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AUDIENCIA PROVINCIAL DE BARCELONA

SECCIÓN VIGÉSIMO PRIMERA

Procedimiento Abreviado nº. 104/2020. Dimana de las Diligencias Previas nº.


554/2019 del Juzgado de Instrucción nº. 31 de Barcelona

Ilustrísimas Señorías:

D. José Villodre López

D. Luis Belestá Segura

D. Miguel Ángel Ogando Delgado

SENTENCIA

En Barcelona, a 11 de junio de 2021

Vista por esta Sala de la Audiencia Provincial de Barcelona, Sección 21, en juicio oral
y público el procedimiento abreviado nº. 104/2020 remitido por el Juzgado de
Instrucción nº. 31 de Barcelona por un delito de desórdenes públicos (arts. 557 y 557
bis 3.a del Código Penal –en adelante CP-), atentado agravado a agente de la autoridad
(art. 550.1 y 2 y 551.1 CP) y un delito leve de lesiones del art. 147.2 CP. El acusado es
D. MARCEL V. R., en libertad provisional por esta causa, representado por la
procuradora Dña. Jana Vilma Isern Marrero y la dirección letrada de D. Carlos
Hurtado Alfageme. La acusación particular estuvo ejercida por la GENERALITAT
DE CATALUNYA, representada por el procurador D. Jesús Sanz López y el
patrocinio jurídico de D. Luis Colesa. En este procedimiento intervino el
MINISTERIO FISCAL.

Fue designado ponente D. José Villodre López, que expresa el criterio unánime de la
sala.
ANTECEDENTES DE HECHO

Primero. La presente causa tiene su origen en la inhibición decretada desde el Juzgado


de Instrucción nº. 2 de Badalona, cuyas diligencias previas fueron turnadasal Juzgado de
Instrucción nº. 31 de Barcelona, donde se incoaron las diligencias previas nº. 554/2019.
Tras practicar las actuaciones de instrucción que se consideraron necesarias, mediante
resolución datada el 3 de junio de 2019 se acordó la continuación de la causa por los
trámites del Procedimiento Abreviado. Evacuado el correspondiente traslado, la
representación del Ministerio Fiscal interesó la condena del Sr. V. como autor de los
siguientes delitos, todos ellos previstos y penados en el Código Penal (en adelante CP):

1. Desórdenes públicos de los arts. 557, 557 bis 1º y 3º a dos años de prisión con
inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de
condena.

2. Atentado de los arts. 550.1 y 2 y 551.1. La pena interesada fue de tres años y
seis meses con la misma pena accesoria.

3. Un delito leve de lesiones (art. 147.2 del Código Penal) a dos meses de multa
con una cuota diaria de diez euros.

En el orden civil reclamó una indemnización de 1.560 euros a favor del Mosso
d´Esquadra con carnet profesional nº. XXXXXX. Todo ello con expresa imposición de
las costas procesales devengadas.

La Letrada de la Generalitat de Cataluña en el escrito presentado el 3 de julio de 2019


interesó la condena del Sr. V. por los mismos delitos. Las penas solicitadas fueron un
año de prisión en inhabilitación especial por los desórdenes públicos; tres años, nueve
meses y un día de prisión e inhabilitación especial por el atentado, así como dos meses
de multa a razón de diez euros por el delito leve de lesiones. La cantidad reclamada en
concepto de de responsabilidad civil a favor del referido Mosso d´Esquadra fue de
1.549,77 euros. Todo ello con expresa imposición de las costas procesales generadas.

Dictado auto de apertura del juicio oral (18 de junio de 2020), la defensa del acusado
interesó su libre absolución en el escrito presentado el 13 de octubre.
Segundo. Remitida la causa a esta Audiencia, tuvo entrada en la sección el 29 de
octubre.

Una vez registrada, el 19 de noviembre recayó auto admitiendo la totalidad de los


medios probatorios interesados a excepción de las documentales I y II propuestas por la
defensa.

Tercero. Al juicio, celebrado el 26 de febrero, comparecieron la representación del


Ministerio Público y el resto de las partes cumpliendo con los requisitos postulación.

El abogado de la defensa planteó las siguientes cuestiones previas, que previo traslado
al resto de las partes y deliberación del tribunal se resolvieron en el acto. Fueron las
siguientes:

a. Alteración del orden en la práctica de la prueba de forma que se puedan reproducir


los videos adjuntos a la causa durante el interrogatorio de los testigos. Se rechazó
con carácter general, siendo admitida de forma particular para auxiliar a algún
testigo o para resolver las contradicciones en las que pudieran incurrir.

b. La impugnación de las imágenes obrantes a los folios nº. 37 a 49 al no admitirse la


incorporación de los originales, quebrando con ello la cadena de custodia y el
principio de integridad. El tribunal las tuvo por impugnadas sin perjuicio de su
valoración en sentencia.

c. Finalmente propuso que el tribunal planteara cuestión de inconstitucionalidad


respecto del delito de desórdenes públicos previsto y penado en el art. 557 bis 3 CP.
A su entender, es contrario al derecho fundamental de manifestación pues incluye
una doble punición por ejercitar dicho derecho. La resolución de esa cuestión se
defirió a la sentencia.

Practicado el interrogatorio del acusado se procedió a la de testigos y peritos, siendo


objeto de renuncia la declaración del agente de los Mossos d´Esquadra nº. XXXXXX
(por el Ministerio Fiscal), Dña. XXXXXX (por el letrado de la defensa), así como el
médico forense D. Amadeo Pujol, que fue objeto de renuncia por la acusación
particular.
La prueba documental se tuvo por reproducida si bien el abogado de la defensa dejó
constancia de que no disponía de la totalidad de las fotografías. Las conclusiones se
elevaron a definitivas, de forma que en el trámite de informe las partes se mantuvieron
en sus pretensiones iniciales.

Concedida la última palabra al acusado quedaron las actuaciones conclusas y


pendientes de esta resolución. Así consta en el soporte videográfico.

Cuarto. Durante la tramitación de este procedimiento se han respetado todas las


garantías legales salvo el plazo para el dictado de la presente. La razón estriba en la
pendencia por parte del magistrado ponente de asuntos propios de la jurisdicción penal
que gozaban de preferencia.

