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Identidades territoriales y Patrimonio


Cultural: La apropiación del
patrimonio mundial en los espacios
urbanos l...
Rosa Maria G U E R R E R O Valdebenito

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PAT RIMONIO CULT URAL MUNDIAL, T ERRIT ORIO Y CONST RUCCIÓN DE CIUDADANÍA Const ruc…
Rosa Maria G U E R R E R O Valdebenit o

Los habit ant es en la gest ión del pat rimonio urbano lat inoamericano
Rosa Maria G U E R R E R O Valdebenit o

Turismo, pat rimonialización y cont rol en la cult ura aliment aria purhépecha del Est ado de Michoacán,
Ariadna Campos Quezada
Revista F@ro Nº2

Identidades territoriales y Patrimonio


Cultural: La apropiación del patrimonio
mundial en los espacios urbanos locales.
Rosa María Guerrero Valdebenito 1
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. UNAM.
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Resumen: La categoría de patrimonio cultural ha venido a resignificar el valor y las


prácticas sociales en torno al patrimonio en el ámbito nacional y local. Las distintas escalas
territoriales del patrimonio (mundial, nacional y local) son resultado de diversos procesos
sociales y culturales que refieren a distintos criterios de categorización y calificación de
este tipo de bienes y manifestaciones culturales. La ponencia desarrolla una reflexión
respecto a los criterios a partir del cuales son categorizados ciertos bienes como patrimonio
y los efectos que éstos tienen para la apropiación y significación en comunidades locales
urbanas. Se enfatiza la complejidad de las relaciones sociales en torno al patrimonio
oficialmente reconocido y el patrimonio efectivamente apropiado, y la efectividad
simbólica de estas categorizaciones en la transformación del acceso, uso y significado del
patrimonio cultural.

Palabras clave: Patrimonio cultural, territorio y cultura

La revaloración social del patrimonio cultural


A partir de los años sesenta se aprecia tanto en Europa como en América Latina una
creciente preocupación social por la conservación de los vestigios y prácticas del pasado, se
ha hablado incluso de un "boom" por la preservación del patrimonio cultural. Un
movimiento conservacionista2 , que tiene como motivación colectiva la preservación, el
estudio y la difusión del patrimonio cultural, bajo diversas formas y situaciones3 . Sin
embargo, aun cuando anteriormente ha existido una preocupación por preservar tradiciones
y objetos de valor histórico, la preocupación actual pareciera adquirir matices diferentes,
tanto en su dimensión cualitativa como cuantitativa4 . Al constituirse el patrimonio en un
territorio relativamente autónomo y extenso como resultado de transformaciones más
amplias en el ámbito de la producción y circulación de bienes culturales5 , se han ampliado
también nuevas maneras de uso y explotación. El interés que el patrimonio cultural ha
suscitado en los medios de comunicación, junto al incremento de éste como un objeto de
interés turístico y comercial, han hecho que se constituya en un componente privilegiado de
las demandas de consumo cultural. Esta vinculación cada vez mayor del mercado en el
ámbito de la producción y circulación cultural ha orientado el interés en el patrimonio como
objeto cultural de consumo, relegando el valor simbólico-significativo que éste tiene para la
identidad e integración de los grupos sociales. Precisamente la extensión de esta nueva

1
forma de concebir los objetos y prácticas culturales es la que ha hecho que desde diversas
disciplinas se plantee un análisis más profundo respecto al concepto de patrimonio cultural,
en cómo es construido socialmente y las implicaciones que una cierta noción de patrimonio
tiene para los diversos grupos sociales y para la elaboración de políticas en torno al tema.

Esto implica fundamentalmente tratar de comprender las diversas fracturas y conflictos que
están en la base del proceso de definición de lo que es entendido como patrimonio y en
cómo operan estas categorizaciones en las relaciones que los diversos agentes sociales
establecen con este tipo de bienes y manifestaciones. En este sentido se orienta la reflexión
del presente trabajo.

