del abad en ambos casos parece hacer referencia a P 3.18.42,
sobre ciertos privilegios, que no sé si tiene cabida aquí (cfr. G. López, P 3.18.42, gl. Fasta diez años
para la concordancia (con l. 1. ff. de nundinis [=D 50.11.1] y P 5.7.3 (privilegio de feria nueva, con
duración de 10 años); Iglesia Ferreirós, Libro de Leyes 140). Véase también, García Luján, Códice 92,
para otras referencias a la «simple querella» en estas mismas actas procesales.
108 Carta de sentencia dictada por Alfonso XI (11.II.1329) –«auido mio consejo sobre ello con
prelados et ricos omnes et con maestres de las ordenes dela caualleria et con los mios alcalles et con
caualleros et omnes buenos que son aqui conmigo»– en el pleito que enfrentó al arzobispo y el cabildo
de Toledo con el concejo de Illescas, «sobre rason del sennorio que el arçobispo de Toledo et el deán
et cabildo disien que auien en Yliescas et de los derechos dende». A la sentencia real precedió además
en este caso un acuerdo de las potestades presentes sobre lo que se debía «faser de derecho» (publ.
por Hilda Grassotti, «En torno al señorío de Illescas», recogido en sus Estudios medievales españoles
(Madrid 1981) 297-328: 316-319).
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 355

en vista de la querella, que el juez competente cumpla su oficio actuando


–valga el pleonasmo– conforme a derecho, sino que decide retener la causa
y emplazar a las partes para estar a derecho en la Corte. La simple querella
es, en este sentido, el dispositivo que, provocando la intervención del juez
superior (y distinto del ordinariamente competente) introduce en la Corte (lo
que para entonces es tanto como decir en la jurisdicción real) los casos que por
esto se llaman de Corte. A este género pertenece la apelación extrajudicial.

4.2.– La apelación extrajudicial.– El tercer supuesto contemplado por


la ley del estilo 135 para determinar el segundo modo de tratar las querellas
contra el alcalde deducidas ante el rey109 responde a las características de la
apelación extrajudicial, que es –también– un producto típicamente canónico,
fundamentado en la regla, característica de este derecho, ab omni gravamine
licite appelletur110.
Nacida en la Roma del Bajo Imperio, como es sabido fue en el ámbito
eclesiástico donde la apelación desplegó primero y más ampliamente todo su
potencial en favor del princeps, aprovechando los textos normativos romanos,
un buen conjunto de los cuales fueron incorporados en algún momento al
Decretum111. Aquí la apelación tendió desde entonces a sustituir a la acción
directa contra el juez acusado de mal juzgado, pero sirvió además para acoger
junto a esta appellatio en sentido propio (o romano) otros supuestos sumamente
diversos112. Marcando la diferencia con la apelación secundum leges, que sólo
era regularmente admisible post sententiam, se destacará desde muy pronto:

109 LE 135 [3].


110 Así, p. ej., C. 2, q. 6 c.7 y 11, así como c. 8, 10 y 14 (cfr. Chodorow, Dishonest 189 y nota 11);
X 2.28.3. Y para la frase del texto, p. ej., Bernardus Papiensis, Summa Decretalium, Theod. Laspeyres
(ed.) (Ratisbonae 1860), II-20, § 4: «secundum canones […] ab omni gravamine licite appelletur»
(60, y 59-63 para una visión compendiosa de la apelación en la primera mitad del siglo XIII).
111 Para el complejo desarrollo legislativo y su consolidación, Federico Pergami, L’appello nella
legislazione del tardo impero (Milano 2000). Como el argumento, las fuentes y la bibliografía son en
gran medida coincidentes con la recusación judicial, remito genéricamente para este punto a mi
Contra iudicii improbitatem remedia §§ 1-5; he vuelto sobre ello en el arranque de Jurisdicción real § 1.
112 Para la incorporación de textos romanos sobre el particular (C. 6 q. 2), que ahora debe
contemplarse a la luz de la brillante reconstrucción de Winroth, The Making 146-174 y 207, véanse
entre otros, específicamente, Adam Vetulani, «Gratien et le droit romain», en RHDFE 4e série 24-25
(1946-1947) (=Id., Sur Gratien et les Décrétales. Recueil d’études édité par Waclaw Uruszczak
(Variorum 1990) III), 11-48: 19-20; Wieslaw Litewski, «Les textes procéduraux du droit de Justinien
dans le Décret de Gratien», en SG 9 (1966) 67-109: 85-96; Padoa Schioppa, I limiti all’appello 393;
Brigitte Basdevant-Gaudemet, «Les sources de droit romain en matière de procédure dans le Décret
de Gratien», recogido en su Église et Autorités. Études d’histoire du droit canonique médiéval (Presses
Universitaires de Limoges 2006) 213-251: «Au milieu du XIIe siècle, le principe de l’appel d’une
sentence apparaît en droit canonique. Il tend à se substituer à l’idée de poursuite contre un juge
accusé d’avoir mal jugé» (215-216 para la cita, y 236, 240, 245, 249).
356 Carlos Garriga

«secundum canones nam ante et post et in medio potest appellari»113. La


clave y el fundamento que sirve para englobarlos es la noción de gravamen,
a partir de la cual, como en parte hemos visto, el derecho canónico tiende
a identificar la apelación con cualquier recurso (contra un gravamen o) en
defensa del propio derecho114. A la pregunta «quando sit appellandum», se
responde: «quandocumque gravamen infertur, sive per interlocutoriam, sive
per diffinitivam sententiam, sive alias extra iudicium gravamen inferatur,
statim potest appellari, vel post usque ad decem dies»115. Sobre una base
tan general, la apelación experimentó muy pronto un intenso desarrollo
en el derecho canónico, que fue especialmente notable bajo Alejandro III,
generó no pocos problemas en la práctica y motivó buena parte de la extensa
regulación saltuariamente establecida y compilada en las últimas décadas del
siglo XII, finalmente consolidada por Gregorio IX y todavía reformada por
sus sucesores116.

113 Según el anónimo autor de una temprana Summula de appellationibus (cfr. Linda


Fowler-Magerl, Ordo iudiciorum vel ordo iudiciarius. Begriff und Literaturgattung (Frankfurt a. M. 1984)
240-241): «Secundum leges ante litis contestationem potest iudex refutari; post sententiam tantum
fiet appellatio; unde dicebat Bulgarus: “in principio refutatio, in medio non est locus remedio”, nisi
in casu cum iudex vult incipere a tormentis: tunc enim ante sententiam potest appellari. Secundum
canones nam ante et post et in medio potest appellari» (cit. por Piero Fiorelli, «Appello (Diritto
intermedio)», en ED II (1958) 714-718: 717; cfr. Padoa Schioppa, Ricerche II 52 y 57 nota 92, e
ibid. 52-66 para el debate civilista); Linda Fowler-Magerl, «Ordines iudiciarii» and «libelli de ordine
iudiciorum» (from de middle of the twelfth to the end of the fifteenth century) (=Typologie des sources du moyen
âge occidental, fasc. 63, A-III.1*) (Brepols 1994) 47-49.
114 Así, p. ej., magister Rufinus en su Summa decretorum, C. 2 q. 6 pr.: «Est igitur appellatio
protestatio, sententie inique vel suspecte querelam continens. Dicitur etiam generaliter appellatio
cuiuslibet molestie ad maiorem potestatem proclamatio» (Rufinus von Bologna (magister Rufinus),
Summa decretorum. Heinrich Singer (ed.) (Paderborn 1902, Aalen 1963) 251); véase también el arranque
de Hugolino, Tractatus de appellatione (Fowler-Magerl, Ordo 243), valorado y cit. parcialmente por
Padoa Schioppa, Ricerche II 198 nota 5, y ahora editado por Gonzalo Martínez Díez, «Tres lecciones
del siglo XII del Estudio General de Palencia», en AHDE 61 (1991) 391-449 [401-411=Hugolino,
Tractatus]: 401-402 [1]; sobre el cual, Aquilino Iglesia Ferreirós, «Rex superiorem non recognoscens.
Hugolino de Sesso y el Studium de Palencia», en Initium, 3 (1998) 1-205). Y unas décadas más tarde,
Tancredo, Ordo iudiciarius, 4.5, § 1: «Appellatio est sententiae vel gravaminis relevatio per procla-
mationem, a minori iudice ad maiorem factam, praetextu iniqui gravaminis vel iniustae sententiae.
ut Dig. de minorib. 4, 4. l. praefecti etiam praetorio. 17. [D. 4.4.17] et X. in concilio Lateranensi
Innocentii tertii. C. ut debitus honor. 35. [X 2.28.59]» (291). Cfr. también Morel, Le recours 15-16,
y 30 nota 113 para la opinión de Martinus; e infra nota 125.
115 Tancredo, Ordo iudiciarius, 4.5 § 5 (293-294). Y haciéndose eco de la latitud de la apelación
canónica («poterat appellari a quocumque gravamine»), p. ej., D. 49.2.1.4, gl. «ab eo provocare»
(cfr. Padoa Schioppa, Ricerche II 57-58, nota 93 y 125, nota 45).
116 Véanse, simplemente, 1 Comp. 2.20 y 2 Comp. 2.19 (Aemilius Friedberg, Quinque Compi-
lationes Antiquae nec non Collectio Canonum Lipsiensis […] (Leipzig 1882, Graz 1956) 20-24 y 77-79).
X 2.28.1-35 son debidos a Alejandro III. Para una visión general, Wieslaw Litewski, «Appeal in Corpus
Iuris Canonici», en ASD 14-17 (1970-1973) 145-221, aunque apenas atiende a la apelación extrajudicial
(159-160 y 161 ss.). Sobre los problemas y desarrollos aludidos, interesan especialmente Chodorow,
Dishonest 197-198 conclusivamente y passim; Antonio Padoa Schioppa, «La delega appellatione remota
nelle decretali de Alessandro III», en André Gouron et Albert Rigaudière, Renaissance du pouvoir
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 357

La apelación extrajudicial tuvo su origen precisamente entonces, a


vueltas de los tempranos debates de los decretistas sobre el carácter y la
amplitud de la apelación117. Al menos oficialmente, su partida de nacimiento
fue la decisiva decretal Cum sacrosancta Romana ecclesia (22 de marzo de 1172)
que, junto a la apelación «post sententiam», característica del derecho romano,
vino a reconocer explícitamente también como canónicas la apelación «ante
sententiam» e incluso la apelación «ante litis ingressum», sin otro apoyo
que la tradición evocada antes: «quoniam sacri canones passim appellare
permittunt»118. Considerada esta última forma entonces por Alejandro III
más que una apelación como una «provocatio ad causam» («si autem in
agro vel alias ante causae ingressum fuerit appellatum, non solent dici
hujiusmodi appellationes, sed in jus vocationes»119), cuando esta decretal
fue incluida en el Liber Extra el paso citado antes resultó interpolado de este
modo: «quoniam sacri canones etiam extra iudicium passim appellare permit-
tunt» (X 2.28.5) 120. De ahí procede la dicción «appellatio extraiudicialis»,

législatif et genèse de l’État (=Publ. de la Société d’histoire du droit et des institutions des anciens pays
de droit écrit) (Montpellier 1988) 179-188; Id., I limiti all’appello 389-394, 403-404 y passim. Para
el marco general, además de las referencias citadas anteriormente (notas 76 y 81), Marcel Pacaut,
Alexandre III. Étude sur la conception du pouvoir pontifical dans sa pensée et dans son ouvre (Paris 1956)
263-265; Kenneth Pennington, Pope and Bishops. The Papal Monarchy in the Twelfth and Thirteenth
Centuries (University of Pennsylvania Press 1984) 22-28 y también 59-74.
117 Además de Morel, Le recours 15-41, 75-80, 87-98, la obra de referencia es Heribert Schmitz,
Appellatio extraiudicialis. Entwicklungslinien einer kirchlichen Gerichtsbarkeit über die Verwaltung im Zeit-
alter der klassischen Kanonistik (1140-1348) (=Münchener Theologische Studien. III. Kanonistische
Abteilung, 29) (München 1970); cuyas conclusiones han sido asumidas y resumidas en otros trabajos
más generales y útiles a los efectos introductorios que aquí interesan: Ignacio Gordon, «De iustitia
administrativa ecclesiastica tum transacto tempore tum hodierno», en Periodica. De re morali cano-
nica liturgica, 61 (1972-I) 251-378: 257-269; Lefebvre, De recursibus administrativis 207-213; Ignacio
Gordon, «Origine e sviluppo della giustizia amministrativa nella Chiesa», en De iustitia administrativa
in Ecclesia – La giustizia amministrativa nella Chiesa (=Studia et documenta iuris canonici 11) (Roma 1984)
1-18: 2-7; Padoa Schioppa, I limiti all’appello 398. No entra en estas cuestiones Katia Weidenfeld,
Les origines médiévales du contentieux administratif (XIVe -XVe siècles) (Paris 2001) 416-435.
118 Para el texto original, que puede consultarse íntegro en M ansi XXI 1079-1080, y su
manipulación y compilación en X 2.28.5-7, además de la nota siguiente, véanse ahora Chodorow,
Dishonest 189, 199 nota 3, 201-202 notas 13 y 17; Padoa Schioppa, I limiti all’appello 392 nota 29,
394 nota 41.
119 M ansi XXI 1079 (sed in jus vocationes] sed ad causam provocationes, ibid. XXII 313, como
Appendix Concilii Lateranensis [III] 10.6). Cfr. Schmitz, Appellatio 76; Chodorow, Dishonest 202
nota 17.
120 Schmitz, Appellatio 23-29 y 75-77, donde compara el texto original con el compilado, que
formó X 2.28.5 y es el que, por su trascendencia ulterior, aquí interesa: «Idem Remensi Archiepiscopo.
Quum sit sacrosancta Romana ecclesia caput et magistra omnium ecclesiarum disponente Domino constituta,
et ad eam consultationes et quaestiones de diversis mundi partibus merito referantur, quod eam super variis
iuris quaestionibus consulueris, gratulamur et prudentiam tuam non immerito commendamus. Inde est, quod
scriptis praesentibus Fraternitati tuae dignum duximus respondendum, quod, si frustratoriae dilationis
causa vel etiam necessario ante sententiam vel postea fuerit appellatum, huiusmodi appellantibus annus
indulgetur aut ex necessaria et evidenti causa biennium, nisi forte iudex, a quo appellatum fuerit,
secundum locorum et provinciarum distantiam, et personarum et negotii qualitatem recisius tempus
358 Carlos Garriga

que se impuso en la práctica y fue pronto oficialmente consagrada: «sicut


appellationem iudicialem, sic et [appellationem] extraiudicialem […]», decía
Clemente V a comienzos del siglo XIV121. Entretanto, esta última apelación
había conocido un intenso y diversificado uso, testimoniado prima facie por
los formularios judiciales y cancillerescos122; quedó sujeta a ciertos requisitos
formales, impuestos mediante sucesivas decretales, particularmente en punto
a la expresión de causa123; y fue objeto de notable elaboración jurisprudencial.
Toda ella vino determinada por su nombre un tanto paradójico, a partir del
cual la appellatio extraiudicialis resultó definida por contraste con la apelación
vera y propia, la apelación judicial, mediante la habitual operación de señalar
las similitudes y destacar las diferencias entre ambas, para determinar de qué
modo calificaba el adjetivo extrajudicial al nombre apelación que servía para
designarla. Las distancias, que además venían a separar al derecho canónico
del romano en este punto, estuvieron siempre claras, pero la caracterización
de la figura no dejó de plantear severos problemas.
Por de pronto, porque dificultaban una noción de appellatio capaz de
englobar los muy distintos supuestos cobijados bajo este nombre general en
la práctica eclesiástica, como lejos de encubrir las diferencias no deja de regis-
trarse124. Marcando expresamente distancias con la definición legal (o sea,

fuerit moderatus. Infra quod si is, qui appellaverit, causam appellationis non fuerit prosecutus, tenebit
sententia. Si post sententiam appellaverit, et a causa sua cecidisse videtur, nec amplius super eodem
negotio audietur appellans. Si vero a gravamine et ante litis ingressum fuerit appellatum, huiusmodi
audietur appellans, quoniam sacri canones etiam extra iudicium passim appellare permittunt, nec
solent huiusmodi dici appellationes, sed provocationes ad causam. Si autem ante sententiam quis
appellaverit, cogitur illius stare iudicio, ad quem noscitur appellasse. §. 1. Praeterea si raptor sit,
vel alias violentus detentor alienae rei is, qui appellat, huiusmodi appellatio facta in iudicio apud
ecclesiasticas personas solet audiri, nisi forte manifestus raptor vel fornicator exsistat, sicut ille, quem
absentem et irrequisitum Apostolus excommunicavit».
121 Clem. 2.12.3 (Schmitz, Appellatio 145); según la Glosa, v. «Extraiudicialem»: «De qua eod.
tit. concertationi. lib. 6. & hoc probabamus olim per decret. constitutus. eod. tit. [X 2.28.45] quae
loquitur de appellatione extraiudiciali» (III col. 143; pero véase también VI 1.6.10). Cfr. además
VI 2.15.1 (Schmitz, Appellatio 86) y 8.
122 Véanse, p. ej., las fórmulas de Guillermo Durante (Guillaume Durand), Speculum iudiciale
(= Gvl. Dvrandi, Specvli ivris [Basileae 1574, Aalen 1975]), lib. IV, partíc. II, rúbr. «De appellatio-
nibus: de appellationibus extraiudicialibus» (II 193-195); o de Hostiense, Summa Aurea, lib. II, rúbr.
«De appellationibus» (X 2.28), § 6 «Qualiter sit appellatio facienda» (cols. 801-815). Cfr. Morel,
Le recours 17; y para la práctica cancilleresca, Schmitz, Appellatio 109-117, e infra nota 149.
123 Cfr., especialmente, las decretales Ut debitus (X 2.28.59) y Cordi nobis (VI 2.15.1), sobre las
cuales: Schmitz, Appellatio 66-68, 85-88.
124 Bernardo de Botone (o de Parma), Summa super Liber Extra (inédita), X 2.28: «Cum appe-
llatur a sententia, appellatio est prouocatio inique sententie querelam continens. ff. de mino. l. prefecti.
[D. 4.4.17] ante sententiam sic potest describi appellatio. appellatio est ab audientia minoris iudicis
ad maiorem propter grauamen illatum uel comminatum prouocatio. j. c. ut debitus [X 2.28.59] et
c. cum cessante. [X 2.28.60] et extra iudicium etiam appellatur et est tunc appellatio superioris
inuocatio seu protectio ab iniuria uel grauamine irrogando seu iuris sui protectio» (cit. por Schmitz,
Appellatio 84).
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 359

la contenida en las leges, según las cuales «generaliter non appellatur nisi a
sententia») Goffredus de Trano propuso –o al menos consolidó– una definición
secundum canones sumamente general y luego muy seguida125: «Appellatio est
a minore ad maiorem iudicem prouocatio vt .ij. q. vj. omnis oppressus [C. 2
q. 6 c. 3] et c. sequentibus et maxime in .c. placuit [C. 2 q. 6 c. 9]. nam
secundum canones etiam extra iudicium appellatur»126. Este inmenso campo
venía a las alturas en que estamos comúnmente parcelado en tres sectores:
apelación de sentencia definitiva o interlocutoria, apelación a gravamine illato
in iudicio y apelación extraiudicium: «sed tunc erit pocius ad causam prouocatio
vt j. e. t. cum sit romana [X 2.28.5]»127. Esta última es la caracterización que,
por debajo del nombre y al hilo de las palabras de Alejandro III, se impuso
como lugar común, a menudo bajo la autoridad de Inocencio IV, que tuvo
además alguna decisiva intervención normativa en la materia: «proprie, &
stricto modo loquendo, appellatio dicitur illa quae sit in iudicio, prouocatio

125 Ya antes, p. ej., Étienne de Tournai, Summa C. 2 q. 6 pr.: «Appellatio est a minore iudice
ad maiorem facta provocatio» (Stephan von Doornik (Stephanus Tornacensis) Die Summa über das
Decretum Gratiani. Johann Friedrich von Schulte (ed.) (Giessen 1891, Aalen 1965) 173); Hugolino,
Tractatus [1] (401). Cfr. Litewski, Appeal 169; Schmitz, Appellatio 11 y 79, nota 4. Para la suerte
posterior de la definición de Goffredus, p. ej., Petro Rebuffo, Commentariorvm in Constitvtiones Regias
Gallicas […] (Lugduni 1552) III, de appellationibvs, §§ 1-2 (III 475).
126 Goffredus de Trano, Summa, «De appellationibus» (X 2.28), § 1 (v. «Appellatio est»),
que continúa: «et tunc passim .i. sine assignatione grauaminis permittitur appellare vt. j. e. t.
cum sit romana [X 2.28.5] § si vero. secus cum in iudicio appellatur vt. j. eo. ti. vt debitus honor
[X 2.28.59]» (f. 119v). Cfr. Schmitz, Appellatio 79, 81, 86-87, para las diferencias sobre la decretal
Ut debitus (X 2.28.59) en punto a la expresión de causa en la apelación extrajudicial.
127 Goffredus de Trano, Summa, «De appellationibus» (X 2.28), § 6 (v. «Appellatur a diffini-
tiua») (f. 120r). Hostiense, Summa Aurea, lib. II, rúbr. «De appellationibus» (X 2.28), § 6 «Qualiter
sit appellatio facienda»: «aut appellatur extra iudicium, aut in iudicio: & tunc aut appellatur a
sententia diffinitiua, aut ab interlocutoria, aut a grauamine» (col. 801). Así y aquí, también, Fernando
Martínez de Zamora, Summa aurea de ordine iudiciario (ed. por Antonio Pérez Martín, El derecho
procesal del «ius commune» en España (Murcia 1999) 133-215) XI (171-187) passim y §§ 15, 20, 41-48,
59, 73-85, 95, 131-136, 176 sobre la apelación de agravamiento, con formularios. Para la apelación de
interlocutorias, Jean-Louis Gazzaniga, «L’appel des sentences interlocutoires en droit canonique, du
Décret de Gratien au Concile de Trente», en Mélanges offerts à Pierre Hébraud (Université des Sciences
Sociales de Toulouse 1981) 353-366.
360 Carlos Garriga

vero dicitur illa quae sit extra iudicium»128 ; donde por provocatio hay que
entender, simplemente, una delatio facta ad audientiam maioris tribunalis129.
Así caracterizada, bajo el nombre de apelación extrajudicial se engloban
a su vez muy distintos supuestos, todos aquellos que pueden causar extra-
judicialmente agravio (incluidos –como se admitirá enseguida– los agravios
futuros130), que frecuentemente vienen ordenados en distintas categorías en
atención al hecho que motiva la apelación y para marcar las diferencias de
régimen que comporta, especialmente en punto a la alegación de causa131,
que Inocencio IV impuso como regla general132.
Aquí bastará con recordar que todos ellos se caracterizan por interpo-
nerse de actos extrajudiciales y directamente para ante el juez ad quem (i. e., sin
pasar por el a quo cuando es el causante del agravio, y en este sentido omisso
medio133), introduciendo notables diferencias en el régimen de la apelación

