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Talca, dieciséis de octubre de dos mil veinte.

VISTOS:

Que, bajo escrito agregado bajo el Folio N° 1 comparece el abogado don Pablo
Catalán Ramírez, domiciliado en calle Uno Sur N° 690, oficina N° 1115, Talca, en
representación judicial de doña Claudia Alejandra Garrido Heyer, labores de casa,
domiciliada en Villa Florencia, Pasaje Azuzena N° 1481, comuna y ciudad de Linares,
quien interpone demanda de indemnización de perjuicios por responsabilidad contractual
derivado del incumplimiento de contrato de prestaciones médicas contra Clínica Lircay
SPA, sociedad del giro de su denominación, representada por su Gerente General don Juan
Ignacio Escandar Zerené Bustamante, ignora profesión u oficio, ambos domiciliados en
calle Dos Poniente N° 1372, comuna y ciudad de Talca. Señala que el 21 de octubre de
2014 su representada de 37 años de edad, concurrió hasta la consulta del médico
ginecólogo don Nelson Valencia Toro, en la ciudad de Linares, ya que deseaba tener otro
hijo, pese a haber suspendido el tratamiento anticonceptivo no lograba embarazarse.
Refiere que el médico le hizo el examen de Papanicolaou, que sirve para detectar un posible
cáncer cérvix y problemas relacionados con el aparato reproductor femenino, además le
recomendó como método para embarazarse la temperatura basal. Agrega, que el 9 de
diciembre de 2014 recibió llamado desde la consulta del mencionado médico, pues su
examen de Papanicolaou había salido con alteraciones, por lo que concurrió a la consulta
del médico el 10 del mismo mes y año, quién le informó que el examen había arrogado la
presencia de células cancerígenas, pero que le iba a practicar dos exámenes para saber el
grado del cáncer que padecía. Acota, que se efectuó la colposcopia en la Clínica Sanatorio
Alemán Concepción, que arrojó como resultado Cervicitis crónica difusa moderada
inespecífica, y el informe de biopsia indica examen microscópico, histológicamente se
examinan secciones de mucosa superficial, con moderado infiltrado inflamatorio crónico
inespecífico difuso, no se identifican signos de neoplasia ni daño viral. La muestra no
incluye componente de glándulas endocervicales.

Con ese examen su representada concurrió donde el médico ginecólogo Nelson


Valencia Toro, quien no la pudo atender, por lo que decidió ir a otro médico ginecólogo, en
esas circunstancias llegó hasta donde don Rodrigo Iragüen Fuenzalida, quien la atendió el 7
de enero de 2015, a quien le relató su historia y el motivo de la consulta, esto es, que
deseaba quedar embarazada y fue al médico, había suspendido su tratamiento
anticonceptivo, se le realizó el Papanicolaou y para embarazarse siguió el tratamiento de
temperatura basal, expuso que recibió un llamado telefónico de la consulta de su
ginecólogo que le informaba que el examen de Papanicolaou mostraba presencia de células
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cancerosas, por lo que debió realizarse una colposcopia, al obtener sus resultado y no poder
ser atendida por el médico Valencia Toro, pidió una hora con él, a quién además, le refirió
que no estaba menstruando, entregándole los resultados del Papanicolaou y colposcopia.
Detalla, que el médico le hizo tacto vaginal y señaló que tenía el útero inflamado, igual que
una embarazada, y que la solución era sacarse todo el útero, pues, no servía para nada, por
la cantidad de quistes que tenía, por ello, debía ser sometida a una histerectomía, lo que se
efectuaría en la Clínica Lircay. Ingresó a la Clínica el 29 de enero de 2015 para ser
sometida a un procedimiento de histerectomía abdominal por miomatosis uterina, según
diagnóstico de ingreso a la Clínica según epicrisis médica N° 012314, para lo cual se
celebró el programa de salud N° 28285727, que es un contrato de prestación de servicios
que garantiza un servicio médico integral, comprendiendo hospitalización, asistencia
sanitaria y procedimientos anexos. Explica, que ingresó a pabellón a las 15:00 horas,
mientras se realizaba la operación, estando con anestesia local, el doctor Iragüen le
preguntó por la ecografía, a lo que su representada respondió que no le habían hecho
ninguna, por lo que el médico envió a una enfermera a consultarle a los familiares,
respondiendo su madre que no le habían hecho ninguna ecografía previa a la intervención.

Mientras se efectuaba la operación, al extraerle el útero el médico Iragüen se percata


que su representada estaba embarazada, pero no le informa, solo le dice que había una
masita blanda, ignora lo que es y que había sido enviada a biopsia. Añade, que el informe
anátomo-patológico del útero extraído señala sección expone a nivel de cavidad uterina
presencia de saco gestacional con feto en su interior. Feto sin malformaciones aparentes,
con signos de maceración, pesa 85 gramos, mide 15 centímetros de longitud y concluye
útero con embarazo de aproximadamente 14 a 15 semanas de feto único, con signos
sugerentes de maceración de aproximadamente 48 a 72 horas; útero con desarrollo de
quistes de naboth cervicales y leiomiomas corporales.

Expone, que estos quistes son formaciones benignas que no revisten mayor
gravedad y los leiomiomas también son benignos, con intervención no invasiva, por ende,
indican que no tenía cáncer y que no era necesario extirparle el útero. Sostiene, que es
grave, atendido que su representada quería quedar embarazada, que no se haya detectado a
tiempo y no se le haya informado antes de la operación, que cursaba un embarazo de 14 a
15 semanas.

Explica que su defendida celebró un contrato de prestación de servicios médicos


con el doctor Iragüen y con la Clínica Lircay SPA, que se obligó a entregar los servicios de
hospitalización, equipos y personal para la atención, intervención, cuidado y seguridad del
paciente, agrega que hay responsabilidad de quien ejercía sobre el médico Iragüen una
autoridad o cuidado, y es por esa falta de autoridad y cuidado sobre el autor del daño, que
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se genera la responsabilidad de la Clínica, cita al efecto jurisprudencia. Sostiene, que de la


demandada existió absoluto descuido e inobservancia de los protocolos al momento de
realizar la evaluación preoperatoria de su defendida, pues, no hubo solicitud de exámenes
previos a la intervención, solo los exámenes rutinarios de sangre y orina y un
electrocardiograma, pero debió habérsele practicado exámenes paraclínicos, como una
ecografía pélvica y citología cervical recientes, que hubiesen evitado la extirpación del
útero, que pudo haberse tratado con otras técnicas, considerando la edad de la paciente y
sus patologías base. Expresa, que la legislación garantiza el resarcimiento por el empresario
de la medicina, quien debe estar dispuesto a aceptar la responsabilidad por los riesgos que
ella produzca, complementa, que promociona la seguridad de sus prestaciones, la que ha
sido vulnerada por el médico tratante y la demandada, incurriendo en responsabilidad civil,
pues, una de las expresiones de la obligación de cuidado es la obligación de seguridad de
quien se hospitaliza en un establecimiento de salud, cita doctrina sobre este punto, ya que la
culpa contractual es la que recae en el cumplimiento de las obligaciones que provienen de
un vínculo establecido con anterioridad, consiste en la falta de cuidado o diligencia que
debió emplearse en el cumplimiento de la prestación debida.

Expone, que al realizarse la intervención el médico Iragüen incurrió en falta u


omisión de los protocolos médicos terapéuticos, en una mala praxis, pues, no realizó una
evaluación médica adecuada a la paciente, no la sometió a los más simples exámenes que
los protocolos médicos y de prudencia sugerían, situación que la demandada no supervigiló
ni controló, por ello, incumplió sus obligaciones de orden convencional, emanadas del
contrato de prestación de servicios médicos, infringiendo la obligación de conducirse con
prudencia, empleando medios materiales y humanos más adecuados para obtener la mejoría
de la salud de la paciente, evitando un procedimiento inadecuado o pernicioso que provocó
un resultado dañoso, agrega, que le resulta imputable el desconocimiento de exámenes cuya
realización y análisis habrían permitido evitar el fatal desenlace del embarazo que cursaba y
privarla el resto de la vida de un órgano imprescindible para anidar la vida humana, que le
fue injustificadamente extirpado, además de la responsabilidad médica del doctor.

