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All the Young Dudes (traducido)

Posted originally on the Archive of Our Own at http://archiveofourown.org/works/27988638.

Rating: Mature
Archive Warning: Graphic Depictions Of Violence, Major Character Death
Category: F/F, F/M, M/M
Fandom: Harry Potter - J. K. Rowling
Stats: Published: 2020-12-10 Completed: 2021-04-26 Chapters: 188/188
Words: 543461

All the Young Dudes (traducido)


by Ohnobubble

Summary

Un fic muy largo que sigue la trayectoria de los Merodeadores por Hogwarts (y más allá)
desde el punto de vista de Remus. Difiere del canon en que el padre de Remus murió y por
lo tanto fue criado en un hogar para niños, con otro par de imperfecciones.

Este fic le pertenece MsKingBean89. Yo lo estoy traduciendo con su permiso.

Lista de reproducción de Spotify:

https://open.spotify.com/user/htl2006/playlist/3z2NbLq2IVGG0NICBqsN2D?
si=Liyl_JKJSx2RUqks3p50kg

(Compilado por un lector increíble, JustAnotherPerson)

Les recomiendo escucharlo, es genial.

Cualquier duda con algún término o demás, déjalo en los comentarios


Verano, 1971: St' Edmund's

Sábado 7 de Agosto, 1971

Despertó en la oscuridad. Hacía mucho calor en la pequeña habitación donde lo habían dejado,
siendo inicios de Agosto. Aunque supuso que podía ser la fiebre. Siempre tenía una temperatura
alta, la mañana siguiente. Solían ponerlo en una habitación con una ventana, pero unos meses atrás
logró romper una de ellas, y si no hubiese tenido barrotes de todos modos entonces habría
escapado. Los había escuchado hablar acerca de inmovilizarlo cuando creciera. Intentaba no pensar
en ello.

Recordaba la sensación de hambre, tan intensa que se transformaba en furia. Recordaba aullar y
gritar por horas, dando vueltas alrededor de la celda una y otra vez. Quizás lo dejarían saltearse las
lecciones hoy, y podría dormir. Eran las vacaciones de verano de todos modos, y no era justo que
tuviera lecciones cuando todos los demás chicos tenían permitido pasar todo el día de ocio,
jugando fútbol o mirando la tele. Sentándose, se estiró cuidadosamente, prestando atención a cada
dolor y sonido en sus articulaciones. Había una marca fresca de garras atrás de su oreja, y una
profunda mordida en su muslo derecho.

Frotó la mano sobre su cuero cabelludo, donde su pelo estaba rapado muy cerca de su cabeza y se
erizaba contra sus dedos. Lo odiaba, pero todos los chicos en el hogar para niños tenía el mismo
corte severo. Significaba que cuando se les permitía salir al pueblo los fines de semana todos
sabían que eran chicos de St. Edmund’s – lo cual era probablemente el punto. Los dueños de las
tiendas sabían de quien tener cuidado. No era que los chicos hicieran algo para subvertir las
expectativas. Les habían dicho tantas veces que eran los residuos de la sociedad; dejados a un lado
e indeseados - ¿así que por qué no causar unos cuantos estragos?

Remus escuchó pasos al final del pasillo. Era la Matrona; podía olerla, escuchar sus latidos. Sus
sentidos siempre se sentían amplificados tras uno de sus episodios. Se levantó, envolviéndose en
una manta a pesar del calor, y caminó silenciosamente hacia la puerta para escuchar mejor. No
estaba sola, había un hombre con ella. Olía a viejo y de algún modo… diferente. Una esencia
densa, férrica, la cual le recordó a Remus vagamente a su padre. Era magia.

—¿Está seguro que vale su tiempo? — Matrona le preguntaba al extraño — En verdad es uno de
nuestros peores casos.

—Oh sí. —El viejo respondió. Su voz era rica y cálida como chocolate — Estamos muy seguros.
¿Aquí es donde lo mantiene durante…?

—Sus episodios. —La matrona finalizó en su corta, nasal voz — Por su propia seguridad.
Comenzó a morder, desde su cumpleaños pasado.

—Ya veo. —Respondió el hombre, sonando pensativo, más que preocupado — Puedo preguntar,
madam, ¿qué es lo que sabe de la condición del joven?

—Todo lo que necesito saber. —Respondió la Matrona, fríamente — Ha estado aquí desde que
tenía cinco años. Y siempre ha sido un problema, no solo porque es uno de los de su tipo.

—¿De los de mi tipo? —El hombre respondió, calmado y sin perturbarse. Matrona bajó la voz,
casi a un susurro. Pero Remus aún podía escuchar.

—Mi hermano era uno. No lo he visto en años, desde luego, pero ocasionalmente me pide favores.
St Edmund’s es una institución muy especial. Estamos equipados para los casos problemáticos. —
Remus escuchó el sonido de llaves — Ahora, debe dejarme verlo antes. A menudo necesita que lo
parchen. No sé porqué lo quería ver después de una luna llena en primer lugar, si ya sabía.

El viejo no respondió, y la Matrona caminó hacia la habitación de Remus, sus reconocidos tacones
de cuero chasqueando con el piso de piedra. Tocó la puerta tres veces.

—¿Lupin? ¿Estás despierto?

—Ajá. —respondió, envolviéndose más en la manta. Le quitaban su ropa para evitar que la
rompiera.

—“Sí, Matrona” —Matrona le corrigió, a través de la puerta.

—Sí, Matrona. —murmuró Remus, mientras la llave giraba y la cerradura se abría. La puerta era
de simple madera, y sabía que podía romperla fácilmente durante un episodio, pero había sido
equipada con revestimiento de plata luego del incidente con la ventana. Tan solo el olor le hacía
sentirse mareado y con dolor de cabeza. La puerta se abrió. La luz se derramó adentro como agua y
parpadeó salvajemente. Mientras la Matrona entró en la habitación, él automáticamente dio un
paso hacia atrás.

Era como un pájaro, una mujer puntiaguda, con una larga nariz delgada y ojos negros y redondos.
Lo contempló cautelosamente.

—¿Necesitas vendas, esta vez?

Le mostró sus heridas. Ya no sangraban, notó que las heridas que se causó a sí mismo, aunque
profundas, se curaban más rápido que otras cortadas y raspones; nunca necesitaba siquiera puntos.
Las cicatrices nunca desaparecían, sin embargo, y dejaban marcas como tajos plateados por todo su
cuerpo. La Matrona se arrodilló frente a él, aplicándole antiséptico y envolviéndolo en una gasa
que picaba. Hecho esto, le dio su ropa y él se vistió rápido frente a ella.

—Tienes un visitante. —le dijo, finalmente, mientras se ponía su camisa sobre su cabeza. Era gris,
como toda su ropa.

—¿Quién? —preguntó, mirándola en los ojos porque sabía que no le gustaba.

—Un profesor. Está aquí para hablarte de la escuela.

—No quiero. —respondió. Odiaba la escuela — Dile que se vaya.

La Matrona lo agarró de la oreja. Él lo esperaba, y no retrocedió.

—No seas bocón. —Refunfuñó —. Harás lo te digo te dejaré aquí por el resto del día. Vamos ya.
—Agarró sus brazos y lo jaló hacia adelante.

Frunció el ceño, pensó en pelearse, pero no había punto. En verdad podía encerrarlo de nuevo, y
ahora tenía curiosidad sobre el extraño. Especialmente porque la esencia de magia se hacía más
fuerte mientras se acercaban por el corredor ensombrecido.

El hombre que los esperaba era bastante alto y se vestía en el traje más raro que Remus había visto
nunca. Era de terciopelo, de un color granate profundo con bordados elaborados oro en los puños y
solapas. Su corbata era azul medianoche. Debía ser viejo en serio – su pelo era blanco como la
nieve, y tenía una barba increíblemente larga que debía llegarle hasta el ombligo. Por más extraño
que se viera, Remus no se sentía intimidado, como lo hacía con la mayoría de los adultos. El
hombre tenía ojos amables, y sonsería a Remus detrás de sus gafas de medialuna mientras se
acercaban. Le extendió una mano.

—Sr. Lupin —dijo el viejo, cálidamente —, un placer conocerlo.

Remus se quedó mirando, en trance. Nunca nadie se había dirigido a él con tanto respeto antes. Se
sintió casi avergonzado. Tomó la mano del hombre, sintiendo una quemadura eléctrica mientras lo
hacía, como ácido de batería.

—Hola. —respondió, mirándolo.

—Soy el Profesor Dumbledore. ¿Me pregunto si te me unirías en un paseo por los terrenos? Hace
un día tan encantador afuera.

Remus miró hacia la Matrona, quien asintió. Esto por sí solo hacia que valiera la pena hablar con
un extraño vestido tan raro sobre la escuela – ella nunca lo dejaba salir durante la luna llena, ni
siquiera con supervisión.

Caminaron por unos cuantos corredores más, solo ellos dos. Remus estaba seguro que nunca había
visto a Dumbledore en St Edmund’s antes, pero él ciertamente sabía por donde andar. Cuando
estuvieron finalmente afuera, Remus respiró profundamente, la cálida luz del verano bañándolo
totalmente. Los “terrenos”, como los había llamado Dumbledore, no eran extensos. Un parche de
césped amarillento que los chicos usaban para el fútbol y una pequeña terraza con malezas
creciendo a través de las grietas en el disparatado pavimento.

—¿Cómo se siente, Sr Lupin? —preguntó el viejo. Remus se encongió de hombros. Se sentía igual
que siempre se sentía después. Dolorido e inquieto. Dumbledore no le gritó por insolente,
simplemente siguió sonriéndole mientras caminaban alrededor de la valla del perímetro.

—¿Qué quieres? —Remus preguntó finalmente, pateando una piedra fuera de su camino.

—Sospecho que ya tienes una idea. —Dumbledore respondió. Alcanzó su bolsillo y sacó una bolsa
de papel marrón. Remus podía oler soberte de limón, y en efecto, Dumbledore le ofreció un
caramelo. Lo tomó y succionó.

—Eres mágico. —Dijo, simplemente — Como mi papá.

—¿Recuerdas a tu padre, Remus?

Se encogió de hombros de nuevo. No lo recordaba muy bien. Todo lo que su memoria le permitía
alcanzar era la forma de un hombre alto, delgado vistiendo una capa larga, pasando por sobre él,
llorando. Asumía que eso había sido la noche que había sido mordido. Eso lo recordaba, lo
suficientemente bien.

—Era mágico. —Dijo Remus — Podía hacer que pasaran cosas. Mamá era normal.

Dumbledore le sonrió, amablemente.

—¿Eso es lo que te dijo tu Matrona?

—Algunas cosas. Otras cosas las sabía. Está muerto, de todos modo, se dio un tiro.

Dumbledore se notó un poco desconcertado por esto, lo cual satisfizo a Remus. Era algo de lo que
enorgullecerse, tener una historia trágica. No pensaba en su padre a menudo, más que para
considerar si no se hubiese matado si Remus no hubiera sido mordido. Siguió.
—Mamá no está muerta igual. Solo no me quería. Así que aquí estoy. —Miró alrededor.
Dumbledore había dejado de caminar. Estaban en el borde más lejano de los terrenos ahora, por la
valla negra alta. Había una tabla floja ahí de la cual nadie sabía. Remus podía escabullirse por ahía
si quería, y llegar la calle principal en el pueblo. Nunca iba a ningún lugar en particular; solo
vagaba por ahí esperando que la policía lo recogiera y lo devolviera. Era mejor que no hacer nada.

—¿Te gusta estar aquí? —Dumbledore preguntaba. Remus resopló.

—Claro que no, joder. —miró de reojo a Dumbledore, pero no se metió en problemas por maldecir.

—No, me imagino que no. —El viejo observó — He escuchado que causas problemas, ¿es cierto
eso?

—No soy peor que los demás —dijo Remus —, somos “chicos problema”.

—Sí, ya veo. —Dumbledore rascó su barba como si Remus hubiera dicho algo de extrema
significación.

—¿Tienes otro caramelo? —Remus extendió la mano de manera expectante. Dumbledore le dio la
bolsa y no pudo creer su suerte. El viejo loco era un total blandito. Masticó la pastilla esta vez,
sintiéndola crujir como vidrio entre sus dientes, el sorbete explotando en su lengua como fuegos
artificiales.

—Dirijo una escuela, sabes. La misma a la que fue tu padre.

Eso sorprendió completamente a Remus. Tragó el dulce y rascó su cabeza. Dumbledore continuó.

—Es una escuela muy especial. Para magos, como yo. Y como tú. ¿Quieres aprender magia,
Remus?

Remus sacudió la cabeza, fervientemente.

—Soy muy torpe. —Dijo, firmemente —. No voy a poder entrar.

—Estoy seguro que eso no es cierto en absoluto.

—Pregúntale a ella. —Remus sacudió la cabeza hacia el edificio alto y gris donde la Matrona
esperaba —. Apenas si puedo leer, incluso. Soy estúpido.

Dumbledore lo miró por mucho tiempo.

—No ha tenido un inicio fácil en la vida, Sr Lupin, y lo siento por ello. Conocí a su padre, solo un
poco, y estoy seguro que él hubiera querido… como sea. Estoy aquí para ofrecerle algo diferente.
Un lugar con los suyos. Quizás incluso un modo de dirigir todo ese enojo que tiene.

Remus lo miró. ¿Qué diferencia hacía, si estaba en un hogar o en el otro? Matrona nunca le daba
dulces, y tampoco olía a magia. Los chicos en la escuela de Dumbledore no podían ser peores que
los de St Edmund’s, y si lo eran al menos podía defenderse en una pelea, ahora. Pero. Siempre
había un “pero”.

—¿Qué hay de mis episodios? —Preguntó, doblando los brazos —. Soy peligroso, ¿sabes?

—Sí, Remus, lo sé. —Dumbledore respondió, tristemente. Colocó una mano sobre el hombro de
Remus, muy gentilmente —. Veremos qué se nos ocurre. Déjamelo a mí.

Remus se lo sacó de encima y masticó otro sorbete de limón. Caminaron de vuelta al edificio en
silencio, ambos satisfechos de que ahora se entendían mutuamente.
Primer Año: El expreso de Hogwarts

Remus se frotó el cuero cabelludo de nuevo, luego la nariz, que seguía escurriendo. Le había
estado molestando desde la cena la noche anterior, cuando otro niño lo había golpeado. Para ser
justos, Remus lo había pateado primero. Pero el niño - Malcolm White - tenía catorce y el doble
del tamaño que Remus de once años. Malcolm se había estado burlando de que Remus iba a ir a
una escuela especial para niños lentos, y tuvo que tomar represalias. Tenía un ojo morado ahora, de
lo cual se arrepentía. Todos en la escuela nueva pensarían que era un matón. Pero suponía que era
un matón, después de todo.

Matrona le quitó la mano de su cabeza con un manotazo y él le frunció el ceño. Se encontraban el


enorme corredor de boletos en King Cross mirando dos números de plataforma. Estaba el número
nueve, luego el número diez. Matrona miró la carta en su mano nuevamente.

-Por el amor de Dios. -murmuró.

-Tenemos que correr hacia las barreras -dijo Remus -, te lo dije.

-No seas ridículo -dijo Matrona - no voy a correr hacia nada.

-Yo voy entonces. Déjame aquí.

Remus solo le había creído a medias a Dumbledore cuando le había explicado cómo acceder a la
plataforma 9 ¾. Pero entonces le habían empezado a llegar paquetes, entregados por búhos y
conteniendo libros extraños y raras selecciones de ropa y todo tipo de rarezas como plumas y
pergamino. Dumbledore había sido indefectiblemente generoso durante el último mes. Se había
presentado a Remus con una lista de cosas que necesitaría para su nueva escuela, y le había
prometido enviarle lo más que pudiera de la reserva de segunda mano de Hogwarts. Ahora Remus
estaba dispuesto a creer casi cualquier cosa que le dijera el viejo.

Nunca había tenido tantas posesiones, y estuvo realmente satisfecho cuando Matrona guardó todo
bajó llave en su oficina para que no fuese robado por los otros niños. Ahora todo había sido
apretado en una maltrecha y vieja maleta de una tienda de caridad que tenía que sostener de un
modo muy particular para que no se desbaratara.

-No te voy a dejar en ningún lado, Lupin. Tan solo espera aquí mientras encuentro un guarda. -
Matrona se apresuró hacia la oficina de boletos, su gran trasero tambaleándose mientras iba. Remus
hecho un vistazo furtivamente, luego lamió sus labios. Podría ser su única oportunidad.

Corrió hacia la barrera a todo pulmón, cerrando los ojos con fuerza mientras se acercaba a los
torniquetes de metal. Pero no se golpeó contra nada. La atmósfera cambió, y abrió los ojos para
encontrarse a sí mismo en una plataforma completamente diferente, rodeado de gente. No gente.
Magos.

El tren por sí solo era enorme, magnífico y anticuado. "El Expreso de Hogwarts". Se aferró a su
maleta con ambas manos, mordiéndose el labio. Había muchos otros niños, de su edad y mayores,
pero se encontraban todos con sus familias, algunos llorando mientras eran abrazados y besados
por sus protectoras madres. Se sintió muy pequeño y muy solo, y pensó que era mejor simplemente
apresurarse y subirse al tren.

Adentro no pudo alcanzar la estantería del equipaje y guardar sus cosas, así que escogió un vagón
vacío y se sentó, con la maleta en el asiento junto a él. Miró a la gente en la plataforma a través de
la ventana, apretando la frente contra el frío vidrio. Se preguntó si todos venían de familias de
magos también. Se preguntó si alguno de ellos tenía episodios como él. No lo creía - ninguno
parecía tener cicatrices. Muchos de ellos vestían ropas normales, como él - quizá con menos
agujeros y parches, pero algunos vestían largas túnicas y altos sombreros puntiagudos. Muchos de
los otros niños tenían búhos, o gatos que cargaban en canastos. Incluso vio una niña con una
iguana posada sobre su hombro.

Remus se comenzaba a sentir incluso más nervioso, su estómago irritándose mientras se daba
cuenta que a pesar de todo lo que Dumbledore le había dicho de estar entre "los suyos", estaría
igual de fuera de lugar en Hogwarts de lo que estaba en cualquier otro lado.

Justo entonces, se dio cuenta que alguien lo miraba de vuelta desde la plataforma. Era otro niño, de
su misma edad. Era alto y delgado, pero no flaco como Remus. Tenía cabello oscuro, mucho más
largo que el de cualquier otro chico que hubiera visto, ondulándose elegantemente sobre sus
hombros. Tenía pómulos finos y elevados, una boca pronunciada e impactantes ojos azules. Viendo
a Remus mirando fijamente, el otro niño arqueó una ceja perfecta en un gesto que claramente
decía: "¿y tú qué estás mirando?"

Remus apretó la lengua bajo su labio inferior para que su barbilla sobresaliera, haciendo una
mueca. El otro niño sonrió burlón, apenas, luego le levantó dos dedos. Remus casi se rió.

-Sirius, ¡¿Qué crees que estás haciendo?! Ven aquí ahora mismo. -Una bruja con pinta bastante
severa y las mimas cejas angulares que el niño se metió en la escena, jalando a su hijo lejos de la
ventana. El chico rodó los ojos pero obedeció, y desaparecieron hacia arriba de la plataforma.

Remus se sentó en el maltratado asiento de cuero y suspiró. Se comenzaba a sentir hambriento,


esperaba que el viaje no fuera demasiado largo. Matrona le había empacado dos sándwiches de
queso seco y pepinillos y una manzana, pero no le apetecían demasiado.

Luego de unos minutos más, la puerta de su vagón se abrió de golpe, y una niña entró corriendo.
Ignoró a Remus, abalanzándose a la ventana, presionando las manos contra el vidrio y
despidiéndose frenéticamente de su familia parada sobre la plataforma. Era pequeña y pálida, con
cabello rojo brillante recogido en una apretada trenza. Su cara estaba enrojecida de llorar.

-Es horrible decir adiós, ¿verdad? -tenía un elevado acento de clase media.

-Uh, sí, supongo. -Remus asintió, cohibido. No le gustaban mucho las chicas. St Eddy's era para un
solo sexo, y el único contacto que tenía con mujeres era la Matrona y la enfermera de la escuela -
ambas eran crueles, perras viejas. La niña lo miraba curiosa.

-¿Eres de familia muggle también? Mi nombre es Lily.

-Remus -respondió, torpemente - mi padre era un mago, pero no lo conocí... bueno, crecí con
muggles.

-No lo podía creer cuando recibí mi carta -ella sonrió, cálida, animándolo - pero no puedo esperar a
ver cómo es, ¿Tú sí?

Remus no podía pensar en cómo responder - pero no tuvo que hacerlo. La puerta se abrió de nuevo
y un niño asomó la cabeza. Tenía cabello negro y largo, como el chico al cual Remus le había
hecho muecas, pero era totalmente recta. Tenía una nariz larga y el ceño profundamente fruncido.

-Ahí estás, Lily, te he estado buscando por una eternidad. -dijo, echándole a Remus una mirada
sucia, el tipo de mirada a la cual estaba bien acostumbrado.
-¡Sev! -Lily saltó de su asiento y lanzó sus brazos alrededor del chico. -¡Estoy tan feliz de verte!

Él le tocó el hombro, tímidamente, las mejillas ligeramente rosadas.

-Ven a sentarte en mi vagón, hay bastante espacio.

-Oh... -Lily miró hacia atrás. -¿Puede venir Remus? Está aquí solo.

-No estoy seguro -el otro niño, Sev, miró a Remus se arriba abajo, considerando cada parte de él.
El corte de pelo rebelde, los jeans desgastados, la camisa deteriorada, la maleta de segunda mano -
quizás no haya tanto espacio.

Remus se encorvó en su asiento, subiendo sus pies en el banquillo opuesto.

-Vete al diablo entonces. No quiero ir a tu estúpido vagón. -miró por la ventana, a propósito.

Lily y el otro chico se fueron. Remus bajó sus pies al piso de nuevo. Suspiró. Estaba ruidoso,
afuera del pequeño vagón. Podía escuchar gritos y risas y búhos ulular y unos cuantos de los
estudiantes menores aún llorando. De nuevo, se encontró a sí mismo encerrado lejos de los demás.
Se comenzaba a preguntar si simplemente era lo que le tocó en la vida. Quizás cuando llegara al
lugar este de Hogwarts lo obligarían a dormir en una celda por sí solo también.

Hubo un repentino golpe en la puerta - una corta, alegre melodía - y se abrió nuevamente. Remus
se encorvó aún más en su asiento, mientras un chico de rostro amigable con un alboroto por cabello
y grandes gafas redondas entró, sonriendo de oreja a oreja.

-Hola -le estiró una mano a Remus -, ¿Primer año? Yo también, soy James -asintió hacia un niño
bajito que lo siguió adentro - este es Peter.

Remus sacudió la mano de James. Se sintió fácil y cómodo. Por primera vez, el apretado nudo en
su estómago se comenzó a desenrollar.

-Remus.

-¿Podemos sentarnos aquí? En todos lados está lleno y Peter se está mareando.

-Que no. -Peter murmuró, tomando el asiento opuesto a Remus, mirándolo de reojo. Sí se veía un
poco verde. Se frotó las manos en el regazo y miró hacia el piso.

-¿Sabes en qué casa vas a estar? -preguntó James, directamente. Remus sacudió la cabeza. No sabía
nada sobre casas. ¿Era ahí donde dormirían? -¿Dónde estuvieron tus padres? -James persistió. -
¿Fueron a Hogwarts?

Remus asintió, lentamente.

-Mi padre fue. No sé a qué casa igual. Mi mamá no. No era - una muggle.

Peter miró hacia arriba, de pronto.

-¿Eres un mestizo?

Remus se encogió de hombros de manera impotente.

-Cállate, Pettigrew - James castigó al chico junto a él - como si eso importara.

Remus estaba a punto de preguntar lo que significaba ser mestizo, cuando la puerta se abrió de
nuevo. Era el niño lindo que le había blasfemado en la estación. Echó un vistazo alrededor,
furtivamente.

-¿Ninguno de ustedes es familiar mío, verdad? -habló. Tenía el mismo elevado acento de clase alta
que Peter y James tenía. A Remus le disgustaron todos enseguida, sabiendo que pensarían que él
era común - y un mestizo, lo que sea que fuese eso.

-No creo -James respondió, sonriendo ampliamente - James Potter. -extendió la mano de nuevo. El
otro chico la sacudió, fácilmente.

-Oh bien, un Potter. Papá me dijo que no te hablara. -se sentó junto a Remus, sonriendo
abiertamente. -Sirius Black.
Primer Año: La selección

Remus estaba bastante seguro que estaba soñando. O que se había ahogado en ese espantoso lago y
esto solo era su cerebro inventando cosas antes de que muriera. Estaba parado en un corredor de
piedra enorme, del tamaño de una catedral. Estaba lleno de estudiantes, todos vestidos en túnicas
negras idénticas - aparte de sus corbatas - e iluminado por velas. No cualquier tipo de velas, estas
velas estaban flotando de verdad. Podría haber aceptado aquello; podía ser un buen truco con las
luces, algo que tuviera que ver con alambres. Pero luego miró hacia arriba y casi grita. No había
techo - tan solo el vasto cielo nocturno tendido sobre ellos, nubes grises colgantes y
resplandecientes estrellas.

Nadie más parecía interesado, salvo la niña pelirroja - Lily - y otros cuantos chicos. Remus asumía
que debían tener padres muggles también. Remus tenía su uniforme ahora, y se sentía mejor de
estar vestido como todos los demás. Todos los estudiantes se sentaban a lo largo de las mesas del
banquete, bajo los estandartes de su casa. James había explicado emocionado las diferencias entre
cada casa, muy para el disgusto de Sirius y Peter, ambos convencidos de que acabarían en el lugar
equivocado. Remus no sabía si estar nervioso o no. No sabía cuánto le iba a importar;
probablemente lo iban a echar después de la primera clase de todos modos. Mientras más tiempo
pasaba entre magos más se convencía de que no podía ser realmente uno.

La Profesora McGonagall, una delgada mujer de rostro severo que había guiado a todos los de
primer año al corredor ahora se encontraba parada frente a un banquillo, sosteniendo un sombrero
viejo y desaliñado. Esta era la prueba de la cual James les había hablado. Se tenían que poner el
sombrero, y entonces de algún modo iban a ser seleccionado en una de las casas. Remus miró a
cada uno de los estandartes. Ya sabía que no iba a terminar en Ravenclaw; no si tenías que ser
listo. No le agradaba mucho el que tenía el tejón - no eran animales precisamente emocionantes,
especialmente comparados con serpientes. Le gustaba el color verde, también, si todo se reducía a
elegir un color. Pero entonces, James y Peter se habían mostrado muy entusiastas por Gryffindor, y
viendo que eran las únicas personas que habían sido amigables con él hasta el momento, no le
molestaría ir con ellos.

Un niño llamado Simon Arnold fue el primero en ser llamado. El sombrero fue colocado sobre su
cabeza, cubriendo la mitad superior de su cara. Remus se preguntó si olía tan mal como se veía.
Matrona siempre había sido una maniaca de las liendres, y esperaba que ninguno de los chicos que
fuera antes tuviera. Simon fue prontamente seleccionado a Hufflepuff, la casa del tejón, ante un
aplauso tumultuoso.

Sirius Black fue uno de los primeros de su grupo en ir, y se veía positivamente nauseabundo
mientras se aproximaba al banquillo. Hubo unos cuantos abucheos de la mesa de Slytherin -
algunos de los estudiantes mayores le estaban gritando. Dos mujeres jóvenes con masas de rizos
oscuros y los mismos pómulos elevados y labios pronunciados que Sirius, que estaba ahora
temblando en el banquillo. El corredor estuvo callado unos momentos mientras el sombrero se
mantuvo en la cabeza de Black. Entonces el sombrero chilló.

—¡Gryffindor!

Unos momentos de aturdido silencio antes del aplauso esta vez. McGonagall gentilmente levantó
el sombrero de la cabeza de Sirius y le dio una pequeña, rara sonrisa. Él se veía completamente
horrorizado, lanzando una mirada desesperada a la mesa de Slytherin, donde las dos chicas
exclamándole siseaban, con los ojos entrecerrados. Se levantó y caminó lentamente hacia los
Gryffindors, donde fue el primer nuevo estudiante en tomar su lugar bajo los estandartes rojo y
dorados.

La selección continuó. Lily también fue colocada en Gryffindor, y se sentó sonriendo de oreja a
oreja junto a un Sirius con pinta muy miserable. Cuando finalmente fue su turno, Remus aún no
podía entender de qué se trataba todo el revuelo. No le gustaba mucho que digamos tener los ojos
de todos encima mientras caminaba hacia adelante, pero hizo su mejor esfuerzo y lo ignoró.
Hubiese metido las manos en sus jeans encorvándose, normalmente, pero en su nuevo y raro
uniforme no hubiera tenido el mismo efecto.

Se sentó en el banquillo, McGonagall mirando hacia abajo directo hacia él. Le recordaba un poco a
Matrona, y un desagrado subió por su garganta. Ella le bajó el sombrero sobre sus ojos. Todo se
puso oscuro. No olía a nada en absoluto, y la paz y silencio resultó de hecho en poco de alivio.

—Hmmm —una voz habló en su oreja. Era el sombrero. Remus intentó no encogerse mientras el
sombrero ronroneó silenciosamente — eres uno peculiar, ¿A que sí? ¿Qué tendremos que hacer
contigo... quizás Ravenclaw? Aquí hay un buen cerebro.

Remus se estremeció, sintiendo que alguien le estaba jugando una broma. No muy probable,
diablos.

—Pero entonces —consideró el sombrero — podrías ir más lejos… mucho más lejos, si te
ponemos en… ¡GRYFFINDOR!

Remus se arrancó el sombrero de la cabeza en cuando lo seleccionó, no esperando a que


McGonagall se lo removiera. Se apresuró hacia la mesa de Gryffindor, apenas registrando las
porras y aplausos mientras pasaba. Se sentó al lado opuesto de Lily y Sirius. Lily le lanzó una
sonrisa satisfecha, pero él solo miró a su plato vacío.

Para cuando fue el turno de las “P”, Remus se había recuperado un tanto y fue capaz de mirar con
cierto interés mientras Peter, un niño pequeño y gordinflón se apresuró hacia el sombrero
seleccionador. Peter era el tipo de niño que no duraría cinco minutos en St Eddy’s. Tenía una
mirada nerviosa y crispada que los demás chicos siempre notaban. Remus estaba sorprendido de
que James –
- que era el opuesto polar de Peter; relajado y seguro de sí mismo, rebosante de confianza - estaba
siendo tan amable con alguien tan obviamente inferior.

El sombrero se tomó un largo tiempo con Peter. Incluso los profesores parecían comenzar a
ponerse nerviosos, mientras los minutos pasaban. Finalmente, fue seleccionado a Gryffindor, y
mucho más rápido lo fue James, quien fue a zancadas hacia la mesa con una enorme sonrisa en su
cara.

—¡Qué bueno que es eso! —se dirigió a los otros tres chicos. —¡Todos lo logramos!

Sirius gimió, su cabeza en sus brazos sobre la mesa.

—Habla por ti mismo —respondió, ligeramente silenciado — mi padre me va a matar.

—No puedo creerlo. —Peter seguía diciendo, los ojos como platos. Aunque claramente había
conseguido lo que quería, no paraba de retorcer las manos y lanzando miradas sobre su hombro
como si alguien fuese a venir en cualquier momento a decirle que intentara de nuevo.

McGonagall efectivamente vino, pero colocó una huesuda mano sobre el hombro de Remus.

—Sr Lupin —dijo, discretamente pero no lo suficiente como para que los otros niños no pudieran
escuchar —, ¿Si pudiera venir a mi oficina luego de la cena? Está junto a la sala común de
Gryffindor, uno de los prefectos se la puede mostrar.

Remus asintió, callado, y ella se fue.

—¿Qué fue eso? —preguntó James —. ¿McGonagall ya te llamó a su oficina?

Incluso Sirius miró hacia arriba, curioso. Remus se encogió de hombros, como si no le importara
de cualquier forma. Sabía lo que estaban pensando - el niño rudo ya estaba en problemas. Sirius
estaba mirando su ojo morado de nuevo. Afortunadamente, la comida había aparecido, distrayendo
a todos. Y realmente había “aparecido” - los platos previamente vacíos de pronto estaban colmados
con un verdadero festín. Dorados pollos rostizados, montones de crujientes papas rostizadas, platos
de zanahorias vaporizadas, guisantes bañados en mantequilla, y una enorme jarra de rica salsa
oscura. Si la comida iba a ser así todo el tiempo, entonces Remus se preguntaba si podría ignorar
sombreros parlantes y pedantes compañeros de casa.

Prestó mucha atención cuando uno de los prefectos de Gryffindor, que se presentó a sí mismo
como Frank Longbottom, dirigió a los de primer año a su sala común en una de las torres. Remus
odiaba perderse, e intentó cimentar el viaje en su mente mientras avanzaban. Hizo una nota mental
del tamaño y forma de cada puerta por la que entraban, cada retrato por el que pasaban, y qué
escaleras se movían. Estaba tan cansado y lleno de buena comida que los retratos y escaleras
movibles ya no le parecían fuera de lugar.

Una vez que llegaron al corredor correcto, Remus vio la oficina de McGonagall, marcada con una
placa de bronce, y decidió terminar con la reunión de una buena vez. Pausó fuera de la puerta y
estaba apunto de tocar cuando James apareció.

—¿Quieres que esperemos por ti, amigo?

—¿Por qué? —preguntó Remus, echándole un ojo al chico de pelo oscuro sospechosamente. James
se encogió de hombros.

—Para que no termines aquí solo.

Remus se quedó mirándolo un momento, antes de sacudir la cabeza lentamente.

—No, estoy bien. —tocó la puerta.

—Entre. —llegó una voz de adentro. Remus empujó la puerta para abrirla. La oficina era chica,
con una pequeña chimenea y filas de libros contra una pared. McGonagall se hallaba sentada detrás
de un escritorio inmaculadamente ordenado. Sonrió apenas y señaló a Remus para que se sentara
en la silla opuesta. Él lo hizo, inhalando y frotándose la nariz.

—Estoy encantada de conocerle, Sr Lupin. —la maestra dijo en un aflautado acento escocés. Su
cabello era gris, peinado hacia atrás en una dona severa, y vestía una túnica de verde oscuro
aseguradas con un cierre dorado en forma de cabeza de león — Estoy aún más encantada de tenerlo
en Gryffindor, de la cual soy la cabeza de casa.

Remus no dijo nada.

—Su padre estuvo en Ravenclaw, sabe.

Remus se encogió de hombros. McGonagall frunció los labios.

—Pensé sería mejor hablar con usted lo antes posible acerca de su… condición. —dijo, en voz baja
— Dumbledore me ha explicado que ha tenido interacción mínima con el mundo mágico hasta
ahora, y siento que es mi obligación hacerle saber que la gente con su problema en particular se
enfrenta con un estigma enorme. ¿Sabe lo que significa “estigma”?

Remus asintió. No podía deletrearla, pero conocía la palabra lo suficientemente bien.

—Quiero que sepa que mientras esté en mi casa, no toleraré que nadie lo trate diferente ni de
manera desagradable. Esto aplica para todos los estudiantes bajo mi cargo. Sin embargo —aclaró
su garganta —, quizá sea prudente que ejerza precaución.

—No le iba a decir a nadie. —respondió Remus — Como si quisiera que alguien supiera.

—Bueno, claro. —McGonagall asintió, mirándolo con curiosidad — Eso me lleva a mi siguiente
punto. Se han hecho arreglos para la luna llena – que ocurre este Domingo, me parece. Si pudiese
reportarse ante mí luego de la cena, le diré a dónde ir. ¿Quizás le pueda decir a sus amigos que está
visitando a alguien en casa?

Remus resopló. Se frotó la nuca.

—¿Puedo irme ahora?

La profesora asintió, frunciendo el ceño ligeramente.

Afuera, Remus se encontró a James, aún parado ahí, solo, esperándolo.

—Te dije que estaría bien. —dijo Remus, molesto. James solo sonrió.

—Seh, pero te perdiste a Longbotton dándonos la contraseña. No quería que te quedaras aquí toda
la noche. Vamos.

James lo guió hacia el final del corredor, donde colgaba una gran pintura de una voluminosa mujer
vestida de rosa.

—Widdershins —dijo James, y el retrato se movió, deslizándose como una puerta. Entraron en la
sala común.

Habían tenido una sala de recreación en el Reformatorio para Niños y Jóvenes de St Edmund’s,
pero no tenía nada que ver con esto. La habitación apenas si había sido decorada, conteniendo una
TV en blanco y negro, muy pequeña, y unos cuantos juegos de mesa. Las barajas de cartas estaban
siempre incompletas, y la mayoría de las sillas estaban rotas o dañadas.

La sala común de Gryffindor era cálida, cómoda y acogedora. Había enormes sofás y sillones con
pinta aplastable, una gruesa alfombra marrón frente al fuego ardiente, e incluso más retratos que
adornaban las paredes.

—Estamos acá arriba —dijo James, guiando a Remus por una escalera de caracol en una esquina.
En la cima, había otra puerta que abría a una habitación. De nuevo, nada que ver con las
instalaciones de St Edmunds. Había cuatro camas, todas enormes, colgando con gruesas cortinas de
terciopelo rojo con borlas de oro. Había otra chimenea, y cada chico tenía un pesado baúl de caoba
y estanterías junto a sus camas. Remus vio su triste y pequeña maleta apoyada junto a uno de los
baúles. Se movió hacia ahí, asumiendo que era su cama.

Peter se encontraba revolviendo entre sus propias cosas, sacando ropa y revistas y libros, haciendo
un desorden terrible.

—No encuentro mi varita —se quejó —, mamá me hizo empacarla para no perderla en el tren,
¡pero no está aquí!

—Pete —James sonrió —, tu mamá me pidió cuidarla, ¿Te acuerdas?

James y Peter, Remus se había enterado en el tren, habían crecido como vecinos y se conocían
bastante bien. Aunque aquellos dos no podían ser más diferente, y Remus aún no entendía porqué
James no quería hacer pedazos a golpes a Peter.

Sirius estaba sentado en su cama, su baúl aún lleno.

—Anímate, amigo —dijo James, yéndose a sentar junto a él — no querías estar en Slytherin de
todos modos, ¿o sí?

—Quinientos años. —respondió Sirius, fríamente — Todos los Blacks en Hogwarts han sido
seleccionados en Slytherin por quinientos años.

—Bueno, ya era hora de que alguien intentara ser diferente, ¿eh? —James le dio una palmada en la
espalda jovialmente.

Remus abrió su baúl. Adentro había un caldero de peltre - otro artículo que Dumbledore le había
conseguido de contenedor de segunda mano, se imaginaba. También había una larga y delgada caja
al fondo, con una nota encima.

Desdobló la nota y se quedó mirando la elaborada letra cursiva por un largo rato, intentando darle
sentido. Solo reconocía la palabra “padre”, y supuso que también era de Dumbledore, pero había
pertenecido a su padre. Abriéndola ansiosamente, encontró un largo y pulido palo. Era una varita.
No había pensado en varitas aún, pero la tomó en su mano y apretó la madera firmemente. Se
sentía cálida al tacto, como su propia piel, y se sentía flexible mientras le daba vuelta en sus manos.
Se sentía bien.

Sirius finalmente había comenzado a desempacar, sacando libro tras libro de su baúl. Aquellos que
no cabían en su estantería los apilaba junto a su cama. James lo miraba, habiendo justo terminado
de fijar un poster junto a su propia cama. Era de un montón de gente en miniatura ampliándose en
escobas, lanzándose pelotas entre sí. Remus pensó que se veía solo un poco más interesante que el
fútbol, el cual odiaba.

—Sabes —le dijo James a Sirius, aún apilando sus libros —, hay una librería aquí.

Sirius sonrió burlonamente.

—Ya sé, pero estos son casi todos libros muggle. Mi tío Alphard me los dejó, y mamá los
prendería fuego todos si los dejo en casa.

Remus aguzó las orejas ante eso. ¿Qué tenían de malo los libros muggle? No era que tuviera
ninguno. Odiaba leer más que nada en el mundo. No pensó en ello por mucho tiempo, sin embargo,
porque ahora Sirius estaba sacando un tocadiscos de verdad de su baúl, seguido de una caja de
records que se veían totalmente nuevos en sus fundas brillantes. Se acercó a mirar de inmediato.

—¡¿Eso es Abbey Road?! —preguntó, mirando adentro de la caja de vinilos.

—Sí —Sirius sonrió ampliamente, ofreciéndoselo. Remus limpió sus manos cuidadosamente en sus
túnicas antes de tomarlo de sus manos, agarrándolo con cuidado —. Debes ser hijo de muggles —
dijo Sirius —. Nunca conocí un mago que conociera a los Beatles – excepto mi prima, Andrómeda.
Ella me los compró.
Remus asintió, por un momento portándose más atrevido.

—Amo a los Beatles, uno de los chicos de mi habitación en el hogar tiene al menos diez sencillos,
pero nunca me deja tocarlos.

—¿Chicos en el hogar? —Sirius arqueó una ceja. Remus pensó que se veía muy mayor —.
¿Quieres decir tu hermano?

—No —Remus sacudió la cabeza, devolviéndole el récord y encogiéndose hacia atrás — vivo en
un hogar para niños.

—¿Cómo un orfanato? —preguntó Peter, con los ojos bien abiertos. Remus sintió su enojo crecer,
sus orejas calentándose.

—No —escupió. Sintió los ojos de los demás arrastrarse hacia su moretón de nuevo y se volteó a
desempacar el resto de sus cosas en silencio.

Eventualmente Potter y Black comenzaron una conversación sobre algo llamado Quidditch, que
pronto se volvió una discusión bastante acalorada. Remus se trepó en su cama y plegó las cortinas,
saboreando la privacidad. Estaba oscuro, pero Remus estaba acostumbrado a la oscuridad.

—Uno pensaría que que se esforzaría más en hacer amigos. —Peter murmuró lo suficientemente
alto a los otros dos —. Especialmente si es hijo de muggles.

—¿Estás seguro que el sombrero no te tenía que poner a ti en Slytherin? —Sirius arrastró sus
palabras. Peter se calló después de eso.
Primer Año: Luna Llena

Domingo, 5 de Septiembre de 1971

Remus terminó el resto de la semana ignorando a los otros chicos tanto como pudo. Esa era una
técnica que había adquirido en St Edmund’s - era mejor no ser notado, y mejor aún si nadie sabía
nada de ti en absoluto. (Aún tenía un brazo entumido o la cabeza metida en el inodoro, pero en
general nadie hacía un esfuerzo para meterse con él.) James, Sirius y Peter no eran para nada como
los chicos de St Eddy’s, desde luego. Era lo que Matrona llamaría “bien educados”.

Sirius y James especialmente parecían venir de familias con dinero, podía darse cuenta por el modo
en que hablaban de sus hogares, así como del modo en que hablaban - cada vocal y consonante
claramente pronunciadas. Remus escuchaba atentamente y se decidió a dejar de soltar sus “H”.

No era solo sus acentos, sino lo que decían. Remus había crecido con adultos diciéndole
constantemente “¡silencio!”, y con chicos que se metían contigo por ser un empollón si decías más
palabras de las necesarias. James y Sirius hablaban como personajes de una novela; su lenguaje
lleno de descriptivas metáforas y sarcasmo mordaz. Su rapidísimo ingenio era más intimidante que
un golpe en la cara, pensó Remus - al menos eso se terminaba rápido.

Hasta ahora había evitado a los otros yendo a pasear alrededor del castillo. En St Edmund’s había
tenido muy poca libertad personal, y se la pasaba mucho de su tiempo encerrado en habitaciones.
En Hogwarts parecía no haber lugar a donde no pudieras ir, y Remus estaba determinado en
investigar cada centímetro del extraño paisaje.

Les habían proporcionado mapas para ayudarles a encontrar sus salones de clase, pero Remus
consideró el suyo carente y demasiado simplificado. No listaba, por ejemplo, un pasaje secretó que
encontró que llevaba de las mazmorras a los baños de chicas del primer piso. No tenía idea de por
qué diablos alguien necesitaría moverse entre ambos, y la primera vez que lo usó fue abordado por
un fantasma particularmente irritante que le echó chorros con un jabón de mano. También hubiese
sido útil, razonó Remus, animar el mapa del mismo modo que lo estaban los retratos - entonces al
menos podrías seguir la pista de las ridículas escaleras movibles. Estaba seguro de que una de las
habitaciones se movía también, nunca parecía estar en el mismo lugar que digamos.

Cuando llegó el Domingo Remus temía el Lunes, que no solo sería el primer día después de la
luna llena, sino también el primer día de clases. Luego de la cena - que Remus la pasó solo, unos
cuantos asientos lejos de Sirius, James y Peter - se dirigió rápidamente camino hacia la oficina de
McGonagall. Ella lo estaba esperando, junto con la enfermera de la escuela, a quien ya había sido
presentado. Era una mujer con pinta agradable y amable; aunque algo quisquillosa.

—Buenas noches, Sr Lupin —McGonagall sonrió — gracias por ser tan puntual. Vamos.

Para sorpresa de Remus, las dos mujeres lo guiaron no a las mazmorras, como pensó que harían,
sino fuera del castillo, hacia un árbol muy torcido. El sauce boxeador era una adición reciente a los
terrenos - Dumbledore había explicado en su discurso al inicio del año que había sido donado por
un ex pupilo. Remus pensó que quien sea que lo donó realmente debió odiar la escuela, porque el
árbol no era solo terrorífico en aspecto, sino irracionalmente violento.

Mientras se acercaron, la Profesora McGonagall hizo algo tan increíble que Remus casi grita del
shock. Pareció que se esfumó - encogiéndose de pronto, hasta que no estaba ahí en absoluto. En su
lugar se hallaba un pulcro gato atigrado de ojos amarillos. Madam Pomfrey no dio señal de estar
sorprendida, mientras el gato corrió hacia el árbol, que estaba agitando sus ramas como un niño
haciendo un berrinche. El gato fue capaz de correr directo al tronco del árbol, escapando de toda
herida, y presionó con una pata sobre uno de los nudos de la corteza. El árbol se quedó quieto
enseguida. Remus y Madam Pomfrey continuaron su camino, caminando hacia un hueco bajo el
árbol el cual Remus nunca había notado antes. Adentro, McGonagall los esperaba, una bruja de
nuevo.

El pasaje estaba débilmente iluminado por antorchas dando un resplandor verdoso, y bien al final
se hallaba una puerta. Ésta abría a una pequeña cabaña, que parecía estar abandonada hace mucho
tiempo. Las ventanas estaban entabladas y las puertas atornilladas.

—Aquí estamos. —McGonagall intentó sonar agradable, aunque parecía un lugar muy lúgubre —
Ahora espero que entiendas que no nos podemos quedar contigo, ¿pero si quisieras que Madam
Pomfrey espere afuera hasta que la… transformación esté completa?

Remus se encogió de hombros.

—Estaré bien. ¿Cómo vuelvo en la mañana?

—Me acercaré en cuanto salga el sol —Madam Pomfrey le aseguró —, te remendaré y te haré irte
a tus clases antes de que nadie se de cuenta de que te fuiste. —sonrió, pero sus ojos se notaban
tristes. Ponía a Remus incómodo. Pero a estas alturas, estaba llegando a un punto de la noche en
que todo lo ponía incómodo, su cabello le daba comezón, su piel se sentía muy tensa, su
temperatura se elevaba.

—Será mejor que se vayan. —dijo, rápidamente, retirándose en la vacía habitación. Había un
pequeño catre contra una pared con sábanas limpias. Parecía que lo habían puesto ahí para él.

Las dos mujeres se fueron, cerrando bajo llave la puerta detrás de él. Escuchó a McGonagall
murmurando de nuevo y se preguntó que clase de hechizos estaría poniendo en la casa. Lo que sea
que fueran, era mejor que ese horrible enchapado de plata.

Se sentó en la cama por un momento, luego se levantó de nuevo, inquieto. Se paseó por la
habitación. A veces se sentía como si el lobo se arrastrara hacia su mente antes de que tomara
posesión de su cuerpo, y mientras la oscuridad caía afuera sus sentidos se volvían más agudos, la
caliente hinchazón del hambre comenzando en su vientre. Remus removió sus ropas rápidamente,
no queriendo romperlas. Un latido sordo comenzó en sus articulaciones y se acostó en la cama.
Esta era la peor parte. Su latido retumbaba en sus oídos, y podía jurar que escuchaba sus tendones
crujir mientras se estiraban, sus huesos y dientes afilándose entre sí mientras se alargaban, su
cráneo partiéndose y reformándose.

Gimió y siseó hasta que el dolor fue demasiado, entonces gritó. Solo podía esperar que estuviera lo
suficientemente lejos de la escuela como para que nadie pudiera escucharlo. En total, demoró
alrededor de veinte minutos - aunque nunca lo cronometró en realidad. Las cosas se volvieron
confusas después de eso, no siempre podía recordar lo que pasaba una vez que se convertía en el
lobo. Esa primer noche en Hogwarts fue una mancha borrosa, y se despertó con menos heridas de
lo usual. Sospechaba que había olfateado el territorio no familiar, poniendo a prueba sus límites.
Debió haber intentado lanzarse a sí mismo hacia las puertas o ventanas en algún momento, porque
tuvo un mosaico de heridas bajando por su costado izquierdo por días luego de ello.

Transformarse de vuelta era igual de desagradable - un sentimiento aplastante, apretado por todos
lados que lo dejaba sin aliento y adolorido. Se limpió lágrimas de los ojos y se arrastró al catre,
agradecido por una tranquila hora de sueño antes de que el sol saliera completamente.

Madam Pomfrey regresó, como lo prometió. Hablando en tonos dulces, colocó sus frías manos
sobre su febril frente.

—No me agrada la pinta que tienes —dijo, mientras él abrió sus soñolientos ojos —, es una locura,
pensar que puedes empezar un día entero de escuela así. ¡Estás exhausto!

Nunca nadie había expresado un nivel así de preocupación por él, y no se lo tomó para bien. La
hizo a un lado, jalando sus ropas.

—Estoy bien. Quiero ir.

Ella le hizo tomar algo antes de dejarlo pararse – tenía sabor frío y metálico, pero sí que lo hizo
sentir mejor después. Se apresuró a la torre de Gryffindor a ponerse su uniforme lo más rápido
posible - no quería perderse el desayuno, se moría de hambre.

—¡¿Dónde estabas?! —James lo abordó en cuanto irrumpió en la habitación. Los otros tres chicos
se encontraban ya levantados y vestidos, viéndose inmaculados – a excepción del cabello de James,
que siempre se levantaba en la parte de atrás.

—En ningún lado. —Remus se abrió paso para tomar sus cosas.

—¿Estás bien? —preguntó Sirius, apartando la mirada del espejo donde estaba alisando su propio
cabello.

—Eso —agregó James, mirando cuidadosamente a Remus — te ves un poco raro.

Remus les frunció el ceño.

—No molesten.

—Solo estamos siendo agradables. —dijo Peter, las manos en sus caderas. Los tres miraron a
Remus, quien estaba a punto de remover su camisa cuando recordó sus heridas.

—¡¿Qué?! —les gruñó —, ¿Me van a ver vestir? Ustedes niños ricos son un montón de maricones.
—se marchó al baño con sus ropas y azotó la puerta. Luego de unos momentos escuchó a Peter
quejarse de que tenía hambre y todos se fueron.
Primer Año: Pociones

Viernes 10 de Septiembre, 1971

Para el final de su primera semana de clases, Remus había perdido diez puntos de casa, aprendido
un hechizo, y ganado otro moretón; esta vez en su barbilla.

Las primeras clases habían estado bien - habían sido introductorias, y mientras Lily Evans se pasó
cada clase borroneando furiosamente hojas y hojas de anotaciones, nadie más parecía molestarse
demasiado. Les habían asignado unos cuantos sencillos deberes, pero Remus planeaba pretender
olvidarse anotarlos en caso de que alguien preguntara.

Encantamientos era la más emocionante - el diminuto profesor encantó un montón de piñas para
revolotear alrededor de la habitación, para el deleite de todos. Después de unos cuantos intentos
del hechizo por sí mismos, Lily había levitado su piña al menos un metro en el aire, y Sirius logró
que la suya girara como un trompo - hasta que perdió el control y rompió una ventana. James, Peter
y Remus tuvieron menos suerte, pero Remus estaba seguro que la suya había saltado al menos una
o dos veces.

Transformaciones era igual de interesante, pero mucho más seria, ya que era dirigida por la
Profesora McGonagall. No iba a haber trabajo práctico en absoluto durante la primera semana,
explicó, pero les iba a asignar muchos deberes para calibrar el nivel de sus habilidades.

Historia de la magia era absolutamente fatal, y lo menos que se hablara de ella mejor. Remus
luchaba por no dormirse mientras el fantasmal Profesor Binns flotaba arriba y abajo por los
pasillos, recitando fechas y nombres de batallas. Él también dejó deberes - dos capítulos para leer
del texto asignado. Sirius rodó los ojos ante esto y murmuró a James:

—¿Seguramente ya todos terminaron “Una Historia de la Magia”? Es cosa de niños. —James


asintió, bostezando. Remus se sintió nauseabundo. No había abierto uno solo de los libros de su
baúl aún, excepto para arrancar la primera página de “Pociones Nivel Uno” para pegar su goma de
mascar.

De hecho estaba animado por Pociones, esperando al menos ver algo explotar, como en química.
Pero resultó involucrar leer mucho también, y peor aún, tenían que compartir clase con los de
primer año de Slytherin. El Profesor que dirigía la clase de Pociones era irritablemente alegre y se
tomó casi media hora solo para leer la lista.

—Black, Sirius... ajá, ¡ahí estás! Bastante sorprendido en la selección hijo mío, ¡bastante
sorprendido! ¡He tenido a todos los Blacks en mi casa desde que empecé a enseñar! No te lo debes
tomar personal, joven Sirius, ¡Pero tendré que esperar grandes cosas!

Sirius se veía como si quisiera que se lo tragara la tierra. Slughorn continuó llamando nombres.

—Un Potter y un Pettigrew, ¿eh? Bueno, bueno, junto con el Sr. Black aquí esta clase tiene
bastante linaje, ¿eh? Déjame ver… ¡Lupin! Conocí a tu padre; no era uno de los míos, pero un
maldito buen duelista. Un asunto desagradable…

Remus parpadeó. Se preguntó si Slughorn sabía que era un hombre lobo. Toda la clase lo estaba
mirando - a estar alturas sabían que había sido criado en un hogar para niños, y que su padre era
mágico (Remus sospechaba que Peter les había contado), pero nadie se había atrevido a
preguntarle mucho más. Parecía haber otro rumor corriendo por ahí de que era violento y
posiblemente parte de una pandilla. Estaba seguro de que James y Sirius lo alentaban, también,
aunque se dio cuenta de que no le importaba mucho.

Afortunadamente, Slughorn quería que empezaran con el trabajo práctico lo antes posible.

—¡Lo mejor es adentrarse en esto! —Sonrió — Ahora, si todos trabajamos de a cuatro por caldero,
pueden tomar turnos para seguir estos pasos…

Todos vociferaron para emparejarse - James, Sirius y Peter inmediatamente reclamaron el caldero
al fondo de la habitación, y se les unió Nathaniel Quince, un Slytherin que conocía a Potter y
Pettigrew de su casa. Remus decidió que simplemente esperaría a que todos se hubiesen agrupado
y luego vería si se podía salir con la suya al simplemente quedarse inmóvil al fondo por el resto de
la clase.

No tuvo tanta suerte.

—¡Remus! ¡Te puedes unir a nosotros! —Lily tomó su muñeca y lo jaló hacia un caldero que
compartía con Severus Snape – su amigo de nariz alargada que Remus había conocido en el tren –
y Garrick Mulciber, un bruto chico de nariz respingona al cual Remus temía un poco.

Lily ya estaba parloteando, depositando todos los ingredientes y calentando en caldero


cuidadosamente. Miraba el libro de Snape, el cual ya tenía notas garabateadas por todos los
márgenes.

—Aquí están los tallos disecados de ojo de babosa. —Lily sacudió un pequeño frasco. —Creo que
necesitamos un cuarto de una onza…

—Puede ser bastante generosa con ellos, Lily, no agregan mucho en general. —Severus arrastró
sus palabras, sonando aburrido.

Lily los pesó igualmente y los vertió en el caldero burbujeante. Mulciber entonces tomó el libro y
revolvió por cinco minutos, tomando instrucciones de Severus sobre qué tan rápido ir y en qué
dirección. Entonces fue el turno de Remus. Lily le dio el libro. Él miró la página. Podía ver que
eran instrucciones, podía distinguir quizás la mitad de las palabras. Pero cada vez que pensaba que
lo había comprendido, las letras parecían moverse en la página y se perdía todo de nuevo. Sus
mejillas se calentaron y se sintió levemente con náuseas. Se encogió de hombros, mirando hacia
otro lado.

—Ah apúrate —Severus dijo con brusquedad —, no es como si fuera difícil.

—Déjalo en paz, Sev. —Reprendió Lily —. El libro está cubierto en tus notas, no me sorprende
que le cueste entenderlo. Toma este, Remus. —abrió el libro de pociones de ella misma,
completamente nuevo. Pero no había caso. Remus se encogió de hombros.

—¿Por qué no lo haces tú, si eres tan listo? —le escupió a Severus.

—Oh Merlín —los labios de Severus se encresparon — puedes leer, ¿o no? Quiero decir, incluso
en las escuelas muggle enseñan eso, ¿Seguramente?

—¡Severus! Lily jadeó, pero el presumido niño de cabello oscuro no tuvo oportunidad de decir
nada más – Remus se lanzó sobre el pupitre y hacia Severus, con los puños al aire. Solo tuvo el
elemento de sorpresa para él – Mulciber lo tomó por el cuello de la camisa y lo jaló para atrás,
dándole un puñetazo de frente en la cara en solo tres segundos.

—¡Deténganse! —resonó Slughorn. Todos se congelaron. El corpulento maestro de pociones se


acercó enfadado —. ¡Levántense, ambos! —gritó a los dos chicos en el piso. Snape y Remus se
levantaron enseguida, sus pechos agitados. Snape se veía peor por lejos, su cabello agitado y sangre
rezumando de su nariz. Remus tenía una un mentón bastante adolorido donde Mulciber lo había
golpeado, pero aparte de un arrugado uniforme se encontraba bien.

—¡Explíquense a sí mismos! —gritó Slughorn. Ambos miraron hacia sus pies. Mulciber sonreía
abiertamente. Lily lloraba —. Muy bien —dijo el profesor, malhumorado —, castigo para ambos,
dos semanas. Diez puntos de Gryffindor y diez de Slytherin.

—¡No es justo! —dijo James de pronto, desde atrás — Debería ser el doble de Slytherin, ¡eran dos
contra uno!

—Desde donde yo estaba parado fue el Sr. Lupin quien empezó —respondió Slughorn, pero
sacudió la cabeza de todos modos —, aún así, tienes mucha razón Mulciber, cinco puntos por
golpear a Remus. Con violencia no se soluciona violencia, como le he dicho a tu hermano mayor
en varias ocasiones. Señorita Evans, por favor lleve al Sr. Snape a la enfermería. Lupin, puede
limpiar el desastre que ha hecho.

Remus no conocía ningún hechizo para limpiar, así que tuvo que fregar a mano. Slughorn incluso
le hizo limpiar la sangre de Snape de las losas. Desafortunadamente, siendo después de la luna
llena, el rico olor a hierro hizo que su estómago gruñera. James, Sirius y Peter estaban esperándolo
cuando terminó la clase.

—Jodidamente brillante, amigo —James golpeó a Remus ligeramente en el brazo —, ¡Cómo


simplemente fuiste por él!

—Mulciber estuvo aquí presumiendo después, les contó a todos lo que Snape dijo. —añadió Sirius
— Estuvo bien que lo hicieras – qué imbécil.

—¿Les dijo a… todos? —gimió Remus.

—No te preocupes, todos están de tu lado —dijo James — bueno, excepto los Slytherins.

—Sí, ¿Y a quién le importa un bledo los Slytherins? —Sirius sonrió ampliamente —. Vamos, la
cena empieza pronto, ¿Hambriento?

— Me muero del hambre. —Remus le devolvió la sonrisa.


Primer Año: Venganza

—Así que —dijo James una noche de Domingo —, ¿cómo se las vamos a devolver?

—¿Devolvérsela a quién? —preguntó Peter, sin voltear a ver, buscando por algo entre sus notas.

Se encontraban en la torre de Gryffindor, tratando de hacer sus deberes para McGonagall. Treinta y
cinco centímetros sobre las leyes básicas de transformaciones. Sirius y James ya habían terminado
los suyos, Peter llevaba al menos 15 centímetros, y Remus ni siquiera había empezado.

—A los Slytherins —siseó James — mantente al corriente, Pete.

—¿No a todos los Slytherins? —preguntó Peter, sonando preocupado — solo a Snape y Mulciber,
¿cierto?

—A todos ellos. —confirmó Sirius. Justo había aparecido debajo del escritorio que compartían, y
le mostró un trozo de pergamino — ¿Es esto lo que buscabas?

—¡Gracias! —Peter lo agarró, aliviado — Ya casi he terminado…

—¿Ya los has hecho, Lupin? —Sirius miró por encima. Remus había abierto su libro, pero ni
siquiera le había echado un vistazo. Había considerado enclaustrarse a sí mismo en la biblioteca
una noche y tratar de leerlo propiamente - podía leer, si se enfocaba muy, muy bien. Pero la
oportunidad no se había presentado, y si era honesto, realmente no quería hacerlo. Desde la clase
de Pociones los cuatro se habían vuelto amigos de verdad, y Remus no quería perderse nada.

—Nah. —Se encogió de hombros en respuesta a Sirius — No se me da la gana.

—Dinos si necesitas ayuda.

—Puedes copiar los míos si necesitas ayuda. —James empujó sus deberes sobre el escritorio.
Remus los empujó de vuelta, rechinando los dientes.

—Estoy bien. No soy estúpido.

—Nadie dijo que lo fueras. —respondió James, de manera casual. Sirius lo miraba, sin embargo.
Remus quería golpearlo, pero estaba intentando no arremeter tanto - James y Sirius a veces jugaban
a pelearse, pero nunca intentaban lastimarse de verdad, como él lo había hecho con Snape.
Forzándose a sí mismo a tragarse su mal genio, Remus optó en vez de ello por cambiar el tema.

—Podría poner polvo picapica en sus camas. —ofreció. Alguien le había hecho eso una vez. Había
tenido sarpullido por una semana entera, y en la noche de la luna llena se había rasgado la piel más
de lo usual — O en su ropa… si podemos averiguar quién la lava, en cualquier caso.

Esto había sido algo de gran preocupación para Remus – su ropa sucia parecía simplemente
desaparecer y luego resurgir, limpia y doblada en sus baúles. Nunca había atrapado a nadie más en
la habitación, y no lo podía comprender en absoluto.

—Me gusta —respondió James, mordiendo su pluma — ¿Aunque alguien tiene polvo picapica?

Los tres chicos sacudieron la cabeza.

—Podría ordenarlo de Zonko. —dijo Sirius — Si me prestas tu búho, James, mamá confiscó el mío
después de la selección.
—Supongo —respondió James —, aunque me gustaría que fuera antes. Ya sabes, tomar
aprovechar la oportunidad.

—No necesitamos comprar polvo picapica —dijo Remus, de pronto, teniendo una idea brillante —
¿Creen que tengan escaramujos en el invernadero?

—Síp —habló Peter, la cabeza aún agachada sobre sus deberes —, para pociones curativas, artritis,
creo.

—Los pelos de adentro te hacen picar, y mucho —Remus explicó, emocionado — Matrona, la
mujer que dirige el hogar para niños, ella los siembra, y si te metes en problemas te hace sacarles
las semillas sin guantes. —sus dedos picaban solo de pensar en ello.

—Qué horrible. —dijo James.

—¡Buena idea, igual! —Sirius sonrió enormemente — El próximo receso, iremos y tomaremos un
montón de ellos. Luego podemos sacarles las semillas, con guantes y ponerlas en las sábanas de los
Slytherins. ¡Excelente!

—¿Cómo vamos a meternos a los dormitorios de los Slytherins? —preguntó Peter, finalmente
terminando su trabajo.

—Déjenmelo a mí. —James sonrió con confianza, mercurialmente.

...

Conseguir los escaramujos fue fácil. Enviaron a Peter, el único de ellos que no había sido castigado
aún, y por lo tanto el menos vigilado. Peter era pequeño y bueno para pasar desapercibido; se
arrastró en el invernadero sin ser notado durante el descanso de la mañana y volvió con la cara
enrojecida y jubiloso, con un frasco lleno de escaramujos bajo su capa.

Luego se encerraron a sí mismos bajo llave en su baño compartido para quitarle las semillas a los
brotes. Bajo las cuidadosas indicaciones de Remus, todos usaron guantes de piel de dragón para
hacerlo, tomando especial cuidado de no tocar las semillas o los delgados pelos.

—No puedo esperar a ver sus caras. —Sirius sonreía ampliamente, sentándose con las piernas
entrecruzadas en el piso junto a James.

Remus miraba, sentado en el borde de la bañera, las cabezas oscuras de James y Sirius inclinadas
sobre su trabajo. Sentía un poco de envidia por su amistad. Tenían tanto en común - ser criados
bajo la magia, ambos creciendo ricos, ambos completamente locos por el quidditch.
Adicionalmente, estaba claro que luego de solo tres semanas James y Sirius se las habían arreglado
para asegurarse una reputación como los reyes conjuntos de los de primer año. Todos los
escuchaban cuando hablaban. Todos se reían cuando eran graciosos. Nadie se molestaba si perdían
puntos.

—Aún no sé cómo vamos a hacer para meternos en los dormitorios de Slytherin, ni siquiera Peter
es tan sigiloso. —Sirius echó un vistazo a James. Había estado intentando que revelara su plan
desde que el chico con gafas lo mencionara.

—Deja que yo me preocupe por eso. —fue todo lo que dijo James.

Las semillas y pelos fueron decantados en otro frasco, y los chicos terminaron comiéndose lo que
sobró de los escaramujos durante el resto de la semana.

Era Martes de noche cuando finalmente tuvieron su oportunidad. James decidió que tenía que
hacerlo antes de que todos se fueran a la cama. También decidió que debía ir por separado a los
dormitorios de Slytherin, para evitar ser vistos juntos y descubiertos. Remus personalmente pensó
que eso era un exceso, pero lo apoyó, no queriendo arruinarles la diversión a los otros.

Comieron la cena mucho más rápido de lo usual esa noche, antes de pararse de la mesa al mismo
tiempo y dejar el comedor. Peter se veía tan nervioso que Remus pensó que iba a entrar en pánico
en el último minuto y delatarlos a todos. Se aseguró de estar cerca del chico más pequeño, solo en
caso de que tuviese que taparle la boca o jalarlo en algún momento.

Sirius y James fueron primero, desde luego, dirigiéndose hacia el baño de mujeres del segundo
piso el cual Remus les dijo llevaba a las mazmorras. Pensó en guardarse ese pasadizo en particular
para sí mismo, pero como ya había encontrado otros buenos lugares para esconderse, razonó que
dejarles saber sobre este no haría daño. Después de todo, ¿qué tan seguido querría ir a las
mazmorras?

—Lidera el camino entonces, Lupin. —James hizo un ademán grandiosamente, una vez que Remus
y Peter llegaron. Sirius lo agarró del brazo.

—Espera, muéstranos lo que estás planeando, primero.

James sonrió esa sonrisita molesta que había estado luciendo desde el Domingo.

—Oh… ok entonces, toma, agarra esto. —Empujó el frasco de semillas de escaramujo a las manos
de Sirius, echando para atrás su túnica.

Les presentó una larguísima, voluminosa capa, tejida de la tela más extraña que Remus había visto
nunca – de un gris plateado y reluciente.

—No —Sirius miró boquiabierto — no la tienes, Potter, no la tienes, maldita sea…

James sonreía tan ampliamente ahora que Remus pensó que su cara se partiría en dos. El
larguirucho chico les guiñó, y luego, en un movimiento se pasó rápidamente la capa por encima de
la cabeza, de modo que lo cubriera completamente. Se esfumó.

—¡Bastardo suertudo! —gritó Sirius, divertido —, ¿¡Cómo puede ser que nunca me lo dijiste!?

—¡Tampoco a mí me lo dijiste nunca! —chilló Peter — y te conozco desde siempre. ¿Dónde la


conseguiste?

James bajó la capucha de la capa, para que su cabeza pareciera flotar en el aire. Hizo a Remus
sentir un poco mareado.

—Ha estado en la familia por años —dijo, triunfante —, papá me dejó traerla siempre y cuando no
le dijera a mamá.

—Idiota suertudo —dijo Sirius, agarrando un poco del material invisible y frotándolo entre sus
dedos — mis padres harían lo que sea por una capa de invisibilidad.

—Me parece que todos cabemos bajo ella —James demostró, separándola y levantando los brazos
como un murciélago — vamos, pongámonos cómodos…

Se arrastraron todos bajo la capa, luego intentaron desplazarse por la habitación unas cuantas veces
hasta que pudieron caminar cómodamente juntos. Finalmente, tratando de no soltar risitas o
susurrar demasiado, los cuatro chicos invisibles se dirigieron hacia las mazmorras. Remus les
mostró qué baldosas tocar para que el piso se abriera en la tercera butaca desde la izquierda.

—¿Cómo encontraste esto, Remus? —susurró James — es genial.

—Sales por atrás de una de esas alfombras que cuelgan en las paredes, en las mazmorras —
respondió Remus — simplemente me fijé qué había atrás.

—¿Te refieres al tapiz? —preguntó Peter.

—Um… ¿supongo? —Remus agradecía que ninguno de ellos podía ver su cara.

—Cállate, Pettigrew. –dijo Sirius en tono brusco. Remus sintió una fuerte patada darle en la parte
de atrás de su tobillo.

—Oi. —Siseó, pateando de vuelta el doble de fuerte — Aléjate.

—¡Lo siento! —aulló Sirius — iba para Pete, no para ti.

—Cállense, todos ustedes —refunfuñó James — ya casi estamos ahí.

Esperaron silenciosos en su lado del tapiz, escuchado atentamente por pasos en el corredor de
afuera. Una vez James estuvo satisfecho de que estaba callado, salieron todos del pasadizo. Las
mazmorras eran frías, apenas iluminadas y cavernosas. Había un extraño sonido goteante viniendo
de algún lado - quizás de las cañerías.

—¿Dónde es la entrada? – murmuró Sirius.

—Detrás de la pared. —apuntó Remus, esperando que pudieran ver a dónde señalaba. Era una
sencilla pared de ladrillo.

—¿Cómo sabes?

—Los he visto entrar antes. —dijo Remus, apresuradamente. No iba a decirles que sabía que
habían doscientos Slytherins en el otro lado porque el olor de su sangre y su magia era tan fuerte
que casi podía saborearlo.

—¿Sabes la contraseña?

—Nop.

—Diablos.

—No es el toque de queda aún, solo hay que esperar.

Y eso hicieron, bastante incómodos. Aunque el corredor estaba húmedo, debajo de la capa se
encontraba innecesariamente cálido, especialmente con los cuatro tan cerca entre sí.
Afortunadamente, dos alumnas de séptimo vinieron apresurados en los siguientes minutos.
Desafortunadamente, Sirius las conocía.

—¡Veamos el anillo de nuevo, Bella! —Narcissa Black suplicaba a su hermana mayor. Remus
sintió a Sirius congelarse, apretándose contra la pared.

Bellatrix se acicaló, extendiendo un largo brazo color marfil. En sus huesudos dedos se encontraba
un enorme, feo anillo de compromiso de plata y esmeralda, el cual había estado presumiendo desde
inicio de término. Todos en la escuela sabían que se casaría con Rodolphus Lestrange, un mago
político, en cuanto terminaran sus ÉXTASIS. Sirius tendría que ir a la boda.

Narcissa chilló cuando lo vio, aunque probablemente lo hubiera visto más veces que nadie.

—¡Espléndido! —Sus palabras salían a borbotones— Oh, no puedo esperar para casarme…

—Espera tu turno. —respondió Bellatrix, con una voz como uñas sobre una pizarra —. Una vez
que Lucius tenga una mejor posición en el ministerio estoy segura de que Mami y Papi estarán de
acuerdo con la pareja.

Las dos jóvenes estaban ahora paradas ante la pared de ladrillos. Bellatrix era la más alta, pero se
parecían mucho. Tenían un largo cabello rizado, muy parecido al de Sirius mismo, y esa perfecta
estructura ósea de la familia Black.

—“Mundus sanguine.” —anunció Bellatrix. La pared se deslizó a un lado para dejarlas pasar, y los
cuatro chicos se apresuraron a seguirlas, lo más rápido posible antes de que cerrara.

Por primera vez desde que estuvo en Hogwarts, Remus se sintió verdaderamente agradecido de
haber sido puesto en Gryffindor. Las diferencias entre su cálida, cómoda sala común y la de la de
Slytherin eran espantosas. Estaba construida como una enorme sala de banquete, en vez de una
sala de estar. Las paredes estaban suntuosamente decoradas con aún más tapices elegantes, la
chimenea era enorme y tallada ornamentadamente, y una macabra palidez verduzca colgaba sobre
todo. Más que eso, el lugar de algún modo se sentía malvado. Remus intentó no estremecerse.

Lo otros chicos se veían tan intranquilos como él, y permanecieron inmóviles hasta que James los
empujó hacia adelante, subiendo por un tramo de escaleras el cual esperaban los llevara hacia el
dormitorio de hombres. En su camino se toparon con Severus, sentado solo en una esquina,
encorvado sobre su libro de pociones. Arriba de las escaleras, entraron por la primer puerta abierta
que era, afortunadamente, una habitación.

James arrojó la capa.

—Echa un vistazo afuera, ¿eh, Petey? —dijo, apresurándose a la habitación —¿Creen que una de
estas sea la cama de Snape?

—Esta puede ser —apuntó Sirius — las sábanas se ven lo suficientemente grasosas. —los cuatro
chicos rieron.

—Rápido entonces, muchachos, pónganse los guantes. —susurró James, desenroscando el frasco.
Remus y Sirius se pusieron un guante de piel de dragón cada uno, agarraron un puñado de semillas
y comenzaron a esparcirlas por debajo de las sábanas.

—¡Las verán! —dijo James, sonando decepcionado. Era verdad, las pequeñas semillas rojo
brillante sobresalían claramente contra las blancas sábanas, incluso en la oscuridad.

—Bueno… aún se les van a pegar cuando las intenten quitar. —ofreció Sirius.

—Esperen… —Remus de pronto tuvo una idea. No sabía cómo se le ocurrió, o porqué, pero de
algún modo simplemente sabía que funcionaría. Sacó su varita, mordió su labio y la sacudió
cautelosamente sobre la cama donde habían depositado las semillas. “Obfuscate”. Susurró.

Y así como así, las semillas desaparecieron. Bueno, sabía que seguían ahí; pero nadie podría verlas
ahora.
–¡Caray! —James se quedó mirando — ¿Cómo hiciste eso? Fliwick no nos ha enseñado ese
encantamiento todavía, ¿o sí? ¿Estaba en la lectura?

—Nah —Remus se encogió de hombros —, vi a unos de quinto hacerlo ayer a unos dulces que
compraron del pueblo. No es tan difícil de copiar.

Sirius y James inmediatamente intentaron copiarlo ellos mismos, sobre las semillas que acababan
de esparcir. No funcionó la primera vez – o la segunda, pero luego de la tercera, James logró
desaparecer la mayoría de las suyas.

—Mejor lo haces tú, Lupin, o estaremos aquí toda la noche. —decidió.

—¡Sí por favor, apúrense! —Peter siseó desde la puerta, blanco del susto.

Sirius intentó unas cuantas veces más antes de rendirse y dejar que Remus lo hiciera.

—Vas a tener que mostrarme exactamente cómo se hace en cuanto estemos de vuelta en territorio
neutral. —dijo. Remus asintió, aunque no estaba seguro de cómo explicarlo. Realmente lo había
hecho porque pensó que probablemente podría.

—Siguiente habitación. –anunció James, jalándolos de vuelta hacia la entrada.

—¿Tenemos qué? —preguntó Peter, dando saltitos de un pie al otro — ¿No es eso suficiente?

—¡Ni de cerca! —respondió Sirius con una risa, sacudiendo la cabeza — ¿Qué tal si no llegamos
la cama de Snape aún? Tenemos que llegar a todos, Pete. ¿Estás con nosotros o no?

—Todos los chicos, en cualquier caso. —dijo James, mientras entraban en la siguiente habitación
— No me agradan nuestras posibilidades entrando en la de las chicas – ¿Recuerdan lo que le pasó a
Dirk Creswell la semana pasada?

Trabajaron rápido y consiguieron llegar a todas y cada una de las habitaciones de los chicos.
Incluso la última, que tenía tres estudiantes durmiendo en ella - de sexto año. Incluso Sirius había
suplicado para no ir ahí, pero Remus se encontraba mareado de emoción por la broma ahora, y se
echó la capa de invisibilidad encima para ir él mismo. Incluso esparció los escaramujos sobre las
almohadas de los chicos durmientes.

Para cuando terminaron, se estaba haciendo tarde y más y más Slytherins subían para ir a la cama.
Apenas capaces de contener su alegría, los cuatro Gryffindors se escondieron bajo la capa y
lentamente se arrastraron por las escaleras, aplastándose contra la pared siempre que alguien se
acercaba, luego por la enorme y majestuosa sala común y fuera por la pared a través de la cual
habían entrado.

Como James había instruido, todos se mantuvieron lo más callados posible hasta que se
encontraron a una corta distancia de la torre de Gryffindor, y finalmente fue seguro removerse la
capa una vez más.

—¡Widdershins! —corearon todos a la dama gorda, quien abrió deslizándose para ellos.

Fue una gran dicha estar de vuelta en la cálida, brillante sala común de Gryffindor, y todos se
echaron en el sofá disponible más cercano, sonriendo de oreja a oreja insanamente entre sí. Frank
Longbotton los llamó desde su escritorio, donde se encontraba acomodando unas notas de estudio.

—Llegando al último minuto, muchachos, ¿Estuvieron en algún lugar interesante?


Peter se veía inseguro, pero James simplemente agitó una mano.

—Biblioteca, obviamente.

Frank sacudió la cabeza, aunque estaba sonriendo.

—Estoy seguro que pronto me enteraré de ello.

—¡Sí que me encantaría estar ahí cuando todo comience! —susurró Sirius, sus ojos brillando de
alegría — Y desearía aún más que hubiésemos podido echarles a mis primas.

—Es solo el inicio, Sirius colega —respondió James, dando una palmada en la rodilla del otro
chico — entre nosotros cuatro considero que podemos ir incluso más lejos la próxima vez.
¡Excelente primera misión, hombres!

Peter gimió.

—¿¡Primera misión!?
Primer Año: Merodeadores

Miércoles 15 de Septiembre, 1971

La mañana siguiente James y Sirius apenas podían contener su emoción y apresuraron a sus
compañeros de habitación a bajar a desayunar antes que cualquier otro Gryffindor. Fueron los
primeros estudiantes en llegar al gran comedor, aparte de unos cuantos Ravenclaws encorvados
sobre sus libros de estudio para los ÉXTASIS con enormes tazas de café negro.

—Perfecto —Sirius irradió ante los bancos vacíos — ¡Asientos en primera fila!

—Apuesto a que nadie aparece en horas. —se quejó Peter, medio dormido, apoyándose sobre sus
codos.

—Oh anímate —James les sirvió a todos té en grandes tazas — ¿No quieres ver el fruto de nuestro
trabajo?

—No a las seis de la mañana. —respondió Peter, sorbiendo de su té. Sirius hizo una mueca ante el
ruido y empujó un plato en su dirección.

—Toma una tostada y deja de lloriquear.

Remus tomó una tostada también y la cortó en cuatro pedazos. Untó mermelada en un cuarto, jalea
en el otro, mantequilla en el tercero y cuajada de limón en el último. Ignoró la mirada de
entretenimiento que Sirius le estaba dando. Remus nunca había tenido tantas opciones antes, y
estaba determinado a sacar el mayor provecho de cada comida.

Afortunadamente, no tuvieron que esperar tanto antes de que los otros estudiantes comenzaran a
llegar en pequeños grupos a desayunar. Los primeros Slytherins llegaron justo cuando Remus se
terminaba su tostada. Tres chicos y dos chicas; tercer año. Caminaron hacia su mesa, absolutamente
inconscientes de los cuatro ansiosos Gryffindor mirándolos atentamente. Por unos momentos fue
como si nada fuera diferente. Sirius suspiró con decepción. Pero entonces. El chico más alto se
revolvió levemente en su asiento, frotando su brazo. Otro parecía estar buscando algo en su
bolsillo, pero desde donde veía Remus claramente estaba rascando su pierna furiosamente. El
tercero no dejaba de usar su varita para frotar detrás de su oreja.

—¡Funcionó! —susurró James, sin aliento de la emoción. Incluso Peter se veía animado ahora.

Mientras más y más Slytherins entraban, su problema se volvía más obvio, y más hilarante. A las
siete la mesa de Slytherin estaba llena de chicos murmurando, retorciéndose y rascándose, y de
chicas con mirada horrorizada. Amycus Carrow, un chico grandote de sexto, eventualmente se
arrancó su túnica, su jersey escolar e incluso su corbata para arañarse el pecho el cual Remus podía
ver ya estaba al rojo vivo. Casi le daban lástima.

Pero entonces llegó Snape. Ya sea karma o suerte pura, Severus parecía haber reaccionado
particularmente mal a las semillas de escaramujo. Entró caminando cabizbajo, el cabello cayendo
sobre su cara, pero su nariz aún estaba visible y claramente rojo brillante.

—¡Oh Merlín! —jadeó Sirius, riendo tan fuerte que se sostenía el estómago — ¡Díganme que le
dimos en la cara!

—¡Oi, Snivellus! —gritó James, de pronto, para llamar la atención del otro chico.
Snape se dio la vuelta, mirando hacia arriba; su cabello se separó. El lado izquierdo de su cara
estaba cubierto en un furioso sarpullido rojo, desde su sien hasta su cuello, desapareciendo debajo
de su uniforme. Su ojo izquierdo estaba rojo también, el párpado hinchado e irritado.

—¡Te ves bien! —alardeó Sirius, y los cuatro chicos se disolvieron en risitas mientras Snape se fue
furioso de la sala.

Para cuando el desayuno se terminó, el castillo entero rezumbaba con rumores sobre qué
exactamente había caído sobre los chicos de Slytherin. Sirius y James lucían como si todas sus
Navidades hubieran sucedido en un día, e incluso Peter se había animado notablemente,
recordándoles a todos que había sido él quien había estado vigilando, después de todo, volviendo
la aventura entera posible.

—Todo fue idea de Lupin, igual. –devolvió Sirius, palmeando a Remus de manera sincera en la
espalda — ¿Qué deberíamos hacer para celebrar, eh? ¿Snap explosivo? ¿Asaltar las cocinas?

Remus se sacudió a Sirius de encima, sonriendo educadamente.

—Bueno, lo que sea que hagan, lo van a hacer sin mí —respondió — tengo doble castigo.

—¿De Slughorn?

—Seh, y McGonagall. Y Fliwick, pero eso es mañana. Luego mi castigo de Herbología es el fin de
semana.

—Joder amigo —James frunció el ceño — ¿Vas por un récord o algo así?

Remus se encogió de hombros. Siempre estaba siendo castigado en St. Edmund’s - todos los chicos
lo estaban. Los castigos no le molestaban. Aunque el snap explosivo sonaba muy divertido.

—¿Quizás deberías empezar a hacer tus deberes? —dijo Sirius, suavemente. Remus rodó los ojos,
levantándose de la mesa.

—Vamos —dijo — toca Defensa Contra las Artes Oscuras primero, pensé que les encantaba esa a
ustedes dos.

...

Más tarde ese día, Remus iba en camino hacia su castigo con Slughorn, cuando se topó con Lily
Evans. Estaba perfectamente feliz de seguir caminando, pero ella le sonrió y se puso a caminar con
él.

—Hola Remus.

—Hola.

—¿Vas a las mazmorras?

Él asintió.

—Yo también. Tengo que decirle a Slughorn que Severus no puede ir a su castigo.

—Oh, claro.

—¿Escuchaste lo que le pasó a los Slytherins?


—Seh. —Todos habían escuchado, era todo de lo que habían estado hablando durante el día,
incluso durante las clases. Afortunadamente nadie tenía idea de quién lo había hecho. Había sido
una buena idea, atacar a toda la casa de una sola vez. ¿Quién podría adivinar quién había sido el
objetivo?

—Una locura, ¿verdad? —continuó Lily — El pobre Severus es alérgico a lo que sea que usaron.
Madam Pomfrey le dio una poción para dormir mientras la hinchazón disminuye.

Remus se rió disimuladamente, sin pensarlo. Echó un vistazo a Lily, quien lo miraba de vuelta con
acusadores ojos azules. Ella sacudió la cabeza.

—Mira, sé que no ha sido muy agradable contigo. El otro día en Pociones o en el tren. Él es…
bueno, es un poco snob, ¿ok?

Remus bufó.

—Pero quería decir que lo siento. —Lily presionó — Necesito enfrentarme a él más. No debo dejar
que se salga con la suya. En realidad es una persona muy agradable una vez que logras conocerlo.

—Si tú lo dices. —Remus dejó de caminar. Estaban afuera de la oficina de Slughorn ya. La puerta
estaba cerrada, y había voces elevadas en el otro lado.

—¡Horace, quien sea que haya sido, tiene que haber sido un Slytherin! —era la Profesora
McGonagall —b¿Quién más tiene la contraseña?

—¿¡Por qué un Slytherin atacaría su propia casa, Minerva!? —el maestro de Pociones sonaba muy
frustrado.

—Tú dijiste que sólo fue afectado el dormitorio de los chicos. Quizás fue una de las chicas.

—¡En serio!

—Bueno, ¿quién más? ¿Peeves? Nunca entra en las salas comunes – no entra en las mazmorras, si
vamos a esa... está muy asustado del Barón Sanguinario.

—Tenemos que prohibir todos los productos de Zonko.

—Por lo que dice Poppy no fue un producto de Zonko. Escaramujo, de los invernaderos.

Lupin sintió una gota de terror correr por su espina dorsal. Si sabían todo eso, ¿no podrían
averiguar quién lo había hecho?

—Escaramujo, ¿eh? Muy astuto. —Slughorn realmente sonaba impresionado. McGonagall suspiró.

—¿Supongo que querrás culpar a los Ravenclaws ahora?

—¡Solo quisiera saber quién lo hizo! —suspiró, fuertemente. —Quizás la verdad saldrá a la luz.
Supongo que parece más probable que lo haya hecho una de las chicas de Slytherin que…

—¿Qué una banda de merodeadores arrastrándose hacia las mazmorras bajo el manto de la noche
con maliciosas intenciones?

Remus podía escuchar a Slughorn reírse entre dientes ante eso.

—Sí, exacto.
—Ahora, debo irme. —McGonagall decía, sus pasos acercándose a la puerta — ¿Me dirás si
atrapas al culpable? —La puerta se abrió. Remus y Lily se hicieron hacia atrás, culpables.
McGonagall los miró a través de sus anteojos — ¿Qué hacen dos Gryffindors tan lejos de su torre?

—Por favor, Profesora, Remus y yo tan solo estábamos...

—¡Ah! —Slughorn interrumpió la enredadera nerviosa de Lily —. Lupin, hijo mío, ¡y la señorita
Evans! Vienes a ofrecer disculpas por Snape, ¿eh? No hay necesidad, querida mía, no hay
necesidad. Con todo lo que pasó hoy creo que podemos cancelar los castigos de los chicos, por
ahora. —Se acercó a la puerta y miró a Remus de manera severa — ¿Queda claro que no habrá
más peleas en mi clase? ¿O en ninguna otra clase, ya que estamos, hm?

—Sí, Profesor. –Remus asintió, solemnemente, tratando de no verse muy satisfecho.

—Excelente. —Slughorn irradió, cerrando bajo llave la puerta de su oficina — Entonces si me


disculpas, tengo unos asuntos que atender.

Remus y Lily casi llegan al final del pasillo cuando McGonagall de pronto llamó.

—¿Sr. Lupin?

El corazón de Remus se hundió.

—¿Sí, Profesora McGonagall?

—Eso no quiere decir que su castigo conmigo se haya cancelado. Venga ahora, vamos a empezar
temprano.

...

McGonagall lo mantuvo repitiendo oraciones por una hora - nada tan malo, considerando que
estaba acostumbrado a recibir palmetazos en St. Edmund’s. No le importaba copiar y repetir; era
calmante. Voy a completar todas las tareas asignadas. Quizás se tragaría su orgullo la próxima vez
y copiaría los deberes de James. O los de Peter, si no quería verse tan sospechoso. Pero sabía que
James eventualmente querría saber porqué Remus nunca leía el texto asignado. Y si se lo decía,
entonces estaba igualmente seguro de que James y Sirius intentaría hacer que se lo explicara a
McGonagall - ambos chicos poseían una infalible fe en los profesores de Hogwarts. Remus, sin
embargo, nunca había conocido un adulto en el cual confiara. Ella lo enviaría de vuelta a St.
Edmund’s al instante. ¿De qué serviría un mago analfabeta?

Una vez terminó su castigo, trepó por el hueco del retrato y hacia la sala común para encontrar a
sus tres compañeros de habitación esperándolo. Peter y James se encontraban inmersos en un juego
de ajedrez con pinta muy seria. Desde luego que las piezas se mueven. Pensó Remus para sí
mismo, todo aquí se tiene que mover, joder, mientras Sirius escuchaba uno de sus récords con unos
nuevos audífonos de pinta muy lujosa. Remus se moría por escucharlos, pero no había reunido aún
el valor para pedirle.

Se sentó junto a Sirius sin hacer ruido. El chico de cabello largo se quitó los audífonos al
momento.

—¡Eso fue rápido!

—Solo tuve que hacer uno al final —explicó Remus — Slughorn me dejó ir, muy ocupado
intentado solucionar lo del polvo picapica.
Remus sonrió extensamente, recostándose en el sofá con los brazos cruzados bajo la cabeza.

—Esa broma es un regalo que nunca se acaba.

—Snape era alérgico y todo —dijo Remus, sonriendo satisfecho— la chica pelirroja esa ha dicho
que ha estado en la enfermería todo el día.

Sirius se rio incluso más fuerte. Sus ojos brillaban cuando se reía, Remus nunca había visto alguien
exhibir tan pura alegría. Te daban ganas de golpearlo y ser su amigo al mismo tiempo.

—¿Cuál chica pelirroja? —James miró hacia arriba de pronto.

—¡Jaque MATE! —exclamó Peter.

—Tú sabes, la fastidiosa. Evans.

—Yo no creo que sea fastidiosa.

—Ok. —Remus se encogió de hombros.

—No hablemos de chicas —Sirius rodó los ojos — ¡Este podría ser el día más importante de
nuestras vidas! Este es el día que nos convertimos en leyendas; ¡El día que nuestra amistad fue
forjada en el fuego del polvo picapica!

—No saben que fuimos nosotros, ¿Verdad? —preguntó Peter, nervioso, recogiendo su juego de
ajedrez. Remus sacudió la cabeza.

—Slughorn cree que fue una chica de Slytherin. O una banda de merodeadores.

—¡Merodeadores! —Sirius se levantó, de pronto —. ¡Eso es! ¡Levanten sus copas, chicos!

—No tenemos copas. —respondió James, divertido.

—Bueno, solo pretende. —Sirius sacudió la cabeza, irritablemente —. Desde este día, ¡somos Los
Merodeadores!

Dijo esto haciendo tan dramática gala que solo pudo ser seguido de un aturdido silencio. James
estaba sonriendo, Peter mirando hacia él buscando un rumbo, sin entender del todo qué sucedía.
Remus se partió de la risa.

—¡¿Qué clase de nombre pretencioso es ese para una banda?!


Primer Año: Secretos

Martes 5 de Octubre, 1971

La siguiente luna llena pasó muy parecido a la primera. Esta vez el lobo claramente se había puesto
inquieto, porque Remus despertó con unos cuantos arañazos profundos.

—Se curan realmente rápido con un poco de antiséptico. —le aconsejó a Madam Pomfrey, quien
se preocupaba por él en la fría luz de la mañana.

—Y aún más rápido con magia. —sonrió, agitando su varita. Los cortes se cerraron casi al instante,
Remus se quedó mirando, impresionado.

—¿También te puedes deshacer de las cicatrices? —preguntó, ansiosamente. Ella sacudió la


cabeza, tristemente.

—No, Remus, no de estas. Lo siento.

—Está bien. —suspiró, vistiéndose para la escuela. Esta vez había traído un cambio de ropa
consigo y la había dejado en el túnel justo afuera de la casa para evitar tener que volver a la torre.
Se había a los chicos en su primera clase, y los dejó preguntarse dónde había estado.

—No tienes que ir a la escuela hoy —le decía Madam Pomfrey — no si estás muy cansado. Puedo
darte una nota.

—Quiero ir. —respondió él — No es tan malo, honestamente.

Pomfrey lo miró con ojos serios.

—No está tan mal ahora. Me temo que las transformaciones pueden comenzar a pasar factura a
medida que crezcas.

—¿Has tenido que cuidar a otros niños como yo, entonces? —Había querido hacer esa pregunta
hacía una eternidad, pero no estaba seguro cómo.

—No, querido, eres el primer estudiante en Hogwarts que conozco que ha sido…

—¿Mordido?

—Que ha sido mordido. —aceptó, agradecida — Pero te prometo que sé lo que hago. He leído
mucho sobre el tema.

—¿Quieres decir que hay libros? ¿Sobre gente como yo?

—Bueno, sí. —sonaba sorprendida. Se sentó en la cama mientras él terminaba de vestirse —


Podrías tomar prestados algunos de ellos, ¿si quieres?

Él pensó en ello, y luego sacudió la cabeza.

...

Tuvieron Transformaciones a primera hora, pero McGonagall no le dio castigo por no hacer sus
deberes - obviamente había decidido ser más indulgente alrededor de la luna llena. Sí que le hizo
prometer traerla consigo la próxima vez, y él aceptó, esperando sonar sincero. James, Sirius y Peter
pasaron la mitad de la lección intentando llamar su atención, pero él los ignoró firmemente hasta
que McGonagall amenazó con separarlos a los cuatro.

En los pasillos en su camino a Encantamientos, Remus sabía que no había escapatoria. Era una
buena charla de cinco minutos.

—¿Y? ¡¿Dónde estuviste?! —espetó Sirius, caminando a su lado izquierdo.

—En ningún lado. —respondió él, intentando apresurarse.

—Oh, sigue. —suplicó James, surgiendo a su lado derecho — ¡Dinos! ¿Fue el mismo lugar al que
fuiste el mes pasado?

—Tal vez.

—¿Estuviste castigado de nuevo? —preguntó Peter, esforzándose por mantener el paso. Remus se
maldijo a sí mismo por no pensar en eso - un castigo hubiese sido la excusa perfecta.

—Nope.

—¿Entonces dónde...

—¡Fíjate por dónde vas, mestizo!

Remus había estado tan ocupado evadiendo preguntas que no miró por dónde iba, y había chocado
contra Snape, quien venía por la otra esquina. Ya bastante tenso, Remus levantó los hombros e
intentó empujarlo para pasar, de manera brusca.

—Cuidado con lo que haces, Snivellus.

Snape no se movió, y en vez de eso lo empujó, Mulciber apareciendo del lado de su hombro
izquierdo, vislumbrándose a modo amenazador sobre los otros más pequeños.

—Sé que fueron ustedes quienes se colaron en nuestros dormitorios la otra noche. —siseó —
Todos ustedes.

—¿Ajá? Pruébalo. —James sonrió arrogante, doblando los brazos.

Los labios de Snape se encresparon.

—No puedo, aún. Pero lo haré. Se las devolveré también, lo prometo.

—Estamos temblando del miedo. —respondió Sirius, recostándose sobre una pared como si
estuviera aburrido — ¿Ahora serían tan amables de mover el trasero?

—Idea tuya, ¿eh Black? —Snape arrastró sus palabras —. ¿O tuya, Potter? Tuvo que ser uno de
ustedes. Pettigrew no tiene las agallas y mi estimado Lupin aquí claramente no tiene el cerebro…

Remus cerró los puños. Podía ver la mano de Snape en su varita, Severus probablemente sabía todo
tipo de maldiciones y maleficios. James le había enseñado a Remus uno o dos, pero estaba
demasiado ciego de rabia como para recordarlos.

—Abran paso, caballeros. —Una aguda voz repentinamente sonó por el corredor. Era el Profesor
Fliwick, saliendo de su salón de clases para ver de qué se trataba el atraco — Severus, estás
obstruyendo los pasillos, y se supone que deberías estar en mi clase. Vamos.
Remus se sintió sobrecalentado y agitado por el resto de Encantamientos, que usualmente era su
lección favorita. Dependía más de trabajo práctico con su varita que de leer o escribir, y
comúnmente le iba mejor que incluso a James y Sirius. Encontrando difícil calmarse, se pasó
lanzando sus almohadones por la habitación como misiles en vez de guiarlos cuidadosamente por
los aros que Fliwick había colgado del techo.

Habían estado trabajado en hechizos de levitación por unas cuantas semanas ya, y Peter era el
único al cual aún le costaba. En opinión de Remus, el problema de Peter era la falta de
imaginación. James y Sirius eran infaliblemente confiados; y él se encontró con que de que
confianza era todo lo que necesitabas para completar los hechizos más básicos. El mismo Remus
generalmente se sentía capaz de completar cualquier tarea si se veía lo suficientemente simple.
Peter, por el otro lado, se preocupaba por todo. Leía y releía sus libros de texto, intentando copiar
los complicados diagramas que tenían en vez de simplemente copiar lo que Fliwick les mostraba.

—Espero que todos sean capaces de levitar este libro para el final de la semana. —dijo Fliwick al
final de la clase. El libro era enorme, más o menos la mitad del diminuto profesor, y tenía pinta de
que a un hombre adulto le costaría cargarlo muy lejos — Así que vengan preparados para una
rápida prueba de sus habilidades.

Peter gimió mientras recogieron sus cosas para irse.

Remus había logrado calmarse para la hora de la comida, pero aún tenía problemas para controlar
su magia más tarde al atardecer y agradecía que solo tenían Herbología e Historia de la Magia. Se
preguntaba si era su temperamento, el cual siempre había sido corto, o si era la luna llena. Siempre
tenía mucha energía luego de una transformación, incluso antes de que pudiese hacer magia. Ahora
su varita zumbaba en su mano como estática en una antena de televisión. Intentó un rápido
“Lumos”, escondiéndose en un cubículo de baño entre clases, y casi se quema las retinas.

Quizás el libro que Madam Pomfrey había mencionado le podría decir más sobre ello, pero nunca
lo sabría ahora. Podría haber otros libros en la biblioteca, pero no había revisado. Sabía la palabra,
lo suficientemente bien, y podía hacer otros hechizos si se concentraba fuerte. Pero no se atrevía.
Remus vivía con miedo de que si lo escribía, o lo decía en voz alta, entonces alguien descubriría su
secreto. Y era mejor mantener ese tipo de cosas en tu cabeza.

...

Martes 7 de Octubre, 1971

Era especialmente importante mantener sus secretos para sí mismo ahora, porque Remus estaba
siendo observado. Por McGonagall, quien aún levantaba una ceja cuando veía que no estaba
tomando notas, por Madam Pomfrey, quien siempre intentaba que pasara por la enfermería por una
rápida revisión, y por Snape, quien aún estaba furioso de que no había podido averiguar cómo
había sucedido el incidente con el polvo picapica. Remus quizás hubiese podido aguantar todas
estas interferencias, si no fuese por una cuarta persona observándole.

Este acosador era mucho más sutil, mucho menos directo en su vigilancia, pero notable a pesar de
todo. Sirius. Al inicio Remus había pensado que el otro chico simplemente era fisgón, parte de
aquel derecho que él y James compartían. Tenían que saberlo todo sobre todos. Constantemente le
hablaban a Remus y Peter sobre los asuntos de otras personas, el padre de este y aquel fue
rechazado para un ascenso en el ministerio hace unos años, y por eso está tan amargado; la tía-
abuela de Miranda Thrup había estado bajo investigación una vez por posesión ilegal de una
poción de amor, y ahora nadie tomaba té en la casa de los Thrup; el Profesor Slughorn sabía más
de las artes oscuras de lo que se dejaba ver, y el Club Slug era célebre por influenciar en producir
magos oscuros.
Desde luego, ninguno de ellos sabía nada en absoluto sobre Remus, y al inicio, él asumía que era
por esto que Sirius estaba tan vigilante. Pero nunca hacía preguntas directas, y si sentía curiosidad
por la familia Lupin o por su crianza entonces era un interés privado que James no compartía.
James raramente miraba a otra gente, Remus había notado - prefería que otra gente lo mirara a él.

Nadie más parecía notarlo, afortunadamente. Sirius era astuto en ese sentido. Solo muy
ocasionalmente, Remus se las había ingeniado para pescarlo inesperadamente, mirando
intensamente con esos ojos azul profundo. Ni siquiera tuvo la vergüenza de mirar hacia otro lado
cuando fue capturado - solo apaciguó su mirada intensa a una sonrisa amigable, la cual Remus se
vio obligado a devolver.

Ese Jueves estaban terminando sus deberes en la torre común de Gryffindor. Bueno, James estaba
terminando los deberes de Remus, habiendo completado ya los suyos. Se ofreció a hacerlos a
cambio de que Remus le enseñara a hacer el hechizo “Obfuscate”, y a pesar de su orgullo Remus se
doblegó. Realmente no quería otro castigo con McGonagall, y James era bueno imitando la letra de
otros.

Sirius se encontraba completando su propio ensayo, y ya había escrito siete centímetros extra sobre
los usos de los crisopos en los filtros transformativos, más diagramas. Había libros esparcidos por
toda la mesa que habían reclamado para sí mismos, junto con tinteros y arrugados rollos de
pergamino. Peter estaba intentando levitar una manzana para meterla en una papelera a un metro de
distancia. Al momento podía mantenerla en el aire, pero entonces se tambaleaba y se caía al piso
de nuevo.

Agotado, Peter pasó los dedos por su cabello nuevamente y consultó su texto.

—Ya lo lograrás, Pete, no te preocupes —murmuró James, sin voltear la vista del papel de Remus
— sigue con ello.

—Lo intento. —se quejó Peter — Estoy seguro de que es el movimiento lo que hago mal… el libro
dice que uses una “acción suave y serpentil”, pero no estoy seguro… —Arremolinó la varita en el
aire. Remus hizo un gesto de desaprobación.

—No es así. —dijo, francamente —. Es como una forma de S en su lado. Mira. —Realizó el
encantamiento, levantando la manzana en el aire sin esfuerzo alguno y enviándola navegando hacia
la papelera pulcramente.

—¿Una forma de S, estás seguro? —Peter frunció el ceño. Dirigió su propia varita hacia la
arrugada bola de papel en la mesa —. ¡Wingardium Leviosa! —hechizó, moviendo su varita del
mismo modo que Lupin lo había hecho. Efectivamente, el papel voló tembloroso con un poco
menos de gracia hacia la papelera, rebotando hacia los lados mientras caía al fondo y cayó junto a
la manzana. Peter se quedó mirando, con ojos como platos —. ¡Lo he hecho! —jadeó —. Una
forma de S, ¡¿por qué no decía simplemente eso el libro?!

—Bien hecho, Pete. —dijo James, mirando hacia arriba y sonriendo. Se sacó los lentes y se frotó
los ojos — Debería ser profesor, Remus.

Lupin bufó, mirando hacia otro lado vergonzosamente. James continuó.

—Ya casi termino esto, solo necesito revisar algo... ¿Me puedes pasar Teoría de la Magia? ¿El
libro de Waffling?

Remus sintió un sudor frío correr por su espina dorsal. Intentando no entrar en pánico, miró hacia
la pila de libros que James señalaba. Uno de ellos definitivamente era sobre pociones - tenía un
caldero en la portada. Los demás, podrían ser cualquier cosa. Las letras doradas y plateadas
parecían cambiar y arremolinarse ante sus ojos. ¿Sería mejor simplemente tomar uno, incluso si era
el equivocado? Miró de vuelta a James, quien estaba leyendo lo que había escrito. Peter estaba
muy ocupado levitando más pelotas de papel para notar el tumulto de Remus. Miró de vuelta hacia
abajo, mordiéndose el labio.

Sirius se aclaró la garganta discretamente y se inclinó hacia la mesa. Silenciosamente golpeó uno
de los libros con su dedo índice, sin mirar a Remus. Era un tomo negro y grande forrado en cuero
el cual Remus reconocía vagamente. Agradecido, lo agarró y se lo entregó a James.

—Gracias colega. —dijo James, distraídamente, volviendo a su trabajo. Sirius siguió como si nada
hubiese pasado. Remus sintió sus mejillas arder.
Primer Año: Cicatrices

Viernes 15 de Octubre, 1971

Remus tuvo que pasar los siguientes días evadiendo a Sirius - o al menos evadiendo estar con él a
solas. Esto no era fácil, los chicos pasaban todo su tiempo juntos, especialmente los fines de
semana. Todos pasaron la lección de Encantamientos del Viernes sin problemas; incluso Peter.
Fliwick estaba encantado de que la clase entera dominara tan pronto en el año levitación que los
dejó salir temprano al almuerzo.

Sirius se volvió a sí mismo inevitable la siguiente semana, durante sus lecciones de vuelo. Si
Remus no hubiese odiado Historia de la Magia tanto, entonces Vuelo sería su materia menos
favorita. Veinte minutos después de su primera lección con Madam Hooch había descubierto que
tenía miedo a las alturas, y el resto de las clases habían sido miserables para él.

James era la estrella de la clase, por supuesto, e incluso los otros Merodeadores lo encontraban
insufrible mientras revoloteaba alrededor del campo de quidditch, haciendo aros y fintas como si
hubiese nacido sobre una escoba. Sirius era excelente también, y casi todos los chicos de la clase
habían crecido jugando en escobas; incluso Peter era competente.

Había llovido la noche anterior, y el terreno estaba blando y lodoso. Se habían cambiado sus
usuales zapatos con cordones por gruesas botas y equipos de vuelo escarlata antes de caminar por
el lodo hacia el campo. Tomaron sus escobas y esperaron por instrucciones. Las escobas fueron
otorgadas por la escuela. Los de primer año no tenían permitido traer la suya propia, pero James le
diría a cualquiera que se parara lo suficiente para escuchar que él tenía un modelo de la mejor
marca en su casa.

—Bien, monten sus escobas por favor, damas y caballeros. —bramó Hooch al grupo — Hace un
viento fuerte y agradable hoy, así que quiero que todos tengan cuidado. Potter, ¡Nada de
pavonearse!

Remus trepó sobre su escoba, tragando fuerte. Si se las arreglaba para no sentir náuseas entonces
sería una victoria.

—Quisiera cinco vueltas limpias alrededor del campo, luego un buen aterrizaje de vuelta acá de
cada uno de ustedes. Cuidado con el charco y recuerden apoyarse en el viento siempre que sea
posible. Úsenlo para su beneficio. Cinco puntos para quien sea que vuelva primero. —Y con
apenas una advertencia, la bruja de cabello plateado hizo sonar su silbato fuertemente.

Remus y Lily, los únicos hijos de muggles de la clase, fueron los últimos en levantarse de la tierra.
Una vez que la pelirroja estuvo en el aire, sin embargo, siguió para adelante con facilidad.

—¡Un poco más arriba, Lupin! ¡Vamos! —Hooch resonaba abajo, gritando a través de un
megáfono. Él quería ignorarla, pero no había escapatoria, al menos en St. Edmund’s cuando te
hacían hacer campo a través podías esconderte en una esquina y fugarte al pueblo por la tarde.

Se empujó a sí mismo más alto, intentando mirar hacia adelante y no hacia abajo; intentando
pensar en cualquier otra cosa que no fuera el espacio vacío entre él y el piso. Podía ver la radiante
trenza de Lily resplandeciendo adelante como la cola de un zorro, el brillante cabello rubio de
Peter en algún lugar por el medio del grupo. Aunque no podía ver tan adelante, sabía que James y
Sirius estaban a un pelo de distancia entre sí. Remus simplemente continuó andando
sombríamente, no queriendo ir más rápido en absoluto. A quién le importa si era el último, si no se
rompía el cuello llegando ahí. Mientras doblaba la esquina al final del campo, el viento realmente
lo golpeó e intentó no disminuir la velocidad demasiado, inclinándose hacia adelante. Hacía frío, y
el aire gris de la mañana le abollaba el rostro.

La segunda vuelta fue tan mala como la primera. Para la tercera, notó que James había estado
rodeando cada una de las torres de los puestos vacíos de espectadores, a pesar de las
amonestaciones de Madam Hooch. En la cuarta vuelta, Remus tenía compañía.

