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BREVE COMPENDIO :

DE Ik PRODIGIOSA VIDA
DEL

SANTO DEL SACRAMENTO


EL (¡LORIOSO

SAN PASCUAL BAILON


POR

$ 1. IaIH E $ 0RMNT Y Í r ó S ,

cCaballero de la orden Imericana de J^sabtl la '-Católica

O m ap rob ación de la autoridad eclesiá stic a .

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SV PASCUAL BAILON.
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VIDA DEL SANTO
D EL SACRAMENTO

EL GLORIOSO

SAN PASCUAL BAILÓN.

H a n Pascual, gloria de nuestra Kspaiía, estrella de


primera magnitud del Cielo Seráfico, nació en la
villa de Torreliermosa, cu Av.igóo, el día primero
*lc Pascua del Espíritu Santo, X 17 de Mayo de 1540,
gobernando entonces la iglesia el Pontifico Pau­
lo llí, y la Kspaüa el invicto emperador Carlos T .
Fueron sus padres M artín Bailón é leabel Jnbera,
labradores muy honrados y impy calificados, .paes
sus ascendientes obtuvieron los honoríficos cargos
«le Justicia y Jurado en la villa, los que ejercieron
con aceptación y aplauso de todos. Le pusieron por
nombre Pascua), por haber nacido en el mismo día
de Páscun, feliz pronóstico de que su dichosa alma
había de ser algún día trono gustoso, o.u quien des-
— Jí —

oausara el diviuo Espíritu, infundiéndola los ardo-


ros de su fuego y comunicándola sus dones adm ira­
bles. Es 1111 favor del Cielo cuando el hombre, desde
sus primeros años, encuentra buenos padres que le
inspiren la piedad y la virtud. Nuestro Sauto parti­
cipó de este favor, pues sus padres fueron tan justos,
que le formaron según sus deseos, no olvidando
nada de lo que podía contribuir para hacerle 1111 ver­
dadero cristiano; y así es que hallaron en él tales
inclinaciones al bien, que antes que tuviera uso de
razóu, parecía que obraba por los movimientos de
la gracia.
Con la buena instrucción de la madre en la ob­
servancia de loa divinos preceptos, crecía la piedad
del nifio Pascual; aboivecía al mundo, y tenía una
tierna y devota inclinación á las cosas celestiales.
Sus ordinarias diversiones eran el santo Rosario y
las imágenes de Santos. Admirados cuantos le co­
nocían de ver en un tierno niño virtudes tan sóli
das, decían: Este niño ha de ser uu santo.
Discípulo aprovechado del Señor desde sus ino­
centes aüos, tuvo muy presente lo que el Salvador
tenía dicho á sus Apóstoles: N o vin e ú aer servido,
-sin o á serv ir (1); y a¿-í se dedicó en una casa par­
ticular á servir el humilde ministerio de Pastor;
principió, pues, su ejercicio de pastor, y apenas se
vio en aquellos campos, cuando elevando al Cielo su
espíritu, pidió con ansia al Seiíor le manifestase el
camino por donde debía dirigir sus pasos para en-

( li M u ltli. c n |i. Üft, v. 2j.


contrario. Oyó la Divina Providencia su fervorosa
oración; ilustró su entendimiento con tanta luz, que
venciendo dificultades, hizo en breve tiempo gran­
des progresos en el camino de la perfección.
Tan gozoso vivía Pascual en su rústica ocupación,
por ser ella nn símbolo de la sencillez y la humil­
dad, que no cambiaría su pastoril cayado por todos
los cetros de los Cesare?.
En las soledades daba gracias á Dios por haberlo
preparado un ejercicio, en el cual, libre del comer­
cio délos hombres, podía tenerlo todo con su Divi­
na Majestad-
Alegro cois su pobreza, no tenia otrns delicias qno
aquellas con que el Señor suavizaba sus privaciones,
ni otro gusto qne convidar á las aves y las Mores á
las alabanzas de Dios. Tomaba lecciones de todas
las criaturas, para aprender á bendecir al Señor en
todo tiempo. Cada arroyuelo qne miraba, despertaba
sus deseos de correr hacia Dios con todo su ímpe­
tu. Cada flor era nn despertador de sus ansias, para
exhalarse como bu en olor de Cristo; cada paloma lo
movía á revestirse de una inocente simplicidad, y
sus virtudes, auiique practicadas en los desiertos,
llegaron á ser tan ruidosas, que se hirieron públicas
en los poblados, en términos, que hicieron tan ta
impresión en el ánimo de 1111 caballero de los má>;
ricos, qne trató con el mayor ardor adoptarle po>
hijo suyo ó instituirle heredero universal de sus bie­
nes; pero Pascual, conociendo que de adm itir el
pingüe mayorazgo que so le ofrecía, carecería ya
para siempre de aquella honra de que habla Salo-
- o —

