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BOLILLA VI

PARTE TERCERA

DE REVELATIONE: EL HECHO HISTÓRICO

ESTUDIO CRÍTICO DE LAS FUENTES

Al terminar las bolillas anteriores nos encontramos ya en posesión de todos los elementos de juicio
para abordar la posible existencia histórica de la revelación. Debemos ahora detectar si Dios, de hecho, ha
revelado. Para ello debemos conocer qué fuentes históricas de garantía nos ofrecen tiempos pasados en orden
a nuestro fin. Una rápida vista panorámica nos pone delante un conjunto de libros religiosos incubados
dentro del pueblo judío y un segundo conjunto nacido en el ambiente grecorromano: son los libros
correspondientes al Antiguo y al Nuevo Testamento1. Para poder utilizar estos escritos con la finalidad que a
nosotros nos ocupa, es necesario determinar previamente su autoridad histórica (lo único que nos interesa
aquí es si son libros históricos verídicos; no si han sido inspirado por Dios). En total, llegan a 73 obras, 46
pertenecientes al Antiguo Testamento (AT) y 27 al Nuevo Testamento (NT). Su estudio detallado y concreto
constituye una ciencia especial conocida como “Introducción a la Sagrada Escritura”. Nosotros nos
detendremos sólo en un pequeño grupito, que poseen en el conjunto total una importancia crucial, podemos
decir que son como la clave de bóveda de todo el conjunto. Son conocidos como los cuatro evangelios, y son
ellos las fuentes que directamente interesan a nuestra prueba.

“Nadie ignora que entre todas las Escrituras, incluso del Nuevo Testamento, los Evangelios
ocupan con razón el lugar preeminente, puesto que son el principal testimonio de la vida y
doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador. La Iglesia siempre y en todas partes ha
sostenido y sostiene que los cuatro Evangelios tienen origen apostólico, porque lo que los
apóstoles predicaron por mandato de Cristo, luego ellos mismos y los varones apostólicos nos lo
transmitieron por escrito bajo la inspiración del Espíritu divino como fundamento de la fe: el
Evangelio cuadriforme, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan” (Dei Verbum 18).

Son tres los problemas que debemos plantear en torno a ellos:


A) su autenticidad o genuinidad;
B) su transmisión substancialmente incorrupta hasta nuestros días, es decir, su integridad; y
C) su valor histórico.

Pero, antes de comenzar con el tratamiento singular de cada una de estas cuestiones respecto de los
evangelios, veremos algunas consideraciones generales, que hacen al conjunto de los cuatro.

A) LOS EVANGELIOS: CUESTIONES GENERALES

1 – El término Evangelio

1 Se podría objetar que es necesario analizar una por una todas las obras antiguas y modernas referidas a estas
cuestiones. Hay que advertir, en primer lugar, que un gran número de obras, con ser de gran valor, no pretenden
presentarse como el depósito de una revelación dada por Dios. Con este primer paso se elimina ya un número
considerable. Con el material restante, conviene desechar obras que son manifiestamente falsas, por no darse en ellas
los signos de credibilidad o porque se observa justamente lo contrario. Con esto, el espectro de obras que quedan por
analizar es ínfimo.
Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 1
La palabra evangelio ( buena nueva) era corriente en los
helenistas del Imperio y en el dialecto koiné no para designar un libro, sino el anuncio de una noticia feliz en
general. Vino a coincidir con el concepto de la voz hebrea besorah, que desde los tiempos más antiguos era
el de mensaje de alegría. En el AT se fue concretando el concepto en sentido religioso hasta que en la
segunda parte de Isaías se refirió concretamente al anuncio divino de la salud venidera (cf. Lc 4,18). En el
NT la palabra evangelio se emplea exclusivamente significando el mensaje oral de la buena nueva de
salvación2.

En griego clásico, ya desde Homero, podía significar, además de la alegre noticia, también las
albricias entregadas al mensajero por la buena noticia o los sacrificios ofrecidos en acción de gracias.
Posteriormente, en el año 9 a.C., una inscripción -referida al emperador Augusto- se nos da con el sentido
empleado por la primitiva cristiandad: “el día natal del dios fue el comienzo de los alegres anuncios”.

Ya en tiempos del NT, la buena nueva fue desde el principio un mensaje divino en forma oral pues
Jesús ni quiso formar una escuela filosófica de letrados que comentaran un texto compuesto por El, ni intentó
presentarse como un doctor científico que ofrecía una teoría, sino que su fin era fundar una sociedad viva,
jerarquizada por los apóstoles, testigos y transmisores de su autoridad. Por ello, en un primer momento, el
término evangelio designaba la predicación oral de la buena noticia de y sobre Cristo (cf Lc 4,18-19; Mt
11,4-6; Lc 7,22; Mc 1,1.15; Hech 5,42).

En el s. II se empieza a calificar como evangelio el escrito en que se consigna la buena nueva de


salvación. Tal vez la Didajé, pero sin duda San Ignacio de Antioquía (+ 107) habla en este sentido (cf
Filadelfia 8,2) y asimismo San Justino (+ 165; Apol I, n. 66). El fragmento Muratoriano (aprox. 160) habla
de san Lucas como “el tercer evangelio” y san Ireneo usa la significativa expresión de “evangelio
tetramorfo”, es decir, de cuádruple forma (Adv. Haer. 3,11,8). Finalmente se comenzó a citar el evangelio con
el nombre de sus autores “evangelio según...”.

2 – Orden de los Evangelios

Exceptuados algunos casos especiales, el uso casi unánime desde los primeros tiempos sigue el
orden Mt, Mc, Lc y Jn. Así aparece en el año 200 en el Fragmento Muratoriano, Ireneo (+ 202), Orígenes,
etc. El Concilio Tridentino lo consagró definitivamente.

Desde el s. XIX, la crítica independiente, en general de corte racionalista, pasó a considerar a


Marcos como el primero de los evangelios escritos. Todo nació por la cuestión sinóptica, es decir el
problema de las semejanzas y diferencias entre los tres evangelios sinópticos: Mt, Mc y Lc. A partir de este
problema, la crítica moderna postuló la existencia de dos documentos primitivos: el documento Q (del
alemán Quelle = fuente) y el evangelio de san Marcos, sobre los cuales se basaron Mateo y Lucas para
escribir los suyos. Todo esto, sin embargo, es solamente una hipótesis que no contiene, de momento, ningún
elemento externo a la misma hipótesis que le dé mayores probabilidades.

3 – Lengua

Jesús habló sin duda en arameo occidental, corriente entre los judíos de su época. El hebreo, propio
de los libros del AT, había caído en desuso cinco siglos antes, reduciendo su empleo como lengua sagrada
para la lectura de la Sagrada Escritura y litúrgicos de la sinagoga. En los Evangelios se citan algunas
expresiones originales de Jesús en arameo (Epheta, talita kumi).
2 76x es usada en el NT (12x en los evangelios y 60x en san Pablo).
Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 2
Desde los primeros momentos los apóstoles tuvieron que organizar una doble catequesis: en arameo
y en griego. Esto desembocó en una doble redacción de los evangelios, el primero de los cuales fue el de
Mateo que pronto se tradujo al griego3. Los otros tres ¿directamente se escribieron en griego? 4.

Su idioma no es el griego clásico. Después de las conquistas de Alejandro Magno, a partir de fines
del s. IV a.C, el griego se había extendido a casi todas las regiones civilizadas. Tal difusión produjo
numerosas transformaciones surgiendo la lengua koiné (el término koiné, en griego, significa vulgar o
común) más simplificada y mezclada con palabras y estructuras de otras culturas. Tal es el caso de los
evangelios, en donde la lengua koiné presenta un tinte semitizante en la concepción de sus pensamientos y en
la forma gramatical de las ideas y giros.

B) AUTENTICIDAD DE LOS EVANGELIOS

Para considerar la autenticidad, mantengamos presente lo siguiente:


 “auténtico” (del griego authentéo = tener autoridad) se llama al escrito que pertenece realmente al autor
o a la época que se le atribuye. “Apócrifo” al que carece de tal condición.
 Además, tratándose de un hecho histórico, metodológicamente el argumento de más fuerza es el externo,
basado en los testimonios fidedignos de aquellos que tuvieron noticia cierta de su origen (argumento
extrínseco). El estudio interno (argumento interno o intrínseco) es una ayuda pero no ofrece una
conclusión tan segura; su mayor utilidad es de tipo negativa, es decir, manifiestan algunas veces que un
autor determinado no ha podido escribir un determinado libro (cf D. 1946; 2076; 2086; 2100).
 Por último, no caer en el prejuicio racionalista de considerar a priori que cualquier hecho sobrenatural
no puede ser verdadero

B.1) AUTENTICIDAD DEL EVANGELIO DE SAN MATEO

1 - Autoría

Hasta el s. XIX nadie puso en duda la paternidad literaria de San Mateo. Recién Schleiermacher fue
el primero en 1832; usando un texto de Papías quiso presentar a Mateo como el compilador de una serie de
lógia, dichos o enseñanzas y hechos de Jesús (gr. lógion = dicho)5. Posteriormente fue negado por otros
racionalistas argumentando que no pudo ser compuesto por un apóstol del s. I dadas las ideas universalistas
que contiene (D. 2151) y las noticias que encierra respecto de la destrucción de Jerusalén (D.2150). Lo
fechan en el s. II.

3 El testimonio de los Padres de la Iglesia es que Mateo escribió en hebreo. En 1555, J.A. von Widmanstadt supuso que
el hebreo ya no era conocido en tiempos de Cristo y que debía tratarse del arameo. Los manuscritos descubiertos a
orillas del Mar Muerto, que están casi todos en hebreo, demostraron que, efectivamente, el hebreo era una lengua muy
usada todavía. Cf. J. Carmignac, La Nascita... p.80.
4 J. Carmignac considera de gran importancia la cuestión de los semitismos presentes. Cf. su obra La Nascita dei
Vangeli Sinottici. En p. 8 dice: “el griego de los evangelios no es un mal griego, ni un griego incorrecto: es un buen
griego de un traductor respetuoso de un original semítico, que conserva el sabor y el perfume”. En la p. 103: “Estos son
los resultados provisorios de veinte años de investigación sobre la formación de los evangelios sinópticos: 1) es cierto
que Marcos, Mateo y los documentos utilizados por Lucas han sido redactados en una lengua semita. 2) Es probable que
esta lengua semita sea el hebreo y no el arameo...”
5 Para ver una síntesis de la discusión alrededor del texto de Papías se puede consultar C.M. Martini, Il Messaggio della
Salvezza, Elle di Ci (Torino, 1988) 114-116.
Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 3
Numerosos argumentos, nos obligan a mantener la afirmación tradicional, es decir, que el autor del
primer evangelio fue Mateo, apóstol de Cristo.
Mateo, nombre semítico, abreviación de Matanías, significa “don de Dios”. Aparece cinco veces en
el NT. Fue llamado por Jesús en Cafarnaúm donde era recaudador de impuestos, oficio degradante entre los
judíos (Mt 10,9). Marcos y Lucas, que también traen tal escena, quizás para no poner el origen afrentoso de
Mateo lo llaman Leví, que tal vez fuera el nombre propio de Mateo (Mc 2,14; Lc 5,27). Tras la ascensión de
Cristo permaneció varios años evangelizando a los judíos de Palestina. Su apostolado posterior es incierto,
las tradiciones lo colocan entre Etiopía, Persia y Macedonia.

Argumento Extrínseco

 Siglo IV: hay testimonios de San Jerónimo (“Mt llamado Leví, convertido de recaudador de impuestos
en apóstol, fue el primero que escribió en Judea... un evangelio de Cristo en lengua y escritura hebrea”
en De Viris Illustribus) y también de San Agustín (en Contra Fausto Maniqueo), San Juan Crisóstomo;
San Cirilo de Jerusalén, San Efrén de Siria, Eusebio de Cesarea.
 Siglo III: hay testimonios de Tertuliano, Orígenes, Clemente de Alejandría.
 Siglo II: Panteno, del Fragmento muratoriano, San Ireneo de Lyon, Papías (obispo de Hierápolis).
 Siglo I: san Policarpo cita en su carta a los Filipenses el padrenuestro según la redacción de san Mateo y
aduce varios de los textos del Sermón de la montaña que son únicos de Mateo. San Clemente Romano en
carta a los Corintios trae citas de Mateo y 8 alusiones al primer evangelio. La carta a Bernabé dos citas;
la Didaché copia la exhortación a orar y el padrenuestro según Mateo.

Argumento interno

1. El autor es un judío de palestina


De hecho, podemos ver que conoce su geografía y las autoridades que la gobiernan:
a- conoce muy bien y apenas explica, dándolas por sabidas, regiones (Decápolis, el desierto de Judá, la
tierra de Zabulón y Neftalí), ciudades (Cesarea de Filipos, Betsaida, Corazaín, Nazaret), y localizaciones
toponímicas (Getsemaní, Calvario).
b- cita con naturalidad los nombres de Herodes Magno, Arquelao, Herodes Antipas, Caifás, Pilato, a pesar
de que en el año 70 se trastocó todo.

También emplea alusiones espontáneas a los usos judíos que supone familiares a los oyentes:
a- tradiciones religiosas: del sábado (9,14), ayuno (9,14), evitar el trato con publicanos (9,10), origen del
dinero que debía meterse en las cajas del Templo (27,6), clases de juramentos (23,16)
b- grupos religiosos: distingue entre saduceos, fariseos y herodianos, haciendo notar los principales
defectos de cada uno (cf. cc. 22 y 23).
c- da por sabidas costumbres: referentes a la bodas (25,1-13), las leyes judiciales y diversas clases de
juicios: tribunal, sanedrín, gehenna (5,21).

