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Revista de Literatura, 2007, julio-diciembre, vol. LXIX, n.

o 138,
págs. 587-703, ISSN: 0034-849

H ERNÁNDEZ G UERRERO , José Antonio y un capítulo entero además a la relación de


GARCÍA TEJERA, María del Carmen, El retórica y Psicología.
Arte de hablar. Manual de Retórica Antes de entrar en el nudo de la cues-
Práctica y de Oratoria Moderna, Bar- tión, recuerdan también que la Retórica ha
celona, Ariel, 2004, 286 pp. sido una pieza fundamental en la historia
de la formación de la persona culta (capí-
No es frecuente (lítote, que quiere de- tulo 5), presentando unos objetivos preci-
cir que es muy raro) encontrar un manual sos hasta el día de hoy.
de profesores universitarios verdaderamente Un repaso rápido de nociones funda-
centrado en0 las cuestiones que interesa mentales (charlar, hablar, expresar, comu-
aprender y en el espacio y el tiempo de los nicar, convencer, persuadir, rebatir, disua-
usuarios. El libro sobre oratoria que nos dir, argumentar, conmover, evaluarse...)
ofrecen Hernández Guerrero y García Te- anteceden todavía a la exposición sistemá-
jera (ya antes autores de una Breve His- tica que seguirá según el modelo clásico de
t0oria de la Retórica, traducida incluso a inventio, dispositio, elocutio, memoria y
lenguas exóticas) constituye una rara avis actio.
por su claridad expositiva y su trascenden- Los temas que encuentra la inventio se
cia práctica. articulan en los apartados de «juicio críti-
El lenguaje es sin duda el principal co», «juicio estético», «juicio político»,
instrumento del ser humano, pero basta «juicio religioso», «juicio económico»,
repasar el elenco de profesiones menciona- «juicio psicológico», «juicio cultural», «jui-
das en el primer capítulo para comprobar cio lógico», «juicio jurídico», «juicio eco-
que estamos ante un trabajo que no se va lógico» y «juicio sociológico». Cada uno
por las ramas. El lenguaje es fundamental de estos apartados aborda la descripción
para todos, sí y, por eso, para el político, del enunciado, los principios correspon-
el jurista, el sacerdote, el profesor, el mé- dientes, las desviaciones y un vocabulario
dico, el publicista y el científico. mínimo. Se trata de un verdadero monu-
Como las retóricas clásicas y del Re- mento al ingenio.
nacimiento, se nos empieza recordando la Es de agradecer de nuevo en la dispo-
importancia de la didáctica al respecto. El sitio la concreción con que se desmenuza
orador, el que domina el lenguaje, nace así, los distintos elementos de la pieza orato-
pero también «se hace» y es tanto más ria. Nada más lejano al saber huero del
necesario el ejercicio para el que no tiene esquema consabido ni más cercano al que
facultades innatas que para aquel en quien habla de lo que sabe por experiencia ha-
el lenguaje fluye con espontaneidad. bitual. También el estudio de los «géneros
El estudio del lenguaje en situación, del discurso» (capítulo 12) está vinculado
que eso es la Retórica, es antecedente o al hoy y ahora de nuestra sociedad.
está conectado con todas las Ciencias Hu- El capítulo de elocutio (13) aborda las
manas. Los autores mencionan la semióti- virtudes, que se deben buscar, de la clari-
ca, la Poética, la Lingüística, la Dialécti- dad, la precisión, la corrección, la conci-
ca, la Filosofía y la Antropología. Dedican sión, la elegancia, y los vicios, de los que
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se debe huir, de la oscuridad, ambigüedad, BURGUERA, María Luisa, De unitate Specu-


incorrección, prolijidad y mal gusto. lorum-Estudios de Literatura Compara-
El manual brilla especialmente en los da, Castellón, Universitat Jaime I, 2006,
capítulo 14, 15, 16 y 17 donde sin ampu- 410 pp.
losidad alguna se pone de relieve la tre-
menda actualidad de los recursos de la Un nuevo libro de reflexiones sobre la
Retórica clásica. Supone a mi juicio un literatura comparada escrito por la profe-
valor especial traer a colación los aciertos sora María Luisa Burguera ha sido publi-
de la Retorica ad Herennium (incluso ci- cado, en 2006, por la Universidad Jaime I
tándole original en latín) con párrafos tan de Castellón. Su título, en latín y en espa-
por encima del tiempo, que fueron selec- ñol, De Unitate Speculorum-Estudios de
cionados por Nebrija en 1515 y que val- Literatura comparada, introduce a la temá-
drían igualmente para ilustrar, por ejemplo, tica de las investigaciones presentadas.
los discursos del presidente Chávez de Ve- Cuando decimos «nuevo», no nos referimos
nezuela. El tratamiento de cada recurso es a la fecha reciente de su publicación sino
claro y preciso a tenor del registro de toda a lo novedoso de su enfoque. La temática,
la obra. como explica la autora en el proemio,
Sendos capítulos (18 y 20) sobre Me- constituye una unidad intrínseca compues-
moria y Actio cierran una obra en que me ta por una complejidad de temas que, aun-
hubiera resultado imposible encontrar ob- que son independientes de la cronología y
jeción si no fuera por una bibliografía fi- de la situación espacial, corresponden en-
nal que, a mi juicio, debe ser modificada tre ellos. En efecto, el tiempo y el espa-
en la siguiente edición. Además de las cio existenciales, el viaje iniciático, el des-
obras citadas (y ahí es preciso también tino, a través de diferentes concepciones
revisar la importancia que se atribuye a estético-estilísticas, se encuentran en lite-
cada una), los autores han pedido a una raturas de diversas épocas y de distintas
serie de colegas que les envíen las referen- lenguas.
cias de sus trabajos de retóricas, que han Esta perspectiva no sólo permite pro-
sido trasladados, sin más, al elenco. Unos fundizar en las correspondencias de las
autores han mandado la relación de sus ideologías y concepciones estéticas de au-
trabajos con ocasión o sin ella y otros tores renacentistas y conceptistas, como
hemos enviado la lista de nuestros estudios Petrarca y Quevedo, sino que también acla-
de retórica en toda su extensión, lo que ra correlaciones de cosmosvisiones que se
supone también la suma de los distintos manifiestan en la literatura argentina del
pasos de una investigación hasta la apari- siglo XX y la inglesa, a través de su máxi-
ción de la síntesis final. Además, hay otros mo representante, Shakespeare o entre la
que, evidentemente, no han llegado. literatura celta y la española. Estos proce-
O sea, estamos ante un excelente libro, sos comparatistas se pueden apreciar en sus
eminentemente práctico, al que acompaña capítulos temáticos La herida del tiempo,
una bibliografía prácticamente inútil. Sugie- Destino y fragilidad humana, en el que se
ro que, salvo Aristóteles, ningún autor apa- encuentra su original trabajo, Naufragio y
rezca en adelante con más de cinco entra- destino: «Un viaje terrible» de R. Arlt y
das bibliográficas. Desde luego, Miguel «La Tempestad» de Shakespeare, o en el
Ángel Garrido Gallardo, por poner un interesante artículo, Las Leyendas de Bé-
ejemplo que conozco bastante, puede apa- quer: un ejemplo de influencia céltica en
recer con menos. la literatura española.
En la perspectiva de las relaciones in-
M IGUEL Á. GARRIDO GALLARDO terculturales, la profesora Burguera anali-

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za la visión que tienen de España viajeros ciadores con mi volumen Teoría de los
franceses que son escritores, como Victor géneros literarios, el cual, gracias a esta
Hugo, o mujeres intrépidas, es el caso de iniciativa, ha conocido una gran difusión:
Madame Brinkman. Su estudio también se mucho mayor, desde luego, de la que ca-
extiende a la imagen cultural en el texto bía esperar. Luego, el colega y entrañable
literario. amigo recientemente desparecido, José An-
Sus investigaciones no sólo conciernen tonio Mayoral, tomó la dirección de la
el estudio comparatista de textos literarios empresa ideada por Lidio Nieto, consi-
sino que también comprenden las correla- guiendo un resultado excelente. En todo
ciones que existen entre la literatura y la caso, aunque no fuera esto así, por pura
pintura. Esta correspondencia entre diver- objetividad, me parece que aplaudiría,
sas manifestaciones del arte, la autora nos como lo hago, con entusiasmo entregas
la revela en su capítulo, Literatura y Pin- como la que ahora comento.
tura Barroca, en el que nos muestra la Como se sabe, el objetivo de la colec-
dialéctica que se establece entre Cervantes ción es agavillar una selección importante
y Velázquez. de trabajos (traducidos al castellano cuan-
En sus Estudios de Literatura Compa- do están en otros idiomas) sobre cada cues-
rada, el análisis es llevado a través de una tión importante de Teoría de la Literatura
estricta coherencia entre las diversas temá- y acompañarlos de un estudio introducto-
ticas. De esta manera, la metodología se rio y una bibliografía, dotando así a la
desprende de una teoría bien fundaentada. cultura en español de un instrumento de
Cabe destacar que las reflexiones que consulta imprescindible para estar al día en
se desarrollan son el fruto de algunas de las materias teórico-literarias.
sus conferencias dadas en la Sorbona, en Con estos presupuestos, no es de extra-
la Universidad de Bretaña y en la Maison ñar la aparición de un volumen sobre Li-
de l’Amérique Latine en París, intervencio- teratura y cibercultura, compuesto por el
nes que han despertado un gran interés profesor Sánchez-Mesa, quien lleva tiem-
entre los colegas franceses. po ya prestando atención a la cuestión. En
Por la fundamentación de las concep- efecto, la incidencia de la tecnología ciber-
ciones teóricas, por la precisión de la me- nética sobre el campo de la Literatura hace
todología y por la claridad de la exposi- necesario estudiar, desde esta perspectiva,
ción, Estudios de Literatura Comparada qué ocurrirá con la «literatura», que, como
constituye un ensayo sumamente útil para se sabe, es un fenómeno intrínsecamente
investigadores y profesores. También pue- dependiente de la generalización de la im-
de orientar a los estudiantes en nuevas vías prenta, de la galaxia de Guttenberg.
de la investigación. Suelo recordar que, antes del siglo XIX,
para hablar del fenómeno humano de la
HELIOS JAIME recreación hecha con lenguaje, se decía
«poesía» (con el étimo aristotélico), en el
XIX y XX se ha dicho «literatura», recogien-
do la importancia del libro impreso como
SÁNCHEZ MESA, Domingo (ed.), Literatura soporte, y en el XXI se empieza a decir
y cibercultura, Madrid, Arco/Libros, «ciberliteratura», lo que, de cristalizar, se-
2004 («Lecturas»), 373 pp. ría testimonio tanto del cambio producido
como de la importancia que ha tenido (y
Tengo especial simpatía a la colección sigue teniendo) el hecho de la imprenta
«Lecturas» de Arco/Libros. No lo puedo (litterae: cosas escritas) en la consideración
negar. Yo mismo he estado entre sus ini- de esta rama de las Bellas Artes.

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Domingo Sánchez-Mesa articula su an- Robins seleccionado («El ciberespacio y el


tología en cuatro apartados: I. «Teoría li- mundo en que vivimos», 199-232) aborda,
teraria y cibercultura: revisión de algunos en cambio, el carácter «peligroso», de des-
conceptos principales», II. «Identidades vir- precio de lo real, que puede acarrear el
tuales: Sujeto, Sociedad y Política del ci- borrado engañoso de los límites del «aden-
berespacio», III. «Nuevos Géneros Litera- tro» y «afuera» del ciberespacio.
rios» y IV. «La educación literaria en la El tercer apartado acoge trabajos en los
cibercultura». Más la correspondiente bi- que, en vez de centrarse en la época «pos-
bliografía. tliteraria» que inaugura el espacio ciberné-
En el primer apartado, Catherine Hayles tico, se inquiere sobre los cambios que el
(«La condición de la virtualidad», 37-72) nuevo soporte introduce en la continuidad
analiza el proceso epistemológico que lle- de los géneros tal como lo hemos conoci-
va a reducir lo material, en todas sus ma- do en la época Guttenberg. Dani Cavalla-
nifestaciones, a un fenómeno de informa- ro «La Ciencia-Ficción y el Ciberpunk»,
ción. Así se pueden vislumbrar insospecha- 235-268) traza la genealogía del ciberpub-
das conexiones de la Literatura con la nk en los clásicos para mostrarnos, según
Biología molecular, la Ingeniería genética Sánchez-Mesa, cómo la ciencia-ficción ha
o la Teoría de la información de base ma- supuesto una mirada analítica sobre el im-
temática. Marie-Laure Ryan («El ciberes- pacto de la ciencia, la tecnología y sus
pacio, la virtualidad y el texto», 73-115) contradicciones en el presente y, de ahí, su
aborda, con su característica finura, la vinculación con el género de la utopía.
cuestión de cómo manejar el cambio se- Joan-Elíes Adell («Las palabras y las má-
mántico producido por el impacto de las quinas. Una aproximación a la creación
nuevas tecnologías. Hay que discernir qué poética digital», 269-296) estudia las po-
discursos dicen lo mismo con otras pala- tencialidades y límites de la poesía elec-
bras y cuáles dicen otras cosas con las trónica. Mathew Causey «La performance
mismas palabras existentes en nuestro cam- post-orgánica. La apariencia del teatro en
po. Espen Aarseth («La literatura ergódi- los espacios virtuales», 297- 325) es el
ca» 117-145) defiende la posibilidad de encargado de ponderar las posibilidades del
señalar los nuevos tipos de «textos» con teatro en el nuevo medio. Se trata de una
términos que no supongan una indebida cuestión todo problemas, ya que el género
colonización de la teoría construida para la «teatro» es literatura, pero no solo litera-
creación «literaria». Finalmente, Antonio tura (e incluso en absoluto literatura).
Rodríguez de las Heras («Nuevas tecnolo- Como suele decir el teórico teatral José
gías y saber humanístico», 147-173) plan- Luis García Barrientos, es cierto que exis-
tea una cuestión esencial que pone sobre ten hombres sin teatro, pero cabe cuestio-
el tapete la revolución electrónica ante la narse qué sentido tiene hablar de «teatro
tradición humanística: el tema crucial de la sin hombres».
memoria. El cuarto y último apartado se destina
El segundo apartado trata de la trascen- a examinar la trascendencia tecnológica,
dencia propiamente filosófica del asunto. económica, política y pedagógica de la
Mark Poster («La ciberdemocracia, internet nueva situación. Michael Joyce (La Nueva
y la esfera pública», 177-197) encuentra en enseñanza: hacia una pedagogía para una
Internet el modelo del carácter construido nueva cosmología», 329-343) explora la
de la identidad. En el fondo, se trata de nueva relación, más igualitaria y de cola-
un alegato postmoderno, a la búsqueda de boración, que instauran las nuevas tecno-
confirmación empírica more cibernetica, de logías en las interacciones entre docentes
la crisis del sujeto. El trabajo de Kevin y discentes. En fin, Daniel Apollon («La

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educación superior y la visión del apren- yor parte de las veces, la razón es el des-
diz electrónico –e-learning–», 345-366) ob- conocimiento: «...aunque también guarde-
serva un nuevo escenario, «caracterizado mos silencio (quizá por incompetencia)
por la desectorización y la emergencia de acerca del mundo histórico y social...»
un nuevo habitus, en el que los sistemas Por la razón que arguye Said es fre-
de conocimiento tradicional y los sistemas cuente que se distinga, en el ámbito aca-
de comunicación del conocimiento sufren démico, entre la literatura y la realidad,
una profunda modificación, que es obser- entre el mundo de la ficción y el mundo
vable no solamente en las universidades, concreto; sin embargo, no debemos perder
sino también en las empresas» (p. 360). de vista los reiterados esfuerzos en las úl-
Insisto. La simpatía que abrigo par con timas décadas, desde perspectivas diversas,
la colección, que evocaba al principio, se contradictorias, complementarias o exclu-
ha visto incrementada especialmente con yentes, de entender la literatura, compren-
un volumen como éste que resulta impres- didas en su mayor parte en la relación di-
cindible por contribuir a la continua actua- cotómica e indisoluble entre literatura y
lización del conocimiento de nuestras cues- sociedad, esto es, en palabras de Antonio
tiones en el devenir del cambio social. En Chicharro en su libro El corazón periférico:
efecto, pocas realidades de nuestro mundo «...un estado de comprensión caracteri-
estarán teniendo más influencia sobre nues- zado por un rechazo del cientificismo que
tra cultura, que la emergencia de las nue- había asolado los estudios literarios desde
vas tecnologías. la modernidad decimonónica hasta los años
El resultado de la suma de textos an- ochenta del siglo XX y una clara concien-
tologizados no supone una información cia de la extrema complejidad del dominio
exhaustiva (ni pretende serlo, ni es posi- de conocimiento que es la realidad social
ble que lo sea), pero constituye una intro- que llamamos literatura que no se agota
ducción suficientemente sistemática que con una u otra explicación teórica» (p. 39).
deberemos agradecer a Sánchez-Mesa,
quien, sin duda, seguirá transitando por De este modo, la literatura no es otra
esta senda y produciendo nuevas entregas cosa distinta (opuesta, ajena, reflejo o in-
iluminadores para cuantos, a principios del vención) de lo que llamamos realidad; es,
siglo XXI, estamos anclados en el campo del mismo modo que la ciencia, una prác-
acotado entre «poesía» y «cíber» tica y una realidad social, y como tal ha
sido comprendida y estudiada.
M IGUEL ÁNGEL GARRIDO GALLARDO Chicharro expone en este volumen, a
partir de su propia experiencia y de una
aproximación reflexiva y crítica a las di-
versas teorías críticas que abordan las re-
CHICHARRO CHAMORRO, Antonio, El cora- laciones entre la literatura y la sociedad,
zón periférico. Sobre el estudio de li- los distintos derroteros de lo que llama el
teratura y sociedad, Granada, Univer- corazón periférico: el conjunto de estudios
sidad, 2005, 308 pp. («Biblioteca de sociológicos y sociales de la literatura.
Bolsillo. Divulgativa Collectanea Limi- Señala que:
tanea», núm. 23). «...el corazón real del hecho literario y
el corazón real de los estudios literarios
¿Por qué al hablar de literatura parece paralelos no se explican constitutivamente
que sólo se habla de mundos imaginarios? sin la existencia real del corazón periféri-
Edward W. Said respondió en The World, co que es toda sociedad –y dichos estudios,
the Text and the Critic (1983) que, la ma- en una suerte de explicación interna a su

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vez, no se explican sin el corazón perifé- de perspectiva de las cosas) hasta la socio-
rico que conforman los estudios de su plu- crítica y otras prácticas teóricas tras la
ral dimensión social» (p. 73). caída del muro, se han desarrollado en el
En este ensayo de Antonio Chicharro contexto de la historia del pensamiento li-
expone concienzudamente, recurriendo a terario.
autores y teorías de la más diversa índole, Parte esencial de los estudios literarios,
las explicaciones y posturas de fondo del esto es, práctica cotidiana debe ser, a de-
corazón periférico de la literatura. No pre- cir de Antonio Chicharro, llevar a cabo una
tende, y así lo señala de manera explícita, discusión sobre los modelos esencialistas,
hacer una historia de los estudios socioló- los objetivistas históricos (como el mate-
gicos y sociales de la literatura, sino ex- rialismo histórico), «a la hora de corregir
plicar sus planteamientos desde su sentido los excesos deterministas, negar las obje-
epistemológico y las cuestiones básicas que tividades empírico-positivistas, cuestionar
rigen dicho conjunto de prácticas sociales los fundamentos holísticos y la extendida
que llamamos estudios literarios. Es éste concepción unitaria y eurocéntrica de la
una obra introductoria que no pretende humanidad». El cuestionamiento conducirá
explicar todas las particularidades de las a la apertura de vías de comprensión, en
diferentes prácticas teóricas sobre la lite- muchos de los casos cambiando el objeto
ratura y la sociedad, sino hacer una aproxi- de estudio y no sólo la teoría en torno
mación a las más relevantes y señalar sus suyo, como se señala en el último capítu-
diferencias y coincidencias a partir de su lo de El corazón periférico.
objeto de conocimiento (episteme). Pero, en la línea que ha seguido Chi-
Aprovechando la estructura del libro de charro desde Literatura y saber (1987), no
Chicharro pretenderé esbozar la línea con- se limita a aportar todos los elementos de
ductora de su propuesta de estudio, dado análisis (en este caso, el amplio panorama
que, de manera preponderante e indudable- posible de los estudios sociológicos y so-
mente ligado a su práctica docente, esta ciales de la literatura en el mundo occiden-
obra se conforma como un referente inelu- tal), sino que su pretensión es proponer
dible, a modo de introducción, para cual- llamar:
quier investigador interesado en la litera-
«...a las cosas por su nombre ... a las
tura desde una perspectiva social o socio-
científicas teorías de la literatura denomi-
lógica. Podría añadir que, con acierto, abre
némoslas con más propiedad ideologías li-
perspectivas, vías de reflexión, pone de
teraturológicas. [que] ... no hacen derivar
relieve teorías que, de otro modo, se des-
su propia discursividad ... de la literatura
dibujarían en el enorme conjunto de estu-
misma ni tratan de doblar con sus palabras
dios teóricos y propuestas de análisis.
un modo de escritura que confunden con
La reflexión sobre la literatura debe
toda la literatura» (pp. 54-55).
partir de la conciencia de que los estudios
literarios que se conforman sobre una pre- Con su propuesta de metateoría, del
tensión científica, como afirma Chicharro, conjunto de prácticas y teorías literaturo-
se retroalimentan con las ideologías so- lógicas, Chicharro busca configurar una
ciales, «estando sometida su ansiada neu- suerte de teoría macro, que comprenda a
tralidad científica a intereses históricos» las demás a partir del esfuerzo, denodado,
(p. 49). crítico, reiterado, de conformar una cien-
A partir de esta consideración es posi- cia de la literatura; si bien la menciona
ble explicar y entender la multiplicidad de sólo en la primera parte del libro, subyace
paradigmas que, desde los estudios de Baj- en el resto como hilo conductor, como
tín tras la revolución rusa (con su cambio pretensión comprensiva de la realidad so-

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cial que llamamos literatura y los modos se adscriben la mayor parte de las propues-
que tenemos de conocerla. tas teóricas de estudios que explica Chicha-
A partir de multitud de referencias a rro, se reconoce de manera implícita la
autores y corrientes del pensamiento, des- existencia de la dicotomía literatura/socie-
de el ámbito propiamente español como es dad, considerando cada una de ellas como
el caso de Castellet o Mainer, hasta Leen- entes autónomos que guardan algún tipo de
hardt, Escarpit o Zalamanski, Antonio Chi- relación. Aunado a lo anterior, no se pre-
charro sostiene que las explicaciones de la guntan qué es el fenómeno literario: al des-
crítica literaria se establecen en dos senti- tacar o defender una un otra aproximación
dos: de la literatura a la sociedad y de la al objeto, pierden de vista qué es.
sociedad hacia la literatura. El primer caso Estas posturas, añade Chicharro, «cons-
(sociología de la literatura) estudia «los tituyen un serio obstáculo teórico para ...
efectos de la obra sobre la sociedad». El pensar la literatura como una cristalización
segundo sentido (crítica sociológica) sostie- social o específica forma productiva de lo
ne que no puede soslayarse los elementos real», a pesar de que en el plano teórico
sociales previos, inherentes y contextuales se trabaje sobre realidades particulares
de la obra literaria, y se identifica con la (cortes) y su cristalización histórica. Ade-
crítica de índole marxista. más, perder de vista que no se trata de
A partir de esta consideración (básica, entidades ajenas (literatura y sociedad) y la
metodológica) es posible aproximarse a las limitada comprensión del fenómeno litera-
distintas propuestas teóricas, las cuales, rio dificulta poner en evidencia la proble-
como afirma categóricamente Chicharro, no mática esencial, «las manifestadas diferen-
es posible separarlas del sistema que lla- cias entre dichas teorías a propósito de su
mamos literatura. Es decir, no son realida- respectivo objeto teórico».
des distintas y otras, sino facetas del mis- Para entender la importancia, la nece-
mo objeto, o mejor, de la misma práctica sidad de los distintos paradigmas a los que
socialmente validada. introduce El corazón periférico que inten-
Chicharro realiza así una crítica, perti- tan explicar la literatura y la sociedad (di-
nente y necesaria, de las muchas teorías ferenciadas, entrelazadas, una sola entidad)
que conciben la literatura y la sociedad debemos tener en cuenta, nos sugiere An-
como entidades autónomas e independien- tonio Chicharro, que los estudios literarios
tes. De este modo lo que se identifica se abocan al dominio cultural literario (o
como literatura (los textos y las prácticas en términos del autor, «el socialmente di-
que solemos concebir de este modo), el ferenciado sistema literatura»), el cual se
corazón central, y «el difuso e inasible manifiesta de gran complejidad, por lo que
corazón periférico de la sociedad [donde cualquier acercamiento teórico se mostrará
incluiríamos los estudios sobre la literatu- incapaz de comprenderlo en su totalidad.
ra] ... son elementos constitutivos del sis- El libro El corazón periférico nos in-
tema literatura». troduce a los estudios sociológicos y so-
Los capítulos precedentes sirven a Chi- ciales de la literatura, pero sobre todo nos
charro como una suerte de introducción, aproxima a una problemática fundamental,
bosquejos, a su preocupación fundamental: y no siempre comprendida en su justa re-
¿qué es este objeto que estudiamos, la li- levancia en torno a la comprensión del
teratura? pensamiento social y las prácticas literarias,
Resulta especialmente interesante su imbricadas en lo que solemos llamar, des-
afirmación de que, en el seno de la meta- de Madame de Stäel, literatura.
fórica situación de la literatura a la socie-
dad y de la sociedad a la literatura, a la que RODRIGO PARDO FERNÁNDEZ

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A SENSI PÉREZ, Manuel, Los años salvajes de la literatura, la historia de la literatura


de la teoría. Phillippe Sollers, Tel Quel etc. ¿Por qué? Porque es la literatura, es
y la Génesis del pensamiento post-es- la teoría, lo que Tel Quel propone como
tructural francés, Valencia, Tirant lo foco de resistencia ante la ignorancia y la
Blanch, 2006, 495 pp. perversión del mundo... No sólo es que los
telquelistas vieran las posibilidades políti-
Hace dos años, en el número 131 de cas de la actividad teórica y literaria (eso
esta misma revista, tuve el placer de rese- también lo vio el marxismo clásico), sino
ñar el libro de Manuel Asensi Historia de que consideraron que la teoría literaria y
la teoría de la literatura (el siglo XX has- la literatura eran el lugar nuclear de la
ta los años 70), Valencia: Tirant lo Blan- política y el cambio social» (pp.13-14).
ch, 2003. Ya entonces, quedaba sumamen-
te admirada por un proyecto, que no sólo De este modo, Asensi se alinea con el
revelaba un profundo amor por el pensa- telquelismo: «este libro nace de una pasión
miento sobre la literatura y de la literatu- que rinde homenaje a una de las empresas
ra; sino un saber inmenso en torno a te- más ambiciosas e imaginativas de conver-
mas de toda índole, junto con un inusual tir la teoría de la literatura y la ‘escritura’
talento para la transmisión pedagógica, que en el espacio privilegiado de la acción
habrían de convertir a ese libro en una de política y de la transformación social»
mis lecturas de referencia durante estos tres (p.15); al tiempo que recupera para los
años. Ahora tengo entre mis manos Los lectores españoles:
años salvajes de la teoría y vuelvo a que- «una época que creyó poderosamente
dar asombrada, porque Manuel Asensi tie- en el poder de la teoría y de la escritura,
ne el don de transformar la historia de la una época que hizo de esa teoría y esa es-
teoría de la literatura en una historia cau- critura casi una razón de ser, una identi-
tivadora, pero también en una historia dad, una época que bien podría ser llama-
cercana, donde cada uno de sus nombres da de los años salvajes de la teoría, no
y sus conceptos acaban por transmiti- podía dejar las cosas como estaban ni en
rnos un afecto, que nos ayuda a sobre- cuanto al lugar de la enunciación (¿desde
vivir en un mundo donde la pregunta dónde se hacen la teoría y la escritura?),
«¿para qué sirve?» amenaza con engullir ni en cuanto al género o géneros utiliza-
las humanidades, que algunos prejuzgan dos (¿cómo es la textualidad telquelista?),
como meramente lúdicas. Desde aquí, re- ni en cuanto a su destinatario (¿a quién se
cordar el proyecto Tel Quel supone reivin- dirige esa teoría con un fin revoluciona-
dicar el decir y el hacer de muchos de rio?)» (p.21).
nosotros: Nada se había escrito sobre ella en
«Tel Quel sirve, dice Sollers, para «no nuestra lengua con semejante minuciosidad.
morir de desesperación en un mundo de Los años salvajes pueden leerse como un
ignorancia y perversión». Es una respues- paso más de la Historia de la teoría de la
ta pasional, afectiva, agresiva. Pone de re- literatura, pero no uno cualquier, sino
lieve lo que fue el proyecto telquelista: un aquel que le da razón de ser.
intento de cambiar la realidad atento a los El libro queda dividido en dos grandes
engaños de otras propuestas de cambio que partes. Una primera, donde se traza la his-
fueron estériles o bien condujeron a situa- toria del movimiento telquelista, los temas
ciones peores... Lo que se halla en el ori- que inauguró desde 1960 a 1982, el con-
gen de este estudio es algo que debería texto personal, político, cultural y filosófi-
mover los afectos de todos aquellos que co que lo acompañó y las diferentes pu-
nos interesamos por la literatura, la teoría blicaciones de literatura y literatura com-

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parada que fueron surgiendo. Una segun- y se convierte en pública: los artículos se
da, donde Manuel Asensi demuestra su in- firman con el nombre del grupo, aparecen
mensa capacidad para acercar al lector textos en los que no sabremos dónde em-
cualquier concepto, pero también la admi- pieza la cita y el discurso del autor que ha
ración que siente por Phillipe Sollers, cuya citado, donde dejamos de saber quién ha-
obra, no como eslabón aislado, sino como bla; puesto que «una de las características
cadena de textos, se convierte en el señue- más llamativas de la historia del movimien-
lo desde el que recorrer algunos de los pi- to Tel Quel fue la de poner en tela de
lares conceptuales teórico-literarios, pero juicio la idea de límite» (p.69), que aso-
también políticos de Tel Quel en el perio- ciada a la necesidad de un movimiento
do que va de 1965 a 1970. Los años sal- continuo, convierten al espacio Tel Quel,
vajes de la teoría forma parte de esa ca- en un lugar móvil, de fronteras inciertas,
dena, asume el programa que describe y y en esto radica su extrema potencialidad:
convierte este juego especular en pasión y «La máquina Tel Quel consistió en no per-
en revolución. Tampoco debe olvidarse que manecer idéntica a lo largo de su historia,
en la «Introducción» al libro Asensi dia- en no ser la misma, en hacer del cambio
loga con los trabajos más relevantes escri- una estrategia política» (p.71).
tos en inglés y francés sobre Tel Quel, ana- De esta manera, Asensi nos explica que
lizando los acuerdos y desacuerdos que su
«Tel Quel no se desplazó desde el mar-
ensayo mantiene con ellos, gesto altamen-
xismo-leninismo del PCF al maoísmo por-
te original, que habla de ese lugar otro
que no fueran marxistas o porque dejaran
desde el que se construye su propuesta.
de serlo, sino porque su proyecto de revo-
La primera de estas partes, que lleva
lución cultural como condición necesaria
por título «Historia del espacio ‘Tel
de revolución social dejó de encontrar aco-
Quel’», se subdivide en diferentes epígra-
modo y salida dentro del estrecho camino
fes: «La creación de la revista (1960-1963)
comunista, y en cambio sí los encontró en
y el germen del conflicto», « La creación
el cauce maoísta. Tel Quel no pertenecía
del espacio ‘Tel Quel’ (1963-1969)», «Las
al marxismo-leninismo, al maoísmo, al
barricadas, la deconstrucción y el marxis-
americanismo o al catolicismo, sino que
mo: mayo del 68 y sus consecuencias»,
usó todos esos moldes políticos como me-
«Bajo la bandera maoísta, la dialéctica, la
dios de expresión» (141).
negatividad y el feminismo (1970-1974)»,
«El desierto de lo real: el viaje a China», En lo que todo el espacio Tel Quel
«La crítica del totalitarismo, la nueva fi- parece estar de acuerdo es en que la ver-
losofía y la literatura como disidencia: dadera forma de disidencia está represen-
1974-1977», «El catolicismo ateo de Tel tada por la literatura, que en ella reside un
Quel y la literatura contra lo semblan poder que va más allá de todos los saberes.
(1977-1982)» ; al tiempo que apunta ha- Por ello la primera parte del libro re-
cia una historia que no es la de una revis- crear el diálogo de Tel Quel con referen-
ta, sino la de un ‘espacio’, entendido éste tes tan dispares como el marxismo, la gue-
como el punto de encuentro de una revis- rra de Argelia, el nazismo, la nouveau
ta con una gestión editorial, de diferentes roman, el estructuralismo, la escritura tex-
encrucijadas vitales, de distintos proyectos tualista, el PCF, el feminismo, el maoís-
literarios, de una actitud política..., como mo, el cristianismo etc... creando un com-
una manera peculiar de literatura, de ideo- plejo palimpsesto donde la capacidad na-
logía, de pensamiento... rrativa de Manuel Asensi impide al lector
Desde aquí, por ejemplo, el concepto perderse; pero también donde el modesto
de autor deja de ser una realidad privada objetivo apuntado «agudizar los trazos de

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ese panorama que tienen que ver con la rojo y la reflexividad performativa», «La
teoría de la literatura y la literatura en materia y el sujeto en Tel Quel».
general» (p. 47) es superado con creces, Así, en el primero de ellos Asensi crea
para pasar a convertirse en una lección de una «teoría de la revista», donde el «me-
historia del pensamiento, que ilumina mu- dio es el mensaje», donde la teoría y la
chísimos de los grandes acontecimientos de praxis se aúnan en un gesto siempre polí-
la segunda mitad del siglo XX. tico, donde la polifonía es una necesidad:
Asimismo, son muchos los nombres que «por decirlo en otros términos: en la re-
se van a convertir en protagonistas de esta vista lo que es dialógico y polifónico es
historia: Roland Barthes, Derrida, Foucault, el ‘parergon’ antes que, o además de, los
Lacan, Todorov, Kristeva, el propio So- textos en sí mismos. (p. 211) Por ello, si
llers... sobre los que Manuel Asensi habla Tel Quel quedó marcada por el tiempo
como teóricos, pero también como amigos, convulso que rodeo su existencia, ella mis-
competidores, amantes... en un gesto de ma contribuyó a hacerlo convulso, pues la
humanización nada gratuito, pero sí muy revista gozó de carácter preformativo, fue,
reconfortante para el lector, que encuentra ante todo, una acción, respaldada por su
en el vínculo corpus-cuerpo, (no en vano valor liminar, como productora, pero tam-
objeto de interés prioritario del propio tel- bién como mediadora, de la producción
quelismo) un nuevo camino de lectura, que cultural, del debate, de la misma literatura.
es también una apuesta pedagógica: «Ol- Mientras «Pasión y Poder de la litera-
vidamos que hubo una enseñanza una pe- tura», se pregunta: ¿Qué es la pasión de
dagogía (la telquelista) que, aunque no es- la literatura?, ¿Qué es ésta para Tel Quel?,
tuviera exenta de problemas, se propuso y encuentra la respuesta en una literatura
llevar a los estudiantes y asistentes al alto que se mira a sí misma, que no acepta su
nivel del lenguaje filosófico y político, supuesto carácter instrumental, ni ninguna
condición ésta considerada como necesaria sobredeterminación que venga de un lugar
para la revolución política» (p.121). extraño a ella. El diálogo de los telqueli-
Desde ese ‘espacio’ que Tel Quel con- tas con la nouveau roman se explica por-
forma, y del que todos nosotros pasamos que es aquí donde ellos ven un primer
a formar parte al leer a Asensi, la revista camino hacia la autorreflexividad literaria;
pudo desaparecer en invierno de 1982: aunque más tarde las novelas de Grillet, y
«pero el espacio Tel Quel seguía vivo. Se del propio Sollers superen este camino, y
cumplían las palabras que Sollers le había encuentren otras sendas por las que seguir
dicho a Jacqueline Risset en el número 86 avanzando en una búsqueda, aunque el
de la revista: «¿Por qué Tel Quel causa tiempo acabe por demostrar que para de-
sensación? Simplemente porque nadie pue- terminarse a sí misma la literatura tendrá
de saber de antemano lo que se va a es- que borrarse como tal literatura.
cribir, lo que entraña una experiencia tal De esta forma, la pasión de la literatura
que desorienta cualquier asignación de lu- conecta con el problema de la autorreflexi-
gar» (p. 206). vidad, pero también de la presencia de la
Pero todavía más, ya que la segunda de subjetividad en el texto, aunque ésta no sea
las partes del libro, aunque titulada «Los entendida según el modo de la representa-
conceptos», más bien aborda «Archi-Con- ción clásica. Por lo que, el tercero de los
ceptos», como demuestran los subtítulos de capítulos de la segunda parte, se dedica a
los capítulos: «Teoría y práctica de la re- esta reflexión, como consecuencia lógica del
vista en el telquelismo», «Pasión y poder anterior. «Más que un concepto la autorre-
de la literatura», «Autorreflexividad y li- flexividad es una matriz generadora de con-
teratura», «Texto y post-política. El relato ceptos» (p. 265), sobre la que piensan Blan-

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chot, Foucault, Barthes, Bataille..., con los Si Paul de Man recogía en Alegorías de
que Manuel Asensi dialoga; al tiempo que la lectura la pregunta nietzscheana: ¿cómo
Drame, Nombres o «Caminar sobre la separar a la bailarina de la danza?», me
Luna» de Sollers sirven para articular el permito ahora retomarla, pues Los años
tránsito de la autorreflexividad a la hiper- salvajes de la teoría son ya parte de Tel
autorreflexividad, para entablar un diálogo Quel, de la misma manera que la historia
entre Sollers y Derrida sobre la disemina- de Tel Quel ya nunca podrá leerse sin es-
ción, el injerto, la archi-escritura, la cita tos Los años salvajes...
etc..., que constituye uno de los puntos más
intensos e interesantes del libro, por lo que BEATRIZ FERRÚS ANTÓN
tiene de subversivo: ya que ahora la histo-
ria de la deconstrucción cobra un nombre
propio que no es el de Derrida: Phillipe
Sollers. Posiblemente este tercer capítulo STEINER, George, Lecciones de los Maes-
constituya la mejor exposición sobre de- tros, traducción de María Cóndor, Ma-
construcción escrita hasta hoy en castellano. drid, Siruela, 2004, 187 pp.
Algo semejante ocurre con el capítulo
cuarto, donde la post-política como cues- Si hay alguien en el panorama intelec-
tión determinante en el pensamiento de los tual de las últimas décadas que no necesi-
últimos años, se nos presenta desde su ta presentación es sin duda George Steiner.
génesis: ante la caída de las grandes ideo- Sin embargo, puede que no sea inútil, so-
logías la respuesta está en las subjetivida- bre todo para calibrar el libro cuyo comen-
des individuales. No obstante, el recorrido tario nos ocupa, plantear la cuestión, retó-
de este capítulo no es simple, pues enfrenta rica sólo en apariencia, de cuál de las ex-
las nociones de texto, genotexto, fenotex- traordinarias cualidades que lo hacen
to, indecidible, relato rojo... mostrándose, acreedor al título de príncipe de los ensa-
también, como análisis preciso y minucio- yistas merece destacarse como la principal.
so de la obra de Julia Kristeva. A bote pronto, yo estaría tentado de incli-
Por último, «La materia y el sujeto en narme por su inteligencia deslumbrante.
Tel Quel» recoge la reflexión que sobre la Porque es lo que más placer me propor-
materia y el materialismo llevo a cabo el ciona cuando lo leo. Al cerrar el libro –
telquelismo, reflexión sin precedentes en el éste y otros muchos, por no decir todos los
siglo XX, que anticipa gran parte de las suyos–, en el momento de digerirlo y vol-
preocupaciones que más tarde recogerían ver a abrir los ojos a la realidad, entra en
las teorías queer; ya que ser materialista de competencia con la inteligencia otro valor
acuerdo con Sollers consistirá en adoptar quizás aún más raro hoy, en este batibu-
una posición no tética «cuya virtud es cap- rrillo de relativismos casi siempre triviales.
tar contextualmente la intercambiabilidad y Me refiero al valor de la importancia o, si
la diferenciación infinita entre dos extre- se quiere, de la excelencia. Cualquiera que
mos de una contradicción» (p. 407). La lea Presencias reales (1989) o Gramáticas
historia de la materia se vuelve insepara- de la creación (2001), por ejemplo, podrá
ble de la historia del sujeto. discrepar de sus ideas o no identificarse
Asimismo, no debe olvidarse que este con su estilo, pero no podrá negar (salvo
libro recopila y traduce algunos de los disparate) que las cuestiones que se plan-
fragmentos más significativos de la histo- tean, y el tratamiento de las mismas, son
ria de Tel Quel, convirtiéndose, de este de la máxima importancia; de una impor-
modo, en una interesante antología de su tancia que se impone como evidente y no
‘espacio’. admite por tanto discusión (seria). El libro

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que comento no es seguramente de tanto dido por este auténtico Maestro con tanta
empeño, pero se enfrenta a temas de im- solvencia como valentía (y, si se me per-
portancia no menor, desde luego. mite, con más razón que un santo). Así de
Recuerdo que en Errata (1997), su au- claro y de demoledor de lo políticamente
tobiografía intelectual, cuenta Steiner que correcto se manifiesta en nuestro libro:
uno de sus maestros en la Universidad de «Considerar que Sófocles, Dante o Shakes-
Chicago, Ernest Sirluck, «me devolvió el peare están mancillados por una mentali-
primer trabajo que escribí para su semina- dad imperialista, colonialista, es pura y
rio sobre Milton escuetamente marcado con simple estupidez. Desechar la poesía o la
un «Ampuloso». Un veredicto demoledor» novela occidentales desde Cervantes hasta
(Madrid, Siruela, 1998, p. 157). De acuer- Proust por “machismo” es ceguera. [...]
do, pero, si bien se mira, quizás también Que Bach y Beethoven llegan a límites del
un síntoma de su pasión por lo importan- empeño humano que sobrepasan el rap o
te, propensión o pretensión seguramente el havy metal; que Keats pone en solfa
prematura entonces. Hoy, en la cima de su ideas a las que Bob Dylan es ajeno, es o
madurez, tal vez podamos considerar una debiera ser algo evidente por sí mismo,
huella estilística de esa misma pasión, pero sean cuales fueren las connotaciones polí-
ya en pleno dominio de un pensamiento y tico-sociales –y en efecto las hay– de tal
una elocución propias, cierto gusto por las convicción» (p. 137). No me resisto a co-
expresiones rotundas y no exentas a veces piar también la siguiente observación, tan
de exageración. Por ejemplo, en el libro pertinente y oportuna para cuantos profe-
que comento: «Como dijo Ned Rorem, samos las letras: «Las ciencias no conocen
Nadia Boulanger fue, sencillamente, “la semejante estupidez. Este punto crucial se
profesora más grande que ha habido desde pasa a menudo por alto. El legado de Ar-
Sócrates”» (p. 132), o, sin el atenuante de químedes, Galileo, Newton y Darwin sigue
la cita (aunque asumida): «Aristóteles hizo estando seguro. [...] En la ciencia, la en-
aportaciones fundamentales a la ciencia gañifa, y mucho más la falsificación por
lógica, epistemológica y política. Lo mis- motivos de raza, género o ideología está –
mo puede decirse de Karl Popper. ¿Ha hasta donde es humanamente posible– ex-
habido un tercero?» (p. 160). Confieso mi cluida. La corrección es la de la ecuación,
predilección por este tipo de recurso que, no la de la política de la cobardía. Esta
más allá de su eficacia expresiva, tiene la diferencia –podemos conjeturar– ayuda a
virtud impagable de poner al lector des- explicar el relativo prestigio y dignidad que
pierto en pie o en busca de contradicción. actualmente poseen las ciencias y las le-
El libro se basa en las Charles Eliot tras humanas» (p. 138).
Norton Lectures que impartió el autor en Pero nada será tan elocuente sobre la
la Universidad de Harvard el curso 2001- relevancia de primer orden del contenido
2002. En su título original, Lessons of the del libro como la mera enumeración de las
Masters (2003) resuena el del relato de principales figuras, obras o casos que se
Henry James The Lesson of the Master tratan en él. Protagonistas del capítulo 1,
(1988), al que se refiere Steiner expresa- titulado «Unos orígenes perdurables», son
mente en su exposición (p. 122). Otro sín- nada menos que Sócrates y Jesús de Naza-
toma de lo que vengo comentando en tor- ret, los dos Maestros orales decisivos y
no al valor de la importancia. Ni que de- fundadores de nuestra civilización, pero el
cir tiene que se trata de un valor, el de la examen de los temas del magisterio y el
jerarquía, por decirlo con un término más discipulazgo en que se centra el libro se
sospechoso y por tanto revelador, no sólo remonta también a figuras como Pitágoras,
practicado, sino también asumido y defen- Empédocles y los sofistas, y se tratan te-

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mas como la paradoja de que se pueda tro de más edad y la joven discípula, en
cobrar o pagar por la transmisión de la L’école des femmes, en Middlemarch, en
sabiduría, o el de la oralidad («Sólo la pa- los casos de Abelardo y Eloísa, y, otra vez,
labra hablada y el cara a cara pueden [...] de Heidegger y Hannah Arendt.
garantizar la enseñanza honrada», p. 38), El título del capítulo cuarto, «Maîtres
con resonancias de Presencias reales, y à penser», es muy significativo precisamen-
también el muy grave y delicado del ero- te por lo que tiene de intraducible. Se cen-
tismo, recurrente en el libro y tratado por tra en lo que se conoce como «la républi-
Steiner, como cabía esperar, con seriedad y que des professeurs», determinada históri-
profundidad ejemplares: «El erotismo, en- camente por la humillación de Francia en
cubierto o declarado, imaginado o llevado 1870-1871 y por el caso Dreyfus, repúbli-
a la práctica, está entretejido con la ense- ca dominada por la figura de Alain, que
ñanza [...] Este hecho elemental ha sido se enseñorea de este capítulo junto con
trivializado por una fijación en el acoso Nietzsche. Pero hay lugar también para los
sexual. Pero sigue siendo esencial» (p. 33). casos de Georges Palante o Gérard Granel,
El segundo capítulo, «Lluvia de fuego», para el análisis de Le disciple de Paul
sigue el hilo de dos corrientes soberanas Bourget y El juego de los abalorios de
que se entrecruzan a partir de los orígenes, Herman Hesse, así como de la figura y el
el cristianismo y el neoplatonismo. Por él círculo de Stefan George.
desfilan Plotino, Jámblico, San Agustín Al ámbito americano se dedica el ca-
(«Los deconstruccionistas y los posmoder- pítulo 5, «En tierra natal», aunque desde
nos son agustinianos sin fe», p. 49), para, el principio se advierta de que el tema tra-
después de una interesante digresión sha- tado «va a contrapelo de lo americano» en
kespeariana («el asunto que nos ocupa –el cuanto «la irreverencia es tan americana
de los maestros y discípulos– dejó indife- como el pastel de cerezas» (p. 121). En-
rente a Shakespeare [...] sospecho que si tiende Steiner que durante las últimas dé-
pudiéramos explicar esa omisión lograría- cadas dos patologías han erosionado en los
mos acceder a áreas vitales de la laberín- Estados Unidos la confianza entre maestro
tica sensibilidad de Shakespeare», p. 51), y discípulo: al eros inseparable de la en-
centrarse en Dante y su Divina Comedia, señanza «el «acoso sexual» al estilo ame-
sobre todo en el encuentro entre el Pere- ricano le ha añadido amenaza, trivializa-
grino y Brunetto Latini, su maestro («ad ción, cinismo y las artes del chantaje»
hora ad ora / m’insegnavate come l’uom (p. 136), de una parte, y de otra, la caza
s’etterna»), y concluir con Fernando Pes- de brujas desatada por la llamada «correc-
soa y sus fantasmales heterónimos (Reis y ción política». A propósito de esto salen a
Campos, discípulos de Caeiro). relucir las novelas Ravelstein (2000) de
En «Magnificus», el capítulo 3, encon- Saul Bellow y El animal moribundo (2001)
tramos un examen del mito de Fausto, con de Philip Roth. Con más detalle se atien-
estaciones en Marlowe, Goethe, Pessoa y de a Henry James y la mencionada Lesson
Valéry, así como de las relaciones entre of the Master (1988), a Henry Adams y La
Kepler y Tycho Brahe, entre Kafka y Max educación (1906), «un clásico del desen-
Brod, sobre todo entre Heidegger y Hus- canto» (p. 123), y a Lionel Trilling (Of
serl, cuyo encuentro es uno de los más This Time, Of That Place, 1943; The Les-
decisivos para la filosofía y cuyo desenla- son and the Secret, 1945). Muy interesan-
ce, con la traición de Heidegger, «compo- tes resultan las incursiones en el magiste-
ne una de las historias más tristes de la rio aplicado a otras disciplinas, la música
historia del pensamiento» (p. 86) y termi- con Nadia Boulanger y el deporte con
na con la consideración del tema del maes- Knute Rockne.

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602 RESEÑAS DE LIBROS

En el último capítulo, «El intelecto que Maestro y discípulo está en retirada» pero
no envejece», pasa revista Steiner a dos sobre el impacto de lo femenino en este
vastas tradiciones, el judaísmo («el hasidis- asunto «sólo podemos aventurar conjeturas
mo escribió una página que casi no tiene acerca de unos valores y tensiones sin pre-
parangón. En ninguna parte ha habido unos cedentes» (p. 171). La tercera y más impor-
«maestros cantores» del alma humana más tante mutación es la crisis de la veneración,
auténticos», p. 149) y el Oriente (confucio- del fundamento en último término religio-
nismo, budismo, zen). Otro gran tema tra- so de Magisterio y discipulazgo, en la era
tado, con resonancias de Gramáticas de la de la irreverencia que es la nuestra, con la
creación, es el de la pedagogía en las cien- exaltación de los impresentables «famosos»
cias y en las humanidades. El caso central de los programas de telebasura y la corres-
es el de Karl Popper, que enlaza con el pondiente idea del sabio que roza lo risi-
tema del error en la enseñanza: «un Maes- ble. Con todo, se impone la esperanza. «Las
tro que deliberadamente enseña a sus dis- «lecciones de los Maestros» ¿pueden, deben
cípulos la mentira o la inhumanidad (son sobrevivir al embate de la marea? Yo creo
la misma cosa) entra en la categoría de lo que lo harán, aunque sea de una forma
imperdonable» (p. 166). El cierre lo pone imprevisible. Creo que es preciso que así
la conferencia «La ciencia como vocación» sea. La libido sciendi, el deseo de conoci-
de Max Weber y la respuesta, deliberada miento, el ansia de comprender, está gra-
o no, de Heidegger en su Rektoratsrede. bada en los mejores hombres y mujeres.
Particularmente comprometido resulta el También lo está la vocación de enseñar. No
«Epílogo», en el que el autor confronta su hay oficio más privilegiado» (p. 172-173).
tema con la situación presente y se pregunta Bastará este catálogo incompleto de su
sobre su proyección en el futuro: «¿Persis- contenido para apreciar la importancia del
tirán los tipos de relaciones entre Maestros libro, genuinamente antitético de tanta na-
y discípulos tal como los he bosquejado?» dería como se publica. Añádase la brillan-
(p. 169). Entre los cambios importantes que tez de un estilo a la altura de una inteli-
se vienen produciendo en la actualidad, gencia tan afilada como poderosa y un
destaca estos tres: Primero, la revolución pensamiento solvente y radical, que va a
científica y tecnológica, en particular la la raíz, en lo hondo, de las cuestiones, y
informática, internet, etc., que suponen en se tendrá una idea de la calidad, en ver-
efecto mucho más que un mero cambio tec- dad extraordinaria, de un libro cuyos lec-
nológico pues implican transformaciones de tores se han de sentir, con razón, privile-
la conciencia, la expresión, la percepción o giados.
la sensibilidad que apenas empezamos a
vislumbrar, y cuya influencia en el apren- JOSÉ LUIS GARCÍA BARRIENTOS
dizaje es ya trascendente. Los ámbitos de
aplicación de la gran tradición del magis-
terio, europea en lo esencial, que saca Stei-
ner literalmente a relucir parecen ser cada POZUELO YVANCOS, José María, De la au-
vez más restringidos, de una parte, y de tobiografía. Teoría y estilos, Barcelona,
otra, «la fidelidad y la traición humanas, los Crítica («Letras de la Humanidad»),
mandamientos zaratustrianos de amor y re- 2006, 258 pp.
belión, que se exigen mutuamente, son ex-
traños a lo electrónico» (p. 170). En segun- La autobiografía es un género que hoy
do lugar, la feminización en las humanida- en día despierta mucho interés. En los úl-
des y las artes liberales: «La estructura timos cuarenta años ha aumentado el gus-
patriarcal inherente a las relaciones de to por la exhibición del yo, por lo que

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RESEÑAS DE LIBROS 603

progresivamente han ganado preeminencia que se establece entre ellas. Se ponen de


los géneros memorialísticos. Sin embargo, relieve las limitaciones o los errores en que
a lo largo de la historia conceptos como han incurrido algunas teorías, y en ocasio-
los de identidad, autoría, autoridad, credi- nes se iluminan sus contradicciones inter-
bilidad, privacidad, intimidad, etc. han ex- nas, o se confrontan con otros discursos
perimentado cambios tan radicales, que para dilucidar qué conclusiones son las más
resulta difícil aunar bajo la misma etique- acertadas. En primera instancia se revisan
ta a multitud de obras que podrían ser las teorías estructuralista y formalista, cu-
consideradas autobiográficas. En De la yas limitaciones dieron lugar a dos ver-
autobiografía, Pozuelo Yvancos parte de la tientes críticas: la pragmática y la decons-
premisa de que la autobiografía es un gé- trucción. Más adelante, en un intento por
nero literario, y no un estilo que puede conciliar los postulados pragmáticos y de-
superponerse a otro tipo de obras, y la constructivistas, Pozuelo alude a los pre-
define pragmáticamente como una institu- supuestos de la filosofía analítica, y a las
ción que añade convenciones de lectura, e teorías de la textualidad.
implica una práctica social y una tradición Para empezar, se exponen las teorías
genérica previa. estructuralistas y formalistas. El estructu-
Para Pozuelo, la cuestión esencial por lo ralismo lingüístico, continuador de los prin-
que concierne a la autobiografía es su es- cipios teóricos de Jakobson y Saussure,
tatus resbaladizo, en un espacio fronterizo propugnaba separar los textos de su con-
de la ficción. Desde antiguo, el objeto de texto, de su producción y de su recepción,
las autobiografías ha oscilado entre la bús- y por tanto buscaba una lectura auto-refe-
queda de conocimiento (hacia la construc- renciada en el propio discurso. Para el caso
ción del ‘yo’) y el encomio o defensa (in- de la autobiografía, la primera persona del
tervención pública). A partir del concepto texto remite estructuralmente al ‘yo’ que
de frontera (que Pozuelo analizó en 1993 habla (Benveniste escribió que «yo es
en Poética de la ficción), en el presente quien dice una frase con sujeto»). No obs-
libro se concluye que este género posee un tante, en cada texto el ‘yo’ incluye distin-
estatuto dual, «en el límite entre la cons- to mundo en su referencia, por lo que el
trucción de una identidad, que tiene mucho conflicto autobiográfico es de la misma
de invención, y la relación de unos hechos naturaleza que el de la distinción entre
que se presentan y testimonian como rea- discurso e historia; en la autobiografía se
les» (p. 17). Lo que caracteriza a la auto- dan al mismo tiempo ambas formas, pues-
biografía es el espacio indefinido que ocu- to que el ‘yo’ se propone como ‘historia’,
pa entre categorías de pares opuestos, como el discurso, por tanto, no es sólo discurso,
son la de sujeto / objeto, autor / narrador, y el sujeto lo es a la vez de la enuncia-
mismo / idéntico, privado / público, hom- ción y del enunciado. Los dos grandes di-
bre interior / mundo exterior, factual (o lemas con los que se enfrentó el formalis-
verdadero) / ficcional... categorías que, ade- mo fueron, en primer lugar, que no existe
más, han ido cambiando a lo largo de la un estatuto formal de la autobiografía –
historia de la cultura occidental. novelas y autobiografías pueden compartir
La primera mitad del libro hace un la misma forma discursiva-; y en segundo
exhaustivo repaso a las principales escue- lugar que el trasvase de formas permite a
las teóricas que más luz han arrojado al los autores jugar con el horizonte de ex-
estudio de la autobiografía. En esta expo- pectativas de los lectores. Pragmática y
sición el libro cobra un gran interés, a tra- deconstrucción se ocuparon de dar respues-
vés de los análisis específicos de las diver- ta, desde perspectivas opuestas, a ambos
sas concepciones y el constructivo diálogo problemas.

