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Seminario de teoría crítica

Estudiante: Juan Esteban Pabón Aristizábal

Profesor: Cristian Andrés Hernández Peláez

Protocolo de la sesión 07 de abril de 2021

Duración: 7:30 a 10:00AM

Tema: Excursus II: Juliette, o ilustración y moral Autores: Max Horkheimer y Theodor
W. Adorno

1. Exposición del tema

La presentación del texto no estuvo a cargo de algún expositor y se desarrolló como una
sesión conjunta. Debido a esta necesidad, el desarrollo de la sesión no siguió una dirección
premeditada y su orientación se da en la medida de las preguntas y aportes de los partícipes.
En virtud de ofrecer una síntesis de la discusión abordada y del avance del conocimiento
grupal sobre ciertos temas, el orden que se desarrollará en este protocolo no corresponde al
orden cronológico de los temas abordados, pues muchas de las preguntas y comentarios que
orientaron la discusión no tuvieron un desarrollo lineal, pero con bastante frecuencia se
relacionan entre sí.

La discusión empieza, al igual que el ‘excursus II’, en referencia a Kant y está orientada por
la pregunta sobre cómo se reconcilia la contradicción entre la moral cristiana y la razón
ilustrada, esta contradicción es expresada en las máximas kantianas que devienen en
individualismo en virtud de una razón práctica, en donde la pretensión de universalizar las
acciones individuales y darles un carácter trascendental, innato e independiente de las
relaciones sociales que construyen los hombres, hasta la moral deviene en individualismo.
Pensar la moral supeditada a la razón es sumamente problemático, pues se niegan los
valores que no pueden ser entendidos en virtud de una razón práctica y calculadora, como
lo son sentimientos como el amor, la piedad, la solidaridad, etc. Juliette aparece como el
sujeto ilustrado por excelencia, pues actúa en base a su razón, no tiene ningún tipo de
ataduras
Aparece por primera vez en la filosofía Kantiana el concepto de cosificación (también
objetivación). Kant hace la distinción entre razón objetiva y razón subjetiva. La razón
objetiva orienta los parámetros de la vida, tiene un fin último. Se toma como ejemplo de
razón objetiva a la filosofía aristotélica, donde el fin último del conocimiento es la
felicidad, el cristianismo es también un ejemplo de una razón objetiva. La razón subjetiva
hace referencia a la razón instrumentalizada, una razón que borra los fines, pues es una
razón pragmática que se reduce al instante, su carácter inmediato suprime el pensamiento y
es precisamente en la objetivación de la razón en donde se destruye el sujeto, donde
abandona su humanidad, pues ella no es más que el medio para la satisfacción de las
necesidades inmediatas

Esta razón instrumental es la que orienta a las sociedades occidentales, sociedades que se
caracterizan por estar vaciadas de un fin objetivo, carecen de una razón objetiva. Una de las
críticas centrales de Horkheimer y Adorno, entiende que la modernidad tiene como centro,
como la solución a los problemas de la libertad, a los problemas sociales o el problema de
las emociones, a la razón. El amor por ejemplo es sometido al juicio de la razón, se ama
con la razón y esto se ilustra muy bien en la referencia a Sade con sus dos amantes, en
donde el amor y el sexo se encuentran por separado, pero la razón siempre se inclinará por
lo que mejor le parezca, por lo más conveniente, por lo que ofrezca una mayor
funcionalidad, pues guiarse por los sentimientos es propio de conductas irracionales. El
amor no aparece como un fin en sí mismo, como una razón objetiva, sino como una razón
subjetiva, instrumentalizada, el amor es un medio.

