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Les Cahiers de Framespa

Nouveaux champs de l’histoire sociale 


1 | 2020
Le parcours d’un historien hispaniste à l’Université de
Toulouse : Bartolomé Bennassar (1929-2018)

Bartolomé Bennassar y la historia moderna de


España
Bartolomé Bennassar et l’Histoire Moderne d’Espagne
Bartolomé Bennassar and Spanish Early Modern History

Carlos Martínez Shaw

Edición electrónica
URL: http://journals.openedition.org/framespa/8257
ISSN: 1760-4761

Editor
UMR 5136 – FRAMESPA
 

Referencia electrónica
Carlos Martínez Shaw, « Bartolomé Bennassar y la historia moderna de España », Les Cahiers de
Framespa [En línea], 1 | 2020, Publicado el 15 marzo 2020, consultado el 23 abril 2020. URL : http://
journals.openedition.org/framespa/8257

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Bartolomé Bennassar y la historia moderna de España 1

Bartolomé Bennassar y la historia


moderna de España
Bartolomé Bennassar et l’Histoire Moderne d’Espagne
Bartolomé Bennassar and Spanish Early Modern History

Carlos Martínez Shaw

1 En este proyecto para rendir homenaje a la memoria del gran historiador y gran
hispanista Bartolomé Bennassar (iniciativa por la que debemos dar las más efusivas
gracias a la Casa de Velázquez), me ha correspondido compartir con mi buen amigo
Thomas Calvo la tarea de glosar la obra del maestro en el territorio de la historia de
España y de América, reservándoseme a mí la primera parte, pero mi compañero ha
querido conjugar los dos mundos, hablando al mismo tiempo de Valladolid y de México,
cosa por otro lado perfectamente pertinente, pues como muchos modernistas sabemos
y el propio Bartolomé Bennassar había expresado tantas veces, la Historia Moderna de
España no se puede entender sin vincularla estrechamente con la Historia de América.
E incluso un poco con la historia de Extremo Oriente y el Pacífico, como últimamente se
está poniendo cada vez más de relieve, sin llegar tal vez a la exageración de
Dennis Flynn, que pudo afirmar en 1996 que la política de Felipe II dependió más que
nada de las decisiones del emperador Wanli de la China Ming, o en sentido opuesto,
cuando la jornada de Lepanto dio alas a la política imperialista española en aquellos
lejanos confines o el fracaso de la Armada Invencible cerró las posibilidades de acuerdo
con el Japón de Toyotomi Hideyoshi. En todo caso, con solo la España propiamente
dicha y con el solo periodo de los Austrias tenemos materia más que suficiente para
justificar este cariñoso tributo a la figura del estudioso desaparecido, ya que su obra
empieza y acaba con nuestro país en su mente y en su corazón.
2 La reciente lectura de su emotivo esbozo de autobiografía personal y académica 1 me ha
hecho pensar, sin embargo, en los múltiples lazos y en los múltiples intereses que me
han unido con Bartolomé Bennassar (siempre entendiéndolos desde la distancia entre
el maestro y el discípulo, y no sólo por la diferencia de edad, sino porque el año 1967,
cuando yo obtenía mi licenciatura en Historia, él había publicado ya una de sus obras
mayores, su Valladolid au Siècle d'Or. Une ville de Castille et ses campagnes au XVIe siècle). Es

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más, cuando, joven profesor en la Universidad de Barcelona, hube de impartir Historia