HECHOS PROBADOS

Primero. El 29 de noviembre de 2018 se produjo una marcha de protesta convocada


por la asociación policial JUSAPOL cuyo punto de partida era la Via Laitena de
Barcelona, a la altura de la prefectura del Cuerpo Nacional de Policía. Al mismo tiempo
otras entidades organizaron una contramanifestación, lo que llevó a la Brigada Móvil de
los Mossos d´Esquadra a establecer un dispositivo de seguridad cuyo objeto
fundamental era evitar la confluencia de ambas marchas.

Con dicha finalidad, en la plaça Sant Jaume se dispuso un cordón policial compuesto
entre otros por el caporal con número XXXXXX y los agentes con TIP XXXXXX,
XXXXXX y XXXXXX que debidamente uniformados impedían el acceso de los
centenares de contramanifestantes. En la primera línea se situó D. Marcel V., que
acudió ondeando una bandera la organización política a la que pertenecía sujeta con un
palo de unos dos metros de largo y unos centímetros de grosor. Siendo
aproximadamente las 12 del mediodía, los integrantes de este grupo comenzaron a
lanzarles polvos de color y pintura acrílica con el fin de dificultar la visión de los
agentes. Asimismo, con la intención de menoscabar su integridad física, también les
arrojaron botes, botellas y otros objetos contundentes a pesar de que se les advertía por
megafonía que depusieran su actitud. Este momento y la cobertura y sensación de
impunidad que le ofrecía el resto del grupo fue aprovechado por el Sr. V. para golpear
con el palo al agente nº. XXXXXX en su antebrazo derecho.
Segundo. Como consecuencia del acometimiento el meritado agente padeció una
contusión con tumefacción dorso radial del tercio distal del antebrazo y muñeca
derecha, por lo que tuvo que portar una férula mafra. Por dicho motivo estuvo de baja
laboral durante 24 días.

A estos hechos le son de aplicación los siguientes;

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Primero. Cuestiones previas (I): sobre el planteamiento de la cuestión de


inconstitucionalidad

Tal y como se indica en los antecedentes de esta resolución el letrado de la defensa


propuso el planteamiento por parte del tribunal de una cuestión de inconstitucionalidad
de conformidad con lo establecido en el art. 35 de la Ley Orgánica del Tribunal
Constitucional. Estaría focalizada en el subtipo agravado del art. 557 bis 3 CP donde se
incrementa la penal para el delito de desórdenes públicos "Cuando los hechos se lleven
a cabo en una manifestación o reunión numerosa, o con ocasión de alguna de ellas".
Entiende el proponente que dicho precepto viene a sancionar el mero ejercicio del
derecho fundamental de manifestación consagrado en el art. 21 de la Constitución.
Tanto la fiscal como el letrado de la acusación particular se opusieron a esta petición.

Esta sala ya ha tenido oportunidad de pronunciarse al respecto en un asunto previo


donde también se ventilaba la aplicación del meritado delito. Nos estamos refiriendo a
nuestra sentencia de 11 de junio de 2020, comprensiva en este punto de razonamientos
que seguimos manteniendo. En la misma rechazábamos el planteamiento de la cuestión
de inconstitucionalidad porque “los derechos de reunión y manifestación, como los
demás derechos fundamentales, no son absolutos e ilimitados, sino que deben ejercerse
con el debido respeto de otros valores y derechos de similar rango. Adviértase que la
Constitución reconoce en su artículo 21 CE el derecho reunión pacífica y sin armas,
pero en los casos de manifestaciones en la vía pública, su ejercicio está condicionada
una comunicación previa y a su autorización por la autoridad gubernativa, que solo
podrá prohibirlas en caso de razones fundadas de alteración del orden público para
personas y bienes. En el mismo sentido, de conformidadcon los artículos 4 y 5 de la
Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, las
manifestacionesdeben convocarseen legal forma, pudiendo ser suspendidas y disueltas
cuando sean ilícitas o se altere la paz pública.Finalmente, el Artículo 23 de la Ley
Orgánica 4/2015, de Seguridad Ciudadana, dispone en referencia a las Reuniones y
manifestaciones, que las autoridades a las que se refiere esta Ley adoptarán las
medidas necesarias para proteger la celebración de reuniones y manifestaciones,
impidiendo que se perturbe la seguridad ciudadana y podrán acordar la disolución las
reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones en los supuestos previstos en
el artículo 5 de la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de junio, reguladora del derecho de
reunión.

En resumen, tales derechos fundamentales deben restringirse en los casos establecidos


en el ordenamiento jurídico, por ceder ante otros valores y derechosal menos de igual
rango yconstitucionalmente tutelados, como es el caso de la paz pública, la libertad y la
seguridad de los demás ciudadanos y el derecho y deber de representación política,que
deben ejercerse sin coacción o empleo de las vías de hecho por parte de los ciudadanos
manifestantes, correspondiendo el último de tales derechos a los parlamentarios y
siendo la base de la Democracia representativa.

Es más,los actos violentos que alteran la paz pública pueden atentar incluso contra el
derecho fundamental de reunión y manifestación de los demás partícipesque acuden a
la convocatoria realizada en legal forma y con ánimo pacífico, y en un contexto de
pluralidad de personas pueden suponerun mayor riesgo para la integridad física de
éstas. Y en el caso concreto, la acción prohibida consumada mediante la concurrencia
de las circunstancias contempladas en el subtipo agravado, incrementó el riesgo para
la seguridad de los manifestantes, ademásdel ejercicio de las funciones de los
representantes parlamentarios.

