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NUEVA PERSPECTIVA SOBRE LOS PRIMEROS MAYAS*

NORMAN HAMMOND
Universidad Rutgers

Descubrimientos recientes expandieron mucho el período conocido de ocupación humana en el área maya
en Centroamérica, y también indican una mayor complejidad social en una época anterior a la que se
suponía. La presencia humana desde principios del Holoceno, al menos, y la agricultura en pueblos
sedentarios desde el segundo milenio a.C., forman la base sobre la que se desarrollaron las primeras etapas
de la civilización maya durante el primer milenio a.C. Las redes de intercambio de gran extensión, que
incluían el contacto con los olmecas de la costa del golfo y con los altiplanos de Guatemala, se construyeron
durante la primera mitad de dicho milenio: el análisis de trazas de obsidiana, jade y otros materiales permitió
indicar el origen y la red de rutas de manera precisa. Existe evidencia de un incremento en el tamaño, la
densidad y la nucleación poblacional después del año 500 a.C. Obras arquitectónicas monumentales en
yacimientos como El Mirador, Lamanai, Tikal, Nohmul y Cerros son indicios de una sociedad organizada
con un control central poderoso. Durante este período, probablemente, comenzó la agricultura intensa
mediante el drenaje de humedales y hacia el final del período, en los primeros siglos d.C., aparecieron la
iconografía y los jeroglíficos. Estos fueron utilizados como propaganda dinástica por las élites gobernantes
en los reinos mayas. Nueva evidencia sugiere que el período Clásico de la civilización maya (<5-9 d.C.) es
la segunda fase y no la primera de una sociedad realmente compleja.

En 1979, Gordon R. Willey dio una distinguida conferencia conmemorativa en The Huxley
Memorial en la que hizo hincapié en una mirada 'holística' sobre la civilización clásica maya
en Centroamérica durante el primer milenio d.C. (Willey 1980). Tomó cuatro temas:
subsistencia, patrones de asentamiento, organización socio-política e ideología, que entendió
como interconectados de manera sistemática. Entonces expuso cómo el desequilibrio
percibido en la relación entre estos subsistemas en el funcionamiento de la antigua sociedad
maya llevó a enfatizar la investigación de estos cuatro campos. Willey también mostró cómo
un mejor entendimiento de la ideología maya podría, a su vez, influir en una apreciación por
el papel de lo simbólico en algo tan básico como la producción de subsistencia.
Tomando el holismo de Willey como axiomático, examinaré la evidencia sobre el
desarrollo, más temprano de lo que se creía hasta hace muy poco, de la compleja sociedad
maya por la aparición de vestigios de civilización en el período Preclásico que finalizó en el
tercer siglo d.C. Al hacer esto, sigo el esquema cronológico formal de Prehistoria del nuevo
mundo, establecido por Willey y Phillips (1958), en el que al período Clásico comprendido
durante los años 250-900 a.C. (definido como el período durante el cual los mayas erigieron
monumentos en piedra con calendarios precisos en el formato de serie inicial [Thompson
1950]) le siguió el Posclásico, que duró hasta la conquista española en el siglo dieciséis y lo
precedió el período Preclásico o formativo, que comenzó con los primeros asentamientos
sedentarios. Este fue situado formalmente en el 1500 a.C., pero como el análisis del
radiocarbono recién comenzaba a utilizarse, y la relación entre la datación bruta y calibrada
aún no era un problema (Suess 1967), la fecha fue solo una suposición.

*The Curl Lecture, 1985.

Man (N.S) 21, 399-413


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El Preclásico fue un período de aldeas agrícolas que precedieron (consideradas en su


momento como una aparición bastante rápida) el surgimiento de la 'civilización', no solo en
el área maya de la península de Yucatán y en las zonas aledañas de Guatemala, Belice, el
oeste de Honduras y El Salvador, sino también hacia el oeste, en los altiplanos en el centro
de México. Este modelo unilineal se modificó poco después al demostrarse que la cultura
olmeca de la costa del Golfo de México había florecido durante la primera mitad del primer
milenio a.C. en centros como La Venta y San Lorenzo (Coe, M.D. 1970; Coe M.D. & Diehl
1980)1. Ya sea que los olmecas hayan desarrollado una sociedad lo suficientemente compleja
como para adjudicarle el título de 'civilización', como sostiene Michael Coe (1968), o no, sus
importantes terraplenes y el transporte a larga distancia de enormes piedras, que sirvieron
para crear esculturas magníficas desde el punto de vista técnico, artístico e iconográfico, son
evidencia de avances muy por encima de los enunciados en el concepto formativo.
Más indicios de desarrollo Preclásico provinieron de otras partes del centro de México,
como el monte Alban, en Oxaca, en el año 200 a.C., y Teotihuacan, en el valle de México,
durante el primer siglo d.C. Se sabe que existió una escultura monumental en Kaminaljuyu
hacia finales del Preclásico (450 a.C. - 250 d.C.) y se descubrieron construcciones en Tikal
que se creía databan del período Clásico que se remontan al primer siglo a.C. en adelante
(Coe, W.R. 1965), pero el concepto general de 'aldea formativa' permaneció como tal hasta
bien avanzados los años 70.
Sin embargo, en los últimos años hubo un cambio dramático impulsado por una serie de
acontecimientos: ahora sabemos que los mayas y sus ancestros directos habitaron en las
llanuras tropicales por miles de años más de los que se creía; sabemos también que tenían
una cultura única hacia fines del segundo milenio a.C., y podemos decir, sin ninguna duda,
que no eran parientes pobres de los olmecas y la gente de las montañas, sino los dueños de
su propia historia cultural, creadores y no meros prestatarios. Este marco temporal extendido,
en el que comenzó la evolución de la cultura maya, hizo más fácil aceptar que existió un
desarrollo más temprano de esta sociedad compleja en las llanuras tropicales de lo que se
había creído.
