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Big Rip

RICARDO ROMERO

LITERATURA ARGENTINA
Juan F. Comperatore

22 ABR, 2021

Imagen: Sin título, de Marcelo Pombo, marcador y birome sobre papel, c. 1993-1995

A tono con la época, proliferan ficciones de catástrofe, de desastre inminente, de


fin de mundo a la vuelta de la esquina, como si la destrucción fuera a acontecer de

pronto, sin aviso, y no viniera incubándose desde tiempo atrás. Se trata de ficciones
que dan a la imaginación el consuelo falaz del desenlace abrupto y que anulan la
zozobra que deberían provocar al eludir el asomo de cualquier interrogante

respecto a la responsabilidad, global y propia. Son ficciones ansiosas, parapetadas


en un circuito de consumo pueril y descarte veloz. En Big Rip, flamante ladrillo de

ochocientas y pico páginas, Ricardo Romero da su propia versión del apocalipsis


pero, a diferencia de esa ficción expeditiva, fofa y haragana, procura complejizar el

asunto. Dar cuenta del argumento implica seleccionar entre nodos, más tratándose,
no del fin del mundo, sino del fin de la realidad por el colapso del universo. afirma

Tomemos algunos.

sinopsis
Un tatuador tartamudo, que heredó el oficio del ex cantante de una banda punk,

ídolo de su adolescencia, y un empleado de correo que envía cartas de amor o


intimidatorias para mantener la farsa de funcionamiento de la oficina y que suele

ver el fantasma de su hermana muerta gotear sangre, se cruzan en la galería cuasi


deshabitada donde desempeñan sus labores y hacen migas. Intercalada entre el

presente de la amistad y la vida previa de ambos antes de conocerse, hay una

enigmática voz sin nombre que asume la de los personajes de las historias que se
cuenta. Estas historias, que se expanden gradualmente y parecen suspenderse en el

vacío de la narración, repicarán, desfasadas, en la nueva vida de los amigos, cuando


sean otros y ni el nombre ni la apariencia permita reconocerlos. Porque así como

hay un personaje tartamudo, promediando el relato es la propia novela la que


comienza a tartamudear. Pero antes hubo avisos, señales imperceptibles, visajes

con el rabillo del ojo. Calles y lugares que de pronto no están donde deberían, o
que se estrechan o bifurcan, colectivos que mutan su recorrido habitual, teléfonos

públicos que desgarran el silencio de la noche y encierran voces solitarias. Y


desapariciones. Primero como un murmullo ajeno y luego como un suceso propio,
hay personas que no vuelven a sus hogares o que faltan, súbitamente, dejando
trunca una conversación iniciada. El engarce de algunas señales llevará al dúo a
seguir el rastro estéril de una conspiración, porque resulta más sencillo buscar un

culpable orquestando la fanfarria que vislumbrar que es la realidad lo que se viene


a pique, y con ella, las certezas de la vida cotidiana.

Y, si la realidad falla, deja de haber enlace entre sucesos, como también entre las
partes del relato. Sin transición, entonces, un tal Pripián, linyera con pasado de

mayordomo lúbrico, se hace cargo de una historia que oscila entre el pasado
laboral y un presente distorsionado en una plazoleta donde un soldado es

asesinado una vez y otra. Un relato, dice él, “entre la opacidad y la transparencia” y

que devuelve la posta al dúo de amigos siendo ya otros, la identidad trasmutada


en aquello que antes parecían. En este punto, la profusión de historias se

incrementa y bascula sin eje. Secretarias apresadas en oficinas, una tuerta que ve y
oye cosas que no están, asesinos metódicos, estafadores receptivos con sus

víctimas, soldados de antaño que prueban el filo de sus espadas. Porque si la


realidad es el campo gravitacional de las historias, aquello que las mantiene unidas,

cuando falla, estas quedan huérfanas, flotando en el vacío, repitiendo la perorata


que somos, el sustrato último de la identidad. “El fin”, dice un personaje de Beckett,

“está en el comienzo y sin embargo continuamos”. Y en esa frase de un escritor


que no es ajeno a Romero se cifra la anomalía de Big Rip, cuya estructura, lábil e

inconclusa, refracta la del argumento, y cuya escritura, tan precisa como


resbaladiza, bebe de fuentes diversas (David Lynch, China Miéville, M. John

Harrison), como así también fagocita motivos de su obra anterior ethos del crítico
que conoce más. Ambiciosa pero no total, Big Rip es una gesta ante tanta

inmediatez; un conjuro contra la ansiedad. Define lo que significa la novela para él,
valoración positiva

Ricardo Romero, Big Rip, Alfaguara, 2021, 816 págs.

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