Ciertamente el subtipo agravado previsto en el art. 557 bis CP […], contempla una
penalidad mayor que el tipo básico descrito en el art. 557 CP pero tal consecuencia
resulta del mayor desvalor de la acción que comporta la concurrencia de las
circunstancias enumeradascon los ordinales 1º al 6º, de suerte que la pena deberá
modularse en función de la mayor o menor concurrencia onúmero de tales
circunstancias. El marco penal abstracto no excusa el deber de individualizar o
determinar la pena ajustándola al caso concreto, debiendo atendersea las indicadas
circunstancias de agravación específicas, además de a las circunstancias
genéricasprevistas en el artículo 22 del Código Penal, entre otros elementos subjetivos
y objetivos que puedan concurrir en la comisión del hecho punible.Desde esta
perspectiva, la pena prevista en abstracto por el Legislador no se estima
desproporcionada, ni es necesario el planteamiento de la cuestión de
inconstitucionalidad. No se comparte la duda de inconstitucionalidad, expresada por el
Letrado, respecto de la pena prevista en el subtipo agravado cuyo ajuste con el marco
constitucional no ofrece dudas cuando se ejercita el derecho de manifestación y este
resulta claramente desbordado mediante conductas claramente ilícitas y contrarias al
ordenamiento punitivo”.

A la misma concusión llegó la sección segunda de esta Audiencia Provincial en su


reciente sentencia nº. 154/21, de 22 de marzo añadiendo que“lejos de vulnerar los
derechos invocados por la defensa del acusado, lo que se trata con dicha agravación
es, precisamente, lo contrario; se protegen y refuerzan los derechos de reunión
(pacífica y sin armas) y manifestación […] cuyo ejercicio con plena libertad y
seguridad, por cualquier ciudadano, debe quedar garantizado, lo cual puede verse
frustrado con el despliegue de actos de carácter violento; no se trata, en modo alguno
de impedir o disuadir del ejercicio de tales derechos, sino todo lo contrario, sancionar
a quienes, en tales actos o con ocasión de ellos, precisamente, por la relevancia de los
mismos, deciden hacer uso de actos violentos contra bienes o personas que puedan
perturbar o alterar el normal desarrollo y ejercicio de los mismos”.

Segundo. Cuestiones previas (II): aportación de imágenes y videos. La cadena de


custodia

Como se indica en los antecedentes de esta resolución el letrado de la defensa arguyó


que se había conculcado la cadena de custodia y quebrantado el principio de integridad
de la causa porque no constan unidas todas las imágenes y videos. Sobre este alegato
debemos hacer dos puntualizaciones, una de índole procesal y otra de naturaleza
material. Respecto de la primera, como bien expuso la Mossa d´Esquadra nº. XXXXXX
es cierto que se pudieron tomar miles de fotografías, pero también lo es que obviamente
solo se remiten al juzgado las que se consideran útiles para la instrucción de la causa.
Sería desproporcionado e innecesario aportarlas todas; no obstante, la defensa tuvo la
posibilidad de solicitarlas y no lo hizo por lo que su petición en el plenario nos pareció
extemporánea. Así lo indicamos en nuestro auto de admisión parcial de pruebas del
pasado 19 de noviembre. Aún así el 10 de diciembre se remitieron a esta sección tres
DVDs comprensivos de un video de tres minutos y nueve segundos, así como unas
cuatrocientas fotografías, algunas de las cuales (las más representativas) fueron
analizadas en el informe anejo a los folios nº. 37 a 55. De este material se dio el
oportuno traslado a las partes por diligencia de ordenación calendada el 17 de
diciembre.

Las cuestiones de fondo que convierten en aséptica la pretensión del abogado de la


defensa son dos. En primer lugar, el quebranto de la cadena de custodia no se configura
como un defecto procesal tributario de la nulidad sino que afecta a la autenticidad de la
prueba y por ende a la presunción de inocencia. No obstante, no basta el planteamiento
de una duda o sospecha sino que resulta menester su acreditación con cierto rigor. No
basta decir que se ha roto la cadena de custodia; resulta necesario que se justifique el
concreto menoscabo producido en la presunción de inocencia del acusado. Nuestro
Tribunal Supremo utilizó mejores y más certeras palabras en su sentencia nº. 250/2017,
de 5 de abril: “Para examinar adecuadamente si se ha producido una ruptura relevante
de la cadena de custodia no es suficiente con el planteamiento de dudas de carácter
genérico, es necesario que el recurrente precise en qué momentos, a causa de qué
actuaciones y en qué medida se ha producido tal interrupción, pudiendo, en su caso, la
defensa, proponer en la instancia las pruebas encaminadas a su acreditación. Que
pueda existir alguna irregularidad en los protocolos establecidos como garantía para
la cadena de custodia no equivale a nulidad. Habrá que valorar si esa irregularidad
existe y es idónea para despertar dudas sobre la autenticidad o indemnidad de la fuente
de prueba. Resumiendo, la cadena de custodia: a) No es un fin en sí mismo, sino que
tiene un valor instrumental. b) Garantiza la indemnidad de las evidencias desde que son
recogidas hasta que son analizadas. c) No afecta a la nulidad de la prueba sino a su
fiabilidad. d) La irregularidad tiene que ser causal o material respecto a la pérdida de
valor de lo incautado con fines analíticos, no meramente formal. e) No basta con
afirmar dudas, hay que probar los vicios de la ruptura de la cadena de custodia, pues
las actuaciones procesales, incluido el comportamiento de la policía judicial, se
presume lícito mientras no se pruebe lo contrario”.

En el peor de los escenarios – que no es el caso-, como después se razonará aunque


prescindiéramos de las imágenes la prueba practicada en el plenario es suficiente para
deslindar la actuación del Sr. V..
Tercero. Resumen de la prueba practicada

Antes de entrar en su conjunta valoración conviene hacer una breve sinopsis de la


prueba practicada en el plenario. Comenzó por el interrogatorio del Sr. V. quien
reconoció que acudió a la manifestación, que se organizó como protesta a la organizada
en las inmediaciones por JUSAPOL. Según su opinión esta entidad justificaba la
violenta actuación policial que tuvo lugar el 1 de octubre de 2017. Apuntó también que
llegó junto a otras dos personas sobre las 12 horas y se ubicó entre la Plaça Sant Jaume
y la Vía Laietana. El ambiente era multitudinario -pues participaban miles de personas-
y festivo ya que la gente cantaba contra la violencia y polvos de colores flotaban
suspendidos en el aire. No obstante, reconoció que los agentes estaban manchados de
pintura. Su participación se redujo a unos veinte minutos pues se marchó al recibir la
carga de los agentes antidisturbios, que actuaron sin provocación previa. Padeció la
actuación de los Mossos d´Esquadra porque se situó en la primera línea portando la
bandera de su organización política sostenida por un palo flexible y muy frágil. Rechazó
en todo momento una actuación provocadora frente a los agentes, el lanzamiento de
objetos o la utilización activa del palo que sujetaba la bandera. Con exhibición de las
fotografías obrantes a los folios nº. 36 a 47 se reconoció en todas ellas y especialmente
en la nº. 47 donde se le ve portando el referido palo en la mano derecha.

