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Esa presa tantálica


Un cuerpo a la deriva de la historia

Esa mujer ¿por qué grita?


andá a saber
mira qué flores bonitas
¿por qué grita?
jacintos margaritas
¿por qué?
¿por qué qué?
¿por qué grita esa mujer?
Susana Thénon . Ova completa

En mi trabajo anterior, “Espacios vacíos y vaciados”, planteo cómo la modernidad usa en forma política los
cuerpos, como si fueran marcas o límites, y cómo este uso se evidencia en la literatura.
Literatura en el sentido de signo de la cultura y en el de práctica social,convertida en signo, a su vez.
De acuerdo con Bajtín, propongo que la literatura no sólo refleja, sino que también refracta. Vamos a ver
entonces cómo funciona este uso político de los cuerpos en el caso de una figura mítica y de una
“simbolización concreta” : Eva Perón.
Eva (los mitos suelen ser nombrados con su nombre de pila o de bautismo: Diego, Eva, Gilda, Rodrigo) es un
mito paradigmático como crítica a la modernidad, ya que religiosidad e irracionalidad son opuestas, por
principio a ésta.
Según Laplantine: “no se necesita ser muy imaginativo para descubrir el surgimiento de lo religioso dentro
de lo político (y recíprocamente), del arcaísmo dentro de la modernidad y de lo fantástico dentro de lo que se
presenta como lo más cotidiano”.
La mistificación y los cultos populares (paradoja dentro de la modernidad) forman parte del sincretismo
cultural: crean contradicciones sociales, son capitalizados políticamente, pero ante todo, son productores de
relatos.
Dice Bataille que: “el cadáver es la más perfecta afirmación del espíritu”

“- Esa mujer- le oigo murmurar- .Estaba desnuda en el ataúd y parecía una virgen. La piel se le había
vuelto transparente. Se veían las metástasis del cáncer, como esos dibujitos que uno hace en una
ventanilla mojada”

Si analizamos este fragmento del cuento de Walsh “Esa mujer”, podemos extraer de él varias cosas:
“Estaba desnuda en el ataúd y parecía una virgen”. Se hace presente la idea de desnudez, de cuerpo
expuesto con su erotismo a cuestas, pero indefenso, pasivo. En este punto contrasta con lo “activo” que este
cuerpo había sido en vida, y ahora, santificado. Purificado por la muerte y con marcas (estigmas) en el cuerpo,
producto del sufrimiento de la enfermedad: “...como esos dibujitos que uno hace en una ventanilla mojada”.
Hay una metáfora de escritura y de la transparencia que asume el cuerpo muerto (un cuerpo histórico, por
cierto), como si se pudiera leer a través de él. Doble símbolo de lectura y de escritura, y la transparencia
representando a la verdad. La verdad del sufrimiento que se marca en el cuerpo y es el cuerpo.
En “Esa mujer”, el coronel busca una trascendencia histórica (y política) usurpando la trascendencia de su
muerta, y en un movimiento especular la propone como transacción y como pacto histórico y político a su
cronista Walsh.
Tiene claro el poder que le da la posesión del cadáver y quiere permutarlo por trascendencia histórica. El
poder se lo da el saber (dónde está el cuerpo), obtenido por medio de una apropiación. Un robo. Y una
violación (censurada por él, pero llevada a cabo por otro). Un simulacro de propiedad (“es mía”).
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Creo que está claro que apropiarse de Eva no es sólo cometer el sacrilegio de robar un cuerpo muerto, es
apropiarse de todo el cuerpo social que la sustenta como un símbolo:

(...) no toques ese cuerpo conectado a las fibras de un pueblo(...)

Reza Enrique Molina en un poema de su libro “Monzón-Napalm”

(...) Esa presa es tantálica


como el país sin sueño que defiende
ese país de plantaciones de odio que se contagia de hoja
en hoja

