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LA CONDUCTA SOCIAL

TEMA I

SUMARIO

FUNDAMENTOS DE LA VIDA SOCIAL


SOCIABILIDAD ANIMAL:
- Necesidad de estar juntos
- Necesidad de hacer cosas juntos
- Especialización en la tarea

SOCIABILIDAD HUMANA:
- Comparada con la animal: Semejanzas: Estar juntos
Hacer cosas juntos
División de trabajo
Diferencias: Lenguaje
Trabajo creativo
Cultura
Motivos sociales
- Su evolución: Niño: retrasos por aislamiento
Joven: comienza relaciones interpersonales
Adulto: efectos de privación de contacto
- Sus ventajas: Satisfacer necesidades primarias
Compartir cultura
Satisfacer motivos sociales

MOTIVOS SOCIALES:
- Necesidad de afiliación: Reducir la angustia
Permitir la autoevaluación
- Necesidad de poder: Social
Antisocial: Agresividad
- Necesidad de tener éxito (logro): Adquisitividad
- Altruismo : Por reciprocidad
Responsabilidad social

INTRODUCCIÓN

¿Por qué unas personas influyen sobre otras? ¿Por qué hay gente autoritaria, que cree realmente
que el mundo está dividido en seres superiores y seres inferiores? ¿Quién controla las conductas
en un grupo? ¿Son superables la delincuencia o la toxicomanía? ¿Hasta qué punto quien se
suicida intenta solucionar un problema individual o se conduce condicionado por el medio social?
¿Qué es la amistad? ¿Cómo hay que conducir una reunión? ¿Cuáles son los efectos de la TV en
los niños? ¿Qué valor tienen las encuestas que a menudo leemos en los periódicos?
Seguramente usted se habrá hecho éstas, y muchas otras preguntas parecidas, innumerables
veces a lo largo de la vida. La Psicología social intenta contestarlas científicamente. Y a pesar de
que muchas de estas cuestiones no tienen aún una respuesta definitiva, pues la Psicología social
es todavía muy joven, a través de ella comprenderá mucho mejor la conducta del hombre con sus
semejantes, esto es, la conducta de sus familiares, de sus compañeros de trabajo y de juego, de
sus vecinos y, por supuesto, su propia conducta.

Nos atrevemos a darle unos consejos para que usted saque el máximo provecho de los once
temas que integran esta materia.

En primer lugar, lea con toda atención el sumario. Así, antes de empezar con el primer tema,
tendrá usted una visión panorámica del conjunto que sería deseable que no perdiera en ningún
momento. Verá que los temas se suceden atendiendo a un orden lógico. Los cinco primeros
pretenden que usted llegue a comprender las bases de la conducta social en sus diferentes
aspectos, pero siempre desde una perspectiva general. Mientras que los seis restantes se dedican
a estudiar, de un modo especializado, la conducta humana en los tres tipos principales de
agrupamiento humano: el grupo, la masa y la sociedad.

En segundo lugar, no olvide que la fuente primaria de donde sacan sus datos los psicólogos
sociales es la vida cotidiana. Por ello, es aconsejable que usted complemente lo que vaya
aprendiendo al leer estos temas con una observación constante de cuanto ocurre a su alrededor y
trate de comprender y aplicar a la realidad los conocimientos adquiridos.

Un último consejo. El estudio que hoy inicia no termina con el último tema. En verdad, empieza
entonces. Si se ha apasionado por la Psicología social –es lo que pretendemos– disfrutará leyendo
la selección de libros que, una sola vez y como colofón del curso, le indicaremos y comentaremos
brevemente para que pueda profundizar cuanto desee en aquellos aspectos por los que esté
particularmente interesado.

¿Realizaría usted un espléndido viaje alrededor del mundo completamente solo? Esta pregunta
figuraba en una encuesta dirigida a niños de colegio. Se les pedía que se imaginaran volando en
reactor por encima del Himalaya, navegando por las más exóticas islas del Pacífico, paseando por
la Quinta Avenida de Nueva York. ¿Les apetecería ir visitando las maravillas del mundo a
condición de ir solos y de no poder contar después nada a nadie?

Únicamente el 7% de los niños aceptaron. Pero cuando se les aclaró bien las limitaciones, el viaje
dejó de interesarles. Uno de ellos comentó que sería un martirio estar ante las cataratas del
Niágara y no poder compartir la emoción con nadie.

Tal vez no acabamos de darnos cuenta de lo importantes que son los demás para nosotros.
Vivimos inmersos en un tejido de relaciones sociales desde que damos los buenos días a nuestros
familiares o compañeros de trabajo hasta que, en la cena, comentamos lo más saliente de la
jornada.

¿A qué se debe esta fuerte vinculación a los otros? ¿Por qué no podemos vivir solos?
Simplemente, porque somos sociables.

