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Por. Sofía Redding Blase.

Tornado del libro: El Buen Salvaje y el Caníbal, UNAM, México, 1992.

Porque tierras Lejanas esperaron en Mi; las naves de Tarsos serán pineras en traer de lejos tus hijos, y con ellos
su plata y su oro pare el nombre de Yahvé, tú Dios y para el Santo de Israel, pues El tú glorifica.
(Isaías, 60:9).



En el País que habría de auspiciar el descubrimiento de América y emprender su conquista y colonización había
sido invadido y colonizado varias veces. Al término del Imperio Romano, la Hispania fue invadida por los
visigodos, cuyo avance pudo ser detenido en el siglo VII, cuando los musulmanes invadieron la Península
ibérica y penetraron hasta Galia y, siendo detenidos en Poitiers, fueron obligados a retroceder hasta más al sur
de los Pirineos.

La lucha contra los musulmanes se inicio durante la segunda mitad del siglo XI, adquiriendo verdadera
fuerza durante el siglo XII, cuando el poder musulmán sufrió un total retroceso. A partir de este momento se
consolidaron los reinos cristianos que unificarían a la desgarrada Hispania guiados por el espíritu de la guerra
de Reconquista: Castilla, Aragón y, al norte, el pequeño reino de Navarra.

La reconquista de España por los peninsulares significo, por un lado, el origen de las particularidades
del desarrollo económico, político y social de la nación y, por el otro, la génesis de una visión de la alteridad
propia de una
Sociedad recién edificada ideológicamente frente a un Nuevo Mundo que trastorna el conocido espacio
terrenal.

Al morir Enrique IV el Impotente y tras maquinar toda suerte de estrategias, Isabel sube al trono de
Castilla en 1474 y anuncia la unidad Española. En el año de 1469 había sido desposada por el príncipe heredero
al trono de Aragón, Fernando, quien a la muerte de su padre Juan II en 1479, une su corona a la de Isabel de
Castilla para formar una potencia que habría de ponerse al mando de un país totalmente desarticulado. Isabel,
ayudada por la Santa Hermandad, milicia al mando de Alonso de Quintanilla, metió en cintura de los
demandados señores de sangre noble que asediaban los caminos y las grandes villas, reformo las cancillerías,
fundo nuevas instituciones y estableció una nueva jerarquía en el cuerpo de funcionarios.

Gracias a sus leales legistas logró doblegar la aristocracia castellana y anular los fueros otorgados por su
generoso hermano y obligar a los nobles a devolver los bienes mal tenidos. Finalmente obtuvo el dominio
absoluto al controlar a la poderosa Iglesia, rica en oro y privilegios

Fernando e Isabel, dispuestos a terminar de una vez por todas con la pluralidad ideológica y religiosa que
amenazaba el logro de la unidad española, promulgaron un edicto por el cual se expulsaban a todos los judíos
del territorio español mientras solicitaban a Roma, en 1478, permiso para establecerlo que se llamó el consejo
de la Suprema y General Inquisición.
La lucha por liberar las tierras españolas de los heterodoxos, los herejes, los moriscos (moros bautizados) y
marros (judíos conversos), llevó a la hoguera miles de enemigos de Dios al tiempo que ingresaban fabulosas
sumas de dinero a las arcas reales por la cosificación de bienes de las víctimas del santo oficio.

Las ventajas políticas e ideológicas que reporto a los Reyes la instauración de la Inquisición fueron evidentes,
pues la defensa de la fe cristiana oxiden tal, vino a reforzar el vínculo emocional entre los españoles y
profundizar el sentimiento de un destino nacional común que encontró en la victoria española sobre el Califato
de Granada, el impulso que le permitiría asegurar el dominio del absolutismo español y el triunfo final del
pensamiento cristiano occidental.

Recordar el desarrollo del proceso de la propagación y defensa de la fe cristiana, conduce a considerar el año
1492 como símbolo de la dialéctica que prevalece en toda relación con el Otro: la alteridad se revela y se
afirma como tal mientras se niega como cualidad elemental del Otro.

El triunfo sobre los moros en la última batalla de granada y la expulsión de los judíos, por un parte y, por otra,
el descubrimiento de hombres cuya existencia real no se conocía aunque se soñaba con ella, son dos hechos
históricos insertos en el doble movimiento de alteridad. El otro interno español se niega con la expulsión de
moros y judíos al tiempo que se enfrenta el otro cultural exterior que España encuentra en el nuevo mundo.
Relaciones interétnicas dañadas por el espíritu de conquista, de homogeneidad de las ideas, de paz imperial
que no admite diferencias.

 

Errando tras la corte real nómada, arrastrando, necio, un proyecto que varios monarcas habían rechazado, iba
un exlanero genovés, ex agente de la casa comercial de los Centurioni, navegante por itinerarios portugueses
de áfrica, soñador irremediable inspirado en la astronomía del florentino Toscanelli, hombre medieval y
fanático religioso, admirador de Marco Polo, un personaje cuyo nombre propio revela una trascendental
misión: Cristóforo Colombo. Su hijo Hernando lo describe así:

Al almirante fue hombre bien formado y de estatura más que mediana, la cara larga, los pómulos algo
salientes, sin declinar a gordo ni a macilento. Tenía la nariz aguileña, los ojos garzos, la cara de color blanca y
encendida. En su mocedad tuvo los cabellos rubios, pero cuando llego a los treinta años, todos se le pusieron
blancos. En el comer y beber, y en el adorno de su persona, era muy comedido y modesto. Afable en la
conversación con los extraños y muy agradable con los de casa, si bien con modesta gravedad. Fue tan
observante en las cosas de la religión que podría tenérsele por profeso en la manera de observar los ayunos y
de rezar el oficio divino. Fue tan enemigo de juramentos y blasfemias que yo juro que jamás le oí echar otro
juramento que por San Fernando. Y cuando más airado se hallaba con alguno, su represión era decirle ͞de vos
a Dios qué hiciste o dijiste esto?͟ y si alguna cosa tenía que escribir, no tomaba la pluma sin escribir primero
estas palabras: IESU cum MARIA sit nobis in via; y con tal carácter de letra, que con solo aquello podría ganarse
el pan.

Nieto de Giovanni e hijo de Doménico Colombo y Suzanna Fontanarossa, con nace en 1451, en Génova. En
distintos tiempos y en distintos lugares, 14 ciudades italianas y 12 naciones peleaban por la gloria de ser lugar
de nacimiento de almirante. Empero, en 1498, cuando otorga escritura de la institución de mayorazgo a su hijo
mayor, Diego, Colón exigió: que tenga y sostenga siempre en la ciudad de genova una persona de nuestro
linaje, que tenga allí casa, y mujer y le ordene renta con que se pueda vivir honestamente, como persona tan
llegada a nuestro linaje, y haga pie y raíz en la dicha ciudad, como, natural de ella, porque podrá haber de la
dicha ciudad ayuda , y favor en las cosas de menester cuyo, pues quede ella Salí y en ella naci.

En el proyecto colombino tuvo que sortear toda una serie de obstáculos financieros y diplomáticos para que
colon partiera del puerto de palos hacia las indias por el camino del oeste, en una nao y dos carabelas armas
por los pinzón y niño, marino de la niebla que buscaba oro cono corsarios en los dominios de Portugal

Por otra parte la corona no estaba en disposición de financiar en su totalidad la expedición y, por otro no se
sabía con precisión si el tratado de alcacovas (firmado el 14 de septiembre de 1479 con el fin de repartir y en
efecto, los castellanos podían navegar a canarias conquistar las islas no la exclusiva cobre la costa occidental
africana en dirección sur, además de que para navegar por espacio portugués era necesario que el rey de
Portugal diera previamente su licencia.

Colon ya había ofrecido proyecto de llegar al Asia por occidente a Juan ll de Portugal, en los años de 1484 y
1488, quien lo había rechazado porque, siendo las antiguas rutas de mercaderes fenicios, Portugal ya tenía
establecidos enclaves comerciales de áfrica. En efecto, los fenicios fueron los primero en traspasar las
columnas de Hércules (estrecho de Gibraltar) y circunnavegar áfrica, empresa que lleva a cabo en tres años por
cargo de faraón Necao a finales del siglo 7 antes de Cristo.

Junto al camino que llevaba a Palos se alza una colina en cuya cima los fenicios construyeron un templo al que
dieron el nombre de Baalros. Más tarde lo romano lo consagraron s Proserpina, hasta que los moros la
convirtieran en mezquita. Los franciscanos se instalaron en el siglo 13 y bautizaron el templo con el nombre de
Santa María en La Rábida.

En este recinto de nívea blancura, colón confeso al prior del monasterio, Fray Antonio de Marchena, sus
pecado e intenciones de viajar a las indias por la ruta occidental. Doctor en astronomía y entendedor de
cábalas astronómicas, Marchena quedo impresionado y aconsejo a colon que partiese a la corte de castilla, por
lo que le extendió cartas de recomendación para el confesor de la Reina, Hernando de Talvera. Años más
tarde, el admirador recordaría gratamente al prior de la Rábida, en una carta dirigida a los reyes: ͞Nunca yo
Hallé ayuda de nadie, salvo de fry Antoño de marchena, después de aquella de Dios eterno͙no se halló
persona que no tuviese a burla mi empresa, salvo aquel fray Antoño de marchena͟.

El conjunto de conocimiento que poseía colon era precisamente el motivo de la confianza que el prior
Marchena depositaba en él. El matrimonio de la hija de colon con el capitán y gobernador portugués
Bartolomé y Perestreño, le permitió familiarizar en libros, cartas de navegación y cuadernos de bitácora. Supo
de las teorías de Aristóteles, Estrabón y Plinio, así como de los versos proféticos de Seneca, las cartas y mapas
de Toscanelli, y el ͞Imago Mundo͟ del cardenal Pierre d͛Ailly. Por sus estados de estos materiales y de otros sé
que colón tenía la certeza de que habría de ser el primero en realizar un viaje al exactico oriente, pro al
occidente.

Los banqueros florentinos jugaron un papel tan importante en el financiero del viaje colombino que vale pena
recordarlos para tomar en cuenta que el descubrimiento de América está inserto dentro de las necesidades
que el mismo desarrollo capitalismo iba generando para asegurar su existencia.

Giannotto di Lorenzo de Berardo Berardi era cocido en España como Juanoto Berardi. Gracias a la relación
financiara y amistosa son Berardi, colón tuvo la oportunidad de conocer a Américo Vespucci, entonces factor
de Berardi, con quien habría de mantener una relación entrañable. A su regreso triunfal, Colón se encontró con
Vespucci en Barcelona y dejo en casa de Juanoto, Sevilla, a través de los nueve desdichados indios que había
traído de su viaje.

En la calle de Genoveva, cuya prolongación era la calle se la sierpes, el ͞WALL STREET͟ de los sevillano, vivía
Francisco Pinelli, conocido en España como pinelo quien junto con Berardi, prestaba dinero a interés a la reina
Isabel para quien intervenía como recaudador. Previendo la ventaja que les reportaría del viaje de colón,
actuaron como prestamistas o bien como intermediarios para financiar la primera y segunda expedición
colombina. Pasados diez años Pinelo redacto el proyecto del reglamento de la casa de contratación de Sevilla,
que ejercería el monopolio comercial en Iberoamérica durante los siglos.

