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El Club de las Excomulgadas

Agradecimientos

Al Staff Excomulgado: Taeva por la Traducción,


Pily1 y Taratup por la Corrección, Leluli por la
Diagramación, Marisaruiz por la Lectura Final y
Leluli por la Segunda Lectura de este Libro para
El Club De Las Excomulgadas…

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


A las Chicas del Club de Las Excomulgadas, que
nos acompañaron en cada capítulo, y a Nuestras
Lectoras que nos acompañaron y nos acompañan
siempre. A Todas….

Gracias!!!

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El Club de las Excomulgadas

Aviso Excomulgado

El Club de Las Excomulgadas ha realizado


este proyecto de fan traducción Sin Ánimo
De Lucro Alguno.

Está hecho por Fans para Fans, Siendo su


Distribución Complemente Gratuita.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


No ha tenido en ningún momento el objetivo
de quebrantar la propiedad intelectual del
autor o reemplazar el original. Su Único fin
es incentivar y entretener con la lectura en
nuestro idioma.

Así mismo las Incentivamos a Comprar Las


Obras de Nuestras Autoras Favoritas, ya
sea en el idioma original o cuando estén
disponibles en español, para seguir
disfrutando de estas grandes novelas.

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El Club de las Excomulgadas

Argumento
Él se acercó a ella en un sueño. Él le predijo un marido. Ella viajaría más de
mil años atrás en el tiempo para ser reclamada por un famoso guerrero vikingo. El
guerrero le daría placeres que jamás había soñado. Él la reclamaría. Marcándola.
Poseyéndola. Ella nunca podría dejarlo...

Pero, ¿quién dijo que ella quería?

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El Club de las Excomulgadas

Prólogo

Valhalla (El Salón de los Muertos)

En algún punto en el tiempo

Frigg estaba realmente molesta.

Le frunció el ceño a su marido desde el otro lado de la habitación mientras


apuñalaba un trozo de cordero con su enjoyada daga de oro y se lo introducía en su
elegante boca haciendo pucheros. Odín volvía a las andadas, el cerdo lascivo,

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follándose a la mitad de las diosas de la sala. Incluso ahora, el gran estúpido estaba
lanzando una mirada elocuente con su único ojo hacia Jorth, la cabeza hueca que
acaba de parir a su querido primer hijo, Thor.

Frigg no podía soportar ver nada más. Tiró la daga de oro sobre su tajadero1
de oro y salió enfurecida de la sala con la elegancia de una reina, o en su caso, de
una diosa. Desfiló frente a los vikingos caídos que hacían guardia en la puerta de
Valgrind2, y con indignación caminó hacia el río Thund.

Ya era hora de un poco de venganza.

Frigg echó chispas durante toda su caminata, viaje que le tomó todo un
segundo mágico efectuar. Decidió, con mucha exasperación, que un mero segundo
no le daría el tiempo suficiente para enfriarse, así que se arrojó enojada en el suelo
sobre el estómago, dando golpes y pataleando a la orilla del río como una niña
mimada.

Esto no era justo.

Ella, Frigg, era la esposa de Odín. No Jorth, nunca Jorth. Le había dado
Balder a Odín, el más hermoso de todos sus hijos. Ella había honrado la sala del

1
Tajadero: tabla de madera que se usaba como plato en la época medieval.
2
Valgrind: la puerta principal, la puerta de la muerte, es descrita como “puerta sagrada” que está delante de las “puertas
divinas”.

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dios vikingo por más milenios de los que le gustaba pensar, y se había mantenido
firme y fiel a él durante ese tiempo.

Más o menos. Bueno, la mayor parte del tiempo.

Frunció el ceño. Vale, solo cuando le daba la gana.

¡Pero esa no era la cuestión!

La cuestión era, que su esposo, el tuerto hijo de puta, no debería poner el ojo
en ninguna diosa, excepto en ella. Ella era Frigg, maldita sea. No una Jorth medio
tonta que no distinguiría la cabeza de su culo si su hijo Thor le lanzara un rayo y lo
retorcería dolorosamente.

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Se apoyó sobre los codos en la orilla del Thund, dejó caer la cabeza con
cansancio entre sus palmas y contempló sus irrisorias opciones. Suspiró. Solo había
algo que una diosa podría hacer para tomar represalias contra Odín. Era un astuto
rey dios ese marido suyo.

Frigg bajó la mirada a las aguas heladas, metió la mano en el río y formó
remolinos mientras su mente daba vueltas a las posibilidades. Su venganza tenía
que ser sutil. Tenía que ser evidente, pero sutil. Sonrió lentamente cuando se le
ocurrió una idea.

Odín había estado parloteando emocionado últimamente por la inminente


llegada al Valhalla del guerrero humano favorito de su hijo Thor, Ragnar el
Temido. Las Valkirias habían decidido hacia algunos días que Ragnar iba a morir
en el campo de honor mientras asaltaba un pueblo celta de ahí en quince días.

Frigg no tenía nada que ver con eso.

Cierto que las doncellas guerreras eran las que decidían quien moriría en que
batalla y quien continuaría en la tierra, pero para empezar, las Valquirias no podían
llevar a un hombre al Valhalla si no había sido herido en batalla.

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Frigg sonrió, sus ojos inmortales brillaron alegremente. Se ocuparía de que
Ragnar nunca llegara a las costas celtas durante la próxima incursión, y mucho
menos que encontrara una muerte honrosa en una gloriosa batalla.

A los treinta y dos, Ragnar era joven, por lo que podría esperar un poco más
para ver el Valhalla. Frigg, por otro lado, no estaba dispuesta a esperar. Era
hermosa, sí, pero más vieja que el polvo, y se negaba rotundamente a esperar más a
que su venganza se hiciera realidad. Ya era suficiente.

Frigg lanzó una sonrisa hacia el río Thund, más feliz de lo que había estado
en mucho tiempo. Se sentía bien, la venganza. De hecho, se sentía muy bien.
Aplaudió y se rió, más entusiasmada por sus planes a cada momento.

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Y entonces frunció el ceño.

Se le ocurrió una idea que no le gustó en absoluto. Podía ser capaz de


impedirle a Ragnar participar en el próximo ataque celta, pero ella no podía estar
allí siempre para vigilarlo y obstaculizarlo. Necesitaba algo más, algo que hiciera
que su venganza durara más tiempo. Una distracción que mantuviera alejado a
Ragnar el Temido del salón de los guerreros muertos por muchos, muchos años.
Nada irritaría más a Thor, y por consiguiente a Odín.

Frigg golpeteó sus largas y elegantes uñas en la orilla del Thund, y se devanó
su inmortal cerebro buscando una respuesta a su dilema. Un minuto más tarde gritó
de emoción cuando le llegó la respuesta de todas las respuestas.

Pero necesitaría ayuda.

Sonrió provocativamente a las aguas, sintiendo cada átomo de la diosa que


era. Loki le ayudaría. Le debía una.

Además, ese pequeño imbécil haría cualquier cosa por una buena mamada.

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Capítulo 1
Región Stavanger - Noruega, 820 D.C.

Cada guerrero sentado alrededor de la larga mesa observaba expectante al


Jarl3 mientras él caminaba de un lado a otro en el lugar de reunión del thing4. El
thing no tenía planeado reunirse hasta dentro de quince días, pero Erik el Sabio
había enviado mensajeros a cada uno de los miembros del consejo este amanecer,
convocándolos a la sala cuanto antes.

Ragnar Valkraad, el hijo primogénito y heredero del gran Jarl noruego,


quien ahora caminaba de un lado a otro delante de los hombres reunidos, miraba a

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su padre con una sensación de inquietud. Nunca eran buenas noticias cuando Erik
el Sabio pedía al Consejo que se reuniera de forma inesperada.

Dos esclavas celtas aparecieron en la puerta llevando jarras de aguamiel


recién hecho hacia el asiento de Erik Valkraad. Colocaron las bebidas con destreza
sobre la larga mesa y salieron de la sala tan rápido como había llegado.

Ragnar sonrió lentamente. Las esclavas no ignoraban lo que sucedía en el


interior del thing. Era evidente que ninguna de las esclavas de su padre deseaba ser
utilizada como deporte de cama por los vikingos reunidos. Sin embargo, Ragnar
sabía que el sexo era la consideración más alejada de las mentes de todos los
presentes. Tenían asuntos mucho más apremiantes a los que hacer frente.

Los murmullos de los concejales se podían escuchar a lo largo de la casa


comunal, todos hablaban entre ellos en la mesa, especulando en primera instancia
por qué el Jarl los había convocado. Ragnar el Temido lo consideró igualmente,
pero no llegó a ninguna conclusión. No le gustaba que su padre fuera tan reservado.

Ragnar observó en silencio a su padre, Erik el Sabio, quien se pasó


cansinamente una mano por su larga melena rubia plateada y se paseó por el sucio

3
Jarl: en las lenguas nórdicas, el equivalente al título de conde o de duque.
4
Thing: asamblea de hombres libres de un país o provincia de la cultura de Escandinavia

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suelo de la sala de asambleas. Era un hombre alto, todavía musculoso y bien
formado a sus cuarenta y ocho años. Era un guerrero impresionante, un Jarl
inteligente, y Ragnar lo respetaba mucho.

—¡Por los dientes de Thor, Valkraad! —gritó Leif Boerge, el cuñado del
Jarl—. Nos estás inquietando con tu silencioso ir y venir. Cuéntanos ahora el
asunto que tratas de exponernos hoy.

Un coro de aprobación estalló como la pólvora, induciendo al normalmente


estoico Jarl a estremecerse. Suspiró, pero cedió con un asentimiento y se dirigió
hacia la larga mesa para tomar el sitio de honor.

La sala quedó en silencio inmediatamente. Ragnar se removió en el banco

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de madera, mientras aumentaba su aprensión.

Erik el Sabio tomó un largo trago de aguamiel, se pasó la mano por la boca y
colocó la jarra de nuevo sobre la mesa. Eructó ruidosamente. (Este era, después de
todo, un asunto serio.) El Jarl se enderezó en su silla y miró severamente a los ojos
de todos los presentes, haciendo que los miembros del thing se dieran cuenta, sin
lugar a dudas, que todo lo que estaba a punto de decir no sería replicado con
ningún argumento en contra.

—No atacaremos a los celtas hasta pasados quince días.

El griterío estalló entre los miembros del consejo, cada uno hablando más
fuerte que el otro, compitiendo para hacerse oír por encima del estruendo. Ragnar
levantó una palma áspera por las batallas, induciendo a los concejales a callarse.

—Padre —comenzó, la agitación era evidente en su tono— ¿por qué


habríamos de abandonar esta expedición? La hemos planeado seriamente durante
tres quincenas. —Encogió los amplios hombros—. Nuestra gente obtiene mucha
riqueza cuando asediamos a los pusilánimes galeses.

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El Club de las Excomulgadas
Un coro de “síes” sonó en toda la sala de asambleas como canticos ofrecidos
a los dioses. Sven Haardrad dio un melodramático puñetazo en la mesa y fulminó
con la mirada al Jarl.

—Tu hijo está en lo correcto, Erik. ¿Harás que el tiempo y la planificación


que ya hemos gastado en este viaje sean para nada? —El griterío interrumpió la
reunión una vez más, todos los hombres presentes profundamente infelices.

Erik el Sabio levantó la mano para silenciar el ruido, un silencio sepulcral


cayó sobre el thing en el proceso.

—Loki el Embustero se me ha aparecido en un sueño.

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Sobresaltados jadeos se elevaron, penetrando el silencio, pero sin provocar
que estallara el caos. Todos los hombres presentes creían de todo corazón en las
visiones del Jarl, ya que eran sus adivinaciones y premoniciones las que le habían
ganado el nombre del Sabio. Pero nunca antes, no desde que Ragnar nació, había
oído a su padre afirmar haber tenido visiones del propio Dios del Fuego.

Ragnar se removió ligeramente en el banco, agitado pero reticente a oír el


resto de la historia de su padre. La aparición de Loki solo podía significar
problemas.

Erik el Sabio levantó sus muy musculosos brazos, llamando al silencio en la


sala. Se aclaró la garganta para hablar.

—Loki ha declarado que Frigg, la omnipotente esposa de Odín, está


profundamente disgustada con nosotros, y ordena que la recompensemos. Él ha
dicho que hemos ofendido a la diosa reina, que todo clase de males recaerán en
nuestro pueblo si no obedecemos su decreto.

El Jarl miró a los ojos de todos los reunidos, exigiendo que comprendieran
la seriedad y la gravedad del desagrado de Frigg.

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—El dios embustero ha prometido ayudarla en su intento de evitar que
nuestros guerreros alcancen el Valhalla si fallamos en cumplir lo que se nos ha
ordenado.

Angustiados “noes” resonaron temerosamente a través de la casa comunal.


Cuando el único propósito en la vida de un guerrero era morir durante la batalla
que le permitiría establecer su residencia en el Salón de los Muertos, era un destino
mucho peor que la muerte el ser excluido del glorioso Valhalla.

Los hombres del thing no querían creer las palabras del Jarl, sin embargo,
sabían que Erik el Sabio estaba hablando en serio. Sus visiones eran exactas,
siempre lo habían sido. Ragnar no emitió sonido alguno, aunque en su interior
estaba confuso. Temía más allá de la razón lo que implicaría la compensación a

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Frigg.

El Jarl se levantó y rodeó la mesa lentamente. Todos los ojos se quedaron


fijos en su formidable presencia mientras caminaba alrededor del grupo.

—Vamos a cancelar nuestro ataque a los celtas, la pérdida de las riquezas


que podríamos haber obtenido es un pequeño castigo por ofender a la esposa de
Odín.

Una colectiva exhalación de alivio se desencadenó en la reunión. Erik


movió la cabeza y sonrió sin humor.

—Me gustaría que ese fuera todo el castigo, sin embargo, hay algo más.

Veinte aprensivos saqueadores vikingos miraron al Jarl circunnavegar la


larga mesa, todos temiendo sus siguientes palabras. No sabían lo que diría, sin
embargo, todos los presentes estaban seguros de que no les gustarían lo más
mínimo.

Erik siguió caminando, dando vueltas alrededor de ellos mientras hablaba.

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El Club de las Excomulgadas
—En lugar de viajar a las tierras de los celtas, uno de nosotros, se apresurará
al río Thund mañana. En la ribera norte del río, el elegido deberá encontrar una
mujer durmiendo y traerla de vuelta a nuestras tierras con la mayor celeridad. La
mujer ha sido marcada por el Dios del Fuego, así que llevará la imagen del dragón
sobre su tobillo derecho. Será reconocida por el elegido por su inusual, pero
atractivo aspecto. La moza tiene el cabello dorado, la piel dorada y los ojos
dorados, creada a semejanza de la posesión material favorita de Frigg.

Murmullos y excitadas charlas se elevaron en el thing una vez más. Ragnar


hizo una mueca de desaprobación hacia los hombres, queriendo que se callaran
para poder escuchar el resto del relato de su padre.

—¿Qué vamos a hacer con esta mujer una vez que la encontremos? —

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preguntó Sven con voz pastosa, relamiéndose.

Ragnar puso los ojos en blanco, sabiendo que el lujurioso cerdo estaba casi
erecto con las posibilidades que flotaban en su mente hueca. Tuvo el impulso de
golpearle la citada cabeza hueca, pero la voz de su padre se elevó por encima de los
gritos, distrayéndolo.

—La mujer dorada será enviada por Frigg por la mañana, como ambas
cosas, como un castigo y como una segunda oportunidad —aclaró Erik—. No
sufrirá ningún daño en nuestras manos. En verdad, no conocerá la cama de nadie,
excepto la del elegido. —El Jarl se aclaró la garganta, sus ojos fulminando a los
vikingos—. Debemos tratarla con amabilidad, mostrarle consideración, servirla en
todas sus necesidades.

Ragnar sintió la desaprobación de los hombres reunidos, tanto como él la


sentía hundirse en su propio cuerpo. ¡Por los dientes de Thor, ellos eran guerreros,
no sirvientes de mozas! Las mujeres eran las que habían sido enviadas por los
dioses para servir a los hombres, no al revés. Ragnar suspiró. Frigg debía estar
profundamente disgustada para traer sobre ellos un castigo como este.

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—¿Estamos a su servicio? —preguntó Sven con incredulidad—. ¡Por el ojo
de Odín, eso ya lo veremos!

Todos los vikingos presentes se volvieron hacia el rebelde Sven y gruñeron.


El tío de Ragnar, Leif, le clavó un amenazador dedo.

—Silenciaras tu lengua de inmediato, no sea que Frigg te oiga y nos traiga


además mala fortuna.

—Además —expuso Erik, ignorando la blasfemia de Sven como si nunca se


hubiera pronunciado— ningún vikingo de nuestras tierras verán el Valhalla a
menos que sucedan ciertos eventos.

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—¿Qué eventos? —preguntó Leif cautelosamente. Él respiró profundamente,
deseando no haberse molestado en salir arrastrándose de su desolada cama de
pieles esta mañana.

El Jarl dejó de dar vueltas y se paró delante de sus guerreros.

—Se nos ha dado un año a partir del día de mañana para llevar acabo lo
estipulado por Frigg. —Se colocó los puños en las caderas y miró fijamente a los
hombres que tenía delante—. El elegido —miró fijamente a Sven— y solo el
elegido, se casara y engendrará con la mujer dorada marcada por el fuego. Debe
tener un hijo dorado en un año si alguno de nosotros desea ver el Valhalla. El niño
se llamara Balder, en deferencia al amado hijo difunto de Frigg.

—Eso no debería ser muy difícil —gritó Aran Boerge, el hijo mayor de Leif
y primo de Ragnar—. Somos escandinavos, la mayoría. Nuestra semilla es potente.

Risas lujuriosas corrieron por la sala. Incluso Ragnar esbozó una pequeña
sonrisa ante las palabras de su primo.

Sin embargo, a Erik el Sabio no le hizo gracia.

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—Ah, cuánta razón tienes sobrino, y sin embargo, hay algo más. —El Jarl
movió la cabeza con resignación y con no poca irritación. Inspiró profundamente y
dejó salir un gemido—. La mujer dorada no puede ser forzada en la cama.

La sala de las veinte sonrisas pasó a la sala de los veinte ceños fruncidos. Los
vikingos eran conocidos por forzar, por tomar lo que querían cuando lo querían.
Ellos no cortejaban. Ningún hombre entre ellos era adecuado para ponerse medias
y declamar poesía.

Ragnar se pasó frustrado una mano por su rubio pelo, largo hasta los
hombros, e hizo una mueca.

—Por el martillo de Thor, por favor, se amable padre y dinos que Frigg no

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quiere nada más de nosotros.

Erik el Sabio sonrió amablemente a su hijo, deseando poder decir que era
así.

—Todavía hay más. Aunque no mucho, te concederé eso.

—¡Buenos dioses del cielo! —rogó Leif—¿Qué hemos hecho para ofenderla?
¡Por lo malo que es esto se podría pensar que hemos escupido y orinado sobre la
imagen de Frigg! Cuéntanos todo ahora, hermano.

Erik asintió con la cabeza, como deseoso de poner fin a esta historia y
comenzar los preparativos, como el resto de los guerreros.

—La mujer dorada ignora las estipulaciones de Frigg, y permanecerá así.


Ninguno deberá ponerla al corriente del hecho de que debe tener el hijo dorado.
Solo se le puede contar después de que esté hecho.

—Entonces, ¿cómo conseguiremos que engendre? —preguntó Ragnar un


poco aturdido. La muchacha no podía ser forzada en la cama, y sin embargo,
tampoco se le podría contar como de vital era para su pueblo que ella diera a luz un
hijo. ¡Esto era una locura!

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El Jarl sonrió, el primer signo de buen humor, ninguno de los reunidos había
sido testigos de ello hasta el momento.

—Sera elección de Frigg quien va a cortejar a la mujer para llevarla al lecho


matrimonial, persuadirla de que separe las piernas y permitirle hacerle un hijo.

Erik movió la cabeza, como desconcertado por la situación, como si le


aterrorizase.

—El elegido debe copular con ella, debe sembrar su semilla profundamente
en su vientre, y debe hacerlo rápidamente, aunque con el permiso de la muchacha.
—Se encogió de hombros—. El destino de todos los guerreros de esta habitación,
en realidad de todos los guerreros de nuestras tierras, depende de la semilla del

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elegido.

—Yo podría convencer a la muchacha dorada de que abriera las piernas —


se jactó Sven mientras se ponía en pie y flexionaba los músculos—. Déjala
contemplar este cuerpo casi perfecto y será ella la que me forzara en la cama.

Leif puso los ojos en blanco y movió la cabeza con exasperación.

—Es más posible que la única que podrías meter en tu cama esté ciega y no
puede olerte. —Se rascó la barba, y contempló la situación—. Quizá debería ser yo
quien vaya. Podría llevarla a la cama si lo intento. No me llaman Leif el Galán de
Mozas por nada.

Ragnar se rió entre dientes, mientras se ponía de pie y estiraba los músculos
de la espalda.

—No puedo decir que fuera consciente de que te llamaban así, tío.

Leif se encogió de hombros.

—Es un nombre de mis años de juventud.

El Jarl frunció el ceño, cruzando los brazos sobre el pecho.

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—Mi hermana te llamó por ese tonto nombre solo para satisfacer tu orgullo,
torpe —gruñó, y movió la mano lacónicamente en el aire—. Nos desviamos del
tema. Toda esta charla es inútil dado que Frigg ya ha decidido quién va a ser el
elegido.

Ragnar sintió un escalofrío bajarle por la columna vertebral. Temía hacer la


siguiente pregunta, pero sabía que debía hacerla.

—¿Quién es el elegido, padre? —dijo en voz baja.

Erik el Sabio pasó la vista por la habitación, sus ojos haciendo contacto con
cada uno de los guerreros. Por último, su mirada se posó sobre su propio hijo.

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—Ese eres tú, Ragnar. Eres el elegido de Frigg —dijo en voz baja.

—¡Estamos muertos! —exclamó Sven mientras se llevaba con aflicción una


mano exageradamente a la frente.

—¡El Valhalla nunca será nuestro! —un guerrero llamado Selik predijo
tristemente.

—¿Es esto una misión en la que Frigg sabe que no podemos tener éxito? —
demandó Aran golpeando la larga mesa con el puño.

La sala estalló en un ataque de indignada cólera, todos los guerreros furiosos


con la que estaban seguros era, sin escapatoria, su inminente muerte. Ragnar se
sentó en la larga mesa de nuevo, dejándose caer sobre el banco con un suspiro de
cansancio.

Era un guerrero hasta la medula, un metro noventa y cinco de pura fuerza y


músculos de acero. Había poco que no pudiera llevar a cabo, sin embargo estaba
temeroso de esta tarea a la que se enfrentaba, la más importante que jamás se le
hubiera dado a cualquier mortal, ya que había sido promulgada por la propia Frigg,
fuera la hazaña que sería incapaz de dominar.

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El Club de las Excomulgadas
Sabía muy poco de cortejar mozas, y menos aún de preñarlas. La semilla de
Ragnar era, después de todo, la única de los varones adultos de la aldea que aún no
había dado sus frutos.

Capítulo 2
Frigg y Loki, desnudos y agotados, miraron hacia el río Thund y se echaron
a reír. La mujer que habían elegido nunca se rebajaría a dormir con un hombre que
sin duda consideraría primitivo. Era del futuro, ¡por el amor de Odín! Estaba
acostumbrada a los hombres más débiles, menos hoscos y más amables. E incluso
si sucumbiera a la cama del hijo del Jarl, Ragnar el Temido nunca la fecundaría.

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Ragnar había tenido dos esposas, sin embargo, ninguna había producido un
heredero. Es cierto que ambas habían muerto de fiebre antes de que el primer año
de sus respectivos matrimonios hubiera concluido, pero si la esencia de Ragnar
hubiera resultado fructífera, habrían llevado su descendencia en algún momento
antes de su inoportuno fallecimiento.

Frigg frotó una mano impaciente a lo largo del pecho de Loki. Le arañó con
sus afiladas uñas los planos pezones, lo que lo hizo tomar una bocanada de aire
llena de placer.

—Ve a buscar a la muchacha, querido. Estoy ansiosa por que empiece el


espectáculo.

Loki se acomodó entre los muslos de Frigg y entró en su inmortal coño con
un potente empuje.

—Cualquier cosa para ti, mi amor. Ya sabes que no puedo resistirte.

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El Club de las Excomulgadas

Capítulo 3
Cuyahoga Falls, Ohio, Estados Unidos de América, 2003

Dara Sabine se sentó de golpe en la cama con los ojos vidriosos por la
lujuria no satisfecha. El camisón de seda estaba empapado con su propio sudor,
gotas de transpiración le cubrían el cuerpo como una segunda piel. Echó una
mirada por el dormitorio.

Había estado soñando. Solo fue un sueño.

Respiro profundamente, sintiéndose extrañamente decepcionada.

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Últimamente, suspiró, parecía como si todos los ofrecimientos de la vida fueran
sueños o fantasías. Nada estaba resultando como había pensado que seria, o como
había esperado

Sabiendo que pasaría un buen rato antes de que pudiera volver a dormirse,
apartó el edredón de plumas de ganso de las piernas y plantó los pies en el frío suelo
de roble. Poniéndose la bata y las zapatillas, bajó silenciosamente las escaleras.

Diez minutos más tarde se sentaba frente a la televisión, comiéndose un


tazón de cereales con una mano y cambiando los canales en el control remoto con
la otra. Su mente estaba como un canal de televisión mal sintonizado, borrosa y
desenfocada. No quería pensar en el sueño, tampoco deseaba darle vueltas al estado
actual de su vida. Paul, solo tenía que resolver las cosas con Paul. Suspiró,
negándose a lidiar con la incertidumbre que tenía respecto a sus próximas nupcias.
Realmente tenía que haber algo que valiese la pena ver en la televisión, sin importar
lo intempestiva de la hora…

Romper Room5 (¿¿qué niño de cuatro años estaría viendo la televisión a las
tres de la madrugada??), una antigua reposición de un popular programa de finales
de los setenta, y, frunció el ceño, algún aburrido programa sobre una antigua reina

5
Romper Room: Serie de televisión infantil

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El Club de las Excomulgadas
Vikinga en History Channel. Ella suspiró, decidiendo ver el programa sobre la
escandinava.

...un interesante hecho sobre la esposa del Jarl, enfatizó el presentador del programa
en su sofisticado y monótono inglés, fue la leyenda que rodeaba su llegada a tierras Valkraad.
La opinión general en ese momento fue que había sido enviada por los propios dioses, y fue la
clave para la supervivencia no sólo de su pueblo, sino que más tarde sus místicos creerían que
de todas las personas. Cómo y por qué no es sabido por los historiadores, dado que los registros
tan antiguos son escasos.