Hasta hace menos de una década, no se tenía registro de la ocupación en las llanuras mayas
(las regiones áridas, la selva de la península de Yucatán y el bosque tropical en la zona de
Tabasco, Campeche, el norte de Chiapas, Peten y Belice) antes de la primera mitad del primer
mileno a.C. (Berger et al. 1974): por lo tanto, era posible que el origen de la cultura maya se
haya dado en las montañas o en el área olmeca hacia el oeste (Adamms 1977; Hammond
1977:60-3). Los primeros análisis por radiocarbono en el yacimiento arqueológico de Cuello
en Belice ampliaron la fecha mínima de la aparición de asentamientos mil años o más antes
y (Hammond et al. 1976; 1977) se demostró que ya existían asentamientos de productores de
maíz con cierta destreza en alfarería y otras habilidades desde hacía siglos en Belice antes de
la aparición de los olmecas. Esto arrojó evidencia, por primera vez, sobre el desarrollo
autóctono de la cultura maya. Aunque algunos críticos conservadores de la cronología Cuello
argumenten que el origen fue en el último, y no en el primer cuarto del segundo milenio a.C.
(por ejemplo, Marcus 1984: 830), la independencia de la cultura maya no está en duda.
Los descubrimientos a finales de la década de 1970 y principios de los 80 hicieron que,
incluso las fechas de Cuello, tan desafiantes a mediados de década, parecieran modestas: se
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encontraron ocupaciones precerámicas en tres áreas muy separadas entre sí en tierras mayas,
desde la zona volcánica en el sur de Guatemala hasta el norte de la península de Yucatán. El
yacimiento Los Tapiales en El Quiché, cuyo origen se remonta hacia principios del holoceno
(Gruhn y Bryan 1977), se complementó con un gran número yacimientos del período Arcaico
encontrados gracias al reconocimiento de la superficie en dicha provincia (Brown 1980). En
las grutas de Loltun, en las sierras Puuc de Yucatán, se encontró una secuencia cerámica y
precerámica (la transición ocurrió alrededor del 1800 a.C.) y en la zona costera de Belice, la
punta Clovis con base estriada de Ladyville (o tal vez de Turrialba) (Hester et al. 1981) arrojó
indicios de ocupación a principios del holoceno. Muchos sitios precerámicos de Belice que
encontró MacNeish fueron seriados dentro de una secuencia precerámica de seis fases que
abarca los períodos 9000-2000 a.C. (MacNeish et al. 1980; Zeitlin 1984), pero esto aún no
goza de aceptación general. La transición de economías de recolección a aquellas de
producción de alimentos en las llanuras mayas sigue siendo un tema importante de mayor
investigación.
Si bien las comunidades que existieron a finales del período precerámico pudieron haber
sido agrícolas, las primeras pruebas ciertas de agricultura -y no de recolección de cultivos-
datan de principios de la fase Swasey, durante el Preclásico temprano, en Cuello: la
maquinaria para la molienda de granos seriada en el año 6000 a.C. por MacNeish y sus
colaboradores no contiene evidencia alguna de la especie ni del estado de los alimentos
procesados, ya sean salvajes o cultivados, aunque las manos y los metates que pertenecieron
a la última fase progreso (3000-2000 a.C.) de dicha secuencia precerámica son
indistinguibles de aquellos de la posterior fase Swasey.
En Cuello se recobraron restos de maíz, tanto en grano como en mazorca, mediante el
proceso de flotación de todos los niveles, incluyendo el paleosuelo basal sepultado (Miksicek
et al. 1981). Las mazorcas más antiguas eran de tamaño pequeño, tal vez parecidas a las del
milenio anterior en el valle de Tehuacán, en el altiplano del centro de México, pero la
medición de fragmentos de cúpulas muestra un incremento a lo largo del tiempo en el
diámetro de la mazorca (y también en su longitud, el tamaño de los granos y la productividad
general) a través de la secuencia Cuello, lo que sugiere que los mayas manipulaban su base
de recursos agrícolas intencionalmente (Hammond 1982a: fig. 4.9). El hecho de que el maíz
fuera cultivado y no recolectado en estado salvaje, es claro teniendo en cuenta la naturaleza
de la especie, que es originaria de zonas montañosas, y que seguramente tuvo que sufrir el
proceso de adaptación a las húmedas llanuras tropicales durante el comienzo del segundo y,
probablemente, tercer milenios a.C. antes de que la variedad más robusta se convirtiese en
los cimientos de la economía maya de subsistencia.
El equipamiento para el procesamiento del maíz está presente en Cuello desde el período II
de la secuencia estratigráfica en adelante. Téngase en cuenta que, aunque los períodos O-IIIA
se correlacionaban originalmente con la fase Swasey, en el período 2000-1000 a. C. la
revisión hecha por Kosakowsky [1983] de la secuencia cerámica, restringió a Swasey sensu
novo a los períodos estratigráficos O-II, y los III-IIIA se correlacionan con los compuestos
cerámicos de Bladen en la esfera Xe. Para más información sobre la relación entre estos
compuestos cerámicos, la estratigrafía de Cuello y la cronología del radiocarbono, véase
Hammond (1980: 188; 1984: 822-4). Los primeros descubrimientos; fragmentos de metate y
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mano, reutilizados como relleno de construcción, son de arenisca rosada proveniente de las
montañas mayas que se encontraban a unos 150 km al sur, e indican que los primeros
habitantes de Cuello contaban con un sistema de obtención de recursos que se extendía más
allá del área local.
No es mi intención volver a examinar en detalle los registros arqueológicos de las primeras
comunidades sedentarias de las llanuras mayas, pero sí hacer hincapié en que muchas
características de la tradición cultural maya se establecieron en una fecha temprana. A la
agricultura de maíz podemos sumar la tecnología y estilo cerámicos anteriores a los de las
fases xe, mamom y chicanel del período Preclásico tardío, la utilización de plataformas con
superficie de yeso, enmarcadas en madera y superestructuras de paja, y la organización de
estos edificios alrededor de una plaza central o patio. Estas características son tanto
mesoamericanas como mayas, y muestran que en la segunda mitad del segundo milenio a.C.
las llanuras mayas eran tan avanzadas desde el punto de vista cultural como muchas partes
de la zona alta.
