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UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS

TRABAJO FIN DE MÁSTER

LAS POTENCIALIDADES DEL USO DEL LENGUAJE


POSITIVO EN EL PROCESO DE ENSEÑANZA-
APRENDIZAJE

MÁSTER UNIVERSITARIO EN COMPETENCIAS DOCENTES


AVANZADAS PARA LOS NIVELES DE EDUCACIÓN INFANTIL,
PRIMARIA Y SECUNDARIA.

2017 / 2018

Apellidos y Nombre del Alumno/a

JUAN JOSÉ SALVADO ORTEGA

Director/a TFM:

RAQUEL GARRIDO ABIA


Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

Resumen:

El empleo de un lenguaje positivo por parte de un docente produce unos efectos


emocionales que generan en los individuos unos pensamientos y comportamientos
óptimos para el aprendizaje. Una comunicación positiva en el proceso de enseñanza y
aprendizaje eleva los niveles atencionales, memorísticos, motivacionales y creativos, y
por ende, benefician las dinámicas académicas produciendo una mejora en el rendimiento
académico de los alumnos.

Palabras clave: Lenguaje positivo, neurodidáctica, emociones y enseñanza y


aprendizaje.

Abstract:

The use of positive language by a teacher produces emotional effects that generate
optimal thoughts and behaviors for learning. A positive communication in the teaching
and learning process is able to improve attentional, memoristic, motivational and creative
levels, and therefore, the academic dynamics produces an improvement in the academic
performance of the students.

Key words: Positive language, neurodidactic, emotions and teaching and learning.

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Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

ÍNDICE
1. INTRODUCCIÓN…………………………………………….………….…………..págs. 5-7

2. OBJETIVOS E HIPÓTESIS……………………………………………….…….......pág. 8

2.1 OBJETIVO PRINCIPAL……………………………………….…………...........pág. 8

2.2 OBJETIVOS ESPECÍFICOS…………………………………….…………….....pág. 8

2.3 HIPÓTESIS………………………………………………………….…………....pág. 8

3. NEUROCIENCIA Y CEREBRO…………………………………..…….….............págs. 10-11

4. NEUROEDUCACIÓN Y ENSEÑANZA-APRENDIZAJE..............................……págs. 11-13

4.1. EL APRENDIZAJE DESDE LA NEUROCIENCIA.......................................págs. 12-13

5. EMOCIONES...............................................................................................................págs. 13-20

5.1. EL PAPEL DE LAS EMOCIONES EN EL APRENDIZAJE...........................págs. 13-14

5.2. RELACIÓN ENTRE EMOCIÓN, MEMORIA Y ATENCIÓN......................págs. 14-17

5.2.1. LA RELACIÓN ENTRE EMOCIÓN Y MEMORIA........................págs. 14-15

5.2.2. LA RELACIÓN ENTRE EMOCIÓN Y ATENCIÓN......................págs. 15-17

5.3. RELACIÓN ENTRE EMOCIÓN, CREATIVIDAD, MOTIVACIÓN Y


COMPORTAMIENTO...........................................................................................págs. 17-20

5.3.1. LA RELACIÓN ENTRE EMOCIÓN Y CREATIVIDAD.................pág. 17

5.3.2. LA RELACIÓN ENTRE EMOCIÓN Y MOTIVACIÓN...................pág. 18

5.3.3. LA RELACIÓN ENTRE EMOCIÓN Y COMPORTAMIENTO.....págs. 18-20

6. LENGUAJE..................................................................................................................págs. 20-26

6.1. LA ALTERACIÓN QUE EL LENGUAJE EJERCE EN EL CEREBRO.......págs. 21-23

6.2. LA INFLUENCIA DEL LENGUAJE EN NUESTRO


COMPORTAMIENTO...........................................................................................págs. 23-26

6.2.1. EL EFECTO FLORIDA…………………………………………...págs. 24-26

7. EL LENGUAJE POSITIVO........................................................................................págs. 26-27

7.1. 678 MONJAS Y UN CIENTÍFICO……………………………………..........págs. 26-27

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7.2. POTENCIALIDADES DEL LENGUAJE POSITIVO…..................................pág. 27

8. EL LENGUAJE POSITIVO EN LA ENSEÑANZA………………………….........págs. 28-33

8.1. EL PAPEL DEL PROFESOR…………………………………………..........págs. 29-30

8.1.1. COMPETENCIA LINGÜÍSTICA DEL DOCENTE........................págs. 29-30

8.1.2. EL PAPEL DEL PROFESOR A TRAVÉS DEL LENGUAJE.........págs. 30-31

8.2. LA INFLUENCIA DEL LENGUAJE POSITIVO EN LOS


ALUMNOS……...........................…......................................................................págs. 31-32

8.3. METODOLOGÍAS APROPIADAS................................................................págs. 32-33

9. DISCUSIÓN..................................................................................................................págs. 33-35

10. CONCLUSIÓN...........................................................................................................págs. 35-36

10.1. LIMITACIONES Y LÍNEAS DE FUTURO...............................................pág. 36

11. REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA.......................................................................págs. 36-42

12. ANEXOS.....................................................................................................................págs. 42-43

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Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
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1. Introducción
Es una tónica natural oír y leer a través de los medios de comunicación numerosas
recomendaciones sobre cómo mejorar tu salud, vivir más años o llevar una vida lo más
sana posible. Para ello, comer sano, pasar tiempo con amigos, realizar ejercicio moderado,
respetar unas horas de sueño, entre muchos otros hábitos, suelen ser los consejos más
habituales que recibimos. En cambio, el número informaciones que hacen referencia al
lenguaje y a la educación lingüística es realmente escaso en este aspecto. Todavía más
inusual, informaciones sobre cómo mejorar el rendimiento cognitivo a través de las
palabras, de las palabras positivas (Castellanos, 2017).

La educación se concibe de una importancia capital para las sociedades actuales,


por ello, se establece como una de las premisas que más preocupan por su alta influencia
en las perspectivas sociales y personales de los seres humanos (Delval, 1996). La
educación tiene el deber de “proporcionar las cartas náuticas de un mundo complejo y en
perpetua agitación y, al mismo tiempo, la brújula para poder navegar por él” (Delors,
1996, pp. 96).

En ello, el docente se configura como eje central y coordinador/a de toda la red de


relaciones interpersonales y dinámicas que se puedan dar en la comunidad educativa, por
ende, es indispensable una reflexión sobre el impacto de las estrategias pedagógicas que
se utilizan (Guillén, 2016). Más aún, cuando el porcentaje de la tasa de abandono escolar
en España alcanza el 18,3%, una media superior a la de la Unión Europea (Fundación
BBVA, 2018).

Sobre todo, en este último lustro el acto educativo está siendo fuertemente
influenciado por los hallazgos de la neurociencia, más concretamente de la neurodidáctica
o neuroeducación, llegando incluso a revolucionar en muchas vertientes el proceso de
enseñanza y aprendizaje (Marina, 2012; Ferrés, 2014).

La neurociencia, tras estudiar cómo aprende el cerebro, esclarece la necesidad


imperiosa de incluir la emoción en el proceso de enseñanza (Guillén, 2015). Todo proceso
de aprendizaje debe poseer una experiencia afectiva, ya que emoción y cognición son

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procesos que van de la mano (Damásio, 1994). Como plantea Ferrés (2014), arduamente
se puede adquirir un conocimiento, si no subyace la motivación o si el contenido no goza
de un significado que provoque atención. Y es que el papel evolutivo que tienen las
emociones en nuestro proceso cognitivo son un lenguaje indispensable, aunque a veces
ni siquiera nos demos cuenta (Forés y Ligioiz, 2009).

Como reflexiona Ferrés (1994) el acto de enseñar no es un acto meramente


informativo, sino que debe valerse de un lenguaje persuasivo. Los docentes tienen, a
través de sus métodos, el poder seductor para encender en los discentes el deseo por la
educación, produciendo una eficacia y una experiencia rica con resultados perdurables.

