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Contenido

LA COLONIA Y LA DESESTRUCTURACIÓN DEL TAHUANTINSUYO ....................................................................2


EL DESPOBLAMIENTO .........................................................................................................................2
LAS CAUSAS DE LA CATÁSTROFE DEMOGRÁFICA .................................................................................2
LA ECONOMÍA COLONIAL ....................................................................................................................3
EL TRIBUTO ...................................................................................................................................3
EL DINERO ....................................................................................................................................4
EL SISTEMA DE REPARTOS ...............................................................................................................5
LA ESTRUCTURA SOCIAL DE LA COLONIA ................................................................................................6
LOS CURACAS ................................................................................................................................6
LOS YANAS ....................................................................................................................................6
LA EXTIRPACIÓN DE IDOLATRÍAS ..........................................................................................................6
LAS REBELIONES INDÍGENAS ................................................................................................................7
LAS ACCIONES LEGALES ...................................................................................................................7
LAS PRIMERAS REBELIONES LOCALES ................................................................................................8
LOS CACIQUES ...............................................................................................................................8
LOS SACERDOTES ...........................................................................................................................9
LA POBLACIÓN NO I NDÍGENA Y LAS REBELIONES ................................................................................9
LA SUBLEVACIÓN GENERAL ............................................................................................................10
POLÍTICA DE ALIANZAS DE LOS CACIQUES ........................................................................................10
LA COLONIA Y LA DESESTRUCTURACIÓN DEL TAHUANTINSUYO
“los españoles impusieron bruscamente, desde el exterior, un grupo social de cultura totalmente extraña
(religión cristiana, economía de mercado, etc.). De este modo, la Conquista determinó la superposición de dos
sectores, el uno minoritario, pero dominante, y el otro mayoritario, pero dominado. Se trata, pues, de la
coexistencia de dos culturas diferentes, y no de una dicotomía radical; los dos sectores que constituyen la
sociedad colonial no vivieron simplemente yuxtapuestos, sin vínculos recíprocos; el sector español sólo pudo
sobrevivir extrayendo su sustancia del sector indígena, precisamente, por el juego de la dominación y de la
violencia.” (Wachtel, 1976)

EL DESPOBLAMIENTO
En el censo de 1560 ordenado por el marqués de Cañete aparecen 396.000 tributarios y 1.760.000 habitantes
algunos autores de la época consideraron equivocada y conservadora la cifra y propusieron desde 500.000 a
690.000 y Wachtel indica que “parece razonable atenerse, en definitiva, a una cifra media, que podría set la
de 500.000 individuos sujetos a tributo. Conforme a esa hipótesis, y adoptando la tasa de cinco personas por
cada tributario, obtendríamos, hacia 1560, una evaluación del orden de los 2,5 millones de habitantes.”
(Wachtel, 1976)

En 1590 otros censos establecen la población entre 1.300.000 y 1.500.000 habitantes resultando una
disminución de la población indígena en un 40%, de forma diferenciada de acuerdo a los lugares geográficos
específicos. Entonces “la tasa de disminución, de 1560 a 1590, varía geográficamente: 60 por 100 para el norte
(y a veces incluso 90 por 100, como en el caso de Zamora), 30 por 100 para el centro y 13 por 100 para el sur
(e incluso menos del 10 por 100 si excluimos la provincia de Arequipa). La disminución global (del orden del
40 por 100) proviene, así, de movimientos parciales diferentes.” (Wachtel, 1976)

Por otra parte, en las “visitas” realizadas por los administradores españoles en distintos años, particularmente
a cuatro lugares se evidencia la disminución de la población de la siguiente manera:

• Chupachos: 4.000 en 1530, 1.200 en 1549, 800 en 1562 y 600 en 1571.


• Hananhuanca: 9.000 en 1530, 1.700 en 1548 y 500 en 1571.
• Yucay: 3.000 en 1530, 800 en 1552 y 780 en 1558.
• Chucuito: 20.000 en 1530, 15.000 en 1567 "·
Si a título de hipótesis admitimos una tasa intermedia del 60 al 65 por 100 para la disminución global de 1530
a 1560, obtenemos para 1530 las cifras de 7 a 8 millones. “Contando con la insuficiencia de los documentos
sobre los cuales hemos fundado nuestro análisis (esencialmente, censos de tributarios a los cuales escapan
siempre un cierto número de prófugos), podemos adelantar razonablemente un cálculo del orden de los 10
millones de habitantes.”

