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Progresistas y demócratas firmaron en 1866 el Pacto de Ostende, que ponía fin al reinado de

Isabel II.

1. La ‘’Gloriosa’’ revolución

El levantamiento militar del almirante Juan Bautista Torpete dio lugar a un movimiento
revolucionario resultado entre la alianza de progresistas y unionistas, con la aprobación de los
demócratas, aunque intervinieron militares de renombre (Prim, Serrano, Primo de Rivera,
Dulce…) también hubo presencia de las clases burguesas y medias. Se pretendía seguir el
ideario del partido demócrata (sufragio universal, supresión de los impuestos a los bienes de 1ª
necesidad - impuestos de consumos, y de las quintas - jóvenes que debían cumplir un año de
servicio militar), pero los movimientos de base popular fueron excluidos o perseguidos. En este
sentido fue una ‘’revolución falseada’’ más orientada hacia la sociedad capitalista burguesa y a
acabar con el bloqueo parlamentario promovido por la reina. La revolución se extrendió de
Cádiz a toda la Península, destacando la batalla del puente de Alcolea en Córdoba, donde el
triunfo de los sublevados provocó que Isabel II se fuera a Francia. El gobierno entregó el poder
en Madrid a una Junta Superior Revolucionaria. Se formaron juntas revolucionarias por todo el
país, aunque la deriva radical fue cortada con rapidez. El programa revolucionario se limitó a
pedir libertades políticas y civiles, la secularización del Estado, reforma de la Hacienda, liberad
económica, preservar el orden y la propiedad y el rechazo a los borbones.

El gobierno provisional y su labor

La junta revolucionaria encomendó al general Serrano la formación de un gobierno provisional,


el día 8 llegó el general Prim y disolvió las juntas. El gobierno de Serrano lo formaban 5
ministros progresistas y 4 unionistas, cuya primera medida fue controlar la revolución
(reorganización de la Milicia Nacional, desarme de los Voluntarios de la Libertad y la disciplina
en el ejército). Sagasta, ministro de gobernación, ordenó mantener el orden ‘’a toda costa’’.
Una vez conseguido esto, se atendieron demandas populares (supresión del impuesto de
consumos, emancipación de los hijos de esclavos nacidos tras la revolución, libertad de
enseñanza, reforma de la segunda enseñanza, libertad de imprenta). Publicó un manifiesto con
su programa de reformas (sufragio universal, libertad religiosa, de enseñanza, de imprenta, de
asociación y de reunión; la peseta como nueva moneda nacional y un arancel librecambista).
Distanciaron del gobierno al sector republicano de los demócratas, que apostaban por la
república federal. En diciembre se convocaron elecciones municipales, con el triunfo de los
republicanos en 20 capitales de provincia. En enero de 1869 tuvieron lugar las elecciones a
Cortes constituyentes, con mayoría de progresistas y unionistas, pero con un notable grupo
notable de diputados republicanos. Ambas elecciones se hicieron mediante sufragio universal
masculino, con casi 4 millones de electores. Redactaron una nueva constitución. Las
demandas de las clases populares se fueron abandonando, mientras en Barcelona surgía el
movimiento obrero.
2. La regencia de Serrano