—¿Te estás divirtiendo? —Sirius sonrió divertido, navegando junto a él. Se veía tan cómodo,
como si pudiera levantar ambas manos sobre su cabeza, girar al revés y volar en reversa sin
problema alguno.

—¿Qué estás haciendo? —Remus frunció el ceño, intentando ignorarlo. —¿Intentando perder?

—James va a ganar —Sirius se encogió de hombros — mejor le dejo tener su momento. Pensé en
juntarme contigo.

—¿¡Por qué!? —respondió Remus, con los dientes apretados.

—Pensé que querrías la compañía. —Remus no tenía que mirarlo para saber que estaba sonriendo
esa irritante y enorme sonrisa de Sirius Black — Además estamos a punto de aterrizar, y sé que
odias aterrizar.

—Lárgate.

—No.

—Te lo advierto, Black…

—No me puedes golpear aquí arriba, Lupin, a menos que quieras soltar tu escoba.

—Dios, eres molesto.

—Síp. —Sirius voló frente a él, luego todo alrededor, una perfecta órbita.

—Lárgate. —Remus intentó esquivarlo, tambaleándose de manera peligrosa.

—Hora de aterrizar… recuerda sacar las piernas e inclinarte hacia atrás… luego dobla las rodillas
mientras chocas contra el... ¡Oi!

Remus había agarrado la cola de la escoba de Sirius y le había dado un fuerte tirón. Riéndose,
Sirius se enderezó, luego voló hacia el lado de Remus y le dio un empujón de vuelta. Remus se
sacudió, pero se sostuvo firme, descendiendo. Fue mucho más fluido que antes, se inclinó hacia
atrás, luego se retorció rápidamente para empujar a Sirius de nuevo.

—¡Fuera de mi camino! —gritó, yendo más rápido. — ¡Puedes ser el último en bajar por una vez!

—¡Oh no lo harás! —Ahora Sirius tomó la cola de la escoba de Remus, riendo, jalándolo hacia
atrás. Esto fue quizás ir demasiado lejos, considerando que estaban los dos muy cerca del piso ya.
Los dos peleadores se cayeron hacia la tierra, las escobas volando bajo ellos. Ambos cayeron sobre
un enorme charco lodoso, patinando y rodando hacia adelante, empapando sus túnicas en el
proceso.

—¡Black! ¡Lupin! —Madam Hooch marchó hacia los dos chicos desparramados en el lodo.

Los otros Gryffindors se reunieron alrededor, soltando risitas y señalando. Sirius se levantó con
toda la gracia con la cual su nobleza le había bendecido, y jaló a Lupin toscamente de la mano.
Ambos miraron hacia arriba a la profesora, parpadeando gotas de agua de sus ojos.

—¿Qué fue lo que dije sobre tener cuidado con el charco? —Madam Hooch levantó una ceja
entretenida. Normalmente veía lo divertido de las cosas. —Un punto cada uno de Gryffindor. Será
mejor que vayan a lavarse en las duchas. Se van ahora.

Ambos anadearon hacia los vestuarios de Quidditch, cargando sus pesadas y anegadas ropas.

—Jodido equipo ridículo. —se quejó Remus mientras entraron en el pequeño edificio de piedra —
¿Cómo se supone que vayamos a secarlo?

—Los elfos domésticos se encargarán de eso. —respondió Sirius, sacudiéndose el suyo de encima
y amontonándolo en una esquina.

Remus no se molestó en preguntar qué demonios eran los elfos domésticos. Se sacó sus propias
túnicas y pateó sus botas, luego entró en un cubículo de ducha para continuar a desvestirse. Había
toallas tendidas ya, y el agua estaba deliciosamente caliente. Se inclinó hacia adelante en la
corriente, dejando que calentara su sangre, mirando el lodo y las rebeldes hojas de hierba
arremolinarse por el desagüe. Al menos se había librado de cuarenta minutos más de vuelo.

Se restregó las manos bruscamente sobre su cabello. Sin los cortes mensuales de Matrona su
cabello se estaba poniendo más largo y suave, manteniéndose lacio la mayoría del tiempo, tan
desaliñado como el de James. Al fin pudo ver su color, pero fue decepcionante, parecía ser un
simple castaño claro.

Remus terminó con la ducha antes que Sirius y salió, echando un vistazo alrededor por su uniforme
rápidamente. Estaba medio vestido cuando Sirius finalmente emergió, su largo cabello peinado
hacia atrás, mojado y brillando como aceite. Ya se encontraba completamente vestido y lucía
imposiblemente cool y adulto, cuando Remus se dio cuenta que le había faltado un botón de su
camisa y tuvo que empezar de nuevo.

—¡¿Qué es eso?! —dijo Sirius, repentinamente. Remus miró hacia arriba, luego de nuevo hacia
abajo. Sirius apuntaba a una larga raya plateada que se estiraba desde la mitad izquierda de su
clavícula a través de su pecho, diagonalmente, hasta su pezón derecho. Él manoseó torpemente sus
botones, intentando cerrar su camisa más rápido.

—Una cicatriz. —murmuró. No tenía sentido decir otra cosa ahora. Ya casi no las notaba.
Simplemente estaban ahí, tan parte de él como sus pecas, o los delgados vellos en sus brazos.

—Es… ¿Te sucedió en el hogar? ¿Donde creciste?

Había algo extraño en la voz de Sirius. Remus se encontró con que no podía hablar, así que
simplemente asintió. Sirius asintió también — Yo tengo cicatrices. —dijo, tan bajo que Remus
pensó que escuchó mal al principio.

Sirius se agachó, y se levantó la pierna del pantalón, girando su tobillo para mostrarle a Remus las
marcas ahí. Sus cicatrices no eran como las de Remus - que eran grandes y toscas y dentadas,
llenas de ira y hambre. Las plateadas líneas en la parte posterior de las piernas de Sirius eran
delgadas y derechas; uniformes en su crueldad. Remus miró fijamente por unos segundos, antes de
que Sirius soltara el borde de la tela y se levantara.

Se miraron el uno al otro por un minuto entero. Remus sintiéndose muy acalorado, los ojos de
Sirius muy frescos y calmados. Entonces se rompió.
—¿Nos vamos a ver a James portándose como un idiota? —preguntó Sirius.

Remus asintió nuevamente, y ambos retrocedieron al frío aire de otoño. Tomaron sus asientos en
los duros bancos en los puestos de espectadores y miraron el resto de la clase revolotear atrás y
adelante a través del campo, las túnicas rojas aleteando tras ellos. Lily, a pesar de carecer de la
técnica formal de James, competía con él cuando se trataba de velocidad, ganándole en dos de tres
carreras entre los postes de gol.

—¿Remus? —dijo Sirius, de pronto, mientras sus compañeros de clase llegaban de su último
aterrizaje.

—¿Sí?

—No puedes leer, ¿verdad?

Remus suspiró. Tenía suficientes secretos para mantener ya como estaba. Y Sirius había
compartido uno de los suyos.

—Nah.

—No le diré a nadie.

—Gracias.

Esa enorme sonrisa de Sirius Black.


Primer Año: Historia

Sábado 23 de Octubre, 1971

—¿Simplemente nunca te enseñaron?

Remus se encogió de hombros, cansado y frustrado. Había pasado una semana desde la clase de
vuelo, y Sirius lo había atrapado por sí solo de nuevo. Había estado sentado bastante feliz en su
cama, viendo una de las revistas de Quidditch de James - le gustaban las imágenes movibles,
aunque aún no entendía del todo las reglas, y era la cosa más cercana a la tele que tenían en
Hogwarts.

—Me enseñaron. —respondió, pasando la página, esperando que Sirius entendiera el mensaje y se
largara. No lo hizo. Remus cerró la revista — Me enseñaron. —repitió — Simplemente no aprendí
correctamente. Cuando veo las palabras, no creo que vea lo que todos los demás ven. No tiene
ningún sentido; todas las letras se la pasan saltando por todos lados y cambiando. Los profesores
dijeron que simplemente era un torpe.

Nadie había hecho mucho alboroto por sus problemas con el trabajo escolar en St. Edmund’s.
Apenas tenían deberes, ya que nadie los hacía de todos modos. Muchos de los chicos tenían
problemas; o no los podían hacer o no les enseñaban. No era como si alguien esperara mucho de
todos modos.

—¿Pero cómo lo has estado haciendo? —Sirius no pensaba parar. Era como un perro con un hueso.

—¿¡Hacer qué!?

—Bueno… ¡todo! Todo tu trabajo, aquí, en Hogwarts.

Remus lo miró como si él fuera el estúpido.

—Sirius, no lo he estado haciendo. En caso de que no lo hayas notado, estoy castigado todas las
noches.

—Bueno, sí, obviamente. —Sirius sacudió una mano — Pero el otro día, en Pociones, te vi. No
tomaste ningún apunte, ni siquiera miraste el libro, o la pizarra, y aún así preparaste todos los
ingredientes para la cura de forúnculos perfectamente. ¡Slughorn te dio cinco puntos!

Remus se sintió a sí mismo sonrojar ante el recuerdo. No estaba acostumbrado a recibir elogios de
los profesores.

—Oh, eso fue fácil —sacudió la cabeza — Sluggy nos había dicho como hacerla la clase anterior,
simplemente lo recordé.

—Joder, debes tener una memoria brillante, entonces.

Remus se encogió de hombros. Supuso que eso era cierto. Sus profesores en St. Edmund’s habían
remarcado más de una vez que conocía muchísimas palabras para alguien tan tonto.

Sirius miraba fijamente hacia el espacio vacío ahora, pensando profundo en sus pensamientos,
Remus prácticamente podía ser los engranes trabajando en su mente. A veces Sirius era un libro
cerrado. Otras veces era tan fácil leerlo que casi resultaba gracioso.
—Si pudieras leer, serías tan bueno como yo y James. Mejor, probablemente.

Remus bufó.

—Tan modesto, Black.

—Bueno, ¡Lo serías! —Sirius se perdió el sarcasmo completamente, aún viéndose pensativo —
Tus movimientos con la varita son mucho más naturales, y si tu memoria es tan buena como
dices… —mordió su labio — Apuesto a que hay un hechizo para ello.

Remus se rio.

—¿Me vas a curar con un hechizo?

—¿Por qué no?

Remus ya había pensado en ello; por supuesto que lo había hecho. Pero estaba más consciente de
las limitaciones de la magia que nadie. Después de todo, tenía cicatrices que no se curarían y una
pesadilla mensual que nadie podía prevenir.

—La magia no puede arreglar cosas como esa. —respondió sin rodeos — ¿Por qué si no James usa
gafas?

—Creo que hay hechizos para la vista. —dijo Sirius — Quizás simplemente no valen el esfuerzo, o
son muy peligrosos, o complicados o algo.

—No es solo la lectura —Remus contrarrestó — mi escritura también es basura; soy muy lento y
normalmente me sale todo desordenado.

—Definitivamente hay hechizos para eso. —dijo Sirius, confiado — Puedes embrujar tu pluma, he
visto a mi padre hacerlo en documentos oficiales. Su escritura a mano es realmente áspera,
normalmente.

Remus estaba perdido. Sirius claramente no se iba a rendir. Se mordió el labio.

—¿Por qué te interesa tanto, de todos modos?

—¡Eres mi compañero Merodeador! No podemos tenerte castigado todos los días, ¿qué tal si los
Slytherin atacan de vuelta? Necesitamos su mente malvada para bromas. —sus ojos brillaron —
Hablando de, ¿Supongo que no has hecho tus deberes de historia aún?

—Nope.

—Ok entonces, comencemos. —Sirius bajó de un salto de la cama y comenzó a buscar entre sus
cosas del baúl.

—No. No harás mis deberes por mí. —protestó Remus, levantándose él mismo, doblando los
brazos.

—Muy de acuerdo que no, joder. —respondió Sirius, sacando un pesado libro. Era Historia de la
Magia, Remus reconocía la forma y tamaño. —Simplemente me apetecía refrescar mi memoria, es
todo. Así que, me voy a sentar aquí y leer en voz alta, porque eso me ayuda a estudiar... y si resulta
que tú retienes algo de ello en ese enorme cerebro tuyo, entonces no hay mucho que pueda hacer al
respecto.

Remus resopló.
—¿No tienes nada mejor que hacer? ¿Dónde está James, de todos modos?

—Mirando la práctica del equipo de Quidditch. —Sirius se instaló en su cama, abriendo el libro —
Estima que entrará en el equipo el próximo año, así que intenta pillar algunos consejos. Peter lo ha
seguido, obviamente. Ahora, estate callado por favor, estoy intentando trabajar. —aclaró su
garganta — Una historia de la magia, por Bathilda Bagshot. Capítulo uno, el Antiguo Egipto; los
derechos y rituales de Imhotep…

Y así siguió. Y siguió, y siguió. Remus se mantuvo parado por un tiempo, intentando decidir si
marcharse de la habitación y azotar la puerta o no. Pero se encontró con que realmente no estaba
enojado - era difícil mantenerse enojado con Sirius, sin importar qué tan fastidioso era. Así que
Remus se sentó, y escuchó. Resultó ser que la historia no era tan aburrida después de todo, no
cuando entendías lo básico. Además, Sirius era considerablemente más animado que el Profesor
Binns.

Su voz era clara y firme, nunca tropezando con las palabras o frases más complicadas, como si
hubiese leído el libro cien veces. Remus una vez lo había escuchado decir a James que hablaba
Latín y Griego fluido, la familia Black aparentemente se enorgullecía de ese tipo de cosas.

Continuó, capítulo tras capítulo, desde los sangrientos encantamientos de resurrección egipcios
hasta los crípticos oráculos griegos, a mágicas sacerdotisas mesopotámicas. El mundo antiguo se
abrió en mente de Remus, y se encontró a sí mismo recostado en su cama, los brazos detrás de su
cabeza con los ojos cerrados, dejando que Sirius lo guiara a través del tiempo.

Eventualmente, la voz del otro chico se encontraba casi ronca, mientras hablaba casi en un susurro.
La tarde había cerrado a su alrededor, y la sala común era bañada en un dorado resplandor
anaranjado mientras se ponía el sol. A mitad del “Capítulo cinco; Tiberius y los avances de la
batalla mágica romana”, Sirius dejó escapar una leve tos, y bajó el libro.

—No creo poder estudiar más por hoy. —graznó.

Los ojos de Remus se abrieron de golpe. Se sentó, parpadeando.

—Está bien —dijo, en voz baja —. Es hora de cenar ya, muero de hambre.

Ambos se levantaron, se estiraron y bajaron por las escaleras.

James y Peter los esperaban en la mesa de Gryffindor en sus asientos habituales.

—¿Cómo estuvo la práctica? —preguntó Sirius, luego de vaciar un cáliz de jugo de calabaza. Su
voz casi había vuelto a la normalidad, sonando solo ligeramente forzada.

—Excellente. —respondió James, animadamente, arponeando una salchicha al final de su tenedor y


usándola para recoger un poco de puré de patatas — ¿Cómo puede ser que no viniste?

—Deberes. —respondió Sirius, sirviendo salsa sobre su propia comida.

Cuando terminaron la cena, James los entretuvo con un reporte de la práctica de quidditch con
puntos y comas, listando cada jugador en el equipo, sus fortalezas y defectos, sus técnicas y lo que
podrían hacer para mejorarlas. Peter se interponía ocasionalmente con sus propias opiniones, las
cuales apenas diferían de las de James.

El postre fue galleta con dulce de caramelo, el cual no le gustaba a James ni a Sirius. Remus
pensaba que estaban locos, y tomó sus disgustos como evidencia de su esnobismo. Se hubiese
comido los suyos también, pero Peter llegó primero, zampándose la porción.
—Tengo algunos dulces —el chico más pequeño ofreció, metiendo la mano en los bolsillos de su
túnica y sacando una abultada bolsa marrón — Mamá los envío, sírvanse.

—¡Gracias Pete! —Hincaron el diente, masticando felizmente entre meigas fritas, ranas de
chocolate y caramelos gigantes que cambia-sabor. Remus se sirvió unos cuantos también, hasta que
se sintió verdaderamente nauseabundo.

—¿Qué deberes estabas haciendo? —preguntó James, rascándose la barbilla, distraídamente —


Pensé que habíamos terminado todo para esta semana.

—Seh, um, estaba algo atrasado en Historia. Tenía que volver a revisar algo. —Sirius se estaba
rascando también, cerca de la clavícula.

Verlos hizo que Remus comenzara a sentir picazón. Sintió cosquillas en la parte posterior de su
mano como si un pequeño insecto se arrastrara sobre él. De pronto pensó en el polvo picapica y
miró hacia abajo.

Casi gritó. Crecía pelo oscuro y denso en la parte de atrás de su mano; a un ritmo alarmante. ¡Se
estaba transformando! No estaban nada cerca de la luna llena ¿Cómo podía estar pasando esto? Se
levantó tan repentinamente que casi se cae hacia atrás. Tenía que salir de ahí, ¡Rápido!

—¿Qué pasa, Lupin? —James lo miró fijamente, sobresaltado.

Remus lo miró de vuelta, luego a Sirius. A ambos les estaba creciendo pelo también - oscuros rizos
brotaban de sus rostros, sus manos y brazos - cada trozo de piel expuesta. Abrió la boca,
quedándose sin palabras. Pasó la lengua por sus dientes, no estaban creciendo.

—Oh por mil demonios… —dijo James, mirando hacia abajo a sí mismo, luego a los otros dos
chicos — ¿¡Qué está sucediendo!?

—Peter. —gruñó Sirius, su cara ahora casi cubierta en pelo — ¿Estás seguro que tu mamá envió
esos dulces?

Peter, que no había comido ningún dulce aún, los miró a ambos, y se puso rojo, balbuceando.

—Bueno, quiero decir… pensé que eran de ella… llegaron esta mañana…

—¡Pete! —rugió James. La gente los miraba, ahora, dándose la vuelta y codeándose entre sí.
Pronto, el comedor entero susurraba y señalaba a los tres increíblemente peludos chicos en la mesa
de Gryffindor.

Bastante gente se reía, también, pero desde luego nadie se reía más fuerte que Severus Snape,
desde los bancos de Slytherin.

—Vengan. —Sirius se levantó, extendiendo su peluda nariz hacia arriba con un aire de dignidad
aristocrática que no era nada menos que hilarante — Vamos a la enfermería. Podemos tramar
nuestra venganza después.

Mientras dejaban alaridos de risa del resto del gran comedor, Remus se encogió de vergüenza,
cubriendo su cara con las manos. Cada centímetro de él estaba cubierto en el mismo pelo brillante.
No lo encontraba tan divertido como James y Sirius parecían hacerlo.

—Te dije que nos devolverían el golpe. —murmuró Sirius.


Primer Año: Cumpleaños, libros y The Beatles

Afortunadamente, Madam Pomfrey fue capaz de deshacer el maleficio con unos cuantos golpecitos
de su varita. De todos modos les dio un sermón sobre el mal uso de la magia peligrosa.

—¡Como si hubiésemos querido vernos como pie grande! —se quejó James mientras dejaban la
enfermería, su piel aún cosquilleando por el crecimiento del pelo.

—Tiene que haber sido Severus. Cubrió los dulces en una de sus pociones, estoy seguro. —Sirius
se puso furioso al decirlo.

—Sí, todos los sabemos, amigo. —respondió James — No te preocupes, se la vamos a devolver.

—¡Lo siento! —se lamentó Peter, por enésima vez — ¡Realmente pensé que eran de mi mamá!

—Está bien, Peter. —James le dio una palmadita en el hombro — Solo me hubiese gustado que
nos los dieras a primera hora un lunes – al menos podríamos haber faltado a Transformaciones.

—¡Exijo un castigo justo! —gritó Sirius, levantando su varita dramáticamente. Remus se rio, James
también.

—¡Y la tendrás! —respondió, empujando sus gafas hacia atrás en su nariz —. La paciencia es una
virtud, Black. Una venganza como esta toma su tiempo. Supongo que no tienes otra idea brillante,
¿Remus?

—Lo siento. —Remus sacudió la cabeza. Su corazón aún latía del terror de aquello. Si hubiese
visto a Snape en ese momento lo habría estrangulado; qué importa jugarle una broma.

—Te ayudaré, James. —Peter empezó a hablar de pronto — Haré lo que sea. No tendré miedo esta
vez, yo…

Estaban por doblar en la esquina que daba a la torre de Gryffindor cuando alguien por detrás llamó.

—Sirius.

Los cuatro chicos voltearon. Sirius hizo un pequeño sonido de susto. Era Bellatrix Black.

—¿Qué quieres? —preguntó, mirando hacia abajo y arrastrando sus zapatos en el piso de losa. Era
la postura más no-Sirius imaginable, pensó Remus. También notó que James dio un paso adelante,
parándose hombro a hombro con su amigo.

—Ven aquí y dirígete a mí como se debe. —dijo bruscamente la de séptimo en respuesta.

Sirius no se movió. Bellatrix sacó su varita. Remus se sorprendió, y por primera vez desde que
estuvo en Hogwarts, se sintió asustado.

—Ven aquí —dijo, en voz baja — o te obligaré. Y no será un pequeño e infantil encantamiento
para hacer crecer pelo, lo prometo.

Sirius caminó hacia adelante, sacudiendo su cabeza hacia James, quién intentó seguir. Todos
miraron a los primos hablar en voz baja al final del pasillo por largos, incómodos minutos. Sirius
apenas levantó la vista del piso todo el tiempo. Finalmente, ella le dio unas palmadas en la cabeza,
luego se dio media vuelta y se fue. Todos exhalaron, aliviados. Sirius caminó de vuelta a ellos
tembloroso.
En silencio, todos entraron por el hueco del retrato y se sentaron en su habitual sofá.

—¿Todo bien, Sirius? —preguntó James, primero.

—Sí. —asintió, viéndose más pálido de lo usual — Ella um… quería invitarme a tomar el té. En
mi cumpleaños. Creo que mi madre la debió obligar, probablemente le dio una conferencia
familiar. Intenta traerme de vuelta al redil.

—¿Solo porque estás en una casa diferente?

—Y por la compañía que mantengo. —Les sonrió arrogantemente a todos ellos.

—¿Y cuándo es tu cumpleaños?

—En dos semanas. El tres. Tengo que ir a tomar este té, de igual forma. Bella no estaba bromeando
acerca de saber unas cuantas maldiciones bastante viles.

—Haremos algo después, entonces. Algo bueno, ¿Sí?

Peter y Remus asintieron entusiastamente, pero en el fondo de su mente Remus recordó que el tres
era la noche de la luna llena.

...

Sirius cumplió doce y Remus no estuvo ahí para celebrarlo, aunque no pensó que a nadie le
importara. James era el mejor amigo de Sirius, y a Peter aún le gustaba pensar que James le
pertenecía un poco también. Así que Remus sería el extraño, incluso si no hubiese estado
encerrado en una choza intentando destrozarse a sí mismo. Madam Pomfrey intentó darle un filtro
para dormir esta vez, antes de que se levantara la luna, pero aparentemente no tuvo efecto alguno.
Lo peor de todo, es que consiguió darse su peor cicatriz hasta el momento, justo a través de su
espalda.

Pomfrey le hizo pasar el día en la enfermería después de eso, lo cual fue de hecho fortuito,
significaba que podía simplemente decirles a sus amigos que de pronto se había enfermado. Aún
estaban algo confusos de porqué no les había dicho nada acerca de sentirse enfermo antes, pero no
le dieron más vueltas. Probablemente ya pensaban que era bastante raro, y a estas alturas aceptaban
casi cualquier cosa que les dijera.

No habría disfrutado el cumpleaños. James habló con Madam Hooch y arregló una lección de
vuelo en la hora de la comida para los tres. Luego de la cena, antes de que Sirius tuviera que irse a
cambiar para ir a tomar el té con sus primas, James y Peter dirigieron a la mesa de Gryffindor en
una ronda de “Feliz Cumpleaños” seguida de “Es un compañero excelente”. De acuerdo a los
estudiantes que Remus escuchó después, habían cantado “¡y siempre lo será!” una y otra vez, cada
vez más fuerte hasta que la Profesora McGonagall tuvo que amenazarlos con castigarlos si no
paraban.

Mientras Noviembre avanzaba, los días se volvían más cortos y el castillo más oscuro. Pasaban
menos tiempo afuera, y más del mismo acurrucados cerca del fuego en la sala común, jugando
juegos de cartas y tramando su venganza contra Snape. El primer término estaba llegando a su fin,
y los profesores parecían estar apilándoles más deberes que nunca.

Siempre que Sirius y Remus estaban lejos de Peter y James, usualmente cuando los otros dos
estaban en la biblioteca, Sirius le estaba leyendo. Terminaron "Una Historia de la Magia" en poco
menos de dos semanas, y luego alternaron entre; "Guía de Transformación para Principiantes" y
"Filtros y Pociones Mágicos" por el resto del término. Cuando los merodeadores trabajaban en sus
deberes como un grupo, incluso se ponía a leer en voz alta, como si fuese para sí mismo,
reclamando que lo ayudaba a pensar. Esto molestaba mucho a James, quien prefería el silencio.

Aunque no sería posible que cubrieran el plan de estudios entero en tan poco tiempo, para asombro
de todos - incluyendo el suyo propio, las notas de Remus estaban mejorando a un ritmo asombroso.
Sirius aparentemente había tenido la idea correcta; la habilidad de Remus de retener y recordar
información era notable, y se encontró a sí mismo levantando la mano en clases por primera vez en
su vida.

Las notas de Sirius, por otra parte, comenzaron a caer. Pasaba tanto tiempo secretamente
intentando ayudar a Remus, que aparentemente no hacía más ninguna de las lecturas adicionales de
las cuales se había enorgullecido durante todo el año. Como estaban las cosas, sus propios deberes
se habían vuelto promedio, pasables, y cayó por detrás de James por primera vez. James estaba
inconsciente de ello, por supuesto, y meramente asumió que él estaba actualmente mejorando.

—¡Pero pasas tanto tiempo en la biblioteca! —le susurró Remus una vez, luego de que Sirius
recibiera una nota “Aceptable” en uno de sus ensayos de Encantamientos — Pensé que estabas
estudiando. —El propio Remus aún no había reunido el coraje para visitar la biblioteca. Pensar en
todos esos libros le horrorizaba.

—Estoy estudiando —respondió Sirius, animadamente . Solo no estas cosas. —Dobló el ensayo y
lo hizo a un lado — Estoy buscando hechizos de interpretación cognitiva, tú sabes, para que puedas
leer por ti mismo. Es bastante difícil, nivel TIMO, de hecho, pero creo que ya casi lo tengo. No te
preocupes, Lupin, no es como si estuviera reprobando. Esto es mucho más interesante, de todos
modos.

Remus se sentía horriblemente culpable, desde luego, así como levemente avergonzado de que
Sirius dedicara tanto tiempo en ayudarle. Honestamente no podía recordar un momento en su vida
en que alguien hubiese intentado tanto algo por él. Lo hacía desear que pudiese hacer algo -
cualquier cosa a cambio. Pero, aparte de tener una familia difícil, Sirius Black parecía no querer
nada en absoluto.

De hecho, había una cosa que Remus podía darle a Sirius que incluso James no podía - pero apenas
valía la pena mencionarla. Algo que Sirius llamaba “percepción muggle”. Comenzó cuando Remus
finalmente reunió el coraje para preguntar sobre la colección de récords de Sirius. Sirius estuvo
más que feliz de compartir; además de su escoba, que seguía en casa, sus álbumes eran su posesión
más querida.

Remus fácilmente podía ver porqué; tenía Introducing The Beatles, A Hard Day’s Night y Help!,
así como Abbey Road, Beggars Banquet y Sticky Fingers, – “Mick Jagger tiene que ser el muggle
más cool que he visto”, las palabras de Sirius salieron a borbotes – dos álbumes de Led Zeppelin,
Remus no los había escuchado antes, pero los chicos mayores de St. Edmund’s estaban
obsesionados, y un LP de Simon and Garfunkel, escondido atrás.

Resultó que, los magos, generalmente no pensaban mucho en la música muggle. Todos los récords
de Sirius habían sido regalos de su prima, Andrómeda, quién aparentemente era la primera “oveja
negra” de la familia Black, habiendo dejado la escuela unos cuantos años atrás y estando casada
con un muggle.

—Casi nunca la veo —explicó Sirius — No desde la boda, pero me envía estos por correo cada
tanto. Los envía al modo muggle, para que mamá no se entere, no sabe cómo funciona la oficina
postal.

Así que aunque tenía una colección impresionante para los estándares de cualquier chico de once
años, las pasiones de Sirius existían casi enteramente en un vacío. No estaba al tanto de ninguna
otra de las canciones de The Beatles además de las que ya tenía, estampadas en vinilo. Nunca había
escuchado la radio, ni mirado Top of the Pops, o siquiera abierto una copia de NME antes. Siendo
así, encontró a Remus eternamente fascinante en el tema de música y cultura muggle.

—¡Pero en verdad los has visto! —dijo, maravillado — Los has visto interpretando.

—No en la vida real, ni nada así. —respondió Remus, incómodo.

—No, ya sé, en el teléfono. —Sirius asintió, sagazmente. Remus ahogó una risa.

—En la televisión. —corrigió. —. Es más como esos retratos movibles que ustedes tienen. Solo
que en blanco y negro. Y solo a The Beatles... The Stones vinieron solo una vez y Matrona nos
hizo apagarla, por su cabello.

—¿Qué hay con su cabello?

—Muy largo. —Remus se encogió de hombros — Dijo que se veía sucio.

—Mi cabello es mucho más largo. —dijo Sirius, frunciendo el ceño.

—Sí, lo es. Pero los niños muggle no tienen el cabello largo, no normalmente.

—¡No le digas eso! —molestó Peter —. Se afeitará la cabeza. —Lanzó una piedra de gobstones
por el tablero en el piso, habían estado jugando un perezoso juego de vez en cuando durante los
últimos días, intentando enseñarle a Remus las reglas. Rodó hacia una de las piedras de Sirius y la
sacó del anillo, inmediatamente arrojando un líquido con olor asqueroso, el cual Sirius apenas
logró esquivar a tiempo. Peter sonrió ampliamente —. ¡Já, toma esa, amante de los muggle!

Sirius maldijo, en voz alta, y se fue a cambiar de ropa.


Primer Año: Navidad 1971

—Lupin, tal vez usted pueda decirme, ¿Cuáles son las propiedades transformativas de lapis
philosophorum? —McGonagall llamó, casi al final de su lección un día. Le dio una mirada muy
mordaz, la última vez que le había hecho una pregunta en frente a la clase él se había encogido de
hombros desviando la mirada.

—Um… —Remus esforzó su cerebro — Bueno, ¿Creo que es la que convierte las cosas en oro? Si
la usas bien… y Cleopatra la Alquimista la usaba para convertir plomo en plata, creo.

—Correcto. —McGonagall sonaba como si estuviese intentando enmascarar su sorpresa — Cinco


puntos para Gryffindor. Y otros cinco por hacer la conexión con Cleopatra la Alquimista, no es
mencionaba en Guía de transformación para principiantes, ¿Lo leyó en su libro de historia?

Remus asintió, al tanto de que todos lo estaban mirando.

—Bueno, excelente. Algunos de mis estudiantes de tercer año son incapaces de hacer referencias
cruzadas con sus estudios de ese modo, estoy complacida de ver que está tomando un interés así.
—Se dirigió a la clase — Y comenzaremos a discutir alquimia luego de Navidad. Lo cual me
recuerda... con las fiestas acercándose, quisiera solicitar a los estudiantes que planeen quedarse en
Hogwarts durante las vacaciones hacérmelo saber para el final de la semana. Gracias, pueden
retirarse.

La clase se levantó para irse. Unas cuantas personas le dieron unas palmaditas a Remus cuando
pasaban.

—Sr. Lupin, ¿Tiene un momento? —dijo McGonagall, justo cuando él pasaba por su escritorio. Su
estómago se hundió. Había pasado dos semanas sin un castigo de ella; debió haber sabido que algo
venía. Se quedó parado, metiendo las manos hasta el fondo de los bolsillos y mirando fijo a sus
pies mientras el resto de la clase salía.

Finalmente, el aula de clases vacía, ella caminó y cerró la puerta, justo en la cara de James, y se dio
la vuelta en la sala.

—Bien hecho hoy, Remus. —dijo McGonagall, amablemente — Has estado realmente bien
últimamente.

Él volteó a verla, sobresaltado. Ella se rio.

—¡No te veas tan sorprendido! Estoy muy impresionada. El Profesor Slughorn y el Profesor
Fliwick han dicho lo mismo. Quería hablar rápido contigo sobre la Navidad. He hablado con la
Sra. Orwell...

—¡¿Quién?!

—La dama que dirige St. Edmund’s.

—Ah, claro, Matrona.

—Exactamente. Como sabrás, la luna llena ocurrirá dos veces en Diciembre – el dos —(eso era la
siguiente semana) —, y el treinta y uno. Víspera de Año Nuevo. La Sra. Orwell parece opinar que
sería mejor que permanecieras en Hogwarts la Navidad por esta razón. Espero que no estés muy
decepcionado.
Remus se encogió de hombros.

—No me molesta de cualquier forma.

La Profesora McGonagall asintió, muy seriamente.

—Añadiré tu nombre a lista, entonces. Nos vemos la próxima semana, Remus.

...

James invitó a Sirius y Remus a visitarlo en las vacaciones, sabiendo que ninguno de los dos se
enfrentarían a una Navidad particularmente feliz de otro modo. Remus se vio forzado a declinar,
incluso si no se hubiese sentido increíblemente tímido acerca de visitar la casa de James y conocer
a sus padres, aún estaba legalmente bajo el cuidado de la autoridad local de St. Edmund’s, y
necesitaba un permiso escrito de Matrona para salir de Hogwarts.

Sirius, quien hubiese adorado la oportunidad de pasar dos semanas tonteando con James, haciendo
carreras con sus escobas y comiendo chocolate, también tuvo que rechazar. Su familia había dejado
bastante claro que no aprobaban que visitara a la familia Potter bajo ninguna circunstancia.

—Bellatrix, esa perra, ha estado dándoles información a mis padres. —explicó con tono lúgubre —
Aparentemente, ya los he deshonrado lo suficiente. Si voy a tu casa solo se pondrá peor. Lo siento,
colega.

Remus fue al borde de los terrenos con los merodeadores solo para despedirse en el último día del
término.

—¡Te enviaremos lechuzas! —prometió James — ¡Ve si se te ocurre nuestro próximo plan de
ataque a Snape!

Remus sonrió extensamente y prometió que lo intentaría. Esperaba que las cartas que James
enviara no fueran muy largas. Era el único Gryffindor de primero que se quedaría por las
vacaciones, y caminó penosamente un solitario recorrido de regreso hacia el castillo.

Al día siguiente disfrutó quedarse acostado, algo que nunca tenían permitido hacer en St.
Edmund’s. Durmió hasta las diez de la mañana, cuando Frank Longbottom asomó la cabeza por la
puerta.

—Vamos Lupin, ¡Te perderás el desayuno a este ritmo!

A Remus le caía bien Frank, tenía un ancho, amable rostro y un trato sencillo. Parecía
completamente sólido y digo de confianza, como un hermano mayor. Entendía que Remus estaba
acostumbrado a ser un forastero, e intentaba no incluirlo cuando fuese posible sin empujarlo
demasiado.

Luego del desayuno Frank se esfumó a la lechucería y Remus se sentó melancólico en la sala
común, sintiendo las próximas dos semanas estirándose ante él, vacío y solitario. Consideró una
caminata alrededor de los terrenos, pero comenzó a llover estrepitosamente. Reprodujo unos
cuantos de los récords de Sirius y hojeó una pila de revistas que unos de cuarto habían dejado, solo
mirando las imágenes. Eran más que nada atractivas, glamorosas brujas y magos guapos, supuso
que era una revista de modas.

Los siguientes días pasaron muy parecido. Frank lo iría a despertar en la mañana, comería el resto
de sus comidas con el resto de los Gryffindor en el Gran Comedor, pero fuera de eso estaba libre de
hacer lo que quería.
Estaba tan aburrido que en un punto incluso pensó en hacer algo de los deberes que le habían
asignado. Había estado intentando mejorar su escritura, pero era casi imposible con las ridículas
plumas de ave que les habían proporcionado. Nadie respondería como la gente cuando preguntaba
porqué no podían usar simplemente bolígrafos. Incluso un lápiz habría sido mejor. En realidad, sí
trató de leer un poco, pero luego de intentar con un párrafo de su texto de Herbología se rindió
frustrado. Copió unos cuantos de los diagramas en vez de eso - a Remus no le molestaba dibujar; le
gustaba la libertad de ello.

Todos los días caminaba alrededor del castillo por unas cuantas horas, con su mapa. Los otros
chicos habían tirado los suyos hace mucho, habiendo aprendido las localizaciones de las aulas de
clase luego de la primera semana o algo así. Pero Remus se aferraba al suyo, aún molesto por su
incompletitud. Había comenzado a marcarlo él mismo, añadiendo puntos de interés, lugares para
esconderse y el pasadizo secreto que había encontrado.

El resto del tiempo lo pasaba evadiendo profesores que se preocupaban de que estuviera solo. No
era el único estudiante en la escuela, pero la mayoría de los otros eran de sexto y séptimo, quiénes
generalmente se quedaban en la biblioteca a estudiar duro para los exámenes, o a trabajar en su
trabajo de curso. Slughorn estaba dando clases especiales de Pociones extra en las mazmorras, pero
Remus no había sido invitado y probablemente no habría ido de todos modos.

Practicó unos cuantos hechizos, y se entretuvo a sí mismo por unas cuantas horas intentando ver
cuántos objetos en su dormitorio podía levitar al mismo tiempo. Lo hizo un juego, lanzando varios
objetos – libros, gob stones, barajas de cartas – al aire, e intentando detenerlas antes de que cayeran
al piso. Tuvo que parar de hacerlo, eventualmente, cuando Frank tocó la puerta y le dijo irritado
que no hiciera tanto ruido.

...

Sábado 24 de Diciembre, 1971

El día de Nochebuena, Remus se despertó más temprano de lo usual - aún estaba bastante oscuro.
Fuerte lluvia caía sobre los gruesos cristales de las ventanas, el sonido lo suficientemente fuerte
para hacer eco en el dormitorio vacío. Pero no fue eso lo que le perturbó. La puerta crujió al
abrirse, y alguien se abrió paso adentro.

Sentándose y mirando a través de la oscuridad, Remus esperó ver a Longbottom diciéndole que se
levantara para el desayuno. Pero no era Frank. Era un empapado y muy desaliñado chico, con largo
cabello y rostro altivo.

—¡Sirius! —Remus saltó de la cama, encantado de ver a su amigo.

Sirius se apartó el cabello mojado de sus ojos, claramente había estado afuera bajo la lluvia. Se
sacó su pesada capa de viaje, tirándola en una pila de ropa en el suelo.

—¿Todo bien, Lupin? —Sonrió — Está helado, ¿verdad? —Apuntó su varita a la chimenea —
Incendio.

—¡¿Qué estás haciendo aquí?!

—Tuve suficiente. —dijo simplemente, sacándose las botas, que estaban embarradas en lodo —
Me metí en una discusión con Papá, luego toda la familia se metió. Lo de siempre. Me llamaron
traidor a la sangre, la vergüenza de la familia, etcétera, etcétera… —Se dejó caer sobre su cama —
Así que me fui.
—Wow. —Remus se frotó los ojos, anonado —. ¿Cómo llegaste aquí?

—Polvos flu — Sirius se encogió de hombros — al pub en el pueblo. Luego solo caminé.

—Wow. —repitió Remus.

—Muero de hambre, me mandaron a la cama ayer sin cenar. Vamos, ¡Vístete! ¡Desayuno!

McGonagall no estaba contenta de ver a Sirius tanto como Remus. Los dos chicos intentaron tomar
sus asientos en la mesa como si nada estuviera fuera de lo común, pero ella apareció a su lado casi
de inmediato.

—Sr. Black. —dijo, una nota de advertencia en su voz que Remus reconoció de sus detenciones —
¿Qué significa esto?

—Yo también la extrañé, Profesora. —Él le sonrió abiertamente.

El borde de la boca de la bruja se contrajo, pero mantuvo su compostura.

—Fue visto caminando hacia los terrenos desde Hogsmead a las seis esta mañana. ¿Le importaría
explicarse en detalle?

Sirius sacudió la cabeza.

—Realmente no, profesora. La verdad eso es todo lo que hay que decir sobre ello.

McGonagall suspiró, sacudiendo su cabeza ligeramente. Tenía la misma mirada de lástima que
usualmente reservaba para Remus.

—Muy bien, Sr. Black. Tendré que contactar a sus padres, desde luego, para que sepan dónde está.

—No hay necesidad. —respondió Sirius, asintiendo hacia la bandada de lechuzas que justo se
habían precipitado a la habitación. La más grande de estas aves, un enorme, majestuoso búho real,
tiró un grueso sobre rojo sobre el plato de Sirius. Él dirigió su mirada hacia este, luego hacia arriba
a McGonagall con una sonrisa torcida — Creo que saben exactamente dónde estoy.

Tomó el ominoso sobre, y, sin romper el contacto visual con McGonagall, lo abrió. Casi
inmediatamente, la carta comenzó a gritar. La voz era tan alta que llenaba el comedor entero,
causando que algunas cabezas voltearan. McGonagall hizo una mueca de dolor ante el tono
alarmantemente estridente que tenía. Era la voz de la madre de Sirius.

—SIRIUS ORION BLACK —chilló — ¡CÓMO TE ATREVES A DESAFIAR A TU PADRE DE


ESTA MANERA! —Remus se cubrió las orejas. Sirius permaneció perfectamente quieto, mirando
a McGonagall — ¡ASOCIÁNDOTE CON MESTIZOS Y TRAIDORES A LA SANGRE!
¡DÁNDOLE LA ESPALDA A TU FAMILIA! ¡SI TU ABUELO ESTUVIESE VIVO TE
HUBIERA DESHEREDADO EN EL MOMENTO QUE FUISTE SELECCIONADO! ¡TE
QUEDARÁS EN LA ESCUELA HASTA EL FIN DE AÑO Y PIENSA ACERCA DE LA
VERGÜENZA Y DESHONOR QUE LE HAS TRAÍDO A TU NOBLE TÍTULO! ¡NO CREAS
QUE NO TE DESHEREDAREMOS! ¡NO ERES NUESTRO ÚNICO HIJO!

Con eso, la carta estalló en llamas, enrollándose y encogiéndose en un montón de ceniza blanca. El
silencio que siguió fue ensordecedor. Todos estaban mirando fijamente.

Sirius se acercó por algo de tostada, poniéndola en su plato, luego comenzó a servirse huevos
revueltos con ella, despreocupadamente. Echó un vistazo nuevamente a McGonagall.
—Puede enviarle una lechuza a mi madre si quiere, Profesora, pero dudo que la lea.

—Muy bien, Sirius. —McGonagall asintió — Solo… intenta alejarte de los problemas, ¿Sí? —
Con eso, caminó rígidamente de vuelta a la mesa de los profesores al final del corredor.

Sirius comió su desayunó en silencio. Años después, Remus siempre recordaría pensar en ese
momento que Sirius Black debía ser el niño más valiente en el mundo.

...

El día de Navidad en St. Edmund’s usualmente era un asunto extremadamente ruidoso. Algunos
chicos recibían regalos - aquellos a cuyos familiares lejanos les importaban lo suficiente como para
enviar una nueva sudadera quizás, pero no lo suficiente para visitar - otros tenían que ver la usual
selección de donaciones de los locales, los cuales Matrona envolvía para ellos. Recibir regalos era
seguido rápidamente de un canjeo de regalos, y a menudo pasaban la mañana haciendo trueques e
intercambios de los escasos regalos que habían recibido. Les hacían arreglarse, luego les guiaban
en una larga fila camino abajo a la iglesia, donde se aguantarían hasta el final del servicio de
Navidad, aburridos y con los hombros caídos.

La mañana de Navidad en Hogwarts fue considerablemente más agradable. Remus casi se


conmovió cuando se encontró con que Matrona no se olvidó de él - el correo había llegado en la
noche y al final de su camino encontró una tarjeta de ella, así como un amontonado paquete que
contenía una bolsa de nueces, una naranja, y una lata de galletas. Para su asombro, James también
le había enviado un regalo, su propio set de gob stones. Peter incluso le había enviado una caja de
ranas de chocolate.

—Feliz Navidad. —bostezó Sirius, abriendo sus propios regalos. No tenía nada de sus padres, hasta
donde Remus podía ver, pero no lo mencionó. James le había enviado un anuario de su equipo de
quidditch favorito, los South End Scorchers, y tenía una caja de ranas de Peter también.

—Feliz Navidad —devolvió Remus — no le di regalos a nadie. —Admitió culposamente — No


sabría que lo harían…

—No te preocupes por eso —respondió Sirius, en su camino al baño — nadie esperó que lo
hicieras.

Esto inquietó a Remus, pero intentó no pensar en ello. Mientras Sirius estaba en el baño, otra
lechuza voló por la ventana y dejó un grande y plano paquete cuadrado en su cama. Cuando Sirius
salió y lo vio, sus ojos se iluminaron y le arrancó la envoltura, ansiosamente.

—¡Es de Andrómeda! —explicó, sacando el récord, mostrándoselo a Remus, quien se apresuró


hacia él emocionado.

Era otro álbum muggle. La portada era negra, impresa con la imagen de la silueta de un hombre
parado en frente de un amplificador enorme, tocando la guitarra. Tenía cabello rizado, largo y
salvaje, parado con sus piernas separadas en una postura de poder, delineado en dorado. Electric
Warrior, proclamaba el título, T-Rex.

—Ohh, T-Rex, creo que he escuchado sobre ellos. —dijo Remus, mientras Sirius lo volteaba para
leer la lista de tracks.

—¡Ponlo! —animó Remus, impaciente. ¿A quién le importaba lo que decía la portada?

Sirius lo hizo, deslizando el resbaladizo disco negro y acomodándolo en su tocadiscos. El récord


comenzó a girar, y la habitación se llenó de música – un suave, corredizo palpitar.
“Beneath the bebop moon/I wanna croon/With you-ooo…”

Se sentaron y escucharon en trance, deteniéndose solo para darle la vuelta al lado B. Una vez que
terminó, Sirius sin decir palabra alguna lo volteó y comenzó desde el principio nuevamente.
Alternaron entre sentarse en la cama, balanceándose ligeramente ante la melodía, o asintiendo sus
cabezas mientras el ritmo se aceleraba. Compartieron sonrisas con el otro con los riffs más
pegadizos, y se acostaron a mirar fijamente al techo para los tracks más lentos y ensoñadores.

Eventualmente, a mitad de la segunda escuchada, Frank pasó.

—Feliz Navidad, muchachos – vengan, ¡desayuno!

Se vistieron rápidamente y bajaron al comedor. El Gran Comedor había sido decorado


ostentosamente por los profesores - relucientes cuerdas de oropel en rojo, verde y dorado brillaban
de cada viga, colgando como festivas enredaderas de la selva. Doce enormes árboles centelleaban
con luces de todos los colores imaginables, y adornos del tamaño de pelotas de fútbol colgaban de
cada rama.

Luego del desayuno, los chicos se apresuraron a ir arriba a escuchar su álbum nuevamente.

—Es la cosa más cool que he escuchado nunca. —declaró Remus. Sirius asintió, solemnemente.

La canción favorita de Sirius era Jeepster, adoraba los agudos acordes, su agresivo golpeteo. A
Remus le gustaba más Monolith; era etérea y suave, las palabras absurdas y significativas al mismo
tiempo. Lo hacían sentir como si estuviera flotando.

Por el resto del día pusieron música en la sala común, comiendo ranas de chocolate, nueces y
galletas, y jugando ruidosas partidas de snap explosivo. Las comidas en Hogwarts eran siempre
espectaculares, y la cena de Navidad no fue diferente. Para cuando cayó la noche, Remus había
comido tanto que pensó que nunca más tendría hambre.

Aunque no se lo dijo a Sirius, quien, después de todo, se había visto obligado a huir de casa por
primera – si no es que última – vez, fue la mejor Navidad de todas para Remus.
Primer Año: Lectiuncula Magna

Martes 27 de Diciembre de 1971

Con el Boxing Day ya pasado y terminado, Remus y Sirius se encontraron atrapados en esos
extraños "ni aquí ni allá" días entre el día de Navidad y el día de Año Nuevo, mientras esperaban
el regreso de sus amigos. Sirius estaba ansioso por planear su venganza contra Snape; de hecho, ya
no estaba interesado en atacar a todos los Slytherin, queriendo concentrar sus energías en un solo
enemigo.

Remus se inclinó a estar de acuerdo. Había estado demasiado furioso con Snape para pensar
claramente en eso durante las últimas semanas. No podía evitar tener la sensación de que Severus
de alguna manera había dado con el maleficio exacto que causaría más malestar a Remus. No sabía
muy bien cómo se las había arreglado el chico de Slytherin, y era muy probable que fuera una
suposición inteligente, pero no le importaba.

— Deberíamos conseguir la capa de James, seguirlo hasta que esté solo y luego darle una paliza.
— Remus gruñó, mientras se sentaban en la sala común vacía una noche. Agarró el brazo del sofá
mientras decía esto, sintiendo el cuero crujir bajo su agarre. Se estaba acercando a la luna llena y
su temperamento estaba más cerca de la superficie que de costumbre.

— Ahora, ahora, Lupin. — lo reprendió Sirius suavemente, cargando una pila de libros que había
traído de la biblioteca. — Estás pensando como un muggle. Si vamos a atraparlo, lo atraparemos
con magia.

— No más libros. — Remus gimió, mientras Sirius se dejaba caer a su lado, con un enorme Tomo
en sus brazos. Lo abrió, y era tan grande que la portada entera descansaba sobre sus delgadas
piernas.

— Sí, más libros — . Sirius respondió, alegremente. — Te encantarán una vez que los conozcas, te
lo prometo.

Remus no estaba tan seguro de eso. Era cierto, que habían llegado a gustarle bastante sus sesiones
de estudio secretas, y en privado estaba sorprendido de lo que había aprendido. Pero escuchar a
Sirius era una cosa, sentarse solo y mirar un bloque de texto era otra cosa. Aun así, Sirius seguía
prometiéndole que se estaba acercando a una solución.

— Entonces, ¿De qué se trata este? — Preguntó Remus, resignado a su destino. Si Sirius quería
hacer algo, era muy poco lo que alguien pudiera hacer para detenerlo. Solo tenías que agarrarte
fuerte hasta que terminara.

— Maleficios y hechizos. Sin embargo, muchos de ellos son realmente complejos. Quiero decir,
estamos bien, - Tú, James y yo, de todos modos - pero sigo pensando que deberíamos ceñirnos a lo
básico. La clave es la simplicidad.

— Okay. — Remus respondió, aburrido. Seguía prefiriendo la idea de una paliza sorpresa.

— Así que pensé que podríamos hacer una lluvia de ideas sobre todas las cosas que podemos hacer
y ver si eso se presta a alguna buena maldición. — Sirius continuó, sin inmutarse de la desgana de
Remus, — Entonces, yo soy muy bueno en la transfiguración, obtuve las mejores notas incluso
después de que empezaras a ponerte al día.

— Correcto.— Remus estuvo de acuerdo.


— Y James es un poco mejor que yo en Defensa Contra las Artes Oscuras, lo que pensarías que
sería algo útil cuando se trata de una babosa asquerosa como Snivellus, pero todavía no hemos
aprendido ningún hechizo bueno, excepto cosas de desarme, y eso es inútil.

Mordió la punta de su pluma, considerándolo. No era una pluma nueva y dejó una mancha oscura
en el labio inferior de Sirius. Remus no dijo nada. Sirius continuó, — James también es bueno
volando, obviamente, pero no sé cómo eso va a ser de ayuda. Luego está Pete ... que es bueno para
escabullirse y gruñir, supongo...

Remus pensó que eso era bastante injusto. Peter no era el mejor de la clase como Sirius y James,
pero en general era perfectamente competente, usualmente conformándose con una nota
satisfactoria. Carecía de la ventaja competitiva que tenían James y Sirius, el deseo de probarse a sí
mismo. Remus reconoció esto bastante bien, a veces era suficiente ser amigo de personas más
inteligentes y seguras de sí mismas. Obtener un poco de su brillo sin ninguna clase de presión.

— Pete es bueno en Herbología — señaló Remus, — Y Pociones.

— Ambos inútiles. — Sirius se encogió de hombros. — Fue a tí a quien se le ocurrió la cosa de la


rosa mosqueta, y nunca vamos a vencer a Snape en Pociones. Odio admitirlo, pero el bastardo es
demasiado bueno. De todos modos, luego te tenemos a tí; probablemente seas mejor en
Encantamientos.

— No soy el mejor — dijo Remus apresuradamente, — Soy bueno en la levitación, supongo, pero
eso es todo.

— Oh, cállate, este no es momento para la modestia, Lupin,— Sirius agitó una mano impaciente,
— Recoges hechizos más rápido que nadie. Si encontramos un maleficio lo suficientemente
espantoso aquí, cuento contigo para que averigües cómo hacerlo.

Remus se retorció. Odiaba cuando Sirius hablaba así, como si Remus fuera tan inteligente o tan
talentoso como él y James. Sabía que no era cierto y le avergonzaba. Luchó contra un impulso
repentino de empujar el libro grande y pesado de sus regazos y alejarse.

Era solo la luna llena, se dijo. Se sentía inquieto y con mucho calor junto al fuego, demasiado cerca
de Sirius, cuya sangre podía oler, mezclada con el aroma único de la magia. Esperaba vagamente
que la cena fuera carne roja, algo en lo que pudiera saborear el hierro.

— Tiene que ser algo grande, — murmuró Sirius, pasando hasta el final del libro. Remus dejó
escapar un gruñido cuando todo el peso del mismo golpeó sus muslos. Sirius ignoró esto, pasando
un dedo por el índice. — Algo mucho peor que lo del cabello.

Remus se estremeció al pensar en la broma de Snape. La rabia lo invadió de nuevo. ¿O era el


hambre? Sacudió la cabeza, apartando el libro y levantándose, fingiendo que solo quería estirarse.
Ya podía sentir sus articulaciones doler mientras su cuerpo se preparaba para la transformación
que se avecinaba.

— No sé por qué crees que seré de ayuda. — Remus suspiró, bostezando ahora.

— Perspicacia muggle. — Sirius sonrió. — Como el polvo picapica. Puedes pensar en cosas que
Snape no verá venir.

Remus se rascó la cabeza, destrozando su cerebro.

— No puedo pensar en nada lo suficientemente malo — dijo, — Una vez tomamos un balde de
agua y lo colocamos sobre una puerta, que tienes que dejar un poco entreabierta, ya sabes, luego se
suponía que la Matrona debía pasar y empaparse. Excepto que la matrona no pasó, la cocinera en
cambio sí y después nos sirvieron comida de mierda durante un mes. — Su estómago gruñó ante
la mención de comida. — Esa es una broma bastante dócil, para ser honesto. ¿Tienes hambre?
¿Podemos bajar a cenar ya?

— Sí, supongo,— Sirius cerró el libro. — Podríamos conseguir un balde con bastante facilidad,
pero parece que hay mucho margen de error. Y no sé si realmente infundiría miedo en su corazón
de la manera en la que queremos. Somos merodeadores, deberíamos establecer ciertos estándares.

Remus se rió entre dientes mientras trepaban por el agujero del retrato.

— Sí, te dije que era una tontería. Es una pena, porque a Snivellus le vendría bien una buena
ducha.

Sirius se rió en respuesta. Luego se congeló y agarró el hombro de Remus,

— ¡Oh, genio! ¡Maldito genio!

— ¡¿Qué?! — Remus respondió, sorprendido y un poco molesto por ser sacudido de esa manera.

— ¡Una buena ducha! ¡Eso es lo que haremos! Apuesto a que es fácil, debe estar en uno de esos
libros ... ¡Espera aquí!

Desapareció a través del retrato. Remus suspiró, hambriento, y esperó.

...

— Así que espera, explícamelo de nuevo? — Remus susurró, mientras terminaban sus platos. Usó
los restos de su papa asada para limpiar lo que quedaba de la salsa. Podría tener un segundo plato:
comía como un caballo en las noches antes de la luna.— Suena complicado.

— No lo es — Sirius negó con la cabeza, — Creo que es fácil. Los hechizos meteorológicos son
difíciles a gran escala, pero esto solo necesita ser una nube del tamaño de esta placa.— Dio unos
golpecitos en la porcelana que tenía delante.

— ¿Sería como el techo?— Preguntó Remus, señalando con la cabeza las vigas encantadas.
Estaba lloviendo, como lo había hecho toda la Navidad, pero el aguacero se desvaneció antes de
que llegara a ellos.

— Un poco — respondió Sirius, — Pero más pequeño. Y sin ningún encanto que nos impida
mojarnos.

— Pero ... ¿No podría simplemente alejarse de eso?

— ¡No si lo combinamos con un hechizo vinculante!

— Pero… no podemos mezclar hechizos, todavía. Bueno, yo no puedo. ¿Puedes?— Miró a Sirius,
quien asentía vigorosamente.

— Sí, lo he intentado, por lo de tu lectura. En realidad, no es tan difícil; solo tienes que
concentrarte.

— Eso es lo que dicen sobre la lectura.— suspiró Remus.

— Practicaremos.— Sirius dijo, con firmeza, — Practicaremos mucho, antes de que James y Pete
regresen. Estarán muy impresionados.
No hubo tiempo para un segundo plato después de eso, así que Remus tuvo que contentarse con el
resto de sus galletas navideñas mientras Sirius buscaba los encantos del clima. Una vez que
encontró lo que quería, ambos se turnaron para intentarlo, Sirius leyó las instrucciones varias veces
antes de que pudieran entenderlas.

Era la primera vez que Remus había intentado hacer un hechizo sin que visualizarlo primero. Era
un poco desalentador para empezar, pero rápidamente entendió cómo el movimiento de la varita
debería fluir y girar, mientras que Sirius era mejor con la pronunciación. Hizo falta mucha
concentración, y era casi medianoche cuando cualquiera de los dos había producido algo.
Finalmente, Remus logró lanzar una pequeña nube gris. Salió de su varita como humo, luego flotó
entre ellos por unos momentos antes de estallar como una burbuja, dejando solo un leve rastro de
condensación.

Sirius sonrió ampliamente,

— ¡Esto va a funcionar!

...

Sábado 31 de diciembre de 1971

Fue difícil deshacerse de Sirius en la noche de luna llena. Remus incluso le dijo que se sentía mal,
pero luego el chico se ofreció a acompañarlo a la enfermería. Finalmente, logró convencerlo de que
debía quedarse y seguir practicando el hechizo de la nube de lluvia.

— Sin embargo, básicamente lo tenemos ahora.— Sirius se quejó. Era cierto, ambos habían
logrado producir lluvias en miniatura satisfactorias; el baño casi se había inundado en el proceso.
Era solo una cuestión de mantener la concentración y perfeccionar el aspecto vinculante ahora.

— Encuentra algo más que hacer, entonces. — Remus espetó, a medio camino de la puerta, la piel
erizada, el estómago gruñendo. — Te veré mañana.

— ¡¿Cómo sabías que ella te mantendrá toda la noc ... ?!

Remus pudo escapar antes de tener que responder más preguntas. Se estaba volviendo descuidado,
pensó para sí mismo mientras llamaba a la puerta de la oficina de McGonagall. Eventualmente
tendría que pensar en una excusa decente para todas sus ausencias. Seguramente conectarían las
noches en las que desaparecía con la luna llena eventualmente: todos tenían Astronomía.

La choza estaba fría, las paredes húmedas por la lluvia implacable. Remus deseó haber traído su
varita; había aprendido a lanzar un buen hechizo de fuego ahora. Pero supuso que no sería bueno
que hubiera un fuego ardiendo cuando se transformara. Podría quemar todo el lugar.

La transformación se produjo más repentinamente de lo habitual. Desde que Madame Pomfrey le


había dicho que empeorarían, parecía poder sentirlo más. Todavía luchaba por no gritar,
preocupado de que McGonagall o Pomfrey pudieran escucharlo mientras salían del túnel. No
necesitaba más lástima.

...

Domingo 1 de enero de 1972

Al día siguiente, Remus apenas podía levantarse después de haberse transformado. En su lugar, se
tapó con una manta y se tumbó en el suelo esperando a que llegara Madame Pomfrey. Cada
centímetro de él le dolía, más que nunca. Su cabeza latía como si un troll la hubiera pisoteado.
Cada diente de su mandíbula le dolía, los tendones de sus hombros se sentían como si se hubieran
estirado hasta romperse. Se había quebrado casi todas las uñas. Había enormes marcas de garras en
el tapiz.

— ¿Remus?— La voz suave de Madame Pomfrey llegó a través de la puerta, — Voy a entrar
ahora, querido.

Cerró los ojos, incapaz incluso de gemir.

— Oh — dijo, mientras entraba en la habitación y lo encontró en el suelo, — Fue uno malo,


¿verdad? Quizás sea el solsticio, tendré que consultar mis libros. ¿Puedes levantarte, Remus? —
Ella le tocó la frente con el dorso de la mano.

Abrió los ojos y asintió débilmente, tomando su brazo y levantándose. Eso fue un error. Tan pronto
como estuvo de pie, su cabeza dio un sacudida y sintió las náuseas aparecer. Se inclinó hacia
adelante y vomitó en el suelo.

— No importa, — dijo Madame Pomfrey, amablemente, un brazo alrededor de su hombro


tembloroso. Apuntó con su varita al desorden, y este se desvaneció en un instante, — No hay daño.
Vamos a llevarte a un lugar cálido ahora, ¿De acuerdo?

Quería usar una camilla mágica para llevarlo de regreso al castillo, pero él no podía soportar la
vergüenza, no importa qué tan temprano en la mañana fuera. Caminaron de regreso, muy
lentamente, hasta la enfermería, donde finalmente se derrumbó en una cama limpia y suave. La
enfermera continuó quejándose a su alrededor, pero él ya se estaba quedando dormido.

Se despertó sintiéndose un poco mejor. De todos modos, su dolor de cabeza lo había abandonado.
Parpadeó adormilado, alcanzando el vaso de agua que estaba a su lado. Alguien lo recogió y se lo
entregó. Bebió profundamente, luego lo dejó, mirando hacia arriba esperando ver a Madame
Pomfrey. Saltó de la sorpresa;

— ¡Sirius!— dijo con voz ronca, su garganta todavía le dolía. Dios, ¿De verdad había estado
aullando? Que embarazoso.

— Feliz año nuevo — dijo Sirius, alegremente. Estaba sentado en el pequeño taburete de madera
colocado allí para las visitas, con un libro en el pecho. — Pensé en venir a buscarte cuando ví que
no estabas en el desayuno. ¿Estás bien?

— Estoy bien — dijo Remus, sentándose, apresuradamente, frotándose la cabeza, — Yo um ...


tengo migrañas a veces. Ya me siento mejor.

— Bueno.— Sirius asintió, — Porque tengo tu regalo de Navidad listo.

— ¿Mi qué? — Remus miró a Sirius con recelo. Sus ojos azules estaban brillantes y llenos de
picardía.

— Lamento la tardanza — estaba diciendo, — tenía que hacer algunos ajustes de último minuto.
Aquí.— Le entregó el libro. Era la copia de Remus de "Historia de la magia".

— ¿Qué...?— Remus no estaba seguro de si estaba en medio de un sueño muy extraño. ¿Por qué
Sirius le estaba dando su propio libro de historia?

— ¡Ábrelo!

Remus lo hizo. Apenas había abierto el libro en todo el año y las páginas todavía estaban rígidas e
inmaculadas, excepto la primera página. Debajo del título, Sirius había escrito algo con su propia
letra cursiva. Remus lo miró entrecerrando los ojos, torciendo la boca por el esfuerzo. Estaba
exhausto, no tenía energía para acertijos.

— Sirius — , suspiró — sabes que no puedo...

— ¡Pon tu mano sobre él!— Sirius dijo, ansiosamente, dando un paso adelante, — Palma plana
contra la página - sí, así. Ahora, dame un momento...

Sacó su varita de su bolsillo y pasó la punta ligeramente contra la sien de Remus.

— Sirius, ¿Qué estás haciendo?— Remus estaba alarmado, nunca antes le habían apuntado con
una varita, y había visto a Sirius hacer volar cosas más grandes que su cabeza.

— ¡Confía en mí!— Sirius lo hizo callar. Una expresión de concentración apareció en su rostro.
Inhaló profundamente. Remus cerró los ojos con fuerza, preparándose para lo peor. Al menos ya
estaba en la enfermería. — ¡Lectiuncula Magna!— dijo Sirius con fuerza.

Remus sintió una sacudida extraña, como si se hubiera perdido el último escalón de una escalera.
No le había dolido, exactamente, y al menos su cabeza todavía estaba unida a su cuerpo. Abrió los
ojos y miró a Sirius.

— ¿Qué fue eso?

— ¡Mira el libro!— Sirius señaló, prácticamente bailando en su lugar con entusiasmo, — ¡Dime lo
que dice!

Remus suspiró y miró el libro en su regazo. Era exactamente lo mismo; una página en blanco con
la letra negra gruesa y ligeramente inclinada de Sirius. Se quedó mirándolo, sin estar seguro de lo
que se suponía que debía estar haciendo.

— ¡Léelo — Insistió Sirius.

— Yo ...— Remus miró hacia abajo y leyó la primera palabra.

'Feliz'

Dijo una voz en su cabeza. Remus parpadeó en estado de shock, nunca antes había escuchado esa
voz, aunque sonaba como la suya. Era casi como el sombrero seleccionador, solo que más familiar,
y menos invasivo. Miró de nuevo.

'Feliz Navidad,'

- leyó;

'Ahora puedes hacer tu maldita propia tarea. De tu compañero merodeador y amigo, Sirius Black.'

Remus se rió. Miró a Sirius, luego volvió su vista hacia la página. Abrió el libro en una página del
medio, mirando las palabras impresas allí:

'...a finales del siglo XVI, Cornelius Agrippa hizo sus mayores avances en el campo de la magia
natural ...'

— ¡Oh Dios mío! — Exclamó Remus. Volvió a pasar otra página y leyó más. La voz prosiguió con
seguridad. Podía leer. — ¡Oh Dios mío!
— ¿Funcionó, entonces?— Sirius preguntó, radiante.

— ¡Sirius! ¡Esto es ... tú! ... No puedo ... ¡¿Cómo?!

— Oh no — Sirius se rió entre dientes, — ¿No me digas que te he estropeado tanto el cerebro que
ni siquiera puedes formar una oración coherente?

— Gracias. — Fue todo lo que Remus pudo decir. Podía sentir que sus ojos ardían por las lágrimas
e inmediatamente se los frotó fuertemente con los puños. Sirius miró hacia otro lado, cortésmente.

— Está bien— , respondió — Ahora puedes ayudarme a investigar nuestra próxima gran broma.

— Ni siquiera hemos despegado el primero del suelo todavía.— respondió Remus, aspirando con
fuerza, recomponiéndose. — Tienes que mostrarme cómo hiciste esto ... es ... quiero decir, debe de
ser magia realmente avanzada...

— Más o menos — Sirius se encogió de hombros, — En realidad, tuve la idea después del
vociferador de Madre. Pensé que si puedes conseguir que una carta le grite a alguien, entonces
puedes conseguir un libro para leerle a alguien. Mantener la voz en tu cabeza fue la parte más
difícil; no podía decir si me estaba funcionando o si solo estaba leyendo normalmente. Sin
embargo, funciona en cualquier libro, creo. No estoy seguro de otras cosas todavía, como etiquetas
de pociones o carteles, pero podemos seguir trabajando en eso...

Remus no podía dejar de mirar el libro, leer líneas al azar y sonreír para sí mismo. No pensó que
alguna vez
él hubiera sido tan feliz en su vida.
Primer Año: La Broma

Domingo 2 de enero de 1972

—¡Brillante!— James exclamó, golpeando con su mano el mostrador del baño, —¡Completamente
brillante!

—¡Eres tan listo!— Peter dijo efusivamente.

Los cuatro estaban amontonados en el pequeño baño compartido. Sirius estaba de pie en el baño,
completamente vestido, sosteniendo un paraguas sobre su cabeza, mientras Remus apuntaba con su
varita a una nube de tormenta gris que flotaba justo encima de él. Estaba lloviendo a cántaros.
Sirius se movió de un lado a otro en la bañera, pero la nube se mantuvo firme sobre su cabeza,
siguiendo cada uno de sus movimientos.

James y Peter habían regresado de sus vacaciones de Navidad hacía solo dos horas, y tan pronto
como terminó la cena, Remus y Sirius los llevaron arriba para una demostración.

—Lupin me dio la idea, pero yo busqué el encantamiento para hacerlo,— Sirius sonrió, con
orgullo, — ¡No sabrá que lo ha golpeado!

—¡¿Cuándo podemos hacerlo ?!— James estaba saltando de arriba a abajo ahora, listo para
explotar de la emoción. —¿Mañana a primera hora? ¿Desayuno? ¿Pociones?

—Cena. —Sirius negó con la cabeza, —Más audiencia.

—Sí, cena.— asintió James, sabiamente, como si la idea hubiera sido suya. —En serio, ustedes
dos, estoy muy orgulloso.

—Salud,— Sirius levantó una ceja irónicamente. Luego miró a Remus, —Um… ¿Lupin?
Probablemente puedes parar ahora. Mis pies se están mojando.

—¡Oh!— Remus sacudió el hechizo, viendo que había producido más lluvia de la que el antiguo
orificio del tapón podía aguantar, y Sirius ahora estaba sumergido hasta los tobillos en agua fría, la
parte inferior de su túnica empapada. —Lo siento.

—Está bien—, se rió Sirius, saliendo del baño y estrujando su túnica, —Solo asegúrate de hacer lo
mismo con Snape.

—Entonces, ¿Lupin está haciendo este?— Preguntó James. Sirius se encogió de hombros.

—Es mejor en eso. Sin embargo, yo también puedo hacerlo, si somos interferidos.

...

Lunes 3 de enero de 1972

El primer día de lecciones después de Navidad fue muy extraño. James, Sirius y Peter estaban
llenos de energía nerviosa en anticipación a la broma. Remus también estaba ansioso, aunque algo
nervioso, ya que era él quien tenía que lograrlo. Pero tenía otra razón para estar emocionado. Sería
el primer día escolar en toda su carrera académica en el que podría leer.

Sirius le había mostrado cómo realizar el hechizo, y fue bastante difícil - al final Remus
simplemente hizo que el otro chico lo realizara por él la mayor parte del tiempo, decidiendo
dedicar más tiempo a aprender cómo hacerlo él mismo más adelante. Su magia todavía era un poco
débil después de la luna llena, propensa a extenderse y "explotar" si se concentraba demasiado. No
parecía una buena idea girar su varita hacia sí mismo hasta que la luna menguara lo suficiente y
tuviera más control.

La primera mitad del día fue todo lo que había esperado que fuera. No podía leer la pizarra, pero
los encantamientos se basaban principalmente en la práctica, y a Remus le sorprendió lo fácil que
se volvió todo cuando solo podía consultar su texto sin tener que recordar todo lo que Flitwick
había dicho sobre suavizar los encantamientos. Fue el primero en la clase en hacer que su ladrillo
rebotara, para consternación de Lily Evans, quien generalmente era la mejor estudiante en
Encantamientos.

Fue por la tarde, durante Pociones, cuando las cosas empezaron a salir mal. Comenzó con
Slughorn devolviendo sus ensayos sobre los doce usos de la sangre de dragón. Remus había
completado el suyo antes de Navidad con la ayuda de Sirius, y los merodeadores en general lo
habían hecho bastante bien. Como de costumbre, Snape obtuvo la calificación más alta y ganó
cinco puntos para Slytherin. Lily fue la wsegunda y consiguió un punto para Gryffindor. Solo
había vencido a Sirius por unos pocos puntos.

Nada de esto estaba fuera de lo común, pero aparentemente la tensión de la broma había crecido
demasiado para Sirius, y no pudo resistirse a tomar cada pequeña oportunidad.

—Me pregunto si vale la pena acercarse a Snivellus solo por un miserable punto de la casa.—
Gruñó, lo suficientemente fuerte para que Lily y Snape lo escucharan. Lily se dio la vuelta, dos
parches de color rosa brillante en sus mejillas,

—Cállate, Black. — siseó, — A nadie le gustan los perdedores llorones.

—Difícil perder cuando tu novio te permite copiar su trabajo.— Sirius susurró en respuesta,
venenoso.

—¡No le copio, y Severus no es mi novio! —La cara de Lily se estaba poniendo más roja.

—Te estás sonrojando, Evans.— Sirius sonrió satisfecho de sí mismo. Le dio un codazo a James,
—¿No es dulce? —James rió, asintiendo con la cabeza.

—Ignóralos, Lily. — susurró Snape, sin volver la cabeza, —Solo están celosos.

—¿Celosos de qué, Snivellus?— James saltó, todavía tratando de mantener la voz baja, —¿Celos
de un idiota grasiento y viscoso como tú? Sigue soñando.

Sirius se rió, complacido de haber atraído a James. Peter también se rió, para no quedarse atrás.
Slughorn era inconsciente de esto, de espaldas a la clase mientras garabateaba instrucciones en la
pizarra.

Severus finalmente se giró en su silla. Volvió sus brillantes ojos negros hacia Sirius,

— Escuché que tuviste una Navidad muy tranquila, Black. — dijo, su voz baja y llena de peligro,
—Tu familia no podía soportar tenerte cerca por más días antes de enviarte de regreso a la escuela,
¿Estoy en lo correcto?— Sus labios se curvaron, cruelmente, —Todas las familias de sangre pura
están hablando de eso - la oveja negra de los Black.

Sirius apretó los puños, Remus vio que sus nudillos se volvían blancos.

—Cierra. La. Boca.— Sirius gruñó, con los dientes apretados.


—Sí, cuidado, Snape.— James frunció el ceño, — Será mejor que tengas cuidado con lo que dices.
Nunca se sabe lo que podría pasar.

—¿Es eso una amenaza, Potter?— Snape respondió, sonando aburrido, —Perdóname si no estoy
temblando en mis zapatos. ¿Vas a enviar a Loony Lupin a acusarme de nuevo?

Remus, que había estado medio escuchando la disputa y medio escuchando las instrucciones de
Slughorn, se estremeció involuntariamente. Había tenido ese apodo antes. De hecho, era
impresionante que nadie en Hogwarts no lo hubiera dicho hasta ahora, especialmente cuando sabía
que tenía una reputación de ser un poco raro. ¿Todos lo habían estado llamando así, a sus espaldas?

Reflexivamente, tomó su varita. Snape lo vio, y su sonrisa se volvió aún más cruel.

—Oh, ¿de verdad has aprendido algo de magia , Lupin? Estoy impresionado. Eso sí, he oído que
pueden entrenar a algunos monos para realizar trucos básicos, así que supongo que no es un logro
real.

Remus levantó su varita, pero Sirius agarró su muñeca y la empujó hacia abajo sobre el escritorio.

—Todavía no. — murmuró.

Remus apretó la mandíbula y miró hacia la pizarra, hirviendo internamente. Snape se rió entre
dientes y se alejó también. Remus escuchó a Lily susurrar enojada,

—¡No hay necesidad de ser tan horribles con él!

Remus apenas pudo concentrarse en el resto de la lección. Sabía que no debería importarle lo que
Snape, o cualquier otra persona, pensara de él. Pero las púas del chico de Slytherin se clavaron y
no pudieron soltarse. Sirius no ayudó; seguía murmurando '¡se lo mostraremos!' en voz baja,
lanzando miradas oscuras en dirección a Snape.

Para cuando llegó la cena, Remus estaba que quemaba de rabia y del deseo de probarse a sí mismo.
Apenas comió algo, y era Shepherd's Pie, uno de sus favoritos. Miró a Snape desde el otro lado de
la habitación. Esto no pasó desapercibido, y Severus empujó a los chicos a su alrededor, señalando
a los merodeadores y riendo. Remus pensó que podía distinguir las palabras "Loony Lupin". James
y Sirius les fruncieron el ceño. Lily también lo notó,

—Dejen a Sev en paz, ¿de acuerdo?—Ella chilló, —Esta estúpida pelea va a continuar para
siempre si ninguno de ustedes puede ser lo suficientemente maduro como para...

—Danos un descanso, Evans.— James puso los ojos en blanco, —Ya es bastante malo que tengas
que ser amigo del estúpido, ¿Ahora estás tratando de defenderlo? ¿Dónde está la lealtad a tu casa,
eh?

—Esto no tiene nada que ver con las casas, —espetó — es una pelea ridícula por nada.

—¡Insultó a Remus!

—¡Todos se meten con él todo el tiempo!

—¡Él lo inició!

—Oh, sí, entonces tienes que terminarlo, ¿verdad, Potter?— Se puso de pie, de repente, recogiendo
su bolso, —Dios, ¡están tan satisfechos con ustedes! — Ella se alejó, sus zapatos de charol
repiqueteando furiosamente sobre las losas.
—Le encantan las peleas, a esa.— sonrió James.

Hubo un grito de risa en la mesa de Slytherin y Remus decidió que ya había tenido suficiente. Se
puso de pie también, sacó su varita y apuntó a Severus.

—¡Ligare Pluviam!

Fue instantáneo y perfectamente glorioso. La nube de lluvia salió disparada de la varita de Remus
con la velocidad de una bala, por lo que nadie pudo ver de dónde había salido. Descansó sobre la
cabeza de Snape, gruesa, gris y pesada. Se oyó un trueno y comenzó la lluvia.

Al principio no sabía lo que estaba pasando, se cubrió la cabeza con las manos y miró hacia arriba.
Los estudiantes sentados a ambos lados de Snape se pusieron de pie y retrocedieron, no queriendo
mojarse. Entonces Snape se puso de pie, tratando de esquivar la nube, pero ésta lo siguió, flotando
persistentemente - la lluvia caía a cántaros.

La gente se reía ahora y señalaba. Todos miraban a su alrededor, tratando de ver quién lo había
hecho, pero nadie había visto a Remus lanzarlo, excepto sus amigos. Se sentó, pero mantuvo su
varita apuntando a Severus, sonriendo mientras veía al chico que todavía intentaba escapar de la
mini tormenta.

—¡Si! —Sirius susurró al oído,—¡Maldita sea, Lupin, que belleza!

La inmensa satisfacción que sintió Remus se vio agravada por la risa que resonaba a su alrededor.
Snape era un chico tan desagradable y rencoroso, que incluso algunos de los Slytherin parecían
complacidos de verlo obtener lo que se merecía. Cuanto más pensaba Remus en ello, más quería
castigarlo y más fuerte llovía. De hecho, la nube pareció oscurecerse e hincharse.

Snape estaba completamente empapado ahora, su cabello pegado a su cabeza, metiéndose en sus
ojos. Su piel estaba pálida y su túnica brillaba mojada, formando un charco debajo de él. Remus
sonrió mientras veía a Severus intentar desesperadamente escapar, luciendo cada vez más como
una rata ahogada.

—¡Para! —Lily le gritaba a James —¡Sé que eres tú! ¡Detenlo ahora!

James siguió riendo y levantó las manos para mostrar que no estaba haciendo nada. Lily parecía al
borde de las lágrimas.

Severus hizo ademán de correr, con los brazos sobre la cabeza para detener la lluvia, pero su túnica
era tan pesada y estaba tan empapada que medio tropezó, medio resbaló y se desplomó en el suelo.
Remus se habría reído, pero su concentración se profundizó. La lluvia caía más fuerte aún, hasta
que fue difícil incluso ver a Severus a través de las nieblas grises. La nube también era más grande
y crepitaba con truenos y relámpagos; nunca lo había hecho cuando había practicado con Sirius.
Pero claro, no había estado tan enojado con Sirius.

—¡Para! ¡Por favor!— Lily estaba sollozando ahora. James había dejado de reír. Tocó el brazo de
Remus,

—Er… ¿Remus? Ha tenido suficiente, amigo...

Snape no se levantaba. Remus se dio cuenta de que nadie se reía más y algunas personas gritaban.

— FINITO. —Una voz resonó en el comedor.

De inmediato dejó de llover. Todos guardaron silencio. Dumbledore estaba en la entrada, Remus
no lo había visto desde Halloween. Parecía perfectamente tranquilo, a pesar del caos que acababa
de terminar. El director entró rápidamente en la habitación, haciendo desaparecer todo el agua con
un movimiento de su varita y se inclinó sobre Severus.

Remus guardó su varita y se encogió en su asiento, viendo a Dumbledore susurrar sobre el cuerpo
boca abajo de Snape. Lily seguía sollozando y corrió para pararse junto a Dumbledore, temblorosa,
asustada.

—Todos a sus dormitorios, por favor. —Dumbledore habló en voz baja, pero de alguna manera fue
escuchado por todos en el enorme salón, — Señorita Evans, por favor, traiga a Madame Pomfrey.

Lily salió corriendo de la habitación y los otros estudiantes comenzaron a salir, obedientemente.
James, Sirius y Remus se lanzaron miradas nerviosas antes de apresurarse a unirse al resto de la
casa.
Primer Año: Consecuencias
Chapter Notes

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La mayoría de los Gryffindors merodeaban por la sala común, chismeando y charlando, todos
preguntándose quién podría haberlo hecho. Los merodeadores, por lo general, deseosos de estar en
el centro de cualquier debate, se arrastraron escaleras arriba, pálidos por la culpa.

Remus se sentó en su cama, mirando al suelo. Había ido demasiado lejos; él sabía eso. Se había
sentido bien, por un momento, y nada podía convencerlo de que Severus no se lo merecía. Pero
ahora James lo miraba de manera extraña, y sabía que Dumbledore lo descubriría de alguna
manera, si Lily no se lo decía a todos tan pronto como regresara a la sala común.

—¿Que pasó? — James preguntó, con cuidado: — ¿Perdiste el control? Eso fue magia realmente
poderosa.

—¡Fue increíble! — Sirius dijo, de repente, — ¡Se lo pensará dos veces antes de enfrentarse con
nosotros de nuevo!

— Pero... quiero decir, no queríamos hacerle daño , ¿verdad? — James frunció el ceño.

— Está bien, solo estaba fingiendo, para meternos en problemas.

—¿Nos meteremos en problemas?— Peter preguntó, retorciéndose las manos, — No todos lo


hicimos, ¿verdad? Era sólo...

Sirius le dio una palmada en la parte posterior de la cabeza,

—Tu rata. —Él dijo. — Somos los merodeadores. Todos para uno y uno para todos.

—Lo que sea que eso signifique.— murmuró Peter, frotándose la cabeza y sentándose en su propia
cama, malhumorado.

— Yo lo hice, ustedes no deberían meterse en problemas. — Remus dijo, en voz baja, sin mirar
hacia arriba.

— ¡Fue la mitad de mi idea!- Sirius dijo: — ¡Hice la investigación! No te preocupes, Lupin, te


apuesto lo que sea a que él está bien.

— Si él lo está, — dijo Remus, pesadamente, — entonces no es gracias a mí. — Finalmente miró a


los ojos de James. Eran de color marrón oscuro y mucho más graves de lo habitual. — Quería
lastimarlo.

James sostuvo su mirada y asintió levemente.

Llamaron a la puerta, disipando la tensión. Fue Frank Longbotttom.

—Ustedes cuatro deben ir a la oficina de McGonagall, ahora.— Dijo con gravedad.

Siguieron a Frank por las escaleras y atravesaron la sala común, donde todos los miraron. Remus
miró a sus pies todo el tiempo, pero escuchó los susurros en silencio mientras caminaban. No
importaba lo que sucediera después, todos sabrían que eran los responsables.
McGonagall no estaba sola. Dumbledore estaba de pie junto a su escritorio, con las manos
cruzadas frente a él. Sonrió amablemente a los cuatro chicos que estaban en fila frente a él.

— Buenas noches, caballeros. —Él dijo.

— Buenas noches, director.— corearon todos.

— Quizás le interese saber que el joven Sr. Snape está bastante bien, aunque su orgullo está
bastante herido.

No dijeron nada. Remus no miró hacia arriba.

— Parecía pensar que ustedes cuatro tenían algo que ver con su desgracia. — Continuó
Dumbledore, agradablemente, como si estuviera pasando la hora del día. — Particularmente usted,
Sr. Potter.

James miró hacia arriba, abrió la boca, luego la volvió a cerrar y miró hacia abajo. Remus no pudo
soportarlo. Solo tenía tres amigos en todo el mundo y no los iba a perder ahora. Dio un paso
adelante.

— Fui yo, señor, yo lo hice. Me dijo algunas cosas antes, y estaba enojado con él. Quería darle una
lección. - Se obligó a mirar hacia arriba, a los ojos azul pálido de Dumbledore. El anciano asintió
satisfecho.

— Veo. ¿Actuaste solo?

—Sí,— Remus sacó su varita, —Mire, puedo probarlo...

— ¡No hay necesidad! Dumbledore dijo apresuradamente: — Le creo, Sr. Lupin.

— ¡No fue solo él, señor! — Sirius estalló, — Busqué el hechizo, también aprendí cómo hacerlo,
es mi culpa.

—¿Quieres decir que planeaste esto, Black?- McGonagall dijo, bruscamente, — ¿Planeaste atacar a
otro alumno? Diez puntos de Gryffindor. De cada uno.

Sirius miró hacia abajo de nuevo.

— Y detención para todos ustedes, durante un mes.— Continuó: — Me resulta muy difícil de
creer que el Sr. Lupin aquí actuara solo.

Los cuatro bajaron la cabeza.

— Pueden irse, caballeros. —dijo Dumbledore, en voz baja. — No tengo ninguna duda de que
todos se tomarán el tiempo para disculparse con el Sr. Snape, por supuesto.

Sirius murmuró indignado y James le dio un fuerte codazo. Se volvieron para irse.

— Señor Lupin, un momento.

Remus se quedó helado. Debería haber sabido que no se saldría con la suya tan fácilmente. Se
quedó quieto mientras los demás dejaban la habitación, McGonagall los siguió para asegurarse de
que no se quedaran afuera.

Una vez que la puerta se cerró, se hizo un silencio. Dumbledore no habló de inmediato, y
finalmente Remus levantó la cabeza para encontrarse con los ojos del director. No parecía
enfadado ni decepcionado. Tenía su expresión agradable habitual, teñida de curiosidad, tal vez.

— ¿Cómo has estado encontrando Hogwarts, Remus?

Esa no era la pregunta que había anticipado.

—Er ... ok, supongo?

— Parece que no has tenido ningún problema en hacer amigos.

Esa no era una pregunta en absoluto, así que no la respondió. Se miró los pies y luego volvió a
subir.

—¿Me expulsarán? — Preguntó. Dumbledore sonrió,

— No, Remus, nadie será expulsado. Puedo ver que lamentas lo que has hecho. Lo que me
preocupa es cómo lo hiciste. Ese fue un hechizo muy fuerte, no hubiera esperado que un primer
año ... debiste haber estado muy enojado.

Remus asintió. No quería decirle a Dumbledore por qué, sobre los nombres que Snape lo llamaba,
o cómo lo hacía sentir estúpido, inútil y pequeño.

— La pasión es una cualidad importante en un mago, Remus.— Dumbledore estaba diciendo: —


Dirige nuestra magia, la fortalece. Pero como aprendiste hoy, si no ejercemos el control, ponemos
en peligro a todos los que nos rodean.— Se veía muy serio, sus ojos habían perdido el brillo. —
No deseo asustarte, Remus. Cuando nos conocimos, te dije que simpatizaba contigo: la mano que
te han repartido no es una que le deseo a nadie. Pero debes tener más cuidado. Eres un mago
talentoso, no lo desperdicies.

Remus asintió, deseando más que nada que la conversación terminara. Prefería el bastón que un
sermón. La peor parte fue que Dumbledore tenía razón. Había dejado que su ira hacia Severus
influyera en el hechizo que había usado, simplemente no estaba acostumbrado a tener ese tipo de
fuerza.

—Lo siento, profesor.— dijo: —¿Está Sniv, quiero decir, está Severus bien?

— Sí, está perfectamente bien. Creo que esperaba que si simplemente dejaba de luchar,
quienquiera que estuviera lanzando el hechizo se detendría. Se ha secado y no sufrirá ningún efecto
a largo plazo.

—Oh...— Remus asintió, — Bien.

—Ahora —Dumbledore sonrió, —Vete. Te he retenido el tiempo suficiente y tengo la sensación de


que el Sr. Potter está esperando afuera para que le cuentes todo.

...

Dumbledore le había dado mucho en qué pensar. Y tenía mucho tiempo para pensar: McGonagall
hablaba muy en serio sobre sus detenciones, e incluso llegó a dividirlos a los cuatro. A Sirius se le
asignó la tarea de fregar los calderos en las mazmorras, a Peter de pulir los trofeos en la sala de
premios y a James de reconfigurar todos los telescopios astronómicos de la torre. Remus recibió la
peor tarea de todas; limpiar la lechucería. Por supuesto, a ninguno de ellos se le permitió usar sus
varitas y todas las noches tenían que empezar de nuevo.

-Cruel e inusual es lo que es,- se quejó Peter al final de la primera semana mientras caían en la
cama, sucios y exhaustos.

-No sé de qué te quejas.- refunfuñó Sirius, -Me encantaría pulir trofeos. Quién sabe qué he atrapado
raspando pociones crujientes del fondo de esos calderos ensangrentados.

James solo gimió, se quitó las gafas y se frotó los ojos.

Remus no se quejó, porque sentía que no se lo merecía. Se sentía terrible por meter a todos sus
amigos en problemas, pero aún más terrible por lo que había hecho. Esto solo se vio agravado por
la cantidad de lectura que había estado haciendo. El hechizo de Sirius era difícil, menos intuitivo
que la magia a la que estaba acostumbrado. Sirius fue el primero en admitir que no era perfecto -
desapareció después de una hora o así y tuvo que repetirse. Remus casi lo había dominado lo
suficiente como para actuar solo, aunque a menudo le costaba algunos intentos antes de hacerlo
bien.

Lo primero que hizo fue visitar la biblioteca y pedir prestado un libro de los estantes de las
criaturas mágicas.

Todas las noches, después de hacer sus deberes y cumplir sus detenciones, Remus corría las
cortinas de alrededor de su cama, encendía su varita y leía el mismo capítulo una y otra vez. Había
descubierto libros completos sobre su problema particular, pero estaba aterrorizado de que alguien
sospechara si comenzaba a revisarlos todos. Además, no estaba seguro de querer saber más. Las
cosas que había leído hasta ahora eran bastante malas.

Pensó en el libro casi constantemente: en sus lecciones, a la hora de comer, durante detención.
Palabras como "monstruoso", "mortal" y "las criaturas más oscuras" destellaban en su mente como
letreros de neón. Sabía que era peligroso, por supuesto. Sabía que era diferente. Él no sabía que era
odiado. Cazado, incluso. Aparentemente, sus dientes valían miles en ciertas partes de Europa del
Este. Su piel valía aún más.

También había detalles legislativos, cosas que no entendía del todo, pero que sonaban horribles.
Leyes, registros laborales y restricciones de viaje. Parecía que incluso si pudiera leer, sus
perspectivas laborales podrían no ser mejores en el mundo mágico de lo que eran en el mundo
muggle. También entendió por qué Dumbledore le había dicho que tuviera cuidado. Ahora estaba
claro que si alguien en Hogwarts descubría qué era Remus, entonces podría estar en un verdadero
problema, y la expulsión sería la menor de sus preocupaciones.

De manera frustrante, nada de lo que leyó fue realmente relevante para sus experiencias. No había
ningún relato de un mago que realmente viviera con la enfermedad; cómo se las habían arreglado;
que esperar; si habían podido mantener un trabajo, o incluso simplemente evitar lastimar a otros.
Había asumido que era normal que pudiera oler la sangre y escuchar los latidos del corazón, pero
¿Cómo podía estar seguro? ¿Era normal que su magia fuera más fuerte cuando salía la luna? A
veces pensaba que podía sentir su poder puro, burbujeando en sus venas como una poción;
llenándolo y desbordándose, estallando de sus dedos. Y luego estaba su temperamento. ¿Cuánto de
eso era él y cuánto era el monstruo?

Permanecía despierto la mayoría de las noches, después de que el hechizo de lectura había
desaparecido y estaba demasiado cansado para lanzarlo de nuevo, pero demasiado inquieto para
dormir. Su mente zumbaba de preocupación y miedo. Qué simple había parecido todo en St.
Edmund's. Sin magia, sin tarea, sin agonizantes dilemas morales. Y, por supuesto, sin amigos. Si
algo detenía a Remus de simplemente darse por vencido, era eso.

Era James, que tenía un ego del tamaño del lago, pero un corazón a la altura. Peter, quien, sí,
concedió que era extraño y un poco despistado, en realidad tenía un sentido del humor perverso y
podía ser infaliblemente generoso. Y claramente, Sirius. Sirius podía guardar secretos, tenía una
mala racha pero nunca la dirigía a sus amigos, quien era el estudiante más talentoso del año, pero
pasaba todo su tiempo inventando bromas.

Remus no iba a renunciar a nada de eso, no si podía evitarlo. Incluso si tuviera que ser el estudiante
más elegante de la escuela; si tuviera que obligarse a leer todos los libros, completar todas las
tareas y seguir todas las reglas. Sería tan bueno que no sabrían qué los golpeó. Tan bueno que
tendrían que convertirlo en prefecto, lo haría todo, si eso significaba quedarse en Hogwarts y estar
con sus amigos.

No había nadie con quien hablar de ninguna de estas cosas. Nadie que lo entendiera, de todos
modos. Hasta donde Remus sabía, solo Dumbledore, McGonagall y Madame Pomfrey sabían sobre
su condición. McGonagall era demasiado dura para abordar preguntas como esa. Remus aún no
estaba seguro de que Dumbledore estuviera completamente cuerdo y, de todos modos, no tenía
idea de cómo concertar una cita con el director. Así que tenía que ser Madam Pomfrey, al final.

Esperó hasta la próxima luna, que llegó a fines de enero. Era domingo, así que después de la cena
se separó de los merodeadores y se dirigió a la enfermería antes de lo habitual.

—¡Remus! — La enfermera le sonrió, sorprendida,—No te esperaba hasta el anochecer.

—Quería preguntarle algunas cosas, —dijo tímidamente, con los ojos recorriendo la habitación.
Habían algunos estudiantes acostados en camas, la mayoría durmiendo. Afortunadamente, Madame
Pomfrey fue muy discreta.

—Ciertamente, ¿Deberíamos pasar por mi oficina?

Era mucho mejor que cualquiera de las oficinas de los profesores en las que Remus había estado
hasta ahora. Las paredes estaban llenas de cientos de organizadas y ordenadas botellas de pociones
ademas de tónicos, era amplio y luminoso, no tenía escritorio y en lugar de asientos de madera
habían cómodos sillones a ambos lados de la chimenea.

—¿Cómo puedo ayudar, querido?—Preguntó, acomodándose, haciendo un gesto para que se


sentara.

—Bueno... —tragó saliva, sin saber cómo empezar, — yo sólo ... tenía algunas preguntas sobre mi
... mi problema.

Ella le sonrió amablemente

— Por supuesto que sí, Remus, eso es perfectamente natural. ¿Hay algo específico que te gustaría
saber?

—Sí. Leí un poco, sé que no hay cura ni nada.

—Todavía no —, dijo rápidamente — se están haciendo avances todo el tiempo.

— Oh, está bien. Pero, por ahora, supongo que solo quiero saber... más sobre eso. No recuerdo
nada cuando me despierto, solo que tengo mucha hambre...

— ¿Te gustaría saber más sobre la transformación?

— No, no solo eso. Cosas como ... ¿Cambia quién soy el resto del tiempo? ¿Me hace...? — Se
miró las manos, perdido. No estaba seguro de lo que quería decir y tenía un nudo en la garganta.
—Remus, — dijo Madame Pomfrey, — esta es una condición que tienes, no es quien eres.

— A veces me enojo — dijo, mirando al fuego en lugar de mirarla a la cara, — Me enojo mucho,
bastante.

— Todo el mundo tiene emociones, son perfectamente naturales. Simplemente aprendemos a


controlarlos, con el tiempo.

Él asintió con la cabeza, asimilando esto. No podía decirle el resto: — Cuando cambio, empeora.
Más fuerte.

— Sí —, respondió ella, solemnemente, — Leí que puede empeorar con el inicio de la pubertad.

— Oh, está bien. — Remus asintió. Hubo una larga pausa. —¿Cuánto peor?

—Yo... no podría decirlo. Realmente eres el primero de tu tipo al que he tratado.

Otro silencio. Remus no se sintió mejor que antes; no menos confundido.

— ¿Te gustaría tomar prestado el libro que mencioné?

Él asintió con la cabeza, finalmente se animó a mirarla.

...

El libro de Madame Pomfrey, "Fur to Fangs: Cuidados para criaturas mitad humanas" fue
moderadamente más útil que algunos de los otros que Remus había leído hasta ahora. Todavía
había muchas cosas que no podía entender: magia curativa avanzada y recetas complicadas de
pociones, más detalles sobre la legislación, y aún más aterrador; pruebas y persecuciones. Por el
contrario, habían muchas cosas que ya sabía; lo habían mordido y no se le debía permitir que
mordiera a nadie más durante la luna llena; la plata lo lastimaba y; no había cura.

De hecho, el libro decía que con el inicio de la pubertad sus transformaciones aumentarían en
intensidad y que después se volvería más peligroso. No mencionó cambios en las habilidades,
mágicas o de otro tipo, y no había nada sólido que se refiriera a cambios de humor o temperamento.

No consideró que fuera particularmente interesante o importante saber que tenía un hocico más
corto que los lobos reales o que su cola estaba colada, preferiría no pensar en que tenía ninguno,
pero fue curioso descubrir que solo era una amenaza a los humanos, particularmente a los magos.
Aparentemente, otros animales no corrían peligro por él; se divertía pensando que al menos la
señora Norris estaba a salvo.

No pasó desapercibido que Remus se había retirado de los merodeadores desde el ataque a Snape.

—¿Dónde has estado? — Preguntaban, todas las noches, mientras todos se vestían para la cama.

—Tarea —, se encogía de hombros, o algunas veces "Detención", aunque no había tenido otra
detención desde la broma.

La verdad era que siempre estaba lo más lejos posible de otras personas. Deliberadamente trató de
permanecer fuera de su habitación hasta que fuera la hora de dormir, e incluso evitó la sala común
si podía evitarlo. Sintió que hasta que pudiera controlar su magia, sería mejor que no se involucrara
más en los planes de James y Sirius. Y estaban tramando algo, lo sabía con seguridad. A veces, por
la noche, Remus podía oírlos meterse en la cama del otro, luego susurrar furtivamente antes de
lanzar un hechizo silenciador. Otras veces salían sigilosamente con Peter, bajo la capa. Siempre
intentaron despertar a Remus, pero él los ignoró.

Durante el día se escondía en la parte trasera de la biblioteca o en uno de sus lugares secretos.
Había encontrado lugares por todo el castillo que eran lo suficientemente pequeños como para
entrar y pasar horas sin ser descubierto durante horas. Ventanas que habían estado tapiadas durante
mucho tiempo, pero que conservaban repisas anchas y altas; cámaras pequeñas y vacías como
agujeros de sacerdotes ocultos detrás de tapices; el baño de chicas del quinto piso. Allí podía
acurrucarse y leer durante horas; a veces, de hecho, hacía su tarea, otras veces se obligaba a sí
mismo a investigar su condición.

Tenía otra razón para esconderse. Desde el incidente, el odio de Snape hacia los merodeadores se
había intensificado, y fue a todas partes con Mulciber, usándolo como protección personal. Si se
cruzaban en los pasillos, Remus siempre tenía que estar preparado con un hechizo protector:
Mulciber conocía más hechizos que Sirius y James juntos.

Una tarde, Remus estaba metido en un libro sobre magia de batalla antigua; había un capítulo en él
sobre los Úlfhéðnar , guerreros-lobos germánicos que lucharon contra los romanos. Estaba sentado
en lo alto de su punto favorito en el alféizar de la ventana y no se le podía ver desde el suelo a
menos que alguien realmente estuviera mirando. Había subido usando un hechizo de cuerda que
habían aprendido hace unas semanas. Estaba a punto de bajar e ir a cenar, cuando hizo un
movimiento en falso y tiró el pesado libro desde lo alto. Hizo una mueca cuando cayó en picado al
duro suelo de piedra con un ruido sordo.

—¡¿Quién está ahí?! —Llegó una voz más arriba en el pasillo. Escuchó pasos, y con una sensación
de hundimiento, Remus se dio cuenta de que sabía quién era.

— Es sólo un libro.— Mulciber dijo, sonando hosco.

— Sí, pero ¿de dónde vino? — Snape respondió, sospechoso. Mulciber resopló,

— ¿La biblioteca?

Snape murmuró entre dientes, sonando exasperado. Remus se presionó tan fuerte como pudo
contra la pared de piedra.

— ¿Quién está ahí arriba? — Snape llamó con su voz nasal y rencorosa. Silencio. — Homenum
Revelio.

Remus sintió una extraña sensación de tirón en el estómago y, antes de darse cuenta, una fuerza
invisible lo sacó de la cornisa. Gritó, luchando por algo a lo que agarrarse, y terminó colgando de
la cornisa con las yemas de los dedos.

Snape y Mulciber se reían desde abajo.

— Bueno, bueno — ronroneó Snape, — Si no es Loony Lupin ... ¿Dónde están tus amiguitos, eh?
¿Te dejaron allí y se olvidaron de ti?

— Vete a la mierda, Snape. — Remus siseó, perdiendo el agarre en la piedra, esperando no


romperse los tobillos cuando finalmente cayera.

— ¡Igniscopum! — Snape sonrió, apuntando con su varita. Una delgada cuerda de fuego se disparó
hacia Remus, obligándolo a saltar de la corniza, aterrizando de espaldas en el suelo, con fuerza.

Parpadeó, quedándose sin aliento, pero rápidamente se puso de pie, sacando su propia varita.
—Está bien,— dijo, con la espalda adolorida por la caída — Me tienes. Ahora vete.

— ¿Por qué demonios haríamos eso? — Severus respondió, enfrentándolo y levantando su varita.

— Expeli -

— EXPELLIARMUS — rugió Snape, golpeándolo. Agarró la varita de Remus con alegría, luego
agregó: — Gelesco.

Remus sintió que sus pies se fusionaban con el suelo, manteniéndolo en su lugar. Gimió, ahora
estaba atascado. Podría valer la pena pedir ayuda, pero el pasillo estaba vacío y no quería parecer
un cobarde. Los miró a ambos, desafiante, apretando la mandíbula.

— Mulciber — Snape se volvió hacia su compañero troll, — ¿No estábamos diciendo el otro día
que necesitas practicar algunos hechizos más? Siento que esta podría ser la oportunidad perfecta.

Mulciber sonrió, lamiendo sus labios. Levantó su propia varita, no tan elegantemente como
Severus, pero con la misma intención maliciosa.

— ¡Lapidosus!

No pasó nada por un momento, y Remus sintió una oleada de alivio, antes de que, de repente, de la
nada, una nube de piedras diminutas, como grava, apareciera flotando en el aire. Flotó entre Remus
y Mulciber por unos momentos, antes de comenzar a volar hacia la cara de Remus, como un
enjambre de abejas enojadas. Inmediatamente levantó los brazos para protegerse, pero Severas fue
más rápido;

— Incarcerous —, dijo, bostezando como si estuviera aburrido. Inmediatamente Remus se


encontró a sí mismo fuertemente atado por una cuerda, ahora apenas podía moverse. Las piedras
seguían arrojándose sobre él y todo lo que pudo hacer fue cerrar los ojos. Luchó, sabiendo que no
ayudaría, pero necesitaba hacer algo. No quería llorar, incluso cuando sintió un hilo de sangre
caliente deslizarse por su sien.

— ¿Qué está pasando... Severus?— La voz de una niña llegó desde el final del pasillo.

— Finite Incantatum.— susurró Snape, apresuradamente. Las piedras se detuvieron de inmediato,


la cuerda desapareció y las piernas de Remus se despegaron, todo a la vez. Se tambaleó y tropezó
hacia atrás, apoyado contra la pared.

Miró hacia arriba a tiempo para ver a Lily, su salvadora, corriendo hacia ellos. Se detuvo cuando
vio a Remus, quien rápidamente estaba tratando de limpiarse la sangre de la cara. Ella miró a
Snape y frunció el ceño.

—¿Qué estás haciendo, Sev?

— Nada — miró al suelo, raspando la punta de su zapato en las losas. — Solo charlando con
Lupin, ¿No es cierto, Mulciber?

Mulciber se encogió de hombros de manera poco convincente. Lily miró a Remus, quien desvió la
mirada, avergonzado. Ya era lo suficientemente malo ser atrapado por Severus, como para que ella
sintiera pena por él también. Le arrebató la varita a Severus rápidamente, se giró y comenzó a
alejarse tan rápido como pudo.

— ¡Espera! ¡Remus! — Lily corrió tras él. Él no se detuvo, pero ella era rápida y lo alcanzó. Lily
llevaba su libro de magia de batalla en un brazo y con el otro agarró a Remus, — ¡Por favor!—
resopló. Se detuvo, suspirando profundamente, quería recuperar su libro.

— ¿Qué?— Él frunció el ceño.

—¿Qué te estaban haciendo? Sev no me lo dice, y sé que algo estuvo mal.

— Está bien,— Remus se encogió de hombros, tomando su libro.

—¡Estas sangrando!

— Déjalo, Evans. — Remus la apartó, tratando de irse de nuevo. Ella siguió corriendo junto a él.

— Le dije que dejara de meterse contigo, no sé por qué lo hace, quiero decir, ya ni siquiera andas
con Potter y Black, le dije que...

— ¡¿Por qué importa eso?!

— Son a los que realmente quiere molestar, si sabe que tú también estás harto de ellos, entonces...

—Espera — Remus se detuvo y Lily casi chocó contra él. —¿Estás diciendo que estaría bien si
Mulciber y Snape maldijeran a James y Sirius en lugar de a mí?

—Bueno, —Lily se sonrojó,


— quiero decir, sería una pelea justa al menos. Y, ya sabes, ellos solos se lo provocan, actuando
como lo hacen.

Remus se sintió aún más incómodo ahora. Pensó que James y Sirius habían atacado a Severus en
ambas ocasiones, no tenía idea de que había sido él en absoluto. Esto confirmó uno de sus peores
temores: Lily pensaba que Remus solo andaba con James y Sirius porque era extraño y porque lo
dejaban. ¿Todos en el castillo pensaban que era tan patético como Peter?

— Te equivocas. — Remus frunció el ceño.— Ahora déjame en paz, ¿Quieres?

Chapter End Notes

Mañana o pasado subo cinco capítulos más.


Primer Año: Astronomía

— Es genial tenerte de vuelta, Lupin. — Sirius sonrió, retirando la capa de invisibilidad cuando
entraron en el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras (previamente bloqueada).

—¿Qué quieres decir? — Remus respondió, viendo a James subir la escalera en la esquina de la
habitación para llegar al estante más alto, donde había una jaula de duendes dormidos.— No me he
ido a ningún lado.

— Vamos, amigo, — dijo Peter, sosteniendo la escalera para James, — No se nos ha escapado que
nos has estado evitando como si fueramos una plaga.

—No lo he hecho.— Remus torció la boca, — Solo he estado ocupado. Ya sabes, estudiando y esas
cosas...

—Bueno, espero que hayas superado esa fase — James rió, bajando lentamente, agarrando la
enorme jaula con ambas manos, — Estaría muy agradecido si dejaras de trabajar tan duro, lo cual
hace que yo tenga que trabajar duro, sabes, y yo no estoy acostumbrado a tener competencia.

— Oh, piérdete Potter. — Sirius gruñó, hurgando en los cajones y escritorios interiores.

Remus había decidido que esta broma no sería tan mala, de cualquier forma no requería que usaran
magia. Si era completamente honesto consigo mismo, realmente se había perdido todas sus
travesuras. Ser un idiota estaba muy bien, pero no era ni la mitad de divertido. No era de extrañar
que Evans siempre tuviera el ceño fruncido.

—¿Cómo vamos a llevarlos al comedor? — Preguntó, inclinándose para mirar a las diminutas
criaturas azules, todavía durmiendo, acurrucadas en el fondo de la jaula. Debían de haber unos
cincuenta, lo que Remus sintió que era bastante cruel. Mucho mejor liberarlos.

—Bajo la capa — respondió James, extendiéndola ampliamente para que todos pudieran colocarse
debajo, — Apresúrate, Sirius — puso los ojos en blanco viendo al chico de cabello largo que ahora
estaba agachado debajo de la mesa del profesor.

—¿Qué estás buscando?— Preguntó Peter, enfundado bajo la capa.

—Un Ravenclaw me dijo que había una trampilla aquí debajo.— Sirius suspiró, se levantó y se
sacudió las rodillas.— Mentiroso.

— Esta es la obsesión más reciente de Black,— le explicó James a Remus mientras cerraba la capa
sobre ellos y se dirigían hacia la puerta, — Encontrar puertas secretas.

—¡Hogwarts: Una Historia dice que hay muchos pasajes sin descubrir!— Sirius dijo, a la
defensiva. — Como el que encontraste, Lupin. Definitivamente hay más, quiero encontrar al
menos uno antes de irnos.