Señala, que el resultado de la colposcopia indicaba que la cérvix tenía cervicitis


crónica difusa moderada inespecífica, en su oportunidad se le recetó un antibiótico, para
diagnosticar de miomas al encontrar un aumento del tamaño uterino debió descartar una
gestación, debió realizar una ecografía, que determinaría el tamaño, ubicación y número de
miomas. Refiere, que su parte presentó una querella por cuasidelito de lesiones graves en
contra del médico don Rodrigo Iragüen Fuenzalida, no se le pudo formalizar, pues, falleció
el 30 de marzo de 2018. Indica, que entre su representada y la demandada existió un
contrato y concurren los requisitos para que proceda la responsabilidad contractual, alude a
1) La existencia de un contrato de prestaciones médicas y a la Ley N° 18.469 que
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contempla un mecanismo de atención a los afiliados denominado de libre elección, donde


estos eligen libremente al profesional o establecimiento que otorga la prestación requerida,
siendo esta la modalidad del contrato de prestación de servicios celebrado entre su
representado y la Clínica demandada, según da cuenta el contrato de prestaciones médicas
“Programa de atención de salud” N°28285727, donde se individualiza al prestador Clínica
Lircay, como profesional tratante a don Rodrigo Iragüen Fuenzalida y como paciente a
doña Claudia Garrido Heyer. 2) Incumplimiento del contrato, refiere que la obligación de la
demandada y el médico tratante era obtener un diagnóstico certero, agrega, que por parte de
la demandada debió efectuarse un control de la actividad que desarrollaba el médico
tratante y velar porque se observaran los protocolos médicos, además, se debe intervenir o
tratar diligentemente al paciente, expone que se incumple la obligación cuando interviene la
culpa o el dolo en la actividad terapéutica, afirma que se observa negligencia en los deberes
de cuidado y seguridad de la demandada para con el paciente hospitalizado e intervenido a
su alero, pues, existía una obligación de cuidado, una obligación de seguridad en el médico
y el establecimiento asistencias que se hace responsable de la integridad física y psíquica
del paciente durante el tratamiento, por lo que responde de los daños que puedan irrogarse
durante la prestación. Además, existió incumplimiento de contrato culpable, en el caso del
médico por la falta de diligencia o cuidado que debió emplear en sus obligaciones, lo que es
evidente, según lo viene exponiendo, mismo incumplimiento en que incurrió la demandada.
Luego, en cuanto a que el incumplimiento genere perjuicios, sostiene que conforme al
artículo 1556, no queda excluido el daño moral, citando jurisprudencia al efecto. En cuanto
a la relación de causalidad, señala que el médico Iragüen y la demandada incumplieron las
obligaciones y protocolos que habrían permitido alcanzar un diagnóstico más certero del
mal que la aquejaba, pues, no se dispuso la práctica de exámenes y análisis sencillos que
debió haber realizado o revisado antes de programar y autorizar la operación de su
representada, además, no se cuidó que dichos exámenes y análisis se desarrollaran de
conformidad a los protocolos, los cuales, habrían sido suficientes para descartar la
necesidad de extirparle el útero a su defendida, además, de aconsejar la práctica de un
tratamiento distinto y menos invasivo, faltando la simple realización de un test de embarazo
o una ecografía, que habría bastado para darse cuenta que estaba embarazada. Afirma que
la demandada incurrió en una deficiente evaluación preoperatoria, la que es de importancia,
pues, su objetivo es estudiar al paciente, para reducir los riesgos inherentes al
procedimiento, obligación que pesaba en el médico tratante y la demandada. Arguye, que el
médico tratante no se atuvo a la lex artis, interviniendo de manera descuidada y negligente,
extrayéndole el útero a su representada sin que existiera justificación ni necesidad para ello,
además, de poner término al embarazo que cursaba, actividad que no vigiló ni revisó la
demandada, aludiendo a lo dispuesto en los artículos 1568 y 1556 del Código Civil.
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En cuanto al derecho, se refiere a lo estatuido en el artículo 1545 del Código Civil,
indica que la demandada incumplió su obligación de seguridad y su deber de atención
eficaz, ambos por no ajustarse a los protocolos clínicos, infringiendo los artículos 19 N° 1,
9 y 24 de la Constitución Política de la República, pues, vulneró el derecho a la integridad
física y psíquica de su defendida, por la deficiente aplicación de los protocolos médicos,
que no contaron con los procedimientos ni la experiencia apropiada y de calidad que
ofrecían y se esperaba, agrega, que de haberse cumplido con aquello, su representada no se
habría practicado la histerectomía y no habría puesto término al embarazo que cursaba, por
la extirpación del útero. Reitera, que en la evaluación preoperatoria debió realizarse un test
de embarazo u otro examen para descartar el embarazo, diagnóstico que pudo haber
cambiado la conducta quirúrgica, estima que la demandada tenía la obligación de realizar a
la demandante junto con los exámenes de rutina un test de embarazo, ya que habían omitido
una ecografía, para conocer el estado del órgano que iban a extirpar, más aún cuando el
médico sabía que la demandante quería embarazarse. Con esta inobservancia se violaron
los derechos sexuales y reproductivos de su representada, quien tenía derecho a ser
informada sobre su salud y así tomar sus propias decisiones, por lo que la demandada debe
responder por los daños físicos y psíquicos causados, pues, debió velar por la seguridad de
ella y su atención de la salud.

Puntualiza, que al conocer el resultado de la biopsia y saber que estaba embarazada


al operarse, su representada se derrumbó, experimentó un dolor fuerte que cambió su vida,
viviendo actualmente un duelo en silencio, que permanece como trauma escondido y
menoscaba su salud, y este daño se generó por el cúmulo de obligaciones incumplidas por
la demandada, lo cual debe ser indemnizado, conforme a lo señalado en los artículos 1556 y
1558 del Código Civil, ya que se realizó la histerectomía ignorando que estaba embarazada,
convencida que tenía cáncer cervical, por inobservancia de los protocolos clínicos al
momento de la hospitalización, ignorando culpablemente que estaba embarazada, lo que ha
ocasionado un dolor fuerte y que cambio la vida de la actora, ello, desencadenado por el
término de su embarazo de 15 semanas por la extirpación del útero. Refiere, que el daño
moral reclamado, es por una intervención quirúrgica completamente dañosa o perjudicial de
su representada que ve mutilado un órgano y además, debe soportar la muerte de la criatura
que tenía entre 14 y 15 semanas de gestación, al momento de la interrupción del embarazo,
por lo que solicita la suma de $150.000.000, reajustada en la misma variación que
experimente el I.P.C, a partir de la fecha en que se dicte sentencia y hasta su pago efectivo.

Pide, declarar que la demandada no ha cumplido con sus obligaciones contractuales


derivadas del contrato de prestaciones médicas o programa de atención de salud N°
28285727, o lo ha hecho de un modo imperfecto; que la demandada es responsable de los
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perjuicios provocados a doña Claudia Garrido Heyer, consistente en la extirpación


imprudente y descuidada de su útero y la muerte del feto que se gestaba en su interior; que
se condene a la demandada al pago de una indemnización por daños y perjuicios de carácter
moral derivados de su responsabilidad contractual, ascendente a la suma de $150.000.000
(ciento cincuenta millones de pesos) o la suma que U.S tenga a bien determinar, en ambos
casos, más los reajustes e intereses correspondientes, con costas.

En la réplica que se encuentra agregada bajo el Folio N° 15, reitera sus argumentos,
señala que la defensa concluye a partir del informe anatomo-patológico que a la fecha que
ingresa la actora a practicarse la intervención, el feto ya estaba muerto, pero eso es un
suposición, el informe no precisa la fecha en la cual se practica el análisis al feto, además
dice signos sugerentes de maceración de aproximadamente 48 a 72 horas, el análisis debió
hacerse después de dos días de la intervención a su representada, pues, las muestras son
recibidas el 30 de enero de 2015, razón por la cual, considera que es antojadizo sostener
que el feto ingresó sin vida al pabellón. Además, afirma que determinar si el feto estaba
muerto antes, durante o después de la operación es irrelevante para determinar la
responsabilidad de la demandada, pues, de haber de haber cumplido con su deber de
cuidado y haber efectuado una ecografía a la paciente antes de ingresar a pabellón, la
histerectomía no se habría realizado.

En escrito agregado bajo el Folio N° 9, don Juan Ignacio Zerené Bustamante,


Gerente General de Clínica Regional Lircay SPA, ambos domiciliados en calle 2 Poniente
N° 1372, Talca, contesta la demanda interpuesta en contra de dicho establecimiento de
salud, solicitando su rechazado, con costas. Señala, que niega los hechos en la forma que
han sido descritos en la demanda, existiendo una distorsión del relato fáctico, que denotan
falta de seriedad. Refiere, que la actora, omite señalar que con motivo del resultado de la
colposcopia, la presencia de células cancerígenas quedaba descartada, añade, que pretende
hacer ver la decisión de realizar una histerectomía por el doctor Iragüen Fuenzalida, como
consecuencia de la supuesta existencia de células cancerígenas, sin embargo, luego la
propia demandante admite que el 29 de enero de 2015 ingresó a la Clínica Lircay para ser
sometida a un procedimiento de histerectomía abdominal por miomatosis uterina, sostiene,
que la decisión de realizarse la histerectomía no fue la presencia de células cancerígenas,
que ya a esa fecha se habían descartado, sino un mioma, leiomiomas o fibromas uterinos,
esto es, una masa anormal de tejido muscular liso que se localizan en y alrededor del útero.

