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DICIEMBRE DEL 2012

LA URGENCIA DEL PROGRAMA

Ante la crisis existencial que hoy sufrimos, o resolvemos nuestros más graves
problemas de una vez y para siempre o vegetaremos en el subdesarrollo que hoy nos
abruma.

Antonio Sánchez García

Los venezolanos solemos tomar el rábano por las hojas. Y a la hora de construir
nuestras ilusiones, comenzamos por la techumbre. Caemos en la absurda situación de
aquella obra de Luigi Pirandello, Seis Personajes en Busca de Autor. Si se me permite
la paráfrasis, vivimos los venezolanos otro drama de mucha mayor intensidad e
infinitamente más absurda: es el de nuestros veinte precandidatos en busca de un
elector. Entre esa veintena los hay socialdemócratas y socialcristianos. Independientes y
militantes. Jóvenes y viejos. Hombres y mujeres. Experimentados y novatos. Capaces e
incapaces. Caraqueños y provincianos. ¿Por qué y para qué tantos?

Hasta ahora van cinco precandidatos socialdemócratas y cinco precandidatos


socialcristianos, más, por lo menos, otros cinco genéricamente de esa misma
proveniencia. Pues todos los partidos existentes derivan de esas tres matrices primarias:
AD (UNT y ABP), COPEI(PV, PJ y VP) y la izquierda marxista leninista, desde
Bandera Roja y el MAS, hasta el PPT y PODEMOS. Del lado oficialista, aparte del
variopinto militarismo golpista, el chavismo es la confluencia del PCV y el deshuese de
la vieja izquierda comunista: el MIR, la Liga Socialista y los repeles de AD, COPEI, el
MAS, URD. Del lado opositor son quince precandidatos de partidos. Agréguese otros
cinco independientes, que tampoco lo son tanto, ya suman veinte. Quien crea que
exageramos, que elabore sus listas.

Resuelto el problema de la cantidad, debiéramos hacer el mismo ejercicio respecto de la


calidad: marcar las diferencias ideológicas y programáticas que los distinguen. Pues un
adeco y un copeyano, o sus derivados, pueden ser en lo esencial perfectamente
intercambiables.

De allí la necesidad de diferenciarlos no por su edad, sexo o condición, sino por lo que
verdaderamente importa: por sus propuestas programáticas y su capacidad para llevarlas
a cabo. Por la Venezuela a la que apuestan sus vidas. Y por su real capacidad para llevar
a cabo la salvación de nuestra Patria. La triste y desangelada Venezuela que hoy llora a
sus hijos perdidos y quisiera redimirse volviendo a ser el orgullo de este pequeño
pedazo de planeta. Y particularmente sobre sus posiciones respecto de los dos pilares
fundamentales que es preciso recuperar y fortalecer cuanto antes si deseamos sobrevivir
como Nación: la propiedad privada y la economía de mercado, en lo estructural; la
democracia representativa, institucional y de partidos, en lo político.

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La propuesta de Chávez, candidato único, exclusivo y absoluto de sí mismo está
clarísima: liquidar la economía de mercado, la propiedad privada y la democracia,
perseverando en su esfuerzo por llevarnos al infierno cubano. Que aunque asombre por
lo insólito, tiene una inmensa clientela, arraigada en lo que algunos se empeñan en
calificar de “Venezuela profunda”. La arrastrada durante dos siglos por el populismo
inveterado de un establecimiento intrínseca, visceralmente estatólatra, populista,
clientelar y demagógico. Y cuya pervivencia en el sustrato del inconsciente colectivo
permite que esa mitad de país porfíe en seguir a la rastra del flautista de nuestras
desgracias. Para no encontrar otra respuesta que una libreta de racionamiento, un huevo
a la semana, medio kilo de arroz al mes y pollo o carne de res ni en sueños. Una cárcel
para la protesta, un cuarto descascarado en el que vegetar, una cadena que lo ate al piso
de cemento, un muro de tiburones que le impida moverse por el mundo,
un delator en la casa del vecino y miles de delatores en el vecindario, una pantalla negra
en la que asomarse al futuro, un hueco en el cementerio del barrio. Y Chávez o sus
hermanos para la eternidad de sus hijos, sus nietos y sus bisnietos. Todo exactamente
como en la Cuba castrista a la que, ciegos, sordos e ignorantes, se vienen
lanzando a nado.

Si eso es así y está suficientemente claro, no basta con oponérsele de la mano de un


catálogo puntual de ofertas electorales, tan populistas, demagógicas e inútiles, como la
tristemente célebre tarjeta negra de Rosales. Que no sumó un solo voto, pero espantó a
muchos electores que están hasta la coronilla del populismo y sus lacras. Y ansían un
país productivo, emprendedor, con pleno empleo, libre y enrumbado hacia la
modernidad. La cosa es, pues, muchísimo más compleja que presentar cien etiquetas
para encandilar incautos. Nuestra otra mitad, según todos los indicios, mayoritaria y de
suficiente entidad intelectual y moral como para ser tomada en serio, está obligada a
preguntarse por el programa futuro y de largo plazo con el que nos enfrentaremos a esta
pesadilla, arrancando de cuajo las raíces de la mala yerba que alimenta al castro
chavismo que nos trajo a este vertedero. Lodo de muy viejos polvos. Golpe de muy
viejos golpes. Convenciendo incluso a esa amplia base de desnortados de toda clase y
condición que aún no saben qué hacer y piden a gritos ser rescatados cuanto antes de las
fauces del dinosaurio. Y allí se nos plantean las interrogantes que debiéramos estar
haciéndonos, antes que sea demasiado tarde, para saber a qué atenernos, por quién
votamos, a quién elegimos, con cuánta racionalidad actuamos para que no se nos
escamotee el deseo de salir constitucional, pacífica, electoralmente de este embrollo. Y
hacernos a la cruzada de la reconstrucción nacional. Apostando a resolver hoy nuestros
problemas más urgentes, sin descuidar la Venezuela del 2030. En este último caso, y
cualquiera sea la puerta de entrada al futuro, he aquí una lista de preguntas que quisiera
presentarles a todos los electores y a los eventuales candidatos.

