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Abundancia sin limites

El estudio de las materias primas se ha hecho desde dos puntos de vista. Uno de ellos técnico,
ingenieril, geológico, y el otro económico. El primero, como en seguida veremos, constituye una
aplicación espuria del método científico, porque utiliza técnicas que no son adecuadas al objeto de
estudio. Conceptúa los recursos en su aspecto físico, o acaso en un aspecto instrumental “histórico”,
tomando como dato el uso actual de los mismos.

Ludwig von Mises:

“La praxeología no se ocupa propiamente del mundo exterior, sino de la conducta del hombre al
enfrentarse con él; el universo físico per se no interesa a nuestra ciencia; lo que ésta pretende es
analizar la consciente reacción del hombre ante las realidades objetivas. La teoría económica no
trata sobre cosas y objetos materiales; trata de los hombres, sus apreciaciones y,
consecuentemente, las acciones humanas de que aquéllas derivan. Los bienes, la riqueza y todas las
demás nociones de conducta no son elementos de la naturaleza sino elementos de la mente y de la
conducta humana. Quien desee entrar en este segundo universo debe olvidarse del mundo exterior,
centrando su atención en lo que significan las acciones que persiguen los hombres” [3].

Al incorporarlos a la corriente de la producción, asignándoles un valor, los ha ido creando en un


sentido económico; de este modo, los recursos no se han ido haciendo más escasos, sino más
abundantes.

Por ese motivo el acto de incorporarlos y darles un valor es un acto creativo. Los recursos
económicos, de este modo, son cada vez más abundantes, gracias a la capacidad creativa del ser
humano.

Ludwig von Mises: “Implica sólo la transformación de ciertos elementos mediante tratamientos y
combinaciones. Quien produce no crea. El individuo crea tan solo cuando piensa e imagina (...) La
producción consiste en manipular las cosas que el hombre encuentra dadas, siguiendo los planes
que la razón traza. Tales planes –recetas, fórmulas, ideologías- constituyen lo fundamental; vienen a
transformar los factores originales –humanos y no humanos- en medios. El hombre produce gracias
a su inteligencia; determina los fines y emplea los medios idóneos para alcanzarlos”[5].

De los recursos que son técnica y económicamente explotables sólo conocemos una parte. Hay otra
que queda aún por descubrir, otra que es sólo hipotética y especulativa y otra que simplemente no
hemos llegado a concebir[10].

William Stanley Jevons, publicó un libro titulado The coal

question en el que alertaba de que el carbón, en el que se basaba en gran parte el industrialismo
británico, se agotaría rápidamente.

En 1971 el vicepresidente de la Comisión Federal de Energía de los USA, John A. Carver, dijo que la
“crisis energética” era “endémica e incurable”; “podemos anticipar que antes del fin de este siglo las
provisiones de energía se harán tan restringidas como para detener el desarrollo económico en todo
el mundo”. En 1977 el presidente Jimmy Carter declaró: “Podemos consumir todas las reservas
conocidas de petróleo del mundo a finales de la próxima década”.

Paul Ehrlich en un artículo de 1969 titulado ‘Eco-catastrophe’ predijo, entre otras cosas, que nos
quedaríamos sin recursos naturales a no muy tardar, o que la esperanza de vida en 1990 se rebajaría
en los Estados Unidos a 42 años. En 1975 Ehrlich[26] predijo que a mediados de los ochenta “la
humanidad entraría en una genuina era de escasez”, en la cual “las disponibilidades accesibles de
muchos de los minerales clave afrontarían el agotamiento”.

Parece ser que los estrepitosos, rotundos, inapelables, vergonzosos fracasos de sus predicciones no
sólo no les han restado credibilidad, sino que ésta ha ido creciendo con la abundancia de los
recursos que ellos creían en trance de agotarse[28]. Por un lado se les ha hecho demasiado caso, ya
que sus predicciones estaban mal fundamentadas teóricamente.

Julian Simon[31] Estaba seguro de que cualquier materia prima bajaría de precio si se elige un
período suficientemente largo, respondiendo a la tendencia de los recursos a ser más abundantes y
no más escasos[32].

