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VI.

- Rito, signo y símbolo

Objetivo: Que el agente de pastoral descubra que el misterio pascual la Iglesia lo celebra mediante
un rito, conozca su importancia y lo valore, para que, apreciando primero él pueda vivirlo y según
sus posibilidades contribuya a la adecuada preparación de las celebraciones en su aspecto ritual
cuando sea de su competencia.

“Entonces Jesús tomó los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los que estaban
recostados; y lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que querían. Cuando se saciaron,
dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobran, para que no se pierda nada. Los recogieron,
pues, y llenaron doce cestas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que
habían comido.” (Jn 6,11-14)

En nuestra Iglesia católica vivimos y celebramos el misterio pascual de Cristo principalmente


mediante los sacramentos que actualizan la gracia de la salvación y esto lo realizamos de una forma
ordenada, esquemática o ritual. En una cultura como la nuestra actualmente, esto no aparece en
nada atractivo. Frente al afán de innovación y la búsqueda social constante de nuevas experiencias
sensitivas, o simplemente frente a lo atractivo que se presentan diversos grupos religiosos en sus
creativas asambleas nuestra liturgia aparece como “monótona” y “acartonada” ya que
desconocemos todos los beneficios que nos vienen de tener un rito y mucho menos de conocerlo
concretamente en su composición clara. Es por eso que en este tema conoceremos algunos aspectos
positivos y objetivos de tener una forma ritual de celebrar.

Hay que decir primero que los sacramentos y otras celebraciones dentro de la liturgia siguen un
orden como hemos dicho, un orden que podemos denominar “rito”. Este rito cumple con una
función simbólica, es decir, el mismo rito es un símbolo. Pero hay que detenernos para consid erar
cuidadosamente qué es un símbolo, ya que, puede dársele la connotación de “fantasía”, “ficción”
que nos dejaría sin más fuera de la realidad y vacíos de eficacia. Traemos a colación a propósito de
la siguiente reflexión, la definición de “sacramento” que deriva de la Constitución Sacrosactum
Concilium: “Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la
Iglesia por los cuales nos es dispensada la vida divina. Los ritos visibles bajo los cuales los
sacramentos son celebrados significan y realizan las gracias propias de cada sacramento. Dan fruto
en quienes los reciben con las disposiciones requeridas.”

¿Qué es el símbolo?
Expresa en su raíz griega la conjunción de dos partes: “symballein”, significa literal mente poner
juntos. El “symbolon”, es precisamente un objeto partido en dos del que cada uno de los firmantes
de un contrato recibe una parte. Cada una de las dos mitades no tiene valor alguno por sí solo. Su
valencia simbólica proviene únicamente de la relación con la otra mitad. “Symballein” significa

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volver a poner juntos. Se junta una cosa que ya anteriormente estaba unida y que ahora ya no lo
está. El símbolo no crea la unidad sino que la restablece. El símbolo permite que el hombre “reúna”
en sí algunas realidades asociadas pero separada por su diversa naturaleza. Es una cosa o realidad
usada para representar otra cosa. Por ejemplo:

“Símbolo” es todo elemento que,


intercambiado en el seno de un
grupo, permite que el grupo como
tal o los individuos se reconozcan, se
identifiquen. Como todo grupo, la
Iglesia e identifica a través de sus
símbolos, empezando por el
formulario de la confesión de fe,
llamado precisamente “símbolo de
la fe”. Es mediación de reconocimiento recíproco entre sujetos y de su identificación en el interior
de su mundo.

En el simbolismo hallamos una nueva relación con la realidad y sobre todo descubrimos una
posibilidad de comunicar y comunicarse con lo que nos rodea mucho más profundamente de lo
que nos es posible de otro modo.

El hombre
puede llegar a
una visión
coherente,
unitaria, y
significativa
de la realidad
solo si se abre
a n horizonte
trascendente.
El aspecto
más
característico
del “hombre
simbólico” es
si dimensión
religiosa, es decir, su referencia imprescindible a los sagrado y a Dios. El simbolismo religioso es la
expresión más íntima de la persona humana de trascender los límites del propio yo y de abrirse a
nuevas experiencias difícilmente sistematizables a nivel racional.

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Simbolismo litúrgico

El ingreso en la trama simbólica que constituye cada sistema cultual madura a través de un proceso
de socialización durante el cual se produce la iniciación a la experiencia simbólica de una comunidad
determinada, en concreto nos acercamos al simbolismo cultual cristiano a través de la biblia y de la
tradición cristiana.

