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El método de la lapicert César Aira Dicen que el andlisis de ADN es el método de identificacién mas sutil y definitivo; puede ser, pero es engorroso y juridico, y solo lo pueden realizar especialistas de guardapolvo blanco en mo- dernos laboratorios. El método de la lapicera es igualmente pro- batorio, y esta al alcance de cualquier Sherlock Holmes doméstico. Las Blamas de las lapiceras, como todo el mundo sabe, van defor- man lose segtin cdmo escriba su duefio, segtin la presidn que haga, la posicién t la mano, la inclinacin de la letra. Cina pluma usada durante varios affos toma una forma tnica, no hay dos iguales. La operacin de la escritura es demasiado complicada, pone en ju lemasiados movimientos y posiciones para que su efecto sobre la uma no sea particularisimo. Se vuelve una huella digital, mas di- cil de falsificar que una huella digital. De ahi que sus duefios no prestan la lapicera de pluma, como se prestan los boligrafos: el que la toma prestada tiene dificultades pare lograr un trazo continuo, y el que la presta corre el peligro de que esas dificultades provo- quen un forzamiento que la estropee. Otro motivo por el que las lapiceras de pluma no se prestan es que suelen ser muy caras, Suelen ser un simbolo de estatus, pero creo que su condicién de objeto de lujo tiene por funcién que se las cuide y atesore, para que duren mucho tiempo en posesion de su duefio y con los affos se deformen sutilmente hasta volverse diferentes de todas las demas lapiceras del mundo. Apreciamos sobremanera nuestra propia condicién de tnicos e irremplazables, y supongo er pretendemos reproducir esa unicidad en objetos. Portadora de esa posibilidad, la lapicera persiste casi sin cambios * Articulo publicado en El Pais. Babelia, 11 de octubre de 2003. Madrid. en el formato en que se la invento hace mas de un siglo y sigue triunfando sobre instrumentos de escrituras més modernos y mas practicos. Frente a los poderosos procesadores de texto, andnimos y sin més historia que la de su novedad, nuevos ricos de la me- moria, la lapicera persiste. Por supuesto que no es el tinico objeto que se personaliza con el uso. Pero no convendria tomarlo como uno mas. Por extension, la lapicera representa al escritor, y en el escritor la busca de la singularidad cristaliza como vocacidn y destino. Todos los hom- bres quieren sentirse tnicos ¢ intransferibles, pero el escritor es el qe trabaja especificamente con ese sentimiento. En él las labores le la experiencia y los azares de la biografia se conjugan en la cons- truccién de una cualidad de tinico ala que todos aspiran y solo el escritor expresa. Triunfa cuando su identidad se vuelve una pieza en el gran modelo para armar del mundo, cuando la falta de esa pieza deja un agujero. La analogia entre los dos términos de la metonimia, entre lapi- cera y escritor, puede extenderse. El escritor aspira a volverse un “hombre de lujo”, aspiracién que en los hechos se degrada al éxito y la fama, aunque mantiene un fondo més digno: lo mismo que en la pluma cara, el lujo que adorna al escritor no se restringe al estatus social sino que es un signo de su valor, del trabajo que costé ha- cerlos ese costo se mide en la mas valiosa de las monedas, el tiempo de la vida, y lo que se ha gastado en producirlo es tan exorbitante que induce a conservarlo y apreciarlo y atesorarlo. iCuanto cuesta un escritor? Para empezar, cuesta los treinta cuarenta afios de su aprendizaje —aunque algunos german etapas y lo hacen mas rapido, pero son las excepciones—. Y después, o sea antes, estan los siglos de tradicin que constituyen su otro apren- dizaje, el de su “especie”. Esa acumulacién de tiempo es el tesoro que encierra la obra literaria, lo que le da su valor. Todo orga- nismo vivo consume tiempo; el escritor transforma el tiempo, lo irreversible del tiempo, en signos concretos, los deja documenta- dos. Y se produce en su biografia una delicada deformacién per- sonalisima por la que lo reconocemos como escritor. E| artista en general es alquimista de tiempo y experiencia, do- cumentador de su civilizacion y de lo que la civilizacién les hace a los hombres. La historia se acumula sobre si misma, la cultura se hace mas compleja, el progreso se infiltra hasta en lo que se pre- tende eterno. ee como sucede con los instrumentos de escritura, el modelo del artista se ha diversificado y modernizado. Pero el viejo modelo del escritor, igual que el de la pluma, persiste, porque tiene la ventaja sobre los demas de operar una individualizacaién infalible, y a bajo costo. Oculto y oscuro, el escritor destila los fastos del mundo y los expresa con humilde obstinacién, transfor- mandose poco a poco. Su herramienta y talisman, la lapicera, lo acompafia en la transformacién y realiza la paradoja de ser un mo- desto objeto de lujo, modesto aunque sea de oro, y sobre todo si es de oro.

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