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Que Dios reconforte nuestro espíritu.

Dios en su Resurrección nos alienta y anima diciendo: No te


rindas. Con Dios nada está perdido. Como dijo el Papa Francisco: “Tenemos derecho a la
esperanza. Es un Don del cielo. La esperanza de Dios tiene la certeza de que vendrá el bien.”

Servicio de Psicología

Cada Familia es un sistema. Hay situaciones que se han de trabajar individualmente, mas
sin embargo, hay algo en común en cuanto, a lo que es esperable en el adolescente. ¿Cómo
podemos potenciar o mejorar la comunicación con el adolescente?

¿QUE ES LO ESPERABLE EN EL ADOLESCENTE? QUE PODEMOS CONSIDERAR


COMO NORMAL EN ESTA EDAD?

1. La prioridad que le dan a sus pares. No es personalizar. No es que no te quiera papá. No es


que te rechace mamá. El que no le apetezca estar contigo como antes, se entiende. La
ofensa no es aceptable, pero el adolescente está en esta fase de sentirse identificado con sus
iguales.
2. Desea ejercitar el poder personal y la autonomía. Le gusta retar a papá y a mamá.
3. Tienen necesidad de privacidad. Es necesario permitirles y dejar estar en ese espacio,
siempre con el sentido común y el equilibrio en el adulto, con normas aceptadas por ambos
(sin pasarle llave, sin pasarle el seguro, o con la puerta abierta, o solo media hora, o luego te
integras de nuevo con nosotros, entre otros).
4. Nos volvemos una vergüenza para ellos: Es algo que como padres duele mucho, pero es
transitorio. Antes habían cosas que hacíamos juntos (as), y ahora la hija o hijo dice: Ahí
mami o papa, mejor yo me voy con mis amigas. O yo voy a una tienda y tú vas a otra.
Como padres se puede experimentar una sensación de ¿y ahora cual es mi rol?

5. Ellos mismos sienten que no se conocen. ¿Quién es esta persona con la que he convivido
durante 12, 14, 15 años? Hay un duelo en ellos mismos, por el cambio y desarrollo en sus
cuerpos.

6. Se ven a sí mismos omnipotentes y muy sabios. Entonces, dicen expresiones como: ¡Bah tú
no sabes!; ¡Pero que tonterías dices!. Necesitan ejercitar ese poder y tenemos que llenarnos
de paciencia, aquí el maltrato no es válido, habrá momentos en que como padres, podemos
bajar la guardia y dejar pasar. Si no, se estaría reforzando conductas inadecuadas
diciéndole: ¿Pero porque me humillas?, o gritarle y ofenderle primero; ya que se
transforman en diálogos corrosivos, hirientes, sarcásticos; que hacen que se vaya perdiendo
la conexión entre padres e hijos.
¿QUE ES LO QUE ESTÁ PASANDO EN LA MENTE DEL (A) JOVEN?

1. Estudios demuestran que el cerebro está en desarrollo hasta los treinta (30) años. Hasta esta
edad el cerebro no va a estar consolidado. Literalmente está en obra. A pesar de que los
vemos más cercanos a la adultez, nos confunden, se observan contradicciones enormes,
¡primero estaba molesto, ahora viene y me da un beso!.

2. El lóbulo frontal, es el último en desarrollarse, que es el que se encarga de las funciones


ejecutivas, las que se encargan de controlar impulsos, tiene que ver con la concentración, la
organización, la toma de decisiones. Pedirle al adolescente de 14, 15, 16 años coherencia, o,
pedirle toma de decisiones importantes, no es el momento; va a llegar, pero cerca de los
veinte (20) años. Por más que insistamos hay cosas que los adolescentes no pueden, por
ejemplo, organizar la toma de decisiones, evaluar las alternativas, aplicar la decisión, este
ciclo les cuesta mucho.

