Está en la página 1de 29

María Paz

Obligatoria 61

Eucaristía:

59) La enseñanza de la Eucaristía. La Pascua judía. Su evolución histórica y sus


significados. Sus ritos. La teología de los textos eucarísticos del Nuevo Testamento
(especialmente Mt 26, 26-28; 1 Co 11, 27-34; Hch 2, 41-47).

60) En Eucaristía se ofrece a Dios el verdadero sacrificio de Cristo y de la Iglesia. La


Eucaristía reproduce, reactualizándolo, el único sacrificio consumado por Cristo. La
Eucaristía es un banquete sacrificial, en que se come y bebe el cuerpo y la sangre de
la víctima, Cristo.

61) En la Eucaristía, el pan y el vino son transustanciados en el Cuerpo y la Sangre de


Jesucristo. La condición sensible de los eucaristizados no es, sin embargo, alterada
por la celebración de este sacramento.
Presencia real sacramental de Cristo íntegro. Su permanencia después de concluida
la cena eucarística. Para realizar este sacramento es necesaria la acción ministerial
del sacerdote válidamente ordenado.

62) La celebración de la Eucaristía constituye el origen y el centro de la Iglesia: es el


misterio del amor, símbolo y fuente eficaz de la unidad, vínculo de la caridad y
anticipación del Reino.
Necesidad de este sacramento.

TESIS 59. La Eucaristía

i. El Antiguo Testamento constituye el contexto y raíces últimas de la Eucaristía. la


raíz más profunda es la fiesta de la pascua.

a. Raíces veterotestamentarias:

1) Pascua. Banquete anual que el pueblo judío celebraba la conmemoración de la


liberación de Egipto, del paso de la tierra de esclavitud (Egipto), a la tierra de
libertad (prometida).

2) Etimología. “Peshá”, que significa cojear, saltar. Ex. 12,27, que señala que “Yavé
saltó las casas de los israelitas". Ex 12,1-14 relata la institución de la fiesta:
SACRIFICIO-BANQUETE.

3) Antecedente. Rito de pastores nómadas en primavera, que implicaba sacrificar un


animal para obtener la prosperidad del ganado y Pero aquí este rito adquirirá un
significado religioso totalmente nuevo, será un memorial de la liberación de Egipto.

4) Memorial. Es un rito que tiene por objeto recordar ante Dios las hazañas
realizadas en el pasado para que fiel a si mismo y a su designio salvífico, los haga
presente en su pueblo. El memorial por excelencia era la pascua: no sólo se
recordaba el hecho salvífico sino que se lo hacía presente.

5) Evolución de la fiesta.

- Dt 16,1-8 manda a peregrinar a Jerusalén


- Unión con la fiesta de los ázimos: fiesta de origen agrícola: al comienzo de la
ciega, se comía pan no fermentado y se ofrecían las primicias.
Posteriormente este rito se vinculó con la salida de Egipto, y con la prisa de la
partida que no permitió esperar que fermentara la masa.
- Después del exilio, la fiesta va mirando también el futuro. “La salvación de
Israel será como un nuevo éxodo" (Is 11). Así se une a la fiesta la esperanza
mesiánica.

b. Otras realidades que preparan la Eucaristía.

1) La sangre de la Alianza. La alianza será la institución fundamental en Israel. El rito


de la Alianza (cf. Ex 24,3-11), de asperjar con sangre la piedra central (Dios) y las doce
estelas (pueblos) va a significar que entre Dios y su pueblo va a darse una vida en
común (cf. Significado hebreo de sangre): “esta es la sangre de la alianza...”. A esto
seguiría el rito del convite sacrificial.

2) El Siervo de Yavé. Los profetas profundizando en el tema de la alianza llegan al


del siervo de Yavé (Is. 42) el cual será la alianza entre Dios y su pueblo. Lo que lo
caracteriza es su misión expiatoria (Is 53,10) por los pecados del pueblo (v.11,12).

3) Sacrificios en Israel. Acción ritual mediante la cual se entra en comunión con la


divinidad. Hay sacrificio cruentos e incruentos. Entre los primeros tenemos:

- Holocausto: se quema todo.

- Sacrificios pacíficos o de comunión: la víctima se repartía entre Dios, el


sacerdote y el oferente. Su fin es la acción de gracias.

- Sacrificios de expiación, su finalidad es restablecer la unión con Dios


destruida por el pecado (cf. fiesta del Yon Kippur). En la concepción bíblica
del pecado este hiere a Dios, ofende su amor, de ahí que, se lo descubre
como adulterio o abandono filial. Esta relación rota es la que restaura este
sacrificio de expiación en cuanto signo de la conversión interior.

c. Profecías de la Eucaristía

1) Ml 1,10-11. El profeta, al contemplar la decadencia del culto, mira el futuro y


habla de un tiempo mesiánico en el que se ofrecerá un sacrificio puro por las
naciones (gentiles), “desde donde el sol levanta hasta el poniente”.

2) En DtIs (Is 55,1ss), banquete escatológico ofrecido por Dios a todos los
pueblos.
3) Pr 9,1-6. Se presenta a la Sabiduría como un banquete ofrecido a los
hombres.

d. Figuras eucarísticas en el A.T.

1) Sacrificio de Abel y Abraham: tipos del sacrificio de Cristo.

2) Sacrificio de Melquisedec: Este ofrece un sacrificio a Dios: pan y vino (no


sangre), siendo Melquisedec figura de Cristo (Gn 14,17-20).

3) Cordero pascual (Ex 12): Institución de la Pascua. La Iglesia ve en el


cordero inmolado el aspecto sacrificial de la Eucaristía.

4) Mana: el pan del cielo (Ex 16,15), que es imagen de la eucaristía.

5) Profecía de Malaquías: (Ml 1,11ss), anuncia un sacrificio celebrado en


cualquier lugar y tiempo.
e. Celebración de la pascua judía.

1) Realidad pasada, la cual es la liberación de Egipto; Israel es el Pueblo de


Dios.

2) Realidad presente, renovación ritual del hecho; cada israelita es liberado


por Dios.

3) Realidad escatológica: el hecho de la Pascua es símbolo de la futura y


definitiva liberación, que será en el fin del mundo presente e inicio de una
nueva era.

ii. La eucaristía en el Nuevo Testamento (textos esenciales: Mt. 26,26-28; 1 Co 11,27-


34; Hch 2,41-47):

La esencia y realidad de la eucaristía se funda en la “institución” de Jesús, tal


como lo anuncia el N.T. Los textos que nos fundamentan la institución de la
eucaristía son :

- De la fuente petrina: Mc 14, 22-25 (50-57 d.C.) y Mt 26,26-29 (75-85 d.C.).


- De la fuente paulina: Lc 22,19-20 (75-90 d.C.) y 1 Co 11,23-26 (55-56 d.C.).
- Contenido comparativo de los cuatro textos eucarísticos: ( sinópticos, 1 Co ):

Liturgia de Jerusalén Liturgia de Antioquía


Mt 26,26-29 Mc 14,22-25 Lc 22,15-20 Pablo
1 Co 11,27-34
Circunstancias de Mientras Mientras La noche en
tiempo comían comían que fue
entregado
Fórmulas sobre el Tras Tras Después de dar Después de dar
pan pronunciar la pronunciar la gracias gracias
bendición bendición
Palabras sobre el Tomad, Tomad, esto es Esto es mi Esto es mi
pan comed, esto es mi cuerpo cuerpo que se cuerpo por
mi cuerpo da por vosotros
vosotros
Repetición Haced esto en Haced esto en
memoria mía memoria mía
Fórmulas sobre la Después de dar
copa gracias
Circunstancias de Después de la Después de la
tiempo cena. cena.
Gestos sobre la Se la dio Se la dio y
copa bebieron todos
Palabras sobre la Bebed todos Esta es mi Esta copa (es) Esta copa es la
copa de ella, pues sangre de la la nueva nueva alianza
esta es mi alianza que se alianza en mi en mi sangre
sangre de la derrama por sangre que se
alianza, que se muchos derrama por
derrama por vosotros.
muchos en
perdón de los
pecados

El estilo de estos textos es litúrgico más que narrativo, vinculándose además


la cruz y la Eucaristía: “El Señor Jesús , la noche en que fue entregado “ (1 Co
11,23b ).

- Análisis:

1) Su origen de Jesús: “ Yo recibí del Señor lo que les transmití” ( Pablo ).


2) Aspecto cultual: “ La noche que lo entregaron". Relación cruz-eucaristía.

3) “Pronunció la acción de gracias": Mt y Mc usa el termino "bendecir", de tradición


más aramea (Jerusalén); mientras que Pablo y Lc usan "dar gracias", que es de
tradición más helénica (Antioquía); ambos verbos exponen lo mismo.

4) "Partió el pan diciendo..." : Mc, “ tomad este es mi cuerpo" y Mt “ tomad y


comed este es mi cuerpo “; Lc y Pablo “este es mi cuerpo ( que se da ) por
vosotros".

5) Entrega de la copa : Mc y Mt, Mc: "...y bebieron todos de ella" (narrador). Mt:
"...bebed todos de ella", forma invitatoria (Jesús).

