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ozo e una eoria


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SICO-= marmca

C r. B. Grumberger.
l:JcJtJX 111!· tJ1 ,et!. �i<)11t 011
moi,
V, rti ,, ,. t cf,' r nlson,
J :1/ /'11fflt>I nu bonlteur,
1

Et l. t :;c11f /11 I J/:;<Jl i.


11 / A111tt I (I)

1
Discutiendo sobre este tema con un cófrade y amigo, tuve ocasión do
citar estos versos. Gritó: ''¡Masoquismo! Desconfía, Amiel era un obsesivo".
Ami.el era en efecto un obsesivo. Digno padrino del ·masoquismo, Sachar
Masoch era histérico. Nacht (26), en su importante trabajo sobre este tema, ha
mostrado la participación del masoquismo en casi toda la psicopatología. La
recién nacida medicina psico-somática hace buen uso de él. Se encuentra
entonces el masoquismo por todos lados. Desborda las entidades clínicas
definidas, principalmente sobre dos dimensiones. Primero horizontalmente,
desbordando el dibujo histérico, obsesivo u otro, lo descubrimos como tela de
fondo. Verticalmente lo mismo, de alguna manera, puesto que el masoquismo
sobrepasa la patología y parece ser consubstancial a la misma condición hu­
mana. (También se podrra decir sobre tres dimensiones; el masoquismo so-
brevive a menudo, durante el tratamiento, a otros síntomas, desbordando
también en el tiempo.) Algunos autores, como .Reik (31) y Berliner (5), orienta--
ron sus investigaciones en este sentido. Freu.d (14, 18) habla en varias ocasiones
de masoquistas no neuróticos y de masoquismo inmanente.
Esta orientación es seductora y. abre amplios horizontes a los investiga-
dores, pero en nuestra opinión, es insuficiente para la. investigación
psicoanalítica médica que debe alcanzar un mejor conocimiento de neurosis y
psicosis. En efecto, -que el masoquismo revele el aspecto de una tendencia
neurótica o de un comportamiento mórbido, que sea instinto o síntoma, una
conducta, una moral o una filosofía, debemos intentar individualizarlo lo más
estrictamente posible en el· cuadro nosológico y, para hacerlo, estrechar el'
círculo alrededor del fenómeno en cuestión en lugar de extenderlo al intlnito
Deslindar el ''mecanismo masoquista'' con la presición deseada nos f acilitar ;'1.
en efecto, no sólo un mejor conocimiento del masoquismo que domina toda ll 1
psicopatología humana, sino que nos informará también sobre las nsuro.: s t , ,
general. ·
uu 1l1J 1111 ion tot._11
111 , 1 f>l 1 • r

I Interpretación constante del masoquismo y de otras perturbaciones


Í'\
, 1r, 1tc�rll" obscurece, en efecto nuestra vista ... Intentamos entonces operar un
llv tJ� on una substancia aparentemente homogénea, tentativa generadora
, I• , -rrores y dificultades. '

l .n este trabajo vamos a intentar cernir el problema y proponer una


• .< 1, 1< .lón que permita delimitar lo más precisamente posible el masoquismo e
Ir 11t ntar dar cuenta de todos sus aspectos. Esta solución deberá en nuestro
1 • .¡ Irltu ser válida para todas las manifestaciones del masoquismo, tal como
I t, ud las definió en desmedro de su aparente falta de similitud. Para hacerlo
trttc ntarernos mantenernos lo más posible, en el terreno clínico.
No hace falta decir que un tema tan vasto no puede ser tratado de
numera exhaustiva en una sola conferencia. Esta exposición será muy somera
y presentará necesariamente lagunas importantes. Pero como su título lo
n ílea, se tratará sobre todo de esbozar en grandes líneas una concepción •

�lír1ica del masoquismo sin dar a este tema tan importante todo el desarrollo
quo merece.

11
El que se asoma sobre ''el famoso y terrible problema del masoquismo"
(< >rJior, 28) corre el riesgo de ser atraído y fascinado inmediatamente por el
1 ,10111,1 que presenta este acoplamiento paradójico del sufrimiento y el placer.
ffil Jnvestigasdor está tentado ante este fenómeno bizarro búsqueda del
-u mimlento-: de ubicar ahí el punto nodal de su estudio. Esto lo orienta a
rnr nudo hacia reflexiones más especulativas que clínicas. Reconocerá por
(>lt ,� parte una complicidad solícita en su enfermo quien le proveerá
r .omplacientemente un material que podrá servir para edificar hipótesis basa-
( l, t·. < n al beneficio narcisista por ejemplo (Eidelberg, 7; Lampl de Groot, 21 ).
� ;�,l ernbarqo se trata de racionalizaciones e incluso, si en un principio son
ltJ1t,,,,; para aclarar algunos aspectos del masoquismo, los esclarecimientos
,t·.( obtonldos no pueden ser considerados satisfactorios. Vamos entonces a
r, r uu telar al elemento "sufrimiento" como punto de partida de nuestras inves-
t (J,1<:t<>r1cls y a interesarnos sobre todo en el elemento placer.
! ,;1b()r11os que, aparte de la búsqueda del sufrí miento la inhibición totall

,111t• • 1 f lacor, ante todos los placeres, cualesquiera sean, caracteriza alma-
·.c,,111 �,t,t (l I masoquísta perverso, por el rodeo que conocemos, sin embargo
tlt\·,t 111l1t)< •• 1 n ol placer. Entonces se puede preguntar, y volveremos a este
r 11111cl, ·,I t 11 on J momento preciso merece todavía el calificativo de r11;1,10(llJis
1.,) N u l11t (:1r,) '�llt11;1y;1 ( fl ()I (,:lJ)ÍtLJIO c,Oll�,;ior:i<io ;1111c::\t(\<:t< 1Jllíl•,()(.fllÍ',tít 11r1
11
impulso hacia
el placer

trazo típico de este carácter: la imposibilidad de atrapar las alegrías de la vida.


E.ste autor menciona este trazo de carácter en último lugar, en tanto que a
nuestro entender, es el más importante. (Nos parece, por otra parte, sin que
tengamos la intención de insistir sobre este punto, que la incapacidad de gozar
del masoquista se extiende a las satisfacciones pulsionales inherentes a todas
las fases, genital y pre-ge·nital. De todas maneras, por debajode esta incapa-
cidad, existe sin embargo una voluntad firme de desembocar en el placer. Esto
hace que el enfermo acepte el tratamiento y, de alguna manera, es la presencia
de un nudo masoquista en cada neurosis quien decide al enfermo a empren-
der la cura y hacerlo con éxito.) El masoquista toma su impulso hacia el placer.
Desea alcanzarlo como todo el mundo. Lo desea incluso más que los demás,
tal como lo prueba su vida inconsciente y consciente en sus manifestaciones
más diversas, cosa que, por otra parte, es muy natural. En el momento de la
realización, de una diligencia decisiva incluso indirecta, el masoquista se echa
atrás. Retrocede ante la angustia que nace sin talta ante el objeto, bajo cual-
quier forma en que este último aparezca, retomando su antigua posición, que
es, no una renuncia pura y simple, sino lo contrario del placer, el displacer. Sin
entrar más profundamente en detalles podemos ya constatar que lo que así
fue obtenido por este gesto es la desaparición de la angustia.
(Diferentes autores han pueto el acento sobre el evitamiento de la angus
tia en el masosquismo; Reik (31) por ejemplo. Pero la teoría de este autor no
da cuenta suficientemente a nuestro entender del mecanismo del placer
masoquista. En cuanto a Lewinsky (23), ella habla del masoquismo como
negación de la ansiedad, pero no propone ninguna solución de conjunto c1 la
cuestión.)
El masoquista Wa/demar lleva una existencia peligrosa, llena de dificultades y privacroi ,, ·.
Supone que eso está perfectamente bien, su salud moral y física no deja casi nada que de:1tl. tt 1 1
mecanismo masoquista funciona sin contratiempos. Hasta que un día en que, por una Cfl!)l 1 ,lit l tf I
feliz y extraordinaria de circunstancias, se encuentra ante ta'posibiüdad de realizar un n< o<>c:1tJ t ¡t111
no le demanda ningún esfuerzo y que es adecuado para asegurarle una fortuna. Iortunn e ¡11� 11 i
llevaría a un cambio total en sus condiciones materíaíes. No bien se maravilló, lo oprln t11 J 1 , 1

angustia. Esta angustia crece, se hace Intolerable hasta un momento en que se siento e, u 1:.1,, 1,ic l, 1
por la necesidad absoluta de efectuar inmediatamente un paso negativo. Rehusa. U11c, v• ,, l 1• el 111
esto, respira, vuelve a la situación-precedente y recomienza SLJ antigua vida 1CJLJl r11.11111ll1c •1
alivio! De buena se ha librado, se salvó raspando.