Lo que es interesante mencionar, sin embargo, es que animó a su marido a construir y


vivir bajo la tierra con posterioridad a un ataque celta, unos diez años después de su
matrimonio... un temprano ejemplo de búnkeres y refugios, que historiadores militares

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encuentran intrigante. Los ancianos del clan creían que la reina vikinga, Dara, era un viajero
del tiempo...

Dara sonrió.

—Eh, compartimos el mismo nombre —murmuró—. Genial.

Pero no lo suficiente genial como para mantener su atención. Le echó al


programa una última mirada, luego suspiró antes de apagar la televisión,
consternada por que no hubiera nada bueno a las tres de la mañana.

Dara lanzó otro dramático suspiro mientras elevaba la cuchara llena de


cereales hasta la boca. Dado que no había mucho que hacer a las cuatro de la
mañana, su mente regresó al sueño que la había despertado tan bruscamente esta
madrugada. Sonrió, pensando como de estúpida había sido al excitarse con un
sueño tonto sobre un legendario dios nórdico.

Se había llamado a si mismo Loki, el dios embustero, el Dios del Fuego.

Este revoltoso había sido devastadoramente apuesto. Alto y musculoso, tan


sexy como el pecado, y besaba muy bien. Era el Dios del Fuego, sí señor, admitió
irónicamente. Había sentido su fuego justo entre los muslos.

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El Club de las Excomulgadas
Loki la echó sobre la cama y le hizo el amor con la boca, movió la lengua sobre su
clítoris rápidamente. Cuando Dara casi había llegado al clímax, le suplicó que la llenara, que
empujara en su interior. Loki le lamió los pezones y le sonrió diabólicamente.

—No puedo, encantadora Dara, aunque me gustaría poder hacerlo.

—¿Por qué no?

—Estás casada con otro.

—¿Te refieres a Paul?

El dios embustero se rió a carcajadas, como si ella acabara de contar el chiste de su

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


vida.

—No, amor. No te casaras con Paul. Serás entregada a un hombre de verdad, a un


guerrero que algunos podrían decir que puede rivalizar incluso conmigo.

—Nadie puede competir contigo —ronroneó mientras se acercaba y le lamía la


mejilla con una seductora pasada.

Loki disfrutó de la sensación de su lengua mortal contra su piel inmortal, deleitándose


con la sedosa sensación de su cuerpo bajo el de él. Él descendió, dejando un rastro de besos,
terminando en el lugar húmedo entre sus muslos. Le separó las piernas y gimió, codiciando lo
que nunca sería suyo.

Loki la tomó en su boca, provocando su clítoris con la lengua y los labios. La llevó al
borde una vez más, luego se detuvo.

Dara le pasó las manos por el pelo y gimió de necesidad.

—Por favor, no te detengas de nuevo.

—Tengo que hacerlo.

—Pero ¿por qué?

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El Club de las Excomulgadas
—Conocerás el placer en las manos de tu marido y no de otro. El rumbo ha sido
establecido.

—Quiero que tú seas mi primera vez. Me traerás más placer de lo que podría esperar
de Paul.

Loki sonrió.

—Te lo dije, no te casaras con Paul.

—Entonces ¿con quién?

—Te casarás con un guerrero.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Dara echó la cabeza hacia atrás y se rió.

—Un guerrero, ¿eh? Lástima que no habido ninguno en... oh... no se... ¿cientos de
años? —Estiró la mano y pasó los dedos por el pelo de Loki de nuevo—. Por favor, tómame
—susurró con voz ronca.

Loki bajó la cabeza, tiró de su clítoris entre los dientes y chupó apasionadamente.
Cuando Dara comenzó a retorcerse en la cama por la pasión, él se detuvo, de nuevo no la llevó
a la liberación. La miró y sonrió.

—Los guerreros no existen en tu tiempo, pero existen en el mío. Es mi tiempo al que


vendrás.

—¿Tu tiempo?

—Sí. Cuando la gente todavía creía. Cuando los dioses del Valhalla todavía
gobernaban.

—Tú me puedes gobernar. —Lo apartó de entre sus muslos, se sentó sobre las rodillas
y tomo su eje entre las manos.

Loki contuvo el aliento mientras la mujer mortal lo acariciaba. Su caricia solo podría
haber sido provocada por él, por su fuego.

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El Club de las Excomulgadas
Apartó las manos de Dara de su erección y la empujó de nuevo sobre la cama.

—Entrégate a tu marido. —Suspiró y movió la cabeza—. Quiero que Ragnar gane.

Dara juntó las cejas, sacudiendo la cabeza muy lentamente.

—No entiendo.

—No lo intentes. Ya he dicho demasiado.

—Pero, Lok…

—No, amor. No puedes tenerme. Tu esposo vendrá por ti por la mañana y te llevará
a su cama. Date prisa y disfruta del viaje. Conocerás mucha felicidad si te sometes a él.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Y entonces, el Dios del Fuego cambió de forma, convirtiéndose en un dragón frente a
sus ojos.

—¿Loki? —preguntó sin aliento y un poco asustada.

Él ignoró su miedo, atravesándola con su ardiente mirada.

—En caso de que creas que esto es un sueño, siente mi marca sobre ti. —El dragón
exhaló fuego, quemándole el tobillo con llamas que la marcaron, sin embargo, no provocaron
dolor.

Y de pronto, se había ido.

Dara se miró sus pies y sonrió. En el tobillo había una pequeña y perfecta
imagen de Loki como dragón…

Se sentó en el sofá con el ceño fruncido, sabiendo muy bien por qué había
tenido un sueño erótico para empezar. Era porque no amaba a Paul. Iba a casarse
con un hombre que no le suscitaba ninguna pasión, y su siempre eficiente
subconsciente simplemente estaba tratando de señalarlo. Dejó el tazón de cereales a
medio comer y suspiró. Pasión o no, iba a convertirse en la esposa de Paul.

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El Club de las Excomulgadas
Pero la pasión, el anhelo... ¡Dios mío! ¿Era posible que un hombre real
pudiera hacerla sentir de la manera en que el amante de sus sueños lo había hecho?
Hizo una mueca, dándose cuenta de que el hombre con el que estaba a punto de
casarse nunca lo haría.

Sacudió la cabeza, eliminando los últimos retazos del sueño. No había


manera en el cielo, en el infierno o en el Valhalla de que fuera a suspender la boda
ahora. Estaría loca si lo hacía. El hombre era tan rico como Midas, y tan
poderosamente conectado como Napoleón.

Suspiró un poco descorazonada mientras cogía el control remoto y encendía


la televisión. No era el momento para que su subconsciente se pusiera en marcha.
No cuando la boda estaba a la vuelta de la esquina.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


—Infiernos —murmuró para sus adentros— por lo menos empieza El
Gourmet Galopante.

***

Después del almuerzo, Dara se encaminó hacia la orilla del río Cuyahoga,
diciéndose que se sentía mejor de lo que había estado en años. Casi se pasó el
frondoso camino del exuberante bosque situado profundamente en el desfiladero,
obstinadamente convencida de que había hecho lo correcto. Iba a casarse con Paul.
Siiii. Estaba segura que era lo que tenía que hacer.

Paul D'Abois era rico y sofisticado, todo lo que su adorada madre siempre
había querido para ella en un marido. Él tenía su propia y lucrativa empresa de
ingeniería, varios títulos de postgrado, una casa de verano en los Hampton y un
yate, que la mayoría de las mujeres mataría por que fueran de su propiedad.

Dara resopló, descartando efectivamente sus triviales dudas. ¿Y qué si Paul


era un poco aburrido? ¿A quién debería importarle que fuera un gallina? ¿Y qué si
pasaba más tiempo acicalándose frente al espejo de lo que lo hacía ella? ¡Dara
Sabine iba a ser rica! ¡Maldito Loki!

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El Club de las Excomulgadas
Se dejó caer al suelo un momento después, el peso del cansancio la alcanzó.
Agitó la cabeza y suspiró, no queriendo considerar el asunto más a fondo. Y sin
embargo, los pensamientos seguían atormentándola mientras se desnudaba
lentamente. Con dedos distraídos se desató los botones de su vestido de algodón,
con la mente confundida.

Había entregado dos años completos de sus veintiséis buscando hacer


realidad los sueños que su madre tenía para ella. Bajo ninguna circunstancia
pondría en tela de juicio el valor del premio que, finalmente, había reclamado como
suyo. Paul D'Abois se convertiría en su marido.

Una hora más tarde, se estiraba desnuda en el cauce del río, disfrutando de
la sensación de los rayos del sol cayendo sobre ella. Era su lugar privado, así que

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¿por qué no? No es como si alguien pudiera verla.

Sonrió mientras cerraba los ojos, y los segundos se convirtieron en minutos.


Su piel bronceada se ponía más dorada a medida que transcurrían los minutos, lo
cual intensificaba el color de sus leonados ojos dorados y de su pelo dorado con
mechas del sol.

Se dijo una y otra vez cómo de eufórica estaba ante la perspectiva de su


inminente boda, como de perfecta estaría en el papel de la Sra. de Paul D'Abois.

Y entonces se dio por vencida con un suspiro.

¿A quién estaba engañando?

No amaba a Paul, y no era justo para él utilizarlo para alcanzar los objetivos
de su madre. Demonios, ni siquiera eran sus propios objetivos. Eran los deseos y
los sueños de una mujer que murió hace tiempo. Una mujer que había conocido
demasiada angustia y pobreza en su corta vida.

Sabía lo que tenía que hacer. Loki, el amante de sus sueños, había tenido
razón. Tenía que poner fin a esta farsa de compromiso de una vez por todas. Paul
no estaría devastado, gracias a Dios. Era demasiado rico y tenía demasiadas

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El Club de las Excomulgadas
mujeres dispuestas a su alrededor, listas para saltar y tomar su lugar a la primera
oportunidad.

Además, Dara podía cuidar de sí misma. No necesitaba a un hombre que lo


hiciera por ella. Se había levantado de la nada para ganar la beca en Harvard. Se
abrió paso con dificultad en sus cursos y arrasó en los pasillos de la escuela de
graduados de Yale. Era una moderna mujer auto-suficiente. Para nada la clase de
mujer que abrigaba la idea de casarse con un hombre porque él tenía influencias.

Y dinero. Sí señor, había unos pocos vaqueros debiluchos que podrían dejar
de llamarla suya.

Se resignó a lo inevitable, sabiendo que cuando se levantara del lecho del

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río, haría lo correcto y cancelaría el compromiso. Paul nunca la haría sentir de la
forma en que Loki lo hacía. Lo más cerca que iba a llegar al clímax en la cama de
Paul sería discutir con él sobre la importancia de las contribuciones de Gaugin6 al
impresionismo, mientras veían el History Channel.

Vale, vale, definitivamente iba a dejar a Paul. Pero antes de tratar con ese
desagradable asunto se permitiría disfrutar del calor del sol unos minutos más.
Arqueó la espalda, una placentera sensación le atravesó el cuerpo, mientras los
rayos del sol la alcanzaban y le acariciaran los pezones, convirtiéndolos en
apretados picos.

Loki estaba en lo cierto. Podría encontrar por sí misma un guerrero entre los
hombres.

Y luego se quedó dormida, disfrutando cada momento del erótico beso de la


naturaleza.

6 Gaugin: Pintor francés posimpresionista

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El Club de las Excomulgadas

Capítulo 4
Ragnar Valkraad se abrió paso a través del bosque, caminando rápidamente
junto a su montura. Era muy consciente del hecho de que estaba sintiendo lástima
de sí mismo, y no estaba avergonzado de admitirlo ante cualquier persona, animal
o cosa.

¿Por qué había hecho Frigg esto? ¿Por qué odiaba tanto el nombre Valkraad
que renunciaría a todo un clan de guerreros, excluyendo a muchos de ellos de su
muy codiciada entrada al Valhalla?

Deambulaba por el bosque, su agudizada conciencia diciéndole que iba a

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llegar a la curva noroeste del río Thund en cualquier momento. Y a divisar a la
durmiente mujer dorada.

Si no fuera por la imposibilidad de la tarea a la que se enfrentaba, Ragnar


sabía que estaría fuera de sí por la excitación. Tal y como estaban las cosas, no
podía evitar preguntarse cómo se vería la muchacha y si sería tan hermosa como en
la visión de su padre. Sintió el inminente estremecimiento de la conquista correr
por sus venas, dándose cuenta, sin lugar a dudas, que se estaba acercando a ella.
Detuvo su montura, ordenándole quedarse y no seguirlo.

Suspiró. Esta misión era tan infructuosa como su hombría. Se había casado
con dos mujeres, había tenido escarceos amorosos con cada esclava de la casa de su
padre, sin embargo, por lo que sabía, nunca había sido la causa de un solo
embarazo. Cualquier muchacha de toda Noruega habría corrido hacia él encantada
de tener a su hijo, porque todos sabían que se casaría con la mujer que pudiera
darle un heredero, sin importar si era una mujer libre o una esclava. Entonces,
todas las riquezas de Valkraad serían de ella, y de su bebé, el cual un día quedaría al
mando.

Sacudió la cabeza y frunció el ceño. Esto era inútil.

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El Club de las Excomulgadas
Se deslizó sigilosamente entre la espesura de los árboles, sin hacer un ruido,
mientras se acercaba a la orilla. Suspiró con profunda resignación, sabiendo muy
bien que no importaba como de desafortunada podría ser esta búsqueda, era algo en
la que debía darlo todo para tener éxito. Apartó una rama colgante y pasó al otro
lado, luego, buscó a su presa.

Ahí estaba ella.

Contuvo el aliento mientras caminaba hacia la mujer y se arrodillaba junto a


su figura dormida. Su padre había tenido razón, pensó, su polla empezó a
endurecerse. Hermosa no empezaba a describir a esta muchacha desnuda. Su
grueso eje se puso dolorosamente erecto solo contemplando su figura dormida.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


La muchacha era alta y voluptuosa, su pelo era del color del oro hilado, su
piel brillaba como la más dulce miel de verano. Sus ojos estaban cerrados, por lo
que no sabía de qué color eran, y sin embargo, estaba seguro de que serían tan
dorados como el resto de ella.

Se puso de rodillas. El monte de Venus de la muchacha estaba cubierto con


un parche triangular dorado y sedoso, del mismo tono que el brillante cabello de su
cabeza. Ragnar pasó una mano grande y callosa sobre los rizos entre sus muslos,
extendiendo los dedos en el sedoso nido.

Era difícil creer que una mujer tan magnifica le hubiera sido entregada por
Frigg como esposa. Por supuesto, pensó con una mueca, eso haría la venganza de
la diosa más dulce, entregarle una mujer hermosa para montarla día y noche, pero
una que nunca podría darle herederos.

Para estar seguro de que había tomado a la muchacha correcta revisó su


tobillo derecho y buscó la marca del Dios del Fuego sobre ella. Inspiró
profundamente y exhaló. Efectivamente, la pequeña imagen de un dragón
adornaba el pequeño y sexy tobillo de la muchacha, proclamando a la mujer
dormida como su prometida.

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El Club de las Excomulgadas
Dejó que sus ojos recorrieran el cuerpo de la muchacha, apreciando su
belleza más y más con cada momento que pasaba. Su polla la anhelaba. Quería
tomarla, montarla en este mismo momento, aunque sabía que sería un
quebrantamiento imprudente de las reglas.

Sin embargo, iba a ser su esposa. No era imprudente acostumbrar a la mujer


dorada a su ansioso tacto.

Contempló la visión de sus redondos pechos tanto como pudo sin moverse
hacia ellos. Finalmente, cedió. Tenía que tocarla, necesitaba conocer la sensación
de este cuerpo que le pertenecería irrevocablemente. Sus pezones estaban hinchados
y dilatados, las crestas coronadas con duras bayas de color rosa. Le pasó la callosa
mano sobre los pechos, suaves como la seda, tocando primero uno y después el

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otro.

La mujer dorada gimió suavemente en su sueño.

Atrapó un pezón entre el pulgar y el índice y tiró con suavidad, pero con
firmeza de la punta.

Ella gimió de nuevo.

Apretó la mandíbula. Al menos una parte de esta tarea no sería demasiado


difícil, pensó distraídamente, con la polla tan dura que le dolía. Era un hombre
apuesto, recibido de buen grado por mujeres libres y por esclavas por igual, y esta
mujer dorada tendida a su lado era de naturaleza apasionada.

Le pasó las manos por los pechos una vez más, a continuación por el vientre
y finalmente de nuevo por el nido de rizos que cubría ese lugar entre sus muslos.
Movió los fuertes dedos entre sus piernas, encontrado el brote de su mujer, y lo
movió de un lado a otro mientras le observaba la cara.

La muchacha gimió de nuevo. La virilidad de Ragnar se hinchó


dolorosamente.

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El Club de las Excomulgadas
La mujer dorada se retorció un poco, con un pequeño gemido en el fondo de
su garganta mientras él le frotaba su inflamado clítoris con una mano, entonces
extendió la otra mano y le acarició y le pellizcó los pezones. Observaba fascinado,
deseando que ella llegara a la cima antes de que abriera los ojos y se diera cuenta de
que él era un extraño. Hacer que encontrara placer en sus manos ayudaría a
acostumbrarla a su tacto.

Y él la iba a tocar mucho.

Quizá no podía montarla sin su permiso, pero en ninguna parte de las reglas
se decía que no podía tocarla tanto como deseara. Finalmente, con la suficiente
provocación, la mujer dorada le separaría las piernas con entusiasmo y
voluntariamente. Entonces sería cuando la verdadera misión empezaría. La

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


esperanza le creció en el pecho mientras oraba a Odín para que la muchacha lo
favoreciera con un hijo. Quizá no lo haría, pero él disfrutaría inmensamente
intentándolo.

Los ojos dorados de la muchacha se abrieron de golpe cuando gimió


fuertemente, el orgasmo cayendo implacablemente sobre ella. Durante unos
momentos pareció desorientada cuando sus ojos dorados como la miel se
encontraron con los intensos azules de Ragnar. Y entonces se llenaron de miedo.

Ella gritó. Un grito espeluznante y agudo, un maldito grito. Ragnar soltó su


clítoris y sus pezones y se tapó los oídos.

***

Cuando los ojos de Dara se abrieron durante el más devastador orgasmo de


su vida, casi había esperado ver al atractivo Loki cerniéndose sobre su cuerpo y
amándolo. Realmente nunca había esperado ver el desaliñado rostro barbudo de un
hombre cuyo vello facial tenía un desconcertantemente y fuerte parecido con
Grizzly Adam7 devolviéndole la mirada.

7
Adam Grizzly: famoso trampero y explorador de California, entrenador de osos y otros animales salvajes que capturaba
para zoológicos, casa de fieras y circos.

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El Club de las Excomulgadas
Un pánico como nunca había conocido corría por su cuerpo. Era como estar
en medio de un colocón de ácido realmente malo. De acuerdo, ella nunca había
probado los alucinógenos, pero estaba segura de que esto debería ser como se
sentían.

Una rápida mirada sobre el cuerpo de este hombre le dijo que era una bestia
enorme, un gigante descomunal. Sus músculos eran abundantes y acerados, y
cubrían cada centímetro cuadrado de su sólida figura. A pesar de estar de rodillas,
la longitud de sus muslos le dijo que sería tremendamente alto cuando estuviese de
pie. El hombre era la personificación del poder y la fuerza.

Una realidad embriagadora si él hubiera sido Loki. Una realidad aterradora


teniendo en cuenta su parecido con Grizzly Adams. Y el hecho de que no estaba

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


soñando.

Dara levantó la mirada hacia el rostro del desconocido y tomó nota. Ella era
buena tomando notas, se recordó histéricamente. Además se abrió camino en la
universidad haciendo trabajos de secretaría. Las notas que ahora recogía no le
sentaron bien. Quería hacerlas una bola y lanzarlas al basurero más cercano. El
hombre tenía un aspecto aterrador.

Cierto que sus ojos eran del azul mar más hermoso que jamás había
contemplado, y su cuerpo era algo a tener en cuenta, pero la rubia barba del
hombre, la cual llevaba parcialmente trenzada, ¡nada menos!, le cubría la mayor
parte de la cara y no la ponía cachonda lo más mínimo. Tal vez si se hubiera
afeitado... bueno, era difícil saberlo. El hombre era simplemente demasiado
barbudo.

¡Arrg! ¿Qué estaba pensando?

De repente se dio cuenta que las manos de Grizzly Adam le habían agarrado
los pezones y el clítoris. ¡Dios mío, iba a ser violada! Iba a ser violada por uno de
esos enloquecidos y solitarios tramperos de los que había oído hablar en el

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El Club de las Excomulgadas
programa de Oprah. No tenía ni idea de que estaba haciendo un trampero en el
noroeste de Ohio, pero su mente histérica supuso que todo era posible

Estaba a punto de desmayarse, abrió la boca y gritó a pleno pulmón.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III

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El Club de las Excomulgadas

Capítulo 5
Ragnar se apartó las manos de los oídos y las usó para cubrirle la boca a la
ululante muchacha. Por el martillo de Thor, la mujer sabía cómo acabar con un
buen estado de ánimo.

—Detén este ruido inmediatamente —le ordenó bruscamente.

Cuando a ella se le desorbitaron los ojos con una mezcla de ira y confusión,
tuvo que preguntarse si la mujer dorada hablaba la lengua de su pueblo. ¡Por el ojo
de Odín! Eso sería como que Loki añadiera otra complicación a esta, ya de por sí,
imposible tarea.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Ragnar miró a la muchacha socarronamente, luego le destapó la boca y le
pasó la mano tranquilizadoramente por el pelo.

—¿Hablas mi idioma, mujer?

Dara miró a los ojos del gigante tratando de darle sentido a sus palabras. Su
voz era severa, resonante, y discordante con la tierna forma en que la estaba
acariciando. Ella inhaló profundamente, ignorante de como sus pechos se elevaban
en el proceso.

—No entiendo lo que estás diciendo. ¿Puedes hablar más despacio, por
favor?

Ragnar maldijo. Quería escupir clavos. La muchacha definitivamente no


entendía noruego, pero él sin duda entendía su lengua. ¡Era sajón lo que hablaba!
Una versión gravemente destrozada y masacrada del mismo, sin embargo era
Sajón.

Sacudió la cabeza con incredulidad. La mujer era demasiado refinada para


proceder de esa raza de pequeños malolientes que les servían a los vikingos nada
más que como esclavos. Y sin embargo, Frigg le había dado a la dorada sajona para

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El Club de las Excomulgadas
que él la tomara como esposa. ¡Sin duda, los pecados de su pueblo no justificaban
esto!

Ragnar se puso de pie y suspiró mientras estudiaba a la muchacha con


atención. Mentalmente se encogió de hombros, sabiendo que debía casarse con ella
fuera sajona, celta o un trol. Le tendió la mano y le habló con dulzura en su propio
idioma.

—Vas a venir conmigo lo antes posible. Levántate, muchacha.

Dara parpadeó. ¿Muchacha?

Se puso de pie de un salto y le arrojó al gigante una cautelosa y, esperaba,

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


intimidante mirada de desprecio no disimulado.

—¡Me he levantado, trampero, pero no voy a ir a ninguna parte contigo! —


Ella retrocedió unos cuantos pasos, cada vez más asustada con cada segundo que
pasaba. Rezó para parecer más confiada de lo que se sentía—. Me voy a casa.
¡Ahora! —tartamudeó nerviosamente mientras giraba sobre sus talones e intentaba
huir.

Ragnar extendió una mano para pararla, girándola para detener su


despedida y ponerla de cara a él una vez más.

—No vas a alejarte, sajona. Partimos inmediatamente a las tierras de


Valkraad, donde nos casaremos a nuestra llegada.

Dara parpadeó rápidamente un par de veces. Sacudió la cabeza como si


quisiera despejársela, y a continuación observó la cara del hombre con la medio
trenzada y descuidada barba. Ella frunció el ceño.

—En primer lugar, no soy una sajona. Ni siquiera sé lo que es una sajona, a
menos que te refieras a esas personas que llevan muertas cientos de años. Y en
segundo lugar —anunció con más coraje del que sentía— no me casaría contigo
aunque fueras el último hombre arrastrándose sobre la tierra de Dios. Ya estoy

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El Club de las Excomulgadas
comprometida para casarme con Paul D'Abois. Sí, así es —le informó rápidamente
con un movimiento de la mano— ¡ese Paul D'Abois!

Ragnar no tenía la menor idea de quién o qué era este Paul D'Abois, pero le
preocupaba poco. Estaba encantado de saber que la muchacha no era sajona, pero
descartó el resto de su diatriba como trivial, la parte que entendió de todos modos.

—Quizá eras la prometida de este hombre llamado Paul, sin embargo, ha


sido decretado por los dioses que ahora te casaras conmigo, Ragnar Valkraad,
conocido a lo largo del reino Vikingo como Ragnar el Temido.

Dara no sabía si reírse o llorar. Estaba de pie junto al río, tan desnuda como
el día que nació, escuchando a un hombre perturbado, quien se creía un vikingo,

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


contándole su proyecto de casarse con ella. Y peor aún, su nombre era francamente
horrible. Y se parecía a Grizzly Adam. No se lo podía creer. Era demasiado.

—Escucha señor Valkraad, me halaga mucho tu deseo de querer casarte


conmigo —eso era una mentira— pero como ya he indicado, estoy comprometida
para casarme con otro. —Enderezó la espalda y elevó la barbilla con mucha más
firmeza de la que sentía—. Ahora, si me disculpas, voy a volver con Paul
inmediatamente.

Giró sobre sus talones y se alejó resueltamente, esperando que esta vez fuera
para siempre.

Unos férreos brazos se enroscaron amenazadoramente desde atrás alrededor


del vientre de Dara. Ella tragó saliva, abriendo los ojos de par en par. Esta escapada
podría no resultar tan fácil como esperaba que fuera. Oh Dios, él estaba loco. Un
loco, sicótico y totalmente trastornado trampero. El pánico y el miedo se la
tragaron

El propietario de los poderosos brazos se acercó más a la espalda de Dara,


tirándola con fuerza contra él, e inclino el cuello hacia abajo, murmurando en voz
baja cerca de su oído.

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El Club de las Excomulgadas
—Es mejor no pelear conmigo, dulzura. No tengo ningún deseo de doblegar
tu voluntad a la fuerza, sin embargo, lo haré si debo hacerlo.

—¿Estás diciendo que va a vi-violarme? —susurró Dara, temblando ante la


idea.

—No —negó Ragnar, mientras acariciaba el cabello de manera calmante—.


Conocerás mi cama solo cuando vengas a ella voluntariamente. En eso, tienes mi
palabra.

