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La administración entre los años 1700 y 1900

En la administración del 1700 se aplicaron ideas que ya habían sido trazadas en la


antigüedad; se redescubrieron algunas técnicas, otras se tomaron prestadas, pero ninguna
idea nueva se desarrolló. Fue una difusión y aplicación y el refinamiento de técnicas y
principios existentes o conocidos; no fue precisamente un período
de innovación.

Antes de 1700 la mayor parte de la manufactura utilizó capital limitado y en


pequeña escala trabajadores poco preparados; el desenvolvimiento de este
periodo permitió la aplicación de las más nuevas especialidades administrativas.

Al principio del siglo XVIII, una serie de acontecimientos tuvo un impacto sobre
las prácticas administrativas, como ser, el crecimiento de las ciudades, la
aplicación del principio de la especialización, el uso extendido de la imprenta
tipográfica y los principios de la revolución industrial. La revolución industrial
inglesa, comprendida entre 1700 y 1785, desarrolló una nueva generación de
administradores con conceptos y técnicas propias. Una de las más importantes
innovaciones durante este período fueron los cambios en la organización de la
producción básica.

El sistema predominante de este siglo, fue el sistema doméstico, donde los


individuos en vez de satisfacer justamente sus propias necesidades, produce uno
o mas bienes para la venta o el trueque.

Este sistema persistió durante mucho tiempo por dos motivos: la pequeñez de la inversión
de capital requerida para emprender semejante empresa y la dispersión de la población. Bajo
el sistema doméstico hubo reducidas oportunidades e incentivo para desarrollar o adaptar
técnicas administrativas sofisticadas, aunque lo fueron sobre una base informal.

Las barreras educativas también impidieron el desarrollo de capacidades administrativas; un


trabajador de ese período se consideraba bien educado si realizaba simples sumas
y restas; de ese modo los conceptos administrativos se encontraban más allá de
su alcance.

La siguiente etapa, el sistema del trabajo a domicilio, fue una evolución lógica
del sistema doméstico. Los empresarios actuaban como corredores en las ferias
rurales contratando la producción entera de las familias. Este sistema marca el
cambio en el status de los trabajadores de manufacturero independiente a
empleado. La única función administrativa bajo este sistema fue el control de
los materiales.

La tasa por pieza pagada a los trabajadores no fue notablemente alta, y los trabajadores se
desprendieron de los materiales vendiéndolos furtivamente, así los comerciantes perdían el
control de los materiales cuando los cedían a los artesanos. Esta falla contribuyó al
quebrantamiento del sistema del trabajo a domicilio y al surgimiento del sistema fabril.
El sistema fabril aparece con la introducción de la maquinaria movida por
combustión. Esta máquina aumentó notablemente la productividad, pero al mismo tiempo
aumentó el costo y requerimiento de capital, lo cual implica la introducción de factorías, así,
hombres y máquinas podrían ser supervisados en grupos en lugar de individualmente.

Desde el punto de vista administrativo, el factor decisivo en el establecimiento


del sistema fabril, fue el deseo de controlar hombres, materiales y máquinas;
causando esta concentración, problemas de control y coordinación. La
administración en el sistema fabril se caracterizó por un estricto control y
organización militar; los dueños fueron clasificados como comerciantes
manufactureros, y estuvieron más interesados en vender su producto que en el
desarrollo de un sistema básico de administración.

La introducción del sistema fabril efectuó una mejora en el control de los materiales,
evitando o al menos disminuyendo el robo. El control de calidad no tuvo grandes mejoras, la
forma mas común de este control era la inspección del producto por el comprador.

El control de la producción en esta época, consistió en bajas tasas por pieza y en una dura
conducción de la supervisión. El control financiero, en cambio, fue el aspecto mejor
desarrollado del temprano control administrativo, debido a que los dueños de las fábricas
provenían de la clase comercial inglesa, quienes habían adoptado las mejores técnicas
contables y financieras de Italia y otros países con los que habían negociado.

Durante el siglo XVIII, empezó a reconocerse el valor de una planificación


explícita y cuidadosa, fueron utilizadas dos técnicas que quedaron entre las más
productivas: la localización de planta y computación de la amortización.

La función administrativa de dirección comenzó a tener importancia con el sistema fabril, en


los sistemas anteriores esta función fue innecesaria o ignorada.

Se introduce también el concepto de supervisión, donde la función básica ha


sido asegurar la ejecución uniforme de las órdenes, e impulsar a los trabajadores
hasta la última brizna posible de producción.

Sir James Steuart

James Steuart ha publicado en 1767 una investigación de los principios de política


económica, basándose en los principios que un estadista o administrador sigue en la
Administración de la política económica de un país.

Steuart desarrolla la Teoría de la fuente de autoridad, donde resalta “…en tanto


que ella sea una cuestión de ley natural, no encuentro la cuestión tan difícil.
Toda autoridad esta en proporción de la dependencia y debe variar de acuerdo a
las circunstancias…El poder arbitrario nunca puede ser delegado: pues si es
arbitrario, puede volverse contra el monarca o contra el sometido…”

Adam Smith

Economista que mostró gran interés en el desarrollo de las funciones de la


administración, puso énfasis sobre la división de trabajo y sus beneficios.