Vygotsky (1988) ya afirmaba que conversación y acción son parte de una misma
función psicológica, siendo el lenguaje el predecesor de las acciones. Echeverría (2003)
plantea que el lenguaje que postulamos es crucial para entender los fenómenos humanos.
Morín (1992) asegura que el lenguaje pende de las interacciones entre individuos, los
cuales a su vez dependen del lenguaje, ofreciendo en el acto comunicativo una carga
simbólica positiva o negativa, siendo ello aprehendido y adoptado de unos a otros.

En vista de ello, Zambrano Leal (2001) señala que la acción comunicativa de los
docentes juega un papel determinante en el éxito o fracaso escolar. “Es necesario que el
docente comprenda que una mirada puede garantizar el triunfo o la condena infinita del
otro (p. 47). Para Castellanos (2017): “las palabras son vehículos físicos de las
emociones” (p.40). En función de si la emoción es positiva o negativa, ésta puede cambiar
el estado de activación de nuestro cerebro de una manera sustancial y, por ende, de nuestro
comportamiento (Castellanos, 2017).

Bandura (1977) plantea que el resultado de una conducta se produce por las
creencias y valoraciones que uno mismo hace de sus capacidades; es más, las expectativas
que generamos en nuestros alumnos repercutirán en su motivación de rendimiento. Se
deduce, por tanto, que en la medida que desarrollemos la autoestima de un alumno, ello
será sinónimo de mejora de su rendimiento académico. En este mismo sentido, Cabrera
Cuevas (2003) ratifica que “los alumnos responden positivamente o negativamente a la

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participación en forma directamente proporcional según sea el mensaje de la actitud del


profesor” (p.6), induciendo a pensar que la comunicación verbal y gestual del docente
son una variable determinante en el éxito del proceso educativo.

Son varios los estudios como los de Echeverría (2003); Greco, Morelato e Ison,
(2006) o Seligman, Ernst, Gillham, Reivich y Linkins, (2009) que muestran como
experimentar emociones positivas favorece la atención, la motivación, el pensamiento
creativo, promueve la flexibilidad cognitiva y aumenta los recursos intelectuales
contrarrestando las tendencias negativas. Asimismo, estudios tales como el de Westling
(2002) o Sutton y Wheatly (2003) manifiestan como la sensación de emociones positivas
generan un clima de aula óptimo para el aprendizaje e incluso para disminuir conductas
desadaptativas en ellas.

Por lo citado anteriormente surge el interés de esta investigación, para en primer


lugar, identificar y analizar el protagónico papel que desempeña el lenguaje de los
docentes, para a posteriori conocer las potencialidades del lenguaje positivo en el proceso
de enseñanza aprendizaje, y poder reflexionar así, sobre las maneras en las que el docente
se relaciona con el estudiante.

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Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

2. Objetivos e hipótesis

2.1 Objetivo Principal


Determinar si el lenguaje positivo mejora el proceso de enseñanza y aprendizaje
y consecuentemente el rendimiento académico de los educandos.

2.2 Objetivos Específicos

1) Analizar la influencia del lenguaje positivo en las emociones y, por ende, sus
efectos en el proceso educativo de los educandos.

2) Reflexionar sobre el papel que desempeña el lenguaje en la manera de


comunicarse los docentes con sus discentes.

2.3 Hipótesis
El uso de un lenguaje positivo por parte de los docentes mejora el proceso de
enseñanza y aprendizaje y, por tanto, el rendimiento académico de los estudiantes.

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3. Neurociencia y cerebro

El estudio del estado de la cuestión de esta investigación se articula mediante la


siguiente frase de Leslie Hart: “Educar sin saber cómo funciona el cerebro es como querer
diseñar un guante sin haber visto nunca una mano” (como se citó en Ibarrola, 2016, p.
15). A continuación, se expondrán las bases teóricas objeto de estudio en este trabajo.

Se comienza con una revisión bibliográfica de las claves teóricas de la


neurociencia para a posteriori ver su implicación y aplicación en el ámbito educativo a
través de la neuroeducación. Análogamente, se revisa las emociones y el lenguaje
finalizando con una reflexión acerca del papel del profesor y su capacidad potencial a
través del lenguaje para mejorar del proceso de enseñanza y aprendizaje.

La neurociencia o también denominada ciencia del encéfalo “fusiona diversos


ámbitos de conocimiento, entre estos, la biología molecular, la electrofisiología, la
anatomía, la embriología y la biología del desarrollo, la biología celular y la biología
comportamental (Baptista, Del Fátima y Mora, 2010, p. 10).

Este campo de la ciencia está conformándose como una de las ramas del saber
científico que más está madurando y creciendo en los últimos años, produciendo
consecuentemente en sus arcas un notable elenco de investigaciones y descubrimientos
(Longstaff, 2005). No obstante, a pesar de sus progresos Forés (2015) dogmatiza que
éstos son “pasos evolutivos en un campo de investigación inmenso y todavía misterioso”
(p. 16).

Fue durante la década de los años 90 cuando la neurociencia eleva sustancialmente


la sapiencia sobre el funcionamiento de este complejo órgano, incluso hasta el punto de
que ésta adquiriese la denominación de “década del cerebro” (Ferrés, 2014).

En el cerebro la comunicación recíproca de sus distintas regiones a través de la


extensa red neuronal, con un perpetuo intercambio y flujo de información y cooperación
entre sus distintas funciones, es lo que hace que operaciones de alta complejidad se

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ocasionen (Gamo y Trinidad, 2015). Este órgano está saciado de células que se comunican
e interrelacionan entre sí mediante neurotransmisores. “Los neurotransmisores asocian
información de forma integral y modulan nuestra atención, motivación y aprendizaje a
través de un proceso muy complejo en el que intervienen muchas áreas del cerebro”
(Ligioiz, 2015, p. 110).

Lo que la neurociencia va ratificando en sus continuos progresos es que el cerebro


posee una gran plasticidad, siendo ello una de las bases de los procesos de la memoria y
el aprendizaje. Precisamente, por dicha plasticidad es por lo que el cerebro puede aprender
y adaptarse a las miles de situaciones y experiencias que le suceden (Gamo y Trinidad,
2015). En esa remodelación de conexiones entre neuronas, actividades como el ejercicio
físico, el sueño o una correcta alimentación hacen que mejoren los factores potenciadores
de neurogénesis (Forés y Ligioiz, 2009).

Para que las conexiones neuronales se produzcan en mayor medida y de una


manera sólida, los estímulos emocionales juegan un papel crucial en ello. Las emociones
son capaces de cambiar el estado de activación de nuestro cerebro, engranar un mejor
funcionamiento de nuestros procesos mentales y cognitivos y estimular los mecanismos
sensoriales y motores a nivel cardiovascular y respiratorio. Incluso llegan a producir
cambios a nivel hormonal y metabólico que adecua nuestro organismo a cualquier
circunstancia de cara a poder dar respuestas efectivas (Forés y Ligioiz, 2009).

Estas revelaciones que la neurociencia manifiesta está alcanzando tal dimensión


produciendo cambios radicales en numerosos preceptos en vertientes tales como la salud
o la enseñanza. En esta visión, el neurocientífico Manfred Spitzer ha llegado incluso a
afirmar que “la neurociencia será a la educación lo que la biología ha sido a la medicina”
(Forés, 2015, p. 14).

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4. Neuroeducación y enseñanza-aprendizaje

Tradicionalmente la cultura occidental había concebido a todo lo emocional como


un impedimento para el desarrollo pleno de las capacidades intelectuales del ser humano,
es decir, la razón fue entronizada en detrimento de la emoción (Ferrés, 2014). Antonio
Damásio, en su libro “El error de Descartes” del año 1994, expuso ante la incredulidad
de muchos, que las emociones podían irrumpir en la espiral de la razón suponiendo un
aporte beneficioso en el proceso de razonamiento. Años más tarde, Damásio (2001)
enuncia que “la participación obligada de las emociones en el proceso de razonamiento
puede resultar ventajosa o perniciosa según las circunstancias de la decisión y el pasado
del que decide” (p.4).