LA SOCIABILIDAD HUMANA

La sociabilidad es una necesidad que impulsa al hombre a vivir en sociedad, a gustar de la vida en
común, a huir del aislamiento. La experiencia nos hace patente que la sociabilidad también es
propia de los animales. Estamos acostumbrados a ver bandadas de pájaros cada primavera;
sabemos que los peces viven en manadas y las ovejas en rebaños.
Los animales son sociables

La psicología comparada trata de establecer posibles conexiones entre las conductas humana y
animal. El descubrimiento de aspectos comunes en la vida social de las dos especies nos puede
ayudar a situar la conducta humana en el marco del reino animal, al mismo tiempo que a encontrar
pautas básicas de nuestra conducta, tal vez manifestadas en los animales de un modo más simple.
Vamos, pues, a analizar algunas de las características principales de la vida social animal. Nos
guiaremos por los hallazgos de la Etología, la joven ciencia de la conducta animal. El parecido con
la comunidad humana es a veces asombroso.

Los animales necesitan estar juntos. Cuando un mono queda rezagado del grupo, comienza a
chillar y a correr en todas direcciones, expresando así su necesidad de estar con los otros.

Excepcionalmente se encuentran animales que, como el tigre, parecen gustar de la soledad. Pero
su alejamiento es pasajero y está supeditado a un objetivo necesario: la caza por sorpresa de sus
incautas víctimas.

La vida de grupo no es nunca un simple estar juntos. Conduce inevitablemente a hacer cosas
juntos. Si observamos una familia de patos, comprobamos que van juntos a todas partes. Se bañan
en comunidad y, al salir del agua, se alisan el plumaje, uno al lado del otro. Acostumbran a reunirse
para dormir. Incluso podemos notar que caminan al mismo ritmo.

En una vida tan similar, juega un papel importante la imitación, sobre todo en algunas especies.
Cuando una oveja se desvía del rebaño, las demás tienden a seguirla.

Resulta sorprendente la complicada especialización en la tarea que existe en una colmena o en un


termitero. Vamos a referirnos al primer caso. Cada casta de abejas tiene una función distinta. La
reina preside la colmena, los zánganos o machos se encargan de fecundarla, miles de obreras
especializadas se reparten la tarea.

La especialización en las diversas funciones no afecta únicamente a los llamados “insectos


sociales”.

También podemos observarla en otras especies, aunque de modo menos acusado. Entre los peces
cíclicos, por ejemplo, se turnan el macho y la hembra para guardar a sus crías. En los grupos de
monos, los machos jóvenes exploran el terreno y dan la alerta inmediatamente al descubrir un
enemigo.

Otros muchos ejemplos podríamos citar.

La sociabilidad en el hombre

“El hombre es un animal sociable”. Esta célebre afirmación de Aristóteles parece cobrar un nuevo
sentido después de estudiar la conducta social de los seres irracionales. Podríamos pensar que la
sociabilidad humana es una simple variante dentro de la panorámica general de la sociabilidad
animal. Muy descaminados iríamos, ya que esto sería lo mismo que dar por supuesto que la
conducta mostrada por las dos especies es psicológicamente equivalente.

Sin embargo, no es así. La unión sexual, por ejemplo, tiene un significado muy distinto en el
hombre y en un primate, aunque superficialmente mirado el acto sea el mismo. En el hombre se
observan una serie de características que proporcionan a su vida de grupo una dimensión
absolutamente nueva. Se hace por tanto necesario aclarar los límites de la similitud existente entre
la sociabilidad humana y la animal.
Semejanzas con la conducta social animal

Igual que los animales, los hombres desean estar juntos. Por ello construyen poblados y ciudades.
Si en ocasiones renuncian a la vida en común es sólo pasajeramente y en función de objetivos
superiores. El astronauta que explora remotas zonas del espacio ansía regresar con sus
semejantes. Asimismo, los científicos procuran programar los viajes espaciales en grupos de dos o
tres.

Si no es agradable realizar un viaje en solitario, como ya vimos, es porque tenemos tendencia a


hacer las cosas juntos. Actividades triviales como comer o trabajar con otros, crean a la larga
fuertes lazos afectivos y desarrollan hábitos comunes. Se trata de una imitación inconsciente.
Pensemos en esos matrimonios que, después de largos división de trabajo años de convivencia,
llega a parecerse incluso en los gestos o el modo de hablar.

La, uno de los rasgos distintivos de la vida moderna, nos recuerda inevitablemente la
especialización en la tarea que encontramos en los animales. En el hogar, un matrimonio se
reparte el quehacer doméstico; en la fábrica, cada obrero está especializado en un trabajo muy
concreto.

Diferencias respecto a la sociabilidad animal

La sociabilidad humana posee características únicas que la distinguen inequívocamente de las


comunidades animales:

- El lenguaje, en forma de símbolos o palabras que representan a cosas. El uso del lenguaje ha
hecho posible la elaboración común de la cultura.

- El trabajo creativo, que cristaliza en los inventos realizados a través de un progreso incesante y
culmina en la moderna tecnología. Como contrapartida, no han evolucionado las tareas de los
animales, debido a la rigidez pétrea de sus instintos. Las abejas de hoy construyen sus
panales exactamente igual que en la época de los faraones.

