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MISIONES

MISIONEROS
Y CAMPOS DE MISIÓN

ESTABLECIMIENTO Y DESARROLLO DE LA MISION


ALIANZA CRISTIANA Y MISIONERA
EN EL PERU

Miguel Ángel Palomino


I NTRODU CCI ON

Han pasado 66 años desde que los primeros misioneros de la Alianza Cristiana
y Misionera (ACM) llegaron para trabajar en el Perú, y al aproximarnos a las puertas
de un nuevo siglo, miramos el admirable trabajo realizado por estos hombres y
mujeres que vinieron desde otras latitudes listos para internarse en lugares inhóspitos,
con el fin de traernos la luz del evangelio. Cuando vemos lo que es la Alianza en
nuestros días, a lo largo y ancho de la nación, no podemos sino maravillarnos por todo
lo que Dios ha hecho a través de las vidas de tantos obreros que al comienzo tuvieron
la difícil tarea de sembrar la semilla en un ambiente sumamente hostil y hasta
peligroso. Pensando, por ejemplo, en Lima y la tremenda cosecha que Lima al
Encuentro con Dios significa, hoy se nos haría difícil visualizar lo que Ray Clark,
primer pionero aliancista en nuestra patria, dijo allá en los años ‘2O acerca de la
capital peruana “Lima posiblemente es la ciudad católica más fanática de la costa
oeste de América del sur”1. Sin duda, aquellos tiempos fueron difíciles y tensos, donde
misioneros extranjeros y nacionales sufrieron insultos, humillación, apedreamientos,
injusticia y marginación. Sin embargo, se hizo misión en estas tierras y ahora nosotros
estamos segando lo que otros sembraron con lágrimas años atrás (Sal.126:5 – 6).

Ciertamente, predicar la Palabra fue sólo una parte de la tarea misionera puesto
que misionar no sólo significa evangelizar sino también educar. En tal sentido, no
podemos dejar de observar la influencia que los misioneros tuvieron sobre los primer-
os líderes nacionales, y la forma en que su filosofía de trabajo sentó las bases y
moldeó lo que ahora es la Iglesia Alianza en el Perú. Por varias generaciones nuestros
pastores aprendieron de los misioneros el arte predicar y pastorear, y también como
administrar y dirigir una iglesia. De ahí que muchas de nuestras prácticas y
costumbres cúlticas encuentren sus raíces en aquellas que los misioneros trajeron de
sus propios países. Naturalmente, luego de seis décadas de presencia misionera vale
preguntarnos en qué etapa de desarrollo se encuentra la iglesia nacional, cuál es la
relación que existe entre misioneros y líderes nacionales, cuál es el futuro de la misión
ACM en el Perú, y qué hemos aprendido sobre la tarea misionera ahora que la Alianza
peruana está empezando a mandar misioneros al interior y fuera de nuestro país.

Empezaremos revisando algo de la historia de nuestra denominación en estas


tierras con el fin de entender su formación y evolución, las premisas y estrategias
sobre las cuales los primeros misioneros trabajaron, y el papel que desempeñaron y
siguen desempeñando en la formación de nuevas iglesias y en la educación teológica.
A medida que avancemos en este recorrido misiológico, iremos señalando los puntos
que a nuestro criterio han afectado tanto positiva como negativamente a la iglesia
nacional. De este modo estaremos en condiciones de evaluarlos a la luz de una
relectura de las Escrituras, del evangelio cuádruple, y de la situación socio-política-
económica en que vive nuestra nación actualmente.

Se ha dicho que un pueblo que no conoce su historia es un pueblo sin raíces. Y


si en algo este breve trabajo, escrito por un obrero nacional ganado para Cristo por
una pareja de misioneros, nos sirve para conocer el pasado de nuestra denominación
aquí en el Perú, entonces nos sentiremos satisfechos y agradecidos a Dios por
contribuir en parte de la formación de Su Iglesia. Recordemos que el Señor sigue
haciendo historia en nuestra patria y también misiones para extender Su Reino, y que
cada uno de nosotros somos instrumentos de ese proceso histórico-misiológico divino.

Para terminar, deseo expresar mi profunda gratitud a la oficina central de la


Alianza Cristiana y Misionera en Colorado Springs, Colorado, por su gentileza en
permitirme investigar en los archivos generales del Perú y darme amplias facilidades
para usar la Biblioteca Histórica Simpson. Sin ese apoyo, mucho de este trabajo no se
hubiera realizado.

M.A.P.A.
Lima, Agosto 1991
TRAB AJOS PI ONER OS

Los primeros intentos aliancistas por abrir obra en Perú, y en América del Sur,
se remontan a 1893, cuando la ACM pagó los pasajes para que el británico Charles
Bright viniera al país para hacer los primeros contactos 2. Bright venía bajo un convenio
especial con la ACM y lo hizo acompasado por otras dos personas con el fin de
explorar nuevos caminos no sólo para la Alianza sino también para otras agencias
misioneras interesadas en empezar un trabajo en esta parte del continente.

Una vez en el Perú, Bright escogió Trujillo como su base de operaciones de


donde esperaba no sólo incursionar en nuevos territorios sino también evangelizar el
resto de la nación3. La tarea no iba a ser fácil pues sus primeros informes no sólo
hablaban de sus esperanzas por alcanzar las tribus aborígenes de la selva, sino
principalmente de la hostilidad del catolicismo romano. Esa apreciación seria
corroborada más tarde por su acompañante Arnold, quien al informar sobre su trabajo
pionero en Huancayo decía que la iglesia católica romana era muy fuerte, pero que sin
embargo por alguna razón la gente joven de esa región y zonas aledañas preferían la
presencia de los misioneros protestantes 4. Los años siguientes no fueron mejores y los
informes de Briqht y sus amigos en verdad mostraban poco progreso. Fue entonces
que para 1990 la Alianza decidió dejar este esfuerzo momentáneamente puesto que
hasta la fecha no había logrado establecer ninguna presencia sólida en el país.

Que la iglesia romana era poderosa y contraria a la labor misionera evangélica


nadie lo dudaba. La propia Constitución de la República prohibía cualquier otra religión
que no fuera la católica romana, pues a la letra el artículo 5 decía: “La religión del
Estado es la Católica Apostólica y Romana, y el Estado la protege y prohíbe el
ejercicio público de cualquier otra”5.Fue debido a esta ley que encarcelaron al colportor
bíblico Francisco Penzotti en 1890, cuando un sacerdote lo acusó de haber violado la
Constitución al celebrar cultos públicamente 6. Y fue también por temor a la misma que
los pocos evangélicos que se reunían casi clandestinamente en ese entonces, sólo
tenían unos seis o siete lugares que en todo el país donde celebraban servicios
evangelísticos7.

Esta situación llevó al misionero Juan Ritchie y otros, a hacer un pedido formal
al Senado de la República en 1913, con el fin de que se cambiara esa ley que era
totalmente injusta para la población que no profesaba la religión del Estado.
Aprovechando un incidente sucedido con un grupo de indígenas del sur del país que
habían sido agredidos por una turba dirigida por el clero romano, los evangélicos
presentaron un proyecto para anular dicha cláusula de la Constitución. Después de
dos años de ardua lucha, por fin el Congreso aprobó el pedido un 23 de octubre de
1915, quedando entonces el articulo como sigue: “La religión del Estado es la Católica
Apostólica y Romana, y el Estado la protege.”

Esta nueva situación dio más libertad a los evangélicos y abrió las puertas para
que otras organizaciones misioneras vinieran al país. Naturalmente, la iglesia romana
nunca estuvo de acuerdo con ello. Fue así que en 1931, los obispos del Perú se
reunieron para discutir el mal trato que según ellos venían recibiendo por parte del
gobierno. Declararon entonces, que la unidad religiosa del país se había roto en 1913
cuando “se permitió que sectas heterodoxas pudieran adorar en público”, y protestaron
contra “el intento de igualar la religión católica con otras religiones”, pidiendo además
que el artículo en cuestión permaneciera en vigencia 8.