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604 RESEÑAS DE LIBROS

Lo esencial para los teóricos pragmáti- güístico, la postmodernidad, la filosofía


cos es que la autobiografía se diferencia de analítica y las teorías de la textualidad.
otros textos en que no se lee como ficción, Todas ellas tendrían en común la certeza
en su peculiar modo de lectura se identifi- de que todo texto, por mucha que sea su
ca el ‘yo textual’ con el ‘yo autor’. Por mimesis con la historia, es, en última ins-
tanto, la autobiografía se propone como tancia, ficticio. Tanto la modernidad como
verdad, y como tal se lee. La prueba de su la postmodernidad surgen de la crisis de la
presupuesto de autenticidad es que se pue- idea de sujeto del discurso, hasta el punto
de acusar a un autor de fraude por haber de que el ‘yo’ ha dejado de ser, progresi-
cometido imposturas, o haber caído en ol- vamente, una referencia indiscutible. Cier-
vidos en su autobiografía (p. 44). Básica- tamente, desde antiguo existe una tradición
mente, la pragmática presta atención a un (Goethe, Nietzsche, Rimbaud, Proust, Va-
cronotopos externo, y parte de la premisa léry) que propugna que toda la literatura
de que toda publicación (seguida de com- pertenece al dominio autobiográfico; y vi-
pra y/o lectura) es un contrato social. El ceversa, desde Freud hay acuerdo acerca
autor es un testigo privilegiado del ‘yo’, y del hecho de que la memoria evoca selec-
con cada nueva lectura el lector realiza una cionando los recuerdos para conferir sen-
actualización única de ese contrato, puesto tido a la vida, por lo que también se pue-
que, al leer, firma un ‘pacto de credulidad’ de considerar que toda autobiografía es una
- pacto autobiográfico según Lejeune. Ese literaturización, dado el proceso de ficcio-
contrato de lectura gobierna al texto como nalización que lleva consigo la narración.
acto comunicativo, de modo que no es ex- Al contrario que la pragmática, la de-
tratextual (Bruss). Lejeune enumera una construcción presta su atención a un cro-
serie características que deben concurrir si- notopos interno y propugna la muerte del
multáneamente en un texto para poder ser autor. La ‘vida’ planteada en el texto es
llamado autobiográfico: 1) texto narrativo, una simple ilusión producida por la estruc-
en forma de prosa; 2) tema relativo a una tura retórica del lenguaje, de manera que
vida individual; la historia de una persona- la verdad del texto no puede estar en la
lidad; 3) la autoridad del texto se basa en vida del autor, sino dentro del lenguaje,
que autor y narrador coinciden, y por tanto que vela y revela. Si para los pragmáticos
el contenido es susceptible de verificación es la vida da que lugar a la obra autobio-
(fundamento pragmático de la misma natu- gráfica, tanto para los lacanianos como
raleza que en los textos jurídicos, científi- para los deconstructivistas es al revés,
cos o históricos); 4) por medio del relato puesto que el ‘yo’ es más efecto de la
retrospectivo, narrador y protagonista coin- escritura que origen de ella; la figuración
ciden. En la autobiografía, la firma del au- construye la referencia, y todo sujeto vie-
tor (que equivale a él mismo y lo avala) es ne a ser una construcción significante. Así,
la que produce la identidad entre autor-na- Gusdorf llama «pecado original autobiográ-
rrador-personaje, y la credibilidad con que fico» a la coherencia lógica que necesaria-
el lector lee el texto, asumiéndolo como mente acompaña a toda recapitulación de
verdad. Campillo se refiere al nombre del lo vivido, y por tanto le dota de un valor
autor como a una garantía. moral o estético. Precisamente, Lacan pone
Aparte del bloque pragmático (desde el de manifiesto la estrecha relación que hay
que Pozuelo siempre rebate las demás es- entre lenguaje e identidad, y explica cómo
cuelas teóricas), existe otro bloque concep- el sujeto surge del discurso intersubjetivo
tual, en el que de algún modo se aúnan las con el ‘otro’, y con ello se construye por
propuestas de la deconstrucción, el psicoa- medio de un texto. Por eso, la autobiogra-
nálisis lacaniano, el postestructuralismo lin- fía es una práctica discursiva que estable-

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ce la relación del ‘yo’ con los ‘otros’, de la escritura: esta no actúa como susti-
siendo‘otros’ una construcción real incons- tución tras el desplazamiento y ausencia
ciente. Levinas va más lejos, y reflexiona del escritor, sino como sustitución de la
acerca de que el concepto de ‘yo’ surge comunicación oral (este matiz replica el
como una interrelación ética con el otro. cambio de modelo lector que dio paso, de
La consecuencia de todo lo anterior es la lectura en voz alta, a la lectura como
que la única distinción entre una obra lite- experiencia mental). Frente a la disconti-
raria y una autobiografía es una distinción nuidad del sujeto que propugna la decons-
retórica. De Man apunta que el tropo de la trucción, Ricœur se refiere a la continui-
autobiografía es la prosopopeya (de-face- dad e interdependencia entre el ‘yo’ que
ment), donde el texto funciona como una escribe y los ‘yoes’ pasados sobre los que
máscara que sustituye a la persona convo- habla, dado que el recuerdo se hace desde
cada (ese ‘yo’ que escribe). En la misma un modelo continuo de identidad.
línea, Derrida señala la crisis de relación de En la misma línea argumental, las teo-
referencialidad entre el logos del texto y de rías de la textualidad aclaran las áreas inex-
la verdad del autor, y afirma que se es plicadas por la deconstrucción, cuyo error
autor en la medida en que la firma es ite- conceptual partía de la confusión entre mi-
rable; como no es posible la verificación de mesis de autor y mimesis de acto de len-
esa firma (que representa la ausencia del guaje. Y aducen que la coherencia textual
autor) para cada acto de habla, no existe de las autobiografías no es una prueba de
una estabilidad epistemológica entre el au- su ficción, sino más bien de lo contrario,
tor y su firma, con lo que el presupuesto de su interés por persuadir mediante la sin-
pragmático queda deconstruido. ceridad. Los silencios, olvidos y pretericio-
La arquitectura teórica de la deconstruc- nes de la autobiografía poseen una función
ción presenta una fisura que De Man ad- que no existe en otros textos literarios,
vierte al comprobar que es indecidible la porque lo que no está en una autobiografía
medida en que una autobiografía es simul- no remite al autor (que, según De Man, se
táneamente una justificación. Por su parte, construía como sujeto por medio de la fi-
Lledó pone de manifiesto que, frente a las guración tropológica) sino que remite a un
obras de ficción, que fomentan la ambigüe- texto, el de la memoria, sin errores, frente
dad y generan procesos simbólicos, la au- al que se confronta el texto factual.
tobiografía anula la interpretación, y en A lo largo de toda la exposición de la
ella el narrador-autor ejerce un control fé- primera parte del libro, Pozuelo trata de
rreo sobre la interpretación e impone la conciliar los aspectos conciliables de todas
verdad de referencia. las teorías revisadas, y sostiene que son
Dado que la retórica de la autobiogra- compatibles la ficcionalidad de la autobio-
fía se resuelve en un doble estatuto epis- grafía y la convención de que socialmente
temológico –el asertivo y el performativo– sea leída como verdad. Para él es innega-
, la filosofía analítica añade unas valiosas ble que, previo a la escritura existe un
consideraciones al estudio del tema. Para ‘yo’. Ese nuevo sujeto, al escribir para un
los analíticos, la autobiografía es una mi- ‘tú’, se obliga a una organización retórica
mesis no ya de la realidad, sino de un acto y apelativa, y da sentido de ser –pragmá-
de lenguaje, y por ello actúa como una tico- al texto. A su vez, esa relación entre
representación de la comunicación en pre- el ‘yo’ y el ‘tú’ produce un texto el cual,
sencia, similar a un mecanismo de comba- paradójicamente, revierte en el concepto
te contra el olvido, mediante la restaura- mismo de identidad del sujeto, que a lo
ción de la inmediatez presencial. Searle largo del proceso termina siendo producto
corrige los presupuestos de Derrida acerca del acto mismo de la escritura. No obstan-

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te, en el esfuerzo por hacer compatibles la lítica, la deconstructivo-postmoderna y la


«verdad» pragmática con la deconstructi- analítico-textual.
vista (reforzada con el psicoanálisis laca- A través de fragmentos y resúmenes de
niano), no deberemos olvidar que se trata argumentos, el autor arroja claridad sobre
de dos órdenes teóricos que parten de dis- distintos modos de llevar a cabo una obra
tintos lugares epistemológicos. autobiográfica, al tiempo que demuestra
El exhaustivo repaso de la sección teó- que la pragmática posee un peso decisivo
rica es de una utilidad didáctica innegable. a la hora de leer y desde luego de poner
Pozuelo no ha seguido una secuencia ex- en práctica el quehacer autobiográfico. Así
positiva cronológica, sino que ha agrupa- pues, lo representativo del estilo de Alberti
do sus disquisiciones en apartados tales es su particular construcción de «espacio
como «La frontera autobiográfica», «Silen- de memoria» como idea del sujeto. En La
cios, olvidos, el tejido del otro texto» y arboleda perdida el tema del exilio articula
«Del tropo al acto de lenguaje». al sujeto, quien (re-)construye su pasado
La segunda parte del libro, «Estilos de desde esa perspectiva de pérdida y desu-
la autobiografía», da paso a un análisis bicación. El Pretérito imperfecto y la Casa
menos abstracto. El evidente placer estéti- del olivo de Castilla del Pino son un ejem-
co que Pozuelo experimenta en la lectura plo de autobiografía como testimonio con
de las cinco autobiografías que analiza se pretensión histórica. El estilo de Tiempo de
deja traslucir en un lenguaje lírico, meta- guerras perdidas y La costumbre de vivir,
fórico, que contrasta con el riguroso em- de Caballero Bonald, se caracteriza por el
pleo del lenguaje de la sección teórica. constante trasvase entre la perspectiva del
«Estilos de la autobiografía» es una por- sujeto novelista, el sujeto autobiográfico y
menorizada reflexión acerca de las autobio- el personaje literario. Más sofisticado es el
grafías de cinco escritores: Rafael Alberti, estilo que Roth emplea en The Facts, don-
Carlos Castilla del Pino, José Manuel Ca- de los conocimientos teóricos sobre la au-
ballero Bonald, Philip Roth y Roland Bar- tobiografía obligan al autor a escribir una
thes. El autor justifica su particular selec- meta-autobiografía donde la ironía juega
ción porque considera a cada una de esas con las convenciones genéricas que ya co-
autobiografías «representativas de determi- nocen los lectores. Y como ejemplo de
nadas (no todas) opciones estilísticas que estilo audaz, Roland Barthes par Roland
el género puede adoptar en el siglo XX (...) Barthes es una práctica autobiográfica des-
Cada uno de estos cinco autores ha pensa- de los presupuestos de la deconstrucción.
do el género de manera diferente, ha rea- Aparte de las líneas (citadas más arri-
lizado tanto en su semántica como en su ba) que el autor dedica a justificar la elec-
pragmática y en su estructura narrativa ción de esas cinco (y no otras) autobiogra-
opciones que conforman su posición den- fías, alguien podría encontrar en esta par-
tro del género» (pp. 106-7). te del libro cierto sesgo de selección.
Con cada una de estas obras, Pozuelo Como la presencia en su corpus de obras
pretende ilustrar un enfoque crítico esen- de distintos ámbitos culturales –hay tres
cial. Esta sección práctica del libro presen- obras españolas, una norteamericana y una
ta el atractivo de ejemplificar las abstrac- francesa– y de distintas décadas, podría
ciones teóricas de la primera parte, y gra- despertar en el lector la sospecha de que
cias a ella el esfuerzo teórico inicial se ve se han elegido de manera azarosa, Pozue-
iluminado, puesto que las autobiografías lo se pregunta por qué ha elegido la auto-
objeto de estudio ejemplifican las cinco biografía de Caballero Bonald en vez de la
grandes perspectivas teóricas: la estructu- de Carlos Barral, o la de Philip Roth en
ral-formalista, la pragmática, la psicoana- vez de la de Juan Goytisolo. Y responde:

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«una discusión semejante desvirtuaría el Paul Valéry (Montpellier III), ha consagra-


sentido de ejemplos de opciones estilísti- do una dilatada carrera investigadora al
cas (...) necesariamente restringida si, como estudio de las relaciones entre imagen y
quería, se proponía hacer un estudio en palabra en la comunicación contemporánea.
profundidad de cada una de ellas, y no un De su prolija dedicación da cuenta una
repaso o sobrevuelo por todas aquellas que nutrida relación de ensayos que no dejan
me parecen interesantes» (p. 107). de ofrecer sugerentes análisis y convierten
Desgranada la teoría, y hecha la re- sus aportaciones en referencia inexcusable
flexión sobre los estilos, el libro no abor- para el estudioso de dicha materia. Desde
da la cuestión del juicio moral que inevi- la aparición hace ya más de veinte años de
tablemente entra en juego en cualquier Le cinéma, témoin de l’imaginaire dans le
autobiografía. Aunque los lectores actuales roman français contemporaine: écriture du
estén entrenados en la separación de los visuel et transformations d’une culture
juicios estéticos de los morales en el caso (1984), hasta este que nos complacemos en
de la novela (desde el famoso, cuasi legen- reseñar, no han faltado títulos imprescin-
dario, juicio a Flaubert), al ser el juego que dibles como La mort et le récit (1989),
plantea la autobiografía precisamente el de Littérature et cinéma (1993) o Pour une
la recuperación de una lectura moral del lecture sociocritique de l’adaptation ciné-
texto, quedamos a la espera de una nueva matographique (1996), en colaboración con
entrega del autor sobre este aspecto, que Monique Carcaud-Macaire, maître de con-
tanto se aviene con los actuales intentos férences de cine en la misma universidad.
intelectuales en Occidente por la reagrupa- L´adaptation cinematographique et li-
ción de estética y espiritualidad. ttéraire. 50 Questions, escrito asimismo en
En esta continuación habrá que incluir colaboración con Carcaud-Macaire, recopila
también alguna reflexión acerca de la fa- en un práctico libro-guía cincuenta cuestio-
cilidad que las nuevas tecnologías han nes básicas sobre los fundamentos de la
brindado a la pública e instantánea expo- adaptación. Como no podía ser de otro
sición del ‘yo’. A lo largo de todo el li- modo, la primera pregunta se refiere a la
bro se alude a multitud de géneros conco- propia definición del objeto de estudio que
mitantes con la autobiografía –memorias, sus autoras entienden indisociable de un
apología, biografía, encomio, (auto)rretrato, estudio global de dichos procesos. Tanto si
diarios íntimo, novela autobiográfica, no- ésta se refiere a la transposición cinema-
vela personal...–, pero en ningún caso se tográfica de un texto literario (I. Del texto
menciona el fenómeno de los blogs, al que, literario al film), como si ocurre en senti-
no obstante, el autor ha prestado atención do inverso, la transposición literaria de un
en algunas de las acertadas reseñas de li- texto cinematográfico (II. Del film al tex-
bros que publica periódicamente. to literario), estamos hablando de una «res-
titution différée» en cuyo devenir el texto
IRENE ZOE ALAMEDA original se da a leer a través de una res-
critura en la que se inscribe el modo de
apropiación específica del objeto, despla-
CLERC, Jeanne-Marie y Monique CARCAUD- zado casi siempre a otro tiempo y otro
MACAIRE, L´adaptation cinematographi- espacio, por cuanto es toda una sociedad
que et littéraire. 50 Questions, Paris, la que se hace intermediaria, ya sea de lo
Klincksieck, 2004, 214 pp. que se reconoce del texto inicial, ya de lo
que no se retiene. Más allá de los juicios
Jeanne-Marie Clerc, profesora emérita de valor enquistados en escudriñar los di-
de literatura comparada de la Universidad ferentes grados de fidelidad al original, el

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análisis de la adaptación permite reparar talizado todos los temores de una sociedad
los diversos modos de apropiación de una enferma de su propio lenguaje, gravada por
obra y los desplazamientos que han tenido veinte siglos de cultura logocéntrica, ante
lugar como consecuencia de ello. la irrupción de un nuevo modelo de expre-
Desde las novelas cineoptique de los sión donde el mundo parece decirse a sí
años veinte a los textos híbridos de fina- mismo. La adaptación pone en pie un es-
les del siglo XX, esta apropiación se sitúa cenario de enfrentamiento, no sólo de dos
en un «entre-deux» donde las barreras en- artes, sino de dos modos de afrontar la
tre los géneros se borran para experimen- realidad, con o sin el filtro de la razón
tar una suerte de juego barroco, un reflejo conceptual. La aventura de lo visual pue-
en busca interminable de un referente au- de ser entendida en este sentido como una
sente, una nueva forma de «fable mysti- evasión hacia los límites de modelos repre-
que» propia de la posmodernidad que lle- sentativos impuestos por la abstracción lin-
varía al exilio del discurso, a la rarefac- güística.
ción del texto o su superabundancia en Las obras de Malraux y Cocteau sirven
busca de una fuente improbable (III. As- de ejemplo para el análisis de variables
pectos de la postmodernidad. Hacia lo implicadas en el diálogo entre imagen y
transgenérico). palabra y sus deudas mutuas en relación
Establecidos los tres ejes fundamenta- con la representación del mito moderno.
les del estudio, sus autoras se detienen en Los mass media permiten el renacimiento
aspectos que atañen a la evolución históri- de los viejos mitos incardinados en el que-
ca de la adaptación cinematográfica en hacer cotidiano en contra de lo que pro-
Francia, y las razones por las que los ci- ponía Benjamin y pueden nimbar la reali-
neastas franceses del período mudo de- dad y los seres que la habitan de una re-
muestran un interés particular en la adap- novada aura mitológica, «autre chose
tación de los textos literarios a la panta- d´inconnu qui attire les idolâtres d´un âge
lla, dominados, tal vez, por un prejuicio privé de dieu» (63).
culturalista que intenta contrarrestar la di- Uno de los asuntos más relevantes del
mensión popular del cine. Así se afirma ensayo se detiene en la aportación de la
que, ante la imposibilidad de apoyarse en sociocrítica en el análisis de la adaptación
la palabra, el cineasta de los primeros cinematográfica por cuanto permite expli-
tiempos se siente más libre para encontrar car los motivos atenuados, descuidados, e
equivalencias según la significación gene- incluso descuidados en las actualizaciones
ral del libro, la impresión producida por el de la obra de origen, y que aquello que
mismo y no sus detalles; como Jean Eps- puede sólo figurar de forma potencial en
tein, quien en su rodaje de El hundimien- estados virtuales pueda tomar formas con-
to de la casa Usher, instauró un modelo cretas. La variabilidad de estas disemina-
de referencia al intentar plasmas su impre- ciones explica que la misma obra pueda ser
sión de Poe. Él, como Renoir, son hitos en adaptada tantas veces como se desee con
la perspectiva histórica por el subrayado de resultados diferentes lo que demuestra la
los poderes poéticos de la imagen. En efec- dinamicidad del proceso y afianza el uni-
to, el trabajo de adaptación para el autor verso ilimitado de la adaptación como re-
de La bestia humana es otra cosa diferen- lectura en el que el momento de la lectura
te que una traducción a través de la ima- coincide con el de la creación.
gen, es una suerte de aventura interior. En este sentido Clerc y Carcaud plan-
Parece que alrededor de la cuestión de tean los límites de la adaptación como una
la adaptación, de la polémica suscitada por práctica social y cultural a través de Croix
la rivalidad entre novela y cine, hayan cris- de bois de Roland Dorgelès, novela suce-

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sivamente adaptada en Francia bajo el mis- Jeanne d´Arc. Editores de renombre como
mo título por Raymond Bernard en 1931, Gallimard se sumaron a la moda de estos
y en los Estados Unidos por Howard textos híbridos y la misma L´Illustration,
Hawks bajo el título The Road to Glory, revista de prestigio de la época, no se li-
en 1936. En el estudio comparado queda bró de publicar en su suplemento la adap-
patente el paso de un mismo texto a di- tación romanceada de Metropolis o de
versos sistemas colectivos en los que se Bossu. En el ámbito hispánico prolifera un
vuelcan las estructuras míticas que organi- modelo similar en colecciones como La
zan el espacio imaginario de una sociedad. Novela Semanal Cinematográfica de Fran-
Asimismo, cabe destacar el papel de la cisco Mario Bistagne con más de seiscien-
sociocrítica en el ensamblaje de intertex- tos números editados durante la década de
tos culturales del texto literario de partida los años 20 y con una captación popular
a propósito de Muerte en Venecia, adapta- que obligó a su dirección a reeditar algu-
ción de Luchino Visconti de la novela de nos de los casos de grandes éxitos de ta-
Thomas Mann de 1912, Der Tod in Vene- quilla.
dig, o los medios que moviliza la cámara Otras experiencias como el roman-ci-
de Visconti para reconstruir el efecto de néoptique y la colección Cinario con tex-
realidad en el escritor alemán. tos especialmente compuestos para la pan-
El cine compartió con la literatura des- talla y concebida de una forma parecida al
de sus orígenes su condición de arte de la lenguaje cinematográfico, o la originalidad
narración, dependencia que se refuerza de Robbe-Grillet en su trabajo de aproxi-
cuando desarrolla su vertiente más ficcio- mación a la imagen cinematográfica a tra-
nal al comprobar que las películas que vés del lenguaje narrativo, revelan diferen-
incorporan un desarrollo narrativo con ac- tes formas de tensión entre palabras e imá-
tores se venden mejor que las cintas do- genes.
cumentales. La práctica de la novelización En fin, todo ello consagra unos modos
de películas fue simultánea a su desarrollo de expresión tendentes a borrar las fronte-
desde comienzos de siglo y estrecha uno ras entre géneros, una escritura transmodal
de los espacios de fricción entre la litera- que se extasía en la obra de Marguerite
tura y el cinematógrafo. La productora Duras, paralela a su colaboración con Res-
Pathé contrató a novelistas a partir de 1905 nais, con consecuencias derivadas de la
para hacer versiones noveladas por episo- triple dedicación literaria, teatral y cinema-
dios de los filmes, conocidas como ciné- tográfica; textos calificados de híbridos
romans y publicadas en la prensa semanal, como Détruire, dit-elle, «teatro, film» e
paralela o posteriormente a su estreno, a India Song, «texto, teatro, film».
modo de novela por entregas, con un pro- Los problemas suscitados por la adap-
pósito fundamentalmente comercial. De la tación cinematográfica de obras literarias
imagen al texto literario, se sigue la suer- traspasan con mucho la simple cuestión de
te de experiencias como la del roman-ci- la fidelidad de las imágenes a las palabras
nema a través de la célebre serie de Fan- o de su traición demasiado a menudo de-
tomas de Louis Feuillade, tan preciado por nunciada. La transposición –lo olvidamos
los surrealistas y modelo de colecciones con frecuencia– obedece a un cierto núme-
famosas. Cinéma-Collection, Cinéma Bi- ro de constricciones impuestas por el tra-
bliothèque, Les chefs-d´oeuvre du Cinéma, yecto que, si bien limita la capacidad de
contribuyeron a difundir bajo forma de traducción término a término, vehicula a
textos adaptados y a menudo ilustrados de cambio nuevas posibilidades que compro-
fotografías hechas del film, obras tales meten al film en una vía que le es propia.
como Caligari, La Roue o La Passion de La confrontación de imágenes y pala-

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bras permite poner en evidencia que, como quien combina de manera admirable la
en el caso de una transposición de una práctica como director de escena y maes-
lengua extranjera, lo que se pone en juego tro de actuación con la reflexión sobre el
en el trasvase de una obra original a una teatro, y de cuyo excelente libro Utopías
película es, mucho más que una búsqueda aplazadas (últimas teatralidades del siglo
de equivalencias, el enfrentamiento de dos XX), del 2003, di cuenta no hace mucho en
visiones del mundo. Asimismo, el paso de estas mismas páginas.
imágenes a palabras, o textos escritos a El volumen se abre con «Don Juan José
partir de un referente icónico, demuestra de Arreola, ¡A escena!» (pp. 9-11), una sem-
qué modo la relación que nos ocupa es blanza de este personaje de inmensa tea-
compleja. Contrariamente a lo que se pue- tralidad, dotado con una «voluntad espec-
da creer, la nueva visualidad introducida en tacular que permea su trayectoria desde una
el discurso literario se revela curiosamen- infancia de declamador hasta la vejez de
te paradójica; lejos de rendir la escritura a comentarista televisivo» (p. 9) y cuya ex-
una mayor fidelidad a lo mostrado, se ale- periencia escénica «estuvo signada por la
ja como si en el enfrentamiento de dos idea tácita de que la única capacidad de
modos diferentes de entender el mundo se emancipación poética que ofrece un esce-
perdieran definitivamente los esfuerzos por nario estriba en su calidad de soporte para
representarlo. una poesía proferida en voz alta» (p. 11);
L´adaptation cinematographique et li- personaje que queda retratado, en fin,
ttéraire. 50 Questions invita al lector a la como «el último de los juglares» (p. 11).
reflexión acerca de la solidaridad cada vez En «La Antología del otro Teatro mexi-
más estrecha entre estos dos registros de cano del siglo XX» (pp. 12-20), entendido
la expresión, la palabra y la imagen, y sus como «aquel que consigna los intentos de
consecuencias más allá del escrutinio ane- nuestros hombres de letras por hacerse
cdótico sobre traiciones y fidelidades, una escuchar desde los escenarios» (p. 14),
de las cuales, la definición de una escritu- plantea Obregón un tema de mi predilec-
ra transmodal se traduce una nueva forma ción, el del divorcio entre hombres de tea-
de percibir el mundo confundida en lo tro y hombres de letras, que, siendo segu-
sucesivo con sus imágenes. ramente universal, resulta llamativo que se
dé en unos términos tan poco civilizados
M.ª TERESA GARCÍA-ABAD GARCÍA precisamente en México, donde los dos
principales movimientos de renovación tea-
tral en el siglo XX son iniciativas marca-
damente «literarias».
OBREGÓN, Rodolfo, A escena, México, Edi- «Ensayar» (pp. 21-25) parte de la fér-
ciones Sin Nombre / Conaculta (Colec- til polisemia del término «ensayo» en nues-
ción La Centena: Ensayo), 2006, 80 pp. tra lengua, como operación teatral y como
«el centauro de los géneros» literarios. Se
La prestigiosa colección La Centena, lamenta el autor de que en el ámbito tea-
que se propone recuperar y poner en valor tral se ensaye tan poco (en este segundo
las obras más significativas de poetas, na- sentido, sobre todo) y concluye que «es
rradores, dramaturgos y ensayistas, apare- tiempo de revalorar el auténtico arte de la
cidas durante el último cuarto de siglo y interpretación, la ciencia del artista: es hora
que han enriquecido y transformado la tra- de ensayar» (p. 25).
dición literaria, incluye en su catálogo esta «El sexto Elemento» (pp. 26-32) se
recopilación de nueve artículos concisos y refiere al que Aristóteles relega en su Poé-
muy inteligentes de Rodolfo Obregón, tica al último lugar en importancia entre

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los constitutivos de la tragedia, o sea, el Los matices y las implicaciones interesan-


espectáculo. Lo interesante es la perspec- tes son tantos que no caben aquí.
tiva, actual, con que se revisa esta «parte De la cita de Antoine Vitez: «El teatro
cualitativa»: al concluir el siglo del direc- es el laboratorio del habla y el gesto de
tor de escena, de los que, desde Stanisla- una nación» arranca «El Laboratorio del
vsky hasta Bob Wilson, fueron «los amos Gesto» (pp. 56-62), escrito en colaboración
del reino». Mucho menos convencido que con Angélica García. De alcance más es-
Obregón, al fin y al cabo director, de que trictamente mexicano, ante la ausencia de
el teatro de nuestros días sea sólo y todo escuelas que desarrollen determinadas iden-
«postdramático» o de que haya que renun- tidades artísticas, evoca algunas brillantes
ciar a la doble naturaleza, escénica y lite- iniciativas individuales que no han tenido
raria, del teatro y menos aún de que se continuidad, en particular la de Alexandro
haya producido tal reducción de facto, me Jodorowski.
rindo, en cambio, a la agudeza y brillan- «La Importancia de Brecht en América
tez de su reflexión. Latina» (pp. 63-75) es buena muestra de
El ensayo más extenso, «Drama y Re- que el interés del autor es más la reflexión
presentación de la Historia» (pp. 33-47), que el rescate y articulación, desde luego
tras el planteamiento general y en cierto imprescindibles, de los datos. Poco nos
modo paradójico de la representación poé- dice de la presencia e influjo de Brecht en
tica de la historia y la obligada parada en el continente, apenas que «la difusión de
la distinción aristotélica entre poesía e his- Brecht por estas tierras careció de los
toria, hace un lúcido recorrido por la tra- ejemplos vivos de su teatro y fue permea-
dición del drama histórico, con su edad de da durante años por el cliché estético y el
oro en Europa entre el siglo XVII y el XIX, reduccionismo ideológico» (p. 66), pues
del teatro aurisecular español e isabelino cuando llegó a ellas el Berliner Ensemble
inglés al romántico, con el colofón del tea- no era más que una pálida sombra de lo
tro épico de Brecht y del teatro documen- que había sido. Lo que sí nos ofrece el
tal de los años sesenta, para, desde ese ensayo es una certera lectura, en clave bien
telón de fondo, caracterizar «una rica tra- teatral, de Brecht y de su vigencia actual,
dición que conforma uno de los aspectos a veces con la mediación de Peter Brook,
más interesantes del repertorio mexicano: una de los maestros predilectos de Obre-
el teatro antihistórico» (p. 41), tradición gón. Así, por ejemplo, «hoy en día, y gra-
cuyo padre es Rodolfo Usigli. cias a Brecht entre otros, el gusto contem-
Apasionante es la cuestión que plantea poráneo reconoce el placer de contemplar
«Las Barreras Interiores» (pp. 48-55), en- al mismo tiempo la obra y la mano que la
tiéndase lingüísticas, pues, en efecto, realiza, así como las tensiones e intercam-
«mientras la gran poesía y la narrativa his- bios que suceden entre ambas» (p. 69).
panoamericanas reunifican el espíritu de Cierra el volumen el texto más breve,
una identidad común, el teatro (y no sólo «El Actor Narrador» (pp. 76-78), que ex-
el drama), que trabaja con las formas del plicita una sugerencia recurrente, la apuesta
habla características de cada región y las del autor por la narración escénica en el
connotaciones emocionales del gesto y las panorama actual del teatro postdramático.
palabras, establece nuestras diferencias» Me parece sintomático de la calidad y la
(pp. 52-53). El problema rebasa, desde seriedad del pensamiento de Rodolfo Obre-
luego, el ámbito de nuestra lengua: «¿has- gón que salgan al paso en estas páginas,
ta qué punto está dispuesto un público además de los ya citados, nombres como
británico a escuchar una obra de Shakes- los de Alfonso Reyes u Octavio Paz, Geor-
peare hecha por actores texanos?» (p. 54). ge Steiner o Gabriel Zaid. Una escritura

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pulcra y elegante, con meandros de ironía, porque cuanta mayor amplitud, se corren
no deja la menor duda de que nos encon- mayores peligros de evidenciar desequili-
tramos ante un director de escena que sabe brios informativos. Por poner un ejemplo,
ensayar y que lo hace inmejorablemente. difiere el estado de la cuestión sobre las
traducciones en el siglo XVIII y en el XIX,
JOSÉ-LUIS GARCÍA BARRIENTOS con desventaja para este último, como sa-
ben muy bien Lafarga y Pegenaute, auto-
res también de los capítulos correspondien-
tes de esta Historia.
L AFARGA , Francisco y Luis P EGENAUTE «Se ha procurado dar un carácter uni-
(eds.), Historia de la traducción en Es- forme», teniendo «en cuenta, como norma
paña, Salamanca, Editorial Ambos general, [...] (la) diversidad de las traduc-
Mundos (Biblioteca de Traducción), ciones literarias, (los) agentes de la traduc-
2004, 872 pp. ción [...] (y la) relación entre literatura tra-
ducida o importada y literatura autóctona»
He aquí el resultado de un plan tan (p. 16). Los editores ciertamente han res-
ambicioso como arriesgado, pues es empe- petado la «iniciativa de los autores» (ibíd.)
ño difícil convenirse en una obra colecti- a tal grado que podría aplicarse a esta obra
va que pretende historiar un quehacer en- el comentario de Juan de Mairena a las
tendido de diferente modo a lo largo de los antologías. Hay disonancias, en efecto, de
siglos, y sin apenas modelos de referencia, algún que otro solista y la orquesta, como
si se exceptúa la todavía reciente Aproxi- es el caso de Micó, quien resuelve en
mación a una historia de la traducción en treinta escasas páginas la Edad de Oro, en
España de J. F. Ruiz Casanova (Madrid, llamativo contraste con la extensión del
2000). Es ambicioso porque editores y resto de los capítulos; o las diferencias de
autores colaboradores –Julio-César Santo- planteamiento –e incluso de estilo– que se
yo, José María Micó, Miguel Gallego encuentran entre los capítulos suscritos por
Roca, Miguel Ángel Vega, Josep Pujol, Gallego Roca y Vega y los demás; o el
Josep Solervicens, Enric Gallén, Marcel tono reivindicativo que trasluce Noia al
Ortín, Camiño Noia y Xavier Mendiguren– tratar la cultura gallega y el más neutro de
han tomado sobre sí el compromiso de los respectivos responsables de los «ámbi-
«presentar adecuadamente, siguiendo un tos» catalán y vasco.
orden cronológico, la situación de la tra- Pero pasemos por alto las apostillas pre-
ducción en España en distintos períodos vias de lector de lupa y escalpelo y vaya-
históricos, combinando las referencias a la mos por orden siguiendo el índice de su
actividad traductora con las necesarias alu- contenido, que se articula en dos partes.
siones a las poéticas vigentes o general- «La traducción en el ámbito de la cultura
mente aceptadas en cada período» (p. 16). castellana» es la primera y más extensa.
Y resulta arriesgado porque, al no haber Comprende ocho capítulos correspondientes
alcanzado el mismo nivel las investigacio- a las edades, épocas y períodos habituales
nes sobre la traducción desde el medioevo en las historias literarias. Es una periodiza-
hasta nuestros días, no siempre es fácil ción convencional, aceptada con reservas
elaborar una síntesis que dé cuenta y ra- por alguno de los autores –léanse las per-
zón de la actividad de una época cuando tinentes observaciones de Gallego Roca
faltan todavía estudios parciales sobre au- (p. 480)–, pero tiene la ventaja de remitir
tores, géneros y lectores. Es problema viejo a unos marbetes reconocibles por el lector.
con el que han de enfrentarse quienes lle- Con meticulosidad notarial, Julio-César
van a cabo grandes panoramas históricos Santoyo registra en «La Edad Media» (pp.

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23-174) desde los primeros traslados bíbli- quien la ejerce, a la vez que se inicia su
cos, a finales del siglo IV, hasta la intensa profesionalización y destacados creadores
actividad que los humanistas del Cuatro- literarios la cultivan y establecen reglas
cientos llevan a cabo en las cortes reales, para realizarla correctamente. Francisco
como la de Juan II, y en las casas de al- Lafarga pasa revista a todos esos aspectos
gunos nobles, como las del marqués de en «El siglo XVIII, de la Ilustración al Ro-
Santillana, el conde de Benavente y don manticismo» (pp. 209-319) –utilizando par-
Álvaro de Luna. El seguimiento de textos te de lo expuesto en la introducción a El
griegos y árabes trasladados al latín y al discurso sobre la traducción en la España
romance, y a este desde otras lenguas mo- del siglo XVIII. Estudio y antología (Kas-
dernas, la aparición de diversos grupos de sel, 2004), libro del que es coautora M.ª
traductores que dan al traste con el falso Jesús García Garrosa– y desarrolla otros
mito de la «escuela toledana», y los traba- tales como concepto y función de la tra-
jos y semblanzas de los más ilustres com- ducción entre los ilustrados, la censura y
ponen un apasionante e iluminador pano- las polémicas suscitadas por algunas ver-
rama. Más allá de una nómina cronológi- siones, las reflexiones teóricas sobre trans-
ca de traductores en el complejo mosaico ferencia lingüística y configuración de las
cultural de los mal llamados «siglos oscu- lenguas y su repercusión en las traduccio-
ros», Santoyo destaca el desarrollo de una nes de los géneros literarios, en especial de
teoría de la traducción desde sus balbuceos la poesía, y una modélica nómina analíti-
hasta las formulaciones de Cartagena –cuya ca de autores y obras literarias y científi-
polémica con Bruni reseña cumplidamen- cas. Tras el repaso de todo ello es fácil
te– y de Madrigal en los años centrales del concluir que traductores y editores contri-
siglo XV, que ya perfilan los ideales que buyeron a difundir la sensibilidad y pen-
intentarán llevar a la práctica los humanis- samiento europeos que desembocarían en
tas de las centurias siguientes. De «La una nueva época, reduciendo las carencias
época del Renacimiento y del Barroco» propias, aún a riesgo de provocar entre sus
(pp. 175-208) se ocupa José María Micó, paisanos el sentimiento de vivir en «una
quien prescinde de establecer «un inventa- nación traducida». En el fondo, se trataba
rio de traductores» y de exponer «algunas de una reacción más que discurrió por gran
de las cuestiones generales que afectan a parte del siglo XIX –desde el «marasmo»
la traducción de los siglos XVI y XVII en de entre siglos, pasando por el debate so-
España», supliendo el vacío con referencias bre la «nueva escuela» y las controversias
bibliográficas (p. 175, n. 1). A cambio, por sobre el naturalismo–, de quienes veían
un lado destaca la relación del latín con la amenazada su identidad, desbordada por
dignificación de la prosa romance y la dis- modas e innovaciones de todo tipo. Tradu-
tinción entre traducciones, adaptaciones e cir no fue una «manía», sino la respuesta
imitaciones en la poesía petrarquista; y por a las demandas de un público que había
otro, la traducción de «lenguas fáciles», crecido y se había diversificado.
como las llamaba don Quijote. A lo largo En «La época romántica» (pp. 321-396)
de estas páginas se encuentra implícita la y «La época realista y el Fin de siglo» (pp.
tesis cuya conclusión aflora al final: que 397-478), Luis Pegenaute estudia o deja
entre los grandes creadores de la época implícitos estos aspectos. En su plausible
traducir era también «una forma más de afán por aportar un panorama lo más com-
creación literaria» (p. 202). pleto posible de la producción editorial de
En la vida cultural del Setecientos con- los primeros cincuenta años –novelas,
trasta la «efervescencia de la actividad tra- cuentos, poesías, obras teatrales–, ofrece un
ductora» con el escaso prestigio social de caudaloso inventario de autores, traduccio-

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nes y obras originales, que a veces reduce guas originales e intermediarias, autores y
a una relación nominal. Pero tal limitación obras que abastecen el mercado, papel de
no siempre es achacable al autor, pues para la crítica, tipo de traductor predominante,
incluir y analizar en una gran síntesis tan estética traductiva, etc. Todo un muestra-
ingente material libresco harían falta mu- rio, en fin, de una problemática compleja
chas monografías previas, de las que des- expuesta con rigor y amenidad.
graciadamente aún no disponemos. Carac- Cierra esta primera parte el capítulo de
terísticas similares presenta el estudio de- Pegenaute sobre «La situación actual»
dicado a la segunda mitad del siglo, con (pp. 579-619) del traductor como profesio-
un significativo aumento de referencias a nal institucional y privado, formación, in-
la traducción del pensamiento moderno. centivos sociales, publicaciones específicas,
Aunque no faltan notas sobre el ejercicio etc.
y técnicas de la traducción, se desearía Bajo el título «La traducción en otros
mayor atención a este aspecto fundamental. ámbitos lingüísticos y culturales» la segun-
Al siglo XX contribuyen Miguel Galle- da parte agrupa las restantes lenguas his-
go Roca y Miguel Ángel Vega con sendos pánicas. «El ámbito de la cultura catalana»
capítulos. Tras unas interesantes notas li- comprende a su vez cuatro breves capítu-
minares en «De las vanguardias a la Gue- los, de los que resulta modélico «Traduc-
rra Civil» (pp. 479-526), el primero seña- ciones y cambio cultural entre los siglos
la el «raptus traductor» que se produce en XIII y XV » (pp. 623-650), de Josep Pujol.
el mercado editorial español para centrar- No desmerecen, sin embargo, «Traduccio-
se a continuación en las cuestiones expre- nes catalanas en la edad moderna» (pp.
sivas que se plantean los poetas traducto- 650-661), de Josep Solervicens; «La tra-
res del Modernismo, de la vanguardia y de ducción entre el siglo XIX y el Modernis-
la generación del 27. Son las páginas más mo» (pp. 661- 673), de Enric Gallén; y
atractivas, seguidas de otras más esquemá- «Las traducciones del Noucentisme a la
ticas sobre la novela, el teatro y la prosa actualidad» (674-694), de Marcel Ortín.
ensayística. También empieza Vega «De la Aunque geográficamente simétrico al ante-
Guerra Civil al pasado inmediato» (pp. rior, las circunstancias históricas, sociales
527-578) con unas reflexiones metodológi- y económicas que han coincidido en «El
cas, de las más enjundiosas que el lector ámbito de la cultura gallega» (pp. 721-790)
puede encontrar en esta Historia, que si- le han dado características diferentes, y de
túan la traducción en una nueva concien- realzarlas se ocupa Camiño Noia por ex-
cia cultural. Desde el «año 0» hasta la ins- tenso. En una lengua que casi desapareció
tauración de la democracia distingue cua- de la escritura entre el siglo XVI y media-
tro etapas de la comunicación con el dos del XIX, la actividad traductora corrió
exterior estrechamente ligadas al desarro- pareja suerte y no empezó a recuperarse
llo político y social. El crecimiento de al- hasta después del Rexurdimento, sobre todo
gunas editoriales surgidas al final de los durante la etapa nacionalista de 1917 a
cuarenta y la aparición de otras con perfi- 1936; y vuelve a interrumpirse su natural
les innovadores preparan el terreno para desarrollo con la dictadura de Franco, con-
que, después de 1975, «España se con- virtiéndose a veces en refugio de la pro-
viert(a), junto con Italia, en el país euro- pia lengua, para «experimentar un impor-
peo que más traduce, es decir, [...] en el tante crecimiento» a partir de la entrada en
más dispuesto a recibir las tendencias cul- vigor del Estatuto Galego (1981). El últi-
turales del presente» (p. 538). El resto del mo capítulo de esta segunda parte se titula
capítulo tiende a demostrar tal aserto con «El ámbito de la cultura vasca» (pp. 791-
la relación de empresas, colecciones, len- 815), de Xavier Mendiguren Bereziartu.

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Aunque con precedentes de incierta crono- algo más que el contrapunto a sus estudios
logía, la publicación del Nuevo Testamen- sobre Larra, Clarín o Valera, pues confor-
to en 1571 fija el principio de la traduc- man una línea de trabajo ininterrumpida
ción al euskera. Desde esa fecha hasta el desde 1979, fecha de impresión del más
presente se establecen seis períodos, deter- antiguo de ellos. Así, estaría satisfecho
minados los dos últimos por la unificación Guillermo Díaz-Plaja, quien en el prólogo
de la lengua literaria y por la creación de a su Al filo del novecientos (1971) escri-
la Escuela de Traducción de Martutene, ya bía con rotundidad: «La publicación de un
con el régimen autonómico. Mayoritaria- libro misceláneo sólo se justifica cuando
mente, las obras traducidas son de carác- los trabajos que en él se reúnen adquieren
ter religioso muy entrado el siglo XX, dis- una vertebración y un sentido acordes con
tinguiéndose al menos tres tendencias tra- la intención que promovió su nacimiento».
ductológicas, si bien a mediados de la Comencemos por destacar el eufónico
centuria aumentan paulatinamente las tra- título La literatura en su historia, que tan-
ducciones de literatura y pensamiento uni- to evoca el de España en su historia (Cris-
versal. Como todos los capítulos, este se tianos, moros y judíos) (1948, después
completa con unas extensas «Referencias sustituido por La realidad histórica de Es-
bibliográficas». paña, 1954), de Américo Castro, pieza fun-
Un imprescindible «Índice onomástico» damental del Centro de Estudios Históricos
pone punto final a esta Historia cuyas casi (1910-1936) y del momento dorado de la
novecientas páginas constituyen la más Filología románica en la primera mitad del
importante aportación al estudio diacróni- XX . «La literatura en su historia» no deja
co de la traducción en España hasta el de ser una llamada de atención sobre el
momento. Y precisamente por eso, los res- hecho de que la idea que poseemos de la
ponsables de la editorial y colección que literatura –la Historia de una literatura na-
la publica deberían haber evitado algunas cional, por extensión– ha de ser puesta en
erratas (v. gr. pp. 134, 331, 339, 347, 433 crisis, para lo cual es necesario un cono-
n. 40, 485, 793, 812, 814) y la sistemática cimiento de su devenir, de su historia (me-
metátesis de Rusker por Rukser (pp. 353 rece la pena que recordemos que etimoló-
n. 60, 354 y n. 61, 355, 394, 436 n. 46). gicamente historia significa ‘investigación’
Lunares ínfimos, desde luego, pero que o ‘inquisición’). Y es que lo que este li-
deberían corregirse en sucesivas ediciones. bro del profesor Romero Tobar nos ofrece
es una discusión epistemológica de la His-
LUIS F. DÍAZ LARIOS toria de la literatura española, cuestión
nodal que no ha sido apenas tratada aña-
diendo a la especulación teórica el análi-
sis de los textos críticos más importantes,
ROMERO TOBAR, Leonardo, La literatura en es decir, las Historias literarias.
su historia, Madrid, Arco/Libros, 2006, La disciplina de la Historiografía lite-
358 pp. raria es la encargada de compensar dicha
carencia, que ya podemos considerar que
El profesor Romero Tobar, bien cono- está siendo asediada por diferentes frentes:
cido por su trayectoria como historiador de la revisión de la periodización de la lite-
la literatura del XIX, nos presenta ahora una ratura española (términos historiográfico-
recopilación de sus trabajos sobre Historio- literarios como Romanticismo, Generación
grafía literaria. Los dieciocho artículos in- del 27... y demás divisiones) y la noción
cluidos –publicados durante los últimos de cambio literario, el estudio de la gesta-
años y revisados para la ocasión– suponen ción del canon actual, y la contextualiza-

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ción de la labor de los críticos del pasado Literary History Possible? de Perkins
(Historia de las instituciones, Historia de (1993)– es más bien una toma de concien-
la crítica literaria...). Todas estas cuestio- cia de la dificultad, una invitación a no
nes tienen cabida en La literatura en su olvidar todas las vertientes del asunto y, en
historia, cuya acertada estructura tripartita suma, una declaración de intenciones que
pasamos a describir. presenta el libro y la dirección multidisci-
La primera parte se titula «Clío versus plinar de los estudios historiográfico-lite-
Calíope», que rinde homenaje –como apun- rarios actuales. A lo largo de este trabajo
ta el autor en el prólogo (p. 11)– a Apolo se destacan los escasos hitos de la crítica
en Pafos (1987), la tercera entrega de los sobre la Teoría de la historia literaria y se
folletos literarios de Clarín. La musa de la dibujan las líneas de trabajo actuales, que
Historia hacia la de la Elocuencia y la giran en torno a la periodización de la li-
Poesía o, lo que es lo mismo, la relación teratura española y el cambio literario es-
que se establece entre el historiador y el pecialmente.
poeta. Un viejo debate al que pocos pen- Más concreto, «Extraterritorialidad y
sadores e historiadores se han sustraído, multilingüismo en la historiografía literaria
desde los greco-romanos hasta los postmo- española», el segundo de los trabajos, in-
dernos y deconstruccionistas, pasando por cide en la necesidad de incluir en las His-
Kant o Hegel (vid. el clásico de Collin- torias literarias a todos esos autores polí-
gwood, Idea de la historia). Incluye este glotas y exiliados, así como sus respecti-
apartado cuatro trabajos en los cuales pon- vos discursos en diferentes lenguas, pues
dera la reflexión sobre la descripción, do- forman también parte de la idea de la His-
tando así a la obra de un pórtico teórico toria de la literatura nacional, que poco a
que no esconde las heterogéneas dimensio- poco se va rectificando. Es el mismo caso
nes del problema en cuestión: la idea de –pero a la inversa– de los autores latinos
la Historia de la literatura nacional. Dedi- Séneca o Marcial, nacidos en Córdoba y
caremos un poco más de atención a estos Calatayud respectivamente, y que se in-
primeros trabajos dado que su reflexión se cluían en los manuales decimonónicos o
proyecta al resto del libro, que pone en tradicionales (que proyectaríamos hasta
práctica algunas de las cuestiones previa- bien entrado el XX); pero que dejaron de
mente presentadas. aparecer en las Historias literarias moder-
Especialmente interesante es el prime- nas (la de Ángel Valbuena Prat, de 1937
ro de ellos: «La Historia literaria, toda en su primera edición, fue una de las pri-
problemas» (publicado previamente en las meras en dejar de hacerlo). Sabemos que
muy recomendables actas de un congreso se está reflexionando sobre la incorpora-
sobre Historiografía literaria organizado por ción de la Historia de la literatura españo-
el grupo de investigación que dirige el la del exilio a la Historia de la literatura
mismo autor de La literatura en su histo- española, algo que, por otro lado, no es tan
ria: Romero Tobar, ed., Historia literaria/ sencillo como añadir un capítulo comple-
Historia de la literatura, Zaragoza, Pren- mentario (vid. las páginas que dedicó Clau-
sas Universitarias, 2004). Se trata de una dio Guillén a este asunto en su El sol de
suerte de estado de la cuestión que, aun- los desterrados: literatura y exilio, Barce-
que pudiera pensarse que viene a encade- lona, Quaderns Crema, 1995; así como el
narse a una serie de trabajos que flirtean monográfico sobre «Exilio e Historia lite-
con el desencanto y la resignación respec- raria» VV. AA., Migraciones & Exilios.
to de la Historia literaria –como el relevan- Cuadernos de las Asociación para el Es-
te estudio de Wellek «El ocaso de la his- tudio de los Exilios y Migraciones Ibéri-
toria literaria» (1973, trad. en 1983) o Is cos Contemporáneos, Madrid, AEMIC-

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UNED, n.º 3, diciembre de 2002). La tras- que los motivos, al literario. Estas cuestio-
cendencia teórica es semejante al caso co- nes, que recientemente también han reci-
mentado de Séneca y Marcial, pues el de- bido la atención del citado comparatista
bate nos lleva a cuestionarnos la etiqueta Claudio Guillén en varias ocasiones, repre-
Historia de la literatura española, donde sentan el esqueleto de múltiples trabajos
española ya no hace referencia forzosa- filológicos que merecería la pena procurar
mente ni a la lengua española ni al país ordenar. La tematología, como parte o
de España, desencadenando un problema complemento de las Historias literarias
tautológico notable. En fin, tres ejemplos según las conocemos, es una línea de tra-
más de la trascendencia del asunto que bajo que supera la constatación de los vín-
sólo enunciaremos (no son objeto de estu- culos entre determinadas obras. Se trata de
dio del profesor Romero Tobar, quien se una apuesta comparatista que no ha sido
detiene en el caso de los exiliados y los acometida con firmeza.
políglotas): los escritores extranjeros que El segundo apartado de La literatura en
escriben en español; la relación de las li- su historia, «En el telar de las Historias
teraturas regionales y la española; y la de literarias (siglos XIX y XX)», entra de lleno
esta con la literatura hispanoamericana, en el estudio historiográfico-literario. Dos
que, por ejemplo, a raíz del boom del 60 tipos de estudios encontramos aquí. El pri-
cambió la trayectoria de los escritores en mero son los que componen la contextuali-
España, contrariamente a lo sucedido en el zación y descripción de las Historias lite-
pasado. rarias de los siglos XIX y XX (abordado en
El tercer trabajo, «Las Historias de la «El campo intelectual del siglo XIX», «Re-
literatura y la fabricación del canon», se gulaciones del canon en el siglo XIX», «Las
detiene en la reflexión sobre el papel de- Historias de la Literatura en el siglo XIX»,
terminante que desempeñan las Historias «Entre 1898 y 1998: cien años de Historias
literarias –junto a las antologías, con las literarias» y «Las Historias literarias de los
que tantas cosas guardan en común– en la hispanistas escritores»). Estos tres trabajos
configuración del canon, que viene a ser últimos conforman algo más que una intro-
la pervivencia del pasado en el presente. ducción a la Historia de la historiografía
Los ejemplos espigados resultan muy ilus- literaria española de los siglos XIX y XX. La
trativos –cuestión que se puede generalizar correcta explicación de las Historias litera-
a todo el libro, con testimonios y citas rias más importantes y conocidas (Amador
valiosísimas– de esta función de las His- de los Ríos, Fitzmaurice-Kelly, Valbuena
torias literarias. Destacaremos sólo uno: la Prat...), así como la de muchas otras más
inclusión del Gil Blas, del francés Lesage, olvidadas, como la producción de los dis-
en el canon de la picaresca española debi- cípulos de Menéndez Pelayo (Bonilla San
do a unas palabras ambiguas del padre Isla, Martín, Méndez Bejarano, Montoliu...), su-
su traductor. Este error, que el profesor pera con mucho otros panoramas generales
Romero Tobar rastrea hasta el primer ter- que se detienen en poco más que las fechas
cio del XX, sirve, como decimos, para de- de publicación de las obras en cuestión. Las
jar patente la repercusión de las tan poco notas socio-históricas y la recepción de las
atendidas Historias literarias. diferentes Historias literarias son abando-
«Sobre temas y motivos literarios», el nadas al poco en aras del análisis de las
último trabajo del primer apartado, se de- cuestiones teórico-metodológicas más perti-
tiene en la definición de estos términos que nentes y el comentario del canon y el esti-
no siempre son distinguidos. Como expli- lo. Y todo ello perfectamente relacionado
ca el profesor Romero Tobar, los temas con la situación en otras literaturas nacio-
pertenecen al orden de la vida, mientras nales (sobre todo la francesa y alemana, las

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más influyentes en los modos historiográfi- El resto de los trabajos, más heterogé-
cos del XIX y XX). Trabajos, pues, que de- neos, dejan a la luz algunas de las cuestio-
bemos tener muy presentes cuando recurra- nes que con mayor denuedo ha trabajado la
mos a las necesarias e imperfectas Histo- faceta del autor de historiador de la literatu-
rias literarias. ra: «Los géneros literarios y el periodismo
El segundo tipo de estudios de este en el paso del XIX al XX», «Una conferen-
apartado se centra en el análisis de varios cia de Valle-Inclán sobre “literatura nacio-
conceptos/términos historiográfico-literarios nal”» y «El «continuará» de los folletines
de una trascendencia fundamental, como en la novela actual», por lo que el estudio
son Realismo y Naturalismo («Realismo, se carga todavía de más autoridad.
Naturalismo y otros ismos en la críticas del Dieciocho trabajos, en resumen, con sus
XIX » y «La construcción del canon del respectivas aportaciones (algunas ideas, en
“realismo” español»). El estudio de estos fin, resuenan de unos trabajos a otros,
conceptos/términos permite analizar trans- como el comentario de los manuales de Gil
versalmente las Historias literarias, pues de Zárate), pero cuya reunión en un libro
estas son a veces construidas a partir de conforma ahora un manual (¿por qué no
términos prestados de otras disciplinas incluir el consuetudinario índice onomás-
(como Barroco, de la Historia del arte) u tico?) para todo el interesado en la Histo-
otras literaturas nacionales (Edad de Oro, riografía literaria, la Historia de la litera-
de la periodización latina) o, sencillamen- tura española, su canon, el Realismo, el
te, son neologismos ad hoc que se han Romanticismo, los estudios tematológicos,
asentado desvirtuando en muchas ocasiones la teoría de la recepción... Una obra de
la realidad que denotan. Son, pues, muy consulta y de estudio, con no pocas pis-
acertados este tipo de estudios, que otros tas, por cierto, para el que esté decidido a
han aplicado, por ejemplo, al caso del Mo- continuar esta labor historiográfico-literaria
dernismo o la Generación del 27. que el hispanismo tanto ha esperado que
Ya en la tercera parte del libro, «Tex- se iniciara.
tos e historia de la literatura», encontramos
otros trabajos que también podrían haber A NTONIO MARTÍN EZPELETA
sido incluidos en el apartado anterior, pues
giran en torno a determinados términos his-
toriográfico-literarios: «El Quijote de ro-
mánticos y realistas», ««Clarín» entre ro- CASTILLO MARTÍNEZ, Cristina, Antología de
manticismo y realismo», «El Romanticismo, libros de pastores, Alcalá de Henares,
cien años después». Como se adivinará, Centro de Estudios Cervantinos, 2005.
ahora cobra protagonismo la recepción de 530 pp.
determinados autores y obras, método críti-
co que queda perfectamente explicado en el Esta Antología, de reciente aparición,
primero de los trabajos que abren este apar- nos ofrece, en sus más de quinientas pági-
tado: «Notas sobre empleo del método de nas, varios fragmentos de un total de vein-
recepción en Historia literaria», que es, ni tiún títulos pertenecientes al género de los
más ni menos, una aplicación de la teoría libros de pastores que van desde los más
de Jauss a la literatura española, con el conocidos (La Diana de Montemayor, La
valor añadido de ser pionera para el caso Arcadia de Lope de Vega, o La Galatea de
español, pues data de 1979. Un trabajo que Cervantes) a otros menos nombrados (Nin-
ahora se descubre como vaticinador del fas y pastores de Henares, de Bernardo
rumbo de una línea crítica muy fructífera a González de Bobadilla, La enamorada Eli-
finales del XX y principios del XXI. sea de Jerónimo de Covarrubias o las Tra-

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gedias de amor, de Juan Arce Solórceno). en el apéndice, aunque no por ello deja de
El objetivo es rescatar del olvido un puña- enriquecer el florilegio de los libros de
do de textos a los que la crítica no ha pres- pastores. Tal vez, por el mismo motivo, la
tado mucha atención. De hecho, de todas profesora Castillo Martínez haya decidido
las obras allí recogidas, tan sólo diez están con acierto no seguir fielmente la Biblio-
editadas modernamente; es decir, más de la grafía de los libros de pastores en la lite-
mitad de los libros de pastores que han ratura española, de Francisco López Estra-
sobrevivido hasta nuestro siglo no han vis- da, Javier Huerta Calvo y Víctor Infantes
to nuevas ediciones. Todo esto da cuenta (Madrid, Universidad Complutense, 1984),
del poco interés puesto en este ámbito lite- en la que figuran alrededor de cincuenta
rario en cuestión. Asimismo, resulta sor- títulos, puesto que, en muchos de ellos,
prendente comprobar que son nueve las predomina lo cortesano o lo bizantino
obras que cuentan solamente con un testi- mientras que lo puramente pastoril pasa a
monio, que se encuentra en la Sala de Ra- ocupar un segundo plano.
ros de la Biblioteca Nacional de Madrid o Además de la fina selección de los tí-
bien en la Biblioteca de El Escorial. De ma- tulos de esta Antología, lo más destacado
nera que se trata de textos de difícil acce- de este libro sería la forma con la que cada
so para el investigador y para el curioso, texto está presentado. Como nos comenta
algo que, aunque de manera fragmentaria, la autora en la introducción, no ha queri-
ha querido subsanar la profesora Castillo. do que su volumen fuera una repetición de
Para la selección de los títulos, la au- fragmentos comunes en los libros de pas-
tora ha tomado como base el corpus pre- tores (página XIX). Con unos ejemplos
sentado por Juan Bautista Avalle-Arce en basta para mostrar la esencia de lo pasto-
La novela pastoril (Madrid, Istmo, 1974), ril. Por eso, Cristina Castillo ha optado por
al que ha añadido una obra más: La pas- proporcionarnos, tras sus estudios porme-
tora de Mançanares y desdichas de Pánfi- norizados, los aspectos que se alejan de lo
lo [s.l, s.a], un texto curiosísimo por ser habitual en estos libros, con la intención
la única obra pastoril conservada manuscri- de mostrar un panorama más completo,
ta, y que ella misma se encargó de editar rico y variado de cada uno de ellos. Gra-
en la Universidad de Salamanca (Colec. cias a esto, es posible contemplar el géne-
Textos Recuperados), 2005. Al mismo ro desde otra perspectiva, apreciar aquellos
tiempo, no nos podemos olvidar de las aspectos que hacen que cada obra sea úni-
cuatro obras situadas en el Apéndice: Pri- ca y original, e incluso percibir la evolu-
mera parte de la Clara Diana a lo divino ción del género, desde el nacimiento hasta
[Zaragoza, 1599], de fray Bartolomé Pon- la decadencia de este éste. Las escenas
ce; Los pastores de Belén [Madrid, 1612], violentas descritas en Los siete libros de
de Lope de Vega; Los sirgueros de la Vir- la Diana [Valencia, h. 1559] de Jorge de
gen [México, 1620], de Francisco Bramón; Montemayor, o las de humor encontradas
y la Vigilia y octavario de San Juan Bau- en el Siglo de oro en las selvas de Erifile
tista [Zaragoza, 1679], de la monja cister- [Madrid, 1608] de Bernardo de Balbuena
ciense Ana Francisca Abarca de Bolea. podrían asombrar a los lectores que espe-
Todas ellas situadas en otro apartado por- ran topar con una literatura dominada por
que tienen como denominador común el la armonía y el equilibrio, en un entorno
haber adaptado la temática pastoril a un natural en el que sus protagonistas, los
contexto religioso. Los autores de estas pastores, hablan de sus experiencias amo-
obras asumieron el molde pastoril con una rosas con una aparente seriedad y esto por
finalidad distinta, de ahí que no se hayan poner sólo un ejemplo el amplio material
incluido en el grueso de la Antología, sino que ofrece este obra.

