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LA ELECCIÓN SOBERANA DE DIOS A TRAVÉS

DE LA BIBLIA

Los cristianos que niegan la elección soberana de Dios tienen en sus manos un problema
teológico de grandes proporciones. Por un lado, admiten que Dios es un Dios Todopoderoso,
Omnisciente, Omnipresente; que tiene todo bajo su control y que nada lo sorprende o se le
escapa; pero por otro lado lo reducen (por lo menos en su teología) a un Dios débil que se la pasa
esperando desesperadamente a que un hombre lo elija a Él. En defensa de su posición utilizan el
llamado “libre albedrío” y dicen que Dios no puede violar la libre voluntad del hombre. Es como
si la libertad del hombre es más importante o más poderosa que la soberanía absoluta de Dios;
como si la criatura le pudiese decir al Creador que hacer.

Sin embargo, y al contrario de lo que muchos cristianos creen y muchos predicadores enseñan, la
Palabra nos revela a Dios como uno que esta en completo control de todas las cosas, que
establece Sus propósitos, que escoge, elige, dicta, reina, y ordena. Que, en las palabras del profeta
Isaías, “declara el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho”, que dice:
“Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré.” (Isaías 46:10). El punto es que las
implicaciones de negar la elección soberana de Dios son muy serias. Porque por un lado se le
roba (teóricamente) a Dios su poder y gloria, y por otro lado se exalta al hombre (teóricamente) a
un estatus que no le pertenece. La realidad es que Dios no es un Dios débil, es un Dios
Todopoderoso; y el hombre no es soberano, y su “libre voluntad” no es más autoritativa o
poderosa que la voluntad perfecta y absoluta de Dios.

Si hacemos un viaje a través de las páginas de la Escritura notaremos que desde el principio Dios
ha ido, de manera soberana, eligiendo a aquellos hombres y mujeres que El decidió utilizar para
cumplir Sus propósitos. Esto lo vemos así desde el principio, comenzando con Adán. Adán no
eligió a Dios, todo lo contrario, Dios eligió a Adán. ¿Cómo? Dios creo a Adán. Dios escogió
crearlo. La decisión de Dios crear a Adán fue completamente soberana y sin influencia alguna.
Después de todo, ¿quién estaba allí para decirle a Dios lo que tenía que hacer? ¿Podía el hombre
decirle a Dios “créame” antes de ser creado? Por supuesto que no. La decisión de crear a Adán, y
el método utilizado (del polvo de la tierra) residieron absolutamente en la soberanía de Dios.

¿Qué Adán peco libremente? Por supuesto que si. ¿Qué ya estaba en los planes de Dios que Adán
pecara y de esa manera poner en marcha el plan de redención que había sido establecido desde
antes de la fundación del mundo? Por supuesto que sí. La realidad es que, aunque Dios no es el
autor del pecado, y no fuerza a nadie a pecar, el pecado de Adán y el plan de redención de la
humanidad ya estaban en los planes Divinos. ¿Cómo reconciliamos esto? No lo hacemos.
Debemos entender que como criaturas tenemos un entendimiento limitado y que solo en la

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perfecta mente de Dios se puede reconciliar la aparente paradoja de la soberanía de Dios y la
responsabilidad del hombre. A nosotros solo nos corresponde creer y aceptar estas verdades sin
cuestionar a Dios. Yo estoy más que conforme con aceptar la realidad de que Él es más sabio que
yo.

Dios elije la ofrenda de Abel por encima de la de Caín. Mucho se ha dicho de porque Dios vio
con agrado la ofrenda de Abel y no la de Caín. La realidad es la siguiente, que tanto Abel como
Caín eran pecadores y sus respectivas ofrendas no eran perfectas. De la misma manera en que
Dios rechazo la ofrenda de Caín, podía haber rechazado la ofrenda de Abel. El hecho que Dios
acepto la ofrenda de Abel no quiere decir que Abel lo merecía; todo lo contrario, Abel era tan
pecador como su hermano. Dios acepto su ofrenda por pura gracia y misericordia.