Universal de la Alta Edad Moderna, mi faro y guía fue el libro (de la colección editada
por Armand Colin) sobre el siglo XVI escrito por Bartolomé Bennassar (professeur à
l’Université de Toulouse-Le Mirail, según rezaban los créditos) y Jean Jacquart y
publicado en 1972, que siempre ha constituido mi modelo perfecto de manual
universitario, con tal vehemencia que un grupo de mis alumnos me envió una foto (que
conservo) de una excursión a Toulouse donde ondeaba un ejemplar del “Bennassar”
(apelativo usual) como muestra de la obligada atención que habían debido dedicarle
durante el curso por mi obstinada insistencia.
3 Prometiendo eclipsarme en estas páginas a partir de ahora, no puedo dejar de recordar
las muchas conversaciones en los lugares más diversos (por ejemplo, en La Rábida, o en
la excursión al Algarve, con Lucile y con Marina, para ver el palenque de negros de
Lagos y la escuela de Sagres de don Enrique el Navegante), sobre las pasiones
compartidas al margen de la Historia (que no incluían por mi parte la pesca de truchas):
el fútbol, el cine, la literatura (incluyendo la serie negra, los polars, a los que contribuyó
en primera persona), la América española, la América portuguesa, los demás viajes por
esos mundos, los toros, en los que también fue mi maestro desde las aulas informales de
la Fundación de Estudios Taurinos y desde las páginas de su Histoire de la Tauromachie.
Une société du spectacle2, lo que me ha dado la oportunidad de reseñar su último libro en
la materia, sobre uno de los toreros más admirados por ambos, Antonio Ordóñez 3, en
cuya dedicatoria personal ya sentí aletear la melancolía de la inminencia de la muerte,
lo que hizo que el final de mi recensión cobrase también unos tintes muy sentimentales,
algo impropios del género:
“Bienvenido sea este nuevo libro de Bartolomé Bennassar, que sigue
transmitiéndonos su inteligencia y su entusiasmo, en una prosa con temple, con
pureza, con densidad. Y, sobre todo, transida de ese sentimiento de calidez
espiritual, de afecto universal, de amor hacia la vida y hacia el mundo que le rodea
que nos ha convertido en sus amigos del alma y para siempre”.
4 Pero Bartolomé Bennassar toma contacto con España a partir de Valladolid y con la
historia de España a partir de su estudio del Valladolid del Siglo de Oro, y por ahí
debemos empezar. Poco nuevo se puede decir de la obra maestra del celebrado
hispanista, quien nos cuenta en su ensayo de ego-historia las circunstancias de su
alumbramiento en casa de Fernand Braudel, que le aconsejó llevar a cabo una de las
tesis de amplio espectro geográfico y temático que estaba poniendo en circulación la
escuela de los Annales. Al joven historiador le atraen los mundos americanos (como
demostrará más tarde, resarciéndose con sus viajes, sus estancias y sus libros de la
imposibilidad inicial de entrar en contacto con aquellos espacios ultramarinos), pero
resulta que Frédéric Mauro ya ha escrito su Portugal et l’Atlantique 4 y Pierre Chaunu su
Séville et l’Atlantique5. Queda España y, entre las diversas posibilidades, la pronta visión
de Fernand Braudel le propone Valladolid, un Valladolid con estatura de capital (y lo
será un rato durante el siglo siguiente) cuyo estudio puede ser un buen precedente para
que alguien se lance más tarde a la conquista de Madrid, del mismo modo que
aprovechará un hallazgo casual de su patrocinado, el descubrimiento en Simancas de
las cartas de los corregidores para informar al rey de los estragos de la peste atlántica
desatada en 1599, para poner sobre la mesa in ictu oculi el tema de la tesis
complementaria (todo un lince, todo un alarde de inteligencia práctica la del maestro
francés).

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5 Simancas le dio todavía más. Allí pudo hallar con toda facilidad el Censo de Valladolid
de 1561, realizado después del devastador incendio que devoró todo el centro de la
ciudad. Allí experimentó la pasión por los protocolos notariales, una fuente que
proporcionaba detalles de la vida urbana que no permitía la documentación
administrativa reunida en las oficinas de las distintas instituciones (los grandes
números dejaban su lugar a las minúsculas economías y a las modestas vanidades
suntuarias de la personas con nombres y apellidos, aunque no de las más pobres, que no
hacían testamento). Allí encontró unos documentos muy poco conocidos, las cartas de
perdón, donde las gentes se condonaban sus deudas y sus ofensas: todo un semillero
para reconstruir una historia de las relaciones interpersonales, adelantando lo que
terminaría constituyendo la tercera parte de su Valladolid, donde en buena medida se
pasa de las series a los casos.
6 Al costo de un esforzado aprendizaje paleográfico (para el que contó con la inestimable
ayuda de Don Felipe Ruiz Martín, co-dedicatario con Braudel de la obra),
Bartolomé Bennassar se pone en la senda de Pierre Goubert, desarrollando una tesis
que es al mismo tiempo un ensayo de historia demográfica y económica, y urbana y
agraria, pues hay que hablar de los pueblos aledaños para que la ciudad pueda vivir. Y
así, en efecto, el autor amplía el título con un imprescindible añadido: será “Valladolid…
et ses campagnes” (“su entorno agrario” en la edición castellana, aparecida por cierto
dieciséis años después de la original francesa), una inserción que hay que justificar
llanamente: “Valladolid y sus pueblos: la asociación es normal. Es una relación que se
repite infinidad de veces no sólo en España y en Occidente, sino en todas las
civilizaciones del mundo de entonces. Ninguna ciudad, es cierto, puede vivir sin
pueblos vecinos que la apoyen, sin una división del trabajo precursora de toda vida
urbana”. Y así aparece toda una geografía inesperada: Cabezón, Cigales, Villabáñez,
Tudela de Duero, Laguna de Duero…
7 Y para cerrar con estas asociaciones, la urbe se relaciona con toda otra serie de
ciudades vecinas que completan las funciones económicas, administrativas y culturales
de Valladolid para constituir un conjunto activo signado por una gran
interdependencia y complementariedad: Segovia y la producción textil, Burgos y el
comercio de la lana, Medina del Campo y la vida financiera (que en estos mismos años
estudiaba otro de los grandes hispanistas integrantes de la escuela de los Annales, Henri
Lapeyre6), Salamanca y su capitalidad intelectual, con una universidad más prestigiosa
que la vallisoletana, que en cambio se queda con la parte del león de la administración
de justicia gracias al gran tribunal de la Chancillería.
8 La demografía y la economía (los hombres y los recursos materiales) constituyen el
núcleo duro del estudio, un núcleo sólido al que se añadirá la definición del “estilo de
vida” de la urbe, un análisis que entra dentro del campo de la historia social y de la
historia de las mentalidades, casi avant la lettre, un elemento que se califica de “nuevo”,
pero que la historiadora ilerdense María José Vilalta, corrigiendo cariñosamente al
autor por su modestia, califica acertadamente de “novísimo”, pues no se había visto
nada igual en la historiografía española, aparte de las animadas descripciones de la vida
madrileña de la primera mitad del siglo XVII de otro pionero en su género,
José Deleito y Peñuela.
9 Y así queda un libro del cual se pueden escribir muchas páginas, pero que preferimos
resumir con las insuperables palabras del propio autor cincuenta años después.