128 Inocencio IV, X 2.28.5, § 1, v. «Prouocationes»: «est tamen differentia, quia proprie & stricto
modo loquendo, appellatio dicitur illa, quae sit in iudicio, prouocatio vero dicitur illa, quae sit extra
iudicium, sed ideo proprius dicuntur ad causam prouocationis, quia tunc fiet inceptio causae, &
appellatio pure & stricte dicitur in causa iam coepta. Item si in iudicio appellasset, lapso termino,
non audietur vlterius super eo de quo appellauit, vt patet in eo quod le[gitur] & nota. sup. c. proxi.
sed quando est extra iudicium appellatum, lapso termino, audietur appellans quia haec appellatio,
non proprie dicitur appellatio, sed ad causam prouocatio, nec potest impediri, quin alio iure se iuuet
appellans» (f. 318r). Cfr., en los mismos términos, Hostiense, X 2.28.5, § 3 (f. 172r); Id., X 2.28.48,
v. «Prouocarunt»: «Hoc tamen verbum improprie ponitur, quia appellatio sit in iudicio, prouocatio
extra. s. e. cum sit. [X 2.28.5] §. si vero a grauamine» (f. 187r).
129 Cfr. Hostiense, Summa Aurea lib. II, rúbr. «De appellationibus» (X 2.28), § 14 («Quomodo
decretalis ut debitus intelligenda»), v. «Non prouocet» (col. 831), que cito infra nota 133.
130 Así, entre las primeras formulaciones, Inocencio IV, X 2.28.17, v. «Deferendum», pr. et
§ 1: «credimus quod valeat appellatio etiam non expressa certa causam, dummodo aliquid dicat,
vel dicatur, quare timere possit […] Et a futuro grauamine possum appellare, ne graues me in tali
facto, puta ne quis molestaret eum super possessione sua inf. eo. c. bonae. [X 2.28.51]». (f. 321rv).
131 Hostiense, Summa Aurea, lib. II, rúbr. «De appellationibus», § 6 («Qualiter sit appellatio
facienda»): «Cum quaeritur, vtrum appellatio facta teneat: aut appellatio facta est extra iudicium, aut
in iudicio. Si extra iudicium est, aut appellatur, ne fiat id quod de iure communi fieri debet, puta ne
fiat electio: & tunc non valet, nisi causa rationabilis praetendatur, sed ex causa rationabili facta tenet
[…] Aut ne quis iniurietur sibi, & tunc sufficiunt probabiles coniecturae […] Aut aduersarius qui
petit ab eo, vel a quo petit rem aliquam vel pecuniam, cum coram superiore conueniat, vel ei respon-
deat: in quo casu appellatio improprie dicta, proprie prouocatio appellatur. j. eod. cum sit Romana.
[X 2.28.5] § si vero a grauamine, & talis prouocatio potest fieri ad sedem Apostolicam indist. .2.
q. 6. ad Romanam. [C. 2 q. 6 c. 6] quoti. [C. 2 q. 6 c. 16 ó 26] qui se scit. [C. 2 q. 6 c. 12] i[d est]
haec superior proxima necessaria est, & maxime locum habet, quando praelatus contra subditum,
& maxime quando contra exemptum vult procedere, & sibi ius dicere. arg. j. e. peruenit .2. q. 7.
[C. 2 q. 7 c. 59] Metropolitanum. [C. 2 q. 7 c. 45] s. de resti. spol. ex conquestione [X 2.13.10]»
(col. 801).
132 Cfr. VI 2.15.1 (supra nota 123); Martínez de Zamora, Summa Aurea XI § 73: «Et quando
es apelado de agravamiento en juizio o fuera de juyzio siempre devemos apelar en scripto et dezir la
razon por que apelamos en juyzio, ut Extra, de apelationibus, Cordi nobis, libro Sexto [VI 2.15.1]»;
en igual sentido, § 95 (178-179). Morel, Le recours 17-20.
133 La diferencia es claramente subrayada por el Hostiense, Summa Aurea lib. II, rúbr. «De
appellationibus» (X 2.28), § 14 («Quomodo decretalis ut debitus intelligenda»), v. «Non prouocet»:
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 361

judicial, tanto en punto a los apostolos y plazos como sobre sus efectos: si
obviamente no es posible hablar de efecto devolutivo (porque el juez inferior
ha actuado extrajudicialmente), además reduce el efecto suspensivo a los actos
atentatorios contra la apelación misma134. En fin, comparando y destacando las
diferencias entre las apelaciones judicial y extrajudicial a partir de los textos
normativos citados, los canonistas fueron perfilando la figura de esta última
como provocatio ad causam incipiendan, introductora de la instancia, en virtud
de la cual el juez superior juzga en primer grado los agravios causados por
el inferior, en los términos que pueden encontrarse globalmente explicitados
por vez primera en las obras del Hostiense, de quien principalmente guardó
memoria la literatura posterior135.
Con tales características, en suma, en este ámbito extrajudicial la
apelación se configura pro defensione iuris suis136, y cabe en consecuencia contra
cualquier agravio, ya sea presente o futuro y tanto de parte como causado por
el juez que procede extrajudicialmente. Aunque a ciertos efectos se distingue
entre la apelación extrajudicial ab adversario y a iudice, lo cierto es que en este
último supuesto –que es el que aquí interesa– el agraviado «non appellat ab
eo tanquam a iudice, sed tanquam ab eo, qui iuste vel iniuste potest aliquid
facere, quod vergit in iniuriam episcopi [=iudex ordinarius], & potest potius
dici prouocatio ad causam, quam appellatio. supra eod. cum sit romana
[X 2.28.5]»137. Como supuestos de iniuria iudicis, tienen aquí cabida todos
aquellos en los cuales el agraviado actúa ante tribunal superior contra el juez
inferior por agravios cometidos extrajudicialmente. En la primera mitad del
siglo XIII escribía Goffredus, delimitando el ámbito de esta apelación:

«Item et ab iniuria iudicis vt C. eodem titul. l. si quis prouoca-


tione [C. 7.62.30]. Quod duobus modis potest intelligi. vno modo sic

«prouocatio est ad audientiam maioris tribunalis, sine causa grauaminis, sola voluntate alicuius causae
vel controuersiae extra iudicium facta delatio. Sed appellatio ante sententiam est ab audientia minoris
ad superiorem, propter grauamen rationabile illatum, vel commitatum facta vocatio» (col. 831).
134 Véase la nota siguiente y Morel, Le recours 22-24, 32-33.
135 Cfr., especialmente, Hostiense, X 2.28.50, v. «Ex verisimilibus» ampliamente, para las
diferencias entre la apelación judicial y la extrajudicial (f. 188r); Clem. 2.12.3, Glosa v. «Extraiudi-
cialem» (III col. 143). También Juan Andrés (=Johannes Andreae, In quinque decretalium libros novella
commentaria (Venetiis 1581, Torino 1963), v. «Ex verisimilibus» (270) (Schmitz, Appellatio 147-148).
Para el desarrollo posterior es sumamente útil el tratamiento de Scacciae, Tractatus, lib. 3, cap. 2,
q. 2, art. III, §§ 32-46 (10-13).
136 Tancredo, Ordo iudiciarius, 4.5, § 14: «Cum vero appellat quis extra iudicium pro defen-
sione iuris sui, non debet prohiberi, nisi frustratoria notoria esset appellatio. Et postquam constat
eum legitime appellasse, omnia, quae contra appellationem fuerint attentata, cassanda sunt, ut X 3.
de appell. 2, 19, c. bonae memoriae. 9. [X 2.28.51]; alioquin talis appellatio nulli nocet» (305).
Cfr. también supra nota 124.
137 Inocencio IV, X 2.28.54 § 1 v. «Episcopus metuens» (f. 332r).
362 Carlos Garriga

vt cum iudex litigatorem potrahit vel conuiciatur eidem. sicut enim


litigator iudici conuiciari non debet sic econuerso. ff. eo. titu. l. illud.
[D. 49.1.8] & C. eodem titul. l. & in maioribus. [C. 7.62.20] ff. de
iniur. l. iudici. [D. 47.10.42] licet qualisqualis iniuria per appellationem
iudici fieri videatur .vt. C. de sum. tri. & fide catho. l. iij. [C. 1.1.3] et
C. quando prouoca. non est ne. l. vlti. [C. 7.64.10] in fi. Alio modo sic
cum iudex post sententiam in exequendo excedit. vel quia infra quadri-
mestre tempus exequitur. Sic et ab executore appellatur cum modum
in exequendo excedit .i. cum mandati fines excedit .vt. supra de offi.
dele. [c.] super quaestionum. [X 1.29.27] §. nos autem et .§. porro. et sic
intelligo .ij. q. vj. [C. 2 q. 6 c. 41] §. diffinitiua. in ver. ab executorem.
Et c. quorum ap. l. ab executore [C. 7.65.5]»138.

Planteada in causa non coepta y conforme a su verdadera naturaleza de


provocatio ad causam incipiendam, la apelación extrajudicial tiene –como se dirá
después– vim citationis139, y se resuelve en un emplazamiento a virtud del
cual el juez superior juzga en primera instancia de los agravios extrajudiciales
causados por el inferior140.
LE 135 no permite entrar a tantas particularidades como a las alturas
de comienzos del siglo XIV planteaba la jurisprudencia, pero me parece claro
que acoge en lo sustancial el procedimiento de la apelación extrajudicial: la
querella ha de versar sobre agravios inferidos por el alcalde extrajudicial-
mente (sin conocimiento de causa), bien sea porque actúe sin oficio o bien
porque resulten de ejecución de sentencia (la cual extingue el oficio de juez
en el caso), y son por tanto irreparables de oficio por el juez; se interpone
directamente omisso medio para ante el rey; la decisión real –y esto me parece
decisivo– se hace depender de la causa expresada en la querella 141; y si
resulta –a juicio del rey– jurídicamente fundada motiva el emplazamiento
del alcalde mediante carta real para estar a derecho en la Corte con el quere-
lloso. En suma, como en la canónica appellatio a gravamine extrajudicial,

138 Goffredus de Trano, Summa, «De appellationibus» (X 2.28), § 6 (v. «Appellatur a diffini-
tiua») (f. 120r).
139 Scacciae, Tractatus lib. 3, cap. 2, q. 2, art. III, § 34: «Sed appellatio extraiudicialis, seu
prouocatio sit extraiudicium, & in causa non coepta; vnde dicitur prouocatio ad causam incipiendam,
Innoc. in d. cap. 5. cum sit romana. [X 2.28.5] sub num. 1 […] & quod appellatio extraiudicialis
fiat, non adhuc introducta causa in iudicium, & sit veluti praeuia ad litem inchoandam, ideoque
habeat vim citationis, scribit Greg. Tolos. tract. de appell. lib. 1. cap. 11. sub num. 3. vers. prima
differentia. fol. 86 […]» (11).
140 Morel, Le recours 22: «dans l’appel extra-judiciaire, lorsque le gravamen est imputé direc-
tement au juge lui-même […] ce juge est cité directement devant le juge supérieur».
141 Ap. II: LE 135 [3] notas 41-42.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 363

la querella deducida ante el rey actúa en este caso como una provocatio ad
causam, que introduce la instancia para juzgar en primer grado los agravios
extrajudicialmente inferidos al querelloso por el alcalde, quien queda así
sometido al juicio de la Corte del rey. Las mismas Leyes del Estilo recogen
algunos supuestos significativos a este respecto, toda vez que, por venir a
testimoniar la práctica de enjuiciar los agravios extrajudiciales del alcalde,
hubieron de ser introducidos en la Corte mediante querella sustanciada en
aplicación de la regla descrita por LE 135 (apelación extrajudicial)142.

4.3.– Excursus: de las querellas a las cartas.– Según LE 135 –resumo–


las querellas deducidas ante el rey contra el alcalde eran tratadas en la Corte
distintamente, en atención a la diversa calidad de los agravios (judiciales o
extrajudiciales) denunciados. No es mucho lo que puede decirse del primer
tramo de esta secuencia –la confección e interposición de la querella–, pero
indudablemente las frecuentes peticiones relativas a las audiencias públicas que
registran los Cuadernos de Cortes en estas décadas tenían por objeto facilitar el
acceso de los querellosos hasta el rey, cuya principal función entonces era actuar
como garante de la justicia desde la Corte (manteniendo sin alterar el statu
quo jurisdiccional) 143. Por lo demás, casi todo cuanto sabemos –o podríamos
saber, porque es asunto sin estudiar– acerca de la práctica concretamente
seguida (quién, cómo, ante quién se recurre) depende de la narración que de
las querellas incluyen siempre las cartas reales resolutorias: muy circunstan-
ciadas en la exposición del caso, están ya tratadas por los magistrados de la
Corte y formalizadas por los oficiales de la cancillería e impiden saber de la
forma (los términos y fórmulas) como eran originalmente presentadas por los
querellosos144. Quizá las colecciones documentales conserven algunas –más

142 Así, LE 147: «Que pena ha el alcalde que toma algunos bienes de casa de otro por prenda &
los niega & como los ha de tomar. Otrosi todo alcalde que por razon de su oficio dela alcaldia toma
alguna cosa por entrega o por prenda & lo niega deue lo pechar como de robo o de furto. Es a saber
que el alcalde que si entra en alguna casa de algun ome para tomar todo lo que y esta deue primera
mente meter vezinos & omes buenos & el escriuano en la casa que escriuan todo lo que y esta ante
que muden dende ninguna cosa. E desque fuere todo escrito deuen aquellos omes buenos apartar lo
que el alcalde quisiere lleuar & lo al todo deuenlo dexar con recabdo por que lo non pierda su dueño.
Et si lo asi non feziere deue estar a derecho como otro ome estraño que non fuese alcalde».
143 Cfr., p. ej., Cortes de Valladolid, 1312: 1, 36, 41; Cortes de Madrid, 1329, 1 (CLC [=Cortes
de los antiguos reinos de León y de Castilla, publicadas por la Real Academia de la Historia, 6 vols.,
Madrid 1861-1903] I 198, 205-206 y 402); Garriga, La Audiencia 48-53.
144 Para la curia papal, se cuenta con el temprano: «Libellus de formis peticionum secundum
cursum Romane curie» del cardenal Guala Bichieri, bajo Honorio III (1216-1227), editado por Rudolf
von Heckel, «Das päpstliche und sicilische Registerwesen […]», en Archiv für Urkundenforschung 1
(1908) 371-510: 500-510, que es, como su título indica, de peticiones y no de cartas: «In peticionibus
igitur recte formandis hiis quinque principalibus utimur verbis: supplicat, insinuat, petit, significat
et conqueritur, secundum diversas causas diversimode procedentes. Sunt enim quedam de simplici
iusticia que de facili impetrantur, quia coram papa non leguntur, veluti de violentia, de spoliatione,
364 Carlos Garriga

o menos– querellas originales, pero no se conocen para este período, que yo


sepa, formularios de las peticiones a deducir ante el rey145. No digo que no
puedan espigarse muchos datos jurídicamente relevantes en la narratio de las
cartas reales, significativos en la medida que revelen ciertas constantes proce-
dimentales (por de pronto, lo que no es poco, la expresión circunstanciada de
la causa del agravio), pero el estilo de las peticiones al respecto, que segura-
mente formaba parte del complejo de reglas parcial y finalmente consolidado
por las Leyes del Estilo, no consta que fuese formalizado por escrito hasta
fechas muy tardías146. Con todo, tiendo a pensar, entre otras razones por el
pluralismo jurídico enraizado en el territorio castellano que la reacción de
1272 evidenció y fue sancionado en las llamadas Cortes de Zamora de 1274,
que la discriminación jurídica entre los distintos agravios no procedía de las
querellas de la parte, sino que era obra de quienes las oían por cuenta del rey
–a veces llamados oidores de las peticiones147– y preparaban el mandato resolu-
torio, seguidamente formalizado mediante carta real. Esto es, justamente, lo
que sugiere LE 135, que si no me equivoco es –vuelvo a decirlo– el resultado

de usuris et similibus. Alie vero sunt de privilegiis, de protectionibus, de confirmationibus et indul-


gentiis et huiusmodi, que ex beneficio pape impetrantur et ex pura eius conscientia debent emanare»
(502; subrayado mío).
145 Además de muy tardíos, los escasos formularios de libelos que nos han llegado siguen el curso
del proceso desarrollado ante el juez y no incluyen fórmulas de las peticiones o querellas deducibles
ante el rey: como es sabido, el único ejemplar conocido de la Summa aurea de ordine iudiciario, atribuida
al maestro Fernando Martínez de Zamora († 1275) y ed. por Pérez Martín, El derecho procesal 133-215,
incluye algunas fórmulas de apelación (supuestamente pertenecientes a la obra original: XI §§ 61-64)
y concluye con una colección de fórmulas procedentes del monasterio de Sahagún (200-215), datable
según su editor hacia el siglo XV, que además no contiene ninguna relevante para nuestro caso. Otro
tanto cabe decir del Formularium Instrumentorum ed. por Galo Sánchez, en AHDE 2 (1925) 470-491,
3 (1926) 476-503, 4 (1927) 380-404, y por V. Granell, ibid. 7 (1930) 444-467; de Luisa Cuesta
Gutiérrez (ed.), Formulario Notarial Castellano del siglo XV (Madrid s.a); de La forma libelandi compuesta
por el famoso doctor el doctor Infante (Burgos 1536); y de las Notas del relator con otras muchas nueuamente
añedidas (Sevilla 1500), atribuidas a Fernando Díaz de Toledo; que por lo demás tampoco contienen
ninguna fórmula de interés a nuestros efectos (como no sean las cartas de procuración general que
todos ellos incluyen). Lo mismo puede decirse también, en el ámbito eclesiástico, de Ana M. Barrero
García, «Un formulario de cancillería episcopal castellano leonés del siglo XIII», en AHDE 46 (1976)
671-711.
146 Debemos llegar en realidad hasta la obra de Gabriel de Monterroso y A lvarado, Pratica
Civil, y Criminal, e Instruction de Scriuanos (Valladolid 1563) «Quinto Tractado. De la orden y pratica
que se tiene en los negocios cibiles y criminales, delas Reales Chancillerias, de Valladolid, y Granada,
en mucha diuersidad de negocios, y casos» (ff. 74-97); continuada y desenvuelta en este punto por
el Estylo de las peticiones qve se presentan y proueen en la Real Chancilleria de Valladolid, assi en la Sala
de Audiencia publica, como en las salas originales, y en el Acuerdo: y de las semanerias, y otros despachos
ordinarios (Burgos 1605), que es exactamente el tipo de documento que interesaría para el periodo
aquí considerado (cfr. Garriga, Las Ordenanzas cit., para éstos y otros textos posteriores; volumen
en el cual se incluye una reproducción facsímil de esta obrita).
147 Cfr. Garriga, La Audiencia 50.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 365

de filtrar las querellas que llegaban a la Corte por el tamiz del Fuero Real, o
sea, de las leyes del Fuero relativas a los agravios de los alcaldes148.
Con este trasfondo, se trata de saber ahora qué cartas reales se libraban
a resultas de la simple querella y de la apelación extrajudicial.