Ella dejó escapar un suspiro de alivio. Al menos eso era un comienzo. Nunca
se iría a la cama del trampero voluntariamente

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


—Entonces, ¿me dejaras irme? —dijo sin aliento.

Ragnar movió la cabeza, lenta y categóricamente.

—No. No puedo hacer eso. —Le acunó los pechos desde atrás,
acariciándole los pezones mientras hablaba. Ella jadeó—. Me perteneces ahora,
dulzura. Mejor acéptalo y sigue adelante.

***

Media hora y muchos horribles pensamientos después sobre lo que él


pensaba hacer con ella más tarde, Dara decidió que no iba a aceptar esa mierda. Le
frunció el ceño a la manzana que el gigante le había entregado y la lanzó hacia él.

—¡No tengo hambre! —Estaba furiosa—. ¡Y quiero irme a casa!

Es verdad que se había dado cuenta en esta última media hora que el ogro
estaba bastante bien para ir de ogro, pero se negaba a permitirse que le cayera bien
el hombre. Ella era, se recordó, una prisionera. A los prisioneros no tienen que
gustarles sus captores.

No importaba como de agradable era con ella, lo sabía. Quería irse a casa. A
casa.

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El Club de las Excomulgadas
Ragnar, recostado en el suelo, apoyado en un codo, levantó las cejas. Ella
estaba sentada sobre las rodillas delante de él, otorgándole una tentadora vista de
los resbaladizos pliegues rosados entre sus piernas. Estaba seguro que si ella se
hubiese dado cuenta, habría cerrado las rodillas bruscamente, así que no dijo nada.

—Nos queda un viaje que podría tomarnos unas cuantas horas. Mejor
comer ahora.

—No quiero comer. ¡Quiero ir a casa!

—Y lo harás —respondió con calma— a tu nueva casa, a mi casa.

Dara apretó la mandíbula.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


—Te das cuenta de que esto se llama secuestro, ¿no? Cuando las autoridades
nos encuentren, tendrás dificultades.

—Me imagino que la mayor parte del tiempo que pase contigo será duro,
dulzura. —Miró hacia sus rodillas ligeramente separadas y sonrió con picardía.

Dara tragó saliva. Para su consternación, sus pezones se tensaron y se


alargaron con la imagen mental que el trampero estaba pintándole. Cerró los ojos y
gimió mentalmente. ¡Era su prisionera, por el amor de Dios! ¡La gente no fantasea
sobre sus captores! Sobre todo, con los que tenían barbas asquerosas, admitió con
tristeza.

Apartó la vista de la mirada del gigante y suspiró.

—¿Puedo por lo menos tener algo de ropa para vestirme?

—No.

—¿Por qué no?

—Porque disfruto mirándote. —Ragnar la atrajo hacia el suelo, encima de


él, rodó para revertir sus posiciones y se acomodó entre sus muslos. Dara se quedó

36
El Club de las Excomulgadas
sin aliento—. Y porque me encantaría que estuvieras cómoda conmigo y con mí
tacto lo antes posible.

—Pensé que habías dicho que no me violarías —dijo ella con los ojos
abiertos ampliamente.

Ragnar sonrió.

—Y no lo haré, pero aun así, te tocaré.

—¿Qué quieres decir? —preguntó cautelosamente.

Ragnar se encogió de hombros.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


—Tengo que acostúmbrate a mi tacto, de lo contrario pasaría demasiado
tiempo antes de que vinieras a mi voluntariamente. —Se inclinó y la besó
suavemente en los labios—. No voy a obligarte a que aceptes mi polla dentro de ti
antes de eso, sin embargo, nunca me negaras el derecho a mirarte y tocar lo que me
pertenece.

Ignorando su sobresaltado jadeo, bajó la cabeza a su pecho y tomó un


regordete pezón en la boca. Chupó la apretada carne prolongada y perversamente,
sabiendo que ella ya estaba respondiéndole.

Dara se movió debajo de él, cerrando los ojos de placer. ¿Por qué no estaba
protestando? ¡Debería estar gritando y chillando a pleno pulmón! Debería estarlo,
pero no lo estaba. No sabía lo que estaba pasando, pero todo se sentía surreal.

Oh, Dios, Dara gimió mentalmente, tenía que luchar contra él…

Tratando de remediar la situación, levantó una mano para protegerse de él,


dándose cuenta un segundo demasiado tarde que no necesitaba haberse molestado.
Ragnar le había soltado el pezón y ahora estaba apartando su gigantesco cuerpo del
de ella.

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El Club de las Excomulgadas
Ragnar bajó la mirada hacia su prometida. Ella tenía la respiración
acelerada y los pezones duros. No pasaría mucho tiempo antes de que se entregara
a él.

—Voy a preparar la montura —murmuró Ragnar—. Salimos de inmediato.


—Se puso de pie y se alejó sin mirar atrás.

Dara se sentó y observó a Ragnar dirigirse tranquilamente a la espesura del


bosque. Podría gritar. Podría correr. Podría intentar escaparse. Pero…no se movió.
Se quedó allí y lo esperó en silencio, tan incapaz de tomar una decisión como un
ciervo frente a los faros de un coche. ¡Se estaba volviendo loca!

Dara movió la cabeza, totalmente irritada consigo misma. Recuperó su

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


sentido común, mientras se erguía, preparándose para lanzarse entre los árboles.
¡Una cosa era comportarse tan imprudentemente en un sueño y otra muy... el
sueño! ¡Sí, por supuesto, pensó, abriendo los ojos de par en par, el sueño!

Pensó de nuevo rápidamente en todo lo que Loki le había dicho la noche


anterior, tratando de decidir si éste era el hombre del que le había hablado.

¡Imposible! Nunca había tenido visiones en sueños en toda su vida, así que
¿por qué empezó la clarividencia ahora?

Tragó saliva con los ojos muy abiertos por la consternación, mientras
recordaba algo más que el Dios del Fuego había dicho. En caso de que creas que esto es
un sueño, siente mi marca sobre ti.

Cerró los ojos, negándose a mirarse el tobillo.

—Es mí tiempo al que vendrás —había dicho—. Cuando los dioses del Valhalla
todavía gobernaban.

Dara movió la cabeza vigorosamente de un lado a otro, sabiendo que lo que


estaba pensando no era posible. De ninguna manera, de ninguna puñetera manera.

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El Club de las Excomulgadas
Cuando ya no pudo resistir más tiempo el suspense, abrió los ojos y bajo la
mirada al tobillo. Cerró los ojos de nuevo y lanzó un gritó de impotencia después
de haber visto la marca del Dios del Fuego sobre ella. Ignorando la perversamente
inquietante sensación de haber sido catapultada a través de los anales del tiempo, se
levantó y se echó a correr hacia los árboles.

Tenía que escapar.

***

Con los ojos desorbitados, corrió más rápido. Podía sentir cómo él ganaba
terreno, podía oír crujir las hojas bajo sus botas a medida que se acerca más y más
y...

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por favor! Rogaba silenciosamente a los cielos
mientras corría ciegamente. ¡Por favor, déjame escaparme de él!

Dara miró por encima del hombro, la mirada de determinación en el rostro


de su captor fue suficiente para darle escalofríos por todo el cuerpo de nuevo.
Volvió la mirada al frente, corriendo en zigzag entre los tupidos árboles, tan rápido
como una mujer descalza podría correr. El corazón le latía en el pecho, sus pechos
desnudos se bamboleaban. Sólo tenía que llegar a un lugar seguro, ¡sólo eso! Se
atrevió a echar otra mirada sobre su hombro.

Nada, jadeó mentalmente. Él se había ido. ¿Había estado soñando? ¿Ragnar


había sido real?

—Lo que…uf —farfulló cuando chocó con un pecho muy duro.

El aire se escapó de sus pulmones, Dara cayó sobre su trasero, su frecuencia


cardíaca a mil por hora.

—¡Vete! —le espetó, alejándose de él. Quería llorar mientras lo veía


observarla. Su cara era tan estoica, tan implacable—. Por favor, sólo vete.

39
El Club de las Excomulgadas
Haciendo un último intento por liberarse, se levantó de un salto y trató de
correr alejándose de él. Dara gritó cuando la levantó y la puso de espaldas en el
suelo delante de él.

—¡Suéltame! —protestó, golpeándole el pecho tan fuerte como podía—.


¡Vete!

Ragnar se tendió encima de ella a la vez que le sujetaba las manos que lo
golpeaban por encima de la cabeza.

—No —dijo tranquilamente. Le presionó la muy notable erección contra el


vientre—. No —dijo de nuevo con voz ronca.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Los ojos de Dara se abrieron. Se humedeció los labios.

—No me violes —susurró ella, con la voz temblorosa—. Por favor.

Los ojos de Ragnar se suavizaron. No dijo nada durante un largo momento.

—¿Cuál es tu nombre, muchacha?

Ella cerró los ojos brevemente, el tiempo suficiente para tomar aire y
tranquilizarse. Había perdido, se dio cuenta, la resignación cayó sobre ella. Por
ahora tenía que irse con él.

—Dara —murmuró.

***

—Por favor, ¿puedo ponerme algo de ropa?

—No.

—¡¿Por qué no?!

—Estamos solo tú y yo, dulce Dara. ¿Qué necesidad tienes de ropa?

40
El Club de las Excomulgadas
—Tú no estás desnudo.

—¿Te gustaría que me quitara la ropa también?

—¡No!

Ragnar se rió entre dientes. Estaba disfrutando de la compañía de la


muchacha dorada mucho más de lo que había esperado. Iba sentaba delante de él,
sus redondeadas nalgas presionándole la ingle, le rodeaba el vientre con la mano
derecha para estabilizarla y estrecharla entre sus brazos mientras montaban sobre
su caballo hacia las tierras de Valkraad.

Él no iba a correr más riesgos. La voluntariosa muchacha ya había intentado

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


escapar una vez. Ella nunca tendría una segunda oportunidad para hacerlo.

Ragnar sabía que tendría que vestir a Dara antes de que se aproximaran al
fiordo8, así que tenía la intención de disfrutar de la sensación de su suave piel contra
él durante el mayor tiempo posible. Le pasó la mano por el vientre y sonrió.

—Tienes la piel de un bebé —murmuró, más para sí que para su prometida.

De todos modos, ella respondió.

—Y tú tienes los modales de un cerdo.

Ragnar se rió, pero no la contradijo.

Dara se sentaba aturdida delante del gigante, sin saber qué pensar. Durante
las últimas dos horas, habían montado por bosques y terrenos que deberían haberle
sido familiares, pero no lo eran. Había vivido en el valle toda su vida, había crecido
junto al río, y conocía el terreno como si fuera la palma de su mano. Pero ahora, a
medida que lo atravesaban a medio galope, todo lo familiar le era inquietantemente
extraño.

8
Fiordo: es un valle excavado por un glaciar que luego ha sido invadido por el mar, dejando agua salada. Normalmente son
estrechos y están bordeados por empinadas montañas, bajo el nivel del mar.

41
El Club de las Excomulgadas
El hombre había dicho que su nombre era Ragnar Valkraad. Loki había
hablado de un Ragnar. El hombre creía ser un vikingo, incluso yendo tan lejos
como para vestir como uno. Llevaba una larga túnica sin mangas con unas calzas
envueltas con jarreteras y sus musculosos bíceps rodeados con brazaletes de oro
ornamentados con joyas. El martillo de Thor estaba en el centro de la banda
izquierda y un dragón en la derecha.

Loki también había dicho que se casaría con un guerrero. Y, en efecto, cada
centímetro de este hombre parecía el de un guerrero competente.

Cerró los ojos mientras un presagio se apoderaba de ella. Estaba empezando


a temerse que esto no era un sueño, sino una realidad de la cual no había
escapatoria. Se hundió más profundamente en los brazos de Ragnar, buscando

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


inconscientemente consuelo mientras le hablaba.

—¿Qué haremos cuando lleguemos a tu casa?

—Te reunirás con el thing.9

Dara carraspeó.

—Mira amigo, no voy a reunirme con la cosa de nadie. Quítate esa idea de
la cabeza ahora mismo.

Ragnar se rió entre dientes.

—No es esa cosa. El Thing es lo que los escandinavos llaman su consejo. Es


un conjunto de legisladores sobre el que mi padre gobierna, y el que algún día yo
gobernaré. Mi padre es el Jarl.

Dara asintió. No tenía la menor idea de lo que era un Jarl, pero decidió
explorar esta cuestión en profundidad más tarde. Ya tenía bastante en ese
momento.

9
Thing: En ingles significa cosa, de ahí la confusión de Dara

42
El Club de las Excomulgadas
—¿Y después que me encuentre con el... eh...? —se aclaró la garganta
discretamente—... Thing?

—Entonces nos casaremos.

Dara asintió como una marioneta, una sensación de aturdimiento le subió


desde los dedos de los pies y se asentó en su cuerpo. Inconscientemente se acurrucó
contra Ragnar, buscando un consuelo en él que ella no podía nombrar.

Ragnar sonrió. Su muchacha ya estaba acostumbrada a su contacto. Podría


reclamarla muy pronto como su esposa de verdad. En pocas horas, el Jarl diría las
palabras que los unirían por ley, y luego, dentro de unos días, Dara se ataría a su
marido en todos los sentidos. Estaba seguro de eso.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Dara cerró los ojos y apoyo la parte posterior de la cabeza contra su acerado
pecho, no deseando tener ninguno de estos pensamientos espeluznantes que había
estado considerando. Pensamientos tales como que el vikingo era en realidad un
vikingo. Pensamientos tales como que había sido trasportada a través del tiempo
por un guapo dios con un retorcido sentido del humor. Pensamientos tales como
que la mano del vikingo había pasado de acariciarle el vientre a acariciarle los
pechos. Ella jadeó cuando se dio cuenta de que esto último era más que solo un
pensamiento.

Ragnar oyó su brusca inspiración, pero no le hizo caso. Era el momento


para acostumbrar a Dara aún más a sus manos, que ya no temiera que él le
explorara el cuerpo. Soltó las riendas de la montura que había mantenido en la
mano izquierda y utilizó sus dos grandes manos para acunarle los pechos. Su
caballo sabía exactamente como llegar a casa, así que no era necesario guiarlo.

Dara contuvo el aliento mientras los dedos de Ragnar comenzaron a


pellizcarle y soltarle los pezones con movimientos fluidos, estimulándolos hasta
convertirlos en dolorosas y erectas puntas. Su toque se sentía tan bueno. Tan
imposiblemente bueno. Debería detenerlo, pero no lo hizo. No podía.

¿Qué estaba haciendo? No quería que él le hiciera el amor, ¿verdad?

43
El Club de las Excomulgadas
Dara respiró hondo, en un esfuerzo por aclararse las telarañas del cerebro.
Atrapó las manos de Ragnar y las apartó de su cuerpo, y luego cruzó los brazos por
encima de los pechos, poniéndole difícil que él siguiera a tocándola.

Ragnar simplemente se rió entre dientes. Usó una gran mano para recogerle
el cabello y apartarlo de su camino. Cuando tuvo el camino asegurado hacia su
cuello, inclinó la cabeza y le mordisqueó la sensible piel. Ella gimió, tan caliente
como había estado cuando él había jugado con sus pezones. Dejó caer a los
costados las manos con las que se había defendido, mientras cerraba los ojos y
sentía la excitación desbordar su cuerpo.

Ragnar continuó besando y mordisqueándole el cuello, mientras sus manos


buscaban los pezones que había tratado de negarle. Los atrapó entre los pulgares y

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


los índices, agarrándolos por la base y yendo a las puntas una y otra vez. Dara se
movió contra él, sus nalgas frotando su erecta ingle.

Ragnar soltó uno de sus pezones, liberando una mano para vagar bajando
por su vientre hacia su monte de Venus. Ella gimió con el aliento entrecortado
mientras sus callosos dedos recorrieron su vello púbico, acariciándola como a su
gatito preferido.

—Tu piel es como la seda.

Ella gimió por sus palabras, y luego lloriqueó cuando un gran dedo calloso
encontró su clítoris y comenzó a masajearlo.

Ragnar le frotó el coño con movimientos agonizantemente lentos. Ella se


contoneaba delante de él, montada a horcajadas sobre el caballo, tratando de
detener lo inevitable. Pero finalmente alcanzó un punto en que la pasión le arrolló
la cordura, en la que a la necesidad de su cuerpo no le importaba lo que su cerebro
tenía que decir sobre la situación.

—¡Más rápido! ¡Frota más rápido! —gimió sin pensarlo.

44
El Club de las Excomulgadas
Ragnar sonrió y obedeció. Aumentó la velocidad de los círculos, la mano
cada vez más empapada del raudal de miel entre sus piernas. Ella estallaría en
cualquier momento.

Dara nunca se había sentido tan terriblemente excitada en su vida. Echó la


cabeza hacia atrás contra el pecho de Ragnar y gritó en éxtasis cuando su orgasmo
llego violentamente, atravesando todo su cuerpo. Se estremeció y convulsionó,
retorciéndose contra su captor, mientras olas de placer la recorrían. Oh Dios, Dios
mío.

Ragnar pasó los dedos por su aterciopelada piel, acariciándola, como lo


había hecho antes.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


—Buena chica —murmuró con voz emocionada, profunda y ronca con
enérgica aprobación—. Buena chica.

Una hora y tres orgasmos más tarde, Dara yacía exhausta y con la cara
apoyada sobre el caballo, sintiéndose cualquier cosa menos una buena chica. Tenía
los brazos estirados en el cuello de la montura, sus pezones todavía excitados por la
sensación del áspero pelo del caballo rozándolos.

Ragnar le frotó las nalgas por detrás, amasándolas como si fueran dos
sedosas bolas de melosa masa dorada. Él deslizó un largo dedo de una de sus
manos en la carne inundada por su clímax, mientras la otra mano continuó
frotando su exuberante trasero.

Dara se elevó contra de sus manos, cerrando los ojos ante lo inevitable. Se
preguntó vagamente, cuando el cuarto orgasmo retumbaba en su vientre, cuántos
clímax podría aguantar antes de morir de placer. Le sonrió a la noche, sabiendo que
su vikingo lo averiguaría.

¿Por qué no sonreír? Esto tenía que ser un sueño.

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El Club de las Excomulgadas

Capítulo 6
—Despierta, dulce Dara. Casi estamos en casa.

—¿Hum?

Ragnar sonrió mientras levantaba a su dormida prometida apretándola


contra él. Le levantó la barbilla para obligarla suavemente a despertarse.

—Abre los ojos, cariño. Estaremos en el centro de las tierras de mi padre


enseguida.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Dara, somnolienta, se obligó a abrir los ojos lo suficiente para sonreírle.
Cerró los ojos de nuevo, incapaz de mantenerse despierta. Estaba tan agotada por
el sin fin de orgasmos que Ragnar le había dado que se sentía como si pudiera
hibernar durante una semana seguida.

La acunó posesivamente contra su pecho, pero no desistió de su orden.

—Despierta, Dara. Puedes dormir en nuestro dormitorio cuando lleguemos.

Eso la despertó. Levantó la mirada hacia Ragnar con los ojos muy abiertos.

—Pero pensé… —Miró hacia otro lado, sin decir más.

Ragnar le frotó la espalda con dulzura, canturreándole como si fuera una


niña pequeña.

—¿No te has acostumbrado a mi tacto, cariño?

¿Acostumbrada? ¿Él estaba bromeando? Estaba tan suave como la gelatina


Jell-O en este momento.

—Sí, pero es solo que… no estoy lista para lo otro todavía.

—¿Por qué no?

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El Club de las Excomulgadas
Dara se encogió de hombros, pero no dijo nada.

Él le levantó la barbilla y estudió su expresión.

—¿Qué temes de mí? Ya debes saber que nunca te haría daño.

Y esto tenía que ser un sueño.

—Tal vez no premeditadamente —se oyó murmurar a sí misma.

—¿Qué quieres decir con eso?

Dara se apartó del agarre que Ragnar, alzó la barbilla y miró hacia otro lado.
Suspiró.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


—Nunca he estado con un hombre antes.

—¿Nunca has estado en dónde con un hombre?

—¡En la cama! —ladró, avergonzada de que la hubiera hecho explicárselo.

Dara se separó de su agarre y giró la cabeza. Simplemente no podía


mantener su mirada después de haber admitido ser virgen. ¡Qué vergüenza,
reconocer algo tan personal a un hombre al que había conocido hacía solo un día!
Por supuesto, también era el mismo hombre que la había llevado al orgasmo más
veces de las que podía contar en las últimas horas.

A Ragnar sentado detrás de Dara en la montura, se le hinchó su eje con


deseo y a punto de reventar, con los parpados pesados por la excitación. Ella era
virgen. Ningún guerrero había reclamado antes a la dorada Dara. Era inexperta,
estaba intacta. Y era toda suya. La suya era la única polla que alguna vez la
tomaría. Él era el único hombre que derramaría su semilla en su vientre…

Ragnar se apoderó de los pezones de Dara entre los pulgares y los índices y
los retuvo posesivamente. Ella jadeo un poco, él supuso que por la sorpresa, pero

47
El Club de las Excomulgadas
no dijo nada más. Cabalgaron de esa manera en silencio por otros diez minutos
antes de que Ragnar los soltara y le acariciara el muslo.

—Te daré mi túnica para que te la pongas hasta que lleguemos a nuestros
aposentos.

La cabeza de Dara se giró de repente, su mirada atravesándolo


acusadoramente.

Ragnar suspiró.

—Diré esto una vez más y no volveré a repetir estas palabras. No vas a ser
forzada, Dara. Esperaré hasta que estés lista para entregarte a mí.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


—Entonces, ¿por qué estamos compartiendo un dormitorio?

—Porque es lo que hace la gente casada. Y no te equivoques, cariño,


estaremos casados por la mañana.

—Pensé que habías dicho que nos casaríamos esta noche. —Dara tragó,
preguntándose si había sido una locura recordarle algo que, después de todo, no
quería hacer. Un poco de toqueteo sexual en un sueño era una cosa, casarse con él
era otra muy distinta.

Ragnar se encogió de hombros mientras se sacaba la túnica por encima de la


cabeza y se la ponía a ella para cubrirla.

—Cabalgué despacio para que pudieras dormir tranquilamente, pero


llegaremos bien entrada la noche. Todos estarán en la cama para entonces.

Dara dejó escapar lentamente el aire, sintiéndose aliviada y a la vez ansiosa.


Aliviada porque no estaba preparada para conocer a nadie nuevo, ansiosa porque
se le ocurrió que este sueño era demasiado exacto para ser un sueño.

—Bien —dijo débilmente—. Me gustaría tener algo de ropa decente antes de


que me vea forzada a conocer a alguien.

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El Club de las Excomulgadas
Ragnar asintió.

—Incluso aunque todavía no estemos casados, aun así compartirás mi cama


para dormir esta noche, Dara. No voy a correr el riesgo de que otro pueda llevarte
furtivamente y reclamar mi premio.

—¿Tu premio?

Ragnar sonrió sin humor.

—Tu virginidad.

***

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Quince minutos después, Ragnar y Dara entraban sigilosamente en la casa
comunal y se deslizaron silenciosamente por el pasillo que conducía a los aposentos
privados de Ragnar. Él había insistido en que no quería que nadie los oyera entrar,
ni siquiera un esclavo, porque quería mantenerla para él solo esta noche. Se negó a
que ella gastara un instante de su tiempo o atención en otro.

Eso estaba perfectamente bien para Dara. De cualquier modo no tenía


ningún deseo de encontrarse con ningún extraño esta noche. Estaba teniendo
bastantes problemas adaptándose a Ragnar. Y a la desconcertante idea de que la
aparición de Loki no había sido un sueño. Y a la idea igualmente horrible incluso
ahora que estaba despierta. Era un hecho que era cada vez más difícil negar.

Tan pronto como estuvieron a buen recaudo dentro de su alcoba, Ragnar se


dirigió al candelabro de la pared más cercano a la puerta y encendió una sola vela
de cera de abeja. Una vez hecho, tiro de su túnica sobre la cabeza de Dara y la
desechó en una silla cercana, dejándola completamente desnuda en su presencia
una vez más. Se apartó de ella y se dirigió hacia un lado de la enorme y lujosa
cama, y le dio unas palmaditas, mientras le sonreía.

—Ven, querida, y consigue tu descanso.

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El Club de las Excomulgadas
Dara asintió, miró la decoración de su alcoba para ver el aspecto de la gran
habitación. Para su total consternación, no podía ver mucho. Tal vez Ragnar podía
adivinar los detalles con la luz de una sola vela, pero ella no podía. Si no hubiera
sido por la luz de la luna que se derramaba en la habitación y caía sobre la silueta
de Ragnar, ni siquiera lo hubiera visto acariciar la cama y hacerle señas.

Cuando llegó a la cama, se subió encima y se dirigió lentamente a gatas


hacia el centro. Ragnar estiró la mano y le dio unas palmaditas en el trasero
mientras ella gateaba, luego deslizó la mano más bajo y le hizo una rápida caricia a
la carne hinchada de entre sus piernas.

Dara contuvo el aliento, pero siguió moviéndose. Se puso de lado,


acurrucándose como un gato, y se puso de frente a lo que sospechaba firmemente

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


que era una de las paredes de la cámara. Se sentía aturdida. Completamente
abrumada.

Ragnar se subió a la cama junto a ella un momento después, alargando la


mano hacia ella mientras se acostaba.

—Ven y duerme cerca de mí.

Dara se mordió el labio inferior, finalmente soltó un suspiro de resignación.


Si no iba hacia él, él simplemente iría hacia ella. Resoplando, se sentó en la cama,
se giró hacia él y se dejó caer de espaldas, delante de él.

Él se dio una palmada en el pecho.

—Reposa tu cabeza aquí.

Lo hizo estoicamente, demasiado agotada para discutir.

Y estaba asustada, más asustada de lo que jamás había estado en su vida,


porque había llegado a entender que esto no era un sueño. Ragnar era muy, muy
real, y no sabía qué hacer con ese hecho.

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El Club de las Excomulgadas
Tampoco sabía qué hacer con su propio comportamiento. Odiaba como de
sumisa había estado actuando estas últimas horas. Siempre había sido alguien que
se mantenía firme, sin embargo, en presencia del Vikingo se encontró simplemente
cediendo a sus demandas sin protestar. Por supuesto, una cosa era formarse una
opinión sobre cómo alguien debería comportarse en tal situación y otra muy distinta
la realidad cuando te enfrentas con ella.

Suspiró. Este había sido el día más confuso y aterrador que jamás había
vivido.

Estaba prisionera, cautiva de un hombre enorme que había decidido casarse


con ella al primer vistazo. Por otra parte, no sabía dónde estaba o si alguna vez
vería su casa de nuevo. Pero sin duda, el concepto más aterrador fue aceptar la

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


predicción ominosa de Loki, su insistencia de que iba a casarse con un guerrero del
tiempo.