¿ Podríamos decir que Waldemar busca el sufrimiento y en t.11< > 1 111, .1 �i 11


tra el placer? No nos parece. Simplemente huyó del p1élC(�t �):11;l J>t ,,,., r.u : ,1
'lb ria o de la angustia. Si insistimos sobre el elemento plucs :1 , • J >< 11 , 1c 1 • � 1

prívnclonos do Waldernar no son absolutas. Tiene un.i vicJ:, . ,<� ,1.,1 y 11,1, 1 I ,

. l.,,. , � ,ti· f acciones de calidad mediocre más o menos deshedonizadas. Ante


1 tontatíva de franquear el umbral que lo separa de una satisfacción
1111111 n
1 ,, 11 lr11r1.1I rica y auténtica, la angustia hace su aparición implacablemente, de
r. 1 .,i,11to que este umbral peligroso [amés pueda ser alcanzado y todas las
1 •• •l·.,lonc1-b peligrosas en este sentido quedan bien reprimidas. Sólo el análisis
,·!
1. llt orará y con ellas la angustia. Pero en la vida la angustia seguirá siendo
r,1.',·. o, menos latente y nos veremos en la neurosis de fracaso más que el · •

lru aso y en et masoquismo moral más que el sufrimiento.

111
Con la angustia tocamos el nudo mismo del problema del masoquismo y
l,1 cuestión ampliamente debatida del.miedo a la castración, en tanto motivo
J 11 comportamiento masoquista. (''Todo pasa, dice Nacht (26), como si el
, • ,� moqulsta, ante el peligro de perder todo, consintiera en sacrificar una parte
f > ira salvar el resto"), pero juzgamos inútil retomar esta discusión de manera
, ta >-tallada, sin eludirla no obstante completamente. E·11a echa; en efecto, una
olerta luz sobre la solución del problema del masoquismo, tal como lo vislum-
l 1(.1rr1os. ·

Me explico: La observación del enfermo durante el análisis nos enseña


• ttJo ocurren -durante la secuencia encarada dos movimientos paralelos, a
v� ces, por otra parte, completamente separados uno de otro. Por una parte, el
mermo abreaccíona su angu�tia. No examinaremos ahora el desarrollo de
·.t.,
abreacción, porque nos llevaría lejos de nuestro tema. Diremos sin em-
l>,,t�fJO que en general todo sucede en silencio, siendo la angustia por definición
vivida como sin objeto. Por otra parte, el enfermo nos muestra periódicamente,
y , so, con una cierta ostentación, para no decir más, su complejo de castra-
,., �11. Estas manifestaciones pueden ser dramáticas, pero continúan a menudo
le un modo superficial y prosiguen manifiestamente un objetivo de demos-
l�. lt�ión� Durante ese tiempo, no hay el más mínimo trazo de ang�stia verdadera.
I I' ontorrno puede tomar, por el contrario, un tono divertido ·que puede llegar
l i, 1:.tr1 la más franca hilaridad. No es una defensa, pero todo el complejo, en su
C, ,r ,¡, into, funciona en tanto defensa momentaneamente exitosa
1 contra la
,,.,,,,111�tia. Esa es la fórmula lapidaria de uno de mis enfermos, un obsesivo
111,. t!:uqi1ista:
. .
Ncl tonqo más que desear que me corten algo y entonces no tengo más angustia.

lJr1rt Joven mujer, que se haceqolpear por su marido durante las relacio-
' •• -• x• 1:,1,,s, se queja de frigidez y sobre todo de crisis de angustia extre-

madamente severas. Luego de tres meses de tratamiento sus ancJtJ:.t,l,,. 1
san. Un sueño coincidente con el momento de la mejoría, y acompañado e lt ,1 tt,
material transferencial cuya significación anáíoqa, nos muestra la mi-.m , e ••
tratagema, con participación activa de su Superyó.
Estoy en el sanatorio. Hablo con otra jóven mujer y trato de convencerla que l<1r,, Jl, L11, t
caverna. A decir verdad, sé que no tengo cavernas, pero pretendo lo contario. Dice que 1r,1 ui.]. 11 I, •
no e&"grave y eso me irrita.
Assoc. En el sanatorio yo estaba entre las menos atacadas pero nadie estaba tnn c..;1, u. ,, 1,,
como yo. Hubiera querido decirle a todo el mundo: "Ven, estoy enferma, etc."

La puesta en escena del "masoquista-perverso" y todo el material d1J


auto-castración onírica, fantasmático y real del masoquismo evoca la n1iLi111,,
imagen. Freud (17) decía que "las torturas del masoquista raramente dan l.i
impresión de ser tan serias como las crueldades de los sádicos". Feldrnan (11)
intentó interpretar este comportamiento como la expresión de una actiu 1d
mental de como si que el filósofo Vaihinger sistematizó (la expresión "corno :,l''
es usada por Freud en las Nuevas lecciones de Introducción al psicoaná//� :i: •. 1
propósito de los sueños masoquistas) y califica la regresión sado-mascqulstü
como hipócrita. Loewenstein (8, 24) rechaza esta expresión y prefiere habl.u
de juego y simulación ("make - believe"). Se trata de un sistema de deton: .. 1
que forma un bloc y Reik (31) lo había comprendido bien así, porque dico qt11
el miedo de castración (tal como aparece en el masoquismo) es ya rnasoquls
mo y entonces no se puede querer explicar un fenómeno por sí rnísrno. 1 )1 •
todas maneras, el miedo de castración como subraya Berliner (5), no tieno tu ,, 1.,
de específico. Por el contrario, lo que estimamos como específico del mn: .o
quismo, y que da un sentido específico a lo que precede, es la utilizac1r>fl 11, ·
una conducta auténtica en sí misma, como el miedo a la castracíón, p;1, «, t111r �:.
defensivos, con un modo fáctico y ostentoso.

IV •

Acabamos de echar una ojeada sobre las relaciones entre ma: }< 1l ''' .111 ,
y miedo a la castración (en el plano genital) para mostrar que, en 1<lJllt) • • 1 •!11 , ,
ción del masoquismo, nos conduce sobretodo a una detención v, .lv·1� \, ,, l I
hacia la pregenitalidad, notaremos inmediatamente que la orntkttu! 1 u • · ,1( t1, , 111,
invocada para explicar la génesis del masoquismo. Seria f a ... t.1cti(l' .e> , 11. ,1 t, 1 11.
los autores que sobre este tema hicieron alusión al cent licto or. 11 ! ·,1,, t ·11,I l.,,,,.
no podemos no mencionar ·a Bergler (3). Para esto ;1t�t(11, • ,< ,1,, , , •. , , 1,, ,
neurosis: la ''Basic Neurosis'' cuya única manitestación r ·, 1 1 r,1.l·.,1,,,11 111•1
1
, , , ., . ,1 1 ,lt masoquismo moral es, para él el mecanismo originado en el
i

111fl e t rnl, las otras neurosis sólo son ''estaciones de socorro'' contra él.
11 11 lc, (· 'l) intentó construir toda una teoría de la neurosis sobre el masoquis-
111 . , l f >, u tlr de este estudio. En cuanto a Nacht (26, 27) llega a la concepción
1, l Ir, "masoqulsrno biológico'' originado en la fase pregenital más precoz, fase
�, e >l)Jt>tal durante la cual el nlño no distingue su cuerpo del seno materno.
t • u ., los sostenedores de la teoría de la oralidad, el masoquismo sería una
rn ,, no do revivícencia de la frustración oral y Bergler (3) habla incluso de de-
.t u i<> sor frustrado. Esta frustración sería en sí misma una fuente de placer.
l 1 11. t l3orliner (5) finalmente, el niño se identificaría al objeto frustrante; siendo
1 , f j. telón a la mala madre la única posibilidad para el niño de ser amado, esto
, >< ,, , , zonas históricas, verificables por el análisis. Sin entrar en el exámen