Publicó en 1776, Riqueza de las Naciones, lo que lo hizo uno de los intelectuales del mundo
moderno. En él, asegura el aumento en la producción debido a la división del trabajo dando
así, tres razones diferentes: primera, el aumento en destreza de cada obrero en particular;
segunda, el ahorro de tiempo que comúnmente se pierde al pasar de una especie a otra de
trabajo; y finalmente, a la invención de numerosas maquinas que facilitan y abrevian al
trabajo y capacitan a un hombre para hacer el trabajo
de muchos.

Su pensamiento liberal formó las bases para la doctrina del “laissez faire”, visualiza el
principio de la especialización de los obreros en una fábrica de agujas y enfatiza la necesidad
de racionalizar la producción mediante el estudio de tiempos y movimientos que más tarde
Taylor y Gilbreth desarrollan como la base fundamental de la administración científica de los
Estados Unidos.

Adam Smith considera de gran importancia la planeación y la organización


dentro de las funciones de la administración. El buen administrador, según él,
debe preservar el orden, la economía, y la atención, sin descuidar los aspectos
del control y la remuneración de los trabajadores.

Eli Whitney

Eli Whitney desarrolló la idea de la manufactura de partes intercambiables, también


llamado “sistema americano”. Este sistema lo utilizó para la creación de armas para él
ejército y partes separadas para la reparación de esas armas.

Este sistema de partes intercambiables, indica un alto nivel de “Know-How” tecnológico y un


conocimiento avanzado de las herramientas.

Señala una primera y sofisticada aplicación en la manufactura de la división del


trabajo por operación, así como también, un excelente desarrollo de métodos de
control de calidad. Este sistema llevó el fundamento por el cual los pioneros de
la administración científica construyeron su disciplina.

Whitney también desarrollo un sistema extensivo de contabilidad de costos, ya que cada


componente y cada proceso llevan sus costos propios. En la fábrica Mill Rock, de su
propiedad, fue puesto en práctica una especie de control de calidad, donde un inspector
probaba cada parte de los fusiles desechando aquel que fuera defectuoso.

A través de toda su carrera, Whitney inventó muchas de las má quinas


modernas que hicieron posible la empresa a gran escala, como por ejemplo la
maquina de moler.

James Watt

Una de las primeras aplicaciones de la administración científica a la manufactura ocurrió en


Gran Bretaña en Ingeniería de Fundición Soho, de Boulton, Watt y compañía en 1800.

Fue originalmente formada para fabricar la máquina de vapor de Watt; hasta que en 1800
sus respectivos hijos, heredaron las responsabilidades administrativas, desarrollaron
mecanismos intercambiables en un alto grado de perfección “…y con la gran experiencia de
los propietarios aplicaron el poder del vapor a las maquinas de cilindros, bombas, al taladro,
al torneado; para el calentamiento de sus hornos de fundición y a cualquier cosa que
abreviase el trabajo humano obteniendo seguridad; por la superioridad de sus herramientas
fueron capaces de obtener fluidez y perfección en un grado nunca antes alcanzado..”

Cuando por necesidades de la demanda la fabrica se expandió, se hicieron


planes detallados considerando la disposición, el tamaño, la localización y las
fuentes de energía de la factoría. Se empleó el concepto de pronostico y
planificación de la producción, así, los agentes en el continente informaban a las
oficinas centrales de los eventos que afectarían a la demanda de maquinas y
con base en esa información se pronosticaban las ventas bosquejándose así la
producción futura.

Esta nueva administración calcula la velocidad para cada maquina y ajusta la velocidad
al tipo de trabajo efectuado, anticipándose de esta manera al trabajo de Frederick
W. Taylor.

Se llevaron a cabo planes detallados de flujos de trabajo o rutinas. El proceso


de producción para cada artículo en particular se dividió en una larga serie de
operaciones menores, indicando un alto grado de división del trabajo. Cada
trabajador era clasificado por especialidades: ajustadores, torneros, y
trabajadores en general. Todo esto reflejó la “nueva” ciencia de la
administración y organización del trabajo.

Podemos observar tres factores importantes:

1. Se hizo uso extensivo de planes detallados de operación;


2. Los métodos empleados en la planeación fueron científicos;
3. El proceso de producción fue organizado sobre las bases de maquina
y trabajador.

Los administradores de Soho se interesaron en las ventajas comparativas del tanto por pieza
en el establecimiento de salarios, siendo el control la principal razón administrativa. Las
tasas por pieza solo fueron aplicadas sobre aquellos artículos uniformes que fueran
fácilmente clasificables en grupos, midiendo y uniformando el tiempo para cada operación,
anticipándose así a Babbage, Taylor y Gilbreth.

La administración comprendió que un cambio a tanto por pieza de una tasa


tanto por hora podría llevar a trabajar más rápidamente. En consecuencia, a los
hombres se les pagó a salario por tiempo por una producción igual a la previa
mas un pago incentivo por la producción extraordinaria. En la fundición Soho,
los hombres incorporados en un grupo de trabajo fueron contratados por un
salario semanal. El grupo de los capataces, sin embargo, fue contratado sobre
una base de tanto por pieza.

En total se utilizaron tres escalas de salarios:

• una tasa igual por pieza para cada articulo


• una tasa variable por pieza en proporción al tamaño o al diámetro
• una tasa por pieza que variaba con el numero de caballos de la maquina para el
trabajo de ajuste de aparatos y transmisiones.

El bienestar físico se consideró cuidadosamente y se reconoció la importancia


sobre la productividad del ambiente en el trabajo.