Por último, es muy claro su estilo que abunda en locuciones hebreas: reino de los cielos en vez de reino de
Dios (la expresión reino de los cielos es usada 32x por Mateo y jamás por Marcos y Lucas), consumación
del siglo, puerta del hades o sheol en vez de infierno, generación adúltera, prosélito, hijo de la gehenna,
ciudad santa para designar a Jerusalén, lugar santo referido al Templo.

2. El autor es un judío de las primeras generaciones cristianas.


Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 4
a- Es anterior al 70 (destrucción de Jerusalén), pues al narrar las predicaciones de Jesús sobre la ruina de
Jerusalén y el fin del mundo, los datos aparecen confusamente mezclados, inconcebible en quien
conociera la destrucción realizada por Tito (cf. c. 24). Señala bien los diferentes grupos religiosos, de los
cuales, el fariseísmo fue el que sobrevivió a la ruina del 70 d.C.
b- recuerda varias frases de Jesús que no hubiesen tenido sentido ni oportunidad una vez dispersos los
apóstoles, y llevada a cabo la evangelización de los gentiles:
- No he venido a abrogar la ley (judía) o los profetas sino... (5,17)
- No he venido sino para las ovejas descarriadas del pueblo de Israel (15,24) es decir, que aún
consignando la llamada a los gentiles, da preferencia a los judíos.
- En su nomenclatura todavía aparecen los gentiles como pecadores (5,47; 10,5), al paso que los
judíos son los hijos del Reino (8,12)

3. Su autor parece ser un publicano:


a- Habla con mucha propiedad cuando se refiere a tributos, censos o monedas en comparación con los otros
evangelistas. Es el único que menciona propiamente didracma (17,24), y el nombre propio de estatera
(17,27). También consigna la palabra técnica moneda del censo (20,19).
b- En el llamado del publicano, es el único que pone el nombre de Mateo; y dentro de la segunda cuaterna
de los apóstoles en este evangelio el nombre de Mateo ocupa el último lugar.

Conclusión: el análisis intrínseco indica un autor plenamente judío, perteneciente a la generación de los
discípulos del Señor, familiar a los oficios tributarios. De los personajes conocidos, sólo Mateo responde a
estas características.

Lengua, Destinatarios, Fecha de composición

Eusebio, Orígenes, Panteno, Ireneo y Papías afirman que fue escrito en hebreo. Muchos autores,
siguiendo a von Widmanstadt, sostienen que los Padres se refieren al dialecto arameo hablado en Palestina en
tiempos apostólicos (cf. He 21,40). Ya nos hemos referido más arriba a esta cuestión (cf. en Cuestiones
Generales, el punto 3 – Lengua)..

Los destinatarios inmediatos fueron los judíos conversos. Así lo sostienen los testimonios que
poseemos. Y lo mismo lo prueba la lengua empleada (hebrea o aramea) y lo apoya aún más el uso de
locuciones específicamente nacionales (lugar santo, pecadores) y también la falta de traducción de palabras
semitas como raka (5,22), beelzeboul (10,5) korbanàs (27,6) etc., lo mismo que la omisión de explicaciones
oportunas respecto de usos o costumbres judías.

Respecto a la fecha, hay algunos jalones que nos precisan los límites:
- Las citas de este evangelio encontradas en el s. I, nos obligan a colocarlo antes del 95.
- El sermón escatológico con sus datos tan mezclados señalan una fecha en que Jerusalén aún no había
sido destruida: antes del 70.
- Además el evangelio fue compuesto para los judíos conversos y como continuación de la catequesis
de san Mateo cuando éste se hallaba a punto de abandonar Jerusalén según refiere Eusebio de
Cesarea. ¿En qué fecha parte? Parece que no estuvo en el Concilio de Jerusalén (año 49), ya que san
Pablo (Gal 2,9) dice que Jerusalén no encontró sino a Santiago, Pedro y Juan. Y en la narración del
Concilio no se advierte su asistencia (cf. He 15).
Por lo tanto la fecha oscilaría entre los años 42 y 49.

Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 5


Como comentario marginal, queremos señalar que la fecha de composición de los evangelios es objeto de una áspera disputa entre los
especialistas, sobre todo por las consecuencias que ello tiene sobre la historicidad de los evangelios. Las últimas investigaciones
apoyan claramente el dato tradicional que acabamos de expresar. Podemos mencionar por un lado, la existencia de testimonios
documentales como el papiro 7Q5 y, por el otro, estudios de crítica interna de los evangelios, como los que señala Carmignac: “John
A.T. Robinson ha trabajado con un método únicamente histórico. C. Tresmontant ha trabajado con métodos parcialmente históricos y
parcialmente filológicos. Yo trabajo con un método sobre todo filológico, pero también, si es necesario, histórico (el capítulo V de
este libro). Los tres unánimemente estamos de acuerdo en rechazar el círculo vicioso de una datación a través de una supuesta
evolución teológica, y después de una evolución teológica justificada por la datación que ella misma se ha imaginado. Y llegamos los
tres unánimente a conclusiones idénticas o muy cercanas. Sin habérnoslo propuesto, nuestras tres obras se completan mutuamente y
forman una especie de trilogía” 6. Las tres obras mencionadas son: J. A.T. Robinson, Redating the New Testament, S.C.M. Press
(Londres, 1976); C. Tresmontant, Le Christ hébreu, O.E.I.L. (París, 1983); J. Carmignac, La Nascita dei vangeli Sinottici, Ed.
Paoline (Milán, 1986)

2- Características

Este evangelio fue el más leído y comentado por los primeros cristianos. Recalca profundamente algunas ideas:
1. La nueva ley de Jesús se recalca como continuación prevista por los profetas y perfeccionamiento de la Antigua Alianza:
- Jesús no abroga la Ley sino que la corona (lo cual se consigna al principio del Evangelio: cap 5)
- Da espíritu a la exterioridad de la Ley y la centra en el precepto del amor de Dios (22,40).
2. Jesús es presentado como el Mesías anunciado por el AT para instaurar el Reino de Dios:
- así titula el evangelio: Libro de la genealogía de Jesús, Mesías, hijo de David, y sigue la prueba de su descendencia
davídica
- se cuentan hasta 70 citas del AT en Mt (contra 18 en Mc, 19 en Lc y 12 en Jn)
- cumplimiento de las profecías en Cristo: aduce 12 textos proféticos.
- exalta sus prerrogativas mesiánicas (Rechazo del judaísmo).
3. Sobre todo el reinado mesiánico se ha de realizar por medio de su doctrina. Por eso en Mt lo principal son las enseñanzas de Jesús:
las extiende, las agrupa didácticamente y ocupan parte considerable de su evangelio. Jesús es el nuevo Maestro que sustituye a
Moisés
Agrupa las principales enseñanzas en cinco grandes sermones:
- el sermón de la montaña (5-7)
- sermón misional: instrucción a sus discípulos antes de su primera misión por Galilea (10)
- discurso de las parábolas (13)
- sermón eclesiástico: segunda instrucción a los apóstoles (18)
- discurso escatológico (23-26)
4. El trazo literario más característico es su contexto de estilo rabínico:
- las ideas se desarrollan ordinariamente por paralelismos y oposiciones (se os ha dicho... Yo os digo...)
- el ritmo de sus frases es muy marcado
- sus divisiones se acomodan a los dos números simbólicos judíos: 7 y 3 (siete Bienaventuranzas, siete peticiones del
Padrenuestro, siete parábolas, etc. Tres: secciones en la narración de los Magos, grados de caridad, modos de insistir en la
oración, partes de la corrección fraterna, etc.)

3 – Valoración Teológica

No hay definiciones sobre los puntos aquí tratados. Trento lo cita con el nombre común conocido sin definir su
autenticidad. Pero hay siete decisiones del PCB, cinco de las cuales son muy importantes:
1. Autenticidad del Evangelio escrito realmente por San Mateo, indicando las razones de tal afirmación.
2. Prioridad cronológica, lengua aramea y destinatarios judíos.
3. No se reduce a meras sentencias (logia)
4. Identidad sustancial entre el original aramaico y el griego (D 2148-2152) 7

6 J. Carmignac, La Nascita... p. 102.


7 Dice el Card. Ratzinger: “la Pontificia Comisión bíblica no es, conforme a su nueva estructura después del Concilio
Vaticano II, un órgano del Magisterio” (Prefacio al documento de la comisión Bíblica, 1993). Respecto de lo que es
anterior al Concilio dice Vizmanos: “las decisiones de la Comisión bíblica obligan no sólo a una aceptación meramente
externa, sino, asimismo, al asentimiento interno, aun cuando no con carácter irrevocable, puesto que no son
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B.2) AUTENTICIDAD DEL EVANGELIO DE SAN MARCOS

1 –Autoría

Tanto la antigüedad como la crítica reciente atribuyen el segundo evangelio a San Marcos. Este es un
personaje del NT muy conocido. San Pedro lo llama hijo mío (así llamaban a los convertidos por ellos; 1 Pe
5,13). Parece que era el mismo Juan Marcos que, según Col 4,10, era sobrino de Bernabé. A casa de su
madre, María, en Jerusalén, va Pedro tras ser liberado de su prisión por el ángel (He 12,12). Marcos
acompañó a Pablo y Bernabé en el primer viaje, pero luego regresó a Jerusalén (He 13,5-13). Luego marcha
con Bernabé a Chipre. Lo encontramos con Pablo prisionero en Roma. El apóstol lo envía a Asia Menor (Col
4,10). En 2Tim 4,11, le pide a Timoteo que lo traiga consigo. Posteriomente, fue obispo de Alejandría.

Argumento Extrínseco

 Siglo IV: la autoría la consignan: San Jerónimo, Eusebio de Cesarea, los prólogos monarquianos.
 Siglo III: Tertuliano, Orígenes, Clemente de Alejandría, y los prólogos anónimos antimarcionistas.
 Siglo II: San Ireneo y Papías.
En todos se dice más o menos lo mismo: “Marcos, discípulo e interprete de Pedro, nos legó por
escrito lo que Pedro había predicado”.

Argumento Interno

1 – El autor es muy cercano en el tiempo a los acontecimientos que narra, por lo cual, o bien fue testigo
inmediato o bien conoce los datos por testigos inmediatos (de hecho, conserva el presente histórico, tiempo
verbal de relato, en 151 casos).

2 – El autor es buen conocedor de las regiones de Palestina:


- Señala con precisión los caminos (1,5; 7,31; 10,1; 11,4)
- Da detalles de Jerusalén: la sala en la que Jesús fue juzgado está arriba, mientras que Pedro, en
cambio, se encuentra abajo, en el atrio (14,66); la muchedumbre debe subir donde está Pilato (15,8);
hay un atrio dentro del Pretorio (15,16), etc.

3 – Su lengua materna es semita:


- se desprende del estilo, sumamente sencillo, con predominio de la coordinación o parataxis, en lugar
de la subordinación o sintaxis.
- Tiene semitismos propios. De aramaísmos, sólo se encuentran: Boanerges, Talita kum, Korban.

4 – Hace una relación especial a san Pedro:


- nombra a Pedro en ocasiones en que los otros evangelistas hablan indiferentemente de todos los
apóstoles (cf. 1,36; 11,21; 13,3; 16,7)
- se omiten los datos honoríficos de él (cf. Mt 14,28-29; 17,24-27), mientras que se refieren con
prolijidad datos humillantes (v.g. es el que más percisa al referir la triple negación: Mc 14,27-31.66-
definiciones” (p. 243). No quedaría impedida, según muchos autores, una justa libertad de opinión. De todos modos,
hay que proceder con suma cautela, porque, si bien la cuestión del autor es de orden histórico tiene, sin embargo,
consecuencias de importancia respecto del valor de lo dicho en razón de la calidad de testigos oculares que ostenten sus
autores.
Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 7
72 y paral.)

5 – Cuenta con lectores no palestinenses:


- explica costumbres judías (7,2) y, sobre todo, palabras arameas (3,17; 5,41; 7,11.34; 14,36; 15,22.34;
otros términos: 3,22; 9,43; 10,46)
- existen latinismos (explicación de palabras griegas por palabras latinas transcriptas al griego: 12,42)
y giros propiamente latinos (2,23; 3,6; 5,23.43; 10,33; 11,32; 14,64-65; 15,15.19).

Fecha de Composición

No hay diferencia demasiado importante entre las varias fechas consignadas. Tanto la crítica
extrínseca como interna inducen a una fecha anterior al 70, cuando Jerusalén fue destruida.
La relación de anterioridad con respecto a Lucas nos hacen fecharlo antes del 63, fecha límite de
composición de Lucas. El papiro 7Q5, datado alrededor del 50, obliga a colocar la composición del
evangelio en una fecha todavía más temprana (en el apéndice tres figura un detallado análisis de los
argumentos científicos alrededor del 7Q5).

2 – Características

Hasta el s. XIX este evangelio fue poco estudiado porque encontraban en Mateo y en Lucas todo lo que contiene Marcos.
Pero en el s. XIX la crítica independiente, como hemos anticipado, comenzó a considerar a Marcos como la fuente de los otros dos,
lo cual cambió la situación.