5.– ¿Qué cartas? Las reales provisiones.– Renuncio, más que nada
por falta de competencia, a indagar en qué medida haya podido servir de
modelo a la castellana la muy desarrollada cancillería pontificia149, compul-
siva expedidora de cartas de justicia al menos desde el siglo XII150. Renuncio
también a introducirme en el efervescente entramado institucional castellano
que adopta con o por (cada vez más por que con) el rey las decisiones encar-
tadas151, y tampoco pretendo contrastar la abundante legislación alfonsina y

148 Para el contexto, además de las obras citadas en la nota 190, Aquilino Iglesia Ferreirós,
«La labor legislativa de Alfonso X el Sabio», en Antonio Pérez Martín (ed.), España y Europa, un
pasado jurídico común (=Actas del I Simposio Internacional del Instituto de Derecho Común) (Murcia 1986)
275-599: 511-512.
149 Cfr., sintéticamente, G. Barraclough, «Audientia litterarum contradictarum», en DDC,
dirig. por R. Naz, I (1935) cols. 1387-1399; Jane E. Sayers, «Canterbury Proctors at the Court
of Audientia Litterarum Contradictarum», en Traditio 22 (1962) (=Id., Law and Records in Medieval
England. Studies on the Medieval Papacy, Monasteries and Records (Variorum Reprints 1988) III) 311-345:
maxime 311-316; Id., Papal Government and England during the Pontificate of Honorius III (1216-1227)
(Cambridge University Press 1984), Parte I (15-129, con los ejemplares del Apéndice); Herde, La
giurisdizione delegata pontificia 25-47. Para las relaciones y contactos con la cancillería castellana tiene
interés Valeria Bertolucci Pizzorusso, «Un Trattato di Ars Dictandi dedicato ad Alfonso X», en
Studi mediolatini e volgari 15-16 (1967-1968) 9-88, especialmente en sus tramos inicial y final.
150 Cfr. supra notas 80-82 y Peter Herde, «Papal Formularies for Letters of Justice (13th-16th
Centuries): Their Development and Significance for Medieval Canon Law», en Proceedings of the
Second 321-345. Basta una consulta superficial de algunos de los más importantes formularios para
percatarse de la conveniencia de indagar el parentesco de las cláusulas que incorporan las cartas
castellanas con las pontificias: así, el ya citado formulario de Marinus de Eboli, titulado en algunos
códices «tractatus de revocatoriis super appellationibus secundum cursum et stilum cancellarie
domini pape» (c. 1244-1252) (Herde, Marinus von Eboli 196-250), cuyo arranque cité más arriba,
convendría releer ahora y continuaba así: «Super quibus cum plura sint negotia quam vocabula,
etsi non plena doctrina de omnibus tradi possit, super hiis tamen tradatur aliquid, super quibus
frequentius consueverunt littere a curia emanare. Et quidem quandoque a delegato sedis apostolice
vel subdelegato ipsius, quandoque ab ordinario vel eo, qui ex sua iurisdictione vel non ex apostolica
delegatione cognoscit, aliquando a diffinitiva, aliquando ab interlocutoria vel aliquo illato gravamine
appellatur» (196). Véanse también los «Formularii audientiae litterarum contradictarum recensio
vulgata Bonifacii papae VIII cum additionibus posterioribus», editados igualmente por Peter Herde,
Audientia litterarum contradictarum. Untersuchungen über die päpstlichen Justizbriefe und die päpstliche
Delegationsgerichtsbarkeit vom 13. bis zum Beginn des 16. Jahrhunderts (Tübingen 1970) II passim, y
especialmente, p. ej., las fórmulas: Notulae 61 (61-62); Q 15 (Conclusiones super revocatoriis 494-540);
Q 17 (Contra iudicem tenentem causam in suspenso 549-551); así como la selección y consideraciones de
Jane E. Sayers, Original Papal Documents in England and Wales from the Accession of Pope Innocent III to
the Death of Pope Benedict XI (1198-1304) (Oxford University Press 1999, repr. 2004) lvi-lxxx.
151 Garriga, La Audiencia 31-53.
366 Carlos Garriga

posterior sobre el particular con la práctica documental152, ni menos repasar


las formas diplomáticas que revisten las cartas reales153. Así acotado, mi
propósito es muy limitado y se circunscribe a tratar de identificar empírica-
mente la práctica documental que sostiene la regla descriptiva formulada por
LE 135, básicamente durante el largo reinado de Alfonso XI, no sólo porque
la documentación generada, conservada y publicada es mucho más abundante
en éste que para los reinados anteriores, sino también porque fue entonces
cuando la práctica se ajustó más y mejor a las reglas procedimentales hasta aquí
descritas. Evidentemente, no se trata de buscar supuestos de cualquier modo
excepcionales, sino de marcar, bien al contrario, patentes regularidades154.
Que la inmensa mayoría de las cartas reales están explícitamente
libradas a querella de parte es evidente a primera vista para todo el que
hojee una colección diplomática cualquiera a caballo entre los siglos XIII
y XIV155. Fue precisamente entonces, desde Alfonso X y más claramente
a partir del reinado de Sancho IV, cuando comenzó a gestarse la forma

152 Iglesia Ferreirós, Libro de leyes y privilegio, passim, que cita y pondera la bibliografía anterior.
153 María Isabel Ostolaza Elizondo, Administración y documentación pública castellano-leonesa
durante el reinado de Sancho IV-Alfonso XI (1282-1350). Organismos, atribuciones, tipología documental
(Universidad Complutense de Madrid 1991).
154 Al margen de los que, sub specie legis, incluyan el Espéculo y las Partidas en los títulos que
dedican a las cartas reales (Esp. 4.6, P 3.19), no conozco formularios de la cancillería castellana
anteriores al siglo XV (cfr, supra nota 145; Bartolomé Clavero, «Notas sobre el derecho territorial
castellano, 1367-1445», en HID 3 (1976) 141-165: 145 nota 6, 151 nota 27; Salustiano de Dios, Gracia,
merced y patronazgo real. La Cámara de Castilla entre 1474 y 1530 (Madrid, 1993) 26, 106-113) y dadas
las circunstancias no he consultado los inéditos que proceden del reinado de Juan II (BN, ms. 13259:
«Ordenanzas, leyes y otros documentos del Reinado de Juan II»; BPR, ms. 2988: «Formulario de
cartas y mercedes de don Juan el II»), pero hasta donde he podido comprobar repasando la parcial
edición de este último muy pocas de las fórmulas incluidas en éstos podrían interesar a mi objeto:
cfr. Filemón Arribas Arranz, Un Formulario documental del siglo XV de la cancillería real castellana
(=Cuadernos de la Cátedra de Paleografía y Diplomática 4) (Valladolid 1964), núms. 238 (94) 242 (94)
y 261 (100), para sendas fórmulas de cartas de emplazamiento a la Corte, que lamentablemente se
limita a reseñar.
155 Muy lejos de cualquier pretensión de exhaustividad, aparte de las ya citadas he consultado
para este trabajo tan sólo las siguientes: Timoteo Domingo Palacio, Documentos del Archivo General de
la Villa de Madrid I (Madrid 1888); Agustín Millares Carlo y Eulogio Varela Hervias, Documentos
del Archivo General de la Villa de Madrid. Segunda serie, t. I (Madrid 1932); Juan Torres Fontes,
Colección de documentos para la historia del reino de Murcia. V. Documentos de Fernando IV (Murcia 1980);
Emiliano González Díez, Colección diplomática del concejo de Burgos (884-1369) (Burgos 1984); Esther
González Crespo, Colección documental de Alfonso XI. Diplomas reales conservados en el Archivo Histórico
Nacional. Sección de Clero. Pergaminos (Madrid 1985); Isabel Oceja Gonzalo, Documentación del Monas-
terio de San Salvador de Oña (1319-1350) (Burgos 1986); José A. Martín Fuertes, Colección documental
del Archivo de la Catedral de León, XI (1301-1350) (León 1995); Francisco de Asís Veas Arteseros,
Colección de documentos para la historia del reino de Murcia. VI. Documentos de Alfonso XI (Murcia 1997);
José Antonio Martín Fuertes (con la colaboración de María del Carmen Rodríguez López y María
Jesús Pradal García), Colección documental del Archivo Municipal de León (1219-1400) (León 1998).
Interesan directamente también los muchos documentos referidos por Ostolaza Elizondo, Adminis-
tración 221-254, ordenados por reinados. En cualquier caso, me limito simplemente a citar, con más o
menos pormenor, algunos ejemplares para comprobación de los supuestos que considero en el texto.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 367

diplomática «provisión real», inestable como tal hasta Alfonso XI y perfec-


tamente consolidada a partir de su reinado156. Especialmente idónea por
su forma para documentar las decisiones adoptadas o resultantes de las
audiencias reales, su desarrollo está estrechamente vinculado al avance del
proceso institucionalizador en la Corte, que precipitó la constitución de la
Audiencia y a mi juicio no puede comprenderse sino a partir del uso inten-
sificado de los procedimientos testimoniados por LE 135, que es patente
desde Alfonso XI157.

5.1.– Cartas de simple justicia, eventualmente seguidas de empla-


zamiento.– Numerosísimas y sin duda las más comunes, las cartas de simple
justicia responden a la primera fase del primer procedimiento señalado por
LE 135 e identificado con la simple querella158. Son cartas libradas a querella
de la parte agraviada (ganada para sí por ésta) y dirigidas a la(s) autoridad(es)
llamada(s) a poner remedio por orden del rey, fueran o no las causantes del
agravio. Lo decisivo en este punto es que sean aquellas que tienen jurisdic-
ción sobre el caso denunciado159. La carta real asume sin más la querella,
narra para el destinatario su contenido (introducido por la dicción sepades) y
verbaliza la súplica o petición del querelloso, normalmente formalizada en
la cláusula: «Et enbiaronme pedir merçed que mandase y lo que touiese por
bien» (o similar y más específica, de acuerdo con la querella) 160. El mandato
real, invariablemente para proveer de remedio interrumpiendo o reparando el
agravio, es a menudo un mandato condicional, que también frecuentemente
viene introducido por la cláusula sí así es, de indudable estirpe canónica (si est

156 Para Alfonso X, Sanz Fuentes, Estudio diplomático 192-194, a propósito de las «cartas abiertas
intitulativas de mandato». En general, Ostolaza Elizondo, Administración 218-254: «Probablemente
la provisión se fue gestando desde el reinado de Alfonso X, diversificándose con Sancho IV, regulari-
zándose con Fernando IV y uniformándose con Alfonso XI» (220). Para la descripción y estructura
diplomática de la real provisión, que sólo queda fijada en este último reinado, 252-253: de entonces
proceden, como ahora veremos, la mayor parte de las cláusulas que importan a lo que aquí digo. Véase
también la descripción de Antonio C. Floriano Cumbreño, Curso general de Paleografía y Diplomática
españolas (Oviedo 1946) 526-538.
157 Garriga, La Audiencia 44-53.
158 LE 135 [2].
159 Como queda claro, por poner un ejemplo, en la carta dada por Alfonso X, en Peñafiel,
24.III.1278, dirigida a los alcaldes y el alguacil de Córdoba, en respuesta a la querella del deán y
cabildo cordobeses: «onde uos mando, uista esta mi carta, que fagades a Mosse d’Argot uenir ante
uos e ueed la carta de la uendida que á el cabildo sobrél, et si falláredes que es assí commo el cabildo
querella, fazet a Mosse d’Argot que les dé los morauedís que leuó por razón de la compra. Et si fazer
non lo quisiere, peyndralde en todo quantol fallaérdes fasta que lo faga. Et non fagades ende al, si
non quanto danno o menoscabo uiniesse al cabildo por esta razón de uestras cassas [sic] gelo mandaría
dar doblado» (González Jiménez, Diplomatario nº 436: 459).
160 El ejemplo procede de la RP Toledo, 28.III.1327 (Veas Arteseros, Colección doc. 76: 88-89).
368 Carlos Garriga

ita) y conocida ya por el Espéculo (4.6.19) y las Partidas (3.18.48) 161. Es, pues,
un mandato de hacer derecho en el ejercicio del oficio: en modo alguno se trata
de innovar el amasijo de privilegios que compone el orden constituido, sino
de mantener a cada quien –al querelloso– en su estatus, actuando conforme
a derecho162. A mi modo de ver, las cláusulas decisivas –y definitorias de la
simple querella– son las inyuntivas, dispuestas para amparar –para asegurar
el cumplimiento– del mandato real. Variables y fluctuantes hasta entonces,
a partir de Alfonso XI son, básicamente, unas cláusulas como ésta:

«Et no fagades ende al, so pena de çient marauedis a cada vno


de uos por cada vegada que esto uos fuere querellado et non fezieredes
y conplimiento de derecho. Et de commo uos esta nuestra carta fuere
mostrada et la conplierdes, mandamos a qualquier escriuano publico,
que para esto fuere llamado, que de ende al omne que uos la mostrare
testimonio signado con su signo porque nos sepamos en commo conplides
nuestro mandado; et non faga ende al, so la dicha pena. La carta leyda,
datgela»163.

Si el cumplimiento viene sancionado con una pena pecuniaria, que se


hace extensiva a todo escribano que deniegue el testimonio solicitado por el
querelloso portador de la carta que requiere su cumplimiento de las autori-
dades a quienes va dirigida, la última cláusula, para que la carta original sea
devuelta al querelloso se explica porque en ella viene incorporado y con ella
queda amparado su derecho (en tanto lo sea, esto es, hasta que judicialmente
no se declare otra cosa).
LE 135 sólo contemplaba una relación binaria, la establecida entre rey
y alcalde, los alcaldes de sus villas (creo yo que por formularse en aplicación
de FR 1.7.8), pero obviamente el entramado de autoridades no judiciales y la
existencia de un eje jurisdiccional jerárquico, por incipiente que fuese, abría
otras posibilidades. Por un lado, ante simple querella deducida por agravios

161 Cfr. supra, nota 37.


162 Un desarrollo análogo tuvo lugar en Francia, según testimonia hacia 1330 Guillaume Dubreuil
en su Stylus Curie Parlamenti: «Item, a gravamine reparabili in diffinitiva, si appelletur in patria
iuris scripti, non recipitur appellacio per hanc curiam. Sed in hiis casibus consuevit curia, omisso
appellacionis articulo, concedere litteras illis iudicibus a quibus quis se dicit gravatus, per quas ipsis
mandatur vel quod gravamina revocent, vel quod partibus faciant iusticiam» (cit. por Morel, Le
recours 89, nota 90).
163 RP Cuenca, 5.VII.1338, para que los alcaldes y el alguacil de la ciudad de Murcia, a querella
de los herederos de su huerta, hagan cumplir el ordenamiento establecido sobre distribución de las
aguas para riego, «si la dicha partiçion del agua fue fecha a pedimiento de todos los herederos de la
dicha huerta […] commo dicho es», con otras disposiciones para la diligente resolución de las querellas
deducidas por los agraviados ante los alcaldes sobre esta razón (Veas Arteseros, Colección 413-414).
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 369

de un oficial carente de jurisdicción, cabía dirigir al juez competente la


provisión para que desagraviase (una carta incitativa): «que uos faga conplir
todo quanto en esta nuestra carta se contiene […] bien e conplidamente en
guisa que le non mengue ende ninguna cosa»164. Pero en igual supuesto, por
otro lado, también cabía la posibilidad de dirigir directamente el mandato a
la autoridad no judicial agraviante para que desagraviase, con orden al juez
competente de imponer su cumplimiento (en rigor, no consentir el incumpli-
miento): o aquélla repara extrajudicialmente o «los alcalles e a los alguasiles de
las villas e logares del dicho cabildo que uos lo non consientan» (incumplir el
mandato real) 165. Este último es el caso siempre que, moviéndose en la escala
jurisdiccional jerárquica, se prescribe al juez competente que desagravie en
el ejercicio de su oficio, con orden al superior de imponer este mandato si el
llamado a actuar fuere negligente, quedando ambos vinculados por la cláusula
de cumplimiento característica como ninguna otra de la real provisión166. Y
es que, en todo caso, el testimonio al efecto extendido por escribano es, como
bien señala LE 135, la condición, la clave que llegado el caso abre la segunda
fase del recurso.
Mucho menos numerosas, o quizá más difícilmente localizables, me
parecen las cartas libradas en este segundo momento, es decir, las cartas de
emplazamiento167. Dos elementos hay, sin embargo, que permiten identifi-
carlas: la referencia a la carta real anterior incumplida por su destinatario y
el consiguiente emplazamiento, que es, obviamente, el elemento decisivo.

164 Así, p. ej., la carta dada por Fernando IV en Medina del Campo, 20.XI.1295, a querella del
obispo y cabildo de Cartagena, para que el adelantado, alcaldes, jurados, etc. de Murcia, guarden
ciertos privilegios y reparen los agravios cometidos por los sujetos que se expresan: «Et non fagades
ende al nin vos escusedes los vnos por los otros de lo conplir, mas conplillo qualquier o qualesquier de
vos a quien esta carta fuere mostrada, sy non a los cuerpos et a quanto oviesedes me tornaria por ello;
la carta leyda datgela» (Torres Fontes, Colección 22-23); y más claramente, la que libró en Burgos,
15.IX.1305, a querella del deán y cabildo de la Iglesia de Cartagena, para que el concejo, los alcaldes
y el alguacil de Murcia o el adelantado de ese reino, en cumplimiento de otra carta de Sancho IV
librada a querella de los mismos por igual razón, constriñan a pagar ciertos censos a la citada Iglesia:
«et sy alguno oviere y rebelde que lo non quiera fazer pagar mandouos quel prendades et le tomedes
quanto le fallaredes fasta que ge lo fagades fecho conplir, et non fagades ende al ni vos escusedes los
vnos por los otros de conplir esto que yo mando, mas conplidlo el primero o los primeros de vos a
quien esta carta fuere mostrada, sy non quanto danno et menoscabo la iglesia de Cartajena resçibiese
por mengua de lo que vos avedes de fazer, de lo vuestro ge lo mandaria entregar todo doblado; la
carta leyda dadgela» (Torres Fontes, Colección 62-63); o mucho más simples: Valladolid, 12.II.1307
(ibid. 83); Valladolid, 13.II.1308 (al adelantado: «et non fagades ende al por ninguna manera si non
auria de vos querella») (ibid. 84). La frase citada en el texto pertenece a la RP León, 15.IX.1347
(González Crespo, Colección 574-576).
165 Como en las tres RRPP Valladolid 6.VII.1307 (Torres Fontes, Colección 75-77); y en la
RP Toledo, 6.VI.1330, a la que pertenece la frase citada en el texto (G onzález Crespo, Colec-
ción 286-287).
166 Así, la RP Alcalá de Henares, 22.X.1338 (Veas Arteseros, Colección 426-427).
167 LE 135 [1].
370 Carlos Garriga

Comoquiera que dirigida a la misma autoridad jurisdiccional, aquella refe-


rencia viene introducida, a lo que veo, con la dicción bien sabedes, seguida
de la relación de la primera carta y completada con la narración de la nueva
querella deducida por la parte agraviada (Y ahora…). Sin embargo, contra
lo que a primera vista podría quizá desprenderse de LE 135, esta segunda
carta no se limita a decretar el emplazamiento. A lo que parece, se reitera
antes el mandato de la primera provisión, bajo iguales sanciones (o sea, con
las mismas cláusulas inyuntivas) y sólo finalmente se incluye una cláusula
de emplazamiento, en términos como éstos:

«Et non fagades ende al por alguna manera, si non mando al omne
que uos esta mi carta mostrare que uos enplaze que parescades ante mi,
do quier que yo sea, el conçejo et el adelantado por vuestros personeros
et vno de los ofiçiales, personalmiente, con personeria de los otros, del
dia que uos emplazare a quinze dias, so pena de çient maravedis de la
moneda nueua a cada vno, a dezir por qual razon non conplides mio
mandado»168.

Así, para un supuesto de negligencia de los alcaldes de Madrid en imponer


el pago de las cantidades adeudadas a cierto recaudador del portazgo, el dispo-
sitivo de la provisión real viene formulado en estos términos:

«porque uos mandamos vista esta nuestra carta, que ueades la otra dicha
nuestra carta que el dicho gutierre ferrandez leuo en esta rrazon, e que la
cumplades e fagades complir en todo bien e complida mente segunt que
en ella se contiene, en manera que costringades e apremyedes al dicho
concejo que den e paguen luego al dicho gutierre ferrandez o al que lo
ouiere de recabdar por el, los maravedis que montan en las dichas diez e
ocho arrouas de farina, a rrazon de diez maravedis la arroua segunt que
ualia al tiempo que del la rrescibieron enprestada, con las costas e dannos
e menos cabos que a ffecho e rrecebido por esta rrazon, segunt quelo nos
mandamos por la otra dicha nuestra carta. Et non fagades ende al por
ninguna manera sopena de la nuestra merced, e demas por qual quier o
quales quier que fincare delo asi non complir, mandamos al omme que
uos esta nuestra carta mostrare, que uos emplaze que parescades ante
nos do quier que nos seamos, del dia que uos emplazare a quinze dias,

168 Así, p. ej., RP Valladolid, 4.V.1307 (Torres Fontes, Colección 74-75); RP Toledo 28.III.1327,
de donde tomo el párrafo citado en el texto (Veas Arteseros, Colección 88-89).
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 371

sopena de cient maravedis de la moneda nueua a cada uno de uos, a dezir


por qual rrazon non complides nuestro mandado»169.

Así configurado, el doble y encadenado dispositivo procedimental de la


simple querella era funcional al amparo extrajudicial de los derechos radicados
en el orden y servía en caso de controversia como introductor de la instancia
para declarar judicialmente el derecho170.

169 RP Villarreal, 20.IX.1346, que termina seguidamente con la cláusula habitual: «Et de commo
esta nuestra carta uos fuere mostrada e la compliredes mandamos a qual quier escriuano publico que
para esto fuere llamado, que de ende al que uos la mostrare testimonio signado con su signo por que
nos sepamos en commo complides nuestro mandado. Et non ffaga ende al sola dicha pena. La carta
leyda datgela» (Palacio, Documentos I 293-296).
170 El caso más completo y mejor documentado que a día de hoy conozco es éste: 1) RP Burgos,
26.IV.1338 (con sello de plomo), a querella del concejo de León, para que los concejos, alcaldes y
otros oficiales de Villalón, Bembibre «e de todos los otros logares de la nuestra tierra do an de vso de
yr con las alçadas e apelaçiones a León», en lugar de remitirlas a los señores concedan las alzadas o
apelaciones tanto civiles como criminales a que hubiere lugar para León, «segunt se vssó fazer fasta
aquí», con las cláusulas penales habituales (la merced real y cien mrs. de la moneda nueva a cada
uno) y además nulidad de las sentencias de apelación que se dictaren: «E de cómmo uos esta nuestra
carta fuere mostrada e la cumplierdes los vnos e los otros, mandamos a qualquier escriuano público
que para esto fuer llamado que dé ende al omne que uos la mostrar testimonio signado con su signo
porque nos sepamos en cómmo conplides nuestro mandado» (Martín Fuertes, Colección 158-159). 2)
Carta de poder otorgada por el concejo de León (10.V.1338) en favor de Gonzalo Fernández, vecino,
para que en su nombre «pueda mostrar e fazer leer ante los omes bonos del conçejo de Villaalón e ante
los alcalles e justiçia del dicho lugar de Villaalón» un traslado de la carta real y «pedir e afrontar» que
la cumplan y hagan cumplir (160-161). 3) En el acta notarial correspondiente, extendida en Villalón
el siguiente 20 de mayo, consta que su concejo declaró que obedecían y cumplían la carta real (161,
regesta). 4) RP Madrid, 13.III.1339, a querella del concejo de León, para que los concejos, jueces y
alcaldes de Villalón, Cuenca de Campos, Moral, Villafranca de Valcárcel, Bembibre, Ponferrada «e
de todas las otras villas e lugares que suelen yr con los pleitos de las alçadas a la çibdat de León», en
cumplimiento de la carta anterior: «todos aquellos que uos pedieren las apellaçiones de las sentençias
que dierdes en cada vno destos lugares en los pleitos que acaesçieren que ge las dedes e fagades dar
ante los juyzes de León, segunt que se husaron dar en tienpo de los reys onde nos venimos e en el
nuestro fasta aquí». La carta arranca con el recordatorio de la anterior («bien sabedes»), resume la
nueva querella elevada por la ciudad de León («maguer que uos enbiaron mostrar la dicha carta e
respondiestes que la cunpliriedes, que non queredes dar las apellaçiones de los pleitos» para León,
en agravio de ésta y de los pleiteantes), y manda se cumpla lo dispuesto. Para lo que aquí importa el
mayor interés reside, como queda dicho, en las cláusulas de esta nueva carta: «E si lo así fazer non
quesierdes, mandamos a [… los merinos de las merindades de Castilla y de León y Asturias] que uos
prinden por la pena de los çient maravedís a cada vno por cada apellaçión que non quesierdes dar
e la guarden para fazer della lo que nos mandaremos. E que fagan entregar a los que apellaren de
todos los daños e menoscabos que por esta razón reçebieren. E las apellaçiones que fueren libradas
por otros juyzes, que non sean valederas. E los vnos nin los otros non fagades ende al por ninguna
manera, so pena de la nuestra merçed e de çient maravedís de la moneda nueua a cada vno. E si non,
por qualquier o qualesquier que fincar de lo así conplir, mandamos a los del conçeio de la dicha çibdat
de Leon o a quien esta carta por ellos mostrare que uos enpraze que aparescades ante nos, do quiera
que nos seamos, los conçeios por sos personeros e vno de los ofiçiales de cada lugar personamientre
con personería de los otros, del día que uos esta nuestra carta fuer mostrada a quinze días, a dezir
por quál razón non conprides nuestro mandado. E non faga ende al so la dicha pena. E de cónmo
uos esta nuestra carta fuer mostrada e la conprierdes, mandamos so la pena sobredicha a qualquier
372 Carlos Garriga

