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TENDENCIAS POLÍTICAS EN AMÉRICA LATINA: ¿DEMOCRATIZACIÓN DE

LA IZQUIERDA O IZQUIERDIZACIÓN DEMOCRÁTICA?

LWINNITH GIOVANNA SUÁREZ PLAZAS

UNIVERSIDAD COLEGIO MAYOR DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO


FACULTAD DE CIENCIA POLÍTICA Y GOBIERNO
BOGOTA D.C., 2007
“Tendencias políticas en América Latina: ¿democratización de la izquierda o
izquierdización democrática?”

Trabajo de grado presentado


como requisito parcial para optar al título de
Politóloga
en la Facultad de Ciencia Política y Gobierno
de la Universidad Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario

Presentado por
Lwinnith Giovanna Suárez Plazas

Dirigido por:
Rubén Sánchez David

Semestre I, 2007
CONTENIDO

Pág.

INTRODUCCIÓN 1

1. LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA 5

1.1 ¿QUÉ ENTENDER POR IZQUIERDA? 5

1.2 LA IZQUIERDA EN AMÉRICA LATINA 9

1.3 LA GÉNESIS DE LAS IZQUIERDAS LATINOAMERICANAS 13

2. LAS IZQUIERDAS LATINOAMERICANAS 16

2.1 LA RECONFIGURACIÓN DE LA IZQUIERDA 17

2.1.1 La crisis de los partidos políticos en América Latina 21


2.1.2 El cambio de la matriz sociopolítica 23

2.2 IZQUIERDA Y POLÍTICA EN LA AMÉRICA LATINA DE HOY 25

2.2.1 Los desafíos mayores a la democracia latinoamericana 26


2.2.2 Rasgos característicos de la dinámica política 27
2.2.3 Los parámetros de la nueva izquierda latinoamericana 28
2.2.4 El populismo 29
3. EL MAPA POLÍTICO DE LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA 31

3.1 LA IZQUIERDA REFORMADORA 33

3.1.1 Chile 33
3.1.2 Brasil 34

3.2 .LA IZQUIERDA REFORMADORA 37

3.2.1 Venezuela 37
3.2.2 Bolivia 38

4. CONCLUSIONES 40

BIBLIOGRAFÍA
INTRODUCCIÓN

La democratización que conoce América Latina desde la década de los noventa del
siglo pasado, el debilitamiento del marxismo dogmático, la terminación de la guerra
fría y la presencia de nuevos actores sociales en la arena política han modificado el
tradicional equilibrio de poderes en la región. Desde entonces han comenzado a
desarrollarse nuevos movimientos sociales como los de derechos humanos, de grupos
indígenas, de género, etc., lo que ha favorecido a las formaciones de centro izquierda.
Es así como una ola de movimientos y partidos de izquierda se ha ido extendiendo
por América Latina. El triunfo electoral de líderes de formaciones de izquierda en
sucesivos países constituye la expresión más evidente de esta dinámica.
Así mismo, muchos de estos movimientos adquieren características
populistas, surgen líderes carismáticos y se crea una relación inmediata entre las
masas y sus líderes. En consecuencia, las tendencias más importantes ocurridas en la
región no se encuentran en los resultados electorales como lo plantean algunos
analistas, sino en las crecientes diferencias entre las fuerzas emergentes, entre
intereses nacionales e ideología, como lo ha anotado Jorge Castañeda, ex ministro de
Relaciones Exteriores de México1.
En el curso de los últimos años, en algunos países las luchas populares
llevaron al poder a gobiernos que no eran clientes de Estados Unidos y en 2006
surgió una nueva y compleja configuración en la que las prioridades nacionales se
superponen a otro tipo de divisiones sociales y políticas. En efecto, la dinámica
internacional ha conformado un terreno en el que los dos extremos están ocupados
por Estados Unidos y sus aliados de corte conservador, en un lado, y los gobiernos
nacional-populistas de Venezuela y Bolivia, en el otro, mientras el centro lo ocupa
una izquierda moderada. Es así como, aunque identificados con las ideas de
izquierda, los gobiernos moderados de Brasil, Chile y Argentina chocan con los de
Venezuela y Bolivia, cercanos a las posiciones de Cuba. Las fricciones se han

1
Comparar Castañeda, Jorge. “Viejas vs nuevas izquierdas en América Latina”. Artículo publicado en
el Semanario CONFIDENCIAS de Nicaragua. Documento electrónico

1
intensificado a raíz de la decisión del presidente boliviano, Evo Morales, de
nacionalizar el petróleo y el gas, afectando los intereses de los industriales de Sao
Paulo y de Argentina, el mayor proveedor de energía de Chile.
Otra variable que tiende a volver más complejo el panorama es el recurso a
la retórica y las prácticas populistas tan arraigadas en todos los países
latinoamericanos. En el contexto latinoamericano, el populismo es un concepto
analítico que requiere ser contextualizado; en efecto, no se puede poner en un mismo
plano el populismo liberal de Menem, el de Chávez en Venezuela o el de Kirchner en
Argentina aunque compartan un mismo rasgo: reformar el capitalismo, no abolirlo, y
prestar más atención a las políticas sociales que a las necesidades del capital,
prescindiendo de la mediación de las instituciones y privilegiando la relación directa
del gobernante con las masas.
De ello se desprende que la concreción del concepto como factor explicativo
de la situación política en América Latina implica tomar en cuenta la historia de las
transformaciones sociales de cada país así como las opciones ideológicas escogidas
por sus dirigentes, encubiertas por partidos que se dicen o son de izquierda.
En suma, a pesar de numerosos puntos en común entre las nuevas fuerzas de
izquierda, cuando se analizan con detalle sus intereses y su acción de gobierno se
aprecian importantes matices cuando no divergencias. Las principales diferencias
giran en torno al modelo económico y a la integración regional. ¿Son tan hondas estas
diferencias que es más correcto referirse a las “nuevas izquierdas” o, por el contrario,
a pesar de las divergencias que las caracterizan, son tan importantes los puntos
comunes que orientan su acción de gobierno que puede utilizarse con propiedad el
término de “nueva izquierda”? ¿Se trata efectivamente de una democratización de la
izquierda latinoamericana o más bien de una izquierdización de la democracia tal
como ha funcionado en la región, con altas dosis de populismo?
La presente investigación tiene como propósito caracterizar los partidos y
movimientos de izquierda latinoamericanos, valorar las dinámicas nacionales que
explican sus diferentes matices, precisar el vínculo entre manifestaciones de izquierda

2
y populismo y, a partir de allí, tipificar las distintas tendencias de izquierda en la
región.
El trabajo se fundamenta en las tesis de Norberto Bobbio para quien “el
criterio para distinguir entre la derecha de la izquierda es la diferente apreciación con
respecto de la idea de igualdad y el criterio para distinguir el ala moderada de la
extremista, tanto en la derecha como en la izquierda, es la distinta actitud con
respecto a la libertad”2.
La hipótesis que guía la reflexión que se plasma en esta monografía es la de
que si bien ha surgido una “nueva izquierda” en América Latina que ha abandonado
el proyecto de revolución armada y adoptado la reforma por la vía electoral y de
protesta popular3, más allá de la aspiración de alcanzar el poder a través de las urnas y
dadas las condiciones particulares de los países latinoamericanos, no puede hablarse
de una izquierda sino de izquierdas que cubren un amplio panorama cuyas
particularidades deben ser explicadas a partir de trayectorias históricas y matices
ideológicos diversos. Así mismo, despejar la incógnita planteada permitirá aclarar si
se está en presencia de una democratización de la vieja izquierda o de una
izquierdización de una democracia que en América Latina siempre ha estado expuesta
a la retórica populista.
El trabajo se sustenta en fuentes secundarias y un seguimiento de prensa que
llevó a consultar periódicos nacionales y extranjeros. En cuanto al orden que se sigue,
después de precisar el concepto de izquierda, se caracteriza la situación actual de las
izquierdas latinoamericanas y, por último, se ilustra la hipótesis con los casos de
Chile, Bolivia, Brasil y Venezuela.
El ascenso al poder de las nuevas izquierdas latinoamericanas es un
fenómeno muy reciente, por lo que es aventurado hacer especulaciones sobre su éxito
o fracaso a mediano plazo pero es un tema de indudable interés que permite analizar a
la luz de lo que sucede la relación de los partidos con el Estado, la ciudadanía, los

2
Ver Bobbio, Norberto. Derecha e izquierda. Razones y significados de una distinción política, p 132.
3
Comparar Rodríguez Garavito, César A. La nueva izquierda en América Latina. Sus orígenes y
trayectoria futura, p 17.

3
grupos corporativos y los actores colectivos, así como los desafíos que plantea la
actual coyuntura para los partidos y los movimientos de izquierda.

4
1. LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA

Algunos analistas consideran que el giro a la izquierda que conoce América Latina
responde a un estado de ánimo de sociedades hastiadas de dirigentes corruptos
mientras otros opinan que corresponde al movimiento pendular de la política. La
mayoría, empero, piensa que el éxito de la izquierda no es una coyuntura pasajera
sino el fruto de lo sembrado en el pasado. Es así como Michael Shifter,
Vicepresidente de Política del Diálogo Interamericano, cree que “el problema es que
la gente no está satisfecha con los resultados (de la economía de mercado) ni con el
cómo ha sido aplicada… la población está buscando respuestas. Las recetas tanto
neoliberales como de control del Estado, no han tenido resultados muy positivos…
Estamos en una etapa de búsqueda de opciones y alternativas distintas”4.
Según Shifter, la población latinoamericana estaría en búsqueda de
soluciones pragmáticas a problemas concretos lo que otorgaría a las propuestas de
“izquierda” un significado que no tenía antes. De allí que sea importante comenzar
por aclarar qué se entiende por izquierda y por derecha.

1.1 ¿QUÉ ENTENDER POR IZQUIERDA?

La política se caracteriza por ser a la vez discurso y acción por lo que vive inmersa
en un proceso que opone constantemente los defensores del orden existente a las
fuerzas que tratan de removerlo; al lado de las instituciones estatales que encarnan la
regla del derecho se yerguen las fuerzas políticas5, elementos que constituyen el
poder político no estatal que actúan precisamente con el objeto de fijar el contenido

4
Ver Márquez, William. “América Latina: ¿gira a la izquierda?. Entrevista realizada por la BBC el
viernes 29 de abril de 2005. Documento electrónico.
5
Para el autor, una fuerza política es “toda formación social que intenta establecer, mantener o
transformar el orden jurídico fundamental relativo a la organización y ejercicio del poder, de acuerdo
con una interpretación ideológica de la sociedad”. Ver Lucas Verdú, Pablo. Principios de Ciencia
Política, p 203.