Afortunadamente, la libertad de culto continuó y la población evangélica siguió


reuniéndose libremente en todo lugar. Sin embargo, en 1945, el presidente del Perú
Manuel Prado firmó un decreto por el cual prohibía a los protestantes celebrar sus
reuniones fuera de sus templos. Esto trajo consecuencias negativas porque acrecentó,
más todavía, los problemas de persecución e injusticia contra la iglesia evangélica.
Felizmente, aquel funesto decreto se revocó en 1963 y desde entonces gozamos los
mismos privilegios que cualquier otro ciudadano peruano. La Constitución de 1978
ratifica dicho derecho, pues es más clara e imparcial aún al decir que el Estado no
ampara ni protege a ninguna religión en particular, concediendo así iguales derechos a
todos. De cualquier modo, vale la pena recordar que el camino recorrido para llegar
hasta este punto no fue fácil, porque costó el esfuerzo, dedicación y oración de
muchos creyentes.
ESTABL ECI MI ENTO EN EL PERÚ

La década de los ‘2O fue un tiempo de mucha agitación política, social y


también religiosa en el país. Quizás lo más saltante sucedió en 1923 cuando el
presidente Augusto B. Leguía, en un aparente intento por ganar la simpatía de la
iglesia católica romana para su régimen, decidió dedicar al Perú al Sagrado Corazón
de Jesús. La respuesta de los liberales, que también eran anticlericales, no se hizo
esperar. Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del APRA y líder del nuevo
movimiento liberal, logró movilizar a estudiantes, profesionales y trabajadores en
marchas y huelgas de protesta en contra de ese proyecto. La lucha fue dura, pero al
fin lograron que el gobierno desistiera de su propósito. Como consecuencia, muchos
fueron arrestados y otros, como el mismo Haya de la Torre, deportados a Panamá 9.

Ese mismo año, un 18 de agosto, el misionero Ray Clark dejaba el Brasil para
dirigirse a Iquitos. Su misión era explorar aquella región con el fin de que la ACM
estableciera definitivamente una obra en el Perú. Después de viajar 29 días por el río
Amazonas, llegó a esa ciudad el 16 de setiembre y de inmediato empezó su tarea 10.
Pronto descubrió que en Yurimaguas había una misión católica subsidiada por el
gobierno, que estaba allí para “cristianizar” a los indígenas que vivían en las márgenes
de los ríos Morona y Santiago, pero que hasta ese entonces no habían hecho nada por
cumplir ese propósito. También encontró otro grupo de sacerdotes en las zonas de los
ríos Tigre y Pastaza, que tenían miedo de trabajar con las tribus de esa región porque
muchas eran salvajes y traicioneras, como los Huambisa, que no hacia mucho habían
arrasado con una guarnición y una misión católica 11. Todo eso le hizo ver la tremenda
necesidad que había de alcanzar esos grupos aun a pesar de las dificultades y riesgos
que ello implicaba. Su viaje se extendió por todo el río Napo, llegando inclusive hasta
el Ecuador, lo cual le dio un panorama amplio no sólo de la situación religiosa de esa
región, sino también de las condiciones socio-económicas en las que vivían los
nativos, pues eran tratados como esclavos por los blancos caucheros. Una vez
concluidos sus viajes, hizo un informe detallado de todo lo que había visto y oído,
dando cuenta con mucho cuidado y precisión de los lugares que había visitado, el
tiempo que había permanecido allí y la forma en que había llegado. La sede de la ACM
que en ese tiempo estaba en Nyack, New York, recibió todas sus sugerencias y
decidió trabajar en base a ellas.

Puesto que el principal propósito de la Alianza era trabajar entre los nativos de
la selva12, en 1925 llegaron a Lima cuatro jóvenes misioneros que servirían entre los
Campas. Al año siguiente, un 22 de agosto, juntamente con Ray Clark, estos nuevos
misioneros se establecían en Cahuapanas, cerca de Iquitos, listos para empezar su
tarea13. Aquí la Alianza permaneció hasta 1934, fecha cuando entregó esa obra a la
Unión Misionera para el Interior de Sudamérica que venia trabajando en Iquitos desde
1926. La razón de esta decisión era simplemente logística: la ACM había preferido
concentrar todos sus esfuerzos en la Sierra central y prácticamente no tenía obra en la
ciudad de Iquitos misma, lo cual significaba que para comunicarse con Cahuapanas
tenía que hacerlo vía Lima-Iquitos lo cual resultaba un tanto problemático.
El hecho de que a Clark oficialmente se le había designado una zona de trabajo,
no impidió que siguiera viajando por todo el país observando la labor misionera y
viendo en que lugares no había presencia evangélica de modo que la ACM pudiera
empezar una obra. Si consideramos que en esos tiempos no había las facilidades de
transporte y caminos que hay ahora, y que la mayor parte de los viajes tenían que
hacerse a lomo de bestia o a pie, entonces lo que hizo Clark como “explorador” resulta
asombroso y fascinante. En un informe que envía a las oficinas de la misión en Nyack
en 1925, da cuenta del trabajo que otras agencias misioneras venían realizando en el
país, y culmina diciendo que el énfasis de los nazarenos y de la EUSA era
principalmente evangelístico, mientras que el de los metodistas y de la Iglesia Libre de
Escocia era fuertemente educacional14.

Junto con ese informe, Clark presentó otro dando algunas sugerencias para
elegir un lugar en la sierra central donde la ACM pudiera establecerse. Ahí Clark
señala las regiones de Ayacucho-Huancavelica y Huánuco-Ancash como posibles
lugares, pero descarta la primera por su extremo fanatismo, habiéndole impresionado
especialmente la ciudad de Ayacucho a la que describe en los siguientes términos:

En Ayacucho no hay menos de 37 iglesias además de conventos. Me


dijeron que la mayoría de casas y tiendas pertenecen a los conventos y
que los pagos de alquileres tienen que hacerse a los sacerdotes.
Encontramos que es una ciudad completamente dominada por ellos y
extremamente fanática. Aun las clases no religiosas muestran pocas
señales de apertura de mente y parecen ser contrarias a todo lo que sea
protestante. No encontramos ningún amigo... Aquí Roma tiene la
supremacía, y continuará así hasta que más caminos se abran y la
actividad comercial se incremente. Cuando así suceda, las tendencias
liberales crecerán y la gente llegará a ser más libre... Unos seis años
atrás, un misionero nazareno trató de hacer una gira de predicación por
Ayacucho, pero tuvo que escapar para salvar su vida. También me
dijeron que los Adventistas fracasaron en su intento de abrir una obra
aquí15.

A diferencia de Ayacucho, Clark encontró que Huaraz y Huánuco estaban más


abiertas al evangelio y las recomendó fuertemente, al punto de sugerir que se trabaje
en las dos ciudades simultáneamente. Asimismo, enfatizó que la oficina central
debería estar en Lima, ya que la capital disponía de todas las comodidades para hacer
un trabajo a gran escala. La ACM desde Nyack aceptó las sugerencias y fue así que
también entró a trabajar en Huánuco el 6 de junio de 1926, cuando esa ciudad tenía
una población de 4,000 habitantes 16, y bajo una fuerte “oposición del clero romano y
de cierta parte de la población 17.” En esos días, Juan Ritchie, misionero encargado de
la misión EUSA (Evangelical Union of South America) y presidente del Comité sobre
Cooperación en el Perú, había sugerido que la ACM converse con la junta de EUSA a
fin de quedarse con la zona de Huánuco que ofrecía grandes posibilidades para el
evangelio18. Fue entonces en 1928, que la ACM firmó un convenio con Ritchie, donde
se establecía que toda esa región y zonas aledañas quedaban bajo el control de la
Alianza a fin de ayudar en la formación de iglesias de la IEP (Iglesia Evangélica
Peruana)19. Este compromiso se disolvió en 1954, cuando ambas organizaciones
decidieron separarse debido a diferencias en filosofía de trabajo.

Mantener dos bases de acción, Iquitos y Huánuco, requería abrir una oficina
central en Lima a fin de mantener comunicados a esos dos centros. Es entonces que
en 1930 la ACM decide entrar oficialmente a la capital, “no para abrir obra, sino para
facilitar los procesos administrativos de la misión 20.” Pasarían más de 20 años antes
que la Alianza cambiara su forma de pensar y una pareja de misioneros, Merle y
Thelma Sluyter, abriera las puertas de su casa para empezar la primera iglesia de la
Alianza en Lima.

