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LAS FUNCIONES COGNITIVAS EN LA ESQUIZOFRENIA II:

Hipótesis explicativas del déficit cognitivo y variables de interés clínico

Ricardo Bustamante Quiroz


Profesor del Departamento de Psiquiatría y de la Unidad de Post Grado.
Facultad de Medicina. Universidad Nacional Mayor de San Marcos

RESUMEN

La segunda parte de la revisión sobre las funciones cognitivas en esquizofrenia explora


las hipótesis explicativas del déficit cognitivo a través del análisis de las correlaciones
anatómicas y funcionales involucradas en el trastorno. Se describen también las
manifestaciones cognitivas que pueden ser consideradas como marcadores de rasgo o
de estado del trastorno y los problemas metodológicos que se deben enfrentar en los
estudios de investigación. Por último, se hace un repaso general sobre las variables de
interés clínico relacionadas con el déficit cognitivo en este trastorno.

Palabras Claves: esquizofrenia, cognición, marcado de rasgo, marcador de estado

ABSTRACT

Second part of the review on cognitive functions in schizophrenia explores the explanatory
hypothesis of cognitive deficits through the analysis of anatomical and functional
correlations involved in the disorder. We also describe the cognitive manifestations that
can be considered as markers of trait or state of disorder and methodological problems
that must be addressed in research studies. Finally, we make an overview on the variables
of clinical interest related to cognitive deficits.

Keywords: schizophrenia, cognition, trait marker, state marker

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TEORÍAS EXPLICATIVAS DEL DÉFICIT COGNITIVO EN ESQUIZOFRENIA

Actualmente la esquizofrenia es conceptualizada como un trastorno neuropsiquiátrico


multifactorial en el que una vulnerabilidad genética confluye con factores epigenéticos
para producir una alteración en el desarrollo del cerebro (1, 2). Las evidencias de un
neurodesarrollo defectuoso no hacen difícil comprender la posibilidad de que muchos (o
todos) los procesos mentales de los pacientes que la sufren estén alterados en forma
primaria (3). En las investigaciones realizadas no ha sido posible encontrar un sustrato
neuroanatómico homogéneo, pero los hallazgos indican fundamentalmente alteraciones
estructurales o funcionales a nivel de la corteza prefrontal, temporal media e hipocámpica
y en circuitos subcorticales límbicos-diencefálicos-prefrontales (4 – 7), regiones todas
ellos implicadas en el procesamiento cognitivo.

El trastorno del neurodesarrollo alteraría la diferenciación y migración neuronal durante el


segundo trimestre del embarazo y limitaría el proceso de sinaptopoyesis, especialmente a
nivel del lóbulo frontal durante la infancia. En la adolescencia al producirse los procesos
normales de apoptosis o de "pruning" (poda) neuronal el sujeto, con un desarrollo cerebral
alterado, quedaría más vulnerable a los estresores psicosociales y a los cambios
hormonales, y sería incapaz de procesar adecuadamente los estímulos externos e
internos, produciéndose el brote psicótico. Clínicamente los síntomas esquizofrénicos
"positivos", "negativos" y "desorganizados" (8) coexistirían desde el inicio de la
enfermedad con los déficits cognitivos que constituyen así un nivel de patología primario
y central, presentes inclusive desde etapas anteriores a la aparición de los síntomas
clásicos (5, 9)

La mayoría de autores están de acuerdo en señalar que los principales procesos


cognitivos afectados en la esquizofrenia son la atención, la memoria de trabajo, las
funciones ejecutivas y la memoria verbal (10 – 14). Estos procesos estarían a su vez
controlados por un "procesador ejecutivo central" encargado de asignar los recursos
cognitivos necesarios para cada tarea. Así, los déficits en esquizofrenia en los procesos
ejecutivos y en la atención selectiva serían debidos a la disfunción del procesador
ejecutivo central que sería incapaz tanto de seleccionar los estímulos necesarios como de
elegir la respuesta adecuada para cada tarea (15). Estudios de neuroimágenes han
asociado las funciones de este procesador ejecutivo central a los circuitos que vincula la

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corteza dorsolateral prefrontal con el núcleo medio dorsal del tálamo y con la corteza
hipocámpica y parahipocámpica (16).

