Está en la página 1de 2

Venezolanos de la tercera edad sufren

consecuencias de la migración forzada

Gladys, de 59 años de edad-–cuya identidad real pide sea resguardada- llegó a


Tenerife, España en noviembre de 2019. “Con una jubilación como docente y
una pensión equivalente a un dólar no podía ni comprar un mercado así que
vendí mi carro, compré un pasaje y me fui. La hermana de mi ex esposo me
dijo que viniera, que podía conseguirme trabajo. Me quedé en su casa. Pero
sin papeles solo podía trabajar en negro y cuando decía mi edad ponían peros
hasta para cuidar ancianos. En febrero comencé a limpiar una oficina, pero
llegó marzo, el Covid y todo se detuvo. Vivir esos meses donde mi amiga fue
terrible”.

Al terminar el confinamiento Gladys acudió a la Cruz Roja pidiendo ayuda y


fue remitida a un albergue. “No quisiera volver a Venezuela, pero si no
encuentro trabajo tendré que regresar a la miseria”.

Gladys forma parte de los 5,5 millones de venezolanos que han emigrado
huyendo de la crisis humanitaria compleja que asola el país. En búsqueda de
oportunidades para tener acceso a la alimentación, la salud, la seguridad y el
respeto a sus derechos fundamentales, atraviesan fronteras muchos incluso a
pie hacia países como Colombia, Perú, Ecuador y sin medios económicos para
vivir mientras encuentran trabajo.

Los migrantes, entre quienes hay un numeroso grupo integrado por mujeres,
niños, niñas y adolescentes se ven expuestos en este tránsito a los peligros de
atravesar trochas en las cuales son, en muchos casos, víctimas de la trata de
personas y la prostitución así como también del abuso por parte de quienes los
contratan pagándoles sueldos míseros a cambio de largas jornadas de trabajo.
Quienes pueden viajar a destinos más distantes como Europa también sufren
las vicisitudes al no encontrar fuentes de trabajo.

Pero hay una población sobre la que también pesan las consecuencias de la
migración forzada: quienes integran el grupo de la tercera edad. Para este
grupo la migración implica no solo la imposibilidad de ingresar al sector
laboral, sino la ansiedad de perder los amigos, la familia, no saber si tendrán
acceso a los servicios de salud, el arraigo.

Según la encuesta de Condiciones de Vida en Venezuela –Encovi 2019-2020-


que evalúa la situación social de la población, Venezuela es el país más pobre
de América Latina: 96,2% de los hogares reportan pobreza por ingresos,
mientras que 79,3% están en pobreza extrema.

De acuerdo a informes de la Organización de Naciones Unidas, unos 1.000


millones de personas tienen hoy 60 años y se espera que esta cifra crezca para
2030 en un 46%.

En el Día Internacional de los Adultos Mayores muchos de los migrantes


venezolanos que integran este grupo se encuentran en situación de
vulnerabilidad, sin seguros, pensiones o posibilidades de ingresar al campo de
trabajo, otra de las consecuencias de la crisis humanitaria compleja provocada
por un régimen indolente y criminal.