Afirma, que en el 95% de los casos, se efectúa una histerectomía. Agrega, que uno
de los argumentos de la actora para solventar el daño es el truncamiento de la posibilidad de
ser madre. Reseña, que la eventual presencia de células cancerígenas no afectaba la
fertilidad, cuestiona que no haya seguido consultando otros especialistas ante el diagnóstico
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de mioma uterino, pues, no era algo de urgencia, pero además, firmó una autorización
expresa, consintiendo en la intervención, con conocimiento de sus consecuencias. Indica
que la demandante imputa la muerte del hijo que se desarrollaba en su interior, sin
embargo, de los propios antecedentes que aporta, es posible concluir que ese feto había
muerto, con anterioridad a la operación, añade, que el informe anátomo patológico señala
signos de maceración de aproximadamente 48 a 72 horas, es decir, a la fecha que la
demandante ingresó a la Clínica, esto es, el 29 de enero de 2015, mismo día que se le
practicó la intervención, el feto ya se encontraba sin vida. Sostiene que la actora altera y
distorsiona los acontecimientos, con la finalidad de construir una situación que justifique su
reclamo indemnizatorio, ya que asevera que el feto habría muerto como causa del
procedimiento quirúrgico realizado.

Indica, que no hay incumplimientos contractuales imputables a su representada, en


cuanto al supuesto incumplimiento del deber de autoridad y cuidado, señala que el médico
tratante no se encontraba relacionado o vinculado con la Clínica ni por medio de contrato
de trabajo ni a través de uno de prestación de servicios, además, el ingreso de la actora fue
con motivo de un pago asociado a diagnóstico, además, se trataba de un procedimiento que
estaba acorde con el diagnóstico entregado, más aún, no era una operación de urgencia y
existía el consentimiento expreso de la paciente a su ejecución.

Respecto de la supuesta inobservancia de los protocolos perioperatorios, refiere que


no hay incumplimiento de su parte, reitera que la demandante ingresó a solicitud de P.A.D
y consintió expresamente en la operación, además, se le solicitaron todos los exámenes
necesarios para descartar cualquier riesgo perioperatorio, los que dieron como resultado que
no existía riesgo, de hecho la operación se realizó sin inconvenientes. En cuanto a que no se
exigió ecografía, es una discusión inerte, desde el momento en que la operación reprochada
nunca tuvo injerencia en la viabilidad del feto, que había dejado de existir con antelación a
su ingreso a la Clínica.

Posteriormente, alude a la obligación de medio y la lex artis ad hoc, citando doctrina


y jurisprudencia, sostiene que el relato de la demandante pretende desconocer el carácter de
obligación de medios que asumen los profesionales de la salud, añade, que la decisión de
operar, no implicaba una conducta anormal o excepcional, considerando la existencia de un
mioma uterino. Afirma, que la contraria distorsiona el informe anátomo patólogo, pues,
señala que no era necesario extirparle el útero, pero dicha conclusión no se consigna en el
informe, solo detalla la existencia de leiomiomas corporales, puntualiza, que quizás ese tipo
de aseveraciones responde a la declaración errada de sostener que la intervención habría
sido con motivo de la presencia de células cancerígenas, lo que no es efectivo.

Asimismo, solicita el rechazo del daño moral impetrado, como de su quantum.


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Denuncia una infracción a la teoría de los actos propios respecto de la histerectomía, pues,
aun cuando dicho procedimiento no pueda estimarse vulneratorio de la lex artis, según lo ha
argumentado anteriormente, no debe olvidarse que previo a la realización de este, la actora
consistió en ella, unido a que no se trataba de un procedimiento que requería celeridad para
un resultado exitoso, es decir, no era algo de urgencia.

Respecto del nexo causal, alude a su concepto tradicional y respecto del daño
recalca que lo esencial es que el dolo o culpa haya sido causa directa y necesaria, que de no
mediar, el daño no se habría producido, en el caso de autos hay una imputación hecha
respecto de la histerectomía de que fue objeto la demandante, ella habría provocado
también “la muerte del hijo”, circunstancia que utiliza para sustentar el daño moral que
reclama. Sin embargo, el aludido fallecimiento se habría verificado con anterioridad a la
fecha que la demandante ingresa al recinto de salud y fuera intervenida quirúrgicamente,
por ende, no existe nexo causal entre la conducta imputada y el resultado (muerte del feto),
ya que al momento de la intervención ya había dejado de existir. En cuanto al daño, se
refiere a la mercantilización del mismo, cita doctrina y sostiene que el demandante deberá
acreditarlo. Pide, rechazar la demanda con costas.

En la dúplica agregada bajo el Folio N° 17, da por reproducidos los argumentos


expuestos en la demanda, además, reitera que el contenido del daño lo sitúa en la
extirpación del útero y en la muerte del feto. Pero, la histerectomía fue una intervención
consensuada entre médico tratante y paciente. Respecto del informe anato-patológico,
explica que una vez obtenida la muestra esta se fija inmediatamente, por ello pierde
relevancia la fecha en que se efectúe el examen, ya que la muestra ya está fijada al
momento de la intervención quirúrgica.

En diligencia agregada bajo el Folio N° 23, se llevó a efecto el comparendo de


conciliación, con asistencia de la demandante y en rebeldía de la demandada, conciliación
que no se produjo, atendida la rebeldía de la demandada.
En folio 26, se recibió la causa a prueba y se fijaron los hechos substanciales,
pertinentes y controvertidos sobre los cuales deberá recaer: 1º) Estipulaciones, modalidades
y circunstancias que rodearon la celebración por las partes de este juicio del contrato de
salud invocado en la demanda. Hechos que lo constituyen. 2°) Si, en su caso, las partes
dieron cumplimiento diligente a sus obligaciones emanadas de dicho contrato. Hechos que
lo constituyen. 3°) Si, la demandada Clínica Lircay procedió negligentemente en la
supervisión de la conducta del profesional médico don Rodrigo Alfonso Iragüen Fuenzalida
en la atención brindada a la actora o, en su caso, en los protocolos para dicho efecto.
Hechos que lo constituyen. 4°) Si, en su caso, el pretendido incumplimiento contractual
culpable de la demandada Clínica Lircay causó perjuicios a la demandante. Naturaleza y
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monto de dichos perjuicios.


En folio 67, se citó a las partes a oír sentencia.

C O N S I D E R A N D O:
EN CUANTO A LA TACHA:
PRIMERO: Que en audiencia de prueba testimonial presentada por la demandada y
que se encuentra agregada bajo el Folio N° 43, la parte demandada tachó al testigo don
Marco Antonio Rivera Aguilera, en virtud del artículo 358 N° 6 del Código de
Procedimiento Civil, fundado en que el testigo tiene un interés directo en el resultado del
presente juicio, al ser accionista, es decir, propietario en una parte alícuota proporcional a
su acción de la Clínica demandada, razón por la cual, considera se infiere que carece de la
imparcialidad necesaria para deponer en este pleito, ya que, al tener la calidad de socio de
la Clínica demandada, persona jurídica que persigue fines de lucro, el resultado del este
juicio le afecta, tanto en su activo o como en su pasivo, razón por la cual, solicita se acoja la
tacha incoada en su contra.
SEGUNDO: Que, evacuando el traslado el apoderado de la demandada pide el
rechazo de la inhabilidad impetrada, sostiene que la demandante no ha expresado cual es la
razón por la cual el testigo pueda carecer de imparcialidad para declarar en este juicio,
añade, que la falta de imparcialidad que el legislador ha considerado, es respecto del juicio
en el que el deponente declara, adiciona, que si no se ha expresado cual es la razón de la
falta de imparcialidad, ni se ha agregado antecedente alguno que la justifique, debe
rechazarse la tacha deducida.
Adiciona, que la circunstancia de ser titular de una acción, que es inferior incluso al
uno por ciento del capital social, no significa por ese solo hecho, que el testigo tenga interés
en el resultado del juicio, ya que, cualquiera sea el resultado de este proceso, claramente no
produce efectos en el testigo,
Además, hace presente que en reiteradas ocasiones la jurisprudencia de los
Tribunales Superiores de justicia ha emitido pronunciamiento, respecto de la participación
o inversión accionarias en empresa de capital, declarándose en forma unánime que no le
resta imparcialidad a un testigo que detenta inversiones de capital que no son significativas,
en la propiedad de las empresas.
Razones por la cuales, solicita el rechazo de la tacha incoada, con costas.