6) “Esto ES mi cuerpo” “Esto ES mi sangre": El verbo ser puede entenderse en


sentido de representar, pero en la medida en que la acción de Cristo en la Cena era
una acción profética, análoga a la de los antiguos profetas hebreos , su simbolismo
quería ser eficaz, es decir realiza su significado. Beneficia también a todos los que
coman de este pan y beban de este cáliz , ya sea en la Cena o en o en las
repeticiones posteriores por él prescritas, pues es una institución sacramental y por
tanto eficaz.

7) Aspecto de “alianza”. Las fuentes paulinas hablan de una “ Nueva Alianza” (de la
sangre). El A.T. sello de la Alianza con la sangre (carácter divino). Cristo invita a sus
discípulos a recibir la sangre de la Nueva alianza . Cristo acepta la muerte y ésta se
presenta aquí , en términos sacrificiales y en forma sacramental, a través del pan
partido y la sangre derramada con lo cual Cristo se ofrece a Dios Padre por muchos.

8) Sólo la fuente paulina dice : “ hagan esto en memoria mía “. En cuanto a “


memoria “ , hay que entenderla en sentido de “ memorial".

iii. Teología eucarística según las fuentes:

1) Fuente petrina (Mc y Mt):

- La transformación del cuerpo y de la sangre de Cristo , se efectuó mientras


cenaban.
- Cristo invita a sus apóstoles a la Cena.
- Las palabras del “ vino “ aparecen en paralelo con las del “ pan “.
- Alusión al banquete escatológico.

2) Fuente paulina (Lc y Pablo)

- Alusión al carácter sacrificial , que produce la salvación.


- La transformación del cáliz se realizó después de la cena.
- La sangre de Cristo sella una “ Alianza Nueva “.
- Aparece el mandato de repetir la cena.

3) Hechos 2,41-47.

Hay quienes objetan el contenido eucarístico de este trozo. Podría tratarse


de una comida religiosa judía. Lo fundamental esta en que “con un mismo espíritu,
partía el pan por las casas". Y lo hacían “con alegría y sencillez de corazón”. La
mayoría de los autores reconocen la Eucaristía en la fracción del pan de los Hch.

iv. Contenido doctrinal de los textos eucarísticos :

1) La eucaristía se celebra en el contexto judío de la Cena. Su contenido era la


liberación de Egipto. Jesús realiza el Misterio de la salvación en su vida, pero aquí lo
hace de una manera especial y plena. Inicio del Misterio Pascual.

2) Celebración hecha en honor de Cristo y por mandato suyo.

3) Los sinópticos y el relato de 1 Co 11, nos presentan a Jesús instituyendo el


memorial eucarístico de su muerte, en términos que indican una intensa
participación sacramental de la víctima sacrificada por parte de los discípulos;
además está la petición expresa de Cristo para que se celebrara perennemente en la
Iglesia.

v. El “ Pan de vida “ de Jn 6:

Texto completamente eucarístico, especialmente los vv. 22 y 26. No habla


propiamente de la “institución de la Eucaristía" propone :

1) Juan escribe su Evangelio cuando posee los tres sinópticos, añadiendo aspectos
que éstos no tratan.

2) El uso corriente de la celebración Eucarística, que se ha constituido en el


elemento culmine de la celebración cultual de la Iglesia primitiva.
3) El objetivo de Juan es explicar la profundidad de la sacramentalidad.

La salvación reside en el ser mismo de Jesús, a quién recibimos por la fe ,


mediante los signos por los cuales él se da. La comunión eucarística constituye el
máximo y más completo modo de apropiación querido por Cristo. En la Eucaristía
Jesús es el verdadero maná de la pascua universal, como es la verdadera luz, el buen
pastor, etc.
TESIS 60. Carácter sacrificial de la Eucaristía

El concilio Vaticano II nos enseña que la Eucaristía es “la fuente y cumbre de


la vida cristiana”(LG 11). En ella se contiene todo bien espiritual de la Iglesia, es decir,
Cristo mismo, nuestra Pascua (cf. PO 5). De ahí que sea un misterio de riqueza
inagotable.

A la luz de la Revelación y a partir de la enseñanza de la Iglesia descubrimos


como la Eucaristía contiene el sacrificio mismo de la cruz y la misma víctima pascual
que nos es dada a comer para que podamos participar en el. Es, a sí mismo la
prolongación de la Encarnación y la prenda de la resurrección y del Espíritu pues se
trata de la carne resucitada de Cristo. La Eucaristía constituye además el
fundamento y la base de la Iglesia.

Abarcaremos la inmensa riqueza de la Eucaristía a través de uno de sus


aspectos: el sacrificial

i. Antecedentes escriturísticos (cf. tesis anterior):

a. Antiguo Testamento:

1) El sacrificio de Melquisedec (Gn 14,18ss): como figura del sacrificio de la Eucaristía;


Melquisedec sacó pan y vino para ofrecer en sacrificio, además es sacerdote. Cristo
es sacerdote al modo de Melquisedec ( Hb 5,6; 7,15ss. ), según la tradición ofrece un
sacrificio parecido al de Melquisedec y tal sacrificio no puede ser otro sino la
oblación de su cuerpo y sangre bajo las especies de pan y vino ( san Agustín; san
Cipriano ).

2) La profecía de Malaquías (Ml 1,10ss): Habla de un nuevo sacrificio que se ofrece


en todo lugar. La profecía encuentra su cumplimiento en la Eucaristía, en el sacrificio
de la Misa, que es ofrecido en “todo lugar”, y que es puro en cuanto a la hostia y al
sacerdote que la ofrece (Dz 939) . La más remota tradición cristiana refirió ya las
profecías de Malaquías a la Eucaristía, la encontramos en la Didajé; san Justino; san
Ireneo.

3) La Pascua en cuanto banquete sacrificial.

4) Otras realidades como el Siervo de Yavé y la sangre de la Alianza: son


prefiguraciones del sacrificio eucarístico, sobretodo en cuanto prefiguran el
sacrificio de la cruz, del cual el eucarístico es su RENOVACIÓN INCRUENTA.

b. Nuevo Testamento:

Se dice que la Eucaristía es la culminación y síntesis de toda una vida de


entrega y servicio de Jesús. Es cierto, pero esta vida de entrega y servicio encuentra
su cumbre en el sacrificio de la cruz, al cual la Eucaristía está íntimamente vinculada.
En efecto, todos los relatos de la Eucaristía (salvo 1 Co) están dentro del marco del
relato de la Pasión. Es más, será al instituir la eucaristía donde el Señor expresará
con mayor nitidez el sentido dado a su muerte.

1) Los relatos de la institución indican claramente el carácter sacrificial de la


Eucaristía, el solo hecho de que Cristo hiciera presente su cuerpo y su sangre
separadas, y por lo tanto en forma de sacrificio. Las especies separadas representan
simbólicamente la separación del cuerpo y la sangre de Cristo, que tuvo lugar en el
sacrificio de la cruz.

2) Las palabras de la institución testifican además el carácter sacrificial de la


Eucaristía: “ Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros" (Lc 22,19; 1 Co 11,24);
“ Esta es mi sangre de la Alianza, que va a ser derramada por muchos" (Mt 26,28;
Mc 14,24 ). Las expresiones entregar el cuerpo y derramar la sangre son términos
bíblicos que expresan técnicamente la oblación de un verdadero y propio sacrificio.

3) Alusiones al sacrificio de la Eucaristía: Hb 13,10, “Comer del altar"; 1 Co 10,16-20.

4) Más allá de las controversias cronológicas, la Eucaristía se celebró en un contexto


pascual. Lo reafirman también la interpretación de Juan vincula explícitamente a
Jesús con el cordero pascual.

ii. La tradición nos enseña que en la Eucaristía se ofrece a Dios el verdadero


sacrificio de Cristo y de la Iglesia.

El aspecto sacrificial de la eucaristía esta presente con claridad en la teología


de los padres desde sus mismos inicios: usan términos como hostia, altar, oblación,
sacrificio. En términos generales ven el sacrificio eucarístico como el cumplimiento
de los sacrificios veterotestamentarios, en particular el de Melquisedec y la profecía
de Malaquías. Ejemplos:

1) Testimonio más antiguo es el de la Didajé, que liga Eucaristía al sacrificio de


Malaquías. También están las cartas de Ignacio de Antioquía que frecuentemente
usa los términos sacrificio y altar en relación a la eucaristía, mientras desaparecen
por completo otras denominaciones tan importantes como mesa o cena del señor.

2) Para Hipólito “la misa es un sacrificio incruento” en cuanto memorial del sacrificio
de la cruz. Los Padres insistirán en la anámnesis (memorial) para explicar el carácter
sacrificial de la misa, en cuanto recuerdo y representación del sacrificio de la cruz.

3) Para san Cipriano es oblación y sacrificio por medio del cual recibimos el fruto del
sacrificio de Cristo.

4) Para san Agustín, influenciado por san Ambrosio, la misa figura el sacrificio de
Cristo y de la Iglesia. En ella se ofrece a Cristo y a la Iglesia entera.

Lo interesante del aporte de los Padres está en que cuando hacen referencia
al carácter sacrificial de la Eucaristía lo hacen en cuanto memorial del sacrificio de la
cruz. Para ellos la Eucaristía es anamnesis o memorial del sacrificio de la cruz.
Muchos enfatizan que no se trata de un sacrificio distinto, sino del mismo hecho
presente “in mysteri”, “in sacramenti”, “en imagen”.