Los registros arqueológicos muestran que a principios del primer milenio a.C., tal vez un
poco antes, las redes de intercambio de larga distancia unían las llanuras mayas con las zonas
altas de Guatemala y, quizás, llegaban aún más lejos: la primera obsidiana aparece en la fase
Bladen en Cuello, de la fuente de San Martín Jilotepeque cerca de Chimaltenango que
suministraba la mayoría de la obsidiana del Preclásico medio hasta ahora analizada en las
llanuras. Esta fuente está a unos 450 km de Cuello a vuelo de pájaro (como lo están también
las fuentes utilizadas posteriormente de El Chayal e Ixtepeque). Un pendiente de jade azul
con forma de lentejuela de una sepultura de finales de la fase bladen (F215) es muy similar
en cuanto a forma y material a los de La Venta, el principal yacimiento olmeca ubicado unos
550 km al oeste y es otro indicio de interacción olmeca con las zonas más lejanas del área
maya.
Esas interacciones son de tres tipos; la influencia olmeca es cada vez menos directa a medida
que uno se aleja hacia el este: la presencia olmeca es más notoria en sitios donde pueden
encontrarse esculturas monumentales y cerámica con estilo olmeca. Estos yacimientos se
encuentran a lo largo de la vertiente del pacífico en el sur de Guatemala y El Salvador, en
Tzutzuculi, Izapa, Abaj Takalik y Las Victorias (Chalchuapa), y en el norte de Chiapas en
Tenosique y Xoc. La segunda área de contacto, que se superpone y se extiende más allá de
la primera, posee objetos olmecas transportables encontrados en contextos que sugieren que
fueron puestos por personas con conocimiento sobre rituales de dicha civilización: el objeto
y su significado aún están conectados. Como ejemplos cabe citar el depósito del grupo A en
Ceibal (Depósito 7: Smith 1982:243), las ofrendas en el cementerio del Preclásico medio de
Copán (Fash 1982), y posiblemente el depósito en Chacsinkin, Yucatán (Andrews en prensa).
La tercera área es una en la cual objetos aislados de origen olmeca aparecen en contextos
culturales mayas separados de sus significados originales: su presencia fue, probablemente,
el resultado de intercambios posteriores. El pendiente de Cuello, junto con otros tantos jades
azules de posible origen olmeca entran en esta categoría. También lo hacen otras piezas: una
pieza aserrada con cuerda de jade azul de Moho Caye, lejos de la ciudad de Belice; tal vez la
efigie de jade con forma de almeja proveniente de Kendal en el Distrito de Stann Creek (en
este caso los jeroglíficos del Preclásico tardío constituyen un agregado siglos más tarde); y
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también, posiblemente, la magnífica cabeza olmeca de jade azul de Cozumel, que aunque se
la encontró en una tumba del período Clásico tardío, pudo haber llegado a la isla cientos de
años antes.
Estos indicios de contacto olmeca se complementan con un movimiento cultural maya en
dirección opuesta, hacia el oeste pasando por Chiapas y el istmo de Tehuantepec (Demarest
1976) a mediados del primer milenio a.C. El período que abarca desde el 700 al 400 a.C., la
última parte del Preclásico medio, es, sin embargo, poco claro. Aunque según lo que
conocemos del Preclásico temprano y tardío, fue durante estos siglos que el desarrollo
cultural de los mayas comenzó a acelerarse. Los yacimientos arqueológicos pertenecientes a
este período están, en la mayoría de los casos, enterrados debajo de las construcciones del
Preclásico tardío, con o sin un aumento posterior de la actividad durante el período Clásico,
y será difícil investigarlos en cualquier escala razonable. Sin embargo, los sucesos de finales
del Preclásico medio y sus causas son uno de los temas de investigación más importantes
para la arqueología maya hoy: aquí se encuentra el secreto del nacimiento de esta civilización.
Ahora sabemos, como resultado de investigaciones recientes, que, para el inicio del
Preclásico tardío, alrededor del año 450 a.C., la sociedad maya fue muy diferente de lo que
suponía. En el pequeño yacimiento de Cuello (que aún en su período de mayor población y
prosperidad fue no más que una pequeña aldea) hubo una reorganización drástica del centro
ceremonial de la comunidad: el patio cerrado que era bordeado por edificios con techos de
paja (uno de ellos con paredes de piedra) en plataformas elevadas un metro, sufrió una
desconsagración: las superestructuras fueron quemadas, las plataformas menospreciadas y el
patio cubierto de escombros (Hammond 1980). El ritual de terminación consistía, en parte,
en esparcir perlas de jade en marcas hechas en la fachada de una edificación y bloquear la
entrada de otra con grandes bloques extraídos de su plataforma. Aún era posible, sin embargo,
el acceso a la edificación mediante un camino pavimentado con piedra caliza construido
sobre el relleno del patio. No obstante, la parte más importante del ritual era un sacrificio en
masa en el que se dejaba un hoyo en medio de las ruinas. Este hueco estaba repleto de restos
descuartizados de, al menos, veinticuatro personas. Todos ellos, o casi todos, hombres
jóvenes. Vasijas de cerámica indican una fecha cercana al 450 a.C., y los restos estaban
acompañados, también, por media docena de tubos de hueso de ciervo tallados con diseños
complejos en bajo relieve en planos superpuestos (Hammond 1980: fig. 5). Dos de estos, uno
con torbellino espiralado y otro serpentiforme, son indicios de un estilo artístico establecido;
los demás muestran un adorno entrelazado que es con total claridad el pop (motivo) que se
encuentra en los tapetes tejidos de la iconografía maya clásica. El motivo se usa comúnmente
en el pintado de jarrones y esculturas como símbolo de poder real ya que era utilizado por
los reyes a la hora de su coronación. Alrededor del año 450 a.C., en este contexto de
sacrificios, donde el poder se ejercía de manera que pueda ser observado, tenemos el ícono
de la potencia real: es tentador sostener que para el final del Preclásico medio, los mayas eran
gobernados por hombres que habían establecido tanto la realidad del poder y su expresión
simbólica.