Aceptó la apuesta, junto con dos colegas, Paul Ehrlich, quien en 1970 había dicho: “Si fuera un
jugador, incluso me apostaría dinero a que Inglaterra no existirá en el año 2000”. El acuerdo se firmó
en 1980, y Paul Ehrlich eligió cinco materias primas (cobre, cromo, níquel, aluminio y tungsteno); la
evolución de sus precios pasados diez años determinaría el resultado de la apuesta. Se jugaron
10.000 dólares, 2.000 por cada una de las materias primas, y el biólogo Ehrlich declaró que aceptaba
“la sorprendente oferta de Simon antes de que salten otras personas codiciosas”, reconociendo que
“la seducción del dinero fácil puede ser irresistible”. En las propias palabras de Julian Simon: “En el
momento fijado de septiembre de 1990 no sólo la suma de los precios, sino también el precio de
cada metal individual, habían caído. Pero esto no es sorprendente. Las opciones estaban en su
contra porque los precios de los metales han caído a lo largo de la historia de la humanidad (...) Por
supuesto, ofrecí hacer de nuevo la apuesta, en mayores cantidades, pero el grupo de Ehrlich no ha
recogido la oferta”. Un posterior estudio realizado por el discípulo de Simon, Stephen Moore,
demostraría que el acierto de Simon no se debió a la suerte. Moore observó los precios de las 33
principales materias primas durante el mismo período, y todas, a excepción de dos, bajaron los
precios. Once cayeron en más de un 50%[33]. Pero nada impide que las predicciones neo-
maltusianas se renueven una y otra vez[34].

Los recursos son cada vez más abundantes

Herman Kahn y Asociados han concluido que el 99,9% de la demanda mundial de materias primas es
de metales cuya oferta es “claramente” o “probablemente” inextinguible. W. D. Nordhouse ha
concluido que, con la tecnología de hoy, “hay recursos para más de 8.000 años al actual nivel de
consumo”[35]. los recursos no solo no son más escasos, sino que son crecientemente
abundantes[36].

La situación de los minerales no energéticos no es distinta. El índice de The Economist de los precios
industriales ha caído desde 1845 en un 80%. Un índice de base más extensa elaborado por la OCDE
ha mostrado que el precio de las materias primas se ha reducido a un tercio a lo largo del siglo XX.
Otro índice, éste elaborado por el FMI desde 1957, muestra una caída de más del 50%. En la
actualidad el gasto conjunto en estos materiales supone un 1,1% del PIB mundial.

La teoría de la abundancia sin límites

hay una teoría[40] que explica sin dificultad las razones de porqué los recursos, en lugar de más
escasos, son más abundantes, y que predice que la creciente abundancia no es una situación
coyuntural, sino esencial en un mundo dominado por los precios de mercado y los libres
intercambios.

Supongamos que la sociedad empieza a encontrarse corta de un determinado material. Que durante
un período, como ha ocurrido en numerosas ocasiones, parece que las más pesimistas predicciones
de los agoreros se hacen realidad. Las disponibilidades se van haciendo más escasas para unas
necesidades que van en aumento. ¿Qué podemos esperar que ocurra en una sociedad de mercado?
Un primer efecto es que el consumo se va restringiendo, abandonando los usos menos urgentes
para concentrarse en los que lo son más, y en concordancia van aumentando los precios.

Resulta económicamente remunerador invertir en tecnologías que permitan un ahorro en el uso del
mismo, o que permitan con la misma cantidad un volumen mayor de servicios. Esto ocurrió en los
setenta, cuando el aumento de los precios del petróleo forzó a que se invirtiera en tecnologías que
permitieran un uso más efectivo del oro negro.

Los coches en los Estados Unidos andan hoy con la misma cantidad de combustible un 60% más de
kilómetros que en 1973. La eficiencia en la calefacción de los hogares ha mejorado en ese país y en
Europa entre un 24% y un 34%[42]. La cantidad de carbón necesaria para mover una tonelada se
redujo a menos de la décima parte de 1830 a 1890. Los coches de hoy contienen la mitad de metal
que los de los setenta. El valor del producto nacional por unidad de energía no ha cesado de crecer.
En los Estados Unidos, con un exajulio (1018 J) se podía producir 19.000 millones de dólares del año
2000 en 1800, mientras que la misma cantidad de energía daba lugar, en el primer año, a 90.000
millones de dólares[43]. Esta tendencia se ha acelerado desde la década de los setenta.