1t ll rllado de estas teorías, se pueden formular las siguientes críticas:


t r4 os partidarios de las teorías que hacen derivar el masoquismo del conflicto
, r ll y la frustración, parecen no tener en cuenta el hecho que el masoquismo
proviene, por definición, de la fase sádico-anal. Freud (9, 12, 16, 1 O) con-
·.\doraba siempre el masoquismo como· la· contra-partida del sadismo y
xpresaba firmemente su convicción de ·que la solución del problema del
masoqursrno no podría ser alcanzado más que pasando por el sadismo,
.1 sndo ambos inseparables. La contribución importante que Nacht (26) ha
.iportado al estudio del masoquismo va, por otra parte, en el mismo sentido.
1 ,\ toma en consideración por este autor del factor agresividad nos parece
11r, paso muy importante y decisivo hacia la solución de este espinoso
f iroblema:
:· ! ��1 pueden oponer ciertos elementos clínicos a la hipótesis de una génesis
J> rrarnente oral del masoquismo tal como lo encara por ejemplo W. Reich
( l): "El masoquista tiende siempre hacia el placer, pero siempre choca con
I t frustración". .
Ya Freud (15) se había asombrado al constatar que los niños que repro-
I lt 1< t ,1 oste fantasma ("pegan a. un niño") nunca, por así decir, habían sido
111, tltr. nades. Los masoquistas se reclutan, en efecto, más en las filas de los
, ,11,( ,._ mlrnados y este hecho es tan patente que Esther Menaker (25) pudo
1 , 1t1c ,1f)r una teoría del masoquismo partiendo de ahí. Según este autor los
,,1.,i.c)tltJl ·,t�lS serían niños que, a falta de frustraciones orales repetidas, no
1

I • ,t ,t t.111 podido reforzar suticientemente su yo, constituyendo esta debilidad


1 ·.t I yr>, su trustracíón. Ya Karen Horney (19) estimó que el masoquista, para
l v rru l,t ,,rlfJt•stia, abandona en parte su yo, manteniéndolo débil, siendo esto
. , ,t t 1 1 Jlc>r él mismo como única tabla de salvación. Reik (31) ha s.eñalado en
ll 1 1,t1 >(} l,t rapldez con que, sobre todo psicoanalistas mujeres, consideraron
•11,,.1 .c>,11111, mo femenino como casi biológico,
'
Esta marcación nos conduce directamente a repetir, a fJl'<.JJJ(,·,it(, ( 1, ,,1
< níucto oral, lo que hemos dicho del complejo de castración: el rr1·1.:;<Jt1t1t·.111•,
utltíza este conflicto de la misma forma y, probablemente, con el ml nto o] ,1,
tívo. Resulta, en efecto, del material clínico que el enfermo multiplica con cJl t .t< .�
las relaciones de frustraciones orales sacadas de su pasado, exacn 111• i1 ,1.
corno sostiene en la vida y en el análisis el pasar por víctima. Entoncor. t1. ,y
que ser extremadamente prudente antes de afirmar la importancia de la t,11·.
tración oral como elemento primordial de la historia del individuo rnasoquu.ti ,,
corno dice Keiser (20) (''en mis observaciones los masoquistas invartabton« 11
te han tenido madres castradoras"). Recuerdo una masoquista que en todo su
análisis se desenvolvía bajo el signo deuna madre castradora y un padre délJ1I
y decepcionante. Esta situación fue ampliamente descrita y abunoanternente
ilustrada, hasta el día en que comprendimos que este cuadro era exageradt1
con el objeto de reducir la culpa según la fórmula: no soy yo quien csstro n r11J
padre. Es mi madre, quien por otra parte me castró también.
Un joven me trajo en su análisis un material clínico de donde sacaba, <.J1:
manera indudable, que de nino había sido víctima de una severa frustractói l
alimenticia. El enfermo producía una serie de suenos y fantasmas cuyo conu
nido convergía hacia un punto preciso que, finalmente, pudo ser cornnprendk lf>
como el "recuerdo" de un envenenamiento con leche materna. La realidad cic,
un absceso de mama en la madre confirmaba esta manera de ver. Ahora bl•�11,
luego de un cierto tiempo, ciertos recortes permitieron constatar que el absc . ,,
so de mama en la madre se situaba en la época del amamantamiento dt} , ,t I
hermano, tres años menor, y que su amamantamiento había transcurra lc1
aparentemente sin contratiempos.
Independientemente de los enfermos que "sacan" su conflicto materno.
luego de cierto tiempo en general consagrado al conflicto adípico, los hétY c¡t1•'
lo despliegan rápidamente y llegan incluso al análisis con un conflicto n1t1t• t 11<,
abierto, violento y a menudo actual. Insisten largamente sobre eso, con nu 1, .11.,
libertad y visible satisfacción y no pedirían nada mejor que continuar httlJI, 1r1• 1,.
de eso a lo largo de toda la cura. A veces es díficil separar entre lo Vll1<J,1cl, t'<1 1

del conflicto oral histórico y lo que, para enmascarar otra cosa. el 1�1•f•:11tt••
pone intencionalmente delante.
Lo que sucede al comienzo y a lo largo de un análisis torna íl v,�1�1 ··· l 111
cariz mucho más neto hacia el fin del tratamiento, o mejor dicho, lo <1t1• ( Ir t 'f -] 1, i
ser su fin. El enfermo hace en este momento un esfuerzo desospor. 1rl1, , 1J11 11
objeto de impedir al analista que lleve el tratamiento a buen 1.ó, n 11r 1 • ., 11 t l ,
de una forma de resistencia particularmente coriácea que so i11;,r11 f11·(,l., 1, ., 1
1

despertar súbito y particularmente violento del conflicto or,,1 ltt ,, • • ,1111 , , , 1t ,, ,, 1 •


se creía liquidado. Esta secuencia es propia para desesperar ., 1 .r. ,,,.,, .1,.
;,:....:: 1 l 1 "·� f l l i� l
11 ii!� 1-JA{f í 1U

�f.r1tttJt1lir.{;ros ante el espectro de un 'ianá-lisls inte.rmin;a·ble''',. tanto mas que


t ,.�,J._¡ medlda tomada para poner fin a Ia cura ..e:s_ consíderada por el a¡n,a,l'i:Zado
, ( 11, ,t1 ur 1 nueva trustracióncral por P>arte- t;fe·l· anallsta, ,a la que responde por
� .t, 1. t runoclón tanto más víotenta que justif'i·ca,:da por esta frustraei_<S:n� Henos
tt¡t1 í entonces en un círculo vtcíoso que h:ay· que romper,
Un enfermo, que bautizaremos Oscer, viene a consultarme, �,�9:n e:f deseo
1-}. 1, 1r ulslvo de estrangular o envenenar a su muje.r: Puso v.i.s:i,bleme·nte· en··
1 •• lrnor plano este síntoma <tuya g·ra.v:edad, por otra parte, hab·fa.·�)(_a_ge·rado..(su·
J·r11•JtJf nunca se había dado ·eul�nta�, y que desaparecío ca.sf.·inrr1ediatam;e:r1fe
ele comenzado 'el análisis. ;Se trat.it.ba d:é una neurosis bastante severa, con
LfírfonSaS obsesivas Sobre . Un fondo de 'hiSt.eria.. $:U análísís proqresaba Sin.
1itr1horgo bien, y a lo l:argq de un año y medto pudo ser obtenida una sensible
t11tlJor�f a. En ese rnornentc, a!s:is,t.i·m_os a un cambio total ... Estancamiento con
·tixacerbación deJ. masoquismo e·n tOQ():$ los planos, despertar del conflicto
• , • I

i>.r 11, período de ta que Nacnt hadado una pertecta deseripclén. Se podría
rJr mslderar este período de exacerbaclén ae·1,masoq.uii·$f'.DO como bl·fl. comienzo
c:Jt1J abandono de este por e:I eníermo, tanibié·n·.·S e:ria necesario que ·él renuncie
1

ll 11ste comportamiento cl:e d:efe. n·sa, comprenotendo 10 que si@:nific,a·ba . En


1

cuanto a Osear, sostenía e:1 que·oarse enese estado y tuve I� prueba, más qti-e
cilt't-Jcta cuando, luego- de haber ensayado mostrarlo p.o,r enésima vez que me
,: 1·.traba1 y esto -en mi- c:a,f.rdad d·e- padre, me· a,traJe e.sta respuesta: "Perdón,
vh 1 a Ud, porque quería mat,á:r a mi mujer, ;s:i- o no?'' A lo que te mostré cómo
ft•� s rvf a del conñlcto materno para esconder detras el deseo de eestrecton
r/· ·/ padre, deseo que comeatta de mil maneras, combate que se encontraba
tJ,t I l,t base de todos su� sfntcmas (.e:I contexto era rico a e. ste rsspe. oto, daba
f�(1,� ejemplo una cierta publicidada su.deseo de- matar a su mujer, 5 médicos ,
I<> e iblan y se preparaba para ·''coAstiltar'' un 6º, síenoo que el stnterna había
,j1 J1 trJo da existir hacía rnuche tiempo). . . ·· -
Esta lnterpretacíón tuvo por resultado e.l hacer salir al e. nfermo de la
-�• ,t melón en la que se encontraba.y la cura retomó, a partir de ese momento,
..
un t trno muy satisfactono.