Entonces lo población habría disminuido de 10.000.000 de habitantes a 1.500.000 habitantes entre 1530 a
1590.

LAS CAUSAS DE LA CATÁSTROFE DEMOGRÁFICA


La principal causa de la disminución de la población resulta probablemente de las guerras y del pago del
tributo. En la “Cédula fechada en 1582 y dirigida al arzobispo de Lima, donde el rey se alarma por la condición
indígena (…) empujados al suicidio por desesperación y para escapar de los malos tratos; unos se ahorcan,
otros se dejan morir de hambre, otros toman hierbas venenosas; por último, algunas mujeres matan a sus
hijos al nacer, «para liberarlos de los trabajos que ellas padecen»” (Wachtel, 1976)
Otra causa principal se encuentra en las enfermedades traídas por los conquistadores. En efecto, “los cronistas
nos informan que, hacia 1524-1526, aun antes del primer viaje de Pizarra, el Imperio inca resultó afectado por
una epidemia difícil de identificar. Poma de Ayala designa la enfermedad como viruela o rubeola.” (Wachtel,
1976)

En 1546 hay una nueva gran epidemia: es decir, un año después del famoso matlazahuatl de Nueva España.
Según Cieza de León, la epidemia peruana se habría propagado a partir del Cuzco, invadiendo luego todo el
Perú.

En 1558-1559 se declara una ·epidemia de viruela: en Lima, según Cobo, en el conjunto del país, según
Montesinos.

Las más graves se desataron a fines del siglo XVI. “Una primera epidemia de viruela se declara en el Cuzco en
1585 (...) Lima es alcanzada el 1586: en el hospital. Santa Ana, reservado a los indios, mueren de 14 a 16
enfermos por día durante dos meses. Más tarde, la epidemia gana el norte y alcanza Quito en 1587: en cuatro
meses mueren 4.000 personas; la' enfermedad ataca sobre todo a los niños, a los hombres más que a. las
mujeres, y no afecta a los españoles” (Wachtel, 1976)

“Una segunda epidemia venida del norte, de Panamá y Bogotá, se añade a la viruela venida del sur: la nueva
plaga provoca una erupción de peste bubónica o de tifus, introducida en el Perú por los esclavos negros
importados de las islas de Cabo Verde.” (Wachtel, 1976)
Por último, en 1589 estalla una tercera epidemia al sur del país, en Potosí: en efecto, por estas fechas el virrey
Villar alude a «otra enfermedad, de tos y de resfrío, acompañada de fiebre»; ésta llegaba a atacar, ciertos
días, a más de 10.000 indios.

En todos los casos, la mortalidad por estas enfermedades alcanzó drásticamente a los indígenas y no así a los
españoles.

LA ECONOMÍA COLONIAL
En el Tahuantinsuyo el centro geográfico administrativo y económico fundamental era el Cusco, en la colonia
se desestructura este centro hacia Lima junto con Potosí resultan los lugares fundamentales en la economía
colonial.

La misma dislocación se observará a nivel regional y local. “La complementariedad vertical de la economía
andina, que asociaba cultivos escalonados desde el nivel del mar hasta una altura de más de 4.000 metros,
sufre graves alteraciones. A veces son los españoles quienes, desconociendo el sistema indígena, atentan
directamente contra el principio de complementariedad al repartirse las encomiendas y separar a las
«Colonias» (pobladas en gran parte por mitimaes) de su centro de origen.” (Wachtel, 1976)

El despoblamiento del Incario provocó además el abandono de tierras menos fértiles por los indígenas
sumados a la expropiación de los españoles de las tierras nativas más fértiles, incluyendo el desvió de las aguas
de riego fundamentales en el incario.