Boulton también estableció una sociedad mutua de seguros para el beneficio de sus
empleados y para aumentar el afecto de los obreros a la Soho. La llamó Sociedad Mutualista
de Seguros, esta sociedad fue autoadministrada, las contribuciones de los empleados se
basaron sobre las ganancias, variando los beneficios de acuerdo con las contribuciones
realizadas.

La fundición Soho fue una planta pionera con sus diseños científicos de trabajo,
su subdivisión y especialización del trabajo en conformidad con el mayor uso de
maquinaria, sus métodos más efectivos de pago de salario y su mejor sistema
de mantenimiento de registros y costos contables

Robert Owen
Robert Owen mostró en Inglaterra que el industrialismo no necesitaba construirse sobre
el trabajo barato, el abuso y la brutalidad. Pavimentó el camino para la legislación
industrial, poniendo sus principios en acción y probando que
podrían funcionar.

“El hombre es la criatura de las circunstancias” fue la filosofía de Owen y aprecio la parte
vital jugada por el factor humano en la industria.

Al creer que el volumen y la calidad del producto de un trabajador era


influenciado por el ambiente tanto en el trabajo como fuera de él, sus políticas de
trabajo fueron paternalista, atrayendo atención, pero poca imitación.

Owen vivió la administración como una profesión. Bajo su dirección se


construyeron casas y calles, la edad mínima para el trabajo de los niños se
aumento, se otorgaron facilidades para comer, se introdujo la escuela y se
abrieron centros de recreación vespertina para enfrentarse con los problemas
del ocio. Robert Owen podría llamarse el padre de la moderna administración de
personal.

Charles Babbage

Fue pionero en el desarrollo de la primera computadora digital. Babbage era un


científico, un matemático y un escritor. Su conocida obra “La economía de las maquinas
y las manufacturas” apareció por primera vez en 1832, y los tres mil ejemplares
impresos se vendieron en menos de dos meses. Cinco meses después apareció una
segunda edición y en 1835 ya se había publicado una cuarta edición
en Londres.

Babbage contribuyó al inicio y desarrollo del enfoque científico del estudio de la


administración. Aseguraba que los principios de organización eran aplicables a cualquier
campo en donde la coordinación del esfuerzo humano fuera esencial para el logro de un
objetivo común. Le interesó primordialmente no el diseño y la construcción de maquinaria,
sino su utilización y la organización de los seres humanos con ese propósito.

Señaló que la administración debía averiguar el número de veces que cada


operación era repetida por hora, que el trabajo debía ser dividido en esfuerzo
físico y mental, que el costo exacto de cada proceso debería determinarse; y
que cada trabajador debería obtener una bonificación proporcional a su propia
eficiencia y al éxito del negocio. Babbage enfatizó la importancia de la división
del trabajo, indicando que se podía lograr una mayor ganancia a través de la
especialización, que el tiempo requerido para aprender un proceso determinado
podría acortarse y que la habilidad adquirida por dicho proceso podía ser
aumentada por la división del trabajo.

Fue predecesor de Taylor en el área de estudios de tiempos. Enfatizó también la importancia


del equilibrio en los procesos y el principio del tamaño óptimo de las unidades de producción
para cada producto.

Charles Babagge era un observador astuto, un informador preciso de las


prácticas productivas, un generador de ideas y el precursor de la nueva
administración científica que seguiría.

Henry Poor

Fue editor del American Railroad Journal (de 1849 a 1862), estableciendo principios
administrativos básicos para las grandes organizaciones de negocios. Henry Poor
aparece en escena como respuesta a diversos problemas relacionados con la gran
organización ferrocarrilera.

Los administradores ferrocarrileros debían guiarse por tres


principios: organización, comunicación e información. Proponía que la
organización del ferrocarril debía estar diseñada para asegurar que el tiempo de
cada hombre fuera completamente utilizado y el equipo fuera mantenido en
servicio el mayor tiempo posible.

Por comunicación se entendía un sistema de informes que conservaría informada a la


gerencia sobre las operaciones y el principio de información era el análisis de informes para
mejorar las operaciones.

Daniel C. McCallum

Fue superintendente del ferrocarril de Erie de 1854 a 1857, trabajó conjuntamente con
Henry Poor y fue uno de los primeros en poner en práctica sus
recomendaciones administrativas.

McCallum fue un autodidacta, con su mente abierta y su viva imaginación, encontró


soluciones a las ineficiencias administrativas que plagaban a los ferrocarriles en
esa época.
Básicamente, el problema era el control. McCallum creía en una dirección con
mano de hierro, tal como lo hizo al ocupar su cargo en Erie en 1854. Este
régimen no les pareció bien a los ingenieros que estuvieron en huelga durante
diez días desde que tomó su puesto. El enfoque administrativo de McCallum
para dirigir al Erie estaba basado en sistemas, sentido común, informes y
control. Aplicó en 1854, lo que ahora consideraríamos como
simple rutina.

Después de poner su sistema en operación, desarrolló un organigrama para el


ferrocarril. Fue uno de los primeros con una estructura con forma de árbol, que
mostraba al presidente y a la junta directiva en su parte central, con
las cinco divisiones fundamentales de la compañía ilustradas como ramas
del árbol.