3. Además, existe un opositor que es el sistema límbico, que es el más primitivo y que
predomina lo instintivo, por un sistema de gratificación: por eso los adolescentes tienden a
ser impulsivos, desafiantes, son arriesgados, no tienen miedo; ya que todavía es el sistema
límbico el que esta dominando, debido a que la conexión entre el lóbulo frontal y el sistema
límbico aún no se está dando.

4. Tenemos que ayudar entonces a los hijos adolescentes, siendo nosotros el lóbulo frontal,
para que a través de la reflexión, el joven no esté en peligro y así le estoy permitiendo que
desarrolle esa capacidad reflexiva, que la mayoría aun no tienen.
¿PARA QUE SIRVE A LOS PADRES SABER ESTO?

Esto ayuda a entender que hay un proceso neuropsicológico en proceso y que no le puedo
exigir que piense como un adulto, o como un hombre o mujer de la casa. Y, como padre, no
personalice sus reacciones. “Ah, entiendo que no es contra mí”. Permite entonces, empatizar, te
puedo entender. Ahora entiendo lo que te pasa. Aunque eso no justifique que vengas a
tratarme mal, o que te quieras aislar en tu cuarto, o que te voy a dejar el tiempo que tú
quieras escuchando música.

Sabiendo esto, va a ayudar a mejorar el vínculo con tu hijo, y que, cualquier cambio que se
quiera plantear, tenga mayor probabilidad de éxito.

Puedo desarrollar una disciplina positiva, siempre de una manera bidireccional. Si como
padre decido el recurso de castigo o de dictadura, como forma de vida, voy a tener resultados
con costos altos, trayendo como consecuencia: miedo, conductas desafiantes, agresividad, no
respeto a la figura de autoridad sino miedo. Igualmente, si establezco una disciplina laissez faire
o dejar hacer, donde no me involucro, porque me siento cansado (a) de tantos problemas, y dejo al
joven que resuelva a su manera sin darle guía u orientación, mostrándome indiferente, esto
conllevara también un costo muy alto, como un tipo de maltrato por omisión. Aquí es trabajar
constantemente con la reflexión hacia el adulto: ¿Que estoy diciendo?, ¿Cómo lo estoy diciendo?,
¿Con esto que estoy diciendo que le estoy aportando como ejemplo a mi hijo (a)?

TODOS UNIDOS PARA BUSCAR LA RAIZ DEL PROBLEMA:

Es importante que los padres se sienten con los hijos y avisarle al adolescente que habrá un cambio.
Por ejemplo: “Yo necesito hacer un cambio, porque siento que esto no está funcionando”. Igual se
le informa a niños y adolescentes. Por ejemplo: “Estoy viendo que es difícil para ti realizar los
estudios, organizarte; yo decido como padre, que te amo, que quiero lo mejor para ti, que es
importante que busquemos una alternativa”. ¿Me gustaría escuchar que piensas?

Plantear el cambio y dejar claro lo que tiene que hacerse, aunque dándole la oportunidad de que se
comunique.

Como padres estar preparados para el error. Van a ocurrir fracasos por parte de los jóvenes y de los
padres, pero ese error es una oportunidad, es necesario tener tolerancia al error, por eso, si lo
espero, si lo llevo en el bolsillo, será más fácil. Hay una resistencia al cambio, porque nos va a
sacar de la zona de confort. Se requieren mínimo entre dos o tres semanas para ver si un cambio
está funcionando. El error es una oportunidad, no significa fracaso.