La construcción social del patrimonio cultural


Muchos elementos pueden ser considerados como formas simbólicas o soporte de
significados culturales: los modos de comportamiento, las prácticas sociales, los usos y
costumbres, el vestido, la alimentación, la vivienda, la organización del espacio y del
tiempo, etc. Sin embargo, hay ciertos artefactos o manifestaciones culturales que adquieren
el carácter de "sagrados", en términos de Durkheim. Es decir, gozan de un valor especial
que los constituye en elementos de referencia simbólica para una cultura. éstos que
adquieren la categoría de patrimonio cultural. Un patrimonio que es fundamentalmente
histórico, aunque incesantemente incrementado por las creaciones del presente, lo que le
confiere un carácter procesual y dinámico, que se rearticula constantemente en función de
contextos sociohistóricos específicos, en los cuales y por medio de los cuales, se producen,
transmiten y reciben tales formas simbólicas6 .

Bajo esta perspectiva los patrimonios culturales refieren a cualidades que son atribuidas a
determinados bienes o manifestaciones de acuerdo a jerarquías que valorizan unas
producciones y excluyen otras. Se infiere de ello que no existe lo patrimonial en sí, sino que
estas son ciertas categorizaciones y calificaciones que son construidas socialmente. Este
proceso social de calificación moviliza a diversos actores sociales: los productores de
calificación: eruditos, agentes públicos, arquitectos, organismos especializados, etc. y los
receptores y usuarios7 de dichas categorizaciones, los cuales muchas veces carecen de
instancias especializadas de producción, transmisión y de consagración de obras. En este
proceso ambos tipos de actores pueden obrar de manera concertada, haciendo alianzas o
redes, o bien constituirse en actores que ponen en disputa ciertas categorizaciones
culturales. Ambas alternativas son condicionadas, según Thompson, por la posesión de
capitales, por los contextos socio-estructurales específicos en los cuales están insertos y por
la capacidad de los individuos para recrear y crear estrategias de construcción
significativas8 .

No todos los grupos sociales disponen de los mismos capitales para ofrecer una
autodefinición de su vida simbólica. En este sentido, siempre hay un desfase entre la cultura
efectivamente practicada y la cultura dicha, por lo cual no se puede inferir los significados
de las manifestaciones culturales sólo a partir de la interpretación discursiva que se hace de
ellos. En tanto manifestaciones simbólicas, el patrimonio cultural es un valor cultural
sometido a las diversas necesidades de los grupos sociales, por lo tanto dependiente de un

2
marco de referencias históricas y culturales, que varía junto con los grupos que le atribuyen
valor9 . En función de ello, tanto en el proceso de selección y conservación del patrimonio,
como en la relación que los diversos grupos sociales establecen con éste, hay siempre
posibilidades de fracturas y conflictos, procesos que generalmente quedan ocultos cuando
el patrimonio es institucionalizado y formalizado. Es entonces importante distinguir entre el
patrimonio efectivamente vivido, reconocido y compartido, cuyo valor refiere
esencialmente a una activación de la memoria con fines identitarios y de pertenencia, y lo
que algunos llaman ideología patrimonial, cuyos propósitos son a veces de orden
preformativo o político. Sería un error inferir la existencia de un sentimiento real de
apropiación patrimonial sólo a partir de las declaratorias formales, discursos de los medios
de comunicación o de los líderes y autoridades10 . A través del Patrimonio el Estado, por
ejemplo, puede ser visto como un interlocutor directo y válido de la historia y vivencias de
diversos grupos sociales, o como un agente que a través de la utilización de determinados
bienes simbólicos busca legitimación y, por ello sacraliza funciones y jerarquías que
permiten legitimar o excluir ciertos significados y usos. Existe una larga experiencia de
activación patrimonial por parte de las elites gobernantes, las que en su mayor parte, han
sido realizadas para validar o consagrar el status quo adquiridos por las mismas11 .

Al respecto, siguiendo a Thompson (1993) se podrían distinguir dos grandes procesos de


valoración social del patrimonio cultural. Una valoración simbólica, en virtud de la cual
estos bienes adquieren forma en la medida en que son estimados por los individuos que los
producen y reciben12 . En este sentido la activación patrimonial esta estrechamente
vinculada a una demanda social de memoria, a una búsqueda de los orígenes y de la
continuidad en el tiempo y por ende, responde también a la necesidad de crear o mantener
una identidad colectiva13 . Bajo este marco la patrimonialización selectiva del pasado
podría desempeñar, entre otras, las siguientes funciones: (1) alimentar, como se ha dicho, la
memoria colectiva y la identidad de los grupos sociales en diferentes escalas; (2) simbolizar
por metonimia el conjunto de una cultura particular mediante la puesta en relieve de lo que
se considera sus mejores ejemplares o exponentes; (3) realzar, de cara al exterior, la
excelencia de la producción cultural del pasado contribuyendo a acrecentar su prestigio y a
suscitar la admiración de los extraños14 . Esta última función es la que ha llevado en gran
parte a un segundo proceso de valoración social, la económica.