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Unas palabras más sobre la organiza- autor catalán sin inundar el pie y el cuer-
ción de esta Antología. Cada entrada, que po de la página. Frente a la imposibilidad
está ordenada cronológicamente, comienza de una glosa exhaustiva de los muchos
con la introducción diestramente argumen- asuntos abordados en los aforismos, el edi-
tada, en la que la autora ofrece más infor- tor, con mucho acierto, ha procurado ser
mación acerca del autor, de la obra en sí parco y las notas se añaden sin interpola-
misma y del entorno literario que rodea a ciones ni paradas enojosas. En general las
cada uno de estos textos. Tras ésta, apa- notas, muy útiles y ajustadas, intentan fa-
rece un apartado dedicado a los Testimo- cilitar la comprensión del léxico y apuntar
nios conservados, con indicación de la algunas similitudes entre Setantí y otros
edición de la que ha extraído el fragmen- autores. También el haber modernizado el
to, con la idea de que pueda servir de texto, así como la puntación y los acentos,
orientación para futuras investigaciones. el acompañar todo ello con un índice ana-
Termina cada entrada con el apartado de lítico permite al lector disfrutar más fácil-
Textos en el que se leen algunas escenas mente de las Centellas y de los 200 Avi-
delicadamente seleccionadas de cada libro. sos de amigo que cierran el volumen.
El resultado es una Antología cuidada y Es preciso destacar también que la in-
completa en la que se adivinan las muchas troducción de Emilio Blanco resulta algo
horas de trabajo y estudio de la profesora más que iluminadora. La conexión entre
Castillo. texto e introducción revela una verdadera
conspiración íntima. Parece casi que ésta
EMMA NISHIDA tome al pie de la letra la advertencia Al
lector del mismo Setantí que antecede a las
quinientas centellas. Preliminares que avi-
san de lo poco que «aprovecha la luz de
SETANTÍ, Joaquín, Centellas de varios con- las Centellas si no dan sobre materia dis-
ceptos, edición de Emilio Blanco, Bar- puesta para encenderse, yesca o pólvora.
celona, J.J. de Olañeta-Universitat de Ha de saber en el espíritu el que leyere
les Illes Balears, 2006, 182 pp. estos avisos, si quiere sacar de él, y de
ellos, fuego de aprovechamiento» (p. 80).
La colección «Medio Maravedí», diri- En este sentido las centellas, en el signifi-
gida por Antonio Bernat Vistarini, presen- cado primigenio de chispas, prenden al
ta, junto a importantes y renovadoras apor- topar con la materia inflamable de la in-
taciones sobre el Siglo de Oro, como el troducción. A través de una síntesis clara
trabajo de Melveena Mckendrick sobre El y ordenada de la trayectoria del género del
teatro en España (1490-1700) y el de aforismo y de otros géneros afines (senten-
Aurora Egido sobre las conexiones entre cia, máxima...) en la Antigüedad, en la
literatura y arte, entre la página y el lien- Edad Media y en el Renacimiento, Emilio
zo (De la mano de Artemia. Literatura, Blanco evidencia las deudas de Setantí con
emblemática, mnemotecnia y arte en el la tradición pero también, cosa nada fácil,
Siglo de oro), otras publicaciones que van los elementos de innovación presentes.
desde Pietro Aretino, a Andrea Alciato, a En sintonía con esto, el editor levanta
Hans Holbein, al anónimo Arte de bien acta sobre la ambigüedad y la dificultad de
morir. No cabe ahora sino felicitarse por diferenciar aforismos, sentencias y máxi-
la oferta de una cuidada edición de las mas. Dificultad de definir el aforismo y
Centellas de varios conceptos de Joaquín superposición de términos con carácter si-
Setantí (1540-1617). La edición de Emilio nónimo que muchas veces se transforma en
Blanco presenta las 500 «centellas» del confusión, como prueban las deficiones de

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las tres formas citadas en los diccionarios el método son dos aspectos de una misma
estrictamente lexicográficos o en los espe- cosa.
cíficos de algunas materias. De ahí el pre- Las Centellas de Setantí se insertan en
cisar más y el esbozar –a partir de un este horizonte cultural y, cosa harto signi-
conocido ensayo de Umberto Eco sobre ficativa, se imprimen en 1614, el mismo
Wilde– una serie de características básicas año del libro de Baltasar Álamos de Ba-
del género aforístico. rrientos. Si después de esta fecha el tér-
Si es verdad que en Hipócrates el afo- mino aforismo ya se usará con cierta pre-
rismo representaba un principio científico dilección en los títulos de los libros, como,
expresado de forma concisa, que en la entre otros, prueban las obras de Fernan-
Edad Media proliferan los libros sapiencia- do Alvia de Castro, de Eugenio Narbona,
les, con sus pensamientos breves (castigos, de Pedro de Figueroa, del padre Nierem-
sentencias, avisos...), que los humanistas berg y, sobre todo, de Baltasar Gracián, los
del Renacimiento (Erasmo, por ejemplo) aforismos de Setantí son en la Península
recopilan sentencias, apotegmas, adagios, parte auroral del género aforístico.
facecias, apólogos, no cabe duda de que, Las centellas del autor catalán son un
como señala Emilio Blanco, nunca este claro ejemplo de lo que es el aforismo
tipo de literatura sapiencial emplea la voz político, con su evidente objetivo: el triunfo
aforismo. Que el cultismo no exista lo ates- en la vida personal y política. Ya autor, en
tiguan los diccionarios. Y si no lo omiten, 1610, de los Frutos de Historia, Setantí
como hace en 1611 el Tesoro de la len- muestra interés por una lectura de la his-
gua castellana o española de Covarrubias, toria que permita hallar en ella normas de
sólo recogen aforismo en su sentido médi- actuación práctica, aplicables en función de
co, sin atender al género sentencioso. las circunstancias. Y por esa vía se entron-
Para encontrar empleada la voz aforis- ca claramente con el tacitismo. Este libar
mo hay que esperar a 1614. En este año como abeja en los distintos textos históri-
Baltasar Álamos de Barrientos publica cos, permite –como opina Blanco– entre-
(aunque compuesto a finales del siglo XVI) ver en los Frutos un ejercicio propedéuti-
su Tácito español ilustrado con aforismos. co para ir destilando sus Centellas.
El libro es un punto de partida imprescin- Por último, conviene destacar la origi-
dible. El autor liga el aforismo a la políti- nalidad del título. Por un lado el término
ca, y más concretamente al tacitismo. Pron- ya contaba con una larga tradición en la
to el aforismo pretende transformarse en un literatura espiritual del siglo XVI y aludía
instrumento científico de ánalisis y praxis al momento en que el amor de Dios pene-
para la acción política, general e indivi- traba en el corazón del hombre (cf. íbid.,
dual. Hay una voluntad evidente de crear p. 62), por otro lado se asiste a un marca-
una ciencia política. Pero hay más, según do desplazamiento desde un conocimiento
muestra Emilio Blanco. Se trata de la sin- espiritual y místico hacia el ámbito profa-
tonía entre Baltasar Álamos de Barrientos no de la actuación práctica en la vida po-
y Francis Bacon, entre los textos limina- lítica.
res del autor de Medina del Campo y El Y sin embargo, las Centellas, que ofre-
avance del saber (1605) del londinense, cen consejos de todo tipo más que dar
libro en donde éste confiere al aforismo, reglas de comportamiento para actuar de
por su carácter asistemático, un papel pri- manera exitosa, describen el cambiante
mordial como método innovador en el mundo de comienzos del siglo XVII . En
avance del conocimiento frente al estatis- todas, más allá de las posibles clasificacio-
mo del sistema. De hecho, el interés de nes y las diferencias que se perfilan, sor-
Bacon por los aforismos y su interés por prenden no sólo la brevedad y la extrema

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sencillez de las centellas, sino la falta casi CAYUELA, Anne, Alonso Pérez de Montal-
absoluta de metáforas, la escasa presencia bán. Un librero en el Madrid de los
de imágenes, como si hubiera una volun- Austrias, Madrid, Calambur (Biblioteca
tad de abandonar toda expresión literaria Litterae, 6), 2005, 382 pp.
por parte de quien, como Setantí, no era
un profesional de la escritura. Un modo de La historia del libro en España ha con-
hablar lacónico que, como apunta el autor tado con una trayectoria ilustre que, desde
en su escueto prólogo, «es cierto que no sus pioneros (Jaime Moll, José Simón
es para todos, ni para todas ocasiones» (p. Díaz) hasta sus más recientes estudiosos
80). Para poder sacar provecho de las chis- (José Manuel Prieto, Fermín de los Reyes,
pas, para que las centellas prendan, como Fernando Bouza, Anastasio Rojo), ha dado
el autor subraya en la última de ellas, se cuenta con rigor y eficacia de cómo se fue
necesita «seso acomodado, prendas de na- formando el negocio librero en la España
turaleza, que no se dan a todos igualmen- de los Siglos de Oro. En el ámbito del
te» (p. 165). hispanismo francés, aportaciones como las
La edición de las Centellas de Setantí de François López o Christian Péligry nos
resulta, en definitiva, un interesante y útil han ofrecido también una visión muy de-
recorrido por el texto de uno de los pri- tallada de inventarios, imprentas y lectores,
meros autores que compilan libros de afo- completando con ello un rico panorama
rismos, antes de que legión de escritores internacional que ha tenido en décadas re-
se dediquen al nuevo género. Asistimos al cientes la fortuna de contar igualmente con
oportuno y merecido rescate de un libro al figuras como las de Roger Chartier entre
cual el estudioso de ese periodo y el lec- sus filas. Gracias a ellos hemos podido
tor no podían acceder con la facilidad de- vislumbrar cómo evolucionó la historia de
seable. Lástima que todo ello no venga la lectura y la entidad del lector en estas
acompañado de un adecuado índice biblio- décadas fundamentales que vieron nacer,
gráfico, a través del cual dar cuenta de la además, algunas de las nuestras obras
gran cantidad de ensayos europeos, espe- maestras.
cialmente alemanes, franceses e italianos Se une a este rico parnaso la investi-
sobre el aforismo. De hecho, son estos tra- gación de la profesora Anne Cayuela (Uni-
bajos los que iluminan la definición de versidad de Avignon), quien recoge en este
dicho término en castellano a falta de una valioso estudio el perfil biográfico –en su
imprescindible aproximación histórica y labor de editor y mercader– de quien fue
teórica al aforismo en España, que, lamen- uno de los más activos y prestigiosos li-
tamos, tarda en llegar. breros del siglo XVII , Alonso Pérez de
Con todo, es un mérito del editor ilu- Montalbán. El libro contiene una detallada
minar los aforismos de Setantí, insertarlos contextualización del famoso editor y de su
en un adecuado marco cultural español y librería, para pasar después a la reproduc-
europeo, enlazar la estructura lógica y re- ción de su catálogo ordenado por los dife-
tórica de este texto con las líneas de fuer- rentes géneros que comercializó. Partiendo
za de escenarios más extensos, sea el de de la premisa correcta de que no puede
la literatura sapiencial, sea el de un géne- concebirse una historia de la lectura sin
ro que sufrirá con los años grandes trans- una historia de la edición en sus formas
formaciones y que encontrará en Baltasar impresas, así como de «los mecanismos de
Gracián uno de sus más conspicuos culti- producción, de control, de difusión y de
vadores. recepción de los libros» (p. 139), Cayuela
recorre el Madrid de quien fuera padre del
F ELICE GAMBIN famoso Juan Pérez de Montalbán a través

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de los vericuetos económicos y amistades ligiosa, teatro, novela, misceláneas, histo-


ilustres que definieron su carrera profesio- ria y derecho, evidenciando así el amplio
nal. Se trata, de hecho, de una actividad espectro de gustos y la vasta cultura de
impresionante de casi cinco décadas por nuestro editor; su papel en la comerciali-
parte de un librero que contó con una zación de un género como la novela cor-
clientela distinguida, estando al servicio del ta, es, de hecho, seminal, así como tam-
Rey desde 1604 y supliendo, por ejemplo, bién lo será su responsabilidad en el lan-
al mismísimo Duque de Lerma. Desde su zamiento de nuevas figuras como los
edición de la Diana de Montemayor (1602) veinteañeros Bocángel o Polo de Medina.
hasta las Oraciones evangélicas de Paravi- Alonso Pérez, concluye la autora, «apare-
cino (1645), Pérez de Montalbán contó en ce en este contexto como el artífice de una
su catálogo con obras maestras de Lope, producción editorial sometida a la presión
Salas Barbadillo, Castillo Solórzano o Vé- creciente del público y como un comer-
lez de Guevara, entrando también en cier- ciante al servicio de la novedad de las
tas rencillas e intrigas literarias derivadas, formas y de los géneros» (p. 162). Esta-
precisamente de la amistad y el trato con mos ante un estudio de gran utilidad para
algunos de estos ingenios. todos aquellos que deseen conocer más a
Este es, acaso, uno de los mayores fondo cómo se formó el campo cultural del
atractivos del presente estudio, que combi- Madrid de Felipe III y Felipe IV. Acom-
na una rigurosa tarea de archivo con un no pañado de un generoso número de ilustra-
menos útil recuento de las condiciones ciones de sus más famosas portadas, se
materiales –importancia del espacio urba- trata además de un volumen editado con
no, suspensión de licencias para la novela sumo gusto por parte de una casa editorial
y la comedia (1624-1635), cultura material sin la cual no sabríamos hoy lo que sabe-
del mundo libresco, establecimiento de re- mos de la historia del libro en España.
des comerciales, etc.– que rodearon la ex-
plosión editorial en la España de los Aus- ENRIQUE GARCÍA SANTO-TOMÁS
trias, y que dieron lugar a que, sólo en
Madrid, se concentraran nada menos que
46 libreros-editores en el período compren-
dido entre 1566 y 1626. Pérez de Montal- MARÍN PRESNO, Araceli, Zur Rezeption der
bán pasará a la historia por la labor difu- Novelle Rinconete y Cortadillo von Mi-
sora de la obra literaria de su hijo Juan, guel de Cervantes im deutschsprachigen
pero también por la innovadora idea de las Raum. Frankfurt, Lang, 2005.
Partes de comedias lopescas, o el pleito (La recepción literaria de la novela ejem-
que entabla Quevedo por su edición pirata plar Rinconete y Cortadillo de Miguel
del Buscón. Igualmente fascinantes son las de Cervantes en los países de lengua
relaciones con censores –Valdivieso, Gra- alemana. Fráncfort del Meno, Lang,
cián Dantisco, Espinel– que fueron desig- 2005)
nados para algunos de sus libros. Alonso
Pérez se muestra, según señala muy acer- Publicada en el cuarto centenario del
tadamente Cayuela, como un hombre atento Quijote, la tesis doctoral de Araceli Marín
a los gustos de su tiempo y con un finísi- Presno sobre la recepción literaria de la
mo olfato para detectar la buena literatura novela Rinconete y Cortadillo de Miguel
y el talento joven. A las numerosas edicio- de Cervantes en los países de lengua ale-
nes de temática religiosa y moral –casi un mana recuerda al lector que Cervantes no
cuarto del total de su catálogo– se unirán sólo escribió el célebre Ingenioso Hidalgo
también ediciones de poesía profana y re- Don Quijote de la Mancha, sino también

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unas maravillosas Novelas ejemplares. La sis considera siempre el texto de partida.


historia de la recepción de una de esas En consecuencia, la autora intenta compa-
novelas, expuesta en la presente tesis, re- rar las diferentes traducciones con su ori-
sulta no menos emocionante y entretenida ginal, con otras traducciones y con las
que el Quijote, aun cuando se trata de una normas de traducción y literarias dominan-
publicación claramente científica que obtie- tes. Las traducciones se confrontan siem-
ne sorprendentes conclusiones. pre de modo interlingüístico (con el origi-
La elección de la novela Rinconete y nal) y también intralingüístico (con otras
Cortadillo como objeto de estudio se ex- traducciones al alemán existentes).
plica, en primer lugar, porque es una de Para estructurar su análisis, la autora
las novelas cervantinas más populares en recurre a la clasificación de Friedmar Apel
Alemania y, en segundo lugar, por el he- y divide la historia de la recepción en
cho histórico-literario de que la primera cuatro épocas diferentes: Barroco, Ilustra-
traducción al alemán de dicha novela, que ción y Romanticismo, siglo XIX y finalmen-
llevó a cabo Ulenhart en 1617, introdujo te siglo XX. Se exponen las condiciones de
el género de la novela picaresca en Ale- recepción específicas de cada una de las
mania. épocas en los países de lengua alemana.
La obra de Araceli Marín Presno es un Además se enuncian las normas literarias
trabajo historiográfico en toda su extensión, y traslatorias que imperaban en cada épo-
situado en el punto de intersección de la ca. Finalmente se describen y analizan las
germanística, la hispanística y la traducto- diferentes traducciones asignándolas a su
logía. Con este trabajo se llena un vacío: contexto histórico.
si bien ya existen algunas publicaciones El trabajo está dividido en cuatro capí-
sobre las Novelas ejemplares y su relevan- tulos. El primero sintetiza los fundamentos
cia literaria, estamos ante el primer análi- teóricos de la investigación sobre la recep-
sis exhaustivo desde la perspectiva de la ción y los estudios histórico-descriptivos
traductología. De ahí que la tesis se entien- sobre la traducción. El segundo ofrece una
da a sí misma como un estudio histórico- visión general sobre la investigación de la
descriptivo en el marco de la investigación obra de Cervantes en España. El tercero
sobre la recepción histórico-literaria y so- aborda el análisis textual de la novela Rin-
bre la traducción. conete y Cortadillo desde el punto de vis-
La autora es licenciada en traducción y ta de los aspectos relevantes para la tra-
ha sido profesora durante muchos años en ducción. El cuarto capítulo, el más amplio
la Universidad alemana de Germersheim, y exhaustivo, presenta de modo sistemáti-
en la Facultad de Lingüística y Estudios co la recepción de las traducciones de la
Culturales Aplicados de Germersheim. novela elegida en los países de lengua ale-
Además posee profundos conocimientos de mana para proseguir con el análisis de di-
ciencia literaria. Es evidente que este tras- chas traducciones y recoger finalmente las
fondo interdisciplinar enriquece el análisis, conclusiones fundamentales de la investi-
lo que se aprecia tanto en los objetivos gación.
como en el desarrollo del trabajo. Cotejando la historia de la recepción se
Araceli Marín incorpora planteamientos observa, por ejemplo, que la novela se
de la Escuela de Gotinga y su traductolo- interpretó de manera muy diferente en
gía descriptiva, en concreto de Armin Paul Alemania y España. Mientras que en su
Frank y sus colaboradores. El enfoque cen- país de origen fue considerada durante mu-
trado en la transferencia de los investiga- cho tiempo una obra realista o idealista, en
dores de Gotinga analiza las traducciones Alemania se leía como un libro de apun-
sin separarlas del texto original: el análi- tes humorísticos o un relato satírico. Des-

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de la década de los veinte del siglo pasa- XVII (prestigio que continúa aumentando
do, en ambos países la obra comienza a actualmente). Pero además expresa el de-
definirse cada vez más como un cuadro de seo de buscar una traducción adecuada a
costumbres destacándose su carácter pica- cada época, así como la sensación, si no
resco. de haber fracasado en esa gran empresa, al
El anexo de la tesis documenta en un menos sí de no haber conseguido encon-
cuadro sinóptico las soluciones que las trar la traducción última y definitiva. Y así
diferentes traducciones alemanas han en- llegamos al tema de la importancia del
contrado para los problemas de traducción método de traducción elegido por los di-
más interesantes, entre los que se cuentan ferentes traductores. La autora nos premia
los nombres significativos, la germanía, los con una segunda sorpresa: demuestra la
refranes, la seguidilla y la jerga de los correlación clara e inequívoca entre el Zeit-
jugadores de cartas. La presentación sinóp- geist imperante en una determinada época
tica es muy apropiada para fines didácti- y el método traductor correspondiente.
cos, por ejemplo en seminarios para traduc- Si nos retrotraemos unos 400 años, no
tores, etc. podemos olvidar que los conocimientos de
La selección de los nombres significa- idiomas extranjeros en los países de len-
tivos de los dos protagonistas («Rincone- gua alemana, y en especial el conocimien-
te» y «Cortadillo») puede servir de ejem- to del español, a comienzos de la Edad
plo de lo diferentes que han sido las solu- Moderna y hasta bien entrado el siglo XIX
ciones de las distintas traducciones al eran más bien escasos. Los primeros tra-
alemán: Isaac Winckelfelder y Jobst von ductores de Cervantes fueron autodidactas
der Schneidt, Rinkonnet y Cortadille, en su aprendizaje de este idioma y, en su
Rinkonete y Cortadillo, Winkel y Schnitt, batalla continua con la gramática y el vo-
Rinconete y Cortadillo, Winkelpeter y Sch- cabulario, tuvieron que prescindir práctica-
neiderlein, Ecklein y Schnittel, Winkelchen mente de diccionarios, manuales y gramá-
y Schnittling, Winkelin y Schnittchen. ticas con fundamento. A veces incluso,
Las traducciones de los otros nombres debido a la falta de conocimientos de es-
significativos son igual de variadas e in- pañol, las obras se traducían a partir de la
geniosas. La autora comenta detenidamen- traducción francesa. Por eso no puede
te las diferentes propuestas demostrando asombrar el que apenas se tuvieran en
ser extraordinariamente competente en el cuenta para la traducción aspectos como el
campo de la traducción. En este sentido, estilo, el género, las características textua-
el trabajo también es muy adecuado como les o específicas del escritor. Bajo estas
modelo para las críticas de la traducción condiciones tan precarias es probable que
pluridimensionales. la traducción les pareciera ese «afán utó-
Araceli Marín recorre la recepción tras- pico» al que se refería Ortega y Gasset.
latoria y literaria de Rinconete y Cortadi- En la medida en que fueran amplián-
llo valiéndose de las diferentes traduccio- dose los conocimientos de español –sobre
nes alemanas realizadas durante casi 400 todo con la «euforia hispánica» de los ro-
años. Y aquí encontramos la primera sor- mánticos alemanes– era posible esperar tra-
presa del trabajo: entre 1617 y 1997, esta ducciones más atinadas y exigentes desde
novela ha sido traducida nada menos que el punto de vista filológico. Por eso la
21 veces, 12 de las cuales a lo largo del autora parte de la hipótesis de trabajo de
siglo XX. que las traducciones más «libres» del prin-
Esta elevada cifra denota en primer cipio se irían haciendo con el tiempo cada
lugar el gran prestigio del que ha disfruta- vez más fieles al original filológicamente
do Cervantes en Alemania desde el siglo hablando.

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626 RESEÑAS DE LIBROS

El estudio pone de manifiesto la rela- posteriores, por tanto, son más bien revi-
ción entre las normas específicas de cada sores, cuya comprensión de la novela ha
época con respecto a los fines de la tra- cristalizado sobre traducciones ya existen-
ducción y el correspondiente método tra- tes y que no compararon sus revisiones con
ductor elegido. Un hallazgo que, sin ser el original hasta más adelante. En este sen-
pretendido por la autora, confirma con cre- tido, estas revisiones no pueden entender-
ces la validez de las teorías de traducción se como recepción de la novela original.
funcionalistas y de escopo. La lectura de esta tesis es esclarecedo-
Pongamos cuatro ejemplos para mostrar ra y sorprendente, además de recomenda-
la relación entre norma y método teórico. ble para todos los germanistas e hispanis-
En su primera traducción al alemán de tas interesados en el intercambio cultural
1617, Ulenhart siguió la norma o el prin- literario entre España y Alemania. También
cipio de que las traducciones tenían que deberían leerla aquellos traductores y es-
contribuir a la creación de una literatura tudiosos de la traducción –no sólo litera-
nacional alemana. En consecuencia, su tra- rios– que se ocupan de cuestiones de crí-
ducción muestra rasgos de una adaptación tica de la traducción. Es muy deseable que
tal de la novela, que su resultado bien esta obra sea traducida pronto al español.
puede considerarse un plagio. Por el con-
trario, Conradi, que tradujo por segunda HOLGER SIEVER
vez la novela al alemán en 1753, quería
contribuir a la creación de un lenguaje li-
terario alemán. Por eso realizó una traduc-
ción cuajada de extranjerismos, en la que R ICO, Francisco, El texto del «Quijote».
abundaban los préstamos del español; prés- Preliminares a una ecdótica del Siglo
tamos que habían de enriquecer el idioma de Oro, Barcelona, Destino (Biblioteca
alemán. En su traducción de 1810, el tra- Francisco Rico), y Valladolid, Servicio
ductor romántico Siebmann abre nuevos de Publicaciones de la Universidad de
caminos al intentar que el lector alemán Valladolid-Centro para la Edición de
comprenda el texto, y así no calca los los Clásicos Españoles, 2005, 568 pp.
nombres geográficos, sino que los germa-
niza. Por último, Rothbauer realiza en 1963 El nuevo trabajo de Francisco Rico
una traducción basándose en la teoría de tiene como antecedente la serie de estudios
la equivalencia, que imperaba en traduc- sobre el Quijote que ha venido publicando
ción en los años sesenta del siglo XX. en los últimos años y que ahora revisa y
La hipótesis de trabajo, por cierto, sólo desarrolla de manera profunda. En el pun-
se pudo comprobar en parte, en concreto to de partida de todo ello están su edición
con las traducciones realizadas hasta fina- crítica y su editio minor de la obra, y en
les del siglo XIX. Y nos encontramos ante particular la «Historia del texto» que figu-
la tercera sorpresa: en las traducciones del ra entre los prólogos de aquélla y donde
siglo XX se detecta una tendencia a la apro- ya anunciaba la elaboración del presente
ximación intralingüística. La mayor parte volumen. Como se recordará, la edición
de las traducciones recientes no se basa en crítica, publicada primero en 1998 y varias
el original español, sino en las traduccio- veces reimpresa con correcciones (Barce-
nes anteriores, sobre todo en la de Notter, lona, Crítica), ha sido enteramente puesta
que data de 1840. Esto se manifiesta so- al día en 2004 (Barcelona, Galaxia Guten-
bre todo en que adoptan la propuesta de berg, Círculo de Lectores-Centro para la
traducción de Notter en los nombres sig- Edición de los Clásicos Españoles). La alu-
nificativos y la germanía. Los traductores dida editio minor la difundió en 2004 la

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RESEÑAS DE LIBROS 627

Junta de Comunidades de Castilla-La Man- historia que conforma una tradición ecdó-
cha, y, el mismo año, el texto y las notas tica en el siglo XX presidida por «la escru-
se reprodujeron en su integridad en la pulosidad en la transcripción de la princeps
Edición del IV Centenario patrocinada por de cada parte y descartando de antemano
la Real Academia Española y la Asocia- todos los conocimientos y planteamientos
ción de Academias de la Lengua Españo- que pudieran empañar ese objetivo»
la; recientemente, en 2007, ha aparecido (p. 18), con la convicción injustificada de
revisada en la colección Punto de Lectura que Cervantes nada tuvo que ver en las
y en Ediciones Alfaguara. sucesivas ediciones de 1605 y de 1608. El
Estamos ante un estudio riguroso que Quijote adolece todavía de una edición que
reflexiona sobre las bases del cervantismo, solucione con todos los posibles indicios a
en especial, naturalmente, en lo que con- mano los problemas de mayor enjundia
cierne al texto del Quijote. El prólogo nos para los cervantistas, pero también para el
brinda una certeza inicial que iluminará el lector sencillo que imaginaba Miguel de
camino desbrozado en su libro: «es inútil Cervantes. No podemos confundir nuestro
... preguntarse por el plan primitivo del anhelo de «cercanía al original cervantino»
relato de 1604 y por sus vicisitudes, sin con «la duplicación de las primeras edicio-
recorrer uno a uno los pasos que usualmen- nes» (p. 19). Advierte Rico cómo el «es-
te seguía entonces una obra desde la plu- tricto e ilimitado apego a la princeps» o,
ma del escritor hasta las manos del lector: más exactamente, la fe en los ficticios fac-
borradores, original (es decir, copia en lim- símiles se ha visto favorecido por una re-
pio por un amanuense), revisión o revisio- nuncia a emprender nuevas investigaciones.
nes del autor, censura, manipulaciones de El lector podrá comprobar, con los ejem-
la imprenta ... El asunto sólo se deja en- plos proporcionados por el autor hasta lle-
frentar con éxito ... restituyendo los datos gar a nuestros días, la inercia y los pasos
literales y los indicios literarios particula- atrás en el cervantismo, en un tiempo en
res a las circunstancias históricas de unos que las herramientas filológicas se afinan
modos de escritura y producción» (p. 10). mientras el fetichismo de la príncipe se
(Recordemos que al nombrar «el Quijote recrudece. Lo que se justificaba antaño en
de 1604» nos estamos refiriendo a la im- las tareas editoriales hoy resulta imperti-
presión de finales de ese año, que circuló nente, ya sólo con los rudimentos de la
en su mayoría a comienzos de 1605, y que crítica textual en la mano.
llamaremos «primera edición» o «prin- Algunos intentos se perdieron por el
ceps».) A partir de esta reflexión, bien camino. Hartzenbusch fue el primer editor
fundada en la perspectiva de la «histoire moderno que osó transmutar la disposición
du livre», la obra de Francisco Rico arti- de la primera edición, y lo hizo con el
cula por vez primera todo el entramado del pecado del exceso, pero también con la
proceso editorial del libro en el Seiscien- suspicacia inteligente que luego no se ali-
tos, y se adentra en los problemas que hoy mentó en posteriores ediciones y que Rico
sigue planteando la edición del Quijote. reclama con insistencia. Sin repasar en este
La introducción formula las primeras foro las coordenadas exhaustivas de que se
cuestiones en torno a «El fantasma de la sirve el estudioso para recomponer en la
«princeps»» del Quijote, respetada fiera- «Introducción» el panorama de la crítica
mente desde finales del siglo XIX hasta textual del Quijote desde sus orígenes se-
nuestros días. Rico completa con puntuali- tecentistas hasta la fecha, sí me parece
dad minuciosa la historia de las ediciones oportuno ceñirme en este momento a las
quijotescas que ya había planteado en su palabras de Rico, cuando denuncia que «a
texto prologal a la edición crítica de 1998, lo largo del siglo XX el estado de cosas

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haya perdurado y aun ido a peor» (p. 33): Roca, Roca, Roca). En el primer caso, la
«En vez del trillado y previsible cortejo de divergencia coincide con caras distintas de
lectiones faciliores, atracciones del contex- un pliego, y como advierte Rico, era ha-
to y demás explicaciones ecdóticas –las bitual que dos cajistas se repartieran la
explicaciones que esperaríamos y que ni se composición de un pliego preparando una
nos insinúan–, nos encontramos ... con que forma cada uno. Puede verse cómo la ter-
las erratas flagrantes se vuelven muestras cera edición corrige en sentido inverso.
del absoluto dominio artístico que Cervan- Opino que el hecho de que Cervantes, muy
tes despliega para desafiar al lector despre- probablemente, estuviera al tanto de la
venido. Uno de los principales apoyos de edición madrileña de 1608, no permite
tal posición está en un bellísimo artículo hacer extensivo el argumento de su parti-
de Leo Spitzer que presenta «la inestabili- cipación a todas las modificaciones intro-
dad y variedad de los nombres dados a ducidas; además, quién sabe si el desarro-
algunos personajes» como «un deseo de llo de la historia de Leandra, que vuelve
destacar los diferentes aspectos bajo los burlada (no sé sabe cuánto) de su aventu-
que puede aparecer a los demás el perso- ra con el soldado, indujo a Cervantes al
naje en cuestión»» (pp. 42-43). La contra- chiste velado. Cada caso –es normal que
partida reside en el hecho de haber con- así ocurra– presenta problemas diferentes
vertido la brillante aportación de Spitzer en y quizá los haya sin datos suficientes para
patente de corso para cualquier eventuali- resolverlos. El propio Rico toma la precau-
dad textual. Todo se resuelve en geniali- ción de no convertir en definitivos los ele-
dad cervantina, regateando erratas y acci- mentos puestos a examen, pero asume la
dentes propios de los medios de produc- necesidad de tomar partido y opta, libre-
ción en el Siglo de Oro. Y, frente a ello, mente, por la que a él le parece la expli-
el autor comenta con argumentos de peso cación más plausible.
ejemplos como el espurio «Quexana», que A tenor de lo expuesto, venimos ha-
ha sido aducida a menudo como poliono- blando de tres ediciones del Quijote: la
masia cervantina. Rico explica esta variante príncipe, de 1604; la segunda, de 1605; y
como errata ya resuelta en «Quixana» en la tercera, de 1608. Para Francisco Rico,
algunos ejemplares de la propia princeps, es patente la necesidad de cotejar estas
fruto de una nueva composición de dicho ediciones, junto a otras cercanas en el
cuaderno, y de nuevo corregida en la se- tiempo a Cervantes, cuyas variantes textua-
gunda edición, en 1605, que se imprimió, les pueden iluminar aspectos que hoy es-
sin embargo, a la vista del primer pliego tarían condenados a la oscuridad, por la
compuesto (el que contenía «Quexana»). mera distancia cultural y lingüística que
Los ejemplos analizados no siempre resul- nos aleja del autor: «los correctores y los
tan, sin embargo, igual de convincentes. En componedores del siglo XVII poseían aún
mi opinión, el caso de las variantes en el como suyas la lengua, la cultura y las for-
nombre del galán de Leandra, Vicente de mas de vida de Cervantes, y con ellas una
la Rosa o de la Roca, plantea algún pro- indudable capacidad para percibir proble-
blema. En el caso anterior, la recomposi- mas textuales que hoy, si no, se nos esca-
ción del pliego (en la tirada de 1604) que parían. Sin duda tenían también capacidad
contenía el traído «Quexana», sustituyén- para resolverlos a su aire y para suponer-
dolo por «Quixana», reforzaba el testimo- los o introducirlos donde no los había,
nio confirmado y corregido por sucesivas pero, utilizada con las cautelas necesarias,
ediciones. Por el contrario, ahora estamos la contribución de los viejos tipógrafos es
ante variantes distintas en cada edición imprescindible. ... El cotejo y el examen
(1604 y 1605: Rosa, Rosa, Roca; 1608: detallado del mayor número posible de

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Quijotes antiguos son la escuela de crítica tipógrafos manejaron manuscritos cervanti-


textual más beneficiosa para un solvente nos. Este dato, advierte el autor, ha sido
Quijote moderno. Hasta las erratas menu- ignorado de manera sistemática en la ec-
das de las ediciones secundarias resultan dótica del Siglo de Oro. Y en España, más
instructivas» (p. 48). que en ningún otro lugar, se conservan
La edición pendiente del Quijote pre- cientos de originales de imprenta cuyo
cisa este camino, como siempre ha pres- estudio, realizado por Sonia Garza bajo la
crito la ecdótica. Sin embargo, en el caso tutela de Francisco Rico, está evidencian-
del Quijote, la adoración por la princeps do en días recientes el trasiego y los acci-
ha entorpecido el cotejo textual con otras dentes propios de la imprenta. El lector
ediciones. Una tarea de estas exigencias puede leer y comprobar los ejemplos adu-
exige un equipo y, sobre todo, una precau- cidos en las láminas de cada capítulo, con
ción cuyos límites, entre el abismo y Cer- materiales muy diversos y de gran interés
vantes, tardarán todavía un tiempo en per- para comprender el proceso editorial del
filarse. Pienso, por ejemplo, en la necesi- siglo XVII. En las reproducciones pueden
dad previa de identificar la idiosincrasia verse, por ejemplo, las peculiaridades de
única de la prosa de Cervantes, como su los originales de imprenta (con revisiones
huella dactilar. Se impone una precaución del autor o del corrector, adiciones, mar-
máxima para no atribuir a Cervantes los cas de la cuenta de líneas o de palabras
ecos de otros lugares y tiempos. Las he- de cara a la composición por formas, y
rramientas informáticas, los programas de toda una larga serie de rasgos significati-
análisis textual, las bases de datos o Go- vos) y sus correspondientes páginas impre-
ogle, no han alcanzado en mi opinión la sas con deturpaciones, el formato de los
madurez necesaria para dar por definitivos pliegos y el funcionamiento de la compo-
algunos de los estudios sobre autoría que sición por formas, autógrafos de Cervan-
vienen gestándose en los últimos años. A tes y de Lope, páginas y pliegos enteros
pesar del posible estado rudimentario de la del Quijote (representativos por alteracio-
tecnología, capaz ya de deslumbrarnos, nes debidas a razones tipográficas), y todo
veremos más adelante cómo puede abrir- ello, con las indicaciones pertinentes para
nos una senda sin retroceso posible. su recta comprensión. El libro explica por
Hasta aquí, no hemos salido de la «In- medio de un relato rebosante de vida el
troducción» del libro. A continuación, el proceso que exige la composición de un
primer capítulo, «Cómo se hacía un libro libro en el Siglo de Oro: desde la tramita-
en el Siglo de Oro», nos presenta un re- ción del paratexto (materiales preliminares
corrido claro, exhaustivo y crítico, de los al texto propiamente dicho: documentos de
avatares que seguía un manuscrito hasta trámite, dedicatoria, poemas laudatorios,
convertirse en los pliegos prestos a ser prólogo...), al proceso de fabricación a
encuadernados, si se requería. No me de- varias manos. Se trata, en definitiva, de los
tendré aquí en conceptos fundamentales avatares propios de los talleres de impre-
como el de original (copia en limpio del sión y de las condiciones del mercado (to-
manuscrito, realizada por un amanuense), davía éste por estudiar en toda su dimen-
documentos necesarios para la impresión sión por lo que atañe a la literatura áurea).
(aprobación, privilegio, fe de erratas, Por tanto, de la mano del autor al texto
tasa...) o en el mecanismo habitual de tra- que leyeron los lectores, media todo un
bajo en los talleres de impresión. La exis- proceso de revisión y de copia que detur-
tencia habitual del llamado original, trans- pa, como es sabido en crítica textual, la
cripción en limpio realizada por un ama- supuesta pureza de la voluntad del autor,
nuense, impide seguir pensando que los con todas las dudas que este concepto vie-

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ne suscitando (a veces, de modo gratuito, Quijote tendrán que reformularse sustan-


como también ironiza Rico). Así, me pa- cialmente, arrinconando el supuesto mane-
rece muy oportuno convenir con Rico en jable y simplista de un único manuscrito
la consecuente «merma en la autoridad de cervantino más o menos castigado y sus-
las príncipes», lo que «nos obliga en par- tituyéndolo por otros más acordes con la
ticular a plantear bastantes problemas del práctica tipográfica y editorial del Seiscien-
Quijote con una óptica distinta de la em- tos, con su sistemático recurso a un origi-
pleada hasta ahora, preguntándonos siem- nal sometido a una o dos revisiones del
pre si un elemento atestiguado por las pri- autor» (p. 141).
meras ediciones arranca del borrador, de Es cierto que, a pesar de que conoce-
una puesta en limpio autógrafa o de un mos cada día mejor las condiciones mate-
original de escribano más o menos corre- riales de la impresión de libros en el XVII,
gido» (pp. 105-106). Con estas últimas pa- todavía no hemos calculado bien las exigen-
labras, nos hallamos ya en el segundo cias de la ecdótica orientada al Seiscientos.
capítulo del libro, «Del borrador a la cen- En este sentido el libro presente es una
sura». aportación importante, porque reconstruye
Rico observa las peculiaridades de los de modo riguroso la historia compleja de la
originales que se conservan para sugerir de producción editorial y la enriquece con el
modo plausible «cómo insertó el novelista estudio del concepto de original en el tiem-
algunas de las modificaciones que hizo en po de Cervantes. La urdimbre filológica e
el [original] entregado a la imprenta de histórica en que se afana Rico tiene una
Cuesta» (p. 111). Por fortuna, contamos razón de ser plena, y llevará su tiempo res-
incluso con algún original de la oficina de ponder a su planteamiento.
Madrigal, que aporta indicios de un modo El capítulo tercero, «Por Juan de la
de trabajo propio, como el de la obra titu- Cuesta», ahonda en el proceso editorial
lada Sumario de la memorable y santa como tarea en la que las responsabilidades
batalla de Clavijo..., de Juan de Salinas están bien delimitadas y repartidas. Dife-
(p. 157), que permite observar la transfor- renciemos, para siempre, el papel de edi-
mación gráfica que se opera del original tor, en este caso Francisco de Robles, del
al impreso. El estudio de las revisiones que de impresor, aquí Juan de la Cuesta (aun-
alteraban los originales, de mano del au- que es más un nombre comercial, como se
tor o del corrector, permite sugerir a Rico nos recuerda, de la imprenta de Pedro Ma-
una hipótesis plausible y plena de conse- drigal en esas fechas). Una de las claves
cuencias que sirve para explicar, si la acep- de este apartado reside en la consideración
tamos, los desbarajustes que presenta el de la libertad que entonces disfrutaban los
relato cervantino de 1604. En este senti- responsables de la edición, que choca con
do, varios estadios en la revisión, mal con- la literalidad que hoy tendemos a atribuir
jugados después en la imprenta, habrían a la tarea editorial (literalidad bastante li-
dado lugar a los sinsabores de la primera mitada a menudo, porque mediatiza todo el
edición que, sin embargo, es la que con- proceso un contrato entre el autor y el
dicionará la escritura del Quijote de 1615. editor, siempre con la mira puesta en la
Las idas y venidas de algunos aspectos del ganancia). Conviene, pues, tener esa pre-
relato de 1604, mal casados si exigimos al caución muy en cuenta, junto con los ac-
Quijote un relato lineal con absoluta cohe- cidentes propios de la copia. Dicha liber-
rencia (lo contrario de la vida, como sabía tad atañía a cuestiones como las vacilacio-
Cervantes), podrían ser explicadas, como nes gráficas, la puntuación del original,
aduce Rico, si aceptásemos una evidencia: etc., por lo que el intento de buscar ras-
«las pesquisas sobre la elaboración del gos caracterizadores del autor en las pre-

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RESEÑAS DE LIBROS 631

ferencias gráficas, vacilantes asimismo en plicaciones vienen acompañadas de láminas


los autógrafos cervantinos, resulta una que ilustran muy bien las consecuencias de
cuestión prácticamente imposible de dilu- la composición por formas, o mejor dicho,
cidar. El escritor del Seiscientos, con muy cómo las peculiaridades materiales o las
pocas excepciones, convenía de antemano «argucias tipográficas» (p. 183) de los
en todas las decisiones tomadas a pie de ejemplares conservados hablan claramente
imprenta en torno a las cuestiones mencio- del proceso editorial del Quijote en cuarto
nadas. Si entendemos esto, es fácil acep- conjugado. Francisco Rico advierte, tam-
tar la idoneidad del concepto de «texto bién, que tales procedimientos, y tan co-
autorizado», frente a la ingenuamente lla- munes, son difíciles si no imposibles de
mada «voluntad del autor». Es muy pro- decantar con total seguridad. Pero nos exi-
bable que Cervantes, por ejemplo, no es- gen no bajar la guardia en ningún caso,
cribiera, como argumenta Rico, la dedica- sobre todo en la segunda y tercera edición
toria al duque de Béjar, pero sí la autorizó del Quijote, dado que los operarios acudie-
y, por tanto, conviene mantenerla como ron a añadidos falaces, pero bastante in-
parte de la obra que le entreguemos al lec- ofensivos (véase, como ejemplo, la p. 204),
tor. La «impresión se nos revela por ello para cuadrar las páginas compuestas por
mismo como exponente máximo de la «vo- formas, desbarajustadas en ocasiones por
luntad del autor» por cuanto toca a la pre- los añadidos que Cervantes tuvo a bien
sentación gráfica: incluso si existe una hilvanar, sin mucho cuidado, al texto.
autógrafo, el texto crítico que pretenda El Quijote de 1604 está plagado de erra-
mantener una grafía de época debe ajustar- tas, pero aún desasosiega más el hecho de
se a los hábitos del impreso» (p. 155). En que en 1615, a pesar de no existir ya la
nota al pie y con igual relieve, Rico ex- prisa que acució el primer lanzamiento, los
plica los yerros, en este sentido, de la es- errores duplican en número a los primeros.
cuela angloamericana en sus modos de edi- De nuevo, y de manera muy general, opi-
ción de los textos antiguos. Pero no sólo namos que la necesidad de identificar la
esta cuestión atañe a la grafía, la acentua- textura de la prosa cervantina es imprescin-
ción y la puntuación (inexistente en los dible para no confundir su registro con el
autógrafos cervantinos), todas ellas compe- ruido de fondo. Y al tiempo, surge una
tencias del corrector de la imprenta, no de duda: ¿ese deslinde puede ser total?, ¿será
los tipógrafos: piénsese, como propone real el resultado cuando tengamos un ins-
Rico, en «un aspecto tan importante y es- trumento de precisión para medirla? En el
curridizo como la caracterización lingüís- intento, quizá, podremos irlo viendo.
tica de los personajes» (p. 162). Sólo unas pocas páginas del Quijote de
A la par de todo lo que aquí vamos 1604 nos proporcionan la certeza de que
reseñando, los trabajos de Flores en torno el original, que ya de por sí contendría
a la composición del Quijote han dado pie variaciones respecto al manuscrito cervan-
en varios puntos al estudio de Francisco tino, fue objeto a su vez de nuevas des-
Rico y, después, a una réplica más que viaciones. Se trata de los epígrafes de los
justificada. Lo que visto a luz de las nue- capítulos, por una parte, y de su sistema-
vas aportaciones parece un disparatado tización en la Tabla final. Rico se propo-
paso atrás, no lo es, como reconoce Rico, ne demostrar, primero, que la Tabla depen-
cuando sirve de primer intento, aunque sea de de un texto manuscrito, y no de las
fallido. Uno de los puntos refutados, y de capillas del impreso. Entre los argumentos
mayor interés, reside en el hecho de que que aduce podríamos destacar el sabio apo-
el Quijote fue compuesto por formas, y no yo que encuentra en el estudio de la prác-
por páginas, como quería Flores. Las ex- tica editorial, a partir de los originales

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conservados (en los que la lista es de una miendos de los capítulos XXIII y XXX?,
mano y la foliación de otra): el primer ¿decidió él dónde insertarlas? La respues-
paso era hacer la lista de contenidos que, ta a estas dos preguntas condiciona un sin-
una vez impresos, podrían numerarse a número de decisiones ecdóticas. Tras de-
partir de las capillas. Esa hojita suelta, al tallar el contexto y los fallos de dichas
margen del original, sirvió para componer intercalaciones, Francisco Rico realiza un
la Tabla. Los epígrafes de cada capítulo se minucioso análisis lingüístico usando herra-
tomaban, sí en este caso, del original, mientas informáticas.
como el resto del contenido. Las variantes He revisado con mecanismos distintos
que Rico sistematiza responden a los erro- todas y cada una de las 48 apostillas ex-
res propios proceso de copia: dos lecturas plicativas que le permiten demostrar con
distintas del mismo documento que sirven datos que las adiciones y su inserción en
para ejemplificar el proceso editorial, com- el texto son obra de Miguel de Cervantes.
plejo y distorsionador de un texto primi- El método seguido por Rico es el siguien-
genio, casi utópico. Es cierto que al entrar te: coteja las unidades significativas (de
en detalles, al buscar una explicación para varios elementos cada una) que pueden
algunos botones de muestra de dichas va- identificarse en el texto con el resto de la
riantes, Rico tiene que echar mano de la obra cervantina y con las dos partes del
conjetura, como no puede ser de otra ma- Guzmán de Alfarache y con el Quijote
nera, y así, el entramado que forma con las apócrifo. Todas las notas al pie son muy
pistas puede ser discutible. Pienso, por pertinentes, si bien los elementos comen-
arriesgar aquí un ejemplo, en la explica- tados no tienen siempre el mismo peso
ción que creo discutible de caterba>turba argumentativo, y menos aún cuando los
como una lectio facilior. Sinónimos tan pasamos por el banco de datos CORDE
claros hablan, en mi opinión, de una elec- (disponible en http://corpus.rae.es/corde-
ción estilística, no de un tipógrafo distraí- net.html) como prueba de contraste. Para
do. Pero más que la explicación de cada el análisis, he usado diversos parámetros de
minucia, si bien deseable, interesan las búsqueda. He limitado las búsquedas al
premisas y la actitud que va a condicionar período 1580-1620, usando el asterisco (*)
la edición del Quijote. al final de la raíz de un elemento cuando
De las diversas anomalías que pueden puede admitir diversas desinencias, la in-
espigarse en el primer Quijote, me intere- terrogación de cierre (?) en el lugar de las
sa centrarme aquí en la que concierne al grafías que pueden vacilar (caso de la b,
robo del asno de Sancho, anomalía cuyo v, h, g, j, x, etc.) indistintamente, y los
estudio constituye el quinto capítulo del signos necesarios para indicar cierta distan-
libro. A estas alturas del camino, resulta cia entre dos o más segmentos (dist/10, por
fácil convenir con el estudioso en que un ejemplo, para separar dos elementos en un
stemma de las ediciones no nos permitirá entorno de hasta 10 palabras). Los resul-
remontarnos a un texto más cervantino, ya tados obtenidos son muy elocuentes y con-
que podemos ya presumir con buenas ra- vergen de manera rotunda con las conclu-
zones la intervención de Cervantes en las siones de Francisco Rico. Los segmentos
ediciones inmediatas. Lo mismo cabe de- analizados llevan en su gran mayoría, y de
cir para la gran mayoría de los libros del manera unidireccional y objetiva, a la plu-
siglo XVII. El tema toca de manera directa ma de Cervantes, y muchos de ellos de
a la discutida autoría de las adiciones so- manera casi incuestionable entre los miles
bre el robo del pollino que ya en 1605 de documentos (así lo creo para los casos
fueron incluidas en la segunda edición. de las notas al pie número 2, 6, 12, 13,
¿Escribió Cervantes los dos extensos re- 23, 26, 32, 37, 38, 46).

