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Lcda.

Laura Yudelka Lantigua Bonilla

Materia: Historia Critica Dominicana

Unidad: VI

Temas: Expulsión de los Judíos


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Expulsión de los judíos de España en 1492

Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón.


En las Cortes de Madrigal de 1476, los Reyes Católicos
recordaron que tenía que cumplirse lo dispuesto en el
Ordenamiento de 1412 sobre los judíos –prohibición de llevar
vestidos de lujo; obligación de llevar una rodela bermeja en el
hombro derecho; prohibición de ejercer cargos con autoridad
sobre cristianos, de tener criados cristianos, de prestar dinero a
interés usurario, etc.-. Cuatro años después, en las Cortes de
Toledo de 1480 decidieron ir mucho más lejos para que se
cumplieran estas normas: obligar a los judíos a vivir en barrios
separados, de donde no podrían salir salvo de día para realizar
sus ocupaciones profesionales. Así, a partir de esa fecha
las juderías quedaron convertidas en guetos cercados por muros
y los judíos fueron recluidos en ellos para evitar " confusión y
daño de nuestra santa fe".

A petición de los inquisidores que comenzaron a actuar en Sevilla


a finales de 1480, los reyes tomaron en 1483 otra decisión muy
dura: expulsar a los judíos de Andalucía. Los inquisidores habían
convencido a los monarcas de que no lograrían acabar con el
criptojudaísmo si los conversos seguían manteniendo el contacto
con los judíos.

El 31 de marzo de 1492, poco después de quedar finalizada


la guerra de Granada –con la que se ponía fin al último reducto
musulmán de la península ibérica-, los Reyes Católicos firmaron
en Granada el decreto de expulsión de los judíos, aunque este no
se haría público hasta finales del mes de abril. La iniciativa había
partido de la Inquisición, cuyo inquisidor general Tomás de
Torquemada fue encargado por los reyes de la redacción del
decreto. En él se fijaba un plazo de cuatro meses, que acababa el
10 de agosto, para que los judíos abandonaran de forma
definitiva la Corona de Aragón y la Corona de Castilla:
«acordamos de mandar salir todos los judíos y judías de nuestros
reinos y que jamás tornen ni vuelvan a ellos ni alguno de ellos». En
el plazo fijado podrían vender sus bienes inmuebles y llevarse el
producto de la venta en forma de letras de cambio —no en
moneda acuñada o en oro y plata porque su salida estaba
prohibida por la ley— o de mercaderías.
Copia sellada del Edicto de Granada.
Aunque en el edicto no se hacía referencia a una posible
conversión, esta alternativa estaba implícita. Como ha destacado
el historiador Luis Suárez, los judíos disponían de "cuatro meses
para tomar la más terrible decisión de su vida: abandonar su fe
para integrarse en él [en el reino, en la comunidad política y civil],
o salir del territorio a fin de conservarla". De hecho durante los
cuatro meses de plazo tácito que se dio para la conversión,
muchos judíos se bautizaron, especialmente los ricos y los más
cultos, y entre ellos la inmensa mayoría de los rabinos.

Los judíos que decidieron no convertirse, tuvieron que malvender


sus bienes debido a que contaban con muy poco tiempo y hubieron
de aceptar las cantidades a veces ridículas que les ofrecieron en
forma de bienes que pudieran llevarse porque la salida de oro y
de plata del reino estaba prohibida –la posibilidad de
llevarse letras de cambio no les fue de mucha ayuda porque los
banqueros, italianos en su mayoría, les exigieron enormes
intereses-. También tuvieron graves dificultades para recuperar
el dinero prestado a cristianos. Además debían hacerse cargo de
todos los gastos del viaje –transporte, manutención, fletes de los
barcos, peajes, etc.-
En el decreto se explica que el motivo de la expulsión ha sido que
los judíos servían de ejemplo e incitaban a los conversos a volver
a las prácticas de su antigua religión. Al principio del mismo se
dice: "Bien es sabido que en nuestros dominios, existen algunos
malos cristianos que han judaizado y han cometido apostasía
contra la santa fe Católica, siendo causa la mayoría por las
relaciones entre judíos y cristianos".