1. Características literarias: es un evangelio muy vivo y espontáneo. Junto a una manifiesta pobreza de vocabulario, existe una
admirable variedad de términos para describir las realidades concretas. Este realismo y sentido de lo concreto va unido al rasgo
más típico que es la vivacidad, garantía de una visión inmediata. De hecho conserva el presente histórico en 151 casos. “Cuando
Marcos narra..., se entra en contacto con las personas; hasta ese punto sabe él darles vida. La manera como se presentan, un
gesto, una palabra, nos hacen asistir a la acción. Se ve cómo han pasado las cosas, se penetra en los sentimientos de los
personajes. Por supuesto, las escenas son muy sencillas y los sentimientos son muy poco variados... Los rasgos que él ha trazado
se encuentran aquí y allí no como toques destinados a un efecto de conjunto, sino como recuerdos reales que se han quedado
clavados en la memoria. Son hechos que no ayudan nada a la lección moral o apologética; no hacen el milagro más asombroso,
no realzan la personalidad de Jesús; están en la narración porque han estado en la realidad” 8.

2. Características teológicas: en cuanto a la teología de san Marcos, es la teología del secreto mesiánico. Hace resaltar más que
los otros evangelistas el carácter misterioso de la revelación hecha por Jesús. Jesús es Hijo de Dios (1,1), pero el título que más
usa Jesús es el de Hijo del hombre.
De todos modos, su finalidad es probar la divinidad de Jesús y su señorío universal. De allí que centre todo en la persona de
Jesús; todo converge hacia el misterio del Hijo del hombre. Para lograr la prueba emplea tres vertientes:
- relatos de milagros: trae 19 relatos en su corto evangelio
- el poder de Cristo sobre los demonios: describe con vigoroso detallismo la expulsión de los demonios en cuatro casos:
1,23-28; 5,1-20; 7,24-30 y 9,13-18.
- La desconfianza algo aldeana de los apóstoles: lo cual demuestra que los apóstoles no sólo no son embaucadores, sino que
distaban mucho de vivir vanamente ilusionados (cf 4,40; 6,52; 8,17.33; 16,11.13.14).

3 – Valoración teológica

Df. Documentos de la PCB (D 2155-2156.2160-2163)

B.3) AUTENTICIDAD DEL EVANGELIO DE SAN LUCAS

8 M.J. Lagrange; Evangile selon saint Marc.


Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 8
1 – Autoría

Pocos autores han negado la autenticidad del evangelio de san Lucas (Loisy, Hühn). Generalmente
todos están de acuerdo con admitir junto con la tradición que el tercer evangelio fue escrito por san
Lucas.

El tercer evangelio no revela directamente el nombre de su autor, pero la tradición es muy firme en
atribuirlo a san Lucas, médico y discípulo de san Pablo. Hay testimonios explícitos ya en el s. II.
La tradición de que Lucas era compañero de Pablo tiene claros fundamentos en Fil 24 y 2Tim 4,11.
Los Hechos de los Apóstoles, a partir de 16,10, emplean significativamente el nosotros, siendo que el
autor de este libro afirma ser el mismo del tercer evangelio, como se puede ver comparando los prólogos
de ambos textos.
Lucas no era judío, sino probablemente un pagano convertido (Col 4,14). Su nombre parece ser el
nombre griego Loukanós (lt. Lucanus) abreviado. Los testimonios más antiguos colocan su nacimiento
en Antioquía de Siria. San Epifanio dice que evangelizó la Galia, Italia, Dalmacia y Macedonia. Otros
dicen que se fue a Egipto. El prólogo monarquiano informa que murió en Bitinia.

Argumentos Extrínsecos

 Siglo IV: san Jerónimo, san Epifanio, Eusebio de Cesarea


 Siglo III: Orígenes, Tertuliano, prólogo monarquiano
 Siglo II: canon Muratoriano (lista de libros inspirados aceptados como tales en la Iglesia de Roma hacia
el 180-200), san Ireneo (y Lucas, por su parte, seguidor de Pablo, escribió en libro el evangelio que era
predicado por aquel Adv. Haer. 3,1,2)

Argumento interno

1. El autor del tercer evangelio es el mismo que el del libro de los Hechos de los Apóstoles y este es
Lucas:
- los dos presentan gran parecido en lengua y estilo
- los dos tienen en común las ideas centrales y formas de expresión
- el prólogo de Hechos afirma que es el mismo autor. Este no puede ser alguno de los otros
compañeros de Pablo (ya que en otro lugar son mencionados en tercera persona), ni Tito (que está
presente en el Concilio de Jerusalén, narración hecha en tercera persona en Hechos), ni tampoco
ninguno de los otros posibles (Demas, Crescente, Artemas, Zenas y Apolo) que carecen de toda
garantía.

2. El autor no es judío sino pagano convertido:


- es griego: se ve por lo bien que conoce la lengua (palabras, giros y estilo interno)
- conoce las costumbres judías, pero le interesan poco
- todo el libro está orientado a la gentilidad y omite textos que en san Mateo parecen limitados al
pueblos de Israel (Mt 10,16)

3. Hay expresiones que se aplican bien a un autor que conozca bien la medicina como es san Lucas
(8,43; 14,2; 21,34; 4,23). Emplea términos que se registran en las obras de Hipócrates, Dioscárides y
Galeno (4,38; 5,18; 8,44; 11,46; 14,2; 18,25; 22,44)

4. Se muestra muy afín con san Pablo en varias expresiones y en la doctrina:


Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 9
- palabras: fe, gracia, conversión, misericordia, Espíritu...
- temas y textos: institución de la Eucaristía (cf. Lc 22,19ss – 1Co 11,24ss diferentes de Mt-Mc),
concepción sobre la caducidad de la Ley Mosaica (Lc 16,16; Ro 1,16), universalismo del reino
mesiánico.

Lengua, Destinatarios y Fecha de Composición

Lengua: usa el griego koiné, que conoce muy bien. Tiene 370 palabras griegas no usadas por Mateo
y Marcos. Une frases al modo griego (no con partículas meramente hilativas, sino con ciertas
oposiciones, v.g. mén... dé...). Usa mucho la construcción optativa. Pero no es un escritor clásico
elegante.

Destinatarios: lo dedica a un tal Teófilo, nombre propio, muy usado entre judíos y gentiles, que
significa “amor de Dios” (Theos-phileo). La dedicatoria dice que es para instrucción del destinatario y
para que este lo divulgue.

Fecha: según san Ireneo, lo escribió después de la muerte de san Pablo. San Jerónimo afirma que lo
escribió en la región de Acaya y Beocia. Las fechas extremas a tener en cuenta son:
- ciertamente antes del 70, fecha de la destrucción de Jerusalén, ya que pone el castigo divino como
algo futuro (21,20.31), sin mencionar el cumplimiento de la profecía
- antes del libro de los Hechos, ya que él mismo lo dice. El libro de los Hechos termina en el 63, con
san Pablo en la prisión, sin mencionar su muerte (67).
- Luego de san Marcos, ya que usa su evangelio, según lo afirma la tradición.
La mayoría de los exegetas católicos sitúa la composición del evangelio entre los años 60-62.

Algunos autores (Loisy, Hühn) insisten en que en Lucas faltan determinaciones de lugares y personas y a veces el orden
cronológico. Hay que tener presente que Lucas no tuvo un trato continuo con los apóstoles, sino con san Pablo, quien no fue
tambpoco testigo presencial de la vida del Señor. Por otra parte, la finalidad de este evangelios, no es meramente histórico, sino
a la vez teológico; Lucas elige las cosas y ordena los temas en orden a una exposicion didáctica determinada. No le interesan
mucho las pequeñas circunstancias y los nombresx propios, preocupado por poner en completo primer plano la persona misma
del Señor. Su orden no es de tiempo ni de lugar, sino de intención: sigue el orden que le parece más apto para transmitir el
mensaje de la salvación a los cristianos.

2 – Características

1. Características literarias:
- No se dedica primeramente a la comunidad como Mateo y Marcos sino a una persona concreta. No se destina a la
conversión sino a la instrucción de los ya convertidos, para darles solidez en lo que ya han aprendido.
- Declara que su obra se basa en otras anteriores y en investigaciones personales minuciosas.
- Enmarca la vida de Cristo en la historia dando algunas fechas claves de Roma y de Palestina (3,1). Su carácter de
historiador queda remarcado por el hecho de hacer la primera historia de la Iglesia (Hechos).
- Ya san Jerónimo reconoció que era un autor de mayor valor literario que Mateo y Marcos. Sustituye las palabras arameas
de Mateo y Marcos por griegas conocidas para sus lectores.
- Tiene muchos detalles exclusivos suyos (infancia de Cristo, 6 milagros y 18 parábolas).

2. Características teológicas:
- recalca la salvación universal. Condena la riqueza como ídolo, pero consigna la conversión de Zaqueo, hombre rico y
bendecido por Cristo. Ubica perfectamente el papel de la política y la religión, devolviendo al hombre su libertad y
dignidad frente al poder del estado (Dad al César...). Da a la mujer la dignidad que le corresponde (la Virgen, Isabel, Ana,
la viuda de Naím, las mujeres que lloran ante el sepulcro).
- Insiste en el fondo espiritual y muestra toda la actividad de Jesús como promovida por el Espíritu Santo, como haría en los

Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 10


Hechos con la Iglesia primitiva. La persona misma de Cristo es presentada principalmente como Salvador, Deseado de las
naciones, que trae la paz, la misericordia, la consolación, la redención universal. Scriba mansuetudinis Christi (Dante).

3 – Valoración Teológica

La doctrina de la Iglesia está en las respuestas de la PCB (Dz 2155.2157-2163)

B.4) AUTENTICIDAD DEL EVANGELIO DE SAN JUAN

1 –Autoría

Según la opinión más común, el discípulo amado debe identificarse con el apóstol Juan, hijo de
Zebedeo y hermano de Santiago el Mayor. Curiosamente, san Juan apóstol no es nombrado en el cuarto
evangelio, excepto en el c.21 en donde se lee los de Zebedeo.
Modernamente, han surgido algunos objetores contra esta identificación. La dificultad más seria que
existe, surge del texto de 18,15: el otro discípulo... era conocido del Sumo Sacerdote. Resulta difícil de
imaginar que un pescador de Galilea conociese al Sumo Sacerdote. La otra objeción, de que Juan nunca se
habría llamado el discípulo al que amaba Jesús, tiene suficiente respuesta en 20,2, en donde se unen dos
expresiones: el otro discípulo y, en segundo lugar, el discípulo al que amaba Jesús.
Las hipótesis alternativas que se han dado a la tradicional, si bien explican algunas cosas, dejan en la
sombra muchas otras que son mejor explicadas por la enseñanza de la tradición; v.g., su existencia entre los
doce, su anonimato, su estrecha relación con Pedro. Además, recién en el s. XVIII se puso en duda que el
autor del cuarto evangelio fuese san Juan (antes de esto, sólo una secta de los primeros siglos lo había
hecho). En síntesis, la opción tradicional sigue siendo la de mayor valor. Profundizaremos, brevemente, algo
sobre el autor del cuarto evangelio, para que queden más en claro los fundamentos de esta postura
tradicional.
San Juan apóstol era discípulo de san Juan Bautista y se separa de su maestro por seguir a Cristo. En
1,8 y 10,41 expone la razón: Él (Juan Bautista) no era la luz... Recuerda como algo excepcional de su vida
el primer encuentro con Cristo habiendo conservado en su memoria hasta la hora (Jn 1,39), De origen
galileo, de Betsaida, su padre era pescador con varias naves y empleados (Mc 1,20). Su madre parece que fue
Salomé, una de las mujeres que seguían al Señor (cf. Mc 10,37. Comparar Mt 27,56 y Mc 15,40: la posición
económica de su familia podría explicar que fuese conocida del Sumo Sacerdote). Era uno de los predilectos
del Señor (cf. Mc 5,37; 9,2; Mt 24,37) y el que reposó su cabeza en el pecho de Jesús la noche de la Última
Cena. Esta intimidad con Cristo junto con el llamado al apostolado tan temprano en su vida explican el que
pueda ofrecer con detalle numerosos elementos de la vida de Cristo, como los comienzos de la vida pública y
hechos posteriores (conversación con Nicodemos; samaritana; etc). Sabemos que siguió a Jesús hasta el
Calvario, donde recibe la Virgen María. Fue, a continuación, uno de los primeros testigos de la resurrección
(20,8), por lo cual su testimonio goza de autoridad. Estuvo presente en el episodio de la pesca milagrosa de
Tiberíades.
Después de la Ascensión de Cristo aparece varias veces junto a san Pedro (cf Hech 3,1-9; 4,1-9; Ga
2,1-9), aunque su relación mutua ya data de los evangelios (cf. Lc 22,8; Jn 20,1-9; 21,1-7). Evangelizó en el
Asia Menor, permaneciendo muchos años en Éfeso según muchos testimonios. Desterrado a la isla de
Patmos en tiempos de Domiciano (81-96), allí recibió la revelación del Apocalipsis. Retornó luego a Éfeso
bajo el imperio de Trajano (98-117) y allí murió.