El Mosso d´Esquadra con TIP XXXXXX fue el instructor de las diligencias,


centrándose su actuación a recopilar información de fuentes abiertas (material aportado
por el Grup d´Assegurament i Obtenció de la Prova -GOAP-, así como la publicada en
redes sociales). El agente agredido (el nº. XXXXXX) reconoció a su agresor en las
propias imágenes. Al situarse en punto elevado pudo observar directa y personalmente
como se lanzaron botellas de plástico, polvos de colores y pintura acrílica contra los
agentes antidisturbios situados en la primera línea. Tales elementos, y especialmente la
pintura cuando impactaba sobre las viseras de los cascos, dificultaban la visión. Cuando
se le preguntó por la actuación concreta del acusado reconoció que no lo vió. Esta
declaración está ligada a la que realizó su compañero, el nº. XXXXXX. Fue uno de los
agentes que durante dos horas realizó las fotografías desde un punto de observación
elevado y que luego las remitió al instructor. Desde esta posición pudo observar cómo
tras el estallido de unos petardos los manifestantes fueron contra el cordón policial.
Poca información adicional pudo ministrar la Mossa d´Esquadra nº. XXXXXX pues
su actuación se centró en realizar las diligencias de investigación sin haber participado
en el dispositivo. A ella le competía la selección de las miles de imágenes captadas,
teniendo constancia que se las exhibieron al agente agredido porque había reconocido al
responsable en las redes sociales. En relación con las fotografías aclaró que solo se
utilizan aquellas que tienen interés para la causa, quedando el resto archivadas a
disposición de la autoridad judicial. Coincidió con el agente XXXXXX en que la
demora en la redacción de su informe (dos meses aproximadamente) obedeció al
importante número de actuaciones similares que tienen que atender con una plantilla
reducida.

El caporal nº. XXXXXX del Àrea de Brigada Mòvil (en adelante BRIMO), además de
patadas en las piernas, describió el lanzamiento masivo de huevos y polvos de colores.
También de pintura, lo que ocasionaba un doble problema: dificultades para respirar de
algunos agentes que incluso tuvieron que retirarse de la primera línea y la falta de visión
al colisionar con las viseras de los cascos, cuyo alzamiento provocaba un riesgo
adicional pues el rostro se quedaba sin protección. Lejos de un ambiente lúdico, festivo
y pacífico también apuntó que las personas que estaban en la primera línea les
agredieron con palos, identificando plenamente al Sr. V. como la persona que utilizaba a
tal efecto el mástil de una bandera. Finalmente, se vieron obligados a cargar.

El agente de la misma unidad con TIP XXXXXX, que estaba en la primera línea,
coincidió con lo manifestado por el caporal, añadiendo amenazas e insultos así como el
lanzamiento de latas de cerveza, la espuma de extintores de fuego e incluso los propios
extintores. Además de las patadas (algunas de las cuales iban dirigidas a él), se rompió
la distancia de seguridad por lo que se vieron en la necesidad de actuar haciendo uso de
las defensas reglamentarias no sin antes haber ordenado por megafonía que se depusiera
dicha actitud. Recuerda al acusado porque fue una de las personas que estuvo todo el
tiempo (luego acotó a un mínimo de treinta minutos), manteniendo en todo momento
una actitud retadora y utilizando un palo de forma intimidatoria.

Otro tanto dijo el agente nº. XXXXXX de la BRIMO, añadió a lo dicho por sus
compañeros el arrojamiento de piedras, botellas y extintores “de toda la vida”. De
hecho, resultó herido teniendo que ser asistido por los servicios médicos al recibir un
impacto en la nariz cuando se levantó la visera. También reconoció al Sr. V. entre los
manifestantes.

En relación con la identificación del acusado fue el agente de la BRIMO nº.


XXXXXX quien lo reconoció en la propia sala. Según su versión fue la persona que le
golpeó con el palo de una bandera que medía unos dos metros de largo y unos dos
centímetros de grosor y que se quebró en uno de los acometimientos. Puesto que lo
tenía a cierta distancia memorizó su descripción, circunstancia que le permitió
identificarlo dos meses después en una red social.

D. XXXXXX, testigo propuesto por la defensa, manifestó que acudió a la


manifestación en compañía del acusado y Dña. XXXXXX, cuya declaración fue objeto
de renuncia. Llegaron sobre las 11.55 hrs, ocupando los dos (el acusado y el declarante)
las primeras líneas. Reconoció que también portaba una bandera cuyo mástil era un palo
de unos dos metros de largo y un centímetro de grosor que se dobla y rompe con
facilidad. Estuvo con el Sr. V. unos diez minutos, tiempo durante el que solo observó el
lanzamiento de polvos de colores sin que el acusado agrediera a nadie.

En el marco de la prueba pericial el agente de los Mossos d´Esquadra nº. XXXXXX


se ratificó en el informe pericial de imágenes faciales que obra unido a las actuaciones a
los folios nº. 117 a 135.

Finalmente, la prueba documental se compone fundamentalmente por los partes


emitidos por el servicio de emergencias médicas destacado en el lugar de los hechos
(folios nº. 27 a 30), el informe de visionado de imágenes (folios 37 a 55), los DVDs
adjuntos y el informe pericial de imágenes faciales (folios nº. 117 a 135).