- Síntesis de la época patrística.

1) Hay un sólo sacrificio, el de Cristo. Actualizado por la Eucaristía en la Iglesia, a


través del sacerdote y realizado por un mandato expreso del Señor. Jesús
permanece como ministro principal; es el sacerdote principal.

2) El sacrificio eucarístico tiene valor propiciatorio, es decir, en él se intercede al


Padre por Jesucristo para que dé el perdón alcanzado por Jesucristo. Es un sacrificio
de acción de gracias por el perdón otorgado por Jesús y actualizado hoy.

3) Tiene “valor” para toda la Iglesia (vivos y difuntos) y para los hombres. Es un
“sacrificio” que hace presente el único sacrificio de Cristo en la cruz , esencialmente;
ni le suplanta ni le sustituye.

iii. Desarrollo teológico posterior.

a. Argumento de santo Tomás de Aquino :

Se basa en el concepto de sacrificio en general y propone la doctrina de


Cristo Sacerdote. En la misa se realiza de un modo eminente la triple función de
todo acto sacramental (III q 79 a 4 ):

- Conmemorar la pasión y la resurrección del Salvador.


- Significar el don actual de su gracia (presencia).
- Y anunciar la gloria futura .

La misa es un sacrificio porque conmemora y re-presenta el sacrificio de la


cruz (S.T. III q 79 a 1 ). Los ritos de la misa figuran la pasión y resurrección por la
presentación distinta del cuerpo y de la sangre bajo la especie de pan y vino:
símbolo de la muerte violenta que separa a entre ambos. Sin embargo, no hay
restauración de la pasión: Cristo está indivisiblemente presente bajo cada una de las
especies. En el altar hay inmolación de Cristo en el sentido de que esta en él re-
presentada la verdadera inmolación del Calvario. La misa, por lo tanto, es un
verdadero sacrificio pero no absoluto, sino que es sacrificio relativo al sacrificio de
Jesús en la cruz.

La Eucaristía sería, entonces, una imagen representativa de la cruz. No


entiende la representación en el sentido de hacer presente sino en el sentido más
débil, de figurar la Pasión y de darnos, eso sí, los frutos de la misma (en razón de la
presencia real de la víctima)

b. Duns Scoto (s. XIV).

Afirma la realidad del sacrificio eucarístico en su condición de oblación, hecha


por la Iglesia y aceptada por Dios, de la víctima presente en el altar. Subraya que es
la Iglesia quien ofrece y solo indirectamente es ofrecido también por Cristo (para
descartar toda apariencia de reiteración de la cruz), reconociendo, sin embargo, que
la víctima que en él se ofrece no es otra que el mismo Cristo. El mérito de esta teoría
es percibir la participación de la Iglesia en la Misa. Su peligro es desvincular la
Eucaristía de la cruz.

c. La oposición de los reformadores.

La raíz de la postura protestante es el rechazo a toda mediación objetiva de


la Gracia. El sacrificio de CRISTO TUVO LUGAR UNA VEZ EN LA HISTORIA. No
perdura objetivamente en el tiempo. Nos hacemos beneficiarios de el solo al
abrirnos interiormente a la gracia. Además, el hombre es incapaz de cooperar
activamente para su salvación. Luego no encaja un sacrificio ofrecido por el hombre

1) Lutero: Ataca principalmente que la misa sea una "obra meritoria", es decir, un
don ofrecido a Dios para conseguir sus favores para los vivos o los difuntos; de la
Epístola a los Hebreos concluye la inexistencia de cualquier otro sacerdocio fuera de
Cristo y de cualquier otro verdadero sacrificio fuera del de la Cruz. Cristo instituyó la
misa como banquete y no como sacrificio, esto es, una auténtica idolatría que se
debe a Satán. Rechaza todo sacerdocio visible y por tanto todo sacrificio

2) Zwinglio: Añade pruebas de razón a los textos biblicos. En particular establece la


identidad entre oblación , inmolación y muerte: Cristo no puede ya morir, por tanto,
no puede haber otro sacrificio.

3) Calvino: reconoce ante todo el carácter tradicional de la doctrina del sacrificio


eucarístico, pero lo atribuye a la obra de Satán: la misa, en efecto, pretende merecer
la gracia divina, obtener la justificación mediante una “obra” y no por la fe. Opone
cinco argumentos a la tesis católica.

- El sacerdocio eterno de Cristo excluye cualquier sucesor o vicario.


- La Cruz es nuestro único sacrificio: la fe en la misa relega al olvido en
verdad.
- La misa hace olvidar la Cruz sustituyéndola en el espíritu de los fieles.
- Al atribuir los frutos de la cruz, los desvalora.
- Desnaturaliza la cena, don de Dios a los hombres, al presentarla como don
de los hombres a Dios.
- La Eucaristía considerada en sí misma, no puede ser más que un “ sacrificio
espiritual “ o “sacrificio de alabanza “.

iv. Magisterio

a. Letrán IV: “En la Eucaristía Cristo es el sacerdote y el sacrificio”(Dz 430)

b. Concilio de Trento:

Trata el tema de la misa en cuanto sacrificio en nueve capítulos y nueve


cánones, Dz 937 al 956.
1) Contra los ataques de los reformadores que rechazaban el carácter sacrificial de la
Eucaristía, el Concilio declaró que la Eucaristía era verdadero y propio sacrificio (Dz
937), porque lo hace la Iglesia y porque Jesús le dejó un sacrificio visible en la Ultima
cena, “... por el que se representará aquel suyo sangriento que había una sola vez
(SEMEL parece tres veces en el concilio) de consumarse en la cruz, y su memoria
permaneciera hasta el fin de los tiempos...” ( Dz 938 ). Destacamos la unicidad del
sacrificio y su carácter eterno, que sigue actuando en la Iglesia.

2) El sacrificio y el sacerdocio de Cristo sobrepasan a todo otro sacrificio y


sacerdocio, y a la vez lo plenifican (Dz 938-939).

3) El sacrificio de la Eucaristía es representación del sacrificio de la cruz, en cuanto al


cuerpo y la sangre del sacrificio de Cristo se hace presente bajo las especies
separadas que representan simbólicamente la separación real del cuerpo y la sangre
de Cristo en la cruz.

4) El sacrificio de la Eucaristía será además hasta el final de los tiempos una


incesante conmemoración del sacrificio del calvario, lo cual se indica de manera
especial en la anámnesis que sigue a la consagración ; pero no es una mera
solemnidad conmemorativa ( Dz 950 ), sino verdadero y propio sacrificio.

5) En el sacrificio eucarístico, Cristo es el principal sacerdote y víctima, esto está


declarado en el Concilio de Trento al decir “ ... una sola y la misma es, en efecto, la
víctima, y el que ahora se ofrece por el ministerio de los sacerdotes, es el mismo que
entonces se ofreció a sí mismo en la cruz, siendo sólo distinta la manera de
ofrecerse...” ( Dz 940; así lo retoma en 1947, la encíclica Mediator Dei del Papa Pío
XII, Dz 2300 ).

6) El mérito mayor del Concilio de Trento consiste en haber superado las incertezas
teológicas de los siglos precedentes, que habían llegado hasta el Concilio, y de
haber devuelto a la Iglesia las razones profundas de su fe en la Eucaristía, como
celebración del real sacrificio de Cristo.

7) Se puede concluir con Trento:

- La salvación del mundo es obra exclusiva del sacerdocio de Cristo.

- Este sacerdocio exige, que Cristo tenga su sacrificio que ofrece.


- El sacrificio, que Cristo ofrece teniendo que ser perfecto, será la acción con
la cual se ofrece a sí mismo, al Padre en obediencia total, que lo llevará hasta
aceptar voluntariamente la muerte.
- Ofrecido este sacrificio, el mundo entero será, por siempre salvo.
- Con ello la obra sacerdotal de Cristo es en sí mismo cumplida y perfecta.

8) Una reflexión contemporánea acerca del sacerdocio de Cristo. La concepción de


Cristo como Sacerdote eterno consignada en Trento se ajusta aquello del Cristo
como Cordero Pascual del Nuevo Testamento.
- Cristo se ofrece a sí mismo sobre la cruz, como Cordero Pascual que lleva a
la realidad la promesa de la Pascua antigua y así mismo llega ser la Pascua del
N.T.

- La Pascua, en la historia de la salvación, no es punto de llegada ni de


término, pero es punto de inicio y de actuación de la salvación, que debe
durar en el tiempo.

- Para que esto suceda es necesario, que también el salvífico acontecimiento


Pascual de Cristo sea perpetuado en dimensión ritual. Solamente de esta
manera la promesa de la revelación será celebrada de generación en
generación, por el Pueblo de Dios.
- Con esta finalidad, y con el ánimo y la disposición al nuevo y verdadero
sacrificio Pascual, que se cumplirá en la Cruz. Cristo celebra la Cena Pascual
del N.T., que depende del sacrificio de la cruz.