món, cuando llam a hiena ven turado ni varón que


nunca fué eu seguimiento del oro, ni puso su espe­
ran za en los tesoros del mundo, desecho todas las
oferta», y renunciadas todas las esperanzas, se fin­
en cumplimiento del orden expreso que recibió del
Cielo, á pedir el hábito del seráfico Padre Sau F ran­
cisco, en esta provincia, de Descalzos de Valencia.
Llegó el Sierro de Dios d los campos do Elche y
Monforte, en donde permaneoió por espacio de cua­
tro años antes de vestir el hábito, ejerciendo el
oficio de pastor. El aüo 1561, San Pecho de Alcán­
tara, comisario Apostólico de la Seráfica Descalcés,
envió ocho religiosos para fundar dos conventos: el
uno en la villa de Elche, á instancia de la excelentí­
sima Sra. D.a Juana de Portugal, Marquesa de El­
che, y el otro en uua erm ita dedicada á Nuestra
Señora de Orito, en la cual se venera una milagrosa
imagen de la lieimi de los Cielos, aparecida eu dicho
sitio, distante media legua de Monforte. Hallábase
Pascual apacentando ganado en los términos de
Monforte y Elche y turo mucha alegría, poique ha­
biendo dejado en su patria, con mucho dolor <le su
corazón, la ermita de Nuestra Scnoia de la Sierra,
único consuelo en sus aflicciones, halló otra de la
Virgen do Orito. á cuya imagen dirigió los efectos
de su devoción para conseguir el término de sus ar­
dientes deseos, que era entrar en la líeligión. Era
tan grande la afición que tenia á la casa de esta ce­
lestial Señora, que no sabía apartar el ganado de sus
inmediaciones.
Acudía con frecuencia al convente de Orito, en
donde recibía los Santos Sacramentos, que comuni­
caban á su alm a celestiales gracias, y una sed ar­
diente de volverlos á recibir. Tenía sus mayores de­
licias en asistir al Santo Sacrificio de la Misa, en
donde contemplando ía cal idad abrasada de un Dios,
sus inefables m aravillas y verdaderos gustos, que
derram a con abundancia eu las almas puras, queda­
ba como penetrado de aquel fuego celestiaí, y su
corazón, como derretido, le salía en lágrim as por
los ojos. L a obligación de su oficio no le permitía
gozar más tiempo de aquel maná; bien que hacía
cuanto podía para no perder aquellos consuelos que
le daba Dios á gustar en tan alto sacrificio.
Obligado el Señor* por los santos fenores do su
siervo Pascual, le regalaba cor» una extraordinaria
m aravilla. Cuando no podía asistir al Santo Sacri­
ficio de la Misa, al oir la señal de la campana, que
se hace al levantar á Dios, se arrodillaba con devo­
ción, ponía sus ojos eu el Cielo, descubría una es­
trella refulgente, y rasgándose los Cielos por aque­
lla parte, se le manifestaba el Augusto Sacramento
del A ltar, á quien adoraba profundamente, quedando
su alma anegada eu aquel mar inmenso de delicias.
Los efectos que causó en Pascual esta singular gra­
cia del Cielo, fueron nuevo celo y mayor fervor cu
aum entar y conservar las virtudes.
Admirado Pascual de la exaata observancia que
los religiosos hacían de la regla que habían profe­
sado, que podían competir con los primitivos hijos
del seráfico Patriarca, dio cuenta de su vocación á
los religiosos. Noticiosos éstos de sus admirables
— <s
virtudes, y de lo que habíau oído al P. Fr. Antonio
Segura, sa confesor, quien aseguró no se atrevía á
imponerle mayor penitencia que un Padre Nuestro y
una Ave María; conociendo ser verdadera su voca­
ción, le vistieron muy gustosos el hábito en el con­
vento de Nuestra defiera de Orito el año 15G4, á lo s
24 años de su edad, sieudo Prelado superior Fray
Alonso de Llorcua, y Guardián del mismo convento,
Fr, Juau de Cordovilla. Alistado ya el valeroso sol­
dado en la escuela de Jesucristo, bajo los gloriosos
estandartes del seráfico Patriarca, todo se licuó de
gozo al verse en esta tierra prometida, que el Señor
le hahía señalado para habitarla todo el resto de sus
días.
Bendecía Pascual el dichoso momento eu que la
gracia le había inspirado elegir este sitio sagrado
para su morada, considerando q»c le sería uua es­
pecie de Arca, que le preservaría del diluvio de pe­
cados que cubre la superficie de la tierra. Cada ob­
jeto de la Religión le recordaba su obligación. La
imageu de Jesucristo crucificado le representaba la
necesidad indispensable de la mortificación. La celda
eu quo habitaba le anunciaba por su pobreza la re­
nuncia Evangélica. El cordero que todos los días
veía sacrificar sobre el Altar, le enseñaba que había
de ofrecerse como vícLitua á Su Majestad. Con ostas
consideraciones abrazaba todos los rigores y aspe­
rezas de la lieligión con el mayor gozo y alegría; y
aún so adelantaba á practicar otras penalidades ex­
traordinarias. Tenía singular complacencia do ejer­
citarse en los más humildes oficios, no dejando al
- !J
mismo tiempo (le sobresalir entre todos, en la mo­
destia, obediencia, silencio y demás virtudes, sir­
viendo de admiración y edificación á todos los de­
más religiosos. Suspiraba continuamente por el día
de su profesión. La Keina de los Angeles, María
Santísima, oyó su petición, y profesó en la misma
casa de Grito el 2 de Febrero de ] 565, día de la Pu­
rificación de Nuestra Señora; para que term inara
gloriosamente su empresa quien la había principia­
do tan felizmente.
Constituido ya en el nuevo estado, ¡qué virtudes
tan heroicas 110 ejercitó! Eu aquellos tiempos flore­
cían muchos varones insignes eu todo género de vir­
tudes; pero entre todos resplandecía Sau Pascual, co­
mo sol entre los astros. Cuando salía por aquellos
lugares á pedir limosna, era tal la suavidad con que
exhortaba á todos á la virtud, la eficacia con que
retraía del vicio, la pureza y modestia que le acom­
pañaban, que todos, á porfía, querían gozar de con­
versación y llevarle á sus propias casas, teniéndose
tan dichosos con esto, como si hubieran hospedada
á un Angel.
Estaba hasta cierto punto desconsolado en la casa
de Orito, por estar .situada eu un desierto y no acu­
dían los pobres á ella, para poder desahogar los ar­
dores de su caridad* Dá testimonio de las escalentes
virtudes de San Pascual, el Venerable (lioy Beato)
Andrés Hibernen, diciendo eu su deposición, que
era el religioso más observante de la Seráfica Regla,
que no solo no manchó con culpa grave la hermosu­
ra de su alma, pero ni con el defecto más leve; 110
— 10 —
dejando, sin embargo de su inocencia, de atorm entar
su cuerpo con extraordinarias penitencias.
E ra tan corto el sueño que tomaba, que regular­
mente permanecía eu el coro desde Maitines á P ri­
ma. Aborrecía mucho la ociosidad, y todo el tiempo
que le quedaba de la obediencia, lo empleaba en la
oración. Dice el Venerable Fr. Juan Herrero, que
vivió algún tiempo en compañía de San Pascual, que
le vió siempre tan perfecto Cristiano y tan celoso de
nuestra sant.a Fe Católica, que no solo veneraba sus
sagrados Misterios, sino que los ensenaba á loa de­
más con una gracia toda del Cielo.
Conocieron los Prelados su buen talento para los
oficios de su profesión, y le emplearon en los más
pesados, como fueron: de hortelano, cocinero, hos­
pedero y enfermero, los cuales ejercía con tal pun­
tualidad y perfección, que parecía Angel que se ocu­
paba en servicio de su Señor. Estos oficios m ate­
riales no le apartaban jam ás de la vista de su Dios.
Unía el ejercicio de Magdalena al de M arta, y los
asociaba tan unánimemente, que jam ás estaban el
uno sin el otro: obraba coutemplandit, y contemplaba
obrando. De aquí nacía aquel gozo tau grande, que
en su semblante manifestaba, pareciendo más mora­
dor del Cielo, que peregrino en la tierra.
La noble virtud de la Fe, según dice el Seráfico
Doctor San Buenaventura, alumbra el entendimiento,
purifica el ánimo, fortalece el afecto, desprecia d
mundo, y resiste al demonio. La Religión enseña
M isterios incomprensibles, mas unidos con pruebas
ciertas y proporcionadas ¿ nuestro entendimiento.
il
Si es necesario cautivarle y bacer el sacrificio de la
razón, es im sacrificio que la misma razou lo pide.
Por este motivo llam aba insensatos á los lierejís.
pues además de tener ofuscado su entendimiento con
el error, no se ve? cu ellos actividad para el bien.
Aquel valor y constancia con que defendió las ver­
dades de nuestra F eeu la citerior iiretaña contralor
rebeldes Hugouotes, manifiesta la viva Fe que ani­
maba su corazón. Era tal su dulzura y eficacia, que
escitaba en los oyentes devotísimos afectos* Prueba
cierta do la heroica fe de Sau Pascual, era aquella
tierna devoción que tru ia al Santísimo Sacramento
del A ltar y al tremendo Sacrificio de la Misa, asis­
tiendo con tan ta atención en la presencia de aquel
Soberano Señor, que parecía ver con los ojos corpo­
rales la gloriosa Majestad, que contemplaba escon­
dida bajo sagradas especies.
E l Señor demostró la grandeza de su le cosí gran­
des maravillas: la tierra se abre, y le ofrece una cris­
talina fuente para aliviar los ardores de su sed; el
Cielo se rasga para recrear su espíritu con el pan
regalado de los Angeles; visten las desmidas raíces
copiosas hojas, para que su ansiosa piedad socarra
al necesi'a io; recobra el enfermo al instante la salud,
para que purda acompañarle en su limosna, y libra
de unas agudas calenturas á nn nifio que se hallaba
próximo á nnn’ir. Todos estos prodigios acreditan la
Fe viva de San Pascual.
Dios que, según el lenguaje de la Escritura, es
magnífico en su santidad, lo l-s también en su provi­
dencia. ¿Por quién fabricó Dios este dilatadísim a
— Id
palacio del mundo? ¿Por quiéu llenó Jos mares de
peces, los aires d t aves, y la tierra de animales??
Todo se hizo por el hombre, decía David (1); por !•>
que debemos siempre tener «na üriuísinm esperanza
en la Divina Providencia. Esta facilísima virtud, es
la que obligó á San Pascual desde su niñea ¿i des­
prenderse de sus afectos, renunciar las conveniencia*
temporales, abrazar los rigores de la penitencia, y
seguir los snavf s impulses del Santo Espíritu, ansiosa
de aquella eterna felicidad, que Dios tiene preparada
para aquellos que permanecen en su servicio.
E ra admirable la prudencia de que estaba dotado
San Pascual, siguiendo siempre las gloriosas huellas
de su am adísim o Maestro, Atemperaba de tal suerte
su particular modo de vida con el regular de los
otros, que kgeía. siempre reinar en la Comunidad en
que estaba mía indisoluble uuión y amable paz.
Cuaudo la cari Jad le obligaba á corregir algún de­
fecto, lo bacía. con tanta discreción, con tal dulzura
de palabras, con semblante tan apacible, que, muy
lejos de irritar y turbar al culpado, le dejaba enmen­
dado y consolado. Por este motivo era muy amado
d eles Religiosos, de suerte, que en ausencia de los
Guardianes, se alegraban, y aun pedían con gran
instancia que mandara en el Convento.
Desde su niñez concibió San Pascual im odio im­
placable contra su cuerpo, domándolo con ásperas
penitencias, pava que siempre viviera sujeto á ías
leyes del espíritu. Cubría su angélico cuerpo de una