Para conseguir la audiencia real que daría la autorización final para la autorización de su proyecto, colón
necesito ayuda de varios importantes personajes. Entre ellos destacan Alonso de quintanilla, contador mayo,
Luis de Santángel y Gabriel Sánchez; el fraile dominico diego de Denza y Hernando de talavera, futuro
arzobispo de granada. Todos influían noblemente de las decisiones de Isabel y Fernando y eran personajes de
suma importancia. Sabían que nada era mar tentador para sus altezas que ampliar sus dominios y terminar
con el paganismo de los pueblos asiáticos con solo invertir con una modesta suma de dinero que permitiría al
terco genovés probar la posibilidad de llegar al Asia por el camino de occidente.

Al quinto mes se espera, y gracias a talavera, colon obtuvo audiencia de los reyes para el viernes 20 de enero
de 1486 en Alcalá de henares. Hincado la rodia sobre un cojín a cuatro pasos del trono, colon expuso su
proyecto y logro que su caso fuera revisado oficialmente por un experto que quien resultó ser el fray Antonio
de Marchena.

El 24 de febrero de1486 los reyes concedieron la audiencia a Marchena quien hizo todo lo posible para que la
empresa colombina se llevara a cabo. Logró, a su vez el proyecto del genovés fuera transmitido a una junta de
doctores al frente de la cual estaría Hernando de talavera.

Finalmente después del largo y penoso peregrinaje de colon el proyecto fue aceptado el 20 de enero de 1492,
tras la rendición de granada.

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Las negociaciones, que comenzaron en enero, condujeron a la firma de contrato entre los reyes y colon el 17
de abril de 1492. Las capitulaciones de santa re mencionaban los objetivos de las expediciones en forma
bastante velada, aunque se especificaba claramente los títulos derechos y privilegios del genovés. En efecto, se
concedía a colon título de almirante de la mar Océana y virrey de todas las tierras nuevas que hallara, por lo
cual también seria juez de todas las que ocurriesen con ocasión de esas tierras. Los títulos se otorgaban a él
͞durante su vida y, después de muerto, a sus enredosos y sucesores de uno a otro perpetuamente ͞. Colon
también tendría derecho de recibir un diezmo se riquezas y un octavo de tráfico comercial con las tierras
descubiertas. El título de el almirante de la mar Océana fue ratificado el 30 de abril por los reyes, así como el
virrey de todas la tierras descubiertas; al mismo tiempo se concedía al antiguo lanero el don y en adelante
podía llamarse y titularse don ͞Cristóbal colon͟

Ese mismo día los reyes firmaron otro importante documento: la carta credencial al gran kan, en la cual los
reyes le daban a saber al monarca mongol que don Cristóbal colón portador de la misma era enviado a las
tierras asiáticas para gloria de Dios recordemos que el sueño dorado de colon era de tener suficiente oro para
financiar una guerra santa para rescatar el santo sepulcro delas impías manos de los ejércitos de islam
quienes sometían la tierra santa desde 637.

Se sabe el financiamiento del proyecto de colón provino de círculos privados. Fray Bartolomé de las casas
afirma que toda la expedición costo tan solo dos millones de maravedís. La corona aporto un millón ciento
cuarenta mil maravedís que Luis Santángel y Francisco Pinelli prestaron a la reina Isabel. Juanoto Berardi
presto a colon quinientos mil maravedís mientras las autoridades de villa palo, donde se armó la expedición
aportaron los trescientos sesenta mil maravedís faltantes. Es realmente sorprendente que la corona tan solo
aportaran la ridícula suma de un millón de maravedís, sobre todo al recordar los cálculos que ofrece el
historiador Yákov Svet.

En total sus Altezas invirtieron en los preparativos de la gran expedición una suma que equivaldría en oro unos
10 kilogramos de este precioso metal, mientras que según los cálculos más someros, en 300 años de su
dominio en el nuevo Mundo obtuvo e importó de allí una cantidad de metales preciosos equivalente a 3
millones de kilogramos de oro.

El mismo Colón se queja amargamente de la tacañería de los reyes y escribe en su testamento: ͞Sus Altezas no
gastaron ni quisieron gastar en ello salvo un cuento de maravedíes, y a mí fue necesario gastar el resto͟.

Consuelo Varela registra los datos aportados por las casas y el propio Colón desglosa el costo de la expedición
del siguiente modo:

Las cuentas salen por sí solas: los Reyes aportaron 1.140.000 maravedíes, Colón 500.00 maravedíes, justo el
doble del octavo que, según su contrato debía costear: los 250.000 a los que él mismo se refiere al decir que
pagó también ͞el resto͟; y los paleños 360.000 maravedíes, que fueron el flete de las dos carabelas, de un
promedio aproximado de 60 toneladas y a razón de 3.000 maravedíes por tonelada.

Berardi deja Claro en su testamento que el préstamo que hizo a Colón nunca fue pagado y que la deuda seguía
en pie:

Digo e confieso, por decir verdad a Dios i guardar salud de mi anima que el señor Almirante don Cristóbal
colon me debe e es obligado a pagar por su cuenta corriente ciento ochenta mil maravedís poco más o menos
según por mis libros parecerá y mas el servicio a trabajo que yo por su señoría y por sus hermanos e fijos e
hechos trabajado tres años.

Los reyes mandar armar dos carabelas y una nao y dotarlas de tripulación sin embargo nadie quería enrolarse
en una expedición al mando de un extranjero advenedizo la lista de voluntario estaba prácticamente llena
como nombre de reos de mujeres a quienes se había perdonado la pena por alistarse a la expedición.

Finalmente al terminar el mes de julio, los preparativos habían terminado al mando de la flotilla colombiana
iban los capitanes Cristóbal colón, Vicente Yáñez Pinzón y Martin Alonso Pinzón mientras que los pilotos eran
peñalonso Niño, Sancho Ruiz de Gama y Cristóbal García Xarmiento. El viernes 3 de agosto de 1492 a las 8 de
la mañana la ͞santa maría͟, la ͞niña͟ (cuyo nombres de pila eran ͞María Galante͟ y Santa Clara͟
respectivamente) y ͞la pinta͟, levaron anclas y partiendo de la barra de Saltes, en la confluencia de los ríos
Odiel y Tinto, se hicieron a la alta mar.
Y partí del dicho puerto muy abastecido de muchos mantenimientos y de mucha gente de la mar, a 3 días del
mes de agosto del dicho año en un viernes, antes de la salida del sol con media hora, y llevé el camino de las
islas de Canaria de vuestras Altezas que son en dicha mar océana, para tomar mi derrota y navegar tanto que
yo llegase a las Indias. Partimos viernes 3 de de agosto de 1492 de la barra de saltes a las ocho horas.

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Cuenta la leyenda que un anciano atendiendo los ruegos de los niños de radiante rostro lo cargo sobre sus
hombros y cruzo un alborotado rio Al notar al anciano sorprendido por sus pesos el niño le aclaro la causa
llevaba a cuestas toda la alegría del mundo finalmente cuando el anciano logro cruzar el rio el niño del rostro
radiante exclamo desde hoy te llamaras Cristóbal Colón el niño hablaba griego y en este idioma el hijo de
Dios se nombra Christus y la palabra Phoros significa portador el que debía llevar a Cristo a colombo era
hombre profundamente místico que veía en su propio nombre y apellido el sentido de su vida entera.

Este ilustre hombre dejado, el apellido introducido por la costumbre queso llamarse colon restituyéndose al
vocablo antiguo no tanto acaso como es de creer cuanto por voluntad divina que para obrar lo que su nombre
du sobrenombre significaba lo elegía. Suele la divina providencia ordenar que de pongan nombres y
sobrenombres a personas que señala para servir conformes a los oficio que se le determinaba cometer según
azas parece por muchas partes de la sagrada escritura; y el filosofo, en el 4 de la metafísica dice que los
nombres deben convenir con las propiedades y oficios de las cosas. Llamándose, pues, por nombre Cristóbal
conviene a saber, Chistum ferens, que quiere decir traedor o llevador de Cristo y así se firma puertas desde
mas océano por donde entro el metió a estas tierras tan remotas y reinos hasta entonces tan incognitos a
nuestro salvador Jesucristo. Tuvo por sobrenombre le Colón, que quiere decir poblador de nuevo, el cual
sobrenombre le convino en cuanto por su industria y trabajos fue causa que descubriendo a estas gentes
infinitas animas de ellas mediante la predicación del evangelio, hayan ido y vayan cada día a poblar de nuevo
aquella triunfante ciudad del cielo. También le convino, porque de España trajo el primero gente (si ella fuera
cual debía ser) para hacer colonias, que son nuevas poblaciones traídas de fuera, que puestas y asentadas
entre los nutuales, constituyeran una nueva cristiana iglesia y feliz república.

Colon no vacilaba en destacar entre el vulgo demostrando por todos los medios ser un elegido de altísimo qn
quien encontraría razón de ser la profecía de Isaías respecto a lejanas tierras ricas en oro e incluso demostraba
con sus rubrica la misión que se le había encomendado. Así, el 22 de febrero de 1498 giraba las siguientes
instrucciones a su hijo Diego.

Don Diego mi hijo, o cualquier otro que herede este mayorazgo, después de haber heredado y estando en
posesión de ellos firme de mi firma, Lo cual ahora acostumbro, que es una X con una S encima un M con una A
romana encima, y encima de ella una S y después una Y griega cono una S encima, con sus rayas y vírgulas,
como ahora yo fago y se parecerá por mis firmas, de las cuales se hallarán muchas y por esta parecerá.

La firma de Colón tan particularmente elaborada, todavía no ha sido descifrado, aunque existen diversos
intentos, como el de Samuel Eliot Marison, quien veía en el criptograma de las siete letras latinas y griegas la
frase ͞Servus Sum Altissimi Salvatoriss Xpiotos Mariae YIOS͟, ES DECIR SOY SIERVO DEL Altísimo Salvador
Cristo, hijo de, María.
Así y sólo así firmaba todos los documentos, todas las cartas oficiales y particulares.

.S.A.S.

X.M.Y.

Xpo FERENS.

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La preocupación por la expansión del cristianismo ocupa un lugar determinante en el corazón de Almirante aún
si en su mente el oro es el único vehículo para lograr el triunfo universal del cristianismo.

Cuando la fe medieval empujó a los cruzados a liberar la tierra Santa no pasaron desapercibidas ni las fértiles
tierras ni los tesoros oriéntale; de la misma manera, los riquezas de la nuevas tierras serían destinadas al logro
del Imperio, cristiano para Colón, español para los Reyes Católicos.

͞Tengo determinado de ir a la tierra firme y a la ciudad de Guisay y dar las cartas de Vuestras Altezas al Gran
Can y pedir repuesta y venir con ella͟ escribiría a los Reyes Católicos de Almirante el 21 de octubre de 1492.
Este fragmento de su pistola nos revela el verdadero móvil de Colón: quiere encontrar el Gran Kan, cuyo
retrato inolvidable lo había sido dejado por Marco Polo en el siglo XIII y aprovechar sus riquezas en aras de la
expansión del cristianismo:͙͟la codicia no el verdadero móvil de Colón: si el importa la riqueza es porque
significa el reconocimiento de su papel de descubridor; pero preferiría para sí el burdo hábito de monje͙͟.12

El Diario de Colón del cual sólo se conoce la relación comprendida por Bartolomé de la Casas es un esfuerzo por
plasmar de la manera más sencilla complicadas maravillas. Colón no olvida que se trata de una relación escrita
para los Reyes, pero su simple lectura nos da la impresión de que, por momentos, la descripción sistemática
sucumbe ante el éxtasis que producen en el espíritu de Almirante las tierras descubiertas.