La activación patrimonial puede tener como motivación también una valoración


económica, es decir ser concebidos como bienes que podrían ser intercambiados en un
mercado, adquiriendo con ello la categoría de formas simbólicas mercantilizadas 15. La
vinculación cada vez mayor del mercado en el ámbito de la producción y circulación
cultural ha sobrepuesto, en gran medida el valor económico del patrimonio sobre el valor
simbólico, es así que los sitios, objetos, lugares y ciudades definidos como patrimonio
cultural se han constituido progresivamente como uno de los productos de mayor demanda
y oferta del mundo del turismo, constituyendo a éstos como un elemento más de los
procesos globales de mercantilización y homogeneización cultural. Proceso que ha tenido
una serie de implicaciones para las dinámicas sociales de apropiación y significación social
del patrimonio. Giménez (2005c) plantea tres principales consecuencias o escenarios
posibles de la preeminencia de la valoración económica del patrimonio cultural: (1) su
depreciación paulatina como repertorio inerte y frío de un pasado cultural pre-moderno,
radicalmente incompatible con la dinámica de la globalización y de la post-modernidad; (2)
3
su recreación y revitalización a través de políticas de resistencia que contrabalanceen la
ofensiva neoliberal contra las culturas de identidad y de memoria; (3) su transformación en
mercancía de consumo a través de procesos de mercantilización que lo disocien de la
memoria y de la identidad, subordinándolo a la lógica del valor de cambio16 . El interés de
las ciencias sociales se ha orientado precisamente a analizar la transformación de la
valoración social del patrimonio, y los efectos que ello conlleva para la apropiación de
estos bienes a nivel de comunidades nacionales y locales.

Para Thompson (1993), como ya expresamos, las diversas características de los contextos
sociales son constitutivas de la producción y recepción de las formas simbólicas, por ende
cada contexto da forma a complejos procesos de valoración, evaluación y conflicto, que
están sujetos a específicas formas de distribución de recursos y habilidades sociales.17 . Al
territorializar o contextualizar el patrimonio podemos reconstruir su producción y
apropiación desde marcos socioculturales específicos, permitiendo con ello examinar en
que medida el patrimonio institucionalizado como legítimo responde a una demanda
efectiva de memoria y de continuidad cultural de los diversos grupos y comunidades.

El patrimonio cultural territorializado


Las culturas particulares se contraponen en muchos sentidos a las industrias culturales
globalizadas y se definen como la configuración compleja de formas simbólicas elaboradas
y producidas por un determinado grupo humano a lo largo de su historia, con el fin de dar
sentido a su vida y de resolver sus problemas vitales18 . Las culturas territoralizadas son,
por su propia naturaleza, particularizantes, social y geográficamente localizadas y, sobre
todo, diferenciadoras con respecto a las otras, lo que quiere decir que están siempre
disponibles como matrices potenciales de identidad. Estas características entran en
contradicción directa con la lógica homogeneizadora de los mercados globales, que
necesitan de consumidores estandarizados, flexibles e intercambiables que no estén
limitados por lealtades nacionales, regionales o locales muy fuertes19 . Hoerner20
distingue tres tipos fundamentales de territorio o culturas territoriales. Los territorios
próximos, también llamados territorios identitarios, como la aldea o pueblo, el barrio, el
terruño, la ciudad y la pequeña provincia. Los territorios más vastos, como los del Estado-
Nación y los territorios de la globalización, como los conjuntos supranacionales. Bajo esta
distinción se estarían oponiendo territorios más vividos frente a territorios más
conceptuales y abstractos. Los territorios identitarios se caracterizarían por el papel
primordial de la vivencia y del marco natural inmediato y los territorios abstractos, en
cambio estarían más lejos de la vivencia y de la percepción subjetiva.21

En tanto manifestaciones simbólicas, los diversos patrimonios culturales se constituyen en


símbolos representativos de ciertas culturas, siendo elementos distintivos y característicos
de las mismas. La producción del valor y apropiación del patrimonio cultural como
manifestaciones compartidas y vividas de una cultura, se vinculan directamente a las
especificidades del contexto socio- territorial del cual estos son símbolos característicos.
Territorializar el patrimonio, entonces, significa destacar que éste es expresión de una
comunidad particular, en el sentido que se encuentra siempre arraigado a un espacio propio,

4
al "suelo natal o patrio", por lo cual se constituye en un patrimonio fuertemente
territorializado22 .

