Está en la página 1de 176

Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 1

 
 

SOLAPA

Daniel Cortés es un artista nacido en la ciudad


de San Juan de Pasto – Colombia, el 5 de junio
de 1995, que se ha destacado principalmente en
las áreas de la música y la escritura. Es
reconocido por su trabajo como compositor,
letrista, vocalista, bajista, guitarrista, y
arreglista, tanto de su banda principal,
“Paradigma” desde el año 2009, como de su
proyecto como cantautor solista desde el año
2011. Es estudiante de psicología en la
Universidad de Nariño, poeta y escritor.

Sus estudios en estos ámbitos artísticos han sido


completamente empíricos; sin embargo, sus
lecturas y experiencias de vida, han permitido
que se conserve en sus escritos, las huellas de
sus influencias teóricas y literarias, destacando
entre ellas a autores, poetas y filósofos de la
naturaleza de Nietzsche, Dostoievski, Foucault,
Baudelaire, Artaud, Henry Miller, entre otros.
Logrando que su trabajo sea valorado y
reconocido por personas influyentes en la
literatura de su región, y sea invitado a decenas
de conciertos, recitales y encuentros poéticos a
nivel nacional.

El trabajo literario de Daniel se caracteriza por


una fusión de narrativa y poética, con un estilo
conceptual que tiende al existencialismo, la
fantasía, la psicología y la crítica social.
CONTRAPORTADA 
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 1
 
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 2
 

Para Luisa Rojas


por acompañarme en este duro viaje.
Aun conociendo mi sombra,
me brindaste luz y me demostraste que puedo brindarla.
Eres inmortal en mi vida y en mis letras… Mi luna.

A Carlos Cortés
porque siempre sentiré tu abrazo presente en los ecos de mi guitarra.

A Mi madre
por todos estos años de paciencia, aguante y amor incondicional

A la música.
Mi compañera fiel, mi diosa.

A la “madre tierra” por inspirar el origen de este libro


a través de la ayahuasca.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 3
 

LO QUE CABE EN SU MATRIZ


Daniel F. Cortés B.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 4
 
INDICE:

Prólogo (por John Jairo Ortiz)_______________________________________ 6


Nota del autor____________________________________________________10

INTRODUCCIÓN: Los cuatro hijos del quinto_________________________ 11

CAPITULO I
- Transición de conciencia_____________________________________________ 14
- Entre gustos no hay disgustos__________________________________________22
- Entonces recordé que el recuerdo me hace daño___________________________ 25
La muerte de Daniel
 Pre-subdivisión________________________________________________ 36
 Subdivisión___________________________________________________ 39
 Invocación____________________________________________________ 44
- Dios es con minúscula________________________________________________46

- POEMAS SEUDEMONIACOS
 El soñador sin sueños__________________________________________ 52
 Solitarias tablas_______________________________________________54
 Mundo de guitarras____________________________________________56
 ¡Dejen que dios se suicide!______________________________________ 57

CAPITULO II: POSTMORTEM____________________________________ 59

- Cuando paró la lluvia_________________________________________________61


- Aquél día fumé mi último cigarrillo _____________________________________72
Navegante nocturno
 El viaje______________________________________________________ 80
 La arribada___________________________________________________ 89
- Hoy puedo mirar al cielo más triste que nunca_____________________________92
 Paréntesis (alucinaciones)______________________________________ 101
 Segundo Paréntesis (lucidez)____________________________________ 103
- Circo de reflexiones en un recuerdo futurista_____________________________ 106
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 5
 
CAPITULO III: REQUIEM… DE LUNA NOVA _____________________115

- Listos, apunten… ¡Fuego!


 Primera parte________________________________________________117
 Segunda parte_______________________________________________ 122
 Tercera parte________________________________________________124
 Cuarta parte_________________________________________________126

- Yo estoy aquí
 Necesidad___________________________________________________129
 Sumisión____________________________________________________132
 Negación____________________________________________________133
 Amor_______________________________________________________135

CAPITULO IV: SINFONÍA (NI LA DISTANCIA) PLENILUNIO _______________137

- Allegro__________________________________________________________ 139
- Andante__________________________________________________________143
- Adagio___________________________________________________________146
- Presto____________________________________________________________148

CAPITULO V: BELITIUS (APOCALIPSIS) NATALICIO DE LA BESTIA________154

- No seas iluso, sueño (no luches contra la realidad) ________________________ 156


- Canto final (Rapsodia)______________________________________________ 159

Resurrección (tres días después del agujero negro)


 Primavera congelada___________________________________________161
 Libertad_____________________________________________________162

- EPÍLOGO:________________________________________________________164

 
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 6
 
PRÓLOGO
El hombre en su orgullo,
creó a Dios a su imagen y semejanza…
F. Nietzsche
 
Lo que Cabe en su Matriz es una metáfora de vida y de muerte donde se conjugan las más
importantes dialécticas que cimientan los misteriosos túneles que constituyen el fascinante
y complicado laberinto de la mente humana y su múltiple dualidad: Luz-oscuridad, razón-
sin razón, cordura-locura, amor-odio, miedo-sosiego. Aquí, todo atraviesa un largo y obtuso
camino trazado principalmente por lo mágico, lo fantástico y lo mítico, pero también se
hace un análisis minucioso de las relaciones interhumanas caracterizadas por el conflicto y
la ignorancia frente a la vida, a su impetuosa tendencia a la banalidad, a un amor enfermizo
por lo superfluo y a la pérdida de su propia historia como individuo. De esta manera, en Lo
que cabe en su matriz se manifiesta la influencia de la filosofía clásica y del
existencialismo contemporáneo, la vivencia personal de la era posmoderna en una praxis
subjetiva de relaciones conflictivas y una agilidad crítica muy propia del autor.

En esta obra se pone en cuestión la existencia misma de un dios narcisista con conflictos de
personalidad, donde el autor jocosamente llega a romper los límites de lo real y lo irreal
dibujando al lector un hombre-dios con “d minúscula”, rompiendo así su Universalidad
para describirlo en su singularidad; con sus conflictos internos, sus dudas, sus miedos, sus
gustos, sus odios; pero sobre todo, su soledad, donde cada soliloquio atraviesa la barrera de
esa soledad, exigiendo en el lector un confidente de sus secretos y pasiones; y por
consecuencia, convirtiéndolo en un fiel Sancho Panza testigo de las aventuras de este
hombre-dios con “d minúscula”.

El suicidio como acto de libertad se constituye en sí mismo como una metáfora del
nacimiento, donde la matriz constituye una vida intrauterina aburrida, malgastada, de una
paz aterradora, donde la placidez se convierte en letargo y toda una vida de ocio y confort
termina por exigir el picante de la vida: el dolor, el sufrimiento, la pasión, el desamor, la
locura, la frustración, la búsqueda de sentido en algo que ha perdido: la existencia. Así, el
suicidio se constituye en un parto hacia lo extraordinario, en aquellos signos inequívocos
que utiliza la muerte para recodarnos que estamos (inevitablemente) vivos.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 7
 

Pero también este nacimiento promulga la adulación de la vida a través de la naturaleza,


reseñando a un mundo foucaultiano, que enaltece el conflicto de lo natural y lo cultural,
como algo inherente al seno de la existencia humana; haciendo así, una crítica a la
puerilidad del consumismo capitalista que opone unas “necesidades” innecesarias a la
simplicidad de la vida y a una belleza de lo nimio en sentido Kantiano; tal como la
contemplación de la naturaleza en su desnudez, que logra despertar la sensibilidad del
lector y lo reconcilia con su mundo biológico, mundo que contrasta con una realidad
mercantilista, donde la artificialidad y el artificio constituyen un orbe irreal de felicidades
inexistentes que se materializan en la terrorífica idea de la “Tierra Prometida”.

Así, la matriz también metaforiza una sociedad sombría con intereses oscurantistas de
dominación, sociedad que produce seres sin historia, sin presente y mucho menos futuro;
seres inesperados, indeseables, desechables, des-hechos, mal-hechos, sufrientes que
sucumben bajo el manto y la voluntad del fetiche del dinero como supremo bien y como
máximo signo de denigración de la humanidad; humanidad, palabra que cada vez se torna
más sin sentido y pierde su significado mientras lo recobra el valor (valor de uso, valor de
compra, valor de mercado, valores culmen de esa matriz de consumo).

Daniel Cortés también increpa en su obra las falsas y múltiples moralidades hipócritas de la
posmodernidad, pone en cuestión la ética del consumo y su inherente capacidad de crear
cadenas en hombres que se consideran libres por antonomasia; de esta manera, Daniel nos
relata una historia en medio de una sociedad de desconocidos, donde cada sujeto se
caracteriza por su insignificancia, ubicando entre sus letras el fiel reflejo de una sociedad de
alienados de todo tipo: religiosos, políticos e ideológicos; donde el apego al bien material
se solidifica en una “moral” en sí misma y elide en el ser humano cualquier vestigio de
libertad posible, instituyéndose ésta última en un anhelo que linda con la muerte y se
expresa en un deseo suicida de libertad.

Por otro lado, la música y la musicalidad de la obra también resuenan entre líneas,
resaltando la gran influencia que la música ha tatuado sobre la vida y la subjetividad del
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 8
 
autor. Por ello, se encontrará a lo largo de la obra varias referencias a la música, que de
manera ingeniosa, Daniel logra impregnar en una obra hecha de palabras; así, palabra y
música logra una armonía a veces consonante y a veces disonante producto de la intención
del autor y de sus conflictos que inspiraron la construcción de su obra y es por ello que
referencias a la música se encuentran en los títulos de algunos capítulos y se plasman en
muchos apartados de este libro; entre estas, nos encontramos con referencias que provienen
desde la música académica como “Un día de noviembre” de Leo Brouwer o “La
consagración de la primavera” de Igor Stravinski, pasando por un “Romance del diablo”
de Astor Piazzolla, viajando incluso hasta las frases de Mercedes Sosa, y convergiendo en
las más ruidosas y estridentes distorsiones del rock y metal contemporáneo. Además,
resulta interesante escuchar la obra musical de Daniel, pues algunas de sus canciones (como
solista o con su banda base, “Paradigma”), comparten ciertas frases y conceptos con
fragmentos de su novela; por lo que, dota de coherencia a los textos y cumple una función
complementaria al análisis de ambas obras.

La “Matriz” también es un mundo subjetivo, un universo de significaciones muy


particulares en la vida del autor: de sus conflictos, de sus pasiones, de sus emociones, de
sus sentimientos, sus sueños, sus anhelos, de sus pensamientos más escatológicos, sus
fantasías; y sobre todo, de una tortuosa realidad en la que se desenvuelve la vida de Daniel;
aquí, ese alter ego con “d minúscula” se fusiona simplemente con Daniel, el artista que sólo
quiere tocar su guitarra, tocar sus sueños, tocar la libertad, tocar a su padre (incólume
ausencia y principal inspiradora de canciones y letras que Daniel ha traído a la vida, y
columna vertebral de su libro).

Entonces, lo que cabe en su matriz es un compendio de reflexiones filosóficas, de


experiencias y vivencias del autor, de sus encuentros y desencuentros con los significantes
de la vida y de la muerte, de sus anhelos de vida y su desdén-amoramiento por la muerte, de
una existencia trágica propia de la época en que habitamos, de esas calles plagadas de gente
y vacías de humanidad, de supermercados repletos de productos y vacíos de regalos, de
ciudades llenas de lenguajes y vacías de palabras, de hogares colmados de abrazos y vacíos
de caricias; es el resultado de una juventud en el esplendor de su crítica y su permanente
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 9
 
insatisfacción, mezclado con una madurez inacabada. Es el resultado de la frustración del
sueño de un niño con la nostalgia de un hombre naciente, de las melancolías que nos
heredan las pérdidas y de la inmortalidad de los sueños que revolucionan siempre el perecer
y nos brindan un nuevo aliento para vivir por fuera de la matriz, aunque secretamente
anhelemos retornar a ella.

John Jairo Ortiz


Psicoanalista
San juan de Pasto, febrero 9 de 2016.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 10
 
NOTA DEL AUTOR:

“Lo que cabe en su matriz” son dos libros, donde indagaré en temáticas afines al amor, el
suicidio, la desesperanza, la crítica social, el cosmos, la especulación teórica, la locura, la
soledad, los alter egos, el temor, y un sinfín de tópicos cercanos al existencialismo. En
ellos se debe tomar en cuenta el momento existencial que ocurría en mi vida personal al
escribirlo; el primer libro lo escribí desde mis trece años hasta los dieciséis, y, en él se
hará evidente cierto contenido autobiográfico que se plasma en los subtítulos que van
desde “Transición de conciencia” hasta “La muerte de Daniel”. A partir de ahí, la trama y
la narrativa tomarán un giro drástico ligado a la fantasía.

Personalmente y aclarando que no es obligatorio, recomiendo leer este libro con música
de fondo de la siguiente manera:

Leer la introducción escuchando “De Ushuaia a la Quiaca” y “Babel” de Gustavo


Santaolalla. Desde el subtítulo “Transición de conciencia” hasta el subtítulo “La muerte
de Daniel - Subdivisión”, escuchar música instrumental minimalista aleatoria de los
compositores franceses Yann Tiersen y/o René Aubry; o el estadounidense Philip Glass;
ciñéndose a obras (de los mismos autores) con estilos afines respectivamente a “¡Good bye
Lenin!”, “Demi Lune” y “Metamorphosis”. De ahí en adelante, dejaré entre paréntesis la
obra recomendada para cada subtitulo a lo largo del libro (de igual manera, AL FINAL
DE ESTE LIBRO HAY UNA LISTA CON TODAS LAS REFERENCIAS MUSICALES EN
ORDEN).

El poema con el cual inicia el subtítulo “Hoy puedo mirar al cielo más triste que nunca”,
es obligatorio leerlo lentamente y con el tango “Romance del diablo” de Astor Piazzolla.

Antes de continuar al “Capítulo V (Belitius: (Apocalipsis) Natalicio de la bestia)”,


recomiendo darse un momento de descanso escuchando “Canción de las simples cosas” en
la voz de Mercedes Sosa.

Cuando se finalice el libro, sería ideal escuchar la obra “Un día de noviembre” del
compositor Leo Brouwer. Y si el lector gusta complementar su experiencia (solo a modo de
recomendación y por gusto personal), podría culminar reproduciendo “Echoes” de Pink
Floyd, y “The sky moves sideways” de la banda Porcupine Tree.

Muchas gracias… Puedes pasar.

San Juan de Pasto, agosto 20 de 2016


Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 11
 
INTRODUCCIÓN
LOS CUATRO HIJOS DEL QUINTO
(Música: Gustavo Santaolalla - De Ushuaia a la Quiaca y Babel)

Dicen mis ilógicas cuando las escucho,


que nada inicia ni termina,
que todo es la base de círculos infinitos, que parpadean
muriendo y renaciendo en el olvido y en el recuerdo.

Hoy lloramos la muerte de un dios pues se ha convertido en cuatro


y solo prevalece el más oscuro y solitario;
la conciencia es ciega,
la lógica es ilógica,
el niño es vigilia del infierno,
¡el cuerdo se ha perdido en las llamas de su locura!

Hoy he nacido solemnemente pues mi creador se ha cambiado el nombre,


se ha rendido ante su intento de entenderse
y ha decidido llorar la tumba de sus dioses…

Yo siempre le dije que todos son dioses, al igual que él,


pero, ¡que idiota fue al convertirse en el dios de sus sueños!
nunca soportó la presión de tantas tareas
ni la sequía en su boca después de escupir a esos sueños, creyendo que eran humanos

¡Él nunca entendió que todo dios alguna vez fue estrella!
Que todos nosotros nacimos de lágrimas
… y tristemente nos convertimos en ellas.

D minúscula.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 12
 
Listos, apunten…

¡Fuego!

Mientras estoy muerto solo espero que mis cuatro almas solucionen sus problemas; entre
tanto, estoy encerrado en un cubo de espejos sin ser yo, solo soy una minúscula, una “nada”
desnuda en un rincón lóbrego de la mismísima miseria; soy el dios ateo, el creador de lo
creado. Aquí todo es negro, el único resplandor proviene de las pálidas velas a mis lados;
en ellas, enciendo mis cigarrillos ignorando los rostros que reflejo, y luego me siento a
esperar pacientemente.

¿Qué espero? – Me digo – Espero que el mundo sea diezmado cuando decida despertar; o
que al menos, para aquel entonces el nombre de dios sea con minúscula, ¿acaso es mucho
pedir que corrijan errores de lenguaje? Infinitas palabras han sido desperdiciadas ante falsas
miradas, falsos oídos y falsas mentes; era de esperarse que el hombre en su miseria y
cobardía, no resista peso semejante al de la lengua; ¡músculo pesado!, cargado de símbolos
y significantes que vuelven tangible la universalidad de la palabra, pero tan pesada, que
solo puede resistirla el papel. ¡No la soporta siquiera el que la usa, por más fuerte que sea
su carácter poético! ¿Qué reserva aquel que escribe a su obscena propiedad?

La lengua, como constructora y destructora, como industria, como testigo, como historia
fragmentada en rupturas convencionales, como carta de amor y también como discurso de
paz; de cualquier manera, ¡sigue siendo insoportable por su incomparable capacidad de
quebrar las máscaras humanas, señalando sus más ensangrentados, andrajosos y utópicos
individualismos! La lengua, que, como órgano, lame y excita al punto máximo de
desnudez, desatando todo nudo, desprendiendo toda armadura y levantando toda falda; solo
nos demuestra, que, una vez se sucumbe a ella, por simple placer a la destrucción, no se
puede parar de desmenuzar el mezquino entorno humano únicamente desnudándonos a
nosotros mismos y acariciando unos pezones ajenos. Sucumbir a la lengua es de valientes y
cobardes, de monjas y putas, de naturalistas y misóginos. Es de todos aquellos que indagan
en los extremos más controversiales de la humanidad, y con ella, sufren y lloran,
materializándose en la tristeza arrolladora del poeta; un pequeño dios, que aún conserva ese
intenso amor a la perfección del arte como amante, que, como toda mujer, mata siendo
musa y siendo arma, siempre ofreciendo la fantasía de la inmortalidad y la creación, sin
importar la desdicha como precio.

Cuando revisé minuciosamente estas letras, hasta a mí (siendo dios), me aburría la


tendencia autobiográfica de su apertura, la lengua adolescente que se plasmaba en un diario
expresando fuertes críticas al mundo y sus dogmatismos, con inútiles, patéticas, pero
“poéticas” reflexiones que se presentaban en mi mente de formas trascendentales y quizá
dignas de atención pero sin digna elocuencia; quizás podría haber esperado unos años, parir
mejores textos, modificarlos con finura y evitar la ignorante quejumbre proporcional a la
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 13
 
pubertad y a la angustia que a esta le acarrea no poder “cambiar el mundo”. No obstante,
preferí no modificar demasiado el origen de la “matriz”, surgió de una pequeña estrella, de
un pequeño instante, de un pequeño infante; en fin, de una humilde y autobiográfica
espontaneidad.

Todo en esa fría ciudad me causaba lástima, hasta las lucecitas de los faros que se
reflejaban en los charcos opacando la belleza de las estrellas naturales. Así era para mí la
vida; nublada, castrante, falsa, hipócrita, como mi revolución sin fundamentos ajenos al
resentimiento infantil. Todas y cada una de esas reflexiones exageradamente
trascendentales tienen un dote de perspicacia en medio de la historia que vengo a contar;
por esto, la iniciaré desde el pasado, con una breve reflexión infante, invisible, subyacente y
fácilmente olvidable, pero necesaria. Es justo retomar el origen de mi naufragio, de todo
aquello que pasaba por la mente de mis cuatro identidades mientras la luna se caía a la
tierra, mientras enfrentaba sin parpadear a la muerte ante al pelotón de fusilamiento. Es
justo exaltar la monótona y desesperanzada realidad mental de un individuo que debe
contemplar la necesidad de ser un bufón.

Fueron varios años luz atrás pero aún lo recuerdo. Mientras lloraba en las noches en medio
de mi soledad; al despertar, antes de abrazar con resignación a la multitud que intentaba
adiestrarme, prefería encerrarme en mi cubo para no mirarles las caras, y ahí adentro, a
partir del diálogo con la luna y con los espejos que lo rodeaban, redefinir mis conceptos de
la realidad, creando unos cimientos ideológicos imaginarios (no menos importantes o
verdaderos que la rutina farsante del medio externo); ahí, en “el cubo”, gozaba de una
libertad plena y absoluta reemplazando mi existencia con “la nada”, mientras le otorgaba la
responsabilidad por mi ser integro a los fantasmas que me rodeaban, sin saber que en la
matriz de mi existencia, no tardaría en romperse la fuente.

Un infante afanado por nacer prematuro dejó escapar la infancia en aquella matriz, mientras
moría a diario en la desesperación y el desequilibrio que solo conllevarían a su aborto
voluntario. Era joven (¡muy joven!), mi edad mental no era tan joven como yo, pero seguía
siéndolo. Era tan joven, que en aquel tiempo portaba una conciencia moral dotada de buena
vista.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 14
 
“Edipo (A Yocasta) le arranca de los vestidos los
broches de oro que los adornaban, los coge y se los
hunde en las órbitas de sus ojos, gritando que no
serían ya testigos ni de sus desgracias ni de sus
delitos: «En las sombras, decía, no veréis ya los
males que he sufrido ni los crímenes de que he sido
culpable. En la noche para siempre, no veréis más a
los que nunca deberíais haber visto, ni reconoceréis
a los que ya no quiero reconocer”

Sófocles.

CAPITULO I

TRANSICIÓN DE CONCIENCIA (Varios años luz antes de un naufragio –


Reflexiones de un niño envejecido)

(Música minimalista aleatoria de Philip glass, Yann Tiersen y René Aubry)

Me dicen que ponga los pies sobre la tierra, que estudie escuchando bocas y miradas
mudas, que deje de vivir en las estrellas, que tenga sueños por realizar y bocas que
alimentar, que baje de las nubes, que ame a dios sobre todas las cosas, que afile bien las
tijeras para cortar el cabello, que sea considerado con su dinero, ¡que sea alguien! En fin,
que ponga los pies sobre la tierra… Ese no es el problema, he decidido hacer caso omiso a
lo que me exigen, pero pensar que hasta ellos tienen los pies en el pavimento me hace sentir
como la mierda que pisamos en él.

¡Maldición! A veces reniego tanto de este mundo que he olvidado reprochar el mío. ¡Vaya
forma de huir! Vaya forma de suicidio he escogido, sumergido inútilmente en la soledad
olvidada y estigmatizada por el decadente hombre cívico. Me mato con libros, con poetas
malditos, me disparo con la palabra. Muero en las vertiginosas frases de aquellos que
sucumben a la locura, como resultado esperado de su amor a la cordura. Muero de tristeza
en mi enfermiza sociedad, a ellos los culpo de mis lágrimas y es por eso que prefiero
matarme en la soledad con palabras sabias antes que vivir en su estupidez.

Me han forzado a pertenecer al paraíso en el que creen… En las nubes de su cielo se


observa el gris mientras disfrazados de nobleza prohíben el negro; se esconden detrás de
sus nubes densas, y luego llueven para desaparecer la evidencia de su desafiante
prohibición; así les funciona el paraíso, así les funciona la moral. Por eso inventan esa
moral, en un desesperado intento de sentirse libres desobedeciendo las mismas leyes que
inventan.

¿Es más importante el amor a la naturaleza o el placer de comerla viva? ¿El respeto a la
diferencia de culto, o meterle la cruz por el culo al que no desea recibirla? ¿Defender la
democracia de las políticas justas, o esperar que otros lo hagan para no parecer insurrecto?
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 15
 
Yo, por mi parte prefiero ser sincero, escupirle a la igualdad para cambiar el mundo, pues la
igualdad no es justicia, prefiero el alcohol y el tabaquismo, pues después de todo, la
inconciencia financia la educación y la salud de mi país, país donde solo se puede ser feliz
estando borracho. Cuando me intoxico con sus humos y licores, prácticamente estoy
pagando el diploma de mi futura graduación; vivo en un país de fiesta, un país donde el
niño aspira a una buena calificación por encima de su aprendizaje, donde en la jornada de
clase todos ansían el recreo, donde nadie gusta de un buen libro pues su tarea más odiada es
leer algunas páginas por la fuerza para evitar un 0 (cero); donde la mujer víctima de
violación tiene la culpa de ser violada por vestirse de “puta”, donde se matan unos a otros
por llevar la playera futbolística del equipo equivocado, donde la urbe se mofa día a día del
campesino que le da de comer, donde el ladrón mata por necesidad y el político por
conveniencia; si, donde el patriota más reconocido y admirado se llevó a la tumba su poder
y su bigote; y no, no se trata del dictador alemán, este no era un político, era un
narcotraficante.

Yo no soy tan diferente a ellos pues mi guerra es contra ellos y aun así no dejo de ser
despreciable por simplemente ser humano. No promulgo el ser vegetariano pues me fascina
la carne, no respeto la diferencia de culto ni contemplo la tolerancia a ignorantes y
religiosos; en definitiva, ¡urjo no pertenecer a esta patria de mediocres! Me niego a sus
cruces, me niego a sus colegios, me niego a sus convicciones, me niego rotundamente a su
paraíso.

Navegando en los círculos de mis propias quejas, canto sumergido en la angustia


adolescente de no poder compartir con el mundo mis pensamientos ni tomar mis propias
decisiones. Soy un solitario con ambiciones subestimadas, un pequeño prófugo de la
hipocresía sistemática; pero, aun así, dada mi edad y mi entorno, no he podido huir de su
imposición casi inquisidora, su costumbre, su moral que me impide a toda costa escapar del
“paraíso”; ese pequeño paraíso en el cual uno debe mantenerse, para no decepcionar a su
sociedad, a su familia, a su madre, a su entorno, a su ciudad, a su región, a su patria, a su
perro... a su pulga.

Pero ¿cómo no huir de tal monotonía mundana, cuando todo es tan enfermizamente
rutinario? – De pronto, la evolución nos convierte en monstruos que dan su inicio en la
transparencia e inocencia infante, logrando su “madurez” como final y medio al llegar al
espesor oscuro de la adultez; así, como un agua cristalina, que el hombre se ve obligado a
contaminar con basura por protección a su existencia, justo antes de ser robada por otros
hombres que solo desean saciar su sed con aguas vírgenes. No hay ser humano que
conserve limpias sus aguas; el camino de la enfermedad llega, ya sea por adaptación o por
liberación; los que se adaptan, descubren la perversión y la niegan por vergüenza, los que
decidimos liberarnos, la convertimos en nuestra naturaleza… en donde ahogamos la tristeza
de la sabiduría a través del vicio.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 16
 
Pero aun soy joven y conservo la esperanza (incluso entre mis mortuorias convicciones),
aun pretendo cambiar el mundo pues mi conciencia funciona, o al menos mientras tengo los
ojos abiertos; otras veces, opto por cerrarlos para lograr la dicha de la perversión sin
arrepentimientos. Creo fielmente que el sistema digestivo primordial tiene los ojos como
boca y el cerebro como ano; que, hasta el arte más perfecta, es estiércol fétido proveniente
de la representación de un deseo individualista de desechar lo tóxico y obligar al espectador
a retroalimentarse con sus propios ojos, para darle de comer a otros con nuestras desgracias
y así alivianarnos la carga; que, lo único puro es lo que se hace sin conciencia visual, es
decir, sin pensar en la salvación moral ni en la aprobación estética. Así, los vicios son más
reales y sensatos que el paraíso, aunque su precio se materialice en la ceguera.

Vivo en una pequeña habitación en el segundo nivel de una casa grande, su suelo está
forrado de una brillante madera que resuena al más mínimo contacto con ella, éste nivel, se
forma de una sala de espera, un largo pasillo y tres alcobas; la mía, la de mi madre y la de
mi abuela; las suyas permanecen vacías y llenas de cristos, en la mía y en mi silencio
permanezco crucificado entre mis versos. En mi rutina, el día menos usual es el viernes, y
su rutina es enfermizamente usual, podría describirlo de la siguiente manera:

Tengo que ir al colegio a las 7:00 de la mañana, pero, por lo general, llego tarde a
propósito, los profesores llevan en su rostro la insatisfacción de sus sueldos y sus
problemas hogareños; por lo tanto, su catedra (regida por órdenes de un ministerio de
educación que busca ciudadanos mediocres) es tan tediosa, como las materias que enseñan.
Por lo general no me permiten entrar al aula, más que para marcar asistencia, pues llevo el
cabello largo; entonces, voy a la biblioteca y juego ajedrez conmigo mismo. Intento
vomitar en la idea de entablar relación amistosa con mis contemporáneos, y ellos lo saben;
antes, solían burlarse de mí; ahora, simplemente me ignoran como yo a ellos.

Salgo de clase, llego a casa sin saludar, trago algunas cucharadas de arroz, y, ¡al fin! Me
encierro en mi cubo. Leo un poco mientras reposo y luego toco mi guitarra estudiando unas
cuantas escalas y arpegios con ánimos de inspirar alguna melodía nueva (por lo general
nunca llegan ideas agradables pues me gustan los acordes menores; cuando quiero escribir
algo “bonito”, suelo pasar horas enteras sin ningún resultado confortante, entonces me
deprimo un poco, pienso acabar con mi vida hastiado de tantas contradicciones internas… y
es ahí cuando las ideas fluyen).

En medio de mis melancólicas melodías, un zumbido estalla contra la ventana haciéndola


temblar al ritmo de los ridículos y vulgares parlantes del automóvil más ordinario del
vecindario, me desespero mientras lanzo una tras otra maldición a un dios en el que no
creo, y luego, me veo obligado a suspender la canción hasta que el maldito vecino
imprudente se aburra de su reggaetón. Si milagrosamente esto pasa, retomo la canción
naciente hasta que mi abuela espanta la inspiración exigiéndome silencio con un grito.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 17
 
¡Pienso que éste nihilismo me jode! No es que haya tenido una vida trágica, solo que me
habría encantado ser una manchita de la luna.

Enfurezco de claustrofobia, me pongo de pie y camino fuera de mi habitación. Cuando la


madera del segundo piso acaba, se presentan las baldosas de las escaleras dálmatas (blancas
con piedritas negras), cuento los escalones al bajarlos (siempre son 15 en total), llego al
comedor y mi abuela mira a alto volumen sus ridículas novelas mexicanas; o en su defecto,
las colombianas, que vendrían a ser casi lo mismo, pero en vez de contener absurdos y
escandalosos melodramas, se componen de putas, narcotráfico y balas. Eso me hace
entender de mejor y más resignada manera la incultura pronunciada de mi país y el carácter
tan detestable de mi abuela. Una vez ahí, bebo algo de café colombiano (tan delicioso y
adictivo como su coca) y luego salgo de casa con mi guitarra al hombro, prendo un
cigarrillo y continúo mi camino sin un rumbo fijado.

La gente siempre me observa, sus ojos se alimentan de mi mierda, y me la devuelven en


forma de gritos pupilares, que demuestran cierta envidia a mi libertad, disfrazándose con
insultos. Aun no entiendo porque me preocupa la gente, quizá es porque su ignorancia y su
enfermizo temor a la diferencia hacen de mis “buenas” intenciones de cambiar el mundo,
una absoluta utopía.

Pero la verdad es que esto no me importa demasiado; ¡sé que hoy pienso embriagarme! No
tengo dinero, pero tengo mi guitarra, así que la desenvaino de su estuche y me siento en
algún lugar visible y transitado donde luego de afinarla y ponerme “cómodo”, comienzo a
tocar. La gente no escucha, pero igual tira monedas en el estuche mientras yo continúo en
mi éxtasis de acordes y cantos. Algunos dicen que tengo una voz prodigiosa, que no debería
fumar y mucho menos a mi edad; mi conciencia me dice que tienen razón, pero hoy es
viernes, y los viernes suelo cerrar los ojos. Entre más atentos son los ojos, más ciega es la
conciencia y menos conoce del mundo real y su forma de obligar al hombre a violar la ley y
la cordura, ella, a través de ellos, solo repasa lo que le gustaría fuera cierto en medio de sus
fantasías por observar un mejor mundo con mejores horizontes y amaneceres… De ahí que
mis ojos permanezcan resecos, tristes y pisoteados por siempre querer mantenerse abiertos
en su esperanza de ser escuchados por un mundo que nunca es capaz de observar
directamente a los ojos del otro. ¡Nadie tiene tal valentía por temor a que su falsedad sea
descubierta! En su perezosa moral, antes de observar en mis ojos un grito de esperanza y
levantar su rostro firme y sin prejuicios, prefieren ir agachados y burlándose de mi ropa
negra… esa que llora el luto de su muerto propietario.

Al terminar unas cuatro o cinco canciones (y media), cuento el dinero, lo guardo en mi


bolsillo y sigo mi camino. En mis bolsillos se abrigan sucias monedas que han ofrecido
(lastimosamente) aquellos transeúntes mecánicos, lanzando monedas al azar a las melodías
que creo con amor y esfuerzo (aun sin creer en el amor); y yo, que también soy humano y
enfermo de humanidad, entro en su juego cuando comienza a anochecer y contemplo la
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 18
 
idea de beberme esas sucias monedas como uno más de ellos, refugiando esa natural
insatisfacción de vivir. Podrán decirme mil veces que me contradigo, que soy un idiota
egoísta… ¡No lo sé! A veces amo, a veces odio, a veces creo en satanás como un simple
acto de revolución a la iglesia; de hecho, el demonio Belial me hace sentir ciertamente
identificado con sus egos. ¡Cuánto odio el paraíso! Es mejor despreocuparse y quemarse
vivo; el amor acaba siempre con los deseos propios, pues impone la satisfacción del deseo
ajeno, ¡no se lo merecen! ¡No merecen mi amor a la humanidad! Prefiero huir, aunque solo
sea un instante. Escuchar risas macabras y desinteresadas, tocar tetas y bailar con el humo
de mis cigarros, sentir esas extrañas y burbujeantes gotas de saliva de amantes juveniles,
amar a ciegas en un parque público, sin ser suficientemente explícito (pues también creo en
la elegancia), pero dejando muy en claro que solo quiero “coger”. Copas van… copas
vienen, diálogos, discusiones, puños, golpes, guitarras, blues, letras, carcajadas, llantos,
gritos, gemidos. Prefiero este instante a observar el techo de mi habitación, prefiero
perderme en pláticas sobre crudas escenas de Tarantino; o hacer alusión a Jodorowsky
reviviendo a Jesucristo mientras inhala el humo de su propio estiércol hervido en busca de
redención; excitarme mientras imagino jácaras de Sade o pasajes de Henry Miller.
Establecer morbos en la maldita biblia contemplando preciosas blasfemias alusivas a putas
y mesías, que a mi manera uso como arma de seducción sin falsedad ni ilusorios romances
innecesarios que los machistas están acostumbrados a ofrecer. Mis ojos permanecen
cerrados, mi sonrisa agonizante, perdida, placentera; mi mente, borracha… absurda.

Son las tres de la mañana y no puedo ocultar el gozo que me implica la inconciencia, me
siento movido por el odio irracional; quiero drogas, alcohol, sexo oral, quiero nubes grises
en este enfermo paraíso… después dejaré que llueva hasta que escampe y todo esto
desaparecerá, ¡juro que desaparecerá! Pero quiero más vicios e inconciencia, quiero olvidar
lo que me prohíben, ¡ayúdenme a olvidar cuánto me odio!

¡Pero siempre se refleja el superyó y su asquerosa moral! Mis ojos comienzan a parpadear
en un intento de abrirse; me dicen que me vaya, que mi vida debe ser diferente, que debo
darle un ejemplo a la sociedad desde adentro si quiero que salgan de su encierro; pues
desde afuera, las murallas de su religión y su sistema no me permitirían gritar, me dice que
mi madre está en casa preocupándose por mí, que piense en ella, en su corazón, que piense
en mis pulmones, que piense en mi hígado, que piense en ellos. ¡Conciencia hija de puta!
¡Siempre le hago caso y eso me enferma, por eso nunca he podido escapar del paraíso!

Después de obedecerle, vuelvo a casa caminando; es peligroso, la indigencia y la


criminalidad de mi país es alarmante pero no me importa; quiero el riesgo, quiero
autodestruirme… si corro con suerte, alguien más me matará y no tendré que seguir
viviendo en este mundo absurdo bajo la vergonzosa tentativa de suicidio que nunca se ha
concretado porque no he tenido los huevos de salir del paraíso.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 19
 
Como era de esperarse, las calles están despejadas y nada pasa… llego a mi hogar, estoy
mareado y las náuseas son constantes. Subo los escalones dálmatas contándolos de nuevo
(siempre los mismos quince, ¡nunca pueden ser más que eso!) Saludo a mi mamá, quien me
responde desde su cama completamente adormilada; luego, entro a mi habitación
(desordenada como mi mente), veo algo de televisión, pero la apago rápido al aburrirme de
cambiar repetidamente los canales, cierro los ojos sin dormirme; y ahí, en medio de aquel
lapso de tiempo que toma su lugar entre un estado somnoliento y el estado de sueño
profundo (que siempre es largo dado mi pronunciado insomnio), hablo conmigo mismo
hasta creerme loco y quedar en silencio, como ausente, como perdido, como nada; cuando
mi noche de huida concreta sus coitos, solo pienso; otras noches (no muchas) me masturbo;
y al final, nunca se en que preciso instante me quedo dormido, solo sé que suelo despertar
frecuentemente entre mis pesadillas y los pensamientos constantes que nunca puedo
silenciar. Al siguiente día siempre me doy un momento para recordar lo que he soñado,
¡pero es pura mierda! Muy rara vez me encuentro entre los sueños, solo repaso lo que me
gustaría fuera realidad.

Así eran mis días, días en los cuales la conciencia no se cansaba de hablarme segundo a
segundo. Mis ojos me decían, por ejemplo, que se debe quitar el pavimento de toda la tierra
para que la unión haga la fuerza y se recupere lo natural en medio de un paraíso socialista;
¡su pacifismo era enfermizo! Yo debía ser egoísta, gobernarme y dejar que sean mis
recuerdos y experiencias las que me gobiernen por encima de sus utopías. ¡Joder, no todo
es para siempre, ni mi familia, ni mi banda, ni mi tristeza, ni mi voz, ni mi conciencia, ni mi
guitarra, ni mis vicios! ¿Qué se iría primero? ¿Qué debía sacrificar con tal de obtener mi
libertad? ¿Habría conciencia sin arrepentimiento? ¡Conciencia estúpida! ¡¿No ves que no
amo a la multitud?! ¡¿No ves que lo único que ha logrado tu benevolencia es mantenernos
atados a un sistema que se come su propio estiércol?!

Y así, maltratándola con mis odios y vicios comencé a permanecer con los ojos cerrados
mientras me fuera posible, la hacía sentir inútil encerrándome en mi habitación y dejando
de permitirle volver a observar el mundo como lo conocía, para que se acostumbre a mis
negros muros forrados de afiches a los cuales yo les llamaba “minas”; donde, cada sonido
iba tomando un lugar apropiado en mi cubo; cada concierto, cada paradigma, cada una de
mis preferencias personales iban forrando de papel los muros de mi oscura habitación
mientras en mí crecía un asesino. Las “minas” estallaban ante cualquiera que no esté
dispuesto a respetar mis cerebrales heridas en mi habitación, y, por ende, muy pocos
entraban ahí. Estaba orgulloso de mi decoración; no quería agujeros en mi habitación, debía
forjar en ella un infierno de llamas y orgasmos. Poco a poco fueron llegando imágenes,
dibujos, pinturas, demonios; poco a poco, iba haciendo de Dalí y su “ciudad de los
cajones”, de Chopin y sus “nocturnes”, Nietzsche que le daba fuerza a mi voluntad por
cruzar el puente que aún me tenía atado a ser un humano (demasiado humano), Baudelaire
haciéndome sentir pecador por ser artista y estudiar la belleza mientras daba gritos antes de
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 20
 
caer de rodillas, Artaud y su desgraciada forma de abrir el bolsillo anal en la existencia
humana; y otros ídolos, una parte fundamental de mi cubo. Mi conciencia era inútil en ese
lugar y así fueron los libros mis únicos amigos, consejeros y aliados. La poesía se convertía
para mí en algo tan necesario como el alimento, me llenaban de vida, de fuerza, de
realidad… mi cubo se convertía en un tribunal de energía y alabanza a humanos mortales, a
verdaderos dioses con minúscula que no debían ser vírgenes para ser dignos de respeto e
incienso, que no morían en cruces; por el contrario, ¡crucificaban los dogmatismos! ¡Ellos
me hacían sentir fuerte y movido por la “independencia”! Me conducían a la creación
literaria y musical, los alababa en medio de ritos, donde el ambiente se ponía denso y
demente junto a mis neuronas que danzaban bajo la influencia de Mozart, Beethoven,
Stravinski, Mompou, Wagner, Led Zeppelin, Megadeth, Pantera, Sepultura, Opeth, Pain of
salvation, (e indiscutiblemente) Pink Floyd.

¿Qué podía hacer la conciencia más que aburrirse de mí y de mis ganas de no mirar al
horizonte? Pero la idiota, aún no se decidía a dejarme (al parecer nunca lo haría), aún tenía
esperanza en mí y en el mundo, era yo quien debía renunciar a ella y a su quimera. Si mi
conciencia quería seguir gastando energías gritándole lo que “deberían hacer” a aquellos
sordos humanos, no tenía por qué meterme en sus planes; yo, ¡yo debía ser libre! Debía
hacer que el único reflejo del espíritu se quede en este enfermo paraíso y me deje tranquilo.
El cuerpo era placer, y el cuerpo era conformado por muchísimos más órganos que un par
de ojos soñadores.

Siguió una semana más de rutina, de tedio… Pero de pronto, decidí retirarme del colegio un
viernes en la mañana, esta vez para no volver y continuar auto educándome mientras daba
prioridad a mis deseos sin importar quién interfiera en ellos. Siguió esa tarde tan monótona
como siempre, pero esta vez salí sin mi guitarra, el nihilismo me jodió tanto, que se volvió
existencial, y puse en duda hasta mis propios pasos; luego, me decidí.

Sin alzar las mangas de mi chaqueta, flexioné los brazos intentando abrazar todos los
consuelos de los mortales. Me fijé en el lugar a mi alrededor antes de hacerlo; la lluvia caía
con furia, creaba charcos en los huecos del pavimento; la calle estaba fría y sola… solo
pasaba gente. ¡No lo pensé más! Me rasguñé el rostro con tenacidad de arriba hacia abajo,
poco a poco me acercaba a los ojos sin detenerme a pensar un solo segundo en las
consecuencias de lo que sucedería y lo cruel que sería la ceguera.

Sin apuros, halé mis pensamientos con furia y, junto con ellos, comencé a extirpar mis ojos
sin aplastarlos, pues quería que tanto ellos como yo gocemos de una nueva vida respetando
sus libertades. Gritaba de dolor y por mis mejillas recorría la sangre como llanto, el
sufrimiento era lento y punzante, la vida se dibujaba ante mi mente mientras me daba
cuenta que ahora el estar vivo sería algo completamente desconocido para mí. Mientras mi
mente daba vueltas en la incertidumbre, mi cuerpo actuaba por inercia y mis manos ya
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 21
 
habían rodeado los globos oculares. Aligerado de sudores; pensé – quizá ya me he herido lo
suficiente, ¿seré capaz de terminarlo?

En la partitura del destino se dibujó un pequeño silencio; un pequeño, frío y eterno silencio
en mi desastrosa sinfonía, mientras le mostraba las muelas de cólera al horizonte que nunca
podría volver a observar; doblé los dedos, la mano hecha puño y de pronto un jalón; lo sentí
fuerte y doloroso, sentí el crujido cuando se arrancó el nervio óptico y mi cabeza rebotó
contra el aire; mis rodillas se fueron en picada contra el suelo y la espalda se encorvó como
sacando espinas de erizo; ¡no podía arrepentirme ahora! Estaba ciego y desangrándome, me
había arrancado los ojos y lo había hecho por una razón… Ya no podía volvérmelos a
colocar.

Entré en shock, aun los conservaba en las manos, los sentía viscosos y duros. Mis
pensamientos quedaron mudos (no podía quedar mudo de sonidos pues era inevitable gemir
de dolor), en mi mente, solo podía pensar – ya está hecho, ¿Qué hago ahora? – Entonces los
solté y retrocedí rápida y angustiosamente refrenándome con un andén y cayendo de culo
contra un andamio de hojalata. Sentí que salpicó un poco de agua cuando mis ojos cayeron
y supe que habían desfallecido ante un pequeño charco del macadán.

Poco a poco fui retomando el carácter mientras me daba un momento para respirar
intentando guardar la calma y silenciar la agitación. Mi ardiente prometido iba tomando
forma; mi ciego placer carnal, mi eterno orgasmo, mi odio inescrupuloso... ¡Al fin salía del
paraíso! – Un silencio – Tomé aire y me puse de pie con algo de mareo, miedo y dificultad,
pero una vez arriba, me sentí completo, valiente y retador; levanté mi pecho, mi frente y
sonreí con malicia.

En ese instante, la conciencia ya expulsada de mí, me gritó – ¡¿qué demonios haces?!

Y yo abrí lentamente los brazos, como si fuese a abrazar el cielo alzando la nuca contra él,
mientras le respondía – ¡dando gracias a dios!

Mis ojos, en donde guardaba mi infancia y mi conciencia, se sintieron tan tristes y


decepcionados, que la única respuesta que contemplaron desde su pérfido charco de agua
sucia fue:

- Antes de tirar al pavimento nuestra existencia, cámbiate el nombre, pues el nombre


de dios es con minúscula.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 22
 
ENTRE GUSTOS NO HAY DISGUSTOS

Tenía un buen ánimo, algo perverso y carente de norma, pero era bastante bueno, casi como
para verme involucrado con mis fantasías. Escuchaba los vientos de mis canciones y me
sentía con mucha calma, escribía cartas dirigidas a cualquiera que pase; tal vez, al señor
que vende perros calientes en un parque, a un niño de tres años que quiere ser futbolista en
quince; a mi colchón, donde, por cierto, guardaba aquellas cartas que nunca serían
entregadas a su destinatario (por lo general, a mi padre). A la vida, y creía tanto en ella, que
me habría encantado que fuese real; a mi cubo del delirio, cuyas cortinas eran
impermeables a la luz solar. Escribía a la empresa que fabrica un confite de menta barato, a
un tomate de árbol, al color negro y al color rojo, al negro transparente de mi ropa, al
olvido, al recuerdo. Escribía una canción e incluía todo en ella, hacía que los dedos
caminen entre acordes, sentimientos y democracias. A veces, el silencio me pedía que me
calle, y yo sabía que él me lo pedía por temor a que alguien más me calle a balazos y lo
deje inconcluso. Aun me gusta jugar con los dedos, enredar mi cabello haciendo espirales,
arrancar los hilos que se desprenden de mis camisetas, mirar a mi alrededor y luego fijar
mis ojos en un punto cualquiera para redescubrir la grandeza de un objeto pequeño
enfocado en primer plano. Planteo que la magnificencia de la vida se esconde en el detalle
más minimalista de una hoja seca y el sonido que genera al pisarla en un sendero. Me gusta
contar las baldosas que recubren el cuarto de baño, cambiar los canales de la tv
repetidamente hasta que el sueño acune mi tragedia. Suelo enamorar interpretando la
canción “hoy ten miedo de mí” de Delgadillo. amarro mis zapatos en el escalón de un bus a
propósito de retrasar a los afanados empleados que lo llenan; adoro hacerme el gracioso en
reuniones con cara de funerales, mirar al techo y formar figuras mentales en su pintura…
pegar afiches en mi habitación. Me gusta sentir mi mano encalambrada; y luego, apreciar el
cosquilleo de las agujitas que vienen después del calambre. Me gusta recorrer un cuerpo
con mis labios de forma elegante y discreta sin dar un solo beso, pero causando orgasmos
tiernos; reírme de un amigo cuando se cae. No dejar que se caiga la ceniza de un cigarrillo
y mantenerla firme, aunque se obvie su fragilidad. Me gusta cerrar los ojos cuando escucho
música y volar en pentagramas.