(11 P sn l.il. v.
— J:*
áspera túnica, estrecha y remendada, y no usaba do
otra, aunque estuviera en tierras más frías, como en
Jum ilhi y Almansu, añadiendo para mayor mortifi­
cación una to tal descalcés. Sus disciplinas eran con­
tinuas y sangrientas, aumentando su ri;’or cuando la
iglesia celebraba la festividad de algún M ártir, en
manifestación de los fervorosos deseos que tenía de
dar su vida por Jesucristo. La abstinencia, que es íin
gran freno de las pasiones, era la virtud amada de
San Pascual. Los pedazos de pan que comia, eran
loa más duros, más negros y de peor calidad, y m u­
chas de las veces se contentaba con las migajsts que
sobraban. Su sueño era tan moderado, que uo pa­
saba de tres horas, siendo su cama unas veces el
duro suelo y nu palo por cabecera; otras, una este­
rilla, y unos sarmientos para descanso de la cabeza-
€on estas durísimas mortificaciones, no solo inten­
taba Pascual sujetar sus pasiones al dominio de la
razón, sino copiar ea su alma una vivísima imagen
de Jesús Crucificado, cuyos dolorosos tormentos con­
templaba con frecuencia, deshaciéndose en copiosas
lágrimas.
La libertad 6 independencia en el obrar, e /o n a
de las cosas que más estravios ocasionan. S a i/P a s­
cual, conociendo que el espíritu humano se <liga'fi'í¿
frecuentemente, imaginando que hace por un movi^
miento espiritual, lo que, sin embargo, hace po\W a
inclinación y una intención terrenas, obedecía
toda perfección á sus superiores. Consideraba eu el
Prelado un Padre caritativo que no buscaba sino su
‘bien, y de quien Dios se servía para conducirle fiel­
— 14 —

mente en los caminos de la Religión, como se sirvió


un otro tiempo del Angel San Rafael para conducir
al joven Tobías en su viaje. Aunque se ejercitaia en
cosas muy pesadas, las hacía con tal suavidad y agi­
lidad, que parecía que habían perdido sci naturaleza á
la fuerza de su amor. Tenía el Santo los oficios de
refectolero y portero en el Convento de San Juan de
13. Ribera de Valencia, y conociendo el Padre Fr. P e-
•1ro de Sena, entonces Provincial, que no tenía quie­
tud alguna, porque le era preciso emplear toda la
noche en sus devotos ejercicios, llamándole un díaT
le dijo: Hermano Pascual, mire si para su consuelo
espiritual quiere que le mude á otro convento. Res­
pondió con humildad: en m ateria de mundanza, no
hay que pedirme parecer, porque estoy muy resig­
nado en las manos de la obediencia*, y así, el Padre
Provincial haga lo que le pareciere, que aunque la
ocupación es grande, y la inquietud de la portería m a­
yor, Dios me ayudará, haciéndolo por la obediencia.
Cuando se desocupaba de su oficio, era su cos­
tumbre ordinaria encaminarse á la Iglesia, arreba­
tado de la fuerza de su espíritu, que no se hallaba
bien sino en la presencia (le aquel Señor Sacramen­
tado, en quien tenía sus delicias. Era tan valerosa su
obediencia, que ni le atemorizaban peligros, ni le
pasmaban dificultades, ni la muerte misma era capaz
de romper el estrecho vínculo que con ella le unía y
enlazaba.
Couocía Pascual los grandes bienes que tenía de­
positados eu Cristo Crucificado, y no apartaba jam ás
su vista de objeto ton dulce y tan amable, proen-
raudo ser perfecta copia de tan bello original. Admi­
raba sus perfeccione?, seguía sus pasos, obedecía su
doctrina 6 im itaba sus ejemplos. No tenía mayor
delicia que hablar de sus excelencias, gozarse cu
sus amores, m editar en sus misterios; pero con tanta,
viveza y tan fervoroso espíritu, que parecía haberse
bailado presente á su sangrienta Pasión. Hablaba de
su dulce Jesús con tal gracia y tal espíritu, que mo­
vía á los qne le oían, y les infundía ardientes deseos
de m editar en su Pasión.
Era tam bién muy devoto de Mafia Sautísima: ce­
lebraba con gran afecto y ternura todas las solemni­
dades de María; mas en las de su Coucepcióu Purísi­
ma y gloriosa Natividad, era tan ta su devoción, que
encendido su Angélico rostro y lleno de una dicho­
sa inquietud, como si estuviera fuera de sí, fomenta­
ba sus alabanzas, y procuraba solicito sus glorias.
Premióle la Reina del Cielo la gran devoción que la
tenía, disponiendo que term inara la gloriosa carrera
de su vida en el Convento de Nuestra Señora del
Itosario de Villareal, que éralo que el Santo babía
Ueseado cmi ta n ta ánsia.
El Augusto Sacramento fue el blanco amoroso de*
la enamorada voluntad de Pascual. E ra tan grande-
la inclinación que tenía á tan admirable M isterio,
que no sabía jam ás apartarse de la Iglesia, eu la qne
estaba siempre arrodillado, juntas las manos, fijos
los ojos en el Sagrario, contemplando el precioso Te­
soro que estaba allí depositado, y liquidándose su co­
razón en amorosos afectos á sil Dueño con la dulce-
violencia de su activa llama.
— 1G —
Una suavísima fuerza le inclinaba al Propiciato­
rio» pues cu cualquier sitio del Convento que orara,
siempre se volvía al Tabernáculo ¿orno á su atracti­
vo imán. Padecía el Sauto entre el día, notable pena,
por uo poder asistir, como quería, delante de Cristo
Sacramentado, á cansa, de sus muchas ocupaciones;
pero al venir la noche, soltaba los diques de su espí­
ritu, desahogaba el ímpetu de sus afectos, y se engol­
faba en aquel inmenso mar de amor. Aunque siem­
pre estaba inflamado Pascual de este amor al Sa­
cramento, manifestaba más sus ardores en los días
eu que se celebraba su memoria. Kn el día de Jueves
Santo, asistía delante del Santísimo Sacramento cin­
co ó seis horas arrodillado, considerando los excesos
de la Divina Misericordia. En el festivo din del Cor­
pus, todo absorto en aquel occen.no de gracias, iba
como fuera de sí.
De este amor al Sacramento, nacía aquel respeto
y veneración que tenía Pascual á los sagrados Mi­
nistros del Altar, recibiéndoles en la portería como
Angeles del Cielo, puestas sus rodillas en tierra, y
besándoles la mano, como preciosa reliquia, en la
cual puso D io stau ta virtud mediante la sagrada un­
ción. Pero la Divina Bondad ha obrado hasta des­
pués de su muerte muchas y grandes m aravillas, que
manifiestan su amor abrasado al Sacramento. Para
prueba de su gran devoción á la Eucaristía, aun des­
pués de muerto, diré que, en Altamura, reino de Ña­
póles, eu una Iglesia de la misma orden del Santo,
se colocó un lienzo de San Pascual, que el rostro no
m iraba al A ltar mayor, en donde estaba depositado
17 —
el Augusto Sacramento; pero en la primera Misa
que se celebró, á la elevación de la Hostia, volvió su
rostro al A ltar mayor, con pasmo y asombro del
pueblo.
Aquella gracia particular, que concedió Jesucristo
á sus Apóstoles de curar los enfermos con la impo­
sición de sus manos, en prueba de su heroica fe, se
dignó tam bién comunicar á su Siervo el Bienaven­
turado Pascual, cu cuya dichosísima alm a estaba tan
firmemente radicada esta sólida virtud.
Francisca Marco, vecina de Villareal, tenía una
niña de seis años, la que casi desde su nacimiento
padecía ciertas hinchazones en el cuello, sin haber
encontrado el menor alivio en diferentes medica­
mentos. La madre, que tenía gran fe en el Bienaven­
turado Pascual, se lo hizo presente. Movido el Sauto
¡i compasión, hizo traer la ni fia á su presencia, y
con la imposición de sus Djanos, haciendo la señal de
la Cruz, se halló buena de repente, con admiración
de todos los que supieron el caso, y juagaban aquel
mal por incurable.
En la m isma villa, Paula Llauzola, habiéndola so­
brevenido cu los ojos un accidente tan peligroso, que
i-staba en peligro de perder la vista, como ya había
sucedido á sus padres, al hacerla el Santo la scüalde
la Ciliz sobre ellos, al instante quedó buena, y loa
conservó perfectos todo el resto de su vida.
Tenía gran fe el Padre Fr. Juan Olarte en el Bien­
aventurado Pascua], y habiéndole salido en el cuello
ciertos tumores muy peligrosos, hizo 11ajuar el Sier­
vo de Dios ú su celda, y le suplicó hiciera sobre
— J3 —