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RESEÑAS DE LIBROS 633

Pero además, he ampliado los segmen- con las mejores razones que (él) supo(e)/
tos elegidos por Rico, obteniendo resulta- que pudo, desde La Galatea al Persiles. La
dos muy elocuentes en un par de casos. excepción a la regla la pone Salas Barba-
Por ejemplo, al comprobar en el CORDE dillo con un uso bien diferente: «pero con
la secuencia anotada como número 2, las las mejores razones que ellos pudieron
entrañas de Sierra Morena, busqué asimis- adquirir y juntar allí de repente le vistie-
mo mitad de las entrañas, según aparece ron sus vestidos...» (El caballero puntual.
en el fragmento estudiado. Puede compro- Primera parte, 1614). La nota 32 resulta
barse que, al margen de este caso, sólo reveladora de nuevo. Dice Rico que «Pese
aparecen otros dos en la literatura del pe- a la normalidad en la construcción, no se
ríodo acotado. Y los dos son de Cervan- la encuentra nunca en Avellaneda ni el
tes: «¿Quién te persigue, o quién te acosa, Guzmán». Quizá no estemos ante una cons-
ánimo de ratón casero, o qué te falta, me- trucción normal, sino netamente cervanti-
nesteroso en la mitad de las entrañas de na, ya que el CORDE sólo localiza 2 ca-
la abundancia?» (QII, 29, 870); «Mas el sos semejantes de caballero sobre: «Por el
dolor que siento de los celos me la repre- peso, que el demonio, caballero sobre el
senta en la memoria bien así como espada negro caballo de las herejías» (Juan de
que atravesada tengo por mitad de las en- Pineda, Diálogos familiares...1589) y
trañas, y no es mucho...» (Las dos donce- «cuando pareció en la plaza un gallardo
llas). Puede verse, además, que estos ejem- caballero sobre un poderoso caballo» (Gi-
plos remiten a fechas posteriores a las nés Pérez de Hita, Guerras Civiles de Gra-
adiciones, por lo que el imitador hubo de nada, 1595; nótese, además, que este uso
ser también adivino, o Cervantes imitó al es diferente a los citados). El ejemplo ano-
imitador. La secuencia número 6, Pero la tado como 37, como era la verdad –y aquí
suerte, se corrobora y se amplía si la bus- no puedo dejar de decir que estamos ante
camos también con p minúscula, respetan- una expresión cervantina maravillosa, toda
do su característica de inicio de período: una «rúbrica» como expresa Rico–, sólo
se obtienen 8 casos en 4 documentos, to- presenta 8 casos, de los cuales 6 (contan-
dos de Miguel de Cervantes. Para el caso do el citado) pertenecen a Cervantes, y 2
anotado como decimotercero, bienintencio- a Avellaneda. La nota 38, en traje de gi-
nado, que Rico califica como «voz muy tano, al buscar en traje/hábito de gitano,
grata a Cervantes...», se revela asimismo sólo se documenta en Cervantes, si no
como exclusiva de Cervantes. (En este prescindimos del complemento adyacente.
caso, hemos de tener la precaución de ano- Y por aducir un último ejemplo, el 46, sin
tar que la grafía de esta palabra compues- responderle palabra alguna el CORDE
ta, sin mediar un espacio entre los dos proporciona evidencias de que estamos ante
elementos que la componen, puede ser res- una expresión, con sus posibles variantes,
ponsabilidad tanto de los editores antiguos de nuevo muy cervantina. Sin ánimo de
como de los modernos). Podemos ver tam- comentar aquí todos los ejemplos irrefuta-
bién la nota número 23, brinco de como bles, que son muchos de los que aporta
expresión ponderativa. Según el CORDE, Francisco Rico entre otros también valio-
no existen casos fuera de Cervantes con el sos pero menos excluyentes, quisiera aña-
mismo uso. Para el caso número 26, ciñén- dir también un nuevo caso hallado en mis
donos aquí sólo al segmento con las me- búsquedas: bien lejos de poder ser. Al ras-
jores razones, obtenemos 9 resultados en trear la secuencia «bien lejos de + infiniti-
5 documentos, de los cuales 8 (contando vo», aparte del caso que se da en la inter-
el citado del rucio) están en 4 obras cer- polación analizada, pueden verse otros dos
vantinas. Además, el segmento siempre es ejemplos documentados en Cervantes: «por

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entonces le parecía que estaba bien lejos nes que también enturbiaron, en ocasiones,
de tenerle, porque, maguer era tonto» (QII, la voz cervantina. Ya se trate de los ex-
30, 874); «Fui a ver lo que me quería, bien tensos fragmentos añadidos, ya de las va-
lejos de pensar en lo que me dijo» (La riantes menores que la crítica no ha toca-
ilustre fregona); y, al margen, dos casos do y aunque sea difícil atribuirlas sin duda
más, uno en San Juan Bautista de la Con- al autor de la obra, el editor moderno debe
cepción (Exhortaciones a la perseverancia, sopesarlas con igual tiento y exhaustividad.
1610-1612) y otro en Pedro Chirino (Re- La situación de la crítica ante la terce-
lación de las islas filipinas, 1604). ra edición madrileña, de 1608, varía un
Rico también analiza los mecanismos poco respecto a la segunda. Desde Bowle,
de inserción de estos fragmentos, y llega se viene sospechando la mano de Cervan-
a la conclusión, demostrada con suficien- tes en las correcciones que la tercera pre-
cia, de que también las costuras son del senta, correcciones orientadas a subsanar
propio Miguel. Ya sólo los casos tan cla- aquellas discordancias en el hilo narrativo
morosamente cervantinos que he deseado a cuenta del asno que todavía se notaron
destacar, entre los cuales y también entre en la segunda edición de Madrid. Francis-
los no citados aquí se dan varios que per- co Rico advierte de la necesidad de consi-
tenecen a la prosa de un Cervantes que derar, junto con los argumentos ecdóticos
todavía no se había sentado a escribir de que se han aducido para probar la intro-
nuevo en 1605, bastarían para contestar misión cervantina, los factores contextua-
con entusiasmo a la pregunta. Las adicio- les de la biografía del autor que lo sitúan
nes sobre el rucio son de Cervantes. A no junto al taller de Cuesta y en continua
ser que nos empecinemos en postular que relación con Robles (véase también ahora
Cervantes imitó en sus obras posteriores a Jaime Moll, «Juan de la Cuesta», BRAE,
1605 a un imitador inverosímil que espigó LXXXV (205), pp. 475-484, y «El taller
cachazudamente de muy diversos textos donde se imprimió el Quijote», Voz y Le-
cervantinos expresiones únicas y mínimas tra, XVI (2005), pp. 15-22).
como un temblor en la rúbrica personal. Quizá sea este el momento de plantear
Ahora podrá el lector anticipar que esta la mayor duda que me asalta por cuanto a
respuesta condiciona muchas decisiones la hipótesis de trabajo ofrecida por Rico.
editoriales, una vez que sabemos que Cer- Me pregunto si, a sabiendas de que el pro-
vantes conoció y revisó la segunda e in- ceso de copia comporta yerros necesaria-
mediata segunda edición de 1605. El au- mente, y de que así sucedería a pesar de
tor estuvo allí, aunque anduvo a tientas la supuesta intervención depuradora cervan-
(como era propio de su carácter despreo- tina y de los correctores en algunos pun-
cupado), y queriendo salvarse de las críti- tos del relato, no podremos temer en cada
cas malévolas dio sus razones lo mejor que nueva edición una deturpación superior a
supo, pero fuera de lugar. El imitador in- la de las enmiendas introducidas respecto
verosímil habría colocado mucho mejor a la princeps. Y bajo el peso de esa posi-
que Cervantes la prueba del delito. Con bilidad, punto de partida de la crítica tex-
estas evidencias, diremos, con sus palabras, tual, cómo haremos para cribar el texto o,
que la segunda edición madrileña recobra más aún, si no terminaremos fabricando un
un valor que se ha negado larga y obsti- Quijote igual de utópico que los papeles
nadamente, cuyo texto, además, se nos que escribió Cervantes. Una duda tan ge-
aparece superior en pulcritud respecto a las neral plantea iguales problemas de respues-
demás ediciones del siglo. Con la excep- ta, pero hace deseable buscar las respues-
ción, recuerda Rico, de la de Bruselas de tas en el terreno aquí desbrozado.
1607, que salió con excelentes correccio- El último capítulo del libro, «Las hue-

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llas del rucio: cuestiones de principio», que edición, camino a que conducen de mane-
da paso a los Excursos finales, presenta las ra absurda e indefectible los laberintos hi-
consecuencias derivadas de las evidente pertextuales que erige la informática. Para
intervención de Miguel de Cervantes en las el erudito, todos los Quijotes pueden alber-
que se venían considerando casi con segu- gar un valor peculiar digno de saberse,
ridad ediciones ajenas a él. Representan un pero pensemos mejor en qué texto vamos
texto igualmente autorizado por Cervantes, a ofrecer al «lector real», el clear text sin
como el de 1604. Sin embargo, y esto es las notas ni el aparato crítico (una vez
muy importante, el Quijote de 1615 «vino asumidos en las propias decisiones ecdóti-
a confirmar la dirección del movimiento cas) que nos roban el placer de la lectura.
enmendador que había guiado las adicio- No comentaré aquí los seis estudios ya
nes de 1605 (con los retoques de 1608) y publicados con anterioridad y ahora am-
vino al mismo tiempo a invalidar las in- pliamente revisados que Francisco Rico
terpolaciones» (p. 297). Se trata de la co- compila en el apartado final de «Excursos»
nocida retractatio de Cervantes, que resi- por la idoneidad del marco teórico que los
de en las justificaciones en torno a los alberga. Un comentario justo de cada uno
olvidos del escritor, del historiador o del de ellos merecería una reseña aparte. Bas-
impresor, dando por inexistentes de mane- te señalar que tratan en detalle una serie
ra implícita los largos retoques de 1605 y de puntos importantes en relación con la
de 1608. Y así se dejó, porque ninguna fabricación del Quijote de 1604, desde el
disculpa podría haber solventado no ya los mismo título que lleva el volumen (y que
fallos patentes de 1604, sino los yerros que probablemente no sea cervantino por ente-
continuaron en 1605 a pesar de las inter- ro) hasta el ritmo al que el libro se impri-
polaciones y, todavía, en 1608. «El deco- mió, los cajistas que lo compusieron o los
ro –escribe Rico– no se perdía con una gastos que comportó, pasando por detalles
retractación, que en buena medida está ahí, tan curiosos como la confección en Valla-
vaga como convenía y a la vez un punto dolid de un primer pliego provisional, en
desafiante. Pero multiplicar la palinodia por las Navidades del 1604, o las razones por
dos o por tres era demasiado» (p. 300). las que se perpetró una dedicatoria a to-
Así, pues, el Ingenioso caballero de 1615 das luces falsa. El último de dichos «Ex-
se gesta desde el punto de vista de la es- cursos», por otro lado, reconoce la pluma
tructura narrativa de la edición de 1604. de Cervantes en dos textos firmados por
Esta última consideración, bien pensada Francisco de Robles y ofrece interesantes
por Francisco Rico, conduce a una edición noticias sobre las actividades editoriales del
del Quijote, con sus dos partes, que pres- novelista en sus últimos años. Los artícu-
cinda de las interpolaciones, a pesar de ser los aludidos y ahora muy revisados son:
de Cervantes. Depende del concepto de «Componedores y grafías en el “Quijote”
unidad que manejemos, si deseamos que al de 1604 (sobre un libro de R.M. Flores)»,
lector en general le cuadren en la lectura en Actas del Tercer Congreso Internacio-
las dos partes del Quijote. Es sencillo de nal de la Asociación de Cervantistas (III-
entender, pero exige una decisión difícil de Cindac), Cala Galdana, Menorca, 20-25 de
tomar. De interés son aquí las reflexiones octubre de 1997, ed. Antonio Bernat Vis-
en torno al concepto teórico de la «volun- tarini, Universidad de las Islas Baleares,
tad del autor» y del mito de la princeps Palma de Mallorca, 1998, pp. 63-83; “Don
que ha empobrecido la edición de la obra Quijote”, Madrid, 1604, en prensa», Bulle-
clásica. No hay un solo Quijote, pero no tin Hispanique, CI (1999), pp. 415-434, y,
podemos ofrecerle al lector todos y cada en versión revisada, en Don Quijote. Bio-
uno de los testimonios conservados de cada grafía de un libro 1605-2005, Ministerio

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de Cultura-Biblioteca Nacional, Madrid, la muerte. La tarea, aunque pudo realizar


2005, pp. 49-75; «El primer pliego del numerosas anotaciones y comentarios par-
“Quijote”», Hispanic Review, LXIV (1996), ticulares a los textos y proyectar el prólo-
pp. 313-336; «El título del “Quijote”», Bu- go de la misma, quedó inconclusa. Ahora
lletin of Spanish Studies, LXXXI (2004), su discípulo y amigo, el profesor Jesús
pp. 541-551; «Quexana» y las «conjeturas Cañas, nuestro maestro, continuando su
verisímiles», publicado como «Quexana», labor, tomando los materiales por él ela-
Euphrosyne, nueva serie, XXII (1994: In borados, ha dado a la imprenta la versión
Honorem Manuel C. Díaz y Díaz), pp. 431- definitiva de aquella otra inacabada de las
439; «A pie de imprentas. Páginas y noti- Rimas de Burguillos. Han pretendido los
cias de Cervantes viejo», Bulletin Hispa- editores facilitar el acercamiento y la com-
nique, CIV (2002: Hommage à François prensión de una de las obras fundamenta-
Lopez), pp. 673-702. les de Lope de Vega, aquella quizá que
En conjunto, estamos ante un libro ca- presenta los rasgos de mayor modernidad.
bal, escrito desde el sentido común más Para lograr este objetivo recurrieron a la
palmario, lleno de exigencia y de esperan- edición príncipe, fechada en 1634, que
za. Cada reflexión se sustenta en un estu- cotejaron con la segunda, de 1674, y se
dio minucioso de fuentes de primera mano valieron de las aportaciones de quien les
y de una vastísima bibliografía en torno a precedió en este camino, don Juan Manuel
diversas materias que acuden en ayuda de Blecua. Han extraído, además, el texto de
la ciencia editorial, y que servirán de auxi- La Gatomaquia, que aparecía en la parte
lio bibliográfico a los especialistas. Su es- final de la editio princeps y ha tenido
tilo personal es un placer, además, litera- mejor suerte editorial, y añadido comenta-
rio. Por todo lo expuesto y por razones que rios individuales a los poemas y notas tan-
no habré atinado siquiera a entrever, el to textuales como explicativas y eruditas.
objetivo prologal de situar los problemas Han elaborado también un prólogo, donde
de mayor enjundia ecdótica del Quijote en se analizan con rigor las principales claves
el terreno en que deben ser replanteados se de la obra, que termina con un repertorio
cumple con creces, al tiempo que solucio- bibliográfico bien seleccionado y clasifica-
na interrogantes tan inmemoriales como la do. La edición se publica, por otra parte,
propia obra. Por todo ello, gracias al tra- en la prestigiosa colección Clásicos de la
bajo impagable de Francisco Rico, hemos editorial Castalia e incluye el poema Sa-
contraído una nueva deuda con el Quijote. natorio, original de Rozas que figuraba al
frente de su cuaderno de trabajo sobre las
PATRICIA MARÍN CEPEDA Rimas. Lo advertido permite ver los acier-
tos de esta edición del poemario del Fé-
nix, buen hacer que se remata con la cla-
ridad expositiva y las agudas interpretacio-
LOPE DE VEGA, Rimas humanas y divinas nes de sus editores, ambos lopistas de
del licenciado Tomé de Burguillos. Edi- reconocido prestigio.
ción de Juan Manuel Rozas y Jesús Son Las Rimas humanas y divinas del
Cañas Murillo. Madrid, Castalia (Clá- licenciado Tomé de Burguillos un libro que
sicos Castalia, 280), 2005, 422 pp. presenta un claro carácter unitario y ha
sido estructurado y organizado de manera
Trabajaba el profesor Juan Manuel Ro- moderna. Está formado por ciento setenta
zas en una edición comentada de las Ri- y nueve poemas, divididos en dos partes.
mas humanas y divinas del licenciado La primera estaría constituida por las Ri-
Tomé de Burguillos cuando le sorprendió mas humanas, y la segunda por las Rimas

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divinas. Esta división es falaz dado, como tales para que la obra sea correctamente
advierten los editores, la gran despropor- descifrada y entendida. No puede olvidar-
ción existente entre los poemas de una y se nunca que estamos ante una obra en
otra temática. Estamos ante una obra de clave, que tiene graves dificultades de
madurez de Lope, escrita en su ciclo de comprensión, y que requiere de un buen
senectute, que presenta gran complejidad, conocimiento del contexto social, cultural
donde recurre al heterónimo y la máscara; y vital del autor. A todos esos aspectos se
que evidencia su desengaño y su crítica entregan con generosidad los editores, y no
social e, incluso, una dura sátira contra sólo en numerosas páginas del amplio pró-
Pellicer y el gongorismo. Son todos estos logo que precede a los textos sino también
aspectos que, y así lo hacen los editores, en la anotación precisa que se hace a los
han de tenerse en cuenta al realizar un mismos. Logran de esta forma explicar una
análisis e interpretación correcta de la obra. obra que, aunque muy editada, ha sido por
Lope escribe este poemario en los últi- lo general poco entendida. Contribuyen, en
mos años de su vida. Es un tiempo en el fin, a conocer más y mejor al Fénix de los
que la tragedia parece cebarse en él. Mue- ingenios.
re su último gran amor, una de sus hijas Lope logra, por otra parte, en este poe-
es raptada, perece también su hijo, se sien- mario, el primer heterónimo suficientemen-
te solo, queda en un segundo plano frente te desarrollado de la literatura española.
a los pájaros nuevos y la Corte le niega Juan Manuel Rozas y Jesús Cañas expli-
siempre cargos. Sin embargo los editores can su funcionamiento y la evolución que
afirman que con esta obra, gracias a la se da en Lope desde la recurrencia al pseu-
ironía, al humor y la soberbia intelectual dónimo hasta, ya en el ciclo de senectute,
del poeta, éste alcanza la superación defi- la creación del heterónimo y su articula-
nitiva de la vejez. ción a veces como máscara. Con ello ofre-
Las Rimas de Burguillos, sea como cen claves correctas para interpretar la
fuere, es una obra compleja, que se carac- obra, para acercarnos al Lope de los últi-
teriza por su diversidad. Desterrado ya el mos años.
calificativo de colección de varias poesías La sátira contra Pellicer y el gongoris-
sagradas y profanas y superada también la mo es, sin duda alguna, fundamental en las
primera apariencia, aquella según la cual Rimas de Burguillos. Así lo afirman los
estos versos constituyen un cancionero a editores de la obra. Sin ella no se puede
Juana, lavandera del río Manzanares de la entender a ésta. Se trata de una de las
que se ha enamorado Burguillos, supuesto batallas literarias más significativas que
autor de la obra, debe entenderse de for- tuvo abierta el Fénix, la que mantuvo con
ma unitaria, por mucho que los textos apa- el erudito y comentarista gongorino José
rezcan sin separación intercalando unos Pellicer de Tovar y los poetas jóvenes.
asuntos con otros, gracias a la intenciona- Juan Manuel Rozas y Jesús Cañas desen-
lidad que persigue la obra, la personalidad redan para el lector este enfrentamiento
de su autor, la referencia a problemas es- desde el momento en que surge, cuando
pecíficos que le preocupaban o a asuntos Lope no consigue un cargo en la Corte al
de la época en que los textos fueron es- ser adjudicado a Pellicer, hasta el momen-
critos, a sus aspectos biográficos y a la to de componer estos poemas, capítulo fi-
utilización de determinados recursos, como nal de la contienda al menos por parte de
por ejemplo la parodia o la invención del nuestro escritor. En la obra Lope pone a
heterónimo. Juan Manuel Rozas y Jesús Burguillos como ejemplo de lengua caste-
Cañas insisten en ello repetidas veces. Es- llana y de ética profesional, con una for-
tamos en realidad ante aspectos fundamen- ma de escribir contraria a la del gongori-

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no, por lo que arremete también contra los Cañas cumple con creces los objetivos que
jóvenes escritores que aplauden y siguen a estos profesores se habían propuesto. Ayu-
don Luis. De ahí la importancia de la sá- dan a entender una obra compleja dentro
tira en el poemario. Los editores estable- de las circunstancias vitales de su creador,
cen, incluso, una clasificación de los poe- el Lope del ciclo de senectute, sobre el que
mas de Pellicer en cuatro grupos, según la también han trabajado en otras ocasiones.
crítica vaya dirigida a los pájaros nuevos, La habilidad a la hora de exponer las cla-
a la erudición del propio Pellicer, se con- ves de interpretación, la profusión de no-
vierta en ataque personal o se refiera al tas eruditas, el acercamiento a la biografía
honor de los contendientes, clave esta cues- de Lope, la valoración de recursos como
tión para entender poemas como la Gato- el de la parodia, el análisis del funciona-
maquia. miento del heterónimo, la contextualización
Esencial es también abordar la cuestión de parte de la obra en torno a la guerra
del desengaño y la crítica social que ha literaria contra Pellicer y el gongorismo, el
sido muy poco tratado por los estudiosos. buen conocimiento de la producción lite-
La crítica social se va a realizar centrán- raria de Lope, el estudio del tema del des-
dose en la riqueza, la justicia y el poder. engaño o la crítica social y las abundantes
El desengaño es doble, vital y artístico. aclaraciones a los textos hacen que la edi-
Lope quiso tener el respeto que pensaba se ción sea muy útil y recomendable tanto
merecía por su cultura y letras, el propio para el neófito en esta poesía como para
de un escritor de estilo y temas cultos y el investigador del Fénix y la literatura
graves. El estudio introductorio termina barroca. Con ella las dificultades para en-
con un breve comentario al poema ciento tender el poemario desaparecen. Buena edi-
sesenta y uno, Discúlpase el poeta del es- ción, pues, la de estos dos profesores, que
tilo humilde, considerado como colofón de se han reunido otra vez en torno a Lope.
esta obra, remate de sus caracteres de com-
posición y de su problemática, y de todas JOSÉ ROSO DÍAZ
las creaciones poéticas dadas a conocer en
vida por el Fénix, y también síntesis de sus
preocupaciones, de su pensamiento y de su
postura ante la vida. SCHWARTZ, Lía, De Fray Luis a Quevedo.
José Manuel Rozas y Jesús Cañas nos Lecturas de los clásicos antiguos, Má-
llevan deliciosamente de la mano para laga, Universidad de Málaga, 2005,
ofrecernos una interpretación coherente de 338 pp.
las Rimas. Nos advierten para ello que el
libro camina por cuatro vías bien diferen- Las mismas palabras de la autora que
ciadas, ya sea el cancionero a Juana, la abren el prólogo sirven de presentación
crítica social (sobre todo de ciertos pode- para este volumen: «Reúno en este libro
res), los poemas anticulteranos dentro de la quince trabajos representativos de mi inves-
guerra literaria contra Pellicer y los pája- tigación en el área de las relaciones his-
ros nuevos o los sonetos dedicados a per- panoclásicas que aparecieron en homenajes,
sonas reales, para insistir en la importan- actas de congresos y revistas especializa-
cia que tiene la segunda y la tercera, aque- das durante la última década del siglo XX.
llas a los que más versos dedica el Fénix Todos han sido actualizados y, en algunos
y más páginas explicativas los editores. casos, modificados considerablemente para
La edición de las Rimas humanas y esta publicación» (p. 5).
divinas del licenciado Tomé de Burguillos En el mismo prólogo sigue tratando Lía
realizada por Juan Manuel Rozas y Jesús Schwartz de los criterios que la han guia-

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do para agrupar los trabajos: por un lado ideas como la importancia de la traducción
tratará cuestiones de traducción e imitatio en la formación académica del XVI o cómo
(en los bloques I y IV respectivamente); las de fray Luis anticipan en parte sus
por otro fenómenos de transmisión de la composiciones propias. Schwartz dedica
literatura de Grecia y Roma y de compren- gran atención, en la línea de las ideas ex-
sión de los clásicos antiguos en la litera- puestas en el prólogo, a reconstruir el con-
tura renacentista (en los bloques II y III). texto de esas versiones: por un lado el que
Las restantes páginas del prólogo las se podría denominar material (qué edicio-
dedica Schwartz a presentar lo que será la nes pudo haber manejado fray Luis, qué
metodología empleada en sus trabajos. Re- otras traducciones pudo haber consultado,
pasa por ello los distintos enfoques utili- si se trata –en el caso de las del griego–
zados para analizar a los clásicos en rela- de versiones directas o indirectas) y por
ción con sus fuentes en la última centuria otro las técnicas y bases ideológicas que
y, así, critica las aproximaciones del New pudieron guiar las traducciones, en las que
Criticism y de la estilística por su búsque- se siguen ideas expuestas por Pierre de la
da de la originalidad del autor, al consi- Ramée, de acuerdo con las que se desmon-
derar que este concepto, de estirpe román- taba analíticamente el sentido de un poe-
tica y posromántica, se opone a los de ma para volverlo a rehacer en la lengua de
continuidad e imitación que regían las llegada, por lo que «el buen traductor poé-
prácticas literarias renacentistas. Prefiere tico era, pues, quien parafraseaba, contraía
Schwartz, pues, estudiar a los autores del o amplificaba ciertas palabras del texto
XVI y del XVII dentro de la tradición clási- base manteniendo, al mismo tiempo, el
ca, pero no viendo esta de manera intem- sentido, la sententia del texto a traducir»
poral y ahistórica, sino intentando recons- (p. 63).
truir en la medida de lo posible en qué Sobre estas premisas estudia Schwartz
coordenadas se movían los escritores que con gran detenimiento la versión fraylui-
estudia: cuáles eran los autores grecolati- siana de la mencioda elegía de Tibulo, de
nos que conocían, en qué condiciones los la que fray Luis tradujo solo un fragmen-
leían, imitaban y traducían; y será tenien- to cuyo sentido no representa fielmente el
do en cuenta este contexto en el que fue- sentido general del poema y le da un to-
ron compuestos los textos como Lía que moral más acorde con las prácticas
Schwartz se aproxime a ellos. Se trata, en poéticas de fray Luis. En lo que respecta
suma, de reconstruir la «cultura real»: qué a las traducciones del griego, la autora
libros concretos se leían, cómo se enten- examina distintas citas incluidas en Libro
dían, para «acercarnos, a través de nues- de la perfecta casada y en Exposición del
tros autores áureos, no a la Grecia clásica Libro de Job analizando sus posibles fuen-
o a la Roma de Ovidio, sino a la manera tes, así como ofreciendo propuestas de
en que ambas civilizaciones fueron recons- identificación para aquellas cuyo origen
truidas por los humanistas de dos comple- aún era oscuro, y concluye con el estudio
jos siglos» (p. 15). detenido del traslado de fray Luis de dos
El primer bloque del libro, dedicado a fragmentos de Andrómaca de Eurípides
Las traducciones de los clásicos, se com- siguiendo los criterios ya expuestos.
pone de dos artículos en los que se anali- El segundo bloque trata Sobre la trans-
zan, por un lado, el traslado de la elegía misión y reconstrucción de la cultura gre-
II, 3 de Tibulo debida a fray Luis de León, colatina y consta de cuatro capítulos. En
y por otro las versiones del griego del los dos trabajos que abren el bloque la
mismo fray Luis en su contexto humanis- protagonista es la elegía, de manera más
ta. En ambos trabajos están muy presentes general en el primero, pues se estudia su

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evolución en las letras hispanas del XVI y na la obra de Tibulo, Propercio u Ovidio»
del XVII, y más particular en el segundo, y las dos elegías analizadas vendrían a ser
en el que se centra Schwartz en el estudio «dos poemas en busca de un género»
de dos composiciones de Luis Barahona de (p. 114).
Soto. En los dos siguientes trabajos de este
Al analizar la evolución de la elegía en bloque el protagonismo pasa a Quevedo y
el XVI da cuenta Schwartz de distintos fac- a su amigo y editor González de Salas. El
tores que pudieron mediatizar la recepción primero de estos artículos es una admira-
del género. Menciona cómo los tratadistas ble ejemplificación del principio ya anun-
del Renacimiento retomaron debates que ya ciado por la autora en el prólogo de recons-
habían entretenido a los autores clásicos truir la cultura grecolatina real que tenían
sobre su origen o sobre la contradicción los autores áureos, pues la recepción de los
entre su descripción teórica como poema clásicos de la Antigüedad iba variando se-
funeral y su uso amoroso, y trata seguida- gún las ediciones que los hicieran accesi-
mente de su importancia entre los poetas bles y según los comentarios que acompa-
neolatinos, que mantuvieron la dimensión ñasen textos y traducciones. Desde esta
irónica del género presente entre sus anti- perspectiva se detiene Schwartz en los co-
guos cultivadores romanos. mentarios de González de Salas –al que la
Centrándose ya en la práctica poética autora ve como lector ideal de la época,
castellana, repasa Schwartz cómo, tras la p. 122– a los poemas XXXVIII y XXXIX
cierta indeterminación genérica que se per- de la musa Erato, que tratan del motivo del
cibe en Garcilaso, la elegía se perfila con amor hacia más de un sujeto amado, y se
mayor nitidez en Herrera, que imita de detiene en la suerte de tal motivo en la
manera más sistemática a los elegíacos la- época y en calibrar las fuentes menciona-
tinos, aunque en muchos casos adaptando das por el amigo de Quevedo de acuerdo
los motivos elegíacos a la tradición petrar- con su recepción entonces y buscando los
quista. Tal tendencia se acentuará en el lugares concretos de que se pudieron tomar,
XVII , donde importa más el tratamiento de pues a veces las referencias de González de
motivos propios del género antes que la Salas no coinciden con las de las ediciones
recreación formal, de ahí que la elegía se modernas (en el caso de Agathias Scholas-
transforme en una modalidad temática de- tico, y a pesar de sus esfuerzos, no da Lía
finible a partir de criterios semánticos. Para Schwartz con el pasaje al que se refiere el
insistir en ello, sigue un detenido análisis editor del Parnaso).
de diversos motivos elegíacos y del dife- Las referencias a González de Salas
rente tratamiento que tuvieron. siguen en las primeras páginas del siguien-
Un ajustado resumen de las ideas ex- te artículo, dedicado a la influencia de los
puestas en este trabajo abre el dedicado a Deipnosophistae de Ateneo en Quevedo,
analizar dos elegías de Luis Barahona de pues, tras dar noticia de la fortuna de Ate-
Soto («Buelue esos ojos, que en mi daño neo en los siglos XVI y XVII, se detiene
ha sido» y «¡Quién fuera cielo, ninfa, más Schwartz en cómo González de Salas se-
que él clara») que se ven como ejemplo de ñaló en sus notas que los motivos recrea-
esa contaminación e indeterminación en su dos por Quevedo en distintas letrillas satí-
cultivo, pues muchos motivos parecen pro- ricas y bailes habían sido recogidos por
venir más de Garcilaso o Herrera que di- Ateneo en su compilación. Sigue la autora
rectamente de los elegíacos, de tal manera repasando la presencia de los Deipnoso-
que «la escasez de elegías transmitidas [de phistae en poemas morales de Quevedo, en
Barahona] no nos permite precisar con su Anacreón castellano y en algunas obras
exactitud cómo había interpretado Baraho- en prosa, para concluir señalando la impor-

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tancia de estudiar estas compilaciones grie- opinión escéptica de algunos autores. Aun-
gas tardías, que en muchos casos eran la que no se reduzca a ellos, Schwartz se
fuente de la que provenían muchos cono- centra en los casos de Quevedo y Lope de
cimientos de los autores áureos sobre el Vega, en quienes cree que existía un co-
mundo clásico. nocimiento directo de Ficino y su obra, y
En el tercer bloque reúne Schwartz cua- así lo intenta demostrar a través del estu-
tro artículos en torno a Los clásicos recu- dio de diversos poemas de don Francisco
perados en una cultura enciclopédica. En y de textos de Lope posteriores a 1621.
todos ellos insiste de nuevo la autora en Cierra este bloque Lía Schwartz con un
conocer las coordenadas literarias en que detenido análisis del empleo de las fuen-
se movían los escritores, las retóricas y tes y sentencias –tomadas directa o indi-
poéticas en que se basaban, la importancia rectamente– por parte de Lope de Vega en
de las citas y sentencias de autores clási- sus Novelas a Marcia Leonarda, insistien-
cos, tomados directamente de la fuente o do en el intento de renovación de esta for-
de recopilaciones, a la hora de componer ma literaria que mediante este procedimien-
las obras, con todo lo cual se intentaba to ensayaba el Fénix e intentando corregir
conseguir no la originalidad, sino el escri- interpretaciones recientes un tanto negati-
bir en imitación y diálogo con otros tex- vas que acusaban a Lope de pedante o de
tos, buscando en muchos casos aplicacio- superficial, negando un gran valor litera-
nes ingeniosas de modelos o sentencias rio a esta obra. Schwartz, tras estudiarla en
conocidas, de acuerdo con la técnica de la su contexto literario, ve a Lope, por el
agudeza imperante en el XVII. contrario, como «un digno representante de
Desde estas premisas estudia Schwartz esa cultura del bricolage que produjo el
la imagen del camaleón en diversos textos humanismo renacentista y debe ser revalua-
de Quevedo, en los que puede representar, do dentro de los parámetros establecidos
desde una persepectiva positiva, al amante, por aquella» (p. 231).
o bien, desde una negativa, al adulador (o, El cuarto y último bloque del libro está
más en concreto, al pretendiente), todo ello dedicado a Los juegos de la imitación en
encuadrado siempre en fuentes y motivos li- la poesía amorosa de Quevedo y lo con-
terarios, paremiológicos y emblemáticos. forman cinco artículos en los que Schwar-
En la misma línea se analiza en el si- tz analiza distintos motivos que aparecen
guiente trabajo la fortuna del mito de Ac- en la poesía amorosa (aunque no sólo) de
teón en Quevedo, partiendo de la fuente Quevedo para ponerla en relación con las
ovidiana aunque poniéndose en relación corrientes literarias y culturales de su épo-
con otros textos contemporáneos. Analiza ca, de tal manera que la autora combate
Schwartz un soneto de Quevedo en el que interpretaciones que han tendido a resaltar
el mito se relaciona con el motivo neopla- la originalidad o incluso la iconoclastia de
tónico de que el amor entra por la vista; algunos poemas de Quevedo para intentar,
otro moral en el que Acteón representa al por el contrario, situarlos en los contextos
cazador, sobre el que se emite un juicio culturales, literarios e ideológicos de su
negativo en la línea de la interpretación del época, insistiendo en el carácter convencio-
mito hecha por Pérez de Moya, para con- nal (entendido en oposición a original) de
cluir con el análisis de unos versos satíri- la poesía quevediana. Se trata de artículos
cos en los que Acteón se utiliza como que al análisis detallado de distintos moti-
imagen del cornudo. vos literarios suelen añadir diferentes con-
A continuación estudia Schwartz la per- sideraciones previas de carácter teórico, en
vivencia del neoplatonismo a través de la línea de las señaladas en el prólogo y
Ficino en la literatura del XVII, frente a la siempre de gran interés.

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Así se hace en el primero de los artí- amar. Schwartz se opone a algunas inter-
culos, en el que tras insistir Schwartz en pretaciones que habían querido ver en el
la importancia de la imitación compuesta soneto rasgos personalistas o una cierta ico-
en la creación literaria del XVI y del XVII noclastia en el tratamiento del mito por
(y también, por extensión, en Quevedo) y parte de Quevedo, y prefiere insistir en su
tras encuadrar el saber mitológico dentro carácter convencional documentando sus
de la cultura libresca de la época, pasa a imágenes y motivos y ver el poema como
repasar las distintas apariciones de Orfeo un ejemplo de la dialéctica de la imitatio.
en la obra quevediana: desde la alusión Concluye Schwartz: «Sin duda, esta recons-
para encarecer el canto de un pájaro o la trucción de contextos literarios y mitográ-
brillantez de un poeta hasta la parodia del ficos pretende respetar la historicidad del
descenso al infierno de Orfeo en busca de texto, pero el hallazgo mismo de estas po-
Eurídice, intentando encuadrar siempre los sibles fuentes depende del conocimiento
textos quevedianos dentro de los procedi- actual, siempre limitado, del acervo de lec-
mientos de la estética barroca. turas con las que se nutría la imaginación
En el trabajo siguiente se centra la au- de nuestros clásicos» (p. 295-96).
tora en la fortuna de los motivos de la pri- El procedimiento se repite en el traba-
sión y del desengaño de amor en Quevedo jo siguiente. En este caso se opone la au-
y en Soto de Rojas. Se analizan sus distin- tora a las aproximaciones teóricas que
tas apariciones en la elegía latina y en los quieren ver en la poesía de Quevedo un
poetas petrarquistas y su reflejo en los dos reflejo del mundo del autor, de sus con-
autores mencionados, que siguen la tradi- flictos existenciales, y vuelve a recurrir al
ción elegíaca pero tamizada por la poesía análisis de un soneto («No es artífice, no,
petrarquista y la filosofía neoplatónica. la simetría») para ejemplificar sus ideas.
El siguiente artículo, que en principio Algunos autores, a partir de las imágenes
parece dedicarse tan sólo al análisis de un contenidas en algunos versos del poema,
soneto de Quevedo en su contexto, contie- habían querido verlo como una oposición
ne quizá la reflexión teórica de mayor ca- por parte de Quevedo a ciertos principios
lado de entre las que se pueden espigar en del neoplatonismo para dar una visión más
los artículos del libro. En ella analiza la carnal del amor. Schwartz, sin embargo, y
autora la labor que debe desempeñar el fi- siguiendo la pista ya señalada por Gonzá-
lólogo y critica posturas teóricas como las lez de Salas en nota al poema al apuntar
de formalistas o estructuralistas que busca- a Telesio como fuente, rebusca en distin-
ban acercarse a los textos literarios desen- tos autores de la época situados en la ór-
tendiéndose del contexto en que habían sido bita del neoplatonismo (el propio Telesio,
escritos. Schwartz se encuadra, por el con- Antonio Persio de Matera, León Hebreo o
trario, en las corrientes historicistas que Flaminio Nobile) para encontrar el origen
intentan reconstruir el significado de los de las imágenes quevedianas y ver el poe-
textos en su contexto, aun a sabiendas de ma no con ese carácter iconoclasta, sino
lo provisorio de las conclusiones que pue- «como el locus de una exploración poéti-
dan alcanzarse. Ejemplifica la autora las ca de conceptos que pertenecen a códigos
diferencias entre ambos tipos de aproxima- ideológicos de esa época» (p. 310).
ciones a través del análisis de un soneto de En el último de los artículos recogidos
Quevedo («Quédate a Dios, Amor, pues no en el libro son las figuras del Orco y las
lo eres») construido sobre el motivo de la del infierno interior en Quevedo las que
prisión y esclavitud de amor tratado iróni- estudia la autora, partiendo de las fuentes
camente al introducirse la figura de Amor clásicas (sobre todo un pasaje de las Meta-
como siervo de la amada que se resiste a morfosis de Ovidio que figuraba ya en las

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antologías que se estudiaban en la escuela) vista atrás, al largo camino recorrido du-
y pasando por autores como Marino hasta rante más de cuarenta años trabajando en
llegar a las distintas plasmaciones en la esta materia de la Oratoria sagrada». Algo
poesía de Quevedo, desde el infierno al que parecido he hecho yo al tener en mis ma-
baja Cristo en Poema heroico a Cristo re- nos este quinto tomo: he vuelto la vista
sucitado hasta el infierno de amor de su atrás, al año 1996, y he contemplado el
poesía amorosa, para concluir con una camino que Herrero Salgado, Profesor ju-
aproximación al motivo del infierno interior bilado de la Universidad de Salamanca, ha
a partir de un texto del Sueño del Infierno. ido jalonando con cinco voluminosos y
Poco puede añadirse, en suma, a la ala- densos libros de una materia, la oratoria
banza de un libro tras decir que es Lía sagrada, que, felizmente, gracias a su in-
Schwartz su autora; más aún en este caso, gente obra, ha dejado ya de ser «una mina
al tratarse de textos que, aunque han sido de todo punto inexplorada», como se la-
modificados en diversa medida, ya eran mentaba Miguel Mir, para convertirse en
conocidos. Al verse reunidos aquí, y ade- rica mina de atrayentes filones para los
más de facilitarse su consulta, se puede estudiosos de la materia religiosa, social,
apreciar la coherencia de la labor investi- política y literaria.
gadora de Schwartz y el enorme mérito Recorriendo yo ahora ese camino, he
que representa el intento de reconstruir en podido comprobar que el autor ha seguido
la medida de lo posible el contexto en que en lo esencial el proyecto que se planteó en
se movían fray Luis, Quevedo y demás es- un principio: en un primer tomo daría una
critores áureos al escribir sus poemas, re- idea lo más completa posible de lo que fue
buscando en todo tipo de textos contem- la predicación en los siglos XVI y XVII; en
poráneos, así como en las circunstancias en un segundo tomo estudiaría las peculiarida-
que pudieron acceder a ellos e interpretar- des de la predicación en distintas Órdenes
los, todo lo cual constituye un ejercicio de religiosas, y en un tercer tomo ofrecería una
erudición y de finura interpretativa admi- antología de sermones. De este proyecto ha
rable, y muy de agradecer en estos tiem- mantenido la finalidad del primer tomo; ha
pos en que se va perdiendo el dominio de tratado la materia del proyectado segundo
las fuentes clásicas, lo cual, sin embargo, tomo en cuatro, y, al parecer, ha conside-
es de desear que siga en el futuro dando rado que en las tres mil páginas de los cin-
tan buenos frutos como los recogidos en el co tomos publicados ha ofrecido ya una
presente volumen. copiosa y hermosa antología.
En efecto; si repasamos el índice del
FERNANDO RODRÍGUEZ-GALLEGO primer tomo, podemos comprobar que en
él se aborda todo lo que concierne a la
oratoria sagrada: fines de la predicación –
HERRERO SALGADO, Félix, La oratoria sa- enseñar, deleitar, mover–, estudio del ora-
grada en los siglos XVI y XVII. Tomo V: dor –cualidades naturales, adquiridas e in-
La predicación en la Orden de la San- fusas–, observaciones sobre el público
tísima Trinidad. Predicadores merceda- oyente –concurrencia a los sermones, acti-
rios. Predicadores procesados por la tudes–, y teoría del sermón –materia, dis-
Inquisición, Madrid, Fundación Univer- posición, géneros, lengua y estilo, y ac-
sitaria Española, 2006, 577 pp. ción–. A este análisis del hecho retórico
del sermón precede una visión de lo que
«Cuando hace unos días –escribe el hasta hoy se ha escrito sobre la materia, y
autor en la “Nota previa”– tecleé las últi- la evolución de la oración sagrada desde
mas páginas de este quinto tomo, volví la los Santos Padres hasta el siglo XVI.

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En los tres tomos siguientes Herrero ha ca en los sermones, en Fr. Agustín Núñez
abordado el estudio de la predicación en Delgadillo; un curioso estudio de reescri-
cinco Órdenes religiosas: dominicos y fran- tura de un sermón, «Sermón del Domingo
ciscanos (tomo II, 1998), jesuitas (tomo III, Cuarto de Cuaresma», o sea, cómo tratan
2001) y agustinos y carmelitas (tomo IV, ese sermón diferentes oradores sagrados:
2004). En ellos el autor ha estudiado la temas –teológicos, morales, sociales, polí-
importancia y la función que las Órdenes ticos–, citas y recursos, en Fr. Cristóbal de
religiosas conceden a la predicación en las Avendaño; la posibilidad de elaborar una
Constituciones y Reglas respectivas, la teo- biografía con la riqueza de información y
ría concionatoria expuesta en las retóricas de matices que ofrecen los sermones reco-
escritas por preceptistas propios, y la prác- gidos en sermonarios publicados con oca-
tica del púlpito en predicadores represen- sión de ciertos acontecimientos, en Sermo-
tativos de cada Orden. Así, salen a la pa- nes en la Beatificación de la M. Teresa de
lestra predicadores eximios de nuestros dos Jesús. Estas peculiaridades señaladas en de-
Siglos de Oro: los dominicos Fr. Luis de terminados autores y otras muchas que se
Granada y Fr. Alonso de Cabrera; los fran- singularizan en otros predicadores citados
ciscanos Fr. Alonso Lobo, Fr. Diego Mu- en los tres tomos, sirven al autor para
rillo y Fr. Antonio de Guevara; los jesui- mostrar la riqueza de aspectos que la Ora-
tas P. Jerónimo Florencia y P. Juan Rodrí- toria sagrada ofrece a los posibles estu-
guez; los agustinos Santo Tomás de diosos.
Villanueva, Fr. Basilio Ponce de León y Y si, entrando ya en el análisis del
Fr. Pedro de Valderrama; los carmelitas Fr. Tomo V, objeto primordial de esta reseña,
Agustín Núñez Delgadillo, Fr. Cristóbal de quisiésemos seguir con esta idea de singu-
Avendaño y Fr. Luis Pueyo y Abadía. En larizar, podríamos ver aumentada esta lis-
cada uno de estos predicadores el autor ta de temas con otros tres de materias de
aborda el estudio de su personalidad y de tan relevante importancia, como el uso de
sus sermones, prestando atención en poner los recursos literarios, estudiado en los
de relieve en cada uno de ellos alguna sin- sermones de los trinitarios Paravicino y
gularidad en la materia o en el tratamien- Guerra y Ribera; o la función de la ora-
to del texto. Así, la influencia clásica, en ción fúnebre en las exequias reales, anali-
Fr. Luis de Granada; la riqueza del léxi- zada en sermones del mercedario Fr. Her-
co, en Fr. Alonso Cabrera; la singularidad nando de Santiago, o la mirada inquisito-
expositiva de los sermones en forma de rial hacia el púlpito, escrutadora de los
«razonamientos», en Fr. Antonio de Gue- sermones de tres predicadores procesados
vara, o «en idea de...», «en metáfora de...», por el Santo Oficio.
a la manera de los Conceptos de Alonso Herrero estructura el Tomo V, y últi-
de Ledesma, en Fr. Luis Pueyo; la recípro- mo, de la que él llama «minihistoria de la
ca influencia de predicación y vida corte- predicación en los siglos XVI y XVII», en
sana, en los PP. Florencia y Rodríguez; la cuatro capítulos, a los que precede la ha-
importancia religioso-social de las misiones bitual «Nota previa».
populares de los jesuitas, en los PP. Jeróni- La «Nota previa» no es la nota habi-
mo López y Tirso González; el panorama tual, introductoria del tomo, sino, como ya
de la predicación en las primeras décadas he indicado, una mirada hacia atrás, a la
del XVI y su reforma, en Santo Tomás de labor emprendida desde cuarenta años an-
Villanueva; la presentación, funciones e tes. En sus generosas páginas (13-57) tra-
importancia de las citas de la Sagrada Es- za el autor un interesante y documentado
critura en los sermones, en Fr. Basilio bosquejo de la trayectoria recorrida por la
Ponce de León; la materia social y políti- predicación en esos dos siglos, para cuya

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escritura se sirve del testimonio de textos dio de páginas dedicados al estudio de su


tomados de preceptivas, de prólogos, cen- personalidad y de su obra se hallan, sin
suras y aprobaciones de sermones y sermo- duda, algunas de las más hermosas y reto-
narios, y de pasajes de las mismas oracio- ricadas páginas de la prosa de nuestro Si-
nes sagradas. glo de Oro.
En el capítulo primero (pp. 59-201), El capítulo II (pp. 203-266) está dedi-
«La predicación en la Orden de la Santí- cado, casi en su integridad, al mercedario
sima Trinidad», aborda Herrero el estudio Fr. Hernando de Santiago, persona de «rígi-
de la personalidad y obra concionatoria de do natural y condición intolerable», según
dos eximios y controvertidos predicadores su correligionario Fr. Gabriel Téllez; fraile
cuyas vidas llenaron el barroco Seiscien- intrigante, engreído y soberbio, en opinión
tos: Fr. Hortensio Félix Paravicino (1586- de sus superiores, y famoso y eximio pre-
1633) y Fr. Manuel Guerra y Ribera dicador, a quien Felipe II llamó «pico de
(1638-1692). De Paravicino analiza, en oro» y Paulo V, «armonía de la Iglesia».
primer lugar, su personalidad y la polémi- Herrero plantea el estudio de la obra del
ca en que se vieron envueltas sus innova- predicador mercedario desde la perspectiva
ciones en el campo de la oratoria sagrada, de estos honrosos apelativos, y, así, en «ar-
al igual que lo fueron las novedades de su monía de la Iglesia» analiza la estructura de
maestro, o discípulo, Góngora en el cam- sus oraciones sagradas: «un entramado per-
po de la lírica; después ofrece una deta- fecto –concluye–, taracea de opiniones aje-
llada exposición de sus sermones estudian- nas y propias consciente y trabajosamente
do su estructura, la materia política y so- elaboradas, equilibrio de sabiduría y elo-
cial, y, finalmente, la lengua y del estilo, cuencia, de lección de cátedra y oración de
interesantísimo apartado en que se reflejan púlpito». Y en «pico de oro» sigue el fluir
los procedimientos empleados por el más de su palabra y el acertado uso de los re-
famoso de nuestros oradores barrocos. cursos retóricos.
A Fr. Manuel Guerra y Ribera le tocó El capítulo III (pp. 267-414) tal vez sea
vivir y sufrir uno de los periodos más crí- el más novedoso; en él el autor da, como
ticos de nuestra historia, el reinado de Car- necesaria introducción: un esbozo de lo que
los II. Predicador real, muy crítico, es ló- fueron las corrientes espirituales que aflo-
gico que en sus sermones reflejara la de- raron desde los comienzos del siglo XVI:
cadencia de la corte y de la sociedad. recogimiento, alumbradismo, erasmismo,
Herrero aborda este tema en la biografía obviando el luteranismo, cuya doctrina da
y en las oraciones sagradas del predicador. por sabida; la influencia de la Universidad
Pone de relieve los diversos procedimien- de Alcalá en la renovación espiritual, y la
tos y recursos de que se vale el orador en actitud de la Inquisición frente a estos mo-
sus sermones analizando su estructura o vimientos. Después, en tres apartados, es-
disposición y la dialéctica y retórica segui- tudia la personalidad y predicación de tres
das en tres sermones concretos. Como co- oradores sagrados que pasaron por los tri-
lofón, dedica un apartado a una faceta bunales del Santo Oficio e ingresaron en
importante de la predicación: la teatraliza- sus cárceles: un santo predicador, un Arzo-
ción del sermón, que analiza en la «Ora- bispo de Toledo y Primado de las Españas,
ción quinta de la Soledad», del Mtro. Gue- y un predicador de S. M. el Emperador.
rra y Ribera. De la mano de Fr. Luis de Granada,
Termino esta breve descripción del con- Herrero sigue la vida y predicación del
tenido de este capítulo dedicado a dos pre- Maestro Ávila en tres puntos: «Biografía:
dicadores trinitarios del Seiscientos, afir- Varón apostólico»; «De la estima y con-
mando que en el curso del centenar y me- cepto que este Padre tenía de la predica-