Me gusta sentir la lluvia cuando cae y enamorarme de su frío acto. Pero en cuestión de
amor y anhelo, solo sé que ¡me encantaría ser una manchita de la luna! Me gustaba decir
“te amo”; sobre todo, porque no sabía lo que es el amor, y siempre indagaba en un
significado distinto. En ocasionas llevaba una semana sin enamorarme y siempre volvían a
mí, aquellas repentinas ganas de amar (o follar). El amor era interrumpido, e irónicamente
constante; entonces decía convencido, que, el amor es una mentira transitoria, donde cada
que aparece otra razón para amar, también vuelve el crudo autoengaño de creer que será
para siempre. Jamás creí que amaría sin engañar ni engañarme.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 23
 
Me encanta sonreír sin burla cuando muero en una sonrisa de llanto; y también, cuando
lloro en un sincero llanto de sonrisas. Era muy bonito vivir inspirado en un único sueño
infante y mitológico que provenía de un niño feliz cuyo sueño único, era cumplirlos todos.

Adoro pensar en una mujer en particular cada que veo un calendario, como si todos los
viernes me recordaran un beso, y los sábados, la magia del viernes, ¡como cuando nunca
imaginé que el domingo después del sábado que me recordaba a viernes, iba a ser tan
miércoles! …Me gusta pensar que después de un miércoles se acerca de nuevo el viernes…

Me gusta el olor de una rosa, y me gusta marchitar las rosas para no tener que cuidarlas
todo el tiempo e igual verlas hermosas; regalar velas en los cumpleaños, regalar rosas
marchitas a mis amores aun no marchitados, como recordatorio de la muerte que supone el
nacimiento. Me gustaba perseguir desconocidos en la calle, caminar rápido y con buena
postura intentando no pisar las líneas que separan cada azulejo. Aún me gustaría hacerlo,
pero sin ojos, me resulta imposible observar aquellas divisiones.

Adoro reírme de los rostros de la gente cuando me miran desconcertados por mi ropa o mi
cabello. Me gusta dormir con mi madre y restregar mis pies en sus piernas; esperar que se
abrigue entre las cobijas, para luego entrar a rozar su espalda con mis manos frías, como un
jugueteo que me transmite a la niñez que sacrifiqué junto con mis ojos; sin embargo, ella se
pone furiosa cuando lo hago.

Me gusta el sexo; pero, mejor aún, ¡adoro hacer el amor! Hacerle el amor al café
preparándolo denso y sin azúcar; al volcán que resguarda mi pueblo, a mi guitarra; hacerle
el amor a una mujer desde la primera cercanía, sonrojarla con palabras, miradas y caricias,
hacerle el amor con poesía y sin tocarla. Hacer el amor al recuerdo, al olvido, al vino y a la
pasta. Al tabaco sin filtro ni sabor, a la lluvia, a la ceguera, a una copa de brandy, a un
jueguito de computadora.

Adoro saber que cuando recuerdo a mi padre, todos los meses son días de noviembre; a
veces, imagino el momento de nuestro reencuentro, en él, me he imaginado
recurrentemente estirando mi mano ceñida contra su rostro; golpeándolo con todas las
fuerzas de mi amor y luego, abrazarlo fuerte, llorar y cargar mi equipaje a su apartamento,
tomar un trago a su lado y dialogar esperando de él una enseñanza que no intervenga con
sus deseos de manipular y gobernar sobre todo lo que ve. Expresar lo que pienso sin
censurar palabra alguna, ni elegante ni burda. ¡Que me conozca tal y como soy!; inteligente
e ignorante, romántico y lascivo. Que no vea en mí, el reflejo de su vergüenza, que no se
sienta un villano ni tampoco un héroe; ni un enemigo ni tampoco un amigo… ni siquiera un
anti-héroe. Que se sienta un padre, que algún día me haga sentirme un hijo.

Detesto escucharlo únicamente al teléfono y verlo solamente en mi imaginación. Me


encantaría tocar guitarra a su lado y que él corrija mis dedos cuando piso mal los trastes;
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 24
 
me encantaría corregir sus sueños, cuando solo se enfoque en realidades cuadriculadas.
Quería brindar por encontrarlo, pero es demasiado tarde ahora que estoy a punto de morir.

Habría adorado morir cantando…

Quería que todo me recuerde a viernes para estar todo el tiempo distraído de la vida y
sentirme ajeno al paraíso. Naufragar en los síntomas de la decadencia y vanagloriarme en la
lujuria, que no es más que un fiel reflejo de mis pulsiones desgarradoras. Quizás, me habría
gustado que nunca hubiese pasado aquel viernes, que haya preferido dormir solo en mi
habitación para no necesitar el calor de mi madre, o el sexo de una mujer. Que mi padre se
hubiese quedado conmigo para no extrañarlo; no tener que darle un puño, para luego poder
abrazarlo, no tener que soñar, para no vivir esta lucidez decepcionante.

Que tenga un ánimo normal, y aunque no sea muy bueno, no se confunda con perversidad
patológica; que no haya restregado mis pies en las piernas de mi madre, y así no hacerle
daño como se lo hago con mi frialdad y mis suicidios metafóricos. Que no me hubiese
provocado gracia ni furor la mirada de mi sucio prójimo al verme pasar, para poder seguir
sin preocuparme indirectamente de sus burlas que me remiten a las tortuosas burlas de mis
contemporáneos colegiales, y así, no odiar mi patria ni mi humanidad, deseando que el
vicio me mate lentamente para evitar las decepciones a las que conlleva ser bondadoso,
consciente y vitalista.

Pero lo que más me disgusta, es que a veces no quería ser yo; ¡eso me enferma!, es una
traición a mis propios principios, pues al serlo, era digno de no desear un cubo y de
permanecer afuera, amando y siendo amado; deseando cambios en este sistema enmohecido
siendo la conciencia que perdí extirpando mis ojos. Por eso, y solo por ese grave error de
autoestima, el nuevo Daniel es un miserable. ¡Estoy ciego! ¡Quiero jugar con otras
emociones! Mi pasatiempo primordial coexiste en el fundamento y la búsqueda de la
muerte. Hoy quiero gozar de lo que nunca tuve; quiero herir y herirme. Nadie tomó en
cuenta mis palabras mientras quise dar lo mejor de mí; mientras, por amor, soporté durante
tanto tiempo ese enfermo paraíso, disfrazado en las burlas de mi sucio prójimo, la soledad,
la amargura, la decadencia, la humillación, la frustración… Ha llegado la hora de mostrar
mis máscaras más furiosas gústenle a quien le guste, pues entre gustos no hay disgustos.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 25
 
ENTONCES RECORDÉ QUE EL RECUERDO ME HACE DAÑO

Recordé que solo era un testigo de mis influencias, pero también vino a mi mente aquel
momento en el que no quise seguir más elocuencias. La lluvia cayó como un océano del
inframundo, mundo que siempre anhele ansioso al darme cuenta, cuan seco era el paraíso;
no había bienes, ni frio… ¡No había siquiera un solo sentido! – Silencio – ¡Solo un sentido
había en sus cantares sentimentales! Cantaba como un pescado, gritaba como un niño, reía
como una hiena; en otras palabras, ¡no había un solo sentido!

¡Malditos cantos que cantan a su canto! ¡Malditos gritos, gritando al ruido de los suyos!
¡Maldita carcajada mofándose de su propia gracia! ¡Malditos ojos entrecortados… cómo
quisiera que no tuviesen pupilas!

… Quizá miraríamos mucho mejor la nitidez de lo invisible.

Aunque… de todas maneras, jamás he dejado a un lado la elocuencia, pues él lo está


contando. Él se llama humano, él está cantando y entonando mi acento de la soberanía, él
grita angustiado, quejándose de todo aquello que me aqueja.

¡Él se ríe de mi gracia! ¡Él se ríe de mi gracia!

Ese sujeto sin pupilas e invisible, se burla de mi prisión… Esta prisión de ideas, de llamas
escupidas por dragones y diablos…

Él es dios, y dios se burla de mi cubo desde su paraíso reducido y recalcitrante, negando


por cobardía que su paraíso no es muy distinto a mi inframundo.

Entonces recordé… Recordé que el agua apaga el fuego, recordé que hay agua en mi saliva
y supe que debía escupir a los hombres.

Escupí y escupí cuanto pude, pero aun no me atrevía a escupirme a mí mismo.

Entonces olvidé… Olvidé que solo estaba creando pequeños charcos para el hombre, ese
animal tan acostumbrado a ahogarse en océanos incomprensibles.

Escupí y escupí cuanto pude, pero no lograba llenar siquiera una piscina cuando mi boca se
secó.

Entonces me lamenté al verme al espejo – ¡El agua ha calmado muchacho! – me lamenté y


de nuevo me miré ante el espejo. Solo una cosa entendí al verme; me entiendo tanto, que no
logro comprender ¿Por qué no logro entenderme?

Entonces recordé con llanto… He escupido tanto, que me he conformado con un charco,
¡Tanto, que a mi saliva ahora la reemplaza el llanto!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 26
 
¡Malditos hombres, los maldigo pues mi amor a ustedes no me ha permitido dejar el
paraíso! Ya no hay una celda con fuego, ni dioses, ni dragones, ni diablos, ni
humillaciones…

¡Por amor a ustedes me he arrancado los ojos y ahora solo hay hoyos en mi llanto! ¡Hoyos
pupilares que se han enamorado de sí mismos! hoyos que, con odio a su recuerdo… se
hacen daño con el mismo.

Después de arrancarme los ojos, pensé que debía escribir todo lo que había hecho en los
muros de mi habitación, y hacer de mi historia una mina más en el cubo. Compré un
marcador permanente de punta fina y volví ciego a mi casa mecánicamente por el camino
que ya conocía de memoria. Al llegar, entré muy afanado, subí las 15 gradas dálmatas y el
piso de madera relinchó con gran estruendo cuando pasé corriendo hacia mi cubo, donde
intuitivamente percibí los espacios de las paredes a los que les faltaban minas haciendo uso
únicamente de mi tacto y mi memoria; saqué el marcador del bolsillo, le quité su tapa y
abordé mi tarea de escribir… entonces recordé que el recuerdo me hace daño.

Maldije los muros de mi trayectoria y la insuficiencia de lágrimas al darme cuenta que


había olvidado a mi conciencia, que todo para mí se convertía en un placer vacío, que ese
placer había dejado de ser efímero y en mi ignorancia, nunca me anticipé a la verdad
humana por la cual esta dañina y predecible criatura convierte el placer en tabú; si el placer
es efímero, no es más que otra monótona rutina en medio de la miseria del hombre común.
Ya no tenía ojos que mirar al espejo en mis fantasías; ahora, solo ellos podían disfrutar de
ellas, mientras en mí solo quedaba la realidad mecánica a la que me había acostumbrado.

Recordé que el daño que me hace el recuerdo era tan mortal, que mis canciones se fueron
llenando de penas de amor, de niebla gris, de una lluvia que alimentaba mis tristezas; y yo
era tan masoquista, que recordaba cada gota de lluvia que caía mientras la besaba, al lado
de dos románticas coincidencias; un faro en el cual se apoyaba mi guitarra, como un
susurro melódico y dos canes labradores, uno blanco y otro negro, simbolizando nuestras
diferencias, que a pesar de ser diferencias, no nos impedían juntarnos como amantes. A su
lado, con ella y en ella, todo era hermoso, como una coincidencia tan perfecta que
definitivamente no podía llamarse “vida”, porque precisamente, tampoco lo era, pero
brindaba la ilusión de serlo, creando a través de la lluvia, el inalcanzable arcoíris.

Recuerdo que la lluvia me mataba con cada gota de sí misma; era cortante, amarga,
vanidosa, era una bella actriz; contrario a muchas mujeres, a ella no se debía mirarla pues
hasta sus ojos eran actores, se debía tener especiales conocimientos en psicoanálisis para
encontrar en su carácter el error que tan bien conocía, camuflaba y hacía uso de él, en pos
de manipular a un varón sin esfuerzo alguno. Su historia y origen eran humildes y alienados
de pobrezas. Sus propósitos: Aprovecharse de su talento como actriz, su frialdad y su
cuerpo, para manejar el mundo, el placer y la voluntad de un hombre a su antojo. Pero yo
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 27
 
no le podía dar nada más que canciones… Conmigo era distinta, discreta, poética…
perversa. Hermosa lluvia, siempre debía caer, siempre debía mantener el frío para poder
crear el arcoíris; por eso la amaba, por el arcoíris, no era ella, pero ella lo creaba.

Por otro lado, estaba la nada, la niebla gris que se hacía sentir más densa y fuerte que la
misma lluvia; inteligente, seductora e imponente; ¡magníficos senos como nubes!,
magnifica elocuencia en sus palabras… Pero tan gris como mi estupidez al haber creído que
amaba más a la lluvia, por parir sin querer un arcoíris, cuando era la niebla la que le daba
vida a su humedal, y de paso abría los huequitos por donde pasaban los rayos del sol que se
refractaban en los colores que me cegaban a su hermosura.

Un día me recosté durante varias horas en la azotea; mi testosterona y mi cerebro no se


decidían entre esas dos mujeres; yo, que tanto proclamaba creer en el espíritu sabio de la
madre tierra, esperaba que el clima me ayude a tomar mi decisión. Le daba el tiempo a la
intemperie para que caiga una sola gota de lluvia, necesitaba sentirla para seguir jugándome
la estabilidad mental en su figura; si no llovía, me quedaba con la niebla y con la nada; si
llovía, me quedaba con la mujer que en la lluvia desapareció esa niebla. Para mi sorpresa, el
frio fue demasiado, la niebla se abalanzó en todo lo que quedaba de cielo negro, pero no
calló una sola gota. Hasta la naturaleza me pedía a gritos que no me juegue la piel por ella,
que esa mujer no le convenía a mi estabilidad; sin embargo, como el hombre carnal que me
considero, no podía engañarme a mí mismo. Engañé al universo, engañé a la naturaleza y a
mis principios cuando creía en el amor, y aun le daba significado; ¡esa mujer! Esa mujer
acabó con mi cerebro, con mis estándares morales, con la salud de mis pulmones y hasta de
mi hígado.

Desde que la vi, supe que sería la única mujer que amaría tan intensamente, como para
recordarla cada semana que me enamoraba de una distinta, la amaba hasta con descaro...
Hice del amor una almohada en la que recostarse a esperar la piedad de los dioses, en la que
todo el tiempo se adornaría la vida cruda disfrazada entre falsos sueños. Con ella soñaba y
luego recordaba aquello que soñaba; pero como ya dije antes, es pura mierda, solo repasaba
mis ilusiones de la realidad.

Hice de ella mi memoria y el regazo de ella misma; de sus labios, de su cuerpo, solo queda
su perfume y su condena; de sus ojos… de ellos solo queda una prisión que encerró a los
míos, pero si no tuviera tanto miedo a gritar cuanto la extraño, quizá lo haría de tal modo,
que mi conciencia a más de ciega, quedaría sorda esté donde esté; que tal vez, esto se
convertiría en una carta suicida, que a mi guitarra le estallarían las cuerdas y solo quedaría
la voz de la lluvia trinando en nuevas cuerdas, cuando caiga de nuevo después de tan
desesperante sequía.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 28
 
¡Si no me produjera tanto miedo la lluvia, tal vez dejaría de amarla! ¡Si no odiara tanto mi
recuerdo, dejaría de recordarla, o al menos recordaría que el recuerdo me hace daño! Pero
en mí, no queda sino el fuego desesperante que me consume en sus cadenas, en extrañar a
un padre y sus melodías, el extrañar una madre sonriente, el amor al dolor, al recuerdo, a
ella… al placer enfermizo y rutinario del cual ya no gozo.

Pensé: ¡Mierda, con ella nunca tuve conciencia, pero al menos tenía sus ojos! Hoy, que me
he enamorado de la vida, la maldigo, pues gracias a ella renuncié a mis sueños de cambiar
el mundo, solo para encerrarme en este cubo que no es más que el reflejo de toda la
enfermedad mundana a la cual me enfrentaba. Sin ojos, no tengo más remedio que imaginar
otras escenas diferentes de la realidad. Quizá deba hacer el intento de sobrevivir.

Me senté en mi lecho, y entre tantos recuerdos que azotaban mi melancolía, lloré como un
niño consentido; lloré tan fuerte, que mis gemidos asustaron a las “minas” que se
vanagloriaban de hacerme sentir fuerte, y sintieron temor por mi posible suicidio. Fue ahí,
cuando supe que mi vida necesitaba un incentivo que renovara su sentido y, poco a poco, el
“puberto” nihilista, se acercó al existencialismo. Pensé en salir del cubo, pero estaba ciego,
no sabría para dónde ir; pensé también en mi país, en dar más amor a mi familia y a mi
patria, pero mi familia me había dejado solo cuando más la necesitaba; mi padre, ¡Como
odiaba a mi lejano y egoísta padre! Mi madre, ¡como la amaba! La amaba tanto que no
podría mostrarle mi rostro sin ojos, la mataría de pánico, tristeza e impotencia. Mi patria…
¡Mi maldita patria que siglos atrás había masacrado a la gente de mi pueblo y nos habían
obligado a pertenecer a ellos, para robarnos, para brindarnos su mediocre educación y su
arrodillada ideología forastera! Nos robaron la identidad, robaron nuestra historia,
mancharon nuestro volcán con la sangre de los que lo habitan y profanaron la sabiduría de
nuestros indígenas andinos llamándonos idiotas y utilizando la palabra “indígena” como un
insulto. Y mientras pensaba en esto, recordé que algo de esa sabiduría ancestral quizá
podría devolverme las ganas de resurgir a través de sus plantas y medicinas. Entonces
recordé un viaje en el yagé.

Imaginé en mi esperanza un encuentro con el amor en la luna; o más bien, a mí siendo una
manchita de la luna en medio de mí deseo desesperado de llegar a serlo. Observé una
pequeña estrella en el cielo y la perseguí mientras ella se me escapaba, como jugando a las
escondidillas, pero brillaba lo suficiente para no dejarse perder de vista. Mientras la
perseguía riendo con voz de ángel, me llevaba al espacio y desde ahí, observaba los
planetas. Entonces me sentí maravillado con los colores del cosmos, pensé en la
magnificencia del universo y sonreí mientras buscaba a mi amiga, la estrella, para decirle lo
que estaba sintiendo. Ahí, la estrella tomó forma de espermatozoide e inmediatamente la
relacioné con un meteorito en dirección al sol. Chocó contra él, y éste, enfurecido, comenzó
a crecer y a tragarse todo lo que encontraba; tuve miedo, pero luego supe que del caos se
creaba el cosmos. ¡Tan simple como eso!, la ayahuasca comenzó a formar en mí, las teorías
sobre las cuales construiría las bases de mi existencia y personalidad; modificaría a partir
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 29
 
de entonces, cada experiencia y su respectiva anécdota haciendo de mi existencia un
cuentico de fantasía, de dragones y caballeros, de dioses y demonios y personajes míticos y
paisajes y arcoíris y titanes, y a cada persona que me rodeaba le otorgué un tótem de
significancia; llámese lluvia, niebla, vida, espiral… Llámese cubo o muerte.

Mientras recordaba la primera vez que tomé ayahuasca, me sentí en calma y con algo de
esperanza; sin embargo, no noté que continuaba sangrando, que el líquido carmesí aun
corría por mi rostro como llanto proveniente de aquellos profundos hoyos que tenía donde
debían estar mis ojos. El piso de madera se pintó de rojo, entonces me distraje de la fantasía
y de nuevo me azotó el recuerdo. Vino a mí, la imagen de mi primera mascota; “Tango”, un
cocker castaño y de largas orejas, cariñoso y pordiosero, a quien ninguno de mis cuidadores
le prestó atención, pues se encontraban muy ocupados criando y consintiendo a este ser que
hoy se desangra por los ojos y aclama a gritos la muerte. Ese pequeño y precioso perrito
siempre estuvo encerrado en la azotea de mi hogar y su soledad convergió en recurrentes
intentos de suicidio; se aventaba al suelo desde la azotea de la casa ubicada en un frío y
destechado tercer piso, mi familia lloraba y buscaba ayuda cuando sus heridas eran graves;
sin embargo, y a pesar de ello, mi abuela volvía a encerrarlo en ella, cuando salía de la
clínica veterinaria. Era vagabundo; por lo general, huía de casa y retornaba algunos días
después, lleno de barro y heridas (aparentemente orgulloso y retador, no muy distinto a un
adolescente callejero). Su muerte fue trágica, bebió y comió aguas contaminadas y comidas
sacadas de basura al punto en el cual se pudrieron sus órganos y se regaron en sus huesos y
sus huesos, debilitados no le permitieron volverse a parar.

Recuerdos…

Recuerdos…

Y reniego de mi actuación con insultos hacia mi masoquismo; el recuerdo me hace daño, y,


aun así, sigo aquí meciéndome como un bebé, pensando en cada uno de ellos de forma
meticulosa. De pronto guardo silencio, siento una piquiña dolorosa en el pómulo, me sobo
con fuerza, y eso me hace recordar a mi conciencia olvidada en un charco; entonces
recuerdo sus últimas palabras, y es allí cuando empiezo a repetirme como un loco la frase
“dios es con minúscula”. Me pongo de pie de inmediato, y comienzo a palpar en mi ceguera
cada una de las minas de mi “habitación”, intentando recordar que imagen contenía cada
una de ellas; paso por un cuadro de Metallica y también por uno de Chaplin; y, de
casualidad, encuentro cuatro fotografías pequeñas que significaban mucho para mí. No
tenía muy presente en qué orden estaban, pero definitivamente, la primera era la más
importante. Mi madre me había regalado esa imagen hace un tiempo; en ella se percibía un
eclipse frente a una familia junta y feliz, la tierra y el mar uniéndose frente a mis padres; y
yo, en medio de ellos, inocente, alegre y avispado, con la corta edad que denotaba mi
sincera sonrisa, cuando cantaba “alegría” y recitaba el rin rín renacuajo. Inevitablemente el
llanto se hizo más potente y escandaloso.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 30
 
- Siempre fui un niño feliz – Pensé – ¡Siempre fui un niño feliz!

Nací por cesárea al medio día, un día de junio que parecía un día de noviembre. En álbumes
familiares de fotografías se encuentra la irrefutable prueba de haber sido amado y haber
sido feliz algún día. Al nacer, todos amontonaron al lado de ese bebé sus sonrisas
asfixiantes, pero sería mi padre quien me tomaría en sus brazos, por eso sé que algún día
me amó y algún día me dio un abrazo sincero; pero, aunque me hace daño el recuerdo, ¡más
daño me hace saber que eso no lo recuerdo!

- ¡Sé que algún día lo hizo! – el llanto se tornó aún más desesperado – Padre, por
favor, ¡dime que algún día me abrazaste sinceramente!

Abracé la foto con displicencia fingida, y con dolor la rasgué en pedacitos que tiré al suelo;
luego, susurré.

- Siempre fui un niño feliz…

Quedé en silencio, como arrullando mis propias lágrimas deseando que duerman, y recordé
que al nacer mis pies no eran más grandes de lo que hoy es mi dedo índice, que mi estatura
fue de 52 centímetros y mi peso de 3600 gramos; mi pelo, castaño; mi primer paso, a los 8
meses; mi primera palabra al primer año… mis juguetes preferidos: todo aquello que suene,
todo aquello que significaba música. Mis ojos, castaños, pero profundos, brillantes y
castañamente negros y a través de los años serían cada vez más negros; tanto, que ahora se
tornaron rojos… Sangrienta e intensamente rojos.

Sonrisas, picardías, paisajes, sonrisas, cuna blanca, cuna blanca, seno materno, biberón,
biberón, amigos, cuna blanca, ojos castaños, ojos negros, ojos sangre. Abuelas, tíos, padres,
amigos, colegios… Colegios, llanto. ¡Llanto!, Cochecito azul, cochecito blanco y azul…
Sonrisas, llantos, llantos de sonrisas, sonrisas de llantos. Padre… Padre… Cabello largo.
¡Sonrisas! ¡Abrazos! ¡Sonrisas!

“Un ser a la vida siendo estigma de ti. Quedas tú en mí, eternamente, momentáneamente,
amorosamente… Y quedo en ti, no sé cómo, pero quedo en ti. Daniel, ojalá aprendas que
más importante que ser hombre, es ser humano, y para aprender eso, nada mejor que el
“violonchelo”.

Padre, Madre, Playa… Eclipse… Eclipse.

Llanto. ¡Descontrolado llanto!

- ¡Papá… te pido disculpas por haberte dicho “te odio”, cuando realmente era des-
amor, no soy pianista ni cellista, perdón! ¡Perdóname!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 31
 
¡¿Cómo diablos me convertí en esto?!

Me siento lánguido de fuerzas y muriendo apaciblemente en una sincera y dolorosa


sensación de amar… Ahora sé que el amor no es una mentira transitoria; solo necesito
fingir que no existe, solo necesito morir en medio de narcóticos morales y suicidas. Odiar
duele menos, drogarse duele menos que afrontarlo… El infierno es más piadoso que el
paraíso. ¡Pero no puedo dejar de recordarte papá! ¡No puedo olvidar a esa muchacha! ¡No
puedo ignorar que me han prohibido el cielo y al mismo tiempo no me dejan salir de él!
¡No puedo siquiera evitar pensar en un día de noviembre y el “la menor” que da su inicio!
¡En mi guitarra rota! ¡En el corazón titilante, triste e inseguro de mi madre! ¡En el abrazo
que algún día sintió ese bebé que quiere dejar de llamarse Daniel, por haberlo olvidado! En
mis ojos, mi conciencia, mis demonios, en mis letras, gritos, miradas, acordes, sonrisas,
tristezas, soledades maestras de las que no puedo huir, muros, cigarros, amigos, amores,
nubes, días, noches, rutinas… Y todo vuelve a ser como la lluvia, tan irónico, que necesita
de la lluvia y el frío para parir un efímero arcoíris.

Hoy, solo deseo que calme la lluvia, que anuncie mi muerte con pirotécnicos relámpagos
señalando a la luna, quiero ser una maldita mancha de la luna, ¡nada más que eso! Como
mis 15 gradas dálmatas, como mis lunares, como las pecas de mi amor.

- ¡Vuelve a mí soledad! Después de todo, eres mi única amiga. Tengo un cubo lleno
de juguetes para ti, y si te asusta la oscuridad, encenderé velas en el cubo y lo
adornaré con espejos en cada lado para que tengamos más amiguitos con los que
jugar. Ponle un nombre a cada reflejo, yo me atendré a las consecuencias, ¡pero no
me dejes solo maldita soledad! Vuelve a mí, soledad, recuérdame el cielo que
siempre sentí abrazando a mamá.

Mis ojos se pararon del charco, y luego caminaron hablándose a sí mismos, mofándose de
mí y llevando mi nombre con repugnancia; tristes y en luto al ver que todo el potencial que
veían en mí, lo había tirado en un sucio charco lleno de agua estancada, pisoteada y
manchada con el combustible de esas cajas móviles que inmovilizan al hombre brindándole
la ilusión de desplazarse a su futuro. Caminaron durante horas y llegaron a una plaza donde
jugaban algunos infantes… y me recordaron, recordaron mi feliz infancia (con mis ojos, no
solo había arrancado mi conciencia sino también mi niñez); se acercaron, intentaron jugar
con los chiquillos que los rodeaban, pero los niños huyeron despavoridos al ver ese par de
ojos sangrientos en el suelo. De nuevo se sintieron tan abandonados, que ya no quedaba
nada más en ellos que el amor propio; entonces, subieron a un columpio y pensaron, y
mientras pensaban y se entristecían por mí y por la sociedad que no le prestaba atención a
sus benevolentes intenciones, observaron un charco en medio de la hierba del parque, y este
charco no estaba tan manchado, era cristalino y en él se reflejaba el cielo azul como espejo;
se acercaron, se sintieron solos, odiados y pensaron que si ya el mundo no los había podido
matar, al menos debían morir con orgullo y manteniendo su amor propio, fue así cuando al
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 32
 
verse reflejados en el pozo, se enamoraron de sí mismos, y narcisistas persiguieron su
reflejo hasta quedar moribundos en él.

Su último aliento, su última mirada enfoco al cielo sobre ellos y antes de morir, pensaron en
darme otra oportunidad.

De pronto, un golpe.

Toc Toc

- ¿Quién será?

Bajé las quince gradas corriendo, llegué al portón, y… ¡vaya sorpresa me di! Eran mis ojos
pidiendo posada. ¡Te amo maldito recuerdo! Por eso los perros callejeros vuelven siempre a
casa, o simplemente hacen de la calle, su casa.

- ¡Suban! ¡No imaginan cuanto los he extrañado!


- Un momento joven némesis, primero debes convencernos de estar contigo.
- ¿Y qué debo hacer para demostrarlo? – Pregunté algo extrañado.
- Habla contigo mismo y prueba que aún no has perdido tu propia compañía; eso de
“extrañar”, demuestra tanta inseguridad como el hecho de recordar aquello que se
extraña. – me dijeron mis ojos, muy seguros de sí mismos.

Quedé atónito, mirarlos de nuevo retornó mi esperanza de sonreír; sin embargo, no podía
mentirle a mi conciencia, tenía mucho que desahogar en ella, por ello, quise existir a su
lado mientras hablaba conmigo y con ellos en una dicotomía caprichosa e infantil, recitando
de la siguiente manera:

Ahogado sobreviviendo a mi propio entierro.


Muerto, aplastado por toneladas de soledad.
¡Pocos eclipses faltan ya para endemoniar mis pasiones!
Pocas personas quedan en quienes confiar;
sin embargo, de maleza me he rodeado en estos falsos crepúsculos.

¿Algo que decir?


¿Algo más que la manipulación humeante del tabaco?
Si hay algo más,
¡Dímelo! ¡Grítalo!
Y mejor aún…
Muéstrame tus pupilas…

¡Después del silencio gritando, es fácil interpretar el susurro pupilar!


Lástima que todos estemos ciegos…
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 33
 
tanto quienes ven la realidad, como ustedes,
los ilusos que viven en el sueño.

El mundo está hecho para los “cuerdos”,


y la imagen del cuerdo es perfecta…
¡Lástima que el espíritu solo nos sea visible a los locos!

Por eso amigos míos, desde que los hice parte de mi saliva, uso gafas sin lentes…
¡Quiero ver todo aquello que no existe!

Soy un payaso al que le prohibieron fabricar risas,


soy tu leyenda y tu mito,
soy ave, lluvia, amor y vida;
sin embargo, estoy muerto, y mi odio solo me permite vivir en la sequía.

No es prudente quien dice serlo por tímido, sino, quien, por darle prudencia a otros,
solo se habla a si mismo…

Cruel, ¿verdad?
Tan cruel como el romance entre el leño y el fuego
Como la hipocresía densa que disfraza los problemas,
pero igual… ¡Problemas!

¿Qué caso tiene?


¿Qué caso tiene matar, si al hacerlo se vive y muere condenado,
a sapiencias que, la victima recibirá su castigo por naturaleza misma al pasar el tiempo?

¡¿Porque somos tan impacientes?!


¡¿Porque nos prohibimos sonreír a nosotros mismos en medio de la codicia y el orgullo?!

Ahora río a carcajadas, me burlo de mí mismo, como un loco; pero sin dar mi sonrisa, sino
una grosera e intolerante carcajada.
¿Qué más remedio queda que la intolerancia y la grosería hacia la vida?
¡¿Para que la simulación de la cordura?!
solo hastía y consume en la amargura de vivir.

Por el contrario, nuestra inconforme locura… después de ver en la realidad un excremento,


nos acerca a la creación de la alegría propia que solo proviene de la agonía;
no aquí, sino allá…
¡Allá donde la vida es la sonrisa y nosotros nuestro mito y leyenda! ¡Allá donde somos
lluvia, ave, amor y vida” Allá donde entre locos y sabios nos entendemos…

Si ellos no estuvieran tan cuerdos, tal vez, sin miedo, seguiría acompañándolos en su
castrante paraíso.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 34
 
¡Levántate!
Gritan los humanos con frecuencia, cuando te observan en el piso.

¡Levántate!

Pero siguen mirándote como un animal en busca de un techo.


¡Cobardes hombres con los pies en el pavimento,
que anhelan tener alas para alcanzar el cielo
sin darse cuenta, que, el manantial se encuentra en el subsuelo!

- ¡Necio! ¡Necio!... No hables ni escribas, deja que tus dedos hablen por ti, ¡necio! –
Dijo mi conciencia.

- ¿Y si solo menciono una palabra alusiva a mis dedos escritores? – Respondí.

- ¿Por ejemplo? – completó la conciencia.

- ¡¿Meñique?! – respondí emocionado, mientras intentaba alcanzar a mis ojos con mis
manos ensangrentadas, pero ellos, retrocedieron en señal de rechazo, así que
proseguí – Los dedos son una familia, puede que el meñique sea el niño, e igual es
importante, podría decirte, solamente reflexionando la función de los dedos de una
mano, que el peor error de un adulto es creer que lo es, pues en su unión, no importa
su tamaño, sino la fuerza del agarre. ¿Qué pasaría si yo fuera una mano?

- Dependerías de tu dueño… – volvió a completar mi conciencia, mientras su risa


surgía desesperada. – ¡Necio! Siempre has dependido y dependerás de un dueño.

- Pero, ¿y si yo soy mi propio dueño? – Continué preguntándole.

- ¡Necio! Siempre eres un problema demasiado grande; si te conviertes en tu propio


dueño, sencillamente, te corrompes.

- ¡Necios ustedes, malditos ojos parlantes! – Respondí enfurecido – Prefiero


corromper mi inocencia siendo el dueño de mis vicios, que dejar que un corrupto
amo me utilice y me corrompa también, sin darme nada a cambio más que la
desesperación de pertenecer a un sistema que no comparto. ¿De qué serviría ser
corrupto sin tener nada a cambio? ¿No es mejor luchar por libertades defectuosas?

- ¡Necio!... La libertad siempre la has tenido, pero no has querido liberarla por temor
a ella misma…

- Conciencia sabia, déjame llorar, ¡déjame herirme para aprender!


Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 35
 
El llanto surgió lentamente de aquellos huecos en mi rostro, ahí en donde solían ubicarse
aquellos ojos que hoy estaban frente a mí, burlándose de mi necedad.

- Te has creído libre muchacho… susurró mi conciencia suavemente. Pasaron diez


segundos donde no se escuchó más que mi gemido, y de pronto, ellos gritaron al
unísono – ¡Te has creído libre muchacho!

¿Sabes? Te entendemos… nosotros también lo hemos hecho; sin embargo,


dependemos de ti, solo que a nosotros nadie nos ve llorar; en cambio, tú, al ser
nuestro alumno, no dejamos de ser tus ojos, y ¡siempre te estamos vigilando! Si
quieres sufrir, sufre todo lo que quieras y cuanto puedas, pero cuidado… El maestro
aprende de su alumno, no nos enseñes a ser inexistentes.

Luego de esto, permanecí en silencio, hasta que ellos lo interrumpieron, diciendo:

- ¡Oye, se supone que debías hablarte a ti mismo, para descubrir tu propia sabiduría
en bien Socrático, no a nosotros! No pretendíamos que nos hablaras buscando
respuestas; por el contrario, urgíamos tu seguridad.

- Pero ustedes son mi conciencia, son parte de mí.

- Hace mucho no lo somos, Daniel. No pasaste la prueba, no volveremos a ti, o al


menos, no por ahora. El arcángel se quedó en mí, “la mirada”; y Belial, en la
némesis ninfomaníaca que representa el placer de tu carne. El cuerpo humano sin
sus ojos, es puro instinto; lo único que oculta al demonio de sí mismo es su espíritu
doliente, pero no te preocupes, pondremos tus quejas en una balanza, fusionando
con tus diablos, el arcángel, mientras te vigilamos desde afuera. Volveremos a ti
cuando estés preparado. Ahora puedes meternos en tus bolsillos, adelante…

- ¡Esperen! por favor, díganme… ¿Cuándo volverán a mí? Los necesito.

- Ten paciencia, volveremos cuando le abras las puertas a los placeres de vientos más
sabios que los demonios que hoy te atormentan.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 36
 
LA MUERTE DE DANIEL
PRE-SUBDIVISIÓN

Muero… muero cargando varios años y varias culpas que aún me arrastran a un futuro
sangrante de dos padres, una mujer y un sueño a quienes no puedo defraudar antes de mi
suicidio. Moriré entregando mi vida a otros bastardos que no han querido vivir, no puedo
irme antes de dejar una huella; pienso en ello a cada instante, cada que veo en mi rostro
pasado el oscurantismo de un niño adulto, un infante que callaba y odiaba a todo muro
plantado en su cerebro, y hoy, se ha empezado a alejar hasta de su propia identidad…
Pienso que me gustaría dejar mi cerebro y huir a un lugar menos enrollado, pero ya me
arranqué los ojos, arrancarme el cerebro me haría religioso.

No sé qué será de mí cuando no vuelva a sentir miedo, es la primera vez en la vida que me
preocupan las materias, las rutinas, las ideas de cambio, pero aún soy fiel a mi idea de
escupir cuanto pueda a las bases de tolerancia y adaptación. Cumplí mis sueños, mis
fantasías, mis alegrías; amé, aun cuando no fue reciproco, y siento que hoy debo dar fin a
mi existencia. Ya cumplí, sin que otros sepan que lo hice; sin embargo, sé que después del
funeral, lo sabrán. Aún ahora, que debería estar aferrándome a la vida como instinto de
supervivencia, veo el sentido de la vida como algo nulo, ridículo y vulgar. Ahora prefiero
no amar la vida en absoluto… Ahora camino con seguridad, cabeza en alto, pecho firme y
pasos rápidos hacia el ocaso. Me he vuelto fascista, me gusta pisar humanos en la mierda
del asfalto; a veces, no quiero embarrarme de su maleza, pero no puedo evitar amar la
mierda que piso, ¡sí! Amo a esos bastardos inútiles a quienes entregaré mi vida, pero antes
de hacerme a la idea, prefiero aplastarlos y esparcir su suciedad en mis zapatos para seguir
triturándolos a cada paso. ¡Deberían darme las gracias! Muchos sabios me pisotean a mí y
yo les agradezco por ello, es un gusto ensuciarlos de esa manera con mi decadente
imperfección. Era de esperarse que un joven y ridículo artista, que ya sin arte, sin ojos y a
punto de sucumbir al suicidio, tenga que recurrir al fascismo antes de resignarse a ser
asesinado por ser un ciudadano de izquierda. Me disculpo con aquellos que me aman, pero
sin conciencia, ni ojos que observen la belleza, el dolor se siente tan profundo como la
represión neoliberal.

¡No estoy hablando de eso! Si voy a morir ahora, enfrentaré mis últimos instantes siendo
apolítico. En fin, mi tristeza en este punto, niega hasta la tierra, hasta la patria, hasta la
sangre indígena, y, con más fervor aun, las raíces españolas; no sé si soy cortés, no sé si yo
soy mi propio padre, o tal vez el hijo del mundo; ¡¿qué mierda sé yo?! Es muy cruel tener
que serlo, el mundo solo se presta para ser un hogar de hombres patéticos. Seré mejor que
el mundo, también seré un hogar, pero un hogar para mí mismo mas no para un montón de
inquilinos que se visten haciendo uso de mis estrellas…

Me explico:
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 37
 
Cuando se tocan las estrellas, éstas comienzan a opacarse progresivamente hasta
extinguirse; el sol, fue sol antes de que el humano le pusiera “sol” como nombre. ¡El
hombre degrada todo lo que toca! ¡El hombre degrada cada objeto a través de la palabra!
Por eso, ahora niego a mi padre siendo mi propio progenitor y consolidándome como hijo
del mundo y de mí mismo, autoproclamándome el dios de mi propia vida y seduciéndola a
través del sacrificio inminente; quizá mi padre se ofreció a extinguirse progresivamente, no
se dio cuenta que poco a poco se fue abortando toda esperanza para el feto de nuestra
amistad cuando dejó de ser soñador y se convirtió en un hombre de significados.

Recuerdo que decíamos ser los mejores amigos; yo lo admiraba y representaba para mí un
espejo onírico, un legado musical y consciente, un acorde de guitarra que representaba mis
más íntimas vibraciones. Pero eso no significa que todo amor perdure, quizá fue que darle
significado a ese amor, lo degradó a la palabra, entonces, ¡¿no es cierto acaso que el
hombre degrada todo a través de la palabra?! Me habría gustado no haberle amado, y quizá
así aun le guardaría respeto a su pasado bohemio, aventurero y musical. Por amarlo,
aprendí a odiar.

¿Será que daño todo lo que toco? – Inmediatamente me respondo – definitivamente solo
daño lo que quiero dañar o aquello que quiere ser dañado, así como de pequeño arruinaba
un juguete jugando a la guerra, o, así como mi padre quiso dañar su recuerdo jugando a la
vida. Él decía que el ajedrez era como la vida; jugaba con fichas de madera, pensaba en sus
jugadas, sus tácticas y amores; siempre protegía su dama, pero la sacrificaba rápido para
poder seguir adelante con sus jugadas y coronar peones a cambio de mil damas; si lo perdía
todo, siempre tenía un plan para sobresalir y siempre quería sobresalir, tener la razón y
demostrar que la tenía (incluso cuando no), nunca se rendía; movía todas las fichas para
poner toda partida a su favor, pero cuando algo no le salía bien, disfrazaba sus actos con
nobleza, y así convencía a su adversario de su victoria moral. Hizo de su vida un juego,
pero cuando el juego ya no lo divertía, solo pensaba en la apariencia de sus fichas. Todo en
él comenzó a mutar y a convertirse en ideas de progreso contemporáneas; mercantilismo,
negocios, economía, negación de su pasado, vergüenza de sí mismo, desgracias y más
desgracias. Su guitarra dejo de ser de palo y se convirtió en un folleto de hotelería; su
ajedrez dejo de ser la vida, hizo de la vida un ciclo de cartones.

Pienso que aún soy Daniel cuando digo esto, toda mi personalidad e ideología sigue
conservando su raíz, pero hoy he decidido morir y planear el tiempo exacto de mi muerte
con el objetivo de permitirle a mis semejantes seguir viviendo en este mundo sin
preocuparse por mí. Que las coincidencias próximas mantengan su estandarte, ¡Todos mis
yos quieren vivir hasta que eso ocurra!; por eso, hoy me han pedido que me cambie el
nombre, que me preocupe por soñar; y yo, con mucho gusto y cansado de ser esta realidad
que padezco, decidí ser el dios de mis sueños y darle un espacio a todo aquello que puede
salir de lo profundo de ellos mismos. Dios, meteorito, sol, célula, órgano, tejido, feto,
universo, humano, bebe, niño, joven, conciencia, demonio, ternura, dios.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 38
 
Ser adulto es un cuento aparte; quizá un cuento sin inicio, ni nudo; solamente un triste
desenlace que decae constantemente, hasta volver al mismo inicio; a ser un sabio feto,
inocente, complaciente, ignorante, y a su vez más sabio que todos los neutrales y
extremistas.

Sé que debo progresar, pero progresaré únicamente hasta que no empiece a decaer mi
progreso; por ahora, solo subiré a una azotea, armado de lápices y papeles, un ajedrez, unos
cigarros, mi guitarra, mi tristeza… jugaré siendo mi padre y mi hijo, mientras toco unos
acordes de guitarra que concentren al contrincante cuando piense su jugada; mientras fumo,
lloro, río a carcajadas, grito, escribo, muero, muero, vivo, de nuevo muero, y después,
sueño algo ajeno a lo incluido en la vida y la muerte; y, aunque después de varias horas de
juego solo queden vivos los dos reyes, siempre intentaré ganar con blancas y con negras,
aunque me encuentre moribundo y entre plegarias, ¡siempre intentaré superarme!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 39
 
SUBDIVISIÓN

Mis ojos volvieron a mis bolsillos, pero no tardaron en aburrirse de mí; en este momento, si
volvían a ser mis ojos, lo único que podían esperar de mi ser suicida era, en definitiva, que
vuelva a arrancármelos; por tanto, decidieron huir un viernes en la noche. Aquel día mis
estrofas bebían a mi lado, siendo cantos balbuceados. Estaba tremendamente ebrio; me
mofaba de todo lo que veía con escándalo y alteración, como un simio de humanidad
apócrifa; me burlaba de la sociedad, de los rostros, de las putas, de los autos, me burlaba
hasta de la decadencia y la porquería que me aromatizaba con hachís y tabaco… Me
distraje tanto con la banalidad del tumulto, que no me fijé en qué momento se fueron mis
ojos.

Ellos miraban entre la textura de la tela que recubría los bolsillos de mi pantalón; sentían
repugnancia por el aroma que éste emanaba, y observaron a través de ella, que, afuera había
muchos charcos de los cuales enamorarse. El humo los irritaba, sus venas estaban
hinchadas y deformadas por larvas de color carmesí. Con los nervios que de ellos se
desprendían escalaron los bolsillos y cayeron al asfalto, donde comenzaron a buscar algún
charco cristalino del cual enamorarse. ¡Se fueron sin avisar, sin susurrar y sin perdonar!
Ellos me habían prometido que se quedarían a mi lado, que siempre estarían vigilándome,
pero ni la conciencia es fiel a su palabra, si la promesa significa una inútil automutilación.

Al caer, su retina aun pegajosa no quiso irse con ellos, pues tenía fe en mí. Los ojos se
detuvieron e intentaron llevarse a su retina con ellos, pero ésta comenzó a tomar la forma
de un bebé, y al estar completo fue gateando hacia mí, lo que obligó a mis ojos a huir antes
de ser observados. Mientras gateaba, crecía; en pocos segundos, se puso de pie y siguió
caminando, como si cada paso que diera representara seis meses de vida. Al llegar a mí, se
veía como un niño de seis años; si no fuese por su sonrisa angelical, habría podido jurar que
era mi fiel reflejo. Él estiró sus pequeñas manos para darme un objeto; yo, curioso, extendí
las mías y recibí una nariz de payaso. Me dijo que esa era su señal de amor y esperanza, así
que, la melancolía me poseyó. El parque estaba lleno de gente, unos más ebrios que otros,
la multitud me observaba hablando con ese niño; me sentía vigilado, retado a mantener mi
inexpresividad emocional, pero, no cedí a la gente e intenté ponerme la nariz de payaso aun
frente a las demoniacas máscaras de los otros. ¡No pude ponérmela de lo ebrio que estaba!
Lo intenté una y otra vez, pero mi tristeza no me alcanzaba siquiera para ser payaso.
Después de tanto intentar colocarme la nariz sin éxito alguno, la bajé resignado y la metí en
mi bolsillo izquierdo, y fue ahí, cuando me di cuenta que mis ojos se habían ido; ¡me
desesperé! Intenté buscarlos divagando en el suelo llamándolos; Por primera vez llamaba a
mi conciencia por su nombre – ¡Arkenesis! – Le grité en medio de tal consternación y
debilidad, pero después de horas y muy decepcionado de su partida, decidí cargar en mis
brazos al niño que me había entregado la nariz, y lo llevé a casa sin querer beber una sola
copa más, sin importar cuanto me hayan insistido mis colegas y ninfas para no marcharme.
Debía irme… lo sabía.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 40
 
Saber que mi conciencia se había ido por su propia cuenta me causó un gran vacío, por lo
tanto, el niño se convirtió en un significante de pureza y honestidad. No tardó en
convertirse en mi único amigo, así que después de un tiempo decidí enseñarle a jugar
ajedrez en medio de mi deseo inconsciente de sentirme superior y llenar aquel vacío que
dejó mi conciencia, ¡era un inepto completo! Mataba con peones en línea recta, perdía
constantemente ante un mate pastor sin siquiera intentar impedirlo, sacrificaba un caballo
por un peón, ¡eso era inaudito! Yo me burlaba de él en medio de mi vano intento de
enseñarle a ser hombre, quería corromper su conciencia para que no tuviera que quitársela
luego. Ese niño era romántico, sensible, leal… Yo iba a terminar pronto con mi vida, ¿Qué
pasaría con él después de ello? Sufriría mucho si no empezaba a hacerse fuerte y dejar de
lado lo emocional… Debía volverse frío, racional, inteligente, calculador y sistemático,
para tener herramientas suficientes con las cuales afrontar la vida por su propia mano. Fue
entonces cuando recordé que mi padre de alguna manera intentaba hacer eso conmigo, y me
miré destruido, ¡quizá debí hacerle caso! Era mi oportunidad de remediarlo y morir con el
ego fuerte.