Durante el Preclásico tardío, ese poder se utilizaba para controlar poblaciones y
comunidades más grandes y densas que habitaban en comunidades más complejas que las
anteriores. Yacimientos como Tikal y El Mirador podrían haber tenido poblaciones rondando
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las decenas de miles de habitantes para el primer siglo a.C., y muchas otras pudieron haber
seguido los pasos de Ceibal, Komchen, Lamanai, Edzna, Cerros y Nohmul al alcanzar
también los varios miles de habitantes. En una región bien analizada como el norte de Belice,
sabemos que todos los yacimientos que adquirirían mayor importancia en el futuro ya se
habían constituido durante el Preclásico tardío, y que existían cuatro veces más asentamientos
en el Preclásico tardío que en el medio, en su mayoría más grandes que sus predecesores.
Aunque el prolongado interín de tiempo cubierto por el Preclásico tardío y el efecto de
ocultación puedan exagerar el contraste, no hay casi dudas acerca de que el gran incremento
en la población ocurrió en la llanura maya durante la segunda mitad del primer milenio a.C.
¿Cómo se alimentaban estas personas? Willey (1980: 251-3) resumió los avances en el
estudio de la subsistencia maya y planteó que el descubrimiento del método de cultivo milpa,
que consistía en roza y quema anual del campo fue sustituido en el período Clásico por la
construcción de terrazas sobre la ladera y campos elevados sobre la llanura. Aunque la
construcción de terraplenes parece haber iniciado a finales del Preclásico tardío o comienzos
del Clásico temprano, para aproximadamente el tercer o cuarto siglo d.C., la construcción de
campos elevados ya existía, sin lugar a dudas, en el Preclásico tardío y hasta pudo haber
comenzado antes. Se descarta la fecha 1110 ± 230 a.C. (I-7877A: Puleston 1977:452), de San
Antonio, Albion Island, en Río Hondo en el norte de Belice en cuanto a la construcción de
un canal; sin embargo, se acepta un posible origen en el Preclásico medio (Bloom et al. 1983).
En Cerros, la pequeña parcela de terrenos elevados es parte fundamental del sistema de
canales en el yacimiento. Según Scarborough (1983) es de 200-50 a.C y la datación por
radiocarbono de los extensos campos en los pantanos Pulltrouser, al este de Nohmul, sugiere
que la construcción coincide con el florecimiento del sitio en los primeros siglos a.C. (Turner
y Harrison 1983: 256). Existe, por lo tanto, evidencia suficiente, aunque no irrefutable de un
grado de intensificación cultural en el Preclásico tardío como la creación de nichos
ecológicos artificiales, que debieron haber requerido una organización de nivel superior de
mano de obra.
La organización para la producción de subsistencia puede estar unida a la organización
contemporánea de producción artesanal de manufactura de herramientas necesarias para la
construcción de canales y campos. Existe evidencia proveniente de la fábrica de esquisto en
Colha, ubicada entre pantanos en medio de la llanura costera al norte de Belice, a lo largo de
un arroyo que reveló un lecho de nódulos de este tipo de roca. El yacimiento, estudiado en
primer lugar por el proyecto Corozal del British Museum - Cambridge University en 1973
(Hammond 1974), ha sido analizado y excavado detenidamente por el proyecto Colha desde
1979 (Hester 1985 y sus referencias). Dentro de los 6 km² de asentamiento, alrededor de un
9 por ciento, de las miles de estructuras identificadas hasta el momento, son talleres de
pedernal. Al menos treinta y dos aún funcionaban durante el período Preclásico tardío. Los
depósitos de hasta 1.5 metros de espesor dan fe de la intensidad de la producción y el rango
limitado y estandarizado de las formas de las herramientas del Preclásico tardío indica una
economía de línea de producción. El tipo más común de herramienta era una gran piqueta o
azada —un instrumento para hachar y picar -y una azuela con filo formada a golpes, casi tan
habitual. La lasca removida, conocida como 'cáscara de naranja' por su parecido con la piel
de la fruta, es la más sorprendente hallada en Colha. Hester (1985:197) estima que las 2,1
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millones de azuelas, que según las muestras del proyecto Colha fueron elaboradas durante el
Preclásico tardío, son 'sin dudas una estimación conservadora'. Otros artículos propios de
Colha incluían una especie de 'daga' con una cuchilla triangular, y la combinación de
herramientas y pedernal a rayas o de color miel hacen las mercancías de exportación de Colha
reconocibles en otros yacimientos. Los talleres parecen haber sido los principales
proveedores en otros sitios en el norte de Belice, alrededor de los pantanos Pulltrouser, en
Cuello, Nohmul y Cerros, y además haber comerciado las herramientas al oeste hasta
Uaxactún y El Mirador al norte de Peten: por su nivel producción, su economía era regional
y no local.
Es más notable la organización económica de la sociedad maya durante el Preclásico tardío
en los grandes edificios públicos en los yacimientos más extensos (muchos de los cuales se
creía en un principio que pertenecían al período Clásico por su gran tamaño). En Komchén,
antecesor de Dzibilchaltún al norte de Yucatán, una comunidad densamente nucleada que
cubría 2 km2 y con origen en el Preclásico medio, ya había crecido para el cuarto siglo a.C.
En el centro de esta comunidad había una plaza, de 150 por 80 metros, rodeada por cinco
grandes plataformas con un total de más de 60.000 metros cúbicos de relleno de construcción.