Argumento Extrínseco

a) Testimonios implícitos, que permiten ver que ya desde muy antiguo el escrito gozaba de gran autoridad:
Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 11
- citas de autores eclesiásticos que muestran que desde principios del s. II existía y era
leído en diversas Iglesias por el origen o autoridad que se le atribuía. V.g. Epístola de
Bernabé, Cartas de san Ignacio de Antioquía, san Policarpo, Actas del “Martirio de san
Policarpo”, san Justino, el “Pastor” de Hermas...
- citas de los herejes: Celso, montanistas, gnósticos, Basílides (120-140), Herácleon (160-
170), Ptolomeo (que llama a Juan discípulo del Señor), Theodotus, etc
- literatura apócrifa, que depende más del cuarto evangelio que de los sinópticos. V.g.
Odas de Salomón (s. II), Epístolas de los Apóstoles (s.II)
- imágenes en las catacumbas. A partir del s. III aparecen imágenes de la samaritana, el
ciego de nacimiento, la resurrección de Lázaro, el buen pastor.

b) Testimonios Explícitos: comienzan a aparecer desde la segunda mitad del s.II:


- el prólogo monarquiano, que es el prólogo más antiguo que se conserva
- san Ireneo de Lyon (s.II): “seguidamente [después de Mateo, Marcos y Lucas] Juan,
discípulo del Señor, el que reposó sobre su pecho, publicó también Él un evangelio,
cuando estaba en Éfeso, en Asia” (Adv Haer. III,1,1). Otro texto importante porque
menciona el testimonio de los mismos presbíteros con quienes había vivido san Juan:
“...todos los presbíteros que se habían reunido en Asia junto a Juan, el discípulo del
Señor, atestiguan que Juan ha transmitido la misma noticia [acerca de la edad de Cristo]
porque él permaneció junto a ellos hasta los tiempos de Trajano” (Adv. Haer. II,22,5).
- Fragmento Muratoriano (180): “quartum evangeliorum Iohannis ex discipulis,
cohortantibus condiscipulis et episcopis suis...” [este fragmento tiene algunos trazos
legendarios, como la presencia de otros apóstoles cuando Juan redactaba su evangelio, y
parece haber una intención apologética de atribuir autoridad apostólica al cuarto
evangelio, cuestionado justamente por su diferencia respecto de los otros]
- S. III: Tertuliano, Orígenes, Clemente Alejandrino
- S. IV: san Jerónimo, san Agustín, san Epifanio, Eusebio de Cesarea

En conclusión, ya hacia fines del siglo II había consenso en atribuir el cuarto evangelio a san Juan
Apóstol en las iglesias de Roma (Prólogo y Canon Muratoriano), Asia Menor y Galias (san Ireneo de Lyon y
Polícrates), Siria (san Teófilo de Antioquía) y África Latina (Tertuliano).

Argumento Interno

1. El autor del libro es judío:


- usa palabras hebreas o arameas que interpreta a los lectores ignorantes: Rabbí, Rabboní,
Messías, Cephas, Siloé, Hosanna, Gabbatha, Golgotha,...
- uso de frases hebreas: gozar de gozo (3,29), hijos de la luz (12,36), hijo de la perdición
(17,12)
- cita mucho el AT, y no de la versión de los LXX, sino del texto hebreo (1,23; 6,45, etc.).
Por las continuas referencias que hay al AT, se ve que es una persona educada en él
desde su infancia
- conoce muy bien las ceremonias, fiestas y costumbres judías, especialmente los rituales
que se llevan a cabo: cf 2,6; 4,9; 7,2; 7,22; 11,55...

2. El autor es judío palestinense: lo demuestra su conocimiento de la topografía y geografía palestinense:


cf 3,23; 4,5-6; 5,2; 11,18; 1,28; 11,54; 18,1... [hay que tener presente que muchos de estos datos suponen
Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 12
un conocimiento previo a la destrucción de Jerusalén]

3. El autor es testigo ocular de las cosas que narra: se ve por las circunstancias de tiempo, de lugar, de
personas, elementos que no se explican sino por un testigo inmediato, dada la minuciosidad del relato. Cf
1,14; 19,35; 1,35; 1,39; 2,1; 4,6.27; 6,19; 8,20; c.9; 13,1-30; 18,16... Particularmente fuerte es el texto de
21,24.

4. El autor pertenecía al colegio de los apóstoles:


- conoce íntimamente las particularidades de cada uno de los demás apóstoles: Andrés
(1,41; 6,9), Felipe (1,44-45; 12,20; 14,8), Natanael (1,46-48), Tomás (11,16; 14,5;
20,24.28), Judas Tadeo (14,22), Pedro (1,42; 6,68).
- Fue testigo ocular de la última Cena. Según los sinópticos Jesús estuvo sólo con los
Doce (Mt 26,20; Mc 14,17; Lc 22,14) y aquí aparecen detalles muy íntimos (13,4-12;
13,21)
- Comparando 21,24 con los v. 7 y 20, se ve que el discípulo que Jesús amaba era el
evangelista quien en la Última Cena se recostó sobre el pecho del Señor.

5. El autor del libro es el apóstol Juan: Se ve por descarte ya que de los sinópticos sabemos que había tres
discípulos preferidos de Cristo (Pedro, Santiago y Juan). Entre ellos es necesario encontrar al autor del
cuarto evangelio:
- No es Pedro: porque de él se distingue claramente (cf. 13,23-25) y parece suponer su
muerte (cf 21,29)
- No es Santiago: ya que muere muy pronto, en el 43 (cf Hech 12,2) mientras que el
evangelista llega a ser anciano (21,22)
- Ergo, es Juan.

Lengua, Destinatarios y Fecha de Composición

En este evangelio se puede apreciar más claramente el ritmo hebreo que en los otros libros del NT.
Pero, el evangelio está escrito en griego. Es un griego más pobre incluso que el de Marcos en cuanto al
vocabulario (número de términos) empleado, pero las palabras elegidas poseen una gran riqueza de
significado. De allí que se lo llame el evangelio “espiritual”.

En cuanto a los Destinatarios de este evangelio, Juan escribe para cristianos, sobre todo es probable
que haya sido escrito para los cristianos provenientes de la gentilidad, a ruegos de los Obispos del Asia
Menor, según refiere el fragmento Muratoriano (para los paganos conversos de Palestina no serían necesarios
tantos detalles geográficos).
Por un lado, se ve que escribe contra el judaísmo, como si fuese un desarrollo de la tesis señalada por
él mismo: la ley fue dada por medio de Moisés, la gracia y la verdad vino por Jesucristo (1,17). Por otra
parte, según la tradición, escribe directamente contra algunos herejes como Cerinto (67 d. C.) y Ebión, que
sostenían que Jesús no había venido en carne. De allí la fuerte insistencia en decir en su primera carta que
Jesucristo “vino en carne” y no simplemente que “habitó en carne”.

En cuanto a la fecha de composición, dadas las referencias que de él hacen san Ignacio de Antioquía
(cita Jn 3,8 en Ad Philad. 7,1), san Justino (cita Jn 3,3 en Apol I,61,4), etc. hay que colocarla alrededor del 90
d.C. De modo similar, algunos herejes de la primera mitad del siglo II (heráclito, Teodoto, Celso, Basílides,
Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 13
Valentín, etc.) citan también el evangelio de san Juan.
Teniendo en cuenta todo esto, lo cual manifiesta la divulgación alcanzada por el evangelio, no
sorprende que, en Egipto, se haya encontrado un fragmento del evangelio datado antes del 130 (es el llamado
Papiro Rylands o simplemente p52). Este solo testimonio tiró por tierra todas las elucubraciones de la
escuela de Tubinga, ya que obligó a datar el evangelio antes de fines del siglo I.

Por otra parte, como vimos, la tradición atestigua que el evangelio fue escrito después de los otros tres, y viviendo Juan en
Éfeso. Lo más probable es que Juan haya llegado allí después del 67 (después de la muerte de san Pablo, quien había puesto allí a
Timoteo: cf. 1Tim 1,3). Y por esta época llegó también Cerinto, que también necesitó algo de tiempo para esparcir sus errores.

2 – Características: el cuarto evangelio frente a los sinópticos

Algunos afirman que se trata de un evangelio “kerigmático”. Sin embargo, faltan por completo los términos del kerigma
como evangelizar y keryssein (proclamar), mientras que abundan los del testimonio (el sustantivo martyria, testimonio, 14x, y el
verbo martyrein, testimoniar, 33x). El evangelio se abre (1,19) y se cierra (21,24) con una referencia al testimonio. Este testimonio
tiene a menudo un carácter judicial, como asimismo otros términos que pertenecen al lenguaje judicial: juicio, juzgar, acusar,
convencer, paráclito (abogado). El cuarto evangelio puede leerse, entonces, como un gran proceso entre Dios y el mundo; el mundo
acusa a Jesús de aspirar a la realeza y de hacerse igual a Dios, por lo que al final le da muerte. Por su parte, Jesús se defiende
colocando su realeza y su reino en otro plano y proclamándose testigo de la verdad (18,37); muere víctima de su testimonio. Pero
entonces interviene Dios, abre su proceso contra el mundo, para pronunciar sobre él y sobre su príncipe un juicio de condenación: Se
hace presente un abogado, que es el Paráclito, y los testigos, que son el Bautista, la Biblia, Moisés y las obras del Padre que realiza
Jesús.
El testimonio es del todo particular, ya que, en el hecho histórico del cual trata, se refiere más bien a otra realidad invisible,
percibida sólo por la fe. El testimonio de que habla el evangelista es, por tanto, testimonio de la fe en una persona y su obra. En este
aspecto el evangelio de Juan es el que interpreta con más profundidad la vida histórica de Jesús, ya que a diferencia de los otros
evangelistas, su presentación del misterio de Jesucristo, se abre tanto al pasado cuanto hacia el futuro (el tiempo de la Iglesia y la
venida futura del Señor) además de señalar el presente, lo que de hecho sucedió en ese momento.

El cuarto evangelio resulta sumamente singular frente a los otros tres. Lo había comprendido ya
Clemente de Alejandría (150-216 d.C.), cuando le dio al evangelio de Juan el apelativo de “espiritual”
(pneumatikon), cosa que se capta enseguida por el solemne prólogo, el himno al logos, con el que se abre el
evangelio, considerado como el más hermoso y ciertamente como el más profundo y original de los himnos
del NT. Si profundizamos un poco la relación del evangelio de san Juan con respecto a los otros tres, los
sinópticos (Mt, Mc, Lc), podemos observar que existen diferencias notables, si bien todos hablan del mismo
Jesucristo y lo sitúan en el mismo cuadro geográfico y cronológico y con el mismo desarrollo histórico de los
hechos. Las diferencias más notables son:

San Juan Sinópticos


a) En cuanto al desarrollo del ministerio
público de Jesús:
- dura entre dos y tres años - se desarrolla en un año
- se realiza alternativamente entre Judea y - Se realiza casi exclusivamente en Galilea y
Galilea (cuatro viajes a Jerusalén: 2,13; 5,1; sólo al final viaja a Jerusalén, para Semana
7,10; 12,12) Santa
- la expulsión de los mercaderes aparece al - Aparece al final
principio
b) Milagros: son signos que manifiestan la - Manifiestan la compasión y misericordia de
personalidad de Jesús y su autoridad divina Jesucristo con los enfermos, etc
c) Enseñanza: se da en forma de amplios - se da, o bien en forma de largos sermones en
diálogos monólogo (Mt) o bien en forma de dichos
breves (Mc, Lc)

Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 14


d) Finalmente, en cuanto al contenido hay una gran divergencia: poco material en común, tanto en materia
de narraciones como de discursos.

Sin duda alguna, el cuarto evangelio goza de una gran originalidad, manifestada sobre todo en la
composición:
- Se ve una selección entre las enseñanzas de Cristo: no relata parábolas; no relata enseñanzas de Cristo
que plantean las bases morales de la vida cristiana; pasa por alto importantísimos discursos y hechos
como las Bienaventuranzas y la Institución de la Eucaristía; no habla de la Infancia de Jesús; alude
raramente al mundo angélico. Desde el capítulo 3 al 17, casi todo el texto lo forman discursos en forma
de diálogos.
- De los milagros, recoge solamente siete (de los veintinueve que traen los sinópticos, sólo dos repite san
Juan; los otros cinco son exclusivos de su evangelio). Además, los narra en vistas a una enseñanza muy
bien determinada (el simbolismo), de tal modo que el milagro esclarece la enseñanza, la cual a su vez,
refleja la intención espiritual del milagro. Por eso los llama signos y no simplemente “cosa maravillosa”
o “poder”.
- El esquema de la actividad de Jesús es distinto en cuanto a tiempo y lugar. Menciona por los menos tres
fiestas de la Pascua, lo que introduce como mínimo entre dos y tres años de vida pública. Habla de
cuatro viajes a Jerusalén, y es en esta ciudad (no en Cafarnaúm y Galilea) en donde coloca la mayor
parte de la actividad de Cristo que narra9.
En síntesis, se puede ver que el autor revela una verdadera ciencia de la composición, que contribuye a
intensificar el clima espiritual.

Esa originalidad se puede ver también en el estilo. El cuarto evangelio presenta, en vez de relatos
breves o discursos extensos, se puede apreciar una estructura cerrada y sólida, hecha por pocos relatos que se
enlazan fuertemente para formar un todo compacto. Presenta indicaciones precisas de lugar y tiempo, que
permiten al lector ubicarse adecuadamente. Hay alusiones oportunas que van estableciendo un enlace interno
entre las partes del libro. Los discursos giran siempre en torno de una idea central. El orador es interrumpido
con preguntas y objeciones, cosa que no sucede en los sinópticos, y que permiten aclarar más el sentido de
las palabras y posibilitan el progreso del pensamiento sobre un mismo tema. Y se enlazan estrechamente con
los milagros (signos). En síntesis, es un estilo más doctrinal y uniforme que el que vemos en los sinópticos,
que muestran una manera más viva, popular y plástica. El estilo tan personal muestra que la obra de Juan no
es una mera transcripción verbal, sino que ha buscado de dar una relación del misterio mismo de la persona
de Jesús, de tal modo que su enseñanza teológica está fuertemente trabada con sus recuerdos concretos, con
las escenas y palabras reales de Jesús que él misma ha podido ver, oír y palpar (cf. 1Jn 1,1-4); sin este
contacto personal, el cuarto evangelio es inexplicable.