El infante permanecía conmigo casi todo el tiempo. Yo era despiadado y cruel, debo
admitirlo. Recordaba la fuerza que me había otorgado la lectura escabrosa en ciertos
momentos de la vida, rememoraba la fuerza que me dio Belial cuando me enfrenté a mi
familia y a la iglesia. Entonces solo usaba al niño para que su carisma infantil sea mi arma
de seducción, pero una vez las féminas soltaban su broche, le pedía que se quede
observando y aprendiendo del instinto animal que corría por las venas de un Cortés.
Entonces comencé a darle forma a su maestro, demoniaco, corrupto y manipulador, pero
realista y tremendamente erudito. Su nombre era “Belitio”. Ese niño opacaba mis deseos y
mis placeres con sus dudas idiotas e inocentes; después de un tiempo fui haciéndolo a un
lado, y, mientras me divertía con Belitio, el niño se quedaba dormido en su celda de
estupideces y caprichitos.

Belitio comenzó a jugar por mí en el ajedrez, ¡Vaya que era bueno! Humillaba a cualquier
adversario; y al niño, ¡Ni se diga! Lo conducía al llanto desconsolado haciéndolo sentir
completamente inútil; y a pesar de todo, él nunca hacia méritos por aprender ni mejorar;
jugar contra él, hacía de la victoria algo monótono, pero a Belitio no le importaba cuanto
pueda llegarse a humillar alguien a sí mismo, nada le daba lástima, nada producía en él una
reacción emocional que desnudara sus escasos sentimientos. ¡Quería seguir ganando!
Prefería ganar a retos fuertes, pero ganarle siempre a ese inepto era placentero y excitante
para él, alimentaba su ego y le propiciaba convencerse de su liderazgo. Ese Belitio y yo nos
llevábamos muy bien.

Pasaba el día con ellos, jugábamos y conversábamos por horas, pero al caer la noche,
guardaba las fichas y entraba a mi cubo, me miraba al espejo y mi llanto surgía
desconsolado al darme cuenta que había estado todo el tiempo solo; tirado en el balcón,
burlándome de mi soledad, mi ineptitud y mi falta de perseverancia, que todo era fantasía.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 41
 
Ya iba llegando el momento de fusionarme con ella; después de todo, confiaba más en la
imaginación que en la realidad. Tiempo atrás, había invitado a la soledad a quedarse
conmigo en el cubo, poner espejos y juguetes para tener amiguitos con quienes jugar. La
soledad me estaba acompañando ahora. Puse entonces un espejo en el norte, éste señalaba
mi cama de orgasmos; me perdí en él, y como le ocurrió a Dorian Gray, éste espejo
comenzó a pintarse de infierno. Se llenó de llamas esquizofrénicas tan ardientes como mi
actual malicia.

Los tres estábamos ahí adentro; Belitio, su aprendiz y yo. El calor era extremo, las
imágenes eran desgarradoras y las llamas comenzaron a transgredir los límites del espejo,
llegando a quemar parte del cubo. A decir verdad, sentí culpa por mi madre, ella no merecía
verme en un lugar como ese, y sentí cierta culpa por el niño… Él no pertenecía a un lugar
así; pero él lo sabía, no tuve que decirle nada, decidió salir por su propia cuenta, antes de
consumir su ternura en el infierno; cuando salió, inmediatamente puso un espejo en el
oriente, y en este espejo se pintó una puerta.

Detrás del niño, salí yo… Sabía que mi muerte llegaría pronto, pero no podía dejar que mi
madre encuentre mi cadáver en un lugar así. Belitio, por su parte, decidió quedarse allí sin
señas de remordimiento alguno. Era muy feliz gobernando en su propio infierno. Podía
sentir tangible en su eros maniaco, todo lo que su siniestra mente imaginara, toda la sangre
y drogas por las que morir, todo el fuego que compartir y toda la violencia en la que
escarbar vivía con él, estaba todo ahí, en el espejo del infierno. Si algo era seguro, es que,
no volvería a verlo afuera por un largo tiempo.

Al salir, observé el espejo que puso el niño, el espejo del oriente, y me causó una profunda
intriga; éste, no se veía muy diferente al espejo del norte, de hecho, representaba el mismo
lugar, el infierno; pero, su única diferencia consistía en que ahí aún no se había abierto la
puerta. Ahí estaba el infante, afuera del infierno volando una cometa.

- ¡Sígueme! – le dije.

Pero él me respondió.

- Tranquilo, nos veremos luego, me quedaré aquí hasta que mi padre salga a darme un
abrazo.

Entonces recordé a mi padre y mi ser se llenó de la más profunda tristeza al saber que
teníamos mucho en común, y al saber que, su espera sería completamente inútil.

Luego de escuchar sus palabras, solo se me ocurrió preguntar:

- ¿Y si envejeces esperándolo?
- Mejor para mí – Me dijo – Envejeceré siendo un niño.
- Como quieras. – le dije tranquilo al creer que no le duraría mucho su capricho.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 42
 
Seguí caminando, pero después de unos segundos me detuvo diciendo:

- ¡Oye! ¿Podrías jugar conmigo la última partida de ajedrez antes de irte?


- ¡Claro que sí! Pero, si gano, ¿que podría obtener de ti? – Le pregunté.

Rascó su cabeza mientras pensaba, y sin tardar mucho tiempo, me dijo:

- … Te daré mi ánimo, para que puedas ser un payaso digno de utilizar nariz.

Su regalo me conmovió, por lo cual acepté sin bacilar.

- ¡Trato hecho! ¡Vamos, ordena las fichas!

Cuando se lo dije, nunca pasó por mi cabeza que él aún no había puesto sus condiciones,
entonces me dijo:

- ¡Alto! ¿Qué me darás si yo gano?

Mi boca presentó una leve curva burlesca al escuchar esto, pero para no humillarlo con mi
silencio, le dije:

- Dejaré que todas mis canciones de amor las intérpretes tú; después de todo, tú lo
harías con sentimientos.
- Estoy de acuerdo, yo alumbraré tu mundo musical.

Iniciamos la partida. Cada jugada suya me sorprendía más que la anterior; al parecer, toda
mi malicia se había quedado con Belitio, y ahora actuaba con instinto, pero sin guiar el
instinto a través de la razón; intentaba pensar, mas no pensaba mis intentos. Él, tan inepto
como siempre, pero, aun así, ¡estaba ganando! Aquella partida duró un día y una noche
entera; al final, todo concluyó en tablas. ¡No podía creer que ese niño me había azotado en
medio de mi indiferencia con un empate! Quedé estupefacto, avergonzado, con un
bochorno magno, tanto, que no fui capaz de mirarlo a los ojos; pero él, confiado de sí
mismo, se puso de pie y movió su cabeza de lado a lado en señal de negación, mientras
pronunciaba:

- Lástima Daniel, en verdad me habría encantado darte algo de mi alegría, hacerte un


payaso, para que cuando ya no te queden lágrimas, las reemplaces con la risa; me
habría encantado en verdad que me dejes tu guitarra para hacerme compañía con
música en este desolado y triste lugar. ¡Como extraño jugar con mi padre! Preferiría
perder eternamente contra él y aprender de sus triunfos asfixiantes y precarios, que
madurar en medio de una incertidumbre didáctica a tu lado, ¿qué te queda ahora,
Daniel? ¿Acaso no te das cuenta que ya no eres nada? Estos espejos ahora son más
valiosos que tú.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 43
 
Después de esas palabras, me di cuenta que tenía razón; mi historia me había convertido en
una “nada”, un pasado, un neutro, un ajedrez en tablas. Sentí angustia, me sentí
absolutamente solo y traté de convencer al niño de venir conmigo, para tener compañía,
pero él se negó; noble, no le importaba sacrificar su vida a las puertas del infierno, por
amor y esperanza al abrazo de su padre. Efectivamente, era un espejo mucho más valioso
que yo.

Dicen que dios envió un arcángel con las llaves del infierno para custodiarlo; no fue dios,
fue el mismo diablo quien parió a ese arcángel, y no fue un arcángel, fue solo un niño
huérfano. Así lo bauticé como “Uriel”, y antes de irme, me sentí tan derrotado, que, a pesar
de haber sido un empate, le dejé mi guitarra y mis canciones; después de todo, ¡él las
interpretaría con sentimientos!

Cuando salí del espejo de Uriel, estaba de nuevo en el punto de inicio; sin ojos, sin
conciencia, sin placer, sin ternura… Absolutamente destruido y desterrado por mis propios
bastardos. Me sumergí en la depresión, el encierro y la soledad absoluta, e instalé dos
espejos más; uno al sur y otro al occidente. En el primero se pintó el mundo de Arkenesis;
en éste vigilaría el mundo real y los senderos por los cuales vagaban mis ojos buscando
charcos y mentes necesitadas de conciencia. En el otro, sería la mano izquierda del padre de
mis desgracias; en él, me convencería de mi existencia omnipresente como un dios con “d”
minúscula, que controlaría el mundo desde el cubo. Luego de hacerlo encendí algunas velas
a los lados y en mi extrema depresión, me serví una taza de café y encendí un cigarrillo
para sentarme a esperar a la muerte.

Ya no tenía placer en mi sangre, ni sonrisas demacradas, ni sonrisas angelicales; ni siquiera


tenía saliva que escupir a un dios inexistente, ni mucho menos conciencia. El niño era feliz
entre sus sueños; la conciencia, a pesar de todo, seguía cumpliendo con su función, gritarle
al mundo lo cierto; Belitio, no temía a la realidad, ni al vicio, ni al sida, y así era feliz; y
dios, al menos sabía que al ser con minúscula, podía seguir indagando en sus universos en
medio de sus filosofías morales e inmorales. Yo… yo era el quinto, el creador de ellos
cuatro, ¡ellos eran los cuatro hijos del quinto! Ahora solo era odio que se multiplicaba entre
mis células como un virus. Ya no juego ajedrez en mi cubo, ya no soy yo, no soy niño, no
soy nadie, no siento placer ni tranquilidad… ¡solo me queda esta delirante angustia, a través
de la cual comienzo a crear rituales para invocarlos! Para transmutar la fantasía en esta
realidad de cristal que me ha aprisionado al dolor más desgastante y pordiosero. Los
invoco, es hora de morir sin miedo.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 44
 
INVOCACIÓN

(Música: Jerry Goldsmith – Ave Satani)

“¡Anocdecum morte raisin pora,


concorden lide rop tu demis,
corpus Baal incimmen tores sut procibik,
lide rop lide, morte rop morte…!”

La conciencia estuvo siempre conmigo a pesar de su empalagosa mirada. La arranqué de mí


por un simple error de melancolía existencial, ¡nunca dejé de ser un joven de ropa negra
con un alma transparente! ¡Solo soy una nada expresando un todo en mis recuerdos! Quizá,
hasta recordando lo que ya ha olvidado mi memoria. Muchacha, ¡mi lluvia!, te amé, aunque
hayas dudado siempre de mi amor, tienes mucho que aprender de la vida, pero nunca
pierdas los colores, nunca dejes de sentarte en el arcoíris; aprende a valorar el amor. Padre,
¡mi tormento! Toca tu instrumento y deja que las melodías te llenen de amor y sentimiento;
nunca es tarde para pedir perdón y dar un abrazo, nunca es tarde para ser emocional; fuiste
tú el que le dijo a mi madre a través de una carta, que más grande que ser hombre, es ser
humano. Madre, ¡mi lucha, mi compañía, mi ángel…! Te recordaré siempre feliz y sin
mostrar esos dolientes agobios, esas tristezas marcadas y resignantes por sueños que nunca
pudiste cumplir en tu fragilidad, ahora entiendo que siempre has sido fuerte, eres mi
artista... Recordaré por siempre el cielo de tu abrazo y tu apoyo sincero. Gracias…
¡Gracias!

El mundo marco a mi conciencia con el objetivo de que la marca sea permanente, que no
olvide que el mundo existe, que la vida está y no debe ser ocupada en vacías
responsabilidades que la alejan del sentimiento. No es que me haya rendido, soy un valiente
humano, que reconoce con toda la valentía del caso, que no puedo cargar más con este
peso, necesito que mis demonios lo carguen por mi ahora. Solo quería combatir la
conciencia utópica con el placer para evitar volverme loco de hipocresía; ¡no quería
terminar así! ¡Terminé más loco de lo que estaba y deseaba, y, por si fuera poco, ha
quedado huérfano un inocente niño por mi culpa! Me arranqué la conciencia para evitar que
sea corrompida, ¡juro que lo hice por amor a ella! ¡Lo juro! ¡Váyanse! ¡Váyanse todos de
aquí! ¡Solo quería salir del paraíso! ¡No puedo más, necesito estar solo!

… No puedo más con este sufrimiento.

“… ¡Sallertse ed im nozaroc!
Nellatse ni em solidificarum corpus,
¡zokatoly bacorpus sintiris morte maen erdap lais!
Olos sarbalap satreum in al memorial
serecnock pordidum in at yotse…”
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 45
 
¡Mierda! Todo necesita un equilibrio, pero yo no lo supe nunca, no fui capaz de escuchar a
mi conciencia, ¡no quise escuchar a mi madre! ¡Todo empezó cuando mis ojos me gritaron
que antes de tirarlos al pavimento, debía decirle a dios que me cambie el nombre! ¡Todo
empezó cuando mi papá me dejó en este pueblo de nublados cerebros y castrantes paraísos!
¡Él fue, fue la soledad a la que me llevó su metafórico abandono y su voz dominante al
teléfono! ¡Cállense malditos demonios, déjenme tranquilo!

¡Cállense ahora maldita sea!

“…at alonhus on recon stai aqüya.


Sam neib on trax in lacke bacorpus…
¡At neib in sates in le sintiris onu sarexes solbaid!
In nommined patris, In nommined patris, In nommined patris,
¡In nommined patris
et ego (et fili)!”

¡Y todo porque ese cabrón es con mayúscula! ¿Acaso no eres el máximo creador de la vida,
maldito, enfermo e inexistente dios? ¿por la excusa del edén, vale la pena el sufrimiento
que acarrea la existencia? ¿Debo llegar al extremo del suicidio, solo porque se te ocurrió
creerte superior a todos los dioses que estamos aquí en la tierra? ¡Santo bendito, ya que
decidiste bofetear mis vicios, no me despiertes hasta que pueda estar loco sin miedo a la
cordura! Te encargo mis ojos, mi cuerpo, mi infancia; ¡te encargo a mi dios! Mientras mi
espíritu, adorable y demente juega ajedrez rey contra rey, toca guitarra, fuma, enciende
velas, enciende minas, ¡Te encargo el dominio de mis pecados, pero por favor no me
absuelvas jamás de ellos! ¡Es el momento, debo suicidarme ahora, os ruego no me
detengan!

- Viviste el estigma de tu padre, tu abuelo, tu trascendencia, y aunque le sonreíste a la


vida, solo la adoptaste con ególatras fines. Hiciste sufrir a tu gente buscando el
placer individualista; mereces la agonía que hoy te atormenta. ¡Te dedicaste a
probar tu propia carne y acostumbrarla al motor de tus cigarrillos, sin pensar que
tenías una familia y una tierra bondadosa, que tenías talentos, inteligencia y tu
cuerpo completo! Te fumaste tu alma, la consumiste. ¡Bienaventurado aquel que es
capaz de equilibrar sus engaños! Nadie escuchará tus gritos, Daniel, no te lo
mereces, ¡por eso nadie te escuchó! Es hora de apretar el nudo, no sufras más, da un
paso hacia adelante. Nosotros lo entenderemos.
- Solo espero que al despertar…
- Listos…
- Hayan corregido los errores de escritura…
- Apunten…
- O al menos el mundo sea diezmado…
- ¡Fuego!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 46
 
DIOS ES CON MINÚSCULA

(Música: J.S. Bach – Cello Suite N° 1en G)

El viento helado de las noches suele llegar a abrazar su agonía.


Los ojos ya no le sirven de nada,
con o sin ellos, todo en esa habitación es completamente oscuro.
Hasta las velas
Hasta su fuego
Hasta el infierno que se observa en el espejo que refleja la cama,
que, ya no se sabe si es o no una cama.

¡Le exijo a Daniel que se cambie el nombre!


que su canto sea anónimo, y sus escritos sean seudónimos,
que actúe ser él, para que su irrealidad no parezca fingida,
que pinte con acuarelas los colores secos de la niebla…

Que sus pinturas sean cantos,


que sus cantos sean de otros,
que su lluvia escampe.
Que su mundo enmohecido se llene de estupidez,
y así salga a relucir su inteligencia.

¡Vivo en un performance de ideas


acompañándolo desde mis nubes,
y mientras su canto se personifica en diablillos danzarines,
yo alabo la incertidumbre!
… Tal como el humano me alaba a sapiencias de mi ausencia.

¡Soy el ídolo de la miseria,


el carpintero del viento,
el… el yo, el ellos y el nosotros!

Siento,
siento…
Siento la libertad, mi camino,
¡siento mi silencio!
Siento que nosotros somos el anónimo, el otro, el seudónimo, el fingir, la niebla,
el cubo, las ideas,
la incertidumbre, la miseria, el viento, el, el…
¡el, yo, ellos y nosotros!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 47
 
Daniel escupe a los hombres,
yo escupo a Daniel por serlo.

Su nombre se le atribuye a Dios como su juez,


y por eso le exijo que se cambie el nombre;
pues mi nombre es con minúscula, y el de dios, también.
… Escupo a dios por ser hombre, dios me escupe por ser igual a él.

II

Porque dicen mis ilógicas cuando las escucho,


que nada inicia ni termina,
que todo es la base de círculos infinitos, que parpadean
muriendo y renaciendo en el olvido y en el recuerdo.

Hoy lloramos la muerte de un dios pues se ha convertido en cuatro


y solo prevalece el más oscuro y solitario;
la conciencia es ciega,
la lógica es ilógica,
el niño es vigilia del infierno,
¡el cuerdo se ha perdido en las llamas de su locura!

Hoy he nacido solemnemente pues mi creador se ha cambiado el nombre,


se ha rendido ante su intento de entenderse
y ha decidido llorar la tumba de sus dioses…

Yo siempre le dije que todos son dioses, al igual que él,


pero, ¡que idiota fue al convertirse en el dios de sus sueños!
nunca soportó la presión de tantas tareas
ni la sequía en su boca después de escupir a esos sueños, creyendo que eran humanos

¡Él nunca entendió que todo dios alguna vez fue estrella!
Que todos nosotros nacimos de lágrimas
… y tristemente nos convertimos en ellas.

(D minúscula)

Entiendo que yo le pedí que se cambiara el nombre, pero que idiota fue al hacerme caso.
Quizás fue que lo destrozó ver a sus ojos fumando, pues creyó que se había quedado sin
conciencia, y tuvo la necesidad de orar a una deidad, pero fue su culpa no entender que el
maestro aprende de su alumno, de todas formas, fue él quien decidió arrancársela. Ahora,
no puedo hacer nada para devolverle la vida. Puedo crear el universo en siete días, puedo
ser omnisciente y omnipresente, puedo destruir ciudades enteras si me hacen enojar, pero
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 48
 
no me pidáis retroceder el tiempo para evitar un suicidio, ni curar de cáncer a un niño, ni
nada por el estilo… ¡No insultéis mi infinito poder con simplezas!

Ahora que él ya no está en el mundo, seré yo quien relate la historia, así que, ¡acostumbraos
a mi retórica y prepotencia! Daniel está muy lejos de lo real y lo irreal, personificó todas
sus contrapartes, y ¡por fin nos dejó respirar! ¡Que cubo más acogedor! ¡Sé que ni siquiera
se extraña a sí mismo! Yo todo lo sé, soy dios, y como dios, soy completamente
omnipresente en todos los rincones de mi enfermedad. En mí se materializa cada objeto,
desde el más simplista hasta el más complejo. Me componen todos los átomos; planeados o
accidentales, sólidos y adyacentes; soy tan grande y tan pequeño como todos los puntos de
un circulo, como los poros y sus subdivisiones; como las células, como los puntitos que
forman las orbitas por las que electrones y planetas deambulan sin descanso; como el
tabaco dentro de un cigarrillo o el opio compacto en la flor de amapola. Soy un meteorito y
un sol; un ovulo y un espermatozoide, soy el resultado de reacciones químicas y físicas
inexplicables que se dan dentro de una matriz. Digo inexplicables, no porque así lo sean,
pues yo (que todo lo sé) si lo podría explicar; pero ustedes, ¡no, ustedes no merecen que lo
haga!

No hay nada que me haya creado, no hay inicio ni fin. Si se supone que el sol es una
estrella, entonces supongamos que es un núcleo lleno de protones y neutrones, que júpiter
es un planeta; entonces, ¿porque no puede ser un electrón? Que Andrómeda es una galaxia,
pues para mi es una célula; ahora, que muchas células conformen un tejido y que los tejidos
se materialicen en un órgano; luego, un conjunto de órganos conformará un sistema, que,
en comunicación con otros sistemas, forjará con coherencia la perfección cósmica y natural
de un organismo… ¡un universo! Ahora quiero que me pregunten, ¿cuántos universos
conforma únicamente el planeta tierra? ¿Cuántos universos existen en nuestro cuerpo?
¿Cuántos universos hay en los organismos de nuestro cuerpo? ¿Cuantos átomos tienen que
estallar para que nazcan otros? Universo, dios, humano, animal, planta, piedra, tejidos,
órganos, células, átomos, electrones, núcleo…Y hasta el estiércol tiene universos paralelos.

¿Ahora ya entienden porque en el mundo hay tanto cáncer? ¿Porque dios es tan
incompetente? La respuesta es obvia… ¡Dios también es un humano! ¡Yo soy su dios, y
por ello deben alabarme como su superior! Contrario a ustedes, yo sé que lo soy; me
autoproclamo dios, mientras ustedes se han nombrado orgullosamente… corderos. ¡Pero los
amo, hijos míos! Amo que sean corderos, pues su carne es exquisita, amo su sacrificio y
amo la representación ególatra que le han otorgado al perdón de los pecados a través del
cordero de dios. ¡Sois interesantemente descarados! Y por eso, los amo; en definitiva, están
hechos a mi imagen y semejanza.

¿Entendéis mi odioso amor? El odio y el amor son idénticos, pero el odio existe y el amor
no. El amor representa un reflejo del odio, disfrazado de esperanza y tolerancia, en el cual,
se manifiesta lo idealizado racionalmente en una irracionalidad subjetiva, a la cual le
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 49
 
llamamos “amor”. El amor es el caos pintado de cosmos, es misantrópico y
contraproducente, pues nace para ser inútil, y muere para dejar cicatrices pintadas de
huellas. El amor parece rosa, pero es espina. El amor es… ¡No es! ¡He ahí el problema!
Que sea algo, que tenga un significado de por medio, y ustedes, hombres de mucha fe y
poca verdad, ustedes degradan todo aquello a lo que le dan significado.

Espero que Daniel llegue a un mundo sin amor en su próximo círculo, para que el lenguaje
no condicione su emoción y así pueda gozar de la libertad que en ésta vida le fue
arrebatada. Sé que tiene planes ambiciosos. Sus primeros dolores no dependerán de él; por
ejemplo, que corten su ombligo, pero luego, espero que su próxima muerte sea mejor que la
anterior, que la próxima vez no lo condenen a la vida; por el contrario, pueda suscitarla; o
que la gente no le imponga “amar al prójimo” disfrazando sus principios de antipatía, lo
escucharán cuando les diga que la única forma de armonizar la realidad, es, precisamente
evitando pensar en el prójimo, para así no tener que amarlo. ¡El mundo sin amor seria
pacifico! Si en su próxima vida no encuentra amor, no tendrá que mantenerse en el paraíso
solamente por no defraudar a quienes ama.

Si uno conserva solo lo que no amarra, entonces conserva lo que no ama, ¡he ahí el
problema de la filantropía! Hay objetos, quimeras, almas y masas, que, por ley, nunca
deben juntarse, ni mucho menos deben amarse; el odio, por el contrario, debe existir como
un instrumento anticuerpo, usado para destruir la basura, antes de que contamine lo virgen.
Cada átomo debe cumplir su octeto, cada polo tiene su respectiva carga, la gravedad
depende del centro. ¡¿Acaso no os dais cuenta que el humano no es social por naturaleza
sino por conveniencia?! ¡Admitid su odio irracional! ¡Admitid que necesitáis del otro,
solamente para cazar presas más fuertes, o para satisfacer principios de placer reproductivo!
¡Dejad de amaros los unos a los otros! ¡No os améis, sentidlo! ¡Haced del amor una ley, no
una palabra, y así lograréis la armonía del amor, sin necesidad de definirlo!

Cuando hablo de leyes, no me refiero a las que por amor se imponen como mandamientos,
sino a las que trascienden el inconsciente sin necesidad de pensarlas, convirtiéndose así en
una norma natural; por ejemplo, si se pierde la libertad, por amor, sencillamente el amor
desaparece, pues ningún sentimiento es pleno cuando su permanencia implica el sacrificio
de la identidad. ¡Este mundo no entiende la importancia de matar a los vivos y dar vida a
los muertos! El hombre se ha olvidado de volver a la matriz, afanado por otorgarle
significados al futuro déspota, que persigue obeso de ansiedad, y, ¿cómo podría amar un ser
que sacrifica su raíz esperando lo aleatorio? El ser amado supone satisfacer las exigencias
individualistas que el otro deposita en la expectativa. Amar es automáticamente defraudar,
como, nacer es automáticamente empezar a morir. El significado degrada el sentimiento
legítimo. ¡No améis, sentid el amor… Abandonad al hombre y convertíos en artistas!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 50
 
¡Religiosos cobardes y bandidos!, por su amor a dios pintaron el mundo de sangre; políticos
salvajes, su amor al poder destruye la semilla de la tierra y la esperanza de quienes la
habitan; pueblo insensato y reprimido, disimulando cada una de sus nauseabundas
perversiones, con su dañino e hipócrita “amor al prójimo”; reglas obscenas y
maquiavélicas, que, nos obligan a amar nuestras propias reglas anárquicas y disfuncionales;
dios enfermizo, que ama tanto a los hombres como yo al cortejo de putas. Putas lastimeras,
cuyo amor al miserable peculio trasciende su amor propio. Matrimonios dudosos, donde, el
amor representa un negocio material. ¡Hijos míos… Sois el animal más ridículo y enfermo
de la creación! ¡Me habéis decepcionado, porque los amo, y amarlos me obliga a esperar
mucho más de ustedes!

Mujeres amando a hombres y manipulando su estupidez con placer para lograr sus fines.
Hombres amando a mujeres y acumulando en su placebo machista, el deseo promiscuo de
verlas como objetos y sentir que cuanta mujer toca, les pertenece; y así, convencerse a sí
mismos de su superioridad. Hombres amando a hombres, mujeres amando a mujeres… No
es más que una reacción indirecta de un dilema edípico.

¿Cuántas veces se puede dividir el mundo? ¿Cuánto debo odiar para acabar con la basura?
¿Por qué teméis tanto a la muerte? ¿Por qué habéis hecho inmortal a dios? Estoy condenado
a “amarlos” y “perdonarlos” por siempre. Miraos a un espejo, hay un dios en cada uno de
ustedes, ¡dejad ya la cobardía y alivianadme esta carga! Merezco ser con minúscula,
merezco la bondad de la muerte, merezco pasar a una mejor vida.

Mientras pienso que soy un dios al igual que todos ustedes, así como pienso en la igualdad
y en las ganas de vomitar por el concepto de la misma, también pienso que todos aquellos
que no aportan nada a su entorno mientras viven, que no descubren la dicha de la
revolución, deberían morir, y, me sentiría bastante a gusto de asesinarlos con mis
escupitajos; tirarles flemas, mientras en la más austera oscuridad, me convierto en su luz. El
placer de asesinar al que lo merece… Esa es la prueba irrefutable de mi amor por el ser
humano, ¡fueron mi creación, y, por ende, deben ser perfectos! Olvidar a alguien es
matarlo, y hay muchos que merecen el olvido. Aprended de mi piedad, vosotros también
podéis hacerlo; el primer paso es, ser consciente de ser dios y saber que todos tenemos la
capacidad de crear y destruir la vida. Yo no los formé amasando tierra moldeada y
arrancando una costilla a adán, ¡es mucho más simple! Me los fueron presentando a través
del tiempo; si no me hubiesen dicho que Belitio se llamaba Belitio, jamás habría sabido que
él existe; en pocas palabras, solo existiría el vago recuerdo de un rostro desconocido, o de
un nadie… ¡No existiría, o al menos, no para mí! La subjetividad nos convierte
automáticamente en dioses, pues, todo lo pensado es real para quien lo piensa. ¡Sois
creadores, cultivad su don y convertidlo en arte! Sois capaces de crear, arriesgaos a
experimentar con la creación y avanzad al siguiente nivel; más grandioso que ser dios es ser
artista. ¡Sois tan dioses como yo, y tenéis las mismas habilidades y limitaciones que yo
poseo! Y si no es así, ¡Os reto a crear un nuevo color! Es más vanidoso el cordero que
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 51
 
rechaza otros corrales, que el dios que reconoce al ignorante como semejante. Sin embargo,
apuesto a que queréis quemarme en la hoguera por mis blasfemias, ¿verdad?

Así es el hombre… ególatra y castigador. Aquí no existe el valor por la vida; por eso
entiendo que Daniel se haya suicidado, ¡y lo apoyo! Todas las situaciones de su historia lo
condujeron a crearnos; sus ideologías confundidas entre sí, todas contradiciéndolo y
llevándolo al delirio. Si no nos hubiese creado, su suicidio habría sido aún más triste e
inútil, pues, aunque está muerto, nosotros seguimos actuando a través de su cuerpo, y su
obra aun lleva su nombre por firma; sin embargo, desde el limbo, él sabe que tarde o
temprano terminaremos asesinando lo que queda de él, o simplemente su demencia será
incontrolable. ¡Ese fue su sacrificio más noble! El tiempo está corriendo… por ahora, es
solo substancia de un cadáver, que, desde el cubo ha descubierto el estado de nirvana; pero,
el tiempo está corriendo, como corre la vida cuando se divide en cuatro; como una vida de
ochenta años en promedio, de repente puede convertirse en veinte… o menos.

¡Vaya amor a la enfermedad y el dolor llevan los corderos! Yo les ofrezco dioses
bondadosos y sabios, mientras ellos alaban a pastores licántropos; yo les ofrezco dioses que
elogien las vidas confusas, que se instalen en la duda como principio del conocimiento, que
estimulen el deseo de luchar; pero ellos prefieren desear el paraíso aburrido y eterno, en el
cual, anhelan vivir ciegos, sordos, mudos, amputados, ¡sin saliva!

Arkenesis quiso ayudarlos, yo he querido ayudarlos, Uriel quiere ayudarlos, Belitio


convenció a Daniel de extirpar su conciencia y solo logró que Daniel se elimine a sí mismo
en su intento por eliminar al hombre, pero esa era su manera de ayudar. Ahora, Daniel está
muerto y nos dejó la tarea. ¡Tremenda utopía la de ese mocoso! Arkenesis no es nada
facilista, el nunca tomará el camino corto; prefiere morir en el intento de cambiarlos con
palabras y miradas, que obligarlos a concebir el cambio en formas autócratas. Belitio es un
maldito psicópata; intentará torturarlos a todos, pero tampoco renunciaría a su reino, donde
solo él gobierna y es el dios de su infierno; si acaba con los hombres, simplemente no
tendría con qué, ni con quién satisfacer sus placeres sexuales, alcohólicos y deseos de
manipular y pervertir otras voluntades con su inteligencia. Uriel solo espera que su padre lo
abrace y pase lo que pase en el mundo, no dejará abandonada aquella puerta. Yo, yo soy un
dios con minúscula y con saber que lo soy, me basta; si los humanos lo quieren entender,
¡allá ellos! Pero, como dios, soy ambicioso… no me conviene dejar de ser el único de mi
especie. No soy un dios como el suyo, no encerraré a un hombre y a una mujer desnudos en
un paraíso dionisiaco mientras me siento a vigilar su pornografía; mi odio hacia ellos es
mucho más grande, yo estaré masturbando mi imaginación con todas las enfermedades del
ser humano que desde aquí se observan como plagas. Su miseria me divierte; la lepra, el
dolor, las inundaciones, los incendios, las masacres, las guerras, las bombas… las
religiones. Me río de ello a carcajadas desde mi trono ¡Qué gratificante es saber que tantos
se matan por mí! Traté de mostrarles dioses bondadosos, traté de mostrarles un espejo…
¡Pero ellos son indestructibles…!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 52
 
POEMAS SEUDEMONIACOS

(Música: Antonin Dvorak - Romance Op. 11)

EL SOÑADOR SIN SUEÑOS

El fruto de mis sueños se ha marchitado en su propia dulzura;


inconsciente de su grandeza, se ha acostumbrado a ser solo un sueño.
Pero el problema no es ese,
es que, yo también vivo en aquel sueño,
impaciente por no abandonar
(aunque sea falsa),
mi alegre lujuria.

Malditos pensadores parlantes de verdades,


¡nunca supieron darle verdad a su pensamiento!
No se cansan de demostrar que la locura jamás cambiará su nombre,
pues solo escriben para los locos.
Solo nosotros sabemos
que nuestro mundo afuera,
no es más que una hipócrita
sonrisa del alma.

Víctima de mi inútil sabiduría...


Soñando quería hacer otra realidad
y el odio a ella me hizo irreal.
Bases de un viejo sabio que decía,
"no hay que amar a los hombres, sino a lo más lejano".

Al fin todos los sabios son iguales;


se refugian en la inexistencia
para aprender a existir;
pero el problema no es ese,
¡es que, desear alegría parió el llanto!
No es mucho lo que la existencia ofrece al soñador.

Todos soñamos,
todos somos existencialistas,
¡todos morimos ante la inconformidad natural de existir
mientras soñamos que exista la inexistencia!

Otro viejo sabio dijo, "la vida es sueño, y los sueños, sueños son"
¡¿acaso no es otro vano intento de soñar despierto?!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 53
 
Y entre estas quejas que acuno en mis pesadillas,
¡aclaro!
No me avergüenzo de ser soñador
sino de ser solo un sueño.

(Arkenesis)
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 54
 
SOLITARIAS TABLAS

Siento frio en mi cuerpo


aunque se encuentre en llamas.
Muchos no saben lo que es la satisfacción,
yo, que la conozco,
me siento insatisfecho.

Insultos han azotado mis oídos,


insultos ha lanzado mi boca,
golpes ha recibido mi rostro,
¡discursos violentos he entonado en critica al suyo!

¿Actos?...
¿Ahora ya entienden porque no estoy satisfecho?
Mi vida es un gran telón
que abre y cierra
interrumpiendo la obra en el momento preciso;
pero, ¿y si lo planeado en la obra se destruye por falta de ensayos?

¡Mierda!
¡¿Quién cerrará el telón?!
¡¿Quién ensaya para la vida?!
¿Acaso dios creyó que todos tendrían
su misma capacidad de improvisación?

Dios me atribuyó entonces


la más odiosa de mis mundanas adversidades;
a veces, el telón permanece cerrado tanto tiempo,
que los espectadores huyen insatisfechos de mi insatisfacción propia;
les recuerda la monotonía,
les recuerda que sus sentimientos tampoco son buenos actores.

He ahí el problema,
No puede actuar el sentimiento que se ha ahogado en una sola realidad.
¡El rencor y la libertad, se han atado al sexo!
El amor, se ha ahogado en la soledad,
la tristeza en la realidad aparente,
el miedo
…en las alturas.

¡Temo aún mirar hacia arriba


pues temo ser solo un pensamiento!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 55
 
¡Los culpo a ustedes por crear a dios
y condenarme a este eterno teatro de la crueldad!

¡Ahora soy malo!


¡Convoco a satán con mi sangre
y con el sudor de sus vaginas!
Encierro vehemente en este infierno
todas y cada una de sus lágrimas;
¡mis tablas no caerán!
Me burlaré de su absurdo circo
y desharé impío a su dolor,
su exquisito cadáver henchido
de cenizas,
y mis gusanos labrarán su cráneo cual
si fuese carroña para hienas.

¡Este es el momento!
es mi momento de hacer frente a la soledad
demostrando sus falsedades.

No abran la puerta,
¡os ruego que no abran la puerta de este cubo!
Quizá elijáis quedaros gimiendo
debajo de mí.

(Belitio)
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 56
 
MUNDO DE GUITARRAS

Enmohecidas cuerdas frotaba el viento


cuando mis pupilas
tangos bailaban.
Con armonía recurrí a buenas remembranzas
y con ellas se esfumó el sufrimiento en la pasión.

Los abanicos danzaron formando en las nubes, cirros,


y ahí estabas tú
en forma de acordes;
tal vez falsa
e inicuamente onírica,
pero poseída de maternales melodías.
¡Tus palomas volaban entre estas canciones
apaciguando demonios en sus trastornos!

Pensé…
Tus labios son como una panetela;
delgados, puros y de humos bailarines…
pero una adicción absurda (como el vicio de tenerte),
y aunque tu voz era bella como tu mirada,
¡era para mí una condena!

Condenado a acariciarte por siempre,


¡oh! mi puerta al infierno…
condenado al frío de tu tempestuoso beso.

Te encontré entre mis emociones infantes


y suspiré al darme cuenta
que tus labios eran cuerdas,
y tu columna, trastes.
Acaricié tu piel de madera
con esa ternura que solo Euterpe conocía.

(Un suspiro)

Siempre he de crear mil mundos para ti;


¡oh mi bella guitarra,
por ti, soy alegremente condenado a desechar la apariencia!

(Uriel)
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 57
 
¡DEJEN QUE DIOS SE SUICIDE!

La fetidez de tantas imperfecciones


me ha convertido en un dios deseoso de morir,
¡pero claro!
¿Cómo va a poder morir el dios que se creyó la mentira de su inmortalidad?

¡Tal vez
por eso los verdaderos dioses odian a sus súbditos!
Magna es la escasa autoestima que acarrea ser el maestro de un virus;
sobre todo,
cuando el virus se reproduce tan rápido como el deseo de sucumbir a la muerte.

¡Tal vez
por eso dios ha decidido escupir a sus súbditos
dotándolos con la maldad y la lepra,
y ustedes, por el temor a la muerte,
prohibieron el suicidio!
…He ahí su error, le prohibieron morir al deseoso de hacerlo
y con ello lo estimularon a convertirse en asesino.

Esto no es una carta suicida,


es una advertencia a la cobardía de los creyentes que no creen en sí mismos…
¡Dios los matará a todos, en medio de su intento por matarse!

(D minúscula)
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 58
 
Cuando nosotros comenzamos a firmar los papeles, su suicidio se completó. Daniel no
volvió a aparecer… De él solo sé, que después de escupirnos a los cuatro, corrió a
despedirse de la lluvia con un beso que ella rechazó en su indiferencia. También se despidió
de su madre, le dijo que no se preocupe por él, que todo saldría bien, pues no correría
ningún riesgo mientras esté encerrado en un cubo de espejos. Luego (después de ganar su
partida de ajedrez con ambos bandos), escupió contra el viento entregando su vida a
aquellos bastardos que nunca quisieron vivir.

Nunca se corrigieron los errores de escritura, pues la miseria y el hambre solo se equilibran
cuando el hambriento y el miserable pone un Dios con mayúscula en su imaginario. El
mundo fue diezmado a balazos inútiles, pues por cada hombre que muere, nacen cuatro
más.

Murió en el asco, murió por una utopía y le escupió al hombre… A sí mismo. Él falleció
ante el prisma de su tristeza.

En la matriz de su madre cupo el feto de un dios.

(Aquí termina el primer libro) 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 59
 
 
 

“El último ser humano vivo


lanzó la última paletada de tierra sobre el último muerto.
En ese instante mismo, supo que era inmortal;
porque la muerte sólo existe en la mirada del otro”

Alejandro Jodorowsky 
 

 
CAPITULO II

POSTMORTEM
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 60
 
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 61
 
CUANDO PARÓ LA LLUVIA

(Música: Chopin – Nocturnos (aleatorios))

Cuando paró la lluvia, mis letras sobrevivieron en la muchedumbre y fueron la prueba de


mi sacrificio, pero solo acogieron mis palabras momentáneamente, y con irreverencia
ignoraron el cadáver. No solo me enterré a mí mismo, sino que, además, fui el único
asistente en mi funeral. En él, lloré sin consuelo, pero no por luto sino por satisfacción; al
fin estaba solo, al fin era “nada”, ¡al fin salía del paraíso!

… Jamás pensé que sería tan aburrido salir de él. El funeral no tardó en volverse tedioso,
pues ni el cadáver se descomponía, ni yo como acudiente podía producir más lágrimas; el
pequeño fragmento del “algo” que quedaba en mí, era un cadáver, que yo, hambriento,
decidí comerlo. Y entonces, cuando me comí mi muerte, de nuevo estaba solo y vivo,
encerrado en un cubo que acorralaba en sus esquinas, todos y cada uno de mis gritos y
cantos. La lluvia había escampado y la oscuridad del cubo me estaba absorbiendo, fue ahí
cuando decidí abrir las cortinas; al hacerlo, también se abrió el cajón de mi angustia, ¡nunca
me había sentido más muerto que cuando fui consciente de estarlo! Me desesperé, comencé
a gritar y a caminar de lado a lado, pero lo más cercano que tenía al aire era la ventana
detrás de las cortinas… Entonces miré la luna.

La luna era el reflejo onírico de la vida terrestre, pero, en su soledad y elegancia, era
claramente la más sabia entre todas las constelaciones. La soledad nos quita las máscaras,
nos conduce a la sapiencia universal que solo conoce el marginado, el atrevido, el ridículo,
el diferente. La soledad nos muestra sin vergüenza alguna, aquello que en realidad amamos,
y nos condena a amarlo por siempre aun sabiendo que representa nuestra cicuta. El amor
legítimo es independiente a la muchedumbre, y sin multitud, no hay abstención al goce.
Enfrentar la soledad es de valientes y es natural que en primera instancia nos cause pavor,
pero, una vez se invita a la soledad a jugar, más vale aprovechar sus enseñanzas siempre
manteniendo cierta distancia; ¡cuidado! Poco probable es curar el vicio del solitario. ¿Qué
sentido tiene el gozo ermitaño? Es mera masturbación, una pintura realista-cubista, un cubo
sin minas, un cigarrillo sin nicotina.

Yo fui un solitario viciado, y solo cuando abrí las cortinas del cubo y miré hacia la luna, me
di cuenta de mi estupidez. No tenía ningún sentido encerrarme en la depresión esperando
que, por arte de magia, el hombre fortalezca su voluntad y de repente el mundo diezme, si
ni siquiera podía observar ese mundo; desde mi muerte, solo he logrado diezmar a los
sabios y multiplicar a los insolentes. Nada cambió, algunos pocos conocidos recordaron
mis letras por unos días, mientras en el mundo todo seguía su curso cotidiano; amé a quien
no debí amar, y desgasté mil días de forma inútil angustiándome por mis banalidades
personales… ¡Que decepción! ¿Podré remediarlo? ¿Podré volver a vivir algún día?
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 62
 
¡Basta de gotas! La lluvia me dio muerte, y yo amo morir, amo la lluvia, el sol, el arcoíris;
¡adoro la falsedad del sol, que, mezclado con la lluvia, visita la tierra en forma de arcoíris
intentando brindar la dulce ilusión de su luz! Sin embargo, se puede tapar al sol con un solo
dedo… Sin importar cuan resplandeciente sea, sin importar cuan fuerte sea una tormenta, ni
la luz ni el sonido pueden alcanzar mi sombra en este cubo. ¡Oh sol, lleno de hipocresía, no
porque hipócrita seas, sino porque no te he dejado hacerle frente a mi oscuridad, y, en
consecuencia, te ves obligado a abrasar mis máscaras! La lluvia ha perdido su encanto, está
compacta en una mísera gota que se evapora antes del atardecer, ella siempre requiere
matar, para vivir… ¡No! Yo necesito algo mejor que eso.

Estoy aburrido de las esquinas de mi alcoba, ¡me producen asco! Después del funeral, las
velas y los cigarrillos ya no me causan gracia, ni mucho menos me inspiran a producir. Yo
no puedo permitir que mi arte se vea amurallada por un cubo y una lluvia traicionera. Urjo
tener una prisión aún más conceptual e inspiradora, una que me haga sentir su encierro
mostrándome el infinito, una donde no camine de lado a lado, sino en círculos, una que no
tenga muros ni barrotes… ¿Acaso existe mejor lugar que la luna con dichas características?
La luna también es un alma que abandonó a su cuerpo en la tierra, pero fue más inteligente
que yo; yo me encerré en un cubo, ella, en la luna… Un círculo infinito, divino e
inspirador, un lugar sin minas ni muros, un lugar que no necesita matar la luz del día para
otorgar un arcoíris, simplemente convive con la luz magna del sol para brindar hermosura
sin necesidad de matar, para fluir a plenitud, inspirando poemas, sonetos y canciones,
danzando con majestuosidad al estar llena y provocando el anhelo de volverla a ver al estar
oculta. La luna era un lugar inalcanzable… Para llegar a ella, se debía atravesar sin cuenta
océanos montado en una barca de papel.

Estaba muy lejos de mí, pero, aunque distante y perdida, me hacía sentirla cerca. Era una
nada que complementaba la mía. ¡¿Cómo no amarla?! Tantos años deseando ser una
manchita de la luna, tantos años deseando llegar a ella, a sus pies descalzos, a sus ojos
grandes, a su piel de alba, a su tentador núcleo representado en un tierno ombligo… llegar a
ser parte de sus pecas, y aun siendo nada, sentirme completo y complementando. ¡Estoy
muerto! Pero al fin he olvidado el tormento de la lluvia; quizás no pueda revivir, pero, juro
que llegaré a la luna, ¡es mi deseo más profundo!