Las relaciones entre actividad simbólica y realidad de fe se basas ante todo en la estructura de la
revelación bíblica. ( 1Jn 1,2s; Hch 2,42; Ef 1,9; 2,18; 2Pe 1,4; Col 1,15; Tim 1,17; Ex 33,1)

Hay que considerarlo en estrecha relación con la historia de la salvación. En ella Dios se ha revelado
y comunicado con su palabra y con toda una pedagogía de signos, a través de los cuales llama a los
hombres a la fe y los une a sí mismo. Por tanto en la revelación divina acontecimiento histórico y
palabras interpretativas están en íntima relación entre sí, de tal modo que no pueden cumplir su
función reveladora el uno sin los otros. Analógicamente, en la liturgia acción simbólica y palabra de
fe está íntimamente unidas y se completa mutuamente.

Si es una
característica
propia del
símbolo, por lo
menos desde el
punto de vista
etimológico, la de
unir y recomponer
determinadas
situaciones,
ciertamente el
simbolismo
litúrgico
contribuye a
poner al hombre
en comunión vital,
y no solo nocional
e ideológica con el misterio de la salvación.

La liturgia no es el logos (doctrina) ni el éthos (ética) del misterio, pero es su symbolon, o sea, la
mediación simbólica que pone en relación y condensa al mismo tiempo la doctrina y la ética y
necesita de ambas para conservar su plena autenticidad. (Am 5,21ss)

Hay que celebrar y comprender los sacramentos de tal modo que pongan al hombre en contacto
con los acontecimientos simbólicos que son signos de la presencia de Dios. En particular, sabemos
que evoca a los acontecimientos de Dios en Cristo y los hacen revivir ritualmente: en ellos el hombre
inserta toda su vida y pregusta ya la realización del reino futuro. Pero este reino crece y se desarrolla
ya en los acontecimientos de la historia presente.

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Los sacramentos son también el
lugar de un testimonio de fe, la vida
sacramental es una verdadera
profesión de fe. Porque la liturgia es
verdadera profesión de fe, adquiere
funciones de teología, “en cuanto
reflexión de la realidad de la fe vista
en el plano de la actuación ritual”.

Estas consideraciones nos hacen


comprender lo importante que es
que la celebración se exprese en
plena sintonía con la comunión
eclesial. La liturgia alimentará la fe y
será al mismo tiempo verdadero testimonio de fe. La Iglesia primitiva aun viviendo una amplia
libertad disciplinar en materia cultual, estuvo siempre atenta en este sector a conservar y expresar
con fidelidad la tradición apostólica. La cual se ve luego como garantía de comunión eclesial.

Cuando hablamos de “comunión eclesial”, no indicamos solo un aspecto estructural, sino su misma
esencia o misterio. Comunión con la vida divina, la cual es el fin de toda la historia de la salvación;
comunión que ha sido realizada históricamente de un modo totalmente singular en Cristo y que el
espíritu Santo realiza en la Iglesia y en el corazón de los fieles, Por ello, es en virtud del Espíritu Santo
como la Iglesia es unidad- comunión con Dios y de sus miembros entre sí. La comunión no se realiza
desde abajo sino que es gracia y don.

En conclusión podemos afirmar que la liturgia es la mediación simbólica que pone en relación y
condensa al mismo tiempo la doctrina y la ética. Todo lo que se refiere al culto, se refiere también
a la fe y a la vida de la comunidad cristiana. El obispo es servidor y garante de esta sintonía; su
ministerio es precisamente el de ser fiel guardián de este patrimonio recibido de la Iglesia
apostólica. Hay que interpretar las normas de los libros litúrgicos evitando tanto la fácil
improvisación como el escollo del ritualismo.

Preguntas para concluir

1.- ¿Qué se piensa comúnmente de las celebraciones rituales?

2.- ¿Qué beneficios tiene un orden para nuestras celebraciones?

3.- ¿Cuáles elementos se “reúne o junta” en el simbolismo litúrgico?

4.- ¿Qué es lo que cuida la Iglesia por todos lados extendida en el aspecto ritual?

5.- ¿Conoces por lo menos en general el rito (orden) de alguno de los sacramentos?

6.- ¿Reconoces en la biblia algún pasaje donde ya la Iglesia actuaba en forma ritual?