V
"
.

1 1 cornpte]o de castración y.el conflicto oral aqotsn toda ta tenomenoloqta '


rn 1·,,1L111lirt1it Tanto en la vida comben ·el tratamiento, los aspectos especñícos
ftnl , � ,,111i ,r1J1�- rnlonto masoquista entran en e:I marce -delimit·.ado por· estos dos -,
t.il:, 111rtt1l.t)'1 l"'l masoquista se organiza, ante todo; para ·s@·r cestredo, es ceeír �
lnt t1.t� tli •f1t c,l )tr1r1er pl.acer. cualquiera s·ea el ámbito, inhini:Gio', pob1re,, satrient.e, ,-
1

·.
enfermo, disminuido, ''ofend.ido y humillado''. Todos sus síntomas ",<)11 11,
ciones de satisfacciones. Así una joven mujer que he tratado por hlglch 1111
decf a que ella consideraba su incapacidad de tener un orgasmo co111 , 1111.,
vergüenza que debía ser escondida, una humillación, y en sus sueños, 1 ·.1.1
humillación tomaba la forma de una castración. También puede observa, s1, t ¡, 11
con frecuencia el masoquista hace revivir su conflicto oral, se la agarra con ,11
madre o substitutos maternos, entendiendo estos términos en un sentido tt111
cional, por supuesto. Las quejas manifiestas que tiende a exhalar con un tono
reivindicatorio, lo colocan en víctima: no lo aman, lo tratan mal, no tiene suoru 1
es víctima de injusticias. Lo diga o no lo diga, 'la parte específicamente mase-
quista de su comportamiento apunta a la mostración infatigable de este aotíl.d
de cosas, doble demostración. con una únlca pretensión. Por cierto, su corn . .
portamiento parece equívoco e incluso paradójico a veces, puesto quu,
quejándose con su interlocutor (en análisis por ejemplo), se lasarreqla con ol
objetivo manifiesto de hacerse rechazar, de exasperar. Este comportamlont l
se torna sin embargo comprensible e incluso muy claro si se considera que s
díríge a dos objetos a la vez, la madre y el padre. Sí la actítud provocadora
apunta a ser maltratado por aquella, la demostracíón de lo que ocurre se diritl''
a este. Todo lo que es rechazo, fuente de privaciones y malos tratos, ya �·'
trate del compañero enamorado, del patrón, de la sociedad, Dios, tos astros y
el universo entero, resulta ser, en un último análisis, la madre frustrante y lo.:
sufrimientos que esta inflige al masoquista se ponen de manifiesto en ho1101
del padre; el interlocutor real o f antasmático, siempre presente del masoqutstu
es por este hecho /a condensaeíón de ambas imágenes parentales. La oscona
eri anánsls se actúa entre tres personajes, de los cuales dos son represorn. , ..
dos por el analista y la fórmula es no tanto: "mira lo que roe haces" sino rnt,:.
bien: "Mira qué mal me trata ella". Se trata de un conflicto pre-edíplco c.uy, 1
objetivo no es una rivalidad amorosa con el padre del mismo sexo, sino < n 1 1
cual el adversario es siempre la madre frustrante, teniendo el padre un pitf >1 1
diferente sobre el que volveremos. Estudiando los fantasmas y cuestas , , ,
escena de fustigación masoquista, nos damos cuenta que siempre es l¡1 ,,, 1
dre quien pega, ya sea manifiestamente (en los hombres) o en forma 011111.,·
carada (en las mujeres). En estas últimas el papel del hombre a nu r11u10
consiste, en efecto, en una actitud humillante de desinterés o nec1ligf 11, 1.1,
otras tantas formas dramatizadas de la frustración materna. 1 ncluso I< 1·�. � J :111 ••, .
expresan la coacción en el sentido "no harás lo que quieras, o 011 todo , . ,·. ,
. bajo mi coacción, lo que prueba que no puedes tener satistacolorn •. , , 111
antojo, estás castrado". Sin embargo en los fantasmas de la fustioru.l1'i11 (1,1,1v11 •
análisis detallados no pueden hacerse aquí) existe un detallo imp.u l 1111,, • f',
concuerda por otra parte con la observación de F reud ( 15) 1 1 a fa ·:u 1111 1 111 • 1 I
IMA :J
.M. li Mtltll V•
"'flt
1
ti!II. tsitl1J

, 1Jr1,, por el padre es a menudo reprimida, sólo puede ser puesta en


11� Jl• ig::\rJo
itvlrlf t ,cl por la investigación análltíca (en casos excepeíenates en que es.
,r n Ji1· nnente el padre quien pega, s,� trata probablemente die sujetos menos
1,

Ir 111ll,ldo·1 que se contentan con una única detensa: '·'El' ·es el castrador, no yo").
1 �1 1rr1tijer, en efecto, que pe.ga al masoquísta .Pervers.o, sierrpre tiene en. su
r1·:�1 )l·it�inl atavío (por otra parte· sie·mpre el rnisrno, 'Y corresponde a una posícíón
-l'f r t!'tlva de nivel arcaico) eiemernos mascuunos. Es entonces un objeto con-
1

' l,tr1·,r1do que pega. Este aporte rnascuñno debe sin emb_argo ser casi siempre
1,,, onsclente al rnascquísta, ·R.eik. (3·1) relata sobre este tema. un caso muy
, · uu �te rlstlco: un paciente en curso de u na puesta en escena masoquista,
, 1, 1C1Jbrió en las ropas de su acompañante un detaüe que: le recordó fa barba
('lt-J ,LJ padre. Todo el carácter erótico de la escena se disolvió, y el orqasrno S'e'
1nr·nc, imposible. ¿ Cómo comprender 10 que sucedió?
l---lemos visto que: el contenido d� la actitud d·eJ masoquista era ser cas-
t11. tdo por un lado y frustrado por la madre por otro. Su objetivo es hacer ta
clt mostración de este estado de cosas de manera permanente. Todo lleva a
oruur que el masoquísta no pu·ede, renunoiar a este éomportarniento que lo
I f.Jf'ntsge de algo que le parees lnsoportable y ·1e corta el paso del camino ·
,1pLic,sto, el de la satlstacción pulslonal. .
Ante$ d·,e i,citehta,r extraer una rníraoa.
rJ,1 conlunto de la situación, debernos volver a,l tantasma de fustigación. ¿Por
.

'
I rJttú· la· imagen paterna debe quedar . tan a menudo reprimida y por qué su
1:}tJLtrlción insólita es fatal' en esos cases para e:_I éxito de la puesta en escena
,1

l f1 1 1oquista? Sirnplementé porque toda la.. construcción masoquista no. sirve


1

t11i�,� que para mantener esta represión .. Freud (17.) dice que observando el
t 11,t:isma. masoquista de fu:sti,gaclón se tíene la imp.,resió.n: que el sujeto ha
c�r>rf1utldo algo reprensible (cuya naturaleza se rnantíene vaga) y por lo cual
cJ�,.l,n ser castlqado, Nuestro, materlat cñníco permíte añrrnar que siempre. se
tr r,tr1, en cuaíquiera de todos los casos ce masoquísrno, de ta cssttecion del
/t:�ttrn en tanto en ambos sexos. El rnecanisrno masoquista consiste en una
1

< trJf( nsa contra esta pulslón, ·defensa. que na· obstante permite de manera
ttl·:IJ11u,ada pro·seguir y esperar, seoún las diferentes modaítoades que serán
1 ,� r t,ltJI idas, el objetivo buscado: ta castración paterna. en el curso del trata-
,11 1,11to ,iempre se encuentra detrás la defensa masccuísta, el deseo y realiza-
1

( l,1,1 i11!1. o menos disfrazados de este oastracíón, o más bien la irnroyeccton


f''
ift-l ne pntomo con una modalidad sádíco·-an.al�
LJr1 :1 da mis enfermos, cuya nístorta será retataca más adelante, desarro-
�l,j1 in Ir t tr'r�r,, .f orencla reacciones muy característícas .del mecanismo masocuísra
1,

t'(,11, t1 lt ,,biftr111lrrododor de la cuestión de la requíacíén de tos honoranos. Un día


w11 r1 1 11,.,� un ihoque, e.l cual por error, sobrepasaba el monto de mis honorarios
1