Ello implica entender el territorio no sólo como un espacio sobre el cual transcurre la vida
social, sino un artífice de esa realidad, un territorio históricamente construido en el cual
ocurren y se han desarrollado determinados procesos sociales y culturales que intervienen
en la experiencia de vida de sus habitantes23 . Bajo este marco de sentido, entonces,
distintas escalas territoriales del patrimonio (mundial, nacional y local) responden a
distintos procesos sociales de valoración, y jerarquización, a distintos actores y recursos, y
a diversas expectativas y posibilidades de apropiación social. Sólo considerando estos
diversos elementos podemos reconocer cuales son los diversos sentidos a los que responde
el proceso de activación social del patrimonio cultural. En este marco podríamos plantear
que es posible observar una clara distinción entre un Patrimonio declarado, sujeto a
demandas y necesidades de orden global y nacional, y un patrimonio vivido y compartido,
sujeto más bien a demandas de identidad y continuidad sociocultural de comunidades y
grupos sociales más específicos, que muchas veces no comparten o entran en contradicción
con las categorizaciones hechas a nivel nacional y global. En lo que sigue trataremos de
desarrollar algunas reflexiones respecto a esta última idea.

Fracturas y discontinuidades en la construcción del


Patrimonio Cultural Mundial y Nacional
El patrimonio mundial es una categoría que surge en 1972 a partir de la convención de la
UNESCO y se constituye esencialmente como una medida política de protección de ciertos
bienes históricos y culturales frente a las amenazas que sufrían bajo el impacto del modelo
capitalista y de los propios gobiernos de turno. En este sentido esta definición surgió como
un modo de generar conciencia social y abrir a la discusión pública este problema y
también con el interés de crear un marco regulador internacional que apoyara a los Estados
nacionales frente al tema. Los principales beneficios de esta declaración es que ha
contribuido a la generación de una conciencia internacional respecto al valor del
patrimonio, y ha sido también la principal fuente de recursos para la preservación del
mismo. Sin embargo, esta conceptualización también ha despertado una serie de
cuestionamientos, especialmente respecto a ¿cuáles son los criterios que se utilizan para
categorizar ciertos bienes como patrimonio?, ¿quiénes son los que definen estos criterios?,
y ¿cuáles son los efectos sociales que estas declaratorias tienen en la regulación del uso y
acceso de diversos grupos sociales a estas formas simbólicas?
Al respecto, una de las críticas que se le hace a esta concepción del patrimonio como
manifestación de valor universal, es su énfasis en lo que Bourdieu llama formas objetivadas
de la cultura, es decir, la cultura como un conjunto de obras y productos de excepción,
dejando de lado el otro aspecto que esta intrínsecamente unido al anterior, que es las formas
interiorizadas de la cultura, que serian los significados a través de los cuales los actores
dotan de sentido su patrimonio24 . El aparente consenso que emana de la idea de
patrimonio como manifestación de valor colectivo y universal, pareciera ser cuestionado
cuando analizamos este patrimonio como elemento efectivamente representativo y
compartido en comunidades específicas. Estudios sobre usos y significados sociales del
patrimonio, como los que veremos mas adelante en este trabajo, han puesto de manifiesto
5
que los bienes reunidos en la historia por cada sociedad y cultura no pertenecen en realidad
a todos, aunque formalmente parezcan ser de todos y estar disponibles25 .