Los historiadores han debatido extensamente sobre si, además


de los motivos expuestos por los Reyes Católicos en el decreto,
hubo otros. Se ha alcanzado cierto consenso en situar la
expulsión en el contexto europeo y destacar que los Reyes
Católicos en realidad fueron los últimos de los soberanos de los
grandes Estados europeos occidentales en decretar la expulsión
–el reino de Inglaterra lo hizo en 1290, el reino de Francia en
1394. El objetivo de todos ellos era lograr la unidad de fe en sus
Estados, un principio que quedará definido en el siglo XVI con la
fórmula "cuius regio, eius religio", que los súbditos deben
profesar la misma religión que su príncipe. Así pues, como ha
destacado Joseph Pérez, con la expulsión "se pone fin a una
situación original en la Europa cristiana: la de una nación que
consiente la presencia de comunidades religiosas distintas". "Lo
que se pretendió entonces fue asimilar completamente a
judaizantes y judíos para que no existieran más que cristianos.
Los reyes debieron pensar que la perspectiva de la expulsión
animaría a los judíos a convertirse masivamente y que así una
paulatina asimilación acabaría con los restos del judaísmo. Se
equivocaron en esto. Una amplia proporción prefirió marcharse,
con todo lo que ello suponía de desgarramientos, sacrificios y
vejaciones, y seguir fiel a su fe. Se negaron rotundamente a la
asimilación que se les ofrecía como alternativa".
El número de judíos expulsados sigue siendo objeto de
controversia. Las cifras han oscilado entre los 45 000 y los
350 000, aunque las investigaciones más recientes, según Joseph
Pérez, la sitúan en torno a los 50 000, teniendo en cuenta los
miles de judíos que después de marcharse regresaron a causa del
maltrato que sufrieron en algunos lugares de acogida, como
en Fez, Marruecos. Julio Valdeón, citando también las últimas
investigaciones, sitúa la cifra entre los 70 000 y los 100 000, de
los que entre 50 000 y 80 000 procederían de la Corona de
Castilla, aunque en estos números no se contabilizan los
retornados.
Como ha destacado Joseph Pérez, "en 1492 termina, pues, la
historia del judaísmo español, que sólo llevará en adelante una
existencia subterránea, siempre amenazada por el aparato
inquisitorial y la suspicacia de una opinión pública que veía en
judíos, judaizantes e incluso conversos sinceros a unos enemigos
naturales del catolicismo y de la idiosincrasia española, tal como
la entendieron e impusieron algunos responsables eclesiásticos e
intelectuales, en una actitud que rayaba en el racismo".

Los sefardíes

Migraciones y establecimientos diversos de los judíos españoles.


La mayoría de los judíos españoles expulsados se instalaron en el
norte de África, a veces vía Portugal, o en los países cercanos,
como el reino de Portugal, el reino de Navarra o en los Estados
italianos –donde paradójicamente muchos presumieron de ser
españoles, de ahí que en el siglo XVI los españoles en Italia
fueran frecuentemente asimilados a judíos-. Como de los dos
primeros reinos también se les expulsó pocos años más tarde, en
1497 y en 1498, respectivamente, tuvieron que emigrar de nuevo.
Los de Navarra se instalaron en Bayona en su mayoría. Y los de
Portugal acabaron en el norte de Europa (Inglaterra o Flandes).
En el norte de África, los que fueron al reino de Fez sufrieron
todo tipo de maltratos y fueron expoliados, incluso por los judíos
que vivían allí desde hacía mucho tiempo –de ahí que muchos
optaran por regresar y bautizarse-. Los que corrieron mejor
suerte fueron los que se instalaron en los territorios del Imperio
otomano, tanto en el norte de África y en Oriente Próximo, como
en los Balcanes -después de haber pasado por Italia-. El
sultán Bayaceto II dio órdenes para que fueran bien acogidos y
su sucesor Solimán el Magnífico exclamó en una ocasión
refiriéndose al rey Fernando: "¿A éste le llamáis rey que
empobrece sus Estados para enriquecer los míos? ". Este mismo
sultán le comentó al embajador enviado por Carlos V "que se
maravillaba que hubiesen echado los judíos de Castilla, pues era
echar la riqueza"-.

Como algunos judíos identificaban España, la península ibérica,


con la Sefarad bíblica, los judíos expulsados por los Reyes
Católicos recibieron el nombre de sefardíes. Estos, además de su
religión, "guardaron asimismo muchas de sus costumbres
ancestrales y particularmente conservaron hasta nuestros días el
uso de la lengua española, una lengua que, desde luego, no es
exactamente la que se hablaba en la España del siglo XV: como
toda lengua viva, evolucionó y sufrió con el paso del tiempo
alteraciones notables, aunque las estructuras y características
esenciales siguieron siendo las del castellano bajomedieval. […]
Los sefardíes nunca se olvidaron de la tierra de sus padres,
abrigando para ella sentimientos encontrados: por una parte, el
rencor por los trágicos acontecimientos de 1492; por otra parte,
andando el tiempo, la nostalgia de la patria perdida…".

Judeoconversos, marranos y chuetas

Filosefardismo  y  Judíos en el franquismo.

Moderna sinagoga en Madrid.


A pesar de no haber contado con una comunidad judía durante
siglos, el antisemitismo estuvo latente en la cultura de España. La
imagen estereotipada del judío se mantuvo presente en gran
medida producto de la política judeofóbica de la Iglesia.
Instituciones como la Inquisición y los estatutos de limpieza de
sangre no desaparecieron oficialmente hasta fechas muy tardías.
La Inquisición fue abolida en 1813 por las Cortes de Cádiz, pero
restaurada posteriormente por Fernando VII, y no desapareció
por completo hasta el 15 de julio de 1834, durante la regencia
de María Cristina. Los estatutos de limpieza de sangre no
desaparecieron por completo hasta la ley de 15 de mayo de 1865,
a pesar de que ya la Constitución de 1837 afirmaba que todos los
españoles podían ser elegidos para ocupar cargos públicos. Por
fin, en 1869, el artículo 21 de la nueva Constitución reconocía por
primera vez formalmente la libertad de culto.