Cuando con una determinada cantidad física de recurso aumentamos los servicios que podemos
obtener por unidad del mismo en un 100%, es exactamente igual que si dobláramos la cantidad de
materia prima disponible con la antigua tecnología. Otro aspecto de la tecnología que hace más
efectivo el uso de los recursos es el del reciclaje. Tecnología crea un recurso donde antes no lo había.
El proceso es que la tecnología convierte a un recurso antes inútil en un medio adecuado para las
necesidades humanas. De este modo transforma lo que era un elemento inerte del medio en un
recurso con valor.

Petróleo es su sustitución por otros bienes que pueden ofrecer los mismos servicios pero que no
habían sido utilizados porque con la antigua estructura de precios no resultaba económico hacerlo.
Si estos recursos o medios alternativos no son suficientes, los potenciales beneficios de su obtención
son tan grandes que los empresarios en seguida destinan recursos para su desarrollo.

En definitiva, aunque puede haber procesos maltusianos a corto plazo, a largo plazo el desarrollo de
la tecnología permite mayores productividades, un mejor reciclaje y la sustitución por otros medios,
todo esto movido por el mecanismo de los precios y de la empresarialidad, lo que hace que a largo
plazo la cantidad de recursos no sea más escasa sino más abundante.

Por ese motivo siempre hay un nivel de reservas suficiente para varias décadas, pero nunca se aleja
demasiado del momento presente. En el caso particular del petróleo los datos nos permiten ser
especialmente optimistas. El yacimiento de Alberta, que no ha sido todavía explotado, alberga unas
tres veces las reservas de Arabia Saudita, el mayor productor de crudo del mundo, mientras que hay
un tipo de petróleo viscoso que supondrían, en las reservas del Orinoco, en Venezuela, un billón de
barriles y 1,8 billones en el río Athabasca, en Canadá[50].

Además hay otras fuentes que aún no hemos comenzado a explotar, como el movimiento de las
mareas o las tormentas, en las que se genera una cantidad de energía de proporciones realmente
impresionantes; se descarga más energía en una tormenta que la que consume la humanidad en un
año. A ello hay que añadir posibles fuentes de energía que no hemos concebido todavía, como en su
momento no se pudo concebir extraer energía de la fusión o fisión de átomos[55].
Se lo llevan todo para sustentar un sector industrial de enormes proporciones, que deja la impronta
de made in China en un número creciente de productos y pronto reemplazará a los Estados Unidos
como primer contaminante mundial. Por otro lado, el crecimiento chino permite la aparición de
nuevas tecnologías, intensifica el uso racional de los recursos y alienta la obtención de otros nuevos,
que en el pasado han quedado intactos porque el opresor sistema chino no ha favorecido su
descubrimiento y obtención.

El poder creador de la sociedad libre

titulaba Friedrich A. Hayek el segundo capítulo de su obra Los Fundamentos de la Libertad. no


necesitamos los recursos por ellos mismos sino por los servicios que nos prestan, y éstos dependen
del uso que hagamos de ellos, teóricamente, un continuado aumento de la productividad permite
aumentar el consumo de un recurso y al mismo tiempo hacerlo más abundante, en términos de los
servicios todavía atesorados en los recursos existentes.

En una sociedad libre se produce ese aumento en la productividad.

A medida que crece la división del trabajo una porción mayor de los recursos pasa a formar parte de
la estructura productiva, por lo que pasan de no tener valor a adquirirlo. La creciente especialización
permite un trabajo más heterogéneo y complementario, lo que a su vez hace posible retornos
crecientes, y no decrecientes[57]. El proceso, no obstante, no es automático y ha de estar movido
por la empresarialidad, que descubre las oportunidades y las aprovecha con la espoleta del beneficio
y las pérdidas[58].

Un ejemplo histórico de la importancia de la división del conocimiento en la mejora de la vida


humana lo tenemos en Tasmania. La isla se separó del continente de Oceanía, y sus moradores
perdieron el contacto con otras poblaciones humanas durante 10.000 años; cuando un barco
europeo arribó a esas costas en 1642, sus tripulantes pudieron comprobar que los 4.000 habitantes
de la isla no sabían iniciar un fuego, no tenían instrumentos hechos con huesos ni herramientas
complejas, como una flecha compuesta por una punta unida a una vara, o utensilios de piedra de
alguna complejidad. Ni siquiera comían pescado o tenían instrumentos para adquirirlo, pese a que
vivían en la costa[59].