La constitución de 1869

Eran 112 artículos, influidos por la constitución belga de 1831 y la estadounidense. Establecía
la soberanía nacional de base popular y proclamaba la división de poderes. Como derechos
individuales se establecían la libertad de cultos, de reunión y asociación, de residencia, de
enseñanza, de expresión y de inviolabilidad del domicilio (se suspendían mediante una ley si
eran usados indebidamente), se establecía el sufragio universal masculino, un sistema
bicameral (Congreso y Senado) en el que solo podían ser senadores los mayores
contribuyentes y las ‘’altas capacidades’’. El rey estaba sujeto a la soberanía nacional, aunque
se planteó la necesidad de una nueva dinastía.
La monarquía provocó la oposición de los republicanos y obligó a nombrar a Serrano como
regente, mientras Prim ocupó la jefatura de gobierno, que tuvo que hacer frente a la guerra de
Cuba, la oposición de carlistas y de moderados o alfonsinos, el acoso de los republicanos y el
descontento de las capas populares urbanas y rurales. En octubre se produjo un alzamiento
republicano federal extendido por Cataluña, Valencia y Andalucía, que unió a burgueses y al
incipiente sector obrero, ya que no se habían suprimido las quintas y el impuesto de consumos
había sido sustituido por otro. Se firmó en este panorama el pacto general de Tortosa, los
llamados pactos de republicanos ‘’intransigentes’’ que reunía a representantes de la antigua
Corona de Aragón, Andalucía, Extremadura, Galicia, Asturias, Castilla y León… y que culminó
con la firma de un pacto nacional que creaba el Consejo Federal, cuyo programa reclamaba
una república española democrática federal y una extensa autonomía en municipios y
provincias. Prim reprimió estos levantamientos y tuvo que afrontar el bandolerismo en
Andalucía con el cuerpo policial Partida de Seguridad Pública, que aplicó la ley de fugas
(ejecución extrajudicial y alegal aplicada en la supuesta huida de un detenido, al que se le
abatía a tiros). Para el puesto de rey, se propuso a Amadeo de Saboya, en un complejo
contexto interior y exterior (derrota de Francia contra Prusia y la oposición de los republicanos y
de los partidarios del duque de Montpensier. Prim agilizó la proclamación con 191 votos para
Amadeo, 27 para Montpensier y 8 para Espartero.

El reinado de Amadeo I

El nuevo monarca desembarcaba en Cartagena mientras Prim moría víctima de un atentado y


juró la constitución con el menosprecio de los altos mandos militares y de la aristocracia. Tuvo
que encargar la formación del gobierno a Espartero, con quien nunca llegó a entenderse. Había
división interna en los partidos que apoyaban al monarca (unionistas y progresistas), los
progresistas estaban divididos entre conservadores (liderados por Sagasta, los
constitucionalistas contaron con el apoyo de los unionistas de Serrano) y otra más reformista
(liderada por Ruiz Zorrilla, los radicales se unieron a los cimbrios provenientes del partido
demócrata). Sagasta gobernó con alianzas cambiantes con unionistas y demócratas, pero se
usó el fraude electoral a pesar de las exigencias del monarca. La agitación política provocada
por los efectos de la Comuna de París y el extendimiento de la I Internacional. El miedo a la
revolución obrera obligó a Sagasta, ministro de Gobernación, a prohibir las actividades de los
internacionalistas. El gobierno quedó desprestigiado y Amadeo sustituyó a Sagasta por Serrano
pero su gobierno duró poco ya que firmó el convenio de Amorebieta con los carlistas, lo que
indignó a militares y radicales y le sustituyó Ruiz Zorrilla. Se sumó la oposición de los
republicanos federales, cada vez más radicalizados.

La crisis final de la monarquía

Se produjo una rebelión carlista y la guerra de Cuba, que enfrentó tanto a independentistas
como al ‘’partido español’’ de la isla, que controlaba los negocios, exigía mantener la esclavitud
y se oponía a reformar el sistema de explotación. El malestar en el ejército se acrecentó tras el
nombramiento del general Hidalgo como capitán general de las Vascongadas. El cuerpo de
artillería protestó por considerar que había participado en la represión de la sublevación en el
cuartel de San Gil. Amadeo renunció a la corona y al día siguiente el Congreso y el Senado
asumieron los poderes y proclamaron la república.

La tercera guerra carlista (1872-1876)

La resistencia campesina ante el capitalismo y la resistencia de los territorios liberales al


centralismo liberal provocó levantamientos en Barcelona, Valencia, Gerona, el Maestrazgo y las
provincias vascas. Carlos volvió a entrar en España y los carlistas ocuparon Navarra, parte de
Aragón, Valencia y Castilla la Nueva. En el norte se creó un Estado alternativo (provincias
vascas y Navarra) que legisló en enseñanza, orden público, levas de soldados o economía
(emitió moneda y tuvo servicio de correos propio). La centralización en 1876 establecía un
nacionalismo de base étnica, católica y xenófoba.

4. La Primera República

El 11 de febrero de 1873 se proclamó la república con 258 votos a favor y 32 en contra.