Actualmente, el Doctor español en neurociencia, Francisco Mora, afirma en pocas


palabras que sólo se puede aprender aquello que se ama, induciendo la idea de que lo
emocional es imprescindible para que resulte un eficaz proceso de aprendizaje y memoria
(Mora, 2013). Maturana (2009) plantea en esta misma línea que “todas las acciones
humanas, cualquiera que sea el espacio operacional en que se den, se fundan en lo
emocional porque ocurren en un espacio de acciones especificado desde una acción”,
añadiendo que “el razonar también, pues todo sistema racional tiene fundamento
emocional, y es por ello por lo que ningún argumento racional puede convencer a nadie
que no esté de partida convencido al aceptar las premisas a priori que lo constituyen” (p.
23). Las emociones, por tanto, sirven de guía para una eficaz toma de decisiones. Es lo
que uno ama y le seduce, por lo que el ser humano se mueve (Ferrés, 2014).

De este modo, a través de la neurociencia la emoción adquiere un papel


protagónico. Aunque por supuesto, es contraproducente dejar de lado a la razón pues ésta
nos ofrece la oportunidad de pensar con inteligencia previamente a reaccionar de forma
inteligente (Damásio, 2001). Razón y emoción deben ser aunadas y entendidas en una
relación mutua de dependencia y reciprocidad.

El estudio del cerebro ha modificado con su rápido desarrollo la forma de abordar


la enseñanza, entendiendo el proceso de aprendizaje como un proceso neuronal que se

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produce a lo largo de toda la vida del individuo. El cerebro aprende de manera automática,
a través de estímulos de los que el sujeto, en la gran mayoría de los casos, no es ni siquiera
consciente (Böttger, 2016).

3.1.1.1 El aprendizaje desde la Neuroeducación

El científico Koizumi (2003): define el aprendizaje como “el proceso por el cual
el cerebro reacciona ante los estímulos y establece conexiones neuronales que actúan
como el circuito procesador de información, proporcionando almacenamiento de
información” (como se citó en Ibarrola, 2016, p. 54).

Por ende, es en el cerebro donde emerge y radica el aprendizaje. Los estudios cada
vez más determinantes sobre los efectos de los estímulos emocionales en nuestro cerebro,
permiten a los docentes reflexionar sobre la importancia de incluir las emociones y las
relaciones de apego con los educandos. De su aplicación, se dispone de un alumnado
motivado que aprende mejor (Ibarrola, 2016).

Forés y Ligioz (2009) afirman que “la fuente de nuestro deseo por aprender radica
en nuestras emociones, eso, los publicistas hace años que lo han descubierto, el cerebro
emocional tiene la clave para fomentar estas ganas por saber” (p. 25).

Leisle Hart en su libro Human Brain and Human Learning, cerebro humano y
aprendizaje humano planteó el concepto de “aprendizaje compatible con el cerebro“
(Hart, 1983). Dicho concepto se refiere a la necesidad de creación de un ambiente
compatible con el cerebro, es decir, que los ámbitos escolares permitan que el cerebro
trabajé con naturalidad. Es crucial que se cree un ámbito donde los estudiantes se sientan
emocionalmente bien y puedan desarrollarse con éxito. Y donde indudablemente, la
calidad de la relación interpersonal entre el docente y sus discentes sea la llave maestra
para erigir este ambiente de aprendizaje compatible con el cerebro.

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Para ello, el lenguaje y las palabras en particular poseen una carga emocional que
impregna estados emocionales a la persona que tenemos enfrente. Consecuentemente a la
exposición continua de ideas y/o conceptos positivos, el procesamiento neuronal se
optimiza al activar e implicar una red más extensa de neuronas ante estímulos
emocionales positivos. Dichas respuestas se reflejan en nuestra manera de pensar,
reflexionar o planificar, así como también en nuestro cuerpo en forma de marcadores
somáticos (Damásio, 2005).

5. Emociones

En el diccionario de neurociencia, de Mora y Sanguinetti (2004) la emoción es


definida como “una reacción conductual subjetiva producido por la información
proveniente del mundo externo o interno del individuo” (como se citó en Ibarrola, 2013
p. 138).

5. 1. El papel de las emociones en el aprendizaje

Como dice el Dr. Robert Sylvester, “las emociones manejan la atención, que
maneja el aprendizaje, la memoria y casi todo lo demás” (citado a partir de Ibarrola, 2016,
p. 168). Como declaran McEwen y Sapolsky (1995) las emociones nos aprovisionan de
un cerebro químicamente estimulado, es decir, un cerebro más activado que tiene como
resultado recordar mejor las cosas.

Asimismo, cuanta más carga soporta ese estímulo emocional, más intensa es la
activación de la amígdala y por consecuencia, más profunda es la huella que registra. La
emoción y la motivación orquestan al sistema atencional, el cual decide y selecciona
aquellas informaciones que se aprenden. Por el contrario, ante situaciones de adversidad
o sobrecarga de tensión, el cerebro segrega las llamadas hormonas del estrés, como la
noradrenalina y el cortisol, las cuales influyen en los procesos de consolidación de la
memoria y bloqueando la corteza prefrontal. Como consecuencia, afecta a una óptima

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atención hacia las experiencias de aprendizaje, y por ende reduciendo la capacidad de


resolución de problemas de manera inteligente (McEwen y Sapolsky, 1995)

Para Lautrey, director del laboratorio de psicología diferencial de la ciudad de


París: “los fracasos escolares masivos se deben con frecuencia a factores afectivos,
emocionales o relacionales frente a los cuales el análisis de los procesos cognitivos
equivale a la realización de un bordado inglés en una tela de arpillera” (como se citó en
Ibarrola, 2016, p. 175).

5. 2. Relación entre emociones, memoria y atención

5.2.1 La relación entre emoción y memoria

De acuerdo con Mayer (2003), “el aprendizaje es la construcción del


conocimiento; la memoria es el almacenamiento y el pensamiento es la manipulación
lógica de ese conocimiento” (como se citó en Ibarrola, 2016, p.223).

Según lo estudiado hasta el momento, emoción y memoria son procesos que están
intimidante conectados. La información que se recibe será potencialmente más
significativa cuanta más peso tengan las emociones en la cognición. Las experiencias que
implican estímulos cargados de emoción son más fácilmente memorizadas, y dicha
información es frecuentemente más utilizada que aquellas que no poseen codificación
emocional (Ibarrola, 2016).

En el año 2002, Florin Dolcos de la Universidad canadiense de Alberta en


Edmonton, publicó los resultados de una investigación la cual manifiesta que la capacidad
de memorizar imágenes cargadas emocionalmente es notablemente mayor, que si se
presentan imágenes neutras. Dos años más tarde, a raíz de esta investigación pudieron
demostrar que los estímulos emocionales y neurológicos producen la activación de la
amígdala y el lóbulo medio temporal, lugar en el cerebro donde radica el sistema
fundamental de la memoria (Ibarrola, 2016).

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Análogamente, en otra investigación realizada por Erk et al. (2002) utilizando la


técnica de resonancia magnética funcional, se estudió los efectos de un contexto
emocional en el proceso de memorización. En esta investigación se le presentó a los
sujetos participantes distintas fotografías relacionadas con emociones positivas, negativas
o neutras, para justo a continuación mostrarles una serie de palabras que debían
memorizar. Los resultados revelaron que las palabras mejor recordadas eran las
presentadas justo tras un contexto emocional positivo. Además de ello, demostraron como
se activaron diferentes regiones cerebrales: en el contexto emocional positivo, el
hipocampo; en el contexto emocional negativo, la amígdala, y en el contexto
emocionalmente neutro, el lóbulo frontal (como se citó en Ibarrola, 2016).

Ello se debe a que cuando el cerebro detecta un acontecimiento cargado


emocionalmente, la amígdala segrega dopamina. Esta hormona potencia las conexiones
neuronales y ayuda, por ende, a la memoria y al procesamiento de información. Se puede
afirmar que un factor determinante para la consolidación de los recuerdos es el clima
emocional vivido cuando se adquiere dicha información (Ibarrola, 2016 p. 227).