Correlaciones neuroanatómicas y neurofuncionales

Las correlaciones neuroanatómicas del déficit cognitivo en esquizofrenia han sido


sugeridas en varios trabajos pero, al igual que en el caso de las evaluaciones
neuropsicológicas, los grupos de pacientes estudiados han sido muy heterogéneos en
cuanto a fase de la enfermedad, tipo clínico y evolución. No obstante los resultados de la
mayoría de estudios parecen indicar que en pacientes en fase de remisión y con
evolución favorable los circuitos comprometidos en forma primaria serían aquellos que
subyacen a los procesos atencionales y ejecutivos, es decir, los circuitos prefrontales-
subcorticales.

Una disfunción en el circuito que vincula la corteza prefrontal dorsolateral con el núcleo
ventro medial del tálamo a través del cuerpo estriado estaría relacionado con la
incapacidad para filtrar los estímulos y elegir la respuesta apropiada; una disfunción entre
el circuito prefrontal ventro medial y cingular sería responsable de la incapacidad para
inhibir las respuestas automáticas y una disfunción en los circuitos prefrontales -
hipocámpicos y parahipocámpicos explicarían la incapacidad utilizar la memoria de
trabajo y la memoria asociativa (17). Esta disfunción sería primaria y anterior al primer
brote de la enfermedad y podría explicar inclusive los síntomas psicóticos positivos y
negativos al ser incapaces los circuitos pre-frontales de controlar adecuadamente el
procesamiento de la información (6).

En un trabajo temprano al respecto Frith (18) proponía que los síntomas negativos de la
esquizofrenia reflejarían un defecto en el inicio de la acción espontánea, mientras que los
síntomas positivos reflejarían un defecto en el control interno o monitoreo de la acción.
Señala que el inicio espontáneo de la acción dependería de sistemas cerebrales que
conectan la corteza prefrontal con los ganglios basales, mientras que el control interno de
la acción espontánea dependería de las conexiones entre la corteza prefrontal y el
hipocampo, vía la corteza parahipocámpica y la corteza cingulada (Cuadro 1).

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Cuadro 1: Modelo del defecto de filtro en la esquizofrenia (Frith, 1978, 1989)

• Información automática pre-consciente se hace consciente (Autoconciencia excesiva).


• Dificultad para seleccionar y ejecutar un curso apropiado de la acción.
• Los síntomas típicos de la esquizofrenia (alucinaciones y delusiones) se iniciarían a
partir de procesos automáticos normalmente pre-conscientes que invadirían la
conciencia.
• Los síntomas negativos reflejarían un defecto en el inicio de la acción espontánea,
dependiente de sistemas que conectan la corteza prefrontal con los ganglios basales.
• Los síntomas positivos reflejarían un defecto en el control interno o monitoreo de la
acción, dependiente de los circuitos fronto-límbicos (corteza prefrontal, hipocámpica,
parahipocámpica y cingulada).

Por su parte Goldman-Rakic considera que la falla fundamental en la esquizofrenia se da


en los procesos por los cuales el conocimiento figurativo gobierna la conducta. Así, en el
cerebro normal las rutas neuronales de la corteza pre-frontal actualizan en forma
dinámica los modelos internos de la realidad para reflejar las cambiantes demandas
ambientales y la información que va llegando, guiando así la memoria de trabajo y el
comportamiento inmediato. Si estas rutas neuronales fallan el cerebro ve al mundo como
una serie de acontecimientos desconectados, a modo de sesión de diapositivas y no
como una secuencia continuada. El resultado sería el comportamiento esquizofrénico,
dominado por la estimulación inmediata y no por un equilibrio entre la información actual,
la pasada y la interiorizada (19, 20).