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Palabras que quiero traducir al castellano, para distinguirme en algo de mi querido


partenaire, Thomas Calvo, que también las ha utilizado, en francés, en su propio ensayo:
Aunque Valladolid estuviese situada en el corazón de una región cuya producción
agrícola era bastante considerable y aunque, muy cercana a las ciudades de las
ferias de Castilla, estuviera también bien posicionada respecto de las rutas
comerciales, no jugaba el papel de una metrópolis económica, ni siquiera el de un
gran centro mercantil. En cambio, como sede de la más importante de las dos
audiencias del reino de Castilla y de una universidad relevante, como asiento
ocasional de la Corte y de los Consejos del reino, como ciudad de pleitos y de
procesos, residencia de numerosas familias de la alta nobleza, de un gran número
de hidalgos e incluso de extranjeros encumbrados, entre los que se contaban varios
genoveses, había desarrollado un género de vida señorial que explicaba la presencia
de artistas de gran reputación. Los espectáculos y las fiestas ocupaban una parte
notable del calendario. En suma, tenía un estilo de capital.
10 De este modo, el convoy de la tesis, que había partido del andén de la geografía humana
(del mismo modo que unos años antes había hecho mi maestro Pierre Vilar al estudiar
Cataluña) se había adentrado por la vía de la historia económica y había llegado a la
estación término, al país todavía extraño de la historia de las mentalidades colectivas.
Esta excursión intelectual (que culminará quince años más tarde en otro libro
excepcional), la ha definido Ricardo García Cárcel de un modo impecable: “el tránsito
sin ruptura en España del estructuralismo socio-económico a la historia de las
mentalidades o a la antropología histórica”.
11 El influjo del libro sobre Valladolid (que reconoce incluso Thomas Calvo para sus
trabajos sobre la Guadalajara novohispana y México) fue instantáneo y profundo. Toda
una serie de grandes tesis se inspiraron en sus enseñanzas para otras áreas de la
geografía española: Ángel Rodríguez (Cáceres), Jean-Paul Le Flem (Cáceres, Plasencia,
Trujillo), Ángel García Sanz (Segovia), Guy Lemeunier y Francisco Chacón (Murcia),
Michael Weisser y Julián Montemayor (Toledo), José Ignacio Fortea (Córdoba), Carla
Rahn-Phillips (Ciudad Real), Juan Eloy Gelabert (Santiago de Compostela), David S.
Reher (Cuenca), Alberto Marcos Martín (Medina del Campo y Palencia) y otras más que
sin duda se me olvidan. Si se añaden las piezas, tenemos un retrato incompleto tal vez
pero muy detallado de la España del siglo XVI, que se ha ido configurando a partir de la
lección magistral de Bartolomé Bennassar.
12 Sin embargo, antes de abandonar ese mundo primordial de su primer quehacer
historiográfico, Bennassar hubo de cumplir con la última indicación de Braudel: la tesis
complementaria sobre la gran epidemia “atlántica” de 1599 7. Los corregidores informan
desde sus viejos papeles custodiados en el castillo de Simancas de los avances de la
plaga en Castilla, poniendo de manifiesto sus raíces hundidas en la desigualdad
socioeconómica: “ruines alimentos, hambre, falta de mantenimientos”. Los jinetes del
Apocalipsis actúan de consuno, como escribe el corregidor de Segovia en abril del
terrible año de 1599: “todas las personas que en esta dicha villa han muerto y las que al
presente están enfermas en ella y su tierra son paupérrimas y que no han tenido ni
tienen con que se sustentar”, porque los ricos han huido a alguna altura vecina como
los florentinos refugiados en la villa fiesolana de Boccaccio. Y el historiador traza el
mapa, la geografía de la plaga y la muerte: Tierra de Campos, la Trasmiera, las tierras de
Sepúlveda, las tierras de Aranda de Duero, Toro, los pueblos de Ávila y Valladolid; y,
más allá, la peste se extiende hasta Asturias y Galicia al norte y Extremadura al sur.
Habrá que esperar a mediados del siglo siguiente para hallar algún horror equiparable,