1 1 I

·( .lr·i,•�l,lbtO tlt• auto castracíon): este cheque no tenía tondos: a pa:rtir de e:sej
/

.,
día se atormentó constantemente con este terna: "Cada vez quo pi, n·,< 11 'l 1 • • 1
cheque, es corno si me revolviera el cuchillo eh el corazón; tiene en :.11 liul·. ll• 1
un arma contra mí" (yo le había dado el vuelto del excedente y sspcraba 1111 li I
cobrar el cheque). Pero debió darse cuenta que cada vez que debla II al 11.1111 11
para arreglar esta cuestión, algo se lo impedía. Corno le mostré la <.:n,,1t r11 1 11
que me infligía, se asombró, pero igualmente me hizo notar que antus 1111111 , 1
había sido tan. pot·ente sexualmente como después de su error.
Esta distinción entre el asesinato del padre adípico y la castración p1,
genital es muy importante. Parece, en efecto que esta introyección dolJo pt •
ceder el acceso al plano edípico que torna otro ritmo tenornenotoqk-o. 1 .1
victoria sobre el padre, su eliminación en tanto rival al modo adípico no · .1
puede superponer a su castración sádica, la cual apunta por otra pu1to .11
objeto parcial que no se torna objeto global sino por extensión. Se ve en clort ·.
análisis que la reviviscencia del singular combate edípico y su interprot.:1ci '111
no despiertan ninguna oposición en el analizado, en tanto que si se le rnuocn .1
la destrucción sádica del pene paterno, manifiesta la más violenta resistenc �,.
Matar sí, pero no castrar, poseer el pene sí, pero no destruirlo. Estos rnatí .• ·.
son importantes. Que nos encontrarnos en el plano pre-genital se prueba pot
otra parte por el hecho que la introyección sádica en cuestión es obnqatortu "11
ambos sexos y despierta en las mujeres una culpa más grande quo en 11·,
hombres. La castración del padre en este sentido siempre está presente d1
trás del cuadro de la defensa masoquista aunque a veces muy disfrazade
Volveremos a esto. Desde ahora nos damos cuenta sin embargo que o: ,\,,
forma de ver puede hacer nacer equívocos por sus incidencias sobre la chu
trina psicoanálitica en lo que concierne a los conceptos tales corno • clip, 1
invertido, homosexualidad, madre fálica, anvidiadel pene. etc. Como no .• l.1Uo1
espacio para explicarnos sobre esos puntos, no podernos sino se ria I ar aq 111 1111
aparente escollo. Lo que, por el contrario, nos parece indispensable, o·. ¡,11
sentar aquí algunos ejemplos clínicos simples y breves, elegidos entro lo·, 111, 1·,
esquemáticos porque muestran /a presencia simultánea de la doblo ct, •t, -u: .. ,
masoquista, así como la misma pulsión que esta defensa presupone ,1, 1•

•• ,

der.
Este es un ejemplo casi fisiológico de la castración anal y k», 111t:( .,,,,,.
mos
.
de defensa:
Casimiro está en tratamiento por perturbaciones diversas que JUSt1f1c;;11, l.• ,,1111,111il, 11111,
condría. Su principal sindrome se centra en su ano, en la región periru r1I y ·.,1·. t,1,11 1 1111 1
defecación. Se queja sobre todo de diarrea, equivalente a la castración �11,,, ,. , r 11111 11, 11 , I t
molesto en la garganta: "Tengo el paladar inflado" y piensa consultar. ''íl(>t<J, 11 ,1111.,lr,1•1,,1, 1111 11,
médico en este pueblucho'' (madre castradora). "Y sin embargo, cualquu 1.1 , 1111 lt 1 1 t I i, u n ,, •'
hecho,. ha introyectado el pene y "cualquiera" significa el despréc10 < •• 1 .t,
,e 1111, ,, , ,1) 1 , , , u , ,
titt • 1uJ\1 f1

11,trtif,1 iiji 1 t nt11


1

• •

• 11,t, ,t, �1�11t�r1tr1 muncla que tiene dificultades para evacuar sus heces. Es la prim:era ve; des?e
1

J1rci-r v rJt1il 1Qr 111,., '�fiJtoj lt sucede. Oornoasociación recuerda.otrosueño: en (J� papelito .ésta sscnta
t , !Tl 111l�-,,qct.1'J6t1 d0I, verbo: "andará mejor". . . ·. . .... · . . . . ..
t J ,, n1,t muestra su miseria: "Es· usted.qulsn no rne ayuda", eso me. recuerda el libro file
utr�rii ·*5J ,11, lr1 ti1t�r" (trustración por la madre). Lue:go: '.'Pase: lo que pass, �l el buen Dios quiere que
h,,.1 � 1111ic11 blr,n, sino tanto peor" (demostración de la castración ante ·el padre). Un sueño: ·"Mi
lJ1�1 r���nri t,n un cohete-cometa Quiere volar pero lo retengo:, me CLf'�lgo de su cola.y él vuel've a
t ADtJ� (ul hurrnano es diez años mayor = substituto patemo), Castración del padrsal modo anal,
. .
'
' .
t31,r1Jamín sueña: Mi padre, usted y yo. Mi padre hace un lapsus que muestra que qulere
11

J 11.1M��rrnfl (se trata da una historia .de encendedor). Salimos,. usted no está más allí. Entramos en
ilí1� f rrnmola y hablamos. de usted · ··.
MI padre me pregunta si me hag:o comprender bien por·mi analista, Le· respondo qüé lo que
lirlJ1 ,rtH es que el analista se. haga comprender b.ien i· mequejo. de usted. ·
Assoc.- La farmacia. Est� mal provist�y el· tarmacéunco mismo no conoce el valor de sus
n1fldlorirnentos. Es un charlatán. Pretendí'a curar con la palabra.
• •

',

Y este es el anáüsts de un sueno masoquista de 10$ más banales:


. . .¡ . !

vlncent sueña qué ve en ··1a ventana de un hotel una joven seductora vestida con un
srnlsón arácnso, Va en su .bús.qued.a pero se pierde en una sucesión de salas: la. búsqued« es
�gotadorá, muy penosa. En, su búsqueda Vincer1;t es ayudado por mozoa del h:0telj simpánoes.
voutidos de verde (alusión . a {f.Tli. no,m·h>reJ bajltos. La ayuda .de tos ·mc;-zos resufta vana,· miran a
Vlr100nt con compasión. �-.. . · ·
La situación es. clara,, Vince·nt muestra a su ,Sup.eryó . el analista · que se considera
ar-strado (no puede obten.et placer) y que es la mujer (madre inaccesible) qui·en lo frustra. Las
relaciones cordiales CO'n lqs mozas :(.el analista) esconden mal I� castración qus les jn.flige. El
üJ1tall$ta es mozo de hotel, b�J.ito incapaz de encontrar el camino de la madre (en un plano
profundo la mujer representa-también e�.pene d�l padre), · ,
. Otto llega �I anállsls �gr�$iY9., guejá,ndose.de no reci.bír nada de mt, en 'tanto et tratamiento
no llega a nada (sigu� castrado). AcJemás, dice, �hace frío snsu casa" (falta dé: calor materno). A
ontinuación me cuenta que vio en un café· el' brazo velludo de tJ.n· hombre y sintió eJ deseo d·e 0.

l10sarlo. "Ud. ve :bien qt;.1:e n,e m, cura," Le muestro· que é.l·m.e ·castra .y su respuesta e$ .:inmediata:
¡J =s verdad, pens:é que b.esar ss m.order, éortar, 'i/ lue.g·o sin transicién:

"Soy un niñito ... '' .. · · · .


