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Curso Historia Climática de la Tierra

Sesión 1

Forzante
El agente o fuerza que produce una alteración en el sistema climático se llama forzante
externo o forzante y se reconocen tres tipos; el forzante solar, el forzante orbital y el forzante
tectónico. Estos tres forzantes son externos al sistema climático. Existe un cuarto agente de
cambio climático pero que no es externo sino es parte del sistema climático. Este agente son
los seres vivos.

El Sol es el gran motor del sistema climático pues la mayoría de la energía que mueve al
sistema climático proviene de este. Cuando ocurre un cambio en la energía que el Sol emite
se habla de un forzante solar. El Sol es una estrella del tipo G de la secuencia principal, es
decir, es una estrella que está convirtiendo el hidrógeno en helio en su núcleo por medio de
un proceso de fusión nuclear. Cada segundo, el Sol fusiona aproximadamente 600 millones
de toneladas de hidrógeno en helio, convirtiendo cerca de 4 millones de toneladas de materia
en energía. La energía que produce el sol se transporta como radiación electromagnética por
el espacio hasta llegar al planeta Tierra. El viaje de esta radiación desde el Sol hasta la Tierra
demora 8 minutos y 20 segundos. La cantidad de energía solar que llega al tope de la
atmósfera después de este viaje de 8 minutos se llama constante solar y su valor en la
actualidad es 1361 W/m². Si bien este valor recibe el nombre de constante, la verdad es que
experimenta variaciones en el tiempo. Estas variaciones pueden producir un cambio
climático.

Algunas variaciones de la constante solar son de muy largo plazo y solo podrían ser
percibidas por nosotros si viviéramos millones de años. Otras variaciones de la constante
solar ocurren en periodos más cortos. Cuando estas variaciones son cíclicas, es decir, se
repiten cada cierto tiempo y duran solo un par de años, no producen un cambio climático. Si
estas fluctuaciones tienen fases que duran muchos años (30 años por decir), tienen el
potencial de producir un cambio climático.

El forzante orbital es aquel que está relacionado con cambios en los parámetros orbitales
del planeta Tierra. Los parámetros orbitales del planeta del Tierra son una serie de cantidades
que permiten describir como es la órbita que tiene el planeta alrededor del Sol. Estos
parámetros controlan cuanta energía solar llega a la Tierra en cada estación del año y cuanta
radiación llega por latitud del planeta. Los cambios en los parámetros orbitales se originan
por efectos gravitacionales de los planetas de nuestro sistema solar y tienen una ocurrencia
cada cientos o decenas de miles de años. Se profundizara en este tema en el módulo 8.

Finalmente, el forzante tectónico hace referencia a cambios derivados de la actividad interna


del planeta. El interior del planeta está constituido por varias capas de distinta composición.
Puntualmente, el manto interno y externo se encuentra en constante movimiento, lo que se
traduce en cambios en la corteza del planeta. El forzante tectónico por tanto implica el
movimiento de las placas tectónicas, cambios en la orografía (formación de montañas) y
creación o destrucción de corteza oceánica. Los cambios tectónicos tienen una velocidad muy
lenta, por lo que los cambios climáticos derivados de este forzante son lentos. No obstante,
algunas eventos volcánicos, relacionados con la actividad tectónica provocaron cambios

climáticos que fueron lo suficientemente rápidos para tener efectos drásticos en la vida en el
planeta (Se profundizara en eventos volcánicos en el módulo 5)