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ción»; clasificación, estructura y lengua y tituidos agora segunda vez a la perpe-


estilo de sus sermones. tuidad de la estampa, pasan a hazer feli-
Si a San Juan de Ávila le acusaron sus ces las siguientes». Por nuestra parte, bien
delatores de seguir en su predicación doc- podríamos aducir las palabras, no menos
trinas iluministas y erasmistas, al Arzobis- categóricas, de Dámaso Alonso: «tal vez de
po Carranza se le acusó de luterano y de los hechos sociales en que la literatura tie-
ser el corifeo de la rebelión luterana en ne más intervención, los dos más impor-
Castilla que amargó los últimos días del tantes de aquellos siglos [dorados] sean el
Emperador, retirado en Yuste. Apoyándo- teatro y la oratoria sagrada [...], dos hechos
se en la copiosa documentación reunida y de parecido poder de penetración para ras-
publicada por el Prof. Tellechea Idígoras, trear los móviles estético-afectivos de aque-
Herrero resume el largo proceso y prisión llas muertas generaciones», para poder afir-
de dieciséis años a que la Inquisición so- mar que estos 849 sermones y sermona-
metió al Arzobispo, y después, bajo el rios, más los 1.780 dados en los tres to-
epígrafe «vocación apostólica y espíritu mos anteriores –en total, 2.629–, de los
reformador», estudia tres facetas de la pre- que se dan ficha bibliográfica y signatura
dicación del fraile dominico: «En Trento, para su localización en bibliotecas públi-
reformar»; «Carranza en Inglaterra, restau- cas o privadas, ofrecen al investigador una
rar»; «En Valladolid, un sermón de tole- mina inagotable para adentrarse en el co-
rancia». nocimiento de las ideas que sobre temas
De erasmista y luterano fue acusado el religiosos, sociales, políticos y literarios de
Dr. Constantino Ponce de la Fuente y re- los Siglos de Oro de nuestra literatura te-
cluido en la cárcel del Santo Oficio de nían los predicadores, hombres curtidos en
Sevilla en 1558 hasta su muerte dos años los afanes de la cátedra, del púlpito y de
después; declarado apóstata y hereje, su la vida.
cadáver fue quemado en auto de fe cele- Termino esta reseña con palabras que
brado en diciembre de 1560. Herrero da un escribía, ya en el 2002, el Prof. de la Uni-
apunte de la movida biografía del Dr. versidad de Toulouse Francis Cerdan, sin
Constantino –estudiante de Alcalá, predica- duda el más prestigioso estudioso de la
dor del Emperador, magistral de la catedral Oratoria sagrada, en Criticón, Revista In-
de Sevilla y proceso–, y analiza su predi- ternacional del Siglo de Oro (84-85,
cación. p. 16): «Pero en lo tocante a obras gene-
El capítulo IV y último del libro (pá- rales de síntesis, lo que ha marcado el
ginas 415-517) –«Predicadores y sermo- mayor avance en estos últimos años es, in-
nes»– está dedicado a presentar 849 ser- discutiblemente, la publicación de una obra
mones y sermonarios de 256 predicadores de gran envergadura que ha sacado la ora-
de distintas Órdenes religiosas –trinitarios, toria sagrada del Siglo de Oro del estado
mercedarios, basilios, benedictinos, jeróni- de necesidad en que se hallaba. Con su es-
mos, cistercienses ...– y del Clero secular. tudio La oratoria sagrada en los siglos XVI
Herrero aplica a estos sermones y predi- y XVII, Félix Herrero Salgado ha proporcio-
cadores y comenta las certeras palabras con nado no sólo a los especialistas, sino al
que el Licdo. Carlos Cevallos presentaba más dilatado público de los curiosos de la
su sermonario colectivo Ideas del púlpito literatura española, una indispensable herra-
y teatro de varios predicadores de España mienta de trabajo que, de ahora en adelante
(Barcelona, 1638): «Estos sagrados ecos, y por muchos años, será una imprescindi-
que, formados en el púlpito gloriosamente ble obra de referencia».
por tantos doctos espíritus oradores, bas-
taron a hazer dichosa nuestra edad, res- JOSÉ DEL CANTO PALLARES

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Jesús C AÑAS M URILLO /Sabine S CHMITZ Se incluyen en esta obra homenaje es-
(Eds.), Aufklärung: Literatura y cultu- tudios muy variados, aunque todos ellos
ra del siglo XVIII en la Europa occiden- centrados en aspectos de la cultura y la
tal y meridional. Frankfurt a.M., Peter literatura europea del siglo XVIII. Así en-
Lang, 2004, 318 pp. contramos trabajos centrado en la figura de
un escritor, sobre obras concretas de escri-
Merecido fue el homenaje que con mo- tores, sobre aspectos de la lengua españo-
tivo de su sesenta y cinco cumpleaños re- la, sobre la influencia de un autor en otro
cibió el profesor Hans-Joachim Lope en el de diferente nación, sobre la prensa diecio-
mes de Noviembre de 2003 en la ciudad chesca, sobre diccionarios burlescos, sobre
alemana de Marburg der Lahn, en cuya las teorías lingüísticas ilustradas, sobre la
universidad ocupó desde 1974 y hasta en- recepción de un reino en la literatura de
tonces la cátedra de literaturas románicas. otra nación, sobre la presencia de un pin-
El motivo reunió a un grupo de colegas y tor en la poesía ilustrada y romántica, so-
discípulos suyos, todos amigos, en torno al bre óperas, etc. Esta heterogeneidad evi-
siglo ilustrado, eje central sin duda de las dencia bien la forma que tiene Hans-Joa-
investigaciones del profesor Lope. El home- chim Lope de acercarse al siglo XVIII, que,
naje, que estuvo al cuidado de Jesús Cañas como dicen los editores, es «desde una
Murillo y Sabine Schmitz, fue publicado perspectiva general, abierta, internaciona-
por la Peter Lang. Europäischer Verlag der lista, en constante búsqueda de las cone-
Wissenschaften en Frankfurt am Mein. Bue- xiones culturales y literarias que existen en
na fue la elección de la editorial, y no sólo toda la Europa ilustrada del setecientos».
por su prestigio y trayectoria, sino también Los trabajos, que se presentan conscien-
por la estrecha relación que desde años temente sin criterio clasificatorio, pueden
mantiene con el homenajeado, puesto que organizarse, tras su análisis, en tres grupos.
en ella dirige la colección Studien und Do- El primer grupo lo formarían artículos cen-
kumente zur Geschichte der Romanischen trados en el estudio de un autor, en un
Literaturen, en la que se han publicado ya aspecto de su obra o en obras concretas
más de cuarenta obras. suyas. En el segundo tendrían cabida tra-
El volumen, titulado Aufklärung: Lite- bajos dedicados a la recepción de autores,
ratura y cultura del siglo XVIII en la Eu- obras y motivos en otros pertenecientes a
ropa occidental y meridional, recoge die- la misma época. El tercero atiende aspec-
cisiete estudios realizados por investigado- tos culturales de la Europa dieciochista.
res de reconocida categoría profesional Dentro del primer grupo se encuentran
procedentes de diversas universidades eu- trabajos como el que realizan los profeso-
ropeas, ya sean de Alemania, Austria, Bél- res Pedro Alonso y M.ª Teresa Ibáñez cen-
gica o España. Ello le da un carácter de trado en establecer la intención última del
internacionalidad que se constata también Arte de las putas de Moratín, a partir de
en las lenguas en las que se han redacta- un análisis contrastivo de las ideas supues-
do los trabajos: alemán, francés y español. tamente materialistas y libertinas de este
El volumen incluye, además, una relación autor con las del filósofo Julien Offroy.
bien clasificada de las publicaciones del Anna-Sophia Buck estudia la superposición
profesor Lope y el poema Jardín botánico del discurso onírico y metapoético en Le
(Gästehaus) de José Luis Bernal, que re- diable amoureux del escritor francés Jac-
fleja la pasión que siente el profesor mar- ques Cazotte. Jesús Cañas nos ofrece un
burgués por el jardín madrileño y los bue- trabajo referido a la figura de Federico II
nos lazos de amistad que ha establecido de Prusia, uno de los monarcas europeos
con colegas de otras universidades. más significativos para la ilustración, a

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partir del análisis de la comedia Federico la presencia de Molière en Goldoni y Mer-


y Voltaire en la quinta de Postdan, o Lo ciers. Ernst Leonardy estudia las escenas
que son los sofistas de José Cagígal, en el del jardín en algunas óperas de Mozart,
que concluye que el texto, de claro carác- insistiendo en el locus amoenus y en el
ter propagandístico, fue puesto al servicio laberinto de amor. Leonardo Romero inves-
de la defensa del absolutismo monárquico tiga la presencia de Goya como tema en
y del antiguo régimen. Hans Felten, en un la poesía de la ilustración y el romanticis-
trabajo también notable, ofrece algunas mo, a partir del uso que los poetas con-
claves para leer A Jovino, el melancólico, temporáneos del pintor e inmediatamente
elegía del poeta extremeño Meléndez Val- posteriores a su muerte hicieron de su obra
dés y obra fundamental de la poesía del y de su figura. Sabine Schmitz analiza la
siglo XVIII que tiene lecturas muy diversas, comedia L´île de la raison de Marivaux
como texto antirreligioso y anticlerical, considerando la obra Gulliver´s Travels de
verdadero ataque contra la tradicional doc- Jonathan Swift. Manfred Tietz examina la
trina moral. Martin Hummel, profesor de recepción que se tiene del reino de Valen-
la Universidad de Graz formado en Mar- cia en la Alemania del siglo XVIII, centrán-
burg, analiza la estructura narrativa de Rê- dose sobre todo en la figura y la obra del
veries de Jean-Jacques Rousseau. Hubert catedrático Christian August Fischer. Tam-
Roland, por otra parte, expone una imagen bién en este grupo cabe destacar el traba-
de los belgas antes de la existencia de jo que presenta Isabel Zollna sobre la in-
Bélgica a partir de la figura del cronista y fluencia de los ideólogos ilustrados en las
narrador Adolphe Borgnet. Hay también teorías lingüísticas españolas; pretende esta
trabajos pertenecientes a este grupo que profesora analizar el tema en sus aspectos
están dedicados a la utilización de la len- y autores menos tratados, tomando como
gua en obras literarias. Así el profesor referencia la Gramática de Destutt de Tra-
González Calvo aporta un artículo en el cy, la más leída y traducida, y analizando
que analiza la creatividad y la expresivi- la obra de Miquel Surís, Francisco de Pau-
dad léxica logradas con los procedimien- la Camerino y José Gómez Hermosilla.
tos morfológicos de flexión, derivación y Todos estos trabajos centrados en la recep-
composición en la obra Historia del famo- ción de obras y autores aclaran numerosos
so predicador fray Gerundio de Campazas, enlaces literarios y enriquecen, sin duda
alias Zote del jesuita José Francisco de alguna, nuestro conocimiento de la ilustra-
Isla. Salvador Plans, por su parte, analiza ción europea.
el habla de una de las figuras habituales Un tercer grupo de estudios, el desti-
en el mundo de los sainetes, el majo, me- nado a aspectos relacionados con la cultu-
diante la comparación con otros persona- ra ilustrada, engloba artículos como el que
jes populares, para llegar a la conclusión Siegfried Jüttner destina a Las Memorias
de que la presencia del tipo trae consigo instructivas y curiosas de Miguel Geróni-
la utilización de una serie de elementos mo Suárez con el fin de establecer el va-
lingüísticos caracterizadores Todos estos lor de la prensa para la utilidad de la na-
estudios contribuyen a esclarecer la litera- ción; el que ofrece Martin Kuester sobre
tura de la Europa ilustrada del siglo XVIII poemas escatológicos de Jonathan Swift y
y a ofrecer una visión trasnacional de la la tradición satírica en el siglo XVIII, o el
ilustración. de la profesora Isabel Román que se ocu-
Varios artículos, los pertenecientes al pa del espíritu ilustrado y los diccionarios
segundo de los tres grupos señalados, plan- burlescos, aquellos confeccionados de for-
tean cuestiones relacionadas con la recep- ma irónica con el fin de que fueran utili-
ción de las obras. Bodo Guthmüller rastrea zados por un sector social, el de los pe-

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dantes, que utilizaba el lenguaje como una ción que allí desempeña. Para lograrlo, el
forma más de aparentar, circunstancia que investigador da inicio a su libro explican-
estos diccionarios pretenden desenmascarar. do algunos términos que tienen relación
En definitiva, el volumen que reseña- con la manera de llamar al escritor. Más
mos está formado por un racimo precioso que dar importancia desde un punto de
de estudios que contribuyen claramente a vista semántico a palabras como erudito,
un mejor conocimiento de la literatura y la docto, literato, sabio, etc., el autor se de-
cultura europea del siglo XVIII. En él se mora en explicarnos la posición ideológi-
abordan temas muy variados, se desarrollan ca y la carga cultural y social que están
muchos aspectos desde una perspectiva reflejando estos conceptos en el debate que
internacional, se buscan conexiones cultu- se está abriendo para diferenciar a los an-
rales y literarias, se exponen interpretacio- tiguos de los nuevos literatos. De tal modo
nes nuevas de obras o detalles singulares que este nuevo intelectual en cierne se
de la recepción de las mismas. Se aprecia «replantea el problema de la literatura
en ello el espíritu de Lope. Es, por todo, como medio de vida» y ya no le bastan la
un buen homenaje al hombre, al amigo, al «gloria y la marginalidad» que tiempo atrás
profesor y al investigador. habían sido características de su relación
directa y dependiente con el poder y de las
JOSÉ ROSO DÍAZ canonjías del mecenazgo. Ahora, este «nue-
vo escritor» desea ocupar un lugar en la
sociedad, a partir de nuevos espacios que
le ayuden a lograr un intercambio intelec-
Á LVAREZ BARRIENTOS, Joaquín, Los hom- tual más fructífero, un lugar más abierto y
bres de letras en la España del siglo democrático que le permita singularizarse
XVIII . Apóstoles y arribistas, Madrid, como una nueva clase social. En este sen-
Editorial Castalia, 2006, 398 pp. tido, la tertulia o la prensa serán espacios
que abrirán brechas inéditas para lograr esa
Desde hace ya tiempo, el nombre de conversación pública necesaria a este hom-
Joaquín Álvarez Barrientos está presente en bre de letras que desea expresar su inde-
los círculos de los más destacados estudio- pendencia como escritor.
sos del siglo XVIII español. Si bien sus tra- Resulta interesante la manera en cómo
bajos abarcan un amplio espectro de temas, Álvarez Barrientos va construyendo su dis-
podemos decir que su preocupación funda- curso interpretativo del setecientos a par-
mental ha sido explicar al hombre de le- tir de determinados textos literarios leídos
tras del setecientos. Por ello, el libro que bajo un cariz histórico; por ello, los tex-
hoy nos ocupa no nos sorprende; por el tos de ciertos escritores canónicos españo-
contrario, lo estábamos esperando. Los les como Cadalso, Feijoo, Forner, Jovella-
hombres de letras en la España del siglo nos, Mayans, Moratín, Nifo, por mencio-
XVIII. Apóstoles y arribistas sale del gabi- nar sólo algunos, sirven para tejer fino en
nete de Álvarez Barrientos como resultado la construcción del intelectual en el siglo
de ese arduo y constante trabajo que ha XVIII. Detengámonos sólo en este ejemplo,
venido realizando durante estos últimos la particularidad de Los eruditos a la vio-
años. leta de Cadalso permite a Álvarez Barrien-
En esta monografía, el estudioso se ha tos mostrar el entramado conceptual de lo
dado a la tarea de investigar, reflexionar que en realidad significaba ser un «viole-
y explicar el sitio que el hombre de letras to» en la época. La relectura desde el ho-
ocupa en la nueva sociedad que está de- rizonte de expectativas de su contexto cul-
jando atrás al Antiguo Régimen y la fun- tural, social e histórico dan la pauta al

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investigador para no caer en la inercia y la sociedad y dotarlo de estimación, virtud


repetir juicios acríticamente que conllevan y, por supuesto, destacar su utilidad. Ade-
a limitar la explicación de que un violeto más, estas representaciones nos permiten
era sinónimo de superficialidad e ignoran- comprender la imagen institucional que
cia. No, en esta lectura de conjunto com- estos personajes construían de sí mismos
prendemos que los violetos de Cadalso son con el propósito de ser reconocidos y re-
un tipo de hombres de letras que «atentan cordados como parte de la República de las
contra lo establecido al atreverse a pensar Letras.
con libertad y hablar con claridad sobre Del mismo modo, la forma en cómo se
cuestiones de literatura y ciencia. Nada ganaban la vida los escritores, es decir las
más alejado de lo que suele escribirse al diversas maneras por medio de las cuales
respecto. obtenían ingresos, es materia de estudio
En esta preocupación por explicar al para Álvarez Barrientos; así corroboramos
hombre de letras en una amplia gama de que escribir no siempre permitía vivir de
aspectos que se relacionan con su entorno manera decorosa. Los literatos no ganaban
tanto social como individual, Álvarez Ba- suficiente dinero con sus libros, quizá lo
rrientos aborda temas como la salud y se- que les daba un poco más era escribir tra-
ñala que los mismos escritores «fueron da- bajos cortos, anecdóticos y satíricos, por
dos a escribir en detalle, a menudo cayen- ello la creación de academias, centros de
do en la coquetería, sus enfermedades». En investigación y bibliotecas les permitió ob-
consecuencia, nos explica la proclividad de tener ingresos extras del propio desempeño
estos literatos a ciertas enfermedades diges- de su actividad intelectual y a la vez parti-
tivas por llevar una vida sedentaria, o las cipar en los proyectos de la administración
recurrentes enfermedades de los ojos como pública. Cabe señalar que entre las muchas
vista cansada o miopía; claro está, sin fal- y variadas actividades que desempeñaron
tar los catarros, dolores de dientes, hemo- los literatos para medio vivir se encuentran
rroides, etc. El investigador advierte que lo la de «presbíteros, gente de iglesia, milita-
importante para estos hombres de letras no res, abogados, médicos, profesores, precep-
es la enfermedad en sí, sino el utilizarla en tores, criados en casas nobles...», pero, sin
sus discursos como medio de representación duda, el trabajo más codiciado era tener un
de sí mismos. Además recordemos que «La puesto en la Biblioteca Real.
enfermedad no [fue] materia literaria en el Por otro lado, detengámonos en decir
XVIII porque la idea, en una sociedad cons- que el libro está estructurado en cuatro
tructiva y positiva [...] quiere un hombre de apartados fundamentales: «El escritor y la
letras sano». sociedad»; «Representación del escritor»;
Por lo tanto, a partir de la lectura de «Las economías del escritor», y «Política
Los hombres de letras en la España del cultural y hombres de letras: instituciones
siglo XVIII. Apóstoles y arribistas podemos y proyectos». Estos apartados temáticos le
tener la idea de que los literatos buscaban sirven al autor del libro que ahora reseña-
representarse de distintas maneras, ya fue- mos para desentrañar una visión más am-
ra a partir de sus enfermedades, ya reali- plia y compleja de la construcción de la
zándose retratos que ofrecían una «imagen imagen histórica del hombre de letras en
institucionalizada de su respetabilidad y la España del siglo XVIII. Sin falsa modes-
notoriedad», ya escribiendo su biografía o tia, Álvarez Barrientos nos dice en la in-
sus memorias. Cualquiera de estas tres for- troducción que su estudio es pionero en la
mas de representación pretendía agregar construcción del intelectual a lo cual no-
plusvalía al ejercicio literario dignificando sotros hacemos eco en la medida que va-
la profesión de escritor al singularizarlo en mos leyendo sus páginas y corroboramos

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su dicho, ya que esta visión nos parece como un fenómeno que implica su repre-
inédita en los estudios acerca de la litera- sentación escénica y el mundo que le ro-
tura española del setecientos. dea (actores, público, medios materiales,
Si bien Los hombres de letras en la etc.) explican, quizás, la génesis de este
España del siglo XVIII. Apóstoles y arribistas libro, cuyos objetivos van mucho más allá
incluye algunos textos que ya antes habían del análisis de las distintas obras dramáti-
sido publicados, el autor se dio a la tarea cas que se representaron durante el siglo
de corregirlos y modificarlos con una visión XVIII en los teatros cortesanos aludidos en
más pertinente respecto de sus nuevas inda- el título.
gatorias; además, la organización del con- Además de suponer una valiosa apor-
junto en que ahora son presentados estos tación a la historia del teatro y de los es-
materiales les permite articular un discurso pacios teatrales, el libro de Alicia López
más complejo y abarcador. No olvidemos de José constituye un estudio que se mue-
consignar en este espacio que el libro viene ve en el ámbito de la historia social, la
acompañado de algunas ilustraciones muy historia de las mentalidades, la historia del
sugerentes. Estas imágenes sirven para mos- gusto y, además, realiza interesantes con-
trar cómo se representaban gráfica y sim- tribuciones historigráficas a los campos de
bólicamente los literatos de la época. Tam- la arquitectura, el urbanismo y la vida co-
bién se incluyen los «Apuntes biográficos» tidiana y laboral de distintas capas socia-
de los escritores que tuvieron un papel les, aristócratas, pueblo y monarcas.
importante en la República de las Letras y Estamos, por tanto, ante una obra que
una útil cronología, pero sobre todo desta- debería ser conocida por los estudiosos de
quemos la caudalosa bibliografía consulta- las disciplinas que acabo de enumerar.
da por Álvarez Barrientos que, sin duda, Todos ellos encontrarán en sus páginas in-
nos muestra el trabajo riguroso y actualiza- formaciones e interpretaciones que les se-
do que ha desarrollado el investigador. rán muy útiles en sus respectivas investi-
Finalmente, Los hombres de letras en gaciones.
la España del siglo XVIII. Apóstoles y arri- La simple descripción del contenido del
bistas es un libro que viene a cubrir de libro corroborará cuanto llevo dicho. Para
manera espléndida un hueco grande que empezar, su autora justifica la supresión en
existía en los estudios del siglo XVIII es- su estudio de los Reales Sitios de El Pardo
pañol a propósito del nacimiento y desa- y de San Lorenzo de El Escorial: ninguno
rrollo de las élites letradas, alimentándose de los dos fueron relevantes para el moti-
con originalidad de cuanto se ha escrito vo de esta investigación. El del Pardo por-
sobre esta materia en otras latitudes. que generalmente era utilizado por los mo-
narcas solo para pasar unas horas de caza
ESTHER MARTÍNEZ LUNA o descanso, y el del Escorial porque nin-
guno de los Borbones del siglo XVIII se sin-
tió verdaderamente vinculado a aquel sitio.
LÓPEZ DE JOSÉ, Alicia, Los teatros corte- Puede decirse que los diez capítulos en
sanos en el siglo XVIII: Aranjuez y San que la autora divide su obra obedecen a la
Ildefonso, Madrid, Fundación Universi- siguiente estructura: una primera parte don-
taria Española, 2006, 532 pp. de se define la «jornada» real y se descri-
ben los Reales Sitios de Aranjuez y San
El auge de los estudios dieciochistas en Ildefonso, así como sus teatros y espacios
las últimas décadas y el creciente interés para representaciones teatrales, el «teatri-
por considerar el teatro no solo como una to», el Teatro de Serenatas o Coliseo Real,
manifestación puramente literaria, sino la Casa de Vacas, el Real Cortijo de San

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Isidro, etc., en Aranjuez; el «teatrito por- esfuerzo para la autora, pero mayor aún ha
tátil», Teatro de la Galería o Teatro Real, debido de ser el tiempo y trabajo dedicados
en San Ildefonso. No olvida la autora el a la bibliografía primaria: el carácter de
estudio de los teatros extramuros de los esta investigación ha obligado a Alicia Ló-
palacios, el Coliseo Viejo y el Coliseo de pez a buscar sus fuentes en un buen nú-
Óperas y Comedias en Aranjuez, el Tea- mero de archivos y bibliotecas, consultan-
tro de Madera y el Coliseo de Comedias do una gran cantidad de documentos, la
en San Ildefonso. mayoría de ellos inéditos y aprovechables
A continuación, entre los capítulos 3 y en diversos campos temáticos.
6, se halla la parte crucial del libro. Se Por ejemplo, la historiografía actual en
trata del estudio histórico, cronológico, de el ámbito del pensamiento literario diecio-
los distintos reinados del siglo XVIII, hasta chesco podría reforzarse o modificarse gra-
el final del reinado de Carlos IV. Encon- cias a datos contenidos en este libro acer-
tramos aquí preciosos datos sobre muy ca de la influencia del gusto francés, la
variados hechos y personajes. Entre ellos, presencia del teatro italiano, los gustos
destaco las explicaciones sobre cómo se personales de los dos primeros borbones y
divertían los reyes, cuáles eran su psicolo- su rechazo de los autos sacramentales, el
gía y su gusto, cómo eran las veladas mu- apoyo institucional a los neoclásicos, la
sicales en el «Cuarto del Rey», las funcio- elección de repertorios en función de cri-
nes del Corpus, las representaciones teatra- terios políticos reformistas, etc. No sería
les y fiestas en los palacios, repertorios de aventurado decir que la teoría literaria en
obras, Farinelli en la Corte, el teatro mu- la España de la época fue en algunos pe-
sical italiano, los actores, los directores, los ríodos a remolque del gusto cortesano.
alojamientos y los salarios de las compa- Entre la bibliografía dieciochista no
ñías, etc. Estos son algunos de los moti- existía hasta ahora una monografía sobre
vos que con gran rigor documental y ame- los teatros cortesanos abarcadora de sus
nidad estudia y expone Alicia López de variados aspectos como la presente. Este
José. Particularmente interesantes me pare- estudio, serio y sistemático, amplía y re-
cen las páginas dedicadas al Conde de ordena la escasa y parcial historiografía al
Aranda y al Marqués de Grimaldi. respecto. Insisto en la idea de que serán
En el conjunto de la obra merecen des- muchos los investigadores y disciplinas que
tacarse dos breves y reveladores capítulos se beneficiarán de este libro, revelador de
(séptimo y octavo), modélicos para cono- toda una época y toda una gama de pers-
cer con exactitud el gusto literario de fi- pectivas culturales.
nales de siglo: se trata de la relación de
obras representadas en los coliseos de JOSÉ CHECA BELTRÁN
Aranjuez y San Ildefonso durante el bie-
nio 1793-1794, con la identificación de sus
autores y la indicación de las recaudacio-
nes obtenidas en sus representaciones. GARCÍA DE LA HUERTA, José, Cartas críti-
Finaliza la obra con los correspondien- cas sobre la Italia (Introducción y no-
tes capítulos dedicados a conclusiones y tas a cargo de Livia Brunori), Rímini,
bibliografía. Esta última revela la variedad Panozzo Editore, 2006, 459 pp. (Centro
de campos de estudio a los que Alicia di Studi sul Settecento Spagnolo. «Testi
López ha debido acudir, dado el carácter inediti e rari», n. 9)
multidisciplinar de su investigación. Es
evidente que el estudio de esta abundante Casi medio siglo ha pasado desde que
bibliografía crítica ha supuesto un enorme las investigaciones de Miguel Batllori res-

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cataron del olvido a numerosos jesuitas hecho confirmado también por Nicolás Ro-
españoles e hispanoamericanos que, tras el dríguez Laso que lo encontró en Bolonia,
decreto de expulsión dictado por Carlos III como recuerda en su Diario en el viaje de
(1767), encontraron acogida en muchas Francia e Italia (1788), recientemente edi-
ciudades italianas. El gran interés suscita- tado por Antonio Astorgano Abajo (Insti-
do por este trabajo, que todavía constituye tución «Fernando el Católico (C.S.I.C),
una referencia ineludible para cuantos se Exc.ma Diputación de Zaragoza, Real So-
dedican a estudiar el fenómeno, se com- ciedad Económica Aragonesa de Amigos
prueba por las numerosas publicaciones del País, Zaragoza, 2006, p. 447). Brunori
que se han editado, y siguen editándose aporta nuevos e interesantes datos sobre la
hoy en día, sobre el tema. Gracias a estos estancia del ex-jesuita en Italia, a través de
estudios, conocemos a fondo la producción la cual realizó numerosos viajes, para ins-
literaria de numerosos jesuitas, entre ellos, talarse, tras la definitiva disolución de la
para citar a algunos de los más importan- Compañía (1773), en Bolonia, donde fina-
tes, Juan Andrés, Francisco Javier Llampi- lizó su vida.
llas, Manuel Lassala, Antonio Eximeno, La obra de José García de la Huerta
Juan Bautista Colomés, Francisco Masdeu, consta de trece cartas, redactadas en varias
y las relaciones culturales establecidas en- ciudades de la península italiana, desde
tre España e Italia a finales del siglo XVIII, Génova hasta Reggio Calabria. Las misi-
en las que los jesuitas desarrollaron un rol vas son de diferente amplitud: las últimas
de notable relieve. Pero, al mismo tiempo, mucho más breves respecto a las demás,
estos ensayos revelan que aún queda por quizás debido al escaso interés del autor
estudiar la producción literaria, a menudo por los asuntos de economía de que trata.
inédita, de otros jesuitas, no tan conocidos Escritas entre 1776 y 1787, van dirigidas
como sus citados colegas, pero no de es- a un desconocido comitente, del que se
caso valor. resalta el prestigio, puesto que se le apela
Livia Brunori, apreciada investigadora «Vuestra Merced». Se trata, probablemen-
a la que se debe la reciente, monumental te, de un recurso literario, que asimismo
edición del Epistolario (1740-1817) de evidencia la voluntad del jesuita de ensal-
Juan Andrés (Valencia, Generalitat Valen- zar su propia labor.
ciana, 2006, 3 vols.), y miembro del Cen- Como explica Brunori en la breve, pero
tro di Studi sul Settecento Spagnolo del completa introducción, el propósito de José
Alma Mater Studiorum de la Universidad García de la Huerta, al escribir sus Car-
de Bolonia, ofrece una contribución para tas, es el de tomar partido en la polémica
colmar esta laguna, al publicar, por primera que, como es conocido, involucró a mu-
vez, las Cartas críticas sobre la Italia del chos intelectuales españoles en las últimas
jesuita José García de la Huerta (1730- décadas del siglo dieciocho con motivo del
1793). Dicha edición se basa en el manus- despectivo artículo de Masson de Morvi-
crito autógrafo de las mismas, conservado llers hacia España, editado en la Enciclo-
en la Biblioteca Meléndez Pelayo de San- pedia francesa y también de las críticas
tander (Ms. 98). La estudiosa, en la nota dirigidas por Saverio Bettinelli (Del risor-
biográfica con la que cierra su edición, gimento d’Italia negli studi, nelle arti e nei
aclara la verdadera identidad del escritor, costumi dopo il Mille, 1775) y Girolamo
puesta en duda por algunos investigadores, Tiraboschi (Storia della letteratura italia-
al indentificarlo con documentos fidedig- na, 1772-1782) a la literatura española y,
nos, en uno de los hermanos de Vicente, en particular, a la poesía que, en su opi-
célebre dramaturgo, y de Pedro, también nión, tan negativamente había influido en
jesuita, que acompañó a José en su exilio, la italiana. El jesuita, como sus colegas

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Llampillas y Masdeu, se opone a las críti- firme rechazo a los viajes como instrumen-
cas dirigidas a la cultura española, enten- to de educación para la juventud, que bien
dida en el amplio sentido que se le dio en se expresa en su afirmación que sería opor-
el siglo XVIII, intentando demostrar su su- tuno «cerrar nuestros países por aquella
perioridad no sólo a la italiana, sino tam- parte de tierra donde confina con nuestros
bién a cualquier otra cultura europea. El vecinos con una doble muralla, y más im-
autor revela un conocimiento para nada penetrable que la que divide China de la
mediocre de la producción literaria, cién- Tartaria» (pp. 15-16).
tifica, histórica, geográfica, artística italia- Es evidente que José García de La
na, pasada y contemporánea, señalando un Huerta no está dotado del talento literario
número exorbitante de autores, de los que de su hermano, tan apreciado por su La
Brunori, en las copiosas notas al texto, Raquel. Sin embargo, afirma Brunori, Las
ofrece información detallada, que comple- cartas críticas no carecen de algún mérito
ta y aclara la ofrecida por el mismo José literario, que encuentra en el uso de la
de la Huerta. Sin embargo, los argumen- retórica y, sobre todo, en su lenguaje, que,
tos esgrimidos por el jesuita para defender a pesar de los numerosos italianismos, es
la cultura española no tienen la profundi- «forbito, ma non affettato» (p. 8). Y hay
dad de los de otros colegas o de Forner. que darle la razón, puesto que la lectura
Aunque en varios pasajes José García de las Cartas nos parece, además de ins-
la Huerta lamenta su imparcialidad, su ac- tructiva, agradable, curiosa, y, hasta, en
titud en general es abiertamente facciosa. algunos pasajes, divertida, debido a su vi-
Esto puede verse, sobre todo, en las car- veza y animación.
tas en las que, relatando episodios de los Queda por señalar que el escritor reve-
que asegura haber sido testigo, desquita a la en ellas su vocación lírica, ensayando
los españoles de los defectos que les atri- algunas traducciones al castellano y al ita-
buían los extranjeros, achacándolos a los liano de poemas. Para concluir, pensamos
italianos, que define altivos, orgullosos, que las Cartas críticas de José García de
superficiales, dados al lujo y a la ostenta- la Huerta, si bien con los límites recono-
ción, jugadores, viciosos y supersticiosos. cidos por su editora, constituyen sin duda
Brunori, con todo, intenta justificar esta un documento histórico, social y literario
actitud, al afirmar que juega en ella «[...] apreciable, que merece ser conocido por
l’acceso patriottismo, l’orgoglio nazionale, los investigadores para profundizar su co-
il desidero di rivincita, forse anche per- nocimiento del Siglo de las Luces.
sonale, che poteva albergare nell’animo
dell’autore, probabilmente avvilito dalla PATRIZIA GARELLI
sua condizione di espulso [...]» (p. 8).
La actitud conservadora y, en algunos
casos, hasta reaccionaria del jesuita, que- RODRÍGUEZ LASO, Nicolás, Diario en el via-
da manifiesta en las críticas dirigidas a los je de Francia e Italia (1788) (Edición
modernos filósofos –entre ellos, Montaig- crítica, estudio preliminar y notas por
ne, Bayle, Helvétius, Montesquieau, y, en Antonio Astorgano Abajo), Institución
particular, Voltaire–, acusados por impie- «Fernando el Católico (C.S.I.C), Excma.
dad y por corromper a la juventud. La edu- Diputación de Zaragoza, Real Sociedad
cación de los jóvenes parece interesar par- Económica Aragonesa de Amigos del
ticularmente al escritor, puestos que le de- País, Zaragoza, 2006, 752 pp.
dica varias reflexiones en sus Cartas. Con
este propósito, Brunori evidencia la ideo- Antonio Astorgano, profesor de Lengua
logía anti-ilustrada del jesuita al señalar su y Literatura españolas del Instituto «Coro-

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na de Aragón» de Zaragoza, desde hace literarias. En efecto, no se trata de un re-


algunos años, entre otros valiosos trabajos, lato estructurado, sino de una serie de mi-
viene dedicando su atención al salmantino nuciosos apuntes de diferente extensión,
Nicolás Rodríguez Laso (1747-1820), el redactados en un estilo que Astorgano ca-
último inquisidor de Valencia, un personaje lifica de «árido y desgabardo» (p 151),
que ha pasado casi inadvertido ante los aunque la lengua utilizada es culta, con
investigadores del dieciocho español. Esto pocos galicismo e italianismos. Ello expli-
se debe, en buena parte, según el investi- ca que el Diario haya quedado sin editar,
gador, a su discreción y prudencia, que le pero no quiere decir que el viajero lo es-
aconsejó mantenerse lejos de la Corte, cribiera para sí, confiando poco en su pro-
cumpliendo impecablemente con su cargo. pia memoria. Todo lo contrario. El inqui-
De tal manera, a pesar de su filojansenis- sidor es un hombre abierto y progresista,
mo, alimentado por sus relaciones con el auténtico ilustrado, apasionado por la lite-
círculo alrededor de la condesa de Monti- ratura y las bellas artes, que había funda-
jo, pudo seguir en su oficio durante cua- do la Sociedad económica de Ciudad Ro-
renta años, y salir indemne de las vicisi- drigo, interesado por las ciencias, y preocu-
tudes políticas que afectaron a España des- pado por la elevada mortandad infantil
de la última década del siglo XVIII, hasta todavía presente en España. Debido a eso,
las primeras del siguiente. Ahora Astorga- aprovecha la ocasión que inesperadamente
no culmina sus prolongadas investigacio- se le brinda para visitar dos países que
nes, realizadas en numerosos archivos y representaban la codiciada meta del Gran
bibliotecas españoles e italianos, con su Tour dieciochesco, para tomar nota de todo
reciente edición del Diario en el viaje de bueno que encuentra en sus peregrinacio-
Francia e Italia (1788) de Nicolás Rodrí- nes para contribuir a mejorar su propio
guez de Laso, que enriquece con detalla- país, y acallar de esta manera las críticas
das notas y con una tabla cronológica del que seguía dirigiéndole Europa. Le impul-
viaje, en la que se da cuenta de las perso- sa el deseo de ser útil, por eso no encon-
nas encontradas por el inquisidor así como tramos en el diario detalles fútiles, amenos,
de las instituciones por él visitadas, que sin o descripciones paesísticas. Como buen
duda agiliza su consulta. En la obra, cuyo ilustrado, dice el editor, Nicolás planifica
manuscrito se encuentra en el monasterio su viaje racionalmente (p. 121). Elije cui-
de Cogullada (Zaragoza), el inquisidor re- dadosamente los destinos: grandes ciudades
lata puntualmente, día tras día, el viaje, de (Lyon, París, Turín, Milán, Venecia, Bo-
trece meses, efectuado entre 1788-1789, lonia, Florencia...), pero también pequeños
por Francia e Italia, para acompañar a su pueblos y aldeas, si hay en ellos algo in-
hermano Simón (1751-1821) a Bolonia, teresante. Sale llevando en la mano las más
donde ocuparía el cargo de Rector de Co- utilizadas «guías turísticas» de la época, y,
legio de San Clemente. Para la edición, sobre todo, informado por apropiadas lec-
Astorgano ha utilizado también los Pape- turas de las que ha sacado estímulos y
les del viaje dejados por Rodríguez Laso, amplia –pero, como comprueba, no siem-
ahora en poder de un descendiente suyo. pre cierta– información. Entre ellas, El via-
Como el editor explica en el amplio y ar- je fuera de España de Antonio Ponz, la
ticulado prólogo –tras reconstruir la vidas Década epistolar del duque de Almodóvar,
de Nicolás y de Simón, muy relacionadas las Cartas familiares de Juan Andrés, la
entre sí–, a pesar de que el autor del Dia- inédita relación de viaje del magistrado
rio es un docto humanista, buen conoce- Francisco Zamora, un personaje poco co-
dor de la retórica, y miembro de varias nocido, del que el profesor Astorgano
Academias, su obra no tiene pretensiones anuncia estar a punto de editar una mono-

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grafía, y que, al parecer, animó a Simón a la atención del viajero: el de la Iglesia, en


escribir el Diario y fue su primer lector. particular de la burocracia vaticana, gra-
Y, ya en Italia, el ejemplo de un reciente cias, sobre todo a las gestiones de Azara,
conocido, el conde Luigi Castiglioni, via- embajador en Roma, el de los judíos, de
jero milanés, con quien el inquisidor com- los protestantes y francmasones, por los
parte el interés por la botánica. Las con- que se muestra especialmente interesado
diciones en las que Nicolás realiza su via- debido a su profesión, y el de los jesuitas,
je, anota el investigador, son las de un con los que, a pesar de su filojansenismo,
turista privilegiado: puede hospedarse en tiene buenas relaciones, y encontrándose
los mejores hoteles, debido a los medios así con muchos españoles expulsos residen-
económicos de que dispone, y su cargo de tes en Italia, entre ellos, Masdeu, Aponte,
inquisidor, que nunca silencia, le permite Llampillas, Montengón, Luengo, José de la
acceder a ilustres personajes –aristócratas, Huerta. El editor destaca también el pro-
prelados, magistrados, funcionarios, intelec- fundo interés que demuestra el diarista en
tuales, artistas–, aunque esto dificulte sus Italia por el arte del Renacimiento y neo-
relaciones en algunos ámbitos, como, por clásico, y por los libros, hecho que le lle-
ejemplo, el receloso Colegio de San Cle- va a visitar de una manera casi obsesiva
mente. Quizás, en mi opinión, lo que se –cual «bibliófilo empedernido» (147)– bi-
echa de menos en este Diario es un ma- bliotecas públicas y privadas y las mejo-
yor trato de Nicolás con la gente común, res librerías, donde compra varios volú-
tan importante para conocer sus ideas y sus menes, cuya nota se encuentra en sus Pa-
costumbres y para tomar el pulso a una peles del viaje (pp. 174-179). Su afán
nación. reformador le lleva, en especial en Fran-
Al no tratarse de un viaje comisionado cia, a visitar las instituciones científicas
por el gobierno o por una entidad, como más importantes para conocer sus progre-
tantos otros realizados en la época, Nico- sos, en particular en el terreno de la me-
lás goza de completa libertad de movimen- cánica, gabinetes de historia natural, jardi-
to y para escribir lo que quiera, aunque en nes botánicos, hospitales y centros educa-
algunos casos, demostrando una vez más tivos –Academias, Universidades, Colegios
su prudencia, se autocensura. Lo que el civiles o militares– donde estudia los esta-
editor atinadamente resalta es la actitud tutos de los más modernos y organizados.
objetiva con la que el diarista observa la Una especial atención la dedica a los hos-
realidad que lo rodea. Aunque Nicolás se picios, sobre todo los destinados a los ni-
percata de la actitud a menudo hostil ha- ños expósitos, convencido, como su buena
cia los españoles, sobre todo en Italia, se amiga, la condesa de Montijo, que los que
mantiene lejos de la polémica que involu- existían en España merecían una radical
cró a muchos intelectuales, en particular a reforma.
los ex-jesuitas Masdeu y Llampillas, em- Sin insistir demasiado, creo que el Dia-
peñados, no sólo en desquitar a España de rio en el viaje de Italia comprueba plena-
las críticas, sino más bien, en demonstrar mente que Nicolás Rodríguez Laso tuvo un
su superioridad ante las demás naciones papel en absoluto secundario en la Ilustra-
europeas. En efecto, si el inquisidor obser- ción española, y se demuestra útil para co-
va, y, con método experimental, compara nocer más detalladamente la situación polí-
lo visto con la realidad de su propio país, tica, económica, social y cultural de Fran-
al encontrar algo que no funciona, no con- cia e Italia, en vísperas de la Revolución
dena, sino, más bien, se muestra sorpren- francesa, y para tener información acerca de
dido y hasta decepcionado. Astorgano de- un gran número de personajes tanto famo-
tecta precisos ámbitos a los que se dirige sos como menos conocidos, pero todos sig-

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nificativos, por diferentes razones. En suma, propuesta de una teoría de la recreación


cabe agradecerle al profesor Astorgano su fílmica derivada de un exhaustivo análisis
excelente trabajo, que, con una modestia del trasvase de la figura de Don Juan en
hoy en día rara, define como una labor «de el cine español (Don Juan en el cine es-
aguja y ovillo» (p. 14). Sí, los investigado- pañol: una teoría de la recreación fílmi-
res sabemos que lo es, y lo que le ha cos- ca). Una filiación que hoy casi nadie dis-
tado, pero hay que reconocer que no todos cute, merece, sin embargo, la detención de
dan prueba de saber manejar estos instru- ensayos que, lejos de generalidades, se
mentos tan bien como él lo ha hecho. dispongan con rigurosidad a clarificar
cómo operan los préstamos que la imagen
PATRIZIA GARELLI ha vertido en el trazo de la letra, durante
el siglo XX, y aún antes, a través del de-
sarrollo de diferentes tecnologías, ya que
no parece arriesgado pensar que la dimen-
FERNÁNDEZ, Luis Miguel, Tecnología, es- sión visual de la escritura curse íntimamen-
pectáculo, literatura. Dispositivos ópti- te ligada a la evolución de dichas prótesis
cos en las letras españolas de los si- de la visión.
glos XVIII y XIX, Universidad de Santia- El cine marca, sin duda, un hito fun-
go de Compostela, 2006, 369 pp. damental en el reconocimiento de tal deu-
da, pero antes de él no era la nada en el
Cómo pensar en Gulliver sin el micros- planeta de los artilugios de reproducción
copio, en Zola sin la fotografía, y en óptica: cámaras oscuras, linternas mágicas,
Proust sin la linterna mágica y la fotogra- mundinuevos, sombras chinescas, microsco-
fía, o, ciñéndonos a España, en Espronce- pios, telescopios, catalejos, panoramas, dio-
da sin la fantasmagoría, en el magistral ramas, estereóscopos, daguerrotipos...; una
Fermín de Pas sin el catalejo, y en Meso- vida asolada por la fuerza y vertiginosidad
nero y Pardo Bazán sin su variado mues- con la que el cinematógrafo se instala en
trario de artilugios ópticos, es la cuestión la percepción operada por dicho contagio
que conduce a Luis M. Fernández a plan- y ha dejado reducido todo un variado uni-
tear la hipótesis que subyace en Tecnolo- verso a la etiqueta de lo precinematográ-
gía, espectáculo, literatura. Dispositivos fico. Hasta tal punto es así que, bajo su
ópticos en las letras españolas de los si- influjo, se reproducen interpretaciones poco
glos XVIII y XIX. coherentes con la buena práctica historio-
La indagación sobre la relevancia del gráfica como la de vincular, por ejemplo,
cine en nuestras letras viene asentando un el texto del paisaje urbano de Vetusta en
modelo de estudio cada día más revelador el capítulo inicial de La Regenta, con ins-
sobre la interacción de diversos medios trumentos ópticos inexistentes en ese mo-
artísticos en un sistema cultural. La trayec- mento como el cine, y no hacerlo con los
toria investigadora de Luis Miguel Fernán- que sí eran propios de la época.
dez no es ajena a la preocupación sobre las Con ellos, la ciencia se hace espectácu-
formas de contagio de la imagen en movi- lo y moda, se desplaza del ámbito riguro-
miento en los modos expresivos de nues- samente científico al de la plaza pública,
tro patrimonio literario. A ello ha dedica- hasta el punto de hacer concebir a Leibniz
do atinados estudios de los que merece la la idea de una «academia de las represen-
pena citarse el dedicado a la influencia del taciones» que acogiera una muestra de to-
neorrealismo en la literatura de los años das las ciencias y divertimentos. En la con-
cincuenta (El neorrealismo en la narración figuración del espectáculo, la fascinación
española de los años cincuenta, 1992) y su óptica se acompaña y se hace posible en

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buena medida gracias a las palabras de los mirada otorgando a lo visual un protagonis-
buhoneros, saboyanos y otros truhanes y mo inusitado. De mero receptáculo del
exhibidores de artilugios, prestos a encare- mundo exterior, instrumentos como el tau-
cer las maravillas de la naturaleza desvela- matropo, el fenakistiscopio o el estereósco-
das a través del poder de sus imágenes. «Si po, ponen de manifiesto la ruptura entre el
se acepta el papel de la palabra en esa his- objeto y su representación. Frente a los
toria habrá de reconocerse que no sólo es- aparatos de registro identificados con una
tamos ente una narración visual que busca mirada realista, éstos subrayan las condicio-
el movimiento, sino ante un hecho de enun- nes físicas que permiten modificar la per-
ciación, de un lenguaje del aquí y el ahora cepción de la realidad, de construirla mer-
históricos, que tiene tanto o más que ver ced a las modificaciones operadas por la
con formas de oralidad hoy desaparecidas, técnica y con ello la edificación de una re-
e inexistentes, no en el cinematógrafo de los tórica de lo visual que se traslada del ám-
primeros tiempos, pero sí en el modelo de bito científico, al filosófico o al literario.
representación narrativo del cine posterior a La mirada se teatraliza íntimamente
Griffith» (92). asociada a tradiciones como la del «mun-
Tecnología, espectáculo, literatura. Dis- do al revés», visible en la mojiganga ho-
positivos ópticos en las letras españolas de mónima y se privilegia en el éxito de gé-
los siglos XVIII y XIX parte de la intuición neros de gran espectacularidad como la
de Max Milner acerca de la imagen del comedia de magia, o la imaginería román-
escritor como cliente óptico, derivada del tica plagada de espectros, fantasmas y apa-
vínculo entre el género de la literatura fan- riciones, cuya presencia es posible asocia-
tástica y ciertos instrumentos ópticos du- da a avances técnicos como la linterna
rante el siglo XIX para explorar si, efecti- mágica. En el XIX la definición de un per-
vamente, el escritor de este tiempo pudo fil narrador caracterizado por su condición
verse afectado, y en qué términos, por el de observador desde una perspectiva dife-
desarrollo de nuevas tecnologías. La lite- rente a la del siglo anterior amplía el al-
ratura se convierte pues, desde muy tem- cance de sus dominios hacia una visuali-
prano, en testimonio y habitáculo en el que dad interior que se atreve a adentrarse en
quedan impresos nuevos medios de repre- el ámbito de la irracionalidad y del sueño.
sentación de la realidad. Los géneros populares de esta etapa
A medio camino entre la magia y la realista se impregnan asimismo de estruc-
ciencia natural, las invectivas morales con- turas narrativas deudoras de los modos
tra los portadores de estos ingenios ópticos expresivos de panoramas y linternas mági-
no consiguieron frenar la fascinación de los cas caracterizados por la presentación de
públicos populares, reseñada ya en los tex- un universo desarticulado del que se exhi-
tos literarios desde antes de su uso masivo ben estampas sin aparente causalidad argu-
e ilustrada en el estudio de Fernández por- mental, como en los cuadros de costumbres
menorizadamente: desde los espejos de El o en las revistas teatrales. No sorprende,
Bernardo, El diablo cojuelo o Los anteojos por tanto, que varios de los periódicos del
de mejor vista, a las linternas mágicas del momento adopten denominaciones como La
«Primer sueño» de Sor Juana Inés de la Linterna Mágica o El Mundo Nuevo o que
Cruz, Los sufrimientos del joven Werther, uno de los mayores éxitos de público de
de Goethe, En busca del tiempo perdido de finales del XIX corresponda a la revista
Proust, o las sombras chinescas de La se- Panorama nacional (1889) de Carlos Ar-
ñorita malcriada de Iriarte. niches y Celso Lucio, con música del
El monstruo que a todos asombra se va maestro Brull. En el trasfondo de dicha
apropiando de nuevos territorios para la obra estuvo sin duda la presencia en Ma-

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drid desde 1880 del primer edificio desti- medios y series culturales, pues si la con-
nado a acoger panoramas, el llamado Gran figuración del texto literario no ha sido
Panorama Nacional, instalado en el Paseo inmune en el transcurso del tiempo a los
de la Castellana cuyo primer tema fue el estímulos formales y de contenido deriva-
de la batalla de Tetuán. dos de los espectáculos ópticos, también
Luis Miguel Fernández advierte nuevos éstos los han recibido de la literatura, en
modos de focalización de la narración de especial del teatro y la narrativa.
textos de Mesonero en los que se observa
una repartición del espacio similar a la que M.ª TERESA GARCÍA-ABAD GARCÍA
posteriormente el cine reconoce como
«montaje». Las miradas soberanas del pa-
nóptico y los panoramas se deslizan a los
modos de narrar al servicio de valores ideo- CANTOS CASENAVE, Marieta (Estudio, selec-
lógicos burgueses y se asocian con la pers- ción y notas), Los episodios de Trafal-
pectiva del narrador omnisciente del XIX gar y Cádiz en las plumas de Frasqui-
capaz en este tiempo de transvasar a la ta Larrea y Fernán Caballero, Cádiz,
escritura casos de simultaneismo espacial. Servicio de Publicaciones Diputación de
Por su parte, el efecto de las conquis- Cádiz, 2006, 205 pp.
tas lumínicas de los dioramas tuvieron un
especial desarrollo en la escenografía ro- En uno de los textos más breves de los
mántica y postromántica habitual en Euro- incluidos en este libro, un escrito fechado
pa desde que en 1820, Isidore Taylor el 9 de mayo de 1814 como contestación
intentara realizar una escenografía panorá- a la Junta de Censura por la publicación
mica en un pequeño teatro parisino apro- de una loa al rey Fernando VII, Francisca
vechando las facilidades de la iluminación Larrea de Böhl de Faber se pregunta si es
de gas, mucho más potente y precisa que subversiva toda palabra que pone falta a
la tradicional de lámparas de aceite. Pese una obra, o, si puestos así, es lo mismo
a su llegada tardía a nuestros teatros, lo decir «Esta casa tiene una ventana mal
que impidió contar con una luz más efec- puesta» o «Vamos a derribar esta casa». La
tiva durante los años de mayor esplendor exaltada salutación de doña Frasquita a un
del Romanticismo, Fernández defiende, no Fernando regresado, publicada en Cádiz en
obstante, el rastro de dichas tentativas en 1814 y que provocó la reconvención de
el proceso creador de Don Álvaro, del aquella Junta, dice mucho del tono de es-
Duque de Rivas, cuyo autor pudo experi- tos escritos y del sentido de su rescate en
mentar durante su exilio. Sea como fuere, esta edición, pues sólo la distancia históri-
de lo que sí hay constancia es del empleo ca y una postura analítica que huya de los
de diversos tipos de panoramas en la de- lugares comunes y que busque la resitua-
coración teatral, en ocasiones sustituyendo ción sin prejuicios de gestos y personas,
a los tradicionales bastidores y telones. pueden hacernos leer de otro modo escri-
Finalmente, con la fotografía y el cine tos así, evitar que propongamos derribar la
se consolida una perspectiva que invita a casa y que, simplemente, reparemos en que
reconsiderar los acercamientos tradiciona- la casa tiene una ventana mal puesta.
les a los fenómenos culturales desde la Ventanas como el ‘cuadro horroroso’
perspectiva intermedial propuesta por Ga- que pinta Frasquita Larrea cuya responsa-
dreault y se plantea la necesidad de una bilidad atribuye a la ‘turba’ liberal sin más
historia de los modos de representación que estudios que el pacto social, que intenta
de cuenta del proceso de transferencia de debilitar el antiguo carácter español y que
formas y contenidos entre los diferentes impone el libertinaje frente al amor. O

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como la aceptación tibia –e ignorante aún esposa de don Nicolás Böhl de Faber a
de que Fernando VII decretaba la abolición cargo de Antonio Orozco Acuaviva en La
de la Constitución de 1812– de un código gaditana Frasquita Larrea. Primera ro-
«si no perfecto, a lo menos hijo de los mántica española (Jerez, 1977), y algo más
desvelos del patriotismo y la filantropía». las piezas narrativas de su hija incluidas en
Opiniones expresadas desde una nueva las Obras completas de Fernán Caballero
conciencia ciudadana que hace que la mu- de la BAE que preparara José María Cas-
jer sienta esa necesidad de interesarse pú- tro y Calvo. Nuevo valor, pues, el de la
blicamente por la cuestión política deján- reunión en este volumen de estos textos:
donos testimonios como los reunidos por proclamas políticas, algún apunte íntimo
Marieta Cantos Casenave en este volumen, como fragmento de un cuaderno de viaje,
quien consigue que los apreciemos en su esa loa a Fernando VII, relatos, cartas...
justo sentido histórico y que valoremos la Son dos lados interesantes los que plantean
actitud combativa de estas mujeres. ambos bloques, el de la madre y el de la
El conjunto de los textos compilados hija. Por un lado, los escritos políticos de
está compuesto por una docena de escri- Frasquita Larrea son de muy diverso ori-
tos de ese carácter político de Francisca gen, todos muy breves, y centrados prin-
Larrea y tres relatos de su hija, Cecilia cipalmente en la exaltación patriótica. Por
Böhl de Faber, «Fernán Caballero», y res- otro lado, Cecilia nos ofrece ejemplos de
ponden, como señala Marieta Cantos Ca- narración trufada de sentido político, con
senave, «a esos dos acontecimientos inau- mayor elaboración literaria.
gurales de la conciencia ciudadana y del Los textos de Frasquita Larrea editados
nacimiento del patriotismo moderno: el por Marieta Cantos son: «Una aldeana es-
combate de Trafalgar y la Revolución Es- pañola a sus compatricias» (1808), Saluda
pañola desde el levantamiento del dos de una andaluza a los vencedores de los ven-
mayo, inicio de la Guerra de la Indepen- cedores de Austerlitz (1808), «Chiclana»
dencia, a la proclamación de la Constitu- (1811), Fernando en Zaragoza. Una visión
ción de Cádiz y la derogación posterior (1814), «Contestación a la Junta de Cen-
con la subsiguiente represión del liberalis- sura» (1814), «El General Elio o lo que
mo doceañista. Todo ello visto por dos son los españoles» (1814), «Fragmento es-
mujeres, madre e hija que, aun de carac- crito el día de San Fernando» (1814), «Al
teres muy diferentes, compartieron una autor del Español» (1814), «Carta al autor
misma ideología tradicionalista y una es- del Español» (1814), «Otra vez Napoleón»
pecial inquina anticonstitucional, por su (1815), «Carta a un joven. Contestación
afección al sistema patriarcal del Antiguo sobre el Obispo de Orense» (1815) y «Car-
Régimen.» Un conjunto que, en palabras ta a un amigo analizando la proclama del
de la compiladora, tiene como objetivo que Señor Jefe político Jáuregui después del
captemos la diversidad y complejidad de horroroso atentado del populacho contra el
aquel momento histórico fuera de su «re- Sr. Obispo y otras personas respetables de
membranza simple y monolítica» (p. 14). Cádiz» (1820?). Y los de su hija Cecilia:
Por ello, ese primer valor ya señalado de La madre o el combate de Trafalgar
lograr en el lector una actitud distinta ante (1835), Magdalena y Un servilón y un li-
hechos de tan varia revisión en la histo- beralito, o Tres almas de Dios (1855).
riografía contemporánea. Van precedidos de un estudio de casi
El libro es edición principalmente de setenta páginas como introducción, que ana-
unos textos de localización dispersa y, en liza el contexto literario de la primera mi-
algún caso, difícil. Treinta años tiene ya la tad del siglo XIX en relación con el trata-
recopilación anterior de los escritos de la miento, por ejemplo, de asuntos patrióticos