͙pensé de escribir todo este viaje muy puntualmente de día en día todo lo que hiciese y viese y pasase, como
adelante se verá. También Señores Príncipes, allende describir cada noche lo que el día pasare, y el día lo que la
noche navegare tengo propósito de hacer cartas nuevas de navegar, en la cual situaré toda la mar y tierras del
mar Océano en sus propios lugares debajo su viento, y más compones un libro y poner todo por el semejante
por pintura, por latitud del equinoccial y longitud del Occidente; y sobre todo cumple mucho que yo olvide el
sueño y cueste mucho el navegar, porque así cumple, las cuales serán de gran tragajo.13

El jueves 11 de octubre de 1492, el Almirante avistó una luz a eso de las 10 de la noche, pero no se atrevió a
afirmar que fuera tierra:

Y porque la carabela Pinta era más velera e iba delante del Almirante, halló tierra y hizo las señas que el
Almirante había mandado. Esta tierra ha visto primero un marinero que se decía Rodrigo de Triana puesto que
le Almirante, a las diez de la noche, estaba en el castillo de popa, ha visto lumbre, aunque fue cosa tan cerrada
que no quiso afirmas que fuese tierra͙ Después que el Almirante lo dijo, se vio a una vez o dos, y era como una
candelilla de cera que se alzaba y levantaba, lo cual a pocos pareciera ser indicio de tierra. Pero el Almirante
tuvo por cierto estar junto a la tierra.
A las dos de la mañana del 12 de octubre, Rodrigo de Triana, un marino de ͞La Pinta͟, grito desde la proa al
capitán: ͞Tierra! Tierra!͟. Se avistaba ya una colina cuando Martín Alonso Pinzón dio orden de hacer un dispara
de bombarda:

Amañaron todas las velas, y quedaron con el treo, que es la vela grande sin bonetas, y pusieron a la corda,
temporizado hasta el día viernes que llegaron a una isleta de los Lacayos, que se llamaba en lengua de indios
Guanahani.

La isla Guanahani (actualmente, isla de Watling) se encuentra en la parta oriental de cinturón coralino de la
Bahamas, en el centro. Sus moradores, los lucayos o isleños, pertenecían al grupo de los taínos y habitaban las
Antillas Mayores. Adoraban a los espíritus del trueno y del huracán, del mar y de la selva, representados por los
zami, figuras de piedras o madera.

Habitaban en chozas redondas con techo de palma y tenían por única arma una azagaya rematada con una
espina de pescado.
El Almirante bajo a tierra y, acompaño de los Pinzón y del notario Real, declaró las islas descubiertas como
propiedades de los Reyes de España.
Piadoso y creyente, consagraba la tierra americana a Jesús, El Salvador.
El primerísimo contacto entre los hombres europeos y las tierras Americanas, es pues, una ceremonia que
conjuga nominación con posesión.
Es importante recordar aquí la primera descripción que hace Colón de Los indios lucayos. La primera
característica que le confiere al hombre Americano es la desnudez: pronto esta cualidad del Otro, se convertirá
para el Mundo Occidental en el pretexto para realizar la transferencia que el Conquistador siempre llevar a
cabo: la desnudez se transfiere del orden físico al orden espiritual y cultural.

Luego vieron la gente desnuda, y el Almirante Salió a tierra en la barca armada, y Martín Alonso
Pinzón y Vicente Anés, su hermano, que era capitán de la Niña. Sacó el Almirante la bandera real y los
capitanes con dos banderas de la Cruz Verde, que llevaba el Almirante en todos los navíos por seña con una F
y una Y: encima de cada letra su corona, una de cabo de la + y otra de otro͙ El Almirante llamó a dos
capitanes y a los demás que saltaron en tierra y a Rodrigo Sánchez de Segovia, y dijo que le diese por fe y
testimonio como él ante todos tomaba, como de hecho tomó posiciones de la dicha isla por el Rey y la Reina
sus señores, haciendo la protestaciones que se requerían, Como más largo se contiene en los testimonios que
allí se hicieron por escrito.

La desnudez de los indios no deja de impresionarle por cuanto Representa, siguiendo la pautas de su
espíritu medieval, primero, que estos Hombres aún no han sido expulsados del paraíso y/o, segundo, que los
Hombres desnudos físicamente también lo son culturalmente: carecen de Costumbres, de ritos, de religión, de
un espíritu comercial que conduzca a la ganancia.

Así, el Almirante no deja de mostrarse sorprendido ante estos Hombrecillos desnudos:͟Y así andan
también desnudos como los otros͟, ͞Desnudos todos, hombres y mujeres, como sus madres los parió͟, ͞Este
Rey y todos los otros andaban desnudos como sus madres los parieron y así Las mujeres, sin algún empacho͟,
͞Ellos no tienen armas y son todos Desnudos͙͟Hay muy lindos cuerpos de mujeres͟, ͞Ellos no son de color de
los canarios, ni negros ni blancos͟, ͞son más blancos que los Otros, y que entre los otros que vieron dos
mujeres mozas tan blancas como Podían ser en España͟.
Sin embargo, pese a los elogios que el Almirante concede a la belleza Física de los lucayos, la relación
que hace entre la desnudez física y cultural No escapa a la dañada lógica del conquistador, tal y como nos lo
muestra Sus afirmaciones:͟Me parece que era gente muy pobre de todo͙Me pareció que ninguna secta
tenían͟, ͞Esta gente es muy mansa y muy temerosa, desnuda como dicho tengo, sin armas y sin ley͟, ͞Ellos no
tienen secta ninguna ni son idólatra͟
La lógica del conquistador está basada en la subvaloración del otro Cultural, de lo cual se deduce la
validez de la conquista y colonización material y espiritual. Este es precisamente el sentir de Colón cuando
escribe:

Ellos no tienen armas, y todos son desnudos y de ningún ingenio en las Armas y muy cobarde, que mil no
aguardaría tres, y así son buenos para les manda y les hacer trabajar, sembrar y hacer todo lo otro que fuere
menester y que hagan villas y se enseñen a andar vestidos y a nuestras costumbres.

Las observaciones de Colón acerca de los hombres americanos le llevan a emitir juicios de valor
extremos: si bien los indios desnudos son generosos y se desprenden fácilmente de sus propiedades para
regalarlas a los recién llegados, son también intelectualmente torpes e incluso desprovistos de toda Cualidad
moral El buen salvaje ͞sin codicia de lo ajeno͟ pronto se convierte en el mal salvaje, privado de características
distintivas tanto físicas como culturales:
͞Son la mejor gente del mudo y mas mansa͟, ͞y no se diga que porque Lo que daban valía poco, por eso lo
daban liberalmente, porque lo mismo Hacían, y tan libremente, los que daban pedazos de oro como los que
daban La calabaza de agua y fácil cosa es de conocer cuando se da una cosa con Muy deseoso corazón de dar͟,
͞Vinieron muchos de esta gente, semejantes A los otros de las otras islas, así desnudos y así pintados͟ aunque
͞Muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras͟

Los isleños, sin características distintivas, solo pueden ofrecer a los forasteros su oro y su generosidad,
es decir, valores que dentro de un sistema que comenzaba a ser el centro de la civilización, únicamente les
confiere el valor de mercancías: la desnudez se convierte aquí en la razón para que el invasor se apropie de su
humanidad.

 
Si los habitantes del Caribe aparecen a los ojos de Colón como buenos ejemplares de la belleza humana no es
por simple elogio: su admiración se circunscribe más que el campo estético, al antropológico, es decir, al
campo de la relación con el otro. Las formas humanas se confunden con las formas naturales: humanidad y
naturaleza constituyen un único espectáculo, pues en ese mundo todo era naturaleza.
Tal vez a causa del éxtasis en el que se encuentra frente a la exuberante naturaleza americana o precisamente
por su incapacidad de entender el comportamiento de sus anfitriones, Colón decide admirarlo todo.
Desde el momento en que explicó a sus marineros las causas de los fuegos que expulsaba el volcán Pico del
Teide, que se creía era la boca del diablo, hasta el cumplimiento de sus cálculos que lo trajeron a nuevas
tierras, el Almirante demostró poseer un don especial para descifrar y describir los misterios de la naturaleza.
Colón descubrió el fenómeno de la declinación de la aguja magnética de la brújula y nos heredo la primera
descripción pre etnográfico y pre-naturalista de las Indias Occidentales.
Al llegar a Cuba, la noche del 24 de octubre de 1492, Colón olvida la búsqueda del oro y, al día siguiente, nos
ofrece la primerísima descripción de la naturaleza cubana:
Dice el Almirante que nunca tan hermosas cosa ha visto, lleno de arboles todo cercado del rio, fermosos y
verdes y diversos de los nuestros, con flores y con su fruto, cada uno a su manera. Aves muchas y pajaritos que
cantaban muy dulcemente: había gran cantidad de palmas de otra manera que las de Guinea y de la nuestras y
las hojas muy grandes, con las cuales cobijan las casas; la tierra muy llana la yerba era grande como en el
Andalucía por abril y Mayo. Halló verdolagas muchas y bledos. Tornóse á la barca y anduvo por el río arriba un
buen rato, y dice que era gran placer ver aquellas verduras y arboledas, y de las aves que no podían dejarlas de
ver.
Dice que es aquella isla la más hermosa que ojos haya visto.
Es muy probable que Colón, queriendo emular a Marco Polo, disfrutara de la naturaleza y la describiera como
una maravilla, pero está claro que lo maravilloso no solamente constituye un hecho fortuito sino casi un hecho
forzoso: su admiración le confiera a Colón el carácter de descubrir de tierras nunca antes vista, nunca antes
admiradas, nunca antes nombradas. Él es quien descubre y da, por lo tanto, existencia. El Espacio se ensancha
por su triunfo y la admiración que el Almirante siente por la naturaleza recién descubierta constituye, en
realidad, una prueba de la validez de este descubrimiento.
Colón admira la naturaleza de las Indias por la eficacia de los indicios que le brinda, por los fenómenos que se
le presentan y por las hazañas que como navegante experimentado logra llevar a cabo. Goza de la naturaleza,
la interpreta y la juzga, de manera determinista, y, precisamente por eso, sus observaciones sólo servirán para
confirmar sus creencias y sus convicciones. En este sentido, cabe decir que la naturaleza orienta a la vez que
constituye un disfrute.
Aunque a veces su determinismo y su método finalista imposibiliten la descripción rigurosa y sistemática, no
por ello priva el Almirante al lector de estampas alegóricas a la singular belleza de la naturaleza americana:
Aquí son los peces tan distintos de los nuestros que es maravilla. Hay algunos hechos como gallos de los más
finos colores del mundo, azules, amarillos, colorados y de todos colores, y otros pintados de mil maneras; y los
colores son tan finos que no hay hombres que se maraville y no tome gran descanso a verlos. También hay
ballenas.
Y Continúa:
En este tiempo anduve por aquellos árboles, que eran la cosa más hermosa de ver que otra que se haya visto,
viendo tanta verdura en tanto grado como en el mes de mayo en el Andalucía, y los árboles están tan distintos
de los nuestro como el día de la noche; y así las frutas y así las hierbas y las piedras y todas las cosas.
Sigue navegando y sigue maravillándose:
Aquí existen unas grandes lagunas, y sobre ellas y a la rueda es el arboledo en maravilla en toda la isla son
todos verdes y las hiervas como en el abril de Andalucía el cantar de los pajaritos que parece que el hombre
nunca se quería partir de aquí, y las manadas de los papagayos que oscurecen el sol; y aves y pajaritos de
tantas maneras y tan diversas de las nuestras que es maravilla, y después ha arboles de mol maneras y todos
de su manera fruto, y todos huelen que es maravilla
Ciertamente la naturaleza, como obra de Dios, impulsa al navegante a identificarse más con ella que con su
prójimo:͟Admirable es la arremetida tumultuosa del mar. Admirable es dios en las profundidades ͞había
escrito al margen de la geografía de Ptolomeo,
Por esa constante interpretación finalista de los signos de la naturaleza, Tzvetan Todorov califica
acertadamente a Colón como un hermeneuta: admira intransitivamente la naturaleza, lo que lo conduce
siempre al uso de supurativos que permitan describir la satisfacción de ser el descubridor y además el que,
como Adán en el paraíso, nombra y hereda a la posteridad: ͞el deseo de no dejar ya este colmo de belleza͟.
Finalmente hay que recordar que aunque Colon anote sus observaciones referentes a estrellas, vientos,
profundidad del mar, clima, relieve de las costas, o distancias recorridas, todo fenómeno natural y humano se
somete a la transigencia de su fe y de su determinismo: ͞ya dije que para la ejecución de la empresa de las
indias no me provecho razón ni matemática ni mapa mundos; llenamente se cumplió lo que dijo Isaías.