5
del derecho y que se organizan en movimientos y partidos políticos6 con el objeto de
fijar el contenido del derecho y que se organizan en movimientos y partidos
políticos7.
De acuerdo con las ideologías que los animan, los partidos y movimientos
políticos son catalogados como de izquierda, de centro o de derecha, continuando la
tradición que se inaugurara en la Francia revolucionaria cuando la Asamblea
Constituyente inició sus labores en 1792. En ese entonces, los diputados se dividieron
en tres grupos: el de la Gironda, que se situó a la derecha del presidente; el de la
Montaña, que se sentó a la izquierda, y el del centro donde se ubicó una masa
indiferenciada a la que se denominó el Llano o la Marisma.
Algunos analistas opinan que en un mundo desideologizado la distinción
entre derecha e izquierda ya no tiene sentido y otros, entre ellos Alain Touraine, que
las categorías izquierda y derecha, aplicables a los regímenes parlamentarios, pierden
sentido en América Latina donde los regímenes presidencial y semipresidencial no se
apoyan en mecanismos de oposición de intereses y de ideologías diferentes8. Aunque
la apreciación de Touraine no deja de ser válida en cierta medida, en ausencia de
términos más precisos para designar realidades contundentes y tipificar las posiciones
que asumen las distintas fuerzas en el escenario político latinoamericano,
consideramos útil y necesario conservar dichas categorías aceptando como un
imperativo explicitar su significado.
En este orden de ideas, según Norberto Bobbio, “los conceptos de derecha e
izquierda no son conceptos absolutos. No son conceptos sustantivos y ontológicos.
No son calidades intrínsecas del universo político. Son lugares del „espacio político‟.
Representan una determinada topología política que no tiene nada que ver con la
ontología política. No se es de derecha o de izquierda en el mismo sentido en que se
dice que se es comunista, liberal o católico. En otros términos, derecha e izquierda no

6
Comparar Cumplido, Francisco y Nogueira, Humberto. Las fuerzas políticas en los hechos y en el
derecho, p 7.
7
Comparar Cumplido, Francisco y Nogueira, Humberto. Las fierzas políticas en los hechos y en el
derecho, p 7.
8
Comparar Touraine, Alain, “Entre Bachelet y Morales ¿existe una izquierda en América Latina?” en
Nueva Sociedad 205, septiembre-octubre de 2006, p 47. Documento electrónico.

6
son palabras que designan contenidos fijados de una vez para siempre. Pueden
designar diferentes contenidos según los tiempos y las situaciones. Lo que es de
izquierda lo es con respecto a lo que es de derecha. El hecho de que derecha e
izquierda representen una oposición quiere decir simplemente que no se puede ser al
mismo tiempo de derecha y de izquierda. Pero no quiere decir nada sobre el
contenido de las dos partes contrapuestas”9.
Las nociones de izquierda y derecha son relativas y sus contenidos han
cambiado a lo largo de la historia. Por ello sólo pueden ser caracterizadas en un
tiempo y un espacio determinados, lo que no quiere decir que no existan criterios para
diferenciar la una de la otra. Según Bobbio, frente a los criterios que han sido usados
para distinguir entre izquierda y derecha, el que más ha resistido el desgaste del
tiempo y que puede seguir siendo considerado como principio fundante de la
distinción, es el valor de la igualdad: “el criterio más firmemente adoptado para
distinguir la derecha de la izquierda es la diferente actitud que asumen los hombres
que viven en sociedad frente al ideal de la igualdad, que es, junto al de la libertad y la
paz, uno de los fines últimos que se proponen alcanzar y por los que están dispuestos
a luchar”10.
Ahora bien, decir que la izquierda es igualitaria no quiere decir que sea
también igualitarista. “Una cosa es una doctrina que tiende a reducir las
desigualdades sociales otra cosa el igualitarismo, que se entiende como „igualdad de
todos en todo‟… Cuando se atribuye a la izquierda una mayor sensibilidad para
disminuir las desigualdades no se quiere decir que ésta pretenda eliminar todas las
desigualdades o que la derecha las quiera conservar todas, sino que la primera es más
igualitaria y la segunda más desigualitaria”11.
Bobbio no deja de señalar que se trata de cierta igualdad que debe
especificarse cada vez respondiendo a tres preguntas: igualdad “¿entre quién?”, “¿en
qué cosa?” y “¿con base en qué criterio?”12. Tomando en cuenta estas tres variables -

9
Ver Bobbio. Derecha e izquierda. Razones y significados de una distinción política, p 129.
10
Ver Bobbio. Derecha e izquierda. Razones y significados de una distinción política, p 135.
11
Ver Bobbio. Derecha e izquierda. Razones y significados de una distinción política, p 140.
12
Ver Bobbio. Derecha e izquierda. Razones y significados de una distinción política, p 155.

7
sujetos, bienes, criterio- se dan distintos tipos de participaciones igualitarias, entre las
cuales se pueden distinguir las posiciones para las que la igualdad es más deseable de
aquellas para las que es menos deseable, junto con la distinta percepción y valoración
de lo que hace a los hombres iguales o desiguales. Partiendo del hecho irrefutable de
que entre los hombres existe tanto la igualdad como la desigualdad, los igualitarios
consideran que la mayor parte de las desigualdades son sociales y, en cuanto tales,
eliminables; los desigualitarios parten, por el contrario, de la convicción de que tales
desigualdades son naturales y, en cuanto tales, ineliminables.
Izquierda y derecha tampoco hacen referencia únicamente a ideologías sino
que “indican programas contrapuestos con respecto a muchos problemas cuyas
soluciones pertenecen generalmente a la acción política, contrastes no sólo de ideas
sino también de intereses y valoraciones sobre la dirección que habría que darle a la
sociedad, contrastes que existen en toda sociedad y que no se ve cómo podrían
desaparecer”13.
Para Bobbio, al lado de la igualdad como ideal supremo de los hombres que
conviven y como tema constante de las teorías e ideologías políticas, se sitúa el ideal
de la libertad considerado también como supremo o último. Por ello, además de la
díada igualdad/desigualdad es necesario colocar una díada no menos importante
integrada por los términos libertad/autoridad de los que derivan doctrinas y
movimientos libertarios y autoritarios. Las distintas actitudes con respecto a la
libertad permiten distinguir el ala moderada de la extremista, tanto en la derecha
como en la izquierda, lo que lleva a Bobbio a distribuir el espectro político en cuatro
grandes áreas:

a) En la extrema izquierda, los movimientos a la vez igualitarios y


autoritarios, de los cuales el ejemplo histórico más destacado es el
jacobinismo.
b) En el centro izquierda, doctrinas y movimientos a la vez
igualitarios y libertarios, a los que se puede aplicar la expresión “socialismo

13
Ver Bobbio. Derecha e izquierda. Razones y significados para una distinción política, p 13.

8
liberal”, incluyendo en ella a todos los partidos socialdemócratas, incluyendo
en ella a todos los partidos socialdemócratas.
c) En el centro derecha, doctrinas y movimientos a la vez
libertarios y no igualitarios, entre los cuales se incluyen los partidos
conservadores que se distinguen de las derechas reaccionarias por su fidelidad
al método democrático, pero que con respecto al ideal de la igualdad de
afirman y se detienen en la igualdad ante la ley.
d) En la extrema derecha, doctrinas y movimientos antiliberales y
antiigualitarios como el fascismo y el nazismo14.

Desde luego, estas consideraciones que buscan precisar los conceptos de


izquierda y derecha son muy abstractas por lo que es necesario tomar en
consideración factores de orden histórico y regional para cualificar las izquierdas
latinoamericanas.

1.2 LA IZQUIERDA EN AMÉRICA LATINA

Situada en una perspectiva histórica, la izquierda latinoamericana vive en los últimos


diez años el momento más relevante de su existencia. En efecto, en la mayoría de los
países del área partidos de izquierda tienen considerable influencia en los
movimientos sociales y fuerte peso electoral lo que les garantiza numerosos escaños
parlamentarios y el control de gobiernos municipales y regionales, superando, salvo
raras excepciones, el papel puramente testimonial que desempeñaron durante muchos
años.
El auge de la izquierda ha corrido en paralelo con la democratización de la
región si bien su proceso de crecimiento se ha dado en condiciones extremadamente
difíciles en todo el continente. Afectado por las crisis de las dictaduras militares, el
Cono Sur comenzó a hablar de transición a la democracia y del reemplazo de las
dictaduras por gobiernos civiles a finales de la década de los setenta.

14
Ver Bobbio. Derecha e izquierda. Razones y significados de una distinción política, p 163.

9
En un primer momento por transición democrática se entendió el
restablecimiento de mecanismos institucionales y legales que permitieran el regreso a
un orden jurídico político que posibilitara la reconstrucción de sistemas de partidos
como ejes de la transición hacia un régimen competitivo vinculado a la dinámica del
mercado como mecanismo regulador, ya potenciado por el Estado burocrático
autoritario que generó dinámicas económicas que hacían innecesaria la presencia de
un Estado fuerte.
Años de represión habían acabado con el potencial de movilización popular
generado por el estado populista y las economías, cada vez más ligadas a un orden
económico internacional crecientemente globalizado hacían necesaria una
redefinición de las funciones del Estado al terminar la Guerra Fría, cuando los
Estados Unidos dejaron de considerar a América Latina como un lugar estratégico de
la lucha por la hegemonía planetaria. Al caer las dictaduras militares apoyadas por los
Estados Unidos, el proceso de democratización fue impulsado por partidos
identificados como de izquierda que, ante la desaparición del socialismo del este de
Europa procedió a una revisión autocrítica de sus doctrinas y a adaptarse a los nuevos
tiempos. Como consecuencia de este proceso, la socialdemocracia europea se
convirtió en el paradigma para aplicar programas de izquierda en el marco de
sociedades democráticas.
La transición democrática se acompañó de procesos de apertura económica
que afectaron al conjunto de la sociedad; las ideas neoliberales que representaron un
ataque frontal a las políticas desarrollistas y a las concepciones socialistas se
impusieron y marcaron el rumbo de los países latinoamericanos. En nombre de los
valores defendidos por el llamado Consenso de Washington se llevó a cabo una
apertura comercial y financiera que tuvo un impacto desfavorable en los sistemas
productivos de los distintos países lo que provocó un agravamiento del desempleo y
de la exclusión social dado que las privatizaciones y las distintas formas de
desregulación dejaron al Estado con poca capacidad para orientar la economía.
Los ajustes impuestos por el Consenso de Washington para hacer frente a la
pesada carga del endeudamiento externo en la década de los ochenta “involucró