••Es mí madre: q.uien·'.01� pega-'." . · ·
¡' Veronique, 40 años, vie:ne ��I análisis JPóf ·diferentes perturbacrónss psico .. somáticas ,.· pero
fil cuadro es el de una neurosls de fracaso. Los primeros meses .de análisis se consaqran ·::a la
expcslcíón con pelos y señale.s de un. conñicte.permanente y agudo-que la. opone a su madre.
LQ; Interpretaciones edípieas son recibidas por ella sin ninguna resistencia, incluso con un placer
wvidente. Hasta el día era _que la; transferencia positiva hace. nacer la angustia y un nuevo. síntoma:
ttl,;menorrea. La menstruación se torna dolo rosa ·y· de duración anormal. Se queja amargamente
di-, eso así como de la injusticia &:ooial· d1e la· que es víc.�im,a 'ta mujer, e$ta eterna herida". En una
l-fl&lón acomete contra las prerroqatixas d�· los machos y me aporta un sueño donde .se ve· en
ntislón bañándose en s�ngre y en'suciando el :diván. Las asociaciones la llevan a··hablar de tJna
película de Menotti, .Le Médiami.·:e insiste soBre la s.uerte· trág;ica: de .la ''víctima'.': es decir la muJer,
l10rofna principal del drama. Anora,,bien, ·elfl la películ� e.s la mujer qui·e.n m-ata a un Jovéri, hecho·
t ,e t1abía escotomiz'ado completamente:, y q,ue·d.a JS>asnlada cu1ando sé.Jo muestro. Sªcud'ida porj
,_ ,. ¡

··--
80 /MAGO r


este "insight" fulgurante me aporta un material del que surge que ella atribuya u,1.1 :,l<JI 1 ·f1, ,, r• ,11
fálica a la (verdadera) víctima (joven negro con cabello crespo semi-desnudo y rnurín, e e,, 111,. 11 H ,, •,
de juegos de una jóven, hija de la heroína). Además, se da cuenta de la siqnificaclón . tfJ••• .lv.t r, ,1
de su sueño y también por qué su dismenorrea coincidía regularmente con una <;c,1r1J 1lh , 11 t ,, ,
mensual del pago de mis honorarios, que iba en el sentido de mi castración. sequldo to, Je, f 1111 , 111 ,
emergencia masiva de recuerdos que relatan sus veleidades de castración dal padu 1 • ,1 , , ,, u l •
sádico-anal, así como numerosos fantasmas análogos.
Juliette, 28 años, periodista, sufre una neurosis complicada y atípica por la CUf1I y: t l 1 1 11 l ,
tratada por otro analista. El análisis lleva a una mejoría lenta pero muy neta, la a11ft,111 ,. , .111
embargo multiplica actos de auto-castración y manifiesta muchas dificultades para "r., •ll· ir" , ,
transferencia, reservando así el lado "positivo" de esta a su analista precedente, a quien . t .t, · .
1 , ,, ,
obstante sistemáticamente de haberla abandonado. Provisto de material que no puado 1, ,1. ,1. ,1
aquí, le digo a quemarropa que se queja del otro analista que representa a su madro, lo , ¡11,, lc1
permite castrar más comodamente a su padre, es decir a mí. El efecto de esta intsrvencrou e, •
dramático: "Veo sus ojos, son los ojos de mi padre, los ojos de un viejo que va a morir ':t1y
independiente y mi padre es viejo e impotente". Luego sollozando: "A medida que dsscion. 1, . y,,
subo; ¿cómo podría amarlo si no pienso más que en su muerte?".
Al día siguiente viene a la sesión anunciándome: "Usted entra en mi análisis, so, 41 e e,,,
usted personalmente". El sueño es demasiado largo como para ser reproducido. En curmtu . • 1 1
marcación con que la acompaña, es errónea en vista que ella ya ha producido sueños rlr1!1lofJ' , .•
para olvidarlos inmediatamente; en cuanto a este, lo integró y su actitud transferencia! so rr11 , •. ,, ,·,
profundamente modificada por este episodio.
Léonore no puede gozar sino haciendo que su marido comprenda cuando el orqasmo ,,
aproxima que debe retirarse para volverla a penetrar instantes después.
El importante material aportado por ella permite comprender las siguiente sign1fic11<.1(>11í, �
de este gesto:
1Q Frustración por su marido (substituto materno);
2Q Su propia castración ("no tengo pene").
El análisis mostró que, en un primer momento, la enferma operaba una incorpora .it,,, . ,, ,. ,1
del pene, incorporación previa que permitía en un segundo tienmpo el orgasmo nn 10, 111.111 1
genital.
Luego de un cierto tiempo, su deseo de castración del analista, substituto paterno, , >11, 111 ,,, 11
sin embargo analizado, gracias a un abundante material muy rico. Entonces se pre le t, 1Jc 1 1111 ,
notable mejoría, luego una recaída, provocada por una segunda sesión semanal c111c, lt, ,,, ••
acordada. En la sesión siguiente se puso a temblar.
"Veo un perro que tira de su cadena para ir hacia su amo; tiembla de esfuerzo r,• , , , u 1 ll• 111,,
Soy el perro y usted et amo."
. Es �n fa,ntasma típico de auto-castración encadenado, maniatado. imag�1,,c :, tic 1,,,1, 11,,,,
cta. Ademas: símbolo de absoluta dependencia.
Ella continúa: "El perro quiere lamer la mano de su amo".
YO "¿Por eso se encadena?"
EL�- ''Evidentemente, podría también morderlo''. Luego continúa: "J111,,rl1 1111,, ._, 1
fantasma.un,camente porque usted es frustrador por definición", y se extif>nci,1 1.,,,1.,,,1,,,,t,1 ,1,
una relación que tenía con un hombre que sólo la frustró: "¿Será por eso (¡11t 1,,1, 1,,,, 1,. .,, 1
cuatro años?" ·
En todo este material aparecen los elementos masoquistas tlJ)lc:c,·,
1 Q Autocastración;
2Q Frustración por la mala madre e identificación a asta,
32 Todo disimulando la castración del padre.

111 1
• .-

..

VI

Hwi11ot visto que el masoquismo es· u. na defensa ··q_µe_ permite al Yo


1rt1�.ttrl1 ,r su Superyó. El objeto de esta d·e:feJ:ts:a e·s la de _e;nma:st?:arar e_l deseo
r 1". i¡11t1r1l11r.lree del pene paterno, didho- de otre modo, de lncorporar este pene
1� fil 1�1J medo sádico. La expresión d�. la_ d.efeAsa ·es doble: · · ·.
I u ' Nlt> quiero castrar a mi padre, por etra parte- no podría puesto que estoy
1

crJ ¡tl ,tJda (mi madre es quien- me castra)":


1 · _ . _
t u ii�;f u·atoy en conflicto, es con nii. madre (no con mi padre)..; el contñcto es
eral
11
. .
11

- .
Esta defensa puede por Jo. demás .estrucfurarse tíe manera diterenta. ·
LJna de nuestras enfermas quiso,probarnos: · . _:�.,., ·
I u '1E& usted quien me castra"; · ·
:,u �ie:s usted quien castra' a mi marido ·(y no yo).''; .
1

3� •• s su mujer quien lo castra ·.(y ·no yo).;' . , .


. .

La conducta del masoqotsta en. tanto tentatíva de· déscu/pabílización, '

pt1rniite comprender e·1 _ pap.el 'que Jueg:a et s:u-frtrnie�to"· artesano de esta


dHaculpabilización, en la vida del masoqulsta. Para .el m.as�s¡uista moral el
-Lifrimiento no e:s. un S'ac:rificio· consentído a ñn ·de acceder ,a;I placer, puesto
· ��J [arnás accede. Es ,Jnéno�·· aún un áute-castíao por las mtsmas razones,
<Jonsidera no obstante al sufr.i.mieo�o como 'un vqJQr, a veces e·I únlco q:ue
reconoce. (Evidentements h,ay en esta sobrevaloracton a.el dolor una
i'Ovlviscencia del placer supuestamente r.�.prim:ido, representando un retorno
de lo reprimido, de ·a.lg:u·na·m·ane.ra, bajo el manto de\l represor.) Se puede dectr
qlJe este sutrínnento teemotsze e;I ptacer y un anáñsís profundo muestra que
t!l! el
1 1

reoreeemente de:I pene· introyecteao exactaments como ·e1-1ª.tigo del


n1asoquista perverso. Sólo el ..plano de la ·;ntroy.ecoi'ón es diferente·, lo cual
·car11bia el carácter de:I placer obtenido. · _ · . .
' I . .