c!"#$%&

Obsesionado con la idea de encontrar riquezas, Colom mostrara tierras cuyos signos indican siempre la
proximidad del oro, del imperio del gran Kan o de la maravillosa isla de Capango. Solo a momentos se le
escapan exclamaciones de sorpresa y admiración:
Son estas islas muy verdes y fértiles y de aires muy dulces, y puede haber muchas cosas que yo no sé, porque
no me quiero detener por calar y andar muchas islas para fallar oro. Y es oro porque les amostré algunos
pedazos del que yo tengo, no puedo errar con la ayuda de Nuestro señor que yo le falle adonde nace.
Su viaje a través del Caribe se somete a la búsqueda del ansiado metal amarillo, la plata (cuyos indicios
descubre el primero de Noviembre) y las piedras preciosas: ͞al amanecer, dio las velas para ir en camino de las
islas que los indios le decían que tenían mucho oro y de algunas que tenia mas oro que la tierra.
Algunos años más tarde, en 1499, Colón habría reunido cuatro millones de maravedís, y desarrollado la
producción aurífera hasta un nivel muy importante. Sin embargo, cabe señalar que la búsqueda de riquezas no
significaba para Colón la realización de una tarea cuyos beneficios solo reportarían ventajas a su persona, sino
la manera más adecuada para lograr su sueño de Cruzado.
Colón buscaba oro por dos razones: para complacer a los Reyes y sus deseos de ganancia inmediatas y para
lograr rescatar la casa Santa mediante otra cruzada. En efecto, la exaltación universal del evangelio y la
necesidad de dinero están continuamente presentes en la mentalidad del almirante. Incluso podemos afirmar
que estas dos necesidades, una espiritual y otro material, constituyen los rasgos más reveladores del
comportamiento y la personalidad del Cristóbal Colón.
Toda expansión espiritual requiere, para un cabal triunfo, de una conquista material. Colón lo sabe
perfectamente y también sabe que ante la negatividad de los indios de proporcionar riquezas a los invasores,
sólo le queda la opción del sometimiento militar y político, lo cual equivale a pasar de la aceptación del otro, al
rechazo de su inherente humanidad.
Creo que si comienza, en poco tiempo acabaran de haberlos convertido a nuestra Santa Fe multidumbre de
pueblos, y cobrado grandes señoríos y riquezas, todos sus pueblos de España, porque sin duda es en estas
tierras grandísima suma de oro.
Asimilar o eliminar, esa es la cuestión: tal es el tipo de lógica que no admite diferencias; un tipo de lógica que
pertenece a toda sociedad dividida, estatal y homogenizadora. Colón niega, una y otra vez, la posibilidad de la
diferencia. Diferente lengua, diferente religión, diferentes significados a los que ha establecido con
anterioridad.
Cuando trata de comunicarse con los hombres, el Almirante aun siendo poliglota, se niega a aceptar otros
significados de lo que le confiere a las palabras, solo entiende de la lengua de los nativos lo que quiere
entender, desecando categóricamente toda diversidad semántica.

Los lacayos repiten constantemente que hacia el sur estabas las grandes islas llamadas colaba cuba y Buhío
Haití, en las cuales habían mucho oro Colon que ya había pasado por las islas de Santa María de Concepción,
Fernandina e Isabela, calculaba estar cerca de la isla de Capango. Su fuente deseo por llegar a las tierras de
Gran Kan lo lleva a una serie de interpretaciones de la lengua de los lacayos que resultan, por lo general,
bastante chuscas. Colon escucha la palabra 2cariba͟ que los lucayos emplean para designar a los habitantes
antropófagos de las Antillas Menores, pero afirma, terco, que la palabra es caniba, la cual significa, a su
parecer, habitantes de las tierras del gran Kan. También entiende que dichos canibas tienen cabezas de perro
(can) con las cuales se comen a sus víctimas, lo que lo hace pensar que estos hombres debían de ser del
señorío del Gran Can, que los captivan.

En la carta que el doctor chancha envió al Cabildo de la ciudad de Sevilla, escrita probablemente a fines de
enero de 1494, se daba cuenta d3el segundo viaje colombino y se afirma que los habitantes de las islas del
Caribe comen carne humana, pero ya desde la primera carta de los Reyes, el Almirante se refiere a estos indios
muy feroces y de largos cabellos, poco amable, a diferencia de otros indios, de fisonomía Carina.

Entiendo también que lejos de ahí habían hombres de un rojo y otros con habidos den perros que comían a los
hombres y que tomando uno lo degollaban y le debían su sangre y le cortaba su natura, y sobre este cabo
encabalga otra tierra o cabo͙a quien aquellos indios que llevaban llamaban Bohío la decían que era muy
grande y que había en ella gente que tenía un rojo en la frente y otros que se llamaban caníbales, a quien
mostraban tener gran miedo. Mostrables dos hombres que les faltaban algunos pedazos de carne de su cuerpo
e haciéndoles creer que los c aniveles los habían comido a bocados, el Almirante no lo creyó.

Efectivamente, el Amilanarte se resiste a creer lo seguramente a señas, le cuentan los lacayos, y repiten sin
cesar la definición que él, obstinado como siempre, había elevado ya͙ y así torno a decir, como otras veces,
dice él, que cabina no es otra cosa sino la gente del Gran Can, que debe ser aquí muy vecino, y ternan navíos y
verán a captivarlos, y como no vuelvan creen que los han comido.

Colon ya no dudo ni un ápice que había llegado al país del Gran Kan cuando oyó decir que tierra adentro de
Cuba, o Cubana can, había oro Creyó entender Kabila Kan y escribió lo siguiente.

Y cierto, dice el Almirante, que es la tierra firme y que estoy, dice él, ante Zayto y Guinsa y cien, lenguas poco
más o poco menos delo uno y de lo otro, y bien se amuestra por la mar que viene de otra suerte que fasta aquí
no ha venido y ayer que iba al Noroeste falle que hacia frio.

Colon mando al intérprete Luis de Torres, conocer del hebreo, del árabe y del caldeo, junto con Rodrigo de
Jerez y dos indios, con muchas cuentas de vidrio para cambiar por comida, hacia Cuba Central o Cubicaban, con
el fin de entran en contacto con las ciudades de Hanzgzhou y Quanzhou, principales puertos de imperio del
Gran Kan, descritos por Marco polo.
Las interpretaciones que Colón efectúa de las lenguas no sólo se quedan en el campo de lo curioso o de lo
chusco. En importante entender la razón de los significados que el Almirante atribuía a las palabras que
escuchaba. Todorov, como lingüista, mantienen la siguiente tesis que hace considerar al genovés más necio de
lo que se supone, él que es poliglota:
Su reacción espontanea, que no siempre hace explicita pero que subyace en su comportamiento, es que en le
fondo, la diversidad de lingüística no existe, puesto que la lengua es natural Colón desconoce pues la diversidad
de las lenguas, lo cual frente a una lengua extranjera, solo le deja dos posibilidades de comportamiento
complementarios: reconocer que es una lengua pero negarse a creer que sea diferente o reconocer su
diferencia pero negarse a admonitor que se trate de una lengua.