TERCERO: Que, para la correcta resolución de la inhabilidad deducida, es


necesario tener en consideración que el interés, directo o indirecto que inhabilita al testigo,
conforme lo ha señalado reiteradamente la jurisprudencia y la doctrina nacional, ha de ser
pecuniario, estimable en dinero, cierto y material, vale decir, las exigencias de esta tacha
son dos: 1) Que el interés sea patrimonial, sin que baste el meramente moral, y 2) Que
dicho interés esté vinculado al resultado actual del pleito y no a otra.
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Por ende, para configurar la causal en estudio, es necesario que de la declaración del
testigo se deduzca en forma clara que de las resultas del juicio se desprenda un interés
directo o indirecto, estimable en dinero, cierto y determinado en su favor.
Que, en el caso del testigo Marco Rivera Aguilera, este admitió trabajar y ser socio
de la Clínica demandada, en consecuencia, fluye con claridad que se configuran los
elementos de la tacha interpuesta, pues, tiene un interés económico en el pleito, al formar
parte o ser dueño de la sociedad demandada, lo que naturalmente le hace perder la
imparcialidad requerida por la legislación procesal civil, para deponer en esta causa, razón
suficiente para acoger la inhabilidad señalada.
EN CUANTO AL FONDO:
CUARTO: Que, en síntesis, el demandante funda su acción indemnizatoria bajo el
estatuto de la responsabilidad contractual, señalando que su representada tenía intenciones
de quedar embarazada y consultó al médico don Nelson Valencia Toro, quién, le ordenó
realizar un examen de papanicolaou, el cual salió alterado, sostiene que desde la consulta
del citado médico le informaron que ese examen arrogaba la presencia de células
cancerígenas, por lo que era necesario hacer otro examen para determinar el tratamiento a
seguir y ver el estado en que se encontraba el cáncer que la afectaba, por ello se practicó
una colposcopía, que concluyó que tenía una cervicitis crónica difusa moderada
inespecífica. Expone, que al no ser posible que fuese atendida por su médico don Nelson
Valencia Toro, consultó el 7 de enero de 2015 al médico don Rodrigo Iragüen Fuenzalida,
quien vio los exámenes y le realizó un tacto vaginal, señalando que tenía el útero
inflamado, y la solución era sacarlo, pues, no servía para nada, debía ser sometida a una
histerectomía, acordando con este facultativo que se llevaría a cabo en la Clínica Lircay,
cuestión que aconteció el 29 de enero de 2015, celebrando con dicho establecimiento de
salud el programa de atención N°28285727. Puntualiza, que entró a pabellón, y estando con
anestesia local el médico Iragüen Fuenzalida le preguntó por la ecografía, examen que
nunca le había solicitado, agrega, que la misma consulta se efectuó a su madre que la
acompañaba, dando esta la misma respuesta, esto es, que no se le había solicitado dicho
examen. Indica, que al extraer el útero el médico se da cuenta de que estaba embarazada,
pero nada le dice, solo que en el útero había una masita blanda y debía esperar el resultado
de la biopsia. Detalla, que el informe anátomo-patológico dio cuenta que en el saco
gestacional había un feto de 16 centímetros y 85 gramos, es decir, un embarazo de 14 a 15
semanas, con signos sugerentes de maceración de aproximadamente 48 a 72 horas, además,
que había quistes de navoth cervicales u leiomiomas corporales.
Edifica la responsabilidad de la Clínica demandada en la falta de autoridad y
cuidado sobre el médico Iragüen Fuenzalida, pues, no se hizo una evaluación preoperatoria
ni solicitud de exámenes rutinarios, como una ecografía pélvica reciente y un test de
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embarazo, vulnerando su obligación de seguridad, al no realizar una evaluación médica


adecuada, por lo que estima, le resulta imputable el desconocimiento de exámenes y
análisis que habrían permitido evitar el fatal desenlace del producto del embarazo que
cursaba y privarla de un órgano imprescindible para anidar vida humana, siendo negligente
en sus deberes. Sostiene, que no se dispuso por la demandada de exámenes que habrían
sido necesarios para descartar la necesidad de extirparle el útero, añade, que el galeno no se
“atuvo” a la lex artis, le extrajo el útero sin que fuese necesario y le puso término al
embarazo que cursaba, además, de haber cumplido la demandada con sus obligaciones de
seguridad y deber de atención eficaz, no se habría practicado la histerectomía y no se le
habría provocado el término del embarazo por la extirpación imprudente, descuidada y
negligente del galeno. Indica, que la demandada tenía la obligación de hacer un test de
embarazo, más aún, cuando el médico tratante sabía que su intención era quedar
embarazada.
Por otro lado, el daño solicitado, lo construye sobre la base del duelo por la muerte
de su hijo, como consecuencia de la extirpación de su útero y la mutilación del útero, sobre
este sustento fáctico, pide declarar que la demandada no cumplió con sus obligaciones
contractuales, que es responsable de los perjuicios causados, consistente en la extirpación
imprudente y descuidada de su útero y la muerte del feto que se gestaba, razón por la cual
solicita la suma de $150.000.000 o la suma que el tribunal determine, con costas,
adjuntando el certificado de mediación frustrada, de conformidad con lo dispuesto en la
Ley N° 19.966, a fin de que la presente acción pueda prosperar.
La Clínica demandada se defendió, negando los hechos en la forma en que han sido
descritos por la actora, señala que el examen de colposcopia solicitado por el médico
Valencia Toro arrojó como resultado “cervitis crónica difusa moderada inespecífica”,
estima que la demandante omite señalar que este resultado es indicativo de que la presencia
de cédulas cancerígenas quedaba descartada. Advierte, que no obstante que en la demanda
se indica que el procedimiento quirúrgico es por la existencia de cédulas cancerígenas, sin
embargo, lo cierto es que el procedimiento de histerectomía abdominal fue por miomatosis
uterina, siendo una decisión consensuada entre el médico tratante y la paciente, prueba de
ello es la existencia de que la demandante firmó una autorización expresa, consintiendo en
la operación. Expone, que la actora le imputa la muerte del hijo que esperaba, sin embargo,
este ya estaba muerto al momento de realizarse la intervención quirúrgica, razón por la
cual, considera que el reclamo indemnizatorio no puede prosperar, pues, la causa de su
muerte no es el procedimiento quirúrgico que se indica.
Añade, que de su parte no existen incumplimientos contractuales, ello, pues, el
médico tratante no se encontraba vinculado con el establecimiento de salud ni por un
contrato ni por prestación de servicios, aclara que el ingresó de la demandante fue por
P.A.D. (pago asociado a diagnóstico), no se trataba de una operación de urgencia y existe el
FDMCRSQVCH

consentimiento de la paciente, además, el procedimiento que se llevó a cabo en sus