En este sentido el carácter de "valor universal" del patrimonio ha sido considerado como un
modo de elaborar ciertos hitos globales de unificación, que parecieran ser bastante
cuestionables. Como lo expresa Bonfil (1991), los valores intrínsecos, pretendidamente
absolutos y universales, son siempre valores culturales, el supuesto patrimonio universal no
es otra cosa que la selección de ciertos bienes de diversas culturas en función de criterios
esencialmente occidentales.26 . La mundialización del patrimonio, plantea
Tranquilli(2002), ha transformado el imaginario social respecto a la historia y la identidad.
La nueva e incipiente búsqueda intencional por marcos culturales y atractivos mundiales,
dentro del cual se inscriben los bienes patrimoniales, es a juicio de este autor, una forma de
celebrar y simbolizar una unión global que implica asumir la coexistencia de pueblos y ritos
precoloniales, con herencia, bienes e historias pertenecientes a países que promovieron
colonizaciones que tuvieron como parte de sus objetivos arrasar con dichos pueblos y su
historia27 .
Es así que el patrimonio nacional - entendido como el resultado de procesos de selección,
jerarquización y valorización de un vasto complejo de bienes culturales como símbolos
metonímicos de la identidad, excelencia y creatividad de la nación, por parte del Estado y
de los grupos de poder- se ha constituido también en una forma de selección enmarcada en
esta búsqueda de hitos de integración mundial y en las posibilidades económicas y
estratégicas que estos representan. De esta forma los Estados se han convertido en un
agente pasivo de los lineamientos internacionales y de los intereses comerciales respecto al
patrimonio.

La unión entre políticas internacionales, nacionales e intereses privados ha constituido el


patrimonio cultural como un elemento investido esencialmente por lógicas de poder e
intereses de mercado. Estos marcos de sentido que estructuran la revitalización de bienes
patrimoniales, han ido creando una tensión entre una permanencia material estilizada y una
profunda ruptura social. La dinámica social mundial justifica que los intereses por la
preservación de determinados bienes estén cada vez más entrelazada con los intereses
económicos relacionados con el universo del turismo28 .

El patrimonio local: los conflictos de la territorialización


del patrimonio mundial
La contextualización de la activación del patrimonio mundial a nivel de comunidades
locales pone aún más de relieve las diversas contradicciones presentes entre el patrimonio
declarado, sujetos a demandas de carácter nacional y universal y el patrimonio apropiado,
sujeto a demandas de grupos sociales específicos. Podríamos entender el patrimonio
local29 como aquellas formas simbólicas que representan un valor significativo para
colectividades de escalas más pequeñas tales como ciudades medias, pueblos o
comunidades al interior de grandes metrópolis que, dada la extensión de estas últimas, se
constituyen en territorios simbólico-significativos de carácter más específico. A esta escala
las manifestaciones y bienes patrimoniales -en la medida que son elementos que responden
a una necesidad de memoria e identidad de una comunidad de valores compartidos- pueden
6
adquirir un carácter más vivido y compartido, constituyéndose en verdadero geosímbolos30
de una -identidad socio - territorial especifica 31 . Sin embargo, en la medida que esta
activación patrimonial esta sujeta a necesidades y valores de orden externo a las demandas
culturales locales, en muchos sentidos éstos bienes pueden adquirir un sentido contrario, es
decir se pueden constituir en fuentes de disputa, conflictos y de exclusión social. Quisiera
expresar los conflictos de activación patrimonial mundial en el ámbito local, tomando como
referencia dos estudios.

El primero es una investigación llevada a cabo en el Centro Histórico de la Ciudad de


México -declarado patrimonio cultural de la humanidad-, que tenía como objetivo conocer
las diversas representaciones que los habitantes de las vecindades que colindan con el
centro histórico tienen de este patrimonio declarado32 . El estudio dio cuenta que los
habitantes tienen una visión monumentalista y sacralizante sobre el patrimonio, tendiendo a
ser más valoradas la historia de las clases dominantes y las edificaciones «monumentales»
y «artísticas», consideradas histórica y estéticamente como únicas y de valor excepcional,
en detrimento de los edificios no monumentales y la historia de las clases populares. El
patrimonio monumental es, para estos habitantes del centro, sinónimo de «cultura», de
saber, mientras que el patrimonio no monumental es sinónimo de no arribo a la
modernidad, de un bajo peldaño en la escala social. Así, a la sobrevaloración de un
determinado tipo de patrimonio, se aúna la valoración negativa del patrimonio habitacional
conocido como vecindades33 . A partir de estos testimonios se puede inferir que, aun
cuando el patrimonio cultural es, esencialmente una obra colectiva, en las sociedades
diferenciadas la contribución a su construcción y el acceso de las clases sociales a ese
patrimonio es diferencial. Grupos y clases se apropian de elementos culturales diferentes
que son frecuentemente utilizados como instrumentos de identificación colectiva en
oposición a otros segmentos. El estudio pone de relevancia que en contextos donde las
relaciones sociales son permeadas por el poder, ciertos grupos consiguen, hasta cierta
medida, imponer sus gustos y patrones estéticos y morales y decidir qué es lo mejor para
los otros o, inversamente, impedir que segmentos de los dominados tengan acceso a bienes
culturales altamente privilegiados.34 . En este sentido, y como lo planteaba Bourdieu, la
valoración y apropiación social del patrimonio no es un proceso homogéneo para todos los
actores sociales, sino que es un subcampo condicionado por la distribución y composición
de capitales, que es desigual para distintos grupos.