Tres son anchas, cubren 3000-3900 metros cuadrados y miden 7.5 metros de altura. Las dos
restantes son estructuras largas, angostas y altas con dos escaleras cada una. Dos de las
grandes estructuras están unidas por un sacbé, el tipo de camino más antiguo encontrado en
un yacimiento maya. Se calcula que la población de Komchen, de cerca de 3000 habitantes,
necesitó una zona sustentable para la agricultura de hasta 20 km de diámetro, a menos que se
hayan practicado otros métodos aún no identificados de intensificación agrícola. (Andrews
et al. 1981).
Komchén se destaca en esta época temprana del Preclásico tardío por sus construcciones,
que fueron muchas e impresionantes. No obstante, fueron opacadas por las de otros sitios
más al sur, en la selva de Petén y Belice, que se desarrollaron a partir del tercer siglo a.C. y
que pertenecieron al mismo período histórico. Entre los lugares de urbanización más
pequeños y recientes está Nohmul, sobre la cresta de caliza al este de Río Hondo y al oeste
de los pantanos Pulltrouser: las excavaciones arqueológicas desde 1982 muestran que el
precinto ceremonial del grupo este se construyó a finales del Preclásico tardío como una gran
plaza sobre una plataforma que nivelaba el terreno, rodeada por una 'acrópolis' al norte y por
estructuras más pequeñas al este y al oeste. La plaza cubría un área de 130 metros de ancho
y casi igual de largo, y la 'acrópolis ', una plataforma enorme con una base de 6000 metros
cuadrados y 10 metros de alto, estaba construida con bloques de piedra caliza. Contenía tanto
material como el grupo de plazas de Komchén completo, y junto con el relleno para los
montículos que lo rodeaban y la gran plaza misma, la cantidad de caliza y marga de sascab
extraída y depositada en el centro de Nohmul es de aproximadamente 100.000 metros
cúbicos.
En la parte superior de la 'acrópolis' se hallaron los huecos de poste de un gran hall de
madera, tres pasillos (7 metros) de ancho y al menos siete naves de (20 metros) de largo. Su
construcción coincidió con la finalización de la 'acrópolis', y se desmanteló luego. Se
rellenaron los huecos cuando se irguió una pirámide en el extremo sur de la plataforma con
vista a la gran plaza. El salón no era lo suficientemente grande como para ser un templo y
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era muy grande para ser una casa: lo interpretamos como el precursor perecedero de 'palacios'
o 'grandes estructuras' de piedra comunes en precintos ceremoniales mayas en el período
Clásico, y se cree que albergaban a los reyes y a su aparato administrativo (Hammond et al.
1985:192-196)
El centro de Nohmul es un precinto 'gemelo', un diseño encontrado en otros yacimientos en
el centro y norte de Belice; con anterioridad (Hammond 1981:165, 185) afirmé que este es
un plano del período Clásico tardío, pero las labores recientes en Nohmul me hacen sospechar
que puede pertenecer al Preclásico tardío. El estudio del sacbé que vincula los grupos del
este y oeste en Nohmul, y el de la gran pirámide en el grupo este durante la temporada de
1986 pondrán a prueba esta hipótesis.
Las grandes pirámides del Preclásico tardío se encuentran también en otros yacimientos en
los drenajes Río Hondo-Río Nuevo del norte de Belice: en Cerros la totalidad de los recintos
ceremoniales pertenecen a esta fecha, mientras que en Lamanai, 55 km al sur de Nohmul, el
Str. N10-43 y, según se demostró, es contemporáneo y se eleva a unos 30 metros de altura.
Ambos Lamanai y Cerros comparten con El Mirador, Nakbé y otros yacimientos de Peten el
grupo de tres templos pequeños sobre una pirámide grande, una disposición al parecer
característica del Preclásico tardío y tal vez procedente de pequeños patios rodeados de
plataformas de sitios arqueológicos más antiguos como Cuello.
En Petén, Str. 5C-54 en Tikal, la estructura más grande del grupo del 'Mundo perdido' en el
sudoeste del corazón del yacimiento, es conocida desde hace tiempo como procedente del
Preclásico tardío, es de gran tamaño y mide más de 33 metros de altura. Excavaciones
recientes mostraron que dicha estructura tiene unas escalinatas flanqueadas por
aproximadamente media docena de terrazas enormes, y que las edificaciones que la rodean
muestran una concentración de arquitectura con influencia de Teotihuacan, lo que indica que
el impacto de esa metrópolis en la cultura maya en Tikal fue aún mayor de lo que se había
demostrado hasta el momento. Sin dudas quedará esclarecido al término de la publicación de
trabajos recientes si este impacto se produjo ya a finales del Preclásico tardío o durante el
quinto siglo d.C., con la influencia de Teotihuacan ya documentada sobre entierros reales y
monumentos en el área de la gran plaza. Lo que sí parece muy probable es que Tikal fue una
muy importante en el Preclásico tardío, con el centro alrededor del grupo Mundo perdido, y
que el foco de la actividad ceremonial se desplazó hacia el noreste al centro del culto dinástico
de la Gran plaza durante la primera parte del Clásico temprano después del año 250 d.C.
Una comunidad similarmente grande habitó en Ceibal, donde las excavaciones de Willey y
Smith en 1964-1968 se publicaron de una manera (Smith 1982) que nos permite ver que la
espectacular ocupación durante el período Clásico terminal en el centro del yacimiento
(particularmente en el Grupo A, y hasta cierto punto en el Grupo D) fue solo la cara visible
de la renovación de un recinto ceremonial preexistente importante del Preclásico tardío.
Aunque muchas de las edificaciones principales (por ejemplo, A-3, A-14) son antiguas, las
plazas y las subestructuras circundantes que incluyen a la pirámide más grande del lugar (A-
24, que con los edificios menores que la flanquean A-23 y A-25 es una variante del plan
triádico observado en Lamanai, Cerros y El mirador) pertenecen a la fase Cantutse Chicanel
dadas las características de la cerámica.