- La cultura, que no comprende solamente los conocimientos teóricos acumulados por el hombre
siglo tras siglo, sino, sobre todo, el conjunto de creencias, valores, instituciones y costumbres
de un pueblo. La humanidad constituye un mosaico de las culturas más diversas. Un caso
insólito en el reino animal.

- Los impulsos o motivos sociales, de los que luego hablaremos, son en su mayoría
genuinamente humanos.

Evolución de la sociabilidad

La sociabilidad es una constante humana en el curso de todas las edades. Nuestra vida bien puede
llamarse convivencia puesto que desde que nacemos hasta el momento de la muerte estamos
conviviendo al lado de nuestros semejantes. Observémoslo.

El niño no puede estar solo

Nota Ch. Bühler que el niño, desde los primeros meses, desea estar en compañía de los demás.
Cuando se le deja solo, llora a gritos, y si se le hace alguna caricia, sonríe. A veces el bebé
balbucea para atraer la atención de los adultos. A medida que va creciendo, la privación de su
relación con los demás se convierte en el peor castigo. Así lo han entendido los profesores que
acostumbran a poner a los alumnos cara a la pared, o los padres que una tarde le prohiben salir de
casa.

Hay circunstancias que la carencia de contacto social en la primera infancia ha tenido


consecuencias irreparables. Nos referiremos a un caso muy singular y a otro que se repite con
frecuencia en nuestros días.

k. Davis describe el caso de Anna, una niña ilegítima que fue aislada en una recóndita habitación.
Se le daba tan sólo comida suficiente para continuar viviendo. Al ser descubierta a la edad de seis
años no sabía caminar, ni hablar, ni hacer cosa alguna que mostrase inteligencia pues su cerebro
por faltarle el estímulo de la vida social, apenas había desarrollado sus posibilidades. La niña murió
cuatro años después.

Los niños recluidos en orfanatos viven parcialmente sometidos al aislamiento social, ya que no
tienen ollas mismas oportunidades de establecer contactos con otros niños. R. Spitz ha concluido
que la carencia del afecto materno les afecta hasta el punto de retardar la evolución de sus
facultades físicas y mentales. Los niños presentan retraso intelectual y en el lenguaje, aprenden
cosas con dificultad, les cuesta adaptarse a situaciones nuevas y muestran desarreglos afectivos y
sexuales.

El joven descubre a los demás

Hasta la adolescencia el niño ha vivido circunscrito a su familia y apenas ha desarrollado su


sociabilidad con otros niños, que no pasan de ser simples compañeros de escuela o juego.
Entonces hace un descubrimiento transcendental: que los demás son seres independientes de él y
con una individualidad similar a la suya como “otros yo”. A partir de ahora, se hacen posibles las
relaciones interpersonales en toda su profundidad.

La amistad juvenil se va desarrollando desde el narcisismo, que hace ver al compañero como un
espejo idealizado de sí mismo, hasta la aceptación del amigo tal cual es. De un modo parecido, el
despertar del instinto sexual contribuye a sacarle de sí mismo. El amor idealista, “platónico”, va
evolucionando hacia un sentimiento cada vez más realista y concreto.

Adultos privados del contacto con otros

¿Cómo castiga la sociedad a los delincuentes? No les tortura con sufrimientos físicos ni les hace
pasar hambre o frío (aunque en ocasiones se dé esto también). Sencillamente, les priva del
contacto con los demás. Las cárceles norteamericanas más modernamente acondicionadas de
ninguna manera compensan con la separación de familiares y amigos.

El aislamiento es un severo castigo en todos los aspectos: lo mismo a nivel individual que en el
plano social. Cuando estamos enfadados con alguien le negamos el saludo. Quien es considerado
enemigo de una nación es condenado al destierro. Recordemos que cuando la Organización de
Estados Americanos tomó la decisión de castigar a Fidel Castro, aisló a Cuba del continente.

Gundersen y Nelson han estudiado el efecto del aislamiento en las estaciones científicas del
Antártico. Grupos de quince a cuarenta hombres pasan muchos meses aislados en habitaciones
cerradas, realizando monótonas mediciones atmosféricas. El distanciamiento de la civilización, la
falta de estímulos sensoriales, y la pobreza de relaciones sociales desencadenan una serie de
trastornos. Se pierde el sueño y el apetito; son frecuentes los estados de depresión, angustia e
irritabilidad.
No son menores los estragos que provoca el aislamiento en los ancianos. Estos hombres, que
frecuentemente han perdido a su esposa y a los mejores amigos, en raras ocasiones reciben todo
el afecto que necesitan. La soledad es el drama de la última etapa de su vida.

Ventajas de la sociabilidad

La decisiva importancia que adquiere la sociabilidad en el hombre nos hace pensar en las ventajas
que deben impulsarle a ella. Señalemos las principales.