—También se supone que hay un monstruo escondido en algún lugar del castillo.— James susurró
en respuesta, mientras caminaban por los pasillos hacia la torre de Gryffindor. Peter se estremeció.

—Un riesgo que estoy dispuesto a aceptar. — respondió Sirius, y Remus pudo escuchar la sonrisa
en su voz, — Mi legado es mucho más importante.

—Típico — se rió James.


...

La noche siguiente en la cena, James estaba sonriendo como un maníaco, tratando de parecer que
no estaba escondiendo cincuenta duendes durmientes debajo de la mesa y fallando miserablemente.
Peter, que era bueno en astronomía, estaba ocupado revisando la tarea de los otros merodeadores,
que consistía en etiquetar cada estrella en su gráfico.

— Honestamente,— gimió Peter, garabateando algo en Sirius, —Uno pensaría que acertarías con
tu propia estrella...

Sirius se rió,

— ¿Qué puedo decir? Estoy desesperado.

—¿Tienes tu propia estrella?— Remus frunció el ceño, una vez más encontrándose perdido. Nunca
prestaba atención en Astronomía: conocía las fases de la luna y eso era suficiente.

— Sirius —. Peter respondió, —Vamos, Lupin, hemos hecho esto. ¿Es la estrella más brillante del
cielo? ¿La estrella del perro? — Suspiró, mirando el trabajo de Remus ahora, — Sí, tú también la
tienes mal — gimió.

Remus se encogió de hombros.

—Solo pensé que era su nombre.

— La Noble y más Antigua Casa de los Black siempre ha estado un poco loca con sus
convenciones de nomenclatura,— reflexionó Sirius, — La mitad de nosotros tenemos nombres
astronómicos; está Bellatrix, por supuesto; Orión, mi padre, Regulus, mi hermano ... Mamá no es
una estrella, creo que es un asteroide, bastante adecuado, si alguna vez la has visto de mal humor.
Luego está el buen tío Alphard, el tío Cygnus ... y Andrómeda lleva el nombre de toda una galaxia.

—Los magos son tan raros.— Remus suspiró.

—Remus, — James se rió entre dientes, — Sabes que Lupis también es una constelación, ¿No? El
lobo.

—¡¿El qué?!— Remus sintió que su corazón acelerarse con cada latido, y casi se atragantó con la
cena. Sirius le dio una fuerte palmada en la espalda, cambiando hábilmente de tema;

—Si casi has terminado de decirnos a todos lo estúpidos que somos, Pete, ¿Podemos continuar con
la liberación del tú-sabes-qué? Mis queridos primos acaban de empezar a comer, yo diría que este
es el momento perfecto...

Realmente lo fue. James le dio a la jaula una fuerte patada para despertar a los duendes antes de
quitar la capa y susurrar un hechizo de desbloqueo rápido en la jaula. Hubo una explosión de ruido,
color y caos.

Remus no sabía realmente qué esperar de los duendes - parecían perfectamente inofensivos durante
la noche y el día mientras estaban encerrados durmiendo debajo de la cama de James.

Pero ahora podía ver exactamente por qué Sirius y James estaban tan emocionados. Cuando
salieron de debajo de la mesa, las diminutas criaturas se dispersaron en todas direcciones,
charlando en un galimatías agudo y zumbando de un lado a otro por el gran salón. Saltaron en las
bandejas de puré de papa, chillando de alegría, tomaron platos y cubiertos de las manos de los
estudiantes y los arrojaron al otro lado del salón; tiraron de algunas colas de caballo y rasgaron
pergaminos.

—¡Rápido!— James se escondió debajo de la mesa, donde todos se agacharon bajo la capa de
invisibilidad, viendo cómo la anarquía se desencadenaba a su alrededor.

—¡Brillante! — Sirius seguía diciendo: —¡Brillante, brillante, brillante!

— Vamos,— dijo Remus, empujando a los otros chicos hacia adelante. Su plan había sido observar
durante un tiempo y luego escabullirse hacia el pasillo lo más rápido posible sin ser atrapados.

Los cuatro navegaron torpemente para salir de debajo de la mesa, lo que se les hizo especialmente
difícil porque varios estudiantes intentaron salir para cubrirse del desastre. Afortunadamente, los
duendes no podían ver a través de las capas de invisibilidad y no los molestaron.

En el alboroto, nadie más los notó tampoco. Las niñas gritaban, los niños gritaban, todos
intentaban cubrirse la cabeza para protegerse de los duendes que bombardeaban en picado o
luchaban por recuperar sus objetos robados.

— ¡OH SI! —Sirius jadeó de repente, estallando en una risa intermitente.

Remus se giró y vio a Bellatrix, gritando a todo pulmón, su cabello rizado fue tirado de un lado a
otro por las pequeñas plagas azules, otros revoloteando sobre ella habían atrapado su varita y la
agitaban, disparando rayos azules.

—¡Suéltame! ¡Sucio, repugnante, usted, Aaargh! — Ella gimió. Narcissa estaba escondida debajo
de la mesa, agarrando su propia varita con fuerza.

Las cosas se intensificaron aún más cuando Peeves the Poltergeist entró en la habitación,
moviéndose alegremente y causando el mismo caos. Parecía estar dirigiendo a los duendes,
levantando manteles y chillando,

— ¡Aquí debajo, piskies! ¡Hay un montón de pequeños primeros aquí abajo!

Con una risa sofocante, los merodeadores huyeron de la habitación cuando escucharon la voz
aguda de McGonagall resonando.

—¡Petrificus Totallus!

— Ella definitivamente sabrá que fuimos nosotros. — Peter jadeó mientras regresaban a la torre,
todavía bajo la capa.

— No, — respondió James, casualmente, — Apuesto a que ella culpa a los Prewett, siempre hacen
cosas grandes como esas. Algo a lo que aspirar.

...

—Por favor. —dijo Sirius.

—No. — respondió Remus.

—¡Por favor!
—¡No!

—¿Por qué no?

—Simplemente se sentiría… ¡raro! No quiero que lo hagas.

—¡Pero será divertido! Te prometo que lo disfrutarás.

— Ha.

La conversación había durado de la misma manera durante unos tres pasillos ahora. Remus terminó
tratando de adelantarse, y escuchó a James regañar a Sirius detrás de él.

— Deja a Lupin en paz, ¿Quieres?

—¡No haré! ¡Esto es demasiado importante! — Sirius estaba de un humor inquieto, lo que tendía a
hacerlo más desagradable, por lo general James era el único que lo aguantaba.

Habían pasado una larga tarde en la biblioteca, completando cartas del zodíaco para su revisión de
Astronomía. Todavía faltaban meses para los exámenes, pero James insistió en tener una ventaja.
Por supuesto, Sirius tenía que competir y Peter tenía que ir a donde fuera que James estuviera.
Remus no quería quedarse fuera. Habían estado reflexionando sobre sus signos estelares, cuando se
supo que Remus era un Piscis. Sirius había deducido rápidamente que eso significaba que se
acercaba su cumpleaños. Y así había comenzado la súplica.

—Obviamente no es tan importante para Remus.— le siseó James a Sirius, — Haz algo para mi
cumpleaños, si es necesario, no pasará mucho tiempo después.

—Te tocará tu turno,— lo despidió Sirius. —Pero primero - Lupin.

—Realmente no me importa, Sirius.— suspiró Remus, cuando llegaron al retrato de la dama gorda.
—No hagas un escándalo.

—¡Pero es tu cumpleaños!— Sirius respondió con seriedad: —Nosotros deberíamos hacer un


escándalo.

Remus no vio por qué. Nadie había hecho un escándalo antes. Había pastel, por supuesto, pero
compartir un pastel con otros cincuenta chicos no dejaba mucho. Además, todos los niños
pequeños insistían en tener un turno para apagar las velas también, por lo que tomaba una eternidad
cortar el pastel. La matrona envolvía algunos regalos, pero generalmente eran prácticos: ropa
nueva, calcetines, ropa interior, bolígrafos y cuadernos. Aparte de eso, no hubo nada especial en el
día. De hecho, estaba ansioso por estar lejos de St. Edmund's, porque pensó que Sirius, James y
Peter probablemente estaban demasiado bien educados para saber sobre los 'golpes de
cumpleaños': un puñetazo en el brazo por cada año de edad (y uno por suerte, generalmente
duelen).

—¡¿Por qué importa tanto ?!— Remus bufó, trepando por el agujero del retrato. No podía
soportarlo cuando Sirius era así: terco y persistente.

Pero cuando se dio la vuelta, se sorprendió al ver que Sirius se estaba frotando el brazo, luciendo
inusualmente herido.

—Todos ustedes hicieron cosas para mi cumpleaños y… bueno, fue muy lindo. No esperaba
mucho pero ... bueno, fue genial, ¿no?
Remus de repente se sintió culpable. Se dio cuenta de que Sirius no solo quería volver a ser el
centro de atención, estaba tratando de hacer feliz a Remus. Como si eso pudiera hacerle feliz a él
también. Remus nunca había tenido muchas oportunidades de darle a alguien lo que realmente
quería. Él cedió.

—Oh… está bien, está bien. Pero no una gran fiesta ni nada, solo merodeadores, ¿verdad?

—De acuerdo — Sirius sonrió, de inmediato su rostro se transformó, los ojos brillando como
estrellas.
Primer Año: Doce

El duodécimo cumpleaños de Remus cayó un viernes ese año. Por lo general, los viernes después
de las lecciones, James los obligaba a todos a ir a ver la práctica de Quidditch de Gryffindor,
mientras que Remus leía en voz baja para sí mismo. Sirius, sin embargo, había logrado convencer
a James de que podía perderse una sola práctica, especialmente porque ni siquiera estaba en el
equipo todavía, y que Remus podría querer hacer algo diferente en su cumpleaños.

Fue despertado temprano en la mañana por sus tres compañeros de dormitorio apilados en su cama,
todos gritando, "¡Feliz cumpleaños, Lupin!" No intentaron darle un puñetazo, lo que significaba
que el día ya había comenzado con ventaja como su mejor cumpleaños.

En el desayuno, James y Sirius se adelantaron, empujando a otros estudiantes fuera del camino
mientras se acercaban a sus asientos habituales, anunciando en voz alta:

- ¡Fuera del camino, por favor!

-¡El cumpleañero viene!"

-¡Muévete, no hay nada que ver aquí!

Remus quería esconderse debajo de la mesa cuando la alcanzaron. Sus tres amigos hicieron un gran
espectáculo sirviéndole el desayuno, en lugar de dejar que se sirviera algo. Peter sirvió su té, James
llenó su plato mientras Sirius untaba con mantequilla su tostada.

-¿Tienen que? -Remus gimió, horriblemente avergonzado.

-Absolutamente -dijo James.

- Definitivamente, - asintió Peter,

-Indiscutiblemente. - terminó Sirius.

Remus negó con la cabeza, sonrojándose mucho y mirando su comida. Cuando terminó, lo que
tomó un tiempo, porque le habían servido porciones dobles de casi todo, todos se pusieron de pie,
todavía sonriéndole ampliamente.

-¡¿Qué?!- Preguntó, retorciéndose nerviosamente. Si se van a hacer los golpes de cumpleaños,


entonces él esperaba que fueran con rapidez. ¿Quizás había una versión mágica? Después de todo,
se había perdido el cumpleaños de Sirius, no sabía qué esperar. Peter y James le pusieron una mano
en el hombro, obligándolo a sentarse de nuevo. Sirius sacó una pipa de brea del bolsillo de su
túnica y sopló una nota larga. Remus cerró los ojos con fuerza. Oh no...

-¡Feeeeeee- liiiiiz cumpleaños a ti! - Los tres chicos gritaron a todo pulmón, - ¡Feeee-liiz
cumpleaños a ti! ¡Feeeeee-liiiiz cumpleaños querido Reeeeeeeeeee-mus!

Ahora el resto del pasillo se unió y Remus se cubrió la cabeza con las manos.

- Feeeeee-liiiiz cumple-aaaaños a tiiiii

-¡Hip hip!- James gritó, de pie en su silla,

-¡Hurra! -Los Griffindors respondieron a coro.


-Al menos se acabó, - murmuró Remus, con la cara ardiendo cuando terminaron de cantar. Peter lo
miró con lástima,

-Lo siento amigo, pero planean hacer lo mismo en el almuerzo y la cena.

...

Todavía tenían que sentarse a leer en Pociones, siendo su última lección de la semana; Remus
había descubierto que incluso cuando hacía toda su tarea y entendía todos los textos, todavía no
tenía un talento natural para hacer pociones. Además de eso, era un tema aburrido, y Slughorn
comenzó a hablar sobre los cinco componentes clave de las corrientes de aire para dormir. Remus
comenzó a adormecerse.

Snape no lo molestó - en realidad, Snape ni siquiera había mirado en la dirección de Remus desde
el incidente en el pasillo. Lily le dedicó una sonrisa y le deseó feliz cumpleaños, antes de poner sus
enormes ojos esmeralda en blanco mientras James y Sirius intentaban convencer a Slughorn de que
no les diera ninguna tarea por respeto a la "ocasión".

En la cena, Remus soportó lo que esperaba que fuera su ronda final de 'feliz cumpleaños', que se
convirtió en la más ruidosa hasta el momento, en gran parte porque Dumbledore estaba presente y
comenzó a dirigir a toda la escuela, gritando a todo pulmón. También recibió algunas tarjetas, una
de toda la casa de Gryffindor, otra de la matrona junto con un nuevo par de calcetines.

Después de la cena se sentaron en la sala común y Sirius bajó su pesado tocadiscos y puso Electric
Warrior por centésima vez desde Navidad.

"I was dancing when I was twelve..."

En algún momento, se produjo un pastel, con glaseado rojo y dorado de Gryffindor, y doce velas
rosas. Cuando Remus lo cortó (todo el tiempo animado a pedir un deseo, pero sin poder pensar en
una sola cosa que quería) se sorprendió al descubrir que estaba compuesto de cuatro sabores
diferentes: un cuarto de chocolate, un cuarto de limón, un cuarto de bizcocho Victoria y un cuarto
de café y nuez.

-Como tu tostada.- Sirius sonrió, luciendo emocionado por la expresión de sorpresa en el rostro de
Remus, - Pensé que te aburrirías si fuera todo de un solo sabor.

-¡Wow gracias!

-Entonces, ¿qué quieres hacer el resto de la noche? -James preguntó: - Todavía se ve lo


suficientemente iluminaso por si quieres ir y ver el...

- ¡No quiere, James! Maldita sea, vas a tener que empezar a desarrollar otros intereses, amigo, te
estás volviendo aburrido.

- No me importa si quieres ir a ver la práctica de Quidditch. - Remus dijo, apresuradamente, -Ya


has hecho mucho, honestamente. Tres canciones en un día, ¿Qué más podría pedir un niño de doce
años?

-No.- James negó con la cabeza heroicamente, - Sirius tiene razón, es tu cumpleaños, haremos algo
que te guste.

Todos se quedaron en silencio por un rato, antes de que James se aclarara la garganta, - Err,
¿Lupin? ¿Qué te gusta hacer?
Remus pensó. Fácilmente podría dar una lista de cosas que no le gustaba hacer; fútbol, deberes,
vuelo, pociones. Pero nadie le había preguntado antes qué tipo de cosas disfrutaba. Le gustaba ver
la tele, pero hasta ahora no había descubierto una televisión en Hogwarts. Le gustaba poder elegir
lo que comía para el desayuno y la cena. Le gustaba escuchar a Marc Bolan cantando a través del
tocadiscos de Sirius. Ninguna de estas cosas eran realmente pasatiempos.

-¿Leer? - Peter dijo, tratando de ayudar:- Lees mucho.

-¡¿Lo hago ?!- Remus arqueó las cejas. No había pensado en eso, pero era cierto. Desde Navidad,
de todos modos, había terminado todos los textos establecidos para el año e incluso algunos libros
prestados de la biblioteca.

-Oh, sí, genial, - James puso los ojos en blanco, - Feliz cumpleaños, Lupin, empecemos un club de
lectura.

Sirius se rió. Pete parecía molesto,

-¡Bueno , no lo sé! Aparte de leer, parece que te gusta mucho la detención, Remus.

Remus se rió de eso, levantando las manos en señal de disculpa.

-Lo siento muchachos, creo que debo ser realmente aburrido.

-¿Qué pasa cuando desapareces?- preguntó Sirius, de repente. Remus se resistió.

-¡¿Qué quieres decir?! Ya te lo dije, he estado enfermo, voy a la enfermería.- Se apresuró.

Sirius agitó una mano,

-No, entonces no, a veces te vas después de las lecciones o mientras miramos el quidditch. ¿Qué
estás haciendo?

Remus sintió que se sonrojaba. Había estado vagando solo cada vez menos, pero claramente sus
amigos todavía lo habían notado. Todos lo miraron expectantes. Se mordió el labio

-Yo simplemente ... camino.- Dijo sin convicción.

-¿Dónde, sin embargo?- Peter preguntó: -¿Por el terreno?

-Porntodas partes,- Remus se encogió de hombros, - Solo me gusta mirar alrededor. Entonces así sé
dónde están las cosas. - Sacó el mapa de su bolsillo trasero, - Es estúpido, comencé a agregar cosas
al mapa que nos dieron a principios de año y cada vez que veo algo interesante, lo agrego.

James tomó el mapa y lo desdobló. Los tres muchachos se asomaron para ver. Estuvieron callados
un rato. Sirius miró asombrado,

-Has añadido todos los retratos ... y los has etiquetado y todo.

-Mi ortografía es basura,- Remus se sonrojó más, queriendo arrebatárselo.

La cara de James estaba arrugada.

-¿Que es eso? - señaló una marca que Remus había hecho en una de las escaleras.

-Uno de los trucos de los escalones - respondió Remus, - Ese es en el que puedes hundirte. Ese... -
señaló a una marca en otro escalón,- es el que se desvanece. Las escaleras con flechas son las que
se mueven. Los codifiqué por colores para que puedas ver dónde terminan.

-¡Merlín! - Peter exhaló, -¿Tienes idea de cuánto tiempo me ahorraría esto? Juro que me quedo
atrapado en el pasillo equivocado dos veces por semana debido a esas escaleras que se voltean.

-Y yo - dijo James.

-¡Maldita sea, llegar a las lecciones a tiempo!- Sirius estalló, -Por favor, traten de reconocer las
implicaciones extremadamente importantes de este mapa. Las posibilidades que tenemos ahora
para hacer bromas pesadas.

Una sonrisa se extendió por el rostro de James, luego el de Peter. Remus tomó el mapa y lo dobló.

- No está terminado todavía. Hay muchas cosas que hacer. Quería hacerle algunos hechizos, una
vez que averiguara cómo...

-¿Qué tipo de hechizos?- Sirius preguntó con entusiasmo.

Remus vaciló. No era que no apreciara el interés de Sirius, o su emoción, pero Remus realmente
quería trabajar el mapa por sí mismo, por tonto que sonara. Después de todo, Sirius había ideado el
hechizo de lectura y el encantamiento de nube de lluvia. Por razones que no podía explicar, Remus
tenía un fuerte deseo de demostrar que era tan inteligente, o tan capaz, para hacer el trabajo de
investigación esta vez.

- Solo algunas mejoras - dijo con cautela. - Pensarán que es una tontería.

-No, no lo haremos, -respondió Peter con seriedad, -¡Podemos ayudar!

-Supongo ... es mi mapa, sin embargo.

-Por supuesto que es tuyo,- James sonrió, con dulzura, -Como la capa es mía, ¿verdad? Pero al
servicio de la travesura...

-Es del merodeador. -Sirius terminó, sus ojos brillando.

-El mapa del merodeador.- Repitió Remus, todavía no cien por ciento cómodo con entregar su
proyecto privado.

-Sigue siendo tuyo , Lupin.- continuó Black, -¡Pondremos tu nombre primero y todo!

-No estoy seguro si queremos nuestros nombres en él...-bdijo Peter, nervioso.

-Entonces nuestros apodos.- Sirius se encogió de hombros.

-No tenemos apodos.- Remus respondió: -Bueno, supongo que sí, pero realmente no quiero que
esté escrito 'Loony Lupin'.

Los otros tres se echaron a reír. Después de eso, Remus decidió que no era tan malo y les contó su
secreto. En realidad, se sintió aliviado; había estado empezando a preguntarse si no era solo una
locura privada suya: rastrear y registrar todo en el castillo, descifrarlo, darle sentido. James, Sirius
y Peter parecían menos interesados en la satisfacción de la tarea y más interesados en planificar su
próxima broma con ella.

El resto de la noche se la pasó bajo la capa, vagando por los pasillos. La capa, en opinión de
Remus, no era estrictamente necesaria, ya que todos planeaban regresar antes del toque de queda.
Pero James y Sirius nunca perdían una oportunidad de convertir incluso el viaje más pequeño en
una misión a gran escala, y Peter simplemente disfrutaba escabullirse sin ser visto. Sin embargo,
todo quedó claro cuando Sirius sacó cinco bombas de estiércol, con las que se entretuvieron en el
camino; arrastrándose detrás de parejas desprevenidas que se besuquean, o dejándolas caer en los
bolsillos de los estudiantes mayores que se apresuran a ir a la biblioteca.

Remus les mostró en lo que había trabajado hasta ahora, los pasajes y atajos que había descubierto,
e incluso algunos de sus lugares ocultos (no todos, por supuesto, por si acaso). Incluso les contó su
plan de poner algún tipo de hechizo de rastreo en la señora Norris, el gato de Filch, para que él
pudiera verla venir. Les encantó esa idea.

-¿Por qué detenerse ahí?- Sirius susurró, mientras doblaban una esquina hacia la sala común al
final de la noche, -¿Por qué no rastrear a todos?

-¿Todos?

-Sí, si sabemos quién se acerca, podremos esquivarlos y salirnos con la nuestra.

-No sé.- Remus respondió, incómodo con la idea. ¿Qué pasaría cuando sus amigos lo vieran viajar
a Sauce Boxeador todos los meses? ¿Cuánto tiempo pasaría antes de que decidieran seguirlo y se
mataran? Por primera vez, Remus se dio cuenta de que el mapa no era tan inofensivo como había
pensado al principio.

Pero James y Peter estaban ocupados coincidiendo con Sirius, diciendo que era una excelente idea;
ya imaginando ser capaces de ver lo que Dumbledore estaba haciendo, o dónde estaba al acecho
Snape. Remus creía firmemente que si se les daba el tiempo suficiente, Sirius Black y James Potter
realmente podían hacer lo que quisieran, simplemente era quienes eran. Solo esperaba que fuera
mucho más adelante.
Primer Año: Revisión

El tiempo pareció acelerarse después del cumpleaños de Remus. Los días se alargaron y la
primavera llegó precipitadamente a el castillo, inundándolo de luz solar y aire fresco después del
largo invierno. Los exámenes se avecinaban, y Remus finalmente superó su ansiedad por leer en
público, pasando cada vez más tiempo en la biblioteca. En lugar de planear nuevos planes y
bromas, los merodeadores usaban sus noches a dedicarse a practicar hechizos y cuestionarse unos a
otros sobre los ingredientes de las pociones.

Sirius y James se tomaron los exámenes muy en serio; para ellos era una competencia. Aunque
ambos lo habrían negado con vehemencia, Remus sospechaba que ambos tenían el deseo de
defender su honor de sangre pura; era una actitud demasiado arraigada en toda la escuela, incluso
entre los profesores. A Remus no le molestaba, incluso si no estaba obteniendo las mejores
calificaciones en todo, todavía lo estaba haciendo mejor que nunca. En realidad, estaba contento de
no tener una familia que lo presionara.

La presión sobre Peter era demasiado evidente. No era un mal estudiante, de ninguna manera: en
Herbología y Astronomía incluso prosperó, a menudo venciendo a James. Pero estaba nervioso, y
eso tendía a afectar el funcionamiento de su varita, haciendo que sus encantamientos fueran
descuidados. Peter no hablaba mucho de su familia, pero recibió muchas cartas de ellos, y Remus
notó que James tenía cuidado con el tema.

— ¿Cuánto necesitamos para pasar el año?— El chico de cara redonda preguntaba


desesperadamente, al menos cuatro veces al día.

—Peter, cálmate,— solía calmarlo James, — vas a estar bien; ahora conoces toda la teoría al revés,
es solo ponerla en práctica.

—No lo culpo por estar un poco nervioso,— le susurró Sirius a Remus cuando los otros dos
estaban fuera del alcance del oído, — Ha habido al menos doce squibs en la familia Pettigrew, y
eso es solo este siglo.

—¿Squibs?

—Magos no mágicos. — Sirius explicó, pacientemente, — ¿Sabes cómo las familias muggle a
veces tienen niños mágicos? También funciona al revés: a nadie le gusta hablar mucho de eso. Mi
tío abuelo en realidad tenía esta loca teoría de que los muggles estaban intercambiando a sus hijos
con los nuestros para que pudieran infiltrarse en el mundo mágico. Completamente loco,
obviamente.

— Correcto. — Remus respondió, esperando sonar como si entendiera todo lo que Sirius acababa
de decir. — ¿Entonces es por eso que la magia de Peter es un poco... inestable?

—No lo sé, — Sirius se encogió de hombros, — Quizás. No sé si realmente pueden probar que la
inestabilidad es hereditaria. Pero es la razón por la que los Pettigrew no están en los sagrado
veintiocho.

Remus suspiró profundamente, fijando a Sirius con su mirada más fulminante,

— Sabes que no sé qué es eso.

Sirius sonrió,
—Bueno, yo no sé, Lupin, con toda la lectura que haces estos días. Es bueno saber que hay algunas
cosas que todavía sé y tú no.

Remus resopló en respuesta, mirando hacia abajo a su trabajo. Sirius continuó rápidamente, como
si no quisiera perder la atención del otro chico,

— Los sagrados veintiocho son los más puros de los pura sangre. Las últimas familias 'intactas'
que quedan.

Remus le dio a Sirius otra mirada cruel. El chico de cabello oscuro levantó las manos y se apresuró
a explicar.

— ¡Sus palabras, no las mías! Sabes que no creo nada de esa basura de pureza de sangre.

—Bien, — Remus arqueó una ceja. — Sin embargo, apuesto a que los Black son los primeros en la
lista.

—En realidad,— respondió Sirius, con los ojos brillantes de humor, — Los Abad son los primeros.
Es alfabético.

Remus gimió y volvió a su revisión de Pociones.

...

Los exámenes no estaban en la parte superior de la lista de preocupaciones de Remus. Estaba


relativamente seguro de que lo haría bien; incluso había revisado las reglas del examen (que tenían
cinco yardas de pergamino de largo) y confirmó que el uso del encantamiento Scriboclara para
ordenar la escritura a mano era aceptable, siempre que el estudiante pudiera realizar el hechizo por
sí mismo. Remus había estado usando el hechizo desde noviembre y no tenía preocupaciones.

Dos cosas preocupaban a Remus mucho más que pasar el año. Primero, estaba el terrible
conocimiento de que tendría que regresar a St. Edmund's en Junio. Aunque solo había estado fuera
unos meses, la diferencia entre St Edmund's y Hogwarts parecía tan grande como la diferencia
entre monocromo y tecnicolor. Mientras otros estudiantes esperaban con alegría un verano largo y
caluroso lleno de vacaciones en el extranjero, relajación y mentiras, Remus se sentía como si
estuviera enfrentando el exilio.

No se les permitía realizar ninguna magia fuera de Hogwarts hasta los diecisiete años, lo que
significaba que, además de perder el contacto con sus amigos, Remus ya no podría leer. Para él, el
verano se extendía por delante, blanco y desolado, marcado por largas noches enojado encerrado en
su celda.

Y estaba el segundo problema de Remus, puesto como siempre a levantar su hocico feo y peludo.
Como la señora Pomfrey había predicho, desde que Remus había cumplido doce años, sus
transformaciones se habían vuelto mucho, mucho peores. No había una explicación para esto en
ninguno de los libros que leyó, aparte de algunas palabras vagas sobre la adolescencia y la
pubertad. Mientras que antes salía con algunas mordidas y marcas de garras, del tipo que
obtendrías de un cachorro juguetón que no significaba ningún daño real, ahora se despertaba con
cortes profundos y furiosos que sangraban copiosamente hasta que Pomfrey llegaba para
detenerlos. La agonía de la transformación en sí alcanzó niveles casi intolerables y, a menudo, se
sentía mareado durante horas antes de que saliera la luna.

Para empeorar las cosas, Remus pasaba períodos más largos en la enfermería, que cada vez eran
más difíciles de explicar. Sus amigos habían comenzado a preguntarse en voz alta sobre qué
demonios podría estar enfermándolo, sugiriendo a veces que se lo estaba inventando para salir de
las lecciones, otras veces burlándose de él diciendo que podría ser contagioso.

Al menos en St Edmund's no tenía amigos a los que les importara adónde iba todos los meses.

Sirius claramente tampoco estaba esperando el verano. Se quedaba inusualmente callado cada vez
que se mencionaba las próximas vacaciones, sus ojos se nublaban, el color abandonaba su rostro.
James los invitó a todos a quedarse en su casa todo el tiempo que quisieran, pero Sirius se mantuvo
pesimista.

—Sabes que nunca me dejarán.— Él suspiró.

—Anímate, amigo,— James pasó un brazo alrededor de su amigo. Se sentaron juntos en el gran
sofá de la sala común, Peter en el sillón concentrado en convertir un plátano en una zapatilla. No
estaba funcionando. Remus estaba acostado en la alfombra frente a la chimenea, boca abajo. Tenía
un corte en la espalda que no estaba bien curado, incluso después de las atenciones de Madame
Pomfrey, y había descubierto que esa era la única posición que no era incómoda.

Sirius claramente no quería animarse.

— Aunque no lo harán. La maldita boda de Bellatrix es en Junio, puedes apostar que tendré que
estar presente para todo.

— Tenemos una invitación para eso,— dijo Peter de repente, levantando la vista de su zapatilla,
que todavía era de color amarillo brillante y se veía desagradablemente blanda. —Probablemente
nos veamos allí.

—Sí, genial.— Sirius resopló, exhalando con fuerza de modo que su largo cabello se esponjó sobre
su frente. — Si no me han convertido en un tritón. O maldecido en un retrato por el resto del
verano; de hecho, le hicieron eso a Andrómeda una vez. Ella nunca ha sido la misma, ahora odia
las pinturas de magos.

— Después de la boda,— dijo James, tratando de desviar la conversación de la familia Black con
tacto, — Entonces arreglaremos algo. Te sacaré de allí, si es necesario, lo juro.

Sirius le sonrió a James y James le devolvió la sonrisa. Su lenguaje corporal se reflejaba


perfectamente y Remus sintió una punzada de soledad. Sabía que había mucho más en los
problemas familiares de Sirius que solo él siendo la oveja negra - estaban las cicatrices que Sirius
le había mostrado en septiembre, obviamente, pero hasta donde Remus sabía, eran perfectamente
normales. La Matrona lo golpeaba si actuaba mal, y a menudo obtenía un castigo de sus maestros
muggles; no había ninguna razón para que sospechara que la vida hogareña de Sirius estaba fuera
de lo común.

James, obviamente, sabía mucho más al respecto. Remus podía decirlo, porque era la única cosa en
la que Potter nunca se burlaba de Sirius: la familia. Hablaron mucho por la noche, los dos - Remus
había escuchado a Sirius llorar más de una vez. Le dio ganas de lanzar su propio hechizo
silenciador; odiaba el sonido de las lágrimas y rara vez lloraba.

—Tú también, Lupin— estaba diciendo James,

—¿Hm? —Remus sacó su cabeza de sus pensamientos. Arqueó la espalda con cuidado e intentó no
hacer una mueca cuando el dolor le partió la espalda como un relámpago.

— Deberías venir y quedarte durante el verano. Tenemos mucho espacio y a mamá no le importa.
—No puedo, — Remus negó con la cabeza, volviendo a mirar su libro. Su espalda estaba en
llamas. — La Matrona no me deja. Cosas de tutores legales, ley muggle.

— Habrá una forma de evitarlo,— respondió James, con confianza. — Los dos van a venir,
¿verdad? Haré que suceda.

Remus sonrió, pero sabía que no había nada que James pudiera hacer. Las lunas llenas eran al final
de cada mes, como siempre, y no había suficiente espacio ni siquiera para una semana al final del
verano. Además, la matrona realmente no se lo permitiría.

—¡Creo que lo he logrado!— Peter jadeó, de repente, sosteniendo su zapatilla de color amarillo
brillante en alto.

—Bien hecho, Pete. — dijo Sirius, aburrido. — Pruébatelo para ver si te queda.

Remus se sentó, su espalda ahora realmente estaba muy dolorida. Mientras se enderezaba, sintió un
cálido hilo de sangre correr por su espina dorsal y empaparse en la cintura de sus pantalones.
Alarmado, se puso de pie rápidamente.

—¡Eurgh! — Peter gritó, sacando su pie descalzo de la zapatilla, cubierto de limo de plátano
pegajoso. James se echó a reír, sus gafas cayeron torcidas,

—¡Estaba bromeando, Pete! Tienes que dejar de hacer cosas solo porque te lo decimos.

—¿Estás bien, Lupin? — Sirius miró hacia arriba, de repente. Remus estaba vacilando sobre la
alfombra. Tenía que llegar a la enfermería de inmediato, pero no tenía idea de cómo explicarse.

—Sí, solo... creo que podría salir a pasear.

—¿Dónde? Es casi el toque de queda — la cara de Sirius se iluminó,— ¿Qué estás planeando?

—No, no, nada... solo me apetecía...

—¡Vamos a ir! — James también se puso de pie, — Voy a buscar la capa.

—¡No! — Gritó Remus.

Todos se quedaron paralizados, incluso Peter, que estaba a medio camino de arrancar hilos de
plátano de entre los dedos de los pies.

—Yo… —balbuceó Remus — no me siento bien. Solo quiero ir a Madame Pomfrey, eso es todo.

—Está bien, amigo,— James levantó las manos suavemente, —Cálmate. ¿Quieres que vayamos
contigo de todos modos?

—Iré.— Sirius dijo, rápidamente. Se puso de pie y tomó a Remus por el codo, llevándolo hacia el
agujero del retrato antes de que los otros dos pudieran decir algo.

—Sirius...—Remus comenzó, una vez que estuvieron en el pasillo vacío,

—Está bien, Lupin, solo te acompaño hasta allí. No entraré contigo ni nada.

Remus lo miró, confundido, luego asintió y comenzó a caminar, tan rápido como se lo permitía su
dolorida espalda. Ahora conocía a Sirius lo suficientemente bien como para saber que no podía
cambiar de opinión. Peter podría haber dejado que sus nervios lo dominaran y volver corriendo.
James podría haber respetado sus deseos. Pero Sirius; Sirius siempre tenía que presionarlo.
—¿Estás bien?— Preguntó Sirius, mirándolo, —Estás caminando rígido.

—No me siento bien. — Remus repitió, con los dientes apretados. Esperaba que Sirius
simplemente pensara que estaba enojado con él y no se diera cuenta de que en realidad estaba
conteniendo un gruñido de dolor.

—Okay.— Sirius respondió, suavemente. Continuaron caminando en silencio. Cuando finalmente


llegaron a la enfermería, se quedaron afuera incómodos durante unos minutos, los ardientes ojos
ámbar de Remus mirando la fría mirada azul de Sirius como si lo desafiara a hacer una pregunta.

—Espero que te sientas mejor.— Fue todo lo que dijo Sirius. —¿Podemos venir a visitarte mañana,
si no estás fuera?

—Supongo que sí — Remus dijo, con cautela. Trató de encogerse de hombros, luego hizo una
mueca. La expresión de Sirius no parpadeó.

—Cuídate, Lupin.— Dijo, en voz baja, antes de darse la vuelta y apresurarse de regreso por donde
habían venido.

Remus lo vio irse, hasta que dobló la esquina. Tenía la extraña sensación de que Sirius lo miraría
antes de desaparecer. Cuando no lo hizo, Remus no pudo evitar sentirse extrañamente
decepcionado, aunque debería haberlo sabido mejor: Sirius Black no era predecible.

Se estremeció levemente, en parte debido al creciente dolor y en parte por otra cosa, y luego abrió
la puerta de la enfermería.
Primer Año: Fin del período

Remus nunca se lo diría a nadie, pero realmente disfrutó el período de exámenes de Hogwarts. No
hubo lecciones durante dos semanas completas y mientras todos los demás corrían como un pollo
sin cabeza, Remus se sintió muy relajado por todo el asunto.

No se podía decir lo mismo del resto de sus compañeros. Lily Evans había realizado una
emboscada a otros estudiantes en la biblioteca y en la sala común, exigiendo que la cuestionaran
sobre el los disturbios de Globin del siglo XVIII. Peter parecía estar constantemente murmurando
para sí mismo en voz baja, retorciéndose las manos. Marlene McKinnon y Mary McDonald, dos de
primer año de Gryffindor que Remus solía tratar de evitar, seguían estallando en ataques de risa
histérica por los nervios. James y Sirius parecían estar actuando con más valentía que nunca;
encendiendo petardos sin llama en los pasillos y realizando hechizos de desaparición en las bolsas
de libros de los estudiantes desprevenidos en la biblioteca. Remus no podía decir si los dos solo
estaban respondiendo a la atmósfera general de ansiedad, o si estaban expulsando su propia energía
nerviosa.

Los estudiantes mayores no tenían simpatía por sus contrapartes más jóvenes. Frank Longbottom
dio más detenciones durante su última semana de mandato de las que había dado en todo el año, e
incluso amenazó con quitarle cincuenta puntos a Gryffindor si James y Sirius no dejaban de levitar
tinteros en la sala común. Remus sintió que se habían librado fácilmente - Bellatrix Black, de
hecho maldijo a la mitad de los Slytherin una noche por hablar demasiado alto mientras estudiaba
para sus EXTASIS. No pudieron hablar durante tres días, Madame Pomfrey tuvo que hacer crecer
sus lenguas.

Su primer examen fue Encantamientos, lo que hizo que Remus tuviera un buen comienzo. Todo lo
que tenían que hacer era embrujar un coco para bailar un jig irlandés, que en privado pensó que era
muy fácil. Él, James y Sirius se las arreglaron sin ningún problema, aunque el coco de Peter al
principio se negó a moverse en absoluto, luego perdió el control una vez que finalmente se puso en
marcha y terminó dando vueltas en el escritorio, rompiendo todas las losas.

Transfiguración salió casi bien, aunque era un tema más complicado. Su tarea era convertir un
escarabajo ciervo en un pimentero - Sirius completó esto en minutos, apenas ocultando su orgullo
cuando McGonagall comentó que era el mejor ejemplo de transfiguración a pequeña escala que
jamás había visto de un primer año. La pimentera de Remus no estaba tan mal, aunque todavía era
brillante y negra, mientras que Sirius de alguna manera se las había arreglado para hacer la suya de
vidrio. James intentó la porcelana, y pareció haberlo hecho bien hasta que McGonagall trató de
sacarle un poco de pimienta y extendió sus alas y salió volando por la ventana, haciendo que
Marlene y Mary chillaran. El pimentero de Peter todavía tenía patas y cuernos, incluso después de
una hora.

Herbología e Historia de la Magia fueron exámenes escritos. Remus se sorprendió a sí mismo al


escribir el ensayo de historia más largo de la clase; tuvo que pedirle a Peter, sentado a su lado, un
pergamino extra. Aparentemente, después de todo, había mucho que decir sobre los disturbios de
los goblins. Pociones fue más fácil de lo que esperaba: tenían que preparar una cura para las
verrugas de memoria. Como tenía muy buena memoria gracias a años de práctica, Remus sabía que
tenía todos los ingredientes y las cantidades correctas, incluso si sus habilidades de preparación
carecían de precisión.

Entre exámenes, Remus disfrutó de sus últimas semanas de libertad, ya sea deambulando por los
pasillos y agregando a su mapa (cuando estaba solo) o comiendo helado afuera junto al lago
(cuando los demás estaban con él). Recientemente había encontrado un pasillo que olía vagamente
a chocolate, pero no pudo entender lo que eso significaba, ya que no estaba cerca de las cocinas.

Los días eran mucho más cálidos ahora, y cuando Junio se abrió paso y las pruebas llegaron a su
fin, las mentes de los merodeadores se volvieron traviesas.

—Tiene que ser grande.— James dijo con decisión. Siempre estaba haciendo declaraciones
innecesarias como esa, esperando a que alguien más tuviera una idea para que él la aprobara. —
Nuestro último hurra.

—No es el último, —respondió Sirius, cortando la hierba. —Volveremos en dos meses.

—Puede que ustedes lo hagan—, se preocupó Peter, —sé que he fallado en todo.

James agitó una mano, descartando los temores de Peter. Era un día demasiado cálido y perezoso
para pasar mucho tiempo tranquilizándolo. Estaban descansando en su nuevo lugar favorito, cerca
de un árbol junto al lago. Peter estaba sentado a la sombra de las ramas porque era rubio y se
quemaba fácilmente. James y Sirius se habían quitado la túnica y se habían arremangado las
brillantes camisas blancas del uniforme para combatir el calor. Remus simplemente se recostó al
sol, con la túnica todavía puesta para cubrir sus heridas más recientes, disfrutando del calor que se
hundía en sus doloridas articulaciones. Le gustó el lugar porque el Sauce Boxeador estaba detrás
de ellos, por lo que no tenían que mirarlo.

—¿Nos quedan bombas de estiércol?— Preguntó Remus, entrecerrando los ojos hacia el cielo azul,
luego cerró los ojos para mirar los patrones quemados en sus retinas.

—Sí, algunos. Sin embargo, no es suficiente para una gran despedida.

—¿Qué tan grande estás pensando exactamente?

—Más grande que las bombas de estiércol.— James respondió, limpiándose las gafas, como solía
hacer cuando pensaba. — Lo suficientemente grande para que todos sepan que fuimos nosotros.

— Sabrán que somos nosotros. McGonagall siempre lo sabe —intervino Sirius, levantándose y
tirando una piedra sobre el lago. Rebotó cinco veces: Sirius era increíble lanzando piedras. Tenía
esta clase de gracia fluida que era más animal que humana. Eso volvía loco a Remus - después de
todo, él era el que no era estrictamente humano, y tenía toda la gracia natural de un gusano.

—Pueden pensar que son los Prewett". —James respondió: —Nos han estado golpeando todo el
año.

—¡Nada mejor que los duendes!— Sirius dijo, a la defensiva. Arrojó otra piedra. Esta vez, en su
cuarto rebote, un tentáculo largo y plateado se elevó del agua y lo empujó hacia él, perezosamente.
Sirius sonrió.

—Y el polvo picapica fue bastante bueno, tienes que admitirlo. — Remus murmuró, pasando un
brazo sobre su rostro.

—Exactamente— continuó Sirius, con entusiasmo, —Tienes que darnos puntos por ingenio allí.

—¡Y la nube de lluvia! — Peter habló, ansioso por participar. Todos se quedaron en silencio.
Remus se sentó. No habían hablado en absoluto de ese incidente desde Enero. Peter se mordió el
labio al darse cuenta de lo que había hecho.

Sirius negó con la cabeza, cambiando de tema.


—De todos modos, el punto es que los cuatro hemos tenido más detenciones que el resto de
Gryffindor juntos este año. ¿Qué más quieres que hagamos, James? ¿Firmar nuestro trabajo?

Echó el brazo hacia atrás para arrojar la piedra al lago, pero James se levantó de un salto y lo
agarró del hombro, lo que hizo que lo dejara caer.

—¡Oi!— Sirius frunció el ceño, molesto, — ¿A qué estás jugando?

—¡Eso es!— James saltó, emocionado, — ¡Firmamos nuestro trabajo!

—¿Tu qué? — Remus los miró a ambos con los ojos entrecerrados. Deseó no haber estado
mirando al sol durante tanto tiempo, sus ojos estaban empañados y estaba empezando a tener dolor
de cabeza.

—¡FIRMAR NUESTRO TRABAJO!— Repitió James, como si tuviera perfecto sentido y todos
fueran demasiado tontos para entenderlo. Suspiró, impaciente, —Poner nuestra marca en Hogwarts,
literalmente.

—¿Estás hablando de desfigurar la propiedad de la escuela, Potter?— Sirius arqueó una ceja
oscura, alegría escrita en todo su rostro.

—Podría ser, Black. — James movió sus propias cejas a cambio, no podía levantar solo una, como
Sirius.

—Bueno, digo, viejo.— Sirius sonrió, adoptando un acento aristocrático aún más delicado de lo
habitual.

— ¿Qué dices, frijol viejo?

— Yo digo que es una idea simplemente desgarradora.

—¡Oh, estupendo!

—¡Un buen espectáculo!

— ¡Espero que lo sea!

Ambos se disolvieron en risitas, cayendo al suelo y luchando. Remus y Peter compartieron una
mirada. Este tipo de cosas sucedían cada vez más; James y Sirius se verían atrapados en una de sus
propias jugadas y dejarían atrás a los demás. Remus se puso de pie y fue a sentarse con Peter.

—¿Alguna idea de lo que están hablando? —Le preguntó al niño más pequeño. Peter tenía la cara
roja y la frente arrugada. Claramente estaba pensando profundamente.

— Quieren que escribamos nuestros nombres en alguna parte. ¿En las paredes? — Dijo,
lentamente.

—Qué...— preguntó Remus, —¿Cómo… tallarlo en la piedra o algo así? Eso es un poco
permanente, ¿no?

Sirius y James continuaron luchando. James era más grande y por lo general tenía la ventaja, pero
Sirius jugaba sucio.

— Es todo lo que puedo pensar,— Peter se encogió de hombros. —James dice que lo quiere en
grande ... las paredes son las más grandes ... oh ... ¡OH! — Él saltó,— ¡Muchachos!—Chilló, —
¡Tengo una idea!
—¡Caray!— James y Sirius se detuvieron a la vez. James tenía a Sirius en una llave de cabeza, y el
tobillo de Sirius se movía poco a poco alrededor del de James, listo para tirar y derribar a ambos.
—¿Te sientes bien, Pettigrew?

—¡El césped! — Peter continuó, caminando mientras pensaba en voz alta: — Es el lienzo más
grande, y no tendría que ser permanente, podría ser ... si usáramos una poción de crecimiento
rápido ...

Remus suspiró profundamente. ¿Por qué nadie tenía sentido hoy?

...

Y fue por el deseo de James de notoriedad, y la desesperación de Peter por demostrar su valía, que
los cuatro se encontraron de nuevo en los terrenos después del anochecer en el último día del
trimestre. Habían tenido dos semanas para planificarlo: acumular suministros del invernadero y
aprender varios encantamientos de cambio de color. Mientras tanto, se enteraron de que todos
habían aprobado sus exámenes; incluso Peter. Remus había llegado primero en Historia de la
Magia y segundo en Encantamientos (detrás de Lily Evans, que trató de no dejar que le molestara).

—¡Ay! ¡Ese era mi pie!

—¡Lo siento!

— No puedo ver nada.

—Está oscuro, idiota.

—¡Ay! ¡Ese era mi pie!

—¿Podemos quitarnos la capa ahora?

—Sí, eso creo…

Habían arrastrado un pesado saco de semillas de hortensias desde la torre. Bueno, Remus y Peter lo
habían hecho. Sirius y James decidieron que liderarían el camino.

—De acuerdo — James dijo, serio, con las manos en las caderas: — ¿Acordamos escribir 'con
amor' o 'de parte de'?

— De parte de — dijo Peter.

—Prefiero 'Con amor'. — dijo Sirius.

—Aww, por supuesto que sí, Black,— James alborotó su cabello juguetonamente, haciendo que
Sirius se agachara y pusiera una mueca. —Me encanta, entonces. ¡Vamos, caballeros, a trabajar!

Una hora más tarde, el saco de semillas estaba vacío, y Remus seguía el rastro que los demás
habían dejado, rociando la poción 'quick-gro' sobre el suelo.

—¿Estamos seguros de que escribimos todo bien? — James se rascó la cabeza, despeinando aún
más su cabello.

— Ya es demasiado tarde,— respondió Sirius, secándose el sudor de la frente. — Mira, será mejor
que nos vayamos, el sol está saliendo. — Señaló el cielo, que comenzaba a brillar de color rosa.

—¡El hechizo de cambio de color, rápido!


—Ya lo hice, — dijo Remus, terminando lo último de la poción. —Mientras todavía estaban en la
bolsa.

—¡Bien pensado, Lupin!— Sirius le dio una palmada en el hombro, — Sabía que eras el lógico.

¡¿Desde cuando?! Remus pensó para sí mismo.

—No entremos todavía — dijo James, —Mira, podemos ver salir el sol.

—Merlín, —se rió Sirius, — eres tan cursi.

Sin embargo, si observaron con asombro cómo el brillante sol anaranjado ascendía lentamente por
el horizonte, inundando el gran lago con chispas doradas y luego palideciendo a medida que se
elevaba hacia el cielo.

— El año que viene será aún mejor, muchachos, — sonrió James, sus lentes reflejaban el nuevo sol
mientras pasaba un brazo alrededor de Peter y Sirius. Remus se apartó un poco a un lado, contento
de estar con ellos.

Regresaron al castillo de un humor extraño y casi se olvidaron de volver a ponerse la capa.


Regresaron a la torre de Gryffindor, y James y Peter intentaron dormir, pero Remus no pudo. Por
un lado, Sirius finalmente había comenzado a empacar, lo había estado posponiendo durante una
semana y comenzó a arrojar sus cosas descuidada y ruidosamente en su baúl de caoba. Estaba
grabado con una serpiente, como muchas de las cosas de Sirius.

Por otra parte, Remus no quería dormir. Sus últimas horas en Hogwarts se estaban agotando tan
rápido, y no quería perderse ninguna de ellas. Se sentó en el alféizar de la ventana y observó cómo
se desarrollaba su broma en la hierba de abajo. Las semillas ya estaban echando raíces y creciendo
muy rápido, girando y retorciéndose debajo como algo en una película de ciencia ficción.

—¡Luce bien!— Dijo Sirius, acercándose a mirar. Aparentemente había terminado de empacar,
aunque su baúl no parecía cerrarse correctamente.

—Aún creo que debería haber sido 'estaban', no 'estuvieron' . —Dijo Remus.

—Mala gramática, Lupin, — bostezó Sirius, —No podría haber vivido conmigo mismo. — Se
estiró adormilado y se recostó en la cama de Remus, que resultó ser la más cercana, acurrucándose
para dormir.

Remus lo miró por un momento desde el alféizar de la ventana. Con los ojos cerrados, a la suave
luz del amanecer, Sirius parecía más suave, más joven. Remus había pasado todo el año asombrado
por él y James; lo invencibles que eran, lo atrevidos que eran. Pero todos eran solo niños, en
realidad. Y no importa cuán grande fuera su última broma, no detendría el tren que venía a
buscarlos mañana, para llevar a Remus de regreso a St. Edmund y a Sirius a donde sea que viviera,
a una casa donde los retratos le gritaban a sus hijos. A su familia no le importaba que hubiera sido
el primero en Transformaciones.

Volvió a mirar por la ventana, presionando la frente contra el cristal frío y suspirando
profundamente. Era una broma realmente buena; todos deberían estar orgullosos. McGonagall se
enfadaría. A Dumbledore probablemente le gustaría. No había necesidad de sentirse tan triste, solo
eran dos meses.

Quince metros más abajo, las hortensias finalmente florecieron, y el corazón de Remus dio un
vuelco. Las flores chillonas brillaban abajo en los colores de Gryffindor, carmesí brillante y dorado
reluciente, haciendo sonar su mensaje de letras torcidas.
¡LOS MERODEADORES ESTUVIERON AQUÍ!
Verano, 1972

Querido Remus,

¿Qué tal tu verano hasta ahora? El mío es una basura.

La semana pasada fue la boda de Bellatrix, al menos no estará en Hogwarts el próximo año.
Regulus y yo fuimos padrinos de boda y teníamos que llevar una túnica verde. Definitivamente no
es mi color. Toda mi familia estaba allí, fue horrible. Deberías haber visto lo que Bella le hizo a su
cabello, se veía completamente loca. Cissy también se ha teñido el suyo: rubio, así que se parece a
su engreído novio, Malfoy. No puedo creer que mi tía la dejara, apuesto a que mi madre no me
dejaría teñirme el cabello.

Ojalá pudiéramos hacer magia fuera de la escuela, he estado investigando maldiciones en la


biblioteca de papá, debería tener algunas cosas excelentes para Snivellus el próximo año.

James dice que sus padres me dejarán quedarme con ellos este verano. Mis padres no me dejan ir a
los Potter, pero es posible que me dejen quedarme con los Pettigrew, así que conseguiré que Pete
me invite. James dijo que te invitaría también, espero que puedas venir. Será genial, como la
escuela.

Nos vemos pronto,

Sirius O. Black

...

Querido Remus,

Espero que estés teniendo un buen verano y que los muggles no te estén deprimiendo.

Mamá y papá dicen que son más que bienvenidos a visitarnos. Sirius está tratando de pelear para
quedarse todo el verano, lo cual sería genial. Si puedes venir, responde a este búho lo antes posible.
Mamá dice que ella misma escribirá una carta si tu Matrona la necesita.

Lo mejor,

James.

...

Querido Remus,

James y Sirius dicen que han intentado ponerse en contacto contigo, pero que no has respondido.
Les dije que tal vez no sabías cómo funcionaban los búhos. Simplemente ata la carta a su pata,
como lo hemos hecho nosotros, y luego suéltala. Por lo general, terminan donde se supone que
deben hacerlo.

Espero que puedas venir a visitarnos.

Peter.
...

Querido Remus,

¿Estás bien? No hemos sabido nada de ti, espero que no hayas intentado usar la correspondencia
muggle. Ahora estoy en los Potter, es genial. Sus padres son realmente amables, nada parecidos a
los míos.

James está siendo un poco molesto. Él cree que los dos vamos a estar en el equipo de quidditch
este año y sigue levantándome a las seis para salir a volar. Completamente loco. Sin embargo, es
algo divertido, y si Gryffindor necesita un golpeador, podría intentarlo. No puedo esperar para
mostrarte mi escoba, puedes probarla si quieres; es posible que te guste volar más si tienes un
equipo decente.

James reconoce que tu Matrona no te dejará venir, ¿Crees que si escribiéramos a Dumbledore o
McGonagall, podríamos obtener un permiso? Eres un mago, después de todo, no deberías quedarte
atrapado con muggles durante todo un verano.

Si realmente no puedes venir, ¿Irás al Callejón Diagon por tus cosas escolares? ¿Quizás podríamos
reunirnos todos allí en Agosto?

Espero que estés bien.

Sirius O. Black.

...

Querido Remus,

¡No somos los merodeadores sin ti, por favor ven! Tenemos mucho espacio y a mamá no le
importa. He estado entrenando a Sirius y Pete para Quidditch el año que viene. Creo que si
superamos tu problema con las alturas, podrías ser un buen golpeador.

Te gusta golpear cosas, ¿no? Y probablemente seas el más fuerte de los cuatro, así que creo que
tiene sentido. Sirius también quiere ser un golpeador, él puede mostrarte cómo hacerlo. Incluso
veré si tenemos mi vieja escoba todavía tirada en el cobertizo, ¡y tú puedes tenerla!

James.

...

Querido Remus,

Por favor, ven y sálvanos del reino de terror de James. Ni siquiera quiero estar en el equipo de
Quidditch.

Peter.

...
Querido Remus,

Espero que estés recibiendo estas cartas. Estamos empezando a preocuparnos por ti.

Fuimos todos juntos al Callejón Diagon, fue genial. La mamá de James nos compró helados y nos
dejó ir a donde quisiéramos. Probablemente pasamos unas tres horas en suministros de Quidditch
de calidad. Tenía muchas ganas de salir al Londres muggle y encontrar una tienda de discos, pero
no se nos permitió salir del callejón.

Andrómeda me envió este nuevo álbum: Merlín, ¡Realmente tienes que escucharlo, Lupin! Es
mejor que Electric Warrior. Mejor que CUALQUIER COSA. Estoy seguro de que el cantante es en
realidad un mago, ¿Has oído hablar de David Bowie?

¿Estás teniendo un buen verano? ¿Qué se siente estar de vuelta?

¡Escribe pronto!

Sirius O. Black.

...

Quirido Sirus,

Por favor, no me envíen más cartas. No puedo leerlas y la Matrona está molesta por los búhos.

Nos vemos en el tren.

Remus.
Segundo Año: Regulus Black

Metal Guru, could it be?

You're gonna bring my baby to me

She'll be wild, y'know a rock n roll child...

Remus agarró las asas de su vieja maleta maltrecha con los nudillos blancos, su estómago dando
saltos mortales emocionados mientras miraba a la bulliciosa multitud. La Matrona le había dejado
correr hacia la barrera esta vez, aunque miró hacia otro lado en el último minuto, aterrorizada.
Ahora estaba muy por detrás de él, en el lado muggle de la estación, dónde no tenía que volver a
verla hasta dentro de diez meses.

Había tenido una terrible pesadilla la noche anterior en la que llegaría a King's Cross y no podría
pasar a la plataforma 9 ¾; nada de eso había sido real; magia, varitas, magos, sus amigos. Pero
Remus trató de apartar estos pensamientos de su mente mientras miraba ansiosamente a su
alrededor, buscando un rostro familiar.

-Te dejaron volver, ¿verdad? Una voz fría interrumpió su búsqueda. - Los estándares realmente
deben estar cayendo.

Remus sintió que sus hombros se tensaron. ¿Por qué la primera persona con la que hablaba tenía
que ser Snape?

-Piérdete, Snivellus. - Él escupió. Giró, volviéndose hacia el chico de Slytherin con su mirada más
cruel.

-Uf, ¿Qué diablos es ese olor?- Snape arrastró las palabras, arrugando su enorme nariz. Remus se
sonrojó, apestaba a antiséptico, lo sabía; La matrona había sido demasiado liberal esa mañana.

-¡Dije que te pierdas! - Remus murmuró, apretando los dientes y cerrando los puños.

Vio a Severus retroceder, levemente. Remus sabía cómo se veía, había pasado dos meses sin
magia, rodeado de chicos más grandes y duros que Snape. Estaba tan al límite como una trampa
para osos y estaba listo para lanzar un puñetazo a la menor provocación.

-¡Oye, calvo! - Otra voz sonó sobre la multitud. Un chico con lentes y cabello negro azabache
levantado en todos los ángulos se asomaba por una de las ventanas del carruaje, saludando
locamente a Remus.

Remus sonrió, olvidándose de que estaba tratando de asustar a Severus, y le devolvió el saludo. Se
frotó la cabeza con timidez. Su cabello había crecido mientras estaba en Hogwarts, pero la matrona
se lo había afeitado todo tan pronto como regresó a St Edmund's, haciéndolo lucir como un matón
de nuevo.

Lanzando una mirada sucia a Snape, Remus agarró su maleta y se apresuró a subir al tren,
empujando a otros estudiantes para llegar al vagón donde sus amigos estaban esperando.

-¡Lupin! - Peter se levantó de un salto, emocionado. No sabía muy bien qué hacer consigo mismo
una vez que se puso de pie; ciertamente no iban a abrazarse como niñas, y aparentemente los
apretones de manos no estaban dentro de la lista. Pettigrew le dio una palmadita torpe en el brazo
en su lugar, y Remus agarró el suyo a cambio.
- Hola, muchachos -, sonrió Remus, sus mejillas doloridas de felicidad mientras se sentaba. -
¿Cómo les ha ido?

- ¡Deberíamos preguntarte a tí!- James se rió, dándole un puñetazo en el brazo. -¡Ni una lechuza en
todo el verano!

Remus miró a Sirius, furtivamente. Entonces, no había mencionado la carta que Remus le había
enviado.

- Sabes que soy prácticamente un muggle durante las vacaciones - respondió, - ni siquiera podía
entrar en mi baúl para hacer la tarea; lo cerraron con llave.

Eso no era estrictamente cierto: Remus le había pedido a la Matrona que guardara con llave sus
cosas de la escuela, aterrorizado de que los otros chicos pudieran llegar a ellas. La tarea que no
había hecho porque no había podido. Hubo un suave ruido de disgusto en la esquina. Remus miró
hacia arriba, frunciendo el ceño.

Sentado en el asiento junto a Sirius había otro chico más joven, con los mismos ojos azules
profundo y cabello largo y oscuro; los mismos rasgos inconfundibles de Black: labios carnosos y
pómulos que podrían cortar un vidrio.

- Este es Reg. - Sirius asintió, despreocupadamente, - Saluda, Reggie.

- Es Regulus. - El chico respondió, irritado, su voz alta y aristocrática indignada.

- Mi querido hermano, - Sirius enarcó una ceja a los otros tres.

- Hola Regulus, - sonrió James, ofreciendo una mano amistosa, - Soy James.

- Potter. - Regulus miró su mano como si estuviera sucia.

Sirius le dio una palmada en la cabeza,

- Deja de ser un idiota. - Él espetó, - Estos son mis amigos.

- No quería sentarme aquí". Regulus respondió. - Tu me obligaste.

- Oh, vamos, lárgate, entonces. No sé por qué me molesté.

Regulus se puso de pie, con el rostro pétreo, y salió del vagón, cerrando la puerta detrás de él.

- Vaya, realmente tiene ese encanto de familia Black. -sonrió James. Sirius negó con la cabeza,
desesperado, colocando un pie en el banco de enfrente y apoyando un codo contra el cristal de la
ventana. Sonó el silbato y el tren empezó a salir de la estación.

- No debería haber esperado nada más, - murmuró Sirius, - Le han lavado el cerebro por completo.
Está molesto conmigo. No debería haberme ido todo el verano .

- ¿Crees que estará en Slytherin, entonces? - James se compadeció.

- Probablemente. - Sirius frunció el ceño, - Él sabe que no hablaré con él, si es así. Más bien que
quede en Hufflepuff.

Remus pensó que esto era un poco duro. Ciertamente, no le agradaban Snape y Mulciber - y sí, le
habían gastado algunas bromas a la casa de Slytherin, pero Remus nunca había odiado a Slytherin
como Sirius parecía hacerlo. Seguramente no repudiaría a su propio hermano solo porque tenían un
uniforme ligeramente diferente. Lo único que Remus podía ver mal con los Slytherin era que la
mayoría de ellos eran snobs, y Sirius, James y Peter también eran snobs, aunque no se dieran
cuenta.

Este hilo de pensamientos lo abandonó cuando empezaron a ganar velocidad fuera de Londres, y
Remus finalmente pudo relajarse con la idea de que efectivamente estaba regresando a Hogwarts, y
que la magia ahora estaba oficialmente permitida. Abrió la maleta de un tirón y agarró su varita por
primera vez en meses. Remus no se había atrevido a tocar nada mágico desde el final del trimestre,
pero ahora sacó uno de sus libros de segunda mano (habían llegado la semana anterior por parte de
Dumbledore), lo abrió y rápidamente hizo el hechizo Letiuncula Magna.

Fingió que se estaba rascando detrás de la oreja con la varita y murmuró las palabras en voz baja.
Sirius debió haber visto lo que estaba haciendo, porque se había levantado de un salto para bajar su
escoba del portaequipajes, distrayendo a James y Peter. Remus miró el libro con el corazón
acelerado. Las palabras llenaron su mente como música, y finalmente pudo leer de nuevo.

El verano había sido increíblemente aburrido. Había intentado leer algunos de los libros que había
alrededor de St. Edmund, pero sin magia era demasiado frustrante. Lentamente había leído cada
una de las cartas de sus amigos, pero estaba demasiado avergonzado para intentar responderle a
alguien que no fuera Sirius. También había tenido que esconderse mucho. Remus sintió como si
hubiera pasado días enteros a veces sin hablar con nadie; a los otros chicos les habían dicho que
había estado en un internado privado, pagado con el testamento de su padre. Esto, por supuesto, lo
convirtió en un objetivo más que nunca, y combinado con sus lunas llenas cada vez más difíciles,
Remus había pasado gran parte del verano cubierto de moretones.

Las lunas llenas eran otra razón por la que estaba aliviado de regresar a Hogwarts, donde Madame
Pomfrey, la medibruja de la escuela, no solo era más comprensiva que la Matrona, sino que estaba
mejor calificada para manejar las peculiaridades de su condición. La matrona se había horrorizado
al ver las nuevas heridas que Remus se infligía a sí mismo cada mes, y lo trataba como si lo hubiera
hecho deliberadamente, solo para molestarla. Habían sido mucho peor que el verano anterior,
cuando solo salía con algunos rasguños y moretones cada noche. Ahora, debajo de su ropa muggle,
Remus estaba casi cubierto de vendajes y tiritas que le tiraban e irritaban cada vez que se movía.
Esperaba poder escabullirse a la enfermería poco después de su llegada.

Sirius y James estaban ocupados contándole a Remus sobre su propio verano, con Peter uniéndose
aquí y allá, dispuesto a dejar en claro que la mayor parte del tiempo habían sido ellos tres. Sonaba
como si todos hubieran tenido un momento espectacular, incluso si había mucho quidditch. Los
padres de James tenían una cabaña junto al mar, algo así como lo que James llamaba su "hogar
habitual" estaba cerca de Londres. Los tres chicos habían acampado en la playa, pescado, volado
cometas y planeado sus bromas para el próximo año. Charlaron sobre ello con entusiasmo durante
tanto tiempo que Remus sintió deseos de decirles a todos que se callaran.

Se sintió un poco mejor cuando apareció el carrito. James y Sirius juntaron su dinero de bolsillo y
compraron lo suficiente para alimentar a la mitad de la casa de Gryffindor. Remus no tenía quejas,
ya que como de costumbre, tenía mucha hambre.

...

Remus estaba inmensamente contento de haber metido la cara en el tren, porque se había olvidado
de lo larga y prolongada que era la ceremonia de clasificación, especialmente cuando no
participabas en ella. Regulus, de hecho si fue clasificado en Slytherin, lo que fue una sorpresa solo
para Sirius, a quien Remus escuchó exhalar con incredulidad. El hermano Black más joven se
apresuró a unirse a sus compañeros y a Narcissa, que ahora lucía una insignia de prefecto plateada
y un nuevo peinado platinado elegante.

Severus le dio una palmada a Regulus en la espalda, burlándose de la mesa de Gryffindor.

-¿Cuál es su problema?- Peter suspiró cuando finalmente apareció la comida, - Uno pensaría que
superaría esas bromas estúpidas.

- Más bien necesita superar a Evans. - dijo James, sonando inusualmente pensativo. Todos lo
miraron confundidos. - ¡Oh, vamos, es obvio!- Él sonrió, - Snivellus claramente está locamente
enamorado de cierta Gryffindor con cabello de zanahoria - , le guiñó un ojo a Lily, quien le dio una
mirada de disgusto y muy obviamente le dio la espalda para continuar su conversación con
Marlene.

- ¿Así que porque tenemos el pájaro que le gusta, va a ser un dolor de cabeza durante los próximos
seis años? - Sirius respondió, incrédulo.

Remus lo miró parpadeando. ¡¿Pájaro?! Sirius no era el tipo de chico que llama "pájaros" a las
chicas, era de clase demasiado alta. ¿Dónde diablos había oído eso?

- Exactamente.- James confirmó, luciendo muy orgulloso de sí mismo.

- No, - Sirius negó con la cabeza, - Nadie podría preocuparse tanto por una chica.

Remus estuvo de acuerdo con él en silencio. Aún así, a Potter no parecía importarle que se
disputaran sus teorías. Se encogió de hombros, escarbando en sus patatas asadas,

- Si tú lo dices. Entonces, todavía debe estar molesto por la vez que Remus lo golpeó.

Sirius se rió al recordar eso, finalmente animándose.


Segundo Año: The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars

Madame Pomfrey estaba horrorizada por el estado del cuerpo flaco y maltratado de Remus cuando
finalmente fue a verla.

- ¡¿Qué te ha estado haciendo esa mujer?! - Ella jadeó, enojada.

- Oh no, hice todo esto yo mismo,- Remus hizo un gesto seco hacia su pecho desnudo. La
enfermera gruñó, quitando otro vendaje.

- Sí, pero ella apenas ha hecho nada para tratarte... ¡No tenía idea de que la medicina muggle fuera
tan primitiva! ¡Estas son heridas mágicas, necesitan cuidados mágicos!

Remus asintió con cansancio. Se había acostumbrado a la carnicería ahora, el dolor se había
asentado sobre sus hombros como una pesada carga, una que pensó que probablemente tendría que
soportar. La vida estaba llena de limitaciones, simplemente él tenía más que otros. Quizás por eso
se sentía tan atraído por James y Sirius.

Madame Pomfrey quería observarlo durante la noche, pero él se negó, de mal humor. Faltaban dos
semanas para la luna llena y quería dormir en su propia cama tanto como le fuera posible.

Caminó de regreso a la sala común lentamente, aunque se sentía mejor de lo que se había sentido
en un mes, Madame Pomfrey le había dado una poción que lo hizo sentir ligero y cómodo, y
agradablemente somnoliento. Sin embargo, no había posibilidad de que pudiera tener una tarde
tranquila, porque cuando Remus llegó al dormitorio encontró a Sirius sentado en su cama, el
tocadiscos y los álbumes nuevos esparcidos a su alrededor.

-¡Lupin! - Él sonrió, emocionado, - ¡Tienes que escuchar esto!

- Gracias a Merlín que estás aquí -, gimió James desde su propia cama, donde estaba hojeando una
revista de quidditch. - Ha estado hablando de ese cantante muggle todo el verano.

- ¡No es un muggle! - Sirius espetó, con las manos en las caderas, - Tiene que ser un mago. ¡Tiene
que ser! Deberías ver la ropa que usa...

Remus cruzó la habitación y tomó la portada del disco. Él sonrió, levemente sorprendido,

- ¡Oh, Bowie! Sí, me agrada. Aunque no creo que sea un mago.

Sirius parecía un poco decepcionado de que Remus hubiera oído hablar de él, y Remus
rápidamente explicó: -He escuchado mucho a Starman en la radio, ¡Pero nadie en St Eddy's tiene
el álbum!

Apaciguado, Sirius colocó el disco negro que sostenía en el tocadiscos y fijó la aguja en su lugar.
James suspiró profundamente y se levantó, dejando la habitación con la revista bajo el brazo.
Sirius lo ignoró, mirando el rostro de Remus con entusiasmo mientras comenzaba el lento
tamborileo. Remus se sentó en el borde de la cama y cerró los ojos para escuchar.

Pushing through the market square

So many mothers sighing

News had just come over


We had five years left of crying...

No era lo mismo que Electric Warrior; era más oscuro, más enfadado. A Remus le gustó mucho.
Había una historia en ella, aunque no estaba seguro de haber entendido todas las partes todavía.
Mientras reverberaban los compases finales de "Rock n Roll Suicide" , Sirius levantó la aguja y la
movió hacia atrás,

- ¡Escucha Suffragette City de nuevo, es mi favorito!

Remus sonrió, podría haberlo adivinado. Era ruidoso y grosero, y se podía bailar. This mellow
thigh'd chick's just put my spine outta place...

Por su parte, pensó que le gustaba más Moonage Daydream, porque era extraño y espacial. O Lady
Stardust, porque por alguna razón le recordaba a Sirius. - his long black hair, his animal grace; the
boy in the bright blue jeans... Remus rápidamente descartó ese pensamiento, seguro de que Sirius
lo encontraría histéricamente divertido.

Una vez que volvieron a reproducir el álbum hasta el final, una vez que volvieron a reproducir sus
favoritos, era casi la hora de cenar. Se sentaron juntos en la cama con las piernas cruzadas,
repasando las notas del álbum.

-Tal vez sea un mago -, admitió Remus, soñadoramente, - No es como un muggle normal.

- ¡Te lo dije! - Sirius sonrió triunfalmente, - Voy a conseguir más, todos sus álbumes.

- T.Rex tiene uno nuevo - dijo Remus,- Slider.

- ¡Genial! Ojalá la Sra. Potter nos hubiera dejado salir del Callejón Diagon, incluso conseguí algo
de dinero muggle de Gringotts.

- ¿Qué es el Callejón Diagon?- Preguntó Remus, aunque pensó que tenía una idea de las cartas del
verano.

Los ojos de Sirius se agrandaron, como siempre hacían cuando Remus demostraba su impactante
falta de conocimiento mágico.

- Maldita sea, Lupin - dijo, -Es una calle mágica, en Londres. Los muggles no pueden entrar, como
Hogsmeade.

-Correcto. - No le pareció tan emocionante a Remus; ir de compras era aburrido.

- ¿De dónde sacas todas tus cosas?

-¿Qué cosas?

- Cosas de la escuela... tus libros, tu túnica ...- Los ojos de Sirius se dirigieron a los puños
deshilachados de la túnica negra de la escuela de Remus. Los suyos eran nuevos, impecablemente
acabados y cortados ligeramente mejor que los de los demás.

- De segunda mano, creo - respondió Remus, - Dumbledore los envía. No sé cómo llegar a una
calle mágica; No se me permite estar solo en Londres.

- El próximo verano.- Sirius dijo con firmeza: - Tienes que venir a la casa de James y quedarte,
podemos llevarte al Callejón Diagon, te encantará.

- Sabes que no puedo - dijo Remus en voz baja, sin hacer contacto visual.
-Lo solucionaremos. - Sirius dijo, con confianza, - Hablaré con Dumbledore, McGonagall - ¡El
Ministro de Magia, si es necesario!

Remus forzó una sonrisa, fingiendo que le creía a Sirius,

-Sí, genial. Gracias, Black.

...

The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders From Mars se convirtió en la banda sonora del
dormitorio de los chicos de Gryffindor durante la semana siguiente, hasta que incluso James, que
era sordo, se encontró tarareando.

Remus nunca se había sentido tan satisfecho y a gusto en toda su vida. Estaba lejos de St.
Edmund's, lejos de las camisas grises, la Matrona, las habitaciones cerradas y los chicos con
problemas que querían atraparlo. No estaba cubierto de vendas (al menos por el momento), y hasta
que comenzaron las lecciones el lunes tenía todo el tiempo que quería para leer, escuchar música y
jugar con los merodeadores.

Pasó la mayor parte del tiempo poniéndose al día con su lectura y completando la tarea de verano
que le habían asignado. Como un hombre hambriento, devoró cada pieza de información que se le
presentó, e incluso fue a buscar más libros de la biblioteca para investigar más.

También tuvo que tener una serie de conversaciones con James antes de poder convencerlo de que
no deseaba estar en el equipo de Quidditch de Gryffindor. Remus estaba contento de sentarse en
los gradas con su libro, ocasionalmente levantando la vista para ver a los otros tres chicos
revoloteando de un lado a otro en sus escobas. Todos eran muy buenos, pero era obvio incluso para
Remus que James era el mejor de los tres. Ni siquiera parecía que necesitara la escoba; el chico de
cabello azabache se elevaba como un cernícalo, sus giros suaves, sus inmersiones
nauseabundamente agudas. Remus no había asistido a muchos partidos de Quidditch en su primer
año, pero estaba seguro de que James se ganaría su lugar en el equipo.

Sirius era mucho más de lucirse en su técnica de vuelo, no le faltaba tanto la habilidad de James
como su disciplina. Black parecía aburrirse fácilmente, también podía ir bastante rápido cuando
quería, pero estaba más interesado en dar vueltas y desviarse peligrosamente que en atrapar
quaffles o repelar bludgers. Necesitaba que James le gritara cada pocos minutos para mantenerse
concentrado en el juego. Peter era muy competente después de un verano de ejercicios, pero era
bastante lento en largas distancias; James decidió que podría estar mejor como portero.

- Estás actuando como si pudieras elegir tu mismo a todo el equipo. - Sirius resopló mientras se
dirigían de regreso al castillo después de una práctica.

- Deberían dejarme. - James se encogió de hombros, como si fuera obvio: - Soy mejor que al
menos la mitad del equipo actual y tú eres mejor que los dos golpeadores. Y conozco tácticas.

- Solo trata de no estar demasiado sorprendido cuando no te nombran capitán -, Sirius puso los ojos
en blanco, - Aún estás en segundo año. No hubo ningún segundo año en el equipo el año pasado.

- Ten algo de fe, Black - le guiñó un ojo James, pasando el brazo por encima del hombro de su
amigo. Caminaron juntos hacia adelante, escobas en mano. El sol se estaba poniendo detrás de
ellos y se vio todo en un relieve nítido, delineando a los dos chicos de cabello oscuro en un heróico
dorado. Remus los miró, rezagado y abrumado por sus libros, pensando que probablemente todos
se sorprenderían un poco si James no obtenía exactamente lo que quería.
Segundo Año: Hermandad

Remus no tenía un hermano, al menos no uno del que él supiera algo. Supuso que su madre bien
podría haberse vuelto a casar y haber tenido un par de hijos agradables, que no fueran no magos o
monstruos. Eso realmente no parecía ser asunto suyo; había aceptado su suerte en la vida hacia
mucho tiempo.

James también era hijo único, y esto explicaba al menos de alguna manera por qué era tan
engreído y exigente. Sirius hablaba de los padres de Potter como si fueran perfectos santos, pero
claramente habían echado a perder a su hijo. Peter tenía una hermana que era mucho mayor que él
que ya se había ido de Hogwarts. Había estado en Hufflepuff, pero Peter no hablaba mucho de ella.
Estaba estudiando en una universidad muggle, que aparentemente era el colmo de la situación.

Entonces, tal vez por eso ninguno de ellos entendió realmente lo que estaba sucediendo entre los
dos hermanos Black, lo que podría haber sido la razón por la que no se lo tomaron muy en serio.
Comenzó la mañana siguiente a la clasificación. Durante el desayuno, Regulus había recibido un
regalo de sus padres; un búho nuevo. Esta era su recompensa por entrar en la casa correcta,
descubrieron ya que Severus leyó alegremente la carta en voz alta al alcance del oído de la mesa de
Gryffindor. Sirius miró su papilla, sin morder el anzuelo, pero Remus miró a Regulus y vio que se
estaba sonrojando mucho, tratando de arrebatarle la carta a Snape.

—¿Tus padres no volvieron a confiscarte tu búho? — Peter preguntó sin rodeos. Sirius asintió
bruscamente.

— Dijieron que puedo recuperarlo cuando recuerde mi deber para con la familia y cuando
comience a actuar como un 'verdadero Black'. No me importa, no necesito un búho.

— ¿Cuál es exactamente tu deber familiar, de nuevo? — James musitó, en voz alta, para que
pudieran escucharlos a través de las carcajadas de los Slytherin — ¿Ir por ahí con repugnantes
como Snivellus y Mulciber? ¿Casarte con tu prima?

Sirius finalmente miró a James, su expresión medio agradecida, medio traviesa.

— Oh, sí — respondió, conversacionalmente, tan fuerte como James. Snape, Regulus y la mayoría
de los otros Slytherin que se habían estado riendo ahora estaban callados, entrecerrando los ojos a
los dos chicos de Gryffindor. Peter se alejó un poco. — La endogamia y el ser un creepy son
aspectos clave de mi noble herencia. Y meterse con niños más pequeños que yo, por supuesto;
engañar, mentir y maldecir a todos dentro de mi camino hacia el poder...

— Bueno, amigo, lamento decírtelo — dijo James jovialmente, — Pero no parece que seas un
Black en absoluto.

— Dios — la mano de Sirius voló a su rostro con fingida sorpresa —¿Qué diablos soy, entonces?

— Es obvio — James se encogió de hombros — Eres un Merodeador.

Sirius se rió, al igual que la mayoría de los Gryffindors sentados cerca.

Remus vio la mano de Severus alcanzar su varita, y rápidamente tomó la suya en preparación,
repasando una lista de hechizos en su cabeza, tratando de encontrar uno que lo detuviera más
rápido. Pero Regulus empujó a Snape con el codo, murmurando; "Está bien". Remus estaba seguro
de que fue el único Gryffindor que lo escuchó.
— Vamos — Snape se burló —Será mejor que nos alejemos de toda esta suciedad si queremos
mantener nuestro desayuno en nuestros estómagos.

Esto solo hizo que Sirius y James se rieran más fuerte, y Snape saliera de la habitación, seguido por
Mulciber y un nuevo de primer año llamado Barty Crouch. Regulus se contuvo, mirando
nerviosamente entre sus nuevos amigos y su hermano. El nuevo búho estaba posado sobre su codo
torcido, contemplando la escena con una mirada imperiosa y condescendiente. Se acercó a Sirius.

— Puedes pedirlo prestado, si quieres. — Regulus dijo en voz baja:— Nunca le pedí que me
enviara nada, pero ya sabes cómo es ella.

— Sí — resopló Sirius, —Lo sé.

Ambos se miraron el uno al otro por un momento, y Remus no pudo decir si estaban mirándose o
tratando de encontrar las palabras para decir algo muy difícil.

— Mira, lo siento, ok? Sabías que terminaría en Slyth... — comenzó Regulus, pero Sirius lo
interrumpió y se puso de pie rápidamente.

—No quiero tu búho. — Dijo con rigidez, mirando a través de su hermano: — Si necesito enviar
una carta, tomaré prestado el de James.

Con eso, empujó a Regulus y se dispuso a irse. James, Remus y Peter se levantaron
apresuradamente y lo siguieron. Remus miró a Regulus, que se veía muy pálido y muy frío.

Remus no pensó mucho en Regulus después de eso - la línea en la arena había sido trazada, y era
su deber como merodeadores apoyar a Sirius. Además, todos estaban demasiado ocupados una vez
que comenzaron las lecciones.

Remus se entregó a sus estudios esta vez, en una completa reversión de su comportamiento del
Septiembre anterior. Leía con entusiasmo, respondía preguntas en clase y completaba su tarea tan
pronto como se la asignaban. En todo, excepto en Pociones, era un estudiante modelo. Nunca
había olvidado lo que había leído el año anterior sobre personas con su problema. No les iba bien
una vez que dejaban la escuela. Aquellos lo suficientemente estúpidos como para firmar el registro
eran excluidos de casi cualquier trabajo mágico calificado. Tendría que ser el mejor de los mejores,
e incluso eso podría no ser suficiente, pero tenía seis años más para intentarlo.

Había otro elemento en sus aspiraciones académicas: Sirius. Bueno, Sirius y James, la verdad, pero
lo más importante era Sirius. Remus no dudaba de que Sirius fuera su amigo, exactamente, pero
dudaba que Sirius realmente lo viera como un igual. Él criticaba las creencias de la familia Black
sobre la pureza de la sangre, pero al mismo tiempo, a menudo hacía comentarios sarcásticos sobre
la herencia de los squib de Peter. Esto siempre era a espaldas de Peter, y Remus temía pensar en lo
que Sirius decía sobre él.

Remus había aprendido durante su primer período en Hogwarts que ser un 'mestizo' significaba que
era un poco menos confiable que otros magos. Los Slytherin, en particular, apuntaban a estudiantes
con cualquier tipo de herencia muggle: Marlene McKinnon, cuyo padre era muggle, había
perfeccionado el hechizo del murciélago fantasma antes que nadie en su grupo de año, como
medio de defensa. Lily Evans estaba protegida del tormento cuando Snape estaba cerca, pero
estaba claro que muchos de los estudiantes pensaban que tenía mucha suerte, considerando las
circunstancias de su nacimiento.

Sirius nunca expresó algo tan fuerte, pero Remus tenía la sensación de que ser mejor que todos los
demás en el trabajo escolar se tomaba como prueba de que su magia era de alguna manera mejor.
Remus tenía un deseo extremadamente fuerte de demostrar que estaba equivocado. Fue una leve
sorpresa; nunca había sido muy competitivo antes, pero nunca le habían dado las herramientas para
serlo.

Por supuesto, siempre habría un obstáculo insuperable para Remus, y en Septiembre de 1972 llegó
hacia finales del mes. Remus lo había temido como siempre, y en los días anteriores recordó
mencionar que no se sentía bien para preparar a sus compañeros de cuarto para su inminente
ausencia. A decir verdad, nunca se había sentido mejor. Aunque las transformaciones habían
empeorado y los días necesarios para recuperarse se habían alargado, Remus también descubrió
que a medida que la luna comenzaba a crecer y cobrar fuerza, él también.

Tenía un hambre voraz, sus sentidos eran más agudos, su magia se volvía espesa y pesada en su
lengua como un jarabe y apenas dormía en absoluto, en lugar de eso, se pasaba la mitad de la
noche leyendo vorazmente, tratando de ignorar los susurros furtivos de Sirius y James en la cama
de al lado.

Llegó a la enfermería de inmediato, y Madame Pomfrey y McGonagall una vez más lo escoltaron
hasta el sauce. Estaban muy callados mientras cruzaban el terreno, pero una vez que Remus estuvo
encerrado en la choza por la noche, escuchó a las dos mujeres detenerse y comenzar a hablar
mientras viajaban de regreso por el largo pasillo. No debieron haberse dado cuenta de que él podía
oírlas, de que su oído era mejor que el de la mayoría de las personas, especialmente en una noche
de luna llena.

Madame Pomfrey se estaba quejando del plan de tratamiento de Remus durante el verano.

— ¡Cubierto de heridas! ¡No puedo, en buena conciencia, permitirle que regrese allí, Minerva! Va
en contra de todo lo que soy como sanadora.

— Entiendo, Poppy — McGonagall respondió bruscamente mientras cruzaban el suelo, — Es un


asunto difícil, cuando la madre de Remus lo entregó a las autoridades muggle, hizo las cosas muy
difíciles... tenemos que andar con cuidado, mucho cuidado. Hablaré con Dumbledore.

— Es una cosita tan tranquila, nunca se queja, incluso cuando debe estar sufriendo tanto...

Remus no escuchó más, habían viajado demasiado por el pasillo y sus propios gritos ahogaron los
sonidos.

...

Por la mañana, Remus regresó a su cuerpo jadeando como si acabara de nacer. No había ni una
pulgada de él que no le doliera: su cabeza palpitaba enfermizamente, las punzadas le apretaban
detrás de sus ojos; su cuello y hombros se sentían como elásticos rotos; dolía respirar. Cada
movimiento de su pecho hacía que el dolor lo recorriera y sudara mucho a pesar de que el aire
estaba fresco.

Tenía un corte profundo en el vientre que le daba ganas de vomitar. Ya había perdido mucha
sangre, y todavía estaba burbujeando, rojo vino espeso. Medio gateó, medio se arrastró por la
habitación hasta una caja de suministros médicos de emergencia guardada bajo las tablas del suelo.
Sacó un poco de gasa, usando toda su energía restante, y presionó tan fuerte como pudo contra la
oscura herida. Gritó de dolor, pero siguió presionando. Su respiración se hizo superficial, aunque
incluso eso le dolía. Se sentía mareado, quería acurrucarse y dormir. Mantente despierto, se urgió a
sí mismo, furioso, mantente despierto o morirás, idiota .

Entonces muere. Una pequeña voz apareció en la parte posterior de su cabeza, de la nada. Sin duda
facilitaría las cosas. Para ti. Para todo el mundo. Remus negó con la cabeza, aturdido. La voz era
muy amable y suave, como una madre.

Apretó más fuerte, gruñendo de esfuerzo. En su miseria, se preguntó si la voz estaba en lo correcto.
¿Se estaba aferrando a una vida que nunca lo había querido realmente? ¿Que... tal vez nunca valga
la pena vivir? ¿Y si muriera? ¿Y si cerraba los ojos? Podría ser una cuestión de más temprano que
tarde.

Cerró los ojos y exhaló suavemente.

— ¿Remus? —El educado golpe de Madame Pomfrey llegó a tiempo como siempre. Lo ignoró;
ahora estaba demasiado cansado. Apoyó la cabeza en las oscuras tablas del suelo y soltó la gasa.
Estaba tan cansado. — ¡Remus! — La puerta se abrió de golpe y de repente ella estaba allí,
arrodillada a su lado, colocando su cabeza en su regazo.

—Vete —, murmuró, sin abrir los ojos, — Déjame ir.

— De ninguna forma, jovencito.— Madam Pomfrey dijo, con tanta fiereza que a pesar de su estado
de confusión, Remus se rió. Luego hizo una mueca, agarrándose instintivamente el pecho. La
medibruja apuntó su varita a su herida abierta y la cosió en cuestión de segundos, luego sintió su
pecho, donde lo había tocado. — Costilla rota — murmuró, — Pobre cordero — movió su varita
una vez más y Remus sintió un extraño 'estallido' en su torso - de repente ya no le dolió respirar.

Abrió los ojos y la miró. Ella estaba ocupada colocando una manta sobre sus hombros para
mantenerlo caliente. —Ahora bien, — susurró suavemente, aunque estaban bastante solos, — ¿Qué
crees que estás haciendo, dándome un susto así, hm? — Su voz era tan cálida y sus dedos tan
tiernos. Con mucho cuidado, ella lo abrazó, — No podemos perderte, Remus, no mientras yo esté
todavía en Hogwarts.

—Duele — susurró Remus.

Ella lo abrazó con más fuerza y eso fue todo. Por primera vez en mucho tiempo, Remus comenzó a
llorar. No solo unos cuantos sollozos; mientras la dulce y amable enfermera lo sostenía, él
envolvió sus propios brazos alrededor de su suave cuerpo y lloró como un bebé.

...

Tuvo que pasar dos días completos en la enfermería. La herida en su estómago no era la única que
se había infligido esa noche, aunque era la peor. El hechizo de Madame Pomfrey había sido
suficiente para detener la hemorragia el tiempo suficiente para sacarlo de la choza, pero necesitaba
descanso y tranquilidad. Ella le daba regularmente somníferos y él se los bebía sin quejarse,
prefiriendo no estar despierto. Los merodeadores vinieron tratando de verlo, pero a pedido de
Remus, Madame Pomfrey los echó.

Ya era tarde el viernes por la mañana cuando finalmente lo dejó ir.

— Enviaré una nota a tus profesores para que sepan que no te esperan. Tienes que ir directamente
a tu dormitorio y acostarte, ¿Entendido?

Caminó lentamente, tomando una ruta diferente a la habitual, pensando en el mapa; debería
comenzar a trabajar en eso de nuevo, había leído algo muy emocionante sobre algo llamado
hechizo homúnculo. Una vez que llegó al dormitorio, Remus se arrastró hasta su cama, corrió las
cortinas y se acostó boca arriba. Rayos de luz se deslizaron a través de la tela destacando una
galaxia de motas de polvo.
Todavía hacía mucho calor para ser Septiembre, y alguien había dejado las ventanas abiertas,
llenando la habitación de aire fresco. La brisa succionó las cortinas de la cama de Remus y luego
las empujó hacia afuera. Lo miró soñadoramente durante un rato, entrando y saliendo, era como
estar dentro de un pulmón.

— ¡Lupin! — Una voz aguda rompió su calma. Sirius rasgó las cortinas, inundando el pequeño
espacio con luz, quemando las retinas de Remus.

— Ugh, ¿qué? — Gimió, protegiéndose los ojos.

— Lo siento,— Sirius se frotó el brazo con nerviosismo.

— ¿Qué pasa?

— Remus, tengo algo que decirte.

Se quedaron en silencio durante unos largos momentos. Remus se echó hacia atrás, demasiado
cansado para sentarse. Él suspiró,

— ¿Y Bien?

— ¡Es James! — Sirius dijo, desesperado, — Él... él quiere hablar contigo.

—¿Qué?...

— Es... cielos, esto es difícil de decir, Lupin...

—¿Qué te traes?

—¡Él lo sabe! ¡James lo sabe! Y quiere que te enfrentemos.

Remus se sentó, abruptamente, su estómago dio un vuelco.

— Él… ¿él qué? ¿Sabe qué?

— Sobre tu ... ya sabes. A dónde vas. Cada luna llena.

Remus miró a Sirius. No sabía qué hacer.

—... Lo sabías.

— Lo sabía. — confirmó Sirius.

— ¿Hace cuánto?

— Desde la pasada Navidad. Yo... yo no quería decir nada. No quería ponértelo más difícil.

Remus se quedó sin habla. Sirius negó con la cabeza, impaciente. —Pero James también lo
resolvió, el idiota larguirucho, y ahora ha decidido que todos debemos confrontarlo contigo. Lo
siento mucho, traté de persuadirlo, pero ya sabes lo cabeza dura que es.

— Sí. —Remus graznó, inclinándose hacia adelante de repente. Se llevó las manos a la cabeza. Eso
fue todo. Estaba a punto de perderlo todo; todo lo que significaba algo para él.

— Está bien ... creo que va a estar bien — dijo Sirius.

— ¿Cómo? —Remus levantó la cabeza, caliente de terror. — Bien podría empezar a empacar
ahora.

— ¡No! No lo hagas. Mira, quiere hablar contigo sobre eso, no va directamente a Dumbledore ni
nada, ¿No significa eso algo?

Pero Remus ya se había levantado, abrió su baúl y empezó a meter cosas en él. Puede que tenga
que marcharse de inmediato; tal vez ni siquiera le dieran tiempo para hacer las maletas. ¿Le
dejarían quedarse con su varita? Se había encariñado mucho con ella, y había pertenecido a su
padre, por lo que era legítimamente suyo. ¿Quizás si prometiera solo hacer el hechizo de lectura
con él?

— ¡Remus! — Sirius lo agarró por los hombros. Se estremeció, pero solo porque esperaba que le
doliera. Los ojos azul oscuro de Sirius lo taladraron y trató de apartar la mirada. — Escúchame—,
dijo Black, muy suavemente, — Solo espera, ¿De acuerdo? Espera y mira lo que dice James: es tu
amigo. ¡Somos merodeadores, todos nosotros!

—Eso es una mierda, — Remus lo empujó lejos, — Eso es una completa tontería. Ustedes dos son
los merodeadores, él y tú. Peter y yo somos solo tus casos de caridad, puras mascotas. — Cogió su
pijama del final de la cama y lo arrojó en su baúl. —No soy tan idiota, Black. Probablemente sea
mejor volver a donde pertenezco.

Era la primera vez que Sirius se quedaba sin habla. Pero claro, era la primera vez que Remus le
decía tanto. Su boca se torció una o dos veces, como si quisiera hablar, pero no lo lograra. Remus
siguió empacando.

— Solo espera — dijo Sirius con voz ronca, saliendo de la habitación,— Solo espera y escucha lo
que tiene decir.
Segundo Año: Pociones, otra vez.

A pesar de toda su charla, Remus esperó. No veía tener muchas opciones, aparte de ir directamente
a Dumbledore y pedir que lo enviaran de regreso a St. Edmund's, y no estaba exactamente seguro
de dónde estaba la oficina de Dumbledore. No había llegado tan lejos con el mapa. El mapa, será
mejor que deje eso atrás. Sirius y James podrían terminarlo.

Al menos ya no estaba cansado. Se sentó en su baúl inquieto durante lo que le parecieron horas.
Pensó en ir a almorzar, pero ¿y si querían hablar con él allí mismo, frente a todos? Se quedó quieto.
De todos modos, no tenía hambre. Trató de leer, pero no pudo concentrarse lo suficiente.

De vez en cuando la mente de Remus volvía a su conversación - discusión - con Sirius. No estaba
seguro de cómo se sentía al respecto. Por un lado, una vez que pasó el terror inicial, pudo ver que
Sirius estaba tratando de ser amable. Si realmente lo sabía desde la pasada Navidad, probablemente
no tenía intención de decírselo a nadie más. Y le había dado a Remus una advertencia justa, al
menos. Pero, por otro lado, lo que Remus había dicho era cierto. El hecho de que James fuera el
mejor amigo de Sirius no significaba que tuviera sentimientos de protección hacia Remus. Eran
amigos, ciertamente, pero solo porque eran compañeros de dormitorio. Remus no podía jugar al
Quidditch, no era de una buena familia, no tenía dinero. Además de todo eso, ¿La perfecta
reputación de Potter le permitiría asociarse con una criatura oscura?

En cuanto a Sirius, él ni siquiera podía perdonar a su propio hermano por estar en una casa
diferente. Si la familia no le importaba, ¿Por qué si la amistad?

Justo después de que sonara la campana de las cuatro en punto, Remus escuchó tres pares de pasos
subir las escaleras. Se puso de pie, preparándose. James entró primero, luciendo muy serio y de
alguna manera mayor que todos ellos. Sirius entró detrás de él, su expresión inescrutable, sin rastro
de la emoción de antes. Peter fue el último, luciendo, como de costumbre, muy incómodo y fuera
de su zona.

— Hola Remus —, dijo James inmediatamente. Todos se quedaron uno frente al otro, la habitación
se sentía muy pequeña, incluso con la ventana abierta.

—Hola. — Remus respondió, tratando de mantener sus ojos en los tres a la vez.

—¿Cómo te sientes?

— Bien.

—Mira amigo, iré al grano, ¿de acuerdo? — James se pasó los dedos por el pelo, tragando saliva
con nerviosismo. Remus podía ver cómo funcionaba la nuez de Adán. —Hemos notado ... bueno,
no pudimos no notar que estás mucho tiempo fuera... en la enfermería. Casi todos los meses.

Peter asentía con adulación detrás de él y Remus sintió una oleada de odio surgir de la nada. Lo
reprimió, centrándose en cambio en mirar a James a los ojos. Ya pensaban que era un animal
salvaje. Mejor no confirmarlo.

— Okay. — Dijo, malhumorado.

—Sí —, asintió James, como si estuvieran teniendo una conversación perfectamente normal. —
Todos los meses ... alrededor de la luna llena.

Lo dejó colgar en el aire. Remus se impacientó por terminar todo de una vez.
— Solo dilo, James.

— ¿Eres un hombre lobo? — Salió todo rápidamente, y la mirada de James finalmente cayó, como
si se avergonzara de haber preguntado.

Remus miró a Sirius, quien todavía lo miraba con determinación. Peter se mordía el labio inferior,
sus ojos se movían entre Remus y James. Remus se encogió los hombros.

— Sí. — Movió la barbilla hacia adelante, como si desafiara a James a golpearlo. Lo que sea;
estaba listo para ello.

James exhaló,

— Correcto.

— ¿Eso es todo?

— Sí, quiero decir no, quiero decir... maldita sea... — James se pasó las manos por el cabello de
nuevo, volviéndose hacia los demás en busca de apoyo, luciendo indefenso.

— Está bien. — Remus dijo, su voz sonando dura, — Me voy. Déjame ir y decírselo a
McGonagall.

— ¿Irte? ¡¿A dónde?!

— De vuelta a St. Edmund, supongo.— ¡Como si hubiera otro lugar!

— ¡No puedes irte de Hogwarts!— James parecía aún más preocupado ahora, sus lentes se habían
deslizado por su nariz y él ni siquiera se había dado cuenta.

— No puedo quedarme si todos lo saben. — Remus explicó, tan calmado como pudo.

— ¡No se lo diremos a nadie! — Peter chilló de repente. Remus lo miró con sorpresa, luego a
Sirius, y después a James.

James estaba asintiendo ahora.

— No lo haremos. — él estuvo de acuerdo.

Remus negó con la cabeza, sin permitirse considerar la idea, ni siquiera tener esperanzas. La
esperanza nunca te llevaba a ninguna parte; si había algo que sabía, era eso. Era una regla escrita
en su piel con gruesas líneas plateadas.

— Esto no es un juego. 'Guarda el secreto', o lo que sea. Si otras personas se enteran, me voy a
tener que ir. Podría ser peor que eso, podrían ... — No lo dijo. ¿De qué servía decirlo?

— No dejaremos que eso suceda.— Sirius finalmente habló, dando un paso tentativamente hacia
adelante. — ¿No es cierto? — Se volvió hacia Peter y James, cada uno a costado de él. Ambos
parecían muy serios y muy asustados, pero ambos negaron con la cabeza con firmeza.

— Confía en nosotros.— dijo James. — ¿Por favor?

...

Estuvo de acuerdo en darles un mes. O ellos acordaron darle un mes, no estaba seguro. No estaba
claro quién pensaba quién era más peligroso. Fue una agonía, al principio, cada momento lleno de
incomodidad y un nuevo tipo de timidez que no había estado allí antes. Creen que soy un
monstruo, cantó una voz en la cabeza de Remus, una y otra vez, creen que los voy a asesinar en sus
camas, creen que soy malvado.

Y realmente, cuando pensaba en ello, nada había demostrado aún que él no lo fuera. Durante algún
tiempo había quedado claro que su aflicción estaba sujeta a cambios a medida que se acercaba a la
adolescencia. Remus no tenía idea de hasta dónde llegaría. Quizás algún día cruzaría esa línea;
quizás esa era simplemente la forma en que las cosas funcionaban.

Durante toda una semana, no hablaron de eso. Ni una palabra, ni siquiera un susurro. Remus estaba
seguro de que todos lo acosarían con preguntas; Sirius especialmente, pero evidentemente había
sido tan severo con ellos cuando ocurrió la confrontación que nadie quería volver a mencionarlo.
Frente a todos los demás, actuaban de la misma manera: James era ruidoso y demasiado confiado,
Sirius era ingenioso y arrogante, Peter adoraba y era inseguro. Pero cuando estaban solos, los
cuatro se quedaban callados, pensativos y demasiado educados. Las conferencias nocturnas de
Sirius y James se volvieron aún más frecuentes.

Inesperadamente, pero quizás como era de esperar, fue Severus Snape quien terminó reuniendo a
los merodeadores.

Fue, por supuesto, durante una clase de Pociones. Este trimestre, se estaban embarcando en
pociones de "sueños agradables", que tardarían algunas semanas en prepararse.

— Tendrán que volver con regularidad por las tardes para comprobar el progreso de su poción;
serán evaluados en persistencia y atención. Con ese fin, creo que es mejor si se emparejan para que
puedan turnarse. — Anunció Slughorn.

Hubo una ráfaga general y una charla rápida en cuanto los estudiantes comenzaron a elegir a sus
compañeros. Remus se resignó a compartir con Peter, como siempre. Pero por encima de la
conmoción, Slughorn volvió a levantar la voz,

—No, no, he aprendido mi lección. — les dio a los merodeadores una mirada severa, — No
pueden elegir los mismos compañeros que tenían el año pasado.

Sirius y James se miraron el uno al otro, luego a Peter y Remus, evaluándolos. Remus se encogió.

— De hecho —, continuó Slughorn, —creo que yo asignaré a sus compañeros...

Afortunadamente, Slughorn tuvo el tacto suficiente para no poner a ninguno de ellos con Snape,
aunque Peter terminó con Mulciber, que se elevaba sobre él, siendo el doble de su tamaño. El
profesor separó a Mary y Marlene, que estaban tan unidas por la cadera como James y Sirius,
colocándolos con ambos niños.

—¡Quiero a Sirius! — Mary chilló.

Marlene le dio un codazo y se disolvieron en risas. Sirius se veía horrorizado, James parecía
molesto, se pasó las manos por el cabello y enderezó un poco la espalda.

Se le pidió a Remus que formara pareja con Lily Evans, para su disgusto. Realmente no le gustaba
ninguna de las chicas, pero menos que nada quería trabajar con Lily. Era entrometida y se
esforzaba demasiado por ser amable. Además, ella era la mejor amiga de Snape, quien ahora lo
miraba fijamente desde el otro lado de la habitación.

Remus no pudo olvidar el incidente durante el primer año, en el que Lily había impedido que
Snape y Mulciber lo atacaran, y su desdén general por sus amigos. De hecho, cada encuentro que
había tenido hasta ahora con Lily resultaba relativamente desagradable para Remus.

Ella pareció reconocer su disgusto y le sonrió nerviosamente.

— Hola Remus, ¿te sientes mejor? — Ella chilló. Él gruñó en respuesta, con la cabeza gacha.

— Será mejor que te mantengas atrás, Lily —, siseó Snape desde el escritorio que estaba
compartiendo con una chica de Slytherin, — Loony Lupin podría ser contagioso.

— Cállate, Snivellus. — murmuró Remus en respuesta, tratando de no dejar que Slughorn lo


escuchara.

— Sí, por favor, cállate, Sev —, dijo Lily, remilgadamente, dándole una mirada dura.

— Solo estoy tratando de ayudar —, respondió el chico de cabello grasiento, curvándose los
labios, — No queremos que nadie más sufra la misteriosa enfermedad de Lupin, ¿verdad? Hazme
saber si necesitas algo, Lily.

— Remus y yo somos bastante capaces de completar la tarea nosotros mismos, gracias. — Ella
espetó, sacudiendo su melena de rizos rojos y abriendo su libro de texto con una elaborada
floritura. Ella miró a Remus, —Necesitamos ocho colas de rata, finamente picadas. ¿Quieres hacer
eso o debo hacerlo yo?

— Erm. Lo haré, — respondió Remus, desconcertado.

— Bueno. Entonces empezaré a pesar las hojas de romero.

Trabajaron en silencio durante un tiempo, y podría haber estado bien si estuvieran en otro
escritorio, lejos de Snape que estuvo cerca de ellos todo el tiempo, lanzando miradas llenas de
rencor a Remus y hablando por encima del murmullo general.

— Por supuesto, 'Loony Lupin' es bastante apropiado —, le dijo a la chica con la que estaba
trabajando, — porque realmente está completamente loco, lo he visto vagando por el castillo solo,
acechando en rincones oscuros. Quizás recuerdes que en realidad él me atacó el año pasado. Es
claramente peligroso, no sé por qué Dumbledore lo permite aquí.

Remus sintió que sus orejas se ponían rojas. Se dio la vuelta, extendiendo su varita,

— Di una palabra más. — Gruñó. Snape lo miró de arriba abajo, sonriendo. Lilly agarró el brazo
de Remus y tiró de él hacia atrás,

— Solo ignóralo — susurró, aunque ella parecía muy molesta, — Él la está pasando mal en casa y
culpa a todos los demás, eso es todo.

— Bien. — Remus dijo, volviendo a la cola de su rata, la sangre manchando sus dedos.

Una vez ya preparados los ingredientes, llegó el momento de revolver. Remus estaba empezando a
llevarse bastante bien con Lily ahora. Ella era paciente y no actuaba como si lo supiera todo, como
James y Sirius. Ella estaba haciendo buen un papel de buena compañera, pero recordó que él
también estaba tratando de serlo, así que sería mejor que aprendiera a gustarle.

— Yo revuelvo — dijo, caballerosamente; nunca antes se había ofrecido a hacer algo por una
chica, ni siquiera había mantenido una puerta abierta, su contacto con el sexo más hermoso había
sido tan limitado. Se sentía muy adulto, como James. Se arremangó y agarró la gran cuchara de
madera.
— ¡Eurgh! ¡Míralo! — La desagradable y empalagosa voz de Snape sonó lo suficientemente fuerte
como para que la mitad de la clase lo oyera. Remus miró hacia arriba y descubrió que todos lo
estaban mirando. Hacia sus brazos desnudos. Rápidamente se bajó la túnica para cubrir las marcas,
pero todos lo habían visto. — ¡¿Qué tipo de enfermedad hace eso?!

— Cierra la boca , Severus! — Lily ladró: — ¡¿Por qué tienes que ser tan horrible?!

— ¡Lily, solo mira!

— ¡Métete en tus asuntos!

La mente de Remus estaba corriendo. Deseó que la tierra se lo tragara. Quería poder meterse
debajo del escritorio, o saber cómo aparecer. Daría cualquier cosa por poder lanzarle un puñetazo a
Snape. Los merodeadores también habían escuchado, Sirius y James levantaron la cabeza de sus
calderos,

— Oi, Snivellus, ¿Qué estás diciendo sobre nuestro compañero?

— ¡Oh, mantente fuera de esto, Potter! — Lily gimió, — ¡Solo lo empeorarás!

— ¡Silencio por favor! —Slughorn dijo: — Ya no son de primer año, creo que pueden concentrarte
en la tarea que tienen entre manos.

Todos se quedaron en silencio. Remus estaba agarrando la cuchara con todas sus fuerzas.

— Lo siento, Remus —, susurró Lily, luciendo genuinamente molesta, —Es un ... ¡oh, no lo sé!...
Mira, tengo estos. — Ella le tendió la mano, disimuladamente. Remus miró hacia abajo. Sostenía
dos cosas redondas grisáceas que parecían balas o pastillas.

— ¿Qué es eso? — preguntó, sin vergüenza,

— Me ha estado molestando la semana pasada, presumiendo de lo bueno que es en pociones ... Sé


que es mezquino de mi parte, pero quería darle una lección, así que hice estas. Luego tuvo esto con
su madre y sentí pena por él, así que no los usé. Pero ahora..

— Evans, —dijo Remus, exasperado, — ¿Qué son?

— Es algo con lo que he estado jugando en el club Slug, — sonrió Lily enigmáticamente. Remus
notó que en realidad era sorprendentemente bonita. —Reaccionarán con su poción. Será algo
realmente bueno.

Él la miró asombrado

— Pero eres tan...

— ¿Mascota del maestro? ¿Empollón? Buena-buenísima? — Ella sonrió más ampliamente,


mostrando todos sus pulcros dientes blancos, — Algunos de nosotros sabemos cómo no dejarnos
atrapar, Sr. Merodeador.

Sacudió la cabeza, desconcertado.

— Aquí —, le puso las pastillas en la mano, — hazlo tú. Tíralos cuando no esté mirando. ¡Oye,
Potter! — Gritó a través de la habitación. La cabeza de James se levantó de golpe, sus gafas
empañadas por el vapor que emanaba de su caldero,

— ¿Eh?
Snape también había levantado la vista, mirando a James. Remus se movió rápidamente, fingiendo
bostezar y estirar los brazos, su mano derecha justo sobre el caldero de Snape. Dejó caer las
pastillas, tal como Lily le dijo.