10
mucho más que cambios en la organización económica y social y reformas
institucionales. La modificación drástica de la asignación de recursos y la inserción
internacional implicó transformaciones sustanciales en las relaciones de poder entre
actores, y alteró la capacidad y eficacia de éstos para expresar sus demandas e
intereses en el nuevo marco institucional. Los grandes perdedores de los nuevos
diseños fueron, claramente, muchos de los apoyos sociales y de los actores
protagónicos de la izquierda de las décadas precedentes”15.
El ajuste fiscal impuesto por el Fondo Monetario Internacional repercutió en
las cuentas externas y provocó un drenaje extraordinario de recursos para el pago de
la deuda pública. Esta situación que afectó profundamente a las organizaciones
populares y a las clases medias estuvo agravada por la crisis de los grandes
paradigmas socialistas del siglo pasado: el derrumbe del socialismo burocrático en la
Unión Soviética y Europa del Este y el viraje a la derecha de la socialdemocracia
europea.
Enfrentados al triunfalismo capitalista que proclamaba “el fin de la historia”,
algunos sectores de la izquierda abandonaron la perspectiva postcapitalista y se
autodefinieron como “demócratas”, aprovechando que la formación de un sistema
político pluralista no había sido suficiente para superar los vicios de clases políticas
acostumbradas a monopolizar el poder. Paralelamente, nuevos actores sociales
irrumpieron en la escena política, imponiendo un nuevo tipo de análisis de sus
relaciones intra y extraclasista así como respecto de sus formas organizativas y
dinámicas de acción social vinculadas a otras formas de organización política.
El punto nodal de la reflexión de estos sectores se desplazó de la
problemática de los partidos a la necesidad de organizar y fortalecer la sociedad civil
dado lo manifiesto de su debilidad organizativa y su fragmentación. Frente a las
demandas de empleo, mejoras salariales y servicios públicos, se expresaron demandas
relacionadas con la calidad de vida, los derechos individuales, el derecho a la

15
Ver Vilas, Carlos M., La izquierda latinoamericana y el surgimiento de regímenes nacional-
populares en Nueva Sociedad 197, p. 88. Documento electrónico.

11
diferencia y la igualdad entre hombres y mujeres. Todas estas demandas convergen
en la actualidad en la necesidad de fortalecer al Estado y frenar su desmonte.
En América Latina, actualmente, la clasificación de las fuerzas políticas se
realiza averiguando si propugnan más o menos Estado; se consideran de derecha
aquellas que abogan por menos Estado, las privatizaciones y la desregulación y de
izquierda las que propugnan lo contrario.
La democratización aparece en Latinoamérica bajo el signo de la izquierda
por la precariedad de las derechas en la región. Según Fernando Mires, dicha
precariedad puede ser explicada a partir de tres motivos16:

a) A diferencia de Europa, las derechas políticas latinoamericanas


son modernas y no representan antiguas tradiciones; por el contrario,
impulsan proyectos de modernización con los que se identifican.
b) Las derechas latinoamericanas se han constituido
predominantemente como derechas económicas y no como derechas políticas.
Sus discursos son esencialmente económicos.
c) Habiendo unido su destino al de las dictaduras militares de la
Guerra Fría, comparten con éstas su desprestigio político.

Agrega Mires que tampoco puede perderse de vista que ninguna de las
dictaduras latinoamericanas del pasado reciente fue derribada como consecuencia de
un acto revolucionario y que, por el contrario, las mismas fueron disueltas después de
compromisos que las izquierdas contrajeron con otras fuerzas políticas, incluyendo
las militares, lo que las convirtió en garantes de la democracia y en agentes políticos
estabilizadores.
La izquierda, pues, ha irrumpido con fuerza en la política latinoamericana,
pero se trata de una izquierda que poco tiene que ver con la del pasado, que aspiraba a

16
Ver Mires, Fernando. “América Latina y sus tendencias políticas” Publicado en La Insignia, mayo
de 2006. Documento electrónico.

12
la revolución social. La izquierda que ha emergido tiene un discurso moderado,
pragmático, que le permite alcanzar el poder por la vía de las urnas.
La “nueva izquierda” que se identifica con la socialdemocracia y el
liberalismo social intenta administrar la economía de mercado con sentido de justicia
social buscando humanizar los peores defectos de la globalización. Sin embargo, no
se trata solamente de un problema de desarrollo equitativo sino también de un
problema de soberanía nacional relacionado con la incidencia de las agencias
financieras internacionales en las políticas macroeconómicas que marcan la agenda
de los regímenes latinoamericanos. Ejemplo de ello son la resistencia del gobierno del
presidente Kirchner a las exigencias del Fondo Monetario Internacional, las medidas
adoptadas por el gobierno de Evo Morales conducentes a modificar los acuerdos de
Bolivia con los magnates del petróleo o los intentos por fortalecer MERCOSUR
para hacerle contrapeso a los tratados de libre comercio con los Estados Unidos.
En esencia, la oleada de corte socialdemócrata en América Latina se debe a
que sus banderas coinciden con los problemas comunes de la región: pobreza,
desigualdad, exclusión, pero también es cierto que diferencias profundas caracterizan
las políticas de la izquierda en cada país lo que dificulta uno de sus objetivos: la
integración política del subcontinente. Estas diferencias deben buscarse en las
experiencias históricas de cada país o grupo de países y en sus respectivas estructuras
sociales.

1.3 LA GÉNESIS DE LAS IZQUIERDAS LATINOAMERICANAS

Tal como lo ha planteado Alfredo Ramos Jiménez, “la geografía política


latinoamericana ha dejado entrever, hoy y en el pasado, características sociales
singulares en los diversos países, que van desde la composición étnica de la población
hasta el nivel de desarrollo económico alcanzado”17.

17
Ver Ramos Jiménez, Alfredo. Los partidos políticos en las democracias latinoamericanas, p.93

13
Siguiendo el esquema propuesto por Daniel-Louis Seiler18 quien se apoya en
una lectura crítica de los planteamientos de Seymour Lipset y Stein Rokkan19, Ramos
Jiménez se aproxima al fenómeno partidista desde las contradicciones sociales que
alimentan dinámicas conflictuales específicas en cada sociedad. En este orden de
ideas, las tensiones políticas en las que se ven inmersos los partidos políticos no
constituyen sino la expresión más visible de los conflictos que moldean las
contradicciones básicas de la vida social.
Así mismo, las fracturas históricas o clivajes que se producen en cada
sociedad “constituyen el producto de la ubicación de los diversos proyectos que
expresan las contradicciones y antagonismo de los grupos sociales rivales”20. Los
conflictos devienen clivajes cuando alcanzan un cierto grado de institucionalización,
sea mediante soluciones que se apoyan en la negociación o por el compromiso entre
los diversos intereses en pugna. En este sentido, los partidos políticos son los actores
sociales encargados de evitar los enfrentamientos violentos que derivan en forma casi
natural de los conflictos.
Según Ramos Jiménez, la historia de las principales contradicciones
latinoamericanas comporta la marca de tres revoluciones sucesivas: la revolución
oligárquica, la revolución nacional popular y la revolución democrática,
“determinantes tanto para la estructuración del poder político como para la
transformación estructural de la vida social”21.
Los efectos de estas tres revoluciones pueden ubicarse en dos ejes
conflictuales: uno estructural, orientado hacia la integración nacional y otro,
funcional, concentrado en la construcción del Estado. “La revolución oligárquica
comprende en su eje estructural los clivajes: grandes propietarios/burguesía y gran
burguesía/pequeña burguesía, y, en el eje funcional, el clivaje Iglesia/Estado; la
revolución nacional-popular comprende en su eje estructural los clivajes

18
Seiler Louis-Daniel. La Politique Comparée.
19
Seymour Lipset y Stein M. Rokkan, Party Systems and Voter Alignment: Cross-National
Perspectives, New York, The Free Press, 1967
20
Ver Ramos Jiménez. Los partidos políticos en las democracias latinoamericanas, p 96.
21
Ver Ramos Jiménez. Los partidos políticos en las democracias latinoamericanas, p 97.

14
burguesía/clase obrera y oligarquía/masa popular y en el eje funcional el clivaje
imperialismo/nación. En fin, la revolución democrática comprende en su eje
estructural el clivaje Estado/mercado y en el eje funcional el clivaje
autoritarismo/democracia”22.
El impacto de uno u otro clivaje difiere de un país a otro de acuerdo con el
grado de desarrollo socioeconómico y el arraigo de una cultura política nacional, lo
que se manifiesta tanto en la formación de los diversos partidos como en la
consolidación de los respectivos sistemas de partidos. Asimismo, el estudio del
fenómeno partidista típico de cada sociedad exige investigaciones particulares de
cada realidad nacional aunque existan grandes tendencias que permiten explicar por
qué el clivaje oligarquía/fuerzas populares resulta más importante en aquellos países
de menor desarrollo industrial mientras en los últimos años el clivaje burguesía/clase
obrera y el de imperialismo/nación, que están en el origen de los partidos socialista y
comunistas parecen menos importantes en nuestros días que el clivaje
autoritarismo/democracia, que funda a los partidos socialdemócratas y democristianos
y el del Estado/mercado que se encuentra en el origen de los partidos neoliberales y
neoconservadores23.
La institucionalización de los conflictos en clivajes se expresa en la
coexistencia de diversas familias de partidos que se constituyen en el tronco común
de donde se desprenden las diversas ramas del fenómeno partidista y cuya
determinación resulta relevante para comprender el origen, funcionamiento y
proyecto de los diversos partidos, actores privilegiados de la construcción de los
sistemas democráticos. En este orden de ideas, la familia socialista abarca todos los
partidos que tradicionalmente han sido considerados como conformando la “izquierda
latinoamericana” y que incluye a los partidos socialistas moderados, los comunistas
que adhirieron a la Tercera Internacional y los partidos revolucionarios, muy
influidos por los logros y el impacto político cultural de la revolución cubana.

22
Ver Ramos Jiménez. Los partidos políticos en las democracias latinoamericanas, p 109.
23
Ver Ramos Jiménez. Los partidos políticos en las democracias latinoamericanas, p 111.

