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La arquitectura coyuntural en el periodo de 1930 – 1950 en Colombia: Entre

la estética y la función1

La construcción de la vivienda fue afrontada como nunca antes en 1930 por los
arquitectos, dando tanta importancia al aspecto social, a la satisfacción de las
necesidades de -como lo menciono refiriéndose a este periodo Fergus (1954)-
habitar, producir y descansar y como años antes lo dijo Le Corbussier, nunca
antes se hizo de la morada de un hombre una maquina para vivir (1921)

El periodo estudiado puede concebirse como una coyuntura en la arquitectura


internacional entre el abandono del estilo clásico, representado por una
preocupación por la estética de las construcciones, y el surgimiento de un anhelo
moderno y racionalista, centrado en la utilización optima de los recursos, los
espacios y en la eficiencia de las edificaciones, este último ligado a la
industrialización creciente que comenzó a principios del siglo XX y que no
contemplaba la vivienda como un obstáculo sino como un núcleo de desarrollo a
intervenir

Durante las décadas del 30 y del 40 observamos como las ciudades del mundo
crecen desmesuradamente haciéndose cada vez más urbanas: tendencia a la
agrupación de viviendas, prestación de servicios públicos especialmente los
sanitarios y una creciente concentración demográfica. Lo anterior conllevó a una
nutrida y compleja discusión sobre la priorización de las necesidades de quien se
pensaba como habitante de la casa en un contexto masificante.

Para el caso latinoamericano el Estado de bienestar que perseguían los gobiernos


liberalistas entre ellos la república liberal colombiana, buscaban el crecimiento de

1
Javier Andrés Muñoz Tique y Adrián Esteban Segura Eslaba, estudiantes de la Facultad de
Educación y del Programa de Psicología y Pedagogía de la Universidad Pedagógica Nacional
las ciudades capitales como el modelo en el cual deberían estar empeñados todos
los deseos de desarrollo y las ideas sobre realización en todos los aspectos de la
vida humana, o al menos hacerlo ver así a los ojos de quien la habitaba. Las cifras
son claras: para los años comprendidos entre 1928 y 1938 la ciudad de Bogotá
creció en su población 2.12 veces y en su extensión 5.14 veces (SOP; 1999:65) y
el movimiento migratorio de la zona rural a la urbana hizo que las grandes urbes
para la época (Bogotá, Medellín y Barranquilla) durante 13 años comprendidos
entre 1938 y 1951, aceleraran la saturación del espacio urbano, tanto como lo
había hecho el país por completo a principios de siglo XX. (Viviescas; 1989:59.

Según los defensores de la arquitectura moderna se debía optar por la


satisfacción de las propias necesidades de cada sujeto, cuidándose de no
abandonar los aspectos de diseño arquitectónico que debía tener un minimum
vivendum2 para que las construcciones desarrollaran una síntesis entre estética y
funcionalidad (Gössel, 1973.

Bruno Taut, de la corriente llamada internacional, dio una definición de estética en


la cual sugería que ésta existe en tanto que los materiales, los diseños y aún los
detalles artísticos estén subordinados a una utilidad notable en el conjunto de la
obra.

Actividades como la distribución del espacio y de la fachada de las construcciones


de la época obedecieron entonces a la unión de la técnica de la construcción y la
sociología organicista3 que erigió principios de organización social particularizados
(hechos a la medida de cada individuo) pero siempre pensando en el

2
Que es y quien lo dijo
3
La sociología organicista fue una corriente fundada por Emile Durkheim, que enunciaba la
formación de la estructura social tal como la de un organismo vivo en el cual las funciones de cada
individuo debían responder a una perfecta armonía funcional de la parte y el todo de la agrupación
humana.
funcionamiento de la gran célula: La Ciudad, habitada por miles de personas, con
intereses particulares en el campo de la salud, la educación y la vivienda.

La labor del arquitecto se vio afectada por los requerimientos, que de la


arquitectura de las viviendas, hizo la ciudad. Debió transformar sus criterios
artísticos para intervenir con los proyectos en las más disímiles series de
necesidades: Clase social, clima, posición geográfica, criterios de confort, etc.

La aparición de tales necesidades como factores sociales, no facilitaron el trabajo


del arquitecto en la generación de una solución conveniente en vivienda para
todas las personas. La unidad y la diversidad confluían en los proyectos de
urbanización y se crearon diseños de vivienda mínima que contemplaron un
espacio por lo menos para cada actividad que desarrollaba una persona dentro de
su residencia.

La arquitectura del periodo de 1930 – 1950 se vio en la labor de edificar con visión
de progreso con el fin de superar su dimensión expresiva e individualizada que
hacía lucir cada obra construida como una completa obra de arte. Paso de ser una
manera artística y sensible de abordar el problema de la construcción a una
técnica elaborada sobre las bases científicas de medición del espacio, de
distribución geométrica y sobre todo de la racionalización del uso de los materiales
pues se debió dar respuesta al crecimiento poblacional de un manera económica y
eficiente.

En este periodo la corriente nacionalista y el modernismo eran las dos opciones


arquitectónicas que se habían establecido en Colombia. Poseían ideas diferentes
para construir vivienda en la ciudad.

La primera de las corrientes, adoptó fielmente los estilos normando, el tudor y el


georgian, debido al furor del nacionalismo en los países de Europa y gracias a que
no había un modelo de construcción claro en el cual basarse (a menos que
quisieran construir chozas de “mal aspecto” como lo hacían nuestros
indígenas).Hubo un estilo que apuntaba a alusiones autóctonas llamado
neocolonial, que buscaban una arquitectura que correspondiera al estilo de vida
propio de la nación (Arango; 1989: 181).

Los estilos modernos, en otro orden de ideas, trataron de homogenizar


caracterizándose por motivos decorativos de índole geométrico y ahistórico
(Arango; 1989:189). La arquitectura representante de un saber no científico y
argumentado desde la subjetividad estética y el arte, tuvo que redefinirse al
respecto del problema social de la construcción de la vivienda dentro de un
ambiente de crecientes exigencias urbanas, tantas como el número de personas
que habitaban las ciudades.

La ciencia que desempeñó una función esencial para la adopción de un modelo


arquitectónico acorde con el aspecto industrializado de una ciudad moderna, fue la
corriente organicista de la sociología. De acuerdo a esta, las sociedades se podían
analizar como sistemas de partes interrelacionadas e interactuantes en las que
transversalmente se podía intervenir. Para el caso de la urbanización y los planes
de vivienda las calles se empezaron a nombrar como arterias, las casas como
células y el centro de cada ciudad como el corazón, el epicentro de las funciones
de todo complejo urbano.

Este es el panorama ofrecido por la ciudad en vías de modernización: una ciudad


llena de industrias, de economías productivas y de beneficios progresistas, como
el de una vivienda mas acorde con la vida urbana y alienada de una persona (en
tanto que se empieza a exigir satisfacer por parte de cada individuo necesidades
“figuradas” dentro de manuales de urbanización o de construcción, para el caso de
la vivienda).
***
Revista Insurrección No. 237 - 11 de octubre de 2.010
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EDITORIAL

LA FIEBRE NO ESTÁ EN LA SÁBANA

Por estos días se debate con entusiasmo si las regalías, o sea las migajas que se caen
del mantel de las transnacionales, deben seguir llegando a las regiones donde se produce
el voraz saqueo de las riquezas colombianas que según la Constitución son del a Nación,
o si por el contario dichas migajas deben llegar al gobierno central para que desde allí se
distribuyan con “criterio nacional”.