— Oh, nada —, dijo muy dulcemente, antes de volver a su trabajo. Tanto Snape como James la
miraron confundidos. Remus estaba impresionado.

Su admiración solo creció cuando ella agarró el brazo de Remus, tirándolo hacia atrás cuando el
caldero de Snape explotó detrás de ellos, una magnífica masa de burbujas moradas espumosas
derramándose sobre el borde, por toda la ropa de Severus y su compañero.

Toda la clase se echó a reír, y Snape se puso blanco de rabia, sus fosas nasales dilatadas.

— ¡Oh querido! — Slughorn se apresuró a acercarse, — Un poco ansioso con las cáscaras de
escarabajo, ¿eh Severus?

— ¡No fui yo! — Snape echaba humo, burbujas púrpuras se asentaron en su cabello, — ¡Él hizo
algo! — Señaló a Remus, quien hizo una mueca, —¡Debe haberlo hecho!

— ¿Viste al Sr. Lupin alterar tu posición?

— No pero…

— Vamos, muchacho —, se rió Slughorn, arrojándole un paño de cocina verde, — Todos


cometemos errores, ¡incluso tú!

Severus balbuceó incoherentemente, y Lily claramente estaba luchando por mantener la cara seria,
finalmente tuvo que darse la vuelta, sus hombros temblando en una silenciosa histeria.

Después de la lección, los merodeadores se apiñaron sobre Remus en el pasillo, gritando y


vitoreando.

— ¡Lo hiciste, verdad!

— ¡Brillante!

— ¿Cómo lo hiciste? ¡Eres una mierda en pociones!

Remus les devolvió la sonrisa, sin confirmar ni negar. Por encima del hombro de James, vio a Lily
mostrarle una sonrisa rápida, antes de apresurarse a subir las escaleras.

— ¡¿No te lo dije ?! — Sirius proclamó alegremente, lanzando un brazo alrededor de James y otro
alrededor de Remus, —¡Todavía es un merodeador!
Segundo Año: Fuera de horario

Viernes 6 de septiembre de 1972

Una vez que se rompió el hielo inicial, las preguntas llegaron al flote. Esa noche, después de la
cena, los cuatro chicos se sentaron en la cama de Remus,

—¿Cuando sucedió?

—¡¿Dumbledore lo sabe?!

— ¿Alguna vez has atacado a alguien?

— ¿Cómo es?

— ¡¿A dónde vas, cuando sucede?!

Remus se mordió el labio inferior. Nunca antes había hablado de su condición, con nadie, excepto
por su conversación con Madame Pomfrey el año pasado. Ninguno de los muggles con los que
había crecido le habría creído, y le habían hecho creer que los magos lo rechazarían.

—Eh…— trató de averiguar por dónde empezar, — Tenía cinco años cuando sucedió. Realmente
no recuerdo mucho antes de eso. Sí, Dumbledore lo sabe. No creo que he hecho daño a nadie. Creo
que probablemente lo sabría si lo hiciera.

— Entonces, cuando te transformas, ¿Puedes recordar cómo es? — Sirius preguntó, ansioso, —
¿Ser un lobo?

— Um ... ¿no realmente? —Remus pensó mucho, — Tal vez pueda recordar haber sentido cosas,
pero no creo que tenga un cerebro humano mientras estoy así. Es más como un sueño malo.

— Siempre pensé que los hombres lobo eran más... — Peter lo miró pensativo, — No sé,
¿Aterradores?

Remus se encogió de hombros.

— Entonces, ¿Eso es lo que le pasó a tu papá? — Sirius preguntó, abruptamente, — ¿Lo mató el
hombre lobo que te mordió?

Remus se estremeció. No por su padre, sino porque no estaba acostumbrado a escuchar tanto la
palabra "H". Él mismo nunca lo dijo.

— No —, respondió, — mi papá, él ... eh ... bueno, se suicidó. Después de que me mordieron,


supongo que fue por mi culpa. Mi madre, ya sabes, es muggle, creo que probablemente fue
demasiado para ella, así que me envió a St. Edmund's.

Hubo una especie de silencio incómodo.

— ¿Alguna vez has conocido... — comenzó Sirius, pero James le dio una mirada penetrante,

— Ya es suficiente, Black, déjalo en paz.

Finalmente se separaron para comenzar su tarea, y James salió a correr por los jardines antes de
que oscureciera. Se acercaban las pruebas de quidditch y cada día se obsesionaba más con la
aptitud y la resistencia. Trató de que Peter y Sirius lo acompañaran, pero le suplicaron que no.

—Maldito conductor de esclavos —murmuró Peter mientras se marchaba. — Le dije que ni


siquiera me voy a presentar.

— Creo que probablemente lo haga —, dijo Sirius, casualmente, — Ellos necesitan un golpeador,
de todos modos.

Los deberes finalmente se dejaron de lado en favor de un juego particularmente agresivo de snap
explosivo entre los tres, con un récord girando en su tocadisco: The Beatles, porque Peter suplicó
un descanso de Bowie.

Más tarde, después de apagar las luces, Remus se sentó leyendo un libro que Sirius le había
prestado. Era un libro de bolsillo muggle, ciencia ficción. Había visto algunas películas como esa
en el cine local de St Edmund's, pero no sabía que también habían libros. Se estaba poniendo
emocionante cuando escuchó el crujido delator de las tablas del piso que significaba que Sirius
estaba haciendo una visita a James. Escuchó el susurro de las cortinas y un susurro bajo, antes de
un repentino vacío de sonido antinatural que significaba que alguien había lanzado un hechizo
silenciador.

Remus lo ignoró, acurrucándose en su edredón y concentrándose en su libro. Quizás veinte minutos


más tarde oyó que se deshacía el hechizo silenciador; era como si hubiera estado sordo de un oído
y de repente pudiera volver a oír. Escuchó el susurro de la cortina de nuevo, mientras Sirius
caminaba hacia afuera e iba suavemente por la habitación.

Esta vez, sin embargo, sus pasos se acercaron y, para sorpresa de Remus, las cortinas de su propia
cama se abrieron. El rostro largo y pálido de Sirius lo miró,

— Hola — susurró,

—Hola ...— Remus respondió, —¿Qué pasa?

— Vi la luz de tu varita — asintió con la cabeza, —¿Puedo entrar?

—Erm ... ¿ok?

Sirius sonrió y se deslizó adentro fácilmente, arrodillándose en la cama frente a Remus, quien
acercó sus piernas a su pecho, dejando su libro a un lado.

— Sonoro Quiescis — susurró Sirius, lanzando el encantamiento de insonorización para que no


molestaran a los demás. — ¿Qué tal está?— Miró el libro de bolsillo que descansaba sobre la
almohada junto a Remus.

—Bueno. —, respondió Remus, sin comprometerse. —¿Qué pasa?— Repitió.

— Estaba hablando con James. — Dijo, acomodándose, sentándose con las piernas cruzadas: —Él
cree que te he molestado al hacer preguntas sobre tu padre.

— Oh, — Remus ladeó la cabeza, sorprendido, — No, estoy bien. No me molesta; Estoy
acostumbrado a eso.

— Eso es lo que le dije a James.

— De acuerdo.
Sirius no se fue, solo siguió mirando a Remus. Lo estaba haciendo sentir incómodo, solo llevaba
una camisa delgada para dormir, que mostraba una serie de marcas rojas y plateadas que cruzaban
sus brazos y hombros desnudos. Sirius lo miró abiertamente.

— ¿Cómo obtuviste tus cicatrices? — Preguntó en voz baja. Remus frunció el ceño y se subió las
sábanas hasta el cuello.

—¡¿Cómo obtuviste los tuyos?!— Él chasqueó. Instantáneamente se arrepintió; Sirius dejó de


mirar su piel y retrocedió, los ojos llenos de dolor y sorpresa.

— Yo ... de mis padres. La maldición de Lacero, así es como nos disciplina. — Dijo, su voz un
poco robótica.

— Lo siento, — Remus dejó caer el edredón. Suspiró, extendiendo sus brazos para que Sirius
pudiera ver mejor, — Me los hago a mí mismo, cuando estoy ... cuando cambio ¿ves? — Se bajó
un hombro de la camisa y se giró ligeramente para mostrarle cuatro largas marcas de garras
blancas.

— Wow — suspiró Sirius, de rodillas de nuevo, inclinándose hacia adelante con su varita
encendida para ver mejor. — ¿Por qué lo haces?

— No lo sé, no soy exactamente yo mismo. Madame Pomfrey reconoce que es frustración, porque
está en mi naturaleza atacar a la gente y no tengo a nadie a quien atacar.

— ¿Dónde te ponen?

—En esta vieja casa ... McGonagall y Pomfrey me llevan allí todos los meses, hay un pasadizo
debajo del Sauce Boxeador.

— ¿McGonagall te ve?

— ¡No! Es muy peligroso. Creo que usan hechizos para mantenerme encerrado.

— Suena horrible.

Remus se encogió de hombros.

—No, no es tan malo como en St Eddy's, tienen una celda para mí allí, con una puerta plateada.
Cuando llegué allí, la Matrona cree que era muy pequeño para recordar, pero me metieron en una
jaula.

Sirius lo miró con dureza.

—¡Eso es asqueroso!

— No lo sé, — Remus se sorprendió por su reacción, —Fue para mantener a todos los demás a
salvo. Y solo podía haber sido del tamaño de un cachorro.

— Lobezno. —Sirius dijo, rápidamente.

—¿Eh?

— Un lobo bebé es un lobezno. Los perros son cachorros.

— Oh.
— Entonces, ¿Dónde te mordieron? — Sirius había cambiado la preocupación por la curiosidad
una vez más.

— Oh, eh, aquí. — Remus se dio unas palmaditas en el costado izquierdo, justo por encima de la
cadera. Sirius lo miró expectante. Remus suspiró de nuevo, —¿Quieres ver?

Sirius asintió con entusiasmo, inclinándose hacia adelante de nuevo mientras Remus levantaba su
camisa por el dobladillo. Apenas notó la marca de la mordida, aunque se destacó tanto como
siempre. Era una cicatriz enorme, evidencia de una mandíbula increíblemente grande. Podrías
contar cada diente, si así lo quisieras; los profundos hoyuelos estropeando la suave piel de Remus.
Sirius se acercó mucho ahora, por lo que Remus tuvo que inclinarse hacia atrás para evitar que sus
cabezas golpearan.

— Oh wow... — suspiró, perdido en su observación como alguien que hubiera desenterrado un


gran tesoro arqueológico.

Remus sintió el pelo largo de Sirius rozar su piel y la calidez de su aliento, y lo apartó rápidamente.

— Dios, Black, eres tan raro.

Sirius solo sonrió, con esa sonrisa de Sirius Black.

...

Viernes 13 de octubre de 1972

—Entonces, ¿Qué estamos haciendo exactamente aquí? — James susurró, sonando divertido.

— ¿Y por qué tuvimos que traer la estúpida capa? — Sirius dijo, ligeramente amortiguado debajo
de la tela, — Faltan horas hasta el toque de queda.

— Tengo calor —, se quejó Peter.

— Cállense todos. — Remus ordenó, — Estoy tratando de concentrarme.

—Concéntrate en que... ¡ay!

Remus pateó a Sirius en la espinilla.

— Dije que te calles.

— Maldita sea,— murmuró Sirius, pero se quedó callado después de eso.

Remus resopló. Definitivamente olía a chocolate. Todo el pasillo, solo un leve olor al doblar la
esquina, pero más rico y dulce cuanto más caminabas hacia una estatua cerca del medio. El olor
había estado volviendo loco a Remus durante semanas, desde que lo notó el último trimestre. Tenía
que tener algo que ver con la estatua: una bruja con la espalda encorvada y un parche en el ojo. Era
un retrato horrible, esperaba que el artista hubiera sido particularmente cruel y que la pobre mujer
no se hubiera visto realmente así.

— ¿Nos has traído aquí a conocer a tu nueva novia, Lupin? — Preguntó James, sonriendo mientras
Remus continuaba mirando a la bruja de un solo ojo.

— ¿Por qué seguiste olfateando así?— Sirius se quejó, — No quiero estar tan cerca de ti si estás
resfriado.
— ¿Ninguno de ustedes puede oler eso?

— ¿Oler qué?

— Chocolate. Definitivamente chocolate.

— ¿Chocolate? ¿Dónde? — Peter de repente se animó.

— No puedo oler nada. — dijo Sirius.

— Yo tampoco — dijo James.

— Viene de la estatua —, continuó Remus, imperturbable por las bromas de su amigo. Extendió la
mano y tocó la piedra con cuidado a través de la capa.

— ¿Qué? ¿Crees que la joroba de la vieja bint está llena de dulces o algo así? — Sirius estaba
empezando a sonar aburrido e irritable. A veces le molestaba un poco a Remus. Él y Peter fueron
arrastrados en todo tipo de estúpidas 'misiones' por los otros dos, pero si él y James no estaban a
cargo, entonces Sirius siempre actuaba mal.

— No. — Remus dijo: — Creo que es uno de esos pasajes secretos de ese libro tuyo.

—¡¿De Verdad?! — Ahora Sirius estaba prestando atención. — ¿De verdad puedes oler el
chocolate? ¿Es eso algo ... especial que puedes hacer?

—Sí.

— No conduce a las cocinas —, dijo Peter, con conocimiento, —Están en la planta baja, me lo dijo
un Hufflepuff.

— ¿Cómo podemos entrar?

— ¿Contraseña? — James sugirió: — Como la sala común.

—¡Canalla! — Peter le gritó a la bruja, ansioso. No pasó nada.

— No quise decir que sería exactamente la misma contraseña, Peter.— Dijo James. Estaba siendo
amable, pero Sirius y Remus ya estaban en un ataque de risa.

—¿Qué pasa con Alohomora?— Sugirió Sirius, recuperándose. Remus lo intentó, pero no pasó
nada.

— Eso es para cerraduras, de todos modos — dijo James, —¿No es algo más para revelar entradas
invisibles?

—¡Oh si! — Sirius asintió, emocionado, — Sí, hay ... umm ... ¡Dissendium! — Golpeó con su
varita la joroba de la bruja.

Inmediatamente, la joroba se abrió, deslizándose dejando un espacio que fácilmente era lo


suficientemente grande como para que pudieran entrar dentro, uno a la vez. El olor a chocolate se
hizo aún más fuerte, y ahora Remus también podía oler tierra, aire fresco y otras personas.

No perdieron el tiempo deslizándose dentro y la joroba se cerró detrás de ellos.

— ¡Lumos! — dijeron todos al unísono, quitándose la capa. James la dobló bajo el brazo e
inmediatamente asumió el liderazgo.
—Vamos, entonces —dijo, sosteniendo su varita delante de ellos, iluminando el pasillo oscuro, —
¡Vamos!

Todos lo siguieron. A Remus no le importaba, había hecho su parte.

Fue una caminata larga, bajaron un tramo de escaleras de piedra fría, a través de un túnel que era
terroso y húmedo. Pero el olor se hizo más fuerte, y cuando finalmente llegaron al final, había otra
escalera que conducía a una trampilla de madera. Se miraron y acordaron en silencio que James
debería ir primero. Lo vieron ascender, empujar la puerta y asomar la cabeza. Remus sintió que
todos estaban conteniendo la respiración, viendo el torso de James desaparecer hacia lo
desconocido.

— ¡No lo creo!— se rió por encima de ellos, — ¡Tienes que ver!— Se arrastró hacia arriba,
desapareciendo por completo. Sirius corrió tras él, sin querer perderse nada. Remus fue el
siguiente, pero Peter vaciló detrás de ellos.

— ¿Dónde estamos? — Sirius estaba preguntando, mirando a su alrededor a la pequeña habitación


oscura. Estaban rodeados de cajas y cajones cuidadosamente apilados. El olor a repostería ahora
era abrumador.

— ¡Creo que en realidad estamos en Hogsmeade!— James dijo, emocionado: —¡Este es el


almacén de Honeydukes!

— ¿La tienda de dulces? — Remus preguntó, pensó que era bastante redundante en este punto.
Sirius había abierto una caja que parecía contener al menos quinientas cajas de ranas de chocolate.

Remus había escuchado todo sobre Hogsmeade de los otros chicos - todos lo habían visitado antes
en las vacaciones familiares; era uno de los únicos pueblos completamente mágicos de Gran
Bretaña. A los estudiantes mayores se les permitía ir los fines de semana y, a menudo, traían bolsas
de papel llenas de dulces de Honeydukes. De pie en el sótano en ese momento, Remus no podría
haber estado más feliz con el resultado de esta misión.

Finalmente convencieron a Peter y pasaron una buena hora explorando la tienda, maravillándose de
su propia brillantez. Eligieron un poco de todo, con Remus dirigiéndolos, como el único con algún
tipo de experiencia de robo. James pensó que Remus no lo vio sacar una bolsa de galeones de su
túnica y dejarlo en el mostrador cuando se iban.

Los merodeadores regresaron a la sala común de Gryffindor con sus bolsillos pesados y grandes
sonrisas en sus rostros. Un prefecto les quitó puntos a todos por no cumplir con el toque de queda,
pero no les podía importar menos. Cuando todos se acostaron horas después, fingiendo no tener
dolor de estómago, Sirius gritó:

— Eso definitivamente va en el mapa.


Segundo Año: Quidditch

— He tenido suficiente.— Peter dijo, sombrío. Remus suspiró junto a él. Él conocía el sentimiento,
pero no tenía mucho sentido quejarse ahora. —¡Realmente lo digo! — Peter reiteró, su voz
ligeramente alta mientras miraba a Remus en busca de validación.

— Yo sé que realmente lo dices.— Remus respondió, esperando apaciguarlo.

— Nos arrastran a todo tipo de cosas, detenciones y demás, y nunca me quejé.

— Bien. Si lo hiciste un poco. — Remus arqueó una ceja. Peter asintió,

— Está bien, si lo hice a veces , pero siempre hice lo que dijo James. Y Sirius, a pesar de que es
horrible conmigo.

— Sirius es horrible con todos. — Remus dijo, aburriéndose ahora.

— Bueno, esta vez definitivamente he tenido suficiente. — Peter continuó. —Han ido demasiado
lejos.

— Solo estamos brindando apoyo —, bostezó Remus, inclinándose hacia adelante en las gradas de
madera para los espectadores, —Pensé que te gustaba apoyarlos.

— No — Peter hizo una mueca, —A las cinco de la mañana.

Remus estaba dispuesto a estar de acuerdo, incluso si no se quejaba. Al menos a Peter le gustaba el
quidditch. Miraron hacia la cancha tranquila, hierba espesa y verde bajo un velo de vapor de niebla
matutina. James y Sirius presumiblemente todavía estaban en los vestuarios con el resto de los
aspirantes al equipo de quidditch de Gryffindor. Remus y Peter estaban acurrucados en las gradas,
envueltos en sus bufandas y sombreros, esperando que comenzaran las pruebas.

Llevaban allí al menos una hora, demasiado temprano incluso para el desayuno, porque James
había querido practicar de antemano. Podrían haber dicho que no, y en su lugar dormir, dejando
que los otros dos se fueran temprano si querían. Pero Peter tenía razón; siempre hacían lo que decía
James, él era demasiado bueno para convencerlos. Remus bostezó de nuevo.

— Oh, hola, Remus,— Lily Evans subió las escaleras, sonriéndoles con cansancio, — Hola Peter.

— Buen día — Remus asintió en respuesta.

—Que hay, Lily — bostezó Peter.

—¡Qué frío, ¿No es así? ¿Estás aquí para ver las pruebas de quidditch?

— Sip.

— Debería haber sabido que James iba a intentarlo. — Lily dijo, cansada. El fanatismo del
quidditch de James no se limitaba al dormitorio de los merodeadores; todos los que lo habían
conocido sabían lo entusiasta que era.

— Sirius también. — Dijo Remus.

— Bueno, nunca uno sin el otro.— Lily respondió remilgadamente.


— ¿A quién estás mirando? — Preguntó Peter.

— Marlene —, señaló Lily a el otro extremo del campo, donde el equipo de quidditch de
Gryffindor y los nuevos aspirantes se reunían junto a los postes de la portería. Remus pudo
distinguir la cola de caballo rubio pálido de Marlene McKinnon. — Ella va para golpeadora.

— Esa es la posición, Sir...— comenzó Peter, pero Remus lo pateó rápidamente en la pierna.

Lily los miró, desconcertada, y optó por cambiar de tema.

— Remus, ¿Puedes revisar la poción de 'sueño agradable' esta noche? Estoy muy atrasado en
astrología y quería hablar con el profesor Aster.

— No puedo — respondió Remus, inclinándose hacia adelante sobre sus codos, — Tenemos
detención.

— Oh. ¿Por qué?

— Levitar todas las mesas y sillas del aula de Artes de Defensa Contra las Tinieblas. — Peter
suministró.

— ¿De Verdad? — Lily pareció sorprendida, — No escuché sobre eso.

— No lo hemos hecho todavía, — dijo Remus, — Lo haremos más tarde mientras todos están en el
almuerzo. Pero seguro saben que fuimos nosotros y de todos modos tendremos la detención.

Lily gruñó,

— ¿Qué dije sobre ser atrapado, Lupin? — Ella sonrió con picardía.

Remus se encogió de hombros y le devolvió una pequeña sonrisa. Lily realmente no estaba tan
mal. Tenía ese don que tienen todas las chicas para hacerte parecer estúpido, pero al menos tenía
sentido del humor al respecto. Era particularmente agradable verla sin Snape, quien usualmente se
asomaba cerca como un vampiro, apestando a tristeza y desaprobación.

Finalmente hubo movimiento en el campo de quidditch mientras todos los aspirantes se pusieron a
prueba. James no podía dejar de impresionar; estaba en plena forma ese día. Se lanzó en picado, se
zambulló y se retorció en el aire como si no fuera nada, como si nadara, no volara. Remus escuchó
la fuerte inspiración de Lily cuando James intentó un giro particularmente cerrado.

— ¿Tiene que lucirse así? — Ella dijo, nerviosa: — Él se hará matar.

— No lo hará —, dijo Peter, — Lo conozco desde que teníamos cinco años y nunca se ha caído de
la escoba. Ni una sola vez.

— No es de extrañar que piense que es intocable. — Lily murmuró.

El resto de los aspirantes a cazadores se turnaron, pero era obvio que James era la mejor opción.
Luego fueron los golpeadores: Sirius, Marlene y un corpulento de quinto año fueron atados con
bandas y fueron llevados al cielo junto con seis bludgers. Fue horrible de ver; Los nervios de
Remus se pusieron de punta cuando las brutales balas de cañón rojas se dispararon hacia la cabeza
y el cuerpo de su amigo. Sirius esquivó hábilmente las bludgers y tiró algunas fuera del camino,
pero Marlene fue imparable. Ella voló en círculos alrededor de su competencia, balanceando su
bate con la precisión de una máquina y enviando las bludgers a volar por el campo en todo
momento.
— Demonios. — Peter exclamó: — No sabía que McKinnon lo tenía en ella.

— Su hermano juega para los Cannons —, explicó Lily, luciendo engreída en nombre de Marlene.
— Ella ha estado entrenando con él todo el verano.

— Sirius también lo ha estado —, dijo Peter, defendiendo a su amigo, todos los desaires anteriores
olvidados, — Él y James estaban en eso constantemente, ¿no es así, Remus?

Remus no respondió, ni siquiera para recordarle a Peter que no había pasado el verano con ellos.
Estaba demasiado ocupado sintiendo vergüenza por Sirius, y deseando que Marlene McKinnon no
tuviera que ser tan malditamente buena golpeando bludgers, o al menos deseando que hubiera dos
posiciones libres para golpear. No estaba seguro de por qué le importaba tanto, odiaba el
quidditch, y si Sirius y James estaban en el equipo, significaba que tendría que pasar mucho más
tiempo temblando en las gradas. Y había estado esperando en secreto que Sirius fallara en algo
durante años, esperando pruebas de que Sirius Black no era completamente perfecto en todos los
sentidos.

Pero ahora que había llegado el momento, Remus se sintió culpable por pensarlo. Sirius de seguro
estaba abatido.

— ¡Aquí vienen! — Lily se levantó de un salto y bajó corriendo las escaleras para encontrarse con
su amiga. Remus y Peter la siguieron lentamente.

—¡Entré! — Marlene estaba sonriendo, su rostro sonrojado de placer. Lily y ella se abrazaron.

James también se veía increíblemente complacido consigo mismo, su cabello se levantaba


salvajemente por el viento, sus lentes ligeramente torcidos. Aún así, no estaba sonriendo tanto
como Marlene, obviamente tratando de contenerse por el bien de Sirius. Sirius tenía una cara como
de un trueno; Peter incluso dio un paso atrás solo al verlo.

— Sí, bien hecho, McKinnon. — Sirius dijo, con brusquedad, mirando al suelo.

— Gracias ... er ... tú también estuviste muy bien, Sirius.— Dijo ella, nerviosa. Él gruñó, todavía
sin mirar hacia arriba.

James lo miró de reojo e hizo una mueca de disculpa a las chicas. Extendió su mano a Marlene,

— ¿Nos vemos la semana que viene para la primer práctica?

— ¡Sí, genial! — Ella le sonrió alegremente, — ¡Nos vemos, Potter!

Las dos chicas partieron de regreso al castillo, cogidas del brazo, charlando emocionadas.

— Sirius, amigo, no es el fin del mundo. — James se volvió hacia su amigo, luciendo preocupado.

— Lo sé. — Sirius pateó un mechón de hierba.

— Podrías haber sido suplente si quisieras, Singh te lo ofreció.

—Lo sé. No quiero estar en el banco.

— ¿Vamos a desayunar? — James suspiró finalmente, mirando a los otros dos en busca de apoyo.
Peter asintió con entusiasmo.

Remus no pudo evitar sentirse un poco molesto. Esto era todo de lo que Potter había hablado desde
que empezaron en Hogwarts, y Sirius ni siquiera tuvo la decencia de estar feliz por su mejor amigo.
— Bien hecho, James —, dijo Remus, de manera bastante intencionada, mirando a Sirius mientras
lo decía, — Estuviste increíble, felicitaciones.

— Salud, Lupin — sonrió James. Sus ojos se arrugaron levemente cuando sonrió, y su rostro se
iluminó, como si ese fuera el estado natural de su rostro.

— Sí — dijo Peter, dándole un puñetazo en el brazo, — Estuviste bien, Potter.

— ¡Gracias!

Caminaron juntos de regreso al castillo en silencio. Sirius todavía no hablaba y caminaba unos
pasos por delante del resto. James trotó para mantenerse al día,

— Puedes intentarlo de nuevo el año que viene, Ardal se habrá ido para entonces, me dijo que se
iba para concentrarse en sus EXTASIS.

— No me importa, está bien. — Sirius respondió, encogiéndose de hombros. Caminó aún más
rápido, alejándose rápidamente de ellos, con la escoba todavía bajo el brazo. James fue a
alcanzarlo, pero Remus lo agarró del brazo.

— Déjalo. — Dijo, enojado: — Déjalo ir si quiere ser un idiota de mal humor al respecto.

Sirius no se unió a ellos para desayunar, ni estuvo en la sala común después. James fue asaltado por
la mayoría de los otros Gryffindors, quienes ya habían escuchado del equipo que él era el nuevo
cazador. Una pandilla de chicos de cuarto año lo detuvo para hablar de estrategias, y Peter también
fue, disfrutando de la gloria de su amigo. Eso nunca le importó a James; siempre tuvo mucho brillo
para compartir.

Remus no era un fanático de ser el centro de atención, y aprovechó la oportunidad para buscar a
Sirius. No estaba en su dormitorio, pero eso era lo que se esperaba, claramente Black quería
deprimirse en algún lugar en privado. Pero Remus escribió en el mapa sobre los escondites, y no
pasó mucho tiempo antes de que lo encontrara, acurrucado en un enclave escondido detrás de un
tapiz que representaba la caza de un unicornio.

— Vete, Lupin. — Sirius frunció el ceño, dándose la vuelta, rodeando sus rodillas con los brazos.
Su voz era espesa, como si hubiera estado llorando, aunque su rostro estaba seco. — No puedes
animarme, ok?

Remus puso los ojos en blanco, trepando al enclave con él, obligándolo a moverse.

— Hazte a un lado — dijo con firmeza, — no estoy aquí para animarte, idiota.

— ¿Qué?

— ¿Por qué estás sentado aquí deprimido? Tu mejor amigo acaba de hacer realidad todos sus
sueños a la vez, ve y sé un buen deportista.

Sirius hizo un ruido indignado, todavía tratando de alejarse de Remus, aunque ahora no quedaba
mucho espacio.

— No lo entenderías. — inhaló profundamente.

—Supongo que no —confirmó Remus con calma—, pero entiendo que James realmente, realmente
quería ser un cazador, y trabajó muy duro para ello, y lo consiguió. Y Marlene realmente quería ser
una golpeadora, y también trabajó muy duro, nos lo dijo Evans. Así que lo consiguió. Ella era
mejor que tú.

— ¡Vete a la mierda!— Sirius le dio un empujón, pero Remus estaba acostumbrado a que lo
empujaran, y le gustara a Sirius o no, Remus era más fuerte.

— ¡Ni siquiera te importaba tanto! — Continuó, retrocediendo, — No tanto como Potter. Solo
hiciste la prueba porque él lo estaba haciendo, pero no siempre tienes que hacer lo mismo. Aún le
ganas en Transfiguration. Aún obtienes las mejores notas del año. A todo el mundo le gustas.
Bueno, excepto los Slytherin y um ... tal vez tu familia, pero a quién le importa. A la familia de
Peter tampoco le agradan él.

Sirius dejó escapar una risa débil ante eso, a pesar de sí mismo.

— Así que deja de actuar como un niño pequeño, ve y di "bien hecho".

— Bien.

— Bien.

Ambos saltaron desde la cornisa, empujando el tapiz fuera del camino. Los diminutos caballeros
bordados agitaron los puños hacia los chicos por interrumpir su persecución del unicornio plateado,
que relinchó y galopó hacia un denso bosquecillo de árboles tejidos.

Regresaron a la sala común. Sirius metió las manos en los bolsillos.

— ¿Todos desayunaron?— Preguntó, malhumorado.

— Sí.— Remus respondió.— Sin embargo, James te guardó unas tostadas.

— Es un buen amigo. — Sirius sonrió.

—Sí — espetó Remus, — lo es.

Estuvieron callados un poco más. Justo antes de llegar al retrato de la dama gorda, Sirius miró a
Remus. Sus ojos todavía estaban ligeramente rosados, pero aparte de eso, parecía él mismo de
nuevo.

— Yo no intento copiar James.

— No dije que lo hicieras.— Dijo Remus. — Pero compites.

Sirius pareció reconocer esto. Miró hacia arriba de nuevo.

— Y no me importa lo que piense mi familia. — Dijo esto con tanta fiereza que sus ojos, brillando
levemente, y Remus estaba preocupado de que empezara a llorar de nuevo. Extendió la mano y
tocó el hombro de Sirius, con cautela, como se intenta calmar a un perro que gruñe.

— Lo sé, amigo. — Dijo en voz baja. — Yo sé eso.


Segundo Año: Un compromiso de cumpleaños

Viernes 3 de noviembre de 1972

El decimotercer cumpleaños de Sirius no coincidió con la luna llena, como lo había hecho su
duodécimo. Nunca les contó a los demás sobre la conversación que había tenido con Remus, no
hasta donde Remus podía sabía, de todos modos, pero actuó de manera ligeramente diferente con
sus amigos. Mientras que antes a veces había tratado a Remus como un proyecto favorito; se
asombró cada vez que Lupin exhibía un pensamiento independiente; Sirius al menos pareció
desarrollar cierta sensibilidad hacia los dos merodeadores secundarios.

El tema del quidditch todavía era un tema delicado, así que en la mañana de su segundo
cumpleaños en Hogwarts, James tuvo suficiente tacto para no sugerir una sesión de vuelo a la hora
del almuerzo.

El desayuno comenzó con una ronda de "feliz cumpleaños" a todo pulmón, como ya se había
convertido en una tradición para los merodeadores. Los Potter le enviaron a Sirius una enorme
canasta de chocolates, mientras que James había pedido la mitad del catálogo de Zonko como
regalo de cumpleaños. Remus estaba un poco avergonzado de entregar sus propios obsequios -
algunas copias antiguas de Melody Maker y NME que había pellizcado durante el verano - pero
Sirius estaba emocionado; uno de ellos tenía una entrevista con Marc Bolan. Pasaron la mayor
parte del desayuno pasando las páginas; los tres magos de sangre pura riéndose de las fotografías
muggles estáticas.

Remus siguió mirando furtivamente a Sirius, preguntándose si se veía diferente ahora que era un
adolescente. Remus había querido tener trece años durante años; le parecía una edad muy madura y
grandiosa. Sabía que era una tontería pensar que se podía imbuir de algún tipo de nueva sabiduría
de la noche a la mañana, pero sin duda era un rito importante, se mire como se mire. Sirius
definitivamente se estaba sosteniendo a sí mismo de una manera ligeramente diferente; Remus
estaba seguro.

Desafortunadamente, la mañana sin preocupaciones terminó allí. Cuando terminaron su comida y


se estaban preparando para levantarse para su primera lección (Historia de la Magia), su paso fuera
del salón fue bloqueado.

—Sirius.— Dijo una voz severa.

Narcissa Black estaba frente a ellos. A los quince era más alta que los cuatro merodeadores. Era
una chica bastante atractiva, pensó Remus; si un poco altiva en la cara. No tenía la mirada loca de
su hermana mayor, y se había teñido y alisado su largo cabello para que colgara en una hermosa
hoja de platino, que relucía cuando captaba la luz.

Se paró frente a ellos con los brazos cruzados, Regulus acechando a su lado.

— Cissy. — Sirius asintió a modo de saludo. Ella se estremeció, pero no lo reprendió.

— Es tu cumpleaños. —Ella dijo.

— Bueno, soy consciente de eso.

Ella puso los ojos en blanco. Parecía que ella tampoco tenía el temperamento de su hermana, lo
cual Remus estaba feliz.
— Vas a comer con nosotros esta noche.

— Ven y siéntate a la mesa de Gryffindor si es absolutamente necesario.

—No. — Ella entrecerró sus ojos grises, — Tu madre ha dado instrucciones estrictas. Comeremos
en privado, en la sala común de Slytherin, como el año pasado.

— ¡No! — Sirius perdió su nueva madurez y de repente parecía un niño, prácticamente pateando su
pie, — Quiero comer con mis amigos.

— Puedes comer con ellos cuando quieras. — Narcissa espetó, ahora con las manos en las caderas.
— Los cumpleaños son ocasiones familiares.

Regulus se miró los pies, todavía de pie detrás de su prima. Sirius todavía estaba molesto, pero
finalmente asintió con la cabeza. James le puso una mano en el hombro; un gesto inofensivo, pero
Regulus miró hacia arriba y miró fijamente, como si estuvieran haciendo algo sucio.

Una vez que se había fijado una hora para la cena, los dos Slytherin Black se fueron y los
merodeadores los miraron. James miró a Sirius,

— Mala suerte —, se compadeció, — ¿Quieres saltarte las lecciones?

—No,— Sirius negó con la cabeza, — Me llevaré a cenar algunas bombas de estiércol.

— ¡Podemos ver si ese hechizo de bomba de tiempo funciona!

—Perfecto.

...

Sirius se fue por un largo tiempo después de la cena. James se paseaba por el dormitorio, revisando
su reloj cada pocos minutos y preguntándose en voz alta si debería ir y pararse fuera de las
mazmorras y gritar.

— Necesitamos empezar a trabajar en tu mapa de nuevo, Lupin — dijo, pasando sus manos por su
cabello (ya catastrófico), — Haremos que todo el mundo sea etiquetado, para que sepamos dónde
están en todo momento.

— Estamos muy lejos de eso — respondió Remus desde su cama, donde estaba leyendo un libro.
—Aún no he mapeado nada del ala este. Puedo hacer un poco en Navidad.

— No — James se detuvo en medio de la habitación, — Tú y Black vendrán a mi casa para


Navidad.

Remus lo miró fijamente y tragó con dificultad.

— James, no puedo, sabes que no puedo.

James agitó una mano, reanudando su paseo.

— Lo arreglaré todo con papá, no te preocupes. La luna llena es el día veinte, lo comprobé. Todos
podemos quedarnos aquí hasta entonces e irnos el veintiuno.

Remus se quedó sin habla, pero no importaba. James decidió rápidamente después de eso ponerse
su capa e ir a buscar a Sirius. Peter, de manera bastante predecible, lo siguió, pero Remus estaba
disfrutando su libro y los dejó ir. Se recostó en la cama y pensó en poner un disco. James y Peter
habían pedido la prohibición de Bowie hasta fin de año, pero si no estaban en la habitación...

A principios de año, Remus estaba tan cautivado por la emoción de Sirius que no le había dicho
que sabía todo sobre Ziggy Stardust; de hecho, todos en el mundo muggle, prácticamente, habían
estado hablando de él durante todo el verano.

En algún momento a mediados de Julio, Remus se había sentado en la sala de recreación después
del té con algunos de los chicos mayores para ver Top of the Pops. Su televisor todavía estaba en
blanco y negro, pero Remus sintió como si hubiera visto la actuación en color. David Bowie no se
parecía a nadie que hubiera visto antes. Todos se habían sentado mirando con la boca abierta de par
en par mientras el hombre delgado y de aspecto alienígena atravesaba el escenario con un maillot
de retazos. Estaba pálido como la nieve, su cabello era largo en la parte de atrás, y estaba pegado
salvajemente en la parte superior, sus ojos llamaban la atención; una pupila más grande que la otra:
llevaba maquillaje. Remus había querido conocerlo y ser él a la vez. Cuando David rodeó con el
brazo al guitarrista alto y rubio, el estómago de Remus dio un vuelco extraño, y mientras los dos
hombres cantaban en el mismo micrófono, con las mejillas juntas, uno de los trabajadores de
cuidados de St. Edmund había marchado y apagó el televisor. "Que desagradables esos gays" había
dicho, "Repugnante poner ese tipo de cosas en la tele cuando cualquier niño podría verlo."

Remus pensó en eso más de lo que quería.

Cuando los otros dos chicos regresaron, fue con un Sirius de rostro pálido. Se veía peor de lo que
solía estar después de un encuentro con su familia; cerrado y completamente sin alegría. Incluso
sus ojos parecían un poco menos brillantes, volviéndose grises.

— ¿Qué pasa? — Remus se puso de pie, preocupado.

—Es terrible.— Dijo Sirius. —Realmente, realmente terrible. Vil. Lo peor, lo más impensable ...
Horrible. — Se arrojó sobre su cama, boca abajo.

—Ha estado así desde que lo encontramos en las mazmorras — explicó James, — Nada más que
adjetivos

— Adjetivos superlativos.— Sirius corrigió, amortiguado levemente por su almohada.

—Sí, sí, estás siendo dramático — suspiró James. Volvió a pasarse los dedos por el pelo. Se
quedaría calvo antes de cumplir los treinta, pensó Remus. —¿Quieres decirnos por qué?

Sirius rodó sobre su espalda, mirando el dosel de su cama.

—Me voy a casar.

—¡¿Qué?!—James y Peter parecían tan sorprendidos como Remus, así que al menos sabía que no
era una cosa normal de magos.

—Narcissa me lo dijo. —Él asintió con la cabeza, todavía mirando fijamente hacia arriba, — Por lo
general, no me buscarían pareja hasta que yo fuera mayor de edad, como con Bellatrix, pero Cissy
dice que han decidido apretar las riendas en mi caso.

— ¿Encontrar una pareja? — James parecía estupefacto, — ¿Los Black no tienen matrimonios
arreglados todavía, no?

— Por supuesto que los tienen. — Sirius exhaló un suspiro, — Noble y más antiguo, etcétera,
etcétera ... Quieren celebrar la ceremonia de compromiso el próximo verano. Se supone que debo
"apurar mis ideas" a tiempo para eso. Entonces la boda se llevará a cabo tan pronto como termine
Hogwarts. Dudo que muchos de ustedes sean invitados.

— ¡Eso es una locura! ¡Eso es medieval! Eso es…

— Mi madre.— Sirius terminó.

— Um,— Remus se sintió grosero al interrumpir, pero su curiosidad lo estaba dominando, — ¿Con
quién se supone que te vas a casar?

Sirius se sentó.

— Ese es el giro en la cola del dragón, ¿no? — Dijo, enojado, —Esa es la pièce de résistance de mi
madre —, pronunció el francés maravillosamente, con un acento perfecto. Incluso en sus furias
más oscuras, Sirius Black podía pronunciar elegantemente.

—¡¿Quién?!

— Cissy.

— ¡¿Qué?!

— ¡¿Narcissa?!

—¡¿Tu prima?!

—¿Narcissa Black?

Sirius asintió. Su hombro estaba hundido. La mirada cerrada volvió a su rostro y se volvió a
acostar.

— Aparentemente están buscando dominarla también. Andrómeda, su hermana, ya sabes, la única


normal, está embarazada, según Cissy. Están cerrando filas, tratando de evitar que entre más sangre
sucia.

— Pero tiene que haber otras chicas de sangre pura por ahí. — razonó James, — ¿Y pensé que ella
y ese maldito de Malfoy estaban saliendo?

— Lo están, — Sirius asintió con la cabeza, — Ella está tan cabreada como yo, créeme. Habla
sobre la felicidad conyugal.

— ¿Qué hay de Regulus?— Preguntaba James. Parecía como si su mente estuviera trabajando a
una milla por minuto.

—¿Qué hay de él?— Sirius dijo, amargamente, —¿Crees que a él le guste ella en su lugar?

— Ella es bastante bonita —, dijo Peter, dócilmente. Sirius le dio una mirada que podría romper
cristales.

— Ella es mi prima idiota.

— Está bien —, James levantó una mano autoritaria, — No hay necesidad de insultos, solo
estamos tratando de ayudar. — Remus no podía ver exactamente cómo estaba ayudando Peter,
pero se mordió la lengua y dejó que James continuara. — Quiero decir, ¿Regulus dijo algo? Estaba
allí, ¿no?

—No. Ni una palabra. —Sirius frunció el ceño y nadie volvió a mencionar a su hermano.
— Bien, bien.— James se subió las gafas a la nariz. —Tenemos hasta el próximo verano. Y
tenemos a Narcissa de nuestro lado, lo crea o no. Entonces, diría que aún tenemos esperanza.

— No sabes lo que es desesperanza hasta que conoces a mi madre. — Dijo Sirius.

— Y ella no sabe lo que es un merodeador. — James dijo con firmeza. — Caballeros,— los miró a
cada uno, por turno. Remus podía ver exactamente lo que venía. — Tenemos una nueva misión.
Segundo Año: Supuestos

¿Cómo diablos se podría alguien salir de un compromiso? Remus se preguntó a sí mismo, mientras
se dirigía a las mazmorras el domingo por la noche. Él estaba solo; Lily le había pedido que
revisara la poción en la que estaban trabajando una vez más antes de entregarla al día siguiente. Él
personalmente pensó que era una exageración, pero también se sentía culpable de que Evans
hubiera hecho hasta ahora la mayor parte del trabajo.

El problema de Sirius había estado en el fondo de su mente todo el día. James les había encargado
a todos que encontraran una solución para Navidad, pero Remus no podía ver qué se podía hacer.
Nunca antes había pensado en compromisos, matrimonio o el honor familiar. Esas eran todas cosas
de adultos. Ciertamente, se suponía que los chicos de trece años no debían preocuparse por esas
cosas. Pero entonces, supuso, al doblar la última curva de la escalera, tampoco se suponía que los
niños de doce años debieran preocuparse por transformarse en monstruos una vez al mes.

Suspiró pesadamente, empujando la puerta del salón de Pociones para abrirla. Para su disgusto,
Severus Snape estaba allí, revolviendo su propia poción. Sus miradas se encontraron y Remus se
congeló por un momento, antes de encogerse de hombros, levantar la barbilla y caminar
directamente hacia su propio caldero, eligiendo ignorar al otro chico.

Pero no pudo evitar notar que su poción era de un color ligeramente diferente al de Snape, lo cual
no podía ser una buena señal. El suyo era un azul real intenso, mucho más oscuro de lo que debería
ser. Obviamente, Snape también se había dado cuenta.

— Necesitas agregar más lavanda. — Dijo, nasalmente, sin levantar la vista de su caldero. —Al
menos otra cucharadita.

—Si claro. — Remus frunció el ceño, — Si voy a seguir tu consejo.

— ¡Difícilmente voy a arruinar la poción de Lily, no?! — Escupió Snape.

Remus consideró esto. Era cierto que a pesar del comportamiento generalmente desagradable de
Severus, la única otra cosa que los merodeadores sabían de él era que haría casi cualquier cosa por
Lily Evans. Era extraño, pero Remus no era de los que juzgaban a nadie por ser extraño.

Colocó un poco más de lavanda y lo revolvió. De inmediato, la poción adquirió un tono más
pálido, azul cielo, y de ella se elevó un encantador aroma de ensueño. Snape hizo un chasquido
engreído con su lengua y cerró la tapa de su propio caldero, preparándose para irse.

— ¡Hola Sev!— una voz vino desde la puerta, — Oh, Remus...

Era Lily. Ella parecía un poco avergonzada. Remus frunció el ceño.

— ¿Pensé que habíamos acordado que yo lo iba a revisar esta noche?

— Um, sí, en eso quedamos... solo estaba... comprobando dos veces. — Sus mejillas generalmente
pálidas eran de un rojo brillante.

— ¿No pensaste que aparecería?

Snape resopló, burlonamente, al salir. Remus luchó contra el impulso de arrojar una cuchara a la
parte posterior de su grasienta cabeza. Lily no se dio cuenta, ya había cruzado la habitación y
estaba mirando hacia el caldero.
— Bueno, te dan muchas detenciones — dijo diplomáticamente. Severus salió de la habitación. —
Oh, vaya, se ve mucho mejor que esta mañana. ¿Hiciste algo?

— Agregué más lavanda.

—¿De verdad? Genial, se ve exactamente como debería.

—Bueno...— se frotó la parte posterior de la cabeza, mirando hacia la puerta. Snape estaba fuera
del alcance del oído. — Sí, solo pensé que necesitaba un poco, supongo.

— Entonces, no queda nada por hacer. ¿Estás de camino de regreso a la sala común?

— Sí.

Caminaron juntos. Lily estaba de buen humor,

— Trabajamos bastante bien juntos, ¿no? — Ella le sonrió. —Eres un buen cambio con respecto a
Sev, de todos modos, eres mucho más tranquilo.

Remus nunca antes se había considerado a sí mismo tan tranquilo. Fue algo agradable que ella
dijera, pero en comparación con Snape, cualquiera podría parecer tranquilo.

—¿Qué les pasa a ti y a él de todos modos? — Preguntó.

— Él es mi mejor amigo.— Lily respondió rápidamente, como si tuviera que justificar esto todo el
tiempo. — Nos conocemos desde hace siglos.

— Correcto.

—No es tan malo como crees que es— dijo, mirándolo de reojo. —Él puede ser realmente amable.
Y divertido.

— ¿Por qué anda con Mulciber y el grupo de sangre pura, entonces?

— Bueno, si vamos a basar nuestras suposiciones en personas basadas en sus amigos...— Lily lo
miró muy intencionadamente.

— ¿Qué les pasa a mis amigos?— Remus se sorprendió. Todos amaban a James y Sirius. Lily puso
los ojos en blanco.

— Todos son herederos de casas de sangre pura, ¿no? — Ella arrojó sus rizos pelirrojos, —
Además, son bastante arrogantes. Potter cree que es un regalo de Dios y Black es ... bueno, es
Black, ¿no? Incluso yo sé de ellos, y nací de muggles. Supongo que Peter está bien, pero es triste la
forma en que los sigue a todas partes.

— Yo también los sigo.

— Sí, lo haces. — Ella lo miró de nuevo, descaradamente.

— Te equivocas con ellos. — Remus dijo: — Quiero decir ... está bien, tienes razón en que se
lucen, pero no solo ... hay más sobre ellos

— Bueno, entonces tendrás que aceptar que hay más para Severus, ¿no es así?

Era más difícil discutir con ella que con Sirius. Remus se encogió de hombros, evasivo. Se le
ocurrió que Lily podría ayudar con su actual enigma. Después de todo, las bodas y los
compromisos eran cosas de chicas, ¿no? Al menos podría ofrecer otra perspectiva.

— ¿Evans? — dijo, pensativo: —Eres bastante inteligente ...

— Oh, muchas gracias...

— Lo siento. Quiero decir, eres más inteligente que yo.

— Mucho mejor.

Sonrió y se frotó la nuca.

—¿Qué harías si tu familia te obligara a casarte con alguien que no quisieras?

Ella frunció el ceño, como si eso no fuera en absoluto lo que esperaba.

— ¿Tienes un matrimonio concertado? ¿Pensé que vivías en un hogar de acogida?

—Un hogar de niños — corrigió. —Son diferentes. De todos modos, no soy yo, es ... alguien
más...

—Um ... — Ella parecía perpleja, lo que no le dio mucha esperanza a Remus. — Dios, quiero
decir, no es algo que mis padres harían nunca. Pero si lo hicieran… estaría realmente enojada,
obviamente. Y herida.

—¿Herida? — Preguntó, perplejo.

— Bueno obviamente. Se supone que tus padres te quieren y quieren lo mejor para ti ... tomar una
decisión como esa en tu nombre es todo lo contrario.

— Bien —, asintió con la cabeza, aunque realmente no entendía, — Bueno, esta persona eh ... no
se lleva bien con sus padres de todos modos.

— Aun así, — Lily se encogió de hombros, — Eso no significa que no le haga daño. Deberías
poder confiar en las personas que te criaron.

— Oh, de acuerdo — Remus no supo qué responder a eso. Tenía una horrible sensación de
agitación en el estómago, la misma sensación que solía tener cuando se le pedía que leyera en voz
alta. Lily no se había dado cuenta. Ya casi estaban en la sala común.

— Todavía no sé qué haría — suspiró, — Es como si la única opción fuera desafiarlos: a los
padres. Pero eso va a causar todo tipo de problemas ... ¿De quién se trata? ¡Adelante, dímelo!

Remus negó con la cabeza.

— Privado. Lo siento.

Lily asintió, comprendiendo. Remus le sonrió. Tenía una presencia inmensamente reconfortante.

— Flibbertigibbet — , dijo Lily al retrato, que se abrió para que pudieran pasar.

James no hacía mucho que había regresado de la práctica de quidditch y todavía estaba con su
túnica roja de vuelo. Se sentó en uno de los sofás y arrojó los frijoles de Zonko a la chimenea,
donde estallaron en un derroche de color como fuegos artificiales en miniatura. Sirius yacía en la
alfombra debajo de él leyendo un libro sobre maleficios que había traído de casa.
— ¿Está bien, Lupin? — James sonrió. Remus asintió a Lily y se acercó a sus amigos. La pelirroja
subió directamente las escaleras hacia el dormitorio de las chicas. — Nos dejaste por Evans,
¿verdad? — Preguntó James, sonriendo.

— Pociones — Remus respondió.

— Claro. ¿Eres amigo de ella ahora?

— Algo así, —Remus se encogió de hombros, —Ella está bien. Los odia a los dos.

— ¡¿Qué?! — Ambos se sentaron, luciendo ofendidos.

— ¡Pero a todos les agradamos! — Sirius dijo: — ¡Somos unos pícaros adorables!

— Ella cree que eres presumido.

James jadeó, dramáticamente.

—¡Cómo se atreve! Tendremos que conquistarla.

—¿Por qué molestarse, — Sirius se dio la vuelta, volviendo a su libro, — Es amiga de Snivellus,
claramente no tiene gusto.

—¿De verdad ella dijo eso?— James le estaba preguntando a Remus. El asintió,

— Ella dijo que crees que eres un regalo de Dios.

—¿Qué significa eso-

— Es una expresión muggle — explicó Remus, — Significa que


te crees la gran cosa.

—¿Ella piensa eso?

—Bueno,— Remus lo miró, — En cierto modo eres así, para ser honesto.

James rió. Remus se sentó a su lado, agarró un puñado de frijoles Zonko él mismo y los arrojó al
fuego, uno por uno. Él y James pronto lo convirtieron en un juego, buscando quién podría crear las
mayores explosiones golpeando las brasas de la manera correcta.

— Olvidé decirte — dijo James, una vez que la bolsa de frijoles estuvo vacía, — Recibí la lechuza
de papá hoy; ha hablado con McGonagall y tiene permiso para que te recibamos en Navidad.

— ¿Qué? ¡¿De Verdad?! — Remus estaba fascinado. ¿Por qué un adulto que nunca lo había
conocido antes querría intervenir en su nombre? Hizo una nota mental de no subestimar nunca más
el poder de la voluntad de James.

— Sí, sin embargo, no cree que pueda conseguirte para el verano. Lo siento.

Remus negó con la cabeza, sin decir palabra. Debería dar las gracias, pero no sabía cómo.

— Sólo te estoy esperando a ti ahora, amigo, — James le dio un codazo a Sirius con el pie, "
— ¿Lo has solucionado con tu madre? Di que vas a ir a casa de Pettigrew de nuevo.

— No voy a molestarme — respondió Sirius, todavía leyendo, — Solo voy a ir al tuyo sin decir
nada.
Sirius rara vez estaba en contacto con sus padres, pero desde el
asunto de Narcissa había estado ignorando a sus búhos por completo. Remus no estaba seguro de
que el silencio fuera la mejor manera para que Sirius expresara su descontento, pero como Lily le
acababa de recordar, Remus sabía muy poco sobre familias.

— A mamá no le gustará, —James se mordió el labio.

— Entonces, no le digas. — Sirius pasó la página.

James y Remus intercambiaron una mirada. Pronto debían hacer algo sobre el compromiso; la idea
de que Sirius estuviera de este humor durante cinco años más era realmente sombría.
Segundo Año: Luna en Diciembre

El expreso de Hogwarts dejó la estación de Hogsmeade para Navidad el sábado 16 de Diciembre


de ese año, lo que significa que una vez que la luna llena hubiera pasado, James, Sirius y Remus
tenían que encontrar otro medio para llegar a la casa de la familia de los Potter.

McGonagall, después de sermonear a Remus sobre no dejar que otros estudiantes se enteraran de
su secreto, simpatizó con los deseos del merodeador y les permitió usar la conexión flu en su
oficina "solo por esta vez". A Remus no le importó tanto el sermón, pero estaba aterrorizado de
usar la red flú por primera vez. Había escuchado todo tipo de historias de terror de parte de sus
compañeros de estudios, y de todos modos no ayudaba que por lo general estuviera mareado
durante unos días después de la luna llena.

Sirius recibió un aullador todas las mañanas después de la 16, exigiendo que vuelva a casa, pero él
simplemente arrojó los sobres de color escarlata en la chimenea, donde los gritos de Walburga
Black resonaban en las chimeneas. James estaba claramente nervioso por este comportamiento,
pero no dijo nada. Sirius siempre estaba dispuesto a pelear últimamente, y era mejor mantenerse
alejado. Desafortunadamente, a medida que la luna llena se acercaba, Remus también tenía una
paciencia muy corta. Los dos chicos se peleaban por cualquier todo y nada, y el pobre James tuvo
que interponerse entre la pareja más de una vez.

— Solo escríbele por el amor de Dios. —Remus se quejó en la mañana del 20, lanzando una
almohada a Sirius desde su cama. Un vociferador lo había despertado temprano por tercera mañana
consecutiva,

— ¡SI PIENSAS QUE PUEDES ESCAPAR DE TU NACIMIENTO DE ESTA FORMA TAN


COBARDE, ENTONCES TIENES OTRA COSA POR VENIR! — Gimió, resonando a través de
la torre de Gryffindor como una banshee.

— Mantente fuera de esto, Lupin, —Sirius le arrojó la almohada.

— ¡¿Cómo se supone que me mantenga al margen cuando está en nuestra maldita habitación todas
las mañanas? — Remus gruñó, levantándose ahora.

— ¡Oh, lo lamento tanto por ocasionar problemas! —Sirius replicó, goteando sarcasmo. Se veía
rudo, como si no hubiera dormido bien en absoluto, pero Remus estaba demasiado de mal humor
para preocuparse, y su transformación estaba a solo unas horas de distancia.

—¡¿Qué tal si dejas de actuar como un mocoso mimado durante cinco minutos ?!— Él espetó, —
Eres tan malditamente egoísta.

—¡No le estoy pidiendo que los envíe! Al menos recibo cartas, al menos la gente se preocupa lo
suficiente por mí como para...

Remus se tiró encima de Sirius y comenzó a golpearlo tan fuerte como pudo, incandescente de
rabia.

— CÁLLATE. — Gruñó, aterrizando un golpe decente justo en la mejilla izquierda de Sirius.


Sirius, aunque extremadamente adepto a los insultos cáusticos, no era un gran luchador. Jadeó y
trató de alejar a Remus, eventualmente agarrando su varita.

— ¡Mordeo! — Siseó, apuntando a la cara de Remus. De inmediato, Remus lo soltó, cayendo de


espaldas sobre la cama, agarrándose la frente. Una horrible sensación punzante irradió desde el
lugar donde Sirius había maldecido,

— ¡Eres un idiota! — Gritó, sintiendo su cara tensarse e hincharse.

— ¡Lo merecías!

— ¡Sirius! — James se había levantado de la cama demasiado tarde. — ¿Lo maldijiste? ¡¿Lo
maldijiste!

Sirius parecía menos seguro de sí mismo ahora,

— ¡Él lo inició!

— ¡Ni siquiera tenía su varita!

Remus se había bajado de la cama y se miraba a sí mismo en el espejo del armario. Parecía como
si hubiera atravesado un arbusto de ortigas hacia atrás. Su piel estaba roja y brillante, tensa e
hinchada a un ritmo preocupante.

— ¿Duele? — Preguntó James, tentativamente.

Remus negó con la cabeza, aunque lo dolía, mucho.

— Voy a la enfermería. — Él dijo. — No vengas conmigo. — Dijo bruscamente al ver a James


poniéndose la bata. Mientras salía de la habitación todavía en pijama, escuchó a James murmurar:

— Atacar a alguien que está desarmado es muy bajo, Black.

...

Madame Pomfrey lo curó rápidamente usando el contra-hechizo, pero estaba muy molesta por eso.

— ¿Quién lo hizo? — Ella le preguntó: — Si fue Potter o Black, entonces quiero escucharlo. Le
dije a Minerva que era una mala idea dejarte ir por Navidad.

—¿Por qué no debería ir? — Remus preguntó, escandalizado, — ¡Sirius si va!

— El señor Black no tiene sus limitaciones.

— Pero no iremos hasta mañana, es justo después de la luna llena, eso es lo más seguro.

—¡Estoy pensando en tu salud, Remus! Eres muy frágil ...

— No soy frágil! — Remus estaba furioso.

— Por supuesto que no, querido — dijo, sin escucharlo realmente. — Ahora siéntate en silencio un
rato, ¿eh? ¿Has desayunado?

Madame Pomfrey lo hizo quedarse en la enfermería todo el día en pijama. La medibruja había
estado trabajando en una nueva poción que esperaba que hiciera su transformación más suave. Ella
le permitió tomar prestados algunos de sus libros, así que no estaba tan mal, pero él se sentía
inválido de todos modos. Su rostro todavía estaba un poco hormigueante por la maldición de
Sirius, aunque la hinchazón había disminuido sustancialmente. Podría ser una buena opción para
usar con Snape, hizo una nota mental para recordar preguntarle a Sirius exactamente cómo lo había
hecho.

Aproximadamente a la una en punto, justo después del almuerzo, James y Sirius vinieron a verlo.
Madame Pomfrey les dio un regaño, primero.

— ¡Maldecir a tu compañero de casa! Maldecir a tu compañero de dormitorio , ¡por el amor de


Dios! ¡En mis días te habrían azotado! ¡Y la profesora McGonagall me ha informado que usted
conoce sus circunstancias especiales! ¡Se podría pensar que tendrías más sentido común!

James se disculpó copiosamente, y Sirius, quien apenas se estremeció ante los obscenos castigos de
su madre, bajó la cabeza con una expresión completamente avergonzada. Finalmente, Remus
supuso que esto debió ser suficiente para satisfacer a la enfermera de la escuela, quien les permitió
ir a verlo. Se pararon al final de la cama apenados, sin apenas mirarlo a los ojos.

— Lo sentimos mucho, Remus —, comenzó James. Remus chasqueó la lengua.

— Tú no hiciste nada.

James pateó a Sirius, quien también miró hacia arriba.

— Lo siento mucho, Remus. — Tenía un moretón oscuro y pesado en lo alto de la mejilla izquierda
y sus ojos parecían un poco más brillantes, Remus se preguntó si Sirius había llorado por eso. El
pensamiento le hizo sentirse raro. Sacudió la cabeza, ya no enojado,

— Yo lo empecé. Siento haberte golpeado.

— Siento lo del vociferador.

— Siento que tu mamá sea una pesadilla.

— Siento que seas un hombre lobo.

Ambos se rieron y todo fue perdonado.

— ¿Ella te dejará salir ahora? — James preguntó: — Faltan pocas horas para la luna.

Remus negó con la cabeza.

— No, ella quiere probar una poción nueva.

—¡No sabía que existía una cura!

— No lo hay, — dijo Remus rápidamente, — Esto es solo un ... creo que es para hacer la
transformación, ya sabes ... más fácil.

Ambos lo miraron perplejos. Se movió incómodo,

— Como un analgésico, creo. Los muggles no funcionan.

— ¿Te duele, entonces? — Preguntó Sirius, ladeando la cabeza. Ahora que la tormenta había
pasado, volvió a ver a Remus como un espécimen interesante.

—Bueno sí.— Remus frunció el ceño. Había asumido que sabían mucho más que él, habiendo
crecido en el mundo mágico, por lo que se sorprendió de que no supieran sobre el dolor. Durante
mucho tiempo, el dolor fue lo único que había conocido.
Para su sorpresa y alegría, James y Sirius eligieron quedarse en la enfermería con Remus por el
resto de la tarde. Jugaron algunos juegos desenfrenados de snaps explosivos, antes de que Madame
Pomfrey les dijera severamente que se callaran, por lo que cambiaron a gobstones. A medida que
avanzaba la noche, no bajaron a cenar, sino que comieron la misma comida del hospital que él.

Esto no fue gran cosa para ellos - James y Sirius lo trataron como cualquier otra tarde; la cama del
hospital era solo una extensión de su dormitorio. Para Remus era todo, era un tiempo que de otra
manera pasaría ansioso y solo. Era lo más parecido a una familia que podía imaginar.

McGonagall vino y los echó, eventualmente, lista para llevar a Remus a la choza. Se fue en paz,
con una suave sonrisa en los labios y la risa aún resonando en sus oídos. La poción analgésica de
Madame Pomfrey no tuvo ningún efecto, pero Remus encontró la transformación un poco más
tolerable de todos modos.

...

James y Sirius llegaron a primera hora de la mañana siguiente. Remus dormitaba en su cama,
habiendo sido devuelto al castillo al amanecer. Le dolía la cara y sabía que ya no era por la
maldición. Madame Pomfrey había dejado un espejo de mano en su mesita de noche, con el vaso
hacia abajo, pero todavía estaba demasiado cansado para mirarse. Lo despertó un jadeo agudo que
venía de James o Sirius, no estaba seguro de quién. Cuando abrió los ojos, ambos habían
reorganizado sus expresiones en una alegría estoica.

— ¿Estás bien, amigo? — Dijo James, con una media sonrisa, como si se dirigiera a un niño.

— Bien. — Gruñó Remus, levantándose. Debe ser malo. Levantó el pesado espejo y lo volvió
hacia su cara. ¡Ah!

El corte ya parecía medio curado, gracias a las atenciones de Pomfrey, pero aún así era un shock
grande. La costra era dura y negra, bordeada de tierna piel roja. Se extendía desde la esquina
interior de un ojo, sobre el puente de su nariz en diagonal hacia el centro de su mejilla opuesta. No
podía recordar mucho, pero parecía como si casi se hubiera abierto la cara de par en par.

—Mi hermoso rostro,— dijo débilmente, intentando ser sarcástico, pero sintiéndose terrible. Ahora
todo el mundo lo sabría. Hasta ahora había sido capaz de esconder la peor de sus cicatrices bajo su
túnica, pero ahora sabía que solo había sido cuestión de tiempo antes de que su suerte se acabara en
ese sentido.

— No es tan malo — dijo James, rápidamente, — Se curará muy rápido, lo apuesto...

—¿Cómo… — comenzó Sirius, pero fue interrumpido por Madame Pomfrey, quien vino
furiosamente,

— ¡Ustedes dos de nuevo! — Dieron un paso atrás, bruscamente, como si le tuvieran miedo,
mostrando una deferencia que nunca mostraron por McGonagall. La enfermera corrió la cortina
alrededor de la cama de Remus, cerrándola en sus caras. — Ah, has echado un vistazo, ¿verdad? —
Se dirigió a Remus ahora, en un tono mucho más suave, — Sé que se ve mal, pero palidecerá como
los demás. Debería ser apenas perceptible para el nuevo año.

Remus de alguna manera no le creyó, incluso sus cicatrices más descoloridas aún eran muy
notables. Echó un vistazo más de cerca, luego alisó un ungüento transparente sobre el corte,

— Lleva esto contigo — le ordenó, entregándole el frasco, — Aplícalo cada mañana y cada noche.
¿Todavía te duele?

Sacudió la cabeza. Ella chasqueó la lengua con escepticismo, —Bueno, aun así. Puede arder un
poco mientras sana. ¿Quizás podríamos intentar recortar tus uñas el próximo mes? Aunque
supongo que las garras entran de todos modos. — Ella suspiró, sonando frustrada, — Tu cara
debería de estar todavía irritada incluso después de que baje la hinchazón.

— Está bien,— Remus se encogió de hombros. Estaba muy consciente de sus amigos al otro lado
de la cortina y quería que ella se fuera. —¿Puedo irme ahora? Me siento bien.

— ¿No preferirías dormir un poco más?

— No.— Sacudió la cabeza con vehemencia: — Tengo hambre, quiero bajar a desayunar. — sabía
que funcionaría; ella siempre decía que él debería comer más.

—Pues bien. Vístete y listo.

Sirius estuvo muy callado durante el desayuno, dejando a James y Remus para mantener la
conversación - algo en lo que ninguno de ellos tenía mucha práctica por sí mismos. Una vez
alimentados, subieron a empacar porque Sirius y Remus lo habían dejado para el último minuto.
James, frustrado por su falta de organización, marchó a la oficina de McGonagall para ver si todo
estaba listo para su viaje, dejándolos a ellos.

Remus empacó algunas cosas - no les había dado ningún regalo a los demás, y les había hecho
prometer a todos que tampoco le regalarían nada. No era justo. La Matrona había enviado un
pequeño paquete, así que ahí estaba. Se puso algo de ropa; los demás probablemente usaban
túnicas en casa, pero las únicas túnicas que tenía Remus eran su uniforme escolar (y no estaba muy
seguro de que realmente le pertenecieran , o si era solo un préstamo), así que simplemente siguió
con su ropa muggle.

Empacado, Remus se giró para encontrar a Sirius parado directamente detrás de él, luciendo
incluso peor que el día anterior.

— ¿Qué pasa? — Remus preguntó, sorprendido.

— Que es mi culpa.— Sirius respondió, su voz extrañamente plana, — Escuché a Pomfrey decir
eso.

—¿Eh?

— Tu cara ... cuando la maldije, luego cuando te transformaste la rascaste ...

— Oh. — Remus se llevó los dedos a la cara, tímidamente. Sirius desvió la mirada. — No es
realmente tu culpa —, dijo Remus, torpemente, — Quiero decir, también me rasco en otras partes.
Estaba destinado a suceder eventualmente.

— ¿Por qué lo haces?

Sirius había preguntado eso una vez antes, al mirar sus viejas cicatrices. Esta vez Remus pudo decir
que realmente entendía lo que estaba preguntando. Pero Remus todavía no tenía respuesta.

— No sé. No lo recuerdo.

— ¿No recuerdas nada en absoluto?


— Realmente no. Sé que siempre tengo hambre, como si me hubiera pasado estando hambriento
toda mi vida. Y enojado.

— ¿Acerca de?

Remus negó con la cabeza.

— Solo enojado.

— Lo siento mucho, Remus.— Sirius se veía triste de nuevo. Remus no pudo soportarlo,

— Callate. — Dijo, medio en broma: — No lo pensarías dos veces antes de maldecir a James o
Peter.

— Sí, pero tú eres ...

— No lo digas. — Había temido que esto pudiera suceder, — Por favor, no me trates como si
estuviera enfermo, o fuera diferente, o lo que sea. Es una noche al mes. Si te golpeo, puedes
maldecirme, ¿de acuerdo?

Sirius parecía querer reír,

— ¿Estás diciendo que planeas golpearme de nuevo?

Remus le arrojó un calcetín,

— Si no solucionas lo de esos bastardos vociferadores, tal vez.

...

Viajar en polvos flu no era nada comparado con sentir tu propia columna vertebral alargada cada
mes, y Remus no estaba seguro de por qué había sido todo el alboroto. Fue el segundo en salir de
la chimenea al salón de los Potter, después de James. Quitándose el hollín de los hombros,
rápidamente saltó de la alfombra de la chimenea para dejar espacio a Sirius, y vio como James era
abrazado con entusiasmo por sus padres.

El señor y la señora Potter eran un poco mayores de lo que Remus había imaginado, pero ambos
tenían caras amables y alegres que compartían rasgos familiares con su hijo. El cabello del Sr.
Potter era blanco como la nieve, pero revuelto hacia todos los ángulos exactamente como el de
James. La Sra. Potter tenía su sonrisa ganadora y unos cálidos ojos color avellana. Ambos
abrazaron a Sirius también, mientras Remus retrocedía, sintiéndose horriblemente fuera de lugar.

Finalmente, la Sra. Potter le dirigió su alegre sonrisa. Afortunadamente, ella no quiso abrazarlo
también, tal vez sintiendo que él estaba incómodo. Ella simplemente asintió con la cabeza hacia él
gentilmente,

— Hola, Remus, hemos escuchado mucho sobre ti, estoy tan contenta de que pases la Navidad con
nosotros.

Remus le devolvió la sonrisa tímidamente, pero no se atrevió a hablar. No importaba; James y


Sirius charlaban el doble con el Sr. Potter, que parecía un colegial, los ojos brillando con diversión
y picardía.

La sala de estar - Remus supuso que era una sala de estar, ya que tenía tres sofás - era la más
grande en la que había estado, con ventanas altas y anchas que dejaban entrar la suave luz del sol
invernal que se acumulaba en los pisos de madera pulida. Un gigantesco árbol de Navidad estaba
en una esquina, brillando con polvo plateado y rodeado por una montaña de regalos envueltos en
brillantes colores.

Cadenas de papel y serpentinas colgaban del techo a lo largo de los rieles de los cuadros, e incluso
los retratos mágicos habían decorado sus marcos con luces de colores. Mientras los conducían por
la casa, "Por el amor de Dios, Fleamont, deja que los chicos guarden sus cosas antes de empezar a
planificar lo que sea que sé que estés planeando", descubrió que todas las habitaciones, incluso los
pasillos, estaban decorados con luces, oropel y cientos y cientos de tarjetas festivas. Los Potter
deben ser magos muy populares. Ciertamente eran ricos: la amplia escalera de caoba continuaba
subiendo tres pisos más.

El dormitorio de James era lo suficientemente grande para los tres, más grande que su dormitorio
en Hogwarts, con una cama con dosel tamaño king, pero Remus se sorprendió al descubrir que
había cuatro dormitorios igualmente grandes que estaban desocupados. Sirius ya había reclamado
el que estaba al lado de James, por lo que Remus puso su bolso en la tercera habitación,
preguntándose cómo sería dormir solo por primera vez.

—¡Vamos, muchachos! — El Sr. Potter gritó por las escaleras con una voz atronadora: — ¡Ha
estado nevando toda la tarde y tengo los toboganes listos!
Segundo Año: Navidad con los Potter

Remus había pensado que nada podría ser mucho mejor que la Navidad en Hogwarts, que era
literalmente mágica. La Navidad en los Potter, sin embargo, fue una experiencia completamente
diferente que pareció ser mejor.

Primero fue el trineo por las laderas nevadas en el jardín trasero, aunque al ser más de quinientos
acres, nadie podría realmente llamarlo jardín. Peter, que vivía más abajo en la aldea principal, salió
para unirse a ellos tan pronto como se enteró de que habían llegado, y tuvieron una tarde
extremadamente ruidosa y violenta bajando las laderas y jugando a juegos de guerra complejos con
munición de bolas de nieve. El Sr. Potter incluso se unió; vivaz para su edad y con la considerable
ventaja de poder usar magia.

La Sra. Potter los llamó a todos para almorzar y les hizo cambiarse la ropa helada. Se sentaron
junto a la chimenea, calientes y secos, comiendo pasteles de té tostados y calientes untados con
rica mantequilla amarilla. Por la tarde querían salir de nuevo, pero el Sr. Potter se había ido a
acostar y la Sra. Potter no quería que salieran tan cerca del anochecer. En cambio, la ayudaron a
decorar un enorme pastel de Navidad con glaseado blanco y diminutas figuras mágicas, luego a
envolver regalos para los vecinos y sus elfos domésticos.

— Nunca le dimos nada a el elfo doméstico — dijo Sirius con total naturalidad, sus dedos
irremediablemente atados en una cinta de hechizo, — Eso sí, Kreacher es un idiota de mal humor;
Dudo que quiera algo.

— Ellos aceptan regalos siempre que sea algo comestible, creo — respondió la Sra. Potter,
sonriendo, — Sin ropa, por supuesto, eso solo los molesta.

— Dile a mamá lo que tu familia hace con los elfos domésticos, Sirius — , sonrió James, uniendo
aún más las manos de su amigo. Sirius se rió, ligeramente,

— Cuelgan sus cabezas — . Dijo: — Una vez que estén muertos. Al menos, creo que esperamos
hasta que mueran ... Kreacher es el único elfo doméstico que recuerdo.

— Dios mío — dijo la Sra. Potter, — pensaba que esa tradición se había extinguido.

— No con los Black — suspiró Sirius. Remus se dio cuenta de que estaba pensando en el
compromiso de nuevo.

— Estás haciendo un buen trabajo con eso, Remus — observó la Sra. Potter, mirando el libro que
estaba envolviendo para la Sra. Pettigrew. — A diferencia de algunos niños traviesos que podría
mencionar ...— , volvió una mirada severa hacia su hijo y su mejor amigo, ahora tratando de pegar
sus manos a la mesa.

Remus le sonrió, cortésmente, sintiendo el nuevo corte en su rostro tirar de su piel. Todavía no le
había dicho nada a ninguno de los padres de James. Siempre le habían dicho que debía ser visto y
no escuchado con personas mayores, y nunca antes había estado en la casa de un amigo. Sirius, por
el contrario, estaba completamente a gusto, Remus nunca lo había visto más feliz. Él adoraba a la
Sra. Potter como si fuera su propia madre, si le agradara su propia madre, por supuesto.

Remus bostezó, más ampliamente de lo que pretendía, tratando de esconderse detrás de sus manos,
agachando la cabeza avergonzado. Solo había dormido unas pocas horas esa mañana, la siguiente a
la luna, y una tarde de maniobras de bolas de nieve lo habían dejado exhausto.
— Será mejor que te vayas a la cama, querido — dijo la Sra. Potter, ignorando el hecho de que
solo eran las tres de la tarde. Remus se preguntó si James le había contado a sus padres sobre él;
ellos debían saberlo, McGonagall podría no haberlo dejado venir de otra manera.

— Oh, estás bien, ¿no es así, Lupin? — Sirius engatusó, — Peter regresará en un momento,
podemos salir de nuevo.

Remus lo miró parpadeando, luego miró a James en busca de ayuda.

—Déjalo en paz, Sirius —la reprendió la señora Potter—. El pobre chico está exhausto. Vamos,
querido, vete.

Agradecido, Remus se levantó de la mesa de la cocina y se dirigió a la cama. Mientras se cambiaba


a sus ropas de noche, no pudo evitar echarse otra mirada a sí mismo en el espejo, ahora que estaba
completamente solo. Tal vez fue por haber estado afuera en el frío, pero la cicatriz se veía peor que
en la mañana, el contraste más fuerte con su piel pálida. ¿Su cara siempre lo sorprendería ahora?
¿Siempre se vería en algún espejo o superficie brillante y saltaría? ¿Le tendrían miedo otras
personas?

Hubo un suave golpe en la puerta, justo cuando Remus estaba a punto de poner el ungüento que
Madame Pomfrey le había dado. Era Sirius, Remus captó su olor antes incluso de llamar.

— ¿Se puede? — El chico de cabello oscuro entró sigilosamente, hablando en voz baja. Sostenía
una copa de peltre en la mano. — La mamá de James te envió esto. Creo que es una bebida
curativa.

— Oh gracias.— Remus asintió con cansancio. Sirius lo dejó sobre la mesita de noche.

— ¿Estás bien?

— Bien. Solo estoy cansado, amigo.

— ¿Nosotros fuimos muy ... ya sabes, rudos o algo así?

— ¡No! — Remus dijo, muy firmemente, probablemente sonando más enojado de lo que pretendía.
— No tiene nada que ver con ustedes dos, es solo el hecho de que estuve despierto toda la noche
aullando a la maldita luna y tratando de arrancarme la cara. Estoy cansado.

Remus tuvo que sentarse, el esfuerzo del arrebato lo mareó.

— Lo siento.— Sirius dijo, incluso más tranquilamente. Era la segunda vez que se disculpaba ese
día, y Remus odiaba cómo sonaba. — Te dejaré.— Él cerró la puerta.

Remus no se atrevía a empezar a preocuparse por herir los sentimientos de Sirius. Untó un poco de
ungüento y luego olió la copa que la señora Potter le había enviado. Lo reconoció como algo que
había tenido antes en Hogwarts, lo que le provocaría un sueño instantáneo. Se metió en la cama, se
la tomó rápidamente y cerró los ojos.

...

Los días restantes antes de Navidad pasaron rápidamente, y Remus pudo experimentar la vida
familiar real por primera vez. El Sr. y la Sra. Potter tenían que ser los padres perfectos, eran
amables y seguros, siempre sonrientes y llenos de diversión. Remus no sabía que los adultos
podían ser así. No sabía que la gente podía crecer así. Estaba más claro que nunca por qué James
era como era, tan rebosante de amor y confianza ciega como Remus rebosaba de rabia. También
era obvio por qué Sirius se sentía tan atraído por su familia. Tenía una sed insaciable de amor y los
Potter tenían un suministro inagotable.

Los cuatro chicos deambulaban por el campo circundante en la nieve, abrigados con sus cálidas
bufandas, gorros y guantes de Gryffindor. Por las noches jugaban a las cartas, ayudaban a la Sra.
Potter a preparar la cena y escuchaban al Sr. Potter contar historias de fantasmas alrededor de la
chimenea. Hacían pasteles de carne picada y cadenas de papel, construían magos de la nieve e
iglús, y dormían tan profundamente en sus camas por la noche que ni un vociferador podría
haberlos despertado.

Desafortunadamente, no iba a durar. Si bien los Black habían dejado de enviar vociferadores, no se
habían olvidado de su hijo descarriado y probaron un nueva tactica en la víspera de Navidad, con
devastadoras consecuencias para los merodeadores.

Estaban bebiendo cerveza de mantequilla caliente, sentados en la alfombra de la chimenea. James


y Sirius estaban jugando a los gobstones, muy fuerte, y el Sr. Potter le estaba enseñando a Remus a
jugar al ajedrez. El anciano se había horrorizado de que Remus no supiera cómo, y Remus se
sorprendió al encontrarse realmente disfrutando del juego. Toda la habitación se sentía cálida y
segura, las pesadas cortinas corridas contra el frío y la oscuridad, las luces de los árboles
parpadeaban suavemente y el fuego crepitaba a su lado. El reloj acababa de dar las nueve, y la Sra.
Potter estaba ansiosa por enviarlos a todos a la cama, cuando se escuchó un fuerte * CRACK *
afuera de la ventana.

El Sr. y la Sra. Potter intercambiaron una mirada rápida, y las orejas de Remus se levantaron como
un perro. El olor a magia gastada impregnaba el aire, como una tostada quemada. Algo oscuro y
desagradable. Hubo un golpe hueco y firme en la puerta.

— No esperábamos a nadie, ¿verdad, Effie? — El Sr. Potter frunció levemente el ceño a su esposa.
Levantaron sus oídos y ambos escucharon.

El elfo doméstico de Potter, Gully, corrió hacia la puerta principal para abrirla. Se oyeron voces
forzadas en el pasillo y Gully entró apresuradamente.

— Oh, Sr. Potter, Sra. Potter, ella ha venido por el joven maestro Black, ¡me está diciendo que es
su madre! Les dije que esperaran allí por ustedes. — El elfo se retorcía las manos con ansiedad,
claramente muy confundido por este giro de los acontecimientos.

Sirius y James se miraron el uno al otro. El rostro de Sirius estaba pálido, parecía que podría estar
enfermo.

— Ella no ...— susurró.

El Sr. Potter ya se había levantado y había salido por la puerta. Ahora se oían voces elevadas en el
pasillo; Remus reconoció el tono agudo de la Sra. Black en sus horribles cartas.

— Sirius,— dijo la Sra. Potter, gentilmente — ¿Tus padres te dieron permiso para visitarnos,
querido? — Miró al suelo. Ella chasqueó la lengua. — Oh, cariño.— Dijo, sonando muy triste.

— ¡No lo hagas irse, mamá!— James se puso de pie, — ¡Los odia!

— Son sus padres, James.

— ¡Sirius! — El Sr. Potter llamó desde el pasillo.

Sirius se levantó, James también. Remus no quería, quería quedarse junto al fuego donde todos
habían sido tan felices momentos antes. Pero la Sra. Potter también se había puesto de pie, y esta
era una de esas veces que los merodeadores tenían que presentar un frente unido, sin importar cuán
aterradora fuera la madre de Sirius.

Todos salieron al pasillo. Remus había visto a la Sra. Black una vez antes, la primera vez que subió
al Expreso de Hogwarts. En ese entonces, simplemente había pensado que se veía muy severa y
que se parecía a Sirius. Todavía se veía severa: su cabello estaba peinado hacia atrás y recogido en
un moño alto que se enroscaba como una serpiente en la coronilla de su cabeza, fijado con un
alfiler de esmeralda. Sus ojos eran oscuros, no tan azules como los de Sirius, pero tenía esa
estructura ósea de la familia Black y una apariencia superior. Ella era más baja que el Sr. Potter,
pero aun así se las arregló para mirarlo como si él fuera una suciedad en su bota. Su mirada se
agudizó cuando vio aparecer a James y Remus.

— Sirius. — Dijo con frialdad, entrecerrando los ojos a su hijo mayor. — Vendrás conmigo de
inmediato. ¡Kreacher!— Chasqueó los dedos y un elfo doméstico viejo y arrugado emergió de
detrás de su túnica. — Sube las escaleras y trae las cosas del amo Black. — El elfo doméstico hizo
una profunda reverencia, besó las puntas plateadas de las botas puntiagudas de la señora Black y se
apresuró a subir.

— Buenas noches, Walburga — dijo la Sra. Potter, agradablemente, como si no hubiera tensión en
absoluto, — ¿Puedo ofrecerle un trago? Estábamos a punto de romper los pasteles de carne picada,
¿no es así, chicos?

La Sra. Black la ignoró, mirando directamente a Sirius,

— Ponte la capa. Nos vamos ahora.

— Pero madre, yo ...

— No te atrevas a hablarme.— Ella siseó, los ojos brillando.

Remus quería huir; era peor que la Matrona, cien veces más. Ella era peor que Bellatrix y Snape y
todas las personas desagradables que había conocido. La idea de dejar ir a Sirius con ella hizo que
su interior se retorciera. El Sr. y la Sra. Potter parecían estar sufriendo la misma crisis,

— Walburga, ¿por qué no dejar que se quede? — La Sra. Potter intentó, — Sé que ha sido un poco
travieso, pero no ha hecho daño. Podemos invitarlo a almorzar y enviarlo de regreso antes de la
cena mañana. Todos han estado pasando un buen rato juntos.

La Sra. Black dejó escapar una risa seca y crepitante, como si el disfrute de su hijo fuera la menor
de sus preocupaciones. Ella miró a James, su mirada recorrió su desordenado de cabello, luego a
Remus, mirando fijamente su nueva cicatriz. Remus miró sus pies, aterrorizado. Ella lo sabría. Ella
lo sabría de inmediato.

Kreacher bajó corriendo las escaleras, seguido por un Gully de aspecto muy ofendido. El baúl de
Sirius flotaba detrás de ambos, aparentemente lleno y listo para partir. Walburga se volvió,

— Ven, Sirius.

— No.— Dijo, en voz baja, pero con mucha firmeza. Remus quería decirle que se callara , ¿no
podía ver en cuántos problemas estaba metido? Pero Sirius estaba apretando los puños, mirando a
su madre, — Quiero quedarme aquí, con los Potter. No puedes obligarme a ....

— ¡SILENCIO! — Walburga se dio la vuelta, apuntando con su varita a Sirius. Dejó de hablar de
inmediato, aunque no voluntariamente. Abrió y cerró la boca unas cuantas veces y no salió nada.
Ella le había robado la voz.

— ¡Walburga, de verdad! — El Sr. Potter jadeó, mientras que la Sra. Potter dejó escapar un
pequeño chillido y se arrodilló junto a Sirius, envolviendo sus brazos alrededor de él
protectoramente. — ¡Es solo un niño!

— Él es mi hijo.— Walpurga ronroneó, mirando con dagas a la Sra. Potter, — Y él es el heredero


de la mejor casa de Gran Bretaña. Aprenderá su lugar. Ven, Sirius.

Sirius parecía completamente derrotado, su boca era una línea recta de resignación. Él le devolvió
el abrazo a la Sra. Potter, luego se alejó de ella. Les dio a James y Remus un pequeño saludo, antes
de seguir a su madre fuera de la puerta.

Los cuatro se quedaron en silencio después de que la puerta principal se cerrara de golpe. Remus se
preguntó si James se sentía tan avergonzado como él, ¿deberían haber defendido a su amigo de
alguna manera? ¿Qué le pasaría ahora? El señor Potter parecía furioso.

— ¡Usar un encantamiento silenciador en su propio hijo! ¡En un mago menor de edad! ¡Es
moralmente censurable!

— Ella lo hace peor que eso.— James dijo en voz baja. Remus asintió con la cabeza, de acuerdo,
sintiendo como si alguien hubiera tomado su propio poder de expresión.

— Tendremos que hacer que la casa sea imposible de rastrear, Fleamont — dijo la Sra. Potter, de
repente, — Haz que no nos puedan encontrar, dijiste que lo estabas considerando, después de las
últimas elecciones. No quiero a esa mujer horrible en mi casa nunca más.

El señor Potter asintió sombríamente.

— Lo investigaré en el año nuevo. Alastor Moody me debe un favor.

— Hora de dormir, muchachos.— Dijo la Sra. Potter con voz temblorosa. — Traten de no
preocuparse demasiado. — Abrazó a James con fiereza, besándolo en cada mejilla. Remus trató de
esquivarla, pero ella también lo agarró y lo abrazó con fuerza. Olía a naranja y clavo.

...

— Psst. Remus.

Remus acababa de terminar de cepillarse los dientes y se dirigía por el pasillo hacia su habitación,
cuando James asomó la cabeza y lo condujo a su propia habitación. Se arrodillaron juntos en la
cama. James sacó una nota del bolsillo de su pijama, — Regulus envió esto.

— ¿Qué dice?— Remus preguntó rápidamente, antes de que James pudiera dárselo para leer.

— Oh, um, dice Sirius está en casa, no intentes contactarlo.

— ¿Eso es todo?

— Eso es todo.— James asintió con gravedad.

— Bien por Regulus, — remarcó Remus, mirando la nota que obviamente fue garabateada
apresuradamente. — Pensaba que se odiaban.
— Sí, bueno, todavía son hermanos, ¿no? — James respondió, encogiéndose de hombros, — Lazos
familiares y todo eso.

— ¿Crees que estará bien?

— No lo sé.— James se mordió el labio. — Nunca pude darle su regalo. Dijo que nunca recibe
nada navideño de su familia, solo reliquias familiares y esas cosas.

— Tuvimos una discusión el otro día. — Remus suspiró, tristemente, — Acerca de ... ya sabes, mi
pequeño problema peludo.

James se rió entre dientes,

— No te preocupes por eso. Ustedes dos siempre se están peleando por algo. Solo son sus
personalidades.

— Oh. ¿Eso crees? — Remus estaba un poco molesto por esa observación; sin duda, Sirius le
gritaba a Peter con mucha más frecuencia. James sonrió,

— Ya te lo dije, no te preocupes por eso. A Black le encantan las discusiones.

La mañana de Navidad fue un asunto tranquilo, los Potter estaban ansiosos por hacerla alegre,
aunque solo fuera para Remus. Se sintió avergonzado de encontrar una media abultada a los pies
de su cama cuando se despertó, y decidió corregir esto el próximo año de alguna manera.

Estaban los calcetines y la ropa interior habituales de la Matrona, además de una lata de galletas de
mantequilla. Algunas ranas de chocolate de Peter y un gran libro de encantamientos avanzados de
Sirius. James le había comprado un libro también - Conjurer s Cartografía: Una guía para la
elaboración de mapas mágica. El Sr. y la Sra. Potter, sin embargo, habían ido más allá. Debajo del
árbol encontró más dulces, bromas pesadas, un hermoso juego de plumas, que trató de devolver
"obtuvimos lo mismo para James y Sirius, querido, no seas tonto" y un par nuevo de pijamas.

La familia extendida de los Potter comenzó a llegar para el almuerzo de Navidad alrededor del
mediodía, así como los Pettigrew, quienes trajeron con ellos a la hermana mayor de Peter,
Philomena, y a su novio muggle que había traído de la Universidad. Remus fue presentado a todos
como un amigo de James, y generalmente ignorado, excepto por un pequeño y anciano mago que
ya tenía la nariz roja y estaba feliz detrás de todas las bebidas que Gully estaba pasando.

— ¿Lupin, dices? ¿No el chico de Lyall Lupin?

Remus se quedó boquiabierto, incapaz de responder. Solo había escuchado el nombre de su padre
pronunciado una o dos veces.

— Um ... sí. — Dijo finalmente, sonrojándose mucho.

— ¡¿Está el aquí?! — El mago sonrió, mirando a su alrededor, — Excelente amigo, no lo he visto


en años.

— Er ... está muerto.— Remus respondió, con un encogimiento de hombros en forma de disculpa.

— ¡Maldita lastima! — El mago lloró, derramando un poco de su bebida, — Buen duelista; me


enseñó todo lo que sé sobre los boggarts. Sin embargo, el temperamento tendía a meterlo en
problemas... le dije que no se metiera con ese tipo de Greyback, los malditos hombres lobo,
deberían exterminarlos a todos!
Remus parpadeó. James lo miró con curiosidad. Afortunadamente, el señor Potter intervino,

— ¿Darius? Tómate otra copa, viejo, deja a los jóvenes con sus juegos, ¿eh?

Remus tragó saliva y regresó al torneo de los gobstones como si nada hubiera pasado.
Segundo Año: El regreso de Sirius

Sábado 6 de enero de 1973

Peter, James y Remus llegaron puntualmente a King's Cross para regresar a Hogwarts el sábado
antes de que comenzara el trimestre. Todos miraron alrededor buscando a su cuarto compañero,
pero Sirius no estaba allí, ni Regulus. Cuando el tren salió del andén, James fue en busca de alguien
a quien preguntar. Regresó con las manos sobre la nariz, donde comenzaba a formarse un gran
furúnculo.

—Narcissa dijo que no es asunto mío. — Explicó, sentándose pesadamente.

— Tal vez estén usando la red flu — adivinó Peter, — tal vez su madre no confiaba en él para
subir al tren con nosotros.

—Tal vez... — James miró por la ventana, frotándose la nariz dolorida. Remus nunca lo había visto
tan infeliz. James había extrañado a Sirius más que a ninguno de ellos, y estaba muy emocionado
ante la perspectiva de verlo una vez que llegaran a Londres. Remus y Peter hicieron todo lo posible
por animarlo, pero era como si le faltara el brazo derecho.

Antes de irse, el Sr. y la Sra. Potter dijeron que verían qué podían hacer para que Remus se quedara
con ellos también durante el verano, y les agradeció de corazón. Sin embargo, no era probable, por
lo que no se hizo ilusiones. En lugar de eso, trató de estar agradecido de regresar a la escuela por
unos meses más con sus amigos. O la mayoría de ellos, de cualquier forma.

Sirius no se encontraba en ninguna parte durante la cena esa noche, ni apareció cuando se estaban
preparándose para ir a la cama. James y Remus le habían traído sus regalos de Navidad y los
habían amontonado sobre su almohada, todavía envueltos en papel brillante y cinta. Tres de los
paquetes eran de Andrómeda y Remus sabía que eran álbumes. Sirius le había pedido cualquier
cosa a David Bowie.

Domingo 7 de enero de 1973

El domingo por la mañana, la cama todavía estaba vacía y los tres merodeadores se sentaron
tratando de distraerse con la tarea. Remus ya había terminado la suya y aprovechó la oportunidad
para comenzar con sus libros de Navidad, ahora que podía invocar su hechizo de lectura una vez
más. James comenzó a caminar por la habitación, fue a preguntarle a McGonagall dónde estaba
Sirius (ella no lo sabía) e incluso intentó con Narcissa por segunda vez (ella lo maldijo de nuevo).
Finalmente, salió a hacer unas vueltas al campo de quidditch en su escoba.

Peter también fue, con una caja de galletas para mordisquear mientras miraba. Remus se quedó
adentro donde hacía calor; leyendo, o al menos fingiendo hacerlo. Ahora que finalmente estaba
solo, comenzó a pensar en las cosas que el amigo del Sr. Potter, Darius, había dicho sobre su
padre, dando vueltas a la nueva información en su mente como una moneda. Su padre era bueno en
los duelos, ya lo había oído antes. Lyall Lupin, obviamente, también había tenido mal genio; esta
era una nueva pieza de inteligencia, y algo extraño de saber, después de tanto tiempo sin saber
realmente nada. Por primera vez, Remus consideró que sus ataques de rabia podrían no tener nada
que ver con su condición. ¿Y quién era Greyback? El solo nombre le hizo sentirse acalorado e
incómodo. Deseaba más que nada que James y Peter no hubieran estado allí para escucharlo todo.

Remus se sentó junto a la ventana en la torre de Gryffindor, su libro suelto sobre su regazo,
mirando al vacío y tratando de darle sentido a un rompecabezas para el que no tenía todas las
piezas. De vez en cuando miraba por la ventana para ver a James actuando incluso más
imprudentemente de lo habitual.

—¡¿A qué diablos está jugando?!— Una voz chilló por encima del hombro de Remus. Era Lily
Evans. Estaba bebiendo una taza de té, mirando a James en su escoba.

— Energía nerviosa, — Remus se encogió de hombros, sin volverse para mirarla. La luz de la
ventana le daba un fuerte relieve a su rostro, y su cicatriz, aunque ya no estaba roja y robusta,
todavía era muy notable.

—¡¿James Potter, nervioso?!— Lily se burló, — No tenía idea de que fuera capaz de emociones
tan complejas.

—Oi! — objetó Remus, todavía mirando por la ventana, — No ha sido una gran Navidad para él,
¿de acuerdo?

—Está bien, está bien, lo siento, sé que es tu amigo. — Siempre decía eso justo después de insultar
a uno de los merodeadores. —¿Cómo estuvo tu navidad?

— Muy bien, gracias. ¿La tuya?

— Brillantec—, podía escuchar la sonrisa en su voz, — mamá y papá finalmente me dejaron


conseguir una lechuza.

— Oh, encantador.

—¿Qué hay contigo?

— Tengo algunos libros.

—¿De tu ... um, de la gente con la que vives?

Finalmente la miró, aún más irritado. ¿Por qué no se perdería por otro lado?

—No, de mis amigos.

— Oh ... por supuesto, sí. — Lily estaba conscientemente mirando hacia otro lado, hacia el espacio
justo a la izquierda de la cabeza de Remus. Suspiró profundamente, todos lo iban a ver de todos
modos. Al menos Lily fue lo suficientemente educada como para no hacer preguntas groseras.

Remus al final subió las escaleras, corrió las cortinas de su cama y se acomodó el libro de
Cartografía del Conjurador. Los otros finalmente se acercaron a la cama también, hablando en voz
baja, pensando que estaba dormido. El ejercicio no había hecho nada para calmar a James, Remus
podía escuchar los rápidos latidos de su corazón y oler el empalagoso aroma de la ansiedad.

Tal vez una hora después de que se apagaran las luces, la puerta volvió a abrirse con un chirrido.

Sirius había regresado, no había duda, eran sus familiares pasos. Remus sintió una oleada de alivio
invadirlo, su nudo en el estómago que no se había dado cuenta que tenía, comenzanba a
desenrollarse. James y Peter siguieron durmiendo mientras Sirius trataba de mantener sus
movimientos en silencio, arrastrándose dentro de la habitación y hasta su cama, entrando
rápidamente y corriendo las cortinas. Remus se quedó quieto, escuchando a Sirius tumbado
también. Había algo diferente en su respiración. Finalmente, la curiosidad se apoderó de él y se
levantó de la cama.
Sin querer entrometerse, Remus se acercó tanto a las cortinas de Sirius como se atrevió y susurró:

— ¿Sirius?

—¿James? — Él respondió, ansioso,

— Remus.

— Oh ...— hubo un momento de silencio incómodo. —… Solo quiero dormir, Lupin. Hablamos
mañana, ¿de acuerdo?

— Okay. — Remus regresó a su propia cama y cerró los ojos, no sintiéndose menos preocupado.

...

Lunes 8 de enero de 1973

A la mañana siguiente, Sirius ya se había ido antes de que ninguno de ellos se despertara. Sus
regalos, aún sin abrir, habían sido empujados a los pies de la cama. Su baúl había llegado en algún
momento y su escoba estaba de nuevo en su estante. James le reservó un asiento para el desayuno,
pero nunca apareció y no lo vieron hasta la primera lección.

— No se perdería a McGonagall — dijo James con confianza, mientras se dirigían hacia el salón
de clases, — Le encanta
Transformación.

Sin embargo, cuando entraron en la habitación, todos se sorprendieron. Había otro chico sentado
en el asiento de Sirius. Era más pequeño y encorvado, con rasgos pálidos y puntiagudos y grandes
ojos azules. Llevaba el pelo rapado cerca del cuero cabelludo de la misma manera que la Matrona
le afeitaba la cabeza a Remus todos los veranos. Sin embargo, se veía más oscuro que el de Remus.

— ¡¿Quién es ese?! — Peter susurró, un poco demasiado alto. El chico se volvió para mirarlos.

— ¡Sirius! — James se quedó boquiabierto.

Sirius se sonrojó levemente y miró al frente como si no los hubiera visto en absoluto. James se
deslizó en el asiento junto a él,

— ¿Qué pasó? ¿Dónde has estado? ¿Qué te hizo ella?

Sirius negó con la cabeza.

— Más tarde —, murmuró.

El salón de clases se había llenado ahora, y todos parecían susurrar a sus espaldas. Remus no podía
culparlos, tampoco podía dejar de mirarlo. No era solo la falta de cabello, aunque eso era
increíblemente desconcertante; Sirius simplemente no era Sirius sin su cabello - también tenía
sombras oscuras debajo de sus ojos, y no había un rastro de humor en sus labios.

— ¡Está bien, cálmense, por favor! — McGonagall entró en la habitación. Ella miró a Sirius. Sus
ojos se abrieron por un milisegundo cuando lo reconoció, pero no dijo nada, dirigiéndose a la clase;
— Sus exámenes de fin de año comienzan en tres meses, veamos quién ha estado prestando
atención...

McGonagall no llamó a Sirius ni una vez para responder una pregunta, aunque por lo general era la
única forma en que podía hacer que él prestara atención. Tampoco molestó a ninguno de los otros
merodeadores, que se pasaron toda la lección lanzando miradas de preocupación a su amigo.
Cuando terminó Transformación, empacaron sus cosas y siguieron a Sirius apresuradamente fuera
de la puerta,

— ¡¿Que pasó?! —Preguntó James, tratando de seguir el ritmo de Black.

— Dije más tarde, — respondió Sirius, — Espera hasta el descanso, ¿de acuerdo?

— Pero tú... ¿Qué hizo ella...?

— Estoy bien.

La siguiente lección, Historia de la magia, fue una agonía. James estaba fuera de sí e incluso
recurrió a pasar notas a Sirius, quien firmemente las ignoró. Se sentó rígidamente, con la espalda
recta, los ojos en la pizarra. Por primera vez en dos años, Remus lo vio leyendo su texto de historia
en clase. En realidad, algo estaba muy mal.

No pudieron salir de Historia lo suficientemente rápido: James agarró a Sirius del brazo y
prácticamente lo llevó al patio más cercano, donde ahuyentaron a un grupo de niñas de primer año
que estaban haciendo verticales de manos contra una pared, con las faldas metidas en las bragas.
Hacía un frío helado, aunque todavía no había nevado, el cielo estaba blanco como el papel y se
avecinaba una tormenta. Una vez que la costa estuvo despejada, James miró a Sirius, ojos llenos de
sentimiento, profundas arrugas en su frente.

— ¿Qué pasó?

Sirius suspiró profundamente.

— ¿Cómo se ve? — Hizo un gesto hacia su cabeza. Remus tenía la peculiar sensación de que a
ninguno de los dos le importaba que él y Peter estuvieran allí, esto era entre ellos dos, como sus
charlas nocturnas.

— ¿Tu mamá hizo eso?

— Bueno, no lo hice yo mismo, ¿verdad? — Espetó, enojado. James no reaccionó, solo siguió
mirando a su amigo. Ese era el secreto de James, se dio cuenta Remus, de repente; siempre era
paciente y nunca se tomaba nada personalmente. ¿De qué otra manera podrías ser el mejor amigo
de alguien como Sirius Black? Sirius ahora estaba hurgando en su bolso y sacó su sombrero rojo de
Gryffindor, que hasta ahora nunca había sido usado. Lo apretó sobre su cabeza rapada, — Maldita
sea, me congelo — Murmuró: —No sé cómo te las arreglas, Lupin.

Remus se encogió de hombros y sonrió, complacido de ser reconocido. Sirius se apoyó


pesadamente contra la pared, mirándose los pies.

— Me dejaron volver — dijo en voz baja, — Casi no lo hicieron, un movimiento en falso y


prometieron enviarme a Durmstrang.

James y Peter jadearon, Remus hizo una nota mental para preguntar sobre eso más tarde. Sirius
continuó,

— No recuperé mi voz hasta la cena de Navidad. Tuve que hacer mi parte para eso; todos estaban
allí, todos los sagrados veintiocho, excepto los Weasley, obviamente. Lucius Malfoy realmente me
odia ahora, pero tenía que ser muy amable conmigo y con Reg, el maldito asqueroso. Salí con mi
corbata de Gryffindor hasta que mamá se dio cuenta y la desapareció. Entonces yo ... yo um ...
puede que haya detonado algunas bombas de estiércol durante el cuarto plato...
Peter, Remus y James hicieron una mueca, colectivamente.

— ¿Por eso ... el cabello... ?— James preguntó de nuevo tentativamente. Sirius miró hacia arriba,

— Dijo que viendo que los castigos habituales no tenían ningún efecto, intentaría algo diferente…
Traté de que Pomfrey me lo volviera a cultivar, pero la vieja perra dijo que no era una esteticista.
Pensó que lo había hecho yo mismo por accidente o algo así.

— Podrías decirle…— comenzó Remus, sintiendo la necesidad de defender a la enfermera. Sirius


negó con la cabeza.

— No vale la pena.

— ¿Regulus? — James preguntó, de repente, — ¿Él también ha vuelto? Nos envió una nota para
informarnos que llegaste a casa, pero nunca escuchamos nada más.

Sirius asintió.

— Sí, ha vuelto. Tiene su cabello, obviamente. Papá ordenó un traslador en Hogsmeade. Todavía es
.. ya sabes, un poco idiota, pero... tampoco eligió ser un Black. Simplemente juega mejor que yo.
— Miró más allá de todos ellos, sus ojos muy abiertos y desesperados. Remus sintió un terrible
dolor en el pecho. — Solo deseo…— dijo Sirius. Pero nada más. Sonó el timbre y tuvieron que
volver a sus lecciones.
Segundo Año: Gryffindor vs Slytherin

Todos en la escuela sabían sobre la nueva apariencia dramática de Sirius para el final de su primer
día de regreso. James y Peter empezaron a caminar a ambos lados de él a través de los pasillos,
como guardaespaldas, lanzando miradas a cualquiera que se atreviera a reír o susurrar al pasar.

— No se ve tan mal —, le aseguró James, mirando a Sirius observarse en el espejo. Se escondían


en el baño de chicas del segundo piso que estaba vacío durante el almuerzo para evitar más
miradas.

James estaba mintiendo, pensó Remus para sí mismo, y probablemente Sirius lo sabía también. Se
veía realmente mal, parecía mucho más pequeño. Sin el cabello oscuro que enmarcaba el rostro de
Sirius, sus ojos parecían más grandes que nunca, haciéndolo lucir chiquito y ansioso. Los pómulos
altos y las cejas afiladas se destacaron más que nunca, dándole una mirada mezquina y demacrada.
No era de extrañar que todos lo miraran fijamente, de hecho, casi nadie miró la cara recién llena de
cicatrices de Remus debido a la distracción de Sirius. Aún así, pensó Remus con tristeza, el cabello
vuelve a crecer.

Sirius se frotó la cabeza, todavía mirando su reflejo. Peter se rió nerviosamente,

— Te pareces a Lupin.

James asintió, los ojos se movieron rápidamente entre los dos.

— Sí, te pareces un poco.

Sirius miró a Remus y, por primera vez desde Nochebuena, Remus lo vio sonreír. Esa sonrisa de
Sirius Black, nada nunca podría arruinar eso.

— Oh, sí, creo que puedo verlo —dijo Sirius, todavía frotándose la cabeza. Extendió la mano y
empujó a Remus hacia el marco del espejo, para que estuvieran uno al lado del otro, mirándose
fijamente. — Podríamos ser hermanos.

Remus también se rió, a su pesar.

El verdadero hermano de Sirius estaba esperando afuera de la sala común de Gryffindor, mucho
más tarde esa noche. Estaba sentado en el suelo con las rodillas dobladas, mirando al vacío. Su
cabello todavía era lo suficientemente largo como para tocar sus hombros. Su amigo, Barty
Crouch, estaba apoyado contra la pared opuesta, luciendo aburrido. Había hecho un avión de papel
y lo dirigía perezosamente arriba y abajo del pasillo con su varita. Crouch y Regulus eran tan
inseparables como James y Sirius; Barty era rubio y peludo, con una racha mezquina más larga
que la de Snape; Remus lo reconocía solo por su cruel risa ladradora.

Regulus se puso de pie suavemente mientras los merodeadores se acercaban. Remus buscó dentro
de su bolsillo su varita, por si acaso.

— Ahí está. — Dijo el chico más joven, con un temblor de nerviosismo en su tono arrogante. Sus
ojos seguían moviéndose hacia James. El avión de papel de Barty comenzó a dar vueltas alrededor
de todos.

— ¿Qué quieres? — Preguntó Sirius.

— Solo quería ver si estás... ver cómo estás...


— Igual que anoche. — Sirius se encogió de hombros.

— No te vi en la cena.

— No estaba en la cena. — Sirius respondió, inútilmente. Enviaron a Peter a las cocinas para
pellizcar algunos sándwiches y se sentaron en uno de los rincones ocultos de Remus para comer.
Remus estaba disfrutando mucho este juego, evitando al resto de los estudiantes, incluso a los de
Gryffindor. Por lo general, James y Sirius hacían todo lo posible para ser notados, Remus prefería
estar por debajo del radar.

— ¿Puedo hablar contigo? — Regulus se dirigió a su hermano mayor.

Sirius abrió los brazos, como si le diera la palabra a Regulus. Regulus puso los ojos en blanco,
irritado. Remus notó que no tenía la misma boca que Sirius. Tenía una mandíbula más débil, labios
más pequeños. — Quiero decir, a solas — dijo, lanzando una mirada a James, Peter y Remus.

— No. — Sirius dijo, simplemente. Regulus suspiró. Claramente conocía a Sirius demasiado bien
como para intentar discutir.

El avión de papel de Barty Crouch comenzó a girar más rápido sobre sus cabezas. Peter miraba
ansiosamente como avanzaba.

— Bien. — Regulus dijo, cruzando los brazos. — Solo quería hacerte saber que mamá y papá nos
pidieron a Narcissa ya mí que te vigilemos. Y les informemos.