15
2. LAS IZQUIERDAS LATINOAMERICANAS

Desde finales de la década de los noventa del siglo pasado, una ola de movimientos y
partidos de izquierda se ha ido extendiendo por América Latina. El triunfo electoral
de líderes de formaciones de izquierda en sucesivos países constituye la expresión
más evidente de esta dinámica.
La emergencia de la izquierda en la vida política democrática y el abandono
del proyecto revolucionario ha dado pie a numerosas preguntas que buscan identificar
los factores que explican su éxito y si los distintos movimientos y partidos que
constituyen lo que se ha convenido llamar la “nueva izquierda” latinoamericana
comparten un proyecto político común o si lo que existe es una etiqueta que identifica
a una multitud de fuerzas políticas.
Es así como, mientras algunos destacan los puntos en común que orientan la
acción de gobierno de la nueva izquierda, otros centran su atención en las diferencias
y relacionan el discurso y la práctica política de las fuerzas mencionadas con el
populismo que tradicionalmente ha marcado la acción política en América Latina.
Independientemente del juicio que se emita al respecto, sin perder de vista el rasgo
común que las identifica, a saber, la opción por políticas moderadas, alejadas del
radicalismo que caracterizó durante muchos años a la izquierda latinoamericana, no
puede negarse que lo que actualmente se vive en América Latina es la consecuencia
de procesos políticos, económicos y sociales que difieren de un país a otro, lo que
impide el recurso al reduccionismo analítico.
De hecho, en varias ocasiones gobiernos considerados de izquierda han
emprendido direcciones a veces contrarias. Es así como las políticas de Chávez distan
mucho de las de Bachelet o de Lula Da Silva en la medida en que cada una responde
a realidades distintas que los gobernantes enfrentan por separado. Para entenderlas es
necesario conocer las circunstancias concretas que las rodean y las opciones de cada
gobierno en el marco del proceso de democratización que conoce el subcontinente.
Así mismo, es importante no omitir en el análisis la tentación de recurrir al

16
nacionalismo y a la demagogia que anima a ciertos gobiernos que no desdeñan el
populismo como mecanismo de dominación.
Despejar los interrogantes planteados es tanto más importante cuanto que si
bien la discusión en América latina ya no se centra en torno al enfrentamiento del
proyecto democrático con modelos autoritarios de dominación sino a variantes del
sistema democrático, forzoso es reconocer que la democracia presenta todavía
muchas fallas en la región, relacionadas con el bajo nivel de gobernabilidad y altos
índices de pobreza e inequidad así como con la perpetuación de ciertas élites en el
poder.

2.1 LA RECONFIGURACION DE LA IZQUIERDA

La izquierda ha irrumpido con fuerza en la política latinoamericana. Pero se trata de


una izquierda que poco tiene que ver con la del pasado, que aspiraba a la revolución
social. La izquierda que ha emergido tiene un discurso moderado, pragmático, que le
permite alcanzar el poder por la vía de las urnas.
Ahora bien, tal como lo afirma César A. Rodríguez Garavito, para
comprender los rasgos de la llamada nueva izquierda latinoamericana, es importante
examinar las características de la izquierda que la precedió y conocer el punto de
inflexión entre una y otra24.
Según Rodríguez, las organizaciones que conformaron la izquierda antes del
final de la Guerra Fría pueden clasificarse en cinco grupos:

1) Los partidos comunistas que mantuvieron lazos estrechos con la Unión


Soviética.
2) La izquierda nacionalista o popular, calificada erróneamente como
populista.

24
Comparar Rodríguez Garavito, César A., Barrett Patrick S. y Chávez, Daniel (Ed). La nueva
izquierda en América Latina. Sus orígenes y trayectoria futura, p 23.

17
3) Las organizaciones guerrilleras de ideología, estrategia y extracción social
diversas que se multiplicaron en las dos olas revolucionarias iniciadas por las
revoluciones cubana y nicaragüense.
4) Los partidos reformistas centrados en la competencia electoral.
5) La izquierda social, que comprendía sindicatos, ligas campesinas,
comunidades eclesiales de base, asociaciones de derechos humanos u otros
movimientos rurales y urbanos25.

Hacia finales de los años ochenta y comienzos de los noventa cada uno de
estos grupos inició un proceso de declive o transformación que marcó el ocaso de la
vieja izquierda. En efecto, “en tanto que los partidos comunistas entraron en crisis
tras el fin del socialismo real en la Unión Soviética y el llamado campo socialista, la
revolución cubana pasó a una “fase defensiva” y la vía armada se extinguió
prácticamente en toda la región con la derrota sandinista, la desmovilización de las
guerrillas restantes y el creciente aislamiento político de las guerrillas que
sobrevivieron ese período en Colombia y en Perú. Los partidos reformistas y
nacional-populares sufrieron transformaciones profundas.
Debilitados en sus bases sociales e ideológicas y seducidos prematuramente
por la ola neoliberal que se había tomado la región en los años ochenta, giraron
rápidamente hacia el centro y adoptaron alguna variación de la tercera
vía…..Finalmente, los efectos del neoliberalismo sobre la izquierda social fueron
asimismo profundos, por cuanto debilitaron la forma organizativa predominante de la
movilización social del siglo XX: los sindicatos”26.
La consecuencia de estos cambios fue el ocaso definitivo de la estrategia
leninista proveniente de la revolución rusa basada en la existencia de un partido
encargado de guiar y realizar el potencial revolucionario del proletariado.

25
Ver Rodríguez, Barrett .y Chávez. La nueva izquierda en América Latina. Sus orígenes y
trayectoria, p 23.
26
Ver Rodríguez, Barrett, y Chávez. La nueva izquierda en América Latina. Sus orígenes y
trayectoria, ps 24 y 25.

18
El triunfo de la lógica del mercado significó el acceso al poder de
empresarios y el establecimiento de gobiernos tecnócratas que le apostaron a la
apertura incondicional de las economías latinoamericanas las cuales no tardaron en
sentir los embates del capitalismo internacional y en adoptar terapias de choque como
parte de programas de ajuste estructural promovidos por las agencias financieras
multilaterales.
La situación social generada por los cambios estructurales que se produjeron
en la década de los noventa abonó el terreno al resurgimiento de la izquierda con un
nuevo ropaje. El acontecimiento que simboliza este renacer es el levantamiento de los
zapatistas en Chiapas el 1 de enero de 1994. En suma, la nueva izquierda, moderada y
pragmática, se caracteriza principalmente por una clara sensibilidad por la
problemática de la desigualdad y la injusticia social y la salvaguarda de la soberanía
nacional.
Un segundo factor que cita Rodríguez Garavito para explicar el despegue de
la nueva izquierda es el surgimiento de nuevos actores políticos que compensaron el
declive de los sindicatos, provenientes de organizaciones campesinas, movimientos
étnicos y de género, de desempleados, de indígenas27. No puede olvidarse, empero,
que la irrupción en la política de grupos tradicionalmente excluidos, entre ellos los de
la nueva izquierda, se dio en virtud del contexto de democratización que se dio en la
región en los años noventa del siglo pasado. Es como si la democratización
emprendida hubiera destapado la caja de Pandora que los gobiernos autoritarios
pretendieron mantener sellada.
El tercer factor que explica el surgimiento de una nueva izquierda, y no
menos trascendental, es el descrédito y la crisis interna de los partidos políticos
tradicionales, incapaces de convertir la voluntad popular en políticas de gobierno28.

27
Ver Rodríguez, Barrett y Chávez. La nueva izquierda en América Latina. Sus orígenes y trayectoria,
p 29.
28
Ver Rodríguez, Barrett.y Chávez. La nueva izquierda en América Latina. Sus orígenes y trayectoria,
p 29.

19
Tampoco puede descartarse la revitalización de la izquierda internacional,
descentralizada y diversa, organizada en torno al Foro Social Mundial que nació en
Porto Alegre en 2001, opuesta al neoliberalismo y a la guerra29.
Finalmente, y aunque parezca paradójico, tal como lo ha anota Teodoro
Petkoff, el auge de la izquierda en América Latina es inseparable del colapso de la
Unión Soviética por cuanto “todo cambió al desaparecer la URSS. Los policy makers
norteamericanos dejaron de percibir en gobiernos de izquierda en América Latina y el
Caribe una amenaza a sus intereses estratégicos. Ya no había un gran rival del cual se
temiera que pudiera instrumentalizarlos”30.
Ante la desafección generalizada con respecto a las reformas económicas del
llamado consenso de Washington que prometía un crecimiento económico acelerado
y estable, pero que se tradujo en resultados modestos, el rechazo al neoliberalismo se
ha convertido en el elemento clave de la articulación de la nueva izquierda, lo que le
ha permitido ampliar notablemente su apoyo social y electoral y articular alrededor
suyo a nuevos actores políticos.
Las razones de la irrupción en la escena política de nuevos sujetos políticos
son múltiples y complejas pero la principal es el fracaso económico ya anotado que
acentuó las tensiones desencadenadas por la reestructuración económica y la reforma
del Estado que dio lugar a políticas de “ajuste y estabilización” para hacer frente a la
crisis y que transformó los modelos tradicionales de organización sindical cuya
decadencia se ha visto acelerada por la creciente heterogeneidad del universo
asalariado. Fue así como surgieron nuevos actores, movimientos sociales como los
piqueteros en Argentina, los pequeños agricultores endeudados en México y
movimientos de inspiración identitaria como los movimientos indígenas en Bolivia y
Ecuador.
Sin embargo, es importante pluralizar el concepto de izquierda en América
Latina donde no existe izquierda sino izquierdas que se manifiestan de modo

29
Ver Rodríguez, Barrett.y Chávez. La nueva izquierda en América Latina. Sus orígenes y trayectoria,
p 30.
30
Ver Petkoff, Teodoro. “Las dos izquierdas” Revista Nueva Sociedad No. 197, mayo-junio de 2005,
p 116. Documento electrónico.

20
diferente y articuladas a diversas tendencias, no siempre compatibles. En efecto, si se
hace un recorrido imaginario a través del mapa del continente, se encuentran
tendencias socialistas democráticas (Bachelet, Vásquez Tabares), movimientistas
(Lula), etnicistas (Morales), populistas institucionales (Kirchner), nacionalistas
democráticas (López Obrador), autoritarias (Castro, Chávez), todas denominadas de
izquierda desde la óptica de sus representantes31.
Entre los factores que ayudan a comprender el auge de una izquierda de
nuevo cuño sobresalen dos, estrechamente interrelacionados: la crisis de los partidos
políticos tradicionales que alteró los formatos tradicionales de representación política
y la permanente crisis de gobernabilidad que caracterizan a la región. En pocas
palabras, la inadecuación de los sindicatos y los partidos para traducir en términos
políticos y sociales de amplias franjas de la población ha puesto en evidencia el
anacronismo de sus discursos y estrategias comunicacionales y favorecido la
emergencia de nuevas formas de protesta social.
2.1.1 La crisis de los partidos políticos en América Latina. En todo
régimen democrático los partidos están llamados a realizar funciones vitales para el
buen funcionamiento del sistema político y el fortalecimiento de las instituciones. En
efecto, en toda sociedad existe una diversidad de grupos sociales con intereses a
veces contrapuestos y que presionan al Estado para que los acoja. En el sistema
democrático, los partidos son las organizaciones que tienen la encomienda de
articular esos distintos intereses y agregarlos en voluntades colectivas así como de
presentar alternativas de solución a los conflictos que surgen en razón de la
diversidad de intereses manifiestos.
Los partidos políticos surgieron en el mundo moderno asociados al
desarrollo de los regímenes democráticos. Sin embargo, “forzoso es constatar que [en
la actualidad] un número creciente de ciudadanos en todo el mundo ya no se reconoce
en los partidos que ellos mismos se dieron”32. En realidad, los partidos, por ser

31
Ver Fernando Mires. “América Latina y sus tendencias políticas”.
32
Ver Sánchez David, Rubén. “La organización política y los sistemas de partidos”. Fundación Social,
Viva la Ciudadanía, p 54.