Las dos maneras de ver la repartija, tiene enfrentados a los burócratas de las regiones y
al gobierno central, pero el asunto álgido no es precisamente la manera más efectiva de
que dichos fondos lleguen a la población sino en que bolsillos de los corruptos se queda
la tajada.

Recuérdese que el Estado colombiano es uno de los más corruptos del planeta y sin duda
los dineros de las mentadas regalías, los engorda a ellos, sea en las regiones o en los
centros de la burocracia.

Aunque esta es la realidad, no faltará la excepción que confirme la regla con la existencia
de algunos funcionarios y organismo no corruptos.

Este intenso debate no deja de ser un sofisma de distracción, que aleja y olvida el
verdadero problema económico colombiano que no es ni mucho menos el de las regalías,
sino, el robo descarado, continuado y a manos llenas que hacen de nuestras riquezas
nacionales las grandes potencias extranjeras. Por eso aquí cabe aquella frase tan antigua
de que “la fiebre no está en la sábana”.

La encarnizada discusión de quien recibe las regalías, es similar a las peleas de la gente
que se da puñetazos por unas cuantas monedas que tiran los asaltantes para hacerle
estorbo a la policía y escapar de la persecución policial.

¿Es justo, equitativo, leal y equilibrado, que los grandes saqueadores, de los recursos
minero-energéticos hayan hecho y sigan haciendo de las suyas con las riquezas de todos
los colombianos, mientras el gobierno genera el gran debate por las migajas que se caen
del mantel de las transnacionales?

Solo los lacayos del imperialismo desde el balcón del poder oligárquico, pueden
satisfacerse con este manejo ridículo de las riquezas del país, porque mientras venden la
patria al capital extranjero, engordan sus capitales personales, sacrifican al pueblo, a la
nación y empeñan el futuro de las grandes mayorías.
Dicha conducta en el caso concreto de Colombia tiene además otro beneficio para la
oligarquía, armarse hasta los dientes y eternizar el conflicto social y armado, con el que
justifican sus criminales conductas contra los humildes, mientras a punta de engaño
intimidación y represión mantienen el poder y le garantizan al capital transnacional la
seguridad y colocan en bandeja de plata nuestras riquezas.

Entre tanto, la potencia imperial utiliza a Colombia para amenazar los vecinos donde
pueblos y gobierno caminan el sendero de la democracia la equidad social y la
autodeterminación.

Colombianos y colombianas, la verdadera discusión que debe darse es la del robo


continuado de las riquezas minero energéticas por parte del capital transnacional que
ahora se acrecienta con el triste remoquete de “Colombia: país minero 2019”

Pueblo y sectores medios de Colombia, no permitamos que esta clase en el poder que
desgobierna y entrega la patria a las transnacionales, siga poniendo en venta lo que
queda de riquezas, mientras distrae la opinión con el cuento de quien distribuye las
regalías, pongamos al centro la dignidad, defendamos lo que nos pertenece luchemos por
tener futuro digno, pensemos en el bienestar de las futuras generaciones.

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EL PROCURADOR QUE “PROCURA”

Se volvió normal equiparar lo que hace Piedad Córdoba con lo que han hecho los
parlamentarios que promovieron el paramilitarismo y se aliaron con él para realizar todo
tipo crímenes y fechorías. En este caso la manipulación mediática no ha sido gratuita, ni
los grandes medios de información han sido imparciales.

En el fondo de esta situación está el carácter de las instituciones del Estado, y en


concreto el papel del Procurador Alejandro Ordóñez, en la defensa de una élite perversa.
Los paracos-parlamentarios, que bien podríamos llamarlos “para-parlas”, le han sido
funcionales al Estado, al igual que los otros paracos, pues a través de ellos empotraron
una “clase emergente y mafiosa” en el manejo del Estado, con un diseño económico que
le viene bien al capital transnacional, pero que lesiona la agricultura colombiana ya que
hemos perdido la soberanía alimentaria y la estructura económica solo sirve al interés
foráneo.

Por eso el Uribismo es lo más arrodillado al imperio gringo y las transnacionales, también
es la razón del robo de las tierras de los campesinos para construir proyectos en alianzas
con el capital extranjero, y por ahí derecho regalaban el dinero público a los ricos del
campo. Todo esto se hacía sobre unos terrenos regados en sangre por las miles de
masacres realizadas por militares y paramilitares.

No es cuento que todos los parlamentarios investigados y condenados actuaron en


complicidad con los paramilitares para realizar masacres, desalojar campesinos de sus
propiedades, se robaron los dineros de los municipios y pare de contar. ¿O acaso existe
algún angelito de estos en alianza con los paramilitares que haya hecho obras
humanitarias en algún pueblo cercano al Ubérimo? Si tan siquiera hubiesen hecho algo
parecido a lo que hacen las damas rosadas en los pueblos, Colombia no sería esa Gran
Fosa Común.

Estos sujetos lo que hicieron fue promover y realizar crímenes de lesa humanidad, jamás
se les ocurrió adelantar alguna acción humanitaria. Pese a lo anterior, al señor Procurador
lo vemos hacer esguinces cuando de ponerle la mano a ellos se trata, y eso que estas
prácticas son abiertamente delictivas.

En cambio cuando la Senadora Piedad Córdoba le mete la mano a la candela para buscar
la paz de Colombia, al intercambio humanitario, a la liberación de personas retenidas o a
cualquier otra acción humanitaria, el Procurador aparece con el hacha del verdugo, como
en los viejos tiempos de la inquisición, y eso que la paz es uno de los mandatos de la
Constitución Nacional.

¿Cómo puede equiparase a quienes están implicados en masacres y crímenes de lesa


humanidad, como son los para-parlamentarios, o los que ordenan al Das chuzar
teléfonos, con alguien que trabaja por la paz del país? Una cosa es una cosa y otra cosa
es otra cosa. Y eso que el Procurador es un funcionario que debe “procurar” porque los
funcionarios públicos cumplan cabalmente con sus funciones. Pero el señor Ordóñez solo
“procura” hacerse el “güevón”.

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LA IZQUIERDA Y EL DIABLO

Por Pablo Beltrán, del Comando Central del ELN de Colombia.

Se completan al menos dos décadas en que además de proclamarlo, lo intentaron y casi


lo logran evaporar como sujeto de la historia. Pero desde el rincón al que lo replegaron,
regresó y hoy de nuevo está con nosotros, el socialismo como la ruta de izquierda para la
humanidad.

Durante su repliegue, en todo el mundo, muchos lo vistieron con ropajes liberales y hasta
neoliberales. Tan replegado se halla aún en Colombia, que la extrema derecha lo
presionó a ser centro y hasta logró convertirlo en centro derecha, en algunos casos.

Lo más grave está en que para no dejarse matar en la cuna, el socialismo ha debido
afirmarse tanto, que algunos lo transfiguraron en otro discurso de poder, de esos que a lo
largo de la historia, la humanidad ha tenido que obedecer sin chistar.

Umberto Eco afirma que los discursos de poder son el único Satanás que ha existido,
porque,

“el diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin


sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda. El diablo es sombrío porque sabe a dónde
va, y siempre va hacia el sitio del que procede”.

El malo de la historia nos posee mucho, poquito o nada y exorcizarlo demanda revisar de
cuando en cuando nuestras certezas, para poder decirnos nosotros mismos unas cuantas
verdades. Ellas están en la visión alternativa, con que enfrentamos las contradicciones
álgidas de la lucha contra el capitalismo y su imperio.

TIERRA O CAPITALISMO

Desde nuestros Andes se alza el reclamo del socialismo de raíz comunitaria, contenido en
el dilema más importante de los planteados, sobre la supervivencia del planeta y sus
habitantes: “para que viva la tierra debe morir el capitalismo”.