Finalmente, las diferencias entre Juan y los sinópticos también están en la teología. Si analizamos la
terminología, podemos apreciar varias diferencias. La idea del reino de los cielos o reino de Dios, capital en
los sinópticos, está presente en san Juan bajo la idea de vida eterna. La idea de hijo del hombre es expresada
por san Juan por la del enviado que viene a la tierra, pasa por ella y retorna de nuevo al Padre. En toda su
obra tienen gran importancia conceptos más abstractos como vida, luz, mundo, fe, verdad, gloria, etc.
Respecto de los temas, expresa con más resolución la universalidad del mensaje de salvación, que se
dirige a todos los que creen (1,7.9; 3,16), incluso los gentiles (10,16; 11,51); Jesús es el Salvador que borra el

9 En realidad, el esquema más lógico es el de Juan. En efecto, la repentina catástrofe que se abate sobre Jesucristo sería
incomprensible si Él nohubiese actuado más y por más largo tiempo en Jerusalén, chocando y luchando con “los
judíos”. Las preocupaciones catequéticas de los sinópticos les hacen agrupar los relatos y discursos según determinados
temas.
Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 15
pecado del mundo (4,42; 1,29). Su escatología es sintetizada con la frase “ya, pero todavía no”. Las
discusiones doctrinales con los judíos no versan tanto sobre la interpretación de la ley judía, sino que tratan
directamente de la fe o incredulidad, de la aceptación o rechazo de Aquel que ha enviado el Padre y que
cuenta con el testimonio del AT. Las cuestiones de moral son casi inexistentes: se resumen en el precepto del
amor fraterno y en indicaciones generales respecto de la guarda de los mandamientos (14,15.21; 15,10.14).
El centro de la exposición de san Juan lo ocupa el misterio de la persona misma de Jesús, quien es
definido por varias frases expresadas en primera persona: yo soy la luz del mundo (8,12), el pan de la vida
(6,35), Yo y el Padre somos una sola cosa (10,30), antes que Abraham fuese, existo yo (8,58). La aceptación
o rechazo de Jesús implica la vida eterna o la propia condenación ya desde ahora (de allí que su escatología
sea sintetizada con la frase “ya, pero todavía no”). Los milagros proclaman quién es Jesús y cómo no se le
puede rechazar sin hacerse uno culpable. Jesús es presentado más bien como el que guía el rebaño de sus
ovejas. El mundo queda, entonces, dividido, no tanto entre buenos y malos, cuanto entre creyentes e
incrédulos, o “hijos de la luz” e “hijos de las tinieblas”.

Los críticos se cuestionan las relaciones y diferencias entre san Juan y los sinópticos. El dato
tradicional es que Juan había escrito su obra para completar los sinópticos añadiendo nuevos relatos de
milagros y nuevos datos sobre la enseñanza y sobre la persona de Jesús. Lo que sí es claro es el propósito de
probar que Jesús es el Mesías y el hijo de Dios, y esta finalidad teológica y cristológica pueden explicar el
procedimiento característico del cuarto evangelio, en el cual se intercalan los relatos de milagros y los
recursos didácticos.
De todos modos, tales discordancias no afectan a la autenticidad o genuinidad de los evangelios, más
bien la manifiestan: “Si los libros divulgados bajo el nombre de los Apóstoles fueron escritos por autores
posteriores, fueron escritos o bien ingenuamente, y sin intención de fraude, o bien dolosamente y con tal
intención. Si lo primero, ¿cómo es que hay tantas y tan minuciosas concordancias? Si fue lo segundo ¿cómo
es que hay tantas y tan aparentes discordancias?” 10.

3 – Posturas contrarias a la tradicional

Como para dar simplemente una idea del desvarío de la situación que reina en esta cuestión en el campo acatólico colocamos las
opiniones de diversos autores (igualmente en el campo católico se pueden escuchar cosas semejantes) 11:
- B. Evaston (1792), deísta inglés, impugnó el evangelio por las discrepancias que tenia con los sinópticos¸afirmó que era obra de
algún filósofo neoplatónico del siglo II. Lo siguió C.G. Bretschneider (1820), aunque después, ante las refutaciones de Stein,
Olschausen, Crome y otros, se retractó.
- D.F. Strauss (1835): este evangelio era la obra de una mentalidad especulativa alejandrina. B. Bauer (1840) lo atribuyó a un
hombre eminente y gran poeta, y por ello era imposible que fuese san Juan.
- F.Ch. Baur (1844, cabeza de la escuela de Tubinga): parte del presupuesto de que los evangelios fueron escritos para conciliar
las fracciones de la Iglesia; en el caso de san Juan encontraba ideas gnósticas y montanistas, las facciones que debían ser
conciliadas. Por ello ponía la composición del evangelio en los años 160-170. La escuela de Tubinga continuó en la misma
línea de negar la autenticidad y rechazar la fecha de composición.
- D. Schenkel: tiene un núcleo verdadero, viciado luego con doctrinas gnósticas
- Niegan también el origen apostólico y la autoridad histórica: J.H. Scholte, E. Renán, A. Thoma; W. Bauer, etc...
- Loisy (1905) y J. Reville: dicen que es un libro puramente alegórico y simbólico. Igual H. von Soden
- Otros: conceden un núcleo genuino que sería de Juan Apóstol: Harnack, C. Clemen, H.H. Wendt; J. Wellhausen, J. Jeremia, etc
(cada uno con su teoría propia)
- Entre los no católicos que defienden la autenticidad, vale la pena recordar a Schleiermacher (1845), Bleck (1861, que refutó a
Baur), Tischendorf (1866), Wescott, etc

10 G. Lagrange, p. 412.
11 Cf. Vizmanos, p. 256-257. Bibliografía sobre el Autor del Cuarto evangelio: H. Höpfl – B. Gut, Introductio Specialis
in Novum Testamentum, (Romae, 1962) 194-208; A. Robert – A. Feuillet...
Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 16
Si bien la crítica racionalista ha atacado la genuinidad y autenticidad de los cuatro evangelios, el de
san Juan ha sufrido un acoso del todo particular, razón por la cual vamos a dedicarle un poco de atención a
los argumentos esgrimidos, cosa que no hemos hecho respecto de los otros evangelios, por considerar los
argumentos correspondientes de escasa relevancia.
El argumento más importante sostiene que el cuarto evangelio no puede haber sido escrito por san
Juan, en razón de la relación que existe con la filosofía helenística, que hablaba del Logos, de luz, de verdad,
etc. En particular, se sostiene que el ambiente propio donde nació este escrito fue en la gnosis (hay que
destacar en este campo la figura de R. Bultmann por la influencia que tuvo).
¿En qué cultura nació el cuarto evangelio? Hemos de distinguir por lo menos dos momentos en la
formación del evangelio: el de la tradición oral y el de la redacción escrita. El ambiente cultural de la
tradición oral debe colocarse, claramente, antes del 70 d.C. (fecha de la destrucción de Jerusalén y del
Templo). Esto se ve porque conoce bien la liturgia del templo en las grandes fiestas judías, el ambiente
samaritano y algunos motivos típicos de Qumrán. Muestra además, un profundo conocimiento de la Biblia y
de la Historia de la Salvación (cf 3,14 que se refiere a Num 21), en particular la espera del Mesías. También
se ve que, en ciertas ocasiones, se interpreta la Biblia con el método usual de exégesis usado en las
sinagogas. Ahora, en cuanto a la redacción del evangelio, es decir, a su puesta por escrito, se puede observar
que, si bien se mantiene arraigado en la Biblia (= AT), sin embargo se abre al mundo helenista de su época,
incluso aceptando términos de ese mundo, v.g. lógos (Verbo), alétheia (verdad)..., términos que encuentran
un profundo eco en el mundo cultural greco-romano. Pero, esos conceptos en san Juan están cargados de un
contenido diverso del que poseen en la filosofía helenística, aunque no puede negarse toda relación. Más
bien parece lógico suponer que san Juan empleó esos términos porque eran los que le permitían expresar más
adecuadamente el misterio que buscaba transmitir (es un problema de “inculturación”). Se ve también que
escribe en ambiente helenista en que traduce términos arameos y explica costumbres y tradiciones de la
Palestina de Jesús.
No es, por lo tanto, aceptable de ninguna manera la hipótesis de que la gnosis, con su dualismo
intemporal, sea la base o el clima en que pudiera surgir el cuarto evangelio. Los descubrimientos del Mar
Muerto en 1947 han echado por tierra muchos de los elementos en que se sustentaba esta postura.

Respecto de los demás argumentos, no son de gran peso, sino que más bien fuerzan elementos y,
sobre todo, soslayan el testimonio de la tradición. Pueden verse en la obra de Vizmanos p. 270-271.

4 - Valoración Teológica

El 29 de mayo de 1907, la PCB emitió un decreto donde reafirmaba la doctrina tradicional (D 2110-2112).

B.5) SÍNTESIS FINAL SOBRE LA AUTENTICIDAD

De todos los elementos introducidos hasta aquí y, en particular, de los testimonios verificados
(argumento extrínseco), obtenemos como dato cierto que los cuatro evangelios estaban en uso alrededor
de fines del siglo segundo entre iglesias sumamente diversas (Asia Menor, Roma, Palestina, Egipto,
Norte de África) y su genuinidad o autenticidad era admitida prácticamente sin duda alguna. Ahora, si
estos cuatro evangelios no hubiesen sido escritos por Apóstoles o discípulos suyos, se seguirían varios
problemas cuya imposibilidad moral es manifiesta; concretamente:
- ¿cómo es posible que Padres de la Iglesia, obispos, fieles hubiesen podido aceptar tan ligeramente como
regla de la fe libros apócrifos?
- ¿Por qué los herejes y paganos no negaron su genuinidad?
- ¿Cómo es que se pudo persuadir a iglesias tan diversas de que esos cuatro evangelios y sólo ellos eran
apostólicos? ¿Cómo pudo haberse dado una conspiración fraudulenta tan universal y sin que nadie
Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 17
protestase vehementemente?
- Y si los evangelios no son genuinos ¿quiénes fueron sus autores? ¿en qué tiempo y lugar fueron escritos?
¿cómo es posible que el nombre de estos autores sea desconocido?

Sinceramente creemos que la puesta en duda de los datos referidos a la genuinidad o


autenticidad de los evangelios que habían sido tranquilamente conservados a lo largo de dieciocho siglos,
no es sino un fruto más de la doctrina protestante, quien al atacar la Iglesia en su concepto y en su
realidad, necesariamente debía terminar minando todos los elementos que la integran, incluyendo los
textos sagrados. Para la tradición cristiana nunca ha habido dudas sobre dichos textos, como hemos
demostrado suficientemente.

C) CONSERVACIÓN INCORRUPTA DE LOS EVANGELIOS

La integridad o no corrupción es la genuinidad de todas las partes. Para probar el origen divino del
cristianismo basta defender históricamente la integridad sustancial de los evangelios, es decir, en cuanto
a la doctrina y hechos principales.

1 – Historia del Texto

Para comprender bien lo que implica esta cuestión es necesario tener en cuenta algunos
elementos que tienen su importancia al momento de estudiar el problema de la transmisión del texto.
Para un estudio más completo aconsejamos ver la parte de Crítica Textual que se da en Introducción a la
Sagrada Escritura.

Diversos materiales sirvieron en la antigüedad para la escritura. En lo que a nosotros nos interesa dos
son los más importantes, ninguno de los cuales resisten condiciones demasiado adversas para su
conservación. Por este motivo, no poseemos los originales autógrafos de ninguna obra literaria de la
antigüedad sino que se conservan en copias muy posteriores. Estos dos materiales son:
- Papiro: arbusto abundante en las orillas del Nilo. Antiquísimo en Egipto, es allí donde mejor se
conserva por la sequedad del clima (v.g. 7Q5). Se utilizaba en forma de rollo.
- Pergamino: de la ciudad de Pérgamo, que generalizó el uso de la piel de determinados animales.
Mucho más durable que el anterior pero más caro, por lo cual su uso era más restringido. Sólo desde
el s. IV nos llegan manuscritos del NT en pergamino. Dada la carestía a veces se usaba el mismo
(raspándolo previamente para “borrar”) para dos o más usos (en este caso se le da el nombre de
“palimpsesto”). Aunque al principio se usó en forma de rollo, muy pronto se comenzó a doblarlo y a
construir con varias hojas una especie de cuaderno. Los códices, por ejemplo, están formados de
varios cuadernos unidos.

Respecto del tipo de escritura, hay dos formas principales en griego:


- Uncial (mayúscula): las letras no se enlazan entre sí, aunque sólo a partir del siglo IX se separan las
palabras.
- Minúscula: evolución de la uncial mezclada con la cursiva; pierde claridad; introduce abreviaturas.
Con esta se generaliza el uso de la separación de palabras y de los signos de puntuación.
Además, para reconstruir textos íntegros de los que sólo se conservan fragmentos, hay que tener
presente el doble criterio que se seguía en la disposición de los escritos:
- por líneas o esticos (del gr. stíchos = línea, fila). En cada línea de la escritura entraba normalmente la

Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 18


longitud de unhexámetro de 16 sílabas, más o menos unas 36 letras. Se llama escritura esticométrica.
- De a poco, a medida que se tiende a facilitar el sentido, se busca como regla colocar la frase con un
sentido completo. Es la escritura llamada colométrica (del gr. kólon = miembro)

Veamos por último, el material que poseemos hoy en día para la reconstrucción del evangelio (a
cada uno de los diferentes testimonios existentes se le da el nombre de códice, entre los cuales los hay de
distinta importancia):
- En cuanto al número de manuscritos que hoy en día se posee, aproximadamente hay 98 papiros;
274 manuscritos unciales; 2795 manuscritos cursivos y 2207 leccionarios que contienen varias partes
del NT. De éstos hay 4 manuscritos que contienen la biblia entera, 59 el NT entero y 2000 que
contienen los evangelios. Tenemos pergaminos que se remontan al siglo IV y algunos papiros del
siglo III (p1, p4, p5, p37, p45, p53), más raramente papiros del siglo II, entre los cuales vale la pena
mencionar el p52 (Rylands; año 130)12 y el p66 (Bodmer II; hacia el 200).
- Muy pronto se hicieron traducciones (llamadas “versiones”), algunas de ellas muy valiosas por su
antigüedad. En el mundo occidental tenemos algunas hechas en los siglos II y III y la Vulgata (s. IV).
En el mundo oriental las versiones sirias (Peshitta fin del s. IV), coptas (la sahídica hacia el 200),
armenas (S. V).
- También es necesario tener presente las citas de autores eclesiásticos, que refieren en sus sermones
y escritos el texto bíblico y sirven para conocer el texto bíblico de un tiempo y lugar determinados.
Hoy se admite que eran de citar con verdadero rigor.

