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¿Cómo podemos saber si somos pobres en espíritu?

Estas son algunas características de alguien que es pobre en espíritu:

1. Siempre es humilde ante sus propios ojos. No se exalta a sí mismo; no es orgulloso


a pesar de que puede ser considerado insignificante por otros, él ve todo como la
voluntad de Dios y se goza de que se le permita compartir los sufrimientos de
Cristo. Se vuelve natural para él seguir el camino del Cordero; la humillación se
convierte en su alimento, la exaltación en su recompensa. (1 Pedro 5: 5; 1 Pedro
4:13; 1 Pedro 5: 6)
2. Ama hacer todo su trabajo en lo oculto y no recibe honor de los hombres. (Mateo
6: 1-4)
3. Ama ocupar el último lugar, no porque desee ser más estimado, sino porque piensa
que ese es precisamente el lugar que le corresponde. (Lucas 14: 7-11, Filipenses 2:
3)
4. Es reservado en su conducta, no es agresivo ni exigente.
5. Ama renunciar a sus ventajas para el beneficio de los demás. (Filipenses 2: 4)
6. No busca ser alguien grande, tanto en lo terrenal como en un nivel espiritual; su
único deseo es hacer la voluntad de Dios de minuto a minuto.
7. No busca ganar influencia con las personas, sin embargo, su anhelo es que las
personas puedan estar bajo la influencia de Dios. (1 Corintios 2: 1-5, 1 Corintios 9:
19-23)
8. El tiempo es precioso para él; no tiene nada que perder; sin embargo, él está en
calma y nunca es llevado a hacer nada a prisa. (Efesios 5: 16-17)
9. Se santifica a sí mismo para que otros, con su ejemplo, puedan santificarse en la
verdad. (Juan 17:19; 1 Timoteo 4:16)
10. Se niega a sí mismo para que su vida no sea, de ninguna forma, una ofensa para los
otros. (Mateo 16:24)
11. Está satisfecho con la cruz que Dios le da a cargar, y no se queja cuando otros lo
molestan.
12. No retrocede en los sufrimientos de Cristo, por lo que después de que él mismo
haya sido probado, puede ayudar a otros. (Romanos 8:18, 2 Corintios 1: 3-5)
13. Es feliz dondequiera que Dios lo pone, ya sea entre las multitudes bulliciosas o en
un lugar solitario, porque se encuentra con Dios en cada lugar al hacer su voluntad.
14. Da un gran valor al hecho de que donde sea que está o ha estado los otros
encontrarán solo la verdad en él.
15. Su amor lo constriñe a contribuir al bien de los demás; siente que está en deuda
con todos. Su vida evoluciona como la vida de un servidor, y está más que
dispuesto a soportar las cargas de los demás.
16. Nunca sueña con cosas grandes, sino que presta atención a las cosas pequeñas.
Ningún trabajo es insignificante, y nadie es demasiado pequeño para ser servido.
17. No discrimina y es servidor de todos. Por lo tanto, él va tan voluntariamente a
donde prevalece la tristeza como a donde la alegría se desborda. (Marcos 9:35, 1
Corintios 9: 19-23, Romanos 12: 15-16)
18. Vive su vida para darla como un sacrificio. (Marcos 10:45; Juan 15: 12-13)
19. Está dispuesto a pisar las espinas solo para poder consolar a los demás en sus
sufrimientos. (2 Corintios 1: 3-6; Colosenses 1:24)
20. Su oído está abierto a la voz de Dios, no solo para su autosatisfacción, sino para
hacer lo que ha escuchado. (Santiago 1:22)
 

La pobreza en espíritu es algo por lo que hay que luchar: “¡Bienaventurados los pobres en
espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos!”
¿Por qué comienza él aquí? Debe ser importante, es lo primero dicho. La primera cosa
registrada en términos de predicación en sí de Jesús. ¿Por qué comienza él con esto?
porque es la característica fundamental del cristiano. Es la característica fundamental del
ciudadano del reino de los cielos. El resto de las características fluyen de esta. Aquí es en
donde todo comienza, aquí es en donde comienza la felicidad, aquí es en donde la entrada
al reino comienza.

