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Maicol Terra Silveira Tercer ensayo 3/5/2019

Heterogeneidad: Una forma local de reivindicación.

En el capítulo “Semiosis colonial: la dialéctica entre representaciones fracturadas y


hermenéuticas pluritópicas” del libro De la Hermenéutica y la Semiosis Colonial Al Pensar
Descolonial de Walter Mignolo, el autor hace la siguiente observación: “...es importante modificar
los criterios mediante los cuales reconocemos o categorizamos la ‘literatura’ y, sobre todo, verla
como una práctica regional y europea, más que como un universal de la humanidad...”(132). Hoy
reconocemos y hemos adoptado al libro como el soporte válido para nuestras historias y registros,
pero esa observación de Mignolo nos hace admitir que esa adopción se pagó con el olvido de
nuestros soportes autóctonos y que la literatura, como la concebimos actualmente, es un fenómeno
europeo, una imposición cultural de la metrópolis.
La literatura de la metrópolis cultural tiende a ser “homogénea”, la “homogeneidad” está
definida por Antonio Cornejo Polar en su trabajo titulado “El indigenismo y las literaturas
heterogeneas: Su doble estatuto socio-cultura” como “...la movilización de todas las instancias del
proceso literario dentro de un mismo orden socio-cultural...” (11) y le llama “proceso literario” a
“...la producción, el texto resultante, su referente y el sistema de distribución y consumo...”(11).
Cuando alguna de las “instancias del proceso literario” queda por fuera del orden “socio-cultural”
hablamos de literaturas “heterogéneas”. Así lo define Cornejo Polar:
Caracteriza a las literaturas heterogéneas, en cambio, la duplicidad o pluralidad de los
signos socioculturales de su proceso productivo: se trata, en síntesis, de un proceso que
tiene,por lo menos, un elemento que no coincide con la filiación de los otros y crea,
necesariamente, una zona de ambigüedad y conflicto (12)
Estas literaturas “heterogéneas” están muy ligadas a la colonia cultural, en el mismo artículo de
Cornejo Polar se dice que “...Histórica y estructuralmente, esta forma de heterogeneidad se
manifiesta con gran nitidez en las crónicas del Nuevo Mundo. Con ellas se funda en Latinoamérica
un tipo de literatura que tiene vigencia hasta nuestros días...” (13), el motivo por el cual la
“heterogeneidad” se manifiesta de forma clara en las crónicas del Nuevo mundo se debe a que el
choque de la cosmovisión de la metrópolis con la realidad que tenía enfrente provocó un desajuste
inevitable en el “proceso literario”, el “referente” queda de forma inexorable por fuera del “orden
socio-cultural” de la metrópolis cultural.

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Esa “heterogeneidad”, que en un inicio era forzosa, producida por letrados representantes de la
metrópoli cultural y al servicio de ella, cambió su signo cuando desde la colonia cultural se
comenzaron a hacer literaturas “heterogéneas”; cuando el desajuste del “proceso literario” se hace
desde el subordinado, desde el que adopta y adapta esa “literatura’ (...) europea”, ese desajuste
puede tomar tono de reivindicación, protesta y/o denuncia. El relato en el alfabeto y el soporte
impuesto por la metrópoli cultural pero con un “referente”que les es ajeno, uno de la colonia
cultural, es una manera de hacer notoria la presencia del otro y la cultura del otro.
Cuando Cornejo Polar dice que con la “heterogeneidad” obligada de las crónicas del Nuevo
Mundo se “funda en Latinoamérica un tipo de literatura que tiene vigencia hasta nuestros días”, lo
dice debido a que en América Latina la literatura (en el sentido de Mignolo) le es, aún hoy, un
proceso ajeno, un proceso dónde el referente está siempre proclive a escaparse del “proceso
literario”.
En el ya citado artículo de Antonio Cornejo Polar el autor centra su atención en la literatura
heterogénea que tiene como refrente al indígena, referente que no es parte de la producción, no tiene
injerencia en el texto resultante y no es parte del consumo ni distribución debido a que está por
fuera de la metrópolis cultural. Hoy, en nuestra literatura, podemos encontrar varios ejemplos de
referentes que están por fuera del “proceso literario”, referentes que se ubican en la periferia de la
metrópolis cultural y que hacen notaria su condición y, con ello, hacen visible la condición de un
tipo social. Somos sujetos de la colonia cultural, hoy la metrópolis cultural dominate es otra, hoy
consumimos de modo masivo los formatos y discurso estadounidenses lo cual nos transforma,
según un acertado concepto de Gustavo Espinosa, en “Criaturas anfibias”, el escritor olimareño
explica la idea en una entrevista que Débora Quiring le hizo y que se encuentra publicada en La
diaria, dice Espinosa:
todos somos criaturas anfibias. Nuestro ambiente, que es como si fuera marino -porque es
bastante denso-, es la cultura de masas. Todos hicimos nuestra educación sentimental allí.
Es lo que respiramos. Te contaba que iba al cine y veíamos tres películas sin saber antes
cuáles eran; no podías discriminar. Después, algunas de esas criaturas logran poder respirar
en la superficie, asomarse a las bellas letras o a algún esbozo de cultura académica. Y con
esos instrumentos tenés que ver lo demás.
La “heterogeneidad” solo se logra por nuestra condición de “anfibios” culturales, solo se puede
variar un elemento del “proceso literario” si se tiene conciencia de que ese elemento pertenece a
otro “orden socio-cultural”, otro orden que también es válido y puede ser representado.
Un ejemplo de estas literaturas heterogéneas lo podemos encontrar en La balada de Johnny
Sosa, el nombre de protagonista ya es muy decidor, Johnny es un nombre anglosajón mientas que el