Como apunté al repasar la matriz canónica, ésta es la razón de ser


de la simple querella y de ella deriva toda la problemática de las cartas de
simple justicia, en la medida que son libradas mediante la sola relación de
la parte agraviada, pero sirven para el amparo efectivo del derecho invocado
y pretendidamente lesionado frente a terceros, y singularmente frente a las
autoridades (fungiendo, por decirlo así, como un título ejecutivo del derecho
que incorporan). Contemplados en los cuerpos legales, conjurados mediante
las cláusulas diplomáticas citadas (principalmente, si así es) y constantemente
planteados en la práctica, estos problemas afectan principalmente al valor y
al dispositivo de cumplimiento de la carta, aquél condicionado a la veracidad
del agravio denunciado y temporalmente limitado y éste supeditado en caso
de controversia sobre el derecho a la vía judicial. Se trataba, por una parte,
de purgar los vicios de obrepción (expositio falsi) y subrepción (reticencia veri)
que pudieran corromper la decisión real encartada, que era en todo caso
monitoria y tenía una eficacia temporalmente limitada (razón por la cual
estas cartas tendían a ser recurrentemente presentadas a confirmación)171.
Por otra parte –he aquí el sentido de la cláusula si así es– el dispositivo de
la real provisión librada por simple querella tiene, como su mismo nombre

escriuano público que para esto fuer llamado que dé ende al omne que uos esta carta mostrar testi-
monio signado con so signo porque nos sepamos en cónmo conprides nuestro mandado. La carta
leyda dátgela» (163-165). 5) En el acta notarial extendida en Moral de la Reina, 13.III.1339, consta
que su concejo declaró ser así y que cumplirían en adelante lo mandado en las cartas reales (166,
regesta). 6) Acta notarial, extendida en Benavente, 16.IV.1339, donde consta el requerimiento de los
procuradores de la ciudad de León y la respuesta del concejo de Benavente: obedeciendo la carta real,
reconocieron el uso y costumbre de enviar las apelaciones de los pleitos civiles para la ciudad «e a los
que apellauan para casa de nuestro sennor el rey, que ellos que ge la dauan para alla […] E que esto
que era aluidrío de aquellos o de aquel que apellauan en apellar para casa de nuestro sennor el rey
o para León», y que así lo harían en adelante. «E que en quanto en fecho de las apellaçiones de los
pleitos criminales, dexieron que ellos nunca vieron vsar nin sabían que fuese vso nin costumbre de
dar las apellaçiones dellos para León». A pesar de los afrontamientos de los procuradores leoneses, el
concejo de Benavente se reafirmó en su respuesta (167-169). 7) RP Valladolid, 20.X.1351, confirmando
la carta de Alfonso XI (26.IV.1338) (228-229). 8) RP Ávila, 19.XII.1381, a petición del concejo de
León, para que los concejos y sus autoridades del reino de León y en particular el duque su hermano
como nuevo señor de Benavente y otros a quien Enrique II hizo merced de villas y lugares, «si en
tienpo» de Alfonso XI fue uso y costumbre que fuesen los pleitos en apelación ante los jueces de la
ciudad de León, que así se mantenga en adelante, sin que los señores pongan en esto embargo alguno,
«ca conmo quier que el dicho [rey] nuestro padre les fizo merçet de las villas e lugares, bien somos
çierto que non fue [su] voluntad que la dicha çibdat fuese agrauiada ni perdiese su juresdiçión»;
so pena de seiscientos mrs. de la moneda usual. «Pero si el [dicho duque e] los dichos caualleros e
escuderos o algunos dellos alguna cosa quesier[en] dezir contra esto [que dicho es], mandamos que
parezcan ante nos por sy o por [sus procuradores del día que ésta nuestra carta les fuer] mostrada o
[sopie]ren della fasta quin[ze] días primeros siguyentes, e nos mand[dar uos] hemos oyr [con ellos e
g]uardar el derecho [de amas] las partes» (358-359).
171 Así, p. ej., Goffredus de Trano, Summa, «De rescriptis» (X 1.3), §§ 26-27 (v. «Durat»),
marcando la diferencia entre la auctoritas del rescripto (temporal) y del privilegio (perpetuo) (f. 7rv).
Para el marco general remito, simplemente, a Jesús Vallejo, Ruda equidad, ley consumada. Concepción
de la potestad normativa (1250-1350) (Madrid 1992) 344-354.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 373

indica, carácter provisorio y en caso de controversia (es decir, de oposición


de la instancia causante del agravio a quien va dirigida) ha de sustanciarse
judicialmente ante el juez competente destinatario de la carta o –mediante
emplazamiento– ante los jueces del rey. En un caso notable, la actuación
del alcalde a quien la carta real iba dirigida contra la autoridad causante del
agravio y en beneficio del querelloso sin atenerse a requerimientos juris-
diccionales, motivó una nueva carta real, instada mediante querella de la
autoridad antes agraviante y ahora y así agraviada (por el alcalde llamado
a actuar), reponiendo las cosas en el estado anterior a la primera carta y
remitiendo a la vía judicial (el adelantado, con alzada para ante el rey) la
resolución de la controversia172.

172 RP Burgos 22.IV.1336, que por parecerme notable transcribo aquí íntegramente: «Don
Alfonso, por la graçia de Dios, rey de Castiella, de Toledo, de Leon, de Gallizia, de Seuilla, de
Cordoua, de Murçia, de jahen, del Algarbe et sennor de Molina. A uos, Alfonso Ferrandez Saauedra,
nuestro adelantado mayor en el regno de Murçia, et a los nuestros alcalles que andan connusco en el
ofiçio del dicho adelantamiento et a otros qualesquier nuestros adelantados o alcalles que y fueren
daqui adelante o a otro qualquier que touiere vuestro logar den el dicho adelantamiento, que agora
son o seran daqui adelante, o a qualquier de uos a quien esta nuestra carta fuere mostrada, salut et
graçia. / Sepades que el conçejo de Murçia se nos enbiaron querellar et dizen que por querella que
donna Gueralda, muger que fue de Miguel de Rallat, vezina de y, de Murçia, nos enbio dezir que
por sy et por sus fijos et del dicho Miguel de Rallat, cuya tutriz se dezia, en que dixiera que el dicho
conçejo que dieran su poder conplido a los jurados, que eran a la sazon en el dicho logar, para que
sacasen enprestados por ellos diez mill marauedis que ouieron menester para pagar la costa de los
maestros (de) los ocho molinos que el dicho conçeio mandaron fazer en el rio de Segura açerca de
los pilares de la puente, que podiesen enpennar et arrendar los dichos molinos o parte dellos por
los dichos marauedis. Et que los dichos jurados, por el poder que el dicho conçeio les dieron, que
sacaron enprestados de Bernat de Rallat, padre del dicho Miguel de Rallat, para quitar los dichos
molinos, nueue mill et quatrozientos et nouenta marauedis, por los quales marauedis dezian que
dieran en pennos al dicho Bernat de Rallat los dos molinos de los sobredichos et que posieran con
el por recabdo çierto, en nonbre del dicho conçeio, de le dar los dichos molinos et pagarle los dichos
marauedis a plazo çierto, con tal condiçion que quando el dicho comçejo le diesen los dichos nueue
mill et quatrozientos et nouenta marauedis, que el dicho Bernat de Rallat que les dexase los dichos
molinos. Et entre tanto que leuase las rentas et esquilmos dellos en galardon por la ayuda et acorro
que les feziera de los dichos marauedis. / Et otrosy, que posieron con el dicho Bernat de Rallat que sy
por auentura ante que le pagasen los dichos marauedis leuase el rio los dichos molinos, que el dicho
conçeio que fuesen tenidos de los reparar et fazer a su costa, et desque fuesen reparados et fechos que
los tornasen al dicho Bernat de Rallat para que los touiese et leuase los esquilmos et rentas dellos
hasta que le pagasen los dichos marauedis. / Et que despues desto se finara el dicho Bernat de Rallat
et que fincaran los dichos molinos al dicho Miguel de Rallat, su fijo et heredero; et estando el dicho
Miguel de Rallat en tenençia de los dichos molinos et leuando las rentas et esquilmos dellos, que
los derribara et leuara el rio; et despues que los fezieron, el dicho conçeio non los quisieron dar nin
tornar al dicho Miguel de Rallat en su vida, nin los querian agora dar a los dichos donna Gueralda
et sus fijos et del dicho Miguel de Rallat, que los tenian en sy et non les querian pagar los dichos
nueue mill et quatrozientos et nouenta marauedis del dicho deudo. / Sobre la qual querella, nos
enbiamos mandar por nuestra carta a los alcalles et alguazil de Murçia, sy asy era, que entregasen
et feziesen entregar a los dichos donna Gueralda et a sus fijos o al omne que lo ouiere de recabdar
por ellos, en la tenençia e posesion de los dichos dos molinos que desta guisa fueron enpennados al
dicho Miguel de Rallat, porque ellos podiesen leuar los esquilmos et rentas dellos fasta que el dicho
conçeio le diesen et pagasen los dichos nueue mill et quatrozientos et nouenta marauedis. Pero sy
374 Carlos Garriga

5.2.– Cartas de emplazamiento.– A diferencia del anterior, el disposi-


tivo de la apelación a gravamine tal como viene esquematizado en LE 135 [3] se
desenvuelve en un solo acto y, al parecer, debería consistir pura y simplemente
en una carta de emplazamiento dirigida al oficial que agravia para estar a
derecho en la Corte con el querelloso. Aunque no faltan algunos casos que
responden limpiamente a este sencillo esquema173, parece más común –dicho

el dicho conçeio contra esto alguna cosa quesiesen dezir, por quanto era conçeio et todos eran parte
en este pleito, que mandauamos al procurador del dicho conçeio et a la dicha donna Gueralda o al
omne que lo ouiese de veer et recabdar por ella o por los dichos sus fijos, et [sic] que lo oyesedes et
librasedes este pleito, sin alongamiento, asi commo fallasedes por fuero et por derecho; et la parte que
se agrauiase et se alçase que le diesedes la alçada para ante nos; de la qual carta Guillem Riquelme,
mandadero del dicho conçeio, nos mostro el traslado signado de escriuano publico, en que se contenia
que era asy. / Por la qual carta dizen que Ramon Escorçeyn, alcalle de Murcia, non guardando al
dicho conçeio su derecho nin la audiençia nin el tenor de la dicha carta, que puso a los dichos donna
Guiralda et sus fijos et a otro en su nonbre en tenençia et en posesion de los dichos dos molinos et
derechos et rentas et esquilmos dellos, non seyendo el dicho conçeio llamados nin oydos sobre ello
nin vençidos por fuero nin por derecho, segunt que nos mandamos por la dicha carta; et, por esta
razon, que an perdido et menoscabado mucho de los suyo. Et enbiaronnos pedir merçed que manda-
semos y lo que touiesemos por bien. / Et sobresto, nos mandamos a Garçia Perez de Toro, nuestro
alcalle, que viese la dicha querella et diese sobre ello nuestra carta derecha. Porque vos mandamos,
vista esta nuestra carta, sy asy es que el dicho Ramon Escorçeyn, alcalle, por la dicha nuestra carta
puso a los dichos donna Gueralda et sus fijos o a otro en su nonbre en tenençia et posesion de los
dichos molinos et de las rentas et esquilmos dellos, non seyendo el dicho coçejo ante llamados nin
oydos sobre ello nin vençidos por fuero et por derecho, segunt que nos mandauamos por la dicha
nuestra carta, commo dicho es, que tornedes et fagades tornar luego al dicho conçejo o al omne que
lo ouiere de veer et de racabdar por ellos en la tenençia et posesion de los dichos dos molinos et de
las rentas et esquilmos dellos, segunt que estaua al tienpo que la dicha nuestra carta fue mostrada
al dicho Ramon Escorçeyn, alcalle, et el dicho conçeio torne en la dicha tenençia et posesion, en la
manera que dicha es; sy los dichos donna Gueralda et sus fijos alguna cosa quesieren demandar al
dicho conçeio sobre los dichos molinos o sobre las rentas et esquilmos dellos, fazed venir luego ante
uos al dicho conçeio, por su procurador, con los dichos donna Gueralda et sus fijos, et veed la dicha
nuestra carta que vos mostraran en esta razon o el traslado della signado de escriuano publico, sacado
con actoridad de alcalle o de juez, et oyt sobre ello las partes et libratlos sin alongamiento de maliçia,
asy commo fallaredes por fuero et por derecho. Et sy alguna de las partes se agrauiaren o se alçaren
de vuestro juyçio datle la alçada para ante nos, segunt que nos mandamos por la dicha carta. / Et del
dia que esta nuestra carta vos fuere mostrada et en commo la conplierdes, mandamos a qualquier
escriuano publico dese logar, que para esto fuere llamado, que de ende al omne que uos la mostrare
por el dicho conçeio testimonio signado con su signo, et uos nin el non fagades ende al, so pena de
çient marauedis de la moneda nueua a cada vno. La carta leyda, datgela. / Dada en Burgos, XII dias
de abril, era de mill et trezientos et setenta et quatro annos. Yo, Johan Garçia, la fiz escreuir por
mandado de Garçia Perez de Toro, alcalle del rey. Graçia Perez. Pedro Alfonso, vista. Garçia Suarez»
(Veas Arteseros, Colección nº 305: 350-352).
173 Creo que puede encuadrarse aquí la RP Illescas 22.XI.1348, para que un portero real emplace
a unos que se dicen señores de Torrejón y realizan allí actos jurisdiccionales (como poner una nueva
forca), en agravio del concejo de Madrid cuya aldea es: «et todo esto que fazien por fuerza sin rrazon
e sin derecho». Fue decidido «en la nuestra audiencia» que debían ser emplazados a la Corte: «que
parezcan ante nos personal mente a conplir de derecho sobre esta rrazon al dicho concejo de madrit, del
dia quelos enplazaredes a nueue dias, por quelos nos mandemos oyr sobrello e librar commo la nuestra
mercet fuere, e ffallaremos por derecho. Et non fagan ende al sopena de seyszientos maravedis desta
nuestra moneda acada vno» (con la cláusula de testimonio habitual) (Domingo, Documentos I 317-319).
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 375

sea con toda cautela, dadas las limitaciones de mi muestra– una fórmula algo
más compleja que combina el mandato revocatorio (esto es, el mandato real
de desagraviar o reparar extrajudicialmente) con el emplazamiento a la Corte,
dispuesto como medio subsidiario, que se activa ante el incumplimiento del
mandato anterior: si el juez no cumple la orden real y repara, entonces debe ser
emplazado por el querelloso para ante el rey174. Comoquiera que el mandato
primero a menudo es propiamente de reparación e incluye en tal concepto el
resarcimiento de las costas, daños y menoscabos sobrevenidos al agraviado,
hay que suponer que debiera realizarse mediante acuerdo entre el querelloso
y la autoridad causante del agravio, que obviamente es aquí parte.
Esto último condiciona –o abre, según se mire– las posibilidades de
actuación regia al respecto. Cuando en el territorio hay juez superior no invo-
lucrado en el caso cabe ordenarle que intervenga haciendo justicia, para lo
cual él mismo puede figurar como destinatario de la real provisión, quedando
desde luego sujeto a sus cláusulas inyuntivas (o sea, comprometido a actuar
diligentemente su oficio): emplazamiento para ante el adelantado con orden
de conceder alzada para el rey175. En cambio, cuando los jueces que debían
hacer derecho son los causantes del agravio el caso pasa a ser, con este preciso
argumento, caso de Corte, porque es ante el rey a donde el querelloso debe
emplazar a los causantes del agravio si no cumplen o se oponen al mandato
regio de repararlo. O lo que es igual: cuando la autoridad judicial del terri-
torio es la que agravia, no hay otra instancia a quien acudir que al rey y esta
es una causa evidente y a menudo explícita para tratar estos casos como casos
de Corte176.

174 RP León, 19.III.1342, a querella del obispo de León, para que el merino mayor de Castilla y
sus alcaldes no ejerzan el oficio en las villas pertenecientes por donación real al obispado, en cumpli-
miento de sus privilegios de exención, que a pesar de serles mostrados no cumplen: «E en esto dizen
que reçiben grand agrauio e por esta razón que an perdido e menoscabado mucho de los suyo». El rey
manda cumplir los privilegios, so pena de su merced y 100 mrs. de la moneda nueva a cada uno que lo
contrario hiciere, «e demás por qualquier o qualesquier de uos que fincar de lo asy conplir, mandamos
al ome que uos esta nuestra carta mostrar por el dicho obispo que uos emplaze que parescades ante
nos, doquier que nos seamos, del día que uos enplazare a quinze días, so la dicha pena de los çient
marauedis de la moneda nueua a cada vno, a dezir por quál razón non conplides nuestro mandado».
Sigue la cláusula de testimonio habitual (Martín Fuertes, Colección nº 3072: 447-449).
175 Como en el caso que recojo por extenso en la nota 172. También cabía encomendar al adelan-
tado y todas las justicias que no consintieran el agravio en ejecución de las cláusulas penales, con
emplazamiento (entiendo que también de éstos) para ante la Corte a dar razón del incumplimiento:
como en la RP Sevilla, 15.VIII.1339 (Oceja Gonzalo, Documentación 326-328).
176 He aquí un par de ejemplos: RP Mérida, 20.IV.1327, a querella del concejo de Madrid, para que
el arzobispo de Toledo y el concejo de Alcalá de Henares dejen de prendar y embargar «por ffuerza la
ysla que es ssuya e en ssu termino rribera de xarama e que lo ffazedes sin rrazon e sin derecho»: «Pero
sy en descargo quisierdes dezir por quanto uos el dicho arzobispo o uuestro vicario ssodes personas
que ninguno non uos podria costrenir queles ffiziesedes derecho ssobresta rrazon ssi non yo, e uos
los de alcala ssodes conceio e todos ssodes parte, mando uos que parezcades ante mi doquier que yo
sea por uuestros personeros ssuficientes del dia que esta mi carta uos ffuere mostrada a treynta dias
376 Carlos Garriga

No hay que pensar que ésta fuese una regla necesaria: casos hay en que
el emplazamiento a la Corte se realiza al margen de cualquier consideración
(explícita) del tipo indicado, como dando por supuesto que el conocimiento de
los agravios extrajudiciales pertenece de suyo al rey en la Corte (enteramente
de acuerdo con LE 135). Valga como ejemplo uno en que, tomando parte los
alcaldes de Segovia de ciertos derechos pertenecientes a los frailes dominicos
y franciscanos asentados en la ciudad «con poder de los ofiçios que tenedes»,
la carta real librada a querella de éstos dispone el entero cumplimiento de
su derecho (que estaba incorporado en ciertas cartas de merced) por parte de
los alcaldes:

«E que non consintades a ninguno que les vayan nin les pase contra
ellas en ninguna manera e si alguno les pasare o les fuere contra la dicha
mi carta [de merced], prendadle por la pena de los çient maravedis que
en ella se contiene. E guardadlos para faser dellos lo que yo mandare
uos e los dichos Miguel Martines e Iohan Martines [alcaldes] que les

ssopena de cient maravedis de la moneda nueva a cada uno de uos a conplir de derecho alos perso-
neros del dicho conceio de madrit en rrazon desta querella. Et yo mandare uos fazer e librar ssobrello
commo touiere por bien e ffallare por derecho» (Palacio, Documentos I 237-239, sigue la cláusula de
testimonio habitual); RP Sevilla, 20.IV.1346, a querella de Juan García, vecino de Madrid, para
que el concejo de Madrid le pague luego los trescientos maravedís que le adeuda por su desempeño
como mayordomo y en su defecto los alcaldes y alguacil prendan y vendan según fuero cuantos bienes
concejiles sea preciso para satisfacer la cuantía adeudada «sin alongamiento de maliçia»: «Et ssi lo assí
ffazer non quisieren, por quanto Conçejo e alcalles ssodes todos parte, e non ay juez de ffuera parte
quel cunpla de uos de derecho, mandamos al dicho Joan García que los enplaze que parezcan ante
nos, del día que los enplazar a quinze días, sso pena de çient maravedís de la moneda nueua a cada
vno dellos, a dezir por qual rrazón non quieren conplir nuestro mandado» (Millares Carlo-Varela
Hervias, Documentos 31-33, sigue la cláusula de testimonio habitual); RP Madrid, 24.XI.1338, a
querella del monasterio de San Salvador de Leres, para que el concejo, juez, justicias y mayordomos
de la villa de Pontevedra respeten sus privilegios y bienes y le entreguen o hagan entregar cualquier
cosa que hayan tomado indebidamente. En su querella el monasterio denuncia que los jueces habían
actuado «por fuerza, sin rason e sin derecho como non deuedes, non auiendo uos juridiçion en el
dicho monesterio, nin en el dicho coto nin lo auiendo uos de auer por priuillegio nin de vso nin de
costumbre. E por quanto uos todos sodes conçejo e sodes parte e non ay jues de fuera parte, que les
oyan e libren conuosco que non pueden alla de uos auer conplimiento de derecho, e por esta rason
que an perdido e menoscabado mucho de lo suyo». Tras ordenar que respeten sus privilegios, el rey
dispone que cuanto hubiera sido tomado y prendado indebidamente al monasterio le sea entregado
«en guisa que les non mengue ende ninguna cosa, con las costas que por esta rason an fecho [roto] lo
asi faser non quisierdes diser por quanto disen jues ni alcalde de fuera parte que las oya e los libre
convosco e esto que gelo fisierdes e fasedes por fuerça en como non deuedes, non auiendo uos juri-
diçion en el dicho monesterio nin en los dichos cotos les vayades contra los priuillegios e libertades
que ellos an de los reyes onde nos venimos e confirmados de nos. E tales pleitos como estos, son nuestros
de oyr e de librar, mandamosuos que parescades ante nos por uuestro personero del dia que uos esta
nuestra carta fuere mostrada o leyda y en conçejo a quinse dias a complir derecho a los dichos abat e
conuiento o a su personero por ellos, en rason desta querella». Sigue la cláusula de testimonio habitual
(González Crespo, Colección 451-453; subr. mío). Véase también la RP Sevilla, 20.IV.1346 (Millares
Carlo-Varela Hervias, Documentos 31-33).
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 377

entreguedes e les tornedes todas las cosas que les ende tomastes con las
costas e daños e menoscabos que an fecho e reçebido por esta rason. E
non fagades ende al sinon mando a los dichos prior e guardian [es decir,
a los querellosos] o a qualquier dellos o al que lo oviere de recabdar por
ellos, que por quanto uos tomastes lo suyo con poder del ofiçio que tenedes, que
uos enplasen que parescades ante mi, do quier que yo sea del dia que uos
enplasaren a nueue dias so pena de çient marauedis de la moneda nueua
a cada vno de uos, a desir por qual rason non queredes conplir mio
mandado, e de como uos esta mi carta fuere mostrada e la cumplierdes,
mando so la dicha pena a qualquier escriuano publico», etc. (la cláusula
de testimonio habitual) 177.

