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¿Debemos obedecer siempre a la autoridad?

Los seres humanos somos seres que obedecemos, porque la convivencia requiere estar sujetos
a leyes y reglas que hay que llevar a cabo. Esto ocurre desde que nacemos, se nos inculcan
leyes, de niños descubrimos las reglas de la vida mediante las órdenes de nuestros padres. Los
castigos, nos hacen aprender que no podemos desafiar a la autoridad sin sufrir las
consecuencias. Poco a poco, hemos interiorizado reconocer la legitimidad de ciertas
autoridades para darnos órdenes: profesores, padres, médicos, policías y políticos… puesto
que no obedecemos a cualquiera.

Los niños deben obedecer a sus padres, porque son responsables de su integridad, seguridad y
educación, el niño no tiene la capacidad ni la experiencia para decidir por sí mismo. Tampoco
se va a dar cuenta de los posibles peligros o consecuencias de sus actos si no se los explicas y le
indicas cómo comportarse.

Esto no se trata de ser un dictador, pero si un hijo no aprende desde pequeño lo que es la
autoridad, el día de mañana no guardará respeto y ya será demasiado tarde. Además, en esta
vida tarde o temprano conoces lo que es la autoridad y debes respetarla, lo contrario solo
traerá problemas. No se puede dejar a un hijo que haga lo que quiera. Obedecer a tus padres
no te hace un esclavo, ni menos libre, te hace respetar unos límites. Límites sin los cuales la
convivencia sería imposible. Lo que hay que hacer es concienciar y que tomen sus propias
decisiones y la misión es hacerle comprender lo que es más correcto, cuando tengan una edad
suficiente para razonar debidamente.

Cuando crezcan, en algunas ocasiones, si se intenta razonar con ellos, van a dar una buena
respuesta y algunas veces hasta pueden sorprender obedeciendo firmemente. En otras
ocasiones, cuando tienen el día cruzado, no van a hacer ningún caso y se tendrá que hacer uso
de la autoridad.

El ciudadano, en cambio, no debe en conciencia obedecer cuando las prescripciones de la


autoridad civil se opongan a las exigencias del orden moral.

Cuando nos hacemos adultos nos sometemos a otras reglas/normas, a la hora de conducir, en
el trabajo y en nuestra vida cotidiana. Creemos que somos individuos autónomos, libres e
independientes y en verdad somos seres individuales unidos al resto por reglas y leyes que nos
enfrentan permanentemente a poderes y autoridades a las que nos sometemos sin pensarlo.
Pero frente a ordenes despreciables, la historia del siglo xx nos debería haber enseñado a
desobedecer.

Seguimos las reglas del juego y, si no nos hacemos preguntas, mezclamos castigo y
obediencia.

El experimento de Milgram es una serie de experimentos de psicología social. La prueba está


destinada a medir la buena voluntad del participante para seguir instrucciones relevantes,
incluso si estas instrucciones pueden contradecir su conciencia personal.

Los experimentos comenzaron en julio de 1961, tres meses después de que Adolf Eichmann
fuera condenado a muerte en Jerusalén por crímenes contra la humanidad durante el régimen
nazi en Alemania. Milgram ideó estos experimentos para responder a la pregunta: ¿Podría ser
que Eichmann y su millón de cómplices en el Holocausto sólo estuvieran siguiendo órdenes?
¿Podríamos llamarlos a todos cómplices? ¿Seríais capaces de electrocutar a una persona si
estuvieseis en ese mismo caso? ¿Pulsarías un botón que infringe daño a otra persona? ¿Lo
harías si fuera una orden?

Todos tenemos un cierto grado de conciencia. ¿Pero y si el dolor fuera soportable?

El investigador persuade al participante para que dé lo que éste cree son descargas eléctricas
dolorosas a otro sujeto, el cual es un actor que simula recibirlas. Muchos participantes
continuaron dando descargas a pesar de las súplicas del actor para que no lo hiciesen.

Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son extremadamente importantes, pero se


dice poco sobre el comportamiento de la mayoría de las personas en determinadas
situaciones. La autoridad firme se coloca sobre las fuertes demandas morales del sujeto
(participante) de lastimar a otros, y dado que los gritos de la víctima resuenan en el oído del
sujeto (participante), la autoridad se imponía con mayor frecuencia. La extrema buena
voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad
constituye el principal descubrimiento del estudio.

Este es uno de los muchos casos en los que la obediencia hacia un ser superior puede modelar
o modificar la mente de otras personas.

Como conclusión podría decir, que toda persona debe someterse a unas normas desde su
nacimiento hasta su muerte, para facilitar la convivencia con los demás y evitar el caos, sin que
esto impida también cuando la persona tenga la suficiente edad, distinguir lo que nos repugna
moralmente de lo que no; ya que a lo largo de la historia muchas personas se han dejado llevar
por dictadores que han manipulado sus mentes para conseguir sus fines, haciendo que éstas
hayan actuado de forma que por sí solas nunca lo hubieran hecho, cometiendo verdaderas
atrocidades como en los regímenes nazis, fascistas o comunistas.

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