El segundo estudio tenía como objetivo conocer cómo eran apropiadas las declaratorias de
patrimonio mundial en ciudades mexicanas que tenían dicha categoría35 . A partir de la
investigación, el autor pudo hacer constar que las declaratorias mundiales se han
constituido principalmente en una ventaja simbólica en términos de prestigio y de
notoriedad para ser valorizadas en acciones de desarrollo turístico. Sin embargo, en el
ámbito de las dinámicas sociales locales, la catalogación ha tenido dos grandes efectos. El
primero de ellos es que se ha constituido en una limitación de la capacidad de acción local
sobre la ciudad, otorgando el poder de decisión sobre los usos del patrimonio catalogado a
los organismos internacionales, dando pie para que sean éstos los que se pronuncien sobre
la coherencia de las políticas nacionales y locales al respecto, lo cual ha reforzado el papel
de los expertos técnicos como intermediarios entre los organismos internacionales y las
organizaciones locales36 . En un segundo sentido, la declaración de patrimonio a edificios
históricos y a ciertas estructuras del espacio urbano integrado en las zonas de monumentos
7
ha modificado las tradicionales relaciones sociales dentro de los barrios populares. El
deterioro de ciertos edificios y zonas ya no es un problema que se limita a un modo
particular de relación entre propietarios e inquilinos, la declaratoria de monumento ha
modificado la naturaleza misma de las relaciones, adquiriendo el espacio construido una
nueva cualidad. El deterioro y uso inapropiado de estos espacios ya no es sancionado en
relación al riesgo de sus habitantes. Si los habitantes o propietarios no cuentan con los
recursos para superar los daños al patrimonio, las múltiples reglamentaciones y los
discursos de conservación van estigmatizando el comportamiento de los inquilinos y
propietarios, pues es un daño "al patrimonio de la nación y de la humanidad".

Como conclusión el autor expresa que a pesar del discurso de los organismos mundiales de
protección del patrimonio para actuar a favor de la conservación de las funciones
tradicionales y de las formas específicas de uso de los bienes patrimoniales, las políticas de
patrimonio sólo toman en consideración los edificios y la imagen urbana. Las referencias a
la protección del patrimonio intangible, constituida por las relaciones sociales específicas
de ciertos barrios y comunidades, aparecen como un discurso periférico con respecto a la
realidad de las acciones para proteger el patrimonio. Es así que los procedimientos
internacionales en la práctica preservan los monumentos a los cuales se les atribuye un
derecho subjetivo respaldados por la comunidad internacional de los especialistas en
patrimonio37 .

Reflexiones finales: El Patrimonio cultural como


construcción social vivida y compartida
La categorización universal de los valores de ciertos patrimonios culturales ha puesto de
manifiesto, no solo una nueva forma de construcción social de los usos y sentidos de los
bienes culturales, sino también transformaciones en las formas de apropiación y acceso
igualitario a estos bienes. La reconstrucción y apropiación del patrimonio mundial en el
ámbito de comunidades específicas ha puesto de manifiesto que éstos se han constituido en
expresiones de diversos conflictos e intereses sociales. Ello ha reconfigurando no sólo el
valor que los diversos grupos sociales le asignan a sus patrimonios, sino también las
dinámicas sociales en torno a ellos. A través de estos procesos se ha podido evidenciar que
el valor simbólico del patrimonio cultural, como expresión de una identidad y memoria
colectiva y como un patrimonio vivido y compartido, entra en contradicción con la lógica
homogeneizante y comercial con la cual se ha orientado la gestión actual de los patrimonios
"globales- locales".