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para encontrarnos con otra de estas grandes “ofensivas de la muerte”, que esta vez se
abate particularmente sobre Andalucía.
13 Terminada su obligación académica tras once años de intenso trabajo (1956-1967), en
una situación que el mismo protagonista califica de difícil sin extremar las tintas,
asegurada su posición en el mundo universitario (a partir de su primer curso en
Toulouse de 1956-57), llega la hora de entregarse a diversas escrituras que van a
proporcionarle un profundo placer intelectual. Y en primer lugar, va a aprovechar su
hallazgo temático y metodológico de la tercera parte de su Valladolid. Aquí ya había
hablado de la abrumadora presencia de la religión (y de la administración de sus
productos espirituales por una iglesia llena de poder, de arrogancia, de riqueza y de
privilegios), de las solidaridades (de linaje, de sangre, de religión, de profesión), de los
poderosos y de los marginados, de los ricos y de los pobres, de los espectáculos (las
fiestas, las representaciones teatrales, los toros por supuesto y los autos de fe, con su
sadismo edificante), de las lecturas, de las artes plásticas, pero por encima de todo, de
un universo nuevo, el de las actitudes colectivas, que dan paso al concepto de libertad, a
la obsesión por el honor, a las muchas caras del amor y del sexo.
14 Sin embargo, ahora, estas temáticas van a desarrollarse de modo sustantivo y sin
ningún límite geográfico que no sea el de las Españas (aunque voy a decir lo justo sobre
una temática confiada en este volumen a Isabelle Poutrin y Tomás Mantecón). La
primera aproximación ya nos habla de la intención de evitar una historia de España al
uso, pues lo que quiere no es una historia total (y mucho menos una historia económica
o institucional), sino adentrarse en el alma de los hombres y las mujeres del Antiguo
Régimen. De ahí su título: un acercamiento al hombre español, mostrado en sus
actitudes y sus mentalidades8. Se trata por tanto de una historia de las mentalidades
colectivas, de una historia del tercer elemento de la estructura programática de la
revista de la escuela de los Annales: economía, sociedad y civilización. Y esta
“civilización” pronto se transforma en la historia de las mentalidades, del inconsciente
colectivo, del sustrato de creencias que afectan a cuestiones tan universales y tan
primordiales como son el amor, el sexo, el miedo, la muerte, la imagen del más allá.
15 Esta línea de trabajo se prolonga con una obra de mayor envergadura y ambición: la
Histoire des Espagnols (VIe- XX e siécles) 9. Bartolomé Bennassar reúne a un grupo de
historiadores consagrados (Pierre Bonnassie, Pierre Guichard, Marie-Claude Gerbet,
Jean-Pierre Amalric, Lucienne Domergue, Jacques Beyrie) para ampliar el marco
cronológico: ya lo hemos visto, desde el siglo VI con los visigodos señoreando España
hasta el siglo XX, con la guerra civil y la terrible represión de la dictadura franquista
(que siempre ha conmovido el ánimo del autor) y hasta la restauración de la
democracia. El director se reserva los capítulos finales y, naturalmente, los referidos a
los siglos XVI y XVII. El resultado es un gran paso adelante, pues ya no nos encontramos
sólo con una historia de las actitudes y las mentalidades colectivas, sino ante una
historia de la vida cotidiana, donde entran todos aquellos elementos que faltaban o no
habían recibido suficiente atención: la comida, la bebida, el vestido y el hogar, el
nacimiento y la infancia, la indefensión ante la enfermedad ordinaria y la mortalidad
catastrófica, la sistemática discriminación de las mujeres, la violencia diaria, el control
y la revuelta, la vida en los márgenes (criptojudíos, moriscos, esclavos), el crimen y el
castigo, las alegrías y los duelos, las creencias ortodoxas y las heterodoxas, el
analfabetismo y la alfabetización, los amenazados placeres del sexo, la vivencia de la
muerte. En definitiva, todo un universo de temáticas, de geografías y de cronologías