Justamente, hablando de los inicios de la ACM en el país, Sluyter había dicho


que la Alianza había “entrado en el Perú por la puerta trasera 21”. Indudablemente se
refería al hecho de que la misión había escogido la selva para empezar su labor, en
lugar de Lima, lo que hubiera parecido más lógico si tomamos en cuenta que las
ciudades capitales de Latinoamérica concentran más gente y casi toda su actividad
política y económica de una nación.

¿Por qué la ACM actuó con una mentalidad netamente rural? Debemos
recordar que los últimos años del siglo XIX se caracterizaron por una “explosión
misionera” bastante peculiar, como resultado directo del Movimiento de Santidad que
se venía desarrollando en Norteamérica. Los grandes pioneros del trabajo misionero
de ese siglo, tales como David Livingstone, J. Hudson Taylor, Adoniram Judson y
otros, habían impactado fuertemente en las vidas de hombres como Alberto Benjamín
Simpson, quienes empezaron a concebir las misiones sólo en términos de selvas
vírgenes a donde había que ir para rescatar las almas de los nativos incivilizados. Fue
así que Simpson funda su propia organización, La Alianza Evangélica Misionera
(The Evangelical Missionary Alliance), en 1887, y muchos otros hacen lo mismo
empezando así una nueva corriente misionera conocida como misiones
independientes de fe22, que mandaría misioneros a los rincones más apartados del
mundo. En él caso de la ACM el esfuerzo fue admirable puesto que para 1893 tenía
180 misioneros trabajando en el Congo, Sudán, India, China, Japón, Bulgaria,
Palestina, Alaska, Haití y República Dominicana 23, y como dijimos anteriormente,
empezaba a hacer sus incursiones en América del Sur por medio del británico Charles
Bright. Considerando todo esto no es de extrañarse entonces que el objetivo principal
de la ACM fuera misionar entre los nativos selváticos del Perú.

El enfoque rural que la Alianza tuvo al comienzo, y el convenio firmado con


Ritchie en 1928, quizás explican el porque de la demora en abrir obras tanto en Lima
como en otras ciudades importantes del país. Si tomamos en norte, notaremos que no
fue sino hasta 1954 que los esposos Lofsted entraron a la hermosa y pujante ciudad
de Trujillo, donde alquilaron un local que antes había servido como tienda, para
empezar a trabajar. Por 14 años esa iglesia fue atendida sólo por misioneros quienes
la vieron crecer poco a poco. Luego de comprar un terreno en un barrio más o menos
céntrico y dejar una membresía que podía mantener un pastor nacional a tiempo
completo, se retiraron a otro lugar 24. Fueron los esposos Alejandro y Laura Montes
quienes se encargaron de llevar adelante esa iglesia, consolidando de esa manera la
obra en esa ciudad.
En el caso de Lima, fue recién en 1957 que la misión destacó a una pareja de
misioneros, los esposos Opperman, para que continuaran el trabajo que Merle y
Thelma Sluyter habían empezado en su casa dos años antes 25. En 1960, a falta de
liderazgo nacional que pudiera tomar la obra en Lima, los esposos D’Amico de
Argentina, fueron invitados a pastorear esta congregación que acababa de comprar un
local en la Av. Arequipa, distrito de Lince. Obviamente, la razón de esta falencia estaba
en el énfasis rural de la Alianza que hasta ese momento sólo había preparado gente
para trabajar en provincias mas no así en ciudades. Remediar esta falta tomó años,
pues si miramos la historia de la Iglesia de Lince veremos que los próximos pastores
después de D’Amico también fueron extranjeros. Así, Manuel y Liliana Gatica vinieron
de Chile para reemplazar a los D’Amico, quedando en la iglesia desde 1964 hasta
1970. A la renuncia de éstos, la misión tomó el intinerato por dos años, 1971 y 1972.
Luego vinieron los argentinos Alfredo y Alcira Smith quienes pastorearon desde
febrero de 1973 a 1980. Y es recién en ese año que el pastorado lo asumió un
peruano, el arquitecto Humberto Lay, quien permaneció allí hasta agosto de 1987. A
su salida, otro peruano tomó la iglesia, José Chávez, quien hasta la fecha continúa
como pastor titular.

Otras ciudades importantes del sur, como Arequipa por ejemplo, no se tocó en
parte por el convenio firmado con Ritchie y porque ya habían otras organizaciones
trabajando en esa región. Fue recién a comienzos de los ‘80 que la Alianza empezó
una labor en esa ciudad. Y respecto a ciudades del centro, como Huancayo que es el
eje comercial de la sierra central, no se entró sino hasta fines de los ‘60 por intermedio
del misionero Fred Smith, quien tomó un pequeño grupo de creyentes que habían
mostrado interés por afiliarse a la ACM. Cuando Smith salió de esa región, dejó la obra
en manos del nacional Julio Vílchez quien continuó con el trabajo unos años más.

El cambio de estrategia de un trabajo netamente rural o otro urbano es digno de


anotarse porque la ACM en la última década ha optado por retirarse totalmente de los
pueblos pequeños y zonas rurales, para centrarse principalmente en las grandes
ciudades bajo el programa Encuentro 26. Ya en 1957 el misionero Kenn W. Opperman
llamaba la atención a la necesidad de mirar las grandes ciudades, como Lima, porque
en ellas, decía él, se vislumbraba el futuro de la obra nacional. Las razones
misiológicas para tal propuesta se basaban en tres puntos:

Primero, porque el método paulino fue establecer iglesias en los grandes


centros poblado y de allí alcanzar los pueblos circundantes. Esta Lima es
la ciudad más grande del Perú. Segundo, en Lima viven personas de
cada departamento y provincia del país. Mensualmente llegan a esta
ciudad un promedio de 1,500 personas de todas partes. Si llegamos a
ellos habremos hecho mucho para alcanzar sus propios pueblos con el
evangelio. Tercero, toda el poder del Perú se concentra principalmente
en Lima, y si nosotros podemos alcanzar la clase media de esta ciudad,
más tarde ellos serán los que sostendrán económicamente la
evangelización del país entero27.

La clara visión y estrategia urbana de Opperman no pudo concretarse en su


totalidad en esos años, debido a que la fuerza de la Alianza todavía estaba dispersa
entre diversos pueblos del interior del país y no necesariamente concentrados en una
ciudad en particular. Años más tarde, sin embargo, con el nacimiento del movimiento
Lima al Encuentro con Dios28, parte de ese sueño misiológico se hizo realidad, pues
al concentrar todos los recursos humanos y monetarios en una iglesia de la capital,
ahora vemos que otras ciudades de la nación y también del continente han sido
afectadas por el evangelio. Lo único aún que falta por comprobar es que la gente de
clase media que asiste a las iglesias aliancistas, puedan también apoyar
económicamente el avance misionero que se está empezando a realizar.
CONSOLI D ACI Ó N Y EXPANSI ÓN
La década de los ‘20 había concluida y la Alianza prácticamente ya venía
trabajando en las tres regiones del Perú, y ahora entraba en los ‘30 lista para
consolidar su obra. Por otro lado, la iglesia católica romana estaba un tanto
desconcertada porque el 4 de octubre de 1930, un decreto ley dado por el gobierno de
Sánchez Cerro, declaraba que el matrimonio civil era el único matrimonio válido en la
República. Hasta ese entonces sólo se aceptaba el matrimonio religioso y,
naturalmente, el clero romano no se quedaría tranquilo sin hacer nada frente a esa
nueva disposición. El año siguiente era año de elecciones y otro decreto ley dado el 26
de mayo de 1931, privaba a los sacerdotes del derecho a votar en esa legislatura
nacional. Inmediatamente la iglesia romana protestó, pero el gobierno no hizo caso a
sus reclamaciones. La situación política estaba muy tensa y se empeoró con la
revuelta aprista de 1932 en Trujillo, la cual dejó muchos muertos, detenidos y al APRA
lo llevó nuevamente a la clandestinidad. A ese momento de convulsión se sumó otro
hecho lamentable, el asesinato por manos desconocidas del presidente Sánchez Cerro
ocurrido en abril de 1933. El país quedaba así sumido en una tremenda crisis social.