Esa presa es tantálica

Concluye Molina. Recordemos el mito de Tántalo: héroe de la leyenda helénica; hijo de Zeus, que sirvió a los
dioses, en un banquete, la carne de su hijo Pélope. Por revelar los secretos de su padre, fue condenado a sufrir
sed y hambre perpetuas, a pesar de tener al alcance de sus manos agua y frutos abundantes. Otra tradición
afirma que mereció castigo por haber robado el néctar y la ambrosía de los dioses. De esta leyenda deriva la
frase suplicio de Tántalo, con la cual se quiere expresar el tormento de quien desea ansiosamente una cosa y
no la puede conseguir.
Hay, en el poema de Molina, puntos de contacto y puntos de conflicto en la operación metonímica Eva-
pueblo peronista / prisionera vietnamita - pueblo. En ambas se establece el cuerpo como un tabú, ya que
implica que tocarlas es tocar al pueblo al que representan. El tabú se acentúa porque Evita está muerta y la
prisionera, no. Circunstancia que coloca a la primera en una situación de indefensión.
Una cosa que caracteriza a la modernidad es el concepto utilitario y práctico del cuerpo, el cuerpo produce:
por lo tanto constituye un bien social. Y, si como dice Foucault, las relaciones de poder atraviesan los
cuerpos, dejan en ellos marcas, y quedan , a su vez, los cuerpos, como marcas. Pero también producen
significaciones, como subproducto adicional ,y modos de sujeción que van desde lo complejísimamente
tecnológico a lo más arcaico.
La frase de Molina “Esa presa es tantálica” se relaciona con el mecanismo de constitución de mitos
productores de relatos. Cito a Daniel Santamaría con respecto a los “Cultos sacrificiales”:
“En el concepto de sacrificio convergen varios procesos distintos e inversos: una sustitución metonímica en
el objeto devoración del padre (evitar la castración-devoración del hijo ofreciendo vegetales o animales en
reemplazo) y una repetición simbólica del parricidio originario donde los oficiantes después de matar al
animal que representa al padre muerto lo distribuyen para devorarlo. En este segundo caso, el sacrificio
constituye un sistema de alimentación simbólica colectiva y de efectiva redistribución energética”.
Y aunque todo este proceso de simbolización nos parezca arcaico y primitivo, no olvidemos que tales relatos
circulan frecuentemente, no sólo en el campo, ya dentro de la ciudad y bajo la fachada de “mitos urbanos” .
En esa dirección, pregunto: ¿no estaba, acaso, su cuerpo conectado a las fibras más profundas de su pueblo? y
si es así ¿regía tabú sobre ella?, o ¿cómo plantearíamos el problema de su cuerpo?, ¿cuerpo público o
privado?. ¿No era equiparable, acaso, el hecho de violarla a violar a todo su pueblo peronista? ¿Quién sufre en
el cuento el mito de Tántalo, el coronel o Walsh, o los dos?

-Esos papeles- dice


Lo miro
-Esa mujer, coronel
Sonríe (...)
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se le tiró encima, ese gallego asqueroso. Estaba enamorado del cadáver, la tocaba, le manoseaba los
pezones. Le dí una trompada, mire –el coronel se mira los nudillos- , que lo tiré contra la pared. Está
todo podrido, no respetan ni la muerte.

Y en el final:

-Es mía- dice simplemente


-Esa mujer es mía.

Cabría preguntarse si aquello que el coronel censura de “ese gallego asqueroso” no es más que la proyección
de su propio deseo. Deseo que comparte con Walsh (y que él mismo no se explica, un deseo malsano). Es una
curiosa paradoja, la del coronel: por un lado, se niega a ver el cadáver como un objeto del deseo de otro (por
Dios que no se entienda que intento explicar la necrofilia, sólo señalo que existe), cuando otro la desea es “el
cadáver”; pero la utiliza como objeto y como mercancía . Cuando confiesa su deseo a Walsh, ya no es un
cadáver, es “esa mujer”. Pero no la toca (tocarla es un tabú) . De ese modo, condena al cadáver a una deriva
interminable, a una resituación de ese cuerpo embalsamado, a una resignificación, también.
Me es imposible no leer una fuertísima metáfora sexual en un párrafo, o quizás sea de mi parte una sobre-
interpretación: -¡Está parada- grita el coronel – ¡La enterré parada, como Facundo, porque era un
macho!, y donde además queda en evidencia que los mitos re-circulan cuando se asocia a Eva a la figura
histórica, política y literaria de Facundo Quiroga .
Ese cuerpo , expuesto y vaciado de órganos del que Deleuze diría que: “se define solamente por zonas de
intensidad, por umbrales, gradientes, flujos. Este cuerpo es tanto biológico como colectivo y político; es
sobre él que los agenciamientos se hacen y se deshacen, es él quien lleva los puntos de desterritorialización
de los agenciamientos o líneas de fuga”, es un cuerpo ya público. Que además se ofrece a su pueblo como un
tributo, como un símbolo.
Esos agenciamientos que se hacen y deshacen en el cuerpo embalsamado, robado, violado y ocultado de Eva
son las paradojas de un país. Las divisiones ideológicas, internas, políticas, de clase, se suceden sobre un
cuerpo concreto, un cuerpo preparado para la trascendencia, un cuerpo que derivará para cumplir una misión :
catalizar los odios y la antinomias y, simultáneamente, alimentar esos odios y antinomias.
Ese cuerpo tantálico tendrá otra deriva territorial interna: la fundación geográfica del cuerpo:

Por qué no entré por el pasillo?