#%'( (
El 5 de diciembre, miércoles, las naves se acercaron al extremo noroeste de la vasta isla de Bahío que el
Almirante llamó la Española. Conviene tomar en cuenta el hecho de que Colón bautice los lugares que
descubre, con los nombres motivados, tal como es su propio caso. Tiene razón Todorov cuando señala que el
dar nombres ͞equivale a una toma de posesión͟ y cuando añade:
Los nombres propios constituyen un sector muy particular del vocabulario: desprovistos de sentido, sólo están
al servicio de la denotación pero no, directamente, de la comunicación humana; se dirige a la naturaleza (al
referente), y no a los hombres; a pesar de los indicios, son asociaciones directas entre secuencias sonoras y
segmentos del mundo. La parte de la comunicación humana que capta la atención de Colón es entonces
precisamente aquel sector de lenguas que sólo sirve, por lo menos en un primer tiempo, para designar a la
naturaleza.
El 19 de diciembre, tras costear durante dos semanas las orillas sinuosas de la isla, Colón se adentro en la bahía
de Santo Tomás donde lo recibieron los hospitalarios taínos y le señalaron la dirección del poblado del
poderoso cacique Guacanagarí. Al este, en la misma dirección, se encontraba el país de Cibao, donde había
mucho oro, y el Almirante se convenció de que se hallaba cerca de Cipango por lo que decidió ir por mar hasta
la morada de Guacanagarí y luego ir en busca del dorado Cibao.
Y la desgracia sucedió. La ͞Santa María͟ zozobró en la noche del 24 al 25 de diciembre cuando alguien dejó el
gobernalle en manos de un grumete y la nao encalló chocando con una cadena de arrecifes. Colón ordenó
trasladar a la costa casi todo el cargamento de la nave y Guacanagarí se lamento de todo corazón por la
desgracia de sus blancos huéspedes.
Por qué Colón siguió seguro de sus ideas de haber llegado al continente asiático, es algo que sólo podemos
explicar por dos cosas: sus cálculos matemáticos y la terquedad de su fe que le brindaba una fuerza
avasalladora. Después de todas sus tribulaciones en América, escribiría en el prefacio de su libro de las
profecías, 1501: ͞San Pedro cuando saltó en la mar anduvo sobre ella en cuanto la fé fue firma. Quien tuviera la
fe, todo se lo dará.
El Almirante ordeno que se erigiera una fortaleza que llamó Fuerte de Navidad en la cual dejó 39 hombres,
entre los cuales estaban los inútiles espías de los Reyes y los hombres de dudosa lealtad. Se despido
cordialmente del cacique Guacanagarí, dejo provisiones para un año a los nuevos colonos y partió el 2 de
enero de 4193 del puerto de Navidad, acompañado de un joven indio, pariente de Guacanagarí. Antes de partir
quiso mostrar a los indios el efecto devastador de las bambardas de su nave y abrió fuego sobre los restos de
su nave insignia convenciendo a los sorprendidos indios del poder de sus inesperados huéspedes.
Años más tarde, en 1504, estando en Jamaica y cuando las cuertesillas de vidrio verde estaban devaluadas
entre los ojos de los indígenas y ya no eran aceptadas como pago por la comida, Colón recurrió al Almanaque
de regiomontanus donde se anunciaba un eclipse lunar para el 29 de febrero de ese año. Calculó la hora exacta
y solemnemente exclamó a los indios que Dios estaba enfadado porque no proporcionaban víveres a los
españoles. Amenazo con robarles la luna y cuando el eclipse comenzó a la hora señalada, los impresionados
indios le rogaron que se las devolviese; Colón se encerró en su camarote y los indios, temerosos de la magia de
jefe blanco, les proporcionaron alimentos a los intrusos.
La anécdota anterior sirve para ilustrar la personalidad de Colón. Astuto, sabe aprovechar las oportunidades
que se le presentan para comprobar sus hipótesis, salir de apuros y calcular todo, desde el significado de una
palabra, hasta la velocidad de las naves. Colón sabe de antemano que va a encontrar, como si el mismo fuese
un almanaque, encuentra en la experiencia concreta la verdad de las cosas. Una verdad que se posee de
antemano porque las reglas para buscarla ya están establecidas y solo admiten argumentos de autoridad, pero
no de experiencia. El Almirante siempre torció los contornos de la verdad para que sus fantasías se adecuaran a
la realidad.
c
Colon colecciona todo lo que puede, desde hierbitas, papagayos, cueros de serpientes y animalitos raros, hasta
hombres y mujeres nativos de las tierras descubiertas quienes, a los ojos del Almirante, son poco menos que
un rebaño de borregos: ͞y después envié a una casa que es parte del rio del poniente, y trajeron siete cabezas
de mujeres entre chicas y grandes y tres niños͟.
En otra ocasión quiere mujeres para regalarlas a sus lujuriosos compatriotas. Obsequia una mujer nativa a su
amigo Michele de Cuneo, Hidalgo de Savona, quien describe a su amigo los problemas que tuvo que sostear
para lograr domar a esta fierecilla. Vale la pena recordar ese incidente pues la carta de Cuneo es un valioso
documento que testimonia sobre la triple opresión de las mujeres: por su raza, por su clase social y por su sexo:
Mientras estaba en la barca, hice cautiva a una hermosísima mujer Caribe, que el susodicho Almirante me
regaló, y después que hube llevado a mi Camarote, y estando ella desnuda según es su costumbre, sentí deseos
de holgar con ella. Quise cumplir mi deseo pero ella no lo consintió y me dio tal trato con sus uñas que hubiera
preferido no haber empezado nunca. Pero al ver esto (Y para contártelo todo hasta el final), tome una cuerda
y le di de azotes, después de los cuales hecho grandes gritos, talles que no hubieras podido creer tus oídos
.Finalmente llegamos a estar tan de acuerdo que puedo decirte que parecía haber sido criada en una escuela
de putas.

La puta melindrosa descrita por cuneo en este fragmento de su carta, parece relevante cuando la comparamos
con la mujer descrita en la obra de Diego de Luna, una verdadera Penélope de América.

El capitán Alonso López de bella prendió una moza india y bien dispuesta y gentil mujer, andando en la guerra
de Bacalar. Esta prometió a su marido, teniendo que a la guerra no lo mátense, no conocer otro hombre si no
él, y así no basto persuasión para que no se quitase la vida por no quedar en peligro de ser ensuciada por otro
varón, por lo cual lo hicieron aparear.

Ni se justifica el deseo de lo que los indios adopten las costumbres española ni se tiene el menos interés e
impedir que las mujeres nativas sean violadas, sometidas y sierva de los españoles.
En primer momento Colon piensa en asimilar a los indios de la cultura occidental: deben tomar Vuestras
altezas grandes alegría porque luego los harán cristianos y los habrán enseñado con buena costumbres de sus
reinos escribí en su Diario el 24 de diciembre del 1492; pero en su espíritu de comerciante reviven los tiempos
en que fue agente de la casa de los Centuriones y concibe la idea de cargar de esclavos los navíos que vendrían
de España trayendo animales de carga, creando así una nueva ruta comercial para el tráfico de esclavos. Así el
deseo de asimilar que proyecta una igualdad de principio frente al otro, Colon pasa a considerar la esclavitud
de los indios como una de las mejores inversiones capitalista:

A los transportadores se le podrían pagar en esclavos de estos animales, gente tan fiera y dispuesta y bien
proporcionada y de muy buen entendimiento, los cuales, quitado de aquella inhumanidad, creemos que serian
mejores que ningunos esclavos.

Cabe destacar que en Europa el tráfico de esclavos no se considera un oficio pecaminoso. Los genoveses
comerciaban abiertamente con esclavos de diversas naciones que generalmente se cotizaban a precios más
bajos que los caballos árabes de pura sangre.
Pero los reyes no querían esclavos sino súbditos que pagasen impuestos, y se convirtiesen en mano de obra.
Incluso a partir de 1497, con el fin de poblar la isla d la Española, la Corona mandó deportar a las indias a los
presidiarios y atrajo más gente gracias al decreto del 22 de mayo del mismo año, en el cual se hacía extensivo a
los indios el término de ͞repartimiento͟.
Tanto las muertes de los indios que fueron llevados por Colón a España, por órdenes reales, fueron muy
dolorosas para Colón. Desaparecieron los protagonistas del espectáculo que él había admirado a partir del 12
de octubre de 1492, además, la eliminación de la mano de obra que permitiría edificar grandes colonias. Los
indios, señalo Colón al Rey Fernando en el invierno de 1505, eran degollados o lanzados a los perros o muertos
a palos.

c)"
En su estudio sobre el descubrimiento y la conquista de América, Todorov apunta interesantes comentarios
que explican la causa del poco entendimiento y la intransigencia de Colón cuando se enfrenta a con signos y
lenguas que no conoce, pero que ya han sido determinadas por él semánticamente:
Los signos de la naturaleza son indicios, asociaciones estables entre dos entidades, y basta con que una esté
presente para que se pueda inferir inmediatamente la obra.
Los signos humanos, es decir, las palabras de la lengua, son simples asociaciones, no relacionan directamente
un sonido con una cosa, sino que pasan por intermedio del sentido, que es una realidad intersubjetiva.
Al aplicar su método finalista, colon el hermeneuta, llega a captar por los signos humanos la cercanía de la
tierra firme, sin pensar siquiera por un momento en el peligro de la subjetividad con que analiza los hechos que
se le presentan. Por otra parte, los signos de la naturaleza le indican la proximidad de la tierra firme y del oro,
asociado ciertos paisajes a ciertos deseos.

El colmo de la subjetividad se encuentra en el hecho de querer encontrar el Edén e incluso proporcionar el


lugar exacto de su ubicación. Se trata aquí de un hombre excesivamente obsesionado que, en la carta sobre el
tercer viaje, desarrollo la idea de que la Tierra cuenta con seis partes y el mar es estrecho, comprobando, así,
de pasada, que el camino occidental al Asia es el más acertado y rápido. A esta tesis añade originales
argumentos que supuestamente confirman que las tierras por él descubiertas son parte de Asia.

Como afirma Ptolomeo, la Tierra era una esfera, pero tomando en cuenta que el notable cartógrafo desconocía
el hemisferio occidental, sólo podía considerar al planeta como una semiesfera ideal. En realidad, decía el
Almirante, la Tierra es piriforme, y el abultamiento redondo de la pera es el hemisferio descubierto por él es
levemente alargado, con un promontorio parecido al pedúnculo de una pera cuya cima se asemeja al pezón de
la teta de mujer. De esta manera Colón cree recobrar el Edén aguas arriba del caudaloso delta del Oriente
(Ganges, para él), recobrando así, en su corazón las ánimas robadas por los infieles.
͞Nuestro Señor hizo el paraíso terrenal, y en él puso el árbol de la vida, y del sale una fuente de donde resultan
en este mundo cuatro ríos principales: Ganges, Tigris, Éufrates y Nilo͟. Por lo tanto, el paraíso es un lugar alto
ubicado entre Oriente y Occidente de modo que el pedúnculo de la pera es el lugar que alberga al Edén, en las
cercanías del golfo de paria (hoy golfo de la Ballena, cerca de la isla Trinidad) ahí donde se localiza el delta del
Orinoco. Tal es la idea de Colón.

Las últimas cartas de Colón, por sus reflexiones carentes de nexos lógicos, revelan ya el comienzo de una
enajenación mental por sus trazos esquizoides, pues sus argumentos son expuestos de manera tan confusa
que la carta sobre el tercer viaje es un claro ejemplo de la prosa epistolar fragmentaria salida de la pluma de un
maníaco, obstinado en sus ideas preconcebidas y demenciales. De todas formas es interesante notar que, al
͞encontrar͟ el Paraíso, la civilización encuentra el Origen de su Historia: la rebeldía del hombre frente a Dios.
El Almirante sigue atrapado en las redes de las nociones medievales que lo llevan a buscar frenéticamente el
Paraíso terrenal. Las motivaciones psíquicas de este cautivo de dogmas medievales son la suma de todas
aquellas conclusiones obtenidas de una serie de axiomas sumamente impregnadas de un misticismo frenético:
las naves iban más rápido que su Almirante͙ese era el problema.

c* +,.
A comienzos de 1505, la desgracia empaño la hazaña del almirante. Desesperado, llego a la conclusión de que
nunca volvería a navegar las Indias. A raíz de su último viaje había escrito la ͞Lettera Rarissima͟ del 7 de julio
de 1503, en la cual se quejaba amargamente de su destino reprochaba a los reyes Católicos el no haber
tomado en serio su sueño de rescatar la casa Santa, incluso trascribe, en forma delirante y patética, lo que se
susurra al oído, durante una violenta fiebre, un ángel de Dios: su misión divina se ah mezclado ya con la
quimera geográfica.
Trágica muestra de tormento espiritual de Colón, la carta se complementa con otra en la cual Colón renuncia al
gobierno de la Española y pide a Fernando (la Reina ya había muerto) que restituya a su hijo Diego la títulos y la
gubernatura que el pertenecían porque de ellos dependía su honor. La carta está llena de agrias insinuaciones
sobre la injusticia cometida hacia él y le recuerda al Rey que el malvado Bobadilla (que había enviado a Colón
de vuelta a Castilla, cargado de cadenas) y otros de sus enemigos se habían ahogado en aguas de la española,
seguramente por castigo del Altísimo.
Pero la vida se le escapa y sus peticiones no son satisfechas. El 20 de mayo de 1506, en la casa de la calle ancha
de magdalena, en Valladolid, después de haber confirmado su testamento, el almirante de la Mar Oceanía
partió y nunca más regreso:
Quedo muy agravado de gota, y del dolor de verse caído de su estado, agravado también con otros males, dio
su alma a Dios el día de su Ascensión, a 20 de mayo de 1506, en la villa de Valladolid, habiendo recibido, con
mucha devoción todos los sacramentos de la iglesia y dicho estas últimas palabras: ͞in manus tuas, Domine,
commendo spriritum meum͟; Amen.