En medio de mi deseo lunático, y, consciente de haber perdido el talento para los infantes
menesteres, fabricarme una barca de papel digna de llegar al alma de mi amada me suponía
una tarea imposible; por tanto, no hallé otra opción que pedirle a Uriel como un favor, que
la haga por mí. Al llegar a la puerta del infierno noté de inmediato que el niño comenzaba a
resignarse a la ausencia de su padre, pero opté por no hacer ningún comentario al respecto.
Él me observó incrédulo al verme, pues sabía lo de mi suicidio, y su padre le había
enseñado que el alma no existía; en consecuencia, él tampoco creía en ella… hasta para él,
cuya virtud radicaba en la credulidad e inocencia, yo era nada. Al verme sonrió de sorpresa,
pero cuando su sensación aprensiva cesó, me observó con recelo; estaba muy disgustado
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 63
 
conmigo y me culpaba indirectamente por la cruel personalidad de su padre. Sin importar
esto, aceptó fabricar la barca de papel, y se sentó en el suelo en completo silencio: empezó
a doblar la hoja con mucha paciencia, y entonces lloró, necesitaba desahogarse, pues se
sentía desolado. Sus labios temblaban de inseguridad mientras buscaba en su mente las
palabras que deseaba expulsar de su boca, pero, después de tanto pensar, y con cuidado de
que sus lágrimas no caigan encima del papel, me dijo.

- Daniel, ¿por qué lo hiciste? ¿Por qué te arrancaste la conciencia? ¡Fuiste tú quien se
la quitaste! Condenaste a mi padre a la maldición del ciego, lo condenaste a crear
mundos desastrosos, más no a experimentar con la belleza. Si tan solo hubieses
soportado el “paraíso” por un tiempo más, habrías conservado la conciencia, no te
habrías suicidado, quizás yo no estaría aquí sentado afuera de una puerta sellada…
¡Quizás mi padre se habría quedado conmigo… abrazándome! es lo único que
necesito, su abrazo. Que egoísta fuiste, maldita nada… ¡Que egoísta fuiste!

Aquella escena ha quedado inscrita en mi mente, no tanto por la trascendencia de su


discurso sino por la grosería de mi silencio. Mientras esperaba que termine la barca, lo
ignoré por completo, no dije una sola palabra, y, aunque a mis adentros analizaba las suyas,
él no lo sabía, y sentirse anulado intensificaba en él la frustración. No sentí culpa, pensé
que todo lo que ocurría, era exactamente lo que debía pasar en su momento, que no se
podía corregir ni lamentar lo acontecido. Entendí su tristeza, pero no podía hacer nada para
remediarlo; lo que realmente me preocupaba, era que Uriel en medio de su necesidad de
afecto, decidiera en mi ausencia entrar a buscar a Belitio al infierno y, por amor, se quede
ahí. Entonces supe que, si me iba a la luna ahora, al volver encontraría un caos aún más
desastroso que el existente. Era necesario que D minúscula y Arkenesis medien en la
situación e impidan que Uriel se carcoma por su desolación; concluí entonces, que antes de
emprender el viaje a los puertos de mi amada, debía hacer una serie de peticiones a todos
ellos, después de todo, ellos eran lo único que quedaba de mí en este mundo y sería una
completa lástima que muera el más bondadoso de mis bastardos. A Uriel no le pedí más
que el barco de papel, su rostro y su retórica me dejaron frio y automático. Le agradecí por
la barca, me despedí de él con un abrazo que no sintió (porque soy nada) y salí de su
espejo. Preferí dejarlo tranquilo sin saber que luego tendría que pedirle un favor que
atentaría contra uno de sus más radicales principios de vida.

La había hallado, había hallado en mi luna el más puro amor, no entendía porque se había
marchado tan pronto, ¡no podía resignarme a perderla! ¡No aquí, no ahora! ¿Acaso el amor
seguía siendo una mentira transitoria? ¡No! Ella no era lluvia, ella no escampaba… se
ocultaba, pero no desaparecía; ella no podía ser transitoria. Su cuerpo estaba en la tierra,
pero yo amaba su alma… Debía seguirla o sentarme a esperarla en algún lugar, ¿cuán cruel
sería la intemperie de cada madrugada en su ausencia? Ella me hizo mudar mi ataúd de
carne, estimulándome a tolerar la vida, la fidelidad, la quimera de volver a nacer. ¿Cómo
definir lo que siento por la luna? – No, el amor a ella no es un significado, es una ley. ¡No
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 64
 
podía irse! No así, no ahora, no sé si podría acostumbrarme a su distancia, ella simplemente
brillaba en mi vida incluso estando oculta. Estaba realmente ansioso por partir a sus pecas y
volver a encontrar mi razón de vida siendo una manchita de mi luna… Pero no podía partir
aun, debía condenarme a la depresión en mi cubo por un tiempo más.

Entre días y noches indagué en una rutina amarga, estaba ansioso por la luna y el cubo me
resultaba enfermizo; hablaba conmigo y con todos, y al final de cada noche no sabía ni
quien era yo, ni quienes eran todos. La angustia de haber perdido mi identidad propia y
estar muerto en un purgatorio lleno de muros me llenaba de vergüenza y hostilidad contra
mi propio cadáver. Tomaba mi cuerpo en mis manos, lo besaba y derramaba vino en su
boca que ya sufría rigor mortis. Lo obligaba a tragarse el humo, las babas y el alcohol, para
no sentir que hasta mi inconciencia había desfallecido.

Perder la conciencia del ser y aquello que lo rodea es práctico para resaltar la astucia, pues
entre más inconsciente se es, más se interioriza el ser consciente de serlo y así sale a relucir
la verdadera identidad. Se resuelve la crisis de identidad renunciando al superyó y
afrontando con violencia el mundo real que el “paraíso” nublo con maquillaje. Se puede
observar muchos rostros, pero son muy pocos los que saben exactamente cuál es el suyo
perdiéndolo sin miedo y recuperándolo a voluntad de su situación; si todos tuvieran tal
talento, se prostituiría la sabiduría, y el raro perdería la dicha de serlo… ¡Viviríamos en un
mundo de “hípsters” hedonistas! Si le fuera posible al “sabio” moderno llevar siempre un
espejo frente a su rostro, con la excusa de reconocer la forma en la que sus ojos hablan en la
acera, en la soledad, en la cotidianidad…en la vida, lo harían e impondrían una nueva
“moda”. Pero no, los hombres del mundo no se atreven a mirarse directamente a los ojos,
no se atreven a reconocerse; ¡créanme! No es tan fácil reconocerse en el universo, no es
fácil asesinar las convicciones y reconocer la maldad innata. ¡¿Profesan amar al prójimo?!
Mírense al espejo, y vuelvan a repetirlo. Los humanos fuimos castigados con la vanidad, y
cada que observamos nuestro reflejo, queremos penar deseando perdernos en aquella
imagen o que ella misma se pierda de nuestra vista. Es muy difícil encontrar un rostro que
se conozca a sí mismo sin fijarse en sus rasgos estéticos. Un rostro que se conoce, embriaga
su cultura general hasta que sea inversamente proporcional a su enorme ego, y reconoce
que el “conocer” es reafirmar la propia ignorancia con humilde orgullo. Un mezcal que
reconoce su costo, se embriaga embriagando al gusano; un vino tinto y seco embriaga la
ebriedad obligándola a parir el conocimiento... El licor barato, solamente embriaga al
hombre; en fin, también embriaga un gusano, también ebrios de ebriedad, pero contradice
su inteligencia portando el escándalo y la fiesta rutinaria, aquella que ridiculiza el
silencio… Silencio, el padre del vino, el padre de la sabiduría, el padre de la música.

La luna se conocía muy bien a sí misma; por eso no quería brillar todo el tiempo, era
prudente, tierna y silenciosa, pero dentro de sí misma, sabía que guardaba ciertos dilemas
que no podía mostrar. En el fondo, necesitaba de mi afecto, se sentía sola divagando en su
órbita y también dejó que su deseo de verme partir hacia ella se torne impaciente; subía la
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 65
 
marea llamándome para buscarla en mi barca, me tentaba a seguirla sin importar las cosas
pendientes, pero, ¡no podía partir aún! Si bogaba en ese momento, la tan dichosa muerte
volvería a ser mundana y rutinaria en poco tiempo. Entonces, me apuré.

Comencé por D minúscula. Al entrar en su espejo, me trasladé inmediatamente a la cima de


una gran nube, llena de excentricidades; desde ella, se observaba la tierra, ¡Era magnifica!
Podía observar con nitidez los paisajes más asombrosos del mundo, y por un momento
pensé que dios hacía un buen trabajo; al voltear mi rostro para buscar a ese bastardo, lo
miré sentado en un sillón frente a una computadora; se veía gordo y vago, deprimido,
decaído… francamente no era un dios diferente al de los hombres, era un dios inútil, un
deus otiosus que no quería trabajar por nadie ni para nadie, hacía que todos le rueguen amor
y compasión… que sus mismos allegados le rindan homenaje. Cuando me acerqué a él, sus
primeras e insultantes palabras fueron – pasad hijo mío – ¡como si él me hubiera parido!
Luego me dijo – veo que no habéis cambiado tu nombre, pero, si me ofrecéis un diezmo, yo
os bautizaré – Su abundante complejo de superioridad había llegado incluso a que piense
ser mayúsculo; me dio asco, me invadieron las náuseas vomité en el cielo. Conmocionado
por la escena, me dirigí a él de la siguiente manera:

- ¿Desde cuándo el universo se creé el centro del mundo?


- Desde que los sabios decidieron encerrarse en cubos y dejaron de ser dioses
bondadosos por temor a los corderos – me respondió en forma de sátira, pero
consciente de estarse analizando a sí mismo.

Jamás creí que haría tanto daño dividir el mundo – Recapacitaba a mis adentros, sin saber
que D minúscula podía leer mis pensamientos; después de todo, eran también los suyos.
Sabiendo lo que pensaba, sonrió, y luego dijo.

- Efectivamente; pero si crees que hace daño dividir el mundo, ¿Por qué continuáis
insistiendo en dividiros a ti mismo? El cubo no es tu recamara, ¡vos sois el cubo! Y
uno muy peligroso, por cierto. Cada que se piensa en controlar el ser sin usar
conciencia, todo termina en desastre; sois nada ahora, pero tu división parió a
Belitio… deseabais brindar algo majestuoso al mundo, y, ¡observad al psicópata que
les regalasteis!
- ¿Y qué me dices de ti? – le dije furioso. – Tanto tú como yo sabemos, que dios es
con minúscula, que somos universos, que somos igualmente humanos a esos idiotas;
pero tú, ¡cobarde! Te has dividido en religiones, no te encierras solo en un cubo,
prefieres quedarte ahí, desparramado en un sillón encerrando a millones en una
cúpula donde tarde o temprano estallará una bomba.
- Recordad que todo esto es culpa vuestra y del hombre – interrumpió – el hombre
creó a dios sin pensar en el universo, y, por ende, nunca concedió a dios el
significado humilde que merecía, decidme, ¿qué haríais si sabes que solo por el
hecho de existir, estáis cumpliendo vuestro propósito?
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 66
 

- ¿Y cuál es nuestro propósito? – pregunté curioso.


- ¿Acaso una de las razones de tu suicidio no fue el deseo de diezmar el mundo?
¡Deberíais agradecerme! Estoy destruyendo a la humanidad para limpia.
- ¡Pero no se debe limpiar lo limpio! – Continué furibundo – Se debe limpiar las
mayúsculas, la ignorancia, la pereza… ¡Se debe limpiar al hombre, no al humano!
¡Te has convertido en un lamentable obeso, un pérfido y cruel dictador lleno de
fieles, pero desleales sirvientes que han insultado la ley dándole un significado,
poniendo altares al sol, sin darse cuenta que su piedra mata su luz pariendo la
sombra! ¿Acaso no te ves al espejo? ¡Eres un pequeño universo! ¿Porque un dios
deseoso de morir, crearía más basura que no le permita cumplir su deseo?
- ¡Porque los payasos, entre más tristes sean, más razones tienen para fabricar la risa!
Amo la muerte y cada día padezco más esta infame inmortalidad, pero el odio por
ellos alimenta el deseo de verlos sufrir y encontrar placer en ello. Mientras ellos me
sigan prohibiendo morir, yo conservaré más gusto y placer al asesinato… ¡Quiero
que aprendan! ¡Quiero que se den cuenta de lo que hacen! Solo así podré alivianar la
culpa que me causa el haberlos creado, y podré padecer con honor… ¿Acaso puede
existir placer más exquisito que observar desde un trono a unos idiotas matándose
por ti? – Y se echó a reír de forma escalofriante.
- ¡Maldito! – Grité furioso – Tú afloraste como un universo en una matriz multiversal;
¡¿Cómo te atreves a insultar el principio máximo de la existencia convirtiéndote en
un dictador guerrerista?!
- ¡¿Quién sois vos para juzgarme, estúpido mortal?! ¿Acaso no sabéis que solo dios
puede juzgar? ¡El hombre nació con el propósito de poner orden al mundo y a su
propio universo, y no hace más que destruirlo! ¿Acaso no merece morir hasta que
aprenda de sus insolencias?
- No nació con el propósito de poner orden al mundo ni al universo, de hecho, no tiene
ningún propósito; aunque elija ser dios o ser cordero, sigue siendo un universo y
tiene independencia en sus decisiones. ¿Acaso no era aquello que profesabas? ¿Te
has creído un universo mejor que el suyo? ¿Dónde quedó el fundamento de tus
teorías?
- Las conservo – Dijo muy confiado – Todos sois dioses y todos podéis elegir saber
que lo sois… vosotros, por ejemplo, se creen los esclavos de su dios y aclaman
penitencias para purificar vuestras culpas, en su deseo de llegar a mí; yo, por
consiguiente, me declaro el dictador de los dictadores, y tengo plena libertad e
independencia de hacerlo. Vosotros me castigaron volviéndome inmortal, sin saber
que mi deseo más profundo es sucumbir muerte, yo os castigaré de forma inversa…
Lo único que hago es concederos sus deseos y vigilaros mientras se azotan los unos a
los otros.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 67
 
No quise contradecirlo después de estas palabras. De todas maneras, él seguía siendo
imaginario. Opté por concluir la conversación de manera apresurada.

- Venía a hacerte una petición, dios, y te la diré rápido antes que oses interrumpirme.
Preciso que cuides a Belitio en mi ausencia, que no permitas su fuga del infierno;
noté a Uriel muy frágil y veo que, en éste punto de su melancolía, sería un niño
bastante moldeable, su inocencia podría corromperse fácilmente si Belitio llegara a
fingir un abrazo justo en éste momento. Si es posible, ayúdame con esta petición, no
oraré para pedírtelo, pero urjo que así sea. ¡Y una cosa más! Ten cuidado de aquellos
hombres que se resisten a dominar, ellos no tienen capacidad de liderazgo; no
pierdas tu tiempo siendo el dios de los cobardes, ¡hasta ser el dios de la nada sería
más productivo que eso! Ellos se alimentan de la prohibición, y para prohibir, no se
necesita llevar el sabio mando; solo la simplicidad de defender un dogmatismo. Tú
me creaste, yo te creé… Sé que eres mejor que esto.
- ¡Tranquila nada, tranquila!, no te preocupes por mí; después de todo, solo soy un
payaso inexistente, uno al que le prohibieron fabricar risas… y así, aun siendo algo
tan simple, me alaban, me respetan, me siguen y matan en mi nombre. Soy la muerte
infinita que el humano anhela, llamándola “vida eterna” en su disimulado temor a la
vida. Soy su leyenda y su mito, soy ave, soy lluvia, soy amor y vida… Soy dios

Así terminó el diálogo. Nos estrechamos la mano, di media vuelta y salí del espejo. Inmediatamente
empecé a buscar a mis ojos en el espejo que señalaba la calle, pero pronto me di cuenta que no
estaban ahí. Heridos de tanto pisoteo y con su natural depresión, no era tan difícil adivinar donde se
habían ido. Los heridos, pisoteados y tristes, acostumbran a esconderse en lugares solitarios y
perdidos. Mi conciencia era muy predecible, quizá por eso nadie la escuchaba, no causaba ningún
tipo de interés ni suspenso; su típica forma de amar y de ser positiva me propiciaban nauseas
alarmantes. Si existe alguien en el mundo que soporte sin vomitar una lectura de amor a la vida
escrita por Coelho o Cuauhtémoc, y, además, le provoque alguna sensación de placer o “paz” por
más mínima que sea; ésta merece que se le aplique unas cuantas torturas al estilo de Poe sin ningún
tipo de compasión. Entonces, ¿alguien imagina estos apestosos textos de superación personal,
expandiendo su empalagoso aroma de amor a través de la mirada? Observarlo directamente a los
ojos y atender a sus utópicas suplicas era sinónimo puro de atragantarse con bultos de azúcar.

Arkenesis era, en definitiva, el ser más despreciable. ¿Qué mujer ostentosa brindaría sus favores a
alguien tan “moral”, si lo único que se esperará de su dudosa actitud es (por obviedad), el
arrepentimiento y la precocidad? Yo lo conocía muy bien y por eso cerraba mis ojos cada que salía
a divertirme; sabía dónde se escondían, sabía que día a día se arrepentían de creer en los humanos,
pero su esperanza en ellos sobrevivía de la forma más ferviente. Sabía que mis ojos eran
demasiado arraigados a su región y a su familia, en consecuencia, era obvio que
continuaban vagando en la ciudad, y que rondaban cerca del vecindario; además, sabía muy
bien que se aferraban a las almas puras, conscientes y despreocupadas (los niños). Los
demás niños se asustaban al ver unos ojos caminando por ahí y huían despavoridos, esto
predecía que el único que conocía y le abriría sus puertas en su desespero por tener
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 68
 
compañía, era Uriel, y, por si esa pista no fuese suficiente, él se encontraba en el lugar más
perdido y con el mejor acercamiento y vista, no solo a la región, al hogar y a la familia,
sino, también a mi cubo… Las puertas del infierno.

¡Mierda!, luego de que Uriel me diera el barco de papel, lo que menos deseaba era volver a
verle – ¡¿Cómo no pude darme cuenta que Arkenesis estaba con él antes?! – ¡No había
opción! Como un perro echado de casa, volví con mi barca a cuestas y aún sin usar, a aquel
lugar fúnebre.

Al entrar de nuevo al espejo del oriente, Uriel estaba jugando con sus juguetes; había
convertido el ajedrez en un juego de rol de “calabozos y dragones” …eso me causó
bastante gracia. Cuando se dio cuenta de que yo lo veía mientras personificaba las historias
de sus juguetes, se abochornó de forma tierna e inmediatamente intentó disimular su
vergüenza haciéndome una pregunta con gesto de tristeza.

- ¿Qué quieres?, ¿acaso dañaste el barco que te hice?

Me sentía aburrido de tener que volver a ese lugar y me sentía un idiota por no haberme
dado cuenta antes de que Arkenesis estaba con él. Ese niño había logrado fingir y
engañarme, así que le dije irónicamente después de saludarlo con falsa cordialidad…

- ¡No!, solo vengo a pedirte que riegues todo lo que haya en tus bolsillos.
- ¿Para qué quieres a Arkenesis? – respondió de forma apresurada – ¿acaso quieres
quitarme a mi único amigo?
- No tengo tiempo para tus tonterías emocionales, Uriel, ¡apresúrate!, debo hablar con
ellos inmediatamente.

Desde la tela de su pantalón, Arkenesis pronunció con un susurro:

- ¿Ya aprendiste a hablar contigo mismo?


- Eso  creo,  pero,  ¿acaso  importa?  Ahora  estoy  muerto,  ya  no  hay  un  “yo  mismo”  – 
Respondí.
- No importa que estés muerto, no pienso hablar contigo si no muestras una retórica
clara, así que, adelante Daniel… te escucho.
- Recitaré para ti, pero Uriel no puede escuchar nuestra conversación.

La conciencia le pidió a Uriel que lo sacara de sus bolsillos y que vuelva a jugar por unos
minutos. Él obedeció, pero su lenguaje corporal denotaba una clara desconfianza hacia a
mí; extrajo de su pantalón a los ojos parlantes y se retiró muy lentamente, pero no paraba de
mirarme, siempre denotando emociones de hastío.

Cuando el niño se apartó, comencé a recitar:


Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 69
 
Un juego de tiempos y estaciones
¡…vaya dilema de mis decisiones!
Camino entre larvas y eruditos
mientras todo lo que tengo se arriesga a esfumarse en pentagramas.

Mi presente está cansado


y mi futuro es inmensurablemente quimérico.
¿Qué debo hacer ante tan miserable expectativa;
seguir cantándole a los muertos consolando mi existencia,
o cantarle a la vida que me ha encadenado a ella misma?
¡¿Cuál es el precio de mi voluntad?!

Rey contra rey en un ajedrez de tres cuadros,


ninguno puede mover su ficha, ni mucho menos contar con aliados,
en medio de ellos pelean mis contrapartes
deseando salir de su claustro:
Mi infancia quiere encontrar a su padre en el infierno,
mi ávido romance necesita de ese infierno,
mis deidades ruegan guerra
y mis ojos los observan con recelo.

Mientras tanto, yo me pregunto de nuevo,


¿Qué debo hacer ante tan miserable expectativa?
¿Matarlos acaso?
Será prudente marcharme mientras arreglan sus asuntos
dejando en mi pasado un guerrero sangrando a rastras… Mi futuro.

Vaya dilema el tiempo y las estaciones;


si quiero algo de calor,
la ironía me enfría el alma y el placer aspira a excitar mi cuerpo;
si agonizo en mi frialdad,
nada calienta el alma,
“nada” es mi nombre muerto;
y mientras soy “nada”, la vida me prohíbe serlo.

¡Esta decisión me enferma y me hiere!,


pero no hay tiempo para reflexionarlo…
¡El tiempo es ahora, el tiempo es mi prohibición!

Tic tac, las horas corren, los días pasan.


Tic tac, los años son mis lágrimas a gatas.
Tic tac, ¿hacer de mi vida un riesgo o arriesgar mi vida en hechos?
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 70
 
Tic, pensar.
Tac, actuar.

“¡Toc toc!
Alguien toca las puertas del infierno,
debe ser mi hijo deseando concluir aquel juego de ajedrez”.

¿Qué debo hacer ante tan miserable expectativa?,


¿abrirle la puerta al tiempo
o avivar entre estaciones de placeres el nocturno día?
¡Vaya dilema la vida de las larvas,
pero mayor dilema el de aquel que camina entre ellas y los eruditos
anhelando encarnar ambos reyes!

Tic, pensar.
Tac, actuar…
Los dos ingredientes del tiempo.

Toc, toc.
(puertas abiertas)

¡Lo sé!, ¡todo sería más fácil si no existieran las estaciones!

 
- Veo que tienes muy claro lo que quieres Daniel, tu confusión es bastante objetiva;
quieres aparentar que no sabes que hacer, pero lo sabes mejor que nadie; te felicito,
has pasado la prueba – Dijo mi conciencia.
- Y ahora que me escuchas absteniendo juzgamientos innecesarios, he venido aquí
para hacerte una petición.
- Adelante, te escucho. pero antes dime, ¿tic o tac?

Uriel observaba la escena sin entender lo que decíamos, pero notó inmediatamente que la
mirada de Arkenesis llevaba algo de preocupación.

- ¡Tac!, definitivamente – Le dije.


- …Ya veo – dijo con un carácter meditabundo, y después de una breve pausa, los ojos
hicieron aquella pregunta obvia – ¿Y no crees que eso le haría demasiado daño?
- Créeme, sigo pensando en eso; de todas maneras, aún no he asegurado mi decisión,
todo depende del encuentro con Belitio – Le respondí.
- ¡¿Piensas hablar con él?! – Se exaltó la conciencia.
- ¿Acaso creíste que me iría sin hacerle a él unas cuantas peticiones a él? – reí de
manera burlesca y proseguí – No dejes que el niño te contagie de su inocencia.
- ¿Y qué vienes a pedirme a mí? – me preguntó cuándo se comenzó a notar
preocupación en su carisma.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 71
 
Dado que ambos comprendíamos el problema, aunque no estuviera de acuerdo con mis
planes, Arkenesis se veía obligado a cumplir mis peticiones por el bien de todos.

- Ante cualquiera de los casos, debo pedirte que protejas la naturaleza influenciable de
Uriel de la malicia destructiva de su padre. Quédate acompañándolo, sé su
conciencia. Créeme que la necesitará.

Arkenesis comenzó a desesperarse. Ni siquiera cuando los arranqué de mi cara los había
visto tan temerosos.

- ¿Y cómo podría hacerlo, Daniel?, Si ambos sabemos que el amor por su padre y,
sobre todo, el amor a la esperanza de su abrazo, rebasa inclusive su amor propio –
me dijo.
- Enséñale a leer, ponle juegos de lógica, ¿qué se yo?; ¡ese es tu trabajo!

…Y le di la espalda, mientras Arkenesis, desesperado, sabía que no debía abandonar al


niño ni un solo instante, aunque quisiera. No alcanzaron a ser dos segundos cuando sus
pupilas me gritaron – ¡No, por favor, no lo hagas! – Pero tuvo que tragarse sus palabras y
guardar silencio, cuando me acerqué a Uriel; a quien, muy respetuosamente, le pedí
dejarme entrar al infierno.

… A pesar de haberlo dudado por un instante, aceptó. 


Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 72
 
AQUEL DÍA FUMÉ MI ÚLTIMO CIGARRILLO

(Música: Igor Stravinsky – El Pájaro de Fuego)

Aquel día fumé mi último cigarrillo en la tierra, aquella vez las palabras se cruzaban en mi
mente de tal forma que no podía concebir el silencio. El lugar era confuso, sus rincones
eran una ilusión muy bien lograda de una mente inquietante. Cuando entré, había un pasillo
largo como el destino y negro como el ideal derechista de la “paz”; sin embargo, no lo sentí
fluir. Mientras pasaba por él, mi cerebro se llenó de estímulos, cada uno más confuso y
vano que el anterior, de tal manera que en mis pensamientos no había ningún tipo de
coherencia, lógica, ni cohesión posible. Recuerdo que mientras caminaba, mis
pensamientos eran versos completamente carentes de lógica, reclamos a la banalidad que
no tenían fundamento ni sentido alguno.

“¿Qué tan resplandecientes son las escarchas de los manglares, las fantasías
tropicales y las puertas de las calles cubiertas de orines? Cuando río y bebo a las
orillas de los mares desgraciados, cuando lloro y fumo a las orillas de mis propios
parpados, hay tanto que pedirle al surrealismo y a su misantropía camuflada, como
hay que pedirle a aquellos manglares, fantasías y orines, que dejen de brillar, que
dejen de impregnarse en las puertas abandonadas y en los dioses que abandonan
las salidas y las entradas de todas las puertas.”

Evidentemente ese día estaba delirando.

- ¿Quién cubre mis pasos y mis sombras?

Me cuestionaba mientras caminaba al averno; me sentía vigilado, y hasta mi propia sombra


era una enemiga para mis sensaciones, intentaba razonar un poco, pero en medio de la
paranoia se esfumaba todo lo que pensaba, me quedaba suspendido en un espacio vacío y
sin tiempo, sin materia, sin espacio… No sabía cómo describir esa sensación y su
metafísica supremacía, mi cerebro titubeaba casi tanto como mis piernas y labios, y, a pesar
del temor, yo seguía caminando soltando cada paso temeroso pero constante. La lógica
nadaista me llamaba a su mundo de soberbias decididas a despreciar todo lo anhelado;
como un psicofármaco, que destruía mis sueños morales, para convertirlos en dependencia
a su mundo psicodélico; me sentía así, como llevando una adicción a cuestas y sufriendo
con vehemencia el síndrome de abstinencia correspondiente, como si quisiera olvidar el
camino de regreso a la puerta, con el objetivo de quedarme en el infierno a propósito de
consumirme en su elegancia, que me había seducido. Aun así, conservaba la conciencia y
por eso mis pasos eran lentos… como dudando, como replanteando nuevos objetivos y al
mismo tiempo aferrándose a antiguas convicciones.

Después de tanto tiempo volvía a entrar a aquellas llamas esquizofrénicas de las que había
huido con Uriel el día de mi muerte, pero esta vez me sentía en casa, ¡no en mi hogar!, mi
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 73
 
hogar era la luna (aunque aún no haya llegado a ella), pero sí mi casa… flamante y siempre
en guerra. Tenía miedo de que el infierno me abrace y no me permita salir de sus garras,
cada vez que miraba atrás, sentía más lejana a la luna; cada que miraba atrás, sentía que
perdía a mi Eurídice.

Cuando llegue al fondo del pasillo, se dibujó una puerta, ésta era de acero, tenía una
ventanilla desde la cual se podía observar un dormitorio, la cama, una pequeña biblioteca y
en vez de paredes laterales, espejos. Era ahora o nunca… Halé la palanca de la puerta
(estaba bastante pesada, no me extrañaría que Belitio así la haya diseñado para que Uriel no
pudiese levantarla en caso de que quisiera entrar), la puerta destempló mis dientes con su
sonido; y de pronto, ahí estaba yo, reflejándome en el infinito frente a uno de los espejos y
maniatado con un saco de fuerza. Comencé a gritar – ¡Auxilio! – Aclamaba a gritos –
¡Auxilio! – Repetí, pero al darme cuenta que gritar era inútil, cerré los ojos intentando
calmarme; respiré profundamente, conté hasta diez y abrí los parpados de forma lenta, me
quedé como ausente, con la mente en blanco mirándome al espejo durante un momento,
pero poco a poco se fue desintegrando mi imagen hasta fundirme en la sombra del deforme
monstruo que se percibía donde debía estar mi reflejo.

Hipnotizado me perdí en un negro infinito, pero de repente, un viento… Un fuerte y


caliente viento azotó mi tacto y así reaccioné para darme cuenta que el lugar se había
transformado en otro; este lugar metamorfoseado, estaba lleno de cuevas organizadas en
escaleras ascendentes en forma de caracola, de la cual no se distinguía el final, solo un
negro abismo; daba la sensación de caerse para arriba, como si un agujero negro comenzara
a absorberme el cuerpo en pedazos. Las cavernas que constituían la caracola transmitían un
escalofrío en suspenso, pues no sabía que tan profundas eran, y de ellas salían humanos
desnudos como animales hambrientos; de hecho, ¡no sé si eran humanos!, más bien,
antropomorfos en una orgía de lamentos y gemidos que no eran placenteros, sino
desgarradores… Todos ellos llevaban mi rostro, ahí coexistían en jaulas nauseabundas,
varios miles de clonaciones de mí; en sus mentones se amarraban unas cadenas que
comunicaban con sus orejas, manos y pies; sus dedos eran puro cuero pegado directamente
al hueso, sus brazos parecían ramas de delgados y secos árboles, algunos de ellos portaban
el rostro de un Daniel infante y de cabello corto, otros intentaban recrear la imagen de un
Daniel anciano con pocas pero largas canas; algunos eran hermafroditas, y otros no tenían
órgano sexual alguno; unos llevaban un falo en su entrepierna, y otros tantos, corrían
batiendo sus enormes tetas. Algunos estaban muertos o inconscientes en el suelo, con
señales de desnutrición y acechados por larvas y buitres. Había esqueletos sumergidos en
botes de basura completamente repletos de vómito, espinas y cabezas de pescado. Esto
confundía el aroma a alcohol y tabaco con el aroma de la putrefacción y el sudor de
aquellos clones que se observaban manteniendo relaciones sexuales. Un escalofrío se
apoderó de mí, me llené de pánico y luego pensé – “Mi cerebro no soporta más cargas
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 74
 
emocionales apenas dividido en cuatro, mientras Belitio ha convivido con mil
monstruosidades de sí mismo”.

Me tragué el llanto y decidí aguantar por un momento la respiración, para luego,


apresurarme con el cumplimiento del propósito con el que había entrado.

¡Belitio! – Grité – E inmediatamente, todos los monstruos voltearon su mirada contra la


mía… Me observaban con atención, sin parpadear siquiera, y el único sonido que podía
captarse en ese instante era el de las ratas, larvas y buitres mascando la piel de los clones
moribundos… Cada segundo me sentía más asustado; guardé el silencio, respiré y al volver
a retomar el carácter – ¡Belitio! – grité de nuevo. ¡Todos los monstruos entraron en caos, se
veían como hienas rabiosas corriendo hacia mí para atacarme! Entré en pánico, no podía
evitar pensar que me descuartizarían, que clavarían garras y dientes en mi piel; ¡quedé
atónito! No podía evitar recordar aquella imagen que me había traído a la mente la escena
final de Jean-Baptiste Grenouille, cuando leía a Patrick Süskind en mi habitación. ¿Sería
ese mi final? ¿Acaso no alcanzaría siquiera a mencionarle mis peticiones a Belitio? ¡No…!
Cuando mi grado de pánico llegó al límite… ¡No lo podía creer!, un charco de orina
inexistente como mi ser nadaista se dibujó a mis pies, cuando todos pararon de correr y se
quedaron inmóviles formados a mi alrededor como un ejército de robots programados para
realizar una emboscada perfectamente geométrica. Eran círculos perfectos encerrando
círculos; y yo, en medio de ellos, mudo, asustado, silencioso, inexistente, inseguro…
Simplemente “nada”.

- Habla – Se escuchó a lo lejos.


- ¿Belitio? – Pronuncié algo sutil y temeroso, intentando reconocerlo a mi entorno.
- Todos somos Belitio, cada que hables te responderá alguien diferente y no por eso
quiere decir que lo sea. El infierno es relativo al placer en el cual decidas carbonizar
tu lógica. Aquí, cada monstruosidad representa una perversión diferente.

El maldito deseaba enloquecerme; si perdía la razón ahí adentro, de ahí jamás habría vuelto
a salir… Todo estaba en juego, por lo tanto, debía tratar de mantener siempre mi fuerza
cerebral intacta. Proseguí con el diálogo de manera afanada.

- No me impresiona que te hayas subdivido, recuerda que yo también lo hice, ¡sé uno
solo y hablemos de hombre a hombre…! ¡No tengo mucho tiempo!

Al decir esto, él se sintió retado e inmediatamente empezaron a desaparecer los deformes


seres con una rapidez asombrosa; todos sus cuerpos se absorbían a sí mismos uniendo su
masa en un solo cuerpo, hasta conformar a aquel personaje frente a mí. Se mantuvo serio e
inmutable, seguro y de pecho firme; estaba algo delgado, su cabello era largo y se veía bien
cuidado; además, portaba botas de cuero, un pantalón negro adornado con delgadas cadenas
y vestía un largo gabán negro… negro, como los escalofriantes y profundos hoyos que tenía
donde debían estar sus ojos.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 75
 
- Y cuéntame Daniel, ¿Cómo están todos allá afuera?
- Bi… bie…en – Pronuncié en un temblor.
- ¿Y cómo estás tú? No puedo verte, pero no te percibo nada bien, de hecho, no logro
siquiera sentirte; le diste el gusto a Arkenesis de ser conciencia por siempre, a mi
hijo le dejaste la esperanza, a d minúscula le dejaste el liderazgo y la filosofía; sin
embargo, olvidaste darle lo que le hace falta para ser dios, dejándomelo a mí… la
inteligencia y la malicia. Lo dejaste todo con nosotros, ¿Qué te queda ahora…
Daniel? – Dijo con ánimos de humillarme.
- La luna. – Respondí algo tímido.

Se burló de mí con una carcajada realmente humillante y luego me dijo manteniendo su


tono satírico.

- Además de ser “nada”, ¡eres tan idiota! Siempre amando lo absurdo y abstracto;
sigues tan obsesionado con soñar y caminar eternamente en los conflictos de tu
memoria, tus recuerdos y los gérmenes de las caprichosas calaveras que continúan
rondando en medio de ti, que no te has dado cuenta que, precisamente por ser
romántico y soñador, terminaste suicidándote. ¿Entiendes acaso que creer en tus
amoríos e ideales fantástico, es como creer en dios? Dime Daniel, con respecto a la
luna, dices que es lo único que te queda, pero… ¿Al menos has llegado a ella?
- No, pero para allá me voy – Le alegué – Por eso quería pasar antes de ello por aquí,
requiero hacerte algunas peticiones antes de mi partida.
- Disculpa que te haga tantas preguntas, pero, como ya sabes, en medio de mi ego y
prepotencia, me siento sabio… En ese orden de ideas, reconozco que los sabios
tienen más dudas que convicciones, y, más que afirmar, prefieren hacer preguntas;
¡en fin…! ¿Para qué has venido? Sabes que prefiero estar solo, que dando consejos a
la nada; eso no es tarea mía, sino de tus ojos, ¡lo mío son las ironías, las flemas y las
burlas, lo mío es rasguñar tetas y espaldas! De hecho, verte ahí parado, tan tímido
como una colegiala virgen a punto de entregarse, me hace desear violarte... Créeme
que se me ocurre hacer muchas cosas con tu sexo. – me dijo mientras jugueteaba con
su lengua alrededor de sus labios secos intentando atemorizarme… Podía oler mis
nervios.

Tome aire e intenté actuar con naturalidad, diciéndole sin saber lo fácil que interrumpiría
mi frase.

- Debes estar seguro que no he venido por ti, Belitio, solo quería pedirte que…
- ¡Basta! ¡Lárgate…! No se puede razonar con alguien que quiera pedir algo, y lo haga
con semejante cobardía… ¡El querer es poder!, pero el poder debe convencerse a sí
mismo de ser poderoso. ¡Eres nada…! No sabes ejecutar tu poder; debes ser rápido y
debes usar argumentos que destrocen los argumentos de tu adversario; debes ser
directo, como en el sexo; debes mostrar tu pasión y permitir que tu pasión te agote,
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 76
 
como en el sexo; debes ejecutar el poder con placer, y déjame decirte que no es
ningún placer tenerte aquí, Daniel, ¡ninguno!
- Al menos déjame contarte de que se trata. – Le dije bastante impaciente.
- ¡No! ¡No sirves para la palabra! Siempre pasas por imbécil delante de la gente; sobre
todo, cuando cantabas ante públicos grandes, ¿lo recuerdas? Pasabas el día entero
practicando lo que dirías en la tarima antes o después de cada canción… Deseabas
criticar el mundo, la incultura, la política, y dejar un mensaje lleno de contenido
conceptual a tu público, pero nunca decías nada; el nerviosismo te consumía, tu boca
se secaba, incluso haciendo que tu canto se torne tedioso y desentonado… Perdiste el
humor, los infantes menesteres, la conciencia, la astucia, malicia, liderazgo,
inteligencia…Incluso perdiste la libido por andar pensando en tu egoísmo suicida.
¡Lo has perdido todo! ¿Qué te queda hoy, Daniel? ¡¿Qué te queda!? …Y, aun así,
estando tan vacío, siendo tan “nada”, ¡¿osas hacerme peticiones?! ¡No seas ridículo!
¡Déjame, yo averiguare lo que quieres pedirme por mí propia mano!

Después de esas palabras se acercó a mí como si quisiera darme un beso, y se detuvo en


frente de mi nariz; rozó mi labio inferior con su lengua mientras mantenía una sonrisa
silenciosa en su rostro, luego puso su mano lánguida en mi frente. Yo estaba
completamente paralizado, no sabía qué hacer, ni qué era lo que él estaba intentando
hacer… Me confundía de la forma más cruel, estaba asustado y él sabía que lo estaba… se
aprovechaba de ello para tratarme como un simple maniquí. Al recostar su mano en mi
frente, comenzó a temblar como si estuviese convulsionando; sentí un leve dolor de cabeza
y de pronto entré en un estado alucinógeno; mis sentidos comenzaron a distorsionarse y mis
ojos dejaron de observar lo que ocurría. Comenzó a dibujarse en mis sensaciones cada
recuerdo de mi luna; su cuerpo frágil, sus ojos tiernos y maliciosos al tiempo, su rostro
adorable con esos rasgos amables que hacían juego con su personalidad; su delicada voz,
sus labios, sus mejillas, sus senos esculturales que no atendían al morbo sino a la perfección
balanceada entre la romántica delicadeza, la maternidad y la lujuria. Era una mujer que
hasta el mismo demonio se tentaría a amar sin morbo; que, hasta él, que no creía en el
romance y lo reemplazaba fácilmente con la promiscuidad, amaría con ley y no con
significado. Al terminar de inducirme en aquel viaje por las pecas de mi amor, Belitio
rebajó su altivez y comprendió mi deseo, por lo que me habló como sigue:

- Nunca aprendí a desglosar el lenguaje de la mirada, pero se perfectamente lo que es


no tenerla. Ya que tuviste el atrevimiento de entrar a mi reino, cumpliré tu petición y
te acompañaré en tu viaje; seré el demonio que posea lo que eres y lo que precisas,
iré contigo a la luna y satisfaré sus necesidades carnales para evitar que se aburra de
ti. Las mujeres no viven solamente de amor y romance… haz de ti su compañía y
afecto, haz de mí, sus manchas… Ni siquiera notarás que estoy ahí, pues construiré
el infierno en sus cráteres, mientras tú desde las cimas, vigilas al mundo y a tu
amada.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 77
 
- Pero tú no crees en el amor. – le dije, dudando de sus intenciones.
- Tú tampoco creías en él, ¿verdad? Aun así, estás enamorado de la luna, de sus ojos y
de sus pecas. ¿Acaso no es así el amor, repentino e inexplicable? Sabes que te hago
falta pequeño prófugo de verdades, carcelero de sonrisas y aspirante de vicios; sin
mí, no podrás hacerle el amor ya que ni siquiera estarás preparado para darle sexo...
- No me digas que solo con viajar a mis recuerdos sobre mi mujer, te enamoraste de
ella. ¡Eso no es amor, Belitio! Nada que provenga de ti, puede denominarse “amor”.
- ¿No me digas que se puede esperar más amor de la nada que del diablo? ¡No me
hagas reír! Para consumirse en tantas perversiones se necesita tener un amor muy
fuerte hacia las mismas, ¿no crees…? Ya no hables de la luna como si fuera tu
mujer; ahora es nuestra mujer, Daniel, nuestra mujer. ¡Nunca ames sin placer!, de lo
contrario, no solo te arrancarías los ojos como cuando se ama al mundo; el amor
ciego por una mujer te haría arrancarte el cerebro, y tú mismo lo dijiste hace un
tiempo: “Si te arrancas el cerebro, te volverías religioso”. Admite que me necesitas
para mantenerla a tu lado, ¿qué puede ver ella ahora en ti? Eres una nada,
¿comprendes? ¿Crees que ella perderá tanto tiempo esperando con castidad en la
lejanía, por “nada”? – y luego de decir esto, empezó a reírse de una forma
escalofriante mientras extendía su mano. – ¿Qué dices… trato hecho?
- Eres demasiado problemático, no lo sé, me confundes demasiado.

Y en eso, volvió a interrumpir de forma tosca.

- ¡Idiota! ¿Dudas de tus verdades? Sé que eso era lo que me querías pedir cuando
entraste al infierno, acabo de leer tu mente, y, aun así, ¡¿lo dudas?!

Agaché la cabeza y volteé en silencio al sentirme avergonzado de mi voluntad confundida;


fue grosero de mi parte darle la espalda, pues de ahora en adelante alabaría al demonio y
me doblegaría ante él, era el único que me había demostrado que en verdad yo era una
“nada”, que me dejaba sin aliento y sin palabras. Uriel me había hecho dudar y pensar en
ello al salir del infierno, pero por lástima a la situación y a su sentimentalismo; Belitio, por
el contrario, acabó con mi lógica y mi ilógica, todo había terminado, después de todo, el
debería ocupar el lugar de dios. Son más convincentes los astutos inmorales, que las quejas
de victimas pordioseras en mares de llanto seco.

- No dejes de mirarme a los ojos mientras hablo. – Siguió hablándome mientras yo me


pudría en vergüenza e iba convirtiendo mi piel de arena y olvido, en lodo. – ¡No
dejes de mirarme a los ojos...! – Decía, mientras caía desmayándome – ¡Siempre
mírame a los ojos...! Relájate, excítate y comienza a rasgúñale la espalda y las tetas a
la vida… ¡Mírala directamente a los ojos cuando comience a gemir!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 78
 
Hilos de victoria ondulados, que bailan en medio de los perdedores,
los que saborean la muerte y poetizan lo que se exhala,
los que mueren a diario entre velas,
y fíen a sus abastos el maldito fin de sus hilos.

¡Cantaos en su nombre y en su fianza!


Morid a mi lado y yo moriré con ustedes
mientras zurzo la figura de los hilos ascendentes y mezclables;
como el cielo, como el suelo, como el asno y el piojo del mismo.

¡Estoy enloqueciendo de nuevo!


Sigo fumando mientras me pierdo en el infierno…
No hay retorno cuando aquí se pierde la cabeza,
no hay silencio cuando aquí se pierde la garganta,

Y ella tan lejos…


Y yo
tan absurdamente cerca de consumirme en las llamas del hades.

¡Brindo con el diablo por ella,


por mi amor inconsciente,
por su debut de pureza!

¡Brindo por la inmundicia y el vaho de los licores!


Vuelco las horas esperando,
vuelco los días empapado de lluvia que no cae,
de muerte que no llama,
de sangre que no corre,
de lonjas de mi carne que nunca he de parar de saborear.

Soy un caníbal a plenitud


y me he tragado mi propio cadáver.

Aquel día fumé mi último cigarrillo en la tierra mientras abrazaba al diablo en una noche
triste y exhausta, que ambos expulsamos por la ventanilla desde la cual se vigilaba la
habitación de espejos. Ambos tan convencidos del amor y decididos a salir del infierno…
Caminábamos borrachos hacia la puerta, con el solo objetivo de mirar hacia el cielo
despejado y alumbrado con esa hermosa luna llena que nos llamaba a su beso. Belitio
llevaba tanto tiempo ahí encerrado, que solo recordaba la lluvia y la niebla, ¿qué sensación
causaría en él ver la luna, ahora que era consciente de su majestuosidad? Caminábamos
borrachos a nuestro destino, preparando nuestras mentes para un viaje que hasta para el mas
curtido marinero resultaría difícil y riesgoso; que hasta a Belitio, que se vanagloriaba de
arriesgado e inexpresivo, le causaba cierto temor… Pero, por amor a la luna, ¡todo!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 79
 
Mientras salíamos del infierno, nos sentíamos poetas y aliados; nuestras mentes danzaban
en la elegancia de un tango de Piazzolla, mientras nuestros cuerpos se iban uniendo en uno
solo. Mi cadáver se difuminó en el espacio y dejó que él posea mi mente; y así, mi “nada”
recobró momentáneamente parte de su identidad. Una vez nos juntamos, continuamos
caminando… nos acercábamos cada vez más a la puerta de salida mientras todo ese
infierno se desmoronaba a nuestras espaldas y se iba convirtiendo en un cuarto vacío. ¡Al
fin!, tanto tiempo siendo paciente, ahora… ¡Ahora podía gritarle mi amor al universo
entero! ¡Podía dedicar a la luna al fin saliente, mi romance del diablo!

Se abrió la puerta, y con ella se presentó el océano lunar, donde nos esperaba la barca de
papel lista para zarpar. Uriel me miró saliendo borracho y solo, como un loco, sin saber ni
pensar que no estaba solo, que ahora llevaba a su padre en mi cuerpo. Por un segundo,
Belitio en su borrachera, se apoderó de mis ojos, con los que prestó una vaga mirada a su
hijo; y con ella, le dijo “te amo” apiadándose de él… Pues a pesar de todo, guardaba afecto
hacia el infante, pero Uriel no se dio cuenta de ello. Se quedó mirando hacia la puerta,
esperando que su padre viniera detrás de mí. Al darse cuenta que no había nada, cerró la
puerta y se sentó en un rincón tapando sus aguados ojos mientras susurró “Solo esperaba su
abrazo”. Arkenesis corrió a consolarlo y desde un rincón me observó con furia.