Cuando Abel muere, Dios elige a Set. Adán y Eva tuvieron muchos otros hijos (Génesis 5:4),
pero fue Set el que Dios escoge para desarrollar Sus planes. Dios eligió a Noé. Si, es cierto que la
Biblia dice que Noé era un hombre justo, pero no podemos olvidar que Noé “hallo gracia delante
de los ojos de Jehová” (Génesis 6:8); en otras palabras, Noé no lo merecía pero por la Gracia
Divina fue escogido para construir el Arca y cumplir con los propósitos de Dios.

Dios eligió a Abram (luego Abraham). De todas las personas que vivían en el medio oriente Dios
decide utilizar a Abraham para ser el padre de la nación de Israel. No es que Abraham era mejor
que los demás o que Dios vio algo especial en él; simplemente Dios lo escoge, lo llama, y cumple
en él Sus propósitos de manera soberana. Abraham no era perfecto, era tan pecador como todos
nosotros. La Palabra nos detalla ocasión tras ocasión de cómo Abraham fallo y peco. Sin
embargo, Dios cumple Sus propósitos y promesas porque lo había escogido soberanamente.

Isaac fue elegido por Dios. Abraham tuvo un hijo de Agar (Ismael), pero ese no era el hijo de la
promesa. Dios hace que Abraham y Sarah tengan un hijo milagrosamente para que ese hijo fuese
el escogido por Dios para cumplir las promesas y planes divinos. Dios escogió a Jacob, no por lo
bueno que era, sino porque así Dios lo decidió. Jacob era un engañador y ladrón. Mas fue quien
Dios escogió de manera soberana antes de que naciese. Pablo en Romanos 9 hace referencia a
esto cuando dice:

“Y no sólo esto, sino que también Rebeca, cuando concibió mellizos de uno, nuestro padre Isaac
(porque aun cuando los mellizos no habían nacido, y no habían hecho nada, ni bueno ni malo,
para que el propósito de Dios conforme a su elección permaneciera, no por las obras, sino por
aquel que llama), se le dijo a ella: EL MAYOR SERVIRA AL MENOR. Tal como está escrito: A
JACOB AME, PERO A ESAU ABORRECI.” (Romanos 9:10–13, LBLA)

De todos los hijos de Jacob, fue a José a quien Dios escoge revelársele a través de sueños para
encaminarlo a llegar a ser el gobernador de Egipto. Aún más, la elección de José nos presenta una
situación muy interesante; ya que si Dios escogió a José y todo lo que José paso (vendido como

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esclavo y encarcelado) estaba en los planes de Dios, entonces Dios escogió a sus hermanos para
que ellos lo vendieran. Aunque a nuestro entender eso fue algo negativo, estaba en los planes de
Dios que ocurriera para así cumplir en José sus propósitos.

Muchos niños fueron dados a muerte por los soldados de Faraón en Egipto, pero fue Moisés
quien fue escogido por Dios; no vio muerte, y fue rescatado por la hija de Faraón. ¡Que
demostración de soberanía! Dios superviso la vida de Moisés desde su nacimiento para que
llegase a ser el líder y libertador del pueblo de Israel. Es más, Dios tenía en Sus planes que
Moisés huyera de Egipto por causa del homicidio cometido por él, para así llevarlo al desierto y
tratar con el allí. En el momento en que Dios soberanamente se le revela a Moisés en medio de la
zarza que ardía, Moisés no quería ir, pero Dios lo hizo ir.

Faraón es otro ejemplo de la soberanía de Dios; en este caso de forma negativa. Dios levanta a
Faraón y lo escoge para ser el vaso de ira sobre el cual Dios derramaría su castigo. Pablo
comentando acerca de la soberanía de Dios dice: “Porque la Escritura dice a Faraón: PARA
ESTO MISMO TE HE LEVANTADO, PARA DEMOSTRAR MI PODER EN TI, Y PARA
QUE MI NOMBRE SEA PROCLAMADO POR TODA LA TIERRA.” (Romanos 9:17, LBLA).
Dios podía haber sacado a Israel de Egipto de manera milagrosa y sin necesidad de desatar sobre
Egipto las plagas. Sin embargo, Dios queriendo manifestar Su poder y gloria, una y otra vez
endurecía el corazón de Faraón para así poder continuar desatando su ira sobre el y sobre su
gente. Como prueba de esto solo tenemos que examinar los siguientes textos bíblicos: Éxodo
4:21; 7:3, 13, 22; 9:12; 10:20, 27; 14:4, 8, 17.