- De esta forma el acontecimiento Pascual, que es la Muerte de Cristo sobre


la Cruz, es celebrada por Él mismo en el rito en el cual y por el cual su Pascua
es hecha presente, como memorial, que permanece en los siglos. De esta
forma la Cena Pascual es ella misma el Sacrificio Pascual en Dimensión
Sacramental.

- Cristo instituye la Eucaristía, como un don para sus discípulos, por eso
manda a sus apóstoles de hacer lo mismo que Él ha hecho. “ Mandar hacer”
quiere decir “ dar el poder de hacer “ y de este momento se ofrecerá el
Sacrificio, en dimensión Sacramental, realizando cada vez en el Rito de la
Pascua de Cristo, esto es su sacrificio sobre la cruz.

c. Magisterio actual:

1) Mediator Dei (Pío XII): presenta la doctrina de Trento sobre el sacrificio


eucarístico

2) Vaticano II: Reafirma que en la Eucaristía se perpetúa y hace presente el mismo


sacrificio de Cristo en la cruz.

3) Mysterium fidei (Pablo VI): dice que en la misa “se hace presente, y se
conmemoran y aplican los frutos del sacrificio de la cruz".

v. El sacrificio de la misa y el de la cruz.

1) ¿Cómo puede hacerse presente un sacrificio realizado hace dos mil años?.

La respuesta la hallamos en Hebreos, donde se nos muestra que la entrega


de Cristo en la cruz fue aceptada por el Padre en virtud de la resurrección, de modo
que de una forma gloriosa perdura en el cielo (cf. 7,23-25). Y el sacrificio de Cristo
perdura en el cielo como perdura su propio sacerdocio. Ahora bien, solo se puede
participar de lo que existe y sólo se puede hacer presente lo que sigue siendo real.
Luego, si el sacrificio de Cristo perdura en el cielo, puede hacerse presente entre
nosotros en la medida que esa misma víctima y esa misma acción sacerdotal se
hagan presentes en la Eucaristía. Esto es lo que sucede en la Misa: la misma Víctima,
el mismo sacerdote que se ofrece a través de sus sacerdotes en el mismo sacrificio,
pero hecho de modo incruento. La Eucaristía es sacrificio porque re-presenta (hace
presente) el sacrificio de la cruz, porque es su memorial y aplica su fruto (cf. CEC
1366). Por lo mismo el sacrificio de Cristo y el de la Eucaristía son un único sacrificio.

2. ¿Es sacrificio de la Iglesia?.

La misa es a tal punto el sacrificio de la Iglesia, que aún la misa más “privada”
de un sacerdote es siempre sacrificio de la Iglesia, y hasta debe, en lo posible
aparecer como tal (Dz 938-939). “Cristo confió a su Iglesia el memorial de su muerte
y de su resurrección” (S.C. 47). Es toda la Iglesia (Cuerpo) que ofrece con Cristo
(cabeza) oferente y que se ofrece con Cristo víctima (Iglesia: cuerpo de Cristo). Esto
se debe entender iluminado por el concepto de participación. Así, la vida de los
fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo y a
su total ofrenda y adquieren así un valor nuevo (cf. CEC 1368). Cristo deja a su
esposa su propio sacrificio para que lo haga suyo, uniéndose a Él en su intercesión
ante el Padre. Haciéndolo se hace acreedora del mismo amor con que el Padre se
vuelca sobre la ofrenda de su Hijo. Aquí está toda la eficacia de la Eucaristía. Si bien
es cierto que los hombres no pueden ofrecer una ofrenda digna a Dios, no es menos
cierto que el mismo Cristo la pone en nuestras manos.

La Iglesia ofrece desde el momento que Cristo se hace presente en el altar. Y


cuando referimos a la Iglesia, integramos también a la Iglesia gloriosa (CEC 1370)

Es bueno hacer presente la distinta participación de los fieles y del sacerdote


del único sacrificio: siendo la Eucaristía un acto de Cristo, cabeza, en favor de su
Cuerpo, la confección del sacrificio es exclusiva del sacerdote, en cuanto lo
represente. Los fieles por él y junto con él ofrecen el sacrificio.
3) ¿Cuales son los fines del Sacrificio eucarístico?

- Fin de alabanza: Cristo es la perfecta alabanza al Padre, y es a Cristo a quien


presentamos al Padre para alabarle.

- Fin eucarístico: La iniciativa parte de Dios pero Él pone en nuestra manos la


perfecta acción de gracia (Cristo en persona).

- Fin propiciatorio: es Dios mismo, el que por propia iniciativa, proporciona el


sacrificio de Cristo como don suyo a los hombres. Y este sacrificio es también
una respuesta de la humanidad a Dios para reparar la ofensa del pecado.

- Fin intercesor. Tenemos en nuestras manos la intercesión misma de Cristo


(CEC 1369).
¿La eucaristía perdona los pecados mortales?. No. Indirectamente por el
aumento de caridad y el don de la gracia y penitencia que pueden darse en el
hombre propiciados por la celebración eucarística previene o suscita a la
conversión. La Eucaristía, en estricto sentido nos preserva de futuros pecados
mortales. Más que perdonar lo preciso es decir que ayuda a prevenir.
Sí, perdona los pecados veniales por el aumento de la caridad (cf. CEC 1395).

4. ¿Porque decimos que la Eucaristía es banquete sacrificial? (cf. CEC 1362-1372)

El sacrificio eucarístico que implica la presencia real del Cuerpo y de la Sangre


de Cristo, es un sacrificio en forma de banquete. En este sentido la comunión no es
un apéndice que se añada a la misa sino una parte integrante de la misma.
Participando del banquete se participa plenamente del sacrificio. La celebración del
sacrificio “está totalmente orientada hacia la unión íntima de los fieles con Cristo
por medio de la comunión". Comulgar es recibir a Cristo mismo que se ofrece por
nosotros.

Cristo, al instituir la Eucaristía permitió a los suyos participar de su propio


sacrificio, mediante la participación de la víctima (cf. 1 Co 10-11; Juan, discurso del
Pan de Vida). Así la comunión es la máxima apropiación del sacrificio de Cristo y la
máxima comunión con Dios. Esto lo expresa muy bien “el beber la sangre”. La
sangre representa la vida que ya no es asperjada como en el A.T., sino que es dada a
beber para realizar la unión de vida con Dios.
Por tanto, el carácter de Cena, banquete, fracción del pan nos orienta a
descubrir que la Presencia del resucitado bajo las especies sacramentales es para
“ser comido”. La presencia es para la comunión (P. Gesteira), en función de los
hombres. De ahí que la participación plena de la eucaristía, de su contenido y
sentido fundacional pasa por la comunión eucarística y no solo por la celebración.

vi. Síntesis doctrinal.

Según la síntesis tomista, Cristo realiza también en cada Eucaristía una


inmediata y actual acción sacrificial, la cual no debe concebirse como una suma de
muchos actos sucesivos de entrega, sino como un único acto sacrificial
ininterrumpido realizado por el Cristo glorioso. En la Cruz la víctima se ofreció de
modo cruento por una separación real del cuerpo y sangre, en la Eucaristía se
ofrece de modo incruento por una separación mística del cuerpo y la sangre.
El sacrificio eucarístico se ofrece por el ministerio de la Iglesia ; tal es la
doctrina de varios padres de la Iglesia, en particular de san Agustín, del cual se hace
eco Pío XII en su encíclica Mystici Corporis ( 1943 ) y más prolijamente en la Mediator
Dei ( 1947, Dz 2300).
TESIS 61. Transubstanciación y sus implicancias: la presencia real.

Se desea expresar teológicamente esa verdad de fe: en lo que se presentaba


como pan y vino, se encuentra ahora en Cuerpo y Sangre, que es cuerpo y sangre de
Jesucristo.

Después de la consagración eucarística nada queda de la “sustancia” del


pan y del vino, pues toda ella se convierte en el cuerpo y sangre del Señor,
permaneciendo sólo las especies (accidentes). Esta conversión es denominada por
la Iglesia “transusbtanciación “.

i. Transubstanción: comprensión histórica de la conversión sustancial.

a. En la Escritura.

En los relatos de la institución Jesús identifica el pan y el vino con su Cuerpo y


su Sangre, esto es su persona y su vitalidad, que serán derramados y dados por
todos en salvación. Será en el Evangelio de Juan donde el propio Jesús da a comer
su carne y a beber su sangre. El es el verdadero pan de vida. El realismo sacramental
de san Pablo es innegable. Este realismo, que no es invención de Pablo sino que lo
recibe en su comunidad, tiene un sentido profundamente sacramental: lo que se
come y se bebe en la cena del Señor no es comida y bebida como otras, es el Cuerpo
y Sangre de Cristo. “El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión
con la sangre de Cristo? ( 1Co 10,16ss.).

b. En los Padres.

En esta época no hay ningún ataque a la presencia real. No obstante la


terminología va depurándose progresivamente.

1) De la Eucaristía se dice que es la carne del Señor en un sentido literal y propio


(san. Ignacio, Ireneo).

- Ignacio de Antioquía insinúa fuertemente la identificación de pan y vino con


el Cuerpo y la Sangre del Señor
- Justino dice que el alimento eucaristizado es Cuerpo y Sangre del Señor

2) Con la doctrina eucarística se combate el docetismo y el gnosticismo. La


presencia real es también afirmada por la escuela de Alejandría, a pesar de su
tendencia a la alegoría. Orígenes testifica la continuidad de la presencia real
después de la celebración.