ellos la señal de la Cruz; y apenas lo ejecutó con su


bendita mano, se desvanecieron, quedando totalm en­
te libre de su m a l y con mayor fe en la gracia par­
ticular de curación, con que Dios había dotado al
Santo, por medio de la Santa Cruz, de la cual fin’
siempre muy devoto.
Habiendo el Siervo de Dios empleado toda sil vida
en los rigores de la mortificación, en los sufrimien­
tos; humillaciones, y otras austeridades, era tiempo
que empezara á gustar la paz del Señor-
La hora de Pascual no está lejos, ó por mejor de­
cir, ha llegado- E l Señor se digna revelarle que esto
muy próximo su tránsito. Jam ás sintió una alegría
más viva, sabiendo que entraría en la Santa Sión, y
que iría á casa del Señor.
Tres ó cuatro días antes de su enfermedad, se le
notó, ayudando Misa, prorrumpir en una estraordi-
naria risa, nacida del júbilo de su corazón. Observa­
ban los Religiosos que en aquellos días iba cantando
entre sí, y como deleitándose por algún favor muy
deseado. Luego conocieron su verdadero origen,
viéndole salir eu aquellos días á la villa, y abrazar
algunas personas devotas suyas con particular afecto
y ternura, como quien quería despedirse de ellas.
No perm itía jam ás, por su gran humildad, que le
lavaran los pies, aun cuando viniese de viaje, como
se acostumbra en la Orden: y sin embargo, algunos
días antes de su enfermedad, suplicó á Fr. Alonso
Oamaclio que se los lavara; y admirándose éste de
la acción, el Siervo de Dios le dijo: “me lavo ahora,
porque caeré enfermo, me darán la Extrema-Unción,
— 19 —
y será muy justo que tenga los pies limpios." Efec­
tivam ente, no fué inútil su prevención.
El Padre Fr. Diego Castellón, muy amigo y devo­
to del Siervo de Dios, se hallaba eu Villareal de
paso para Valencia, y habiéndole visitado el segundo
día de sn enfermedad, le preguntó: ¿Qué juicio hacía
de ella? Y le respondió: “Que creía ser m ortal." Le
suplicó el Padre Castellón le m anifestara el día de su
muerte, porque si no se dilataba, quería hallarse
presente; á lo que contestó el Siervo de Dios, que no
sería antes del sábado. No puedo, pues, esperar tan­
to, replicó Fr. Diego; porque me interesa estar en
Valeucia. No partirá, porque aunque quisiera, no po­
drá, le dijo el Santo: y en efecto, habiendo salido
nqnel Padre de la celda con ánimo de hacer viaje, le
sobrevino de repente tal accidente, que le obligó á.
ponerse en cama y deternerse hasta la muerte del
Bienaventurado Pascual, para que así se cumpliera
su predicción, conociéndose claramente que no pasó
adelante el accidente, ni le causó otra novedad, que
la dilación de partir.
Muy distante parecía que estaba Pascual de que
se alterara su salud, pues pudo salir á la limosna, un
domingo, sin la menor incomodidad; pero aquella
misma noche se sintió herido de un agudo dolor del
costado, con muy ardiente calentura. Viendo un Re­
ligioso su tardanza por la mañana, y que no salía de
sil celtla, acudió con mucha ansia, y enterado de su
enfermedad, lo puso en conocimiento del Padre
Guardian, que hizo llam ar al módico. E ste cono­
ciendo la gravedad de su enfermedad, ordenó que so
— 20 —
le dispusiera una cama, para que el Siervo de Dios
pudiera estar con alguna comodidad, pues que uo era
de aquellas doleucias que Pascual acostumbraba pa­
sar sobre las» tablas.
No ignoraudo el Santo el breve tiempo que le que­
daba para merecer con los trabajos el verdadero des­
canso, deseoso tic padecer, se resistió cuanto pudo á
esta conveniencia; pero interviniendo el mandato del
Prelado, hubo de consentir cu ello, como tam bién á
que le pusieran una camisa de lienzo y hábito más.
lijero. Aplicáronle remedios proporcionados, asis­
tíanle con el mayor cuidado: pero la enfermedad se
agravaba por instantes, y conociendo el médico su
•gravedad, le advirtió el gran peligro eu que estaba,
dicieudole que por los medios naturales era impo­
sible vivir.
Así lo .creo, respondió el Santo. E l médico le pre­
guntó si Labia recibido alguna turbación de esta no­
ticia. No me ba disgustado ni alterado lo que me bit
dicho; porque veo cumplidos mis deseos, habiendo
ya muchos días suplicado al Señor, que si era de su
agrado, me sacase de esta vida; confio que me la
concederá hasta el sábado, y después su Divina Ma­
jestad ordenará lo que fuere sil voluntad.
Edificados los circunstantes de estas palabras, ad­
m iraban su gran paciencia, quietud y descauso que
observaba, sin oírsele un suspiro, un gemido, una
queja, ni p ed irla menor cosa para su alivio. Alaba­
ba á su Criador, dábale repetidas gracias, y quedaba
estático mucho tiempo, sin que pudiera impedirle la
actividad del dolor, ni el numeroso concurso que
— ‘2 1 —