El productivismo, desarrollismo, extractivismo, consumismo y el derroche son hijos de una


letal creencia, en la que el progreso, se considera como una línea ascendente sin fin, para
dominar la naturaleza, devorarla y agotarla, en un delirante acto de egoísmo, carente de
responsabilidad con el futuro.

LA CONTRACULTURA SOCIALISTA, ¿CUÁNTO RETA?

La esencia del capitalismo reside en el énfasis que da al poseer, en detrimento del ser,
por ello transforma todo en mercancía, hasta las relaciones humanas. Así, a la
participación política de los ciudadanos se le coloca un precio, con lo que se torna
costumbre la compra de votos, pagar la asistencia a una movilización o afiliarse a un
partido para obtener beneficios, que el resto de la gente no disfruta.

Luchar por los cambios y la revolución sin esperar retribuciones materiales, es fundar el
buen vivir de las siguientes generaciones, con lo que se aporta al desarrollo de una
contracultura socialista, que reta a la ideología dominante.

Otro aspecto vital del socialismo ha estado en potenciar la fuerza de lo comunitario, la


colectividad, lo social, lo público, las mayorías y lo nacional, en contraposición al interés
individual, privado, sectorial y de elite. Fuerza creativa socialista expresada sobre todo en
la producción, el poder y el saber popular.

CONSENSO SI, IMPOSICIÓN NO

La izquierda al convertirse en artista de tejer consensos, deja atrás la época de tratar en


vano de converger alrededor de una supuesta verdad única, dentro de la cual los demás
siempre se nos debían sumar.

Lograr unidad de acción alrededor de puntos comunes, mientras se deja para enseguida
el debate de las diferencias, no solamente es tener sentido de la táctica, es ante todo
implantar una cultura de negociación, en la que cada cual representa unos intereses, que
pactan y saben cumplir acuerdos.

Luchar contra la guerra imperialista, es quebrar su antiquísima consigna de imponer su


voluntad a los pueblos, para reemplazarla, como lo enseña Einstein:

"toda clase de cooperación pacífica entre los hombres está basada, en principio, en la
mutua confianza y sólo en segundo lugar en instituciones tales como los tribunales de
justicia y la policía. Esto vale para las naciones y los individuos. Y el fundamento de la
confianza es la lealtad".
LUCHAR POR LA PAZ Y RESISTIR A LA GUERRA IMPERIALISTA

Si la razón de ser de los imperios está en imponerse por medio de la guerra, la vida de los
pueblos ha estado en defenderse y resistir; para aquellos, la paz equivale a pacificación,
mientras que para el grueso de la humanidad, la paz es justicia y libertad.

Doscientos años de aparente vida republicana en Colombia, han sido sostenidos por la
ininterrumpida agresión de la elite contra el pueblo, hasta llegar a perfeccionar el actual
régimen de terror de Estado, nutrido por múltiples vías desde la contrainsurgencia
imperialista. Ésta, es la única forma como han podido mantener vivo su modelo capitalista
neoliberal.

Luchar por la paz es lograr otro modelo económico social, dentro de un régimen
democrático; la elite y el imperio, son quienes escogen la vía para que el pueblo los
obtenga.

TENSIÓN ENTRE DIVERSIDAD E IDENTIDAD

En la izquierda crece la conciencia sobre el valor de la unión, ya que sin ella no habrá
fuerza y sin ésta no se producen cambios, revolución ni paz. Así, ha aprendido, que la
confluencia es un concierto de pluralidad y diversidad, composición de esfuerzos, en que
el liderazgo es compartido.

La armonía y vigor de la diversidad reside en la excelencia de cada uno de sus


componentes, que resulta tanto de la calidad de su identidad, como de su habilidad para
ser con otros.

La unión no puede reducirse a la uniformidad, así como la construcción del consenso no


riñe con respetar a la opinión mayoritaria. De la misma forma, que para garantizar la
unidad se establecen niveles de autonomía, que es algo diferente a que cada uno haga
según su mero criterio individual.

PULSO ENTRE ESTADO Y SOCIEDAD

En la lucha por un mundo mejor, muchos pueblos logran establecer Gobiernos


Democrático Populares, desde los que avanzan hacia mayores niveles de Poder Popular.
Sus Programas de izquierda recogen intereses pluriclasistas, materializados desde el
Estado, los que satisfacen unas veces de mejor forma y otras de manera más precaria,
las aspiraciones de las clases populares.

Un modelo económico y un régimen al servicio de las mayorías, sigue dependiendo de la


participación del pueblo en estos procesos de transformación, la que no siempre es
promovida desde las instituciones estatales, quienes por inercia tienden a monopolizar
tales procesos. Por el contrario, desde el Estado, muchas veces se absorbe a las
organizaciones sociales y políticas del pueblo, impidiendo que el cambio y la revolución se
protagonicen desde estos espacios de la sociedad.
La predisposición casi espontánea hacia exagerar la función de las instituciones estatales
en los procesos revolucionarios, puede contrarrestarse con la construcción del Poder
Popular, entre otros componentes, por medio de la Fuerza Política de Masas,
fundamentalmente por fuera de tal institucionalidad. Es la enseñanza que dejan las
debilidades del modelo construido en el viejo mundo, en donde la lucha socialista se
confinó en el ‘Triangulo de oro’ del sindicato, el partido y el parlamento, según critica de
Istvan Meszaros.

CONTRAPOSICIÓN ENTRE NACIÓN Y PUEBLO

La generación de un Proyecto de nación a partir de una Alianza pluriclasista, un Programa


de izquierda y un Gobierno Democrático Popular, es una característica sobresaliente de
los procesos de cambio y revolución, que se construyen en Latinoamérica.

Desde este Proyecto se están recreando elementos de identidad nacional, en función de


intereses propios de cada país, de Nuestra América y de los pueblos del Sur del planeta.

Es posible lograr un rumbo socialista para este Proyecto de nación en el mediano y largo
plazo, afianzando el Poder Popular, en el que realmente la soberanía resida en el pueblo
y los trabajadores.

COLISIÓN ENTRE MOVIMIENTOS SOCIALES Y ORGANIZACIONES POLÍTICAS

Por la fuerza de la costumbre, muchas veces la lucha social de las masas por objetivos
inmediatos transcurre por un carril paralelo, de la lucha de los partidos y movimientos de
izquierda, reducidos a la puja electoral. El reto de hacerlos confluir está requiriendo que
desde la lucha social se abarquen propósitos de poder, más allá de lo puramente gremial
y sectorial; junto al esfuerzo hecho desde los partidos por acompañar, articular y cualificar
la lucha social; además de la indispensable convergencia de ambas vertientes de lucha,
en un común Proyecto de nación, que garantice los intereses de las grandes mayorías.

La confluencia de estos dos esfuerzos de lucha ha partido del reconocimiento mutuo, de


la especificidad, dinámica propia y necesidad de existencia de cada uno, para lograr el
avance del cambio y la revolución.

El fracaso de las formas de representación política propias de dos siglos de repúblicas


oligárquicas, también afecta a la izquierda, un ejemplo de ello está en el descrédito de
numerosos dirigentes gremiales ante sus bases, a quienes ya no todos respaldan, cuando
se postulan para cargos de elección popular.

La solución de fondo está en promover la autogestión en las organizaciones populares,


con un nuevo tipo de liderazgo fundado en la consigna de “mandar, obedeciendo”. Lo que
significa una construcción de diversas expresiones de vanguardia colectiva desde de las
organizaciones sociales, movimientos, partidos e intelectuales de izquierda, que encarnan
una genuina soberanía popular.

