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LENGUAS CLÁSICAS II

TRABAJO PRÁCTICO

Análisis de “Medea” de Eurípides

Muñoz, Yanina Alejandra


Profesorado de Lengua y Literatura
- 3º año -
Ciclo Lectivo 2009
1) Análisis del autor

Sobre la biografía de Eurípides poseemos pocos datos y no del todo verosímiles. Sus padres eran ricos
hacendados y él nació en la propiedad familiar de Salamina, en el 485/4 a.C. Recibió una educación
esmerada y es posible que antes de dedicarse a la literatura se dedicase a la pintura, pues parecen ser
suyos unos cuadros hallados en Mégara. Todo tipo de historias del peor género elaboradas por la
comedia nos hablan de sus desventuras matrimoniales con sus dos mujeres, Melito y Quérine, y los
muchos disgustos que tuvo en el matrimonio.
Eurípides no alcanzó gran simpatía entre sus conciudadanos, por su carácter inconformista y crítico con
los aspectos tradicionales, y pronto fue objeto de las burlas de la comedia. Por contraste con Sófocles,
cuya vida estaba incorporada tan sólidamente a la comunidad ateniense, Eurípides no participó
activamente en política y sus relaciones con el público no fueron buenas. Esta oposición del público se
manifestó en una acusación por impiedad formulada por Cleón, aunque la fuente no es muy segura.
En el año 408 a.C. abandonó con amargura Atenas, acogiéndose al mecenazgo de Arquelao de
Macedonia; allí en Aretusa, cerca de Anfípolis, murió en la primavera del 406. Según una tradición, fue
muerto despedazado por perros rabiosos, lo cual no es sino una invención para simbolizar su castigo por
impío. En la corte de Arquelao estuvo rodeado, en sus últimos días, por hombres prestigiosos como el
poeta trágico Agatón y el poeta ditirámbico Timoteo.
Sobre los premios obtenidos, decir que según el Mármol de Paros consiguió el primer premio en cuatro
ocasiones, lo cual es un balance pobre si tenemos en cuenta que consiguió coros para veintidós
tetralogías, en torno a las noventa obras. Algunas fuentes citan cinco triunfos porque añaden el obtenido
por su hijo o sobrino después de su muerte.
Entre sus obras más famosas: Alcestis, Hipólito, Medea, Bacantes.
Se conservan dieciocho obras de Eurípides (compuso alrededor de 92) pues el Reso se considera
apócrifa - no auténtica - y un drama satírico - Cíclope -que nos ha llegado a través de textos medievales.
Además una cantidad de fragmentos pertenecientes a sus obras perdidas que supera con creces a la de la
totalidad de los fragmentos de Sófocles y Esquilo. Estas obras son: Alcestis, Medea, Los Heráclidas,
Hipólito, Andrómaca, Las Suplicantes, Hécuba, Ión, Heracles, Las Troyanas, Electra, Helena, Ifigenia
en Tauride, Las Fenicias, Orestes, y las compuestas en su estancia en Macedonia Ifigenia en Aúlide, y
Las Bacantes.
La inquietud intelectual es el signo que caracteriza a Eurípides. Trató con espíritu nuevo las historias del
pasado, utilizándolas a veces para desenmascarar a héroes, como Eteocles, o criticar a los dioses por su
comportamiento. En ocasiones pertenece al apogeo clásico y en otras es muy renovador. El "pathos" de
un gran apasionamiento se encuentra junto a consideraciones racionalistas ajenas a la acción. El centro
de su interés es el hombre, viendo a las divinidades como símbolos de los poderes irracionales y
sustituyendo su fuerza por la de la Tuch (el azar, la fortuna) que mezcla y dirige los destinos humanos.
Critica muchos principios de la normativa tradicional ática como la superioridad hombre-mujer, griego-
bárbaro, el respeto a la tradición y el pasado glorioso, la virtud de la guerra, etc. Utiliza la tragedia para
exponer sus ideas, lo cual da a ésta un carácter moralizante y sentencioso que se observa en la forma de
terminar algunas mediante la intervención de lo maravilloso en forma de "deus ex machina". En su obra
se cumple el tópico aristotélico según el cual "Sófocles representa a los hombres como deberían ser y
Eurípides como son".
Con respecto a la democracia e imperialismo atenienses, Eurípides no participa en la polis con una
relación similar a la de Esquilo o Sófocles. Si con frecuencia tomó posiciones en sus dramas frente a
cuestiones de la vida estatal, lo hizo desde el punto de vista del pensador racionalista, y no como
ciudadano de la polis que participa en ella.
En el helenismo, se conducía a los extranjeros en Salamina a una gruta donde se suponía que, alejado de
los hombres, Eurípides había meditado sobre los enigmas de la existencia. El genio se aislaba y abría un
profundo abismo, cosa insólita en el clasicismo, entre él, que empezaba a despuntar, y el pueblo. Esta
actitud del poeta y el plasmar los pensamientos de la sofística en sus versos, provocaron la indignación y
burla de los conservadores atenienses.
Sobre su relación con la sofística decir que fue seguidor de sus ideales pero nunca estuvo adscrito a
ninguna escuela. Discípulo de Protágoras, Prodico y de Anaxágoras participó del racionalismo sofístico
pero su obra no se acopla a ningún sistema filosófico, sino que muestra una lucha incesante, una
búsqueda apasionada, que le hace parecer contradictorio. Este pensamiento sí que influyó en su
concepción de la tragedia. Se abrió al influjo de la sofística y tuvo los problemas de los sofistas, pero
conservó su independencia y a veces fue crítico con ellos.
La lengua de Eurípides se asemeja al habla coloquial por diversas razones: vocabulario extraído de la
prosa, uso de figuras estilísticas coloquiales, del hipérbaton, o el recurso de poner en antecedentes de lo
que va a pasar con el prólogo. Esto no significa que sea un estilo vulgar, sino que posee la sencillez
característica de los poetas que tienen cosas importantes que decir.
La importancia del coro en Esquilo y Sófocles como personaje activo en el conflicto dramático
desaparece por completo en Eurípides. Sin embargo los coros de éste cobran relevancia por la calidad
poética que poseen y como espectáculo musical (recordemos su relación con Timoteo, renovador de la
lírica en el s.V a.C., en Macedonia).
Se ha observado como ciertas partes de la tragedia de Eurípides se destacan con mayor nitidez y tienden
a tener vida propia, pero esto no significa que los dramas del autor se vayan a descomponer, sino que
forman un todo en el que esas partes se distinguen en sus aspectos formales. Así ocurre en los diálogos
agonales, donde se despliega el gusto de los griegos por la disputa, y su pasión por las acciones
judiciales. Se ve influido en cierta medida por la retórica de su tiempo. Al final de sus dramas usa el
deus ex machina para desenredar la trama y restablecer el orden.
Son importantes los cantos corales de Eurípides, que no son meras interpolaciones sino que tienen el
carácter de relatos líricos independientes, donde la musicalidad nos muestra el nuevo giro que
experimenta el ditirambo ático en esta época.