21
instituciones históricas, sufren el impacto del tiempo y del desarrollo de las
respectivas sociedades.
El concepto de partido político, sus funciones y el sistema de partidos
evolucionan y cambian a lo largo del tiempo puesto que, tal como lo señala Apter,
“los partidos son variables intermedias entre la población y el gobierno cuya forma
“viene determinada por el marco sociopolítico de la sociedad…Los partidos políticos
son variables dependientes, siendo las variables independientes la sociedad y la
organización gubernamental, los procedimientos de elección o cooptación, etc”33.
En América Latina, como en otros lugares del mundo, los ciudadanos se
alejan de los partidos y buscan canalizar sus demandas por intermedio de instancias
como los movimientos sociales34 o se mantienen al margen de las decisiones políticas
de los gobiernos; ello no quiere decir forzosamente que se desentiendan de la política,
sino, simplemente, que exploran nuevas formas de hacer política.
Ante la dificultad de los partidos políticos para adaptarse a los cambios que
conocen las estructuras sociales en los últimos tiempos, en razón de sus estructuras
jerárquicas y burocráticas, su influencia en la marcha de los asuntos públicos ha
disminuido en las democracias contemporáneas; la consecuencia es que amplios
grupos de ciudadanos dejan de verse representados en las propuestas de gobierno de
las formaciones políticas tradicionales.
Al margen de esta circunstancia que afecta a todas las democracias
contemporáneas, existen dos razones complementarias que explican la crisis de los
sistemas de partidos políticos en América Latina: en primer lugar, la débil
institucionalidad de los sistemas políticos de la región y, en segundo lugar, la

33
Ver Apter D.A. Politics of Modernisation. Citado por Francisco y Nogueira en Las Fuerzas
Políticas, p 46.
34
Para Alain Touraine, “los movimientos sociales pertenecen a los procesos a cuyo través una
sociedad produce su organización a partir de sus sistema de acción histórica, pasando por los conflictos
de clase y la transición política.” De acuerdo con los objetivos perseguidos, los movimientos sociales
son reivindicativos, políticos y de clase. En el primer caso se trata de imponer cambios en las normas y
en las funciones y procedimientos de asignación de los recursos. En el segundo se busca incidir en la
modalidad de acceso a los canales de participación política y de trastocar las relaciones de fuerza. En
el tercero el objetivo es poner de cabeza el orden social y transformar las relaciones de clase.

22
transformación de la matriz de la política latinoamericana donde el Estado, que tenía
un papel central en la misma, ha sido sustituido por el mercado35.
La debilidad de las instituciones políticas latinoamericanas se expresa en las
repetidas crisis internas que afectan la región y en la desvinculación entre lo
propuesto jurídicamente y la realidad; en otros términos, en la “tensión constante
entre el formalismo y informalismo de la política”36 lo que acarrea una crisis
permanente de representatividad.
En este marco se expresa la fragilidad de los partidos políticos
latinoamericanos que obedece, ante todo, al carácter caudillista de sus organizaciones,
alejadas de la tradición legal-racional del Estado democrático lo cual, en palabras de
Julio Álvarez Sabogal conduce a “un doble vínculo de dependencia: el Estado
depende en su legitimidad de su capacidad para ofrecer mejoras económicas a un
conjunto de actores sociales que, a su vez dependen del Estado para mantener su
posición económica y social”37.
A lo anterior se suma la debilidad estructural de los partidos en los que se
enfrentan continuamente facciones de orientación distinta. De allí que “las elecciones
en América Latina son solamente una herramienta para medir el poder y no un medio
para determinar quién gobierna, dada la diversidad de contendientes por el poder”38.
Un poder por el que compiten, cada vez más, fuerzas distintas a las partidistas,
representadas por ONG y organizaciones de la sociedad civil.
2.1.2 El cambio de la matriz sociopolítica. Un segundo factor que explica
el ascenso de una nueva izquierda en América Latina es el cambio de la matriz
sociopolítica. En efecto, las sociedades latinoamericanas se caracterizaron por el
hecho de que sus estructuras fundamentales fueron construidas desde la política lo
que permitió que se desplegara un capitalismo organizado desde el Estado con base
en un modelo proteccionista de sustitución de importaciones. En este sentido, la

35
Comparar Álvarez Sabogal, Julio. “Crisis de los partidos políticos en América Latina”. Documento
electrónico.
36
Ver Álvarez Sabogal. “Crisis de los partidos políticos en América Latina”
37
Ver Álvarez Sabogal. “Crisis de los partidos políticos en América Latina”
38
Ver Álvarez Sabogal. “Crisis de los partidos políticos en América Latina”

23
matriz que se constituyó, en los términos de Manuel Antonio Garretón, fue
estadocéntrica39.
En la actualidad, como consecuencia del proceso de apertura económica y de
globalización y fundamentada en la crítica que desde la década de los ochenta se
dirige al Estado de bienestar, se ha abierto el camino a la privatización de actividades
que habían pertenecido al ámbito de lo público, lo que ha significado que diversas
organizaciones de la sociedad civil, particularmente del sector empresarial nacional o
extranjero, han asumido responsabilidades importantes en esas áreas.
El resultado ha sido una reducción de los márgenes de autonomía y de
eficacia de los Estados latinoamericanos como consecuencia del agotamiento de un
conjunto de herramientas tradicionales de política económica y de los intentos por
conformar un Estado mínimo. Este fenómeno se ha visto acompañado de un proceso
de democratización doblado por una ola antipolítica que ha favorecido el poder
presidencial ante Congresos divididos y sin mayorías claras y reforzado el papel de la
tecnocracia en la gestión estatal en la medida que el manejo de los asuntos públicos
pasa a ser considerado un campo reservado a especialistas40.
Sin embargo, después de casi tres décadas signadas por políticas destinadas a
privatizar los espacios públicos, amplios sectores de las sociedades latinoamericanas
han comenzado a reclamar un cambio de rumbo de las políticas económicas y
sociales en razón del desprestigio de los regímenes políticos tradicionales y del hecho
que las democracias vigentes son percibidas como regímenes meramente electorales,
incapaces de satisfacer las necesidades básicas de poblaciones aquejadas por el
desempleo y la pobreza y hacer efectivos los derechos constitutivos de una
ciudadanía que reclama más democracia social y económica.
En el marco de la deslegitimación del régimen neoliberal, del vaciamiento
ideológico de la política partidaria y electoral y de una crisis de representación sin
precedentes no es casual que hayan surgido nuevos movimientos sociales antagónicos

39
Comparar Garretón, Manuel Antonio. “Las nuevas relaciones entre Estado y sociedad y el desafío
democrático en América Latina” Revista Internacional de Filosofía Política, No.4.
40
Comparar Osorio, Jaime. “La descomposición de la clase política latinoamericana:¿el fin de un
período?” Revista Nueva Sociedad 203, p.21. Documento electrónico.

24
al neoliberalismo que en varios países han adquirido una importancia singular. Tal es
el caso de los movimientos indígenas en Bolivia o de grupos y sectores sociales
intermedios como los caceroleros argentinos, los trabajadores de la salud
salvadoreños, los grupos movilizados en la Guerra del Agua en Cochabamba, Bolivia,
o contra las privatizaciones en Arequipa, Perú. En algunos casos dichos movimientos
ocasionaron el derrumbe de sus gobiernos (como en Ecuador y Perú) y favorecieron
el surgimiento de nuevos portadores de un discurso contrario al neoliberalismo,
identificados como de izquierda o centro-izquierda (Argentina, Brasil, Venezuela).
Estas fuerzas, identificadas como una “nueva izquierda”, como se anotó
anteriormente, se caracterizan principalmente por una clara sensibilidad por la
problemática de la desigualdad y la injusticia social así como por defensa de la
autonomía regional frente Estados Unidos y la salvaguarda de la soberanía nacional.
Sin embargo, y pese a la presencia de puntos de coincidencia en las posturas
adoptadas por los grupos que componen esta nueva izquierda, más que de un viraje
debe hablarse de varios virajes en distintas direcciones ideológicas.

2.2 IZQUIERDA Y POLITICA EN LA AMERICA LATINA DE HOY

En un escenario marcado por dos macroprocesos – democratización y globalización-


y ante la incapacidad de la mayoría de los gobiernos para superar problemas como la
pobreza y la inequidad se consolida la búsqueda de nuevas opciones abiertas a
respuestas diferentes a las que ofrece el establecimiento, cuyo propósito es superar la
exclusión social y política de un gran número de personas.
Distintos estudios, como los que ofrece Latinobarómetro, concluyen que en
la actualidad existe un fuerte apoyo a la democracia en la región pero que también se
registra un nivel casi equivalente de insatisfacción con los resultados de los gobiernos
democráticos41; esta circunstancia explica por qué muchos presidentes han sido

41
Comparar Rojas Arevena, Francisco. “El nuevo mapa político latinoamericano” Revista Nueva
Sociedad No. 203, p 115. Documento electrónico.

25
remplazados fuera de los procedimientos previstos y revela un cuadro complejo de
gobernabilidad42 si bien la posibilidad de cambios bruscos es muy difícil.
En América Latina – a diferencia del Caribe anglófono – prevalecen los
regímenes presidenciales que otorgan al primer mandatario facultades muy amplias.
Sin embargo, en muchos países ocurre que el presidente no cuenta con mayoría en el
Congreso; esta situación genera tensiones que en el pasado fueron resueltas con
frecuencia por la intervención abierta o encubierta de diversos poderes fácticos,
principalmente las Fuerzas Armadas. Sin embargo en la actualidad, el compromiso de
la región con la democracia impide el recurso a esta fórmula por cuanto romper el
marco constitucional llevaría al aislamiento político-diplomático y a fuertes sanciones
económicas tal como lo contemplan la Carta Democrática de las Américas y las
cláusulas incluidas en los pactos subregionales43. Esta circunstancia marca los
linderos que limitan las posibilidades de acción a las fuerzas políticas,
particularmente a la izquierda, y dejan su impronta en el estilo de hacer política.
2.2.1 Los desafíos mayores a la democracia latinoamericana.
Indudablemente, los principales problemas que aquejan a América Latina son la
pobreza, la inequidad y la exclusión. Más del 40 por ciento de los latinoamericanos
son pobres y aunque la relación entre indigencia y pobreza ha mejorado en algunos
países, la brecha entre los ricos y los pobres es dramática. Además, la exclusión social
sigue afectando a amplios grupos, particularmente a las poblaciones indígenas de
Guatemala, Bolivia, Ecuador y Perú44.
Otro mal endémico que afecta las instituciones y las economías de la región
es la corrupción que afecta de manera sustancial la percepción negativa de los
sistemas políticos por parte de la ciudadanía y se constituye en un factor de
deslegitimación de los gobiernos.