En todo caso, comoquiera que se resuelve en una carta de emplaza-


miento para la Corte, la apelación a gravamine introduce esos conflictos en
este círculo jurisdiccional, configurándolos como casos de Corte. Enseguida
voy con esto.

6.– Recapitulación y excursus sobre las querellas deposito officio.–


Volvamos antes a LE 135 para ensayar una recapitulación y destacar breve-
mente la singularidad del último supuesto que contempla. Si se acepta mi
lectura, esta ley refleja el estilo desarrollado en la Corte del rey a partir de las
dos leyes que el Fuero Real dedicaba a establecer las obligaciones que contrae
y la pena que merece el alcalde que actúa indebidamente y causa daño patri-
monial a la parte (1.7.8 y 2.2.2). Para encauzar las querellas de los agraviados
contra los alcaldes de las villas reales, la ley del estilo distingue hasta cuatro
supuestos, que quedan reducidos a tres vías: las dos primeras llevan hasta la
Corte, mientras que la última no es otra que el sindacato (o por mejor decir,
su primer y más tradicional elemento), cuya recepción culminarían los Reyes
Católicos (básicamente incorporando una pesquisa general, que había seguido
su propio desarrollo bajomedieval) bajo el nombre de juicio de residencia178.

177 RP Segovia, 8.II.1327, para que el concejo, alcaldes y alguacil de la ciudad de Segovia
respeten ciertos derechos (rentas) concedidos por merced a los frailes predicadores asentados en la
ciudad, que habían denunciado en su querella que los alcaldes les tomaban indebidamente buena
parte de tales derechos «e esto que quelo fisiestes con poder de los ofiçios que tenedes» (González
Crespo, Colección 220-222; parece que con referencia a la carta de merced dada en Medina del Campo,
28.VII.1326: ibid. 204-207). Al mismo esquema se ajustan sustancialmente: RP Madrid, 10.VII.1329
(ibid., 253-255); RP Burgos 6.V.1345 (ibid. 512-515); RP Illescas, 7.IV.1347 (ibid. 552-554).
178 Para este argumento, Garriga, Control §§ 5 y 23. Sobre el sindacato, últimamente, Riccardo
Ferrante, La difesa della legalità. I sindacatori della repubblica di Genova (Torino 1995), maxime 1-59
para estos primeros momentos, con referencia a la bibliografía anterior.
378 Carlos Garriga

Según el estilo de la Corte, contra los agravios del juez el particular


puede, en todo caso, querellarse directa e inmediatamente al rey en busca
de reparación. Las consecuencias de su querella son, empero, bien distintas
según que se trate de unas u otras decisiones o actuaciones del alcalde y
siguen respectivamente el régimen de la simple querella y de la apelación
extrajudicial canónicas. (i) Aquéllas que tienen lugar en aplicación del officium
iudicis y antes de que éste se extinga para el caso (esto es, previa la ejecución
de la sentencia definitiva), dan lugar a la expedición de una carta del rey,
mandando al alcalde que si es el caso desagravie al interesado, es decir, que
actúe conforme a derecho. Si el alcalde no desagravia al particular y éste
insiste en su pretensión ante el rey, debe librarse una nueva carta, ahora de
emplazamiento, para que el alcalde venga a estar a derecho en la Corte con el
querelloso (LE 135 [2]). En este caso, de nuevo si se acepta mi lectura de la
ley, el agraviado debía previamente mostrar al rey por testimonio de escribano
cómo el alcalde no cumplió su carta primera o, en su defecto, la negativa
de éstos a dárselo (LE 135 [1]). (ii) Bien distinto había de ser, en cambio, el
régimen de las querellas deducidas en razón de agravios extrajudiciales, es
decir, los irrogados por mandamientos dictados extra officium iudicis y en la
ejecución de sentencias (que extingue el oficio con relación al caso), respecto
de los cuales el alcalde carece de jurisdicción. Por eso ahora la querella intro-
duce la instancia, a menudo previo mandato de reparación, para determinar
judicialmente las obligaciones contraídas por el juez con el agraviado (LE 135
[3]). Por último, (iii) LE 135 contempla un cauce alternativo para la sustan-
ciación de las querellas contra el alcalde por los agravios causados durante el
oficio, si los interesados optan por esperar para intentarlas a su término [4].
Mucho menos habrá de interesarnos aquí este supuesto, vinculado a
los anteriores por su objeto (las querellas contra el alcalde), pero separado por
razón del momento de interposición y la sede de sustanciación, que como es
muy sabido se encontraba ya previsto, bajo un régimen un tanto diferente,
en las Partidas179. Según el estilo, al término del oficio las querellas habían

179 P 3.4.6: al tiempo de realizar el juramento de posesión en el oficio, los jueces ordinarios
habían de afianzar que, al concluir su ejercicio, permanecerían durante cincuenta días en los lugares
donde hubieran actuado «por fazer derecho a todos aquellos, que dellos ouiessen recibido tuerto».
Los jueces entrantes, acompañados de algunos hombres buenos y sin sospecha, serían los encargados
de juzgar las querellas presentadas contra los jueces salientes, cumpliendo de derecho a los agraviados:
«e de todo yerro, e tuerto que ayan fecho devenles fazer, que fagan enmienda dello, segund mandan
las leyes deste libro» salvo si fueren tales que mereciesen pena de muerte o mutilación de miembro,
pues estos casos quedan reservados al juicio del rey; con tal finalidad «deuenlo recabdar, e embiar
al Rey; e otrosi la razon escrita por que la merece» (pero cfr. P 3.22.24, que establece taxativamente
la intervención de la «Corte del Rey» en los supuestos de impericia del juez). Para facilitar su reali-
zación, los juicios correspondientes se revisten del algunas singularidades: pueden ser sustanciados
oralmente, para evitar costas a las partes (P 3.22.6); el juez saliente ha de actuar por sí mismo y no
mediante personero (P 3.5.12); y viene obligado a aducir como testigos en su contra a los oficiales
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 379

de deducirse ante los alcaldes del lugar que fuera en un plazo de treinta días,
siempre que no versaran sobre «fecho de justicia de muerte», caso en el que
habrían de interponerse para ante el rey, aunque no tenían que sustanciarse
necesariamente en la Corte180.
Nuestra ley circunscribe su aplicación a los alcaldes de las villas reales,
de modo concordante con los restantes pronunciamientos normativos del
período y contrario, por razones obvias, a las Partidas, donde formaba parte del
régimen común a los jueces ordinarios181. En 1308 Fernando IV llegó a excluir
expresamente de este régimen a los adelantados, afirmando la exclusividad
de la Corte para la sustanciación de las obligaciones que hubieran contraído
por su conducta en el ejercicio del oficio182. Esto sentado, la regularidad de
la práctica contra los alcaldes de las villas que sugiere LE 135 (es así usado),
quizá pudiera indicar que por vía particular se fuera introduciendo un tal
procedimiento, que seguramente ofrecía a los agraviados por los jueces un
cauce más fácilmente transitable que aquellos otros arbitrados por el estilo
de la Corte –las querellas directamente interpuestas para ante el rey durante
la permanencia de los jueces en los oficios–, cuyo uso está sin embargo, como
aquí hemos visto, abrumadoramente testimoniado183.

que le auxiliaban en su ejercicio (P 3.16.1; por su parte, P 7.15.5 hace responsable al juez del «daño o
tuerto» que «mando fazer» y exime de responsabilidad a «aquel que lo fizo»; cfr. también G. López,
P 3.16.1, gl. «Fagan derecho»). Véanse, simplemente, Luis García de Valdeavellano, «Las Partidas
y los orígenes medievales del juicio de residencia», en BRAH 153-2 (1963) 205-246: 213-230; y sobre
todo, Benjamín González A lonso, «El juicio de residencia en Castilla. I: Origen y evolución hasta
1480», en AHDE 48 (1978) 194-247: 205-207; Id., «Los procedimientos de control y exigencia de
responsabilidad de los oficiales regios en el Antiguo Régimen (Corona de Castilla, siglos XIII-XVIII)»,
en AFDUAM 4 (2000) 249-271: 252-253.
180 LE 135 [4], acaso en aplicación del régimen señalado por LE 91, sobre el que más adelante
vuelvo; cfr., no obstante, Cortes de Valladolid, 1293, 4 (CLC I 120). Algunas otras leyes de Cortes
se refieren también en estos años a las querellas post officio dimisso, pero sólo en relación con jueces de
nombramiento real: además de ésta y las citadas en las notas 182-183, véase Cortes de Zamora, 1301, 6
(CLC I 153). Cfr. García de Valdeavellano, Las Partidas 230-232; González A lonso, El juicio de
residencia 207-210; Id., Los procedimientos 256.
181 Cfr., especialmente, P 3.16.1. No parece que jurídicamente cupiera otra alternativa, desde el
momento que P 7.1.11 prohibía acusarlos durante el oficio, bien que sólo por aquellos delitos come-
tidos en razón distinta del mismo.
182 Cortes de Burgos, 1308, 14: «Et los adelantados que cumplan de derecho para ante mi sin
plazo a los querellosos» (ahora en Joseph F. O’Callaham, «Las Cortes de Fernando IV: cuadernos
inéditos de Valladolid 1300 y Burgos 1308», en HID 13 (1986) 315-328: 326). Cfr. González Alonso,
El juicio de residencia 209-210.
183 Así, tras prometer que sólo mediante petición volvería a enviar jueces de fuera a Úbeda,
Sancho IV dispuso (Valladolid, 25.V.1293): «los alcaldes e las justiçias que fueron y de fuera de çinco
años a aca fasta aqui, que vayan cada uno a aquellos logares do fueran alcaldes e iustiçias e que escoian
dos omnes bonos de aquel lugar –uno, que tome el conçeio; e otro, el alcalde o el justiçia–, e que este
y treinta dias a conplir de derecho ante estos dos omnes bonos a los querellosos» (José Rodríguez
Molina, Colección documental del Archivo Municipal de Úbeda. I. (Siglo XIII) (Granada 1990) doc. 59,
89-96: 91; para algún otro testimonio concordante, Miguel Ángel Chamocho Cantudo, Justicia real
y justicia municipal: la implantación de la justicia real en las ciudades giennenses (1234-1505) (Jaén 1998)
380 Carlos Garriga

Llegados por una u otra vía hasta las Corte, no me he preocupado ya de


seguir el trayecto posterior de estos casos184, pero es de suponer que aquí las
querellas contra los alcaldes que por alguna de las razones vistas provocasen la
causa en el tribunal real fueran sustanciadas «por manera de Juicio», sujetas
a la prueba del querelloso y sin que mediara investigación oficial (pesquisa),
siempre que el emplazamiento fuese en razón de algún agravio determinado
(que fizo tal mal) 185. En cambio, conforme a la prelación procedimental común,
el rey podía proceder mediante pesquisa, constándole la diffamatio, cuando se
imputara al juez un genérico abuso del oficio, como se lee en la ley 55, que
es a estos efectos complementaria186. Esta práctica viene testimoniada por el
mismo estilo, como es muy sabido: hay que entender aquellas otras leyes de esta
colección que fijan reglas sobre el particular como resultado del estilo que se
había formado en la Corte al enjuiciar la conducta antijurídica de los jueces a
querella de los agraviados187; es decir, al tratar estos casos como casos de Corte.
Si nos atenemos a su enunciado, LE 135 queda circunscrita a los territo-
rios realengos (las villas del rey) y viene a determinar los supuestos de agravios
de alcaldes en los que cabe emplazamiento para ante la Corte, especificando
cuáles de entre los casos contemplados deben o pueden ser sustanciados en
la Corte (denegación de justicia, agravios extrajudiciales, fechos de justicia

115-119). Es sabido también que el concejo de Murcia tenía por privilegio que «si alguno ouiere
querella del alcalle por rrazon del oficio, que se querellen del despues que fuere sallido del oficio fasta
sesenta dias, e si en este tienpo non se querellare non sea oydo despues sobre tal querella» (Cortes de
Valladolid, 1322, Cuaderno de disposiciones para el concejo de Murcia [6], apud Juan Torres Fontes
y Emilio Sáez, «Privilegios a la ciudad de Murcia» en AHDE 14 (1942-1943) 530-546: 541). Aunque
no sea exactamente el caso, véase también la RP Valladolid, 18.IV.1336, a petición del concejo de
Ágreda, para que se elijan por suertes cada año entre los caballeros un juez y dos alcaldes: «que den
fiadores que, si por mengua de lo que ellos ovieren a fazer en su ofiçio, algún danno o menoscabo
viniere a álgun vezino de y de la villa, que ellos que gelo por fagan» (Madrid Cruz, Acerca de la
vigencia 269-270). Cfr. González Alonso, Los procedimientos 255-256, para el testimonio más temprano
conocido de la puesta en práctica de este procedimiento, en el Puerto de Santa María, 1310.
184 Valga como ejemplo la «carta abierta» de Fernando IV, Burgos, 1.IX.1307 (González Díez,
Colección 284-289). Y fuera ya del marco cronológico de este trabajo, el caso descuidadamente referido
por Mª del Carmen Rodríguez López, «La simple querella en tiempos de Pedro I: el caso leonés», en
La administración de justicia en la historia de España. Actas de las III Jornadas de Castilla-La Mancha
sobre investigación en archivos (Guadalajara 1999) 39-50: 46-48.
185 LE 55: «Sobre quales oficiales puede el rey facer pesquisa. Otrosi, como quier que el rey de
su oficio quando le dan algunos omes querella de su oficial, que non usa bien de su oficio, que les
faze muchos agraviamientos en tales cosas, et desto es fama, puede el rey de su oficio mandar saber
la verdad; pero si alguno se querella al rey de su oficial que fizo tal mal, estonce el oficial debe ser
emplazado para ante el rey, et oido por manera de juicio: e si gelo negare, debelo probar el querelloso».
186 Ibidem. Así, p. ej.: RP Burgos, 22.IX.1334, librada por mandado de Ruy Díaz, deán de Sala-
manca y notario del reino de León por el arzobispo de Santiago, para que el merino mayor de León
guardase los privilegios y exenciones de ciertos concejos que se especifican. Ante la querella de éstos
contra aquél, el rey había ordenado una pesquisa, que fue vista y sentenciada por el citado Ruy Díaz
en los términos que la provisión detalla (Martín Fuertes, Colección doc. 3013: 385-387).
187 Así, especialmente, las leyes 138, 147, 154, 155, 174, 251.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 381

de muerte); o sea, aquéllos que legitiman la intervención jurisdiccional del


rey en ámbitos foreros. Dicho en otros términos, y más allá del enunciado
particular de la ley, la querella es –al lado de la apelación judicial– el medio
como ordinariamente llegan los casos –cualesquiera que sean– a la Corte, y es
aquí donde se decide el tratamiento que en atención a unas u otras circuns-
tancias más les conviene. Desde este punto de vista, como dije páginas atrás,
la singularidad de los llamados casos de Corte radica simplemente en que el
rey retiene y avoca para conocer en primera instancia como juez supremo,
recorriendo una secuencia procedimental que arranca de la querella y llega al
emplazamiento, con más (simple querella) o menos (apelación extrajudicial)
estancias intermedias.
Aunque cualquier precisión para un momento tan abierto como éste
resulte muy aventurada, creo sí que el procedimiento –los recursos– trazado
por LE 135 singulariza los casos como casos de Corte, y no al revés: no es
que sólo lleguen hasta la Corte los casos que reciben esta denominación, sino
que todos los que se sustancian allá en primera instancia merecen esta cali-
ficación. En este sentido, la vinculación entre el Ordenamiento de Zamora
y los casos de Corte, que tenía en su momento todo el sentido, ha podido
después resultar equívoca, y de hecho es muy posible que la enumeración
de 1274 haya contribuido a enturbiar historiográficamente la problemática
de estos casos. Si son de Corte los conocidos en primera instancia por el juez
supremo, de esta lista bien puede decirse aquello de que no son todos los
que están ni están todos los que son.

7.– Sobre los casos de Corte (ley del estilo 91): mengua y mayoría de
justicia.– La ley del estilo 135 se sitúa así en el epicentro del conflicto juris-
diccional que recorre toda la baja edad media castellana y era especialmente
intenso en estas décadas que transcurren entre los dos alfonsos, cuando toda
intervención de la jurisdicción real en las jurisdicciones foreras (y no digamos
señoriales) resultaba sumamente controvertida188. Como es sabido y cualquiera
puede comprobar rápidamente en los Cuadernos de Cortes, uno de los problemas
más frecuentemente denunciados a caballo entre los siglos XIII y XIV es el
libramiento de cartas de emplazamiento contra fuero, es decir, atentatorias
al orden jurisdiccional establecido y explicitado singularmente en 1274, que
todavía respondía a la tradición altomedieval (es decir, a la lógica feudal) 189.

188 Permítaseme remitir, simplemente, a mis trabajos citados: Control y disciplina §§ 7-9, y Juris-
dicción real y jurisdicciones señoriales, donde recojo la bibliografía relevante. La exención jurisdiccional,
como hemos visto, es uno de los motivos habituales de simple querella.
189 Cfr. Iglesia Ferreirós, Las Cortes de Zamora 945-946, 958, 966-967.
382 Carlos Garriga

Creo que la problemática ley del estilo 91 refleja exactamente esta situación
y trata de conciliarla con la posición del rey como princeps, de acuerdo con la
lógica jurisdiccional que subyace a LE 135190.
Por un lado, aquella ley revela que el rey no era reconocido –o al menos,
no actuaba– como juez ordinariamente competente ni tan siquiera en aquellas
pocas «cosas que fueron siempre husadas de librarse por corte del rey» (salvo
el riepto), no sólo porque esto quede prima facie a elección del querelloso (o
acusado) 191, sino también –y para lo que aquí importa, sobre todo– porque la
retención de tales casos en la Corte cuando hasta el rey llegan por querella no
depende –o si se prefiere, no depende siempre y sólo– de su voluntad, sino de
otras circunstancias que aquí se presentan objetivadas por el uso de la Corte
frente a la declaración general de 1274192.
Por otro lado, en la delimitación de supuestos que legitiman la inter-
vención jurisdiccional del rey, opera, al menos en parte, el mismo criterio
que sirve en la ley del estilo 135 para discriminar entre las querellas que
deben ser tratadas como simples querellas y aquellas otras que se sustancian
como apelaciones extrajudiciales (y por ende, mediante emplazamiento del
alcalde introductor de la instancia: una provocatio ad causam para enjuiciar su
conducta): que el pleito haya sido o no incoado ante el juez ordinariamente
competente, es decir, que conforme a su oficio el juez haya adquirido o no
jurisdicción sobre el caso193. Junto a éste, los otros supuestos contemplados
en la ley, basados en la gravedad de la pena o en la singularidad de ciertos
casos, parecen responder a otros criterios, posiblemente la delimitación de
ordenamientos consustancial al statu quo sancionado en 1274 y la más básica
posición del rey como garante de la justicia en el reino194. Dicho en otros
términos: LE 91 aplica a los casos enumerados en 1274 la lógica jurisdic-
cional que subyace a LE 135, que no está basada en la exclusividad de ciertos
supuestos especialmente graves, sino en la subsidiariedad de la jurisdicción

190 Sobre LE 91 (transcrita en el Ap. II), véanse, especialmente: Bartolomé Clavero, «Behe-
tría, 1255-1356. Crisis de una institución de señorío y de la formación de un derecho regional en
Castilla», en AHDE 44 (1974) 201-342: 267-268; Aquilino Iglesia Ferreirós, «Derecho municipal,
Derecho señorial, Derecho regio», en HID 4 (1977) 115-197: 137-138 y nota 83; Id., «El privilegio
general concedido a las Extremaduras por Alfonso X. Edición del ejemplar enviado a Peñafiel el 15
de abril de 1264», en AHDE 53 (1983) 455-521: 504-505; Vallejo, Fuero Real 1,7,4, 370-372; María
Paz A lonso Romero, «La Monarquía castellana y su proyección institucional (1230-1350)», en La
expansión peninsular y mediterránea (c. 1212-c. 1350). I. La Corona de Castilla (=José María Jover
Zamora, Historia de España Menéndez Pidal, XIII) (Madrid 1990) 507-577: 538-539 y nota 116;
Garriga, Control y disciplina, 256-259, donde resumo las principales posiciones.
191 LE 91 [1] y [3].
192 LE 91 [2].
193 LE 91 [4].
194 LE 91 [5] y [6]-[7], respectivamente.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 383

suprema frente a las inferiores (finalmente expresada –y entrelazadas– en el


binomio mayoría-mengua de justicia).
En cualquier caso, globalmente considerada esta ley ejemplifica perfec-
tamente las posibilidades de la simple querella como recurso omisso medio
deducido ante el princeps, que de entrada podía dar lugar a una carta incitativa
(o de simple justicia, es decir, librada para excitar la diligencia de los jueces
ordinariamente competentes) o bien motivar una carta de emplazamiento,
esto es, la avocación del caso para su sustanciación por justicia en la Corte
(o mediante delegación ante los jueces superiores del rey en el territorio: los
adelantados)195. Cuando esta segunda posibilidad, planteada siempre a querella
de parte, dependa de la voluntad real (debidamente causada, se entiende) y
no esté sujeta a limitaciones jurisdiccionales como las aquí expresadas, podría
decirse consolidada la posición del rey como juez supremo (y por ende, iudex
ordinarius omnium) 196.
Alfonso XI avanzó un tramo considerable en esta dirección, como se
hizo particularmente visible en una serie de sentencias dictadas por Corte (o
sea, con el acuerdo de las potestades jurisdiccionales presentes) en otros tantos