- Ireneo comienza a hablar de la transformación del pan y del vino que se


hacen Cuerpo y Sangre de Cristo, contra los docetas y gnósticos.
- Clemente y Orígenes, por su tendencia a la alegoría y a la espiritualización,
insisten también en la “recepción de Cristo por la fe”.
3) En el período post-niceno se empieza a afirmar de modo explícito que el pan y el
vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo. esto lo expresan a través de
una variada terminología aunque siempre referente a una transformación
ontológica: permaneciendo lo que perciben los sentidos cambia la realidad. Se
utilizan también una serie de imágenes y comparaciones

4) Los padres griegos usaron diversos conceptos para explicar como se realiza la
conversión del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Utilizan términos
que significan convertir, cambiar, transformar, eucaristizar, llegar a ser, confección,
transfigurarse, pasar a ser ( sustancia divina ). Todos estos parten de la encarnación
del Logos: como el Verbo se hace carne en María, así se hace presente en el pan y el
vino.

- San Cirilo de Alejandría y san Gregorio de Nisa, así como el Logos tomó
cuerpo en el seno de María, así se une por intermedio del Espíritu con el pan
y el vino ofrecidos, “transformándolos” en el cuerpo y sangre de Cristo.

5) Los Padres latinos no agregan nada nuevo.

- San Agustín tiende a identificar cuerpo Eucarístico con cuerpo místico y se


inclina por el simbolismo. La res de la eucaristía es la unidad de la Iglesia.

c. Edad Media.

1) Época de las controversias

- Primera controversia:

Acerca de la identidad entre el cuerpo eucarístico y el cuerpo que nació de María.


El origen parece estar en el monje Pascasio Radberto (S. VIII) versus otro monje,
Ratramno. Lo que está en cuestión no es el hecho de la presencia real de Cristo sino
el MODO de dicha presencia, aunque sin duda compromete la presencia misma.

- Mientras Pascasio Radberto (860) afirma categóricamente la identidad


entre el cuerpo de Cristo y el cuerpo eucarístico, tan grande es, que en la
Eucaristía se da a comer la misma carne de Jesús: “es el mismo cuerpo que
nació de María”. Cae en el realismo materialista o fisicismo.

- Ratramno de Corbie (868), en cambio, acentúa la distinción: la Eucaristía es


el cuerpo de Cristo en figura, espiritual, invisible, divina. Espiritualiza. Para el
figura es la significación velada de una realidad: metáfora, parábola,
sacramento; en la cruz estuvo presente la veritas del cuerpo de Cristo, en el
altar solo está en figura (pan), pues el cuerpo histórico de Jesús ya está
glorificado, incorruptible, invisible, mientras que el cuerpo sacramental es
visible y corruptible: no es mas que la prenda y la imagen del cuerpo místico,
cuya presencia indica. No se da pues pura y simple identidad (material) y
sacramental.
- Segunda controversia

Berengario de Tours (1088) en su tratado de “Sacra Coena” niega que exista


un cambio sustancial de los dones de la eucaristía. Con esto niega además la
presencia real. Solo admite una presencia figurativa, ya que “en la Eucaristía no se
encuentra la carne visible o sensible de Cristo, estará únicamente la rememoración
interior, o en la fe, en la mente humana pero no en la realidad objetiva”. Lo que esta
presente en la eucaristía no es la materia del cuerpo de Cristo(meramente figurado
en el pan) sino su divina potencia de salvación.

Respuestas del magisterio: Dos declaraciones juradas que hicieron firmar a


Berengario, de las que se retractaría sucesivamente. La primera en 1059, bastante
fisicista en el concilio de Roma (por influencia de Lanfranco de Pavía). La segunda
bajo el pontificado de Gregorio VII, el 1079; en que se afirma la identidad no sensible
sino “en su propia naturaleza y en la verdad de su sustancia”, en virtud de la
conversión sustancial (1º vez en un concilio, Dz 355). A partir de esto en el siglo XII se
consolida la doctrina de la transusbtanciación, para ser integrado el concepto como
tal por primera vez en el Lateranense IV (S. XIII)

2) Desarrollo del concepto de Transusbtanciación.

El desarrollo de este concepto tal vez se deba a la escuela de Gilberto de


Poitiers (1154), en cuanto que contrapone la sustancia a los accidentes. Pedro de
Poitiers (1205) precisando el cambio de la Eucaristía dice: “este pan se convierte en
el Cuerpo de Cristo, y pasará cuantas veces se pronuncie las palabras relativas al
cambio... pero especialmente cuando se dice que ese pan se transubstancia en el
cuerpo de Cristo, pues ninguna palabra es aquí tan adecuada como
transusbtanciación, porque es la sustancia la que pasa a ser otra sustancia aunque
permaneciendo las mismas propiedades”.

Hugo de San Victor y Pedro Lombardo, perfeccionan algo más la elaboración,


lo mismo hace Clotario de Segni (futuro Inocencio III, s XII ) en su obra "De Sacro
Altaris Mysterio" en que afirma con toda claridad la transusbtanciación. Todos estos
trabajos lo mismo que los escritos polémicos y actos del Magisterio contra los
cátaros y valdenses culminaron oficialmente en los decretos pontificios de
Inocencio IV : carta al Arzobispo de Lyon, Juan de Belesme (1202), en la que
distingue los tres planos del sacramento eucarístico: sacramentum tantum, es decir
las especies de pan y vino; res et sacramentum, esto es, el Cuerpo y Sangre del
Señor en esas especies; y res tantum, los efectos del sacramento, la comunión con
Cristo y con la Iglesia (Dz 414- 416).

En el concilio IV de Letrán (1215 ) donde se define oficialmente la


transformación sustancial: “ el cuerpo y la sangre de Cristo se contienen
verdaderamente en el altar bajo las especies de pan y vino después de
transubstanciado por virtud divina el pan en el cuerpo y el vino en la sangre (Dz
430 ). Este concepto no se refiere aún a la noción aristotélica de la sustancia,
significa simplemente que el ser esencial del pan y del vino se convierten en el ser
esencial del cuerpo y la sangre de Cristo, permaneciendo intactas las cualidades
sensibles.

Luego confirman la doctrina de la transusbtanciación: Lyon II (Dz 465);


Florencia (Dz 698). Claro que sólo se afirma tal doctrina sin llegar a mayores
explicaciones o profundizaciones.

3) Santo Tomás:

Nos da la síntesis mejor elaborada de su época acerca de la


transusbtanciación en III q 75 - 77. Su punto de partida es la verdad de fe de la
presencia real. La única vía para llegar a ella es la conversión. en resumen dice:

- Conversión sustancial (q 75)

- Cristo está verdaderamente presente bajo las especies, su persona es sólo


accesible a la fe, no a los sentidos, es una presencia integral de Cristo Dios y
hombre.

- Las sustancias de pan y vino cesan totalmente. El pan y el vino dan fe de la


presencia de Cristo al dejar de ser pan y vino. Pero no por aniquilación (no
sería conversión que supone una continuidad). Por lo tanto queda la
explicación de que la sustancia del pan se convierte en la sustancia del
cuerpo de Cristo y, por lo mismo, deja de ser pan. Lo mismo para el vino. Esta
conversión es singular y mistérica (sobrenatural).

- La permanencia de los accidentes del pan y del vino.

- Es un hecho indesmentible que el ser empírico del pan y vino permanecen


inmutables: el mismo color, volumen, sabor, etc. Dichos accidentes
permanecen sin otro sujeto que uno de ellos: el accidente de la cantidad o
dimensión del pan y del vino es el único afectado por las demás cantidades
sensibles de color, sabor, etc. Cristo está presente en el sacramento al modo
de sustancia; la sustancia del cuerpo está ahí porque dice relación a los
accidentes del pan, pero no está ahí ocupando un lugar ni sufre la unción o la
proporción que proporcionan los accidentes. Y está mientras duren los
accidentes.

- Por la fuerza de la conversión, bajo la especie de pan está la sustancia de


cuerpo; por la fuerza de la concomitancia, están también la sangre, alma y
divinidad.

4) Desarrollo posterior a Santo Tomás (S. XIV):

- Juan Wycleff (1384), en su tratado De Eucaristía, no pone en duda la presencia


sacramental, pero su filosofía excluye tanto la transformación substancial como la
aniquilación de las sustancias pan y vino. El dice que la interpretación más aceptable
es la consustanciación, es decir, que el pan y vino permaneciendo como tales
contienen a Cristo invisiblemente, esto es, dos sustancias bajo las mismas especies.

- El Concilio de Constanza (1414 - 1418), condenó en su sesión XIII a los errores de


Wycleff (Dz 581-583) son condenados en el mismo Concilio ( Dz 661 ). Además
contra Hus, quien apoyándose en Wicleff, sostenía la obligatoriedad de la comunión
bajo las dos especies para todo el pueblo (cáliz de los laicos), el concilio defendió la
praxis eclesial de la comunión bajo una especie para el pueblo.