Subimos a la barca, tomamos impulso y nos fuimos sin despedirnos; sin mencionar una sola
palabra, sin que Uriel sepa que su padre estaría conmigo durante mucho tiempo en la luna,
que, en lo que restaba de ese tiempo, él estaría vigilando un cuarto vacío y escribiendo
cartas a alguien que nunca las recibiría (así como las que yo escribía a mi padre cuando era
pequeño, y siempre terminaban debajo del colchón), que Belitio se había enamorado de la
luna sin antes haberle amado a él, a pesar del esfuerzo y paciencia que había invertido
mientras lo esperaba en aquella puerta. ¡Que egoísta fui ese día! Lo sabía, pero no dije
nada… En ese momento, la luna no merecía ser olvidada por una distracción destinada a
hacer feliz a un niño, que, como todos los humanos, sería triste al conocer la ruina de la
adultez. “Son más convincentes los astutos inmorales, que las quejas de victimas
pordioseras en mares de llanto seco”.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 80
 
NAVEGANTE NOCTURNO

(Música: Franz Liszt – Piano Concerto No.1 en E flat major)

EL VIAJE

De mis profecías y vanguardias asquerosas ella intentaba limpiarme, bañándome con su


inmensidad y propiciando luz de algas, luz de estrellas y luz de luna a mi desdicha. Subía la
marea de forma violenta pero pausada, causándome un dolor de redención que me ahogaba
de forma simbólica, purificando nuestra relación hasta llevarla a la confianza. Un largo y
filoso trecho al horizonte, donde cada escalón me alivianaba de la gravedad terrestre y de
mis recuerdos promiscuos.

Mi largo cabello estaba empapado, sentía cangrejos colgando de él. Mi piel tiesa por la sal
marina y mi ropa solo se vestía de pieles desnudas congelándose en las heladas aguas del
océano lunar, que, con violencia había desprendido de mí hasta la más inútil prenda. Sufría
en el camino y en la esperanza… era un sufrimiento desgastante, pero por ella, soportable.
Duramos medio camino sin rumbo, pues medio camino estuvimos flotando borrachos de
forma relajante, pero en un momento dado, la luna se acercó a la tierra y las mareas se
tornaron violentas, como formando la figura de una escalera al cielo. La luna, inspirada por
mi amor luchaba por salirse un poco de su órbita y provocar a los océanos en virtud de que
el barco esté lo suficientemente alto para llegar a tocarla. Ella entendía que yo no creía en el
amor por no ir en contra de mis ideologías, pero se sentía amada al saber que nada
interrumpía mi perseverancia. Buscaba un todo en un amor que reprochaba y desconocía,
pero estaba seguro de sentir, y ella lo notaba; por lo que, cada que me hablaba, mencionaba
tierna y envuelta en un beso, la palabra “niño”, simbolizando una recompensa a la paciencia
que había guardado con lealtad mientras la seducía en la lejanía. Se sonrojaba y con sus
enormes ojos me otorgaba el permiso de acercarme, ahora que nuestras almas estaban a
punto de juntarse en la intimidad.

Belitio aún no se había acostumbrado a mí, y desde que partimos, no había vuelto a
pronunciar ni una sola palabra; en ocasiones, se reía a sus adentros, me confundía… En
ocasiones se veía feliz, pero otras tantas su gesto se llenaba de arrepentimiento, de furia;
sentía que tenía ganas de asesinarme por haberlo hecho salir del infierno y comenzaba a
sentirse ridículo al auto-reconocerse enamorado. Tenía miedo de que eso ocurra y decida
saltar al agua e irse, o, en su defecto, asesinarme para no compartir las pecas de nuestra
amada conmigo; si se iba, me dejaría vacío e inseguro, ¿cómo podría entonces enamorar a
mi luna, sin llevar a Belitio en mi carne?

A pesar de mi inseguridad, la luna me despertaba y le brindaba fuerza a mi voluntad,


haciéndome creer que yo, Daniel, era más niño que una nada… Me mostraba mi naturaleza
romántica en un paralelo a la naturaleza perjudicial de Belitio, quien, con prepotencia se
autoproclamaba el rey de los elementos… De los mares, del inframundo y las eternidades;
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 81
 
el bastardo no temía a la muerte, ni al dolor, ni al naufragio; su convicción en sí mismo, era
tal, que la aleatoriedad de los sucesos lo despreocupaba, manteniéndose siempre retador e
inadvertido hacia la alteridad y el accidente. Era intocable, intachable, ¡yo no podía
competir contra él! Era nada. La luna, por el contrario, intentaba convencerme de que soy
más que eso; me decía que yo no me creía algo, simplemente alumbraba el amor del ser con
honesta simplicidad, y, en esa humildad radicaba mi pureza. Cuando Belitio se ponía
difícil, me decía que debía considerar expulsarlo de mí antes de que propicie problemas en
nuestra relación… sin embargo, respetó mi decisión de traerlo conmigo, y a una parte de su
sensual piel blanca, le encantaba imaginar la fertilidad sexual de aquel demonio en su
capacidad innata de crear manchas en cualquier objeto que tocaba y ocultar mil delicias en
su penumbra.

Belitio se excitaba cada que la luna era esquiva, cada que se escondía, y en ocasiones
intentaba causar a propósito sus reacciones caprichosas, pues le gustaba retarse a sí mismo
a doblegar el orgullo que esa mujer podía usar sabiamente en su magnificencia. A pesar de
que gozaba de cualquier placer, efímero, lento o furibundo, le atraían aquellas féminas que
daban tiempo a la imaginación y no se complacían fácilmente, ni se entregaban en una sola
noche; en medio de su ego dominante, le agradaba que reten su juego, que maten su dama y
pongan a su rey en jaque… Que le digan que está equivocado con argumentos claros, y lo
reten con apuestas. Él decía que los placeres son placeres cuando el tiempo no les basta y
siempre dejen espacio al misterio con una ilusión a medio llenar; así, el placer no es tan
efímero como un simple momento, sino perpetuo, pues da lugar al deseo mórbido de la
imaginación sobre el goce… perseguir un momento hasta transmutar la carne al
pensamiento, y así, materializar el placer en el arte de un poema o una melodía inmortal.
Mis teorías estaban obsoletas… yo no podía disfrutar; era solamente un cadáver, una nada
descomponiéndose en el dolor de observaba con amor a una luna lejana. Mi felicidad era
absolutamente dependiente de las fases lunares. Ella era la vida que yo mismo me había
arrebatado, ella representaba mis deseos de renacer en el amor y no en la vida, de renacer
en la ley, no en el “paraíso”, de renacer en ella, para no tener que extrañarla. Algún día
Arkenesis me había dicho que extrañar demuestra tanta inseguridad como el hecho de
recordar lo que se extraña.

- ¿Hay alguien ahí? ¡¿Hay alguien ahí adentro?!

Y nunca abrieron la puerta.

Cuando partimos, la desconfianza que Uriel sentía hacia mí, comenzó a alterarlo, y, sin importar
cuánto se esforzó Arkenesis por impedirlo, decidió golpear la puerta del infierno (…definitivamente
a la conciencia no la escuchaba ni siquiera el niño); al no tener respuesta alguna, el niño (en su
nociva curiosidad) decidió abrir la puerta, encontrándose con un vacío muro blanco. Las llamas ya
no existían… Belitio se las había llevado con él y el espejo del infierno, ahora era un espejo
cualquiera que reflejaba el cubo. Nunca Uriel se había sentido tan solo, triste y desolado,
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 82
 
estaba confundido y desprotegido, se acurrucó en posición fetal y lloró por un año entero…
Irónicamente, sus lágrimas llenaron un poco más el océano e indirectamente nos acercó
más a la luna. Al darse cuenta de ello, secó sus lágrimas y comenzó a desahogarse en la
escritura. Arkenesis le enseñó la morfosintaxis de las palabras, pero en cuestiones de
contenido, no tuvo que enseñarle nada; de por sí, su tristeza y desolación ya lo convertían
en un poeta intachable, que mantenía en su agonía la inocencia infante.

Uriel siempre se había acobardado ante su padre, y por más que deseara hablarle, le tenía
un respeto temeroso, por lo que prefería callar y escuchar; aquel temor, no le permitía
decirle a Belitio lo que sentía por él… Cada que quería pedirle un abrazo, su garganta se
hacía un nudo, y terminaba pidiéndole ese abrazo al llanto retenido; sin embargo, la
escritura lo comenzaba a llenar de confianza… No tendría que decir lo que sentía
directamente, sino a través de un papel… Entonces escribió una melancólica carta; era un
niño que aun dibujaba garabatos y tenía una caligrafía espantosa, pero no le importó y con
valentía decidió arriesgarse a entregarla.

Al no poder nadar y sabiendo que no podría alcanzarnos, envió la carta a D minúscula, pues
sabía que, al ser omnipresente, él podría entregársela a su padre donde fuera que éste se
encontrara. Dios recibió la carta pronto, creyendo que era otro pasaje bíblico de sus
seguidores, que solían enviar los bocetos de sus libros sagrados, para que él haga las
respectivas correcciones a conveniencia de cada religión distinta y en el contexto de cada
región; pero, por primera vez recibía una carta tan distinta a las demás. Sonrió cuando miró
la firma y la leyó tomándose su tiempo para divertirse con tanto romanticismo entintado.

Papá:

Aunque nunca hayas salido a abrazarme y aunque te hayas ido sin despedirte, sé que tú
también eres un niño y aun recuerdas el camino a tus triunfos a través de las emociones,
los juegos y los riesgos que hoy niegas por vergüenza e infectas con promiscua
racionalidad. Te quiero y sé que llevas algo de bondad en tu dureza, lo cual se manifiesta
en tu espléndido sentido del humor. ¡Quiero decirte que te extraño y que no soporto más
esta soledad! Soy muy feliz con mi inocencia, pero me aburre sonreír sin compañía…
¡Como quisiera que sonrías a mi lado y me des fuerzas para soportar los fuertes jalones de
mi cometa! ¡Cómo quisiera jugar contigo otra partida de ajedrez! ¡Cómo quisiera un
abrazo! Urjo respetar tus decisiones, pero soy solo un niño, y necesito que alguien sea para
mí y mis decisiones, un tutor… No es suficiente la educación que brinda la conciencia,
también merezco crecer con mis propias vivencias y experiencias, y, aunque sean diferentes
a las tuyas, me esfuerzo indirectamente por seguir las huellas que dejan tus zapatos…
Necesito que dejes de imponerme un modelo mundano mientras me ignoras por completo,
no puedo continuar sin la confianza que me daría tu afecto y tu aprobación. No importa si
decides irte a otra ciudad, a otro país, a otro continente, o a la luna… Hazlo, pero no
olvides que te estoy esperando… ¡Te sigo esperando! Conozco tus temores, sé a las culpas
que les huyes… Basaste tu libertad en una huida y te viciaste a ella, por eso ahora temes a
que esa libertad se pierda y te obligue a mirar a los ojos tu pasado. Tener un hijo te resta
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 83
 
libertad, por eso me dejaste, ¿verdad? Y, aun así, sabes que lo único que lograste fue
aumentar más peso al baúl de la culpa que algún día tendrás que abrir y reorganizar.
Nunca es tarde para abrazar a tu hijo… Tanto tú como yo lo necesitamos.

Quisiera contarte que en éstos días Arkenesis arrulló mis sueños con una bonita canción
infantil, y después de tanto pensar en ella, me surgieron algunas preguntas. Explícame,
dale, dale, explícame... ¿Por qué los hijos son la alegría de la vida? ¿Por qué las rosas
florecen? ¿Por qué las personas necesitan realizarse? ¿por qué los barquitos flotan?

… ¿Por qué la gallinita dijo “eureka”?

Uriel.

La sonrisa de D minúscula fue desapareciendo progresivamente mientras leía aquella carta,


sintiéndose conmovido. Lloró lamentándose por el mundo y pensó que eso era lo que quizá
sentían los humanos con cáncer cuando el histérico temor a la muerte los hacía acercarse a
él con plegarias desesperadas; Belitio, al igual que él con las desesperadas oraciones de sus
hijos, se burlaría al leer su desesperado sentimentalismo, y lo más posible era que ignore la
carta y evite reflexionarla. Dios se dio cuenta de la verdadera naturaleza autodestructiva del
ego, del vacío que dejaba el vivir esperando alabanzas de otros, del deseo de morir sin saber
cómo lograr la muerte; y fue tanto su asombro, que, por un segundo quiso ser un “buen
dios” e intentar convencer a Belitio de que su hijo necesitaba su abrazo ahora...

En su grandeza y omnipresencia se apareció ante nosotros cuando íbamos en la barca.


Luna, al ver esto, se alejó respetuosamente y permitió que el océano se calme, la tormenta
cese, y la brisa aquiete el oleaje. Belitio al verlo subió la frente en alto y lo observó con
desprecio, pero se sintió avergonzado de mirarse enamorado de la luna, después de conocer
su nula capacidad de sentir emoción, expresión y sentimiento, y verse evidenciando su
amorío ante los ojos de dios; sin embargo, sintió asco de ese ser obeso frente a él. D
minúscula, en medio de su inmundicia, soberbia y egocentrismo, se acercó suavemente y le
dio un abrazo; Belitio no movió un dedo, ni siquiera parpadeó, solo reaccionó para hacer
una de sus sonrisas maquiavélicas silenciosas tan naturales en él, le causaba un inexplicable
placer observar a dios humillado por sus propias condolencias. Aun así, con todos esos
sentimientos encontrados, no podíamos entender lo que estaba pasando, y antes de que yo
rompiera el silencio, Belitio preguntó desconcertado.

- ¿Tienes idea de lo que haces?

Dios, con sus mejillas empapadas de lágrimas, le dijo:

- Hermano mío, ¡id…! ¡abrazad a tu retoño! ¡Dejad de ignorarlo y abrazadle! Lo


merece. – Y entregándole la carta que había escrito, completó. – Esto me ha
enseñado a amar el mundo y su dignidad a través de una acción distinta al suicidio;
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 84
 
no veo razón de que vos no logréis odiarlo y continuar ligado a tus vicios y
pensamientos, brindando cariño a Uriel.

Soberbio, pero con un gesto de inquietud, Belitio respondió.

- Es que quizás mi filosofía no es tan débil y manipulable como la tuya, diosito. – Pero
mientras lo decía, extendió su mano de forma afanada para tomar la carta de Uriel.

La leyó en voz alta detenidamente. Supe que Uriel ya se había dado cuenta de la ausencia
de su padre y de todo el tiempo que perdió esperando en aquella puerta tan solo en el
primer renglón; preferí mantenerme en completo silencio y dejar que Belitio decida si iría a
abrazarlo o no, pero nunca habría esperado la escena que vendría cuando Belitio terminó de
leer la carta. D minúscula lloraba desconsolado, jamás había visto un dios que demuestre tal
fragilidad; Belitio, por su parte, tan poco expresivo como siempre, pero su tristeza se
comenzó a notar de forma evidente a los pocos segundos, cuando comenzó a surgir de él
una desgarradora y enfermiza risa que hasta a la luna y al océano espantaron. Me di cuenta
casi al instante que Belitio no iría a abrazarlo por simple falta de ganas de hacerlo; y a mí,
no me convendría que lo haga; o tal vez si, o tal vez no, pero sabía que mi luna se la
llevaría mejor con él que conmigo, por lo tanto, le pedí que no se fuera y lo dejara ser él. La
luna algo disgustada con mi egoísmo se acercó de nuevo y como advertencia de tormenta
hizo que cambiara el clima, llenando el infinito cielo de truenos y niebla que casi la
desaparecieron de nuestra vista, pero conservó el mar quieto para no desconcentrarnos
demasiado de aquel momento. Entonces me retracté, guardé silencio y retomé el papel que
mejor sabía actuar, ser “nada”.

- ¿Irás…? ¿Abrazaras a tu hijo, o dejaréis que la soledad le enseñe a no necesitar el


abrazo de nadie? – Preguntó D minúscula de forma pretenciosa.
- ¡No iré! – Dijo Belitio con una firme voz – Si lo hago, lo contagiaré de realidad,
siempre querré que haga lo que yo quiera, su inocencia será muy fácil de quebrar
ante mi predominancia y eso sería prohibirle ser niño. Lo usaré como un peón de
ajedrez, y su amor ciego por mí, terminará destruyendo su identidad propia, además,
él tiene razón. Tener un hijo y responsabilizarse por él, resta libertad... Soy un
demonio, y necesito tener libertad absoluta para satisfacer todo aquello que me
dispongo; comer, viajar, follar, comprar, hacer… No tengo tiempo para sus
caprichos infantiles.
- Apuesto a que os amaríais si estuvieses con él, y todo lo que aludes pasaría a un
segundo plano; quizá, juntos podríais compartir una buena comida, viajad juntos a la
luna, id juntos a comprar objetos curiosos y fabricad juntos una excelente melodía…
¡Es un niño muy listo! Deberíais darle una oportunidad, deberíais darte una
oportunidad de renunciar a tu ser manipulador, y simplemente convivir con las
libertades de otro, sin juzgarlo… Así también seguiríais siendo libre y hacer todo lo
que gustéis, sin involucrar la agonía del infante.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 85
 
- ¡Cállate! Por ahora estoy enfocado en la luna, no cambiaré ahora mi manera de ser ni
pensar. Ser manipulador vive en mi naturaleza, por más que quiera evitarlo, no seré
para él el mejor padre y afectaré de forma crucial en su identidad propia… ¡Acaso no
ves que, mientras en su espejo pudo construir todo un mundo de fantasía para sus
juguetes, decidió construir una puerta cerrada, solamente para sentirse cerca de mí!
¿Qué demonios se puede esperar de un ser tan emocional? ¡Soy un peligro inminente
para él! …Soy tan terriblemente manipulador, que apostaría a que puedo volver
homosexual al mismo dios homofóbico y castigador, y hacerlo admitir con
vergüenza que no se arrepentiría de ir contra sus fascistas principios.
- ¡¿Estáis tan convencido de ello?!

Mira esto, mi pequeña puta de babilonia.

Se arrimó a él apresuradamente, lamió las manchas de sus lágrimas, y después de esto, se


acercó a sus labios y lo besó; D minúscula no se alejó ni impidió que esto pasara, llevaba
masturbándose tanto tiempo en su trono que correspondió a los besos de Belitio
manteniendo sus ojos abiertos y asombrados. Fue el beso homosexual más apasionado que
vi en mi vida y en mi muerte; sus manos se levantaron a acariciar sus cuerpos de forma
frágil, y yo ahí, inmóvil, confundido y sin perder de vista un solo detalle de aquella escena
de amor y enfermedad entre el cielo y el infierno, entre el liderazgo y la malicia, entre dios
y el diablo… sudaban de placer ambiguo, y, en medio del fulgor que sentían, comenzaron a
sufrir una metamorfosis; dios comenzó a relucir una belleza estéticamente comparable con
Adonis, Belitio, por su parte, tomó la forma corporal de la luna… Se volvió mujer por un
momento, y dejó que dios lo penetre. ¡Afrodita seduciendo a adonis! El uno primordial se
hundía en el espiral vaginal del averno encarnado y se obligaba a parirse a sí mismo entre
sus coitos. ¡Dios y el diablo tenían sexo! ¡No podía creer lo que estaba ocurriendo!

La luna se excitó al verlos, pues se miró a sí misma, no sintió celos siquiera y pensó que era
un momento más simbólico que carnal, y una favorable oportunidad para aumentar la
marea, por lo que comenzó a masturbarse dejando que sus fluidos corran libremente en el
océano, otorgando a la marea, la fuerza y el volumen que le hacía falta para llegar a su ser.

El único momento absolutamente libre del ser humano está implícito en el acto sexual, pues
en el momento del goce, el mundo, las leyes, las instituciones, los prejuicios y las
prohibiciones, desaparecen de la realidad, permitiendo la interiorización, el elogio a la vida
a través de la sensación creadora, donde, “la conciencia de sí” entra en comunicación con el
“otro”, generando una comunión materializada en la creación de un aura que fluye en aguas
purificadoras y orgasmos violentados… El eros sublime da origen al “cosmos” en que
habitamos a través de un acto libertario degradado por el hombre occidental llamado sexo.

Belitio ahora era una súcubo disfrazada de la luna… Tumbó a dios en el suelo de la barca y
subió encima de él, tomando completo control del acto. D minúscula cerró sus ojos y se
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 86
 
abandonó completamente en un acto que declaraba su humanidad… La súcubo comenzó a
fingir sus gemidos y a mover sus caderas cual si fuese la mejor maestra del baile (sentí su
acto insultante hacia mi amada, pero no lo mencioné ni lo interrumpí, solo continué
observando); cuando dios estaba a punto de llegar al clímax, Belitio lo interrumpió de
repente, levantándose y desenfundándolo de su vulva, y, aun conservando la figura de la
luna en su carne, se alejó un poco de él de forma lenta, como dando lugar al suculento sabor
de la duda moral, y dejando que lo deguste relamiéndose en sus ganas de eyacular, ¡pero
no!, Belitio manipuló su moral y lo dejó impedido... Dios conservó los ojos cerrados y su
cuerpo entero quedó suspendido en el tiempo. Poco a poco comenzó a abrir sus ojos de
forma perezosa y su gesto indicó incertidumbre, entonces la miró fijamente y se enamoró
de ella al observar su perfección.

Se puso de rodillas y se agachó para lamer sus pequeños y delicados pies, luego comenzó a
subir por sus canillas delicadamente, pero mientras subía, Belitio iba retomando su figura
original, de forma que, cuando dios llegó a su medio, se encontró con sus testículos. Su
rostro se llenó de pánico y solo fue ahí cuando se dio cuenta de lo que había hecho,
retrocediendo afanosamente después de verse de rodillas ante el diablo.

No obstante, entendió tanto nuestro amor por la luna al verla, que, por primera vez sintió
amar a “algo” con más intensidad que a la muerte, a la cual llevaba seduciendo a través de
la tentativa de suicidio durante mucho tiempo. ¡Qué abandonada se sentiría la muerte ahora
que dios prefería soportar la tristeza y amargura de la vida, con tal de seguir observando a
la luna! Dios se puso de pie y nos dio la espalda agachando la cabeza, guardó silencio por
un momento y luego dijo.

- Ahora entiendo el amor que sienten por la luna, y ahora soy consciente de que lo
mejor es que Uriel se resigne a no tener ese abrazo… Te has ganado mi respeto y mi
odio más sincero, Belitio… Pero al mismo tiempo me has hecho replantear el amor.
¡Escuchadme! Seguid su camino y haced feliz a la dulce luna, la amo y la amaré en
la distancia, pero no me pidáis renunciar a la muerte, dejaré de buscarla, pero la
esperaré con ansias hasta el día que llegue.

Luego de esto volvió a despejarse el cielo y la luna de nuevo se tornó visible… Nosotros la
miramos fijamente y con respeto, y en esas, d minúscula comenzó a recitar una oda a la
muerte.

Cual ambrosía que calienta el alma aún llenándola de tristeza,


tal es la condena del alma mía.
Las olas como llanto y la muchedumbre en un mar de llanto.
El grito es de terror y aun así sigue luchando
maltratado y compacto en la antigua niebla, la seca lluvia, la luna nueva…
y no deja de ser un grito marginal y desgastado.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 87
 
¡Corrompe mi pena amor mío!
Corrompe hasta las nubes y las azucenas,
corrompe el mundo con cruces de espadas que clavan a los más ateos cristos.
Corrompe la ambrosía
y calienta con ella mi alma llena de tristeza.

Seguiría mi alma en busca de placeres,


pero prefiero amar el odio y quedarme callado;
surgir de mis cenizas y salir volando sin alas, sin fuego, sin alma…
surgir de mi alma, y aterrizar en mis propias cenizas.

Y así,
¡siempre en aquel juego lamentable!,
la más obscura obscenidad,
la más perpetúa soledad,
la más asquerosa sociedad,
y hasta la miseria de mis cantos jugando a ser mudos.

¡Corrómpeme de nuevo!
Y corrómpeme con tus bienes, tus dotes y tus vientos;
¡no me dejes así!,
no me dejes seguir luchando contra tus asperezas;
dale fuerza a tu voluntad y empápame de olvido mujer sin rostro,
hazme creyente de ti y de tus calaveras.

Cual ambrosía que calienta el alma aún llenándola de tristeza, te sigo esperando,
tal es mi incertidumbre y mi deseo de volar a tu lado.
Ven a buscarme y volaremos juntos,
dale fuerza a tu voluntad y has de mí tu fiel soldado.

Y es que no tengo la valentía de indagar en tus mundos en busca de ti,


...seria cobarde de mi parte.
El optimista degrada su vida a través del tiempo,
el artista termina rendido a su talento,
y yo te ofrezco por siempre mis gritos de terror,
mi alma llena de ambrosía sangrienta
pues no tengo la valentía de indagar en tus mundos en busca de ti,
ni mucho menos serle infiel a mi luna contigo.

Por eso, y solo por eso


… te seguiré esperando en la cima de mis delirios,
seguiré deseando que escuches mis gritos.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 88
 
Luego de esto me observó a los ojos y me dijo.

- Obsérvame desde la luna a mí también… hijo mío. Estaré sentado en el cielo


vigilando el mundo, tú podrás vigilar el cielo sentado en la luna… Tranquilo, no te
cambies el nombre si no quieres pues ya no temo a las mayúsculas. Hay demonios
que son superiores a mí, lo único que les hace falta es llamarse dios.

Desapareció. Fue como si se colara entre las esquirlas de agua que chapoteaban del mar y
fluían al ritmo de la briza. Al esfumarse, Belitio comenzó a reírse de forma demoniaca y
exasperada después de todo lo que había pasado, y, de pronto comenzó a gritar:

- ¡Jódete maldita luna! ¿Quién iba a pensar que cambiarías tan fácilmente nuestro
radicalismo, brindándonos la idea destructiva y problemática del amor? ¡Jódete
maldita luna, no dejaré que maquilles mi lujuria con tu ser pueril!

Después de esto, la luna se enfureció e hizo que los mares enloquezcan; en él se formaron
remolinos, y la tormenta dio paso a olas cuya altura estaba expresada en “años luz”. Nos
estaba llamando a nuestro destino, ahora que el océano tenía el suficiente volumen para
acercarse a su orilla. Cuando la barca de papel estaba a punto de desmoronarse, la acercó de
inmediato a su superficie en un intento exasperado de salvarnos de morir ahogados. En el
momento menos pensado chocamos contra ella, el barco quedó destrozado, la luna,
inundada; Belitio, dentro de un cráter; y yo estrellado y herido contra sus rocas.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 89
 
LA ARRIBADA

(Música: Ludwig van Beethoven – Sonata Claro de Luna)

Abrí mis ojos varias horas después del estruendo, y, aunque me dolía el cuerpo por el
impacto, me puse de pie y eché un vistazo a la tierra, desde ahí, mi mujer me sonrió. ¡Al fin
había llegado! Ahora ambos sabíamos que yo iluminaría sus noches desde aquí haciéndole
canciones de lamentos tan frágiles como el viento… como el azul de mis silencios. Ella no
se volvería sentir sola incluso estándolo, ahora yo era parte de sus pecas, y, por ende, al fin
mi antiguo deseo de ser una manchita de la luna, se había concretado.

- ¡Belitio, ven… apresúrate! ¡Tierra a la vista! – Lo llamé emocionado.


- No saldré de este cráter, Daniel… – Respondió – Te dije que si venia, sería para
instalarme en las manchas y crear mi infierno en ellas. Tu disfruta del paisaje y
déjame aquí por un tiempo.

Preferí no decirle nada y seguir celebrando la tranquilidad de sentirme en el regazo de mi


amada. Abrí una botella de vino y prendí un cigarrillo; fumar y beber sin gravedad, era aún
más relajante de lo que era normalmente, era muy feliz aquel día, mi luna y yo cantamos,
bebimos y bailamos celebrando nuestra unión, y luego entramos al cráter donde Belitio me
esperaba sentado algo impaciente por culminar la noche uniendo nuestros cuerpos y mentes
en un solo éxtasis de sensaciones. Le hicimos el amor con pasión aquella noche… El amor
hecho carne y sus ojos, mi piel.

Mientras pienso que los dioses hacían el amor y los espermatozoides no eran meteoritos
sino notas musicales, también pienso que seré Daniel por siempre mientras resida en este
círculo sin muros llamado luna; que mientras el sol no estalle, yo esperaré aquí y observaré
la tierra sobresaltando la marea de sus océanos. Con su piel como lecho, olvidaré el odio
que me tengo a mi mismo y al ser humano, desde aquí, ni siquiera daré importancia a su
existencia; únicamente vigilaré el cuerpo de mi mujer e iluminaré sus noches, contándole
cuentos de hadas, niñas, princesas y castillos… Y si estallara el sol y dejara de alumbrar su
lejanía, seré el azul de sus distancias. ¡Mi tristeza se convierte en alegría al solo observar
sus pecas y sentirme parte de ellas!, pero, si algún día mi tristeza se sobresalta y mi carácter
se torna fastidioso, podré usar a Belitio para divertirla. Soy un solitario demente e insolente
que mancha la luna con mi “nada”, soy el único capaz de mancharla, y ella…
gustosamente, es la más ferviente amante de mi enfermiza y demente soledad. Somos dos
almas solitarias, que, juntándonos hemos logrado parir la belleza. Ella es mucho más astuta
que yo, y no se lo cree en su poca autoestima; por eso, con ayuda de Belitio podré fingir
inteligencia y autonomía, para que, aun siendo “nada”, pueda brindarle la ilusión de sentirse
protegida. Soy un egoísta, por ahora solo me queda desear que su autoestima no crezca, y
así, me siga queriendo y admirando… que no conozca mi miseria.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 90
 
Durante mucho tiempo, convivimos los tres… o más bien, convivieron ellos dos, ella me
amaba aun siendo “nada”, pero nada podía ofrecerle yo. Mi dama era prudente conmigo, no
me exigía más de lo que podía dar, de hecho, no me exigía nada, ella me brindaba su amor
desinteresado, pero mi egoísmo y mi “nada” la hacía sentir muy sola. Belitio no podía
amarla en formas ajenas que llenaran sus vacíos, y fue ahí cuando iniciaron los problemas.

Belitio estaba realmente aburrido de la distancia; ¡tanto tiempo soportando la tormenta del
océano, solamente para llegar a un alma y recostarse a vigilar un cuerpo terrestre! No tenía
ningún sentido para él… Todo comenzó a ser un juego de estaciones, donde, yo me
quedaba sentado observando a mi mujer, mientras Belitio dormía estableciendo nuevos
cráteres vacíos esperando el regreso de la luz y de la unión con su cuerpo, pero se ocultaba
muy seguido, solo podía estar con ella a plenitud una vez al mes, cuando el sol la hacía
llena. Entonces, cuando le comenzó a hacer falta el sexo, comenzó a enfurecer de
claustrofobia y a desear corromper los cráteres de la luna escondiendo infiernos silenciosos
en ellos. Por lo general no me dirigía la palabra, pero un día de soledad y luna menguante,
me preguntó:

- ¿La luna tiene matriz?


- Claro que sí – Le respondí – Pero… ¿por qué la pregunta?
- Simple curiosidad… y… ¿Qué cabe en ella, Daniel?

A mis silencios me iba dando cuenta que Belitio empezaba a confiar en mí; antes, ni
siquiera habría pasado por su mente preguntarme algo en busca de una respuesta que le
resultara valerosa. Pensé muy bien en mi respuesta… Deseaba responderle que en la matriz
de la luna cabía un dios o una diosa, pero si lo hacía, lo habría enfurecido en el acto; por lo
tanto, mi respuesta fue simplemente…

- Deberías saberlo.

Belitio curveó su boca con esa depravación que lo poseía, y luego, se quedó en silencio por
un tiempo hasta que lo irrumpió al decirme un poco más serio e impaciente:

- Creo que no cabe nada en ella… El alma de una mujer no puede fecundar dioses por
más hermosa que sea; quizás su cuerpo si pueda, pero su cuerpo está en la tierra. ¡No
puedo tolerar seguir esperándola! Dime Daniel, ¿podemos estar con ella en la tierra?
o ¿puedo profanar su alma aquí creando a mis mujerzuelas y clonaciones
monstruosas? ¡No puedo esperar a cada luna llena! ¡Me estoy enloqueciendo!

Preferí callar… sus palabras eran una blasfemia a la pureza de mi luna; si en verdad la
amaba, ¿por qué deseaba tanto serle infiel o amarrarla a él llenando algo en la matriz de su
alma? Debía intentar calmarlo un poco, pero no sabía qué decirle. Después de pensar un
poco, recordé que quizá el alcohol, o los libros podrían distraerlo.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 91
 
- Para eso tenemos el alcohol y los cigarros – le hable en especie de comentario.
- No me interesa el alcohol, si solo puedo compartirlo con la “nada”, ¿Qué sentido
tiene la embriaguez, si no está acompañada de una buena plática? Me he vuelto
exigente con mis vicios, ya no me interesa su materialidad.
- Entonces, ¿porque no intentas dormir un poco…? Te hace mucha falta, te noto
agotado.
- Porque me gusta dormir acompañado, como solo estás tú y la luna, debo esperar a
que la luna duerma cuando está oscura o dormir a tu lado, pero roncas demasiado.
¡Me estás volviendo loco maldita nada!
- Entonces, cuéntame tus ideas y así las podrás desahogar en mí, distrayéndote un
poco y teniendo una “buena plática”.
- ¡Ni pensarlo! – Me dijo alarmado – jamás haré de ti un ser sabio, ¡tomate tu papel en
serio! Recuerda que solo eres “nada”. – entonces preferí ignorarlo por un momento,
prendí un tabaco y volví a centrar mis ojos en la tierra. Él se sintió humillado.
- ¡Respóndeme!
- No puedo, soy “nada” – le dije con sarcasmo.

En ese momento lo invadió una desastrosa histeria, tomó una piedra lunar y comenzó a
agredirse a sí mismo con ella; se fracturó varios huesillos del rostro y luego comenzó a
rasguñarse los brazos. El desquiciado estaba reemplazando su necesidad de sexo con
masoquismo y auto-mutilación.

- ¡Basta! ¡Belitio, alto! ¡Para ahora mis…!


- ¡Cállate maldita “nada”! ¡No se te ocurra darme órdenes a mí, haré lo que yo quiera!
Y tú… ¡jódete maldita luna! ¿Quién iba a creer que serias tanto para mí? Ya has
influido tanto en mi repentino autocontrol, que tendré que hacer de ti mi propio
infierno para no perder la dignidad. ¡Jódete maldita luna, no dejaré que maquilles mi
lujuria con tu ser pueril!

Luego de decir eso, dio unos treinta pasos largos alejándose de mí y se recostó en posición
fetal mientras gesticulaba odio irracional. Yo corrí hacia él y le pregunté deseando que no
defraude mis expectativas – ¡¿Qué es lo que tramas Belitio?! – Pero él no me escuchaba,
estaba sumergido en un trance sombrío; lo oía gemir y hacer rechinar sus dientes, temblaba
demasiado, como si tuviera hipotermia. Comenzó a escupir e intentarse sacar los ojos, pero
recordó que no los tenía. Hasta que, en un momento dado, se levantó y saltó a uno de los
cráteres… Me apresuré a seguirlo, tenía que vigilarlo; fui detrás de él, pero cuando llegue al
fondo del cráter, ya no estaba… Se esfumó, ni siquiera la luna sabía dónde se había
marchado ni cómo había desaparecido. Belitio había creado un portal que conducía a su
antiguo infierno en ese cráter; ahora él, y solo él, podía entrar a ese cubo de fondo blanco.
¡Su cubo, su propio infierno!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 92
 
HOY PUEDO MIRAR AL CIELO MAS TRISTE QUE NUNCA

(Música (OBLIGATORIA): Astor Piazzolla – Romance del diablo)

Hoy puedo mirar al cielo más triste que nunca;


como cuando las nubes caen al vacío,
como si el aroma de tus fantasías se hubiese esfumado tras las cortinas,
como si esas cortinas anunciaran que las olas son solamente conchas de caracoles;
y tras de ti se fueran, como cuando la aurora muestra la quejumbre a los cielos grises.

Y hoy puedo mirar al cielo más triste que nunca;


cuando me doy cuenta que, al verlo, no puedo llegar a él ni con mi gigante escalera,
que el cielo es lejano, así como tu presencia;
como cuando los labios se sonrojan después de ser mordidos,
y no entiendo por qué al mirar el cielo, lo anhelo;
¡lo sé!, al estar en el infierno; para mí, el cielo está prohibido.

Entonces repentino,
miro hacia abajo y allá está más claro el cielo,
y lo miro más triste que nunca, pues siendo una manchita de la luna,
me siento como menguando;
me siento inseguro y solitario en los polvos de mi mancha,
me siento como mi luna cuando está llena,
mientras tú (siendo su cuerpo), observas triste su belleza;
como cuando el recuerdo me hace daño, el recuerdo es vida y la vida es muerte;
como cuando la muerte es el orgasmo de la vida
mientras tú alma de doncella vive y muere a mi lado
entre un amor que advierte la tormenta.

Como hoy…
hoy que puedo mirar al cielo más triste que nunca
y gritarle que te extraño como extraño al sol cuando no alumbra a la luna,
como extraño un dios cuando mi ateísmo me abandona.
Como cuando digo en un presagio que dios es con minúscula,
que tus ojos son la encarnación de las cartas románticas del diablo
e ilegales y fantásticos me inspiran a no dejar de mirarlos;
a observarte desde arriba cada que pueda, aunque me sienta como menguando,
a extrañarte todo el tiempo ¡vida mía…!
Extrañar tus caricias y el aroma de tu piel… tus fantasías.

¡Y de nuevo me replico en todo lo que dice este sentimiento!,


que todo lo que anhelo es tu abrazo en medio de este sufrimiento;
del recuerdo tan dúctil como tu manto,
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 93
 
como cuando sueñas, y en los sueños yo te canto.
Como cuando la vida se me escapa disuelta en tu arcoíris
y se sienta en la cima de sus colores
esperando besarte de nuevo, ¡mujer!;
darte una caricia, demostrarte que la luna en fin no está tan lejos,
ni mucho menos en el ayer.

Que yo soy una manchita de la luna


y aquí me quedaré hasta tu regreso;
hasta que pueda cantarte de nuevo,
sonreírte con mis ojos y aullarte con un beso.

Y luego…
Luego seguiré amándote como la primera vez en un concierto de luciérnagas,
me recostaré sobre tu pecho y recorreré el manantial de tu cuerpo
volando… volando.
Y diré, por ejemplo:
“Hoy puedo mirar al cielo más feliz que nunca pues procreas la luz de mi penumbra”
y tu alma alterará las mareas,
y el rubor de tu rostro se reflejará en nuestros horizontes,
y ojearemos al cielo tal vez más felices que nunca,
y con nuestros ojos puestos en él y en la llama de su lejanía,
me convertiré al fin en el azul de tus distancias.

Pero hoy no es uno de esos días.


Hoy puedo mirar al cielo más triste que nunca,
y solo puedo decir que te extraño,
que me hace daño recordarte,
que solo hay llanto adornando estas frases.

Que pasó el tiempo escuchando tango,


hablando en rima cual si fuese un santo,
cambiando de dirección los vientos usando solo mis silbidos;
disfrazando hasta de caviar, la mierda, para no sentirme tan solo y miserable.

Mientras sentado estoy arpegiando las cuerdas de mi madera,


y mientras el silencio me atormenta en semejante selva espinosa,
te canto… te canto.

Lunático cantor de tristezas que siendo nada


no tiene ya nada que ofrecerte.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 94
 
Hoy puedo mirar al cielo más triste que nunca,
y ya no sé si creer en el amor o creer en la tortura;
y mientras tanto, las nubes caen al vacío,
el aroma de tus fantasías se esfuma tras las cortinas,
las cortinas anuncian que son solo conchas de caracoles;
se van tras de ti,
y luego, la aurora se lamenta al ver estos cielos grises.
(Música: Federico Mompou – Música Callada)

La soledad azotó de nuevo mis plegarias. La amaba, ella me amaba, pero ningún amor
puede ser sano si se está enfermo de confusión. Mi ánimo demente y los constantes
escándalos que provocaba en mí la inspiración, la condenaban a intentar calmarme con un
abrazo para evitar mi suicidio, incluso cuando quería sentirse sola y libre. Belitio dejó de
brindarle placer y comenzó a adueñarse de mi cuerpo solamente para producir dolor. No
había ningún control que yo pudiera impartir sobre él, ¡nunca había estado tan ausente de
mí mismo!

Como era obvio, mi luna comenzó a dudar de mí y a recordar antiguos amores… empezó a
sentir un bello encanto por su pasado, siempre tan impávido en su sentimiento y lealtad sin
ser desleal a mí; recordaba con afecto a un amor que había mantenido a su lado por
milenios, y había representado importantes ciclos en su historia, de ahí que su ciclo
primordial significara una eterna rotación. Mientras la malicia de Belitio y su promiscua
historia se desnudaban a través de mi cansada piel, su pasado estaba lleno de virtudes;
quizás, en ella no se presentaban con tanto fervor las frases y acordes que los eruditos y la
sabia soledad me habían enseñado a mí, impregnándome de inicuas pero cultas emociones.
Ella portaba la prudencia y la inteligencia innata que solo nace en aquellos que fluyen por
la vida observándola y entendiéndola con detalle, su historia era romántica y genuina… y
sus miedos estaban justificados por una racionalidad cósmica de la que nunca hablaba. Ella
no solía hablar mucho de sí misma, en materia de sus reservas, solo las mostraba con actos
y miradas, vivía día a día con coherencia y bajo una rutina alarmante; a veces, le decía que
descanse, pero ella insistía en dar vueltas a la tierra de manera sistemática… Cuando le
pedía que me cuente sus miedos, ella volteaba su rostro y comenzaba a menguar. La tierra
no tardó en provocarme celos, mi luna nunca la mencionaba, pero en ocasiones la
observaba por horas con viveza, lo cual me demostraba que su amor por ella sobresalía de
forma más notoria que sus mismas manchas.

Mi luna era prudente y difícil de analizar, era como un buen título de un libro aun no leído,
que, inspiraba respeto y curiosidad, sin tener idea de lo que esconde entre sus páginas; solo
bastaba imaginar los universos que encierra su ser en una primera impresión, para
enamorarse perdidamente de la idea de leerla y dejarse leer por ella. Su actitud causaba una
profunda intriga… Estaba furiosamente enamorado de ella, representaba un ángel, una guía,
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 95
 
un hombro, un beso, un amor… un todo para esta nada, y eso me preocupaba
profundamente; me había vuelto completamente dependiente de ella, pero yo estaba
muerto, enfermo y aquejado por mis huéspedes. Era insoportable saber que mientras ella
me ofrecía una cura con amor, yo no dejaba de causarle y causarme daños irremediables
por culpa de ellos. La luna me amaba, pero… ¿sería capaz de quererlos a ellos algún día?
Yo la amaba, pero… ¿la amaría más que a mi enfermedad?

Si bien, nunca había sido tan feliz como a su lado, no estaba solo y cada parte de mí tenía
por instantes, diferentes amores; dios amaba a la muerte, Arkenesis amaba el mundo, Uriel
amaba a su padre y Belitio amaba el vicio. Por mi parte, la amaba a ella, pero me sentía
inútil… Ahora que me había quedado solo, no tenía nada que ofrecerle… si Belitio se había
marchado, debía intentar seducirla con otro bastardo.

Belitio se había ido de mi vida; y, de hecho, yo le prohibí regresar, pero la luna y yo lo


extrañábamos, ¡eso era innegable! Mi naturalidad ya no la sorprendía, mi humor era
aburrido y mi autoestima era nula; él era muy inteligente… yo era la nada. Sin embargo,
ella no sabía si quiera porqué se había marchado, ni porque actuaba de otra manera con el
ánimo de asustarla, espantarla de mí, o amarrarla a tener que soportarme como un anciano
enfermo de demencia, e ir desangrando nuestro amor poco a poco. ¡Maldito y fustigante
placer del que me hizo víctima! ¡Maldita carne que siempre ha de estar sola!

Cuando Belitio saltó al cráter, fui detrás de él, pero cuando llegue al fondo, ya no estaba; se
esfumó para crear su propio infierno, creí que no volvería, pero no fue así; una vez
desahogo sus perversiones, volvió a buscar el amor de la luna como si nada hubiera pasado,
con los labios secos y los pómulos inflamados… pálido como mi cuerpo muerto… Para
Luna, ese fue inaceptable. Fue ahí cuando pensé:

- ¿Será momento de matarte, Belitio? ¿Será el momento de abrazar otro tipo de llamas
e intentar satisfacer a mi mujer con ellas?

Ahora debía consumirme en mí, pues consumirme en él, había acabado con mis intestinos,
riñones, pulmones, testículos y cerebro; el problema era que, sin él, mi cuerpo entero no
funcionaba. Si mis ojos eran la conciencia, el niño era su brillo, dios el liderazgo y la
omnipresencia; y yo, la nada, Belitio era para mí, el cuerpo y la inteligencia, ¡¿qué me
quedaba sin él?! Sin embargo, preferí continuar siendo lo que era, antes de honrar el mundo
con el ser mundano y castigar mi mente con la desdicha al usar la carne como ilusión. Hay
mucho que debe ahogarse cuando se vomita sangre y se empieza a amar con teorías
cerebrales, lo absurdo de renunciar al amor de ley y teorizar el fundamento de lo divino;
propinarle la muerte al sigilo y al sentimiento para convertirlo en una ecuación donde se le
explique a la fidelidad que no somos más que animales. Crear dioses fantásticos para
nuestra moral es una clara muestra de debilidad, ignorancia y necesidad psicológica para el
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 96
 
hombre, pero otorgarle el nivel de regir nuestra vida a la ciencia como base de la
perversión, es un insulto a la supremacía del conocimiento.

Expulsé a Belitio sin ninguna misericordia, pero, aunque él no se opuso y huyó antes de
que en un arranque decida matarlo; indudablemente, insulté su compacto orgullo…
seguramente buscaría venganza. ¡Así somos los seres humanos! Belitio puede adoptar
cualquier forma, puede dividirse en monstruos, puede tomar forma femenina, puede volver
realidad cualquier aberración que aceche sus deseos intrínsecos, pero, conserva esa peculiar
codicia humana por la cual fracasa todo socialismo. Cuando tenemos plena libertad de salir
o no de nuestro infierno y nuestros placeres, preferimos quedarnos ahí, disfrutando de su
desenfreno; en cambio, cuando se nos obliga a quedarnos encerrados, aunque tengamos
plena capacidad de forjar un mundo propio y pleno, seguimos siendo víctimas de nuestras
propias ambiciones inmateriales de trascendencia, y la prohibición estimula la revolución e
inconformismo impulsado por el deseo de controlar lo tangible y poner nuestras propias
murallas… no hallamos en la razón nada más fuerte que el deseo de huir, aunque en el
pasado nunca hayamos contemplado el nomadismo como una opción.

Él era infiel, egoísta, desagradecido… Su principio de placer inmediato rebasaba su


compromiso sin importar cuan enamorado se declare; encerrarlo era absolutamente
necesario… Lo hice, pero bajo una temerosa iniciativa; mi luna me dio el coraje para
hacerlo, cuando le preguntaba si me prefería a mí o a él, ella respondía “Daniel”; para ella
no era una nada; por eso me lleno de confianza, y decidí intentar enamorarla sin necesitar
máscaras… Obviamente fracasando.

Mientras yo intentaba sobrevivir solitario en la luna, los espejos del cubo habían vuelto a su
antiguo estado, pero con una radical diferencia; aunque Belitio estaba de vuelta en el
infierno, ahora ya nadie podía salir o entrar a él. La puerta del infierno aun existía y Uriel
continuaba custodiándola, pero ni siquiera él podía abrirla… El infierno se había sellado
completamente, pues para Belitio, la luna había sido prohibida. Su estancia en el cubo,
multiplicó en él la malicia y la desesperación; esta vez no creó un infierno demente, con
clonaciones sexuales de sí mismo, simplemente se sentó desnudo en una esquina del cubo
de espejos en silencio, a hondear en su desesperación.