195 RP Valladolid 20.X.1329, dirigida a «todos los concejos, alcaldes, jueçes, jurados, merinos,
alguaçiles, mandadores, aportellados e a todos quantos esta carta vieren» y librada a querella del
monasterio de Santa María la Real de las Huelgas y el comendador del Hospital Real de Burgos,
que denunciaba una larga serie de agravios (atentados a su jurisdicción y fuerzas contra sus bienes)
«contra los preuillegios y liuertades y merçedes que han de los reyes de donde yo vengo, y que les
yo confirmé y diz que como quier que esto han querellado a los ofiçiales que nunca les fiçieron ni
les façen derecho». Tras ordenar que «todos aquellos que algo les han tomado e forçado […] a quien
esta mi carta fuere mostrada que pechen y enmienden a los sobredichos monasterio y hospital lo que
diz que furtaron o rrouaron», dispone: «e si façer non lo quisieren por quanto los dichos monasterio
y hospital son fechura de los reyes donde yo vengo y de mi y han muchos preuillegios e liuertades
que les yo comfirmé e querellan de fuerças e rrobos e males que les façen y contra los dichos preui-
llegios que an y que lo han querellado a los ofiçiales de los logares do esto acaeçen e diçen que no les
quieren façer cumplimiento de derecho e esto es mio de oir e de librar, mando al que lo ouiere de hauer e de
rrecaudar por los dichos monasterio e hospital e por qualquier de ellos que los emplaçen so pena
de zien maravedis de la moneda nueba a cada vno, que a nueue dias parezcan ante mi a cumplir de
derecho a los dichos monasterio y hospital y a qualquier dellos en esta rrazón y no fagan ende al so
la dicha pena de los çien maravedis de la moneda nueba a cada vno». Sigue la cláusula de testimonio
habitual (González Díez, Colección 315-317).
196 Cfr. Diego de Covarrubias y Leiva, Practicarvm Quaestionum. Liber vnus (Salamanca 1567)
cap. 6 («De his, qui pro iure exigendo possunt alios ad curiam regis vocare, quo ad primam causarum
cognitionem»): «Ivre quidem illud est constitutissimum, quod nemo potest, etiam ad curiam principis
vocari pro lite examinanda in prima instantia: tametsi possit inuitus ad eam trahi per appellationem
.l. nemo. C. de iurisd. omn. iud. [C. 3.13] auth. vt differentes iudices. [N. 86=A. 9.10] § 1. regia
l. 14. titu. 2. libro 3. ordi. Sunt nihilominus quidam, quibus licet in curiam principis trahere, &
vocare illos, a quibus in iudicio aliquid exigere velint, & aduersus quos actiones habeant. Hoc enim
statutum, & permissum est in multis casibus, quos vulgo dicimus (casos de corte)» (ff. 24r-28r:
24rv). Véanse también sus cap. 7 («De vidua priuilegium habente trahendi, & vocandi reum ad
curiam principis, quando eo vti possit», ibid. 28r-32r) y cap. 9 («De causarum auocatione, & earum
retentione, quae apud curiam quandoque sit») maxime § 1 (ff. 35r-40v: 35v). Para otras referencias,
infra nota 204.
384 Carlos Garriga

pleitos señoriales de importancia, en las que se afirma el señorío mayor del


rey, precisando en qué consiste.
Por una parte, es patente la intensificación de la vis atractiva de la Corte,
extendiendo el régimen de LE 135 a todos los territorios del reino, es decir,
también a las tierras señoriales, como quedó muy claramente expresado, por
ejemplo, en la sentencia que puso fin al pleito que enfrentaba al arzobispo y
el cabildo de Toledo con el concejo de Illescas, «sobre rason del sennorio que
el arçobispo de Toledo et el deán et cabildo disien que auien en Yliescas et
de los derechos dende»:

«si los alcalles et el alguasil de Yliescas erraren o menguaren en sus


officios o fisieren algunas cosas sin rason et sin derecho con poder delos
officios porque se me ayan a querellar algunos que tales pleytos commo
estos que yo deuo conoscer dellos et los deuo librar seyendo me ende
querellado o dada querella o denunciado. Et otrossi que yo que pueda
conplir e faser justicia en la villa de Yliescas silos alcalles et el alguasil
dende la menguaren»197.

Este segundo supuesto, por otra parte, se articuló mediante delegación


de jurisdicción (pesquisas generales) decidida de oficio para corregir la mengua
de justicia, que ahora se afirma en paralelo –y en coherencia– con el anterior,
también sobre tierras señoriales. Es notable, a este respecto, el pronunciamiento
real en el conflicto suscitado por la negativa del Monasterio de Sahagún a
reconocer en la práctica un componente tan decisivo del señorío real o mayor
como la facultad de ver y enmendar (o corregir) la mengua de la justicia, al
oponerse a la actuación de un Tomás Fernández de Oviedo, comisionado por
el rey para «ueer e requerir la nuestra iustiçia» en calidad de enmendador o
veedor. He aquí la doctrina sentada por la sentencia real que puso fin al pleito:

«E por quanto de derecho es que en las donaciones que los reyes


fazen de algunas villas e lugares que la iustiçia nin la iurisdiçion […] non
pasan a aquel nin aquellos a quien es fecha la donaçion, si señaladamiente
non se contiene en el priuillegio o en la carta de la donacion que gela

197 Carta de sentencia dictada por Alfonso XI, 11.II.1329, cit., que me parece se ajusta muy
precisamente a LE 135 [2] y [3] (Grassotti, En torno 316-319). Pero también en la carta de sentencia
que dictó por corte en Sevilla, 6.I.1331, en el pleito que enfrentaba al obispo y cabildo eclesiástico de
Sigüenza con el concejo por la determinación del señorío real o eclesiástico sobre la ciudad: tocando
al obispo el nombramiento de los alcaldes, éstos «que cumplan de derecho a los querellosos e fagan
justicia segund fuero e derecho. Et otrosi si lo assi non ficieren que yo e los Reyes que despues de mi
vinieren que nos podamos tornar a ellos por ello, assi como a los otros alcaldes de las nuestras villas»
(apud Adrián Blázquez Garbajosa, El señorío episcopal de Sigüenza: economía y sociedad (1123-1805)
(Guadalajara 1988) 376-379).
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 385

otorgan […]. E avnque asi fuese […] siempre fincarie a los dichos reyes
[onde nos venimos], e a nos, e a los reyes que despues de nos vinieren,
por el señorio real e mayor que los reyes an en los sus regnos e en el su
señorio en todas las villas e lugares que son en los sus regnos, para veer
e requirir la iustiçia si se faze como deue o non, e cumplir la do fallaren
que es menester por el lugar que tienen de Dios»198.

En fin, todo parece indicar que fue este camino particular y judicial el
que llevó a las formulaciones legales y generales que sobre este punto fueron
establecidas en el Ordenamiento de Alcalá de Henares, 1348199, donde quedó
finalmente consagrada, con toda su carga normativa, la locución mayoría de
justicia, «que es cumplir la justicia do los señores menores la menguaren»
(OA 27.3) 200. Por mucho que pueda trazarse un camino «legal» que conduce
a OA201, sus leyes políticamente más significativas (en la versión sistemática,
OA 27 y por tanto también 28202) parecen haber tenido una gestación judicial
y en cualquier caso tengo para mí que resultaron de un acuerdo entre potes-
tades –real y señoriales– que estaba basado en el reconocimiento mutuo de
sus dispares posiciones y, en la medida que fijaba reglas para la integración
jurisdiccional del espacio político bajo la potestad suprema del rey, era condi-

198 Carta de sentencia dictada por Alfonso XI (Madrid, 29.XI.1345) –habido consejo con los
grandes que cita «e con otros omes bonos del nuestro conseio, e con los nuestros alcaldes de la nuestra
corte»– sobre el señorío de Sahagún (González Crespo, Colección 520-529: 527; cfr., sin entrar en
mayores detalles, Evelio Martínez de Liébana, El dominio señorial del monasterio de San Benito de
Sahagún en la baja edad media (siglos XIII-XV) (Universidad Complutense de Madrid – Colección
Tesis Doctorales 1990) 653-666: 664-665, para esta sentencia). Me ocupé de la figura (del veedor) en
general y de este caso en particular, en mi Control §§ 8-9.
199 Que cito por las versiones editadas en CLC I 492-593 y por Ignacio Jordán de Asso y del
Río y Miguel de Manuel y Rodríguez, El Ordenamiento de Leyes, que D. Alfonso XI hizo en las Cortes
de Alcalá de Henares el año de mil trescientos y quarenta y ocho […] (Madrid 1774).
200 Cfr. al respecto las Glosas incunables, OA 27,3, gl. «Pero pareciendo por las palabras» (que trans-
cribo en mi Jurisdicción real nota 48; cfr. Aquilino Iglesia Ferreirós, «Fuero de alvedrio», en Estudos
em homenagem aos profs. doutores M. Paulo Merêa e G. Braga da Cruz, I (Universidade de Coimbra 1982)
(=Boletim da Facultade de Direito 58) 545-621: 612). En igual sentido, con mayor contundencia, ibid.,
OA 27, 2, gl. «E declaramos señorio» (BN Inc/2535, ff. 136r y 133rv, respectivamente).
201 Documentado por Galo Sánchez, «Sobre el Ordenamiento de Alcalá (1348) y sus fuentes», en
Revista de Derecho Privado 9 (1922) 353-368, que estableció la relación entre éste y los Ordenamientos
de Villarreal, 1346 (publicado por Rafael Gibert, en AHDE 25 (1955) 703-729) y Segovia, 1347 (publi-
cado por Galo Sánchez, en Boletín de la Biblioteca Menéndez y Pelayo 4 (1922) 301-320); a completar
ahora con Antonio Pérez Martín, «El Ordenamiento de Alcalá (1348) y las glosas de Vicente Arias
de Balboa», en IC 11 (1984) 55-215. Nada de particular indican sobre las leyes aquí aludidas (cfr.,
de este último, 96-98).
202 Como argumenta Jesús Vallejo, «Leyes y jurisdicciones en el Ordenamiento de Alcalá», en
Frank Waltman y Patricia Martínez de la Vega Mansilla (eds.), Textos y Concordancias del Ordena-
miento de Alcalá. (Biblioteca Nacional, Madrid, Vit. 15-7 y Res. 9) (=Spanish Legal Texts Series 18)
(Madison 1994).
386 Carlos Garriga

ción necesaria para la existencia misma del reino203. En este marco y conforme
al juego del par mengua-mayoría, la justicia del rey no quedaba encerrada en
unos casos definidos penalmente, sino que estaba abierta a la intervención en
cualesquiera ámbitos jurisdiccionales para garantizar el orden constituido204.
Sobre esta base y obedeciendo al mismo impulso integrador, en el
Ordenamiento de Alcalá fueron legalmente determinados muchos de los
asuntos normativamente tratados por las Leyes del Estilo, asumiendo –por
decirlo así– la tarea de conciliar la persistente tradición altomedieval y la
consistente afirmación del poder real que venía desarrollando el estilo de la
Corte (uniformización jurídica del espacio político del reino incluida). No
me atrevo a sugerir que, por venir a ocupar un ámbito normativo en buena
medida coincidente, el Ordenamiento de 1348 eclipsara el desarrollo textual

203 OA, leyes 61 («Commo se entiende muerte segura») (=27.1), 62 («Dela significaçion delas
palabras dubdosas») (=27.2: «Cómo se deben entender las palabras de las Leys, y Fueros y Ordena-
mientos que hablan en cómo la justicia ó jurisdicción o señorío de los lugares o de otras cosas del rey,
si se pueden ganar por tiempo o no»), 63 («De commo pertenesçe alos rreyes e alos grandes prinçipes
dar grandes dones») (=27.3: «Cómo se deben entender las palabras de los Libros de las Partidas y
del Fuero de las Leyes y de las Fazañas y costumbre antigua de España y de los Ordenamientos de
Cortes que hablan del señorío de los lugares y justicias y fonsado y fonsaderas y de las alzadas de
los pleitos y las minerías, si se pueden dar o no. Y por qué palabras se entiende ser dada la justicia
y por cuánto tiempo se pueden ganar las cosas sobredichas») (CLC I 536-541, y El Ordenamiento,
tít. 27: 62-69, respectivamente). Para el argumento, Garriga, Jurisdicción real § 2, con la bibliografía
correspondiente.
204 De hecho, tras LE 91 no hubo más enumeraciones legales que las recopiladas que se remitían
al «estilo antiguo»: OORR [=Ordenanzas Reales de Castilla, que cito por la ed. princeps: Copilacion de
Leyes del Reino (Huete 1484, Valladolid 1986)] 3.2.14 y NR [=Recopilacion de las Leyes destos Reynos,
hecha por mandado de la Magestad Catolica del Rey don Felipe Segundo nuestro señor; que se han mandado
imprimir, con las leyes que despues de la vltima impression se han publicado, por la Magestad Catolica del Rey
don Felipe Quarto el Grande nuestro señor (Madrid 1640, Valladolid 1982)] 4.3.8 y 9; pero los casos de
Corte no dejaron de aumentar a resultas del juego que daba el binomio mengua-mayoría de justicia,
procedimentalmente articulado mediante la simple querella. Cfr., p. ej., Peregrina, s. v. «Actor», q. 5,
gl. «Orphani» (f. 13r) y s. v. «Rescriptum», q. 3, gl. «Miserabilius» (f. 414r); G. López, P 3.3.5,
gl. «E son estos»; Gabriel de Monterroso y A lvarado, Practica civil y criminal & instruction de
escriuanos. Diuidida en nueue tratados. Agora de nueuo emendada y añadida, en esta segunda impression,
en muchas cosas a ella necessarias. Especialmente, en el quinto tractado (Alcalá de Henares 1571) trat. V,
ff. 68v-70r; Alfonso de A zevedo, Commentariorvm ivris civilis in Hispaniae regias constitvtiones, qvartum
librvm novae recopilationis complectens (Salamanca 1587), NR 4.3.8-9 (II ff. 54v-56r); Gonzalo Suárez
de Paz, Praxis ecclesiastica et secularis, cum actionum formulis et actis processuum hispano sermone compositis
(Lugduni 1739), I, I, Tempus I, «De judice eligendo», §§ 19-20 y 72 (I 25 y 28); Juan de Hevia
Bolaños, Curia Philipica, primero, y segundo tomo. El primero, dividido en cinco partes, en las que se trata
breve, y compendiosamente de los Juicios civiles y criminales, eclesiasticos y seculares, y de lo que sobre ellos está
dispuesto por Derecho, y resoluciones de Doctores […] (Madrid 1797, Valladolid 1989), I, I, I, § 9, nº 7-23
(50-52); y muy especialmente, Francisco Carrasco del Saz, Tractatvs de casibvs cvriae […] Opvs, tam
in praxi, qvam in theorica versantibus, maximè necessarium (Madrid 1630), concebido como una interpre-
tación de NR 4.3.9. Cfr. brevemente, Garriga, La Audiencia 37-40, 44-58, 330-331, 346; Id., «Las
Audiencias: la justicia y el gobierno de las Indias», en Feliciano Barrios (coord.), El Gobierno de un
Mundo: Virreinatos y Audiencias en la América Hispánica (Universidad de Castilla-La Mancha 2004)
711-794: 755-760; Id., Gobierno y justicia § 4.2.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 387

de las Leyes del Estilo (es decir, la formulación escrita del estilo, que no el
estilo mismo), pero lo cierto es que las noticias que pueden espigarse en la
jurisprudencia castellana del Cuatrocientos acerca de estas leyes denotan una
presencia y diversificación mucho mayor que la sugerida por la pobre tradi-
ción manuscrita que nos ha llegado, y que debió de ir diluyéndose a medida
que avanzó el siglo205.
Y es que nada de esto era inevitable cuando empezó el largo y acciden-
tado ciclo Trastámara. Al contrario, enseguida estuvo claro que el camino
trazado en 1348 no era irreversible. Apenas dos décadas después, en ocasión
tan significada como las Cortes de Toro de 1371, precisamente cuando quedó
constituida la Audiencia como alter ego del rey en su condición de juez supremo,
los procuradores ciudadanos denunciaban:

«que algunos grandes omes delos nuestros rregnos que non dexauan
husar la nuestra jurediçion e sennorio rreal en sus lugares, deziendo
que nos nin la nuestra justiçia que non teniemos que beer en ello; non
seyendo ello asy commo ellos dezien, ante seyendo vsado e acostunbrado
enel tienpo del Rey don Alfonso nuestro padre, que Dios perdone, ante
e despues, quelas alçadas delas sentençias que se fazen delos alcalles
delos tales sennorios que benien antes alos nuestros alcalles dela nuestra
corte, et eso mesmo las querellas delos tales alcalles para lo oyr e librar; e si la
justiçia menguaua, que solien benir alo mostrar e querellar a nos e alos nuestros
alcalles, e que auien complimiento de derecho sobrello, oyendolo en la manera
que conplia a nuestro seruiçio e pro e guarda delos tales lugares»206.

8.– Consideración final.– La ley del estilo 135 reflejaba una prác-


tica que está documentalmente contrastada: formulaba, como correspondía
a su carácter, una regla descriptiva, no necesariamente prescriptiva. De
hecho, según parece, la memoria de la ley no tardaría en perderse, pero los
procedimientos que en ella figuran esquematizados, nunca especialmente
regulados (a excepción del juicio de residencia) por el derecho propio, fueron
constantemente practicados desde la baja edad media y a todo lo largo de la

205 Véanse los testimonios que reúno en el Ap. I.


206 Ordenamiento de las Cortes de Toro, 1371, 5: «[…] e que enlos tales sennorios do non conplien
la justiçia los alcalles dende commo deuien, quela faziemos e conpliemos nos e los nuestros alcalles
dela nuestra corte en aquella manera que entendiemos que era nuestro seruiçio e guarda delos tales
sennorios» (CLC II 205-206; subr. mío). Cfr. Cortes de Burgos, 1377, 14, sobre las apelaciones de
los lugares de señorío (ibid. 282-283). Me he ocupado de esto con más detalle en Jurisdicción real § 3.
388 Carlos Garriga

moderna207, como definitorios de lo que por entonces, el entonces de aquella


ley, había comenzado a llamarse la mayoría de justicia real, entendida como
aquella porción de la jurisdicción consustancial al estatus de princeps.
Y es que, si bien se mira, aquí y así, por el estilo de la Corte, quedaron
prefigurados los dos mecanismos, ascendente y descendente de la jurisdicción
(recursos y delegación), cuyo uso intensificado, como he argumentado en
otras ocasiones, propició el desarrollo de la real, en la medida que tenían la
precisa virtualidad de encumbrar al princeps, sobreponiendo a las restantes
su jurisdicción, que venía así efectivamente (y no sólo discursivamente)
configurada como jurisdicción suprema. Al calor de este proceso, y también
desde mediados del siglo XIV, fueron precipitándose los órganos adecuados
a su ejercicio: la Audiencia (y después también el Consejo) en la Corte y los
corregidores (de la justicia) como jueces delegados del rey en el territorio208,
unos y otros finalmente consolidados, al cabo del turbulento y largo y decisivo
siglo Trastámara, mediante la reformación de los Reyes Católicos209.
Para entonces, el princeps castellano brillaba como fons totius iurisdictionis,
según una imagen muy difundida entre (y por) los juristas, en el preciso
sentido de que de él derivan porque a él vuelven:

«iurisdictiones esse apud Caesarem, tanquam apud fontem a quo fluunt


et refluunt, sicut flumina ad mare fluunt. Itaque ab eo per consessiones,
et commissiones, et confirmationes fluunt, sed ad eum refluunt per
appellationes, nullitates et querelas, de quibus cum Princeps incipit
cognoscere omnibus alijs est impositum silentium»210.