cc#  (


El descubrimiento de América no fue sino un encubrimiento dadas las motivaciones psíquicas de su
emprendedor y el desarrollo mismo de la empresa. Descubrir, explotar el oro y expandir la gloria de Cristo,
constituyeron los puntos de un proyecto que solamente se cumplió a medias. La empresa colombina fue una
empresa privada y por ese mismo motivo las Ganancias solo servirán a la expresión del Imperio del Español y
el desarrollo del capitalismo, Por lo tanto. Los móviles de colon oro. Disfrute de naturaleza y evangelización,
no podían situar dentro de un sistema que solo acepta interpretación que permite el funcionamiento del
mismo.
La increíble corrupción que genera el sistema que iba consolidarse no podía darse el lujo de tolerar diferencias.
Tal como señala Gerbi, el fin era equivoco y los medios estaban echados a perder, de ahí el fin era la
imperfecta cristianización cuyo primer emisario, Colón, había obstaculizar al tener por fe una religión. Que iba
dirigida a los hombres.
Para caracterizar al hombre americano, los españoles solo le conceden adjetivos del tipo bueno malo, actitud
típica de los hombres pertenencias a sociedades altamente estratificas, agrupadas en torno a una ideología
totalizadora y homogeneizadora de la pluralidad.
El fantasma del almirante recorrió los siglos que sucedieron a su encubrimiento influyendo notablemente en
varios europeos que intentarían acercarse al hombre americano, aunque sus intentos estuvieran condenados
al fracaso, parámetros al extremo como el del buen salvaje o caníbal no pueden derivar sino recaer en un
paternalismo condescendiente que alivie, aunque momentáneamente, el confuso sentir del europeo frente a
un inaudito y nuevo espacio.

A Colón no le intereso la comunicación porque dentro de su hermenéutica los hombres americanos, cuya
humanidad se pierde en la naturaleza, una realidad que, siendo ajena a la suya, podrían enriquecer su
universo. Y, sin embargo opta por negar la humanidad del otro creyendo encontrarse en esta actitud la
seguridad que en realidad conduce hacia el abandono de su propia humanidad y a una desolada
homogenización de los espíritus.
͞Car JE est un autre͟ escribió el joven Rimbaud y Occidente como el Narciso de la ley griega, intenta buscar en
el otro la alteridad que perdió al abundarse al imperio de la Singularidad.
Americano produjo, después de todo una ruta con la vieja tradición que concebía a la ecúmene tripartita (de
acuerdo con los nombres de los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet), como lo único comprobable, y, sin embargo,
los europeos se vieron obligados a darles un sentido al descubrimiento aunque tal sentido implicaba una
significación histórica dependiente del eurocentrismo, siempre dispensador de ser a todos las culturas
europeas.
Cuando en la multitud de pluralidades otros valores que cuestionan este profundo egocentrismo, el
reconocimiento que se había hecho de la igualdad entre el uno y el otro desaparece para dar lugar a la
siguiente actitud: la total indiferencia hacia los valores del otro, el sometimiento a la simple eliminación física o
cultural de aquellos elementos ante los cuales se debilitan y peligran las estructuras ideológicas y económicas
de quien se eleva a rango de centro, de alfa y omega del mimo universo, solo compartiendo su existencia con
Dios paternalista y profundamente autoritario. Sumario de todos los valores y ambiciones de aquellos hombres
cuyos espíritus siguen el mimo métodos y llegan a las mismas conclusiones que aquel almirante de la mar
Océana.
Colón, el extranjero, el que vendió su sueño al mejor postro, no puede concebir el admitir a los indios como
sujetos y este negar o resolver la humanidad de los hombres americanos, seguirán marcando, hasta nuestros
días, todo el cuerpo teórico del humanismo occidental. Como dice Tzvetan Todorov ͞Colón descubrió América,
pero no a los americanos͟.
Antonello Gerbi describe puntillosamente este encuentro de pasiones creadoras y destructivas, al introducir
en escena los caracteres antagónicos de aquellos que miraron hacia estas Indias Nuevas:
Completamente ilusorio más aun: engañoso es el intento de trazar una línea de desarrollo desde Colón hasta
Oviedo. Diversa su formación intelectual, diversos su bagaje de conocimientos, diversísimas sus escalas de
valores predominan sentimientos de índole muy distinta y muy heterogénea: el medro personal la codicia de
mayores beneficios, el orgullo de los descubrimientos, la lisonja de los poderosos (o que se creían tales), el
gusto periodístico de ͞hacer noticias͟, el desahogo de peregrinar erudición, el placer de fabular, la
especulación mercantil, y la eterna, invasora codicia de oro (auri sacra fames).
1492 es, pues, el inicio de la relación entre Occidente y América, entre dos humanidades diferentes que hoy día
siguen dentro de la misma relación contradictoria que marca la dialéctica de la alteridad, por ello el
descubrimiento de tierras nuevas por un navegante que ardía en deseos de encontrar el Gran Kan, conocer las
paradisiacas tierras de la India y la maravillosa isla de Cipango, además de propagar el Evangelio, es, sin duda
alguna, uno de los momentos más importantes de la historia del occidente.
Ciertamente le primer viaje de colón significa más que el simple hecho de abrir una nueva ruta marítima que
llevara a islas ricas en oro. Pero colon se negó a sí mismo una situación privilegiada al dejar que el visionario le
cerrara las puertas al explorador, cuando las más de las veces, las naves Iván más rápido que su Almirante, que
sin duda había cruzado el Mar océano tantas veces como hubiera podido y nos relataría en su Diario, por
enésima vez, cuan cerca se encuentra de tierra firme, nutriendo de naves de esperanzas para rescatar el santo
sepulcro. Esperanza que se disiparía cuando, cargado de cadenas, regresara desolado a castilla, comprendiendo
que jamás se cumpliría las capitulaciones de Santa Fe ni su sueño de salvar Jerusalén. Así en medio de una
profunda amargura, el Almirante iniciaría en 1506, el último viaje hacia sus más queridas fantasías.

Tomado de EL BUEN SALVAJE Y EL CANIBAL Centro coordinador y difusor de estudios latinoamericanos.


UNIVERSIDAD AUTONOMA DE MEXICO.
c c  cc   
DEL único modo de atraer a todo los públicos, a las verdaderas religiones.
(1536-1537).

Es temeraria injusticia y tiránica a las guerras (͙) a los que los infieles que nunca han sabido nada acerca de la
fe, ni de la iglesia, ni han ofendido de ningún
Modo a la misma iglesia se le declara, se le un solo objeto de que, sometidos al imperio de los cristiano por
medio de la misma guerra, prepárese sus ánimos para recibir la fe o la religión cristina, o también, para
remover los imperios que pueda estorbar la predicción de la misma fe. Con primer lugar que se temeraria.
Según el hostíense (lib.6 De himocido cap. Pro humani), se dice guerra temeraria la que se hace contra la
auditoria del derecho. Pero esta guerra hace contra el derecho natural, contra el derecho divino y contra el
derecho humano, luego temeraria.

Que esta guerra sea injusta se muestra, en primer lugar teniendo en cuenta que ninguna guerra es justa si no
hay alguna causa para declarar; es decir, que la merezca el pueblo contra el cual se remueve la guerra, por
alguna injuria que le haya hecho al pueblo que ataca. Pero el pueblo infiel que vive en su patria separada de
los continúes se los cristiano y al que se decide atacar con la guerra sin más razón que la de sujetarlo al imperio
de lo cristiano, las de que se disponga a recibir las religión cristiana y la de que se quiten los impedimento de la
fe, no le ha hecho al pueblo cristiano ninguna injuria por la cual merezca ser atacado con la guerra .Luego esta
guerra es injusta.
Esta guerra es inicua. Y la razón es que daña la piedad referente a Dios. La daña disminuyendo o poniendo
obstáculos a la misma piedad divina, al culto y honor divinos, que se acrecentaran con la dilatación de la fe y
con la conversión den de los gentiles a quienes estos hombres escandalizan, despedazan y matan. [͙]
Es, finalmente, una guerra tiránica. Primero, porque es violeta y cruel, y se hace sin haber culpa ni causa, como
obra propia de ladrones, salteadores y tiranos; porque no tiene ningún derecho para hacer las cosas
profundamente injuriosas y nefastas que hacen, trayéndoles a los gentiles las mayores plagas, angustias y
calamidades, como si fueran, que de hecho lo son, una ruina de la mayor parte del género humano. Segundo,
porque anteponen su propia utilidad particular y temporal, cosa que es propia de los tiranos, al bien común y
universal, es decir, al honor divino y a la salvación y vida espiritual y temporal de innumerables personas y
pueblos. De donde se deduce que el principio adquirido con tal guerra es injusto, malo y tiránico, y está llena
de las maldiciones de Dios. [͙]

c -.$ - 


Llegado el domingo y a la hora de predicar [en la ciudad de Santo Domingo de la isla Española] subió en el
pulpito el susodicho padre Fray Antón Montesino, y tomo por tema y fundamento de su sermón, que ya
llevaba escrito y firmado de los demás:͟ego vox clamantis in deserto͟. Hecho su introducción y dicho algo de lo
que tocaba a la materia del tiempo de Adviento, comenzó a encarecer la esterilidad del desierto de las
conciencias de los españoles de esta isla, y la ceguera en que Vivian; con cuanto peligro andaban de su
condenación, no advirtiendo los pecados gravísimos en que con tanta insensibilidad estaban continuamente
zambullidos y en ellos morían. Luego, toma su tema, diciendo así;͟ Para os los dar a conocer me he subido aquí
yo que soy voz de Cristo en el desierto de esta isla, y por tanto, conviene que, con atención no cualquiera, sino
con todo vuestro corazón y con todo vuestro sentido, la oigáis; la cual voz os será la más nueva que nunca
oísteis. La más áspera y dura, y más espantable y peligrosa que jamás no pensasteis oír͟. Esta vez encareció por
buen rato con palabra muy punitivas, que les hacia estremecer las carnes y que les parecía que ya estaban en el
divino juicio. La voz contenía en si aquella voz. ͞Esta voz, dijo él, que todos estáis en pecado mortal y en el vivís,
y morir por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes: Decid, ¿con que derechos y con qué
justicia tenéis en tal cruel y horrible servidumbre apuestos indios? ¿Con que autoridad debéis hecho tan
detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacificas, donde tan infinitivas de ellas,
con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de
comer ni curarlos en sus enfermedades que de los excesivos trabajos que les dais, incurren y se os mueren, y
por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿y qué cuidado tenéis de quien los doctrinen y
conozcan a su Dios y criador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Esto no sentís?
¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico, dormidos? Tened por cierto, que en el estado de
que estáis no os podéis salvar más que los moros o turcos, que carecen y no quieren la fe de Jesucristo.
͞finalmente, de tal manera se explicó la voz que antes había encarecido, que los dejo atónitos, a muchos como
fuera de sentido, a otros más empedernidos, y algunos algo compungidos, pero a ninguno, a lo que después yo
entendí convertido.
Antonio montesino (finales del siglo 15 -1545). Fraile dominico español llegado a la española en 1510 dadas sus
dotes de orador, su orden y superior en la isla le encargaron el famoso sermón (1511±   

 
      

    , vuelto a España, prosiguió su defensa de los
Indios. Regresó a América en 1526 y formó parte de una expedición hacia el norte. Después paso a Venezuela.
Escribió una información jurídica in Indarum Defensionem.

