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Kabuki

Tradición centenaria de Japón


Mayra González

El kabuki está formado por infinidad de detalles y símbolos que provienen de siglos de
evolución. Los colores, poses y atuendos de los actores, la decoración y las expresiones, son
más relevantes que la trama de la obra en sí. El kabuki es un arte de análisis.
Su origen se remonta a los comienzos del período Edo (1603-1868), época en que Okuni,
una doncella del Gran templo de Izumo, parece haber comenzado lo que en aquel entonces se
conocía como “Danza kabuki”.

Período de Edo
El teatro bunraku y el teatro noh, desarrollado por los samurái en el siglo XIV también
influenciaron en la formación de este arte. La palabra kabuki llegó a significar cierto
comportamiento extravagante que se desviaba de lo convencional o que “llamaba la
atención”. Y parece ser que las danzas de Okuni calificaban como tales.
Las escenas más provocativas eran las que representaban las casas de té y los baños
públicos. En el escenario, Okuni solía vestirse de hombre y trataba de conquistar a la dueña de
la casa de té con la ayuda de un personaje cómico, conocido como saruwaka, quien servía de
intermediario. La escena terminaba con una danza de los dos amantes. Para culminar la
presentación, se llevaba a cabo una escena en los baños públicos que, al igual que las casas de
té, hacían uso de jóvenes damas para atraer a los caballeros.
La popularidad de este tipo de teatro llevó a las imitadoras a crear otros grupos
conocidos como kabuki de prostitutas. Fue en este tiempo cuando el shamisen comenzó a ser
utilizado para acompañar las presentaciones. En el kabuki de mujeres, la estrella del grupo se
sentaba en una silla decorada con exóticas plumas de pavo real o con pieles, y tocaba el
shamisen mientras que el resto bailaba. El comportamiento de estos grupos llevó al
Shogunado (régimen de los antiguos gobernadores militares), en el año 1629, a la prohibición
de las mujeres en el escenario bajo pena de arresto y castigo. Y el lugar fue tomado por grupos
de hombres jóvenes cuyo objetivo, al igual que el de las mujeres, estaba lejos de ser
puramente artístico.
Se hizo evidente la falta de mujeres que desempeñaran los caracteres femeninos. Por
esta razón surgieron los onnagata, personajes dedicados exclusivamente a la representación
de estos papeles.
Era necesario anotar los nombres de los onnagata que iban a actuar para certificar que
no eran mujeres y diferenciarlos de los otokogata, que representaban sólo papeles masculinos.
Otros personajes también fueron apareciendo. El wagoto, “algo suave o romántico”, nació
debido a la necesidad de escenas de amor en ciertas obras. Por contraste, aragoto, que
significa “algo duro o rudo”, y tenía en su personalidad algo de samurái.
Estos personajes se subdividieron su vez en categorías específicas, y surgió así una alta
especialización en el tipo de kata o patrones de actuación. Determinadas familias comenzaron
a ser tradicionales por su forma de representar cada estilo, y transmitieron ciertas
características de generación en generación. La habilidad de cada actor para agregar
elementos nuevos a los kata, logra que su técnica particular comunique al público toda la
emoción de una obra.
Pero la emoción también se transmite a través de una serie de convencionalismos que
son inherentes al kabuki. La izquierda, por ejemplo, es considerada superior o más noble.
Existen también las diferencias sociales expresadas en forma de una plataforma que es
ocupada por el personaje de mayor estatus. Un onnagata nunca debe pararse enfrente de un
actor que representa un papel masculino, sentándose siempre medio cuerpo hacia atrás.

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La estilización del teatro kabuki se traduce en una preocupación básica por la apariencia
del conjunto en el escenario. Las poses, colores y arreglo e los actores en escena son
armoniosos, y cada escena termina con una pose específica. Hay ciertos kata que logran mayor
efecto e impacto escénico. El más importante es el mie o kimari, que consiste en una serie de
movimientos que culminan en una pose sostenida por corto tiempo. Por otra parte, el roppô,
que es usado para abandonar el escenario, es una combinación de poses más violentas. Y el
tanzen, versión más sutil del roppô, es utilizado para entrar en escena.
El simbolismo se aplica a otros aspectos de éste espectáculo. El color negro por ejemplo,
usado en la cortina significa oscuridad y el traje de los kurogo o koken significa inexistencia.
El color también tiene la finalidad de hacer resaltar todo en el escenario, incluyendo los
diferentes vestidos de los actores. Los actores cambian rápidamente su atavío, peinado o
maquillaje ante el público, dependiendo del efecto que requiera para indicar una
transformación o un cambio en el estado de ánimo. Las pelucas o katsura son parte integral de
la representación de un personaje en el kabuki, y también sufren modificaciones durante la
presentación. El maquillaje alcanza gran dramatismo a través del uso de ciertos colores
básicos.
El tipo de maquillaje más característico en esta forma teatral es conocido como
kumadori que se traduce literalmente como “hacer sombras”.
La música es otro ingrediente utilizado eficazmente para crear un conjunto armonioso y
acompaña los momentos de mayor intensidad durante una presentación.
Existen tres categorías: la música ceremonial, que indica el comienzo o el final de una
obra, un aumento de la emoción durante una pelea con espadas, o un momento en el que un
actor asume un mie. La música geza, que se utiliza mayormente para crear ciertos efectos
especiales, y es ejecutada por músicos “escondidos” en una estructura negra en el lado
izquierdo del escenario. Y en tercer lugar la música debayashi, que usa shamisen y voces,
ejecutada por músicos que son perfectamente visibles sobre el escenario. En el lenguaje de
esta música existen sonidos pre-establecidos que son asociados con lluvia, nieve, olas y viento;
y ciertas combinaciones de instrumentos representan, por ejemplo, la llegada de un espíritu.
Dos elementos importantes dentro del teatro kabuki son el hanamichi y el escenario
giratorio (mawari butai).
El hamichi o “camino de la flor” se originó para que el público tuviera acceso al
escenario. Al principio, “la flor” era una propina en dinero que se daba a los actores y que se
ataba a la rama de un árbol en flor. Y el “camino de la flor” era la ruta que se tomaba para
llegar hasta los actores. Hoy se usa como entrada y salida de los actores. El escenario giratorio
fue producto del deseo de Namiki Shozo, su creador, de comunicar simultáneamente lo que
ocurría en diferentes lugares de la escena.

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