2) Argumento de “Medea”

En el prólogo la nodriza expone la situación: Medea, llegada a Corinto con Jasón después de haberle
ayudado a conquistar el vellocino de oro y haber matado, por su amor, a su propio padre y hermano, se
encuentra ahora gravemente afligida y ofendida porque Jasón, olvidando sus juramentos, está por
contraer nuevas nupcias con la hija del rey Creonte; y en su corazón exasperado medita sin duda alguna
venganza terrible.
EL pedagogo de los hijos nacidos de Jasón y Medea agrega por su parte haber oído decir que Creonte
tiene la intención de expulsar de Corinto a los pequeños inocentes, lo que exacerba el furor de Medea.
Sin embargo, cuando el propio Creonte viene a comunicarle su decreto, Medea, que ha concebido ya un
cruel plan de venganza, trata de obtener con palabras serviles y simuladoras que puedan los niños
permanecer un día más en Corinto, a lo que Creonte accede, no obstante sentir un oscuro temor.
Medea revela a las mujeres del coro su íntima sed de venganza: matará no sólo al traidor, sino también a
la nueva esposa y a su padre; sólo es incierta todavía la forma de hacerlo.
Para exasperarla en mayor grado llega Jasón, con quien tiene un áspero altercado. Pero he aquí que se
presenta en Corinto el rey de Atenas, Egeo, de regreso de Delfos a donde fue a interrogar al oráculo
sobre la causa de la esterilidad que lo aflige. Medea, prometiéndole remedio a su mal, le solicita
hospitalidad, y Egeo se compromete con solemne juramento a darle en Atenas asilo inviolable, cuando
se disponga a salir de Corinto.
Segura así de un futuro refugio, Medea puede llevar a cabo su plan. Llega un esclavo de la casa de
Creonte: la esposa ignorante, aceptado el regalo fatal, desfallece de repente y cae a tierra; el vestido se
adhiere a las carnes y la consume, mientras de la corona se eleva una llama que la desgraciada reaviva
aun más al tratar en vano de defenderse de ella.
Acude entonces el padre y se arroja sobre el cuerpo atormentado de la hija, y queda pegado y consumido
también él por el maleficio.
Queda aún cumplir la última venganza con Jasón: desde los aposentos se oyen los gritos de los niños que
la madre mata con sus propias manos. Jasón, que llega para castigar a Medea, contempla la revelación
del último y atroz delito; pero Medea se eleva volando al cielo sobre el mágico carro del sol, llevando
consigo los cuerpos de los hijos a quienes ella misma dará sepultura.