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o de episodios como el desastre de Trafal- su otra epístola sin fecha en la que anali-
gar; y que también es una aproximación za una proclama publicada por el goberna-
biográfica a las dos figuras editadas. El dor Jáuregui. De distinta índole son las
mayor interés de los textos de la autora de cartas que dirige a Blanco White y que
La Gaviota repercute en el tratamiento crí- certifican una significativa percepción del
tico en estas páginas, que se centran en el patriotismo desde un lado ideológico dife-
repaso por el recorrido literario de Trafal- rente al del autor de El Español.
gar a Cádiz y en el análisis independiente El contexto de la conmemoración del
de los tres escritos de Cecilia Böhl de Fa- bicentenario doceañista enmarca la publi-
ber, el ejemplo de La madre, «entre la épi- cación por parte de la Diputación de Cá-
ca y el patetismo sensible», el folletín de diz de esta edición, que es, finalmente, un
Magdalena, y la visión caricaturesca del trabajo riguroso y útil de rescate y de aná-
legado de las Cortes de Cádiz en Un servi- lisis de textos poco divulgados de estas dos
lón y un liberalito, de los tres el que me- protagonistas de la historia de las ideas de
jor parece combinar la voluntad literaria con la España convulsa de la primera mitad del
la tesis ideológica. La introducción crítica siglo XIX y que se fundamenta en un pro-
a los tres textos los sitúa oportunamente en fundo conocimiento de esta dos figuras
el contexto biográfico y literario de la au- femeninas y de su entorno socio-literario,
tora, y se detiene en analizar algunos de sus lo que ha demostrado la autora, Marieta
procedimientos de manera muy sugerente Cantos en estudios previos como su libro
para el lector interesado; así, la intención Fernán Caballero, entre el folclore y la
patético-realista del relato sobre Trafalgar, literatura de creación. Del cuento a la
el sevillano cuadro de costumbres de Mag- relación (Cádiz, 1999), su trabajo incluido
dalena, o la depuración de técnicas narrati- en el volumen del encuentro gaditano «De
vas, algunas muy cinematográficas, o el uso la Ilustración al Romanticismo» de 2002
del diálogo, en el cuento sobre el joven sobre «El patriotismo anticonstitucional de
liberal «convertido». una mujer gaditana: Frasquita Larrea» (Cá-
Se nota, pues, que son los escritos de diz, 2004) o su contribución «La figura de
Cecilia Böhl de Faber que se seleccionan la mujer en el Cádiz de las Cortes: entre
en esta edición de Marieta Cantos Case- la realidad y el deseo», en el volumen
nave los que verdaderamente tienen inte- colectivo Mujer y deseo: representaciones
rés como precedentes de la narrativa his- prácticas de vida (Cádiz, 2004).
tórica contemporánea, que luego tendría en
Alarcón o Galdós notables cronistas. Otro M IGUEL ÁNGEL LAMA
valor, por consiguiente, de esta edición que
llega desde Cádiz a completar nuestra his-
toria literaria con un retal de singular tras- REINA LÓPEZ, Santiago, Manuel Reina. Ca-
cendencia. Sin embargo, en los textos de talogación completa de su obra. Análi-
su madre que se aportan aquí como testi- sis de su poesía en el tránsito al Mo-
monios de un momento histórico, es más dernismo, Córdoba, Diputación de Cór-
visible la motivación litigante o por des- doba, 2006, 1.366 pp.
agravio, y su ámbito de recepción, en al-
gún caso –pues la editora pone ejemplos En ocasiones la crítica literaria y las
de alguna amplia difusión de Frasquita recensiones se tornan un acontecimiento
Larrea–, es más reducido y menos trascen- especialmente grato. Este es verdaderamente
dente. Así, la «Carta a un joven» en de- el caso, al ocuparme de dos importantes
fensa del Obispo de Orense, Pedro Queve- publicaciones que resumen largos años de
do, que se negó a jurar la Constitución, o dedicación y estudio por parte de Santiago

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Reina López acerca de la obra de su bis- poeta modernista. Y además incluye la


abuelo el poeta modernista Manuel Reina. obra completa de Reina: poesía, prosa, tea-
Tuve el honor de dirigir la tesis de tro y epistolario, con indicación precisa de
Santiago Reina sobre su ilustre antepasa- las fuentes de donde se toman y las dis-
do. Puedo dar constancia por tanto del tintas versiones de los textos.
exhaustivo trabajo, realizado con devoción A descubrir la lírica de Reina, de diá-
admirable, que realizó sobre el poeta. La fana sencillez compatible con un esteticis-
suya fue una tesis de maestría, de las que mo admirable, propio del arte por el arte
ya no se hacen, que le ocupó casi treinta finisecular, que representa lo mejor de
años si la memoria no me falla, y su lec- nuestro modernismo.
tura pública fue un pequeño acontecimien- Ya en los preliminares Santiago Reina
to en la ciudad de Córdoba en donde este comenta que en su poder se encuentran, en
profesor reside. El profesor Reina pertene- Puente Genil, la mayor parte de los docu-
ce asimismo desde su creación en 1992 al mentos que se conservan sobre su antepa-
grupo de investigación Andalucía Literaria sado, y debe insistirse en la dedicación
que yo mismo dirijo. Lo que nos presenta completa y admirable con que ha cuidado
ahora es el texto de dicha tesis doctoral. este legado.
Con este voluminoso libro los entusiastas Por otro lado también debe hacerse pre-
de nuestro fin de siglo XIX y adeptos a la cisar que este hermoso volumen nos apor-
estética modernista están de enhorabuena. ta textos del poeta de muy difícil acceso,
Sí debo precisar que hay dos aspectos que ahora se ofrecen al alcance del lector
que no hacen justicia a este soberbio tra- interesado.
bajo. El primero es el título del libro, que Efectivamente sólo se podía hasta aho-
puede llevar a una impresión equivocada de ra consultar su primera obra Andantes y
que se trata de un centón bibliográfico, Alegros (1877) en reducida edición en
cuando la verdad es que constituye un en- Puente Genil (1977), la segunda Cromos y
sayo inteligente y lúcido, escrito desde la acuarelas (1878) en otra edición local en
sabiduría y el buen gusto, y que incluye la Puente Genil (1997) que prologó el propio
recopilación de la obra completa de Reina, Santiago Reina, y su obra fundamental La
de la que además se incluyen numerosos vida inquieta (1894) no ha sido reeditada
textos inéditos que avaloran el proyecto. El hasta 2003 salvo la selección de Richard
segundo aspecto a que hacía referencia tie- Cardwell (Exeter, 1978). Santiago Reina se
ne que ver con los criterios de composición ocupó en 1984 en la reedición facsímil por
tipográfica del libro que resulta excesiva- Diputación de Córdoba de La canción de
mente voluminoso y poco manejable debi- las estrellas (1895), Poemas paganos
do a los criterios estéticos de la colección (1896) y Rayo de sol y otras composicio-
en que aparece. A ello va unida la dificul- nes (1897). Nunca se han reeditado sus dos
tad de lectura, por el tipo de letra excesi- últimos libros de poesía: El jardín de los
vamente moderno y diminuto, de los inte- poetas (1899) Robles de la selva sagrada
resantísimos textos críticos del profesor (1906). Hay además una gran cantidad de
Santiago Reina, a quien en absoluto puede poemas y de prosa de creación que sólo
hacerse responsable de estos hechos. Pero vieron la luz en revistas y periódicos, de
en todo caso se trata de una bella edición, los que sólo la antología de Eduardo de
cuyo contenido además, como veremos en- Ory (1916) y la tesina de Francisco Agui-
seguida, la hace altamente recomendable. lar Piñal (Madrid, Editora Nacional, 1968)
De entrada hay que dejar claro que este recopilan algunos.
es el estudio más completo y abarcador Santiago Reina alude a la dificultad
que se ha podido dedicar a la figura del añadida de la gran cantidad de revisiones

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RESEÑAS DE LIBROS 663

que hace el poeta sobre su obra. De su él todo un semillero de referencias a auto-


teatro en verso se conservan manuscritos res de la época, vinculadas al decurso cro-
que no fueron editados ni representados nológico y biográfico del poeta que se re-
con excepción de El dedal de plata construye de un modo verdaderamente por-
(1883).Y la obra en prosa de su antepasa- menorizado, y con admirable sabiduría. A
do no ha sido estudiada ni citada: cuentos ello se une una completa elucidación de
cortos, pensamientos, frases que publicaba temas y motivos, e incluso de los aspec-
en la prensa, artículos de crítica literaria. tos métricos propios de la musicalidad de
La prosa me recuerda en cierto sentido al la poesía modernista que Reina cultivó,
Valle modernista de la primera época, y porque no olvidemos que el único sentido
también a los hermosos cuentos de Rubén de la métrica radica precisamente en la
Darío que creo pueden aún leerse en la relación entre poesía y música, tan queri-
reedición que hizo Fondo de Cultura Eco- da a los representantes de dicho movimien-
nómica y que recomiendo efusivamente al to literario.
lector de estas líneas. Si las primeras 253 páginas de este li-
El profesor Santiago Reina nos pone en bro contienen una sugerente aproximación
antecedentes respecto a la dificultad con analítica a la obra de Reina, desde ese
que se ha encontrado en su trabajo, un li- momento hasta el final del volumen la
bro imprescindible para todos los amantes parte más extensa del mismo incluye una
y estudiosos de la literatura modernista inapreciable colección de todos los textos
española. del autor de que se tiene noticia, tanto de
El volumen que comento responde a un los publicados en libro como de los des-
plan inteligente en su sencillez, y a una perdigados en publicaciones muy diversas
perfecta estructura. Se abre con una breve que el profesor Santiago Reina ha rastrea-
biografía del poeta. Luego se aborda un do con minuciosa dedicación y que recoge
completo estudio de su poesía, en la que según un riguroso criterio cronológico, con
se distinguen seis etapas, con las caracte- valiosas indicaciones de las fuentes en que
rísticas anejas para una elucidación de la puede encontrarse cada texto e incluso de
obra. Hay en dicho estudio una completí- las fechas de su redacción.
sima serie de referencias intertextuales, Como dije antes, además de la recopi-
tanto en lo relativo a autores coetáneos de lación de poemas se contiene la prosa,
habla hispana como de otros países, con separada en artículos, narraciones y frases;
especial atención –no podía ser de otro cuatro obras teatrales (César y Pompeyo,
modo– a los de habla francesa. También un El dedal de plata, Los seductores y El
amplio catálogo de referencias a estudio- collar de diamantes); y como colofón cien
sos actuales de la época modernista. Lás- páginas de epistolario con cartas de Ma-
tima como digo la dificultad con que se nuel Reina y cartas a Manuel Reina, al que
encuentra el lector para poder leer las no- sigue una completa bibliografía. Todo ello
tas, diminutas en esta tipografía que los con unos completos índices muy útiles.
impresores han elegido, y que obstaculizan Resulta por tanto este un trabajo inapre-
la comprensión de interesantes acotaciones ciable por su valor y su rigor, que habla de
de detalle y valiosas sugerencias llenas de una dedicación amorosa a la figura de un
cultura y conocimiento de la época litera- escritor que hay que rescatar para mejor
ria y sus precedentes. La vinculación de comprender la época tan rica en que vivió.
Reina con la literatura francesa en Reina Como complemento a este volumen,
es especialmente relevante. debe mencionarse una bellísima edición
Pero este libro contiene aportaciones facsimilar, en formato grande y lujoso, esta
aún más importantes por cuanto se halla en vez sí con un planteamiento estético im-

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664 RESEÑAS DE LIBROS

pecable, de la revista La Diana (Córdo- Me resulta muy curioso en esta revista


ba, Diputación, 2005 –aunque editada en que en ella aparezcan los textos más impor-
2006–) al cuidado igualmente del profesor tantes para la definición del naturalismo en
Santiago Reina. España, como el muy conocido y brillante
Manuel Reina se nos muestra aquí como artículo de Clarín con ese título (n.º 1, 1
un precursor del modernismo en España, febrero 1882), o las numerosas referencias
antes de la difusión de los textos de Rubén a la obra de Zola que firman escritores
Darío, y muy vinculado a la literatura fran- menores como Adolfo Posada. Ello cuando
cesa. Reina fundó La Diana, hermosa re- la propia obra poética de Reina le encami-
vista de estética modernista en la que cola- nará más tarde a ser el más importante pre-
boraría un amplio plantel de escritores de cursor del modernismo, referente claro para
la época que le ofrecieron así su amistad. el primer Juan Ramón junto a Santiago
La Diana se publicó con una periodi- Rueda que como sabemos recibió al poeta
cidad quincenal desde 1 de febrero de 1882 de Moguer en Madrid apenas llegado a la
al 22 de enero de 1884, apareciendo vein- capital. Por esto la otra faceta estética que
ticuatro números. Diez años después publi- aparece en La Diana es la relativa a la obra
cará Reina su obra maestra, La vida in- de Baudelaire y Verlaine, que informará la
quieta. Pero en cuanto a La Diana, tenga- obra de los modernistas españoles, que
mos en cuenta, añadiré por mi parte, que aprendieron aquí las raíces de su sentido de
precisamente en esta época es cuando sur- la belleza y la literatura.
ge el naturalismo en España, por influen- La Diana es así un reflejo importantí-
simo de la evolución del naturalismo de los
cia tardía de Le roman expérimental, au-
mayores hacia los atisbos de una nueva
téntico manifiesto y exposición de ideas
estética, la modernista. Se trata por tanto
estéticas de Emilio Zola de amplia reper-
de un testimonio de fundamental importan-
cusión en La Regenta de Clarín, según he
cia para la mejor comprensión de esta épo-
podido estudiar en otro sitio. Pero resulta
ca fin de siglo, con toda una rica proble-
curioso que en plena época naturalista en
mática estética e ideológica aneja. Precisa-
España, con los escritos conservadores –y
mente aquí se hace compatible la ideología
valiosos– de Pardo Bazán, que por esto
social del naturalismo con la visión estéti-
mismo no pueden ser considerados como
ca del arte por el arte de los precursores
naturalistas –siendo el naturalismo ateo, del modernismo, y se puede seguir en es-
materialista, antimetafísico, científico y tas páginas la interesante evolución que se
determinista–, Reina se adelanta a su mo- da de uno a otro hito literario.
mento histórico y aboga por una nueva Por otro lado la gran cantidad de auto-
estética, la que triunfaría poco después con res extranjeros de que se da noticia en La
el Modernismo. Diana nos habla del cosmopolitismo de
Reina se nos presenta aquí como mo- una juventud que luchaba por romper con
nárquico alfonsino, partidario de las ideas los rígidos corsés de las tendencias nacio-
de Sagasta, de un liberalismo moderado. nales que iban a renovar.
Entre el importante elenco de colabora- En fin, esta hermosa edición facsimilar
dores: Ortega Munilla, Clarín, Pérez Galdós, es otro regalo inapreciable que el profesor
Pereda, Echegaray, Julio Nombela, Emilio Santiago Reina ha dedicado a los estudio-
Castelar, Pi y Margall, Ventura Ruiz Agui- sos de una época que, también aquí, habría
lera, Cánovas del Castillo, Fernández Shaw, que mirar con ojos nuevos, abierta como
Salvador Rueda, José Zorrilla, Mariano de está a jóvenes investigadores que ofrezcan
Cavia, y un largo etcétera de figuras me- una nueva comprensión de la misma.
nores de muy diversas ideologías aunque
con el predominio de la liberal. D IEGO MARTÍNEZ TORRÓN

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RESEÑAS DE LIBROS 665

HIBBS, Solange y Monique MARTÍNEZ, Tra- traducción literaria desde su perspectiva


duction. Adaptation. Réécriture dans le personal al traducirse al castellano; también
monde hispanique contemporain. Ouver- escribe su traductora al castellano, Luisa
ture par Henri Meschonnic, Toulouse, Cotoner. Si la perspectiva de C. Riera, des-
Presses Universitaires du Mirail, 2006, de la ciencia, es más bien reticente sobre
446 pp. la traducción (aunque asegura que le gusta,
evidentemente, ser traducida), Mariasun
Es de sobras conocido el trabajo inten- Landa evoca su transcurrir vital entre dos
so que llevan a cabo los hispanistas univer- lenguas (euskera y castellano) como algo
sitarios franceses. El libro que aquí se rese- muy enriquecedor: un sentido de hospitali-
ña constituye las Actas del XXXII congre- dad. María Luis Gamillo reflexiona sobre el
so de la Sociedad de Hispanistas franceses proceso de auto-traducción del escritor ga-
(que se reúne cada dos años), celebrado en llego Manuel Rivas y ofrece comparaciones
la Universidad de Toulouse le Mirail en de fragmentos literarios de la obra original
2005, de la mano de Solange Hibbs. y traducida y las explica desde la perspec-
Al final del volumen, el Presidente de tiva lingüística e ideológica. También cons-
la Sociedad, Georges Martin, sintetiza lo tituye una reflexión desde la ciencia el ar-
que constituyó ese congreso, centrado en tículo de Martine Roux sobre la auto-
el universo de la traducción como práctica traducción del escritor gallego Álvaro Cun-
cultural y como objeto de estudio. No po- queiro centrada en su obra Merlín e fami-
día ser de otra manera, pues es bien sabi- lia e outras historias, con una conclusión
do que la organizadora del congreso y su positiva sobre el proceso.
equipo destacan especialmente por sus Un apartado considerable del capítulo
aportaciones científicas en este campo. dedicado a los aspectos literarios, sin em-
El libro tiene como objetivo compagi- bargo, está dedicado al proceso de la tra-
nar las reflexiones más teóricas (la traduc- ducción en teatro a partir de obras litera-
ción strictu sensu) con su práctica (a me- rias españolas del siglo XX. Así, aparece una
dio camino entre el portento interlingüísti- reflexión sobre las dificultades de encarnar
co y la imposibilidad de la traducción el personaje de un fantasma (en el cuerpo
total) y su complejidad en los campos so- del actor) en la representación de Rezaga-
ciales (autor, traductor, editor...) y encuen- dos de Ernesto Caballero y se analizan las
tra, además, su unidad en la reflexión cen- dificultades y retos de la puesta en escena
trada exclusivamente en el siglo XX y en (un trabajo ya de traducción filológica, afir-
la aportación, a modo de conferencia in- ma Antonia Amo) de Sangre Lunar de Sán-
augural, de un trabajo de Henri Meschon- chez Sinisterra en el teatro de la Digue, en
nic, «Traduire: écrire ou désécrire». Toulouse, en 2004. También ese reto de la
Así pues el mundo de la traducción se puesta en escena es evocado en el artículo
aborda desde sus diversas vertientes. La li- de C. Vasserot, mientras que A. Surbezy
teratura se lleva la parte del león del libro, aborda la problemática de la traducción en
pero la literatura se aborda desde una pers- los subtítulos de obras teatrales escenifica-
pectiva abierta también al cine (sobre Sol- das en lengua original (a partir de los ca-
dados de Salamina) y desde una perspecti- sos concretos de Sangre lunar y El grito de
va que tanto incluye reflexiones de estudio- los espejos de M. Llobera) por la compa-
sos universitarios, como de escritores y ñía de teatro «Les Anachroniques» (taller de
críticos. La primera parte del volumen abor- la universidad de Toulouse le Mirail).
da la práctica de la auto-traducción de obras Otro aspecto de la adaptación teatral sur-
catalanas, vascas y gallegas al castellano: ge cuando se representan obras clásicas:
Carme Riera evoca las dificultades de la ¿cómo escenificar un texto de Calderón (La

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vie est un songe, adaptación en verso de El último gran apartado del volumen
Benito Pelegrín) hoy en día? A esta pregun- está dedicado a estudios que abordan el
ta responde C. Egger a partir de una refle- problema cultural y el ideológico en el
xión basada en fragmentos concretos escogi- terreno de la traducción: cómo Diego Sán-
dos por su carga simbólica. Sigue a este chez de Badajoz adapta diversos episodios
estudio la reflexión del propio Pelegrín re- del Antiguo Testamento en una obra tea-
flexiona sobre la adaptación (Faust vainqueur tral de carácter didáctico (Farsa de Abra-
ou le procès de Dieu) a partir de un clásico ham, 1554); cómo Chateaubriand se inspi-
como El mágico prodigioso de Calderón. ra, para Les Aventures du dernier Abencé-
Además de la literatura en sí (señale- rage, del episodio El Abencerraje incluido
mos asimismo el análisis sobre las posibi- en La Diana de Jorge de Montemayor;
lidades de traducir el ritmo en poesía a cómo se traduce o adapta, en España, el
partir de Los placeres prohibidos de Cer- teatro de boulevard en los primeros años
nuda o el análisis comparado de diferen- del siglo XX... S. Saillard cierra el aparta-
tes versiones al francés de la poesía de San do estudiando cómo se adaptó o tradujo
Juan de la Cruz), el volumen aborda el L’Assommoir de Zola en el teatro madri-
caso de la traducción especializada dentro leño y barcelonés de finales del siglo XIX.
de los estudios lingüísticos (C. Vicente), En fin, la síntesis hasta aquí expuesta da
mientras que C. Núñez se interroga sobre fe de la riqueza científica del volumen.
la palabra española, «que», como giro in- Estamos, pues, ante una obra que leerán con
dependiente y sus posibilidades de traduc- provecho los estudiosos de la lengua y de
ción al francés a partir de Cinco horas con la literatura españolas (aunque hay también
Mario de Delibes. algunas contribuciones referidas a la litera-
Más espacio se dedica al status del tra- tura hispanoamericana), pero también los
ductor en el mundo hispánico: Jean Portan- especialistas en el campo de la traducción
te y Renaud Cazalbou se interrogan sobre y de su historia pues el terreno propiamen-
la figura del traductor, a veces denostada, te creativo de la traducción se aborda sin
siempre necesario sin embargo. Marie-Noë- olvidar el terreno cultural y social (retos
lle Costa aborda los límites que la edito- económicos, políticos e ideológicos) y los
rial impone al traductor a partir del ejem- aspectos de teoría de la recepción.
plo de la edición en Francia del Spill de En todos los casos, no se trata –por
Jaume Roig, mientras que T. Faye estudia parte de los diferentes estudiosos– de adop-
cómo la traducción influencia la recepción tar criterios prescriptivos sino descriptivos,
del original, a partir del ejemplo del Can- perspectiva que nos parece la más acerta-
tar de Mío Cid, en castellano actual y en da en el ámbito de algo tan vivo (y por
versión de Camilo José Cela. Por su par- tanto) tan movible como la lengua y, por
te, M. Roig estudia las dos traducciones ende, la traducción.
del Buscón de Quevedo, por parte del mis-
mo traductor, Germond de Lavigne, 1843 M ARTA GINÉ JANER
y 1868 y ofrece una explicación a tal pro-
ceder. S. Baulo observa cómo se condena-
ba la traducción en la España de los años DÍAZ FERNÁNDEZ, José, Prosas, Introduc-
treinta del siglo XIX pues se la considera- ción y selección de Nigel Dennis, Ma-
ba corruptora del idioma español. Cierra el drid, Fundación Santander Central His-
capítulo una interesante contribución de I. pano, 2006, pp. 489.
Taillandier sobre las traducciones de tex-
tos literarios españoles en Francia entre Hablar de literatura en los tiempos en
1975 y hasta el final del siglo. que vivimos no deja de ser, como en cual-

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RESEÑAS DE LIBROS 667

quier época de la existencia humana, sentir «Nuevo Romanticismo», como una amplia
la conciencia ética o estética del Hombre. corriente artística y cultural de signo com-
Así, rememorar letras y pensamientos de prometido que se extiendía por Europa y
unos escritores, en un pasado cercano, y América desde el comienzo de los años
cercenados al olvido por cuestiones políti- veinte. Esta obra de Díaz Fernández era
cas es hoy una alegría para cualquier aman- una tesela más de su incipiente universo
te de la sabiduría de un pueblo. José Díaz literario, ya que un año antes, con la pu-
Fernández es uno de esos escritores, que blicación de La Venus mecánica había des-
vivió y sufrió nuestra literatura de entregue- tripado el Madrid de la Dictadura, con in-
rras. Sus dos novelas, El blocao (1928) y tención crítico-satírica, desde el ámbito
La Venus mecánica (1929) y su libro ensa- político, artístico y social. Los escritores de
yístico, El nuevo romanticismo (1930) son este nuevo movimiento artístico reaccionan
obras fundamentales en el proceso de su- fuertemente ante los cambios surgidos en
peración del vanguardismo español. la estructura social de ese primer tercio de
Este escritor salmantino de Aldea del siglo. Al igual que sus coetáneos, los es-
Obispo nació en el mítico año de 1898, fue critores vanguardistas de los ismos :èsu-
diputado por el partido Radical-Socialista, rrealismo, expresionismo, futurismo, da-
primero, y por el partido fundado por Ma- daísmo, etc.:è los escritores del «Nuevo
nuel Azaña, Izquierda Republicana, des- romanticismo» intentan crear un arte para
pués. Destinado a Marruecos en pleno con- rehumanizar, para llegar a todos los hom-
flicto colonial, a su regreso trabajó como bres, el ser colectivo, que se halla inmer-
articulista literario en el periódico El Sol. so en una crisis de valores insufrible. Este
Fundó la revista Post-guerra y participó en cansancio de vivir, el descontento vital y
la fundación de «Ediciones Oriente», en el desconcierto se pueden superar con el
1928 y cuya dirección asumió el futuro deseo de movilizarse por un amor, como
troskista Juan Andrade. Su compromiso afirmaba Díaz Fernández «dilatado y com-
político le llevó a tomar parte en revuel- plejo fruto del progreso humano y de la
tas estudiantiles y en las sucesivas conjuras depuración de las relaciones sociales» que
contra la dictadura de Primo de Rivera. «será el eje de la gran comunidad univer-
Condenado a tres meses de cárcel en la sal» Se trata, pues, de un crear un nuevo
Modelo de Madrid y otros tantos meses de orden social donde prevalezca la vida so-
destierro en Lisboa, en 1929. Fue diputa- bre la muerte. Díaz Fernández piensa en
do por Asturias (1931-33) y por Murcia en una nueva revolución romántica, al modo
1936. Durante la Guerra Civil ocupó car- de Los miserables de Victor Hugo, Los
gos relacionados con el mundo cultural, misterios de París de E. Sue o las novelas
editorial y de prensa, como la secretaría de Balzac. El eco del ensayo de Díaz Fer-
política de Instrucción Pública o la Jefatu- nández El Nuevo romanticismo..., a decir
ra de las ediciones del subsecretariado de de Víctor Fuentes, se puede parangonar
propaganda del Ministerio de Estado. En con La deshumanización del arte, de Or-
1939 huyó a Francia. Tras salir de un cam- tega y Gasset o Literaturas europeas de
po de concentración se instaló en Toulouse vanguardia, de Guillermo de Torre.
a la espera de un pasaje para Cuba, pero Desde entonces nuestro escritor propug-
la muerte le sorprendió en febrero de 1941. na un arte literario de «avanzada», frente a
En 1930, José Díaz Fernández postula- una «literatura de vanguardia». En este or-
ba la urgente vuelta al romanticismo, en su den de cosas escribió: «La auténtica van-
ensayo El nuevo romanticismo: polémica guardia será aquella que dé una obra cons-
de arte, política y literatura, que enmarcó truida con todos los elementos modernos
la tendencia literaria de los escritores del :èsíntesis, metáfora, antirretoricismo:ón ar-

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tística el drama contemporáneo de la con- tros jóvenes neoclasicistas estiman demasia-


ciencia universal». Su concepción literaria do la cultura y olvidan con exceso la
se inspira en teóricos y pensadores rusos vida?». Esta decadencia moral de la socie-
como Gorka o Rolland que «supieron vis- dad moderna y de la acomodaticia peque-
lumbrar una nueva civilización, fundada en ña-burguesía se destacó en novelas de la
la justicia humana y sostenida por la liber- guerra de Marruecos, como Imán de Sen-
tad integral del hombre». Arte y acción; der y El blocao (1928) de Díaz Fernández;
desde la pluma a las aulas universitarias, o en los análisis de la crisis de la burgue-
con la intención de aunar a las fuerzas pro- sía ante la revolución inminente, como Cán-
letarias «las únicas con capacidad revolucio- dido, hijo de Cándido (1930) de Manuel D.
naria», y al colectivismo obrero de donde Benavides o un año antes La Venus mecá-
tiene que surgir la «vida nueva» y el «arte nica de nuestro «romántico», José Díaz.
del futuro». Esta comunión entre arte y Conforme avanzaba la década de los
política, tan denostada hoy, era en el pri- treinta algunos escritores del «Nuevo Ro-
mer tercio de siglo XX la panacea de la manticismo» como José Antonio Cabezas,
revolución cultural. No olvidemos que Díaz o el propio Díaz Fernández se vieron so-
Fernández, Ramón J. Sender, entre otros brepasados por los acontecimientos y en el
escritores e intelectuales, solicitaron el apo- caso del escritor salmantino pasó de escri-
yo moral de su causa a Ortega y Gasset. tor revolucionario contra la Dictadura y la
José Díaz Fernández dirigió, junto con Monarquía a un lenguaje proletario y de
Antonio Espina, la revista quincenal Nueva consignas, ubicado en tiempos de la Segun-
España (1930-31), de línea rigurosamente da República. Su literatura será mutilada y
izquierdista, que a partir del número 15, se acosada en los tiempos sucesivos, pero con
convirtió en «Semanario Político-Social», al la restauración de su memoria sería con-
tiempo que se cerraba la influyente revista veniente reconocer que Díaz Fernández
de Giménez Caballero, La Gaceta Literaria. escribió para intentar dignificar las condi-
El 26 de marzo de 1931 se inicia la nueva ciones de vida del oprimido y proponer un
etapa monárquica del periódico El Sol, y cambio de la realidad político y social.
Díaz Fernández, junto con otros redactores
de la talla de Ortega, «Azorín», Pérez de F RANCISCO MARTÍN MARTÍN
Ayala, Gómez de la Serna, Jarnés, Espina,
Américo Castro, etc., y con el director del
periódico Félix Lorenzo «Heliófilo», se ALARCÓN SIERRA, Rafael, Pablo DEL BAR-
marcharon a conformar las filas periodísti- CO y Antonio RODRÍGUEZ A LMODÓVAR
cas de dos nuevos, pero efímeros, diarios: (eds.), Colección Unicaja Manuscritos
Crisol y Luz. de los Hermanos Machado, Málaga,
Son años de luchas frente al capitalis- Fundación Unicaja, 2006, 10 vols.
mo y al imperialismo que, en la «novela
social», hacen destacar a autores como Cé- La publicación de material autógrafo
sar Falcón, Arderíus, Julián Zugazagoitia y siempre es una buena noticia, sobre todo
Díaz Fernández con varios relatos como cuando pertenece a escritores de la talla de
«La largueza», incluido en el volumen co- los hermanos Manuel y Antonio Machado
lectivo Las siete virtudes (1931) y «Cruce (Sevilla, 1874-Madrid, 1947; Sevilla, 1875-
de caminos» (1931). Las orientaciones de la Colliure, 1939). En este caso, es al autor
novela social quedaron descritas magistral- de Campos de Castilla a quien correspon-
mente, en el notable prólogo de Díaz Fer- de la mayor parte de los manuscritos que
nández a Los Príncipes iguales (1930) de ahora presentamos. Esta edición facsimilar
Joaquín Arderíus: «¿No es verdad que nues- con transcripción diplomática, datación,

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RESEÑAS DE LIBROS 669

ordenación y anotación crítica, que inclu- cual se ha publicado una reciente edición
ye una breve introducción, ha sido prepa- facsimilar sin ordenación, transcripción o
rada por un equipo de especialistas en la anotación , llevada a cabo por Alberto C.
obra de los Machado, compuesto por los Ibáñez Pérez (El fondo machadiano de Bur-
profesores Rafael Alarcón (Universidad de gos. Los papeles de Antonio Machado, in-
Jaén), Pablo del Barco (Universidad de trod. de A.C.I.P., Burgos, Institución Fer-
Sevilla) y Antonio Rodríguez Almodóvar, nán González, 2004, 2 vols.).
a los que es lícito añadir la restauradora En suma, estos dos fondos abren una
Carmen Molina. Los diez volúmenes que nueva perspectiva para los estudiosos de
componen esta obra han sido sufragados los hermanos Machado, que ahora tienen
por la Fundación Unicaja, que adquirió en accesibles la mayor parte de los documen-
subasta pública los papeles originales, com- tos originales. Para el caso de Antonio
pletando así todos los componentes que Machado, hay que subrayar que el fondo
aseguran una edición de calidad: un valio- de Sevilla recuperado es el más importan-
so material autógrafo, un nutrido grupo de te, sobre todo si pensamos en la cantidad
especialistas en la materia y una entidad y en el material que incumbe a la poesía.
dispuesta a prestar todo el apoyo que una De este fondo ya teníamos, eso sí, alguna
obra de esta envergadura precisa. noticia, pues varios fragmentos de estos
De estos aspectos, solo me referiré al papeles que guardaba Francisco Machado
primero, aunque no puedo por menos de- fueron publicados en Cuadernos Hispano-
jar de destacar la impecable factura edito- americanos, n.º 11-12, 1949, incluyéndose
rial con que está confeccionada esta obra, aquí también una presentación del denomi-
que no ha dudado, por ejemplo, en publi- nado Cuaderno de literatura, que vivió su
car los cuadernos que componen parte del propia peripecia, como luego explicaremos.
material autógrafo íntegros, aun a pesar de El equipo científico responsable de la
que muchas de las hojas de estos cuader- edición del fondo de Sevilla no ha tenido
nos permanezcan en blanco o hayan sido nada fácil la ordenación de este heterogé-
arrancadas, en el entendido de que estas neo material que describiré brevemente. La
cuestiones pueden guardar claves para ex- peculiaridad de diferentes soportes físicos
plicar la génesis de determinadas obras. (cuadernos y papeles sueltos), la doble
Respecto a la procedencia de estos pa- autoría y, sobre todo, la mezcolanza de
peles, los editores aclaran que se trata del géneros y temas: borradores de obras crea-
conocido fondo de Sevilla (custodiado en la tivas (poesía, teatro y prosa), apuntes de
sede central de la Fundación Unicaja en la estudio sobre Historia, Literatura, Filoso-
capital hispalense), adquirido en 2003 por fía y Aritmética (Antonio Machado sope-
dicha Fundación a los herederos de Fran- só la idea de entrar a trabajar en el Banco
cisco Machado, el menor de los cinco her- de España y se estuvo preparando para ello
manos. Los avatares de estos manuscritos hasta 1906, momento en que decide aban-
machadianos podemos simplificarlos acla- donar este proyecto), o papeles personales,
rando que Manuel Machado se convirtió en entre los que destacan varias cartas con
albacea de la obra de su hermano Antonio destinatarios tan relevantes como Ortega y
y, muerto el primero, fue a parar la mayo- Gasset, Giménez Caballero o Martínez Sie-
ría de los papeles del menor de los dos a rra, conforman un heteróclito corpus que
Francisco Machado. Algunos otros papeles ha sido ordenado de la siguiente manera.
de Antonio se encuentran todavía, junto a Se ha tratado de salvaguardar siempre
la mayor parte del legado de Manuel, en el la autoría (en el caso del fragmento del
fondo machadiano de Burgos (en la Dipu- borrador de La Lola se va a los puertos
tación y la Institución Fernán González), del es curioso observar cómo la doble autoría

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se plasma plásticamente en la diferente gos», en prensa, que nos exime ahora de


caligrafía de los hermanos) y la unidad que glosar torpemente este asunto).
confieren los formatos donde fueron redac- De este modo, el resto de los volúme-
tados los textos (los mencionados cuader- nes (1-9) son los que presentan la mencio-
nos no es raro que incluyan cada uno de nada ordenación. Los tres primeros volúme-
ellos fragmentos de diverso género) y, en nes corresponden a tres cuadernos indepen-
la medida de lo posible, se ha procurando dientes, numerados en la edición del 1 al
ordenar temáticamente los mismos, lo cual 3. En el primero, se recoge lo correspon-
se lleva a cabo diferenciando los textos diente a la etapa de Baeza (1912-1919), y
denominados profesionales y los creativos, en él encontramos borradores y variantes de
estos últimos divididos por géneros litera- poemas, así como reflexiones sobre la poe-
rios, así como los personales. Se trata de sía y el teatro, además de la traducción de
la ordenación más práctica y cabal; sin una balada de Henri W. Longfellow. En el
embargo, a esta difícil tarea hay que aña- segundo volumen, y más extenso, se inclu-
dir la necesidad de disponer el caudaloso yen borradores y versiones de poemas (de
material en diferentes volúmenes para su Nuevas Canciones, sobre todo) y otros es-
publicación. Esto repercute más si cabe en critos en prosa (diversas reflexiones sobre
la dificultad de realizar búsquedas precisas literatura, poesía y filosofía, además de un
de determinados textos, algo que se podría fragmento de un borrador de carta a Orte-
haber solucionado con un índice que espe- ga y Gasset), datado todo ello entre los
cificara el contenido de cada uno de los años 1922 y 1924. El tercero está compues-
volúmenes y, puestos a pedir, que apare- to por borradores de poemas escritos pro-
ciera mejor en todos los volúmenes que no bablemente entre 1924 y 1926.
solo en el primero o el último. Tracemos Los siguientes volúmenes siguen una
un boceto de este índice que juzgamos de ordenación por géneros: el cuarto se titula
interés para el lector. Poemas sueltos e incluye numerosos borra-
La obra consta de diez volúmenes, aun- dores y variantes de poemas de Antonio
que hay que señalar que el primero de Machado datados entre 1912 y 1933 (tam-
ellos, numerado 0 y titulado Cuaderno 0. bién se encuentra manuscrito el poema
Poemas Inéditos, es todo él una selección «Resuena Falla», de Manuel Machado). El
del resto que viene a anticipar la relevan- quinto volumen, Prosas sueltas, presenta
cia del material contenido. Especialmente las biografías de Antonio Machado y Nú-
se centra en las versiones de poemas –al- ñez y Antonio Machado y Álvarez –el pin-
gunos son inéditos– de Antonio Machado toresco Demófilo–, abuelo y padre respec-
y en la importancia de todo este material tivamente (vid. la biografía de Ian Gibson,
para los investigadores preocupados en la Ligero de equipaje, Barcelona, Planeta,
comprensión de su proceso de composición 2006, pp. 25-91, que presta una atención
poética (de Campos de Castilla y Nuevas muy especial a los antepasados de Anto-
Canciones, especialmente), que, como es nio Machado), dos manuscritos distintos e
sabido, estaba basado en la continua rees- incompletos del relato «Gentes de mi tie-
critura de los poemas en cuadernillos (so- rra» (1911), la autocrítica a El Condenado
bre estas y otras cuestiones versó el curso por Desconfiado (1924), dos manuscritos
de la Universidad Internacional de Anda- distintos e incompletos también de «Re-
lucía Manuscritos de los Machado, celebra- flexiones sobre la lírica. El libro Colección
do en Baeza entre los días 21-25 de agos- del poeta andaluz José Moreno Villa
to de 2006; sobre el taller poético de An- (1924)», un borrador incompleto de Juan
tonio Machado, vid. Rafael Alarcón, «Los de Mairena, y una significativa nota sobre
manuscritos machadianos de Sevilla y Bur- el asesinato de Federico García Lorca

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(1936). El sexto volumen, Epistolario y mencionado Cuaderno de literatura, que


Teatro, está compuesto por siete cartas repasa la Historia de la literatura española
escritas entre 1912 y 1929, dirigidas a su desde Diego Hurtado de Mendoza hasta
madre (1912), a Gregorio Martínez Sierra Luis Vélez de Guevara, al que acompañan
(1912), a su madre y a su hermano José otras anotaciones sobre diversos autores
(1913), a Alejandro Guichot (1922), a José también de los Siglos de Oro, todo ello
Ortega y Gasset (1924), a Manuel García escrito en torno a 1915.
Morente (1924-1925) y a Ernesto Giménez Como Alfredo Carballo Picazo develó
Caballero (1929). Las dirigidas a Ortega y en un artículo de 1961 («El Cuaderno de
Gasset y Giménez Caballero son fragmen- Literatura de Antonio Machado», Revista
tos. Esta última fue publicada en La Ga- de Literatura, n.º 37-38, Madrid, 1961, pp.
ceta Literaria (n.º 53, 1 de marzo de 1929, 93-102), que los editores olvidan citar, este
p. 1), pero se censuró unas líneas en las cuaderno de literatura no es más que un
que arremetía Antonio Machado contra la resumen de la segunda edición francesa de
juventud literaria del momento y que aho- la History of Spanish Literature de James
ra recuperamos en la nueva edición (p. Fitzmaurice-Kelly (París, 1913; 1.ª ed.,
263). Respecto del teatro, se encuentra el Londres, 1898), obra de gran importancia
manuscrito incompleto de La Lola se va a en la Historiografía literaria española,
Los Puertos, con caligrafía de los dos her- como lo demuestra el hecho de que se tra-
manos, como se ha mencionado, y un frag- dujera al español en 1901 por Adolfo Bo-
mento de La prima Fernanda. nilla con un sustancioso prólogo de Me-
Por último, los restantes volúmenes (7- néndez y Pelayo. Enrique Casamayor pu-
9) reproducen los apuntes de estudio de blicó primero un fragmento en los
Antonio Machado, salvaguardando, como mencionados Cuadernos Hispanoamerica-
en el caso de los tres primero volúmenes, nos y luego el texto prácticamente íntegro
la unidad que confiere su escritura en di- en Bogotá en 1952 sin darse cuenta de que
ferentes cuadernos. El volumen séptimo, se trataba de un mero resumen de la obra
Textos profesionales, agavilla tres cuader- de Fitzmaurice-Kelly. Después de Carballo
nillos (numerados 1-3) que respectivamen- Picazo, en las Obras completas preparadas
te nos presentan apuntes sobre Teoría de por Oreste Macrì –ayudado por Gaetano
la Aritmética, Aritmética mercantil (ambos Chiappini– se reprodujo el texto coteján-
de 1906 aproximadamente) y un programa dolo a doble columna con el texto francés,
de Lengua Francesa, fechado por el autor y corrigiendo el texto original sin dejar
en Soria, de 1910 a 1911, al que acompa- constancia expresa de esta componenda,
ña en un anexo una hoja suelta donde se cosa que se enmienda en esta nueva edi-
listan libros de texto de la misma asigna- ción con transcripción diplomática.
tura. Por su parte, el octavo volumen titu- En fin, como se comprenderá, el con-
lado Cuadernos de Historia, incluye dos tenido de estas obras da para mucho más
cuadernos redactados en torno a 1915 que que una reseña. Otros más autorizados se
resumen la prehistoria general, la Historia encargarán de demostrar en sus estudios
de España desde Fernando IV a Napoleón sobre los hermanos Machado la utilidad
y la Primera Guerra Mundial, a partir del manifiesta de todo el material contenido en
Compendio de Historia Universal de Ma- esta edición (recuérdese el trabajo citado
nuel Sales y Ferré (1883) y la obra de un de Rafael Alarcón). Por nuestra parte, no
autor sin identificar, Camueso. Cierran el queremos dejar pasar la oportunidad de
volumen unas reflexiones filosóficas a par- apuntar, para terminar, la pertinencia de
tir del pensamiento de Bergson. Finalmen- considerar la naturaleza y contenidos de
te, el último de los volúmenes presenta el estos papeles a la hora de completar la, por

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otro lado muy bien analizada, biografía efecto de su gestión política de carácter
intelectual de Antonio Machado. republicano, Rafael Altamira Crevea reunió
Y es que, a nuestro juicio, la lectura de en un libro los textos que había escrito a
estos manuscritos (la caligrafía de ambos lo largo de su vida a propósito de su resi-
hermanos es muy agradecida, aunque no por dencia en Oviedo. Así, en 1949, el poeta
ello deja de ser imprescindible la consulta asturiano Alfonso Camín editó, bajo el
de la transcripción de los editores) sumerge sello de la revista Norte, Tierras y hom-
rápidamente al lector en ese mundo misan- bres de Asturias, uno más de la serie de
trópico de Antonio Machado y su decidida libros que el exilio español diseminó en las
voluntad intelectual (como dato anecdótico, prensas mexicanas. Poco más de medio
digamos que la celebérrima sentencia del siglo después, la Universidad de Alicante
príncipe Hamlet «To be or not to be that y la Universidad de Oviedo, conjuntamen-
is the question» se repite más de una do- te con KRK Ediciones, han publicado una
cena de veces: vol. 1, pp. 139, 147, 193..., nueva edición de esta obra en la cual Xuan
vol. 3, pp. 185, 213..., convirtiéndose en un Cándano incorporó dos escritos que Alta-
trascendental leit motiv de todos estos pa- mira se había lamentado de no tener a
peles), que va más allá del uso terapéutico mano para integrar el libro que dedicó «A
de la escritura o el escapismo de su mo- los asturianos de América». Se trata de
mento biográfico, histórico y social, con ser unas páginas sobre Leopoldo Alas y otras
estos evidentes. Sus numerosos apuntes so- sobre Juan Ochoa. De este modo, la edi-
bre Filosofía, Historia o Literatura, por ción universitaria que ahora reseñamos re-
ejemplo, se nos revelan como un significa- cupera una obra articulada gracias al repu-
tivo testimonio de ese camino de perfección blicanismo español avecindado en México
que insinuara la Institución Libre de Ense- desde 1938, y nos invita a considerarla
ñanza, y que cimienta también mucho más como una fuente documental para quienes
que la preparación del poeta o el docente. se interesan en el estudio de los intelectua-
Estos papeles de los hermanos Machado les que animaron el proyecto de la exten-
son, pues, además de un nuevo filón para sión universitaria y la educación obrera en
los especialistas, una invitación a compar- los claustros de la Universidad de Oviedo.
tir esa senda intelectual encarnada otrora en Rafael Altamira Crevea se desempeñó
los humanistas (como ellos, Machado se entre 1898 y 1910 como profesor de la
atrevió ¡hasta con la Aritmética!), esa es- célebre universidad ovetense. Gracias a
condida senda por donde han ido los po- esta oportunidad, formó parte del recono-
cos sabios que en el mundo han sido: «pre- cido «Grupo de Oviedo», pequeña comu-
dilecto / de la España que [medita] >palpi- nidad de intelectuales universitarios que
ta< / impaciente, / vive y siente / trabaja, hicieron de las aulas al pie del Naranco un
estudia y medita» (vol. 1, fol. 24r y p. 171). foco de irradiación no sólo de sus conoci-
mientos especializados en diversas mate-
A NTONIO MARTÍN EZPELETA rias, sino también, y sobre todo, de una
perspectiva pedagógica alimentada gracias
al krausismo difundido en España por
A LTAMIRA, Rafael, Tierras y hombres de Francisco Giner de los Ríos y la Institu-
Asturias, Oviedo, Universidad de Ali- ción Libre de Enseñanza, de los cuales
cante-Universidad de Oviedo-KRK Edi- estos personajes habían sido discípulos.
ciones, 2005, 565 pp. La educación madrileña de Rafael Al-
tamira lo aproximó a la crítica de las ruti-
Dos años antes de morir en la ciudad nas anquilosadas de la enseñanza españo-
de México, donde se había exiliado como la, gravemente lastrada por un entramado

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institucional conservador y tradicionalista, dades del Grupo de Oviedo a renovar los


llevada a cabo por Fermín Canella, Adol- contenidos de sus disciplinas, modernizar
fo Álvarez-Buylla, Adolfo Posada, Aniceto sus hábitos pedagógicos y sustentar exito-
Sela y Leopoldo Alas, entre otros. La co- samente un programa de extensión univer-
locación laboral de Altamira en Oviedo ha sitaria y de educación obrera. Gracias a los
de entenderse en el cuadro general de la escritos de Altamira estamos en condicio-
transformación de las tradiciones intelec- nes de recuperar el entusiasmo renovador
tuales y la modernización de los universos y el optimismo ilustrado que caracteriza-
conceptuales propios de la vida uni- ron las empresas intelectuales y educativas
versitaria que ocurrió en España hacia el de este grupo. Los universitarios de Ovie-
fin del siglo XIX. do, de acuerdo con esta perspectiva, repre-
Altamira escribió en México este libro sentan uno de los segmentos más notables
como un recurso de la nostalgia. Esta dis- del entorno reformador, crítico y regene-
posición anímica determina la materia y los racionista que se apoderó de España hacia
procedimientos que se advierten en la pri- fines del siglo XIX y principios del XX. El
mera parte de Tierras y hombres de Astu- concurso prestado por este grupo a la causa
rias. Allí se encuentran artículos cuyos española pasa, como dijimos, por el krau-
motivos son el mar, las playas, los fara- sismo y el institucionismo, pero también se
llones y las islas de la costa asturiana: el conecta con la tradición genuinamente ove-
paisaje marino cercano al domicilio de tense de educación popular y asistencia
descanso de Altamira, situado entonces en pública que es propia de las Sociedades
la desembocadura del Nalón. Estas descrip- Económicas de la Ilustración española.
ciones, además de dar noticia a posibles El peso de estas páginas de Rafael Al-
visitantes e inversionistas de la belleza tamira recae sobre las personalidades del
natural de la región, ensayan la evocación ámbito universitario que el autor conoció
de impresiones y estados de ánimo de los y trató durante su paso por la Universidad
cuales no se aparta una intención regiona- de Oviedo. Se trata de Fermín Canella,
lista: el amor y la reivindicación de la tie- Félix Aramburu, Leopoldo Alas, Aniceto
rra. En algunos pasajes, el estilo de Alta- Sela y Adolfo Álvarez Buylla, rectores y
mira es digno de nota. El dominio de sus profesores distinguidos que proyectaron las
recursos expresivos le permite evocar y actividades de la Universidad de Oviedo
describir asuntos de difícil tratamiento li- más allá de las fronteras asturianas con
terario. Tal sucede con los paisajes modes- base en los programas de la extensión uni-
tos del suelo marino que la bajamar deja versitaria. Altamira incluye en este aparta-
al descubierto provisionalmente, tal con el do a escritores como Armando Palacio Val-
repertorio de los sonidos que produce el dés y Ramón de Campoamor, cuyos libros
agua en las diversas formas de su encuen- había reseñado periodísticamente. El escrito
tro con la costa, tal con la paleta de colo- más elaborado de esta sección es el que
res que la luz cobra en el ocaso y en el corresponde a Álvarez Buylla. Esas pági-
amanecer, tal con las maneras diversas de nas, además de constituir un perfil intelec-
la costa: ya suave y arenosa, ya pedregosa tual muy completo del especialista en el
y abrupta, ya escarpada, ondulante... Y así pensamiento y la historia económicos, do-
hasta recorrer los vericuetos de una natu- cumentan el muy acusado sentido social
raleza que sólo el firme empeño de un que caracterizó tanto las pautas intelectua-
naturalista puede llegar a conocer. les como la gestión pública del Grupo de
Los materiales contenidos en la segun- Oviedo. Hablamos de una preocupación
da parte de esta obra son un testimonio de muy viva por la asistencia social y la edu-
la mentalidad que condujo a las personali- cación de la clase obrera que se fortaleció

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gracias al estudio técnico del problema cio de la sociedad. En este sentido, univer-
obrero de acuerdo con el pensamiento so- sidad equivale a patriotismo, sobre todo si
ciológico disponible sobre esta materia en pensamos en los momentos dramáticos que
el periodo y con la tradición social del sacudieron a España alrededor de 1898. En
cristianismo. Los atributos de todas estas segundo lugar, la proyección de los bienes
personalidades coinciden en el tratamiento de la universidad más allá de las aulas, el
de la cuestión social, caracterizado por un currículo y los grados. El programa de la
liberalismo de fuertes matices sociales, una extensión universitaria satisface este propó-
intensa vocación pedagógica, una clara dis- sito educativo y patriótico. Las personali-
posición para la especialización y un com- dades de la Universidad de Oviedo se com-
promiso público muy serio. prometen a dictar clases y conferencias a
Hay un tópico que caracteriza esta sec- «la clase media de la capital y, con ella,
ción del libro: en un hombre de letras, la una representación de la clase alta que al-
competencia intelectual y el caudal de sus canzó incluso a parte de los aristócratas»,
conocimientos ha de apreciarse tanto como y a la clase obrera. El conocimiento espe-
(si no es que un poco menos) las virtudes cializado en diversos ramos salió de las
de orden psicológico, moral y anímico: el aulas para encontrarse con la sociedad con
entusiasmo, la generosidad, el don de gen- el fin de difundir el conocimiento alcan-
tes y de la administración de los recursos zado mediante procedimientos exigentes y
comunes, la alegría. Tal orden de virtudes prolongados, y ampliar el grado de con-
explica, según la versión de Altamira, el ciencia del hombre común sobre el mundo
éxito de la extensión universitaria, la edu- que lo rodea. La tarea de la instrucción
cación popular, las reformas sociales y el obrera se esmera en este último propósito.
prestigio de la Universidad de Oviedo Así, el obrero recibe los conocimientos
como institución de asistencia pública y necesarios para entender su origen históri-
reforma social. co, su estatuto social, los instrumentos ju-
La tercera y última parte del volumen rídicos a su alcance, etcétera. Altamira,
completa estas ideas, pues su asunto es la luego de explicar este programa universi-
enseñanza en Asturias. Es tal la importan- tario, reproduce las listas de profesores y
cia que la educación universitaria tiene materias que tiene a mano, el resumen de
para Rafael Altamira y las personalidades algunas conferencias y las memorias oficia-
a las cuales se asoció durante su estancia les de la Extensión que conservaba, gracias
en la Universidad de Oviedo, que nuestro a los cuales podemos obtener una idea muy
autor se dedica a explicar y a rendir un clara del modo en que esta iniciativa tuvo
informe tan detallado como sus archivos repercusiones en ciudades diferentes de
dispersos se lo permitían de la actividad Oviedo. Así, a la explicación, Altamira
desarrollada por el instituto ovetense bajo añade un fondo documental que concreta
los rectorados de Canella y Aramburu. El nuestro conocimiento.
fenómeno de la extensión universitaria y su En suma, la nueva edición de Tierras
ulterior desarrollo social, la instrucción y hombres de Asturias enriquece las fuen-
obrera, ocupa la parte sustancial de este tes testimoniales de quienes se dedican al
capítulo. Allí se explican las ideas más estudio de un ámbito excepcionalmente
importantes que sustentan la gestión públi- complejo: la transición entre los siglos XIX
ca del Grupo de Oviedo. En primer lugar, y XX en España. Allí confluyen, por lo
la idea de la universidad entendida como menos, el 98, el regeneracionismo, el mo-
una comunidad solidaria, madre intelectual dernismo, el institucionismo y el Grupo de
que nutre a sus hijos y los dispone para Oviedo. La perspectiva de Rafael Altami-
llevar a cabo una tarea común en benefi- ra indica las pautas intelectuales de esta