2 – El Hecho de la Incorrupción Sustancial del Texto del NT (Historia de la Transmisión del Texto)

“No hay obra alguna de la antigüedad que pueda compararse ni de lejos con tal mole de
documentos. Y tenemos que decir lo mismo de su antigüedad. Fuera de algunos fragmentos, no
existe manuscrito de clásico griego anterior al siglo IX, y son raros los anteriores al siglo XII.
Entre los manuscritos del NT hay varios pergaminos que se remontan al siglo IX, y papiros que
llegan al siglo III e incluso al siglo II. Lo cual quiere decir que mientras entre Sófocles y el
manuscrito más antiguo que conservamos de sus obras (el Laurentianus XXXII-9, L. de
Florencia) hay más de mil cuatrocientos años, corren solamente unos trescientos años entre la
redacción de los evangelios y su texto completo conservado... el manuscrito virgiliano más
antiguo (el Augusteus) no es ciertamente anterior al siglo IV, y de la misma época es el códcie A
(Bembinus, Vatic. 3226) de Terencio. Ninguno de los dos llega a la proximidad que tienen los
manuscritos de los evangelios con las obras autógrafas” 13.

Por lo tanto, ningún otro libro de la antigüedad ofrece tanta garantía de haber llegado hasta nosotros
tal y como fue escrito por su autor. El problema se plantea más bien con respecto a ciertas perícopas, que
faltan en algunos manuscritos. Concretamente, las más importantes son: la mujer adúltera (Jn 7,53-8,11;
falta en los mejores unciales), el sudor de sangre (Lc 22,43-44; falta en algunos unciales), el epílogo de
Marcos (Mc 16,9-19), el ángel de la piscina probática (Jn 5,3-4) y algún otro versículo.

Nuestra afirmación es que los evangelios han llegado hasta nosotros enteros y sin corrupción, al
menos en cuanto a la sustancia de los mismos.
En cuanto a la cuestión documental, del siglo IV poseemos los códices unciales Vaticano y Sinaítico,
12 Con este papiro Rylands, partiendo de la esticometría y de los dos fragmentos conservados (Jn 18,31.33 y 37.38) son
el anverso y reverso de la misma hoja, se han podido reconstruir las dos páginas del papiro con su tamaño, número
delíneas y de palabras: 18 líneas cada una con 29-35 letras. El texto concide con el que nos ofrecen manuscritos
posteriores.
13 Vizmanos, p. 274.
Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 19
que contienen los cuatro evangelios. Con fragmentos de papiros, citas de autores eclesiásticos y las
versiones podemos ver que el mismo texto existía ya en el s. III. Del siglo II, poseemos algunos papiros
(Rylands o p52 del año 125; Bodmer II o p66 de c. 200; etc.) y también citas de autores eclesiásticos (san
Justino, san Ireneo, Clemente Alejandrino, etc.).
Comparando los diversos códices, podemos afirmar que la uniformidad es absoluta en lo sustancial.
Entre tantos testimonios no es extraño que existan variantes, producidas por obvios errores de los
copistas, diferencias gramaticales, etc. Pero vale la pena citar la conclusión del P. Stephen Pisano 14,
profesor de Crítica Textual del PIB: “Aquí es necesario recordar lo que escribió Hort hace un siglo: 7/8
del texto del NT son ciertos fuera de toda duda y, en su mayoría, el octavo restante consiste en
divergencias de poca importancia. En el 1/60 de los casos hay una duda auténtica, y variantes
sustanciales constituyen una milésima parte del texto. Por lo tanto, sobre las aproximadamente 200.000
variantes conocidas, 200 son importantes”. Y hay que agregar que con ninguna de esas lecciones
variantes se niega o se añade una sola verdad fundamental a la doctrina cristiana.
Es garantía de incorruptibilidad el empeño que aparece en los primeros escritores eclesiásticos para
que no se mutilen ni alteren los textos ya admitidos en la Iglesia (v.g. san Ireneo en Adv. Haer. I,27,2;
Tertuliano en Adv. Marcionem 4,2.4.5). Como consta por la misma historia, las variantes introducidas por
herejes fueron rápidamente percibidas. Era muy difícil, sin que lo advirtiesen los obispos y los fieles,
corromper los evangelios, que eran conservados con gran veneración y eran leídos asiduamente. Estaban
muy difundidos los evangelios por todo el mundo, con existencia de muchos ejemplares en cualquier
diócesis; corromper todos ellos era moralmente imposible. La misma reacción de la Iglesia contra las
adulteraciones de las sectas heréticas prueba abundantemente el respeto con que era mirado el texto
sagrado. Precisamente contra las corrupciones literarias del texto, hechas por los herejes, los escritores
eclesiásticos aducían la antigüedad mayor del texto que admitía la Iglesia.
En definitiva, podemos estar de seguros de poseer los mismos escritos de los evangelistas.

Por lo que se refiere a la valoración teológica del tema, no ha sido objeto directo de la enseñanza
del magisterio en lo que se refiere a la precisión crítico-literaria, pero guarda relación con un punto
fundamental de la fe, a saber, el que está suponiendo el magisterio cuando se apoye en los textos
evangélicos como inspirados por Dios; si los evangleios que hoy lee la Iglesia no fueran sustancialmente
losmismos que Dios inspiró a los autores sagrados, no tendría sentido el utilizarlos como expresión dela
revelación. Esta creencia de la Iglesia universal se refleja en los documentos más solemnes de su
magisterio, como el concilio de Trento (D 784) y Vaticano I (D 1787).

D) VALOR HISTÓRICO DE LOS EVANGELIOS

Hemos ya demostrado que el texto que nosotros poseemos hoy en día corresponde
sustancialmente con el texto salido de las manos de sus autores. Nos queda ahora discutir la cuestión más
polémica en este ámbito de la Escritura: lo que narran los evangelistas ¿es realmente historia?
La aceptación de la historicidad de los evangelios ha sido una constante a lo largo de la historia de la
Iglesia. Fue recién a partir del s. XVII, con el filósofo judío Spinoza, que comenzó el ataque contra esto.
En el siglo XVIII se hizo más violento con Voltaire, Diderot y especialmente Reimarus, con su “teoría
del fraude”. Desde ese momento hasta nuestros días, la exégesis racionalista afirma, de diversas maneras,
que lo que contienen los evangelios no corresponde con la realidad, no es historia. En nuestro siglo, se
alcanzó una de las expresiones más acabadas con la Escuela de la Historia de las Formas
(formgeschichtemethode), cuyos nombres más conspicuos son Dibelius y Bultmann. En el apéndice

14 S. Pisano, Introduzione alla Critica Testuale dell’Antico e del Nuovo Testamento, PIB (Roma, 1995) 53.
Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 20
cuatro ofrecemos un panorama más o menos completo, aunque muy sintético, de las diferentes posturas
que existen al interno del racionalismo bíblico. Aquí, pondremos nuestra atención en la demostración
católica.

1 – Formación de los Evangelios – Características de la predicación oral

Tras la muerte, resurrección y ascensión de Jesús, sus apóstoles recogen su mensaje y continúan
predicando su evangelio. Ante todo lo predican a Él, su persona, nombre y actividad. Por motivos
pedagógicos al principio resumen el kerigma cristiano en los rasgos más esenciales (como hace san
Pedro en sus primeras predicaciones). Sin embargo el contenido primitivo del evangelio oral no se
reducía a solo el anuncio de la pasión y resurrección de Cristo, facetas especialmente recalcadas por san
Pablo quien supone todo lo demás (cf. 1Co 15,3ss; He 10,37-41).
Lo primero que había de proclamarse era el kerigma esencial, el anuncio oficial de la salvación por
Cristo. Pero, a continuación, ese mismo kerigma tenía que ser desarrollado y completado con la
catequesis a instancias de la curiosidad de los neoconversos respecto de la figura del Salvador y cómo
perseveraban en la enseñanza de los apóstoles (He 2,42). Papías15 e Ireneo16 atestiguan el afán de los
cristianos por enterarse con cuidado de los datos transmitidos por los discípulos del Señor.
Dibelius, Bultmann y todos los componentes de la Escuela de la Formgeschischte (historia de las
Formas) contrarían esto atribuyendo a la comunidad primitiva la creación del conjunto de las narraciones
relativas a la enseñanza y vida de Jesús. Una consideración atenta de la realidad primitiva atestigua todo
lo contrario: ellos no crearon sino que recogieron con cuidado y transmitieron con cuidado.
Es verdad que la catequesis primitiva debió polarizar la atención en ciertos hechos y frases del
evangelio integral; asimismo había cierta selección espontánea de acuerdo a las necesidades más
acuciantes (a los judíos le interesaba la figura de Jesús como Mesías, a los paganos como hijo de Dios,
etc). Además, la pedagogía impuso fijar a las narraciones en fórmulas y agrupaciones estereotipadas
propias del lenguaje oral, método judío, aplicado por las técnicas rabínicas (bastante evidentes en
Mateo). Todo ello fue la primitiva tradición. Y fue la fuente de los evangelios, como se dice en el prólogo
de san Lucas (cf. Lc 1,1-4). Pero esta selección y forma de presentación de los hechos no significa
deformación.

Para que quede más claro veamos lo que podemos recabar de los mismos documentos escritos
acerca de la predicación primitiva o “prehistoria oral” de los evangelios. Si hacemos un análisis profundo
y completo de los datos que nos brindan los mismos escritos del NT, podemos observar que la
predicación oral del evangelio tiene tres características importantes:
a) tiene estructura jerárquica, en dependencia de los Apóstoles:
- Esto puede verse, por ejemplo, en la Iglesia Madre de Jerusalén, donde la predicación depende del
grupo de los Apóstoles, especialmente de Pedro. Pedro toma la palabra en Pentecostés (Hech 2,14-
40), también luego del milagro del paralítico (3,12-26); confiesa la fe frente al Sanedrín (4, 8-12;

15 “Y si se daba el caso de venir alguno de los que habían seguido a los ancianos (presbýteroi), yo trataba de discernir
los discursos de los mismos ancianos: qué habían dicho Andrés, qué Pedro, qué tomás o santiago, o Juan, o Mateo, o
cualquier otro de los discípulos del Señor, y lo que dicen Aristión y el anciano Juan, discípulos del Señor. Porque no
pensaba yo que los libros pudieran serme de tanto provecho como lo que viene de la palabra viva y permanente”
(Fragm. II,4 en D. Ruiz Bueno, Padres Apostólicos, BAC)
16 “Las enseñanzas que se acumulan en el alma de pequeño se unen a ella de tal manera que yo puedo decir hasta el
sitio donde se sentaba el bienaventurado Policarpo para contarnos..., y lo que contaba al pueblo cuando describía sus
relaciones con Juan y con los demás que habían visto al Señor y cuando recordaba sus palabras y las cosas que les había
oído relativas al Señor, a sus milagros, a su doctrina, y cuando Policarpo mismo señalaba la conformidad entre la
Escritura y lo recibido de los testigos de la vida del Verbo. Todo esto lo escuché con cuidado por entonces también yo
por la misericordia de Dios para conmigo, memorizándolo no en papel, sino en mi corazón. Y siempre, por la gracia de
Dios, las he rumiado con fidelidad” (Carta a Florino, citada por Eusebio, Hist. Eccl. V, 20, 6s).
Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 21
5,29-32), cf. también 8,14-17: Pedro en Samaría; 9,32-43: en Judea; 10,34-43: a los paganos. Los
apóstoles, por su parte, consideran un deber específico el servicio de la palabra (Hech 6,4); el deber
de dar testimonio de los hechos salvíficos concierne primariamente a los apóstoles (1,15-26); los
diáconos reciben la imposición de manos para que los apóstoles puedan dedicarse más libremente a
la predicación (6,6). Y los fieles, por su lado, adhieren a la doctrina de los apóstoles (2,42); se reúnen
en torno a los apóstoles (5,12-13), etc.
- También la actividad misionera permanece en contacto de dependencia y uniformidad de doctrina
con el grupo apostólico, en especial con Pedro. Por ejemplo, S. Pablo en Gálatas dice cómo en el
concilio de Jerusalén Pedro, Santiago y Juan les tendieron una mano (a él y Bernabé) en señal de
comunión (Gal 2,9). Por otro lado, el mismo S. Pablo fundamenta su obliga ción de predicar en el
hecho de haber sido elegido apóstol (cf. Rm 1,1; Gal 1,11-2,10). Y en las cartas de S. Pablo se habla
claramente de una predicación organizada según funciones específicas, en donde la prerrogativa la
tienen los apóstoles, luego los evangelistas, doctores, etc. (1Cor 12,8; Rm 12,7; Ef 4,11; 2Tim 4,5;
etc.).
Resumiendo: los escritos del N.T. nos hablan de una predicación primitiva que no es de ninguna manera
libre, en manos de entusiastas al estilo de muchas sectas hodiernas, sino que es prerrogativa de los
apóstoles, para ello diputados por Cristo, y que permanecen bajo su vigilancia.