Después de dejar el Erie en 1857, el secretario de guerra Edwin Stanton, lo nombró director
y superintendente de todos los ferrocarriles de Estados Unidos en febrero de 1862, con el
poder de expropiar y operar cualquier ferrocarril necesario para la culminación exitosa de la
guerra. Se distinguió en su nuevo puesto por su capacidad administrativa superior.

Al igual que los ferrocarriles, las empresas industriales, estaban también


aumentando su tamaño, y con la apertura de nuevos mercados, pronto igualaron
a los ferrocarriles en su complejidad.

Joseph Wharton

En 1881, apareció un nuevo desarrollo. Reconociendo la necesidad de una formación


administrativa, Joseph Wharton, industrial y financiero de Filadelfia, donó cien mil
dólares a la Universidad de Pennsylvania para que estableciera un departamento en
donde los jóvenes puedan adquirir la educación y el adiestramiento necesarios para ser
administradores.

De acuerdo con Wharton, las universidades de la época estaban preparando solamente unos
cuantos individuos (doctores, abogados y clérigos) para desempeñar sus labores reales en la
vida y creía que se debía hacer algo para incorporar la educación administrativa al nivel
universitario.

El nuevo departamento debería incluir en su plan de estudios una educación


liberal de administración de empresas que cubriera temas tales como, los
problemas de las huelgas, principios de cooperación, legislación mercantil,
oratoria, funciones de los bancos de liquidación, causas de los pánicos y crisis
monetarias, la naturaleza de los bonos, etc.
Así fue como empezó la escuela Wharton; durante diecisiete años fue la única
escuela de su tipo, pero en 1898, las universidades de Chicago y California
establecieron sus escuelas de administración y para 1911, ya se encontraban
funcionando un total de treinta.

Henry Metcalfe

Metcalfe trabajó en la administración en el Arsenal de Frankford, descubrió que los


métodos tradicionales de organización y control que se usaban en la industria eran
despilfarradores e ineficientes. Su solución fue el desarrollo, en 1881, de un sistema de
control tan completa y exhaustivo que, años después de marcharse Metcalfe, el arsenal
continuó utilizándolo.

Al igual que la de McCallum, la teoría de Metcalfe estaba basada en sistema y


control. Metcalfe visualizaba e insistía que toda la autoridad debía provenir de
una sola fuente, con un flujo de información detallada de gastos y logros
volviendo a dicha fuente; y eliminó trece distintos tipos de libros e informes que
habían sido usados regularmente en el arsenal de Frakford.

Después de ser transferido a diferentes arsenales, Metcalfe, continuó experimentando


mejores técnicas de control administrativo. Terminó su carrera enseñando en West Point.

Henry Towne

Presidente de la compañía manufacturera Yale y Towne, durante cuarenta y ocho años,


Henry Towne, implementó nuevos métodos administrativos en las plantas de su
empresa. Los editores de Industrial Management, The Engineering Magazine, afirman
que ya en 1870, Towne iniciaba la aplicación sistemática de métodos administrativos
eficientes; y que su conferencia “El ingeniero como economista” presentado ante la
Sociedad Americana de Ingenieros Mecánicos en 1886, probablemente inspiró a
Frederick Taylor a dedicar el trabajo de toda su vida a la administración científica.

En su conferencia, Towne destaca que la administración del taller es tan importante como la
administración de ingeniería en la eficiente dirección de una empresa.

Este pedía que la administración fuera considerada una ciencia con su propia
literatura, revista y asociaciones. Sólo a través de dicho intercambio, señalaba
Towne, se podían los empresarios beneficiar de la experiencia de otros.
En una segunda conferencia, “Reparto de ganancias”, publicada en 1896, Towne afirma que
el reparto de utilidades no es un ajuste equitativo, ni una solución correcta a un problema
económico.

El plan de Towne garantizaba una tasa de salario definida para cada empleado,
con la ganancia que cada departamento obtenía sobre un
nivel científicamente determinado, dividido al 50 por ciento entre patrón
y empleado.

En su tercer ensayo “La evolución de la administración industria”, escrito en 1921,


Towne comparó el estatus de la administración científica en 1886 y en 1921, observando
particularmente los establecimientos de cursos de administración industrial en
escuelas técnicas y universidades y acreditando a F. W. Taylor como el apóstol del
movimiento científico.

La principal contribución de Henry Towne, fue que fijó el clima y la


atmósfera propicia para la posterior aplicación de métodos científicos.
Su plan de reparto de ganancias como sistema de pago de salarios fue de
menor importancia.

Frederick Halsey

En 1891, Frederick Halsey presentó un importante trabajo ante la Sociedad Americana


de Ingenieros Mecánicos en el cual esbozaba sus ideas sobre salarios.

Halsey estaba fundamentalmente en desacuerdo con el plan de informe de


ganancias de Towne, ya que pensaba que las utilidades provenían de muchas
otras fuentes aparte de la producción de los trabajadores. Además estaba en
completo desacuerdo con la práctica prevaleciente de reducir la tasa de salario a
destajo cuando el obrero estaba percibiendo una cantidad de dinero demasiado
grande.

El “plan de primas” sugería la determinación de un tiempo normal para efectuar un trabajo,


con una prima que le sería pagada al empleado por el tiempo empleado.
Este plan garantizaba a cada trabajador la paga completa de su día de trabajo más la prima
si su iniciativa así lo requería.