A través de la historia de Israel podemos observar a Dios escogiendo una y otra vez a aquellos
que El quería utilizar. Escoge a Josué para reemplazar a Moisés. Elige a Rahab la ramera para ser
la persona que escondería a los espías y la única de la ciudad de Jericó que fue salva. En el
tiempo de los jueces, Dios escogió a cada uno de ellos. Desde Otoniel hasta Gedeón, incluyendo
al siempre confundido y desviado Sansón. Todos elegidos por Dios.

Isaí tenia ocho hijos, pero solo David fue el escogido. En 1 Samuel 16 encontramos la historia.
Notemos como es que cuando cada vez que Samuel rechaza a uno de los hijos de Isaí dice: “este
no es el escogido”.

“Entonces Isaí llamó a Abinadab y lo hizo pasar delante de Samuel. Y éste dijo: Tampoco a éste
ha escogido el Señor. Después Isaí hizo pasar a Sama. Y él dijo: Tampoco a éste ha escogido el
Señor. Isaí hizo pasar a siete de sus hijos delante de Samuel. Pero Samuel dijo a Isaí: El Señor no
ha escogido a éstos.” (1 Samuel 16:8–10, LBLA)

Jeremías fue escogido por Dios para ser profeta antes de que naciese. Es casi increíble pensar que
Dios planeo el nacimiento de Jeremías precisamente porque lo había escogido para ser profeta.

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Dice en Jeremías 1:5 – “Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que
nacieras, te consagré, te puse por profeta a las naciones.” (Jeremías 1:5, LBLA).

Jonás es otro buen ejemplo. Este profeta no quería ir a predicar a Nínive, prefirió desobedecer a
Dios y embarcarse en dirección opuesta para huir de la voluntad de Dios. ¿Qué hace el Eterno?
Le prepara una tormenta y la desata sobre la embarcación; y le prepara un gran pez y lo tiene listo
para tragarse a Jonás y tenerlo en su vientre por tres días mientras lo llevaba de vuelta a la costa
para ir y obedecer a Dios. En otras palabras; Dios le estaba dejando saber a Jonás que Él lo había
escogido como profeta sobre Nínive y que no había forma de escaparse. A donde quiera que
Jonás fuese la presencia de Dios lo seguiría.

En este momento alguien estará pensando: “pero eso es solo en el Antiguo Testamento, no aplica
al Nuevo.” Bueno… Juan el Bautista fue escogido por Dios. Milagrosamente Dios hace que Juan
naciese para específicamente ser el precursor de Jesús. Pero entes de elegir a Juan, Dios había
elegido a sus padres, Zacarías y Elizabeth. Dios eligió a María como la que llevaría a el Divino
Niño en su vientre. Dios escogió a José para ser el padre terrenal de Jesús, quien fue el protector
del Divino Niño, y de quien Jesús aprendió su oficio de carpintero. Jesús mismo escogió a cada
uno de sus discípulos y los llamo por nombre para que le siguieran. Aun al mismo Judas (otro
caso de elección de manera negativa como Faraón), quien luego le traicionaría, fue escogido por
Jesús específicamente para que cumpliese el papel del hijo de perdición.