El sufrimiento. ennoblece, purifica .. Aquel que sutre tlene derecho a la


var1eración. es un Justo. t:n etecto, el placer, al set aslmífado a la castración •
'

ti$I padre, sufrir, es deeír estar castrado en lugar de castrar es prueba ce


lrlocencia y pone al aibrig,o de acusaciones del· Superyó, perrniüendo . la
lntroyección sobre UJl plane más profundo. ('He oído a dos muieres inte;rcambiar
<�t1mplidos, y una ·1e decía a. la otra, con aire. de otorgar un aipiam«: "Por su-
r,u;�sto, sufro pero ¡que puede ser mi sufrirnlento ·al lado. del suyo!", Este
dllploma es la posesión de/ pene del padre. Aquellos: que sufren están orgullb-
11:'l lli de este sufriniiernto,y se Sabe que los, habitantes de los sanatorios desprecian
11 los que gozan de buena salud. Un ''.fakjr'' decía: "Cuando sufro no tengo
mledo a nadie"). Este suírirniento es Utilizado, dosificado, variado o estabilizado,
. �

OS/MAGO


su intensidad corresponde exactamente al tamaño del miedo quo !iO h ,11.1 i11
neutralizar con esta técnica. En el análisis se observa a menudo entanno:. q1111
se muestran castrados hasta el final, pero, durante ese tiempo curan cl/1111 Ir .
tinamente. Sufren e imitan al castrado como mendigante que exhibo •;111 ¡11t• 1
"ciego" y luego lee el diario en su casa. Recuerdo un hombre joven q1H • .n
castraba de la mariana a la noche. Analicé tras este comportamiento 061110 .1· .1
tenía éxito en castrarme. Ningún cambio se producía aparentemente. Ct1t111u1
fue mi asombro cuando, luego de haberme dejado, supuestamente por r'al<>
nes pecuniarias, supe que este hombre joven, inhibido, impotente y parás q
se había puesto a trabajar con éxito y ahora tenía una mujer y un hijo.
Esto nos hace también comprender uno de los aspectos más írnport.ui
tes del masoquismo: la proyección. Observamos, en efecto, a cada lnstarih
que el masoquista debe provocar constantemente al objeto para poder p10·
yectar sobre él su propia agresividad, colocándose constantemente en posr-
ción de víctimas, según la fórmula: ''Eres tú quien me castra'' (''no soy yo qLJ, 11
es agresivo sino tú"). No se trata de una "inflexión de la agresividad'1 sobr, t-!
sujeto como lo escribió Nacht (26), sino, por el contrario, de su ptoyeccián
sobre el objeto. Esta proyección es típica para el masoquista. Freud (15) ,non
cionaba la posibilidad de ubicar un día el masoquismo bajo la rúbrica: paranoia.
Odier (28) habla del masoquista "perseguido" y Back (2) definió la paranol I
como un 'masoquismo delirante''. ¿Qué proyecta el masoquista y sobre quk' ,,·1
Hemos visto que la pulslón de proyectar era aquella de la castración anat d, 1
padre. En cuanto al objeto que recibe la carga de estas proyeccíone · ti', 1.1
madre, por razones sobre las que volveremos. Es entonces la mala rnadr, l.i
que castra al padre y detenta su pene (concepción kleíniana de la intorp1111.1
ción pregenital de las relaciones sexuales por Lebovici y Diatkine (�: ) 1 1
masoquista, para obtener este pene debería introyectar la mala madre. por lo
tanto identificarse con ella. Berliner (5) piensa que el masoquista. p ¿,r;, · ., 1

amado, busca realizar esta identificación y precisa que el tipo de rr,;1sc>(�1J1 ,1. ,1
que él estudia es el masoquista moral. Ahora bien, lo que caracteríza ",1 l l l· ,, ,, ,
quista moral es precisamente el hecho que no es capaz dé esta idcntit ic. u 11111
porque si lo fuera, no sería masoquista sino sádico. Todo el compo1ta111i1 , 111,
del masoquista moral se traduce en un esfuerzo desesperado y r)<>f ,11.1, 1, , 1t,
de probar a su Superyó que, por el contrario, es incapaz de esta :le:< .11·,r, y e•
cuida muy bten de intentarla. Toda satisfacción, al estar ligada a <)�,t� le.< ir 1t 11, ,, ,11
hará que la reacción del masoquista ante el placer sea slom¡ ,r, l., , t 1, .111 ,
=royectará el componente agresivo-sádico que pone en peligr·,> (!I I )1 ,, tt, l '· ,t , , , •
y, en consecuencia a él mismo. Este componente debo • ,t t , ll .. t.,,, , • t ,
<
causa de la angustia insoportable que provocaría. Todo �;11, ·, 1, · • , ,, ,,:, .J 11 ,/
1

el placer el objeto bueno- el masoquista hiciera jt1<7, u 1111 r 1,, .¡ ,, u , /, ,, I' ,, 1


IM i
11 , •11r1.11·.c1 tnmooletemente frente al displacer la mala madre. Y como es-
r , .. J ,, 1/·¡1, ,, to: que reclaman satisfacción están siempre presentes, debe repetir
.l,1, e'::.,,, (/la y noche (tal como lo prueban los sueños) el mismo movimiento,
, r/11 1 , vtvtr al abrigo de la angustia. Es la necesidad de proseguir esta pro-
• e íon etc manera permanente lo que hace que el masoquista deba vivir en el
·., 111 r1110, ito. No se trata de una simple inhibición, sino de una demostración (''mire
e 111J r110 trata'') y el placer debe advenir automáticamente de/displacer. En los
1lr 1 ,11·,i·; y suenos masoquistas descubrimos· regularmente detrás del sufri-
1111• , 1l , deseos cuyos .sufrimientos son negaciones_, dado que el proceso es
> .t1i namonte simétrico. La demostración se hace por argumentos concretos y
I noqativo del éxito no puede ser más que el fracaso, el de la felicidad la
L ·U' ucla, de la salud la enfermedad, de la actividad la pasividad, del triunfo la
I ti �111illación y de la voluntad de castración la au·to-castración. Uno de mis
, ,tr r mos tuvo una frase que resumía este punto de vista: sufro de completo de
I t e ·cJr ,trarlo.
Con respecto al miedo a la identificación a la mala madre podernos citar
l l \orcJler (4). Este autor describe un tipo de marido masoquista que pierde el
( onlrol y se encuentra con un desasosiego y una angustia terrible cuando en
1.1, 1lcJ respuesta a su provocación masoquista que Berg.ler considera ''pseudo-
• t J' r nlvo" su mujer se muestra dolorosamente afectada. La observación de
• r tlor, que recorta nuestras propias observaciones pero las interpreta de
, nm manera, parece mostrar que nuestra forma de ver es justa. El marido que
tu I ncusntra ante esta situación se da cuenta. que -aunque haya hecho todo
le• f l(J"�ible para probar lo contrario su identificación a la mala madre acabó
1 ,, ,, , e .iuzerse, a pesar suyo, por decirlo así. Zozobra así en la angustia.
l .ste es un caso un poco complicado pero significativo en este sentido: se
1, u I cjo un masoquista cuya mujer lo engaña y brutaliza (mala madre): ''mi
, ,1, 1), ,, rnc enqaña y me insulta pero eso me tranquiliza'' dice él (''ella es la mala
,,�. ,( lt o. r10 yo"). Luego continúa: "Le pregunto en qué momento estuvo con su
,1,, 111t, la última vez. Me responde: 'Esta tarde a las 5 h 15 rn', Entonces me
, .llo mucho, tengo una erección y un coito satisfactorio. Tengo la impresión
t, ,,,1 1111,¡or protesta, niega, discute y yo debo reñir con ella, forzarla (a
, 1, 1t• ,. ,. 1t) (idontificación a la mala madre) entonces tengo palpitaciones, siento
,1, ,, ,11·.11 , y rnl erección cae''.
1 ·,t,r1 posíclón aparentemente homosexual fue analizada (gracias a un
1t ,, 1, J J1 u u materiat transf erencial que la falta de espacio me impide relatar)
e 1 111 , t 1, 1.1 tf >fr)r,sa contra el deseo de castrar al padre de un modo sádico-anal
1

1 ,t,1 llc') lJI� acceso de lo más franco al Edipo. Lo que muestra· que las
1 , 1l11, le ,1, l 1, )rt 1,,:�extJales de los masoquistas son también proyecciones del
111 ., ,1 rlc 1

.,· tr�tc;íór1 del padre sobre la madre. -;i

IMA

1\11 ru f l ' 1
1 1 1 l1 l11l
1

Osear, un enfermo citado anteriormente, me ha aportado rtl < .( ,,, 1 ·• u t. l , t •


su análisis un sueno en el cual, perseguido por un gran perro, se t,;1l1f 1 , • 1, ,, ,1,,
do en el baño. El perro parado sobre sus patas, miraba por encima <ie ,., , >ll• � 1 ,
del baño lo que hacía el enfermo. El perro tenía mis ojos. Interpretó o:.t, .\ ,. 11, 1'