DISTANCIA ENTRE PROPUESTAS POLÍTICAS Y ACTUACIÓN ÉTICA


Para ser contracultura, el socialismo debe contradecir abiertamente a la cultura capitalista
dominante, que no solo convierte la mercancía en valor, sino lo que es peor, transforma
los valores en mercancías. Si la izquierda se adapta a la cultura dominante en vez de
hacer ruptura con ella, queda interrogada la conformación de su identidad y su futuro
como alternativa para la humanidad.

Cambiar la cultura del lucro, propia del capitalismo, por una humanista, de justicia y
libertad, exige desde romper con las tradiciones heredadas de la Modernidad capitalista,
hasta confrontar las taras derivadas de la rapacidad especulativa vigente, como son la
compra de conciencias, la adicción a la ‘ganancia fácil’ -que evade todo tipo de controles
sociales y públicos- y el ‘todo vale’ mafioso.

La batalla de ideas por una alternativa de izquierda, que enfrenta a poderosos aparatos
ideológicos del sistema, demanda de esfuerzos colectivos muy grandes desde toda la
sociedad, que trascienden la voluntad de un militante o de un partido revolucionario, para
demostrar una actitud ética en la actividad política.

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Revista Insurrección No. 236 - 04 de Octubre de 2.010


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EDITORIAL

ALERTA PUEBLOS Y GOBIERNOS DEL CONTINENTE

Como en los viejos tiempos donde el Pentágono fabricó la imposición de


las dictaduras en nuestro continente, para derrocar gobiernos legítimos
democráticos y progresistas, hoy vuelve a sus andanzas.

Ayer y hoy ha encontrando como siempre una extrema derecha sedienta de


poder y expresiones retrógradas dentro de las Fuerzas Armadas y
policiales serviles a dichos designios. Para todos ellos, las luchas y
logros de los pueblos que han encontrado en procesos democráticos y
progresistas gobiernos y dirigentes auténticos, no es más que un desafío
y atrevimiento absurdo que debe conjurarse por la vía violenta, porque
los humildes no pueden aspirar a tanto.

Con la reciente intentona de Golpe de Estado en la hermana república del


Ecuador que se concretó en el secuestro de su presidente por alrededor de
doce horas, cuatro muertos, cerca de sesenta heridos, el cierre temporal
de tres de los mas importantes aeropuertos y el intento de cerrar canales
de comunicación.

De tal manera podemos concluir que son tres golpes de Estado (Venezuela,
Bolivia y Ecuador) frustrados por la valiente y decidida acción del
pueblo y sus fueras armadas y uno, (Honduras) donde un gorila sirvió de
puente para que se impusiera un gobierno ilegitimo surgido de una acción
de facto y elegido en elecciones fraudulentas, amañadas y llevadas a cabo
sobre la punta de las bayonetas.

Dignos en todos estos actos terroristas, todos los gobiernos, encarnados


en presidentes, que aun en sus mas altos niveles de riesgo de ser
sacrificados, actuaron con lealtad a sus pueblos y éstos y sus Fuerzas
armadas, cumplieron su deber patriótico y libertario con la deshonrosa
actitud de los militares hondureños que masacraron, desaparecieron y
encarcelaron a su pueblo, para darle el poder y gobierno al imperialismo
y las oligarquías amantes del terrorismo.

Hoy no es ayer porque como dice un fragmento de la segunda Declaración de


la Habana “esta gran humanidad ha dicho basta y ha echado a andar y su
paso de gigantes ya no se detendrá hasta conquistar su única verdadera e
irrenunciable independencia…”

Estos dolorosos y sangrientos intentos por derrocar a los auténticos


gobernantes, son la mas clara confirmación de que el imperio y sus
seguidores en el continente y el mundo, siguen utilizando la violencia,
el terror, el engaño, y la contra información, para llevar a cabo sus
fines mezquinos, excluyentes y de dominación.

Al mismo tiempo lanzan amañadas campañas reivindicando el respeto a los


derechos humanos, cantan odas a la democracia y el respeto a la libertad,
al tiempo que condenan de manera hipócrita y cínica, los esfuerzos de los
pueblos a rebelarse, para defenderse de la opresión la imposición, la
miseria y la violencia.

Alerta pueblos y gobiernos del Continente y el mundo en lucha por


alcanzar o afianzar la democracia, la soberanía y o el socialismo, el
imperialismo no se resigna a perder lo que arbitrariamente considera
suyo, además dentro de las fuerzas leales a los procesos democráticos y
progresistas la bota gorila infiltrada a su interior y servil al
pentágono, juega unida a los oligarcas que lloran su derrota.

De cuatro Golpes de Estado, fabricados contra los pueblos y gobiernos de


nuestra América, solo uno ha prosperado y es urgente asimilar las
experiencias para que nunca mas los jurados enemigos del pueblo logren
sus objetivos criminales.

La unidad y vigilancia entre los pueblos y gobiernos es el conjuro para


los peligros que siguen asechando.
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DEL PROCURADOR GENERAL

Dos hechos de la política colombiana, han quedado estampados en la


reflexión de los críticos del régimen y del gobierno porque son dos caras
de una misma moneda, veamos:

El procurador general de la nación, luego de sendas declaraciones para


patentar su autoridad, declaró culpable a la Senadora Piedad Córdoba de
tener nexos con las FARC, pese a las contradictorias, débiles y
controvertidas versiones acusatoria la declaró culpable, inhabilitándola
para ejercer como de Senadora de la república.

Dicha decisión, arbitraria injustificada y de sesgos políticos claros,


generó muchos cuestionamientos y criticas a juicio de una abrumadora
mayoría de opiniones en Colombia y el exterior.

¿A tales consideraciones el Procurador se mostró extrañado?

Pocos días después, otra decisión del Procurador, volvería a colocarlo en


la cuerda floja porque peló su cobre político, asunto muy cuestionado en
un funcionario con tan delicado cargo que lo obliga a la sensatez en los
juicios basado en el Derecho y no en la política.

Se trató del veredicto para absolver de culpas al Senador Mario Uribe,


implicado en diversos hechos de paramilitarismo, razón por la cual, en el
pasado, pretendió asilarse en la embajada de Costa Rica y posteriormente
encarcelado.

No es la primera vez que el procurador muestra su sesgo político, todos


los que tenemos memoria, sabemos que fue precisamente un fallo positivo
del procurador el que habilitó el engendro político, de ingrata
recordación en el gobierno de Uribe llamado REFERENDO REELECCIONISTA, que
con sensatez y sentido de país, tumbó la Corte Constitucional.

Como podemos ver el Procurador hace parte de ese distinguido grupo de


políticos colombianos, que no admiten las posturas críticas al régimen y
que por el contrario son funcionales a conductas dolosas que tanto daño
le han hecho a Colombia, mucho más cuando se ocupan cargos públicos como
lo es la Procuraduría General de la Nación.

Esa mal llamada “meritocracia” de que habló el ex presidente Uribe, sigue


vivita y coleando, para favorecer intereses oscuros que siguen
sosteniendo el andamiaje del gobierno Santos, que trata de presentarse
ahora como escrupuloso pero que aun necesita de esa nata oscura para que
su doble condición de viejo y nuevo gobierno, pueda articularse.
La Economía Fluctuante de Colombia en las décadas del 30 y del 40

El ambiente económico de Colombia en las décadas del 30 y del 40 fue mediado


por dos grandes acontecimientos mundiales: La caída de la bolsa de Nueva York
de 1929 y la segunda guerra mundial de 1939 a 1945. Acontecimientos que se
presumió que afectarían gravemente el panorama, en definitiva no se experimentó
un desplome o una quiebra de la economía interna, gracias a que esta
experimentó fluctuaciones que la llevaron de un crecimiento exitoso durante los
años 30 a un estancamiento y una pausa en los 40. Asumiendo estos dos hechos
de manera heroica “la republica liberal” se enfrentó con políticas proteccionistas
que consolidaron la industria como el sector dinámico del conjunto de la
economía, la intervención del estado como vigilante de toda la actividad
económica del país y la ubicación del sector agrícola como eje de reinversión del
gasto público.