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que no admiten ninguna reducción a un corto número de palabras: hay que leer este
libro (y otros muchos más que le han seguido, dada la espléndida eclosión de los
estudios de este tipo en la historiografía española actual, fruto de la constitución de
numerosos grupos de investigación en esta materia).
16 Bartolomé Bennassar nunca abandonó la España que amaba de todo corazón (y que
visitaba siempre que podía, consultando archivos, dando cursos, pescando truchas en el
Pirineo o viendo corridas sin desmayo) en sus siguientes producciones historiográficas.
Así, mientras se encargaba de radiografiar a los españoles del pasado, publicaba
(requiriendo el concurso de otros colaboradores) primero una panorámica de esa
institución tan española, el Santo Oficio10 (pero de estas cuestiones ya se ocupan en otra
sección Doris Moreno y Jean-Pierre Dedieu) y, después, Un Siècle d’Or Espagnol 11 y,
finalmente (junto con otro gran historiador, otro gran hispanista y otro gran amigo
común, Bernard Vincent), Le temps de l’Espagne, XVIe-XVIIe siècle12.
17 Este último libro, de gran formato, tiene la peculiaridad del uso sistemático de
imágenes dentro de una corriente que empieza a imponerse en estos años, la de
convertir las ilustraciones, de mera área de descanso para paliar la fatiga de la letra
impresa, en auténticas fuentes, en auténticos documentos que explican la realidad al
mismo nivel que el texto literario. Esta utilización de la imagen es particularmente
acertada en el libro firmado por los dos hispanistas, que además ponen de manifiesto
no sólo su vasto conocimiento de este repertorio de fuentes visuales, sino también su
excelente gusto artístico, al que la edición española preparada por Carmen Esteban y
Gonzalo Pontón saben hacer justicia.
18 Tampoco hay lugar aquí para comentar el arsenal de imágenes utilizadas, pero no nos
resistimos a citar las que nos parecen singularmente significativas: la alegoría de la
tiranía del duque de Alba (Delft), el retrato de Felipe II como rey de Portugal (México),
la conferencia de paz de Somerset House de 1604 (Londres), el excelente lienzo de
Adriaen van de Venne ilustrando la visión irénica de la acción salvífica de las dos
Reformas aquí colaboradoras en una empresa común (Amsterdam), la (curiosa) disputa
alegórica entre españoles y holandeses por el comercio de (ambas) Indias (Versalles), la
peste de Sevilla de 1649 que diezmó despiadadamente a la ciudad y la condenó a una
inminente y duradera decadencia (Sevilla), la brillante representación de los
desposorios místicos de Santa Rosa de Lima por Cristóbal de Villalpando (México), la
escena del embarque de los moriscos expulsos en el puerto de Denia (Valencia), la
representación de la coronación de la Virgen por la Trinidad en la versión isomórfica
característica de los mundos hispanoamericanos (La Paz), la portentosa decoración de
la capilla del Rosario de la iglesia de Santo Domingo en Puebla (Puebla, México), la
imagen comunicéntrica de la Virgen de la Colina amparando la montaña de plata
(Potosí) y las dos magníficas alegorías de Juan de Valdés Leal (menos conocidas que las
muy famosas telas del hospital de la Caridad de Sevilla) de la vanidad y la salvación
(actualmente en sendos museos estadounidenses).
19 El libro resulta ser finalmente una historia de la España de los Austrias, del Siglo (o los
Siglos, según reza el título) de Oro de la Monarquía Hispánica, con especial énfasis en la
difusión de sus creaciones culturales (literarias y artísticas). Y, por último, en la
conclusión, los autores se hacen eco de una controversia que parecía ya superada pero
que ha reverdecido de forma artificial hace poco tiempo, la de la leyenda negra. Los
autores se alían con la opinión manifestada por Ricardo García Cárcel (y que también
compartimos plenamente) de que “la leyenda negra no fue más que la expresión de una