én esa época como un sueno de resistencia. Sólo al final del anáílsls, hu q , , 1,


dos anos y medio, el enfermo se dio cuenta que era él quien castraba I l 111 111
fecal de su padre e invirtiendo la situación (auto-castración) ha proyoct.n 1t1 • ., ,
deseo de castración sobre mí, prestando al perro ( él mismo) mis o JC) ·., 1 . 1
dificultad más grande de su análisis consistía no sólo en su dificultad d< l 1r1 , ,
salir s.u agresividad, lo que es clásico, sino en su total incapacidad para t<,t11 ,,
la más mínima iniciativa, en tanto toda actividad era para él un equivaler 1\tJ el•,
la castración del padre. Proyectaba todo eso sobre su mujer y sentía un u,, lf,
placer viendo su pene desaparecer en la boca de ella (a la cual, por otra pai ti .
se identificaba). "Es ella quien tiene el pene, es ella quien ha castrado ·1 111i
padre y no yo." (Como el pene era al mismo tiempo el suyo, eso equívalía a l I
introyección del pene paterno y a la identificación al padre.)
Esta identificación a la mujer nos lleva directamente a la actitud t10 mo
sexual de los masoquistas. Como una manera de castrar al padre podría ·;01 l.,
sodomización de este último, el mecanismo masoquista correspondiente �;• r .J, •

necesariamente una posición pseudo-homosexual pasiva, tanto más pLJol.11>


que permite al mismo tiempo la realización de la castración.
Y aquí, finalmente, el relato de un sueño de un masoquista que mue: .t,1.1
claramente la íntroyeccíón sádica del pene paterno por identificación a la 11 ,: ,1.,
madre:
111
Estoy en un campo, en el otro extremo del campo está parado un hombre que rn: ti, , ( 1

un fusil. Me toca, pero no soy yo. Es una mujer de cera aunque viva, al estilo de un rnnnlqül, . ,l11c 1

horrible que recuerda el museo Grévin. El hombre del fusil es mi padre.


Impresión que es la revolución o la guerra. Ruido terrible; caen gruesas piedr;1s, l<> . 1111111,
se derrumban con estruendo y polvo. los proyectiles parecen venir sobretodo de 1,1 lt1l• 1·.1 , f 1, 1
tengo miedo {representación de su propia agresividad proveni_ente de la madra).
Estoy con dos perros, uno es un ovejero alemán (su padre y el analista) 1,.11 ¡<, 1111.1
muñeca de trapo en la mano. Los perros saltan un muro, yo también, (identific�1cl61, . ,1 1' 11 li 1 >
introyección de su pene).
Asoc. -Pienso en el análisis, es como subir a un avión o ir a América. ¿Por( ¡111'1 111, l 1 1. 1J11, •
si es factibe? Yo misma voy a ser analista. Eso me da un sentimiento de poter,c1r1

Este sueño constituía el pasaje hacia una evolución ecíplc. t.

IM
VII

L I quo ::;e trasluce en todo este material, es el hecho de introyección del


1, J i 11t , r10. Esto nos vuelve al comienzo de nuestra conferencia cuando
I o1rn :i• que el masoquista perseguía su objetivo alcanzándolo o no, según
11 • 1 cunstanclas, El objetivo es la castración del padre, el masoquista. para
1 ,tn>".arlo sobre el plano sádico anal debería realizar una identificación previa
. , /., 111aln madre, el mecanismo masoquista funciona como una pantalla para
, · • ondor esta identificación. El Superyó es así mistificado.
l labrá entonces dos tipos de masoquistas (con toda la gama de tipos
1111 to · que puedan intercalarse entre ambos):

i u I os que continuarán la maniobra de diversión, defensa contra la angustia


0
•.1, 1 Jamás obtener placer. Son los ''masoquistas moretes;
, Aquellos que tras la protección del mecanismo masoquista, realizarán el
objetivo y alcanzarán el placer, el orgasmo, son los "masoquistas-perver-
r.os" y, provisoriamente debemos ubicar en esta categoría todos aquellos
<fLJO parecen comprar así el placer por lo que es generalmente considerado,
y orróneamente, como auto-castigo.
Aunque se trate de una superchería está demostrado por el hecho que
• r1 casos extremos un acto puramente simbólico es suficiente. He conocido
1111:l rnasoquista que, cada vez que se arrodillaba, tenía un orgasmo. Las
111 J:ilidades según las cuales el masoquista opera para obtener el objetivo
1
I t�.cado son muy diversas y la gama que se extiende del sufrimiento auténtico
.1111osto simbólico es función de variaciones de fuerza y debilidad del yo, en
� e f ación a la fuerza o debilidad del Superyó. ·
En cuanto al masoquista moral, proseguirá su camino con menos suerte
p1 10 con tanto o más determinación. Nada lo distraerá de su objetivo que
1<11 talmente es el placer. Es cierto que él lo obtendrá, y cuanto más sufra, más
11111:0 será su recompensa. El tiempo no existe para el inconsciente. la muerte
t�11r1r)OCO.

Incluso en el análisis el masoquista opera de la misma forma con la


[hl• roncia que aprende a integrar su agresividad y a sobrellevar el obstáculo
q, 11 lt obstruye el camino. Parece que le hiciera falta para eso realizar la
id, 11titicación a la mala madre al abrigo de su proyección sobre el analista. Una
v, ,, hecho esto, la introyección del pene paterno -gracias a la agresividad
I b rr1du y normalizada se hará de un modo no manchado de sadismo. Se
11,11. u á de una "introyección conservadora" para emplear el término de Bouvet
( 1,), 1 iuyo aporte energético permitirá el pasaje al Edipo y a su re solución.
11 el origen del masoquismo encontramos entonces perturbaciones de

t,t /MAGO

l. energética, perturbaciones que, si nacieron, como siempre, en el r,, ,, 1c,itJ, 1
oral, sólo se han tornado patógenas en el período anal, en razón do c>l)�.,t-',c,111, , ..
que se oponían a la integración de la agresividad, tan víoíentamento sol« .11. 1< t, •
en este estadio (si la chispa se produce en la planta baja oral, la r1,.11( , 1.,
inflamable específica está en el primer piso).
Si se tratara de un conflicto oral propiamente dicho, nos las terl<1r1;rr11(1·.
que ver con una afección específica de la oralidad tal como la rnolancolr. t,
neurosis y psicosis depresivas, toxicomanía, histeria, etc. Este punto no .o :.11:, 1
ría aún un cierto número de esclarecimientos pero no me parece po�;1tll• \
aportarlos hoy aquí. Gracias al material clínico nos parece suficientcrnouu
establecido:
1 º La introyección del pene paterno es indispensable para iniciar una evolución
edípica y esto en ambos sexos;
2º La perturbación llamada masoquismo traduce una perturbación de t}�;t,,
proceso. El masoquista se enfrenta con una cuestión de dinámica y pur. l
encontrar la solución de su problema, debemos quitar el cuadro libídin;,1 y
entrar resueltamente en un marco energético, reduciendo el papel del f ,l<,t<)r
histórico a lo mínimo estricto. Es lo que hemos intentado hacer, convencido..
que una orientación neta en esta dirección representa un progreso cierto

Conclusiones
.

Dejando de lado multitud de aspectos que enriquecen el rnasoouismo v


)

que han sido estudiados en otro lugar, hemos intentado delimitar un mee; u u- ,
moque se encuentra siempre en el masoquismo y que se puede considot ;tt .. ,
nuestro entender, como específico de esta perturbación:
1º Una defensa del Yo que tiene como objetivo hacer creer al Superyó <ttit� 1 ·I
sujeto renuncia a la satisfacción pulsional, estando esta última li{Jétrl. 1 .1 l.,
castración del padre. Esta castración será negada por la dernostracro. 1 , t• ·
su contrario según la tórrnula:
a) Soy yo que estoy castrado y no el padre;
b) Mi conflicto me opone a la madre y no al padre:
2º Esta posición de defensa es reforzada por la proyección cc>r1:)t.1111,· IJ·I
deseo de castración del padre sobre la mala madre. El masoqursmo t 1, 11 , .,1
mismo tiempo la demostración de querer mantener esta pr<>V<:(,l, >11 1t1. 1J11 1

festando así su rechazo de identificación con la mala madr {J:


3º T_ras la cort!n� de estos me?anismos de defensa el n1íl�;o(t,11·.t,t 1Jt ,.,111•11
sigue su objetivo: la castración del padre al modo de lit ir ,tr t>y< ,, • 1r >11 • ,, 11, , •
anal, pero demuestra constantemente su fracaso.

t, 1 al masoquista-perverso, logra -gracias al disfraz masoquis-


tj, ,, ito
1 ••-1 1111 ar su Superyó de una manera más completa y más franca, con-
it1I r 1< Ir> flt.,í el placer genital. +

Traducción del francés: Beatriz Rajlin .

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