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012345
A ninguna persona de este mundo, ni aun el rey de los españoles (lo cual queremos decir con toda la reverencia
debida a su regia celsitud), le es lícito, sin la licencia y libre y graciosa voluntad del Rey Inca o de sus
descendientes, a quienes de derecho, según sus leyes o costumbres, pertenezca suceder en sus bienes, buscar,
escrutar, desenterrar y llevarse con intención de apoderarse de ello, los tesoros, riquezas u objetos preciosos
que éstos sepultaron con sus difuntos en los sepulcros y en los así llamados guacas. Y si hicieran lo contrario,
cometerán un pecado mortal de hurto o robo. Y si no lo restituyeran y no hicieran penitencia de su pecado, les
será imposible alcanzar la salvación. Y no solo conviene que se arrepientan del pecado de hurto y de robo, sino
también del de injuria que de manera especial irrogan a los citados sucesores o descendientes vivos de
aquellos cuyos sepulcros violan, al hacer disminuir el honor y la alabanza de ambos, vivos y muertos y lograra
que se pierda su memoria. Po lo cual, también están obligados a darles satisfacción. Con el apelativo de Inca se
denominaban los Reyes, los emperadores de los Reinos del Perú lo mismo que los reyes de Egipto
primeramente acostumbraron a denominarse faraones, después Tolomeos.
La primera parte de esta conclusión queda bastante clara de lo dicho ya, que los tesoros y objetos preciosos
encontrados en los sepulcros son cosas del dominio ajeno y así tienen sus dueños, a saber, el rey Inca.
La segunda parte, a saber, que se hicieron lo contrario, pecarían mortalmente con pecado de hurto o de robo,
se pone de manifiesto.
El primer lugar, porque obran con la justicia.
El segundo lugar, porque les infieren una injuria al quitar a los muertos y a los vivos, en cuanto es sí, el honor y
la fama, que consisten que la memoria de sus muertos no se borre, sino que vivan perpetuamente en la
opinión de los hombres, esto es de gran interés para uno y otros, como se ha probado en la primera y segunda
proposición.
En tercer lugar, porque violan un precepto divino.
En cuarto lugar, porque aun las leyes humanas prohíben esto y castigan severamente incluso con el último
suplico.


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Todo el oro, plata, piedras preciosas, perlas, joyas, quemas y todo otro metal y objeto precioso de debajo de la
tierra o del agua o de la superficie que los españoles tuvieron desde el tiempo en que se descubrió aquel
mundo hasta hoy, salvo los que los indígenas; desde el comienzo de dicho descubrimiento hasta que fueron
maltratados por los españoles, concedieron a estos en donación o gratuitamente o por razones de
permutación en algunos lugares voluntariamente todo fue robado, injustamente usurpado y perversamente
arrebatado y, por consiguiente, los españoles cometieron n hurto o robo que está sujeto a restitución.
Aquí no nos referimos a las cosas robadas en las guerras y violentas invasiones que los reyes, señores o
personas privadas tenían entre sus bienes, porque de éstas ¿quién podrá dudar, si no es una bestia, que fueron
inicua y tiránicamente quitadas y estás sujetas a restitución? Pero en este corolario nos referimos aquellos
objetos preciosos que los españoles con su industria extraían de las minas de oro y plata o de los mares o los
ríos.
Se prueba el corolario, porque todas aquellas cosas tenían dueños propios y ahora en muchos lugares tienen; a
saber, los reyes y príncipes de las provincias o los mismos pueblos y comunidades o algunas personas
particulares, en cuyos campos, predios y tierras tales cosas se encuentran; luego sin licencia del príncipe o del
magistrado o del mismo pueblo o señor a nadie le fue licito inquirir aquello, cogerlo o apropiárselo; luego fue
un robo e injusta usurpación, etc. Ahora bien, los nuestros, sin licencia de aquellos reyes o pueblos, más aun,
contra su voluntad, robando violentamente, matado, degollado, devastado, con mortandades e incendios,
despojaron a los propios dueños, es decir, a aquellas gentes de sus dominios, jurisdicciones dignidades, tierras,
bosques, montes, campos, ríos, aguas del mar, minas o venas de oro y plata y de las demás cosas que Allí
nacían y la naturaleza engendro para la necesidad común, el ornato suficiente y la utilidad del bien común de
cada reino o comunidad y solaz de los indígenas. Y yo añado, ¿es que acaso nuestro serenísimo rey Felipe
toleraría pacientemente y aun el reino de Castilla que el Rey de Francia a los franceses de su reino viniesen al
nuestro penetrado sin licencia hasta las minas de planta, el oro o demás objetos preciosos; y si entraran de
hecho, no sería este un acto violento de hurto o robo?; además, ¿no injuriarían y perturbarían al reino de
España?; finalmente, ¿el rey de España dormirían en tal caso mano sobre mano? Crees que no, sin duda.
Hasta aquí, en el trascurso nada avaro de nuestra exposición, nos hacemos forzado en probar hasta la
evidencia cómo y por qué derecho no era licito a nuestros reyes de las Españas, sin la licencia y el beneplácito
graciosos del rey Inca o de sus descendientes, a quienes correspondían por su derecho conforme a sus leyes
sucederles en sus bienes o dignidades, inquirir buscar y menos llevarse u orden que esto se hiciera los tesoros
y riquezas de los sepulcros con ánimo de retenerse, etc.
Después de esto, vuelva nuestro exposición a aquel punto del que prolijamente se separo a saber; cual será la
situación jurídica de los tesoros de los sepultos encontrados o que se encuentran de los cuales no existen
memoria alguna desde la antigüedad de los tiempos de quien sea su dueño o0 a quien pertenezcan. De esto
ahora debemos tratar y ver si será n propiedad de quienes lo encuentran, o del o del propietario del lugar o
tierra en que se encuentran, o del mismo príncipe Inca o de su fisco. Para aclaración de esta duda parece que
se debe hacer esta distinción: o aquellos que ahorran los inquieran y buscan en aquellos lugares son indios,
naturales de que aquellas tierras, o son españoles, habitantes ya de hecho allí con los indígenas.
Si, pues, son indígenas, naturales y personas particulares quienes buscan o encuentran los tesoros entonces
decimos esto; si tales tesoros están en algunas fincas predio, campo, casa, o parte de tierra de propiedades de
algunos y este, por casualidad o por su industria, buscan y encuentran cualquier objeto preciosos todo ellos es
propiedad de quien lo encontró por derecho natural según todos los Doctores y el mismo Santo Tomas[͙]Del
mismo modo ,el rey Inca no puede dar licencia a otros para que las busquen, las desentierren y se las llevan
contra la voluntad de sus dueños, por el mismo motivo; y por esta razón las leyes de Castilla disponen que no
se puede buscar nada ni cavar en yacimiento de minas con prejuicios de otro y sin licencia del dueño del suelo,
como mas perjuicios de otro y sin licencia del dueño del suelo, como más abajo se mostrara. Por tanto. Así
como Derecho común puedo con mi trabajo encontrar en mi propia finca un tesoro y cogerlo como cosa mía
con la misma razón si en mi finca hay canteras o minas de oro y plata de otros metales puedo socavar en alas
pues el motivo es el mismo y por tanto es el misma el derecho[͙] Existen también otros bienes reales en los
cuales el Rey sólo tiene una cuota: la quinta o la decima parte de aquellas que los pueblos desde el principio
establecieron, para mantener honorablemente su situación, como los portozgos, esto es, la contribución o
tributo que proviene de cuanto entra o sale del puerto; estos son bienes regios, que son, de manera estricta,
públicos, esto es, pertenecen al patrimonio del rey;: lo mismo dígase de los bienes ribereños y de las ganancias
o tributos que de ellos se sacan, pues las riberas y su uso son públicos, como el mar y los ríos navegables, los
cuales se dice que son también bienes ͞Reales͟ en cuanto a la protección del príncipe y son enajenables, y así
se dice que son ͞reales͟ en cuanto a la protección del príncipe, porque no son enajenados. Lo mismo se dice de
las minas o yacimientos de metales y salinas que son bienes ͞reales͟, esto es, lo son de cuanto a la cuota que
razonablemente debe gravarles, si, desde que el rey fue elegido por el pueblo, no fue ya impuesta. Así ocurre
en España, donde se observan las mismas leyes comunes o sus fundamentos; pues se dice en los 1.6. Titulo 28
de la tercera partida que el tributo de los puertos, salinas, pesquerías, minas de hierro y otros metales y tales
contribuciones son del príncipe, como lo son los portazgos, los cuales fueron concedidos para la honorable
sustentación de los reyes y para la defensa del reino contra la agresión de los infieles y para librar a sus pueblos
de oportunas exacciones; y estos vulgarmente se dice que pertenecen a la ͞corona real͟.

Bartolomé de las Casas (1474-1566). Fraile dominico español. Pasó a América en 1502 u se convirtió en la
figura más activa y destacada de la defensa de los indios contra los excesos de los colonizadores. Acompaño a
Velázquez en la conquista de Cuba y fue el primer Obispo de Chiapas, en México. Desde Santo Domingo, en
1516; escribió su primer memorial al rey, a partir de ese momento, produjo una voluminosa obra en su mayor
parte relativa al Nuevo Mundo.

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(Carta dedicatoria al príncipe de la Españas Don Felipe).
Muy alto e muy poderoso señor:
Como la providencia divina tenga ordenado en su mundo que para dirección y común utilidad del linaje
humano se constituyesen en los Reinos pueblos, reyes, como padres y pastores (según los nombra Homero )
y por consiguiente sean los más nobles y generosos miembros de las repúblicas, ninguna duda de la rectitud
de sus ánimos reales se tiene, i con recta razón se debe tener , que se algunos defectos, documentos y males
se padecen en ellas, no ser otra la causa sino carecer los reyes de la noticia de ellos. Los cuales si les contasen,
con sumo estudio y vigilante solercia extirparían. Considerando pues yo (muy poderoso señor) los males e
daños, perdición e jacturas (de los cuales nunca otros iguales, ni semejantes se imaginaron poderse por
hombre hacer) de aquellos tantos y tan grandes e tales reinos, y por mejor decir de aquel vastísimo e nuevo
mundo de las Indias, concedidos y encomendados por dios e por su iglesia a los reyes de Castilla para que se
los rigiesen y gobernasen, convirtiesen e prosperasen temporal y espiritualmente, como hombre que por
cincuenta años y más de experiencia siendo en aquellas tierras presente los he visto cometer; que no conceda
ni permita las que los tiranos inventaron, prosiguieron y han cometido, llaman conquistas. En las cuales (si se
permitiesen) han de tornarse a hacer, pues de sí misma (hechas contra aquellas indias gentes, pacificas,
humildes y mansas que a nadie ofenden) son inicuas, tiránicas y por toda ley natural divina y humana
condenadas, detestadas e malditas; delibere por no ser reo callando de las perdiciones de animas e cuerpos
infinitas que los perpetraran, poner en molde algunas e muy pocas que los días pasados colegí de innumerables
que con verdad padrea referir, para que con más facilidad vuestra alteza las pueda leer.
Y puesto que el arzobispo de Toledo maestro de vuestra alteza siendo obispo de Cartagena me las pidió e
presento a vuestra a vuestra alteza, pero por los largos caminos de mar y de tierra que vuestra alteza ha
emprendido y ocupaciones frecuentes reales que ha tenido, puede haber sido que o vuestra alteza no las leyó,
o que ya olvidadas las tiene, y el ansia temeraria e irracional de los que tienen por nada indebidamente
derramar tan inmensa copia de matando mil cuerpos de gentes, aquellas tierras grandísimas, e robar varios
fingidos colores, que se les concedan, o permitan las dichas conquistas (las cuales no se les podrían conceder
sin violación de la ley natural e divina e por consiguiente gravísimos pecados mortales, dignos de terribles y
eternos suplicios) tuve por conveniente, servir a vuestra alteza con este sumario brevísimo de muy difusa
historia que de los estragos e perdiciones acaecidas se podrían y deberá componer.