Los estudios de neuroimágenes dan soporte a las hipótesis anteriores en la medida que
mientras que en pacientes sintomáticos se puede encontrar patrones muy dispares de
hiperactivación o déficit funcional, en cambio en estudios en pacientes en remisión los
déficits son más consistentes sólo en regiones pre-frontales e hipocámpicas. En estudios
que investigaron la relación entre la psicopatología y las imágenes de SPECT en un grupo
de pacientes esquizofrénicos en fase sintomática, y luego en fase de remisión, se
encontró que durante la fase activa de la enfermedad se producía un patrón de imágenes
de hipofrontalidad e hipotemporalidad, mientras que después de la remisión la
hipofrontalidad apareció sólo en dos de cuatro regiones frontales estudiadas mientras que
la hipotemporalidad desapareció completamente (21).

Del mismo modo ha recibido especial atención la función del tálamo en el origen de los
déficits cognitivos (22, 23) habiéndose encontrado disminución de tamaño en forma

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consistente en varios estudios de resonancia magnética funcional, tanto en pacientes
crónicos como de primer episodio, postulándose que una anormalidad en esta estructura
podría explicar la mayoría de la psicopatología en esquizofrenia, la cual podría ser
racionalmente explicada como el resultado de anormalidades en la filtración de estímulos,
la focalización de la atención y la entrada sensorial. Aunque esta última hipótesis podría
explicar las fallas atencionales sería insuficiente para explicar los déficits ejecutivos, pues
en pacientes medicados en los cuales se mejoran los procesos atencionales los déficits
ejecutivos persisten.

Otros estudios han propuesto que la falla fundamental en la enfermedad se produciría


como resultado de un fracaso en la integración de diversos sistemas cerebrales
funcionales y no por déficits localizados y aislados, Esta “desconexión” se daría por una
conectividad funcional anormal entre la corteza frontal y la temporal. También se han
observado resultados de estudios electroencefalográficos con potenciales sensoriales
evocados en donde se hallan disfunciones en regiones subcorticales con fallas en la
integración tálamocortical (17, 24). En investigaciones con tomografía por emisión de
positrones (PET) se ha encontrado resultados que sugieren alteraciones regionales
específicas de la conectividad funcional entre el hipocampo y la corteza prefrontal
dorsolateral, que se manifiestan como una disfunción persistente en la modulación de
este circuito durante las tareas de activación de la memoria de trabajo (25).

Marcadores de rasgo vs. Marcadores de estado

Se ha sugerido que los déficits en atención y en las funciones ejecutivas serían


disfunciones primarias constituyendo por tanto marcadores neurocognitivos de rasgo en
esquizofrenia, mientras que las alteraciones en los otros dominios cognitivos estarían más
en función de la fase de la enfermedad y de su evolución, constituyéndose en marcadores
de estado. Aunque no existe en las publicaciones revisadas un consenso sobre esta
afirmación parece evidente que los pacientes con mejor evolución o en estadios iniciales
no presentan mayormente un déficit generalizado, el cual es más frecuente en
poblaciones de pacientes crónicos o afectados más severamente.

Sin embargo, tampoco puede descartarse la posibilidad de que existan sub-poblaciones


de pacientes en quienes la alteración cognitiva comprometa otras dimensiones desde el

5
inicio de la enfermedad. En el contexto de la teoría que ve a la esquizofrenia como una
alteración del neurodesarrollo es posible especular que algunos pacientes tengan
comprometidos un mayor número de redes neuronales que otros pudiendo entonces
presentarse como fenotipos cognitivos diferentes, pero siendo siempre mayor el déficit
atencional y ejecutivo.