dependencias es acorde con el diagnóstico presentado. Adiciona, que no hubo
inobservancia de los protocolos perioperatorios, ya se exigieron todos los exámenes para
descartar un riesgo perioperatorio, en efecto, se realizó sin inconvenientes, por lo demás, la
operación que motiva la demanda no tiene incidencia en la viabilidad del feto. En cuanto a
la lex artis, refiere que la decisión de operar, no es una cuestión anormal, además de contar
con el consentimiento de la paciente, ya que se trata de un mioma uterino, agrega, que el
informe del anátomo patólogo no señala que no era necesario extirpar el útero, como lo
sostiene la demandante, además no existe un nexo causal, al no existir un daño que deba ser
indemnizado por su parte, más aún, cuando el daño moral se sustenta en la muerte del feto,
cuestión que no ha acontecido en la forma expuesta por la actora, es más, el fallecimiento
se había verificado con anterioridad a la fecha que la demandante ingresa al establecimiento
de salud y fuera intervenida quirúrgicamente. Razones por las cuales, solicita el rechazo de
la demanda, con costas.
QUINTO: Que, a fin acreditar los fundamentos fácticos y jurídicos de su demanda,
la actora se valió de la siguiente prueba documental, no objetada por la contraria: Informe
Anátomo Patológico Nº PM-15/045 de fecha 3 de marzo de 2015, practicado por el
Patólogo don Erik Morales M; Copia de solicitud de audiencia de formalización de la
investigación en contra de don Rodrigo Iragüen Fuenzalida; Copia de audiencia de
formalización de la investigación de fecha 17 de abril de 2018. Con imputado fallecido;
Certificado de defunción de don Rodrigo Alfonso Iragüen Fuenzalida, acaecido el día 30 de
marzo de 2018; Bonos de atención de salud FONASA Nº 322121524, 322121525,
322121526, 322523481; Programa de atención de salud Nº 28285727; Informe de biopsia
de fecha 19 de diciembre de 2014; Copia de certificado de procedimiento de Biopsia
emitido por Clínica Lircay, extendido a doña Claudia Garrido Heyer; Copia de certificado
de Política de Calidad de Clínica Lircay, obtenida desde su página web.
Asimismo, declararon en estrados las testigos doña Mónica del Carmen Canales Elo
y doña Lorena del Carmen Mena Caamaño. La primera, en cuanto al tercer punto de
prueba, esto es, si la demandada procedió negligentemente en la supervisión de la conducta
del médico Rodrigo Iragüen Fuenzalida en la atención brindada a la demandante, sostuvo
que no le pidieron la eco, la actora tenía cáncer pero nunca supimos que estaba embarazada,
ella comenzó el tratamiento y nunca le detectaron el embarazo. Explica que a la
demandante la operaron en la Clínica demandada el 29 de enero de 2015, ya que le iban a
extirpar el útero por el cáncer que tenía. Expone que se demoraron en avisar del resultado
de la operación, y no sabe si encontraron que había cáncer. Señala, que si la demandante
hubiese sabido que estaba embarazada no se hubiese efectuado el tratamiento para el
cáncer, pues, quería tener más hijos. Al punto de prueba N° 4, esto es, si el pretendido
incumplimiento contractual culpable de la demandada causó perjuicios a la demandante,
FDMCRSQVCH

afirma que sí, ya que Claudia no va a poder tener más hijos, le extirparon el útero, además,
el perjuicio del bebé que tenía en su vientre, y que en cuanto a los montos del perjuicio,
refiere unos trescientos millones de pesos. En cuanto al estado anímico de la demandante,
refiere que estuvo con depresión y con tratamiento, antes era súper alegre y con esto tuvo
un cambio. Por su parte la testigo Carmen Mena Caamaño, consultada sobre el punto N°3,
esto es, si la demandada procedió negligentemente en la supervisión de la conducta del
médico Rodrigo Iragüen Fuenzalida en la atención brindada a la demandante, indica que
Claudia entró por un cáncer y fue un embarazo, nunca se le hizo una ecografía o examen de
sangre, solo la pasaron al pabellón a extirparle el útero, detalla, que estos hechos sucedieron
en enero de 2015 y le cambiaron la vida a la actora, por el daño irreversible que le hicieron,
ella quería ser madre, estaba en edad fértil, pero al sacarle todo hay un daño que no tiene
vuelta atrás. Preguntada, señala que la Clínica debería haberle pedido una ecografía antes
de operarla, o un examen de sangre para saber si estaba embarazada. Expone, que luego de
ser operada, no le encontraron cáncer. Al punto de prueba N° 4, esto es, si el pretendido
incumplimiento contractual culpable de la demandada causó perjuicios a la demandante,
sostiene que sí, ya que le quitaron su útero en una edad fértil, ella quería ser madre y ahora
no puede, una simple ecografía habría cambiado la situación. Indica que la demandante ya
no es la misma, ha pasado por depresión y ese brillo de mujer se quitó, añade, que el monto
de los daños los estima en trescientos millones de pesos. Adiciona, que después de la
biopsia supieron que estaba embarazada de cinco meses, si hubiese sabido que estaba en
ese estado, considera que no se habría operado. Relata, que la perdida de ese hijo le afecto
mucho a la actora en su relación con el progenitor.
SEXTO: Que, la parte demandada, bajo escrito agregado bajo el Folio N° 38
acompañó copia de la ficha clínica de la demandante, consistente en 34 fojas, asimismo,
rindió prueba testimonial, consistente en los asertos de don Marco Antonio Aguilera Rivera
y don Sergio Hernán Latrach Binimelis. El primero, consultado sobre el punto de prueba
N° 1, esto es, estipulaciones, modalidades y circunstancias que rodearon la celebración
entre las partes del contrato de salud invocado en la demanda, admite que hay un contrato
con el médico tratante, quien establece el diagnóstico, tratamiento y medidas necesarias
para dar respuesta a su requerimiento de salud. Y además, un contrato tácito con la clínica,
para proveer de la mejor tecnología, infraestructura y cuidados profesionales para el
procedimiento y acciones concordadas con el médico tratante. Añade, que el paciente no
concuerda con la Clínica los requerimientos para llegar a un diagnóstico ni el tratamiento
pertinente. En el caso de marras, es el médico tratante quien solicita y programa la
intervención, mediante una orden de hospitalización, que se guarda en la ficha clínica de los
pacientes, en la que se establece el diagnóstico, procedimiento y modalidad de pago. Al
testigo se le exhibe la ficha clínica agregada bajo el Folio N° 38, y reconoce la orden de
hospitalizar del médico tratante en la fojas N° 2, donde se identifica al paciente, diagnóstico
FDMCRSQVCH

específico por el cual se requiere atención, procedimiento propuesto, añade que señala que
se encuentra en tratamiento con anticonceptivos orales que impiden embarazos, la
enfermedad de la paciente es miomas uterinos y el procedimiento requerido es
histerectomía total, que consiste en extirpación del útero y sus anexos, refiere que los
exámenes pre operatorios realizados por el médico tratante se encuentran normales y hubo
revisión de los exámenes requeridos para la extirpación del útero. Puntualiza que para
poder hospitalizar un paciente en la Clínica demandada el médico tratante debe estar
acreditado, así puede operar y usar las instalaciones, además, recibida la orden del médico
tratante, la clínica asume que el tratante cumple con los requisitos habituales para haber
propuesto la intervención que propone, pero la Clínica no puede cambiar lo que haya
dispuesto el médico tratante, por lo demás, en el caso de autos existe el consentimiento
informado firmado por la paciente, el que se le exhibe y reconoce dentro de la ficha clínica,
fojas 29 y 30. Señala, que no cabía sospechar un estado de gravidez de la paciente, pues,
era usuaria de anovulatorios, según lo declara su médico tratante al hospitalizarla, además,
en la ficha clínica no existe una ecotomografía abdominal ni examen de sangre de la
paciente, que acredite o descarte un posible estado de embarazo. Además, dentro de la
política de la Clínica, en esa época no se requería una ecografía transvaginal a toda mujer
fértil antes de ingresar a pabellón, cuestión que se empezó a solicitar a partir del segundo
semestre de 2015. Al punto de prueba N° 2, esto es, si las partes dieron cumplimiento
diligente a sus obligaciones, emanadas del contrato de salud, sostiene que el procedimiento
quirúrgico terminó sin inconvenientes, la obligación de la Clínica era proveer los medios
para que el tratamiento propuesto se llevará a cabo en condiciones de seguridad y confort,
admitiendo que en dicho procedimiento participó personal de enfermería de la Clínica
Lircay. Al punto N° 3, esto es, si la Clínica procedió negligentemente en la supervisión de
la conducta profesional del médico Rodrigo Iragüen Fuenzalida, en la atención brindada a
la actora, señala que la actuación no fue negligente, pues, al no ser dependiente de la
Clínica no le correspondía a la demandada efectuar esta supervisión, además, el feto
encontrado estaba en estado de maceración, indicativo que tenía al menos 48 horas de data
de muerte, antes de la realización de la operación, reconoce que la ficha Clínica no señala el
hallazgo de un feto intrauterino, precisa, que se extrae el útero cerrado, por ello, es
entendible que aparezca en un estudio posterior.
El segundo, consultado sobre el punto de prueba N° 1, esto es, estipulaciones,
modalidades y circunstancias que rodearon la celebración entre las partes del contrato de
salud invocado en la demanda, señala que la paciente concurre a la Clínica derivada por su
médico tratante para realizarse una histerectomía bajo modalidad de pago asociado a
diagnóstico suministrado por Fonasa, agrega, que el médico anestesiólogo lo llamó para
contarle que había habido una histerectomía y que en la cirugía, una vez histerectomisada
se habían dado cuenta de que había un embarazo en la pieza histerectomisada. En cuanto al
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contrato de salud entre paciente y Clínica, indica que la demandada se compromete a