Colombia fue el país latinoamericano que mejor enfrentó la crisis del 29 puesto
que su recuperación económica en relación con otros países fue considerable. El
PIB mantuvo un crecimiento de 1929 a 1933 de 9,9%, en contraste con países
como Chile en el cual fue de –39.9% como México –10.3%, argentina –9.7%.
Durante los años 30 se puede decir que Colombia sostuvo un crecimiento exitoso
que se vio representado en el aumento del ingreso bruto por habitante y del
numero de habitantes activos trabajando en la industria manufacturera. Durante
los 40 pesó la guerra mundial y representó un descenso en el PIB y el producto
per capita retardando el proceso de recuperación hasta 1944 en donde el
dinamismo industrial acrecentaría de manera no uniforme el crecimiento de la
república. La industria entre 1930 y 1945 fue el sector económico con mayor alza,
representado en un crecimiento de 241.7%. La agricultura en su momento no
representó mayor crecimiento, descendiendo su nivel de importancia en
contribución al PIB de un 71.3% en 1939 a un 47% en 1945. Se creaban industrias
mientras se experimentaba un acelerado cambio en la estructura económica
durante un corto periodo.

Dentro de la perspectiva urbanizadora y de concentración poblacional, las


ciudades capitales aumentaron en numero de habitantes, facilitando así el
desarrollo de actividades urbanas y el empleo de la población activa en industrias,
en su mayoría, manufactureras como el tabaco, los textiles, los alimentos y las
bebidas. Se accedió a una mayor participación industrial y a un mayor empleo de
la población activa en Colombia, hecho que consolidó el aumento de demandas
sociales e intereses políticos que debían ser satisfechos por el estado. Un estado
en vías de modernización con la industria y el comercio exterior como sus dos
grandes aliados.

En cuanto al proceso de industrialización había aires de producción a gran escala


competitiva y organizada por el ritmo que llevaban las industrias entre 1933 y 1939
que era de un 10% en su crecimiento y posterior a este periodo entre 1939 y 1945
un 6% que no sólo fue menor al periodo precedente sino a lo mostrado por los
países latinoamericanos. La diversificación industrial fue muy reducida y se pensó
que la especialización en monocultivos era la respuesta a las demandas de
producción dispuestas a la exportación, así las industrias alimenticias
predominaron sobre el desarrollo de industrias textiles, de bebidas y cemento y
aún sobre las inexistentes químicas y metalúrgicas, debido esto en gran parte a la
necesidad de consumo urbano que se había acentuado durante los años 20 y a la
cual le apuntaban las inversiones por medio de bienes de consumo corriente.

Otro hecho no aislado fue la disposición de una reforma arancelaria en 1931,


diferente a las anteriores en términos de definición tributaria, puesto que ya no se
buscaba la invención de nuevos tributos y el aumento de los ingresos fiscales sino
el fortalecimiento del sector industrial frente a los productos importados, estimulo
este que sirvió para el desarrollo sostenido de la industria textilera. Las
importaciones vieron una luz de recuperación a fines de la década de los 30 con la
participación de los alimentos y de los textiles, con lo cual se abrieron nuevas
perspectivas dentro de un ambiente favorable para el emprendimiento de nuevos
proyectos industriales.

El numero de empresas que se crearon entre 1930 y 1939 refirió un aumento del
168.7% mientras que las ya creadas durante la década de los 20 fortalecieron e
intensificaron la utilización de sus capacidades adquiridas antes de la crisis. El
empeño de la industria textil destacó a FABRICATO y COLTEJER en Antioquia
como sector productivo prolífico que contribuyó al crecimiento manufacturero total
desde 1939 hasta 1945 en un 67%.

La ostensible batalla que libraba la economía colombiana por su recuperación


sufrió el avatar de la segunda guerra mundial manteniendo un nivel de crecimiento
moderado y contrayendo las capacidades de importación, puesto que los
transportes no eran seguros y había dificultades para transportar productos de
consumo, este hecho representó la acumulación de divisas y de reservas,
haciendo de la republica una bomba de tiempo en cuanto al desarrollo industrial
en el ámbito latinoamericano.

Se considera también que el crecimiento fue desmedido en la industria pero su


dificultad a principios de siglo sólo ponía a Colombia a competir en el estándar
mínimo con respecto de otras naciones.

Visto en bloque el proceso industrial realizó adelantos y diversificó la gama de


bienes producidos para consumo masivo de los habitantes de Colombia y de los
consumidores en el mundo. Era un foco desarrollista dentro del periodo de
posguerra y sostuvo de su mano el desarrollo agrícola y pecuario gracias al
establecimiento del control interventor del estado.
El desarrollo agropecuario había sido sustancialmente referido por la producción
de café, Colombia era un país cafetero por excelencia y no se pensaba en otro
sector productivo tan oportuno y efectivo como este, algunos productos como el
algodón y el azúcar fueron desarrollados de manera sectorizada echando mano de
las condiciones medioambientales de cada región: En la costa el algodón y en el
valle del cauca la caña de azúcar. Uno de los hechos más destacados fue la
implementación de técnicas y tecnología de punta para la producción de la
agricultura y la ganadería. Se introdujeron modos más racionales de habilitar la
tierra, ganado de producción masiva a bajo costo y de buen consumo y se
fortaleció el fomento a través de créditos agrícolas y políticas de producción que
llevaron a un mejoramiento de la calidad de productos de algodón, arroz, azúcar,
cacao tanto para los lotes de importación como para las demandas alimenticias
urbanas. Entre 1937 y 1945 las importaciones de este sector se duplicaron y
pasaron de manera diversificada a representar un importante sector de las
importaciones produciendo desfases en la atención a la demanda interna y
reinversión en maquinaria y equipo para su autosostenimiento. Allí también se
expresó la política intervensionista del estado buscando mejorar la caída de la
inversión, mejorando la relación producto bruto-capital. La industria responde
mejor en este sentido al avance modernizador del sector agrícola.

El suministro de materias primas y de bienes alimenticios se vio dosificado por la


expedición de la ley 200 de 1936 en la cual se evidenciaba una preocupación por
la posesión de terrenos por parte de grandes industriales que buscaran la
transformación de latifundios en granjas productoras. El sector rural se ve
beneficiado por la reforma agraria pero este viene en franco deterioro debido a la
inversión de capital en las zonas rurales geográficas que contribuían de forma
importante a la producción agrícola y que representaba mayores índices de
modernización.
El estado no deja de lado su preocupación y las consideraciones políticas e
ideológicas que implicaban su intervensionismo y que buscaban una mayor
distribución equitativa del desarrollo económico y las divisas generadas dentro del
proceso de industrialización. Las aspiraciones liberales eran ante todo mediadoras
del conflicto social de las masas y la desigualdad de clases, según esto el estado
debía velar por el bienestar máximo de la gente menos favorecida para lo cual
elevó los salario de trabajadores, la baja de los precios, la reducción de las horas
de trabajo al mismo tiempo del aprovechamiento racional de los recursos. Tuvo
dos caras el intervensionismo, por una parte regular la actividad económica de
toda la nación a través de la legislación y, dar una más amplia participación en la
transferencia de recursos a los sectores sociales donde había menor desarrollo
económico y a las industrias textiles. El intervensionismo no implicó un crecimiento
del estado como institución y de otro lado no representó una mejor distribución del
gasto y se orientó en realidad hacia el fomento económico permitiendo un bajo
régimen de consumo per capita nivelado con el ingreso.