207 Como he documentado en mi Gobierno y justicia, passim.


208 Aunque como acabo de recordar sólo quedó formalmente constituida en las Cortes de Toro
de 1371 (Garriga, La Audiencia 61-101), el proceso de institucionalización de la Audiencia en los
términos indicados, que atisba con Alfonso XI (ibid. 49-53), es patente ya bajo Pedro I, como testi-
monian las muchas cartas reales libradas por sus oidores a querella de parte que nos han llegado
(ibid. 53-58), y pueden consultarse ahora en la colección formada por Luis Vicente Díaz Martín, Los
orígenes de la Audiencia Real Castellana (Sevilla 1997), p. ej., docs. 19, 24, 28, 33, 55, 60, 65, 77, 80,
etc., todos de los años cincuenta.
209 Permítaseme remitir para el argumento, específicamente, a Garriga, Control y disci-
plina 295-299, 361-374; íd., La Audiencia 131-154 y caps. V-VIII; íd., «Las Chancillerías castellanas:
las Ordenanzas de 1489», en Luis Ribot, Julio Valdeón y Elena Maza (coords.), Isabel la Católica y
su época. Actas del Congreso Internacional, Valladolid-Barcelona-Granada, 15 a 20 de noviembre de
2004 (Valladolid 2007) I 221-261.
210 Baldi Vbaldi Pervsini, In fevdorvm vsvs commentaria […] (Venecia 1580), rúbr. De allodijs, §
Ad hoc (Libri Feudorum [=Volumen Legum Paruum, quod vocant […]. Cum Commentariis […]. Qvibvs
Hac nouissima editione […] Iacobi Cviacii […] (Lugduni 1618)] 2.54.1), § 11 (f. 82v), con el presu-
puesto sentado en el § 2 (f. 82r); cfr. Cristina Danusso, Ricerche sulla «Lectura feudorum» di Baldo degli
Ubaldi (Milano 1991) 36 nota 96 y 77 nota 25; formulación repetida aquí notablemente por Díaz
de Montalvo, P 3.4.1, gl. «Los judgadores»: «omnem iurisdictionem esse apud Caesarem tanquam
apud fontem a quo flunt, et reflunt aquae, sicut flumina ad mare flunt, itaque ab eo iurisdictiones
per concessiones, e commisiones: sed ad eum reflunt per appellationes, et nullitates, seu grauaminum
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 389

Visto con perspectiva, el proceso histórico puede resumirse diciendo que


la heterogénea y conflictiva pluralidad jurisdiccional que se daba en la base
determinaba la concentración en el vértice de la jurisdicción necesaria para
amparar los derechos y evitar o reparar los agravios que pudieran embargar
su ejercicio, mediante los dispositivos jurisdiccionales de intervención regia
en su condición de responsable último de la justicia (y aquí entran nuestros
recursos), que son los definitorios o característicos de la mayoría de justicia. En
los términos del presidente Covarrubias, era aquella jurisdicción:

«quae apud Regem summa est, cuiusque iure vel querelae, vel prouocationes,
aut appellationes à iudicibus inferioribus, aliaeque causae ad Regem, vt
supremum reipublicae patrem deferuntur […]. Hanc etenim iurisdic-
tionem ideo maioriam vocamus, quod ea proprie pertineat ad supremam
principatus recognitionem»211.

querelas: de quibus quum princeps incipit cognoscere: omnibus aliis est silentium impositum». Una
imagen distinta, pero equivalente (y procedente asimismo de Baldo, In fevdorvm vsvs commentaria,
rúbr. De feudis Marchiae, Ducatus et Comitatus, § De Marchia [Libri Feudorum 1.14.pr.], in princ.: f. 26r;
cfr. Danusso, Ricerche 73) en su Solemne repertorium, seu secunda compilatio legum Montalvi, seu glossa
super leges ordinationum Regni […] (Salamanca 1549) s. v. «Iurisdictio», gl. «Ad regem»: «Nam sicut
radii solis non possunt a sole separari: sic iurisdictio non potest separari a republica vnde orta est: &
cuius causa vigorem suum obtinet. Nam respublica fiscus & princeps supponuntur quasi pro eodem,
vt no. C. de seruis fugit. l. pe. [C. 6.1.7] cum similibus» (f. 64v).
211 Covarrubias, Practicarvm cap. 4 («De summa Regis iurisdictione quam maioriam dicimus,
quanque Regio nomine suprema exercent auditoria»), § 1 (ff. 16v-22v: 16v-17r); en igual sentido,
cap. 1 («Tota ciuilis Castellanae Reipublicae potestas, & iurisdictio, qua ratione penes ipsum Regem
sit»), § 9 (ff. 1r-8v: 6v-7r).
APÉNDICE I

SOBRE EL TÍTULO Y LA TRADICIÓN


DE LAS LEYES DEL ESTILO

La tradición manuscrita de las Leyes del Estilo es muy reducida: cuatro


copias más o menos completas en otros tantos códices de los siglos XIV-XV,
que han sido pulcramente transcritas por Terrence A. Mannetter212; un frag-
mento que contiene una cincuentena de leyes, en su mayor parte inédito213;
y la versión sistemática y posiblemente también fragmentaria que publicó en
su día Calvo Serer. En ninguno de ellos reciben el título de «Leyes del Estilo»
con el que fueron impresas (en 1497, por vez primera). He aquí los títulos
que figuran en los códices:

– E Z.II.8 (=A): «Declaraciones que fizo de algunos derechos que se


fizo enel tienpo del rrey don alfonso en la su corte. Las qua’les agora
tienen por stillo enla corte. del rrey»214.

– E Z.II.14 (=B): «Aquj comiença el libro del declaramiento que fizo el


muy noble rrey don alfonso que dios perdone en razon delos deman-
dadores & las cosas en que deuen ser aperçebidos Segunt la costunbre

212 Además de las ediciones en microficha que he utilizado y cito en las notas siguientes,
cuando este trabajo estaba prácticamente concluido he sabido de la existencia de su tesis doctoral:
Terrence Allyn Mannetter, An Edition and Study of Escorial ms. Z.III.11: «Leyes del estilo» (UMI, Ann
Arbor 1991) 3 vols. (una reproducción de la cual puede consultarse en BN 7/161238-161240), que
además de su descripción (10-23) incluye una transcripción completa de las Leyes del Estilo conte-
nidas en este códice (46-127) y en los otros ahí aludidos y citados más abajo (944-1189), así como
en las ediciones de 1497 y 1500 (1191-1298). Aunque lo cierto es que el breve estudio nada pretende
aportar, y nada aporta, a cuanto sabemos de las Leyes del Estilo, sus diversas tablas comparativas
entre los distintos códices tienen mucho interés.
213 Contenido en el códice E Z.III.17: como digo luego, he utilizado directamente una reproduc-
ción de este manuscrito, pero en la obra citada en la nota anterior Mannetter ofrece una transcripción
paleográfica parcial del fragmento correspondiente a las leyes del estilo 67-84 (ff. 149r-152v): An
Edition 1107-1109.
214 Correlativamente numeradas, las leyes están divididas en nueve títulos, la rúbrica del
primero de los cuales figura como título de la colección en los códices E Z.III.11 y BN ms. 5764:
«Titulo .i. delos demandadores [& demandados] & delas demandas. & declaraciones dellas En rrazon
delos demandadores et delos demandados Et delas cosas en que deuen seer apercebidos Segunt la
costunbre dela corte delos rreys de castilla del rrey don alfonso et despues del rrey don sancho su fijo
et dende aca». Para la transcripción, Terrence A. Mannetter, Texts and Concordances of the Leyes del
estilo. Escorial mss. Z.II.8, Z.II.14 and The 1497 and 1500 Salamanca incunables (=Spanish Legal Texts
Series No. 12) (Madison 1993) (microfichas). Para la descripción del primero, véase ahora Robert
A. MacDonald (ed.), Leyes de los Adelantados Mayores. Regulations, Attributed to Alfonso X of Castile,
Concerning the King’s Vicar In the Judiciary and in Territorial Administration (New York 2000) 49-52.
392 Carlos Garriga

delos rreyes de Castilla et dela su corte et de leon et del rrey don alfonso
E despues del Rey don Sancho su fijo et despues [??]de alla»215.

– E Z.III.11 (=C): «En razon delos demandadores & delos demandados


& delas cosas en que deuen ser aperçebidos segunt la costunbre dela
corte delos reyes de castiella del rey don alfonsso & despues del rey
don sancho su fijo & dende aca»216.

– BN ms. 5764 (=E): «Este es el libro delas declaraçiones en rrazon


delos demandadores & delos demandados & delas cosas en que deuen
ser aperçebidos segun la costunbre delos rreyes de Castilla & de Leon
desde el tienpo del rrey don alfonso & despues del rrey don sancho
su fijo aca». Y este colofón: «Expliciuntur declaraciones super fórum.
Laus rredatur xristo»217.

– E Z.III.17 (=D): «Estas sson declaraçiones del libro delas leyes»


(f. 149r) 218.

215 Mannetter, Texts and Concordances, cit. en la nota anterior, e infra nota 224.
216 Terrence A. Mannetter (ed.), Text and Concordance of the Leyes del estilo. Escorial ms. Z.III.11
(=Spanish Legal Texts Series No. 8) (Madison 1990) (microfichas).
217 Lo he consultado directamente para ver de aprovechar sus glosas, pero sin éstas ha sido
transcrito paleográficamente por Terrence A. Mannetter (ed.), Text and Concordance of the Leyes del
estilo. MS. 5764, Biblioteca Nacional, Madrid (Spanish Legal Texts Series No. 6) (Madison 1989)
(microfichas).
218 No he podido consultar in situ este códice, pero sí una reproducción fotográfica de sus
folios 131r-138r (=130r-135r+s.f.+138r, según numeración más antigua) y 149r(=148r=147r, según
numeración más antigua, mutilada en los folios siguientes)-153v que, según la descripción de Martínez
Díez (Fuero Real 47-48, que sirve para corregir Craddock, The Legislative Works 33: Ac4, pero no
es muy precisa en este punto; cfr. también, Mannetter, An Edition 17-19), contiene fragmentos
de LE, entremezclados con el Ordenamiento de Alcalá (al cual pertenecen los ff. 137rv y 153rv) y
desordenadamente dispuestos. Un examen arroja el siguiente resultado: si por ser el único que tiene
título tomamos como primero el f. 149r y reordenamos los restantes según la secuencia de las leyes
(149r-151r, 131r-134v, 136rv, 135rv, 138r), bajo el título «Estas sson declaraçiones del libro delas
leyes» se incluyen seriadamente, sin número ni rúbrica alguna, las LE 71-119 y (inmediatamente a
continuación de esta última) 207. Creo que ésta era la ordenación original del manuscrito, porque
original y no añadida parece (por su disposición y letra) la rúbrica general, y porque el texto de las
leyes 85 (que empieza en f. 151v y acaba en f. 131r), 106 (que empieza en f. 134v y acaba en f. 136r),
112 (que empieza en f. 136v y acaba en f. 135r) y 117 (que empieza en f. 135v y acaba en f. 138r)
permiten reconstruir fácilmente el orden en los términos señalados. Al margen queda el f. 152rv, que
contiene un amplio fragmento de LE 66 (desde «-sse titullo delos emplasamientos») y las siguientes
hasta LE 70 (completa y a mitad de página, lo que unido al título general que precede a LE 71 en
f. 149r impide anteponer este folio a los anteriores). Algunas de las leyes (67-70, 71-74, 77-82, 87,
92-102, 104-116) van acompañadas de relación marginal, mutilada en la reproducción que manejo
(y aparentemente también en el original), localizando el título correspondiente del Fuero Real.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 393

– Biblioteca Universitaria de Valencia, ms. 39, en versión sistemática e


incompleta: «Libro primero de los juysios de la corte del rrey» (pero
mencionando también LE como «el libro de las declaraçiones e estillo
de corte») 219.

A estas copias puede añadirse todavía las Glosas castellanas al Fuero Real,
conservadas en un manuscrito datable entre los siglos XIV y XV y publicadas
por Cerdá, a lo largo de las cuales su autor transcribe, bajo distintos títulos
como recordaré enseguida, un buen número de leyes del estilo.
Dejando éstas aparte, las características más aparentes de las distintas
copias mencionadas pueden quedar resumidas en el cuadro siguiente
(donde las omisiones y adiciones han de entenderse respecto de la versión
consolidada220):221222

Códices Tabla Títulos Rúbricas Números Omisiones Adiciones

E Z.II.8 1-253221 9 X por títulos 127-136, 252

E Z.II.14 X222 1-260 74, 166-173 254-260

E Z.III.11 1-252 X 1-252

1-70, 120-206,
E Z.III.17
208-252

BN 5764 70 X por títulos 36, 184-186

BU Valencia X X X X X

219 Descrita por Rafael de Ureña y Smenjaud, Fuero de Cuenca (Madrid 1935) cxv-cxix: cxviii,
y publicada por Rafael Calvo Serer, «Libro de los juysios de la corte del rrey», en AHDE 13
(1936-1941) 284-308: 306 (infra nota 226); ha sido descrito y transcrito también, como queda dicho,
por Mannetter, An Edition 19-21 y 1175-1189.
220 Si por tal entendemos la impresa a partir de 1497, que al menos aparentemente se encuentra
ya en el códice del siglo XIV E Z.III.11: cfr. Mannetter, An Edition 9-10, 25-26. Construyo el cuadro
a partir de sus transcripciones y datos, subsanando alguna imprecisión relativa a E Z.II.14 y E Z.
III.17 a la vista de los originales.
221 La tabla incluye una ley 62 que no corresponde a ninguna de las 252 contenidas en el cuerpo
del texto.
222 Carecen de rúbrica las leyes 1 y 59.
394 Carlos Garriga

A primera vista, la tradición manuscrita es sustancialmente homo-


génea y coincidente con la versión asistemática de 252 leyes ordenadamente
dispuestas y correlativamente numeradas impresa a partir de 1497. Las dife-
rencias que pueden apreciarse sin entrar en el contenido (que es obviamente
lo fundamental) afectan al número, la ordenación y la rúbrica de las leyes.
Estas últimas son las más notables, pero si no responden (tal como parece) a
diferencias de contenido y se deben a la práctica (evidente en algunos manus-
critos) de añadirlas después (una vez copiado el cuerpo del texto), posiblemente
indicarían tan sólo que originariamente las leyes carecían de rúbricas y que los
códices que nos han llegado (o al menos algunos de ellos) no proceden unos
de otros223. Naturalmente, sin una edición crítica no es posible determinar
hasta qué punto sea esto así (y quizá tampoco con ella).
Las omisiones en algunas copias no parecen significativas (bien porque
se deban a pérdidas o bien porque resulten aleatorias), pero la adición de siete
leyes en el códice E Z.II.14 (leyes 254-260), en un contexto aparentemente tan
uniforme, pudiera indicar un proceso de formación todavía en marcha bajo
Alfonso XI224 (a lo que igualmente apuntaría el título que nos transmite el
Dr. Espinosa y recojo más abajo).
Por último, aparte de las que por omisiones u otra causa se dan entre
los códices que nos han llegado, las diferencias de ordenación se concretan

223 En este último sentido, concluye Mannetter, An Edition 32: «However, one is able to reach
at least a general conclusion regarding the relationship between these surviving copies, namely that
none diverges radically from any other (with the exception of the restructured ms. F [=BU Valencia]),
and none of the copies demonstrably descends directly from any other, with the probable exception
of incunable H [=Salamanca 1500], which could well be a copy of G [=Salamanca 1497]. It is likely
that these pre-sixteenth-century texts of the Leyes del estilo are simply vestiges of a much larger
collection of copies, with missing intermediate branches on the family tree».
224 E Z II 14 (para cuya descripción véase ahora: Robert A. M acDonald (ed.), Libro de las
Tahurerías. A Special Code of Law, Concerning Gambling, Drawn Up by Maestro Roldán at the Command
of Alfonso X of Castile (Madison 1995) 139-144), f. 459rb-459vb, tras la ley 253 (=252) contiene siete
más: «ley ccliiij del ordenamiento que fiso el rrey don sancho», que es, con algunas variantes no
exentas de interés, Cortes de Valladolid, 1293, 6 (CLC I 121-122); «ley cclv de commo non d[eben]
ser prendados bues nin bestias que aran [cortado: en el ?] ordenamiento deste rrey don alfon[so]»;
«ley cclvj [en blanco para el título]», para que no prendan «vn seysmo por otro [n]i vna aldea por
otra» en el reino de Toledo ni en las Extremaduras; «ley cclvij [en blanco para el título]», para que
las justicias escarmienten a los escuderos, peones y lanceros que extorsionan a los labradores, que es,
con acentuación del escarmiento, Cortes de Valladolid, 1307 (Colección documental del Archivo Muni-
cipal de Baeza 86); «ley [c]clviij [en blanco para el título]», «Estas son las cosas por quel clerigo deue
rresponder antel jues seglar», por demandas entre clérigos y legos; [ley cclix], sobre lo mismo, en
materias de herencias y de bienes; «ley cclx [en blanco para el título]», sobre los pleitos nacidos de
pecados (usura, simonía, adulterio, sacrilegio,…), que se deben juzgar y librar por la Iglesia. Aunque
sólo he identificado la primera y la cuarta, las dos intermedias parecen también respuestas regias
a peticiones de cortes o –más bien– ayuntamientos (en la primera mitad del siglo XIV hay varias,
como es sabido, sobre prendas, pero hasta ahora no he encontrado ninguna que coincida literalmente
con estos textos), mientras que las tres últimas responden mejor al tono normativo característico de
las Leyes del Estilo.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 395

en la división de las leyes en nueve y setenta títulos rubricados en dos de los


manuscritos más completos conservados (E Z.II.8 y BN 5764, por más que
en este último a menudo la primera de las leyes numeradas sea la segunda y
la anterior siga inmediatamente al título, sin número propio225). Si partían
de la versión asistemática consolidada, la operación se vería notablemente
facilitada por la evidente –bien que no explícita– agrupación de leyes por
materias que cualquiera puede apreciar en ésta.
Sin embargo, aun sin necesidad de rebuscar mucho, hay referencias más
que sobradas a otras versiones sistemáticas de las Leyes del Estilo, que no nos
han llegado. Posterior a las Cortes de Guadalajara de 1390, que al final cita, el
Libro de los juysios menciona también LE como «el libro de las declaraçiones e
estillo de corte», en una versión ordenada por títulos y leyes hoy desconocida226.
Por otro lado, como notó el profesor Cerdá al publicarlas, en las glosas
castellanas al Fuero Real las Leyes del Estilo son citadas normalmente como
«ley del Declaramiento del Rey don Alfonso que fizo sobre este Fuero» (o
también, añado yo, «ley del Declaramiento de casa del Rey», o «ley del
Declaramiento del Rey don Alfonso porque libran en casa del Rey, que fizo
sobre este Fuero») 227; y otras veces por capítulo y libro del «Declaramiento
de las Leyes que es llamado en casa del Rey el Libro de las Sentencias», que
a pesar de la indicación del editor (nota 9), no parece coincidir –hasta donde
he podido comprobar– con el códice E (dividido en títulos-leyes y no en
libros-capítulos o leyes) 228.
Por último, la Peregrina hace muy a menudo referencia a un ord. [=ordi.]
cur., dividido en libros, títulos y leyes, que aparentemente corresponde a una

225 A la vista del manuscrito original, es evidente que las leyes fueron inicialmente copiadas sin
numerar, pero dejando entre cada una cierto espacio, que fue rellenado después con los números y
rúbricas de las leyes y/o títulos.
226 Concretamente, cita «el libro de las declaraçiones e estillo de corte, titulo XXI, ley VII», para
referirse a LE 114, que en el códice E es la única del título XVI («commo se entiende la pena que es
puesta en las leyes que alguno pague de oro o otra pena de dineros», f. 69r) (Libro de los juysios 306).
227 Cerdá, Glosas castellanas 733, para su afirmación; y 757, 759 y 754, 811, respectivamente,
para los ejemplos citados.
228 P. ej., al comentar FR 1.7.2, LE 238, que en E es la ley única del título lxviii (con rúbrica que
equivocadamente repite la del tít. lxix) es citada así: «Requiere en el XXXVI capítulo del IIIIº libro
del Declaramiento de las leyes, que es llamado en casa del Rey, Libro de las sentençias, en la ley que
comiença, Otrosi es a saber, e fallarás que por çinco cosas se enbargan los derechos escriptos» (ibid., 746).
O también, con referencia a LE 246 como la «XLIIII ley, del IIIIº libro, del Declaramiento de las
leyes» (ibid., 904-905, con igual sentido, pero distinta redacción); o con referencia a LE 131, que en
E es la ley 1ª del título XXIII, «CCXXXIII capítulo, del IIº libro del Declaramiento de las leyes»
(ibid., 1057-1058). Pueden encontrarse otras referencias, por capítulo y libro (el I o el IV), al «libro del
Declaramiento de las leyes que llaman en casa del Rey el libro de las sentencias», p. ej., en 775, 816,
850, 930. Al comentar FR 1.11.5 cita LE 247 de dos maneras distintas: «ley del Declaramiento del
Rey don Alfonso, que fizo sobre esta razon, ley CI» y «la XIV ley, del IIIIº libro del Declaramiento
de las leyes» (793).
396 Carlos Garriga

versión sistemática de las Leyes del Estilo229, que por momentos parece seguir

229
Valga con un par de ejemplos concluyentes:

LE 54 Peregrina, gl. «Copiam» (f. 253v)

Otrosi, es a saber, que maguer la pesquisa sea Publicata inquisitione facta super commissis in
abierta ante las partes, si el alcalde, de otros heremo: vel de nocte: vel morte officialis regis vel
algunos, que non fueron preguntados en la regine nihilhominus iudex non ad partis petitionem
pesquisa, puede saber mas verdad del fecho, maguer sed ex officio suo potest recipere nouos testes.
la pesquisa sea abierta, et el alcalde de su oficio, In aliis tamen casibus iam producti testes bene
mas non por pedimiento de la parte, puede fazer las possunt recipi super hiis tamen in quibus primo
preguntas, que digan lo que saben deste fecho. Ca el non deposuerunt. vt ordi. cur. li. iij. ti. vj. l. iij.
oficio del alcalde siempre dura fasta en la sentencia.
E esto se entiende si el fecho sobre que fue fecha la
pesquisa, fue fecho de noche o en yermo, estonce
non se preguntarán otros si non aquellos que fueron
preguntados en la primera pesquisa, sobre aquello
en que preguntados fueron. Pero si la pesquisa
fuese fecha sobre que habian muerto al oficial del
rey, o de la reyna, maguer que sea publicada la
pesquisa, sabrá el alcalde todo lo que saber pudiere
por todas partes; […]. Et maguer sea aparcero en el
yerro este que pregunta, el alcalde non lo dejará de
preguntar por eso. Ca los que son aparceros en los
yerros, maguer non deban ser creidos, pero si dijere Gl. «Uilibus» (ibid.)
el aparcero del yerro contra alguno, que es culpado Sed a socio eiusdem criminis inquiret ordi. cur.
en este fecho, será el su dicho sospecha contra aquel li. iij. ti. vj. l. iij circa fi.
contra quien dixo, […].

LE 155 Peregrina, gl. «Sigillatum» (f. 48v)

Otrosi, si alguno viene a querellar del alcalde que Iudex appellationi non deferens condemnabit[ur] in
non quiere dar alzada del juicio que dio contra expensis .ord. cur. li. ij. ti. xiij. l. viij
él, del qual juicio se alzó; el rey lo debe enviar a
mandar que gela dé, si él mostrare como alzó, et
que le dé las costas de quatro dias de morada, et de
tantos de ida, et de tantos de venida, segund fuere
el lugar donde es. […]

LE 163 Peregrina, gl. «Appellare» (f. 41r)

Otrosi, en los pleytos creminales, que si fueren Tamen in ord. cur. li. ij. ti. xiij. l. i. &. xiiij.
juzgados a muerte, o a perdimiento de miembro, expresse dicitur quod in criminalibus causis que
non dan alzada nin en la sentencia definitiva, nin ad mortem vel membrum mutilationem tendunt
en la interlocutoria. non fit locus appellationi.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 397

el orden de libros y títulos del Fuero Real230.