“Cuando unimos en el proceso de aprendizaje un lenguaje también simbólico-


metafórico-emocional, los senderos cerebrales que se establecen crean redes
interconectadas asociadas entre lo simbólico y lo racional, lo lúdico y la
trascendente. Se fragua así una gran aleación que perdurará en la memoria”
(Lingioiz, 2015, p. 120).

5.2.1 La relación entre emoción y atención

Conseguir la continua atención de los alumnos ha sido y sigue siendo el gran reto
y objetivo de los docentes. Sea cual sea el nivel académico, es indudablemente una de las
aptitudes fundamentales que debe poseer todo profesores de éxito (Ibarrola, 2016).

Para su consecución, las emociones positivas de la mano de nuevos y atractivos


contenidos se posicionan como firmes aliados para la captación de la atención de los
estudiantes. Resulta fundamental transmitir fascinación y curiosidad en éstos, ya que

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“activa los circuitos emocionales del cerebro que nos permiten estar atentos” facilitando
así las dinámicas educativas (Forés y Hernández, 2015, p. 50).

Mora (2008) define la atención “como una ventana que se abre en el cerebro a
través de la cual se aprende y se memoriza la información que procede del mundo que
nos rodea” (como se citó en Ibarrola, 2016, p. 148). El ser fascinado y asombrado en el
campo de la neuroeducación se ha ratificado como sinónimo de deseo por aprender. María
Montessori, entre otros ilustres pedagogos, han destacado desde hace casi un siglo
precisamente el relevante desempeño del asombro en el aprendizaje y su relación con la
atención (L´Ecuyer, 2012).

Lingioiz (2015) afirma que “lo novedoso, la incertidumbre, la curiosidad y la


expectación aumentan los niveles de dopamina, lo que favorece la atención y el interés
(p. 117). Citado esto, el sistema atencional, el cual se asienta en la corteza prefrontal del
cerebro, se encuentra conectado por una densa carretera de fibras nerviosas con
estructuras del sistema límbico como el cíngulo anterior y la amígdala, que son
responsables de la motivación, el libre albedrío, y el procesamiento del componente
emocional de los estímulos. Dicho de una manera simple, es el estado de ánimo, el humor
y las emociones las que dictan sobre la atención (Ibarrola, 2016).

Imprescindible, por tanto, concebir emoción, atención y memoria como tres


aspectos de la cognición en permanente y recíproca interacción. Las emociones producen
ese interés y mantienen esa curiosidad que resulta crucial para almacenar y buscar
recuerdos de una manera más efectiva. Los componentes químicos que nutren las
emociones positivas en nuestro cerebro funcionan como una savia vital en el sistema
atencional (Ibarrola, 2016).

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Gráfico 1. Segregación de distintas sustancias cerebrales en función de la actividad.

Desafío Atención Producción


motivador focalizada de
dopamina

Proceso de Producción
Gran actividad
resolución del de
cerebral
desafío adrenalina

Resolución Producción
final del Satisfacción de
desafío serotonina

Fuente: Elaboración propia a partir de Ibarrola, 2016, p. 248.

Una vez presentado el desafío, el hemisferio izquierdo verbal y lógico del alumno se activa,
produciendo dopamina; durante el proceso de resolución del desafío existe una elevada actividad
cerebral y se produce adrenalina, para finalmente, una vez el alumno ha descubierto la solución, surge
una gran satisfacción y el cerebro libera serotonina.

5.3 La relación entre emoción, creatividad, motivación y comportamiento

5.3.1 La relación entre emoción y creatividad

Alice Isen, psicóloga de la Universidad de Cornell, en el año 1987 publicó Positive


affect, cognitive processes and social behavior, estudio los efectos de las emociones
positivas sobre el binomio pensamiento-acción. La investigacione de Isen se resume en
que cuando las personas se sienten bien, su pensamiento es más creativo, flexible e
integrador (Castellanos, 2017).

Según Barbara Fredickson, psicóloga y profesora de la Universidad de Stanford,


experimentar emociones positivas produce un efecto positivo en nuestro cuerpo. Según
Fredickson desencadena una actitud más proactiva, participativa, mejor para resolver
conflictos y una mente más creativa y abierta. (Castellanos, 2016)

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5.3.2 La relación entre emoción y motivación

La definición que aportan los autores Williams y Burden sobre motivación es la


siguiente: “la motivación se puede definir como estado de activación cognitiva
emocional, que produce una decisión consciente de actuar, y que da lugar a un periodo de
esfuerzo intelectual y/o físico, sostenido, con el fin de lograr unas metas previamente
establecidas” (como se citó en Ibarrola, 2016, p 238).

La motivación es la fuente de energía en un aprendizaje de éxito. Ésta se encuentra


estrechamente vinculada con la comprensión emocional. Emociones y motivaciones
deben ser entendidas como las cilindradas en cualquier aprendizaje humano. Por lo cual,
el manejo de los docentes sobre el estado de ánimo de los estudiantes resulta determinante
en todas las facetas y dinámicas educativas (Ibarrola, 2016).

Según Pekrun (1992) y, sobre todo, Goleman (1995) la inteligencia emocional


está ligada a la motivación. Una persona es capaz de mejorar su propia motivación cuanto
más inteligente es emocionalmente. Las emociones en la vida psicológica de un escolar
poseen una alta influencia en las estrategias cognitivas, y por consecuencia en el acto
educativo y rendimiento académico.

La propuesta de Jensen (2004) para que los alumnos descubran su motivación


intrínseca es que el docente genere una continua retroalimentación en la relación profesor-
alumno, lo que influye sobre las creencias respecto de sí mismos y su confianza.

5.3.3 La relación entre emoción y comportamiento.

Hemos reflexionado en el apartado anterior que las emociones son motivadoras


por excelencia que nos producen curiosidad, búsqueda de respuestas y superación de
dificultades, entre otras acciones. Esas acciones se traducen en comportamientos que
arrancan de la motivación y la voluntad (Forés y Ligioiz, 2009).

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Desde el punto de vista fisiológico, la emoción es una reacción principalmente


biológica (Reeve, 1994) que moviliza al cuerpo hacia una acción y objetivo específico.
Hasta el punto de que con la emoción de ira, la sangre fluye vigorosamente hacia las
manos, el ritmo cardíaco se dispara, la adrenalina en nuestro cuerpo aumenta y ello desata
una energía para realizar una acción vigorosa, propia de golpear algo o a alguien con
facilidad; en cuanto a la emoción de miedo, en ésta la sangre se dirige hacia los músculos
esqueléticos grandes, como las piernas, resultando más fácil el huir; en cuanto al rostro,
queda pálido como consecuencia de que la sangre deja de circular por él y si la carga de
esta emoción es extremadamente alta la persona puede quedar paralizada o desmayada
(Reeve, 1994; Goleman, 1995; Shapiro, 1997;)

Estos cambios fisiológicos se deben a la intervención del sistema límbico, área


específica del cerebro que se conforma entre otras estructuras, por el hipocampo y la
amígdala, las zonas encargados de generar respuestas emocionales (Ibarrola, 2016).

Tabla 1. Las funciones del sistema límbico con énfasis en regiones como el
hipotálamo, la amígdala y la formación hipocámpica.

Fuente: Saavedra J., Díaz W., Zúñiga L., Navia, C. y Zamora, T. (2015).

La emoción, por tanto, es capaz de originar componentes químicos en el cerebro


que no sólo se divulgan a través de la reacción axón-sinapsis-dendrita, sino que también
se transmite a distintas áreas del cuerpo. Dichos activos componentes son inducidos desde

[19]
Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

zonas como la médula, las glándulas suprarrenales, los riñones y las protuberancias
anulares las cuales conceden a los componentes químicos originados por las emociones
intervenir sobre una gran parte de nuestros comportamientos. (Ibarrola, 2016).

Salovery y Mayer (1990) sugieren que las emociones son los estados de ánimo
que pueden ayudar a resolver problemas a través de las cuatro vías siguientes:
planificación flexible, pensamiento creativo, atención redirigida y emociones motivantes.
(como se citó en Ibarrola, 2016).