Mas de todas las personas del Nuevo Testamento el mejor ejemplo de elección soberana de Dios
es Pablo. Lo conocemos por primera vez en el libro de Hechos bajo el nombre de Saulo. La
primera referencia aparece en el capítulo 7 en donde se nos indica que después que Esteban fue
dado a muerte sus vestidos fueron puestos a los pies de Saulo (Hechos 7:58). Se nos dice de
Saulo que tenía un odio tan grande por los cristianos que los perseguía con gran furor. Los sacaba
de las casas y, tanto hombre como mujeres, eran arrastrados por Saulo y echados en la cárcel
(Hechos 8:3). En Hechos 9:1 se nos dice que Saulo “respiraba amenazas en contra de los
cristianos”. La palabra respiraba viene del griego “empneō” la cual hace referencia a un respirar
profundo y con furor, como el de un toro cuando va a atacar al torero. La persona que nosotros
menos esperaríamos que Dios escogiese fue Saulo. Una persona tan llena de furor, odio, ira, y
antagonismo en contra de los cristianos fue la que Dios soberanamente escogió para ser el
Apóstol de los Gentiles. Leamos lo que la Biblia misma dice respecto a Pablo:

“Pero el Señor le dijo: Ve, porque él me es un instrumento escogido, para llevar mi nombre en
presencia de los gentiles, de los reyes y de los hijos de Israel;” (Hechos 9:15, LBLA)

“Y él dijo: “El Dios de nuestros padres te ha designado (escogido) para que conozcas su
voluntad, y para que veas al Justo y oigas palabra de su boca.” (Hechos 22:14, LBLA)

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“Pero cuando Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a
bien” (Gálatas 1:15, LBLA)

Ahora, alguien dirá, “pero es solo para los líderes, Dios escoge a los que han de ser líderes no a
los que han de ser salvos”. ¿Sera cierto? Observemos lo que la Biblia nos dice: “¿Y no hará Dios
justicia a sus escogidos, que claman a El día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles?”
(Lucas 18:7, LBLA)

“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.” (Romanos 8:33, LBLA)

“Entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, revestíos de tierna compasión, bondad,
humildad, mansedumbre y paciencia;” (Colosenses 3:12, LBLA)

“Por tanto, todo lo soporto por amor a los escogidos, para que también ellos obtengan la
salvación que está en Cristo Jesús, y con ella gloria eterna.” (2 Timoteo 2:10, LBLA)

“Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y al


pleno conocimiento de la verdad que es según la piedad,” (Tito 1:1, LBLA)

“Saludad a Rufo, escogido en el Señor, también a su madre y mía.” (Romanos 16:13, LBLA)

“Pero nosotros siempre tenemos que dar gracias a Dios por vosotros, hermanos amados por el
Señor, porque Dios os ha escogido desde el principio para salvación mediante la santificación por
el Espíritu y la fe en la verdad.” (2 Tesalonicenses 2:13, LBLA)

“Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión
de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz
admirable;” (1 Pedro 2:9, LBLA)

“según nos escogió en El antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin
mancha delante de El. En amor” (Efesios 1:4, LBLA)

Notemos que todos los textos citados arriba (y muchos otros no citados aquí) son utilizados para
hablar del cristiano en general, no solo para los líderes. Como cristianos nacidos de nuevo por el
Espíritu Santo somos conocidos como los escogidos de Dios.

Por último, alguien estará pensando: “que orgullo ese… llamarse escogido”. La realidad es que
no soy yo quien le dio ese nombre a los cristianos, es la Palabra… fue Dios. Además, la doctrina
de la elección soberana no es razón para orgullo sino razón para humillarse. Cada vez que pienso
y medito en esto mi corazón se acongoja y se quebranta ya que, ¿qué vio Dios en mí? Nada…
absolutamente nada. Solo soy un vil pecador que merezco el infierno eterno, pero Dios en su
absoluta y soberana Gracia decidió salvarme. Este pensamiento es más grande que yo y solo me

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provoca el caer postrado a Sus pies reconociendo que todo lo que soy es por su Gracia. La
realidad es que el orgullo está, en decir que yo escogí a Dios. La doctrina de la elección soberana
me hace mantenerme en equilibrio ya que al final se que “no depende del que quiere ni del que
corre, sino de Dios que tiene misericordia.” (Romanos 9:16, LBLA).

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