Cuarto. Valoración conjunta de la prueba

Expuesta de forma particular la prueba practicada en el plenario, lo que procede ahora


es su valoración conjunta. Sobre este particular establece el art. 741 de la Ley de
Enjuiciamiento Criminal (en adelante, LECRIM), el tribunal dictará sentencia
“apreciando según su conciencia las pruebas practicadas en el juicio, las razones
expuestas por la acusación y la defensa y lo manifestado por los mismos procesados
[…]”. Por su parte, el art. 24 de la Constitución consagra el derecho a la presunción de
inocencia. Es decir, una eventual sentencia condenatoria debe apoyarse sobre auténticos
actos de prueba a cargo de la acusación y la actividad probatoria ser suficiente para
desvirtuar tal presunción sin que, en principio, los acusados deban probar su inocencia.
Sobre este particular dice nuestro Tribunal Constitucional en su sentencia nº. 137/1988,
de 7 de julio que la carga probatoria debe ser suficiente “para generar en el juzgador la
evidencia de la existencia un hecho punible y de la responsabilidad penal que haya
tenido en él el acusado […]”.

Con el fin de facilitar la lectura y comprensión de este fundamento, sirva como índice
o antecedente que del decurso del plenario destacan sobremanera cuatro cuestiones
controvertidas que obviamente deben encontrar la debida respuesta. Son las siguientes:

i. Según se expuso por la defensa del Sr. V. la manifestación en la que participó


fue puramente festiva y en ningún caso violenta. Y si esto es así, difícilmente
podía tener la intensidad necesaria para alterar la paz pública. En consecuencia,
el primero de los extremos a valorar su naturaleza y características.

ii. En íntima conexión con lo anterior, también deberá darse contenido a la


actuación del acusado en la manifestación. Y es que su abogado le atribuyó un
rol meramente pasivo y en cualquier caso limitado considerablemente en el
tiempo pues estuvo allí unos diez o quince minutos.

iii. El tercero de los aspectos afecta directamente a la culpabilidad del Sr. V. pues se
rechazó de plano que agrediera al agente nº. XXXXXX.

iv. Finalmente, ya forma subsidiaria, se rechazó de plano que el palo que portara
pudiera ser considerado como un objeto o instrumento peligroso. La resolución
de este apartado se deferirá al fundamento dedicado a la subsunción legal de los
hechos.

El abordaje de la descripción de la protesta multitudinaria en la que intervino el Sr. V.


se hizo desde un plano eminentemente comparativo con la manifestación que se estaba
llevando a cabo a unos metros de distancia, organizada por la asociación policial
JUSAPOL. Con ausencia de dato alguno que soportara sus palabras, el Sr. V. explicó
que allí se defendía y justificaba la violencia policial empleada en el dispositivo del 1 de
octubre de 2017. Por tanto, se lanzaban proclamas en ese sentido envueltos en un
ambiente oscuro de violencia, fanatismo y absoluta crispación que contrastaba con el
que se respiraba en la contramanifestación en la que participó. Estaba presidida por un
talante absolutamente pacífico, donde los colores, los bailes y cantos eran los
protagonistas. De hecho, se hizo un expreso y claro paralelismo con el Holi, el festival
popular hindú de primavera. Este escenario, como se desarrollará a lo largo de este
fundamento, no se compadece ni de lejos con la situación real que se infiere de la
prueba practicada. Ya podemos adelantar que la actuación del Sr. V. y buena parte de
las personas que le acompañaron rompió las costuras de los derechos fundamentales de
reunión y manifestación, que de ninguna forma amparan la comisión de hechos como
los descritos en el relato fáctico.

Vaya por delante que no se aprecia circunstancia alguna que menoscabara o


comprometiera la credibilidad subjetiva de los agentes interrogados. Sus
manifestaciones fueron persistentes con el tenor del atestado, así como lógicas y
coherentes sin que se aprecien contradicciones o lagunas relevantes. Sus palabras
estuvieron además avaladas por las imágenes y el video que constan unidos a la causa.
En relación con el agente herido (el XXXXXX), su versión contó también con el
soporte del parte suscrito en el servicio de emergencias (folios nº. 27 y 28). No solo
coincide en el marco temporal pues está fechado a las 13 horas del día de los hechos (29
de septiembre de 2018), también las heridas que consigna son compatibles con la
mecánica de la agresión.

Con el marco descrito en el párrafo anterior, todos los agentes que depusieron y que
situados en primera línea participaron directa y personalmente en el dispositivo
coincidieron en que la manifestación –que había sido convocada como reacción o
protesta por la de JUSAPOL- estuvo marcada por la violencia verbal y material. Se
profirieron insultos y amenazas a las que, especialmente tras la detonación de varios
petardos, siguieron en lanzamiento de objetos contundentes que impactaron en algunos
agentes que tuvieron que abandonar la vanguardia (vid. interrogatorio del agente nº.
XXXXXX) e incluso ser atendidos por los servicios sanitarios como en el caso de los
agentes nº. XXXXXX y XXXXXX (vid. folio nº. 28 y 29). La proyección de pintura
acrílica y polvos de colores no fue casual sino más propia de las técnicas de guerrilla
urbana. Al caer sobre los cascos y concretamente las viseras traslúcidas de los agentes
conseguían triple finalidad: pérdida o dificultad de la visión, dificultades respiratorias, y
como lógico corolario, la retirada de la visera quedando el rostro al descubierto
incrementando geométricamente el riesgo para su integridad física. Este panorama no
resultó enervado con la prueba practicada a petición de la defensa, limitada a la
declaración del acusado (amparado en los derechos que le corresponden en dicha
condición) y la de D. XXXXXX. En este último se aprecian tres motivos que
comprometen seriamente su credibilidad: su amistad con el acusado, su participación
activa en la manifestación junto al Sr. V. portando ambos banderas sujetas a un palo y,
finalmente quizá como consecuencia de lo anterior, la inconsistente explicación ofrecida
a la imagen en la que el Sr. V. aparece blandiendo el palo de forma horizontal (vid. folio
nº. 41). Se despachó diciendo que apuntaba al teléfono móvil que se le había caído.