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oposición a un poder que todo el mundo temía”. Y terminan más adelante: “La leyenda
negra insistió mucho en los procesos de la inquisición….y en la suerte reservada a los
indios de América. Esta visión era a todas luces injusta si tenemos en cuenta que España
fue el único país que debatió y cuestionó el proceso de colonización durante el siglo XVI.
Pero era el precio que había que pagar por un dominio implacable”.
20 Sólo unas palabras sobre la vocación biográfica de Bartolomé Bennassar (también
confiada a otros colegas, Jesús Izquierdo y Alain Hugon), por mucho que los personajes
retratados sean figuras insoslayables de la historia de España (y de América). Por un
lado, nos encontramos con el vencedor de Lepanto, que yergue su figura en otro libro
ejemplar: Don Juan de Austria. Un héroe para un Imperio (publicado directamente en
castellano en 200413), que además de la reconstrucción minuciosa de las acciones ofrece
la moderación del juicio: dudas sobre sus “dotes estratégicas y tácticas superlativas” y
también sobre su “capacidad política”, pero ninguna reticencia a aceptar su condición
de “jefe carismático”. Le sigue de cerca el conquistador de México: Cortés. Le conquérant
de l’impossible14, otra biografía (surgida a raíz de una de las muchas excursiones a
México del autor) con voluntad de equilibrio y ponderación, pese a su inclinación
claramente favorable a un personaje muy controvertido (y hasta denostado por otros
historiadores), cuyas conductas más criticables se tratan con indulgencia (actitud con
los indios, poligamia desenfrenada), mientras se destacan con fuerza sus virtudes
(talento de estratega, tenacidad de empresario, lealtad inconmovible a Carlos V, amor a
México... Y finalmente (para no salirnos de los tiempos modernos y así no tener que
hablar de su libro sobre el siniestro dictador Francisco Franco), una obra necesaria:
Vélasquez15. Una obra imprescindible, porque pese a la abundante copia de escritos
sobre el artista (catálogos, recopilación de fuentes, discusión de las características de su
pintura), coincidimos con el hispanista francés en que hacía falta una “biografía que lo
fuera realmente” (”une biographie qui en soit réellement une”), ya que hasta entonces
nadie se había atrevido a trazar ese retrato completo del gran pintor sevillano. Y aquí la
prudencia me obliga a detenerme para no caer en el intrusismo.
21 Bartolomé Bennassar, después de recorrer las Españas se fue a hacer las Américas, y no
sólo las hispanas, sino también las lusitanas, y no sólo en sentido figurado como
interesado en esa historia ultramarina, sino en un sentido físico, ya que fue un gran
viajero por aquellos territorios, que incorporó plenamente a su acervo cultural,
historiográfico y vital. Recuerdo mi lectura (y también mi reseña, aunque no la
encuentro) de su deslumbrante ficción (una novela histórica que puede pasar casi por
un ensayo novelado) Toutes le Colombies16, que contiene una incursión al fondo del
paisaje y de los hombres, del pasado y del presente de un territorio apasionante.
Recuerdo la lección magistral que me ofreció en privado a su regreso de Perú, ese país
que llegó a conocer tan bien y que le había parecido triste y silencioso. Recuerdo mi
sobresalto fetichista de lletraferit cuando me confesó que había conocido en persona a
Jorge Icaza, el director de la Biblioteca Nacional de Ecuador y autor de la admirable
novela Huasipungo, un libro para mí inolvidable. Recuerdo el entusiasmo que
comunicaba hablando del Brasil que había descubierto a partir de sus clases en la
Universidad Federal Fluminense (en Nitéroi, al otro lado de la maravillosa bahía de Río,
lo que me recordó la hilarante novela de Jorge Amado, Farda, Fardâo, Camisola de dormir,
que allí transcurre), pasando en su conversación de la evocación de los equipos de
fútbol (Fluminense, Flamingo, Botafogo, Vasco da Gama) al deslumbramiento de esas “
igrejas toudas de ouro”, que había visto en Bahía o en la región de Minas Gerais: Ouro