La importancia del estado anímico

Descuidar nuestro estado anímico es mermar el funcionamiento cerebral. Las


facultades cognitivas debido a la ausencia de emociones positivas funcionan con menor
concentración, memorización, motivación y creatividad. Por el contrario, al elevar el
estado anímico ello alimenta a la cognición siendo mayores los niveles de
neurotransmisores, que suponen que la inteligencia global sea mayor, así como también
la confianza y la autoestima (Forés y Ligioiz, 2009).

Las emociones de miedo y tristeza, ambas disminuyen los neurotransmisores y


producen alteraciones hormonales y cambios neurovegetativos (respiratorios y
cardiovasculares (Forés y Ligioiz, 2009).

4. LENGUAJE

Según Luis Castellanos (2016): “el lenguaje nos permite gestionar nuestra propia
inteligencia, tanto la inteligencia lingüística como la emocional” (p. 69). En esta visión,
las palabras son los vehículos físicos de las emociones. Para Mercer (2001) “los seres
humanos somos seres sociales por naturaleza; poseemos la necesidad intrínseca de
comunicarnos y relacionarnos, siendo el lenguaje el medio primario empleado para su
consecución” (p.139)

[20]
Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

Según el lingüista sistémico Michael Halliday empleamos el lenguaje tanto para


compartir información como para establecer y mantener relaciones sociales. Por tanto, el
carácter de nuestro pensamiento depende cardinalmente de la manera con la que
empleamos el lenguaje (Mercer, 2001).

Para nuestro campo de incumbencia es destacable señalar la teoría de Vygotsky


(1978) sobre la diferencia entre la capacidad original y la capacidad potencial de un niño,
denominada zona de desarrollo próximo (ZDP), la cual concebía que el diálogo, los
factores situacionales y la actividad intramental influenciaba altamente en el desarrollo
intelectual (Mercer, 2001). En definitiva, que una buena instrucción podía influenciar y
mucho en el proceso de interpensamiento y desarrollo del niño. Analicemos la influencia
del lenguaje en el cerebro.

6.1 La alteración que el lenguaje ejerce sobre el cerebro

El campo científico de la epigenética, estudia cómo nuestros genes están regulados


por el ambiente al que estamos expuestos, lo que produce una fuerte influencia en nuestra
forma de vida, y donde una de las variables más destacadas es el ambiente lingüístico,
tanto externo como interno al que nos exponemos. Una investigación en el año 2010
demostró que el uso habitual de palabras negativas puede llegar a modificar nuestros
genes. El investigador Keller y sus colaboradores analizaron los cerebros post mórten de
un número de personas que se suicidaron, concretamente estudiando la región cerebral
vinculada con el uso de los significados del lenguaje, el área Wernicke, la cual se activa
leyendo, oyendo una conversación con entendimiento o a través del habla o los
pensamientos. El área Wernicke del cerebro de estas personas presentaban una menor
cantidad de proteína BDNF en comparación con personas sin ideas suicidas. La proteína
BDNF, es la neurotrofina que mayor expresión tiene en el cerebro y, de manera particular
en la corteza cerebral y el hipocampo, áreas vitales para el aprendizaje y la memoria
(Dusman y otros, 1990). Los investigadores afirmaron que la causa de la disminución de
esta proteína era la alteración de la estructura del gen que sintetizaba esta proteína debido

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Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

a factores epigenéticos. En conclusión, los habituales pensamientos negativos y el uso


continuado de un lenguaje hostil habían modificado el genoma (Castellanos, 2016).

Imagen 1. Regiones cerebrales implicadas en el lenguaje y las emociones

Fuente: Castellanos (2016).

Por otro lado, una investigación en 2009 llevada a cabo por el equipo de Manuel
Martín Loeches, asesor científico de “el jardín de junio”, centro impulsor de
investigadores en el campo de la neurociencia cognitiva, estudió cómo las palabras de
ánimo podían influir en nuestro cerebro. Se utilizó la técnica de encefalografía y
potenciales eventos-relacionados (PER), una técnica muy común en neurociencia
cognitiva para identificar cambios en la actividad eléctrica de las neuronas, cambios
producidos al mostrar un estímulo. La prueba consistía en colocar a una persona ante una
pantalla mientras se le daba indicaciones para realizar un sencillo ejercicio de atención,
de repente, oía distintas frases y palabras. Se quería conocer si el cerebro se veía
influenciado por las palabras positivas que oía provenientes de una voz anónima. El
estudio reveló que efectivamente un lenguaje positivo aumenta la atención hacia el
estímulo (Castellanos, 2016).

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Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

Imagen 2. Cómo afecta las palabras emocionales en nuestro cerebro

Fuente: Martín-Loeches M., Casado P., Jiménez, L. y Castellanos, L. (2009). Encouraging Expressions Affect the Brain and Alter
Visual Attention. PLOS ONE 4(6).

Otra investigación de la psiquiatra Alia-Klein para comprobar el efecto de las


palabras en el cerebro, reveló un aumento de la actividad de la amígdala, así como una
mayor liberación de hormonas del estrés ante una palabra con una negativa carga
emocional. Paralelamente mostró que procesos cognitivos como la lógica, el
razonamiento y la comunicación se veían gravemente perjudicados. (Castellanos, 2016).

6.2. La Influencia del lenguaje en nuestro comportamiento

Nuestro comportamiento se regula por cómo pensamos y cómo nos sentimos, de


modo que nuestras acciones son manifestaciones de nuestra forma de pensar. Las palabras
son capaces de construir circuitos, sinapsis constructivas en nuestro cerebro. Éstas junto
con lo que pensamos provocan reacciones dentro de la persona, produciendo cambios en
el cuerpo (Forés y Ligioiz, 2009).

Los mensajes celulares producidos por pensamientos o palabras emocionales


agradables y de confianza aumentan la capacidad respiratoria y de oxigenación cerebral.

[23]
Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

Provocan gestos y posturas calmosas, relajación muscular, apertura corporal de mayor


seguridad, etcétera. Del modo contrario, cuando una persona piensa que tiene poca
capacidad, recibe la liberación química correspondiente a ese pensamiento, la cual
provoca hundir los hombros y encorvar la espalda. En cuanto a los cambios musculares,
provoca un menor riego sanguíneo, disminuyendo la activación en el cerebro. La cierta
liberación química continuada originará un circuito neuronal que provocará una tendencia
de comportamiento habitual (Forés y Ligioiz, 2009).

Tabla 2. Pensamiento y comportamiento.

Pensamiento

Liberación de sustancias químicas

Musculatura Respiración y sistema Sistema hormonal Inmunidad


cardiovascular

Gestos y posturas Cambios metabólicos


Capacidad aumentada
Cambios respiratorios Nivel de líquidos, sal, o disminuida de
Ritmo cardíaco glucosa, etc. nuestras defensas

Fuente: Forés y Ligioiz, 2009.

En definitiva, las palabras y los pensamientos generan emociones diversas que


producen un determinado estado de activación cerebral, que por ende se manifiesta en el
comportamiento.

6.2.1. El efecto Florida

El efecto Florida es una investigación relevante sobre la influencia del lenguaje


en el comportamiento. En el año 1996, Jhon A. Bargh y sus colaboradores publicaron un
estudio realizado con estudiantes que comprendían la edad de diecinueve años. Los
sujetos participantes en el experimento fueron separados por grupos y se les pidió que

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Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

organizasen frases con cinco palabras. A un grupo se le dispuso de cinco palabras


asociadas al concepto de ancianidad. Concluida la tarea se les pidió a los jóvenes que
marcharan a otro despacho a realizar otra prueba. La distancia que tenían que recorrer
entre ambos puntos era el verdadero objetivo del experimento.