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comunidad, así como también el tono de mente denostadas– por la crítica literaria
su ánimo. Uno y otras son necesarias para tradicional hasta casi el último tercio de s.
el entendimiento cabal de las tesis sobre la XX; después de que J. C. Mainer subrayara
nueva universidad y la reforma del estatu- la importancia que estas colecciones tuvie-
to disciplinario de las ciencias y las huma- ron en el desarrollo de la llamada Edad de
nidades en esa grave coyuntura española. Plata de las letras españolas, la labor de
catalogación de dichas colecciones como
LEONARDO MARTÍNEZ CARRIZALES herramienta imprescindible para su estudio,
se presentaba en el panorama investigador
actual como una tarea ineludible.
Dentro de esta línea de estudio y de
LABRADOR BEN, J. M., SÁNCHEZ ÁLVAREZ- reconstrucción, se sitúa la colección Lite-
INSÚA, A., Teatro Frívolo y Teatro Se- ratura Breve –dirigida por A. Sánchez Ál-
lecto, Madrid, Consejo Superior de In- varez-Insúa– que, desde 1996, está editan-
vestigaciones Científicas, 2005, 288 pp. do las fichas bibliográficas de las coleccio-
L ABRADOR BEN , J. M., CASTILLO , M. nes más significativas de la época. En los
C., GARCÍA TORAÑO, C., La Novela de últimos meses, han aparecido dos números
Hoy, La Novela de Noche y El Folle- nuevos: el primero, dedicado a las colec-
tín Divertido, Madrid, Consejo Superior ciones publicadas por la barcelonesa Edi-
de Investigaciones Científicas, 2006, torial Cisne (Teatro Frívolo y Teatro Se-
372 pp. lecto) y, el segundo, dedicado a la labor
del editor Artemio Precioso (La Novela de
La investigación de la historia cultural Hoy, La Novela de Noche y El Folletín
española de principios de siglo XX ha he- Divertido).
cho posible que hoy podamos reconstruir Tras el subtítulo que acompaña al pri-
el proceso por muchos calificado de «re- mero de los volúmenes, «La producción
volución cultural» o, de manera más con- teatral de Editorial Cisne, Barcelona (1935-
creta, «revolución de la industria editorial» 1943)», encontramos una breve introduc-
que se dio en esta época y que hizo posi- ción en la que los dos autores explican el
ble la universalización de la cultura espa- surgimiento de este tipo de series de «tea-
ñola mediante la oferta de lo que se con- tro para leer» en el contexto de las colec-
virtió en la forma más barata de ocio: la ciones de anteguerra –algunas de las cua-
lectura. Uno de los síntomas más claros les ya han sido catalogadas en números
que nos han ayudado a intuirlo, es la gran anteriores de esta misma colección: La
cantidad de colecciones de literatura breve Novela Teatral (1), o La Novela Cómica
que se suceden en el primer tercio de si- (3)– para después pasar a analizar más
glo y que abarcan variedad de géneros: detalladamente las dos series de las que se
novela, teatro, poesía, pero también nove- ocupa. Teatro Frívolo fue la única dedica-
lizaciones de cine mudo, de sucesos histó- da exclusivamente a la publicación de li-
ricos y biografías. bretos del subgénero de la revista; desde
A pesar de los beneficios que el desa- diciembre de 1935 hasta agosto del año
rrollo de esta industria tuvo para la litera- siguiente, publicó veintinueve números en
tura española (la incorporación de gran los que se combinaba el texto con fotogra-
número de autores, la expansión del públi- fías, bien de las intérpretes, bien de algu-
co lector por el abaratamiento de los cos- na escena de su representación con el fin
tes, la dignificación de la profesión del de que los lectores pudieran hacerse una
escritor, etc.) estas obras han sido insisten- idea de lo que sería el espectáculo en su
temente silenciadas –cuando no directa- totalidad ya que, tanto las partituras musi-

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cales como las indicaciones de los elemen- tillo seguidas de los índices de autores,
tos de escenificación no se recogían en sus títulos, prologuistas e ilustradores.
páginas. La catalogación de los sesenta y dos
El carácter de la colección Teatro Se- títulos que integraron La Novela de Noche
lecto, iniciada por Cisne en el mismo mes (1924-1926) y el estudio introductorio que
que la anterior, fue muy diferente; hasta la precede está realizada por C. García
noviembre de 1936, publicó treinta y dos Toraño que nos ofrece una panorámica,
obras de autores reconocidos que, normal- tanto del contexto literario en el que apa-
mente, ya habían sido editadas en colec- recen, el de las diferentes colecciones de
ciones más importantes: Benavente, Arni- literatura erótica y galante de la época –y
ches, Marquina, Azorín... Después de su- los problemas con la crítica y la censura a
primir de sus catálogos obras y autores la que fueron expuestas–, como una carac-
comprometidos, es de las pocas coleccio- terización general tomando ejemplos de
nes que consigue reanudar su edición en obras concretas. Las fichas de la cataloga-
los años de posguerra y que logra alcan- ción, que en este caso incluyen un breve
zar los ochenta y cinco números hasta el argumento de cada obra, están seguidas por
año 1943. Además, Cisne publicó también los índices de autores, obras e ilustradores.
pequeñas series que agrupaban, en un vo- Finalmente, se presenta el estudio y la
lumen, obras de un mismo autor: Teatro catalogación de la brevísima colección
Selecto Extraordinario, Teatro Selecto Es- (sólo 5 números de octubre de 1926 a fe-
pecial Extranjero, Teatro Selecto Especial brero de 1927) titulada El Folletín Diver-
Dramático, Teatro Selecto Especial Lírico tido; según señala J. M. Labrador Ben,
y Teatro Selecto Especial Clásico. encargada de este último capítulo, el poco
Tras esta introducción, encontramos en éxito de esta colección y su pronta desapa-
el volumen tanto las fichas bibliográficas rición, se debió a la publicación de auto-
de ambas colecciones, como los índices por res extranjeros poco conocidos por el pú-
autor, compositor, título de obra, de actri- blico español.
ces fotografiadas, de fechas de estreno y Estos dos volúmenes, además, introdu-
de definiciones de las obras dadas por los cen una novedad de gran valor práctico: un
autores. soporte electrónico con un programa de
J. M. Labrador Ben es de nuevo la búsqueda que nos permite acceder de ma-
encargada del estudio introductorio del úl- nera más rápida y exacta a las diferentes
timo número publicado en Literatura Bre- fichas; este programa, CSIC-LITI BUSCA-
ve que lleva el subtítulo de «La labor edi- LIBROS, desarrollado por el Laboratorio
torial de Artemio Precioso»; después de de Innovación en Tecnologías de la Infor-
ofrecer algunos datos biográficos de este mación de la Universidad Politécnica de
personaje, que han sido igualmente repa- Madrid, facilita tanto la utilización de dis-
sados en un estudio reciente de Martínez tintos criterios y campos de búsqueda,
Arnaldos, se centra en su colección más como la impresión de la información re-
importante: La Novela de Hoy (1922- querida.
1932). Con sus 526 títulos, esta serie des- Finalmente, cabe destacar la cuidada
taca por el grandísimo impacto que causó edición que caracteriza toda esta colección
en el mercado editorial madrileño del que y que utiliza, en sus portadas y contrapor-
se adueñó en poco tiempo. Después de tadas, composiciones hechas a partir de las
presentar los datos más significativos so- ilustraciones originales reproducidas en co-
bre sus participantes –escritores, dibujan- lor. De la misma forma, en el interior de
tes, etc.– el volumen recoge las fichas bi- ambos volúmenes, podemos encontrar tan-
bliográficas realizadas por M. C. del Cas- to fotografías e ilustraciones, como imáge-

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nes publicitarias que aparecían en las co- visitados del entramado entre vida y crea-
lecciones correspondientes. ción literaria del autor.
En definitiva, junto a la Bibliografía e La panorámica de los estudios más im-
Historia de las Colecciones Literarias en portantes de la obra del benjamín del 27
España (1907-1957) publicada por el mis- (desde los primeros artículos de presenta-
mo A. Sánchez Álvarez-Insúa hace ya más ción general de su obra, a partir de los
de diez años, la colección Literatura Bre- años sesenta, y la primera tesis aparecida
ve se ha convertido en un referente instru- en 1970, hasta las publicaciones surgidas
mental imprescindible para cualquier inves- en conmemoración del aniversario de su
tigación que se interese por el desarrollo nacimiento en 2005), da a conocer un ma-
de las manifestaciones culturales españolas terial poético que, en palabras de la auto-
de anteguerra. ra, «desemboca en el reconocimiento de
una identidad». Efectivamente, la crítica irá
A NA LOZANO DE LA POLA centrándose paulatinamente en los puntos
cardinales del imaginario de Altolaguirre a
partir de teorías que hacen visible el en-
granaje de un sistema simbólico propio y
BREYSSE-CHANET, Laurence, En la memoria que concentran diferentes perspectivas psi-
del aire. Poesía y poética de Manuel cológicas y temáticas. Reflejo inequívoco
Altolaguirre, Málaga, Centro Cultural del interés suscitado por su obra poética y,
de la Generación del 27, 2005, 277 pp. en el caso de Breysse-Chanet, por la poé-
(Col. Estudios del 27) . tica y los mecanismos que construyen su
voz y elaboran su lenguaje, es también la
Las recientes lecturas críticas de la obra reciente edición de poemarios con novedo-
de Altolaguirre son un signo del vivo in- sos enfoques como los de Poesías com-
terés que despierta este poeta e impresor pletas (y otros poemas) a cargo de James
tan central, y tan distante, en la generación Valender.
del 27. A la vez presente y poco conocido A través de una propuesta de itinerario
(especialmente apreciado por sus compañe- a lo largo de tres décadas de una «vida en
ros de generación), está siendo fuente de poesía», la autora del estudio se plantea
homenajes, congresos y estudios de inves- preguntas esenciales sobre los poemas de
tigadores que parecen tomar la palabra a este autor «descentrado», a través de la
Cernuda cuando consideraba, en 1962, que problemática surgida con la lectura de una
debía rehabilitarse a Altolaguirre, frente al obra aparentemente sencilla. Cómo leer a
desconocimiento de su obra y la tendencia un autor que vuelve constantemente sobre
a considerarlo como poeta menor. Este sus poemas, a modo de Gran Obra, no es
olvido de la obra de un poeta de voz per- una cuestión baladí, y a ella ya se enfren-
sonal, de espacio propio y de un itinerario tó tempranamente Cernuda con la edición
poético de 33 años impulsa la publicación de Poesías completas (1926-1959). Así,
de En la memoria del aire. Poesía y poéti- una de las aportaciones sustanciales del
ca de Manuel Altolaguirre, estudio crítico presente estudio sobre Altolaguirre es, jun-
que resulta fundamental para el conoci- to con la mirada detallada hacia su lengua-
miento de la poesía y la poética del escri- je, la atención a la recurrencia de la repe-
tor malagueño, realizado por la investiga- tición de poemas en distintas obras, rasgo
dora Laurence Breysse-Chanet, Maître de que Laurence Breysse-Chanet supone deci-
Conférences de la Université Paris IV-Sor- sivo en su universo literario: «en poema-
bonne, quien reconstruye cronológicamen- rios que llevan ya en sí su propia memo-
te un intenso recorrido por aspectos poco ria». Poemarios con afinidades con los de

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Juan Ramón Jiménez y Jules Supervielle, convierte en un «poeta de la muerte y más,


especialmente destacadas en el estudio, y poeta del más allá». Por otra parte, de esta
en la tradición de Jorge Manrique, Garci- segunda sección titulada «La fatalidad del
laso, Machado, Lorca, Alberti, Valle-In- ángel» (puesto que el ángel es una imagen
clán, Unamuno, Azorín y otros grandes destacada como central), interesa enorme-
nombres del 98. Como aspecto fundacio- mente señalar el capítulo «El yo y sus
nal de la obra del poeta se subraya tam- paisajes», donde se demuestra que los fun-
bién lo desconcertante de ciertos momen- damentos del universo poético de Altola-
tos de su trayectoria poética y la atracción guirre ya se confirman en «Vida poética»
que este rasgo confiere a su estudio. El y se propone una lectura llena de sugeren-
objetivo de esta investigación es acercar su cias a partir de los elementos fundaciona-
universo poético al lector, hacer más próxi- les de su obra: el agua, el mar, la tierra,
mo el tono particular de Manuel Altolagui- el aire (espacio propicio al ángel), la brisa
rre, de una «sencilla transparencia cautiva- y el viento, el horizonte y las nubes. Con
dora», llena de «inocencia y misterio». gran acierto Breysse-Chanet llama reitera-
La lectura propuesta por Breysse-Cha- damente la atención sobre el aspecto mo-
net recorre tres pasos a modo de itinerario vedizo de los motivos poéticos como ras-
sentido como un viaje desde la iniciación go importante que pone en alerta ante cual-
y educación sentimental malagueña en los quier lectura homogeneizante de la obra,
años 20 hasta la maduración de la obra en destacando la importancia del hecho de que
el exilio mexicano. En la parte inicial ti- en Soledades juntas se repiten por prime-
tulada «El espacio original del canto»se ra vez poemas y señalando, además, una
reconstruye el panorama social, cultural y visión panteísta cercana a veces a Emilio
geográfico del poeta atendiendo al vínculo Prados.
con su Málaga natal, ciudad mágica en el «La encarnación de lo invisible», últi-
imaginario de Altolaguirre y de los poetas ma parte del estudio, ratifica la extraordi-
de su generación; una ciudad con el encan- naria dotación para la lectura crítica de
to de «un lugar más allá de un lugar», poesía de la que está capacitada Breysse-
cuya evocación encabeza un estudio que Chanet, en su dedicación al análisis, poco
pone gran énfasis en este espacio privile- frecuentado, tanto del lenguaje poético y de
giado, epicéntrico, desde donde reseguir los las elecciones léxicas del poeta, de la dis-
caminos que atraviesa su poesía hasta al- posición estrófica, del equilibrio entre po-
canzar una «unidad significativa, un desig- limetría e isometría y del tratamiento de la
nio unitario». rima, como del funcionamiento de los tí-
En un segundo momento la obra pro- tulos y las elecciones tipográficas, reflejo
fundiza, por una parte, en el microcosmos mallarmeano del impresor-tipógrafo en una
del poeta, en la aportación de su imagina- poesía con preferencia por los «micro-poe-
rio y la presencia de una religiosidad fun- mas», caracterizados por un tono general
damental que lo aleja del tono mayorita- de desasimiento y de arrebato, y un movi-
riamente descreído de la generación al que miento de itinerancia que arrastra el poeta
pertenece, en vínculo con la sensibilidad hasta su período mexicano, «donde su obra
española de la tradición de San Juan de la puede ser percibida desde una amplia pers-
Cruz y de Bécquer. El capítulo «La noche pectiva».
oscura de Manuel Altolaguirre» ofrece al Una de las líneas distintivas de este
lector una admirable revisión de la vías de estudio es la proyectada sobre la construc-
espiritualidad mística cercanas a San Juan ción del yo en la obra del poeta, rasgo que
de la Cruz exploradas por Altolaguirre, li- fundamentaría la visión cohesionada de su
gadas a un imaginario nocturno que lo poesía, donde se evidencia un vaivén inte-

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resante entre la presencia del yo en los actual. Siempre encontraremos las fuentes.
poemas y su desaparición. Como destaca la La Literatura Comparada, que tantos rédi-
investigadora en su lúcida visión sobre este tos críticos ha obtenido a lo largo de la
tema nuclear, existe una experiencia per- historia de los estudios literarios, pudiéra-
sonal única que logra la singularidad; en se presentar como hija o consecuencia de
definitiva, una visión dividida entre la ad- este fenómeno al que aludimos.
hesión a un individualismo extremo y el Si Berceo tenía en la cabeza, y acaso en
principio exterior del mundo, al que tanto el scriptorium, las colecciones mariales en
apela el poeta. El yo crea un mundo en la latín, Santillana leía, deficientemente, los
medida en que el mundo ayuda al sujeto, endecasílabos que sus agentes en Italia le
garante de su propia creación, provocándo- enviaban junto con originales grecolatinos.
se un esparcimiento «aleixandrino» y la Si Garcilaso leía a Ausías March, Cervan-
posterior destrucción del yo en el cosmos. tes los novellieri y Quevedo a Propercio;
Si un poeta es el autor de una «arqui- más tarde, ya con mayor malicia creadora,
tectura habitada», como recordaba el poe- Bécquer conoció a Heine, Galdós a Victor
ta malagueño a propósito de Supervielle, Hugo, Juan Ramón Jiménez aprendió idio-
«sus propios textos construyen la casa de mas para ampliar su bagaje poético, y etc.,
ensueño que le gustaba encontrar a Alto- etc., etc. Señalemos como penúltima esta-
laguirre en obras ajenas», afirma Lawren- ción de esta larga vía férrea el llamado
ce Breysse-Chanet. El espacio de su casa, Venecianismo o Culturalismo de una de las
sin embargo, no se cierra sobre sí mismo, postreras escuelas poéticas españolas.
sino que se abre al mundo, y En la me- En la Generación o Grupo Poético del
moria del aire. Poesía y poética de Ma- 27, llamada también Generación de los
nuel Altolaguirre así lo demuestra, a tra- Profesores, aunque no todos fueran docen-
vés de múltiples interrogantes que lanza y tes de la materia literaria –ni de ninguna
que recoge con enorme finura de espíritu. otra–, este acaecimiento o costumbre de
seleccionar las propias raíces literarias, fue,
M ARIA ROSELL. acaso, la primera ocasión en que tal face-
ta del hecho creativo mostró cualidades de
rigurosa profesionalidad. Diego, Guillén,
Dámaso, Salinas o Cernuda fueron docen-
DÍEZ DE REVENGA, Francisco Javier, Gerar- tes de la Literatura. Pudieron escoger con
do Diego en sus raíces estéticas, Va- acomodo, conocimiento y afán puramente
lladolid, Universidad de Valladolid, Se- selectivo, sus propias fuentes. Lejos esta-
rie Libro y Literatura, 2006, 179 pp. ban de los inquietos románticos, preocupa-
dos tan sólo, o casi, por su expresividad
Es lugar común hoy en día, en los ám- personal. Tenían, los del 27, ante sí toda
bitos literarios, tanto de creación como de una panoplia de autores, no sólo españo-
crítica, aludir a la condición metaliteraria les, de los que extraer lección, superficial
de todo texto. No hay sino texto sobre o profunda.
texto, palimpsesto que dicen enterados. Pero, hoy, el concepto de palimpsesto
Parece como si no hubiera texto primige- es aplicable no sólo a lo literario sobre lo
nio, increado a partir de otro. Un texto literario. Es la totalidad de la expresión
adánico, a partir del cual, todo texto pos- artística la que influye en cualquier moda-
terior fuese pergeñado. lidad creativa. Los creadores, literarios o
Podemos partir de cualquier época li- de otro tipo, responden a un complejo sis-
teraria, antigua, medieval, moderna o con- tema estético, que ellos mismo se constru-
temporánea. No digamos ya postmoderna o yen a lo largo de toda su biografía. Ra-

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diografíar ese terreno de la estética subya- motivación para establecer una medida u
cente a una obra literaria, ya completa, es, otra. Prefiere decir que estamos ante la
en nuestros días, una clave importante para primera vez que fue usado el verso libre.
esclarecer inmanencias y subyacencias nada El autor, juglar o abogado culto de Bur-
baladíes. gos, subvirtió la métrica alejandrina impor-
Por tanto, estudiar, analizar y esclare- tada de Francia, con plena conciencia de
cer esos conocimientos que los poetas del que su creatividad primaba sobre el canon,
27 tenían, tanto del Signo Literario como según Diego. Naturalmente, la idea no era
de los demás Signos Estéticos, no es sino sino, además de aducir propuesta crítica,
parte fundamental de las claves que fun- librar la batalla por el verso libre de sus
damentan la obra de estos escritores, tan propios días del siglo XX. Y lo hacía él,
abiertos al mundo cultural europeo y uni- Gerardo Diego, un riguroso practicante,
versal. Lo que sucede con cualquier escri- cuando pertinente era, del endecasílabo y
tor, cómo no ha de suceder con los escri- otros metros clásicos.
tores que fueron, a su vez, profesores de Las alusiones de Diego a la Literatura
Literatura... Poner orden en el liado pa- anterior a él suman ingentes producciones,
limpsesto, así de globalmente entendido, de muchas creadas para los efímeros radiotex-
la obra de un poeta del 27 es atacar el tos, que tanto prodigó. De Bécquer, tan
castillo de su significación literaria por admirado por Luis Cernuda, y aludido por
donde precisamente ha de hacerse: por la el sevillano del 27 como maestro lejano,
parte de muralla más gruesa. Para el que Diego destaca una y otra vez, su musica-
asedia tal fortaleza, no hay mejor ni ma- lidad. El cántabro, bien formado musical-
yor reto. mente, destaca una y otra vez, casi sin
En este orden de cosas, el asedio a las dejar rima becqueriana sin atacar, esa cua-
fuentes estéticas, más allá de lo literario, lidad, la armonía del poema, acaso no tan
que Francisco Javier Díez de Revenga, estrictamente estética. De Rubén Darío,
Catedrático de Literatura Española de la insiste el poeta en que a él se debe el in-
Universidad de Murcia, ha efectuado sobre terés por Góngora, que pasó por banderín
la varia, brillante y compleja obra de Ge- de enganche del 27. Darío, a través del
rardo Diego, de quien se ha convertido en simbolismo y parnasianismo francés –que
uno de sus principales especialistas, resul- como buen centroamericano degustó antes
ta de una trascendencia notoria, habida que sus colegas de verso españoles– cono-
cuenta de que, casi, inaugura análisis. So- ció las impresionistas estampas de arduo
lamente un estricto conocedor de la vastí- lenguaje que el cordobés usara. Y él las
sima obra del poeta santanderino podría transmitió entre la juventud creadora de
atreverse a iniciar el asedio a tal fortale- aquella inicial etapa del siglo. De manera
za, como hace en este libro, Gerardo Die- que cuando los del 27 accedieron a su
go en sus raíces estéticas. madurez poética, Góngora ya estaba allí.
Comienza el profesor de la Universidad Acaso quepa reseñar que todas estas
de Murcia por los ecos medievales en Ge- síntesis, que en la presente reseña presen-
rardo Diego. Apunta allí al estudio, atre- tamos desnudas, reducidas a frase nodal,
vido, innovador y con bastantes visos de aparecen en el trabajo que reseñamos con
acierto, que el poeta de Santander hiciera todo lujo de cita, de artículo, de obra, de
sobre el verso del Poema de Mío Cid. La alusión o comentario, debidamente docu-
irregularidad versal con que la crítica tra- mentado. Estamos ante un trabajo empíri-
dicional despachaba la métrica del anóni- co que contempla mucha obra de la llama-
mo autor, queda subvertida por la tesis del da menor, epistolar, crítica o fútil, de los
profesor poeta, que aduce expresividad y autores referenciados.

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Pasa luego el Profesor Díez de Reven- La edición de la Universidad de Valla-


ga a tratar la relación, cordial y amigable dolid, de factura noble, pasta dura y estu-
entre Azorín y Gerardo Diego. Discípulo diado diseño, amén de cuidado papel de
suyo se confesó el de Santander del alican- apreciable grosor y brillo espléndido, ado-
tino. Entrañable la anécdota de «La raspa», lece de una letra acaso excesivamente me-
pieza musical que sonaba en el transistor, nuda, con renglón inmediato. Un desmayo,
primero que veía Azorín, y que alguien en medio de un océano de aciertos.
trajo desde Estados Unidos. Da cuenta el
autor del libro de los pormenores de las SANTIAGO DELGADO
oposiciones a Cátedra de Instituto, de cu-
yos tribunales Azorín, por su cargo minis-
terial, ocupaba vocalía. Y muchos más de-
talles, referidos, concienzudamente, a todos UTRERA MACÍAS, Rafael, Poética cinema-
los del 27. tográfica de Rafael Alberti, Sevilla,
De Juan Ramón, el difícil Juan Ramón, Fundación El Monte, 2006, 404 pp.
se da cuenta de la paciencia dieguina ha-
cia el de Moguer. Una y otra vez despe- La indagación sobre la relevancia del
chado por el autor de Platero, Diego so- cine en el horizonte de expectativas de los
portó los desaires con la tozudez del ven- escritores que han cincelado su poética en
cedor. Al final, el que fuera Premio Nobel el pasado siglo, el del cine, según Hauser,
dedicó a su persona, nada menos que el no deja de aportar frutos a una bibliogra-
emblemático poema Espacio. fía que despierta un interés creciente. La
Y cabalgamos con Óscar Esplá y Die- dedicación de Rafael Utrera a los estudios
go por la Sierra de Aitana, como antes sobre literatura y cine no es nueva, de
hemos estado con Alberti en la Tudanca de modo que esta última aportación, debe ser
Cossío. O aprendiendo tauromaquia con el considerada en el curso de una trayectoria
pintor Molina Sánchez, para plasmar todas iniciada en los años 80 a la que pertene-
las suertes del toreo. O, contemplamos el cen ensayos como Modernismo y 98 fren-
paso de la Oración del Huerto, de Salzi- te a Cinematógrafo, Escritores y Cinema
llo, una mañana de los años 20, en la en España: un acercamiento histórico, Li-
misma Murcia del Viernes Santo. O, subi- teratura Cinematográfica /Cinematografía
dos a la Catedral de la misma urbe, asisti- Literaria, Homenaje literario a Charlot,
mos al bautizo de un neologismo, el ad- Memoria Cinematográfica de R. Porlán
verbio murcianamente, mientras imagina un Merlo, Azorín: periodismo cinematográfi-
soneto para Francisco Cano Pato. co, o Cuentos de cine: De Baroja a Bu-
Y, aunque no es el capítulo postrero, ñuel, entre otros.
no tiene desperdicio, sobre todo en una Sabido es que son miembros del grupo
Literatura en la que se ha despreciado tal del 27 los primeros que se sitúan frente al
dimensión creativa, el seguimiento que cine con una conciencia generacional so-
Díez de Revenga hace del humor en Ge- bre los valores expresivos que el nuevo
rardo Diego. Como una columna vertebral arte moviliza y su influencia en otras ma-
menor, pero ciertamente novedosa en una nifestaciones de más antigua prosapia. A
espacio creativo dominado por la morda- Alberti, de entre ellos, corresponde el pri-
cidad y el sarcasmo cruel, de quevediana vilegio de haber engendrado ese verso de
estirpe, el limpio e ingenioso, casi inglés, Cal y Canto, «Yo nací –¡respetadme!– con
humor del poeta cántabro se presenta como el cine», para verter en un trazo inequívo-
una propuesta de categorización literaria, co su voluntad poética de transitar por un
muy a tener en cuenta. tipo de escritura afectado del dinamismo de

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la época, de la velocidad de nuestro tiem- mento privilegiado para la poesía. Epstein


po, una euritmia posible gracias al cinema- y Buñuel, maestro y discípulo en una épo-
tógrafo: «Yo pido una atención especial ca de efervescencia creadora sin igual,
para los que hemos nacido en el siglo, con participan de la edificación de un concep-
el cine, que tanta influencia ha tenido y to de lo poético más allá de lo verbal y la
sigue teniendo en la visión de las cosas. capacidad de la palabra para contener la
He oído hasta una conferencia sobre ese imagen, que consagra la eficacia del diá-
verso. Para mí el cine era una cosa muy logo entre distintas artes y sus posibilida-
seria que quería cambiar la visión de las des de transferencia expresiva.
artes plásticas, la pintura, la literatura; Rafael Utrera propone algunos motivos
mucha prosa está inspirada en la técnica para la reflexión sobre la influencia del cine
del cine, en la velocidad del cine, en los en la poesía española, referidos a estructu-
cambios rápidos de la visión de una esce- ras, temas y personajes, ejemplificados con
na. Con el «respetadme» del verso llama- gran detenimiento para plantear a continua-
ba la atención sobre algo que iba a ser ción la relevancia de los universos contem-
fundamental». Por ello, el interés de Ra- plados en la pantalla como desencadenan-
fael Utrera por el diálogo entre los códi- tes de una escritura que, a la vez que los
gos de la palabra y la imagen ha recalado mimetiza y asimila, se sirve de ellos como
asimismo en estudios y publicaciones cuya moldes sobre los que se vierte la personal
temática aborda la incidencia del cine en problemática del poeta en un proceso de
escritores andaluces de la «generación» del autodescubrimiento, presente tanto en Alber-
27: Federico García Lorca: el cine en su ti, como en Lorca o Cernuda.
obra, su obra en el cine y Luis Cernuda: A partir del capítulo IV el ensayo se
recuerdo cinematográfico. Esta Poética ci- concentra en el estudio de la poética de
nematográfica de Rafael Alberti conforma, Rafael Alberti en relación con el cine y los
pues, una trilogía donde se puede palpar, aspectos de su biografía que ponen en con-
ejemplarmente, la positiva influencia del tacto al poeta con experiencias cinemato-
cine como modelo de representación en la gráficas de gran trascendencia para su for-
obra universal de nuestros poetas más con- mación creadora: su intervención en la
sagrados. sexta sesión del Cine-Club español en cuyo
El cine plantea un nuevo modo de re- intermedio Alberti lee varios de los poe-
presentación de la realidad y, como tal, mas dedicados a los cómicos del cine, su
aviva un debate sobre la estética realista participación como actor en el Noticiario
por su doble y paradójica condición de de Cine-Club, de Ernesto Giménez Caba-
registro documental y vehículo de expre- llero, su provocadora indumentaria de pe-
sión suprarreal. Así, los primeros capítulos lícula cómica en una controvertida confe-
de la Poética cinematográfica de Rafael rencia en el Lyceum Club, o sus contac-
Alberti proponen un sucinto estado de la tos con el cine en Méjico.
cuestión sobre las controversias del cine Cabe destacar asimismo los elementos
con las otras artes, especialmente con la de su poética desde Marinero en tierra a
literatura y el género poético. Más allá de Sobre los ángeles cuya inspiración pudie-
los textos que apelan a una mirada preci- ra encontrarse en secuencias de películas
nematográfica para vincular la literatura y emblemáticas de la época, Metrópolis o El
el cine, Rafael Utrera revisa en su búsque- acorazado Potemkin. Pero, sin duda, don-
da de una taxonomía, las propuestas de de el poeta vuelca una fascinación mayor
teóricos que encontraron en la imagen ci- es en el capítulo que configura su poema-
nematográfica una nueva modalidad para la rio sobre los tontos del cine, Yo era un
expresión del subconsciente y un instru- tonto y lo que he visto me ha hecho dos

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tontos, de cuyos poemas se ofrece el texto genes del film de Enrico de Grass, Pupila
completo acompañado de un pormenori- al viento, un cortometraje de ritmo rápido
zado análisis: «Cita triste de Charlot», que evoca el cine de vanguardia de los
«Buster Keaton busca por el bosque a su años 20.
novia que es una verdadera vaca», Harold Los últimos capítulos del ensayo se
Lloyd, estudiante», «Stan Laurel y Oliver ocupan de algunos reflejos de la poesía
Hardy rompen sin ganas 75 o 76 automó- cinematográfica de Rafael Alberti en auto-
viles y luego afirman que de todo tuvo la res contemporáneos: Aquilino Duque, An-
culpa una cáscara de plátano», «Telegrama drés Neuman o Juan Cobos Wilkins.
de Raimond Haptton a Wallace Beery», Poética cinematográfica de Rafael Al-
«Telegrama de Luisa Fazenda a Bebe Da- berti ordena en un volumen de cuidada
niels y Harold Lloyd»... , la mayoría de edición la deuda del poeta gaditano con el
ellos aparecidos por primera vez en las cine, ese nuevo paisaje que contemplaron
páginas de La Gaceta Literaria. Con pos- absortos los espectadores de comienzos del
terioridad a este momento, su afamada siglo XX y que se infiltra en los modos
amistad con intérpretes de éxito reconoci- expresivos de nuestra poesía más universal.
do como Vittorio Gassman o Francisco
Rabal se vierte en poemas pensados para M.ª TERESA GARCÍA-ABAD GARCÍA
formar parte de programas de locución.
Testimonios de admiración y amistad mu-
tua se prodigan entre Fernando Birri, di-
rector del documental «Rafael Alberti, un AUB, Max, Fábulas de vanguardia y cier-
retrato del poeta» (1983) y el poema que tos cuentos mexicanos, Obras comple-
éste dedica al cineasta. tas, vol. IV-A, Joan Oleza (Dir.), Edi-
La actividad cinematográfica del matri- ción crítica, estudio introductorio y
monio León/Alberti en Argentina y Uru- notas de Franklin García Sánchez, Va-
guay ocupa la atención del capítulo sépti- lencia, Biblioteca Valenciana - Institu-
mo y con ella, el protagonismo especial de ció Alfons el Magnànim, 2006, 472 pp.
M.ª Teresa León en la redacción de diver- A UB , Max, Los relatos de El laberinto
sos guiones de películas adaptadas de tex- mágico, Obras completas, vol. IV-B,
tos castellanos, o inspiradas por insignes Joan Oleza (Dir.), Edición crítica, es-
representantes de las letras hispánicas. A tudio introductorio y notas de Luis Llo-
ella se atribuye el peso principal del guión rens Marzo y Javier Lluch Prats, Va-
de La dama duende de Luis Saslavsky, lencia, Biblioteca Valenciana - Institu-
dejando la colaboración de Alberti reduci- ció Alfons el Magnànim, 2006, 508 pp.
da a la selección del repertorio de las can-
ciones y coplas populares. En términos Desde la última década del siglo pasa-
parecidos se pondera la participación del do, la edición de textos aubianos se ha
matrimonio en la película de Alberto Za- convertido en una empresa en creciente
valía, El gran amor de Bécquer, en cuyo desarrollo, por la que apuestan diferentes
guión debió de tener M.ª Teresa León un editoriales, poniendo en manos del lector
claro protagonismo por el interés desper- materiales de difícil –cuando no imposible–
tado por el poeta romántico en aquel mo- localización. En este sentido, destaca la
mento, vertido en una biografía posterior, ambiciosa edición de las Obras completas
El gran amor de Gustavo Adolfo Bécquer, de Max Aub, dirigida por Joan Oleza, en
de cuyo contenido es antecedente el guión cuya preparación intervienen los más au-
de la película. A la pluma de Alberti se torizados especialistas. A los volúmenes
deben las palabras que acompañan las imá- que ya han visto la luz desde 2001 en el

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marco de este proyecto, promovido por la novedades foráneas, esto es, los movimien-
Biblioteca Valenciana y la Institució Alfons tos históricos de vanguardia a cuyas diver-
el Magnànim, y favorecido por la Funda- sas manifestaciones tenía acceso el joven
ción Max Aub en tanto depositaria del le- Aub a través de las publicaciones europeas
gado del autor, se suman ahora los dos a que estaba suscripto, especialmente la
tomos del cuarto, que recoge, por vez pri- Nouvelle Revue Française, en lo que cons-
mera, todos los relatos de Aub publicados tituye un aspecto fundamental de su for-
en vida del autor, más las narraciones re- mación cultural cosmopolita. La articulación
cuperadas póstumamente, un corpus que en de ambas vertientes es –señala García
su diversidad da cuenta de los diferentes Sánchez– un factor diferencial respecto del
momentos atravesados por la literatura au- común de los escritores de la órbita or-
biana, desde sus tempranas incursiones de teguiana, esencial a la hora de comprender
tendencia vanguardista hasta sus últimos la asimilación por el autor de las nuevas es-
escritos en el exilio mexicano. téticas, así como la consecuente experi-
La edición crítica, el estudio introduc- mentación temática y formal, observable en
torio y las notas del volumen IV-A, titu- las cinco obras vanguardistas: Geografía
lado «Fábulas de vanguardia y ciertos ([1925] 1928), «Caja» (1926), Fábula ver-
cuentos mexicanos», es responsabilidad de de ([1930] 1932), «Prehistoria, 1928»
Franklin García Sánchez, quien, junto a (1932) y Yo vivo ([1934-1936] 1953).
Ignacio Soldevila, fue editor de los cuen- Delimitado este núcleo, el editor pro-
tos fantásticos y maravillosos de Aub en cede a analizar el conjunto, al que consi-
el libro Escribir lo que imagino (Barcelo- dera unificado no sólo por sus fechas de
na: Alba, 1994). En cuanto al volumen IV- escritura sino también por el aludido sus-
B, que reúne «Los relatos de El laberinto trato de fantasía, ligado a la ruptura de las
mágico», sus responsables son Luis Llorens vanguardias con el realismo. Pero acaso lo
Marzo y Javier Lluch Prats, quienes habían más interesante de este apartado del texto
llevado a cabo la edición –pionera en Es- introductorio gire en torno a las diferen-
paña en la utilización de la crítica genéti- cias. El análisis de los rasgos vanguardistas
ca– de las novelas Campo de sangre y presentes en la inicial producción narrati-
Campo del Moro, respectivamente, dentro va aubiana sugiere la unidad en bloque de
del volumen III-A («El laberinto mágico las tres primeras obras, que comparten la
II») de estas Obras completas. tendencia al animismo. La mirada se vuel-
En su edición, García Sánchez empieza ve entonces sobre el carácter diferencial de
por presentar un corpus que, en razón de «Prehistoria, 1928», texto que, si bien co-
sus coordenadas temporales, atraviesa la incide con los primeros en ciertos rasgos
trayectoria literaria de Max Aub, zanjada vanguardistas, como la estructuración del
por la Guerra Civil española. Y subraya que relato en forma de montaje cinematográfi-
subyace un estrato común de fantasía tanto co o el antisentimentalismo, presenta en
en la prosa narrativa esteticista y experi- germen la crítica a la modernidad y a la
mental previa a 1936 como en la de ten- vanguardia –en tanto su expresión última–
dencia «mimética» publicada en el exilio. de la novela Luis Álvarez Petreña (1934).
El corpus se divide en dos grupos de dis- No menos interesante es el análisis del
par extensión, anunciados por el título del editor abocado a dilucidar las característi-
tomo: por un lado, el núcleo vanguardista, cas de Yo vivo, atento especialmente a una
y, por otro, el mexicano. El primero com- cuestión que el editor identifica como pen-
prende aquellas tempranas prosas aubianas diente de análisis: su específica relación
concebidas a la luz de Revista de Occiden- con la vanguardia, cifrada en su cosmovi-
te, pero sobre todo en consonancia con las sión optimista y vitalista.

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Considerablemente más extenso, el nú- secuencia, aparece la idea del padecimien-


cleo mexicano está constituido por los re- to humano, una estética de la crueldad, que
latos de Aub producidos en su exilio ame- alcanza su punto más notorio en los Crí-
ricano, que no versan sobre la Guerra Ci- menes. Y la rebelión del objeto se mani-
vil española y sus consecuencias. Aunque fiesta fundamentalmente en los relatos de
el agrupamiento y el orden de aparición en carácter fantástico, pero también deriva del
el volumen de las más de cincuenta pie- animismo de raigambre vanguardista.
zas que componen este núcleo están deter- Este estudio introductorio se cierra con
minados por sus obras de origen, el estu- el análisis del conjunto no ficcional. Las
dio introductorio propone una división en piezas que componen el «tríptico senten-
tres subnúcleos en diálogo: realista, de fan- cioso», tal como lo llama García Sánchez,
tasía y no ficcional. Los dos primeros se comparten un posicionamiento humorístico
muestran equilibrados, cada uno con poco que emerge en formas breves, paródicas,
más de veinte títulos que corresponden a irónicas, grotescas, y se mueven en un te-
relatos unitarios, excepto los Crímenes rreno delimitado por la narratividad, de
ejemplares, serie de microrrelatos ubicada modo que el conjunto se confunde con los
en el conjunto realista. El análisis de es- Crímenes ejemplares –más aún en el caso
tos dos grupos ficcionales se divide en dos de los Epitafios mexicanos y algo de sui-
partes que corresponden a sendos niveles cidios y gastronomía, por los evidentes
textuales. Apunta, en primer término, a las vínculos temáticos–, lo aforístico y lo epi-
características formales de las piezas bre- gramático, indefinición tipológica que ex-
ves, como la concisión narrativa, tan logra- plicaría las intersecciones de este tomo con
da en «Muerte», cuya inspiración cinema- el primer volumen de estas Obras comple-
tográfica conduce al abordaje hacia otro tas, dedicado a la obra poética completa de
rasgo –de procedencia vanguardista–: la Aub, que en 2001 también incluyó los
técnica del montaje, plasmada con mayor otros dos títulos que componen el tríptico:
claridad en textos como «Homenaje a Prós- Paremiología particular y Signos de orto-
pero Merimée» y, fundamentalmente, en grafía.
los Crímenes. Otra de las particularidades En cuanto al volumen IV-B, el proble-
del conjunto ficcional en este nivel es la ma del ordenamiento y la clasificación del
hibridación de la fantasía con lo lírico, lo corpus editado es resuelto de modo igual-
alegórico, lo grotesco, lo filosófico, lo ma- mente adecuado por Luis Llorens y Javier
ravilloso, lo mítico, lo satírico o lo absur- Lluch. En principio, se analiza la pertinen-
do, matices que determinan formas diver- cia de su título: «Los relatos de El labe-
sas de la fantasía que se juegan entre los rinto mágico». Bajo tal denominación, el
polos de lo extraño –como punto de ma- ciclo narrativo aubiano se fue extendiendo
yor realismo– y su opuesto puramente hasta abarcar cinco novelas (Campo cerra-
maravilloso. Por último, el análisis se cen- do, Campo abierto, Campo de sangre,
tra en las filiaciones barrocas de algunos Campo del Moro y Campo de los almen-
relatos. dros), un híbrido entre novela y guión cine-
El otro nivel de análisis es el semánti- matográfico (Campo francés) y un conjun-
co-temático, en el que García Sánchez to de relatos cuyo número continúa crecien-
identifica tres zonas estrechamente vincu- do, publicados paralelamente a las novelas
ladas entre sí: existencialismo, crueldad y –a veces, como episodios desgajados de
rebelión del objeto. La proyección existen- ellas– junto a otras narraciones breves de
cialista estaría ejemplificada por «Trampa», temas diversos –las incluidas en IV-A–, en
en el que lo absurdo y lo despiadado son diferentes colecciones y, en muchos casos,
inherentes a la condición humana. En con- en las secciones No son cuentos y Zarzue-

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la de la revista aubiana Sala de Espera. El lo mejor» y «Proclamación de la Tercera


propio Aub –señalan los editores– se vio República Española».
asaltado por la incertidumbre respecto del Por todo ello, este tomo resulta ser una
estatuto de sus cuentos a la hora de reco- pieza clave dentro de estas Obras comple-
pilarlos en volúmenes de relatos «históri- tas, ya que no sólo complementa el volu-
cos», como Cuentos ciertos, o dedicados a men IV-A, recogiendo entre ambos la to-
otros de carácter más imaginario, como talidad de los relatos de Aub, sino que
Algunas prosas. además completa el Laberinto en su aspec-
El análisis del problemático estatuto de to estrictamente narrativo una vez publica-
tales relatos conduce a los editores al abor- das las novelas que lo componen (volúme-
daje de la génesis de El laberinto mágico nes II y III), excepto Campo francés, que
y su devenir escritural, aspecto particular- aparecerá en el vol. IX.
mente interesante de la literatura de Aub, En lo que respecta al orden impuesto
sobre el que los editores, en su introduc- al material en su edición, Lluch y Llorens
ción crítica, vuelven en el apartado «La proceden de modo semejante a García Sán-
novela no escrita del exilio». Y es que chez. Reconocen el acierto de la tipología
anotaciones y planes hallados en diversos sujeta a criterios temáticos que ordenó la
cuadernos aubianos insinúan la posibilidad primera edición conjunta de estos relatos
cierta de que personajes de estos relatos en 1994 (Barcelona: Alba), propuesta por
hubiesen formado parte de un Campo fal- Javier Quiñones en tres grandes bloques:
tante en el ciclo; los cruces temáticos y Guerra Civil, campos de concentración y
formales entre las novelas y los cuentos exilio, división temática que, en cierto
laberínticos ponen en entredicho la condi- modo, subyace al abordaje crítico del cor-
ción de los mismos al relativizar su auto- pus. Sin embargo, la edición presenta los
nomía respecto de una unidad mayor, sea relatos ordenados cronológicamente, de
una novela o El laberinto mágico en con- acuerdo con el momento de aparición y
junto, cuestión que remite nuevamente al con la publicación en que fueron recogi-
título del volumen IV-B. dos, criterio apoyado, fundamentalmente,
Uno de los mayores méritos de esta en la imposibilidad de establecer claras
edición es su carácter totalizador, la inten- fronteras temáticas en un grupo de narra-
ción manifiesta de incluir todos los rela- ciones en las que muchas veces se religan
tos aubianos sobre la Guerra Civil y sus la guerra y sus consecuencias. Lo propio
consecuencias conocidos, propósito llevado sucede con los libros en que ellas fueron
felizmente a cabo, aun cuando los fondos recogidas; así, tal como refieren Llorens y
documentales del escritor continúan dando Lluch, ya en No son cuentos (1944) apa-
a luz «nuevos» relatos. En virtud de tal recen relatos en torno a los tres temas.
propósito, los editores declaran preferir la En su introducción se presentan distin-
publicación, a modo de apéndice, de varios tos apartados: «Los relatos de la Guerra
relatos recuperados cuando el volumen ya Civil», «El primer exilio y los campos de
estaba en prensa, pese a que tal decisión concentración», y un último gran núcleo
no hiciese viable entonces la anotación temático: «El exilio de Max Aub en Méxi-
informativa de los mismos, aunque sí su co», «La conciencia del transterrado» y
inserción en el estudio introductorio, resol- «Los relatos del exilio». Tras la noticia de
viendo de ese modo las dudas que los re- la nunca escrita novela aubiana sobre el
latos con este origen presentan al crítico al exilio, y los planes y títulos hallados en
delimitar el corpus editable. Conforman el torno a la misma, el análisis se aboca al
mencionado apéndice «El que ganó Alme- estudio del exilio como tema, a sus varian-
ría»; «Realidad del sueño»; «La guerra es tes en el grupo de relatos exílicos, así

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como a las formas que adopta cada uno de te a los dos tomos del volumen que allana
los diversos aspectos del exilio, como ex- el camino a la comprensión y contextuali-
periencia múltiple y compleja, en el con- zación del corpus editado.
texto de la particular experiencia de Aub. De este modo, la nueva entrega de las
Otra de las dimensiones del exilio – Obras completas de Max Aub pone a dis-
consecuencia suya que a Aub le tocó vivir posición del público lector una edición
en carne propia aun después de muerto–, crítica de excelencia. Su rigor científico y
en la que hace crítico hincapié la lectura calidad editorial optimizan el acceso a una
de Llorens y Lluch, es la problemática del parte emblemática de la literatura aubiana,
escritor exiliado. En «El remate», uno de que la recorre de parte a parte y en la que
los relatos más conocidos y extensos de se reúnen algunas de sus piezas más logra-
este último grupo, se hace visible la mar- das. En suma, se trata de dos tomos de un
ginación de la institución literaria, la se- mismo volumen que dan cuenta de dos
paración de su público, la ignorancia de su caras de una misma escritura, huella de una
obra por la crítica y las historias de la li- prolífica pluma que supo escribir lo ima-
teratura, todo ello derivado de la condición ginado sin callar lo vivido.
exílica. El estatuto de la literatura del exi-
lio incide, como afirman los editores, en FEDERICO GERHARDT
uno de los motores fundamentales de la
escritura aubiana, a saber, la memoria de
la Guerra Civil española, de Francia y sus DÍAZ-CASANUEVA, Humberto, El blasfemo
campos de concentración y de la tierra de coronado [1926-1991]. Antología poé-
acogida, tres temas que se entrelazan en tica, edición de Luis Bagué Quílez y
este y otros relatos –desaconsejando, como Joaquín Juan Penalva, Madrid, Huerga
se dijo anteriormente, la clasificación del y Fierro Editores, 2006, 362 pp.
corpus por temas–, todos densos nudos de
la historia europea y americana a cuyo La editorial Huerga y Fierro viene con-
esclarecimiento contribuyen las notas crí- formando en su colección «Signos» un cor-
ticas al pie que acompañan a los textos. pus renovador de la poesía del siglo XX,
Ambos tomos de este volumen IV se ampliando los estrechos márgenes del canon
cierran, cada uno, con tres apartados. El oficializado con una serie de antologías
primero de ellos es el aparato crítico, que sobre los poetas más reveladores de la pa-
completa la información sobre los criterios sada centuria, tanto españoles como forá-
seguidos para la edición de los textos neos. En ocasiones –como la que ahora nos
–aclarados al final de cada estudio intro- ocupa– se trata de obras que han gozado de
ductorio–, en el que se indican las lectu- escasa difusión editorial, la cual se trata de
ras divergentes respecto del texto base y paliar con una selección significativa de la
las enmiendas significativas. A continua- producción poética de estos autores, en
ción se presenta una bibliografía en la que principio, excluidos o poco atendidos por la
se consignan los manuscritos y/o ediciones historia literaria más reciente. Esta serie de
aubianos consultados, acompañados por antologías aúna a poetas indiscutiblemente
una selección bibliográfica que ofrece en influyentes y decisivos para el devenir poé-
sus títulos un actualizado panorama del tico de este siglo (Dylan Thomas, Luis Cer-
estado de los estudios sobre el autor y su nuda, Juan Ramón Jiménez, Francisco Bri-
producción, y que orienta al lector intere- nes) junto a voces más desconocidas como
sado en la profundización del conocimien- Vicente Núñez, Juan Bernier o Ricardo Mo-
to al respecto. Finalmente, un completo lina y, particularmente, poetas hispanoame-
glosario de voces escogidas, correspondien- ricanos cuya poesía se ha difundido esca-

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samente en la Península, como César Moro, han circunscrito a figuras fundamentales


Rosamel del Valle, Emilio Vallagas, o He- como César Vallejo, Pablo Neruda u Octa-
rrera y Reissig. También poetas europeos vio Paz. La recuperación de los textos y de
como el italiano Sergio Corazzini, el por- las voces poéticas imprescindibles para
tugués Joaquim Manuel Magalhães, o esta- completar la panorámica de la poesía his-
dounidenses como Theodore Roethke cuen- panoamericana del XX –Díaz-Casanueva en
tan con antologías de sus obras en esta co- el caso de la poesía chilena o Herrera y
lección. Estos volúmenes, con una andadura Reissig en la poesía argentina– irá contri-
ya amplia y sólida, ponen de relieve la sim- buyendo, junto a esos otros puntales indis-
plificación a la que el canon editorial y cutibles, a fijar las líneas principales del
crítico reduce el rico y variado panorama análisis literario de este período. La acce-
poético del siglo XX, todavía por revelarse sibilidad a los textos supone, entonces, el
en su entera significación, conformación, primer acicate para llevar a cabo esa tarea.
influencia y aportación a la historia litera- Esta antología de Díaz-Casanueva va
ria, a la vez que van conformando un mues- acompañada, al igual que otros volúmenes
trario de lo más granado de la poesía del de la misma colección –como el dedicado
siglo XX cuya consulta se hace esencial para a Herrera y Reissig–, de una introducción,
el estudio de la poesía de esta centuria. a modo de guía de lectura, y una semblan-
Un sector de la lírica contemporánea za biobibliográfica, las cuales facultan al
particularmente desatendido en los estudios lector para un primer acercamiento sólido
literarios lo constituye la lírica hispanoame- y certero a la obra del poeta chileno. Esta
ricana, a uno de cuyos principales represen- labor de edición se complementa con un
tantes, el chileno Humberto Díaz-Casanue- capítulo epilogal de homenaje a Díaz-Cas-
va, se ha dedicado El blasfemo coronado anueva que completa el su retrato literario.
[1926-1991]. Antología poética, con edición Se trata de un texto poético de Rosamel del
a cargo de Luis Bagué Quílez y Joaquín Valle dedicado al poeta chileno (pp. 251-2)
Juan Penalva. La poesía hispanoamericana y una reseña crítica de Gabriela Mistral al
del XX se presenta, todavía hoy, como un libro Réquiem (pp. 353-357). En el prólogo
abigarrado panorama que se debate entre el (pp. 9-23) recogen los editores, de forma
modernismo y sus secuelas posmodernistas sintética e iluminadora, los aspectos vitales
y la irrupción de las vanguardias, que cada y creadores capitales para una comprensión
país latinoamericano asumió de acuerdo a completa de la poesía de Díaz-Casanueva.
su propia idiosincrasia y tradición literaria. Se enhebran en él los apuntes biográficos
Queda por definir siquiera las líneas fun- con el bosquejo de la evolución creativa del
damentales que vertebran la historia de la poeta chileno y las claves estéticas funda-
poesía del XX en Hispanoamérica, y el prin- mentales de su poética (pp. 9-15). A ello
cipal escollo crítico para abordar tal tarea sigue un demorado recorrido por cada uno
radica en la falta de difusión de los textos de los libros que conforman su intensa y
literarios. Mientras este corpus textual no se amplia producción poética (pp. 15-23), des-
difunda, la poesía hispanoamericana del XX velando pautas estilísticas y temáticas,
seguirá siendo un capítulo pendiente en la ejemplificadas en composiciones concretas
historiografía literaria más reciente. El lla- que van perfilando las líneas fundamenta-
mado «boom» de la narrativa hispanoameri- les del quehacer poético del chileno. Se
cana ha centrado todo el interés de los me- incide, a lo largo del repaso de su produc-
dios editoriales y de la crítica, dejando en la ción, en un análisis intrínseco de cada li-
sombra y en el silencio la rica producción bro atendiendo a su estructura, metro o ejes
poética de estos años. Respondiendo a estas temáticos así como la imbricación de cada
circunstancias los estudios sobre poesía se volumen en la trayectoria poética global del