42
En el curso de la última década, nueve presidentes han renunciado antes de concluir su mandato.
Siete de ellos, en el área andina – dos en Bolivia, tres en Ecuador y uno en Perú- uno en Paraguay y
otro en Argentina. En todos los casos los remplazos se realizaron manteniendo un cierto apego a las
normas constitucionales para evitar las sanciones por parte de de comunidad internacional.
43
Comparar Rojas Arevena. “El nuevo mapa político latinoamericano” p 116.
44
Comparar Rojas Arevena. “El nuevo mapa político latinoamericano” p 118.

26
Como resultante de los factores mencionados se aprecia un débil imperio de
la ley y la existencia de áreas en las que la violencia es ejercida por actores no
estatales y el crimen organizado, lo que contribuye a la fragmentación social y al
incremento de la violencia45. Guerrillas y autodefensas en Colombia, maras en
Centroamérica, bandas de delincuentes en Río de Janeiro y San Paulo, son algunos
ejemplos de la omnipresencia del crimen organizado.
2.2.2 Rasgos característicos de la dinámica política. La débil cohesión
social de la región se traduce en la ausencia de liderazgos nacionales, la
fragmentación territorial de la votación y una consecuente fragmentación de los
Congresos, factores todos que ensanchan la brecha entre representante y
representados, fomentan las luchas facciosas y entraban la solidez de las consecuentes
alianzas políticas que han de llevarse a cabo para conformar mayorías electorales.
El cambio de la matriz sociopolítica emprendido desde las últimas décadas
del siglo XX bajo la égida del capital financiero transnacional en el marco de la
globalización también ha afectado a un amplio sector de la clase política que, alejado
de las matrices ideológicas que marcaron su impronta en el manejo de lo público
desde mediados de los cincuenta, asume actitudes pragmáticas cuando no
oportunistas al convertirse en “franja disponible”, lista a responder a proyectos de los
más variados signos ideológicos a cambio de prebendas personales o de mantenerse
en el gobierno46.
Es en este contexto donde surge un nuevo tipo de izquierda, menos
confrontacional, orientada a la construcción de amplias coaliciones que apuntan a
reformas que contrarresten los aspectos más nocivos del modelo económico
imperante en el marco del respeto de las instituciones democráticas y de los procesos
electorales.
En otros términos, el eje de las propuestas de reforma de esta izquierda se
orienta a dotar a la democracia de eficacia política para convertir las aspiraciones
populares en acciones de gobierno. Según Carlos A. Vilas, “la nueva izquierda no

45
Comparar Rojas Arevena. “El nuevo mapa político latinoamericano”, ps 120-121.
46
Comparar Osorio. “La descomposición de la clase política latinoamericana:¿el fin de un período?”

27
plantea el socialismo como forma – utópica o realista, es cuestión aparte – de
organización del conjunto social, sino un capitalismo más equilibrado y por lo tanto
más reglamentado, pero un capitalismo que de todos modos mantiene la impronta de
muchos de los cambios estructurales ejecutados en las dos décadas anteriores por las
severas recomendaciones de reformas macroeconómicas y sociales en clave
neoliberal”47.
2.2.3 Los parámetros de la nueva izquierda latinoamericana. A pesar de
que la izquierda contemporánea no insiste en el control colectivo de los medios de
producción y reconoce el dinamismo de las fuerzas del mercado, el ideal de una
sociedad más igualitaria y de la ampliación de los canales de participación de la
sociedad civil se mantiene como un criterio de alineación ideológica de la familia
socialista, particularmente en América Latina donde, después de décadas de
dictaduras militares y democracias neoliberales, el balance de conjunto es un legado
de degradación institucional, corrupción y crecimiento económico precario que
fomenta crisis sociales en un ambiente de inestabilidad política.
El concepto de “izquierda” encubre muchas realidades por lo que, aplicado
indiscriminadamente, puede conducir a graves errores de apreciación. La izquierda,
como la derecha, tiene muchos matices. Sin embargo, en aras de una simplificación
que ayude a distinguir los rasgos protuberantes de las distintas corrientes, se puede
afirmar que en la América Latina de hoy coexisten dos grandes corrientes con sus
respectivos matices: en un extremo se encuentra una izquierda cuyos máximos
exponentes son Fidel Castro y Hugo Chávez, y en el otro, Michelle Bachelet y Luiz
Inácio Lula da Silva.
En palabras de Teodoro Petkoff, existe una corriente que “marcha por un
camino de reformismo avanzado, que compatibiliza la sensibilidad social con la
comprensión de que las transformaciones en la sociedad pasan por el desarrollo
económico con equidad y por el fortalecimiento y profundización de la
democracia…[una izquierda] que no escapa a la tensión permanente entre el

47
Ver Vilas, Carlos M. “La izquierda latinoamericana y el surgimiento de regímenes nacional-
populares” Revista Nueva Sociedad No. 197, mayo-junio de 2005, p 88.

28
compromiso con las ideas y el sentido pragmático y práctico a que la obliga la
percepción realista del entorno en el cual actúa”48.
Harían parte de estas huestes, además de la coalición de gobierno de Chile,
el Partido de los Trabajadores de Brasil, el Frente Amplio de Uruguay, el Partido de
la Liberación Dominicana, el Partido Revolucionario Democrático panameño y el
Partido Progresista Popular guyanés, entre otros. La otra gran vertiente de la
izquierda latinoamericana es la que tiene como figuras descollantes a Castro y a
Chávez. Esta corriente, de inspiración radical, apegada a las viejas concepciones de la
izquierda, encuentra eco en países como Bolivia, Nicaragua y El Salvador donde el
chavismo cuenta con epígonos49.
A pesar de sus diferencias conceptuales y sus respectivos estilos de
gobierno, no puede perderse de vista que las dos grandes alas de la izquierda
coinciden en su oposición a la política exterior norteamericana, concretamente, del
gobierno del presidente Bush, aunque desde diferentes enfoques. Para Chávez y la
vieja izquierda no existe posibilidad de convivencia con los Estados Unidos, el
enemigo por antonomasia; para la nueva izquierda, en cambio, el asunto se plantea en
términos complejos que se pueden resumir en la ecuación “tensiones probables pero
convivencia inevitable”50.
2.2.4 El populismo. La izquierda latinoamericana de finales del siglo XX
hizo énfasis en la reforma del sistema político con el objetivo de extender la
participación de grupos sociales hasta entonces excluidos de ella y de incidir en la
distribución de la riqueza. Su compromiso con el cambio estructural de la sociedad y
sus relaciones de poder cedió el paso a propuestas más mesuradas de cambio.
Democracia y política social han ocupado el espacio que perteneció a la revolución
social.
El giro que dio la nueva izquierda a sus metas obedece, ante todo, al
reconocimiento de los acotamientos de los escenarios en los que se puede ejercer el
gobierno hoy en día: pesada carga de la deuda externa, mundialización de la
48
Ver Petkoff. “Las dos izquierdas” , p 120.
49
Comparar Petkoff. “Las dos izquierdas” , p 121.
50
Ver Petkoff. “Las dos izquierdas”, p 127.

29
economía, debilitamiento de la capacidad de gestión estatal, débil cohesión social y
estructuras jurídicas internacionales que limitan las capacidades nacionales de
decisión. Sin embargo, y a pesar de su compromiso con la democratización de las
estructuras sociales y políticas, conserva un rasgo que ha caracterizado el manejo de
lo público en América Latina: el populismo vinculado, esta vez, al pragmatismo.
En términos generales, esta peculiar forma de articulación de las
aspiraciones populares y democráticas a un discurso y una práctica que interpelan de
manera constante al “pueblo” y cuentan con una organización levantada sobre un
líder carismático es explicable en América Latina a partir de la notoria fragmentación
social, la debilidad de las instituciones y la ausencia de ciudadanía. La consiguiente
crisis de representación que esta situación supone deja un vacío en las estructuras
democráticas que es llenado por líderes que obran sobrepasando los límites de las
instituciones cuyo rol es muy limitado y establecen una comunicación directa entre el
líder y el pueblo. Esta práctica, facilitada por los medios audiovisuales, se convierte
en un factor de inestabilidad que profundiza la crisis de representatividad y la
desinstitucionalización porque al cambiar las reglas contribuye a la concentración del
poder y al mantenimiento de prácticas clientelistas, con independencia de sus
resultados económicos y sociales.

30
3. EL MAPA POLÍTICO DE LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA

Aunque a los ojos de muchos América Latina configura un imaginario político en el


que los rasgos comunes – el idioma, la religión, el caudillismo, el populismo- se
superponen a las diferencias, son estas últimas las que determinan la naturaleza
política de sus nacionalismos, de sus objetivos nacionales ideales.
En términos geopolíticos, se aprecia un desarrollo desigual de las izquierdas
determinado por las diversas características subregionales. Es así como en México,
América Central y el Caribe, estrechamente vinculados a la zona de influencia de los
Estados Unidos, los márgenes de acción son más reducidos que en la cornisa andina
donde la independencia que brinda el petróleo a Venezuela, junto con el malestar
social en los países que cuentan con una importante población indígena, conforman
una situación muy diferente y distinta a la que se vive en los países del Cono Sur, más
orientada a lograr el equilibrio económico y social.
Por ello, si bien es cierto que se está produciendo un giro a la izquierda en la
región, las generalizaciones en este caso son un error puesto que los resultados
difieren de un país a otro. Tal como lo afirmara Luis E. González Manrique, redactor
jefe de Informe Semanal de Política Exterior, “el rango de opciones de la nueva
izquierda –que se mueve entre la variante socialdemócrata encarnada por los
presidentes de Chile y Brasil, Ricardo Lagos y Lula, respectivamente, y la populista
del venezolano Hugo Chávez- se da entre los límites de una política económica
responsable y la preservación de instituciones democráticas [pero] en ese amplio
espectro de opciones políticas, el actual escenario latinoamericano se divide en dos
bloques: los países en los que la situación económica garantiza cierta estabilidad
social y, por tanto, deseos de mantener el rumbo en el electorado, y aquellos en los
que el crecimiento ha sido insuficiente o la distribución de la renta ha empeorado, lo
que estimula el cambio de liderazgo. En el primer grupo, claramente predominante en

31
el conjunto de la región se encuentran Chile, Colombia, Costa Rica y El Salvador. En
el segundo grupo de países la partida está muy reñida”51.
En el panorama contemplado por González Manrique se privilegia la
variable económica y se destacan dos países: Bolivia, donde la cuestión indígena y el
nacionalismo constituyen factores políticos de primer orden y Venezuela, donde el
gobierno de Hugo Chávez se dirige hacia un creciente autoritarismo y el dirigismo
económico. Sin embargo, en toda América Latina surgen nuevas formas de expresión
política y de movilización que dan lugar a coaliciones novedosas antaño
inimaginables.
Si nos centramos en las fuerzas de izquierda, el espectro puede ser analizado
desde muchos otros ángulos pero a los efectos del análisis se puede considerar grosso
modo la existencia de dos polos en la izquierda latinoamericana, en modo alguno
homogéneos.
Manteniendo el método de Bobbio que consiste en suponer que el universo
político puede estudiarse dividiéndolo en dos partes opuestas mutuamente
excluyentes pero articuladas en una relación que se degrada, tomaremos cuatro casos
que nos permitirán apreciar especificidades nacionales a partir de realidades
históricas y sociales diferentes que han dado lugar a clivajes particulares. Estos casos
son Chile, Brasil, Bolivia y Venezuela; los dos primeros abiertamente identificados
con políticas reformistas, los dos últimos, más radicales y apegados a los referentes
de la vieja izquierda.
Si bien es importante no perder de vista las múltiples diferencias entre ellos
sustentadas en la presencia o la ausencia de factores étnicos y del mayor o menos
grado de populismo, tampoco se puede pasar por alto el carácter pragmático de los
dos primeros, el hecho de que reconocen las realidades de la economía internacional,
la importancia de los equilibrios macroeconómicos y la economía de mercado. Los
segundos, por el contrario, insisten en la crítica antiimperialista y en la visión
refundadora y utópica de crear al hombre nuevo y la nueva sociedad.

