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CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Algo más que cuentos


Leer cuentos en voz alta a los niños es una manera de iniciar al placer
de la lectura, además de que es una manera de fomentar una relación de
calidad con los niños.
18

Por Mamen Horno 03 junio 2021

Tengo que confesar que esto de cumplir años no lo llevo nada mal. Cuantos más cumplo,
mejor me lo paso, más libre me siento. Pero mentiría si dijera que no echo de menos
cuando mis hijos eran pequeños y llegaba la hora del cuento. Comenzamos muy pronto,
con los libros infantiles que entonces estaban de moda. Pero, poco a poco, me atreví con
algo más. Los libros de mi infancia, los Cinco, Torres de Malory y en seguida Roald Dahl.
Sin darnos cuenta, habíamos entrando en los clásicos. Mis hijos crecían y los libros de
aventura, Verne, El Mago de Oz, La historia interminable dieron paso a Agatha Christie, la
novela negra, la ciencia ficción. Con cada uno lecturas diferentes, según su edad y sus
gustos. Aquella cita, sagrada, personal, era mucho más que un ritual para llamar al
sueño. Era un momento de intimidad, en el que las palabras resonaban en el cuarto y
nuestros cerebros se sincronizaban al ritmo de la lectura. De algún modo, no hacía otra
cosa que rememorar aquellos tiempos, aún más lejanos, en los que esperaba despierta a
mi padre para que se sentara al borde de mi cama y me leyera.

Intuitivamente, todos sabemos las ventajas que tiene que los adultos leamos en voz alta
a los niños. Además de fomentar una relación de calidad con ellos, les iniciamos al
placer de la lectura. Al escucharnos, les resulta más fácil mantenerse atentos, seguir la
historia y acceder a tramas más complejas. De ahí que los buenos profesores siempre
hayan leído en clase. Pero ¿puede ser algo más que una iniciativa de fomento de la
lectura? En un contexto en el que nuestros niños y adolescentes cada vez entienden
menos lo que leen (recordemos las tristes cifras que proporcionan pruebas como la de
Pisa), una pregunta interesante es si leerles en voz alta puede ser un mecanismo eficaz
para mejorar su competencia lectora. ¿Serían más competentes como lectores si les
leyéramos más? Para tratar de contestar a esta pregunta, consideremos la lectura en sus
distintos niveles: la lectura literal, la inferencial y el pensamiento crítico. En primer
lugar, saber leer implica descodificar adecuadamente el mensaje. Para ello, es muy
importante contar con el vocabulario suficiente. Y aquí es donde encontramos uno de
los problemas de las generaciones más jóvenes, cuyo lexicón está mucho más desnutrido
de lo deseable. ¿Leerles en voz alta conlleva que su lexicón sea más rico? Pues la verdad
es que no todos los estudios han encontrado este efecto. Por lo que parece, la simple
lectura en voz alta no implica que los jóvenes tengan más vocabulario. Hace falta algo
más. En concreto, un estudio de Gómez y col. de 2017 encontró que el aumento depende
de que se incida en el significado de las palabras nuevas. Esto es, no basta con leer, sino
que tenemos que comentar lo leído. Podemos preguntarle: ¿entiendes esta palabra? Y
explicársela, jugar con ella, relacionarla con otras ya conocidas que tengan la misma
base, hacerla así accesible.

El segundo nivel de la competencia lectora es el inferencial. Los lectores competentes


dan un significado coherente al texto, leen entre líneas, contextualizan, intuyen lo que
no se dice literalmente. En este caso, la lectura en voz alta puede ser una gran aliada,
siempre que el adulto sea un buen lector y ayude, con la entonación adecuada, a dar
sentido al texto. La lectura en voz alta tiene su arte y su técnica. Es necesario aprender a
modular la voz, leer despacio y dedicarle toda la atención e intención.

Por último, ser un lector competente implica ser capaz de evaluar lo leído, ser crítico. Y
esta competencia también se debe fomentar de forma específica. Por eso la lectura no
termina en sí misma, sino que transciende. Podemos hablar sobre lo leído después,
comiendo en la mesa, mientras hacemos la cena o a la vuelta del parque. ¿Qué te está
pareciendo la historia? ¿Qué te gustaría cambiar? ¿Cómo crees que terminará? ¿Con qué
personaje te identificas? Esas conversaciones mantienen viva la trama y les acostumbra
a valorar lo que leen, ser sujetos activos, críticos y no meros receptores de contenido.

Si tenéis niños cerca, leedles en voz alta, compartid tiempo y conversaciones sobre los
libros. No hay mejor inversión a corto, medio y largo plazo.

18

Mamen Horno
(Madrid, 1973) es profesora de lingüística en la Universidad de Zaragoza y
miembro del grupo de investigación de referencia de la DGA
Psylex. En 2002 publicó el ensayo 'Lo que la preposición esconde' (Prensas
Universitarias de Zaragoza).

No.237 / Junio 2021

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