3) Estructura interna

La estructuración de los hechos, es decir, la "fábula", gira en torno a tres procesos: la peripecia, la
anagnórisis y el pathos.
La peripecia es un cambio de acción en el sentido contrario al que se espera, un efecto paradójico de la
intención, es decir, una acción que emprendida en un determinado sentido alcanza, sin embargo, un
resultado opuesto. La mejor peripecia es la que lleva al héroe de la felicidad a la desgracia, y así le
sucede a Medea, que, estando felizmente casada con Jasón, descubre que éste la engaña y que tiene la
intención de contraer matrimonio con Glauce. El carácter noble y el valor deberían estar presentes en el
héroe afectado por la peripecia, ya que si no, no se produciría un efecto trágico (resultaría más bien
cómico que un hombre malvado pasase de la dicha a la desdicha). Pero en Eurípides, Medea no aparece
como un modelo tan noble sino que está vista a través de una lente que pone de relieve sus ambiciones,
su cinismo, su maldad y su cobardía, rebajando la aureola heroica que rodea al resto de los personajes
trágicos de la literatura griega. Eurípides consigue este efecto mediante un tratamiento realista del mito.
Sin embargo, este hecho no impide que se produzca igualmente un efecto trágico.
El siguiente de los procesos a los que se ve sometido el héroe es la anagnórisis. Ésta constituye la
verdadera peripecia y consiste en el paso de la ignorancia al conocimiento. En otras obras, como por
ejemplo en Edipo Rey, la anagnórisis tiene lugar a la mitad o al final de la obra, sin embargo, en Medea
se produce justo al principio. A comienzo de la tragedia Medea ya ha descubierto que Jasón se casará
con Glauce. El conocimiento que el lector tiene de la situación anterior se crea mediante los relatos de la
protagonista en los que hace alusión a la felicidad previa a la acción que se desarrolla en la obra. La
posible disminución del efecto trágico que pudieran producir estos cambios estructurales se compensa
con una mayor intensidad y fuerza dramática en los diálogos. A lo largo de la obra tiene lugar un
contraste entre las palabras amenazadoras y rencorosas de Medea y el modo cínico que utiliza Jasón para
excusar sus acciones, con argumentos que, tanto para el lector como para la propia Medea, carecen
totalmente de valor.
La última fase que debe experimentar el protagonista es el pathos. Dicho proceso es la parte de la
tragedia que cobra más importancia en esta obra. Es pathos es una acción destructora y dolorosa que
constituye un proceso esencial en la estructura de este tipo de drama. Éste ha de entenderse como un
sufrimiento psíquico y moral producido por la inminencia de un mal antes que por el mal mismo. En
Medea, la heroína consuma el crimen con pleno conocimiento del vínculo familiar. Ésta no es una de las
posibilidades más trágicas, pero aun así, produce un efecto dramático ya que se lleva a cabo una acción
que tendrá como consecuencia un mal irreparable.
En concreto, hay un fragmento de la obra que produce un gran efecto catárquico. Se trata de una parte
del célebre monólogo en el que la heroína decide dar muerte a sus hijos:

"¡Ay, ay! ¿Por qué me miráis, hijos? ¿Por qué me sonreís con esa sonrisa suprema? ¡Ay! ¿Qué haré?
Me desfallece el corazón, mujeres, al ver la mirada alegre de mis hijos. ¡No podré! ¡Olvídense mis
anteriores propósitos! Sacaré de esta tierra a mis hijos. ¿Qué necesidad tengo de castigar con la
desdicha de ellos a su padre, y de hacerme a mí misma tanto mal? ¡No, jamás lo haré! Renuncio a mis
proyectos. Pero ¿voy a sufrir al verme convertida en motivo de escarnio dejando impunes a mis
enemigos? Hay que obrar. ¡Oh!, ¡Cuán cobarde soy por dejar que se apoderen de mi corazón estas
flaquezas! Hijos, entrad en las moradas para que sufra quien no debe asistir a mis sacrificios. No
temblará mi mano. ¡Ah! ¡No hagas eso, corazón mío! ¡Deja a tus hijos, miserable! ¡Perdónalos! Allá te
servirán de alegría, si viven. No, ¡por los vengadores subterráneos del Hades! Jamás dejaré mis hijos a
mis enemigos para que los ultrajen. Es absolutamente necesario que mueran. Y puesto que es preciso,
los mataré yo, que los he parido. Así está decidido y así se hará."