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apellido Sosa es típico en ésta región, el nombre del protagonista anuncia un choque cultural,
choque que se acentúa en la trama de la novela. Johnny Sosa interpreta Blues en inglés pero con una
muy mala pronunciación; “...dont cruai for a blac jert, beiby, ai seid...” (20) canta el protagonista
influenciado por el cantante de Illinois Lou Brakley, deseando ser Lou Brakley pero inserto en un
pequeño pueblo del interior del Uruguay, la distancias entre Illinois y Mosquitos no solo es
geográfica, Johnny Sosa no tendrá nunca las oportunidades que gozó Lou Brakley, aunque toque de
forma similar, debido a que pertenece a la colonia cultural mientas que Brakley pertenece a la
metrópolis cultural.
Pero la novela no solo se centra en la música, el cine está muy presente y, al igual que con la
música, los géneros, tópicos, protagonistas, etc. pertenecen a la metrópolis cultural: “...“Yo mismo
lo vi en una película” , dijo Johnny con la suficiencia de quien ha leído un libro que nadie tiene.
“Era Anthony Quinn en La hora veinticinco”...”(66), el protagonista valida una afirmación anterior
exhibiendo como argumento el haber visto una película norteamericana interpretada por un actor
admirado, y los demás personajes pasan a creer su aseveración; luego Johnny Sosa hace mención a
un relato oral autóctono que contrasta con Anthony Quinn y La hora veinticinco, Johnny habla del
“ternero de dos cabezas” y, a diferencia de la La hora veinticinco, no tiene necesidad de explicarle a
sus escuchas a que se refiere cuando habla del “ternero de dos cabezas”. Johnny Sosa sintetiza la
condición “anfibia” que se mueve entre dos culturas, la del películas estadounidenses y la de los
relatos orales.
La ruptura entre la metrópolis cultural y la colonia cultural queda resumida en ese par de
ejemplos pero queda por aclarar que el “referente”, un negro pobre del interior profundo de
Uruguay, está bastante alejado de “la producción”, “el texto resultante” y sobre todo del “sistema de
distribución y consumo” de la obra. La heterogeneidad de La balada de Johnny Sosa hecha luz
sobre la condición de colonia cultural pero no en tono derrotista sino como una apropiación y
construcción mixta de una nueva cultura, como también lo hace Fabián Severo en su también
heterogénea Viralata narrando en un portuñol propio de su Artigas natal que extraña al consumidor
habitual de “literatura” o como lo hace Gustavo Espinosa, principalmente en Carlota Podrida,
cuando pone el cine de Hollywood de los 70´ y 80´, la cumbia, las motos asiáticas, la televisión
argentina, la música del delta del Mississippi y el olores a guiso a girar en una misma narración
situada en lo que Débora Quiring denominó como “la periferia de la periferia”.
Periferia, un lugar alejado del centro de poder, un lugar idoneo para la resistencia cultural, para
la manipulación profana de los elemnetos de la cultura dominate, para lo destructivo/constructivo,
para lo efervecentemente nuevo y arriesgado, para lo heterogéneo.

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Bibliografía

Cornejo Polar, Antonio “ El indigenismo y las literaturas heterogeneas: Su doble estatuto socio-
cultura”. Revista de crítica literaria latinoamericana.1978, 7-21.

Delgado Aparaín, Mario. La balada de Johnny Sosa. Montevideo: Banda Oriental,1988.

Espinosa, Gustavo. “Una magia modesta”. Débora Quiring. La diaria. 29 jun 2016. Recuperado el
27 abr 2019. https://ladiaria.com.uy/articulo/2016/6/una-magia-modesta/

Mignolo, Walter. “ Semiosis colonial: la dialéctica entre representaciones fracturadas y


hermenéuticas pluritópicas”. De la Hermenéutica y la Semiosis Colonial Al Pensar Descolonial.
Quito: Ediciones Abya–Yala. 2013, 131-147.

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