Qué tenía que hacer en esa noche
a las 20:25, hora en que ella entró
por Casanova
donde rueda el rodete? (...)

En este fragmento del poema de Perlongher “El cadáver”, aquel que conozca la zona del Partido de La
Matanza reconocerá el lugar geográfico: en la ruta que une Isidro Casanova y Ezeiza, casi llegando a la
autopista Ricchieri, está el “rodete” de Ciudad Evita. Lugar marcado, por otra parte, por la maldición del
nombre (Ciudad Evita, Ciudad Güemes, Gral Belgrano, rebautizos, etc). Allí, el cuerpo aparece significando
geográficamente, ya que el trazado de las calles y manzanas recreaba (visto desde el mapa) el perfil de Eva.
Su perfil más mentado: el de los escudos peronistas. Después desdibujado por el trazado de otras calles y
nuevas construcciones. Dice Perlongher en otra parte del mismo poema:

(...) empezó a pudrirse, he


por una hebilla de su pelo
en la memoria de su pueblo
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Y es, precisamente, en la punta del rodete, a dos cuadras de la rotonda del Barrio Alas de Ciudad Evita, en la
“hebilla de su pelo”, donde se encuentra situada la Escuela de Gendarmería Gral Martín Miguel de Güemes
(interprétese esto, dentro de la heráldica peronista, a gusto).
Todo lo que está presente en el poema de Perlongher se empeña en trazarnos significaciones. O es el mito
quien lo hace. Los mitos, los relatos, comienzan a soñarse a sí mismos, por su función doble de catalizadores
y re-productores.
El origen puede estar en lo no resuelto. En lo contradictorio. En esa huella-ausencia-límite entre la literatura,
la historia y el mito. Sucede en la superposición de los procesos: asunción de una función histórico-social
(destino-fatum)-enfermedad-muerte-inmortalidad.
Está un cadáver dando vueltas, embalsamado; dos millones de personas llorando en su velorio (una fiesta
popular?), Santa Evita y la cureña con flores, el enigma de los 25 cajones y el viaje a Uruguay o Italia (Santa
sede); están los descamisados y las patas en la fuente...y “la razón de mi vida” (o no se dieron cuenta de que
este texto era el que faltaba ?). ¿Cómo reescribiría todo esto un peronista? ¿Cómo contestaría al poema de
Susana Thénon?
¿por qué grita esa mujer?

por eso: grito hasta. por eso afónica cuando en mis


por eso la
indignación en mis: se me escapa.
cada vez: el veneno más.
cada vez: la amargura más.
cada vez: hombres y mujeres. esa mujer. por eso que mis insultos
latigazos, por eso que mis insultos cachetadas: a los explotadores.
en plena cara. que les hagan.porque yo.porque conozco:
hombres y mujeres: les han hecho el dolor. les han hecho la miseria.
son almas. les han hecho la persecución. les han hecho la injusticia.
por eso afónica.
por eso: qué hacer.
por esoqué: cueste lo que cueste.
por eso qué: caiga quien caiga. Leónidas Lamborghini “Eva Perón en la hoguera”

Lamborghini intenta reescribir en la huella de “La razón de mi vida”. Este texto, “Eva Perón en la hoguera”,
se plantea como un RE-ESCRITO. Su lenguaje es asmático y entrecortado. Entre el grito y la afonía. Pero no
es la voz propia, es la voz apropiada. Nuevamente, el simulacro de propiedad.
“El poema reticula dentro de sí mismo y en su mismo umbral una estructura literaria de habla y silencio, un
discurso masculino aparentemente pleno (subrayado mío) y un lugar vacío (“La razón de mi vida”), lo cual
debemos encarar, ciertamente, como una relación de poder, y tal vez, incluso, como un emplazamiento de un
compromiso político” ,dice Francis Barker, con respecto a otro texto, por supuesto. Pero como yo le creo a
Benjamin cuando dice que citar un texto implica interrumpir el contexto en el cual se lo introduce, me
permito irrumpir aquí con Barker en “Cuerpo y temblor”.