Sirius hizo un gesto de disgusto. Regulus continuó, sin bajar la mirada, — Y no lo haremos.
Ambos nos mantendremos al margen, ¿de acuerdo?

— Qué noble de tu parte. — Sirius respondió. James sonrió. Regulus volvió a poner los ojos en
blanco.

— Te digo que no soy tu enemigo, idiota. Tampoco Narcissa. Puedes hacer lo que quieras, eso es
entre tú y nuestros padres.

— Bien.

— Bien.

Los dos hermanos continuaron mirándose el uno al otro. Si ese hubiese sido James, habría
sonreído, le habría dado una palmada a Sirius en el hombro y todo habría quedado olvidado. Pero
Regulus era claramente tan testarudo como Sirius, y no sabía cuándo terminar una pelea.

— ¡Ay! — Peter dejó escapar un grito como un cachorro azotado y se agachó de repente. Barty
Crouch obviamente se había aburrido del drama familiar y había decidido bombardear en picado al
más pequeño de los merodeadores con su afilado avión de papel. Crouch se reía tontamente
mientras retrocedía y se preparaba para su segundo ataque, cuando James sacó su propia varita.

— Incendio. — Dijo, vagamente, moviendo su muñeca en dirección a Crouch. El avión, con las
alas ahora encendidas, se elevó hacia el niño de primer año con una velocidad aterradora. Crouch
dejó escapar un grito de angustia, cubriéndose la cara con los brazos mientras el proyectil en
llamas volaba directamente hacia él, solo para desaparecer en el aire, desmoronándose en una pila
de polvo y ceniza a centímetros de su nariz

— Vámonos. — Regulus murmuró a su amigo, que se había puesto pálido y miraba a James con
recelo. Ambos partieron de regreso hacia las mazmorras. — Narcissa dijo que te dijera que buena
suerte el sábado, Potter. —Regulus soltó por encima del hombro mientras doblaban una esquina.

James lo ignoró, siguiendo a Sirius a través del agujero del retrato. Una vez que estuvieron todos
en la sala común, Remus preguntó:

— ¿Qué hay el sábado?

— Partido de Quidditch. Gryffindor contra Slytherin. — James respondió, rápidamente.

—¡Ah! — Remus no era bueno para mantenerse al día con el horario de quidditch, solo iba a los
partidos de Gryffindor, y el último había caído el día después de la luna llena, así que se lo había
perdido de todos modos. Tendía a desconectarse cuando los demás empezaban a hablar de tácticas
y tablas de clasificación, enterrando su nariz más profundamente en su libro.

— Espero que los destroces, viejo. — Sirius gruñó, dejándose caer en el sillón más cercano.

— Planeaba hacerlo. — James dijo jovialmente, sentándose en el brazo de la silla. — Siempre que
no agarren la snitch demasiado pronto, y Marlene es la mejor golpeadora que hemos tenido en
años, así que...

James se detuvo en seco, dándose cuenta de lo que había dicho. Miró a Sirius. Este gimió y se puso
de pie.

— Me voy a la cama. —Él dijo.

...

Sábado 13 de enero de 1973

Había nevado durante la noche. Si Hogwarts fuera una escuela normal, pensó Remus de mal
humor, habrían cancelado el estúpido partido. Pero no; en cambio, la sala común de Gryffindor
estaba llena de emoción, todos hablando de cómo estas eran 'condiciones de vuelo perfectas'. Peter
y Remus se pasaron la mitad de la mañana tratando de lanzar hechizos de calentamiento duraderos
en el equipo de James. Sirius había hecho uno de sus actos de desaparición matutinos y no estaba a
la vista.

Adil Deshmakh, el capitán del equipo de Gryffindor, hizo que el equipo comiera juntos en el
desayuno, en lugar de con sus amigos. Todos se sentaron allí luciendo pálidos y cansados,
comiendo tazones uniformes de avena y fruta (por orden de Deshmakh). James era el único de
buen humor, a pesar de que no habían conseguido que el hechizo de calentamiento funcionara.

— ¿Dónde está Sirius?— Lily soltó un bostezo, mientras se sentaba junto a Remus, mordiendo una
rebanada de tostada con abundante mantequilla.

— No sé —, respondió Remus con un bostezo, abrazando su taza de té caliente como si su vida


dependiera de ello.

— De mal humor en alguna parte, probablemente. — Peter dijo con amargura. Remus le dio una
mirada penetrante. —¡¿Qué?! — El chico de cabello rubio frunció el ceño, indignado. — Él me
llama llorón todo el tiempo.

— Él estará aquí. — Remus dijo, ignorando a Peter. — Quiere vernos destruir a los Slytherin

Incluso Lily sonrió ante esto, a pesar de sus súplicas habituales por la unidad entre casas, hoy
estaba vestida de rojo y dorado de la cabeza a los pies, como todos los demás. Después del
desayuno, salieron juntos al campo de quidditch. Las gradas de Gryffindor del campo estaban
adornado con banderas y serpentinas rojas y doradas, además de cuatro grandes estandartes que
mostraban el león dorado de Gryffindor. Afortunadamente, alguien también había limpiado la
nieve de los bancos.

Lily y Peter querían conseguir los mejores asientos en lo más alto de las gradas de espectadores, y
Remus ya estaba temblando a pesar de llevar dos jerséis debajo de su capa.

— ¿Tienes frío, Remus? — Lily lo miró, mientras trataba de soplar aire caliente en sus manos
enguantadas.

— Solo un poco. — Él respondió, sarcásticamente, demasiado malhumorado para ser educado.

— Aquí,— Lily sacó su varita y lo agarró por las muñecas, apuntando a sus palmas; — Calidum
Vestimenta.

De inmediato, una deliciosa calidez se extendió por sus manos, hasta la punta de sus dedos helados.

—¡¿Cómo hiciste eso?! —Preguntó: — ¡Hemos estado intentándolo toda la mañana!

—Creo que está en la pronunciación. — Lily se encogió de hombros. Rápidamente aplicó el


mismo hechizo a la capa de Remus, luego a la de Peter.

Para cuando terminó, los dos equipos de quidditch se estaban reuniendo en el campo, que era lo
suficientemente amplio para que pudieran abrirse camino desde sus vestuarios, al menos. Estaban
parados en dos ordenadas filas: una escarlata y una esmeralda. Remus podía distinguir claramente a
algunos de los jugadores: la inconfundible mata de cabello negro azabache de James, la esponjosa
cola de caballo rubia de Marlene. También pudo ver a Narcissa Black, en el equipo contrario; alta y
esbelta, su cabello platino tejido en dos elegantes trenzas que caían por su espalda.

No había señales de Sirius.

— Por supuesto —, le dijo Peter a Lily, — en realidad no necesitamos ganar este, solo tenemos
que mantener nuestros puntos altos, siempre que terminemos con al menos seis goles, entonces nos
mantendremos en la cima de la clasificación de la liga. Black es una buscadora brillante, pero
Slytherin en general es bastante mediocre. Especialmente cuando miras a James, tenerlo es como
tener tres cazadores en uno.

Lily asintió cortésmente con la cabeza; la gente rara vez escuchaba a Peter cuando se trataba de
deporte. Remus ciertamente no lo hacía. Había intentado leer la copia torcida de Sirius de
'Quidditch a través de las Edades', pero nada en ella podía ayudarlo a entender el ridículo sistema
de puntos.

Madame Hooch hizo sonar su silbato debajo de ellos, y los jugadores montaron sus escobas, en
cuclillas, listos para el inicio.

Seguían sin haber señales de Sirius.

Remus estiró el cuello, mirando alrededor de las gradas, pero incluso con su excelente vista, no
podía ver a su amigo por ningún lado. Seguramente Peter no tenía razón, ¿No podía estar de mal
humor en alguna parte, no? Pensaba que había superado el rechazo del equipo de quidditch; había
estado en todos los partidos de ese año para apoyar a James. Solo porque este partido en particular
fuera contra Slytherin...

Madame Hooch volvió a hacer sonar su silbato y soltó la snitch. Los jugadores dispararon al aire
como balas de cañón rojas y verdes.

Seguía sin ver a Sirius.

Peter y Lily estaban de pie animando con todos los demás, así que Remus también se levantó e
intentó parecer involucrado en el juego. James tomó posesión de la quaffle a los pocos segundos de
estar en el aire, y la pasó por el aro en menos de un minuto. Las multitudes rojas explotaron
triunfantes, pero rápidamente fueron eclipsadas por un ruido ensordecedor como un trueno,

— ¡Rrrrrroooooaaaaar!

— ¡¿Qué fue eso?! — Lily miró a su alrededor con los ojos muy abiertos, junto con todos los
demás. Incluso los jugadores en el campo parecían sorprendidos. Remus miró hacia arriba y vio
que los leones en los estándartes de Gryffindor encima de ellos parecían haber cobrado vida, y
ahora merodeaban de un lado a otro sobre la marea roja, gruñendo y moviendo la cabeza
inquietamente.

— ¿Eso es normal? — preguntó, señalando. Lily y Peter sacudieron la cabeza, sin habla, mientras
los enormes leones rugían sobre ellos.

Remus sonrió, de repente. Reconoció esa magia; juguetona y un poco aterradora. — ¡Mira! —
Señaló de nuevo.

En la parte inferior de las gradas de los espectadores, más cerca del suelo, un joven Gryffindor con
túnica roja brillante también caminaba de un lado a otro, agitando su varita como la batuta de un
director. Sin duda, era Sirius, ¿Quién más tenía ese pavoneo demasiado confiado? - pero ya no era
calvo, sino que se había puesto una enorme peluca dorada, como la melena de un león. Remus
pensó que incluso podía ver una cola dorada arrastrándose por debajo de su túnica.

Una vez que todos lo vieron, la multitud se rió, incluso Ravenclaw y Hufflepuff. Pero Slytherin no
se rió, la parte de color verde de la multitud simplemente miró con furia la llamativa muestra de
orgullo por la casa.

Claramente, James no estaba distraído por las nuevas mascotas, sino alentado por ellas, que debía
de haber sido la intención de Sirius. Anotó al menos tres goles más, lo que resultó en tres rugidos
ensordecedores más, mientras que los Slytherins luchaban por recuperarse de la sorpresa.

— ¡Somos Gryffindors! — Sirius estaba cantando, su voz mágicamente amplificada,

— ¡Los poderosos Gryffindor! — La multitud gritó en respuesta.

Una vez que se acostumbró a todo el ruido, Remus comenzó a disfrutar de un juego de quidditch
por primera vez. James era como una mancha roja en el campo, lanzándose de un lado a otro; claro
que los otros cazadores también eran muy buenos, logrando mantenerse al día con sus complicadas
formaciones y pases. Marlene, bate en mano, estaba haciendo un trabajo asombroso no solo
protegiendo a los cazadores y buscadores, sino también apuntando bludgers al otro equipo,
Narcissa en particular.

Narcissa Black, sin embargo, estaba en su propia liga. Tenía un estilo de vuelo elegante y suave
que Remus reconoció por los intentos de Sirius de enseñarle a volar formalmente. Era rápida y
siempre fluía, como el agua. El buscador de Gryffindor estaba siguiendo sus movimientos,
esperando que ella lo llevara a la snitch, pero siguió esquivando y haciendo giros en falso para
confundirlo; dos veces enviándolo directamente al camino de una bludger. No era llamativa como
James, era eficiente y despiadada.
Gryffindor tenía una ventaja de cien puntos cuando Narcissa finalmente vio la snitch; Remus se dio
cuenta en el momento en que la vio. Su postura cambió; ella no apartó la mirada ni una sola vez. Se
quedó flotando durante unos momentos, mirando detrás de ella para ver dónde estaba el buscador
de Gryffindor. Él se estaba quedando atrás, sin saber qué estaba planeando ella.

En ese mismo momento, Maisy Jackson, una de las cazadoras de Gryffindor, anotó otro gol,
elevando la puntuación de Gryffindor a 130 contra 20 de Slytherin. Los Gryffindors se volvieron
locos, y Sirius agitó su varita con más entusiasmo. Los leones no solo rugieron esta vez, sino que
saltaron a través de los estandartes, hacia el aire invernal, donde se convirtieron en extrañas
sombras doradas que cruzaban el campo. El buscador de Gryffindor se lanzó para esquivarlos,
claramente aterrorizado, aunque luego desaparecieron justo por encima de su cabeza.

— ¡No, idiota! — La voz de Sirius hizo eco sobre los vítores.

Era demasiado tarde, Narcissa se había aprovechado de la distracción de su oponente y recogió la


snitch. Ella voló por encima de la multitud, sosteniéndola en alto triunfalmente. La multitud de
Slytherin finalmente estalló en aplausos, enviando chispas verdes y plateadas, vitoreando;

— ¡Black, Black, Black!

Por supuesto, esto fue muy confuso, ya que los Gryffindors también estaban cantando,

— ¡Black, Black, Black! — Mientras Sirius saludaba a la multitud. James descendió en picada
para aterrizar a su lado y despeinar la ridícula melena de su amigo, mientras la multitud ahora
cantaba: — ¡Pot-ter! ¡Pot-ter! ¡Pot-ter!

— Oh, bueno, — Peter le sonrió a Remus, — Perdimos, pero todavía estamos empatados con
Ravenclaw en la tabla de la liga, ¡todavía pasamos a la final!

A Remus no podía importarle menos.

Luego, se lanzaron al campo para felicitar a su equipo: Remus y Peter golpearon a Sirius en broma,

— ¡Nunca nos lo dijiste!

— ¡Podríamos haber ayudado!

Sirius solo sonrió y arrojó su glorioso cabello dorado.

— ¡Sirius! — Una voz débil y fría se abrió paso entre la multitud. Todos se volvieron. Narcissa
caminaba hacia ellos, todavía con su ondulante túnica esmeralda, una medalla de plata brillante
colgando alrededor de su cuello que hizo que Remus retrocediera detrás de Peter. Sirius se puso de
pie para enfrentarla. Ella le dio una sonrisa inesperada, — Quítate esa peluca obscena. — Dijo ella
bruscamente.

Él obedeció, frotándose la cabeza desnuda tímidamente. Narcissa sacó su varita y con un


movimiento de barrido, le dio unos golpecitos en la cabeza, —Crescere.

Los merodeadores y la multitud de Gryffindor a su alrededor jadearon. El cabello de Sirius


comenzó a crecer, como agua negra cayendo de su cabeza, hasta que volvió a su largo habitual.

— ¡¿Qué?! — Sirius agarró su cabeza. Narcissa sonrió, mostrando hileras de dientes como perlas.

— Eso es por tu ayuda para asegurar una victoria de Slytherin. — Con eso, se dio la vuelta, sus
trenzas platinadas se agitaron y se dirigió hacia su propio equipo.
James tiró de los cabellos recién restaurados de Sirius.

— Nunca voy a entender a tu loca familia, amigo.


Segundo Año: Descubrimientos

Después del histórico juego de Gryffindor contra Slytherin, se sintió como si el tiempo se hubiera
acelerando para Remus. Parte de esto se debió al restablecimiento del equilibrio en su dormitorio.
James era una vez más el héroe, la racha rebelde de Sirius había vuelto a fluir por completo, Peter
ya no estaba pisando cáscaras de huevo alrededor de ninguno de ellos, y Remus no tenía paz y
tranquilidad en absoluto, aunque difícilmente podía quejarse de eso.

Como si intentaran recuperar el tiempo perdido, James y Sirius atravesaron las últimas semanas del
invierno con un renovado entusiasmo por las bromas y las travesuras. Pasaron la mitad de su
tiempo bajo la capa de invisibilidad, lanzando maleficios a los estudiantes desprevenidos en los
pasillos, asaltando las cocinas y causando malestar general en el comedor. Al menos tres o cuatro
noches a la semana se arrastraban junto con el mapa de Remus para trazar el castillo, aunque la
mayoría de las veces regresaban con un montón de dulces de Honeyduke's. Peter a menudo trataba
de acompañarlos, pero Remus necesitaba dormir todo lo que pudiera.

Sus lunas llenas de Enero y Febrero no fueron buenas. Ninguna fue tan mala como la luna de
Diciembre que lo había dejado tan obviamente marcado, pero tampoco fueron agradables. Madame
Pomfrey estuvo implacable en su búsqueda para encontrar una solución: en Enero intentó hacer
desaparecer sus uñas ('solo temporalmente, entiendes, las tendrás de vuelta por la mañana') pero no
impidió que sus garras crecieran una vez que las la transformación dió lugar. Remus se sintió algo
aliviado por esto, ya que ella tenía planes de hacer desaparecer sus dientes a continuación.

En Febrero, intentó asegurarle los brazos y las piernas con esposas mágicas para evitar que se
lastimara. Ella se disculpó mucho por estas medidas, aún más cuando regresó por la mañana y
descubrió que él se había dislocado ambos hombros al liberarse de los grilletes. Estaba demasiado
cansado para preocuparse sobre eso mucho.

Por mientras, participaba en menos bromas que el año pasado. Remus decidió dedicarse a sus
estudios. En secreto, Remus esperaba aprovechar la determinación de Sirius y James de no
concentrarse en su trabajo escolar. Quería volver a ser el primero en Historia de la Magia y sabía
que tenía una buena oportunidad, no solo eso; sus notas habían ido mejorando cada vez más en
Transformación, Herbología y Astrología también, y al menos tenía la oportunidad de estar entre
los tres primeros.

Encantamientos y Pociones todavía le pertenecían a Lily Evans, pero quería cerrar la brecha entre
ellos tanto como fuera posible. Como tal, finalmente superó su miedo a la biblioteca y pasó casi
todas las horas libres que tenía allí, completando ensayos y revisando sus tareas. Su lectura había
mejorado bastante; seguía siendo lento si no usaba el hechizo, pero descubrió que su práctica
constante lo ayudaba a reconocer las letras mucho más rápido que antes.

Lily también estaba a menudo en la biblioteca, y después de unos días de asentirse cortésmente
entre sí a través de los escritorios, Lily recogió sus cosas y se sentó a su lado. Se llevaban muy bien
juntos, ya sea leyendo en voz baja o preguntándose sobre varios puntos.

Inevitablemente, Lily fue la segunda persona después de Sirius en descubrir el secreto de Remus.

— ¿Por qué haces eso? —Preguntó ella, mirándolo con curiosidad.

— ¿Hacer qué?

— Cada vez que abres un libro nuevo, pones la mano sobre él y te rascas la cabeza con la varita.
— No, no lo hago. — Remus bajó su varita, culpable.

— Si lo haces. — Lily dijo con calma, una pequeña sonrisa jugando en sus labios, —También
murmuras algo. ¿Puede ser un hechizo?

—Um.

— Oh, vamos, dime, ¿Tiene algo que ver con los libros? ¡¿Es así como descubres todo más rápido
que yo?!

Remus estaba tan complacido con este cumplido así que bajó la guardia por una vez.

— ¿Prometes que no le dirás a nadie?

— Lo prometo.

— Es para ayudarme a leer. No soy ... no puedo ... um ... bueno, lo encuentro más difícil que los
demás. Leer, de la forma habitual.

— ¡Wow! ¡¿Como funciona?! — Sus ojos se agrandaron, como siempre hacía cuando estaba
emocionada por algo. Remus estaba sorprendido, ella no parecía interesada en escuchar o saber que
él no podía leer normalmente.

— Así —, le mostró. Ella le copió, pero terminó decepcionada.

— No funciona.

— Es muy difícil de hacer. — Explicó: — Me tomó mucho tiempo hacerlo bien.

— ¿Dónde lo averiguaste? ¡Eso es muy, muy avanzado!

— Yo no... Sirius lo creo. No creo que esté escrito en ninguna parte, sonaba más como si hubiera
juntado algunos hechizos diferentes. Probablemente por eso es un poco... torpe.

— ¡¿De Verdad?! — Si los ojos de Lily se agrandaban más, estaban en peligro de salirse de su
cabeza. — ¡Sabía que era más inteligente de lo que deja ver en las lecciones! ¡Oh, ese idiota!
¡Muestrame de nuevo!

Además de Lily, Remus a menudo se encontraba con sus amigas, Mary y Marlene. Al principio no
estaba seguro de este nuevo sistema; por lo general, trataba de evitar a las otras chicas de su año
simplemente por instinto. Además, las dos M generalmente se encontraban riendo tontamente al
final de la clase o adulando a alguna celebridad mágica en la sala común. Sin embargo, se
sorprendió gratamente al descubrir que ambas chicas se tomaban sus estudios tan en serio como él,
y que de hecho, su interés por las estrellas del pop mágicas no era muy diferente de la obsesión de
Sirius y James con sus equipos de quidditch favoritos.

Fue particularmente agradable hablar con Mary: era nacida de muggles y era del sur de Londres; su
acento hizo que Remus se sintiera extrañamente en casa. No era pretensiosa y tenía una amplia
sonrisa junto con una risa fuerte y contagiosa. Marlene era un poco más tranquila, pero
histéricamente divertida y capaz de imitar a casi cualquier persona en la escuela, incluidos los
profesores. Su McGonagall fue espectacular; Remus literalmente lloró de risa.

Las tres chicas fueron excepcionalmente amables con Remus, y él sabía que esto se debía
principalmente a que pensaban que estaba enfermo. Sin embargo, no le importaba, porque estaba
aprendiendo muchas cosas interesantes de ellas. Por un lado, Mary tenía un hechizo para cubrir las
imperfecciones, que no desapareció por completo sus cicatrices, pero redujo notablemente su
apariencia. Ni siquiera había pensado en buscar una solución en una revista de belleza.

Le presentaron varias otras cosas femeninas: Mary estaba enamorada de Sirius y Marlene de
James. Remus pensó que ambas estaban completamente locas y se preguntó si se sentirían de la
misma manera si ellas tuvieran que compartir un baño con Potter y Black.

A cambio, Remus las ayudó con Historia de la Magia, ya que aparentemente era el único
estudiante en toda la escuela que realmente encontraba interesante al Profesor Binns. Marlene era
excelente en Astronomía y le mostró cómo trazar sus constelaciones usando algunos ingeniosos
dispositivos mnemónicos.

— Eres tan amable, Remus — dijo Mary, con su habitual tono de sinceridad una noche mientras
caminaban juntos hacia la sala común, — Marlene y Lily te tenían miedo en primer año.

— ¡¿Qué?! — Remus casi deja caer sus libros por la sorpresa.

— ¡Mary, no seas tan grosera! — Siseó Marlene.

— Eras bastante agresivo — explicó Lily, — Y James empezó a decirle a todo el mundo que eras
realmente rudo, y que estabas en una banda.

Remus resopló de risa.

Cuando entraron a la sala común, rápidamente vio a Sirius, James y Peter acurrucados en un
rincón, leyendo un libro muy grande y grueso. Marlene y Mary se echaron a reír cuando los vieron
y corrieron escaleras arriba. Lily compartió una mirada de complicidad con Remus antes de
seguirlas.

Los merodeadores miraron hacia arriba cuando su amigo se acercó, y Peter muy visiblemente
cubrió el libro que estaban leyendo con unas hojas de pergamino.

— ¿Todo bien, chicos? — Remus dijo, estirando el cuello, — ¿Qué están haciendo?

— ¡Nada! — James dijo alegremente: — ¿Dónde has estado?

— En la biblioteca, — dijo Sirius, antes de que Remus pudiera siquiera abrir la boca, — Con su
club de fans.

Remus sonrió,

— Púdrete Black, sé cuando estás celoso. — Había elegido no decirles a sus amigos que a Marlene
y Mary les gustaban. Es posible que sus egos no sean capaces de soportar seguir creciendo. De
todos modos, no quería cambiar el tema, — En serio, ¿qué escondes ahí?

Los tres se miraron con culpabilidad, y Remus sintió una punzada de dolor. Todos estaban
tramando algo sin él; debería haberlo sabido. Supuso que era justo, se había negado a participar en
cualquier broma durante tanto tiempo que ahora no querían incluirlo en absoluto.

— ¡Tu cumpleaños! — Peter estalló de repente. — Falta poco.

— Sí — Remus se rascó la cabeza y dijo, — La semana que viene.

— ¡Estamos planeando una sorpresa! — Peter dijo, sonriendo ampliamente, claramente muy
satisfecho consigo mismo. Remus no se perdió la mirada de molestia de James, y supo de
inmediato que Peter estaba mintiendo. Bien. Si no querían decírselo.

— Oh, claro —, tragó, forzando una sonrisa, — Bueno, será mejor que no planeen avergonzarme
como el año pasado.

— ¡Oh no, nunca! — Sirius sonrió, poniéndose de pie, juntando el libro contra su pecho, el título
aún oculto, —¿Somos el tipo de amigos que querría avergonzarte, Lupin?

— Sí, lo son. — Remus asintió con la cabeza, lentamente, entrecerrando los ojos, — Nada de
cantos. Nada de grandes fiestas. Nada que vaya a…

— Meterte en problemas, lo sabemos —terminó James, poniéndose de pie también. —Oye, ¿por
qué no invitamos a tus nuevas amigas, eh? Nos hace bien mezclarnos con el sexo opuesto, ¿no
crees?

— Bien, — Sirius se agitó el cabello, — Es más porque quiere tener una oportunidad de estar con
Evans.

— ¡Cómo te atreves! — James respondió, con las mejillas ligeramente más rosadas de lo habitual.

...

— Así que si estás no en una banda, — Mary reflexionó, unos días más tarde. Estaban revisando
los ensayos de Herbología del otro y Mary era la lectora más rápida, así que ya había terminado.
— ¿De dónde sacaste todos los cortes y magulladuras?

— Mascota, un conejo — respondió Remus, todavía leyendo el ensayo de Marlene, —


temperamento fuerte.

Lily le sonrió.

— ¿Oh si? ¿Pensé que vivías en una casa?

— Así es. — Dijo con frialdad: —Se nos permite tener mascotas. — Eso era algo cierto: habían
habido peces de colores, durante un tiempo, hasta que uno de los chicos mayores volcó el tanque,
enfurecido.

— Oh, ¿en un hogar para niños? — Mary miró hacia arriba, —¿Tú también eres nacido de
muggles?

— No — dijo Marlene, rápidamente, — Lupin es un nombre de mago, ¿tu papá? —Ella lo miró en
busca de confirmación. Él asintió con la cabeza, inquieto.

— Sí, ¿cómo lo supiste?

— Vi el nombre en un trofeo.

— ¿Un ... trofeo?

— Si. No recuerdo de qué, creo que fue fuera de la sala común de Ravenclaw.

— Correcto. — Nunca había echado un vistazo a ninguno de los trofeos a excepción de la Copa de
Quidditch, a la que James se detenía para rendir homenaje al menos una vez a la semana. De
repente se sintió invadido por un impulso irreprimible de correr hasta el pasillo de Ravenclaw,
dejando caer el ensayo que estaba leyendo.
Lily lo miraba.

— Ve, Remus —, dijo en voz baja, tomando el pergamino de él. Las otras dos chicas también lo
miraban, con un poco de lástima. Ellas asintieron. Prácticamente se levantó de un salto.

No estaba exactamente seguro de que esperar. Apenas pudo leer durante unos momentos; estaba
sin aliento de correr tres tramos de escaleras. El estante era de caoba y vidrio, pulido regularmente
por Filch, o los elfos domésticos, supuso. Estaba repleto de trofeos y premios por cientos de logros
diferentes; Wizard Chess Champion, Triwizard Tournament Victor, Droobles Best Bubble Gum
Blowing Finalista.

Y ahí estaba. Una enorme estatuilla dorada que representa a un mago levantando su varita en una
postura tonta, como si estuviera jugando con una pelota de tenis. Lyall Lupin, Campeón de Duelos
de Hogwarts, 1946.

Lo miró durante mucho tiempo, leyendo y releyendo. Trató de pensar con lógica. Esto solo
confirmó cosas que ya sabía. Su padre había estado en Ravenclaw, McGonagall le había dicho eso
en su primer año. Era bueno en los duelos, excepcionalmente bueno, aparentemente. Tanto
Slughorn como el borracho Darius le habían dicho eso. Realmente, todo lo que esto hizo fue
confirmar que su padre había estado en Hogwarts, que había pertenecido a Hogwarts.
Probablemente había tocado ese mismo trofeo. Remus presionó sus dedos contra el vidrio como si
pudiera atravesarlo y agarrarlo.
Segundo Año: Trece

Sábado 10 de marzo de 1973

Los merodeadores no podrían haber estado más felices al descubrir que el cumpleaños de Remus
caía un sábado ese año. Esto, en su opinión, abria el día a todo tipo de emociones que simplemente
no serían posibles en un día de semana.

A medida que se acercaba el día, Remus trató de ignorar las burlas y las insinuaciones de mano
dura sobre lo que les esperaba. No le importaba lo que hicieran, confiaba bastante en ellos; se podía
confiar en que se burlarían de la situación, pero hasta ahora nunca lo habían convertido en el
blanco de la broma. James había estado recibiendo extraños paquetes abultados encuadernados en
papel marrón durante la semana pasada y la única esperanza de Remus era que no fueran regalos
para él, nunca podría devolverle el favor.

Remus pensó mucho en tener trece años, específicamente en ser un mago de trece años con un
pequeño problema peludo. El descubrimiento de la estantería de trofeos de Ravenclaw había
causado cosas muy extrañas en el interior de Remus. Siempre había pensado que tenía una idea
bastante clara de quién era: un chico en un hogar de niños, pobre, un poco pequeño, enojado, malo,
lleno de cicatrices, bruto cuando se trataba de cosas de la escuela, pero lo suficientemente
inteligente cuando contaba. Venir a Hogwarts había hecho que realizara algunos cambios, por
supuesto - tal vez no era tan bruto, aunque todavía estaba seguro de todo lo demás.

Su padre había sido realmente inteligente. Después de todo, había estado en Ravenclaw. El
sombrero seleccionador también había considerado a Remus para Ravenclaw, pero cambió de
opinión. Eso no había significado mucho para él en ese momento, pero ahora se preguntaba y se
cuestionaba al respecto. ¿Y si lo hubieran clasificado en Ravenclaw? ¿Sabría ahora más sobre su
padre? ¿Sobre quién era?

¿Y si su padre no se hubiera suicidado? ¿Y si nunca lo hubieran mordido? - 'Y si' era un juego
peligroso.

Mientras se dormía la noche antes de su cumpleaños, Remus se deslizó en un sueño que no había
tenido en mucho tiempo.

Está acostado en una cama en una habitación pequeña de color azul pálido. Es verano y la ventana
de guillotina está abierta de par en par; cortinas ondeando. La ventana es enorme, lo
suficientemente grande como para que pase un hombre adulto. Remus es muy pequeño y está muy
asustado.

Hay alguien en la habitación con él y lo van a lastimar. Es un monstruo, su madre prometió que no
eran reales, pero ¡oh! Oh, ella es una mentirosa, una horrible mentirosa, porque si hay un monstruo,
y ahora está cruzando la habitación; ¡Viene hacia él y se lo comerá!

— ¿Quién le teme al lobo feroz?

Cierra los ojos con fuerza y se esconde bajo las sábanas y tiembla y solloza,

Entonces ... entonces no hay nada, nada sólido, nada real. Tiene dolor, hay tanta sangre, tantas
lágrimas y mucho ruido. Solo quiere dormir. Otro hombre se cierne sobre él, alto, delgado y
preocupado.

— Papi.
—¡LUMOS MAXIMA!

Remus se despertó con una sacudida, casi gritando. El dormitorio estaba lleno de una luz brillante y
antinatural, que atravesaba las cortinas de su cama, haciéndolo entrecerrar los ojos. Solo tuvo
tiempo de secarse las lágrimas de sus mejillas antes de que Sirius y James corrieran las pesadas
cortinas, cantando,

— ¡Feliz cumpleaños, Lupin!

— Todavía es de noche, idiotas.— Entrecerró los ojos, se los frotó y se sentó. Intentó que su
corazón dejara de latir tan fuerte.

— Es precisamente un minuto después de la medianoche —, dijo Sirius, — y por lo tanto


oficialmente es tu decimotercer cumpleaños.

— ¿Dónde está Pete? — Remus se levantó de la cama y caminó en la habitación. Lo habían


decorado al azar con serpentinas que, estaba seguro, usualmente adornaban el campo de quidditch
los días de partido, y cadenas de luces de colores sobrantes de Navidad.

— En una misión. — Dijo James, con los ojos brillando. — Vamos, levántate y vístete.

— ¿A dónde vamos?

— A ninguna parte —, respondió Sirius, alegremente — Pero querrás vestirte adecuadamente para
cuando lleguen tus invitados.

— ¡¿Mis invitados?!

— Por supuesto, — Sirius sonrió, — Tratamos de mantenerlo solo para merodeadores, pero mucha
gente quería celebrar contigo, ¿Sabes?

Remus no podía decir si Sirius estaba siendo sarcástico, así que decidió no responder, en su lugar
se puso un par de jeans y una camiseta de manga larga que se veía lo suficientemente limpia.
Cuando se terminó de vestir, hubo un golpe seco en la puerta

— ¡Adelante! — Gritó James, alegremente. Sirius vio la mueca de dolor de Remus y explicó:

— Está bien, pusimos un hechizo silenciador en la habitación.

Remus frunció el ceño.

— Entonces ... ¿Quién esté al otro lado de esa puerta no puede escucharnos?

James se llevó la mano a la frente.

— Somos unos idiotas. — Le gruñó a Sirius, abriendo la puerta.

Peter estaba afuera, luciendo muy contento y muy rosado, rodeado de Lily, Marlene y Mary.
Remus se quedó boquiabierto cuando entraron en la habitación, todos sonriendo ampliamente y
claramente emocionados de haberlo sorprendido. Todos llevaban tarjetas y paquetes pequeños
también.

— ¿No pensé que a las chicas se les permitiera entrar aquí?

— La encantadora Mary lo probó por nosotros la semana pasada, no parece que suceda nada malo
— explicó James.
— Un día todos leerán Hogwarts: una hitoria, y finalmente podré descansar. — Sirius suspiró,
sacudiendo la cabeza trágicamente.

James había comenzado a sacar paquetes de debajo de su cama, abriéndolos. Parecía que habían
vuelto a allanar Honeyduke's: se desenterraron montañas de dulces; Frijoles de todos los sabores de
Bertie Bott, ranas de chocolate, whizzbees burbujeantes, chicle Droobles Best Blowing, sorbete de
limones, pasteles de caldero, sin mencionar el botín que Peter había traído de la cocina;
sándwiches de jamón, mayonesa de huevo, pollo a la corona, queso y pepinillos, paquetes de las
patatas fritas del sabor favorito de Remus, sal y vinagre, huevos escoceses, panecillos de salchicha,
pasteles de cerdo, palitos de queso y piña, además de algunas frutas que había tomado
rápidamente.

Sirius, mientras tanto, estaba colocando mantas sobre las tablas del piso y esparciendo algunos
cojines de felpa de terciopelo,

— Lupin — dijo con una amplia sonrisa, — ¡Bienvenido a tu fiesta de medianoche!

— ¡Feliz cumpleaños, Remus!— Las chicas cantaron, como una.

Todos se sentaron juntos, y Sirius colocó un disco en su reproductor (eventualmente abrió sus
regalos de Andromeda), según lo solicitado, recibió dos álbumes de Bowie: Hunky Dory y The
Man Who Sold the World .

— Siéntate a mi lado, Sirius —dijo Mary rápidamente, ganándose una mirada de reproche de
Marlene. Sirius se encogió de hombros y consintió, pero se inclinó para entregarle un paquete a
Remus.

— ¡Abre esteprimero!

Era largo y cilíndrico, muy ligero y mal envuelto.

— No tenías que darme nada. — Remus murmuró, desenroscando los extremos.

— ¿Un póster? — Lily frunció el ceño, mirando como Remus desplegaba el grueso papel brillante.
Era una enorme impresión A2 de David Bowie en blanco y negro, con un traje plateado brillante y
dando una patada alta ligeramente desigual.

— Conseguí que Andromeda me lo enviara en Navidad — sonrió Sirius, incapaz de contenerse, —


¡Pero lo he encantado para que se mueva!

— ¡Wow! — Remus le devolvió la sonrisa, sinceramente, —¡Gracias! Es asombroso.

Todas las chicas le habían comprado paquetes de dulces y pasteles, y Lily le dio un libro sobre
pociones. Él la miró con escepticismo y ella sonrió.

— No puedo seguir dándole a Severus una razón para enseñorearse de ti.

— Por favor, no menciones el nombre de Snivellus en esta ocasión tan sagrada.— James dijo con
fingido horror. Lily puso los ojos en blanco y volvió a su tarta de mermelada, ignorándolo
visiblemente. James pareció apenas darse cuenta, simplemente se aclaró la garganta y miró a
Remus, sus ojos oscuros llenos de maldad, —Mi regalo llegará más tarde ... una vez que todos
estemos llenos hasta reventar.

— Oh Merlín, Potter — se rió Marlene, — ¿Qué tienes planeado?


No dijo nada.

Remus tuvo que admitir que se estaba divirtiendo, había esperado que James y Sirius respetaran sus
deseos y mantuvieran las celebraciones solo para los merodeadores, pero invitar a las chicas no
estaba tan mal. Ahora las conocía a todas bastante bien, y de hecho disfrutaba bastante de su
compañía. Mary podía hacer que Sirius corriera por su dinero cuando se trataba de la mejilla
descubierta y, como Remus había predicho, las impresiones de Marlene sobre los miembros de la
escuela tenían a los merodeadores en puntadas: Peter incluso tuvo que ir y cambiarse de camisa
después de escupirse jugo de calabaza a él mismo.

— Empiezo a ver por qué Remus nos ha estado abandonando por ustedes. — James dijo alrededor
de la una y media, secándose las lágrimas de risa de las esquinas de sus ojos.

— Sí, no están mal, para ser chicas, — Sirius le guiñó un ojo a Mary, quien se burló y le dio un
empujón juguetón.

— Sí, no tiene nada que ver con que yo quiera hacer mi tarea. — Remus respondió secamente,
preguntándose si podría manejar otra rana de chocolate.

— Oh, cómo han cambiado los tiempos — dijo Sirius con altivez.

— Quiero verlos reírse cuando Remus les gane a todos en nuestros exámenes. — Lily bromeó.

— ¡Pah! — James se levantó y se estiró elaboradamente como si estuviera a punto de realizar una
gran hazaña. —¡Exámenes! Los merodeadores tenemos mayores preocupaciones. Mi querido Sr.
Black, Sr. Pettigrew — hizo un amplio gesto hacia la ventana del dormitorio,— ¿Vamos?

— ¡Por George! — Sirius se puso de pie, abruptamente, —¡¿Es la hora?!

James cerró los ojos solemnemente y asintió.

— De hecho, lo es.

— ¡Entonces date prisa! — Peter lloró, levantándose también.

Las chicas se lanzaron miradas nerviosas entre sí y luego a Remus, quien solo pudo encogerse de
hombros para mostrarles que no tenía idea. Sirius, Peter y James se acercaron a la ventana y la
abrieron. Estaban inquietos por la emoción, la falta de sueño y el exceso de azúcar, y seguían
riéndose como niños traviesos.

— ¡Vengan! — Peter hizo una seña a los demás, apresuradamente, — ¡Querrán ver!

James produjo una colección de objetos de color rojo brillante que parecían un cruce entre cohetes
espaciales y cartuchos de dinamita. Sus brazos estaban llenos, y también los de Sirius.

— ¿Son esos ... — Marlene arrugó la nariz, — ¿No el Dr. Filibuster?

James solo dio una sonrisa maníaca.

— ¡Oh no! — Lily dijo: — ¡Se supone que no debemos hacerlo! ¡Despertarás a todo el castillo!

— Piérdete si no te gusta, Evans —, espetó Sirius, entregándole algunos cohetes a Peter, —


Prometiste no estropear nada.

— Remus, — Lily se volvió hacia él, — ¡Diles, a ti te escucharán!


— No, no lo harán — respondió Remus, — ¡De todos modos, quiero ver! Nunca he visto los
fuegos artificiales mágicos.

— ¡Te espera un espectáculo! — Sirius le guiñó un ojo.

— ¡¿Cuántos necesitas?! — Mary lo miró fijamente, sonando impresionada.

— Trece, obviamente.

— Todos se van a meter en tantos problemas ...

— ¡Oh, deja de ser tan buena, Lil! — Marlene pasó su brazo alrededor de la pelirroja.

— No dejaremos que ninguna de ustedes se meta en problemas. — James dijo, con sinceridad, sus
lentes se le resbalaron por la nariz mientras luchaba por mantener el control de su carga. — No te
preocupes.

— No estoy preocupada.— Lily se cruzó de brazos desafiante. —Solo creo que todos ustedes están
siendo ...

— ¡Vaya!

* BANG *

— ¡Peter!

Todos se asomaron a la ventana para ver el cohete que Peter había lanzado cayendo al suelo en un
torrente de chispas verdes y doradas.

— Lo siento ... —Peter parecía avergonzado. Sirius se rió,

— No, gran trabajo. Ahora que hemos comenzado, debemos continuar ¿eh? — comenzó a arrojar
sus propios fuegos artificiales por la ventana, claros en el aire de la noche. James y Peter
rápidamente siguieron su ejemplo y pronto incluso Lily se había olvidado de enfadarse mientras
todos miraban con asombro la espectacular exhibición que iluminaba el cielo estrellado.

Los fuegos artificiales duraron mucho más que los muggles, algunos estallaron diez o doce veces
antes de apagarse. Cambiaron los colores de rojo a verde, de púrpura a naranja, retorciéndose y
girando en varias formas, y finalmente deletrearon 'FELICES TRECE AÑOS REMU'.

Sirius suspiró, irritado por eso,

— Sabía que eran demasiadas letras.

Además del deslumbrante despliegue de luces, los fuegos artificiales eran satisfactoriamente
ruidosos, tanto que Remus ya podía escuchar a los otros Gryffindor en la torre abriendo sus
ventanas para ver si el castillo estaba siendo atacado. Estaba seguro de haber oído a quien estaba
en la habitación de arriba murmurar:

— Esos malditos merodeadores han vuelto a hacerlo.

Inevitablemente, alguien comenzó a golpear la puerta y la voz aguda de McGonagall se escuchó al


otro lado.

— ¡Pottee! ¡Black! No crean que no sé que está detrás de esto, ¡ABRAN ESTA PUERTA!
— ¡Oh, mierda! —James hizo una mueca, — Mejor métanse debajo de las camas, señoritas...

Una vez que todos fueron completamente reprendidos, prometidos de tener dos meses de detención
y cartas a todos sus padres, McGonagall (quien era un espectáculo para la vista en su camisón de
tartán rojo) los dejó y Marlene, Lily y Mary regresaron a regañadientes a su propio dormitorio.
Eran las dos de la mañana para entonces, y los chicos decidieron que finalmente era hora de
acostarse.

— Feliz cumpleaños, Remus — gritó Peter, seguido de un bostezo sonoro.

Remus sonrió para sí mismo en la oscuridad, sus mejillas casi dolían.

— Sí — respondió Sirius, — Feliz cumpleaños, Remu


Segundo Año: ¿Qué hay en un nombre?

Lunes 19 de marzo de 1973

— Tengo una buena noticia — Madam Pomfrey sonrió cálidamente, — No quería mencionarlo en
caso de que no pudiéramos arreglar las cosas a tiempo, pero me verás durante el verano.

Por un momento, Remus se atrevió a esperar que eso significara que no regresaría a St. Edmund's,
pero la medibruja continuó: —La señora Orwell, su Matrona en el hogar de niños, me ha permitido
amablemente que me aparezca en los jardines al amanecer siguiendo a ambas lunas llenas este
verano. — Ella sonrió ampliamente.

Ah bueno. Era mejor que nada. Él le devolvió la sonrisa débilmente,

—¡Excelente! — Gruñó. Sus brazos y piernas se sentían pesados como el plomo, apenas podía
levantar la cabeza para beber la poción que ella le estaba ofreciendo.

Eran alrededor de las cuatro de la tarde y Remus se había perdido sus lecciones, había estado
durmiendo la mayor parte del día. Dormir seguía siendo el único remedio que parecía funcionar
realmente.

— Le dije a Dumbledore que lo haría con o sin su permiso; no podría vivir conmigo misma si
llegaras aquí en Septiembre en el mismo estado en el que lo hiciste el año pasado.

— Podría quedarme en la casa de un mago este verano, eso sería aún más seguro —, intentó
Remus, — Mi amigo James...

— Lo siento, querido — Madame Pomfrey negó con la cabeza, — No es lo suficientemente


seguro. Los Potter se pusieron en contacto, pero necesitamos preservar tu anonimato tanto tiempo
como podamos. Sé que no es muy divertido para ti, pero es mejor que te quedes con los muggles.

Remus cerró los ojos y respiró hondo. Solo serían dos meses, y aún faltaban siglos para el verano.
Mantente positivo, mantente positivo.

Un repentino ruido de traqueteo al final de la sala sacó a Remus de su canto meditativo. Madame
Pomfrey frunció el ceño y se volvió para mirar alrededor de la cortina de la cama de Remus.

— ¡Señor Pettigrew! — Ella gritó: — ¡¿Qué crees que estás haciendo?!

— L-lo siento Madame Pomfrey... sólo estábamos ...

— ¡Recoja esas orinales ahora mismo y vuelva a guardarlas en el armario! Y puede borrar esa
sonrisa de su rostro, Sr. Black, échele una mano.

— Hola, Remu — James se asomó por la cortina, — Lamento todo el ruido.

Remus sonrió, tratando de sentarse.

— Está bien.

— ¡Acuéstate! — Madame Pomfey lo reprendió: —Te has roto tres huesos, pequeño.

— ¡Me siento mucho mejor!


*CHOQUE*

— SEÑOR PETTIGREW, ¿QUÉ DIJE? — Madame Pomfrey desapareció, luciendo muy enojada.

James se dejó caer en la silla junto a la cama de Remus.

—¿Listo para irte? — Preguntó casualmente. Remus siempre podía contar con que James no lo
tratara como a un inválido.

— Si ella me deja, — Remus asintió con la cabeza hacia la cortina por donde Pomfrey había
desaparecido detrás. — ¿Cómo estuvo el partido?

— Los destroce. — James asintió con entusiasmo, dejando caer la snitch en el regazo de Remus.
Se pasó los dedos por el pelo como para recuperar la sensación de haber aterrizado. — Hice llorar
a uno de los golpeadores de Ravenclaw.

— Que agradable.

— ¿Cómo estuvo ... ya sabes, tu noche?

— Bien. — Remus respondió secamente, torciendo su boca. No solían hablar de lunas llenas, y
Remus estaba muy contento por eso. No le gustaba la idea de que supieran demasiado. El dolor era
algo personal.

— Tres huesos rotos, ¿Fue lo que dijo?

— Sí. Sin embargo, todo está arreglado ahora, es increíble, solo necesita un hechizo. Los muggles
tienen que usar yesos durante semanas y semanas.

— ¡Que extraño!

— ¡REMU! — Sirius corrió la cortina, — ¡Estás VIVO! —Cayó dramáticamente a los pies de la
cama, — Estaba convencido de que ella estaba tratando de tapar algo, la vieja murciélaga no nos
dejaba pasar.

— No la llames así — respondió Remus, irritado, — ¡Y no me llames así!

— Pero querías un apodo — dijo Sirius, sonando ofendido mientras se ponía de pie. Peter apareció,
luciendo hosco con las manos en los bolsillos.

— No, no lo quería. — Remus frunció el ceño, —¿Cuándo dije alguna vez que..

— El año pasado. — Sirius dijo rápidamente: — Hace casi exactamente un año, dijiste que no te
importaría que te llamaran de ninguna manera siempre que no fuera Loony Lupin.

— Dios, tienes una memoria como la de un elefante. — Remus puso los ojos en blanco. — De
todos modos, — bajó la voz, en caso de que Madame Pomfrey estuviera acechando cerca, — El
objetivo de tener un apodo era que nadie supiera quién escribió el mapa. No creo que 'Remu' vaya
a engañar a nadie.

— Tiene un punto. — James dijo, sabiamente: — Por más gracioso que sea.

— Muy bien, — Sirius exhaló un suspiro, — ¿Pero podemos llamarte Remu hasta que se nos
ocurra algo mejor?

— No.
— Aburrido. — Sirius buscó algo más que decir, evitando notoriamente mirar los vendajes de
Remus. — Entonces, ¿Nos vamos de aquí o debo prepararme para un emocionante juego de snap?

— No va a ir a ninguna parte — se apresuró a entrar Madam Pomfrey, — Dejaré al señor Lupin en


observación durante la noche.

— ¡No! — Remus protestó, — ¡Me siento mucho mejor! — Él siempre decía eso - no era cierto
por lo general, pero sabía que iba a comenzar a sentirse mejor con el tiempo, y no importaba
mucho si estaba en la enfermería o no.

— No estoy siendo deliberadamente cruel, Remus — suspiró la enfermera, — Esto es por tu salud.

— ¡Me iré directo a la cama!

— ¡Cuidaremos de él! — James dijo, con seriedad, poniéndose de pie. Remus esperó para ver si
eso funcionaba, James era bueno con los adultos, especialmente con las brujas. Incluso se sabía que
ablandaba a McGonagall una o dos veces (aunque eso podría haber tenido más que ver con sus
habilidades de quidditch).

Madame Pomfrey no se inmutó.

— Lo siento, Sr. Potter, pero no.

— Bien. — Peter dijo, inusualmente firme. — Entonces nos quedaremos aquí.

— Sí. — Sirius y James dijeron, como uno.

— ¡Se perderán la cena! — Dijo Remus.

— Estoy segura de que podemos arreglar algo solo por esta vez. — Madam Pomfrey dijo, tratando
de no sonreír. —Muy bien, chicos, pero deben guardar silencio. Y sigue con tu tarea, no permitiré
que usen al Sr. Lupin aquí como una excusa para no entregar nada.

Con un movimiento de su varita aparecieron tres sillas más de la nada, junto con un largo escritorio
de madera de pino, con tinteros para sus plumas. Remus abrió la boca para hablar, pero Madame
Pomfrey aparentemente era psíquica —Y no, Remus, no hay tarea para ti. Solo descansa.

Remus cerró la boca y se recostó. ¿Cómo se suponía que iba a mantenerse por delante de Sirius y
James si la mujer no le dejaba estudiar?

— ¿Puedo leer mi libro? — Preguntó inocentemente.

— Siempre y cuando no fuerces la vista.

Ella se fue y los otros tres chicos sacaron obedientemente sus deberes y comenzaron a garabatear.
Remus estiró el cuello para tratar de ver en qué estaban trabajando; estaba al día con el suyo, pero
había estado leyendo algo adicional en Encantamientos en un intento de derrotar a Lily en sus
próximos exámenes.

— Ah ah ah, — James cubrió su trabajo con su manga, — No mires, Remu, solo descansa.

— ¡Uf, llámame Loony! — Remus gimió, — ¡Cualquier cosa menos Remu!

— ¡Pero te queda bien! — Sirius dijo, por encima de su pluma, —Reeeeemuuuuuu.

— Detente o te muerdo.
— Reeeeemuuuu.

— ¡Reeeemuuu! — Peter se unió, los tres chicos riendo histéricamente, pero tratando de no ser
escuchados.

— Odio mi nombre. — Remus se cubrió la cara con el libro que estaba leyendo. No era justo,
James Potter era tan tranquilizadoramente normal; Peter Pettigrew era perfectamente respetable y
Sirius Maldito Black era el nombre más genial de todos, se mire por donde se mire. — Podrían
llamarme de cualquier forma, no sé qué podría ser peor.

— ¿Loony Remu? — James sugirió amablemente. —¿Remoony?

Sirius apenas podía respirar de la risa ahora.

—¡REMOONY! — Él resopló, colapsando sobre su escritorio, temblando de hombros.

— Moony es bastante bueno. — Peter dijo de repente, muy sobriamente.

— ¿Eh?

— Moony. Como apodo

Remus lo miró fijamente, no acostumbrado a prestar mucha atención a lo que decía Peter. Lo
pensó, dando vueltas al nombre en su cabeza. Sonaba como Loony, pero no era ni de lejos tan
horrible.

— No lo odio. — Dijo finalmente.

— Me encanta. — James dijo: —Moony. Te queda.

— ¿La gente ... ya sabes, no se dará cuenta? — Se preocupó, mordiéndose el labio.

— No, — Sirius agitó una mano, — Les diremos que es después de ese muggle en The Who.

— Todos son muggles en The Who. — Remus respondió: —Pero yo no toco la batería.

— Te gusta golpear cosas. — Sirius se encogió de hombros.

— Gracias.

— No hay problema, Remoony.

...

Unas horas más tarde, después de que Madame Pomfrey les hubiera traído la cena a todos, James
se había ido para la práctica de quidditch y Peter para una detención. Sirius había renunciado a su
tarea hacía mucho tiempo y en su lugar estaba intentando perfeccionar un hechizo de brazos de
tentáculo sobre sí mismo.

Remus estaba ignorando intencionadamente este comportamiento, sabía que Sirius estaba
pronunciando mal el encantamiento, con el énfasis en el lugar equivocado, pero no se lo iba a
decir, porque no estaba seguro exactamente de por qué Sirius quería un brazo con tentáculo tanto, y
no podía ser por ninguna buena razón.

Finalmente, aburrido, Sirius se reclinó en su silla, con los pies apoyados en la cama de Remus.
— ¿Qué estás leyendo, de todos modos?

— La epopeya de Gilgamesh. — Remus suministró, pasando la página. Estaba casi al final, y su


hechizo de lectura estaba menguando, si Sirius lo dejaba solo por cinco minutos más ...

— ¿De qué se trata?

— ¡Es tuyo! — Dijo, sorprendido: — ¡Lo saqué de tu estante!

— Oh, ¿uno de los muggles? No he leído muchos de ellos, para ser honesto. Eran de mi tío
Alphard.

— Claro.

— ¿Y?

— ¿Y qué, Black?"

— ¿De qué se trata?

— Un hombre llamado Gilgamesh.

— Ok, tienes que aceptar que es un nombre peor que Remus Lupin.

Remus se rió entre dientes,

— Si, está bien. Si puede ser peor.

— Así que háblame de este tipo Gulash.

— Gilgamesh. Él fue un rey. Hace mucho tiempo.

— Mira, ahora estoy enganchado, así es como comienzan todas las buenas historias. — Sirius tomó
su cabeza entre sus manos, mirando a Remus como si fuera un profesor que enseña la materia
favorita de Sirius.

— No, solo estás posponiendo tu ensayo de Astrología.

— Pfft, copiaré el de James. — Sirius agitó una mano casual, —Dime más, oh guardián del
conocimiento. Te he leído un montón de veces.

Remus suspiró, dejando el libro. No había forma de salir de eso cuando Sirius estaba de ese humor.

— Gilgamesh era un rey.

— Sí, hace mucho tiempo, ya lo estableciste.

— Mira, cállate o lárgate.

— ¡Bien bien! — Sirius levantó las manos en señal de rendición, — Continúa

— Así que era un rey, pero no uno bueno. No era completamente humano, era dos tercios de dios,
por lo que era más fuerte que todos los demás, por eso su gente le tenía miedo. Él era peligroso.
Entonces, su gente oró, um ... eso es cuando le pides ayuda a los dioses, y los dioses enviaron a
otro hombre para ayudar a controlar Gilgamesh.

— ¿Era aún más fuerte?


— No, pero era en parte animal.

— ¿Entonces este hombre-bestia mató a Gilgamesh?

— No. Lucharon entre sí durante mucho tiempo, pero Gilgamesh seguía ganó. Sin embargo, no
mató a Enkidu, él ... él reconoció que eran iguales. Y se vuelven amigos, mejores amigos. Tienen
todas estas aventuras juntos, luchando contra otros monstruos y esas cosas. Es genial."

— Quiero saber más sobre el hombre bestia.

— Enkidu. Él era el amo de los animales, y era feliz viviendo en la naturaleza, pero luego de ser
enviado a controlar a Gilgamesh no podía volver a la naturaleza. Así que en realidad nunca
pertenece ahí.

— Pero tenía a su amigo, ¿verdad?

— Sí, pero ... bueno, no quiero estropearte el final.

— Bueno, casi nunca leo cosas muggle

— ¡Te estás perdiendo de tanto! — Remus exclamó, — Bueno, entonces, está bien. Enkidu muere.

— ¡¿Qué?!

— Sí, es un poco triste, él también era mi personaje favorito.

— ¿Pero por qué?

— Para enseñarle a Gilgamesh sobre la muerte, creo. Ante Enkidu era demasiado arrogante para
creer que algo pudiera hacerle daño. Pero después de perderlo, se da cuenta de que no es el dueño
de todo. Nadie puede controlar la muerte.

— Es un pensamiento realmente deprimente, Moony.

Remus se encogió de hombros. Todo le había parecido bastante sencillo.


Segundo Año: Amor y Matrimonio

Viernes 20 de Abril de 1973

Still don’t know what I was waiting for

And my time was running wild

A million dead end streets - and

Every time I thought I’d got it made

It seemed the taste was not so sweet

So I turned myself to face me

But I’ve never caught a glimpse

Of how the others must see the faker

I’m much too fast to take that test.

Remus amaba a Hunky Dory más que a nada. Fue por turnos brillante y feliz, luego oscuro e
introspectivo. Sintió que David Bowie debía tener una visión sobrehumana de su alma. Incluso si
no siempre entendía completamente las letras, sentía que de alguna manera tenían sentido.

Tarareó la melodía de Changes en voz baja mientras caminaba de arriba a abajo por los estantes
oscuros de la biblioteca, su varita encendida para ver mejor. Realmente debería estar poniéndose al
día con Pociones, pero Lily se había ofrecido a ayudarlo durante el fin de semana y él ya había
estado revisando Transformación todo el día. Había tardado tanto en convertir un viejo sombrero a
un conejo y al revés.

Remus finalmente encontró el estante que estaba buscando: The British Wizards Guide to Nuptial
Laws 1700-1950. Esperaba que fuera lo suficientemente reciente. Era enorme y tuvo que subirse a
una escalera para alcanzarlo. Remus se estiró, casi se agarró a la cubierta de cuero viejo y
polvoriento, estaba a punto de tirar de ella hacia él, cuando otra mano se acercó y agarró su
muñeca.

Gritando, Remus tiró de su mano hacia atrás y casi se cae del taburete, encontrándose cara a cara
con Narcissa Black.

— Uf, eres tú. — Dijo ella con disgusto. Narcissa era una cabeza más alta que él, por lo que
estaban casi nivelados mientras él mantuviera el equilibrio. Ella no soltó su mano, — Dame eso

— No, lo agarré primero. — Respondió, todavía tratando de alejarse. Tenía un agarre de hierro.

— Vete, niño. ¿Para qué podrías querer esto? — Ella le dio un fuerte empujón y él cayó hacia
atrás, aterrizando dolorosamente sobre su trasero.

Narcissa le sonrió, victoriosa, sosteniendo el pesado tomo. Él frunció el ceño

—¿Para qué lo quieres?

— Eso no es de tu incumbencia —, dijo ella, arrojando su cabello pálido fuera de sus ojos de una
manera inquietantemente similar a Sirius. Se volvió y empezó a alejarse, entre las sombrías
estanterías. Remus se puso de pie.

— Espera — dijo, tratando de mantener la voz baja para que Madam Pince no lo echara de nuevo,
— ¡Oye, Narcissa, espera! — Él tiró de su túnica.

Se dio la vuelta con ojos furiosos, su varita levantada. Remus instintivamente agarró su propia
varita justo a tiempo. Ambos permanecieron como estatuas por unos momentos. Sabía que ella
había maldecido a James y Sirius en varias ocasiones, y que toda la familia Black conocía todo tipo
de magia oscura. Pero al mismo tiempo, Remus nunca antes había maldecido a una chica y de
alguna forma se sentía mal.

— Solo quería saber — dijo, con cuidado, eligiendo sus palabras, — si tenía algo que ver contigo y
Sirius ... lo del compromiso.

Ella bajó su varita, lentamente, mirándolo con sospechoso interés.

— Así que te ha contado todo sobre eso, ¿verdad? — Ella arqueó una ceja, que seguía siendo tan
negra como su color natural de pelo— Sí, pequeño, eso es exactamente para lo que lo necesito. ¿No
crees que quiero casarme con ese pequeño traidor de sangre quejumbroso, verdad?

Remus simplemente se encogió de hombros. La verdad era que en realidad no se le había ocurrido
cómo se sentía Narcissa al respecto. Había estado tan concentrado en ayudar a Sirius que no había
considerado si alguien más podría estar trabajando exactamente en el mismo problema. Narcissa
suspiró con impaciencia,

— Bueno, no quiero. Y no espero que mi primo mocoso encuentre una solución pronto, así que
aquí estoy.

Ya no sonaba enojada, solo amargada. Ahora que estaba más cerca de ella, Remus pudo ver que
tenía ojeras oscuras.

— Yo quiero encontrar una solución. — Dijo, levantando la barbilla para mirarla a los ojos,
deseando no ser más bajo que ella. — Lo intento, de todos modos.

— Ha. — Narcissa se rió sin humor, — ¡¿Un segundo año ! ¿Y qué se te ha ocurrido, hm? —Dio
unos golpecitos con su tacón de charol negro en las oscuras tablas del suelo.

— Bueno ... —Remus tragó, — No mucho - nada lo suficientemente bueno todavía, bueno, a
menos... A menos que ya estén casados.

— He pensado en eso. — Narcissa espetó, — Todavía no soy mayor de edad, no puedo. Me habría
fugado con Lucius en el momento en que propusieron este ridículo compromiso, pero no tengo
diecisiete hasta octubre.

— Bien, — asintió Remus, sorprendido de escuchar esto, —Y ... no puede esperar, debido a la
ceremonia de compromiso de este verano, ¿verdad?

— Correcto. — Ella lo miraba con un poco menos de veneno, ahora, como si encontrara la
conversación más divertida que irritante.

— Sin embargo, yo estaba pensando - qué es realmente la ceremonia? —bPreguntó, sintiéndose


más valiente, — ¿Qué tienen que hacer Sirius y tú?

— Oh, la típica basura de la familia Black — respondió, — Un banquete, cartas astrológicas,


probablemente un retrato conmemorativo de nosotros dos. Madre todavía tiene a Bella colgando en
el comedor.

La idea de un retrato que representara a Sirius de trece años con su prima de dieciséis era repulsivo
para Remus. A Narcissa tampoco parecía gustarle la idea. — Todo esto es culpa suya, ¿sabes? —
Ella dijo: — Actuando como si fuera un caso especial. Si simplemente hubiera seguido la tradición
como el resto de nosotros, hubiera seguido la línea hasta que tuviera la edad suficiente para salir ...
— Se calló, sus ojos brillaban con lágrimas de ira. que ella limpió rápidamente,— De todos modos,
no importa. Me voy a casar con Lucius y eso es todo. Gracias a Dios que él me apoyó en todo esto,
cualquiera se habría ido.

A Remus no le pareció que debía hacer un comentario. ¿Qué sabía él sobre las relaciones? Ni
siquiera había visto una de cerca. Se quedaron en silencio durante unos minutos, mientras Narcissa
se recomponía. Una vez que lo hizo, olió y miró a Remus de nuevo, — No te maldeciré. — Ella
dijo, magnánimamente: — Pero te lo advierto: ya he tenido suficiente gente entrometiéndose en mi
futuro. Así que mantén la nariz fuera de ahora en adelante.

Con eso, dio media vuelta y se fue, dejando a Remus con mucho en qué pensar.

...

Lunes 30 de abril de 1973

— Moony, ¿para qué son todos estos libros? — Preguntó James, mientras tropezaba con una
montaña que Remus había apilado cuidadosamente cerca de la entrada del dormitorio, eran inútiles
y había planeando llevarlos de regreso esa tarde.

— Solo un poco de investigación.— Él respondió, sin levantar la vista de su libro actual, —


¿Dónde has estado?

— Planeando. — Sirius siguió a James, pasando por encima de los libros esparcidos que su amigo
estaba tratando de limpiar. Remus levantó una ceja,

— ¿Planeando? ¿Mapa o travesura?

— Un poco de ambos — sonrió Sirius, arrojándose sobre la cama de Remus. Cogió un libro

— ¿Rituales de boda de magos ?" Se rió, — ¿Con quién te casas, Moony? No con Evans, James
tendrá que desafiarte a un duelo

— No me gusta Evans. — James escupió, desde donde se agachó en el suelo. — Matrimonios


mágicos. — Leyó, recogiendo el último libro y colocándolo encima de la pila, — En serio, Remus,
¿De qué se trata todo esto?

Remus suspiró, dejó el libro y se frotó los ojos.

— Estoy tratando de ayudarte, — pateó a Sirius suavemente con el pie. — Alguien tiene que
sacarte de este estúpido compromiso.

— ¡Oi! — Sirius frunció el ceño, — Estoy haciendo todo lo que puedo.

— ¿Qué estás haciendo?

— ¿No he tenido más detenciones que nadie este año? Debo de conseguir un vociferador a la
semana. Y mis leones, no se olviden de mis leones en el partido de quidditch.
Remus lo miró atónito.

— ¿Cómo se supone que ayudará algo de eso?

— Estoy demostrando que no soy del tipo que se casa.

— No te ofendas, amigo, — intervino James, acercándose a la cama con ellos, — Pero no creo que
a tu familia realmente le importe que no seas del tipo de casarte.

— Exactamente —asintió Remus, — Tú eres el heredero. Tienes que casarte con otro purasangre.
Y la familia Black tiene una larga historia de matrimonios mixtos, incluso tus padres son primos.

— Er ... ¿cómo lo sabes? — Sirius parecía incómodo.

— He estado leyendo. — Remus señaló todos los libros. — Hay un montón de cosas en la
biblioteca sobre tu familia. Una de las casas mágicas más antiguas de Gran Bretaña, que se remonta
a la Edad Media, donde la sede familiar estaba en Inverness en Escocia...

— Sé todo esto. — Sirius agitó una mano.

— Sí, pero ¿Sabías que no eres el primer Black que quería salir de un matrimonio?

— Bueno, obviamente Andromeda - a pesar de que ella se quería casar, solamente Ted, que era el
tipo equivocado...

— No solo ella: Lyra Black desafió los deseos de la familia en 1901 de casarse con un miembro de
la familia Crabbe, y se suponía que Delphinus Black se casaría con su sobrina en 1750, pero la dejó
en el altar y se casó con Fidelia Bulstrode. Y tu tío Alphard tampoco se casó nunca, aunque no hay
explicación ...

— Sí, se supone que no debemos hablar de él — respondió Sirius, nervioso, — Escuché a mi


madre despotricar sobre él y estoy bastante seguro de que era un maricón.

Hubo un silencio incómodo.

— Mi papá conocía a Alphard — dijo James. — Dijo que era un tipo muy bueno.

— Siempre fue amable conmigo — Sirius se encogió de hombros, —bMe dejó su dinero y todo, se
aseguró de que nadie más pudiera tocarlo hasta que yo fuera mayor de edad. Hace que mis padres
se enfurezcan, ya sabes, que no regresara todo su dinero en efectivo a la bóveda familiar, así que
tengo que darle crédito por eso, incluso si era ... bueno, lo que sea

La garganta de Remus estaba muy seca, y se aclaró, queriendo seguir adelante.

— De todos modos, solo demuestra que puedes salir de este tipo de cosas. El único problema es
que no puedo encontrar buenos detalles sobre cómo se escaparon todos.

— No te molestes, — dijo Sirius, con tristeza, — Incluso si lo supieras, ninguno de ellos tenía a mi
madre con quien lidiar. Ya sabes cómo es ella. Probablemente nos hará tomar el voto
inquebrantable.

— ¡Ella no lo haría! — James dijo, horrorizado.

— Ella haría cualquier cosa. — Sirius asintió.

Remus se mordió el labio, pensativo. No sabía cuál era el voto inquebrantable, sonaba como magia
oscura. Por lo que ya había leído sobre la Casa de Black, sabía que la sección restringida de la
biblioteca probablemente tendría que ser su próxima parada. Tendría que pedir prestada la capa de
James para eso e irse de noche. No importa. Se negó a ser disuadido de esto. Se lo debía a Sirius.

¿No le había dicho Remus una vez a Sirius que su propio problema era inútil, ineludible? ¿Y Sirius
no había trabajado incansablemente, aprendido a realizar magia estándar EXTASIS complicada,
solo para ayudarlo? Esto no era diferente. Solo tenía que trabajar más duro. Saber que Narcissa
también estaba trabajando en el problema era extrañamente reconfortante. Remus sabía por sus
maldiciones que debía ser una bruja muy hábil e inteligente, y no tenía ninguna duda de que
normalmente se salía con la suya.

"Me casaré con Lucius y eso es todo." Tenía que haber algo en eso. Recordó a Flitwick diciéndoles
que el amor, el amor natural, cotidiano y humano, era uno de los tipos de magia más poderosa. Si
bien Remus personalmente no sentía que nada sobre la pareja de Lucius y Narcissa fuera natural,
exactamente, sabía que era mucho más poderoso que el honor familiar. Tenia que serlo.
Segundo Año: Exámenes

Mayo de 1973

La temporada de exámenes comenzó en el peor momento posible para Remus, a mediados de


Mayo, justo cuando se acercaba la luna llena. La luna en sí cayó un viernes, lo que significaba que
pudo asistir a su examen de Pociones esa mañana, pero perdió todo el fin de semana durmiendo,
cuando realmente hubiera preferido estudiar. Más que eso, la luna había hecho que perdiera su
magia por completo.

Había pensado que estaba sucediendo menos en su segundo año, pero a medida que sus exámenes
se acercaban, ya fueran los nervios o los días que se alargaban, Remus descubrió que su magia se
hacía más fuerte, más salvaje y más difícil de controlar. El menor movimiento de la varita causaba
los resultados más fantásticos, y algunas veces apenas había terminado de pronunciar el
encantamiento antes de que la luz saliera de la punta, haciendo que sus dedos hormiguearan por la
conmoción.

James había empezado a decir - ¡Tranquilo, Moony! - al menos tres o cuatro veces al día, mientras
Remus intentaba practicar varios hechizos transfigurativos básicos y encantamientos que
inevitablemente iban demasiado lejos. Había pensado que solo hacer encantamientos simples
podría ayudarlo a ganar algo de control, pero aparentemente ese no era el caso, ya que rompió la
ventana del dormitorio por tercera vez tratando de levitar su conjunto de gobstone.

- Reparo. - Murmuró Sirius, mirando por encima de su revisión de Astronomía. La ventana se


arregló de inmediato. Remus suspiró.

- Realmente necesitas relajarte, amigo - sonrió James - De todos modos, no tenemos ningún
examen práctico hasta la semana que viene.

- ¡Pero estoy tan atrasado! - Remus refunfuñó, recogiendo sus gobstones y volviéndolos a poner en
su caja.

- Si tu estás atrasado, ¿Cómo estoy yo? - Peter gimió desde el suelo, donde tenía cinco textos
extendidos frente a él, todos temas diferentes. - Sé que voy a fallar en Transformación, mi conejo
no ha cambiado en todo este año, y sé que va a hacer que hagamos algo realmente difícil.

- Al menos eres bueno en pociones. - Remus respondió. -Y Herbología, no puedo recordar qué
hojas significan qué ...

- Me ganaste en nuestra última prueba de Herbología - le recordó James, - Y nos tienes a todos por
los pelos en lo que respecta a Historia de la Magia, he estado copiando tus deberes todo el año.

- Pero tú eres mejor en Transfigur...- Remus comenzó, pero fue interrumpido por un fuerte golpe
cuando Sirius lanzó su libro de astronomía en el suelo.

- ¡¿Pueden callarse todos?!! ¡Estoy tratando de revisar! - Gritó, poniéndose de pie. - Parecen un
montón de ancianas parloteando. Voy a la biblioteca. - Se echó la mochila al hombro y salió
furioso de la habitación.

Se sentaron en silencio durante un rato. Peter, mordiéndose el labio, parecía al borde de las
lágrimas. James suspiró,

- Ignóralo, solo está de mal humor porque tiene que irse a casa pronto. No es que lo culpe. - Añadió
rápidamente. - A los padres les importa eso, y todo.

- Supongo, - Remus se encogió de hombros, aunque en realidad no creía que fuera una excusa lo
suficientemente buena. Tampoco era como si él, Remus, estuviera ansioso por las vacaciones de
verano. Está bien, está bien, no tenía que casarse con su prima, o asistir a banquetes extraños y
sofocantes, pero Sirius tampoco tenía que estar encerrado en una celda una vez al mes, ni
esconderse de chicos mucho mayores y rudos cuyo mayor placer consiste en empujar tu cabeza en
los inodoros.

- ¿Entonces no se va a quedar contigo, James? - Peter preguntó, ansioso, probablemente esperando


un verano sin Sirius, ya que eso significaba que tendría a James para él solo.

- No - respondió James, sonando mucho menos alegre ante la perspectiva, - Él tiene una invitación
abierta, obviamente, todos ustedes la tienen - miró a Remus, - Pero no creemos que suceda después
del fiasco en Navidad. Cree que estará encerrado por completo hasta la ceremonia de compromiso.

Remus sintió una punzada de culpa en su pecho. Todavía no se le había ocurrido una solución
viable para eso, y entre los estudios y la luna llena ni siquiera había pensado en ello correctamente
en dos semanas. A juzgar por el comportamiento de Narcissa en los pasillos, hechizando a
cualquiera que la mirara de reojo, no le había ido mucho mejor.

- Bueno, si sigue actuando como lo hace, perderá más que su cabello la próxima vez - dijo Peter,
con recato, revisando sus notas.

- ¿A qué te refieres? - James frunció el ceño, sentándose, -¡¿Dices que todo es culpa suya?!

- ¡No! - Peter miró alarmado, por el tono de James, - No , solo quiero decir ... bueno, sabes que el
otro día empacó todos esos carteles de la casa de Gryffindor en su baúl. Quiere ponerlos en su
habitación para molestar a sus padres. Cosas como esa es exactamente lo que le mete en
problemas.

- No tiene nada de malo un poco de orgullo por la casa. - James resopló a la defensiva, aunque
lanzó una mirada nerviosa al baúl de Sirius.

Remus no se involucró. Personalmente, estaba de acuerdo con Peter y Narcissa: Sirius era su
propio peor enemigo, la mayor parte del tiempo. Para alguien tan inteligente y dotado de magia,
carecía por completo de sutileza, o incluso de previsión. Si no tuviera que hablar en cada
oportunidad, entonces tal vez no se habría encontrado comprometido a la edad de trece años.
Remus sabía mejor que nadie la importancia de mantener un perfil bajo, especialmente cuando eres
diferente a todos los que te rodean.

James, que se parecía más a Sirius que a Peter o Remus, estaba totalmente en desacuerdo. En su
mente, lo más importante era luchar siempre. Pero si todo era una batalla, inevitablemente alguien
tenía que perder. Y hasta que fuera mayor de edad, ese iba a ser Sirius cada vez.

...

- ¡Excelente, Sr. Potter! - McGonagall exclamó de manera inusual, mientras James transformaba
sus conejos en un par perfecto de finas pantuflas de terciopelo rojo con un ribete de piel.

Remus respiró hondo, preparándose para su propio intento. Había pasado una semana y media
desde la luna llena y finalmente había recuperado el control, aunque sus nervios todavía lo
superaban a veces. Observó a Sirius agitar perezosamente su varita sobre sus propios conejos, y
ellos también se transfiguraron en un hermoso par de botines de lana negra.
Las pantuflas de Peter aún tenían orejas y cola incluso después de tres intentos, y dejaron
excrementos en el escritorio. Cuando Remus tomó su turno, cerró los ojos primero, sintiéndose
mareado, antes de finalmente pronunciar el encantamiento.

Las pantuflas no eran tan elegantes como las de James y Sirius, pero se podían usar y al menos ya
no tenían rasgos del conejo, incluso si seguían siendo de un color marrón apagado. Al menos sabía
que había hecho todo lo posible en el trabajo de teoría, de hecho en todos sus trabajos de teoría.
Estaba satisfecho de haber recordado todo lo que necesitaba cuando se trataba de sus mejores
asignaturas, y de que no lo había hecho demasiado espantoso en Pociones, Herbología o
Astronomía.

Al final del examen de Transformaciones, McGonagall devolvió a todos los conejos a su estado
original y los envió de un salto a su conejera en la parte de atrás de la habitación, listos para el
próximo examen. Luego comenzó a repartir hojas de pergamino que parecían horarios en blanco.

-Como ustedes sabrán - dijo ella, muy formalmente, - que en su tercer año pueden elegir un mínimo
de dos materias adicionales para llegar al nivel de hechicería ordinaria. Aquí están sus hojas de
solicitud. Por favor piensen con mucho cuidado, revisando los méritos de cada asignatura, luego
completen el formulario y devuélvanlo a mi oficina a más tardar el último día del trimestre.

La clase comenzó a murmurar con entusiasmo y Remus miró su hoja y los temas enumerados allí,
con gran temor.

Cuando todos salieron de la habitación, Peter inmediatamente comenzó a acosar a James para
averiguar qué materias tomaría, para que pudiera seleccionar exactamente los mismos.

- Estudios Muggles. - Sirius dijo, mientras se dirigían hacia el sol de verano, - Definitivamente voy
a tomar Estudios Muggles.

Remus puso los ojos en blanco. No era ninguna sorpresa: si alguna materia iba a ganar la
desaprobación general de la familia Black, entonces era esa.

- ¿Crees que Evans tomará eso? - James se rascó la barbilla. Sirius sonrió,

- Lo dudo, amigo, ella es nacida de muggles. Aunque podrías impresionarla con tu conocimiento.

- Sí ... sí, tal vez ...- James miró hacia abajo, pensativo.

- ¿Vas a tomar eso, entonces, James? - Peter preguntó, ansioso, - ¿Crees que será difícil? Supongo
que podríamos pedirle ayuda a Remus ... ¿lo tomarás, Moony?

- No, - Remus negó con la cabeza, - ¿Cuál es el punto? Aunque si lo toman, entonces quizás
puedan dejar de preguntarme cosas.

Secretamente deseaba que hubiera una asignatura de 'Estudios mágicos' que pudiera tomar, para no
tener que sentirse tan perdido todo el tiempo. Pero, supuso, esa era la arrogancia de los magos.

- Adivinación ... eso es como adivinar, ¿verdad? - James se sentó en la hierba y se quitó la túnica.
Sirius siguió su ejemplo, arremangándose las mangas de la camisa.

- Eso creo. Bolas de cristal y hojas de té.

- Suena bien. Hagámoslo.

Los tres garabatearon en sus papeles. Remus no lo hizo. No le gustaba la idea de conocer el futuro;
fuera lo que fuera lo que le esperaba, estaba seguro de que no podía ser bueno. Se golpeó la sien
con su varita rápidamente y susurró:

- Lectiuncula Magna - comenzando a leer sus opciones. - "Aritmancia" - murmuró, -¿Eso es como
aritmética?

- Números, de todos modos,- respondió Sirius, - Se supone que es realmente difícil.

- Cuidado de criaturas mágicas ... no sé sobre eso - resopló James, - ¿Has visto al maestro? Tiene
más cicatrices que Moony

- Oi - Remus pateó su tobillo. Cuidado de criaturas mágicas le había sonado bastante interesante.
Después de todo, él mismo era una especie de criatura mágica.

- Creo que haré Aritmancia, si es así - dijo Sirius, todavía leyendo su periódico.

- ¿Será realmente difícil? - Peter se preocupó.

- Te ayudaremos, Pete, no te preocupes. - James lo tranquilizó. - De todos modos, hay mejores


cosas sobre el tercer año que la tarea extra - ¡Hogsmeade!

- Vas a Honeyduke's tres veces a la semana. - Remus respondió, reflexionando sobre la posibilidad
de Runas Antiguas.

- ¡Sí, pero iremos a Zonko!

Remus le sonrió. En realidad, estaba bastante emocionado con los viajes a Hogsmeade; nunca
había estado en ninguna de las áreas mágicas protegidas que no fuera Hogwarts, y estaba harto de
escuchar lo genial que era el Callejón Diagon. Suspiró y se recostó, mirando las nubes. Pensaría en
sus asignaturas de tercer año más tarde, no tenía prisa. Por ahora, quería disfrutar del final de los
exámenes y deleitarse con la idea de que todavía les quedaba casi un mes antes de que terminaran
las clases.

- ¡Oye, Evans! - James se sentó, de repente.

Remus suspiró interiormente. James había estado actuando cada vez más como un idiota en lo que
a Lily se refería, desde el banquete de medianoche.

- No soy un perro, Potter - su voz resonó a través de los jardines, - No me grites como a uno.

- Hola Sirius - la voz de Mary ahora. Remus se sentó, parpadeando.

Marlene le dio un tímido saludo, que él respondió.

- Todo bien, MacDonald - Sirius asintió, pasando casualmente su cabello detrás de una oreja. Había
comenzado a hacer eso cada vez que había chicas alrededor. Remus lo odiaba.

Las tres chicas tomaban helados, lo que parecía una excelente idea considerando el clima
inusualmente cálido. Lily incluso había encantado a un abanico para que la siguiera, creando una
brisa fresca dondequiera que fueran las tres chicas.

- Danos una lamida, entonces - James le guiñó un ojo, lascivamente. Marlene se puso roja como la
remolacha y se disolvió en risas, pero Lily permaneció tranquila, arqueando una ceja roja.

- Parece que necesitas refrescarte. ¡Aguamenti!


Con eso, apuntó su varita a los merodeadores y los roció a todos con agua helada. Remus saltó
fuera del camino, pero ella no estaba tratando de atraparlo de todos modos. James y Sirius se
llevaron lo peor, y gritaron consternados mientras su cabello y camisas se empapaban. Mary,
Marlene y Lily se rieron contentas.

- ¿Por qué hiciste eso?- Sirius gruñó, apartando su cabello goteando para mirarlas, luciendo como
una rata ahogada.

- ¿Pensé que te gustaban mucho las bromas pesadas? - Lily le guiñó un ojo, antes de darse la vuelta
y caminar hacia el lago.

- Es una completa pesadilla, esa. - Sirius gimió, probando un hechizo de aire caliente en su cabello.

- Es mi futura esposa de quien estás hablando - respondió James, soñadoramente, viéndola irse. Sus
gafas se habían empañado cómicamente. - Oh, deja de ser tan dramático, te secarás en media hora
con este calor.

- ¿Dónde crees que sacaron el helado? - Peter preguntó, distante.

Remus sonrió, recostándose de nuevo. No importa volver a casa, ni los compromisos o las nuevas
materias. Por ahora, todo era como debía ser.
Segundo Año: El largo último día (Parte uno)

Viernes 29 de junio de 1973

Remus llegaba tarde y todavía quedaba mucho por hacer. Como de costumbre, se había dormido
más tarde que el resto de los merodeadores, y cuando se despertó, Peter era el único que quedaba,
mientras salía corriendo por la puerta soltó un rápido,— ¡Buenos días Lupin! ¡Buena suerte!

Remus miró el reloj y saltó de la cama, y corrió hacia la ducha en un estado de pánico. Mientras se
peinaba en el espejo, pensando con tristeza que esta podría ser la última vez, ya que Matrona
seguramente lo afeitaría tan pronto como volviera a St. Edmund's mañana, repasó la lista en su
cabeza.

El desayuno primero, por supuesto, no podía perderse eso. Si se movía rápido, entonces podría
atrapar a James y Peter antes de que partieran en sus propias misiones. Probablemente sería su
única oportunidad de verlos, porque hoy, el último día del trimestre, los merodeadores
generalmente unidos estarían notablemente separados hasta la fiesta.

Después del desayuno tendría que correr escaleras arriba para empacar - Remus estaba bastante
seguro de que tendrían una detención en camino esa noche, y podría no tener suficiente tiempo a la
mañana siguiente antes de que tuvieran que tomar el tren. Una vez que hubiera empacado,
necesitaba devolver los libros de la biblioteca. Esto lo llenó de un sentimiento de culpa, todavía no
había encontrado nada para ayudar a Sirius, a pesar de semanas de investigación. Su única
esperanza ahora era que los primos Black pudieran encontrar una forma de salir del compromiso
después de la ceremonia de compromiso.

De camino a la biblioteca, podría dejar su formulario de solicitud de asignaturas en la oficina de


McGonagall; ya lo había pospuesto demasiado tiempo. Luego, con los libros regresados y el
formulario entregado, Remus pensó que debería de tener tiempo suficiente para encontrarse con
Peter fuera de los invernaderos a las once en punto, donde recogería la capa de invisibilidad.

Siempre y cuando todo se hiciera a tiempo, Remus debería poder conseguir los paraguas que
necesitaba del cobertizo del guardabosques en el terreno y llevarlos de contrabando a su
dormitorio. Entonces sería la hora del almuerzo - Remus esperaba usar esa hora para terminar de
leer su libro en paz - se lo había pedido prestado a Sirius y solo le quedaba un capítulo, así que
realmente quería terminarlo antes de volver a casa. Especialmente porque sinceramente dudaba que
McGonagall le permitiera leer durante su inevitable detención esa noche.

Poco después del almuerzo, entraría en vigor la primera etapa del plan de fin de período de los
merodeadores. Evitaría el caos y volvería a verificar que había empacado todo, posiblemente
empacando un poco lo de Sirius, ya que el otro chico todavía no lo había hecho y Remus
sospechaba que lo dejaría para el último minuto. Entonces comenzarían los preparativos para la
fiesta, todo lo que tenía que hacer era llegar lo suficientemente temprano para ayudar a James y
Sirius con los encantamientos finales. Esto se haría, por supuesto, si no atrapaban a ninguno antes.

Hubo un golpe repentino en la puerta del baño, justo cuando Remus se estaba subiendo los jeans.

— Tostadas aquí para tí, Moony — llamó la voz de Sirius, — Pensé en ahorrarte algo de tiempo.

— ¡Oh, genial, gracias! — Remus respondió, poniéndose la camisa rápidamente, como si Sirius
pudiera verlo a través de la madera.
— ¡Buena suerte! ¡Nos vemos esta tarde!

— ¡Si tu también!

Remus escuchó los pasos de Sirius retirarse y desaparecer escaleras abajo. Bien. Al menos eso era
algo de lo que él se iba a ocupar. Salió del baño lleno de vapor y vio el plato de tostadas en su baúl.
Cuatro rebanadas - Sirius no había sido tacaño - y cada una cubierta generosamente con una
extensión diferente. Remus sonrió y renovó su promesa de ayudar a Sirius a empacar más tarde.

Pasó una hora tranquila masticando la tostada y recogiendo varias pertenencias que se habían
extendido a lo largo y ancho desde su cama a las estanterías de sus amigos, incluso a la sala común.
Aprovechó para tocar Hunky Dory por última vez, despidiéndose con cariño del tocadiscos durante
unos meses.

El póster de David Bowie que Sirius le había dado por su cumpleaños ya no se movía, por lo que
Remus estaba algo contento, porque al menos eso significaba que podía llevarlo de regreso a St.
Edmund sin despertar sospechas. Su baúl no parecía cerrarse tan fácilmente como lo había hecho a
fines del verano pasado, cuando estaba camino a Hogwarts, y tuvo que reorganizar los artículos
varias veces antes de que todo se aplastara adentro.

Remus se cepilló los dientes y fue a recoger sus libros de la biblioteca, metiéndolos en su raída
mochila. Se preguntó si la Matrona le dejaría tener una mochila escolar nueva; fíjate, la última vez
que le pidió una, ella aprovechó la oportunidad para enseñarle a coser. "Una habilidad para la
vida", había dicho. No se molestó en decirle que el encantamiento reparador funcionaba mucho
mejor, pero incluso eso ya no era de mucha utilidad.

Con su lista de asignaturas elegidos en la mano, se dirigió a la sala común, donde todos los demás
Gryffindor parecían estar haciendo sus maletas de último minuto también. El espacio generalmente
acogedor estaba lleno de alboroto, con gritos suplicando el regreso de los libros y juegos perdidos,
estudiantes gateando debajo de las mesas y levantando sofás en busca de artículos perdidos, grupos
de niñas de séptimo año llorosas abrazándose a todos despidiéndose, y búhos volando de un lado a
otro...

— ¡Remus! — Mary lo detuvo al salir, — ¿Estás solo?

— Sí. — Él asintió con la cabeza, con una sonrisa traviesa. Ella le devolvió la sonrisa

— Oooh, ¿Qué están planeando? Marlene y yo estábamos diciendo que habías estado muy callado
durante las últimas semanas...

— No me hagas preguntas y no te diré mentiras. — Respondió. —Lo siento, pero tengo que
devolver mis libros.

— Lily te está buscando — dijo rápidamente.

— Oh, um… estaré en el comedor para el almuerzo. Estoy un poco ocupado hasta entonces, ¡dile
que lo siento!

Con eso, se apresuró a atravesar el retrato y salir al pasillo, que estaba igualmente ocupado con
estudiantes corriendo de un lado a otro, diciéndose adiós. Peeves, atrapado en la emoción,
obviamente había descubierto dónde Filch almacenaba el rollo de papel higiénico y estaba
arrojando fajos de papel higiénico a cualquiera que se acercara lo suficiente.

Con los brazos sobre la cabeza, Remus corrió hacia la oficina de McGonagall justo cuando Peeves
disparaba a la puerta. Remus se agachó, justo a tiempo, y Peeves se echó a reír como un maníaco
cuando McGonagall, habiendo escuchado el muy fuerte 'SPLAT', abrió la puerta de su oficina.
Miró a Remus, todavía en cuclillas y cubriéndole la cabeza.

— Señor Lupin.

— ¡Fue Peeves! — Se puso de pie, rápidamente, — ¡Honestamente profesora!

— Te creo. — Ella dio una pequeña sonrisa, — Los espíritus siempre están altos en el último día
del trimestre. ¿Tienes algo para mí? — La vieja maestra miró el pergamino que sostenía.

— ¡Oh si! — Extendió la mano.

— Excelente, entra, Lupin.

—Er...

Pero difícilmente podrías decirle 'no' a McGonagall, o preguntarle si podía esperar hasta más tarde.
Se preguntó qué diablos quería ella, seguramente Sirius y James no habían sido capturados ya.
Sería bastante obvio tan pronto como se iniciara la fase uno del plan, y él no había escuchado
nada...

— Siéntese, señor Lupin. ¿Té?

— Um ... sí, está bien. — Se sentó, incómodo. McGonagall agitó su varita y la pequeña tetera de
tartán en su escritorio comenzó a verter su contenido en dos tazas a juego.

—Sírvete la leche —dijo la profesora, distraídamente, mientras ella escaneaba el trozo de


pergamino que él le había dado. — Adivinación — dijo, —Estudios Muggles y Aritmancia.

No dijo nada. Ella miró hacia arriba, finalmente, examinándolo por encima de sus anteojos
cuadrados. — Estos son los mismos temas que el Sr. Potter y el Sr. Black han elegido, si no me
equivoco mucho. El señor Pettigrew también, ¿eh?

Remus solo asintió. En realidad, Peter solo estaba tomando Adivinación y Estudios Muggles; había
descubierto que solo necesitabas seleccionar un mínimo de dos asignaturas nuevas y había
decidido no esforzarse más de lo necesario. Remus preferiría morir antes que trabajar menos que
James o Sirius.

— Estoy interesada en saber qué te impulsó a seleccionar Estudios Muggles, en particular. ¿Quizás
considerando un futuro en la oficina de Relaciones Muggles?

— Er ...— balbuceó Remus. No tenía idea de qué era la oficina de Relaciones muggles, pero no
parecía muy interesante.

— Pensé que tendrías suficiente conocimiento del Mundo Muggle, habiendo pasado gran parte de
tu vida en él.

— Sí, pero... bueno...

— No es necesario que tome asignaturas simplemente porque sus amigos lo hacen, señor Lupin. —
Dijo la profesora McGonagall, más amablemente de lo que esperaba. — Seguirás tomando las
mismas clases básicas, después de todo.

Remus se encogió de hombros. No sabía qué más hacer. Realmente, todos los temas le habían
interesado - bueno, quizás no Estudios Muggles, ella tenía un punto ahí - pero al final, no le
gustaba mucho la idea de perderse lecciones con los otros merodeadores.

— Una de las cosas más maravillosas de la escuela, señor Lupin, — comenzó McGonagall con
tacto, — son los amigos que hacemos, conexiones y relaciones que duran toda la vida. Sé que has
hecho amigos muy queridos en Hogwarts.

Remus luchó contra una mueca. ¡¿Tenía que hacerlo sonar tan femenino?! Ella se aclaró la
garganta, claramente divertida por su reacción, — Algunos amigos muy queridos. Pero la escuela
también es el lugar para desafiarnos a nosotros mismos, para poner a prueba nuestro temple. ¿Lo
entiendes?

Él asintió, sin comprender. Ella suspiró, sorbiendo su té.

— Los resultados de tus exámenes fueron excelentes este año, Remus.

Se enderezó un poco, en eso. Él mismo estaba bastante satisfecho con los resultados. No había
vencido a James en Transformaciones, ni a Snape y Lily en Pociones, pero en todo lo demás tenía
algunas de las calificaciones más altas de su clase.

— Como tal, — continuó McGonagall, — no tengo ninguna preocupación en permitirle estudiar


Aritmancia, que, debo decirle, es uno de los cursos más desafiantes que ofrecemos en Hogwarts.
Pero me pregunto si los Estudios Muggles son un uso adecuado de su tiempo en el futuro. Me temo
que le resultará muy aburrido. ¿Has considerado, por ejemplo, Runas Antiguas?

Remus retorció sus manos en su regazo. Esa sonaba bastante interesante. Pero había pasado tanto
tiempo luchando por leer en inglés y poniéndose al día con el resto de los estudiantes, que se había
negado a la idea de aprender otro idioma. McGonagall pareció entender sus preocupaciones, al
menos en parte.

— No lo encontrarás tan difícil como crees, ¿sabes? Eres un erudito inmensamente talentoso y un
gran trabajador. Además, sus compañeras de Gryffindor, la señorita MacDonald y la señorita
McKinnon, estarán en la misma clase.

En realidad, esto no sonaba tan mal. Ahora le gustaban mucho las dos M, y sería divertido pasar un
poco más de tiempo con ellas. Qué bueno sería tener una lección en la que no estuviera Sirius
presumiendo, ni Peter tratando de copiar sus notas, ni James actuando como un idiota para llamar
la atención de Lily.

— Okay. — Él dijo. — Voy a darle una oportunidad.

— Excelente. — McGonagall sonrió ampliamente, luciendo genuinamente complacida. Ella agitó


su varita sobre su papel para enmendarlo.

— Um ... ¿Profesora? — Preguntó, de repente, un poco nervioso de nuevo.

— ¿Sí, Lupin?

— Yo… bueno, yo también estaba pensando en otro tema. ¿Quizás ... quizás en lugar de
Adivinación?

La sonrisa de McGonagall se volvió irónica.

— Bueno, no puedo fingir que alguna vez he visto mucho uso en la adivinación... no a menos que
la bruja o el mago en cuestión estén genuinamente dotados con la misma.
Remus asintió, asumiendo que eso significaba que no estaba dotado.

— Pensé, tal vez... quiero decir, probablemente sea una tontería... — James había dicho que era
una tontería. Un tema femenino. —Um ... Cuidado de criaturas mágicas. — Dijo, todo de prisa.

McGonagall parecía realmente sorprendida.

— ¿Esto es algo que te interesa?

— Um… sí, supongo que sí. No solo porque soy... ya sabe. Pero, sí, supongo que se debe
principalmente a eso.

— Bueno, es un tema muy interesante — McGonagall tomó un sorbo de té de nuevo. — Debo


decir que si estás más interesado en eso que en Adivinación, entonces por supuesto.

— Genial, ok, cambielo. —Él asintió con la cabeza, sintiéndose un poco avergonzado pero
también bastante satisfecho consigo mismo. McGonagall agitó su varita una vez más.

— Tu padre era bastante talentoso cuando se trataba de criaturas mágicas, sabes. — Ella dijo.
Remus arqueó las cejas.

— No lo sabía.

— Oh, sí — asintió con la cabeza, como si estuviera pasando la hora del día. — Un experto en su
campo.

— ¿Su ... campo?

— Apariciones espirituales no humanas. Boggarts y fantasmas, ya sabes, dementores también.


Todo bastante oscuro, me temo. Cuidado de las criaturas mágicas se centra principalmente en lo
corpóreo, es decir, en criaturas mortales , pero es posible que compartas sus talentos.

— Correcto. Gracias, profesora. — Remus se levantó rápidamente. Ahora no tenía tiempo para
pensar en su padre. Tenía mucho que hacer. — Tengo que ir a la biblioteca. — Señaló su pesada
bolsa, rajada por las costuras.

— Sí, sí, absolutamente — asintió McGonagall. — Gracias, Remus. Te veré en la fiesta de esta
noche.

— ¡Sí, adiós!

Cuando finalmente salió de la oficina de McGonagall, Remus miró el reloj. Eran las once menos
diez. Maldición. Ahora no había tiempo para ir a la biblioteca, tenía que encontrarse con Peter en
el terreno y, por lo general, tardaba al menos quince minutos en salir del castillo, siempre que
ninguna de las escaleras te obligara a desviarte. Levantando su irracionalmente pesada mochila,
Remus suspiró y se puso en camino.

Para cuando llegó a los invernaderos, sudando y con demasiado calor bajo la brillante luz del sol,
Peter obviamente había estado esperando un rato y se retorcía las manos.

— ¡Ahí estás! — Jadeó, — Pensé que algo había sucedido.

— Lo siento — jadeó Remus, limpiándose la frente con la manga, — McGonagall quería charlar.
¿Todo va bien?

—Sí —asintió Peter, mirando alrededor—, como me dijo James. ¿Los has visto?
— Nop.

— Todo debería estar bien, entonces. Aquí. — Peter le entregó a Remus la capa de invisibilidad.

— Salud. Oi, ¿vas a volver al dormitorio?

— Sí, todavía necesito empacar...

— Genial, ¿te importaría llevar mis libros? Quería devolverlos a la biblioteca, pero McGonagall...

— Está bien — Peter tomó la bolsa. — ¡Maldita sea, Moony! — Él gimió, hundido bajo su peso.

— ¿Te veré en el almuerzo?

— Probablemente. ¡Buena suerte! — Peter se fue corriendo hacia el castillo, dejando a Remus solo
de nuevo.

Remus miró alrededor para asegurarse de que la costa estaba despejada y no perdió el tiempo en
acercarse al cobertizo del equipo. Había estado en él una vez antes para una detención en su primer
año, era mucho más grande por dentro de lo que parecía, y estaba lleno de varias herramientas para
mantener los amplios terrenos de Hogwarts. La cerradura no respondió al encantamiento habitual
de Alohomora, pero sí respondió a unos cuantos giros rápidos con una de las horquillas de Lily
Evans. Le había dado el broche la noche anterior, con una mirada burlona, pero no le había
preguntado para qué lo necesitaba.

Una vez dentro, Remus actuó rápidamente, encontrando el gran baúl negro de paraguas. No estaba
muy seguro de por qué los magos todavía usaban paraguas. ¿Seguramente había hechizos para
protegerse de la lluvia? Pero, sin embargo, no querían que nadie los convocara y arruinara su
diversión. Remus cubrió el baúl con la capa de invisibilidad y lanzó un hechizo de gravedad sobre
él, antes de levitar todo fuera del cobertizo.

Caminó de regreso a la escuela de manera pausada, tratando de no parecer que estaba tramando
nada en absoluto, escondiendo su varita debajo de su túnica para que nadie pudiera ver que estaba
guiando el baúl invisible. Le tomó una buena media hora navegar él y el baúl a través del castillo
sin ser visto, y sin toparse con ningún otro estudiante. Varias veces tuvo que hacer levitar la cosa
sobre su propia cabeza, lo que requirió mucho esfuerzo y concentración.

Aún así, lo hizo, llegando a su destino con una enorme sensación de logro. Dejó el baúl en el
dormitorio y realizó un hechizo en la cerradura. Si alguien tratara convocarlo, es de esperar que no
sería capaz de conseguir que se abra a tiempo para salvarse. Dobló cuidadosamente la capa y la
dejó sobre la almohada de James.

Peter había dejado la mochila de Remus a los pies de su cama, y Remus suspiró para sí mismo,
dándose cuenta de que tendría que devolver los libros antes de poder ir a almorzar. Colocándolo
sobre su espalda, bajó una vez más las escaleras hacia la sala común de Gryffindor.

Una vez más, fue asaltado, esta vez por Lily, quien se veía extremadamente nerviosa y
extremadamente complacida de verlo.

— ¡Ahí estás! — Ella chilló, agarrándolo por los hombros, —¡Te he estado buscando por todas
partes!

— Hola Lily, — sonrió cortésmente, — Lo siento, ¿puede esperar? Tengo que llegar a la...

— ¡Absolutamente no! — Ella negó con la cabeza con vehemencia, — ¿Podemos subir a tu
habitación? Los otros no están, ¿verdad?

— No — suspiró. Podía ir a la biblioteca más tarde, si no intentaba terminar su libro, o si su visita


a Madame Pomfrey no tomaba mucho tiempo. Siguió a Lily escaleras arriba.

— ¿Quiero saber qué es eso? — Dijo, mirando el gran baúl negro.

— Es un baúl lleno de paraguas. — Dijo, de inmediato. Ella arqueó una ceja, pero no le preguntó
más.

— Tengo algo para ti. — Dejó su bolso en la parte superior del baúl y lo rebuscó. Ella retiró un
artículo muy extraño. Parecía una hoja de plástico transparente. Remus frunció el ceño mientras
ella se lo entregaba. Le dio la vuelta.

— Erm... Lily...?

— Lamento que me haya tomado tanto tiempo, tuve que esperar años por el acetato. Mi madre lo
obtuvo de una amiga suya que es maestra. Los usan para retroproyectores en las escuelas muggle.
Bueno, lo sabes, obviamente.

Remus asintió, sin comprender. Había habido un OHP en St. Edmund's, pero había necesitado que
le reemplazaran la bombilla hace unos tres años y, por lo que él sabía, nadie lo había hecho
todavía.

— ¿Tienes un libro? — Lily asintió con la cabeza hacia su bolso. — Saca uno, te lo mostraré.

Él obedeció, curioso por ver a dónde iba esto. Abrió el texto en una página al azar, lo colocó en el
baúl y luego colocó el acetato sobre él. — Mira. — Ella dijo.

Remus miró, a punto de retirar su varita en caso de que ella quisiera que leyera algo. Ella negó con
la cabeza, apartando su mano. — Solo mira. — Ella dijo.

Miró de nuevo, frotándose el cuello.

'Hay tres elementos clave para realizar un voto inquebrantable exitoso. En la primera instancia…'

— ¡¿Qué?! — Remus exclamó, tomando el libro y mirándolo.

— ¡¿Funcionó?! — Lily lo miró ansiosamente, — ¿Puedes leerlo?

— Yo ... sí ... yo ... ¡Maldita sea, Evans! — Volvió a pasar la página, reemplazando el acetato.
Funcionó. Era mucho menos complicado que el hechizo de Sirius.

— También debería funcionar fuera de Hogwarts. — Ella dijo, sus ojos verdes brillando, —Jugué
un poco con el encantamiento, y hubo algo de poción involucrada, pero debería durar bastante
tiempo.

— ¡Eres increíble! — Remus dijo, todavía leyendo. — ¡Muchas gracias!

De la nada, Lily saltó hacia Remus, rodeando su cuello con los brazos y abrazándolo. Tomado un
poco por sorpresa, Remus sintió que se sonrojaba. Nunca antes lo habían abrazado con mucha
frecuencia, y mucho menos por una chica. Era suave y su cabello olía bien, a manzanas.

— Quería hacerlo a tiempo para tu cumpleaños — dijo, dando un paso atrás, todavía sonriendo, —
pero seguía arruinándolo. ¡Gracias a Dios que funcionó! ¡Habrías pensado que estaba loca si no lo
hubiera hecho!
— Sí — se rió, nervioso, aún recuperándose del abrazo sorpresa. — Gracias Lily, esto es ... es algo
tan asombroso.

— Te lo mereces, Remus — dijo ella con seriedad, —Honestamente, trabajas muy duro y sigues el
ritmo de Potter y Black.

Remus se encogió de hombros. Hubo un silencio un poco incómodo.

— Mira, te dejaré seguir. — Lily dijo, finalmente, — Siento haberte atacado así. ¿Nos vemos en la
fiesta?

— Sí ... sí definitivamente. — Remus volvió a mirar el libro. —Oh, mierda, espera - Evans, ¿tienes
un paraguas?

— Er… ¿eso creo? Podría haberlo empacado ya.

— Desempácalo — dijo con firmeza. — Y llévalo al banquete, ¿de acuerdo?

—…¿Okay?

Una vez que ella se fue, Remus se permitió un momento para sentarse. No podía creer que ella lo
hubiera hecho. ¡No podía creer que no lo hubiera pensado! Era tan simple, tan elegante. ¡Podría
leer todo el verano! Pasó a otra página.

'Es importante notar que el voto inquebrantable, una vez hecho, no puede ser reemplazado por
ningún otro tipo de voto, juramento o promesa hecha a partir de entonces, independientemente de
cualquier preocupación legal o moral en torno a mantener dicho voto. Por tanto, es fundamental
que ...'

— ¡Oh! — Remus jadeó, de repente. Fue como si hubiera un 'clic' en su cerebro y todo hubiera
caído en su lugar. —¡OH! — Se levantó de un salto.

La biblioteca tendría que posponerse un poco más.

...

Era en momentos como este, pensó Remus, mientras caminaba de un lado a otro por el oscuro
pasillo, que realmente le vendría bien el mapa de merodeadores completo. Desafortunadamente,
hasta ahora solo habían logrado mapear tres cuartas partes del castillo, y todavía estaban muy lejos
de etiquetar a todos los estudiantes.

Remus había estado esperando fuera de la sala común de Slytherin durante veinte minutos, sin
suerte. Los estudiantes de túnica verde que pasaron junto a él ignoraron sus súplicas de ayuda, e
incluso el Barón Sangriento siguió su camino con un resoplido desdeñoso. Se estaba volviendo
inútil. Perdería el almuerzo a este ritmo. Miró el reloj más cercano. Eran las doce y media. La fase
uno del plan era inminente.

Cuando la pared de la sala común se abrió una vez más, su corazón se hundió aún más.

— Bueno, bueno, bueno — Snape sonrió, — Dijeron que había un Gryffindor loco suelto, pero no
pensé que serías tú, Loony Lupin.

Remus suspiró.

— Vete a la mierda, Snivellus.


— No seas tan grosero, — Snape levantó su varita, — Debería lavarte la boca con jabón.

— No pensé que supieras cómo lavar algo. — Remus respondió secamente.

— Por qué tú-

— ¿Podemos dejarlo? — Remus dijo, irritado: — Es el último día de clases y hay muchas cosas
que preferiría estar haciendo. ¿Puedes ... no sé, dejarme entrar o algo así?

— ¡¿Dejarte entrar?! — Los ojos negros de Snape brillaron divertidos, — ¡¿Por qué demonios te
dejaría entrar?!

— Necesito hablar con ...

— Fuera del camino, Snape, idiota viscoso. — Una voz vino de la pared detrás de Severus. Barty
Crouch Jr. salió, seguido por Regulus. Remus sintió un poco de alivio.

— ¡Regulus! ¿Puedes conseguir Narcissa para m ...

— ¡Mordeo! — Sin previo aviso, Crouch apuntó una maldición a Remus, quien la esquivó justo a
tiempo, sacando su propia varita.

— Expelli... — comenzó, pero era demasiado tarde, Crouch lo maldijo por segunda vez, y el dolor
se disparó a través del cráneo de Remus, su cabeza zumbando. Fue horrible, pero no se inmutó.
Solo le dolió por un tiempo, y conocía el dolor como a un viejo amigo. Si pensaban que algo tan
común como eso lo detendría, se les avecinaba otra cosa.

— ¿Qué quieres, mestizo? — Crouch preguntó, sonriendo locamente, — ¿O simplemente eres


tonto y estás aquí solo?

— Él es bruto — Severus dijo, — como un burro.

— Cállate, Snape — dijo Crouch, girando su varita hacia Severus, ahora. Remus entrecerró los
ojos, prestando atención. Aparentemente, Snape era malo para hacer amigos dondequiera que
fuera.

— Cállense los dos, — finalmente habló Regulus, sonando aburrido. Había estado mirando el
rostro de Remus todo el tiempo, — ¿Qué querías, Lupin? Será mejor que me lo digas antes de que a
Barty le apetezca practicar uno de sus imperdonables contigo.

— Necesito hablar con Narcissa. — Remus dijo, con tanta claridad y calma como pudo. — Es
urgente. Se trata de... ya sabes, cosas de la familia Black.

Regulus lo miró por unos momentos más, sin hablar. Se parecía tanto a Sirius, solo que sin alegría
ni humor. Si Remus no lo supiera, habría dicho que Regulus era el hermano mayor.

— Snape, ve a buscar a mi prima ¿Quieres? — Dijo, bruscamente, sin siquiera mover la cabeza.

Snape lucía furioso, pero obedeció. ¿Todos hacían lo que los Black les decían que hicieran? James
a menudo se burlaba de Sirius por actuar como si fuera de la realeza, pero tal vez solo estaba
interpretando el papel para el que lo habían criado.