Satisfacer las necesidades primarias

Incluimos aquí aquellos impulsos que poseemos en común con los animales y cuya satisfacción es
imprescindible para la supervivencia individual de la especie.

Gracias a un complejo sistema de trabajo en cooperación llegan a nuestro alcance toda clase de
alimentos y vestidos. Si buscamos vivienda, podemos adquirir un piso dotado de toda clase de
comodidades. Por otra parte, la sociedad ha satisfecho en todas las épocas la necesidad humana
de defensa. Desde las primitivas ciudades amuralladas hasta los actuales refugios atómicos.

Destacamos, en último lugar, que la necesidad sexual está, según el antropólogo Malinowski, en el
origen de la sociabilidad. El hombre busca pareja y funda una familia. Así comienza a habituarse a
la vida en común y gradualmente irá extendiendo los lazos familiares a otras personas.

Compartir la cultura

El hecho de pertenecer a un pueblo determinado nos concede el derecho a participar de la riqueza


cultural atesorada por ese grupo. El tiempo durante el cual el niño va asimilando la cultura –a
través de la familia y la escuela principalmente– se llama proceso de socialización.

Gracias a este importante proceso –que más adelante estudiaremos– el individuo queda
capacitado para abrirse camino y resolver sus propios problemas dentro de la sociedad.

Satisfacer los motivos sociales

De ello vamos a hablar seguidamente.

LOS MOTIVOS SOCIALES

Los motivos sociales, a diferencia de los fisiológicos, que son innatos, se adquieren durante ese
prolongado período en que el niño va aprendiendo las pautas básicas culturales, se va
socializando. Sin establecer orden de prioridad, vamos a referirnos a cuatro motivos o necesidad es
sociales: afiliación, poder, éxito y altruismo. Hemos escogido éstos por ser especialmente
significativos en nuestra cultura occidental.

Necesidad de afiliación

Se apoya este impulso en la tendencia humana ala sociabilidad. Al integrarse una persona en un
agrupamiento, se trasciende a sí mismo, se prolonga en él. De este modo, obtiene el ser humano
apoyo mutuo y reconocimiento de sus cualidades personales. La fuerza de la necesidad de
afiliación se descubre especialmente cuando se advierten las graves consecuencias que acarrea
su frustración: el aislamiento puede trastornar la mente, la soledad es uno de los más graves
problemas de nuestro tiempo.

Hay circunstancias en las que se acentúa nuestra afición a asociarnos y reunirnos con otros,
especialmente cuando deseamos reducir la angustia que sentimos, o bien autoevaluar nuestras
emociones.

Schachter constató, mediante ingeniosos experimentos, que los sujetos atemorizados muestran
una preferencia más marcada a estar con otros. El investigador citó a los sujetos en la puerta del
laboratorio para administrarles descargas eléctricas. Allí les preguntó si deseaban esperar solos o
acompañados. Un 63% de los individuos prefirió esperar en compañía de otras personas, mientras
que sólo un 9% escogieron aguardar solos.

Y un 28% no manifestaron prioridad. Los resultados parecen confirmar el dicho popular: “La miseria
busca la compañía miserable”.

¿Por qué tendemos a autoevaluarnos? Porque sólo comparándonos con los demás (comparación
social), que van a atravesar la misma situación, puede el individuo evaluar sus propias reacciones
y calcular en qué medida su temor es adecuado o no. Zimbardo y Formica han hallado que los
individuos que tienen miedo prefieren asociarse a otros que experimentan una emoción similar, ya
que tales sujetos parece que constituyen los puntos de referencia más apropiados para la
comparación con las respuestas emocionales del sujeto.

Necesidad de poder

Alfred Adler, uno de los discípulos rebeldes de Freud, explica la universalidad de la tendencia
humana a dominar y ser superior partiendo del sentimiento de inferioridad que experimenta el niño
al verse más débil que los adultos. Su reacción compensatoria es “desear ser mayor”. De ahí se
engendra en él un hábito de autoafirmación de la propia personalidad sobre la ajena.

La autoafirmación se observa en toda clase de vertebrados en forma de “jerarquía de dominación”,


que contribuye vitalmente a la organización de cada grupo de animales. En una banda de cinco
gallinas, ha notado N. E. Collias, existe una “jerarquía del picoteo”, puesto que cualquier gallina
ocupa una posición determinada y puede picotear a las que ocupan un rango inferior, pero nunca a
las de posición superior. En algunas especies, hay un macho dominante que lleva a cabo todas las
relaciones sexuales.

El afán de poder puede ser social y desembocar en la generosidad y el altruismo, pero se convierte
en antisocial si se orienta –en forma de agresividad incontrolada– hacia la destrucción, como en el
caso de Hitler.

El etólogo Konrad Lorenz, premio Nobel, ha observado que raras veces hay peleas competitivas
entre seres de la misma especie. En caso de que éstas tengan lugar, el combate finaliza al advertir
el vencedor que su contrincante se da por vencido, sin llegar ordinariamente al derramamiento de
sangre. Por el contrario, vemos que el pasado y presente de la especie humana constituye una
larga historia de guerras cruentas y ensañamientos.