51
Ver González Manrique, Luís E. “Decisiones en América Latina”. Revista Política Exterior, No.
109, enero-febrero 2006, ps 135-136.

32
3.1 LA IZQUIERDA REFORMADORA

Los exponentes más significativos de la izquierda moderada son los gobiernos de


Bachelet, Lula da Silva y Vázquez Tabaré; con un perfil más bajo, los de Fernández y
Torrijos. Estos gobiernos, próximos a la socialdemocracia de corte europeo tienen
como principal objetivo reformar el capitalismo, no abolirlo, adelantar políticas
sociales y profundizar la democracia. Lo que caracteriza los movimientos que llevan
al poder a esta izquierda reformadora en Brasil, Chile y Uruguay es que tienen sus
raíces en organizaciones obreras.
3.1.1 Chile. En Chile, país que goza de un modelo institucional propio de
una democracia avanzada (más allá de ciertas herencias autoritarias de la
Constitución promulgada durante la dictadura), una coalición de centroizquierda de
democristianos y socialistas, conocida como la Concertación Democrática, ha
gobernado desde el final de la dictadura de Pinochet en 1990.
El 15 de enero de 2006 los chilenos eligieron a la socialista Michelle
Bachelet como su nueva presidenta52. Aunque su victoria despertó muchas
expectativas, la presidenta ha jurado "andar por el mismo camino" que Ricardo
Lagos quien apoyó iniciativas neoliberales como el Área de Libre Comercio para las
Américas (ALCA), mantuvo estrechos lazos con Washington y se distanció de
gobiernos más radicales en la región. La política económica de la presidente Bachelet
mantiene la orientación que reivindica el papel del mercado en las reglas de juego de
la economía, reservando espacios subsidiarios a la acción del Estado.
Chile tiene una larga tradición socialista fuertemente articulada con el
mundo obrero y su sistema de partidos no pudo ser aniquilado por la dictadura de
Pinochet y su revolución conservadora lo que le permite contar con mecanismos
institucionales de concertación y de solución de conflictos por la vía democrática.
La apuesta que han hecho los grupos de izquierda por la democracia los ha
llevado también a aceptar los riesgos de la globalización y a evitar el choque frontal
52
Bachelet es la primera mujer que gobierna el país y la tercera mujer elegida como jefa de Estado en
la historia latinoamericana. Su familia estuvo en la cárcel y su padre murió a manos del régimen de
Pinochet en la década de 1970.

33
con la derecha conservadora. Fueron las condiciones políticas internas las que
obligaron tanto a la izquierda socialista como a la democracia cristiana a unir sus
fuerzas en torno a la defensa y el fortalecimiento de la democracia. La izquierda
chilena que “acepta el programa de reformas económicas neoliberal al tiempo que
reconoce sus limitaciones en el campo social, y en este ámbito da pasos tímidos hacia
un programa que encare la pobreza y la exclusión”53, representa la posibilidad de que
en el marco de la globalización se compaginen una democracia sostenible y una
inserción exitosa en el escenario económico internacional.
3.1.2 Brasil. Un segundo caso de nueva izquierda pragmática y
conservadora es el de Brasil donde “el ascenso de Luiz Inácio Lula da Silva a la
presidencia … abrió un conjunto de expectativas a la izquierda latinoamericana, pues
por el tamaño del país, la fuerza política del Partido de los Trabajadores (PT) que lo
llevó al poder, el indiscutible liderazgo de esta nación en el MERCOSUR y su
creciente importancia en la escena internacional, su llegada al gobierno [incluía] la
posibilidad de que ese triunfo político de la izquierda brasileña [fuera] más allá de lo
nacional y [revelara] una verdadera tendencia latinoamericana”54.
A pesar de las expectativas, y al igual que la concertación chilena, el Partido
de los Trabajadores de Brasil (PT) ha girado hacia el centro y se ha mantenido en un
camino conservador desde que alcanzó la presidencia, para desencanto de muchos
que se entusiasmaron al verle ganar las elecciones en 2003.
Brasil es quizá el único país latinoamericano que completó el ciclo de
sustitución de importaciones, lo cual dio base al nacimiento de una clase trabajadora
organizada y con gran poder. El PT es producto de esa fortaleza y de una
intelectualidad muy vinculada a movimientos sociales activos y representa un lazo de
unión muy fuerte entre una multitud de fuerzas sociales.
Según Wilfredo Lozano, “Hoy el PT es quizá la organización política
brasileña de mayor presencia nacional, en medio de una tradición de fragmentación
de las experiencias políticas, donde las realidades estatales arropan la realidad federal
53
Ver Lozano, Wilfredo. “La izquierda latinoamericana en el poder”. Revista Nueva Sociedad No.
197, mayo-junio de 2005, p 134. Documento electrónico.
54
Ver Lozano. “La izquierda latinoamericana en el poder”, p 129.

34
en múltiples aspectos, de lo cual deviene un sistema de partidos con difíciles
capacidades de expresión nacional, una gran fragmentación de lealtades, de acuerdo
con las realidades estatales y regionales y, en consecuencia, una tradición de
negociaciones permanentes, alianzas complejas y múltiples compromisos que definen
la política de este país de modo muy distinto a la tradición latinoamericana”55.
En razón de la complejidad descrita por Lozano, de los compromisos
adquiridos y de los propósitos nacionales que se mantienen independientemente de
las ideologías en el poder, desde el principio Lula, un ex obrero metalúrgico y líder
sindical, ha seguido una política económica pragmática sin perder de vista la cuestión
de la exclusión social. Sus cautelosas decisiones están diseñadas para tranquilizar a
los inversionistas extranjeros y evitar una precipitada fuga de capitales que llevaría al
colapso económico.
Con el tiempo el camino de Lula casi no se distingue de las políticas que el
PT criticó duramente en otra época. Al mantener las estrategias de estabilidad
macroeconómica y la política fiscal de Cardoso, Lula se ha visto obligado a asumir un
programa de apertura y competitividad que parte del credo conservador. De hecho, ha
optado por seguir las recetas del FMI y por continuar haciendo pagos por la enorme
deuda exterior de Brasil, que el Banco Mundial valoró en 2002 como del 49,6 por
ciento del PIB de Brasil (o unos $230 mil millones).
Durante veinte años el PT había denunciado el pago de la deuda,
argumentando que desviaba demasiado dinero de los programas sociales y de la
inversión económica productiva56. La actual posición del presidente dista mucho
incluso de las antiguas denuncias más moderadas de su partido y se explica por la
tradicional posición nacionalista de un Brasil que aspira a convertirse en potencia
hegemónica en el subcontinente latinoamericano.
Las acciones de Lula en la escena internacional también muestran una
trayectoria decepcionante para aquellos que esperaron que Brasil asumiera un
liderazgo antineoliberal. En 2003 la dirigencia del PT prometió abrir un espacio de
55
Ver Lozano. “La izquierda latinoamericana en el poder”, p 138.
56
Comparar Engler, Mark y Dangk, Benjamín,. “¿Qué ha logrado la “nueva izquierda
latinoamericana?”,. Documento electrónico.

35
posibilidades en las negociaciones internacionales y el presidente brasileño habló a
menudo de construir una "nueva geografía" de comercio y política en la que los
países pobres serían considerados como iguales.
Brasil emergió como uno de los países más vehementes en su crítica a la
invasión norteamericana de Irak y fue una fuerza decisiva en la formación del G20+,
un grupo de países en desarrollo que se enfrentó a las exigencias de los Estados
Unidos y Europa en la Cumbre Ministerial de la Organización Mundial del Comercio
(OMC) de 2003 en Cancún57.
Sin embargo, el compromiso de solidaridad de Brasil con el resto del mundo
en desarrollo ha sido puesto en duda. En el verano de 2004, negociadores de Brasil
forzaron a países más pobres a firmar el "marco de julio" para la agricultura en las
negociaciones de la OMC en Ginebra, probablemente porque Lula pensó que el
acuerdo podría beneficiar a las compañías agrícolas brasileñas. Su acción dio nueva
vida a la moribunda institución.
Además, Brasil, junto con India, prosiguió su camino de objetivos
nacionalistas por sobre la solidaridad del G20+ en las conversaciones de la OMC de
Hong Kong en diciembre de 2005. Allí utilizó su influencia para garantizar que el
mundo en desarrollo no bloqueara un acuerdo acerca de la continuación de las
negociaciones de la "Ronda Doha".
El manejo prudente de las finazas así como el interés en las crecientes
exportaciones agrícolas de Brasil también ha causado fricciones entre el gobierno de
Lula y el Movimiento de los Sin Tierra (MST), el cual ha criticado el ritmo – juzgado
demasiado lento - de la reforma agraria bajo el gobierno del PT58.

57
Comparar Mark Engler y Benjamín Dangk. “¿Qué ha logrado la “nueva izquierda
latinoamericana?”
58
Comparar Mark Engler y Benjamín Dangk. “¿Qué ha logrado la “nueva izquierda
latinoamericana?”