Crouch pronto se aburrió y se alejó, dejando a Regulus y Remus todavía uno frente al otro en un
silencio sepulcral. Remus se alegró de ver el rostro amargado de Narcissa, cuando finalmente
atravesó la pared.
— Oh Merlín, — suspiró, mirando a Remus, — ¿Y ahora qué?

— ¡Lo he descubierto! — Dijo rápidamente: — El… el problema. Tengo una solución.

— ¿Oh si? — Ella se cruzó de brazos, luciendo poco convencida.

— El voto inquebrantable —, se apresuró a decir, ansioso por sacarlo todo para poder ir. — No se
puede romper, nunca.

Ella resopló

— Sí, eso ciertamente está implícito.

Remus puso los ojos en blanco con impaciencia.

— Quiero decir — dijo, más lentamente, su valentía aumentando, — que si has hecho un voto
inquebrantable, entonces no puedes hacer ninguna otra promesa que vaya en contra de él. Ni
siquiera te pueden obligar a hacer otras promesas. O votos. — Hizo hincapié en la última palabra
de manera significativa.

La luz se encendió en los ojos de Narcissa casi de inmediato. Por un segundo, sus bonitos labios
rosados formaron el mismo 'oh' que Remus había hecho solo una hora antes cuando le había
llegado. Sin embargo, no tuvo tiempo de hablar, porque en el mismo momento se escuchó un grito
en algún lugar del pasillo que hizo que todos se volvieran. Una chica de Slytherin salió del baño de
una chica al final del pasillo, llorando,

— ¡Todos simplemente ... explotaron! — Dijo ella, pareciendo a punto de desmayarse de lo


perturbada que estaba. Efectivamente, podían ver a través de la puerta giratoria del inodoro detrás
de ella que las olas de espuma rosa se derramaban de los lavabos y los inodoros. Fue realmente
magnífico: de todos los grifos y desagües salían hermosos montones de suaves burbujas de jabón.

— Yo um ... ¡tengo que irme! — Remus sonrió, le guiñó un ojo a Narcissa y luego echó a correr.
Segundo Año: El largo último día (parte dos)

El resto de la tarde fue caótica, y Remus sabía que Sirius y James, dondequiera que estuvieran,
debían estar pasando el mejor momento de sus vidas. Cada baño del castillo había sido
misteriosamente afectado por la inundación de espuma, y nadie parecía poder detenerlo por mucho
tiempo. Grandes montones de burbujas obstruían los pasillos como nieve rosada, y a los
estudiantes que no querían jugar en él no parecía importarles que los obligaran a salir al terreno
para tumbarse en el césped y pasar su último día bajo el sol.

Remus, que ya había tenido que sacrificar su hora de almuerzo, todavía necesitaba llegar a la
biblioteca y devolver sus libros, ayudar a Sirius a empacar (aunque, en realidad, se dijo a sí mismo,
mientras subía las escaleras a la torre de Gryffindor, había hecho suficiente para ayudar a Sirius
por un día) y ver a Madame Pomfrey para un chequeo de fin de año. También necesitaba llegar
temprano al Gran Comedor para ayudar a James y Sirius con la fase final de su plan. No era magia
compleja, pero era fuerte e idealmente necesitaba tantas varitas como fuera posible.

Primero la biblioteca, pensó para sí mismo, mientras entraba en la ahora desolada sala común. Al
menos ahora no había nadie que lo detuviera. Uno de los otros obviamente había estado en el
dormitorio desde la última vez que Remus lo dejó, porque estaba aún más desordenado que antes y
ahora faltaba la capa de invisibilidad.

James, que probablemente era el más ordenado de los cuatro, había empacado todas sus cosas la
noche anterior y había hecho su cama con esmero. El espacio de Remus estaba ordenado solo
porque ahora estaba completamente vacío excepto por su pijama y su libro junto a la mesita de
noche. Peter aparentemente había intentado empacar en algún momento, pero lo molestaron a la
mitad: su baúl estaba abierto, varias prendas colgando de él, una pila de libros de texto en su cama
y su corbata roja colgando del marco. La cama de Sirius era de lejos la peor. Debió haber subido a
buscar algo en algún momento, porque todos los cajones de su cómoda estaban abiertos, sus
sábanas habían sido tiradas y su baúl estaba completamente vacío.

Remus agarró su mochila y se fue de inmediato; lo pensaría más tarde. Deseó tener todavía la capa
de invisibilidad mientras esquivaba a Peeves una vez más. El poltergeist estaba en su elemento,
zambulléndose en las pilas de espuma, y luego estallando contra estudiantes y profesores
desprevenidos. Remus recordó brevemente lo que McGonagall había dicho esa mañana sobre su
padre 'boggarts, poltergeists...' se preguntó qué había pensado su padre, el campeón de duelo, el
padre de Ravenclaw que tenía mal genio, de Peeves.

— Buenas tardes, Señora Pince — dijo Remus, en voz baja y respetuosamente mientras entraba a
la biblioteca. Estaba casi completamente vacía, y la vieja bibliotecaria de rostro demacrado estaba
clasificando una enorme pila de libros recién devueltos con su varita, y los arrojaba de vuelta a sus
estantes con gran deleite.

— Lupin. — Dijo, sin siquiera girar la cabeza para saludarlo.

Dejó sus libros con cuidado en el mostrador más alejado de ella.

Aunque la biblioteca ya no lo asustaba, exactamente, Remus todavía se ponía bastante nervioso con
Madame Pince, quien claramente hubiera preferido que ningún estudiante pudiera tocar sus
preciosos libros. — ¿Son todos? — Dijo bruscamente: — Lo sabré de no serlo.

— Definitivamente son todos. — Dijo, retrocediendo lentamente.


— El señor Pettigrew no ha devuelto las plantas venenosas de las islas británicas, y el señor Black
mayor tiene tres libros de transfiguraciones atrasados.

— Oh, está bien ... um ... les haré saber cuando los vea.

— Escribiré a sus padres si no los tengo antes de las cinco.

— Se los diré. — Repitió, casi fuera de la puerta. Suspirando de alivio, se dirigió a la enfermería a
paso lento, luchando contra el impulso de lanzarse de cabeza a una pelea de bolas de nieve que los
Hufflepuff estaban teniendo contra los Slytrherins con la espuma.

Parecía que el hechizo seguía siendo fuerte, incluso más burbujas emanaban de los baños por los
que pasaba, y si no estaba muy equivocado, se estaban haciendo más grandes. No tenía idea de
dónde estaban Sirius, James y Peter en ese momento, pero sabía que tenían que estar divertiéndose
inmensamente.

— ¡Remus, querido! — Madame Pomfrey sonrió cuando entró en la enfermería. — Gracias por
pasar, sé que hoy preferirías divertirte con tus amigos.

Se encogió de hombros con una pequeña sonrisa,

— No me importa.

— Solo algunas cosas antes de que comience el verano, ¿vamos a mi oficina?

La siguió adentro y aceptó el plato de galletas que ella le ofreció agradecido: su estómago gruñía
por haberse perdido el almuerzo.

— Ahora, — Madam Pomfrey se sentó, evocando sus notas de pacientes de la nada, — he


intentado contactar a tu Matrona en St. Edmund's un par de veces… parece que no tiene claro
cómo funciona el correo. Sigue intentando que hable con ella sobre algún artilugio muggle. Le dije
que no tenemos un teléfono en Hogwarts, pero no creo que ella me crea...

— No — Remus ahogó una risa, —ella no le cree.

— De todos modos, entre nosotras hemos logrado acordar que estaré presente antes y después de tu
confinamiento durante las dos lunas llenas. Le expliqué que tu condición se ha vuelto... más difícil
durante el último año, pero que no debería haber ningún peligro para nadie más en la escuela.

— De acuerdo. — Remus asintió. Ahora que estaba acostumbrado a la idea, estaba bastante
contento de que Pomfrey estuviera allí, aunque fuera brevemente, durante las vacaciones. De todos
modos, haría que las lunas llenas fueran un poco menos sombrías.

— Quiero que te asegures de cuidarte mientras tanto. Consume comidas completas y ten un buen
equilibrio entre el descanso y el ejercicio.

Remus no tuvo el corazón para decirle a Madam Pomfrey que tenía muy poco que decir en cuanto
a cuanto se le permitía descansar y con qué frecuencia hacía ejercicio mientras vivía en St
Edmunds. Nadie en Hogwarts parecía entender qué tipo de institución era.

Después de eso, revisó algunas de sus heridas de la luna anterior para asegurarse de que se estaban
curando correctamente, luego realizó algunos hechizos de diagnóstico. Eran casi las cuatro en
punto cuando estaba caminando de regreso a Gryffindor por lo que se sintió como la centésima vez
ese día.
Filch no había tenido éxito todavía en domar la espuma, pero al menos había dejado de brotar de
cada grifo y desagüe del castillo. Los otros debieron de haberse aburrido y pasaron a otra cosa.
Mientras Remus subía a la torre, vio a algunos estudiantes pasar volando por las ventanas en sus
escobas. Afuera era un día hermoso, los otros merodeadores probablemente también estaban
aprovechando al máximo.

Se sorprendió cuando llegó al dormitorio.

— Hola Moony, — James le sonrió. Estaba solo, en el lado de la habitación de Sirius. Estaba
empacando. — Buen trabajo consiguiendo los paraguas.

— Sí, bien hecho con la espuma. Filch está furioso. — Se frotó la parte posterior de la cabeza,
sintiéndose incómodo, — ¿Dónde está Sirius?

— Haciendo algo completamente mental en su escoba, creo. Pensé en arreglar esto por él.

— ¿Quieres ayuda?

— No, no te preocupes. ¿No querías leer un libro o algo así?

Remus se encogió de hombros. Ahora se sentía un poco avergonzado. Parecía correcto que James
lo hiciera, después de todo, James era el mejor amigo de Sirius .

— Está bien, te ayudaré. — Dijo, casualmente, como si no importara mucho de cualquier manera.
— Sabes que odio volar.

— Muy amable de tu parte — James sonrió fácilmente, recogiendo algo del desorden de Sirius y
clasificándolo rápidamente. Remus comenzó a ordenar los registros, apilándolos en orden
alfabético porque a Sirius le gustaba de esa manera. — Ponlos en mi baúl —, dijo James,
señalando con la cabeza la caja de discos, — Los libros muggles también. Dije que los cuidaría por
él. Ya sabes, cómo están las cosas con su mamá y su papá.

Remus asintió, llevándolos a la cama de James.

— Va a ser un verano basura, sin ustedes dos — comentó James, sonando genuinamente
arrepentido.

— Sí — Remus respondió, no estando muy seguro de qué más decir.

— Sirius piensa ... él cree que no volverá en septiembre.

— ¡¿Qué?! — Remus miró hacia arriba, de repente, alarmado. James frunció el ceño,

— Sí, él ha tenido en cuenta que con este asunto del compromiso… podrían enviarlo a
Durmstrang. Mantenerlo fuera de problemas hasta que puedan casarlo. Bastante drástico, creo,
pero no lo dejaría pasar.

— Sin embargo, es posible que la ceremonia de compromiso no ocurra — dijo Remus


rápidamente, — tengo un presentimiento ... siento que Narcissa no dejará que eso suceda. — No
quería decirle nada a James todavía, porque James se lo diría a Sirius, y Sirius podría molestarse de
que Remus fuera a sus espaldas para hablar con su familia. ¿Y si ni siquiera funcionaba? No podía
hacer ilusiones a nadie.

— ¿Narcissa? — James lo miró con curiosidad, — ¿De qué estás hablando?


— Solo sé que ella no quiere casarse con Sirius más de lo que él quiere casarse con ella, eso es
todo. — Remus negó con la cabeza. — ¿Debo empacar sus revistas muggle en tu baúl también?

...

— Qué año tan maravilloso ha sido — sonrió Dumbledore al Gran Comedor mientras los restos
finales del banquete de fin de año se desvanecían de sus platos. Remus iba a extrañar la comida
más que nada, y había tenido tres raciones de pudín para compensarlo. Ravenclaw había ganado la
copa de la casa ese año, y el salón estaba decorado con estandartes de seda azul real y bronce.
Cada vez que la mesa de Ravenclaw había vitoreado durante la comida, Remus sentía un tirón
detrás de su ombligo y pensaba en su padre.

El discurso de Dumbledore continuó, — Estoy inmensamente orgulloso de todos ustedes, por


supuesto. Ahora que estamos todos bien alimentados, tengo algunas palabras que me gustaría decir
...

— Listos, muchachos — susurró Sirius en voz baja, tan bajo que solo los merodeadores podían
escuchar. Dumbledore continuó,

—... felicitaciones una vez más a Ravenclaw...

—¡Ahora!

— ... por ganar la copa de este año...

Se escuchó un chillido en el otro extremo del pasillo, y todos se dieron la vuelta para ver cada copa
en la mesa de Ravenclaw que repentinamente brotaban com burbujas rojas y doradas. Dispararon
hacia arriba en grandes géiseres, golpeando el techo y estallando en una lluvia de gotas brillantes,
que cayeron como lluvia sobre los estudiantes de abajo, manchando sus túnicas con rayas carmesí
de Gryffindor.

— ¡Sigan adelante! — Sirius susurró, su voz alta por la emoción, mientras los merodeadores
agitaban sus varitas usando cada gramo de concentración. De inmediato, las copas en todas las
otras mesas también estallaron, causando el mismo efecto haciendo que los estudiantes chillaran y
comenzaran a agacharse para cubrirse; sus cabellos, pieles y ropas se tiñeron de un rojo vibrante y
dorado.

Ni siquiera la mesa de Gryffindor se había escapado; James había insistido en que no quería
perderse la diversión. Lily Evans había traído su paraguas y le sonrió con picardía a Remus
mientras Mary y Marlene luchaban por meterse debajo con ella. En el rincón más alejado del
pasillo, Remus vio a una Narcissa furiosa escondida debajo de la mesa, su largo cabello blanco con
mechas rojas y doradas que chocaban terriblemente con su tez de porcelana.

Estaba mirando a su descarriado primo con tanta fuerza que Remus se preguntó cómo Sirius no
caía muerto en el acto. Pero se consoló a sí mismo con la idea de que este incidente solo podía
haber confirmado la idea en su mente de que debía escapar del matrimonio con Sirius a toda costa.

— ¡Omnistratum! — Dijo Dumbledore, con calma, apuntando su varita al techo.

De inmediato, las burbujas estallaron y se evaporaron hasta convertirse en gas, como si un gran
campo de fuerza hubiera aparecido de repente sobre sus cabezas. —Scourgify! — El director
sonrió amablemente, ahora agitando su varita por todo el salón. Instantáneamente, la pintura roja y
dorada se desvaneció de las mesas, el piso y los estudiantes. Se restauró el orden.

— Aw. — James suspiró, sonando decepcionado.


— Una excelente manera de celebrar la victoria de Gryffindor en el campo de quidditch de este año
— Dumbledore se aclaró la garganta, mientras los estudiantes volvían a sus asientos, mirando
nerviosamente sus copas. — Y aunque doy la bienvenida y aliento a las demostraciones de orgullo
por la casa, me gustaría que todos recordaran que el verdadero espíritu deportivo radica en la
capacidad de ceder la victoria con gracia. Por favor únanse a mí para levantar sus copas por
Ravenclaw, ganadores de la copa de la casa de Hogwarts 1973.

Remus tuvo la incómoda sensación de que aunque Dumbledore no miró en la dirección de los
merodeadores, ellos eran absolutamente la audiencia destinada a esta amonestación. Se sintió un
poco avergonzado, pero solo un poco. Era difícil sentir lástima cuando en realidad no había habido
ningún daño y estaba tan lleno de comida excelente.

James y Sirius ya estaban planeando el final del próximo año, Peter sonriendo y asintiendo como
un tonto. Lily le guiñó un ojo a Remus mientras levantaban sus copas, y él esperaba que nada
cambiara jamás.
Verano, 1973

Sábado 30 de junio de 1973

Querido Remus,

Solo llevo media hora en casa de mis padres y me han dicho que estoy avergonzando a mi familia
cinco veces. Cinco. Tres de esas veces ni siquiera fueron de personas vivas: los retratos de nuestros
antepasados han decidido probar.

Voy a empezar a poner mis colgar cosas de Gryffindor ahora, creo.

Espero que llegues a casa bien.

Sirius O. Black

...

Querido Sirius,

Tu búho llegó antes de que yo regresara, tuvimos que coger dos subterráneos y un autobús, nos
llevó años.

Perdón por las cosas familiares. Ten cuidado. Ojalá todos estuviéramos en la escuela.

Remus.

...

Viernes 13 de julio de 1973

Querido Moony,

Ven a visitarnos pronto, ¡Peter y yo moriremos de aburrimiento!

No envíes búhos a Sirius, ¡su madre interceptó los míos y los devolvió con maldiciones adjuntas!
Afortunadamente, papá lo vio antes de que tuviéramos problemas, ¡pero maldita sea! Podría
intentar ponerme en contacto con su prima Andrómeda para ver cómo consigue mandar la
correspondencia. Creo que es de la forma muggle, pero Godric sabe cómo se supone que debemos
entender eso: ni siquiera he abierto mis libros de Estudios Muggles todavía.

Avísame si puedes venir a visitarnos. Recuerda que mamá dijo en cualquier momento. Podemos
hablar con tu Matrona y Madame Pomfrey, ¡El Ministro de Magia, si es necesario!

James.

...

Querido James,

Sé cómo funciona la correspondencia, pero tendría que contar con algunas estampillas. Y no sé
cuál es la dirección de Sirius.

Le pregunté a Pomfrey después de la última luna, ella dijo que no. Dijo que el mundo mágico es
demasiado peligroso para mí. No sé si quiere decir que soy yo el que es peligroso.

Lo siento compañero.

Moony.

...

Domingo 5 de agosto de 1973

Querido Moony,

Entonces. No creerás lo que pasó. En serio. La ceremonia estaba lista para comenzar - yo estaba
con mi horrible túnica verde (con puños de encaje negro - LACE , Moony. Simplemente imagínate
eso. Habrías pensado que me veía como un verdadero idiota). Regulus estaba allí, mi madre, padre,
la mitad de la familia.

Luego entra Narcissa, vistiendo algo que parecía pertenecer a mi abuela. Y ella no parece feliz, así
que pensé: bueno, es justo, no estoy exactamente emocionado. Pero luego se pone de pie, frente a
todos y dice: "Tenemos que parar de inmediato".

Entonces, todos se detienen, y mi madre parece que está a punto de comenzar a escupir
maldiciones, y mi tío le pregunta a Narcissa "¿A qué crees que estás jugando?" Y Regulus me
sonríe y Bellatrix también, solo que ella se ve una un poco más loca que Reg. Entonces Narcissa
les susurra algo a sus padres y mi tía LITERALMENTE CAYÓ DESMAYADA. No te miento. Y
todo el mundo estaba murmurando y susurrando, y mamá no podía soportarlo más y exige saber
qué está pasando, así que Narcissa se pone de pie, MIRA A MI MADRE A LOS OJOS y se lo
dice.

Hizo un voto inquebrantable de casarse con Lucius Malfoy tan pronto como termine sus
EXTASIS.

No recuerdo si te dije lo que es un voto inquebrantable, pero básicamente ella no puede no casarse
con Malfoy ahora, o de lo contrario ambos caen muertos. No sé si debería estar un poco ofendido
en ese punto, para ser honesto. Quiero decir, ¿Qué dice eso de uno, que una chica prefiera morir
antes que casarse contigo, incluso si es tu prima?

De todos modos, como probablemente te puedas imaginar, toda la familia Black está en guerra,
nadie se habla porque algunas maldiciones terminaron arrojándose entre mi papá y mi tío. No
puedo creer a Narcissa. En serio, estuvo a punto de gustarme por un segundo antes de recordar que
todavía es una Black y una Slytherin, y que quiere casarse con Lucius, el baboso y malvado
Malfoy, de todas las personas.

Pero parece que estoy fuera de peligro. No me quedan otras primas para casarme ahora. Todo el
mundo está furioso, obviamente, pero por una vez nadie está furioso conmigo. Creo que
probablemente volveré a Hogwarts en Septiembre. Escuché a mamá hablar de convertir a Reg en el
heredero. De cualquier forma, no podría importarme menos heredar esta casa asquerosa o su mala
fortuna. Más bien, simplemente me dejan en paz y siguen ignorándome para siempre.

Espero que tus vacaciones vayan tan bien como las mías (aunque no veo cómo pueden ser, porque,
honestamente, qué resultado tan estupendo, ¿eh Moony?)

Nos vemos en unas pocas semanas,

Sirius O. Black
...

Lunes 6 de agosto de 1973

Querido Moony,

Apuesto a que Sirius ya te ha contado la noticia, pero en caso de que no lo haya hecho, ¡EL
BETROTHAL ESTÁ APAGADO! Tenías razón, todo se redujo a Narcissa al final. Extraña
habilidad que tienes ahí, Remu mi amigo, no te apetece darme probabilidades en la copa mundial
de quidditch el próximo año, ¿verdad?

Tengo un verano realmente aburrido solo. La familia de Pete está viendo a sus parientes franceses,
así que ni siquiera tengo a nadie que me ayude a practicar mis capturas. Espero que el tuyo no sea
tan malo. Pensé que tal vez podrías pedirle a Madame Pomfrey que te llevara al Callejón Diagon en
Agosto. ¿O tal vez podríamos encontrarnos contigo y dejarte después? Mamá sigue preguntando
por ti, le encantaría volver a verte.

Póngase en contacto si puede.

Tuyo en el eterno aburrimiento,

James.

...

Lunes 13 de agosto de 1973

[Postal que representa la Torre Eiffel en primavera]

Querido Remus,

¡Bonjour y todo eso de París!

Espero que tus vacaciones sean buenas. Ojalá estuvieras aquí.

Peter.

...

Remus respondió a cada una de estas cartas con vigor, mucho más que el año anterior. Los
merodeadores habían visto lo suficiente su letra para saber cuán torpe era, y no creía que les
importaran algunos errores ortográficos. Le dijo a James que lo sentía mucho, pero que no podía ir
al Callejón Diagon (Madame Pomfrey dijo que eso tampoco era seguro, y no le diría por qué) y
felicitó a Sirius por su soltería, ganada con tanto esfuerzo, pero no le dijo que él, Remus, tenía algo
que ver con eso. Sería demasiado como jactarse, y no quería que Sirius sintiera que le debía algo.

El propio verano de Remus fue quizás tan aburrido como el de James y Sirius, pero lleno de más
propósito que cualquier verano anterior. Madame Pomfrey fue fiel a su palabra y llegó la noche
anterior y la mañana después de cada luna llena. Como tal, pasó menos tiempo cubierto con vendas
y tuvo más tiempo para leer y planificar el año que tenía por delante.

Cuando sus libros llegaron por cortesía de Dumbledore junto a sus cosas de segunda mano de
Hogwarts, Remus estaba emocionado de poder comenzar con su lectura. La aritmancia era muy
difícil, pero el desafío fue emocionante, y Cuidado de las criaturas mágicas era absolutamente
absorbente, aunque solo sea por las fantásticas ilustraciones en color.
Incluso la Matrona comentó, algo sospechosamente, que Remus había cambiado mucho después de
dos años fuera de la escuela.

— Es bueno ver que no te metes en problemas. — Dijo una mañana, cuando lo encontró sentado en
el fondo del jardín leyendo un pesado libro de texto usando su mágica hoja de acetato. En ese
momento, Remus simplemente la miró con los ojos entrecerrados y sonrió benignamente. Ella, por
supuesto, no tenía idea de que antes de que terminara el verano él habría cometido su primer delito
grave.

Desde su Navidad con los Potter, Remus había estado plagado de un problema en particular, y no
estaba seguro de cuál era la mejor manera de superarlo. Dinero. No tenía ninguno, muggle o mago,
Remus era tan pobre como podría alguien ser. Esto nunca le había importado mucho; después de
todo, St. Edmund's satisfacía sus necesidades básicas y Hogwarts le daba todo lo demás.

Pero. Pero. Le hubiera gustado, como mínimo, poder devolver la generosidad que le habían
mostrado sus amigos. Le habían comprado innumerables dulces y regalos; Sirius le había dado la
habilidad de leer, por el amor de Dios, y Lily lo había rescatado de un verano sin libros. Desde
hacia algún tiempo ya, Remus había decidido buscar la oportunidad más rápida que pudiera
resultar en un pago.

Afortunadamente para Remus, esta oportunidad se presentó una calurosa tarde de Junio. Estaba
leyendo, por supuesto, sentado afuera en un banco bajo la sombra de una vieja sombrilla de pub
que debió haber sido donada en algún momento desde su primer año. Ahora que tenía trece años, si
bien Remus no se encontraba entre los chicos mayores de St. Edmund's, ya no estaba al final de la
lista y, en general, podía evitar que lo molestaran demasiado.

Una sombra cayó sobre su libro y miró hacia arriba. Craig Newman, un skinhead de dieciséis años,
lo fulminó con la mirada. La banda de Craig ocupaba el primer lugar en la jerarquía de St Eddy's.
Todos escuchaban reggae, llevaban botas bovver y pantalones vaqueros con tirantes. Algunos
tenían tatuajes y todos tenían moretones.

— Qué pasa, Lupin? — Craig le gruñó. Remus parpadeó, cerró lentamente su libro y se preguntó si
era muy bueno como arma. De todos modos, era pesado.

— Qué onda, Newman.— Asintió, tratando de no parecer pequeño y asustado. Volvió naturalmente
a su antiguo acento durante el verano, arrastrando las palabras y soltando consonantes. Era lo más
seguro.

— ¿Estás leyendo? — Craig miró el libro con los ojos entrecerrados luciendo desconfiado. Remus
se preguntó si Craig sabía leer. Se encogió de hombros, con indiferencia,

— Cosas para la escuela.

— Seh — asintió Craig. Remus no movió un músculo. No podía entender lo que estaba pasando -
¿Craig realmente solo quería tener una charla informal? — Eres inteligente, ¿no? — Dijo el chico
mayor, de repente.

Remus no sabía con cuál respuesta era más probable que se ganara un golpe, así que no respondió
en absoluto. No importaba, a Craig no parecía importarle. Simplemente se rascó la barbilla, luego
sacó un paquete de cigarrillos de la manga de su camisa. — Sí, eres inteligente. Siempre leyendo y
eso. — Encendió el cigarrillo con una cerilla de Hit Boot, luego le ofreció el paquete a Remus.

Remus extendió la mano y tomó uno. Nunca antes había fumado, pero la mayoría de los chicos de
St. Edmund's sí. Craig se lo encendió y Remus inhaló. Sus ojos se llenaron de lágrimas a la vez, y
trató desesperadamente de no toser y balbucear. Eso era repugnante.

Craig lo miró con algo de diversión y continuó. — Pequeño también. Flaco, además.

— Supongo. — Remus respondió, tosiendo, viendo a Craig inhalar y luego tratando de imitarlo.

— ¿Te apetece un trabajo?

— ¿Trabajo?

Craig asintió con la cabeza, sus pequeños ojos fijos en Remus.

— Si. estarás bien. Lo haré en la ciudad. Mañana por la noche. No tiene seguridad. No tiene nada,
excepto un perro. Iremos tras el dinero y el alcohol. Puedes tener una parte. Solo necesito hacerte
pasar por la ventana trasera.

— Bien — asintió Remus, como si la perspectiva no lo aterrorizara por completo. Volvió a chupar
el cigarrillo, esta vez por costumbre. Él pudo ver el atractivo, una vez que superabas el sabor.
Consideró la sugerencia de Craig.

Por un lado, era muy peligroso. La pandilla de Newman no era conocida por su sutileza, y algunos
de ellos ya estaban en libertad condicional. Por otro lado, no parecía que tuviera muchas opciones.
Cuando Craig Newman quería que hicieras algo, tenías que hacerlo. Además, definitivamente
podría beneficiarse. El dinero muggle era casi inútil para él, por supuesto, pero podría haber una
manera...

Remus miró a Craig Newman con sus ojos de cerdito.

— Solo quiero cigarros.

Craig sonrió y asintió. Y así, Remus comenzó su corta carrera como ladrón.
Tercer Año: De nuevo en casa

In the corner of the morning in the past


I would sit and blame the master first and last
All the roads were straight and narrow
And the prayers were small and yellow
And the rumour spread that I was aging fast
Then I ran across a monster who was sleeping
By a tree
And I looked and frowned and the monster was me

Sábado 1 de septiembre de 1973

Después del primer trabajo, Craig y su pandilla estaban tan contentos con Remus que lo habían
llevado a cuatro más, a casas y pequeños negocios en los pueblos circundantes. Incluso sin una
capa de invisibilidad, Remus descubrió que tenía un don natural para llegar a lugares en los que no
debería estar. Eso es lo que dijo Craig de todos modos; "Malditamente natural, este niño".

La naturaleza era algo gracioso, pensó Remus, de camino a King's Cross. Recordó que James
dejaba una bolsa de monedas cada vez que asaltaban Honeyduke's. Al parecer, no estaba en la
naturaleza de James robar. Pero Remus no pensó que esta fuera una evaluación particularmente
justa, ya que James nunca había necesitado robar. Era el heredero de una enorme fortuna, al igual
que Sirius. Y la verdad es que nunca sabías de lo que eras capaz hasta que lo pruebas. Debe ser
muy fácil ser bueno cuando no hay razón para no serlo.

Aún así, Remus había resuelto nunca decirles a los otros merodeadores lo que había hecho ese
verano, y pasó el resto de su viaje soñando despierto con todos los regalos de Navidad y
cumpleaños que finalmente podría comprarle a sus amigos.

El baúl de Remus en Hogwarts este año estaba lleno de cajas de cigarrillos y bolsas de tabaco.
Mucho para poner en marcha un pequeño negocio; si era lo suficientemente inteligente, podría
deshacerse de la mayor parte antes de Navidad. Se les permitía ir a Hogsmeade este año, y la
Matrona había firmado su permiso sin problemas, incluso Madame Pomfrey pensó que
probablemente era lo suficientemente seguro para que él fuera.

La Matrona, al parecer, había aprendido la lección. Ella acompañó a Remus hasta King's Cross,
luego lo dejó allí, con un brusco adiós. Con el corazón latiendo fuertemente al igual que dos años
atrás, Remus voló hacia la barrera y exhaló solo una vez que llegó sano y salvo al otro lado. Estaba
de nuevo en casa.

No le tomó mucho tiempo espiar a Sirius, quien estaba encorvado contra un pilar de la estación
junto a su familia. La Sra. Black estaba preocupada por Regulus, que se veía más pálido que de
costumbre y estaba de pie con la espalda muy recta mientras Walburga lo peinaba y le siseaba al
oído. Obviamente, estaba ignorando a su hijo mayor, cuyo cabello lucía deliberadamente
desordenado y cuyas túnicas estaban ingeniosamente desordenadas y fuera de lugar. Remus pensó
que era mejor no acercarse.

— Hola Moony — le dieron una palmada en la espalda y se dio la vuelta para ver a James y Peter
sonriéndole. James había crecido unos centímetros y su rostro se veía un poco más delgado, pero
tenía los mismos ojos castaños brillantes y la misma mata de cabello negro. Peter parecía él
mismo, aunque parecía estar recuperándose de una quemadura de sol bastante dolorosa.

— Hola — Remus les sonrió, su corazón latía de emoción. Todo era como debía ser.

Sonó el silbato y subieron al tren para encontrar un compartimento vacío y esperar a Sirius.
Finalmente se le permitió unirse a ellos en lo que parecía ser el último minuto, y entró al vagón
murmurando sombríamente para sí mismo:

— Mantener las apariencias mi trasero.

— No hay cambios, entonces — James le guiñó un ojo a Remus. Sirius los miró a todos y su rostro
se iluminó en una sonrisa. Esa sonrisa de Sirius Black.

— ¡Pensé que nunca los volvería a ver!

— Godric, siempre tienes que ser tan dramático. — James le dio un puñetazo en el hombro,
mientras todos se levantaban para saludarlo.

— No sabes cómo es ella — se quejó Sirius, tomando la mano de James en un cálido y fraternal
apretón de manos. Luego vio a Remus y sonrió con picardía, "
— ¡¿Eres tú, Moony?! — Deliberadamente estiró el cuello, levantando una mano como para
protegerse los ojos y mirando hacia arriba, — ¿Puedes oírme ahí arriba?

— Jaja. — Remus respondió, moviéndose incómodo. — Tengo la misma altura que James.

— Ya no más — respondió James, acercándose a Remus para poder ver que de hecho era media
pulgada más alto que el chico de cabello oscuro.

— Sí, ¿cómo terminé siendo amigo con dos frijoles, eh?


— Sirius sonrió, golpeando a Remus en la espalda juguetonamente, — Suerte que te tengo, ¿eh,
Petey-chico?

— ¿Hm? — Peter levantó la vista de su pastel, confundido. Peter Pettigrew no parecía más alto de
lo que era cuando tenían once años, aunque era considerablemente más ancho.

Sirius parecía estar creciendo con gracia y en perfecta proporción, lo cual era típico. Era un poco
más alto, pero no larguirucho como James, delgado, pero no flaco como Remus. Su mandíbula
también se había ensanchado durante el verano, la sombra de la virilidad se elevaba en sus rasgos.

— Bien, — James se frotó las manos mientras todos se sentaban, — Ahora que todo eso está fuera
del camino, digo que pasemos a un nuevo negocio. ¿Planes para el año?

— Tenemos que terminar el mapa — dijo Remus rápidamente. Eso había estado jugando en su
mente durante algún tiempo. — No estamos lejos, y apuesto a que podemos descubrir ese
encantamiento homúnculo si realmente nos esforzamos.

— Definitivamente — dijo James, — El mapa es básicamente nuestro legado, ¿verdad?


Trabajaremos en eso, lo prometo.

— Y esa otra cosa — dijo Sirius de repente, muy bruscamente. James y Peter intercambiaron
miradas, y Remus sintió un nudo apretarse en su estómago.

— ¿Qué 'otra' cosa? — Preguntó, frunciendo el ceño.

James lo miró a los ojos, muy serio.


— Solo algo de lo que estábamos hablando el año pasado. Nosotros um... te avisaremos si
decidimos seguir adelante.

— No queremos meterte en problemas, Moony — Peter se rió, nervioso, — Cuanto menos sepas,
mejor, ¿eh?

Remus se sintió ofendido por esto. ¿No se había salido con la suya participando en la mayoría de
las bromas del año pasado y teniendo las menores detenciones? ¿Y no había sido el único que
había intentado siquiera hablar con Narcissa sobre los problemas familiares de Sirius? Por
supuesto, los demás no lo sabían; si tenían un secreto, él también podría tener uno. Miró por la
ventana, irritado, ignorando el resto de la conversación.

Finalmente, Peter suspiró profundamente,

— ¿Dónde está la bruja del carro? Tengo hambre.

— Acabo de verte terminar un pastel. — James respondió, ligeramente molesto porque había
estado a mitad de camino explicando su plan para hechizar a todas las escobas del equipo de
quidditch de Slytherin durante su próxima práctica.

— Sí, pero me apetece algo dulce. — Peter hizo un puchero, vaciando sus bolsillos y solo con los
envoltorios vacíos.

Remus vio su oportunidad y finalmente se animó un poco,

— Te tengo, Pete — buscó en su maleta y sacó un puñado de barras de chocolate, tirándolas en el


asiento vacío junto a él. Los otros tres chicos miraron la pila.

— ¿Que son estos? — Sirius tomó una barra de Mars, luciendo sospechoso.

— Chocolate muggle — dijo Remus, — ¡Son buenos! Adelante, no muerden.

Peter ya había desenvuelto y mordido una 'Vía Láctea', y sonreía de manera alentadora a los demás.
Remus seleccionó un paquete de Maltesers para él, sentándose satisfecho sabiendo que por una vez
había traído los bocadillos en el tren.

...

Remus notó que estaban sentados más lejos de la mesa del maestro cuando tomaron sus lugares
para la fiesta. El primer y segundo año ahora por debajo de ellos, los merodeadores ya no se
encontraban entre los estudiantes más jóvenes, lo que les dio un sentido innecesario de orgullo y
logro.

— Estás tomando Runas, ¿no es así Remus? — Preguntó Lily, dejándose caer junto a él. Se había
cortado el pelo durante el verano y tenía un flequillo suave que la hacía parecerse un poco a Jane
Asher.

— Sí — asintió.

— ¡Moony nos está abandonando! — Sirius gimió, cómicamente, fingiendo caer sobre el hombro
de James, sollozando desconsoladamente,

— Ya, ya — James le dio una palmadita solemne a su amigo en la espalda, — Espero que estés
feliz, Remus — le regañó — Está muy bien, que estés pasando a cosas más grandes y mejores,
pero piensa en nosotros, las pequeñas personas que estás dejando atrás.
— No voy a dejar a nadie atrás — murmuró Remus, con las orejas enrojecidas, —Simplemente no
me gustaba la adivinación.

— Ignóralos — dijo Lily, recatadamente, lanzando una mirada de desaprobación a Sirius y James,
que ahora se abrazaban, todavía fingiendo llorar histéricamente como si sus corazones estuvieran
irreparablemente rotos. Lily hizo una mueca, viendo que no tuvo ningún efecto, y se volvió hacia
Remus, — No tienen porqué estar juntos todo el tiempo. De todos modos, también estoy haciendo
Runas, ¿Has hecho la lectura previa?

Remus asintió con entusiasmo.

— Sí, parece realmente interesante.

— ¡Ajá! — Sirius miró hacia arriba, astutamente — Ahora veo.

— ¿Qué? — Remus preguntó, nervioso. Sirius tenía esa mirada malvada e impredecible en sus
ojos.

— No creo que tenga nada que ver con avanzar en su carrera académica — se rascó la barbilla,
sabiamente, — ¡Creo que nuestro querido Remoony ha sido atraído lejos del tema favorito de todos
debido al sexo opuesto!

— Cállate — Remus se sonrojó más, tratando de no mirar a Lily. Sirius siempre sabía exactamente
qué decir para avergonzarlo.

— Sí, cállate, Black — suspiró Lily, — Honestamente, ni siquiera pueden ser amables el uno con
el otro. Solo porque ninguna chica se acercaría a ti ni con un palo de cinco metros...

— Te haré saber que recientemente me comprometí para casarme — respondió Sirius, con un
movimiento de su cabello oscuro. James resoplaba de risa ahora, sus hombros temblaban.

— ¿Qué más estás tomando, Remus? — Preguntó Lily, ignorando deliberadamente a los otros
merodeadores.

— Cuidado de las criaturas mágicas —, suspiró Remus. Ya había tenido suficientes bromas sobre
eso de James y Sirius.

— ¡Oooh! — Marlene se dio la vuelta de repente, — ¡Mary y yo estamos tomando eso!

— ¡AJÁ! — Sirius dijo de nuevo, aún más fuerte, y James se derrumbó por completo.

Afortunadamente, la selección comenzó entonces y la sala quedó en silencio. La ceremonia era


extremadamente aburrida a menos que estuvieras involucrado en ella, descubrió Remus, y luchó
por contener un bostezo mientras la fila de asustadizos primer año se acortaba gradualmente y los
espacios en la parte superior de la mesa de Gryffindor se llenaban de nuevos estudiantes. Su
atención vagó y miró hacia la mesa de Slytherin, donde Narcissa estaba sentada en el otro extremo,
majestuosa como una reina y luciendo mucho más alegre que la última vez que la había visto.

Regulus, ahora de segundo año, estaba sentado al otro lado de su prima, luciendo tan aburrido
como Remus se sentía. Luego estaba Snape, uno de los Slytherins de tercer año, mirando a Lily,
como de costumbre. Él la miró a los ojos una o dos veces y Remus la vio sonreírle con su habitual
forma amistosa, pero no pareció alegrar ni un poco el humor de Severus. Solo Lily podía seguir
siendo amiga de alguien tan miserable, pensó Remus para sí mismo.

El banquete, cuando apareció, fue tan delicioso y bienvenido como siempre. Remus comió sus
habituales dos raciones de todo, incluído el pudín y una vez que la comida estuvo terminada,
Dumbledore dio su discurso habitual. Durante los últimos dos años, Remus se desconectaba en esa
parte de la noche, estaba demasiado lleno de buena comida y demasiado somnoliento por el largo
día como para prestar mucha atención. Pero algo en el tono serio de la normalmente juguetona
oración del director lo hizo escuchar.

Vio que no era el único. Hubo un murmullo bajo y ominoso de la mesa de Slytherin,
particularmente aquellos en los años superiores. Los Gryffindors alrededor de Remus también
parecieron enderezarse un poco más.

— ¿A que se debió todo eso? — Remus preguntó, mientras salían del salón hacia sus dormitorios,
las confusas advertencias de Dumbledore resonaban en sus oídos, — 'Unidad ante la oscuridad',
¿Qué es todo eso?

— Oh, claro, no lo sabes... — dijo James en voz baja. Miró a Sirius, que estaba raspando sus pies,
con las manos en los bolsillos. —Te lo diré cuando estemos solos, ¿de acuerdo?

Esperaron obtener la contraseña de ese año (' Codswallop' ) y se dirigieron directamente hacia las
escaleras hacia su dormitorio familiar. Todas sus camas estaban hechas, sus baúles al lado, y
Remus sintió una oleada de felicidad cuando entró. Sirius comenzó a desempacar de inmediato,
sacando sus amados pósters y libros muggles del baúl de James. James sólo desempacó su escoba y
comenzó a pulirla con amor, sentándose con las piernas cruzadas en su cama.

— ¿Entonces? — Remus preguntó, impaciente, — ¿El discurso extraño?

— Oh, sí — tragó James. Volvió a mirar a Sirius, quien parecía ignorarlos. James suspiró, pasando
sus manos por su cabello. — Todo es por política, en realidad.

— ¿Política? — Remus gimió por dentro. No sabía mucho sobre la política muggle, y mucho
menos sobre lo que sucedía en el mundo mágico, aparte del estatuto del secreto, que habían
cubierto en el primer año de Historia. Se acercaba un referéndum sobre la incorporación de Gran
Bretaña a la Comunidad Europea, pero eso no era hasta dentro de unos años, si Remus había
entendido correctamente los discursos del primer ministro y no podía ver cómo eso afectaba
mucho a los magos.

— Bueno, sabes que hay... um... bueno, ¿magos oscuros?

— Sí... — Remus trató de parecer informado. Recordó haber leído algo brevemente sobre
Grindelwald, pero no lo estudiarían hasta sus búhos.

— Ha habido un aumento en la magia oscura últimamente, eso es todo. Y mi papá me dijo... que
hay algunas cosas en el ministerio. Los jefes de departamentos presionan por reformas más
estrictas contra los magos nacidos de muggles y ... personas que son diferentes. Papá dijo que no
había nada de qué preocuparse, solo los viejos prejuicios habituales. Pero supongo que
Dumbledore piensa que debemos estar en guardia.

— Madre y padre convocaron una reunión. — Dijo Sirius, de repente. Ambos se volvieron para
mirarlo. Parecía atormentado, avergonzado y no quiso mirarlos a los ojos. — No me dejaron
entrar, obviamente, pero Reg fue. Siguen hablando de este Señor Oscuro, no sé, tal vez un político
al que quieran respaldar en las próximas elecciones. Todo lo que sé es que si los Black lo están
apoyando, entonces no puede ser bueno.

Incluso James no tuvo nada positivo que decir a la luz de este anuncio. Todos guardaron silencio,
hasta que Peter habló.
— Estamos en Hogwarts. — Dijo: — Mi madre siempre dice que Hogwarts es el lugar más seguro
de Gran Bretaña. Y tenemos a Dumbledore. — Dijo con firmeza, resolviendo el asunto. — Vamos,
Black, apuesto a que tienes otro disco muggle horrible con el que te mueres por asaltar nuestros
oídos.

Todos miraron a Peter con leve sorpresa. Sirius sonrió,

— En realidad — dijo, desempolvando su tocadiscos, —lo tengo.


Tercer Año: Bestias Fantásticas

Viernes 7 de septiembre de 1973

Al final de su primera semana del tercer año, Remus sintió que necesitaba otros dos meses solo
para recuperarse, y ni siquiera había habido luna llena todavía. Se sintió tonto por no considerar
que agregar tres asignaturas adicionales a su horario también aumentaría su carga de trabajo. Pero,
por supuesto, lo hizo, y cuando llegó el viernes, se sintió abrumado por la cantidad de tarea que
tenía que hacer durante el fin de semana.

- No es justo - se quejó Peter, - Se suponía que este año sería divertido, con Hogsmeade y todo.

- Todavía iremos a Hogsmeade, Peter - murmuró James sobre un mapa estelar de aspecto
complicado.

- Estoy con Pete - gruñó Sirius, arruinando su diario de sueños para Adivinación - Saquemos esto
de encima y vayamos a usar el campo de quidditch mientras aún hay luz.

James miró hacia arriba, ansioso,

- Sí, vamos entonces.

Los tres se pusieron de pie.

- No, gracias - dijo Remus, distraídamente. En realidad, estaba disfrutando bastante su tarea de
Transformación, un ensayo sobre transformaciones corporales. Ahora era bastante bueno en las
modificaciones básicas, para tapar cicatrices, y pudo responder las preguntas en profundidad.

- No te apetece revisar mis tareas de Estudios Muggles, ¿verdad, Moony? - Sirius preguntó,
matilosamente. Remus arqueó las cejas.

- Si tengo tiempo. James, Pete, ¿Quieren que mire el suyo?

- ¡Gracias Remus! - Peter sonrió, atándose los cordones de los zapatos.

- No - se negó James, - Pensé que podría pedirle a Evans un poco de ayuda más tarde.

- Vas a perder la batalla, amigo - aconsejó Sirius. - No sé por qué estás tan colgado de ella.

James solo se encogió de hombros, sin parecer desanimado en absoluto.

Remus pasó una o dos horas satisfactorias solo, completando el resto de su trabajo de la semana.
Había empezado con Pociones, pero pensó que podría soportar irse un poco más, Peter podría
echarle una mano a cambio de la tarea de comprensión de los Estudios Muggles. Ahora tenían
Pociones dobles los lunes, a primera hora, pero afortunadamente ya no con los Slytherin. De
hecho, la única clase que compartían con Slytherin ahora era Aritmancia, y ese no era un tema
práctico, por lo que había mucho menos espacio para la guerra a puertas abiertas.

La Aritmancia fue una verdadera sorpresa para Remus, había esperado quedarse atrás de Sirius y
James, al menos al principio. Pero parecía que este tema se basaba en la lógica, más que en la
habilidad mágica, y Remus había encontrado su primera lección sorprendentemente sencilla. La
tarea, que sabía que Sirius y James aún no habían intentado, era calcular sus propios números de
corazón y carácter usando el método Agrippan. En realidad, encontraba esto bastante
tranquilizador, aunque sabía que nunca se lo admitiría a nadie.

Herbología avanzó pesadamente a su ritmo habitual; Remus no podía fingir estar tan interesado en
ella, pero al menos no era difícil. Astronomía tampoco era su tema más fuerte, pero
afortunadamente Peter estaba tan emocionado de ser el único que sabía algo que le dio a Remus la
mayoría de las respuestas por nada.

Luego estaba su nueva materia favorita; Cuidado de criaturas mágicas, miércoles y jueves.
Tampoco iba a contarle eso a los demás; ya se burlaban de él por gustarle tanto la Historia y por
tomar Runas. Todo de buen carácter, por supuesto, se burló de ellos por hacer Adivinación, lo que
por lo que parece era bastante terrible.

Había leído su ejemplar de Animales fantásticos y dónde encontrarlos dos veces durante el verano;
había sido su lectura favorita antes de dormir. Las imágenes y descripciones eran tan vívidas que
llenaban sus sueños con las imágenes más espectaculares. No había nada en el texto establecido -
Remus se aseguró de verificar esto - sobre hombres lobo. Afortunadamente, no se los consideraba
en la misma liga que las 'criaturas mágicas', y parecía que no iban a estudiar 'mitad humanos' hasta
el próximo año en Defensa contra las artes oscuras.

- Espero que veamos a los unicornios - suspiró Marlene, apoyándose contra la pared mientras
hacían cola fuera del aula para su primera lección. -Algo realmente agradable, como eso.

Mary arqueó una ceja,

- Prefiero los dragones. ¡Algo un poco más emocionante!

- Me alegro de que no tengamos Kettleburn. - Marlene respondió. Esto hizo que Remus prestara
atención.

- ¿No es así? ¿A quién tenemos entonces?

- ¿No estabas prestando atención a Dumbledore en el banquete? - Marlene lo miró con


desaprobación. - Kettleburn está en Rumania... o Bulgaria, algo así, haciendo un trabajo para el
ministerio. No sé lo útil que sea, sin embargo, pues no está exactamente en una pieza...

- Entonces, ¿A quién tenemos?

- Quienquiera que sea no estuvo en el banquete - Marlene se encogió de hombros, - Pero mi horario
dice 'Profesor L. Ferox'.

Mientras decía esto, la puerta del aula se abrió y los de quinto año salieron por delante de ellos,
charlando animadamente. El grupo de tercer año de Gryffindor entró y Remus tomó un escritorio
junto a la ventana, al lado de Marlene. Cuando el maestro salió de su oficina, tanto Mary como
Marlene - y, de hecho, todas las demás chicas de la clase - se sentaron un poco más erguidas.

Era mucho más joven que Kettleburn, que era un poco canoso, incluso en su mediana edad. Remus
habría adivinado que este maestro tenía poco más de treinta años. También tenía todas sus
extremidades, lo que definitivamente era una ventaja. Su cabello era espeso y rubio arenoso, lo
suficientemente largo como para llegar a la mitad de su espalda. No estaba vestido con túnicas
como la mayoría de los profesores, sino ropa práctica y de exterior y pesadas botas de cuero
marrón. Tenía un rostro ligeramente curtido, que servía para darle a sus fuertes rasgos una especie
de atractivo rudo. Sus ojos eran de un azul brillante y brillaban mientras sonreía cálidamente a la
clase.

- ¡Buenas tardes! - Gritó, con un áspero acento de Liverpool. Juntó sus grandes manos callosas, -
Bienvenidos a su primer año de Cuidado de Criaturas Mágicas. Soy el profesor Ferox. Todos
habéis recibido el texto de Scamander, espero.

La clase inmediatamente sacó sus copias de Animales fantásticos, junto con pergamino y plumas,
luego lo miraron con atención. El profesor Ferox continuó sonriendo a todos.

- ¡Excelente! - Continuó: - Una lectura genial, como estoy seguro de que algunos de ustedes ya han
descubierto. Brinda una guía completa y agradable para identificar y encontrar la mayoría de las
criaturas mágicas conocidas, pero lo que no te puede dar, y lo que necesitarás para sobresalir en
esta clase, es pensamiento rápido, serenidad y nervios de acero.

Algunas de las chicas rieron ante esto, y Remus sintió una oleada de emoción. Ya ves James, pensó
con tristeza, que no es una materia para chicas. Sin embargo, no estaba seguro de las
especificaciones. Tenía suficiente valor, tal vez, tenía que tenerlo, después del verano que había
tenido, pero la serenidad no era uno de sus rasgos definitorios.

- Ahora, - Ferox juntó las manos, como si estuviera ansioso por comenzar. Se inclinó debajo de su
escritorio, - Miren lo que tengo para ustedes... - Cuando se frotó las palmas de las manos, la piel
áspera hizo un suave sonido de 'shh' - obviamente no pasaba mucho tiempo adentro, pensó Remus
para sí mismo - El profesor Ferox era claramente un hombre de acción.

El maestro levantó una gran canasta de mimbre, colocándola suavemente sobre su escritorio. La
abrió y de ahí salió una criatura grande y peluda. Era el gato más grande que Remus había visto
jamás, con un espeso pelaje plateado con manchas oscuras, orejas puntiagudas y una extraña cola
de cepillo como un león. Maulló, bastante malhumorado, luego saltó para sentarse encima de la
canasta de modo que estuviera casi al nivel de los ojos de Ferox. Miró imperiosamente a la clase,
moviendo su cola hacia adelante y hacia atrás.

El profesor Ferox acarició con un dedo largo el lomo del animal, que parecía tolerar, parpadeando
lentamente.

- ¿Alguien puede decirme qué tipo de criatura es Aquiles?

- Es un gato. - Mary dijo, sin rodeos, sin levantar la mano.

Ferox se rió alegremente.

- Un error común, señorita...?

- Macdonald. Mary Macdonald.

- Señorita Macdonald. No, Achilles no es un gato, aunque a menudo son mestizos.

- ¡Oh! - Un chico de Ravenclaw al fondo de la habitación levantó la mano,

- Si señor...?

- Stan Brooks, señor. ¿Es un kneazle, señor?

- ¡Cinco puntos para Ravenclaw! - Ferox asintió con entusiasmo, - Aquiles es un kneazle.

Remus suspiró interiormente. Él lo sabía, debería haberlo sabido, de todos modos, recordaba haber
leído sobre la cola. Mentalmente, eliminó el "pensamiento rápido" de la lista de requisitos de
Ferox. Con la esperanza de mostrarle al profesor que al menos estaba ansioso por aprender, Remus
comenzó a tomar notas mientras Ferox hablaba, todavía acariciando a Aquiles distraídamente.
- Siempre se puede identificar un kneazle por su apariencia felina, alto nivel de inteligencia, pelaje
moteado y por su cola emplumada. - dijo el maestro, indicando estas características con cariño, -
Están clasificados como XXX por el ministerio de magia - ¿alguien puede decirme qué significa
eso?

La mano de Remus se disparó, esta vez, pero también la de Marlene. Ferox la eligió y le preguntó
su nombre mientras lo hacía.

- Marlene McKinnon - le sonrió, - Señor. Las criaturas clasificadas XXX no se recomiendan para
la domesticación, pero no deberían resultar difíciles de manejar para un mago calificado.

- Excelente. Cinco puntos para Gryffindor. - Ferox ladeó la cabeza.

Remus echaba humo, en silencio. Lo había leído directamente del libro. Ferox continuó: - Nos
centraremos en XXX criaturas durante el resto del año. Ahora, si bien es cierto que los kneazles no
se recomiendan como mascotas, no es porque sean peligrosos. De hecho, cualquiera que le diga
que es peligroso probablemente se haya encontrado en el lado equivocado y no se debe confiar en
él. ¿Puede alguien decirme por qué?

La mano de Remus voló hacia arriba, ahora todo volvía a él. Pero Ferox eligió otro Ravenclaw,
esta vez.

- Porque pueden detectar personas sospechosas. - Davy Kirk habló, ganando otros cinco puntos
para Ravenclaw.

- Absolutamente. - El profesor sonrió, - Los Kneazles son excelentes jueces sobre las personas y
reaccionarán ferozmente ante cualquiera que no sea de confianza. Como tal, el ministerio requiere
que los propietarios de kneazle tengan la licencia adecuada y se hayan sometido a ciertas pruebas
de aptitud. Pero como puede ver, -acarició a Aquiles una vez más. El gato plateado apenas había
movido un músculo, excepto para inspeccionar a la clase: - Son mascotas maravillosas, siempre y
cuando se les muestre el respeto y el cuidado adecuado.

- ¿Es suyo entonces, profesor? - Mary preguntó, batiendo sus pestañas coquetamente, -Es
encantador.

- De hecho lo es - respondió Ferox, - si son cuidadosos y no lo sofocan, probablemente Aquiles los


dejará acariciarlo. Hagan una fila, clase.

Hubo un murmullo general y el ruido de las sillas cuando todos se pusieron de pie y formaron una
cola. Remus se aseguró de estar en la parte de atrás, para que tal vez, la lección haya acabado antes
de que él llegara al frente. Aquiles seguramente lo odiaría: los hombres lobo eran la definición
misma de indigno de confianza.

- Acércate a él lentamente y no evites el contacto visual. Si intenta ir a por ti, usará sus garras, así
que mantente alerta... ahí vamos, te dejará acariciarlo ahora, amable y gentilmente...

A medida que se acortaba la cola, el profesor siguió hablando, dándoles ánimos y hechos
interesantes, entretejidos con sus propias anécdotas. Remus no sabía lo que había hecho Ferox
antes de convertirse en profesor, pero ciertamente había tenido algunas aventuras, aparentemente
había viajado por todo el mundo.

Finalmente, Remus estaba al frente de la fila. Se sintió congelado en el lugar, mirando al animal de
ojos amarillos con nerviosismo.

- Vamos, entonces, ¿Cómo te llamas? - El profesor Ferox le indicó que se acercara. Remus no se
movió.

- Remus Lupin. No soy... um... los gatos no tienden a quererme. - Murmuró.

- Aquiles no es un gato. - Dijo el profesor, todavía sonriendo. -Vamos Lupin, adelante.

Remus suspiró profundamente y se acercó. No quería que alguien tan genial como Ferox pensara
que era un cobarde. Aquiles lo vio caminar hacia adelante. Se veía muy inteligente, había algo en
sus ojos, aunque tenía una nariz muy desagradable y respingona. Extendió su mano, permitiendo
que el kneazle lo oliera. Sus garras no estaban afuera, pero Remus estaba dispuesto a apostar que
eran muy largas y muy afiladas. Los gatos le habían arañado antes y nunca le habían gustado
realmente. - Muy bien, - decía el profesor Ferox, - Ahora, un poco más cerca y dale un golpe,
continúa.

Remus tragó saliva y obedeció, listo para saltar hacia atrás si era necesario. Pero a Aquiles no
parecía importarle que fuera un hombre lobo. En cambio, en realidad comenzó a ronronear
mientras Remus lo frotaba tentativamente detrás de la oreja, cerrando los ojos y luciendo
completamente dócil. - ¡Allá estamos! - El profesor Ferox vitoreó, encantado, - Excelentes jueces
de carácter, kneazles. Ahora, no nos queda mucho, así que si todos anotan la tarea...

Remus acarició a Aquiles un poco más. La criatura parecía disfrutarlo tanto que se sintió mal por
detenerse.

- Eso estuvo bien, ¿no? - Marlene charló, al salir de su primera lección: - Espero que siempre traiga
cosas para que las veamos.

- No será muy práctico cuando lleguemos a las criaturas XXXXX. - Dijo Remus.

- Aunque quizás vuelva a traer a Aquiles - respondió Marlene, esperanzada.

-¡A quién le importa su gato! - Mary le dio un codazo, - Es jodidamente hermoso.

- Sí - se rió Marlene, - Me pregunto si está soltero.

Remus suspiró y comenzó a quedarse atrás de las chicas. Eran una pesadilla cuando se metían en el
tema de los chicos, y era mejor mantenerse fuera de su camino antes de que comenzaran a ponerse
poéticas sobre James y Sirius. Comenzó a soñar despierto mientras deambulaban en dirección al
gran salón para almorzar.

Había sido una mejor lección de lo que esperaba, y aunque Ferox no le había dado ningún punto de
la casa, esencialmente había dicho que Remus tenía un carácter digno de confianza. Nadie había
dicho algo así antes, y eso lo hizo sentirse inusualmente complacido consigo mismo, una sensación
de paz que continuó durante el almuerzo, hasta la lección de pociones más tarde ese día, y todavía
estaba fuerte esa noche mientras se dormía. . Soñó con leones.
Tercer Año: El mercado negro de Hogwarts

Miércoles 12 de septiembre de 1973

— ¡Uf, vuelve a la cama, Lupin! — Sirius le arrojó un zapato desde su cama.

— ¡Lo siento! — Remus se encogió, culpable, mientras rápidamente cerraba las cortinas, arrojando
la habitación a la oscuridad. Eran las 5 de la mañana y estaba despierto. Más despierto de lo que
jamás se había sentido en su vida.

Se arrastró escaleras abajo, sin querer molestar a nadie más, agarrando una caja de zapatos bajo un
brazo. Con un libro nuevo para leer, Remus instaló el campamento en el sillón más cómodo de la
sala común desierta. A menudo bajaba temprano, en mañanas como esta, cuando su cuerpo
simplemente se negaba a dormir y tenía tanta energía que pensaba que podía correr alrededor del
castillo sin sudar. Remus nunca había intentado esto en realidad; en todo caso, trató de alejar el
extraño impulso, encerrarlo y concentrarse en su mente.

Aún así, luchó por concentrarse en su libro. Pensó en salir a caminar, pero en realidad no se les
permitía salir de los límites hasta que comenzaba el desayuno a las seis. Uf, tenía que tratar de no
pensar en el desayuno, o su estómago empezaría a gruñir. No importaba que anoche se hubiese
comido tres raciones de puré de patatas con su estofado de ternera. Hasta Peter parecía
impresionado.

Incluso si era la hora del desayuno, había dicho que estaría en la sala común durante una hora a
partir de las seis y media en adelante. Ese era el momento ideal, había decidido - nadie esperaba
que estuvieras haciendo algo nefasto tan temprano en la mañana, y los otros merodeadores
normalmente no se levantaban hasta las siete y media, incluso entre semana. Sirius se quedaría en
la cama más tiempo si pudiera. James a veces se levantaba para practicar con la escoba por la
mañana temprano, pero normalmente no hasta pasadas las siete.

Remus miró la caja de zapatos en su regazo. Podría lanzar un hechizo de desvío rápido si James
bajara antes de lo esperado, eso no sería demasiado difícil. Eso sí, con el estado en el que se
encontraba su magia en ese momento era mejor que no lo hiciera mientras la caja estaba en su
regazo, o corría el riesgo de desaparecer algo mucho más vital. Ya había estado en Madam
Pomfrey una vez este trimestre, intentando dejarse crecer el pelo en Transfiguración. Necesitaba
que Peter y James lo ayudaran a llevar sus cabellos que crecían rápidamente a la enfermería; Sirius
se había estado riendo demasiado para ser de alguna utilidad.

Remus experimentó levitando su libro, pero se disparó hacia el techo, golpeándolo con fuerza antes
de caer en picado hacia el suelo. Él suspiró. Al parecer, no podía hacer nada más que quedarse
quieto y esperar. Deseó poder tener el tocadiscos encendido, Sirius lo había dejado en la sala
común junto con sus álbumes más recientes de Andrómeda, Aladdin Sane y Led Zeppelin IV.
Sirius había estado escuchando 'Black Dog' en repetición durante semanas.

Remus abrió la caja de zapatos e hizo un inventario rápido, aunque fue innecesario; esta sería su
primera venta. Si alguien venía. Había hablado con algunos de los de quinto año a los que había
visto fumar el año anterior, y a ellos les interesó. Parecían tener la impresión de que los 'cigarrillos
muggles' eran de alguna manera más potentes, o tal vez simplemente más exóticos que los
mágicos. No hizo nada para desalentar la idea y les dijo que corrieran la voz.

Sirius había obtenido una vez una lista exhaustiva de todas las reglas de la escuela de Hogwarts,
sugiriendo que intentaran romper todas antes de llegar al séptimo año. Remus lo leyó y no encontró
nada que mencionara el tráfico de tabaco. No si tomabas el reglamento muy literalmente, de todos
modos. Además, no iba a ser algo normal, solo tenía las cosas que había traído consigo.

Había planeado pensarlo un poco más, y esperar hasta después de la luna llena, pero luego
descubrió que su primer fin de semana de Hogsmeade tenía lugar el 15 y había decidido que tenía
que darse prisa.

Sirius y James ya habían planeado el viaje en su totalidad, sin consultar a Peter o Remus, quienes
simplemente estaban felices de seguirlos como de costumbre. Honeyduke's, obviamente, y Zonko's
para abastecerse de bombas de estiércol. Luego la casa de los gritos, porque el padre de James no
creía que estuviera encantada, lo que significaba que James tampoco, y Sirius quería demostrar que
ambos estaban equivocados. Además estaban muy interesados en que Remus probara algo llamado
cerveza de mantequilla.

Remus tenía sus propios planes. Iba a decirles que una tía desaparecida hacía mucho tiempo había
muerto y le había dejado una cantidad muy pequeña de dinero. Con suerte, esto sería una
explicación suficiente para satisfacer a James, quien estaba seguro que preguntaría de dónde había
adquirido Remus su nueva riqueza. Remus sabía que los delitos menores, incluso en el mundo
muggle, no eran algo que James se tomara a la ligera. Sirius podría ignorarlo, teniendo poca
consideración por las reglas en cualquier entorno, pero probablemente también intentaría prestarle
a Remus algo de su propio dinero, lo que anulaba todo el punto.

— ¿Lupin? ¿Eres tú?

Un sexto año había bajado las escaleras de los dormitorios de los chicos, todavía con los ojos
entrecerrados, agarrando un libro de texto NEWT.

— Sí — Remus se sentó más derecho en el sillón, despertado de su ensueño.

— Genial, um ... ¿dijiste cinco sickles por un paquete de veinte?

— Así es. — Remus abrió su caja, rápidamente, señalando al sexto año.

Hicieron el cambio y el de sexto año se escabulló por el agujero del retrato, probablemente fuera a
fumar un cigarrillo por la mañana antes de ir a la biblioteca. Las pequeñas monedas de plata
repiquetearon pesadamente en la mano de Remus y sonrió para sí mismo. Vendía todo por el doble
del precio del mercado, pero si la gente estaba dispuesta a pagar...

Hizo dos ventas más a unos de quinto año y a una niña de séptimo que compró un paquete de
tabaco suelto y le preguntó si tenía algo "más divertido" a la venta. Estaba un poco confundido por
lo que ella quería decir. Y solo repitió que solo tenía pre-enrollado y suelto. Ella se encogió de
hombros

— Le preguntaré a Martha Ebhurst en Hufflepuff, por lo general tiene buenas cosas.

Remus asintió, todavía sin estar seguro de lo que quería decir. De cualquier manera, parecía que no
era el único estudiante de la escuela con una mente emprendedora.

A las siete y cuarto, la caja de zapatos de Remus estaba medio vacía y sus bolsillos tintineaban.
Profundamente satisfecho, guardó todo mientras la sala común se llenaba de estudiantes que
comenzaban sus días.

— Cuidado Remu — James bajó corriendo las escaleras, escoba en mano, justo cuando Remus se
dirigía hacia ellas, — Te levantaste temprano.
— Sí, no podía dormir. — Remus respondió evasivamente. Afortunadamente, James estaba
ansioso por salir al campo de quidditch y no prestó atención a la caja de zapatos, o al extraño
sonido tintineante de la túnica de Remus.

— ¿Nos vemos para el almuerzo? — Llamó, ya en el pasillo al otro lado de la habitación,

— Claro. — Remus asintió y se apresuró a subir las escaleras.

En el dormitorio, Peter estaba en la ducha y Sirius todavía dormía, con las mantas cubiertas por la
cabeza, la única parte visible de él era su cabello negro desparramado sobre la almohada blanca.
Remus se acercó silenciosamente a su cama y depositó su dinero y sus bienes, antes de juntar sus
libros para el día.

James, obviamente, había corrido las cortinas antes de irse, y - pensó Remus con cierta molestia -
no había recibido la misma reprimenda de Sirius que él. Había suficiente luz para que él clasificara
cuidadosamente su tarea y la guardara con cuidado en su bolso. Había hecho todo el trabajo que
tenía que hacer durante los próximos días, sin saber cuánto tiempo Madam Pomfrey le haría
permanecer fuera de las lecciones. Esperaba que no fuera demasiado, le había pedido a James que
tomara nota de la tarea para sus clases compartidas, pero también se perdería Cuidado de criaturas
mágicas y Runas. No podía pedirle a ninguna de las chicas que le consiguiera las notas adecuadas,
no sin que le preguntaran dónde estaría.

Su estómago volvió a rugir. Se preguntó si James estaría desayunando ahora mismo. Potter a
menudo comía comida sobre la marcha, siempre corriendo de un lugar u otro. La puerta del baño
se abrió con un chirrido y Peter miró por la puerta, con el pelo todavía húmedo y las mejillas
rosadas por la ducha. Saludó y articuló un 'buenos días, Moony'. Remus levantó una mano en
respuesta.

Peter miró a Sirius, que todavía era solo un bulto en el edredón, con ansiedad, antes de caminar
cuidadosamente de puntillas hacia su propia cama para buscar su corbata. Remus miró con algo de
diversión mientras Peter intentaba recoger sus cosas sin hacer ni un sonido. Había una delgada
línea, pensó Remus, entre mostrar respeto por los hábitos de sueño de tus compañeros de
dormitorio y ser un completo y absoluto cobarde.

Fue cruel de su parte, pero Remus se sentía particularmente malvado esa mañana. Échale la culpa a
la luna. Sacó su varita lentamente de su bolsillo y la agitó muy levemente, susurrando en voz baja.

En un instante, la mochila de Peter se deslizó por el borde de la cama y aterrizó con un ruido sordo
que reverberó en las paredes de piedra del dormitorio y sacudió los cristales de las ventanas. Peter
se quedó helado y se puso pálido con los ojos muy abiertos. Le lanzó una mirada a Sirius, que se
estaba moviendo, y prácticamente huyó de la habitación, dejando atrás su corbata.

Remus soltó una carcajada, tuvo que sentarse en su propia cama, agarrándose el estómago. Cuando
abrió los ojos, todavía recuperando el aliento, Sirius estaba completamente despierto, todavía
acostado en la cama, apoyado en un codo, mirando a Remus como si estuviera loco.

— Hiciste eso a propósito, ¿no?

Remus se encogió de hombros y asintió con la cabeza, levantándose de nuevo y volviendo a su pila
de tareas. Sirius le arrojó una almohada.

— Idiota.

— ¿Qué? Pete parecía un tonto andando de puntillas a tu alrededor, no pude evitarlo.


— No muy galante de tu parte, metiéndote con los débiles, Moony — Sirius bostezó y se estiró.

— Está bien, — Remus agitó una mano desdeñosa, — Le llevaré su corbata. De todos modos,
alguien tenía que levantarte, vamos, es el desayuno.

Sirius bostezó de nuevo.

— Tráeme algo.

— No.

— James lo haría — se quejó Sirius.

— James no está aquí.

— Peter lo haría.

— Como hemos establecido —dijo Remus, subiendo su mochila al hombro, — Peter es un


cobarde.

Sirius gimió y se reclinó.

— Bien, me levantaré. ¿Me esperas?

— Tengo hambre. — Remus se quejó.

— ¡No tardaré mucho! Solo velo como un castigo por despertarme.

— Me arrojaste un zapato esta mañana.

— ¿Te pegué?

— No.

— Bien entonces. — Sirius se levantó de la cama, agarrando su uniforme. — Te lo merecías de


todos modos, levantándote tan estúpidamente temprano.

— No podía dormir. — Remus dijo: — Creo que es la luna.

Sirius se detuvo frente a la puerta del baño. Miró a Remus con algo parecido a lástima, si es Sirius
Black podía sentir lástima por alguien más que por sí mismo. Remus se arrepintió de haberlo
dicho; no quería compasión, rara vez mencionaba la luna llena exactamente por esa razón.

— Lo siento, Lupin. — Sirius dijo: — ¿Es ... quiero decir, te preocupas por eso?

— No, no es así, — dijo Remus, apresuradamente, —Simplemente me pongo inquieto. También


me da hambre, así que date prisa. — Se rió, ligeramente, para demostrar que todo estaba bien.
Sirius sonrió, desapareciendo en el baño.

— Deberías estar agradecido, Moony, — llamó desde adentro, abriendo la ducha, — No muchos
Gryffindor podrían acostarse cuando saben que están compartiendo una habitación con un hombre
lobo inquieto.

— Estúpido. — Remus respondió.

...
Jueves 13 de septiembre de 1973

Se despertó arriba, lo cual era inusual. Había ratones en la casa, lo sabía porque a menudo los veía
antes de transformarse. Quizás una vez que se transformó los persiguió, pero no creía haber
atrapado a ninguno. Tres de sus dedos estaban rotos, pero al menos sus hombros no se habían
dislocado, eso ya había sucedido dos veces este año.

Antes de moverse, Remus hizo una serie de controles mentales de arriba a abajo. ¿Qué le duele?
¿Cuánto duele? ¿Estaba adormecido en alguna parte? ¿Podía mover todas sus extremidades cuando
él quería hacerlo? No, parecía estar bien. Algunos rasguños, ninguno demasiado profundo. Se
había librado fácil. Quizás el lobo también estaba feliz de estar de regreso en Hogwarts.

Se levantó del suelo y cojeó hasta la ventana. A veces, sus rodillas se descoyuntaban un poco, pero
esta mañana solo le dolían. Trató de pasar por los huecos de las tablas, pero no sirvió de nada. La
casa estaba bien sellada.

— ¿Remus, querido? — La voz de Madame Pomfrey venía desde abajo.

— Ya voy — gruñó con voz ronca. Su ropa estaba abajo, así que arrancó una manta vieja de la
cama con su mano buena y se envolvió en ella. Olía a moho y cosas muertas.

...

— ¿Qué les he dicho muchachos? ¡No puede recibir visitas el primer día! — El regaño de Madame
Pomfrey interrumpió sus sueños. Remus parpadeó y bostezó. El hospital estaba tenuemente
iluminado, las cortinas corridas. Ya debía de ser de noche. Su estómago gruñó. Se preguntó si ya
había comido algo o si la enfermera lo había dejado dormir. Perdía mucho tiempo, después de una
transformación, como sus huesos, nada parecía encajar bien.

— Ha pasado casi un día. — la voz de Peter ahora. — Le trajimos chocolate.

— Bueno, eso es muy amable de su parte, queridos — la voz de Madame Pomfrey se suavizó un
poco. Ella no era una disciplinaria natural. — Pero el señor Lupin está durmiendo...

— Me encantaría un poco de chocolate — gritó, esperando que pudieran escucharlo. Sentía la


garganta en carne viva.

La cortina se abrió para revelar a Peter, James y Sirius parados allí, luciendo triunfantes.

— ¡Hola, Moony! — James y Sirius corearon, dejándose caer al final de la cama, a ambos lados de
sus tobillos.

— Aquí tienes — Peter dejó caer tres ranas de chocolate en su regazo.

— ¡Salud!

— Bueno, si estás despierto de todos modos —, suspiró Madam Pomfrey, — iré a buscarte algo de
comida adecuada. Media hora, chicos, eso es todo.

— Aquí está tu tarea, gran bicho raro. — James sacó un pergamino de su bolso y se lo entregó.

— Gracias James, eres un héroe — Remus lo puso en su mesita de noche para más tarde.

— Y aquí está el resto, — Sirius le entregó un poco más. — Tuve que esperar fuera de tu clase de
Cuidado de Criaturas Mágicas durante la mitad del almuerzo, así que será mejor que obtengas las
mejores calificaciones.

— ¡¿Lo hiciste?! — Remus miró a Sirius, asombrado. Sirius asintió imperiosamente.

— Lo hice. También tengo que decir que estoy un poco celoso de ti. Parece un tema realmente
interesante, desearía no estar atrapado tomando Adivinación.

— ¿Pero qué hay de mí? — James dijo, jadeando dramáticamente.

— Te veo demasiado a ti. — Sirius replicó, dándole un empujón.

— Tienes un corazón tan amable. — James suspiró, mirando a Sirius con ojos grandes, de modo
que Peter comenzó a reír incontrolablemente. Sirius empujó a James de nuevo, y James saltó hacia
él, tirándolo en una llave y revolviendo el cabello de Sirius.

—Oye, Moony —dijo Peter de repente—, Arbella Fenchurch me dio esto para ti —dejó un puñado
de sickles—. ¿Dijo que sabías para qué era?

— Er... sí, gracias Pete. — Remus trató apresuradamente de recoger las monedas y esconderlas
debajo de su almohada. — Yo... yo tenía esta tarjeta de rana de chocolate que ella realmente
quería. Aglaonike de Tesalia.

— ¡Oh, yo quería esa! — Peter parecía herido. Remus se encogió de hombros.

— Lo siento compañero. El dinero habla.


Tercer Año: Hogsmeade

Sábado 15 de septiembre de 1972

— Empaca tu capa, James.

— ¿Por qué?

— Nunca se sabe, ¿verdad?

— Bien, pero dudo que la necesitemos.

— No olvides que me debes un galeón en esa apuesta que hicimos.

— No me olvido — respondió James, pacientemente — Relájate un minuto, ¿quieres?

— Nunca. — Sirius le devolvió la sonrisa, — ¿Te das cuenta de que esta es la mayor emoción que
he tenido en meses? Ni siquiera se me permitió ir al Callejón Diagon este verano.

— Tuviste más cosas que yo — respondió James, resentido, — Al menos tuviste todo ese drama
del compromiso. Mi familia es tan aburrida.

—Cállate, Potter, tu familia es increíble y lo sabes. Definitivamente tuve el peor verano.

— Yo la pasé muy bien en Francia. — Peter habló, pero nadie le prestó mucha atención.

— ¿Qué hay de ti, Moony? — Preguntó James, mientras bajaban las escaleras hacia la sala común.
Una pandilla de estudiantes de tercer año emocionados estaba esperando, listos para su primer
viaje al pueblo. Los estudiantes mayores los vigilaban con una especie de nostalgia cariñosa.

— ¿Que hay de mí?— Preguntó Remus, alejando los flashbacks del verano, el recuerdo de meterse
a través de una pequeña ventana del baño y aterrizar de rodillas en la baldosa de abajo.

— ¿Como estuvo tu verano? No nos has dicho nada.

— Nada que decir. — Dijo Remus. — Más aburrido que los dos, sin magia. Solo leí.

— Bueno, todos vendrán a la mía en Navidad. — James dijo, alegremente. Comenzaron a salir de
la sala común y se dirigieron hacia la entrada principal. —Igual que el año pasado, ¿no? La luna es
el diez de Diciembre, así que ni siquiera tenemos que preocuparnos por eso.

Remus se quedó boquiabierto.

—¿Cómo sabes cuándo es? — Ni siquiera había mirado tan lejos todavía.

— Te lo dije, estábamos aburridos durante el verano — le dio un codazo Sirius, — Buscamos las
próximas lunas hasta dentro de diez años.

— ¡¿Pero por qué?! — Remus se debatió entre sentirse muy conmovido y algo violado. No era
algo de lo que ellos debían preocuparse. Era su propio problema privado, y siempre lo había sido.

— Es como el quidditch. — James dijo - siempre que algo era importante para él lo comparaba con
el quidditch — Tienes que conocer las debilidades de tu equipo para trabajar con sus puntos
fuertes.
— Si tú lo dices. — Remus respondió con tristeza, no queriendo hablar mucho más de eso. Había
esperado que una vez que supieran sobre su condición no habría más investigación a sus espaldas.
Que todos podían seguir adelante con las cosas de la forma que él prefería, que era ignorar el
problema por completo.

El problema era que nada era privado cuando se trataba de James y Sirius, toda tu vida estaba en
juego. Remus todavía no estaba acostumbrado a esto - por mucho que trató de mantenerse al día,
había algunas cosas que nunca querría compartir. Todo estaría muy bien si fuera James y tuviera
padres abiertos que le hablaran y le escucharan a cambio. O Sirius, que era tan extrovertido y casi
completamente desvergonzado.

— Mira quién es — Sirius le dio un codazo a James, señalando una figura oscura que esperaba en
la entrada del arco. Lily empujó a los merodeadores y fue a su encuentro con Snape.

— ¡¿Por qué son amigos?! — James se pasó las manos por el pelo distraídamente.

— Crecieron en el mismo pueblo. — dijo Remus, mientras continuaban, mirando a la pareja de


delante, hablando animadamente; una pelirroja, una negra.

— ¿Cómo lo sabes? — James se volvió hacia él, luciendo ofendido.

— Ella me dijo.

— ¿Te gusta entonces? — Preguntó James, claramente luchando por saber cómo reaccionar.
Remus puso los ojos en blanco.

— No. Solo charlamos. — dijo con firmeza. — Y si te gusta, entonces quizás quieras probarlo.

Últimamente había notado que este tipo de charlas se arrastraba en sus conversaciones. A veces
tenía que comprobar que estaba hablando con los merodeadores y no con Marlene y Mary: "a él le
gusta tal", "a ella le gusta tal y tal", y así sucesivamente. Para empeorar las cosas, Avni Chaudhry,
un tercer año de Gryffindor, ahora salía con Matthew Studt de cuarto año de Ravenclaw, y nadie
había hablado de nada más durante días; todos parecían tener una opinión al respecto. A Remus le
resultaba abrumadoramente aburrido, para él (salvo unas pocas excepciones) las chicas seguían
siendo incomprensibles.

— Aunque le gustas. — Dijo James. — Hicieron toda la revisión juntos el último trimestre.

— Solo porque no podían ser molestados — respondió Remus a la defensiva. Se estaban acercando
a la ciudad ahora, un grupo de bonitos edificios de piedra se encontraba justo debajo de ellos. — Y
no es como si estuviéramos solos, Mary y Marlene también estaban allí.

— Todos necesitamos tomar notas de Moony, — bromeó Sirius, — Los pájaros lo siguen a todas
partes. ¿Cómo lo hiciste, Lupin? ¿Es por esos grandes ojos marrones tuyos?

James y Peter rieron disimuladamente, pero Remus lo ignoró, caminando un poco por delante, con
las manos en los bolsillos, todavía cojeando levemente por su última transformación. Esa fue una
sugerencia completamente ridícula, especialmente cuando era obvio para cualquiera con ojos que
Sirius era el chico más guapo del año.

Estaba más claro que nunca, ahora que todos eran más altos, pasando de la niñez a la adolescencia.
James tenía una cierta dosis de arrogancia; eso venía con riqueza y habilidad en el campo de
quidditch, pero Sirius siempre iba a estar en otra liga diferente. Remus no había decidido si estar
celoso por eso o no, y trató de no pensar demasiado en eso.
Cuando finalmente llegaron a Hogsmeade, Remus no pudo estar más aliviado. El pueblo parecía el
tipo de lugar que Remus había pensado anteriormente que solo existía en los libros para niños. Las
calles adoquinadas brillaban bajo el sol amarillo de mediados de septiembre, y las hileras
desordenadas de cabañas Tudor con vigas negras bien podrían haber estado hechas de pan de
jengibre y azúcar hilado.

— ¿Honeyduke's? — Dijo James.

— Honeyduke's. — los demás respondieron al unísono.

Remus nunca antes había entrado en la tienda de dulces por la puerta principal, ni había estado en
el piso de la tienda. Estaba lleno hasta las vigas con cajas, frascos y bolsas de todo tipo de dulces
imaginables. Grandes árboles de piruletas de vivos colores, del tamaño de molinetes, losas de
chocolate del tamaño de adoquines; montones y montones de relucientes ratones de azúcar.

La tienda también estaba llena de estudiantes de Hogwarts, y los merodeadores tenían que empujar
y apretar para siquiera acercarse a los productos. Llenaron su canasta con suficientes dulces para
que les durara hasta Navidad, al menos, antes de hacer cola para la caja, atendida por un mago de
pelo blanco de aspecto muy trastornado. Remus se dio cuenta de que probablemente era el señor
Honeyduke y se preguntó si el comerciante sabía que había un túnel secreto en su sótano.

Después de eso, su siguiente parada fue Zonko's, la tienda de bromas, que estaba tan ocupada como
la de Honeyduke, y uno de los lugares más ruidosos en los que Remus había estado. Cada pocos
segundos, algo parecía explotar, estallar o comenzar a silbar en algún lugar de la tienda,
acompañado por la risa encantada o los gritos horrorizados de los estudiantes. James y Sirius eran
claramente veteranos en las compras de bromas pesadas, e hicieron un barrido eficiente de las
instalaciones, sopesando los beneficios y desventajas de cada artilugio como un par de banqueros
en la bolsa de valores. Media hora más tarde y finalmente se estaban yendo, cargados con bolsas
llenas de bombas de estiércol, varitas de truco, tinteros explosivos, dulces de hipo y barras de jabón
de engendro de rana.

Remus pensó que quizás habían sido un poco miopes al hacer todas sus compras primero, porque
después James y Sirius querían visitar la Choza de los Gritos, lo que significaba dejar la calle
principal y enfrentar una subida cuesta arriba, con las mercancías a cuestas.

— Entonces, ¿qué es este lugar, de nuevo? — Remus resopló mientras luchaba por la colina, su
rodilla y cadera todavía le molestaban.

— Casa embrujada — respondió James, tomando dos de las bolsas de compras más pesadas de
Remus sin decir una palabra. — El lugar más embrujado de Gran Bretaña, dice papá.

— ¡No está embrujada! — Sirius llamó desde más adelante, —Ustedes los Potter son
supersticiosos.

— Escuché que los fantasmas son realmente desagradables —dijo Peter, ansioso, luchando casi
tanto como Remus con la empinada pendiente. — Peor que Peeves.

— ¿Son poltergeists, entonces? — Remus preguntó, curioso, había estado planeando leer un poco
sobre apariciones espirituales cuando tuviera la oportunidad, después de enterarse de que había
sido el área principal de estudio de su padre.

— Eso es lo que creo — dijo James, — Los lugareños dicen que algunas noches escuchan gritos
provenientes de la casa.
— Sin embargo, solo por unos años — respondió Sirius — Los poltergeists no se mudan en un
momento. Tendría que haber décadas y décadas de perturbación y acumulación de energía negativa
para...

— Oh Dios mío.

Lupin se detuvo y casi dejó caer las bolsas que aún sostenía. Había mirado hacia la casa por
primera vez y un escalofrío le golpeó la boca del estómago.

— ¿Qué pasa Moony? ¿Quieres que me lleve tus otras bolsas? — Preguntaba James.

Remus negó con la cabeza, sin palabras, no podía apartar los ojos. Nunca antes lo había visto desde
fuera; siempre venían por el túnel. Pero conocía la sombra de la madera, sabía cómo eran las
ventanas con tablas.

— Maldita sea, si está embrujado, entonces creo que Moony ha sido poseído. — Dijo Sirius,
sonando como si solo estuviera bromeando a medias. — Oi, Lupin. Estás siendo raro, detente.

—Esa es... — Remus luchó por encontrar las palabras. Cerró los ojos y trató de respirar unas
cuantas veces. — Esa es la casa. Donde me ponen.

James pareció entender de inmediato y puso una mano en el hombro de Remus de una manera
fraternal.

— Ok, vamos, es hora de irse. —Él dijo.

Nadie dijo nada mientras comenzaban a caminar cuesta abajo, hacia la ciudad. Remus miró al
suelo frente a él todo el tiempo, concentrándose en poner un pie delante del otro y alejarse lo más
posible de la casa. La casa de los gritos. Gritos. Se sentía enfermo. James los condujo en dirección
a un pub de aspecto pintoresco. En el interior había muchas mesas y sillas cómodas, no muy
distinto de la sala común de Gryffindor. Encontraron asientos en un rincón tranquilo, y Remus se
sentó, agradecido, con las articulaciones muy doloridas ahora. James fue al bar, y Sirius y Peter se
sentaron en silencio a ambos lados de Remus.

—Entonces... en la luna llena, ¿ahí es donde vas? — Preguntó Peter. Remus asintió, jugueteando
con una mancha de humedad que había en la mesa — ¿No está embrujado, entonces? — Peter
continuó.

— Nop. Solo soy yo.

— Entonces, espera, los gritos son...

— Yo.

— Pero por qué...

— Cállate, Pettigrew. — Sirius gruñó, de repente. Remus lo miró, desconcertado.

James regresó con cuatro botellas de líquido ámbar y las dejó, tomando su propio asiento.

— ¡Cerveza de mantequilla! —Dijo alegremente, empujando uno hacia Remus, — Pruébalo,


Moony, te encantará.

Remus se llevó el vaso a los labios. Todavía se sentía un poco mareado, y la mezcla que salía de la
botella olía muy almibarado, pero descubrió que las cosas dulces generalmente ayudaban si había
tenido un shock. Tomó un sorbo y se sintió instantáneamente calentado por el delicioso líquido. Le
sonrió a James, esperando que no le hicieran más preguntas.

No lo hicieron. En cambio, pasaron una tarde muy agradable bebiendo cerveza de mantequilla y
planificando la mejor manera de utilizar su nuevo arsenal de bromas. Peter tuvo la idea
inusualmente brillante de lanzar un hechizo de temporizador remoto sobre las bombas de estiércol,
para que pudieran activarse en cualquier momento desde cualquier lugar del castillo.

— Excelente táctica de distracción — exclamó James, emocionado, — ¡Piensen en lo que


podríamos hacer si Filch estuviera persiguiendo bombas de estiércol en el lado opuesto del
edificio!

— Nos da también tiempo para trabajar un poco más en el mapa. — Agregó Remus.

— No estás viendo el panorama completo. — Sirius se cruzó de brazos y se reclinó en su silla. —


Podríamos hacer que se disparen todos al mismo tiempo. ¡Imagina! Probablemente tengamos
suficiente aquí para esconder uno en cada salón de clases, ¡Caos total! — Sirius se veía tan
embelesado cuando dijo esto, que los otros tres estaban completamente embelesados, asintiendo
furiosamente.

— Oh, no nos sentemos aquí, Lily, no se ve muy limpio. — Una voz desagradable y amarga los
interrumpió, — Permiten todo tipo de gente, claramente.

Sirius saltó hacia adelante en su silla, mirando a Snape, quien estaba flotando junto a una mesa
cercana.

— No seas tonto, Sev, está bien. — Lily negó con la cabeza y tomó un asiento.

— ¿Estás bien, Evans? — James la saludó compulsivamente, poniendo esa estúpida mirada en su
rostro.

— Déjanos en paz, ¿Quieres, Potter? — Lily agitó su cabello, —Hola, Remus.

— Hola — la saludó con la mano, sonriendo. No pudo evitar disfrutar de la forma en que trataba a
los merodeadores, era la única que no los adulaba.

— Eurgh, — dijo Sirius, tapándose la nariz, mirando a Snape, — ¿Qué es ese olor? Potter, ¿Pisaste
algo en el camino?

James se rió,

— Huele más como si hubiera explotado una bomba de estiércol.

— Asqueroso — sonrió Sirius, —Tal vez deberíamos abrir una ventana.

Snape se había vuelto blanco de rabia. Lily puso una mano en su brazo,

— Solo ignóralos, Sev, son idiotas.

Pero Severus no dejaría que Sirius tuviera la última palabra.

— ¿Cómo está la familia, Black? — Preguntó, su voz engatusadora, insidiosa. La boca de Sirius
formó una línea dura. Snape continuó, — Regulus les estaba diciendo a todos que tuviste un verano
muy emocionante. Tan emocionante, de hecho, que ya no eres bienvenido, ¿eh?

— No sabes de lo que estás hablando, Snivellus. — Sirius escupió. Remus sabía que ya era
demasiado tarde, Sirius se había enganchado y no habría vuelta atrás.

— ¿No es así? — Snape levantó una ceja, claramente emocionado por la reacción que había
provocado. — ¿Has tenido algún mensaje de mamá este año, Black? ¿Escuchaste algo de alguno
de tus parientes?

Sirius tenía una expresión muy extraña en su rostro. Remus tuvo la impresión de que se estaba
dando cuenta de algo por primera vez y trataba de que Severus no lo viera. James parecía
preocupado, ya no se reía.

— Ignóralo, amigo — dijo en voz baja, — Es un idiota, ignóralo.

— Tengo razón, entonces — los delgados labios de Severus se curvaron en una sonrisa
desagradable, — No me extraña que sigas a Potter como una chica enamorada, cuando tu propia
familia no quiere tener nada que ver contigo. Cuando te han repudiado así, supongo que todo lo que
queda es asociarte con la escoria de la sociedad... —Echó una mirada de ojos negros a Peter y
Remus.

Sirius se puso de pie, golpeando su silla hacia atrás. Su varita estaba en su mano; debió haberlo
alcanzado mientras Snape hablaba. Remus se puso de pie también, olvidando sus doloridos huesos
mientras apretó los puños, listo para golpear a Severus directamente, si Sirius le daba la palabra.

— ¡Sirius, no lo hagas! — James fue a arrebatarle su varita, no tenían permitido realizar magia en
Hogsmeade.

— Vamos, Severus, vámonos — Lily se había puesto de pie también y estaba tirando de la manga
de su amigo. Ella parecía furiosa con él, lo que fue un pequeño consuelo para Remus.

— No. — Dijo Sirius, su voz inquietantemente firme y autoritaria. — Nosotros nos vamos. Vamos,
muchachos, no puedo soportar este hedor por mucho más tiempo.

Hicieron lo que se les ordenó, incluso James, quien solo le lanzó una mirada anhelante a Lily al
salir.

— Eso fue... realmente maduro — dijo Potter, rascándose la cabeza mientras salían del pub a la
cálida luz del atardecer. Sirius resopló, regresando a Hogwarts.

— No ha terminado. — Dijo, ferozmente, los demás trotando para ponerse al día con sus pasos
decididos. — Le mostraré. ¡Lo voy a destruir!

Los merodeadores estaban en guerra.


Tercer Año: La noble y más antigua

Cold fire, you've got everything but cold fire


You will be my rest and peace, child
I moved up to take a place
Near you

So tired, it's the sky that makes you feel tried


It's a trick to make you see wide
It can all but break your heart.

Sábado 15 de septiembre de 1973

*Toc Toc*

— Sirius.

Nada.

*Toc Toc Toc*

— ¿Sirius?

Silencio.

—Oh, por el amor de... Sirius Orion Black III, ¡Sé que estás ahí! — James golpeó la puerta.

— Vete a la mierda, Potter.

James se apartó de la puerta del baño y se sentó en su cama, luciendo abatido. Sirius no se había
reunido con ellos para cenar y había estado encerrado en el baño durante dos horas, sin hacer
ruido.

— Déjalo en paz — dijo Remus, pasando la página de su libro. Se acostó boca abajo en su propia
cama, fingiendo que no estaba preocupado en absoluto. — Saldrá cuando esté listo.

Eso era algo que a menudo había oído decir a la Matrona. Al menos una vez a la semana, uno de
los chicos de St. Edmund, normalmente un chico nuevo, tenía una rabieta y se encerraba en una
habitación, o se metía en un espacio pequeño para que nadie pudiera alcanzarlo. La respuesta del
personal fue siempre la misma; ignorarlo hasta que se dé cuenta de que a nadie le importa; hasta
que se dé cuenta de que nada de lo que pueda hacer marcará la diferencia. Siempre funcionaba,
Remus lo sabía de primera mano.

— No es propio de él — dijo James, obviamente ignorando la táctica draconiana de Remus. —


Podría matar a Snape, ¿Sabes? Por decir esas cosas.

Remus se encogió de hombros.

— Sin embargo, Black ya odia a su familia. No sé por qué deja que Snivellus lo moleste al
respecto.

James miró a Remus, estupefacto, como si acabara de decir algo inimaginablemente cruel.
— Siguen siendo su familia, Moony.

— Son horribles con él.

— No significa que no le importe lo que piensen. — James suspiró. — Mira, Lupin, quizás sea
mejor que te vayas antes de que salga. Ve a buscar a Pete en la biblioteca o algo así.

— ¡Yo también soy amigo de Sirius! — Remus se sentó, indignado.

— Sí, sí, por supuesto que lo eres. — James agitó una mano, — Pero bueno... si ha estado llorando,
creo que preferiría que nadie más lo viera.

— No me importa si está llorando. Quiero ayudar.

Esto era mentira, un poco. Remus siempre se había sentido incómodo cuando la gente lloraba,
nunca sabía qué hacer consigo mismo. Pero él también quería ayudar de verdad. ¿No había
intentado siempre ayudar?

Más que nunca, Remus quería ser sincero acerca de haber incitado a Narcissa al voto
inquebrantable, solo para ver el rostro de James. Pero se calmó. No era una competencia, e incluso
si lo fuera, no era una que él ganaría.

— Está bien — dijo James, — pero tienes que ser comprensivo al respecto. No puedes empezar
una pelea.

— ¿De qué estás hablando? — Remus estaba mortalmente ofendido. Nunca comenzaba las peleas.

— ¡Ustedes dos! Siempre están peleando, lo juro.

— Nosotros no discutimos. — Remus espetó. James solo arqueó las cejas, lo cual fue exasperante.

El chico de cabello oscuro saltó de la cama una vez más y volvió a la puerta del baño.

— ¿Sirius? — Llamó, — ¿Por favor, sal y habla con nosotros?

— Piérdete, Potter, déjame en paz.

James suspiró de nuevo. Remus, molesto con James ahora tanto como lo estaba con Sirius, se
levantó también y caminó hacia la puerta. Indicándole a James que se moviera, él mismo golpeó
con fuerza la madera.

— Dije que te fueras a la...

— Sirius, soy yo. — Remus dijo, su voz dura y fría, como la de la matrona. — Mira, si vas a
deprimirte como una gran jessie, ¿Al menos déjanos entrar para que podamos empezar a planear
nuestra venganza?

Silencio.

Remus gruñó, — Bien, malcriado. Pero estás siendo un idiota egoísta. Sabes, no eres el único cuya
familia odia.

— ¡Remus! — James exclamó, escandalizado. Remus se encogió de hombros. Valió la pena


intentarlo.

Hubo un ruido de arrastre dentro del baño. Remus presionó su oreja contra la puerta, luego se
tambaleó hacia atrás cuando se abrió. El rostro sombrío de Sirius se asomó.

— Por fin — dijo James, aliviado — Mira, sal y ...

— Moony puede entrar. — Dijo Sirius, abriendo la puerta lo suficiente para que Remus entrara,
luego la cerró de golpe y cerró la cerradura.

Dentro estaba oscuro.

— Lumos —murmuró Remus. La punta de su varita se iluminó, proyectando un pálido resplandor


sobre la pequeña habitación blanca y el pálido rostro de Sirius. Había estado llorando, sus ojos
estaban oscuros y rojos. Remus volteó la vista hacia otro lado rápidamente, mirando hacia las
luces. Las bombillas estaban rotas. Él gruñó, — Tú y tu temperamento, ¿eh?— Él dijo: — Reparo.

Las luces se arreglaron y volvieron a parpadear. Remus apagó la luz de su varita.

— No lo hice a propósito — resopló Sirius, limpiándose la nariz con el dorso de la mano. Fue un
gesto hosco e infantil, de alguna manera inapropiado para Sirius que era, incluso a los trece años,
por lo general el epítome de la gracia y el equilibrio. —Todavía rompo cosas a veces, cuando estoy
enojado. Mi magia se sale de control.

— Oh, claro — asintió Remus, aunque nunca había oído hablar de eso antes.

— Entonces, ¿venganza? — Preguntó Sirius, sentándose en la tapa del inodoro y mirando


expectante a Remus.

— Venganza. — Remus estuvo de acuerdo, — ¿Qué quieres hacer con él?

— No solo él. — Sirius frunció el ceño, — Todos ellos. Todos y cada uno de los Slytherin de la
escuela.

Remus asintió con entusiasmo, eso sonaba un poco loco, pero era un comienzo. Habría tiempo para
hablar con él más tarde, cuando actuara de manera menos extraña y no estuviera en peligro de
hacer explotar más bombillas.

— Sí, los atraparemos a todos Black. Ahora vamos, sal y ...

— No voy a salir todavía. — Dijo Sirius, malhumorado, cruzando los brazos. Remus suspiró. Se
sentó en el suelo, apoyado contra la puerta.

— Está bien. ¿Quieres hablar de eso? Porque James es probablemente la mejor persona para...

— ¿Realmente quería decir lo que dijiste? — Sirius lo interrumpió de nuevo, — ¿Crees que mi
familia me odia?

— Oh Dios, no sé, ¿verdad? No soy exactamente una autoridad en familias. — Remus se frotó la
nuca. — Solo estaba tratando de que abrieras la puerta, para serte honesto.

Lo había dicho como una broma, pero Sirius no sonrió. Miró a Remus a través de una cortina de
cabello oscuro.

— Dijiste que tu familia te odia.

— Bueno, supongo que debieron de haberlo hecho — explicó Remus. — De lo contrario, no...
bueno, no me habrían enviado a St. Edmund, ¿verdad?
— No significa que te odiaran.

— No. — Remus reflexionó: —Pero no creo que les haya gustado mucho, de todos modos.

— No estás... quiero decir, ¿no te molesta?

Remus se encogió de hombros.

— A veces, obviamente. Pero, ya sabes. Nadie tiene derecho a una vida feliz. — La matrona lo
había dicho muchas veces. Por primera vez, al decirlo en voz alta, Remus se preguntó si ella tenía
toda la razón.

— Caray, Lupin, eres la depresión en persona, ¿lo sabías?

— Tu me dejaste entrar. — Remus pateó a Sirius levemente en la espinilla con la punta de su


entrenador. — Si quieres animarte, conseguiré a Potter.

— No, — Sirius se encogió de hombros, sonriendo débilmente. — No estás mal.

Remus se rió,

— James no quería que entrara. Dijo que solo discutíamos.

— ¡¿Él qué?! — Sirius negó con la cabeza. — Nosotros no discutimos.

— Eso es lo que dije. — Remus le aseguró.

— Mi familia… — dijo Sirius, de repente, — No creo que me odien. Creo que realmente les
gustaría quererme. Pero sigo decepcionando a todos. Es gracioso la mayor parte del tiempo, pero ...
bueno, hoy no lo es.

Remus no sabía qué decir a eso, así que se quedó callado. Pensó en Narcissa, prometiendo
enfrentarse a la muerte si no podía casarse con Lucius. Pensó en Regulus, quien a menudo miraba a
su hermano mayor al otro lado del comedor, con los ojos verdes de celos. Las familias eran un
negocio complicado. Tal vez debería estar agradecido con Lyall Lupin por terminar con todo de
una sola vez, para que Remus nunca tuviera que saber si habría enorgullecido a su padre o no, o si,
después de todo, habría sido una decepción.

...

Viernes 5 de octubre de 1973

— Lo tengo. Realmente lo tengo esta vez.

— Eso es bueno, Pete. — Remus respondió alegremente, leyendo su libro de texto de Aritmancia.

— Deberíamos teñir su túnica de rosa.

— Él simplemente los desteñiría, es demasiado simple. ¿De dónde sacaríamos siquiera su túnica?
— Remus pasó la página y reanudó su lectura.

— ¡Ay! ¡Maldita sea, hay algo mal con esa bludger! — Sirius gritó, poniéndose de pie. — ¡Vamos,
McKinnon, mueve tu culo floreciente!
— ¿Te importaría dejar su trasero fuera de esto? — Mary espetó, desde algunas filas hacia arriba.

Estaban viendo la práctica de quidditch de Gryffindor. Bueno, Sirius, Peter y Mary lo estaban
viendo. Remus solo quería seguir con su lectura.

— Celosa, MacDonald? — Sirius respondió con descaro.

—Entonces, teñirle el cabello de rosa —insistió Peter, sacudiendo el brazo de Remus para llamar
su atención—. Ahora he aprendido hechizos para cambiar de color, puedo hacerlo.

— Él también. — Dijo Remus, tirando de su brazo hacia atrás y buscando su lugar en la página.

— Sabes, Moony, podrías mostrar un poco más de interés. — Dijo Sirius.

— ¿En el quidditch? ¿O en acabar con tu archienemigo?

— Ambos. Cualquiera.

— Estoy aquí, ¿no? — Remus pasó otra página.

— ¿Quién es tu archienemigo? — Preguntó Mary, levantándose y bajando para sentarse junto a


Sirius.

— Si te lo dijera, tendría que matarte. — Sirius dijo secamente. Mary puso los ojos en blanco

— ¿Es Snape?

Los tres chicos miraron a Mary con sorpresa. Ella se echó a reír, — Vamos, muchachos, no es
exactamente un secreto, todos se han metido el uno con en el otro desde el primer año. Además,
Lily es una de mis mejores amigas.

— No me hables de Evans. —Sirius gimió, — Ya escucho sobre ella lo suficiente.

— Creo que es una idiota, andando con ese asqueroso. — Dijo Mary, frotándose los brazos como si
el solo pensar en Severus hiciera que se le erizara la piel. — ¿Sabes que hizo llorar a Marlene el
otro día? Llamó a su papá algo realmente desagradable. Tampoco tiene sentido, porque Lily dice
que es mestizo, Severus... de todos modos, alguien necesita darle una lección.

— ¡Ajá! — Sirius ladró, — ¡¿Es mestizo?! Brillante.

— Sí. —Mary dijo con frialdad. —También Remus. Y yo soy nacida de muggle. ¿Y qué?

Remus finalmente levantó la vista de su libro para sonreírle a Sirius, arqueando una ceja. Sirius
miró hacia abajo, luego de nuevo al quidditch.

— Nada — murmuró, — Yo no soy así.

— Bueno. — Mary dijo, remilgadamente. — Ya tengo suficiente de esa mierda con los Slytherins.

Remus estaba inclinado a estar de acuerdo con Mary, quien tenía más agallas que él, poniendo a
Sirius en su lugar así. Los insultos de los Slytherin definitivamente habían aumentado este
trimestre, aunque solo podría haber sido notorio para los estudiantes de sangre no pura. Remus
había comenzado a preocuparse por viajar solo entre clases, aunque rara vez tenía que hacerlo. De
todos modos, había tenido algunos casi accidentes y dos veces lo llamaron sangre sucia. No le dijo
esto a James o Sirius, parecía un poco como quejarse. Además, en lo que respecta a los insultos,
sentía que lo habían llamado peor que "sangre sucia".
Sin embargo, no le gustaba la idea de que alguien hubiese hecho llorar a Marlene. Estaba muy bien
que Snape y Mulciber se metieran con Remus, o incluso el pequeño y sádico Barty Crouch, pero
hacer llorar a las chicas era otra cosa. Remus sintió una oleada de protección y caballerosidad hacia
su amiga. Apretó los puños y luego los abrió.

El problema era que Snape no era del tipo que atacaba con maleficios y grandes bromas. Podía
hacer ambas cosas, era tan capaz como los merodeadores. Pero Snape confiaba en las palabras para
lastimar a las personas, y eran mucho más difíciles de contrarrestar.

A menos que cambiaras las palabras.

— Oh.— Remus dejó su libro, de repente. Agarró el brazo de Sirius, — ¡Oh!

— ¿Qué? — Sirius le frunció el ceño. Había estado absorto en ver el entrenamiento mientras la
mente de Remus vagaba. Sirius había tenido otra oportunidad de unirse al equipo de quidditch este
año, pero la había rechazado. Quizás porque había cambiado de opinión. O tal vez porque no
quería volver a sentirse avergonzado en las pruebas.

— ¡Cambiamos las palabras! — Remus parloteó, — Cambiamos lo que dice.

— ¿En que estas? — Sirius chasqueó la lengua. — ¿Snivellus?

— ¡Si! Hay hechizos que puedes hacer para que alguien deje de hablar, ¿verdad?

Sirius se sonrojó levemente, mirando a Remus.

—Sí... — dijo, con cautela.

— Ok, entonces, ¿Cuánto más difícil puede ser… querer, torcer sus palabras? Podríamos establecer
una palabra de activación, o unas pocas, sangre sucia, o traidor de sangre, o mestizo, lamido de
estiércol o ... lo que sea. Y en cambio, le hacemos decir algo realmente agradable. O algo estúpido.
Como sea que nos sintamos.

— Moony, ¿Dónde escuchaste todos esos...

James anotó un gol y Peter se levantó de un salto, aplaudiendo salvajemente. Potter hizo algunos
bucles en su escoba, presumiendo. Sirius le sonrió a su amigo. La rodilla de Mary estaba tocando
la de Sirius, notó Remus. En realidad, estaban sentados muy cerca.

— ¿Entonces? — Remus volvió a agarrar a Sirius por el hombro, tratando de que se concentrara.
— ¿Qué piensas?

— Me encanta. — Sirius dijo, simplemente. — Deberíamos hacerle decir algo realmente ridículo,
como… no sé, 'tiernos conejitos' o algo así. Iremos a la biblioteca después de esto, ¿no?

— ¿Puedo ir? — Preguntó Mary. Sirius se encogió de hombros.

— Si quieres, supongo. Sin embargo, es un asunto serio de merodeadores.

Mary rió. Remus se preguntó si Sirius encontraba eso tan molesto como él. Cogió su libro y volvió
a Aritmancia.

Veinte minutos más tarde, la sesión de entrenamiento había terminado y los merodeadores
caminaban hacia el castillo, Mary y Marlene a cuestas, Sirius y Remus balbuceaban emocionados a
James sobre su brillante plan (de alguna manera se había convertido en 'su' plan, en la mente de
Sirius) .

— Se supone que debes estar fuera de la cancha a las cinco en punto. — Alguien gruñó frente a
ellos.

Remus miró hacia arriba para ver al equipo de quidditch de Slytherin caminando hacia ellos,
escobas en mano, kits colgando sobre sus hombros.

— Nos estamos yendo a ahora, Bulstrode, maldita sea. — Dijo James, molesto.

El capitán de Slytherin con cara de pug solo frunció el ceño y lo empujó, golpeando
deliberadamente a James con su hombro mientras lo hacía.

— ¡Oi! — Sirius sacó su varita. James lo detuvo.

— ¿Qué te metes, Black? — Bulstrode se burló, — Si ese sigue siendo tu nombre. — Todos los
Slytherin se rieron. Incluyendo a su miembro más pequeño y nuevo, que había estado detrás de los
demás.

Regulus Black.

Fueron necesarios James y Remus para alejar a Sirius, mientras los Slytherin se reían y susurraban.

— Recuerda el plan — susurró Remus. Sirius se relajó y luego asintió.

— Prométeme que los tendremos a todos. — gruñó Sirius.


Tercer Año: The slug club

Lunes 8 de octubre de 1973

— Sirius, será mejor que tú busques las palabras de reemplazo, eres el más... er...