prestar sus instalaciones para realizar la cirugía indicada por el médico tratante, además, la
paciente al ingresar firma un consentimiento informado, cuya responsabilidad es del
médico tratante, esto es, explicarle todos y cada uno de los alcances del procedimiento a
realizar. Al testigo se le exhibe la ficha clínica de la demandante y reconoce en las páginas
29 y 30 la existencia del consentimiento informado, donde se indica el diagnóstico y el
procedimiento a realizar, detalla, que la Clínica solo entrega el formato, siendo el médico
tratante quien le explica al paciente y este debe preguntar ante dudas, pero si no está el
consentimiento informado, no puede entrar a pabellón. Refiere, que la paciente llega a la
Clínica Lircay derivada por su médico tratante don Rodrigo Iragüen Fuenzalida, asimismo,
reconoce que en la ficha, específicamente a fojas dos se encuentra la orden de hospitalizar
firmada por dicho médico, el diagnóstico es miomatosis uterina, apareciendo como
indicación quirúrgica histerectomía total, además, aparece que la paciente es usuaria de
anovulatorios, fármaco que persigue la anticoncepción. Precisa, que la Clínica no puede
cambiar lo que haya dispuesto el médico tratante, la Clínica debe velar porque los
tratamientos otorgados sean concordantes con los diagnósticos, adiciona, que el médico
tratante informó que los exámenes pre operatorios eran normales y que no es potestad de la
Clínica como institución solicitar exámenes médicos, eso corresponde al médico tratante,
pues, la Clínica solo debe verificar que los diagnósticos sean realizados por un médico
acreditado y que los procedimientos a realizar sean de competencia del profesional, ya que,
la obligación de la Clínica es la prestación de servicios de camas de hospitalización,
pabellones quirúrgicos, personal de enfermería y equipamientos que permitan realizar el
procedimiento con seguridad, lo cual estima se ha cumplido por parte de la Clínica
demandada. Indica, que lo expuesto en las fojas 6 y 7 de la ficha clínica que se le exhibe,
son el ingreso realizado por el médico tratante, el diagnóstico de embarazo descartado lo
realiza dicho profesional, cuya especialidad es ginecología y obstetricia, la Clínica no
puede contradecir lo que dice el médico tratante, quien sostiene que no está embarazada. En
cuanto a la foja 16 de la ficha clínica, señala que es una evaluación de riesgo de trombosis,
rellenada por la enfermera o matrona de sala, para señalar quien no tiene embarazo se
apoya en la historia clínica de la paciente y el ingresó realizado por el especialista, por
ende, la Clínica demandada cumplió con sus obligaciones, según el contrató tácito
celebrado con la demandante. Sostiene que el médico tratante señaló que los exámenes eran
normales, así se consigna en la foja 2 de la ficha clínica, sin embargo, no se detallan cuales
son. Consultado, da cuenta que el médico tratante explicó a posteriori de lo sucedido que
contaba con una ecografía que demostraba miomatosis uterina, pero no es obligación o
requisito que ese examen esté en la ficha clínica, admite que se lo dijo verbalmente el
médico Iragüen Fuenzalida, reitera que la Clínica no cuestiona el diagnóstico que efectúa el
médico tratante, solo dicho médico debe estar acreditado.
FDMCRSQVCH
Al punto de prueba N° 2, esto es, si las partes dieron cumplimiento diligente a sus
obligaciones, emanadas del contrato de salud, sostiene que la Clínica tiene como obligación
la de entregar todos los medios técnicos y de equipamiento para realizar la hospitalización,
cirugía y post operatorio del caso, lo que fue entregado a la paciente. Detalla, que la causa
por la cual se indicó la histerectomía es miomatosis uterina, diagnóstico que está certificado
por su médico tratante, quien tiene la especialidad para eso, la Clínica no tiene la obligación
de cuestionar los diagnósticos médicos certificados.
Al punto N° 3, esto es, si la Clínica procedió negligentemente en la supervisión de
la conducta profesional del médico Rodrigo Iragüen Fuenzalida, en la atención brindada a
la actora, señala que la Clínica no procedió negligentemente, no es su misión la supervisión
de la actividad privada de cada médico tratante que labora allí, solo debe velar que los
médicos tengan la acreditación adecuada para realizar las labores, insiste, que no tiene
potestad para supervisar la conducta de los médicos que no son dependientes de la Clínica,
Expone, que en conversación con el anátomo-patólogo el feto encontrado al interior del
útero estaba con rastros de maceración, lo que indica que estaba muerto con al menos tres o
cuatro días de antelación a la práctica de la cirugía, la cual se realizó el 29 de enero de
2015. Reitera, que la Clínica actúa diligentemente en la atención de la demandante y
explica que la acreditación de un profesional por la Clínica incluye contar con título de
médico cirujano y certificados de especialidad, la veracidad de los certificados se
comprueba en la Superintendencia de Salud y el médico tratante de la demandante contaba
con ello. Refiere que no se solicita una ecografía transvaginal a toda mujer fértil que
ingresa a pabellón a realizarse una histerectomía, pues, el diagnóstico de miomatosis
uterina es exclusiva responsabilidad de los médicos tratantes, agrega que ese diagnóstico no
es incompatible con estar embarazada, adiciona que la Clínica no supervigila el estado de
gravidez de la paciente, ya que, no es su obligación, sino que es responsabilidad del médico
tratante.
También se citó a la demandante a absolver posiciones, diligencia que se encuentra
agregada bajo el Folio N° 52, en síntesis la actora doña Claudia Alejandra Garrido Heyer
declara que el fundamento de la demanda es que se le provocó perjuicios porque se le
produjo un aborto, ya que quería tener más hijos, niega haber consumido anovulatorios,
pues, quería tener hijos, admite que contrató los servicios del médico don Rodrigo Iragüen
Fuenzalida, el pap que le hizo el primer médico arrojó que tenía cáncer, como luego no la
atendió lo contrató y este le dijo que tenía cáncer y tenía que extirparle todo para evitar que
muriera, para que no se ramificara, pero no le hizo una ecografía, solo con los exámenes
que llevaba. Relata que el médico le dijo que tenía que operarse de urgencia y escogió la
Clínica Lircay porque le daba más confianza, admite que firmó el consentimiento
informado, además, estuvo de acuerdo en hacerse la histerectomía, pues, el médico le dijo
FDMCRSQVCH