acudía ¡í su celda desde que se tuvo la noticia de su


enfermedad. Unos venían á pedir su bendición, otros
llevaban á sus hijos para que la recibieran; otros acu­
dían á suplicarle que los encomendara á Dios, y to­
dos so volvían á sus casas consolados y edificados.
Teuía siempre delante una imagen de Jesucristo,
de la cual jam ás apartaba los ojos de su purísima
alma. «Quién podrá explicar los dulcísimos coloquios
que tenía cou 511 Amado? Se ponía repetidas veces en
los amorosos brazos de la Reina de ios Cielos, ofre­
cíase por su eselavo, y colocaba su esperanza en el
poderoso amparo de esta Celestial Princesa.
Así se disponía Pascual para su término, y viendo
que este se acercaba, pidió el V iá tj|^ - 3 r t? p ,p « t4 ¿h
con indecible ternura y devoctétf, p:,
con la santa costumbre praptf^^VijiélstáiTiW in</táí'
de pedir con todo rendinú^^^a^xtrem a-U iT citón,';
perdí ti á todos los lie lig i‘
hábito y sepultura. Mani
que le dejaran solo para
singular beneficio.
Llegó el domingo por la maQana, scjíRmó día de
su enfermedad, y habiendo recibido todos los Sacra­
mentos, suplicó á los Religiosos asistentes que le
vistieran su hábito remendado para morir con este
consuelo. No se atrevieron los Religiosos, por verle
tan decaído; mas el Siervo de Dios esperó ocasión de
que se salieran, y viéndose solo, una hora antes de
morir, ayudado de su fervoroso espíritu se levantó
de la cama, se puso su pobre hábito tan deseado, y se
volvió otra vez á su descanso, quedando muy alegre
3r gozoso de verse ya como verdadero pobre y peni­
tente. Pidió repetidas veces si habían tocado á Misa
mayor, que debía ser el señal de su tránsito y cuando
le dijeron qne sí, so llenó de una celestial alegría,
en prueba de que llegaba j a la hora de su felicísima
muerte.
Abrasado de la caridad ardiente por su Dios, sus­
piraba, como el Apóstol, por el momento que dividi­
ría sus lazos y le uniría con este supremo bien. Por
sensibles ó íntim as comunicaciones que tuviera con
esta Divina Majestad no era esto bastante para sa­
tisfacer su amor. Al ver Pascual tan próximo su fin,
hace fuertes instancias á los Religiosos de que le
pongan eu tierra para m o rirá imitación de su Será­
fico Patriarca, de quien habia sido en todo fidelísimo
imitador; mas no pudiendo alcanzar esta gracia de
los Religiosos, temiendo no se le quedara entre los
brazos, vuelto á una imagen de Cristo Crucificado
que tenía en la mano, y fijos en ella los ojos, asida
en la otra la corona de M aría Santísima, estuvo un
poco de tiempo como eu es ceso m ental, hasta que,
haciendo señal la campana á la elevación de la Hos­
tia en la Misa mayor, con admirable serenidad y dul­
zura, repitiendo dos veces con voz m ás viva: Jesús,
Jesús, entregó sil dichoso espíritu eu manos de su
Criador, día primero de Pascua do Pentecostés á 17
de Mayo de 1592, á los cincuenta y dos de su edad y
veintiocho de Religioso.
Murió el Bienaventurado Pascual el primer día de
Pascua del Espíritu Santo, que fue el mismo d'j su
nacimicntOj á tiempo que se elevaba eu la Misa raa-
yor el Sacramento Eucarísíico.pnra que el mismo Di-
vino Espíritu que había enriquecido su bendita alma,
aun desde su niñez, con la plenitud de sus dones, le
elevara después en el térm ino de su carrera á la po­
sesión inm ortal de la eterna Bienaventuranza; para
que, quien había tenido sus primeras delicias, eu el
Pan regalado de los Angeles, rasgándose muchas ve­
ces los Cielos, á fin de qne le adorara, recibiera sus
últim as finezas, muriendo, al elevarse 0 1 la Misa el
Sacramento, más que por los rigores de la enferme­
dad, por las dulces violencias del amor Divino.
Su venerable cadáver quedó exento de aquellas fu­
nestas reliquias, que causan horror cu los demás,
pues quedó su carne tan flexible, el semblante tan
alegre y el color tan vivo, que más parecía hombre
dormido que difunto.
Todos los religiosos sentían entrañablem ente la
pérdida de su Hermano, en quien hallaban todo con­
suelo. Faltábale al necesitado la amorosa caridad
con que le socorría; al negligente, el fervor con que
le animaba: al temeroso, la discreción de espíritu
con que le alumbraba; al penitente, la emulación
santa, que con su mortificada vida le escitaba; á to ­
do», en fin, faltaba aquel ejemplo y aquel provecho
espiritual que experimentaban eu su vida celestial.
Mas por otra parte, templaba su gran pena el ver en
¡>u venerable cuerpo tan claros indicios de su inmor­
tal gloria, y el considerar que tenían eu el Ciclo un
poderoso Protector que les asistiría en todos sus tra ­
bajos y necesidades.
Tan luego se difundió la noticia de la muerte del
.... <>4 -
Santo, se conmovió todo el pueblo, acudiendo apre­
suradamente al Convento a venerar el bendito cuer­
po y cu prueba de su devoción, despojaron su celda
délas pobres y viles alhajitas que tenía, estimándo­
las como preciosas Reliquias. Creciendo la multitud,
fue necesario coudncir el venerable cadáver á la
iglesia, lo que ejecutaron los Religiosos con la so­
lemnidad correspondiente. Apenas se descubrió el
Santo Cuerpo, se oyeron confusos clamores, causados
de los varios afectos de cada uno, sea de sentimiento
ó de tierna devoción.
La hermosura de su rostro, la viveza de su color,
el dulce agrado con que resplandecía, pareciendo
más vivo, que no muerto, inspiraba, á quien le m i­
raba, gozo espiritual y consuelo Celestial. Añadíase
á todo esto la singular m aravilla de manar de su
frente, cabeza y cuello, un sudor puro, sutil, y tan
copioso, qne aunque le enjugaban con lienzos, volvía
luego íi manar.
A vista de esta m aravilla, estabau todos embele­
sados en la dulce y amable presencia del venerable
cadáver. Causaba notable edificación ver la fervoro­
sa multitud que cercaba el túmulo; unos besándole
las mano?, otros los pies; estos tocando los rosarios,
aquellos procurando adquirir alguna reliquia de su
hábito. Considerando los Religiosos el gran descon­
suelo que teudría el pueblo, si le privaban de la
amable vista del bendito Cuerpo, acordaron tenerlo
los tres días de Pascua manifiesto, para consuelo de
todos.
Prem ió el Cielo la ardiente devoción que tenía
— 23 —
Pascual cu vida al Santísimo Sacramento, con !a
m aravilla siguiente. Eu el segundo día, que estaba
en el féretro, vieron cou asombro los presentes,
que, estando celebrando la Misa mayor, á tiempo que
el sacerdote levantó la H ostia consagrada, abrió los
ojos, y los tuyo abiertos basta que volvió á ponerla
sobre el altar-, haciendo lo mismo en la elevación
del Cáliz, hasta sentarle en el Ara.
Fué tan extraordinario el concurso, que no sioudo
suficiente el Convento, ni su ámbito exterior á m a­
nera de nn ejército numeroso, tenía su morada en lo.»
campos, de donde esperaban su vez, para poder en­
trar en la Iglesia, contentándose con ver la preciosa
Reliquia,si por la multitud no podían llegar á tocarla.
Pascual había sido, m ientras vivía, el Padre y el
consolador de todos los afligidos; pero aliora, que
reina en la patria, es mayor su protección á favor de
sus devotos. Así lo experimentó una mujer de Villa-
veal, que se llamaba Isabel Cauo, á la cual, de^re-
sulfcaa de una grave enida, la había quedado el brazo
tan descompuesto, que no podía servirse de él en
manera alguna por espacio de año y medio- Recono­
cido su nial por incurable, teniendo una firmísima
fe, se arrojó en el féretro, y le pidió fervorosa la sa­
lud (1). Apenas hizo la súplica, cuando volvieron á
su lugar los huesos, recuperó su brazo toda la virtud
y actividad perdida, y moviéndolo á todas partes y
levantándolo en alto, deshecha en copiosas lágrimas
de alegría, decía á grandes voces: ¿No veis el m ila-

