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CUANDO LOS MAYORDOMOS VEAN AL REY

HIMNO INICIAL: 288 “Al contemplarte mi Salvador”


LECTURA BIBLICA: Isaías 6; 5

INTRODUCCION
Nuestra vida cotidiana puede convertirse en una rutina. Nos levantamos en la mañana,
realizamos nuestras actividades devocionales, según acostumbramos a hacerlo;
desayunamos y salimos rápidamente para llegar a tiempo a la escuela o el trabajo. Días
tras días hacemos lo mismo. Esta experiencia pudo haber sido muy parecida a la un joven
de noble cuna llamado Isaías, sin embargo su vida dejaría de ser la misma después de la
muerte del rey Uzías. A partir de aquel momento, los días ya no serían algo rutinario para
Isaías. (Orar) después leer Isaías 6; 1-5.
Nos centraremos en el versículo 5 del cual hoy tomaremos el mensaje que Dios preparo
para nosotros, en este versículos hay 3 partes importantes que vivió Isaías y nosotros
aprenderemos hoy.

CONTEMPLANDO A DIOS (Isaías contempla a Dios) leamos el versículo 1


Alrededor del año 740 A.C. murió el rey Uzías, durante 52 años, Uzías se había esforzado
para brindarle a Israel una sensación de seguridad. Con la muerte del rey, sobrevino la
amenaza de los asirios los cuales estaban dirigidos por el rey Tiglat-Pileser III. Para evitar
que al pueblo de Israel lo asaltara el pánico y la desolación, Dios le dio una visión a
Isaías, así como la oportunidad de Contemplarlo en la misma.

Antes de vivir esta experiencia Isaías vivía su vida en servicio a Dios, era recto y
obediente; un siervo fiel. Pero solo al momento de contemplar la gloria de Dios pudo ver y
entender realmente el verdadero sentido de su servicio. El comentario bíblico
Adventista describe lo siguiente “Mientras el profeta Isaías contemplaba la gloria del
Señor, quedó asombrado y abrumado por el sentimiento de su propia debilidad e
indignidad. Isaías había condenado los pecados de otros; pero ahora se vio a sí mismo
expuesto a la misma condenación que había pronunciado contra ellos. En su culto a Dios
se había contentado con continuas ceremonia fría y sin vida. No se había dado cuenta de
esto hasta que recibió la visión del Señor. Cuán pequeños le parecieron entonces sus
talentos y su sabiduría al contemplar la santidad y majestad del Señor. ¡Cuán indigno era!
¡Cuán incapaz para el servicio sagrado! "la forma en que se vio a sí mismo podría
expresarse en el lenguaje del apóstol Pablo: ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este
cuerpo de muerte?"

“Fueron abiertas las cortinas del compartimiento interior del santuario, y pudo contemplar
la revelación de un trono alto y sublime que se alzaba, por así decirlo, hasta los mismos
cielos. Una gloria indescriptible emanaba de un personaje que ocupaba el trono, y sus
faldas llenaban el templo así como su gloria finalmente llenará la tierra. Había querubines
a cada lado del propiciatorio, como guardianes alrededor del gran rey, y resplandecían
con la gloria que los envolvía procedente de la presencia de Dios. A medida que sus
cantos de alabanza resonaban con profundas y fervientes notas de adoración, se
estremecieron los quiciales de las puertas como si hubieran sido sacudidos por un
terremoto. De estos seres santos brotaban la alabanza y la gloria a Dios con labios sin
contaminación de pecado. El contraste entre la débil alabanza que había estado
acostumbrado a elevar al Creador y las fervientes alabanzas de los serafines, asombró y
humilló al profeta. En ese momento tenía el sublime privilegio de apreciar la inmaculada
pureza del excelso carácter de Jehová. Cuando al siervo de Dios se le permite que
contemple la gloria del Dios del cielo, cuando el Eterno se quita su velo ante la
humanidad, y el hombre comprende aunque sólo sea en pequeñísima medida la pureza
del Santo de Israel, hará también sorprendentes confesiones de la contaminación de su
alma antes que jactarse con altivez de su propia santidad”.

En este sentido Isaías tuvo el privilegio de vislumbrar un reflejo de la gloria de Dios. El


vio al “Señor sentado sobre un trono alto y sublime” una muestra de que es Dios quien lo
controla todo, puede ser de que esto no te impacte, sin embargo es real él tiene el control
de todo, por lo tanto necesitamos contemplarlo en su trono a diario.