Bajo el plan de Halsey, se les concedía a los trabajadores el tiempo que habían utilizado en el
pasado como norma. Si aumentaban su producción, dos terceras partes de la ganancia eran
para el patrón y una tercera parte para el empleado, con la seguridad para la administración
proveniente de las dos terceras partes de la utilidad.

Se han desarrollado muchos planes de primas para pago de salarios, pero el de


Halsey se le considera una contribución original a la administración por varias
razones. En primer lugar, fue un intento de mitigar el antagonismo entre la
administración y los empleados causado por los salarios; y garantizaba una tasa
diaria o por hora basada en la actuación anterior del empleado más una prima
adicional de un medio a un tercio del ahorro logrado por el trabajador. Bajo el
plan de Halsey, por tanto, las ganancias del empleado no serían excesivas aún
si doblaba su producción y el patrón se vería tentado a reducir la tasa de la
prima, ya que él, lo mismo que el trabajador, se beneficiaba con la producción
adicional. Finalmente, éste plan era un avance sobre el plan de Towne, ya que
en este último un aumento en la producción implicaba una pequeña recompensa
tanto para el buen como para el mal trabajador.

El plan de Halsey tuvo una importante influencia en Gran Bretaña y en Estados Unidos y, a la
par que las ideas de Taylor por el pago a destajo, sirvió como modelo para sistemas
subsecuentes de pagos a salarios.

GRAN BRETAÑA

Podemos definir a la Revolución industrial, como una serie de transformaciones


que experimentó la economía inglesa en la segunda mitad del siglo XVIII. De un
entorno rural con sus costumbres campesinas, pasa a otro completamente
diferente: un mundo urbano e industrializado.

Revolucionó el orden social y cambió tanto la forma de pensar del hombre como
sus formas de conducta.

La revolución industrial se fue generando lentamente; entre 1750 y 1800 en


Inglaterra y se expandió por el resto del mundo, lo que en un principio fue un
desarrollo de los avances tecnológicos, terminó por transformar a toda la
sociedad, conformando un sistema económico que hoy conocemos
como capitalismo.

Se ha reflexionado acerca del porque la Revolución se dio en Gran Bretaña y no en otros


países, que compartían el mismo desarrollo de la agricultura, la manufactura o el comercio.
La razón quizás es que en Gran Bretaña existían muchas regiones preparadas para adoptar
las nuevas tecnologías, la demanda de productos industriales fomentaba la aparición de
nuevos métodos de producción, había mano de obra disponible para trabajar en la nueva
industria y capital para poner en marcha las nuevas fábricas.

Además existía una población más preparada y dispuesta a aceptar la innovación que en
otros lugares de Europa, además de poseer un marco institucional adecuado.

Para el obrero, el cambio fue incluso más fundamental, porque no solo estaba
en juego su ocupación, sino su propia forma de vida. Para muchos la
introducción de la máquina supuso por primera vez una separación respecto de
los medios de producción; para casi todos, la máquina impuso una
nueva disciplina.
Sólo incentivos muy fuertes pudieron haber decidido a los empresarios para iniciar y aceptar
estos cambios; y sólo adelantos decisivos haber superado la resistencia de la mano de obra
al propio principio de mecanización.

Una de las formas de producción anterior a las fábricas, la más antigua, era el taller
artesanal independiente, donde un maestro contaba con la ayuda de un aprendiz
o jornalero.

Esta independencia se perdió y el artesano pasó a depender del mercader, que


le proveía de materias primas y vendía el producto terminado. Esta
subordinación, fue consecuencia de la ampliación del mercado. Mientras primero
el artesano trabajaba para la clientela local, pasó a depender de mercados
distantes y competitivos a través de un intermediario. Fue de este modo como
la población rural se incorporó al circuito productivo.

Una revolución en la agricultura

En las sociedades preindustriales, la agricultura era la actividad económica fundamental, la


que generaba la mayor parte de la renta y la que ocupaba la mayoría de la población,
aunque su bajo rendimiento solo permitía alimentar a una escasa población no rural, se
necesitaban dos hombres cultivando la tierra para conseguir un excedente que pudiera ser
vendido a un tercero de otra profesión. El crecimiento de la población estaba limitado a la
disponibilidad de tierras y al rendimiento de la agricultura.

La tierra se cultivaba con instrumento y métodos primitivos: arado tirado por


animales, abonos naturales, uso del barbecho, etc.; era muy dependiente de los
ciclos naturales, lo que provocaba períodos de escasez.

La revolución agraria logró aumentar la productividad a través de innovaciones


tecnológicas y cambios en la propiedad de las tierras que facilitan la adopción
de esas innovaciones. El aumento de la producción se dio no sólo por la
extensión de la superficie cultivada, sino porque se consiguió una mayor
producción por hectárea.

El barbecho se eliminó al introducir sistemas de rotación de cultivos (cereales y


plantas forrajeras en rotación cuatrienal o sistema Norfolk) que permiten
regenerar el suelo a la vez que se cultiva.

Posteriormente se introdujo el tractor a vapor, es decir la mecanización de la


agricultura, permitiendo quintuplicar la superficie trabajada por un hombre
en un día.

Se produjo también una transformación en el sistema de propiedad de la tierra, se


trata de la sustitución del tradicional sistema de openfields o campos abiertos, cuya
utilización se regulaba colectivamente por los enclosures, o campos cerrados.
La revolución demográfica

La sociedad preindustrial se caracterizaba por sus altas tasas de mortalidad y


de natalidad.