(i) M ila g ro p u e sto en la H u lo de la C o n o n iz n i’ii'Mi,


- w —

gro del Santo? ¿No me veis buena del todo? A esta?;


voces respondía el numeroso couciuso bendiciendo á
la Divina Misericordia, por haberles destinado para
sus necesidades tan poderoso Protector.
Cecilia Miró padecía desde muchos años uu perni­
cioso accidente eu una mano, en la cual tenia nn¡i
hinchazón y llaga tan grande y pestilente, que la ser­
vía de gran trabajo. Confiada eu la protección del
Santo, visitó el venerable cadáver, y ungiéndose la
mano con el sudor que le manaba del rostro, al ins­
tan te sintió que disminuía el dolor, y al breve espa­
cio de tiempo se vió totalm ente libre de tan penoso
accidente.
Vicenta P eris visitó el bendito Cuerpo, y aplican­
do la mano del Santo á una llaga que tenía, y ponien­
do después un pedacito de su hábito, en lugar de los
remedios que autes practicaba, quedó eu breve tiem ­
po totalm ente libre de la llaga.
Angela Bona, de Villareal, ya un año qué padecía
una hinchazón y llagas muy peligrosas cu las nari­
ces, y terribles dolores de los medicamentos. Se pre­
sentó al Bienaventurado Pascual, y habiendo aplica­
do a e lla s su mano, desaparecieron repentinamente la.
hinchazón y llagas, y quedó del todo libre.
De la misma enfermedad estuvo oprimida por es­
pacio de cinco años Juana Pitare, sin que la sirviera
de provecho remedio alguno; mas tocando la parte
enferma con la mano del Bienaventurado Pascual,
huyeron las llagas inveteradas, y sin la menor dila­
ción se reconoció del todo buena, sin que jam ás le
volviera semejante mal.
Muchos fueron los prodigios que obró Dios por
medio del Sauto Cuerpo en los tres días de Pascua.
Al cabo de los cuales loa Religiosos, habiendo espar­
cido la voz qne quería a descausar un poco, el alcalde
de la Villa hizo salir á toda la gente de la Iglesia,
Transcurridas dos Loras, los Religiosos abrieron
la Iglesia, habiendo ya dado sepultura al Sagrado
Cuerpo,
P ara verificarlo, pusieron el Bienaventurado Cuer­
po en una caja, envolviéndole cu cal viva, para que
ésta consumiera luego las carnes, y quedaran los hue­
sos blancos y limpios. Hecha esta diligencia, la co­
locaron en el cóucavo del A ltar de la Inmaculada
Concepción, cu donde el Siervo de Dios oraba fre­
cuentemente; disponiéndolo así la Divina Providen­
cia, para que ni aún muerto se apartara de la apaci­
ble sombra de esta Reina.
Cerraron el precioso depósito, y abrieron luege las
puertas de la Iglesia, para satisfacer á las piadosas
instancias de la gente; mas cuando entraron, y se
vieron privados del Sauto Cuerpo, sucedió á la gran
devoción uu notable desconsuelo; mas luego se con­
solaron, porque el Siervo de Dios, anuque. estaba
oculto á la vista, estaba manifiesto á la necesidad;
continuando sus milagros, aún en el mismo día de
su entierro.
E l P , Fr. Juau Giménez, que trató mucho tiempo
al Sauto, y tuvo con ¿1 especial familiaridad, des­
cribe su disposición corporal eu la. forma siguiente;
Fue el Sauto Fr. Pascual de estatura mediana, muy
bienhecho, y proporcionado en todos sus miembros:
— 2S —
el rostro, no lie tinoso, mas gracioso, agradable y
alegre; la frente redolida y con entradas muy altas,
que veníau á hacer una punta de cabellos sobre la
m ism a frente, coa algunas dos ó tres arrugas en
ella, y así eu algo tiraba á calvo; los ojos azules, pe­
queños, hundidos, alegres y vivos, mas reposados y
honestos; los párpados arrugados, y con esto, y la
pesfcaüü negra, parecía los traía alcoholados; así se
suplía üu pequeñez: las cejas arqueadas, no sutiles:
la nariz alta, pequcüa, bien proporcionada: la boca
mediana, y una cicatriz, que bajo del labio izquier­
do tenía b ad a la barba, le tiraba un poco el labio;
de modo, qne «o le afeaba, mas antes le hacía pare­
cer que se iba siempre riendo: las orejas medianas,
las m ejillas coloradas, moreno el color, mas vivo y
muy templado: en el cuello, que era grueso, tenía
una ó dos arrugas: la barba no muy poblada y entre
cana: sus manos y pies eran muy proporcionados,
aunque líenos de callos, de los trabajos corporales y
del andar descalzo. Fuá de carnes llenas, mas en­
jutas: tuvo buenas fuerzas y entera salud, hasta cin­
co ó seis años antes de su muerte.
Aunque la conservación y preservación de co­
rrupción que se reconoció en el Sagrado Cuerpo,
junto la suave fragancia que despedía, no dejara á
nadie la menor duda; con todo, quien más la ase­
guró de milagrosa, filé la declaración que hicieron
los célebres físicos Juan Francisco Benet, Joaquín
Aguilar, Pedro Juan Pellicer y otros, los cuales e)
día 23 de Junio del aüo 1611, de ordeu del ílu strí-
simo Sr. D. Pedro Casanova, Obispo de Segorbe^
— 2Í) —
Juez llera isit erial de la causa, reconocieron el Santo
Cuerpo, y hallándole en la misma forma, resolvie­
ron ser su incorrupción milagrosa, por la continui­
dad de sus partes, flexibilidad y consistencia, sin
haber padecido la menor alteración, ni eu color, ni
eu carne, ni en huesos, ni en olor, permaneciendo to­
talm ente entero al contacto.
Así lo depusieron con juram ento los referidos, de
orden del limo. Sr. Obispo de Segorbe, Juez Apos­
tólico Remi sito rial, en la causa de su Beatifi ación,
por comisión del Su uno Pontífice Paulo V, Del m is-
me dictamen fué la Sagrada Ilota, habiendo exami­
nado este puuto, como consta (le la relación suma­
ria que hizo á la Santidad de Paulo Y.
Glorioso, pues, podemos llam ar al Sepulcro de
San Pascual, y más famoso que las Pirám ides de
Egipto, porque eu vea de gusanos, hallamos perlas;
en vez de corrupciones, fragancias; y en vez de pu­
trefacción, bálsamo.
La multitud de maravillas que obraba Dios me­
diante la intercesión de su Siervo, se difundió -de
t;il manera, que hizo célebre y famoso el convento
del Rosario de Villareal, no solo en los reinos de
llspaüa, sino también en otras remotas regiones,
acudiendo de todas ellas un numeroso concurso á
visitar el Sepulcro del Santo.
El Católico Rey Felipe II, muy devoto del Santo,
lo visitó en su capilla, acompañado de sus dos hi­
jos, el Príncipe Felipe y la Infanta Doña Isabel.
N ofném enorladcvocióndo Felipe III. que también
visitó el Sepulcro del Santo, acompañado de la Reina
— 30 ~~
Dona M argarita de Austria, el Archiduque Alberto
y su esposa la Infanta Doña Isabel, y de otros P rín­
cipes y Grandes que veníau en su Real Comitiva.
Siguió estos gloriosos ejemplos la M ajestad do
Felipe IV, quien vino á visitar al Santo, acompaña­
do del Serenísimo Príncipe D. B altasar Carlos, y
de otros muchos señores.
El líey Católico Carlos II, el Emperador Car­
los VI, siendo Archiduque de Austria, todos los
Virreyes que lia habido en el Reino, con sus fami­
lias, los Condes de Oropesa y de A randa, los Em i­
nentísimos Cardenales Federico Borromeo y Cami­
lo de Máxirais, nuncios que fueron en España. La
cristianísim a Reina de Francia, Doña Teresa de
Austria, los Reyes Católicos, Felipe V, y Doña Isa­
bel Farensio, y las Católicas Majestades de Car­
los II I de Borbón y M aría Amelia C ristina de Sa-
hoya, todos manifestaron una devoción decidida al
Santo, ya haciéndole reunios, ya fundando conventos
de su orden, y otros pidiendo reliquias del Santo
para colocarlas en sus oratorios.
En fin, sería causar mucha m olestia á los lecto­
res el referir los muchos Príncipes y Señores, así
Seculares como Eclesiásticos, que han visitado su
Sepulcro, y han procurado con vivas ansias poseer
alguna Reliquia suya.
Y últim am ente, el Venerable P. Francisco Cli-
ment, varón ilustre en todo género de virtudes, lus­
tre y ornamento de la esclarecida Congregación de
San Felipe Neri de Valencia, (hoy parroquia de
Sauto Tomás Apdátol), habiendo nacido en Villa