“Los encomenderos se encontraban en la mejor posición para practicar este tipo de usurpación. Si bien el
sistema de la encomienda no concedía a su beneficiario sino el derecho a la percepción de un tributo y no el
derecho de propiedad sobre la tierra de los indios que le eran confiados; era fácil para d encomendero
desvirtuar el sistema del tributo y despojar a los indios.” (Wachtel, 1976)

EL TRIBUTO
Las condiciones del tributo indígena varían de acuerdo a la dependencia de los indios en los distintos lugares,
es decir si dependen del régimen de una encomienda o de un repartimiento de la administración del rey. En
general los segundos tenían condiciones más flexibles que los primeros, sin embargo, la explotación fue la
misma. “Por lo general, el encomendero trata sobre todo de obtener beneficios de los indios que le son
conferidos, mientras que la Corona, teóricamente, debe velar por la suerte de todos sus súbditos.” (Wachtel,
1976)

Entre 1530 y 1548 “el sistema anterior se prolonga, reemplazando simplemente los españoles al inca.” Sin
embargo, los encomenderos introducen nuevas exacciones como productos naturales y el trabajo de los
indios.

Entre 1549 y 1570 se oficializa las tasas de los tributos a través de largas listas de productos además del trabajo
de los mitayos (mita). Entre los productos están el “maíz, trigo·, ' papas, carneros, cerdos, aves, huevos,
pescado, frutas, coca, sal, tejidos, objetos artesanales diversos, etc.; es. frecuente que los iridios no produzcan
tal o cual artículo y deban procurárselo a través del trueque” Es en esta época que se introduce
paulatinamente el tributo en dinero, dejando de lado algunos productos menos importantes. A partir de 1470
el tributo en dinero se hace predominante.

Otro aspecto importante es que “los españoles se apropiaron de las tierras del Inca y del Sol, antes reservadas
al tributo, en consecuencia, el peso de éste se encuentra transferido a las tierras comunitarias de los indios.”
(Wachtel, 1976)

De acuerdo a Wachtel existe varios testimonios que “atestiguan, una explotación intensiva de los indios,” no
solo por el abuso de los españoles más allá de lo legalmente establecido sino por la inexistencia del sistema
de redistribución como en la época del incario. Ver figura siguiente:

EL DINERO
Si bien los indígenas del incario conocían el oro y la plata, estos sólo representaban metales preciosos
destinados al adorno de sus prendas o como objetos ornamentales. Significaban dones de intercambio
principalmente entre autoridades del incario. No tenían conciencia que estos metales representaran un valor
de intercambio o medida del valor de los productos.
Cuando los comerciantes otorgaban algunas mercancías en calidad crédito a los indígenas, éstos creían que
se trataba de un don, por lo que no se preocuparon de pagar, y como es lógico esto trajo consecuencias
fatales. “Los indios aceptan, entonces, todo aquello que se les ofrece, aun si no lo necesitan, como si se tratase
de generosos dones. Una vez concluidas las «ventas», los comerciantes esperan el vencimiento del plazo de
las deudas y acuden entonces a la justicia española para obligar a los indios a pagar. Ahora bien, lo más
frecuente es que éstos se encuentren en la imposibilidad de hacerlo; sus bienes son confiscados, y ellos se
ven encarcelados u obligados a huir.” (Wachtel, 1976)

El pago de los tributos en dinero, por otro lado, ha obligado a los indígenas a procurárselo fuera de la economía
familiar, es decir recurriendo a fuentes como las minas y otros trabajos privados. “El tributo en dinero obliga
así a los indios a adoptar nuevas actividades, pero en detrimento de sus actividades tradicionales, ya que
aquellos que parten para las minas o que van a alquilarse a un lugar lejano abandonan el cultivo de sus campos
y muchas veces, no regresan.” (Wachtel, 1976)

En todo caso, el dinero no transforma la economía del incario en una economía mercantil, sino que
desestructura la economía nativa.

EL SISTEMA DE REPARTOS
El sistema de “repartimiento de efectos” se fue incorporando al sistema económico colonial desde el siglo XVII
hasta el siglo XVIII. Los grupos fundamentales que iniciaron este proceso fueron la burguesía comercial Limeña
y los dueños de obrajes y de minas y reconocido legalmente por la corona española en el siglo XVIII debido a
que favorecía también en sus ingresos.

Como establecimos anteriormente, el sistema económico colonial se sustentaba en la exacción de trabajo


indígena de forma gratuita a través de sistema como la mita y/o el pago de tributos en dinero que obligaba a
los indígenas a trabajar en minas u obrajes a fin de conseguir el dinero para el pago de sus tributos. La
incorporación del sistema de “repartimiento de efectos” facilito la venta de trabajo en las minas y obrajes
porque este sistema obliga a comprar a los indígenas un cupo de efectos y pagar por ellos obligatoriamente.