'" --
Descubrieron sé las indias en el año de 1492; fueron a poblar el año siguiente de cristianos españoles, por
manera que ha 49 años que fueron a ellas cantidad de españoles.
Todas estas universas e infinitas gentes a todo género Creo Dios los más simples sin maldades ni dobleces,
obedientes, fieles a sus señores naturales, y a los cristianos a quienes sirve; más humildes, mas pacientes, mas
pacificas y quietas, sin rencillas ni bullicios no rijosos, no querulosos, sin rencores, sin odios, sin desear
venganzas, que hay en el mundo. Son asimismo las gentes más delicadas, flacas y tiernas en complexión y que
menos pueden sufrir trabajos y que más fácilmente mueren de cualquier enfermedad, que ni hijos de príncipes
y señores entre nosotros criados en regalos y delicada vida, no son más delicados que ellos aunque sean de los
que entre ellos son de linaje de labradores. Son eso menso de limpios y desocupados y vivos entendimientos,
muy capaces y dóciles para toda buena doctrina: aptos para recibir nuestra santa fe católica y ser dotados de
virtuosas costumbres, y las que menos impedimentos tienen apara esto que Dios creó en el mundo. Y son tan
importunas desde una vez comienzan a Tener noticias de las cosas de la fe, para saberlas y ejercitar los
sacramentos de la Iglesia y el culto divino, que digo verdad que han menester los religiosos para sufrirlos ser
dotados por dios de don muy señalado de paciencia; e finalmente yo he oído decir a muchos seglares
españoles de muchos años acá y muchas veces, no pudiendo negar la bondad que en ellos ven: cierto estas
gentes era la más bienaventuradas del mundo, si solamente conocieran a Dios.
En estas ovejas mansas y de las calidades susodichas por su hacedor y criador así dotadas, entraron los
españoles desde luego que las conocieron como lobos e tigres y leones cruelísimos de muchos días
hambrientos. Y otra cosa no han hecho de cuarenta años a esta parte hasta hoy en este día lo hacen, sino
despedazadas, matadas, angustiadas, afligidas, atormentadas y destruidas por las extrañas y nuevas e varias e
nunca otras tales vistas ni leídas ni oídas maneras de crueldad, de las cuales algunas pocas abajo se dirán en
tanto grado, que habiendo en la isla Española sobre tres cuentos de animas que vimos, no hay hoy de los
naturales de ella doscientas personas.
Daremos por cuenta muy cierta y verdadera que son muertas en los dichos cuarenta años por las dichas tiranas
e infernales obras de los cristianos injusta y tiránicamente, más de doce cuentos de animas hombres y mujeres
y niños en verdad que creo sin pensar engañarme que son más de quince cuentos.
Dos maneras generales y principales han tenido los que allá han pasado que se llaman cristianos, en extirpar y
raer del haz de la tierra am aquellas miserandas naciones. La una injusta, cruel, sangrienta y tiránicas guerras. L
otra después que han muerto todos lo que podrían anhelar, o suspirar, o pensar en libertad, o en salir de los
tormentos que padecen, como son todos los señores naturales y los hombres varones (porque comúnmente no
dejan en las guerras a vida sino los mozos y mujeres) oprimiéndolos con la más dura, horrible y áspera
servidumbre en que jamás hombres ni bestias pudieron ser puestas. A estas dos maneras de tiranía infernal se
reducen e se resuelven, o subalternan como a género todas las otras diversas y varias de asolar aquellas gentes
que son infinitas.
La causa porque han muerto y destruido y tales y tan infinito numero de animas los cristianos, ha sido
solamente por tener por su fin último el oro y henchirse de riquezas en muy breves días, y subir a estados muy
altos y sin proporción de sus personas (conviene a saber) por la insaciable codicia e ambición que han tenido,
que ha sido mayor que en el mundo pudo ser, por ser aquellas tierras tan felices y tan ricas, y las gentes tan
humildes, tan pacientes y tan fáciles a sujetarlas; a las cuales no han tenido más respecto ni de ellas han hecho
más cuenta ni estima (hablo con verdad por lo que se y he visto todo el dicho tiempo) no digo que de bestias
(porque pluguiera a Dios que como a bestias las hubiera tratado y estimado) pero como y menos que estiércol
de las plazas. Y así han curado de su vida y de sus ánimas, y por esto todos los números y cuentas dicho han
muerto sin fe, sin sacramentos. Y esta es una muy notoria y averiguada verdad, que todos aunque sean los
tiranos y matadores lo saben y la confiesan: que nunca los indios de todas las Indias hicieron mal alguno a
cristianos, antes les tuvieron por venidos del cielo, hasta que primero muchas veces hubieron recibido ellos, y
sus vecinos muchos males, robos, muertes, violencias y vejaciones de ellos mismos.

  
012765

La quinta razón es porque como el señorío y jurisdicción que vuestra Majestad sobre aquellas gentes tiene, y
que antes no tenía, se lo haya dado Dios y la Iglesia principalmente para provecho y utilidad espiritual y
temporal de todos aquellos pueblo y este es el privilegio a ellos y no a vuestra Majestad concedido, como
medio conveniente para alcanzar el fin y salvación de ellos, como arriba dijimos, y según razón y derecho el
privilegio concedido a favor de alguno no deba de ser retorcido o convertido en disfavor, odio o detrimento
del, por tanto, toda la gobernación, regimiento, orden y modo de tratar aquellas comunidades y reinos, vecinos
y moradores naturales de ellas, debe ser puesta por Vuestra Majestad, tal cual convenga para que todos ellos
reciban provecho y utilidad espiritual y temporal, pues a ambas utilidades Vuestra Majestad es obligado por la
superioridad y jurisdicción universal que tiene sobre ellos, y a estorbar (como en la segunda razón parece),
quitar y prohibir todo aquello que puede traer a las dichas gentes y a su salud y prosperidad de años o
detrimento, y retorcer la dicha jurisdicción y superioridad suprema de vuestra Majestad en su disfavor, y a
serles odiosas y dañosas, y señaladamente si de su ser de pueblos, y más de sus personas, acaeciese ser
diminutiva o destructiva.
La nona razón es porque aquellas gentes todas y aquellos pueblos de todo aquel orbe son libres; la cual
libertad no pierden por admitir y tener a Vuestra Majestad por universal señor, antes suplidos si algunos
defectos en sus repúblicas padecían, el señorío de vuestra Majestad se los limpiase y apuse y así gozasen de
mejorada libertad.
Supuesta, pues, esta verdad, que todos aquellos pueblos y gentes son libres, y que a nadie del mundo debían
nada antes que se hallasen ni cuando se hallaron, ni hoy deben después de hallados sino a Vuestra Majestad
servicio y obediencia , no cualquiera, sino como la que deben los pueblos y ciudades libres a su universal rey y
señor; y supuesta también cierta especialidad e favor suyo que los hace más libres que oros pueblos, conviene
a saber, a saber, que los reyes de Castilla no tenían nada en ellos no les pertenecían por herencia ni por compra
ni por trueque, ni por qué los hubiesen vencido en alguna justa guerra movida por alguna justa causa de ofensa
que hubiesen hecho a España, o a la universal Iglesia o algún miembro de ella, y requeridos no hubiesen
querido hacer de ella satisfacción o enmienda.
Y allende de esto, el título que sus Altezas y Vuestra Majestad tiene y oficio de apóstoles concedidos por la
Santa Sede apostólica, sobre el cual se funda rodo du señorío en ellas, y el fina que se obligaron por su
voluntaria policitación, que es la predicación de la fe y la promulgación del Santo Evangelio de Jesucristo y
conversión de ellas. Y este es privilegio, como fue dicho, suyo propio, y no principalmente de Vuestra Majestad,
el cual requiere más tiento y más orden y moderación y templanza y mayor suavidad, así en la primera entrada
en aquellos reinos, entrando con paz y amor y buenos ejemplos, como en el gobierno de ellos y tratamiento de
los vecinos y moradores que en ellos nacieron, están en viven; para que reciban y no aborrezcan de su propia
voluntad nuestra santa fe y sean imbuidos, enseñados y acostumbrados a la religión cristiana porque no se dé
ocasión, por chica ni grande que sea, que blasfemen el nombre de nuestro Dios, y así se pierda y no se alcance
el divo fin, y amen a Vuestra Majestad y a los reyes de Castilla y alaben a Dios, gozándose porque tan justo y
benigno universal rey y señor les concedió, todo lo cual hace y constituyen el estado y calidad de todos ellos en
mayor libertad y facultad de libres.
La décima tercia razón es porque dando los indios a los españoles, de cualquier manera que quedase
perjudicase inestimablemente a la corona real de Castilla y a todos los reinos de nuestra España. Porque pierde
vuestra Majestad y su real corona infinito numero de vasallos que le matan, los cuales nadie puede bastar a
contar; los cuales, viviendo y dándose y sujetándose al señorío de vuestra Majestad de su voluntad, y ganando
los ánimos y voluntades de ellos con buenas obras, y gracias, y mercedes que vuestra Majestad les da haga,
especialmente ¿es que sepan y vean que los libertaremos del cautiverio de los españoles en que están, y que
son de vuestra Majestad, y los recibe por vasallos y no se les hacen los males que padecen, como ellos son de
su naturaleza obedientes a sus señores, amaran y servirán a Vuestra Majestad y a sus sucesores
entrañablemente, y con el fervor de vuestra Majestad ayudaran a defender la tierra de cualquier enemigo
exterior que de cualquier parte o nación vinieran, porque para contra los enemigos de fuera muy poco son ni
pueden ser los españoles en estos muchos años, como arriba hemos dicho, y como los indios son mucho, con
favor y ayuda de pocos españoles cobran gran esfuerzo y hacen mucho, especialmente teniendo ejercicios de
armas de hierro, que el tiempo andando, desde estén ellos asentados y sepan que están seguros que no han de
recibir daños de los que reciben, y cobrado amor a servicio de Vuestra Majestad, y recibida la fe, se las podrán
fiar, aunque no ahora por estos presentes años, hasta que lo ahora dicho se ordene y disponga y como
conviene se haga.

Editado y producido por: Marvin Geovani Tuy Pérez