Nunca había sido una gran aficionada a la historia europea, pero había
retenido la suficiente información de los cursos requeridos en historia universal en
Harvard para saber que los vikingos habían gobernado principalmente en los siglos
IX y X.

Cerró los ojos firmemente peleando con su miedo, acurrucándose más cerca
junto a Ragnar. Extraño, pero hombre que la había capturado era el mismo que era
capaz de aliviar algo su ansiedad. Hundirse en su calidez, de alguna manera, hacía
este destino más tolerable. Un destino que, había llegado a temer en las últimas
horas, podría ser inevitable. Cerrando los ojos por la confusión de sus sentimientos,
le apoyó la mano distraídamente en sus marcados abdominales y la cara cerca de su
plano pezón masculino.

Ragnar colocó la mano sobre la de Dara, sosteniéndola suavemente pero


con firmeza contra su estómago. Esto se sentía bien, acurrucarse con su mujer. Su
cuerpo estaba delicadamente esculpido, exuberante, suave y mullido, justo como un
guerrero prefería. No podría haber elegido por sí mismo una compañera más
deseable si lo hubiera intentado.

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El Club de las Excomulgadas
Ragnar bostezó satisfecho, y ofreció un silencioso gracias a los dioses que
había traído a su Dara hasta él. Si ella iba a ser su castigo, no podría pedir una
mejor sentencia. Se acurruco contra ella y sonrió.

Casi se había dormido cuando las palabras de su padre resonaron en su


mente.

El elegido se casará y procreará con la mujer dorada. Deberá portar un hijo dorado en
el transcurso de un año, si alguno de nosotros desea ver el Valhalla.

Un año.

Y su hermosa muchacha era virgen.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Ragnar no podía haber estado más feliz por la inocencia de Dara, pero
también se dio cuenta que esto causaría mucho temor al acoplamiento por parte de
ella. Por un lado, el tamaño de su polla probablemente la intimidaría. Si la vista de
su virilidad la asustaba innecesariamente eso haría más difícil meterse entre sus
piernas. Tendría que acostumbrarla lo más pronto posible. Inmediatamente se puso
erecto solo de pensarlo.

Tomó la mano de Dara con más firmeza y la deslizó lentamente por su


musculoso estómago y en su erecto eje. Ella inspiró, él sabía que todavía no estaba
dormida.

—Ragnar, yo…

—Shh, amor —susurró—. Es mejor que sepas lo que va a estar dentro de ti,
que llegues a no temerlo. —Se inclinó hacia abajo y le dio un suave beso en su ceño
fruncido—. Solo tócame —le ordenó con voz ronca—. No te pediré más esta
noche. —Le soltó la mano, quería que lo explorara por propia voluntad.

Después de lo que le pareció un interminable tiempo de espera a Ragnar, al


fin sintió los dedos de Dara rodear su grueso eje tanto como podía y aceptarlo.
Dejó escapar un suspiro mezcla de alivio y deseo.

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El Club de las Excomulgadas
Dara tenía que admitir que estaba perversamente curiosa sobre el cuerpo de
Ragnar. Nunca había estado en presencia de un hombre desnudo, aparte de Loki.
Ahora sabía, sin lugar a dudas, que todo el cuerpo de Ragnar estaba construido en
la misma gigantesca escala. El vikingo era enorme. Ocultó una sonrisa en la
oscuridad, perversamente curiosa por saber si era su manejo de la espada o el hacer
el amor lo que le había ganado el apodo de Ragnar el Temido.

Curvó los dedos alrededor de su polla con vacilación al principio, pero se


volvió más atrevida cuando lo oyó inspirar. Lo acarició lentamente de la raíz a la
punta, explorando la sensual sensación del musculo duro como una roca cubierto
de satinada seda. Ragnar gimió cuando Dara continuó acariciándolo, su cuerpo se
tensó ante su tacto. A ella se le endurecieron los pezones en reacción a los sonidos

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


que él hacía, el poder que sentía sobre él era bastante embriagador.

Cogió velocidad en su escrutinio, acariciando de arriba abajo la longitud de


su eje con mayor urgencia. Podía sentir la punta de su pene cada vez más húmeda,
con pre eyaculación y sabía que estaba cerca de llevar a Ragnar a las mismas alturas
que él la había llevado hoy tantas veces.

Ella apoyo la cabeza en su bíceps derecho y le lamió uno de sus pezones


mientras lo masturbaba, sus movimientos eran cada vez más y más rápidos. Ragnar
gruñó, sin importarle si despertaba a toda la casa comunal o no.

Y entonces, él estalló.

Ragnar gimió con satisfacción mientras su orgasmo explotaba y salía a


borbotones por la mano de Dara. Él tomó largas y profundas respiraciones,
mientras se tranquilizaba del impacto de su clímax. Por el martillo de Thor, si
estallaba así con el toque de las manos de su prometida, bien podría imaginarse
como se sentiría mientras estuviera dentro de ella.

Ragnar alcanzó un trozo de paño de lana colocado cerca de la cama y


limpió el brazo empapado de su muchacha. Entonces, se dio unas palmaditas en el

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El Club de las Excomulgadas
pecho, indicándole que volviera a poner la cabeza sobre él. La abrazó,
disfrutándolo ahora más de lo que lo había hecho antes.

Sonrió irónicamente en la noche mientras se quedaba dormido, su último


pensamiento coherente una bienaventuranza de agradecimiento a Frigg por
maldecirlo.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III

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El Club de las Excomulgadas

Capítulo 7
Cuando Dara se despertó a la mañana siguiente, la primera cosa de la que
se dio cuenta fue que Ragnar no estaba en la cama con ella. Estaba sola. Desnuda y
sola.

Bajó la mirada a su tobillo por si acaso el vikingo había sido un sueño, luego
suspiró, aceptándolo cuando vio la marca del dragón todavía sobre ella. No había
sido un sueño.

Ahora que la luz del día se derramaba por la habitación, fue capaz de ver lo
que había en el cuarto con bastante claridad. No perdió tiempo en su inspección, se

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


irguió en la cama y se levantó para echar un vistazo alrededor.

La primera cosa que notó fueron las elaboradas pinturas y obras de arte que
cubrían cada pared. No, pensó mientras examinaba la madera más cercana, la obra
de arte no cubría simplemente las paredes, eran una parte arraigada de ellas,
grabadas por un experto artista. Las escenas representaban cacerías y lo que dedujo
eran incursiones. También había criaturas que no reconocía talladas y pintadas en
las paredes junto con unas pocas que conocía. Ahí estaba el dragón dorado que la
llamaba, haciéndole señas para que se acercara más.

Se acercó más al símbolo del dragón, y pasó la mano por el intrincado y


minucioso tallado. La criatura estaba grabada profundamente en la pared de
troncos de pino, pintada con magníficos colores y dorada con un recubrimiento de
oro. Era hermoso, simplemente impresionante. Y se parecía al de su tobillo hasta
en el más mínimo detalle.

Se acercó a la chimenea y admiró el fino tapiz colocado encima de la


misma. Era brillante y audaz, magnífico en su colorido. Y al igual que las paredes,
representaba una escena de caza. Hizo una mueca cuando se dio cuenta de que la
presa era una mujer. Solo podía suponer que éste era el equivalente medieval a la
pornografía.

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El Club de las Excomulgadas
Caminó hacia un lado de la cama de Ragnar y tomó nota del enorme,
dorado y enjoyado baúl que estaba en el suelo junto a esta. No era más aficionada a
la historia medieval de lo que lo era a la historia europea en general, pero sabía lo
suficiente como para darse cuenta que un baúl servía a un doble propósito en este
tiempo, como armario y como tocador.

Un momento después su examen de la cámara fue interrumpido cuando un


golpe sonó en la puerta. Sus ojos se abrieron con consternación al darse cuenta
inmediatamente que estaba desnuda y no tenía ropa. Se acercó a la cama y tiró de
una piel para cubrirse y a continuación le dijo en voz baja al intruso que entrara.

Una mujer de mediana edad, bajita y robusta entró en la habitación un poco


después. Cerró la puerta con firmeza detrás de ella y se giró para estudiar a Dara.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


La miró de arriba a abajo, y lanzo en su dirección una brillante y desdentada
sonrisa.

—Mi nombre es Myra. El amo me envió porque soy la única esclava aquí
que habla tu lengua.

Dara resopló. Apenas podía estar de acuerdo en lo de que hablaban el


mismo idioma, dado que apenas pudo entender una palabra de lo que había dicho
la mujer. ¡Espera un minuto! Pensó consternada, ¿había oído la palabra...?

—¿Esclava?

Myra se encogió de hombros, aparentemente sin molestarle su condición.

—Sí. Yo era esclava del Jarl, sin embargo, ahora le pertenezco a su hijo. —
Sonrió acariciándose el vientre—. Cuando Ragnar tomó sus propios aposentos, se
negó a renunciar a mi cocina.

—¿Esclava? —repitió Dara todavía tratando de asimilar este hecho de la


vida medieval.

Myra frunció el ceño, moviendo desconcertada la cabeza canosa.

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El Club de las Excomulgadas
—¿No tenéis esclavos de donde tu vienes, mi señora?

—¡No! ¡Eso es terrible! ¡Bárbaro! ¡Incivilizado! ¡Debes huir!

—¿Huir?

—¡Sí! ¡Huye!

—¿Y a dónde voy? Te ruego que me lo digas

Dara suspiró mientras consideraba el asunto. Infiernos, ella no sabía a dónde


ir. ¿Cómo podía decirle a Myra que hiciera lo imposible?

—Déjame que piense sobre eso.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Myra desestimó los desvaríos de Dara con un gesto de la mano.

—Haz eso, señora. Ahora en cuanto a la razón por la que estoy aquí...

—¿Sí?

—Maron, la esclava celta, te traerá una bandeja con comida y Brun, la


esclava finlandesa, te traerá un baño.

Dara suspiró, odiando la idea de que cualquier esclavo la sirviese. ¡Era


estadounidense por amor de Dios! A los estadounidenses no les gusta pensar en esa
parte horrible de su propio pasado, y mucho menos enfrentarlo directamente.
Suspiró, dándose cuenta que nada de lo que dijera o hiciera marcaria una diferencia
para Myra.

—Bien. ¿Y luego?

—Después de que hayas terminado, traeré un vestido que he estado


cosiendo para ti por dos amaneceres, luego Brun te acompañará al thing.

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El Club de las Excomulgadas
Pensó en preguntarle a Myra cómo podía haber trabajado en un vestido para
ella durante dos días cuando acababa de conocerla, pero se distrajo por la última
información que la vieja esclava había transmitido.

—¿El thing? ¿Es ahí donde está Ragnar?

—Sí, señora. Te espera con el Jarl y el resto del consejo en la casa comunal.

Dara tragó visiblemente, no satisfecha del todo con la idea de conocer a más
hombres de este tiempo. Había leído las historias. La palabra “gang-bang10” resonó
morbosamente a través de su agitado cerebro. Se sintió mareada, dándose cuenta
que esta situación era demasiado para aceptarla de repente. Sin embargo, esto no
era culpa de la mujer mayor. Y la esclava probablemente no la ayudaría a encontrar

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


una manera de salir de esto.

—Bien. Gracias por venir a explicarme las cosas, Myra.

Myra lanzó otra sonrisa en su dirección, haciendo que Dara se sintiera más a
gusto. Si ella no estaba equivocada, y estaba bastante segura de que no lo estaba,
acababa de ganar un aliado en la mujer mayor. Y que el cielo la ayudara, sabía que
necesitaría de todos los amigos que pudiera reunir en este lugar.

—No tiene importancia, mi señora —insistió Myra mientras se contoneaba


hacia la puerta de la cámara—. Siempre estoy aquí si tienes necesidad de mí.

Una hora más tarde Dara estaba alimentada, bañada, vestida y más asustada
que nunca. Ahora tendría que hacer frente a una horda entera de vikingos, y no
solo al que casi se había acostumbrado. Era suficiente para darse a la bebida. Al
darse cuenta que era la mejor idea que había tenido a lo largo de toda la mañana,
cogió la jarra de cerveza que Maron había dejado en su bandeja y la vació. Tenía
un sabor horrible, pero tendría que valer por el momento.

Myra llamó a la puerta de la cámara, diciendo en voz alta que el thing estaba
ansioso por conocerla y que ella y Brun necesitaban salir lo antes posible.
10
Gang-bang: es un tipo particular de orgía en la que una mujer o un hombre mantiene relaciones sexuales con tres o más
hombres por turnos o al mismo tiempo.

58
El Club de las Excomulgadas
—¡Estaré allí en un momento! —gritó Dara, mientras le daba la vuelta a una
brillante bandeja de plata para estudiar su reflejo. Suspiró descontenta, pensando
que la bandeja metálica era la más pobre excusa de espejo que había encontrado.
Lo único de su aspecto que podía saber con certeza era lo que podía ver con sus
propios ojos si bajaba la vista.

Su vestido era largo, de seda verde, y tenía que admitir que contrastaba
genialmente contra su piel. Una cadena de oro atada alrededor de su vientre,
colgaba justo por debajo de sus caderas y estaba abrochada sobre su monte de
Venus con un dragón de oro y rubíes. Su calzado eran unas botas bajas de cuero
diseñadas para adaptarse a cualquier pie y estaban ocultas bajo su vestido.

No tenía idea de como se veía su pelo, pero dedujo por la mirada presumida

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


de Myra, que Maron había hecho un buen trabajo. Lo llevaba suelto, pero apartado
de la cara por una diadema de oro que lucía rubíes, esmeraldas y zafiros por todas
partes. No tenía que ver su reflejo para saber que Ragnar se había asegurado que se
viera bien el día de su boda.

El día de su boda.

¡Por amor de Dios! ¿Cómo iba a casarse con un hombre que apenas había
conocido hacia un día? Vale, ¿cómo no iba a hacerlo? Él le había dejado pocas
opciones, pensó ansiosamente.

Y en algún momento durante la noche, tal vez cuando Ragnar, experimentó


el clímax en su mano, había llegado a la irrevocable conclusión de que
definitivamente no estaba soñando. Esto era real. Muy real. Los sueños eran
incompletos y extraños, carentes de detalles. No eran vívidos y coloridos,
mostrando a enormes vikingos y esclavas desdentadas. Mentalmente hizo una
mueca, comprendiendo que había llegado a un año que no conocía para casarse
con un hombre que apenas conocía.

Y no tenía la más mínima idea de cómo escapar.

59
El Club de las Excomulgadas
Como una idiota, había dormido durante más de la mitad del viaje a la casa
de Ragnar, así que no tenía ni idea de cómo hacer el regreso al río mágico si lo
intentaba. Era inútil. Simplemente inútil. Por ahora, sencillamente esperaría su
momento.

Suspiró, pensando que debía estar agradecida de que hubiera sido traída
aquí como una novia en lugar de como una esclava. Así era, era candidata a
convertirse en una esposa. Solo suponía que convertirse en esposa la descartaba de
un gang-bang, rogó. Y hablando de convertirse en una esposa...

—Perdón por tardar tanto Myra. Estoy un poco nerviosa.

—No te preocupes, mi señora —dijo la esclava desde el otro lado de la

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puerta—. No querrás derramar tu sangre virginal hasta que el sol se oculte.

Dara tragó, nunca había sentido la boca tan seca. Dios mío. ¡Ahora tenía
aún más de lo qué preocuparse!

60
El Club de las Excomulgadas

Capítulo 8
Ragnar caminaba de un lado a otro delante de la larga mesa, mientras
esperaba a que Brun le trajera a su prometida. Solo los miembros del thing habían
sido invitados a presenciar las inminentes nupcias. La fiesta de celebración se
llevaría a cabo posteriormente en la casa del Jarl, donde todo el pueblo asistiría. Era
un momento de gran jolgorio, tanto para los esclavos como para los hombres libres,
ya que ningún trabajo seria hecho este día. El pueblo estaría de fiesta hasta altas
horas de la madrugada, continuando para las familias de más alto rango de la aldea
durante tres semanas completas.

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Siguió caminando mientras se rascaba la barba pensativamente. Estaba
nervioso, inquieto, y no podía contener esta reacción. El destino de todo un clan de
guerreros descansaba en su totalmente incapaz semilla. Esto era suficiente para
volverlo loco. Acababa de suplicarle a Odín que los dioses considerasen oportuno
agraciar a su futura esposa con su bebé.

Ese pensamiento solo sirvió para llevarlo a otra escalada de nerviosismo. Su


novia era virgen, y no podía obligarla a someterse a él. Por los dientes de Thor,
entre una situación extrema y otra, ¡pronto estaría tan loco como un jabalí con
espuma en la boca!

—Por los dedos de los pies de Balder, hijo, ¿podrías moderar tu ritmo? —
Erik el Sabio frunció el ceño a su heredero mientras lo observaba rondar de un lado
a otro en los suelos de tierra.

—Sí, primo —sonrió Aran—. Nunca antes te he visto tan alterado por una
simple muchacha.

—¡Ella no es simple! —bramó Ragnar en su defensa mientras abandonó su


paseo y fue a pararse al lado de su padre, su primo y su tío—. De hecho, es la
criatura más adorable en la que he puesto los ojos.

61
El Club de las Excomulgadas
—Que buena fortuna —anunció Leif—. Mi primera esposa, no tu tía
Brekkhild, fue elegida para mí. La mujer se parecía a un cerdo con su monstruosa
figura.

Erik resopló.

—No decías eso mientras cortejabas a la muchacha.

Leif se encogió de hombros, desestimando su observación como trivial.

—Su padre era tan rico como tú, hermano. Además, era la única muchacha
libre en aquella aldea que separaría sus muslos voluntariamente.

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—Ah —Erik sonrió mientras recordaba los días pasados de su juventud—
las bajas profundidades en la que un joven se hundirá en el frenesí de su necesidad.

Las risas en el thing de detuvieron abruptamente cuando Brun llamó a la


puerta y entró. Buscó a Ragnar, sonriendo cuando notó lo nervioso que parecía
estar su amo.

—Su prometida esta fuera, amo —informó en noruego—. ¿Le ofrezco entrar
de inmediato?

—Sí —confirmó Ragnar mientras dejaba escapar un suspiro de


anticipación—. Que entre lo antes posible.

Brun hizo una profunda reverencia, se giró y se apresuró a salir.

—¡Por el ojo de Odín! —exclamó Sven cuando se acercó al grupo de cuatro


que conversaba junto a la larga mesa—. ¡Estoy a punto de reventar de emoción!
¡No puedo esperar a ver la mujer creada a semejanza del oro!

Ragnar frunció el ceño, dándole a Sven el golpe en la cabeza que había


querido darle durante la reunión en la que su padre había anunciado por primera
vez su sueño con Loki.

62
El Club de las Excomulgadas
Sven se frotó la sien y soltó un gruñido.

—Todo lo que quería era verla —murmuró.

Un momento más tarde, la puerta de la casa comunal se abrió para mostrar


a la mujer dorada del sueño del Jarl. Los guerreros se acallaron, las predicciones del
Jarl eran tan precisas como siempre. La observaron entrar a la asamblea, tan
nerviosa como hermosa.

Era justo como la había imaginado, pensó Erik para sí mismo. Pelo dorado,
piel dorada, y cuando se acercó, se dio cuenta que también tenía los ojos dorados.
El dios embustero le había revelado la verdad. Se acercó a ella sonriéndole y le
habló en Sajón.

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—Soy Erik, el padre de Ragnar, mi señora, y pronto seré tu padre también.
Es un honor conocerte.

Dara dejó escapar un suspiro de alivio, estaba tan contenta como


impresionada de que el Jarl pudiera comunicarse con ella. Todavía estaba muy
nerviosa con lo de casarse con un hombre que apenas conocía, pero obligó a sus
temerosos pensamientos a alejarse de su mente y a ocuparse de la realidad de la
situación. Le sonrió débilmente al enorme vikingo, quien parecía una versión
mayor de Ragnar, e inclinó la cabeza.

—Igualmente, señor.

Valerosamente dio un rápido vistazo alrededor, su mirada se posó


finalmente en Ragnar.

Él sonrió mientras examinaba su cuerpo, encantado con lo que veía.

—El vestido te sienta bien, Dara.

—No, es ella la que le sienta bien al vestido.

63
El Club de las Excomulgadas
Dara desvió la mirada hacia el hombre que estaba junto a Ragnar y le
ofreció una brillante y nacarada sonrisa. Aquí, después de todo, había otro hombre
que podía comunicarse con ella.

Ragnar frunció el ceño, sin preocuparse en absoluto por el brillo depredador


en los ojos de su primo. Sabía que Aran nunca se atrevería a tocar lo que le
pertenecía, aun siendo consciente de eso, que él incluso albergaba tales ideas era
suficiente para provocarle a Ragnar un ataque de celos. Apretó el brazo
posesivamente alrededor de los hombros de su prometida y le lanzó una mirada
asesina a su desconcertado primo.

Los hombres del thing rugieron de risa, disfrutando plenamente del


espectáculo del comportamiento celoso de Ragnar. Dara examinó sus rostros,

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curiosa por lo que había hecho reír a todos, a continuación se encogió de hombros,
dándose cuenta que era improbable que resolviese ese enigma en particular. Los
vikingos tenían un extraño sentido del humor, decidió.

El padre de Ragnar sonrió suavemente a su futura nuera. Era una muchacha


atractiva esta mujer. Casi envidió a su hijo por la tarea que Frigg había colocado
ante él, pero cedió con una sonrisa fácil, recordando que no había otro amor para él
salvo su dulce Jaron.

—Dinos, ¿Dara, fue tu viaje placentero?

Dara se sonrojó profundamente, recordando demasiado bien como de


placentero había sido. Ragnar captó su reacción y le guiñó.

—Sí —admitió débilmente— lo fue.

—¿De dónde la trajeron los dioses? —le preguntó a Ragnar otro guerrero en
noruego, mientras miraba a Dara de arriba a abajo. Los restantes miembros del
thing rodearon a la pareja, curiosos con cuál sería su respuesta.

Ragnar se encogió de hombros, dándose cuenta justo ahora que nunca había
tenido tiempo de preguntar.

64
El Club de las Excomulgadas
—No puedo decirlo —admitió—. Todavía no se lo he preguntado.

Erik el Sabio movió la cabeza divertido, con los ojos brillando de alegría.

—En efecto debes estar locamente enamorado, hijo mío, esa habría sido la
primera pregunta que yo le habría hecho a la muchacha.

Leif y Aran asintieron su acuerdo.

Erik el Sabio volvió su atención a Dara e inclinó la cabeza hacia ella.

—¿De qué tierra eres, hija? —preguntó en sajón.

Dara tragó fuertemente, con los ojos muy abiertos por la aprensión. ¿Cómo

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


se suponía que tenía que responder exactamente a esa pregunta sin que pensaran
que estaba loca? ¿Tenían manicomios en los tiempos de los vikingos? Se estremeció
cuando se imaginó a sí misma encerrada en una apestosa cámara, sin nada que
comer ni beber salvo queso rancio y aguamiel añeja por el resto de su vida. Se
retorció las manos, los nervios dominaban sus sentidos una vez más. Fue una
acción que no pasó desapercibida a la asamblea de guerreros.

Ragnar apretó los hombros de Dara, sabiendo instintivamente que estaba


irritada y necesitaba que la calmasen.

—No importa de dónde vienes, cariño. Dinos la verdad.

Con los ojos muy abiertos miró a Ragnar, y comprendió que él nunca
permitirá que estos hombres le hicieran daño si la creían loca.

—Soy de... algún otro lugar —dijo en voz baja, perdiendo el valor para decir
la verdad tan rápidamente como lo había ganado.

Los guerreros del thing que hablaban sajón se echaron a reír alegremente,
sumándose a estos los que no lo hacían, después de que les fueran traducidas las
palabras de Dara. Erik el Sabio sacudió la cabeza y sonrió.

65
El Club de las Excomulgadas
—Nos hemos figurado eso, Dara. Pero, ¿de dónde te trajo Loki?

Ella elevó la cabeza de golpe.

—¿Tú sabes lo de Loki? —susurró sin aliento, sin poder creer al Jarl.

—Por supuesto.

—Pero, ¿cómo?

Erik Valkraad encogió sus amplios hombros, sin importarle lo más mínimo
contarlo.

—Se me apareció en un sueño para contarme sobre tu inminente llegada.

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—¡Él también se me apareció en un sueño antes de que Ragnar me trajera
hasta aquí! —dijo Dara apresuradamente, emocionada, feliz y aliviada de no ser la
única loca que había sido visitada por el Dios del Fuego.

Los comentarios de Dara suscitaron una ronda de parloteo entre los


concejales. Todos ellos estaban más interesados en su historia ahora de lo que lo
habían estado antes.

—¿De verdad? —preguntó Ragnar mientras apretaba suavemente sus


hombros de nuevo—. ¿Y qué hizo el dios embustero en tu sueño?

Dara se movió nerviosamente de un pie a otro, consciente de forma


instintiva de que era mejor atenerse a lo que Loki había dicho y no a lo que había
hecho. De lo contrario, el hombre con el cual estaba a punto de ser obligada a
contraer matrimonio podría querer matarla.

Ragnar levantó una ceja ante la ansiosa narración de Dara, pero no dijo
nada, porque no estaba seguro de qué hacer con eso.

—¿Y bien? —preguntó cuando ella no hizo ningún intento de hablar—.


Dímelo todo.

66
El Club de las Excomulgadas
Dara alzó un hombro con un distraído encogimiento, fingiendo inocencia
ante Ragnar. Ella le frunció el ceño cuando se dio cuenta de lo que estaba
haciendo, enojada consigo misma por actuar como si hubiera traicionado al vikingo
cuando ni siquiera lo conocía en ese momento. Además, había pensado que era un
sueño. ¡Y era una prisionera, por amor de Dios! Sin embargo, por alguna razón que
no podía nombrar, no quería herir los sentimientos de Ragnar.

¿De dónde provienen esos pensamientos ahora?, se preguntó distraída. Allí estaba
ella, después de haber caído en picado a través de los velos del tiempo, capturada y
llevada desnuda a la aldea, obligada a casarse con su gigantesco captor, ¿y estaba
preocupada por sus sentimientos? Por Dios, ¡era una idiota! Y sin embargo, la
preocupación que sentía por Ragnar no disminuyó.

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Se obligó a volver su atención hacia el Jarl y sonrió.

—El Dios del Fuego me dijo que él me traería aquí. —Se dio unos golpecitos
con el dedo en la mejilla y entrecerró los ojos meditativamente—. Ahora que lo
pienso, incluso mencionó específicamente el nombre de Ragnar.

El parloteo en la casa comunal estalló inmediatamente.

—¿Lo hizo? —preguntó Ragnar.

—Sí.