El senador Ángel Pulido Fernández promovió a partir de 1904 una


campaña filosefardí que tenía por objetivo establecer lazos con
España de las comunidades judías europeas y del norte de África
formadas por descendientes de los expulsados en 1492 por los
Reyes Católicos.

En 1910, bajo el patrocinio de Alfonso XIII fue creada la Unión-


Hispano-Hebrea con el fin de reconciliar a los sefardíes con
España. En el Protectorado español de Marruecos se suscribieron
4000 personas. Con el patrocinio real se fundaron algunas
escuelas para niños sefardíes en Marruecos, y en los Balcanes se
dieron ayudas para cátedras de español.
En 1915 se creó en Madrid la primera cátedra de Hebreo para el
profesor Abraham Yahuda.
Durante la Primera Guerra Mundial vinieron numerosos judíos a
España y fue el momento de mayor exaltación de la campaña
iniciada por Pulido. En 1916, un grupo de intelectuales y políticos
liberales, entre los que se encontraba el líder sionista Max
Nordau, que había sido expulsado de Francia, pidió al rey
intervenir en favor de los sefardíes de Palestina, amenazados por
la política antisemita del gobierno turco.
En 1920, por iniciativa de Pulido, fue fundada la Casa Universal
de los Sefardíes.
Durante los años 1920, el gobierno español inició una política de
acercamiento a la comunidad sefardí, la cual fue continuada, con
altibajos, por los sucesivos gobiernos hasta la caída de
la Segunda República. Durante la dictadura de Primo de Rivera,
un decreto de 20 de diciembre de 1924 ofreció a los miembros
de esta comunidad la posibilidad de adquirir la nacionalidad
española, aunque sólo unos pocos judíos, sobre todo
de Tesalónica, pudieron acogerse a esta oferta. Años más tarde,
durante la Segunda Guerra Mundial, este decreto fue usado por
el embajador español franquista en Hungría, Ángel Sanz-Briz,
quien actuó independientemente del gobierno franquista para el
rescate de cientos de judíos, amparándose en su origen español,
aun cuando la mayoría de ellos no lo eran. Simbólicamente, el
decreto de expulsión de 1492 fue formalmente revocado el 16 de
diciembre de 1968, tras el Concilio Vaticano II.
El regreso de la democracia no garantizó, sin embargo, la
desaparición de la judeofobia en la cultura española. Si bien el
número de miembros de la comunidad judía en España es muy
reducido, tanto en cantidad como en porcentaje relativo a la
población total, el antisemitismo sigue vivo en amplios sectores
de la sociedad, fomentado muchas veces desde los diferentes
medios de comunicación. La crisis económica que vive
España desde 2009 agravó aún más esa situación; resultados de
diferentes encuestas demuestran que un tercio de los españoles
siente rechazo hacia los judíos. En 2015 se aprobó una Ley que
concedía la nacionalidad española a los sefardíes, posibilitando la
adquisición de la nacionalidad española por los sefardíes
descendientes de los judíos expulsados de España en el siglo XV.
A esta Ley se acogieron cerca de 4.300 personas.
Bibliografía

1.  Jewish Virtual Library (Sergio Della Pergola, World Jewish


Population, 2012; The American Jewish Year Book ,
Dordrecht: Springer, 2012, pp. 212-283); consultado 9 de
agosto de 2014.
2. ↑ Saltar a:a b Pérez, Joseph (2009). p. 19. Falta el  |
título=  (ayuda)
3. ↑ Pérez, Joseph (2009). p. 18. «En el siglo XVIII, el
padre Martín Sarmiento opinaba que aquél era un
argumento retórico destinado a exonerar a los judíos de
España de la terrible acusación de formar parte del pueblo
deicida: es natural que para evadirse de esa nota, tan
gravosa a sus conveniencias, fingiesen cuanto han fingido
de su antiquísima habitación en España, significando que no
eran descendientes de los que concurrieron en la muerte
de Cristo.» Falta el  |título=  (ayuda)
4. ↑ El yacimiento de Cástulo traspasa de nuevo fronteras. El
posible asentamiento del pueblo judío atrae a arqueólogos
israelíes
5. ↑ La inscripción trilingüe de Tarragona está grabada en una
placa de mármol que perteneció probablemente al
sarcófago de un niño. En caracteres hebreos está escrito:
"Paz sobre Israel y sobre nosotros y sobre nuestros hijos,
amén". Los motivos iconográficos presentes en el
sarcófago, como los pavos reales y el árbol de la vida, están
estrechamente emparentados con los del arte
paleocristiano. Haim Beinart (p. 28) se inclina a pensar que
data del siglo II d. C. Para más información sobre la pieza,
véase el siguiente enlace:
[https://web.archive.org/web/20051111092546/http://ww
w.seacex.com/piezas.cfm?idExposicion=34

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