Cuando se piensa en una organización social orientada sólo en términos de la funcionalidad


y la producción, el ocio aparece como peligroso, pues el ocio crea, el ocio permite el
asombro sobre lo cotidiano, pero la razón instrumental y la forma en como estamos
organizados socialmente condena el ocio en virtud del trabajo, pues nuestro único fin como
trabajadores es la producción. Para Horkheimer en la idea del ocio se expresa también esa
pérdida de una razón objetiva, pues lo que prima es la utilidad, la instrumentalización de las
prácticas, prima la razón subjetiva. En el capitalismo no hay espacio para el ocio, no hay
espacio para cultivar el espíritu, pues nuestra concepción del tiempo, la organización de la
sociedad y hasta nuestro propio pensamiento está en una constate presión en función de la
utilidad y los beneficios de la producción.

En el desarrollo de esta discusión también aparece la pregunta por el papel del derecho en
la formación de las sociedades modernas. Se reconoce el derecho como una legislación
propia del desarrollo de la modernidad, pero se reconoce fundamentalmente que las
legislaciones no son nuevas, pues ya existían, lo que hacen es resignificarse, ya no son
orientadas por la divinidad, ahora lo hace la razón. Estas legislaciones creadas
racionalmente, reafirman la libertad, ¿qué libertad?, la libertad económica, que ha sido la
idea fundamental que ha permitido socavar el poder de legislaciones anteriores.

Esta discusión sobre el carácter de las legislaciones permite hacerse la pregunta por qué es
lo que nos hace quienes somos, pues cuando nos acercamos a su comprensión, advertimos
que somos la expresión de la historia de la coacción, nacemos en estas coacciones y no
podemos escapar, y aunque las coacciones sobre nuestras formas de ser, pensar, sentir y
actuar estén orientadas, corregidas y direccionadas en cierto sentido por muchas
instituciones, estas instituciones no son de carácter divino, son producto de un proceso
histórico, son la expresión de unas relaciones sociales históricamente determinadas. Estas
ideas abren paso a uno de los primeros acercamientos por medio de la teoría crítica al
proceso mediante el cual la coacción externa que somete y organiza nuestras sociedades ha
devenido en una autocoacción, que puede evidenciarse por ejemplo cuando pensamos en el
ocio, o en no hacer nada, en donde la coacción y la presión que experimenta el individuo
particular, aparece frente a él como algo natural, como el deber ser de las cosas y no como
una conducta históricamente construida.

2. Resultados

La naturaleza es para la sociedad mero material, así como lo son hombres para aquellos que
dominan. Juliette es la expresión de la razón instrumental, de la racionalización al extremo,
pues se despoja de sus vestiduras mitológicas en virtud de los beneficios de una razón
prática y calculadora.

Sentimientos como por ejemplo el amor, la compasión, la solidaridad se resisten a ser


entendidos científicamente, no pueden ser comprendidos de tal manera, pues precisamente
lo que prima en estos sentimientos no puede ser la razón instrumentalizada que caracteriza
la ciencia moderna y que precisamente el positivismo olvidó esta parte humana, olvidó sus
emociones. Esta cosificación niega la humanidad, nos hace sujetos estoicos, sujetos
apáticos.

En Horkheimer y Adorno es posible advertir una visión muy holística acerca de la historia,
es esto lo que les permite encontrar en las experiencias de la mitología griega, en los textos
de Sade, de Kant, aspectos fundamentales para la comprensión del momento histórico,
donde por ejemplo, el nacionalsocialismo es expresión de la historia de las ideas de la
cultura alemana, lo que claro está, no quiere decir que las ideas tuvieras estas intenciones y
orientaciones

Una de las grandes aportaciones al acervo del conocimiento sobre lo humano desarrolladas
por la teoría crítica es la comprensión del hombre como más que producto de la razón. En
la hegemonía de la razón, lo que prima es el control de las emociones, de las pasiones, no
se ama con el corazón, se hace es con la razón, hasta el amor ha sido reducido a términos
funcionales. Quizás en esta idea sea posible advertir la importancia que tiene la literatura
para la comprensión de lo humano, en donde el papel de sus sentimientos y sus emociones
humanas juegan un papel fundamental, papel que en las sociedades queda supeditado al
cálculo racional y es despojado de su carácter propio.

En la modernidad lo que prima es una funcionalidad sin finalidad. Se adecúa a cualquier


fín.

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