Aun cuando el ambiente estaba muy cargado, la iglesia evangélica prosiguió en


su misión de sembrar la Palabra. Por su parte la ACM continuaba enfatizando la
evangelización y la capacitación de líderes, trabajando en estrecha colaboración con
EUSA debido al contrato firmado con Ritchie en 1928 29. Tal como dijimos
anteriormente, por este convenio la Alianza tomaba todo el departamento de Huánuco,
parte de Junín y Ancash30, el norte del departamento de Lima y parte de la misma
capital, bajo el compromiso de trabajar levantando iglesias para la IEP 31. La labor de
los misioneros se centró entonces en desarrollar convenciones regionales e institutos
bíblicos de períodos cortos, lo cual les llevó a desarrollar su radio de acción de la
región nor-centro hasta casi el lago Titicaca en el sur, lo cual incluía unos 160 grupos e
iglesias organizadas agrupadas en presbiterios. Aquel esfuerzo terminó por llevarlos a
concebir la creación de un instituto bíblico formal que pudiera servir a las necesidades
de la iglesia en todo el país. Fue así que en 1933 se fundó el Instituto Bíblico Peruano
(IBP) en Lima, teniendo a EUSA y la ACM como entidades auspiciadoras, y cayendo la
responsabilidad de la dirección en Ray Clark. El propósito principal de este instituto era
servir a toda la comunidad evangélica, sin limitarse a ninguna región o grupo en
particular. Funcionaba sobre la base de una cooperación espontánea entre las varias
organizaciones que laboraban principalmente en Lima, y que tenían el deseo de
preparar gente de cualquier denominación para el servicio cristiano 32. Años más tarde
el IBP se convertiría en Seminario Evangélico de Lima, y a mediados de los ‘80
pasaría a ser la Escuela Superior de Teología de Lima que hasta hoy viene operando
en el distrito de La Molina.

Si bien la obra iba avanzando lentamente en esos primeros años, la violencia y


los choques con la iglesia católica romana se acrecentaban rápidamente. Sin duda,
sobrevivir en medio de un ambiente religioso tan hostil fue la prueba más dura que la
iglesia evangélica tuvo que pasar al comienzo. La Alianza en Huánuco experimentó
varios incidentes de este tipo que ilustran muy bien tanto la actitud del clero como de
los fieles romanos de esos días. Uno de esos hechos lamentables sucedió en 1928,
unos días antes de Semana Santa. Una turba enardecida quiso interrumpir los cultos
que la ACM estaba llevando a cabo con el ex-sacerdote español convertido a Cristo,
Rev. Manuel Garrido Aldama. Usando la emisora local, el obispo de Huánuco había
prohibido a la gente asistir a tales reuniones arguyendo que Dios estaba en contra de
todo ello. En vista que muchos no hicieron caso de su llamado, el sacerdote convocó a
toda la población tocando las campanas de la iglesia, con el fin de ordenarles que
interrumpieran el culto evangélico. En vista de ello la policía intervino, y al día siguiente
el Prefecto citó a Clark y Aldama para pedirles que suspendieran su actividad porque
el pueblo estaba muy alterado. Eso era cierto, pues por todas partes se podían ver
afiches invitando a los “católicos fieles a salir el sábado por la noche para defender su
religión de los protestantes, quienes eran gente sin Dios y sin patria 33.” En vista de
tales hechos, la Alianza sabiamente decidió cancelar su campaña.

Un segundo caso sucedió en el pueblo de San Pedro en 1 de diciembre en la


noche del mismo año. Los misioneros Clark, Volstad y Steiner iban para tener un
servicio en ese lugar cuando vieron que un grupo de personas empezaron a juntarse
no sólo con intenciones de interrumpir la reunión sino también de apedrearlos. Los
creyentes se encerraron entonces en la casa donde iban a tener el culto, y desde allí
escuchaban los gritos, insultos y voces reclamando a los “gringos” para matarlos. La
policía tuvo que actuar de inmediato y unos 25 soldados se encargaron de dispersar a
la multitud de modo que los misioneros pudieran salir libremente. Cuando se hicieron
las confrontaciones, uno de los detenidos, el presidente de la Sociedad Católica,
confesó que el obispo les había ordenado usar palos para atacar a los protestantes. Y
cuando este hombre regresó para decirle al sacerdote que la policía había llegado, el
obispo le dijo: “tu obligación fue cumplir mis órdenes y atacar a los protestantes, y
también a los soldados si fuera necesario34.” Más tarde el propio Clark tuvo que viajar a
Lima para pedir personalmente a las autoridades del gobierno algún tipo de protección
que les garantizara la seguridad de sus vidas, la cual le fue asegurado.

Podríamos seguir mencionando más incidentes parecidos donde el fanatismo


de las masas, exacerbado por el furibundo celo del clero, prácticamente puso en
peligro la vida de muchos pioneros aliancistas. Tal es el caso de Teófenes Cifuentes,
quien perdió el ojo izquierdo a consecuencia de un apedreamiento sufrido en Punchao,
Huánuco, en 1936. Junto con él otros más sufrirían, como Encarnación Sánchez,
Samuel Sáenz, Juan Espinoza y también algunas mujeres, siendo la anciana
Francisca Infante el ejemplo más dramático, pues durante la Convención de
Tayabamba de 1939, un fanático quiso arrojarla a un abismo ya que según él, esta
creyente era una bruja35. A pesar que la policía era conciente de estos ataques y
atropellos, y aun tenía detenidos, las investigaciones quedaban truncas y los culpables
nunca fueron castigados. Tal vez la razón estaba en lo que Volstad le dijo un día a
Clark en una carta personal: “me temo que hay mucho dinero y poder sacerdotal
detrás de los criminales como para que los pobres hermanos ganen 36.”

La década de los ‘30 terminaba con las elecciones nacionales en 1939, donde el
pueblo eligió como presidente a Manuel Prado Ugarteche, banquero de la élite limeña
quien siguió una política bastante conservadora. Los evangélicos seguían gozando de
libertad religiosa, pero eso terminó en 1954 cuando Prado firmó un decreto ley
restringiendo cualquier servicio que no sea católico romano a sus propios locales. Esta
nueva situación más el convenio con Ritchie, hizo que los años ‘40 y ‘50 sean tiempos
de decisiones para la ACM, donde tanto misioneros como nacionales empezarían a
forjar su propia identidad como denominación en el Perú. Específicamente esto se
definió en 1954, cuando la Alianza decidió separarse de la IEP debido a algunas
diferencias tanto en doctrina como en trabajo, que habían surgido algunos años atrás,
las cuales hacían que las relaciones entre ambas entidades sean muy tensas 37.
Ciertamente esta división trajo mucho retraso a la obra en general, además que
enemistad a los líderes de ambas denominaciones al punto que por algunos años
siguieron mirándose con recelos y poca simpatía. Felizmente el tiempo ha borrado
dichas enemistades y las nuevas generaciones han crecido libres de prejuicios y
antipatías, y hoy se puede apreciar las buenas relaciones que ambas iglesias
mantienen y el apoyo mutuo que se brindan cuando la ocasión así lo pide.