que si no se la hacía se iba a morir, que el cáncer se iba a ramificar, que ni tenía otra opción
, agrega, que si hubiera sabido que estaba embarazada no se hace la operación, pues, su
intención era tener hijos. Señala que tuvo problemas con la atención que le otorgó la
Clínica, pues fue mala y hubo desinformación de su salud, la operación en la Clínica fue
programada por el médico Iragüen, quien hasta el último día le dijo que tenía cáncer y
tumores del porte de una guagua de 4 meses, ignora si al entrar a la Clínica el feto que
portaba estaba sin vida, más aún, no sabía que estaba embarazada. Indica, que su
diagnóstico fue cáncer con ovario poliquístico, a raíz de eso la operaron y por eso la
internaron, y que en la clínica le hicieron un examen de sangre, pensó que era para verificar
si estaba embarazada antes de la operación, ya que tenía 36 años.
SÉPTIMO: Que, conforme a las acciones y defensas señaladas por las partes en los
escritos de la etapa de discusión, no es un hecho debatido por estas, que se encontraban
vinculadas por una relación de naturaleza contractual, a raíz del procedimiento quirúrgico
al cual se sometió doña Claudia Alejandra Garrido Heyer, para la extracción total del
útero, efectuado el 29 de enero de 2015 en la Clínica Regional Lircay SPA, razón por la
cual, al no existir controversia sobre dicho punto, además, de encontrarse acompañada a la
causa el programa de atención de salud N° 28285727, por ende, resulta innecesario analizar
los elementos constitutivos y las características de dicha relación jurídica, siendo aplicable,
en consecuencia, el estatuto de la responsabilidad contractual a los hechos expuestos en la
fase de discusión.
Por otro lado, de la lectura de la demanda, es posible concluir que la petición
indemnizatoria formulada por doña Claudia Garrido Heyer, se edifica sobre dos argumentos
fácticos que le ocasionan el daño moral contractual impetrado: a) La muerte del feto que
tenía la demandante Garrido Heyer, como consecuencia de la operación quirúrgica a la cual
fue sometida el 29 de enero de 2015 en la Clínica Regional Lircay SPA demandada; y b) La
extracción del útero de la actora, pues, no padecía de cáncer, por lo que era un
procedimiento innecesario, al hacerlo injustificadamente se le privó por el resto de la vida
de un órgano imprescindible para anidar la vida humana.
OCTAVO: Que, respecto del primer supuesto que sirve de fundamento al libelo
que se estudia, esto es, la muerte del feto como consecuencia de la intervención quirúrgica
a la cual fue sometida la actora en la Clínica Lircay el 29 de enero de 2015, es necesario
puntualizar, que el informe anátomo patológico acompañado por la actora bajo el Folio N°
41, efectuado por el médico don Erik Morales, da cuenta que se recibió en formalina, para
estudio histopatológico útero y trompas pertenecientes a la demandante, allí se da cuenta de
un saco gestacional con un feto único en su interior, sin malformaciones aparentes y con
signos sugerentes de maceración (piel aparentemente desprendida), luego, cuando precisa el
diagnóstico anatomopatológico, refiere que el útero analizado presenta un embarazo de
aproximadamente 14 a 15 semanas de feto único, con signos sugerentes de maceración, de
FDMCRSQVCH
aproximadamente 48 a 72 horas, además, detalla útero con desarrollo de quistes de naboth
cervicales y leimiomas corporales (intramurales y subserosos).
Pues bien, del documento acompañado por la propia demandante, es posible
concluir, desde el punto de vista científico, que el feto que estudia y analiza, se encontraba
muerto al momento en que se realiza el procedimiento quirúrgico de marras, lo anterior, ya
que, el citado informe puntualiza que el feto presenta signos sugerentes de maceración de
aproximadamente 48 a 72 horas.
Sobre este punto, y para la adecuada decisión de la cuestión debatida, es útil dejar
establecido que según el informe que se pormenoriza, el útero y trompas que se debían
analizar, venían en formalina y habían sido extraídos en la operación a la cual fue sometida
la demandante en la Clínica Lircay el 29 de enero de 2015, hecho que por lo demás, no ha
sido controvertido en la causa, pues, ambas partes lo han reconocido en la fase de
discusión, según se desprende del contenido de sus presentaciones.
Por ende, resulta lógico concluir, que cuando dicho informe consigna “signos
sugerentes de maceración de aproximadamente 48 a 72 horas”, ello se computa desde el
momento en que se hizo la extracción del útero, esto es, desde el 29 de enero de 2015 y no,
como lo pretende el demandante, desde la fecha de emisión del informe o desde la época en
la cual habrían llegado a su poder las muestras a examinar, lo anterior, pues, es sabido
según los dispuesto por la literatura médica, que cuando se van a analizar tejidos o muestras
de un órgano, estos se colocan en formalina, químico ampliamente utilizado que permite
conservarlos, es decir, al ser introducidos en dicha solución, ese material queda fijado,
posibilitando que se mantenga de manera inalterada, en las mismas condiciones y
circunstancias que existían al momento de la intervención que concluyó con la extracción
del útero de la actora, precisamente, para los efectos de realizar el examen histopatológico
solicitado.
Sin perjuicio de lo que señala la literatura médica que se viene exponiendo, es
necesario dejar establecido que en el proceso no se cuenta con ningún otro antecedente
probatorio que permita concluir, que dicho feto estaba con vida el 29 de enero de 2015,
específicamente, antes de la intervención quirúrgica a la cual fue sometida la actora doña
Claudia Garrido Heyer, y consecuencialmente, haya muerto como consecuencia de la
extracción del útero, por el contrario, el único elemento probatorio incorporado al proceso,
es el informe Anatomo-Patológico acompañado por la demandante, no objetado por la
contraria, este instrumento permite concluir a este sentenciador, que el primer supuesto
sobre el cual se construye la indemnización sub judice, no es efectivo, pues, la mencionada
intervención quirúrgica no provocó la muerte del feto ni el término del embarazo, en la
forma como lo platea el demandante en su libelo.
A lo anterior, se debe adicionar lo expuesto por el testigo de la demandada el
FDMCRSQVCH

médico anestesista don Sergio Hernán Latrach Binimelis, quien refiere que conversó con el
anátomo-patólogo, y este le manifestó que el feto encontrado en el útero estaba con signos
de maceración, lo que indicaba que estaba muerto con al menos tres o cuatro días de
antelación a la cirugía que se realizó el 29 de enero de 2015.
Es decir, se cuenta con un cúmulo de antecedentes probatorios, coincidentes entre
sí, que este sentenciador estima bastantes para desestimar el primer supuesto sobre el cual
se erige la responsabilidad civil contractual incoada.
NOVENO: Que, en cuanto al segundo argumento que sirve de fundamento al
reclamo indemnizatorio formulado por la actora doña Claudia Alejandra Garrido Heyer,
esto es, que la extracción de su útero no era necesario, ya que, no tenía cáncer, lo que
significó privarle para el resto de la vida de un órgano imprescindible para anidar la vida
humana.
Por cierto, que para clarificar este punto sería de gran utilidad contar con la versión
de los hechos por parte del médico tratante don Rodrigo Iragüen Fuenzalida, quien tuvo
participación directa y relevante en estos sucesos, sin embargo, ello no es posible, pues,
falleció el 30 de marzo de 2018, es decir, antes del inicio de este proceso civil, según ha
indicado la demandante en la etapa de discusión, acreditado con el certificado de defunción
agregado bajo el Folio N° 41.
Así las cosas, para aclarar el tema en análisis, se cuenta con los asertos de la actora,
quién en su escrito de demanda, en síntesis señala que al intentar tener otro hijo y no quedar
embarazada concurrió donde su médico don Nelson Valencia Toro, quien le ordenó
efectuar un Papanicolaou, luego, le señaló que su resultado había arrojado la presencia de
células cancerígenas, por lo que le ordenó efectuar una colposcopía, cuyo resultado fue
cervicitis crónica difusa moderada inespecífica, además, la biopsia señaló histológicamente
se examinan secciones de mucosa superficial, con moderado infiltrado inflamatorio crónico
inespecífico, difuso, no se identifican signos de neoplasia no evidencias de daño viral y que
la muestra no incluye componente de glándulas endocervicales. Explica, que como su
ginecólogo Valencia Toro no la pudo atender, concurrió a la consulta del médico don
Rodrigo Iragüen Fuenzalida, a quien le relató su situación y le mostró los resultados del
papanicolaou y la colposcopia, además, dicho profesional le hizo tacto vaginal, luego de lo
cual le manifestó que tenía el útero inflamado igual que una embarazada, y que la solución
era sacarse todo el útero, porque no servía para nada, por los quistes que presentaba, había
que hacer pronto una histerectomía.
Posteriormente, la demandante en la diligencia de absolución de posiciones que se
encuentra agregada bajo el Folio N° 52, no utiliza la expresión quistes, sino que refiere que
dicho galeno le indicó que tenía cáncer y debía extirparle todo para evitar que muriera, para
que no se ramificara.
DÉCIMO: Que, de conformidad con lo que se viene analizando, útil resulta para
FDMCRSQVCH

desenmarañar el asunto sometido a la resolución de este juzgador, tener presente lo que


contiene la ficha clínica de doña Claudia Garrido Heyer, teniendo presente que desde el
punto de vista doctrinario y jurisprudencial, la ficha clínica ha sido definida como un
documento reservado, confidencial, sujeto al secreto profesional en el cual el equipo
médico registra la historia de salud del paciente y su proceso de atención médica, por ende,
en ella está la información realizada por escrito de todo el proceso médico de la
demandante, incluyendo su diagnóstico y la indicación quirúrgica prescrita, además de
contener un registro cronológico de las condiciones de salud de la paciente, los actos
médicos y los demás procedimientos ejecutados por el equipo de salud que interviene en su
atención.

En consecuencia, constituye testimonio documental de ratificación/veracidad de


declaraciones sobre actos clínicos y conducta profesional, pues, se trata de un registro
formal y único de la atención brindada por los médicos, es inmodificable, y es una prueba
veraz, imparcial y válida para la justicia, constituyendo un documento oficial, su valor
probatorio deriva del hecho de presumirse su autenticidad, la que debe destruirse por quien
la ataque.