En efecto, “era especialmente el área privada la que impulsaba una expansión y trataba de ampliar
continuamente sus actividades económicas. Pero la ampliación se estrellaba rápidamente frente a dos
limitaciones: la primera, la disponibilidad de mano de obra y la segunda la limitación del mercado interno”
(Golte, 1980). El sistema de “repartimiento de efectos buscaba eliminar estas barreras.

El personaje impuesto para este efecto de parte de los criollos fue el corregidor, funcionario máximo del
virreinato, que tenía la autoridad suficiente como para obligar a los indígenas el pago de los repartos utilizando
los medios necesarios (legales o violentos). “Con el repartimiento forzoso de mercancías por el corregidor se
rompía la autosubsistencia de los productores campesinos, quienes tenían que aceptar los bienes distribuidos
y estaban forzosamente obligados a vender sus productos o fuerza de trabajo para poder pagar las mercancías
que se había repartido.” (Golte, 1980)

De esta manera, las limitaciones anteriores de mano de obra y mercado de productos de las minas y los
obrajes, fue resuelta. Pero incorporaba, además otras formas de exacción. “Los mismos corregidores podían
además enriquecerse con la elevada ganancia comercial, la cual, a su vez, les permitía pagar a la corona sumas
elevadas para obtener sus cargos y lograr la tolerancia de sus prácticas prohibidas.” (Golte, 1980)

Finalmente, la burguesía que había impulsado este sistema incrementaba sus ganancias por constituirse en
intermediaria mayoristas de las mercancías de la creciente industria europea, pero, además, por dar
préstamos a mineros y obrajeros y financiar a los corregidores.

Las consecuencias de la implementación de este sistema fueron lógicas que terminaron en la rebelión
campesina de fines del siglo XVIII encabezado por Tupac Amaru. Basta con señalar que el repartimiento triplicó
sus ganancias que hizo imposible la disponibilidad suficiente de mano de obra para cubrir estas obligaciones
de parte los indígenas de ese tiempo.

LA ESTRUCTURA SOCIAL DE LA COLONIA


La economía del incario basada principalmente en el trabajo recíproco del Ayllu y el incremento de los yanas
en favor de los curacas. Se minimiza cada vez más el trabajo comunitario y se exacerba la cantidad de indígenas
yanas en la época de la colonia.

LOS CURACAS
Según Wachtel, “el poder de los jefes indígenas se debilita, pero conservan parte de él poniéndolo al servicio
de los nuevos señores.; en relación con el período inca, su autoridad es a la vez más frágil y más despótica.
(…) en Chucuito, Cari y Cusi continúan percibiendo el tributo, pero éste ha disminuido; en las otras localidades,
su autoridad teórica sigue siendo reconocida, pero sus súbditos ya no les pagan tributo. En términos generales,
su poder se ha debilitado.” (Wachtel, 1976)

Asimismo, la autoridad de los curacas se transforma de un tipo de relación de reciprocidad a otro de tipo
despótico. En efecto, “la autoridad de los curacas es todavía lo bastante poderosa como para permitirles
conseguir que sus indios realicen trabajos que no entran en el cuadro tradicional de la reciprocidad; ni por los
transportes ni por el trabajo textil los miembros de la comunidad reciben contrapartida alguna.” Pero por el
contrario “el poder de los jefes indígenas se debilita por el hecho de que usan y abusan de él fuera de los
vínculos tradicionales. Acosados por los españoles, colaborando con ellos contra los indios, los curacas
arruinan al mismo tiempo su prestigio; se ven, pues, obligados a afirmar su autoridad de modo despótico.”
(Wachtel, 1976)

LOS YANAS
Se coincide que el incremento de esta categoría social en la colonia fue la más importante, que algunos
consideran que en número de personas alcanzaban al de los hatunruna.

Debemos considerar que los yanas eran y siguieron siendo en la colonia una categoría distinta a los hatunruna,
no tenían propiedad y estaban al servicio de la nobleza en todos sus estamentos, en este sentido libres del
tributo indigenal.