b) la predicación primitiva tiene carácter testimonial, es decir, se basa en testigos oculares de los hechos de
Cristo. El término testigo y sus derivados aparecen 196 veces en el NT. Tiene un significado originario que
es del vocabulario forense y es “el que por experiencia personal e inmediata puede afirmar algo sobre
eventos en los cuales ha participado o sobre personas y circunstancias que conoce, y por tanto puede
comparecer en un proceso”. Pero también es usado fuera del ambiente jurídico con el significado de “uno
que puede hacer afirmaciones sobre hechos o personas que conoce personalmente”. Finalmente, se da
también una ampliación del significado para designar a aquel “que manifiesta su propia convicción respecto
de una verdad religiosa o filosófica”.
En el NT el término aparece en muchos casos en referencia al contenido del Evangelio según los dos
sentidos que tenía en el uso profano: a) connotación de relación auditiva y visiva entre el hecho atestiguado y
el testigo, y b) expresión de una convicción íntima. Podemos ver lo siguiente:
- En Lc aparece especialmente el primer aspecto; en He 1,21-22 aparece como objeto del testimonio
apostólico los hechos de la historia de Jesús (especialmente la resurrección) tal como los após toles la
vieron y oyeron.
- En Jn se insiste sobre el contacto real e histórico del testigo con el Resucitado (1Jn 1,1s. etc.). Para Jn el
significado último del testimonio es afirmar que en las obras humanas de la vida de Jesús ha aparecido
la gloria de Dios.
- En S. Pablo predicar equivale a dar testimonio, por ejemplo, en 1Te 1,5 dice fue predicado nuestro
Evangelio y en 2Te 1,10 nuestro testimonio; en 1Co 15,12 se predica que Cristo ha resucitado y en
15,14-15 hemos atestiguado....
Como conclusión decimos que los documentos del NT señalan que la predicación primitiva tiene su valor en
cuanto es testimonio de los hechos de la vida de Jesús.

c) la predicación primitiva tiene carácter tradicional. Es decir que la palabra predicada por los apóstoles y
testigos era recibida y transmitida en una comunidad conservadora. Por ejemplo:
- En 2Te 2,15 se habla de conservar las tradiciones (cf. 2Te 3,6).
- A los corintios S. Pablo les dice que transmite lo que ha recibido (1Co 11,23; 15,3), serán salvados si
retienen el Evangelio como se les anunció (15,2).
- A los Gálatas se les hecha en cara el haber abandonado lo que se "les transmitió" (1,6-9).

Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 22


- A Timoteo le recomienda confiar lo que ha oído a hombres de confianza que lo puedan "transmitir"
(2Tim 2,2).
En conclusión, la comunidad cristiana que nos presenta el NT está bien lejos de ser "creadora" de su
doctrina; más bien pone su esfuerzo en recibir y conservar lo que se les ha transmitido.

En consecuencia, podemos ver claramente que la afirmación hecha por la escuela del método de la
Historia de las Formas, acerca de que la comunidad primitiva inventó los relatos evangélicos para
justificar la propia fe, es una afirmación totalmente gratuita, carente de fundamento sólido. Al dato
aportado por la tradición, ya desde el siglo II, acerca del origen apostólico de los evangelios 17, tenemos
lo que podemos obtener por crítica interna de los mismos textos.

“a los apóstoles (...) después de que Cristo resucitó de entre los muertos y su divinidad se mani-
festó de forma clara, la fe no sólo no los hizo olvidar el recuerdo de los acontecimientos, antes
bien, lo consolidó, pues esa fe se fundaba en lo que Cristo había realizado y enseñado. Por el
culto con que luego los discípulos honraron a Cristo, como Señor e Hijo de Dios, no se verificó
una transformación suya en persona ‘mítica’, ni una deformación de su enseñanza; aunque no se
puede negar que los Apóstoles presentan a sus oyentes los auténticos dichos de Cristo y los
acontecimientos de su vida con aquella más plena inteligencia de que gozaron a continuación de
los acontecimientos gloriosos de Cristo y por la iluminación del Espíritu de la verdad. De aquí
se deduce que, como el mismo Cristo después de su Resurrección les interpretaba tanto las
palabras del AT como las suyas propias, de la misma forma, ellos explicaron sus hechos y
palabras de acuerdo con las exigencias de sus oyentes” (Sancta Mater Ecclessia)..

Finalmente, podemos sintetizar, de manera esquemática, la formación de los evangelios en las


siguientes etapas (cf DV 19):
1- Predicación de Cristo y misión de los Apóstoles: Jesús mismo durante su vida predicó y organizó
jerárquicamente la predicación.
2- Predicación apostólica, para atestiguar la resurrección y predicar la salvación que nos llega en los hechos
de la vida y muerte de Cristo. Está ligada al testimonio ocular y organizada jerárquicamente bajo los
Apóstoles que la consideran como su deber primero y vigilan su difusión.
3- Como efecto y desarrollo de esta predicación se forman en el seno de la catequesis, los principales
elementos de la tradición evangélica, que se van fijando en fórmulas conforme al estilo oral y quizás en
escritos más o menos fragmentarios.
4- Hipotéticamente los elementos confluyen en unidades mayores
5- Sobre esta base los evangelistas componen sus escritos teniendo en cuenta las necesidades y los intereses
de las propias comunidades. Recordemos que sólo cuatro fueron los evangelios escritos admitidos por la
tradición. Hay un numeroso grupo de escritos, conocidos como apócrifos que nunca fueron aceptados
como texto totalmente fidedigno (aunque pueden aportar algún elemento).

2 – El Género Histórico y el Evangelio

Antes de ver más en detalle la cuestión es necesario que hagamos algunas precisiones.
Cuando un autor compone una obra literaria puede usar distintos moldes o modos de expresión
literaria: son los llamados géneros literarios. Si bien hay una gran cantidad de géneros literarios,
podemos distinguirlos en tres categorías, conforme al fin perseguido por el autor:

17 San Justino los llama “memorias de los apóstoles”, precisando que el nombre corriente es el de “evangelios”.
Semejante san Ireneo, Canon Muratoriano, Tertuliano y hasta el pagano Celso lo pone como dato adquirido.
Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 23
- poético: busca deleitar con la exposición de la belleza artística real o fingida
- didáctico: procura la enseñanza de alguna doctrina
- histórico: pretende narrar hechos o dichos reales, sucedidos en un tiempo y lugar determinables
Entre sí no necesariamente se excluyen unos a otros (poético, didáctico, histórico pueden estar
mezclados).

Dentro ya del género literario histórico no todo lo que se presenta con apariencia de historia lo es
realmente: tenemos aquí la alegoría, el mito, la leyenda y también la historia estricta. “La historia escrita
con hechos debe, y es su ley principal, encuadrarse con estos hechos tales como sucedieron” 18. Asimismo
debemos distinguir la historia popular religiosa antigua que mira más las anécdotas personales y los
trazos pintorescos, y la historia científica moderna que gusta más de los detalles cronológicos y
topográficos. Ambas gozan de historicidad si se adecuan a hechos reales; y ambas poseen valor histórico
si sus afirmaciones y hechos pueden ser demostrados. Del valor histórico de un documento depende su
credibilidad o fidedignidad.

¿A qué género literario pertenecen los evangelios? ¿Son historia? ¿Pueden llevarnos a conocer la
persona de Jesús? La tradición católica mantiene que los evangelios pertenecen al género histórico en
sentido estricto, si bien al modo de la historia antigua semita o grecolatina y no de la historiografía
científica moderna. En consecuencia, merecen crédito y nos conducen objetivamente al conocimiento del
Jesús existencial, histórico. Vayamos a los argumentos, haciendo un tratamiento, primero, de los
evangelios sinópticos, dejando para ver solo el evangelio según san Juan.

3 – Valor Histórico de los Evangelios Sinópticos – la Cuestión Sinóptica

Consideraremos los tres evangelios sinópticos de manera conjunta, dejando para un tratamiento por
separado al cuarto evangelio. Los argumentos aquí presentados, por lo tanto, son válidos para Mateo,
Marcos y Lucas.
1º argumento: por la autenticidad o genuinidad de los evangelios. Los evangelios sinópticos poseen
valor histórico porque pertenecen al género histórico, nos consta la ciencia y la veracidad de sus autores.
 Pertenecen al género histórico.
- entre los elementos diversos que forman parte de los evangelios son diferenciables algunos no
históricos en sí mismos (parábolas de estilo alegórico, himnos, sermones, etc.). Otros elementos, en
cambio y sobre todo el conjunto está escrito en el estilo histórico ordinario: Jesús fue... hizo... dijo...,
indicaciones topográficas y cronológicas que concuerdan con datos históricos y arqueológicos de
otras fuentes.
- La sobriedad, sencillez, objetividad, franqueza y espontaneidad que resaltan tanto al describir hechos
sublimes como flaquezas, refuerzan el argumento. Si se los coteja con los apócrifos llenos de relatos
fantásticos el hecho resalta en seguida. En efecto, no hay en los cuatro evangelios canónicos nada de
exageraciones ridículas y fantásticas.

Pero, si bien el relato responde al género histórico ¿no podría ser ficción histórica? Hay que advertir que
en ninguna parte de los evangelios se da a entender que lo que se narra se algo inventado; incluso más se
afirma que se busca referir hechos realmente ocurridos (cf. Lc 1,1-4). Veamos, entonces, su intención de
narrar hechos verdaderos:
 Consta la veracidad de los evangelistas, su intención de no mentir ni engañar.
- Lucas afirma su propia veracidad. Por más que sea testimonio acerca de sí mismo, tampoco podemos

18 Benedicto XV, Spiritus Paraclitus.


Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 24
olvidarlo.
- El examen interno predispone a favor de la veracidad, sobre todo si vemos la franqueza con que
hablan de sus propios defectos y humillaciones y aun de los fracasos humanos de Cristo.
- El mismo programa evangélico con sus exigencias y pretensiones morales no era materia agradable
de proponer sino en alas de una gran sinceridad y amor a la verdad. Pablo mismo reconoce la locura
de la predicación (1Co 1,21-23).
- Manteniendo tal predicación no pudieron tener ni esperanza de alcanzar honores, fama,
comodidades, sino persecución y muerte afrentosa. Su vida y acción se hace incomprensible sin un
amor loco por la verdad.
- Lo que sabemos de las cualidades humanas, morales y religiosas de los apóstoles y evangelistas a
través de su doctrina, vida y muerte confirma su veracidad. Un fraude religioso no se concibe sin una
malicia especial.
- Tampoco hubiera sido posible una narración fraudulenta o falsa de hechos recientes publicada entre
testigos contemporáneos, amigos y perseguidores del biografiado, sin que se alzase, al menos, una
voz de protes. Y es cierto que no hubo protesta alguna en este sentido, acusando a los evangelistas de
fraude, error o engaño en lo narrado.

Por último, ¿no es posible que se hubiesen engañado ellos mismos, narrando como verdadero algo que
en sí mismo es falso o erróneo? A esto respondemos:
 Consta la ciencia de los evangelistas, su conocimiento de los hechos.
- De los autores sinópticos, Mateo era testigo ocular inmediato de los hechos narrados y convivió con
muchos otros testigos; Marcos trasladó “con diligencia” las experiencias y recuerdos de Pedro y trató
con muchos otros discípulos (cf Hech 12,12). Lucas testifica que trató de informarse exactamente de
todo desde los orígenes (cf Lc 1,1-4).
- Hemos visto que se ha de situar la redacción de los texto entre los años 45 a 70. Esto significa que
fueron escritos entre 15 y 40 años después de ocurridos los sucesos, es decir que el tiempo no es
suficiente para una deformación legendaria o mítica.
- Los hechos narrados son hechos fáciles de captar por su sencillez humana o por su fascinación
extraordinario o por su encanto especial. También son fáciles de retener, sea por su concisión y
ritmo, sea por la brillantez de las metáforas o el colorido de las parábolas. Además, es necesario
tener presente la memoria tan desarrollada y el apego a la conservación de la tradición oral propia de
los semitas.
- Reiteramos que nadie protestó contra la historicidad de lo narrado.

2º argumento. Los evangelios sinópticos poseen valor histórico, incluso si no hubiesen sido redactados
por Mateo, Marcos y Lucas, dada la garantía de historicidad con que los avala la comunidad primitiva.
- El examen crítico (externo e interno) garantiza su procedencia, al menos mediata de un medio
palestino anterior al año 70.Y una formación a base de elementos anteriores al 50.
- Incluso en el supuesto de que los evangelistas hubieran sido compiladores no responsables de la
historicidad de los hechos, el garante sería la comunidad primitiva. Tal comunidad, como vimos, era
un grupo estructurado con enseñanza a cargo de testigos de los hechos. Además la iglesia estaba
constituida por pequeñas comunidades locales que se controlaban mutuamente y a veces con
relaciones discordantes (1Co 1,10-13). La aceptación unánime de los materiales avala la persuasión
de historicidad.
- La aceptación comunitaria recae sobre tradiciones y escritos algo diversos en detalles menudos (cf la
Cuestión Sinóptica). Es decir que, a pesar de esto, se mantiene su voto de confianza porque entiende
que ses trata del testimonio de un hecho19.
19 Imaginemos, por ejemplo, un choque ¿Qué es más histórico? ¿el informe policial que dice “siendo las 13.33 hs. , en
Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 25
3º argumento, que viene a confirmar los dos anteriores. Es un hecho la aceptación unánime e indiscutida
de la historicidad evangélica en los primeros siglos, tanto por la Iglesia y los Santos Padres, como por los
mismos judíos (cf. los comentarios al Talmud), los paganos (Celso, Juliano, etc.) y los herejes (Cerinto,
Valentín, Marción, etc.).