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Varios yacimientos poseen grandes terraplenes para defensa o control del agua que
pertenecen al Preclásico tardío: el canal principal de 1200 metros de largo en Cerros
(Scarborough 19839) es un ejemplo. Este canal, al formar una curva, rodea desde la costa
para separar el precinto ceremonial y un área adicional que juntas suman 37 hectáreas, pudo
haber combinado las funciones de demarcación, drenaje, defensa y acceso de canoas al
asentamiento.
La muralla y el foso, que delimitan un área similar y aproximadamente 1900 metros de
circunferencia, y que rodean el centro de Becán, Campeche (Webster 1976) es probable que
nunca hayan albergado agua como parte del sistema de defensa. El foso seco pudo haber
necesitado una mano de obra de 10.000 hombres y unos 40 días para excavarlo y poder subir
la spolia al muro del lado interior que pudo haber, a su vez, soportado la empalizada. Webster
estima que, incluso sin esta, la altura total de las defensas desde el fondo del foso hasta la
parte superior de la muralla es de 11,6 metros.
Por lejos, las trincheras mayas más grandes que se conocen son las que señala Matheny et
al. (1983) en Edzna, Campeche. El yacimiento está ubicado en el límite entre la zona de
drenaje superficial, con la cabecera del Río Champotón que nace en el extremo sur del valle,
y la meseta kárstica de Yucatán. Un canal de 12,55 km de largo une Edzna con el Pic, una
sabana inundada estacionalmente que en tiempos pasados pudo haber drenado la parte
superior de la tierra (y no inferior como ahora) hacia el río. Se desconoce si el canal sirvió
solo para drenar los suelos llanos del valle, o también para el tráfico de canoas,
eventualmente, al valle de México. Sin embargo, las demás obras hidráulicas en el centro de
Edzna sin dudas sirvieron para el uso de canoas para el transporte local. En el lado norte,
siete canales, el más largo de hasta 1438 metros de alto por 76 metros de ancho y con
capacidad de alrededor 108.000 metros cúbicos, se distribuyen por el asentamiento y
alimentan los depósitos en sus extremos interiores. Existieron veintinueve canales en total,
con un largo total de 22 km y una capacidad de 1,48 millones de metros cúbicos de agua;
cuando se suman los veintisiete depósitos de hasta 38.000 metros cúbicos de capacidad cada
uno y las cincuenta y ocho aguadas poco profundas, la capacidad total de almacenamiento de
agua que generaron los habitantes de Edzna del Preclásico tardío es de alrededor de 2,23
millones de metros cúbicos, el resultado de aproximadamente 1,68 millones de días/hombre
de trabajo.
Dentro del sistema de canales, la construcción más impresionante es la 'fortaleza' que se
encuentra al inicio del gran canal y llega hasta Pic en el lado sur del centro de la ciudad. Un
área de unos 500 por 400 metros está rodeada por un foso de hasta 100 metros de ancho,
además de una calzada de solo dos metros de ancho como acceso norte. Se utilizaron 230.000
metros cúbicos de la spolia del foso para construir montículos dentro de la 'fortaleza'.
Matheny et al. (1983) consideran que el área pudo haber sido un recinto sagrado y también
de defensa, citando como ejemplo el uso de espejos de agua en Hopewell, Norteamérica, para
expulsar espíritus malignos; aun así, seguramente pudieron haber servido más para repeler
ataques más bien humanos.
Matheny (1980) y otros documentaron en su trabajo construcciones pertenecientes al
Preclásico tardío aún más colosales en El mirador, un gran yacimiento en el corazón de la
llanura maya, cerca de la frontera de Petén-Campeche, entre Guatemala y México. El
408 NORMAN HAMMOND

Mirador, que fue explorado por primera vez por I. Graham (1967), quien propuso una fecha
temprana basándose en la arquitectura, probó ser un ejemplo de características superlativas.
El recinto central, desde la pirámide de El Tigre en el oeste al complejo La Danta en el este,
es de unos 2 km de largo; la parte central del yacimiento, es un área con muchas
construcciones de 1 km por 800 metros, delimitada por un pantano en el oeste y por una
extensa muralla con una zanja exterior y algunas entradas angostas en los otros lados. Dentro
de este, la pirámide de El Tigre se eleva 55 metros y contiene cerca de 428.000 metros
cúbicos de relleno de construcción, lo que demandó unos cinco millones de días/hombre de
trabajo. A poca distancia, hacia el sudeste, la pirámide de los Monos es un poco más pequeña
y, como El Tigre, es de alrededor del año 150 a.C. Se cree que el complejo de La Danta es
de una época similar, pero mucho más grande: parte de la construcción es, sin embargo, del
período Clásico tardío.
El Tigre tiene en su parte más alta tres templos como los de Str. N10-43 en Lamanai; dos
grandes pirámides que flanquean la base de El Tigre corresponden al mismo patrón a mayor
escala. El proyecto de Matheny investigó minuciosamente la del sur, Str. 34, y reveló una
compleja escultura de estuco policromada a gran escala, además de máscaras humanas de
unos 2 metros de alto y garras de jaguar de igual tamaño. La paleta es limitada: una base
color crema, un negro dominante y el rojo que se utilizó para detalles como las garras y los
dientes. Freidel (1985) informa una coloración similar en las máscaras elaboradas para
adornar dos niveles de la fachada sur de Str. 5C-2nd de Cerros, donde también se utilizaron
en menor medida rosado, anaranjado y amarillo. Friedel, además, indica un cambio de esta
primera paleta a una más amplia que incluía muchos otros colores como amarillo, verde y
tonos piel, pastel y gris. En Cerros, el rojo se utilizó de base, el crema para elementos
modelados de las máscaras y sus 'polimorfos', y luego de nuevo el rojo para realzarlas. El
origen de la coloración arquitectónica en el Preclásico tardío, derivada de la tecnología
cerámica y la experimentación que permitió en el mismo período la aparición de una tradición
de alfarería policromada, no es un tema que pueda tocarse de manera adecuada en este
artículo: pero una respuesta iconográfica a lo que debió haberse visto como cambios
alquímicos en los materiales (como la transformación del rojo-negro-rojo de la cerámica bajo
condiciones alternas de oxidación y de reducción) no es sorprendente en general, ni nada que
no pueda esperarse de una sociedad de esta complejidad.