Erik el Sabio hizo un gesto impaciente con la mano en el aire, exigiendo con
su gesto que la sala volviera a silenciarse. Satisfecho, inclinó la cabeza hacia Dara.

—¿Qué te dijo de mi hijo?

Dara se encogió de hombros, consciente de que Loki no había dicho mucho


de él.

—No mucho. Solo que quería que Ragnar ganara. No entendí lo que él…

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El Club de las Excomulgadas
Dara fue interrumpida por la fuerte ovación que se elevó en la sala de
reuniones. Miró nerviosamente a Ragnar para calibrar su reacción, y se sintió
inmediatamente tranquilizada por la mirada de triunfo que inundó sus rasgos.

—¿Supongo que eso fue algo bueno? —preguntó, totalmente desconcertada


por la ruidosa respuesta.

—Sí —se rió Ragnar, mientras inclinaba el cuello para darle un beso encima
de la cabeza—. Es algo muy bueno.

Los aplausos y gritos en la casa comunal crecieron hasta proporciones


pandémicas una vez que los guerreros que no hablaban sajón fueron puestos al
corriente de la declaración de Dara. Ella se llevó las manos a los oídos, sintiéndose

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de repente muy asustada. El Jarl se dio cuenta de su movimiento, y de inmediato
levantó las manos para silenciar a los hombres reunidos.

—Estáis asustando a la pequeña mujer —gritó en noruego— controlaos.

Leif, por su parte, parecía que no podía poner su entusiasmo bajo control.
Estaba demasiado animado por la noticia para obedecer el decreto no escrito de que
era el derecho del Jarl, y no el suyo, interrogar a la muchacha. Habló sin permiso.

—¿Qué otra cosa dijo Loki? ¿Algo sobre nosotros yendo al Valhalla?

—No —Dara negó lentamente—. No dijo nada de eso. ¿Por qué lo


preguntas?

Erik le clavó el dedo en las costillas a su cuñado, frunciéndole el ceño por


hacer preguntas antes de pensar.

—Te olvidas de las reglas —reprendió a Leif en noruego—. Ella no puede


saber que nuestros destinos descansan en su seno.

Leif frunció el ceño, pero asintió.

Erik el Sabio sonrió a Dara y volvió de nuevo a su discurso en sajón.

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El Club de las Excomulgadas
—Continua. ¿Qué otra cosa te dijo Loki?

Dara se sentía inexplicablemente nerviosa. No podía poner el dedo en la


llaga, pero algo dentro de ella estaba gritando que estos hombres estaban esperando
oír algo específico de sus labios, alguna señal de... algo. Se removió torpemente,
deseando tener más que decirles, pero sabía que no había nada más.
Desafortunadamente, Loki había dicho poco sobre ellos.

—Todo lo que dijo era que iba a ser traída aquí, a su tiempo, y que me
casaría con Ragnar.

Los gemidos de desilusión en la sala eran tan fuertes y tan perceptibles que
Ragnar fue el único hombre presente que inmediatamente captó lo que su novia

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


acababa de soltar inconscientemente.

—¿Su tiempo? —preguntó, mientras la habitación finalmente volvía a


quedarse en silencio—. ¿Qué quieres decir, Dara?

Dara levantó la cabeza de golpe, sus desorbitados ojos dorados


encontrándose con los azules de Ragnar. Ella suspiró, encogiéndose de hombros
con tanta indiferencia como podría aparentar una mujer muerta de miedo.

—No sé —dijo en voz baja.

—¿No lo sabes?

—No.

—Dara —soltó con los dientes apretados, más exasperado de lo que ella lo
había visto hasta ahora— ¿de qué época vienes?

Ella enderezó la espalda, con las fosas nasales dilatadas.

—¡Me niego a responder a esa pregunta!

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El Club de las Excomulgadas
Ragnar entrecerró los ojos de forma amenazadora mientras miraba a la
pequeña muchacha dorada a su lado, que se atrevía a negarle algo.

—¿Por qué? —preguntó tranquilamente. Demasiado tranquilo.

Dara lanzó una mirada desafiante en su dirección, tragando visiblemente


cuando comprendió como de enfadado estaba con ella.

—Porque… —protestó apenas en un susurro.

—Porque ¿qué? —la incitó.

—Porque… —admitió mientras la histeria se apoderaba de ella— ¡porque si

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


te digo de qué año vengo y me dices que no estamos en ese año, probablemente
llorare! —Se hundió contra en el duro cuerpo de Ragnar, la admisión de esa verdad
golpeó con fuerza su agotada mente.

Ragnar se arrepintió inmediatamente, sintiendo haber dejado salir su


temperamento con ella, cuando evidentemente estaba muy asustada y quizás
confundida.

Eso era cierto. Dara estaba asustada. En algún lugar en el fondo de su mente
había tenido la esperanza de que estuviera en una tierra lejana que nunca había
visto, pero todavía en su época. Hasta que escucharas las malditas palabras que le
demostraran otra cosa, ella tenía esa diminuta semilla de esperanza profundamente
en su interior.

Ragnar le frotó con su gran mano la espalda, dejándole saber sin palabras
que siempre podría confiar en él. Era extraño, pero la pequeña muestra de afecto la
reconfortó.

—Está bien, cariño —la persuadió—. Ahora dinos de qué año te trajo Loki.

Dara cruzó los brazos sobre el pecho y se frotó la carne de gallina.


Lentamente apartó la mirada del suelo de la sala al hombre que se cernía sobre ella.
Bajó la mirada a su pecho y admitió en voz alta:

70
—2003.
El Club de las Excomulgadas

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Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III
El Club de las Excomulgadas

Capítulo 9
Ragnar le había dicho que era el año 820. ¿820? ¡Dios del cielo! Una serie de
escalofríos le recorrieron la espina dorsal.

Dara estaba estoicamente al lado de Ragnar, pálida como una sábana (o tan
pálida como una mujer con un dorado bronceado podía estar probablemente). Ella
escuchaba a medias las palabras de la ceremonia que la estaban vinculando
legalmente a Ragnar de por vida. Leyes que le daban al vikingo total poder sobre su
vida y su sustento, por lo menos en los confines de este tiempo y este lugar. Cuando
estuvo hecho, Ragnar y su nuevo padre, Erik, se colocaron a cada lado de ella y la

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


llevaron desde el lugar de reunión del thing en una procesión que llevó a todo el
grupo a la casa comunal del Jarl.

La versión vikinga de la recepción de boda tomó por sorpresa a Dara. La


lucha entre los hombres era algo común y aparentemente alentada, la lucha libre y
los combates a espada estallaban a la más mínima percepción de una ofensa. Dara
se acurrucó más cerca del costado de Ragnar cuando un combate a espadas estalló
detrás de ellos. Los guerreros estaban maldiciéndose entre sí en noruego, así que no
tenía la menor idea de porque se estaban batiendo en duelo.

Ragnar, para su asombro, ni siquiera parecía darse cuenta. Se estaba riendo


y bromeando con su padre y los otros guerreros sentados cerca de ellos, mientras se
comía los alimentos que habían sido colocados delante. Mortificada y un poco más
que molesta, le dio un codazo en las costillas para atraer su atención.

Él inclinó la cabeza en su dirección y enarcó una ceja.

—¿Sí, cariño?

Dara resopló. Echó una mirada nerviosa detrás de ellos, a continuación


entrecerró los ojos hacia su marido.

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El Club de las Excomulgadas
—¿Qué pasa si uno de ellos tropieza y accidentalmente me separa la cabeza
del cuerpo? —susurró en voz baja.

Ragnar se volvió en el banco por primera vez para contemplar a los


guerreros que luchaban. Se encogió de hombros displicentemente.

—Tanto Aran como Selik son hábiles con la espada, mi amor. Ningún daño
te sobrevendrá.

Ella frunció el ceño. No le importaba como eran de hábiles. ¡Los hombres


estaban peleando justo detrás de ella y en el día de su boda nada menos! Además,
los accidentes ocurrían. Y cualquier accidente con una espada estaba destinado a
traducirse en una muerte.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Estaba a punto de señalarlo cuando la madre de Ragnar acudió en su ayuda.
Hasta ese momento, Dara ni siquiera se había dado cuenta que su suegra entendía
su inglés, o “sajón”, como ellos lo llamaban.

—Ordena a tus primos que se sienten, hijo. —Joran sonrió acogedoramente


a Dara mientras dejaba descansar su daga sobre el tajadero del que había estado
comiendo—. Están molestando a tu esposa en el día más importante de su vida.

Dara no sabía si iría tan lejos como para llamarlo el día más importante de
su vida, quizás el más extraño, pero, sin embargo, le sonrió a Joran.

Ragnar suspiró, pero cedió. Tenía mucho trabajo por delante esta noche, y
deseaba concentrar sus energías en idear un plan para cortejar a su esposa para que
separase las piernas para su placer cuando se fueran a la cama más tarde. Aun así,
quería la felicidad de Dara tanto como su aprecio, así que se levantó del banco y se
volvió para hacer frente a sus beligerantes primos.

—¡Aran! —ladró Ragnar—. Tú y Selik dejad vuestra batalla enseguida, eso


angustia a mi señora esposa profundamente.

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El Club de las Excomulgadas
Sorprendido por la interrupción, después de todo era común permitir las
espadas en los festejos, Aran tropezó con el pie de Selik, cayendo de espaldas en los
brazos de Ragnar, y provocando en la cara del Temido una herida al rozarlo con la
punta de su espada. Ragnar maldijo y dejó caer al suelo a Aran mientras se
agarraba la cara ensangrentada.

—¡Por el ojo de Odín, primo! —Aran aceptó la mano de Selik para ponerse
de pie—. ¡Podrías haber muerto acercándote a mí de esa manera!

Ragnar murmuró por lo bajo algo en noruego mientras fulminaba con la


mirada a su asombrada esposa. Bien. Por lo menos se veía afligida por la agonía
que inconscientemente le había causado.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


—¡No es nada más que un arañazo, primo!

—¡Oh Dios mío, Ragnar! —Dara saltó del banco para apreciar el alcance de
sus heridas—. Estás sangrado mucho —dijo con simpatía—. ¡Podrías haber perdido
el ojo!

Si Ragnar no se equivocaba en su conjetura, a su novia cautiva realmente le


importaba que hubiera sido herido, aunque en realidad era solo un mal rasguño.
Aun así, saber eso hizo maravillas para calmar su mal humor. Él le devolvió la
mirada y sonrió.

—No hay nada por lo que preocuparse —murmuró.

Dara, sin embargo, no le estaba prestando atención. Lo obligó sentarse en el


banco, donde ya no se alzaría por encima ella y podría evaluar más fácilmente el
daño que había sufrido. Ella lanzó una mirada, que decía mucho, hacia Aran y
Selik, provocando que los guerreros se vieran mortificados.

—Realmente tenemos que conseguir algo para que esto no se infecte. —Ante
el desconcertado aspecto de Ragnar, Dara trató de explicarse—. ¿Una pomada o un
ungüento curativo?

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El Club de las Excomulgadas
—Ahh. —Él asintió—. Myra sabrá lo que necesito. —Echó un vistazo por la
habitación y le hizo un gesto a una joven, y preciosa, esclava para que avanzara.

La chica, Karil, que tenía dieciocho años como mucho, sonrió tímidamente,
e inmediatamente se apresuró al lado de Ragnar. Sus grandes pechos se sacudían
seductoramente por debajo de su áspero y escotado vestido, mientras le lanzaba
una mirada que, Dara adivinó inmediatamente, significaba que los dos se conocían
íntimamente. Se deshizo de la punzada de celos que experimentó, diciéndose a sí
misma que no le importaba que Ragnar la llevara a su cama.

Los otros guerreros presentes notaron los oscilantes activos de la esclava tan
fácilmente como Dara. Leif, su ahora tío por matrimonio, le dio unas palmaditas
en las nalgas a la chica y subió la mano para bajarle la parte superior del vestido y

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


acunarle un pecho en la palma de la mano. Giró el pezón entre sus dedos y se rió
antes de soltarla.

En lugar de parecer ofendida o incluso preocupada por lo que podía ocurrir


a continuación, la esclava se rió tontamente. Sin siquiera tomarse la molestia de
subirse el vestido para cubrirse el pecho expuesto, se acercó tranquilamente al lado
de Ragnar e inclinó la cabeza respetuosamente. Dara puso los ojos en blanco.

Sonriendo, Ragnar movió la cabeza. Sabía que Karil era una pieza lujuriosa,
ya que él había cabalgado entre sus muslos más veces de las que podía contar, así
que no podía culpar a su tío por querer meterse dentro de ella. A su tía, una mujer
encantadora, a la que tenía en mucha estima, no le importaría en absoluto. Prefería
que Leif encontrara sus placeres en otra parte, dado que ella nunca había sido muy
afecta a los deportes de cama.

Pero a Ragnar le habían enseñado otra cosa. Había tenido el ejemplo de sus
padres ante él toda su vida, y quería esa cercanía con su propia esposa, la que ellos
compartían. Ninguno iba a las camas de otros, y no lo harían jamás. Lo más cerca
que Erik había llegado a estar con una de sus esclavas fue aceptar una mamada de
Karil, la pieza lujuriosa que estaba ahora delante de Ragnar.

75
El Club de las Excomulgadas
Esa mamada casi le cuesta a su padre su feliz matrimonio, así que Erik
nunca se lo había permitido otra vez. Le había costado muchas semanas convencer
a Jaron de que lo perdonase, y su padre se había comprometido a no tocar a otra
esclava de nuevo. Había llegado tan lejos como para entregar a Karil a Ragnar, así
que ahora era su esclava, en lugar de la de su padre.

Ragnar suspiró para sus adentros por la taimada mirada que Karil le estaba
dando. ¿Era tonta, haciéndole ojitos delante de su esposa? Podía sentir a Dara
ponerse rígida a su lado, y aunque le hacía bien a su corazón saber que estaba
afligida por los celos, no deseaba empezar su vida matrimonial con mal pie. Eso
traería nada más que problemas.

—Karil, haz que venga Myra para atender mis heridas. —Mantuvo su tono

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


breve y cortante, no deseaba herir sus sentimientos, pero tampoco deseaba provocar
malos entendidos con su esposa.

Karil enarcó una ceja, pero no dijo nada. Giró sobre sus talones y fue a
buscar a Myra.

Dara se relajó visiblemente, incluso yendo tan lejos como para liberar el
aliento contenido que sin darse cuenta había retenido. Ragnar contuvo una sonrisa.

—No te preocupes por mí, cariño —dijo, fingiendo que su preocupación era
por su rasguño— Myra se encargará de él.

La mirada de Dara subió hacia su rostro, recordando el rasguño. Hizo una


mueca.

—Espero que sí, Ragnar. Parece bastante profundo.

Él se encogió de hombros, pero no hizo ningún comentario.

Diez minutos más tarde, Myra se situó a un lado de su amo y Jaron, la


madre de Ragnar, al otro. Dara le sonrió a su marido por encima del hombro
mientras dos esclavas se la llevaban para prepararla para la noche de bodas, una

76
El Club de las Excomulgadas
idea que provocó que las mariposas revolotearan en su vientre. A cambio Ragnar le
guiño, ahuyentándola con la mano, haciéndole saber que no había nada por lo qué
preocuparse. Después de todo, había prometido no tomarla por la fuerza.

Myra chasqueó la lengua, preocupándose por Ragnar como lo haría una


abuela.

—¡Es demasiado profundo para dejarlo nada más que con las hierbas, amo.
De todos modos necesitas quitarte la barba, para que pueda llegar mejor al corte.

Ragnar gimió.

—¿Quitarme la barba? ¡No! ¡No lo haré!

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


—Lo harás —dijo Jaron enérgicamente—. Sé que ha habido guerreros que
han muerto por menos que un corte como este.

Myra carraspeó.

—Es verdad.

Ragnar cortó el aire con la mano.

—¡Tendré cara de niño, no de hombre!

—¿Por qué esas preocupaciones, amo? —preguntó Myra perpleja.

Jaron hizo un ruido, mitad resoplido, mitad risa.

—Me imagino que le preocupa lo que pensará su novia. —Se encogió de


hombros desdeñosamente—. Dara parece una chica encantadora, pero aunque te
despreciara, no te desanimes, mi amor. Ella es tuya ahora. Tú la capturaste
justamente y te pertenece. Su cuerpo es tu vasija, hecha por los dioses para aliviar
tus necesidades. No necesitas su permiso para hacer uso de él. Eso lo sabes bien,
Ragnar, así que, ¿por qué te preocupas por nada?

77
El Club de las Excomulgadas
Tenía en la punta de la lengua decirle a su madre que estaba equivocada,
que eso no funcionaba así, pero al recordar las reglas, mantuvo para si su opinión.
Su madre creía que Dara había sido capturada en una incursión. No sabía nada de
nada y nunca lo sabría. De todos modos no hasta que Dara hubiera engendrado a
su hijo. Buscando poner fin a la conversación, asintió.

—Sí, por supuesto, madre. —Luego se dirigió a Myra—. Ocúpate de mí


barba pronto.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III

78
El Club de las Excomulgadas

Capítulo 10
Dara se mordió con fuerza el labio mientras dos hermosas, por no
mencionar, muy desnudas esclavas emprendieron la tarea de quitarle la ropa.
Entendía por qué estaban tratando de quitarle su vestido de novia, de esa manera
Ragnar podría reclamar “su premio”, pero no entendía por qué las esclavas estaban
desnudas. Tampoco es que le preocupara mucho considerar el asunto. Bastante
tenía ella como para eso.

Concretamente, ¿cómo iba a conseguir pasar la noche de bodas con su


virginidad intacta? Y no obstante, ¿debería siquiera intentarlo? La sensación de su

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


pezón siendo acariciado por los dedos de una de las esclavas la sacó de sus
cavilaciones. De repente, prestó atención, e inhaló profundamente cuando un
ramalazo inoportuno de deseo le atravesó el cuerpo.

Una hermosa esclava pelirroja con una nacarada piel de porcelana y grandes
pechos cremosos se enfrentó a la mirada desconcertada de Dara con una sonrisa.
Empujando el cuerpo desnudo de Dara suavemente sobre la cama le explicó.

—Yo soy Brenna, mi señora, y ésta es Ana —señaló a la voluptuosa rubia


desnuda al otro lado de Dara—. Es nuestro deber prepararte para la penetración del
señor.

—¿Pe… penetración?

Brenna le lanzó una extraña mirada.

—Sí. —Inclinó la cabeza mientras aceptaba un frasquito abierto de aceite


exótico de Ana, y se vació parte del contenido en la palma de la mano. Olía a
menta—. ¿Entiendes lo que sucederá esta víspera, mi señora?

Dara se pasó la lengua por los, de repente, resecos labios. Con la voz un
poco temblorosa, admitió:

79
El Club de las Excomulgadas
—Um, sí. Se supone que debo hacer el amor con Ragnar.

Brenna asintió con la cabeza.

—Él tiene una vara muy larga y gruesa. Estarás encantada de que te
hayamos preparado cuando él se sumerja entre tus piernas.

La columna vertebral de Dara se puso rígida y arqueó una ceja dorada.

—¿Ah, sí? ¿Y tú has visto muchas veces su pene para saber eso? —Ella
resopló. La idea no era agradable, aunque no podía decir por qué.

Brenna entrecerró los ojos, moviendo la cabeza ligeramente.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


—¿Su qué?

—Su pene —repitió. Ante la mirada confusa de la esclava, suspiró—. Su


polla —dijo ruborizándose.

Brenna rechazó eso con un gesto de la mano.

—Oh, sí, todas sus esclavas han mamado y montado al amo a placer.
Aunque yo ya no soy su esclava, me entrego como un regalo a su tío —agregó
Brenna encogiéndose de hombros—. Es la polla del amo Leif la que mamo y monto
todas las noches ahora.

Dara sacudió la cabeza y suspiró.

—Ya veo. —La forma en que Brenna había dicho eso, como si fuera una
tarea aceptada no diferente a preparar el desayuno o a planchar, la exasperó
completamente. Olvidó sus celos mientras sus instintos feministas se alzaban
totalmente ofendidos—. Es simplemente horrible que te haga hacer eso.

Brenna se encogió de hombros.

—A decir verdad, ahora lo quiero. Por lo menos, es bueno conmigo y no


deja que sus amigos pongan sus pollas dentro de mí, como es el destino de tantas

80
El Club de las Excomulgadas
otras esclavas capturadas en batalla. —Se dio unos golpecitos en la mejilla,
pensativamente—. Al único otro guerrero al que permitió que me tocara fue a su
padre mientras él vivió, pero ¿cómo puede un hombre decir que no a su propio
padre? —Sonrió—. Por lo menos, lo único que hacía era chupar a su padre. El amo
nunca permitió que su padre me clavara su polla.

—Que considerado de su parte. —Dara puso los ojos en blanco y suspiró.


¡El año 820 era deplorable! —. ¿Sabes algo Brenna? Yo… ohh.

Cualquier cosa que había estado a punto de decir quedó olvidada cuando
Ana le levantó los pechos con las manos y comenzó a masajear el exótico aceite
con olor a menta sobre ellos. Prestándole especial atención a los pezones, la esclava
los pellizco y los tironeó, mientras estos se alargaban y se endurecían. Sorprendida

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


y sin tener ni idea de qué hacer con esto, contuvo el aliento, tratando mantener a
raya las sensaciones de placer que las manos de Ana le estaban dando. Un
momento después, cuando los dedos lubricados de Brenna encontraron su clítoris,
se rindió por completo y gimió.

—Separa más las piernas—susurró Brenna—. Esto se sentirá muy bien, mi


señora.

Dara hizo lo que le mando, separando los muslos, gimiendo mientras los
expertos dedos de Brenna le masajeaban los labios vaginales y el clítoris. Ana
continuó acariciándole los pezones entre los dedos, provocando que la sensación de
que se aproximaba al clímax aumentara.

Justo cuando Dara estaba a punto de correrse, Brenna relajó la presión que
había estado aplicando a su clítoris y en su lugar le acarició los pliegues de los
labios vaginales. La intensidad disminuyó inmediatamente, evitando que Dara se
corriera.

Jadeando pesadamente, miró a Brenna especulativamente.

La esclava sonrió.

81
El Club de las Excomulgadas
—Todavía no —susurró—. De hecho es una hermosa baya, sin embargo,
necesita más maduración. —Y con esas palabras, su cabeza desapareció entre los
muslos de Dara.

El primer contacto de la lengua de Brenna en su hinchado clítoris provocó


que las caderas de Dara se elevaran por encima de la cama. Se sentía tan
maravilloso. Tan perverso y maravilloso. Los labios y la boca de Ana encontraron
uno de sus pezones, mientras Brenna seguía provocando el centro de su feminidad
con los dientes, los labios y la lengua.

—Mmm —alabó Brenna—. También es una baya muy rica, mi señora. —


Sonriendo, movió la lengua por el endurecido capullo.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


A Dara se le ocurrió, en algún lugar al fondo de su excitada mente, que ella
no debería desear esto. No debería querer esto. Debía sentirse sucio, horrible. No
como la mejor cosa después de la ambrosía.

—Oh Dios —suspiró. Arqueando las caderas cerró los ojos fuertemente
mientras su clímax se acercaba.

Pero entonces Brenna se detuvo, frustrando su orgasmo una vez más.

Los ojos de Dara se abrieron de golpe. Soltó un gruñido.

—¿Por qué sigues deteniéndote? —Sonrojándose, se dio cuenta que había


hecho casi todo, excepto admitir que quería que Brenna continuara dándole placer.

Brenna sofocó una sonrisa mientras le besaba el interior del muslo.

—Es trabajo de las esclavas prepararla, mi señora, no llevarla hasta el final.


El amo hará eso.

Los ojos de Dara se abrieron de par en par. Tenía miedo de oír la respuesta a
su siguiente pregunta, pero sabía que necesitaba hacerla.

—¿Qué… qué quieres decir? —susurró.

82
El Club de las Excomulgadas
En respuesta, la cabeza Brenna desapareció entre las piernas de Dara una
vez más. Ella gimió ante las exquisitas sensaciones y por el conocimiento que ahora
albergaba.

Esto era como Ragnar pretendía seducirla, conseguir que fuera a él


voluntariamente. Si las cosas fueran como sospechaba, lo que había hecho su
marido era ordenarles a las esclavas que la llevaran a un frenesí sexual, con estrictas
instrucciones de no permitirle la liberación.

¡Oh, él era horrible! pensó, sus caderas se elevaron, aparentemente, por propia
voluntad, dándole un mejor acceso a la boca de Brenna. ¡Para cuando esta tortura
hubiese terminado, probablemente se tiraría a cualquier cosa que caminase erguida!

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Él era la encarnación del mal, el mismísimo hijo del diablo. Y, reconoció con el
ceño fruncido, era también increíblemente inteligente.

—Oh, Dios.

Separando los muslos tan ampliamente como pudo, Dara arqueó la espalda,
y permitió a las esclavas que la acariciaran. Continuaron la trayectoria elegida por
Ragnar, llevándola al borde para luego no permitirle liberarse. Una y otra vez. Una
y otra vez. El contacto de la lengua sobre su clítoris, los pezones siendo chupados,
manos por todas partes.

Una media hora eterna. Y luego otra. Lágrimas de frustración brotaron de


sus ojos. Necesitaba la liberación igual que necesitaba respirar. Necesitaba correrse,
y necesitaba hacerlo ahora. Arqueando la espalda, cerró los ojos y gimió, mientras
utilizaba una de sus manos para empujar la cara de Brenna más cerca de su clítoris.

Así fue como Ragnar se encontró a su novia.

Haciéndole una seña a Ana para que lo ayudara a quitarse la túnica, devoró
la imagen del necesitado cuerpo de su esposa hasta que estuvo embriagado.

—No tengas miedo, cariño —murmuró justo al lado de la cama, mientras


Ana se dejó caer de rodillas para quitar las calzas envueltas con jarreteras—. Tu

83
El Club de las Excomulgadas
marido se encargará de tu necesidad. —Él no le prestó atención a Ana, quien le
agarraba firmemente el grueso eje por la base mientras le quitaba los pantalones,
atenta para no dejar que el material lo raspase mientras los bajaba. Salió de ellos y
ausentemente le dio unas palmaditas en la cabeza antes de hacer dirigirse hacia la
cama.

Dara mantenía los ojos fuertemente cerrados, negándose a mirar a su


marido. ¡Maldito sea el hombre para saber exactamente lo que estaba haciendo!
Firmemente resuelta, apretó los labios en un gesto de desaprobación, mientras
continuaba manteniendo los ojos firmemente cerrados.

—No haré —dijo secamente— el amor contigo.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Ragnar echó a las esclavas con un movimiento de la muñeca, indicándoles
que era hora de marcharse. Sin darles más atención de la que había dado a la
proclamación de su esposa, se subió encima de la cama y se acomodó entre las
piernas de ella.