El ser humano, según Lorenz, carece de los mecanismos instintivos que suelen provocar en los
animales la retirada antes de correr la sangre, lo cual hace difícil el control de la agresividad
violenta en él. Este hecho se hace especialmente peligroso en el mundo occidental si tenemos en
cuenta que nuestra sociedad, al decir de Klineberg, es una de las más autoafirmativas del planeta.
Necesidad de tener éxito (necesidad de logro)

¿Se esfuerza usted tenazmente para triunfar en su trabajo?, ¿posee un elevado nivel de
aspiraciones?, ¿es usted de los que no se desalientan sino que más bien se crece ante las
dificultades?, ¿trata de vivir en constante renovación para no quedarse rezagado? Si ha
respondido afirmativamente a estas preguntas, usted posee una notable necesidad de logro.

McClelland y colaboradores han estudiado ampliamente este motivo social característico de


nuestra cultura. Una de las pruebas utilizadas por ellos consistía en una serie de imágenes
--representando diversas situaciones de la vida y del trabajo– que se proyectaban ante un grupo de
muchachos a intervalos de cinco minutos. En cada intermedio se les pedía que desarrollaran por
escrito una historia inventada a propósito de la imagen. Las historias eran evaluadas por el número
de temas mencionados que se relacionaban con el éxito. McClelland comprobó que el 83% de los
jóvenes que en 1947 obtuvieron las calificaciones más altas se habían convertido catorce años
más tarde en hombres de empresa audaces y emprendedores.

Podemos preguntarnos si existe conexión entre la necesidad de logro y los motivos sociales
precedentes. Se ha comprobado que los sujetos dotados de alta motivación hacia el éxito tienden a
ver las relaciones sociales como algo que interfiere sus aspiraciones y suelen considerar a los
otros como instrumentos para conseguir sus propios fines. Por otra parte, un aumento de éxito
suele traducirse en un incremento de poder, y viceversa.

Un impulso directamente relacionado con la necesidad de logro es la tendencia adquisitiva, es


decir, el deseo de acumular y poseer bienes materiales por sí mismos, más que por cubrir las
necesidades primarias. El nivel económico alcanzado es considerado como uno de los principales
indicadores del éxito obtenido y se correlaciona tanto con el nivel cultural como con la clase social
a la que se pertenece. Durante el proceso de socialización se inculca a los niños europeos y
norteamericanos que deben prepararse para triunfar en la vida y “ganar mucho dinero”.

Altruismo

¿Es el hombre occidental capaz de sacrificarse por los demás sin esperar recompensa a cambio?
Intentar responder a esta apasionante cuestión equivale a plantear la posibilidad de la conducta
altruista.

L. Mann, al desarrollare este tema, se refiere primeramente al altruismo por reciprocidad, que
consiste básicamente en ayudar a los que nos han ayudado. No se trata de altruismo puro y
desinteresado, sino de agradecimiento tal vez fundado en la esperanza de otras ayudas en el
futuro. Habla después Mannn de un altruismo más depurado que se manifiesta en la
responsabilidad social, o sea, en el auxilio espontáneo prestado a un accidentado en la carretera o
en la calle.

Hoy se ha insistido –especialmente en la prensa– acerca de la insensibilidad del hombre moderno


ante el sufrimiento ajeno y la pasibilidad culpable de “hombres aislados por el egoísmo”. Darley y
Latané han estudiado esta supuesta irresponsabilidad social simulando ataques epilépticos en el
laboratorio y analizando las reacciones de los testigos. Un 60% de los presentes acudió a socorrer
al afectado. Peroro en el 40% restante se produjo una “difusión de responsabilidad”: a mayor
número de observadores, menos o más lentamente se prestaba ayuda. Los investigadores
descubrieron también que la inactividad de los que permanecían pasivos no era fruto de la
insensibilidad, sino más bien de la perplejidad de unas personas que temían que su intervención
resultara ridícula o inapropiada a los demás presentes. “¿Por qué he de ayudar precisamente yo?”,
se preguntaban. Y justificaban así su conducta inoperante.
Desgraciadamente son pocos los estudios realizados sobre el altruismo y escasa las
consecuencias sacadas. Con todo, el simple hecho de que se plantee este tema es un signo
alentador en el horizonte de la Psicología social

En resumen...
Tanto el animal como el hombre tienden a vivir en sociedad, a la sociabilidad.

La sociabilidad humana se parece a la animal en el deseo de estar con otros, hacer cosas juntos y
división de trabajo.

Nuestra conducta social se diferencia de los animales en que:

- Utilizamos un lenguaje de ideas abstractas,


- somos capaces de realizar un trabajo creativo,
- adquirimos una cultura en el proceso de socialización,
- poseemos motivos sociales.

En la evolución de nuestra vida –a través de la niñez, juventud y madurez– buscamos la


convivencia y huimos del aislamiento.