- 31 —
real, heredó de sus pudres una tiem ísim a devoción
á San Pascual, ea térm inos, que fueron tantos los
favores que recibió de la mauo liberalisim a del San­
to, que el mismo Venerable Padre refirió á una per­
sona de mucho crédito y virtud, que saliendo cierto
día á celebrar, el Bienaventurado Pascual tomó el
misal de la sacristía, y caminando delante, le acom­
pañó al Altar, y le ayudó la Misa.
Agradecido el Si&rvo de Dios á los singulares v
continuos favores que desde su infancia había reci­
bido de San Pascual, para m anifestar sus obligacio­
nes y promover su gloria, emprendió y concluyó la
fábrica de una capilla en la citada iglesia de los P a­
dres Congregantes, dedicada á la mayor honra del
Sauto, cu cuya capilla dispuso el Santo, que aun
después de muerto su devoto el Venerable P . Cli-
rnent, no se apartara de su presencia: pues aunque
determinó eu su últim o testam ento que le enterra­
ran en la entrada de la iglesia para ser pisado de
todos; con todo, unánimes aquellos Padres, resol­
vieron darle sepultura eu la capilla de Sau Pascual,
para que descansara difunto on donde tenia vivo el
centro de sus delicias.
Igualmente fueron tantos los prodigios de San
Pascual, que eu el año 1609 se empezaron á sentir
diferentes golpes en su sepulcro; m aravilla que des­
pués se experimentó tam bién en sus reliquias 6
imágenes, aunque fuesen estampas de papel. Sobre
los citados golpes del Santo, se hizo jurídica infor­
mación con la facultad apostólica, siendo aprobado
este prodigio de prodigios, como consta en el oficio
— 32 -
propio del día de su octava: siendo de notar, que
San Pascual con sus golpe?, reprende las irreveren­
cias cu el lugar sauto, quita las tentaciones y escrú­
pulos; convierte á los pecadores y reduce á la £e
gran número de herejes. Con sus golpes manifiesta
su asistencia en la hora de la muerte á muchos de
sus devotos, y la salvación de alguuas almas y á
otras las1acompaña si Cielo. Con sus golpes mani­
fiesta sti admirable devoción ;<1 Santísimo Sacramen­
to y á la Inmaculada Virgen María. Y últim amente,
San Pascual, con kus golpes, avisa para que se le­
vanten á la oración, como experimentó el referido
Venerable P. Francisco Climent, á quien dispertaba
con prodigiosos golpes, y cuaudo ya dispierto igno­
raba la hura, la reliquia del Santo, como si Iticse un
reloj de repetición, le daba tantos golpes como eran
las horas.
La suave fragancia que difundían por todas partes
las heroicas virtudes del Hiena venturado Pascual,
las innumerables m aravillas que Dios por su interce­
sión obraha, las admirables gracias que el Señor por
su medio, con profusión dispeusaba, escitaron cu los
corazones de los fieles el deseo de verle colocado en
los sagrados Altares, para tributarle afectuosa vene­
ración. La Religión Seráfica, como la más interesa­
da en las glorias de su Hijo, principió sus piadosas
iustancias con el Romauo Pontífice, las que siguieron
con el mayor afecto el Key Felipe III, el Em inentísi­
mo Cardenal de Lerma, el reino de Valencia, su Ilus­
tre y Noble Cabildo Eclesiástico y otras muchas Igle­
sias y ciudades.
— 33?^
Condescendiendo Paulo V á petición tau devota, y
después de na uniforme exacto y justificado presen­
tado por la Sagrada Congregación de Ritos, y no ha­
llando el menor reparo, se dignó Su Santidad en 10
de Octubre de 1618 expedir la Bula que empieza:
I n sede P r in c ip is A jw d o lo r um, en la cual concede
pueda llam arse Beato el Venerable Pascual, y que
todos los anos, día 17 de Mayo, eu que murió en
el Señor, puedan todos los Religiosos de la misma
orden que existen en el Reino de Valencia, rozar Ofi­
cio, y celebrar Misa de él, como de confesor no Pon­
tífice, y todos los Presbíteros, así Seculares cora o
Regulares, decir su Misa en la Iglesia en que descan­
sa su cuerpo.
Apenas llegó la noticia de su Beatificación á Es­
paña, cuando se hicieron las mayores demostraciones
de júbilo y alegría, rindiéndole en todas partes fes­
tivas veneraciones, sobresaliendo en su culto todo el
reino de Valencia, como glorioso campo que lia sido
de sus valerosas hazañas y estupendas m aravillas.
No olvidándose tampoco eu m anifestar su gozo Ale­
mania, Italia y otros países, que, movidos de la gran­
deza de sus virtudes y portentosos favores, le profe­
saban una tiernísim a devoción.
La causa de San Pascual corrió muy veloz, pues
habiendo principiado en Enero de 1609, á los nueve
años y diez meses se concluyó, siendo Beatificado íi
los veintiséis años que se contaban de su felicísimo
tránsito.
Continuando las piadosas instancias de Felipe I I I
3
- 3 4 -
y de casi todos los Príncipes y Prelados de España,
para la Canonización del Beato Pascual, mandó Sil
Santidad que se examinara esta causa cu la Sagrada
Congregación; la cual, viendo que estaba exacta, y
probada la Santidad de vida, asegurando en el infor­
me ser tantas las excelencias y milagros del Reato
Pascual, que uo se podían reducir á número, se pu­
sieron eu ejecución las letras remisoriales, y trans­
curridos cinco años, aprobado el proceso, declaró Cle­
mente X que se podía proceder ¡í su solemne Canoni­
zación. Concluida la causa, hicieron repetidas Instan­
cias i la Silla Apostólica para su Canonización el
Emperador Leopoldo, el Rey Católico Carlos II, la
Religión Seráfica, el reino de Valencia, y muchos
Príncipes, Eclesiásticos y Seculares, Entró en el P on­
tificado Alejandro VIIT, de feliz memoria, é inclina­
do á tan piadosos ruegos; en el día que se cumplía el
Aniversario de su Coronación, que filó á 16 de Octu­
bre del ailo 1690, le escribió en el Catálogo de los
Santos, cotí la mayor Pompa y magnificencia. Este
Pontífice tuvo especial devoción al Santo, cuya pre­
ciosa Reliquia llevaba en uu relicario de ovo, vene­
rándola con tierno afecto. Prevenido de la muerte,
no pudo despachar la Bula de la Canonización, la
que espidió después Inocencio X II, sucesor suyo, y
empieza: E a tio n i C ongritit, etc.
Llegó por fin la noticia de la Canonización de San
Pascual á España, en donde fue indecible y univer­
sal el gozo, especialmente en la ciudad de Valencia.
Tocaron todas las campanas al vuelo, y por orden
del reino se disparó por dos veces la artillería de la
_ 35 —
Cindadela, y hubo dos noches consecutivas ilumina­
ción en toda la ciudad y vega.
En uua de estas noches salió la Maestrauza, com­
puesta de la Nobleza del reino, montados en caba­
llos ricamente enjaezados, con antorchas encendidas,
dirigiéndose todos al convento de San Juan de la
Rivera, en donde hecha oración á San Pascual, re­
gresaron á la ciudad, y pasearon sus calles más
principales, escitando en todos sus moradores nota­
ble devoción al Santo. Los fuegos artificiales que se
ejecutaron en el convento, fueron muchos é ingenio­
sos. Al día siguiente cantó la M isa en el Convento
el Sr. Dr. i). Vicento Noguera, Canónigo Peniten­
ciario de la M etropolitana de Valencia, y Examina­
dor Sinodal del Arzobispado. Fue el orador el señor
Dr. D. Jaim e Llosa, Parordre, que fué catedrático de
Escritura, Canónigo M agistral de la misma Iglesia.
Concluyóse la celebración de la noticia de la Cano­
nización, cantándose un solemne T e-D etim en la
Iglesia Metropolitana, asistiendo todas las P arro­
quias y Comunidades, y la ciudad eu forma, cotí el
Excmo. Sr. Arzobispo, vestido de Pontifical, E n jiu 1, '
fueron muchas y grandes las fiestas que se hicieron
por la Canonización del Sauto en las p riu cip alcs\j*
lias y ciudades de España, como también eu Alema*-
nía, Vrancia, Italia y otros países, como prueba de la
devoción que cu todas partes se ha grangeado el glo­
rioso San Pascual Bailón, con sus estupendos pro­
digios.
GOZOS
AL