La medida proteccionista del estado hizo ver las tendencias liberalistas y


modernistas como algo idealizado representado en la falta de sentido practico
para el manejo de una política económica adecuada de un estado en plena
expansión. Muy disgustados los sectores industriales se conformaron con aceptar
el régimen tributario impuesto en 1935 por la ley 78 por medio de la cual el 70.9%
del total de ingresos por tributación directa provenían de los impuestos a las
industrias y el 29.1% provenían de impuestos a personas estancando así el
desarrollo manufacturero que era el de mayor dinamismo y prescribiendo un
régimen impositivo fiscal y tributario que incrementó la carga de impuestos a los
sectores de mejor comportamiento pero no afectó las rentas personales de los
grupos de mayores ingresos; la agricultura al respecto no sufrió ningún choque
puesto que ella tributaba poco y recibía la reinversión del gasto público a través de
la política fiscal representativamente.
Para enfrentar crisis tan grandes las políticas gubernamentales de la época fueron
restrictivas e intervencionistas gracias a que debían legitimar constitucionalmente
la obligaciones que implicaba asumir tributos para fortalecer al estado y su función
pública y social que fijaba una necesidad de una distribución equitativa de las
ganancias por la producción industrial. Regular el funcionamiento social de alguna
manera representado en el fortalecimiento del ingreso per capital, el PIB y la
minorización de los riesgos de sobreproducción eran eminentes directrices de la
disposición liberalista de asumir a todos los habitantes de la republica como partes
integrantes del gran todo, a costa de no precisar medidas correctivas que fueran
contrarias a la misma intención reguladora de la producción per capita, de la
acumulación de riquezas, de la posesión de bienes y del trabajo digno del
proletariado.
La vivienda del hombre colombiano como fuente de orgullo y dignificación
artificiales: El ornato y el confort

Ricardo Olano en su intervención en el Congreso de Mejoras Públicas celebrado


en Medellín en 1934 propuso: “No soy partidario de que se hagan parques en la
plaza de las poblaciones pequeñas. La plaza se necesita para el mercado. Pero sí
deben sembrarse árboles de abundante follaje”

¿Qué reparos hay en mostrar una plaza de mercado de un pueblito pequeño sin
árboles? ¿Será que los campesinos requieren la sombra de “árboles de abundante
follaje”? ¿Por qué no traer los cultivos más cerca de la plaza para minimizar los
costos del transporte en vez de sitiar la plaza con verde improductivo? Ricardo
Olano, en esto, hace sentir el deber de menguar el daño estético que causa la
mínima y deshonrosa actividad económica agrícola al pueblo, dado el hecho de
que Les Champs-Elysées en Paris estaba rodeado por árboles, no por arracachas.

En gran medida la “Cultura Aldeana” impuso en las construcciones rurales y


campesinas, algo que hasta entonces era una preocupación sin mayores auxilios,
hermoseando según las propuestas de Luis López de Mesa los pueblos de
acuerdo a la inquietud pertinente por el mejoramiento de las poblaciones
periféricas y olvidadas, llevándolas a adquirir un estatus sin aumentos
considerables en los costos de construcción de chozas, cabañas y demás
construcciones rústicas. Según él “En esta cartilla iniciamos, iniciamos apenas,
bien entendido, la preocupación de que nuestras chozas, casas rurales y
pueblerinas, moblaje, templos aldeanos, escuelas menores, y hasta poblados en
general, sean proyectados conforme a un ideal artístico sencillo, pero
discretamente elegante, y la indeclinable conveniencia de la moralidad, la higiene,
la estética y la alegría” (Restrepo, 1935:3) refiriéndose a las disposiciones sobre la
arquitectura en la Biblioteca Aldeana en el libro de Arquitectura Aldeana y Rural.
Volviendo sobre Olano en el congreso en Medellín, comunica que “(...) Las calles
en buen estado dan un prestigio extraordinario a las poblaciones (...) y arréglese
en primer lugar la entrada de la población hasta la plaza (...)” A renglón seguido
enuncia: “Árboles en la calle, ornato magnifico, frescura en los climas cálidos.
Mejora valiosa que se puede hacer con pequeño esfuerzo, con un poco de espíritu
de colaboración, cuidando cada vecino el árbol que este frente a su casa”

¿Cuales de estas mejoras van a cambiar la vida de quienes habitan el pueblo: los
árboles para protegerse del clima en el que han vivido siempre, o una vía para
entrar al pueblo que siempre han ocupado y del que probablemente la mayoría no
ha salido? A primera vista parecen mejoras para hacer más agradable la visita de
quienes no están acostumbrados, de quienes en su grandeza no han pasado la
incomodidad e infelicidad “propias” de la vida campesina. Existía como vemos, un
afán por extender las virtudes de lo urbano a todos los lugares a los cuales fuera
posible: “La aldea puede aspirar a ser hermosa en su rusticidad y pequeñez, no
monumentalmente como las grandes urbes” (Olano, 1934) pero habría que hacer
el intento.

El ornato se constituyó como un valor clasista, utilitario y desconocedor de la vida


rural. Este, para la ciudad es un ambiente natural artificial mientras que para el
campo es una búsqueda de comodidad para el citadino visitante y una búsqueda
de adaptación de la vida del campesino a una menos “triste” y más parecida a la
que se tiene en la grandes urbes.

El ornato se vivió en la ciudad de otra manera como lo muestran estas


disposiciones reglamentarias que divulgó la Secretaria de Obras Públicas (SOP,
1944: 24):

“Articulo 45. Todas las construcciones serán retiradas de la línea de demarcación


oficial permitiendo así la formación de un jardín delantero de propiedad particular.
(...) en las carreras 7ª y 13 (...) la anchura mínima de este retroceso será de cinco
(5) metros; y en el resto (...) será de tres metros cincuenta centímetros (3,50 m).
En la Avenida de Caracas el jardín delantero tendrá cinco (5) metros de anchura
mínima”.

¿Cuál es la intrínseca preocupación en estas disposiciones reglamentarias? ¿Por


qué destinar el espacio de casi una habitación para un antejardín? La idea de los
urbanizadores es tratar de movilizar la vivienda urbana a un estilo moderno y
funcional pero disimulado por unas flores y unos arbustos mínimos. Es posible que
en ciertas ocasiones la ciudad industrial fuera muy hostil para sus habitantes y se
buscara menguar esto mediante la artificialidad de un espacio natural simulado.

Esta preocupación hace referencia sólo a un tipo de vivienda, una de un tamaño


tal que pudiera recortarse 5 metros para la construcción de un antejardín sin
problemas, esto nos lleva a pensar que la preocupación del ornato es clasista sin
duda, tratada de traducir para las viviendas pobres o rurales en comodidades con
las cuales se alcanzaría una supuesta felicidad o comodidad que nunca se había
buscado antes. Las necesidades con las cuales se hicieron decretos para la época
y que fueron objeto de grandes disertaciones eran necesidades que no
correspondían a las problemáticas del colombiano de la época.