Dara tragó.

Ragnar se agarró la erección por la base y frotó la punta en círculos sobre su


hinchado clítoris. Ella gimió.

—Spred lårene dine11—murmuró—. Separa los muslos.

—N… no. —Dara se mordió el labio con fuerza.

Ragnar respondió haciendo otro círculo sobre su clítoris. Ella gimió, pero
rápidamente lo sofocó. Él sonrió.

—Spred lårene dine, cariño. Y ábrelas ampliamente.

La punta de la lengua de Dara salió como una flecha para humedecerse los
labios.

11
Spred lårene dine: En danés, separa los muslos

84
El Club de las Excomulgadas
—N… no —chilló.

Agarrando un pesado pecho en cada palma, procedió a rodar ambos


pezones entre sus dedos. Ella gimió, arqueando las caderas hacia arriba, incluso
mientras trataba de impedir que sus piernas se separasen aún más.

—¡Ragnar, maldita sea! —Indignada, abrió los ojos—. Dije que…

Dara abrió los ojos como platos. Conmocionada, con deseo y bastante
consternada. Buen Dios del cielo, pensó tristemente, comprendiendo que ella era
un caso perdido, el hombre era magnifico. ¡Más atractivo de lo que hubiese
pensado! Resistirse a él le había sido difícil, por decirlo de alguna manera, cuando
había estado luciendo esa atroz barba de trampero. Resistirse ahora sería imposible.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


—Dije que... —Ella comenzó a jadear mientras sus pensamientos parecían
huir junto con su fuerza de voluntad—. Dije que... —Tragó, jadeando cada vez
más—. Mierda —murmuró en voz baja.

Ragnar levantó una ceja ante la extraña palabra, pero eligió no hacer
comentarios. Su esposa lo deseaba. Eso lo sabía. Eso era lo único que le importaba
saber.

—Spred lårene dine —dijo con firmeza, categóricamente—. Ahora.

Los muslos de Dara se abrieron inmediatamente, dándole a su marido el


acceso a su cuerpo que le había ordenado. Sintió su cuerpo rígido mientras él le
levantaba las caderas y equilibraba la punta de su erección en la entrada de su
vagina. Ella nunca había hecho esto antes. Y él era enorme. Su mirada se elevó de
golpe para encontrarse con la de su marido.

—Ragnar —susurró—. Yo...

—Shh, cariño, será solo un pinchazo, después será placentero—. Él la


atravesó con su mirada, la mandíbula rígida y sus ojos azules como el hielo,
implacables—. Tendré mi premio ahora —le informó—. Es mío.

85
El Club de las Excomulgadas
La respiración de Dara se volvió jadeante. Estaba experimentando una
mezcla de sentimientos de deseo y miedo, una poderosa combinación. Cuando ella
encontró el coraje para hacer contacto visual una vez más, pudo ver que Ragnar
estaba esperando que le diera su aprobación. Y para nada era fácil para él. Sus
músculos estaban rígidos y tensos, sus fosas nasales dilatadas y un brillo de
transpiración le cubría el rostro. Por alguna u otra razón, saber que tenía algún
nivel de poder sobre la situación hizo mucho para calmar sus nervios. Relajó los
músculos, su respiración se fue calmando.

—Sí.

—¿Me deseas? —preguntó él en voz baja.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Su resolución se fortaleció. Asintió vigorosamente.

—Sí.

Ragnar sonrió. El gesto fue de arrogancia, de dominio y de victoria.

—Será placentero —dijo con voz ronca. Agarrando sus caderas reubicó la
punta de su erección en la entrada de su vagina y luego, con un poderoso golpe,
entró en ella, rasgando su himen en el proceso. Dara gritó.

—Shh shh, pequeña. Será placentero.

—¿Placentero? —farfulló—. ¡Eso dolió! ¡Fue horrible! Es… ohh.

Ragnar le sonrió a Dara cuando ella le dio la bienvenida al roce de su clítoris


con una mirada de éxtasis cubriendo sus rasgos. Cuando él sintió que sus músculos
vaginales se relajaban alrededor de su eje, comenzó a moverse lentamente en su
interior. Ella gimió, luego arqueó las caderas y separó las piernas más ampliamente,
invitándolo a tomar todo lo que él quisiera.

—Mmm, tu vaina se siente bien. —Sus palabras fueron susurradas con voz
ronca y los párpados pesados mientras rotaba las caderas y lentamente entraba y
salía de ella.

86
El Club de las Excomulgadas
—Oh, Dios, Ragnar.

—Ja, småen elsk med meg12. —Empujó más fuerte, más cerca de su orgasmo—
. Sí, pequeña, hazme el amor—dijo apretando los dientes.

Dara le cogió la cara y la bajó hacia la suya. Abrió la boca y lo invitó a


entrar, aceptando los empujes de su lengua, igual que su cuerpo aceptaba los
empujes de su polla. Ragnar aceleró el ritmo, dándole todo. Se oía el choque de sus
pieles sudorosas cuando sus cuerpos se encontraban uno contra el otro.

—Ja, cariño. —Apartando su boca de la de Dara, Ragnar respiró


profundamente, mientras alcanzaba una vez más su clítoris y comenzaba a
acariciarlo con el pulgar. Continuó empujando, golpeando posesivamente en las

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


profundidades de su cuerpo. Los gemidos de placer que ella emitía hicieron que su
clímax se acercarse—. Dámelo todo.

—Oh, Dios. —Dara echó la cabeza hacia atrás y gimió cuando el orgasmo
la atravesó violentamente. Clamando, se entregó al placer. Este parecía no terminar
nunca, la intensidad de su poderoso orgasmo lo consumía todo. Agarró a su
marido, tirando de su cuerpo para cubrir el suyo mientras ella gritaba de puro
placer.

Los empujes de Ragnar se volvieron extremadamente profundos y


primarios. Hundiendo la cara en el cuello de su esposa apretó los dientes y la folló
con fuerza.

—Dara —gritó con voz ronca, mientras su propio clímax explotaba. Su


cuerpo musculoso se estremeció mientras se derramaba a borbotones
profundamente en su matriz.

Se había corrido con tanta fuerza que casi se mareó. Jadeando, la aferró por
los brazos mientras su cuerpo bajaba de las alturas.

—Mmm, esposa. Jeg elsker deg13.

12
Ja, småen elsk med me: si, pequeña, hazme el amor.

87
El Club de las Excomulgadas
Dara volvió la cara para encontrarse con su mirada. Negó ligeramente con la
cabeza para indicar que no había entendido lo que su marido acababa de decir.

La cara de Ragnar enrojeció. Apartó la vista y se aclaró la garganta.


Volviéndose hacia su mujer, sonrió.

—Hablaremos de eso más tarde —murmuró.

Dara asintió. Realmente quería saber lo que había dicho, pero decidió ser
paciente y preguntarle más tarde. Además, su marido había tenido razón. Había
sido placentero. Por lo menos una vez que había superado la sensación de ser
partida en dos, y quería más.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Sonriendo, ella le entrelazó los brazos alrededor del cuello.

—No puedo decir lo mismo sobre la parte del pellizco, pero tenías razón
sobre el placer. —Arqueó las caderas haciéndolos girar a ambos, encantada al
descubrir que él ya estaba poniéndose duro de nuevo.

Ragnar le besó la punta de la nariz y le devolvió la sonrisa.

—Fue un premio digno, pequeña. —Empujando profundamente dentro de


ella, gimió—. Y me llevara a la muerte como ninguna otra cosa.

Dara se rió tontamente.

—Pero qué buena manera de morir. Mucho mejor que morir en una batalla.

—Sí. —Ragnar se rió con un intenso y retumbante sonido—. Valhöll14 puede


esperar.

13
Jeg elsker deg: Te amo
14
Valhöll: Valhalla

88
El Club de las Excomulgadas

Capítulo 11

Un mes más tarde

Saciada, Dara sonrió somnolienta mientras la cara de su marido surgía de


entre sus piernas. Había pasado casi una hora ahí abajo, lamiendo y chupando
hasta que ella se había corrido tantas veces que apenas podía pensar. Ahora
necesitaba sentirlo profundamente enterrado en su interior.

Afortunadamente, Ragnar estaba de acuerdo.

Dara gimió mientras él se deslizaba dentro de ella, luego le sonrió al rostro

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


que había llegado a adorar en el último mes. Tirando de su cuerpo para que
cubriera el suyo, lo besó suavemente en la boca.

—¿Sabes que —susurró, demasiado cansada como para hacer nada más—
hemos pasado prácticamente cada hora de cada día en esta cama desde nuestra
noche de bodas?

Una arrogante ceja se arqueó.

—¿Te estas quejando de eso, cariño?

Ella medio se rió, medio gimió.

—No.

Él resopló

—Creo que no. —Cuando su esposa puso los ojos en blanco, él respondió
con una sonrisa—. Es un vikingo el que tienes como marido. Nuestras necesidades
son grandes.

—¿Ah, sí? ¿Cómo de grandes?

89
El Club de las Excomulgadas
—Muy grandes. —Él inclinó la cabeza para sorberle los labios suavemente.
Su expresión se volvió seria, levantó el rostro para mirarla a los ojos. —Spred lårene
dine —murmuró. —Quiero que me tomes entero dentro de ti.

Dara obedeció inmediatamente, separando las piernas aún más, y le rodeó


las nalgas con ellas. Él rotó las caderas, hundiendo su prominente erección
profundamente dentro de ella. Ella gimió.

—Oh Dios —susurró ella, conteniendo el aliento— siempre haces que me


sienta tan bien.

Ragnar roto las caderas una vez más, golpeando un punto particularmente
sensible. El gemido de placer de ella hizo que sus fosas nasales se dilataran.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


—No es nada —jadeó él— comparado con lo que tú me haces a mí.

Situando el cuerpo para poder agarrar un pecho en cada una de sus manos,
le tironeo de sus erectos pezones, mientras se hundía en su resbaladiza carne.

—Ah, pequeña, Jeg elsker deg. —Aumentando el ritmo de sus embestidas, se


abrió camino dentro de ella despiadadamente, marcándola con cada golpe. Los
músculos de sus brazos y de su cuello rígidos y marcados mientras él gemía—. Jeg
elsker deg.

Un momento después, Dara tenía un orgasmo una vez más. Le clavó las
uñas en la carne de las nalgas, marcándolo a su manera. Él la siguió, corriéndose
con ella, abrazando su cuerpo con fuerza contra el suyo mientras se vaciaba en su
matriz.

Unos minutos más tarde, cuando la pareja estaba tumbada juntos,


abrazándose el uno al otro, Dara le pasó la mano por la mandíbula a Ragnar.

—¿Qué quiere decir eso? —ella murmuró.

Él no fingió que no la entendía. Sabía exactamente lo que había querido


decir “Jeg elsker deg.” Se aclaró la garganta.

90
El Club de las Excomulgadas
—Te amo.

***

Dara estaba fuera de la casa comunal mirando aparentemente a la nada.


Ausentemente, observaba lo que pasaba en el pueblo, centrada más en sus propios
pensamientos que en el entorno. De todas formas no es que le importaran
especialmente los acontecimientos que se desarrollan a su alrededor. No era un
espectáculo sobre el que deseara reflexionar, sin embargo era un hecho cotidiano en
el año 820.

Hoy había una celebración, veinte guerreros acababan de regresar de batallar


en Sajonia. Los escandinavos traían consigo gran cantidad de oro y joyas que

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


habían sido confiscados de las iglesias de “el Dios único”, así como treinta nuevos
esclavos para añadir al ya impresionante número enclaustrado en las tierras
Valkraad. Dara podría vivir con el robo de las posesiones materiales...las
posesiones materiales no tenían sentimientos, ni tenían familias que se preocuparan
sobre lo que había sido de ellas. Era la esclavitud lo que le molestaba más de lo que
podía expresar.

Un escalofrío le recorrió la columna vertebral mientras observaba a una


delgada niña, una doncella que no podría tener más de trece años, llorar sobre sus
manos mientras el tío de Ragnar trataba de quitarle el vestido. Dara cerró los ojos,
sin querer mirar, sintiéndose impotente para detener el que una niña fuera
maltratada ante sus ojos.

—¿Qué te pasa, hija?

Dara elevó la cabeza repentinamente. Sobresaltada, abrió los ojos de par en


par por un momento. No se había dado cuenta que Joran estaba justo detrás de ella.
Con una mueca, señaló con la mano la ofensiva escena.

—Eso —dijo con cansancio, mirando a otro lado—. Eso.

91
El Club de las Excomulgadas
—Ah. —Suspirando, Joran colocó suavemente una mano sobre el hombro
de Dara—. Él no va a violarla, si eso es lo que temes. De todos modos, Leif, mi
hermano menor, nunca ha tenido la necesidad de tomar lo que las mujeres le dan
de buen grado.

—Entonces, ¿por qué le está quitando la ropa?

—Piojos. Los prisioneros sajones suelen llegar a nosotros llenos de esas


cosas viles. —Ella sonrió—. Si mirases, sabrías que mis palabras son ciertas. Leif no
le provocara a la niña ningún daño. En eso tienes mi promesa.

A regañadientes, Dara levantó la mirada hacia donde su tío político estaba


forcejeando con la niña. Y de hecho, ahora que le había quitado la ropa, él se la

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


estaba entregando a una vieja esclava sajona, dándole instrucciones para que asease
a la niña y la vistiese. Distraídamente arrojó la raída ropa que la chica llevaba, más
parecida a un saco, a una hoguera, se volvió hacia el siguiente prisionero y repitió
el proceso.

Dara lanzó un suspiro de alivio. Nunca podría tolerar el tener a otras


personas como una propiedad, aunque saber que la niña no estaba a punto de ser
violada alivio su ansiedad en gran medida. Por supuesto, no había garantía de que
cualquier hombre del que se convirtiera en su esclava no tomaría su virginidad a su
antojo una vez que fuera de su propiedad. Y esa fue una de las razones por las que
estaba fuera hoy, mirando pero sin ver, oyendo pero sin escuchar a los prisioneros.
Tanto como había llegado a tener cariño por Ragnar, este período de tiempo era
brutal, violento y lejos de ser ideal. Enamorada o no de su marido, ella quería ir a
casa.

¿Enamorada? ¿Estaba realmente enamorada? Dara suspiró, sus ojos


desplazándose distraídamente sobre el jolgorio que tenía lugar, pero un poco
distanciada. Sabía que estaba enamorada. No tenía sentido negarlo.

—Dara, ¿me estás escuchando?

92
El Club de las Excomulgadas
—¿Hum? —Descartando sus deprimentes pensamientos, se volvió hacia su
suegra—. Lo siento Joran —se disculpó—. Supongo que tengo demasiadas cosas en
la cabeza.

Su sonrisa fue comprensiva.

—Quizás sí.

El silencio se prolongó por unos largos minutos, ninguna de las dos mujeres
habló. Ambas se volvieron para observar el despliegue de la festividad, pero no
hicieron ningún esfuerzo por unirse a ella. Había música, risas, baile y comida en
abundancia.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Las jóvenes doncellas coqueteaban con los jóvenes guerreros, a los que
esperaban atraer al matrimonio. Los jóvenes guerreros mostraban sus habilidades,
impresionando a las chicas con su capacidad varonil para sobresalir con la espada,
así como demostrando su ingenio mientras jugaban al Hnefatafl15, el juego de mesa
preferido. Los esclavos corrían sirviendo aguamiel, tajaderos de cordero y dulces de
miel. Pero todo lo que Dara veía era a la pequeña niña, ahora lavada y vestida, y
que todavía parecía completamente asustada e indefensa. Su corazón se retorcía
dolorosamente sólo con mirarla.

—¿Sabías —murmuró Joran desde donde se encontraba junto a Dara— que


antes de casarme con mi marido yo simplemente era su esclava?

—No, no lo sabía. —Inclinó la cabeza para estudiar a su suegra. Su frente se


frunció—. Pensé que iba en contra de la ley que un hombre se casara con una
esclava.

Joran se encogió de hombros, sin apartar la mirada de la niña.

—Así es. —Finalmente giró la cabeza para estudiar a su nuera—. ¿Crees que
la ley le importa a un guerrero locamente enamorado?

15
Hnefatafl: es un antiguo juego de mesa nórdico que se practicaba sobre una tabla cuadriculada. La palabra Tafl significa
Tablero y Hnefa, significa Rey.

93
El Club de las Excomulgadas
Dara tuvo la sensación de que estaban hablando de algo más que de Joran y
Erik, incluso de algo más de en lo que podría llegar a convertirse la niña. Suspiró y
miró a lo lejos.

—¿Qué es lo que estás tratando de decirme?

—Amo a mi hijo —dijo simplemente en voz baja—. Y mi hijo te ama. Hay


muy poco que un hombre enamorado no haría por el objeto de su afecto y su deseo.
De todos modos, si deseas que la niña te sea entregada como un regalo,
simplemente pídesela a Ragnar. Pero no —dijo suplicante— lo abandones.

Dara cerró los ojos brevemente, y los abrió a continuación mientras


respiraba profundamente. No dijo una palabra durante un momento, su mirada

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


yendo y viniendo entre la niña que estaba con el grupo de esclavos en un extremo
de la celebración y su marido sentado en un banco de madera, riéndose y
bromeando con su padre y sus amigos en medio del jolgorio.

—Lo amo, Joran —murmuró, rompiendo el silencio— pero estoy asustada.

Una mano suave encontró el hombro de Dara y se quedó allí.

—¿De qué tiempo eres, hija?

Sorprendida, Dara se dio la vuelta para enfrentar a su suegra. Joran se rió


entre dientes.

—Seré muchas cosas, pero nunca he sido tonta. —Buscó su mirada—. No


tienes el acento de un sajón, sin embargo, es la única lengua que hablas. Tus ideas
son extrañas, tus reivindicaciones fuera de lugar, por lo menos para una mujer
nacida en este tiempo. —Ladeó la cabeza para mirarla—. ¿De qué tiempo eres,
hija?

Dara se aclaró la garganta. Estudió la regia imagen de su hermosa y rubia


suegra mientras consideraba cómo podía haberlo sabido. Mucha gente tenía que

94
El Club de las Excomulgadas
haberse dado cuenta de lo diferente que era de las otras mujeres de la aldea, sin
embargo, Joran era la única que se había percatado del por qué.

—Del 2003. —Sonrió, mostrando sus dientes nacarados—. Pero de verdad


Joran, a parte de la forma en que hablo y me comporto, ¿cómo lo has sabido?

Ella se echó a reír.

—Porque he rezado todas las noches a Freya para que pudiera traerte aquí.
Amo a mi hijo. Quiero su felicidad. No me preocupa dónde te encontró Freya para
él con tal de que te encontrara.

—¿Freya?

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Joran asintió.

—Sí. La diosa del sexo y la fertilidad. —Se encogió de hombros—. Por otro
lado, es bien sabido por todas las tierras nórdicas que Freya es la poseedora de un
abrigo de plumas mágicas.

Dara sonrió. En lugar de actuar como si las creencias religiosas de Joran


fueran infundadas o ridículas, les prestó un genuino interés. Además, después de
soñar con Loki, ser marcada con fuego con la imagen de un dragón y ser
catapultada a más de mil años en el pasado, apenas estaba en condición de decir
que eso no era posible. Miró a Joran incrédula, arrugando la nariz ante la idea.

—¿Qué puede hacer el abrigo de plumas para que sea tan especial?

—Es el que le permite a Freya viajar entre los mundos —declaró con total
naturalidad—. Es el que le permitió encontrarte.

Dara se echó a reír.

—¿Y crees que eso es lo que sucedió? ¿Ella me llevó atravesando el río
Thund con su abrigo de plumas?

95
El Club de las Excomulgadas
—Quizá.

—Hum.

—De todos modos, Freya se me apareció en un sueño. —Joran se dio un


golpecito en la mejilla, entrecerrando los ojos evocadoramente—. Me aseguró que
mi diligente devoción sería recompensada, y que mi hijo recibiría una mujer que
atesoraría mucho. —Se encogió de hombros confusa—. Dijo algo sobre engañar a
Frigg y Loki para que cumplieran su orden.

La cara Dara palideció.

—¿Lo… Loki?

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


—Sí. —Joran hizo un gesto desdeñoso—. Algunos lo llaman el Dios del
Fuego, algunos el dios embustero y algunos lo llaman ambas cosas.

Dara resopló

—Eso es comprensible —murmuró en voz baja.

—No importa. —Joran le sonrió a Dara, sus ojos azules inquisitivos—. Mi


propósito al decirte todo esto es simple. Veo en tus ojos el deseo de huir, alejarte de
todo en este mundo que no apruebas. —Sacudió la cabeza—. Pídele a Ragnar lo
que desea tu corazón. Pídele la luna y las estrellas si quieres, pero dale a la vida de
aquí una oportunidad. No busques el abrigo de plumas de Freya por el momento.

Dara cerró los ojos y suspiró. Cuando los abrió, le concedió a Joran el favor
de su honestidad.

—No puedo hacer ninguna promesa de quedarme aquí si me surge la


oportunidad de volver a casa —dijo en voz baja— pero puedo prometer que lo
pensaré mucho.

Joran asintió, esperando eso.

96
El Club de las Excomulgadas
—Es todo lo que pido.

***

Realmente fue un largo día, pensó Ragnar para sí mismo mientras se


quitaba la túnica y la pechera. Desnudo, se metió silenciosamente en su cama y de
Dara y se dejó caer con cansancio sobre ella. Totalmente erecto, colocó las manos
detrás de la cabeza, cerró los ojos y esperó los cuidados de su esposa. Se quedó
dormido de esa manera, esperando que viniera a él, pero ella nunca lo hizo.

Una hora más tarde, Ragnar se despertó con la sensación de una cálida
mano envuelta en su pujante erección. Sonriendo, mantuvo los ojos cerrados y
disfrutó de la experiencia. Contuvo el aliento cuando la mano empezó a

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


masturbarlo subiendo y bajando.

—Mmm. Eso es bueno. Te eché de menos, cariño.

—Yo también te eché de menos.

La respiración de Ragnar se detuvo. Abrió los ojos. Esa voz no pertenecía a


su esposa. Pertenecía a Karil. Miró a la esclava desnuda en su cama y trató de
incorporarse, sólo para darse cuenta que ella todavía tenía su eje en la palma de la
mano. Llegando hasta ella, le apartó suavemente la mano.

—¿Qué haces aquí? —preguntó—. Ahora estoy casado. Ya lo sabes.

Karil sonrió pícaramente mientras se encogía de hombros.

—Han pasado dos quincenas completas desde que os habéis casado, amo.
No esperaste tanto tiempo para volver a mí las otras dos veces que tomaste una
esposa. —Ella ladeó la cabeza—. ¿Por qué esperar ahora? —murmuró.

Ragnar suspiró. Pasándose una mano por su largo cabello rubio, negó con la
cabeza. Pensándolo mejor, se echó una piel de animal sobre la ingle para cubrirse.

97
El Club de las Excomulgadas
—Esta vez es diferente, Karil. Las otras uniones fueron concertadas. —Él
sonrió—. Quizás ésta lo es de alguna manera, pero estoy contento con mi esposa.
—La miró a los ojos directamente, decididamente—. No estaré más contigo. Ni
ahora ni nunca. Debes entender esto.

Karil entrecerró los ojos, pero apartó la mirada de él, cediendo, por ahora.

—Cambiaras de opinión —le devolvió arrogantemente. Se puso de pie y se


dirigió a la puerta de la alcoba sin mirar atrás—. Cambiaras de opinión.

Ragnar negó con la cabeza mientras observaba a la lujuriosa Karil salir de


sus habitaciones. Podía ser hermosa, pero no era Dara. Y Ragnar sabía que no
quería a nadie más, excepto a su esposa.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


***

Dara salió de la casa comunal silenciosamente, cerrando la puerta tras de sí.


Cerrando los ojos, apoyó la nuca contra la puerta de pino e inspiró profundamente,
tratando de estabilizar la respiración.

Ragnar había hecho lo correcto, se recordó. No había tocado a Karil. Su


marido no tenía ni idea que ella se había topado con ellos, que lo había visto todo,
presenció todo el intento de seducción, y aun así, él había hecho lo correcto.

Esta vez.

Pero ¿y si Karil estaba en lo correcto con su prepotente suposición? ¿Qué


pasaría si finalmente Ragnar se cansaba de ella y volvía a Karil para que le diera
placer? ¿Podría ella soportar eso?

No, se dijo mientras tomaba una bocanada de aire, no podría.

Cualquier cosa podía suceder si permanecía en el año 820. ¿Qué pasaría,


por ejemplo, si ella se quedaba embarazada y entonces Ragnar volvía a su más que
dispuesta esclava? Las fosas nasales se le dilataron cuando consideró la respuesta a

98
El Club de las Excomulgadas
esa importante cuestión. Estaría atascada en el año 820 con un Don Juan por
marido, reticente a dejarlo, porque era el padre de su hijo, eso es lo que ocurriría.

Dara negó con la cabeza firmemente. ¡No! No podía permitir que eso
sucediera. Y lo que es más, no permitiría que eso sucediera.

Por mucho que lamentara hacerlo, sabía que había un solo camino a seguir
si deseaba que su cordura permaneciera intacta. Tenía que dejar a su marido.
Ahora. Esta noche. En este momento. Antes de que se enamoraran más el uno del
otro de lo que ya lo estaban.

Dara se hundió los dientes en el labio inferior mientras consideraba la


disposición de las dependencias de la vivienda. La ruta más directa hacia el bosque

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


estaba frente a la casa comunal de sus suegros, la vivienda de Erik y Joran estaba
conectada a la de Ragnar por un corto pasillo.

Tendría que correr el riesgo. Tendría que encontrar una vía de escape por
donde estaban Erik y Joran.

No se llevaría nada aparte del anillo de compromiso que tenía en la mano, el


único objeto que se resistía a dejar. Después de todo, pensó con el corazón roto, le
gustaría tener algo para recordar a su marido cuando estuviera de regreso en el
futuro, sola y echándolo de menos.

Negó con la cabeza, reprendiéndose a sí misma. No, se dijo firmemente,


insistiría en lo miserable que ya se sentía. Si lo hacía, nunca se iría.

Limpiándose una rebelde lágrima, levantó la barbilla y tomó una


tranquilizadora bocanada de aire. Haría esto. No podía hacer otra cosa. Era el
momento de encontrar el mágico río Thund y volver a casa.

99
El Club de las Excomulgadas

Capítulo 12
Dara se deslizó silenciosamente por el pasillo que conducía desde la casa
comunal de Ragnar y que colindaba con la de sus padres. Si iba a escapar, el tiempo
se le estaba echando encima. Era ahora o nunca.