Tenemos, de hecho, numerosa evidencia de la organización tanto intelectual como
económica y social de la sociedad maya del Preclásico tardío: la decoración de los edificios
religiosos con esculturas arquitectónicas monumentales incluye los ejemplos citados de El
Mirador y Cerros, y también las estructuras en Lamanai, Tikal y Uaxactún (el Str. E-VII-
Sub, que se excavó medio siglo atrás y es la primera evidencia importante de la complejidad
cultural del Preclásico). En la escala menor de esculturas transportables y joyería se
encuentran los juegos completos de pendientes de cabeza de jade de Nohmul (Hammond
1974: fig. 7) y Cerros (Freidel 1979: fig. 9); cada uno representa tres personalidades
iconográficas idénticas (uno duplicado en cada conjunto de cuatro), y está ubicado en
contextos arquitectónicos como depósitos ceremoniales o de cimientos. El conjunto de
Cerros, menos dañado por aplastamiento que los de Nohmul, parecen haber sido dispuestos
con respecto a los cuatro puntos cardinales (Freidel 1979: fig. 5), y pueden pertenecer a la
NORMAN HAMMOND 409

imaginería de las máscaras de Str. 5C-2nd para celebrar la trayectoria diurna del sol desde el
amanecer, en el momento en que alcanza el cenit, hasta el ocaso y su paso a través del
inframundo —un modelo circular-vertical que se tornaba plano en el suelo, según argumenta
Coggins (1980) en referencia a los 'grupos de las pirámides gemelas' en Tikal y otros
fenómenos del período Clásico. Las deidades en los jades de Nohmul y Cerros son,
probablemente, en mi opinión, las mismas que aparecen en las orejeras de jade de Pomoná,
de una fecha similar durante el Preclásico. Estos pendientes se encuentran en la península de
Yucatán: en el cenote sagrado en Chichén Itzá (por ejemplo, Proskouriakoff 1974: 96-7) se
encontraron un total de diez, mientras que otros provienen de contextos muy posteriores a
los de sus orígenes Preclásicos, de Mayapán (D. Thompson 1955: fig. 2g) y Tancah (Miller
1982:23-4) y de lugares sin documentar como Aké, Yucatán y Santa Rita, Belice,
representados en las primeras colecciones de los museos. Aunque la evidencia no es tan firme
como uno quisiera, hay una posibilidad razonable de que el conjunto de creencias que produjo
estos objetos era aceptado en la parte norte de las llanuras mayas al menos durante la última
etapa del Preclásico tardío, una iconografía regional que se superpone con la que indica la
escultura arquitectónica. Las consecuencias para el surgimiento de políticas regionales deben
aún estudiarse.
Para finales del Preclásico, los gobernantes que controlaban los reinos mayas salen del
anonimato: según se conoce hasta el momento, el primer monumento de la serie inicial que
se conoció, la estela 29 de Tikal, del año 292. d.C. (8.12.14.8.15), representa la figura de un
gobernante, probablemente Garra de Jaguar, y posee inscripciones jeroglíficas en la parte de
atrás con el sistema numérico de puntos y rayas para los coeficientes en la fecha. La
imaginería del gobernante está bien desarrollada e incluye una cabeza que mira hacia abajo
de un ancestro, probablemente deificado, una barra ceremonial bicéfala, y varias cabezas de
dioses (incluyendo al menos una del dios del sol, Kinich Ahau) en el atuendo y los accesorios.
La estela, la representación del rey, los jeroglíficos, el sistema numérico de puntos y rayas y
las imágenes explícitas de deidades es la culminación más que el principio de un proceso en
el cual el poder político era publicitado y reforzado: puede observarse que sus elementos
aparecen de a uno en yacimientos del Preclásico tardío a lo largo de las llanuras mayas.
Pueden existir estelas anteriores en Tikal (por ejemplo, M.S. 69: Jones y Satterhwaite
1982:126) y la estela 2 en el Mirador cuenta con la representación de un gobernante y otros
detalles en un estilo que pertenece al Preclásico tardío (Ian Graham y Peter Mathews, com.
pers.). Lo mismo puede decirse del tallado de San Diego que posee una inscripción extensa
(pero sin fechar) que flanquea a un rey vestido de manera elaborada (Ian Graham, com. pers.),
y existe una aceptación cada vez mayor de la autenticidad y fecha temprana de la estela
'Hauberg' robada que está ahora en Seattle (Peter Mathews, com. pers.). Existe hasta la fecha
solo un monumento del Preclásico de las llanuras mayas encontrado in situ, en un contexto
que demuestra su fecha sin objeciones: es la estela 1 de Cuello (Hammond 1982b), un
pequeño monumento plano ubicado en un foso subrectangular cavado en la plataforma 34 en
ese yacimiento y posteriormente sellado por cinco pisos de yeso del Preclásico tardío; el
último de estos pisos corre debajo de la última construcción del mismo período (Str. 350) de
la pirámide pequeña en el extremo oeste de la plataforma. Estimo que la estela 1 de Cuello
pertenece al año 100 d.C. desde el punto de vista estratigráfico.
410 NORMAN HAMMOND

La evidencia del uso del sistema numérico de puntos y rayas en este tiempo proviene
también de Cuello: una fase más temprana de la pirámide (Str. 353: Gerhardt: 1984) tenía en
la parte superior la tumba de un adolescente decapitado, acompañado de vasijas de cerámica
y varios sellos de arcilla cocida con diseños tallados y lazos en la parte de atrás para colgarlos.
Uno de estos posee una raya y cuatro puntos, el coeficiente equivalente a nueve. La posición
estratigráfica de la tumba sugiere, una vez más, una fecha cercana al 100 d.C.