Algunos estudios han aportado evidencias para lo sugerido anteriormente. Así, Albus y col
(26) en un estudio de seguimiento de dos años en pacientes de primer episodio encontró
que luego del tratamiento los pacientes mejoraron en las medidas de aprendizaje verbal y
velocidad motora, pero no en memoria visual ni en pruebas de función ejecutiva, siendo
los déficits más pronunciados en atención selectiva y procesamiento viso motor, lo que lo
lleva a sugerir que estos déficits reflejarían una variable de rasgo que subyace a la
enfermedad mientras que las funciones de memoria parecen ser más estado-
dependientes. Una propuesta explicativa de lo anterior se encuentra en el trabajo de
Meyer-Lindeberrg y col. (27), en un estudio controlado de tomografía por emisión de
positrones con técnicas de memorización activa, se midieron patrones de “conectividad
funcional”, constatándose alteraciones importantes de la actividad cooperativa distribuida
en el grupo de pacientes esquizofrénicos, sugiriéndose que un patrón que presenta
alteraciones de las interacciones frontotemporales podría constituir un posible marcador
de rasgo de este trastorno.

Problemas metodológicos en los estudios de investigación

En la última década la constatación de los déficits neurocognitivos y su correlato anátomo-


funcional ha sido frecuentemente reportada en la literatura científica, sin embargo los
hallazgos específicos sobre campos cognitivos alterados y localizaciones cerebrales no
han sido siempre homogéneos, más bien se ha notado mucha discrepancia en cuanto a la
interpretación de los mismos. Esto parece originarse, por un lado, a una falta de consenso
en cuanto a modelos neurocognitivos y pruebas utilizados y por otro lado, a la gran
heterogeneidad del trastorno estudiado, lo cual implica muchos problemas metodológicos
a la hora de diseñar las investigaciones.

El primer problema metodológico lo constituye la heterogeneidad del trastorno. La


esquizofrenia puede presentarse en cuatro tipos clínicos diferentes: paranoide, catatónico,

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hebefrénico y simple; y puede presentar en su curso tres síndromes característicos:
distorsión de la realidad (síntomas positivos), pobreza motora (síntomas negativos) y
desorganización. Además, al momento de hacer la evaluación el trastorno puede
presentarse en forma aguda, crónica o en remisión clínica, estar el paciente en atención
ambulatoria o en régimen de hospitalización, o estar recibiendo tratamiento farmacológico
o no estarlo. Por tanto es probable que existan perfiles cognitivos distintos para cada sub-
población de pacientes, aunque subyazca en todos una o más características principales.

Los primeros estudios neuropsicológicos en esquizofrenia incluyeron poblaciones clínicas


heterogéneas, generalmente pacientes crónicos y en régimen de hospitalización, y
arrojaban resultados en los que el déficit cognitivo era mayoritariamente difuso, casi
indiferenciable de aquellos pacientes con daño cerebral. Estos estudios tenían varias
limitaciones, como la posibilidad de la influencia de la institucionalización, el tratamiento
con neurolépticos, un probable proceso degenerativo o la combinación de todos estos
factores, lo cual impedía obtener conclusiones válidas. Sin embargo, en la última década
los estudios con pacientes en primer episodio de la enfermedad, ya sea con tratamiento o
sin él, también han encontrado déficits cognitivos, aunque más específicos en la atención,
las funciones ejecutivas y las tareas visomotoras, mientras que en memoria han sido
contradictorios (28, 29). Igualmente, investigaciones realizadas en familiares de primer
grado de pacientes esquizofrénico han encontrado fallas cognitivas en comparación con
controles sanos (22).

Con respecto a la farmacoterapia, por mucho tiempo se atribuyó a la medicación


antipsicótica neuroléptica clásica un papel importante en la producción de los déficits
cognitivos al hipotetizar que su acción bloqueadora dopaminérgica era deletérea para
estas funciones. Hoy las evidencias de estudios longitudinales demuestran que no es así,
pues si bien la acción antidopaminérgica a dosis altas produce déficits en la función
motora su efecto directo sobre la cognición no es marcado en dosis terapéuticas. Más
bien incluso en algunos aspectos atencionales mejora modestamente el rendimiento como
en la inhibición de estímulos distractores. Un problema que si se ha vinculado con
deterioro cognitivo ha sido el uso de agentes anticolinérgicos para contrarrestar el
extrapiramidalismo producido por la acción antidopaminérgica, pues se ha demostrado su
interferencia con procesos de aprendizaje y memoria a largo plazo (30).