Entonces, ¿es imposible que se cumplan las predicciones de los neo-maltusianos?

si cambiamos el sistema social, si introducimos medidas de control estatal y sustituimos la libre


formación de precios por el sistema de mando y planificación estatal, muchas de las predicciones
neomaltusianas pueden hacerse trágicamente certeras. Una vez suprimimos el mecanismo de los
precios, los gestores de los recursos actúan a ciegas, sin saber cuál es el valor de los mismos, cuál es
su mejor uso, o si una mayor o menor producción es conveniente. Es el problema del cálculo
económico que descubrió Ludwig von Mises[60]. Además, los gestores, al no estar movidos por el
beneficio empresarial, tienen incentivos que divergen de la buena gestión de los recursos. Y la
búsqueda y adopción de nuevas tecnologías se hace más perezosa y, sobre todo, más arbitraria.
Como han escrito José Ignacio del Castillo y Jesús Gómez Ruiz: “No obstante, la inteligencia y
esfuerzo humanos sólo pueden florecer en un ámbito donde exista libertad para producir,
intercambiar e investigar nuevas formas más eficaces de satisfacer nuestras necesidades. Y tanto la
teoría como la experiencia han demostrado que ese ámbito sólo puede proporcionarlo el
capitalismo o economía de mercado, el único sistema que permite armonizar los intereses de todos
los individuos y que rompe el maleficio que tanto se complacen en airear los enemigos de la libertad:
“El progreso de unos implica el empobrecimiento de otros”. Es precisamente cuando se aplican las
medidas de control propuestas por los ecologistas cuando sobreviene la parálisis del crecimiento y
las hambrunas[61].

Desarrollo Sostenible

ya pocos proponen el socialismo como alternativa a las sociedades libres[63]. Cuando queda claro
que el capitalismo trae desarrollo y prosperidad, el ataque pasa por decir que este desarrollo no es
sostenible. el ataque pasa por decir que este desarrollo no es sostenible, por los motivos que hemos
analizado en el artículo.

Es la idea del desarrollo sostenible, principio que fue expresado por primera vez en el Brundtland
Report, conocido como Nuestro Futuro Común, de 1987: “Desarrollo que cumple las necesidades del
presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de cumplir sus propias
necesidades”.

Lo que necesitamos es un criterio en el que comencemos a renunciar a las necesidades inmediatas


ahorrando recursos que sirvan para el futuro. En el libre mercado este criterio está asegurado, ya
que las distintas valoraciones que los individuos dan a la urgencia en el cumplimiento de sus fines, lo
que se llama preferencia temporal, dan lugar a un precio que coordina intertemporalmente los
bienes presentes y los futuros: el tipo de interés[64].

El mercado se forma con una miríada de valoraciones individuales, y las coordina


independientemente de cuáles sean estas, pero los defensores del Desarrollo Sostenible quieren
encontrar otros baremos distintos de las valoraciones libremente expresadas en el mercado. Un
criterio cierto y aprensible sería el Desarrollo Sostenible estricto o duro, por el que no se podría
consumir ningún mineral por encima de su tasa natural de reposición.

Al final, los distintos intentos por perfilar la definición de Desarrollo Sostenible han acabado en un
conjunto vago de diversos objetivos. Pero cualquier objetivo tiene su coste, por el principio de
escasez, y, como ha señalado Wilfred Beckerman, “aquí el concepto de desarrollo sostenible no
tiene nada que añadir.

El desarrollo de las ciudades ha limitado el alcance al que habitualmente ve el ojo humano, lo que se
ha hecho más agudo con la extensión de la lectura. Dado que el ojo evolucionó para ver con
precisión a largas distancias, el que esté forzado a enfocar a distancias más cortas que las que prevé
su diseño genético ha sido la causa de multitud de miopías.

Conclusiones

La riqueza no tiene como última causa los recursos naturales, sino el ingenio humano y el
conocimiento. El primero no cambia con el tiempo, pero el segundo aumenta con la población, que
por tanto no es un freno sino un acicate para el crecimiento y el aumento de la productividad. Peter
Bauer ha destacado que “la disponibilidad de recursos naturales no puede ser un elemento crítico
para el logro económico”

El error del que parten es una visión estática de los recursos, y al final una falta de familiaridad con
conceptos esenciales de la economía como servicios, productividad, división del trabajo o
empresarialidad.

Además, la teoría económica revela las razones de porqué las sociedades libres, en las que el ingenio
humano y la empresarialidad están libres para aportar soluciones a los problemas y las necesidades
sociales, son testigos de estos aumentos en la productividad que aseguran el crecimiento,
sostenible, de los recursos.

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