El crecimiento de este grupo se debió al desarraigo por los “desplazamientos consecutivos a la Conquista, la
huida ante el tributo español, (…) las guerras entre pizarristas y almagristas, que (…) provocan otros
trasplantes; los indios reclutados en los diversos ejércitos se ven alejados de sus comunidades, y la mayoría
queda al servicio de los españoles o engrosan la masa de vagabundos. (…) la mita de Potosí lanza a los caminos
millares de indios y que muchos no vuelven a sus lugares de origen; entre los supervivientes, un buen número
de ellos permanecen ·en Potosí al servicio de los mineros españoles.” (Wachtel, 1976)

Según algunos cronistas como Santillán los yanas se clasificaban en diversos grupos:

1. Los que estaban al servicio de una hacienda española de la que recibían una pequeña parcela para
subsistir.
2. Los yanas sirvientes de los españoles en las ciudades
3. Los que trabajan en las minas de Potosí y Porco y que tienen alguno de ellos, la autorización de los
dueños de las minas para explotar minerales de baja ley.
4. Los yanas que trabajan en las plantaciones de coca.

LA EXTIRPACIÓN DE IDOLATRÍAS
Las manifestaciones religiosas del incario constituían para los españoles idolatrías y parecían obra del demonio
que los llevó a la conclusión que debían extirparlas y encaminarlas a la verdadera religión.

Ahora sabemos que “la religión Inca constituía, el contexto donde hallaban su sentido todas las instituciones
del Estado. «La extirpación de la idolatría» consumaba así, en el dominio espiritual, la desestructuración del
mundo indígena.” (Wachtel, 1976)

Las actitudes simbólicas más importantes de este proceso fueron la destrucción de ídolos de forma masiva;
las destrucciones de templos incaicos y sustitución por católicos, la expropiación de tierras destinas al culto
religioso indígena y la obligatoriedad de enterrar a sus muertos.

“Pero comenzaron ya en el siglo XVI. El canónigo Albornoz visitó en los años de 1560 las regiones de
Huamanga, Arequipa y Cuzco, haciendo destruir él solo varios centenares de ídolos. Y sabemos que los
españoles se apropiaron, como en Chucuito, las tierras consagradas al culto del Sol y de la huacas.” (Wachtel,
1976)

Otro hecho importante fue el relativo al entierro de los muertos, “los indios, tradicionalmente, no practicaban
la inhumación; depositaban a sus muertos en abrigos con forma de colmenas que cavaban en el flanco de
montañas, o en tumbas con techo de bóveda o en grutas; protegían a los cadáveres con una puerta de piedras.
Los cuerpos recibían las ofrendas de sus parientes, que iban a pedirles protección. Los misioneros exigieron
de los indios que enterrasen a sus muertos en cementerios consagrados.” Dice Wachtel que los indios
debieron desenterrar a sus muertos por las noches y llevarlos a los lugares que acostumbraban. (Wachtel,
1976)

LAS REBELIONES INDÍGENAS


LAS ACCIONES LEGALES
En un primer momento protesta organizada de la población se hizo dentro de los marcos del orden
social, del sistema legal vigente y costumbres establecidas. Es decir que, frente a la carga económica
insoportable que significaban los desmesurados repartos, el campesinado indígena no protesto
desde un principio por medio de sublevaciones y rebeliones., sino reclamando ante los tribunales.
(Golte, 1980)

En la primera etapa, las quejas ante los tribunales se referían pocas veces a diferencias en precio o
cantidad, entre lo establecido en el arancel y lo repartido por el corregidor, sino que cuestionaban
más bien el carácter obligatorio del reparto. (Golte, 1980)

Sin embargo, aunque el campesinado no estaba obligado al reparto los corregidores buscaron la
forma de evadir el cumplimiento de las normas para exaccionar a los indígenas. Si bien los reclamos
eran atendidos por la audiencia esta tardaba en llegar y peor en aplicarse.