En el caso de marras, las partes no objetaron el contenido de la ficha clínica en


análisis, agregada bajo el Folio N° 38, en ella, a fojas 2 se encuentra la orden de
hospitalización efectuada por el médico tratante don Rodrigo Iragüen Fuenzalida, de fecha
21 de enero de 2015, documento en el cual se puede leer “paciente multípara; Antec, de 2
op. cesárea; Observación de anovulatorios; Miomatosis uterina; Ind. histerectomía total;
Examen pre operatorios normales”.
Además, el testigo de la demandada médico anestesista don Sergio Latrach
Binimelis, explica que en dicho documento se deja constancia del diagnóstico de la actora
que es miomatosis uterina y la indicación quirúrgica es histerectomía total.
A lo anterior, es necesario añadir, el documento acompañado por la demandada, no
objetado por la contraria, denominado consentimiento informado para cirugía y otros actos
médicos diagnósticos y terapéuticos, agregado en la foja 29 de la ficha clínica antes
señalada, el cual aparece firmado por la actora, ello posibilito llevar a cabo el
procedimiento quirúrgico de marras, pues bien, allí se deja consignado que doña Claudia
Garrido Heyer fue informada por el médico Iragüen sobre la intervención quirúrgica y/o
procedimiento denominado histerectomía abdominal por miomatosis uterina. Además, se
cuenta con el informe de biopsia acompañado por el demandado bajo el Folio N° 41, que
concluye “Cérvix: cervicitis crónica difusa moderada inespecífica y el bono de atención de
salud N° 322523481.
Conforme se viene exponiendo, es posible dilucidar esta supuesta contradicción en
cuanto al diagnóstico que fue señalado por el médico Rodrigo Iragüen Fuenzalida,
FDMCRSQVCH

mediante el análisis pormenorizado de los elementos probatorios que se vienen analizando,


los cuales permiten concluir que el diagnóstico fue miomatosis uterina, ello fue lo que
motivó el procedimiento de histerectomía total, esto es, la extracción del útero de la
demandante, no existiendo en la causa, ninguna prueba que permita concluir que no era
necesario extirparlo, solo se cuenta con las afirmaciones de su abogado, las que no tienen el
respaldo procesal necesario que permitan darle sustento fáctico y jurídico, a la tesis por el
sustentada.
Por lo demás, el mencionado diagnóstico es concordante con el informe Anatomo-
Patológico acompañado por la actora bajo el Folio N°41, que señala útero con desarrollo de
quistes de naboth cervicales y leiomiomas corporales.
En consecuencia, se cuenta con un cúmulo de elementos probatorios, que son
suficientes para desestimar el segundo supuesto sobre el cual se edifica la responsabilidad
civil contractual deducida.
En consecuencia, habiéndose desestimado los dos presupuestos sobre los cuales se
funda la demanda de indemnización de perjuicios incoada por doña Claudia Alejandra
Garrido Heyer, en contra de la Clínica Regional Lircay SPA, no es posible acceder a la
misma, siendo innecesario analizar el resto de los elementos de la responsabilidad
contractual señalados en la etapa de discusión, al no haberse acreditado los supuestos
fácticos sobre el cual se fundamenta el daño moral pedido.

UNDÉCIMO: Que, a mayor abundamiento y sin perjuicio de lo antes razonado, a


la luz de la prueba rendida en la causa y los hechos que se han dado como procesalmente
establecidos, a juicio de este juzgador, no se configura por parte de la demandada Clínica
Lircay SPA el incumplimiento de alguna de sus obligaciones contractuales, que permita dar
cabida a la indemnización solicitada, teniendo únicamente presente la construcción fáctica
sobre los cuales la demandante erigió la mencionada responsabilidad, no habiendo aportado
probanzas suficientes para sostener su tesis del caso, que permitiese desvirtuar las
probanzas analizadas en las motivaciones anteriores.

En efecto, el reproche que se formula en el libelo, consistente en no haberse


realizado por parte de la demandada de un test de embarazo o ecografía, para descartar la
posibilidad de un embarazo de la demandante y evitar la muerte del feto, es ineficaz para el
fin pretendido por el demandante, habida consideración, que conforme se ha dejado
establecido en esta causa, el feto había muerto con anterioridad al ingreso de la actora al
establecimiento de salud demandado, y por ende, no es consecuencia de la intervención
quirúrgica que se recrimina, no habiéndose aportado prueba alguna para desvirtuar lo
expuesto, en consideración a las pruebas analizadas en las motivaciones precedentes.

Asimismo, no existen antecedentes probatorios que sustenten la tesis planteada por


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el demandante, esto es, que no era necesario extirpar el útero, como consecuencia de los
miomas uterinos que presentaba, existiendo por lo demás coincidencia entre el diagnóstico
efectuado por el médico tratante don Rodrigo Iragüen Fuenzalida, consignado en la orden
de hospitalización agregada a fojas 2 de la ficha clínica de la demandante, y el informe
Anatomo-Patológico acompañado por la actora, bajo el Folio N° 41, no existiendo
elementos de prueba suficientes que permitan presumir un curso causal distinto de los
hechos, según se ha venido explicando y razonando en los considerandos precedentes.

DUODÉCIMO: Que, en nada altera lo que se viene resolviendo, lo expuesto por


las testigos presentadas por la demandante, cuyas declaraciones constan bajo el Folio N°
39, brevemente consignadas en el considerando QUINTO de este fallo, sus dichos difieren
de lo expuesto en la ficha clínica de la demandante, incluso de lo aseverado por la actora en
su demanda, pues, según el relato de los hechos que hace en el libelo doña Claudia Garrido
Heyer, el médico Rodrigo Iragüen Fuenzalida le dijo que el útero no servía para nada por la
gran cantidad de quistes que presentaba.

Frente a esta contradicción, entre lo que señalan los testigos de la demandada y lo


que consigna la ficha clínica de la actora, agregada bajo el Folio N° 38, conforme a lo
dispuesto en el artículo 428 del Código de Procedimiento Civil, se privilegiara lo
consignado en este último elemento probatorio, por guardar relación y simetría con el resto
de las probanzas analizadas en los motivos anteriores, conforme a las argumentaciones
señaladas en el considerando DÉCIMO, desestimándose, en consecuencia, la declaración
de las testigos doña Mónica del Carmen Canales Elo y doña Lorena del Carmen Mena
Camaño.

En nada altera lo que se viene resolviendo, los documentos acompañados por la


demandante, agregados bajo el Folio N° 41, consistentes en copia de solicitud de audiencia
de formalización de la investigación en contra de don Rodrigo Iragüen Fuenzalida; copia de
la audiencia de formalización de la investigación de 17 de abril de 2018; bonos de atención
de salud Fonasa N° 322121524, 322121525 y 322121526; copia de certificado de política
de calidad de Clínica Lircay; y copia de certificado de biopsia, pues, no aportan elementos
procesales a la tesis sustentada por la demandante, siendo insuficientes para desvirtuar las
argumentaciones que se viene exponiendo y desarrollando en los considerandos
precedentes.

Asimismo, se desestima la información contenida del Cd guardado en custodia bajo


el N° 2739-2019, ya que, da cuenta de antecedentes relativos a una causa penal que no
guardan relación con los hechos materia de este juicio.

Por estas consideraciones y de conformidad a lo estatuido en los artículos 144, 160,


170, 342 y siguientes, 428 del Código de Procedimiento Civil; artículos 1545, 1546, 1547,
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1553, 1556, 1679, 1698 y demás pertinentes del Código Civil, se declara:
I.- Que SE ACOGE la tacha opuesta por la parte demandada en la audiencia de
fecha 8 de octubre de dos mil diecinueve, agregada bajo el Folio N° 43, en contra del
testigo don Marco Antonio Rivera Aguilera, en virtud de lo razonado en el motivo
TERCERO de esta sentencia.
II.- Que, SE RECHAZA, la demanda de indemnización de perjuicios en sede
contractual, interpuesta en lo principal del escrito agregado bajo el Folio N° 1, por el
abogado don Pablo Andrés Catalán Ramírez, en representación judicial de doña Claudia
Alejandra Garrido Heyer, en contra de la Clínica Regional Lircay SPA, representada por su
Gerente General don Juan Ignacio Escandar Zerené Bustamante, todos ya individualizados
en autos, por las argumentaciones expuestas en los motivos SÉPTIMO y siguientes de esta
sentencia.
III.- Que, no se condena en costas a la demandante, por estimar que ha tenido
motivos plausibles para litigar.
Regístrese, notifíquese y archívense los autos en su oportunidad.

Rol N° 1861-2018.

Pronunciada por don Gonzalo Enrique Pérez Correa, Juez Titular del Cuarto
Juzgado Civil de Talca.

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Este documento tiene firma electrónica y su original puede ser


validado en http://verificadoc.pjud.cl o en la tramitación de la
causa.
A contar del 06 de septiembre de 2020, la hora visualizada
corresponde al horario de verano establecido en Chile
Gonzalo Enrique Pérez Correa Continental. Para Chile Insular Occidental, Isla de Pascua e
Fecha: 16/10/2020 16:59:01 Isla Salas y Gómez restar 2 horas. Para más información
consulte http://www.horaoficial.cl

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