- El Concilio de Florencia (1438-1445), en el decreto para los armenios trata de la


Eucaristía junto con los demás sacramentos ; precisando el contenido de la
Eucaristía dice : “ mediante las palabras de la consagración se convierten la
sustancia del pan en el Cuerpo y la sustancia del vino en la Sangre de Cristo" ( Dz
698 ). Aquí se ve como se afirma explícitamente lo esencial de la doctrina de la
transusbtanciación, la conversión de las sustancias del pan y vino respectivamente
en las sustancias del cuerpo y la sangre de Cristo.

d. Las ideas de la reforma:

1) Lutero:

Mantuvo siempre la presencia sacramental de Cristo según se infiere de


diversos textos. Esta presencia real se da a nosotros por pan bajo la impresión de las
palabras de la institución y sentido con fe, pero limitándola al tiempo que dura la
celebración de la Cena. Frente a la doctrina católica de la transusbtanciación Lutero
enseña, la coexistencia del verdadero cuerpo y sangre de Cristo con la sustancia de
pan y vino (consustanciación ).

2) Zwinglio:

Es espiritualista y dice que los sacramentos sólo porque estimulan la fe


confieren la gracia. La Cena sólo alimenta el alma recordándole la redención objeto
de su fe. Cuando Cristo dice "Esto es mi cuerpo", hay que entenderlo como en 1 Co
10 , en el sentido de figura. El “alimento” es solo un signo
3) Calvino:

De los tres reformadores es el que mas explícitamente niega la presencia


real. Para comprender su pensamiento hay que partir de su cristología. Acentúa en
Cristo su humanidad, que ahora ha subido a la gloria en la ascensión y está a la
derecha del Padre, y por tanto, no puede estar a la vez en otros lugares. Su noción
de sacramento en general es bastante afín a la de Zwinglio y la aplica tal cual a la
Eucaristía (estimula sólo la fe). Rechaza la consustanciación luterana y la
transusbtanciación católica . Para él la presencia eucarística es pues una presencia
real de Cristo, aunque solo espiritual y en la fe, ( sin fe, no hay presencia, al no
aceptar la significación del signo); el cuerpo de Cristo no está vinculado
materialmente al pan, lo que pasa es que el que come el pan con fe recibe
espiritualmente a Cristo en alimento.

iii. Afirmación de la tesis de la transusbtanciación (Concilio de Trento) :

a. Sagrada Escritura:

La transusbtanciación se contiene implícitamente en las palabras con que


Cristo instituyó este sacramento. Considerando la veracidad y omnipotencia divina
de Jesús, se desprende de sus palabras que lo que ofreció a sus discípulos ya no era
pan y vino, sino su cuerpo y sangre. Por lo tanto, había tenido lugar una conversión,
pero los accidentes no sufrieron esa conversión, como lo prueba el testimonio
ocular de los que allí estaban presentes; los relatos hablan de pan y vino, los que les
fueron entregados para ser consumados; luego aquella conversión afectó
únicamente a la sustancia.

b. Concilio de Trento:

El concilio aborda tres temas claves: la presencia real y la transusbtanciación;


la continuidad de la presencia (adoración y reserva); y la misa como sacrificio (la
remisión de los pecados y la propiciación).

1) La doctrina de la transusbtanciación que el Concilio va a definir no es una


novedad; la Iglesia la profesa desde siempre porque está implícitamente contenida
en los relatos inspirados en la Cena (Dz 877). Si la Iglesia siempre a creído en la
transusbtanciación, su fe, por consiguiente, no está vinculada a la filosofía
aristotélica de sustancia y accidente en su apreciación técnica, pues sólo a partir del
siglo XIII estructuran el dogma los teólogos a partir de dicha estructura.

2) Negación de la permanencia de las sustancias de pan y vino: “si alguno dijere que
en el sacramento de la Eucaristía permanece la sustancia de pan y vino juntamente
en el Cuerpo y la Sangre de Cristo...” (Dz 884). Por tanto es de fe que después de la
consagración, las sustancias, al ser esencial del pan y del vino, desaparecen.

3) Conversión de dichas sustancias en el Cuerpo y la Sangre de Cristo (Dz 844 y 884).


“Al que negare aquella maravillosa y singular conversión de toda la sustancia del
vino en la sangre; conversión que la Iglesia llama transusbtanciación”; el término
transusbtanciación conviene aptísimamente a dicha conversión.

4) Permaneciendo sólo las especies de pan y de vino, a saber el ser empírico de


dichas materias permanece inmutable (Dz 884). El concilio al afirmar que lo que
permanecen son las especies y no los accidentes, Trento no se limita a la filosofía
aristotélica. El concilio definió una presencia que comienza con la consagración y
perdura tanto como la existencia de las especies sacramentales (Dz 886)

5) La costumbre católica de la reserva es explícitamente reconocida y fundada por


el canon anterior y en Dz 879. Su legitimidad queda formalmente definida: “si
alguno dijere que no es lícito reservar la Eucaristía,...sea...” (Dz 889). En síntesis la
doctrina católica a este respecto enseña que inmediatamente después de realizada
la consagración, Cristo se hace presente, y su verdadero cuerpo permanece en las
hostias o partículas consagradas que quedan después de la comunión, o se
conservan en la reserva.

De lo anterior se desprende que “En la eucaristía, la manducación de Cristo


por parte del que comulga es “sacramental y real” y no meramente espiritual” (Dz
890)

iv. Presencia real y sacramental de Cristo íntegro.

La doctrina católica nos enseña que Cristo es sacerdote y víctima en cada


celebración eucarística. Pero hay varias maneras o formas de estar presentes una
cosa. La Iglesia afirma la presencia real, verdadera y sustancial de Cristo en la
Eucaristía. A través de la historia tiene un desarrollo largo y no con pocas
controversias.

a. Simbolismo eucarístico.

1) En el tratado “Eclesiasticis officiis”, Amalario de Mentz interpreta


simbólicamente los diversos ritos de la Misa. Así, por ejemplo, en las tres partículas
de la hostia, después de la fracción, ve el corpus triforme de Cristo: el cuerpo
individual de Jesús, los miembros vivos de la Iglesia y los fieles difuntos.

2) Floro de Lyon, su adversario no le reprocha el reducir a un simple símbolo la


presencia de Cristo, sino el extender a la realidad significada la división ritual de la
hostia dividiendo al Cristo total. Para el, mediante la consagración, el pan se
convierte en cuerpo de Cristo, no en el plano material o sensible, sino
“espiritualmenente”.

Si bien, los dos autores anteriores, creen en la presencia sacramental de


Cristo, Amalario tiende a materializar demasiado dicha presencia, mientras que el
antisimbolista Floro se expone a convertirla en algo meramente virtual. Admitido el
hecho de una presencia, a la par real y simbólica, del cuerpo de Cristo, dicho cuerpo
¿es en realidad el mismo que vivió en Palestina y murió en la cruz?.

3) Pascasio Radberto (860), afirma categóricamente la identidad, pero su manera


de defenderla no es lo suficientemente clara y coherente..

4) Ratramno de Corbie (868), afirma que la Eucaristía es figura; figura es la


significación velada de una realidad, es decir, metáfora, parábola o sacramento.
Vistas en la realidad directamente manifestada mediante la experiencia sensible.

5) Berengario de Tours (1088). En su tratado de “Sacra Coena” y en su


correspondencia impugna el realismo eucarístico. Afirma que el pan después de la
consagración es el Cuerpo de Cristo , pero lo es espiritualmente por la fe, y no
materialmente. Lo que esta presente en la eucaristía no es la materia del cuerpo de
Cristo (meramente figurado en el pan) sino su divina potencia de salvación.

b. Síntesis del magisterio a partir del S. XII:

La principal prueba bíblica de la presencia real de Cristo en la Eucaristía la


tenemos en las mismas palabras de la institución “ este es mi cuerpo” y “esta es mi
sangre” (Mt 26,26-28 y paralelos). En Jn 6,22-71 Jesús se designa a si mismo como el
pan del cielo que da vida, y que el verdadero pan del cielo es su carne; el que come
su carne y bebe su sangre tiene vida eterna y el lo resucitará en el último día. Porque
su carnes es verdadera comida y su sangre es verdadera bebida. También en los
textos paulinos se da la presencia de los dones.

- Sínodo de Roma (1079, Dz 355): Contra Berengario se afirma que "en la misa el pan
y el vino se convierten substancialmente en la verdadera, propia y vivificante carne y
sangre de Cristo” y que después de la consagración son el verdadero cuerpo de
Cristo que nació de la Virgen...” y la “verdadera sangre de Cristo que manó de su
costado”

- Concilio de Letrán (1215): Contra el Abad Joaquín de Fiore afirma que “...Jesucristo,
cuyo cuerpo y sangre se contienen verdaderamente en el sacramento del altar bajo
las especies de pan y vino” (Dz 430).

- Concilio de Trento (1545-1563). En su sesión XIII (Dz 874-893) se formula


definitivamente “si alguno negare que en el santísimo sacramento de la Eucaristía
se contiene verdadera, y real y substancialmente el cuerpo y la sangre juntamente
con el alma y la divinidad, de nuestro Señor Jesucristo, y por ende, Cristo entero;
sino que dijere que solo está en él como señal o figura o por su eficacia, anatema
sea (Dz 883).