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autor delineando, así, el conjunto de su puntuación y la fluencia del pensamiento


producción creativa. Los hitos fundamenta- en una sucesión de imágenes que alternan
les de la biografía quedan resaltados en un lo creacionista y lo surrealista. El segundo
cuadro cronológico (pp. 25-28) colocado al libro, Vigilia por dentro (1931), abunda en
final del prólogo, a continuación del cual la dimensión introspectiva polarizando el
se ofrece, además, el esquema de su pro- espacio poético en el ámbito de la enso-
ducción poética mediante el listado de los ñación. Entonces, pasa a primer plano la
poemarios (p. 29). indagación en la identidad del sujeto líri-
Han optado los editores por la cronolo- co, revelándose el «canto» o la poesía
gía como criterio organizativo de la anto- como instrumento privilegiado de esa bús-
logía, disposición que resulta pertinente, queda interior: «Después de cantar siento
entre otras, por dos razones: primero, per- que el temor es la más segura / medida de
mite dar cuenta de la rica, intensa y am- la frente, / Tengo arpas crecidas, pero cada
plia producción poética del poeta chileno en noche se lleva la parte / más misteriosa de
la secuencialidad de su gestación y, segun- mi alma» («Elevación de la sima», p. 51).
do, se convierte en un caso ejemplificador Junto al predominio de imágenes basadas
del desarrollo de la poesía del XX en His- en asociaciones insólitas, se van delinean-
panoamérica en un arco temporal que se do, paralelamente, las líneas temáticas que
extiende desde el posmodernismo y las van- vertebran la poética de Díaz-Casanueva: el
guardias hasta la vaguedad en que, en la amor, la muerte y la infancia como paraí-
actualidad, quedan indefinidos los años de so perdido («Cauce de la vida», «Retor-
mediados y finales de siglo. Asistimos, de no»). En El blasfemo coronado el verso
acuerdo con esta disposición cronológica, a largo, presente en los dos poemarios ante-
la evolución de rasgos estilísticos y de con- riores, alarga su período coqueteando con
cepción poética, que se debaten entre la la prosa poética. Impera cierto tono vehe-
solución individual adoptada por Díaz-Cas- mente asentado en la apelación a una se-
anueva y los trazos generales del devenir gunda persona del singular genérica o en
poético de la pasada centuria. La proporción la sostenida presencia de la voz del yo
entre los poemas antologados de cada libro poético, en numerosas ocasiones diluida en
se adecua a la extensión del poemario en la primera persona del plural: «Ay no vi-
que se incluyen y a la calidad o represen- vimos, sobrevivimos. / Ahí tienen en sue-
tatividad de los libros en el conjunto de su ño como un manzano muerto sobre una /
producción poética, de lo que resulta una casa profunda / roída por el pensamiento
selección coherente y equilibrada. del hombre, / somos heridas para adentro
Al hilo de la lectura de la antología que entreabrimos a veces / con intención,
esbozaré someramente las líneas estilísticas somos casta alzada» (fragmento X, p. 80).
y temáticas fundamentales que los editores Asimismo, contribuyen a este tono las ex-
han subrayado en esta selección de textos, clamaciones y continuas interrogaciones
a la vez que intentaré su contextualización que enhebran preguntas de tinte existencial,
en la práctica poética del momento. Dos veteadas por imágenes oníricas con un tras-
poemas, «El viaje de Buffalo-Bill» y «La fondo mítico. Se va delineando una poéti-
reina de Saba», constituyen una muestra ca presidida por la importancia del símbo-
representativa del primer libro de Díaz- lo y la imagen visionaria, a veces con pro-
Casanueva titulado El aventurero de Saba yección alegórica, sobre un marco mítico,
(1926). Aparecen ya algunas marcas esti- filosófico o bíblico, que, sin perder la
lísticas y formales características de la orientación introspectiva, universaliza el
poesía del chileno como el verso largo problema de la existencia. El poemario
cercano a la prosa poética, la ausencia de Réquiem (1941) modula a lo largo de los

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12 poemas antologados los distintos mati- interrogativo, exclamativo o apelativo (I,


ces elegíacos que van dando forma al sen- canto II), que otorgan gran impulso vehe-
timiento de orfandad. Estos se encuentran mente a su poesía y dejan traspasar cierto
veteados, bien por cierto tono reflexivo desgarramiento metafísico. Tonalidades re-
subrayado por el acento interrogativo que flexivas y existencialistas impregnan poe-
se tiñe de trascendencia religiosa (fragmen- mas como el XIII del canto II: «El hom-
to I y III); bien por un deje dolorido, como bre es órbita deshecha, llanto en que el
dejan traslucir estos versos: «¡Ay, madre!, otoño / se agiganta, / Tierra que relampa-
¿es cierto, entonces? te has dormido tan / guea sobre la tierra, / casa en que pernoc-
profundamente que has despertado más allá ta el tiempo perseguido». A éste se pue-
de la / noche, en la fuente invisible y ham- den sumar otros ejemplos significativos
brienta» (fragmento II); bien por la evoca- como la composición XVIII del mismo
ción familiar nostálgica en el fragmento V; canto II: «Es terrible perder el mundo si-
o bien por la consolación que brinda el guiendo en el mundo», que se amplía en
recuerdo, sublimada en imágenes de signo el texto XXIII, canto II: «¡Ay, me palpo,
visionario: «Pero si mueres quedas también yo soy Nada, Nada, Nada / Pero también
viviendo a través de mí / como el fruto Soy». Los mismos temas y motivos se des-
que una y mil veces sube al monte / y no pliegan en los poemas antologados del can-
teme la escarcha / y desapareces consumi- to III y IV, acentuando los matices inte-
da y tornas a aparecer rescatada / y en tus rrogativos y exclamativos de raíz existen-
vaivenes de súbito veo que pasas por los / cial. Este libro supone para los editores «la
ojos de mi hija / como una cinta fulguran- culminación de un primer ciclo en la obra
te» (fragmento VIII). Todo ello culmina en de Díaz-Casanueva» (p. 18).
una genérica poetización de los sentimien- En La hija vertiginosa, publicado en
tos materno-filiales, a través de símbolos 1954, domina la atmósfera emotiva, como
e imágenes brillantes en el fragmento X, ejemplifican estos versos: «Buscas / el
y de filiación mítica en el XI. La expre- cuerpecito que te dimos / apenas la cásca-
sión se despoja de la densidad imaginísti- ra cubierta de una pelusa húmeda / como
ca de libros anteriores en favor de la des- si tu madre le pasara una y otra vez / la
nudez expresiva y de la floración de los celosa lengua de gata» (IX). A partir de
sentimientos para construir un discurso hi- Los penitenciales (1960) observamos cómo
lado por el sentimiento de orfandad del el verso se acorta y la extensión de los
hombre atenuado por la memoria. En La poemas se amplía, anunciando la dinámica
estatua de sal la presencia del mundo fa- discursiva de los libros posteriores. El si-
miliar del poeta cobra protagonismo en su guiente poemario, El sol ciego [En la
dimensión emotiva, por ejemplo, en el poe- muerte de Rosamel del Valle] (1966) nace
ma XXVI dedicado a sus hijos: «Mirad como respuesta a una carta póstuma de
cómo vuestro padre danza lleno de días / Rosamel del Valle. Retoma aquí Díaz-Ca-
Con su casa brillante entre sus manos / en sanueva el registro elegíaco que imperaba
medio del espacio». La exploración de los en Requiem. La intensidad del sentimiento
sentimientos íntimos no abandona la pro- amistoso –firmemente manifiesto a partir
yección simbólica y onírica original del del quehacer poético que compartían– se
imaginario de Díaz-Casanueva. Se prolon- revela en toda su fuerza en el poema titu-
gan en este poemario los ejes temáticos de lado «El holocausto» donde la enumeración
libros anteriores. Continúa la reflexión so- caótica remeda el dolor y absurdo de la
bre la muerte (XI, XIV, canto I) –en oca- existencia y de la muerte: «Mi gemelo / Mi
siones acudiendo a mitos como el de Nar- niño / del dedo carbonizado / Mi fabricante
ciso (XXI, canto I)–, vehiculada en el tono / de máscaras parlantes / Mi vendedor / de

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lámparas velludas / Mi apache de la no- librescas en el cuerpo del poema, la dis-


che / blanca // Te doblas / como un ar- posición icónica de los blancos de la pá-
coiris / encima de tu muerte». El dolor gina, los desmembramientos de la sintaxis
vuelve a enlazarse estrechamente al senti- y los juegos lingüísticos» (p. 20). Junto al
miento de orfandad: «Me dejaste solo / poemario siguiente, El hierro y el hilo
como dentro de un trueno / viendo crecer (1980), prolongan el uso del verso corto y
un cirio / en cada mano [...] // Allá vas el poema extenso. En Los veredictos
oh hermano mío [...] // Ya no podemos (1981) se prescinde de la división por com-
charlar / hasta la madrugada / Consolarnos posiciones, y algunos recursos tipográficos,
del tiempo olvidadizo». La lamentación como las mayúsculas, la dilatación del es-
elegíaca deja paso a la reflexión sobre el paciado entre caracteres o la cursiva, ad-
destino individual y colectivo focalizada en quieren un mayor grado de semantización.
el tema de la muerte: «Lo irrevocable / es Estos recursos tipográficos se mantienen y
una verdad vacía / que nos acecha / sin acrecientan su presencia en los restantes
razón verdadera // Al contemplarte / nos libros de Díaz-Casanueva, sumados a la ya
contemplamos / petrificados / vivos!» («La característica ausencia de signos de puntua-
intolerable unión de los despojos»). Final- ción, que quedan suplidos por el ritmo y
mente, en «Ofrenda para hacerlo presente» las secuencias de sentido.
se le impone al sujeto lírico la necesidad Los últimos cinco poemarios –La apa-
de una «ofrenda», de un homenaje, del rición (1984), El traspaso de la antorcha
reconocimiento de un magisterio vital, li- (1984), El niño de Robben Island (1985),
terario y humano: «Ay! / Tu frente fue mi El pájaro Dunga (1985), Vox tatuada
acantilado / Tu mano mi abrevadero / Tu (1985)– inciden sobre los mismos núcleos
ángel / mi horno de la noche / Tu poesía temáticos. El amor, la muerte y la poesía
/ la marca candente de mi alma [...] // Me transidos por el desgarro existencial se in-
enseñaste / a aborrecer el oficio / a desde- sertan en un ámbito que mixtura el marco
ñar la tinta / a suprimir las vocales». El de lo cotidiano –en el que adquiere prota-
canto a la muerte de Rosamel culmina en gonismo el ámbito íntimo del poeta– con
«La llave de las dádivas», donde las con- la dimensión reflexiva diluida en la colec-
tradicciones de la vida y la muerte encuen- tividad, a través de imágenes brillantes y
tran un punto de conciliación en la acep- renovadas que acuden al ámbito bíblico, a
tación de la nada y en el «resplandor» de la mitología grecolatina, a la filosofía o a
la vida como asidero en el que fundar la la naturaleza, sometidas a un creciente pro-
esperanza de una plenitud fugaz: «No es- ceso de simbolización.
toy solo / Sobre mi corazón / empolla un Notas como el simbolismo, la introspec-
águila // En el silencio / se abre una flor ción teñida de tintes oníricos y un lengua-
de / piel / La vida restalla / su verde her- je asentado en imágenes de desusadas aso-
moso / látigo / Ser es un mandato más ciaciones referenciales con un alto grado
hondo [...] // Mi voz / trenzada a la tuya / de intelectualización constituyen las mar-
seguirá cantando / escudriñando / en la cas fundamentales de la poesía hispano-
arcana mortal / presencia / Ayúdame oh americana del siglo XX que se dejan sentir
ayúdame / Rosamel / a reunir el resplan- en la obra de Díaz-Casanueva, inmerso en
dor / del mundo!». Sol de leguas (1970) sus primeros experimentos poéticos en el
vuelve a actualizar el omnipresente tema de ambiente posmodernista chileno donde las
la búsqueda de la identidad, que «simboli- manifestaciones vanguardistas empezaban a
zada en la figura del tigre, se manifiesta a cobrar vigencia, especialmente el creacio-
través de una compleja red verbal que se nismo. La influencia del movimiento crea-
caracteriza por la inserción de referencias cionista se deja sentir en dos aspectos fun-

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damentales: en la creación de imágenes tos niveles de análisis –en el plano mera-


desde la plena libertad de asociación en los mente tipográfico, en la sintaxis, en el tono
referentes y en la concepción del poeta exclamativo, exhortativo e interrogativo, en
como revelador de los misterios del len- los encabalgamientos y en la violencia de
guaje y, en consecuencia, del mundo. En las imágenes– se cifra una poesía del des-
otras ocasiones la presencia de lo onírico garro, del ímpetu trágico, de lo patético.
y de imágenes visionarias actualizan pro- Gabriela Mistral incide en la recuperación
cedimientos vinculados al surrealismo. Jun- de la tragedia grecolatina, del «poema trá-
to a ello conviven otros aspectos que pue- gico» (p. 357), como la principal aportación
den derivar de la crisis finisecular de va- de Díaz Casanueva a la poesía en lengua
lores que llevan al poeta a la búsqueda de castellana. Frente al tono metafísico o exis-
respuestas sobre el Origen y lo Absoluto tencialista, el lenguaje se revela como el
en el ámbito de lo sagrado, de lo mítico y único instrumento que puede paliar esos
en cierto primitivismo que tiñen su obra de efectos devastadores –especialmente los sus-
esa orientación metafísica propia desde citados a raíz de la reflexión acerca de la
mediados del XX, y que se concretiza en muerte– sobre la conciencia del hombre.
esas interrogaciones continuas –muy acen- Los símbolos y las imágenes visionarias
tuadas en libros como El blasfemo coro- con concesiones a corrientes vanguardistas
nado o La estatua de sal– que cuestionan como el surrealismo o el creacionismo ci-
toda certidumbre. Esas imágenes visiona- fran el lenguaje y la reflexión sobre sus
rias y las asociaciones inéditas se aúnan, límites en la principal cuestión del hecho
finalmente, para poner de relieve la deso- poético. La experimentación discursiva, ti-
lación existencial del sujeto poético. pográfica, métrica y sintáctica (alternancia
Así pues, se constata en esta andadura del verso largo y corto, del poema breve
por la poesía de Díaz-Casanueva gran va- y extenso) se mantiene en proceso crecien-
riedad de registros, entre los que destaca el te hasta sus últimos libros. Todo ello re-
elegíaco, sobre la base de una poesía en vela, en definitiva, una intensa preocupa-
constante proyección simbólica. Es en el ción por los fundamentos del lenguaje poé-
registro elegíaco, a mi parecer, donde Díaz- tico que se certifica en la experimentación
Casanueva alcanza la plenitud de su técni- formal, así como en las directrices temáti-
ca creadora, y en el que sobresale el poe- cas, que acuden a los más variados regis-
mario Réquiem. El lenguaje se esencializa, tros (bíblico, filosófico, la tradición mito-
la expresión se desnuda y la intensidad lógica grecolatina o la ritualidad y el pri-
poética alcanza sus más elevadas cotas. Y mitivismo), revelando a Díaz-Casanueva
es en estos textos, paradójicamente, donde como una de las voces fundamentales para
el sentimiento vital se revela con mayor el estudio de la poesía del XX.
fuerza y donde el lamento elegíaco pone de
relieve la belleza de la existencia, alejado M ARÍA D. MARTOS PÉREZ
ya de la inquisición metafísica y del tono
existencialista. Traemos aquí las palabras de
Gabriela Mistral que comentan la obra titu- LUJÁN, Ángel Luis, Desde las márgenes de
lada Réquiem del poeta chileno (apéndice, un río. La poesía coral de Diego Je-
pp. 353-357). Emparenta Gabriela Mistral la sús Jiménez, Córdoba, Ediciones Lito-
poesía de Díaz-Casanueva con la tragedia, press (Colección «La Manzana Poéti-
subrayando que es el ««grito rasgado»» el ca»), 2006, 323 pp.
que caracteriza este libro del poeta chileno
y el que, también, se deja sentir en el res- La obra de Diego Jesús Jiménez ocupa
to de su producción poética. En los distin- un territorio de difícil acotación en la poe-

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RESEÑAS DE LIBROS 693

sía española contemporánea. En ello influ- A estos precedentes viene a sumarse


ye la adscripción del autor a la conflictiva ahora Desde las márgenes de un río. La
promoción del 60, que a veces se ha con- poesía de Diego Jesús Jiménez, de Ángel
siderado como un grupo con característi- Luis Luján. El investigador ofrece una va-
cas propias y otras veces se ha incluido liosa cartografía de la lírica de Diego Je-
dentro de los amplios márgenes del sesen- sús Jiménez desde una perspectiva plural
tayochismo, que engloban a poetas no ben- que atiende a los aspectos esenciales de su
decidos con la bula novísima de Castellet. poesía. A lo largo de los capítulos se abor-
Sin embargo, la situación de Diego Jesús dan el mundo representado, las herramien-
Jiménez no sólo es problemática por su tas del discurso, los recursos fónicos y
difuso anclaje generacional, sino también métricos de sus poemas y la elaboración de
por sus rasgos de estilo. Al relativo des- una poética del nosotros que justifica la
conocimiento del autor han contribuido dos consideración de su estilo como una poesía
factores: los periodos de silencio entre sus coral. A esa sensación de coralidad –que
libros y la radicalidad de sus planteamien- comparte con otros autores contemporá-
tos estéticos, de gran intensidad imagina- neos, como Julio Llamazares, Tomás Sán-
tiva y hondo calado histórico. chez Santiago, José Luis Puerto o Juan
Su primer libro, La ciudad (1965), en- Carlos Mestre– no es ajena la voluntad de
sancha la faceta meditativa de algunos auto- dejar el discurso abierto para que penetren
res del cincuenta –en especial, de Claudio en él las voces y los ecos que habitan en
Rodríguez–, pero al mismo tiempo anticipa sus textos. Por último, el libro se cierra
los recursos iniciales de los novísimos. Sus con el comentario de una composición de
títulos siguientes, Coro de ánimas (1968) y Itinerario para náufragos: «Calderón de la
Fiesta en la oscuridad (1976), van a con- Barca, 41», que sintetiza las modalidades
tinuar el camino emprendido sin dejarse enunciativas del poeta.
deslumbrar por los brillos de la moda lite- En el primer capítulo («Vivir es regre-
raria. Tras un prolongado silencio, en Ba- sar de una guerra perdida»), Ángel Luis
jorrelieve (1990) aparece la reflexión me- Luján interpreta el mundo poético de Die-
tapoética de varios de sus coetáneos. En los go Jesús Jiménez a partir de un núcleo
últimos años, diversos síntomas apuntan a unitario de sentido: la idea del regreso, que
la recuperación del autor. En 1996, con Iti- adquiere una dimensión histórica más allá
nerario para náufragos, su último libro de su raíz elegíaca. Junto a la noción del
hasta la fecha, obtiene el premio Jaime Gil regreso, cobran vigencia los conceptos de
de Biedma, y, más tarde, el premio Nacio- la memoria y del origen, que se identifi-
nal. En 2001 aparecen casi simultáneamen- can con los paisajes de la infancia. La
te una edición conjunta de Bajorrelieve e mitificación de la niñez encarna un tiem-
Itinerario para náufragos, a cargo de Juan po de descubrimientos y milagros cotidia-
José Lanz, y la antología Iluminación de los nos, un momento en el que era posible la
sentidos, con un estudio previo de Manuel plenitud frente a la degradación del presen-
Rico. También a la obra de Diego Jesús te. Sin embargo, el regreso es siempre una
Jiménez están dedicadas las monografías ilusión, la constatación de un espejismo
Diego Jesús Jiménez. Capacidad visionaria que no puede materializarse en la realidad.
y meditativa del lenguaje (1996), de Manuel Por eso, a menudo se impregna de los
Rico, y La poesía de Diego Jesús Jiménez matices barrocos de derrota y desengaño.
(2006), de Juan Manuel Molina Damiani y Este enfoque afecta a la construcción de la
Martín Muelas Herráiz, que incluye una propia identidad y a la de la Historia, que
selección de artículos críticos y una anto- se muestra como un constante hacerse a
logía del poeta. través del tiempo. Otro motivo que anali-

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za Luján en el primer capítulo es la pre- bros: las distintas «Rondas» de La ciudad


sencia del disfraz, el sueño y el espejo en dialogan entre sí gracias a la presencia
Diego Jesús Jiménez. Todos estos elemen- central de los elementos naturales; los «Li-
tos son diferentes máscaras subjetivas que bros» de Coro de ánimas se estructuran
oscilan entre la voluntad de hermetismo y alrededor de la meditación existencial, y
el impulso de apertura. El desvelamiento Fiesta en la oscuridad se organiza en tor-
de lo oculto funciona así como una ilumi- no a la idea de la celebración. Por su par-
nación ontológica que indaga en los sus- te, Bajorrelieve e Itinerario para náufra-
tratos de la realidad y pone al descubierto gos se sustentan en la continua referencia
el vacío sobre el que hay que edificar la metaliteraria como forma de enlazar lo
existencia. Los términos del ámbito rural personal con lo histórico.
y de la naturaleza, los términos de lo má- El tercer capítulo («Habitar su ritmo»)
gico-religioso y los términos legendarios se acerca a los modelos rítmicos de Diego
constituyen los diversos campos semánticos Jesús Jiménez como mecanismos de cohe-
que se corresponden, según Luján, con los sión y, en ocasiones, de ruptura textual. Por
temas estudiados anteriormente. Estos cam- un lado, las reiteraciones fónicas y de pa-
pos semánticos proporcionan las claves de trones sintácticos se relacionan con el can-
la reflexión estética, histórica y poética de to y la música. Por otro, la alternancia en-
Diego Jesús Jiménez. tre los metros tradicionales y las variantes
El segundo capítulo («La sintaxis de un del verso libre cristaliza en un doble ritmo
sueño») se centra en el análisis de los re- de gran originalidad. Aunque la apariencia
cursos técnicos de Diego Jesús Jiménez. La de sus poemas es la del versículo libre, son
articulación textual de esta poesía se carac- frecuentes los encabalgamientos y los ver-
teriza por la subversión de la lógica me- sos partidos y escalonados. Estas irregula-
diante la ruptura de las expectativas y la ridades se explican por el deseo de armo-
desautomatización de la sintaxis. Con ello nizar las estructuras libres con los versos
se pretende abrir un espacio para el adve- tradicionales, como el heptasílabo, el ende-
nimiento de lo desconocido. La alquimia casílabo o el alejandrino. Se trata, en fin,
verbal de Diego Jesús Jiménez se funda- de un ritmo interno basado en la andadura
menta en ciertos procedimientos recurren- del pensamiento, de tal manera que la dis-
tes: el contraste, que suprime la continui- tribución gráfica y la escansión de los ver-
dad discursiva; la oposición, que expresa sos no siempre confluyen. Esta doble pers-
el antagonismo de ideas o significados, y pectiva ofrece, según Luján, un argumento
las anáforas y enumeraciones, que inciden para encuadrar al poeta dentro de un nue-
en una sensación acumulativa a través de vo barroquismo. De hecho, la complicación
paralelismos, repeticiones y estructuras gra- del ritmo es un proceso gradual que se
maticales iterativas. Asimismo, destacan las corresponde –paradójicamente– con la bús-
analogías inesperadas, que establecen com- queda de una dicción más serena y más
paraciones implícitas o alternan varios pla- clara. Con la finalidad de profundizar en los
nos de significado. Estos aspectos barrocos recursos métricos y fónicos del autor, en
nutren de sustancia estética la poesía del este apartado se estudian el uso del enca-
autor y la relacionan con la tradición lite- balgamiento, las combinaciones rítmicas del
raria en la que deliberadamente se inscri- verso, la reelaboración de las formas tradi-
be, entre el universo onírico de Lorca y la cionales –el soneto y la lira– y otros aspec-
incertidumbre vital de Claudio Rodríguez. tos que afectan a la sonoridad del poema,
En la trabazón interna de la obra de Die- como las paronomasias y aliteraciones.
go Jesús Jiménez, Luján advierte también El cuarto capítulo («El olvido es el
una distribución orgánica en ciclos y li- coro de la tierra») ahonda en la polifonía

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de Diego Jesús Jiménez. En ese sentido, se investigador como para el lector de Diego
puede hablar de una poesía coral. Así lo Jesús Jiménez. En definitiva, he aquí un
justifican títulos tan expresivos como Coro análisis lúcido y apasionado sobre un au-
de ánimas, o aquellos en los que se hace tor que acaso ya no exige ser revindicado
referencia a un protagonista plural, como como nombre al margen, sino que recla-
La ciudad e Itinerario para náufragos. ma un espacio propio dentro de los mejo-
Este tipo de enunciación entronca con una res exponentes de su estética. Pero el li-
renovada epopeya que transita entre la voz bro de Luján es, sobre todo, una invitación
y las voces, entre lo particular y lo uni- a la lectura, quizá la única salvación ante
versal. El planteamiento anterior desembo- «la indefensa blancura / que la nieve con-
ca en la conformación de una poesía del quista».
nosotros, en la que las marcas subjetivas
se diluyen mediante la apelación a la co- LUIS BAGUÉ QUÍLEZ
lectividad. El carácter participativo de esta
lírica muestra una identidad que se cons-
truye a partir de la asimilación de construc-
ciones heredadas. Por tanto, el nosotros ENCINAR, A. y M. GLEEN K., La plurali-
adopta una dimensión trascendente, en la dad narrativa. Escritores españoles
medida en que no se configura como una contemporáneos (1984- 2004). Madrid,
suma de individualidades, sino como una Biblioteca Nueva, 2005, 303 pp.
entidad globalizadora que se orienta en dos
direcciones principales: la evocación del En esta antología sobre narrativa con-
pasado y la toma de conciencia del presen- temporánea, el elenco de escritores anali-
te. La intertextualidad, la desubicación de zados cubre una época bien reciente e in-
la experiencia o la ambigüedad de los deíc- cluye una síntesis bibliográfica final por
ticos explican la convivencia de discursos autores, en perfecta armonía con las obras
y contribuyen a difuminar las fronteras citadas al cierre de cada capítulo. Una vez
entre recuerdo e imaginación. más, profesores de distintas universidades
Finalmente, la «Conclusión» del volu- presentan sus ensayos como contribuciones
men está dedicada al comentario del poe- imprescindibles al debate crítico literario
ma «Calderón de la Barca, 41», de Itine- sobre la heterogeneidad narrativa de los
rario para náufragos. La composición últimos veinte años. Las editoras introdu-
vuelve al entorno personal y refleja un cen el compendio destacando precisamen-
momento de la educación sentimental del te la característica de la pluralidad litera-
poeta. El título, que alude a la ubicación ria, las diferencias estéticas e ideológicas
de la casa familiar, fija una vivencia real en alternancia con los rasgos autoriales
en la que el presente de la evocación se comunes. Encinar y Glenn utilizan el tér-
funde con la escena evocada. Además, mino de grupo literario para nombrar a
Luján señala que en esta pieza se multi- una serie de narradores de la década de los
plican los niveles de voz del sujeto y los 90. Resaltan por encima de todo el hibri-
planos de la representación. Todo ello de- dismo como valor preponderante. Dedican
riva en un corolario negativo que pone de unas líneas preliminares a la trayectoria
relieve la paradoja inherente a la poesía: bio-literaria de cada uno de los creadores
el intento de dar forma al silencio en la escogidos, subrayando en todos ellos fac-
página en blanco. tores como: la narratividad, el gusto por
El estudio de Ángel Luis Luján se com- contar historias atractivas, o la creación de
pleta con un amplio y actualizado reperto- personajes muy moldeados que atrapen la
rio bibliográfico, de utilidad tanto para el imaginación lectora. Aunque no se trate de

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una compilación centrada en las mujeres del irritado adolescente narrador protago-
escritoras, sí saltan a la palestra cuestiones nista, con la adaptación cinematográfica de
de género sexual y literario, junto a los Martínez Lázaro. Por último reseña las
temas de la identidad cultural y nacional novelas María Bonita (donde el tiempo de
y de la lucha entre memoria y olvido. la abundancia es siempre el pasado y en
En el primer capítulo José Carlos Mai- la que el ensayista relaciona el paso de la
ner indaga en el escritor «Ignacio Martí- voz adolescente misógina y vulgar a la
nez Pisón» y en su forma de «contar el fin conciencia viva de una chica de trece años
de los buenos tiempos». En su opinión, el con el remate de la Transición) y El tiem-
escritor estudiado concibe la novela como po de las mujeres (considerada por el crí-
un desvelamiento paulatino de la comple- tico la mejor, la más extensa y compleja
jidad. Así, la primera novela: La ternura de las novelas de Pisón, que versa sobre
del dragón, se gesta como imagen litera- la enunciación femenina de la experiencia
ria desde un principio y sin que el autor familiar en las tres hermanas María, Car-
disimule el juego. El analista vislumbra lota y Paloma, quienes dibujan a la madre
esta pauta en personajes como el escritor ausente, atravesando por el autorreconoci-
adolescente, la abuela, el abuelo identifi- miento como ritual iniciático de la infeli-
cado con el dragón titular, figuras todas cidad y la madurez).
muy ambiguas y en tránsito impredecible Rosalía Cornejo-Parriego se encarga del
de lo admirable a lo abominable. Mainer capítulo II: «Genealogía esquizofrénica e
describe ese universo novelístico cifrado en identidad nacional en Malena es un nom-
una mansión, que él percibe como polimor- bre de tango de Almudena Grandes». Cor-
fa y encarnación de paraíso y reclusión, nejo prefiere obviar la más estudiada y
misterio y cotidianeidad, propiedad ajena y polémica representación del erotismo en
pertenencia conquistada, y como represen- Grandes, y se concentra en la crítica y la
tación de la familia y del pasado, de los reflexión históricas de esta dicotómica no-
espacios inmunes de la infancia en tanto vela que abarca desde la República hasta
que metáfora de una sociedad y de un país: la España global, pasando por la guerra
España al final del franquismo. La colec- civil, la dictadura y la transición. Para
ción de relatos Alguien te observa en se- Cornejo la médula de la novela son las
creto supone para Mainer un avance lite- oposiciones: de modelos de mujer, entre
rario, cortezariano, si bien con la recurren- hijos legítimos e ilegítimos, entre colecti-
cia de los temas focales: vampirización de vos sociales y conceptos de nación. Con-
un personaje por otro, la mujer atractiva y cluye con la consideración en nuestra au-
fatal, la soledad y la impotencia del obser- tora de la identidad individual y la colec-
vador. Continúa con el análisis de este tiva como nociones y vivencias complejas
mundo literario en la novela de aprendiza- e irreductibles a dicotomías excluyentes,
je Nuevo plano de la ciudad secreta, don- del mismo modo que ve claramente en las
de la narración de despedida de la infan- dos familias de Malena que la identidad y
cia finalizó: el fingimiento, la obligación la memoria no son sólo constructos narra-
laboral y la relación con la mujer irrum- tivos sino también opciones políticas.
pen como signos de la entrada en la edad Janet Pérez firma «Mercedes Abad o el
adulta. Mainer analiza después la novela arte de contar». La profesora sitúa a la
Carreteras secundarias. Elogia la hábil autora dentro de una generación de muje-
construcción, si bien echa de menos el res hispanas que han cultivado literatura
entusiasmo y la melancolía de las prime- erótica en mayor o menor medida, que
ras obras de Pisón. Compara los persona- tienden a evitar el lenguaje vulgar y que
jes de la hippy Paquita, del padre Lozano, acompañan lo sexual de subtemas como la

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soledad existencial. Janet Pérez comienza de Javier Cercas». Parte de la tesis de que
su análisis con una referencia a la publi- Cercas prima la invención sobre la docu-
cación más reciente de la autora: la colec- mentación e interpreta la historia como una
ción de artículos publicados en El País sensación pasajera emanada de fuerzas
entre 1995 y 2001 bajo el nombre: Titúla- irreales, en el sentido de Vattimo. Recu-
te tú; explica cómo estos escritos periodís- pera igualmente la teoría de Gordon sobre
ticos versan en torno al erotismo y la el personaje «haunted» o encantado, para
muerte, el absurdo, la vida doméstica o aludir al hecho de que es imposible negar
casera, la cotidianeidad barcelonesa desde los fantasmas del pasado y éstos habitan
el sarcasmo y la burla. A continuación, nuestra memoria. Spires describe la géne-
examina las colecciones de cuentos como sis argumental de la novela a partir de una
Ligeros libertinajes sabáticos (en opinión mera anécdota: el caso histórico de Rafael
de Pérez concebidos como una sátira de la Sánchez Mazas, uno de los fundadores de
sociedad burguesa de Barcelona que ocul- la Falange Española, a quien un miliciano
ta una enorme corrupción moral bajo la anónimo deja huir en Banyoles durante los
pátina de conservadurismo y etiqueta), Fe- estertores de la guerra civil española. Spi-
licidades conyugales (una docena de cuen- res detalla cómo el narrador de la novela
tos y un diálogo que abundan en la temá- inicia un periplo de entrevistas (los deser-
tica de la infidelidad-promiscuidad o los tores que perdonaron la vida a Mazas, el
matrimonios problemáticos: Pasión defe- escritor chileno Roberto Bolaño) hasta ave-
nestrante, Una bonita combinación, Suel- riguar quién fue ese miliciano salvavidas:
do de marido...) o Soplando al viento (don- un tal Antoni Miralles, ahora ya anciano
de Pérez observa que ha desaparecido la y asilado en Dijon. No obstante, Spires
temática obsesiva del matrimonio desave- duda de la realidad del, en sus propias
nido o del amor frustrado, reemplazada por palabras, más real de los personajes de
obcecaciones o tormentos en torno a los «Soldados de Salamina» que pudiera no
sentidos, vista, oído, habla: El placer de ser, en su opinión, más que una invención
callar, El placer de escuchar...). Escoge artística. Spires regresa aquí al plantea-
algunos de los cuentos y los comenta. Así miento de Cercas de la historia como pa-
Pérez llega al examen de la primera nove- labras repetidas fantasmalmente hacia de-
la larga de Abad: Sangre, caracterizándola lante, valores humanos imposibles de ve-
de obra muy sui géneris, más que postmo- rificar como hechos concretos e intuidos
derna, sobre una familia barcelonesa que sin más como fantasmas. De hecho, Mira-
pertenece a la secta espondalaria, un cru- lles ni siquiera salvó a Sánchez Mazas
ce entre los Testigos de Jehová y los Ad- como revela el mismo personaje. Sin em-
ventistas. La analista llama nuestra aten- bargo, Spires se niega a englobar a Cer-
ción sobre la historia, imbuida desde el cas en la Generación X, porque sus fan-
principio en lo inusual: la madre es atro- tasmas artísticos tienen la función de in-
pellada por un autobús y la hija accede a tentar que la civilización siga hacia delante,
la donación de sangre, a pesar del rechazo sin nihilismos y evasiones de la represen-
de la moribunda. En opinión de Pérez, la tación de los valores humanos.
fusión supone que la hija reviva la exis- En el capítulo V Marta E. Altisent bu-
tencia de la madre desde el interior, que- cea en «el mundo antitético de Planeta
dando así en paz con ella. Pérez elogia esta Hembra de Gabriela Bustelo». Se enfrenta
novela por su absurdo no absurdo y por su a la historia narrada en términos contra-
ironía triste y compasiva. puestos de ciberfilia o ciberfobia (la dis-
Robert C. Spires profundiza en «Una yuntiva se genera en la co-dependencia de
historia fantasmal: Soldados de Salamina mujer y máquina y en la acentuación de

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la soledad, la carencia afectiva y la des- y sometidos en gran medida al destino in-


conexión sexual que conllevan los tecno- salvable.
juguetes), pastiche o parodia (Altisent per- Biruté Ciplijauskaité en «Belén Gope-
cibe el reflejo mixto de las fórmulas utó- gui entre la búsqueda y la denuncia de la
picas y distópicas de la novela anglosajona, realidad» indaga en procedimientos litera-
la sci-fi feminista y el cyborg-feminism, de rios como la ambigüedad en tanto que in-
las farsas comerciales exitosas, del efecto determinación significativa o indefinición
collage, y señala el carácter paródico como cognitiva, o la invisibilidad en tanto que
elemento avivador de la ficción de las ca- percepción cambiante y sólo probable. En
tegorías e identidades sexuales para dejar- opinión de la profesora, los títulos de sus
las inoperantes); estudia cuestiones como la novelas testimonian sendos elementos: La
corrección lingüística, la oralidad y la re- escala de los mapas (Ciplijauskaité con-
cepción de la novela. En definitiva, para densa la línea argumental como una pues-
Altisent estamos ante el subgénero de la ta en abismo donde el protagonista Marco
ciencia ficción y la heterotopia lesbiana. Kunz duda de su propia existencia a tra-
Asistimos en el Nueva York del tercer vés del recurso a la máscara, hasta el punto
milenio a la guerra fría entre los sexos, de hacernos creer que su amada tampoco
entre el partido dirigente lesbiano XX y el existe), Tocarnos la cara (la obertura de
homo masculino XY, en lucha conjunta esta obra con la dicotomía acción-parada
contra la minoría terrorista heterosexual- supone, a juicio de la ensayista, una sínte-
célula H. La guerrillera Báez entra en con- sis de todo el argumento: el incierto pro-
tacto con el jefe de la oposición Graf, sos- ceso de crear algo nuevo que amenaza con
pechoso de disidencia. Graf la seduce y la venirse abajo, de ahí la carcasa del avión
«salva» del feminismo que la había secues- desplomándose y quedando suspendida en
trado. Juntos se fugan al planeta Andróme- el aire)y La conquista del aire (donde Ci-
da y dan paso a un nuevo ciclo civiliza- plijauskaité advierte cómo Gopegui lleva
dor. Como conclusión, Altisent inscribe la más allá la técnica del narrador semi-ob-
trama dentro del relativismo estético y mo- jetivo, con una precisión cronotópica, unos
ral posmodernos. personajes secundarios sobresalientes y un
Álvaro Romero Marco revisa las cate- dominio del cuerpo sobre lo espiritual, para
gorías de «melodrama, laberinto y memo- narrar cómo la falta de lealtad a una cau-
ria en la novelística de Juana Salabert». A sa genera la disgregación de tres parejas).
juicio de Romero Marco, si consideramos Por último, Ciplijauskaité comenta la no-
las cinco novelas de esta autora en su con- vela Lo real, llamando nuestra atención
junto, ni el desvelamiento de la moral sobre las nuevas estrategias narrativas de
oculta con el uso del melodrama, ni los la autora: sentencias, imágenes muy líricas,
discursos que quieren enfrentarse a los tra- la realidad manipulada de la televisión y
jes de la voluntad de verdad, ni el impul- el cine, el coro épico-trágico, lo detectives-
so moralizante que apoya a la narración co, lo teatral, la acentuación de la urgen-
histórica conducen a la salida del laberin- cia de diseñar un plan bien calculado, etc,
to. Así se desgaja de los distintos perso- todo ello en torno al eje principal de rea-
najes (Ania y Daniel en Varadero, Nerea, lidad/deseo. En definitiva, exalta en los
Ariadna y Ander en Arde lo que será, textos de Gopegui el rechazo del diverti-
Natalia y Zelia en Mar de los espejos). mento halagador.
Romero Marco observa en todos ellos una El capítulo VIII corre a cargo de Luis
desconfianza en la posibilidad del azar, los García Jambrina y se titula: «Entre la iro-
interpreta como seres descreídos condicio- nía y el desencanto: la narrativa de Ánge-
nados por el principio de autor de Foucault la Vallvey». García comienza por situar a

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la autora dentro de la generación del des- del doble o la suplantación y la ciudad


encanto, nacida en el desarrollismo, hija de como personaje. La novela El secreto de
la transición, que con la caída del muro de la lejía sirve a Encinar como foco de su
Berlín y la globalización aprende la decep- estudio: a pesar del desplazamiento del
ción. Como características troncales de su espacio narrativo del universo gallego a la
obra apunta el humor cosmopolita y tras- ciudad de Madrid, la ensayista afirma que
gresor a lo Almodóvar o Jardiel Poncela, se trata de un viaje de ida y vuelta y so-
los elementos heterogéneos: humor y tras- bre todo interior, donde la mezcla de fic-
cendencia, lirismo y crueldad, cosmopoli- ción y realidad adquiere una admirable
tismo y costumbrismo, alta cultura y cul- tensión. Encinar relata cómo la protagonis-
tura popular, y las experiencias autobiográ- ta, África, viaja desde Armor a Madrid,
ficas, además de otros rasgos como el para participar en un programa de radio y
ritmo ágil y trepidante o importancia de los asomarse al ambiente literario capitalino, si
diálogos. Como temas fundamentales enfa- bien el nomadismo y el encuentro con in-
tiza la búsqueda de la felicidad (invitación dividuos insólitos, la conducen a una suerte
a gozar de la vida) y las relaciones amo- de nostalgia paralizante y a la retrospec-
rosas (importancia del amor y del sexo, el ción en un hospital psiquiátrico. La profe-
matrimonio, las obsesiones, la poligamia sora cierra su análisis con la conciencia de
femenina, la afición a lo escatológico). El que la narrativa de Castro se caracteriza
investigador puntualiza que a pesar de ser por la sinuosidad sobre la que la autora
temas muy actuales suelen tener referentes lanza una mirada cristalina e intensa.
clásicos. Analiza la creación autorial divi- Silvia Bermúdez sostiene que «el pasa-
diéndola en distintas fases: novelas juve- do no está muerto», y así lo demuestra en:
niles, segundo reconocimiento (estudia la «La memoria histórica en la novela de
novela A la caza del último hombre sal- guerra El nombre de los nuestros de Lo-
vaje, que interpreta como una mirada cí- renzo Silva». La profesora examina la no-
nica sobre la situación de la mujer actual), vela y las formas en que se manifiesta el
el paréntesis (García explica la novela Vías peso que el pasado ejerce sobre el presen-
de extinción en relación con una desideo- te. Arranca de la retórica del sacrificio y
logización de la sociedad y una obscenidad la gloria como categorías de la novela de
del capitalismo desbocado), la consagración guerra en diversos autores. En su opinión,
(en opinión de García esta fase adviene El nombre de los nuestros preserva el pa-
con la premiada Los estados carenciales, sado en su continuidad con la tradición.
que él interpreta como revisión irónica del Bermúdez nos sitúa en las crisis hispano-
mito de Ulises y Penélope en el mundo marroquíes, siempre saldadas con las ar-
actual) y epílogo (García considera el frag- mas, el golpe militar y la dictadura. En
mentarismo narrativo de No lo llames amor este contexto, se pregunta por el interés de
en clave de descenso a los infiernos, las la novela histórica: la guerra de África es
cloacas y purgatorios del amor). un deseo de afianzar la identidad de aque-
Ángeles Encinar, por su parte, desvela llos que sufrieron trágicas circunstancias,
unos motivos recurrentes en la obra de de los héroes de guerra, en tiempos de una
Luisa Castro: las relaciones madre-hija (El identidad posmoderna española. En este
secreto de la lejía), las relaciones hombre sentido, aprecia el texto como contribución
maduro-mujer joven (El secreto de la le- a la novela de guerra por su descripción
jía, Segunda mujer), la búsqueda de iden- realista de la batalla y por los signos de
tidad y el proceso de formación (El secre- masculinidad propios del género (coraje,
to de la lejía), las relaciones interpersona- sentido del deber, lealtad y estoicismo sol-
les (El amor inútil, Cocodrilos), el tema dadescos). En su opinión, Silva no sancio-

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na el militarismo abiertamente, sino que Katleen M. Gleen estudia «Silencios


incide en retomar al soldado anónimo. Ber- que cuentan en la narrativa de Marcos
múdez recalca la solidaridad y la camara- Giralt Torrente». Analiza los silencios tex-
dería, la miseria y el hambre como refe- tuales característicos de este escritor filó-
rentes históricos de estas gentes. sofo en sus cuentos y en la novela París.
José F. Colmeiro trata «La nostalgia del Entre las acepciones de silencio, la profe-
futuro: amnesia global y hábitos de con- sora escoge el silencio literario. Expone
sumo en Tokio ya no nos quiere de Ray diversos antecedentes literarios del silencio
Loriga». Colmeiro piensa que la gran pa- (Carme Riera, Dulce Chacón, Cristina Fer-
radoja que define esta novela es la repre- nández Cubas), en las que identifica la fi-
sentación de una sociedad, un individuo, nalidad narrativa del silencio como medio
que se quedan sin pasado y sin identidad, de resistencia crítica o de implicación epis-
por lo que quizás también sin futuro y sin temológica. Tras estos prolegómenos, se
capacidad de encontrarse a sí mismos. Así, centra en los cuentos de Giralt. Lista las
nos cuenta cómo el narrador- protagonis- funciones del silencio en la antología de
ta, un agente comercial empleado por una cuentos Entiéndame (con títulos como: «En
empresa farmacéutica multinacional, viaja apariencia un encuentro», «Ese inaudito
por el mundo vendiendo drogas legales invisible», «Una inquietud muy razona-
diseñadas para borrar la memoria. Este ble»): la imprecisión, la vaguedad, la in-
apunte argumental le da pie al análisis de determinación, la incertidumbre, la perple-
la desmemoria como ideologización contro- jidad, lo inconcluso, lo elíptico, los pun-
lada, al examen de la cultura y narrativa tos suspensivos, las cláusulas hipotéticas,
posmodernas (con rasgos como la descon- las preguntas sin respuesta, las dudas sin
fianza de los grandes relatos, la dislocación aclaración, los secretos inconfesos, reminis-
espacio-temporal, la fragmentación narrati- cencias de Chekhov y de la literatura fan-
va, la hibridación, la suplantación y el si- tástica. A continuación, rastrea el silencio
mulacro) en tanto que homogeneización en la novela París; a su juicio, la obra
cultural a escala universal. De igual modo, gravita en torno al deseo del protagonista
estudia la globalización económica y cul- de saber qué sucedió en París entre su
tural en el viaje del personaje a través de padre y su madre, es decir, alrededor de
ocho países, un viaje que, en su opinión, la memoria del pasado, la identidad, las
no tiene en realidad lugares porque son repeticiones obsesivas conducentes a la
pasos sin memoria o con la sustitución de duda eterna entre posibilidades alternativas.
una memoria por otra a través de los fár- Como confirma la investigadora, el prota-
macos. Sintetiza cómo el protagonista aca- gonista no se decanta por ninguna de las
ba enfermo de epilepsia y afasia, por lo variantes, con lo que corta la satisfacción
que dará con sus huesos en un hospital de de su avidez de saber.
Berlín, donde ni siquiera recuerda por qué En el capítulo XIII el profesor Epicte-
quería olvidar. En opinión del profesor, en to Díaz Navarro descubre «Las máscaras
esta novela Berlín simboliza el inconsciente del escritor en las primeras novelas de Juan
colectivo y político, mientras que Tokio Manuel de Prada». Díaz aborda en primer
sería una metáfora del futuro por los avan- lugar Las máscaras del héroe, estructuran-
ces tecnológicos, por el amor en cubícu- do la novela en una introducción (la carta
los y el consumismo extremado; así las del escritor Pedro Luis de Gálvez al Ins-
cosas, Colmeiro colige que la demasía de pector de prisiones), dos grandes capítulos
futuro conlleva un desgaste del pasado y («Museo de espectros» y «La dialéctica de
este mismo hecho explicaría la nostalgia las pistolas», ideados por el escritor Fer-
futurista de que adolece toda la obra. nando Navales) y una «Coda» narrada en

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tercera persona y que cuenta el final de los se basa en el método de Calvin S. Brown,
personajes anteriores. Identifica ecos del consistente en la observación de ciertas
esperpento, las vanguardias literarias del formas y principios comunes a ambas ar-
Madrid de los 30, la decadencia, la nove- tes, música y literatura. Abunda en la con-
la picaresca, la desmitificación de lo lite- cepción de la secuencia como historias
rario y el olvido del escritor, en un tono individuales que mantienen sus rasgos dis-
de humor negro y sexualidad en La tem- tintivos, si bien no son experiencias forma-
pestad, una parodia de los relatos policía- les cerradas: nos preparan para el siguiente
cos, donde un joven profesor que había cuento. Detalla que Solos se centra temá-
viajado a Venecia a investigar el famoso ticamente en el sentido del oído y respon-
cuadro de Giorgione, se ve involucrado en de estructuralmente a los principios de la
un asesinato. A juicio del investigador, las repetición emparejada y de la configuración
interpretaciones del cuadro, del crimen y silábica del texto. En opinión de Rueda, la
de la novela misma se abren a la subjeti- pauta musical informa los nueve relatos,
vidad del receptor en un espacio cambian- que podrían calificarse de strip tease mu-
te, entre lo irreal- gótico y lo marginal. sical en solitario, por tanto en cuanto, ex-
Este componente raro y monstruoso se es- plica la profesora, se ponen en boca de un
tudia igualmente en Las esquinas del aire, personaje frustrado y solitario al borde de
donde se exploran los tópicos de la falsa la depresión total, que monologa hacia un
autobiografía y de la búsqueda del Santo tú ausente para romper con su soledad. La
Grial en el personaje del joven escritor sinopsis de los seis cuentos que componen
Gonzalo Martel, que investiga la figura de el volumen permite a Rueda desembocar en
la escritora olvidada Martínez Sagi. Díaz el estudio del contrapunto: voces produci-
siente aquí el vacío sobre el que se asienta das simultáneamente, inseparables, pero
la biografía actual, enlazando con las dos percibidas como distintas. La investigado-
líneas de significado de la última novela ra conviene en asociar el remate lúdico o
La vida invisible, a saber: la vida oculta la repetición poética a la técnica del con-
bajo una apariencia de normalidad y la trapunto.
vida oculta en tanto que marginalidad. En Concha Alborg explora la «(Re) Lectu-
opinión de Díaz, Prada gusta de las frases ra y (Sub)Versión de los cuentos de hadas»
y párrafos muy elaborados y de las metá- en Espido Freire. Alborg se fija el objeti-
foras sorprendentes, si bien la riqueza de vo de analizar cómo Freire continúa con la
registros lingüísticos impide encasillarlo tradición desmitificadora emprendida en los
sea como neorrealista, sea como estilista. 50. Además quiere ver si la autora sigue
Ana Rueda estudia «Los Solos de Care las normas feministas propuestas por Jack
Santos» como ‘variaciones’ sobre un Zipes para cambiar las tradiciones anticua-
tema». La investigadora hace girar su aná- das de los cuentos tradicionales. Arranca
lisis en torno a la atracción fatal por la de ensayos como Primer Amor o Ser o no
música, los poetas románticos alemanes, ser guapa. La vida frente al espejo, estu-
los simbolistas franceses, Valle Inclán y los dios sociológicos sobre los cuentos de ha-
modernistas, etc. Se pregunta si Care San- das, que tilda de revisiones paródicas de
tos pretendía una transposición musical los clásicos, con rasgos como el humor, el
específica con sus Solos. Aconseja escep- cambio del orden convencional o la nove-
ticismo en el campo de la interdisciplina- dad con el uso de los signos familiares, así
riedad y confiesa que no desea probar que como la incorporación de utopías y de
Solos responde a una pauta musical deter- ciencia ficción al mundo mítico del cuen-
minada, sino mostrar que la música opera to. Enfatiza cómo Freire trata temas hila-
como impulso en este opúsculo. Para ello, rantes como la sexualidad de la mujer o los

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orgasmos vaginales y clitorianos, pero tam- mentos propiamente dichos. En lo relativo


bién temas serios como el maltrato, la vio- a las formas de narrar, el ensayista desta-
lación, el abuso a menores, el lesbianismo, ca la ironía narrativa de Lo peor de todo,
el incesto, la bulimia. La profesora anota la prosa dislocada y la sequedad en Hé-
el dato del linaje matriarcal en la identifi- roes, formas que él presiente ligadas a la
cación de Freire con su abuela y las otras enajenación del mundo. Estudia la canali-
mujeres de la familia. Prosigue con el aná- zación de la ira y la violencia en El índi-
lisis de la novela Irlanda, donde rastrea el ce de Dios y revisa la estructura narrativa
arquetipo invertido: Natalia, la supuesta de Días extraños, Lo peor de todo, o Caí-
Cenicienta, debería transformarse en prin- dos del cielo, para arribar por fin al exa-
cesa, pero se convierte en una bruja per- men de la última novela de Loriga: El
fecta. Por último, parangona el sarcasmo hombre que inventó Manhattan. De esta
como subversión implícita de Primer amor, novela, a Gracia le interesa el cambio de
con la verdadera inversión de Cuentos mal- modelo autorial, con la ligazón de los re-
vados, donde asistimos, a su juicio, a una latos como pedazos al estilo del montaje
experimentación posmoderna que cuestio- cinematográfico, pero sobre todo la ausen-
na todos los aspectos de este género y nos cia del tono confesional y el abandono de
anticipa cualquier otro cambio en la lectu- la primera persona.
ra o escritura del siglo XXI. Germán Gullón presenta «Dos proyec-
Jordi Gracia investiga el concepto de tos narrativos para el siglo XXI: Juan Ma-
ruptura en tanto que modelo novelesco nuel de Prada y José Ángel Mañas». Su
inmerso en un proceso democratizador. Se ensayo versa sobre la asimetría del pano-
enfrenta al tratamiento de la ruptura en rama narrativo español actual a través de
escritores como Roger Wolfe o Ray Lori- dos maneras opuestas de entender y prac-
ga. Se da cuenta de que los rasgos litera- ticar la creación literaria, la de Prada, que
riamente valiosos en ambos autores se han exige un bagaje cultural propio e interior,
transformado y se han revestido de una y la de Mañas, cuya lectura no precisa un
consistencia estética y moral. En opinión archivo de referencias culturales. Gullón no
del investigador esto equivale a decir que ve en estos autores ni falta de costumbris-
el papel de ruptura cede su significado en mo ni falta de imaginación, sino elimina-
virtud del significado literario de sus li- ción del trasfondo literario. Da un dato
bros; la rebeldía literaria deviene un modo para la unidad de esta generación que cul-
de respeto a la vieja tradición romántica: mina en los 80: el éxito de la novela de-
el simulacro de ruptura. De ahí que Gra- but: así Las máscaras del héroe en Prada
cia considere la dimensión autobiográfica o Historias del Kronen en Mañas. Compara
de estas obras «rebeldes» como inevitable, los estilos de Prada y de Mañas. Del pri-
aunque inevitablemente engañosa también. mero resalta su léxico excelente, rico y
A continuación identifica el rasgo diferen- escogido, su sintaxis innovadora y ágil, la
ciador de Wolfe y de Loriga con respecto creación de imágenes que contribuyen a
a otras expresiones generacionales: la au- una lectura literaria del texto, con multi-
sencia de código ideológico, sobre la base tud de palabras de uso infrecuente. De
del análisis de dos creaciones novelescas Mañas enfatiza el vocabulario nuevo, la
de Loriga Días extraños y de Héroes. Los sintaxis inesperada, la impresión innovado-
personajes son antihéroes, inadaptados, he- ra, los referentes que se autoconsumen en
terodoxos y románticos que quieren salir el propio texto. Subraya este último rasgo
del cauce burgués en pos de sus deseos, como principal diferencia entre Mañas y
de la autenticidad y de la verdad personal, Prada. A pesar de la superioridad que la
todo ello en un magma difuso sin argu- crítica otorga a Prada, Gullón valora la

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capacidad de Mañas para recrear el lengua- morfosintáctico y narratológico cobra una


je oral y la unidad que hila toda su obra, importancia crucial. En este sentido, la aten-
que constituye a su juicio una verdadera ción a los contenidos queda estrechamente
tetralogía (Historias del Kronen, Mensaka, vinculada al examen de la técnica escritural
Ciudad rayada, y Sonko95). de cada autor. La línea argumental de las
En suma, las tendencias literarias en narraciones está siempre puesta en relación
lengua española contemporánea apuntan con el potencial inédito de los creadores
hacia una creación múltiple y unos escrito- compendiados. El análisis de la expresión
res bastante conscientes de su individuali- original y personal se une a la explicación
dad. Los críticos y profesores que analizan del recuerdo literario y la tradicionalidad.
los productos literarios reseñados enfrentan Encinar y Glenn editan una antología esen-
una vez más la diversidad desde una volun- cialmente poligenética y descubren lo diver-
tad filológica expansiva antes que constric- so de cada narrador en el marco de una
tora. La búsqueda del grupo literario alter- materia común en auge: la narrativa espa-
na con el rastreo de otras cualidades artís- ñola contemporánea.
ticas más específicas; así, el estudio de las
innovaciones en los distintos planos léxico, PATRICIA GONZÁLEZ ALMARCHA

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