Un llamado al sector privado: invertir en educación y cultura ciudadana

Por Margarita García Resultados de la encuesta de Responsabilidad Social Empresarial 2008-2009 realizada por la ANDI arroja que más del 90% de los empresarios adelanta acciones de RSE. De igual forma muestra que los empresarios si cuentan con una política o estrategia de RSE y si en la empresa existe un área específica que se ocupa de este tema. En esta dirección cabe destacar que más del 60% de los encuestados respondió afirmativamente. De la misma manera, concluye que las 210 empresas más importantes del país invierten $1,7 billones al año en programas de atención a la comunidad y que el 40% de dicha inversión, se dedica a la educación, tanto formal como no formal y a formación para el trabajo. Mucho se habla de la inversión social corporativa como contribución al desarrollo sus entornos y grandes iniciativas han surgido al respecto, en temas como: el medio ambiente, mitigación de pobreza, salud, educación y recreación. La responsabilidad corporativa, se respalda en la armonía entre el crecimiento económico y el aporte a desarrollo. Se legitima agregando valor a la empresa, teniendo presente a todas las partes interesadas en la toma de decisiones y considerando las expectativas socio-ambientales de empleados, proveedores, clientes, accionistas, ambiente y comunidad. Para un adecuado relacionamiento de la empresa con la comunidad, no es necesario crear una fundación empresarial. Sin embargo, cuando una empresa privada decide invertir en proyectos sociales directamente, debe apoyarse en la infraestructura local, pública, privada y/o ONG, para garantizar el cumplimiento coherente de los objetivos de sus programas. En éste tipo de inversiones sociales, se espera un alto involucramiento de empleados, articulación con la infraestructura pública, cercanía a sus zonas de influencia y beneficio a población vulnerable, en temas comunes a sus problemáticas locales. En cambio, cuando una empresa decide contribuir a una causa de carácter nacional, es porque ha encontrado una brecha en el sistema, donde siente que su contribución es necesaria, donde puede hacer una diferencia y donde no asume roles de otros sectores. En esos casos, las Fundaciones empresariales han resultado ser importantes jalonadores de cooperación, desarrollo, transformación y movilización social, a través de sus programas. El sector privado, de la mano del Estado y la academia, resulta muy útil cuando apoya gobiernos, en áreas en las que por diversas razones, no ha generado

todavía capacidad instalada para implementarlas. Así mismo, cuando hace apuestas a largo plazo que garanticen un aprendizaje conjunto, sostenido y con altos estándares. Uno de los temas donde el sector privado ha hecho esfuerzos importantes por hacer una contribución destacada, es en el diseño e implementación de programas de educación. Haciendo la diferencia en la oferta de metodologías que permitan a los gobiernos fortalecer la efectividad de su alcance. Al respecto, me quiero referir al valor de estrategias que pretenden la construcción conjunta de ciudadanía, para mejorar comportamientos ciudadanos. Una apuesta a largo plazo, que requiere creatividad e innovación permanente, pero que ha demostrado que vale la pena, en la medida que por una lado le busca un lugar privilegiado en la estrategia pública y por otro, hace un aporte a las competencias conductuales de los beneficiarios y no solamente a las técnicas. Algunos de programas existentes, escasos por cierto, buscan construir una cultura ciudadana responsable y considerada, a través de alianzas con el sector educativo para desarrollar las habilidades, actitudes y conocimientos en los estudiantes, docentes y en la comunidad en general. Como resultado, busca que sus programas, inciten una utilización activa de la ciudadanía, del entorno y que en ambientes reales, se desarrollen las competencias necesarias para el ejercicio de la buena convivencia. Ha sido fundamental, contar con el pensamiento estratégico de los diferentes sectores y actores: público, privado, academia y organizaciones sin ánimo de lucro. Para el fortalecimiento de los sistemas, es necesaria la conciencia que los programas desarrollados por el sector privado, a través de sus fundaciones, ponen al servicio de sus países, ciudades y administraciones locales, metodologías y herramientas de seguimiento y evaluación pertinentes, sin querer opacar el liderazgo de los temas en el sector público. Las administraciones locales no deben bajar la guardia de la cultura ciudadana en sus prioridades y promover plataformas de programas encaminadas a fortalecer la calidad de la educación, formación, tolerancia y mejoramiento de comportamientos. Los programas de educación y cultura ciudadana, requieren mucha concentración de esfuerzos colectivos, y garantizan que la formación de una ciudadanía activa, capaz de tomar decisiones de manera informada, autónoma, responsable, capaz de reconocer y respetar las diferencias y construir a partir de ellas; es la base para la construcción de tejido, en entornos sociales tan complejos como el Colombiano. Concluyo, que para que se consolide una política de cultura ciudadana, se requiere un claro compromiso de los sectores, una luz verde de la comunidad de estudiosos de los entornos, las ciudades y las personas y una vinculación decidida y constante de todos aliados naturales de los temas.

El trabajo que actualmente se hace en términos de formación ciudadana no es suficiente, si no se articulan acciones que sean sostenibles en el futuro. Para ese fin, el sector privado puede impulsar la formación ciudadana como pilar de Responsabilidad Social Empresarial y a su vez generar atención en las alcaldías y gobiernos locales para que la educación y cultura ciudadana no pierdan un lugar importante en la agenda pública y constituyan un motor de transformación y desarrollo en el país.

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