Jesús comienza al decir, hay una montaña que tienes que escalar. Hay altitudes que tienes
que escalar, pero lo primero que debes reconocer es que estas afuera del reino de Dios, y no
puedes llegar ahí por ti mismo. La montaña es demasiado alta, las altitudes son demasiado
grandes, no lo puedes hacer, y tienes que comenzar con ese reconocimiento, no puedes
entrar en mi reino, no puedes ser feliz hasta que reconozcas tu bancarrota, tu pobreza. Esto
es algo muy importante para los judíos que están muy orgullosos por sus méritos
religiosos, muy orgullosos por sus logros ceremoniales, muy orgullosos por los sacrificios
que le habían ofrecido a Dios, muy orgullosos por su celo por la ley, muy orgullosos por su
circuncisión, muy orgullosos por su identificación con el pueblo del pacto de Israel, muy
orgullosos por su justicia personal, confiaban en sí mismos, creían que eran importantes
en sí mismos, y Jesús dice, “si vas a entrar al reino, y encontrar felicidad verdadera, tienes
que reconocer que no tienes absolutamente nada, estas en bancarrota, ahí es en donde
todo comienza.

Pobreza de espíritu es el cimiento del resto de las gracias. Pobreza de espíritu es en donde
todo comienza. Más vale que usted espere fruto que crezca sin un árbol, así como usted
esperaría que las otras gracias crezcan sin esta. Nada sucede hasta que esto sucede,
mientras que una persona no es pobre en espíritu, esa persona no es capaz de felicidad, en
el sentido en el que Dios la ofrece. Esa persona no es capaz de entrar al reino. Mientras que
yo me estoy aferrando a mi importancia personal, y a mi justicia personal, y a mis propios
méritos, y a mi propia religiosidad y a mi propia moralidad, y mientras que me estoy
aferrando a esto como si de alguna manera me hubiera ganado el acceso a Dios mientras
que mi mano está llena de esa suciedad, nunca puede recibir el oro de la gracia de Dios. La
felicidad es únicamente para aquellos que son indignos.

Isaías lo dijo, de Cristo, y Cristo lo reiteró, Isaías 61:1, “El Espíritu de Jehová está sobre
mí”. Jesús lo repitió en el evangelio de Lucas, “me ha enviado a sanar a los quebrantados”.
Todo comienza con quebrantamiento de corazón. Hasta que alguien es pobre en espíritu,
Cristo nunca es visto por lo que realmente es, él nunca es preciado. Antes de que usted
puede ver en cuanta bancarrota está usted, usted no puede entender cuanto valor Cristo
tiene. Usted nunca puede ver su valor sin paralelos, hasta que usted entiende la plenitud
total de su propia indignidad, su ausencia de valor. El que se ve a sí mismo vestido en
harapos, puede valorar la túnica de justicia que Cristo trae. Hasta que usted no es pobre,
usted no puede ser rico. Hasta que usted no es un insensato, no se puede volver sabio.
Hasta que usted pierde su vida, no la puede salvar.

Jesús con frecuencia presentó cosas paradójicas como esas. ¿Y porque es esto primero?
Porque inevitablemente lo que evita que la gente entre al reino es soberbia. Y en el
comienzo mismo, la soberbia debe ser quebrantada. Proverbios 16:5 dice, “Maldito son los
soberbios”. Estas cosas Dios aborrece, un corazón soberbio, en la parte de arriba de la lista.
Ahora, la soberbia no necesariamente significa que usted desfila su dinero, no
necesariamente significa que usted desfila sus bienes y sus posesiones, y etc. Soberbia
significa que usted confía en su mérito personal, moralidad personal, religión personal,
bondad personal. Usted no está dispuesto a reconocer el hecho de que lo mejor que usted
puede hacer, son trapos de inmundicia.