36
3.2 LA IZQUIERDA RADICAL

Contrariamente a la izquierda moderada y conservadora que acepta las leyes del


mercado, el ala radical de la “nueva izquierda” latinoamericana aboga por un mayor
control del Estado y no está dispuesta a seguir las pautas que marcan las grandes
potencias. Sus metas son construir y hacer realidad un modelo de transformación
social. Los representantes de esta ala son Hugo Chávez y Evo Morales.
3.2.1 Venezuela. Gran parte del liderazgo progresista que se esperaba de
Lula cuando fue elegido ha sido asumido por Hugo Chávez quien se ha destacado
como el principal adversario en la región de los Estados Unidos. Sus éxitos
electorales le han permitido usar al Estado como punto de partida para dirigir una
"Revolución Bolivariana" que ha conducido a la división de la sociedad y al cierre de
espacios de diálogo y de concertación. Su incapacidad para encontrar espacios de
entendimiento con la clase empresarial y las clases medias le ha impedido afirmar la
democracia.
Al igual que en los viejos populismos, la promesa de redención de los
excluidos es el eje del proyecto chavista que ha estimulado la participación a partir de
la creación de organizaciones de base popular pero sujetas al interés del proyecto del
líder orientado a impulsar “un partido único de la revolución” que ha de culminar con
la “construcción del socialismo del siglo XXI”, concepto difuso que maneja en sus
discursos59.
La otra cara del antiimperialismo populista de Chávez es su nacionalismo,
que “no sólo asimila la nación con el pueblo sino a su propia persona con el colectivo
nacional, resumido en los excluidos, tal como Perón lo hizo en su tiempo”60. Su
nacionalismo antiimperialista se ha expresado también en un fortalecimiento del
estamento militar so pretexto de una invasión por parte de los Estados Unidos.

59
Comparar Márquez, Humberto. “Desafíos 2006-2007: La vía chapista al partido único”. Documento
electrónico.
60
Ver Arenas, Nelly. “El gobierno de Hugo Chávez: populismo de otrora y de ahora”. Revista Nueva
Sociedad No. 200, noviembre-diciembre de 2005, p 41.

37
En la escena internacional, Chávez ha sido el más destacado de los líderes
latinoamericanos al proponer un frente unido de la Nueva Izquierda. Ha presentado la
Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA) como modelo de cooperación
regional en contraposición al ALCA; prestó a Argentina casi mil millones de dólares
y ha vendido petróleo a precio reducido a muchos países a fin de beneficiar a
poblaciones empobrecidas.
Indudablemente el proyecto chavista se ha beneficiado del hecho que
Venezuela es el principal exportador de petróleo en el hemisferio. “Los altos precios
del petróleo -que produjeron $25 mil millones de dólares en ganancias para el
gobierno venezolano en 2004, e incluso más en 2005- han dado a Chávez fondos en
abundancia y ventaja política para realizar sus planes”61.
Sin embargo, el modelo venezolano no carece de problemas. El hecho de
que su fortaleza se deba a la buena fortuna de la riqueza de recursos naturales del país
plantea preguntas acerca de si la revolución bolivariana es exportable. Los países
endeudados, con menos libertad para enfrentarse a la comunidad financiera
internacional, no pueden darse el lujo de replicar los programas sociales de Chávez y
sus protestas públicas.
3.2.2 Bolivia. Es un país que ilustra las dificultades a las que se enfrenta un
país cuyo margen de maniobra se ve reducido por su situación de endeudamiento.
Bolivia sufre una pobreza extrema a pesar de los enormes recursos que posee y
depende de las ayudas externas. Es así como, por ejemplo, aunque posee una de las
más grandes reservas de gas natural en el hemisferio, y de grandes depósitos de
petróleo, al menos en el futuro cercano, depende de la inversión extranjera para
desarrollar estos recursos.
De otro lado, conoce una situación de tensión permanente originada por una
población indígena marginada que reclama reformas políticas que mejoren el sistema
existente y que mantienen al país en una encrucijada.
En efecto, “En términos de condiciones políticas, Bolivia es una amalgama
de sus vecinos suramericanos. Al igual que Argentina, Bolivia ha experimentado una

61
Ver Engler y Dangk. “¿Qué ha logrado la “nueva izquierda latinoamericana?”

38
crisis de gobernabilidad con rápidos cambios de presidentes. Una presión fuerte por
parte de los movimientos sociales ha creado un mandato para enfrentarse a las
instituciones financieras internacionales. Pero al igual que Brasil, Bolivia debe
preocuparse también por la fuga de capitales y los acreedores extranjeros, los cuales
pueden paralizar su economía y limitar la capacidad de acción del gobierno”62.
Contrariamente a la situación social que conoce Venezuela, donde la
sociedad civil ha sido organizada desde el Estado, la sociedad civil boliviana surge
casi enteramente de la base lo cual le imprime un grado de autonomía destacable. De
hecho, el triunfo de Evo Morales es doblemente importante por cuanto es indio y un
líder sindical; es la expresión de una revolución democrática por medio de elecciones
y el canal de acceso al poder de nuevos actores sociales.
Para muchos, la victoria electoral de Evo Morales, amigo personal de Hugo
Chávez y admirador de Fidel Castro, crítico del gobierno estadounidense, es el
símbolo del viraje político latinoamericano; para otros, como Felipe González, ex
presidente socialista del gobierno español, no se trata de “un modelo alternativo al
predominante en las últimas décadas [sino tan sólo] de una redistribución de riquezas
y de un modelo más democrático” ensombrecido, empero, por la falta de unidad y de
consenso que puede perjudicar el desarrollo del país63. El conflicto que opone al
presidente Morales con cuatro departamentos del país, que demandan autonomía e
inclusive han llegado a demandar su independencia, es bastante ilustrativo al
respecto.

62
Comparar Engler y Dangk. “¿Qué ha logrado la “nueva izquierda latinoamericana?”
63
Ver González, Felipe. “Bolivia, nuevo horizonte” El País (España), 13 de enero de 2006.
Documento electrónico.

39
4. CONCLUSIONES

El giro a la izquierda de América Latina es innegable. La cuestión medular, sin


embargo, es cómo caracterizar esa izquierda en cuyo seno se observan varias
tendencias desde los reformistas moderados de carácter socialdemócrata hasta los
neopopulistas. En realidad, la mayoría de gobiernos que se dicen de izquierda que
rigen en la actualidad los destinos de América Latina no constituyen un movimiento
regional ni alcanzan a señalar un rumbo homogéneo. De hecho, la democracia
latinoamericana está gobernada por izquierdas muy variadas en la retórica, los
objetivos y los estilos de sus dirigentes.
Tal como lo plantea Edelberto Torres Rivas, “La diversidad va desde una
izquierda profundamente antiimperialista, enemiga del mercado de la democracia
liberal hasta una izquierda democrática que sigue las pautas europeas de una
socialdemocracia hoy diluida en el social- liberalismo, frágil por la ausencia de la
organización obrera, que se acomoda al neoliberalismo peleando márgenes para no
negar su identidad”64.
Más allá de su lucha por la igualdad y la democratización, cada caso es
distinto. Los gobiernos que los medios de comunicación masiva califican
genéricamente de izquierda tienen orígenes y características distintas. Como lo ha
afirmado Tulio Vigévani, politólogo y profesor de relaciones exteriores en la
Universidad Estadual de Sao Paulo (UNESP), “Ni siquiera se asemejan los gobiernos
señalados como cercanos. El de Morales tiene un carácter étnico y promueve el
acceso al Estado a indígenas marginados desde hace 500 años mientras Chávez
procede de un grupo militar que estableció fuertes lazos con gran parte de los
pobres”65.
En realidad, la llegada al poder de los partidos y movimientos de izquierda
no es el fruto de la misma ideología, sino de procesos de movilización política
desiguales que tienen sus orígenes en la incapacidad de las élites tradicionales para

64
Ver Torres Rivas, Edelberto. “América Latina: reflexión desde la izquierda”. Documento
electrónico.
65
Ver Osava, Mario. “América Latina y el enigma de la izquierda”. Documento electrónico.

40
adaptarse a los procesos de democratización que se desencadenaron a finales del siglo
XX en el marco de una mundialización creciente que destruye los tejidos sociales y
modifica las relaciones de poder.
La situación política de América Latina se caracteriza por la debilidad de sus
instituciones que abre las puertas al populismo que se encuentra en todos los procesos
salvo en algunas excepciones como el caso chileno y la dificultad para superar
problemas como la pobreza, la inequidad y el aumento de la violencia. Lo que
realmente reclaman los pueblos latinoamericanos es más democracia y mejores
condiciones de vida y lo que ha sabido hacer la llamada nueva izquierda, reformista y
pragmática, es estimular las expectativas de cambio con sentido de progreso social.
Su triunfo, empero, corre el riesgo de no ser sino un momento coyuntural por cuanto
los gobiernos elegidos no tienen modelos alternativos al vigente (excepto Venezuela)
y están muy vinculados a personalidades.
La “nueva izquierda” cuyo crecimiento se ha dado en condiciones muy
difíciles en un continente marcado por la hegemonía de las ideas neoliberales, ha
optado por la moderación y se ha aproximado a la derecha moderada lo que le ha
permitido alcanzar la victoria en las urnas pero su permanencia en el poder está en
riesgo si no cumple con las expectativas de sus electores. Esta situación es lo que
lleva a las fuerzas más progresistas a plantear el orden de prioridades y radicalizar la
democracia mediante la profundización de la participación popular que permita el
control del Estado pero si se juzga a los gobiernos de izquierda por sus políticas, se
constata que en su gran mayoría tienen más en común con el centro derecha que con
la izquierda radical.
Izquierda, derecha, centro, son, sin embargo, metáforas relacionadas en
cuanto la existencia de cada una de ellas requiere la existencia de las otras dos. La
permanencia y el fortalecimiento de la “nueva izquierda” en el poder depende de la
manera como responda a los grandes desafíos que ha asumido. El primero se vincula
a la necesidad de formular e implementar un programa de profundos cambios
económicos y sociales alternativos al neoliberalismo y al viejo populismo
nacionalista, que combata la extrema pobreza y la exclusión social y que contrarreste

41
el déficit de gobernabilidad que agudiza las tensiones sociales y fomenta la
corrupción.
América Latina está hoy gobernada en su mayor parte por una izquierda
gradualista y pragmática, sin diferenciación ideológica clara. Instalada en el gobierno
por el voto, debe, sin embargo, hacer compatible esa fuente de legitimidad
democrática con las restricciones de los escenarios en los que se desenvuelvan. Por
ello, tal como lo plantea Edelberto Torres Rivas, el desarrollo histórico de la “nueva
izquierda” es cómo democratizar no sólo la política sino la sociedad, sin
desestabilizar las estructuras sociales. O, si se prefiere, “cómo incorporar a la escena
política a los sectores sociales excluidos por la derecha y las dictaduras sin que ello
produzca fisuras en el sistema institucional, pues sin esas instituciones cualquier
incorporación carece de sentido”66.

66
Ver Torres Rivas. “América Latina: reflexión desde la izquierda”.

42
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