Para aquellos investigados que construyeron frases con palabras asociadas a la


vejez mostraron resultados más tardíos en cuanto al tiempo en recorrer el pasillo, es decir,
fueron más lentos que el resto de los grupos sin esta variable de palabras de connotación
a la vejez. Al explicado experimento se le conoce como “Efecto Florida” y manifiesta la
influencia incosciente que puede tener el lenguaje en nuestro cerebro (Castellanos, 2016)

Daniel Kahneman, psicólogo y Premio Nobel de Economía en 2002, en su libro


Pensar rápido, pensar despacito cita este estudio al hablar del efecto Priming, que se
traduce como el efecto de primacía y predisposición, la influencia de una idea en una
acción. El “Efecto Florida” comprende dos etapas de Priming. En la primera de ellas, el
conjunto de palabras prima ideas de edad avanzada, sin embargo, sin usar términos con
explicitud como “viejo”; en la segunda, priman una conducta como la de caminar
despacio, que se asocia a la edad. El “Efecto Florida” demuestra la posibilidad de inducir
cambios en el comportamiento de las personas de forma inconsciente, las palabras
suponen estímulos verbales que provocan determinadas asociaciones a pesar no ser
incluso consciente de ellas (Castellanos, 2016).

Este mismo psicólogo realizó a posteriori otro experimento con dos grupos de
estudiantes, a unos se les presentaron palabras asociadas a los conceptos de grosería o
brusquedad, mientras al otro grupo palabras asociadas a los conceptos de amabilidad y
cortesía. Una vez terminada su exposición, se les pedía a los participantes ir a hablar al
despacho de uno de los responsables del experimento. Justo antes de la puerta de entrada
al despacho, otro de los investigadores se colocaba obstruyendo la puerta, mientras
hablaba con cierta pasión con alguien. De nuevo, sin los estudiantes conocer la prueba
real del experimento, se quería averiguar qué estudiantes interrumpían antes la
conversación. Los resultados mostraron que los estudiantes que interrumpieron con
mayor rapidez y frecuencia fueron los estudiantes que habían sido expuestos a palabras

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Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

bruscas y groseras. Mientras que el grupo expuesto a palabras de cortesía esperaron sin
interrumpir (Castellanos, 2016).

En esta visión, diferentes palabras pueden producir un cambio inmediato y


medible en nuestro comportamiento. En definitiva, se puede reflexionar sobre la
capacidad de las palabras para convertir una idea en actuación y, sobre todo, en la
posibilidad de utilizar el efecto Priming que sucede en nuestro cerebro para el beneficio
conductual (Castellanos, 2016).

7. El lenguaje positivo

El lenguaje positivo es el hecho de poner inteligencia en el lenguaje, significa


entender, apreciar y usar las palabras que formulamos de una manera efectiva y
beneficiosa para mejorar la comunicación, la relación con los demás, con uno mismo y
para la toma de decisiones (Castellanos, 2016, p. 49).

7.1. 678 monjas y un científico

Este título pertenece al libro que publicó David Snowdon en 2011. En él se expone
el punto de partida y origen de interés en las investigaciones posteriores sobre los efectos
del lenguaje positivo. Comienza con el que ha sido denominado “el estudio de las
monjas”. En 1932, se les pidió a las hermanas de la congregación de Notre Dame que
escribiesen una autobiografía y motivos personales para tomar los hábitos. Aquellos
escritos llegaron a manos de investigadores muchos años más tarde y ofrecieron lo que
según Castellanos (2016) han sido una de las informaciones más valiosas de la psicología
del siglo XXI.

Un equipo multidisciplinar de expertos examinó los contenidos verbales, densidad


de ideas y el número de expresiones emocionales e intensidad de esos escritos. Los
resultados revelaron una relación directa entre los años de vida que esas personas habían

[26]
Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

vivido y la cantidad de expresiones positivas e intensidad de las mismas que habían


empleado en sus textos.

Habitualmente, los porcentajes de palabras que expresan sentimientos positivos


oscilan entre el 2 y el 6%, mientras que en los textos manuscritos de algunas de aquellas
monjas alcanzaron entre el 20 y el 27%. Las monjas que expresaban más emociones
positivas y más intensas vivieron una media de siete años más que las monjas que
expresaban una emocionalidad positiva menor. (Castellanos, 2016)

7.2 Potencialidades del lenguaje positivo

Las palabras positivas son capaces de cambiar el rumbo de nuestras emociones.


Palabras de contenido emocional positivo comunican estados emocionales positivos. Por
ello, el lenguaje se configura como una pieza clave para elevar y mantener ese estado
emocional y motivacional adecuado (Castellanos, 2017).

Las palabras positivas y de ánimo favorecen a focalizar mejor los recursos


cognitivos y ello contribuye a una mejor ejecución de cualquier actividad posterior a ese
momento. Ciertas palabras, aún más aquellas que más significación tengan sobre esa
persona en particular, son capaces de activar una red extensa de áreas cerebrales en las
que determinadas sustancias neuroquímicas funcionan como impulsores entre neuronas
(Castellanos, 2016).

El lenguaje positivo es capaz de modular funciones cognitivas importantísimas


como la atención, la memoria, la creatividad y la motivación, influyendo en la función
ejecutiva y en nuestras conductas y comportamientos (Castellanos, 2016)

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Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

8. El lenguaje positivo en la enseñanza

Hemos revisado el papel protagónico de las emociones como unas maestras


altamente acondicionadoras e indispensables para que la disposición de los alumnos sea
eficiente y las informaciones queden grabadas de forma intensa, mejorando así la
capacidad de aprender. Por tanto, desde este planteamiento se aboga por un aprendizaje
con diálogos cargados de emociones positivas para que las dinámicas educativas sean
atractivas y motivadoras. “Si la educación no contiene un abanico poderoso de
estimulación, difícilmente podremos saber nuestras facilidades y potencialidades” (Forés
y Ligioiz, 2009, p. 72).

Analizado que al cerebro le encanta y seduce las palabras positivas, si se eleva el


número de expresiones de emociones positivas las funciones cognitivas funcionan mejor.
Se mejoran los resultados por el condicionante de que el cerebro está trabajando con
niveles más elevados de atención, memoria, creatividad y energía. (Castellanos, 2017).

Por tanto, el lenguaje positivo debe ser el generador de un clima emocional


positivo dentro del aula, tanto entre el binomio profesor-alumno como entre compañeros.
Esta variable puede suponer uno de los mayores facilitadores para el proceso de
enseñanza y aprendizaje y como resultado, para el aprendizaje de los alumnos. El trabajo
en equipo, donde todos son ganadores, se promueve el sosiego necesario que abona la
permeabilidad cerebral y receptividad de los alumnos (Ibarrola, 2016).

El resultado de una convivencia escolar positiva produce efectos beneficiosos para


el bienestar tanto personal como grupal. Según Ibarrola (2016) entre los citados efectos
se encuentran correlaciones con la disminución de conductas disruptivas, absentismo
escolar y la reducción de embarazos no deseados entre adolescentes.

El amplio abanico de beneficios que supone promover un buen clima de


convivencia social dentro de la comunidad educativa, y en particular dentro de las aulas,
supone una inversión mayor de tiempo y recursos para proyectos y programas en la

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Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

escuela que ayudará a alcanzar una de las grandes metas de la educación: mejores
aprendizajes y desarrollo integral de los alumnos (Ibarrola, 2016).

Tabla 3. Qué produce el lenguaje positivo

QUÉ PRODUCE EL LENGUAJE POSITIVO


Menor cantidad de situaciones estresantes
Mayor bienestar. Reducción de las quejas
Mayor atención y concentración en el aula: mayor capacidad de aprendizaje.
Mayor eficiencia en el aula y el rendimiento académico
Mejor ambiente escolar y familiar
La resolución de problemas sin utilizar una fuerza verbal o física innecesaria
que puede generar conflictos de difícil solución.
Ganar el respeto y la confianza mutuos
Autocontrol y control de las situaciones personales y profesionales
Un habla interna positiva

Fuente: Elaboración propia a partir de Castellanos (2017).

Las palabras positivas son en el aprendizaje la estimulación necesaria para la


capacidad de comprensión, memoria, motivación, en definitiva, para la eficacia y
eficiencia educativa y el rendimiento en resultados de los alumnos. (Castellanos, 2017;
Forés y Ligioiz, 2009, p. 243).

