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Test de Lectura de Karl Marx

Grupo integrado por: Estrella Camargo (DNI 41.162.159), Fernando Di Landro (DNI 37.332.092), Belén Ko
(DNI 43.086.728) y Felipe Manuel Romero (DNI 43.875.730).

Marx comienza su estudio de la sociedad capitalista a partir del análisis de la mercancía. Se propone partir
de las apariencias, de lo sensible, para ir, a través de la abstracción, entendiendo las relaciones sociales que
se esconden detrás de las mercancías como manifestaciones inmediatas, y luego volver a lo concreto para
entenderlo mejor.

Así pues, elige a la mercancía como punto de partida porque entiende que es el elemento básico del
sistema capitalista. Lo que buscará es entender qué caracteriza a las mercancías y por qué estás se hacen
presentes exclusivamente en el modo de producción capitalista. Por eso comienza afirmando que la riqueza
de las sociedades capitalistas se nos aparece como un “inmenso arsenal de mercancías”, siendo la
mercancía la forma elemental. Vale volver a remarcar que esto no es una definición, sino simplemente la
forma en que se presentan las mercancías.

En primer lugar, afirma Marx, la mercancía es un objeto externo; una cosa apta para satisfacer necesidades
humanas. Esta utilidad está determinada social (ya que dependen en parte de la consideración de la
sociedad de que esta satisface una necesidad) y materialmente (debido a que hay limitaciones técnicas que
vuelven más útiles a determinadas mercancías), así como cuantitativa (la cantidad) y cualitativamente (la
calidad del objeto). Esta utilidad que convierte a los objetos en valor de uso “no flota en el aire” (en
palabras de Marx), sino que está condicionada por las cualidades materiales de la mercancía. El valor de
uso toma cuerpo en el uso o consumo de los objetos. En la sociedad capitalista los valores de uso son el
soporte material del valor de cambio, y a primera vista este valor de cambio aparece como la relación
cuantitativa: las proporciones en que se cambian valores de uso de un tipo por valores de otro. La
“intercambiabilidad”, el hecho de que se puedan intercambiar las más diversas mercancías, nos demuestra
que existe algo común a todas las mercancías que va más allá del valor de uso ya que es precisamente la
abstracción de sus valores de uso lo que caracteriza la relación de intercambio entre las mercancías. Si
omitimos el valor de uso del cuerpo de las mercancías, únicamente les restará una propiedad: la de ser
productos del trabajo. Pero no productos de un trabajo concreto, al prescindir de su valor de uso,
desaparecen también las formas concretas de esos trabajos, que dejarán de distinguirse unos de otros para
reducirse a mismo trabajo humano, al trabajo abstracto. Las mercancías se cambian es porque son
encarnaciones de trabajo humano abstracto y, en este sentido, son valores. El valor de cambio es tan solo la
expresión necesaria, la forma obligada de manifestación del valor.

Así es como Marx llega a afirmar que el valor representa el tiempo de trabajo humano abstracto (trabajo no
físico) que le lleva en promedio a la sociedad, con las técnicas de producción hoy vigentes, producir las
mercancías. Este es socialmente necesario y es realizado de forma autónoma (es decisión del capitalista
qué y cómo producir), privada (no hay un conocimiento anticipado de cuáles son las necesidades sociales
que se van a satisfacer con la producción de la mercancía) e independiente (ya que no hay relación de
dependencia personal). En el caso de que no sea realizado de alguna de las formas mencionadas antes, no
habría relación de mercancía.

Entonces Marx, a través del análisis y de la abstracción, llega a un concepto de valor más desarrollado;
volvemos entonces a las apariencias pero esta vez como necesaria expresión del contenido. Esto nos lleva a
discutir sobre la forma del valor como forma necesaria del valor, abriendo una diferenciación entre relación
del valor y expresión de valor: la relación de valor es la relación de dos mercancías, mientras que la
expresión de valor consiste en que las mercancías expresan su valor en otras mercancías. Teniendo esto en
cuenta, el autor recorre el desarrollo de la forma del valor, desde su forma más simple a la más acabada (la
forma dinero), logrando establecer una conexión clara entre la mercancía y la génesis del dinero. Estos son
los pasos en el desarrollo de la forma del valor:

-La forma simple del valor: el valor de una mercancía (A) se expresa en el valor de uso de otra mercancía
(B), en donde la mercancía A cumple una función relativa y la B una función equivalente, en donde el dueño
de esta tiene el poder de decidir si quiere cambiar su mercancía B por la A. Mientras dentro de esta relación
A es sólo condicionalmente cambiable, B es directa e incondicionalmente cambiable por A. Y esto nos
muestra cómo el trabajo privado se convierte en trabajo social, depende de que sea reconocido como
socialmente necesario por los productores de las mercancías por las que se quiere cambiar.

-La forma desplegada/desarrollada del valor: en esta, la mercancía puede ser intercambiada por muchas
mercancías equivalentes.

-La forma general del valor: es lo inverso a la forma de arriba, en donde todas las mercancías expresan su
valor en una sola mercancía, que puede ser cualquiera en tanto y en cuanto todas las demás mercancías la
reconozcan como equivalente general.

-La forma dinero: es muy similar a la forma anterior, solo que esta vez el equivalente general deviene
mercancía dineraria. Su función social específica es cumplir el papel de equivalente general.

Se desdobla entonces la mercancía en mercancías comunes y mercancías dinerarias. La mercancía dineraria


es directamente cambiable por cualquiera de las demás mercancías, según la voluntad de su poseedor. Por
eso el dinero es poder, lo que conlleva a que el intercambio mercantil sea asimétrico, debido a que quien
posea el dinero puede decidir comprando o no si el productor de la mercancía se puede reproducir
socialmente o no. El poseedor del dinero tiene en sus manos el poder de determinar cuál trabajo es
socialmente necesario y cuál no. La mercancía dineraria es por esto simultáneamente una anti-mercancía
porque su dueño tiene directamente en sus manos trabajo social, a diferencia del resto de las mercancías,
que se intercambian indirectamente (no están automáticamente validadas como producto del trabajo
social).

Las mercancías no van solas al mercado, por detrás de ellas hay personas entablando relaciones sociales. En
el capitalismo las mercancías se vuelven un fetiche porque es a través de ellas que se organiza el trabajo
social, es necesariamente a través de la mercancía que el trabajo privado, autónomo e independiente pasa
a ser socialmente necesario. Es la forma en que se valida el trabajo: convertido en mercancía y siendo
cambiado en el mercado. Por eso en el modo de producción capitalista las relaciones sociales se
manifiestan no como relaciones entre las personas mismas, en sus trabajos, sino, en palabras de Marx
“como relaciones propias de cosas entre las personas y relaciones sociales entre las mismas cosas”. Por eso
son las mercancías las que tienen el poder de relacionarse y cambiarse “autónomamente”, como si
hubieran adquirido vida propia. Este es el famoso fetichismo de la mercancía. Las relaciones se dan entre
personas pero le asignamos poder a la mercancía, tanto a las mercancías comunes como -especialmente- a
la mercancía dineraria. Nunca nos encontramos como iguales en el mercado, ya hay incluso entre las
mercancías una relación asimétrica.

En muy resumidas cuentas este es el análisis de la mercancía de Marx: cómo a partir del estudio de lo que
hace a las mercancías va desentrañando el funcionamiento de la economía capitalista y las relaciones de
poder que la atraviesan.

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