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La introducción del uso de los antipsicóticos atípicos ha abierto una línea de investigación
importante en este campo. La mayoría de los nuevos antipsicóticos, con menor efecto
sobre receptores D1 y D2 y mayor efecto sobre D4 parecen ofrecer un mejor panorama
para el rendimiento cognitivo al limitar el flujo de estímulos irrelevantes y mejorar la
atención, sin entorpecer la función motora, aunque no parecen tener una acción directa
significativa sobre las funciones ejecutivas. Se necesitan estudios longitudinales de
mayor duración para verificar cambios cognitivos a largo plazo (31 - 33).

Una forma de evitar los problemas metodológicos mencionados sería evaluar por
separado muestras homogéneas de pacientes según su tipo clínico, su curso, su estadio
de evolución y su tratamiento, comparando su rendimiento cognitivo entre sí, con
controles sanos y con otras patologías psiquiátricas. Por ejemplo, un grupo de pacientes
adecuado para identificar marcadores de rasgo de déficit cognitivo sería aquel con poco
tiempo de enfermedad, en estadio de remisión clínica, con buena evolución y en
tratamiento con antipsicóticos atípicos.

Importancia de la evaluación cognitiva

La evaluación neuropsicológica en esquizofrenia no debe estar solamente orientada a la


identificación de procesos mentales y áreas cerebrales comprometidas sino que debe
también estar dirigidas a esclarecer aspectos que puedan ser de mayor utilidad para la
planificación del tratamiento y la rehabilitación. El déficit cognitivo limita por sí mismo la
adaptación ocupacional y social de los pacientes esquizofrénicos, aunque en estudios
longitudinales se observa que aquellos cuya severidad es menor se puede lograr una
adaptación comunitaria cuando las exigencias no son grandes. Lamentablemente la
oportunidad de adaptación del paciente esquizofrénico siempre está restringida en la
comunidad y eso conlleva a su aislamiento. Muchos fracasos ocupacionales, abandonos
de tratamiento y reactivación de síntomas psicóticos se deben a la falta de una adecuada
evaluación neurocognitiva que establezca claramente la funcionalidad social y
ocupacional de estos pacientes (34).

Por otro lado, el diseño de programas de rehabilitación neurocognitiva, generalmente


ausente en los esquemas de tratamiento, sería un aporte significativo para la adaptación
socio-ocupacional de los pacientes. Así, en los últimos años la investigación

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neuropsicológica se ha afinado mucho más hacia la distinción de la predominancia del
tipo de déficit aplicada a distintas variables, como marcadores del tipo clínico del
trastorno, predicción del curso, estadios prodrómicos, vulnerabilidad en grupos de riesgo,
relación con la farmacoterapia, con la psicoterapia y con el rendimiento social, así como
su diferenciación de otros trastornos mentales (35, 36). La obtención del perfil cognitivo de
los pacientes desde estadios precoces de la enfermedad permitiría por tanto la
elaboración de programas de rehabilitación personalizados en cada caso y la prevención
de los deterioros sociales.

VARIABLES DE INTERES EN EL ESTUDIO COGNITIVO DE LA ESQUIZOFRENIA

Muchas variables han sido estudiadas con relación al déficit cognitivo de la esquizofrenia
y constituyen hoy líneas de investigación importantes para la comprensión cabal del
trastorno. Entre ellas mencionaremos los tipos de trastorno, el curso, la vulnerabilidad, el
efecto de los medicamentos y la adaptación socio-laboral