1) Qué está presente: En la Eucaristía está presente Cristo en la integridad de


su ser: cuerpo, alma y divinidad.

2) En qué sentido está presente: Cristo está contenido en el sacramento


verdadera, real y substancialmente.

- Contenido: significa una presencia aquí porque se da mediante el pan


y el vino que están aquí.
- Verdadera: Cristo dijo “este es mi cuerpo”.
- Realmente: No de manera figurativa
- Substancialmente: lo que está aquí presente es el ser mismo de Cristo,
humano y divino (sustancia) y no meramente la potencia divina de
salvación.

3) La presencia sacramental así entendida no es incompatible con la


localización del ser humano de Cristo en el cielo siempre a la diestra del
Padre. Esta presencia de Cristo en las especies sacramentales es en forma
total e íntegra (Dz 874).
4) Presencia total e íntegra en cada especie eucarística. Lutero sostenía que
si bien Cristo se hace totalmente presente bajo cada especie sacramental,
tan solo se da como Cuerpo bajo la especie del pan y como sangre bajo la
especie de vino. De ahí la necesidad de comulgar bajo las dos especies.
Frente a ellos el Concilio de Trento afirma que “todo aquel que negare que
en el venerable sacramento de la Eucaristía se contiene a Cristo entero bajo
cada una de las partes de cualquiera de las especies hecha la separación” (Dz
885). Al comparar los cánones 2 y 3 (Dz 884 y 885) se advierte que en el
primero se nos dice que el pan se convierte en Cuerpo y el vino en Sangre del
Señor, esto es la presencia total del Cuerpo de Cristo en el pan eucaristizado
y la presencia total de la Sangre de Cristo en el vino eucaristizado. El segundo
nos dice que el Cuerpo y la Sangre, alma y divinidad están igualmente bajo
cada especie todos los componentes del ser de Cristo que se encuentran
presentes, no a título de las palabras sacramentales (“esto es mi cuerpo”,
nada más; “esto es mi sangre”, nada más), sino porque el Cuerpo y la Sangre
de Cristo no pueden estar presentes sin que todo Cristo esté presente
(CONCOMITANCIA) y son por lo tanto acompañados de los otros elementos
de su ser.

En síntesis se deduce que hay dos títulos de presencia: en virtud de las


palabras sacramentales y por concomitancia (Dz 876, 885, y cf. Florencia Dz
698).

5) Duración de la presencia. Lutero y Calvino limitaban a la celebración de la


cena del Señor, la duración de la presencia sacramental. Trento define una
presencia que comienza en la consagración y perdura tanto como la
existencia de las especies sacramentales (Dz 886). La costumbre católica de
la sagrada reserva es explícitamente reconocida y fundada (Dz 879 y 889).
No obstante Trento deja en claro que la finalidad primaria es la comunión.

v. Para realizar este sacramento es necesaria la acción ministerial del sacerdote


válidamente ordenado

1) El sacerdocio ministerial (obispos y presbíteros).

“Cristo, a quien el Padre santificó y envió al mundo (Jn 10,36) ha hecho


partícipes de su consagración y de su misión, por medio de los Apóstoles, a los
obispos sus sucesores. Ellos han encomendado legítimamente el oficio de su
ministerio en diverso grado a diversos sujetos en la Iglesia” (LG. 28, cf. LG. 26 y Dz
940).

2) Afirmación bíblica.

La encontramos en el encargo de Cristo en la última cena: “Haced esto en


memoria mía” (Lc 22, 19; 1 Co 11,24) da a entender que va dirigido exclusivamente a
los apóstoles y sucesores.
3) Tradición.

Es bien significativo y convincente que la Tradición siempre refirió


exclusivamente este cargo a los apóstoles y sus sucesores en el sacerdocio (Obispos
y presbíteros), y consideró únicamente a estos como los ministros de los divinos
misterios.

Justino señala “que el perfecto de los hermanos, esto es el obispo, es el que


consagra la eucaristía, mientras que los diáconos distribuyen a los presentes el pan,
el vino y el agua sobre los que se han hecho las acciones de gracias y los llevan a los
ausentes".

4) Concilios.

- Nicea II (c 18), negó expresamente a los diáconos el poder de ofrecer el sacrificio, y


por tanto, consagrar.

- IV Letrán (Dz 430), contra los valdenses que rechazaban la jerarquía, y reconocía a
todos los fieles los mismos derechos y poderes: “Este sacramento solo puede
realizarlo el sacerdote válidamente ordenado”.

- Concilio de Vienne: Firmemente creemos y confesamos que, por mas honesto,


religioso, santo y prudente que uno sea, no puede ni debe consagrar la Eucaristía ni
celebrar la eucaristía SI NO ES PRESBÍTERO”, ordenado regularmente, y por un
obispo visible y tangible” (Dz 424). Mas adelante afirma: “el ministro del sacrificio es
sólo el sacerdote ordenado por el obispo que tiene la debida intención”(Dz 430)

- Trento contra la doctrina protestante que señalaba que el sacerdocio universal de


los fieles era condición suficiente para obtener el sacrificio eucarístico, de modo que
no era instituido por Cristo sino deformación humana el sacerdocio ministerial. “Si
alguno dijere que con las palabras “haced esto en memoria mía” Cristo no instituyó
sacerdotes a sus apóstoles, o que no ordenó que ellos o los otros sacerdotes
(sucesores) que ofrecieran su cuerpo y su sangre sea anatema". Además definió la
institución por Cristo de un sacerdocio especial al que le está reservado el poder de
consagrar (Dz 949, 957, 961).

iv. Apéndice: Formulaciones actuales de la conversión eucarística.

Trento no cerró el camino a la reflexión ulterior sobre el modo de la


presencia de Cristo en la eucaristía. A comienzos del siglo XX se inicia una revisión de
la doctrina de la transusbtanciación eucarística. Se ha replanteado el tema de la
transusbtaciación como modo de explicar el misterio eucarístico, buscándose un
nuevo lenguaje para hacerlo más asequible al hombre de hoy.

Las principales causas las encontramos en el conflicto entre los


planteamientos clásicos de una filosofía (y una teología) escolástica y los avances de
la ciencia moderna, sobre todo en lo que respecta a la teoría hilemórfica como
explicación filosófica de la constitución del ser; el descubrimiento de la importancia
del símbolo religioso, más en concreto del simbolismo sacramental(Guardini). Una
nueva interpretación de las afirmaciones del concilio de Trento a partir de un mejor
conocimiento de la génesis y desarrollo de sus declaraciones; la constatación de que
las diversas formas de actuación y de presencia de Cristo en el conjunto del Misterio
de salvación se resuelven en la presencia de una única persona, que se manifiesta y
actúa bajo una multiplicidad de formas; la física de hoy no parte de la distinción
entre sustancia y accidente, prefiriendo una concepción más dinámica; por otro lado
consideran el lenguaje de la transusbtaciación como un lenguaje demasiado
cosmológico, poco antropológico y salvífico, para explicar un misterio como el de la
eucaristía, afirmándose cada día con más propiedad que “el misterio de la eucaristía
tiene que ver con la historia de la salvación y no tanto con la filosofía. Las teorías de
la transignificación y de la transfinalización pretenden responder a las categorías del
hombre actual:

1) Unen más estrechamente la presencia personal con el signo que les sirve de
mediación esencial, que por ello aparece como humanizado, como prolongación de
la propia corporalidad humana.

2) Destacan fuertemente la presencia de Cristo como Señor glorioso, que se da a sí


mismo como portador de la salvación a la comunidad creyente.

3) Acentúan la presencia como encuentro y comunión interpersonal (carácter


relacional) en una entrega mutua que constituyen precisamente la dimensión
sacrificial de la eucaristía, de manera que presencia y sacrificio van íntimamente
unidas.

4) Tienen en cuenta, en mayor o menor grado la dimensión eclesial de la eucaristía


pues este cambio de signo o finalidad en los dones solo puede acaecer en el marco
de lo humano, es decir, en el seno de una comunidad que, en el banquete
eucarístico utiliza esos dones con un nuevo sentido y de forma nueva. El pan y el
vino “no realizan la presencia mas que en la reciprocidad del don y de la acogida, en
la cooperación de todos”, o en el contexto de la comunidad como comunión.