Karl H. Brunner también hace referencia al asunto de la estética (mas no la


fastuosidad) en las construcciones cuando menciona que: “Nuestra época es
mentalmente mucho menos homogénea que aquellas épocas históricas en que
evolucionaron los diferentes estilos. El estilo moderno “internacional”, no aplicado
por una artista de refinado gusto y sensibilidad, es algo utilitario, seco y frío y no
esta mas de acuerdo con nuestra afinidad regional que la imitación de algún estilo
pasado, que pertenezca al mismo ambiente racial y geográfico” (Brunner, 1940)
Haciendo alusión a lo que se tenia en mente sobre la vivienda, definitivamente se
visualiza una impresión estilística que debe responder a la vanguardia
modernizadora dentro de la ciudad y la cultura de ella expresada en las
construcciones antiguas. La mixtura perfecta estaba dictaminada por un goce
moderado de ornatos, de adornos para la ciudad: parques, alamedas, plazas.

Esta expresión es bastante característica de una arquitectura de estilo pero


conciente de la necesidad de dar utilidad a las construcciones con el
embellecimiento de estas. Tal vez embellecidas sirvan más que cuando solo
ocupan espacio y entorpecen el paisaje de una ciudad acondicionada, cómoda y
amable con los que la habitan. Hablemos ahora de los que la habitan y cual era su
relación con el valor del ornato.

En estos momentos la tendencia a que las viviendas fueran principalmente


funcionales hacía que los intentos por recobrar algún sentido estético en ellas
convirtiera a la belleza en algo tan artificial que tenia que ser medida en categorías
técnicas, como lo enuncia Jorge Enrique Hocino, tales como belleza armónica,
geométrica, de colorido y simbólica. De esta tipología valdría rescatar la definición
de belleza de colorido, la cual plantea que cada color causa cierta “alegría o
tristeza del paisaje”, por ejemplo el blanco significa limpieza, el carmelita o
moreno, engaño y el gris, tristeza (Hocino, 1945)

No es precisamente de una revista de variedades de donde se ha tomado la


anterior información. Está dispuesta en una revista especializada que recomienda,
de una manera en absoluto fortuita, que los colores de los que, por lo general son
las viviendas campesinas hechas de bareque (gris o marrón) significan engaño o
tristeza, tampoco es fortuito que el blanco sea el color emblemático de la limpieza.
Los colores son referentes manifiestos del ornato de la vivienda tanto rural como
urbana, y en estos esta detentada cierta valoración arbitraria sobre la alegría en el
estilo de la construcción, en el propio estilo de vida de los habitantes de una casa,
cuestión de la que se hará mención en este mismo documento mas adelante en
los apuntes sobre lo que otro valor determinó para las dos décadas que
comprende este análisis: el confort

Querer vivir con opulencia durante las décadas del 30 y del 40 es la idea principal
para el valor del confort como lo hace ver Villaneda Soto: “No puede desarrollarse
ahí aquella sana ambición de mejoramiento que lleva a las gentes a agregar día a
día una comodidad o un adorno más a sus viviendas” (Villaneda, 1939)
refiriéndose al campo.

¿Por qué se ambiciona el mejoramiento de la vivienda por medio de la añadidura


de adornos?, ¿qué tan sana es esta ambición? ¿qué tan confortable es vivir un día
a día de consumo de mobiliario puesto en una casa cualquiera? ¿qué idea
sostiene el hecho de hacer confortable las casas de personas que serían sacadas
de ellas cada vez mas por el trabajo en industrias?

Hay que volver con detenimiento acerca de los intereses de una vida citadina llena
de “necesidades” recién creadas. Necesidades que requieren para su satisfacción,
trabajar largas jornadas que serían eludibles si solo se cubrieran algunas básicas
como la alimentación y una vivienda. Ciñéndose al planteamiento de Carlos Adolfo
González: “la sociedad esta formada por el conjunto de individuos que habitan un
territorio dado en el cual están arraigados por las fuentes de producción de
carácter inmueble, por el trabajo y la afectividad” (González, 1932)

Había que adaptar a los campesinos que habían sido “atados” a su casa, a su
trabajo y a su familia en el espacio rural, en el ambiente urbano, aumentando su
tiempo de trabajo pero ofreciéndoles un aliciente en su vivienda: el confort, del
que gozaban con pisos de concreto y no de tierra, pero a costa de un
sobreesfuerzo y de la mitigación de su vida de “pobre” con lujos determinados.
En cuanto al confort en el campo, (que toma importancia cuando la migración a
las ciudades ya ha sido excesiva, en la ultima parte del periodo) tenía como
objetivo lograr que las personas que habitaban zonas rurales no añoraran la vida
“prospera” de sus coterráneos que habían emigrado a alguna zona urbana, como
lo señalaba Mendes Gonçalves “El hombre huye del campo porque no encuentra
en el mundo rural, los adelantos de todo orden que con sólo estirar la mano puede
alcanzar el ciudadano”(Mendes Gonçalves, 1942), o tal como lo expresaba una de
las preocupaciones debatidas en la Conferencia de Expertos en viviendas
tropicales celebrada en Caracas (Venezuela) en Diciembre de 1947 “Otro aspecto
importantísimo que Encontraron (...), fue el relacionado con el arraigo del
campesino a su parcela, mejorándole las condiciones de vida, lo cual permite
resolver en parte el problema de la afluencia a las ciudades (...)” (Ramírez J,
1947).

El arraigo a la tierra se vuelve una misión indispensable con la voluntad de


construir tantas viviendas que suplan la confortabilidad de los campesinos, para
los muchos que pudieran estar pensando en la necesidad de migrar de sus
“ranchos”, no solo aquí en Colombia sino en otros países sudamericanos como
Argentina. Muestra de esto es lo que dice Mendes Gonçalves sobre la provincia de
Santa Cruz, “La tierra fiscal y las necesidades para lograr su propiedad privada
(...), la falta de arraigo, el propósito de realizar fortuna prontamente y de regresar
a corto plazo a los centros populosos o a medios de vida mas confortables son (...)
motivos que en uno o en otro caso pueden explicar esa apariencia de provisional
que caracteriza a la inmensa mayoría de los edificios de la Patagonia” (1942) Se
sigue ingenuamente pensando en que la posibilidad de vivir en el campo sea la
manera en que se llegue a rechazar la vida industrial y citadina. La ciudad se
estaba sobresaturando de gentes y muchas gentes en un espacio tan reducido
representaba mayores costos sociales y el empeoramiento de una imagen
agradable de ciudad.
Existía en este periodo una preocupación no resuelta antes y que permaneció
como factor importante en las recomendaciones acerca de vivienda y esta era la
higiene, pero ya que su surgimiento se dio aproximadamente a principios del siglo
XX, no será suficientemente descrita en este estudio.

No eran aislados los intentos, ni las opiniones por proveer de ornato, confort e
higiene a las casas campesinas, hacían parte tanto de leyes como de informes de
los ministerios al congreso y de artículos de arquitectos especializados, era tal la
apropiación de estas necesidades recién “descubiertas” que se llegó a decir que
eran las preocupaciones inherentes de la arquitectura “Salvo en (...) y en otras
contadas poblaciones , las casas son de (...) mal gusto, no tienen proporciones ni
armonía, ni belleza, ni comodidades, ni higiene. Necesita, pues, el Huila una gran
“inyección” de arquitectura” (Olano, 1935)

Desde la decoración parte la “alegría” de una construcción. Otros problemas


pueden ser solucionados con el tiempo pero “hermosear” las viviendas es un
asunto perentorio y para el cual se destinaron grandes esfuerzos y recursos, pero
no sólo la alegría de una construcción, sino de sus habitantes como lo resalta
Olano en otra parte de su informe presentado al Ministerio de Educación de la
siguiente manera “(...) la habitación del hombre y de su familia, debe ser bien
construida, limpia, confortable, aunque sea pobre, debe ser la base del decoro de
la vida” (Olano, 1935).