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Preto, Congonhas y otras ciudades presididas por las creaciones escultóricas que tanto
admiraba del Aleijadinho.
22 Bartolomé Bennassar se encontró con América en 1970 tras aceptar una invitación para
dar unos cursos en Venezuela, pero se enamoró enseguida de ella y ya no dejó de
cortejarla a todo lo largo de su vida. En todo caso, a nivel historiográfico, las referencias
no compiten con las relativas a España. A la singular evocación colombiana y a la
ocasión del Hernán Cortés, debemos añadir un libro producto de una efeméride: 1492: un
monde nouveau?17 Aparecido lógicamente en 1992 y traducido el mismo año en España,
fue fruto de una colaboración con su esposa Lucile, con quien ya había escrito una de
las obras que más he saboreado entre todas las suyas, pero de la que no debo hablar
más aquí: Les Chrétiens d’Allah. L’histoire extraordinaire des renégats, XVIe et XVIIe siècles18, una
historia realmente excepcional como adelanta el título, publicada en 1989 y en español
el mismo año. El libro sobre el descubrimiento de América (o sobre el encuentro entre
dos mundos) hubo de buscar un sello de originalidad que los autores encontraron en el
contraste entre el tiempo vivido y el tiempo recreado, una apuesta casi proustiana
justificada por el desfase entre el momento en que se producen los hechos y el
momento en que se difunden las noticias en círculos concéntricos en continua
expansión.
23 Finalmente, sus dos últimas obras iberoamericanas llegan como consecuencia de su
contacto con Brasil. Así, después de aprender el portugués brasileiro, pudo escribir dos
libros muy utilizados, el primero en el mundo luso y el segundo en España: Histoire du
Brésil, 1500-200019 (en colaboración con Richard Marin) y La América española y la América
portuguesa, siglos XVI-XVIII20, una historia de los dos ultramares ibéricos en los siglos
modernos. El libro ofrece una síntesis admirable por su concisión y por su acierto en
señalar las líneas maestras y los datos realmente significativos sin meandros ni
digresiones: es una de las mejores introducciones a la historia de la Iberoamérica del
Antiguo Régimen que he tenido oportunidad de leer y estudiar. La América española se
lleva la parte del león, mientras para Brasil se resume en menos páginas su trayectoria
individualizada, de modo que el conjunto se articula como dos historias paralelas, que
se entrecruzan en determinados momentos, cuando la Unión de las Coronas permite la
defensa del territorio contra los holandeses o cuando se agudizan los litigios fronterizos
entre ambos países, singularmente en relación con las reducciones jesuíticas del
Paraguay (y la acción de los bandeirantes paulinos) y con la dilatada porfía por la colonia
de Sacramento, el actual Uruguay. Como ocurre con el manual firmado por Bennassar-
Jacquart, otro libro de edad venerable en el acelerado mundo de la historiografía sigue
siendo un referente para introducirse en el complejísimo mundo del continente
iberoamericano.
24 Poco me resta por añadir a este recorrido por la biobibliografía de Bartolomé Bennassar
referida a la Historia Moderna de España. En esta hora triste, hemos de contentarnos,
porque esa es la condición de los mortales, con ese consuelo que nos dejó su memoria,
como dijo en sus versos el gran poeta castellano. Nuestro querido amigo fue un
historiador con una definida vocación, reflejada en su vehemente inclinación por los
archivos, en su inagotable curiosidad por el pasado pero también por el presente, en su
aplicación a las más diversas temáticas, en su asombrosa capacidad de trabajo, en su
prolífica producción (ese “frenesí de escritura” que confiesa). También fue un gran
amante de la vida, de la que sabía extraer todos sus jugos, desde el arte a la
gastronomía, desde la creación literaria a los viajes para seguir aprendiendo (hasta el

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último a Irán, ya agotando los minutos postreros como Sócrates con la flauta), desde la
pesca a los toros, dos de sus más perdurables pasiones. Ese serio aspirante a uomo
universale fue también un gran amigo, un fiel esposo y, un cariñoso padre y abuelo,
sobre el que se abatió una inexplicable maldición bíblica (la muerte de su hijo Jean) de
la que su espíritu nunca pudo recuperarse, que volvió una y otra vez a su pensamiento y
que incluso aparece insistentemente en ese testamento vital que es su esbozo de ego-
historia. Nosotros no olvidaremos ni su obra, ni su ejemplo, ni su humanidad.