5) Cristo se da en el pan y el vino ¿Que les sucede a estos elementos?. La realidad


más profunda de un ser para estos teólogos radica no tanto en el ser físico químico
(lo que es “en sí”) sino su relación, su “significación para”. Cuando esta significación
cambia porque el mismo hombre y sobretodo Cristo y Dios pueden darle nuevo
“sentido”. En realidad cambia lo más profundo del ser: la TRANSIGNIFICACIÓN, que
es cambio de la realidad profunda, aunque lo físico quede igual. Es claro que en la
Eucaristía se da de hecho una transfinalización y una transignificación, pues los
dones cambian realmente de finalidad y de sentido. Por lo que estas
interpretaciones son válidas. Pero, ¿Son además de válidas, suficientes? ¿llegan al
fondo de la cuestión o será preciso completarlas de algún modo con la
transusbtaciación? (P. Gesteira); ¿No encontramos en estas explicaciones llevadas a
extremo una relativización de la objetiva presencia real? Ciertamente constituyen
interesantes aportes en relación a nuestro tema pero dejan muchas interrogantes
abiertas.
TESIS 62. La celebración de la Eucaristía constituye el origen y el centro de la
Iglesia: es el Misterio del amor

i. La celebración de la eucaristía constituye el origen y el centro de la Iglesia: es el


misterio del amor

La Iglesia, con la Eucaristía hace presentes sus `propios fundamentos, su


propio alimento y su propio bien. De ahí que se constituye a sí misma como Iglesia
cada vez que celebra la eucaristía. El celebre teólogo De Lubac afirma “la Iglesia
hace la Eucaristía y la Eucaristía hace la Iglesia”

La Eucaristía constituye el centro y el origen de la Iglesia (SC 10) dado que en


este sacramento de comunión se hace presente, aprehensible y visible en este
mundo la gratuidad y la irrevocable voluntad salvífica e Dios para con todos los
hombres, por cuanto a través de ella la comunidad aprehensible y visible de los
creyentes es configurada como el signo que no solo apunta a una posible gracia y
voluntad divina de salvación sino que es la visibilidad y permanencia de esta gracia
de salvación. Así, la Eucaristía, sacramento de la presencia real del Señor bajo las
especies de comida, constituye la suprema realización de la esencia de la Iglesia
misma, pues ella no es ni quiere ser otra cosa que la presencia de Cristo en el
espacio y en el tiempo.

La Eucaristía constituye el punto de partida de toda palabra kerygmática en


la Iglesia. La palabra de la anámnesis (memorial) es en la Iglesia la palabra más
central, puesto que lo que dice lo hace presente como nuestra propia salud, de la
manera más real e intensiva. Por la misma razón toda otra palabra en la Iglesia no
puede ser a la postre sino preparación, exposición y defensa de esta única Palabra,
en la que el Verbo de Dios hecho carne penetra en nuestro espacio y en nuestro
tiempo (cf. K. Rahner).

ii. Símbolo y fuente eficaz de unidad.

La eucaristía involucra la participación de una misma mesa (símbolo de


comunión) y esto en una doble perspectiva: comunión con Cristo que se verifica de
una manera plena al comulgar; y comunión con los hermanos en la segunda
epíclesis de la plegaria eucarística. Es agente de comunión en cuanto cena y en
cuanto asamblea reunida en torno al Misterio Pascual. La expresión máxima de esta
unión y comunión eclesial en la Eucaristía lo encontramos en la misa presidida por el
obispo (cf. LG 26). Con santo Tomás queda sentada la idea de que la gracia propia
de la Eucaristía será la unidad del cuerpo místico de Cristo (como consecuencia de
nuestra incorporación a Cristo).

iii. Pistas de reflexión teológica.

1) La Eucaristía es fundamento y base de la Iglesia en cuanto en ella se contiene a


Cristo “todo el bien espiritual de la Iglesia” (PO 5)
2) La Eucaristía es el sacrificio de Cristo para la Iglesia, perpetuando su amor a su
esposa, para renovarla constantemente en fidelidad.

3) Por la Eucaristía el sacrificio de Cristo se hace el sacrificio de la iglesia, y la Iglesia,


se hace víctima y sacerdote con Cristo

4) La Eucaristía, alimento de la Iglesia peregrina, fuerza en la prueba, fuente de


esperanza, alimento de caridad. De ahí que sea el centro de toda la vida cristiana.

5) La Eucaristía es el centro de la comunidad local (parroquia, por ejemplo, LG. 26).

6) La Eucaristía, vínculo de caridad al ser el don supremo del Padre. Nuestro


Salvador dejó en su Iglesia la eucaristía como símbolo de caridad ,con lo que quiso
que todos los cristianos estuvieran unidos y estrechados entre sí (Dz 873).

iv. Anticipación del Reino:

La piedad judía había representado desde antiguo el Reino de Dios en la


imagen de un convite escatológico. Jesús se sirvió de esta imagen en su predicación
(Mt 8,11) y vuelve a hacerlo en la Cena: la sitúa dentro de la llamada visión
escatológica en la perspectiva y en la dinámica del Reino que ya llega a nosotros. La
Eucaristía es figura del banquete celeste que tendrá lugar en el Reino.

Nuestro salvador quiso que la Eucaristía fuera prenda o señal de nuestra


gloria futura y de nuestra eterna felicidad, también el símbolo de aquel único cuerpo
del que es Él mismo la cabeza (1 Co 11,3) y con el que quiso que nosotros
estuviéramos unidos como miembros, con los estrechos lazos de la fe, de la
esperanza y de la caridad a fin de que todos tuviéramos un mismo lenguaje y no
hubiera divisiones entre nosotros (1 Co 1,10 y Dz 875).

El banquete futuro del Reino entraña el misterio de comunión y por ello de


constitución de un único cuerpo en Cristo, supondrá una transformación sustancial
del hombre y del mundo, de la historia y de la creación entera, una especie de
“transusbtanciación” última cuyas primicias se anticipan en la celebración
eucarística. Pero esta transusbtanciación por serlo también de las personas es
sacrificial; entraña la renuncia a si mismo como parte de aquella oblación personal
por medio de la cual se va construyendo la comunidad eclesial en torno a la mesa
del Reino y se va edificando el cuerpo de Cristo, la Iglesia.

Pero el Reino de Dios no es un proyecto especulativo sino una realidad que


se concreta en la persona, en la vida, en los gestos y palabras de Jesús, en quien ese
Reino se encarna. El Reino no es disociable de la persona de Jesús. La
transformación sólo tiene medida en la medida que la persona del Señor resucitado
se hace presente, congregando en torno a sí como Pan de Vida a los fieles y
haciendo de ellos una única comunión y un único cuerpo suyo haciéndolos
participar, como cabeza, de su misma “carne y sangre” de su vida, y de su Espíritu
(cf. P. Gesteira).
No puede haber mayor garantía de la segunda venida de Cristo que su
continua venida en la Eucaristía, de modo que nuestra esperanza no es solo una
esperanza sino una posesión ya iniciada de lo que esperamos. La venida final de
Cristo no será, en efecto, sino la manifestación visible de la venida invisible en la
Eucaristía.

v. Necesidad de la Eucaristía.

La necesidad es de primer orden al estar contenido en ella todo el misterio


cristiano. A ella conducen todos los sacramentos, todas las formas de piedad y de
apostolado:

1) Para la unidad y la comunión de la Iglesia (CEC 1397)

- LG 3: “...en el sacramento del pan eucarístico se representa y se reproduce


la unidad de los fieles que constituyen en un solo cuerpo en Cristo”(cf. LG 11).

- LG 26: “ En todo altar Cristo está presente, el cual con su poder da unidad a
la Iglesia.... Porque la participación del cuerpo y sangre de Cristo no hace otra
cosa sino que pasemos a ser aquello que recibimos”.

- UR 2: “Cristo instituyó en su Iglesia el admirable sacramento de la Eucaristía,


por medio del cual se significa y se realiza la unidad de la Iglesia”

- No podemos obviar que la unidad de la Iglesia que brota de este


sacramento tiene dimensiones ecuménicas (cf. CEC 1398).

2) Para la Evangelización.

“Los sacramentos, al igual que todas los ministerios eclesiásticos y las obras
de apostolado está unidas a la Eucaristía, y hacia ella se ordenan. Pues en la
Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo es persona,
nuestra Pascua y pan vivo. La Eucaristía aparece como fuente y cima de toda
evangelización" (cf. CEC 1324; AG 26).

3) Para la redención.

La Eucaristía aparece como don y empeño de Cristo para conseguir en todos


los tiempos y lugares el objetivo primordial de la redención de todos los hombres,
como ayuda decisiva para que esos mismos hombres puedan participar de la
redención de Cristo y vivir como redimidos. “Por la celebración de la Eucaristía nos
unimos ya a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna cuando Dios será todo
en todos" (CEC 1326)

4) La comunión acrecienta nuestra unión con Cristo.


El camino hacia esta unidad con Cristo es la Eucaristía: “Quien come mi carne
y bebe mi sangre vive en mí y yo en el” (Jn 6,56). La comunión con la carne de
Cristo resucitado conserva, acrecienta y renueva la vida de la gracia recibida en el
bautismo (cf. CEC 1392).

5) La comunión nos separa del pecado.

Como el alimento corporal sirve para restaurar la pérdida de fuerzas, la


Eucaristía fortalece la caridad y esta caridad vivificada borra los pecados veniales
(CEC 1394). Al mismo tiempo, por la caridad que enciende en nosotros la Eucaristía
nos preserva de los pecados mortales (CEC 1395).

6) Para vivir cristianamente y particularmente el mandamiento de la caridad.

La Eucaristía constituye el alma de toda la vida cristiana. La vida cristiana se


manifiesta en el cumplimiento del principal mandamiento, es decir, del amor a Dios
y al prójimo, este amor encuentra su fuente en el Santísimo Sacramento (CEC 1397).

Eucaristía significa caridad y por ello la recuerda, la hace presente y al mismo


tiempo la realiza. El sentido del misterio eucarístico nos impulsa al amor al prójimo,
al amor a todo hombre (cf. Carta Dominicae Cenae, Juan Pablo II a los obispo de la
Iglesia, Febrero de 1980).