8.1. El papel del profesor

8.1.1. Competencia lingüística del docente

Es una verdad axiomática que para que un enseñante enseñe y un educando


aprenda, han de emplear el diálogo y desarrollar un espacio compartido de comunicación.
(Mercer, 2001). Para Ferrés (2008):

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Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

“si ser un buen educador comporta ser un buen comunicador, y si ser un buen
comunicador implica capacidad de sintonía, el buen educador deberá tener
capacidad de seducción, en el sentido de tener empatía con los deseos del
interlocutor (...) sólo se puede educar si se es capaz de seducir. Sólo se puede sacar
algo del interior si se es capaz de penetrar en él” (p. 48-49).

Un docente no es un banal instructor o facilitador en el acto educativo de


informaciones, sino el creador de conocimientos potenciales en unos estudiantes que
necesitan de un rol compartido, activo, cooperativo y reflexivo en la consecución de su
propia comprensión (Mercer, 2001). La participación e implicación del alumnado en el
proceso de aprendizaje le ayudará a grabar y recordar y los vínculos afectivos a creer y
hacer (Forés y Ligioiz, 2009).

Los profesores deben ser conscientes de las técnicas de diálogo que emplean y,
sobre todo, con la finalidad que la emplean (Mercer, 2001). El lenguaje positivo puede
ejercer un efecto transformar, para ello, cuanto mejor se conozcan los intereses, objetivos
y puntos de vista de los estudiantes, mejor será la elección de las palabras que produzcan
ese efecto que puede resultar determinante en el éxito o fracaso académico,

8.1.2. El poder del profesor a través del lenguaje

Son varias las investigaciones que demuestran como los juicios y jerarquías
afectan en el rendimiento escolar de los alumnos. Es decir, como las ideas y juicios que
emite un profesor sobre el desempeño de un alumno supone un factor determinante para
que éste alcance el éxito académico (Brophy y Good, 1974; Persell, 1977; Rosenthal,
1976; Smith, 1980).

Efecto Pigmalión

No obstante, el estudio por antonomasia sobre el poder de las expectativas del


docente sobre sus discentes tiene de título “Pygmalion en la escuela” de Rosenthal y

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Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

Jacobson (1980). Dicha investigación revela como aquellos estudiantes, de los cuales el
profesor esperaba un desarrollo mayor de ellos, mostraron realmente tal desarrollo. De
este modo, las altas o bajas expectativas de rendimiento por parte del docente es sinónimo
de mejores o peores resultados escolares de sus alumnos. Esta investigación nos muestra
como el docente a través de la comunicación y la interacción en el aula influye de manera
trascendental en la formación de sus alumnos.

Diversos autores han realizado estudios sobre este fenómeno afirmando que,
efectivamente, el efecto Pigmalión está presente en las aulas y se configura como una
variable significativa para tener en cuenta (Rosentahl y Rubin, 1978; Brophy, 1983).

8.2 La influencia del lenguaje positivo en alumnos

Cuando mediante un enunciado positivo se hace a un alumno creyente de sus


posibilidades, de que puede conseguir aquello que se proponga, su cuerpo reacciona de
forma espontánea colocando su eje corporal en posición recta, para que al moverse gaste
menos energía y se canse menos, de este modo se permite una correcta respiración que
desencadena mejor oxígeno en sangre y mejor funcionamiento general, con mejoras tanto
respiratorias como cardiovasculares, y con una liberación de sustancias cerebrales
óptimas para que el cerebro trabaje de manera activa y como consecuencia sea más
inteligente. La activación de millones de neuronas lo hará posible (Forés y Ligioiz, 2009).

Daniel Goleman y Richard Boyatzis (2010), el primero mundialmente conocido


por su teoría sobre la inteligencia emocional coincide con este segundo, investigador
sobre liderazgo emocional en que a las personas se les puede hacer sentir que son parte
de algo importante. Para ellos, el motor emocional que puede producir esto es la
capacidad de hablar de los sueños, de la construcción de metas positivas, pues éstas
activan los centros cerebrales. Se deduce que el calibre en cuanto al tipo de lenguaje y,
por ende, de pensamientos que un estudiante ejecute puede determinar su
comportamiento, y como consecuencia que su aprendizaje se dirija a un camino de
potencial éxito.

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Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

Por otro lado, publicaciones como la Paul Piff, profesor de psicología y


comportamiento social de la Universidad de Irvine en 2015 o de la psicóloga
estadounidense Francine Russo en 2016, ambos en la revista Mente y Cerebro, hablan del
poder del sentimiento de admiración (Castellanos, 2017). Como los docentes influyen de
una manera directa en los esquemas conductuales de los alumnos. Se convierten en una
figura de apego que producen un modelado y moldeado a través de procesos de atribución
(Alloy, et al., 2001; Gillham, Reivich y Shatté, 2002). Desde esta visión el discente debe
actuar como un modelo positivo, utilizando un lenguaje cercano, de logros y retos
ilusionantes.

En la labor docente el lenguaje positivo es la herramienta para mejorar las


relaciones, disminuir el miedo, las presiones, el estrés, manejar conflictos, aumentar la
confianza y seguridad, en definitiva, para mejorar el clima de aprendizaje. La positividad
en el lenguaje del docente genera mayor atención, memoria y creatividad (Fernández-
Abascal, 2009). Los profesores se convierten en estimuladores contagiosos de una actitud
positiva. Cambios emocionales y anímicos pequeños, continuados pero significativos,
suponen en la fisiología nerviosa una modificación de conducta social.

8.3 Metodologías apropiadas

Para una escuela de éxito que proporcione aprendizajes de calidad es imperioso la


reflexión sobre las estrategias, condiciones organizativas y metodológicas que se van a
emplear. Resulta crucial que las aulas dispongan de una organización flexible y
democrática, donde se apoyen los proyectos e iniciativas de sus miembros, se suscite la
ayuda, el trabajo cooperativo y donde se construya un clima de relaciones positivas y
motivadoras (Palomera, 2017). Para ello, ha de emplearse aquellas metodologías que
puedan adaptarse a los diferentes estilos de aprendizaje que caracteriza a cada estudiante,
para que así pueda desarrollarse mostrando su máximo potencial

Desde esta visión, metodologías como el trabajo cooperativo, por proyectos y


basadas en el juego pueden suponer un mayor flujo del lenguaje y del funcionamiento y

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Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

desarrollo cognitivo en los alumnos. Mayor y mejor formas de pensar y trabajar, de


relaciones con mayor protagonismo y autonomía, atención e implicación, facilitación de
un contexto en el que el cerebro funciona de manera natural hacia retos ilusionantes y
donde se unen las fortalezas que caracterizan a cada alumno en la consecución de un
objetivo superior. En definitiva, se considera que estas formas de trabajo originan una
espiral positiva de clima motivador y de confianza en el grupo (Palomera, 2017).

La idea es apostar por una educación lingüístico-emocional, clave para un proceso


vital de aprendizaje. Los docentes tienen la llave maestra para educar las habilidades
emocionales a través del lenguaje y sus métodos, potenciando a través del lenguaje
positivo a las emociones positivas y viceversa, para además aprovechar su efecto de
contagio para favorecer los procesos de enseñanza.

En conclusión: “necesitamos construir espacios educativos que hagan crecer las


fortalezas individuales del alumnado para su crecimiento personal y social” y para que
ello suceda la escuela debe ser “un centro dinamizador que trascienda su contexto y se
extienda a la familia y a la sociedad” (Fernández-Berrocal y Extremera, 2009, p.104).

7. Discusión

Los conocimientos actuales sobre la mente humana debido a los avances de la


neurociencia han provocado una revolución en múltiples áreas de conocimiento. Para la
educación, este campo de la ciencia resulta crucial para el entendimiento de cómo factores
externos afectan en nuestro cerebro y sistema nervioso para así comprender las bases
biológicas y fisiológicas del comportamiento (Squire, 2013).

Aun siendo dicho ámbito de estudio relativamente novedoso, sus deliberaciones


han revolucionado la forma de entender el funcionamiento del cerebro. La acción de aunar
neurociencia y educación ha dado lugar a lo que se conoce como neurodidáctica, la cual
gracias a los avances tecnológicos ha posibilitado el estudio interdisciplinar de mente,
cerebro y educación por parte de investigadores, profesores y estudiantes (Battro, Fischer
y Léna, 2008).