La población era periódicamente diezmada por epidemias causadas por el hambre, resultante
de la baja producción agraria (ciclo malthusiano). La carencia de alimentos bajaba las
defensas y las epidemias se difundían, como consecuencia, volvía a bajar el crecimiento
demográfico.

En Inglaterra entre 1750 y 1800 el ciclo malthusiano se rompe y la población


comenzó a crecer de manera continuada. La mortalidad baja y sigue habiendo
alta natalidad debido a diversos factores, como ser, las transformaciones en la
agricultura que se traduce en una mejor alimentación, a la revolución en los
transportes que hacía posible la importación del trigo, avances en la medicina y
una política más eficaz de higiene pública.

La época del capitalismo es la de las grandes migraciones económicas. Dentro de Europa, del
campo a la ciudad, de los países pobres a los industrializados o a zonas poco pobladas del
este.

A partir de 1840 se produjo también la emigración a América, estimuladas por las


crisis políticas y económicas y facilitada por los nuevos medios de transporte y
por el mayor conocimiento de los países.

La segunda gran inmigración se produjo entre 1880 y 1914, y afectó a casi 20 millones de
europeos; a diferencia de la anterior, una buena parte de ellos, luego de unos años, volvían
a su país de origen y, en el límite, se encuentra la emigración “golondrina” de los italianos,
que cada año recogían la cosecha en su país y en Argentina.

La emigración europea tuvo consecuencias enormes en términos económicos y


demográficos:

hizo más lenta la expansión demográfica y ocasionó un movimiento


de capital en dos sentidos: el dinero sacado por los emigrantes y el
que mandaban sus familias

abrió nuevos mercados comerciales

fomentó el aumento de salarios al reducirse la mano de obra y el


abaratamiento de la tierra al bajar su demanda
alteró la distribución geográfica de la población y contribuyó a
difundir la cultura europea.

De la herramienta a la máquina

Hasta finales del siglo XVIII el hombre había utilizado herramientas que dependen de la
fuerza y habilidad de la persona que los maneja.

Estos instrumentos pueden reproducir los movimientos mecanizados que pueden


repetir indefinidamente; cuando este movimiento es inducido por un motor, surge
la máquina.

El primer sector inglés en mecanizarse fue el textil, y dentro de éste, el del algodón.

En 1733, el relojero Kay patentó su invento conocido como la “lanzadera


volante”, que permitía tejer piezas más anchas que la apertura de los brazos de
un trabajador aumentando así su rendimiento.

En 1738, Wyatt y Paul logran incrementar también la productividad en la


hilatura registrando una máquina, que prescinde de los dedos humanos,
obteniendo hilo de algodón.

Aunque la introducción de estos inventos fue lenta, no utilizándose hasta 1760,


significan una gran transformación en el ciclo de producción textil y el primer
paso de lo que se llamaría revolución industrial.

Gracias a estos y otros inventos el algodón pronto superó a la lana


constituyéndose en el sector puntero de la economía.

La industria del algodón

La máquina de Wyatt y Paul no tuvo el éxito que se esperaba, sus mecanismos no estaban
perfeccionados y producía hilo de baja calidad, por ello, para abastecer la demanda de
telares, Inglaterra se veía obligada a importar grandes cantidades
de hilados.
De ahí al primer gran invento, que se produce en 1764 cuando un trabajador
llamado Hargreaves, casi por casualidad hace girar la hiladora mecánicamente
en vez de manualmente. Esta máquina de hilar se patentó en 1770 y fue
conocida en toda Europa como jenny; y en su primera forma tenía ocho usos y
ya a finales de siglo poseía de 100 a 120. Esta máquina logró aumentar la
oferta de hilo y ahorrar mano de obra.

El segundo gran invento se dio en 1768, por un barbero llamado Arkwright, que
construyó la llamada “water frame”, una máquina de hilar que usaba como
fuerza motriz la de un salto de agua (rueda hidráulica), que a diferencia del
invento anterior, sólo se podía utilizar en fábricas.

Gracias a estos aumentos la productividad creció considerablemente. La primera


reacción de los trabajadores ante estas nuevas máquinas fue violenta, pues pensaban
que cada una dejaría sin trabajo a varios obreros.

El tercer gran invento fue a finales de 1770, cuando el técnico Crompton


perfeccionó la mule jenny, que era un cruce de las anteriores, y que producía un
hilo fino pero resistente.

Estas innovaciones provocaron la importación de grandes cantidades de algodón en bruto de


la India, Medio Oriente y Estados Unidos. Ahora había hilo barato pero el bloqueo lo producía
la lenta confección del tejido; el hilo se estaba comenzando a exportar, en beneficio de las
industrias nacientes de otros países.

Este bloqueo fue solucionado con la máquina de Cartwright, el sacerdote que


inventó el telar mecánico, ensayado en 1785 y perfeccionado y automatizado
entre 1815 y 1840. Su aceptación fue lenta debido a las dificultades técnicas,
que no se solucionaron hasta principios de siglo, como a la resistencia de los
trabajadores que lo consideraban su enemigo, ya que venía a sustituir a una
gran masa de obreros poco especializados por un pequeño número de
trabajadores capacitados.