Después de esa experiencia traumática, la Alianza tuvo que actuar rápido


porque la división les había costado la pérdida de más del 35% de sus miembros en
todo el país38. Fue entonces que se dedicó exclusivamente a consolidar su obra en la
región de Huánuco donde la mayor parte de las iglesias habían decidido quedarse con
la ACM. Es prácticamente a partir de esta fecha, que la Alianza se aventuró a abrir
nuevas obras en Lima (1955), Chimbote (1957), Iquitos (1957), Huacho (1964) y otros
lugares más. Pero también es interesante notar que desde ese momento la Alianza se
encerró en un trabajo netamente denominacional, cortando toda colaboración con
otros grupos que antaño la habían caracterizado. Esa actitud fue mal vista por otras
iglesias, especialmente en Lima, que miraban a la ACM con extrañeza, y la tomaban
por un grupo de élite. Felizmente esa imagen un poco “sectaria’ ha ido borrándose
desde comienzos de los ‘80, cuando pastores y misioneros aliancistas empezaron a
colaborar con otras organizaciones evangélicas, y las iglesias de la Alianza que tenían
templos grandes permitieron que otras denominaciones utilizaran sus instalaciones
para reuniones especiales. Sin duda, este tipo de ecumenismo evangélico ha
fortalecido más aún la presencia de la ACM en Lima y otros lugares, y ha servido para
que sus miembros puedan entender que la Iglesia del Señor es mucho más grande y
multiforme que nuestra denominación.
FI LOSOFÍ A DEL TRABAJO MI SI ONER O

Cuando hablamos de la filosofía que siguieron los primeros misioneros en su


trabajo, tenemos que entender que no había un patrón aliancista que los identificara,
puesto que muchos de aquellos pioneros sólo tenían en mente la evangelización de
los pueblos y no tanto la doctrina de la ACM como denominación. Es más, la Alianza
por estar viviendo una etapa de fervor misionero, no se detenía mucho en el trasfondo
eclesiástico de sus futuros misioneros, sino que lo único que pedían era el compromiso
de cumplir fielmente la Gran Comisión. Una muestra de ello es que tanto Charles
Bright como Ray Clark venían de los Hermanos Libres 39, pero que sin embargo fueron
los primeros que la ACM envió al Perú. Sin duda, fue este celo evangelístico lo que
hizo posible que desarrollaran una tremenda labor en los primeros años, pues en 1933
estaban por organizar 6 nuevas iglesias, en 1937 ya existían 15 iglesias y 50 grupos
que se sostenían solas, y habían organizado 5 presbiterios sólo en el departamento de
Huánuco40.

Todo esto hizo que la ACM abandonara “el enfoque institucional con que había
comenzado y, juntamente con la EUSA, se entusiasmara por los llamados Principios
de Autoctonía41. ¿Qué eran los Principios de Autoctonía? Era todo un movimiento
que se generó en el seno de las iglesias misioneras a principios de este siglo. Nació
cuando Sidney J. W. Clark publicó una serie de trabajos que proponían cierta
metodología para la formación de iglesias nacionales en los campos misioneros. Clark,
quien había sido un hombre de negocios en Londres, había pasado muchos años
estudiando e investigando los métodos misioneros usados en el siglo pasado para
formar iglesias. Luego, visitó África, India, Birmania, Malaya, China y otros lugares
más, con el fin de entrevistar a misioneros y conversar sobre las iglesias nacientes.
Con toda esa información obtenida, escribió el libro La Iglesia Rural y el Cristianismo
Autóctono (1913), que luego volvió a reimprimirse con el título más sugestivo de La
Iglesia Autóctona. Sus propuestas llegaron a ser tan populares en los círculos
misioneros que aun antes de ser probadas en el campo, empezaron a aparecer en
otros panfletos también.

¿Cuál era el método propuesto por Clark? Que todo misionero debería
dedicarse a un previo evangelismo en los distintos pueblos de la región a la que
estaban asignados. Esto debería hacerse en un esfuerzo coordinado de alfabetización,
atención médica y evangelización. Una vez formado el grupo de personas interesadas
en la Palabra, los misioneros deberían dejarlos a la guía de Dios y en manos de
líderes laicos voluntarios para que continúen la tarea42. La fórmula que sintetizaba esta
forma de misiología era: que la iglesia debía ser capaz de auto-sostenerse, auto-
gobernarse y auto-reproducirse una vez organizada.

Por cierto, habían otros enunciados más en la estrategia de Clark que


explicaban mejor estos principios, como por ejemplo, que todo misionero debería
hacer evangelismo pionero y no trabajo pastoral; que la misión no debería imponer
ninguna carga pesada que la iglesia nacional no pudiese llevar; y que el
misionero debería ser sólo un “factor transitorio” en el campo, de modo que
sean nacionales quienes lo reemplacen y no otros misioneros. Esta metodología
transformó la tarea misional de esa época, pues de una y otra manera fueron
experimentados por las agencias misioneras. Algunos los aplicaron concientemente, y
otros, como Ritchie, lo hicieron intuitivamente motivados y llevados por el fervor de la
obra en la que estaban comprometidos 43. En el caso de los misioneros aliancistas,
estos principios habían calado tan hondo en ellos, que cuando salían a sus giras
evangelísticas no sólo predicaban a Cristo, sino que también enfatizaban esta fórmula
misiológica en todas las congregaciones donde ministraban 44.

Juan Ritchie desde un comienzo entendió que los métodos misioneros no eran
para aplicarse mecánicamente en todo lugar, sino que se debería considerar primero
el contexto cultural y social en el que se estaba trabajando. Por eso fue que él adaptó
los principios de autoctonía a la realidad peruana, enfatizando aquellos aspectos que
eran pertinentes al momento que estaba viviendo el país y la iglesia en particular. En
tal sentido, para Ritchie la misión no se agotaba en la evangelización verbal sino que
iba más allá, pues la veía como un agente de cambio social. En 1915 Ritchie decía:

Paulatina pero seguramente el movimiento evangélico se hará sentir en


las costumbres del país. Dejará de ser respetable vivir en concubinato. La
comunidad llegará a sentir el estigma de una natalidad ilegitima del 50%.
La gangrena social de tantas casas de tolerancia y juego será atacada
por el nuevo espíritu emanado de los grupos bajo la influencia del
evangelio... Creemos que el movimiento evangélico debe dar y dará al
Perú una nueva y mejor norma de sanción moral 45.”

Con la misma convicción Ritchie también se interesó en los aspectos socio-


religiosos del país, pues por medio del periódico El Heraldo protestó contra el decreto
supremo sobre la obligatoriedad de la enseñanza católico-romana en las escuelas
primarias, por considerarla una maniobra del clero romanista para influir en las mentes
de los niños46.” De esta manera él entendía que la tarea misionera no era sólo cuestión
de aplicar métodos misiológicos sino de un compromiso total con la nación a la que se
está sirviendo.

Quizás fue esta última parte, la de un ministerio integral, que los misioneros
aliancistas y de EUSA no comprendieron, pues fueron ellos quienes se abstuvieron de
involucrarse en trabajos sociales de la sierra central a pesar que los campos rurales
estaban en gran necesidad. Sin embargo, Ritchie nunca los reprochó por esa actitud,
quizás, como dice Kessler, porque sabia perfectamente que era un tema difícil de
tratar por las sospechas que levantaba 47. De cualquier modo, ese temor mostrado por
la ACM ha sido una constante prácticamente hasta el día de hoy, que hasta cierto
punto ha afectado el desarrollo de un ministerio más amplio en términos de
participación social por parte de la iglesia nacional. Esto explica, en cierta medida,
porque la Alianza muchas veces se siente amenazada con cualquier intento de obra
social o política que algunos creyentes de sus congregaciones quieran hacer.

En lo que respecta al desarrollo mismo de los tres principios de autoctonía, la


ACM los asimiló y trabajó en base a ellos aun después de su ruptura con la IEP. El
1972 el misionero Merle Sluyter decía en uno de sus informes, que el punto central de
la Conferencia Misionera del Perú en ese entonces había sido exactamente el
programa de esta metodología misiológica, la que a su parecer debía ser “la meta de
toda empresa misional48”. Veamos como funcionaron estos principios en el trabajo de
la ACM.

El principio de Auto-sostenimiento

Uno de los puntos más difíciles de manejar en el campo de las misiones es el


asunto financiero. La Alianza desde un comienzo trabajó con miras a que las iglesias
nacionales sean independientes, económicamente hablando, de la misión. Es por esta
razón que subsidiaba lo menos posible toda empresa nacional, limitando su ayuda
principalmente al pago de obreros que hacían la obra junto con los misioneros. A los
pocos años de iniciado el trabajo, Ray Clark comentaba con satisfacción que la iglesia
nacional prácticamente se autosostenía sola. Esto significaba, en términos concretos,
que la misión sólo contribuía con $19 dólares mensuales para la iglesia local, además
de pagar sueldos y gastos de viaje a lo evangelistas itinerantes 49. En 1956, M. Sluyter
decía que sostener a un obrero peruano costaba entre $ 360 y 640 dólares, y que la
ACM deseaba tener más de los doce que ya venían trabajando a tiempo completo 50.
De esta forma, la misión sostenía el pago de los obreros y no tanto el funcionamiento
de los programas de las iglesias51.