Esto nos lleva a comprender que el patrimonio cultural es una construcción social compleja,
donde se articulan distintos niveles de la realidad e interactúan diferentes actores
implicados en su delimitación y apropiación, con intereses e intenciones no sólo distintos,
sino también, en algunos casos, contradictorios o en tensión. Los análisis del valor
simbólico del patrimonio cultural a nivel local, expuestos en este trabajo, ponen de
manifiesto que la lucha por la identidad territorial no es un asunto del pasado. Los distintos
grupos sociales se vinculan a su patrimonio gracias a procesos simbólicos y afectivos que
permiten la construcción de lazos y sentimientos de pertenencia. La relación patrimonio-
identidad y memoria colectiva, sin embargo, sólo puede ser problematizada si lo
8
concebimos como una construcción social en contextos y procesos sociohistóricos
específicos en los cuales y por medio de los cuales, se producen y reciben, poniendo en
evidencia su papel como instrumento de identificación colectiva de un grupo o clase frente
a otro, pero también su rol como instrumento de diferenciación social. El patrimonio
cultural como manifestaciones vividas y compartidas requiere su apropiación colectiva, por
lo cual se necesitan condiciones sociales y estructurales que permitan a los diversos grupos
sociales compartirlo y encontrarlo significativo. Dicha apropiación pone en juego no sólo la
permanencia de memorias colectivas, sino las posibilidades de que diversos actores sociales
ejerzan plenamente su ciudadanía. Democratización y revaloración del patrimonio son así
dos procesos que caminan de la mano.

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Notas
1 Chilena, Socióloga. Maestra en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de
Ciencias Sociales. FLACSO Sede México. Actualmente alumna del Doctorado en Ciencias
Políticas y Sociales. UNAM. México. Tesis de Investigación doctoral: Construcción y
apropiación social del Patrimonio cultural urbano.

2 La Preocupación por conservar se acostumbra a asociar a una mentalidad conservadora,


reacia a los cambios. El tema de nuestro interés considera la idea de conservación con otros
matices, el boom del patrimonio en los tiempos actuales, no implica que la sociedad
moderna sea una sociedad temerosa de los cambios, en muchos sentidos es todo lo
contrario. Nosotros entenderemos este nuevo interés conservacionista vinculada al impulso

10
de diversos grupos o colectivos por valorar la conservación, el estudio y la difusión del
patrimonio cultural.

3 Ballart Joseph (1997). El patrimonio histórico y arqueológico: valor y uso. Ariel.


Barcelona, España. Pág.125

4 Ballart agrupa este nuevo interés en tres principales características. La primera es la


extensión de lo conservable, en el sentido de considerar como patrimonio conservable gran
cantidad de bienes y prácticas. "Desde la arquitectura a los objetos domésticos más
comunes, desde el objeto singular y aislado a las estructuras complejas-todo un pueblo o un
paisaje entero" Una segunda es la búsqueda de las interrelaciones entre los objetos y el
contexto social que le da sentido, poniendo con ello énfasis más que en los objetos en sí, en
la apropiación y significado social de éstos y, tercero el creciente interés de diversos actores
tanto públicos como privados en la definición y gestión de su patrimonio. En definitiva se
trata de un fenómeno que atrae la atención y moviliza a amplios sectores de la población.
(Ballart, Op.Cit. Pág. 125).

5 GARCIA Canclini, Nestor (1989). Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la
modernidad. Edit. Grijalbo.

6 THOMPSON Jhon. (1993) Ideología y Cultura Moderna. Teoría crítica social en la era de
la comunicación de masas Edit. Universidad Autónoma Metropolitana. Unidad Xochimilco.

7 El concepto de receptor o usuario no se entiende aquí en un sentido pasivo, sino como


agente que al recepcionar se apropia de un sentido que es permanentemente reactivado y
resignificado de acuerdo a sus necesidades y recursos, y en función de un contexto socio-
históricos y cultural específico.

8 Para más detalles ver THOMPSON Jhon. (1993) Ideología y Cultura Moderna. Teoría
crítica social en la era de la comunicación de masas Edit. Universidad Autónoma
Metropolitana. Unidad Xochimilco.

9 Ballart, op.cit: 62

10 GIMÉNEZ, Gilberto (2005ª) La concepción simbólica de la cultura. En Estudios sobre


las culturas y las identidades sociales" Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) UNAM.
México. En dictamen. Pág.2.