Ventajas de la sociabilidad:

- satisfacer necesidades primarias,


- compartir cultura,
- satisfacer motivos sociales.

EJERCICIOS DE AUTOCOMPROBACIÓN

Completar las frases siguientes:

1.- El hombre necesita vivir en sociedad porque siente el impulso de la ................


2.- La conducta humana y la conducta animal se asemejan en la necesidad de hacer
cosas .........................
3.- En cuanto a la conducta social, los animales se distinguen de nosotros en que no tienen ni
trabajo creativo, ni ..................................., ni motivos sociales.
4.- Cuando el joven conoce a los demás, el amor y la amistad, inicia sus relaciones.........................
5.- La evolución física y mental de un niño privado del afecto ........................... sufre retraso
6.- Además de satisfacer nuestras necesidades primarias, la vida en sociedad
permite ..........................................

ASPECTOS BASICOS DE LAS RELACIONES INTERPERSONALES

Al estudiar la sociabilidad humana y los motivos sociales, hemos comprobado hasta qué punto
estamos marcados por nuestra relación con otras personas. Ocupémonos ahora particularmente
de algunos aspectos relevantes de este tema que constituye el “leit-motiv” de la conducta social.

Notaremos, en primer lugar, que las relaciones interpersonales están cimentadas en el hecho de la
interacción social. A continuación, observaremos, como consecuencia de la interacción, la
influencia que la presencia de los demás ejerce sobre nosotros. Entonces, estaremos, finalmente,
en condiciones de aclarar qué es la Psicología social.
Interacción social

Cuando hablamos de interacción social, hacemos referencia a la relación recíproca que existe
entre la conducta de dos o más individuos, conforme al esquema A B. Esta situación de
interdependencia va precedida de un reconocimiento mutuo de las características individuales y de
la especie. En otras palabras, se trata de constatar cómo la conducta de un sujeto está
condicionada por la presencia y actuación de otros semejantes.

El reconocimiento de los rasgos de la especie también se advierte en los animales superiores,


puesto que existe interacción entre ellos. Al reunirse dos gibones, aunque sea después de un corto
período de separación, expresan su actitud cordial por medio de una conducta estereotipada:
expresión facial de alegría, un ligero abrazo y un pequeño chillido característico.

Pero pasaremos a investigar algunos rasgos de la interacción.

La interacción como fenómeno espacio – temporal

La interacción ocurre siempre en un espacio y en un tiempo determinados. En el primer caso,


puede tener lugar cara a cara, como sucede al charlar con un amigo, o a distancia, cuando existe
una separación física entre los sujetos.

En el plano temporal, podemos distinguir interacciones que, por su carácter de a largo plazo o a
corto plazo, ofrecen interesantes aspectos distintivos. Probablemente hemos quedado
sorprendidos alguna vez del alto grado con que nos hemos sincerado a un amigo fugaz, por
ejemplo, a un pasajero vecino en el tren –a quien antes no conocíamos– con el cual hemos pasado
la noche hablando. Sin embargo, son las interacciones más duraderas las que presentan
características psicológicas más marcadas. Entonces se crea una interdependencia de conducta
tal que nos hace incluso adivinar cuáles serán las reacciones de nuestros semejantes, según el
juicio que de ellos nos hemos formado.

Estructura y funciones de la interacción

En casa, no tenemos reparo en colocar los pies encima de un sillón, si estamos en un grupo de
amigos sentimos dificultad en hacerlo, y en el trabajo, ante un cliente desconocido, en absoluto nos
atreveremos a adoptar esta “incorrecta” postura.

Jeanne Watson ha observado que en los tres ambientes mencionados –familiar, “sociable” y
laboral– optamos por formas distintas de conducta, más o menos formales.

La interacción presenta una estructura formal si se desarrolla en términos de relaciones pautadas –


como las reglas de educación o las costumbres de un luga– establecidas por la sociedad. Por el
contrario, en la estructura informal, la interacción es más espontánea, más improvisada, jugando
un papel mayor las disposiciones individuales del sujeto. Es el caso de dos niños que juegan. ¿Qué
funciones cumple la interacción si queremos comprender la necesidad que tenemos de ella?

Ante todo, la interacción nos socializa, es decir, nos inserta en la sociedad, inculcándonos aquellas
características generales que compartimos con los demás miembros de la comunidad. También
notamos que el primer contacto con otros influye decisivamente en la formación y desarrollo de la
personalidad del individuo.

Concretamente, el concepto de sí mismo que tiene una persona depende en general de las
interacciones con otros, especialmente del juicio que se forman de él y de las expectativas
consiguientes. El mayor sabio del mundo se creería necio si así lo consideraran los demás.
Por último, la interacción reduce la ansiedad, como ya se ha visto en la experiencia de Schachter.
Este mismo efecto fue igualmente observado en la segunda guerra mundial, en Londres, ya que los
niños alejados de los suyos experimentaban mucha mayor tensión psíquica al ser evacuados de la
ciudad que los que salían en compañía de su familia.