Tipos clínicos

Los déficits cognitivos han estado mayormente relacionados con los síndromes negativos
en cuanto a su amplitud y severidad. En un estudio temprano Goldstein (37) describió que
las formas paranoides de corta duración y sin alteraciones neurológicas añadidas tenían
menos alteraciones cognitivas que aquellas formas no paranoides con evolución larga y
sin alteraciones neurológicas. En un estudio para corroborar la validez de los subtipos de
esquizofrenia Zakzanis (38) los analizó a través de la relación de las funciones
neuropsicológicas con síntomas predominantemente positivos o negativos, indicando los
resultados que la sintomatología esquizofrénica positiva estaba más relacionada con
tareas ejecutivas frontales mientras que la negativa estaba relacionada con tareas de
seguimiento mental que requieren habilidad motora. Sin embargo, el estudio individual de
los pacientes mostró que la mayoría presentaba ambos tipos de síntomas, positivos y
negativos, concluyendo que resultaba más razonable validar un modelo que refleje la
variedad de los síntomas y los patrones neuropsicológicos en los pacientes más que una
dicotomía positiva-negativa.

9
Curso clínico

Hay dos opiniones marcadamente contrarias en el curso de la función cognitiva en la


esquizofrenia. Una propone que el déficit cognitivo va empeorando durante el curso de la
enfermedad. Luego de un inicio insidioso las funciones cognitivas de los pacientes se irían
debilitando y las habilidades sociales decaerían; esta observación abogaría por un
componente degenerativo progresivo. Una segunda opinión sugiere que una vez que los
déficits cognitivos aparecen permanecen relativamente estables. Esta última opinión es
coherente con la teoría etiopatogénica de una encefalopatía estática producida
tempranamente por alteraciones durante el neurodesarrollo.

Las evidencias empíricas, tanto longitudinales como transversales parecen apoyar la


última opinión. Los primeros estudios presentaban dificultades metodológicas ya que
evaluaban la relación entre la evaluación clínica de la esquizofrenia y el rendimiento
cognitivo en pacientes crónicos y diseños transversales en los que no se podía controlar
las variables como el efecto de la medicación o el aislamiento. Los estudios recientes en
pacientes que sufren de un primer episodio de esquizofrenia han permitido verificar la
opinión sobre la presencia de fallas en el rendimiento cognitivo desde el inicio de la
enfermedad (31, 39, 40).

Así mismo, estudios de seguimiento han concluido sobre la relativa estabilidad del déficit
con cambios no significativos (41). Sin embargo, en este aspecto hay que anotar que los
deteriores cognitivos pueden actuar como un marcador pronóstico de la enfermedad tanto
para su cronicidad como para su severidad. Hay evidencias que la cronicidad, el
aislamiento y la discapacidad social y laboral pueden ser secundarios y progresivos sobre
un déficit cognitivo primario y serán mayores cuanto mayor sea el compromiso cognitivo y
cuanto menores sean las medidas terapéuticas empleadas.

Vulnerabilidad

Los estudios familiares, de gemelos monocigóticos y de epidemiología genética han dado


luces sobre la existencia de grupos de "alto riesgo" de desarrollar esquizofrenia.
Actualmente se dispone de evidencias que apuntan a la existencia de un espectro de
trastornos que implicarían grupos en los cuales existirían mayores probabilidades de tener

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un neurodesarrollo defectuoso secundario a factores múltiples, ya sean genéticos,
infecciosos o traumáticos perinatales. Varias investigaciones en familiares de primer
grado de pacientes esquizofrénicos señalan un rendimiento cognitivo anormal sin la
presencia de síntomas psicóticos. Estos rendimientos también han sido observados en
sujetos con rasgos de personalidad esquizoide y esquizotípìco. De esta manera, la
disfunción cognitiva podría ser considerada como un marcador de rasgo o como un
endofenotipo de un amplio espectro de trastornos en los que no necesariamente tendría
que desencadenarse un cuadro psicótico (42, 43).