De esta manera es como un discurso oficial, pasa de ser un simple mandato que
se cumple para bien o para mal, a un legado moral que yace en el interior de las
personas, que le da alegría a su vida o se la quita, claro, no se plantea de manera
explícita una necesidad pero la critica a quien no vive con “decoro” u “ornato” lo
ponen en la categoría de subhumano, de digno de la más misericordiosa ayuda.
Surge la pregunta: Como pudieron cargar con este estilo de vida antes? Que fue
de ellos antes de la llegada de la “alegría” citadina tantas veces enunciada.
La vida durante este periodo se desenvuelve en medio de tantos esfuerzos por
conseguir una casa acorde con las instrucciones tanto arquitectónicas, como
sociológicas que pareciera que la habitación adquiriera identidad y importancia
dentro de la familia como foco principal de una cultura modernizante. Es decir,
todo un aparato de inmensas proporciones esparciendo su influencia en todos los
niveles, esto incluyendo la intimidad del hogar, entendido como una serie de
disposiciones arquitectónicas antes que como alguna relación entre las personas.
Se adecuaron a pensar, como aún se hace, que con el gobierno sobre los
factores externos al individuo determinantes se podía tener una vida agradable.
En palabras de Michel Foucault “(...) la penetración del reglamento hasta los más
finos detalles de la existencia y por intermedio de una jerarquia completa que
garantiza el funcionamiento capilar del poder”4

Escapando del dialectismo en el que caen los análisis que determinan problemas
devenidos de relaciones bondad-mezquindad, Estado-Sociedad civil, etc., esta
divulgación defiende un análisis que debe ir mas allá de los escenarios
contextuales y observables para llegar a preguntarse el como se logra un gobierno
invisible de las actividades cotidianas de una persona cualquiera. Los valores que
se han descrito cobran una importancia vital para la elaboración de discursos lo
suficientemente deseables, buenos y útiles como para que los gobernados crean
que no pueden vivir sin lo que se les ofrece de manera caritativa y basada en
supuestos fuertemente teóricos, bien elaborados y convincentes para las personas
de una determinada situación histórica.

Los valores son el instrumento menos visible y mas poderoso del ejercicio de un
gobierno ya que “En el acto moral, cuando elegimos, tenemos que decidir sobre
una acuarela de opciones y la opción a elegir ha de fundamentarse en una
preferencia, vale decir que nuestra elección escogida es preferible a las otras

4
Foucault. Michel, Vigilar y Castigar. 1976.
posibilidades por sus consecuencias o resultados, ya que se nos presenta más
valioso, más digno”5, esto implica un empleo menor de energía en la intención por
hacer que un mandato se disperse como obligatorio y se cumpla, no requiere del
precio político y económico que implica la vigilancia absoluta o el castigo
desmesurado, los valores se constituyen como un poder incorpóreo y sin rostro
que es ejercido por todos y por ninguno y que actúa de la manera más brutal
sobre cada una de las personas sin tener que ser aplicado de una manera directa.

“[…] el valor no lo poseen los objetos de por sí, sino que éstos lo adquieren
gracias a su relación con el hombre como ser social. Pero los objetos, a su vez,
sólo pueden ser valiosos cuando están dotados efectivamente de ciertas
propiedades objetivas” (Sánchez Vásquez, 1999) Pero dichas propiedades que
Sánchez llama “objetivas” son fijadas en últimas por sujetos de carne y hueso, que
actúan según su conveniencia o que están convencidos de haber hallado la
solución a los problemas, sin darse cuenta de estar siendo móviles de algo mucho
más grande.

Volviendo al sustrato de la historia de Colombia tratado aquí, el cual fue regido por
los valores ya mencionados, ornato y confort, se puede decir que fueron
maneras sutiles de impulsar cambios convenientes para cierto sector de la
sociedad haciendo creer al resto que sería lo más útil para todos. Es lo que
Nietzche llamaría moral de señores, esta, según él, es la portadora de lo “bueno”
de lo que es digno de ser imitado y de lo que debe ser el norte de cualquier
decisión. Por otra parte existe la moral de esclavos, que corresponde a lo que
debe ser escondido, rechazado y olvidado.

5
http://lauca.usach.cl/~aremente/etica/etica6.htm, Sin autor. Guía N° 6. Los Valores. UNIVERSIDAD
DE SANTIAGO DE CHILE
En el caso de la vivienda, el estilo europeo y por tanto, de los burgueses
colombianos era el que debía ser llevado a cada rincón de la patria sin importar las
razones por las cuales existía otro, sólo teniendo como objetivos sublimes la
civilización, el progreso y la superación de un atraso que en aquel momento se
daba por hecho, que era propio de los campesinos, como queda claro en la (cita
con la que empieza el texto).

La labor de desmembrar este tipo de imposiciones invisibles no siempre es


sencilla ya que muchas parecen obvias o simplemente necesarias, y con el debido
apoyo de un discurso científico, lo parecen mucho más, tal como lo pensaron las
personas de esta época que pensaban que la “civilización” era el camino seguro
hacía la felicidad de las personas, perdiendo de vista lo más cercano, olvidándose
de preguntar por la importancia del estilo de vida ya existente, por las condiciones
PROPIAS de los territorios y los pueblos de Colombia.

La vida rural comenzó a ser triste, despreciable y poco digna, en cuanto los
anhelos de modernidad se materializaron en posturas ideológicas, practicas
económicas y costumbres sociales.

Podría haber surgido alguna otra propuesta diferente a la de hacer que el


campesino “mejorara” su vivienda respecto al ornato o al confort, alguna
propuesta que fuera encaminada a mejorar su nivel de vida a largo plazo y no
planteándole soluciones rápidas a problemas inexistentes, como las que se
planteaban como respuesta al mal gusto y la falta de armonía en un proyecto de
gran importancia como la comisión de cultura aldeana. Este ultimo comentario se
refiere a una serie de conferencias realizadas por expertos en diferentes pueblos
del país en donde se hacía gran énfasis en asuntos como el siguiente: “Y para las
casas actuales aconsejaba hermosearlas con un gasto insignificante, blanqueando
el frente, pintando las puertas y ventanas, sembrando flores en el patio. En vívidas
frases les mostraba así como el pueblecito quedaría alegre, limpio, amable.”
(Olano, 1935). Los avances en arquitectura hubiesen sido un poco más útiles si
con poco dinero no se hubieran podido “hermosear” las viviendas sino hacer algo
que impulsara un desarrollo en el país más allá del “prestigio”.

Se puede dar conclusión a este análisis, explicando la intención del acercamiento


elemental a las formas de gobierno sutil, en el que se evidencia la posibilidad de
imponer un discurso científico (dado su carácter experimental) con sus propias
necesidades, a través del trabajo paradigmático de la gobernabilidad en Colombia
dada durante el periodo estudiado (1930-1950). Las investigaciones de carácter
axiológico serán distinguidas en la labor transformadora de una cultura política
basada en los partidos, o en el conflicto armado si se dedican con mayor esfuerzo
y fuero al cultivo de una fractura en el orden social bajo la amenaza de que los
actos humanos siempre llevan consigo implicaciones éticas que son a veces
inconscientes y que se justifican a medida que se van develando las necesidades
que le dan sustento material e individual. Muchas veces la gente no se da cuenta
que solo actúa bajo las restricciones de un “poder capilar”6, o que las relaciones
que establece con su entorno son netamente puentes para el alcance de objetivos
personales y necesidades particulares. La historia de los valores hecha de una
manera real es un sustento para hacer que la sociedad empiece a pensar en la
posibilidad legítima de hacer valer su libertad política.

6
Foucault Michel, op. cit.