Un monumento que puede demostrar todas las características encontradas en la estela 29 en
Tikal, en una fecha entre 150 y 300 años antes, es el particular altar 1 de Polol, en Petén
(Proskouriakoff 1950: fig. 36d). Aunque Proskouriakoff atribuye una fecha del Clásico
temprano al pequeño fragmento (que puede pertenecer a una estela como también a un altar),
su diseño, que consiste en dos figuras con adornos elaborados enfrentadas a una columna
central con glifos, se asemeja mucho a las estelas 2 y 5 de Takalik Abaj en la costa del
Pacífico. (J. Graham 1977) La columna de glifos posee un glifo introductorio de la serie
inicial de forma simple, y John Graham (com. Pers.) descifra al coeficiente baktún como un
7: si es correcto, esto le daría una fecha al altar 1 de Polol del año 41 d.C. o anterior. Incluso
si el baktún es un 8, las semejanzas con los monumentos de Takalik Abaj indican una fecha
no posterior al comienzo del segundo siglo d.C., cercana en tiempo a la evidencia
arqueológica sobre la construcción de estelas y el numerismo en Cuello.
La pieza final y más convincente de la complejidad intelectual de la sociedad maya del
Preclásico tardío es la gran orejera de jade de Pomoná, en Stann Creek Valley en Belice
central. La orejera, encontrada durante la demolición de un montículo en 1949, formaba parte
de un conjunto de tumbas del Preclásico, verificable (Kidder y Ekholm 1951: Juteson et al,
en prensa) por las vasijas de cerámica encontradas. El conjunto también incluía cuatro figuras
pequeñas de jade completas con las cabezas de los pendientes como los de Nohmul y Cerros,
y la disposición de los jades en la tumba de Pomoná puede coincidir con la de Cerros; la
orejera, de jade fino, ocupa la posición central de la gran quinta cabeza en Cerros. En la
superficie hay cuatro cabezas de deidades, que miran a la izquierda y están orientadas con
sus bases hacia la perforación central. Dos están acompañadas por bloques de inscripciones
jeroglíficas en la parte de arriba, las otras dos por una cartela larga y un número debajo.
Juteson et al. (en prensa) indicó que deben leerse en el sentido de las agujas del reloj, y que
el dialecto es Yucateco, que el tema en la inscripción es sobre la ascensión, posiblemente de
un rey anterior de Yaxchilán, y que las cuatro cabezas simbolizan al dios del sol (dos veces),
al dios del maíz y a un dios de labios gruesos. Ambos dioses del sol son identificados por el
glifo kin en la mejilla, y uno también tiene el número cuatro, del cual es el patrono; el dios
del maíz presenta una cabeza hendida y es patrono del número 8, al que se lo representa con
una raya y tres puntos. El dios de labios gruesos tiene el glifo akbal, 'oscuridad', en la mejilla
y fue identificado por David Stuart (com. pers.) como una variante del glifo akbal. Tenemos
una combinación sofisticada de alfabetización, numerismo e imaginería que sugiere que los
jeroglíficos mayas provienen del Preclásico, del cual contamos en la actualidad con poca
documentación.
También puede especularse con que el diseño de los adornos de la orejera de Pomoná
muestra que un cosmograma del período Clásico, bien conocido a partir del grupo de las
pirámides gemelas en Tikal (Jones 1969; Coggins 1980), pudo haber ya formado parte de la
NORMAN HAMMOND 411

iconografía del Preclásico y visión del mundo durante el año 100 d.C.: sugiero que la cabeza
del dios del sol y el dios de labios gruesos, ubicados en posiciones enfrentadas, marcan el
amanecer y la puesta del sol, el comienzo de la luz y el comienzo de la oscuridad en cada día.
Esta trayectoria de este a oeste del sol formaba el eje principal del mundo maya junto con el
cenit lunar y el nadir cuando Kinich Ahau pasaba por el inframundo hacia las puertas del
amanecer. Mi otra sugerencia, y la más tentativa, es que la segunda cabeza del dios del sol,
con sus números patronales, representa el cenit, y el dios del maíz, debajo, marca la superficie
de la tierra y sus profundidades en las cuales crece el cultivo que da vida. Esta interpretación
podría sugerir un origen durante el Preclásico según el modelo de círculo vertical promovido
por Coggins (1980). Una interpretación alternativa de las imágenes, y una con bastante apoyo
en el pensamiento maya, podría ver oposiciones binarias de luz:oscuridad en el primer par de
cabezas, y calor:frío / sequedad extrema: humedad en el segundo (el maíz, de color verde,
puede significar agua, jade, vida y gran valor, como Sir Eric Thompson mostró hace muchos
años). Independientemente de si alguna de estas interpretaciones de la orejera de Pomoná es
correcta, la estructura sintáctica de la imaginería cuadripartita es compleja, y combinada con
los aspectos de alfabetización y numerismo abordados previamente, refuerza la noción de
complejidad intelectual en la sociedad del Preclásico tardío.
Sobre la base de dicha evidencia, y las otras características de complejidad social que
subrayé, podemos ahora sugerir que el período Clásico es la segunda fase de la civilización
maya, no la primera, y difiere de los siglos anteriores, tal vez por la influencia del contacto
con Teotihuacán en particular y una gama más amplia de influencia externa en general.
Hablar de una civilización maya preclásica ya no es, como fue por mucho tiempo, una
contradicción (Hammond 1980:189).
1
La cronología maya antes del período histórico Clásico (después del 250 d.C.) está basada en la datación de
radiocarbono (aunque ahora se conocen algunas inscripciones de los primeros tres siglos d.C.) ya que la
discrepancia entre las cronologías de radiocarbono y solar (año calendario) es de solo unos cincuenta años en
el 400 a.C. (=450 a.C.), proporcioné todas las fechas hasta aquí en años civiles a.C./d.C. Para fechas anteriores,
utilicé la convención a.C. para indicar una cronología basada en radiocarbono no calibrada: la falta de una
cronología histórica discrepante en el nuevo Mundo resultó en el uso común de la cronología mencionada, y no
una cronología calibrada en años solares.

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