El papel de la medicación

Si bien, como se ha señalado por mucho tiempo se pensó que la medicación antipsicótica
neuroléptica podía ser causante de los déficits cognitivos, hoy con el uso de los
antipsicóticos atípicos el panorama ha cambiado pues existen algunas evidencias de un
posible efecto favorable para el funcionamiento cognitivo, el cual, entre otros mecanismos
de acción ha sido atribuido al antagonismo de los receptores 5HT2A localizados en el
soma de neuronas dopaminérgicas, lo cual incrementaría el recambio de dopamina en la
corteza prefrontal (vía proyecciones del tegmento ventral). El aumento de dopamina en la
corteza prefrontal con la administración de atípicos se relaciona, a su vez, con mejoría
cognitiva de funciones como la memoria de trabajo (44).

Otras drogas que han sido usadas para mejorar el rendimiento cognitivo han sido
derivados anfetamínicos y agonistas catecolaminérgicos. Aunque los resultados
experimentales han sido mayormente favorables se requiere aún mayor evidencia para
tener resultados concluyentes (41, 45).

Cuadro 2: Acción de los psicofármacos sobre la cognición


• Los fármacos que incrementan dopamina en la corteza prefrontal como los
antipsicóticos atípicos pueden mejorar los déficits cognitivos prefrontales como la
memoria de trabajo y las funciones ejecutivas
• Los fármacos que activan a los receptores D1 de dopamina podrían mejorar los
déficits cognitivos prefrontales.
• Los fármacos que mejoran la función noradrenérgica a nivel prefrontal (cíngulo) actúan
favorablemente sobre la atención selectiva.
• Los fármacos que aumentan la actividad colinérgica cortical pueden mejorar la
memoria, uso del lenguaje y la praxis construccional

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Adaptación social y laboral

Se ha propuesto por diferentes autores que el déficit cognitivo influye más en la


adaptación social y laboral que los síntomas positivos y negativos. Milnev y col (46) en un
diseño longitudinal han analizado las relaciones entre cognición y gravedad sintomática al
momento del ingreso de pacientes con un primer episodio de esquizofrenia y los
resultados funcionales luego de siete años de seguimiento. Además, evaluaron si la
gravedad de los síntomas negativos pronosticaba el curso clínico al margen de las
variables cognitivas o si existía una coincidencia en su poder predictivo.
Se relacionaron la memoria verbal, la velocidad de procesamiento mental y la atención y
la gravedad de los síntomas negativos en el momento del ingreso con el curso clínico. El
funcionamiento psicosocial general fue pronosticado por los síntomas negativos y la
atención. La memoria verbal fue un factor predictivo significativo del grado de disfunción
en las actividades recreativas. Los síntomas negativos y la memoria pronosticaron las
dificultades de relación, mientras que la atención y los síntomas negativos pronosticaron
el funcionamiento laboral. Se observó una coincidencia de la varianza de los resultados
pronosticados por las variables cognitivas y los síntomas negativos.

Rehabilitación cognitiva

La posibilidad de la rehabilitación cognitiva en esquizofrenia ha sido otro punto


controversial. Las primeras publicaciones se mostraban escépticas en cuanto a los
resultados de un tratamiento de este tipo pues teóricamente al ser la esquizofrenia un
trastorno del neurodesarrollo ocasionaría un defecto estable sobre el cual no se podrían
obtener resultados importantes pues ya existirían estructuras histológicas y conexiones
aberrantes que no responderían con la plasticidad neuronal que se da en otros casos,
como en las secuelas de traumatismo craneoencefálico en donde si se obtienen
resultados debido a que se actúa sobre estructuras que previamente desarrollaron de
manera normal (47). Otros hechos que alimentaron este escepticismo fueron la ausencia
de estudios empíricos que avalasen la efectividad de los métodos de rehabilitación y la
falta de programas específicos dirigidos a pacientes esquizofrénicos.