Esta política de subsidio no duraría mucho. En el Concilio Anual de 1958, la


misión informó a la iglesia nacional que retiraría la ayuda que venía dando a los
obreros peruanos al cabo de cinco años 52. Las razones para esta decisión eran muy
simples: la misión quería que la iglesia peruana aprendiera a asumir todas sus
responsabilidades económicas. Como era de esperarse, al poco tiempo de
implementada esta medida los nacionales sintieron el cambio y entonces vinieron las
criticas contra la misión. Por supuesto, el tiempo ha demostrado que aquella decisión
fue buena y que aun cuando no se entendió del todo esa acción, ahora vemos sus
resultados positivos pues desde la década del 60 cada iglesia local es responsable del
pago de sus pastores, y la tesorería central de la iglesia nacional paga a los
evangelistas y demás obreros que son necesarios para continuar haciendo la obra en
todo el país.

Lo que la misión nunca retiró fue su ayuda económica para gastos


administrativos, que en el día de hoy también se aprecia bajo la modalidad de
convenios53. Por dichos convenios, la oficina central de Colorado Springs, a través de
su división de Ministerios de Ultramar, se compromete a contribuir con cierta cantidad
de dinero anualmente, que pueden ser usados para alquiler de locales donde puede
funcionar una nueva obra, construcción y cualquier otro gasto derivado de la
evangelización54.”

Hasta cuando la misión seguirá ayudando económicamente a la iglesia nacional


no se sabe. Lo único cierto es que el Perú sigue hundiéndose cada vez más en una
profunda crisis económica difícil de superar a corto plazo, lo cual hace casi imposible
que en la actualidad los nacionales puedan afrontar todos los gastos que programas
tan gigantescos y ambiciosos como LED y Plan 2000 demandan. Sin duda, estamos
en tiempos decisivos donde se tendrá que desafiar la gente con más recursos de las
iglesias a que piensen en invertir parte de su dinero en estos proyectos, teniendo en
cuenta que la misión no siempre estará en nuestro medio. Tal vez ya es hora de reunir
a todos los empresarios, inversionistas, industriales y comerciantes de las diversas
congregaciones, como un solo cuerpo, para discutir con ellos el futuro de la iglesia
nacional y el papel que les toca jugar a ellos en este proceso.

El Principio del Auto-gobierno

Enfáticamente podríamos afirmar que la iglesia Alianza es totalmente autónoma


en lo que concierne disciplina interna, organización, administración y desarrollo de sus
planes y programas.

Al comienzo, los misioneros jugaron un papel muy importante y decisivo en la


formación y vida de la congregación local, al punto que el pastorado de las iglesias
caía sobre ellos. Consecuentemente, todos los misioneros tenían voz y voto en las
Asambleas anuales de la iglesia nacional, pudiendo ser elegidos para ocupar puestos
importantes en la Junta Ejecutiva u otros departamentos. Si bien no había problemas
en ello, con el tiempo se cambió esa práctica, dejando que sólo el superintendente de
la risión tenga esa facultad y permitiendo que los misioneros asistan a los Concilios
pero absteniéndose de toda participación. Esta decisión se tomó con el fin de limitar la
presencia misionera en las áreas de gobierno de la iglesia nacional 55, a fin de evitar
conflictos innecesarios entre nacionales y extranjeros, o fomentar falsos nacionalismos
que más daño harían a la obra en el país.

Respecto al pastorado de las iglesias locales, por la experiencia de LED se


estableció que sólo ministros nacionales debían asumir el pastorado titular de las
iglesias, y que los misioneros podrían ser pastores asistentes 56. Esta política era
bastante razonable sí tomamos en cuenta que la mayoría de los nuevos misioneros
que están llegando, tienen poca o ninguna experiencia de trabajo en iglesias grandes y
en ciudades, y prácticamente desconocen la filosofía del programa Encuentro.

Se puede decir que actualmente la iglesia nacional dirige su propio destino.


Antes de LED la situación era diferente, pues el misionero era considerado superior al
pastor nacional en todo sentido, al punto que en muchas provincias, y también en
Lima, tenía la última palabra en los problemas y dificultades que la iglesia pasaba.
Quizás esto se debía a que casi siempre el misionero estaba mejor entrenado en Biblia
que la mayoría de los obreros nacionales, aparte que por una extraña y lamentable
costumbre, el peruano siempre ha preferido lo extranjero aun cuando sea peor que lo
nacional. Sin embargo, con el inicio de LED, esa imagen se fue borrando en parte
porque la cantidad de gente nueva que iba llegando a las iglesias no diferenciaba
quien era nacional y quien era misionero, y porque desconocía las estructuras
jerárquicas que también rigen en nuestras congregaciones. De esa forma se produjo
naturalmente un acercamiento más estrecho entre misionero y obrero peruano, donde
ambos venían a ser colegas sin que aquél esté por encima de éste.
El Principio de Auto-reproducción

Este principio está íntimamente relacionado a la capacidad que tiene una iglesia
para crecer, y para preparar a sus propios líderes que se encargarán de atender las
nuevas obras. Con este objetivo en mente, la política de la misión fue desde un
comienzo enseñar la base bíblica de las ofrendas y diezmos, la edificación de la iglesia
sobre los fundamentos de la fe, además de alentar a la congregación para que busque
un pastor a tiempo completo57.

Aquí los esfuerzos de la ACM han sido admirables. Si damos una rápida mirada
a la obra aliancista en el Perú, veremos que muchas de sus principales iglesias fueron
empezadas por misioneros, por ejemplo: Piura, Chiclayo, Trujillo, Chimbote, Huacho,
Lince, Pueblo Libre (antes Jesús María), La Oroya, Huancayo, Huánuco, Tingo María
e Iquitos. Para el tiempo cuando se separó de la IEP (1954), ya habían 38 iglesias y
grupos, y 9 obreros nacionales. Al año siguiente, habían 16 iglesias organizadas y casi
60 grupos con una membresía de 488 miembros activos, además de 12 obreros
nacionales trabajando a tiempo completo 58. Para 1972 las cifras decían que habían 44
iglesias organizadas y unos 76 grupos en todo el país, que animaban a la ACM a
seguir adelante.

Paralelamente al trabajo evangelístico, la misión tuvo la preocupación de


preparar teológicamente a aquellos que servirían como futuros pastores. Esto fue lo
que motivó a la ACM apoyar la creación del Instituto Bíblico Peruano, proveyendo no
sólo los servicios de Ray Clark como director, sino también contribuyendo con fuertes
sumas de dinero para comprar el local y para su administración. Sin embargo, como el
fuerte de la obra aliancista estaba en la sierra central, la ACM vio la necesidad de
empezar algún tipo de instituto en la zona de Huánuco, puesto que a muchos se les
hacía difícil ir a la capital para estudiar. Fue así que en 1949 se abrió la Academia
Bíblica Alianza en Huánuco, cuyas clases se dictaban en el Hotel Inca durante los
meses de enero a marzo. Tenían una duración de sólo diez semanas en un programa
de tres años. Su propósito era preparar laicos para que atiendan mejor a sus iglesias.
El primer año llegaron 40 estudiantes de muchas partes del país, lo cual llevó a
comprar una propiedad al año siguiente, la cual sirvió para incrementar su alumnado.
Esta Academia llenó una tremenda necesidad que la Alianza tenía de preparar líderes
en ese momento. Luego de 20 años de labor, y debido a un acuerdo con la iglesia
nacional que solicitaba a la misión más atención para los Institutos Rurales, la ABA
cerró sus puertas en 1969, habiendo preparado a más de 1,000 obreros para el
ministerio59.