Empezó con la pugna entre federales y unitarios o radicales y siguió con la inestabilidad con
cuatro presidentes (Figuersa, Pi i Margall, Salmerón y Castelar), seis gobiernos, una intensa
agitación social por la guerra carlista y la cubana y la revolución cantonal. Se cuestionaba la
legitimidad del régimen, al haberse proclamado en sesión conjunta entre dos cámaras,
constituida en Asamblea Constituyente, algo que no permitía la Constitución de 1869.
El primer presidente del poder ejecutivo fue Estanislao Figueras; se mantuvo la Constitución de
1869, suprimiendo solo los artículos referentes a la monarquía, un mes después se disolvía la
Asamblea tras haber abolido la esclavitud en Puerto Rico y de haber suprimido las quintas. En
las elecciones de 1873 se temía la derrota de los radicales, por lo que prepararon un golpe
para el 23 de abril, que fracasó, lo que causó la ruptura entre radicales y republicanos. A
Figueras le sustituyó Pi i Margall, que intentó conciliar las corrientes republicanas con ‘’orden y
gobierno’’, con un ejército en disolución y cambios de gobierno en semanas para contentar a la
derecha republicana. Se produjo una huelga general en Alcoy que derivó en una insurrección
generalizada y después se reprimió con dureza. Pronto surgieron los cantones, que
proclamaron la república federal con los siguientes objetivos: democracia directa, autonomía de
municipios y diputaciones, supresión de consumos y quintas, reparto de la tierra,
anticlericalismo, defensa de las clases medias y populares. A pesar de dividir el Estado en
cantones independientes, no se cuestionaba la unidad de España. El movimiento cantonal
dividió a republicanos entre transigentes, como Pi, y los partidarios de la represión. Pi i Margall
se negó a reprimir los levantamientos cantonales y el gobierno entró en crisis. El sustituto de Pi
i Margall, Nicolás Salmerón, inició la represión a los cantones andaluces y valenciana.

El proyecto de constitución federal

Pi i Margall había presentado en Cortes el proyecto de Constitución de la república federal, co


Salmerón en el poder se aplazó el debate sobre esta por el poco interés de los diputados, así
pues la Constitución de 1873 acabó siendo la ​non nata​; definía una ‘’nación española’’ con 17
estados federados, regulaba los derechos de esta y delimitaba el poder del Estado.

La república centralista

Salmerón dejó la presidencia al negarse a firmar dos sentencias de muerte y le sustituyó el


cuarto presidente del ejecutivo, Emilio Castelar, que defendió la república centralistas a pesar
de haber elaborado el proyecto de república federal. Movilizó a los reservistas para acabar con
los cantonales y continuó las dos guerras vigentes. Firmó las 2 penas de muerte del antiguo
gobierno de Salmerón. Propuso separar la Iglesia del Estado y presentó un proyecto de
abolición de la esclavitud en Cuba, el proyecto de constitución parecía olvidado.
El capitán general de Madrid, Pavía, preparó un golpe de Estado del que Castelar tenía
constancia. Tras negar la Cámara la confianza a Castelar este dimitió, pero aún así, la
madrugada del 3 de enero de 1874 Pavía rodeó el edificio del Congreso con el ejército y la
Guardia Civil, finalizaba así el experimento republicano.

5. El gobierno de Serrano

Pavía reunió a los altos militares residentes en Madrid para preparar el nuevo provecto de
gobierno (Serrano, Concha y Zabala), se propuso una dictadura o república unitaria, influida por
el modelo francés, con Serrano como presidente (dictadura encubierta).
Reconocía la Constitución de 1869, en suspenso hasta que la normalidad retornase a la vida
pública, dando un papel primordial al ejército y apelando a los grupos sociales acomodado y a
los civiles poderosos.

Hacia el retorno de los Borbones

El hijo de Isabel II, Alfonso XII, retornó a España, mientras el general Martínez Campos
preparaba un pronunciamiento militar, con el que Cánovas (principal dirigente del sector
alfonsino) no estaba de acuerdo ni era partidario, quería una restauración monárquica por la vía
diplomática.
Martínez Campos arengó a las tropas en Sagunto y proclamó a Alfonso XII rey de España el 29
de diciembre de 1874. Serrano se marchó a Francia y el último día del año Cánovas constituía
el ‘’ministerio-regencia’’. Acababa así el sexenio democrático.
6. La cuestión social y el movimiento obrero

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