— ¿Verboso? — Dijo Sirius, bostezando. — ¿Locuaz? ¿Hablador?

— Exactamente — sonrió Remus. — Trabajaré para averiguar qué hechizo necesitaremos, y


James, puedes averiguar cómo lograr lanzarlo en toda la casa... eso va a ser muy difícil, creo. Peter,
será mejor que ayudes con ese.

— ¡Escucha a Moony! — James se rió, untando con mantequilla su tostada, — Dando las órdenes
ahora

— Los merodeadores son una utopía socialista — volvió a bostezar Sirius, — No tenemos líderes.

— Disfrutando de los estudios muggles, ¿No? — Remus arqueó una ceja. Sirius apoyó la cabeza en
la mesa del comedor, cerrando los ojos y moviendo dos dedos hacia Remus.

Un búho aterrizó en la mesa del desayuno, era el de James. El búho de Sirius había sido confiscada
por sus padres tantas veces que bien podría no tener uno, Peter normalmente confiaba en las
lechuzas de la escuela, y Remus nunca recibía correo de todos modos.

— ¿Qué demonios? — James abrió la carta ofrecida por el pájaro con el ceño fruncido. —¿El...
club de slug?

— Oh, sí — Sirius abrió un ojo adormilado, — Yo también tengo una. Aparentemente, al viejo
slug le gustan los estudiantes que tienen cierta calidad de estrella. Ahí entro yo, obviamente. Y
supongo que tú también.

Ni Peter ni Remus recibieron una invitación; pero esto no fue una gran sorpresa. Peter era bastante
bueno en Pociones, pero carecía de aptitudes para casi cualquier otra cosa. En cuanto a Remus,
trató de pasar desapercibido en lo que respecta al profesor Slughorn.

— Entonces no iremos. — Dijo James, doblando su carta con decisión. — Todos para uno y uno
para todos, los merodeadores.

— No me importa — Remus se encogió de hombros, — Ve si quieres. Apuesto a que Lily si va.

— ¿¡Tu crees!? Sí, ella es muy buena en pociones, ¿No es así? — James dijo, volviendo a poner
esa expresión divertida en su rostro, — Ella es realmente buena en todo, probablemente sea la más
inteligente del año.

— ¡Oi! — Remus y Sirius dijeron al unísono. James levantó una ceja,

— La chica más lista, entonces.

Sirius cerró los ojos una vez más, satisfecho, e intentó dormitar durante el resto del desayuno.

...

Jueves 11 de octubre de 1973


La fiesta se celebró esa misma semana. James, todavía incómodo por la exclusión de los dos
merodeadores menores, trató de convencer a Peter y Remus de que se pusieran la capa de
invisibilidad y fueran de todos modos. Sirius pensó que eso sonaba bastante gracioso, pero Remus
personalmente lo pensó por debajo de él. No deseaba estar entre los pocos elegidos. Al final, Peter
también se negó, aunque claramente había estado a punto de aceptar el ridículo plan.

De todos modos, los jueves eran el día favorito de Remus de la semana escolar. Específicamente,
los jueves de 2 p.m. a 4 p.m, ese espacio en su horario asignado a Cuidado de las criaturas mágicas.
Las lecciones de los miércoles siempre se basaban en la teoría, y a Remus también le gustaban;
nunca había oído a nadie hablar de biología como el profesor Ferox. Pero los jueves se dedicaban a
lecciones prácticas, y la clase salía al jardín o llegaba al aula para encontrar una nueva criatura
esperándolos, y a Ferox brillante de entusiasmo para mostrarles.

Después de los kneazles, habían visto doxies y crup. Esta semana verían los murtlaps. Mary y
Marlene chillaron a las criaturas que Ferox presentó en una conejera desde la parte de atrás del
salón de clases. Remus no podía culparlas, los murtlaps eran extremadamente desagradables. Eran
criaturas parecidas a las ratas, con masas de tentáculos retorciéndose que brotaban de sus espaldas
como gusanos.

— No podemos hacer crup y kneazles todas las semanas — sonrió Ferox, haciendo un gesto para
que todos se reunieran, —No todas las criaturas mágicas de las que aprendemos serán lindas. Pero
la diversidad es la sal de la vida, ¿eh?

— Espero que no tengamos que tocarlos — susurró Marlene, estremeciéndose.

A Remus no le importaba, eran asquerosas, pero no le importaban las cosas asquerosas. Tenía un
estómago bastante fuerte; El profesor Ferox ya se lo había dicho la semana pasada cuando estaban
viendo nacer los huevos. Remus había estado radiante de orgullo durante todo el día.

Ferox estaba mirando a Remus ahora,

— Señor Lupin, estoy seguro de que puedo confiar en que me dirá las propiedades beneficiosas de
los tentáculos de los murtlap.

Remus trató de no sonreír con demasiada amplitud, o de no verse demasiado como un goloso.

— Son realmente buenos para aliviar cortes y abrasiones superficiales — dijo rápidamente, — Y si
los comes, te hacen insensible a la mayoría de los maleficios.

— Excelente, cinco puntos para Gryffindor.

Remus no pudo evitar sonreír un poco. A quién le importaba el estúpido club de slug. Slughorn no
era ni de lejos tan genial como Ferox; Ferox era inteligente, sin pretensiones y divertido, y había
hecho cosas peligrosas. Remus nunca había pensado mucho en tener una carrera, pero durante
algunas semanas había estado pensando en la idea de que, hiciera lo que hiciera cuando creciera, le
gustaría ser como el profesor Ferox.

Eso sí, tendría que empezar a comer más, o entrenar con pesas o algo, porque si Ferox era algo, era
ancho. Y Remus, aunque estaba a centímetros por encima de los otros merodeadores ahora en
altura, permaneció eternamente flacucho.

— Es tu metabolismo. — Madame Pomfrey le dijo, cuando le preguntó una mañana después de la


luna. — Podrías comer más o descansar más, pero me temo que puede ser una de esas cosas. No
debería preocuparte, querido, estás tan saludable como se puede esperar.
Eso no sonó tan tranquilizador, pero lo aceptó. Su padre también había sido delgado, estaba
seguro. Al menos no era regordete, como Peter, que todavía parecía un niño pequeño en
comparación con el resto de ellos.

Este hecho se hizo mucho más claro más tarde esa noche, cuando Sirius y James estaban
completamente vestidos con sus túnicas formales, luciendo cada centímetro de su cuerpo como
jóvenes señores de una mansión, y Peter se sentó mirándolos con envidia desde su cama, ya en
pijama.

— ¿Crees que habrá un baile? — Sirius preguntó, ansiosamente, arreglando su corbata.

— No. — respondió James, tratando desesperadamente de peinarse, — Nos hubieran dicho que
lleváramos pareja o algo así.

Sirius se desplomó en la cama;

— Odio cosas como esta. Moony, ve por mí, apuesto a que el viejo Sluggy ni siquiera se dará
cuenta.

— Hay una gran chance de que sí — resopló Remus detrás de su copia de Asalto verbal; Defensas
rebuscadas de la lengua. —Slughorn ni siquiera puede recordar mi nombre la mitad del tiempo. Y
se sentirá un poco decepcionado cuando esté esperando a un Black sangre pura y tenga al niño
mestizo al que sigue llamando Linchpin.

— Ugh. Es un viejo fanfarrón. Es como una verdadera babosa.— Sirius sonrió para sí mismo y le
dio un codazo a Remus, — Je, una verdadera babosa, Moony.

Remus le devolvió la sonrisa, levantando la vista de su libro.

— ¿Estás listo, entonces? — James suspiró, arrojando su peine, aparentemente aceptando que su
intento fue inútil.

— Supongo. — Sirius gruñó, levantándose laboriosamente.

—Voy a bajar con ustedes —dijo Remus— también podría ir a la biblioteca. ¿Quieres venir, Pete?

Peter lo miró como si estuviera loco y negó con la cabeza.

James, Sirius y Remus se dirigieron a la sala común, donde, para el regocijo de James, Lily los
estaba esperando con un vestido turquesa muy bonito. Sin embargo, desafortunadamente para
James, cuando los tres merodeadores se acercaron, quedó claro que no era a él a quien estaba
esperando.

— ¡Remus! — Dijo poniéndose de pie.

— Te ves bien, Evans — dijo James, esperanzado. Sirius suspiró con fuerza.

— Quería hablar con Remus — dijo Lily, ignorando a James. —¿Caminarás conmigo a la fiesta?

— No voy — Remus se encogió de hombros, — No estoy invitado.

— Oh... — Lily se sonrojó un poco, luciendo avergonzada, —Lo siento, asumí que...

— ¿De que querias hablar? — Remus preguntó con impaciencia. Su libro era pesado y la luna llena
era el viernes, lo que lo agitaba más de lo habitual.
Lily miró a James y Sirius, claramente sin querer decir nada frente a ellos. Remus suspiró, —Voy a
la biblioteca. Si quieres caminar de esa manera conmigo, entonces está bien. — Sacaría a Lily de
su camino, pero Remus decidió que no le importaba. Empujó a través del agujero del retrato y la
oyó correr tras él, sus zapatos de fiesta negros de charol haciendo clic en las losas.

— ¿De qué es el libro? — Lily jadeó, luchando por alcanzar el paso de las largas piernas de
Remus.

— Nada. — Dijo, cubriendo deliberadamente el título con el brazo: — Solo un poco de


investigación.

— No es algo desagradable, ¿verdad? — Lily preguntó, con desaprobación — ¿No es otra cosa
horrible que hacerle a Severus?

— Sabía que eso es de lo que querías hablar — Remus puso los ojos en blanco, todavía caminando.

— Bueno, tienes que admitir que Sirius lo inició esa vez en Hogsmeade, quiero decir que llamó a
Sev...

— No me importa, Lily. — Remus espetó, doblando una esquina cerrada, — No tenía que ser tan
desagradable, Sirius y James solo se estaban riendo, y Snape tuvo que ir y hacerlo personal.

— ¡Oh! — Lily golpeó con el pie, — ¡Están todos tan mal como el otro!

— Sabes que él también odia a la gente como tú, ¿no? — Remus respondió, deteniéndose ahora
que estaban fuera de la biblioteca. Se volvió hacia ella, —Sabes que los de su clase odian a los de
nuestra clase.

— Nuestra clase — dijo Lily, —Honestamente, todo esto de la pureza de la sangre se está
volviendo ridículo y no excusa...

—Hizo llorar a Marlene —insistió Remus— Mary nos dijo. ¿Qué crees que dice a tus espaldas?

Las mejillas de Lily estaban rosadas de nuevo.

— ¡Sev nunca diría algo así de mí! ¡Él es mi mejor amigo!

— Bien por ti, pero el resto de nosotros no somos tan afortunados. — Remus escupió. Lily lo miró
fijamente, parpadeando por unos momentos, aturdida en silencio. Parecía que iba a llorar, y Remus
sintió una pequeña punzada de culpa. Cuando volvió a hablar, su voz era mansa y pequeña.

— ¿Qué le vas a hacer?

Remus suspiró. Bien podría saberlo.

— No solo él. Todos ellos. — Dijo, bajando la voz y agachándose un poco en caso de que los
escucharan, — Y nada malo. Si deja de insultar a alguien más, entonces nada en absoluto.

Ella lo miró con escepticismo. Se enderezó. — Eso es todo lo que diré. Llegarás tarde a tu fiesta,
vete.

...

Más tarde esa noche, Remus pensó que casi lo había resuelto. Estaba sentado en la sala común y
había tomado sus notas finales. Ahora todo lo que necesitaba era la lista de palabras de reemplazo
de Sirius y podrían comenzar a trabajar en la broma. Eran casi las once cuando el agujero del
retrato se abrió y Lily Evans entró con cara de trueno. Había extrañas marcas plateadas en su
vestido que captaban la luz mientras entraba.

— ¿Qué pasa, Evans? — Remus preguntó, tentativamente, todavía sintiendo un poco de pena por
ser tan cortante con ella fuera de la biblioteca.

— Pregúntale a ellos. — Ella siseó, furiosa — Voy a darme una ducha.

No le preguntó a quién se refería, pero si lo hubiera hecho, su respuesta hubiese llegado en unos
momentos, cuando Sirius y James entraron por el agujero del retrato a continuación, riendo
histéricamente. Remus no pudo evitar sonreír también, su alegría era contagiosa.

— ¿Qué hicieron?

— Todo lo hizo Sirius, amigo — James le dio una palmada en la espalda a su amigo, luego le hizo
una reverencia elaborada, agitando su mano. Sirius hizo lo mismo de vuelta.

— No podría haberlo hecho sin ti, mi querido amigo.

— ¿Hacer qué? — Preguntó Remus, tratando de contener su irritación cuando surgió de la nada.

— Babosas. — James dijo: —Babosas, ensangrentadas por todas partes. Comenzó con estos
pequeños caramelos de gelatina en bandejas para comer.

— Hechizo de transfiguración bastante simple. — Sirius se encogió de hombros con falsa


modestia, tirándose en un sillón y pasando una pierna por encima del brazo.

— Pero entonces — James se sentó junto a Remus, con ojos brillosos — Entonces empezaron a
multiplicarse...

— ¿Y por eso Evans está cabreada contigo?

— Bueno… ¿Viste las partes viscosas en su vestido? Y um... en su cabello un poco también, creo.
Eran babosas que se movían muy rápido, iban en todas las direcciones.

— Sin sentido del humor, esa. — Sirius bostezó. — Ella debería estar agradeciéndonos por animar
un poco las cosas.

— El descaro de algunas personas — dijo Remus secamente.

— Ves, tú lo entiendes, Moony. — Sirius sonrió, — Nos dejarías bañarte, ¿no?

Remus pensó que era mejor ignorar eso y se dirigió a James en su lugar,

— Entonces, ¿Slughorn lo sabe, verdad?

— Sí, era bastante obvio. Fuimos los únicos que no gritamos.

— ¿Detención?

— Tres semanas. Fregado de caldero. Eso está bien, ayuda a fortalecer mis músculos. — James
flexionó los brazos que, tenía que decirse, no se veían particularmente musculosos.

— Buenas noticias, sin embargo. — dijo Sirius, — No más fiestas para nosotros, estamos fuera del
club de slug.
— ¡Y dentro de los libros de historia! — Gritó James, haciendo que los tres se disolvieran en
carcajadas.
Tercer Año: James Potter y el estiércol de elefante

Martes 30 de octubre de 1973

Con Halloween y el banquete tradicional de Hogwarts acercándose, Remus estaba ansioso por
perfeccionar el hechizo de intercambio de palabras a tiempo para tener el máximo alcance.

— Está bien, Moony, todos sabemos lo que estamos haciendo. — Dijo James, regresando de la
práctica de quidditch cubierto de barro y empapado. Las noches se estaban poniendo más oscuras y
Remus casi nunca iba a ver al equipo practicar, aunque Sirius y Peter solían hacerlo. Mary siempre
iba también a ver a Marlene. Los estaba siguiendo a todas partes, estos días.

— Creo que deberíamos probarlo. — Remus se mordió el labio, viendo a Sirius lanzar un hechizo
de secado sobre James.

— Oh no. — Peter dijo, cruzando los brazos, — No seré tu conejillo de indias esta vez. ¡La última
vez no pude deshacerme de ese mechón de cabello púrpura durante semanas!

— Me había olvidado de eso — dijo Sirius, soñadoramente, — Eso funcionó muy bien, una vez
que descubrimos los problemas.

— Pruébalo en él. — Peter señaló a Sirius, — Es su turno.

— No te quejes, Pete. — gimió Sirius. Se dejó caer en su cama. — Pruébalo en mí, Moony, no soy
un cobarde.

— Está bien, está bien — Remus sacó su varita. Sirius saltó.

— Espera, ¿Quieres hacerlo ahora?

— Bueno, cuanto antes mejor...

— ¿Qué pasa con el contra-hechizo?

— Sí, estoy bastante seguro de que lo tengo resuelto. — Remus dejó que una sonrisa se dibujara en
su rostro. Sabía con certeza que el contra-hechizo funcionaba, pero era demasiado divertido ver a
Sirius retorcerse.

— Oh, por el amor de Dios. — James suspiró, quitándose su equipo de quidditch. — Hazmelo a
mí, Lupin, no me importa. Solo que no quiero decir ninguna de las palabras de esa horrible lista
tuya. ¿Puedes hacerlo con otra palabra?

— Si quieres — respondió Remus.

— Sí, sobre esta lista, Moony... — dijo Sirius, recogiéndola de la mesita de noche.

— ¿Qué?

— Bueno... es realmente larga.

— Lo sé — Remus arqueó una ceja, — ¿Cuál es tu punto? Son todos insultos para los que no son
sangre pura, ¿No?

— Sí — dijo Sirius, rascándose la barbilla, — Sí, lo son, pero, eh... bueno, no pensé que hubiera
tantos. Nunca los había visto todos escritos así. Y de todos modos, ¡¿Dónde escuchaste todo esto?!

— ¿Dónde piensas? — Remus miró a Sirius a los ojos, deliberadamente. Había estado esperando
algo como esto. — No seas una niña al respecto, Black, no me molesta. Bien, James, ¿Qué palabra
quieres intercambiar?

— Evans. — Sirius dijo, de repente, — Estoy barto de oír eso salir de su boca.

— Está bien — sonrió Remus, —¿Entonces a qué lo cambiamos?

— ¡No me digas! James dijo: —Haremos una prueba a ciegas para saber que definitivamente
funciona. Elige algo que Black no haya inventado todavía.

Remus asintió con la cabeza, garabateó algo en un trozo de pergamino, luego levantó su varita,
concentrándose. Movió su varita bruscamente hacia James y pronunció el encantamiento.

Los cuatro se quedaron mirando, en silencio.

— Er... — Remus dijo, — ¿Sentiste algo?

— Nop. — James se miró a sí mismo, como si esperara ver algo diferente.

— Bueno ¡Dilo, entonces! — Instó Sirius.

— Su nombre completo — agregó Remus.

James se aclaró la garganta teatralmente, cuadrando los hombros. Estiró un brazo y colocó una
mano sobre su pecho como si estuviera a punto de hacer un gran anuncio.

— Estiércol de elefante voluminoso. — Proclamó.

Peter estalló en un ataque de risa tan fuerte que casi se cae de la cama. Sirius soltó una carcajada y
James se puso rojo brillante.

— ¡No sabía que ibas a elegir algo así! — Él dijo: — ¡Esa es mi futura esposa!

— ¿Quién es tu futura esposa? — Sirius preguntó, rápidamente.

— Estiércol de elefante. — James respondió, luego se llevó las manos a la boca. — ¡Lupin!

— Dijiste que no te importaba — respondió Remus, como un negocio, —Ahora, intenta decir
'Evans' de nuevo, pero realmente trata de romper mi hechizo, ¿de acuerdo?

— Estiércol de elefante. — James dijo, rápidamente. Luego, con más fuerza, — Estiércol de
elefante. — Arrugó los ojos — Es-ti...ércol... de ele-fante. Estiércol de elefante — Bajó la cabeza,
tristemente.

Peter apenas podía respirar por reírse ahora, y Sirius tuvo que apoyarse en el poste de la cama.

— Excelente. — Remus sonrió. Dejó su lista. — Oye, son las seis en punto. ¿Vamos a cenar?

— Sí, solo haz el contra-hechizo primero. — Dijo James.

—Oh no, — Remus negó solemnemente con la cabeza, —Lo siento Potter, pero quiero probar el
hechizo a fondo, tenemos que estar seguros de que no desaparecerá demasiado rápido. Te quitaré la
maldición mañana por la mañana.
— ¡¿Qué?! — James rugió.

— ¡Oh si! — Sirius jadeó, secándose las lágrimas de los ojos.

— Lo siento, — dijo Remus de nuevo, no lo siento en absoluto, — Supongo que deberías alegrarte
de que no hayamos elegido una palabra común.

— P-pero, ¿y si me encuentro con estiércol de elefante?

— Oh, no creo que lo hagas. — Remus le dio una pequeña sonrisa, — Casi no hay elefantes en
Escocia.

James hizo una mueca,

— ¡Sabes a lo que me refiero! ¡Voluminoso! ¡¿Estiércol de elefante voluminoso?!

Remus se encogió de hombros.

— ¿No grites su nombre? ¡Vamos, me muero de hambre!

...

— ¡James! ¡Mira quien es!

— Cierra. La. Boca — James apretó los dientes y miró fijamente su plato. Sirius negó con la
cabeza con desaprobación, la imagen de la piedad.

— Esa no es forma de saludar ... ¿Cómo se llama?

— No voy a rebajarme, ya sabes. Soy más fuerte que eso. — Dijo James, cortando con saña su
bistec y pastel de riñón.

— Ella está ahí, amigo. — dijo Sirius, tratando de controlar su sonrisa, — ¿Cómo se dará cuenta de
ti si no la llamas?

— Oye, Evans — dijo Remus, de repente, saludando a la pelirroja, — ¿Quieres sentarte con
nosotros?

Ella se detuvo y los miró, con cautela,

— ¿Por qué?

— Eres una Gryffindor, nosotros somos Gryffindors… — dijo Sirius, levantándose para darle su
asiento al lado de James, — Se supone que debemos sentarnos juntos. Además, realmente
molestará a Potter.

— Bueno, en ese caso. — Lily se sentó. Sirius empujó a Remus para hacer espacio a su lado. Lily
miró a James con curiosidad, que se había puesto rojo como una remolacha. — ¿Por qué te
molesto, Potter?

— ¡No lo haces! — Dijo rápidamente: — Solo están siendo unos idiotas.

— ¡Lenguaje, Potter! —Sirius dijo, severamente, vertiendo salsa sobre su puré de papa y guisantes.
— Esa no es forma de hablar frente a una dama.

— ¿Que esta pasando? — Lily miró a Remus con sospecha, —¿Se están burlando de mí?
— Nos estamos burlando de James. — Peter chilló, sonando como si estuviera teniendo
dificultades para contener su emoción. Por una vez, él no era el blanco de la broma, y claramente
era una idea vertiginosa.

— Estoy probando un hechizo en él. — Remus dijo, simplemente. Los ojos de Lily brillaron
mientras analizaba la situación.

— ¿Y cuál es el hechizo?

— Mutatio Verbi.

Sus cejas se alzaron

— ¿Eso es... Oh Dios mío, Remus, qué palabra?

— Um...

— Estiércol de elefante voluminoso. — James dijo con tristeza. Peter escupió su jugo de calabaza
y tiró su tenedor. Lily rió nerviosamente.

— ¿Qué dijiste, Potter?

— Vvv... Voluminoso. — James se esforzó por luchar contra el hechizo, — Estiércol de elefante
voluminoso.

— ¡¿Voluminoso...?! ¡Oh, por el amor de Dios! — Lily miró a Sirius, — Es mi nombre, ¿no?

— ¡No me mires! — Sirius sonrió, levantando las manos, — ¡Fue idea de Moony!

Lily se volvió hacia Remus, su ceño fruncido desapareció.

— ¿En serio, Remus?

— Err ... sí, pero no estaba destinado a ser ofensivo ni nada...

— ¡Eso es increíble! — Ella dijo: — ¡Magia realmente inteligente!

— ¡Espera hasta mañana! — Peter dijo, recuperándose de su histeria. Sirius lo pateó debajo de la
mesa.

— Lo siento mucho, estiércol de elefante. — Dijo James, luciendo genuinamente desamparado.


Esta vez, incluso Lily se rió.

...

Miércoles 31 de octubre de 1973

— Nada esta pasando.

— Bueno, no se van a poner a insultar, ¿verdad?

— Tenemos que empujarlos a hacerlo. Pete, ve y ...

— ¡Oye, soy sangre pura!

— Oh, sí, cierto. Um... Moony, ve y tropieza con uno de ellos o algo así. Hazlo con Snivellus. O
mi prima, sí, ¡busca a Cissy!
— No. — Remus dijo, en voz baja. Ignorando el hecho de que en realidad no tenía ningún
problema con Narcissa, no quería ser tan obvio. — Solo esperaremos. Paciencia, Black, paciencia.

— Pero podría llevar días.

— No, no es así. — Mary dijo, fríamente. — Ustedes tres deben estar ciegos si no han visto lo que
sucede por aquí. — Eso los hizo callar.

Mary estaba sentada junto a Sirius por segunda vez esa semana. A Remus no le importaba, le
gustaba Mary, era divertida, brusca y desafiante, pero indefectiblemente amable y llena de
compasión. Ella era su amiga. Pero, bueno, ella no era una merodeadora, ¿verdad? Su presencia se
sentía intrusiva, de alguna manera; no encajaba del todo con su habitual ida y vuelta. Y ella
siempre se sentaba al lado de Sirius, lo que significaba que nadie podía hablar con él sin que ella
escuchara y pestañeara. Por supuesto, Remus sabía que le gustaba él y todo, pero no estaba seguro
de que Sirius supiera eso todavía, o tal vez así era como se suponía que debías actuar cuando
alguien te gustaba.

— ¿Qué ha estado pasando entonces? — Preguntó James, muy seriamente. — ¿Te llaman cosas,
MacDonald?

Ella se encogió de hombros, sorbiendo su jugo de calabaza.

— Ha sido peor este año. ¿Debes saberlo, no Remus?

Remus asintió vagamente, mirando hacia otro lado, como si estuviera más interesado en observar a
los Slytherin. Era el banquete de Halloween y todos estaban muy animados. El profesor Flitwick
había encantado unos murciélagos negros relucientes para que volaran sobre sus cabezas, finas
telarañas plateadas brillaban desde las vigas y el Gran Salón estaba lleno de los olores otoñales de
calabaza asada, humo de leña y manzanas horneadas.

— Entonces... — James continuó, lentamente, — ¿Todos los nacidos de muggles lo han estado
recibiendo? Incluso... incluso estiércol de elefante, ¡Oh, por el amor de Dios, Remus! ¡Por favor,
arréglame!

— Si haces mi tarea de Pociones.— Remus respondió, rápido como un dardo.

— ¡Bien! ¡Cualquier cosa! Te daré mi maldita escoba si sólo...

— Finito. — Remus apuntó con su varita a James. James lo miró fijamente, aturdido. Se aclaró la
garganta,

— Lily Evans. — Dijo, muy claramente, luego sonrió.

— ¡¿Y ahora qué, Potter?! — Lily se dio la vuelta, su conversación con Marlene siendo
interrumpida.

— ¿Saldrías conmigo?

— No. — Ella se volvió de nuevo.

— Gracias Moony.

— En cualquier momento.

— Espera. — Sirius dijo: — Espera un minuto. ¿El contra-hechizo es Finite Incantatum?


— Sí.

— ¡Pero ese es solo el hechizo estándar!

Remus se encogió de hombros.

— Nunca dije que fuera algo difícil. Ustedes, sangre pura, no tienen ni una pizca de sentido común
entre ustedes.

Mary soltó una carcajada, James se atragantó con su papa asada y Sirius le dio una palmada a
Remus en la espalda.

— Lo juro, Moony. Cuando se trata de planes malvados, ninguno de nosotros tiene oportunidad
contigo.

Remus se sonrojó de orgullo y lo sacudió, regresando a su cena.

— ¡Mira! — Peter gritó, de repente, señalando con un dedo regordete en dirección a la mesa de
Slytherin. Un segundo año de Hufflepuff se había acercado demasiado a Mulciber, quien se puso
de pie y se cernió sobre ellos.

— Sí — susurró Sirius —Adelante, gran troll...

El Hufflepuff estaba temblando tanto que derramó su bebida, tirando la mayor parte por sus propias
túnicas, pero también rociando ligeramente las puntas de los enormes zapatos negros de Mulciber.
El Slytherin de nariz chata agarró al Huffllepuff por la corbata, el resto de los Slytherin se
volvieron para mirar, ansiosos.

— Limpia eso, cariño angelical.

Silencio de muerte. El Hufflepuff parecía confundido y soltó una risa nerviosa. Mulciber parecía
más estúpido de lo habitual.

— ¿Qué dijiste, Mulciber? — Preguntó Snape, mirándolo.

— ¡Cariño angelical! — Mulciber rugió, con la cara roja. — ¡No! Quería decir, ¡Querido terrón de
azúcar! ¡No! ¡Dulce angelito!

Todo el salón estalló en risas.

— Maldita sea — dijo Sirius, en voz baja, — Mulciber realmente tiene una boca sucias ¿eh? No
pensé que usaría la mitad de esos.

— Siéntate, idiota. — Snape reprendió al matón, que había soltado la corbata de Hufflepuff, y
estaba soltando tonterías sin poder hacer nada.

— ¡Eso fue brillante, Sirius! — Mary lo abrazó. Remus de repente perdió el apetito. Sirius
simplemente tiró su cabello galantemente;

— Solo espera — dijo, — eso fue solo el comienzo.


Tercer Año: Sirius cumple catorce

Viernes 2 de noviembre de 1973

Remus miró alrededor de la puerta del dormitorio en silencio, y - encontrando la costa despejada -
entró sigilosamente. Abrió con cuidado su baúl y metió el paquete dentro, cubriéndolo con un par
de jeans viejos.

— Hola, Moony — una voz detrás de él le dio a Remus tal susto que dejó caer la tapa del baúl con
un pesado *pum* y se dio la vuelta. James estaba saliendo del baño, su cabello oscuro mojado y
sus lentes empañados.

— Hola. — Dijo, esperando no parecer que estuviera tramando nada.

— ¿Estás tramando algo? — James lo miró de reojo.

— No.

— ¿Qué estás haciendo?

— ¡Nada!

— ¿Es el regalo de cumpleaños de Sirius?

Los hombros de Remus se hundieron, suspiró.

— Sí.

— No tienes que esconderte de mí, Moony — James rió, con facilidad, tirando la toalla sobre la
cama y comenzando a vestirse. — No le diré.

Remus se encogió de hombros con torpeza. Realmente solo había querido ocultar el hecho de que
había pasado las últimas dos horas en los baños de chicas del cuarto piso tratando de envolver la
estúpida cosa, con Myrtle la llorona riendo en lo alto, sin dar ningún consejo útil.

También estaba tratando de evitar preguntas incómodas sobre dónde había obtenido el dinero. Su
paquete de cigarrillos robados se había agotado casi por completo y le quedaba el dinero suficiente
para comprar regalos de Navidad para sus amigos y, si era prudente, algo para él. No tenía el
corazón puesto en nada, pero a Remus le gustó la idea de poder seguir adelante y comprar algo si
le apetecía.

— Suerte que es sábado este año— le dijo a James, relajándose un poco, — ¿Sabes lo que vamos a
hacer?

— Bueno, obviamente, tendremos que cantar 'feliz cumpleaños' en el desayuno — dijo James, muy
serio.

— Obviamente. — Remus estuvo de acuerdo.

— Y almuerzo y cena. Tengo práctica de quidditch por la mañana, pero le pedí a Hooch que me
dejara media hora extra en el campo antes de que continúen los Ravenclaws, para que podamos
volar un poco.

— Oh, bien — dijo Remus, con un poco menos de entusiasmo. No era su idea de diversión el
sentarse en la gradas del campo de quidditch solo en una fría mañana de noviembre, pero era el
cumpleaños de Sirius, después de todo. Quizás podría llevar un libro.

— Luego supongo que tendrá que ir a tomar el té por la tarde con Regulus y Narcissa. Entonces,
tendremos que averiguar cuándo termina eso antes de que podamos organizar una fiesta adecuada.
¿Crees que a los demás les importará si usamos la sala común?

— No — Remus negó con la cabeza, con confianza. Nadie podía negarle nada a James y Sirius,
especialmente una fiesta de cumpleaños muy ruidosa. Esto era cierto en cualquier momento del
año, pero especialmente esta semana, cuando la popularidad de los merodeadores parecía estar en
su punto máximo.

Remus apenas había podido caminar por un pasillo desde el miércoles sin escuchar una ovación, o
recibir una palmada en la espalda de sus compañeros Gryffindors, Ravenclaws o Hufflepuffs. Los
Slytherin todavía fruncían el ceño, todavía lo miraban con dagas en los ojos si pasaba, pero no
podían decir nada. Algunos lo intentaron, por supuesto. Durante los dos primeros días después de
Halloween, se podían escuchar los ocasionales 'cariño angelical' o 'pelusa de miel' , y se
escuchaban risas estridentes. Snape incluso había perdido los estribos por completo durante la
lección de Encantamientos de los viernes y llamó a James un "pequeño muñeco encantador", lo que
casi mata a Sirius de la risa y mortificó a Lily.

La mejor parte de esta broma, que Remus ni siquiera había considerado cuando la planeó, era que
ninguno de los Slytherin podía quejarse con el personal sobre el hechizo, porque eso significaría
explicar qué palabras habían sido reemplazadas. Entonces, fue un proceso lento e inmensamente
agradable de ver mientras los estudiantes de Slytherin intentaban descubrir la contra maldición por
sí mismos.

— Lo tienen bien merecido — se rió Marlene, temprano esa mañana, — si fueran Hufflepuffs,
todos habrían levantado el hechizo a estas alturas.

De la noche a la mañana, los merodeadores habían pasado de ser los payasos de la clase, muy
queridos y alegremente tolerados, a héroes de la guerra de casas que se había estado gestando
durante todo el año. Remus trató de no pensar en los efectos a largo plazo que esto podría tener, y
se centró en cambio en el próximo decimocuarto cumpleaños de Sirius. De alguna manera, catorce
sonaba incluso más maduro que trece - dónde eras definitivamente, definitivamente un adolescente
a los catorce años.

Mary se sentó con ellos en la cena esa noche, una vez más. Una o dos veces, Remus había pensado
en preguntarle a James cómo se sentía acerca de este nuevo arreglo, pero se retractó. Después de
todo, a James no parecía importarle en absoluto y siguió como de costumbre. Y Mary no estaba
haciendo nada malo sentándose en la mesa de su propia casa.

A decir verdad, Remus aún no había sido capaz de señalar por qué su presencia lo molestaba tanto,
excepto que ella siempre se sentaba al lado de Sirius, lo que él pensaba que era una demostración
obvia. La continua timidez de Sirius sobre todo el tema era igualmente exasperante. A Remus no le
gustaba que otras personas guardaran secretos.

— ¿A qué hora estarás libre mañana, Black? — Preguntó James, mientras comían bacalao
rebozado dorado crujiente y chips de corte grueso.

— ¿Qué quieres decir? — Preguntó Sirius, rociando generosamente vinagre sobre el suyo, antes de
pasarle la botella a Remus. Mary, que había estado buscando el vinagre, le lanzó a Remus una
mirada divertida.
— Ya sabes, ¿A qué hora crees que terminará el té de tu familia Black? ¿Para tu cumpleaños?

— Oooh, ¿es tu cumpleaños, Sirius? — Mary sonrió: — ¡Nunca lo dijiste! ¡Te habría comprado
algo!

— ¿En serio? — Sirius la miró, ligeramente desconcertado. Se volvió hacia James, — No creo que
el té se realice este año. No me han mandado una nota.

— ¿Oh de verdad? — James arqueó las cejas, lo que siempre le daba una expresión de búho, —
¿Estás... quiero decir, está bien?"

Sirius resopló, mirando su comida,

— ¿Por qué no lo estaría? Como si yo quisiera ir.

— Bueno... genial, entonces.— James sonrió, lanzando una mirada a Peter y Remus que solo ellos
entenderían, — Podemos continuar con la planificación de la fiesta más desordenada que la torre
de Gryffindor haya visto.

— ¡Si! — Peter añadió, por si acaso.

— ¿Estoy invitada? — Preguntó Mary, sentándose más derecha.

— Obviamente. — Remus dijo, su voz más sarcástica de lo que pretendía, — Todos están
invitados.

— Mira, tal vez no deberían hacer un gran escándalo. — Sirius dijo, jugando con sus guisantes, —
No tengo muchas ganas.

— Oh, ¿por qué no? — Mary arrulló, — ¡Será divertido! Lo haremos tan bueno como el
cumpleaños de Remus el año pasado, ¡Incluso mejor!

Sirius no dijo nada, y James lanzó otra mirada a Peter y Remus. Comieron el resto de la comida en
un silencio casi total.

...

Sábado 3 de noviembre de 1973

Remus se despertó solo la mañana del cumpleaños de Sirius, y encontró una nota clavada en la
puerta del baño, escrita en una hermosa cursiva.

Nos fuimos hacia la práctica de quidditch, sabía que no querrías venir, así que te deje dormir.
Hasta luego, S.

Remus se duchó y luego decidió que también podía ir a la biblioteca. Había terminado su ensayo
sobre criaturas mágicas de clase XXX y quería adelantarse a las criaturas de clase XXXX.
(Recientemente se había enterado de que él, el flaco Remus Lupin de trece años, estaba clasificado
como XXXXX, junto con las manticoras y los dragones).

Iban a seguir a adelante con la fiesta con o sin el consentimiento de Sirius, una decisión tomada por
James y respaldada por Remus. Incluso cuando tenía un caso de depresión, Sirius no podía resistir
ser el centro de atención y hacer tanto ruido como fuera posible. Peter había sido puesto a cargo de
la decoración y, con algo de ayuda de Mary y Marlene, había triunfado, escondiendo un baúl lleno
de serpentinas y globos en el dormitorio de niñas de tercer año. James se encargó de las
invitaciones, que por lo que Remus había visto involucraba gritar a varios estudiantes diciéndoles
que sería mejor que estuvieran allí o de lo contrario verían. Remus era responsable de la comida,
algo que era bastante simple cuando tenías acceso al mapa y la capa de invisibilidad.

Tuvo un desayuno tranquilo solo con su libro. La hora de comer era un asunto mucho más pacífico
ya que los Slytherin habían sido amordazados temporalmente. Incluso aquellos que habían logrado
romper el hechizo mantenían la boca cerrada, al menos por un tiempo.

El libro que Remus estaba leyendo era tan interesante que no podía dejarlo, y en cambio continuó
leyendo mientras serpenteaba lentamente hacia la biblioteca, de vez en cuando extendía la mano
para evitar chocar contra los muros o puertas. Entonces, fue completamente su culpa cuando chocó
de frente con Regulus Black, derribando al suelo al chico más joven.

— ¡Oh, lo siento! — Remus dijo, dejando caer su libro y automáticamente ofreciéndole una mano
para ayudarlo a levantarse. Regulus lo fulminó con la mirada y entrecerró los ojos ante las
cicatrices que cruzaban las muñecas de Remus. Se puso de pie sin ayuda, sacudiéndose y oliendo a
Remus con su heredada dignidad Black.

— Mira hacia donde vas. — Dijo con frialdad.

— Dije que lo siento. — Remus respondió, un poco molesto. No quería empezar nada, solo quería
llegar a la biblioteca sin ningún problema.

— ¿Qué estás haciendo vagando solo, de todos modos — preguntó Regulus, con sospecha, —
¿Planeando algún otro asalto hilarante a nuestra libertad de expresión?

Remus se burló,

— Podría preguntarte lo mismo. ¿Dónde está ese pequeño y espeluznante Crouch? De todos
modos, no puedes probar que hicimos nada.

— No — los labios de Regulus se curvaron, — pero sé que mi hermano estaba involucrado.

— ¿Oh si?

— Sí. No recibí las mismas palabras que todos los demás.

— ¿Hmm? — Remus trató de parecer indiferente por esto, pero no tenía idea de que Sirius había
maldecido a su hermano de manera diferente.

— Cada vez que trato de decir el nombre de mi casa, sale...— Regulus miró furtivamente sobre sí
mismo, como si temiera que lo escucharan, — ¡Vamos, Gryffindor, Vamos!

Remus se echó a reír bajo la mirada imperiosa de Regulus.

— Lo siento — dijo Remus, por tercera vez, — Es... bueno, es bastante divertido.

— Por supuesto que piensas que es gracioso. — El chico más joven resopló. Era más bajo que
Remus, pero de alguna manera se las arregló para mirarlo desde arriba. —Tú... los de tu clase no
pueden entender lo que mi hermano está poniendo en juego. Hice todo lo posible para ocultar lo
peor a nuestros padres, pero él tiene que seguir insistiendo...

— Entonces, ¿Es por eso que no está invitado a tu estúpida fiesta del té de Nancy? — Remus
preguntó, enojado por su amigo.
— Narcissa no pensó que valiera la pena, este año — la fría mirada de Regulus vaciló, y miró hacia
otro lado. Remus tuvo la impresión de que a Regulus le hubiera gustado tener la oportunidad de ver
a su hermano. — Y esta última broma suya acaba de demostrarlo. Nunca va a... volver.

Regulus se sacudió y se volvió en dirección a las mazmorras. Remus sintió una oleada de simpatía
y, en contra de su mejor juicio, lo llamó.

— Reg, espera!

Regulus se volvió, horrorizado por el exceso de familiaridad de Remus. Pero Regulus era un
nombre tan feo. Peor que Remus por una milla. — Mira — se apresuró, — vamos a tener una fiesta
para Sirius en la sala común esta noche, puedes venir si...

— No. — Regulus dijo bruscamente, luciendo ansioso, — No me invites, ¿de acuerdo? Solo
déjalo. Dile feliz cumpleaños de mi parte. — Se apresuró a alejarse.

...

Con o sin Regulus, la fiesta fue un gran éxito. Bastante literal; cada póster de león en la sala común
(y habían bastantes) había sido encantado para rugir cada vez que alguien decía las palabras
"cumpleaños" o "Sirius".

Toda la casa de Gryffindor se involucró, y Remus estaba bastante seguro de que algunos de los
estudiantes mayores estaban pasando frascos de algo un poco más fuerte que la cerveza de
mantequilla que todos los demás estaban bebiendo. El tocadiscos de Sirius giraba salvajemente al
doble de tiempo, y muchas de las chicas se habían levantado para bailar. Mary trató de subir a
Sirius para John, I'm Only Dancing, pero él negó con la cabeza con fervor y se quedó en el sofá
con Remus y Peter.

— Solo conozco el vals — les confió en un susurro, — Y estaré jodido si tengo que volver a
hacerlo.

James se levantó y trató de mover sus caderas lo más cerca posible de Lily, pero rápidamente
tropezó con una bulto en la alfombra y casi se precipitó de cabeza a la chimenea. Sirius se rió con
ganas de esto, y Remus estaba complacido de ver que al menos no estaba dejando que su familia lo
afectara hoy. Decidió no contarle a Sirius sobre su encuentro con Regulus por el momento, no lo
haría más feliz, así que, ¿Cuál era el punto?

— Eres Lupin, ¿no? — Una chica se inclinó sobre el respaldo del sofá, su largo cabello negro
rozando el hombro de Remus. La había visto antes; ella era de sexto año.

— Um, sí — asintió, saltando.

— Mi amigo, Fariahah, dice que estás vendiendo...

— Err, ¡ven aquí! — Saltó moviendo la cabeza salvajemente. Hasta ahora se las había arreglado
para llevar a cabo sus asuntos en privado y sin que los demás merodeadores lo supieran. — ¿Qué
querías? — Preguntó, una vez que estuvieron en la esquina más alejada de Sirius y Peter.

— Dos paquetes de lo que tengas. — Ella dijo.

— Un galeón.
— ¡¿Qué?! — Ella exclamó: — ¡Pero Fariahah dijo que eran cinco sickles el paquete!

— Me estoy quedando sin paquetes — dijo Remus, desinteresado, — oferta y demanda.

— Ugh, bien.— Se cruzó de brazos y sacudió la cabeza: — Un galeón.

— No puedo conseguirlos ahora. Reúnete conmigo aquí mañana a las siete. A.M.

— ¡¿Un domingo?!

— Tengo muchos clientes, ¿sabes?

— Bien, bien…

— ¿Qué pasó allí, Moony? — Sirius lo miró mientras Remus regresaba al sofá. Su mirada
sospechosa era idéntica a la de su hermano. — ¿No otra novia?

— Cierra la boca. — Remus lo pateó.

— ¿Quién es tu novia, Remus?— Mary se sentó, luciendo interesada. Dios, pensó Remus, ¡¿de
dónde salió?!

— No tengo novia, Black solo está siendo un idiota.

— Bien — se sentó Mary, sonriendo con aire de suficiencia, — Porque si la tuvieras — hizo girar
su cabello en espiral alrededor de un dedo, — Conozco a alguien que estaría realmente
decepcionada...

— Oh. Okay. — Él respondió, tratando de no mostrarle lo molesto que estaba.

— ¿A quién le gusta Moony? — Preguntó Sirius, empujando a Mary.

— No podría decírtelo. — Mary respondió, imitando abotonar sus labios. Remus deseaba que ella
hiciera eso de verdad, para siempre.

— Muchachas.— Sirius dijo, exasperado, — Pesadillas, todas ustedes.

Mary hizo un puchero, pero no dijo nada más. Sirius negó con la cabeza hacia ella, pero estaba
sonriendo. Finalmente, regresó a Remus, — Entonces, ¿Qué estás vendiendo? Esa chica dijo que
estabas vendiendo algo

— Nop. — Remus dijo, inocentemente. — Ella tenía a la persona equivocada.

— Lo descubriré, ya lo sabes. — Dijo Sirius, con una mirada de regocijo en sus profundos ojos
azules. — No es que no esté agradecido por el excelente regalo de cumpleaños — asintió con la
cabeza hacia el piso donde estaba su kit de broma práctica Deluxe de Zonko recientemente
desenvuelto, proclamando con orgullo; ' Seguro que completará la colección de cualquier maestro
bromista'. — Pero voy a averiguar cómo lo pagaste, eventualmente. No creo en eso de que una tía
muerta te dejó dinero.

— Tu tío muerto te dejó dinero — respondió Remus.

— Sin embargo, no puedo tocarlo hasta que sea mayor de edad, ¿verdad? — Sirius dijo
astutamente: — No, estás tramando algo, Lupin, te conozco, no eres Moony si no tienes un secreto.

— Entonces — enfatizó — déjame tener mi secreto — Remus volvió la cabeza, misteriosamente.


Tercer Año: Conócete a ti mismo

Domingo 11 de noviembre de 1973

Remus se despertó, farfullando y temblando. La habitación estaba lúgubre y su aliento estallaba en


penachos blancos sobre su cabeza. Todo dolía. Levantó las manos frente a su rostro y encontró las
puntas de sus dedos azules y ensangrentadas. Tenía astillas debajo de las uñas y más sangre en otro
lugar; podía olerlo, pero no podía ver muy bien en la oscuridad y no tenía la energía para levantar
la cabeza. Sentía los huesos como si estuvieran hechos de tiza. Estaba tan, tan cansado.

Aún así, si había tanta sangre como pensaba, probablemente no era una buena idea dormir.
Debería permanecer despierto al menos hasta que Madam Pomfrey pudiera llegar, lo que no
debería tardar mucho. Remus se quedó quieto y se concentró en su respiración. También había un
juego de Gryffindor hoy, otra cosa que se perdería. No solo eso, sino que sus amigos estarían
demasiado ocupados para visitarlo.

Volvió la cabeza y le tiró. Esperaba no estar enfermo, era tan vergonzoso estar enfermo. No tenía
su varita con él, así que no podía limpiarse.

— Buenos días, Remus —Madame Pomfrey finalmente entró en la habitación.


— Oh cielos, un poco desastroso, ¿eh?

Levantó la cabeza y vomitó rápidamente.

...

— No estoy segura de que me guste toda esta lectura que haces. — Madame Pomfrey gruñó
mientras le traía un trago curativo. — Sé que tus estudios son importantes para ti, pero necesitas
descansar.

— Dormí toda la mañana. — Él respondió: — Y me aburro mucho, de lo contrario. ¿Sabes cómo


terminó el partido de quidditch?

— Me temo que no — sonrió la medibruja. — Estoy segura de que el señor Potter estará aquí para
decírtelo tan pronto como pueda.

Eso no era muy probable, ya que si ganaron, habría una fiesta de la victoria, y Remus le había
hecho prometer a James que no se lo perdería por su cuenta. Aceptó la poción que le dio Madame
Pomfrey y se la tragó sin quejarse. Era amargo, pero ahora se había acostumbrado.

Tenía que leer, porque si no lo hacía, no tendría nada que hacer, excepto pensar en sus cicatrices
frescas. Este mes, el lobo se había desgarrado el torso, que era mejor que sus brazos o su cara, al
menos podía ocultar las marcas más fácilmente.

Remus rara vez se desnudaba frente a nadie; incluso una vez que los merodeadores se habían
enterado de su pequeño problema peludo. Nadie más que Madame Pomfrey había visto la
verdadera extensión del daño (bueno, Sirius lo había hecho, una vez, a principios de segundo año,
pero ninguno de ellos había reconocido ese extraño encuentro desde entonces). Aún así, Remus no
era ingenuo, y sabía que un día, por muy lejos que estuviera, alguien esperaría que se quitara la
camiseta, al menos. No soportaba pensar en eso. Quizás tendría que evitar a las chicas para
siempre.

— ¡Señor Lupin! — Una voz alegre resonó por el piso del hospital, haciendo que Remus se
sobresaltara. Era el profesor Ferox, sosteniendo dos grandes frascos de líquido transparente en sus
brazos.

— Oh, hola — Remus dio un pequeño saludo.

— Esencia de Murtlap, como prometí, Poppy — el profesor dejó los frascos. No vengas, no
vengas, pensó Remus frenéticamente mientras el profesor Ferox cruzaba la habitación hacia su
cama. — ¿Acaso estuvo en la guerra, nuestro chico? — Preguntó amablemente.

— Um... — Remus quería encogerse y esconderse debajo de las sábanas. Odiaba la idea de que un
Ferox fuerte y enérgico lo viera en su estado debilitado. —Estoy bien.

Ferox se sentó junto a la cama de Remus. Remus se resignó a su destino.

— Segunda vez aquí este año, ¿eh? — Dijo el profesor, luciendo preocupado. Remus asintió, a
pesar de que era su tercera luna este trimestre. Si Ferox no notó una ausencia, entonces tal vez no
conectaría los puntos. — Sabes, si necesitas más tiempo para tu tarea, solo tienes que decirlo.

— ¡Nunca he entregado nada tarde! — Protestó Remus.

—No — los ojos de Ferox brillaron, — Ciertamente no lo has hecho. — Sus mirada se movió hacia
los vendajes que sobresalían de la camisa del pijama de Remus, cubriendo un nuevo corte que
serpenteaba hasta su clavícula. Algo se registró en los ojos del hombre mayor, y Remus supo casi
instintivamente que Ferox lo sabía.

— Puedo hacer cualquier cosa que pueda hacer cualquier otra persona. — Remus dijo, mirando a
su maestro a los ojos.

— Puedo ver eso. — Ferox miró ahora la pila de libros sobre la mesita de noche. — ¿Son todos
para la escuela?

— Algunos. — Remus respondió: — Algunos son para entretenerme. Me gusta descubrir cosas
nuevas. Me gusta saber cosas.

— Sí, puedo decir eso por tus ensayos — Ferox estaba sonriendo de nuevo, lo que hizo que Remus
se relajara un poco. — ¿Te apetece una carrera cuidando criaturas mágicas? ¿O quizás algo más
parecido a tu padre?

— Er... no lo había pensado. — mintió Remus.

Ferox se rió. Golpeó el libro en la parte superior de la pila. Era de Sirius, un libro de filosofía
muggle.

— Conócete a ti mismo, Remus. — Dijo Ferox.

— Platón. — Remus dijo rápidamente.

Ferox volvió a reír y se puso de pie.

— Exactamente. — Revolvió el cabello de Remus antes de girarse para irse. — Espero que te
sientas mejor pronto, Lupin. Te veo el miércoles.

Todo era muy críptico, pensó Remus, dándose cuenta de que había estado conteniendo la
respiración durante casi un minuto mientras Ferox abandonaba la habitación. Todavía no había
empezado el Platón, solo lo había hojeado; no era el tipo de cosas que normalmente le interesaban,
pero se había comprometido a probar un poco de todo.

Secretamente, quería poder mostrarle a Sirius que había leído más libros. Sirius casi no pasaba más
tiempo leyendo: su única misión por cumplir era su papel de oveja negra de la familia Black lo que
significaba que tenía poco tiempo para otra cosa que no fuera causar problemas. Lo lamentaría
algún día, en opinión de Remus. Remus había visto a muchos chicos en St. Edmund's tratando de
sobrepasar sus límites de esa manera; el problema era que algunos límites no eran vallas. A veces
eran bordes; sin nada al otro lado.

...

Se curó bastante bien, a pesar de las brutales cicatrices, y Madame Pomfrey lo envió de regreso a la
torre de Gryffindor esa noche, con el entendimiento de que no hiciera nada más que descansar.
Caminó lentamente, como prometió. Cuando finalmente llegó a la sala común, no encontró la
fiesta de la victoria que esperaba, sino una atmósfera bastante apagada. Los merodeadores no
estaban a la vista.

Remus frunció el ceño y subió las escaleras para encontrar la habitación también vacía.
Desconcertado, bajó las escaleras. Marlene y Mary jugaban a romper junto a la chimenea.

—Hola — se acercó.

— ¿Estás bien, Remus? ¿Donde has estado? — Preguntó Mary, sin levantar la vista de sus cartas.

— Estaba enfermo. Virus estomacal. ¿Como fue el juego?

— Perdimos — suspiró Marlene, — James estuvo jodidamente brillante como de costumbre, y


debo de haber bloqueado al menos veinte bludgers, pero Ramsay atrapó la snitch en el momento
equivocado.

— Ah, lo siento McKinnon. — Remus se frotó la nuca. Eso era extraño: si habían perdido y no
había habido fiesta, ¿Por qué los demás no habían ido a verlo? Trató de ignorar la punzante
sensación en su estómago. — ¿Has visto a James desde entonces? ¿O Sirius o cualquiera?

— Nop. — Dijeron las chicas al unísono. Marlene golpeó una tarjeta, luego hizo una mueca
cuando estalló. Ella lo miró.

— ¿Quieres jugar?

— Er… nah. Todavía me siento un poco raro. Me iré a acostar. Gracias de todos modos.

Volvió a subir las escaleras, sintiendo una incómoda mezcla de ansiedad e ira. Dijo que no
deberían posponer la celebración solo por él, pero eso no significaba que no quisiera verlos en
absoluto. No tenían que dejarlo solo así, sin siquiera comprobar si estaba bien. Por lo que sabían,
aún podía estar en la enfermería, al borde de la muerte y sin nadie más que Madame Pomfrey
como compañía. ¿Estaban ya aburridos de todo el asunto? ¿Era menos emocionante ahora? ¿Era él
menos emocionante?

Remus se acostó en su cama encima de las mantas. Se sentía como si solo hubiera estado sin
pijama durante una hora, no quería volver a ponérselo, sin importar lo cansado que estuviera.
Consideró leer, pero no tenía energía. Podía escuchar un disco, pero eso significaría levantarse. Al
final, se quedó quieto, tendido en la oscuridad con las cortinas corridas.
En St. Edmund's, antes de que pudiera leer, antes de tener magia o amigos, Remus se había
acostumbrado al aburrimiento. Inventaba historias en su cabeza, repasaba las letras de las
canciones que había memorizado o intentaba pensar en las palabras más largas que jamás había
escuchado. Ahora, mientras esperaba a que llegara el sueño, Remus reflexionó sobre lo que Ferox
le había dicho antes.

Conócete a ti mismo. No recordaba el contexto en el que Platón había dicho eso: tenía que
significar "saber quién eres".

Remus sabía todo sobre sus amigos. Sabía que James era un líder natural, un dios del quidditch que
haría cualquier cosa por cualquiera. Remus sabía que a pesar de que todos se burlaban de James por
estar enamorado de Lily, James tenía una comprensión más clara del amor que nadie, y si decía
que se casaría con ella algún día, probablemente lo haría. Remus sabía que Peter estaba
avergonzado de su familia, especialmente de su hermana mayor, a quien una vez también había
admirado, y que encajar significaba más para él que cualquier otra cosa en el mundo. Remus sabía
que los padres de Mary habían nacido en Jamaica, y que ella era la única bruja en una familia de
siete, y que nunca, nunca lloraba, incluso cuando estaba furiosa. Sabía que Lily lloraba cada vez
que recibía una carta de su casa, y que le escribía a su hermana todas las semanas y no había
recibido una respuesta nunca. Sabía que Marlene no se llevaba muy bien con su padre, que era
muggle y que a veces bebía demasiado.

Luego estaba Sirius, pero no se necesitaba nada especial para conocer a Sirius. Él pensaba que era
distante y misteriosa, pero la verdad era que Black llevaba el corazón en la mano, y no tenía nada
más por detrás. Lo sentía todo con tanta fuerza y su felicidad era tan caótica como su miseria. A
veces tenías que dar un paso atrás, en caso de que te llevara por delante.

Entonces, ¿Quién era Remus? Huérfano, pero no del todo. Un mago, pero solo mestizo. Un
monstruo, pero no todos los días. ¿Qué más había? No es necesario desarrollar demasiado las
características secundarias.

*Creak*

— ¿Moony? — El susurro llenó la habitación tan fuerte como un claxon. Remus no respondió.
Estaba demasiado enojado.

La puerta se abrió y entraron tres pares de pasos. Incluso con las cortinas de la cama corridas,
Remus sabía que era James quien se acercaba primero. —Psst, Moony? ¿Estás durmiendo, amigo?

Suspiró y se dio la vuelta.

— No.

Las cortinas se corrieron. Remus se sentó para hacer espacio a James, y a Sirius, y luego a Peter
quien se arrastró adentro para sentarse con él.

— Fuimos a la enfermería, pero ella nos dijo que ya te habías ido. — James explicó.

— Subí después de la cena. ¿Dónde estaban?

— Biblioteca.

— ¿Cómo estuvo? — Sirius preguntó: — ¿La luna llena y todo?

— Okay. — Daba la misma respuesta todos los meses.


— No fue ... quiero decir, ¿no te lastimaste demasiado? — Peter preguntó, retorciéndose las
manos.

— Un poco. — Remus asintió, —No está mal. ¿Qué hacían en la biblioteca?

— ¡De eso es de lo que queríamos hablarte! — Estalló Sirius. Obviamente, se moría por decir algo,
y Remus sintió que lo último de su irritación se desvanecía cuando su curiosidad alcanzó su punto
máximo.

— Sirius. — Dijo James, con la voz que solía moderar a sus amigos. Miró a Remus, —Estuvimos
investigando, sobre tí, un poco...

— ¡Un poco! —Sirius se burló, — Todo se trata de ti, Moony, quería decírtelo desde el último
trimestre, pero James no...

— Solo quería asegurarme de que pudiéramos hacerlo. — James le dio un codazo a Sirius, — Deja
de interrumpirme, maldita sea. Remus. La cuestión es que, desde que nos enteramos de... um... tu
pequeño problema peludo, hemos querido hacer algo para ayudar

— No hay cura. — Remus respondió, rápidamente. No le gustó el sonido de esto. Se sintió


horriblemente cohibido mientras todos lo miraban con la misma mirada loca en sus ojos.

— No, no, lo sabemos — James agitó una mano, — pero pensamos que debe haber algo que
podamos hacer, para que dejes de lastimarte, ya sabes.

— Descubrimos que los hombres lobo normales no hacen eso — dijo Peter, ansioso por tener su
propia opinión, — Así que...

— ¡¿Normales?! — Remus dijo, alarmado.

— No normales — Sirius pateó a Peter, — Otros. Otros como tú. Que no se encierran durante la
luna.

— Claro...

— Así que probablemente te lo estás haciendo a ti mismo porque estás atrapado y frustrado.

— Bueno ... sí, lo sabía. — Remus acercó las rodillas a su pecho y retrocedió un poco. Deseó que
no estuvieran en su cama, estaban demasiado cerca. Podía oler su sangre; podía oírlo correr por sus
venas.

— Pero pensamos que si tenías compañía...

— Obviamente no compañía humana — explicó James, a toda prisa, — Todo lo que hemos leído
dice que si incluso te acercas a un ser humano, entonces él está perdido.

— ¡Pero animales! — Sirius explotó, — ¡Otros animales probablemente estarían bien! — Sus ojos
brillaban de emoción y Remus deseaba poder devolvérselo, pero estaba demasiado distraído para
poder seguir lo que decían.

— ¿Y qué? ¿Necesito una mascota?

James se rió,

— Algo así. Pero pensamos... nosotros podríamos ser los animales.


Remus lo miró fijamente. Miró a cada uno de sus amigos por turno. Todos estaban ladrando como
locos.

— Van a ser animales. — Dijo rotundamente.

— ¡Como McGonagall! — Peter chilló.

— Como… ¡Pero ella es un animago! Tienes que estudiar, entrenar y registrarte, y ni siquiera
puedes empezar hasta los diecisiete...

— Moony, Moony, Moony — Sirius negó con la cabeza, exasperantemente — Somos


merodeadores. No necesitamos molestarnos con todo eso.

— Incluso si quisieras violar la ley — Remus captó la atención de James sobre ese punto, para
confirmar que esto era definitivamente de lo que estaban hablando, — Esto no es una broma de la
escuela. Es magia seria, ¡Una de las cosas más difíciles de hacer!

— Por eso te lo contamos — dijo Sirius, — Quería que todo fuera una sorpresa, pero James nos
recordó que... bueno, es muy difícil, así que cuanta más ayuda recibamos, mejor.

— Realmente creen que pueden hacerlo, ¿no? — Remus frunció el ceño.

— Si nos ayudas. — James asintió, — Somos los mejores estudiantes del año, a excepción de
Evans. No veo por qué no deberíamos intentarlo.

— ¿Qué pasa si sale mal? — Remus se mordió el labio, — ¿Qué pasa si todavía… después de
transformarme, qué pasa si puedo decir que en realidad no son animales? ¿Y si voy por ustedes de
todos modos?

— Lo probaremos. Lo probaremos una y otra vez hasta que sepamos que es seguro. — Dijo Sirius.

— Es tan arriesgado...

— ¡Lo sé! — Los ojos de Black prácticamente ardían en su cabeza ahora, y Remus sabía que no
tenía sentido tratar de ser razonable. Tomó un respiro profundo.

— Déjenme pensarlo, ¿por favor? — Apeló a James. — No hagan nada todavía. Solo... denme
unos días.

— Okay. — James asintió, —Es razonable.

— ¡Piénsalo, Moony! — Sirius sonrió, como si no los hubiera escuchado, — Una vez que
hayamos hecho esto, no hay nada que no podamos hacer. ¡Seremos imparables!
Tercer Año: Philomena Pettigrew

Viernes 21 de diciembre de 1973

Una vez que finalmente tuvo el espacio para pensar en ello, Remus se preguntó por qué había
pedido más tiempo. Por supuesto que diría que sí. No pensó que alguna vez diría que no a sus
amigos, incluso si eso lo ponía nervioso. Y lo ponía nervioso.

Quizás era su entusiasmo lo que le preocupaba, o su exceso de confianza. Sabía que parte de su
entusiasmo tenía que ver con que el plan era increíblemente ilegal, peligroso e imprudente. Pero
también lo estaban haciendo por él. No estaba seguro de cómo sentirse al respecto todavía. Mejor
no pensar en eso.

Se llevó a James a un lado un día, poco después de que le habían propuesto la idea, y le pidió toda
la investigación que tenían hasta ahora. Se le presentó de inmediato con un enorme paquete de
pergamino; hojas y hojas de notas y diagramas escritos en una letra cursiva ordenada y familiar.
Decir que habían sido minuciosos era quedarse corto. Si tan solo Sirius prestara tanta atención a la
escritura de sus ensayos, Remus nunca tendría la esperanza de llegar a la cima de la clase.

No habían dejado piedra sin remover. Habían trazado las lunas llenas durante la próxima década, al
menos. Prácticamente habían escrito una historia completa de la licantropía europea, junto con
hábitos alimenticios y patrones de migración, comportamiento de manada, señales de
comunicación canina. Habían enumerado todos los ingredientes que necesitarían, su costo y
disponibilidad. Cada ritual fue cuidadosamente transcrito, paso a paso y los encantamientos se
deletrearon fonéticamente. Había cronogramas, ubicaciones sugeridas para ciertos aspectos del
extenso proceso, todo estaba minuciosamente detallado.

— Cristo. — Remus dijo, cuando terminó de leerlo. — Han hecho todo esto...

— Fue principalmente Sirius. — James sonrió, — En realidad, básicamente todo lo hizo Sirius.
Hizo la mayor parte durante las vacaciones de verano, mientras estaba aburrido. Un verdadero
trabajo de amor.

El estómago de Remus dio un vuelco. No sabía qué decir, ¿Cómo podía rechazarlos después de
todo eso? De repente, vender cigarrillos robados a magos menores de edad parecía muy dócil.

Se acordó que el trabajo comenzaría en serio durante las vacaciones de Navidad, cuando todos
estuvieran fuera de Hogwarts. Remus había obtenido el permiso de la Matrona, McGonagall y
Madame Pomfrey para pasar el descanso con los Potter y, como siempre, Peter estaba en el
camino. Sirius estaba de mal humor cuando el trimestre llegó a su fin, hasta que una mañana
recibió una nota muy breve durante el desayuno:

Para el maestro S. O. Black III,

No se le requerirá en la casa familiar durante estas vacaciones de invierno. Haz lo que quieras.

Firmado

Orion Black.

— ¡Si! — James vitoreó, casi derribando su papilla, — ¡Podría incluso conseguirte para el verano,
a este ritmo!
— ¿Qué hay de Regulus? —Remus preguntó, tentativamente, en voz baja en caso de que Sirius
quisiera fingir que no había escuchado.

— Oh, el pequeño príncipe Reg se va a casa por Navidad. — respondió Sirius, metiendo la nota en
su bolsillo. — Solo me han desinvitado. Bueno. Perfecto. Excelente. No les importa; No me
importa.

No se animó adecuadamente hasta que empacaron. Sirius le mostró a Remus disimuladamente los
regalos que había comprado para el Sr. y la Sra. Potter: una hermosa cadena de reloj de oro y un
bonito broche granate.

— ¿Crees que están bien? — Preguntó, nervioso: — Mi familia es una mierda haciendo regalos,
así que nunca supe realmente...

— Black… Sirius, son… quiero decir, son perfectos. No te preocupes. — Remus sintió una
sensación de hundimiento al pensar en la caja de galletas de rango medio que había comprado para
sus anfitriones. No se podía evitar ahora, había hecho todo lo posible.

Remus estaba ansioso por la Navidad de este año, por lo que pudo haber sido la primera vez.
Todavía era un poco tímido para pasar tiempo en la casa de otra persona, pero ahora que sabía
cómo eran los Potter, se relajó con la idea. Había vendido el último de sus cigarrillos ilícitos a un
precio premium y compró regalos para todos los que pudo, incluso para Lily, Mary y Marlene. Fue
un verdadero placer dar regalos a la gente, se dio cuenta. Quizás incluso mejor que recibirlos.

Además, a pesar de algunas reservas, Remus estaba emocionado por comenzar el proceso de
animagos. Sería una de las magias más complejas que habían realizado hasta ahora; le había
preguntado a McGonagall al respecto, lo más sutilmente posible. Ella lo había elogiado por
mostrarse interesado, pero dijo que estaba muy por encima del estándar de tercer año, o incluso de
séptimo año. Disfrutaba con la idea de demostrarle que estaba equivocada.

Había otra cosa que esperaba sacar del descanso. Algo que no les había mencionado a los demás,
porque era privado. El año pasado, en la fiesta de Navidad de Potter, Remus había sido abordado
por un anciano que sabía mucho sobre Lyall Lupin. En ese momento, Remus se había quedado
mudo por la revelación y la conmoción, pero ahora, un año mayor y sintiéndose bastante maduro a
la gran edad de trece años, Remus esperaba aprender un poco más.

...

Sábado 22 de diciembre de 1973

La luna llena había caído a principios de mes de este año, por lo que los cuatro merodeadores
pudieron unirse a sus compañeros a bordo del Expreso de Hogwarts el sábado habitual. En un
cambio de su viaje habitual en tren, Marlene y Mary se unieron a los chicos en su vagón. Remus
sospechaba que Lily estaba en algún lugar sola con Severus, probablemente escuchándolo quejarse
de que a nadie le caía bien.

— ¿Recibiste tu ensayo de Ferox?— Marlene le preguntó a Remus, con una profunda arruga en su
frente, — Apenas obtuve una marca de 'Aceptable', y mamá se volverá loca si no obtengo mejores
resultados este año.

— Sí, lo hice bien... — respondió Remus, avergonzado por su tercer 'Sobresaliente' en la materia.

— Traeremos el club de estudio después de Navidad, ¿verdad? — Mary intervino, — Lily está
dispuesta a hacerlo. No te preocupes, Marls, estarás bien.
— Suena bien. — Remus asintió.

— ¡Moony se ha unido a un club sin nosotros! — Sirius gimió, fingiendo llorar en el hombro de
James.

— Ahora es un niño grande — James le dio una palmada solemne a su amigo, — Crecen tan
rápido.

— Vete a la mierda. — Remus sonrió, — Tienen el club de slug para babosas como ustedes.

— Puedes estudiar con nosotros si quieres, Sirius — ronroneó Mary.

Sirius parecía alarmado: usaba la biblioteca exclusivamente como un recurso para hechizos y
maleficios, no para hacer algo tan mundano como la tarea. Mary no conocía a Sirius. Realmente
no.

Cuando llegaron a King's Cross, Remus sintió cierta emoción cuando vio que el Sr. y la Sra. Potter
estaban allí para recogerlos a todos. Por lo general, tenía que cruzar la barrera e ir a buscar a la
Matrona al café o al quiosco de periódicos. Sin embargo, se sorprendió cuando se enteró de que
estaba a punto de aparecer por primera vez.

— Sostén mi brazo, querido — la Sra. Potter le sonrió amablemente, — Cierra los ojos, todo
terminará en un momento.

Remus obedeció y cerró los ojos con fuerza.

Era mucho peor que el polvo flú. Peor que volar. Casi arrastró a la Sra. Potter con él cuando
aterrizaron, ya que perdió el equilibrio y cayó con fuerza sobre el pavimento fuera de la casa de los
Potter.

— ¡Vaya una margarita! — La Sra. Potter se rió amablemente, levantándolo de nuevo. — Estás
bien ahora. — Ella le rozó las rodillas y los hombros. — Ahora, volveré por Sirius, Monty
terminará con James en dos tics.

Y con un crack, desapareció. Remus apenas tuvo tiempo de apoyarse en la puerta principal y
recuperar el aliento antes de que se escuchara otro crack, y el Sr. Potter apareciera con James,
quien no se veía ni la mitad de mal que Remus se sentía.

Una vez que estuvieron todos allí, la Sra. Potter los acompañó a todos a la casa, enviando sus
baúles volando por las escaleras a sus respectivos dormitorios, hirviendo una tetera y rebanando un
pastel de madeira casero, todo en lo que se sintió como unos segundos. Mientras Remus se sentaba
en la gran mesa de madera de la cocina de los Potter comiendo pastel y bebiendo una enorme taza
de té, escuchando a James y Sirius charlar diecinueve a la docena sobre el mismo tema hasta ahora,
no pudo resistirse a suspirar satisfecho para sí mismo. Dos semanas enteras de esto.

Desafortunadamente, a diferencia del año anterior, este invierno aún no había nevado, solo lluvia.
De hecho, a medida que caía la noche, el aguacero se hizo más y más pesado, hasta que los truenos
abrieron el cielo afuera y las piedras de granizo golpearon los cristales de las ventanas. En lugar de
salir, los niños se sentaron en la sala de estar bajo el árbol de Navidad jugando y brindando
ocasionalmente con un pastel de té en el fuego. El mismo Remus se instaló con un libro sobre
transfiguración humana, y la Sra. Potter revisó sus listas para las próximas celebraciones.

— Tenemos algunas personas más que vienen este año — explicó, mientras las tiras largas y
delgadas de pergamino se cernían ante ella, una pluma azul real trabajando rápidamente en la
superficie, marcando varios elementos. — Algunos amigos de los viejos tiempos y algunos
conocidos más nuevos — mientras decía esto, miró furtivamente a Sirius, que no estaba prestando
atención, inmerso en el juego. — ¡Solo tenga suficiente espacio para todos ustedes! — Continuó,
con una sonrisa feliz que era como la de su hijo.

En ese momento, alguien llamó a la puerta. Sirius se sentó muy erguido, como si hubiera sido
atrapado por un rayo. Se volvió hacia la Sra. Potter con los ojos muy abiertos. No era su madre,
Remus lo sabía, pero no lo dijo, porque ¿Cómo diablos sonaría eso? 'No te preocupes, Sirius,
conozco el olor de tu madre.' Demasiado malditamente espeluznante.

La Sra. Potter se levantó, dejando las listas flotando en el aire, y fue a abrir la puerta. Sopló una
brisa fría y los tres chicos escucharon con atención. Era una mujer, pero su voz era más aguda y
más joven que la de Walburga Black. Sonaba como si estuviera llorando, y la Sra. Potter habló en
tono tranquilizador.

— ¡Chicos! — Llamó desde el pasillo. Se levantaron y fueron a su encuentro. Ella estaba de pie
junto a la puerta de la cocina. Detrás de ella, una mujer joven de largo cabello rubio estaba sentada
a la mesa, con la cabeza entre las manos.

— ¿Qué pasa, mamá? — Preguntó James, estirando el cuello.

— Se hace tarde, será mejor que se vayan a la cama. Philly se quedará a pasar la noche y me temo
que no nos queda espacio. Sirius, ¿Te importaría compartir con James esta noche, querido?

— Todos podemos compartir — dijo James, generosamente, —Todos los demás llegarán mañana
de todos modos, bien podríamos dormir juntos.

La Sra. Potter asintió y llamó al elfo doméstico.

El dormitorio de James era absolutamente perfecto en todos los sentidos. Enormes y espaciosas, las
paredes estaban cubiertas con pancartas de Gryffindor y carteles de quidditch. Cada escoba que
alguna vez había tenido estaba montada en la pared, y sus estantes estaban llenos de libros de
magos para niños y juguetes viejos que claramente no estaba listo para dejar ir todavía. El principal
de ellos era una pequeña figura de un caballero, aparentemente se suponía que era el mismo Godric
Gryffindor, que marchaba de un lado a otro a lo largo del borde de la estantería.

La cama era enorme, estaba cubierta con cortinas de terciopelo rojo, lo mismo que su dormitorio, y
aunque era lo suficientemente grande para los tres, el elfo doméstico había levantado dos camas
individuales que estaban al pie de ella.

— ¿Quién era esa? — Preguntó Remus, mientras todos se sentaban juntos en la gran cama en
pijama.

— Philomena dijo James, — la hermana de Pete.

— ¿Qué está haciendo ella aquí?

— Creo que ha estado discutiendo con la familia de Pete, no les gusta que vaya a la universidad
muggle, y — bajó la voz, — papá dice que tiene un novio muggle.

— ¡¿De Verdad?! — Los ojos de Sirius se abrieron con asombro. Remus no dijo nada, no sabía que
salir con muggles era particularmente tabú.

— Sí, y ya sabes cómo es mamá — James le dio un codazo a Sirius, — Le encanta acoger perros
callejeros.
...

Nochebuena, 1973

Philomena estuvo presente en el desayuno a la mañana siguiente y permaneció durante toda la


Navidad. Al principio, no dijo mucho, pero miró al vacío, con el rostro pálido y los ojos rojos. Por
lo que Remus había deducido, salir con un muggle no solo era un tabú, sino una ofensa digna de
repudiar a tu propio hijo. Aparte de los Potter, Remus no pudo evitar pensar que los magos no eran
buenos padres, según su experiencia.

La hermana de Peter era unos siete años mayor que él, y era posible no saber que estaban
relacionados en absoluto, aparte de su cabello color pajizo. Mientras que Pete era redondo y
rechoncho, Philomena era delgada y de rasgos delicados. Tenía ojos color chocolate y un delicado
toque de pecas color marrón pálido sobre su pequeña nariz. Llevaba el pelo del mismo estilo que
muchas chicas muggles que Remus había visto; largo y recto con una franja gruesa dividida, como
Marianne Faithfull.

James, que la conocía mejor, no podía hacer más por la hermosa visitante. Le ofreció té, le tendió
la silla y, en general, se convirtió en su sirviente dispuesto, hasta que incluso Sirius se hartó de él.

— Maldita sea, Potter, ella es solo una chica.

— Estoy siendo amable. — James frunció el ceño. — No hay nada de malo en ser amable con la
hermana de mi amigo.

No habían visto a Peter. Una vez que la señora Pettigrew se enteró de dónde se alojaba su hija, lo
encerraron en la casa. Se las arreglaban enviando búhos de un lado a otro, lo que probablemente
era más divertido para James y Sirius que para Peter.

— ¿Qué diría Evans? — Sirius bromeó con James, quien se puso rojo brillante.

— Ella se alegrará de que alguien la haya quitado de su cabeza por fin — sugirió Remus desde
donde estaba descansando en su cama plegable.

— Puedes hablar, Black. — James empujó a su amigo, — ¿Qué está pasando entre tú y Mary?

— ¿Macdonald? — Sirius preguntó, inocentemente, — No sé de qué estás hablando.

— Oh, vamos — James gimió, —Cuéntanos! ¿La has besado o qué?

Remus dejó caer su libro. ¡¿Besos?! ¡¿Desde cuándo se beaaban?! Sirius le dio una mirada tímida.

— No. Sin embargo, besé su mejilla.

— ¡Ohhh, qué escandaloso, Black! — James le arrojó una almohada. Sirius lo tiró hacia atrás y de
repente estaban luchando.

Remus por lo general solo ponía los ojos en blanco y dejaba que siguieran adelante. Pero ahora usó
la distracción para ordenar sus pensamientos, se sentía muy infantil y tonto, sin haberse dado
cuenta de que a Sirius le gustaba Mary. Que habían besos involucrados ahora, incluso si era solo
un beso en la mejilla. Remus destrozó su cerebro, tratando de ponerse en la posición de Sirius. Si le
gustas a una chica, tienes que besarla, ¿No es así? ¿Era horrible si no le gustabas a una chica? Si
ahora a Sirius le gustaba Mary, y a James le gustaba Lily, debería él elegir una chica también?
Marlene estaba bien. Un poco tímida, como él. Tal vez Marlene, entonces.
El pensamiento lo mantuvo despierto esa noche, mucho después de que James y Sirius se hubieran
quedado dormidos. Ambos durmieron en la cama de James - Sirius simplemente se había subido la
primera noche y James no había dicho una palabra. Remus se mantuvo despierto, en su cama de
campaña designada. Trató de dejar de pensar en eso, pensar en Navidad, medias y galletas, pero
todo fue en vano. Todo en lo que podía pensar era en Sirius besando la mejilla de Mary. ¿Y dónde
lo habían hecho? ¿Cuándo sucedió? ¿Qué se sintió?

Finalmente, inquieto y agotado, se levantó a buscar agua. Salió de la habitación, entró en el baño al
otro lado del pasillo y abrió el grifo. Bebió un sorbo de agua tibia y se miró en el espejo. En la
penumbra, no podía ver sus cicatrices. ¿Le gustaría alguna vez a una chica, si se veía como se
veía? Nunca sería tan guapo como Sirius, o incluso como James, pero ¿Quizás era un poco mejor
que Peter? ¡¿Cómo diablos podría saberlo?!

De repente, las luces se encendieron, quemando sus retinas, por lo que casi se le cae el vaso.

— ¡Oh, lo siento! — Philomena estaba en la puerta con un camisón largo de color melocotón. Ella
parecía sorprendida, — ¿Qué estás haciendo deambulando en la oscuridad?

— Um ... tengo muy buena vista. — Murmuró, alejándose del fregadero. — No podía dormir.

— Yo tampoco — suspiró. Una vez que la sorpresa había abandonado su rostro, volvió a verse
triste. Remus esperaba que ella no llorara. Era un inútil cuando alguien lloraba - Oh Dios, si tuviera
novia, ¿Tendría que lidiar con el llanto? No tuvo tiempo de tragarse el pánico antes de que
Philomena comenzara a hablar de nuevo: —Es horrible estar lejos de la familia en Navidad, ¿no?

—Er... crecí en un hogar de niños, en realidad

— ¿Oh enserio? — Ella pareció interesada por un momento, “


— Eres uno de los amiguitos de Peter, ¿No? No sabía que conocía a ningún nacido de muggles.
Mantuvo eso en secreto, por mamá.

— Mi papá era un mago — dijo Remus, con cierta confianza, —pero murió.

— Mestizo. — Ella murmuró. —Pero aun así... — Ella se calló, abatida. Remus se movió
incómodo; sus pies descalzos comenzaban a enfriarse en las baldosas del baño, y solo vestía ropa
interior y una camisa para dormir, lo cual era bastante vergonzoso. A ella no pareció importarle, —
Tienes suerte — dijo, — No tener que crecer con toda esta mierda.

— ¿Te refieres a la magia? — Remus frunció el ceño. Nunca había escuchado a una bruja o mago,
sangre pura o nacido de muggles, hablar de esta manera.

— Sí, magia — dijo ella, — ¿Qué tiene de bueno la magia, eh? ¿Qué nos hace tan especial?
¿Quieres saber un secreto?

No quería, pero pensó que era mejor no decirlo. Continuó de todos modos, susurrando ahora, —
Desearía ser muggle, a veces — dijo, con un destello de locura en sus ojos, — Si pudiera hacerlo,
huiría para siempre y nunca me encontrarían. Y tendría un buen trabajo normal y una buena vida
normal, y me enamoraría de quien quiera. — Ante esta última afirmación, rompió a llorar.

— Podrías hacer eso de todos modos, si quisieras. — Remus dijo, rápidamente, sin saber
exactamente por qué estaba diciendo lo que estaba diciendo. Ella lo miró con desconfianza,

— ¿Qué quieres decir?

— Bueno, ¿qué te detiene? — Preguntó. — Eres mayor de edad. Puedes hacer lo que quieras. Ve y
conviértete en camarera, o huye a Estados Unidos y conviértete en una estrella de cine. Cásate con
el príncipe Charles si quieres. Quiero decir... es posible que necesites usar un poco de magia para
empezar, pero podrías dejarlo. Nadie dice que tienes que hacer magia.

Ella lo miró fijamente, y lo observó de arriba abajo

— Nadie me había dicho eso antes.

Remus se encogió de hombros.

— ¿Cuál es tu nombre? Otra vez?

— Remus. Remus Lupin.

— ¡Oh! — Ella se echó a reír, —¡Pobrecito, eso es casi tan malo como Philomena!
Tercer Año: El hombre que lloró lobo

El día de Navidad de 1973

La extraña conversación nocturna de Remus con Philomena lo había llevado a reevaluar sus
ansiedades sobre las novias. Su capacidad para consolarla no había despertado ningún sentimiento
particular de caballerosidad o afecto, solo una leve sensación de alivio por haber conseguido que
dejara de llorar. Definitivamente no tenía ningún deseo de acercarse tanto a ninguna otra chica.

Pensó en Narcissa por primera vez en mucho tiempo. Remus había pensado en secreto que Narcissa
era la chica más hermosa que conocía, antes de teñirse el cabello, de todos modos. Ella tenía una
agudeza real que le atraía en cierto nivel. Pero incluso ella se volvió tonta por el amor, arriesgando
su propia vida, de hecho.

El recuerdo de Philomena sollozando en camisón solo cimentó en la mente de Remus la revelación


de que el amor y las relaciones no valían la pena. Ya tenía suficiente dolor en su vida. Dejó que
Sirius y James lo resolvieran por sí mismos, pero por el momento, Remus se sentía muy inteligente
por haber llegado a esta conclusión tan temprano en la vida. Probablemente se está ahorrando
mucho estrés innecesario.

La mañana de Navidad fue tan maravillosa como lo había sido el año anterior, incluso Philomena
se animó una vez que vio los regalos debajo del árbol con su nombre en ellos. Remus pudo
disfrutar de la inmensa satisfacción de repartir sus propios regalos, y Sirius y los Potter estaban
debidamente complacidos y le agradecieron profusamente. Él mismo recibió un juego de ajedrez
de los Potter, que quizás era lo más caro que Remus había tenido. Lo habían comprado solo para
él, no de segunda mano. Junto con los dulces surtidos habituales y las bromas pesadas de los
merodeadores, fue un muy buen botín.

Sirius parecía un poco desconcertado durante el desayuno, mientras todos los demás devoraban su
salmón ahumado y huevos revueltos.

— ¿Qué pasa contigo? — Preguntó James, con la boca llena. Sirius se encogió de hombros.

— Nada de Andrómeda — dijo en voz baja, — No pensé que recibiría regalos ni nada, ahora ella
tiene al bebé, pero pensé que tal vez una tarjeta... le envié una.

James tragó y palmeó el hombro de su amigo.

— El búho podría estar volando tarde, ya sabes cómo está el correo en esta época del año.

James había recibido una escoba nueva para Navidad, y tan pronto como terminó el desayuno, los
tres chicos se dirigieron directamente afuera para probarla. Sirius tenía su propia escoba con él, y
el Sr. Potter sugirió con una ceja arqueada que Remus tomara la vieja de James.

— ¡Sí, tómala si quieres, Moony! — James asintió con entusiasmo, — ¡Puedes quedartela!

— Gracias... — Remus la tomó, incapaz de decir que no frente a los padres de James. Dios sabía lo
que se suponía que tenía que hacer con él durante el verano: intenta explicárselo a la Matrona.

James y Sirius pasaron el resto de la mañana presumiendo, y Remus se la pasó flotando;


simplemente rozando el suelo con los dedos de los pies, tratando de leer su libro y lucir como si
estuviera disfrutando de la escoba. Esperaba que Peter hubiera recibido sus regalos de ellos y no lo
estuviera pasando tan mal con su propia familia.
Fueron llamados por el elfo doméstico de los Potter, Gully, quien estaba vestido con un paño de
cocina festivo y tenía una ramita de acebo detrás de una oreja. Era casi la hora del almuerzo y la
casa olía deliciosamente a rosbif con todos los adornos.

— Arriba, a lavarse y cambiarse, todos ustedes. — La Sra. Potter agitó su cuchara de madera hacia
ellos, — He hecho que Gully coloque sus cosas.

Se lavaron y se vistieron rápidamente, con los estómagos gruñendo mientras los maravillosos
olores de la cocina subían por las escaleras. Justo cuando empezaron a bajar, se escuchó el *crack*
revelador de una aparición fuera de la puerta principal. Sirius se tensó de nuevo, y Remus, un paso
detrás de él en la escalera, agarró su hombro de una manera que esperaba que fuera reconfortante.

Sirius se dio la vuelta y miró a Remus a los ojos, dándole una suave sonrisa de agradecimiento. No
encajaba mucho con la sonrisa de Sirius, pero se sentía bien.

Sonó el timbre y ambos se volvieron hacia él, James corrió hacia adelante para abrir la puerta. Una
pareja se paró en la entrada: un hombre joven y una mujer sosteniendo un bulto en sus brazos. Él
tenía una mata de cabello rubio y rizado, y era de complexión bastante robusta, ella era más alta y
más delgada. Cuando salieron a la luz del pasillo, Remus contuvo el aliento, ella era la viva
imagen de la prima de Sirius, Bellatrix.

— ¡No! — Sirius jadeó, avanzando, una sonrisa estalló en su rostro.

— ¡Sirius! — La joven le devolvió la sonrisa y Remus se relajó, viendo que no era Bellatrix en
absoluto. Esta mujer tenía el mismo cabello salvajemente rizado que su hermana, aunque era de un
tono marrón mucho más claro, tenía que ser Andrómeda.

Pasó al bebé en sus brazos al hombre que estaba a su lado, presumiblemente su esposo, Ted, y
estiró los brazos para atraer a Sirius a un gran abrazo. Remus miraba con feroces celos, y sin un
poco de culpa - nunca había visto a Sirius ser tan abrazado por nadie, y mucho menos por un
miembro de su familia. Remus bajó lentamente las escaleras por su cuenta, mientras la señora
Potter entraba al pasillo ahora, sonriendo ampliamente, luciendo muy complacida consigo misma.

— ¿Una buena sorpresa, entonces? — Preguntó, mientras Sirius estrechaba la mano de Ted y
palmeaba tentativamente la cabeza del bebé.

— ¡¿Tu hiciste esto?! — Sirius miró a la madre de James con asombro.

— Effie tuvo la amabilidad de invitarnos — sonrió Ted, con los ojos brillantes. — Encantado de
conocerte, Sirius. Es un placer conocer a alguien de la familia de Dromeda.

— ¡Entra, entra! — La Sra. Potter condujo a la reunión al pasillo. Todos la siguieron hacia el
comedor, Remus el último de todos.

...

ndrómeda era el polo opuesto al resto de la familia Black, o al menos a los que Remus había
conocido hasta ahora. Aunque era tan sorprendentemente hermosa como el resto de ellos, con los
mismos ojos penetrantes y el mismo ingenio mordaz, estaba llena de risas y alegría. Ted
claramente la adoraba también, y apenas parecía importarle que ella lo dejara con la bebé la mayor
parte del tiempo.
'Dora' era el bebé más extraño que Remus había visto en su vida, aunque, hay que reconocerlo, no
había conocido a muchos. Era tan alegre como su madre, con una sonrisa gomosa. Sus mechones
de cabello cambiaban de púrpura a verde a azul con cada momento, lo que todos los demás
parecían encontrar lindo, en lugar de extraño.

Antes de sentarse a comer, se les unieron varios otros invitados: viejos amigos de la familia de los
Potter, incluido, para gran entusiasmo de Remus, el viejo Darius Barebones.

— Un brindis — el Sr. Potter levantó su copa un poco borracho al final de la comida, —¡Por los
amigos, viejos y nuevos!

— ¡Por los Potter! — Andrómeda levantó su propio vaso, —Protectores de los marginados y
defensores de las ovejas negras en todas partes.

Todos se rieron y tintinearon vasos.

— Creo que debo ser el más marginado — dijo Sirius, felizmente, — después de todo, soy un
Gryffindor.

— ¡Por Gryffindor! — El señor Potter llamó desde el otro extremo de la mesa. Solo los
Gryffindors brindaron, Andromeda entrecerró los ojos hacia Sirius,

— ¿Eso crees, primito? Intenta casarte con alguien que no sea un pariente.

— Tendré que hacerlo — respondió Sirius, mientras Gully recogía los platos y la Sra. Potter iba a
buscar el pudín de Navidad, — Después de la boda de Cissy no quedan mujeres Black.

—— Todavía está Dora"

— Disculpa — dijo Ted, cubriendo protectoramente los oídos de su hija, — ¿Podríamos ayudarla a
pasar su primera Navidad antes de concertar un compromiso?

— Estoy bromeando — Andrómeda se inclinó para besarlos a ambos, — Dora puede casarse con
quien quiera cuando sea lo suficientemente mayor, y puedo decir con absoluta certeza que no será
con nadie en esta mesa.

Todos rieron de nuevo. Remus miró a Darius de manera furtiva - se veía tan feliz como el Sr.
Potter, su rostro brillaba rojo por el whisky de fuego que había estado bebiendo.

Una vez que se apagó el pudín, se sirvió y se comió, se sacaron las galletas y se contaron chistes
terribles, la fiesta se trasladó a la sala de estar. La Sra. Potter, Philomena y Andrómeda subieron a
cambiarse y ponerse sus vestidos de fiesta, el Sr. Potter fumó su pipa y Ted acomodó a Dora para
que durmiera la siesta. Los muchachos se pusieron a jugar, antes de que Darius y el Sr. Potter
llevaran a todos a una ronda de charadas. Remus nunca había jugado charadas antes, y mucho
menos charadas mágicas, que involucraban un montón de chispas rojas y doradas, aunque eso
puede haber sido debido al gran entusiasmo que había.

Por la noche empezaron a llegar más invitados y la casa pronto se llenó de música, risas y charlas
agradables. Andromeda y Sirius se designaron a sí mismos como DJs, rebuscando entre sus
colecciones de discos combinadas y alternando la canción de Slade Merry Xmas Everybody y I
Wish It Could be Christmas Everyday de Wizzard.

When the snowman brings the snow


Well he just might like to know
He's put a great big smile on somebody's face…
— En realidad sí se llaman magos, — Sirius seguía diciéndoles a todos, con seriedad, — Solo
escúchalos...

Incluso Philomena olvidó su melancolía durante unas horas, levantándose y moviéndose al ritmo
de la música junto con James, que tenía casi la misma altura que ella y no tenía ni idea de cómo
bailar, pero estaba bastante contento cuando tomó su mano y le mostró cómo girar.

Muy seguro de que nadie lo echaría de menos, Remus se deslizó entre la multitud en busca de
Darius. Debía de haber asistido un centenar de brujas y magos, algunos de ellos profesores de
Hogwarts, a quienes Remus hizo todo lo posible por evitar. Escuchó al menos a tres personas
murmurar que Dumbledore estaba allí, en alguna parte.

— Ambos son Black, ya sabes — escuchó a una bruja que le susurraba a su amiga, mientras veían
a Andrómeda y Sirius reír histéricamente junto al tocadiscos, — Ella se escapó y tuvo un bebé con
ese tipo de Tonks, y el niño... bueno, él era el heredero, pero he oído que Orion planea impugnarlo
tan pronto como su hijo menor sea mayor de edad. Es todo un infierno, por lo que he oído.

— No puede ser peor que Orión, fui a la escuela con él. Niño desagradable y vicioso. Sirius es un
rayo de sol en comparación con Orion, y no me hagas empezar con esa perra de Walburga.

— Shh — La primera bruja dijo, nerviosa: — Nunca se sabe quién está escuchando estos días, ni
siquiera en los Potter.

— Bueno, ¿qué están haciendo aquí, me gustaría saber?

— Es amigo del chico Potter. Ya sabes cómo son Effie y Monty: también han acogido a la mayor
de Pettigrew, ella está allí.

— Sí, me enteré de eso.

— Bueno, no es ningún secreto por qué ella está aquí, los Pettigrew y los Potter son sangre pura,
después de todo, a pesar de los rumores. Eso sí, Effie podría querer actuar rápido: si Philomena ve
su oportunidad de atrapar al heredero Black, entonces el pobre James no va a echar un vistazo,
¿verdad? Quiero decir, todo el mundo sabe lo que está pasando; todos tenemos que elegir un bando.
Me temo que los Potter eligieron el suyo hace mucho tiempo.

Remus sintió que le hervía la sangre. Fue horrible escuchar a sus amigos hablar de esa manera, y
los Potter, de quienes Remus estaba absolutamente seguro de que no tenían motivos ocultos cuando
se trataba de su hijo o la compañía que mantenía. Dejaron que James fuera amigo de él, después de
todo, sabiendo exactamente lo que era.

Apretó los puños, deseó que se le permitiera hacer magia, hacer cualquier cosa para callar a esas
viejas perras. Sirius y Andrómeda ahora lloraban a todo pulmón, junto con James y Philomena:

— ¡Weeeell I wish it could be Christmas every daaaa-aaay!


When the kids start singing and the band begins to plaa-aay
Oooooh I wish it could be Christmas everyday
So let the BELLS ring OUT for CHRISTmaaaas!

Remus sonrió y, en el mismo momento, finalmente vio a Darius. El anciano estaba ahora muy
borracho, apoyado pesadamente en la barandilla del pasillo y hablando con una anciana a la que
parecía que le gustaría mucho alejarse de él.

Remus enderezó su espalda y conscientemente alisó sus rasgos. Había tomado prestado un
conjunto de elegantes túnicas de James para la ocasión, y Philomena había realizado amablemente
un hechizo cosmético en sus cicatrices. Como tal, esperaba poder salirse con la suya al menos
pareciendo ser el hijo de un mago famoso, en lugar de un mocoso muggle de un hogar para niños.

— Buenas noches, Sr. Barebones — dijo, fingiendo un acento aprendido durante tres años de
escuchar la pronunciación de James y Sirius. Le tendió una mano al anciano, quien la estrechó,
mirándolo desconcertado, — Remus Lupin, ¿Recuerda que nos conocimos el año pasado?

— ¡Ah, sí! ¡El chico Lupin!

— Así es — asintió Remus, sonriendo serenamente, manteniendo su expresión controlada. Le


entregó a Darius otro whisky, ya que la bruja con la que el anciano había estado hablando se
escabulló. — ¿Creo que conoció a mi padre?

— ¡Lyall Lupin! ¡El mejor duelista que he conocido! Se casó con un muggle en algún lugar de
Gales, ¿no?

— Efectivamente — dijo Remus con firmeza, — Mi madre. — Respiró con cuidado mientras
Darius bebía más whisky, luego se aclaró la garganta, —¿Conocía muy bien a Lyall? — Descubrió
que "Lyall" era mucho más fácil de decir que "mi padre".

— Oh, bastante bien, bastante bien — Darius asintió con entusiasmo, emocionado de tener alguien
con quien hablar, — Trabajé con él en el ministerio, antes de que comenzaran todos los problemas.
Nunca conocí a nadie mejor con boggarts, o dementores, si vamos a eso. La oficina de enlace de
Azkaban lo ha extrañado, te lo puedo asegurar.

— ¿Los problemas? — Preguntó Remus, tomando otro vaso de whisky de Gully, quien pasó
apresuradamente con una bandeja, y se la entregó al anciano.

— Gracias, querido muchacho. Sí, el problema. Asunto desagradable. Asqueroso.

— ¿Estás hablando de... los eventos que llevaron al suicidio de Lyall? — No podía decirlo. Darius
tenía que decirlo.

— ¡Estoy hablando de los malditos hombres lobo! — Darius golpeó su vaso de whisky vacío
contra un aparador cercano. — Perdóname — murmuró.

— Para nada — respondió Remus, sin pestañear. — Continúa. Conozco la historia, por supuesto.
Pero me gustaría... escucharlo de alguien que lo conocía.

Darius lo examinó, con cuidado, a través de su bruma llena de whisky. Pareció desplomarse, un
poco, antes de comenzar su historia.

—No podríamos saberlo, entiendes, ninguno de nosotros... bueno... Lyall fue un gran mago, un
gran mago, ¿me oyes? — Él balbuceó. Remus asintió.— Pero… — el anciano miró hacia arriba,
con los ojos vidriosos, —Bueno, él tenía una tendencia a obsesionarse con las cosas. ¡Y ese
temperamento! Se enfurecía en el trabajo, incluso durante las audiencias del comité.

— ¿Audiencias del comité? — Remus casi rompió el personaje.

— ¿No te lo ha dicho tu madre? — Darius lo miró, sorprendido, — Malditos muggles, no aptos


para criar a nuestros hijos, lo he dicho por años...— Suspiró, — Tu padre estaba en varios comités
en el ministerio para la regulación y control de criaturas mágicas.

Remus se alegraba de haber tomado criaturas mágicas, de lo contrario, podría no saber nada sobre
esto. Tal como estaba, pudo asentir con la cabeza, conscientemente. Darius continuó,
— Solo en su área, por supuesto, era un gigante en el campo. Pero a él le gustaba su propio estilo,
y en aquellos días se le consideraba un poco extremista. Quería una revisión del Registro de
hombres lobo, mejores medidas de identificación y seguimiento. Simplemente no teníamos la
mano de obra para ello, y era mejor gastar los recursos en otra parte. Y Lupin... había estado
trabajando con criaturas oscuras durante tantos años, pensó que veía hombres lobo por todas partes,
siempre veía peligro donde claramente no lo había. Honestamente, todos pensamos que era un
excéntrico, no podríamos haberlo sabido... cuando trajeron a Greyback, yo estaba allí. Lo vi, y no
me importa decírtelo, ninguno de nosotros pensó que fuera una amenaza. Claramente borracho.
Confundido. Un vagabundo, eso es lo que pensamos. Y cuando Lupin estalló en una de sus
peroratas sobre los hombres lobo, bueno... no lo pensamos dos veces.

— Dejaron ir a Greyback. — Remus dijo, impasible. Darius parecía muy apenado por sí mismo
ahora, casi lloroso. El asintió.

— Lo dejamos ir. Por supuesto que ahora, ahora lo sabemos… si tan solo hubiéramos escuchado a
Lyall... se suicidó justo después de eso, ni siquiera quería escuchar la disculpa del comité. —
Suspiró y miró a Remus de nuevo. —Siempre me he preguntado qué lo llevó a eso, sabes. Algunos
dicen que fue la culpa, no poder detener a Greyback. No habría pensado que él era el tipo que... y
abandonar a su familia así, quiero decir, ¿No podrías haber sido mucho más que un bebé?

— Cinco. — Remus dijo: — Tenía cinco años.

— Si bien. — Darius se movió, incómodo, mirando malhumorado a su vaso vacío, —Tengo mi


propia pequeña teoría sobre lo que pasó... ¿Y si Greyback fue tras él, eh? Sabemos lo peligroso que
es ahora. Sabemos que odia a los magos más que a cualquier otra cosa, y tu padre dijo algunas
cosas muy desagradables. Entonces, lo que me pregunto es... ¿Greyback regresó a buscarlo? ¿Lo
mordió? Si eso es lo que pasó, entonces... debo decir que no culpo a Lyall en absoluto. Solo la
buena bestia es una bestia muerta.

— Mm. — Remus respondió, sintiéndose muy caliente y un poco mareado. — ¿Y Greyback?

— Lo último que supe es que está aliado con tú-sabes-quién. — Darius negó con la cabeza. —Y la
maldita ironía de todo esto es que necesitamos a tu padre más que nunca. Aún así, — le sonrió a
Remus, amablemente —No creas que murió en vano, querido muchacho. Terminamos
implementando muchas de sus reformas, particularmente en lo que respecta a los híbridos. ¡No
pueden escapar del registro ahora, no señor! —Dio un golpe con su viejo y arrugado puño.

— Perdóneme. — Remus se volvió, rápidamente. Había escuchado suficiente. — Escuché a la Sra.


Potter llamando.

Volvió a meterse en la multitud de juerguistas, la música seguía sonando mientras Sirius y


Andrómeda guiaban a todos en coro:

— So here it iiiiiiiis, Merry Christmas, Everybody's having fuuuuun! Loo-ook to the future now,
It's only just begun!
Tercer Año: Confianza
Chapter Notes

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Sábado 5 de Enero de 1974

Láminas de lluvia golpeaban el Expreso de Hogwarts como una andanada de flechas enemigas,
cubriendo las laderas generalmente verdes con un velo de niebla y llovizna, oscureciendo el cielo.

— Se siente una basura al volver a la escuela, ¿no? — Sirius dijo malhumorado, mirando por la
ventana.

Remus miró a Peter, quien estaba mirando a Sirius con incredulidad. Sirius no se dio cuenta.
Remus suspiró,

— ¿Cómo estuvo tu Navidad, Pete? — Preguntó cortésmente.

— Okay. — Peter respondió, aburrido, — Gracias por los dulces.

— ¿Has visto mi escoba? — Preguntó James, bajándolo del portaequipajes. Peter se levantó para
mirar, animándose un poco. Remus puso los ojos en blanco y volvió a su libro.

Realmente no lo estaba leyendo. No había podido concentrarse adecuadamente en un libro desde la


fiesta de Navidad de los Potter. De hecho, no había podido concentrarse en nada en absoluto. Ni en
volar, ni en juegos, ni en conversaciones, ni en la planificación animaga de James y Sirius. Así que
fingió leer, esperando que lo dejaran hacerlo. En St Edmund's podría haberse escapado solo a la
ciudad, pero esa no parecía una buena manera de mostrar gratitud a los padres de James, quienes
seguramente se preocuparían.

Era como si hubiera una lista de preguntas en su cabeza para las que no tenía forma de obtener las
respuestas, así que simplemente se repetían una y otra vez. ¿Dónde estaba Greyback ahora? ¿Quién
era 'tu sabes quién'? ¿Lyall Lupin había odiado tanto a su hijo?

Remus ya sabía que su padre se había suicidado porque lo habían mordido. Siempre había asumido
que Lyall había estado motivado por la culpa. Pero ahora… bueno, ¿Acaso Remus había estado
muy mal? ¿Y si la verdadera razón hubiera sido el odio, o peor aún, la vergüenza?

Durante los últimos tres años, Remus había estado trabajando duro en la escuela, usando la varita
de su padre y tomando las materias que su padre podría haber tomado. No pensaba en Lyall todo el
tiempo, pero en el fondo de su mente, todavía significaba algo. Desde la fiesta de Navidad, ya no
estaba tan seguro. Ferox había dicho 'conócete a ti mismo', pero Remus estaba fallando en ver la
sabiduría en eso ahora. Había sido mucho más feliz sin saberlo.

Estos oscuros pensamientos fueron interrumpidos por un suave golpeteo en la puerta del carruaje.
Marlene asomó la cabeza,

— Hola McKinnon — sonrió James, — ¿Evans está contigo?

— Mmm no. — Chilló, jugueteando nerviosamente con su cabello, — Sirius, ¿Puedo hablar
contigo?

— ¿Yo? — Sirius se sentó, luciendo confundido, — Er ... ¿Qué pasa?


— Mary um... Mary me pidió que te dijera algo.

— ¿Decirme qué?

—Ella es... no creo que deba decirlo frente a todos.

— Eh... ok...— Sirius se levantó y la siguió al pasillo. Los otros tres intercambiaron miradas
divertidas mientras esperaban. Uf, pensó Remus, ¡¿Se había equivocado sobre lo de Mary y
Sirius?! ¿Eran Sirius y Marlene, ahora?

Momentos después, un Sirius con aspecto aturdido volvió a entrar al compartimento solo.

— ¿Bien? — Preguntó James.

— Mary tiene novio, aparentemente. — Dijo Sirius, confundido.

— ¿Quieres decir... te dejaron?

— No lo sé. — Se sentó, rascándose la cabeza, — ¿Estaba saliendo con ella?

— Bueno, aparentemente ella pensó que lo estaban.

— ¿Por qué las chicas no dicen lo que quieren decir? — Sirius se pasó la mano por el cabello en
una buena imitación de James, quien asintió con simpatía.

— Las chicas son una pesadilla. — Él acepto.

Remus celebró, interiormente. Gracias a Dios todo eso quedó atrás.

...

Domingo 6 de Enero de 1974

Más tarde se enteró de que Mary había comenzado a salir con un chico muggle que conocía de
casa.

— Crecimos en la misma cuadra — le confió, emocionada, — Su casa está justo enfrente de la


mía. Me gustaba mucho Sirius, y es agradable y todo eso, pero… bueno, es un poco elegante. No
creo que él siquiera sepa lo que es un piso municipal.

Remus tenía que estar de acuerdo con eso.

En cuanto a él, volvió a sentir simpatía por Mary, y ni siquiera le importó que siguiera hablando de
su nuevo novio, de cómo la había llevado al salón de baile local, de las fotos y de cómo su madre
lo amaba, y su padre pensaba que era un "buen chico". Marlene, sin embargo, parecía
terminalmente aburrida mientras se sentaban junto al fuego haciendo sus últimos deberes de
vacaciones juntos.

Esto no pasó desapercibido para Mary.

— No estés celosa, Marls.

— No lo estoy. — Marlene frunció el ceño. — Creo que estás siendo horrible con Sirius.

— ¡¿Qué?!
— ¡Dejándolo así! ¡Tú... heriste sus sentimientos! — Las mejillas de Marlene se habían vuelto de
un extraño tono rosado.

— No, no lo hizo — resopló Remus.

Ambas chicas lo miraron, como si él lo hubiera entendido completamente mal.

— ¡Oh Dios mío! — Mary miró a su amiga, — Marlene, ¿Te gusta Sirius?

— ¡No! — Marlene se puso de pie, roja brillante ahora, — ¡Oh, eres una perra, Mary! — Ella
irrumpió en el dormitorio de chicas. Lily suspiró y miró hacia arriba.

— Eso no fue muy agradable. — Dijo ella con reproche.

— Su problema, no el mío. — Mary se encogió de hombros. — ¿Le gusta Sirius?

— ¿Importa?

— Yo también voy. — Remus se puso de pie, tratando de no dejar escapar un suspiro.

— ¡Oh no, no te vayas, Remus! — Mary dijo: — Dejaremos de hablar de chicos, lo prometo.

— Estoy cansado — mintió, — y ya terminé la mía. Nos vemos mañana.

Mientras se alejaba, escuchó a Mary susurrar, muy fuerte;

— ¡Dios mío, tal vez le guste Marls!

Remus se recordó a sí mismo que estaba tratando de agradarle de nuevo a Mary y no reaccionó.
Subió las escaleras y fue a sentarse en el dormitorio solo. James, Peter y Sirius estaban en
detención por una broma que habían hecho antes de Navidad.

No estaba cansado en absoluto. Faltaban dos noches para la luna llena y estaba empezando a sentir
la habitual inquietud reveladora en sus miembros, la familiar aceleración de los latidos de su
corazón. Dejado solo como su propio consejero, Remus volvió a los pensamientos inquietantes que
lo habían estado molestando durante semanas. Una vez más, parecían girar a través de su cerebro
en un gran lío espeso, sin principio ni fin.

¿Todos los magos se sentían igual que Darius? ¿Como Lyall Lupin? ¿Eran realmente justificables
las acciones de su padre? Remus no podía ignorar el hecho de que su madre también lo había
abandonado, lo que tenía que significar algo. Sus amigos ciertamente no lo habían tratado de
manera diferente después de descubrirlo… pero de igual forma, ¿Cómo podría alguien saber
realmente lo que sus amigos pensaban de él? A los merodeadores les gustaba todo lo peligroso;
quizás compartir una habitación con Remus era simplemente otro riesgo emocionante.