Influencia social

Es un hecho de la vida cotidiana que la presencia de otros modifica nuestra conducta. Únicamente
en un ascensor vacío nos recostamos contra la pared o bostezamos. Asimismo, la actitud que
adoptamos ante una película, por ejemplo, está afectada por el hecho de que el cine esté repleto o
medio vacío.

Podemos preguntarnos en este momento: ¿A qué se debe esta influencia social?, ¿por qué nos
preocupa tanto la opinión ajena? Ya hemos insinuado antes la contestación: la madera de las
opiniones de los demás constituye el material con que esculpimos la estatua de nuestro
autoconcepto. Por eso buscamos incesantemente la aprobación del prójimo y tememos al
fantasma de la desaprobación. De ahí que procuremos ser amables cuando nos presentan a
alguien y ocultemos cuidadosamente nuestros defectos.

Comprobaciones experimentales

Seidman y colaboradores verificaron experimentalmente que la presencia de otras personas puede


ayudar a demostrar valentía ante el dolor. Estos psicólogos sometieron a 133 soldados a
descargas eléctricas en distintas condiciones: unas veces solos y otras veces ante compañeros
que sufrían el mismo “shock”. En esta segunda situación, la intensidad de dolor toleradas por los
soldados fue mayor que la soportada en la situación de aislamiento.

También M. Sherif estaba interesado por comprobar en el laboratorio la influencia social. Colocó a
un grupo de individuos en un salón a oscuras y les dio estas instrucciones: ”Dentro de un momento
van a ver ustedes aparecer aquí un punto luminoso. El punto se irá moviendo y yo les pediré que
me digan más o menos cuantos centímetros se desplaza.” En realidad, la luz no se movía, pero
todos los sujetos percibieron la ilusión óptica del movimiento (efecto autocinético). Sherif observó
que los imaginarios desplazamientos percibidos por los sujetos eran bastante similares, debido a la
influencia mutua.

A continuación, nos preguntaremos por las consecuencias prácticas de la influencia social. ¿Es
distinto el rendimiento cuando se ejecuta una tarea en grupo que cuando se realiza a soplas?,
¿hasta qué punto la presencia de otros facilita u obstaculiza nuestra ejecución?

Facilitación y dificultación social

Los trabajos de F. H. Allport (1924) revelaron que el rendimiento de los obreros de una fábrica
aumentaba en cantidad y calidad en presencia de otras personas que desempeñaban la misma
tarea: se producía una facilitación social. Sin embargo, en otras ocasiones, Allport comprobó que la
observación de los demás ocasionaba falta de concentración y dificultaba seriamente la
productividad. Estos resultados, aparentemente contradictorios, han sido posteriormente aclarados
por Robert B. Zajonc (1966).

Zajonc propuso que se ordenaran varios turnos de reclutas que debían vigilar durante dos horas y
media un círculo de veinte focos rojos que se encendían sucesivamente girando a la velocidad de
doce vueltas por minuto. Un foco fallaba cada dos minutos y medio aproximadamente. El sujeto
debía indicar cada vez que había un fallo. En el grupo de control, que no era visitado por un
superior, hubo un 64% de fallos, mientras que en el grupo experimental –en el cual se anunció que
de vez en cuando vendría un superior a inspeccionar la tarea– únicamente se falló en un 20% de
las ocasiones. Zajonc dedujo que en las tareas sencillas y que requieren poco esfuerzo se produce
facilitación social.

Intentando descubrir experimentalmente las causas de la dificultación social, Zajonc ubicó a varios
sujetos sentados en sillas y les conectó unos electrodos que cada diez segundos provocaban una
instantánea descarga eléctrica. En una mesa, frente a ellos, había un botón rojo. La mayor parte de
las personas descubrieron que al oprimir el botón, la descarga era diferida durante diez segundos,
por lo que si lo pulsaban a intervalos frecuentes evitaban los “shocks”. Sin embargo, al realizarse el
experimento con doce parejas, tan sólo dos averiguaron el truco, tardando en hacerlo alrededor de
una hora. Zajonc concluyó que la presencia de otros obstaculiza el desempeño de una labor
cuando ésta es compleja o nueva y requiere un alto grado de concentración.

La atracción interpersonal

Contemplemos de cerca este interesante aspecto de las relaciones interpersonales que constituye
la base de la amistad. Cotidianamente podemos advertir que nos sentimos atraídos o repelidos
hacia diversos tipos de personas. ¿Por qué preferimos a unas personas mejor que a otras?, ¿qué
factores determinan nuestras preferencias o repulsiones? Los principales estudios en torno al tema
han insistido en cuatro criterios de atracción: proximidad, semejanza, complementariedad e
intercambio social.

Es evidente que la cercanía aumenta la probabilidad de interacción. Al incrementarse ésta, tenderá


a crecer también la atracción interpersonal, en igualdad de circunstancias. Hacemos hincapié en
esto último porque si concurre alguna circunstancia –por ejemplo la competencia entre dos
vecinos– la proximidad puede producir el efecto contrario, o sea, repulsión.