El otro medio del que se sirvió la ACM para capacitar a los líderes fue el de los
Institutos Rurales. Estos consistían de cinco clases bíblicas durante el día, que se
complementaban con reuniones evangelísticas por las noches. La meta era completar
el curso en tres años, que se llevaban a cabo siempre en el mismo lugar. Estos
sencillos estudios ayudaron mucho en la consolidación de la obra especialmente en
las regiones apartadas del país, donde los creyentes esperaban con real expectativa la
visita del misionero cada año. Con el paso del tiempo algunos líderes nacionales
tomaron a su cargo la instrucción, siendo uno de los más queridos y apreciados el
Rev. Julio Martínez, quien a pesar de estar ya jubilado sigue aun viajando por las
zonas de Huánuco, realizando grandes convenciones anuales.
Donde mejor se capacitó teológicamente a las nuevas generaciones de
pastores, fue sin duda en el Instituto Teológico Alianza, que abrió sus puertas
oficialmente en 1957 con 16 alumnos. Para 1969 el ITA ya había graduado a 31
estudiantes, de los cuales 17 servían a tiempo completo dentro de la Alianza 60. El
cuerpo docente de esta escuela estaba compuesto mayormente por misioneros, y se
requería cuatro años de estudios para graduarse con un diploma en teología.

El ITA funcionaba en el local que se había comprado en Huanuco a raíz del


éxito que tuvo la Academia Bíblica, y allí permaneció hasta 1979 en que cerró sus
puertas debido a que LED había abierto su propio instituto en Lima, y ya no se
justificaba mantener el de Huánuco ahora que la misión estaba enfatizando el
ministerio urbano en lugar del rural.

Fue debido al tremendo crecimiento experimentado por las iglesias de LED, que
la misión y la iglesia nacional acordaron cerrar el ITA a fin de abrir un nuevo instituto
que pudiera entrenar a los futuros obreros nacionales. Fue así que en 1976 empezó a
funcionar el Instituto Bíblico Lima al Encuentro con Dios, que más tarde cambiaría
simplemente a Instituto Bíblico Alianza (IBA), con una matricula de 45 estudiantes
que en su mayoría se habían convertido al inicio del movimiento. El alumnado estaba
compuesto de profesionales, estudiantes universitarios, empleados públicos y
trabajadores. La dirección del IBA la tomó el Rev. Alfredo Smith, y el primer cuerpo
docente la conformó pastores de las mismas iglesias y algunos misioneros. Los gastos
de administración fueron asumidos también por las iglesias, y desde un comienzo se
aseguró que los estudiantes pagaran sus propias pensiones. En 1986 el IBA abrió un
departamento de música con el fin de preparar ministros para esa área, y por esa
misma fecha se empezó a desarrollar un nuevo programa llamado de post-grado para
los pastores ya graduados. Este curso busca la actualización de los ministros por
medio de cursos prácticos que se ofrecen en períodos cortos a mediados de cada año.
El IBA ha sido bien recibido por las iglesias no sólo de la Alianza sino también de otras
denominaciones, que mandan a sus estudiantes para que reciban su formación
teológica allí.

Sin duda, la educación teológica es parte fundamental para el desarrollo de una


iglesia. La ACM, conciente de este hecho, siempre invirtió tiempo, recursos y gente en
esa tarea. Puesto que la formación teológica busca no solamente transmitir
conocimientos sino más bien formar vidas para el ministerio, es importante que todo
instituto mantenga un balance en el profesorado a fin de que los alumnos sean
formados adecuadamente. En tal sentido, la combinación de profesores anglosajones
con latinos es bastante recomendable, pues así se obtiene una mejor perspectiva del
mundo teológico y de la tarea pastoral. Si ha esto se añadiera profesores de distintos
trasfondos eclesiásticos, la experiencia sería aun más enriquecedora pues el
estudiante tendría una visión más amplia de lo que es el Pueblo de Dios aquí en la
tierra. Es quizás en este último punto donde la Alianza tiene que trabajar más pues
siempre ha luchado con la tentación del paternalismo académico, que ala larga hace
daño.

El otro punto que necesita mayor trabajo es el área de lo académico y la


pastoral. En la Alianza todavía hay la tendencia de preferir las tareas “espirituales” a la
tarea de pensar, reflexionar y hacer teología. Se exalta más al predicador de masas
que al teólogo o educador, quizás porque el primero tiene más resultados inmediatos
aun cuando en la mayoría de casos éstos no sean duraderos. Ser una iglesia auto-
reproductiva no sólo significa tener la capacidad de dar a luz muchas iglesias, sino
también de ser capaz de producir hombres y mujeres que dediquen su tiempo y
esfuerzos en velar por la sana doctrina que se predica desde los púlpitos, a fin de
mantener el dinamismo y prevenir desvíos doctrinales posteriores que tengamos que
lamentar61. Después de mas de medio siglo de obra misionera aliancista en el Perú, es
hora de releer el Evangelio Cuádruple, pilar doctrinal de la ACM, con el fin de
contextualizarlo y ver la forma en que el mensaje del Cristo Salvador, Santificador,
Sanador y Rey que viene, se torne relevante en este país con tantos problemas
morales, sociales y espirituales. A. B. Simpson proclamó ese mensaje a los de su
propia época, y a cada generación subsiguiente le toca hacer lo mismo de una manera
renovada y actualizada. Esta tarea no le corresponde a la misión sino a la iglesia
nacional, si desea entrar al siglo XXI con nuevas fuerzas, vigor y características
propias de una iglesia que sabe auto-sostenerse, auto-gobernarse y auto-reproducirse.
NOTAS

1. Apuntes personales de Ray B. Clark en Perú (copia a máquina, sin fecha, página 3).
Tomado de copias originales en los archivos de la Biblioteca Histórica Simpson de la
sede de la ACM en Colorado Springs, Colorado.

2. Ray B. Clark, Under the Southern Cross, Harrisburg: Christian Publication, 1938.
Pág. 190. También en Juan Kessler, Historia de la Evangelización en el Perú. Lima:
El Inca S.A., 1987. Pág. 225.

3. Tomado de unos manuscritos antiguos sin nombre del autor ni fecha, bajo el título
Perú. Biblioteca Histórica Simpson.

4. Ibid

5. Citado por John Ritchie en Indigenous Church Principles in Theory and Practice.
New York: Fleming H. Revell Co., 1946. Pág. 35.

6. Ray B. Clark, Under the Southern..., Op. Cit. Págs. 188-189. Para mayores detalles
sobre la vida y obra de Penzotti, ver Precursores Evangélicos: Diego Thompson y
Francisco Penzotti (Samuel Escobar, editor). Lima: Ediciones Presencia, 1984.

7. John Ritchie, Op. Cit. Pág. 35

8. THE TABLET, semanario católico publicado en Londres. Enero 23, 1932. Pág. 122.

9. Juan Kessler, Op. Cit Págs. 31ss. Para un estudio más completo, ver Robert J.
Alexander, Aprisco, The Ideas and Doctrines of Victor Raul Haya de la Torre. The
Kent State University Press, 1973.

10. Ray B. Clark, “Report on Exploration Trip to Lake Rimachiuma, Peru”. Informe
presentado a la Junta de Gobierno de la Misión ACM en Nyack, New York, en
noviembre de 1923. Originales en la Biblioteca Histórica Simpson.