Este pasaje puede dividirse en cuatro grandes partes. Una primera en la que Medea, tras hacer entrar a
los niños en el palacio, lamenta su propia decisión de darles muerte, después de las penas que ha tenido
que sufrir para cuidarles y protegerles. Pero su muerte es necesaria; sigue una segunda parte, en la que,
al contemplar a los pequeños, confiesa no tener valor para llevar a término el infanticidio. Pero a
continuación reacciona. Viene, finalmente, una última parte en la que, siguiendo la voz de su corazón,
parece que va a decidir su perdón pero reacciona y se decide a matarlos. Esto pone al lector en una
situación de duda e intriga, que, al conocer el final, provoca un gran efecto trágico.
También cabe destacar el fragmento en el que Medea se muestra arrepentida ante Jasón y le pide perdón.
Lo que deducimos de este diálogo es que el orgullo de Medea es capaz de ceder para conseguir sus
propósitos y notamos el inmenso dolor que esta acción produce en la protagonista, a la vez que acentúa
el alejamiento de al heroína de la típica perfección del protagonista trágico.

4) Personajes

• Principales:
- Medea: Protagonista absoluta. Sobre ella cae la desgracia, por lo que es ella también quién llevará a
cabo la venganza.

• Secundarios:
- Nodriza: Es su confidente. A ella encarga Medea los trabajos requeridos por su venganza,
para los que necesita total confianza.
- Jasón: Se podría decir que es casi el antagonista. Él es quien traiciona a Medea y, por tanto, quien
sufre todas las consecuencias
- La Corifeo: Portavoz del coro. Ejerce como conciencia de Medea, aunque esta en alguna ocasión le
hace caso omiso.

• Accesorios:
- Hijos: Ni siquiera tienen nombres propios. Son un objeto más a destruir con tal de hacer sufrir a
Jasón.
- Creonte: Rey de Corinto. Destierra a Medea, por miedo a su ira y por lanzar injurias contra los
Príncipes.
- Glauce: Hija de Creonte y futura esposa de Jasón. Ni siquiera tiene texto. Representa la posibilidad
de darle descendencia a Jasón tras acabar con la vida de sus primeros hijos.
- Egeo: Le da a Medea el hogar y la protección que necesitará tras su crimen.

Los personajes son redondos, Medea expresa continuamente sus cambiantes sensaciones (odio, rencor,
dudas, amor, etc.) y en ciertos momentos es bastante imprevisible, como el momento en el que duda
entre matar o no a sus hijos, haciéndoles pagar un error de su padre. Además, Medea y Jasón tienen un
pasado juntos.
5) Papel del coro

Hay que destacar la función del coro en la obra. Éste representa un lugar intermedio entre la acción y el
espectador. Sin embargo, no puede participar directamente en la obra. En Medea, el coro implora, gime,
expone su horror ante lo que sucede, pero no puede evitar la muerte de los niños a manos de su madre.
Simplemente desempeña una función mediadora y comentadora. En la mayor parte de la tragedia, el
coro se solidariza con Medea, dándole la razón en lo que argumenta, pero no apoya su método de
venganza.

6) Tema y tipo de la tragedia, qué tema quiere mostrar

Eurípides presenta en sus obras los cambios sociales, morales y políticos de la Atenas de su tiempo.
Aunque conocía las fuentes mitológicas de las historias que tomaban, Eurípides adaptaba los personajes
a los modos de ser de sus contemporáneos de la península griega, llevando a su cotidianeidad los
lenguajes, los sentimientos y los personajes de la tragedia. Un escéptico que fue contra los dogmas
morales y religiosos tradicionales construyendo personajes muy lejanos a constituirse en ideales
simbolizados y que dio un lugar destacado a los personajes femeninos, frecuentemente el protagonismo
de la obra, representando ya sea el crimen o la virtud. Eurípides intentaría demostrar cómo la acción
humana está precisamente más allá del alcance de la razón, cómo ésta, al servicio de la pasión, no puede
impedir que la ferocidad aflore. Presenta también una supremacía del mal, que no viene como un castigo
de la justicia divina o que se contrapondrá a la virtud, sino como respuesta a un mal mayor aún. La
abandonada Medea se consume de dolor y arrepentimiento de todo lo que hizo por el hombre que ya no
la quiere y al que empieza a odiar tras haber amado tanto. La protagonista responde al estereotipo de la
mujer extranjera, poseedora de poderes mágicos malignos, dominada por la pasión de manera
desmedida, cruel y despiadada. El propósito del autor parece ser el de explorar ciertos rincones ocultos
del alma de los personajes, lo que éstos ignoran o pretenden hacerlo. Medea es víctima conciente de la
ferocidad que surge de su espíritu y que enfrenta a la razón, la cual no logra dominar a su adversaria sino
tan sólo tomar conciencia de su inevitable violento accionar. Eurípides presenta dos fuerzas contrarias
entre sí anidando ambas en el interior del hombre mismo. La obra presenta el desarrollo que este
conflicto entre razón y pasión va llevándose a cabo en los personajes, un proceso más que un estado
definido y estático.