En la década de los 90 comienzan a desarrollarse programas específicamente dirigidos a


pacientes con esquizofrenia. Uno de los que se desarrolló con más efectividad es el

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Tratamiento Integrado para la Esquizofrenia (IPT). Sus autores, Brenner y Roder, parten
del supuesto que los esquizofrénicos muestran deficiencias en diferentes niveles
funcionales de organización de la conducta (nivel atencional-perceptivo, nivel cognitivo,
nivel micro-social y nivel macro-social), que las deficiencias de un nivel pueden perjudicar
funciones de otros niveles, y que los diferentes niveles guardan una relación jerárquica
entre sí. En base a ello diseñan un programa de intervención grupal y de orientación
conductual, para el mejoramiento de las habilidades cognitivas y sociales de los pacientes
(48, 49). El programa se viene aplicando en varios países y con adaptaciones locales,
demostrando evidencia de mejoría en la atención, formación de conceptos y pensamiento
abstracto de los pacientes (47).

Actualmente se acepta que la rehabilitación neuropsicológica es un instrumento


terapéutico que posibilita una mejora del funcionamiento cognitivo deficitario, un aumento
de la autonomía personal y una mejora del funcionamiento psicosocial de los pacientes
esquizofrénicos de peor pronóstico. Además, cuando se han realizado estudios
controlados con técnicas de neuroimagen se ha observado que el tratamiento de
rehabilitación neuropsicológica produce cambios en el flujo sanguíneo cerebral frontal
detectable mediante estudios de SPECT realizados en condiciones de neuroactivación.
Los datos sugieren una reducción de la hipofrontalidad que son atribuibles a la mejora de
las estrategias de procesamiento de la información (47).

CONCLUSIONES

– Los déficits cognitivos en esquizofrenia constituyen una dimensión clínica primaria


del trastorno, presumiblemente condicionados por una alteración temprana en el
neurodesarrollo.
– Las mayores evidencias del déficit cognitivo se encuentran en los procesos de
atención, memoria y funciones ejecutivas y tienen un correlato neuroanatómico
principal con circuitos fronto-caudado-límbico-temporales.
– Los marcadores de rasgo del déficit cognitivo estarían mayormente referidos a las
alteraciones en atención y funciones ejecutivas y dependerían fundamentalmente de
alteraciones bilaterales en los circuitos pre-frontales dorso lateral, ventro medial y
cingular y sus conexiones tálamo-estriadas e hipocámpicas .

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– Las alteraciones de memoria a largo plazo en esquizofrenia, tanto verbal como
viso espacial, parecen depender más de estadio clínico y del curso de la enfermedad.
– La dimensión cognitiva puede actuar como factor desencadenante o coadyuvante
en la aparición o perpetuación de las otras dimensiones sintomáticas y puede servir
como factor pronóstico o de evaluación de vulnerabilidad de rasgo.
– Existen actualmente paradigmas de investigación experimental confiables y válidos
para el diagnóstico de la disfunción cognitiva, aunque no son corrientemente aplicados
en el uso clínico debido a una excesiva sofisticación.
– Se necesita estandarizar instrumentos de evaluación clínica prácticos, sencillos y
de significación clínica válida que puedan ser aplicados corrientemente como parte de
los protocolos de diagnóstico.
– Los estudios sobre procesos cognitivos en esquizofrenia deben realizarse en
grupos homogéneos de pacientes que compartan características de tipo clínico, fase y
curso de la enfermedad, así como tipo de medicación y adaptación socio-ocupacional
para evitar resultados espurios dependientes de la sumatoria de características
dispares.
– La evaluación neurocognitiva del paciente esquizofrénico debe constituir un
procedimiento necesario en toda evaluación clínica pues permite identificar déficits
que pueden pasar inadvertidos en la evaluación rutinaria y que sin embargo pueden
condicionar rendimientos socio-ocupacionales disfuncionales.
– El uso de los antipsicóticos atípicos ha permitido tener un panorama promisorio
para el tratamiento del déficit cognitivo.
– Las técnicas de rehabilitación neurocognitiva están aportando evidencias de su
efectividad en la mejoría de las funciones cognitivas y en la mejor adaptabilidad social.

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