Lo que realmente necesitaba era hablar con alguien imparcial. James tenía mucha suerte de tener
dos padres siempre dispuestos a escuchar. Sirius tenía suerte de tener a James. Remus no estaba
seguro de si Peter tenía problemas o no. Probablemente los tenía. Probablemente también se los
contaba a James.

También estaba McGonagall, Remus sabía que se suponía que debían acudir a ella con sus
problemas. Pero era tan severa y difícil, y de todos modos le agradaba más James. Madame
Pomfrey, por supuesto; ella lo había apoyado antes. Pero ella no era de las que te dejaba sentir
lástima por ti mismo; solo intentaría encontrar una solución de sentido común, o le diría que no se
preocupara tanto. Luego estaba Dumbledore, pero Remus no tenía idea de cómo hablar con él y ni
siquiera estaba seguro de querer hacerlo.

En cuanto a las personas que conocían las complejidades del problema de Remus, también estaba
el profesor Ferox; Remus estaba noventa y cinco por ciento seguro de que lo sabía, de todos
modos. Consideró esto como una opción.

Remus sintió una especie de parentesco no identificable con su profesor de Cuidado de criaturas
mágicas. Tenía una presencia muy tranquilizadora, y Remus pensó que podría llegar a sentirse
mejor si pudiera hablar con él, de alguna manera estaba seguro de que Ferox lo escucharía con
simpatía. Hubo un extraño aleteo en su estómago, como de emoción, y Remus pensó que era una
buena señal. Miró el reloj de la esquina. Sólo eran las cinco, los otros chicos no estarían fuera de
detención hasta las seis y el toque de queda no era hasta las ocho.

Remus sacó el mapa del merodeador de debajo de su almohada. El contorno básico del castillo
estaba completo ahora; solo necesitaban finalizar los terrenos, animar las escaleras y agregar los
lugares secretos que solo ellos conocían. Entonces la idea del etiquetado de Sirius podría ser la
siguiente, aunque todavía no estaban muy seguros de cómo hacerlo. Remus había descubierto un
hechizo que localizaría a una sola persona, pero nada de la magnitud que requerían.

Aún así, lanzó su hechizo localizador ahora, y descubrió que el profesor Ferox estaba caminando
desde el Gran Comedor hacia la sala de profesores. Remus se levantó, rápidamente, si era rápido,
entonces podría hacer que pareciera un encuentro casual. Agarró la capa de James antes de irse, por
si acaso Mary y Lily todavía estaban en la sala común.

Estaba alcanzando el pomo de la puerta cuando tuvo un repentino destello de sentido común.

¿Qué diablos estaba haciendo? Ir a ver al profesor Ferox, ¿Y luego qué? ¿Quejarse de su padre
muerto? ¿Llorarle sobre cómo nadie lo entendería jamás, porque era una criatura oscura asesina y
encima era pobre? ¿Quejarse de que todos sus amigos se estaban volviendo locos con las chicas y
él se sentía abandonado?

Remus volvió a la habitación.

¿Qué diablos pensaría Ferox de él? Que era un cobarde, eso. No podías simplemente ir a llorar con
los profesores cuando algo te molestaba; no podías esperar que todos sintieran pena por ti. Nadie te
debe una vida feliz, decía siempre la Matrona.

Se acostó en su cama y miró hacia el dosel. Ahora se sentía peor. No sabía lo que le había pasado,
normalmente nunca era alguien que actuara por impulso, ya no, no desde su primer año. Había
sentido con tanta fuerza que debería ver a su maestro. ¡Ah! Ahí estaba de nuevo, ese aleteo en su
abdomen. No era emoción en absoluto, era... bueno, todavía no estaba seguro de qué era. Se sintió
acalorado, sonrojado y extrañamente punzante. Era algo... animal.

Oh Dios. Remus dejó escapar un gemido. Debe ser la transformación. El lobo se estaba acercando
más temprano de lo habitual, tal vez. Probablemente le gustaba el olor de Ferox, o captaba el olor
de su kneazle. ¿Los lobos se comen a los gatos?

Solo la buena bestia es una bestia muerta. Eso es lo que le dijo Darius. En ese momento, Remus
había sentido que era un poco injusto… después de todo, nunca lastimaría a nadie. Dumbledore no
permitiría que eso sucediera. Definitivamente tampoco quería lastimar a nadie, excepto
ocasionalmente a Snape, y eso era normal, ¿No?

Quizás Remus era más peligroso de lo que pensaba. Había aprendido a controlar su temperamento
la mayor parte del tiempo, había aprendido a controlar su magia. Él también tenía que aprender a
controlar cualquier cosa que esto fuera.

Cuando James, Sirius y Peter regresaron, Remus había tomado una decisión.

— He estado pensando — comenzó.

— No es de extrañar que necesitaras recostarte — sonrió Sirius. Remus le arrojó una almohada.

— Vete a la mierda, lo digo en serio.

— No, yo soy Siri- (*)

James le dio una palmada en la cabeza.

— Cállate, Black.

— Gracias. — Remus sonrió. —Er ... todo el asunto de los animagos.

— ¿Si? — Sirius parecía ansioso ahora, todavía frotándose la cabeza, — ¿Tuviste una idea? ¡Me
encantan las ideas de Moony!

— Um... no exactamente — Remus se sintió incómodo ahora. Aún así, tenía que hacerse. Había
tomado una decisión. — Yo... no quiero que lo hagan.

— ¿Hacer qué? — Peter parecía confundido.

— Él no quiere que nos convirtamos en animagos. — Dijo James, mirando a Remus con esos ojos
claros y honestos. —¿Es eso no?

Remus asintió, sintiéndose horriblemente culpable.

— Estoy muy agradecido, lo estoy. Yo solo... no creo que ninguno de ustedes entienda realmente lo
peligroso que sería. Podría lastimarlos. Podría... podría matarlos. No tengo control sobre eso.

— ¡Pero va a funcionar! — Sirius protestó, — Hice toda la investigación, James, ¿le mostraste?

— Déjalo, amigo — dijo James, — Es la decisión de Lupin.

— Gracias. — Remus le sonrió a James. Se sentía terrible por defraudarlos, pero era por su propio
bien, y él tenía que ser el maduro.

Sirius lucía como si quisiera decir algo más, pero James le dio una mirada dura que se parecía tanto
a la señora Potter que silenció al chico más bajo de inmediato. No dijeron mucho durante el resto
de la noche y Remus tuvo que fingir que había vuelto a leer su libro.

Más tarde esa noche, después de que se apagaran las luces, Remus escuchó a Sirius acercarse a la
cama de James y lanzar el hechizo silenciador por primera vez en mucho tiempo. Deseó que lo
invitaran, solo una vez. Deseaba no ser siempre el que quedaba fuera, deseaba saber cómo se sentía
tener un amigo tan cercano como James. Más que nunca, quería a alguien con quien hablar.

Repentinamente abrumado, Remus rápidamente lanzó su propio hechizo, para que los demás no lo
oyeran llorar.

Chapter End Notes


(*) Es un chiste en inglés, que va así;

— I'm serious
— No, I'm Sirius.
Tercer Año: Davey Gudgeon

El invierno dio paso a la primavera y, como de costumbre, el cumpleaños de Remus fue celebrado
con creativo vigor por los otros merodeadores: el canto habitual en cada comida, el pastel, los
regalos. Desafortunadamente, McGonagall fue inteligente con sus payasadas este año y tenía un
prefecto vigilando los dormitorios de los niños para evitar más exhibiciones de fuegos artificiales
de medianoche.

Afortunadamente, el decimocuarto cumpleaños de Remus cayó en un fin de semana de


Hogsmeade, y se sentía muy mayor pasando la tarde en Las Tres Escobas con sus amigos. Pronto
quedó claro que James y Sirius de alguna manera habían sobornado a todos sus compañeros de
clase para que pasaran por el pub también, mientras un flujo constante de estudiantes se acercaba a
su mesa queriendo comprarle una cerveza de mantequilla a Remus o brindar por su salud. Para
cuando terminó la tarde, todos en el bar sabían el nombre de Remus, y fue aclamado
estridentemente al salir. Completamente vergonzoso, por supuesto.

Con su cumpleaños fuera del camino, Remus se lanzó a la revisión en preparación para los
próximos exámenes; tenía una urgencia particular de hacerlo bien en sus nuevas materias, no
menos importantes que Cuidado de criaturas mágicas. Al volver a concentrarse en el estudio y el
trabajo escolar, Remus lentamente comenzó a dejar atrás las crueles palabras de Darius Barebones.
Sí, era peligroso, y sí, una vez que todos supieran qué era Remus, muy probablemente sería
rechazado. Pero hasta entonces, tenía la oportunidad de aprender, y no la iba a desperdiciar.

...

Domingo 7 de Abril de 1974

Remus nunca antes había conocido a Davey Gudgeon, hasta donde él sabía, ni a ninguno de los
otros. Nunca supo cómo era el niño, ni siquiera. Pero recordaría ese nombre hasta el día de su
muerte.

El Sauce Boxeador se había convertido en un juego durante el verano de 1973 por un grupo de
aburridos de primer año, y aunque era aborrecido por Filch y mal visto por los jefes de las casas,
nadie había dicho nada al respecto. 'Trata de ver qué tan cerca puedes acercarte al tronco antes de
que las ramas te golpeen.' Remus ciertamente no tenía ganas de jugar. Odiaba ese árbol.

Tal como estaba, Remus ni siquiera estaba allí cuando sucedió. Era el día después de la luna llena
y estaba en la enfermería, como de costumbre. Peter estaba sentado en el suelo, clasificando sus
tarjetas de ranas de chocolate, murmurando para sí mismo felizmente. James estaba marcando la
tarea de adivinación de Sirius, y Sirius movía encubiertamente su varita hacia James detrás de su
espalda, cambiando su cabello de diferentes colores para la diversión de Remus. Azul, rosa, verde,
amarillo... estaba funcionando; Remus lo encontró histéricamente divertido, porque James se veía
muy serio, y cuando estaba concentrado su lengua se asomaba entre sus dientes como un gato.

Era una tarde perfectamente agradable, y Remus casi podía ignorar cuánto le dolían los huesos y
los dientes mientras volvían a colocarse en su lugar para otro ciclo.

Pero luego sucedió. La puerta del hospital se abrió de golpe y un estudiante entró chillando;

— ¡Madame Pomfrey! ¡Madame Pomfrey! ¡Ayuda!

Entrometidos como eran, Sirius y James saltaron de la cama para mirar alrededor de las cortinas
verde pálido. Remus suspiró, recostándose en su almohada. Ahora estaba acostumbrado al flujo y
reflujo de la enfermería; las voces elevadas como esa generalmente significaban que un hechizo
salió mal. Trató de ignorarlo: le molestaba cualquier cosa que le recordara que estaba en un
hospital, y no solo disfrutando de una tarde de ocio con sus amigos.

Pero James y Sirius permanecieron fuera de la vista, observando lo que fuera que se desarrollaba en
la escena, y cuando se volvieron hacia la cama sus rostros estaban pálidos y serios. La conmoción
se había vuelto más fuerte, Remus era vagamente consciente de que alguien lloraba.

— ¿Qué pasó? — Preguntó, más irritado de lo que pretendía.

La boca de Sirius se torció y James negó con la cabeza, en silencio, subiéndose las gafas por la
nariz. Peter finalmente levantó la vista de sus cartas,

— ¿Qué?

— Un accidente... un niño. — James murmuró.

— ¡Todos afuera! — La voz de Madame Pomfrey resonó en la cámara, anormalmente fuerte y


clara. La cortina alrededor de la cama de Remus se abrió y asomó la cabeza, luciendo distraída, —
Remus, querido, si te sientes lo suficientemente bien, será mejor que pases el resto de la tarde en tu
propia cama. Potter, ¿Irías a buscar a la profesora Sprout? Dígale que uno de sus estudiantes está
herido.

James asintió y se fue de inmediato, sin siquiera mirar a sus amigos o sus deberes. Siempre puedes
confiar en James.

Sirius captó la mirada de Remus y Remus asintió con la cabeza, saliendo de la cama. Todavía
estaba en pijama, y Sirius levantó a Peter por el codo para darle un poco de privacidad. Remus se
vistió lo más rápido que pudo, metió sus libros en su bolso, tomó el trabajo de James y se unió a sus
amigos al otro lado de la cortina. Podía oler la sangre.

Se habían corrido las cortinas alrededor de la cama más cercana a la puerta, y los tres chicos se
apresuraron a pasar por allí, sin querer nada más que escapar de la atmósfera desagradable y
alejarse lo más posible. Fueron directamente a la sala común, Remus cojeaba levemente, Sirius y
Peter redujeron la velocidad para igualar su ritmo.

— ¿Qué era? — Remus susurró: — Había sangre.

— Sí...— respondió Sirius, luciendo conmocionado, —No sé qué pasó, pero... fue en su cara.

Peter parecía levemente enfermo.

Llegaron a la sala común y Remus se derrumbó en un sillón, exhausto.

— ¿Estás bien? — Preguntó Sirius, ansioso, tocando con una mano el hombro de Remus. Remus
asintió, cerró los ojos y respiró profundamente.

— Bien, bien. — Se encogió de hombros hacia Sirius, avergonzado, deseando poder ser normal
por una vez.

— Muy bien, muchachos — Mary entró tranquilamente en la habitación, con Marlene a cuestas, —
¿Escucharon lo que le pasó a ese chico Gudgeon?

— No — respondió Sirius, astutamente, — ¿Qué?


— Golpeado en la cara por ese árbol loco. — Ella dijo, sacudiendo su capa, — Estaban tratando de
tocar el tronco.

— ¿El sauce boxeador?

— Sí, — dijo Marlene, — ¡No debería estar permitido! ¡Es tan peligroso!

— ¿Viste cómo pasó? —Preguntó Remus, tratando de mantener el pánico fuera de su voz.

— No — Mary se encogió de hombros, dejándose caer en el sofá junto a Sirius, — Lo escuché de


una de las niñas de segundo año.

— ¡Tendrán que deshacerse de él! — Marlene dijo, estridentemente. — Dumbledore no puede


dejarlo ahí ahora. Alguien podría morir.

— Debería haberse mantenido alejado de eso. — Sirius dijo, frunciendo el ceño, — Es un juego
estúpido. Todo el mundo sabe cómo es ese árbol.

— ¿Me he vuelto loca? — Mary se rió, — ¡¿Sirius Black, la voz de la razón?!

— Vete a la mierda, MacDonald — frunció el ceño Sirius.

Remus estaba empezando a tener dolor de cabeza. Se frotó la sien y volvió a cerrar los ojos,
hundiéndose en el sillón. La culpa le subió por la espalda, pinchazos fríos y calientes. ¿Le pegó en
la cara? ¿Este chico Gudgeon estaría bien? Seguramente Madame Pomfrey podría arreglarlo, fuera
lo que fuera. Ella podía arreglar cualquier cosa.

...

Los chismes sobre Davey Gudgeon inundaron la escuela en cuestión de horas, hasta que nadie
pudo escapar. Sarah Saunders de Ravenclaw les dijo a todos que había visto llegar a sus padres y
luego los vio marchar directamente a la oficina de Dumbledore, luciendo furiosos. Los amigos de
Gudgeon en Hufflepuff transmitieron la historia una y otra vez a cualquiera que hubiera escuchado
- parecía que Davey realmente iba a llegar al tronco esa vez, pero luego el sauce arremetió en el
último minuto. - Escucharon diferentes versiones del daño: que el árbol le había partido el cráneo
en dos, que había perdido los dos ojos o incluso que había muerto y la escuela lo estaba
encubriendo.

Marlene, que parecía más angustiada que nadie por todo el asunto, solicitó la ayuda de Lily y Mary
para redactar una petición para que se retirara el sauce de las instalaciones de la escuela. Remus lo
firmó, no podía pensar en una razón suficientemente buena para no hacerlo.

Sirius se negó.

— Ese árbol tiene tanto derecho a estar aquí como cualquiera. — Dijo, con firmeza, mientras
Marlene lo perseguía con una pluma.

— Pero Sirius — suplicó, — es peligroso.

— ¡También las bludgers! — Él regresó, esquivándola, — ¿Vas a dejar el equipo de quidditch?

— ¡Difícilmente es lo mismo!

— Uf, solo fírmalo, Black — gimió Lily, tratando de terminar su tarea de Runas, — ¿Qué te
importa?

— ¡Es el principio! — Cruzó los brazos con firmeza. Lily puso sus enormes ojos verdes en blanco.

— Idiota — Ella murmuró en voz baja: — ¿No puede ver lo molesta que está Marls?

— ¿Por qué está tan molesta? — Remus preguntó, en un susurro, cuando Marlene estaba fuera del
alcance del oído. — ¿Conocía a Davey?

— No lo creo — suspiró Lily, —Creo que solo quiere un proyecto para distraerse de las cosas que
pasan en su casa. Familia, ya sabes.

Remus pensó en esto. No conocía a Marlene tan bien como conocia a Lily y Mary. Mary era muy
extrovertida y charlaba con cualquiera. (De hecho, en todo caso, era un poco exagerada. Remus
sabía demasiado sobre sus preferencias de besuqueo para su gusto.) Marlene siempre había sido la
más callada y tímida, menos segura de sí misma, incluso en las áreas en las que sobresalía. No
sabía mucho sobre su familia simplemente porque nunca se le ocurrió preguntar por las familias de
las personas.

No creía que la petición fuera a ir a ninguna parte. Dumbledore había dado un discurso en el que
prohibía que alguien se acercara nuevamente al sauce, y eso era todo lo que se había dicho al
respecto. El personal estaba claramente inquieto, y Remus solo había estado tratando de mantener
la cabeza gacha.

Los otros merodeadores no le habían dicho nada al respecto y cambiaban de tema cada vez que
surgía. Por lo general, Remus prefería no hablar de nada relacionado con su 'pequeño problema
peludo', pero ahora comenzaba a preguntarse si en secreto lo culpaban después de todo. James
nunca lo diría en voz alta, por supuesto; Peter podría llevar a hacerlo. Sirius podría decirlo y luego
retractarse instantáneamente. De cualquier manera, ninguno de ellos dijo una palabra, dejando que
la imaginación de Remus se volviera loca.

Una semana después del incidente, la profesora Sprout confirmó el rumor; Davey Gudgeon ahora
estaba ciego y no regresaría a Hogwarts durante bastante tiempo. Remus había estado tratando de
evitar a Sprout desde que sucedió - como profesor de Herbología, estaba seguro de que ella sabía
exactamente lo que estaba haciendo el sauce en el terreno en primer lugar.

— Sus padres lo llevarán a Estados Unidos, donde se están haciendo avances en pociones curativas
oculares. — La profesora regordete explicó en el desayuno. — Estoy segura de que Davy y su
familia están muy agradecidos por todos sus buenos deseos.

Remus sintió una horrible sensación de hundimiento en la boca del estómago. Cuando Marlene,
Lily, Mary y algunos otros estudiantes se levantaron para presentar su petición, que ahora tenía
más de cuatrocientas firmas, Remus fue con ellos.

La profesora Sprout aceptó la petición y prometió discutir el asunto con Dumbledore. Incluso le
otorgó a Marlene diez puntos de la casa por sus esfuerzos.

— Sin embargo, no se van a deshacer de él — dijo Sirius, más tarde esa noche, cuando los
merodeadores estaban solos en su habitación.

— No, lo dudo — Remus pateó un calcetín perdido debajo de su cama, con las manos en los
bolsillos.

— Entonces, ¿Por qué fuiste?


Remus se encogió de hombros.

— Sentí que era lo correcto. Quiero decir, Marlene tiene razón, el árbol es peligroso. No debería
estar en una escuela.

— Pero... — comenzó Peter.

— Lo sé. — Remus espetó. — Lo sé, ¿de acuerdo?

— No deberías sentirte culpable, amigo — dijo James, amablemente, — Gudgeon no debería haber
estado tonteando así... no es tu culpa...

— Si es culpa de alguien — dijo Remus sombríamente, — Entonces es mía.

— Eso es estúpido. — Sirius dijo, sin rodeos, sacudiendo la cabeza, — No lo plantaste, ¿verdad?
No sé si ha escapado a la atención de todos los demás, pero esta escuela no es precisamente
consciente de la seguridad. Está construido alrededor de un bosque sangriento lleno de criaturas
más peligrosas que un árbol loco, se supone que hay un monstruo literal durmiendo en algún lugar
directamente debajo de nosotros y, sin jugar, ¡¿Pero has visto a Hagrid?!

— ¿Cuál es tu punto, Black? — Remus suspiró pesadamente, sentándose. Le dolía la cadera si se


paraba demasiado tiempo. Se estaba volviendo como una anciana.

— No sé — Sirius se encogió de hombros, — ¿Esas cosas pasan? ¿No te culpes a ti mismo?


¿Dejar de deprimirte?

— ¡¿Deprimirme?! — Remus gruñó, su temperatura subiendo, — Vete a la mierda. ¡Hay un niño


que no puede ver porque soy demasiado peligroso para estar en la escuela! Intenta decirle a
Marlene lo que soy, apuesto a que obtendría muchas más firmas en ESA petición.

— ¡No eres peligroso!

— No sabes lo que soy. — Siseó Remus.

— Eres nuestro amigo. — James dijo, de repente. Remus lo miró fijamente. Fue algo estúpido,
sensiblero y dramático decirlo. Pero esa era la mitad del problema con James: encarnaba tanto esos
valores poco realistas de lealtad, justicia y honor, que te obligaba a creer en ellos también. Se sentó
junto a Remus en la cama. — Eres nuestro amigo, y eso es lo más importante, ¿De acuerdo?

Se encontró con la mirada de Remus y le devolvió la mirada, sonriendo. — ¿Okay? — Él dijo.

Remus continuó mirándolo, y James se acercó un poco más, de modo que sus rodillas chocaron, —
¿Ok? — Dijo, inclinándose hacia adelante ahora, su nariz a centímetros de la de Remus. Remus
conocía esta táctica: James hacía lo mismo a veces para animar a Sirius. Nunca parpadeaba, fue
muy desconcertante, y finalmente Remus se rió, agachándose.

— ¡Okay! ¡Okay!

James se rió también y abrazó a Remus.

— ¡Gracias a dios! ¡No podíamos perderte, Moony! — Gritó. De repente, Sirius y Peter siguieron
su ejemplo, apiñándose sobre Remus, quien se encontró en el fondo del abrazo muy risueño.

Riendo, a pesar de sí mismo, Remus trató de zafarse de ellos.

— ¡Quítate de encima, bobo!


— Ahh, nos amas de verdad — Sirius palmeó su cabeza.
Tercer Año: Marlene

— Entonces, ¿Verano? — Preguntó James, mientras tomaban una cerveza de mantequilla en las
Tres Escobas en su último fin de semana en Hogsmeade antes de los exámenes.

Sirius y Remus gimieron al unísono.

— Sabes que no puedo... — comenzó Remus.

— Nunca me dejarán. — Sirius terminó.

— Sin embargo, no veo por qué, — respondió James, inocentemente. — Ambos vinieron por
Navidad.

— Sí, pero hay una regla acerca de que me quede en St Edmund's durante todo el verano — se
encogió de hombros Remus. —Mientras estoy allí, tengo que seguir la ley muggle. No puedes
visitar a nadie cuando estás bajo cuidado, a menos que sean parientes.

— Y sabes cómo es mi suerte. — Sirius suspiró pesadamente. Incluso después de Navidad, y creo
que eso fue solo para mantenerme fuera del camino, para ser honesto. Reg ya me dijo que me
esperaban.

— ¿Cuándo hablaste con Regulus? — James miró hacia arriba, sorprendido. Sirius se movió
ligeramente en su taburete, luciendo incómodo;

— Er… el otro día. No valía la pena mencionarlo, solo lo vi por un minuto.

— Estaré allí todo el verano, James — dijo Peter en voz alta.

Sirius puso los ojos en blanco de forma bastante obvia, pero James sonrió y palmeó la rodilla de
Peter.

— Sí, genial, amigo, al menos te tendré, ¿eh?

— Podría ser capaz de hacer un viaje al Callejón Diagon — dijo Sirius, animándose un poco — Lo
he estado pensado, y si llevas la capa de invisibilidad, entonces podríamos planear algo...

Los tres empezaron a charlar emocionados sobre este plan; Remus los dejó. Desde que puso fin a la
iniciativa de los animagos, los merodeadores habían estado un poco a la deriva. Necesitaban algo
en lo que usar su energía creativa, y generalmente tenía que ser al menos levemente ilegal.

— Moony — dijo James de repente, — ¿Dónde queda St. Edmund, exactamente?

— Epping Forest — respondió Remus, rápidamente —¿Por qué?

— Siempre podríamos ir a visitarte...

— No. — Remus dijo esto con tal contundencia que Sirius y Peter levantaron la cabeza, alarmados.
Remus tragó saliva secamente, —Simplemente no lo hagan, ¿de acuerdo? Es una mala idea.

Se le revolvió el interior: la humillación que sentiría si sus amigos vieran cómo vivía; de donde
vino. Sería demasiado para soportar. ¿Qué dirían cuando vieran su ropa muggle gris opaca, o las
caras ásperas y los nudillos duros de los otros chicos? Los bloques de hormigón y los portakabins
astillados y la maleza de césped del frente. Le compadecerían.
— Escribiré — dijo apresuradamente, con la esperanza de calmarlos, — y ustedes pueden decirme
todo lo que hagan. Ojalá pueda volver a tu casa en Navidad, Potter.

— Puede que no — dijo Sirius, de repente, — La luna llena es el veintinueve de diciembre de este
año.

Remus lo miró de manera extraña. Se enorgullecía de tener una excelente memoria, pero Sirius le
sacaba metros cuando se trataba de los ciclos lunares.

James se rió,

— ¿Cómo es que has memorizado cada maldita luna llena hasta que tengamos cincuenta, pero no
puedes superar un 'Aceptable' en Astronomía?

— Es importante recordar algunas cosas, otras no — se encogió de hombros Sirius, vaciando su


jarra, — Y que ponga mal las constelaciones realmente molesta a mis padres. Así que...

...

Mediados de Mayo de 1974

Remus bostezó y cerró su libro. Había hecho mucho. Más que suficiente. Demasiado, si le
preguntaras a Sirius. Pero claro, estaba muy bien si tenías la suerte de tener parientes ricos
muertos. Alguien con las perspectivas de Remus no podía permitirse el lujo de holgazanear.

La biblioteca estaba abierta en un horario extendido durante el período de exámenes, pero aún así,
era casi la hora de cerrar, y solo quedaban algunos estudiantes mucho mayores, parpadeando
adormilados ante sus textos. Lily, Mary y Marlene se habían acostado hacía al menos una hora, o
Remus pensaba que sí. Los días se habían vuelto muy repetitivos en el período previo al final del
trimestre, y el tiempo ya no se sentía verdaderamente lineal, ni siquiera había estado afuera en días.

Con cansancio, se puso de pie, se frotó los ojos y llevó una pila de libros hacia los estantes del
Estudio de criaturas mágicas. Había descubierto que podía mantenerse en el lado bueno de Pince si
ordenaba después de haber estado el mismo, y no requería de mucho esfuerzo.

Le gustaba estar por la tarde en la biblioteca, era agradable y silenciosa. Crecer en el hogar de
niños y compartir un dormitorio con los merodeadores le había dado a Remus muy pocas
oportunidades de paz y tranquilidad.

Cuando dio la vuelta a la última fila de pilas, vio una pequeña figura desplomada al final,
profundamente dormida sobre un pequeño escritorio. Avanzando de puntillas, reconoció el abanico
de cabello rubio extendido sobre las páginas de un libro abierto.

— Marlene — susurró, mientras se acercaba. — ¡Marlene! — Tocó su hombro suavemente.

Saltó violentamente, lo suficientemente rápido como para darle un latigazo a Remus, luego miró a
su alrededor con ojos confusos y nublados.

— ¿Remus?

— Te quedaste dormida — explicó, manteniendo la voz baja, — La biblioteca cerrará pronto.

— ¡Oh no! — Parecía angustiada, mirando su pergamino, que estaba en blanco. Había manchado
un poco de tinta en la parte superior, pero nada más. —Oh no. — dijo de nuevo, desamparada.
— Está bien. — Remus trató de animarla, — Obviamente necesitabas descansar, ¿eh? Todavía
falta un tiempo para que comiencen los exámenes.

— ¡Tengo tantas revisiones que hacer! No recuerdo nada de los crup, ¿Tú si?

— Vamos, — Remus esquivó la pregunta, — Será mejor que nos vayamos o Pince nos perseguirá.

Marlene asintió aturdida y se levantó, dejándolo llevarla a través del laberinto de estanterías.
Cuando se fueron, ella comenzó a murmurar para sí misma:

— Los crup tienen colas bifurcadas, desconfían de los muggles y se parecen un poco a los cocker
spaniels.

— Jack Russell's. — Remus corrigió, sin pensar.

— ¿Qué? ¡¿De Verdad?! ¿¿Estás seguro?? — La chica lo agarró del brazo, irracionalmente
asustada por esta información.

— Er... sí — dijo Remus, tambaleándose hacia atrás, incapaz de alejarse del agarre de Marlene.

— ¡Por supuesto que estás seguro! — Ella dijo, tristemente, finalmente dejándolo ir: — Eres el
mejor de la clase.

— Tú también eres muy buena...— comenzó Remus, pero se detuvo. La cara de Marlene se arrugó
y estalló en lágrimas.

— ¡No puedo hacerlo! ¡Voy a fallar en todo! — Ella gimió en voz alta.

Un grupo de Slytherin que pasaba se rió de ella, antes de que Remus les apuntara con su varita
amenazadoramente. Marlene, todavía llorando, se arrojó sobre Remus, con los brazos alrededor de
su cuello mientras sollozaba sobre su hombro. Desconcertado, Remus trató de acariciarla,
gentilmente, mientras su pequeño cuerpo se sacudía contra él. Nunca antes lo había abrazado una
chica, excepto la mamá de James, y eso no era lo mismo. No le gustó. Su hombro se estaba
mojando.

Marlene era completamente ajena a su incomodidad, sin embargo, — ¡Soy tan tonta! — Ella
resopló, — Lo arruino todo, nunca voy a ser tan buena como Danny, o mamá, o tú, o Lily...

— Er... eres mejor que Mary en...

— ¡Pero Mary tiene novio y todo el mundo la quiere y yo no le agrado a nadie! — Ella lloró aún
más fuerte.

En este punto, Remus decidió que definitivamente estaba por encima de su cabeza. Él la palmeó,
torpemente una vez más, y dijo:

— Yo um... iré a buscar a Lily, ¿de acuerdo?

— No, no está bien... — Marlene se apartó, todavía sollozando. Su rostro generalmente pálido
ahora estaba rojo y lleno de manchas, sus ojos grises aún brillaban. — Iré a lavarme la cara —
señaló hacia los baños de la chica más cercano — ¿Me esperas?

— Um... está bien.

Ella desapareció y Remus se desplomó pesadamente contra la pared. Ahora se encontraba cargando
las dos mochilas y le dolían los hombros por el peso. ¿Qué harían los demás en esta situación?
James sería caballeroso, obviamente. Probablemente habría sabido exactamente qué decir para
evitar que llorara. Peter nunca se metería en esa situación en primer lugar. Sirius… bueno, Remus
pensó que Sirius probablemente era tan malo como él, en realidad. No era bueno con las
emociones; apenas podía manejar las suyas.

Aún así, Remus sabía que lo correcto era esperar y acompañarla de regreso a la sala común, así que
lo hizo. No era que Remus no sintiera simpatía por Marlene, la presión sobre todos se sentía
enorme, difícilmente se podía ignorar. Era más el disgusto general de Remus por quejarse. Y, por
supuesto, nunca le había gustado estar rodeado de gente que lloraba; lo ponía nervioso.

Marlene se veía mucho mejor cuando salió del baño. Un poco sonrojada, pero al menos estaba
tranquila.

— Lo siento — le sonrió tímidamente, — me siento tonta.

— Está bien. — Remus se encogió de hombros. Se preguntó si podría devolverle su bolso ahora.
Sus brazos realmente le dolían y su rodilla lastimada estaba jugando en contra, sin contar con su
cadera. No, probablemente no. No es algo muy propio de James, hacer que una chica lleve sus
propias cosas. Ella tampoco se ofreció a retirarlo. Afortunadamente, no estaban demasiado lejos de
la torre de Gryffindor.

— Estoy siendo tonta — dijo mientras caminaban, — sé que lo estoy siendo, mi padrastro odia
cuando me pongo nerviosa. Dice que le da jaqueca. Entonces mamá se lleva la peor parte. Danny
dice que necesito endurecerme y dejar de actuar como una bebé, pero...

— ¿Quién es Danny? — Remus preguntó, un poco perdido.

— Mi hermano — parecía sorprendida, — estoy segura de que lo he mencionado. Es el golpeador


de los Chudley Cannons.

— Oh, claro, sí, lo sabía. — Remus asintió, — Debe ser por eso que eres tan buena

— No soy tan buena como Danny.

— Bien. — Remus trató de encogerse de hombros bajo el peso de los libros, — Solo tienes catorce
años. Apuesto a que tu hermano no era tan bueno a los catorce años. Venciste a Sirius y él es
realmente bueno.

— ¿De verdad piensas eso?

— Sí — respondió Remus, casualmente. — Obviamente. Gryffindor volvió a ganar la copa este


año, ¿no?

— Debido a James.

— Sí, bueno, James está loco, no quieres ser como James.

— No le dirás a Mary lo que dije, ¿verdad?

— Nop. — Ya había olvidado lo que ella había dicho sobre Mary, para ser honesto.

— Ella es mi mejor amiga — dijo Marlene con sorna, — Y no estoy celosa de ella ni nada, ella
es... bueno, le gusta lucirse, ya sabes. Ella es tan divertida y habladora y todo, a veces me siento un
poco... quiero decir, ya ha salido con Sirius y ahora tiene ese novio muggle, y creo que al profesor
Ferox le gusta más que a mí.
— Él es un maestro. — Remus dijo: — A él le gustan todos por igual. De todos modos, eres
graciosa. James siempre habla de cómo haces que todos se rían en la práctica de quidditch.

— ¡¿De Verdad?! — Ella pareció sonrojarse de nuevo ante esta noticia. — ¿Qué hay de... um...
qué hay de Sirius, cree que soy graciosa?

— Sí, obviamente — asintió Remus, complacido de que ella finalmente estuviera sonriendo de
nuevo, — Todos lo pensamos. Tu impresión de McGonagall es la mejor.

Esto pareció satisfacerla, y cuando llegaron a la sala común, Marlene parecía positivamente alegre.
— Te ayudaré con los crup si quieres. — Remus dijo, mientras trepaban por el agujero del retrato.
— Podemos hacerlo mañana a la hora del almuerzo.

— Gracias Remus. — Marlene volvió a rodearlo con sus brazos en un abrazo rápido. Tomó sus
libros y subió las escaleras a su dormitorio. Remus dejó escapar otro suspiro, hundiéndose
levemente de alivio. ¿Por qué siempre le pasaba esto? Tal vez necesitaba empezar a ser más malo.

Detrás de él, alguien silbó fuerte como un lobo. No necesitaba darse la vuelta para saber quién era.

— ¡Ahí viene! ¡Cuidado, señoras, el rompecorazones número uno de Gryffindor, viene! — Sirius
gritó mientras Remus se acercaba para reunirse con sus amigos junto al fuego. James estaba
inmerso en un libro, pero miró hacia arriba y le guiñó un ojo a Remus. — Vas a tener que
contarnos tu secreto, Moony — continuó Sirius, — Parece que tienes a todas las chicas.

— Ella es solo una amiga y lo sabes. ¿Dónde está Pete?

— Ducha — respondió James, —Peeves lo atacó con una jarra de crema pastelera de ayer.

— Eurgh.

— Sí, ese es el sonido que hizo — sonrió James, volviendo a su libro.

— Gracias a Merlín, has vuelto — se dirigió Sirius a Remus, — James ha sido tan aburrido hoy.

— Estoy revisando. — James dijo con calma, pasando una página: — Tú también deberías hacerlo.

— No.

— Ya terminé de revisar por hoy — sonrió Remus, — ¿Quieres jugar una partida de snap?

— ¿Te he dicho últimamente cuánto te amo?

— Cállate y toma las cartas.


Tercer Año: Greyback

You're too old to lose it, too young to choose it


And the clock waits so patiently on your song
You walk past a café, but you don't eat when you've lived too long
Oh, no, no, no, you're a rock 'n' roll suicide.

Viernes 28 de junio de 1974

Como era de esperar, Sirius logró calificaciones obscenamente altas en todo excepto en
Astronomía sin levantar ni un dedo para estudiar. En este punto, Remus no estaba seguro de si
Sirius realmente tenía algún extraño don de sangre pura, o si solo era un genio no reconocido. A
Remus no le importaba de ninguna manera: él mismo ocupó el primer lugar en Cuidado de
criaturas mágicas, Runas e Historia de la magia, el segundo más alto en Aritmancia, después de
Sirius.

— ¡Bien hecho, chico! — Ferox le dio una palmada en la espalda durante el desayuno, la mañana
después de que salieran los resultados. — Mi mejor alumno.

— Gracias, profesor — sonrió Remus, sintiéndose mareado de placer.

— Tengo algunos libros que quizá te gustaría tomar prestados durante el verano; ven a mi oficina
antes de irte, ¿eh?

— ¡Mascota del maestro! — Sirius bromeó mientras el hombre alto y jovial se alejaba, silbando
una alegre melodía. Remus no respondió, estaba demasiado satisfecho consigo mismo.

— No puedo creer que sea así hasta el cuarto año. — Dijo James, limpiando sus lentes en su túnica.

— ¿Tienes que seguir recordándomelo? — Sirius gimió, dejando su cuchillo y tenedor.

— Hay mucho que hacer durante el verano — respondió James, — Se pasará volando.

— ¿Qué vas a hacer durante el verano? — Remus preguntó con sospecha.

— Planear las bromas del próximo año, obviamente — dijo Sirius, un poco demasiado rápido. —
Tengo que mantenerme a la vanguardia, Remu, muchacho, tenemos una reputación que mantener.

Era el último día oficial de clases, por lo que Remus decidió ignorar el hecho de que esto era
claramente una mentira. Tenía todo el verano para estar paranoico acerca de que los otros tres lo
dejaran fuera; todavía no había necesidad de preocuparse.

Después del desayuno, quería ir directamente a ver al profesor Ferox, pero pensó que podría
parecer demasiado ansioso; además, los otros tres seguramente querrían ir con él, y Remus no
podía soportar la idea de que Ferox se encontrara con Sirius y James. Sin duda estaría encantado
por su carisma nato, y se preguntaría por qué alguna vez pensó que Remus era especial en absoluto.

El cuarteto subió las escaleras y empacó, es decir, James, Remus y Peter empacaron. Sirius rebotó
por la habitación tratando de distraerlos, haciendo volar libros y ropa, encendiendo y apagando su
tocadiscos.

— Está pasando, te guste o no — reprendió James, con las manos en las caderas en una muy buena
imitación de su madre.
— Lo harás por mí, como el año pasado. — respondió Sirius, parándose en su cama e intentando
hacer abdominales colgando del marco de la cama. Las viejas vigas de madera crujieron.

Remus cerró su propio baúl. Su rincón de la habitación parecía muy vacío sin el caos habitual de
libros, papeles, plumas y ropa esparcidos por él. Se acercó al tocadiscos para darle una última
caricia a las portadas de sus discos favoritos. Los veranos serían tan tranquilos, sin la música de
Sirius. A la Matrona solo le gustaba tener la radio encendida una vez a la semana, para la canción
del coro de la Radio 3.

— Moony — dijo James, de repente, — ¿No tienes que ir a ver a Madame Pomfrey?

— Er... sí, pero no ahora... — Remus miró hacia arriba, sorprendido.

— Bueno, quiero decir que si has terminado de empacar, también puedes ir, ¿verdad? Cuando haya
hecho las cosas de Sirius, iba a sugerir que todos saliéramos a dar un paseo en nuestras escobas, y
odias volar, así que...

— ¿Oh enserio? Okay entonces. — Remus asintió, sintiéndose inexplicablemente herido. No era
en absoluto propio de James perseguirte para que te fueras de la habitación.

— Te veremos en la cena, ¿verdad Moony? — Preguntó Sirius, balanceándose hacia adelante y


aterrizando sobre sus pies con la agilidad de un gimnasta.

— Sí, supongo... — Remus salió de la habitación, sintiendo como si lo escoltaran de una fiesta a la
que no estaba invitado. Muy bien, era cierto que no le gustaba mucho volar. Pero eso generalmente
no importaba, a menudo se sentaba en las gradas y leía su libro mientras los demás jugueteaban en
el aire. No le habría importado hacer eso esta vez.

Él tenía que ver la señora Pomfrey, de todos modos, así que fue a la enfermería, luchando por
librarse de la sensación desagradable de exilio.

...

— Estás muy callado, querido — comentó la medibruja mientras completaba sus comprobaciones
de fin de año. — ¿Estás deseando que lleguen tus vacaciones?

— No, en realidad no — respondió.

— Extrañarás a tus amigos — chasqueó la lengua con simpatía. — Es una pena, lo sé. Aún así,
espero que tengas muchos amigos muggle con quienes jugar.

Remus no se molestó en responder. Madame Pomfrey era muy amable y no tenía un hueso malo en
el cuerpo, pero ella, como la mayoría de los adultos, podía ser increíblemente densa. En privado,
esperaba que el próximo verano fuera tan lucrativo como el anterior; si Craig todavía estaba por
aquí, quizás podría ganar algo de dinero. Había demostrado ser capaz, incluso podría pedir algo
más que cigarrillos.

Ella le dio las mismas instrucciones que el año anterior: comer bien, hacer ejercicio y descansar.

— Te veré a principios de Julio — sonrió serenamente, y él se sintió reconfortado con la idea de


que al menos no estaría completamente aislado de la comunidad mágica.

Habiendo resuelto eso, Remus consideró regresar al dormitorio. Quizás todos habían terminado de
hablar de él, o lo que fuera para lo que lo necesitaban fuera del camino. Quizás ya se habían ido a
volar. Él no les envidió eso; James era de la opinión de que si Sirius estaba de mal genio, o
demasiado agitado, entonces una buena hora de ejercicio era lo mejor (y generalmente lo era).
Además, era una de las pocas veces que Peter no se quedaba fuera. A pesar de su torpeza en tierra,
Pettigrew era un volador sorprendentemente bueno. Sin duda, el resultado de la incesante
instrucción de James.

Realmente era el momento perfecto para ir a ver al profesor Ferox, por supuesto, pero Remus se
entretuvo. De repente se sintió bastante tímido, nunca antes había visto a un maestro solo, a menos
que estuviera en problemas, por supuesto. Caminando lentamente, finalmente tuvo que tomar una
decisión sobre en que dirección debía tomar en particular, y decidió que bien podía terminar con
eso de una vez.

Llamó tentativamente a la puerta de la oficina de Ferox, aunque estaba entreabierta. Su corazón


martilleaba en su pecho y se encontró medio esperando que su maestro no estuviera allí después de
todo. Remus no pudo evitar recordar con algo de vergüenza cómo hacia solo unas semanas casi
había venido corriendo a Ferox en un momento de pánico, solo para reconocer que era una idea
terrible en el último minuto.

— ¡Adelante! — La alegre voz de Ferox resonó desde el interior de la habitación. Remus cuadró
los hombros y entró. — ¡Señor Lupin! — Ferox tronó.

No estaba sentado en su escritorio; Remus no creía haber visto a Ferox sentado, excepto a la hora
de comer, siempre se estaba moviendo. Justo ahora, estaba empacando un pequeño baúl, Aquiles el
kneazle observaba en silencio desde el alféizar de la ventana. Incluso después de un año de
lecciones con Ferox, Remus todavía estaba algo asombrado por su maestro. Su gigantesca
presencia no había disminuido, su melena de rizos arenosos seguía igual de gloriosa, su rostro aún
heroico con rasgos decididamente esculpidos.

— Hola, señor — sonrió Remus mientras entraba, cerrando la puerta detrás de él. — ¿Quería
verme?

— De hecho, sí quería — sonrió ampliamente Ferox, señalando con la cabeza una pila de cinco
libros en su escritorio, — Esos son para ti, si tienes espacio en tu baúl. El texto establecido para el
próximo año y algunas otras cosas que pensé que podrían interesarte.

Remus se acercó al escritorio y tocó los tomos encuadernados en cuero con cuidado.

— Gracias, profesor — dijo en voz baja. Nunca antes había recibido un regalo tan enorme. Ferox
asintió, sentándose finalmente, haciendo un gesto para que Remus hiciera lo mismo.

— ¿Cerveza de mantequilla? — Sacó algunas botellas del cajón inferior de su escritorio.

— Gracias, profesor — repitió Remus, aceptando la botella y sentándose.

Aquiles, en el alféizar de la ventana, se estiró, bostezó y luego se acurrucó para dormir,


pacíficamente. Remus sintió que debería decir algo más. —Dumbledore normalmente me envía
mis libros y esas cosas. — Él ofreció: — No tenía que hacerlo.

— Bueno, sé que estás un poco fuera de lugar durante las vacaciones, así que pensé que podrías
apreciar una ventaja. — Ferox continuó sonriendo con su gran sonrisa fácil.

Remus sintió una extraña especie de calor burbujeando en su abdomen. Lo cual era extraño, porque
aún no había bebido ni un sorbo de su cerveza de mantequilla.

— Muy amable de su parte. — Dijo, volviendo a mirar los libros, incómodo con demasiado
contacto visual.
— No estoy siendo caritativo, Remus, te lo prometo — dijo Ferox, de manera tranquilizadora, —
Sé como es, ¿Sabes? vine a Hogwarts con casi tan poco como tú. Soy nacido de muggles, criado
por mi abuela. Por supuesto, ella nunca entendió nada de lo que hacía aquí. Bendita sea su corazón.

Remus parpadeó. Esta era una noticia interesante, había asumido que la mayoría de los profesores
de Hogwarts, de hecho, la mayoría de los adultos a los que respetaba, eran todos sangre pura. Fue
un inmenso alivio saber que este no era el caso.

— Nosotros, los niños rudos, tenemos que mantenernos unidos, ¿eh? — Ferox le guiñó un ojo.

— Sí — Remus continuó asintiendo, enfáticamente. —Entonces, ¿Nunca tuvo problemas para


conseguir un trabajo o cosas así? ¿Después del colegio?

— Bueno, siempre habrá personas que no pueden ver más allá de tu estado de sangre, sin importar
quién eres — dijo Ferox, con una sonrisa irónica en su voz, — Pero aprendes bastante rápido cómo
demostrar que están equivocados. Bien; No necesito decírtelo.

— No. — Remus estuvo de acuerdo. Tomó un trago de su cerveza de mantequilla. —Entonces...


¿es usted huérfano también, profesor?

— Lo soy. Tan común como la mierda también, no creerías las críticas que recibí por este acento
en ese entonces.

— Mary y Marlene creen que suena como Paul McCartney. — Dijo Remus. Ferox se echó a reír,
una gran risa alegre y jadeante.

— Tendré que recordar eso la próxima vez que quiera coquetear.

Remus sintió que se sonrojaba al escuchar a Ferox hablar así.

— Solo sirve para mostrar — dijo Ferox, — nunca se sabe cómo lo van a ver los demás. Así que
nunca asumas nada, ¿eh?

Remus lo miró con curiosidad, pero asintió levemente en señal de comprensión. La expresión del
profesor se suavizó. —Remus — dijo Ferox, con tanta gentileza que era desconcertante, — Yo...
hay algo más de lo que quería hablar contigo.

Remus hizo una mueca, pensó que sabía lo que se avecinaba. Lo había estado esperando desde
antes de Navidad. — Está perfectamente bien si no quieres hablar de eso — dijo el maestro.

— ¿Se trata de... mi problema?

— En una forma de hablar — dijo Ferox, en un tono mesurado. —No sé si lo sabes, pero conocí
bastante bien a tu padre, Lyall.

Remus casi se atragantó con su cerveza de mantequilla. No lo había esperado del todo. Ferox
continuó: — Nuestro trabajo a menudo se superponía, ya ves, yo era joven, no había comenzado
hacia mucho tiempo en el departamento de Control de criaturas mágicas. Lo conocía por su
reputación, por supuesto, así que traté de aprender lo que pude, aunque nunca llegué a dominar los
boggarts como él.

— Okay. — Remus no sabía qué más decir.

— ¿Sabes mucho sobre él?


— Yo... — Remus miró hacia otro lado, fuera de la ventana. No creía que pudiera hablar y mirar a
Ferox al mismo tiempo. — Él era un Ravenclaw — comenzó, como si estuviera marcando
elementos en una lista, — Era bueno en los duelos. Era bueno en los boggarts, los dementores y los
poltergeists, y odiaba a los hombres lobo, los quería a todos muertos y él… — Remus se atragantó,
queriendo levantarse y salir de la habitación.

— ¿Dónde escuchaste todo eso? — Ferox pareció sorprendido. Remus lo miró, aunque ahora todo
estaba bañado en lágrimas. Se sentía como si todos los pensamientos desagradables y rencorosos
que había estado teniendo desde Diciembre se hubieran derramado como veneno.

— Darius Barebones. — Dijo, frotándose los ojos con rudeza en las mangas de su túnica,
obligándose a controlarse. — Lo conocí en la fiesta de Navidad de los Potter.

— Ese viejo idiota. — Ferox espetó con brusquedad. Parecía molesto, pero no con Remus. —Lo
siento mucho, Lupin, esas cosas que escuchaste. No es cierto, lo sabes.

— ¿No los odiaba... a ellos?

— Bueno, — Ferox inclinó la cabeza, como si tratara de ser diplomático, — estaba preocupado por
el peligro que los hombres lobo representan para la sociedad. Pero era un hombre sensato,
demasiado sensato para el odio. Te pareces mucho a él.

Remus resopló amargamente ante eso.

— Es verdad. — Dijo Ferox, con firmeza. — Él fue un buen hombre. Haría cualquier cosa por
cualquiera.

— Darius dijo que pensaba que Lyall fue mordido por Greyback, por eso se suicidó.

— ¿Sabes sobre Greyback, entonces?

Remus asintió. Ferox parecía realmente muy serio. — He escuchado ese rumor. Para ser honesto,
no me sorprendería que Dumbledore lo comenzara para protegerte. Personalmente, nunca lo creí.
Luego te conocí, por supuesto, y todo quedó claro.

— ¿Es tan obvio? — Preguntó Remus, levantando los dedos hacia la cicatriz en su rostro, que
ahora tenía más de un año, pero que aún estaba rígido y rojo.

— No — Ferox negó con la cabeza, — La mayoría de los magos no reconocerían a un hombre


lobo si no los...

— ¿Atacara y mordiera?

Ferox se rió, levantando el mal humor que se había apoderado de la luminosa oficina.

— El sentido del humor de tu padre también.

Remus sonrió débilmente.

— ¿Profesor?

— ¿Si?

— ¿Qué le pasó a Greyback?

Ferox volvió a ponerse serio al instante.


— Me temo que no lo sabemos con certeza. Todavía está vivo, en lo que respecta al ministerio, y
todavía lo buscan por sus crímenes. No sé si alguna vez lo atraparán, para ser honesto, el hombre es
un maníaco, según todos los informes.

— ¿Podría... encontrarme?

— Tal vez.

Remus se sorprendió por la honestidad de Ferox. No parecía tan preocupado como la mayoría de
los adultos por protegerlo de las verdades más duras. — ¿Eso te asusta? — Preguntó el maestro.

Remus se encogió de hombros.

— Creo ... creo que tal vez siempre lo supe. Que me voy a encontrar con él de nuevo.

— No debes ir a buscarlo...

— No lo haré. — Remus sabía que era mentira, pero también sabía que no había nada que Ferox
pudiera hacer para detenerlo.

— Si tienes más preguntas, quiero que te sientas cómodo preguntándome. — Ferox dijo, —Hay
algunos recortes de periódicos viejos dentro de ese libro superior — asintió con la cabeza hacia la
pila que le había regalado a Remus, — Pensé que deberías tenerlos. Cosas como esa no deberían
ocultarse a la gente, y eres lo suficientemente mayor.

— Gracias profesor.

— ¿No te he molestado?

— No, profesor.

— Buen chico. — Ferox se puso de pie, se inclinó sobre el escritorio y apretó el hombro de Remus
de una manera amistosa. — Intenta tener un buen verano, ¿eh? Nos vemos en Septiembre.

Remus asintió, sintiéndose un poco aturdido por los eventos de la última media hora. No obstante,
estaba muy agradecido de que lo despidieran y lo dejaran en silencio, llevando la pesada pila de
libros al piso de arriba, a la sala común.

Ahora estaba todo muy tranquilo en la torre de Gryffindor. La mayoría de los estudiantes habían
terminado de empacar y sin duda estaban afuera disfrutando del terreno. Los pensamientos de
Remus se volvieron hacia Davy Gudgeon, y los aplastó. Una crisis emocional a la vez.

Los merodeadores también se habían ido, las cosas de Sirius ahora cuidadosamente guardadas en
su cofre de serpiente. La habitación se sentía agobiante y calurosa, Remus movió su varita para
abrir las ventanas, luego fue a sentarse en su cama y abrió el primer libro.

Efectivamente, apretados como hojas muertas entre la portada interior y la portada, habían tres
recortes de periódicos amarillentos:

Diario El Profeta, Abril de 1964.

ATAQUES DEL HOMBRE LOBO AUMENTAN

¿Podrían ser tus hijos los próximos?

El Ministerio de Magia ha confirmado hoy que la reciente serie de asesinatos tanto en las
comunidades muggle como mágica es obra de criaturas oscuras, a saber, hombres lobo. Los
funcionarios del ministerio están particularmente preocupados porque en muchos casos las
víctimas de los ataques han sido niños menores de diez años.

Un funcionario, respetado experto en criaturas oscuras Lyall Lupin, se ha pronunciado y criticado


al ministerio por "medidas de seguridad laxas y deliberadamente negligentes". Lupin afirma que el
registro actual de hombres lobo del ministerio está mal administrado y mantenido, lo que permite
que ciertas facciones anti-ministeriales utilicen estas lagunas en su beneficio.

Se sospecha que el número actual de víctimas es de diecisiete, pero aumentará a medida que
continúe la investigación y los perpetradores continúen aludiendo a la captura. Se espera una
declaración de la oficina del Auror hoy.

Diario El Profeta, Obituarios, Enero de 1965.

Lyall Lupin, quien murió a los 36 años, será recordado como un experto de renombre mundial en
apariciones espirituosas no humanas, por su extenso trabajo con boggarts y poltergeists, enlaces
con los dementores y, más recientemente, sus esfuerzos para reformar el registro nacional de
hombres lobo.

A Lupin le sobrevive su esposa, la muggle Hope Lupin, con quien se casó en Cardiff en 1959. La
pareja tiene un hijo pequeño, Remus John Lupin, nacido en 1960. La familia ha pedido privacidad
durante su tiempo de duelo.

Diario El Profeta, Febrero de 1965.

AURORES EN BUSCA DE GREYBACK

La Oficina de Aurores está apelando al público mágico por cualquier información relacionada con
el paradero de Fenrir Greyback, hombre lobo y presunto asesino de niños.

Greyback se describe como de 1,90 m, muy fuerte y desagradable a la vista, con la apariencia de un
vagabundo. Se advierte a los magos y brujas que no se acerquen a él y que consideren a Greyback
extremadamente peligroso, incluso en forma humana. El auror Alastor Moody hizo hoy una
declaración que indica que el ministerio cree que Greyback viaja con una manada de hombres lobo,
lo que lo hace aún más peligroso. Se sabe que Greyback tiene preferencia por los niños pequeños,
pero Moody se negó a comentar sobre las especulaciones de que los hombres lobo planean formar
un ejército.

El ministerio también se negó a responder a las acusaciones de que tenían a Greyback bajo su
custodia la primavera pasada y no reconoció la amenaza.

Desde la muerte de Lyall Lupin, un abierto defensor de sanciones más severas contra los hombres
lobo, se han realizado numerosos esfuerzos para mejorar el reconocimiento y el registro de las
criaturas oscuras.

La primera vez que los leyó, Remus ni siquiera usó su ayuda para leer. La segunda, tercera y cuarta
vez, lo hizo. Y una y otra vez, como si hubiera algo más en ellos, como si pudiera succionar la
verdad. No tenía más respuestas que antes, y una bola de ira ardiente y furiosa había comenzado a
crecer dentro de su pecho, ardiendo más brillante mientras volvía a leer y releer.

Pasaron las horas, la habitación se oscureció y al final nunca bajó al banquete.


Verano, 1974
Chapter Notes

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Moony,

Espero que todo esté yendo bien este verano.

Las cosas son raras aquí: mis padres ni siquiera están tan interesados en disciplinarme,
simplemente siguen asistiendo a todas estas reuniones. A veces son en la nuestra, a veces salen,
creo que tal vez van a la casa de Bellatrix. O a los Malfoy. Regulus no me dice lo que sucede, creo
que probablemente le han puesto un hechizo con los labios cerrados o algo así, porque
normalmente no podría resistirse a esconder algo así.

Siento que algo malo va a pasar. Sé que suena estúpido, pero algo definitivamente no está bien en
esta casa. A veces me alegro de que tú, James y Peter estén tan lejos.

Voy a intentar pedir quedarme con James de nuevo. Sé que es loco, pero honestamente, si de todos
modos me van a ignorar, ¿Cuál es el punto? Ni siquiera me han pedido que sea acomodador en la
boda de Cissy (mucho mejor, para ser honesto), así que siempre existe la posibilidad de que me
hayan desheredado y simplemente se hayan olvidado de mencionarlo.

No puedo esperar hasta que tengamos diecisiete años, entonces podremos vivir juntos todo el
tiempo, como en Hogwarts. Quiero vivir en Carnaby Street, como en Melody Maker. Tendrás que
mostrarme los alrededores; ahora sé cómo funciona el dinero, gracias a los Estudios Muggles.

Lo mejor,

Sirius O. Black.

...

Sirius,

Todo está bien aquí, no te preocupes por mí.

Realmente no sé qué quieres decir con "algo malo". ¿Crees que volverán a intentar hacerte daño? Si
lo hacen, definitivamente intenta ir a los Potter. Tal vez puedan decírselo a Dumbledore o a
alguien.

Siento decepcionarte, pero nunca he estado en Carnaby Street. St Edmund's está en Essex y solo
vamos a Londres una vez al año, generalmente a los museos. Probablemente te guste el Museo de
Ciencias, lleno de inventos muggles.

Ten cuidado, ¿vale?

Remus.

...

Querido Moony,
Para que lo sepas, Sirius vendrá a quedarse con nosotros este verano. Debería llegar esta tarde, así
que envía tu correo aquí. ¿Espero que tu verano vaya bien? Parecías un poco fuera de lugar al final
del trimestre.

Sé que vas a decir que no, pero mamá y papá todavía dicen que estás invitado a quedarte cuando
quieras. Y siempre podríamos acudir a tí, solo para visitarte. No quiero que estés solo ahí fuera,
amigo, especialmente en estos días.

James.

...

James,

¿Qué quieres decir con "estos días"? ¿Es esto de lo que hablaba Sirius con sus reuniones
familiares? Ya sabes cómo son los Black, simplemente aman los secretos. Probablemente no sea
nada. Probablemente estén planeando el compromiso de Regulus o algo así y quieren a Sirius fuera
del camino.

De todos modos, como le dije a Sirius, no te preocupes por mí. Dumbledore y Madame Pomfrey
creen que aquí es donde estoy más seguro, y ellos son los que están a cargo de mí, ¿verdad?
Obviamente preferiría pasar el verano en lo tuyo, pero no se puede, así que, ¿Puedes dejarlo?

Tampoco vengas aquí, solo confía en mí.

R.

...

Querido Remus,

Lo siento si te molesté, amigo, no era mi intención. Dejaré de preguntar sobre eso, si quieres.

Espero que estés teniendo un buen verano de todos modos, todos desearíamos que estuvieras aquí.
Tienes razón, si Dumbledore dice que estás a salvo allí, estás a salvo allí. Papá dice que
Dumbledore podría ser el único en quien podamos confiar, muy pronto.

Cuídate,

James.

...

Hola Moony,

Definitivamente, cuatro merodeadores son mejores que tres. Es genial tener a Sirius aquí y todo
eso, pero es como si siempre tuviéramos que hacer lo que él quiere.

En general, tengo suerte de que mamá me deje verlos después de que Phil se fuera de casa. Recibí
una postal de ella el otro día, está en Estados Unidos, ¿Puedes creer eso? Ella dijo que te saludara,
así que "hola" de Phil.

Peter.

...
Moony,

¿Por qué te enojaste con James? Él cree que no pretendías verte así, pero sé cómo eres, idiota de
mal humor. ¿Qué pasa?

Sirius O. Black

PD: ¿Cómo es que Philomena te dijo "hola" y no a ninguno de nosotros? Eres un maldito
mujeriego.

...

Remus,

Sé que recibiste mi última carta, la lechuza regresó y las lechuzas de los Potter son incluso más
confiables que las de mi familia.

¿Por qué no respondes?

Sirius O. Black

...

Remus? Haznos saber si estás bien.

James.

...

Moony?

...

Craig había sido arrestado en algún momento durante el año escolar, y Remus regresó para
encontrar que el compañero de Craig, Ste, ahora estaba a cargo del elemento criminal en St
Edmund's. Era mucho más feo y estúpido que Craig.

— Un poco alto para robar ahora, ¿No es así? — Ste miró a Remus con los ojos entrecerrados.

— Todavía soy flaco. — Remus respondió, conteniendo sus nervios.

— ¿Cómo te salieron todas esas cicatrices?

— Luchando.

Ste rió maliciosamente.

— Sí claro. Un oequeño imbécil como tú.

— Vete a la mierda, — Remus dio un paso más cerca, — No soy delicado — Era tan alto como el
de dieciséis años, tal vez incluso unos centímetros más alto. Sí, tenía mala hierba, pero se mantenía
firme, y Ste comenzaba a verse mucho menos seguro de sí mismo.

— Bien. — Dijo el chico más grande, inclinando la cabeza hacia atrás, lejos de Remus. — Cálmate
compañero. Estás dentro.

Remus se burló de él, se volvió y se alejó, satisfecho.


No había mucho que le hubiera dado satisfacción en lo que iba del verano. Se sentía más aislado
que nunca y más enojado de lo que había estado en mucho tiempo.

Remus casi odiaba a Ferox por haberle dado la información que tenía en el último día del trimestre,
con la que no podía encontrarle sentido ni hacer nada al respecto. No había nadie a quien
contárselo; tenía prohibido mencionar Hogwarts a nadie en St. Edmund's, y ni siquiera sabía por
dónde empezar con los otros merodeadores.

Sus cartas lo enfurecieron, y él hizo una bola con cada una de ellas en su puño y luego las tiró. No
se atrevía a leer, ni mirar televisión, ni siquiera tocar su tarea. Se sentía como si tuviera una energía
reprimida ilimitada, como un animal acechando a lo largo de su jaula. Se construyó dentro de él,
calentándose hasta que ardió con el deseo de atacar y golpear hasta la mierda a la siguiente persona
que se le cruzara.

Afortunadamente, la mayoría de los chicos de St. Edmund parecieron darse cuenta de esto. Aunque
Remus apenas le dijo una palabra a nadie, los otros niños lo evitaban como una plaga.

Entonces, buscó a Ste.

Su primer trabajo fue fácil; ni siquiera necesitaba ser pequeño para ello. Robaron un coche y lo
único que tuvo que hacer fue subir con el resto. Condujeron durante la mayor parte de la noche,
fumando y bebiendo de una botella de vodka que habían sacado de la licorería unas semanas antes.

Remus decidió que le gustaba fumar. Le hacía parecer más duro y mantenía las manos ocupadas; le
gustaba armar cigarrillos, y le gustaba la forma en que ardían, a centímetros de sus labios. Le
gustaba respirar columnas de humo y pensar en Ferox persiguiendo dragones en Rumania.

Los otros muchachos se entusiasmaron con él, después de que se acostumbraron a su tranquilidad y
sus modales extraños en general. Todavía era el más joven del grupo, y empezaron a tratarlo como
a un hermano pequeño, atormentándolo con cigarrillos y alcohol. Remus se emborrachó como era
debido por primera vez ese verano, y todos se rieron mientras tropezaba en el parque, y se
compadecieron cuando vomitó hasta la mañana siguiente.

Cuando se emborrachaban, también les gustaba pelear, lo que le sentaba bien a Remus. En la
oscuridad de la zona común, se lanzaban de un lado a otro, cantando canciones de Who, o The
Jam, o incluso cánticos de fútbol si se sentían particularmente tontos. A ninguno parecía importarle
si Remus era demasiado joven o demasiado delgado, y ninguno lo trataba como si fuera un inválido
debido a sus cicatrices. A veces solo necesitabas que te golpearan un poco, y que al final de la
noche todos se tambalearan como amigos a casa.

Las calurosas semanas de verano pasaron en una confusión caótica: Remus pasaba la mayor parte
de sus noches con Ste y su pandilla, y sus días durmiendo con la resaca, tratando de mantenerse
fuera del camino de la Matrona. No pensó en Hogwarts. Pensó muy poco en absoluto.

— Tengo que conseguirte algunos trapos (*) adecuados, Lupin — dijo Ste arrastrando las palabras,
una noche, — No puedo dejarte luciendo como un príncipe todo el verano.

Remus miró los jeans y la camiseta gris de su edición estándar de St Edmund. Había vómito en sus
suelas. ¿Había hecho eso? No podía recordar

— No tengo el dinero en efectivo, ¿verdad? — Respondió, buscando el cigarrillo que se había


escondido detrás de la oreja hacia solo unos minutos, o al menos pensó que lo había hecho.

— ¿Y qué? — Aggie, un chico bajo y regordete que le recordaba a Remus a Peter se encogió de
hombros, — Mi compañero trabaja en un almacén en Southend, te conseguiremos el equipo
adecuado.

Y realmente lo hicieron. Por una vez, Remus se parecía a todos los demás chicos de su edad, no
con ropa de segunda mano, sino nueva. Vaqueros azul brillante con tubo de drenaje, una camisa
abotonada (imitación de Ben Sherman, pero tan buena como la auténtica), tirantes blancos y botas
bovver negras. Le afeitaron el pelo hacia abajo, incluso más corto de lo que lo hacía la Matrona.

— Pareces el negocio. — Ste lo tomó por debajo del brazo y le frotó la cabeza con los nudillos
ásperos.

Cuando llegó la luna y Madame Pomfrey lo vio, frunció los labios.

— No diré nada sobre el atuendo — dijo, recatadamente, — pero no me gusta el aspecto de todos
estos moretones, debes decirme si los otros chicos te están lastimando.

Simplemente negó con la cabeza y esperó a que ella cerrara la puerta con llave; ya podía sentir su
sangre hirviendo cuando comenzaba el cambio.

Al día siguiente, estaba demasiado débil para moverse. Madame Pomfrey insistió en quedarse todo
el día para vigilarlo, incluso organizando que le llevaran una cama a su pequeña celda. Las resacas
no tenían nada que ver con las transformaciones, pensó Remus para sí mismo. Sin embargo, habría
matado por un cigarro.

Aburrido y demasiado cansado para estar enojado, finalmente buscó un libro. Los tres trozos de
periódico cayeron de nuevo y rápidamente cerró la tapa antes de que Madame Pomfrey pudiera
ver.

Greyback.

Por eso estaba tan enojado, se dio cuenta, en el primer momento de claridad que había tenido
durante todo el verano. De hecho, Greyback era prácticamente la razón detrás de todo lo que había
salido mal en la vida de Remus. Donde podria estar ¿Cómo podías cazar un hombre lobo? Había
muchos libros sobre eso en la biblioteca de Hogwarts, pero Remus siempre los había evitado antes,
asustado de lo que pudieran decir.

Bueno, difícil seguro. Tendría que dejar de ser escrupuloso sobre cosas así. Tenía que dejar de
esconderse de sí mismo; de de dejar que todos lo pisoteen, si alguna vez iba a... sí.

Iba a matar a Greyback. Cazarlo y luego derrotarlo, tal como su padre había querido. Lyall Lupin
no habría muerto en vano. Una descarga de adrenalina atravesó a Remus mientras pensaba en ello.
Era mucho mejor que la rabia.

Podrían pasar años antes de que estuviera listo, lo sabía. Y necesitaría dinero. Tan pronto como
Remus estuvo en forma, se acercó a Ste una vez más.

— ¿Estás bien Lupin, viejo amigo? El chico mayor sonrió con dientes amarillos a través de una
bruma de humo dulce y de olor verde. — Maldita sea, ¿qué te pasó? — Frunció el ceño ante los
cortes frescos de Remus.

— Olvida eso. — Remus gruñó, sin hacer más hincapié en su antiguo acento, — El verano pasado
Craig robó en muchas tiendas y pubs, y yo tenía un baúl lleno de paquetes de cigarrillos. Este año
lo tengo todo. ¿No eres tan duro como Craig o algo así?

— Oi — Ste se sentó, enganchando los pulgares en sus tirantes, — Mira.


— No, míralo tú. — Remus gruñó, mostrando los dientes, — Me quedan dos semanas y necesito
abastecerme. ¿Estás dentro o no?

Chapter End Notes

Notas: (*) togs = ropa, pero dicho informalmente; trapo.


Cuarto Año: Se avecina una tormenta

Domingo 1 de Septiembre de 1974

Cuando Remus se acercó a la estación de King's Cross por cuarta vez en su temprana vida, se sintió
completamente invencible. Había crecido aún más durante el verano, y su rostro también había
cambiado, ya no era infantil y redondo; su mandíbula estaba apretada y sus ojos malvados. Con sus
pesadas botas negras (pulidas hasta brillar esa mañana) y su elegante ropa nueva, Remus sintió un
sentido de identidad más fuerte que nunca. Ste había estado muy interesado en hacerle un tatuaje
antes de que regresara a la escuela, pero Remus se había negado a eso, ya tenía suficientes marcas.

— Todos pensarán que te has unido a una pandilla — dijo la matrona, apenas ocultando su desdén
cuando lo dejó fuera de la estación, — Pareces un delincuente.

— Púdrete — murmuró, — ¿Qué te importa?

Ella le dio un fuerte tirón alrededor de la oreja y él hizo una mueca. Tenía que estirar la mano para
hacer eso en estos días, pero aún sabía exactamente dónde le dolía más.

— Estarás en la escuela antes de que oscurezca, ¿no? — Ella dijo, como un negocio. Asintió
malhumorado. Había luna llena esa noche. — Bueno. — Ella asintió. — Nos vemos el próximo
verano, entonces.

Entró solo a la estación y caminó entre la multitud con un andar masculino practicado, con las
piernas separadas y las manos en puños. La gente se apartó rápidamente de su camino cuando se
acercó, y un guardia de la estación lo miró con sospecha. Remus los ignoró a todos y caminó hacia
adelante, de manera arrogante, directamente a través de la barrera de boletos, irrumpiendo en la
Plataforma 9 ¾ sin siquiera estremecerse.

Llegaba tarde, y la plataforma ya estaba casi vacía, con solo los últimos padres llorosos de los de
primer año que se quedaban para despedirse. Una mirada superficial le dijo a Remus que los otros
tres merodeadores ya estaban en el tren, así que subió a bordo y se dirigió directamente a su
compartimiento habitual, empujando con rudeza a los otros estudiantes, muchos de los cuales le
parecían muy pequeños ahora, mientras luchaba con su baúl viejo maltratado.

Estaban ahí; los tres sentados apretujados en el mismo lado del compartimiento, acurrucados detrás
de la edición matutina de El Profeta.

— ¿Bien? — Remus dijo, mientras entraba.

James, que estaba sentado en el medio, sosteniendo el papel, lo bajó y tres pares de ojos miraron a
Remus. Peter se veía pálido y nervioso, lo cual era bastante normal, y comenzó a morderse el labio
inferior, mirando a James en busca de una respuesta apropiada.

James sonrió, tratando de ser amigable, pero sus ojos marrones vagaron sobre Remus, desde sus
botas con punta de acero hasta su cabeza rapada. Sirius era el más difícil de leer; sus ojos se
abrieron un poco, pero su expresión permaneció neutral. Remus se dejó caer en el asiento de
enfrente como si no se hubiera dado cuenta. — ¿Buen verano?

— No estuvo mal — dijo James con cautela, — Lo de siempre, ya sabes... ¿Cómo estuvo el tuyo?

— Si bien.— Remus sacó una pequeña caja de hojalata de su bolsillo trasero y la abrió para revelar
cinco cigarrillos prelaminados. Colocó uno entre sus labios y lo encendió con una cerilla mientras
el tren comenzaba a alejarse de la estación.

Peter ahora miraba a Remus con la boca ligeramente abierta, como si no lo reconociera. James
parecía preocupado, se formó un pequeño pliegue entre sus cejas.

— Estábamos preocupados cuando no supimos de ti.

— Lo siento. Ocupado. — Remus se encogió de hombros y exhaló humo.

— ¿Haciendo qué? — Sirius preguntó, sin rodeos. James se levantó para abrir la ventana y dejar
salir el humo, pero no dijo nada al respecto.

— Solo ocupado. — Dijo Remus. Le ocultaban secretos, después de todo. No tenía que contarles
todo.

— ¿Estás bien, Remus? — James preguntó finalmente. — ¿Ha pasado algo?

— Nop.

— Te ves diferente.

— ¡Tu ropa! — Peter chilló, de repente.

— He visto muggles vestidos así, — finalmente habló Sirius, — Es genial, ¿Verdad, Remus?

Remus se encogió de hombros de nuevo, sintiéndose complacido, pero esperando que pareciera
aparentemente indiferente.

— Mis compañeros me las compraron, eso es todo. — Él dijo.

— Oh, bueno, si es una cosa muggle... — dijo James, inseguro. — ¿Seguro que estás bien?

—Déjalo, Potter —suspiró Remus, rodando los ojos. No quería hablar más de eso. Aunque había
esperado, incluso deseado, una reacción, no le gustó la forma en que todos lo miraban. Típico de
sangre pura, podían hacer cabriolas con túnicas centenarias y estúpidos sombreros puntiagudos y
nadie decía una palabra, pero los jeans y los doc martens aparentemente eran un paso demasiado
lejos.

— ¿Qué están leyendo, entonces? — Preguntó, señalando el periódico con la cabeza, con la
esperanza de distraerlos.

James miró con gravedad la sábana en su regazo.

— La guerra. — Dijo, entregándole a Remus el Profeta.

— ¡¿Guerra?! — Eso lo hizo sentarse con la espalda recta. — ¿Qué guerra? — Miró el titular, que
decía "Jenkins critica las duras medidas de seguridad en el ministerio".

— ¿No lo sabías? — James parecía incrédulo, — El mundo mágico ha estado oficialmente en


guerra desde 1970.

Sirius y Peter asintieron solemnemente.

— Ni siquiera estábamos en Hogwarts en 1970 — dijo Remus, a la defensiva, — entonces apenas


sabía nada sobre magos. ¿Qué... quiero decir, contra quién estamos luchando?
— Ese es el problema — dijo James bruscamente, — Es demasiado difícil de saber, pero esta
persona, el 'Señor Oscuro' ha estado reuniendo muchos aliados, casi todos sangre pura.

— Creo que esas son las reuniones a las que mi familia va — dijo Sirius, en voz baja, a pesar de
que estaban solos. — El papá de James está de acuerdo conmigo.

— ¿Es por eso que el año pasado era un "placer" encontrarse con un Slytherin? — Preguntó
Remus, conectando los puntos ahora.

— Sí — dijo Sirius. — Y será peor este año, puedes apostar.

— Hubieron algunos... ataques, este verano. — James dijo, nervioso. — Sobre muggles y algunas
familias de sangre mixta.

— Creen que el Señor Oscuro está usando criaturas peligrosas — dijo Peter, su voz temblando de
miedo, — Vampiros y gigantes y... y...

Remus le lanzó una mirada y apretó la mandíbula.

— ¿Y hombres lobo?

— Moony... — comenzó James.

— Necesito el retrete. — Remus se puso de pie, rápidamente, saliendo del compartimiento.

Irrumpió en el tren, los estudiantes más jóvenes se apartaron de su camino cuando los pasó,
aterrorizados. No necesitaba el retrete, obviamente, pero no había exactamente ningún otro lugar
adonde ir, así que se encerró en un cubo en el extremo más alejado del carruaje. Era mucho más
elegante que los baños de los trenes muggles, con verdaderas cortinas de terciopelo rojo en las
ventanas y relucientes adornos dorados. El espejo incluso tenía un marco dorado. Se miró a sí
mismo durante unos minutos, mirándose a los ojos, apretando los lados del fregadero hasta que sus
nudillos se pusieron blancos.

Había pensado que sería tan duro después de este verano, pensó que nada podría tocarlo ahora.
Pero todo ya se estaba desmoronando, más rápido de lo que había esperado, y se había
desmoronando con la primera mención de los hombres lobo. ¿Cómo haría lo que tenía que hacer si
no podía mantener la calma? Greyback se lo comería de desayuno.

Incapaz de mirarse más a sí mismo, Remus se sentó en el asiento del inodoro y consideró golpear
el dispensador de jabón. Eso probablemente no le proporcionaría la satisfacción que necesitaba, y
solo terminaría cubierto de un limo rosado con aroma floral. En cambio, pateó la palangana con su
bota, dejando una larga racha de goma negra en la porcelana blanca.

— Mierda. — Él murmuró. Eso se sintió bien. — MIERDA. — Gritó, pateando la palangana de


nuevo.

— ¿Quién está ahí? — Un golpe seco llegó a la puerta.

— Lárgate, está ocupado. — Gritó con fiereza.

— Este es un vagón de Slytherin, ¿sabes? — la voz con frialdad.

— Oh, vete a la mierda , estúpido entrometido. — Remus respondió, cerrando la puerta con el
codo.
Si hubiera estado en un estado más razonable, podría haber explicado con calma que los vagones
no estaban divididos en casas y, de hecho, cualquiera podía sentarse en cualquier lugar que
quisiera, incluso si estaba en un inodoro cerrado.

— ¡Llamaré a un prefecto!

— Oh Dios mío, — Remus se puso de pie, sacando su varita, — ¡¿Estás buscando pelea o algo?!
— Abrió la puerta de golpe, encontrándose cara a cara con un Severus Snape muy sorprendido.

Severus podría haberlo asustado cuando ambos tenían once años, pero a los catorce Remus ahora
se elevaba sobre Snape, y con su varita levantada y su rostro arrugado por la molestia, debió haber
sido una vista aterradora.

— Tú. — Ambos sisearon. Snape sacudió su grasiento cabello negro y se burló;

— ¿Qué estabas haciendo ahí?

— No es asunto tuyo. Fuera de mi camino.

— ¿Qué llevas puesto? — Snape hizo una mueca, mirándolo de arriba abajo con disgusto. — ¿Esa
es ropa muggle?

— ¿Y qué si lo es? — Remus dio un paso adelante, ahora tan cerca del chico de Slytherin que
prácticamente respiraba sobre él. — ¿Tienes algo que decir? No eres tan grande sin tus
espeluznantes compañeros alrededor, ¿verdad, Snivellus? — Le dio un fuerte empujón, derribando
a Snape al suelo.

Snape lo fulminó con la mirada, se puso de pie rápidamente y se sacudió la raída túnica negra.
Entrecerró los ojos.

— Descubrirás todo sobre mis 'compañeros' este año, Loony Lupin, te lo prometo. — Dijo con
mucha frialdad.

— Sin embargo, no estás exactamente en posición de lanzar amenazas, ¿verdad? — Remus


respondió, casi conversando. — Escuché que muchos prefieren sangre pura... y Lily me ha contado
todo sobre ti, Snape...

Los ojos de Snape brillaron y una mirada de puro odio cruzó su rostro. Alcanzó su varita pero, ya
fuera gracias a la cercanía de la luna llena o simplemente por la pura adrenalina, Remus fue
demasiado rápido para él. Agarró la muñeca de Severus y la golpeó contra la pared del carruaje,
haciendo que el Slytherin gritara y dejara caer su varita. Entonces, sin pensar en nada más que en
causar el mayor dolor posible, Remus giró la cabeza hacia adelante y golpeó a Serverus,
derribándolo por segunda vez.

Snape lo estaba mirando fijamente, sus ojos negros brillaban con miedo y rabia, apretó su túnica
contra su nariz, que ahora brotaba sangre. Remus, sin sentirse mejor por nada de eso, escupió en el
suelo y pasó por encima de Snape.

— Ahí está tu advertencia para el resto del año — gruñó, — Manténte fuera de mi camino.

Snape no dijo nada, pero no trató de levantarse. Remus se alejó, confiado en que el otro chico no
intentaría nada ahora. Retrocedió por donde había venido, tratando de alejarse del rico y
embriagador olor de la sangre, y se encerró en el primer compartimiento vacío que encontró.

Allí se sentó, respirando profundamente durante unos minutos, tratando de controlar los latidos de
su corazón e ignorar el anhelo que resonaba en algún lugar profundo de él, donde la razón humana
no podía tocarlo. Finalmente, con manos temblorosas, sacó otro cigarrillo y lo fumó
pensativamente, mirando por la ventana.

No estuvo solo por mucho tiempo.

— ¿Moony? — La puerta se abrió y la cabeza de Sirius se asomó por la puerta. Remus lo fulminó
con la mirada, pero Sirius entró de todos modos y se sentó enfrente. — Está bien, ¿Qué pasa?

— Nada. — Remus se cruzó de brazos y se deslizó en su asiento, mirando sus botas. Los cordones
no coincidían, rojo a la izquierda, amarillo a la derecha. Había pensado que se veía realmente
genial en Julio, pero ahora parecía un poco tonto.

— Algo pasa. No eres el mismo.

— Cómo sabes — Remus escupió en respuesta. — Quizás esto es lo que realmente soy.

— Lo sé — respondió Sirius, inusualmente tranquilo. Al parecer, pasar tanto tiempo con los Potter
había hecho maravillas con su paciencia. — Está bien estar enojado a veces, Remus. No significa
nada, excepto que eres normal.

Remus lo miró, sorprendido. Sirius sonrió, comprensivamente, luego sonrió con satisfacción, — Y
por lo que vale, realmente creo que te ves tan jodidamente genial.

— ¿De verdad?

— Sí. Algo peligroso.

Remus resopló ante la ironía.

— Gracias.

— Así que... mal verano, ¿verdad?

Remus se encogió de hombros.

— Estuvo bien. Estaba… hice muchas cosas. No quiero que James se entere.

— Okay. — Sirius estuvo de acuerdo, luego ladeó la cabeza, alegremente, — ¿Puedo probar un
cigarrillo?

Pronunció la palabra como si fuera nueva para él, con un leve acento francés, que resultaba
extrañamente entrañable. Remus sintió una oleada de afecto por su amigo, lo que hizo que su
corazón volviera a latir con fuerza. Sacó un cigarrillo de su estuche y lo arrojó con las cerillas.
Observó a Sirius apretar cuidadosamente sus labios alrededor del cilindro de papel blanco,
encender una cerilla y poner sus manos cerca de su rostro. No tosió, lo cual era increíblemente
impresionante en sí mismo, sino que solo respiró hondo antes de exhalar y puso cara de amargura.

— Te acostumbras. — Remus sonrió.

— Okay. — Sirius lo intentó de nuevo, inhalando más esta vez.

Era extrañamente hipnótico ver a Sirius fumar. El humo gris azulado hizo que el vagón se sintiera
más íntimo y privado. Remus comenzó a relajarse por primera vez en meses, como si algo dentro
de él se estuviera abriendo, lentamente. Miró a Sirius y pensó: ¿Por qué no?
— Descubrí algunas cosas, al final del último trimestre. — Dijo en voz baja, mirando de nuevo sus
botas.

Metió la mano en el bolsillo de la camisa y sacó los tres recortes de periódico que Ferox le había
dado el año pasado. Se los entregó a Sirius, quien alcanzó a través del humo con largos dedos
blancos para recibirlos. — No quiero hablar de eso todavía. — Remus dijo, rápidamente, — Pero
léelos si quieres.

— Está bien — Sirius asintió suavemente, — Gracias, Remus.


Cuarto Año: Competencia
Chapter Notes

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El mal comienzo de año de Remus no mejoró cuando el tren llegó a la estación. Llegaron a
Hogsmeade con solo veinte minutos más o menos antes del atardecer, y Remus encontró a
Madame Pomfrey esperándolo, luciendo ansiosa.

— Buena suerte, Moony — dijo Sirius en voz baja mientras se separaban en medio de la multitud
de estudiantes emocionados vestidos de negro. Remus asintió con tristeza, y Sirius le dio un golpe
en el hombro con el suyo; una muestra de solidaridad adolescente.

Remus solo tuvo tiempo de mirar hacia atrás con nostalgia mientras los tres merodeadores se
subían a uno de los carruajes sin caballos, una cabeza rubia y dos castañas, antes de que Madame
Pomfrey agarrara a Remus por el codo y sin previo aviso se aparecieran en la casa de los gritos.

Había un plato azul y blanco sobre la repisa de la chimenea polvorienta con un grueso sándwich de
pollo encima.

—En caso de que tengas hambre — explicó la enfermera, —todavía tienes un poco de tiempo.

Estaba hambriento, pero no se atrevía a comer. En cambio, simplemente se sentó en su cama y


esperó a que lo encerraran, deseando que hubiera al menos un poco de luz en la lúgubre habitación.
Remus pensó en el banquete, posiblemente su parte favorita de la primera noche, además de dormir
en su gran y cómoda cama. Ninguna de las dos cosas sucedería esa noche.

Podía oler un conejo afuera, oliendo la hierba, y su estómago soltó un gruñido feroz. Volvió a
mirar el sándwich y lo consideró, pero cuando el dolor le atravesó los omóplatos se dio cuenta de
que había esperado demasiado; el lobo estaba en camino.

...

Lunes 2 de Septiembre de 1974

Uno podría suponer que a un hombre lobo hambriento le apetecería bastante un sándwich de pollo,
pero aparentemente solo la carne cruda serviría, y Remus se despertó y descubrió que la pequeña
comida permanecía intacta, mientras que sus brazos y piernas estaban hechos pedazos. Suspiró
profundamente, se puso de pie y volvió a sentarse en la cama. Su cadera se había vuelto rara por
tercera vez, y su cojera era exagerada mientras se tambaleaba por la habitación. Su hombro
izquierdo se sentía dislocado, gracias a Dios que no era el derecho, porque tenía mucha tarea con la
que ponerse al día.

Cerrando los ojos, Remus se reclinó contra la pared para esperar a Madame Pomfrey. Era el
amanecer y los merodeadores probablemente no estarían despiertos hasta dentro de unas horas
más, a menos que James decidiera que necesitaba volar antes de las lecciones. Remus sabía que era
el último año de Harpreet Singh en Hogwarts, lo que significaba que el puesto de Capitán de
Quidditch estaría disponible el próximo año, y James no estaba bromeando.

— Accio Sándwich — dijo Remus con voz ronca, encontrando su varita debajo de la cama. Todo
el plato vino volando hacia él a tal velocidad que golpeó la pared y se hizo añicos a solo unos
centímetros de su cabeza. Gimiendo, Remus sacudió los fragmentos de porcelana y comenzó a
picotear con avidez el pan duro.
Madame Pomfrey llegó pronto y se puso a trabajar para arreglarlo antes de acompañarlo de regreso
al castillo. Insistió en caminar, en lugar de que ella conjurara una camilla.

— No estoy tan mal — engatusó, — Usted ha hecho un gran trabajo con mi hombro... Creo que
estoy bien para ir a clases.

— No me gusta el aspecto de esa cojera — respondió, — Primero la enfermería, veremos cómo


estás a la hora del almuerzo.

— Pero es mi primer día... —sabía que se estaba quejando, pero tenía que intentarlo.

— Lo siento, Remus. De todos modos, mírate, estás muerto de sueño. Duerme unas horas y te
sentirás mucho mejor.

Para consternación de Madame Pomfrey, James, Peter y Sirius estaban esperando fuera de las
puertas del hospital a Remus, lo que significaba que el sueño tendría que posponerse un poco más.

— ¿Cómo hizo James para levantarlos tan temprano?— Remus les sonrió.

— No fue fácil, — James le devolvió la sonrisa, Sirius reprimió un bostezo detrás de él. — Tuve
que recurrir a amenazas de violencia.

— Y violencia real — dijo Peter, frotándose el brazo, que se veía muy rojo.

— ¿Estás bien, Moony? — Preguntó Sirius, parpadeando mucho como para lucir más alerta.

— Bien, gracias — asintió Remus, mientras Pomfrey lo conducía a la habitación.

Los merodeadores esperaron pacientemente mientras Remus se desnudaba detrás de un biombo y


se metía en su cama habitual en el otro extremo de la sala.

— ¡Cinco minutos! — Madam Pomfrey espetó, cargando un somnífero, — Necesita descansar,


chicos.

— No podemos quedarnos mucho tiempo de todos modos — dijo James, — Lecciones y todo. Te
trajimos tu nuevo horario, Moony. — Le entregó la hoja.

Remus lo estudió cuidadosamente. Las lecciones de Ferox estaban al final de la semana, así que al
menos no se las estaba perdiendo. Pero tenía a McGonagall y Runas, e Historia hoy.

— ¿Podrías... — comenzó,

— Conseguiremos tu tarea, Moony, no te preocupes — dijo Sirius, divertido. — Es bueno verte de


vuelta a la normalidad.

— Sí — Remus arqueó una ceja, estirando un brazo desnudo para mostrar sus nuevas marcas de
garras, — No puedo ser mucho más normal de lo que soy.

...

Se sintió mucho mejor una vez que durmió toda la mañana. La ira que lo había desgarrado durante
los últimos meses todavía estaba muy presente, pero de alguna manera había cambiado, y pudo
pensar en otras cosas. En Hogwarts, se sentía mejor equipado para controlar su temperamento, se
sentía castigado y de alguna manera más sano. Por mucho que no le gustara admitirlo para si
mismo, Remus comenzaba a sentirse más como en casa en el mundo mágico que en el muggle.
Además, se sintió sorprendentemente bien por haberle dado a Sirius los recortes de periódico. Le
habían hecho un agujero en el bolsillo todo el verano y estaba contento de deshacerse de ellos; para
contarle a alguien más el secreto.

Pomfrey le permitió irse a cenar y trató de entrar en el Gran Comedor sin demasiado alboroto. Este
plan se echó a perder, sin embargo, ya que tres chicas muy emocionadas lo abordaron como si de
rugby se tratase.

— ¡Reeee-mus! — Todas chillaron, capturándolo en un fuerte abrazo.

— ¡Hola! — Jadeó, tratando de no hacer una mueca cuando Marlene apretó sus costillas recién
reparadas.

— ¡No te vimos en el tren! —Mary dijo.

— ¡Y no estabas en Runas! — Lily agregó.

— ¿Tuviste un buen verano? — Preguntó Marlene, con la voz un poco amortiguada bajo el brazo
de Mary.

— ¡Sí, genial, gracias! — Remus se enderezó la ropa cuando finalmente lo soltaron, retrocediendo
y sonriéndole. —No me sentía bien, pero ahora estoy bien. ¿Cómo fueron tus veranos?

— ¡Excelente! — Mary lo empujó hacia la mesa de Gryffindor, donde los merodeadores


observaban con una mezcla de diversión y envidia. Se encogió de hombros hacia ellos, impotente,
mientras lo empujaban a un asiento. —Espera a escuchar lo que hicimos Darren y yo...

— ¡No en la cena! — Lily dijo, sonando exasperada, — ¡Remus no quiere escuchar lo que hiciste
con tu novio!

Los ojos de Remus se agrandaron - él ciertamente no quería escuchar - y lanzó una mirada
agradecida a Lily, quien le devolvió la sonrisa.

Todas las chicas se veían un poco diferentes. Remus era tan alto ahora que apenas notó que otras
personas crecían, pero Mary, Marlene y Lily definitivamente lo habían hecho. Se parecían menos a
las niñas que recordaba de primer año, y ahora le recordaban a las chicas a las que Ste y su pandilla
les silbaban cuando estaban en la ciudad. Mary, en particular, había desarrollado curvas notables
en algún momento, y Remus no podía ignorar el hecho de que la mitad de los chicos en la mesa de
Gryffindor estaban mirando la forma en que su camisa blanca de la escuela le cruzaba el pecho.

— Oi, señoritas — dijo Sirius desde más arriba de la mesa, — ¿Podemos tener a Moony de vuelta,
por favor?

— No. — Mary respondió, sacando una lengua rosada. Se volvió hacia Remus, — ¡Realmente me
gusta tu cabello! Avni dijo que te vio en el tren y que estabas vestido como un skinhead*; en
realidad, no te has unido a una pandilla ahora, ¿verdad?

Remus se encogió de hombros. Afortunadamente, la comida apareció en ese momento,


proporcionando una distracción bastante decente. Desafortunadamente, las niñas no eran como los
niños cuando se trataba de comer, mientras que los merodeadores simplemente se hubieran
acurrucado, con la cabeza gacha hasta que hubieran terminado, Lily y Marlene recogieron su
comida lentamente, charlando sobre la escuela y quién salía con quién, y sus nuevos actores
favoritos.

— A Marlene le gusta un Slytherin — dijo Mary, astutamente.


— No, no es cierto. — Marlene se puso roja brillante.

— ¡Sí lo es, te vi mirándolo en Pociones!"

— ¿Tenemos Pociones con Slytherin otra vez, entonces? — Preguntó Remus, con el estómago
hundido.

— Sí — dijo Lily, alegremente. — Creo que es mejor, ¿no? Slughorn siempre da muchos más
detalles cuando su propia casa está en el aula.

— Oh, sí, lo olvidé — Mary arqueó una ceja, — Lily ha estado enamorada de un Slytherin durante
años.

— Severus es mi amigo. — Lily respondió, fulminante. — Estás loca por los chicos.

— No puedo evitarlo si tengo más experiencia que ustedes — Mary levantó la barbilla de una
manera muy digna y madura. Marlene se tapó los oídos dramáticamente,

— Si vas a empezar a hablar de Darren haciendo... eso de nuevo, ¡Entonces me voy!

— Bien, bien — rió Mary, ligeramente. — Me callaré.

Sin embargo, no lo hizo. Ella y Marlene terminaron en un debate muy intenso sobre quién era más
atractivo: David Essex o Donny Osmond. Remus aprovechó la oportunidad para susurrarle a Lily:

— ¿Has visto a Sniv… Severus hoy, entonces?

— ¿Sí, por qué?

— Erm... ¿dijo algo sobre... verme en el tren?

— No, — Lily sonó sorprendida, — ¿Por qué? ¿Que pasó?

— ¡Nada! — Remus dijo rápidamente, — Solo lo de siempre, ya sabes. Él es un idiota.

— Mm. — Lily respondió, mirando su comida y jugando con su tenedor. Parecía extrañamente
nerviosa.— Supongo que puede ser un poco idiota. — Miró hacia arriba de nuevo, a Remus, y bajó
la voz aún más, por lo que tuvo que inclinarse más cerca para escucharla por encima del estruendo
del comedor.

— Fue solo una lección de teoría hoy, Pociones — susurró, — No tuvimos que agruparnos.
Entonces... ¿Si quieres volver a trabajar juntos este año?

— Oh, ¿No quieres hacerlo con Snape?

Lily se veía muy rosada y negó con la cabeza.

— No, creo... bueno, eres mucho menos mandon, y de todos modos estudiamos mucho juntos,
solo pensé.

— Sí, suena bien — se encogió de hombros Remus, volviendo a su comida. Realmente estaba
hambriento. Eso también le agradaba: James y Sirius siempre formaban pareja, al igual que
Marlene y Mary.

Estaba Peter, por supuesto, pero tenía muchos amigos en Slytherin y tendía a cometer errores
cuando estaba ansioso, lo que molestaba a Remus, que era un perfeccionista. Lily era una chica
agradable, sensata y con sentido del humor, y siempre podía explicarle las cosas para que
parecieran fáciles. Además, volvería loco a James.

El incidente de Snape todavía le molestaba, un poco. Casi había esperado que McGonagall
estuviera esperando para saltar tan pronto como fuera dado de alta de la enfermería. Severus casi
siempre iba corriendo hacia un maestro, si podía salirse con la suya. Y Remus había estado
absolutamente, 100% equivocado esta vez, él sabía eso, Snape ni siquiera había puesto una mano
sobre él, Remus solo lo había humillado porque tenía ganas.

Y a Snape no le gustaba que lo humillaran. Remus no sabía mucho sobre el chico de Slytherin,
solo los pequeños comentarios que Lily había le confiado, pero le hizo saber que Severus Snape
podía guardar rencor como nadie más. Tendría su venganza, y si no era metiendo a Remus en
problemas con los profesores, entonces sería algo mucho más desagradable.

...

— Entonces, ¿De qué estaban hablando las chicas? — Preguntó James, una vez que estuvieron
todos en su dormitorio por la noche. Estaba tratando de sonar casual, pero Remus lo vio.

— Oh, nada interesante — respondió, desempacando su baúl, — Chicos, en su mayoría, y besos.

— ¡¿Besos?! — Sirius se sentó en su cama.

— Sí, lo sé — Remus arrugó su rostro para mostrar su disgusto por el tema, — Es todo lo que les
interesa estos días. Mary y su novio muggle hicieron algo durante el verano.

— ¿¿Qué hicieron?? — Sirius parecía muy interesado ahora - no disgustado en absoluto, se dio
cuenta Remus.

— Er... — titubeó, — Bueno, realmente no lo sé. Lily no la dejaba hablar de eso mientras
comíamos.

— Ah, — James asintió con orgullo, — Es demasiado lista para todas esas tonterías, Lily.

— ¿Cómo sabes que es una tontería? — Preguntó Sirius. — No es como si te besuquearas.

— Oh, ¿y tú lo haces? — James frunció el ceño.

— Podría si quisiera, — dijo Sirius, recostándose de nuevo, con los brazos detrás de la cabeza, —
A muchas chicas les gusto.

— Si quisieras — James sonrió, — Entonces, ¿Qué, tienes chicas haciendo fila para un besuqueo
descarado y simplemente... no estás interesado?

Una mirada casi imperceptible de pánico cruzó el rostro de Sirius, solo por el más fugaz de los
momentos, antes de volver a su habitual mejilla traviesa.

— Celoso, ¿Verdad, Potter?

— ¡¿Eugh, de ti?! — James bromeó de vuelta.

— Apuesto a que Lily le gusto..."ñ— dijo Sirius.

— ¡Retira eso! — James rugió, lanzándose sobre su amigo, luchando con él en una llave de cabeza.
Peter suspiró pesadamente y miró a Remus.

— Estuvieron así todo el verano. — Dijo con tristeza: — Todo es una competencia.

...

Unas horas más tarde, Remus se estaba quedando dormido cuando sus oídos se pincharon y
escuchó esos pasos familiares cruzando la habitación. Poco después, la cortina de su cama se
movió a un lado y Sirius susurró:

— ¿Moony? ¿Estás despierto?

— Sí…

Sirius se arrastró dentro. Remus se sentó, nervioso. Sirius solo lo había visitado una vez antes - por
lo general iba a ver a James si quería hablar sobre… bueno, Remus no sabía de qué hablaban, pero
asumió que del drama de la familia Black. La única vez que Sirius había buscado a Remus fue a
principios de su segundo año, justo después de que los merodeadores descubrieran que era un
hombre lobo. Remus pensaba en esa noche, de vez en cuando, y el recuerdo estaba escondido en
una parte segura y tranquila de su mente. Recordó levantarse la camisa para que Sirius pudiera
inspeccionar sus cicatrices - su cabello largo y oscuro rozando su piel.

— Muffliato — susurró Sirius, lanzando el hechizo silenciador.

— ¿Qué pasa? — Preguntó Remus, frotándose los ojos mientras Sirius encendía su varita.

— Los artículos — dijo Sirius, sacando los recortes del bolsillo de su pijama. — Los he leído.

— Oh. — Remus sintió un hilo de vergüenza correr por su espalda. — Correcto.

— Sé que dijiste que no querías hablar de eso. — Sirius dijo rápidamente: — Pero yo sólo... bueno,
supongo que quería que supieras que los he leído.

— Ok... gracias. — Remus asintió.

— Y... entiendo por qué estás enojado.

— ¿Mm?

— Cualquiera lo estaría — dijo Sirius, fervientemente, sus ojos enormes en la oscuridad, llamas
azules gemelas, — Es... es... es una mierda lo que te ha tocado, Moony...

Remus no supo qué responder a eso. Difícilmente podía estar en desacuerdo.

— No se lo diré a James, ni a Pete — dijo Sirius, — No a menos que tú quieras.

— No, por favor no lo hagas. — Remus dijo: — No estoy... no estoy avergonzado, es solo...es
privado, ¿Sabes?

Sirius asintió, frunciendo los labios.

— Tu secreto está a salvo conmigo.

Remus, todavía sintiéndose un poco tembloroso, sonrió débilmente.


— Dios, eres tan dramático.

Sirius también se rió.

— La mamá de James dice que llevo mi corazón en la mano. — Le dio un codazo a Remus con el
dedo del pie, — No todos podemos ser maestros guardianes de secretos como tú, Moony.

— ¿Pensé que no era 'yo' sin secretos?

— Sí, pero si tienen que tenerlos, prefiero saberlos

Remus resopló,

— Porque eres tan especial, Black, no?

— Porque si no lo sé, trataré de averiguarlo de todos modos. Como tú y tu pequeña empresa de


venta de cigarrillos.

La boca de Remus se abrió,

— ¡Buscaste en mi baúl! ¡Eres un idiota!

— ¡Cómo te atreves! — Sirius respondió con altivez: — Nunca me rebajaría tanto. Uno de los
chicos de sexto año vino preguntando por ti. Quería saber si todavía vendes este año.

Remus gimió, dándose una palmada en la frente.

— ¿Fue Dirk Creswell? Maldito idiota.

— ¿Cuánto ganaste?

— Suficiente. Por favor, no le digas a James, ya sabes lo que piensa sobre robar...

— ¡¿Los robaste?!

— Maldita sea. — Remus gimió de nuevo ante su propia estupidez.

— No sé cómo lo haces, Moony — dijo Sirius, asombrado, — Pero me sorprendes cada día.

Chapter End Notes

* Skinhead: banda de chicos típicos en UK conocidos por su cabello rapado e ir contra


la policía.
Cuarto Año: Septiembre

Remus nunca supo exactamente lo que Mary había hecho o lo que le había hecho a alguien durante
las vacaciones de verano. Sin embargo, fuera lo que fuera, le había dado una cierta cantidad de
estatus entre las otras chicas en su mismo curso que era difícil de ignorar.

El jueves, su primera lección del nuevo trimestre con el profesor Ferox, Remus llegó al aula y
encontró un grupo de chicas susurrando cerca de su escritorio. Se abrió paso a codazos, de mal
humor, reclamando su espacio de trabajo junto a Mary. Las chicas rieron y volvieron a susurrar.
Mary, por supuesto, estaba en el centro del grupo, haciendo la corte y, por como se veía, pasando
un tiempo completamente maravilloso. Marlene, sentada junto a ella, miraba con una mirada de
envidia y respeto.

—¿Y no dolió...? — Una chica de Ravenclaw preguntó, en voz baja.

—No, está bien si te relajas — respondió Mary, con una gruñido que le recordó a Remus a James.

—¿Crees que vas a... ya sabes... con Darren ...? — Preguntó otra chica, su voz prácticamente
temblando de emoción.

—Bueno, yo... — comenzó Mary, pero en ese momento el profesor Ferox salió de su oficina,
anunciando su presencia con un saludo alegre.

— ¡Bienvenidos, clase! ¡Asientos, por favor!

Todas las chicas se apresuraron a ponerse en su lugar, algunas luciendo muy rojas y otras incapaces
de dejar de reír. Remus frunció el ceño, tratando de ignorarlas, y se sentó mirando al frente, con la
espalda recta. Ferox le dedicó una sonrisa amistosa y asintió con la cabeza, y Remus asintió en
respuesta, sonriendo incontrolablemente.

Ferox claramente había tenido un verano fantástico: su cabello rubio era un tono más brillante, sin
duda decolorado por el sol. Era más largo y ahora lo llevaba recogido en una cola larga y anudada.
Su rostro estaba aún más curtido por la intemperie, y su nariz estaba más bien roja y algo pelada
por las quemaduras solares. Se había subido las mangas, como de costumbre, revelando los brazos
bronceados por el sol y alguna que otra marca de quemadura.

— ¿Buen verano? — Preguntó a la clase, quienes asintieron y murmuraron afirmativamente. Él


sonrió y juntó las manos, —¡Excelente! Espero que todos hayan tenido un buen descanso y estén
listos para comenzar a trabajar en criaturas clasificadas como XXXX este trimestre. Primero,
hagamos un resumen rápido del trabajo del último trimestre, luego veremos quién hizo su lectura
de verano...

El mismo Remus acababa de terminar la lectura esa mañana, y ni siquiera había comenzado con los
textos adicionales que Ferox le había prestado. Lamentó profundamente haber perdido todo el
verano siendo imprudente ahora, ya había tenido que suplicarle a la profesora McGonagall que le
permitiera tener una semana más en sus notas de Transformaciones. Sospechaba que ella solo había
cedido después de una conversación con Madame Pomfrey, lo que lo hizo sentir aún más culpable,
ya que sabía que era capaz de vencer a la mayoría de la clase incluso después de sus peores
transformaciones.

— Estás siendo demasiado duro contigo mismo — le dijo Sirius, mientras los prefectos los
echaban de la sala común la noche anterior diciéndoles que se fueran a la cama. — Es el comienzo
del año, si lo vas a estropear, entonces es mejor si lo haces ahora.

Remus se volvió para mirarlo.

— ¡Fácil para ti decir! ¡Algunos de nosotros tenemos que trabajar para mejorar nuestras
calificaciones! ¡Además, son los Owls el próximo año! ¡No puedo bajar mis estándares ahora!

— Argh, por favor no menciones a los Owls — dijo James, interponiéndose entre ellos
rápidamente en un intento menos que sutil de evitar una discusión, — McGonagall y Flitwick ya
me han asustado bastante. ¡¿Y por qué decidimos hacer Adivinación?!

— Me gusta bastante la Adivinación — dijo Peter, pensativo, tirando su pila de libros, — Profecías
y eso. Es emocionante.

— No tiene sentido. — Sirius le dio al merodeador más pequeño una mirada fulminante. — Solo te
gusta porque eres bueno en Astronomía.

— No es solo eso — dijo James, astutamente, cambiándose a su pijama, — ¿Notaste que Pete tiene
una nueva compañera este año?

— ¡Ohhh sí! — Sirius sonrió, —¡La divina Desdemona Lewis, de Ravenclaw!

Remus miró a Peter sorprendido y lo vio cambiar de un impactante tono escarlata desde el cuello
del pijama azul hasta las raíces de su cabello amarillo.

— Cállate. — Murmuró, subiéndose a la cama: — Ella es solo una amiga.

— James — dijo Sirius, con una voz muy solemne, — ¿Qué diablos vamos a hacer si Petey-boy
recibe un beso adecuado antes que cualquiera de nosotros?

— Bueno, tu reputación estaría hecha pedazos, para empezar. — James respondió, de la misma
manera seria.

— ¿Qué tengo, sino mi reputación? — Sirius le devolvió la sonrisa, metiéndose él mismo en la


cama.

Remus resopló con desaprobación y tiró con fuerza de las cortinas de la cama, regresando a su libro
y esperando que todos entendieran el mensaje. Si lo hacían, no importaba.

— Por supuesto, si a mí me dieran un beso antes que a tí, entonces no sería una sorpresa — James
dijo: — Yo estoy en el equipo de quidditch.

— No tienes mi magnetismo animal. — Sirius respondió.

Hubo un fuerte *fump* y un '¡oi!', y Remus asumió que la almohada de James había cruzado la
habitación y había hecho contacto con la cabeza de Sirius.

— Apuesto a que... — comenzó James.

— Oh no... — Peter gimió — Por favor no...

— ...Te apuesto DIEZ GALLEONS a que puedo conseguir que una chica me besuquee en un mes.

— ¡¿Diez?! — Peter jadeó.

— ¡Hecho! — Sirius respondió. —Solo espera, Potter.


Remus, que había perdido toda habilidad para concentrarse en su libro, resopló en voz alta de
nuevo y decidió dormir. Patético. Ya no eran solo las chicas, ahora incluso los merodeadores
estaban obsesionados con besuquearse. Probablemente sería Sirius quien gane la apuesta, aunque
James tenía un buen punto sobre el equipo de quidditch.

Sintió pena por Peter, que se había quedado muy callado. Remus trató de no pensar en el hecho de
que ninguno de sus amigos había hecho ningún comentario sobre su probabilidad de besarse. Debe
tener un rango incluso más bajo de lo que pensaba.

Remus estuvo preocupado por esto toda la semana, hasta su lección de Cuidado de Criaturas
Mágicas, donde ahora se encontraba soñando despierto.

Cuando la conferencia de Ferox llegó a su fin, Remus se dio cuenta de que no h