Al doblar la esquina, Dara oyó voces que se aproximaban. Asustada de ser


descubierta, corrió a la cámara más cercana y cerró la puerta silenciosamente detrás
de ella.

Las voces estaban cada vez más cerca.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Miró desesperadamente por toda la habitación, buscando un lugar para
ocultarse cuando se hizo obvio que las voces planeaban entrar en la misma cámara
en la que ella estaba en ese momento. Aterrada, dejó escapar un suspiro de alivio
cuando divisó las cortinas de la cama donde podría ocultarse fácilmente. Corrió
hacia ellas, ocultándose en el momento en que la puerta se abría.

Leif Boerge entró en la alcoba con dos esclavas riéndose a remolque, entre
ellas, la dispuesta Karil. Leif tenía un brazo musculoso plantado alrededor de las
dos, apretándole los pechos y sonriendo mientras ellas se reían tontamente.

Dara contuvo el aliento. A medida que el atractivo hombre se acercaba, un


hombre que suponía que no tendría más de cuarenta años, rezó a los cielos para
que él no la descubriera. Pero no tendría que haberse preocupado. Él estaba
demasiado concentrado en las ahora desnudas esclavas, quienes estaban
desvistiendo su musculoso cuerpo.

Siguió un sentimiento de envidia cuando consiguió un buen vistazo por


detrás de las cortinas de la cama de Karil, la rubia ex compañera de cama de
Ragnar. Era, en una palabra, exquisita. Sus pechos eran altos, y tan seductoramente
grandes, que probablemente tendría una copa doble D si los sujetadores existieran
en este tiempo. Sus nalgas eran perfectamente redondeadas, su barriga plana, su
rostro, el sueño de todo hombre hecho realidad.

100
El Club de las Excomulgadas
Y no era tímida con su cuerpo en absoluto. Todo lo contrario, se recreaba en
él. Se rió cuando Leif le dijo que se recostara en el borde de la cama y separara las
piernas para su placer visual.

Karil hizo lo que le ordenó, abriendo las piernas en una amplia V, y a


continuación se separó los labios de la vagina con los dedos para que él pudiera
tener una mejor vista. Pero, desde luego, ¿cómo no iba a hacerlo? Su cara estaba a
escasos centímetros de su vagina.

El inflamado clítoris de Karil se destacó entre sus separados labios vaginales,


provocando que Leif sonriera. Él le dio un golpecito al tenso nudo con la lengua,
después le indicó a la otra esclava desnuda que se pusiera de rodillas y le chupara la
polla, mientras él probaba el flexible cuerpo de Karil. La otra esclava, la hermosa

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


esclava pelirroja que había aceitado el cuerpo de Dara preparándola para Ragnar en
su noche de bodas, se puso de rodillas delante de él y lo tomó en la boca.
Aparentemente, ninguna esclava entendía noruego, ya que Leif continuaba dando
sus órdenes sexuales en sajón.

—Mmm, eso es bueno Brenna. Métela entera en la boca. —Leif contuvo el


aliento mientras su impresionantemente polla dotada se alargaba y se endurecía—.
Ahh, sí, justo así —dijo con voz ronca—. Tienes una talentosa boca, cariño.

—No le des toda tu esencia —Karil medio bromeó, sonriendo mientras


continuaba tendida con los muslos completamente abiertos— yo también quiero
chuparla.

—Hay suficiente para ambas —le aseguró Leif. Agitó un dedo frente a ella—
. No voy a soportar tus celos, Karil, mi sobrino ya me advirtió como de codiciosa
estabas por su polla. Brenna es la esclava más antigua en mi cama y seguro que voy
a seguir dándole gran parte de mi polla.

Karil puso mala cara por un momento, pero, aparentemente después de


pensarlo mejor, cedió con una pequeña mueca. Leif le sonrió mientras le tironeaba

101
El Club de las Excomulgadas
de los pezones con los dedos, provocando que la esclava dejara escapar un suspiro
estremecido.

—No temas, mi belleza, porque yo he estado deseoso de hundirme en ti


durante casi a un año.

Estirando el cuello, Leif golpeó con la lengua el excitado coño de Karil. Ella
gritó, rogándole con ese sonido que continuase. En repuesta, él bajó la cabeza,
entonces chupó vigorosamente su hinchado clítoris. Karil se retorció en la cama,
gimiendo y quejándose hasta que el placer se apoderó de ella y explotó. Momentos
después, Leif levantó la cabeza y se estremeció violentamente mientras vaciaba su
eyaculación en la boca de Brenna.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Leif miró a sus pies, indicando a Brenna que se pusiera de pie y señaló la
cama.

—Únete a Karil. Estaré entre las dos mientras trabajáis para endurecer mi
eje de nuevo. No será tan fácil esta vez —dijo con un guiño. Brenna se rió, y luego
le dio una última chupada a su saciada polla antes de levantarse para obedecer.

Dara sintió su cuerpo reaccionar, tanto a las palabras de Leif como a la


escena que se desarrollaba frente a ella. Nunca había visto nada como esto, aparte
de lo que uno podía ver en el canal Playboy.

Leif estaba acostado en la enorme cama con los ojos cerrados y las manos
detrás de la cabeza. La expresión de su rostro era intensa mientras las dos esclavas
compartían su cuerpo, una chupaba su erecto pene, mientras que la otra le lamía y
le chupaba el escroto. De vez en cuando Karil y Brenna intercambiaban sus
puestos, pero nunca apartaban la boca del cuerpo de Leif. Este guerrero tenía todo
el poder sobre sus vidas, y no le importaba usar tal privilegio. No es que a las
esclavas pareciese importarles.

—Mmm, es una boca cautivadora la que tienes, Karil. —Leif abrió los ojos
para arrastrar la mirada por su cuerpo. —Ahora vamos a ver si el resto de tu cuerpo

102
El Club de las Excomulgadas
es tan dulce. Si deseas que te compre a mi recién casado sobrino, será mejor que me
des una buena razón para hacerlo.

Los ojos de Dara se abrieron como platos desde donde observaba detrás de
las cortinas de la cama. ¿Ragnar estaba renunciando a Karil por ella? Apretando la
mandíbula, se dijo enérgicamente que tal conocimiento no sólo no la haría cambiar
de idea, sino que estaba en proceso de huir.

Un momento después, Karil se empaló a sí misma en la pujante erección de


Leif y se movió arriba y abajo encima de él con practicada soltura. Él reaccionó con
un gemido, aparentemente satisfecho por los esfuerzos de la esclava para saciarlo.
Brenna metió uno de sus traslúcidos y rosados pezones en la boca de Leif mientras
le pasaba las manos por su impecable y musculoso pecho y le sonreía. Era obvio

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


que amaba al hombre. E igual de obvio que no le importaba el hecho de que Karil
estuviera follándoselo. Increíble, pensó Dara. Ella nunca podría acostumbrarse a
compartir el cuerpo de Ragnar.

Dara se puso rígida por el desliz mental, negándose a profundizar en el


hecho de que dejar a su marido ya estaba matándola por dentro... y técnicamente
todavía no lo había dejado, pensó malhumorada.

Viajar en el tiempo. El río Thund.

Dara se obligó a apartar la atención del trio desplegado ante ella, y en


cambio se concentró en la manera de escurrirse de detrás de las cortinas de la cama,
salir por la puerta y llegar al bosque... y todo esto sin ser detectada.

Desde este ángulo, la única que sería capaz de captar inadvertidamente su


presencia era Brenna. Decidió correr el riesgo, esperando contra todo pronóstico
que la bella esclava estuviera demasiado ocupada con el placer de su amo para verla
escabulléndose por detrás de las cortinas de la cama.

De puntillas salió de su escondite, Dara se deslizó ágilmente por la


habitación. Ya casi había llegado a la puerta cuando a Brenna se le ocurrió levantar

103
El Club de las Excomulgadas
la mirada y se encontró con los sorprendidos ojos de Dara. La esclava apartó el
pezón de la boca de su amo y se incorporó ligeramente sobre las rodillas.

Dara tragó nerviosamente. ¿La esclava delataría su presencia? ¿Alertaría a


Leif, volcando todo tipo de problemas sobre su cabeza en el proceso?

Para su asombro y alivio, Brenna no hizo ninguna de esas cosas. En su


lugar, le sonrió lentamente con complicidad y le guiñó un ojo, diciéndole sin
palabras que se diera prisa. Desafortunadamente, al no tener el pezón de Brenna en
la boca para atraer su atención, Leif escogió ese momento para girar la cabeza. Pero
Brenna salvó la situación, una vez más, poniéndole el otro pezón en la boca para
distraerlo y calmarlo. Leif cerró los ojos y gimió, satisfecho de nuevo.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Dara salió de la alcoba, con los sonidos de los gritos roncos de la liberación
de Leif, al parecer se había vaciado en el cuerpo de Karil. Él gruñó algo sobre
querer a ambas esclavas mamándole la polla de nuevo, y después Dara no oyó nada
más cuando atravesó otra puerta y se acercó a la libertad.

Su pulso se aceleró cuando al fin encontró el pequeño hueco sin vigilancia


que la llevaría a los bosques. Los bosques la llevarían al río Thund. Y el río Thund
la llevaría a casa.

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El Club de las Excomulgadas

Capítulo 13
Sintiéndose desolada, Dara suspiró con tristeza mientras deambulaba por el
oscuro bosque sin tener ni idea de dónde estaba, ni idea de a dónde iba y ni idea de
cómo volver a Ragnar. Y paradójicamente, o tal vez inevitablemente, ella quería
volver con su marido.

Había pasado las últimas tres horas pensando mucho, y había tomado
algunas decisiones. En primer lugar, tenía que estar en el año 820 por alguna razón.
El destino, Freya, Loki o el poder que sea que le había hecho esto, no la habría
llevado a través del tiempo simplemente porque sí. Había una razón detrás...tenía que

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


haberla. Y ella quería saber de qué se trataba.

La otra conclusión era mucho menos pragmática y mil veces menos lógica,
pero sin embargo existía. Podría tratar de endulzar la verdad, podría seguir jugando
a la cobarde y huir de esto, pero los hechos eran los hechos. Y el hecho era que,
para bien o para mal, estaba enamorada de su marido y quería quedarse con él.

¿Y era tan malo estar enamorada de Ragnar? se preguntó en un momento de


nostalgia. Es cierto que el 820 no era exactamente un lugar privilegiado de
vacaciones y mucho menos un lugar de primera al que mudarse. Pero de todas
formas, se preguntó por enésima vez, ¿quedarse en el pasado tenía que ser un
destino tan malo? Dara tomo una profunda bocanada de aire y la expulsó con un
gemido. ¿Quién, con toda honestidad, podría responder a esa pregunta?

El año 820 estaba lejos de ser ideal. No había televisión, ni libros, ni mousse
de chocolate royale de Baskin & Robbins, ni proclamas de emancipación. Pero
había una cosa que poseía el año 820 que el 2003 no tenía, y esa cosa era su
marido. Ragnar era un gran guerrero, un marido honorable, al que, en el fondo,
sabía que podía confiarle su corazón, y mejor aún, también era su mejor amigo.
Disfrutaba de su compañía, anticipaba su forma de hacerle el amor y, pensó
soñadoramente, sus sonrisas podrían iluminar las noches más oscuras.

105
El Club de las Excomulgadas
Siempre la cuidaría, se sentía fuertemente atraído por ella, y siempre la
amaría. Y, admitió con una sonrisa, ella se sentía de la misma manera. El hombre
podía hacerle cosas a sus emociones y a su libido que ningún otro, aparte de
Ragnar, podría hacerle.

Dara sonrió mientras buscaba el camino que esperaba la llevara de regreso a


la casa comunal, a su verdadero hogar. Si hace un mes alguien le hubiera dicho que
estaría corriendo de nuevo hacia su captor vikingo en vez de alejarse de él, lo habría
llamado loco. Pero eso es justo lo que estaba haciendo. Ahora bien, si tan sólo
pudiera encontrar el camino de regreso...

***

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Dejando su montura atrás, Ragnar se deslizó silenciosamente entre los
árboles, teniendo cuidado de no hacer ni un ruido. Era una hazaña que nunca había
alcanzado, la habilidad necesaria para ser un cazador competente. Redujo su
depredadora mirada cuando vio a su presa dentro de su terreno. Estaba enojado,
enojado de que la presa que estaba cazando hoy no fuera otra que su maldita
esposa.

Ragnar tomó una tranquilizadora respiración, sabiendo que era necesario


que se calmara antes de obligar a Dara a volver a la casa comunal. En el mejor de
los casos, su temperamento no era siempre agradable en un buen día. Este no era
un buen día.

Durante dos horas había cazado a su esposa, sabiendo que había huido de él
y comprendiendo que le llevaba una ventaja de una buena hora. No había sido
difícil seguir su rastro sabiendo como sabía que se apresuraría en ir al río Thund.

Lo que había sido difícil fue la auto reprimenda que se había echado por
haber sido tan tonto como para pensar que Dara se preocupaba por él. Ella lo había
fingido bien, pretendiendo preocuparse por el arañazo que la espada de Aran le
había hecho, aferrándose a él en su pasión mientras hacían el amor, acurrucándose
a su lado y sonriéndole con los ojos brillantes, oh sí, había fingido bien.

106
El Club de las Excomulgadas
Pero, por supuesto, en el momento en que Ragnar le dio la espalda, su
esposa huyó de su casa y salió caminando al bosque con la esperanza de dejarlo
atrás. Esas no eran las acciones de una mujer que amaba a su marido, sino las
acciones de una mujer que no amaba nadie, excepto a sí misma.

¿No entendía ya que los dioses habían decretado su unión? ¿No se daba
cuenta de que nunca podría regresar a su tiempo, que estaban unidos para siempre?

¿Y era un destino tan malo? se preguntó Ragnar con la fosas nasales


dilatadas. Él era, después de todo, el heredero de uno de los más importantes
jarldoms16 de Noruega. Y, admitió con una penosa resignación, él estaba también
locamente enamorado de su mentirosa esposa.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Un tic empezó a latirle en la mejilla mientras observaba a Dara agacharse
rama tras rama para dirigirse al siguiente claro. La idiota muchacha no era,
obviamente, consciente de que estaba casi en las tierras de un Jarl enemigo. Mejor
la atrapaba ahora antes de que la situación se tornara sangrienta.

Moviéndose detrás de ella tan silenciosamente que ni siquiera una hoja caída
crujió a su paso, Ragnar presionó la mano sobre la boca de su esposa para evitar sus
gritos, arrastró su cuerpo, que no dejaba de agitarse, a sus brazos y la llevo de
vuelta a su montura. La atravesó sin contemplaciones sobre el caballo, las piernas
colgando por un lado de la montura y los brazos por el otro.

—¡Ragnar! —exclamó Dara, intentando sin éxito moverse para poder ver
mejor su rostro—. ¡Estoy tan contenta de que me encontraras! Estaba perdida…

—¡Silencio! —Su mano temblaba por la ira, Ragnar subió la parte posterior
del fino vestido de su esposa y le golpeó con fuerza el culo. Él ignoró su grito de
protesta, se subió a la montura y galopó, alejándose—. No voy a escuchar más
mentiras de tu boca hoy —gruñó. Apretando los dientes, le informó—: De hecho,
no deseo escuchar tu voz, por lo menos hasta que te permita hablar de nuevo.

Dara carraspeó.

16
Jarldoms: Titulo de la nobleza escandinava.

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El Club de las Excomulgadas
—Oye, espera un… ¡Ay! —Ella se estremeció cuando la palma de la mano
de su marido encontró su culo desnudo de nuevo. La picadura fue lo
suficientemente afilada como para dejarla sin habla por un momento o dos, pero
sólo un momento o dos—. ¡Hey! ¿Quién crees que…? ¡Ay! ¡Maldita sea! Eso duele
mucho Ragn… ¡Ay!

Ragnar gruñó.

—¿Eres simple demente o empiezas a ver cómo funciona esto, esposa? Cada
vez que abras tu mentirosa boca, tu culo conseguirá un azote por desobedecer a tu
amo y señor.

—¿Amo y señor? Yo… ¡Ay! ¡Maldita sea! Para… ¡Ay!... de darme

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


nalgadas… ¡Ay! no soy una niña… ¡Ay!

Ragnar le frotó el culo con la rugosa palma de la mano. No podía impedir


que su traidora polla tuviera una erección con esta vista, pero se negó a
obsesionarse en este momento.

—Hmm. Esto está cada vez más rojo, cariño, lo mejor es que contengas tu
mentirosa lengua antes de que siga parloteando, lo que te conseguirá una azotaina
de tu señor marido. Si eres una buena muchacha, quizás te permitiré correrte en
lugar de sentir el peso de mi mano.

Dara ignoró eso.

—¿Por qué me sigue llamando mentirosa? Nunca he… ¡Ay!

—Sí, eres una mentirosa —dijo rechinando los dientes mientras le daba otro
golpe, por si acaso—. Fingías preocuparte por mí, incluso mientras tramabas la
manera de escaparte. —Sus fosas nasales se dilataron recordando el dolor y la rabia
y de nuevo le golpeó el culo con fuerza.

—¡Ay! ¡Maldita sea! ¡Ni siquiera hable esta vez, Ragnar! Y sí, me
preocupaba. Me preocupo. Yo… ¡Ay! ¡Puedes golpearme tantas veces como

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El Club de las Excomulgadas
quieras, pero en esto te estoy diciendo la verdad! Huí de ti porque tengo miedo,
Ragnar, porque estoy aterrada de lo mucho que te amo y de lo que está
sucediéndome. ¿Puedes entender eso?

Él no dijo nada, pero tampoco le golpeó el culo, así que Dara continuó con
su explicación, a la vez que rezaba para que la perdonara.

—¿Puedes incluso empezar a imaginarte lo que se siente al quedarte


dormida en un tiempo y despertar mil doscientos años en el pasado? —preguntó
casi histérica—. ¿Puedes? Porque si puedes, entonces podrás entender por qué
estoy tan increíblemente asustada. ¡No huía de ti, Ragnar! ¡Estaba asustada y
simplemente estaba huyendo de todo!

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Ella cerró los ojos y suspiró.

—Bueno, tal vez en algún nivel huía de ti, porque amarte significa que tengo
que renunciar a toda esperanza de volver a casa, y no sé si todavía estoy lista para
renunciar a toda esperanza.

Dara esperó su respuesta, pero él se mantuvo inmisericordemente en


silencio. Ojalá pudiera ver su rostro, tal vez entonces tendría alguna idea de cómo
se sentía él. Dándose por vencida suspiró y cerró los ojos. Se sorprendió cuando, un
momento después, fue alzada en los brazos de Ragnar y colocada delante de él en
la montura, la espalda contra su pecho. Él no dijo ni una palabra, pero le levantó la
falda del vestido y comenzó a jugar con su coño, acariciándolo.

Dara gimió mientras arqueaba la espalda y separaba más las piernas sobre la
montura. Le frotó enérgicamente el clítoris, con caricias implacables una y otra y
otra vez.

—Oh, Dios. Ragnar. Sí —gritó, balanceándose adelante y atrás,


estimulándose aún más a sí misma, hasta llegar al borde y caer en el olvido
orgásmico. Gimió profundamente, hundiéndose contra él un momento después,
inerte en sus brazos.

109
El Club de las Excomulgadas
Lo siguiente que supo es que era empujada sobre su vientre y empalada por
detrás por la pujante polla de su marido. Contuvo el aliento y lo soltó en un bajo
gemido.

—Eres mía —dijo Ragnar con la voz ronca, su propia necesidad sonaba en
la brusquedad de su voz—. Esta vaina, esta muchacha... son mías.

Dara estaba a punto de replicar, pero su marido eligió ese momento para
ordenarle a su corcel que redujera el ritmo, de galope a trote, el resultado final
provocó que su polla entrara y saliera de ella en breves, rápidas y profundas
estocadas.

—Ooooh, Dios.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Los dedos de Ragnar se clavaron en la carne de sus caderas mientras gemía.

—Toma más —le ordenó bruscamente—. Tómame entero.

Dara se entregó al momento, tal y como hacía siempre en brazos de su


marido. Irguiéndose para colocar la espalda contra su pecho, relajó las piernas, lo
que proporcionó una más profunda y mejor fricción, mientras el trote continuaba.
Cerrando los ojos, echó la cabeza hacia atrás contra el pecho de Ragnar y gimió.

—Una cosa tan lujuriosa —le murmuró él en la espiral de la oreja. Elevando


las manos para subirle el vestido, le acunó un pesado pecho en cada mano y tironeó
de los pezones con los pulgares y los índices. El aumento de sus gemidos provocó
que él apretara la mandíbula a medida que se acercaba a su propia liberación—.
Córrete para tu amo y señor —le ordenó en voz baja.

Como si fuera una señal, Dara gritó mientras se le contraían los músculos
del estómago y sus entrañas estallaban con el clímax.

—Oh, sí. Oh Dios, Ragnar. Oh, sí.

110
El Club de las Excomulgadas
Los temblores de la vagina de Dara desencadenaron la propia liberación de
Ragnar. Con un grito ronco, posesivamente se apoderó de sus pechos mientras
derramaba su semilla dentro de ella.

Con una nerviosa sonrisa en los labios, Dara trató de girarse lo suficiente
para besar a Ragnar en la mejilla, queriendo saber si todo estaba bien entre ellos de
nuevo. Su sonrisa se desvaneció cuando su marido rechazó la muestra de afecto.
Herida y desorientada, inclinó la cabeza mientras levantaba la mirada a su rostro.
Lo que sus ojos encontraron le dio escalofríos.

El rostro de Ragnar sólo podría ser descrito como duro, sus rasgos
despiadados. Era como si una máscara de piedra hubiera sido tallada en el rostro de
su esposo, que le dejaba saber que no todo estaba perdonado.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Dara se giró rápidamente hacia delante. No podía soportar ser testigo de la
pared que su irreflexiva huida había erigido entre ellos. Las manos de Ragnar
continuaron vagando por las curvas de su cuerpo, los dedos de vez en cuando
apretaban un pezón, pero su rostro no mostraba ningún deseo de cercanía con ella.

El corazón se le hundió, se mordió el labio mientras el trote se convertía en


galope. Ella se había puesto en esta situación, lo sabía. Todo esto era su culpa.

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El Club de las Excomulgadas

Capítulo 14
En el momento en que estuvieron dentro de los confines de sus aposentos
privados, Dara se atrevió a mirar a su marido y le ofreció una sonrisa temblorosa.
La luz de la luna se colaba en la cámara, mostrando sus facciones a la lúgubre luz.

—¿Puedes darme otra oportunidad, Ragnar? —preguntó en voz baja—.


Siento haber huido de ti. Nunca quise hacerte daño.

El silencio sepulcral que recibió su pregunta provocó que Dara se


estremeciera. Extendió las manos en un gesto de impotencia mientras veía a su
marido tomar una daga, una de sus túnicas y cortarla en tiras. Estaba demasiado

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


distraída con sus propios pensamientos para prestarle mucha atención a sus
extrañas acciones.

—¿Qué puedo hacer para arreglar esto? —Suspiró profundamente—. Lo


estoy intentando, Ragnar. Lo estoy intentando, pero tú no.

En ese momento Ragnar se volvió para mirarla. Arqueó una ceja, pero no
dijo ni una palabra. Vino hacia ella lentamente, sigilosamente, recordándole a Dara
a un depredador preparándose para matar. Se le abrieron los ojos como platos y
tragó con incertidumbre.

—¿Ragnar? —dijo nerviosamente—. ¿Por qué no hablas con…conmigo?


¿Por qué estás mí…mirándome así? Yo… ¡oh! —Jadeó, observando con horror y
confusión como una larga cuchillada de la daga de su esposo le cortaba el vestido
desde el cuello hasta la cintura, dejándole los pechos al descubierto—. ¿Qué estás
haciendo? —preguntó con la voz entrecortada—. ¿Que…?

Lo que Dara había estado a punto de decir fue interrumpido cuando una tira
de tela fue colocada sobre su boca, ceñida en la parte posterior de su cabeza y atada
con un nudo. Con sus ojos castaños ensanchándose, lanzó una mirada hacia las
manos de Ragnar y supuso que la pieza de tela que le cubría la boca no era la única
tira de tela que su marido llevaba.

112
El Club de las Excomulgadas
La implacable mirada azul de Ragnar atravesó la de ella. Su cara no tenía
expresión, su tono de voz era bajo y metódico. Pero sus ojos estaban en llamas,
como hielo ardiente.

—Yo soy tu amo y señor. Ahora. Ayer por la noche. Siempre. —Arrastró los
ojos posesivamente por encima de sus pechos expuestos, finalmente volvieron de
nuevo a su rostro—. Será una lección que no olvidaras después de esta noche.

Llegando hasta ella, agarró los extremos rotos de su vestido y tiró


haciéndolo pedazos. Los restos deshilachados del una vez delicado vestido vikingo
cayeron al suelo, exponiendo todo su cuerpo ante él. El aro de oro alrededor de la
cabeza fue lo siguiente en ser descartado, su largo pelo rojizo cayó rodeándole el
cuerpo. Pasó los dedos callosos de una mano por la piel dorada de entre sus

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


muslos, con la mandíbula apretada.

—Esto es mío por decreto de los dioses. Todo es mío.

Dara cerró brevemente los ojos, tranquilizándose a sí misma mientras el


deseo recorría todo su ser. Sus palabras eran sin duda provocadoras, su visible
deseo por ella como un afrodisíaco.

Cuando una vez más abrió los ojos, fue para ver como Ragnar la levantaba
de un tirón. Atravesó la alcoba, la depositó sobre un montón de pieles de animales
dispersas por la cama y metódicamente emprendió la tarea de atar todos sus
miembros a distintos lugares de la cama. Para cuando él terminó, sus brazos
estaban sujetos por encima de la cabeza, empujando sus pechos hacia arriba. Sus
piernas estaban atadas, abiertas de par en par, provocando que sus hinchados labios
vaginales y su clítoris quedaran muy a la vista.

Ragnar le pasó los dedos por su expuesto coño, primero por los bordes de los
pliegues de sus labios vaginales y después dándole unos golpecitos de un lado a otro
en el tenso pequeño brote que anidaba en su centro. Dara cerró los ojos y gimió,
incapaz de darle voz a su deseo a causa de la tela que tenía atada en la boca. A

113
El Club de las Excomulgadas
continuación Ragnar situó dos dedos en la entrada de su vagina y los hundió dentro
de ella. Cuando los sacó unos segundos más tarde estaban empapados.

—¿Quién se ha follado este pequeño cuerpo lujurioso, excepto yo? —


preguntó con arrogancia. Los helados ojos azueles no permitían ninguna discusión,
la severa cuchillada de su boca no daba cuartel. Él no estaba de humor para hacer
el amor suave y dulcemente. Quería reclamar y conquistar, marcar y poseer.