11 Ver: BONFIL Batalla, Guillermo. Pensar nuestra cultura., México, Alianza


Editorial,1991

12 Thompson, Op. Cit. Pág. 229

13 Ricoeur, en GIMENEZ, Gilberto (2005c) Patrimonio y Globalización Ponencia


presentada en el IV Encuentro de promotores y Gestores Culturales. CONACULTA,
UNESCO, ITESO. Pág.2.

11
14 GIMENEZ, Op.Cit:3

15 THOMPSON, Op. Cit:230

16 GIMENEZ, Op.Cit:7

17 THOMPSON, Op. Cit. Pág. 217

18 GIMENEZ, Op.Cit:4

19 Giménez, Op.Cit. Pág. 5

20 En GIMENEZ, Gilberto, (2000). Territorio, cultura e Identidades. La región


sociocultural. En Rosales Ortega Rocio (COORD.) globalización y Regiones en México.
UNAM. Edit. Porrúa, México. Pág. 22.

21 Ibidem. Pág. 22

22 Giménez, Gilberto (2005c.) Patrimonio y Globalización. Ponencia presentada en el IV


Encuentro de promotores y Gestores Culturales. CONACULTA, UNESCO, ITESO:1

23 Rosas Mantecón Ana (2005) Las disputas por el patrimonio. Transformaciones


analíticas y contextuales de la problemática patrimonial en México. Por Publicar:5

24 En Giménez ( 2005b): 123-125

25 GARCIA Canclini, Nestor (1989). Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la
modernidad. Edit. Grijalbo. Pág. 181

26 Bonfil Batalla Guillermo(1991)Pensar nuestra cultura., México, Alianza Editorial :130-


131

27 Tranquilli Pellegrino Carlos, (2002) Patrimonio Cultural Urbano: de quem? Para o qué?
Revista virtual Ciudad Antropológica. Texto presentado en el 3° congreso Virtual de
Antropología y Arqueología, ciberespacios. Pág. 2

28 Ibidem:5

29 En este marco se podrían distinguir tres categorías o tipos de territorio-patrimonio. En la


primera el mismo territorio se constituye en un espacio de inscripción cultural,
equivaliendo a una de sus formas de objetivación, se inscriben aquí un lugar, un itinerario,
un edificio, una extensión o accidente geográfico, etc. En una segunda categoría el territorio
puede servir como marco o área de distribución de instituciones y prácticas culturales. Se
trata de rasgos culturales objetivados como son las pautas de comportamiento y de
manifestaciones como fiestas, ritos, comidas etc. que acompañaban el ciclo de vida
específico de la comunidad de un lugar. En una tercera dimensión el territorio (la ciudad)

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puede ser apropiada subjetivamente como objeto de representación y de apego afectivo, y
como símbolo de pertenencia socio-territorial. En este caso los actores interiorizan el
espacio integrándolo a su propio sistema cultural. Pasándose de una realidad territorial
"externa", culturalmente marcada, a una territorialidad "interna" e invisible. (En GIMÉNEZ
Gilberto, 2000. Territorio, cultura e Identidades. La región sociocultural. En Rosales Ortega
Rocio (COORD.) Globalización y Regiones en México. UNAM. Edit. Porrúa, México: 29).

30 Según la geografía cultural, el concepto clave de geosímbolo se define como "cualquier


lugar, itinerario, extensión territorial o accidente geográfico que por razones políticas,
religiosas o culturales revisten a los ojos de ciertos pueblos o grupos sociales una
dimensión simbólica que alimenta y conforta su identidad" (Bonnemaison, en Giménez,
2000:127)

31 Giménez, 2005a:127

32 Ver. Rosas Mantecón, Ana .Las jerarquías simbólicas del patrimonio: distinción social e
identidad barrial en el Centro Histórico de la ciudad de México. Revista virtual Ciudad
Antropológica. Http://www.naya.org.ar/articulos/patrimo1.htm

33 Rosas Op. Cit

34 Ibidem:7-9

35 Ver: Mele, Patrice (1998) Sacralizar el espacio urbano: el centro de las ciudades
mexicanas como patrimonio renovable. Alteridades, México, año 8, núm. 16, julio-
diciembre.

36 Mele, Patrice. Op. Cit. Pág. 18

37 Ibidem:25

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