Uriel aun no sabía que su padre estaba de vuelta en el infierno y pasaba los días escribiendo
y mirando a la luna con la esperanza de notarlo en ella sin éxito alguno; sin embargo, la
miraba tan seguido, que, pronto notó su sagrada hermosura, así que también se enamoró de
ella. Escribió varios poemas y canciones a su magnificencia e incluso estaba pensando en
construir una barca y viajar a ella, pero Arkenesis le decía que no podía hacerlo sin mi
permiso. Pasó mucho tiempo de monotonía, pero un día escuchó tres golpes del otro lado
de la puerta enloqueció de alegría y retornó en él la esperanza de ver a su padre. Como era
de esperarse, su siguiente carta entró por debajo de la puerta, mediante aquella rendija bajo
la madera sin sellar.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 97
 
Papá:

Mis días son eternos y por esa razón no puedo envejecer, mi guitarra me hace joven y mi
amor me mantiene feliz, creo que he madurado al menos un poquito y empiezo a sentirme
atraído por niñas. Al mirar hacia la Luna me enamoré de ella pues sabía que tú estabas
allí, y desde entonces, ¡no he podido dejar de aullarle! Soy un poco tímido con las mujeres,
¿podrías darme algunos consejos para saber cómo hablarle a una niña? …Se me hace un
nudo en la garganta cada que quiero acercarme a ella. Además, yo ni siquiera he
terminado el colegio, mientras ella lleva millones de años observando y aprendiendo del
cosmos, ¿cómo podría fijarse en un niño tan chiquito como yo? Quizás podría cantarle
“Luna lunera, cascabelera”, o regalarle un chocolate… ¡Ya sé!, podría darle un besito en
el cachete y juguetear con ella haciéndonos cosquillas, pero para eso, debo ir a la luna, y
ahora que sé que estás de regreso, ¡no soy capaz de dejarte, papá! …Te irías de nuevo y me
dejarías solo. ¿Crees que es una buena chica para mí? ¿Me das permiso de entregarle mi
corazón? ¿Crees que me rompería el corazón, como tú lo hiciste?

¡¿Papa?! …papito …papi. ¡No me dejes solo, no me abandones! Lo único que necesito es
tu aprobación, tu abrazo.

Te amo pa… te envío una hoja en blanco por si quieres responderme.

Uriel

Belitio sabía que, si respondía la carta, se ganaría la confianza ciega de su hijo y al mismo
tiempo podría lograr que le obedezca para pedirle favores que realizar por fuera del
infierno, mientras él no pueda salir; gobernar desde el infierno era su manera de sentirse
libre y le traía cierta diversión en medio de su encierro. No tenía una pluma para escribir,
así que se arrancó las uñas y escribió con su propia sangre. Luego golpeó al muro tres veces
y entregó su respuesta.

Uriel. Las mujeres son difíciles de llevar y es por eso que hay que cambiarlas
constantemente, cuídate de no aferrarte tanto a ellas, y abandónalas antes de que se
pongan gordas y feas o que queden embarazadas y te hagan perder la cabeza y la
identidad… Recuerda ese consejo siempre, pues ahora eres muy joven para ello. Sin
embargo, me haces sentir orgulloso como hombre, y te daré mi consejo en materia de
seducción: Para conquistarlas, yo suelo regalarles rosas, brindándoles el infierno de mis
espinas, disfrazándolas con la elegancia de sus pétalos, ¡sé muy detallista y cariñoso! ¡Eso
les encanta! Sentirse libres, amadas y dominantes… Pero debes cuidarte de brindarles
solamente la ilusión de serlo, mantén siempre la imponencia y nunca dejes de hacer lo que
realmente te apasiona por amor a una mujer; tienes mucho por vivir, deberías probar
primero con una mujer sin cultura literaria ni historia, pues la luna es demasiado para ti…
¡Mírate, solo eres un niño…! No cometas el error de amar con tanto trascendentalismo a
tan temprana edad, y disfruta de la perversión que te puede brindar lo mundano mientras
tanto. No seas tan emocional, ni te ridiculices hablando con ternura onomatopéyica… Eso
solo lo hacen los “mariquitas”, háblale como un hombre a una niña, y trátala como mujer.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 98
 
De todas maneras, quiero que sepas que yo nunca te he abandonado, no he podido estar
presente por razones personales, pero siempre estoy pendiente de ti… Créeme, yo lo sé
todo sobre ti. ¡De bobo no tengo un pelo! Un beso y un abrazo hijo mío… acostúmbrate a
sentirlo de forma literaria.

Belitio.

Uriel no podía creer lo que leía, Belitio había olvidado que Uriel tenía conciencia y que su
amor infante e inocente por la luna era un amor mucho más puro que el amor doliente que
sentía por él; el amor de Uriel por la luna era desinteresado e ilusorio, en cambio el que le
tenía a Belitio, si bien era cierto que era extremadamente fiel e infinito, no dejaba de ser el
resultado de un trauma psicológico. ¡He ahí la diferencia entre el amor indefinible que es
ley y el amor enfermo que nace por significado! Una vez más su padre lo defraudaba, y el
abrazo que le enviaba lo sintió tan fingido como sus buenas intenciones; Belitio, por su
lado, estaba tan convencido de que todo lo que le decía estaba bien, que se sintió
defraudado por su hijo al mismo tiempo, cuando este no hizo caso a sus consejos. Uriel
pasó otro pequeño papel por la puerta, y esta vez no le pasó un papel en blanco, pues
prefería no tener respuesta.

Papá:

Después de leer tu carta, me surgen algunas preguntas sobre conceptos que utilizaste;
¿Qué es “embarazada”? ¿Qué es ser dominante? ¿Qué es trascendentalismo? ¿Qué es la
ternura onomatopéyica? ¿Qué es la perversión que me puede brindar lo mundano? A pesar
de no entender de qué se trata todo esto, quiero pedirte disculpas de antemano, y decirte
que no seguiré tus consejos, pues según lo que entiendo, me dices que es mejor que ame a
más mujeres y prepararme con ellas para amar a la luna, pues ella es demasiado para mí,
y, además me dices que le dé un amor engañoso, donde le haga creer que tiene el control,
mientras solo la estoy manipulando; tiene lógica, sin embargo Arkenesis me ha dicho que
eso no sería correcto, pues así la luna me rechazaría cuando quiera juguetear con ella y
darle un besito en el cachete, por lo tanto no sonreiría, y si la luna no sonríe, no podría
amarla como la amo, pues es su risa, prudencia, ternura y delicadeza lo que me pone
nervioso y me hace sentir cometas arreadas por niños en mi estómago; no sé cómo
describirlo, pero definitivamente creo que eso es amar, creo que el amor no se trata de
control, sino simplemente de sentirlo. Agradezco tu abrazo y tu respuesta, pero sigo
esperando un abrazo real. Yo sigo estando aquí…

Tengo pensado viajar a la luna y ya hice una barca de papel muy fuerte… Si me voy a
visitarla y me arriesgo a hablarle y darle un chocolatito, ¿te disgustarías conmigo papito?

Tu hijo, Uriel
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 99
 
Belitio se molestó mucho, pues su plan de ganarse su confianza y dominarlo no había dado
resultado; además, por primera vez su hijo estaba pensando en dejar la puerta del infierno
desprotegida, era muy cierto que él nunca había querido salir a abrazarlo, pero saber que se iría,
insultaba el enorme ego que lo identificaba. Por primera vez el diablo se sentía débil y humillado;
expulsado de la luna por la nada, olvidado y desprestigiado por la luna, ensuciado con las babas de
dios, desautorizado por Arkenesis ante su hijo y además con Uriel a punto de abandonarlo. Su
impulsividad volvió a surgir de manera descontrolada y comenzó a golpear con fuerza las paredes y
los espejos del cubo – Para poder disfrutar del infierno, debo meterlos a ellos conmigo; no
hay mayor dicha para la perversión, que pervertir – Se repetía a sí mismo en la mente
mientras destrozaba todo a su paso – No hay mayor dicha para la perversión, que pervertir
– Una vez su desahogo quedó satisfecho, intentó calmarse y comenzó a planear una manera
de vengarse de todos… Después de tanto pensar, comenzó a reír con goce maquiavélico y
supo que dejar que Uriel se vaya a la luna, podía ser muy conveniente para cumplir lo que
estaba planeando, así que escribió en un pedazo de papel en blanco que había guardado
antes, anticipándose ciertamente a que Uriel no vuelva a pasarle otro papel por miedo a su
respuesta. Su última carta pasó por la puerta.

Uriel:

Al parecer, heredaste mi terquedad… Si no quieres seguir mis consejos, sigue tus instintos
y ve a la luna; pero, solo necesito un favor… Vigílala por mí y enamórala, esto no solo
servirá para que aprendas a reconocer que yo tengo razón en todo lo que te digo (incluso
cuando no); y si lo aprendes, tú mismo contestaras las preguntas que me hiciste, pero, ¡eso
sí! ¡Cuidado con embarazarla!, que, si lo haces, por tu bien y por el bien de tu futuro, la
obligaré a abortar. Por encima de tu aprendizaje, tu viaje a la luna servirá también para
que no la perdamos; ambos sabemos que Daniel no tiene nada que ofrecerle y tarde o
temprano ella se aburrirá de él y lo desechará junto con todos nosotros, ella se ha vuelto
necesaria para mantenernos vivos y no nos conviene perderla… Sin ella, Daniel se habría
suicidado por segunda vez o en su defecto, nosotros habríamos devorado como hienas lo
poco que queda de su nefasto cadáver. Ofrécele tu inocencia y así seguirá a nuestro lado
(Estarás muy feliz en la luna, debo admitir que no puede haber alma más perfecta ni
mejores manchas donde recostarse).

Por último, no dudes… ¡sé directo! Dices que quieres ir a la luna, ¡Hazlo! Algún día le dije
a Daniel que el querer es poder, y, el poder debe convencerse a sí mismo de ser poderoso.
¡Debes saber ejecutar tu poder! Debes tener convicción, debes ser rápido y debes usar
argumentos que destrocen los argumentos de tu adversario; debes ser directo, como en el
sexo; debes mostrar tu pasión y permitir que tu pasión te agote, como en el sexo; debes
ejecutar el poder con placer. Sé que dudas, pues no quisieras dejar de custodiar la puerta
que llevas custodiando durante años por amor a mí, pero ahora no tienes nada que temer,
ahora ya nadie puede salir ni entrar a través de ella. Vete hijo mío, ¡no seas flojo!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 100
 
Con esto, Belitio logró una cadena de obediencia que iba de acuerdo a sus planes. Uriel le
ordenó a Arkenesis (como su actual conciencia), que se vaya de nuevo a la tierra, pues él
partiría hacia la luna y ya no la necesitaría. Así, la conciencia volvió a las calles de la
ciudad oscura, como un mendigo deseoso de paz, mientras el niño emprendió su viaje hacia
la luna.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 101
 
PARENTESIS (ALUCINACIONES)

(Música: Richard Wagner – Ride of the Valkyries)

(El olvido oprimió la primavera, el cielo escandaloso se unió a las condolencias atribuidas
a mi subdivisión. Hoy estaban más separados que nunca, y unirlos se había convertido en
una tarea imposible de concluir; así, el amor nunca había sido más problemático, hoy me
encontraba en una guerra de cuatro yos, que estaban completamente separados al sentir
violada su libertad individual. El delirio comenzó a hacerse completamente evidente en la
realidad de la tierra, donde todas estas fantasías se veían evaluadas como una patología
ante los ojos de mi madre, mi luna, mis conocidos y mis compañeros de banda. ¡Estaba
muy mal de la cabeza! Era normal entrar a mi cubo y observar que había destruido todo,
que tenía heridas causadas con mis propias uñas o dientes, que me tiraba al suelo y
comenzaba a reír por horas con la mirada completamente perdida)

- ¡Me temo que sería imposible hacerte caso, recuerda que ahora solo depende de mí!
Si no te preocupas por ti mismo, no sabes el maldito daño que te haría, no tienes
idea… Pensar en los otros es amarlos, es darles más importancia de la que merecen,
no tienes idea… No pensar en nada es dejar que te odien; y si lo permites, ¡será
mejor que te llames Plutón y te largues de mi sistema, yo ya morí muchas veces por
mí y esta vez no moriré por ustedes ni mucho menos por ti! Si no quieres irte de este
sistema, te obligaré a que lo hagas; sé que me contradiré al hacerlo, pues será violar
tu libertad, ¡pero no me importa! ¡Entiéndelo… no me importa! El odio debe ser
usado como un instrumento para deshacerse de la basura, mas no un sentimiento ni
una emoción. Ja, ja, ja, ja… ¡Ja ja ja ja ja! ¡Turutututuun! ¡Turutututuun! Jajajaja…
¡Tarairaran! ¡Tarairarairarairaran! ¡¿Eso es lo que quieres verdad?! ¡Maldito loco…!
¡Estas completamente demente, bastardo! ¡Estás absolutamente loco! Solo eso puede
ser más importante que la libertad individual, ¡la destrucción de quienes la matan!
¡Váyanse!... son solamente espejos, ¡lo sé…!
… Son solamente espejos.

(Abren la puerta al escuchar los gritos y me observan dirigiendo la orquesta usando un esfero
como batuta)

- Daniel, ¡¿estás bien?!


- ¡Bienvenido al teatro! Jajajajaja ¡Hoy presenciaréis el caos, el dolor de salvación que
me custodia y no podréis ayudarme! ¡La nada se condena a amar el odio, señoras y
señores! ¡Todos contra todos condenados a matarse uno por uno para dar sentido a
mi vida y retornarme la fuerza del nacimiento!
- ¡Cálmate por dios! ¡¿No ves que nos estás matando…?! ¿Qué pasó con mi niño…?
¡Extraño a mi niño! ¡Necesito a mi niño!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 102
 
(¿Estaré haciendo falta en el mundo? ¿Recordarán acaso mi condena? – “era un gran
artista” – decían – “era un gran cantor” – decían – “Que lástima que se haya muerto siendo
tan joven…”)

- Tranquilo, yo estoy aquí… ya pasó… ya pasó. Duérmete mi niño, ya es hora de que


descanses.
- Llámala a ella, llámala a ella, ¡por favor! Solamente la luna puede ayudar a
calmarme…
- Pero ella no vive aquí, Daniel, tu novia no está en la ciudad ahora…
- Por favor, llámenla a ella…

(Suena el teléfono y mi madre contesta, mientras yo estoy en el suelo completamente paralizado)

- Hola mi amor, tranquilo… toma mi mano, ¡yo estoy aquí!


- Yo estoy aquí… toma mi mano, porque yo también estoy aquí. ¡Perdón!
- No me pidas perdón, ya… cálmate.

(me quedo dormido)

“Vuelve a mi soledad, deshazte de aquella vaga idea de vivir en soledad, ¿acaso tú también
te sientes sola…?”

“¿Me amarías si sigo volando, corazón…? ¿Qué dirías si en torno al viento, muero en mi
nula piedad…?”

“Si tan solo pudiera esperar eternamente el calor de un abrazo que siempre ha estado
ausente, si tan solo el olvido llegara a mi ser… Soy tan cruel como puedo, aunque también
me haga daño”.

“Nunca había necesitado estar enfermo para ser el artista de tus sueños, de mis sórdidos
pecados, nunca había necesitado de la muerte… para vivir”

“¡El amor es un riesgo que decidimos tomar juntos!”

(Despierto por mis pesadillas y comienzo a gritar con violencia)

Mi madre golpea la puerta del cubo anhelando un abrazo, pero yo estoy ausente, yo estoy
llorando y gritando encerrado en él

- ¡Madre, entiende que estoy muerto! ¡Entiende que vivo en la luna! ¡No seas madre
de la nada y búscate tu propia vida! ¡Resale a tus cristos y déjame crucificarme
solo…! No puedes salvarme… lo siento, perdóname, pero ya no puedes salvarme.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 103
 
SEGUNDO PARENTESIS (LUCIDEZ)

(Chopin F. Marcha Fúnebre)

Viví por años la monotonía del paraíso; sufrí en soledad y humillación las burlas de un
mundo pérfido… Le escupí el hombre, a dios, al viento… y así me escupí a mí mismo, me
conduje al suicidio y a través de un ritual le di vida a esos demonios. Hoy todo es distinto;
sé que estoy muerto, pero gracias al amor, llevo en mi mente algo de claridad; me he
escondido en la ayahuasca, que me muestra la luz lunar y el portal a mis mundos, con
gloria, con naturaleza, con sabiduría de ancestros… Mi “uno” está muerto, pero ahora soy
dos, tres, cuatro, veinte y sin cuenta. Hoy no recuerdo que el recuerdo me hace daño, ni a
mí añorando ser una manchita de la luna; ¡ahora lo soy! Soy las pecas de la luna, las
estrellas del universo, los poros de la piel, el polvo del viento, la gota de rocío, el color del
alba… Dependo de ella de una forma subordinada y sujeta a los núcleos que rigen toda mi
estabilidad… Aunque deba ser egoísta, estoy dispuesto a afrontar el karma, mientras por
ahora ella complemente mi nada con su cuerpo y su fastuosidad.

Uriel, obedeciendo a su padre llegó a la luna en su barca de papel, a él le resultó más fácil
llegar, conocía tan bien su felicidad, que nadar en el océano de sus lágrimas no era un
mayor dilema. La luna no debía someterlo a prueba para reconocer su transparencia. Su
llegada fue cuestión de un ajedrez bien jugado, empezando por el orden de los peones… los
apiló en una fila que le daba casi completamente la vuelta a la luna., como poniendo
migajas de guía al padre de Hansel y Grethel. Para ser un niño sin experiencia, supo
exactamente como seducir a mi luna desde el primer momento, conduciéndola a través de
ese camino, a él, que la esperaba arrodillado ante ella, con una sonrisa sutil y sincera; su
llegada al corazón de mi luna fue tan perfecto y verosímil, que ella también concibió
sentirse niña a su lado sin siquiera pensar que antes se llamaba una mujer fría e inexpresiva.
Desde aquel momento no volvió a decaer aquel gesto de enamoramiento, ni la inspiración
romántica que día a día se transformaba en canciones dedicadas a ella, que le cantaba como
una serenata cada noche hasta hacerla dormir. Ella dormía plácidamente… su pálida piel se
disfrazaba de noche y sus sueños se representaban a través de luceros que la acompañaban
en su novilunio, su figura me llevaba a un confortable estado de enamoramiento somnífero
que me permitía abandonarme a la nada con toda la confianza de saber que nadie podría
hacerme daño, que mientras duerma entre sus brazos y ella entre los míos, éramos
intocables… Sus pestañas eran un par de hamacas que mecían mis sueños y me abrazaban
con amalgamas de colores quiméricos. ¡Creo en el amor, creo en ella… Confío en el niño
que hay en mí! ¿Quién soy yo para dominar a quien necesito? Si la necesidad me obliga a
desistir de mi voluntad de poder y ser felizmente dominado por ella. ¿Quién es ella para
merecer la más grande muestra de mi debilidad? Un ángel, una guía, un hombro, un beso,
un amor… un todo para esta nada. Eso es la luna para mí. Vivíamos en el viento, en el
oleaje, en cada esquirla y en cada cuerpo de las estelas cósmicas… Nos hacíamos el amor
sin siquiera tocarnos.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 104
 
- A tu lado, todo – Le decía con frecuencia – A tu lado, todo…
- Te amo, muchacho… Gracias.
- Empiezas a confiar en mí, ¿verdad? Cuéntame tus miedos, déjame llenar tus
abismos.

Cuando le mencionaba sus miedos, ella callaba…

- Vamos, lunita… fúndete en mí, inspírame a crear poemas en tu cosmos… sé mi


lienzo.
- Te amo, muchacho… ¡Muchas gracias!

Y entonces comenzaste a fundirte en mí,


y mutamos en agua
y el agua en ondas,
y las ondas crearon vida en un tiempo suspendido.

¡Mírame!
Fúndete en mi abismo,
llénalo con frutos de tus manantiales
y prívame del lapso…
así estaremos un segundo más lejos de la muerte.
Engendra en mí una era,
porque a tu lado
todo…

¿Sientes fluir la corriente cuando estoy dentro?


¿Sientes el cosquilleo energético que baila y vibra en nuestros confines?
¿Observas el brillo que ensambla nuestras auras?

¡Arranca con tu boca la piel que rodea mis labios,


que aunque de ellos no quede nada,
su abismo permutará en agua
y en ella formaremos nuestro eclipse!

‐ ¿No me crees?

A tu lado,
todo…

Llora en mi pecho y mírame a los ojos fijamente,


¡que no te sorprenda el crepúsculo cuando estés distraída
de la única verdad de la vida!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 105
 
Muere y renace en mí,
que si logré soportar la agonía de la tierra
y la furia de tus océanos para llegar a ti,
créeme que puedo hacer que el sol estalle,
y bañarte en esta noche con su brillo,
mientras lleno con mis aguas
… tus abismos.

Belitio sacrificaba rápidamente a su dama para desarrollar jugadas maestras y coronar


peones a cambio de mil damas; yo me respaldo siempre en mi reina y solo quiero que
venzamos juntos… Esa es mi más sincera muestra de amor… ¡El amor me doblega como el
arte y como la escritura! ¡El amor resulta ser la parte conativa de mis conocimientos
artísticos, por lo tanto, es el arte en toda su expresión! Es mi “mundo de guitarras”, son los
trastes de mi guitarra convertidos en su columna, son sus cuerdas convertidas en cabellos…
Es la violencia de mis letras convertida en tormenta y expresada en forma de besos. Ella es
mi cosmos y nuestro amor es una obra maestra.

Hay una falsa cortesía en la seducción del hombre del mundo; ¿para que fijarse en las
espinas de las rosas si se puede fijarse en el barro y crear cerámicas? ¡No quiero ser cortés!
Quiero ser fiel a lo que amo, cuidarlo y no abandonarlo; después de todo, el ajedrez no
tiene sentido si se lo juega por odiosa competencia y no por amor a su estrategia; que todo
se valga en la guerra y en el amor, incluyendo renunciar a su significado; ¡renunciemos a
llamarle “guerra”, renunciemos a llamarle “amor”! …dejemos que fluya con naturalidad,
que le otorgue vida al moribundo, que se convierta en ley para los artistas y los inmortales.

Hoy puedo mirar al cielo más triste que nunca, y lo miro desde arriba, y lo miro más triste
que nunca porque ustedes, los hombres, continúan anhelando el paraíso, mientras podrían
amar y así llegar a la luna.

Uriel vive sin perder el tiempo y la mente en la filosofía, él siempre sonríe; solo tiene un
problema, a nadie le interesa su existencia más que a mi luna y a mí, situación que si no le
afectara tanto como le afecta, lo dejaría independizar su agónica ausencia de padre y vivir
sin necesitarlo; sin embargo, sigue siendo lo suficientemente alegre para divertir y
enamorar a la luna, no puedo pedirle más que eso… ¡Al fin logro ponerme la nariz de
payaso! Y, se siente bien maquillar mis tristezas para hacer feliz a un niño. ¡Hoy puedo
mirar al cielo más triste que nunca! Pero no me importa… no amaré la vida ni la odiare
tampoco, allá abajo está mi conciencia triste y pisoteada, un demonio encerrado en su vida
y carcomido en su inteligencia, dios viviendo en su nube y en su trono de desesperación.
Pero mientras esté aquí, no tengo razones para odiar… Estoy cómodo, estoy feliz, estoy
lúcido. Mientras Uriel y yo permanecemos en la luna, la amamos ciegamente… Solo ella
puede acompañar, calmar y entender las razones de nuestra más humilde y tierna muerte…
Esa muerte que nos convirtió en payasos.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 106
 
CIRCO DE REFLEXIONES EN UN RECUERDO FUTURISTA

(Música: Rachmaninoff – Sinfonía No.1 en Dm Op.13)

No sé en qué momento mi misantropía se tornó romántica, no sé si el arcoíris de la muerte


o el olvido de la muchedumbre se quedaron cortados en aquellos besos aligerados de
esperanzas que me despertaron por un segundo de mi extrema depresión, y de repente
Daniel volvía a estar vivo y filosofando, pensando un poco en la realidad del mundo, en el
amor, el tiempo y la razón. De repente, Daniel salía de su habitación, sonreía, caminaba con
el pecho y la mirada firme, trataba bien a su madre, a sus amigos, a su familia, a su banda; y
así, sintiéndose protegido y cálido en el abrazo de su amor, todo comenzaba a salir bien. –
¡No, luna… ellos no existen! ¡Soy yo, Daniel, soy yo y no los necesito para amarte y amar
la vida! – Y sintiéndose tranquilo, de nuevo tenía tiempo para razonar.

El amor es violento y fascista, pero en sí, ese es el ingrediente de su perfección. El amor


causa ideologías separadas, pues amar no es “amarlo todo”; es seleccionar algo de forma
radical y señalar fronteras ante lo odiado, es empuñar un suicidio inmisericordioso que se
materializa en la ilusión de la “propiedad” …El mundo moderno logró dar de manera
formal, un sentido epistemológico a aquello que persiguió desde que se consagró como un
ser racional; formalizar la propiedad privada de manera competentemente simbólica y
adueñarse de aquello que ama, para encontrarse solamente con la angustia intrínseca en la
realidad de que “nada le pertenece”. El divorcio, la compra-venta, la corrupción, el
totalitarismo y un sinfín de enfermedades que aquejan al hombre globalizado, son
expresiones psicosomáticas cuyo síntoma se expresa a través de la violencia deliberada, y
su origen primordial se esconde en el amor inocente expresado en una “meta”; entonces, el
amor es violento, asesino e irónico, pues cose dolorosamente unas alas en el dorso,
otorgando la capacidad de alzar vuelo; pero una vez arriba, arranca las alas con todo y
cuero, dejando solo una dolorosa y agonizante caída libre en un vacío que se repite en
forma de bucle. No estoy reprochando el amor; al contrario, gracias a su naturaleza
perjudicial y fascista se puede concebir la fidelidad, la lealtad y la justicia que nace
solamente cuando el ego lucha sin temor alguno y defiende aquello que ama con garras de
defensa. Se mantiene al “superyó” adormecido, mientras el “ello” otorga prioridad a una
voluntad de poder individualista, dañina y políticamente eficiente, pero con memoria sobre
los desasosiegos de un “yo” romántico, que se ha reconciliado con su moral adormecida y
sus deseos carnales en pro de la lealtad intrafamiliar; desencadenando de esta manera el
sentimiento del amor hacia un “otro” o un “algo” que le recuerde su origen. Así, una patria
que avanza y una ciudad que se desarrolla, lo hace por su regionalismo; el amor a la propia
cultura, plasmada en la ilusión de pertenecer, a la cual, con orgullo le llamamos “sentido de
pertenencia”, es el arma más eficaz para el bienestar individual y colectivo de la sociedad
cívica y rural moderna, pues elimina las diferencias entre sus habitantes y otorga mayor
importancia a la interiorización de las normas civiles y el conocimiento de la historia
regional. Por eso en un país como el que me vio nacer, es tan sencillo engañar al pueblo, el
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 107
 
amor a la patria de la sociedad está basado en el extranjerismo. Si no fuera así, no
importaría la zurda o la diestra, ni el fascismo, ni el socialismo, ni lo anarquista que la
sociedad pueda llegar a ser; de todas maneras, la sociedad se compone de humanos y el
humano siempre usará el amor como una herramienta para el auto bienestar, pues todo
bando busca el triunfo: El orgasmo, el grito de victoria, la entrada al mercado, la
destrucción de la competencia o la subordinación de la misma, el beso, el poder, el “tener
razón”, etc. El amor rige toda la paz individual y colectiva siempre haciendo uso de su
mejor herramienta para atraer: la guerra. ¡El amor hace de las guerras los mejores
encuentros entre dos cuerpos!

El muro de Berlín no fue tumbado por lo radical que pueda llegar a ser un pensamiento
político, pues por encima de cualquier radicalismo conceptual se encuentra el sentimiento
humano; en él, pesa más el ideal de felicidad y libertad, que la predominancia de una
ideología política. Si detrás del muro se encuentra un hermano, pesará más mi deseo de
volver a verlo que mi aprobación o desaprobación sobre sus ideas… en ese orden de ideas,
es menos peligrosa la discordia entre la derecha y la izquierda política, que el “amor”; solo
él logra juntar en la intimidad a dos cuerpos, dos ideologías, dos patrias, dos diferencias…
dos incoherencias que se mantienen fieles a su ego, pero, no les importa renunciar a él, por
amor.

Creo poder hablar de amor al sentirlo, creo tener ahora la mente clara en mis prefectos de
grandeza y soy consciente de mi dependencia a los factores ajenos. Siento tan peligroso el
enclave de mis deseos al saber que nada más los puede colonizar, que mi fidelidad y
dependencia a la luna me supone un extremo temor a lo que puede ser mi futuro, mis
lamentos próximos y al olvido que me ha mantenido sujeto a la tan sórdida presencia de los
sonidos en el eco de mi vida… incluso estando muerto.

Si hablamos de “futuro”, el ser humano ha hecho de él una maldición necesaria, se escuda


en el miedo a la muerte creando reglas tiranas y funcionales que deban cumplirse en un
tiempo y espacio determinado, las cuales los vivos se han acostumbrado a seguir
ciegamente aun sabiendo que son la razón de su agonía; reglas encaminadas a corregir
errores en la historia escritas por aquellos que la escriben a conveniencia propia, siempre
usando la mejor arma industrial de manipulación: “el futuro” …el agridulce ideal de un
futuro feliz. La comprensión y entendimiento de la mente humana y sus respectivos
traumas van completamente arraigados al deseo y a la sugestión del anhelo, pues supone en
lo próximo, un “paraíso” y vuelve su paraíso, incuestionable, resistiéndose así a la
aceptación del presente y presionándose a soportar la sobrecarga de trabajo en su búsqueda
de un “cambio” optimista absurdamente drástico, como resultado de la insatisfacción
natural de existir. Así, el humano refugia todos sus temores propios en los deseos,
condenándose a vivir impaciente y esperanzado por un futuro económico, político, social y
sobre todo individual, completamente ideal, pero incierto. El hombre, al ser consciente de
su mortalidad, intenta dominar la naturaleza en busca de trascender, crear el paraíso y crear
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 108
 
deidades semejantes a su ego e individualismo. El “yo” se adormece fácilmente, se los juro;
¡brindadle al hombre un poco de alcohol! ¡Mostradle un comercial audiovisual en cuyas
imágenes se muestre un apetitoso corte de carne! ¡Presentadle publicidad sobre tabaquismo
donde se advierta que es perjudicial para la salud y se prohíbe a los menores de edad!
¡Dadle a un cura un monaguillo! … El hombre se embriagará hasta expulsar su violencia
innata por simple amor a la violencia, el hombre comerá y comprará comidas rápidas y
jugosos pedazos de carne aun sabiendo de la existencia de los mataderos, el sufrimiento de
los animales, los químicos y la corrupción empresarial, por simple deseo de satisfacer su
principio de placer inmediato; el hombre fumará y el niño querrá fumar para sentirse
“hombre”, sin importar cuánto se lo prohíban… El cura comerá las flores del monaguillo y
justificará la violación con oraciones.

El “yo” se adormece fácilmente, se los juro… ¡El futuro caerá! ¡La luna caerá! ¡Dios no
está muerto, pero es un potencial suicida! En el fondo, todos saben que el paraíso no existe
y sus pecados los justifican con el “libre albedrío”. ¡Qué cobarde es el ser humano! Por eso
dios no ha muerto, por eso existe, como el futuro… Lejano, inconsciente de su
omnipresencia y corrompido en un estiércol llamado hombre.

Yo también soy presa y víctima de este deseo. Mi intranquilidad se refleja en mi esperanza


por dejar huellas artísticas en el mundo, hacer que los demás entiendan que el progreso no
debe depender de cartones ni diplomas, sino de obras. Fabricar una eterna luna llena, donde
mis recuerdos y melancolías se materialicen en la poesía y la inspiración. Convertirme en
un dispensador de “futuro” y siempre brindar la belleza del arte a mi austera sociedad que
desprecio, y con ese romántico desprecio, dejar de ser nada; cambiar a esa humanidad a la
que tanto odio le tiene mi romanticismo haciendo uso del arte, y que los humanos lo
reconozcan como algo digno y no como un simple pasatiempo de adolescente.

La trama de un texto esconde la memoria viva del autor; sus míticas batallas entre
caballeros y dragones; ¡sus más surreales invenciones reflejan sus tristezas más marcadas y
sus más profundas debilidades! En la perfección del arte se esconde el origen de la
trabajosa vida de su creador, que, como un marginado, demente y sólido portador de
melancolía, camufla su tristeza y comienza a soñar componiendo un nuevo mundo,
mientras se encuentra sentado en otros planetas dirigiendo el propio desde ahí. Esa es la
mayor debilidad de un escritor a la hora de establecer un romance no pasajero: Aunque el
misterio de nuestra mente nos permita llegar a horizontes infinitos y nos deje utilizar la
palabra como una muy útil herramienta de seducción, todo lo que de nuestra verdad se
convierte en poesía, desnuda nuestra intimidad ante el lector; así podemos decirle al
mundo: “aquí se encuentran mis secretos, ésta es mi violencia, aquellos son mis fascinantes
rasgos de verdugo; encontrarás también mis debilidades sexuales, mentales y personales.
Quizá no logres comprenderme, pero sabrás manejarme a tu antojo”.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 109
 
¿Cuál es el nombre de tu personalidad?, ¡no se lo pregunto al lector!, ¡no quiero entretener
a un lector, ni que me entienda!, solo me estoy autoanalizando; pero claro, eso todos lo
saben. En la luna es fácil volverse loco, licuar el cerebro, dejar que sangre y se riegue en la
miseria del esqueleto… Mientras me jodo pensando, sintiendo e invocando demonios y
musas, el mundo positivista en el que divagamos buscando respuestas a nuestra naturaleza
asesina, me está tomando el pelo diciéndome que mis emociones y dioses no son más que
una reacción química en mi cerebro, que resultan de una historia personal, ambiental y
genética, y de las modificaciones que esa historia ha causado en mi psicología; que el
espejo juega bromas mostrándome payasos y máscaras que solo tratan de maquillar con
risas, el animal violento que uno realmente es. ¿Cuánto se debe sufrir para llegar a ser un
payaso?, leer, interpretar y malinterpretar la vida y el nombre de filósofos mundanos, cuyo
desorden mental, solo era el resultado de una vida angustiosa compacta en su agonía; tomar
el nombre de “Garrick” y citando al célebre poema “reír llorando”, pedirle misericordia al
público que se ríe de la propia inteligencia y estupendo sentido del humor avaricioso de
aquel al que por fuera del teatro marginalizan sin la más mínima muestra de
arrepentimiento. Decir como Nietzsche: “lo que te vuelve loco no es dudar, sino estar
convencido de algo”.

¿Qué pasa si las penas se remontan a los manantiales perdidos de la tierra? ¿Qué pasa si el
dios universo se muere de un paro cardiaco? ¿Qué pasa si la madre universo decide
abortarnos? Minucioso placer el de acabar la especie, autodestruirse para brindarle un
futuro grato a los sentimientos de lujuria y a los humanos desnudos que habitan la carne.
“Debo aprovechar el tiempo, debo sufrir para ser independiente de mis comodidades, debo
matarme lenta y dolorosamente para sentirme vivo, debo tener la mente clara…”

Y de nuevo comienzo a enloquecer… llego a casa y vuelvo a entrar a mi habitación, me


pierdo en la luna, en mis pensamientos, en mis letras; y de nuevo mi madre comienza a
llorar detrás de la puerta. La luna me dice que mi mundo interno es demasiado caótico, que
debería hastiarme de dar vueltas a mis interrogantes ya respondidos, que debería contarle
cuentos y distraerme en otras historias ajenas a las mías. Pero siempre me siento
involucrado en otras historias; a veces me creo pirata, otras me creo animal o bestia. Un
vampiro nictálope aquejado por el insomnio, el sol y el ruido; el hombre lobo,
humanamente tierno y violentamente monstruoso ante el llamado lunar. Me he llegado a
creer Zaratustra y a veces subo a las montañas durante años, esperando encontrar un ángel
suicida. Duermo en mi luna con sus cráteres como lecho y todo se me olvida, se me olvida
tanto, que hasta se me olvida como contar cuentos.

Recuerdo que Belitio solía llamarme “tonto”, pero aquí, entre las manchas de la luna,
observo al mundo en soledad y me lleno de sabiduría; mi amada me enseña a recrear la
realidad y forjarla sin hacer de ella una enfermedad sexual y psicótica, como mi demonio
instintivo; sino, gozar de la simplicidad de la vida balanceando el sueño con el cosmos de
mi verdadero rostro. ¡Pero no puedo solo! No puedo cargar con esta agonía y ser romántico
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 110
 
al mismo tiempo; ¿quién soy? ¿en verdad estoy muerto? ¿en verdad la luna existe?...
Los necesito a ellos y ellos no hacen más que matarse entre sí y convertirme en un demente
lleno de vacíos, miedos… desgarradores gritos pusilánimes que solo se escuchan adentro
del cubo.

‐ ¡Escúchame! ¡¿Hay alguien ahí afuera?!

(Salgo del cubo y vuelvo a la realidad por unas horas)

Se dibuja en mi rostro una sonrisa. Trinan las cuerdas de mi bajo y le doy una cara a cada
cuerda. ¡Cuatro cuerdas para cuatro caras, y al fin me siento completo! El micrófono está
justo al frente y las luces me señalan. Mi familia de sangre me observa, la multitud me
observa, las mujeres me observan; mi familia de elección, se encuentra a mi lado montada
en la tarima. Amo a estos muchachos con todo mi ser…

‐ No estás loco, Daniel… eres Daniel. – ¿Eres tú?


‐ Si.
‐ Adelante… el show está a punto de empezar.

La musicalidad temprana que encuentra un sujeto proveniente de la naturaleza y de sí


mismo desde su pre-historia, nos remite al ritmo constante del corazón propio y a la
atmósfera tranquila del vientre materno, sonoridad somnífera que desde nuestro nacimiento
nos acerca al significado de la vida; de ahí que (entendiendo la cultura como un
comportamiento aprendido a través de la experimentación que acarreó la importancia de
satisfacer nuestras necesidades humanas, sociales y biológicas usando elementos de la
naturaleza), el humano, desde sus orígenes, tuvo la necesidad de recrear el silbido de un ave
y el “tan tan” de las estampidas con objetos materiales como la madera y las rocas, en un
intento de dominar la naturaleza y concebirse como dios. Crear música es sinónimo puro de
crear vida, o al menos recordarnos que lo estamos. Brindo mi mensaje, mi amor y mi más
sincero grito de libertad. Mientras soy parte del público, soy un esclavo de mi propia
miseria sin dejar de ser dios. Cierro mis ojos y vuelo con los sonidos a través de la historia.
(Suenan los ecos de Pink Floyd, suena la primavera consagrada de Stravinski, suena la mar,
suena el canto de Mercury y la guitarra de Mustaine… Vuelvo a la cuna de Daniel
Gildenlow y su dolor de salvación, vuelvo al vientre, vuelvo a mis vidas antiguas y renace
en un íntimo Am (la menor) mi día de noviembre). De repente, unos estridentes martilleos
en las cuerdas me señalan que debo mover con violencia mi cabeza.

‐ Antes de comenzar mi plegaria hacia la enfermedad, quisiera saber si están listos


para no mentir a su falsa moral. Por ejemplo, dime si prohíbe tu dios tener sexo; si
en tus claustrofobias, no admites ser tu propio encierro. ¡Bienvenido al teatro
(humano promiscuo)! Deja de luchar contra tu voluntad, que aquí no se permiten
otros paradigmas, que encadenarse a la libertad.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 111
 

Empiezo a tocar. La multitud corea mis canciones.

‐ ¿Soy real? ¿En verdad estoy muerto?


‐ Mientras escuches la obra serás un actor suicida, serás tú el protagonista, aunque no
estés en tarima.
‐ ¡Ah!
‐ ¡Cállense! No me interrumpan, ¿no ven acaso que está tocando Paradigma?
‐ Es la mente la que hace al guerrero.
‐ Gracias. La siguiente canción la compuse ebrio y arrepentido; se titula, “mi propio
infierno”.

Recrea un nuevo paradigma, enférmate como yo. Apórtale al mundo más locura para parir
en él, la sabiduría … En toda mi crudeza siempre hay algo de bondad.

‐ Gracias por tu obra Daniel.


‐ Yo te prometo que todo saldrá bien… Ni la distancia podrá matarte, lo juro…
¡Ni la distancia podrá matarte!

¡Levantad la carpa feligreses y paganos!


Haced de la muerte un circo enaltecido de talentos,
ordenad las fichas en el ajedrez de la vida y volvedme loco de jaques,
decidme, ¿qué debo hacer en tal instante aciago y doliente?
¡Decidme que quieren reírse de mí…!

¿Cuantas manchas hay en la luna?


¿Cuántos hombres soy?

¡Arrima saltimbanqui,
que arrime el del diábolo y el de las mil antorchas,
que arrime el payaso con sus sombras difuntas y amargas,
que solo arrime mi luna y mi guitarra para hacerme feliz!

Preciadas condolencias de los pecadores,


estoy firme y dispuesto a cumplir sus deseos,
a liberarlos del pecado mundano a través de la muerte
…y demente, suplantar a todo forajido detrás de una sotana a través del arte.

¡Matad al cura que nunca ríe!


Coronad el abasto que fíe al solemne el deseo de levantarse en armas,
¡levantaos pueblo!
Mirad a la luna y vestid su cuero de hombre lobo

…Con vuestro hocico matad al violador de infantes.


Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 112
 
Porque es la mente la que hace al guerrero, la que limpia su sangre y la llena del peso de la
victoria sin importar lo profundas que sean sus heridas. ¡Porque no hay amor más puro que
el que un artista brinda a su arte, así se condene a morir solitario en ella! pues si el mundo
no nos basta, con gusto creamos un mundo de guitarras desechando las apariencias; un
mundo de lujuria y de pecado, un mundo de experimentación, un mundo donde no nos da
miedo crear nuestro propio infierno ni entregar nuestro corazón al dañino romance. Porque
así somos; dioses débiles, seductores y románticos que brindamos un enigmático amor al
sufrimiento y ni la distancia puede separarnos de nuestros amores. Porque gritamos que
somos libres e independientes y exigimos el silencio de los esclavos y corderos que
irrespetan la vida privándose de vivir. Porque somos tristes y necesitamos ponernos
máscaras para divertir a un público que busca la distracción en la banalidad del arte; pero
nosotros les decimos: “¡Bienvenido al teatro humano promiscuo, deja de luchar contra tu
voluntad!

Para cambiar el mundo se debe divertir al espectador y convertirlo en clérigo mutilado, y


así toda obra será inmortal pues aunque el público salga del teatro, suplantará su alma por
pordioseros de la risa y se hará parte de nuestro acto; así iremos creando un ideal de
Übermensch, implantándoles el deseo por darle fuerza a su voluntad de poder, y así
enfrentarán los temores y las ataduras a todo lo que ha implantado la moral social… y
volarán… volarán igualmente miserables e igualmente humanos e hipócritas; pero siendo
libres.

¡Esto es todo un taller literario! ¡La ruina en los ojos de la porquería vigilándonos!,
vigilando la actuación de nuestro circo y nuestro ficticio rostro… ¡Humor sano! ¡Humor
negro azabache y poco virgen! ¡Humor de ustedes, los hombres… los que alaban a la luna
solamente cuando la ven, los que no saben que cuando se oculta no es porque esté dormida,
sino porque hace el amor con sus propias manchas!

‐ Bienvenido al teatro (humano promiscuo) …


¡Aprended público a valorar el show más impactante de la vida para los reos de la
vista!, mírenme y siéntanse celosos de mi orgullo; yo los vigilo desde la luna
mientras ustedes se matan unos a otros deseando alcanzar el cielo. ¿Ahora saben
porque soy tan orgulloso? ¿Por qué soy tan leal a mis amores...? ¡Te diré hermano
que somos hijos del mundo, pero para triunfar, debemos independizarnos de los
padres y de los hijos!

Circo de artes independientes, todos ardientes, todos dementes, guardaos la carpa y quitaos
el maquillaje, es hora de llorar de nuevo frente al espejo. ¿Quién era Juan de dios Peza para
proveernos semejante nombre? ¿Quién es Uriel para concederme tan preciada carcajada en
medio de mi masoquismo? ¡Circo de artes independientes, todos violentos, todos
humanos…! ¡Cread un nuevo paradigma de talentos difusos! ¡Dejad de encerrarse en
átomos tan precarios y demostradle al universo que podemos ser mejores que esto!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 113
 
¿Quién es el Garrick de tus sueños, mundo lleno de payasos suicidas? ¿Acaso serán tus
mares y tus bosques? ¿Acaso serán tus paisajes y tus fuentes? O… ¡¿Acaso serán los
muertos que te matan?! ¡Tus almas, tus dioses, tus hombres y sus balas y sus juicios y sus
cantos y sus gemidos y sus llantos!

‐ Mundo, llora sin pena, no llores a medias... ¡inúndalos de una buena vez! No
merecen tu extinción… Nada más me importa mientras la luna se salve de morir
ahogada en tus aguas. Enloquece tus mares y crea tsunamis, enloquece tus vientos y
arrástralos a la muerte con vendavales. Obliga al hombre a corregir los errores de
escritura diezmándolo; yo, por mi parte, juro ser un buen líder y un buen papá.
Mueran de envidia malditos humanos, mi luna es fiel a mí, y yo soy el único que
puedo mancharla. Aquí estoy muriendo a carcajadas de tristeza y a llantos de alegría
mientras la beso y mientras ustedes se extinguen a sí mismos. Desde aquí fabrico
una coda recopilando cada una de sus débiles y beatonas sonrisas. Así congelaré su
verano.

(El público aplaude)

Acongojado de tartamudeos y turuletas mañas,


el ser humano se envuelve de cantares marchitos.

Salen con frente en alto los generales…


Sudan sangre roja campesina desde sus coronas
y derraman sangre azul de sus cerebrales heridas.

Sangran y siguen sangrando


males tan sombríos como los charcos de mi ciudad
y de mis oblicuos parpados,
que lloran despreciando las ganas de reír.

¡¿Quién quiere a los inmortales?!,


si todos comparten el miedo a lo diferente, el amor a lo tangible
y alaban su propio aspecto en el narciso semblante de sus dioses holgazanes.

Que precavidas son mis carcajadas


al saber que la risa siempre se reirá del llanto de los otros
… y no la juzgo,
¡yo también me burlo del llanto de sus coronas!

En eso consiste la risa,


elevarse y danzar en lo alto la profunda alegría que se escapa de las trinidades invisibles;
expulsar desconsolado de todo lo digerido por la vista, los males en forma de bienes;
pues cuando de bien se trata, todos somos perversos.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 114
 
Todos podemos maquillar el dolor de carcajadas,
ser payasos humildes y distraídos
intentando arrancarle un fragmento de vida al siempre,
divertirlo hasta que la muerte sea su basta corona.

¡Que corona tan sufrida la nuestra!


La inmortalidad a la cual se condena el sabio,
la muerte que maldice a los paridos,
la inocencia del infante con respecto a los males mundanos.