Si en todos estos casos, dada la precisión de la cita, resulta obvio que
se hace referencia a versiones desconocidas de las Leyes del Estilo, también
las muchas referencias a su redacción asistemática que no encuentran precisa
correspondencia con las copias conocidas permiten suponer que corrían
otras más o menos extensas o distintamente ordenadas o numeradas231. En
la segunda mitad del siglo XV, Díaz de Montalvo cita las Leyes del Estilo
–como styllo– por una versión asistemática, pero a menudo sus referencias no
se corresponden con la redacción que nos ha llegado232. Y unas décadas más
tarde el Dr. Espinosa dio precisa noticia de otro título, que no coincide con
ninguno de los conocidos: «Este libro es declaramiento de las Leyes oscuras
e uso e costumbre de la Casa de los Reyes de Castilla e comenzólas mandar
fazer el Señor Rey Don Fernando que ganó a Sevilla e acabólo nuestro Señor
el Rey Don Alonso su hijo, e después acá así se usó y guardó en Casa del Rey

230
Así, también muy claramente:

Peregrina,
FR 2.5.1 LE 210
gl. «Totidem» (f. 13v)

Mandamos que ningun ome En la pascua de resurreccion Immo tribus sequentibus.


non sea llamado para juicio para en la corte del rey non libran fo. l. li. ij. ti. v. l. vna. &
dia de domingo, nin en dia de pleytos desde el jueves ante tribus precedentibus. vt
Nabidat, nin en dia de Circun- de la fiesta fasta el jueves ibi. Et in tribus sequen-
cision, nin en dia de Aparicio; despues de las ochavas: et tibus natituitatis idem.
nin en los tres dias ante de la en ese jueves comienzan a vt ord. cur. li. ij ti. v. l.
Pascua mayor, nin en los otros librar los pleytos. Et en la vnica.
tres dias despues de Pascua, nin fiesta de Navidat guardan
en el dia de la Ascension, nin en los a lca ldes t res d ia s
dia de cinquesma, nin en todas despues de la fiesta, et en
las fiestas de santa Maria […] la cinquesma eso mismo.

Los ejemplos pueden multiplicarse fácilmente.


231 P. ej., entre las Glosas incunables, OA 32.44 (in fine: «pero si tal yerro oviesen fecho algunos
dellos porque merescieren muerte, ò perdimiento de miembro, debenlos embiar al Rey que el Rey
lo judgue»), gl. «Por que el Rey» (=que el Rey): «idem habetur in stillo .c. xxxiiii» (f. 77(=166)r),
más que probable referencia a LE 135 [4] de la versión consolidada. Cfr. A lonso Martín, Nuevos
datos sobre el Fuero o Libro Castellano 427-428, a propósito de las glosas al Fuero Real que figuran en
BN ms. 17809, que citan profusamente las Leyes del Estilo como «Libro de la Corte» numeradas
correlativamente de forma no coincidente con las ediciones impresas.
232 Así, por poner algún ejemplo, en sus glosas a algunas leyes del Fuero Real que directamente
nos han interesado: Díaz de Montalvo, FR 2.2.1, gl. «Querellar al Rey»: «[…] vide circa hanc mate-
riam styllo l. 148. & l. 186» (176); FR 2.2.3, gl. «Fasta tercer dia»: «De revocatione autem diffinitive:
[…] vide styllo l. 159» (183).
398 Carlos Garriga

Don Sancho y del Rey Don Fernando que Dios perdone e de nuestro Señor
Rey Don Alfonso que mantenga Dios a su servicio»233.
La conclusión que, por lo pronto, puede extraerse de estos someros
datos es que apenas nos han llegado vestigios de la tradición manuscrita de
las Leyes del Estilo, que fue sin duda mucho más rica, en correspondencia
con la entidad que hubo de tener el estilo de la Corte, cuando menos hasta el
siglo XV, en la formación del derecho propio –especialmente relativo a jueces
y juicios– de Castilla234.
Obviamente, todos estos problemas acaban en 1497 y empiezan
entonces los de tradición editorial, que tampoco han sido estudiados. Sin
desconocerlos, quienes utilicen las Leyes del Estilo para estudios relativos
a los siglos XVI-XIX deberían servirse, por razones evidentes, de alguna
de las muchas impresiones que entonces se hicieron y no de la edición de
la Real Academia de la Historia.

233 Espinosa, Sobre las leyes 58-59.


234 Tal como ocurrió también en otros ámbitos: para este período cfr., p. ej., Angela Santangelo
Cordani, La giurisprudenza della Rota romana nel secolo XIV (Milano 2001) 33-57, 143-216, 231-415;
Sophie Peralba, Autour du Stilus de Guillaume Dubreuil (vers 1331). Études des caractères du droit processuel
au Parlement (L. G. D. J. – Presses Universitaires de la Faculté de Droit de Clermont-Ferrand 2005).
APÉNDICE II

LEY DEL ESTILO 135*

Ley .cxxxv. delos que querellan al rey del alcalde como se ha de librar1.
[1] Sy alguno se viene a querellar al rey de algun alcalde delas
sus2 villas que non cumplio la su3 carta: deue ende mostrar4 fe de lo que
fizo el alcalde. & si non no le deuen5 dar carta de emplazamiento para
el alcalde6. Pero si dixiere quel escriuano non le7 quiso8 dar ende9 testi-
monio o10 que gelo defendio el alcalde deuenle11 dar entonce12 carta de
emplazamiento para ellos. [2] Otrosi13 si alguno querellare14 del alcalde
de alguna villa15 quel16 agrauio en su pleyto en17 defensiones quel18 non
quiso recebir19 o de fiadura quel fizo dar20 agrauiado lo mas que non21

*
Texto (ed. 1497) y variantes a partir de los manuscritos: E Z.II.14 (=B), E Z.III.11 (=C),
BN 5764 (=E), según las transcripciones de Mannetter (citadas en el Ap. I), así como de la versión
incluida en las Glosas castellanas (=F), publicadas por Cerdá Ruiz-Funes (nota 9), donde esta ley
aparece dividida en dos, seguidas de sendas anotaciones: tras el párrafo [3], «Esta es ley del Decla-
ramiento del Rey don Alfonso que fizo sobreste Fuero ley cxxxvii”; tras el párrafo [4], «Esta es ley
del Declaramiento del Rey don Alfonso que fizo sobreste Fuero. Ley cxxxix” (ibid. 824-825). No
registro las variantes puramente ortográficas.
1
[rúbrica:] Ley Cxxxv de quando alguno se viene querellar al Rey de algunt alcalle de sus
villas que non quiso conpljr su carta B; Quando se querellan al rey de alcalle de su ujlla: que carta
deuen dar C; Titulo xxvj commo los alcaldes & los escriuanos pueden ser enplazados para la corte
del rrey por non conplir cartas del rrey E (con esta única ley).
2
delas sus] de sus B.
3
la su] su B.
4
ende mostrar] mostrar ende BCEF.
5
& si non no le deuen] E si non lo mostrar deuenle B; & asi deuen le C.
6
& si non no le deuen dar carta de emplazamiento para el alcalde] om. E; e si non mostrare
ende fé de lo que fizo el alcalle dé enplazamiento al alcalle F.
7
le] om. F.
8
quiso] quisiere B.
9
dar ende] ende dar E.
10
o] om. E.
11
deuenle] deue le E.
12
dar entonce] dar B; entonce dar CE.
13
Otrosi] E otro si B; E otro sy E; & otrosi C.
14
querellare] querellase F.
15
querellare del alcalde de alguna villa] querella E (omitiendo el resto).
16
quel] que le E.
17
en] de BCEF.
18
quel] que le E.
19
recebir] caber BCE.
20
quel fizo dar] quel B; quel non quiso dar C.
21
agrauiado lo mas que non] agraujo mas que non B; agraujo mas non C; agraviada más que
non F.
400 Carlos Garriga

deuia22 segund fuero o23 quel fizo tomar algo de lo suyo segun oficio24 del
alcalde deue el rey embiar mandar25 sobrello segun fuere la querella mas
non lo26 deue embiar emplazar27 en aquella carta si non28 cumpliere fasta
que muestre el querelloso lo que29 fizo sobrello. Et en la segunda carta que
deue30 mandar dar31 segund entendiere que deue ser dada por lo que muestra
enla querella el querelloso32 entonce puede & deue enbiar enplazar al alcalde
para antel rey33: [3] mas si alguno se34 querellare al rey del alcalde quel
tomo lo suyo no como en manera de35 officio de alcalde36, o si37 querellare38
del alcalde de cosa que es ya juzgada por el39 por sentencia difinitiua: &
mando entregar & entregado por su mandado40: o querellare a tal querella
que si assi es41 que vea el rey que querella es: & si querella con derecho del42
entonce deue el rey mandar al querelloso dar carta de enplazamiento43 para el

22
deuia] deujan B.
23
o] e B.
24
oficio] el ofiçio E.
25
deue el rey embiar mandar] deuel enbiar el rey mandar BC; deue le enbiar el rrey mandar E;
devele el Rey enbiar mandar F.
26
lo] le BEF.
27
emplazar] enplazar sobre ello B.
28
si non] si la non B; si lo non CF.
29
lo que] que B.
30
deue] deuen BC.
31
dar] om. F.
32
por lo que muestra enla querella el querelloso] por que la muestre al querelloso B; por que
lo muestre el querelloso C; por lo que muestra el querelloso E; por la muestra el querelloso F.
33
entonce puede & deue enbiar enplazar al alcalde para antel rey] entonçe puede enbiar aplazar
al alcalde para ante el Rey B; & estonce puede enbiar aplazar el alcalle para antell C; Estonçe puede
& deue enbiar enplazar al alcalde para ante el E; estonçe puede, deve enbiar aplazar al alcalle para
antel F.
34
se] om. F.
35
de] del F.
36
officio de alcalde] de alcalde E.
37
si] se E.
38
querellare] querella F.
39
juzgada por el] por el B.
40
& mando entregar & entregado por su mandado] mando entregar & fue entregado por su
mandado B; e mando entregar e entregando por su mandado CE; e mandó entregar, o entregaren
por su mandado F.
41
o querellare a tal querella que si assi es] o querellare del que si ansi es B; o que querellare
del. que si asi es C; o querellare atal querella del que sy ansy es E; e querella, tal querella del que si
así es F.
42
que vea el rey que querella es: & si querella con derecho del] que vea el Rey que querella con
derecho del BCE; que vea el rey que querelló del con derecho F.
43
deue el rey mandar al querelloso dar carta de enplazamiento] deue mandar el Rey dar al
querelloso carta de enplazamjento BC; deue mandar el rrey dar carta al querelloso de enplazamiento E;
el rey deve mandar al querelloso dar carta de emplazamiento F.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 401

alcalde que paresca delante del44. [4] E otrosi despues45 que saliere el alcalde
de46 officio por las cosas47 que querellaren48 del que fizo seyendo official
es assi vsado que si le demandan49 por fecho de iusticia de muerte50 quel
deuen51 demandar antel rey & el rey le52 deue dar quien lo53 oya en su casa:
o54 algun ome bueno enla tierra onde son naturales55. E si56 demandan57 al
alcalde por otras cosas que no son criminales deue58 conplir de derecho por
si mismo en59 treynta dias para60 ante los alcaldes de aquel lugar donde el
fuere61 alcalde de todas las62 querellas que en aquellos treynta dias fueron63
dadas: o querelladas64.

44
que paresca delante del] que parezca antel BC; que parezca ante el E; que paresca entel F.
45
E otrosi, despues] si despues CF.
46
de] del BCEF.
47
cosas] costas B.
48
querellaren] querellare B; querellaron EF.
49
si le demandan] si mandan C; que si lo demandan BE; aún lo demandan F.
50
muerte] muerte del B.
51
quel deuen] quelo deue B; de quel C; que le deuen E; que lo deven F.
52
le] lo F.
53
lo] le B.
54
o] a F.
55
casa, o algun ome bueno enla tierra onde son naturales] casa a algunt omne bueno o enla
tierra onde son naturales B; casa algun omne bono en la tierra onde son naturales C.
56
si] asi B.
57
demandan] demanda C.
58
deue] deuen C.
59
en] en los BCEF.
60
para] por EF.
61
fuere] fue el B; fue CEF.
62
todas las] todas C.
63
fueron] fueren CEF.
64
dadas: o querelladas] dados o querellados B; dadas & querelladas E.
LEY DEL ESTILO 91*

Ley .xcj. como se han de juzgar & por quien los pleytos enesta ley
contenidos1.
[1] Otrosi enel ordenamiento de las cosas que ovo establecido2 el rey
don Alfonso en zamora enel mes de jullio en la era de mill & trezientos &
doze años se contiene que dize assi. Estas son las cosas3 que fueron siempre4
husadas de librarse5 por6 corte del rey. muerte segura. & muger forzada. &
tregua quebrantada. saluo quebrantado. casa7 quemada. camino quebran-
tado. traycion. aleue. repto8. [2] Pero que en la corte del rey assi lo husan9
los sus alcaldes en todas cosas10 saluo repto11 que es señalada mente12 para
ante la persona del rey13. [3] que14 si las15 demandan16 los querellosos
alos17 acusadores18 por19 los alcaldes que son enlas villas do acaecen 20

*
Texto (ed. 1497) y variantes a partir de los manuscritos: E Z.II.8 (=A), E Z.II.14 (=B), E Z.
III.11 (=C), BN 5764 (=E), según las transcripciones de Mannetter (citadas en el Ap. I), E Z.III.17
(=D), en transcripción propia, así como del texto incluido en las Glosas castellanas (=F), publicadas
por Cerdá Ruiz-Funes (nota 9), que va seguido de la anotación: «Esta es ley del Declaramiento del
Rey don Alfonso que fizo sobreste Fuero, ley xcv” (822-823). No registro las variantes puramente
ortográficas.
1
[rúbrica:] Titulo ix. de diuersas leys. […] .ley .xxviiij. quales son las cosas que acostumbraron
librar en la corte del rrey A; .Ley xc del ordenamiento que fizo el Rey en çamora B; Ley xcj. Que
cosas se libran por casa del rey, e quales por los fueros do acaesce C; Ley xx.iiij quales son las cosas
que se deuen librar por la corte E.
2
establecido] establesçidas ABCDE.
3
Otrosi… son las cosas] Estas son las cosas quel don Alfonso ordenó e F [completado en nota
del editor (?): «Ordenadas por el Rey don Alfonso, en Zamora, en el mes de julio de la era de 1312»].
4
fueron siempre] siempre fueron A.
5
librarse] se librar C.
6
por] en la F.
7
casa] cosa E.
8
repto] rriepto AD [que sitúa «trayçion» entre tregua y salvo] E; Riepto B; ripto C.
9
assi lo husan] asi lo entienden, e asi lo usan ABCDEF [«contienden» por «entienden» F].
10
todas cosas] todos casos E.
11
repto] rriepto ADE; ripto C.
12
señalada mente] om. D.
13
del rey] de nuestro señor el rrey E.
14
que] om. D; e F.
15
las] los BCEF.
16
demandan] demandas D.
17
alos] o los ABCDE.
18
acusadores] acussados ADF.
19
por] por ante A; para ante B.
20
acaecen] acaesçiesen E.
404 Carlos Garriga

tales fechos que los puedan21 los alcaldes destas22 villas juzgar & librar23 segun
el fuero de aquella villa do acaecio24 el25 fecho. [4] mas si qualquier delas partes
tan bien el demandado como el demandador qualquier dellos26 troxiere27 a
qualquier destos28 pleytos por querella que de el29 rey el30 querelloso o31 el
acusado que diga32 que quier ser oydo & librado por el si33 esto dixiere ante
que el pleyto sea contestado ante los alcaldes del lugar entonce suyo es34 de
oyr & librar35 estas cosas sobredichas36 o puede los embiar el rey37 si quisiere38
estos pleytos alos alcaldes39 do fueron fechos estos males40 que lo41 libren
segun el fuero42 delos lugares do acaecieren tales fechos43. [5] Pero si enestas
cosas sobredichas segun los fueros de las leyes delos lugares do tales fechos
acaecieron44 non ay45 pena. destos46 en algunos destos fechos47 de muerte o de
tollimiento de miembro48 o de echamiento de49 tierra mas ay otra pena50 de

21
puedan] pueden BE.
22
destas] desas AB; de essas C; delas E; de sus F.
23
librar] librar lo que D.
24
acaecio] acaesçe B; acaesciese D.
25
el] este E.
26
dellos] delas [?] partes D.
27
troxiere] traxier E; traxiere F.
28
destos] estos F.
29
que de el] que de al ABCDE; antel F.
30
el] al F.
31
o] om. D.
32
diga] dize BD; diz C.
33
si] e si F.
34
suyo es] suyo es del rey ABCEF.
35
librar] de librar ABCDF.
36
estas cosas sobredichas] estos casos sobredichos CE; estas sobre dichas D.
37
o puede los embiar el rey] o puede los el rey enbiar AC; o puedelas el Rey enbiar B; O pueda
los el rrey enbiar E; E puede los el Rey enviar D [que repite «enviar»] F.
38
si quisiere] om. F.
39
alcaldes] alcalles del lugar ABC.
40
do fueron fechos estos males] do fueren fechos estos malos fechos ABF; do fueren fechos C;
do fueron fechos estos malos fechos DE.
41
lo] los AEF.
42
el fuero] fuero A; los fueros E.
43
do acaecieren tales fechos] do acaescieron tales fechos ABC; do tales fechos acaesçen E; do
tales fechos acaesçieren F.
44
Pero… acaecieron] pero sy enestas cosas sobre dichas segunt. los fueros. delos lugares to tales
fechos. acaesçen A; Pero si enestos casos sobredichos, segunt el fuero delos lugares do tales fechos
acaescieron BC; om. DF; E sy E.
45
ay] han A; aya D.
46
destos] om. ABCDEF.
47
fechos] tales fechos ABCEF; talles yeros [?] e tales fechos D.
48
de miembro] om. B.
49
de] dela A.
50
ay otra pena] aya pena D; ay pena E.
La ley del estilo 135: sobre la construcción de la mayoría de justicia en Castilla 405

dinero51 o de al. entonce tales pleytos maguer52 vengan por querella antel rey
deuen ser embiados aque53 los libren sus alcaldes delas villas do tales fechos
acaecieren54 [6] por55 la querella del56 camino quebrantado maguer la pena
es57 de dineros. si querellaren58 al rey librese59 por su casa esta querella [7] &
esso mesmo los pleytos de biudas60 & de huerfanos61 & de cuytadas personas62.

51
dinero] dineros F.
52
tales pleytos maguer] maguer tales pleitos F.
53
aque] que E.
54
do tales fechos acaecieren] do tales fechos acaescieron ACE; do acaesçen tales fechos F.
55
por] Pero ABCD, e por F.
56
querella del] pena de D.
57
la pena es] es la pena BCE.
58
querellaren] querella A; lo querellan BC; querellan DE; querellar F.
59
librese] librarse a BF; libre sea C.
60
biudas] biuda F.
61
& de huerfanos] et delos huerfanos A; om. B.
62
cuytadas personas] personas coytadas A.
ÍNDEX

INITIUM 15,1

Carta del Director....................................................................................................................................................................................... VII

DE RE IURIDICA GESTA

Aquilino Iglesia Ferreirós. Una redacción de los Usatici recuperada......... 3


Mario Ascheri, La «Pace» di Costanza (1183), fondamento delle libertà
cittadine nel Regno d’Italia, e i suoi giuristi..................................................................... 215
Carlos Larrainzar, Informe sobre la decretal X 2.23.11 Illud quoque. ...... 237
Pedro Ortego Gil, Arbitrio judicial y cláusula de quebrantamiento de
pena................................................................................................................................................................................................................ 271
Carlos Garriga, La Ley del estilo 135: sobre la construcción de la Mayoría
de Justicia en Castilla....................................................................................................................................................... 315
Francisco Luis Pacheco Caballero. Familiam suam, id est patrimonium
suum. El régimen económico de la relación matrimonial en el
derecho catalán (práctica medieval y doctrina moderna)............................. 407

DE BATAYLA FACIENDA

Aquilino Iglesia Ferreirós. Breve historia del derecho catalán en base


a algunas compilaciones. Materiales de trabajo............................................................. 495
Carlos Garriga, La imposible Audiencia Real en la Corona aragonesa
del siglo XIV. Un comentario........................................................................................................................ 737
José M.ª García Marín, El juicio de residencia en Indias ¿Crisis de una
institución clave del derecho común?.............................................................................................. 761
1542 Initium

INITIUM 15,2

DE OPINIONIBUS ET NOSCENDIS

Aquilino Iglesia Ferreirós. Frangullas ou Migallas (14)................................................... 785


Mariaconcetta Basile, La corte stratigoziale di Messina e il districtum:
conflitti di giurisdizione.......................................................................................................................................... 819
José María Coma Fort, Los exemplaria editionis sichardianae de la Biblio-
teca Nacional de Francia.......................................................................................................................................... 831

DE OFFICIIS

Jacques Krynen, La oposición parlamentaria en Francia en el siglo XVIII.


La enseñanza de las remontrances................................................................................................................. 877

DOCUMENTA

Aquilino Iglesia Ferreirós. Una colección de Privilegios y Pragmáti-


cas...................................................................................................................................................................................................................... 913
Aquilino Iglesia Ferreirós. Trangalladas. ..................................................................................................... 1113
Faustino Martínez Martínez. De nuevo la brevedad de los pleitos: dos
escritos para un mismo problema (siglos XVI y XVIII).............................. 1299
Initium 1543

DE RE BIBLIOGRAPHICA

I: RECENSIONES

Alonso Romero, Mª. Paz, Orden procesal y garantías entre Antiguo Régimen
y constitucionalismo gaditano. Rec. de Pedro Ortego Gil.................................... 1389

II: NOTAS

Piergiovanni, Vito (a cura di), Il notaio e la città. Essere notaio: i tempi e i


luoghi (sec. XII-XVI). Nota de Francisco Luis Pacheco Caballero. 1413
Solé i Cot, Sebastià, El gobierno del Principado de Cataluña por el
Capitán general y la Real Audiencia –el Real Acuerdo– bajo
el régimen de Nueva planta (1716-1808). Una aportación al
estudio del procedimiento gubernativo a finales del Antiguo
régimen. Nota de Oriol Oleart................................................................................................................. 1415
Ascheri, Mario. Medioevo del potere. Le istituzioni laiche ed ecclesiastiche.
Nota de Faustino Martínez Martínez. ............................................................................................. 1419

III: BIBLIOGRAFÍA

IV: ÍNDICE DE AUTORES

Normas y siglas para envíos de originales...................................................................................................... 1505


Últimos libros registrados........................................................................................................................................................... 1515
Boletín de suscripción......................................................................................................................................................................... 1519
Publicidad................................................................................................................................................................................................................. 1521