De esta manera, el campesinado indígena veía bloqueada la apelación, ya no solo ante la justicia
local, ejercida por el mismo corregidor, sino que también se le cerraba el derecho a recurrir a las
instancias judiciales superiores. Por otra parte, al fallar en contra de los principales de Calacoto, el
virrey y los oidores abandonaron abiertamente el principio de la aceptación voluntaria del reparto
(Golte, 1980)
A partir de entonces, los caciques debían aceptarlas mercancías que les entregaba el corregidor y, a
su vez, los campesinos debían recibir las que les repartían los caciques, que se hacían responsables
de su pago, respondiendo por este con sus propiedades. (Golte, 1980)

LAS PRIMERAS REBELIONES LOCALES


Estas se iniciaron e intensificaron paulatinamente a partir de 1765 para culminar en la gran rebelión
de 1780.

La mayor parte de las rebeliones tuvieron lugar en la sierra sur, aproximadamente entre Huamanga
y Potosí. Otro centro se hallaba en el norte, entre las provincias de Huamalies y Cajamarca.

De igual modo, la proporción de población indígena en las provincias rebeldes era más alta que en
las demás; el número de haciendas era claramente menor en las provincias rebeldes que en aquellas
donde no hubo rebeliones. Este hecho no debe asombrar ya que los grupos locales rebeldes por lo
general correspondían a comunidades. En las haciendas, los propietarios mediatizaban las
relaciones entre los corregidores y la población dependiente delas mismas. La mita y la existencia
de obrajes, que obligaban a los campesinos a trabajar bajo un régimen forzado, con baja
productividad y salarios bajos parecen haber aumentado las posibilidades de conflicto. Entre estos
fenómenos y la expansión de las rebeliones puede establecerse una correlación muy clara. (Golte,
1980)

El tributo que debía pagar la población estaba por encima del promedio del virreinato y, en relación
a la pobreza de los habitantes, era bastante elevado. La gente tenía que trabajar fuera de sus
pueblos para poder pagar el tributo y el reparto. (…) Parece que además de estas condiciones
generales, en muchos casos el estallido de las rebeliones estuvo marcado por los castigos corporales
impuestos a personas que no cumplían las exigencias del corregidor. (Golte, 1980)

LOS CACIQUES
A mediados del siglo XVIII los caciques constituían un grupo social que, tanto económica como
culturalmente., se asimilaba en mucho al de los españoles más ricos de las provincias del virreinato.
(Golte, 1980)

Durante la Colonia la mayoría de caciques había logrado hacerse no solo de tierras, sino-también de
otras propiedades, como molinos, pequeñas manufacturas textiles, vacas y mulas que les permitían
el arrieraje. A diferencia del rosto de la población indígena, casi todos los caciques sabían leer y
escribir. En las escuelas que les estaban destinadas adquirían los conocimientos básicos de la época,
igualando en este aspecto a los españoles de las colonias. (Golte, 1980)

Debido a su posición socioeconómica y a su papel como recaudadores de impuestos, tenían


relaciones, estrechas y múltiples con casi todos los grupos sociales de la Colonias. Así, por ejemplo,
por lo general se casaban con mujeres de las capas ricas de españoles y mestizos de provincias.
Frecuentaban los niveles más altos del gobierno colonial y del clero. Con frecuencia estaban
vinculados al arrieraje y comercio provincial. (Golte, 1980)

Los cambios empezaron cuando los campesinos ya no eran en absoluto capaces de responder a las
demandas del reparto. En ese caso. los corregidores responsabilizaban a los caciques por el pago y
tomaban en prenda sus propiedades.
Así, el cambio progresivo en el volumen del reparto llevo casi necesariamente a que, en las
provincias más pobres, los caciques se unieran a la protesta campesina. (Golte, 1980)

En la primera fase de la protesta, a diferencia de otras regiones, se percibe en la audiencia de


Charcas un porcentaje relativamente más alto de participación de los caciques en los intentos de
lucha contra el repartimiento llevados a los tribunales. Por esta razón, las rebeliones regionales en
las provincias de la Audiencia de Charcas: Pacajes, Sicasica, Omasuyo y Carangas, tuvieron desde un
principio un carácter diferente a las de los pueblos del obispado de Arequipa. Incluso desde su fase
legal la protesta había superado ya su carácter local. (Golte, 1980)

Otro aspecto fundamental es el carácter étnico nacionalista que adquiere este movimiento.