Cuando de mal se trata


… todos somos humanos.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 115
 

“Ni la muerte, ni la fatalidad, ni la ansiedad,


pueden producir la insoportable desesperación
que resulta de perder la propia identidad”

Howard Phillips Lovecraft

CAPITULO III

RÉQUIEM… DE LUNA NOVA


Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 116
 
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 117
 
LISTOS, APUNTEN… ¡FUEGO!

(Música: Mozart – Réquiem)

PRIMERA PARTE

Listos, apunten…

¡Fuego!

Rituales de demonios enfurecidos, deseosos de concluir su encierro y vengándose de toda


molestia infligida. El cubo tenía más esquinas que nunca; allí, tanto el castigado como el
opresor eran el mismo cuerpo encarnado, endeble y agonizante. Su ritual absurdo de vida
caía en órdenes ante el pelotón de fusilamiento, que apuntaba con sus ojos como fusiles,
siendo el mismo individuo frente a un espejo.

Después de tanto tiempo, el espejo había dejado que Belitio se reconozca a sí mismo en su
mirada y su cotidianidad; había durado varios meses frente al espejo, y prefería perderse en
su agonía reflectora que caminar de lado a lado imaginando un destino pues no tenía a
donde ir, ya no distinguía el día y la noche pues en su cubo no había cielo ni horario. El
conocerse a sí mismo lo había dotado de aquella desesperación intensa que solo es familiar
para el autista; y de pronto, el remordimiento se apoderó de él como una dolorosa
enfermedad, cuya agonía primordial se escudaba en el masoquismo. Se rasguñaba el rostro
con bastante tenacidad, hacía tronar los huesos de sus extremidades hasta fracturarlos, con
el objetivo de no poder moverse luego; prefería el dolor, prefería sentir que la luna lo
odiaba antes de imaginar a la nada haciéndola más feliz que él.

“¿Hay alguien ahí?” – preguntaba con frecuencia, en medio de la tortuosa esperanza de


tener compañía, golpeaba tres veces la pared con una frecuencia obsesiva (podríamos decir
que todos sus días marchaban al ritmo de un vals desesperado), en el fondo deseaba la
compañía de su hijo, pero nadie lo escuchaba afuera; lo extrañaba incluso más que al sexo,
intentaba alcoholizarse pero vomitaba a los dos sorbos; intentaba fumar, pero ya se había
roto los huesos de todos sus dedos; no podía encender un solo tabaco, no podía si quiera
masturbarse… solamente reía haciendo de su risa un angustioso maquillaje del llanto.

‐ ¡Estoy destruido!, ¡ayúdenme!, ¡necesito un médico!, ¡necesito amor!, ¡un dios!, ¡mi
hijo!, ¡mis ojos!, necesito una nada. – decía el pobre Belitio.

Su desesperación era tal, que contempló la humillante necesidad de orar, y así se paraba
frente a los espejos mientras pronunciaba:
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 118
 

Padre nuestro que estas en los cielos:

No te ofendas si mis versos te patean el culo


pues deberías sentirte alagado ahora que me estoy dirigiendo a ti.

Tómalo como una queja a tus descabelladas formas de actuar


en medio de tu tan infinito amor por tus hijos;
sin ofender,
deberías dejar de querernos tanto y matarte de una vez.
Solo así brindaría reverencia a tu putrefacta soberanía.

¿Por qué esa humillante necesidad de vendarme el rostro


aun sabiendo que ni ojos tengo?

¿Es una prueba para mí?


¿Si sobrevivo a tus castigos se me otorgara el cielo?
¿Si sobrevivo a mi soledad, se me otorgará el derecho de follarme a tus putas angelicales
como un premio?

¡Mátame de una vez,


déjame morir antes de cargar la cruz…
no dejes que te divierta mi agonía!

…Señor:

¿Cómo va todo por allá?, allá en el paraíso.

Espero que bien.


Aquí en el infierno ya no hay puertas y nadie puede custodiar ahora a los demonios;
hoy vivo una constante violación a la libertad (en mi propia cárcel),
materializada en un castigo drástico
que vuelve al prisionero más agresivo y peligroso
de lo que fue en su libre albedrío.

Padre nuestro:
¿Cómo te va por allá en tus cielos?
¿Crees que tienes una tarea complicada?
¿Crees que tu trabajo es arduo?
¿Qué tan difícil será conocer los pecados de los hombres?
– Me pregunto –
¡¿Qué tan difícil es decidir
que los niños inocentes mueran,
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 119
 
mientras asesinos y religiosos permanecen vivos,
hasta que; en tu piedad, les permitas aprender de sus pecados
y arrepentirse con tres “ave marías” como penitencia
para hacerlos merecedores de tu maldito cielo?!

¡Mírame!,
me has condenado al miedo de vivir huyéndole a la muerte…
¿Qué es lo que esperas de mí?
¿Acaso esa es la prueba de tu bondad?

¡Maldito enfermo! Tenemos tanto en común…


Somos egoístas, egocéntricos, inteligentes,
líderes, astutos, psicópatas,
perezosos, masoquistas, manipuladores, negligentes…

¡En fin!
Somos tristemente inmortales;
somos de los que mueren a diario y aún no se pudren.
Somos una batalla de reflejos.

¡Mírate!,
te señalo con mi dedo índice mientras tú me señalas con el tuyo;
y nos decimos lo mismo, con el mismo tono,
las mismas frases y las mismas pausas;
nos besamos y nos acariciamos como amantes despreciables,
pero yo soy demonio y tú eres dios;
¡y así te humillas ante mí,
y luego de lamerme los pies y los testículos,
me castigas con el encierro para pretender que no has insultado tu propio ego!
¡Me juzgas y me acribillas,
pues crees que ahora mis dominios son muy pequeños
y ya no puedo competir contra ti!

¡Claro!, tú que te regocijas en el paraíso


mientras yo enloquezco en un cubo de espejos.

¡Mírate ahí!, observándome a los ojos mientras lloras…


mientras yo también lloro.

¡Mírate ahí!,
hablantín, tosco y sicótico,
apuntándome con tus ojos como fusiles.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 120
 
¿Quién eres dios?
¿Eres católico, cristiano… judío?
¿Eres americano, asiático, africano, europeo, negro, blanco, hombre… mujer?

¡Eres una puta de varios nombres y apellidos!


¡Tú eres una puta!
Tú que tanto amasteis a los hombres y ahora ni siquiera eres capaz de aniquilarlos.

¡¿Por qué les diste libertad a los hombres si no serías capaz de tolerarla?!

¡Eres tan rencoroso,


que destierras a tus mejores ángeles
cuando dejan de ser corderos y quieren ser líderes!

¡Eso va muy acorde con tu ideal del amor… maldito fascista!

Santo bendito,
ya que decidiste bofetear mis vicios,
no me despiertes hasta que pueda estar loco sin miedo a la cordura.
Te encargo el dominio de mis pecados,
pero, por favor no me absuelvas jamás de ellos.

¡Es el momento, debo suicidarme ahora, os ruego no me detengan!

Solo espero que al despertar...

‐Listos…
‐ … mi hijo sea
‐ Apunten.
‐ … un mejor padre.

‐ ¡Fuego!

Y miraba al suelo del cubo sin parpadear mientras caía, gritaba celoso y ansioso de
promiscuidad, pues a dios con toda su inmundicia y falsedad lo alababan más que a él;
porque dios todo lo miraba, lo escuchaba y lo sentía, mientras él estaba encerrado en un
cubo de desesperación. Su propio reflejo le disparaba a diario justo antes de decir “amen”,
y luego de dispararle lo dejaba mudo y cuadripléjico por varias horas hasta que empezaba a
llorar en posición fetal. Su cárcel de llanto lo apartaba de los placeres, su cuerpo había
tomado material de cera, y ésta se derretía poco a poco.

Creció aún más rápido de lo que había crecido en su antigua vida, incluso ahora se creía
abuelo, creía que podía dar consejos, creía que ya había cumplido su función en vida;
empezó a creer que después de vivir haciendo mil infiernos en su cama, su infierno moriría
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 121
 
junto con él; postrado, enfermo y agonizante en esa misma cama que reemplazó las
manchas de fluidos vaginales con las manchas de su propia sangre seca… Cuando todo
quedaba en silencio, el pelotón accionaba sus armas, y así los espejos reventaban de
claustrofobia y disparaban sus cristales contra él, Belitio se desintegraba de cortes que
rasgaban su agotada piel hasta que de él no quedaban sino tiras de hueso pálido. Su sed de
venganza contra dios, su hijo y la nada aumentaban con los días de forma progresiva, y el
plan que venía ideando desde que Uriel partió hacia la luna, comenzó a desarrollarse.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 122
 
SEGUNDA PARTE

(Música: Beethoven L. – Sinfonía No.1 en C Major, Op.21 / Andante)

La felicidad de mi luna era innegable, Uriel conquistaba su lado más delicado inspirando
con canciones nuestro romance. Se podía observar en sus ojos a un ser frágil, un artista
cuya sensibilidad y delicadeza inspiraban la sonrisa y la confianza de cualquier misántropo;
nadie besaba como él, tímido y tierno, pero ofrecía el cielo con su tacto, todos sus sentidos
hablaban con una potente sinceridad, pero definitivamente eran sus ojos los peores actores,
siempre tan brillantes y tan dignos del amor… Uriel era una máscara sin máscaras. A pesar
de los agobios que acarreaba en él la situación con su padre… extrañamente inspiraba la
más pura alegría.

Ella no podía estar más enamorada; ni siquiera trataba de aprovecharse de su inocencia


como lo haría cualquier adulto con ese niño, el fervor de su romance la convertía en una
niña a su lado. Pero lo mejor de todo era que Uriel no extrañaba a su padre, pues entendía
muy bien las razones de su encierro y se sentía muy fuerte junto a la luna; tenía un abrazo
sincero protegiéndolo de la tristeza, abrazo que su padre nunca le había dado… solo
sentirse amado bastaba para mostrar su bondad y completa sinceridad en señal de gratitud.

Con el pasar de los inviernos, la luna comenzó a alejarse un poco de mí, y su abrazo se
tornó temeroso cuando comprendió que llevaba mucho tiempo amando mis máscaras, más
no amándome a mí. Yo trataba de explicarle que ellos eran más que yo, que debería amar a
Uriel más de lo que me amaba a mí… pero lógicamente, la idea no le resultaba muy
agradable, por lo que su frialdad con Uriel se hizo notar.

Pateando las piedritas de la luna


me siento triste…
Camino y pateo algunas piedritas
…y sí, me siento triste.

Como añorando un beso inmortal,


como curando una herida con babitas
… toco mis labios secos
y me siento triste.

Como añorando el abrazo de mamá y papá…


como deseando el de una mujer que lo reemplace,
como esperando un amiguito para poder jugar.
Así, tan triste como mi primer reprobado y su consecuente latigazo.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 123
 
Pateo las piedritas de la luna
… ¡y sí!, me siento triste,
tan triste como una vaquita sin manchas,
o como una “O” sin el huequito

… Porque
¡Pobres piedritas!

Decía Uriel cuando salía a caminar por la luna agachando su cabeza. Se sentía muy solo y
no comprendía porque la luna lo trataba así, si él nunca le había entregado tal amor a nadie
más que a ella; pasaba pensando de lado a lado, pensaba en su padre, veía a la luna como
una mal agradecida, pensaba que quizá su amor era muy empalagoso, pensaba que yo tenía
la culpa de apartarla; pero mientras caminaba distraído en sus pensamientos, llegó a un lado
de la luna muy oscuro, donde tropezó con un enorme cráter que no conocía y de casualidad
observó a su padre al fondo de él.

La única entrada al infierno era ese cráter donde Belitio se había lanzado; si bien no se
podía entrar ni salir de él ahora, se podía observar lo que ocurría ahí adentro; entonces,
Uriel se sentó a observar. Permanecía con su mirada fija en las actitudes de su padre y sin
duda alguna, podía sentir su desesperación, claustrofobia y resentimiento. Por primera vez
observaba a su padre llorar por él y llorar en su hombro, por lo tanto, la esperanza de sentir
su abrazo se tornó muy fuerte… Ahora que su padre conocía el peso de la soledad, sintió
que se necesitaban el uno al otro.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 124
 
TERCERA PARTE

(Música: Dvorak A. – Sinfonía N° 9 / Allegro con fuoco)

No me fijé en que momento desapareció Uriel, pues si la luna ya no lo quería como ser
individual, tenía que hacer algo rápidamente antes de que decida dejarme, así que comencé
a vigilar a Arkenesis y d minúscula con el objetivo de traer al más capaz de enamorarla. A
Arkenesis lo descarté de inmediato, comenzaría a criticarla y a querer cambiar su naturaleza
en busca de la perfección; le diría que debería dejar de usar al sol para brillar y presentar
una luz propia, rechazaría sus inseguridades y la presionaría a esculcar en los instintos de
sus manchas la levedad de su autoestima para llenarla de seguridad y auto-superación; así
que la luna se aburriría de él, o en su defecto Arkenesis lograría cambiarla y así yo me
aburriría de ella…

D minúscula era más conveniente; era muy buen orador, sabía usar la palabra como arte de
seducción y siempre tenía algo interesante de qué hablar; eso le encantaba a la luna… sus
conocimientos de historia, su interesante descaro (que hacía que quien lo escuchara quisiera
ser felizmente dominado por su fascismo); su forma de manipular, su interesante forma de
decir la verdad escondida en mil mentiras; era un buen amante usando la lengua y podía
hacer el amor sin necesidad de tocar… solo usando la palabra; así era dios, un genio
omnipresente; sin embargo, su cuerpo no respondía muy bien, estaba muy gordo, sudaba
demasiado (incluso en medio de su sedentarismo), se había acostumbrado tanto a cagarse
encima de sus humanos seguidores, que se habían secado sus intestinos, y sufría de un
intenso estreñimiento… La luna no querría su inmundicia, y aunque le atraiga mucho su
inteligencia, le disgustaría mucho que sus actos no sean tan acordes a sus palabras; entre
tanto ego, brindaría un ideal de absoluta perfección a la luna, pero se derrumbaría muy fácil
cuando estalle su sexo precoz.

Mientras analizaba todo esto, me di cuenta que Uriel no estaba, así que fui a buscarlo;
cuando lo encontré, el disgusto que guardaba hacia mí fue evidente.

‐ ¿Por qué no me dijiste que podía observar a mi padre desde aquí? – Me dijo con la
mirada fija en el cráter.

Belitio estaba llorando desnudo en un rincón del cubo en ese momento.

- Lo siento, creí que te daría un profundo miedo observar así a tu padre.


- ¡No importa! – Gritó – ¡Vine aquí por ti, y mi padre ha querido abrazarme todo este
tiempo mientras la luna no ha querido dirigirme la palabra, y tú no me has dicho
nada! Primero lo sacas del infierno dejándome ahí en la puerta completamente solo y
sin propósito alguno mientras lo traías para que enamore a tu luna de la forma más
enferma; luego, lo expulsas de ella y lo encierras por hacer precisamente lo que
querías que hiciera; luego, vengo yo, a ayudarte de la forma más inocente y me
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 125
 
ocultas que puedo al menos verlo desde aquí y sentirme abrazado por su tristeza.
¡¿Acaso crees que no tengo sentimientos maldita nada?!

La luna lo escuchó y sintió que el niño tenía razón, por lo tanto, se disgustó con mi
egoísmo; d minúscula, también lo escuchó (pues dios todo lo sabe), y pensó que si seguía
actuando de esa manera perderíamos a la luna muy rápido, por lo tanto, debía dejar que
Uriel reciba el abrazo de su padre, pero no dijo nada; Belitio, desde el fondo del cráter
también lo hizo y pensó que su plan de venganza estaba dando resultado… entonces utilizó
la situación de cada uno como una ficha en su juego de ajedrez.

Mi voluntad era más “nada” que nunca; y así, todos se pusieron en mi contra, teniendo
incluso más autonomía sobre mí de la que yo mismo podía ejercer; entonces, en medio de
la situación, Belitio volvió a desesperarse y comenzó a dispararse con sus reflejos
debilitando las paredes del cubo para romperlo más fácil, pero necesitaba la ayuda de un
adulto afuera. La luna no quiso hacerlo pues al ver su euforia se sintió atemorizada, Uriel
no podía ayudarlo… ¿Cómo lo haría, como lograría que alguien le ayude a abrir el
infierno? Belitio no podía hacer nada más que orar.

- Padre nuestro que estas en los cielos, no te ofendas si mis versos te patean el culo,
pero, aunque comprendería que no quieras liberarme para evitar el caos de nuestra
guerra; eso demostraría de una vez por todas que me temes, me amas y me respetas
como tu superior, aunque me falte llamarme dios; si no quieres bajar tu estúpido
intento de dignidad entre tu falsedad e inmundicia, ven aquí y libérame… ¡Te reto a
ser mejor que yo!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 126
 
CUARTA PARTE

(Mussorgsky. M - Una noche en el monte pelado)

El pelotón de fusilamiento se suicidó por orden del fusilado y el cubo comenzó a


desintegrarse convirtiéndose en un infierno infinito del cual salió Belitio por la puerta
grande, después de que dios al sentirse retado, lo ayudara a salir; luego de esto, salió del
espejo infernal hacia el cubo, buscó a Arkenesis por las calles, y al encontrarlos los torturó,
obligándolos a ser sus ojos. Los oprimió contra sus pómulos con tanta fuerza, que el dolor
fue aún más intenso que en el momento que habían sido arrancados; luego de hacerlo, subió
al cielo muy confiado de sí mismo.

Esta vez, fue dios quien lo recibió con un escupitajo, que solo sirvió para humillarse a sí
mismo en un acto de resentimiento infantil al amor que sentía por él. Belitio se disfrazó de
nobleza y le extendió la mano intentando aparentar humildad; y dios continuó perdiendo el
reto de la forma más infantil cuando le negó el saludo. Belitio después de esto, se arrancó
los ojos de la misma forma bizarra en la que toda esta historia comenzó; y luego de hacerlo,
los pateo con fuerza hacia d minúscula.

- Venid a mí, Arkenesis, convertiros en mi conciencia por un momento, yo los


protegeré de ese loco enfermo.

Ellos fueron hacia dios heridos y deseosos de protección, como un perro escondiéndose
detrás de su amo. Una vez dios se puso a Arkenesis en su rostro, en Belitio salió a flote la
demencia, y comenzó a reír de la manera más salvaje; sus carcajadas eran tan enfermizas,
que hicieron temblar el mundo por el largo tiempo que esta duró; tiempo del cual nadie
tiene certeza, pues nadie sabe cuándo dejó de reír; su risa se convertía en llanto, en gemidos
de dolor… lamentos que surgían mientras su risa desesperada desaparecía y caía de rodillas
dando la espalda a dios; y allí, en medio de sus lágrimas manipuladoras que deseaban
inspirar la lástima de todos, habló de la siguiente manera con una voz entrecortada por el
llanto desconsolado:

- Hijo, por favor no te quedes en la luna con esa miserable nada y vuelve a mí, ¿acaso
no ves que soy tu padre?, hazlo por mí, ¿sí?... ¡Yo sí quiero abrazarte, y en tu
inocencia, fue la nada la que te ha convencido de que yo soy malo! ¡Yo sí quiero
darte un abrazo hijo mío, no le huyas a mi abrazo! ¿No era acaso lo que más
anhelabas? ¡Mírame!, si tú no te hubieras ido a la luna, habría salido a abrazarte
pronto hijo mío, pues el infierno ya no me divertía… si no te hubieras ido, no habría
tenido que fusilarme tantas veces con mi tristeza.

No fue necesario que Uriel escuche toda la súplica de su padre, pues su decisión fue tomada
de inmediato sin siquiera pensarlo; le supliqué que no lo hiciera, sabía que Belitio
solamente quería venganza y estaba mintiendo, sabía que era una trampa. ¡Le supliqué que
no se fuera!, pero Uriel se conmovió sintiendo el doloroso llanto de su padre aclamando un
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 127
 
abrazo a gritos, pues nadie sabía más que él lo que era necesitar un abrazo; y mientras
lentamente el niño saltaba al precipicio del cráter como un suicida a punto de caer al
infierno para nunca más salir, el silencio se apoderó de mí… no pude gritar, no pude
impedirlo, no pude hacer nada más que decirle a mi luna con temor de que sea una
mentira…
- Tranquila mi amor, todo saldrá bien.

- ¿Estás contento ahora? Has encerrado a tu hijo en el infierno con tus berrinches
maldito insensato, ¿estás contento? – Dijo d minúscula impactado por lo que acababa
de pasar.

Cuando Belitio escuchó esto, inmediatamente se puso de pie, secó sus lágrimas y comenzó
a reír de nuevo, pero esta vez lo hizo de una manera muy silenciosa mientras pronunció:

- Eso era parte de mi estrategia, dios; y ahora, cambiando de tema… te diré por qué
estoy aquí. Sé que por ahora no puedo gobernarte ni obligarte a nada, pues tú eres el
más grande de todos los dictadores; pero en medio de tu ego, sé que no podrás
rechazarme una competencia. Te reté a ser mejor que yo, así que propongo definir
esto sin sexo ni filosofía para hacer las cosas justas. Será una simple partida de
ajedrez. ¿Qué dices? – Le dijo Belitio extendiendo su mano en señal de trato.
- ¿Cuál sería el objetivo de la competencia?
- El que pierda tendrá que cumplir una orden del otro… La que sea.

Dios lo pensó un poco pero muy a la ligera, estaba convencido de ser más sabio que el
demonio, así que aceptó la propuesta y apretó la mano de Belitio, quien ya tenía las fichas
ordenadas en el tablero. Me duele no poder describir de una mejor manera aquella partida
de ajedrez, pero no es necesario; siendo breve, dios fue completamente humillado. Fueron
necesarios solamente cuatro movimientos para destruirlo.

- Jaque pastor, ¡jaque mate! Parece que las ovejas se quedaron sin pastor – Dijo
Belitio.

D minúscula, sorprendido y con el ego ahorcado; se meó, se cagó, vomitó, sudó, quedó
empapado de sus desperdicios, quedó tan susceptible e impuro que hasta admitió que era
humano; y luego, temblando y lleno de nervios fustigantes solo se atrevió a preguntar:

- ¿Y qué orden tuya tendré que cumplir?


- Es simple, tú que tanto amas la muerte, pero nunca has sido capaz de llegar a ella, te
daré el privilegio de morir por las manos de un alma pura – Dijo Belitio – ¡Ordénale
a Arkenesis que te mate, y luego de hacerlo… se suicide!
- ¡Belitio! ¡Es una locura…! ¡Yo soy dios!, si yo muero, ¿quién me juzgará? ¿Quién
hará que los hombres mueran? ¿Quién los juzgará a ellos? Si el ser humano es
caótico teniendo un dios ¿Qué pasará cuando no lo tengan?
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 128
 
- ¡Yo los juzgaré, por supuesto!; sería entonces el único con poder “espiritual” en el
sistema solar para juzgarlos. El universo aún no puede juzgarte, ya que para ello
debe explotar toda la galaxia y para desechar una célula, toda la célula debe estar
muerta, no solamente el insignificante dios de uno de sus electrones, ¿lo entiendes?
Por lo tanto, si mueres, yo sería el único ser en el mundo con el poder y el liderazgo
para juzgar; pero tranquilo, no lo seré, no seré como tú… Solamente los juzgaré a
ustedes dos, y los condenaré al infierno, donde estarán encerrados eternamente a mi
lado; no juzgaré a ningún humano, los humanos no tendrán a donde ir y así serán
inmortales de ahora en adelante; envejecerán y vivirán eternamente en su monotonía,
ese será su sufrimiento y su castigo, ¿Qué mejor forma de demostrarles que son
dioses que haciéndolos inmortales?
Arkenesis no tiene mayores pecados ni morirá (se han vuelto muy fuertes después de
tantas heridas y pisoteos), por lo tanto, la única forma de matarlo era haciéndola
parte de ti y tu conciencia suicida, pues ellos jamás desobedecen a su amo así
intenten brindarle consejos, no son más que un perro callejero y obediente; así, te
condenaré por ser un mal dios, asesino, fascista y ausente. Y a Arkenesis, lo
condenaré por cometer suicidio, la conexión del infierno con la luna se cerrará, y los
cuatro prevaleceremos y reinaremos en mi casa, mi infierno, mi cubo de espejos,
donde podremos hacernos compañía eternamente mientras Daniel agoniza en su nula
existencia... Por cierto, ya engañé a mi hijo… él está esperando por mi abrazo en el
infierno, ¿qué esperas? ¡Hazlo ya! ¡¿Qué no tienes honor, dios?!

Y con una lagrima en sus ojos, dios supo que ya no tenía nada más que perder. Por una vez
en su inmortalidad que estaba a punto de terminar, debía ser sincero consigo mismo y morir
con honor. La conciencia le gritó.

- ¿Qué demonios haces?

A lo que él respondió.

- Dándome las gracias… Mátame conciencia, y luego, suicídate… ¡Te lo ordeno!


- Antes de tirar al fuego tu existencia, cámbiate el nombre, porque hay demonios que
son superiores a ti, lo único que les falta es llamarse dios.

Belitio rio con toda su euforia y sintió ese dulce sabor de la victoria corriendo por sus
venas… Entonces pronunció con gran satisfacción: “Listos, apunten… ¡Fuego!”.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 129
 
YO ESTOY AQUI

(Música: Rachmaninoff – Piano Concerto No.2 Op.18)

(NECESIDAD)

Soñé con un tango bastante melancólico;


en el habían copas… en el habían copas.
La ausencia estaba como inquieta,
como alternando genios.

Alteraba la ruina de lo cortante y lo querido,


cantaba al son de las olas que se pronunciaban en mareas altas,
atraídas por la luna con inicua firmeza.
Era perversa,
era perversa
…se aburría de mi poco a poco.

Soñé que no los necesitaba,


que el pasado se lo llevaba el viento;
soñé una dulce tormenta en los vestigios de su vientre,
soñé que era uno de ellos,
un soñador sin sueños.

¿A quién podré entregarle mi locura sino al realismo?


¿Quién conocerá mi ruina mejor que el arquitecto de su esplendor (yo mismo)?
¿Quién sabe soportar la ruina proveniente de esa natural necesidad de amar?
¿Quién sabe más que yo, que se debe estar desesperado
para concebir aquella necesidad de reír?

Desastre que cubre de asfalto estas ilusiones,


¡tómame!
Revienta mi pobre y repugnante imaginación,
¡mata mi condena ahora que estoy de rodillas!

¡Me rindo ante ustedes, bastardos!


…Y si creen que soy tan nada
y mi existencia les es tan irrelevante,
que ni siquiera propician determinarme,
¡te ruego que me salves, luna!

¡Oh, mi gran luna de los mendigos de asfalto en su enferma voluntad de poder!,


la que inspira los acordes de mis tangos soñados
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 130
 
…mis sollozos acordes de guitarra,
¡Sálvame de mi propia oscuridad!

¡Oh!, mi despiadado fusil de manchas,


mi espesa realista inmortalizada en estas partituras,
¡tanto te he amado, tanto te amaría,
que solo deseo que tu autoestima no crezca
y así me sigas queriendo y admirando
… y no conozcas mi miseria!

Ya tanto he muerto,
que la muerte me resulta monótona,
y más que un tormento,
una salvación a esta agonía.

Ésta agonía se ha convertido en un vicio que debe ser curado;


como tú mi luna,
¡un vicio del que no quiero curarme!

¡Por eso el amor no existe!


El amor muere cuando se convierte en vicio
y no existe vicio más incurable que el deseo de ser feliz.

Por eso, perdóname mi luna;


sé que nos gustaría ser nuestro vicio mutuo por siempre,
!pero nada me hace más feliz que la tristeza!
…Las sonrisas me desgarran,
me haces vivir,
pero no has entendido que amo ser artista por encima de lo que te amo a ti.

Sí, mi luna,
amo la muerte
incluso más de lo que dios la amaba,
porque mientras él ya murió, yo vivo siendo nada
(luchando por ser alguien nuevo inútilmente ante mi costumbre).

Pero te amo, luna,


¡te amo!
Por eso, sálvame de mi propia oscuridad,
aunque muy en el fondo no quiera salvarme.

¡Yo estoy aquí, mi amor… yo estoy aquí!


Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 131
 

Jamás creí que necesitaría estar enfermo para que el arte surja,
para llegar a la inspiración
y alimentar el fuego,
la brasa que me quema
y que día a día causa esta necesidad de sentirme inconsciente,
muerto, ido… nada
…Dividido.

¡Así es!
El arte es la peor de todas las enfermedades
pues su única cura es el amor,
y… ¡¿qué artista querría ser sanado?!

Sin embargo,
por amor a ti,
me veo obligado
(después de mi desesperado intento de crear)
a tomar un respiro;
pensar, creer…
no pensar, no creer…
solo soñar, solo querer…

¡Amarte, mi bella luna!


Porque solo tú puedes salvarme de mi miseria;
porque solo el romance
puede encerrar a los demonios
que el ser humano necesita
para lograr aquella dulce ilusión de libertad,
que solo brilla cuando se es impuro y animal
sin miedo a ser juzgado.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 132
 
(SUMISIÓN)

Ella solía decir “gracias” repetidamente, culminando con una leve y tierna sonrisa, pues a
mi lado se sentía segura y protegida; un ser tan libre, detallista y con ese toque de ego
otorgaba cierta seguridad... Había dulzura, admiración y gratitud que en ambos se hacía
evidente. Yo le daba un beso y le decía “tranquila mi amor, yo estoy aquí”.

Sigo estando ahí, nunca me he ido, pero sin ellos no soy nada; los extraño, y eso de extrañar
y recordar lo que se extraña demuestra mi obvia inseguridad. La luna no me dice “gracias”
hace mucho tiempo, ahora me dice algo disgustada “¿porque me pides perdón? ¡Deja de
hacer eso!”

Ahora suelo decir “perdón” repetidamente, culminando con un nudo en la garganta


mientras la luna se pregunta – ¿podrá darme fuerzas alguien con tal inseguridad? La
escuchaba reflexionar en su tristeza, decía que tenerme era tener un cuerpo sin mi cuerpo;
un sol hipócrita, un yo que ama, que vive y muere, pero siempre dice que es “nada”. Decía
que había entregado su ser a un vigilante nocturno, que agonizaba de inseguridades; que yo
intentaba ser el Daniel que ella deseaba, más no el Daniel de quien se enamoró por ser libre
y hacerla sentir de la misma manera. Decía que le recordaba un antiguo amor; el amor por
la tierra, que ella también se había convertido en nada por amor a los hombres, por eso esos
demonios habían destruido a su antiguo amor... tal y como mis bastardos lo hacían
conmigo.

De pronto era yo el que firmaba las horribles poesías, pues mis seudónimos habían
desaparecido; con ellas, me despedía del mundo, de mi pena y también de mi dicha; me
despedía de mí, pues Belitio había ganado y merecía mi rendición. Ahora estoy más muerto
de lo que estaba, ahora ya no llevo conmigo ni siquiera un cadáver putrefacto. Había dejado
que la luna me de todo, y yo no pude darle nada… con ella luna me sentía protegido; “yo
estoy aquí”, le decía, para que no se avergüence tanto de mí, para no sentirme más
humillado... Yo estaba ahí… por sumisión.

Escribí tanto y tan poco; lo que alguna vez fue mi respiro, ahora era dolor, ya las palabras
no salían, sin que tenga que forzarlas a ello, las minas de los lápices no dibujaban los
agujeros de mi llanto; por el contrario, mi llanto gemía en una tumba, donde esos lápices
descansaban junto con mi inspiración en un negro féretro. Repentinamente todo estaba en
silencio mientras me ahogaba en el deseo de crear. ¡Ellos me hacen un ser miserable, pero
los necesito! Si tan solo fuera menos nada, te dejaría buscando el arte, ¡Luna! Pero te
amo… ¡Yo estoy aquí (por sumisión, pero sigo estando aquí)!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 133
 
(NEGACIÓN)

- ¡No! ¡Yo no estoy aquí, luna!… yo no soy yo… ¡¿Qué he hecho…?! He encerrado
en el infierno de mi mente a mi propia creación; mis hijos, la razón de mi vida… ¡No
se vayan, los necesito para creerme vivo por un instante! No amo la vida, no soy
nada, ¡ustedes me mantenían vivo pues a pesar de todos los problemas que me han
causado, sus convicciones ideológicas me mantenían fuerte! ¿Qué estoy haciendo?
¡Yo no creo en el amor! Llevo todos estos años gritando que el amor no existe, que
solo es una máscara de la enfermedad y la miseria humana; ¿por qué habría de
amarte a ti y renunciar a mi obra? ¡¿Por qué debería renunciar a ellos?!
- ¡Basta…! Contrólate Daniel… Bésala.
- No estoy aquí… ¡Ellos no morirán! ¡No me dejes mentirles, porque esos demonios
son mi única verdad! ¡No me hagas mentirte para mantenerte a mi lado...! no
soportaría ser desleal a tus hermosas pecas, mi amor.
¿Qué pasará cuando despierten? ¿Crees que me habrás dado suficiente fuerza para
enfrentarlos? …Maldita sea, ¡¿Crees que quiero enfrentarlos…?! Mírame… no me
ames, no ames a un ser tan despreciable como yo; solo soy decadencia, no me
alabes, no seas como los humanos, tu mereces ser alabada, pero, ¿yo? ¡Soy un
humano, soy como ellos! ¡Esos despreciables seres sin talento alguno, que necesitan
admirar y “amar” con significado y no con ley a un “otro”, para refugiar sus miedos
y sentirse algo completos! ¡Nosotros no tenemos porqué ser humanos, mi majestuosa
luna…! Perdón... perdón por no alcanzar a ser humano… ¡no soy ni siquiera eso!
Soy un miserable… soy un banal amante del arte ¡Soy nada! …Estoy solo y así debo
estar.
- Cállate ya Daniel, no le hagas más daño, ni te lo hagas
a ti mismo, la necesitas y aunque tengas razón… Ella
te ama y también te necesita.
- Ven soledad, no te sientas sola… ya le puse nombre a los espejos… ven aquí y
¡Juguemos con nuestros amiguitos!
- ¡No!, ¡Váyanse!
- ¡Déjalo!
- … No lo dejes.
- ¡Dejadlo!
- Mátalo.
- Morid en él.
- No lo dejes.
- Jajajajajajaja
- ¡¿Pero qué estás diciendo?!
- Eso es, Luna… Dile que estarás a su lado sin importar nada, ¡humíllalo!
- ¡No, Luna! No os sacrifiquéis por ese miserable.
- ¡Hazlo Luna…! Yo también extrañaría tus besos, tu fuerza.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 134
 
- Tu debilidad.
- ¡No!, ¡¿Qué hacéis mujer?!
- Humíllalo con tu beso, dile que no puede… o ¿es que tú también eres tan
débil, que, sin él, te saldrías de tu órbita?
- Quédate a su lado, no merece morir así.
- Después de todo, él te ha amado con ley y no con significado.
¡tenéis libre albedrío! ¡Ser una mártir es tu elección!
- Te arrepentirás luna… terminaras odiándolo y odiando su arte. ¡Te
arrepentirás!
- No os dejaré caer en tentación, no seáis tan sumisa, todos
vosotros sabéis que el sumiso es él… ¡No os rebajéis a su
nivel!
- No es rebajarse lunita, él está contigo, estará a tu lado y también te
apoyará cuando te sientas débil… ¡Así es el amor! Solo dale tiempo
de recuperarse.
- ¡Debí haberte abortado niño estúpido!
- ¡Cállense!
- Lunita, cántame… por favor, arrúllame
- Mírame…
- ¡No lo mires! No merece tus ojos… ¡Se los arrancará!
- Es verdad, no tiene respeto por sí mismo… mucho menos lo
tendrá por ti.
- No les creas, yo sé que él no es así…
- El infierno es frágil, Luna, no lo ames… podremos salir muy fácilmente de
él, y destruiremos todos los avances que haga… Nos ama más de lo que te
ama a ti, aunque lo niegue.
- Cuéntame un cuento… arrúllame.
- ¿Puedo opinar?
- Cállate… Nadie te escuchará, nadie podrá mirar tus pupilas
en semejante oscuridad.
- Jajajajaja
- Listos…
- Apunten…
- Fue…
- ¡No otra vez, no lograrás vencer otra vez!
- Listos…
- apunten…
- Fue…
- ¡ALTO! …Yo estoy aquí mi amor, aunque lo niegue… ¡Yo estoy aquí!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 135
 
(AMOR)

Luna lunera;
luna de pesca,
luna de norte,
luna que poco canta, pues poco quiere cantar,
sálvame de tan perpetua miseria
o ayúdame a levantar la salvación por cuenta propia.

Luna lunera;
luna franca, de pálidos espejismos oculares,
que reflejan mi risa mientras lloro,
sálvame del pérfido aroma a soledad
y a carestía de vino.

Luna lunera;
luna alma,
luna cuerpo,
luna humana,
luna diosa…
luna llena y luna nueva.
¡No me ames ni me vivas…!
¡Muéreme, dando vida al réquiem de tu amor!

Luna lunera que su propia boca ha cosido


con sus propias pestañas
y con las lágrimas de tus ojos de hielo…
¡frenético astro a quien prometo entregarle mi luz propia
para ganarme su confianza!

¡Canta conmigo!
¡Canta mi tono de la soberanía!
Canta a mi oído…
canta en mí tu oda a la vida.

Cuatro, tres, dos, uno…


Ellos duermen y yo me vuelvo parte de tu aire,
ellos dormidos en su sueño, y yo desintegrándome
mientras hago de tu núcleo
la matriz de mi aprendizaje.

Parece que el amor propio concluye al fin mi enfermedad


y el deseo de voltear el rostro a lo tardío.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 136
 
Parece que el deseo se ha ido esta vez
detrás de la vida,
y la ha embarazado.
¡La vida parirá una vez más a este suicida!

contemplo el fugaz ardor de mis retrógrados cantares


mientras anticipo con certeza el momento del caos.
Estoy cansado,
pero ejercito esta nueva independencia
…este nuevo escudo de furia y resistencia
por amor al deseo de volver a vivir.

¡Les prohíbo despertar!


Hoy mi sombra está llena de resplandor.
¡No volverán!
…me creían débil e inmutable,
pero yo os advierto:
¡Duerman mientras renazco en forma de aire!
¡Duerman mientras destruyo el odio y me vuelvo padre!

Amanece mi nueva luna;


amanece tu voz en la aurora,
amanece tu luz siendo propia,
amanece nuestro amor en tu matriz
mientras persigo mi verdadera identidad.

¡Oh luna lunera!


… Mi dulce fusil de manchas,
he comenzado a transformarme.

Cierra los ojos y levanta tu frente,


no te canses de este ser que apenas intenta renacer.
Todo saldrá bien… te lo prometo.
¡Todo saldrá bien!

Luna lunera,
luna de pesca,
luna de norte,
Luna que brilla con luz propia,
Luna eternamente llena,
que me alimentas mientras te alimento.
¡Yo estoy aquí…!
Por amor.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 137
 

“¡El que ama ansía crear, porque desprecia!


¡Que sabe del amor quien no ha tenido que despreciar
precisamente lo que amaba!
Retírate a tu soledad, hermano,
llevando contigo tu amar y tu crear;
sólo mucho más tarde te seguirá la justicia remisa.
Retírate a tu soledad, hermano,
llevando contigo mis lágrimas.
Amo al que quiere superarse creando
y así se encamina a su ocaso”.

Friedrich Nietzsche

CAPITULO IV

SINFONÍA (NI LA DISTANCIA) PLENILUNIO


Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 138
 
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 139
 
ALLEGRO

(Música: Astor Piazzolla/Antonio Vivaldi – The eight seasons / Spring (Allegro) & Winter in Buenos Aires)

La mente da mil vueltas cuando se encierra en el sacrificio, pero una vez el ritual se lleva a
cabo, la paz se hace sentir mostrando el gozo de la verdad. Si no hubiesen creado un dios,
¿a quién habría criticado mi inmadurez? Si no hubiesen establecido aquel injusto sistema,
¿a quién habrían intentado gritar mis ojos? Si no hubiesen sido tan necios, ¿habrían
necesitado hacer del placer su nuevo dios? Si no creyeran que la vida existe, ¿acaso habría
necesitado el amor de un padre para sobrellevarla? A ustedes, hombres, les atribuyo la
enfermedad del solitario, la desesperación del artista y de todo aquel cuyo sentido de vida
significa morir como mártir de su genio.

¡Viví para gritar, grité para morir, y aunque no les importe, y aunque ustedes hayan
provocado mi agonía… morí orgullosamente por ustedes! Por sus falsedades emprendí esta
aventura, y, por ello, ¡les agradezco! Me han hecho crecer. ¡Gracias por abrirme los ojos
malditos inquilinos! No sé porque les concedí tan abrupto poder sobre mí, pero es la mejor
decisión que he tomado. Vuelve a mí, conciencia, pero tú no vuelvas Arkenesis; vuelve a
mí, virtud, inocencia, dale cariño a tu luna… pero tú, Uriel… tú duerme bajo la desdicha de
tus esperanzas. ¡Belitio! Llevo de la mano a mi luna y ella me lleva a mí; mientras duermes
confiado, yo aprendo a soñar de nuevo y me preparo para enfrentarte. Vuelve a mí,
inteligencia, liderazgo, ¡vuelve maldita egolatría!, pero por ti no tengo que darle la espalda
a mi nombre; seré mi dios, dejaré que llueva mi sangre sobre los hombres como lluvia acida
y mi obra al fin estará completa… Inmortalizaré mi nombre siendo la destrucción que
conlleva a la tranquilidad. Míos serán mis pecados y nada podrá absolverme de ellos,
porque yo seré quien destruya el mundo para reconstruirlo desde sus cimientos.

Es curiosa la forma en la que se crean tantas perspectivas de la existencia para el ciego; más
o menos de la misma manera en la que un feto crea infinitos universos en la matriz de su
madre aun sin conocer el mundo. ¡La vida es hermosa, y la muerte… también! Todo
proviene de la matriz, pero la matriz no puede parirse a sí misma. Vaya ironía representa la
existencia; cuando la vida nos da a luz, inmediatamente nos lanza hacia la muerte, y la
muerte da a luz a la vida, y así sucesivamente...

Era la tercera vez que me internaba en una matriz en medio de esta vida mortal; estaba ahí,
haciendo del amor una venda a la realidad, que me cegaba a la banalidad del arte por un
tiempo prudente, pero me llenaba de identidad y virtud propia. Estaba en la matriz de la
luna, en posición fetal, llenando su infinito y su silencio con un feto que había sido
abortado por la vida, y adoptado con amor por la luna; ahí, dejé de recordar que el recuerdo
me hacía daño y lo tomé como una herramienta de razonamiento pintando en su inmensidad
un vuelo de mi propia conciencia.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 140
 
La estancia en su matriz fue como un viaje en la ayahuasca; me purgaba, me enloquecía,
me hablaba con las huellas ancestrales de la naturaleza y su sabiduría… Por primera vez
salía a relucir mi verdadero rostro, transparente y sin máscaras; entonces, en medio de la
“pinta”, llegó a mi mente una imagen: una estrella que perseguía en un universo infinito y
escapaba de mí jugueteando con su brillo y velocidad. ¡Inmediatamente la relacioné con un
espermatozoide que iba camino al sol…!

- Aun no es hora de renacer – Le dije – Aun no es hora de renacer.

… Y la ayahuasca respetó mi decisión; no podía morir sin conocer el alma de mi luna, sus
miedos, su oscuridad… No la habría amado completamente sin antes abrazar sus
debilidades con delicada percepción.

- “Tienes ego, aunque seas nada – Me decía – A pesar de ser nada, pretendiste ser sus
manchas y no dejaste que te muestre las suyas.”

Y así comenzaron a escucharse las gaitas de nuestro porvenir.

- Tienes ternura, aunque seas nada – Me decía – Valoras su cuerpo sin morbo y
desnudas sus miedos para prestarle tu piel y protegerla, te desnudas ante ella con tus
caricias, y te abandonas a sus brazos como un niño consentido.

Y así sonaron las cuerdas que denotaban fuego.

- Tienes liderazgo, aunque seas nada; la guías por buen camino, y ella te sigue con
confianza… ¡Tienes ojos, nada! ¡Tienes ojos, aunque los niegues, y ella confía en
ellos… por eso te sigue!

Y así sonaron las frecuencias bajas; convincentes, leales y vibrantes… denotaban unión
eterna. La luna era una sola con el cosmos y su matriz era ayahuasca, nos íbamos
convirtiendo en uno mientras yo también le daba un poco de mi brebaje.

- ¡Aun no es hora de renacer…!

La luna pintaba a mi lado; se sentía segura y me brindaba seguridad, se sentía con luz
propia. Sin embargo, se mantenía sujeta a su órbita pues temía bailar conmigo fuera de ella.
Mi ayahuasca respetó su decisión y tuvo paciencia a su confianza. Continuamos cantando
en voz alta y con nuestras manos juntas… “dos, tres, cuatro, cinco, veinte y sin cuenta”

Y así, sonaron los tambores.

- Cuéntame.
- ¿Qué quieres que te cuente?
- Cuéntame tus miedos.
- Dos, tres, cuatro, cinco, veinte y sin cuenta.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 141
 
Y huyendo de mi pregunta, me dijo:

- Cuéntame un cuento de misterio, un cuento de niñas tristes en castillos llenos de


estatuas…

Me acerqué a ella mientras jugueteaba con sus dedos en mis labios, un beso en la frente…

- Yo estoy aquí.
- Gracias…

Otro largo silencio, y de pronto volvió a dirigirse a mí:

- Cuéntame cuentos de barcas de papel, cuenta un cuento de mis pecas o tus lunares;
cuéntame los segundos planeados, alucinógenos y prohibidos, pues no me gusta
planear, pero a tu lado… todo. ¡Canta niño… arrúllame con tu canto para dormir por
siempre en él!
- Yo estoy aquí mi amor, tranquila…

Y mientras lloraba, sonreía y pronunciaba con eufórico llanto

- Gracias. Gracias… ¡Gracias, gracias, gracias, gracias…!


- Bonita… ¡Te amo mi luna hermosa!

Sonreí con ternura.

- Gracias.

Y con sus ojos brillosos, reía…

- Cuéntame.
- ¿Qué quieres que te cuente?
- Cuéntame tus miedos.
- “Dos, tres, cuatro, cinco, veinte y sin cuenta.”

Calle por un momento, y luego me puse algo impaciente, por lo que completé.

- En serio mi amor, toma mi mano y no la sueltes porque yo estoy aquí, si los miedos
te hacen frío, te doy mi calor lunita. Pero cuéntamelos, confía en mí ahora…
¡Cántame! Tu silencio siempre ha sido un canto desesperado, te reto a desnudar hoy
ante mi lo que aún no has desnudado. ¡Canta en voz alta, canta queriendo cantar…
canta a mi lado, pues yo te cantaré por siempre!
- Pero yo no sé cantar, Daniel.
- Te aseguro que tu canto hará sentir celosa a la aurora, ¡canta en voz alta y sin
vergüenza alguna, porque yo estoy aquí!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 142
 
- Gracias…

Y así hallamos la esperanza de una eterna luna llena completando la sinfónica con nuestros
coros; por lo cual, todo el sistema solar se unió a nosotros, y todos los cuerpos celestes
comenzaron a danzar en nuestra polifonía. El viento terrícola percutiendo las hojas, los
mares y los volcanes rugientes comenzó a unirse a la sinfonía. Pero en su interpretación se
notaba cierta violencia.

- ¿Porque la tierra también vuela en tu ayahuasca, mi amor?


- La tierra es un antiguo amor – Respondió.
- ¿Y aun amas al mundo?
- Tanto, que por eso me aparté de él.