ISAÍAS SE VIO A SI MISMO. Versículo 5

Después de contemplar la gloria de Dios Isaías declara. “¡Ay de mí que soy muerto!
Porque soy hombre de labios impuros”. Leamos lo que la Hna Elena G Withe nos dice
en el comentario bíblico adventista. “¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre
inmundo de labios... han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos". Esta no es esa
humildad voluntaria y ese servil remordimiento de conciencia que tantos parecen
manifestar como si fuera una virtud. Ese vago remedo de humildad brota de corazones
llenos de orgullo y auto-estimación. Hay muchos que se rebajan a sí mismos con
palabras, pero al mismo tiempo se sentirían chasqueados si este proceder suyo no
produjera expresiones de alabanza y aprecio de otros. Pero la contrición del profeta era
genuina. Se sintió completamente insuficiente e indigno cuando la humanidad, con sus
debilidades y deformidades, fue puesta en contraste con la perfección de la santidad, de
la luz y la gloria divinas. ¿Cómo podía ir y presentar al pueblo los santos requerimientos
de Jehová, que era alto y sublime y cuyas faldas llenaban el templo?”. Que cada alma que
declara ser hijo o hija de Dios se examine a sí misma a la luz del cielo; que considere los
labios inmundos que la harán exclamar: "Soy muerta". Los labios son el medio de
comunicación.

¡Cuántas palabras son pronunciadas con liviandad y necedad, en forma de chanzas y de


bromas! Esto no sucedería si los seguidores de Cristo comprendieran la verdad de las
palabras: "De toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día
del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado".
Cuando nuestros ojos miren por fe dentro del santuario y admitan la realidad, la
importancia y la santidad de la obra que allí se está haciendo, aborreceremos todo lo que
sea de naturaleza egoísta. El pecado aparecerá tal como es: la transgresión de la santa
ley de Dios. Se entenderá mejor la expiación, y mediante una fe viviente y activa veremos
que cualquier virtud que posea la humanidad sólo existe en Jesucristo, el Redentor del
mundo.

ISAÍAS CONTEMPLO A LOS DEMAS.

Después haber contemplado a Dios y esto llevó a Isaías a contemplarse a sí mismo y


darse cuenta de cuan pecador y sucia es su humanidad ante la Santidad de nuestro
Señor, ahora mira al pueblo del cual también exclama “que vivo en medio de un pueblo
de labios impuros”. Isaías contempla ahora a los demás, y se da cuenta que el pueblo es
un pueblo pecador y sin esperanza.

Después de que Dios le concede está visión a Isaías; él puede reconocer la Gracia del
señor, una gracias que le ha sido extendida no solo a él, sino especialmente al pueblo de
Dios, al pueblo rebelde de Israel. Isaías reconoce que todo lo que había pasado era para
él y el pueblo. A pesar de que el pueblo de Israel era indigno el señor no lo dejaría solo;
así mismo estoy segura que las circunstancias en las que nos toca vivir no son diferentes
al pueblo antiguo y nosotros no vivimos fuera del control de Dios.

Cuando uno está dispuesto a trabajar por Dios, uno siempre lleva un mensaje especial e
importante; el propósito de Dios con Isaías era darle un mensaje para el pueblo rebelde,
Dios sabía que Israel era un pueblo duro de corazón, puesto que este pueblo sabia del
Dios viviente, ya había vivido su maravillosas bendiciones, pero tristemente como Isaías
el pueblo aún no conocía, ni había contemplado a su Dios.

Leamos el versículo 8. “Entonces estuvo listo para ir con el mensaje, y dijo: "Envíame a
mí", porque sabía que el Espíritu de Dios estaría con el mensaje. A los que se ocupan en
la obra de Dios en la conversión de las almas, les parecerá como si fuera imposible
alcanzar al corazón obstinado. Así se sintió Isaías, pero cuando vio que había un Dios por
encima de los querubines y que éstos estaban listos para trabajar con Dios, estuvo
dispuesto a llevar el mensaje; Dios odia toda frialdad, toda vulgaridad, todos los esfuerzos
ordinarios. Los que trabajen aceptablemente en su causa deben ser hombres que oren
fervientemente y cuyas obras sean efectuadas con Dios; y nunca tendrán por qué
avergonzarse de su registro. Tendrán plena entrada en el reino de nuestro Señor
Jesucristo, y se les dará su recompensa: la vida eterna”

El relato de Isaías constituye una lección para nosotros hoy; es decir, no debemos confiar
en los recursos o medios mundanales ni en nuestro trabajo, ni en nuestra educación o
instituciones financieras, nuestra única seguridad y esperanza está en Dios. Fíjese que
Dios intenta captar nuestra atención, ojala que podamos ver más allá de los problemas,
que podamos contemplarlo a él.

CONCLUSION: Les invito a leer Isaías 40; 28-31 Yo deseo contemplar a Dios y
convertirme en un pequeño reflejo de su hermosura y de su poder, sé que él puede
concederme ese deseo y para ello necesito confiar más en Dios. Eso es lo que significa
confiar en el señor, no debemos perseguir las ganancias mundanales.

Yo deseo contemplemos la santidad y la gloria de Dios, para que vallamos rendidos a sus
pies; reconociendo nuestra humanidad pecadora, reconocer que somos nada ante su
pureza. Yo deseo que Dios use el carbón encendido para que limpie y prepare a su iglesia
para llevar su mensaje a un pueblo rebelde. ¿Y tu hermano que deseas?

ORACION

HIMNO FINAL: 270 “Meditar en Jesús”