En su relación con el mesianismo incaico de las masas campesinas, ese movimiento constituyo el
elemento de unidad ideológica entre desiguales aliados de la rebelión: caciques y campesinos. El
significado de este movimiento no solo se reconoce en los rasgos específicamente incas de los
nombres que adoptaban los jefes rebeldes, sino también en las reacciones del gobierno colonial que
cuestionaban. (Golte, 1980)

LOS SACERDOTES
Los sacerdotes aparecían en la dinámica social de los pueblos campesinos como personajes de doble
faz, cuyas motivaciones con frecuencia resultaban incomprensibles. Así fue como, en los hechos,
actuaron como aliados y enemigos de los corregidores, como auxiliares y explotadores de los
campesinos, acallaban a los rebeldes y eran al mismo tiempo sus aliados. (Golte, 1980)

El sustento de los sacerdotes provenía en un 91% del tributo indígena; en 8% de las pertenencias do
la Iglesia, y la centésima parte restante de diversas fuentes. (…) Aparte de estos ingresos, los curas
exigían sumas considerables por cada actuación o servicio: entierros, bautizos, matrimonios, misas
en festividades y otras actividades semejantes. Antes de la expansión de los repartos, en muchos
casos los curas eran los principales extractores del excedente campesino. (Golte, 1980)

La expansión del reparto produjo una sensible reducción en los Ingresos de los sacerdotes. (…) En
una serie de casos, los curas fueron también victimas del reparto (…), no significo, sin embargo, que
los sacerdotes se unieran a los campesinos rebeldes. Por el contrario, los curas parecen haber
ejercido una apreciable influencia en el apaciguamiento de las masas. No es extraño que la casa del
cura fuera el principal lugar de refugio que encontraban los corregidores o sus ayudantes ante el
ataque campesino.

El número de curas que se pasó al bando rebelde durante las rebeliones fue muy reducido, aun
cuando José Gabriel Tupac Amaru y Thomas Tupac Catari no eran hostiles a la iglesia.

LA POBLACIÓN NO INDÍGENA Y LAS REBELIONES


Los repartos afectaron también de múltiples formas a la población española, mestiza y mulata de
las provincias. Los miembros de estas castas eran hacendados, arrieros, comerciantes, artesanos y
en parte también pequeños agricultores. (Golte, 1980)

Con la excepción de los propietarios de minas y obrajes, que obtenían provecho de la venta libre de
fuerza de trabajo suscitada por los repartimientos, las actividades del corregidor perjudicaban a
buena parte de la población provinciana, fuera que monopolizara prácticamente el comercio
provincial, o que a través de sus exigencias absorbiera todo el excedente anteriormente obtenido
de otra manera, o que utilizara para el transporte gratuito de mercancías las mulas repartidas entre
los campesinos, que anteriormente eran utilizadas por arrieros particulares, etc. (Golte, 1980)

El aumento del Impuesto al comercio del 4 al 6%, la elevación de los peajes para el transporte
interno de mercaderías y de los impuestos a los propietarios de minas de plata que no la acunaban,
tuvieron a fin de cuentas poco efecto sobre los corregidores y el reparto, pero en cambio afectaron
aún más a la población provinciana. Incluso, la disposición de Areche de censar también a la
población no indígena y de incluir entre los tributarios a los llamados “cholos”, levanto entre
mestizos y mulatos la sospecha, nada gratuita, por cierto, de que la corona quería incluirlos entre la
población tributaria. (Golte, 1980)

LA SUBLEVACIÓN GENERAL
Las razones que explican porque la sublevación se generalizó en unos lugares y no otros, no solo se
refiere a los problemas mencionados anteriormente, sino también a otros factores.

La sola disponibilidad de trabajo excedente no bastaba para satisfacer las demandas de los
corregidores. Estos exigían dinero o mercancías como pago por el reparto, es decir, los campesinos
debían tener, además, la posibilidad de transformar su trabajo excedente en dinero o productos,
para lo que debían salvar una serie de dificultades. El trabajo excedente solo podía convertirse en
dinero si la producción agrícola adicional llegaba a comercializarse. Lo mismo vale para la
producción artesanal adicional. (Golte, 1980)

Si se observa las provincias donde la diferencia entre el índice y la carga por tributos y reparto es
igual o menor a 20 pesos, se aprecia que este territorio coincide casi exactamente con las regiones
sublevadas durante la rebelión de Túpac Amaru. Por otra parte, si se observan las provincias en las
que esa misma diferencia es igual o inferior a 35 pesos se encuentra un territorio que coincide con
el área de expansión de la sublevación general. Como excepciones se tiene, por un lado, provincias
con diferencias de 36 pesos o más que participaron en la sublevación. Entre éstas están las de Calca
y Lares, Paucartambo, Urubamba, Carabaya y Larecaja.