1. Darme cuenta: Me equivoque. Reconocer “Llegue cansado o cansada y le grite, lo ofendí”,


y tolerar el error en el adolescente que también padece, a él, por ejemplo, la novia no lo
miró, no lo llamó hoy, lo bloquearon, lo dejan en visto, ignora el mensaje; el amigo no le
prestó un sweater, le salió una espinilla; es decir, el drama total, el sistema límbico al
poder.
2. La Responsabilidad: ¿Que parte de mi ha colaborado para provocar esta situación? Por
ejemplo: “He llegado tarde y grité. Recriminé. Juzgué”. Entonces, con todo cariño hacia mí,
reconocer, ¡me he equivocado!.
3. Reconciliarte: Le digo al otro: lo siento. Ejemplo:” Siento que llegue muy alterado (a), no
lo he hecho bien. Lo siento mucho”. El adolescente valora muchísimo cuando le dicen lo
siento. El adolescente en vez de aprovecharse, conecta muy bien con ese tipo de actitud en
los padres. Quizás no te va a abrazar, ni a darte besos, pero en su cabeza piensa: OK. Está
bien. Al igual que si ellos tienen que decírselo a los padres. De esta manera las corazas se
disuelven y conectan bien.
4. Resolución: Para ambas partes. Reconozco que me equivoque, para que esto no vuelva a
pasar, ¿qué tengo que hacer?

¿COMO ESTA MI ESTILO DE COMUNICACIÓN?

A veces el adolescente utiliza solo monosílabos: Si. No sé.. No…

Yo como padre: ¿Lo estoy interrogando?, o le digo cosas de mí que me han ocurrido, por
ejemplo. ¿Inicio yo la conversación sobre algún tema?. ¿En este momento, mi hijo está más
receptivo?, es sacar la lupa como papá o como mamá.

Es importante que sea una conversación alejada del Sermon. Los adolescentes tienen una
especial alergia a los sermones, porque esa capacidad de reflexión, esta todavía en construcción, no
la tienen. Es como si le estuviese hablando en japonés.
La reflexión va en función de preguntas. Por ejemplo: Aprovechar lo que le ocurrió a alguien y
conversar sobre ello. ¿Y tú qué opinas? ¿Y qué fueras hecho tú? O estimular la comunicación
emocional en varones y hembras: Yo quiero saber: ¿que sientes con lo que te ha pasado? Y así se le
ayuda a pensar y a conectar con el sentimiento.
Siempre pendiente del tono, ¿hablamos?, ¿gritamos?,. El grito bloquea, ya que suele estar
acompañado de juicios, ofensas. No contribuye a una comunicación reflexiva.. Volver a repetir el
diálogo, de otra manera: Me puedes decir lo mismo, SIN EL PORTAZO. O por ejemplo, ¿qué paso
con los platos Javier? “Mamá ahora no lo voy hacer”. “Voy a llamar a mi amigo Pedro y luego lo
hago”… Que haya negociaciones, que en el acto de negociación haya un Ganar-Ganar. Por ejemplo:
“Hagamos un trato, ¿qué tal si yo planteo mi idea, tú me dices la tuya y vemos a ver que se puede
acordar?”. Por ejemplo, algo que se le preste: “Puedes usar tal cosa, pero lo devuelves limpio”. Allí
le estamos enseñando también el valor del respeto.

No olvidar que el Adulto somos nosotros. No podemos caer en el mal control de nuestras propias
emociones con los gritos, donde solo indica el descontrol.
DARLE VALOR AL ESFUERZO.

Por ejemplo: El padre o madre puede decir: “Me siento feliz por el esfuerzo que has hecho en tu
examen”. Es decir, estar atentos a donde pongo el ojo de lo que valoro. En el Resultado o en el
Esfuerzo? Y esto, es lo que va a motivar al adolescente: “Muy bien, te estas acercando a la meta”.

DONDE PONGO EL OJO, AYUDA O NO, A CREAR UN BUEN AMBIENTE EN CASA.

Como padres estar pendientes de los pequeños pero importantes detalles.

“Me encanto:

“Cuando ayudaste a tu hermana (o) a amarrarse las trenzas de los zapatos”.

“Cuando te diste cuenta que la planta estaba seca y le echaste agua”.

“Cuando te fijaste que el piso estaba mojado y lo secaste”.

Pequeños detalles que nos hacen darnos cuenta de las cosas bonitas en los hijos y que pasamos por
alto.