La identificación del Sr. V. como partícipe de la manifestación y su ubicación en la


primera línea también está sobradamente acreditada y en cualquier caso tampoco fue
objeto de controversia. Fue reconocido por el agente lesionado, así como por los nº.
XXXXXX, XXXXXX y XXXXXX. Asimismo, aparece en las imágenes (vid. folios nº.
39 a 41) cuyo rostro coincide plenamente con el del acusado como es de ver en las
conclusiones del informe pericial de imágenes faciales (folios nº. 117 a 135).

Descendamos un escalón más para deslindar su concreta participación. Ubicado en la


primera línea y portando una bandera sujeta con un mástil (extremos reconocidos por el
propio acusado), mantuvo una actitud retadora y desafiante. Así lo explicó con
solvencia el agente nº. XXXXXX. El colofón de su actuación fue el acometimiento con
el palo al agente nº. XXXXXX. En este punto debemos hacer dos observaciones
previas; de un lado, no constan imágenes de este hecho concreto pues el fotograma del
folio nº. 48 no es concluyente. Sin embargo, ello no es en absoluto óbice para que se
pueda que se pueda tener por probado al contar precisamente con la declaración de la
víctima. Aquí es donde radica la segunda de las acotaciones, que aprovecharemos para
recordar que tanto el Tribunal Supremo como el Constitucional tienen establecido con
reiteración que la declaración de la víctima puede ser suficiente para fundar una
sentencia condenatoria, enervando la presunción de inocencia (por ejemplo, sentencias
del Tribunal Supremo nº. 211/2017, de 29 de marzo; 299/2016, de 11 de
abril, 269/2014, de 20 de marzo, y584/2014 de 17 de junio; y sentencias del Tribunal
Constitucional nº 126/2010, de 29 de noviembre;258/2007, de 18 de diciembre
o 16/2000, de 16 de enero).

Pues bien, en este caso, como ya apuntábamos con anterioridad, la declaración del
agente nº. XXXXXX no presenta indicios de falsedad. Tampoco hay la menor
constancia de que recibiera otro golpe que pudiera haberle causado la lesión. Con esta
antesala, reconoció sin género de dudas al Sr. V. en tres estadios diferentes. A pesar de
la agresión, razones del servicio le impedían abandonar su puesto inmediatamente, por
lo que tuvo oportunidad de memorizar con detalle la fisonomía y vestimenta de su
agresor (vid. descripción obrante al folio nº. 25). En noviembre lo localizó en una red
social, circunstancia que con asistencia de la GOAP le llevó a examinar las fotografías y
video captado (grabado en uno de los DVD unidos a la causa) e identificar al Sr. V.. Y
por si lo anterior no fuera suficiente, le señaló sin dudar en el acto del juicio. Tampoco
vaciló cuando aseveró que la agresión fue con el palo, extremo que se compadece con
las imágenes en las que aparece el Sr. V. blandiéndolo de forma intimidatoria y ya
desprovisto de la bandera (folios nº. 39 a 41). Llegados a este punto, poco o nada
importa el tiempo que estuvo el Sr. V. pero parece evidente que no fueron diez o quince
minutos como sostuvo su defensa. Dicha dirección letrada achacó a las acusaciones que
no solicitaran la aportación del billete de metro utilizado por su patrocinado para
justificar que su presencia se circunscribió a ese corto espacio de tiempo. Sin embargo,
si tan importante era para su defensa bien se pudo presentar a su instancia pues no se
puede pretender que la fiscal o la Abogacía de la Generalitat tuvieran constancia o
pudieran prever que el Sr. V. se desplazara ese día en transporte público. Y no lo
pudieron saber porque durante la instrucción de la causa se acogió a su derecho
constitucional a no declarar (vid. folio nº. 74). En cualquier caso, insistimos en el hecho
de que es un extremo anodino pues nada hubiera aportado al resultado.

Finalmente, y sin perjuicio de lo que se dirá después en orden a la apreciación del


delito de atentado, también aparece franco de prueba que el Sr. V. fuera agredido por
agentes de los Mossos d´Esquadra (fácil hubiera sido la aportación de un parte médico).
Y lo mismo cabe decir respecto de la carga infundada que su letrado intentó justificar.
Hubo una carga, si, pero respondió a la necesidad de evitar el colapso de la línea de
contención como consecuencia de las acometidas de los manifestantes.

Quinto. Calificación jurídica y autoría

Los hechos que se han descrito son constitutivos de los siguientes delitos, todos ellos
previstos y penados en el Código Penal:
a) Desórdenes públicos del art. 557.1, en su modalidad agravada del art.
557 bis 1º y 3º.

El primero de los preceptos sanciona a “Quienes actuando en grupo o individualmente


pero amparados en él, alteraren la paz pública ejecutando actos de violencia sobre las
personas o sobre las cosas, o amenazando a otros con llevarlos a cabo […]”.
Realmente, no son precisos grandes esfuerzos motivadores para concluir que los hechos
descritos se ajustan perfectamente al tenor trascrito. Acaso podría plantear dudas la
necesaria alteración de la paz pública pues estaríamos ante un concepto indeterminado.
En este sentido la sentencia nº. 459/2019, de 14 de octubre de nuestro Alto Tribunal
reitera doctrina anterior y declara que: “[…] puede entenderse que la paz pública hace
referencia a la normalidad de la convivencia con un uso pacífico de los derechos,
especialmente los derechos fundamentales […]. De esta forma podría decirse que la
paz pública puede subsistir en condiciones de un cierto desorden, aun cuando al
concebir éste como un elemento de aquella, una grave alteración del mismo conllevaría
ordinariamente su afectación”. Esto es, precisamente, lo que aconteció en el supuesto
enjuiciado.