A partir de la renovación de la hilatura y el tisaje se puso en marcha un proceso


de mecanización de todas las etapas de producción de tejidos. La materia prima
se abarató con la introducción de la desmontadora de algodón en el sur de los
Estados Unidos. Gracias al descubrimiento del cloro, la operación del
blanqueado se redujo notablemente. En cuanto a duración y la limpieza del
algodón en rama también se mecanizó, así como el cardado y el estampado. La
fábrica de algodón era el símbolo de la grandeza industrial inglesa; el obrero del
algodón, la fuente de su mayor problema social: la aparición de un proletariado
industrial.

La energía inanimada

Las formas de energía, en vísperas de la revolución industrial eran la muscular (animal o


humana), la hidráulica, y la suministrada por el viento. Así que se instalaron fábricas a orillas
de los ríos que se llamaron molinos y eran movidas por ruedas hidráulicas.

Como consecuencia era de vital importancia la invención de la máquina a vapor


y su aplicación como fuerza motriz dentro de las fábricas.

Un paisaje de carbón y hierro

La madera, como combustible, fue sustituida por el carbón mineral; por otro lado su
utilización en la construcción fue reemplazada por el hierro. La metalurgia, necesita dos
ingredientes: un combustible y un mineral, que en el caso de la siderurgia, es el hierro.

La transformación del mineral no se hacía cerca de su mina sino cerca del


combustible y por tanto, su transporte resultaba más caro.

Así las plantas de transformación dependían de la existencia de un bosque


cercano que, al ser consumido obligaba a un nuevo traslado. De ahí la
importancia del descubrimiento de la rentabilidad del carbón mineral en los
nuevos altos hornos. Debido a Abraham Derby, que en los primeros años del
siglo XVIII, hizo el descubrimiento a partir del coque (carbón recalentado). Con
ello desaparecían los obstáculos que impedían el desarrollo de la tecnología y el
desarrollo de la siderurgia.

Entre 1830 y 1840, esto permitió incrementar y abaratar la producción de acero, la siderurgia
sustituyó al algodón y sería la base de su mantenimiento en Gran Bretaña como primer país
industrial.

Además suministraba un material sólido y barato que era imprescindible para una economía
en vías de industrialización. Era utilizado en la construcción de máquinas y, sobre todo, en el
ferrocarril.
Otro sector clave en la revolución industrial fue la minería, muy importante en
Inglaterra donde tenía una explotación cuasi-feudal. Fue en este sector donde
se aplicó por primera vez la máquina atmosférica de Newcomen (1712) y donde
se comenzaron a instalar raíles para el transporte de mineral en vagones.

Y el proceso continúa

Quizá la característica más importante de la revolución industrial fue que abrió una vía de
progreso que, para sostenerse, debía ser constantemente renovada y perfeccionada.

En 1840-50 hubo una nueva ola de innovaciones más ligadas al desarrollo


científico, pudiéndose distinguir dos momentos cruciales:

1. Entre 1875 y 1900 se produce un avance tecnológico aplicado a la


producción, que algunos han llamado segunda revolución industrial; el
cual se caracteriza por la producción industrial y explotación comercial
de nuevas fuentes de energía, como la electricidad y el petróleo. En
1914 la electricidad se había convertido en una industria mundial; su
producción constituía una ventaja relativa para los países no productores
de carbón incorporándose con éxito a la industrialización. La utilización
del petróleo permitió la invención del motor de explosión utilizado por
Diesel desde 1892 y por Benz un año mas tarde. Con ellos se logra
producir un acero más barato, se avanza en la industria química, la
armamentística y la agraria.
2. A partir de la segunda guerra mundial se ha producido una
revolución científico-técnica en la que se destaca el desarrollo de la
electrónica, la informática y, la energía nuclear, con lo que se conforma
una sociedad postindustrial caracterizada por la automatización.

FRANCIA

Años anteriores a la revolución, Francia parecía estar dispuesta a una rápida recepción de la
Revolución Industrial y era habitual la importación de máquinas de Inglaterra, pero se irá
retrasando durante el siglo XIX.
Francia en comparación con Gran Bretaña, estaba peor dotada de las materias
primas necesarias en la primera etapa de la industrialización (carbón, hierro) y
su sistema bancario estaba peor articulado.

Entre 1815 y 1848 se puso en marcha la industrialización. Aunque se produjo un


fuerte crecimiento de la minería y la siderurgia, se basó en las industrias de
bienes de consumo como el jabón, el azúcar y el textil. También en esta etapa
comienza la construcción del ferrocarril (1842).

En 1860, bajo el imperio, se firmó un tratado comercial con Gran Bretaña, único
momento de librecambismo en Francia hasta los acuerdos de la Comunidad
Europea. Las protestas por este tratado hicieron que el Estado subvencionara la
industria metalúrgica para protegerla de la competencia exterior, y así favorecer
su modernización. La economía francesa continuó su desarrollo, pero más lento
que Gran Bretaña o Alemania.

En 1870 se produjo un duro golpe a la economía francesa debido al pago a Prusia


de la indemnización de la guerra. En 1875 comenzó a reactivarse en un marco
proteccionista, tanto para la agricultura como para la industria. Se consolidó el
cultivo tradicional y el desarrollo fue lento y poco competitivo.

ALEMANIA

Posee enormes riquezas materiales que, si bien inició tarde su industrialización y con ayuda
de capitales extranjeros (franceses, ingleses y belgas), pronto se desarrolló hasta
convertirse, en la segunda mitad del siglo XIX, en el primer país industrial del continente y
en un peligroso rival de Inglaterra. Una de las razones a este avance, es la importancia del
Estado en todo el proceso.