Tiempo de respuesta
Todos los días experimentamos un ciclo de la temperatura que se llama ciclo diario. Esta
fluctuación de la temperatura del día está controlada principalmente por la radiación solar.
Durante la noche, cuando no llega radiación solar, la superficie pierde energía calentando la
capas más bajas de la atmósfera. A medida que avanza la noche, la superficie cada vez tiene
menos energía, por lo que calienta menos a la atmósfera. Así, un par de minutos después del
amanecer, el calentamiento desde la superficie es tan bajo, que la temperatura alcanza su
mínimo en el día. Ya con el Sol poco a poco ascendiendo, comienza a llegar la radiación a la
superficie, lo que otorga energía a la superficie para calentar al aire. Un par de horas después
del máximo de radiación, la superficie calienta en su grado máximo al aire, lo que produce
que la temperatura del aire alcance su valor más alto en el día. En este ejemplo, queda
ilustrado que la temperatura del aire responde con rapidez a un cambio en la radiación solar.
El tiempo que tarda en responder un parámetro de un componente del sistema climático a un
forzante del clima lo llamamos tiempo de respuesta. Con el ejemplo descrito, se ilustra que
la temperatura del aire responde en un par de horas al cambio de la radiación solar. En general
la atmósfera tarda poco en responder a un forzamiento, desde horas hasta semanas.
Parámetros de otros componentes tienen otros tiempos de respuesta. Por ejemplo, el océano
superficial tarda un par de meses en responder totalmente a un forzamiento. Por el contrario,
la temperatura del océano profundo responde muy lento, del orden de décadas o siglos,
debido a que la mezcla vertical de agua es muy lenta y a que la capacidad calorífica del agua
es alta. En tanto, la biósfera puede tardar en responder desde décadas hasta siglos y el tiempo
de respuesta de los constituyentes de la criósfera es variable. Los glaciares de montaña
pueden tardar décadas o siglos en responder totalmente a un forzante, mientras que la capa
superficial de hielo en océanos tarda relativamente poco, de semanas a años (es cosa de
observar cómo se congela y descongela la capa superficial de hielos oceánico del Ártico todos
los años). Finalmente, los hielos polares como los que están sobre la superficie de la Antártida
pueden tardar en experimentar cambios importantes entre cientos a decenas de miles de años.

El tiempo de respuesta de los componentes del sistema climático es algo que debe tenerse en
cuenta cuando se proyectan los impactos del actual cambio climático. Muchos de los
impactos del actual calentamiento global van a tardar años, décadas o siglos en manifestarse.
Algunos de las alteraciones que hoy estamos observando en componentes como la hidrósfera,
biósfera o criósfera son apenas la respuesta a las emisiones de gases de efecto invernadero
de principio o mitades del siglo pasado. Podremos ver gran parte de los impactos de los gases
que hoy estamos emitiendo quizás recién a final de este siglo.

Retroalimentación
Uno de los aspectos que hace del sistema climático un sistema complejo es que las relaciones
matemáticas que se establecen entre el forzante y la respuesta del sistema climático no son
lineales. El sistema climático tiene mecanismos naturales que pueden amplificar o amortiguar
la respuesta frente a un forzante. Por ejemplo, supongamos el Sol reduce la intensidad de
radiación solar que emite. Esto va a provocar un descenso de la temperatura del planeta. Si
la cantidad de radiación que emite el Sol disminuye demasiado, la temperatura del planeta
se va a reducir tanto que aumentará la superficie cubierta con hielo (glaciares). Como este

tipo de superficie tiene un albedo muy alto, refleja mucha radiación y la devuelve al espacio.
De esta forma, ya no solo la reducción de la energía solar está provocando una reducción de
la temperatura sino que ahora el hielo formado por ese enfriamiento también está
contribuyendo a enfriar el planeta devolviendo al espacio mucha energía. En este caso, la
respuesta inicial provocó una alteración en un componente del sistema climático que
amplificó la respuesta inicial. Cuando ocurre un ciclo con estas características, se dice que
existe una retroalimentación positiva o feedback positivo.

Figura 1. Retroalimentación Positiva del Albedo del Hielo


En el sistema climático también pueden ocurrir interacciones en donde una señal inicial
produce alteraciones que hacen disminuir a la señal inicial. Aquí hablamos de
retroalimentación negativa o feedback negativo. Por ejemplo, si se produce inicialmente
una señal de calentamiento, aumenta la evaporación, se incrementa la precipitación y el clima
se hace más húmedo. Esto favorece el crecimiento de vegetación, la cual para desarrollarse
extrae CO2 desde el aire. Esta extracción de CO2 debilita el efecto invernadero y un
debilitamiento del efecto invernadero implica un enfriamiento, es decir, lo contrario a la señal
inicial.

Las retroalimentaciones son una de las explicaciones del porque el sistema climático no
responde de forma proporcional o lineal a un forzante. Por lo tanto, para poder imaginarnos
como puede ser la respuesta que tendrá todo el sistema climático frente a un forzante se hace
necesario analizar todos los potenciales ciclos de retroalimentación y ponderar cuáles de ellos
tienen más importancia, cuales operan en el corto plazo, cuales operan en el largo plazo y
bajo qué condiciones operan.

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