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El catálogo de interrogantes es inmenso. De su respuesta depende que Venezuela vuelva
a ser una sociedad libre, democrática, con una poderosa economía de mercado y con
instituciones justas, respetuosas, sabias y responsables. ¿Qué haremos con PDVSA:
privatizarla, convertirla en una empresa de todos los venezolanos o mantenerla como
hasta hoy de uso exclusivo de la oligarquía gobernante? ¿Qué haremos con las empresas
de Guayana? ¿Qué, con el Metro de Caracas, para que vuelva a ser orgullo de los
caraqueños? ¿Cómo se resolverá la crisis de electricidad, de agua, de vivienda y fuentes
de trabajo? ¿Cómo se le pondrá coto a la aterradora inseguridad de nuestros barrios?
¿Reprivatizaremos las tierras arrebatadas por la furia depredadora del Estado rojo
rojito? ¿Qué se hará con los bancos y compañías aseguradoras hoy en manos de la
oligarquía en el Poder? ¿Cómo se abordará la reforma y modificación de nuestro
sistema educativo – enseñanza de calidad para la vida y el progreso – de modo a
convertir la enseñanza, la especialización y la formación de nuestros ciudadanos
en el eje del desarrollo y la modernidad ¿Qué educación necesitamos para un país
próspero y moderno? ¿Queremos un país cultural y espiritualmente abierto al futuro o
anclado, como hasta hoy, en el pasado? ¿Cómo haremos para que la propiedad privada
y el libre mercado vuelvan a ser los pilares de nuestra democracia? ¿Cómo para atraer
las tan necesarias inversiones? En una palabra: ¿terminaremos de una buena vez por
sembrar el petróleo y dejar de ser un miserable y parasitario país petrolero?

¿Cómo blindaremos la descentralización para que nunca jamás caiga en


las garras de una tiranía centralizadora? ¿Volveremos al parlamento bicameral mediante
una reforma constitucional? ¿Se renovará, depurará y modificará el sistema judicial o
sólo se le echará una pintadita de moralidad que nos deje en la misma inmundicia tribal
que sufrimos desde tiempos prehistóricos? ¿Qué hacer con el sistema penitenciario?
¿Cómo se depurará el corrompido aparato policial? ¿Qué se hará de nuestras
descalabradas fuerzas armadas? ¿Sufrirán alguna transformación o seguiremos
atiborrados de generales de cuarenta años y retirados de cincuenta dotados de armas
inservibles, humillados y ofendidos por su incapacidad para defender nuestra soberanía?
¿Seguirán aherrojados bajo la bota extranjera gritando consignas ajenas a nuestra
idiosincrasia?

Suma y sigue. ¿Cómo resolveremos el laberinto de complicidad, negociados,


triangulación y dependencia con la dictadura cubana, la dictadura libia, la dictadura
iraní, la dictadura bielorrusa? ¿Exigiremos el pago o la reparación de las deudas,
sobornos y regalos que le adeudan al país las actuales autoridades? ¿Irán presos todos
sus responsables? ¿Qué haremos con los leoninos tratados internacionales que nos atan
de manos ante potencias extranjeras? ¿Cómo actuaremos en la OEA? ¿Qué haremos con
el Mercosur, UNASUR, el ALBA y la integración latinoamericana? ¿Qué papel
asumiremos en el concierto de las naciones, qué rol jugaremos ante las Naciones Unidas
y los distintos grupos de presión internacionales? ¿Qué decisión se tomará con los
medios en general y con los de la oligarquía gobernante en particular? ¿Cómo se
desmontará el aparato de dominación ideológica y manipulación informativa del
régimen? ¿Qué y cómo se enfrentará el gigantesco problema de la corrupción, el
saqueo, el robo, el narcoterrorismo y la malversación de fondos públicos hoy
imperantes? ¿Quién, cómo y cuando serán enjuiciados?

Contrariamente a lo que aparenta, éste es un modesto y muy reducido catálogo de


problemas. Son muchos más, muy complejos y de muy difícil resolución. No se
resolverán si no se los enfrenta con una programa de corto, mediano y largo plazo y el
concurso de la sociedad venezolana unida como un solo hombre. Que el lector escoja
los problemas que más le afligen y piense en sus propias interrogantes. Y luego
responda con sinceridad y sin complejos: ¿qué Venezuela desea para su futuro y el de
sus hijos? ¿cuál de los veinte precandidatos está mejor preparado para resolverlos y le
ha dado hasta ahora las mejores respuestas a sus deseos, cuál ha presentado el mejor
programa de soluciones que esperan por este país a la deriva? Ante la crisis existencial
que hoy sufrimos, o resolvemos nuestros más graves problemas de una vez y para
siempre o vegetaremos en el subdesarrollo que hoy nos abruma. La circunstancia es
única y apremiante. Va mucho más allá de resolver una baraja de candidatos para
hacerse con la presidencia por unos días. Constituye la maravillosa aventura de la
reconstrucción nacional. La Venezuela del futuro. El más grave desafío de nuestra
historia.