En conclusión, el valor histórico de los evangelios sinópticos es claramente cierto para el


20
crítico . Además, para el católico es de fe divina y católica, recalcada por la tradición, el magisterio
ordinario y el comportamiento ordinario de la Iglesia. En el decreto Lamentabili se condenan las
proposiciones contrarias (D 2013-2015) y la PCB emitió respuestas ante dos consultas sobre el tema (D
2153 y 2163).

Respecto de las posiciones que no aceptan la historicidad de los evangelios, recordemos simplemente dos cosas: 1) la
postura racionalista ante el milagro es apriorística; 2) la escuela de la Historia de las Formas (formgeschichte) tiene una
concepción demasiado unívoca de la historia, considerando sólo la historia moderna, que intenta ser críticamente detallista (hay
una discusión muy violenta hoy en día entre los historiadores sobre este aspecto)

No podemos dejar de hacer una breve referencia al problema o cuestión sinóptica que bien
entendido se constituye en un argumento más en pro de la historicidad de los evangelios sinópticos.
Cuando uno lee los tres primeros evangelios, sorprende la semejanza existente entre ellos. Estas
semejanzas hacen posible que los tres documentos puedan ser colocados en columnas paralelas y ser
abarcados conjuntamente en un solo golpe de vista (syn-opsis). Cuando se penetra un poco más se puede
ver que en ese marco de semejanza general, hay diferencias de detalles que son innumerables. Y aquí
surge el problema: ¿cómo explicar esa semejanza y esas diferencias? Esta situación es lo que se ha dado
en llamar el problema sinóptico.
Las soluciones propuestas son de lo más variadas, como por ejemplo, que los sinópticos son traducciones, parecidas y
a la vez diferentes de una misma fuente aramea (Lessing), que hay dependencia de un evangelio respecto de otro, donde el más
antiguo sería o Marcos (Storr) o Mateo, que fue luego resumido por Marcos (Griesbabb); que lo que existió fue un evangelio
oral y de él partieron los otros tres (Herder). El P. Castellani, en su libro El Evangelio de Jesucristo, los clasifica igualmente:
1) Sistema de la tradición oral
2) Sistema de la interdependencia
3) Sistema de los documentos, que presenta tres variantes posibles:
a) dependencia de un documento primigenio perdido
b) de muchos documentos
c) de dos documentos.
La postura que él asume es la siguiente. Cuando una hipótesis se complica a medida que más se discute es señal de que está mal
planteada. El falso planteamiento se explicita teniendo en cuenta el trabajo de los investigadores de sicología lingüística y
etnográfica de la escuela francesa, encabezados por Basset en 1889 y el judío Dermesteter, y descubierto en forma repentina por
Marcel Jousse (1920). Se discutía no sobre libros sino sobre “recitados transcriptos” y se ignoraba todo acerca de las leyes de la
recitación. La vía propuesta por M. Jousse es la aplicación de las leyes del “estilo oral”, desentrañadas científicamente, a los
textos bíblicos escrupulosamente repuestos en su medio original, y no según nuestras actuales costumbres y experiencias de
estilo escrito. Para ello hay que tener en cuenta:
- los esquemas rítmicos tipo de los recitadores de Israel
- los paralelismos “clisé” (Jacob-Israel; hombre-mujer, etc.)
- y los dispositivos didácticos: palabras mnemotécnicas repetidas, esquemas rítmicos plurales (estrofas), etc.

la intersección de...”? ¿la noticia periodística que comienza “debido a la inconsciencia del conductor...”? ¿o el relato de
la persona que dice “el vago venía a los piques y se mandó así nomás...”?. Como vemos, la variedad del género es
amplia.
20 Un caso que merece un tratamiento particular y detallado es el de los “evangelios de la infancia” (Mt 1-2 y Lc 1-2).
Se pueden ver sobre todo las obras de S. Muñoz Iglesias o de A. Díez Macho, Historicidad de los evangelios de la
infancia, Fe Católica (Madrid, 1977). Demuestran estos autores que se trata del empleo de procedimientos literarios
subordinados a una intención didáctica, que no afectan al valor histórico de los relatos.
Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 26
Los clisés arameos no son traducibles siempre idénticamente al griego y menos al latín por dos o tres meturgemanes. Toda
lengua tiene palabras privativas suyas que no tienen equivalente directo en otra y que debe o puede ser traducida por distintos
equivalentes. Mateo, Marcos y Lucas no se leyeron mutuamente pero oyeron a un mismo Recitador, lo memorizaron y después
decalcaron en griego lo que habían retenido fielmente en la memoria. Muchos textos paralelos y disímiles, retraducidos al
arameo pierden las discrepancias. Cuando hubo que adoctrinar a los pueblos se tradujeron al griego las fórmulas arameas
acostumbradas. Algunas palabras arameas de sonido idéntico o casi idénticas eran vertidas al griego ya en un sentido ya en otro,
según lo entendían los intérpretes.

4 – Valor Histórico del Cuarto Evangelio

El valor histórico de este texto ha sido muy atacado, particularmente en el siglo pasado, sobre todo
por el valor apologético que tiene. Los argumentos a los que solían apelar (y todavía algunos suelen hacerlo)
surgen de la comparación de Juan con los sinópticos. De hecho, como hemos visto, al menos en parte, desde
muy antiguo se han planteado algunos problemas:
- en torno a la cronología de la pasión y de la celebración de la Pascua
- por qué los sinópticos descuidan rasgos, doctrinas y hechos que definen tan profundamente el Cristo
de san Juan. Por ejemplo, Cristo en los sinópticos habla de modo concreto y popular; sus milagros
son actos de misericordia que suponen la fe de los hombres; discute con los fariseos de casuística
legal; predica la pobreza, desprendimiento, vigilancia, abandono a la providencia. En san Juan, por el
contrario, Cristo predica en abstracto (luz, vida, verdad); sólo una vez pronuncia las palabras “Reino
de Dios” (3,3); sus milagros son “signos” que manifiestan su gloria y deciden la fe de los hombres
(2,11; 9,35) y de allí que los más importantes estén en san Juan (el ciego de nacimiento, Lázaro); las
discusiones con los fariseos son en torno a su Mesianidad y Filiación; su moral se centra en la
caridad fraterna; etc.
Estas diferencias han llevado a muchos a afirmar que el cuarto evangelio no es un libro histórico sino una
meditación personal y teológica de san Juan. Otros, como Loisy (modernista), afirmaron que el autor no
quiso escribir una historia de Jesús sino probar la tesis dogmática de que Jesús es el Mesías (20,31) para lo
cual fingió figuras, personas y palabras. Bultmann afirma que sólo es histórico un núcleo. Calmes, Battifol
afirman que los discursos que pronuncia Cristo son interpretaciones de Juan.

Ante estas afirmaciones hay que responder que el cuarto evangelio es un documento histórico, ya
que la narración está tejida con datos de la realidad que forman la trama básica del libro. Son muchos los
signos que muestran la intención de narrar hechos y dichos históricos, es decir, su veracidad y su ciencia:
a) el que escribe insiste en su condición de testigo personal (1,19-35) y presenta, además, el testimonio del
Bautista (1,19; 3,26ss; 5,33; 10,41). No presenta la infancia de Cristo, de la que no fue testigo.
b) exhibe numerosas circunstancias: cronológicas, históricas, geográficas, locales, personales...
- Precisión cronológica: como ya vimos, es por él que sabemos que Jesús comienza su ministerio en
Judea y coincide con el Bautista (3,22-24). Sin su aporte, pensaríamos que comenzaba en Galilea,
después de Juan Bautista y que todo su ministerio se realizó en Galilea, en un año. Esto es lo que
brindan los sinópticos. San Juan nos permite conocer que el ministerio de Jesús se extiende al menos
durante tres fiestas de Pascua, es decir, que su actividad debió durar al menos dos años (2,13-23; 6,4;
12,12). También nos informa que hizo cuatro viajes a Jerusalén; de este modo se entiende más
claramente el choque de Jesús con las autoridades religiosas. La fecha misma de la pasión (víspera
de la Pascua) es más verosímil que la aportada por los sinópticos (el mismo día de la Pascua).
- Precisiones topográficas: habla de una Betania al oriente del Jordán (1,28) y otra cerca de Jerusalén
(11,18). Especifica que hay una Caná de Galilea, distinta de otra Caná (19,28). Describe la piscina de
Betsaida con cinco pórticos (5,1) lo que muchos creyeron que era algo simbólico, pero ha quedado
demostrado por la arqueología.

Teología Fundamental – Fuentes de la Revelación - 27


- Precisiones históricas: san Juan completa detalles históricos de los otros evangelios. V.g. Mc 14,3-5
+ Jn 12,3 (da el nombre de la que ungió: María); Mt 26,51 + Jn 18,10 (da el nombre del que hirió,
Pedro, y del herido, Malco)
c) La descripción que hace del medio ambiente en general, refleja adecuadamente la época a la que hace
alusión, como se puede constatar comparando con escritos contemporáneos: muchedumbres de
peregrinos y prosélitos en Jerusalén (12,20); templo casi reconstruido (2,20) y en sus atrios las turbas de
cambistas y mercaderes (2,12); hostilidad entre judíos y samaritanos (4,9; 8,48); desprecio de la Galilea
(7,25); purificaciones de los judíos (2,6); costumbres funerarias (11,36; 12,7; 19,31.40), etc.
El modo de hablar y discutir de Jesús y sus adversarios es también el de la época.
d) Toda su narración está dispuesta con un cuidadoso orden cronológico:
- en las conversaciones del Señor se puede observar el progreso de las discusiones, con preguntas,
objeciones e interjecciones del auditorio y las respuestas y explicaciones del Señor. Esto muestra que
son tomadas de una realidad viva. V.g. 4,6-29; 7,14-53; 13,31-14,31...
- los milagros mismos están tan íntimamente unidos a la predicación y narración evangélica que si se
niegan no se entienden las demás cosas. Son ocasión de predicación (3,2, 5,16); alimentan la fe
(6,14); provocan el odio y conducen a la muerte del Señor (7,20; 11,46-53; 11,1-44)
e) el aspecto de presencialidad de los sucesos, se hace especialmente fuerte al describir los rasgos de Jesús,
es un Cristo que se mueve en la vida cotidiana:
- siervo de los suyos (13,1-5)
- dispuesto a las preguntas casi pueriles aun en medio de sus sublimes revelaciones (13,26; 14,5-10.22)
- rápido en la controversia con los judíos
- afectuoso en la despedida de sus discípulos, etc.
En síntesis, todo parece hacerse eco de la realidad, del hecho.
f) Por último, hay que recordar el fin apologético, según el cual el evangelista selecciona el material. Sin la
verdad histórica de lo que narra, toda la defensa que se realiza en el evangelio carecería de fundamento.
Por más simbólico que sea el modo de hablar del evangelista, no hay que disociar el símbolo del hecho.

Un párrafo para terminar respecto de la valoración teológica de la historicidad del cuarto


evangelio. Tenemos el Decreto del Santo Oficio del 3 de julio de 1907 (que se puede leer en D 2016-
2018) que condenó afirmar que a) las narraciones de Juan no son propiamente historia sino una
contemplación mística del Evangelio; los discursos contenidos en su evangelio son meditaciones
teológicas, acerca del misterio de la salud, destituidas de verdad histórica; b) el cuarto evangelio exageró
los milagros, no sólo para que aparecieran más extraordinarios, sino también para que resultaran más
aptos para significar la obra y la gloria del Verbo Encarnado; c) Juan vindica para sí el carácter de testigo
de Cristo pero en realidad no es sino testigo eximio de la vida cristiana, o sea, de la vida de Cristo en la
Iglesia al final del s. I.
También están los textos de D 2112 (respuesta de la PCB), 2097 y 2188

“La santa madre Iglesia ha sostenido y sostiene firme y constantemente que los cuatro
Evangelios mencionados, cuya historicidad afirma sin vacilar, contienen fielmente aquellas
cosas que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, realmente hizo y enseñó para su
eterna salvación hasta el día en que subió al cielo (cf. Hech 1,1-2). Los Apóstoles ciertamente,
después de la ascensión de Señor, transmitieron a los que los oían lo que él había dicho y hecho,
con aquella comprensión más plena de que gozaban después de haber sido instruidos por los
acontecimientos gloriosos de Cristo y adoctrinados por la luz del Espíritu de la verdad. Los
autores sagrados, escribieron los cuatro Evangelios, escogiendo algunas cosas de las muchas
que ya se transmitían de palabra o por escrito, sintetizando otras o explicándolas en atención a la
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condición de las Iglesias, y manteniendo finalmente la forma de la predicación, de manera que
siempre nos comunicaran las cosas referentes a Jesús como verdaderas y sinceras. Sacándolo
de su memoria o de su recuerdo, o del testimonio de aquellos que han sido desde el comienzo
testigos oculares y servidores de la Palabra, escribieron con la intención de que conozcamos
la verdad de aquellas cosas que nos enseñan (cf. Lc 1,2-4) (Dei Verbum 19).

BIBLIOGRAFÍA

- F. Vizmanos, Teología fundamental para Seglares, BAC (Madrid, 1963) 225-308.


- R. Garrigou- Lagrange, De Revelatione, Ferrari (Roma, 1925) 403-419.
- J. Carmignac, La Nascita dei Vangeli Sinottici, Ed. Paoline (Milán, 1986).

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