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Reproductibilidad técnica vs autenticidad

Como estudiante y como profesor he visto que comúnmente la lectura de este libro se detiene al descubrir tal
vez su idea más conocida: que la obra de arte antes del siglo XX era original y única, como un cuadro de Van
Gogh o una escultura de la Grecia clásica, pero al llegar las técnicas y empresas de reproducción masiva,
como la litografía, la fotografía y la publicidad, la obra de arte pierde ese carácter único, porque la imagen se
puede reproducir muchas veces. No existe más, entonces, la obra única y original.

Esta es una interesante idea, pero no es la única. Es necesario añadir detalles. Tal vez debido a la traducción
del alemán al español, algunas ideas tienden a ser mal interpretadas. Por ejemplo, Walter Benjamin se refiere
a la obra de arte, pero también a todo tipo de imagen resultado de una obra. No solo a los cuadros de Van
Gogh o la escultura griega, sino a las imágenes en las revistas de moda, a las litografías y los carteles
publicitarios, a la fotografía, incluso a los juguetes, a la arquitectura y al cine. Benjamin se refiere a la obra de
arte, pero también a los objetos. En aquel entonces hacer un afiche era casi un trabajo artesanal y requería
cierto “arte” o hacer un juguete era casi una pieza escultórica.

Benjamin hace hincapié en las implicaciones que el desarrollo técnico, o tecnológico, de la época estaba
teniendo sobre la sociedad. Así mismo, los límites entre el diseño y el arte no eran tan claros por entonces
como lo son ahora. De hecho, el diseño gráfico estaba apenas naciendo. Por ejemplo, los carteles publicitarios
de Henri Toulouse-Lautrec son de finales del siglo XIX. Estas imágenes hacen parte de la historia del arte y
de la historia de la publicidad y el diseño gráfico.

La reproductibilidad técnica de la obra de arte, y de la imagen en general, la aparta de la autenticidad.


Autenticidad tal y como había sido definida hasta entonces (el concepto de autenticidad y autoría han
cambiado durante el siglo XX). Es decir, una imagen en una revista de los años 20 del siglo XX o una
fotografía de Alfred Steiglitz, no son obras únicas, por su posibilidad de reproducción; por lo tanto, tampoco
pueden tener una versión original. Según Benjamin, la autenticidad de la obra está dada por su unicidad, por
el aquí y el ahora de la obra, por el lugar y el momento en dónde se encuentra.

La clonación de la imagen despoja a la obra de esta unicidad y autenticidad, no está en un aquí y ahora, sino
en muchos lugares debido a la cantidad de copias que pueden hacerse y difundirse. Y si se destruye una copia,
hay otras o se pueden volver a producir, no solo tiene un “ahora”, sino que puede existir indefinidamente, o
según sus posibilidades de reproducción. Sin la técnica o tecnología de reproducción, o producción en masa,
la obra volvería a ser una y única. Igual ocurre con fotografías, con objetos producidos industrialmente como
carteles publicitarios o juguetes. Pero más importante que la unicidad es el valor que históricamente había
estado asociado ella, un valor cultual, un valor de culto.

¿Qué es el aura de la obra de arte?

La obra de arte antes de la época de reproductibilidad técnica tenía un aura, después, la obra tiende a ser
despojada de ese valor de unicidad. El aura de una obra de arte se refiere a su carácter único y original:
cuando se ve, se está viendo una obra que ha llegado al presente y que ha sido realizada una sola vez por un
autor, en un tiempo y lugar anterior. La definición que hace Walter Benjamin de Aura es: “Un entretejido de
espacio y tiempo: aparecimiento único de una lejanía por más cercada que pareciera estar” (Pág. 47)

Teniendo en mente que la reproductibilidad implica que la imagen (sus copias) pueda estar en muchos
lugares al mismo tiempo, Benjamin cita una idea visionaria de Paul Valery en su ensayo de 1928 La
conquete de l’ubiquité: “Así como el agua, el gas y la corriente eléctrica vienen ahora desde lejos a servirnos
en nuestras casas, obedeciendo a un movimiento de nuestra mano, así llegaremos a disponer de imágenes y
sucesiones sonoras que se presentarán respondiendo a un movimiento nuestro, casi a una señal, y que
desaparecerán de la misma manera” (P. 40)

Esta predicción de Paul Valery se cumplió con la radio, la televisión, la televisión por cable y más
recientemente con el Internet y los smartphones. Quién sabe qué otras cosas o servicios estarán al alcance de
una señal del dedo en el futuro.

¿Cuál es la importancia de la reproductibilidad técnica?

Walter Benjamin señala la importancia que tuvo la imprenta para la difusión de la palabra escrita. Sin la
imprenta, no habría sido posible que los textos acompañaran a la población en la vida diaria, no habría sido
posible la alfabetización, el desarrollo de la educación y la difusión y democratización del conocimiento. La
imprenta permitió el desarrollo del protestantismo en Europa al permitir la impresión de la biblia en los
idiomas europeos.

Benjamin comenta que en el caso de la literatura, durante siglos solo unos pocos escribían para muchos, pero
la expansión de la prensa, de los periódicos, permitió que la gente pudiera escribir y publicar también.
Comenzó con el buzón abierto a los lectores en los diarios. En el caso de la reproductibilidad de la imagen,
comenta que “gracias a la litografía, la gráfica fue capaz de acompañar a la vida cotidiana, ofreciéndole
ilustraciones de sí misma. Comenzó a mantener el mismo paso de que la imprenta.” (p.40).

Pero fue la fotografía la que marcaría la diferencia. La fotografía superó a la litografía en términos de
reproducción, además, liberó a la mano, dice Benjamin, de la tarea de reproducir la obra, recayendo en el ojo
la responsabilidad. La reproducción de imágenes se aceleró tanto que fue capaz de ser, casi, tan abundante
como el habla (cosa que ya no sorprende en el siglo XXI).

La reproducción técnica las imágenes ha transformado las relaciones sociales, cosa que es obvia
en el siglo XXI, pero esto es algo que Benjamin indagaba por aquel entonces. La historia del arte, el diseño,
las ciencias de la comunicación, la historia, la antropología y los estudios culturales han puesto su lupa sobre
esta cuestión para entender cómo la reproducción de la imagen ha transformado la sociedad y la cultura
occidental. Así como la imprenta transformó el mundo (por ejemplo, la imprenta permitió la adopción del
protestantismo y la lectura de la biblia en idiomas diferentes al latín), la reproductibilidad técnica de la
imagen desde el siglo XIX ha acompañado el surgimiento de la sociedad moderna global.

Incluso superando a la fotografía, el cine sonoro se instauró como la reproducción máxima de la imagen,
reproducción de la vida cotidiana y también las ficciones literarias. Ya en tiempos de Benjamin, películas
como King Kong (1933), El extraño caso de Dr Jekyll y Mr Hide o Drácula (1922) estaban en la cartelera de
cine.

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