Sin embargo, concurriendo el marco legal general del artículo referido, la concreta
actuación del Sr. V. nos lleva a apreciar el subtipo agravado, previsto en el apartado
primero del art. 557 bis CP. Con pena de prisión de uno a seis años sanciona “Cuando
alguno de los partícipes en el delito portare un arma u otro instrumento peligroso, o
exhibiere un arma de fuego simulada” (la negrita es nuestra). El letrado de la defensa
puso en tela de juicio que el palo que blandía su patrocinado pudiera merecer la
calificación de instrumento u objeto peligroso. En este sentido destacó su escaso grosor
(uno o dos centímetros), que lo hacían extremadamente frágil o quebradizo para ser
considerado como tal. Sobre las características del palo solo disponemos de los
fotogramas unidos a la causa y la descripción realizada en el plenario donde los testigos
coincidieron en que tenía unos dos metros de longitud, difiriendo en el grosor pues iba
de uno a dos centímetros. La mera observación de las imágenes (folios nº. 39 a 41)
permite inferir que no parece un instrumento flexible –es más bien rígido- ni que
participe de la endeblez manifestada. Sea como fuere, le debemos dotar de la condición
de peligroso no tanto por sus características (que también) sino especialmente por la
forma en la que se utilizó por el acusado y el resultado producido. En primer lugar, no
podemos compartir que fuera endeble y frágil cuando soportó sin quebrarse en peso de
una bandera de tela. Segundo, según se observa en las imágenes adjuntas a la causa –y
concretamente la del folio nº. 41- en un momento dado el Sr. V. quita la bandera y pasa
a utilizar el palo tanto para golpear como para pinchar. En este punto la justificación
ofrecida por D. XXXXXX (que el acusado señalaba con el palo el lugar donde estaba el
teléfono que se le había caído) es tan absurda que no merece más atención. Finalmente,
ya en tercer lugar, el resultado lesivo provocado es la prueba evidente de la peligrosidad
y contundencia del objeto empleado. En este punto resulta interesante traer a colación
las sentencias del Tribunal Supremo nº. 86/2001, de 31 de enero; 2162/2003, de 16 de
diciembre; y 364/2003, de 13 de marzo. En las mismas se establece que “unos palos,
aunque sus características no constan, cuando fueron aptos para causar las lesiones
que aquí se produjeron, han de considerarse como medios peligrosos […]”.

También nos resulta evidente y palmaria la concurrencia de la modalidad agravada del


ordinal tercero: “Cuando los hechos se lleven a cabo en una manifestación o reunión
numerosa, o con ocasión de alguna de ellas”.

b) Atentado de los arts. 550.1 y 551.1º CP

El primero de los preceptos sanciona a “los que agredieren […] a la autoridad, a sus
agentes o funcionarios públicos, o los acometieren, cuando se hallen en el ejercicio de
las funciones de sus cargos o con ocasión de ellas”. El segundo agrava la pena cuando
se cometa “haciendo uso de armas u otros objetos peligrosos” (la negrita es nuestra).

El relato fáctico que contiene esta sentencia, cuyo sustento valorativo se encuentra en
el fundamento de derecho cuarto, no arroja duda alguna respecto de la consumación de
la primera de las infracciones pues se aprecian todos los requisitos apuntados por
nuestro Tribunal Supremo (vid. por todas la nº. 266/20, de 29 de mayo con referencias a
otras anteriores). El Sr. V. golpeó con el palo al agente nº. XXXXXX y lo hizo con la
plena certeza de que era Mosso d´Esquadra (porque iba perfectamente uniformado) y
que se encontraba en ejercicio de sus funciones pues no en vano se encontraba en la
línea de contención. Aunque no se explicitó por el abogado de la defensa con la
suficiente contundencia durante su interrogatorio y en algunas de sus intervenciones nos
pareció que deslizaba la posibilidad de que el agente pudiera perder su condición como
consecuencia de su ilegítimo proceder, concretado en una carga infundada con el
empleo de una violencia desproporcionada que provoca la necesidad de una reacción
acorde por parte del ciudadano afectado. El supuesto habilitante es correcto; los agentes
de la autoridad pierden tal condición, a los efectos del delito de atentado, cuando su
conducta es ilegítima porque se exceden de sus funciones (vid. sentencias del Tribunal
Supremo nº. 466/2013, de 4 de junio o 3/2014, de 21 de enero). El problema es que
dicha actuación despojante de su especial protección no consta acreditada siquiera
mínimamente y a tal efecto nos remitimos a lo indicado en el fundamento de derecho
cuarto.

En relación el palo y su configuración como objeto peligroso nos remitimos a lo


razonado respecto del subtipo agravado del art. 557 bis 1ª CP.

c) Un delito leve de lesiones del art. 147.2 CP

Todos los tipos penales que se han referenciado incluyen como cláusula de
salvaguarda la sanción independiente de los actos concretos que se deriven de su
ejecución. Esto es, precisamente, lo que acontece en este caso donde el agente nº.
XXXXXX resultó herido como consecuencia del golpe recibido de manos del Sr. V..
Según se infiere del informe médico forense obrante al folio nº. 98 el tratamiento
ministrado fue la colocación y retirada de una férula, que se puede considerar como
primera asistencia facultativa. Así las cosas, como no podía ser de otra manera en pos
del respeto al principio acusatorio, también apreciamos el delito leve de lesiones y no la
modalidad menos grave que prevé el primer apartado del art. 147 CP.

De los mentados delitos debe responder en concepto de autor (arts. 27 y 28 CP), D.


Marcel V. R..

Sexto. Circunstancias modificativas de la responsabilidad penal

En el caso que nos ocupa no se interesaron ni se aprecian circunstancias modificativas


de la responsabilidad penal del Sr. V..
Séptimo. Penas a imponer

El artículo 557 bis CP prevé la imposición de pena de prisión de uno a seis años
cuando concurriere individualmente alguna de las circunstancias descritas en sus seis
apartados. Dicho con palabras más sencillas, basta una de ellas para agravar la
penalidad en la referida extensión. En este caso se aprecian dos, las previstas en los
ordinales 1ª y 3ª por lo que obviamente la pena no puede reducirse al mínimo (un año de
prisión). Alineándonos en este punto con la representación del Ministerio Público
consideramos adecuada la imposición de dos años de prisión, precisamente en atención
a esa dualidad sin que proceda una mayor pena pues al Sr. V. no le constan antecedentes
penales (folio nº. 68), ni se aprecia circunstancia alguna de naturaleza objetiva o
subjetiva que merezca un plus de penalidad (art. 66.6ª CP). Irá acompañada de la
inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la
condena (art. 56 CP).