Los tres centros de la rebelión: (Cusco (Túpac Amara), Omasuyo y La Paz (Túpac Catari) y Chayanta
(Tomás Catan), se ubicaban en puntos de concentraciones de población. La proporción de
indígenas en las regiones sublevadas era muy elevada, lo que debe considerarse como un factor
adicional de gran importancia, si se tiene en cuenta el mesianismo indígena que animaba a los
campesinos rebeldes. (Golte, 1980)

Finalmente, en todas las provincias donde existía, la mita se convirtió en otra forma de extracción
del excedente campesino como el caso de Potosí y este fue otro de los detonantes que se suman al
resto.

POLÍTICA DE ALIANZAS DE LOS CACIQUES


La política de los caciques consistió en unificar a estos diferentes grupos sociales en un frente para
combatir al gobierno colonial, burguesía comercial limeña y grupos provincianos relacionados con
ella, especialmente a los corregidores, representantes tanto del gobierno colonial como de la
burguesía comercial limeña. Los caciques contaban con una serie de condiciones especialmente
favorables para cumplir ese papel. Por su ideología neo-inca, se consideraban descendientes de los
verdaderos soberanos del Perú y, por lo tanto, como una alternativa potencial al poder colonial.
(Golte, 1980)

Gracias a su situación socioeconómica, a su educación y a su papel frente a la población campesina


Indígena, los caciques tenían en general buenas relaciones con los mestizos y criollos de las
provincias, con comerciantes y hacendados, categorías estas últimas a las que generalmente
pertenecían. (Golte, 1980)

Los objetivos que perseguía Túpac Amaru con la sublevación general no se orientaban sólo a la
supresión del reparto, que amenazaba principalmente al indígena, sino también contra la alcabala
y otros impuestos y cobros aduaneros que afectaban en primer lugar a mestizos y criollos. (Golte,
1980)

Parece que fueron especialmente los mestizos quienes tomaron partido por la sublevación en las
provincias, mientras que criollos y españoles, cuando no resistían al levantamiento, emprendían la
huida hacia las grandes ciudades para defenderse de las amenazantes tropas indígenas. (Golte,
1980)

No puede obviarse el hecho que inicialmente Túpac Amaru trató de limitar el conflicto con el
gobierno colonial y la corona, a un enfrentamiento contratos corregidores. (…) Esto permitiría
entender sus reiteradas declaraciones de fidelidad a la corona e incluso el mensaje al visitador
Areche, en el que expresaba su alegría por su final arribo al Cusco, así como sus evidentes
vacilaciones en atacar a esta ciudad y librarla al saqueo de sus tropas. (Golte, 1980)

Sin embargo, -para los indígenas- la rebelión significaba el retorno al dominio indígena y sus acciones
se dirigían contra casi todos los atributos del dominio colonial español.

Así, a pesar de haber aceptado en un principio la política de alianzas, Túpac Catari, caudillo de la
rebelión al sur del lago Titicaca, que a diferencia de Túpac Amaru era de origen campesino y tenía
corno oficio “viajero de coca, y vayetas” se fue radicalizando aceleradamente en el transcurso de la
rebelión. Su radicalización le permitió aumentar poderosamente su influencia entre la masa
indígena, pero lo separó de los mestizos, a punto tal que sus tropas y jefes oran casi exclusivamente
indígenas. (Golte, 1980)

Por consiguiente, sus acciones tenían necesariamente, un carácter étnico. Querían destruir al grupo
étnico de los conquistadores y “alejarse por completo de todas las costumbres españolas.”

Por otra parte, la situación social de parte de los españoles dependía de las relaciones de
dominación establecidas por la conquista. Existían razones suficientes para que también este grupo
interpretara “étnicamente su situación, más aún si la masa de sus enemigos utilizaba categorías
semejantes y actuaba según ellas. (Golte, 1980)

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