Dara tragó con nerviosismo, comprendiendo que su marido no aceptaría


nada menos que su total entrega. Tenía la intención de dominar su voluntad, y
estaba demostrándolo dominando su cuerpo. No quería que ella lo abandonara.
Nunca permitiría que ella lo dejara. Podía verlo en su mandíbula rígida, leerlo en el
fuego helado de sus ojos. Ella era su posesión. Ahora. Siempre. No había vuelta

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


atrás.

Dara sabía que Ragnar no esperaba que le contestara a su pregunta, dado


que su boca estaba tapada, y no podría hacerlo aunque lo hubiera intentado. Pero
también se dio cuenta que él entendía que ella había captado su propósito. Él gruñó
con la arrogancia aprendida de un guerrero largamente acostumbrado a salirse con
la suya, entonces se levantó para despojarse de su ropa.

Los ojos de Ragnar exploraron el vulnerable cuerpo de Dara, deteniéndose


en las mejores partes. Se dirigió hacia ella con unos cuantos pasos largos, llegó a la
cama y se puso de rodillas entre sus piernas abiertas.

Los ojos de Dara se abrieron involuntariamente como platos. No tenía el


aspecto del hombre con quien se había casado, el que la había amado con tanta
suavidad en su noche de bodas. Ahora era todo guerrero, todo depredador. Su
cuerpo musculoso estaba tenso, las cicatrices de la batalla destacaban
prominentemente. Tenía uno de los lados del cabello trenzado en las sienes,
curiosamente acababa de darse cuenta de eso justo ahora, haciéndole saber que se
había tomado su trabajo muy en serio cuando había salido a cazarla esta tarde. Ella
tragó nerviosamente.

114
El Club de las Excomulgadas
Sin decir una palabra, Ragnar levantó un pecho en cada mano y los masajeó
posesivamente. Tiró de los pezones y los masajeó desde la base hasta la punta,
yendo y viniendo, una y otra vez, hasta que las caderas de Dara se elevaron tan
lejos de la cama como podían. Ella gimió detrás de la tela que le cubría la boca,
necesitando claramente aliviarse. Él no se lo permitió.

—Es mi recipiente, tu cuerpo, entregado a mí para que pueda servirme de él


a capricho. —Su mirada se encendió hasta encontrarse con la de ella—. Tengo el
capricho. —Las manos y los dedos seguía llevando sus pezones a un estado de
extrema excitación, Ragnar llegó a su estómago y le hundió el rostro entre las
piernas. El primer contacto de la lengua contra el clítoris provocó que Dara
lloriqueara y se arqueara tanto como las ataduras se lo permitían. A partir de ahí,

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


sólo empeoró.

La lengua, los labios y los dientes se pasearon por todas partes, jugando con
ella como lo haría un gato con un ratón herido. Le sorbió el clítoris, le lamió y le
besó los labios vaginales, la hizo convulsionar en el orgasmo más veces de lo que
había pensado que era humanamente posible. Pero no era suficiente, y su marido lo
sabía. Ella lo deseaba, no, lo necesitaba dentro. Necesitaba el empuje, la profunda
invasión, el acero sedoso golpeando dentro de ella.

Arqueó las caderas hacia arriba, en una demostración de fuerza que hizo
que las ataduras cedieran un poco, pero no lo suficiente, Dara gimió detrás de la
tela, rogándole con el movimiento y los sonidos que se aparearse con ella. Se sentía
como un animal enjaulado, el cuerpo de él ahí, necesitándola visiblemente, sin
embargo, era incapaz de empalarse en él y alcanzar el máximo placer. Peor aún, su
boca estaba amordazada, así que ni siquiera podía resarcirse maldiciéndolo en voz
alta.

La lección de obediencia de Ragnar iba de casi insoportable a


completamente inaceptable cuando, un momento después, levantó la cabeza de
entre sus piernas y frotó la corona de su gruesa erección contra su resbaladizo
clítoris. Psicológicamente, la experiencia se sentía como si le hubieran sido

115
El Club de las Excomulgadas
denegados los dulces que habían sido colgados frente a ella. Entrecerró los ojos en
doradas rendijas.

Ragnar alzó una arrogante ceja.

—¿Que te molesta, mi amor? ¿Quizá te he consentido en gran medida, por


lo que ahora piensas que tienes derecho a dominar mi polla a tu antojo? —Negó
con la cabeza lentamente—. No —murmuró, golpeteando un pezón de un lado a
otro con el dedo índice—. Soy yo quien domina tu cuerpo y no al revés. ¿Sí,
pequeña? —Él se encontró con su mirada asesina. —Di que sí con la cabeza y te
permitiré alcanzar la cima. —Dijo esto último como si supiera quién saldría
vencedor en esta contienda de voluntades.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Tercamente, Dara se negó a satisfacer sus demandas. Mirando a su marido
letalmente, murmuró algo por detrás de la tela que sonó bastante grosero y
amenazante. Ragnar se limitó a sonreír, enfureciéndola aún más. Haciéndole
círculos con la cabeza de la erección en el clítoris, esperó a que ella gimiera antes de
demandar de nuevo.

—Soy yo quien domina tú cuerpo y no al revés —dijo con firmeza. —Di que
si con la cabeza como una buena chica y te permitiré alcanzar la cima.

Dara gimoteó. Estaba más allá del punto de preocuparle quien ganaba.
Permaneció en silencio un momento, pero al final, cedió con un asentimiento.
Inmediatamente fue recompensada cuando Ragnar introdujo su gran polla
profundamente dentro de ella. Ella gimió y puso los ojos en blanco mientras llegaba
instantáneamente al clímax.

—Mmm —ronroneó él, sus empujes largos y persistentes—. Esta es mi


posesión favorita, esta vaina. —Enterró la cara en su pecho, instantes después se
elevó con un pezón firmemente en la boca. Tirando de él con los labios y la lengua,
succionó la cresta mientras continuaba penetrándola con lentos y pausados
movimientos. —Mmmm.

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El Club de las Excomulgadas
El resultado fue que llevó a Dara a locura. El persistente acto sexual la
estaba obligando a volverse increíblemente húmeda y necesitada, pero sin estocadas
más rápidas nunca alcanzaría el clímax. Medio delirante, elevó las caderas, sus ojos
brillaban mientras gemía como un animal mortalmente herido.

Él le soltó el pezón, un chasquido resonó por todo el dormitorio cuando lo


hizo.

—Como de codiciosa estas por una buena follada. —Rotando las caderas,
Ragnar hundió su erección profundamente dentro de ella, pero sin acelerar sus
movimientos.

Dara gemía y se quejaba, pidiendo sin palabras su culminación. Se

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


sorprendió cuando, un momento después, la tela fue arrancada bruscamente de su
boca y la posesiva mirada de su esposo atravesó la suya.

—Dilo —dijo él apretando los dientes, su necesidad emocional tan grande


como la física—. Di que nunca tratarás de dejarme otra vez. Promételo ahora
mismo.

Dara se lamió los labios, que se habían resecado por la tira de la túnica.
Respirando con dificultad, estudió las facciones de su marido y supo que no podría
hacer o decir otra cosa que le hiciera daño. Sus anteriores actos se habían sentido
como una traición a la proximidad que se había desarrollado entre ellos en el
último mes de su matrimonio, obviamente afectándolo fuertemente.

—Te amo, Ragnar —susurró, el deseo ya no era el único motivador para


darle lo que él necesitaba oír—. Te amo y nunca, nunca te dejare de nuevo...
siempre y cuando sigas siendo fiel —añadió con honda emoción.

Ragnar sonrió tan ampliamente, que apareció un hoyuelo que nunca había
notado antes, dándole a su rostro de guerrero endurecido la apariencia de un niño
travieso.

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El Club de las Excomulgadas
—Te amo demasiado. Y nunca estaré con otra. En esto tienes mi solemne
juramento.

Inmediatamente se hundió profundamente en ella, agarrándola por la carne


de sus caderas y golpeando su interior. Con los brazos atados por encima de la
cabeza y sus piernas separadas, la sensación resultante fue la del placer de la
sumisión. Ella estaba completamente a su merced, totalmente bajo su poder, y lo
que es más, estaba disfrutándolo. Él la amaba y nunca le haría daño, de eso estaba
segura. Dara echó la cabeza hacia atrás y gimió, sus pechos se balanceaban con
cada rápida embestida.

—Habría ido al futuro para encontrarte, Dara —jadeó mientras empujaba—.


Te habría traído de vuelta y te habría atado a mí.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


Dara medio se rio, medio gimió.

—Yo no me habría quejado.

Momentos más tarde estaba corriéndose, sus músculos vaginales palpitaban


alrededor de su duro eje de acero.

—Sí, esposa —dijo con voz ronca—. Dámelo todo. —Ragnar se empujó
dentro de ella una vez, dos, tres veces más, y luego echó la cabeza hacia atrás,
mientras su semilla salía a borbotones dentro de su útero.

Un poco más tarde, cuando la pareja estaba abrazaba, Dara pensó de nuevo
en aquella noche de 2003, cuando había soñado con el Dios del Fuego. “No te
casarás con Paul, le había dicho, tendrás un hombre de verdad, un guerrero que algunos
podrían decir que incluso puede rivalizar conmigo.”

Dara sonrió. Loki había acertado en esa parte. Ragnar Valkraad era un Dios
del Fuego, si alguna vez hubo alguno.

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El Club de las Excomulgadas

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Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III
El Club de las Excomulgadas

Capítulo 15

Nueve meses más tarde

Aran, Selik y Sven se sacudieron la nieve de los abrigos de piel antes de


aceptar la invitación de Milla, la esclava de Ragnar convertida en hija adoptiva, a
entrar en la casa comunal. Milla, traída desde Sajonia como esclava a los trece
años, había permanecido en ese estatus durante un día entero antes de que Ragnar
y Dara la hubieran liberado y adoptado. Los hombres nunca había oído hablar de
una mujer pidiendo que un esclavo fuera liberado como su regalo de bodas, el
regalo dado a una esposa a cambio de su virginidad, sin embargo, esto fue

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


precisamente lo que la novia del futuro Jarl había solicitado y recibido.

Sven Haardrad se golpeó melodramáticamente el corazón con la mano.

—Me atrevería a decir que estas más bonita cada vez que te veo, Milla.
Tienes catorce años, ¿no? Catorce y casadera, me atrevo a decir. Yo… ¡ay! —Sven
se frotó el lugar de la cabeza donde acababa de ser golpeado por Ragnar, luego lo
fulminó con la mirada—. No te vi.

—Es obvio, tonto. —Rodeó con una mano el hombro de Milla—. Y no


casaré a mi hija mayor con un guerrero cargado con tres esposas.

—Tiene razón —dijo Selik con una sonrisa de oreja a oreja—. En su lugar,
él va a querer casarla conmigo.

—No, tonto —se jactó Arán— será de mi casa comunal de la que Milla será
la señora.

Milla se sonrojó y apartó la mirada. Ragnar carraspeó.

—Eso es dudoso. De todos modos, catorce años o no, mi esposa no oirá


hablar de matrimonio hasta que Milla alcance los dieciocho veranos.

120
El Club de las Excomulgadas
—¿Ah, sí? —aduló Aran—. ¿Y ella te gobierna tan fácilmente?

Ragnar sonrió.

—Sí.

Los guerreros se echaron a reír. Sven le guiñó un ojo a Ragnar, y luego le


hizo señas para que se apartara de su camino.

—Fuera, muchacho. Tengo bebés que conocer.

Ragnar sonrió mientras los guerreros desfilaban ante él, todos ellos yendo
directamente a la gran cámara con la chimenea más cálida. Allí, Dara se sentaba en

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


una silla tallada junto a sus padres, un bebé recién nacido en los brazos musculosos
de Erik y otro descansando en los más pequeños de Joran. Dara levantó la vista
cuando oyó al grupo de hombres aproximándose. Sonriendo, se puso de pie para
saludarlos.

—Adelante, Sven, Aran, Selik, hay agua miel justo ahí.

—No vinimos por agua miel —sonrió Aran— sino para ver el fruto de las
fértiles entrañas de Ragnar. ¿No es cierto, Selik?

—Sí. —Selik levantó una ceja mientras observaba a Milla—. Eso y otras
cosas.

Milla le contestó a su mirada intencionadamente apasionada con una


arrogante. Hecho eso, caminó hacia la silla de su abuelo, deteniéndose brevemente
en su camino para besar a su madre en la mejilla.

La risa de Erik resonó por toda la cámara mientras tiraba de Milla a su


regazo.

—Es muy evidente, muchacho, que necesitaras un truco mejor si esperas


ganarte el afecto de mi nieta.

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El Club de las Excomulgadas
Joran le guiñó a Milla cuando los demás en la sala rompieron a reír. Incluso
Selik se rió mientras aceptaba una jarra de agua miel de Myra.

—Sí, es evidente, mi señor.

—No seas codicioso —dijo Sven a su viejo amigo mientras se pavoneaba


junto a Erik—. Déjame sostener a un bebé. ¿Crees que caminé esta distancia en la
nieve para contemplar las cabezas pelonas y nada más? Tengo un brazo
extremadamente necesitado de un bebé.

—Y una cabeza extremadamente necesitada de un pensamiento —bromeó


Erik de buen grado—. Sí, cabeza hueca, sostén a mi nieto un momento, pero sólo
un momento, Joran y yo acabamos de llegar.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


—Me tomaré mi tiempo, te lo hago saber —fanfarroneó Sven mientras
alzaba al bebé arropado en sus brazos. Frotando el mechón de cabellos dorados de
la cabeza del bebé, él se echó a reír—. Este es definitivamente un Valkraad. Balder
tiene tus excesivamente grandes orejas, Erik.

—Sabes lo que dicen sobre el tamaño de las orejas de un hombre... —Erik


dejó la frase desvanecerse, mientras los otros guerreros se reían a carcajadas.

Dara golpeó a Sven en el brazo.

—¡Mi hijo no tiene las orejas grandes! —se rió—. ¡Es perfecto!

Ragnar vino por detrás de Dara y la rodeó con los brazos.

—Perfecto, sí, igual que su papá. —Dara puso los ojos en blanco mientras se
encontraba con la mirada de su marido, pero no discrepó. Sonriendo, Ragnar se
inclinó para besarle la punta de la nariz.

—Tengo las orejas grandes —anunció Selik mientras sus ojos se posaban en
una Milla ruborizada.

Erik se rió entre dientes.

122
El Club de las Excomulgadas
—Como ya he dicho, muchacho, estás extremadamente necesitado de
mejores trucos. —Él miró más allá de Selik y sonrió—. Ah, aquí viene mi cuñado.
Leif el Galán de Mozas quizás te dará algunos consejos.

Leif frunció el ceño mientras el cuarto se llenaba de risas. Era bien sabido
por todo el pueblo que sus esclavas Karil y Brenna lo agotaban día y noche. Esas
dos no se cansaban de su virilidad. Muchachas codiciosas, ambas.

—Dame un bebé —gruñó, ignorando eficazmente las bromas de su cuñado.

Joran se puso de pie para saludar a su hermano menor, besándolo


ligeramente en la mejilla mientras lo hacía. Dándole al bebé que sostenía, presumió
de su nieta.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


—Es una belleza, ¿verdad?

Leif aceptó de su hermana al bebé arropado y lo acunó en el valle de su


brazo. Él sonrió.

—Sí. Se parece a nuestra madre, Joran. —Leif miró hacia donde estaban
Ragnar y Dara—. ¿Qué nombre le pusiste, Ragnar?

Ragnar se dio cuenta que la pregunta había sido dirigida a él, porque era
costumbre entre los escandinavos que el padre pusiera el nombre a sus bebés. Sin
embargo, a insistencia de su esposa y de su madre, Ragnar había accedido a oír sus
sugerencias, y al final había decidido que era su nombre favorito también.

—Freya.

Leif asintió.

—Es un buen nombre. La diosa estará complacida.

Dara se mordió el labio. Le echó una mirada a Joran y compartieron una


sonrisa cómplice.

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El Club de las Excomulgadas
—Un muy buen nombre —murmuró Dara.

***

Dara se había tomado la explicación que rodeaba su llegada a tierras


Valksraad mucho mejor de lo que él se había esperado. Incluso habían compartido
una broma al respecto, mientras Ragnar le había relatado a su esposa su
descontento de que no se le permitiese tomarla por la fuerza. Fue todo lo que la
había salvado de que la montara en el río, él había bromeado. Dara le había
devuelto la sonrisa, pero también admitió que estaba contenta de que le hubieran
dado tiempo para acostumbrarse a él antes de que intimasen.

Le había sido concedido un día de respiro de los métodos lujuriosos que él

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


tenía. Sólo un día, se había reído ella, pero al menos fue un día. (Ragnar afirmó que
fue una malvada tortura que lo mantuviese alejado de su premio un día completo).

Y así fue como Dara Valkraad supo toda la verdad de por qué había sido
traída al año 820 y por qué fue entregada a Ragnar como esposa. No existían más
secretos entre ellos, ni existirían.

Ragnar gimió cuando la boca de su esposa se movió a lo largo de su eje.


Agarrándola por la nuca, él contuvo el aliento mientras observaba su erección salir
de entre sus labios y desaparecer una vez más en las profundidades de su garganta.

—Mmm, cariño. Sí. Así, justo así.

Dara lo provocaba con movimientos lentos, subiendo y bajando por su polla


con un ritmo pausado. Ragnar se colocó las manos detrás de la cabeza y disfrutó de
cada momento. Un rato más tarde, Dara aceleró el ritmo, tomándolo dentro de la
boca con avidez, mientras usaba las manos para masajearle el escroto.

Ragnar abrió los párpados, pesados por el deseo, para mirarla.

—Mmm. Sí. Ámame con la boca —dijo con voz ronca.

124
El Club de las Excomulgadas
Dara hizo justo eso, bajó y subió la cabeza rápidamente, masajeándole con
los dedos los testículos como a él le gustaba. Un momento después, el ronco grito
de la culminación de su marido resonó en el dormitorio mientras su cuerpo se
estremecía y su clímax le llenaba a borbotones la boca.

Dara levantó la cabeza y le sonrió.

—Te dije que esperar unas cuantas semanas antes de hacer el amor no sería
tan malo.

Él se echó a reír, secándose la frente con el dorso del brazo.

—Y tu señor marido aprecia la demostración. —Mostrando un súbito

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


arranque de energía, se levantó de un salto e invirtió sus posiciones, ahora Dara
estaba de espalda con los muslos separados. Ella sonrió.

Estirando el cuello un poco, su expresión se volvió seria.

—¿Eres feliz, Ragnar? ¿Los niños y yo te hacemos feliz?

Ragnar se quedó callado, sorprendido como estaba por la pregunta. La


expresión de su rostro no dejaba lugar a ninguna discusión.

—Nunca en mi vida había pensado ser tan feliz. Te amo, Dara.

—Y yo te amo, Ragnar.

—Bueno. Ahora contén tu lengua, muchacha, y deja que un hombre se


divierta. —Y con esas sabias palabras, su rostro desapareció entre sus muslos.

Dara suspiró con satisfacción, relajó los músculos y puso los brazos por
encima de la cabeza. Sonriendo hacia el techo, le dio un breve agradecimiento a
Freya, y a continuación se dedicó a la tarea, bastante importante, de disfrutar de los
servicios de su marido.

Oh, sí. Larga vida a los vikingos.

125
El Club de las Excomulgadas

Capítulo 16

Valhalla (El Salón de los Muertos)

Algún momento en el tiempo.

Frigg apretó los labios en un gesto de censura. Alzó el brazo hacia la escena
que se desarrollaba en la alcoba de los Valkraad mientras fulminaba a Freya con la
mirada.

—¡Bueno, al menos tú has ganado algo de esta condenada experiencia! ¡Una

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


hermosa niña dorada consagrada en tu nombre! —Ella carraspeó—. Y yo que
pensaba que Loki era el talentoso haciendo travesuras y molestando.

Freya levantó una ceja.

—¿Como tú, quizás?

Frigg frunció la boca.

—Me dan ganas de destrozar ese maldito abrigo de plumas en pedazos —


resopló—. Engañaste a Loki en la elección de Dara —acusó la reina diosa,
agitando el dedo hacia Freya—. Yo le tenía echado el ojo a una horrible sepulturera
con un lunar obscenamente grande con pelos saliendo de él, ¡pero Loki me aseguró
que Dara sería perfecta para el papel!

La diosa del sexo y la fertilidad sonrió lentamente. Ella miró la escena de los
dos mortales haciendo el amor y luego a Frigg.

—Creo que ambas ganamos esta vuelta, vieja amiga.

Frigg carraspeó.

—¿Ah, sí? ¿Y cómo?

126
El Club de las Excomulgadas
Freya colocó suavemente un brazo sobre los hombros de Frigg y luego hizo
un gesto hacia la escena de los mortales.

—Un hermoso niño llamado Balder en deferencia a tú amado hijo.

La barbilla de Frigg se elevó un poco. De mala gana, su temperamento cedió


un poco.

—Es bastante adorable —reconoció—. Incluso se parece un poco a Balder,


—admitió, su temperamento aplacándose más y más.

Freya sonrió.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


—Además, vieja amiga, era tu deseo mantener a Ragnar el Temido apartado
del Valhalla por muchas lunas. —Se lamió los labios mientras estudiaba la imagen
de los mortales una vez más—. Es seguro decir que lo has hecho. Has superado a
Odín en este asunto. No lo pienses más.

Frigg se rió, un sonido que la hizo parecer que tenía un par de décadas en
lugar de varios milenios.

—Sí, lo superé, ¿no es cierto? —Miró una última vez la escena, una sonrisa
traviesa cubriendo sus labios—. Ragnar el Temido es quizás el favorecido de Thor,
pero es obvio que desciende de alguien astuto.

Freya levantó una ceja.

Frigg movió las suyas.

—Dara Valkraad tiene razón. Él es un Dios del Fuego.

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El Club de las Excomulgadas

Epílogo
Cuyahoga Falls, Ohio, 2003

—¿Dara? ¿Dara? —Paul D'Abois frunció el ceño cuando entró en la casa


vacía. Había venido para poner fin a su compromiso. Le gustaba bastante Dara, y
suponía que a ella también le gustaba él, pero sabía en el fondo que casarse con ella
no era lo correcto para ninguno de los dos. Sería mucho más feliz con un hombre
más cercano a su edad. Él estaría mucho más feliz con varias mujeres más cercanas
a su edad. La fidelidad, simplemente, no estaba en sus genes. Le debía el ser honesto
sobre eso.

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


—¿Dara? —Distraídamente se rascó la barba bien recortada. Ella no se
encontraba en ninguna parte. Al principio estuvo un poco preocupado, pero algo
inexplicable en su interior le decía que ella estaba bien y feliz.

Él suspiró. Algo también le decía que nunca volvería a verla.

La sonrisa de Paul era tolerante y tranquila mientras caminaba hacia la


televisión que estaba encendida, preparándose para apagarla antes de irse. Había un
programa sobre una antigua reina vikinga en el History Channel.

...Un hecho interesante sobre la esposa del Jarl, dijo el presentador en su


monótono y sofisticado inglés, la leyenda rodea su llegada a las tierras Valkraad. La
creencia general fue que había sido enviada por los dioses y que era la clave para la
supervivencia, no sólo de su pueblo, sino que más tarde sus místicos creyeron que de todas las
personas. El cómo y el por qué no lo saben los historiadores, dado que los registros tan
antiguos son escasos.

Lo que es interesante notar, sin embargo, es que ella animó a su marido a construir y
a vivir bajo tierra tras una incursión Celta unos diez años después de su matrimonio... un
ejemplo muy temprano de búnkeres y refugios que los historiadores militares encuentran
intrigante. Los ancianos del clan creían que la reina vikinga, Dara, era una viajera del
tiempo...

128
El Club de las Excomulgadas
Los ojos de Paul se abrieron de par en par cuando una pintura de la reina de
cabellos y ojos dorados apareció en la televisión.

—Oh, Dios mío —murmuró. Un escalofrío le recorrió la columna


vertebral—. Oh, Dios mío.

Fin

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III

129
El Club de las Excomulgadas

Serie Viajes en el Tiempo


01 - Después de La Tormenta

Hoy en día la antropóloga Maya Jones ha


sido contratada por una universidad escocesa para
ayudar a descubrir y catalogar antiguas reliquias
dentro de una guarida secreta descubierta
recientemente en lo que fue el castillo MacGregor.
Desde el principio de su asignación, Maya se ha
sentido inexplicablemente atraída por las
referencias que pudo encontrar sobre el brutal clan
del siglo 14 y su misterioso laird Thomas
MacGregor.
Igualmente intrigantes para ella son las pinturas

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III


que hacen referencia a historias de la esposa de
McGregor, conocida sólo en la antigüedad como
Lady M. Las pinturas fueron gravemente
quemadas en un incendio fuera de control en el
castillo un par de siglos antes, pero Maya puede
hacer lo suficiente en los retratos dañados para suponer que, por extraño que
parezca, ella y lady M poseen el mismo pelo y color de ojos. Cuando un huracán
causa feroces estragos en la ciudad natal de Maya, descubre que ella y la señora de
características físicas similares no solamente son una simple coincidencia...

02 – Antes del Fuego

Los habitantes de la tierra siglo 25 se están muriendo.


Un virus letal cerebral está tomando una cifra de muertos
muy alta y le corresponde a un científico detenerlo. El
problema para la Dra. Kane Edmonds es que la única forma
de vida vegetal que cree que, es necesario para una cura
tiene mucho tiempo extinto, no reside en ningún otro lugar
dentro del sistema solar excepto el pasado de la Tierra. Kane
hace planes para cualquier contingencia, cuando se
compromete a viajar en el tiempo para encontrar la planta y
salvar vidas. Todas las contingencias, es decir, a excepción
de enamorarse. Cuando Kane se encuentra con George
Wyndom, el conde oscuro y temible de Blackmore, se
pregunta si alguna vez será capaz de dejarlo ir. Lo que Kane
no entiende es que no tiene voz en el asunto, el apuesto
conde está decidido a quedarse con ella. Este libro nos
cuenta la historia del nieto de varias generaciones alejadas
de Thomas Maya y MacGregor (Después de la Tormenta).

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El Club de las Excomulgadas
03– Dios Del Fuego

Él se acercó a ella en un sueño. Él le predijo un


marido. Ella viajaría más de mil años atrás en el tiempo
para ser reclamada por un famoso guerrero vikingo. El
guerrero le daría placeres que jamás había soñado. Él la
reclamaría. Marcándola. Poseyéndola. Ella nunca
podría dejarlo...

Pero, ¿quién dijo que ella quería?

Jaid Black - Dios del Fuego- Serie Viajes en el Tiempo III

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