Al escuchar esto, la tierra comenzó a causar mil terremotos, a quemar mil bosques y a
arremolinar sus océanos; la luna reaccionó con inmediatez, diciendo de manera alterada.

- ¡No! Yo lo amo a él, estoy con él, ¡vete, mundo!

Nunca solté su mano; en ocasiones intentaba soltar la mía, pero en otras la agarraba más
fuerte… Estaba luchando.

- ¡Estoy con él, no lo soltaré! – Decía.

Y después de un momento, la tierra calmó su sinfonía desesperada y entendió que la luna


ahora me amaba a mí. En ese momento, el sistema solar dejó de cantar y el silencio se
apoderó de la matriz de mi amada; silencio que la madre tierra aprovechó, para poder
hablarme.

- No me atrevería a cuestionar tu amor, mortal, pues sé que ambos hemos dado amor
iniciado en la ley y no en el significado; de hecho, tenemos que contar una historia
muy parecida… Si me lo permites, te contaré la mía.

Su lenguaje musical como principio en las artes de los tambores, me causó una profunda
intriga; por ello, le pedí que continuara. Así entonces, haciendo violines con sus árboles,
flautas con sus aves y percusiones con sus estampidas, la tierra comenzó a relatar la historia
de su romance.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 143
 
ANDANTE

(Música: Astor Piazzolla/Antonio Vivaldi – The eight seasons/Autumn & Autumn in Buenos Aires)

- Te amo mujer sin rostro, amo hacerte el amor con libertad, amo la desolación y la
gravedad que ejerce el sol sobre nosotros. Amo la agilidad con la que rotamos a su
alrededor, mientras bailamos al son de sus calurosas ondas de fuego, amo la forma
en la que nuestros mares fluyen calmadamente y acarician las rocas. Amo la
irregular órbita por la que naufragamos sin testigos mientras bailamos con elegancia
alrededor del sol; ¡te amo! Porque eres mi alma, y tener un alma es mejor que tener
un núcleo. Esa es nuestra diferencia sobre todos los planetas hermanos. Alma mía, te
amo con toda mi pasión, y por amor te confesaré mi sueño más anhelado…
¡Perdóname mujer sin rostro!, porque debo renunciar a ti, para parir vida en mis
confines; debemos distanciarnos un poco, alma mía, debes convertirte en luna, y así
reuniremos las condiciones suficientes, que le otorguen vida a nuestros hijos.
Prometo seguir amándote… Siempre seguir amándote mientras me observas desde tu
órbita. ¿Harías eso por mí? ¿No crees que debamos darles a nuestros hijos una luz en
la noche que inspire su pasión?
- No, mi amor – Dijo mi alma. – No quisiera darle luz a la razón de tu destrucción,
¿Acaso no recuerdas cuan destruida estabas antes de concretar nuestra unión? ¿No
recuerdas acaso, que, antes de extinguirlos con nuestras aguas, ellos preferían crear
dioses invisibles mientras nosotros les dábamos la vida? ¿Quieres volver a tenerme
lejana y menguante, solo para parir desagradecidos?
- Mujer, esta vez, con tu ayuda las cosas serán diferentes, pues les daremos animales y
plantas, les daremos ojos para ver y mente para razonar, los llenaremos de paisajes
magníficos, que, por más ambiciosos que puedan ser, no querrán destruir, pues con
tu ayuda, el día tendrá más horas y las noches serán menos oscuras; formaremos
figuras en las nubes impulsadas por la brisa, que formarán en ellos, la creatividad; tu
estarás rondando a mi alrededor, y noche tras noche, observaré tu belleza y tu
sensualidad danzante. Incluso te daré parte de mi núcleo, para que tengas luz propia
y siempre luzcas llena ante tus hijos. Estaré coqueteándote desde aquí, y ya no
podremos hacer el amor en cuerpo y alma, pero podrás influir en mi clima y así
entenderé tus sentimientos y necesidades, dejando así que mis océanos enloquezcan
y te envíen “besos volados” a través de su oleaje y te acaricien con la briza. No
tengas miedo amor, demos una oportunidad de parirse a la misma vida.
- ¿Tan inseguro te sientes amor mío? – Me preguntó melancólica – Olvidaba que tú
eras el cuerpo necesitando compañía, mientras yo, el alma, estoy completa. Olvidaba
que, aunque a nuestro amor lo alumbran mil fantasías, tú sigues necesitando más…
Sigo sin ser suficiente para tu felicidad, pues sigues necesitando de la
autodestrucción. ¡Si eso te hace feliz, tu dicha será mi alimento! Pero no te molestes
en hacerme siempre llena y en darme luz propia, pues cuando llore y cuando necesite
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 144
 
privacidad, querré ocultarme de la luz del sol, y lloraré por ti en soledad. ¡Cumpliré
tu voluntad, mundo de ojos pequeños y siempre atentos! Seré tu luna y la madre de
los hombres para no defraudar nuestro amor, pues se lo importante que es para ti.
- Si eso te hace feliz, tu dicha será mi alimento luna; sin embargo, debo admitir que
estaré asustado cada que te vea menguar.

Ella se fue después de esa conversación. Esa noche hicimos el amor como nunca antes lo
habíamos hecho mientras comenzábamos nuestra separación… Luego de esto, se alejó con
mucho respeto y altivez… triste y desilusionada de su cuerpo, lloró por varias noches y
creó su propia orbita haciendo uso de sus lágrimas. Entonces comenzó a navegar en
círculos mientras me vigilaba. ¡Tantas veces pudo volver a mí! Pero en mí, todo empezaba
a tomar color y a ser un paraíso para nuestros hijos; fui tan feliz, que mi sonrisa se
cristalizaba a través de los colores que se producían en mis paisajes, y la vida que
empezaba a fluir con todas las especies; con el tiempo, los océanos, por obra de la luna, se
tomaron más fuerza y altura de forma progresiva, los volcanes comenzaban a crear magma
y piedras preciosas; desde los páramos se formaron riachuelos de agua dulce, que caerían
sobre mis montañas como cabellos de ángel, dado que mi clima cada vez se hacía más
estable por obra de la luna, que, me ayudaba a mantener mi rotación sujeta a su eje. Cada
vez que un animal o una planta moría, se convertía en una estrella que le daba aún más luz
al porvenir, todos alimentaban y cuidaban a sus crías llevando un ciclo alimenticio natural,
donde a cada segundo, se purgaba la vida al mismo tiempo que se creaba.

La luna me demostraba su amor a diario, ayudando a que todo siga su curso y brindando a
las especies, la gravedad necesaria; era mi alma, mi amor, era la causa de mi notable ánimo
de engendrar el principio de la vida en medio del caos. Empecé a ser el mejor dios para mis
células, dejaba que todo siga su normalidad mientras le coqueteaba a mi luna cada que
podía observarla. Era gracias a ella, el planeta más vivo del sistema, dado que,
absolutamente todo lo que me conformaba se encontraba en movimiento y ese movimiento
se convertía en ondas sonoras, que producían la música más perfecta y atractiva para ella y
su hermosa forma de bailar en mi contorno.

Luego, comencé a ser aún más ambicioso, y, por millones de años dejé que las especies
evolucionaran, estableciendo cambios extremos en el clima, y obligándolos a desarrollar el
razonamiento a mis animales, y poco a poco fui pariendo al ser humano; los planetas me
daban ánimos, el sol alumbraba y hacia posible que pueda lograrlo todo, que mi conciencia
pueda dar un fruto. La luna y yo, ambos temerosos, pero haciendo el máximo esfuerzo por
bien lograr la creación perfecta. Así, poco a poco formamos el cerebro más complejo jamás
conocido en nuestro sistema… todo gracias a la naturaleza, las leyes y sus reacciones;
donde por supuesto, el amor era la mayor ley que regía la creación.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 145
 
Cuando el hombre nació, el papel de la luna se volvió aún más significativo al llenarse de
romance y misterio, que inspiraría canciones y poemas para todos los amantes, y dejó que
en nuestros hijos germine la imaginación. El hombre como ser cultural, comenzó a crear
millones de objetos útiles en su subsistencia, y comenzaron a extender sus manos y sus
pulgares, en hachas, lanzas, espadas, palos, tambores, fuego… Entendieron la importancia
de la naturaleza y de lo onírico, pero sintieron miedo, cuando se volvieron conscientes de
su mortalidad y se enfrentaron cara a cara con el sufrimiento… Saber que algún día iban a
morir los volvió ambiciosos, y quisieron adueñarse de todo cuanto veían en su deseo de
trascender a la inmortalidad de forma simbólica; por esto, comenzaron a darle un ávido
significado a todo aquello que fluye; a la naturaleza, al sol, a mi luna, a mí y otra infinidad
de espíritus que les daban la vida, nos llamaron “dioses”; al sentimiento lo dividieron y le
llamaron “amor”, “odio”, “aburrimiento”, “felicidad”, “tristeza”, etc. Me obligaron a no
sentir, a amar u odiar. Me enseñaron idiomas; en su ego me dieron formas humanas, me
pusieron canas y barba, me dijeron que era “plana”, que era “redonda”, me llamaron
“paraíso”, “infierno”. Así como a ti te dividieron en cuatro partes, ¡a mí me dividieron en
millones!, territorios, nombres, deidades, países, ciudades… Le pusieron nombre a cada
una de ellas y establecieron fronteras en todo aquello que llamaban anormal o diferente,
creando así algo a lo que le llamaron “moral”. Luego, destruyeron mis paisajes, mis
animales, mis árboles; los gases que fluían en mi aire los contaminaron y hasta llevaron
heces fecales a mi luna deseando contaminar su atmosfera y creer que luego podrían
llamarla “su casa”. ¡Me fueron matando!, y la luna con su gravedad y el sol con su luz me
mantenían vivo en un intento desesperado por no perderme, mientras yo… sí, ¡yo también
me convertí en nada!

La luna era mi alma, por lo tanto, si mi cuerpo dejaba de existir, ella debía irse y todo
habría sido en vano; fue entonces cuando, moribundo, parí a una humana que vida tras vida
sería su cuerpo. Yo podía morir, pero ella no. He ahí la razón de su tristeza, la condené a
vivir por siempre observando mi autodestrucción. Pero entonces también creé a un hombre,
el cual la encontraría y la enamoraría en cada una de sus vidas para evitar que sea
corrompida y absorbida por la sociedad; en algunas vidas sería su padre; en otras, su
amante; en otras, el padre de sus hijos; en otras, su propio hijo; pero, en fin, hice que
mientras su alma lloraba dando vueltas alrededor de este cadáver llamado mundo, aquí en
la tierra tendría un cuerpo y un amor, y así inmortalizar su sonrisa.

Una vez la tierra concluyó, desperté. ¡Quedé aturdido!, mi felicidad y la de mi luna eran el
resultado de las decisiones de la naturaleza. Era hora de dejar a un lado la miseria y la
locura… A la tierra debíamos nuestra unión y no podía morir sin antes culminar la soledad
y melancolía de mi luna y la tierra… a esta muerta realidad debía devolverle una razón.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 146
 
ADAGIO

(Música: Astor Piazzolla/Antonio Vivaldi – Summer in Buenos Aires)

¡Hágase la luz!
…hágase el daño de propiciarles la luz.
¡Divertidos bufones que al fin comprenden la agonía de ser dioses!
¡Los saluda su nuevo mesías!

Cuando me pregunté
¿Qué es la frialdad?,
observé a los hombres…
todos refrigerando su sonrisa
para mantenerla quieta y siempre extendida.

¡Se los advertí!


“¡No tiren al pavimento su existencia, tarde o temprano crucificarán a su líder!
¡No destruyan su conciencia, tarde o temprano dios los destruirá a ustedes!
¡Hacedme caso ambiciosos creadores de la falsa moral!
¡Dejen de ponerle precio a su libertad y dar desprestigio a sus humildes células!”

Pero ahora dibujo un sonido más ordenado en mi mente;


los timbales anuncian pasos y las armonías anuncian progresiones;
ya no siento la ruina de lo cortante ni lo querido,
no siento ser el mito ni la leyenda;
ya no siento mi camino ni mucho menos mi silencio,
¡siento un ojo en cada uno de mis poros, y no pienso arrancármelos!
Vuelvo a casa para abrazar a mi familia.

“Malditas carcajadas mofándose de su propia gracia…


Como me gustaría que no tuvieran pupilas…
Soy un payaso al que le prohibieron fabricar risas…
Mi cuerpo nunca ha actuado…
Recuerdo un día de noviembre…
Hacer de su vida un ciclo de cartones…
Me encantaría ser una manchita de la luna…
Entre gustos no hay disgustos…
Dando gracias a dios…
Con odio a su recuerdo han dejado de recordar…
Despertaré cuando el mundo sea diezmado…
Ven soledad, juguemos con nuestros amiguitos…
Te extraño papá…
Escupo a dios por ser hombre, el me escupe por ser igual a él”
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 147
 
- ¡Silencio!

Silencios, negras, corcheas, fusas, blancas, redondas.


Notas ligadas a mi nueva cordura;
el renacimiento de la vida,
la desesperación homicida y la existencia moral de la conciencia,
¡Malditos hombres, los maldigo pues me han hecho volver al paraíso!

Uno, dos, tres, cuatro…


Veinte… sin cuenta.

¡Burlaos de mí!

- Ja, ja, ja.

- Que entre el piano y el cello… ¡vamos con los violines en staccato!,


¡clarinetes!, ¡timbales!

- ¡Ja, ja, ja!

- ¡Déjenme aquí dirigiendo a mis animales!

Bienvenidos al show más impactante para los reos de la vista,


hoy destruiré al Garrick de tus sueños, ¡mundo!...
Dejaré que lo sorprendan llorando aun con el disfraz puesto.

Fue entonces cuando la luna,


al darse cuenta que había aprendido lo suficiente,
me preguntó con una sonrisa en su rostro:

¿Acaso los dioses se han vuelto locos?

Y yo le respondí…
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 148
 
PRESTO

(Música: Astor Piazzolla – The eight seasons / Summer (presto) & Spring in Buenos Aires)

Basta, luna, ¡Basta!


Crea un nuevo mundo sin reciclar sus retazos,
fabriquemos en la ironía de la creación, el arte de la destrucción.
Fermenta el humo de sus coronas,
de quienes sangran sangre roja campesina,
de quienes aman sin amar y olvidan lo amado.
¡Fermenta el vino y conviértelo en uva!

Madre de los pobres, madre de los justos, madre de las madres…


Perdona los ríos de sangre que acarrearán nuestros actos,
mírame y siente mi ambición de ser su falso profeta,
el sello de su apocalipsis.
¡Mataré a dios asesinando a su creador, el hombre…!

Madre de los ríos y de los mares,


despierta tus volcanes
y yo abriré los ojos de los infernales durmientes.

Basta de alcohol e inconciencia en las promesas;


basta, nada, ¡basta del tan tópico nadaísmo!
Saldré de este núcleo y fusionaré el sueño con la realidad.

- “Luna de los pobres siempre abierta, yo vengo a ofrecer mi corazón”


- ¿Estás listo Daniel? ¿Estás listo, mi amor?
- “Como un documento inalterable, ¡Yo vengo a ofrecer mi corazón!”

La luna bailaba tango con furia;


y yo, sus manchas
… yo era su bandoneón.
La luna movía sensualmente sus pecas,
cantaba como los pájaros nocturnos,
me cantaba queriendo cantar,
se anulaba de gravedad, se anulaba de temores.
La luna marchaba con furia, despistando a la luz solar.

La luna se caía, la tierra la atraía…


¡La luna se caía hacia la tierra!, y todos...
¡Vaya! ¡Como asustados la veían caerse!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 149
 
Del cielo cae la luna, y yo,
¡como lo miro más feliz que nunca!

Como hoy,
hoy que puedo mirar al cielo más feliz que nunca, pues voy hacia él;
consagrando la primavera de mi norte,
consagrando el silencio tan prudente en mi sinfonía.

La luna en “crescendo”,
cada segundo más cerca de caer,
y yo gritando… ¡Vaya, como gritaba mi libertad aquel día!
Colisionaban mis neuronas y mis cánticos superdotados,
gritando:
“Soy mi padre y mi hijo”
(en un gutural escandaloso)

La luna subía las mareas embarazando a la misma vida.


… La obligaba a parir la muerte.

(Imaginaba el caos en la tierra, los noticieros diciendo “¡la luna se cae!”, los fanáticos
religiosos teniendo orgias e inyectándose mil drogas en aquel momento del juicio final…
imaginaba que nadie juzgaría a esos idiotas pues dios estaba preso de su inutilidad en el
infierno... en fin, en mi mente).

- ¡La tierra se fusiona con este lunático señoras y señores!


Asistid al espectáculo más alucinante para los que equilibran la realidad y la ficción.
Escuchad como cantan los músicos con tanta pasión y amor
al ver el final tan cerca.

¡Disfrutad mis feligreses!,


mi maravilloso público;
escuchadme amigos,
compañeros, conocidos, sociedad, sistema.
¡Escuchadme madre!
¡Escuchadme padre!
¡Escuchadme familia entera!
He vuelto a la vida para asesinar todas y cada una de sus castrantes esperanzas
otorgando riendas a la independencia.

El viento despeina mi largo cabello y choca raspando mi piel,


despegando mis párpados y mi cuero.
Disfruto desintegrándome con dolor en la presión atmosférica
que solo soporta el soñador que vuela…
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 150
 
¡He venido a acabar con tu capa de ozono!
¡He venido a hacer de la tierra y la luna un mejor mundo!

Conteo final:
“dos, tres, cuatro, cinco, veinte y sin cuenta”,
y cada vez más cerca de destruirlos.

¡Malditos humanos enfermos y cobardes!


Por amor a ustedes entregue mi conciencia,
mi liderazgo,
mi virtud,
mi vicio,
mi ternura…
¡No me importó ser “nada”, ¡por ustedes!

Ahora pregúntenme
¿hay algo más doloroso y terrible que la inmortalidad?
¡Si, hombres de mucha fe y poca verdad!
¿Recuerdan mis palabras?
¿Recuerdan cuando les advertí que dios los mataría en medio de su intento por matarse?
La inmortalidad se puede afrontar fácilmente,
la vida eterna era lo que más anhelaban
y, por ende, ya se idealizaron a su miseria;
pero yo os digo, hombres,
¡más doloroso que vivir por siempre, es, sin duda, que te prohíban morir!

(La colisión era inminente; los edificios comenzaron a caer, y entonces yo preferí guardar
silencio mientras el instante final llegaba; dadas las circunstancias, muchas imágenes
rondaban por mi cabeza, después de todo, la melancolía hacia parte de mí y, días antes,
aun amaba aquello que estaba a punto de destruir por completo… Me sentí angustiado,
pero para evitar vanos arrepentimientos sonreí y le dije a mi luna).

- Mujer, ¡cuéntame!
- ¿Qué quieres que te cuente? – me preguntó emocionada.
- ¡¿Acaso no tienes miedo?! – dije.
- No. Esos ya te los conté.
- Entonces cuéntame un cuento antes de caer…
nuestro final se acerca;
cuéntame un cuentico antes de caer, porque te extrañaré mucho, ¡mujer!
Pero antes,
quiero pedirte que
nunca olvides cuánto te amé, y que te estaré esperando en cada una de mis vidas.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 151
 

- Contémonos un cuento mi amor…


Nunca te olvidaré,
y seguramente,
todas las musas aprovecharan este momento para darnos inspiración.
¡Este desastre es una obra maestra!

(Apretamos nuestras manos, y con una melancólica sonrisa de despedida comenzamos a


recitar al unísono las siguientes palabras):

Mientras tanto
una niña se enamoraba de una estatua.

Una estatua se enamoraba del movimiento,


un alcohol embriagaba una botella
y la luna caía a la tierra,
y todo esto
… mientras tanto.

Mientras tanto, las puertas se abrían sin llaves


y los niños se enamoraban de las estatuas;
como los extranjeros, del patriotismo ajeno;
como los campesinos, de las ciudades.

Mientras tanto,
una niña entregaba su corazón por amor a una estatua
y la tierra renunciaba a la luna por amor a la vida.
… Una manzana caía de un árbol,
una serpiente se la daba al hambriento
y un hambriento la comía en medio de su tristeza.

Mientras tanto,
la multitud corría anhelando un rumbo,
las estrellas se arrinconaban
en el lado más reluciente de una luna que caía,
y las nubes formaban figuras para los amantes que deseaban morir amando.

Las campanas sonaban anunciando la llegada de un nuevo mesías,


los animales brindaban reverencia a la majestuosidad del desastre.
Los lobos aullaban…
sus versos gritaban claramente,
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 152
 
¡La naturaleza merece vengarse,
debemos morir alabándola en manada!

Mientras tanto,
una niña entregaba su corazón por amor a una estatua;
en ésta se plantaba la vida,
en la niña, la ira de amar…
pues mientras tanto,
una estatua cobra vida en el ardor de su tristeza,
tomando en sus brazos una niña,
un puro cadáver infante.
La abraza en medio de su llanto,
(a sapiencia que su pecho fue de la muerte, su lecho).

- “Oh niña hermosa que me brindas tu amor ciego,


si acaso hubiese sabido que entregarme tu corazón
borraría de tus ojos aquel sol en su destello…
¡Si tan solo pudieses volver a vivir!

…Si pudiese devolverte el corazón;


¡oh niña, pies descalzos y ojos grandes…!
Ese es mi más profundo deseo.

Mas, ¡ésta es mi promesa, niña!


Mientras te formas para volver a la vida,
te serviré siendo la tierra,
mientras reservo esta vida para tu felicidad,
tú serás mi luna nueva.

El corazón que me has dado creara un mejor mundo


siendo el fiel resultado de tu alma pura.
Te prometo mi niña que siempre estarás llena,
pues siempre vivirá en tu nombre esta humilde roca.

(Y al terminar de llenar aquel espacio en la órbita circundante de la tierra, creando una


nueva luna como nuestra hija, esa que guardaría la esperanza de nuestro reencuentro, y
representaría el nacimiento del amor como ley, que se despersonaliza de la materia,
comenzó a escucharse en todos los rincones del sistema solar, la melodía de “un día de
noviembre”, esa canción de cuna que daba vida a mi creatividad… Sintiéndome padre, caí
a morir sin miedo, pero antes de morir, me dirigí al mundo con estas palabras):
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 153
 
- Madre tierra, he venido a devolverte tu alma,
pero,
¿Estás segura de necesitarla?
¿Acaso las balas han alcanzado a perforar tus ríos?
¿Acaso te aburriste de jugar con soldaditos de plomo?
- Claro que sí sordo, claro que sí, mudo…
- Y si necesitas un alma,
¿porque la dejaste huir?...
¡Oh tierra!
¡Oh destruido mundo!
- ¿No lo entiendes verdad…?
¡No quería que se vaya!
Fue mi alma la que no soportó la carga de cargar mi cuerpo,
y como tú a tú conciencia,
tuve que arrancármela.
- Mientras tanto,
una niña se enamoraba de una estatua…
Y yo, mundo,
¡Oh mundo pordiosero!
… Yo me he enamorado de tu alma siendo luna
y hoy,
con nobleza y humildad,
¡Oh realidad!
… He venido a devolverte el sueño!

(Música: Darse un pequeño descanso escuchando


“Canción de las simples cosas” en la voz de Mercedes Sosa)
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 154
 

“Cuando un loco parece


completamente sensato
es ya el momento,
en efecto,
de ponerle la camisa de fuerza”

Edgar Allan Poe

CAPITULO V

BELITIUS: (APOCALIPSIS) NATALICIO DE LA BESTIA


Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 155
 
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 156
 
NO SEAS ILUSO, SUEÑO (NO LUCHES CONTRA LA REALIDAD)
(Música: Igor Stravinsky – Consagración de la primavera / Acción Ritual de los antepasados)

Él siempre supo que era un asesino, por eso tuvo la necesidad de crearme al necesitar
encerrar su lado oscuro para engañar su propia sed de sangre, ¡y ahora pretende negar que
yo soy su naturaleza!

Listos, apunten, ¡Fuego! Listos, apunten, ¡Fuego! Listos, apunten, ¡Fuego…!


Ritual de mi sangre enfurecida, deseosa de convertirse en esperma.
Listos, apunten, ¡Fuego! Listos, apunten, ¡Fuego! Listos, apunten,
¡Fuego…!

¡Vayan y díganle!
¡Adelante!
Díganle que todo lo que ha pasado
solo es él mismo encerrado en un cubo de espejos.

Ahora quiere acabar con su creación,


sin saber que hemos sido nosotros quienes lo creamos;
pretendió escribir un libro…
¡pero fue el libro quien lo escribió a él!

Yo soy el Garrick de tus sueños, ¡Mundo!


Fui yo el que descubrió la malicia del niño en su rostro frente a un espejo.
¡Fui yo!
Quien descubrió cuan placenteras resultaban las orgías sexuales.
¡Fui yo!
Quien logró manipular la debilidad de los otros
haciendo uso de mi maquiavélico criterio
y llevó al ocaso incluso a las personas que más amaba
incluyendo a mi madre, a la lluvia, a la luna y a mí mismo.

¡Fui yo, yo fui…!


¡Yo fui, fui yo…!

¡Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa!


Por eso ruego a la inconciencia siempre presente
que nunca lo absuelva de sus pecados y que nunca se cambie el nombre...
Algunas miserias son más grandes que la riqueza;
solo les hace falta ser con mayúscula.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 157
 
¡In nomine patris!
… In nomine patris.

¡Díganle que ahora todo tiene sentido!


Que todos los yos que miró en cada uno de los espejos de aquel cubo…
siempre fueron uno solo.

Brinden a su nombre un poco de alcohol,


sexo sin amor
o ayahuasca sin significado.

Y ahora,
¡mírenlo!
Observen directamente los hoyos en sus ojos,
y ahora díganme…
¿Quién es?

¿En verdad creen que estoy encerrado en mi propio infierno?


¡Oh payaso triste…!
Tú eres el infierno en carne propia,
y has hecho de la luna
…tu maquillaje.

¡Me han prohibido morir y me han condenado a asesinar!


¿Ven que también puedo ser D minúscula,
si así lo amerita la ocasión?

Soy tan cruel con mi sentimentalismo y el amor a mi creación


porque siempre necesité el abrazo de mi padre real.
¿Ahora observan el niño consentido que hay en mí?
… ¡¿Ahora saben que más que padre, soy hijo?!

Soy consciente de todo lo que hago,


pero precisamente por eso decidí divagar en las calles
asustando a aquel prójimo al que quiero brindarle mi conciencia…
¡Porque no se lo merecen, ni yo merezco rebajarme a su ignorancia!
¡Ahora saben entonces que yo también puedo mirar y disfrazarme de Arkenesis!

¡¿Por qué creen que lo que más me excita de rasguñar tetas y espaldas,
no es sentirlas,
sino observar la marca que dejó el rasguño?!
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 158
 

¡Anocdecum morte raisin pora!


Concorden lide rop tu demis
corpus Baal incimmen tores sut procibik;
lide rop lide, morte rop morte.

¡Sallertse ed im nozaroc, nellatse ni em solidificarum!


¡Zokatoly bacorpus sintiris morte maen erdap lais!
Olos sarbalap satreum in al memorial
serecnock pordidum in at yotse.

At alonhus on recon stai aqüya.


Sam neib on trax in lacke bacorpus…
¡At neib in sates in le sintiris onu sarexes solbaid!

In nommined patris et ego (et fili).

¡Enmudece la muerte entre mis poros!


Su piel es coherente a su vida
y el cuerpo de Baal incide en sus prohibiciones;
vida por vida, muerte por muerte.

¡Estrellas de mi corazón, estallen en mi cuerpo de piedra!


¡Gran cuerpo siniestro, padre de mi muerte alada!
Llévate mis palabras a la memoria del cáncer podrido de la noche.

Esto es lo que queda de mí ahora.


No hay bondad asegurada en los cuerpos sagrados…
¡El bien del cuerpo es relativo a los placeres del diablo!

En el nombre del padre y yo (su hijo).


Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 159
 
CANTO FINAL (RAPSODIA)

(Música: Igor Stravinsky – Consagración de la primavera / Danza sagrada (la elegida))

(El horizonte es una blanca pared de gritos)

- Abran la puerta, ruego que abran la puerta, se regará mi corazón en este eclipse.
- ¡Quieto!
- ¿Cuándo saldré de aquí?, ¡no me mientan!, ¡no me curen!
- ¡Cállate! – Dos martillazos en la madera – ¡Doy inicio a esta sesión!

Damas y caballeros, pueden pasar.

¡Bienvenido al teatro humano promiscuo!

Hoy presenciarán el caos, el dolor de salvación, pero no podrán sentir lástima por él,
¡aclaro! Por el contrario, ¡se burlarán de él!… Se reirán de su gracia, pues para ustedes el
morbo y el sufrimiento es divertido. ¡Damas y caballeros!, pueden condenarse a ustedes
mismos, los verdaderos culpables de su desgarradora actuación, los que humanamente
inspiraron el odio e insurrección del poeta y del marginado; o pueden negar su culpa, y
aclamar a gritos su crucifixión. Lo tienen frente a ustedes y esta vez no tiene mascaras…
¿Serán capaces de quitarse las suyas?

¡Ancianos! ¡Niños! ¡Negros! ¡judíos! ¡Homosexuales! ¡Idiotas! ¡Humanos…! Es su


decisión (después de todo, no sería la primera vez que se autodestruyen con la democracia).

¡No se alteren, uno a la vez!

¡Orden…! ¡Orden en la corte! ¡Repriman su animal instintivo, malditos patriotas


incivilizados!

¡Orden…! Haremos esto de una forma justa…

¡Tú!, ¿condenas a este hombre?

¡Qué respuesta más mediocre! ¿Y tú?, ¿condenas a este hombre?

¡¿Lo mismo que el anterior…?! ¡¿Qué sea lo que dios quiera?! ¡Malditos estúpidos!
¡¿Acaso no tienen voluntad…?! ¡Pues así será!

Entonces, tú… dios – ¿Condenas a este hombre? – Perfecto:

Ya que dios lo ha decidido, por obra y gracia de nuestro señor y la predecible y


autodestructiva democracia de los hombres, yo sentencio a la cruz a esta pobre alma; y
ustedes, hermanos míos, ¡podéis ir en paz! Sin embargo, ya que dios tuvo que decidir por
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 160
 
ustedes, no los dejaré huir tan tranquilos, también merecen cargar con algo de
remordimiento… Así pues, procedo a dar sus respectivas penitencias.

¡Tú!, el niño; si… ¡Tú! Tú serás quien clavará la estaca en su pecho; y tú, conciencia, tú
tendrás que consolar a su madre y a la puta luna mientras él agoniza. Todas las fichas están
sobre el tablero, ¡Jaque mate!

Dios, has condenado a la cruz a tu creador intelectual, por lo tanto, al fin has logrado matar
a aquel que te prohibía morir… ¡Adelante, podrás suicidarte sin remordimientos!

Uriel… Corromperás tu inocencia convirtiéndote en asesino y así dejarás de ser niño;


y tú, Arkenesis, tú que siempre viste bondad en ser consejero, cargarás la agonía
descubriendo el dolor de consolar a una madre por su hijo muerto.

Yo… ya he completado mi trabajo.

… Ahora, ¡tómame Luna puta! Méteme en tus bolsillos, abandona a este pobre humano
inseguro, y vuela... Es tu hora de ser libre y morir en la triste libertad.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 161
 
RESURRECCIÓN
(Tres días después del agujero negro)
(Música: Chopin – Nocturne N° 19 Op.72 No.1 Em)

PRIMAVERA CONGELADA

Vete primavera
y sigue corriendo hasta que sangres de blanco,
que no tengo ahora un lugar para el color del amor.
Vete y goza de la pálida ausencia.
¡Largo, luna roja, mengua por mí!
Ensucia tu cuerpo mientras estés oculta,
que, en este invierno,
mi calor emanará de la luz al horizonte.

Así te acompañaré, aunque te vayas y te desangres de blanco,


mi luna herida,
no porque ame tu invierno;
sino porque así,
congelarás mis lágrimas
y mantendrás abiertos mis ojos.

¡No te extrañaré!
…esa será tu extraña manera de hacerme feliz
mientras ensucias los vestigios del amor que nos brindamos.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 162
 
LIBERTAD

En esos días
nos miramos con recelo y con los ojos aguados,
reflectivos como espejos
y sinceros como el canto del alma…

Y lloramos y reímos como uno.


¡Esa tierna complicidad que mojaba sus fuentes
al mismo tiempo que destruía mi apatía y mi coraza
como una barca frágil en sus mareas!

No es a un ser fuerte al que tú amas, señora…


Aclaro mi desgracia como un perdigón a tus abrazos;
y no son brazos de valentía, ¡no!
… son íntimos como mi luz real,

no falsas máscaras de mi sombra comunal.

Tú, que ya conoces mi descenso,


saca mis puñales, aunque duelan,
pues solo tú puedes quitarlos
sin burlarte de este escombro.

En esos días
me miraba sin dañarme,
desnudaba mi armadura
con caricias
… con caricias.

¡Yo no soy solo ni omnipresente!


(le gritaba)
Soy humano…
¡Soy humano!

Soy un niño que se escuda en tus abrazos,


no me dañes… ¡No me dañes!
(Y te fuiste sonriente y amada
pero espantada de tus propias sombras).

En estos días,
no nos miramos, pero lloramos;
y nuestros ojos son como espejos,
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 163
 
y nos reflejan débiles y desnudos
(como buscando inútilmente la fortaleza en el abrazo ajeno).

(No en el nuestro, porque en el nuestro no la hallamos;


descubrimos lo sincero, siendo uno… siendo uno).

Si alguien la ve...
díganle que no se busca libertad siendo fuerte ni promiscuo,
se encuentra el amor cuando se es triste…
cuando se acepta la libertad como utopía,
dada la imborrable cicatriz de una herida.

Daniel.
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 164
 

“Lo asombroso es que la eficacia característica


que conmueve e inspira los centros creadores profundos
reside en el más sencillo cuento infantil,
como el sabor del océano está contenido en una gota
y todo el misterio de la vida en el huevo de una pulga.
Porque los símbolos de la mitología no son fabricados, no
pueden encargarse, inventarse o suprimirse permanentemente.
Son productos espontáneos de la psique
y cada uno lleva dentro de sí mismo, intacta,
la fuerza germinal de su fuente.”

Joseph Campbell

EPÍLOGO

Un diálogo entre Daniel y otra persona (ésta persona seguirá siendo un misterio
dependiendo de la conclusión que quiera darle el lector).

 
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 165
 
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 166
 
(Música (OBLIGATORIA) - Maurice Ravel – Bolero)

- ¿Nombre del paciente?


- Daniel.
- ¿Por qué está aquí?
- Porque soy un genio.
- Pero esto es un manicomio.
- No lo entiende, ¿verdad? Aquí aprendí a serlo, ahora necesito salir.
- ¿Y porque quisiera estar ahí afuera?
- Porque soy un genio.
- Pero… afuera o adentro, seguirá siendo un genio, ¿en qué cambiaría su situación
dependiendo del lugar?
- Adentro el cubo ya fue destruido; afuera, hay muchos por romper.

- ¿Por qué fue internado en este sanatorio?


- Personalidad múltiple
- ¿Con quién estoy hablando en este momento?
- No se preocupe, ahora soy solamente “Daniel”, no se puede ser lunático, sin
luna.

- ¿Nombre del paciente?


- Daniel
- ¿Enfermedad?
- La realidad
- ¿Edad?
- ¡Deje de jugar!

(Un silencio incómodo)

- ¿Dígame, sus personalidades aún existen?


- Sé que son pequeñas máscaras que puedo controlar a voluntad de mi
ingenio.
- ¿Qué es lo último que recuerda de su vida antes de entrar al sanatorio?
- Mi propia muerte… en medio de ella peleaba con dios, deseaba que aprenda
a escribir su nombre con minúscula, o diezmar el mundo matando a quienes
se lo prohíben. Recuerdo que morí en la lluvia. Mientras llovía, escupí
contra el viento; mi saliva y mis lágrimas se mezclaban con la lluvia, ¿me
entiende? ¡Morí en el asco! Le escupí al hombre… a mí mismo, y fallecí
ante el prisma de mi tristeza. (Relacionado directamente con el capítulo “La
muerte de Daniel”)
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 167
 
- Interesante lírica… le llamó muerte al manicomio, ¿por eso decidió encerrarse
acaso? ¿Prefirió la locura a cambio de la vida?
- Preferiría que cambie de tema.
- Está bien. ¿Qué beneficios obtuvo durante su estancia en el manicomio?
- Alimentación, techo, ajedrez, lápices, papeles, libros, vino, tabaco, una
guitarra y una oportuna adecuación de la habitación de acuerdo a mis
peticiones.
- ¿Cómo pidió que se le adecuara la habitación?
- Un espejo reemplazando cada pared lateral.
- ¿Con que objetivo?
- Embriagarme de reflejos.
- Usted está loco… ¿Qué ha hecho en medio de su ebriedad?
- Escribir y cantar…
- ¿Y que hace cuando está sobrio?
- Beber… beber y fumar.
- ¿Que canta?
- Tristezas.
- ¿Que escribe?
- Intentos.
- ¡¿Qué intenta?!
- … ¿Qué piensa?
- ¿…Qué trama?

L@ miré directamente a los ojos por unos segundos y luego respondí.

- Descubrir aquello que cabe en la matriz.


- Y dígame, ¿Qué es lo que cabe en la matriz?
- Todo, exceptuando el vientre.
- ¿De qué matriz me habla?...

- ¡Cállese!, han empezado los dolores de parto.


- ¡¿Qué?!
- ¡Maldita sea, por favor cállese, la matriz está a punto de estallar!
- ¡No le entiendo!, ¡¿Qué está pasando?!
- La matriz estallará.
- ¿Y cómo estallara?
- Como un Big Bang
- ¿Qué es lo que pretende Daniel? ¡Me está asustando!
- ¡Escúcheme…! No tenemos mucho tiempo, la explosión será demasiado
fuerte. En la matriz caben las ilusiones, en las ilusiones caben las ideas,
morales, sapiencias, energías, elementos, círculos; porque dicen mis ilógicas
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 168
 
cuando las escucho que nada inicia ni termina, que todo es la base de
círculos infinitos que mueren y renacen en el olvido y en el recuerdo; no
recordará nada de esto en unos segundos, porque en la matriz cabe el
universo, pero no cabe ella misma.
- ¡¿Pero que esta dicien…?!
- ¡Que se calle! ¡Déjeme continuar…! Sé que me cree loco, pero se lo ruego,
déjeme salir del manicomio ahora, ¡déjeme salir ahora o ambos lo
lamentaremos!
- Daniel, usted está loco.
- No mi amor, ¡No! Te prometo que te encontraré cada que la matriz estalle…
- ¡Traigan tranquilizantes!, ¡la camisa de fuerza se está rompiendo!
- …Tú eres mi única tranquilidad, mi amor, tu eres mi boleto de salida a la
nueva realidad. ¡Ayúdame, amor mío! ¿Acaso no te das cuenta que, para
liberar al mundo de la crueldad del amor, debía matarte?
- ¡Daniel! Abre la puerta, ¡por dios, abre la puerta!
- Te amo abuelita, perdóname por todo.
- Se va a matar, túmbenla, ¡Tumben la puerta ahora!
- Te amo papá, te amo madrecita… Lo siento mucho por mi rebeldía,
perdónenme… En el próximo círculo seré un mejor hijo, lo prometo... Y,
pa… te perdono con todo mi corazón… Sé que siempre quisiste lo mejor
para mí, a tu manera.
- ¡Sédenlo o amárrenlo, pero hagan algo ya!
- Luna… Te amaré toda la vida, y a ustedes también, chicos… Gracias por
compartir tanta música conmigo.

(Tumban la puerta)

Varios esperaban el nacimiento de un nuevo miembro de la familia, el reloj en el hospital


marcaba el medio día, el infante había tardado en nacer un poco más de lo previsto; si se
esperaba que nazca de forma natural, el estallido sería demasiado fuerte.
El médico decidió hacer cesárea. Era un varón; su llanto tardó un poco en aparecer, sus ojos
observaron muy atentos y con asombro, cada objeto de la habitación blanca; pero quedaron
fijos en la mirada de las primeras personas que le daban la bienvenida, como si estuviese
buscando una luz en sus ojos, una que no provenga de las lámparas, la luz de la luna que en
su vida siendo un círculo, no tardaría en aparecer.

Fue envuelto en una delgada prenda de color claro, y al salir de la habitación, sería
entregado a sus familiares. Muchos amontonaron al lado del bebé sus sonrisas asfixiantes;
sus abuelas, sus tíos, amigos de su familia y su padre (que era apenas un muchacho). La
felicidad se sentía en el aire… Su abuela materna solía demostrar una emotividad efusiva y
violentamente sincera, su sentido de la familia era fuerte debido a su educación
costumbrista. El bebé nació por azar en un país y en una región adornada con hermosos
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 169
 
paisajes y hermosas lunas, donde, se sufría una difícil situación política, económica y
social, pero aun así, la población intentaba distraerse de ella dando más prioridad a la
alegría, la amistad, la familia y las costumbres folclóricas, que convertían su tierra en una
cuna para la cultura artística mundial, llena de artesanos, músicos e intelectuales, que,
mantenían en comunión, muchas raíces históricas que forjaban una sociología,
antropología, demografía y sentido de pertenencia increíblemente interesantes. El niño tenía
suerte de haber nacido en esa tierra, en esa familia y con su cuerpo absolutamente sano.

Sería su padre quien lo tomaría en sus brazos… temblaba con extremo nerviosismo, pero
mantenía fuertes sus brazos intentando proteger a su retoño, su rostro llevaba un gesto de
sorpresa e incertidumbre; no sabía que pensar, su cuerpo y su mente no eran regidos por su
conciencia, la ley indefinible que lo hacía temblar cambiaría su vida de ahí en adelante.
Tomó a su hijo en sus brazos aún temblorosos y temerosos, como su idea del porvenir; sin
embargo, no le importó todo lo que pasaba por su mente, tomó en sus brazos al recién
nacido sin bacilar, y éste, aun con todo lo que había pasado en la matriz reciente en sus
sensaciones, aunque desapareciendo de forma lenta; se sintió amado y sintió que al fin su
padre le daba un sincero abrazo; sus brazos estaban acostumbrados a cargar una guitarra y
abrazarla con delicada percepción, por lo tanto, el abrazo que dio a su hijo fue amoroso y
musicalmente sonoro.

Luego, el bebé fue devuelto a su madre, quien le ofreció su seno por primera vez, y él, se
sintió tranquilo, pues sabía que ella jamás dejaría de abrazarlo, y que, en algún momento de
su vida, llegaría a su inspiración la luz de una luna llena. ¡Todo en la matriz había valido la
pena, incluso cuando ni siquiera el vientre se dio lugar en ella!

En su mente, que segundo a segundo olvidaba lo que había hecho caber en su matriz, se
creaba la nueva luna, una niña que cabía en la matriz de una estatua llamada ilusión;
mientras, al mismo tiempo, Daniel continuaba hablando en su mente con aquella persona
que le permitía salir del manicomio a un nuevo mundo, donde era respetado como artista y
condecorado como “dios”. Esta vez tardarían más en crucificarlo, pero lo harían y él lo
sabía… En su círculo, la crucifixión estaba predestinada.

- ¡No más círculos amor mío! ¡Es hora de avanzar al siguiente nivel de la espiral!
- Gracias por todo.

Cuando cortaron el cordón umbilical, el espacio y el tiempo sufrieron una ruptura. Un


puntillo en una fusa de la existencia.

- Y ahora que en la matriz solo seremos un recuerdo, quiero que me saque de una
duda, ¿a qué se dedicó durante todo este tiempo? Le sugiero que me responda
rápido… usted tenía razón, ¡no tenemos mucho tiempo!
- Tómelo con calma y sírvame otra copa de vino, tenemos mucho más tiempo
del que usted cree; después de todo, el tiempo corre de manera distinta en
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 170
 
cada punto del universo; por ejemplo, en este momento solo hacemos parte
de un pequeñísimo electrón, que a su vez representa un pequeño planeta en
un gran sistema de una enorme galaxia de un infinito universo; que, a su vez,
es un pequeñísimo organismo para el multiverso germinado dentro de la
matriz. ¡Pero no quiero confundirl(x)!, eso se lo explicaré con más calma –
Tomé una pausa, encendí un cigarrillo y continué – Por ahora responderé a
su pregunta; en este tiempo me dediqué a escribir un libro, ¿me ayudaría a
continuarlo?


(Música: OBLIGATORIA: Leo Brouwer – Un día de noviembre

OPCIONALES: Pink Floyd – Echoes


Porcupine Tree – The Sky Moves Sideways (Phase 1)).
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 171
 
CREDITOS

Daniel Cortés:

Autor del libro.


Arte gráfico de: Portada, Réquiem de luna nova, Epílogo y logo personal.

Germán Ordoñez:

Arte gráfico de: Postmortem, Sinfonía (ni la distancia), Belitius (apocalipsis)


y Contraportada.

Texto de Contraportada:

Daniel Cortés, Pedro Moreno Mora y J. Mauricio Chávez.

Prólogo:

John Jairo Ortiz

Fotografía:

Tatiana Albán

Agradecimientos especiales:

Profesor Javier Rodrizales


por la confianza y el apoyo que me ha brindado

Mi amigo Reivan Rivera


por tu amistad y por leer este libro desde que apenas era un boceto

Los integrantes de mi banda “Paradigma”


En especial a Rubén Revelo, Esteban Obando y Cristian Enríquez,
sin ustedes esto tampoco hubiera sido posible,
los quiero mucho.
 
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 172
 
REFERENCIAS MUSICALES A LO LARGO DEL LIBRO
(En orden)

- Gustavo Santaolalla – De Ushuaia a la Quiaca; Babel.


- Philip Glass – Todo el álbum “Metamorphosis”.
- René Aubry – Chaloupée; Aquarelle; La Grande Cascade; Le Signal; Frénésie;
Lungomare; Salento; Regard; Demi Lune.
- Yann Tiersen – Todo el álbum “Good bye Lenin!”.
- Jerry Goldsmith – Ave Satani.
- J. S. Bach – Cello suite N° 1 en G.
- Antonin Dvorak – Romance Op. 11.
- F. Chopin – Nocturnes (aleatorios).
- Igor Stravinsky – El Pájaro de Fuego.
- Franz Liszt – Piano Concerto No.1 en E flat major
- Ludwig van Beethoven – Sonata Claro de Luna.
- Astor Piazzolla – Romance del Diablo.
- F. Mompou – Música Callada.
- Richard Wagner – Ride of the Valkyries.
- F. Chopin – Marcha Fúnebre.
- Sergei Rachmaninoff – Sinfonía No1 en D Menor Op.13.
- W. A. Mozart – Réquiem.
- Ludwig van Beethoven – Sinfonía No1 en C mayor Op.21 – Andante.
- Antonin Dvorak - Sinfonía No9 - Allegro con Fuoco.
- Mussorgsky – Noche en el Monte Pelado.
- Sergei Rachmaninoff – Piano Concerto No2, Op.18.
- Astor Piazzolla – 4 Estaciones (Porteñas).
- Mercedes Sosa – Canción de las Simples Cosas.
- Igor Stravinsky – Consagración de la Primavera.
- F. Chopin – Nocturne Op.72, No1 en E menor.
- Maurice Ravel – Bolero.
- Leo Brouwer – Un Día de Noviembre
- Pink Floyd – Echoes.
- Porcupine Tree – The Sky Moves Sideways (Phase 1)
Daniel Cortés / Lo que cabe en su matriz 173
 

También podría gustarte