El art. 550.2 CP prevé pena de prisión de seis meses a tres años para el delito de
atentado frente a un agente de la autoridad. Por su parte, el art. 551.1º del mismo texto
prevé la imposición de la pena superior en grado cuando se emplearen objetos
peligrosos. Esta modalidad agravada nos sitúa en una horquilla punitiva que va desde
los tres años y un día a los cuatro años y seis meses. Los motivos descritos en el párrafo
anterior nos sirven también para apreciar la sanción mínima, tres años y un día de
prisión acompañada de la inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo
durante el tiempo de la condena.

Finalmente, el art. 147.2 CP castiga el delito leve de lesiones con pena de multa de uno
a tres meses. Por su parte los arts. 66.2 CP y 973 LECRIM, otorgan una amplia
discrecionalidad al tribunal a la hora de imponer la pena, es decir, su extensión será el
resultado de la ponderación de todos los elementos concurrentes, tanto los que
beneficien como los que perjudiquen al reo (art. 2 LECRIM). En el supuesto que nos
ocupa la entidad de las heridas provocadas, que llevaron a la víctima a estar de baja
laboral durante 24 días bien merecen los dos meses de multa interesados por la
representación del Ministerio Fiscal y el letrado de la Generalitat de Catalunya.
Para determinar la cuota a satisfacer se ha de estar al contenido del art. 50.4 CP. Con
un mínimo de dos y un máximo de cuatrocientos euros, atiende a la capacidad
económica del reo teniendo en cuenta su patrimonio neto, es decir, con deducción de las
cantidades que deba abonar en concepto de cargas familiares, reales o de otra índole. El
Tribunal Supremo en su sentencia 428/2009, de 28 de abril avaló que “cantidades sobre
los seis euros e incluso doce, son usuales y módicas, (…), siempre que no se acredite la
concurrencia de situaciones de indigencia, a las que estarían reservadas cifras
inferiores a los seis euros”. Resoluciones más recientes validan incluso una cuota de
diez euros sin necesidad de motivación alguna al encontrarse dicho monto próximo al
mínimo legal (sentencias del Tribunal Supremo nº. 320/2012, de 3 de mayo o 699/2016,
de 9 de septiembre). En este caso el Sr. V. se encuentra en edad laboral y no consta que
se encuentre en una situación de indigencia o penuria económica. En consecuencia, en
atención a la doctrina expuesta, consideramos adecuada y proporcionada una cuota
diaria de diez euros, haciendo un total de 600 euros. En caso de impago el acusado
quedará sujeto a la responsabilidad personal subsidiaria de un día de privación de
libertad por cada dos cuotas diarias no satisfechas (art. 53.2 CP).

Octavo. Responsabilidad civil

En el orden civil el acusado deberá indemnizar al agente nº. XXXXXX por las heridas
infligidas (arts. 109 y 116 CP o 100 LECRIM). Aunque se trata de partidas meramente
orientativas y con la matización que después se dirá, por razones de seguridad jurídica y
con el fin de huir de cualquier clase de arbitrariedad en su determinación partiremos de
las sumas actualizadas contenidas en la Ley 35/2015, de 22 de septiembre de reforma
del sistema para la valoración de los daños y perjuicios causados a las personas en
accidente de circulación.

Tomaremos como referencia el informe forense de 23 de mayo de 2019 (folio nº. 98).
En el mismo se destacó que el agente indicado estuvo de baja laboral durante 24 días, lo
que equivale a un perjuicio personal moderado. De conformidad con la Resolución del
pasado 2 de febrero de la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones (BOE
19 de febrero), el importe por día actualizado a este año es de 54,78 euros. En
consecuencia, la suma indemnizable sería de 1.314,72 euros. No obstante, como de
forma reiterada ha apuntado nuestro Tribunal Supremo ante supuestos de delitos
dolosos las tablas y cantidades fijadas en la legislación sobre tráfico constituyen un
cuadro de mínimos. La responsabilidad civil derivada de un delito doloso debe ser
superior a la establecida para un delito imprudente sin que en cualquier caso se puedan
quebrar los principios dispositivos y justicia rogada (sentencias nº. 107/20147, de 21 de
febrero; 384/2017, de 29 de mayo; 799/2013, de 2 de noviembre o 772/2012, de 22 de
octubre). Así las cosas, a la vista de la entidad de las lesiones a la meritada partida le
añadiremos prudencialmente un 15% por este factor de corrección. De esta forma la
cantidad a pagar sería de 1.511,92 euros. En este punto conviene recordar que el pasado
6 de noviembre Sr. V. hizo un ingreso de 2.000 euros para atender a esta partida.

Noveno. Costas procesales

Finalmente, conforme a los arts. 239 y 240 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, 123
y 124 CP, se imponen al Sr. V. Regalon las costas procesales devengadas durante la
tramitación de este procedimiento.

Por todo lo anterior;

LA SALA RESUELVE

CONDENAR a D. MARCEL V. R. como autor responsable de los siguientes delitos


sin que se aprecien circunstancias modificativas de su responsabilidad:

1. Desórdenes públicos de los arts. 557, 557 bis 1º y 3º CP a dos (2) años de prisión
con inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo
de condena.

2. Atentado a un agente de la autoridad de los arts. 550.1 y 2 y 551.1º CP a tres (3)


años y un día de prisión con la misma pena accesoria.

3. Un delito leve de lesiones a dos meses de multa con una cuota diaria de diez
euros, haciendo un total de 600 euros. En el orden civil deberá indemnizar con
1.511,92 euros al agente de los Mossos d´Esquadra con carnet profesional nº.
XXXXXX.

Se imponen a D. Marcel V. las eventuales costas procesales devengadas durante la


tramitación de este procedimiento.
Notifíquese esta resolución al Ministerio Fiscal y al resto de las partes personadas
haciéndoles saber que NO ES FIRME. Procede interponer ante esta sala
RECURSODE APELACIÓN dentro de los DIEZ DÍAS siguientes al de si
notificación para ser resuelto por la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de
Justicia de Cataluña.

Así lo acordamos y firmamos. Doy fe.

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