Theodore M. Newcomb ha investigado sobre la semejanza de actitudes como factor de atracción


soial.El psicólogo puso una casa a disposición de 34 universitarios que convivieron juntos durante
un semestre. Los estudiantes no se conocían entre sí previamente. Cada semana iba estudiándose
la conducta interpersonal de los residentes a través de cuestionarios. Newcomb observó que a
medida que el tiempo transcurría y los muchachos establecían relaciones, iba surgiendo atracción
mutua, especialmente entre los que tenían actitudes y creencias similares.

Con todo, no siempre la semejanza produce atracción. Por ejemplo, el subordinado que tiene
aspiraciones de mando es probable que tenga relaciones conflictivas con un superior dominante y
sienta repulsión hacia él porque “se parecen demasiado”.

Respecto a la complementariedad, ¿crea ésta una atracción más intensa que la semejanza? (dos
personas se complementan cuando una puede compensar defectos de la otra). La respuesta es en
general afirmativa, al menos en lo que concierne a las preferencias entre parejas y amigos y, aún
más, de personas casadas. Se ha observado que las personas dominantes acostumbran a casarse
con gente sumisa. Sin embargo, este punto ha sido muy controvertido y se ha tendido a resaltar
más bien la prioridad de la semejanza.

En último lugar insertamos la atracción por intercambio social, según una teoría del sociólogo G. C.
Homans, que trata de explicar la amistad en términos trasvasados del mundo económico. Llama
“recompensa” al placer que experimentamos al satisfacer una necesidad y “costos” o “inversión” a
las molestias que nos causa una interacción. “El hombre en una relación de in tercambio con otro –
dice Homans– espera que las recompensas netas o ganancias, sean proporcionales a su inversión:
a mayor inversión, mayores ganancias.” Esto equivale a decir que tenemos propensión a
abandonar una relación si nos ocasiona más molestias que ratos agradables.
QUÉ ES LA PSICOLOGIA SOCIAL

Al término de esta primera lección, estamos ya en condiciones de comprender la definición de la


Psicología social. Esta, como la Psicología y la Sociología, es también una ciencia de la conducta.
Pero cada una de dichas ciencias humanas la estudia en un aspecto distinto.

La Psicología se interesa por la conducta individual, la Sociología por la conducta suprapersonal,


resultante de los agrupamientos que forman los hombres al vivir en sociedad. La Psicología social,
en cambio, es como puente tendido entre ambas ciencias, que se propone estudiar la interacción
del individuo y la sociedad, y más concretamente las relaciones interpersonales.

Su esencia, como subrayo G. Allport, es “comprender y explicar cpómo la presencia real,


imaginada o implícita, de otros seres humanos influye en el pensamiento, el sentimiento y la
conducta de los individuos”.

En síntesis, la Psicología social es el estudio científico de la conducta interpersonal.

En resumen...
La interacción sucede en el espacio, cara a cara o a distancia. Considerándola un hecho temporal
puede darse a corto o a largo plazo.

La interacción formal se regula por varias pautas, la informal es espontánea.

La interacción tiene como funciones propias: socializar al individuo, formar y desarrollar la


personalidad y reducir la ansiedad.

Se ha comprobado experimentalmente la facilitación social, es decir: que mejora el rendimiento


cuando el sujeto se sabe observado. El efecto contrario es la dificultación social.

La atracción interpersonal se manifiesta en que mostramos nuestras preferencias por unas


personas más bien que por otras y suele obedecer a cuatro criterios: nos atraen las personas que
nos son próximas o semejantes, las personas que nos complementan y las personas de las que
esperamos algún beneficio.

Durante la socialización se aprenden los motivos sociales, como: necesidad de afiliación, basado
en la sociabilidad; necesidad de poder, tendencia a la autoafirmación que en su forma violenta se
convierte en agresividad y, finalmente, necesidad de éxito o necesidad de logro.

El hombre moderno ha perdido sensibilidad para el dolor ajeno, aunque siga atendiendo a los que
dependen de él; es poco altruista si bien hay que advertir que en este tema quedan muchos puntos
por estudiar

EJERCICIOS DE AUTOCOMPROBACIÓN

Complete las frases siguientes:

7.- Las relaciones interpersonales constituyen el tema principal de la conducta ...............


8.- El motivo social que nos mueve cuando trabajamos con voluntad firme y deseos de triunfar es la
necesidad de ....................
9.- Sentir el sufrimiento del prójimo es el punto de partida del motivo social denominado .............
10.- La necesidad de poder puede hacerse violenta y convertirse en ..............
11.- La interacción mantenida con los compañeros de trabajo es una relación a ........... plazo.
12.- La interacción social contribuye a la formación de ............
13.- La dificultad social se produce especialmente en las tareas ...........
14.- Los términos que utiliza Homans en su teoría del intercambio están tomados de la ..........