G L O R IO S O S A N P A S C U A ! . B A I L Q H .

P ues tu im in. vida y sustento


fué til pau vivo celestial,
latiremos por ti, Pascual,
los fruío$ del Sacramento.
Sois de la Virgen M aría
rnslorcillo visitado,
y á Jesús sacram entado
el ciclo te descrtbrín:
que aún los cielo» derretía
de tu am or el ardim iento;
logremos, ele.

L a Provincia del Bautista,


cu el reino de V ni encía,
goza ln gran eminencia
que e] cielo su hábito os vista;
Clara y Francisco á tu vista
lo bajan del firmamento;
logremos, etc.
— 37 —
Soie Francisco en ln hum ildad,
en la obediencia y pobreza;
Alcántara en la aspereza,
Luís en la castidad;
un Diego en la caridad,
y en toda virtud portento;
logremos, ele.
Sois del saelo levan lado,
de lu oración el fervor;
crece del campo el verdor,
y es el pan multiplicado:
cual Moisés habéis sacado
varias fuentes al sediento;
logremos, tic.
De ciencia infusa dotado,
siendo lego sois Doctor,
l ’rofeln y Predicador,
Teólogo consumado:
de alcanzar ciencia Abogado
al hum ano entendim iento;
lograron, tic.
E ntre h erejes preguntando
bí Cristo en la hostia existe,
tle celo tu fe se viste,
y lo predica alentado:
y aunque fuiste apedreado,
no m orir fué tu tormento;
logremos, de.
Vos, el Pan sacram entado,
cuando ya mas no pudisteis»
con los ojos le comisteis,
después de haber espirado:
en la misa levantado
m uerto le m iras atento;
logremos, ftc.
- 38 —
Si Cristo en la hostia eelA
v iro cou señas de muerto»
tu cadáver eefial cierto
de vida con golpes dá-
cou vos alternado há
Ja hostia el mismo portento;
logremos, etc.

Con tus golpes adm irables,


celas de Dios loe honores;
de herejes y pecadores
conviertes inniimeniblcp;
auuccias cosas notables;
causas ya horror ya conteulo;
lo g r e m o s , c t c .

Con tu dulce invocación,


de los fru to s de la tierra
toda plaga se dcsticrra,
y llueve la beudiciúu;
A casados sucesión
ti a vuestro merecimiento;
(u f /r t m o s , e l r.

Con la divina virtud


(autos milagros obráis,
ijne todo mal desterráis,
y eois fuente de salud:
de muertos gran m ultitud
OS debe vital alicuto;
logremos, eir.
T iene en ciudad celestial
tu alma de Serafín silla;
tu cuerpo en real capilla
descansa en V illareal:
gajes goza de inmortal,
y es de corrupción exento;
— 39 —
logremos por ti, Pascual,
ios frutos ¡leí Sacramento.

i. Ora pro nobis Beata& Pasclialis.


ri. U t digui efliciatnur proraissiónibtis Christi.

OREMUS.

Dcus, qni Bcatum Píisclinlem Confessorem turnia m iri­


fica erga Corporis. et snnguinis ta i sacra m isteria dilec-
tione decoraste: concede propilius, »t quam illc ex hoc
divino couvivio spíriiníj percepit pinguédiuem, cauidera
et nos pcrcipcic m eream ur. Qni vivís, etc.

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