11. Ibid. Págs. 2 y 4.

12. Ray Clark, Under the Southern..., Op. Cit. Pág. 197. Debemos recordar que las
organizaciones misioneras del siglo pasado y comienzos de éste, sólo enviaban
misioneros a zonas rurales y apartadas de los centros urbanos. La idea era alcanzar
con el evangelio a la mayor cantidad de “incivilizados posible. De ahí viene el concepto
romántico del misionero que sólo va a las selvas y lugares inhóspitos y peligrosos. La
figura del misionero urbano es relativamente nueva.
13. Federico Kowalchuk, La Alianza Cristiana y Misionera en el Perú. Lima, mismeo,
s/f. Pág. 2. También en R. Clark, Under the Southern... Págs. 192-193

14. Report on Peru, mayo 30, 1925. Originales en la Biblioteca Histórica Simpson.
Parte de su informe incluye una lista de las siguientes organizaciones misioneras que
venían trabajando en el Perú:

DEPARTAMENTO AGENCIA MISIONERA

Piura Iglesia del Nazareno


Lambayeque Iglesias Nazareno y Santidad de los Peregrinos
San Martín Independiertes
Cajamarca Iglesias Nazareno y Libre de Escocia
La Libertad Iglesia del Nazareno
Ancash Iglesia Pentecostal y EUSA
Lima Iglesia Metodista, EUSA y Ejército de Salvación
Junín Iglesia Metodista y EUSA
Ica Iglesia Metodista
Arequipa EUSA
Cusco Iglesia Pentecostal y EUSA
Puno Iglesia Adventista

15. Report to the Board of the CMA, concerning the choice of a field in the
Peruvian Andes, 1925. Originales en la Biblioteca Histórica Simpson. Es interesante
notar que la fuerte presencia católico romana en Ayacucho no significó
necesariamente que el evangelio había calado hondo en los corazones de la gente. En
la década pasada hemos sido testigos de como el grupo guerrillero Sendero Luminoso
se apoderó totalmente de esa región al punto que prácticamente todas las iglesias
romanas tuvieron que cerrarse por falta de sacerdotes que las atendieran. De igual
manera las iglesias evangélicas también se vieron afectadas principalmente por los
ataques que sufrieron a manos de los terroristas. Para más detalles sobre la situación
de los evangélicos en esa zona de violencia, ver John Maust, Ayacucho, Peace and
Hope in the Corner of the Dead. Miami: Latin America Mission, 1987.

16. Merle Sluyter, The Extent and Success of the Indigenization of the Church in
Peru, julio 1972. Pág. 1. Informe presentado a la sede de la ACM. Documento en
poder de la Biblioteca Histórica Simpson.

17. Ray Clark, Under the Southern.... Pág. 197

18. R. Clark, Report on Peru. Pág. 7.

19. Juan Kessler, Op. Cit. Pág. 227.

20. Federico Kowalchuk, La Alianza Cristiana y Misionera…, Pág. 6

21. rl. Sluyter, The Extend and Success.... Pág. 1


22. Por ejemplo, en 1888 se crea The China Inland Mission, In 1890, The
Evangelical Alliance Mission, en 1893, Sudan Interior Mission, en 1895, Africa
Inland Mission.

23. R. Niklaus y otros, All For Jesus. Camp Hill: Christian Publications, 1986. Pág. 14

24. Federico Kowalchuk, La Alianza Cristiana y Misionera.... Pág. 6

25. Ibid. Pág. 7

26. En el Concilio Anual de la ACM del Perú en 1987, el misionero Richard Abrams
presentó el Plan 2000 que, entre otras cosas, enfatizaba el propósito de la misión de
concentrar sus misioneros en sólo tres centros urbanos del país en los próximos años;
estos lugares eran: Trujillo, Lima y Arequipa.

27. Kenn Opperman, “One Million Souls”, en PERUVIAN ECHOES, Vol. V, Nro.3.
Lima, setiembre 1957. Esta revista era el informativo oficial de la Misión ACM del Perú.

28. Para un estudio más a fondo sobre LED ver Miguel Ángel Palomino, Misión en la
Ciudad. Lima: SERCY, 1990.

29. La vinculación con Juan Ritchie vino por medio de Ray Clark, el pionero de la
ACM, quien sugirió a la sede en Nyack, New York, la idea de colaborar con aquél en la
formación de una sola iglesia en el Perú. Clark venía de colaborar con EUSA en el
Brasil y encontró que Ritchie también trabajaba para la misma organización aquí en
nuestro país, tratando de establecer una obra no denominacional llamada Iglesia
Evangélica Peruana. La sede autorizó esta colaboración y fue así como la ACM unió
sus esfuerzos misioneros a esta tarea. (Ver F. Kowalchuk, La Alianza Cristiana y
Misionera.... Pág. 6)

30. R. B. Clark, “An Advancing Church” en PERU Nro.27, setiembre 1937

31. John Ritchie, Indigenous Church Principles in Theory and Practice. New York:
Fleming H. Revell Co., 1946. Pág. 51

32. R. B. Clark, Instituto Bíblico Peruano, a Contribution to the Evangelization of


Peru. Folleto editado en Lima, mayo 1946.

33. Clayton D. Steiner, “Opposition in Peru” en THE ALLIANCE WEEKLY, 7 de julio,


1928. Págs. 441—442

34. R. B. Clark, “Catholic Fury in Peru” en THE ALLIANCE WEEKLY, 16 de febrero,


1929. Pág. 107

35. Calyton Steiner, “A Visit to Tayabamba” en PERU Nro.30, julio de 1939. Págs. 1-
2. Informativo de la ACM del Perú editado en Lima.

36. Carta personal de Carl Volstad a Ray Clark, fechada en julio de 1936. Copia de la
carta en los archivos personales del autor. También hay una referencia en R. Clark,
“Retribution” en THE ALLIANCE WEEKLY, 12 de diciembre de 1936., Pág. 797.
37. Para un estudio más detallado sobre las causas y consecuencias de esta división,
recomendamos leer J. Kessler, Historia de la Evangelización en el Perú. Lima:
Librería El Inca, 1986. Págs. 257-277. F. Kowalchuk, La Alianza Cristiana y
Misionera.... Págs. 6-7. Los INFORMES ANUALES DE LA ACM 1953—1955.

38. J. Kessler, Historia de la Evangelización en... Pág. 266

39. J. Kessler, Op. Cit. Págs. 145, 257

40. Ibid. Págs. 228—229

41. Ibid. Pág. 228

42. J. Ritchie, Op. Cit. Pág. 16

43. Ibid. Pág. 31

44. R. 3. Clark, “Encouragement in Peru” en THE ALLIANCE WEEKLY Nro.52, 27 de


diciembre, 1930. Pág. 944

45. Periódico EL HERALDO IV, Nro.45, Lima, junio de 1915. Pág. 86

46. EL HERALDO II, Nro.8, Lima, mayo de 1913. Pág. 60

47. J. Kessler, Op. Cit. Pág. 240

48. M. Sluyter, The Extent and Success... Pág. 2

49. R. Clark, “An Advancing...”

50. Carta de M. Sluyter a los que apoyaban la obra en el Perú, fechada el 31 de marzo
de 1956. Copia de la carta en los archivos del autor.

51. La ayuda era sustancial, pues en 1955 esa cantidad hacía un total de $62,861.36
dólares. En M. Sluyter, The Extent and Success... Pág.

52. Ibid. Pág. 1

53. En 1971 esa ayuda fue de $30,000 dólares al año. Ver M. Sluyter, The Extent and
Success... Pág. 4

54. Ver los documentos El Plan 2000 y Convenio entre la Iglesia ACM del Perú y la
Misión ACM del Perú, firmado en agosto de 1987, en Lina.

55. Los Estatutos de la Iglesia Nacional establecen que el presidente de la ACM del
Perú sea un ciudadano peruano, pero no limitan la participación de los misioneros en
las comisiones permanentes de trabajo.

56. En el caso de las iglesias grandes de Pueblo Libre y Lince, no se pudo evitar que
misioneros tomaran el pastorado titular interino cuando estas congregaciones
experimentaron problemas ante la renuncia de sus titulares. A la salida del pastor
Francisco Pérez de Pueblo Libre, no se encontró a ningún nacional que pudiera cubrir
ese lugar, y fue el misionero Eugenio Kelly quien se hizo cargo de la iglesia hasta
1984, fecha en que se eligió a Juan Gutiérrez para reemplazarlo. En el caso de Lince
fue Richard Abrams quien asumió el pastorado interino a la renuncia del pastor
Humberto Lay en agosto de 1987. Al igual que en el caso anterior, Abrams llenó el
vacío mientras se buscaba un pastor peruano. Sólo estuvo hasta mayo de 1988, fecha
en que Lince invitó al pastor José Chávez a tomar el pastorado.

57. M. Sluyter, The Extent and Success.... Pág. 2

58. Carta de M. Sluyter a los que apoyaban la obra en Perú.

59. F. Kowalchuk, La Alianza Cristiana y Misionera.... Pág. 11

60. Ibid. Pág.l1

61. El exceso doctrinal en el que cayó uno de los pastores más antiguos del
movimiento LED en 1987, debería llevar a preguntarnos si la base doctrinal de la ACM
es lo suficientemente sólida en medio de los pastores que ministran en las diversas
iglesias del país.

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