El Estado prusiano, agente de la unificación política, impulsó la economía como


un medio para conseguirla. El primer paso fue el zollverein o Unidad Aduanera
entre los numerosos Estados alemanes. Fue creado por F. List, donde aseguraba
que sin la desaparición de las múltiples aduanas que separaban a los estados
alemanes, no era posible el intercambio de mercaderías, elemento necesario
para la industrialización. Así en 1834 se logró un zollverein general.

En 1838 comenzó la unidad monetaria, que hacía posible, y a su vez, exigía la construcción
de una red ferroviaria; este sector, a su vez fomentó el desarrollo de la siderurgia y la
minería de carbón. Así, Alemania, se especializó en la industria pesada y bienes de equipo.

Su comienzo fue próspero gracias a las indemnizaciones de guerra pagadas por


Francia. Las relaciones entre banca e industria fueron más estrechas que en
ningún otro país.
Ya en 1914, los bancos alemanes poseían las dos terceras partes de sus
carteras en valores extranjeros. En vísperas de la Primera Guerra Mundial,
Alemania producía más hierro fundido que Inglaterra y Francia juntas y más
acero que estas dos más Rusia.

ESTADOS UNIDOS

Comenzó su industrialización a partir de 1820, se llevó a cabo gracias a la continua llegada


de emigrantes, gente emprendedora y arriesgada, que se encontraba en un país nuevo y
lleno de posibilidades. La inmigración hizo que la población se incrementara, aunque la
densidad de población seguía siendo menor que en Europa.

Esta presión poblacional actuó en dos sentidos:

• Por una parte, fomentó el rápido desarrollo agrícola y ganadero,


cuantitativamente a través de la extensión hacia el oeste con
asentamiento de colonos-propietarios, y cualitativamente al emplear los
métodos más modernos de cultivo.
• Por otra parte, fue agente del rápido desarrollo industrial.

Como en Inglaterra, su fuerte fue la industria textil, como también la industria maderera y
de la construcción.

Estados Unidos fue capaz de producir su propia tecnología; se adoptaron modernos sistemas
de producción y gestión y se formó una potente banca nacional.

Luego al período de la guerra de secesión (1861-1865), que finalizó con el


triunfo de la opción industrializadora y capitalista frente a la agrarista y
esclavista, comenzó una rápida recuperación. Se benefició de la llamada
segunda revolución industrial, con la explotación de yacimientos petrolíferos,
electricidad y automóvil. En vísperas de la Gran Guerra, se había convertido en
la primera potencia mundial.

ESPAÑA

Entre 1827 y 1833 comienzan a sentarse las bases del sistema capitalista en
España con el Código de Comercio (1829) y la constitución de la Bolsa de Madrid
(1831).
En 1914 el país no estaba industrializado y la minería y la industria producían
solo la cuarta parte de la renta nacional, mientras que la agricultura todavía era
responsable del 40 por ciento.

El primer problema de la industrialización española es su asincronismo, frente a


la sincronización inglesa, entre los cambios técnicos, económicos, ideológicos y
políticos que conducen al capitalismo.

En el siglo XIX, a España se le ha aplicado el calificativo de “economía dual”, que es


tradicional y moderna a la vez, “de subsistencia” y capitalista. En agricultura subsiste, la de
tipo antiguo, dedicado a abastecer el mercado rural circundante, sólo una pequeña parte
entra en el mercado. La España moderna y capitalizada, de altos rendimientos, muy
minoritaria, se localizaba en las zonas del litoral mediterráneo.

El pequeño taller artesano y la empresa familiar con técnicas antiguas y poco capitalizada
convivían con la próspera y avanzada industria textil, minería y siderurgia.

Otros problemas a destacar son: la escasa capitalización de la agricultura; la


importancia del capital extranjero en sectores fundamentales como la minería o
el ferrocarril; la pérdida del mercado colonial; la inadecuación de la estructura
bancaria que es escasa, débil y concentrada en Madrid, lejos de los centros
productores; se canaliza la inversión hacia el ferrocarril (descuidando la
industria) y hacia la renta pública.

El arranque de la industrialización se produce desde que el modelo liberal se asentó tras el


fin de la primera guerra carlista en 1840. Se crearon y desarrollaron empresas industriales
especialmente en Cataluña.

El dinamismo industrial, especialmente en el textil algodonero, se vio afectado


en 1862 por la crisis de abastecimiento de materia prima a causa de la Guerra
de Secesión americana. En 1864 aparecieron los primeros síntomas de crisis en
el ferrocarril, a causa de los rendimientos de explotación, que eran tan bajos
que apenas cubrían los costes, lo que llevó a la crisis bursátil y financiera de
1866, en Madrid y Barcelona.

En la última década del siglo, se desarrollaron las empresas eléctricas y de


servicios públicos (aguas, tranvía y alumbrado eléctrico) y, especialmente en
Bilbao, las navieras. Pero el escaso crecimiento entre 1901 y 1913 contrasta con
el dinamismo europeo, acumulándose el retraso y consolidándose la posición
periférica de nuestra economía. No obstante España había logrado reducir su
dependencia energética y modernizar su equipamiento industrial, lo que le dio la
oportunidad de aprovechar, la coyuntura de la Primera
Guerra Mundial.

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