NOTAS
1. Bartolomé Bennassar, Pérégrinations ibériques. Esquisse d’ego-histoire, Madrid, Casa de Velázquez,
2018.
2. Bartolomé Bennassar, Histoire de la tauromachie: une société du spectacle, París, Desjonquères,
1993, traducida al español en el año 2000.
3. Bartolomé Bennassar, Antonio Ordoñez. La magie du souvenir, París, Éditions de Fallois, 2017.
4. Frédéric Mauro, Le Portugal et l’Atlantique au XVIIe siècle (1570-1670): étude économique, Paris,
S.E.V.P.E.N, 1960.
5. Pierre et Huguette Chaunu, Séville et l’Atlantique: 1504-1650, París, A. Colin y S.E.V.P.E.N.,
1955-1957, 8 vols.
6. Henri Lapeyre, Une famille de marchands, les Ruiz: contribution à l’étude du commerce entre la France
et l’Espagne au temps de Philippe II, París, A. Colin, 1955.
7. Bartolomé Bennassar, Recherches sur les grandes épidémies dans le Nord de l’Espagne à la fin du XVIe
siècle, París, S.E.V.P.E.N., Ecole pratique des hautes études, 1969.
8. Bartolomé Bennassar, L’Homme espagnol: attitudes et mentalités du XVIe au XIXe siècle , Paris,
Hachette, 1975.
9. Bartolomé Bennassar (dir.), Histoire des Espagnols (VIe- XX e siècles), París, Armand Colin,1985, 2
vols. (publicada en castellano por Editorial Crítica en 1989 en dos volúmenes).
10. Bartolomé Bennassar, L’Inquisition espagnole : xve-xixe siècle, Paris, Hachette, 1979.
11. Bartolomé Bennassar, Un Siècle d’Or Espagnol, París, Editions Robert Laffont, 1982 (edición
española: La España del Siglo de Oro, 1983)
12. Bartolomé Bennassar y Bernard Vincent, Le temps de l’Espagne: XVIe-XVIIe siècle, Paris, Hachette,
1999 (edición española, España. Los Siglos de Oro, 2000).
13. Bartolomé Bennassar, Don Juan de Austria: un héroe para un imperio, Madrid, Temas de Hoy,
2004.
14. Bartolomé Bennassar, Cortés. Le conquérant de l’impossible, Paris, Payot, 2001, y su versión
castellana en 2002.
15. Bartolomé Bennassar, Vélasquez: une vie, Paris, de Fallois, 2010, y su versión castellana cinco
años después, en 2015
16. Bartolomé Bennassar, Toutes le Colombies, Paris, de Fallois, 2002, en español 2004.
17. Lucille y Bartolomé Bennassar, 1492. Un monde nouveau?, Paris, Perrin, 1991.
18. Bartolomé Bennassar y Lucille Bennassar, Les Chrétiens d’Allah. L'histoire extraordinaire des
renégats, XVIe – XVIIe siècles, Paris, Perrin, 1989.
19. Bartolomé Bennassar y Richard Marin, Histoire du Brésil, 1500-2000, Paris, Fayard, 2000 ( 2ª ed.
2016); en portugués, 2003.

Les Cahiers de Framespa, 1 | 2020


Bartolomé Bennassar y la historia moderna de España 10

20. Bartolomé Bennassar, La América española y la América portuguesa. Siglos XVI-XVIII, Madrid, Akal,
1980.

RESÚMENES
En el marco de un homenaje al gran historiador y gran hispanista Bartolomé Bennassar, se
analizan sus principales producciones en el campo de la historia moderna de España y de
América (empezando por su obra maestra: Valladolid et ses campagnes au Siècle d’Or de 1967), al
tiempo que se evoca su perfil humano y profesional y su permanente y cordial vinculación con
España.

Dans le cadre d’un hommage au grand historien et grand hispaniste Bartolomé Bennassar, on
analyse ses principales productions dans le champ de l’histoire moderne de l’Espagne et
l’Amérique (tout en commençant para son chef d’oeuvre Valladolid et ses campagnes au Siècle d’Or
de 1967), et on évoque en même temps son profil humain et professionel, et sa permanente et
cordiale liaison avec l’Espagne.

In the frame of an homage to the great historian and hispanist Bartolomé Bennassar, are
analyzed his main productions in the field of Spanish an American Early Modern History (and
first of all his masterpiece Valladolid el ses campagnes au Siècle d’Or published in 1967). At the same
time, are evoked his human and professional profile and his lasting and hearty relationship with
Spain.

ÍNDICE
Mots-clés: Bennassar, souvenirs, Histoire d’Espagne, Histoire Moderne, Histoire de l’Amérique
Keywords: Bennassar, memories, Spanish History, American History, Early Modern History
Palabras claves: Bennassar, Recuerdos, Historia Moderna, Historia de España, Historia de
América

AUTOR
CARLOS MARTÍNEZ SHAW
Catedrático Emérito de Historia Moderna de la UNED. Académico de Número de la Real Academia
de la Historia. Chevalier de l’Ordre des Palmes Académiques.

Les Cahiers de Framespa, 1 | 2020