Hay un texto de Borges (cuándo no, ¿ no? ) que cuenta un simulacro de velorio que se montó en Chaco, con
motivo de la muerte de Eva, a la manera de los circos de campo (ficción o realidad, sabemos que no importa),
y es así como él lo ve: “la cifra perfecta de una época irreal”. Hay algo en ese cuento, por abajo de ese cuento,
que me deja con una sensación de incomodidad. Todo el mundo sabe del furioso antiperonismo de Borges,
pero cuesta creer que a él, tan sagaz, se le escapara la potencia productora de relatos que contiene la máquina
ficcional del peronismo. Por más posición política o de clase que lo separara de él.
Es un momento mítico y legendario, ese día del 52 , que Borges pretende comprender desde un pueblo de la
Argentina profunda, pero lo llama la cifra perfecta de una época irreal. Darío Cantón también describe ese
momento, en “La saga del peronismo” y lo hace de este modo:
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(...)Iban con ella la niña,


asombrada,
la pura incrédula niña
de verse mujer y muerta;
iban con ella la joven
con un dolor en el centro,
en el lugar de los hijos;
atrás quedaba la vieja
quejándose amargamente
por la vida que no vuelve (...)

Comprender ese fenómeno de masas que fue el peronismo es, para Borges, un inalcanzable. Había alli, en el
mito y en el movimiento, algo de pensamiento mágico, que él apenas pudo percibir. Y bastante subestimación
en ese texto. Un gesto de mirada civilizada contra mirada bárbara, en el hechode creer que esa gente que iba
al falso velorio no se daba cuenta de la farsa. Borges comete el gesto del conquistador civilizado: una mirada
paqueta .
Otra es la mirada de Cantón sobre el peronismo:

(...) acampan en la Plaza


desmontan;
clavan la lanza en el suelo
y se sientan a esperar:
vendrá,
vendrá si tan sólo
lo queremos hondamente
con toda el alma;
vendrá si obramos,
si unimos nuestros puños
a la voz
y golpeamos,
cada vez más fuerte (...)

Si barbarie es no poseer propiedad, vivir y sentir sin propiedad. Escribir sin propiedad, la incursión del
peronismo dentro de la ciudad moderna fue, sin duda, un malón bárbaro. No debe haber gesto más
desaforadamente impropio que las patas en la fuentes de la plaza.
Un histórico rompimiento de lanzas. La modernidad se vió amenazada por la incursión bárbara. Esas
representaciones que se fueron gestando dentro del imaginario nacional , llegaron en ese momento a la tensión
límite. Y en la escritura del límite está el relato del peronismo, relato que está fragmentado, entrecortado,
oscilando entre la historia, la literatura, la oralidad, la mitología, etc. Está en pedazos y a la manera de una
gran metáfora de país. Por eso la violencia con la que este relato de país fue construido era previsible,
fundacional.
Dentro de un análisis sobre el uso político de los cuerpos y su relación con la literatura, la cuestión Eva Perón,
por llamarla de algún modo, no es un capítulo más. Condensa todas las antinomias que nos constituyen y que
están, como diría Bajtín, dentro del anillo ideológico, recibiendo y emitiendo incesantes parpadeos de sentido
sobre un signo. Desde su constitución como mito, hasta el tratamiento que la hizo literatura, personaje de sí
misma.
El uso de un cuerpo, entre lo religioso, lo político y lo sociológico,como en el caso de Eva, deja en manifiesto
las contradicciones de la sociedad moderna, entre otras contradicciones. Deja en evidencia los conflictos en
las articulaciones del complejo “identidad nacional” en las ciudades modernas, provocados por las
migraciones internas. Los problemas de adecuación , tanto económica como social, que provocaron los
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éxodos del campo a las ciudades y a los cordones suburbanos. En el atavismo del mito se condensan
conflictos interculturales, raciales, religiosos y económicos. La política trata de capitalizarlos para sí. Los
cuerpos significan. La desaparición del cuerpo, como potencia activa (el proceso de embalsamamiento del
cuerpo de Eva) constituye en sí un cambio de estado, el cuerpo es sujetado de otro modo, obligado a significar
sin el concurso de la voluntad del individuo propietario de ese cuerpo. Podríamos pensar que los modos de
operar poder sobre los cuerpos han cambiado ; pensar que cuanto más secreta y /o privada es la violencia
sobre el cuerpo, más efectiva es la sujeción y más útil a los fines de la sociedad moderna.
Quiero concluir esta reflexión con una cita de Benjamin: “Articular históricamente lo pasado no significa
conocerlo “tal y como verdaderamente ha sido”. Significa adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en
el instante de un peligro (...) El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza sólo es inherente al
historiador que está penetrado de lo siguiente: tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando
éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer”.

Claudia Elisabet Sastre

Bibliografía

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sujeción”, Per Abbat Editora, Bs. As., 1991.
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BORGES, Jorge Luis “El hacedor”s/d, 1960.
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DRUCAROFF, Elsa “Mijail Bajtín, la guerra de las culturas”, Editorial Almagesto, Bs.As.,
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