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Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

La neuroeducación manifiesta de manera rotunda la idoneidad de incluir a la


emoción en el proceso de enseñanza y aprendizaje. El docente no debe ser un mero
transmisor de información, sino un creador de conocimientos y experiencias
enriquecedoras con la finalidad de suscitar curiosidad y motivación hacia el aprendizaje
(Ferrés, 2014). Para Ferrés y Mansanet (2017):

“Potenciar la dimensión emocional en la comunicación educativa comporta


diseñar estrategias en la que se atienda la multiplicidad de intereses diversos que
mueven a unos estudiantes y a otros. En definitiva, la habilidad más preciada de
un comunicador educativo es la capacidad de movilización, implicación e
interacción” (p.60).

Por ello, un profesor tiene la capacidad a través de la educación lingüístico-


emocional de favorecer los procesos de enseñanza y aprendizaje, y la mejor herramienta
para potenciar dicho acto es el lenguaje positivo (Castellanos, 2017). Éste ofrece un mejor
rendimiento cognitivo que potencia los procesos de atención, memoria, motivación y
creatividad, claves en cualquier aprendizaje. El lenguaje positivo, por tanto, crea el
ambiente adecuado para el desarrollo cognitivo del alumno y de las relaciones, así como
de las dinámicas favoreciendo el ánimo con el se educa y aprende.

Se ha revisado como las personas que se sienten bien, su pensamiento es óptimo,


flexible e integrador, teniendo vinculación en sus conductas respecto a las relaciones
sociales, el desempeño en el aula y en su estilo de vida en general (Castellanos, 2016).
Las aplicaciones prácticas del lenguaje positivo son extrapolables a casi todos los ámbitos
de la vida, ya que las palabras están siempre presentes allá donde vamos y pueden ser
definitorias de éxito, salud y felicidad (Ibarrola, 2016).

Por ello, uno de los objetivos educativos en el lenguaje positivo es enseñar el valor
de las palabras y sus efectos, así como sus potencialidades (Castellanos, 2017). La
educación rara vez enseña las distintas formas de emplear el lenguaje para un uso eficaz
y como medio para aprender (Mercer, 2001). Es fundamental que las personas sean
conscientes de ello y conozcan sus potencialidades posibilidades para que utilicen sus

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Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

fortalezas y que éstas ejerzan de vehículo para el éxito personal y laboral (Jiménez,
Alvarado y Puente, 2013).

8. Conclusiones y líneas de futuro.

Tras el estudio de esta investigación se puede afirmar que el uso de un lenguaje


positivo por parte del docente mejora el proceso de enseñanza y aprendizaje y, por tanto,
el rendimiento académico de los alumnos.

Como ha demostrado la neurociencia y neurodidáctica, emoción y cognición son


procesos que van de la mano y entendiendo a la emoción como un elemento trascendental
en el aprendizaje, el lenguaje positivo se encarna como el medio principal para su
influencia.

Se ratifica como el lenguaje positivo mejora procesos cognitivos como la atención,


la memoria, la motivación y la creatividad, mejorando y amplificando el aprendizaje en
los alumnos. Asimismo, influye en la conducta y su uso crea un ecosistema positivo que
mejora las relaciones, tanto con uno mismo como con los demás, de manera que todos los
protagonistas involucrados en el proceso de enseñanza y aprendizaje se benefician
alcanzando estados óptimos de aprendizaje (Castellanos, 2017, p. 121).

Tras lo revisado, se confirma como el tipo de lenguaje que los docentes emplean
con sus discentes desempeña un papel protagónico y crucial para el desarrollo del
rendimiento de los estudiantes. El objetivo principal de cualquier docente debe ser
capacitar a sus estudiantes para que desplieguen su máximo potencial.

8.1 Limitaciones y líneas de futuro

Las principales limitaciones del presente trabajo de investigación documental han


sido las siguientes:

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Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

▪ Insuficiencia temporal para abordar una mayor variedad de autores e


investigaciones, así como una mayor profundidad en sus análisis.

▪ El tan reciente interés por el estudio del lenguaje positivo implica una notable
dificultad a la hora de buscar investigaciones y autores al respecto.

Las principales posibles líneas de futuro investigativas que podrían iniciarse a


través de este estudio son:

▪ Realizar un estudio de corte cuantitativo en el cual se realicen distintas pruebas


empíricas para medir la capacidad de mejora ante la exposición de palabras
positivas en la ejecución de distintas actividades que impliquen los procesos
cognitivos estudiados: memoria, atención, motivación y creatividad.

▪ En una investigación a largo plazo, medir la capacidad de mejora en cuanto al


rendimiento académico de un grupo experimental en el que un docente emplee un
continuado lenguaje positivo en el proceso de enseñanza y aprendizaje respecto a
otro que no.

▪ Por último, medir el número de palabras positivas que utilizan los docentes en el
acto educativo para así de este modo conocer el punto de partida y la formación
necesaria para mejorar las estrategias comunicativas y enriquecer dicho acto
conociendo sus potencialidades.

9. Referencias y bibliografía.

1. Alloy, L. B., Abramson, L. y Tashman, N. A., Berrebbi, D. S., Hogan, M. E.,


Whitehouse, W. G., Crossfield, A. G., y Morocco, A. (2001). Developmental
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9. Anexos

Psicología positiva y bienestar humano

La psicología positiva es un campo de la psicología que tiene como objeto de


estudio el bienestar humano. El profesor Martin Seligman, antiguo Director de la
asociación americana de psicología realizó experimentos sobre la sensación de felicidad
y bienestar en nuestro cuerpo. Barbara Fredickson, Alice Isen o Carmelo Vázquez en
España son algunos de los investigadores que han dedicado sus investigaciones en esta
línea con conclusiones rotundas sobre cómo expresar y sentir emociones positivas ayuda
a mejorar y aumentar la calidad longevidad de vida y reforzando los vínculos sociales
(Castellanos, 2016).

Las personas pesimistas y decaídas reflejan esa negatividad en sus acciones, en


sus palabras, en su lenguaje corporal. Muestran dificultades para establecer relaciones
sociales, cometen errores o despistes, presentan una mala planificación, etcétera. Estudios
recientes sobre pensamiento negativos indican que aumentan notablmente la probabilidad
de desarrollar depresión a largo plazo (Castellanos, 2016).

El economista británico Richard Layard plantea que la sensación de emociones


positivas son beneficiosas para la salud: “Midamos como midamos la felicidad parece un
hecho que conduce a la salud física”, haciendo referencia al estudio de las monjas que
anteriormente hemos comentado (Como se citó en Castellanos, 2016, p. 42).

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Las potencialidades del uso del lenguaje positivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje Juan José Salvado Ortega

Los efectos de un buen sentido del humor y risas

Para Forés y Ligioiz, (2009) los beneficios integrales que comporta el sentimiento
de humor y las risas según son:

✓ Aumenta la capacidad respiratoria. El aumento de oxigenación mejora el


funcionamiento de las células de nuestro cuerpo incrementando el nivel de
energía.

✓ Aumenta la producción de neurotransmisores en el cerebro. La dopamina,


endorfinas y serotonina se eleva, con la posterior mejora del ánimo y de la
actividad cerebral.

✓ La risa disminuye la cantidad cortisol en sangre. La sonrisa es interpretada por el


cerebro como un estado de alegría por lo que segrega sustancias, como la
serotonina, que contagian el ambiente y producen estados de optimismo.

Neuroestética

La neurobiología ha estudiado la belleza, concretamente a esta rama de


conocimiento se ha denominado neuroestética. Creada hace 10 años por el científico
Semir Zeki, catedrático de Neuroestética de la Universidad College de Londres. El objeto
de estudio es descubrir e identificar que áreas del cerebro se activan ante un estímulo
considerado como bello. Los resultados afirman que la belleza activa la atención selectiva
(Castellanos, 2016).

Las investigaciones de Denis Dutton, fundador y editor de la prestigiosa revista


web Arts Letters Daily han esclarecido como el cerebro orienta su atención hacia lo que
percibimos bello (Castellanos, 2016).

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